Las 7 cabecitas
En el kilómetro 21 de la carretera Panamericana en Chihuahua, se encuentra un monumento que guarda una
historia profundamente marcada por la tragedia y la leyenda. El 1 de agosto 1939, este tramo de la carretera
fue el escenario de un terrible accidente en el que siete jóvenes de la Escuela YMCA perdieron la vida de
manera trágica. Desde entonces, el lugar ha sido envuelto en una leyenda que ha capturado la imaginación de
muchos. Se dice que el espíritu de los jóvenes fallecidos ronda la zona, creando relatos de apariciones y
fenómenos inexplicables que han sido transmitidos de generación en generación. El monumento en memoria
de estos jóvenes, no sólo conmemora su pérdida, sino que también se ha convertido en un símbolo de la
leyenda que persiste en la memoria colectiva de la región. Al llegar al kilómetro 21, conocido localmente
como “La Curva del Muerto”, el autobús en el que viajaban sufrió un trágico accidente a las 5pm, donde el
conductor del camión que se estrelló con el camión de los niños, el señor Encarnación Espinoza; declaró que
los niños venían sacando la cabeza y por ese motivo fueron decapitados al momento del accidente.
En mayo de 1940, las autoridades del estado de Chihuahua instalaron un monumento en honor a los siete
jóvenes que perdieron la vida en el trágico accidente ocurrido en la carretera Panamericana. Los jóvenes
fallecidos eran:
1. Venancio Gabriel Gardea de 14 años
2. Armando Gutiérrez Balderrama de 13 años
3. Jorge Giácoman de 13 años
4. Luis Díaz García de 11 años
5. Teodoro Faulkner de 11 años
6. Alberto Méndez Peña de 10 años
7. Horacio Brondo Valdez de 10 años
Desde la instalación del monumento, el lugar ha sido objeto de diversas leyendas. La más popular cuenta que,
durante la noche, en el tramo donde ocurrió el accidente se pueden escuchar lamentos y risas de niños, como
si las almas de los jóvenes aún estuvieran presentes. Además, se dice que, en el monumento, conocido como
«Las cabecitas», algunos locales han reportado que las figuras parecen cobrar vida por la noche, moviendo los
ojos y las facciones del rostro. Este fenómeno ha llevado a muchos a evitar mirar el monumento al pasar por el
lugar, por temor a observar estos inquietantes movimientos. La combinación de tragedia y leyenda ha
convertido a este sitio en un lugar de profunda resonancia en la memoria colectiva de la región.
Además, se dice que la instalación de este monumento no solo fue un acto de conmemoración, sino también
una medida preventiva. La idea surgió con el propósito de alertar a los conductores que transitan por la zona
sobre el peligro inherente de ese tramo de la carretera. El monumento sirve como un recordatorio de la
peligrosidad del kilómetro 21, donde se han producido varios accidentes a lo largo de los años, siendo el más
trágico el de 1939. Así, el monumento cumple una doble función: honrar la memoria de los jóvenes fallecidos y
advertir a los viajeros sobre los riesgos de la curva, con la esperanza de prevenir futuros incidentes.
Ejercicio: Copia y responde las preguntas en tu cuaderno con la ayuda de tus padres, amigos, maestros,
compañeros o tutores.
1. ¿En qué fecha ocurrió el accidente?
2. ¿En qué kilometro sucedieron los hechos?
3. ¿Cómo se llama la carretera donde ocurrió el accidente?
4. ¿Cómo le decían a la curva donde choco el camión de los niños?
5. ¿De que escuela eran los niños fallecidos?
6. ¿Cómo se llamaba el señor que se estrello con el camión de los muchachos?
7. Además de honrar la muerte de los 7 niños ¿para qué sirve también el monumento de las 7 cabecitas?