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Teoría para Los Comentarios

El documento analiza la evolución de las grafías en el castellano medieval, centrándose en las variaciones gráficas de vocales y consonantes, así como en la influencia de la escritura gótica y la imprenta. Se discuten aspectos como el uso de 'i', 'j', 'u', 'v', y la desfonologización de las labiales, destacando la transición de fonemas a alófonos. Además, se mencionan cambios en la representación gráfica de sonidos a lo largo de los siglos, reflejando la complejidad y variabilidad de la ortografía en la historia del español.
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El documento analiza la evolución de las grafías en el castellano medieval, centrándose en las variaciones gráficas de vocales y consonantes, así como en la influencia de la escritura gótica y la imprenta. Se discuten aspectos como el uso de 'i', 'j', 'u', 'v', y la desfonologización de las labiales, destacando la transición de fonemas a alófonos. Además, se mencionan cambios en la representación gráfica de sonidos a lo largo de los siglos, reflejando la complejidad y variabilidad de la ortografía en la historia del español.
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Teoría para los comentarios

GRAFÍAS SIN RELEVANCIA FONÉTICA

1. Vocalismo
- Grafías «i», «j», «y» para vocal [i].
Vemos distintas formas de escritura para un mismo fonema. La grafía «i» se empleó
durante toda la Edad Media (desde orígenes del castellano), tanto para marcar la vocal [i]
(vida) como la consonante prepalatal sonora /ʒ/ (iusto). La escritura de documentos en
época de Fernando III mostraba con nitidez el empleo de «j» larga. El empleo de esta «j»
larga obedeció a factores “tácticos”, especialmente de distinción de las secuencias de
letras (jm, mj, jn, nj, ju, uj, etc.), las conocidas como “letras de palo. La distinción entre
vocal y consonante se marcará en la escritura medieval con «i» o «j» para la vocal frente
a «i» alta para la consonante.

Los aspectos que llevaron al desarrollo de «y» como grafía representadora de la vocal [i]
serían la mayor frecuencia en el siglo XIII en la escritura documental, su aparición en
diptongos e hiatos (mui > muy), su empleo en helenismos y hebraísmos, especialmente
en nombres propios (Ysaías), y otros casos convencionales (ysla). También fue muy
frecuente su uso en la escritura cursiva de los siglos XIV y XV, en la que puede
confundirse con «j» larga.
VER HASTA CUÁNDO DURA ESTA VARIACIÓN. ¿AUTORIDADES, 1726-1739?

- Grafías «u», «v» para vocal [u].


De nuevo, distintas formas de escritura / variantes gráficas para el mismo fonema. En la
letra gótica libraría del siglo XIII se observa el predominio de la forma redondeada «u»
para los valores vocálico y consonántico. La escritura documental coetánea fue algo más
proclive a adoptar la variante angular «v», aunque los documentos de la cancillería real
más elaborados emplean poco «v». Los tipos de textos más cursivos de la Baja Edad
Media (ss. XIV – XV) son variables en este punto. Será la imprenta (siglo XV) la que
promulgue con una tendencia que reparte las grafías por su posición en la palabra: «v»
para vocal y consonante en posición inicial, «u» para los mismos valores en posición
interior.
VER HASTA CUÁNDO DURA ESTA VARIACIÓN. ¿AUTORIDADES, 1726-1739?
- S- protética (“spíritu”)
Era una tendencia latinista la de no escribir E- inicial. La s- protética constituía ella sola
un núcleo silábico.

2. Consonantismo
- Grafías «u», «v» para consonantes labiales.
No hay diferencia fonética entre uino y vino.

- Grupos cultos: «ph», «ff», «th».


Entendemos por grupos cultos la secuencia de dos o tres consonantes, de la misma o
distinta sílaba, que los estudiosos suelen considerar connotadoras de latinismo gráfico y
que proliferaron en la escritura castellana sobre todo desde el siglo XIV. Las costumbres
gráficas de algunas tradiciones manuscritas del XIV y XV proliferan geminadas y grafías
cultas que en la producción alfonsí eran, en cambio, más infrecuentes. Es el aumento de
la cursividad el que explica ese ascenso de las grafías expletivas.

El empleo del dígrafo culto y latinizante «th» para el sonido [t] es general en thesoro,
tanto en códices como en documentos. Entre los nombres propios, es general en Matheo.
Dejó de escribirse a finales del siglo XVIII (1779), aunque podíamos seguir
encontrándolo por escrito hasta la última gran reforma académica de 1815 (principios del
XIX).

Por otro lado, no siempre la grafía latina «ph» se interpretó en castellano como [f]. Es el
caso de esphera, palabra escrita en romance como esphera y espera. Ello nos lleva a dudar
de si los casos de esphera se leían con [f] o [p] en la Edad Media.

La palabra tesoro proviene del latín del latín thesaurus, y ésta a su vez del griego. Por esa
procedencia griega se escribió en latín con el dígrafo th; en castellano ese dígrafo
equivalía al mismo sonido que una t: la dental sorda /t/. En castellano, el empleo de esta
clase de dígrafos se encuentra desde fecha muy temprana, aunque el sistema gráfico
alfonsí fue más reacio al empleo de esta clase de formas: su uso creció a partir del siglo
XIV. La eliminación de th (igual que la de otros dígrafos como ph) se da con la Academia
en el siglo XVIII; de forma gradual, los dígrafos fueron siendo eliminados: en el
Diccionario de Autoridades ya no hay grafías de geminadas como tt, ff, en la primera
Ortographía (1741) desaparecen th y ps, aunque aún sigue ph.

- H- latina y H- expletiva (no etimológica)


La fluctuación entre la aparición de la llamada h- muda o su no aparición /ø/ es
considerada un rasgo panhispánico. En el siglo XIII, la escritura gótica la omitía muy
frecuentemente. Los códices de la General Estoria (1270, siglo XIII) son constantes en
escribir omne (< HOMINE) y el paradigma de aver (< HABERE) sin h-. En cambio,
tienen mayoritariamente h- en hebreo (< HEBRAEUS), heredat (< HEREDITARE), etc.
La secuencia -ue- inicial se escribe siempre con h- en los códices de la GE: huerto (<
HORTUS), huesped (< HOSPES), huesso (< OSSUM), etc.
En el siglo XIV aumentó mucho el empleo de h- procedente de H- latina (por moda), lo
que contradice la tradicional ideal de la continuidad de la ortografía alfonsí. Como
sabemos, la continuidad de la «h» latina en las grafías castellanas medievales y áureas
estuvo gobernada por factores muy diversos (imagen visual, costumbre gráfica, apoyo de
una línea abreviativa…), ninguno de tipo fonético, ya que esa «h» nunca se pronunció en
castellano.

La particularidad de aver reside en que h- se constituyó como marca paradigmática tras


un largo proceso que empezó por el valor discriminatorio de la tercera persona. Durante
la EM, e incluso en los siglos XVI y XVII, dominaba aver sin h-. Sin embargo, para la
tercera persona del singular se adoptaba el signo diacrítico (’) para marcar la diferencia
con la preposición [a] (a, ha > á). Encontrar avía o havía no tiene ninguna implicación
fonética porque la H- latina nunca se aspiró, por tanto, esas dos palabras se pronunciarían
igual.

También tenemos la h- antihiática, frecuentemente considerada “vicio de aragoneses”


(Valdés), rara en textos alfonsíes (veer, etc.), pero que pronto mostrarán los textos
castellanos (veher, caher, … Gran conquista de Ultramar, 1291-1295).

Si hoy seguimos escribiendo hombre, haber con h es porque la Academia ha fijado de


acuerdo con criterios etimológicos la grafía de esas palabras, que siempre se han
pronunciado con cero fonético: /ˈombre/, /aˈβer/.
- -t y -d implosivas
Las consonantes finales -d y -t procedentes de las secuencias latinas -TE (HUMILITATE
> omildad – omildat) y ocasionalmente de -DE (MERCEDE > mercé, pero también
merced – mercet por analogía con las palabras que terminaban en -d y -t). Ambos
resultados alternaron en las mismas palabras (edad – edat), al menos durante toda la Edad
Media. El supuesto orientalismo de -t ha de descartarse ante la frecuencia de esta
consonante en manuscritos castellano de la Edad Media.

Encontrar edat o edad no tiene ninguna relevancia fonética (de pronunciación), pero sí
cronológica. En la Baja Edad Media (ss. XIV – XV) se daba la escritura con -t. Tenemos,
por tanto, un archifonema dental que se ha neutralizado.
El archifonema /-D/, procedente de la neutralización de las dentales finales. Ejemplos:
trinidat, majestad, unidat, divinitat, merced. En otros romances de la época, como en el
aragonés, esta diferenciación sí sería pertinente porque no se produjo tal neutralización,
ya que no sonorizaron las sordas intervocálicas.

Hasta fines del siglo XV es muy frecuente encontrar la -d final de los sustantivos
convertida en -t: verdat y verdad alternaban. No parece que existiera una realidad
fonemática detrás de esa grafía de sorda. Simplemente tendríamos un reflejo gráfico de
una realidad previa al XV y que sigue ocurriendo hoy: la neutralización de -d y -t en
posición final

- çe, çi, ce, ci (sibilantes)


Por su parte, la «ç» con su valor de dentoalveolar africada sorda /ts/ aparece
constantemente ante /e/, /i/, vocales ante las que el sonido es el mismo aparezca «ç» o «c»
(a diferencia de lo que ocurre ante /a/, /o/, /u/: ca no es lo mismo que ça fonéticamente,
pero çe no es diferente de ce fonéticamente, sólo gráficamente): sciencia, merescedor,
merced.

- ss en posición inicial o postconsonántica

- k, c, qu (ch)
La oclusiva velar sorda se representa en la ortografía castellana por «k», «c» ante a, o, u,
y por los digramas «qu» y «ch». En la escritura visigótica latina y romance «k» entraba
en distribución defectiva con «c», es decir, se daba ante e, i. La sustitución, relativamente
radical, por la escritura gótica trajo aparejada la desaparición casi absoluta de «k», por lo
que ante vocal anterior se adopta «qu», no sin cierta vacilación con «ch» (en el Auto de
los Reyes Magos, acheste, y en el Fuero de Alcalá, de hacia 1235, achel, en minoría
respecto de aquel, y con más frecuencia, ante a, alchalde, etc., de acuerdo con una
tradición archidocumentada en los códices de la Vulgata, pero que la cancillería castellana
había abandonado al menos desde los documentos de Fernando III). La grafía «k»
reaparecerá en los Siglos de Oro (ss. XVI – XVII).

El digrama «qu», con valor /k/ ante e, i y /ku/ ante a, o, u, frecuentemente perdía el
segundo elemento ante vocal anterior, sobre todo en el siglo XV. Qua- inicial tónico fue
usual durante la Edad Media, y aun corriente en los impresos del Siglo de Oro: qual,
quanto, quatro. No ha de considerarse qua-, al menos como tónico, grafía latinizante, sino
acorde con el uso románico general, todavía empleado por los impresos en época áurea y
presente en el Diccionario de Autoridades de 1726, sea tónica la sílaba inicial o átona. La
grafía «qu» + a, o, u, se usó hasta 1815 con la última reforma académica. Sin embargo,
«qu» con valor /k/ + e, i es lo más probable (que [ke]).

- mb, mp, nb, np


Ante la /p/ el uso de la nasal «m» fue minoritario, con respecto a «n», durante toda la
Edad Media y se impuso sobre todo a partir del XVI. Ante la /b/ la nasal se presenta con
«n», muy frecuente encontrarla en la Baja Edad Media, mientras que «m» fue frecuente
en el siglo XIII y del XVI en adelante.
GRAFÍAS CON RELEVANCIA FONÉTICA

- Desfonologización de las labiales /b/ - /β/

El sistema consonántico labial del castellano medieval (hasta, al menos 1350) estaba
constituido por cuatro fonemas:
/p/ ---- /b/
/f/ ---- /β/

La labial oclusiva sorda /p/ y la sonora /b/ existían ya en latín, así como la labiodental
/f/. Pero había aparecido un fonema nuevo: la labial fricativa sorda /β/ procedente
de la consonantización de wau (MOVERE) y de la fricatización de la /b/ latina
intervocálica (HABERE). Como sabemos, en la actualidad el español sigue teniendo un
sonido labial oclusivo y otro fricativo, pero ya no son fonemas sino alófonos; es decir, la
oposición /b/ - /β/, de tipo fonemático en castellano medieval, ha pasado a ser alofónica
en el español actual [b] / [β]. La variante oclusiva suena en inicial absoluta o tras
consonante nasal; la variante fricativa en el resto de casos: es decir, aunque se escriban
igual, tras la v de vendaval aparecen dos sonidos distintos: el primero oclusivo y el
segundo fricativo; aunque se escriban distinto, en atravesaba tenemos el mismo sonido
fricativo.
En el sistema gráfico que aparece a partir de los escritos alfonsíes, nos encontramos el
siguiente reparto para la escritura de las labiales sonoras:

• Grafía b para oclusiva: B latina inicial, -P- sonorizada entre vocales y BB (que
también se escribió como bb: sólo se encuentra en el cultismo abad, abbad).
• Grafías v y u para fricativa: wau latina, -F- sonorizada y -B- intervocálica latina.
Hoy usamos v con valor consonántico y u con valor vocálico: en la Edad Media y
los siglos XVI y XVII se usan indistintamente una y otra para ambos valores: son
simplemente dos variantes gráficas de una misma letra, una diferencia gráfica, no
fonética.

La desfonologización de las labiales en el año 1350, momento marcado como inicio de la


Baja Edad Media, y así ha seguido hasta la actualidad. A partir de la desfonologización
lo que tendremos es un solo fonema /b/ con dos variantes alofónicas [b] y [β] en variación
según su posición y no el étimo.

Como es sabido, a partir de la segunda mitad del siglo XIV la diferencia fonológica entre
/b/ y /β/ comenzó a ser alofónica; esto es lo que se conoce como proceso de
desfonologización, porque va a terminar perdiéndose uno de los fonemas (aunque se
conserve como alófono o variante); este proceso culminó en el siglo XVI. Se pronunciará
oclusiva o fricativa según la posición: vendaval tiene una oclusiva en inicial, pero en la
frase fuerte vendaval se queda en posición intervocálica y se pronunciará como fricativa;
cabeza vendrá de un étimo distinto que cueva (<COVA) pero ambas se pronunciarán
como fricativas por ser intervocálicas.

Por su parte, en el plano de la escritura tenemos el siguiente paradigma:


1. Para la -P- intervocálica latina, que da el fonema labial oclusivo /b/, tenemos la
grafía «b» desde la época de Alfonso X (1252 – 1284, fin. siglo XIII), hasta que
se produce el fenómeno de la desfonologización en 1350, donde tendremos las
grafías «b, u, v», para el mismo fonema. Por tanto, la palabra caveza aparecerá
desde al menos 1350 hasta la fijación ortografía académica (Diccionario de
Autoridades, 1726-1739). No sería frecuente encontrarla antes de 1350 porque
cabeza viene de *CAPITIA, o sea, su labial proviene de una -P- latina sonorizada,
una oclusiva en castellano medieval, y en el sistema gráfico alfonsí se habría
representado esa oclusiva con b y no con v.
2. Para la wau latina, que da el fonema fricativo /β/, tenemos las grafías «u, v» en
orígenes del romance castellano, hasta que se produce el fenómeno de la
desfonologización en 1350, donde se empezará a usar las grafía «b, u, v» para el
fonema fricativo. Podemos encontrar ejemplos como bivir (<VIVERE), bolvió <
VOLVERE (wau latina), el cual aparece con la grafía «b» por analogía con las b-
iniciales de palabras como bueno (< BONUS), bien (< BENE), etc. Ambas grafías
se pronuncian igual, lo que cual nos dice que la desfonologización ya se ha
producido. Se dará esta situación de alternancia hasta que se publique el
Diccionario de Autoridades (1726 – 1739), que propone el reparto de «b» y «v»
con valor consonántico. Algunas palabras mostraron durante toda la Edad Media
un uso de grafías de labiales distinto al esperable por el reparto gráfico general en
época alfonsí: la palabra bivir (de VIVERE) fue una de ellas, con una grafía de
oclusiva en inicial donde esperaríamos una fricativa. Posiblemente este trueque se
debió a disimilación entre dos sonidos contiguos idénticos, al igual que
VOLVERE > medieval bolver. Otros se explican por diferentes razones como
obedecer escrito habitualmente con b en la Edad Media (pese a su étimo con -B-
intervocálica OBOEDIRE), posiblemente por conciencia de que la palabra estaba
compuesta por un prefijo inicial separable de OB-.

3. Para la -B- latina intervocálica, que da el fonema fricativo /β/, tenemos las grafías
«u, v» en el sistema gráfico alfonsí. Por tanto, tales grafías podrán aparecer desde
los orígenes del romance hasta la publicación del Diccionario de Autoridades
(1726 – 1739), en el que se regulaba la escritura de «b» y «v» de acuerdo con los
étimos latinos. Hay que añadir, no obstante, que el uso de la grafía «u» con valor
consonántico era ya raro en el siglo XVII.

4. En cibdad y cadbillo vemos que se ha producido la caída de una vocal intertónica


que ha dejado a la labial fricativa en posición implosiva: CIVITATE > cibdad;
CAPITELLU > cab(i)diello > cabdiello.

Esa labial sonora aparece escrita con b durante toda la Edad Media; a partir del
siglo XVI se generaliza la escritura de u y veremos la labial vocalizada, es decir:
ciudad, caudillo, etc. Desconocemos si la b implosiva se pronunció como
consonante, probablemente fuera sólo un mantenimiento gráfico porque en el
siglo XIII hay ya algunos ejemplos tempranos de vocalización.

- Evolución de F- inicial latina: F- > /h/ > ø (grado cero fonético)


La aspiración de la F- latina inicial es un cambio regular en castellano. Este cambio nació
como un rasgo no prestigioso, por eso tardó en reflejarse por escrito. Sabemos que en el
siglo XIV en el centro de la Península el uso de la aspirada era una marca de ruralismo
porque en el Libro de Buen Amor (1330) se usa constantemente f- salvo cuando aparecen
los personajes de las serranas, que son caracterizadas como personas poco instruidas
mediante el empleo de h- procedente de F- inicial. A fines de la Edad Media, la aspiración
perdió ese carácter “vulgar” / no estándar y desde el siglo XVI se refleja gráficamente (ya
es raro en el XVI encontrar fambre, fijo por hambre, hijo). Desde fines del XVI es la
pérdida de la aspiración el uso más prestigioso, difundido desde la capital madrileña en
contraposición a la norma toledana, con aspiración.

A partir de 1500 se encontrará la grafía «h-» para representar la F- inicial latina porque
es la moda ortográfica, se pronunciase como aspirada o no, dependiendo de la época o de
la zona geográfica. Esta situación continuará hasta la publicación del Diccionario de
Autoridades (1726 – 1739), el cual marca la escritura de la grafía «h-» para las z
cvvprocedentes de F- inicial latina y de H- inicial latina.

La F- inicial no se aspiró seguida de consonantes líquidas (lateral /l/ y vibrante /r/)


FLOCCU > fleco, FRONTE > frente, FRICARE > fregar.

La aspiración de F- inicial latina es vacilante ante el diptongo /je/. Pudo darse la


conservación de F- (como en FESTA > fiesta, FERA > fiera) o su aspiración (FEL > hiel,
FERRUM > hierro). El hecho de que hoy en el español americano se diga “fierro” y en
el español de España se diga “hierro” muestra que esa vacilación estaba abierta aún en
época del Descubrimiento de América (1492, fin. siglo XV).

Ante el diptongo /we/ la conservación de F- es general (FŎRTE > fuerte, FŎRAS >
fuera(s), FUERIT > fuera). La única excepción la encontramos en el caso de FŎSSA >
huesa (‘fosa’), donde hubo una etimología popular que relacionó esta palabra con ŎSSU
> hueso.
- Evolución de las tres parejas de sonidos sibilantes. Revolución fonológica de
los Siglos de Oro: /s/ - /z/ (alveolares); /ts/ - /dz/ (dentoalveolares); /ʃ/ - /ʒ/
(prepalatales)

Los siglos XVI y XVII, que se conocen como los Siglos de Oro, son el marco lingüístico
en el que se resuelve un conjunto de cambios lingüísticos (fonético-fonológicos y
morfosintácticos) hasta entonces en variación. En el nivel fonético-fonológico, los Siglos
de Oro se presentan como una época clave entre el sistema fonológico medieval y el
actual. El cambio de mayor relevancia afecta al grupo de fonemas sibilantes y palatales
del castellano medieval. Son varios los pasos que gradualmente se producen y es preciso
manejar los datos que nos dan los documentos y las interpretaciones de que esos datos
han sido objeto. La distinta evolución de esos cambios en el Reino de Sevilla y en el área
central-norteña dará lugar al surgimiento de las dos modalidades fónicas del español que
se siguen separando hoy: el español meridional (que incluye Andalucía occidental,
Canarias y América) y el español castellano-norteño (resto de territorios españoles). Es
necesario conocer el trasfondo histórico y cultural de esa escisión dialectal, su
complejidad y las valoraciones críticas que ha recibido. **VER EJERCICIO 2 PÁG. 221
DE LA LENGUA DE AYER**

En época medieval, el español poseía seis fonemas sibilantes con un punto de articulación
muy próximo, comprendido en la zona del paladar, entre los alvéolos y en el paladar
medio. Las tres series de consonantes implicadas eran las siguientes: las africadas /ts/ y
/dz/, que eran dentoalveolares; las fricativas /s/ y /z/, apicoalveolares; y las fricativas /ʃ/ -
/ʒ/, prepalatales. Ya en época medieval hay testimonios de que había comenzado la
pérdida de la oclusión en las africadas: /ts/ > /s̪ / y /dz/ > /z̪/.
El escaso margen de diferente en su punto de articulación creaba confusiones y cruces
entre ellas, de los que hay testimonios gráficos en textos medievales, y dio origen a
importantes cambios que comienzan a gestarse a finales de la Edad Media. Las
confusiones de las sibilantes presentan una amplia muestra a lo largo del siglo XVI, sobre
todo en la segunda mitad. En este sentido, el testimonio de los gramáticos muestra
claramente el ensordecimiento desde la mitad del siglo XVI, al menos. De acuerdo con
Martinet, procesos como el de la indistinción entre sibilantes sordas y sonoras y la ulterior
velarización e interdentalización de prepalatales y dentales, respectivamente, tienen su
raíz en el sustrato cántabro, y se habrían hecho normativos en español por un movimiento
de norte a sur que algunos autores han asociado a movimientos de población parejos a las
migraciones de la corte hasta quedar asentada definitivamente en Madrid.

a) Desafricación / fricatización: el momento de oclusión de las africadas /ts/ y /dz/


desaparece y queda sólo el momento fricativo. Los fonemas resultantes son
predorsodentales fricativos: /s̪ / - /z̪/.

b) Ensordecimiento del fonema sonoro de los tres pares de sibilantes (las


apicoalveolares fueron las primeras en ensordecer en 1350 /s/ - /z/). Se conservan
solo las sordas: /s̪ / fonema fricativo predorsodental (convexo), resultado de la
evolución de la africada medieval /ts/; /s/ fonema fricativo apicoalveolar
(cóncavo); /ʃ/ fonema fricativo prepalatal. El mantenimiento de las sibilantes
sonoras en el judeoespañol muestra que el ensordecimiento no debía ser general,
al menos en el habla popular.

c) Adelanto del lugar de articulación de la fricativa predorsodental /s̪ /, que era la


consonante más próxima a la zona dental, hasta un punto de articulación
interdental. El resultado es la interdental fricativa sorda /θ/ en el español
castellano-norteño, no en el español meridional. En el español meridional se crea
un fonema nuevo predorsal /s/, con variantes coronales (/s/ cordobesa) o dentales
(/s/ sevillana).
d) Retroceso del lugar de articulación de la fricativa prepalatal /ʃ/ hacia la zona
posterior del paladar, acercando la parte posterior de la lengua al velo del paladar,
a la zona velar. El resultado es la velar fricativa sorda /x/ en el español castellano-
norteño (con distintas realizaciones en español meridional). En el español
meridional no existió la velar fricativa sorda /x/, sino que se rentabilizó la vieja
aspirada de F- latina inicial /h-/, que ya existía (esto sólo ocurrió en Andalucía
occidental, la parte oriental andaluza seguía la norma septentrional, también
llamada norma toledana, castellana-norteña). En la norma sevillana (Andalucía
occidental) no se crea un nuevo fonema velar fricativo sordo /x/. Aquí ya existía
un sonido atrasado articulatoriamente procedente de F- latina inicial, por lo que
se aprovecha la aspiración ya existente.

De este modo, entre los siglos XVI y XVII, el sistema se redujo de seis fonemas a tres
(en el español septentrional) o dos (en el meridional), cuyos puntos de articulación están
ya suficientemente distanciados: entre los dientes, la /θ/; en los alvéolos, la /s/; y en el
velo del paladar, la /x/. El modo de articulación para todos es fricativo, lo cual supone
también una simplificación, pues la articulación fricativa requiere menos esfuerzo
articulatorio que la africada (en la africación, como sabéis, se suman un momento de
oclusión y otro de fricación).
Síntesis de las distintas etapas de la Revolución Fonológica de los Siglos de Oro:
1. Situación de partida: los tres pares de fonemas (sibilantes y palatales) del
castellano medieval.
2. Situación final en español castellano-norteño: simplificación de fonemas y
creación de dos sonidos nuevos.
3. Situación final en español meridional: simplificación de fonemas, creación de
sonidos nuevos y rentabilización de la vieja aspirada de F- latina inicial (/h/).
4. Pérdida del fonema sibilante sonoro.
5. Fricatización de los fonemas dentoalveolares.
6. Pérdida de la dentoalveolar y palatal sonoras por ensordecimiento.
7. Adelantamiento articulatorio de la dentoalveolar sorda /ts/: creación del fonema
interdental /θ/.
8. Atraso articulatorio de la palatal fricativa sorda /ʃ/ (I): creación del fonema velar
fricativo sordo /x/.
9. Atraso articulatorio de la palatal fricativa sorda (II): confluencia con la vieja
aspirada /h/ proveniente de F- latina inicial.

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