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Documento de Gaby

El documento aborda la importancia de la Educación Sexual Integral (ESI) en la formación docente para prevenir y abordar violencias por motivos de género en el ámbito escolar. Se presentan las 'puertas de entrada' como herramientas para reflexionar sobre las prácticas educativas y promover vínculos más justos y solidarios, enfatizando la necesidad de revisar creencias y actitudes de los docentes. Además, se destaca la relevancia de integrar la perspectiva de género en el currículo y en la vida institucional para fomentar un ambiente educativo inclusivo y libre de violencias.

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El documento aborda la importancia de la Educación Sexual Integral (ESI) en la formación docente para prevenir y abordar violencias por motivos de género en el ámbito escolar. Se presentan las 'puertas de entrada' como herramientas para reflexionar sobre las prácticas educativas y promover vínculos más justos y solidarios, enfatizando la necesidad de revisar creencias y actitudes de los docentes. Además, se destaca la relevancia de integrar la perspectiva de género en el currículo y en la vida institucional para fomentar un ambiente educativo inclusivo y libre de violencias.

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ESI y formación docente.

Aportes para la construcción de vínculos libres de


violencias

CLASE 3
Puertas de entrada de la ESI para el abordaje de
violencias por motivos de género

Presentación

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

Hemos llegado al final del recorrido de este curso. Antes de comenzar la clase, repasemos
un poco lo trabajado. En la clase 1, recuperamos los enfoques de la educación sexual
tradicionales (moralista y biomédico) y aquellos que se aproximan a la ESI (sexología,
judicializante, y el enfoque de género), para comprender la perspectiva de la Educación
Sexual Integral.
Luego, en la clase 2 conocimos los ejes de la ESI y cómo abordar las violencias desde cada
uno de ellos: Garantizar la equidad de género, Valorar la afectividad, Respetar la
diversidad, Cuidar el cuerpo y la salud y Ejercer nuestros derechos.
En esta clase les proponemos abordar las violencias por motivos de género en clave de
ESI, desde los aportes que las puertas de entrada nos brindan para reconocer y aprovechar
las distintas oportunidades que la vida escolar proporciona para aprender y enseñar
formas de vincularse más justas y solidarias.

Las llamadas puertas de entrada de la ESI constituyen una herramienta de análisis y de


reflexión muy potente para la implementación de la educación sexual integral en las
instituciones educativas. Nos permiten analizar las condiciones escolares como instancias
de enseñanza y aprendizaje sobre sexualidad, tanto para las y los docentes como para el
estudiantado.

1
Las puertas de entrada son:

Cuando se trata de estrategias para la implementación de la ESI debemos mencionar que


la Ley N° 26.150 y los lineamientos curriculares de cada nivel establecen la necesidad de
elaborar propuestas para el abordaje desde las puertas de entrada.

Empezar por lo que nos pasa como estudiantes de la formación docente,


los propios posicionamientos ante las violencias por motivo de género.

Esta puerta de entrada refiere a lo que nos sucede en tanto docentes con la sexualidad y
la educación sexual, ya que cuando enseñamos siempre ponemos en juego lo que
pensamos, sentimos y creemos. Además apunta a la importancia de revisar aquellos
supuestos y posicionamientos relacionados con nuestras propias trayectorias educativas
y de formación, para poder corrernos de nuestra propia opinión y transmitir los
contenidos que establece la normativa vigente. La educación sexual se juega en nuestra
práctica docente a toda hora y en todo lugar. Nuestras propias valoraciones, nuestras ideas

2
y nuestra propia historia, están siempre presentes en cada acto pedagógico.
La mejor manera de abordar estas representaciones es a través del diálogo entre las
personas adultas; poner en común estas cuestiones y discutirlas en un clima de confianza,
teniendo en cuenta los cambios que se han producido en las juventudes y adolescencias
en los últimos años, sobre todo a partir del uso de las nuevas tecnologías, los movimientos
cada vez más consistentes de empoderamiento de las mujeres y personas LGBT+ frente a
las violencias de género y las consecuencias que trajo la pandemia Covid- 19.
En esta reflexión compartida que hacemos como educadoras y educadores, debemos
considerar nuestra responsabilidad de garantizar los derechos de las niñeces y
adolescencias. Y la posibilidad que tenemos de promover la responsabilidad, la autonomía,
la evaluación crítica, el disfrute y el cuidado de sus cuerpos sexuados y el de las demás
personas. Eso requiere por parte de nosotras/os asumir un rol político y ético, porque la
realidad y la experiencia diversa, singular y única de las/os niñas/os y adolescentes lo
necesita, y porque la legislación nos exige hacernos responsables como actores de la
política educativa frente al desafío de la inclusión.

Cuando en la vida cotidiana de la institución educativa somos testigos de distintas


situaciones de violencias, como pueden ser agresiones, extorsiones, intimidaciones o
acoso hacia las mujeres y personas LGBT+, puede resultar complejo saber cómo intervenir,
dónde posicionarnos, cómo leer las situaciones. Incluso, cuando se generan fuera del
contexto escolar prevalece el enfoque de la corresponsabilidad de velar por los derechos
de las niñeces y adolescencias asumiendo un lugar de cuidado generacional y de referencia,
este es el lugar de las/os adultas/os en la sociedad.
Por ello, lo que hay que señalar como primer punto es que no podemos ignorar las
situaciones de violencia cotidiana. Por el contrario, frente a la problemática, las/os
trabajadoras/es de los establecimientos educativos requerimos pensar y definir nuestro
rol, partiendo de revisar las propias miradas, creencias, ideas, preconceptos, prejuicios que
tenemos sobre las/los estudiantes, sobre las formas de manifestación de la sexualidad que
las/os atraviesan, sobre las modalidades de interacción personal –hoy fuertemente
mediadas por las tecnologías– sobre qué entendemos y conocemos acerca de las violencias
por motivos de género y qué experiencias nos vinculan a estas temáticas.
Como vimos la clase anterior, en el imaginario social se naturaliza la desigualdad de
género a través de ciertos mandatos que todavía hoy operan en nuestra sociedad. Por ello
es indispensable revisar estas matrices simbólicas, para poder desnaturalizar
concepciones y prácticas que las reproducen, y construir otros significados y valoraciones
orientados a generar condiciones para la igualdad de derechos y convivencias libres de
violencias.
Pero para que la escuela pueda aportar a la transformación de estas bases culturales, es
necesario que quienes la habitamos, indistintamente del rol en que nos desempeñemos,

3
nos preguntemos acerca de nuestras propias representaciones sobre los géneros y las
relaciones de género: ¿Qué pensamos acerca de los comportamientos, hay algunos que
son deseables o parecieran estar permitidos para algunas personas pero no para otras?
¿Cómo impactan las expectativas de comportamiento según el género de cada persona?
¿De qué modo nos atraviesan los modelos hegemónicos de masculinidad y femineidad?
¿Suponen estas representaciones sociales y modelos una mirada discriminatoria para
femineidades y personas LGBT+? ¿Pueden aquellas expresiones traducirse en distintas
formas de violencia?
La escuela podrá avanzar en este sentido si se habilitan canales de diálogo para
problematizar la concepción de la educación como un “espacio neutro” desde el punto
de vista del género y la sexualidad, espacios de debate y reflexión donde las y los docentes
se puedan acompañar para que sus prácticas sean cada vez más democráticas en un
sentido inclusivo e igualitario para todas las personas.

El siguiente testimonio de una docente da cuenta de este proceso


propio tan necesario para abordar los temas de ESI, entre ellos la
inequidad entre los géneros.

Pensar las violencias por motivos de género desde esta puerta de entrada, nos invita a

4
hacernos preguntas que van desde aspectos más generales hasta situaciones particulares.
Por ejemplo: ¿Qué creencias, sentimientos y conocimientos tenemos acerca de las
violencias por motivos de género? ¿Cómo creemos que impactan dentro del aula? ¿En qué
situaciones se evidencia la desigualdad de género dentro de la escuela? ¿Qué nos sucede
cuando nos enteramos de que están circulando sin consentimiento un video grabado fuera
de la escuela que muestra e invade la intimidad de una persona? ¿Qué pensamos cuando
una estudiante nos relata que está siendo intimidada por un excompañero que dejó hace
poco de concurrir a la escuela?
Pensando, por ejemplo, en los micromachismos que pueden tener lugar en la escuela: un
contacto físico no consentido, un comentario sobre el cuerpo de otra persona; un gesto
obsceno. ¿Cuál es nuestra mirada sobre estas situaciones? ¿Nos resultan naturales? ¿Qué
prácticas cotidianas podríamos revisar para evitar reproducir las desigualdades de género?

Esta puerta de entrada está conformada por tres dimensiones desde las cuales se pueden
pensar estrategias o líneas de trabajo. Estas son: el desarrollo curricular, la organización de
la vida institucional y los episodios que irrumpen.

a) El desarrollo curricular de la violencia de género y la promoción de


vínculos saludables

¿Cómo incorporamos los contenidos de ESI? ¿De forma transversal? ¿O de forma


específica? ¿Cómo podemos trabajarlos? ¿Con proyectos interdisciplinares, en la
materia propia, o con un espacio específico? ¿Cómo hacemos para aprovechar temas
y momentos de las planificaciones curriculares de las materias o disciplinas para
trabajar junto a colegas docentes?

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Para hablar del desarrollo curricular de la ESI, tenemos que basarnos en los Lineamientos
curriculares, que establecen qué se debe enseñar de manera sistemática en las aulas. Este
documento, propone tanto un enfoque transversal en todos los niveles educativos –que
atraviese el enfoque, los contenidos y el trabajo de las distintas disciplinas escolares-; como
uno específico –creando talleres, espacios específicos para trabajar la ESI en el nivel
secundario y en la formación docente-. Estos espacios pueden coexistir en cada
establecimiento y dependerá de los diagnósticos y acuerdos que se vayan construyendo
en cada institución.

Los Lineamientos Curriculares de ESI se enmarcan en el respeto por los Derechos


Humanos, la búsqueda de un trato igualitario entre los géneros, la democratización de las
relaciones entre todas las personas que conforman la comunidad educativa y la promoción
de derechos para la prevención de toda forma de maltrato y abuso contra niñas, niños y
adolescentes y entre pares. Constituyen el documento base tanto para orientar las
reflexiones colectivas en torno al propio posicionamiento así como para el diseño de
planificaciones didácticas de enseñanza de la ESI.
Con respecto al desarrollo curricular, resulta vital la incorporación de la perspectiva de
género en todas las áreas, teniendo en cuenta que todas las dimensiones del saber –la
política, la historia, el derecho, la economía, entre otras– están atravesadas por el género.
Esto puede desarrollarse en forma transversal, desde las áreas o materias y mediante
proyectos, o a través de la organización de espacios específicos. Por ejemplo, en Historia
cuando se retoma sobre el matrimonio en la Edad Media, en Biología cuando se trabaja
sobre el cuerpo o en Formación Ética cuando se piensa sobre la construcción de
estereotipos de feminidad y masculinidad, se está indudablemente trabajando sobre
cuestiones que hacen a la violencia de género. Esta puerta de entrada también implica la
posibilidad de contar con espacios y tiempos para reflexionar, planificar e ir reconociendo
las necesidades de acceder a recursos didácticos y capacitaciones. Algunas buenas
experiencias de ESI muestran que es necesario que todos los actores de la escuela —
docentes, bibliotecarios y bibliotecarias, personal administrativo y equipo de conducción—
se involucren y participen de las acciones de la manera más activa posible.

Con relación al vínculo entre el desarrollo curricular específicamente y el recorte temático


planteado, les proponemos reconocer algunos focos conceptuales que pueden ayudar a
organizar los contenidos relacionados con el género, las violencias por motivos de género
y la construcción de vínculos saludables en parejas adolescentes:

El conocimiento del contexto social, histórico y cultural como base para la


reflexión crítica desde una perspectiva de género y diversidad sobre las tradiciones,
los estereotipos presentes desde la infancia hasta la vida adulta, los modelos
hegemónicos de masculinidad y feminidad, el reconocimiento y valoración de los

6
trabajos que desarrollan mujeres y varones en diferentes ámbitos, identificando
cambios y permanencias a lo largo del tiempo, las formas de vinculación sexo-
afectiva, etc.
De este modo, desarrollando una mirada reflexiva vinculada al desarrollo
progresivo de los Derechos Humanos en general y de las mujeres y las personas
LGBT+ en particular, podemos trabajar con las y los estudiantes la legislación
vigente vinculada a la temática, como producto de las luchas y demandas de los
movimientos feministas y de otros colectivos sociales, el reconocimiento de las
distintas formas de violencias de género detallados en la legislación, la
identificación de vínculos más saludables entre los géneros a partir del
reconocimiento de la igualdad de derechos, de la desigualdad de hecho y de las
formas de trato entre pares como producto de esta matriz histórica, social y cultural
que llamamos “patriarcado”.
El conocimiento y respeto por el propio cuerpo y el cuerpo de las/os otras/os, ya
que partiendo del reconocimiento de la sexualidad como elemento constitutivo de
la identidad, y a su vez como un campo complejo que articula dimensiones
biológicas, políticas, sociales, psicológicas, éticas, se pueden promover
oportunidades para la reflexión y valoración del cuerpo como expresión de la
subjetividad, y como soporte de la confianza, el crecimiento y la autonomía.
También, en tanto se promueve el conocimiento de los derechos sexuales y
reproductivos, y el reconocimiento de situaciones que implican la violación de la
intimidad propia y ajena, se fortalecen los procesos de construcción de identidad y
autoestima y se pueden prevenir las distintas formas de violencia de género.
El reconocimiento de los derechos y desarrollo de competencias y habilidades de
autoprotección, identificando actitudes discriminatorias, de imposición sobre los
derechos de otros/as, y de vulneración de derechos en general, constituye junto
con el reconocimiento y puesta en práctica de herramientas de autoprotección, un
eje fundamental para trabajar los contenidos de género y violencias de género. En
este sentido, incluso desde nivel inicial se puede abordar la confianza, la libertad y
la seguridad para expresar ideas, opiniones y pedir ayuda.
Es muy importante no reducir la violencia de género a sus formas extremas, como
pueden ser la violencia física, feminicidio y travesticidio. Es preciso dar cuenta de
todos los tipos de violencias, sobre todo aquellos que pasan más desapercibidos
por estar más naturalizados, como puede ser la presión del grupo de pares para
socializar algo sobre la propia intimidad o la coerción sutil para el inicio de una
relación sexual.
La afectividad como dimensión inescindible de los vínculos, ya que para las
niñeces y en particular para las/os adolescentes, los vínculos, las

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pertenencias/referencias grupales, los sentimientos de inclusión/exclusión, la
habilidad para comunicarse y expresar sus propias emociones y sentimientos, son
cuestiones decisivas que marcan sus vidas, su autonomía y autoestima. Este mundo
afectivo tiene que poder ser hablado, expresado, hasta podríamos decir,
ejercitado, para lograr construir relaciones sociales y de pareja libres de violencias.

Los propósitos formativos y los contenidos, relacionados con estos focos conceptuales,
que debemos abordar de manera sistemática en las escuelas desde los Lineamientos
curriculares para la educación sexual integral, nos orientan en relación con las formas
pedagógicas que pueden asumirse en todos los niveles educativos, en el tratamiento de
situaciones de la vida cotidiana; nos estimulan para repensar la organización escolar;
nos asisten a la hora de formular proyectos educativos institucionales, en consonancia
con las necesidades e intereses de las y los estudiantes.

Las y los invitamos a recorrer las actividades para el aula propuestas en los
materiales producidos por el Programa Nacional de Educación Sexual para
trabajar contenidos de ESI, dentro de los cuales se abordan las violencias
por motivos de género y la construcción de vínculos saludables en el marco de estos
lineamientos.

Referentes ESI Nivel Inicial


Referentes ESI Nivel primario
Referentes ESI Nivel secundario
Educación Sexual Integral, Nivel Inicial: compilación de actividades
Educación Sexual Integral, Nivel Primario - Primer ciclo: compilación de actividades
Educación Sexual Integral, Nivel Primario - Segundo ciclo: compilación de actividades
Educación Sexual Integral, Nivel Secundario: compilación de actividades

b) La organización de la vida institucional cotidiana: trabajando la


prevención de la violencia por motivos de género

Hablamos acá de todas aquellas acciones, costumbres, rituales que hacemos


cotidianamente en la escuela, modos de relacionarnos y comunicarnos, que siempre
transmiten determinadas ideas y visiones sobre la sexualidad. La mirada sobre las propias
instituciones, sus prácticas, regulaciones y símbolos constituye otra manera de pensar
cómo abordar la ESI en general y cómo trabajar en la prevención de la violencia por motivos
de género y la promoción de vínculos saludables, en particular.
Esta puerta de entrada invita a revisar la cultura institucional desde el enfoque de

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derechos, de género y de diversidad propios de la ESI, porque sabemos que las
regulaciones, las prácticas y los rituales escolares construyen y transmiten los sentidos que
tiene la escuela sobre la sexualidad.

Tradicionalmente, en la institución educativa tienen lugar procesos de construcción de un


orden pedagógico que pueden contribuir a definir y conformar una única forma aceptada
de vivir la sexualidad, a través de la transmisión de ciertas definiciones y relaciones de
género, que van pautando modos de comportamiento aceptados o no para cada género.
Un ejercicio interesante puede ser que intentemos identificar aquellos gestos,
costumbres, rutinas vinculados a roles de género estereotipados y preguntarnos ¿cómo
podríamos desandar ese camino, empezar a actuar de una manera diferente
promoviendo formas más igualitarias, basadas en el respeto por los derechos de todas
las identidades de género?
Si se toma en cuenta la organización de la vida institucional cotidiana, resultan objeto de
revisión y análisis ciertos actos, escenarios y normas que constituyen la trama de la vida
escolar que reproducen las desigualdades de género. Estas se expresan de múltiples
maneras, ya sea en disposiciones espaciales (uso del espacio en los recreos, en las clases
de educación física, distribución de los baños, filas diferenciadas para varones y mujeres),
vestimentas, exigencia de conductas esperables diferentes según el género, división de
tareas y roles de manera diferenciada según el género (por ejemplo, cuando las chicas
tienen que escribir porque “son más prolijas” y los varones mover sillas porque “tienen
más fuerza”), etc. Pensemos también en las sanciones que se aplican por “problemas de
conducta”, ¿se aplican del mismo modo a todas las personas?
Analizar las maneras en que las instituciones escolares suelen dirigirse a las familias de las
y los estudiantes en notas de comunicación o en diálogos también es una acción orientada
a reflexionar sobre la desigualdad de género desde la organización de la vida institucional.
“Sres. Padres”o “Mamis” suelen ser formas naturalizadas de la desigualdad de género que
refuerzan estereotipos y roles ligados a las maternidades y las paternidades, además de no
contemplar la variedad de las configuraciones familiares: hay estudiantes que pueden
tener solo una madre o un padre, dos padres o dos madres, familias ensambladas, entre
múltiples opciones. Por eso, la manera más igualitaria e inclusiva de dirigirse a las personas
familiares de estudiantes es utilizando el apelativo “familias”.
En este sentido, les compartimos algunos interrogantes que creemos pueden contribuir a
esta reflexión: ¿A qué cuestiones podemos y debemos apelar para desarmar esta lógica
que puede conllevar formas de maltrato naturalizadas en la escuela? ¿De qué modo este
tipo de expresiones ponen en juego ciertas visiones sobre el género que consolidan un
trato desigual? ¿Limitamos las oportunidades de expresión, de comportamientos posibles
y de acción en función del género? ¿En qué otros rituales y actos cotidianos de la
organización institucional se ponen de manifiesto representaciones y prácticas sociales

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desiguales? Revisar y transformar las acciones, los discursos, las costumbres escolares
injustas y/o desigualitarias, es un objetivo indispensable para la escuela.

A continuación, compartimos un fragmento del video “El cuerpo en la escuela”


producido por Canal Encuentro en el que se describen algunas prácticas,
formas de organización y rutinas escolares en los cuales se manifiesta la
reproducción vigente y cotidiana de estereotipos y divisiones por género.

Todas las personas que habitan la escuela - estudiantes, docentes, bibliotecarios/as,


personal administrativo, equipos de orientación escolar y conducción― deben
involucrarse y participar de las acciones y discusiones tendientes a problematizar la
institución y sus prácticas cotidianas de manera activa e inclusiva, dado que la escuela es
un ámbito privilegiado para visibilizar las inequidades y construir escenarios de mayor
igualdad de oportunidades para quienes conviven en ella.

Para trabajar sobre esta puerta de entrada podemos utilizar la “Guía para
el desarrollo institucional de la ESI”

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c) Episodios que irrumpen en la vida escolar

Cotidianamente se producen situaciones que pueden tener un efecto disruptivo en el


paisaje habitual de la escuela: conflictos o peleas físicas, acoso y hostigamiento, relatos
sobre violencia en el ámbito doméstico y abusos, violencias en los entornos digitales,
grabaciones con celulares que vulneran la intimidad, pornografía y preservativos en los
baños, embarazos no intencionales en la adolescencia, entre otros.
Generalmente, cuando ocurre algo que trastoca la cotidianidad, impacta en toda la
institución escolar y demanda respuestas que siempre son posicionamientos
institucionales. La dinámica de la vida escolar hace que muchas veces tengamos que dar
respuestas rápidas a distintos actores (estudiantes, familias, medios). Para que esa
reacción se base en la perspectiva de Derechos Humanos y de género, es necesario que
previamente las personas adultas de la escuela hayamos pensado en algunas estrategias
para encarar estas problemáticas, sustentadas en criterios compartidos.

A continuación les compartimos algunos interrogantes que creemos importantes tener


siempre presentes en el abordaje de situaciones complejas vinculadas a las violencias: ¿Se
generan espacios para dialogar y acordar criterios institucionales y actuar ante este tipo de
situaciones? Quienes habitamos los establecimientos educativos, ¿actuamos en forma
aislada, respondiendo cada una/o desde su visión y espontáneamente?
Es necesario habilitar instancias en los espacios educativos donde hacer una pausa para
encontrarse colectivamente, revisar y consensuar estrategias de abordaje institucional. Es
importante que las intervenciones en estos casos estén fundamentadas en las normativas
vigentes y que cuenten con el respaldo necesario ya que no se trata, en ningún caso, de
que las/os docentes actúen solas/os, sino que lo puedan hacer en forma colectiva. El
esfuerzo estará siempre orientado a acompañar al estudiantado y asumir la
responsabilidad de proteger y garantizar sus derechos.
Es muy común que estos episodios no sean leídos en clave de género y no seamos
conscientes de ello cuando, por ejemplo, censuramos con más intensidad a la violencia
entre mujeres con expresiones como “eso no corresponde a una chica” y naturalizamos a
la violencia y maltrato entre los varones diciendo “los varones son más agresivos”.
Para guiarnos en el abordaje de esta puerta les pedimos que consideren especialmente los
apartados “Cuando tengamos oportunidad de escuchar” que encuentran más adelante en
esta misma clase. También podemos recurrir a la Guía Federal de Orientaciones para la
intervención en situaciones complejas.

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Es importante reconocer que la sexualidad es tan compleja que no se agota en la escuela.
Por el contrario, hay una multiplicidad de organismos e instituciones que intervienen en
este campo: de salud, desarrollo social, justicia, Derechos Humanos, mujeres, géneros y
diversidad, seguridad, etc. Se trata de muchas instituciones tanto del Estado como de la
sociedad civil que aportan saberes y experiencias. Asimismo, es preciso que las familias
estén informadas sobre el marco normativo vigente que garantiza los derechos de niñas/os
y adolescentes, y que se las pueda incluir en un diálogo que lleve a reflexionar sobre el
lugar de las personas adultas en las vidas de niñas, niños y adolescentes.
Tanto la Ley 26.485 de Protección integral a las mujeres, la ley 26.061 de protección de
derechos de NNyA, como la Ley N° 26.150 de ESI, le dan a la escuela un rol central como
ámbito promotor y protector de derechos de niños, niñas y adolescentes.
Debemos reconocer que han cambiado mucho, en las últimas décadas, las pautas en las
que nos socializamos producto entre otras cosas de la modificación de las condiciones
socioeconómicas y culturales, de la influencia de los medios de comunicación y de los
movimientos migratorios que se registran en la región. Sin embargo, este nuevo escenario
muchas veces no es tomado en cuenta por la escuela, que sigue sosteniendo algunas
representaciones estereotipadas sobre identidades, roles de género, de relación entre las
generaciones, de modelos de familia.
En este sentido muchas veces el vínculo escuela - familia pasa por momentos de tensión y
de desencuentros, pero también y, asumiendo la complejidad de esta tarea, pueden ser
vínculos potentes para la construcción de nuevos escenarios. Por eso, consideramos
importante habilitar el acercamiento entre escuela y familias para tematizar estas
cuestiones con una mirada amplia y respetuosa por la diversidad de configuraciones
familiares e identidades de género, que permitan tanto a las escuelas como a las familias,
enriquecer la mirada en un marco de garantías por los Derechos Humanos de todos y
todas.
Las actividades pedagógicas propuestas durante el año en la escuela o en el desarrollo de
las Jornadas “Educar en Igualdad” (Enmarcadas en la Ley N° 27.234, cuyo objetivo es
contribuir a que las/os estudiantes y docentes desarrollen y afiancen actitudes, saberes,
valores y prácticas que promuevan la prevención y erradicación de la violencia de género)

12
pueden pasar a ser una excelente oportunidad de invitación para la participación de las
familias y de otras organizaciones del barrio o de la comunidad con incumbencia en la
temática. Estos espacios pueden ser pensados como preventivos en tanto y en cuanto se
sensibiliza, se establecen lazos y criterios de trabajo interinstitucional y se tejen redes de
detección y de acompañamiento conjunto. Ya es sabido y volvemos a recalcar que las
acciones educativas y de cuidado de la salud pensadas y organizadas en forma articulada
aumentan su eficacia y alcance. De esto se trata compartir y construir la corresponsabilidad
social ante las problemáticas que nos convocan colectivamente.

Les compartimos las cartillas y audiovisuales “Educar en Igualdad”, cuyo


propósito es acompañar a los equipos directivos y docentes en la
implementación de la jornada que prescribe la ley nacional 27.234.

Cartilla Educar en Igualdad


Audiovisual Educar en Igualdad Nivel inicial
Cartilla Educar en Igualdad Nivel Inicial
Audiovisual Educar en Igualdad Nivel Primario
Cartilla Educar en Igualdad Nivel Primario
Audiovisual Educar en Igualdad Nivel Secundario
Cartilla Educar en Igualdad Nivel Secundario

Algunas claves para un acompañamiento institucional cuidado


Los distintos actores sociales que trabajan con población infantil o adolescente tienen un
rol muy importante a cumplir frente a la problemática que nos ocupa. En primer lugar,
generando concientización en torno a ella y promoviendo la desnaturalización de
muchos de los basamentos culturales y sociales de la desigualdad en los vínculos, entre
ellos los que obedecen a condiciones de género y/o edad, y que puedan ocasionar
perjuicios a los derechos.
En segundo lugar, la construcción de un vínculo de confianza con las/os niñas, niños y
adolescentes en el día a día puede ayudar a que las/os mismas/os vivencien una cercanía
emocional que les anime a manifestar cualquier situación en la que se sientan
vulneradas/os, incómodas/os o confundidas/os. También, y sumado a ello, puede
colaborar el hecho de que estas temáticas constituyan temas a charlar en diferentes
momentos y que el repudio a cualquier forma de violencia sea un principio sostenido y
ejercido en las prácticas y vinculaciones cotidianas.
Sabemos que frente a situaciones complejas, como lo son las violencias por motivos de

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género, la escuela no puede ni debe actuar sola. Frente a hechos de violencia y otras
vulneraciones de derechos, las personas adultas de la escuela o referentes requieren
pensar y definir su rol junto a otros actores con incumbencia en la problemática y, a su
vez, contar con conocimientos que les permitan acompañar y orientar de la mejor manera
posible a quienes la padecen.
En este sentido, se requeriría que las/os docentes y otros actores/actrices institucionales,
como los equipos de orientación escolar, posean información específica y datos sobre
protocolos de actuación y/o recursos locales que abordan la problemática, por ej.: el
hospital, centro de salud, el área de niñez de la jurisdicción, etc., con que cuenta la
comunidad (direcciones, teléfonos, días de atención, nombres de profesionales, etc.);
tanto para articulación como por las comunicaciones que sea necesario realizar. La
visibilización de indicadores de violencia por motivos de género, el apoyo y la derivación
temprana a servicios de asistencia y/o protección pueden favorecer la interrupción o la
modificación de vínculos donde exista cualquier forma de violencia por motivos de género,
evitando que prosigan hacia formas más graves y protegiendo los derechos de niñas, niños
y adolescentes.
Por ello es tan importante la sensibilización, el compromiso y la intervención ante
cualquier indicio de violencia por motivos de género por parte de quienes trabajan y/o
tienen cercanía con infancias y adolescencias.
Resultaría conveniente que en cada institución puedan generarse espacios para el
intercambio de conocimientos específicos con relación a la problemática y a los modos
más adecuados de acompañamiento de acuerdo con las características que aquella toma
en cada contexto y a la red de recursos asistenciales con los que se cuente.
En este sentido, si bien tomar conocimiento acerca de una situación de alguien que sufre
violencia constituye, en general, una situación movilizante, el contar con una guía o
protocolo de acompañamiento, consensuado institucionalmente y en la que se defina
claramente el rol de cada uno/a, puede facilitar y ordenar esta tarea. Un punto para
resaltar aquí es que la persona referente no puede responder sola a estas situaciones y
requiere necesariamente de un accionar acompañado. Es importante que este protocolo
se convierta en una herramienta útil que nos oriente y no en un camino con pasos
encorsetados que nos impida pensar y evaluar cada situación que se presenta con su
complejidad y particularidad.
Dado el alto nivel de implicación emocional que suelen generar las situaciones de violencia
sería sumamente valioso, a la par de pensar las mejores estrategias de actuación,
organizar encuentros, espacios, momentos en los cuales compartir las sensaciones, los
temores, las dudas que aparecen frente a esta problemática que muestra su realidad en
cada contexto. Ello a modo de respaldo mutuo y también para poder repensar experiencias
ya atravesadas institucionalmente. Es por esto que el trabajo en red y los criterios de

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abordaje compartidos, que favorezcan la articulación interinstitucional y/o intersectorial
resultan imprescindibles.

¿Qué podemos hacer para acompañar


de la mejor manera en la escuela?

Como punto de partida hay que saber que cada situación es singular y que por ello serán
esas particularidades las que deberán orientar a los actores intervinientes para el mejor
resguardo y acompañamiento.

En este punto se hace necesario aclarar que, en primera instancia, no son las instituciones
educativas que detectan una posible situación de violencia las que deberán confirmar o
probar si éstas existen o sus reales expresiones, sino que podrán reunir la información de
los datos conocidos, brindar las orientaciones pertinentes a alumnas/os y familiares y
comunicar la situación relevada a otras instituciones y organismos responsables de la
evaluación y protección cuando aquella lo amerite.
Por otro lado, y más allá del cumplimiento del deber legal que le cabe a cualquier
funcionario público ante la problemática, no basta sólo contar con saberes o información,
sino también es necesario desarrollar capacidades como el acompañamiento, la escucha,
el reconocimiento y el cuidado de las otras personas.

Les compartimos a continuación un documento que contiene el marco


general que puede resultar una guía para construir intervenciones
situadas en los diferentes niveles educativos: Cuando tengamos
oportunidad de escuchar.

Nos vamos despidiendo

Estimadas/os futuras/os colegas, hemos llegado al final del curso. A manera de síntesis,
queremos destacar que las puertas de entrada de la ESI nos permiten leer e interpretar lo
que acontece en la cotidianeidad de las instituciones escolares, con el objetivo de producir
movimientos y estrategias de abordaje posibles considerando las singularidades de las
situaciones. A su vez, nos invitan a reflexionar sobre la importancia de construir redes y
trabajar colectivamente en la creación de propuestas para el abordaje de situaciones

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complejas con un profundo sentido pedagógico.

Las puertas de entrada a la ESI hacen explícito que la escuela y la educación no son
neutrales en la construcción de la sexualidad. Nos invitan a hacer posibles lecturas sobre
las distintas situaciones que se presentan en la vida escolar, donde se hace evidente que
no puede haber silencio pedagógico. Por lo cual, resulta necesario reflexionar sobre
nuestro quehacer y llevar adelante un trabajo cotidiano de forma colectiva, que tienda a
la erradicación de las violencias así como también, a la construcción de espacios más
inclusivos e igualitarios que habiliten vínculos e identidades libres, plurales y diversas.
Tal como hemos querido poner de relieve en este curso, los modos de vinculación que
ponemos en acto o aquellos de los que somos testigos cotidianamente en nuestros
ámbitos de pertenencia, obedecen a procesos de construcción social que manifiestan sus
expresiones personales, familiares e institucionales, por lo que requieren de revisiones
críticas para ser desnaturalizados y analizados.
Por ser las violencias de género una problemática que convoca a la corresponsabilidad y a
un abordaje colectivo e integral, esperamos que estas clases hayan podido aportar algunas
pistas para la comprensión de la problemática y de las incumbencias pertinentes al sector
educativo.

Les dejamos como cierre de esta clase el siguiente video que recupera
las voces y experiencias en el marco de la Educación Sexual Integral:
Ver aquí

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Créditos
Programa Nacional de Educación Sexual Integral. Dirección de Educación para los Derechos
Humanos, Género y Educación Sexual Integral. Subsecretaría de Educación Social y Cultural.
Secretaría de Educación. Área de Políticas Estudiantiles del INFD. Ministerio de Educación de la
Nación.

Cómo citar este texto


Programa Nacional de Educación Sexual Integral con el área de Políticas Estudiantiles del
INFD (2022). Clase 3: Puertas de entrada de la ESI y violencias por motivo de género. ESI
y formación docente. Aportes para la construcción de vínculos libres de violencias. Buenos
Aires: Ministerio de Educación de la Nación.

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