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Medicina Basada en Evidencia en COVID-19

El documento analiza tres casos clínicos donde se evidencia la falta de aplicación de la Medicina Basada en Evidencia (MBE) en el manejo de pacientes con COVID-19. Se destaca que las decisiones médicas deben integrar evidencia científica, experiencia clínica y características del paciente, y que el uso de tratamientos no respaldados por guías clínicas puede resultar en consecuencias fatales. Se concluye que la aplicación de la MBE podría haber mejorado las posibilidades de supervivencia de los pacientes al asegurar un manejo adecuado y basado en evidencia.

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Medicina Basada en Evidencia en COVID-19

El documento analiza tres casos clínicos donde se evidencia la falta de aplicación de la Medicina Basada en Evidencia (MBE) en el manejo de pacientes con COVID-19. Se destaca que las decisiones médicas deben integrar evidencia científica, experiencia clínica y características del paciente, y que el uso de tratamientos no respaldados por guías clínicas puede resultar en consecuencias fatales. Se concluye que la aplicación de la MBE podría haber mejorado las posibilidades de supervivencia de los pacientes al asegurar un manejo adecuado y basado en evidencia.

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Escuela de Medicina Humana

PRÁCTICA SESIÓN 01:


“Comprendiendo la Medicina Basada en Evidencia”
CASO 01: El Dr. Sánchez evalúa a una paciente de 78 años, obesa y diabética,

con prueba antigénica rápida COVID-19 positiva, saturación de 85%, frecuencia

respiratoria de 30 respiraciones/minuto. Siguiendo su “ criterio” inicia

tratamiento domiciliario con ivermectina, warfarina, azitromicina, ceftriaxona y

oxígeno con cánula binasal. La paciente fallece minutos después de su ingreso

a emergencia.

PREGUNTAS

1. ¿Se aplicó la Medicina Basada en Evidencia (MBE) en su manejo? Explique.

No, no se aplicó la MBE. El Dr. Sánchez actuó guiado por su “criterio personal”, sin
integrar evidencia científica actual ni considerar guías clínicas validadas. El uso de
ivermectina y azitromicina, por ejemplo, no cuenta con respaldo científico sólido para
el tratamiento de COVID-19 en la fase grave. La warfarina, además, no es el
anticoagulante de elección en el contexto agudo.

Además, según el documento de Argimón, la MBE requiere tres componentes clave:


evidencia científica de calidad, experiencia clínica del profesional y características del
paciente. En este caso, faltó el uso de evidencia actualizada y validada, además de
una valoración crítica de las condiciones específicas de la paciente (edad avanzada,
comorbilidades, estado respiratorio grave).

2. ¿Basta sólo el conocimiento del médico para aplicar la MBE? ¿Qué otros
componentes se consideran para aplicar la MBE?
No, no basta solo con el conocimiento médico. Según la definición de MBE esta se
basa en la integración de:

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- Mejor evidencia científica disponible (de estudios bien diseñados, guías y
revisiones sistemáticas).
- Experiencia clínica del profesional, que permite interpretar esa evidencia con
criterio.
- Preferencias, valores y condiciones del paciente, como edad, comorbilidades y
contexto social o familiar.
- Recursos disponibles, incluyendo el entorno donde se aplica el tratamiento
(hospital, domicilio, etc.).

El conocimiento del médico es necesario, pero no suficiente. El profesional debe


saber buscar, evaluar críticamente y aplicar la evidencia científica en contextos
específicos.

3. ¿Qué se hubiera conseguido en esta paciente aplicando la MBE en su


manejo? ¿Cree usted que hubiera podido salvarse? Explique.
Aplicar la MBE podría haber mejorado sus posibilidades de sobrevivir, aunque no
garantiza la supervivencia.

Usando la MBE se habría hecho lo siguiente:


- Hospitalización inmediata, dada la saturación baja (85%) y FR elevada (30),
indicando insuficiencia respiratoria.
- Tratamiento basado en guías científicas, como corticosteroides (ej.
dexametasona), oxigenoterapia ajustada, anticoagulación adecuada (heparinas
de bajo peso molecular), y vigilancia estrecha.
- Evitar medicamentos ineficaces o peligrosos en ese contexto (como ivermectina o
warfarina).
- Aplicación de protocolos clínicos actualizados, como los establecidos por la OMS
o guías nacionales para el manejo de COVID-19 grave.

Bibliografía
1. J. M.ª Argimón Pallàs, A. Guarga Rojas, J. Jiménez Villa. Capítulo 5:
Medicina Basada en Evidencias: Guías y Protocolos. De: Métodos de
Investigación Clínica y Epidemiología, 4° edición, Barcelona, España,
2013. https://dsp.facmed.unam.mx/wp-content/uploads/2022/02/U-2-Anexo-
1A- Argimon-J-Medicina-Basada-enm-evidencias-guias-y-protocolos.pdf

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Escuela de Medicina Humana
CASO 02: Paciente varón de 58 años, hipertenso, obeso y diabético. Decidió salir

a comprar al mercado sin mascarilla durante los primeros meses de la pandemia.

Cursó con COVID-19 severo, sin embargo, sus familiares decidieron manejarlo

en casa usando ivermectina, azitromicina, warfarina y ceftriaxona. 3 días

después, por gravedad de caso, es internado en UCI como un COVID crítico.

Paciente fallece 10 días después en ventilación mecánica.

1. ¿Creen que se aplicó la Medicina Basada en Evidencia (MBE) en su

manejo? Explique qué intervención era la que necesitaba.

No, no se aplicó la MBE. El manejo domiciliario del paciente, usando

medicamentos como ivermectina, azitromicina, warfarina y ceftriaxona, no está

respaldado por la evidencia científica ni por las guías clínicas internacionales para

el tratamiento de COVID-19 severo.

La intervención adecuada (según guías basadas en evidencia, como las de la

OMS, NIH y MINSA Perú) para un caso severo de COVID-19 incluye:

- Hospitalización inmediata.

- Oxigenoterapia. Corticosteroides (como dexametasona).

- Anticoagulación profiláctica adecuada (ej. heparinas, no warfarina).

- Monitorización de signos de alarma y soporte intensivo si es necesario.

El paciente, al tener múltiples comorbilidades (HTA, DM2, obesidad), necesitaba

atención temprana y especializada en un entorno hospitalario. Su manejo en casa

con medicamentos no recomendados por guías científicas fue inadecuado y expuso


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al paciente a complicaciones evitables.

2. ¿Cuál sería la fuente de información ideal para haber aplicado el mejor

manejo para este caso?

Las fuentes ideales para aplicar la MBE y guiar un manejo correcto habrían sido

las Guías de Práctica Clínica (GPC) basadas en evidencia. Estas guías permiten

tomar decisiones informadas, homogéneas y eficientes.

Algunas fuentes confiables:

- Guías OMS para el manejo de COVID-19.

- Guía MINSA Perú para el tratamiento de COVID-19 severo.

Estas fuentes habrían evitado el uso de tratamientos ineficaces y promovido

decisiones basadas en evidencia rigurosa.

3. ¿Qué nivel de riesgo de muerte tenía el paciente? Opine sobre el

tratamiento recibido usando la bibliografía disponible.

El paciente tenía un alto riesgo de muerte por varias razones:

- Edad >55 años.

- Comorbilidades: hipertensión, diabetes, obesidad.

- No uso de mascarilla en contexto pandémico.

- Retraso en hospitalización.

- Uso de medicamentos sin evidencia de beneficio (ivermectina, azitromicina,

warfarina).

Según la bibliografía:

Su uso permite actuar con rigor metodológico, transparencia y relevancia clínica.

El tratamiento recibido fue inadecuado y basado en creencias sin fundamento científico.

La warfarina, por ejemplo, requiere control estrecho y no es recomendada en el

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contexto agudo por su inicio de acción lento y riesgo de sangrado.

Aunque no se puede garantizar que hubiera sobrevivido incluso con atención ideal, la

aplicación de MBE y GPC le habría dado una oportunidad real de recuperación.

Bibliografía
1. Manterola C, Otzen T, García N y Mora M. Guías de práctica clínica
basadas en la evidencia Rev. cir. 2019;71(5):468-475.
https://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2452-
45492019000500468

2. Instituto de Evaluación de Tecnologías en Salud e Investigación. Guía de


Práctica Clínica: Manejo de COVID-19 (Mayo 2021)
http://www.essalud.gob.pe/ietsi/pdfs/guias/GPC_COVID_19_Version_corta
.pdf

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CASO 03: Durante la primera ola, se propuso a la Red de Salud la

implementación de infusión de plasma de paciente convaleciente para tratar

pacientes con COVID 19 severo basado en “estudios”. Posteriormente se

evidenció que la intervención no fue costo efectivo y se perdieron muchos

recursos al implementarlo.

1. ¿Creen que hubiera pasado si se hubiera aplicado la Medicina Basada en


Evidencia (MBE) en su manejo? Explique el porqué de su respuesta.
Sí, si se hubiera aplicado la MBE, probablemente se habría evitado la
implementación temprana y costosa del tratamiento con plasma convaleciente.
Durante la primera ola de la pandemia, la evidencia científica sobre el uso de
plasma convaleciente era limitada y preliminar. El estudio de Duan et al. (2020) era
un estudio piloto con solo 10 pacientes, sin grupo control robusto ni aleatorización,
por lo tanto, no permitía sacar conclusiones definitivas sobre eficacia o costo-
efectividad.
Si se hubiera seguido la MBE, se habría identificado que la evidencia no era
suficiente para implementar la terapia a nivel de red de salud como política
general. Se habría esperado a los resultados de ensayos clínicos más grandes y
controlados, evitando así la pérdida de recursos.

2. ¿Cuál debería haber sido la fuente de información ideal para haber


sustentado el uso de este tratamiento?
Las fuentes ideales, según la MBE, habrían sido:
- Revisiones sistemáticas y metaanálisis de alta calidad (cuando estuvieran
disponibles).
- Guías de Práctica Clínica basadas en evidencia, evaluadas con herramientas

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como AGREE II.
- Información de ensayos clínicos controlados aleatorizados (RCTs).
- Sitios confiables: OMS, NIH, NICE, Cochrane Library, TripDatabase,
Guíasalud.es, etc.
El estudio de Duan et al. debió interpretarse como evidencia preliminar, útil para
formular hipótesis, pero insuficiente como base para una política sanitaria general
sin más respaldo.

3. ¿Qué ventajas hubiera ofrecido el usar la MBE en la toma de decisiones


sobre la implementación de este tratamiento?
Usar la MBE habría aportado varias ventajas:

- Evitar decisiones apresuradas basadas en estudios individuales sin poder


estadístico suficiente.
- Optimización de recursos: se habría evitado destinar fondos y personal a una
intervención de efectividad incierta.
- Mayor transparencia y legitimidad: al justificar decisiones en base a evidencia
robusta.
- Reducción de riesgos: al evitar tratamientos sin seguridad o eficacia
comprobadas.
- Mejor planificación y priorización de intervenciones con mayor impacto.

BIBLIOGRAFIA SUGERIDA
1. Aplicando la Medicina Basada en la Evidencia a la práctica clínica
https://medicinainternaaltovalor.fesemi.org/instrumentos-y-agrupadores-
necesarios-en-una-medicina-moderna/medicina-basada-en-evidencia/

2. Duan K, Liu B, Li C, Yang X et al. Effectiveness of convalescent


plasma therapy in severe COVID-19 patients. PNAS 117;1: 9492-6
https://www.pnas.org/doi/abs/10.1073/pnas.2004168117

3. WHO recommends against the use of convalescent plasma to


treat COVID-19
https://www.who.int/news/item/07-12-2021-who-recommends-against-the-
use-of-convalescent-plasma-to-treat-covid-19

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