RESEÑAS
Fernando Gamboa, téticas que animaban los conceptos
museógrafo museográficos de Fernando Gamboa
en sus propios textos y, en especial pa-
Tomás Zurián* ra mí –y quizás para muchos otros–, la
inclusión de la lista de obra de algunas
Para Mario Vázquez, con mi afecto exposiciones. Es decir, las relaciones
completas de los personajes de las di-
A lo largo de mi vida uno de los ma- versas artes en México que integraron y
yores placeres que he experimentado apoyaron con recursos e ideas la crea-
con los libros es cuando me produ- ción de la “Sociedad de Arte Moderno”
cen una sensación dúctil, que se adap- que sentó un precedente valioso para el
tan sensiblemente a las manos, y esta futuro cultural de México. Una infor-
sensación placentera sólo la logra una mación importantísima, la cual se agra-
edición flexible, en rústica. Entiendo dece, para valorar la museografía actual
que deban existir los libros de pastas de México y cómo han variado en la
gruesas, rígidas, pero mis preferencias curaduría contemporánea los concep-
siempre se volcarán hacia los libros de tos estéticos, históricos y culturales en
pastas blandas, que cedan de manera la selección y exhibición de obras.
lúdica al juego manual. Y cuando es- damental que funciona en los aspectos Leer estas listas nostálgicas y emoti-
tas ediciones, por pesadas que sean, se mental y emocional mucho mejor que vas renueva nuestras vivencias. Allí en-
encuentran impresas en rústica, el pla- cualquier compleja introducción histó- contramos a Salvador Toscano, Pablo
cer pesado-flexible resulta inenarrable. rica sobre el tema abordado. La siento Martínez del Río, Justino Fernández,
En México recuerdo un par de ejem- como una forma museográfica de intro- Xavier Villaurrutia, María Asúnsolo,
plos de libros flexibles, en los que no ducir al lector-espectador en la esencia Miguel Covarrubias, Frances Toor, Luis
importó lo grueso ni pesado que és- misma del libro. Barragán, Alfonso Caso, Inés Amor,
tos fueran. Uno de ellos fue la primera Las fotografías reproducidas a do- Víctor M. Reyes, María Luisa Cabre-
edición de Notas de platería, de Arte- ble página funcionan en forma ad- ra de Block, Alfonso Reyes y decenas
mio de Valle Arizpe (Polis, 1941), y mirable y con tal contundencia, que más. Sin lugar a dudas este libro llenará
el otro La conquista espiritual de Méxi- nos relatan de golpe el éxito cultu- huecos no sólo en el estudio de la mu-
co, de Robert Ricard (Jus/Polis, 1947). ral y museográfico de las exposicio- seografía en México y sus repercusio-
El libro que ahora manipulo con pla- nes internacionales del arte mexicano, nes internacionales, sino también en el
cer entre mis manos, Las ideas de Gam- cuyos contenidos siempre supo equili- ascenso cultural en busca de nuestros
boa, coeditado en México por Fundación brar Fernando Gamboa con sensibili- propios valores artísticos.
Jumex Arte Contemporáneo, Promoto- dad y sentido espacial, al unificar tanto A mi juicio, la única solución no tan
ra Cultural Fernando Gamboa y Edi- en lo estético como en lo visual piezas afortunada de la publicación consistió en
ciones RM, de entrada ha ganado mi de gran formato, pinturas o esculturas, añadir en el reverso una especie de bol-
entusiasmo por tratarse de un volumen compartiendo espacios con pinturas de sa donde se colocó una plaquette con el
cuyo peso no está reñido con la flexibi- pequeño formato y con estatuillas dimi- texto “Fernando Gamboa, fundador”, de
lidad. Se encuentra bien concebido en nutas. Este notable juego museográfico Octavio Paz. En mi concepto se trata
sus dimensiones, en sus recursos tipo- repercute en las expresiones de los es- de un recurso novedoso que nada añade
gráficos y con un uso de la documen- pectadores de otras latitudes del mun- a la publicación –y para mí lo que no
tación fotográfica en verdad digno de do, que observan con interés los valores añade, quita–, y en cambio rompe con
elogio. Haberlo antecedido con una estéticos de las obras, empujados por la la continuidad de la caricia manual del
importante cantidad de fotografías, a dinámica museográfica elaborada con libro gozado como objeto. En este sen-
la inversa de como se acostumbra –co- una compleja sencillez por el museó- tido me considero incapacitado para
locándolas hasta el final– resulta ya un grafo mexicano. trazar una línea divisoria entre el libro
recurso encomiable, sobre todo porque Los aciertos del libro no son pocos. en sus valores objetuales y el libro co-
se trata de una introducción visual fun- Entre otros, la rica documentación fo- mo medio transmisor de los conceptos
tográfica que apoya el sentido de los del arte, de la ciencia o de la tecnología.
* Conservador de obras de arte textos, la recuperación de las ideas es- Salvo este detalle, es un volumen cuyos
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contenidos serán valiosos documentos la lente del proyector hasta impactar la esas joyas en el Palacio de Bellas Artes.
para la historiografía del arte en nuestro pantalla eran sus pinceles, y el color… Pero los soviéticos se aferraban a la idea
país, para la evolución conceptual de la éste lo aportaban las transparencias. de que se exhibieran en el Museo Na-
museografía mexicana y para la com- —¡Ya ve cómo sigo siendo pintor, mi cional de Antropología que, como sa-
prensión de los procesos culturales del amigo! bemos, siempre ha gozado de un gran
México de la segunda mitad del siglo XX, En ese momento se aprestó a iniciar prestigio internacional, como uno de
así como su brillante difusión en el ám- su disertación. Momentos después su- los más bellos museos del mundo.
bito internacional. Así, se encuentra di- pe por Erasto Cortés Juárez, uno de mis No era en lo absoluto sencillo de-
señado para el goce de sus contenidos maestros, que el expositor se llamaba rrotar a los soviéticos en los terrenos
escritos y visuales. Fernando Gamboa. de la dialéctica, en cuyos niveles tam-
Para completar este periplo de recuer- bién campeaban la inteligencia y la ex-
dos y experiencias, van para mi querido FERNANDO GAMBOA Y LA INTELLIGENZA SOVIÉTICA periencia internacional de Gamboa. En
Mario un par de vivencias más, de las Habíamos llegado a Moscú el día an- este estado de cosas, los jerarcas so-
muchas que tuvimos junto a Gamboa, terior, procedentes de Leningrado, tras viéticos olvidaron por un momento la
que he decidido nombrar como “Dos inaugurar con gran éxito la exposición dialéctica y comenzaron a imponer su
recuerdos personales sobre don Fernan- Diego Rivera y su maestro José María Ve- voluntad a toda costa. Gamboa, el in-
do Gamboa, amigo entrañable”. lasco en el Museo del Ermitage. Esa sólito, el astuto, modificó la estrategia.
mañana un auto oficial nos condujo Usando su más refinada sensibilidad,
EN LA ESCUELA NACIONAL DE ARTES PLÁSTICAS desde nuestro hotel, que se encontra- cambió las reglas del juego e hizo esta
Creo recordar que fue hacia mediados ba muy cerca de la colorida Basílica de propuesta genial:
de la década de 1950 –yo frisaba los 20 San Basilio, hasta el conjunto de edifi- —Señores, la mía es una intención
años–. Un par de años atrás había ter- cios que conforman el Kremlin, y nos eminentemente de carácter estético.
minado el lustro reglamentario de la ca- instalaron en un amplio salón. Insisto en que El oro de los escitas se
rrera de maestro en artes plásticas en la En una gran mesa de ceremonias presente en el Palacio de Bellas Artes
ENAP. Como asistía con frecuencia a la protocolarias, en aquel soberbio salón porque mi deseo, que supongo tam-
biblioteca, me enteré de que un confe- decorado con fastuosidad, nos encon- bién será el de ustedes, es el de exhibir
rencista disertaría en uno de los amplios trábamos frente a frente, por un lado, estas exquisitas piezas como obras de
salones de la Academia de San Carlos tres imponentes jerarcas de la cultu- arte y no sólo como objetos de excava-
sobre la difusión del arte mexicano en ra soviética, y por el otro tres emisa- ción arqueológica.
el extranjero, tema que sin duda me in- rios de la cultura mexicana: Fernando Por una milésima de segundo el
teresaba, por lo que acudí entusiasma- Gamboa, representante de la difusión tiempo se detuvo. Nadie acertaba a
do. Mientras los asistentes ocupaban de nuestra cultura en los más altos ni- moverse ni se oía la respiración de na-
sus asientos, este personaje ordenaba veles internacionales, Jorge Guadarra- die. Los soviéticos abrieron los ojos co-
las transparencias que nos proyectaría ma, museógrafo, y yo, conservador de mo platos, se vieron entre sí de reojo, y
en uno de esos viejos e incómodos pro- obras de arte. en una sincronización que parecía que
yectores. Me acerqué a él con la inten- La discusión entablada por Gamboa la habían ensayado desde la Revolu-
ción de iniciar una plática. con la intelligenza socialista había llega- ción de Octubre de 1917, movieron la
Me comentó que él había sido pintor, do a un punto sin retorno: nadie se mo- cabeza afirmativamente: estaban total-
pero que ya no practicaba esa discipli- vía de sus posiciones en cuanto a definir mente convencidos y satisfechos con la
na porque había llegado a la convicción cuál sería el museo receptor en México propuesta del terrible –en el sentido de
de que lo más importante en su vida para la digna muestra de El oro de los es- grandeza de la palabra— museógrafo
era, y sería, difundir por el mundo el citas. Esta exposición sería enviada co- mexicano Fernando Gamboa.
maravilloso arte de México, desde las mo contraparte de la que, algunos días Así, el 28 de febrero de 1979 el Pa-
épocas prehispánicas y el periodo vi- atrás, había instalado don Fernando en lacio de Bellas Artes se engalanaba con
rreinal hasta el arte moderno. Recuerdo el Museo del Ermitage. Hasta ese mo- la deslumbrante exhibición de las más
que me comentó que, en el momento mento Gamboa, poseedor de una clara refinadas piezas de orfebrería que re-
de impartir sus conferencias, de algu- inteligencia, unida a una temible as- presentaba El oro de los escitas, inte-
na manera volvía a ser pintor, porque tucia, no había logrado doblegar a sus grada por cien deslumbrantes obras
la pantalla era para él la tela a pintar, interlocutores, pues la consigna del go- de oro puro realizadas con la técnica de
el haz de luz que salía vertiginoso por bierno mexicano era la exhibición de la perfección. Los mexicanos desfila-
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ron por las salas y las vitrinas que con- niños o personas de la tercera edad, en Entre lo nuevo destaca el refina-
tenían obras tan bellas como valiosas pareja, en otro tipo de grupo o en soli- miento de los conceptos de “contexto
con la misma admiración y respeto con tario. La interacción de estos tres con- personal” y “contexto social” para in-
que los soviéticos desfilaron frente a textos determina la experiencia, y ésta cluir otra investigación de J. H. Falk y
las diversas exposiciones que Gamboa se inicia en realidad antes de entrar a la L. D. Dierking (Identity and the Museum
llevó, triunfante, a la Unión Soviética. exhibición y continúa aún luego de sa- Visitor Experience, Left Coast Press,
Al fin, fuera del Kremlin, después de lir de ella: incluye lo que los visitantes 2009) sobre “la lente” desde la que los
la agitada confrontación, respiré con se llevan consigo en los ámbitos cogni- visitantes ven el museo: las “motiva-
tranquilidad, pensando que si Gam- tivo, emocional e incluso físico –vía la ciones relacionadas con la identidad”.
boa no hubiera encontrado esa solu- memorabilia– de su visita. A diferencia de las “tipologías” esen-
ción magistral, podríamos haber sido cialistas que caricaturizan a los visitan-
fusilados en la Plaza Roja de Moscú. tes con conductas fijas, propone que
un mismo visitante puede tener ex-
periencias diferentes de acuerdo con
la identidad que asuma en esa oca-
La experiencia en el museo, sión: puede adoptar la de “facilitador”
“revisitada” del aprendizaje y el disfrute de otros –
por ejemplo, sus hijos–, mientras que
Manuel Gándara* otras veces va porque el contenido le
resulta relevante como “profesional”,
La primera edición de The Museum Ex- por algún pasatiempo importante pa-
perience, de J. H. Falk y L. D. Dier- ra él; porque, a modo de “peregrino”,
king (Washington, D.C., Whalesback quiere reverenciar lo que se exhibe; o,
Books, 1992), constituyó una de las como “explorador”, busca sorprender-
primeras miradas sistemáticas al museo se en torno a algo que desconoce; o
desde la perspectiva de los visitantes y bien aspira a “reafirmar su afinidad”
ha sido, sin duda, la de mayor influen- –étnica o de otro tipo–; o acude pa-
cia. El libro cuestionaba dos supuestos Más que una revisión, esta segunda ra “recargarse” en los aspectos emocio-
muy caros a algunos museógrafos y cu- edición, titulada The Museum Experien- nal o espiritual, vía la contemplación;
radores: el primero, que la forma físi- ce Revisited (Walnut Creek, Left Coast o simplemente va como “buscador de
ca de la exhibición y la calidad de sus Press, 2013), prácticamente constitu- experiencias”, para poder decir “yo es-
contenidos determinan la experiencia ye un libro nuevo: incorpora los des- tuve ahí”.
de visita; el segundo, que se pueden cubrimientos de sus autores sobre La visita se realizará según la iden-
diseñar exposiciones exitosas sin tomar el aprendizaje en contextos no for- tidad asumida cada vez. Y esto ocurre
en cuenta al público. Años de estudios males, típicamente de esparcimien- vía un bagaje sociocultural que ahora
de visitantes los hacían concluir que la to –free-choice learning–; mantiene del es parte del contexto social: desde la
experiencia de visita no sólo resulta de primero la convicción de que es indis- clase socioeconómica hasta la actitud
lo que llamaron “el contexto físico” –la pensable hacer de los visitantes el cen- de la familia sobre los museos.
colección, la museografía, el continen- tro de nuestra atención y la razón de Los autores están convencidos de
te–, sino también de su interacción con ser de nuestro trabajo; profundiza en que si el museo pretende ser relevan-
otros dos: el personal y el social. la “mirada del visitante”, al ver al mu- te hoy –y a futuro–, entonces su papel
El personal involucra la “agenda” del seo como una Gestalt, que es como lo educativo se debe reivindicar y replan-
visitante cuando decide ir a una exposi- experimenta el visitante, y no como tear, pero no como una experiencia
ción, sus expectativas y deseos, así co- una agregación de funciones separa- escolar, sino precisamente como un
mo su familiaridad con los museos. El das, donde no sólo importa la museo- aprendizaje automotivado.
social tiene que ver con la estructura de grafía, sino también la amabilidad del Un cambio fundamental –anticipa-
la propia visita: con otros adultos, con personal, lo adecuado de los servicios do en J. Falk y Dierking, Lessons Without
e incluso la facilidad para orientarse, Limit: How Free-Choice Learning is Trans-
* Escuela Nacional de Conservación, entre otros factores: es decir, el museo forming Education (AltaMira Press,
Restauración y Museografía, INAH en su totalidad. 2002)– es la idea de que el aprendi-
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