TEMA 10: Italia antigua
10.1 – Los Griegos de Occidente
Los colonos griegos habían sido capaces de afrontar largos y peligrosos viajes por mar hasta
encontrar un asentamiento adecuado en lugares que estaban habitados por pueblos cuyas
sociedades se regían por un sistema tribal dependiente de una primitiva economía de
subsistencia.
En los siglos VII-VI aeC las colonias griegas de la Magna Grecia y Sicilia lograron su
consolidación sociopolítica y en el siglo V sufrieron tensiones, viéndose su supervivencia
afectada por dos talasocracias, la etrusca y la púnica. Otros factores fueron la hostilidad de
poblaciones indígenas e incluso enfrentamientos sociales y luchas entre ciudades.
En muchas póleis sicilianas el poder fue ejercido por tiranos y las cada vez más frecuentes
tensiones favorecieron el ascenso al poder de personajes capaces de imponer su autoridad, ya
que el dominio cartaginés en la parte occidental incitó al nombramiento de autoritarios
comandantes militares.
Fueron surgiendo regímenes tiránicos que dejaron su impronta por sus ambiciosas
pretensiones, como el de Siracusa, donde los tiranos que gobernaron en el siglo V aeC la
convirtieron en potencia comercial y se impuso a las tropas cartaginesas. Mientras la península
griega sufría los destrozos de la Guerra del Peloponeso, algunas póleis sicilianas resucitaron
rivalidades como pretexto para la intervención de Atenas en la isla pero, tras el fracaso de la
expedición, Siracusa conoció una época de esplendor bajo la tiranía de Dionisio, que hizo de su
ciudad el centro de un imperio que controló el Mediterráneo occidental.
Llama la atención el extraordinario florecimiento intelectual de la Magna Grecia en filosofía,
con las escuelas pitagórica y eleática (Parménides); en medicina, con las investigaciones de
Alcmeón de Crotona; en ciencias; en literatura y en arte. Además, las cortes de los tiranos
acogieron célebres literatos y filósofos, como Esquilo, Píndaro, Baquílides o Platón.
10.2 – Los etruscos
La cuestión de los orígenes de los etruscos fue debatida por los autores antiguos. Para
Heródoto, eran oriundos de Asia Menos que habían abandonado su país y, emigrando hacia
Occidente, arribaron a la costa toscana en torno al siglo XIII aeC. Por su parte, Dionisio de
Halicarnaso mantuvo la idea del origen autóctono itálico, suponiendo que la civilización
etrusca fuese el resultado de transformaciones internas de la población villanoviana al entrar
en contacto con influencias orientalizantes. Ahora bien, siendo anterior la formación de la
cultura y del éthnos latino frente a los etruscos, que habían asumido algunos elementos, se ha
abierto el camino a la hipótesis de la llegada a Italia de pequeños grupos del Egeo que se
habrían instalado en regiones etruscas aportando rasgos orientales.
A pesar de contar con más de 10.000 transcripciones etruscas, en un alfabeto tipo griego, su
lengua no ha sido descifrada, no está emparentada con las lenguas conocidas de la Italia
antigua y aunque su estructura parece preindoeuropea, contiene elementos indoeuropeos.
La civilización etrusca comenzó a manifestarse como un conglomerado de ciudades-Estado con
unidad cultural partir del s IX aeC, abarcando entre los ríos Tiber y Arno y extendiéndose hacia
el sur.
Los etruscos supieron explotar los recursos naturales a su alcance, con un proceso de
deforestación que les otorgó madera para una flota y terrenos para cultivar, sobre los que
aplicaron avanzados conocimientos técnicos, de ahí que su floreciente agricultura posibilitara
el desarrollo de otras actividades económicas.
La riqueza metalúrgica de Etruria contribuyó a su progreso económico, los yacimientos
proporcionaban abundante mineral de cobre y hierro y había una organización racional del
trabajo.
En el campo de las manufacturas, los etruscos alcanzaron un altísimo nivel técnico, desarrollo
que se vio favorecido por la continua demanda de las opulentas familias aristocráticas.
El comercio experimento un gran desarrollo, trabajando tanto el ámbito oriental como el
occidental del Mediterráneo, se consolidó como una talasocracia.
Los etruscos aparecen políticamente muy evolucionados con relación al sistema tribal, estaban
organizados en ciudades-Estado sin supraestructuras, aunque existió una especie de liga entre
doce pueblos en torno al santuario de Voltumma, que estuvo dirigida por un magistrado
elegido anualmente. En la etapa más primitiva, las ciudades estuvieron gobernadas por
lucumones, reyes con poderes políticos, religiosos y militares cuyos signos (corona, toga y
cetro) fueron tomados por los romanos. Sin embargo, a partir del siglo VI aeC, tras la evolución
de la economía, las monarquías comenzaron a sustituirse por regímenes oligárquicos en los
que los representantes de las familias aristocráticas se reunían en senados locales.
Los etruscos practicaban una religión “revelada”, contenida en tres clases de libros sagrados.
Todo el conjunto de creencias, prácticas y rituales se conoce como disciplina etrusca, cuya
principal doctrina giraba en torno a la adivinación del futuro. El panteón etrusco estaba
presidido por una tríada, asimilada a Júpiter, Juno y Minerva, a la que se veneraba en templos
tripartitos. Muestra de su preocupación por el mundo funerario es la atención prestada a los
enterramientos mediante la reproducción de relieves, casi festivos en el apogeo etrusco pero
que en decadencia se transforman en escenas de monstruos y demonios.
En la época de apogeo se acentuó la rivalidad entre potencias marítimas. Siendo la
competencia cada vez más intensa, el intento focense de fundar una nueva colonia en Córcega
llevó a una alianza de etruscos y cartagineses que hicieron desistir a los griegos tras la batalla
de Alalia. La alianza se prolongó para contener la tendencia colonialista griega.
A lo largo del siglo V aeC el mundo etrusco empezó a experimentar decadencia, la pujanza de
las ciudades griegas y la expansión de Cartago dificultaron el control sobre las vías marítimas.
Por otro lado, no supieron ganarse el apoyo de las poblaciones sometidas, enfrentándose a
constantes rebeliones, y las ciudades se vieron debilitadas por revueltas internas. Cuando en el
Lacio la ciudad de Roma comienza a ascender, el declive etrusco era irreversible.
10.4 – Orígenes de Roma
Dos narraciones míticas cuentan la historia de la fundación de Roma: Una es la de Eneas, otra
la de Rómulo y Remo. Según la primera, Eneas, hijo del troyano Anquises, llegó a las costas del
Lacio, donde fundó Lavinium y, tras su muerte, su hijo Ascanio erigió una nueva ciudad desde
donde sus descendientes dominaron todo el Lacio. De acuerdo con la segunda leyenda, el
último monarca de dicha dinastía fue Amulio, que obligó a su sobrina a convertirse en vestal, a
pesar de lo cual la sacerdotisa tuvo dos hijos de Mate, los gemelos Rómulo y Remo, que se
criaron bajo el cuidado de una loba para acabar con la vida de Amulio y restablecer en Alba
Longa a Numitor y, a su vez, fundan Roma donde la loba les había amamantado. Como
consecuencia de una disputa, Remo fue asesinado por Rómulo.
Según los restos arqueológicos, a partir de fines del siglo XI aeC se produjo un proceso de
concentración de aldeas pastoriles por la simbiosis entre pueblos indoeuropeos.
En la antigüedad era frecuente que se estableciesen lazos religiosos entre comunidades en
torno a un centro poblacional. Las diferentes aldeas se agruparon en un fenómeno de
“sinecismo” que evolucionaría hacia la ciudad, proceso al que no fue ajeno el mundo etrusco.
La organización sociopolítica de aquella temprana Roma era de base gentilicia, cada domus
correspondía a una familia y los grupos de familias, gens, tenían estrechos lazos étnicos y
religiosos con su territorio.
10.5 – Monarquía romana
Posiblemente a causa de las condiciones económicas, este sistema evolucionó a otro
propiamente político. No cabe duda de que hubo un periodo protourbano en el que Roma
comenzó a regirse por un sistema monárquico y, probablemente, se promoviera un rex
asesorado por los jefes de los clanes. Sin embargo, su identidad es incierta ya que solamente
los tres últimos pueden considerarse históricos, los que representan la dominación etrusca en
Roma, ya que tras Rómulo, los tres siguientes encarnan el proceso de transformación. El
monarca asumía la condición de intérprete de Júpiter y recibía el poder militar para garantizar
la integridad de su territorio.
La última fase estuvo condicionada por el dominio etrusco, siendo tan intensa su presencia
que se habla de un proceso de “etrusquización” del que Roma no fue excepción. La
historicidad de la dominación etrusca en Roma aparece atestiguada por los restos
arqueológicos asumiendo el aspecto de un dinámico centro urbano.
10.6 – La sociedad romana arcaica
Según la tradición, en época arcaica la sociedad estaba dividida en tres tribus, cada una de las
cuales comprendía diez curias. La organización en curias adquirió un carácter territorial y cada
una de ellas proporcionaba 10 caballeros y 100 soldados. La asamblea de las curias aclamaba y
ratificaba al rey y a los magistrados. Los soberanos etruscos alteraron esta situación frente a
los miembros de las viejas familias patricias, que trataron de mantener su superioridad.
En la sociedad romana los plebeyos se encontraban en una situación sociojurídica inferior a la
de los patricios, aunque no se ha llegado a una conclusión sobre el origen de la distinción, si
bien es cierto que el poder adquisitivo de estos era inferior y, aunque lograron mejorar,
continuaron siendo excluidos de los derechos políticos. Esta discriminación dio origen a un
duro enfrentamiento.
Como ya ha sido mencionado, no todos los habitantes de Roma estaban integrados en la vieja
estructura y existía una amplia masa, los clientes, que habían contraído obligaciones frete al
patronus, que ofrecía protección económica y jurídica. Conforme a la fides, se establecía un
vínculo que ligaba a ambas partes, en que el cliente se comprometía a defender los intereses
de su patrono y, en época republicana, asumir la obligación de apoyar la candidatura de su
patronus. La institución clientelar enraizó profundamente en la Roma monárquica y el respeto
a los pactos se transformó en obligación jurídica, siendo legislado en las Leyes de las XII Tablas.