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La Roma Monárquica

Este documento presenta información sobre los orígenes de Roma y los etruscos. Brevemente describe que los etruscos habitaron el norte de Italia y tuvieron una sociedad oligárquica gobernada por reyes. También cubre las leyendas sobre los orígenes de Roma, incluyendo las historias de Eneas, Rómulo y Remo. Finalmente, resume los hallazgos arqueológicos que indican el desarrollo inicial de Roma debido a su ubicación central en la península italiana.

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La Roma Monárquica

Este documento presenta información sobre los orígenes de Roma y los etruscos. Brevemente describe que los etruscos habitaron el norte de Italia y tuvieron una sociedad oligárquica gobernada por reyes. También cubre las leyendas sobre los orígenes de Roma, incluyendo las historias de Eneas, Rómulo y Remo. Finalmente, resume los hallazgos arqueológicos que indican el desarrollo inicial de Roma debido a su ubicación central en la península italiana.

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HISTORIA DE LOS REINOS HELENÍSTICOS Y EL Curso Grupo Curso académico

MUNDO ROMANO 1º A/C 2014-2015


BLOQUE 2. LA ROMA MONÁRQUICA

1. La Italia prerromana: los etruscos


2. Los orígenes de Roma
3. La roma monárquica
4. Las reformas de Servio Tulio

1. La Italia prerromana: los etruscos


Antes de la conquista romana, la península Italiana estaba habitada por
poblaciones muy diversas: ligures, etruscos, galos, sabinos, samnitas, umbros, etc... La
conquista de la península italiana por parte de Roma supondrá la progresiva unificación
política, administrativa y lingüística de todos estos territorios. Tres núcleos geográficos
destacan especialmente: Etruria, el Lacio y la Magna Grecia.
Durante siglos se han propuesto diversas hipótesis sobre el origen de los
etruscos, un pueblo que, asentado al Norte del Tíber, en la actual región de la Toscana,
alcanzó un alto nivel de desarrollo político y cultural. Nunca constituyeron un estado único,
sino que sus ciudades gozaban de autonomía. Entre ellas destacan Caere, Veyes,
Tarquinia, Volsinia, Clusio, Volterra, Vetulonia o Vulci.
Ya la historiografía antigua (Heródoto y Dionisio de Halicarnaso) defendían o bien un
origen greco minorasiático o bien autóctono respectivamente, que la historiografía
moderna ha puesto en valor o bien destacando los aspectos orientalizantes de su cultura
arqueológica o bien los itálicos-vilanovianos. Detrás de este debate se esconde perfilar los
orígenes de Roma: elegir una u otra opción implicaba poner el énfasis en aspectos
propios o foráneos de la formación de la gran urbe latina; no se trataba, pues, tanto de
dilucidar el origen de los etruscos, como de perfilar la formación de Roma donde lo
etrusco tuvo un peso específico Con todo, hoy por hoy se pone el énfasis más en los
aspectos procesuales de las culturas, más que en los etnogenéticos; más importante es
cómo evolucionan en el tiempo y en el espacio las sociedades que los orígenes culturales
o étnicos.

-1-
La sociedad etrusca era de tipo oligárquico, con la existencia de una clase
aristocrática o señorial, cuyo poder se asentaba en el control de la economía (agricultura,
ganadería, producción artesanal y minas, especialmente de hierro de la isla de Elba) a
través del grupo gentilicio. Esta élite dominaba sobre una población compuesta por
campesinos y artesanos. Será esta aristocracia la que lidere la transformación del mundo
etrusco en una sociedad urbana -fundamentalmente en las zonas costeras- al calor del
desarrollo de la actividad minera, metalúrgica, manufacturera y comercial y la
consecuente demanda exterior fenicia, cartaginesa y griegas a partir del s. VIII a.C., así
como la transformaciones hacia una agricultura intensiva de irrigación dedicada a la
acumulación excedentaria y la exportación. Una cultura urbana que tendrá su auge en el
siglo VI a.C., donde las ciudades etruscas controlan buena parte del centro y norte de
Italia, con el acceso a las zonas minero-metalúrgicas y agrícolas más prósperas desde el
Lacio al valle del Po, el contacto directo entre los mares adriático y tirreno y las áreas
mineros centro-europeas. Las más importantes son: Populonia, Volterra, Tarquinia, Veyes
y Ceres.
El siglo VI a.C. es el periodo de auge del poder y la influencia de las ciudades
etruscas en el ámbito itálico, llegando a alcanzar un gran protagonismo en la última fase
de la monarquía romana. Forman una liga de carácter político-religioso a partir del
reconocimiento de una koiné y una identidad cultural y religiosa común, la llamada
dodecápolis, con el centro cultual en torno a Volterra. Dentro de ella, no obstante, se
sucede la hegemonía de unas ciudades sobre otras que, por otro lado, gozaban de plena
autonomía, como sistema poliado que son en origen.

Las ciudades etruscas eran gobernadas originariamente por reyes (lucumones), que
unían al poder militar (simbolizado por las fasces que el lictor portaba delante del rey) un
papel destacado en el plano religioso. Un equivalente al Senado romano o asamblea de
los miembros más destacados de los grupos gentilicios-aristocráticos ejercían el poder
real, no sin conflicto con una institución monárquica de por si inestable y que procuraba,
como en Roma, apoyarse en otros grupos ciudadanos. De hecho, en el siglo VI a.C.
-2-
algunas ciudades adoptan formas "republicanas" de gobierno con magistrados en vez de
reyes ejerciendo el poder militar y la representación religiosa. Los etruscos se manifiestan
como una cultura intensamente religiosa, obsesionada por la vida de ultratumba, lo que
los llevó a la creación de impresionantes necrópolis, con suntuosas cámaras bajo
túmulos, en las que el difunto era rodeado por sus muebles y objetos personales.

Los sacerdotes etruscos (aruspices) descifraban la voluntad divina que se expresaba


a través del hígado de las víctimas de los sacrificios —aruspicina—. Su prestigio en el arte
de la adivinación se mantuvo bajo el dominio romano.

-3-
2. Los orígenes de Roma
El estudio sobre los orígenes de Roma está presidido por dos tipos de fuentes,
cuyas informaciones no siempre coinciden: las leyendas transmitidas por la tradición
literaria y la información arqueológica.

Las tradiciones legendarias


Son dos los principales grupos de leyendas que se refieren a los orígenes de
Roma, teniendo por protagonistas, respectivamente, al troyano Eneas, como colonizador
del Lacio; y a Rómulo, como fundador de la ciudad de Roma.
- En la primera de las tradiciones legendarias, el troyano Eneas, hijo Anquises y
de la diosa Afrodita, huyendo de la ruina de Troya con su padre, su hijo Ascanio (o Iulo)
y un grupo de seguidores troyanos, alcanza la desembocadura del Tíber. Allí se une a
Lavinia, hija de un rey local, Latino, y funda la ciudad de Lavinium, mientras que su hijo

-4-
Ascanio, andando el tiempo, fundará la ciudad de Alba Longa. Este núcleo legendario
tiene un fuerte trasfondo griego.
- El segundo bloque de leyendas gira en torno a Rómulo y Remo. En Alba Longa se
sucede una dinastía de 12 reyes, el último de los cuales, Numitor, es destronado por
Amulio. Para que Numitor perdiera toda esperanza de tener descendencia, se hizo
ingresar a su hija Rea Silvia en la institución de las vírgenes Vestales. El dios Marte
posee a Rea Silvia y de esta unión nacen los gemelos, Rómulo y Remo.
En el relato de Tito Livio (fines del s. I a.C.), los gemelos son arrojados, por orden
de Amulio, al Tíber, junto a la higuera Ruminal, pero son devueltos por la corriente del río
a la orilla. Amamantados por una loba en la cueva Lupercal, en la colina del Palatino, son
recogidos y criados por un matrimonio de pastores. Ya adultos, marchan a Alba Longa y,
tras reponer en el trono a su abuelo, la abandonan para ir a fundar la nueva ciudad de
Roma.
Según el relato legendario, Rómulo y Remo se proponen fundar una nueva ciudad
en el mismo lugar en el que fueron encontrados por la loba. A la hora de consultar a los
dioses sobre quién debía fundar y dirigir la nueva ciudad, Rómulo lo hace desde el
Palatino, y Remo desde el Aventino. Rómulo, considerándose el elegido por los dioses
según los augurios, traza el pomerium de la nueva ciudad, su contorno sagrado e
inviolable, con un arado. Remo salta sobre el surco, violando su sacralidad, lo que
provoca su muerte a manos de Rómulo.
Este bloque mítico es de origen y elaboración itálica, aunque resulta difícil precisar
la fecha de su elaboración y configuración. Los eruditos griegos y romanos,
posteriormente, calcularon que la fundación de la ciudad por Rómulo había tenido lugar
en una fecha que se corresponde con el 753 a.C.

-5-
Los datos arqueológicos
El desarrollo inicial de Roma debe mucho a su ubicación central en la Península, el
lugar de confluencia del comercio de las ciudades etruscas y de las colonias griegas del
sur. Su auge se inscribe en el de la región de la que forma parte: el Lacio, una llanura
que ofrecía excelentes condiciones para la explotación agrícola y ganadera, abierta al mar
y punto de confluencia de varias vías terrestres, factores que propiciaron su rápido
desarrollo económico.

Desde fines del II milenio a.C. se documentan signos de ocupación en el área


comprendida entre las colinas del Aventino, Palatino y Campidoglio, el Foro y el Tíber.
Desde comienzos del I milenio a.C. parece conformarse, en la ribera del Tíber, en la zona
de lo que posteriormente sería el Foro Boario, un área empórica frecuentada tanto por
griegos de Eubea como por fenicios, comerciando con la comunidad local bajo la
protección religiosa de la figura de Hércules. Las clave es, pues, la inserción del Lacio
dentro del comercio greco-etrusco a partir del 700 a.C. lo que obliga a la ocupación de
espacios comunes en torno a los Foros Boario y Romano como lugares de contacto entre
las comunidades de las colinas y los nuevos grupos de comerciantes y artesanos de
diversa procedencia que es lo que esconde, por otro lado, el origen mixto de las leyendas
que denotan fenómenos de sinecismo entre el valle y la montaña, entre pobladores
foráneos y propios, entre latinos, griegos e itálicos. Sobre una estructura gentilicia básica,
pre-estatal, que domina las colinas y donde pertenecer a la familia a través de vínculos
consanguíneos o clientelares se instituye en la forma de organización básica (y legitimada
a partir del culto a los antepasados y a los dioses familiares), se va superponiendo una
estructura político-territorial con instituciones comunes (rey, curia, tribu) que intenta
integrar a sectores emergentes de artesanos y campesinos independientes no
directamente vinculados al mundo de aldea originario.
-6-
Desde hace tiempo se venía considerado que la tradición sobre el nacimiento de la
ciudad mediante un acto de fundación concreto, por un personaje identificable, no era
creíble, y que en realidad el origen de Roma respondía a un proceso paulatino de
sinecismo, de unión de diferentes comunidades aldeanas establecidas sobre las colinas
en torno a la zona del Foro.

-7-
Sin embargo, el arqueólogo italiano Andrea Carandini ha reivindicado la veracidad
de la tradición sobre la fundación de Roma, con el hallazgo, entre otros restos, de un
antiguo muro en el Palatino, datable hacia el 730 a.C., que identifica con el “muro de
Rómulo” de la tradición legendaria. Esta hipótesis se ha visto reforzada por el posterior
hallazgo de un área considerada “palacial” en la zona del templo de Vesta que se ha
atribuido a los primeros reyes de Roma.

En todo caso, Roma —como toda ciudad antigua—, “nace” cuando se constituye
una comunidad política, un colectivo unido por un mismo marco legal e institucional, unos
cultos y creencias comunes y una identidad cívica compartida. Estos elementos se
superponen a las tradicionales formas de organización social basados en el parentesco
(gens).

-8-
3. La roma monárquica
Según la tradición, la Roma primitiva estuvo gobernada por siete reyes, durante un
periodo de alrededor de 250 años, desde la fundación de la ciudad (753 a.C.) hasta la
instauración de la República (509 a.C.). La historicidad de estas fechas y de estos
personajes, sobre todos de los primeros, es dudosa. Se distinguen dos fases: las
llamadas monarquía sabina-latina y etrusca.

-9-
- La llamada monarquía “sabina-latina” incluye cinco reyes, tres de los cuales están
inscritos en el ámbito de la leyenda: Rómulo, que comparte durante un período el trono
con Tito Tacio, Numa Pompilio, Tulio Hostilio y Anco Marcio. La tradición otorga a
cada uno de los reyes un protagonismo específico: Rómulo funda la ciudad, instaura la
monarquía, y crea las principales instituciones políticas y sociales. Numa establece las
principales instituciones religiosas. Tulio Hostilio se presenta como un rey guerrero y
conquistador y Anco Marcio como una mezcla de los dos anteriores. En realidad la
monarquía latina representa el momento de consolidación de Roma como una ciudad del
Lacio: urbanización y espacios socio-religiosos compartidos, aparición de las primeras
instituciones comunes (rey, Senado, estructura militar y defensiva en torno a las tres
primeras tribus -Ramnes, Titios, Luceres- que aportan 10 centurias de infantes, cultos),
grupos sociales emergentes además de los gentilicios, etc., que son esenciales para el
paso de un mundo de aldeas a una verdadera comunidad política.
- A mediados del siglo VII a.C. se instaura en la ciudad de Roma, según la
tradición, una dinastía de origen etrusco constituida por los reyes Tarquinio el Antiguo,
Servio Tulio y Tarquinio el Soberbio. La presencia de reyes de origen etrusco se
interpreta como una manifestación de la pujanza de las aristocracias etruscas en el área
del Lacio. Es en esta etapa cuando se producen en Roma las transformaciones
institucionales que la consolidan como una auténtica ciudad-estado. La estructura
institucional de la Roma primitiva presenta tres elementos:
El rey (rex): es electivo, a propuesta del Senado y ratificado por la asamblea
curiada. Entre sus prerrogativas destacaban la dirección del ejército (posesión del
imperium) y su papel como máxima autoridad religiosa (toma de los auspicios o consultas
a los dioses): designa y nombra cargos militares; convoca y preside las asamblea curiada
así como el Senado. La iconografía del poder real incorpora elementos típicos de la
realeza etrusca, como las fasces o los lictores.
El Senado (de senex = “anciano”) es el consejo de ancianos consultivo de la
realeza, cuyos miembros proceden de las familias más ricas y prestigiosas, los grupos
gentilicios fundadores de la ciudad; asesoraba al rey en las decisiones políticas y, en la
práctica, detentaban el poder: aplicación del mos maiorum o costumbre de los
antepasados como normas jurídicas; control de las curias a través de la relación
patrono/cliente; constituyen la caballería, la parte más elitista del ejército curiado y, en la
práctica, manejan el ejército porque la base del mismo son sus clientes.
El pueblo (populus) romano se organizaba políticamente en asambleas,
denominadas comitia (sing. comitium). La asamblea más antigua y tradicional de Roma,
que data de esta época, son los comitia curiata, en la que la población se agrupaba en
30 curias (10 por tribu) Sus principales atribuciones eran la confirmación de asuntos de
guerra, penas capitales (otros aspectos jurídicos y socio-económicos de índole menor se

-10-
dirimían en el ámbito familiar), y la ratificación del rey dotándole del imperium o poder
militar.
Es ahora cuando Roma es ya una ciudad-estado en la que se reproducen en su
interior el conjunto de tensiones propias de una sociedad diversa: un patriciado que no
quiere perder sus privilegios consuetudinarios a través del control del derecho y el
Senado; un populus que reivindica también participar en las decisiones colectivas que le
afectan, y no sólo constituir la base del ejército; y un monarca que necesita a unos y a
otros para seguir manteniéndose en el poder y jugar el papel de cabeza militar y religiosa,
en un contexto "internacional" en el que Roma -ciudad etrusca- pugna por tener un papel
hegemónico en esta parte oriental de Etruria que es el Lacio.

Las reformas de Servio Tulio


Al reinado de Servio Tulio se atribuye un conjunto de medidas que resultan claves
para comprender el progreso de Roma en su consolidación como ciudad-Estado.
La primera fue la nueva organización de la población en distritos territoriales: las
llamadas tribus. Todos los ciudadanos romanos fueron inscritos en una de las 16 tribus
rústicas en que se dividió el territorio, si eran propietarios de tierras; o en una de las 4
tribus urbanas en caso contrario. Una ciudad cuyo contingente ciudadano había crecido
notablemente, muchos de ellos fuera de la adscripción a las tradicionales tribus gentilicias,
necesitaba nuevos marcos de vinculación territorial y no familiares, como unidad básica a
partir de la que establecer el censo de importancia capital para formar un ejército de
ciudadanos no tumultuoso. Esta reforma tenía importantes consecuencias sociales, al
establecer nuevos marcos y vínculos identitarios, de base territorial, frente a las viejos
basados en el parentesco y la clientela.

-11-
En cuanto a la reforma militar, a Servio se le atribuye la organización de un
ejército de carácter hoplítico, ordenado en su armamento y funciones de acuerdo con el
poder económico de sus componentes (que son los que se costean el armamento), y en
la paralela participación política de los ciudadanos romanos, según los mismos criterios
timocráticos.
Esta reforma supuso la constitución de un ejército homogéneo, compuesto de un
núcleo de infantería pesada, la llamada classis, articulado en 60 centurias, base de la
legión romana, que, en caso de necesidad, era apoyado por contingentes provistos de
armamento ligero, reclutados entre los infra classem. Por encima de la classis, existían 18
centurias de caballería, los supra classem, designados por el rey entre la aristocracia.

El reflejo político de esta nueva organización del ejército quedó plasmado en una
nueva asamblea ciudadana, los comicios por centurias (llamado comitatus maximus y
después comitia centuriata), en los que participaban sólo los ciudadanos que contribuían
decisivamente a la formación del ejército, es decir, las centurias de caballería y las de la
classis. Se desconocen buena parte de sus funciones, pero es muy posible que aclamase
al Rex como jefe militar antes que éste recibiera el imperium de los comicios curiados. Por
primera vez todos los ciudadanos -y en función de su capacidad económica- participarán
en la toma de decisiones, y no sólo los adscritos a las viejas curias y tribus, fácilmente
influenciables por las rancias aristocracias gentilicias. Esta posibilidad de participación
refuerza, asimismo, la identidad ciudadana frente a las familiares. En el contexto de una
Roma etrusca que pugna con otras ciudades del Lacio por las ampliación de su territorio y
cierta hegemonía político-militar, se necesita un ejército más amplio y mejor organizado y,
a la vez, abrir la participación política en la toma de algunas decisiones a sectores más
amplios de población sin el control directo de las aristocracias senatoriales.

El fin de la monarquía
La tradición presenta a Tarquinio el Soberbio como el último rey de Roma. La
interpretación clásica de la caída de la monarquía la presentaba como el resultado de un
alzamiento nacionalista de patriotas romanos frente a una dinastía etrusca opresora
encarnada en la figura de Tarquinio y su familia.
En la actualidad, el final de la monarquía en Roma se interpreta más bien como
una reacción dirigida por el sector más tradicionalista de la sociedad, la aristocracia, que
se levanta contra una monarquía que venía favoreciendo a los sectores no aristocráticos
de la población, enriquecidos con el auge del comercio y del artesanado.

Manuales para la Historia de Roma


Cornell, T. y Matthews, J. (1989): Roma: legado de un imperio. Barcelona: Folio.
-12-
Lomas, J. y López Barja, P. (2004): Historia de Roma. Madrid: Akal.
Roldán, J.M. (1995). Historia de Roma. Salamanca: Universidad de Salamanca.

Bibliografía:
CARANDINI, A. (2007), Roma: il primo giorno. Roma: Laterza.
COARELLI, F. (1995), Roma. Roma: Laterza.
CORNELL, T. (1999), Los orígenes de Roma (c. 1000-263 a.C.). Italia y Roma de la Edad
del Bronce a las Guerras Púnicas. Barcelona: Crítica.
MARTÍNEZ-PINNA, J. (1999), Los orígenes de Roma. Madrid: Síntesis.
MARTÍNEZ-PINNA, J. (2010), Las leyendas de fundación de Roma: de Eneas a Rómulo.
Barcelona: Universidad de Barcelona.
MARTÍNEZ-PINNA, J. (2012): "Roma", en Fornis, C. (coord.): Mito y arqueología en el
nacimiento de ciudades legendarias de la Antigüedad. Sevilla, 137-152.

Textos

Origen de los etruscos


"Como la calamidad no amainaba, antes al contrario se recrudecería más y más,
su rey acabó por dividir en dos grupos a todos los lidios y designó por sorteo a uno para
que permaneciera en el país y a otro para que saliera de él; el rey en persona se puso al
frente del grupo al que le tocó permanecer allí, mientras que al frente del que debía
emigrar puso a su propio hijo, cuyo nombre era Tirreno. Aquéllos a quienes les tocó salir
del país bajaron hasta Esmirna. Se procuraron navíos en los que embarcaron todos los
bienes muebles que les eran útiles y se hicieron a la mar en busca de medios de vida y de
una tierra hasta que, después de haber pasado de largo muchos pueblos, arribaron al
país de los umbros, en donde fundaron ciudades que siguen habitando hasta la fecha.
Ahora bien, cambiaron su nombre de lidios por el del hijo del rey que los había
acaudillado; en su honor tomaron su nombre y pasaron a llamarse tirrenos" (Heródoto, I
94.5-7).
"Es muy probable que los que más se acerquen a la verdad sean los que
declaran que este pueblo no vino de ningún sitio, sino que es autóctono puesto que se
nos revela como muy antiguo y no coincide ni en la lengua ni en la forma de vida con
ningún otro pueblo" (Dionisio de Halicarnaso, I 30.2).

Rómulo y Remo
“Una vez devuelto de esta forma a Númitor el trono de Alba, caló en Rómulo y
Remo el deseo de fundar una ciudad en el lugar en que habían sido abandonados y
criados... Como al ser gemelos ni siquiera el reconocimiento del derecho de
primogenitura podía decidir a favor de uno de ellos, a fin de que los dioses tutelares del
lugar decidiesen por medio de augurios al que daría nombre a la nueva ciudad y al que
mandaría en ella una vez fundada, escogen, Rómulo, el Palatino y, Remo, el Aventino
como lugares para tomar los augurios.
Cuentan que obtuvo augurio, primero, Remo: seis buitres. Nada más anunciar el
augurio, se le presento doble número a Rómulo, y cada uno de ellos fue aclamado como
rey por sus partidarios. Reclamaban el trono basándose, unos, en la prioridad temporal, y
otros en el número de aves. Llegados a las manos en el altercado consiguiente, la pasión
de la pugna da paso a una lucha a muerte. Según la tradición más difundida, Remo, para

-13-
burlarse de su hermano, saltó las nuevas murallas y, acto seguido, Rómulo, enfurecido, lo
mató a la vez que lo increpaba con estas palabras: “Así muera en adelante cualquier otro
que franquee mis murallas”. Rómulo, por consiguiente, se hizo con el poder en solitario; la
ciudad fundada recibió el nombre de su fundador”. (Tito Livio I, 6, 3-4; 7, 1-3).

Rómulo
“Desde la expulsión de los reyes hasta el primero que reinó en la ciudad, Rómulo,
remontando el curso del tiempo, se cumplieron doscientos cuarenta y cuatro años. La
sucesión de los reyes y la duración de su reinado personal así lo manifiestan. Se dice, en
efecto, que Rómulo, fundador de la ciudad, tuvo el poder durante treinta años. Después
de la muerte de Rómulo la ciudad quedó sin rey durante un año; posteriormente, Numa
Pompilio, escogido por el pueblo, reinó cuarenta y tres años. Tulio Hostilio reinó, después
de Numa, durante treinta y dos años; su sucesor Anco Marcio, durante veinticuatro años.
Después de Marcio, Lucio Tarquinio, a quien se denomina el Antiguo, reinó treinta y ocho
años; su sucesor, Servio Tulio, cuarenta y cuatro años. Después de haber asesinado a
Servio, Lucio Tarquinio, el tirano, a quien se denomina el Soberbio debido a su
menosprecio de la justicia, prolongó su poder durante veinticinco años. Así se encuentran
completados los doscientos cuarenta y cuatro años de poder real...” (Dionisio de
Halicarnaso, Antigüedades romanas, 1.75.1-3).
“Para el rey reservó (Rómulo) estos honores: en primer lugar la supremacía en las
celebraciones religiosas y sacrificios, y realizar todos los actos sagrados dirigidos a los
dioses. A continuación tener la custodia de las leyes y tradiciones patrias; velar por todo
lo que es justo tanto por naturaleza como por convención; ser personalmente juez en los
delitos más graves y confiar las leyes a los senadores cuidando que no haya ningún error
en sus juicios; reunir al Senado, convocar al pueblo, dar su opinión y llevar a cabo lo
decidido por la mayoría. Tales prerrogativas dio al rey, y además tener poder absoluto en
la guerra. Al Senado dio el siguiente honor y poder: deliberar y dar su voto sobre todo lo
que el rey les propusiera e imponer lo que decidiese la mayoría (...). A la muchedumbre
de la plebe otorgó estos tres privilegios: escoger magistrados, ratificar leyes y decidir
sobre la guerra cuando el rey lo pidiese... Todo el pueblo no daba su voto a la vez, sino
llamado por curias. La decisión de la mayoría de las curias se llevaba al Senado”.
(Dionisio de Halicarnaso, II, 14, 1 ss).

Servio Tulio
“Tulio, después de haber rodeado las siete colinas con una muralla, dividiendo la ciudad
en cuatro regiones y dándoles nombres sacados de los de las colinas, a la primera
Palatina, a la segunda Suburana, a la tercera Colina, y a la cuarta Esquilina, hizo que la
ciudad, hasta entonces dividida en tres tribus, tuviera en lo sucesivo cuatro. Ordenó que
los hombres de cada una de las cuatro regiones, lo mismo que sus habitantes, no
pudiesen ni cambiar de vivienda ni de tribu; decretó igualmente que las levas de soldados
y la percepción de impuestos, tanto de los destinados al ejército como de los abonados al
Estado para otros usos, se hicieran, no según las tres tribus gentilicias, como hasta
entonces, sino en función de las cuatro tribus locales que acababa de crear...”. (Dionisio
de Halicarnaso, IV, 14, 1-2).

“42. Servio adquirió renombre para la posteridad al establecer la división de todos los
ciudadanos en clases, gracias a las cuales hay una diferencia entre los diversos grados
de rango y de fortuna. En efecto, estableció el censo —institución de enorme utilidad para
la futura magnitud de tan gran imperio—, a partir del cual las cargas militares y civiles se
repartían no a tanto por individuo, como anteriormente, sino según la capacidad

-14-
económica; con base en el censo pudo fijar las clases y las centurias, ordenamiento este
brillante desde la óptica tanto militar como civil.
43. Con los que tenían una renta de cien mil ases o más formó ochenta centurias:
cuarenta de los de más edad y cuarenta de los más jóvenes; el conjunto se denominó
primera clase. Los de más edad tenían por misión la defensa de la ciudad; los más
jóvenes, las guerras exteriores. Se les impuso como armas el casco, el escudo redondo,
las grebas y la coraza, todas ellas de bronce y para servir de protección del cuerpo; como
armas ofensivas, la lanza y la espada. Agregó a esta clase dos centurias de obreros que
cumplían el servicio militar sin llevar armas; tenían como misión el transporte de las
máquinas de guerra. La segunda clase abarcaba de cien mil a setenta y cinco mil ases de
renta, y de ella se inscribieron veinte centurias, tanto de mayores como de más jóvenes;
armas exigidas: escudo alargado en vez del redondo, y las demás, las mismas, excepto la
coraza. Fijó la renta de la tercera clase en cincuenta mil ases, el mismo número de
centurias y con la misma diferenciación por edades que en la clase anterior; ningún
cambio respecto a las armas, únicamente la supresión de las grebas. Renta de la cuarta
clase: veinticinco mil ases; el número de centurias: el mismo; cambio respecto a las
armas: sólo se les dejó la lanza y el venablo. La quinta clase era más numerosa; estaba
integrada por treinta centurias; iban armados de hondas y proyectiles de piedra; entre
estos estaban también censados los corneteros y trompeteros, repartidos en dos
centurias. La renta de esta clase era de once mil ases. La renta inferior a esta comprendía
a la población restante: con ella se formó una sola centuria, exenta del servicio militar.
Armada y distribuida de este modo la infantería, inscribió doce centurias de
caballeros de entre los ciudadanos principales; formó, además, otras seis centurias de las
tres creadas por Rómulo, con los mismos nombres que se les había dado al tomar los
augurios. Para comprar los caballos, se les concedieron diez mil ases del tesoro público, y
para la manutención de los caballos, gravó a las viudas con el pago anual de un impuesto
de dos mil ases. Todas estas cargas pasaron de los pobres a los ricos, pero conllevaron
privilegios. Efectivamente, no se concedió a todos indistintamente la facultad de voto
individual con el mismo valor y los mismos derechos, como habían hecho los demás reyes
de acuerdo con el uso establecido a partir de Rómulo, sino que se establecieron grados,
de suerte que nadie pareciese excluido del voto y todo el poder estuviese en manos de
los principales de la ciudad. Así, los caballeros eran invitados a emitir el voto los primeros;
después, las ochenta centurias de la primera clase, de suerte que, si no había acuerdo ya
—lo cual ocurría rara vez—, eran llamados los de la segunda clase, y casi nunca se
descendía hasta llegar a las clases más bajas (...).
44. Concluido el censo, cuya elaboración había sido agilizada por el miedo a una ley
sobre los no censados que amenazaba con pena de prisión e, incluso, de muerte, dispuso
que todos los ciudadanos romanos, infantería y caballería, se presentasen al amanecer
en el Campo de Marte, cada uno en su centuria. Cuando estuvieron allí formadas todas
las tropas, las purificó con el sacrificio de un cerdo, una oveja y un toro; este sacrificio
recibió el nombre de cierre del lustro, porque con él se terminaba el censo. Se dice que
fueron censados en este lustro ochenta mil ciudadanos. Fabio Píctor, el más antiguo de
nuestros historiadores, añade que éste era el número de los que podían llevar armas”
(Livio, 1.42-44).

-15-

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