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Fortalezas en Nuestras Debilidades

El documento aborda la debilidad humana como una experiencia común y necesaria para reconocer nuestra dependencia de Dios. Se enfatiza que a través de nuestras flaquezas, Dios nos humilla y nos ofrece Su gracia para enfrentar las pruebas, instándonos a regocijarnos en nuestras debilidades para que Su poder se manifieste en nosotros. Además, se ofrecen consejos prácticos para manejar la debilidad, incluyendo la importancia de la oración, el autocuidado y la comprensión del carácter compasivo de Cristo.

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Fortalezas en Nuestras Debilidades

El documento aborda la debilidad humana como una experiencia común y necesaria para reconocer nuestra dependencia de Dios. Se enfatiza que a través de nuestras flaquezas, Dios nos humilla y nos ofrece Su gracia para enfrentar las pruebas, instándonos a regocijarnos en nuestras debilidades para que Su poder se manifieste en nosotros. Además, se ofrecen consejos prácticos para manejar la debilidad, incluyendo la importancia de la oración, el autocuidado y la comprensión del carácter compasivo de Cristo.

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Las debilidades

Creo que todas podemos estar de acuerdo en que la debilidad es común al ser humano, ¿no es así? Nuestra
salud atestigua esto. El cansancio cotidiano, las luchas emocionales, las grietas de nuestro carácter, los temores
al lidiar con los cambios, la fragilidad de nuestra fe en Dios, y en general, el no poder controlar absolutamente
nada. Somos débiles y dependientes del Todopoderoso.
Es cierto que tenemos diversas flaquezas y, dependiendo de la estación de vida en la que nos encontremos, las
sentiremos con más intensidad o a veces con menos. Cuando entramos a una nueva escuela, cuando
intentamos adaptarnos a un nuevo trabajo, cuando se nos muere un ser querido, cuando se divorcian nuestros
padres, cuando tenemos una enfermedad que no quiere ceder, cuando lidiamos con desánimo, ansiedad,
preocupación, depresión… es en momentos como esos cuando la debilidad se siente más grande que nosotras.
Pero tenemos un Dios más grande que lo que cualquiera de estas pruebas pudiera significar. Somos débiles,
pero Él es infinitamente fuerte.
En la Palabra escrita de Dios nos encontramos con varios personajes que batallaron con debilidades similares a
las nuestras. Algunos de ellos son: Elías, quien huyó y deseó morir (1 Reyes 19); David, cuyo registro de sus
múltiples lamentos los encontramos en el Libro de los Salmos; Juan el Bautista, a quien encarcelaron por
profetizar la verdad y dudó que Cristo era el Mesías (Lc. 7:20), entre otros.
El apóstol Pablo también luchó con una situación aflictiva y repetitiva en su vida que lo debilitaba
significativamente. 2 Corintios 12:7-10:
Hay varias lecciones que podemos sacar de este pasaje relacionado con nuestras debilidades.
Permítanme plantearlo con algunas preguntas:
1. ¿Cuál es la razón de ser de nuestras debilidades?
Dios las usa para humillarnos. En dos ocasiones en el versículo 7 Pablo explica que se le dio una espina en su
carne para protegerlo del orgullo de su corazón caído (impedir que me enalteciera).
Debido a nuestra naturaleza pecaminosa y caída, necesitamos que Dios nos humille y que nos limpie a través
de nuestras flaquezas. Nos hace bien que las debilidades nos demuestren quiénes en verdad somos: criaturas
pecadoras e indefensas, necesitadas segundo a segundo de la gracia de Dios. Debemos admitir que no somos
buenas por naturaleza, que necesitamos ayuda, necesitamos consejo bíblico, necesitamos también escuchar a
nuestros padres y pastores, así como cultivar amistades sanas, y por supuesto, necesitamos mucha oración.
2. ¿De qué nos ha provisto Dios para ayudarnos a honrarle a pesar de nuestras debilidades?
Su gracia. Las Escrituras hablan sobre ese regalo especial que Dios da a Sus hijos para ser salvos y para poder
crecer en santificación. La multiforme gracia de Dios está disponible gratuitamente cuando vamos en oración
sincera a nuestro Padre bondadoso. La garantía es que será suficiente para toda clase de circunstancia.
3. ¿Cuál debe ser nuestra respuesta al Señor si Él decide no quitarnos las pruebas de nuestra vida?
Alegrarnos en ellas. ¡¿Qué?! Sí, regocijarnos en Dios porque Él sabe el bien que le harán a nuestra alma. Pablo
lo dice de esta manera: «con muchísimo gusto me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de
Cristo more en mí».
No es que el apóstol haya perdido la razón, sino que aprendió que es preferible ser debilitados por el Señor
para que Su poder actúe de mejor forma en Sus redimidos. Aprendió que, para ser de carácter manso y
humilde como Jesús, primero, nuestro orgullo tiene que ser quebrantado de múltiples formas. Pues como
escuché a alguien decir en alguna ocasión: el orgullo es como la barba en la cara de un señor que no desea
tenerla. Si no quiere verla crecer, cada mañana de su vida tendrá que rasurarla. Las debilidades que Dios nos
ha dado son las mejores rasuradoras del enaltecimiento de nuestro ser interior.
Consejos prácticos cuando la debilidad se siente más grande
Estoy aquí como una persona de carne y hueso como ustedes. De hecho, les confieso que ahora mismo estoy
batallando con la más debilitante de las flaquezas que Dios en Su abundante gracia me ha dado. Recibo Su
ayuda oportuna y les comparto algunos consejos que me han servido:
 Pidamos la gracia de Dios segundo a segundo, tantas veces como sea necesario (He. 4:16).
 Cuidemos cómo pensamos acerca de nuestro Salvador. Él no es una persona que está lista para
regañarnos cada vez que flaqueamos. Cristo es tierno, misericordioso y compasivo. Él nos entiende y
nos ayuda (He. 4:15).
 No nos exijamos más allá de lo que estamos en capacidad de dar en medio de la prueba.
 Aunque nuestras pocas fuerzas o salud nos pidan rendirnos, nuestro Señor es Jesús y Él nos demanda
que le sigamos hasta el final.
 Recordemos la buena mayordomía del cuerpo: durmamos bien, alimentémonos bien, tomemos
suficiente agua, hagamos algún tipo de ejercicio.

Isaías 40:28-31 ¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra?
No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance. 29 Él da esfuerzo al
cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. 30 Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes
flaquean y caen; 31 pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas;
correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.

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