Derecho Concursal: Análisis y Principios
Derecho Concursal: Análisis y Principios
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ACTOS REVOCABLES EN FRAUDE DE LOS ACREEDORES O CON CONOCIMIENTO DE LA INSOLVENCIA .......................... 107
EFECTOS DE LA SENTENCIA DE REVOCACIÓN ................................................................................................................ 108
NATURALEZA JURÍDICA DE LA REVOCACIÓN CONCURSAL ............................................................................................ 108
DEUDAS CONTRA LA MASA ........................................................................................................................................... 110
LIQUIDACIÓN DE LA MASA ACTIVA Y PAGO ............................................................................................................. 113
CONSIDERACIONES GENERALES .................................................................................................................................... 113
DECRETO DE APERTURA DE LA LIQUIDACIÓN................................................................................................................ 114
RESOLUCIÓN DE LIQUIDACIÓN DE LA MASA ACTIVA..................................................................................................... 115
FORMAS DE LIQUIDACIÓN DE LA MASA ACTIVA............................................................................................................ 117
PAGO DE LOS ACREEDORES ........................................................................................................................................... 121
CALIFICACIÓN DEL CONCURSO ................................................................................................................................ 123
CLASES DE CONCURSO .................................................................................................................................................. 123
INCIDENTE DE CALIFICACIÓN ........................................................................................................................................ 123
SUSPENSIÓN Y CONCLUSIÓN DEL CONCURSO.......................................................................................................... 126
SUSPENSIÓN DEL CONCURSO ....................................................................................................................................... 126
CONCLUSIÓN DEL CONCURSO....................................................................................................................................... 126
PEQUEÑOS CONCURSOS Y ABANDONO DE LA EMPRESA .............................................................................................. 127
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PRIMER MÓDULO
Una respuesta apurada (para meditar): “las crisis forman parte de la vida normal de las empresas”.
Para ayudarnos a meditar recurrimos a una licencia biológica: empresas = organismos básicos de la vida económica.
Por lo tanto se conciben, nacen, algunas languidecen; otras se desarrollan, crecen, a veces se reproducen y multiplican,
otras muchas enferman y convalecen; de ellas algunas se curan y vuelven a la actividad; pero como obra humana, tarde
o temprano, fallecen.
En un extremo…
• Nacimiento, desarrollo y crecimiento de las empresas son etapas que coinciden con los impulsos vitales de los
nuevos negocios, la instalación de filiales, sucursales y agencias, o la concreción de alianzas estratégicas para
conquistar mercados.
• Los desprendimientos organizativos horizontales (sucursales, agencias) o verticales (distribuidora, fabricante,
importadora) alimentan la reproducción de modelos comerciales exitosos.
En el otro…
El análisis de las crisis empresariales, en su aspecto terminal, nos lleva de la mano a abordar:
Complementos a aquella primera respuesta: “las crisis son parte de la vida normal de las empresas”.
1. Las empresas (creación humana, no son perpetuas ni de duración infinita) son vulnerables.
2. Presentan en todos los mercados en competencia, en cualquier momento histórico,en cualquier ciclo económico
y en todos los formatos empresariales, una alta tasa de mortalidad.
• En los ciclos de vida empresarial, ¿la excepción es la crisis terminal o la longevidad excesiva?
• ¿Hay una sola respuesta para las “grandes corporaciones” como para “empresas familiares de pequeño porte”?
• ¿Cuáles son los promedios de vida de los diferentes formatos empresariales?
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Un adelanto: toda modalidad empresarial presenta “altas tasas de mortalidad”, pero sólo preocupan las empresas que
no superan el promedio de un mercado determinado y de un formato concreto.
En países desarrollados, la vida media de las grandes empresas no sobrepasa los 12 años y medio.
De las 500 empresas (Fortune) más grandes de 1970… en 1983, 1/3 habían desaparecido (“take overs”, fusiones,
liquidaciones o balcanizaciones). En los 90’s esos estudios mantuvieron ese promedio de vulnerabilidad. En la primera
década del milenio, el promedio medio de vida empresarial en las economías desarrolladas (OCDE) ha incluso descendido.
Rasgos comunes que explican la longevidad de algunas grandes empresas (según De Geus)
• ¿No es contradictorio sostener la autorregulación del mercado y clamar por normativas de “gobernanza” para
aplicarle a las corporaciones, procurando su supervivencia? ¿Si las crisis terminales forman parte del proceso
selectivo de la vida empresarial, lo contrario no implica formas artificiales de sobrevida?
• ¿Son esas normativas reguladoras las que asegurarán la permanencia y longevidad de las grandes empresas?
• ¿Debemos descartar los remedios y terapias, que inciden en la performance de las empresas o en los mercados?
• ¿Por qué las mismas terapias aplicadas a todos los agentes no obtienen los mismos resultados?
Siempre a cada crisis, le suceden nuevas (¿mejores?) normativas para aplicarle a las grandes corporaciones:
Paradójicamente (crisis del 2008-2010 mediante), reclaman más regulación del sector financiero por parte del Estado,
los mismos a quienes bastaba la “autorregulación” corporativa. Y claman por el salvataje empresarial quienes pedían
menor intervencionismo estatal.
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Más preguntas a propósito de longevidad y tasa de mortalidad empresarial:
• ¿Son más longevas las grandes corporaciones que las empresas familiares?
• ¿No han desaparecido en forma estrepitosa grandes corporaciones “demasiado grandes para caer”?
• ¿Son comparables los promedios vitales normales de uno y otro formato empresarial?
• ¿Ambos presentan la misma vulnerabilidad?
¿La pandemia generada por el COVID 19 ha aumentado la cantidad de solicitudes de declaración de concurso?:
• En el año 2020 existieron 71 nuevos trámites, de los cuales 45 son solicitudes voluntarias, 22 son necesarias, y 4
fueron Acuerdos Privados de Reorganización.
• En el año 2021 por primera vez se dan más concursos necesarios que voluntarios (30 vs 22), tendencia que se
está manteniendo.
• En los últimos 5 años se presentaron 167 convenios en 460 concursos, lo que significa un 36,3% del total de los
asuntos.
• Si vinculamos estos números a la clase de concurso, nos encontramos que de 320 concursos voluntarios de los
últimos 5 años, se presentaron 154 convenios (48%), lo cual es un porcentaje llamativamente alto. Sin embargo
de 140 concursos necesarios promovidos, tan solo se lograron 13 convenios (8,4%), un porcentaje bajísimo.
Basta decir que en los últimos dos años, tan sólo hubo un convenio en un concurso necesario.
• Si analizamos el total de las liquidaciones decretadas en los últimos 5 años llegamos a la conclusión que de 460
concursos presentados en 381 trámites se decretó la apertura de la etapa de liquidación.
En nuestro país, ¿podemos tomar al concursal como un real “índice de morbilidad empresarial”?
• Fuera de los concursos: ¿Cuántas más empresas finalizan su ciclo vital en forma correcta, pagando sus
obligaciones, cumpliendo con sus compromisos y cesando en forma no traumática su actividad?
• ¿Y cuántas más fuera de los cuadros, cierran en forma intempestiva, sin recurrir a una “muerte anunciada”?
En Uruguay, por cada empresa que plantea un concurso o solicita quiebra, existen al menos otras tres pequeñas empresas
que directamente “bajan su cortinas” sin previo aviso.
La ley no está pensada para el 97% de las empresas del país, porque es muy caro. El concurso está pensado para las
empresas grandes.
• “Por su onerosidad, la adopción de remedios a las crisis de insolvencia, se ve condicionada por el formato
empresarial”.
Las microempresas no se toman el trabajo (ni pueden asumir los costos) de recurrir a mecanismos concursales para
preparar una “muerte digna”. En nuestro país (y en el mundo) recurrir voluntariamente a soluciones concursales es
campo reservado para las empresas de porte mediano y grande.
• “A pesar de aquellos números, son más las entradas que las salidas al mercado”.
Los cuadros omiten tomar en cuenta el dinamismo de la actividad emprendedora y la “tasa de reemplazo”. Por cada
defunción asistimos a esperanzadores alumbramientos… como en la vida.
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• Cerca del 90% de nuestras empresas son microempresas, y las grandes empresas son menos del 1% del total.
• Emplean de 1 a 4 personas.
• Su titularidad es, esencialmente familiar.
• Empresas diseñadas en su origen para mantener a un número limitado de familias propietarias son condenadas
por crecimiento y multiplicación generacional a atender más egresos de los que un “buen hombre de negocios”
aconsejaría.
• Las nuevas generaciones intentan continuar con actividades ya agotadas, a las que generalmente aportan
menos de lo que retiran.
Pero hay ¿son muchas las empresas familiares que superan los ciclos vitales promediales?:
• La sociedad HENOKIEN ([Link]) elitista asociación a la que para pertenecer se requiere: ser una
empresa de carácter familiar, con una antigüedad mayor a 200 años, y aún próspera, en cuyo directorio esté
sentado un descendiente directo del fundador y que la mitad de las acciones, como mínimo, permanezcan en
poder de la familia fundadora. El término “Henokiano” proviene de Henoch (o Enoc), padre de Matusalén y
bisabuelo de Noé, que con 365 años subió vivo al cielo.
• La constructora KONGO GUMI, fundada en el año 578 y actualmente dirigida por su 41ª generación. La familia
Kongo llegó a Japón procedente de Corea, invitados a construir un templo budista que aún existe en Osaka.
• “Sin embargo (las obras del hombre no son eternas) en enero de 2007, los activos de la compañía fueron
adquiridos por Takamatsu, una gran empresa nipona del sector de la construcción y Kongo Gumi fue absorbida
y se convirtió en subsidiaria”. (Fuente:“Business Week´s”) .
• La más longeva HOY VIVA, es también japonesa y del sector hotelero: HOSHI. Fundada en el año 718, su actual
director (Zengoro Hoshi), es de la 46ª generación de una familia que en el Siglo VIII descubrió unos baños
termales junto a los que abrió el hotel sobre el cual ha edificado un imperio, que entre otros negocios, gestiona
un spa construido en el siglo IX (¡¡¡!!!) con capacidad para alojar a 450 personas (HOSHI RYOKAN).
• Ya la tercera fue fundada en el año 1000, es francesa y del ramo vitivinícola Marquis de Goulaine (Haute
Goulaine).
• SÍ, EXISTEN EN URUGUAY CASOS DE LONGEVOS CICLOS VITALES (muy superiores al promedio).
• Tengan en cuenta que Tokyo Shoko Research en 2009 relevó alrededor de 1:975.000 empresas, ¡¡¡y sólo 21.666
de ellas en todo el mundo superaba los 100 años de existencia!!!
• Para nuestro análisis se descartó el rubro gastronómico, que presenta intermitentes ciclos de continuidad
empresarial, caso del “ALMACEN Y BAR EL HACHA” en la esquina de las actuales Buenos Aires y Maciel, que fuera
fundada por Juan Vázquez como pulpería en la última década del siglo XVIII (se registra un homicidio el 15 de
abril de 1794 que dio lugar a su nombre), el Café Brasilero (1877) hoy reabierto, Roldós (1886), Don Trigo (desde
1890) como almacén y bar en Pereyra y Berro, Panadería Los Andes (Mercedes y Yí), etc, etc.
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CAUSAS Y ORÍGENES DE LAS CRISIS EMPRESARIALES
Causas exógenas: Son las más invocadas, pues “el problema siempre tiene su origen fuera de la empresa”.
Causas endógenas: Cuando para justificar las crisis, los empresarios confiesan causas internas, propias de la vida
empresarial.
Son muchas las empresas nacionales que se encontraron de la noche a la mañana sin mercado donde colocar sus
productos. Así importantes empresas, muchas sin mayores problemas de conducción e incluso con apuestas tecnológicas
de avanzada, que además de soportar la desigual competencia de actividades subsidiadas (característica común a la
industria en todo el mundo), perdieron mercados donde podían colocar partes sustanciales de sus muy importantes
producciones.
Todos los exportadores, importadores e inversionistas (incluso “los agentes financieros, que participaron, directa o
indirectamente en la última kermesse global, invirtiendo en fondos en apariencia muy rentables”) orientados hacia el
mercado global, corren el riesgo de afrontar problemas que no pueden resolver en forma unilateral, al lidiar con dos
políticas económicas, con dos realidades diferentes y con dos ministros de economía (el de nuestro país y el del país de
destino).
Lo cierto es que, en nuestro país todas las empresas orientadas hacia el mercado global, soportan problemas que no son
pasibles de resolver en forma parcializada.
Las empresas en situación concursal, afirman que pese a la letra de los tratados, existen “tasas estadísticas”, “cupos”,
“barreras sanitarias o paraarancelarias”, “demorados controles aduaneros”, incluso en sistemas regionales de
“integración” (vg: las dificultades en el Mercosur), que en forma decisiva afectan su operativa.
También se invocan subsidios, precios encubiertos, “dumpings” diversos, áreas protegidas o tratamientos más favorables,
que atacan a nuestras empresas en el mercado interno y las desplazan en los externos.
Evasión fiscal, previsional y aduanera, contrabando, informalismo laboral, desconocimiento de exigencias reglamentarias
(para instalarse nuevos agentes fabriles o para elaboración de productos), incumplimiento contumaz de las obligaciones
empresariales con sus proveedores, laxitud en los controles bromatológicos, ambientales y sanitarios son causas
invocadas en forma recurrente para justificar magras performances propias.
Términos como “atraso cambiario”, “pérdida de competitividad”, “inflación en dólares”, son moneda corriente en la
invocación de causas para explicar crisis en las empresas.
Lo cierto es que los economistas en su hermético lenguaje, explican que el fenómeno cambiario se traduce en una
disociación (atraso o adelanto) entre la tasa de crecimiento de los precios internos, respecto del tipo de cambio.
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Sucede que para países como el nuestro, dependientes en gran medida de la fluida colocación de su producción
tradicional en el exterior, disponer de políticas monetarias que impidan la sobrevaluación de su moneda, se ha tornado
imprescindible para no perder competitividad.
“Crisis sectoriales”: Caso de la industria textil en la década del ochenta, que en Uruguay condenó a la desaparición a
Campomar y Soulas S.A., J. Martínez Reina S.A. (La Aurora), MUSA, Suitex S.A., Fábrica Uruguaya de Alpargatas, Sadil, etc.
Estas crisis del sector, son recurrentemente invocadas por quienes integran la rama, pero también por empresas de otros
sectores, afectadas indirectamente.
“Crisis generales”: Ejemplos: nuestra “Gran crisis” del 2002, que comienza en la región (crisis argentina del 2001), crisis
mundial ocasionada por la pandemia del COVID-19, la guerra en Ucrania. Estas crisis nacionales son, con razón o sin ella,
materia de ineludible invocación para explicar las causas de las dificultades empresariales propias.
¿Son las causas exógenas la explicación de las crisis empresariales?: En realidad, no explican por sí solas, que frente a
similares entornos de crisis, existan empresas que naufragan y otras que capean los temporales. Entonces... la diferencia
hay que rastrearla en la interna empresarial.
Siempre se quejan las empresas concursadas de tener que abonar tasas de interés desproporcionadas para obtener el
capital necesario para su evolución empresarial.
Otras variaciones sobre las causas financieras de las propias dificultades empresariales: “No existen bancos de fomento
y las empresas debemos tomar créditos o utilizar préstamos de corto y mediano plazo para financiar proyectos de largo
aliento”. “Se carece de líneas promocionales para financiar la instalación de nuevos emprendimientos, ampliación de los
actuales o incorporación de proyectos innovadores”.
Nuestras empresas no se financian con capital propio, y en principio no recurren al Mercado de Valores, ya que no existe
cultura de riesgo en las colocaciones financieras. Utilizan capital ajeno suministrado por el sistema bancario formal y las
tasas de interés están en relación inversa con la información que dispone el financiador. Se percibe que el riesgo (real
capacidad de pago de los tomadores de crédito) es más alto cuanto más pequeña es la firma, por la escasa información
existente sobre las Pymes y la que poseen no parece ser confiable.
La problemática laboral, es causa reiteradamente invocada de muchas de las dificultades terminales de las empresas.
Las empresas grandes plantean temas como: relacionamientos sindicales mal resueltos, necesidad perentoria de bajar
costos laborales, expedientes de “tercerización” de actividades o de “flexibilización laboral”, encarados sin mayor
profesionalismo.
Las empresas pequeñas pretenden ganar competitividad recurriendo al informalismo laboral o a la evasión previsional y
fiscal, y a la larga deben afrontar las cargas y mayores costos de su conducta elusiva. Pero además generan por esta vía,
una competencia desleal con las empresas que aportan en tiempo y forma.
En uno u otro extremo, las políticas laborales de las empresas (y más aún las políticas públicas en materia del trabajo y
su retribución) no son neutras e inciden en la rentabilidad y futuro empresarial.
3. El rezago tecnológico:
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Muchas de las empresas en dificultades invocan:
• Su propia desactualización y atraso tecnológico, que les impide competir en el mercado en forma sostenible.
• Reconvertirse e incorporar nuevas tecnologías siempre requiere esfuerzos en inversión de dinero y en
aprendizaje (tiempo y conocimiento).
• Los errores repercuten en la operativa empresarial, tanto si se fue poco previsor en los costos del proyecto
de innovación, como si una vez incorporadas las nuevas tecnologías, cambiaron las condiciones del
mercado.
4. Fallas en la operativa empresarial:
Un extenso catálogo de disfunciones internas de las empresas, intentan explicar (según los actores) sus propias crisis
terminales:
“Mal relacionamiento entre socios”, “ineptitud para la selección de objetivos”, “improvisación”, “gerenciamiento no
profesional”, “concentración de riesgos crediticios”, “inadecuadas políticas de delegación (se delega poco o se delega
demasiado)”, etc.
Las “fallas en la operativa empresarial” son “fallos en la conducción”, y conforman la causa más importante cuando
indagamos acerca del origen de las crisis empresariales o de sus bajos promedios vitales.
Recuerden que, con abstracción del formato empresarial, la actividad mercantil, para que sea exitosa, requiere el
esfuerzo combinado de las tres “C”: capital, conducta y capacidad. Su carencia, se nota más en momentos de crisis,
cuando es necesario que el empresario: disponga de capital, pero también que demuestre capacidad, y además que
asuma una conducta correcta.
Los "fallos en la conducción" conforman la causa más importante cuando indagamos el orígen de las crisis empresariales
o de sus bajos promedios vitales.
La empresa siempre es, o el fiel reflejo, o el seguro resultado del empresario que la dirige. Si la empresa falla, es que falla
su dirección. Ya sea por negligencia, reflejada en la falta de decisiones que permitan sobrellevar los problemas, o por
improvisación proponiendo políticas empresariales divorciadas de la realidad.
Existe un extenso catálogo de disfunciones internas de las empresas, que según los involucrados, explican sus propias
crisis terminales: las resultancias del mal relacionamiento entre socios, la ineptitud para la selección de los objetivos, las
inadecuadas políticas de delegación (tanto cuando se delega mucho y en quien no se debe o cuando se concentran las
decisiones en una sóla persona, cuya inoportuna ausencia resiente la operativa), no son otra cosa que expresiones de
fallos en la conducción empresarial.
e debe tener en cuenta que las nuestras, son en su mayoria micro y pequeñas empresas, en especial si las comparamos
a nivel regional. Pero además de su formato, son empresas mayoritariamente familiares, lo que lleva a que muchas veces
a su frente se ubiquen personas no siempre suficientemente capacitadas para su dirección.
FALTA DE CAPACIDAD: Se traduce: en no saber leer los avisos de crisis, en incapacidad para articular un “plan B”, en no
prever, en proseguir actuando en forma indolente, en no adoptar a tiempo las medidas necesarias que permitan sortear
lo inminente.
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INCONDUCTA EMPRESARIAL: Exteriorizada no sólo en actuaciones dolosas o fraudulentas. También se califica como
“falta de conducta”, el desorden administrativo o desorganización interna, que acompañan las crisis empresariales. “No
sabía cuanto debía, trabajaba de sol a sol, y sin embargo cuanto más facturaba, más perdía”, es una confesión usual.
CARENCIA DE CAPITAL: Hace que las empresas languidezcan. Y no siempre el capital desaparece de golpe, a veces se va
perdiendo en un lento proceso, sin que se adopten oportunos correctivos de salvaguarda. Porque además en esta etapa
muy pocas veces se reinvierten en el emprendimiento los retiros y lucros percibidos durante la bonanza.
Admitiendo que el fracaso de nuestros sistemas concursales no pueden tener una causa unívoca que explique su
ineficiencia, ensayamos una explicación. Cuando las dificultades pasan a ser la nota dominante en la empresa, confirman
que es hora de admitir el fallo empresarial: "si la empresa falla es que falló su dirección".
Lo que sucede es que cuesta mucho admitir los fracasos, en cualquier orden de actividades y sobretodo en el ámbito
mercantil: "las crisis en las empresas demoran en asumirse por su dirección".
A eso sumamos que: "El formato empresarial condiciona la adopción de onerosos remedios a las crisis de insolvencia".
Martínez Blanco: “En la mayoría de los casos el comerciante en dificultades difiere el acceso al concurso que le permita
ordenar su negocio. Mientras tanto ensaya todas las fórmulas dilatorias, de las permitidas… y de las otras. Refinancia sus
obligaciones, incorporando más cargos, asume obligaciones más onerosas para cubrir las que ya no se pueden afrontar,
descuenta títulos valores a tasas imposibles, inventa herramientas crediticias (préstamos recíprocos de cheques para
usufructuar líneas de descuentos cruzadas), sustituye a un proveedor agotado por uno nuevo, en fin… incrementa aún
más la masa de lo que debe. Y en ese manejo poco profesional, casi siempre al límite de la mala fe, el deudor no está en
soledad. En reiteradas oportunidades es el propio acreedor (proveedor), que para dilatar el fracaso crediticio, lo alienta
e impulsa a que encuentre soluciones ajenas al concurso, que de antemano se saben inviables, para de esa forma ir
posponiendo una inminente presentación concursal”.
Las presentaciones concursales tardías conspiran contra las posibilidades futuras de recuperación de la empresa hoy en
dificultades. Por eso en nuestro país son muy pocos los “concursos autosustentables”.
Por su pequeño formato, las microempresas no se toman el trabajo (ni pueden asumir los costos) de recurrir a
mecanismos concursales para preparar su "muerte digna". En nuestro país (y en el mundo) recurrir voluntariamente a
soluciones concursales parece ser campo reservado para las empresas de porte mediano y grande, que además demoran
en hacerlo.
Por supuesto que esa demora en la admisión del fracaso empresarial, causa la "extemporaneidad en las recurrencia a las
soluciones concursales": "se recurre tarde a los institutos concursales de salvaguarda”.
Como consecuencia de esta omisión, las presentaciones concursales tardías conspiran contra las posibilidades de
recuperación de la empresa en dificultades.
Por eso reiteradamente hemos sostenido que en nuestro país no existen "concursos sustentables" sino "quiebras
disfrazadas". Nuestros tradicionales concordatos y moratorias constituían en un número muy importante de casos,
verdaderas antesalas de "una muerte anunciada".
El cuadro siguiente es harto elocuente acerca de los resultados de la presentación intempestiva. Es lo que se conoce en
el derecho comparado como "timing problem". Según nuestros relevamientos solo un 7% de los convenios acordados,
terminan con el pago efectivo de las obligaciones asumidas y renegociadas.
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LA DETECCIÓN A TIEMPO DE LA INSOLVENCIA: ¿SOLUCIÓN A LA RECURRENCIA TARDÍA?
Para evitar esas "quiebras disfrazadas" que implicaban nuestros concursos, creimos necesario definir y enumerar los
casos en que es considera que una empresa está "en dificultades", elaborando una lista de indicadores de alerta. Conlleva
al necesario uso de las herramientas informativas (estados contables económico-financieros) pero además a generar un
clima que posibilite a las empresas proveedoras, a los agentes financieros y a los propios trabajadores, obtener
información para identificar a las empresas que se encuentran en dificultades pero aún son plenamente rescatables.
Asi la Dirección General de la Empresa de la Unión Europea publicó en setiembre de 2003 un informe de un grupo de
expertos de 22 estados europeos, titulado: "Proyecto del procedimiento best, sobre reestructuración, quiebra y nuevo
comienzo". Alí, es propone un sistema de "Alerta temprana" o "Early Warning", como solución al "Timing problem"
actuando en el campo de la prevención, pues el éxito depende del reconocimiento temprano del peligro y de la
disponibilidad de información.
Entendimos necesario regular un procedimiento de detección temprana de la insolvencia, porque el éxito de los procesos
concursales y por consiguiente la continuación de la empresa viable, se basa principalmente en el convencimiento por
parte del deudor de que su empresa se encuentra en dificultades financieras y que una resolución a tiempo tendiente a
lograr un acuerdo con todos sus acreedores evitará su liquidación. Yno esperar, como por lo general sucedía en nuestro
país pre-reforma, a encontrarse en situación de total cesación de pagos para recién apelar a la buena voluntad de los
acreedores, quienes terminan suscribiendo un acuerdo que a la larga el deudor no va a poder cumplir, y cuyo único
sentido es alargar la agonía de una muerte anunciada.
Por eso redactamos una propuesta de "Procedimiento de detección tempestiva de la insolvencia", que tenía como
principal objetivo legitimar a acreedores, socios o accionistas a acceder a la información de la sociedad deudora (o
persona física) a efectos de comprobar la situación económica financiera de un deudor.
Si a través de la exhibición de los Estados Contables y documentos respaldatorios surgía que el deudor se encuentra en
cesación de pagos o próximo a estarlo, éste deberá disponer de un plazo breve para solicitar la apertura de concurso.
Ante la pasividad del deudor, el concurso sería abierto de oficio por el Tribunal Concursal.
De esta forma los acreedores, socios o accionistas, que tienen razonables dudas acerca de si el deudor podrá o no seguir
pagando sus deudas, frente a determinados indicadores, tales como: atraso de más de un año en el pago de sus
obligaciones tributarias, pérdidas, etc., pueden instar este procedimiento.
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¿LA RECURRENCIA CONCURSAL ES SOLO UN TEMA JURÍDICO O TAMBIÉN CONCURSAL?
Es materia frecuente de los foros reformistas predicar el levantamiento del estigma que pesa sobre los empresarios que
han estado envueltos en un procedimiento concursal. Se basan en que es el estigma del quebrado, más aún, es la poca
consideración que se tiene del deudor ("decoctor, ergo fraudator") el que condiciona la recurrencia al concurso. Afirman
estos expertos que es necesario llevar a cabo una campaña acerca de los beneficios del "nuevo comienzo", pues sobre
todo en los países latinos las palabras quiebra, bancarrota, falencia tienen connotaciones sumamente negativas, lucen
anticuadas yson innecesarias. En una posición polémica, reclaman de la comunidad empresarial y financiera europea una
rápida liberación de responsabilidad de los deudores no fraudulentos por deudas pendientes promoviendo su nuevo
comienzo ("Fresh Start") y hablan de la figura del "reemprendedor". Dicen que se deben favorecer a las empresas
quebradas para que comiencen de nuevo, creando las condiciones para que inicien nuevas actividades sin ponerles
trabas, afirmando ligeramente que "por lo general los quebrados aprenden de sus errores y tienen más éxitos en
posteriores intentos". Para ello es imprescindible actuar en el contexto cultural, impulsando un cambio de paradigma.
Frente a estas ideas que campean por el mundo empresarial y académico, corresponde interrogarnos: ¿Está nuestra
sociedad y sus agentes económicos, preparados para admitir sin más el "Discharge", y el "Fresh Start" o "Nuevo
Comienzo? No podemos dejar de reconocer que esa exoneración de las deudas pendientes en los casos de concursos no
culpables, posibilitan el nuevo comienzo y la inserción del "experiente" empresario en el escenario mercantil.
1. Boston Consulting Group presenta pruebas económicas constatando que alentar a los concursados a volver a
intentar la aventura empresarial, conduce al crecimiento de la economía en términos de PBI, empleo y
productividad.
2. Publicación oficial de la Dirección General de Empresa europea (“Como ayudar a las empresas a resolver sus
dificultades financieras. Guía de buenas prácticas y principios sobre reestructuración, quiebra y nuevo
comienzo”): Bajo los auspicios de la Cámara Francesa de Comercio e Industria y la Asociación Francesa de
Bancos, en 1999 se creó la asociación “Re-créer”, para inducir a los empresarios que han experimentado una
quiebra, a tener una segunda oportunidad. “Re-créer” intenta restablecer la confianza de quienes fracasaron en
el mundo de los negocios, contribuyendo además a que cambie la actitud del público y de los empresarios en
general frente a quienes, sin incurrir en conductas delictivas, han experimentado un fracaso empresarial.
3. El banco holandés ING, decidió respaldar y financiar a los “reemprendedores”. El banco considera que a través
de una rápida rehabilitación (comienzo de cero tras la quiebra), los “reemprendedores” pueden incrementar el
crecimiento neto del número de empresas holandesas en un 40%.
Ahora bien, su introducción en nuestra normativa implica batallar contra conceptos estigmatizadores de la quiebra de
larga data, que no consideran tan normal dar una segunda oportunidad a los empresarios que fracasaron.
Esto resulta para nuestra cultura latina insostenible. ¿Quién le explica a los acreedores del fallido o a los trabajadores del
concursado damnificados por la crisis empresarial, que su deudor hizo abandono del emprendimiento anterior, y a partir
de ahora arranca de cero con otra actividad?
El "Flash Eurobarómetro 134" de noviembre de 2002 reportaba que en promedio el 83% de los empresarios de [Link].
están dispuestos a dar una segunda chance al cliente que fue declarado en quiebra y queda liberado de las deudas
anteriores. Sin ser expertos en estas mediciones mucho nos tememos que nuestros empresarios estan muy alejados de
estos porcentajes.
Mucha agua parece haber pasado bajo los puentes desde que "En una primera época en los Estados Unidos, las cárceles
estaban divididas en dos partes: una para los ladrones y delicuentes comunes y otra para los deudores que no pagaban.
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La razón de la división era que no se deseaba que los deudores incumplidores corrompieran la moral de los delicuentes
comunes..." (Rich Levin).
Pero por otra parte la liberación, condonación o exoneración ¿no lleva a la indiferencia entre el cumplimiento y el
incumplimiento de las obligaciones mercantiles?
A esta tendencia el citado Rivera, la denomina " empalidecimiento de los derechos de los acreedores" y brega por la
búsqueda de un punto de equilibrio entre la protección de la empresa como unidad de riqueza y el principio insustituible
que las obligaciones deben ser cumplidas y por eso el derecho dota al acreedor de acciones para obtener ese
cumplimiento en especie o por equivalente.
Para tener en cuenta: no son iguales las reglas de juego a las que debe sujetarse un consumidor final, endeudado
mediante el uso desaprensivo de una tarjeta de crédito (para adquirir "consumos necesarios"o por el simple uso en
exceso del crédito) que las que regulan a un empresario que hace del comercio su profesión. Es lógico que éste último
debe sujetarse a reglas más estrictas acompañadas de un clima más severo de tratamiento. En consecuencia, muchos
países han adoptado tratamientos diferenciales para los "consumer debts" o "insolvencia de los deudores no
profesionales" para contemplar las situaciones de las personas físicas agobiadas por el exceso en su capacidad de repago
en un período razonable. Incluso para las crisis de este sensible y numeroso sector de la sociedad se recomienda arbitrar
mecanismos excepcionales y "no permanentes" para quienes cuentan con ingresos regulares.
¿ESTÁ NUESTRA SOCIEDAD Y SUS AGENTES ECONÓMICOS PREPARADOS PARA ADMITIR SIN MÁS EL
DISCHARGE Y EL FRESH START?
Al respecto, permitasenos una cita de un pensador germano experto en temas culturales: "Sin puritanismo el capitalismo
sería otra cosa. Al contrario del catolicismo, el puritanismo que carece del sacramento de la confesión, lo compensa con
el reconocimiento público de los pecados, que los puritanos gustan de presentar como una resurrección continua:
Siempre comienza una nueva vida, siempre se pasa la página y siempre hay una segunda oportunidad. Esto explica la
inclinación de los norteamericanos por el Fresh Start, por la retórica de volver a empezar, del partir de cero, que se
manifiesta en la valoración positiva de los cambios de trabajo, de profesión de domicilio, y sobre todo (discharge
mediante) el New Start como nuevo punto de partida de una actividad empresarial agotada por la crisis" (Dietrich
Schwanitz).
Si es un tema cultural, como creemos, no se soluciona la aceptación social del concursado sólo con eliminar los vocablos
quiebra, concordato o moratoria, como encaró nuestra reforma.
Nos preguntamos ¿cuánto tiempo demorará el término "concurso" en también ser considerado infamante? Creemos que
sólo el tiempo necesario en que se tarde en constatar los usos espúreos del nuevo instituto. Utilizado con malas artes el
nuevo sistema, el lugar infamante de los antiguos vocablos erradicados, será ocupado por la palabra "concurso".
Nuestra reforma introdujo un “discharge muy atenuado” (art. 213), pues requiere para su aplicación el transcurso de
tiempo demasiado prolongado (10 años sumados al período de suspensión).
Lo consideramos sólo un primer paso en la batalla contra conceptos estigmatizadores de la quiebra de larga data
histórica, que no consideran tan normal dar una segunda oportunidad a los empresarios que fracasaron.
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EVOLUCIÓN DE LAS SOLUCIONES CONCURSALES: HACIA LA REFORMA DE LA LEY 18.387
Se pretende que el concurso como solución a las crisis de las empresas, concilie estos cuatro insumos, que no siempre
son compatibles:
1. Reconocer que quien infringe el orden jurídico es el deudor que no cumplió lo pactado. Su fracaso empresarial
(atribuible en su mayoría al soporte humano), origina el problema concursal y cuanto más se retarda su
recurrencia más deterioro se acumula.
2. La protección de aquellas empresas viables y autosustentables como expresión de unidad generadora de
riqueza, debe adoptarse con abstracción (o muchas veces, en contra) de los intereses del empresario causante
del problema e incluso de los prescindentes acreedores con garantías reales.
3. Las soluciones concursales siempre requieren grandes dosis de perdón, y en ello pesan decisivamente los
antecedentes empresariales. La conveniencia de reinsertar en la vida mercantil al empresario incumplidor,
mediante un mecanismo de liberación automática de obligaciones, es una opción económica, pero cuya
admisión cuenta con altas barreras culturales.
4. No perder de vista al colectivo de acreedores (en especial los quirografarios, que en resumidas cuentas
soportarán en su bolsillo cualquier solución concursal) y que en compensación deben seguir manteniendo el
papel más destacado en toda la etapa de contralor, negociación y sobre todo, decisión final.
¿Puede la ley 18.837 cumplir con tantas expectativas, mejorar aquellos resultados pre-reforma y dar respuesta a
múltiples demandas?
Pero para adoptar cualquiera de estas opciones es necesario contar con un buen diagnóstico previo. La clave es que el
primero que en CONOCER la salud de la empresa es el propio empresario, Y NO VALEN LAS TRAMPAS AL SOLITARIO.
Enfrentado a una crisis empresarial, debe el deudor someterse al siguiente interrogatorio de “previo y especial
pronunciamiento”:
• ¿Se encuentra incurso ya en alguna de las presunciones de insolvencia (artículos 4 y 5 de la ley 18.387)?
• ¿Es el concurso el único camino que le queda?
• ¿Existen soluciones alternativas que eviten el concurso?
¿Qué soluciones alternativas se pueden plantear frente a una iliquidez pasajera o en situaciones de ahogo transitorio?
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• Concretar con éxito la negociación extrajudicial de todos los créditos.
• Reperfilar el endeudamiento a través de aplazamientos o quitas.
• Disolución o liquidación societaria (Ley 16.060) siempre y cuando los activos puedan ser liquidados de manera
ordenada, y los pasivos puedan esperar.
Entonces lo aconsejable es no dilatar el ingreso al concurso, procurando en primer término la continuidad empresarial.
Para tener éxito es indispensable:
• Tentarse a comprar a crédito por volúmenes superiores a los históricos, como forma de estoquearse, para
un futuro incierto.
• Arrastrar a nuevos proveedores al concurso.
• Descargar los “camiones” con pedidos de último momento.
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CARACTERÍSTICAS DE LA LEY 18.387
• La ley 18.387 consta de 264 artículos que conforma un DIGESTO CONCURSAL. Derogó varios cientos de normas
del Código de Comercio y leyes especiales. El art. 255 preveía su entrada en vigencia a los 180 días de su
promulgación (23/10/ 2008).
• La ley 18.411 (publicada el 18/11/2008), adelantó la entrada en vigencia: “La presente ley entrará en vigencia a
los 10 días de su promulgación y será aplicable a los concursos promovidos a partir de esa fecha”. ERGO: la Ley
18.387 rige desde el 3/11/2008.
1. Participativa en su confección. Basada en un anteproyecto de Ricardo Olivera García (con intervenciones de Miguel A.
Rojo, I. Creimer y S. Rippe). Fruto de consultas en sus etapas preparatorias, (casi) todos los agentes que tenían aportes
en la materia concursal, lo hicieron. Nadie puede negar que en el debate previo, tuvo su momento para el aporte o para
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la crítica, con mayor o menor suerte en cuanto a su acogimiento final. ¿Entre lo que se descartó hay material suficiente
para lograr procedimientos concursales más eficaces?
2. Reforma necesaria. Contábamos con un sistema concursal sumamente arcaico. La última ley de fondo en la materia
databa de 1926 (Ley de Concordato Privado, impulsada por LIDECO). La reforma del 2001 se limitó a plantear algunas
“enmiendas” de apenas 20 artículos con soluciones que recoge y reafirma la actual reforma. La jurisdicción especializada
en materia concursal es el legado más importante que las enmiendas de la Ley 17.292 trasmiten a esta Reforma, así como
el acortamiento de los plazos para la resolución de la gestión concursal.
3. Es simplificadora. Aunque las “muchas manos en el plato” impidieron serlo más aún.
• Éxitos: la disminución de los privilegios concursales y de las clases de acreedores, ponerle un “techo” a los
créditos laborales para limitar el privilegio sólo a aquellos extrabajadores realmente ajenos a la fracasada
operativa empresarial, y someter al personal de alta dirección a la suerte de la empresa.
• Debilidades: no haber unificado todos los trámites, ni siquiera el cómputo de mayorías para simplificar el número
de operaciones distintas según la etapa del concurso en que nos encontremos.
4. Es una reforma práctica. Siguiendo el viejo concordato privado, incorporó el “Acuerdo Privado de Reorganización”
(APR), aunque también recibe sus críticas.
• Soluciones útiles (venta en bloque de la unidad productiva mediante licitación, propuesta nuestra);
• Necesarias (consagrando un tiempo de reflexión para los siempre prescindentes acreedores hipotecarios y
prendarios);
• Novedosas (creando la clase de los acreedores subordinados, que por su condición de vinculación estrecha con
la empresa concursada quedan relegados a cobrar después de los quirografarios, y estableciendo la rescisión
unilateral de contratos pendientes de ejecución por el concursado, art. 68); y,
• De buena factura técnica (acogiendo la figura del secretario contador, para asesorar en forma directa a cada
uno de los jueces especializados).
6. Es una reforma flexible. Dejó espacio a la reglamentación (del Poder Ejecutivo o de la Suprema Corte de Justicia).
7. Es una reforma abierta. Aun cuando entendemos que lo mejor hubiera sido incorporar la desechada propuesta del
“Procedimiento Preliminar de Detección Tempestiva de la Insolvencia”.
8. Es abarcativa. Con una debilidad: La no incorporación al sistema de los deudores civiles, sembrando confusión con el
mantenimiento de los concursos “civiles” (los del CGP, aplicables ahora solo a las personas físicas “consumidores finales”
por oposición a los concursos de esta Ley 18.387, que comprende sólo a las personas físicas que desarrollen actividades
empresarias (¿el fiador de su propia empresa, lo es?) pero a TODAS las personas jurídicas, sean civiles o mercantiles.
9. Es una reforma oportuna. Se propuso, discutió y sancionó en un momento de baja histórica en el número de procesos
concursales. El caso contrario y paradigmático fue la “Ley 17.613 de liquidación de entidades financieras” que se sancionó
en plena crisis del año 2002. Acortar los plazos de entrada en vigor de la Ley 18.387 para intentar aplicarla a alguna
situación de crisis empresarial puntual existente en esos momentos no desmerece esta consideración, pero alerta sobre
las complicaciones que siempre presenta atender el caso particular.
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NATURALEZA JURÍDICA Y PRINCIPIOS DEL DERECHO CONCURSAL
NATURALEZA JURÍDICA
Por un lado se alinean los autores sustantivistas (consideran al concurso como un acuerdo destinado a reglar las
relaciones patrimoniales de un deudor y sus acreedores) y por el otro están los doctrinos enrolados en las teorías
procesalistas (ubican al concurso en el género proceso universal). Estos últimos además se dividen entre quienes
sostienen que es un proceso contencioso y quienes lo catalogan de voluntario, debatiendo además cuanto de judicial o
administrativo tienen.
Más que definir, podemos intentar describir al Derecho Concursal, como un complejo de normas sustantivas (derecho
comercial, civil, laboral e incluso penal) y especialmente adjetivas (fuerte componente procesal)de naturaleza privadas y
públicas, que articula un proceso especial tendiente a reglar la situación patrimonial de un deudor en estado de
insolvencia en forma acordada con una mayoría especial de sus acreedores, o en su defecto proceder a la liquidación de
los activos y distribuir su producido entre los acreedores en igualdad de trato y de acuerdo a categorizaciones legales
preestablecidas. Limitándonos para ser más precisos alos concursos regulados por nuestra ley 18.387, debemos agregar
que nuestro proceso concursal, no atiende a todo deudor, sino sólo al “deudor persona jurídica o persona física en la
medida que realice actividades empresarias”.
1. UNIVERSALIDAD PATRIMONIAL
Para los autores de las escuelas italiana y argentina, el principio cardinal del sistema concursal es el de universalidad
patrimonial. Tanto es así que nuestro reformador lo acogió a título expreso, siendo el único principio replicado en
forma normativa en la ley 18.387.
El art. 71 bajo el nomen juris de "Principio de Universalidad" dispone que "La masa activa del concurso estará integrada
por la totalidad del patrimonio del deudor a la fecha de la declaración y por los bienes y derechos que adquiera hasta la
conclusión del procedimiento.
Componen el patrimonio del deudor los bienes y derechos propios y los gananciales cuya administración le corresponda
por ley o por capitulación matrimonial, con excepción de aquellos bienes yderechos que tengan el carácter de
inembargables".
La Universalidad Patrimonial es el principio central del Derecho Concursal y guarda paralelismo con la noción del
patrimonio como universalidad jurídica. Si consideramos al patrimonio como el conjunto de derechos y obligaciones
susceptibles de apreciación pecuniaria o valoración económica, los procesos que comprometen al patrimonio en su
conjunto (en vez de comprometer algunos bienes singulares) tienden a sujetar todos los activos deldeudor, y convocan
a dirimir y efectivizar sus derechos sobre ellos a todos los titulares de acreencias contra ese deudor.
Pero además este principio se proyecta tanto activa como pasivamente. Algunos autores prefieren considerarlas dos
caras de la universalidad concursal: objetiva y subjetiva.
Este principio es refleja no sólo en el desapoderamiento de los bienes del concurso necesario (o voluntario insolvente),
sino en las acciones revocatorias concursales (que intentan hacer regresar lo "mal salido" del patrimonio) y también, en
las acciones sociales de responsabilidad y las de extensión de responsabilidad del concurso hacia los administradores,
cómplices y empresas vinculadas. También comprende la interdicción del patrimonio del deudor, consecuencia de los
concursos voluntarios solventes. Al respecto, sabemos que en el Derecho Comercial, el principio rector es la "libertad de
iniciativa”, como derivación lógica de la libertad de comercio propia de las modernas sociedades capitalistas liberales. La
18
libertad de iniciativa se expresa en el hecho de que “siendo dueño de mi patrimonio, comercializo los productos que
quiero y lo gestiono de la manera que mejor me parece” (con algunas limitaciones impuestas por reglamentaciones
administrativas específicas, ej. entidades de intermediación financieras, bromatología, prohibición de venta de
determinados artículos o a determinadas personas).
Sin embargo, en lo atinente a la materia concursal, asistimos a la plena vigencia del principio inverso y la regla general es
la indisposición total o parcial, del patrimonio del concursado y sujetarlo en cuando a su disponibilidad y mutabilidad a
un régimen de autorización externa previa.
A la posición más extrema asistimos en materia de concurso necesario o voluntario pero insolvente, donde todos los
bienes del deudor son ocupados por el Síndico para administrarlos (empresa en marcha), o en su defecto realizarlos y
con su producido realizar pagos a los acreedores. Propiamente, en este caso más que de "indisponibilidad de los activos
por el fallido", se trata de una situación de desapoderamiento de los bienes en virtud de un mandato judicial.
En realidad, es en el sistema concursal voluntario, donde se observa en toda su plenitud la indisposición del patrimonio
del comerciante concursado. Son los efectos generales de la limitación del deudor para disponer y obligar a la masa del
concurso de que trata el art. 47 de la Ley 18.387. En principio el concursado voluntario y solvente, continúa con su
actividad empresaria ymientras tanto su situación no sea resuelta por un acuerdo homologado, estará sujeto en las
operaciones ordinarias del giro al contralor de un Interventor. Pero en aquellas que exceden el giro ordinario requerirá
la autorización del Interventor, estando impedido de realizar operaciones que excedan de la comercialización normal o
hagan más gravosa su situación comprometiendo su capacidad de pago frente a los acreedores.
Además mientras dura el concurso, rige la interdicción del nal. 5 del art. 19 de la Ley 18.387, que inhibe a todo concursado
de disponer libremente y sin autorización de sus bienes registrables. Esta salvaguarda, se explica porque "todos los bienes
del deudor son la garantia común de sus acreedores", según dispone el art. 2372 del Código Civil y a quien se le declara
en concurso, es siempre un deudor en insolvencia, por lo que debe sujetar sus bienes (la garantía común) a un contralor
imparcial, quedando aquellas operaciones trascendentes, que muden la titularidad o hagan más gravosa su situación,
sujetas a la previa autorización del Interventor.
Pero la universalidad no abarca tan sólo el presente, ya que por la vía la indisposición patrimonial se extiende hacia el
futuro y sobretodo se retrotrae hacia el pasado. Es en este último punto que la aplicación retroactiva del principio de la
universalidad permite recuperar bienes que salieron indebidamente del patrimonio del deudor (arts. 80 a 87,
"reintegración de la masa activa"), así como permite rehabilitar contratos resueltos o caducados (caso de nuestro art. 79
de la ley 18.387). Ese ejercicio retroactivo opera mediante las acciones revocatorias propias del derecho concursal, pero
también con las acciones de responsabilidad contra todos aquellos que participan, junto al concursado, en la provocación
del hecho económico que desemboca en la insolvencia. Es que la situación de insolvencia debe atrapar al totalidad del
patrimonio del deudor, incluso los bienes que están fuera.
Este principio de la universalidad patrimonial, relaciona a todos los sujetos involucrados como acreedores (titulares de
pretensiones que pudieran afectarla integridad patrimonial del concursado o pasivo concursal). Para algunos autores, el
concurso se funda en una "comunidad de pérdidas" de los acreedores, que por lo tanto se ven impedidos de instar la
ejecución de sus créditos, salvo en muy contadas ocasiones y para casos muy puntuales. Por su parte la convocatoria de
los acreedores se concreta, mediante la verificación, salvo en nuestro Acuerdo Privado de Reorganización. Este instituto
concursal si bien no exige que los acreedores verifiquen, igual implica la concurrencia plural de los acreedores al convenio
o al dividendo de la liquidación.
Si bien la universalidad es una característica indiscutida de los procesos concursales, advertimos que es un principio
general pero no absoluto. Existen tanto bienes excluidos de la “lunga mano” del Tribunal (bienes inembargables), como
relaciones jurídicas excluidas de su conocimiento (relaciones de familia).
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Por su parte Piero Pajardi (Derecho concursal, Bs. As. Ábaco, 1991, .p 27), enseña que el principio de universalidad
también se proyecta en cuanto a lo procesal, pues es este principio el que determina la existencia de un único juicio, de
carácter universal. La universalidad impone que todas las cuestiones de contenido patrimonial contra el deudor
concursado sean sometidas a la jurisdicción del Tribunal concursal. Entre nosotros eso se traduce en el fuero de atracción
consagrado en los arts. 59 y 60 de la Ley 18.387.
Este principio concursal es derivación lógica del anterior principio de la universalidad. Difícilmente podría ser universal
un proceso que no fuera único, ya que la unicidad ha de entenerse como la imposibilidad lógica que puedan coexistir de
dos procesos concursales relativos a un mismo patrimonio de un mismo sujeto.
Supone este principio un tribunal del concurso único, pero también un fuero de atracción que efectivice el fiel
acatamiento de las formas ordenadas para los institutos concursales, a efectos de dotarlos de credibilidad y previsibilidad.
En toda la materia concursal, se presenta como regla general delimitaciones rigurosamente formales. Tanto el deudor
que pretende el amparo concursal, como los “otros legitimados” para solicitarlo, acceden a institutos ya formalmente
preordenados, no pudiendo armar mecanismos cocnursales a su libre albedrío.
Ese efecto, no siempre se logra, pues cada planteo concursal presenta características particulares que a veces son difíciles
de encorsetar en institutos formalmente establecidos. Pero pretender un proceso concursal a la medida de las
necesidades y particularidades de cada empresario en dificultades, no siempre es posible.
Con todo, reiteramos, la necesidad de abrir camino a tesis mas permisivas respecto al amparo concursal preventivo y
liquidatorio. Consideramos mucho más positivo, para la sociedad y la economía en general, otorgar facilidades para una
oportuna apertura del procedimiento concursal, posibilitando que por su "ancha puerta" ingresen quienes requieren el
amparo, que asistir a la "muerte irregular" de la empresa, que en los hechos se opera por la via del alzamiento o cierre
intempestivo, informal y no registrable de la actividad empresarial.
Este principio del formalismo concursal se advierte pristinamente en lo procesal, donde por lógica debe primar, pues los
concursos son en su raíz procesos y toda la actividad judicial es esencialmente formalista.
En esos casos opera como refuerzo a la credibilidad de los sistemas concursales y a efectos de dar previsibilidad a sus
resultados. Pero además opera imperativamente porque la mayoría de las reglas concursales no pueden ser dejadas sin
efecto, por acuerdos en contrario de los particulares. Por último los procesos concursales pueden ser caracterizados
como predominantemente inquisitivos o inquisitorios y no dispositivo.
Esta característica de inquisitivo hace que desde el punto de vista procesal también se conozca este principio concursal
como principio de oficiosidad (poniéndose de este modo el acento en el juez u oficio). Este principio implica una especial
articulación de los órganos jurisdiccionales para sustituir en gran medida el impulso privado por el impulso de oficio. En
el proceso concursal necesario el Síndico sustituye al deudor, pero también a los acreedores, ya que administra el
patrimonio y ejerce la legitimación procesal del deudor en relación a los bienes desapoderados. También sustituye a los
acreedores en lo referente al cobro de los créditos, e incluso en el voto de los acreedores menores a UI 50.000 que no
concurran a la Junta (art. 120). Para eso además se incentiva al Síndico con los honorarios a percibir por su tarea, basados
en grado sumo en los resultados que obtenga, pero también se lo desincentiva, caso del art. 35 responsabilizándolos por
los " actos y omisiones contrarios a la ley o por los realizados sin la debida diligencia".
Observamos en la aplicación a ultranza de este principio el riesgo de desplazar el rol de los acreedores en el concurso.
Para nosotros en un concurso con la empresa en marcha, es sumamente inconveniente sustituir, el rol de los acreedores,
por los técnicos (Jueces, Síndicos, Interventores) cuya misión se focaliza en un escenario ajeno a los avatares
empresariales. No tan enfática es nuestra posición en la etapa de liquidación de la masa activa, pues cuando se descartan
las soluciones de reestructuración y los procedimientos comienzan a transitar por la senda de la liquidación de los activos,
20
entonces quizá sea el momento oportuno para que aceptablemente irrumpan los técnicos, ya que los acreedores habrán
abandonado toda esperanza.
Pero mientras ello no ocurra, la insatisfacción generalizada por el disfuncionamiento de los procedimientos concursales
y de sus órganos, no debería materializarse en la sustitución de la voluntad de los acreedores quirografarios por la de los
jueces y técnicos soslayando las opiniones y derechos de los verdaderos sujetos afectados.
Es de esencia al sistema concursal la pluralidad de acreedores y la aplicación del principio de preeminencia de las mayorias
para aprobar propuestas de pago, con carácter obligatoria, para todos los acreedores pertenecientes a una misma clase.
Es excepcional porque se aplica sólo en situaciones de insolvencia judicialmente declarada; o sea, cuando hay proceso
concursal abierto. Por ser excepcional, cuando se aplica esta legislación sus reglas prevalecen sobre las del derecho
Va de suyo que la materia concursal presupone siempre la existencia de una pluralidad de acreedores. En efecto el
concurso, como expresión del acto de concurrir, requiere una asistencia plural de acreedores. Y este tema de la pluralidad
no es menor, pero entonces ¿por qué el inciso 2do del art. 1de la Ley 18.387, afirma que "Se considera en estado de
insolvencia, independientemente de la existenciade pluralidad de acreedores, al deudor (…)”?
Corresponde interrogarnos además si en mérito a esa disposición es posible un trámite concursal con un sólo acreedor.
Reconozcamos que en ese caso, el propio concurso deja de tener sentido e incluso sería tarea harto difícil diferenciarlo
de una mera ejecución individual o de un simple acuerdo de diferimiento de obligaciones pretéritas celebrado entre dos
interlocutores.
¿Por qué entonces al ley 18.387 no exige "pluralidad de acreedores" como presupuesto del concurso?
Entendemos que por la sencilla razón que sería agregar un elemento más a acreditar por parte de quienes, fuera del
deudor, pueden solicitar el concurso. Advertimos que de acuerdo a la nueva ley, no sólo el propio deudor puede solicitar
la declaracion del concurso (para él no sería problemática la acreditación de la pluralidad de acreedores), sino que además
están los "otros legitimados" del art. 6 de la Ley 18.387. Si éstos deben no sólo acreditar el presupuesto objetivo (estado
de insolvencia, expresado a través de indicadores ostensibles) sino que además deben probar la pluralidad de acreedores,
la posibilidad de declarar el concurso por esa vía sería bastante ardua.
Por lo demás todo el sistema está construido sobre la base de una existencia plural, desde el constante uso del término
"acreedores" (nunca en su expresión singular), las formas de calcular las mayorías de adhesiones o de asistencias, la
Comisión y las Juntas de "Acreedores", etc.
Establecida pues la necesidad de la existencia de un número plural de acreedores, es de aplicación entre éstos del
principio de preminencia de las mayorías para las decisiones que afecten al colectivo.
Este principio de esencia democrática, resulta común y deseable en el Derecho Público, pero ciertamente que es
excepcional en la rama privada del derecho. En efecto, en el Derecho Privado resulta poco frecuente y atipico que la
voluntad de alguien obligue a terceros ajenos a la negociación. Nos vienen a la memoria algunas definiciones mayoritarias
adoptadas por ejemplo en materia de sociedades o de propiedad horizontal, expresadas a través del voto en asambleas
sea de accionistas como de copropietarios.
Pero, es en la materia concursal, donde resulta de esencia que la mayoría de los acreedores imponga soluciones
concursales auna minoría, aún cuando ésta, expresamente hubiere manifiestado su voluntad en contrario, igual la
afectación por quita o diferimiento de su crédito se produce.
21
Rige en nuestro sistema concursal el principio del tratamiento igualitario para todos los acreedores pertenecientes a una
misma clase.
Es que en la base de toda materia concursal está la regla de la “par omnium conditio creditorum” que conlleva a la
igualdad de tratamiento de los acreedores quirografarios (léase: "comunes" y por ende carentes de preferencia o
privilegio para su cobro) de un concursado. Luego veremos que la regla no se aplica sólo a los acreedores quirografarios
y que las únicas excepciones admitidas a la estricta prorrata de los créditos, tienen origen legal o de propia disponibilidad
por parte de los mismos acreedores relegados o afectados. Es que la normativa concursal nacional tampoco discrimina
entre acreedores radicados en el país o extranjeros pertenecientes a una misma clase, ya que las únicas diferencias
reconocidas surgen de la propia naturaleza de los créditos.
En realidad este principio viene a suprimir la regla "prior in tempore potior in jure", que guía toda la actividad procesal y
que premia la celeridad en el ejercicio de sus derechos por parte de los acreedores más ágiles y avisados. Ingresados en
la órbita concursal, todos los acreedores quirografarios van a ser tratados de idéntica forma, no importando la premura
con que los acreedores se hayan movido previamente en la esfera jurisdiccional para obtener un mandamiento de
embargo que los adelante.
Este principio jurídico, siempre ha sido considerado clave en materia concursal y para algunos incluso es la máxima
garantía del derecho de los acreedores.
Es que la "par conditio creditorum" actúa como protector del interés general, preservando la ética en los procesos de
ejecución colectiva, y operando en la práctica como factor moralizador en dos sentidos: por una parte, regula la relación
del deudor con sus acreedores, impidiendo que otorgue ventajas a unos en perjuicio de los otros, y por la otra actúa
sobre la relación de los acreedores entre sí, prohibiendo que se aventajen entre ellos dentro del ámbito del concurso.
En nuestro derecho positivo el principio deriva del art. 2372 del Código de Civil (parcialmente derogado por el art. 256,
pero ratificada la vigencia del inciso primero) al disponer que "los bienes todos del deudor, exceptuándose los no
embargables, son la garantía común de sus acreedores y el precio de ellos se distribuye entre éstos a prorrata, a no ser
que haya causas legitimas de preferencia".
El principal respaldo normativo del principio igualitario, es el art. 55 de la Ley 18.387, en el capítulo II, que trata los efectos
del concurso en general sobre los acreedores y la composición de la masa pasiva: "Todos los acreedores del deudor,
cualquiera sea su naturaleza, nacionalidad o domicilio, quedarán comprendidos en la masa pasiva del concurso, siendo
representados por el síndico o el interventor y alcanzados por los efectos del concurso, sin más excepciones que las
establecidas en la presente ley. Se otorgará un tratamiento igualitario a todos los acreedores pertenecientes a una misma
clase, sin perjuicio de las excepciones expresamente previstas en la ley".
La ley argentina de concursos y quiebras, siguiendo la solución alemana (“insolvenzordnunng”) y un considerable reclamo
de la doctrina, dispone que la categorización de los acreedores es formulada por el deudor quien deberá formular una
propuesta fundada de agrupamiento y clasificación en categorías, teniendo en cuenta los montos, la naturaleza de las
prestaciones o cualquier otro elemento que pueda determinar su categorización a los efectos de poderles ofrecer
propuestas diferenciadas. Analizados los criterios de razonabilidad de agrupación, la clasificación es resuelta finalmente
por el juez.
De este modo el deudor argentino puede categorizar a sus acreedores en financieros, proveedores de insumos,
proveedores de servicios, acreedores de obligaciones de hacer, también podrá hacerlo por monto de la deuda o por
cualquier otro criterio que el síndico y en definitiva el juez, encuentren razonable.
Esto autoriza al deudor a ofrecer a cada categoría un acuerdo preventivo distinto, y aun dentro de cada categoría el
deudor podrá ofrecer alternativas entre las cuales eligirán libremente los acreedores comprendidos en ella.
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Los autores argentinos piensan que de este modo se facilita enormemente la negociación del deudor con sus acreedores,
se sincera la realidad subyacente y se flexibiliza la propuesta acomodándola a las necesidades del deudor y a la distinta
naturaleza de las pretensiones o necesidades de cada categoría de acreedores.
A pesar de tan razonable planteo, lo cierto es que en nuestro ordenamiento positivo, otorgar un tratamiento diferencial,
beneficiando a un acreedor respecto de los otros de la misma categoría, supone una clara violación de este principio.
Sucede que la rigidez de nuestro sistema concursal, hace que muchas veces se compensen las desigualdades, que
paradójicamente presenta este principio de igualdad, mediante reconocimientos adicionales, complementarios e incluso
paralelos, todos ellos "ex concurso", y por supuesto, ocultos y clandestinos.
Amén de esos pactos solapados, también existen otras dudosas situaciones concursales mucho más transparentes y
públicas. Así en la práctica, asistimos a concursos donde expresamente, en forma por demás explícita y descubierta, se
pacta priorizar el pago a un grupo de acreedores sobre otros. Por ejemplo, a veces se pacta pagar antes a todos los
acreedores comerciales, que por otra parte continúan con el abastecimiento de la empresa deudora, prefiriéndolos a los
acreedores civiles o a los financieros. Se argumenta para fundamentar este tratamiento desigualitario, que los acreedores
comerciales son proveedores de insumos o servicios necesarios para la continuidad empresarial, y continúan con la
cadena de proveeduría aunque sea vendiendo de contado.
Inc. 2do del art. 55: "(Ventajas en favor de acreedores).- Cuando una propuesta contenga ventajas en favor de uno o
varios acreedores o de una o varias clases de créditos, además de las mayorías establecidas en el artículo 144, será
necesario que voten a favor de la propuesta acreedores que representen una porción del pasivo no beneficiado superior
a la correspondiente a aquellos acreedores que hubieran votado en contra".
No es violatorio porque:
• El propio inciso posibilita las excepciones expresamente previstas en la ley y la del art. 145 operaría en uso de
esa excepcionalidad.
• Funciona en este caso el régimen de mayoría dentro de las categorías o clases de créditos. Son los damnificados
por el trato desigual los que tienen que admitir la discriminación y si bien no se requiere la unanimidad, lo cierto
es que con su asentimiento mayoritario están convalidando “las ventajas a favor de uno o varios acreedores o
de una o varias clases de créditos”.
Art. 120: "pequeños acreedores aquellos que sean titulares de un crédito por importe inferior a UI 50.000 y los que, aún
superando esa cifra, sean titulares de un crédito inferior al cociente de dividir por diez mil el total del pasivo.
En ningún caso tendrán la consideración de pequeños acreedores el Estado, los demás entes públicos, las entidades de
intermediación financiera, las compañías de seguros, y las sociedades administradoras de fondos de ahorro previsional y
de fondos de inversión".
Quiere decir que una propuesta concursal que contemple un pago prioritario a los "pequeños acreedores" (siempre
dentro de esos parámetros de medida legal), no violan este principio, pues no representarían "maniobras que afecten a
la paridad de trato entre acreedores quirografarios" (art. 152).
Daniel Vítolo (argentino): El principio de la par conditio creditorum no es un principio exclusivamente aritmético o de
apreciación meramente objetiva sobre simples bases numéricas, sino que responde a una conformación variada de
intereses en torno a la crisis empresaria, permitiendo soluciones más flexibles y mayores posibilidades de cumplimiento,
sin que ello vaya en desmedro del interés de los acreedores”.
23
5. PRINCIPIO DE CONSERVACIÓN DE LA EMPRESA
El principio de la conservación de la empresa ha ido mutando a lo largo de la historia. Como veremos, de la "quiebra-
delito" con sus connotaciones infamantes, se fue evolucionando hacia la "liquidación de la masa activa como último
recurso", que en la actualidad y en ámbitos variados, prioriza la permanencia de la actividad empresarial, sobre otras
consideraciones.
Observando que la desaparición de una empresa afecta muchos más intereses que los de los acreedores inmediatos, la
preocupación por salvaguardar o rescatar las empresas en peligro dio nacimiento al llamado "principio de conservación
de la empresa", que fue elevado a categoría de principio inspirador de muchas disposiciones de legislaciones concursales
a partir de los mediados del siglo XX.
Y es merced a estas extremas consecuencias que el principio presentaba algunos flancos muy débiles.
A priori, se advierte como muy positivo agotar los caminos para encontrar soluciones en el caso de unidades
empresariales de producción o que han incorporado innovación tecnológica. Sin embargo no percibimos la misma
necesidad en el caso de simples actividades de intermediación que integran al cadena de comercialización. En el primer
caso, es siempre bienvenido hacer un esfuerzo que atienda a la permanencia de esa actividad productiva, fuente de
ocupación laboral y generadora de riqueza, sobre todo si se trata de un emprendimiento en que la sociedad toda pierde
con su desaparición.
Basta para justificar este principio, observar la incidencia que tiene una fábrica, un gran taller o comercio o una empresa
de servicios creativa en la vida de una sociedad, cuando casi siempre su desaparición condena a la desocupación y
consecuente pauperización a un porcentaje de la población que directa o indirectamente viven a su sombra. Por eso
entendemos que cuando la solución concursal pasa por la cesión de los activos empresariales a terceros o por encarar
una liquidación de los activos empresariales, pues la continuidad del emprendimiento no es viable, deben los díscolos
acreedores privilegiados especiales dejar de lado pretensiones infundadas de canibalizar la unidad empresarial,
impidiendo su venta en bloque.
Por eso aplaudimos tanto el "período de reflexión" o"automatic stay" de 120 días durante el cual los acreedores
prendarios e hipotecarios están impedidos de ejecutar (art.61), como nuestra solución de la venta en bloque del art. 172,
que entendemos salva la empresa aunque no al empresario. Son parte de las restricciones que reclamamos a los
acreedores con garantías reales o con privilegio.
La suspensión temporal de las ejecuciones, embarcarlos en la previa verificación de sus créditos privilegiados, adecuar el
privilegio especial sólo al valor de tasación de la garantía real, el relegamiento de los intereses, las multas y recargos en
el caso de los privilegios fiscales, la ratificación del fuero de atracción (para que no queden dudas que el mismo tribunal
concursal es quien debe conocer en las ejecuciones de créditos con garantías reales o con privilegios), la creación de la
clase de créditos subordinados (que cobran después), son parte de una batería de soluciones que la reforma concursal
ha introducido con el beneplácito de los acreedores quirografarios.
Por eso quisimos desarrollar ambos objetivos en forma conjunta, para probar que se puede revalorizar el papel de los
acreedores comunes (tan empalidecidos) con la articulación de un procedimiento ágil para la venta judicial del
establecimiento "in totum" y en marcha, mediante licitación o remate, para cuando fracase o no son viables las
operaciones de continuidad empresarial del mismo titular, postergando la disputa por los créditos prendarios e
hipotecarios al mero producido de la enajenación.
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Consideramos de estricta justicia que en esos casos se procuren encontrar soluciones para la empresa, aunque no
necesariamente para el empresario. La protección de una empresa viable y autosustentable como unidad de riqueza,
debe adoptarse con abstracción (o muchas veces, en contra) de los intereses del empresario causante del problema e
incluso de los prescindentes acreedores garantizados.
Respecto de la vigencia de este principio, en la actualidad se abren camino posiciones más pragmáticas (como las que
saludamos en nuestra reforma) para contrapesar a las fundamentalistas expresadas tanto en la "priorización del salvataje
de toda empresa a cualquier precio" como en el "desmantelamiento de cualquier empresa como castigo que el mercado
infringe a los perdedores".
Racionalmente, nuestra Ley 18.387 impone como solución, privilegiar la conservación de empresas en marcha, pero solo
de aquellas que generan utilidades autosostenidas (o que las puedan generar a partir de medidas internas o cambios de
titularidad inmediatos) evitando la innecesaria continuación de empresas deficitarias que únicamente aportan
distorsiones al correcto funcionamiento del mercado. Por eso se exige un "plan de continuación" conjuntamente con la
propuesta de convenio (art. 138) y un dictamen ajeno sobre la viabilidad de la propuesta ("informe especial" del Síndico
o Interventor) en el art. 142.
Pero en este orden de ideas debemos también abordar una revalorización del rol de los acreedores, ya que si bien es
cierto que no hay concurso sin deudor, tan cierto es que sin acreedores no existen los concursos.
Frente al empalidecimiento de los derechos de los acreedores se abre camino la búsqueda de un punto de equilibrio
entre la protección de la empresa como unidad de riqueza y el principio insustituible que las obligaciones deben ser
cumplidas y por eso el derecho mune al acreedor de acciones para obtener ese cumplimiento en especie o por
equivalente. Reconocer que quien infringe el orden jurídico es el deudor que no cumplió lo pactado. Su fracaso
empresarial (atribuible en su mayoría al soporte humano), origina el problema concursal y cuanto más se retarda su
recurrencia más deterioro se acumula. El colectivo de acreedores (en especial los quirografarios) debe insoslayablemente
tener un papel destacado en toda la etapa de contralor, negociación y decisión dinal.
El sistema concursal impone al deudor un comportamiento transparente, leal y cooperativo, tanto en su acceso
tempestivo como en el suministro de toda la información necesaria ycorrecta. Para además, para que los acreedores, el
Tribunal y sus órganos puedan informarse adecuadamente y adoptar decisiones fundadas sobre patrimonio, activos, nivel
de endeudamiento, calificación de conducta, disponibilidad y capacidad de amortización de obligaciones. Los mismos
principios deberán respetar los acreedores, tanto entre sí, como frente al deudor común.
Es fundamental la previa actuación de buena fe del comerciante para obtener el amparo a tan excepcionales mecanismos.
Las violaciones de este principio, que abonan las tesis del desprestigio concursal, tienen que ver no sólo con la mala fe
con que muchas veces se plantea un concurso voluntario improponible, sino también cuando se recurre a él en forma
extemporánea.
No es tarea sencilla hallar el punto de equilibrio, entre la conveniencia para el deudor y (para sus posibilidades de repago)
de presentarse a tiempo a gestionar un concurso voluntariamente cuando se vislumbran los primeros síntomas de
dificultades, con los intereses de los acreedores. Estos, seguramente, asistirán de muy mala gana al relegamiento de sus
créditos, si quien ante los primeros tropiezos gestiona un amparo concursal, sin que conste debidamente acreditado,
haber realizado en forma previa el necesario sacrificio patrimonial e incluso personal. En esos casos no vemos posible
que los acreedores vayan después a acceder a votar o suscribir, un convenio de pagos con un deudor poco convincente,
que plantea a las primeras de cambio una postergación en el cumplimiento de sus obligaciones.
La respuesta a la interrogante de "¿cuál es el momento en que debe solicitarse concurso?", es quizás (o sin quizás) el
punto medular en la temática concursal. De su respuesta (sumada a la disposición, conducta, buena fe, antecedentes y
capacidad del concursado) dependerá en gran medida la suerte y el buen fin del concurso.
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Pero además traducción de este principio de buena fe son sus naturalezas consecuencias o presupuestos de publicidad y
transparencia. Estos principios, no sólo operan respecto del proceso en sí, sino en toda la etapa previa.
Es que si examinamos a fondo los indicadores de los arts. 4 y 5 de la Ley 18.387, todos en mayor o menor medida, se
traducen en información, asentada por supuesto, en transparencia y además en facilidad de acceso público. Todos estos
indicadores no pueden operar en un mercado sin información, sin transparencia o sin normas contables adecuadas
uniformemente aceptadas. Es que de otra forma todos estos indicadores que exige el art. 4, serian inoperantes e
inaplicables, pues la mayoría de los mismos se desarrollan en los ámbitos internos de la actividad empresarial (¿existe la
intimidad empresarial?), donde la mirada de los demás interesados pocas veces llega.
Esas advertencias las planteamos en las etapas de acceso, pero también es a importante la vigencia del principio procesal
de publicidad para todos los procedimientos previstos en la ley, los que podrán ser consultados por todos los interesados;
salvo que por resolución fundada el Tribunal adopte una solución distinta.
Este principio está vinculado con otro que ya vimos y catalogamos de "cuestionado": el de conservación de la empresa,
pues muchas veces aparecen como enfrentados. Es que los procedimientos concursales no deberían ser utilizados para
competir deslealmente entre los distintos agentes que concurren a un mismo mercado.
Por eso la recuperación de aquellas actividades viables, autosustentables y generadoras de empleo, debe ser procesada
en forma celera para reducir las distorsiones ocasionadas al correcto funcionamiento de las relaciones de mercado y
sociales. La brevedad de los plazos fijados por la ley 18.387 para arbitrar soluciones concursales deben ser rigurosamente
respetados y los procedimientos deben ser asumidos por los gestionantes con responsabilidad, para posibilitar la pronta
reorganización de la actividad de los deudores, evitando la estigmatización y desvalorización del reformado sistema
concursal.
Pero además para que este principio no se viole, la ley quiere que la posible continuidad de las unidades empresariales
productivas, deficitarias pero con entidad económica y social, esté condicionada a un transparente y verificable cambio
en su titularidad, acompañada de inversiones genuinas que prioricen la recuperación empresarial o nuevo comienzo y
especialmente un mayor nivel de conservación o generación sostenible de empleos. Por supuesto que en este salvataje
a una actividad en dificultades, no sólo importa el papel del deudor, es necesario que los acreedores quirografarios se
den "un baño de realidad" admitiendo pacíficamente, su explícito relegamiento, ya impuesto en los hechos por la
imposibilidad del anterior titular de continuar la actividad en forma sostenible.
También en este caso, los acreedores con privilegio deben armonizar el ejercicio de sus derechos con el cambio de
titularidad propuesto, para facilitar la enajenación del establecimiento o explotación como unidad productiva, quedando
limitado su reclamo al resultado de la realización del activo empresarial en bloque.
Sostener las tesis extremas "conservacionistas" de que hablamos supra, tiene sus riesgos. En esas situaciones extremas
de continuidad empresarial, casi siempre se corre el riesgo de incurrir en formas encubiertas de competencia desleal,
pues estamos ante un empresario que no cumple con sus obligaciones comerciales, (no importa la causa) y al plantear
un concurso va a continuar operando en la plaza, al menos por un tiempo (y aunque sea intervenido), compitiendo con
otros colegas del mismo ramo. Como consecuencia el concursado le disputará el mercado a competidores suyos que si
cumplen con sus obligaciones, en muchos casos incluso a costa de ingentes sacrificios patrimoniales societarios e incluso
personales.
Por eso es que no percibimos claramente, la necesidad de sostener a ultranza la permanencia de la empresa, cuando se
trata de mantener simples actividades de intermediación no aportadoras de valor agregado.
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En estos casos, salvo impulsados por la necesidad de rescatar una actividad puntual socialmente no sustituíble, preservar
un ambiente de sana competencia en el mercado o de salvar un gran número de puestos de trabajo (y aún así, esas
situaciones deberían estudiarse muy a fondo) no se justifica priorizar la inmutabilidad empresarial.
El concursado necesitado de efectivo muchas veces comercializa la mercadería o brinda sus servicios, incluso a precios
predatorios (a pesar del Interventor quien también estará imbuido de la misma "necesidad de caja", que acucia al
coadministrado) pudiendo incurrir en esos casos en competencia desleal.
Por su parte el comerciante fiel cumplidor de sus obligaciones mercantiles, se encuentra en esos casos en franca
desventaja, descargando su queja con sus proveedores comunes, que tampoco pueden aportar mucho en la solución del
tema.
De ello resulta la necesidad de no perder de vista estas circunstancias cuando muchas veces (con buen sentimiento, pero
mal criterio) se defiende a ultranza la permanencia de cualquier empresa. Esa permanencia no debería hacerse a costa
exclusiva de los acreedores, pero tampoco a costa de los competidores, terceros ajenos al concurso, pero afectados
indirectamente por el mismo.
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COMPETENCIA CONCURSAL
Los Juzgados de Concursos conocerán en primera instancia en todos los procedimientos concursales cuya competencia
corresponda al departamento de Montevideo. También conocerán en los procedimientos concursales originados fuera del
departamento de Montevideo cuyo pasivo sea superior a 35.000.000 UI (treinta y cinco millones de unidades indexadas).
En los demás procedimientos concursales fuera del departamento de Montevideo, serán competentes los Tribunales que
determine la legislación procesal vigente. El Tribunal que entienda en el concurso será también competente en las acciones
sociales de responsabilidad promovidas contra los administradores o directores de sociedades concursadas (artículos 83
y 393 y siguientes de la Ley No 16.060, de 4 de setiembre de 1989).
En el caso de deudores del exterior, se aplicarán las disposiciones del artículo 239”.}
Juzgados letrados de concurso (2 turnos) conocerán en primera instancia en todos los procedimientos concursales cuya
competencia corresponda al departamento de Montevideo y los del interior pero con pasivos mayores a 35.000.000 U.I.
Esto es una ampliación de competencia. Además le da competencia al juez sobre casos de acción social de responsabilidad
contra administradores de la empresa.
Competencia territorial: Domicilio del deudor (art. 33 LOT y 455 y 456 CGP).
Art. 220 inc. final: escribano ante oposición, el deudor tiene la carga de llevar antecedentes al juez.
Será competente para entender en la oposición y en la homologación judicial del acuerdo privado de reorganización el
mismo Juez competente para declarar el concurso. En el caso de que existiera una solicitud de concurso en trámite el
acuerdo privado de reorganización deberá ser presentado en dicho procedimiento.
Recursos
Reposición: tiene plazo de 6 días. Se puede reponer casi todo. Apelación: Limitada, ver art.
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Requiere un domicilio o centro de actividad o que tenga o haya tenido oficina, establecimiento comercial o explotación”.
Artículo 240: “(Bienes y derechos comprendidos) El concurso del deudor comprenderá la totalidad de los bienes y derechos
que formen el patrimonio del deudor, se encuentren éstos ubicados en el país o en el exterior.
Se encuentra exceptuado el caso en el cual el deudor hubiera sido igualmente declarado en concurso, quiebra o similar en
otro Estado, donde tuviera su domicilio, centro efectivo de su actividad, oficina, establecimiento o explotación. En este
caso, con relación a los bienes y derechos ubicados en el Estado extranjero donde el concurso, quiebra o similar se hubiera
declarado, el concurso local incluirá en su masa activa el remanente de los bienes o derechos resultantes, luego de
concluido el procedimiento”.
Art. 241 (ley aplicable a los concursos) vs. Art. 68. Inc. 5 (ley de contratos vigente donde se pactó)
La ley uruguaya será la aplicable a todos los concursos declarados en la República, con excepción de las normas relativas
a los efectos de la declaración del concurso sobre los contratos celebrados por el deudor que se regirán por la ley aplicable
al contrato”
Art 68 inc. 5 “Serán nulas las estipulaciones contractuales que declaren resuelto el contrato o atribuyan la facultad de
resolución a cualquiera de las partes, en caso de insolvencia o de declaración de concurso del deudor. Esto sólo rige si al
contrato le rige el derecho uruguayo”.
Artículo 242: “(Principio del trato nacional) Par conditio creditorum internacional.
No existirá ninguna diferencia en el tratamiento de los acreedores nacionales y extranjeros, salvo los créditos laborales
con privilegio general, que tendrán preferencia para cobrarse sobre los bienes ubicados en el territorio nacional.
Cuando se acredite que en el Estado del domicilio del deudor los acreedores uruguayos no son admitidos en igualdad de
condiciones con los nacionales, se estará al principio de reciprocidad. No se aplicará el principio de reciprocidad en el caso
de los créditos prendarios e hipotecarios”.
SOLICITUDES CONJUNTAS
No solo empresa individual, sino conjunto de empresas que entran en concurso juntas.
Artículo 13: “(Competencia en caso de solicitudes conjuntas). En caso de solicitudes conjuntas, las mismas se tramitarán
ante la misma sede, en expedientes separados.
Requisitos:
Luego de que se presenta la solicitud se tramitan en expedientes separados, trámites individuales. Crítica a la ley.
Art. 112 num 2 literal c: Las sociedades que formen parte de un mismo grupo de sociedades. Se entenderá que existe un
grupo de sociedades cuando una sociedad se encuentre sometida al poder de dirección de otra o cuando varias sociedades
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resulten sometidas al poder de dirección de una misma persona física o jurídica o de varias personas que actúen
sistemáticamente en concierto.
Dos o más deudores podrán presentar conjuntamente solicitudes de declaración judicial de concurso, adjuntando a la
solicitud cada uno de ellos los documentos a que se refiere el artículo 7o. Cuando formen parte de un mismo grupo deberán
presentar los estados contables referidos en el numeral 4) del artículo 7o en forma consolidada.
El acreedor podrá promover la declaración judicial de concurso de varios de sus deudores, personas físicas o jurídicas,
cuando se configuren respecto de todos los deudores presunciones de insolvencia y concurra alguna de las siguientes
circunstancias:
En caso de existir más de un procedimiento de concurso o quiebra del mismo deudor, en nuestro país y en uno o más
países del exterior, el Juez del concurso y el síndico o el interventor procurarán actuar en forma coordinada con sus
similares del exterior, aplicándose a su respecto las normas que rigen la cooperación internacional.
Los créditos, con excepción de aquellos con privilegio especial, cobrados en el extranjero con posterioridad a la declaración
del concurso en el país se imputarán al dividendo a ser percibido en el concurso local”.
Artículo 14: “(Domicilio procesal).- Todos los comparecientes en el procedimiento concursal deberán constituir domicilio
dentro del radio del Juzgado. De no hacerlo se lo tendrá por constituido en los estrados”.
La declaración judicial de concurso procederá respecto de cualquier deudor, persona física que realice actividad
empresaria o persona jurídica civil o comercial.
Se considera actividad empresaria a la actividad profesional, económica y organizada con finalidad de producción o de
intercambios de bienes o servicios.
Se encuentran excluidos del régimen de esta ley, el Estado, los Entes Autónomos, los Servicios Descentralizados y los
Gobiernos Departamentales. A las entidades de intermediación financiera les será aplicable el régimen legal específico de
liquidación administrativa establecido para dichas entidades.
De forma subsidiaria a dicho régimen se aplicarán, en lo pertinente, las disposiciones de la presente ley, con excepción de
las normas relativas a la calificación del concurso contenidas en el Título IX. (*)
En el caso de los deudores domiciliados en el extranjero, se aplicará lo dispuesto en el Título XIII de esta ley. Las
personas físicas no comprendidas en la presente ley se seguirán regulando por el Título VII del Libro II del Código
General del Proceso (Concurso civil) y normas concordantes”.
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PRESUPUESTOS DEL CONCURSO
PRESUPUESTO SUBJETIVO
El art. 2 de la Ley Concursal uruguaya n° 18.387 de 2008 (LCU), establece que la declaración judicial de concurso procederá
respecto de cualquier deudor, persona física que realice actividad empresarial o persona jurídica civil o comercial.
El art. 2 delimita el ámbito subjetivo de aplicación de la LCU. Para determinar a qué sujetos se aplica la LCU, su art. 2 se
vale de dos categorías: deudor persona jurídica civil o comercial, y deudor persona física que realice “actividad
empresarial”.
Para las personas jurídicas que pudieran considerarse como “deudores civiles”, existía – y todavía se mantiene respecto
a las personas físicas sin actividad empresaria - un procedimiento concursal diverso, regulado por los arts. 452 a 471 del
CGP y los arts. 2.359 a 2.389 del Código Civil. Hoy se rigen por la LCU.
Una importante diferencia con el régimen anterior consiste en la aplicación del mismo régimen que se aplica a las
sociedades comerciales, a las asociaciones y fundaciones reconocidas por la autoridad pública (art. 21 CC).
Se entiende que, también, quedan comprendidas en la categoría “deudor persona jurídica civil”, todas aquellas
sociedades civiles que tienen personería jurídica, como las sociedades civiles de propiedad horizontal, las instituciones
privadas de asistencia médica, las asociaciones agrarias y las sociedades de riego.
Entre los deudores que pueden ser calificados como personas jurídicas comerciales se encuentran las sociedades
comerciales, los grupos de interés económico, las cooperativas y las sociedades de economía mixta.
Categorías excluidas
En principio, el art. 2 pareciera abarcar a todas las personas jurídicas, en tanto enuncia que la declaración judicial de
concurso procederá respecto de “cualquier deudor... persona jurídica civil o comercial”. Sin embargo, según ya se dijo,
en el inc. 3 se especifica que se encuentran excluidas del régimen de la LCU al Estado, los entes autónomos, los servicios
descentralizados y los gobiernos departamentales.
La redacción del art. 2 pareciera indicar que las personas públicas que enumera podrían encontrarse sujetas a un régimen
concursal previsto en otra Ley. Allí se dispone: "... Se encuentran excluidos del régimen de esta ley...". Sin embargo, no
existe otra Ley que disponga algún régimen concursal aplicable a las personas públicas estatales.
En el inc. 3 del art. 2, se excluye, también, del régimen de la LCU, a las entidades de intermediación
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financiera. Si el deudor era una entidad de intermediación financiera, antes de la LCU se aplicaba – y ahora, también - la
Ley 16.327 de 1992 que, modificando al DL 15.322 de 1982, incorporó un régimen general para la liquidación
administrativa de las entidades de intermediación financiera. Estas disposiciones deben ser complementadas por las
normas incluidas en las leyes dictadas como consecuencia de la crisis que afectó al sistema bancario en el año 2002 y que
determinó la intervención y suspensión de actividades de varios bancos de nuestra plaza: la Ley 17.523 (4 de agosto de
2002), la Ley 17.542 (21 de agosto de 2002) y la Ley 17.613 (27 de diciembre de 2002).
Las personas públicas no estatales deben recurrir al régimen concursal del CGP, en cuanto no se opongan a las respectivas
normas legales que las rigen, en función de lo dispuesto por el art. 616 de la Ley 17.296 de 2001, que no fue derogado
por la LCU.
• Sociedades accidentales: las únicas sociedades comerciales que quedarían excluidas serían las accidentales o en
participación, puesto que no tienen personería jurídica.
• Consorcios: tampoco concursan los consorcios (arts. 501-509 LSC), puesto que carecen de personería jurídica.
• Sociedades civiles: las sociedades civiles, también, están en principio excluidas del nuevo régimen, en tanto no
tienen personería jurídica. Como excepción, a algunas sociedades civiles les fue atribuida personería jurídica por
leyes especiales, razón por la cual, según ya se expresó, pueden concursar.
PERSONAS FÍSICAS
En el inc. 1 del art. 2, se establece que la declaración judicial de concurso procede respecto de cualquier deudor, persona
física que “realice actividad empresarial”.
En Derecho se utiliza la expresión “persona física” o “persona natural” o “persona real”, para referirse a los seres
humanos, en tanto entes dotados de una existencia propia, real, en el sentido de perceptible por los sentidos.
Para que una persona física deudora quede sujeta a las disposiciones de la LCU, se requiere que “realice actividad
empresarial”. La propia LCU, en su art. 2 define lo que considera como “actividad empresarial”: “Se considera actividad
empresaria a la actividad profesional, económica y organizada con finalidad de producción o de intercambios de bienes
o servicios”.
Como se advierte de la mera lectura del artículo transcripto, para la definición de “actividad empresarial”, la LCU acumula
tres calificativos (profesional, económica y organizada) y, además, agrega una especial finalidad (producción o
intercambios de bienes o servicios).
1. Actividad profesional
Según los diccionarios, “profesión” es el empleo, arte, facultad u oficio habitual que se ejerce públicamente y con el cual
se gana el sustento. Para que la actividad pueda ser reputada como “empresaria”, entonces, se requiere que sea realizada
por la persona física deudora en función de una aptitud u oficio que le sea propio y que ejerza públicamente, de modo
que pueda ser considerado como su o medio de vida.
El concepto de “profesión” supone una actividad continuada y habitual. No se puede considerar como “actividad
empresarial”, por lo tanto, aquella realizada ocasionalmente, aunque sí la realizada con ciertas interrupciones (como
sucede con las industrias estacionales).
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La profesionalidad no requiere, necesariamente, de la exclusividad. Por lo tanto, se considerará “actividad empresarial”
la realizada concomitantemente con otra de diversa índole.
En cambio, es de particular importancia para la calificación de una actividad como “empresaria”, que la persona física
deudora obtenga de esa actividad los medios para su existencia. En este sentido, no constituiría “actividad empresarial”
aquella que tuviera carácter amateur.
Así mismo, el ejercicio público es fundamental para que una actividad pueda ser considerada como profesional. Es
necesaria la exteriorización de la actividad que surja de la publicidad de las relaciones de la persona física deudora con
terceros en general. Es indispensable que la persona física deudora se presente frente al público como un empresario.
2. Actividad económica
De acuerdo con los diccionarios, “económico” es lo concerniente, perteneciente o relativo a la economía, y “economía”
es la administración recta y prudente de los bienes. En el contexto de definiciones similares a la del art. 2 de la LCU, se
ha entendido que la expresión “ actividad económica” es aquella encaminada a la producción y al cambio bienes y
servicios. Se señala, entonces, la reiteración en que incurre la definición legal, cuando agrega “con finalidad de producción
o de intercambios de bienes o servicios”. La actividad económica siempre tiene esa finalidad.
3. Actividad organizada
“Organizar”, según el diccionario, es establecer o reformar algo para lograr un fin, coordinando medios y personas
adecuadas. Aplicando este término a una “actividad empresarial” implica una referencia, según la doctrina, a la
organización de los factores de producción - capital y trabajo – dirigida a la obtención de un resultado económico. El
capital que se organiza puede ser propio o ajeno. En eso existe concordancia en toda la doctrina. En cambio, respecto de
la organización del trabajo la doctrina realiza interpretaciones divergentes.
La LCU excluye de su régimen a aquellas personas que no queden comprendidas en la descripción que del ámbito
subjetivo efectúan los incs. 1 y 2, del art. 2.
Nuestros legisladores, lamentablemente, han dejado pasado una oportunidad excelente para establecer un régimen
concursal que abarcara todas la situaciones de insolvencia, tanto de empresarios como de no empresarios, con el
agravante de que el criterio utilizado para realizar el distingo entre a quiénes se aplica y a quiénes no, el nuevo régimen,
adolece de cierta inconsistencia conceptual que, posiblemente, genere dudas a la hora de su aplicación. Veremos, a
continuación, diversas hipótesis de deudores que podrían quedar excluidos del régimen establecido en esta LCU.
Siendo que sólo procede la declaración de concurso respecto de personas físicas que realicen “actividad empresarial” y
que se considera como tal a la actividad profesional y económica, quedan excluidos como sujetos pasivos del concurso
las personas siguientes:
• las personas que tienen un local donde se exponen obras de arte o donde se dictan conferencias culturales o
sobre temas científicos;
• los empleados, los funcionarios públicos, los jubilados y las personas que no realicen ninguna actividad;
• los viajantes y los vendedores de plaza no entrarían, porque son reputados como empleados;
• quienes hayan cesado su actividad, puesto que el art. 2 exige que la persona "realice" actividad, en tiempo
presente.
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2. Deudores excluidos por no tener una finalidad productiva ni de intercambio de bienes o servicios
Para considerar a una actividad como “empresaria”, además, el art. 2 establece que debe tener por finalidad la
producción o el intercambio de bienes o servicios. Esta exigencia dejaría fuera del alcance de la LCU, a las personas que,
en un sentido estricto, no serían producción o no serían intercambio de bienes o servicios, entre las cuales se nos ocurren
las siguientes:
a. las personas que tienen un yacimiento minero y lo explotan, porque no son productores, pues realizan
extracción de minerales;
b. las personas que se dedican a la pesca, tampoco son productores;
c. los agentes marítimos y los agentes aéreos actúan como mandatarios, por lo que tampoco quedarían
comprendidos en la LCU.
d. quienes realizan intermediación, puesto que el intercambio es un concepto distinto (intercambia quien realiza
permutas e intermedia quien compra para revender).
Si se adoptara una interpretación restrictiva de la expresión “intercambio”, quedarían, también, fuera del alcance de la
LCU, los sujetos siguientes:
a. quienes realizan transportes y los corredores - corredor inmobiliario, corredor de seguros, corredor de bolsa,
agentes de servicios turísticos, quedarían excluidos puesto que ni producen ni intercambian bienes o servicios,
puesto que, estrictamente, celebran contratos de arrendamiento de obra, no de arrendamientos de servicios;
b. los rematadores quedarían excluidos porque actúan como mandatarios o comisionistas (no producen ni
intercambian servicios, mucho menos bienes).
Por último, el art. 2 de la LCU exige que la actividad sea “organizada” para considerarla como “empresaria”, por lo que
quienes no dispusieren de organización tampoco podrían ser concursados según el régimen de la LCU. Entre los sujetos
que realizan una actividad sin organización, podrán mencionarse los siguientes:
PRESUPUESTO OBJETIVO
El art. 1 de la Ley de Declaración Judicial del Concurso y Reorganización Empresarial n° 18.387 de 2008 (LCU), en su inc.
1, establece que procede la declaración judicial de concurso respecto de "cualquier deudor" que se encuentre en “estado
de insolvencia”. Se abandona, entonces, al menos nominalmente, el concepto de “cesación de pagos”, que se utilizaba
en nuestro Derecho concursal desde 1866.
En el inc. 2 se define a la insolvencia como aquel estado en que el deudor “no puede cumplir con sus obligaciones”. Este
concepto legal de insolvencia no coincide con el concepto económico.
Concepto económico de insolvencia: Desde el punto de vista económico, un patrimonio es insolvente cuando el monto
de su pasivo supera la suma de los valores de su activo. La comprobación de la insolvencia requiere un estudio de la
situación patrimonial del deudor, con la estimación del valor venal de cada una de las unidades que componen su activo
y con la confrontación de la suma de esos valores con el estado de su pasivo. El insolvente no puede pagar su pasivo ni
siquiera enajenando todos los bienes de su activo.
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DISTINCIÓN RESPECTO AL CONCEPTO DE ILIQUIDEZ
El concepto legal de “insolvencia” se aproxima al de “iliquidez”, que es, también, un concepto económico. Una persona
presenta una situación patrimonial de liquidez, cuando los bienes del activo disponible son, por lo menos, iguales al pasivo
exigible a corto plazo.
El deudor tiene la obligación de pagar sus deudas en dinero. El acreedor puede recibir del deudor alguna cosa en pago
de su deuda, pero ello es una facultad del acreedor, nunca una obligación. La dación de bienes en pago constituye un
modo anormal de cumplir las obligaciones, que requiere el consentimiento expreso del acreedor, según establecen el
art. 1.490 del Código Civil (CC) y el art. 943 del Código de Comercio.
En consecuencia, si el deudor no puede pagar, en efectivo, sus deudas de exigibilidad inmediata o a corto plazo, su estado
será de iliquidez y, por ende, también, de “quiebra económica”. Entonces, aun teniendo un patrimonio solvente, una
persona puede estar en estado económico de quiebra, porque no basta la solvencia, es necesaria, además, la
realizabilidad de los valores que constituyen el activo.
Sin perjuicio de la proximidad entre el concepto legal, insolvencia, con el concepto económico de iliquidez, estrictamente,
el art. 1 de la LCU no se refiere, propiamente, ni a la insolvencia ni a la iliquidez, sino al de “cesación de pagos”. Basta
verificar los términos en que inc. 2, define a la insolvencia: “Se considera en estado de insolvencia... al deudor que no
puede cumplir con sus obligaciones”.
El incumplimiento es un hecho cuya determinación depende de los términos establecidos en la Ley o en el contrato. Se
incumple con una obligación, cuando el deudor no realiza la prestación que constituye su contenido, en el momento y
forma convenidos con el acreedor o determinados legalmente. En determinadas condiciones, el incumplimiento tiene
relevancia jurídica como uno de los hechos que habilitan la solicitud de concurso.
El art. 1 de la LCU no exige que se haya verificado, específicamente, el incumplimiento sino que se establezca
judicialmente que el deudor se encuentra en un estado tal que “no puede cumplir con sus obligaciones”.
El art. 1 de la LCU hace una precisión: la insolvencia existe “independientemente de la existencia de pluralidad de
acreedores”. De manera que se configurará el presupuesto objetivo y se habilita al proceso concursal, aunque exista un
solo acreedor.
PRESUNCIONES DE INSOLVENCIA
En los arts. 4 y 5, se establecen presunciones de insolvencia, que complementan lo dispuesto en el art. 1 de la LCU. Éstas
enuncian hechos o actos objetivos que sirven para detectar una situación de dificultad económica, así como para justificar
y fundamentar la aplicación de la LCU.
La LCU establece que ciertos hechos son hábiles para llevar al concurso y los enuncia como presunciones de insolvencia.
Esos hechos enumerados en la LCU, han sido considerados como indiciarios de una situación que justifica la apertura del
proceso. Se trata de meros índices de su existencia pero puede suceder que se den tales hechos y no exista quiebra
económica, no obstante lo cual, el concurso es declarado.
En los casos enunciados por la LCU puede no existir un incumplimiento pero los hechos referidos revelan la mala situación
económica del deudor y la inminencia del no pago futuro. De igual modo, no es necesario que se dé un efectivo
incumplimiento en la hipótesis en que el propio deudor confiesa su estado de insolvencia y pide su propio concurso.
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La LCU distingue entre presunciones de insolvencia relativas y presunciones absolutas. Las relativas serán apreciadas por
el juez y admiten prueba en contrario. Si se trata de presunción absoluta, el juez deberá decretar el concurso.
1. Cuando exista un pasivo superior al activo, determinados de acuerdo con normas contables adecuados.
2. Cuando exista dos o más embargos por demandas ejecutivas o por ejecuciones contra el deudor por un monto
superior a la mitad del valor de sus activos susceptibles de ejecución.
3. Cuando existan una o más obligaciones del deudor, que hubieran vencido hace más de tres meses.
4. Cuando el deudor hubiera omitido el pago de sus obligaciones tributarias por más de un año.
5. Cuando exista cierre permanente de la sede de la administración o del establecimiento donde el deudor
desarrolla su actividad.
6. Cuando el BCU hubiera dispuesto la suspensión de una o más cuentas corrientes del deudor o la clausura de las
cuentas corrientes del deudor en el sistema bancario.
7. Cuando, en el caso de acuerdo privado de reorganización, el deudor omita presentarse en plazo al Juzgado, no
se inscriba el auto de admisión, se rehace, anule o incumpla el acuerdo.
Advertimos que, en todos los casos que se referirán, quien invoque una presunción relativa de insolvencia para pedir el
concurso, será una persona que tenga conocimiento de las actividades del deudor, de sus estados contables, etcétera.
Las presunciones establecidas en el art. 4, pueden no coincidir con un estado de insolvencia. Algunas de las presunciones
creadas, pueden llevar a procesos concursales a quienes no se encuentran en situación de crisis económica que lo
amerite. Claro que, siendo presunciones relativas, el deudor se podrá oponer, sosteniendo que no corresponde el
concurso porque no se encuentra en estado de insolvencia jurídica.
Las presunciones relativas de insolvencia enumeradas por el art. 4 son las siguientes:
Siendo relativa, se podrá probar lo contrario; demostrando, por ejemplo, que en un balance existen activos subvaluados,
por lo que le sería posible al deudor cumplir con sus obligaciones. También, por ejemplo, podría el deudor probar que
obtuvo una refinanciación de al menos parte de su pasivo, de modo que, a pesar de encontrarse en una situación de
insolvencia económica, puede continuar cumpliendo con sus obligaciones.
El hecho de que la norma imponga que la determinación de la insolvencia surja de normas contables adecuadas, está
presuponiendo que el deudor lleve contabilidad.
En nuestro Derecho, la obligación de llevar contabilidad se le impone a los comerciantes (sean estos personas físicas o
jurídicas). De ahí que, esta presunción sólo le sería, en principio, aplicable a ellos.
2. Existencia de embargos
El n° 2 del art. 4 establece como presunción, la existencia de dos o más embargos por demandas ejecutivas o por
ejecuciones contra el deudor, por un monto superior a la mitad del valor de sus activos susceptibles de ejecución.
• En primer lugar, deben existir dos o más embargos trabados. No bastaría con un embargo.
• En segundo lugar, el importe de los embargos debe ser superior a la mitad del valor de los activos susceptibles
de ejecución.
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De manera que para configurarse esta presunción se debe tener conocimiento de los activos que tiene el deudor y tomar
en cuenta los ejecutables. Quien solicite el concurso deberá probar el valor de los bienes que integran ese activo.
El n° 3 del art. 4 dispone como presunción la existencia de una o más obligaciones del deudor, que hubieran vencido hace
más de tres meses. El legislador ha considerado a un solo incumplimiento como un hecho grave, perturbador de la
economía, que justifica la aplicación del proceso de ejecución colectiva del concurso. Basta que haya una obligación
vencida y que no se haya pagado en el transcurso de tres meses desde su vencimiento, para que se configure la
presunción.
Advertimos que un incumplimiento puede ser revelador de un estado de insolvencia, pero puede no serlo. El deudor
puede omitir un cumplimiento por error o por negligencia o por mala fe, siendo totalmente solvente y teniendo dinero
en efectivo disponible para atender el pago adeudado.
En el n° 4 se establece como presunción, la omisión en el pago de sus obligaciones tributarias por más de un año.
El n° 5 establece como presunción: el cierre permanente de la sede de la administración o del establecimiento donde el
deudor desarrolla su actividad. No se precisa por cuánto tiempo se ha prolongado el cierre. ¿Bastará una semana o un
mes? Aclaramos que así como puede producirse un incumplimiento que no obedezca a un estado de insolvencia,
también, podría darse que se haya cerrado un establecimiento y no exista insolvencia. De todos modos, el deudor será
llevado al concurso. Asimismo, puede suceder a la inversa, que el deudor en estado de insolvencia mantenga abierta su
sede o establecimiento.
El n° 6 se refiere a la suspensión o clausura de cuentas corrientes que procede cuanto se han librado cheques sin fondos.
Entendemos que esta hipótesis puede no corresponder a un estado de insolvencia sino a una situación de iliquidez
transitoria.
En el n° 7 del art. 4 se trata del caso en que el deudor hubiera firmado con sus acreedores un acuerdo de reorganización
pero no lo hubiera presentado para su homologación o no se hubiera inscripto el auto de admisión en el Registro Nacional
de Comercio. También, establece otros supuestos: que el acuerdo se rechace, anule o se incumpla. Para Cobas, debería
ser una presunción absoluta.
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La doctrina se plantea si el deudor debe haber incurrido en un incumplimiento efectivo. Entendemos que no. Puede no
haber existido un efectivo incumplimiento, siendo suficiente que el deudor se encuentre ante la imposibilidad de pagar
las deudas de vencimientos próximos. De manera que no se requiere un efectivo incumplimiento; basta que el deudor
tenga la certidumbre de no poder pagar más.
La norma se refiere a un deudor cuyo domicilio principal se encuentra en otro país y en él fue concursado.
La comisión de actos fraudulentos con el fin de obtener crédito o de sustraer bienes para frustrar accionamiento de los
acreedores.
El deudor puede ser llevado al concurso cuando se oculta o se ausenta y no ha dejado un representante con facultades y
recursos para dar cumplimiento a sus obligaciones. También, en esta situación, puede suceder que el deudor no haya
incurrido en efectivos incumplimientos pero los hechos referidos revelan la inminencia del no pago futuro. El deudor se
oculta o se ausenta, precisamente, porque no puede cumplir. Con ello trata de eludir el enfrentamiento con los
acreedores, cuando lleguen los vencimientos pendientes. En este caso hay presunción absoluta de insolvencia. Como en
otros casos analizados, podrá suceder que el deudor se haya ausentado y no se encuentre en estado de insolvencia. Si se
trata de una persona jurídica existe presunción absoluta de insolvencia si los administradores se ocultan o se ausentan
sin dejar representante.
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DECLARACIÓN DEL CONCURSO
CLASES DE CONCURSO
Antes de empezar con lo que es el trámite y contenido de la declaración del concurso, cabe destacar las dos clases de
concurso que como vemos se consagran en el art 11 de la Ley. El concurso voluntario que será cuando sea solicitado por
el propio deudor a condición de que no exista una solicitud de concurso previa, siendo necesario en los demás casos. La
condición de voluntario se puede si el deudor no es quien solicita en primer instante el concurso sin importar que el
concurso solicitado por los otros legitimados sea efectivamente declarado.
El concurso será voluntario cuando sea solicitado por el propio deudor, a condición de que no exista una solicitud de
concurso previa, promovida por alguno de los restantes legitimados legalmente. El concurso será necesario en los
restantes casos.
En el caso de declaración por Juez extranjero de concurso o quiebra de un deudor que tenga o haya tenido su domicilio,
centro efectivo de actividad, oficina, establecimiento o explotación en la República, cualquiera de los sujetos legitimados
podrá solicitar la apertura del concurso en el país. En este caso, existirá presunción absoluta de la insolvencia del deudor
y el concurso tendrá la calidad de necesario.
El art. 6 de la Ley de Declaración Judicial del Concurso y Reorganización Empresarial n° 18.387 dispone que pueden
solicitar la declaración judicial de concurso:
1. El propio deudor. En el caso de personas jurídicas, la solicitud deberá ser realizada por sus órganos con facultades
de representación o por apoderado con facultades expresas para la solicitud.
2. Cualquier acreedor, tenga o no su crédito vencido.
3. Cualquiera de los administradores o liquidadores de una persona jurídica, aun cuando carezcan de facultades de
representación, y los integrantes del órgano de control interno.
4. Los socios personalmente responsables de las deudas de las sociedades civiles y comerciales.
5. Los codeudores, fiadores o avalistas del deudor.
6. Las Bolsas de Valores y las Instituciones Gremiales de empresarios con personería jurídica.
7. En el caso de la herencia, podrá además pedirlo cualquier heredero, legatario o albacea.
CONSIDERACIONES PRELIMINARES
a) Declaración de oficio:
Corresponde advertir que en el art. 6 de la LCU, no se incluye la posibilidad de declaración de oficio del concurso.
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No obstante la omisión de esta posibilidad en el art. 6 de la LCU, procede la declaración de oficio cuando el juez rechaza
un acuerdo privado de reorganización. El art. 231 dispone que el concurso se considerara declarado a solicitud del deudor.
La LCU denomina "acuerdo privado de reorganización" al convenio preventivo celebrado por el deudor con el 75 % de
sus acreedores quirografarios con derecho a voto (art. 214).
b) Pluralidad de accionamientos:
Se advierte sobre la posibilidad de que se presente más de una solicitud de declaración judicial de concurso contra un
mismo deudor, en función de la diversidad de legitimados previstos por la norma que comentamos. La cuestión, además,
es relevante incluso entre los acreedores, en función del privilegio general que la LCU atribuye al acreedor instante (art.
110, inc. 3). El acreedor instante asegura el cobro del 50 % de su crédito antes que el resto de los acreedores
quirografarios, siempre y cuando no supere el 10 % de la masa pasiva (art. 182).
Según establece el n° 1 del art. 6, el propio deudor tiene legitimación para solicitar la declaración de concurso.
Si el deudor fuere una persona jurídica, la solicitud debe ser realizada por sus órganos con facultades de representación
o por apoderado con facultades expresas.
La LCU no establece expresamente que el deudor pueda actuar por medio de un representante pero ello es admisible
por lo dispuesto en el art. 117 del CGP, aplicable por lo dispuesto en el acápite del art. 7 de la LCU. No obstante, el
concurso debe ser solicitado por un apoderado con poder especial. No basta con un poder general. Esta exigencia se
justifica por los importantes y graves efectos del concurso. El apoderado debe ser abogado o procurador y el poder
otorgado en escritura pública (art. 38 CGP).
3. FACTOR O GERENTE
¿Puede solicitar el concurso el factor o gerente de un comerciante? En principio, el factor no puede pedir el concurso de
su principal, por dos razones:
• Porque el factor fue facultado para administrar los negocios y el concurso puede suponer su clausura;
• Porque el factor conoce la situación del establecimiento que administra pero no la situación patrimonial total
de su principal.
El factor puede tener conocimiento de las dificultades en la marcha del establecimiento del principal pero ello no justifica
que pida el concurso que arrastra todo el patrimonio del deudor, máxime cuando el principal puede ser solvente por la
propiedad de bienes no afectados a la explotación comercial.
No obstante, el factor podría pedir el concurso si en el poder se le facultase expresamente para ello. Si se le ha autorizado,
deberá sustituir el poder en un abogado o procurador para su presentación en juicio.
¿OBLIGACIÓN O CARGA DE SOLICITAR EL CONCURSO POR PARTE DEL DEUDOR? (ART. 10)
El deudor tendrá la obligación de solicitar su propio concurso dentro de los treinta días siguientes a que hubiera conocido
o debido conocer su estado de insolvencia. En el caso de las personas jurídicas, la obligación recae en cada uno de sus
administradores, liquidadores o integrantes del órgano de control interno.
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En el caso de las personas físicas o jurídicas obligadas a llevar contabilidad, se presume absolutamente que dicho
conocimiento se produjo en la fecha en que preparó o debió haber preparado estados contables.
La ley habla de obligación, pero los profes lo interpretan como carga, dado que la serie de castigos o desincentivos en
el tratamiento del deudor poco diligente. Encuadran dentro de la definición de “carga” y no de “obligación”. El art. 194.1
castiga la ausencia de petición del concurso.
RECAUDOS A PRESENTAR PARA SOLICITAR EL CONCURSO POR PARTE DEL DEUDOR (ART. 7)
Además de cumplir con los arts. 117 y 118 CGP deberá acompañar una serie de documentos.
En caso de omitirse la presentación de alguno de los recaudos establecidos precedentemente, el Juez la rechazará de
plano, sin que esta decisión cause estado. La decisión judicial será apelable por el deudor con efecto suspensivo.
El problema es cuando la información aportada es incompleta, y si en ese caso corresponde el rechazo "de plano".
Entiendo que no. Debe otorgarse un plazo prudencial para complementar los recaudos aportados y no perder de vista
que en defnitiva debe ampliarse la puerta de ingreso a la gestión concursal (objetivo de la ley) y en todo caso, tanto la
omisión, como la falta de colaboración serán apreciados con dureza en la etapa de calificación.
La resolución judicial que rechaza la gestión no causa estado, por lo tanto puede subsanarse en forma posterior,
acreditando el recaudo omitido. Pero queremos insistir en que la presentación por el deudor de la solicitud de concurso,
aunque luego no sea admitida la gestión por problemas formales, tiene importantes efectos pues configura la presunción
absoluta de insolvencia del ord. 1 del art. 5. En principio, si cualquiera de los "demás legitimados" del art. 6 comparece
en ese mismo expediente, invocando esa presunción absoluta el Tribunal deberá tener por acreditada la insolvencia y
declarar el concurso, que en ese caso debería ser considerado como necesario.
El art. 15, plantea en forma sencilla, que “si el concurso es solicitado por el deudor, directamente o a través de sus
representantes, el Juez se expedirá, sin más trámite, dentro de los dos dias de presentada la solicitud.”
Corresponde preguntarse si una vez que el deudor planteó la solicitud de su propio concurso, es posible que luego desista
del mismo, alegando por ejemplo que ha cambiado su situación patrimonial, ha tenido un vuelco ganancioso inesperado
y está en condiciones de dar cumplimiento a los pagos que había dejado de honrar. O sea que por efecto milagroso “cesó
su estado de insolvencia”.
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Ante este afortunado cambio, creo que debemos distinguir, si la sentencia de declaración de concurso ya hubiera sido
dictada, pero aún no quedó ejecutoriada. En este caso, podria ser admitido el desistimiento, siempre y cuando el deudor
alegue motivos fundados, los acredite y de ellos resulte una real conveniencia para la masa acreedora, que será satisfecha
en sus expectativas de cobro.
En cambio, si la sentencia de apertura del concurso ya quedó ejecutoriada, sólo se podría admitir el desistimiento cuando
el deudor acredite haber pagado a sus acreedores, cesando de esta forma su manifiesto "estado de insolvencia". Es lo
que exige el numeral 2 del art. 211, cuando para proceder a la conclusión del concurso, requiere que se acredite: "la
íntegra satisfacción de los acreedores".
DEMÁS LEGITIMADOS
Como ya observamos, es el art. 6 que establece quienes están legitimados además del deudor, para solicitar la declaración
de concurso, recordando que los concursos decretados a partir de estas solicitudes tendrán siempre el carácter de
"necesarios":
1. Cualquier acreedor, tenga o no su crédito vencido: Alcanza con ser acreedor para estar en condiciones de solicitar el
concurso de un deudor, si es que éste se encuentra en estado de insolvencia (art. 1). No interesa a los efectos de la
legitimación del acreedor, si el crédito es exigible, o está sujeto a condición, o pendiente de pago, si está garantizado con
prenda o hipoteca o fianza o si tiene privilegio general, si es un proveedor o un trabajador, si es acreedor original o
derivado por adquisición de crédito (en vía universal o singular), etc.
2. Cualquiera de los administradores o liquidadores de una persona jurídica, aún cuando carezcan de facultades de
representación, y los integrantes del órgnao de control interno:
• Administradores: cualquiera de los administradores está legitimado para solicitar la declaración del concurso,
aun cuando carezcan de facultades de representación. Existe una aparente contradicción entre lo dispuesto en
el n° 1, en que se exige, expresamente, que quien solicite el concurso por una persona jurídica, tenga facultades
de representación. Sin embargo, corresponde advertir que en la hipótesis del n° 1, el concurso debe ser
considerado como pedido por el propio deudor, por lo que se considerará voluntario, si su activo fuere suficiente
para satisfacer su pasivo. En cambio, en la hipótesis del n° 3, el concurso debe ser considerado como necesario.
Un administrador que no tiene la representación no obliga a la sociedad ni tiene legitimación procesal. Por lo
tanto, no es la sociedad la que solicita el concurso sino, en definitiva, un tercero.
• Liquidadores: el liquidador puede pedir el concurso, refiriéndose, seguramente, al liquidador de una sociedad
en disolución. Asimismo, se confiere legitimación al órgano de control interno (síndico o comisión fiscal).
• Integrantes del órgano de contralor interno: el control interno de la sociedad está a cargo de uno o más síndicos
o de una comisión fiscal compuesta de tres o más miembros, accionistas o no, según lo determine el estatuto.
En las sociedades anónimas, la fiscalización privada sólo es obligatoria tratándose de sociedades anónimas
abiertas; en las cerradas es facultativa. En las sociedades de responsabilidad limitada, la sindicatura o la comisión
fiscal es obligatoria cuando la sociedad tenga veinte o más socios.
3. Los socios personalmente responsables de las deudas de las sociedades civiles y comerciales: Se trata de socios
"personalmente responsables" , pero que además no cuentan con la representación de las sociedades civiles y
comerciales que integran. El literal otorga esta legitimación sólo a los socios que tengan la calidad de "personalmente
responsables", y un socio que no reúna esa condición, no podrá instar el concurso de la sociedad que integra.
4. Los codeudores, fiadores o avalistas del deudor: Alguien que ha garantizado operaciones de un deudor, y que está
preocupado por las dificultades que atraviesa, es también legitimado por la ley para promover o instar el concurso.
Observa la dilapidación de bienes, el deterioro de los negocios, las dificultades crecientes, la insolvencia instalada en el
codeudor, el afianzado o el avalado y promueve el concurso-remedio para intentar acotar el riesgo propio.
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5. Las bolsas de valores y las instituciones gremiales de empresarios con personería jurídica.
De acuerdo al art. 8, los legitimados del art. 6 (salvo el deudor, cuyo caso ya analizamos) además de cumplir con los
dispuesto en los arts. 117 y 118 del CGP, "deberán aportar los elementos de juicio que acrediten la existencia de una
presunción de insolvencia".
Acerca del alcance de la exigencia de ols arts. 117 y 118 ya nos expedimos así como sobre su innecesariedad ya que es
trata de un requerimiento procesal común a todos quienes comparecen judicialmente promoviendo accionamientos.
Sobre la prueba de la presunción de insolvencia deberá siempre aportarla el solicitante, que es quien la alega. Los medios
que utilizará para acreditarla dependerá del indicador que invoque, por lo que en algunos casos se aportará prueba
documental emanada de fuentes públicas o privadas de información, en otros será necesario recurrir a diligenciamiento
de oficios, realización de inspecciones oculares, actas judiciales, citaciones a declaración de parte, intimaciones (a agregar
los libros sociales, por ejemplo) etc.
Lo más interesante es que el art. 8 de la ley, no realiza ninguna exigencia específica sobre los medios y formas de
acreditación de las presunciones de insolvencia lo que les brinda a los "otros legitimados" una gran libertad deprobanza.
No ocurría lo mismo en el régimen concursal anterior.
El art. 16 de la ley 18.387 plantea el procedimiento a seguir en caso de una solicitud de concurso planteada por los
"restantes legitimados".
No podrá desistirse de la solicitud de declaración de concurso y los solicitantes del concurso serán responsables por los
perjuicios causados al deudor por el carácter abusivo o por la falta de fundamento de la solicitud. El Juez podrá exigirles
la constitución de contracautela por los perjuicios que su solicitud pudiera causar, estando eximidos de esta obligación
los acreedores laborales.
Art. 16: Concurso solicitado por otros legitimados. Si el concurso es solicitado por cualquiera de los restantes legitimados,
el Juez procederá de la siguiente forma:
1) Dará traslado al deudor por el plazo que estime razonable, según la importancia y la complejidad del asunto, el cual no
podrá exceder de diez días.
• ¿Dónde se notifica al deudor?: Martínez Blanco sostiene que en el domicilio del deudor persona física y en la
medida que desarrolla actividades empresarias, el lugar donde tiene su prinicpal establecimiento.
2) Si el deudor se allanara a la solicitud o no se opusiera dentro del término legal, el Juez decretará el concurso sin más
trámite, en el plazo de dos días.
4) El deudor deberá presentar con la oposición todos los documentos y elementos que le permitan probar su derecho.
5) En el caso de un deudor obligado a llevar libros, el mismo deberá presentar igualmente con la oposición sus libros y
demás documentos contables. Si los elementos presentados por el deudor no fueran suficientes a juicio del Juez, éste
podrá decretar una pericia contable, que deberá realizarse en un plazo máximo de diez días hábiles. El perito será
designado por el Juez de la nómina de profesionales inscriptos en el Registro de Síndicos e Interventores Concursales.
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6) Para el caso de hacerse lugar a la solicitud de concurso, los honorarios del perito serán un crédito de la masa. Para el
caso de que no se haga lugar a la solicitud, los honorarios del perito serán de cargo del solicitante.
7) Presentada por el deudor la oposición o presentado el informe del perito, en su caso, el Juez convocará audiencia en un
plazo máximo de cinco días.
9) Dentro del plazo de cinco días de realizada la audiencia, el Juez decidirá sobre la declaración judicial de concurso.”
Art. 19: Contenido de la sentencia. La sentencia judicial que declare el concurso del deudor deberá contener:
2) Suspensión o limitación de la legitimación del deudor para disponer y obligar a la masa del concurso, según
corresponda.
4) Convocatoria de la Junta de Acreedores a celebrarse dentro del plazo máximo de ciento ochenta días.
En caso de solicitudes conjuntas de concurso (artículo 9º), el Juez designará en todos los procedimientos al mismo síndico
o interventor.”
No olvidar que suspensión es por sindicatura, y se da cuando el concurso es necesario o voluntario, insolvente; y
limitación es por intervención y se da sólo cuando el concurso es voluntario y solvente.
Art. 20: Inscripción de la sentencia. “El Juzgado comunicará directamente al Registro la inscripción de la sentencia, dentro
de las veinticuatro horas de dictada. El Registro la inscribirá de inmediato y el importe de la tasa registral tendrá el carácter
de crédito de la masa.
No existiendo recursos suficientes disponibles para cubrir las tasas registrales para la presente inscripción en el Registro,
así como de toda otra inscripción registral o solicitud de información del mismo tipo que prevea la presente ley, el Tribunal
las ordenará de oficio sin cargo. Inscripción en el registro nacional de actos propios”.
Art. 21: Publicación del extracto de la sentencia. “La publicación del extracto de la sentencia será ordenada y tramitada
directamente por el Juzgado, dentro de las veinticuatro horas de dictada la misma. La Dirección Nacional de Impresiones
y Publicaciones Oficiales lo publicará de inmediato y el costo de la publicación tendrá la calidad de crédito de la masa, las
publicaciones del extracto de sentencia de que trata este artículo, así como toda otra publicación en el Diario Oficial de
que trata la presente ley, deberá ser por el término de tres días.
En caso de que no existan recursos suficientes para la realización de cualquiera de las publicaciones que se deban realizar
durante el concurso, el Tribunal ordenará la publicación sin costo en el Diario Oficial por igual término que en el inciso
anterior, oficiando a la Dirección Nacional de Impresiones y Publicaciones Oficiales”.
Art. 251: Publicidad de los procedimientos. “Todos los procedimientos referidos en la presente ley serán públicos, salvo
resolución fundada del Tribunal. Se promoverá la difusión de las resultancias de los procesos concursales a los efectos de
informar a todas las personas directa o indirectamente interesadas en los mismos”.
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El edicto en un mundo perfecto debería contener:
Recursos
Art. 22: Recursos contra la sentencia. “La sentencia que declare el concurso será apelable por el deudor o por cualquiera
que tenga un interés legítimo, dentro del plazo de seis días de la última publicación. El recurso no tendrá efecto
suspensivo”.
Art. 252: Régimen de recursos. “Todas las resoluciones judiciales recaídas en el procedimiento concursal y en cualquiera
de sus incidentes serán recurribles con reposición, la que deberá ser interpuesta dentro del plazo de seis días de notificada.
Admitirán además recurso de apelación las resoluciones judiciales que se establecen a continuación:
1) Con efecto no suspensivo: la sentencia que declare el concurso (artículo 19), la referente a la recusación del síndico o
del interventor (artículo 31), la pronunciada en caso de impugnación del inventario (artículo 78), la recaída sobre la
impugnación de la lista de acreedores (artículo 105), la recaída sobre la oposición a la designación de la Comisión de
Acreedores (artículo 132), la que declare el incumplimiento del convenio (artículo 167), la que disponga la liquidación de
la masa activa (artículo 169) y la que declare el incumplimiento del acuerdo privado de reorganización (artículo 234).
2) Con efecto suspensivo: la sentencia que recaiga en caso de observaciones a las cuentas rendidas por el síndico o el
interventor (inciso tercero del artículo 40), la que acoja total o parcialmente la acción revocatoria (artículo 87), la que se
pronuncia sobre las oposiciones a la aprobación del convenio (artículo 155), la que resuelva las oposiciones a la calificación
del concurso (artículo 200), la que resuelva las oposiciones o impugnaciones a la suspensión del concurso (artículo 208),
la que resuelva las oposiciones a la conclusión del concurso por cumplimiento del convenio o íntegra satisfacción de los
acreedores (artículo 211) y la que resuelva las oposiciones al acuerdo privado de reorganización (artículo 228).
Ninguna resolución judicial recaída en el procedimiento judicial o en alguno de sus incidentes admitirá casación, con
excepción de la sentencia que hubiera calificado el concurso como culpable (artículo 201)”.
MEDIDAS CAUTELARES
Establecidas en el CGP, el cual rige de manera supletoria. La ley establece normas específicas sobre medidas cautelares.
Se pueden adoptar antes de la declaración del concurso, y después. No tiene plazo la medida, está vigente hasta que se
declare el concurso. Si bien dice que no se exige humo del buen derecho, peligro en la demora y contra cautela, se pueden
ver estas exigencias en la petición.
Algunas de las medidas que se pueden tomar son: el embargo preventivo de bienes y derechos, intervención en los
negocios y cualquier otra adecuada.
Art. 18: Medidas cautelares anteriores a la declaración del concurso. “En cualquier estado de los procedimientos antes
de la declaración judicial de concurso, a pedido y bajo la responsabilidad del solicitante, el Juez podrá decretar medidas
cautelares, tendientes a proteger la integridad del patrimonio del deudor. Estas medidas podrán consistir en el embargo
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preventivo de los bienes y derechos del deudor, en la intervención de sus negocios o en alguna otra adecuada a los fines
perseguidos.
Las medidas cautelares quedarán sin efecto una vez declarado el concurso o desestimada la solicitud.”
Art. 23: Medidas sobre la persona del deudor. “Conjuntamente con la sentencia de concurso o en cualquier momento
posterior de los procedimientos, el Juez, actuando de oficio o a instancia de parte, podrá disponer alguna de las siguientes
medidas cautelares:
1. Intervención de las comunicaciones del deudor relacionadas con la actividad profesional del giro. Aquellas de
carácter privado y personal serán entregadas al titular destinatario.
2. Prohibición al deudor de cambiar de domicilio y/o de salir del país sin la previa autorización del Tribunal. En caso
de personas jurídicas esta medida podrá ser dispuesta respecto de todos o de algunos de sus administradores o
liquidadores.”
La intervención de las comunicaciones del deudor es un resabio del régimen anterior, ya que se refería a la
correspondencia que tenía relevancia a los negocios, puede ser consultada.
La prohibición de la libertad ambulatoria se puede poner porque se necesita la participación del deudor en el proceso,
está obligado a cooperar en el proceso, art. 53 de la ley. En los concursos anteriores esta medida cautelar se decretaba
de plano, incluso a los administradores de la persona jurídica, esto era bastante perjudicial, porque no se delimita mucho
la medida. En la actualidad después de cierto plazo se levanta la medida, cuando se cumple el objetivo que es que
participe el deudor del proceso.
Art. 24: Embargo preventivo de los bienes y derechos de administradores, liquidadores e integrantes del órgano de
control interno. “En caso de concurso necesario de las personas jurídicas, siempre que de un examen preliminar del estado
patrimonial del deudor resulte que su activo no es suficiente para satisfacer su pasivo, conjuntamente con la sentencia o
en cualquier momento posterior, el Juez dispondrá el embargo preventivo de los bienes de sus administradores,
liquidadores o integrantes del órgano de control interno.”
Se prevé esta medida solo para el concurso de persona jurídica porque al inscribirse en el registro la sentencia de
declaración de concurso, la persona jurídica ya tiene determinados sus bienes y la protección de estos. En el caso de la
persona jurídica, se debe pedir para asegurarse la posibilidad de cobro.
Se podrá pedir siempre que el activo no sea suficiente para pagar el pasivo. Refiere al activo pasible de ejecución, lo que
tiene materialmente la persona, bienes liquidables.
Art. 25: Embargo de personas vinculadas anteriormente. “El Juez, de manera fundada, también podrá trabar embargo
sobre los bienes de ex administradores, ex liquidadores o ex integrantes del órgano de control interno, siempre que de un
examen preliminar de los hechos surja que, durante el plazo de dos años anteriores a la declaración de concurso,
conocieron el estado de insolvencia de la persona jurídica deudora.
Estos embargos se conservarán hasta la finalización de los procedimientos concursales, salvo que haya recaído una
sentencia judicial sobre la responsabilidad de cualquiera de los sujetos mencionados en el inciso anterior.”
Este articulo alcanza a los exadministradores. Se debe probar que el exadministrador conocía el estado de insolvencia de
la sociedad, durante el plazo de dos años anteriores la declaración del concurso. Hay un problema de prueba, se deberá
probar que conocía la insolvencia. Es una facultad del juez tomar esta medida o no.
Hay una discusión doctrinaria si se trata este artículo es solo para el concurso necesario o si puede aplicar a los voluntarios
también.
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ÓRGANOS DEL CONCURSO
Son éstos los instrumentos y mecanismos de una estructura procesal, que a su vez se distinguen de las partes formales
en esa ejecución colectiva (el concursado y sus acreedores).
La existencia de estos órganos se hace necesaria pues, el concurso es un proceso complejo que requiere el impulso, el
contralor y la vigilancia de los distintos involucrados.
Algunos de estos órganos son unipersonales (están integrados por un único titular como el Juez, el Síndico o el
Interventor), otros son pluripersonales o colegiados (caso las Juntas y la Comisión de Acreedores).
Unos son necesarios e indispensables (Tribunal, síndico o interventor); y otros son de existencia contingente (caso de la
Comisión de acreedores).
Se pueden identificar como órganos del concurso a los siguientes: a) el Tribunal concursal en toda su complejidad; b) la
Junta de Acreedores; c) la Comisión de Acreedores d) la Sindicatura y la Intervención.
En el concurso, el Tribunal desempeña una doble función, por un lado de contenido jurisdiccional y del otro
administrativo. En el primero de los aspectos actúa decidiendo un conflicto entre particulares, pronunciando diferentes
sentencias tanto interlocutorias como definitivas que dan solución a los diferentes problemas que es plantean en el
concurso. En el segundo de los aspectos actúa cuando es practica el desapoderamiento de un patrimonio, se procede a
su administración fiscalizada y a su posterior ejecución, todo lo cual se lleva a cabo con injerencia del Tribunal del
concurso, bien sea en forma directa o a través de la sindicatura.
En la materia concursal tenemos a los únicos juzgados con especialización en materia comercial, los Juzgados Letrados
de Concurso de la Capital, con competencia para entender en todos los concursos de la Capital y en aquellos del interior
que sean por un pasivo mayor al de 35 millones de UI, en aquellos que sean por un pasivo menor en el interior tendrá
competencia el Juzgado Letrado con Competencia en lo Civil del lugar donde sea el concurso. En esta materia existirá el
fuero de atracción por tanto todos los procesos que se estén tramitan relativos al patrimonio, los juicios laborales, los
relativos a créditos prendarios o hipotecarios del deudor concursado pasaran a conocimiento del Juzgado con
competencia en el Concurso (Los Letrados de Concurso de la Capital cuando sean de Montevideo o de más de 35 millones
de UI en el Interior o los Juzgados Letrados con Competencia en los Civil en el Interior en casos de menos de 35 millones
de UI de pasivo).
En la segunda Instancia en tanto no se creen los Tribunales de Apelaciones de Concursos se distribuirán estos casos entre
los tribunales de apelación en lo civil. La acordada 7643 le otorgó competencia especial al Tribunal de Apelaciones en lo
Civil de 7mo turno.
SECRETARIOS CONTADORES
Por disposición de la ley dando un paso muy importante para la tecnificación de los juzgados especializados en materia
concursal se crea a los secretarios contadores, existiendo uno por cada uno de los Juzgados de Concurso. Son Contadores
Forenses que dependen del PJ, tiene la función de asesorar al Juez Letrado de Concurso en materia contable aunque su
dictamen no es vinculante para el Magistrado.
Actualmente está funcionando la Unidad con la menuda tarea, no sólo de asesorar a los dos Juzgados de Concursos
existentes en Montevideo, sino también a todos los Juzgados Letrados del Interior en todos los trámites concursales que
se les presenta.
47
JUNTA DE ACREEDORES
INTRODUCCIÓN
Nuestro sistema legal le otorga a los acreedores un importante papel en el desarrollo del proceso del concurso.
Los acreedores pueden actuar individualmente, cuando persiguen su interés personal, por ejemplo cuando un acreedor
presenta su crédito para la verificación, cuando apela el auto de apertura del concurso, o cuando recurre las resoluciones
de la Junta de Acreedores en materia de verificación de sus créditos.
Por otra parte, pueden actuar en forma colectiva, como cuando lo hacen reunidos en juntas de acreedores y su decisión
es requerida por la ley para adoptar determinadas soluciones que se imponen a cuantos es encuentran involucrados en
el procedimiento. Ejemplos de ese actuar colectivo son: la decisión acerca del informe del Síndico o del Interventor, la
forma de la liquidación de los bienes, votar a favor de un convenio o en contra, etc.
Profusamente se ha discutido en doctrina, sobre la naturaleza jurídica que revisten las Juntas de Acreedores de los
procesos concursales. Algunos autores hablan de una asociación o sociedad, conceptos que se podrían emplear en
sentido figurado; pero no en sentido jurídico estricto, pues faltan los elementos indispensables para configurar una
verdadera sociedad. No existe entre los acreedores ni el ánimo de unión o permanencia, ni el "affectio societatis", sino
que están vinculados en función de un destino común, pero producto de razones ajenas a sus voluntades, provenientes
de ser acreedores de una misma persona física o jurídica.
La ley crea este órgano para permitir la participación activa de los acreedores en el proceso y organiza su constitución y
funcionamiento, encomendando al juez su contralor.
Las resoluciones que adopta la Junta de Acreedores son obligatorias para todos los acreedores, aún para los disidentes,
los ausentes y el propio síndico o interventor, quienes están obligados a respetarlas.
CONSTITUCIÓN
El art. 115 dispone como se constituye la Junta, que "se reunirá en el lugar, día y hora fijados en la sentencia de declaración
de concurso bajo la presidencia del Juez del Concurso".
Sucede que muchas veces por el número de acreedores que se supone concurrirán (expectativas frustradas la mayoría
de las veces) la Junta no se convoca a la Sede judicial, siempre pequeña para albergar un número de asistentes creciente.
La junta se considerará válidamente constituida cualquiera sea el número de acreedores y el porcentaje de pasivo
concurrentes, asista o no el deudor. Esto quiere decir que no se exige quórum mínimo, pudiendo sesionar válidamente
una junta de acreedores con escasa asistencia o incluso con un solo acreedor. Lo que bien sucede es que si bien puede
sesionar, no podrá adoptar decisiones, porque para su aprobación, requieren que sean votadas por acreedores
quirografarios con derecho a voto que representen, como mínimo la cuarta parte del pasivo quirografario del deudor.
Prórroga: las Juntas de Acreedores sólo podrán prorrogarse con carácter excepcional. La solicitud de prórroga planteada
por el deudor, será resuelta por el Tribunal en audiencia, atendiendo el voto mayoritario de los acreedores concursales
presentes. Las deben votar los acreedores presentes. Debate: si un acreedor no quirografario vota prórroga, ¿pierde
privilegios? Dos opciones: Sí, ley no quiere que vote en ninguna etapa. No: el art. 115 dice que si vota en audiencia, pierde
los privilegios de privilegios. Profesores: jamás votar.
“El Actuario del Juzgado del concurso actuará como secretario de la Junta”.
48
La inasistencia del sindico o del interventor, sin justa causa, será sancionada por el Juez con multa de hasta el cinco por
ciento del total del pasivo concursal.
Respecto de la posibilidad de agotar el orden del día de la Junta de Acreedores en la sesión de un solo día, el art. 116
reitera lo que ya existía en el antiguo régimen de quiebras, permitiendo su continuación otros días consecutivos. Este
tema de la prórroga de sesiones a la larga termina convirtiéndose en verdaderas prórrogas de la Junta, dada la escasa
disponibilidad de horas de las Sedes judiciales para dedicarle días consecutivos a sesionar.
Asistimos a una innovación en materia de asistencia a la Junta por parte del deudor. Antes se permitía que el deudor
asistiera por sí y por intermedio de apoderado. En cambio el art. 117, impone el deber de asistencia personal, y en caso
de personas jurídicas, el deber de asistencia corresponde a los administradores o liquidadores que tengan poder de
representación.
RÉGIMEN DE INASISTENCIAS
Interventor o síndico: multa 5% pasivo. Art. 115: “La inasistencia del síndico o del interventor, sin justa causa, será
sancionada por el Juez con multa de hasta el 5% (cinco por ciento) del total del pasivo concursal”.
Deudor: Presunción relativa de culpabilidad (art. 194. inc. 2): + artículo 117 (deber de asistencia personal del deudor).
Respecto de los acreedores, el art. 118 dispone que sólo tienen derecho de asistencia a la Junta: "los acreedores
concursales cuyos créditos hubiesen sido verificados".
Ese mismo artículo 118, en referencia a un Presidente de Junta cuyo origen explicamos, lo faculta para "autorizar la
asistencia de cualquier persona que juzgue conveniente", algo innecesario si es que del Juez estamos hablando. Peor aún:
"La Junta de Acreedores podrá revocar esta autorización en cualquier momento". Como si los acreedores pudieran
enmendarle la plana al magistrado.
Referente a los acreedores, quizá lo más importante sea el punto de su representación. La ley 18.387 determina que los
acreedores podrán asistir a la Junta en forma presencial o representados voluntariamente o representados legalmente
(esto sólo aplicable a cierto tipo de acreedores por hasta determinado monto).
Creemos que el secretario (el actuario judicial, casi siempre imbuido del imprescindible formalismo) deberá estar
informado acerca de estas circunstancias para evitar problemas en ocasión de confeccionar la lista de asistentes del art.
121.
REPRESENTACIÓN
También el art. 119 presenta una disposición muy útil: "No será válida la representación conferida al deudor o a personas
especialmente relacionadas con éste, sean o no acreedores". Decimos útil, porque si la ley no quiso que por la vía de la
cesión de créditos (art. 126) ingresaran a la Junta acreedores ficticios, menos podrían hacerlo representando a acreedores
las personas relacionadas con el deudor del art. 112.
No hay límite al número de representaciones, al contrario del concurso civil del CGP, ni como en el derogado art. 1678
del Código de Comercio (quiebra): “Ningún acreedor tendrá más de un voto en las resoluciones de la Junta aun cuando
represente a varios acreedores…”.
Esa amplitud de representación se refleja en que “Los acreedores podrán hacerse representar en la Junta por medio de
otra persona sea o no acreedor” (art. 119). Alcanza con una autorización escrita, sin otro formalismo que autorice a una
persona física, hábil y mayor de edad (otro acreedor, el gerente o factor propio, un letrado, contador, etc.) o a una
Institución (cámara, sindicato, asociación, cooperativa, etc.) para asistir a la Junta de acreedores en su representación y
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facultarlo para votar en ella en nombre del representado. Se le resta formalismo a una Junta que es de acreedores por
más que se celebre judicialmente.
Acerca de la representación legal de pequeños acreedores, el art. 120 introduce una novedad, de alcances
insospechados. "Los pequeños acreedores ordinarios que no asisten a la Junta serán representados legalmente por el
síndico o interventor a los solos efectos de la consideración y votación de la propuesta de convenio presentada por el
deudor".
Se consideran pequeños acreedores aquellos que sean titulares de un crédito por importe inferior a UI 50.000 (Unidades
Indexadas cincuenta mil) y los que, aún superando esa cifra, sean titulares de un crédito inferior al cociente de dividir por
diez mil el total del pasivo. En ningún caso tendrán la consideración de pequeños acreedores el Estado, los demás entes
públicos, las entidades de intermediación financiera, las compañías de seguros, y las sociedades administradoras de
fondos de ahorro previsional y de fondos de inversión.
Para el profesor, lo mejor es no votar en representación de pequeños acreedores cuando sos síndico o interventor,
porque en realidad es imposible satisfacer a todos con tu voto, por lo que lo mejor es no votar.
• Olvida la ley que cuando los acreedores no asisten a una Junta de acreedores de un deudor común, también
están expresando su voluntad. Con su ausencia ya están emitiendo una opinión acerca de ese deudor. Cuando
el acreedor tiene interés de emitir opinión a favor o en contra concurre presencialmente sin importar el monto
de su crédito.
• No es formando mayorías (o al menos minorías decisivas) presuntivas de acreedores que las salidas concursales
se viabilizan.
• No es un problema de costos, es una cuestión de falta de fe lo que determina la prescindencia del acreedor.
Además, ¿qué va a votar el Síndico o Interventor respecto de la propuesta del Convenio y quién define su
posición?
Según el art. 122: "La Junta de Acreedores considerará necesariamente el siguiente orden del día:
Se trata de un modelo mínimo, pero no quiere decir que el desarrollo de la junta se ciña solo a tratar estos temas.
El primer punto a abordar es el Informe del Síndico o interventor: tiene que ser presentado al Juzgado con una
anticipación mínima de 30 días a la fecha fijada para la Junta de Acreedores (art. 124). Permite que los acreedores cuenten
en forma anticipada con los datos necesarios para votar resoluciones en forma fundada.
El informe del síndico o del interventor del art. 123 tendrá el siguiente contenido:
1. Memoria explicativa de la historia económica y jurídica del deudor, de la actividad o actividades a que se dedica
o hubiera dedicado y de las oficinas, establecimientos y explotaciones de que fuera titular, así como de las causas
del estado en que se encuentra.
2. Estado de la contabilidad del deudor, con expresión de las infracciones legales y reglamentarias en que hubiera
incurrido.
3. Memoria de la tramitación del concurso de acreedores.
50
4. Si al momento de la declaración de concurso el activo fuera inferior al pasivo, el informe contendrá la relación
de los bienes y derechos que deban ser objeto de reintegración a la masa activa.
5. La forma más conveniente de proceder a la liquidación de la masa activa.
6. La tasación a valor de liquidación de la empresa en partes.
Según el art. 123 la función informativa del Síndico o interventor parece ampliarse pero el contenido del informe es el
mismo de siempre.
Si en la Junta no se logra aprobar alguna propuesta de convenio que permita la continuidad de las operaciones del deudor
inevitablemente se irá a la liquidación (art. 168), y el síndico o el interventor deberán proponer la mejor forma de liquidar
la masa activa para hacer frente a las deudas contraídas.
Hay que recordar que la liquidación de la masa es de último recurso ya que se prefiere o bien la continuidad por la
celebración de un acuerdo con los acreedores o la venta en bloque de la empresa para permitir que siga funcionando
aunque cambien sus titulares.
El régimen general para la aprobación de decisiones en Junta de Acreedores es el dispuesto por el art. 125, donde
requieren: "el voto a favor de acreedores quirografarios que representen una porción del pasivo del deudor con derecho
a voto superior a la que vote en contra, siempre que los votos favorables representen, como minimo, la cuarta parte del
pasivo quirografario del deudor, deducida la parte correspondiente a los acreedores sin derecho de voto".
Este régimen es el aplicable en general para todas las decisiones de la Junta de Acreedores, aunque en lo atinente a la
propuesta de convenio, presenta unas particularidades sobre las mayorías necesarias para su aprobación.
El art. 125 implica que la Junta de Acreedores requiere un quórum mínimo para sesionar y adoptar decisiones válidas
(cuarta parte del pasivo quirografario del deudor con derecho a voto) siempre y cuando nadie vote en contra o se
abstenga. Si ese quórum mínimo no se encuentra al comienzo de la Junta, se deberá consignar pues si bien de acuerdo
al art. 115 "in fine" puede sesionar, abortarán las posibilidades de adoptar decisiones sobre las cuestiones trascendentes
que consten en su orden del día.
La nueva ley plantea además una forma especial de votar en Junta de Acreedores. La votación "nominal y pública, en el
orden en que los acreedores figuren en la lista aprobada por el Juez", será emitida a favor o en contra de una decisión.
Esto es así porque la ley exige en un primer conteo, contabilizar el porcentaje de créditos que vota a favor como el que
lo hace en contra.
O sea que para admitir un informe, designar una Comisión de Acreedores, aprobar un convenio, debe triunfar la moción
positiva (obviamente sumando más créditos que los votos en contra) pero además debe superar un piso mínimo para
que se tenga por aprobada esa decisión.
En situaciones de quórum ajustado, los votos en contra y las abstenciones restan posibilidad a la moción positiva, porque
pueden impedir que los "votos favorables representen, como mínimo, la cuarta parte del pasivo quirografario del deudor”
deducida la parte sin derecho a voto.
El art. 125 finaliza disponiendo que "Las decisiones de la Junta de Acreedores no serán impugnables, sin perjuicio de la
posibilidad de recurrir la decisión judicial que las homologue".
51
Los no quirografarios por beneficio no votan, ya que se cobran primero de la masa, si votan pierden el privilegio, porque
ese voto no sería objetivo, sería o despreocupado o para jorobar a otro. No obstante, tenés la doble calidad se entiende
que votas por la quirografaria, a menos que lo digas específicamente. El art. 127 expresa que el acreedor privilegiado que
vote en la Junta de Acreedores se entenderá que renuncia a su privilegio general o especial, transformándose en un
acreedor quirografario.
1) Las personas especialmente relacionadas con el deudor, mencionadas en el artículo 112. Son privados del voto los
acreedores subordinados, aquellas personas unidas por lazos de consanguinidad, parentesco, matrimonio o afecto, o por
ser socios, administradores o liquidadores, o sociedades vinculadas con una sociedad deudora.
2) Los acreedores quirografarios cuyos créditos se encuentren adecuadamente garantizados con derechos reales de
garantía sobre bienes o derechos de terceros, o en cualquier otra forma. La norma no se refiere a los créditos con
privilegio especial (prenda e hipoteca) sino a aquellos acreedores quirografarios con derechos reales sobre bienes o
derechos de terceros (acreedores con fianza real). Entiende que tienen preeminencia frente a los demás acreedores
quirografarios, pues gozan de cierta seguridad en el cobro. ¿Cómo interpretamos que “se encuentren adecuadamente
garantizados”? ¿Cuándo una garantía se considera adecuada? ¿Es por su forma o por la solvencia de la cobertura? Hoy
en día se entiende que hay que ver si la garantía es suficiente observando la obligación a la cual está garantizando.
3) Los acreedores que, después de la declaración judicial de concurso, hubieran adquirido el crédito por actos ínter
vivos, salvo que la adquisición hubiera tenido lugar a título universal o como consecuencia de ejecución judicial o
extrajudicial. La ley castiga con la pérdida del voto a aquellos acreedores, que a título singular (vía cesión) haya adquirido
créditos contra el concursado después de declarado el concurso, porque se quiere reprimir la maniobra más común en
la materia concursal. No castiga sin embargo la representación (vía mandato irrevocable) para votar en Junta
4) “Los acreedores en situación de conflicto de intereses”. Priva del voto a aquellos acreedores quirografarios que por
razones fundadas tienen cuestionado su crédito en cuanto a su pertinencia o veracidad. ¿No están todos los acreedores
en “conflicto” con sus deudores?
Art. 127: “El acreedor privilegiado que vote en la Junta de Acreedores se entenderá que renuncia a su privilegio general o
especial, transformándose en un acreedor quirografario”.
Impone una solución común al derecho concursal universal, ya que el concurso afecta fundamentalmente a los
acreedores quirografarios, los acreedores privilegiados deben abstenerse de emitir su voto.
Si el mismo acreedor es titular de créditos quirografarios y privilegiados, “se entenderá que vota exclusivamente por los
créditos quirografarios, salvo que, al emitir el voto, manifieste que vota por la totalidad de los créditos”.
52
COMISIÓN DE ACREEDORES
Órgano de expresión de los acreedores, que resulta de utilidad para solucionar problemas concursales. Se trata de un
órgano de creación facultativa, no de existencia necesaria. Cuando los acreedores negocian directamente con el deudor
se viabilizan salidas a la situación concursal (mejor que nadie los acreedores conocen la situación comercial y patrimonial
del gestionante), pero se necesitan interlocutores válidos para negociar (se seleccionan unos pocos acreedores). Esto
facilita el arbitrio de soluciones concursales, que requieren un alto grado de adhesión y mayorías.
CONSTITUCIÓN DE LA COMISIÓN
Art. 50: “(Designación de un administrador o una Comisión de Acreedores por los acreedores)
Sin perjuicio del régimen de suspensión o limitación de la legitimación del deudor para disponer y obligar la masa del
concurso, en cualquier estado de los procedimientos, en audiencia o mediante acta notarial, acreedores quirografarios
con derecho de voto, que representen por lo menos la mayoría del pasivo quirografario con derecho de voto, podrán
nominar un administrador del patrimonio y del giro del deudor durante el concurso.
En este caso, el administrador designado por los acreedores sustituirá al síndico o al deudor, según los casos, en la función
de conservación o administración del patrimonio y del giro del deudor. Igual mayoría de acreedores tendrá la facultad de
designar una Comisión de Acreedores que controle el desarrollo de los procedimientos y colabore en la búsqueda de
soluciones a la situación de insolvencia del deudor”.
Para formar la comisión se necesita el voto de la mayoría del pasivo quirografario con derecho a voto. No está identificado
el convocante, la iniciativa la puede tener cualquiera, incluido el deudor que quiera generar un ámbito de diálogo para
convenir los términos de una salida.
Se puede hacer en cualquier estado de los procedimientos, no hay que esperar al proceso de verificación. Se hace
mediante una designación ad referéndum, con un contralor ex post facto, sobre los acreedores que se consideren
relegados o mal representados. Sobre la representación de los acreedores, la ley no exige junta, ni actividad extrajudicial,
no tiene exigencias formales.
No es imprescindible ceñirse al procedimiento de votación del art. 131, pero es consciente que se consigne el orden de
elección, sobre todo si resultan elegidos acreedores que no estaban en la reunión.
Importa en el acta notarial que se individualice a los electos y quienes le siguen en orden de preferencias, por si hay
rechazos o renuncias. Y sobre todo que se individualicen todos los partícipes en esa reunión para determinar si
representan al menos la mitad del pasivo.
1. Instancia de designación judicial: En junta de acreedores, integrando el orden del día o en audiencia convocada en
cualquier etapa de los procedimientos. Puede instarlo cualquier sujeto del concurso. 132 y cualquiera podrá oponerse a
la aprobación judicial de la elección de los miembros de la comisión alegando infracción a la ley. El acreedor impugnante
debe esperar la homologación judicial para plantear reposición. 125 inciso final.
2. Extrajudicial: Por acta notarial con la mitad más 1 del pasivo votante. Art. 50: “En cualquier estado de los
procedimientos, en audiencia o mediante acta notarial, acreedores quirografarios con derecho de voto, que representen
por lo menos la mayoria del pasivo quirografario con derecho de voto. tendrá la facultad de designar una Comisión de
Acreedores que controle el desarrollo de los procedimientos y colabore en la búsqueda de soluciones a la situación de
insolvencia del deudor".
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No importa por qué medio llegó a su conocimiento tal reunión (prensa, convocatoria epistolar, por comunicación
electrónica, etc.).
No es necesario que esté identificado el convocante, no existe limitación respecto de la iniciativa. Si bien es un órgano
de expresión de los acreedores, no hay impedimento a que los cite un deudor interesado en generar un ámbito de diálogo
para convenir los términos de la salida concursal.
Respecto del momento de la convocatoria extrajudicial: ¿Es necesario, que esté finalizado el proceso de verificación,
para proceder a la convocatoria extrajudicial? No, pues desvirtuaría la posibilidad de hacerlo en cualquier estado de los
procedimientos. Pero, ¿Cómo se sabe cuáles son y cuanto suman los acreedores con derecho a voto? Es posible una
designación ad referendum con un contralor “ex post facto” sobre todo de los acreedores que se consideren relegados o
mal representados.
Sobre la representación de los acreedores, la ley no plantea mayores exigencias formales. No las exige en la Junta, menos
en una actividad extrajudicial.
No es imprescindible ceñirse al procedimiento de votación del art. 131, pero es conveniente que se consigne el orden de
elección, sobre todo por si resultan elegidos acreedores que no estaban presentes en la propia reunión.
Importa que el acta notarial, individualice a los electos, y quienes le siguen en orden de preferencias, por si existen
rechazos o renuncias. Y sobre todo que se individualicen todos los partícipes en esa reunión para determinar si
representan al menos la mitad más uno del pasivo quirografario con derecho a voto.
ELECCIÓN DE INTEGRANTES
Art. 130: “La junta de Acreedores podrá nombrar una Comisión de Acreedores, compuesta de tres miembros titulares y
tres suplentes preferenciales”.
Art. 131: "Serán elegidos miembros titulares de la Comisión de Acreedores aquellos tres acreedores que obtengan un voto
favorable representativo de mayor proporción del pasivo quirografario.
Serán elegidos miembros suplentes de la Comisión de Acreedores, por su orden, los acreedores que le sigan en la votación.
Cada acreedor votará asignando el importe de su participación en el pasivo quirografario de la masa pasiva a los
candidatos, pudiendo optar por adjudicar todo el monto de su crédito a uno solo o distribuirlo entre varios".
Además el art. 132 dispone que cualquier acreedor podrá oponerse a la "aprobación judicial de la elección de los
miembros de la Comisión de Acreedores alegando infracción a la ley".
El art. 133 regula la aceptación de los cargos, partiendo de la base que se están eligiendo miembros de una Comisión a
acreedores que no están presentes en el acto (judicial o extrajudicial) para el que fueron elegidos. Para ello dispondrán
de 24 horas, para manifestar si aceptan o rechazan el cargo, con una advertencia: en caso de falta de manifestación se
presumirá que el acreedor ha aceptado el cargo y asume, a partir de ese momento, los cometidos y responsabilidades
inherentes al mismo.
Cuando no aceptan los titulares son convocados los suplentes de acuerdo a los votos que hubieran obtenido. Agotada la
lista de suplentes, las vacantes serán cubiertas por el Juez del Concurso.
Como se trata de cargos fácilmente renunciables, podrían ser elegidos representantes de los acreedores, caso de
apoderados, delegados, asociaciones, etc. ya que no hay prohibición al respecto.
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Una de las explicaciones de que exista tanta renuncia a asumir esta gestión es el art. 134 que dispone el carácter gratuito
del cargo. Aunque la ley innova posibilitando que “los miembros titulares de la Comisión de Acreedores tendrán derecho
a ser reembolsados de los gastos en que incurran por razón del ejercicio del cargo”. El alcance del reembolso de los gastos
en que incurran no está determinado, así como tampoco quién afrontrá los mismos y por qué concepto.
Finalmente el art. 137 contempla las hipótesis de separación del cargo de los miembros de la Comisión, cuando "exista
justa causa". El alcance de la justa causa no está precisado aunque suponemos que podrían considerarse como causas
más comunes para la separación del cargo, asumir comportamientos tendientes a obtener un tratamiento preferencial,
hipótesis de colusión entre el interés de los acreedores y el del deudor, conductas de competencia desleal, utilización
espúrea de información proveniente de la concursada, etc. Son todas conductas reñidas con la ética empresarial,
incompatibles con la función, aunque no necesariamente tipifiquen delitos. El juez podrá actuar de oficio (es una de las
pocas veces que la ley concursal lo permite) o a petición de cualquiera de las personas legitimadas para solicitar la
declaración de concurso (art. 6), del Síndico o del Interventor.
De acuerdo al art. 136, la Comisión de Acreedores que se designe tiene los cometidos que le asigna la ley 18.387,
adoptando sus decisiones por mayoría de sus integrantes y "el régimen de organización y funcionamiento de la Comisión
de Acreedores será establecido por la propia Comisión y, si no existiera acuerdo, por el Juez del Concurso".
Sus cometidos son desarrollar una labor de control y asesoramiento, pues en todos aquellos casos en que estas
Comisiones están en funciones, se constata que tanto los Tribunales como los propios acreedores depositan una alta
dosis de confianza en sus afirmaciones, al considerarlas en contacto más directo con el deudor y su problemática. Sus
sugerencias son en gran número aceptadas por la masa acreedora, posibilitando que en trámites concursales con decenas
(o centenas) de acreedores, un grupo limitado de ellos, representativo de los intereses comunes, conozca en profundidad
el tema e ilustre a los restantes acreedores, al Tribunal o a los órganos del concurso (síndicos o interventores). La labor
de control se constata a través de las múltiples oportunidades en que la ley asigna a la Comisión la posibilidad de exigir
al Síndico o al Interventor rendición de cuentas de su tarea. Es más, no está limitado el número de veces que puede
plantearle al Síndico o al Interventor cuentas de su gestión.
Posibilidad de estatuto con normas mínimas de funcionamiento. Es gratis, y además la ley quiere que me rompa el lomo
haciendo un estatuto, no molestes, ya estamos todos en acuerdo, hacemos un estatuto mínimo y vamos viendo. En el
pacto concursal (propuesta de Convenio, APR) podrá disponerse tanto la continuidad de la Comisión de acreedores
actuante como una nueva integración de la misma, fijar nuevos cometidos podrán ser extendidos, ampliados, limitados,
condicionados sin límites.
SÍNDICOS E INTERVENTORES
Son quienes administran los bienes del deudor, realizan y encauzan tareas de depuración del pasivo y reconstitución del
activo, administran en forma exclusiva o compartida el patrimonio concursado, intervienen en la concreción de una
solución convenida entre deudor y acreedores, y cuando eso no es posible propician la venta en bloque de la empresa
concursada o en su defecto proceden a la liquidación de los bienes y el reparto de su producido y además actúan dirigen
e intervienen en todos los procedimientos relacionados con el concurso.
La diferencia entre el síndico y el interventor está en que el síndico sustituye al deudor en la administración y disposición
de sus bienes y actuara en la hipótesis de concurso necesario o cuando siendo voluntario el pasivo es mayor que el activo
(art 45 numeral 1 y 2). El interventor administra los bienes junto con el deudor, cuando este queda limitado en su
legitimación para disponer, en la hipótesis que se trate de un concurso voluntario y que el pasivo no supere al activo. Así
vemos que respecto que ocurrirá con el órgano de administración de la Persona Jurídica Concursada habrá que
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determinar si el concurso es voluntario o necesario, siendo el concurso necesario (cuando se designa un síndico) o
voluntario en la hipótesis que se designa a un síndico el órgano de administración seguirá existiendo pero será
remplazado en sus funciones por el síndico, en caso de concurso voluntario (en la hipótesis de actuación de interventor)
el órgano seguirá existiendo y funcionando conjunto al interventor.
CARACTERES
Los caracteres del síndico e Interventor es que es unipersonal, es un auxiliar designado por el Juez, no es delegable, es
irrenunciable, personalísimo y de designación obligatoria.
En cuanto a su naturaleza jurídica es discutida, no parece lógico que se trate como vemos con Camilo Martínez de un
representante del concursado puesto que muchas veces actúa como parte opuesta a este como cuando califica el
concurso. Según expresa el art. 55 se trataría de un representante de los acreedores lo que es recogido también en el
art. 120 como vemos con Holz y Rippe, sin embargo como vemos con Martínez en ciertas circunstancias también actúa
en oposición a estos. Al entender de Martínez la conceptualización más correcta es la de entenderlo como un órgano
del concurso, con su estatuto, facultades y funciones consagradas en la ley, como un auxiliar de la justicia, eso sí que
debe actuar protegiendo los intereses de los acreedores.
El art. 26 dispone como se lo designa al síndico o interventor, esto será a través de la sentencia que declara el concurso
pudiendo ser designados los sujetos que cumplan determinados requisitos:
La SCJ llama cada 4 años a los interesados a integrar dicha lista que consta de 30 titulares y 30 suplentes. La última lista
aprobada es del año 2022.
El inc. final del art. 26 establece que en concursos situados en el interior y en los pequeños concursos, se pueden designar
como síndicos a profesionales universitarios sin necesidad que estén inscriptos en el Registro siempre que se trate de
Abogados, Contadores o Lic. En Administración de Empresa con un mínimo de cinco años de ejercicio o egresados de los
Cursos de Especialización para Síndicos e Interventores Concursales. Se establece un máximo de 2 concursos por año en
los que cada Síndico o Interventor puede participar.
REGISTRO Y EVALUACIÓN
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Entre los inscriptos (profesionales universitarios con cinco años de ejercicio) se practicará una selección teniendo en
cuenta los antecedentes y la experiencia de los postulantes. Se otorgará prioridad a los “egresados de los cursos de
especialización para Síndicos e Interventores concursales dictados por entidades universitarias o instituciones gremiales
de profesionales universitarios”. Mientras tanto (art. 27) se dispone un régimen transitorio: “Hasta tanto no existan
egresados de estos cursos en número suficiente, se dará prioridad a los abogados, contadores públicos o licenciados en
administración de empresas”.
Este Síndico o Interventor puede ser desplazado como vemos en el art. 50 por los acreedores y ser sustituido por un
administrador, sin embargo este desplazamiento es solo en cuanto al rol de conservación de la masa activa en todos los
otros aspectos vinculados a la actuación judicial este sindico conservara sus labores.
En selecciones futuras (“vencido el plazo de cuatro años los síndicos e interventores concursales anteriores podrán
participar en una nueva elección”) resultan importantes los antecedentes, la experiencia de los postulantes, y la
puntuación adjudicada por la Unidad de Evaluación de Síndicos (art. 260), que dependerá de la SCJ (aún no se ha
constituido), y estará integrada por cinco miembros.
Al Registro (arts. 42 y 43) está obligado el Juez del concurso a comunicarle dentro de los tres días siguientes de ocurrido
todo hecho o acto registrable del cual haya tenido conocimiento: ceses, recusaciones, negativas a aceptar, acciones de
responsabilidad, sanciones, etc.
PROHIBICIONES E INCOMPATIBILIDADES
En el art. 28 vemos una serie de prohibiciones e incompatibilidades, estableciéndose que no podrán ser designados
síndicos o interventores:
1. Quienes no puedan ser administradores de sociedades comerciales: quienes no tengan capacidad del comercio
o lo tengan prohibido.
2. Quienes hubieran prestado cualquier clase de servicios profesionales al deudor o a personas especialmente
relacionadas con este en los últimos cinco años.
3. Quienes hubieran sido designados en el último año síndicos o interventores en dos concursos. A estos efectos,
los nombramientos efectuados en sociedades pertenecientes al mismo grupo se computarán como uno sólo. En
el caso de sociedades de profesionales e instituciones gremiales de empresarios con personería jurídica, este
número se elevará a diez.
El art. 31 prevé que "son causas de recusación las circunstancias constitutivas de incompatibilidad o de prohibición, asi
como Ias establecidas por la ley procesal para la recusación de los peritos”.
Art. 325 CGP: “Será causa de recusación toda circunstancia comprobable que pueda afectar la imparcialidad del Juez por
interés en el proceso en que interviene a afecto o enemistad en relación a las partes o sus abogados y procuradores, asi
como por haber dado opinión concreta sobre la causa sometida a su decisión (prejuzgamiento)".
Pueden recusar al Síndico o Interventor cualquiera de las personas legitimadas para solicitar la declaración del concurso,
o sea, todas las enumeradas en el art. 6.
El procedimiento de recusación será el establecido en el CGP para la recusación de peritos y además no tendrá efecto
suspensivo sobre el concurso. Recordamos que además las recusaciones contra Síndicos e Interventores se deben anotar
en el Registro respectivo.
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Luego de designado en la resolución jurisdiccional que declara el concurso como vemos en el art. 29 se le comunicará el
nombramiento al designado (por el medio más rápido) debiendo este en los cinco días siguientes aceptar el cargo, no
pudiendo rehusarse salvo que medie causa grave, la cual será apreciada por el juez con criterio estricto o que renuncie
además a su inscripción en el Registro de Síndicos o Interventores. En caso de no aceptación el Juez procederá a una
nueva designación, luego de aceptado el cargo el nombrado solo podrá renunciar por causa grave.
AUXILIARES
Cuando la complejidad del concurso así lo exija, el síndico o el interventor podrá solicitar del Juez autorización para
nombrar auxiliares. La resolución judicial que conceda la autorización especificará las funciones a desarrollar por dichos
auxiliares, así como la retribución que les corresponda, la cual será de cargo del síndico o del interventor, salvo casos de
gran complejidad a juicio del Juez.
El art. 32 establece que el Síndico o Interventor deberá actuar con la diligencia del ordenado administrador y de un
representante leal.
1. Ordenado administrador: el estándar que establece el del ordenado administrador es diferente al del buen hombre
de negocios, pero no será un estándar de administración civil destinado a la conservación del patrimonio sino que será
un estándar de administración comercial destinado al aumento patrimonial implica un obrar planificado, metódico e
informado destinado a mantener en marcha dentro de lo posible a la empresa concursada (recordar principio de
conservación de la empresa) sin embargo no se debe olvidar de la situación en la que se está y no se puede pedir milagros
al Síndico o Interventor, para una empresa concursada será difícil ganar una licitación, que se le otorgue una línea de
crédito no hay que olvidarse que el Síndico esta muchas veces en una posición de poco margen de maniobra para la
conservación del emprendimiento. Como lo reitera Alejandro Miller “es el capitán del titánica”.
Lo novedoso y llamativo, es que la reforma promueve la administración exclusiva por parte del Síndico, pues en las
hipótesis de concurso necesario el deudor o el administrador anterior, son separados de la dirección, al serles suspendida
la legitimación para disponer y obligar a la empresa concursada. El art. 46 nal. 2 dispone que solamente el síndico estará
legitimado para realizar actos de administración y disposición sobre los bienes y derechos que forman la masa activa del
concurso.
2. Representante leal: cabe recordar que será un representante leal de los acreedores. Su labor es la de auxiliar del
tribunal a través de la cooperación con el Juez en el proceso de concurso y la de la emisión de dictámenes imparciales.
Entendemos que la ley está implícitamente refiriéndose, a una misión encomendada por el art. 55 cuando dispone que
"todos los acreedores del deudor, cualquiera sea su naturaleza, nacionalidad o domicilio, quedarán comprendidos en la
masa pasiva del concurso, siendo representados por el síndico o el interventor". Y que también se está refiriendo al art.
120 cuando expresa, como ya observamos que "los pequeños acreedores ordinarios que no asisten a la Junta serán
representados legalmente por el sindico o interventor a los solos efectos de la consideración y votación de la propuesta
de convenio presentada por el deudor. No hay que perder de vista que según el art. 75 es a los acreedores a quien debe
contemplar el Síndico o el Interventor, ya que "deberán administrar la masa activa del modo más conveniente para la
satisfacción de los acreedores".
3. Informante exhaustivo: comunicar el concurso a los acreedores (15 días desde la designación), informe general (a la
junta de acreedores), listas de acreedores, inventario de activos, informe especial sobre viabilidad del plan de
continuidad, ampliación del informe especial, informe de calificación, informe de liquidación, informe sobre actos
susceptibles de revocación, rendición de cuentas.
4. Conservador eficaz: la conservación de la masa activa forma parte de la labor sólo del Síndico, ya que solo comprende
el caso ed suspensión de la legitimación del deudor, por eso no se menciona al Interventor. Está detallada esta función
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en el art. 74 que dispone: “el síndico deberá conservar los bienes y derechos que integren la masa activa del concurso”. Si
la conservación se hace muy difícil o costosa, una vez descartada la posibilidad de venta en bloque lo conveniente es
vender los bienes, a pesar de que los mismos sean no perecederos. Hay que tener en cuenta que los gastos de
conservación son créditos contra la masa y su pago se realizará con cargo a los bienes que no estén gravados con prenda
o hipoteca. La venta anticipada de los bienes de difícil o costosa conservación, antes solo se podía realizar en remate
público, ahora se podrá realizar bajo la modalidad que disponga el tribunal (puede disponer el remate, pero no es
obligatorio). En funciones de administrador, puede el Síndico o el Interventor restaurar, rehabilitar contratos, como por
ejemplo arrendamientos por incumplimiento del concursado de la obligación de pagar el precio o los pagos periódicos
comprometidos.
5. Hábil investigador: el art. 74 al final comete al Síndico (se trata de hipótesis de concursos necesarios), una clara labor
investigadora, para lo cual "deberá realizar además todos los actos necesarios para entrar en posesión de los libros legales
y de los documentos relativos a la masa activa y a la actividad profesional o empresarial del deudor". Es que sin esa labor
de pesquisa documental, pocas novedades podrá aportar a su misión informativa y menos éxito aún cosechará cuando
pretenda reintegrar a la masa bienes o revocar actos. De ahí la importancia de disponer de la información contable y si
no llega a entrar en posesión de la misma, el Síndico o el Interventor tienen la obligación de denunciar al deudor en caso
de que éste sustraiga o esconda los libros sociales según el articulo 248 de la ley. O sea que su labor investigativa se
complementa con la actitud de un denunciante comprometido. Quizá la labor de investigación mayor del Síndico o
Interventor, sea la atinente al proceso de verificación de créditos
6. Activo litigante: el Síndico o el Interventor tienen una actuación procesal preponderante a lo largo (desde el inicio
hasta su conclusión) y a lo ancho (no sólo interviene en el expediente principal, sino en todas sus piezas, incidentes y
expedientes atraídos) de todo el proceso del concurso, con facultades continuas y preponderantes.
• Sustituir al concursado en todos los procedimientos jurisdiccionales o administrativos en curso en que éste sea
parte, con excepción de aquellos fundados en relaciones de familia que no tengan contenido patrimonial
(síndico).
• Entablar demandas contra los deudores del concurso renuentes al pago o qu eno cumplan y comparecerán
procesalmente para conservar los derechos de la masa, promoviendo para ello las acciones revocatorias,
paulianas, reivindicatorias y posesorias que fueran menester (síndicos e interventores).
• Acciones contra los socios y administradores (síndicos e interventores).
• Denunciar ante la justicia penal, los hechos o circunstancias que puedan configurar los delitos del art. 248 u
otros, de los cuales tuvieran conocimiento (síndicos e interventores).
7. Vendedor eficiente: anticipadamente el Síndico puede vender los bienes de conservación dispendiosa o fácil deterioro,
para lo cual debe proponer al Tribunal la mejor "modalidad" para hacerlo. Pero además de acuerdo al inc. 2 del art. 75 el
Síndico (y el deudor con el control del Interventor) pueden vender sin autorización judicial, bienes de uso o derechos de
cualquier clase cuyo valor no sea superior al 5% del valor total de la masa activa. Para operaciones (enajenación o grava
men) de bienes cuyo valor exceda ese valor, requerirán autorización del juez del concurso. Debe ser también un vendedor
capacitado, pues en la etapa de liquidación de la masa, a él le corresponderá la venta de todos los bienes y deberá elevar
al juez, en un plazo de 90 días, una propuesta con el contenido de los pliegos para la licitación de la venta en bloque de
la empresa
Ni Síndicos ni Interventores pueden adquirir (por ningún medio: venta privada, remate) por sí o por persona interpuesta
bienes y derechos que integren la masa activa del concurso (art. 33). El régimen anterior abarcaba también al Juez, al
actuario y subalternos del juzgado.
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Quienes violen esta disposición quedarán inhabilitados para toda la actividad como Síndico o Interventor (y se
comunicará a la Unidad de Evaluación de Síndicos e inscribirá en el Registro de Síndicos e Interventores concursales.
Asimismo, deberán reintegrar a la masa, sin contraprestación alguna, el bien o derecho que hubieren adquirido.
Respecto de las responsabilidades por el desempeño del cargo, nos remitimos al art. 35. Comprende como sujetos
responsables, además de los Síndicos e Interventores a "los auxiliares cuyo nombramiento hubiera autorizado el Juez del
Concurso". ¿Qué sucede con los auxiliares sin nombramiento autorizado? En ese caso entiendo que responden a través
del Síndico o del Interventor que los contrató (responsabilidad del dependiente), y no responden por sí, como cuando
fueron autorizados por el Juez del concurso.
Recordamos que si bien el art. 32 obligaba a Síndicos e Interventores a desempeñar su cargo con la diligencia de un
"ordenado administrador y representante leal". Ese estándar de conducta no es exigido al auxiliar (lo haya autorizado el
Juez o no), por lo que sólo podrá ser demandado por la responsabilidad aquiliana propia del fuero común.
Según el art. 33, Síndicos, Interventores y auxiliares, responderán frente al deudor y frente a los acreedores, pero no por
daños causados a éstos, sino por los daños y perjuicios que hayan causado a “la masa del concurso por los actos y
omisiones contrarios a la ley o por los realizados sin la debida diligencia". Como se observa el espectro de
comportamientos generadores de responsablidad es muy amplio y de peligrosa interpretación.
La “debida diligencia” en materia concursal, siempre tendrá que ver con los resultados del concurso y es lógico que
alguien no quede conforme con el resultado, y reclamara a la casa visible del concurso. Recordar que el concurso es en
el fondo un fracaso, tanto del deudor, como de los acreedores que otorgaron mal un crédito.
El inc. 2do del art. 33 que atribuye competencia para la acción de responsabilidad al Juez del concurso, que se supone
habrá sido testigo privilegiado de la razón (o sinrazón) del reclamo: "La acción se promoverá, en via ordinaria, ante el Juez
del Concurso y prescribirá a los dos años a partir del momento en que, por cualquier causa, el síndico o el interventor
hubiera cesado en su cargo".
La parte final del art. 33, establece un incentivo al acreedor litigante (y al letrado patrocinante): “Si la sentencia contuviera
condena a indemnizar daños y perjuicios, el acreedor que hubiera ejercitado la acción en interés de la masa, tendrá
derecho a que, con cargo a esa indemnización, se le reembolsen los gastos del proceso y se le satisfaga hasta el cincuenta
por ciento del crédito que no hubiera percibido en el concurso”.
El punto de quienes pueden entablar demanda por daños y perjuicios contra el Síndico, interventores y auxiliares,
presenta alguna inconsistencia, ya que por su contexto y analizado este art. 35 con el siguiente que regula su cese o
separación del cargo, no vemos la razón por la cual se limita sólo a deudor y acreedores. Pueden pedir el cese, todos los
legitimados del art. 6, según dispone el art. 36, en cambio la demanda de daños y perjuicios sólo queda acotada a deudor
y acreedores.
Una disposición interesante en materia de responsabilidad de Síndicos e Interventores es la previsión tributaria del nal.
4 del art. 254. En efecto, tratándose de una materia guiada por criterios objetivos de responsabilidad, es importante que:
"No serán aplicables a los síndicos o interventores las normas sobre responsabilidad de los administradores
representantes por obligaciones tributarias, salvo que hubieran actuado con dolo".
RENDICIÓN DE CUENTAS
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3. En caso de cese antes de la conclusión del concurso y si lo solicitara el nuevo síndico o la Comisión de Acreedores.
El plazo para la presentación de esta solicitud será de un mes a contar desde la fecha en que el cese se hubiera
producido.
Distinta es la misma situación que se plantea con el Interventor, ya que sólo debe rendir cuentas, cuando según el art.
39, lo acuerde el Juez del Concurso a solicitud de la Comisión de Acreedores.
Procedimiento:
Detalla el art. 40 el procedimiento que sigue la rendición de cuentas, y que finaliza con la aprobación o el rechazo de las
cuentas presentadas.
La rendición de cuentas por parte del síndico o interventor se debe acompañar de la documentación respaldante y
quedarán de manifiesto en el Juzgado por un plazo de quince días. "Durante este plazo el deudor, la Comisión de
Acreedores y los demás interesados que hubieran comparecido en el procedimiento podrán formular observaciones.
En caso de que no se formularan observaciones el Juez aprobará las cuentas presentadas, no admitiéndose contra el auto
de aprobación recurso alguno.
En caso de que se formularan observaciones la sentencia que recaiga en este procedimiento podrá ser recurrida con efecto
suspensivo".
Por su parte el art. 41, prevé las sanciones al Síndico o Interventor a quienes las cuentas no le fueron aprobadas. En ese
caso quedarán inhabilitados para actuar como Síndicos o interventores "en cualquier otro concurso de acreedores durante
el periodo que fije el Juez del Concurso, que no podrá ser inferior a cinco ni superior a veinte años". Pero además esta
sanción es "sin perjuicio de las acciones de responsabilidad patrimonial y criminal que su actuación pueda haber
generado”.
1 Renuncia: no es lo mismo a haberse negado a aceptar; solo procederá cuando exista “causa grave” y será el juez quien
la apreciará. El antiguo régimen concursal identificaba a texto expreso las causales posibles (enfermedad, urgente
necesidad de ausentarse, haber sido síndico el año anterior).
2. Por separación del cargo: cese antes de que termine el concurso, dispuesto por el Juez -de oficio- o a pedido de algún
legitimado. Para que este cese anticipado se produzca debe existir “justa causa” (art. 36). La ley no las identifica, pero el
régimen anterior decía: mala administración, omisión o retardo en el cumplimiento de sus deberes, etc.
3. Por prolongación indebida del tiempo de la liquidación (puede durar hasta 2 años): La puede pedir cualquier
interesado. El Síndico cesado por este motivo, perderá el derecho a percibir las remuneraciones devengadas, debiendo
reintegrar las ya percibidas (art. 179).
4. Por sustitución: el art. 50 establece la posibilidad de que los acreedores nombren un sustituto del síndico o del deudor,
en cualquier estado del procedimiento. Para hacerlo, es necesario que estén de acuerdo la mayoría del pasivo
quirografario con derecho a voto. El administrador designado por los acreedores sustituirá al deudor o al Síndico
únicamente en la función de conservación del patrimonio y del giro del deudor
5. Por finalización del proceso: es la manera natural de culminar la tarea del Síndico o del Interventor.
El art. 34, reconoce que los Síndicos y los Interventores tendrán derecho a ser retribuidos por su actividad con cargo a la
masa. Y el art. 91.2 los considera créditos contra la masa (por tanto se pagarán a medida que venzan, fuera del
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procedimiento del concurso). El régimen anterior era un crédito privilegiado de primer grado, por tanto, era un crédito
en la masa.
El Juez fijará la retribución, previo informe del Síndico o Interventor. Y la decisión judicial que fije la retribución, podrá
ser recurrida con efecto suspensivo, por parte del Síndico o Interventor, o por los legitimados del art. 6, que deberán
expresar la suma que crean conveniente.
• Deberá apreciarse: cuantía del activo, complejidad del concurso, duración en la función y resultado de la gestión.
• Síndicos e Interventores no podrán recibir ninguna otra retribución por su actividad, salvo que sea autorizada
por el Juez.
• El Juez fijará la retribución, previo informe del Síndico o Interventor y del Secretario Contador, y teniendo en
cuenta las actuaciones y los límites dispuestos por este decreto.
• La declaración judicial podrá ser recurrida.
• La retribución se realizará en dos etapas: una por la etapa del convenio y otra por la etapa de la liquidación.
• En caso de separación del Síndico por prolongación indebida de la liquidación, éste perderá el derecho a la
retribución.
• Los honorarios de los expertos en valoración y de los rematadores, será fijados por el Juez con un máximo del
50% y un mínimo del 10% del honorario que surge de la escala básica del art. 5 del Decreto.
• Va a depender del al etapa del convenio y de liquidación y de la masa activa.
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EFECTOS DE LA DECLARACIÓN DEL CONCURSO
Los efectos de la declaración judicial de concurso sobre el deudor son, fundamentalmente, de naturaleza personal y
patrimonial. Están dirigidos a obtener la inalterabilidad de su patrimonio, asegurándolo como garantía de sus acreedores.
La LCU dispone que, como consecuencia de la declaración judicial de concurso, se produzcan una serie de efectos s obre
el deudor. Uno de estos efectos, de carácter eventual, lo constituye el “cese o clausura de la actividad del deudor” (art.
44).
Si bien, en principio, la declaración judicial de concurso no implica el “cese o clausura de la actividad del deudor”, el juez
puede disponer lo contrario, tanto en el acto de declarar el concurso, como en cualquier momento posterior del proceso
concursal, a solicitud del deudor, de los acreedores, del síndico o interventor, o de oficio (art. 44).
REGLA GENERAL
La regla general se encuentra expresada en el nomen iuris del art. 44: “continuación de la actividad del deudor”.
La continuación de la actividad económica desarrollada por el deudor, es considerada como uno de los principios de la
LCU y, consecuentemente, debe ser priorizada frente a toda otra alternativa, sea porque se ha considerado que la
“empresa en marcha” tiene un mayor valor al de cada uno de los elementos que componen el establecimiento por
separado.
En particular, se evitaría la destrucción del valor de ciertos bienes inmateriales como son las marcas o la clientela. No
cabe duda de que el valor de una determinada marca se vería drásticamente reducido por la mera paralización de la
actividad del deudor. Igualmente, el cese en la actividad del concursado provocaría la pérdida de la clientela con lo que
el posible precio que se pudiese obtener por una eventual traspaso del establecimiento, también, menguaría
considerablemente, pudiendo llegar incluso a perderse.
Por otra parte, se aprecia como una especial ventaja el mantenimiento ininterrumpido de las relaciones laborales. De
esta forma se ahorra el coste indemnizatorio que supondría el despido de la totalidad de una plantilla de trabajadores o
la extinción colectiva de los contratos de trabajo.
Teniendo presente las dificultades reseñadas, el art. 44 establece que el juez puede disponer el “cese o clausura de la
actividad del deudor”, en cualquier momento del proceso concursal.
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El cese de la actividad o la clausura del establecimiento, procede a instancia de parte o de oficio. La LCU otorga
legitimación para solicitar esta medida al propio deudor, a los acreedores y al síndico o el interventor.
La LCU no condiciona esta medida a la verificación de presupuesto alguno, por lo que parecería que queda a la
discrecionalidad del juez, al adoptar o no, esta medida. Sin embargo, consideramos que la declaración de un cese de las
actividades o de la clausura del establecimiento, debe ser una resolución adoptada con carácter excepcional.
Se trata de medidas de carácter cautelar, que atenderán a la preservación de la masa activa, cuando sea claro que la
continuación del giro del deudor tendrá como consecuencia un agravamiento de la situación en la que ya se encuentra,
en tanto no sea económicamente viable.
Ocupación
El art. 44 de la LCU establece que la declaración del concurso no implica, necesariamente, el cese o clausura de la actividad
del deudor. No surge, tampoco, de otras disposiciones de la LCU la imposición al síndico o interventor de que proceda a
realizar una diligencia de ocupación.
La LCU sólo menciona que el síndico o el interventor, debe realizar un inventario valorativo de los bienes que integran la
masa activa (art. 77) y tendrá la obligación de conservar dichos bienes (art. 74). Para poder cumplir debidamente con
esta segunda obligación, es posible que, en algunos casos, sea conveniente que el síndico o el interventor ocupe el
establecimiento del deudor pero la LCU no lo impone.
Por último, corresponde señalar que el cese de la actividad o la clausura del establecimiento, no supone, teóricamente,
la liquidación de la masa activa. Puede ingresarse en la instancia de liquidación, sin que la actividad haya cesado y, a la
inversa, la LCU no inhibe que se apruebe un convenio, a pesar que el establecimiento esté clausurado. Claro que, como
reconoce MARTÍNEZ BLANCO, en la realidad comercial, el cese de las actividades o la clausura del establecimiento, es el
prolegómeno casi inevitable de la liquidación.
En el régimen establecido por la LCU, la declaración judicial de concurso no implica el cese de la actividad del deudor o la
clausura de su establecimiento, salvo que el juez disponga lo contrario (art. 44). No obstante, en todo caso, la declaración
del concurso afecta las facultades del deudor, con distinto alcance, según se trate de un concurso voluntario en que el
activo sea suficiente para satisfacer al pasivo o se trate de un concurso necesario o aun voluntario, si el activo no es
suficiente para satisfacer al pasivo (art. 45, ns. 1 y 2).
Según se acaba de señalar, el alcance de la limitación de las facultades del deudor, depende de que el concurso sea
“voluntario” o “necesario”, y de la suficiencia o no del activo para la satisfacción del pasivo.
El concurso se considera “voluntario” cuando es solicitado por el propio deudor, a condición de que no exista una solicitud
de concurso previa, promovida por alguno de los restantes legitimados legalmente. El concurso se considera “necesario”
en los restantes casos, esto es, cuando el concurso es solicitado por cualquier sujeto que no sea el deudor, como, por
ejemplo, los acreedores (art. 11).
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La “suspensión de la legitimación” del deudor procede en todos los casos en que el concurso es necesario y en los casos
en que, a pesar de tratarse de un concurso voluntario, el activo no es suficiente para satisfacer el pasivo.
En los demás casos de concurso voluntario, la declaración del concurso sólo “limita la legitimación” del deudor.
El art. 45, n° 2, establece, con criterio restrictivo, que la suspensión de la legitimación, procederá “solamente cuando el
activo no sea suficiente para satisfacer el pasivo”. Esta expresión, en nuestra opinión, pretende del intérprete algo más
que una mera operación matemática, que demuestre que el activo sea superior al pasivo (de lo contrario se hubiera
limitado a expresarlo de esa manera). El énfasis, en cambio, está puesto sobre la suficiencia para la satisfacción del pasivo
concursal.
El numeral 6 del art. 45 menciona que “se exceptuán de la suspensión o limitación de la legitimación del deudor los actos
personalísimos o referidos a bienes inembargables, la presentación de propuestas de convenio y la impugnación o
interposición de recursos contra la actuación del Síndico o del Interventor y contra las resoluciones judiciales”.
Un activo es suficiente si, consideradas todas las circunstancias, sería hipotéticamente posible que a través de su
realización, se pagara el total del pasivo. Entre esas circunstancias, creemos que el mantenimiento del establecimiento
en funcionamiento y la consideración de su valor llave, la existencia de garantías hipotecarias sobre bienes de terceros
para cubrir determinados créditos, por ejemplo, son elementos a tener en cuenta para calificar la suficiencia, en casos en
que exista una diferencia relativamente menor entre activo y pasivo.
Momento a partir del cual opera la limitación o suspensión de las facultades del deudor
En el art. 1.597 del Código de Comercio, hoy derogado, se establecía que el desapoderamiento de los bienes del fallido
operaba, de pleno Derecho, desde la hora cero del día en que se dictaba el auto de quiebra, lo cual constituía una
excepción a las reglas generales de procedimiento. Las consecuencias del auto de quiebra eran invocables y oponibles al
fallido aun cuando éste todavía no conociera su quiebra e, incluso, respecto a los terceros de buena fe que hubieren
celebrado negocios con el deudor, ignorando la quiebra.
En el régimen establecido por la LCU no existe una disposición como la derogada. Respecto de los acreedores de buena
fe, el auto de declaración del concurso surte efectos a partir de su registración y publicación (art. 46, n° 4). Nada se
establece respecto del deudor.
Podría, entonces, continuarse sustentando una interpretación similar a la que imperaba hasta ahora y que, también,
aparece a texto expreso en la fuente de nuestra LCU. En esa línea interpretativa, la limitación o suspensión de las
facultades del deudor, operan desde el momento en que se declara el concurso, esté o no el deudor al corriente de dicha
declaración y sus consecuencias.
Puede entenderse, también, que el apartamiento de su fuente directa, así como de los textos derogados, implica una
vuelta a las reglas generales de procedimiento. Todo apartamiento de éstas requiere texto expreso que, en el caso, no lo
hay. En esta tesitura, el deudor sólo vería limitadas o suspendidas, sus facultades una vez que le fuera notificada la
declaración de concurso o que se hubieran realizado las publicaciones.
La afectación de la legitimación se mantiene mientras no se revoque el auto declaratorio del concurso o hasta la
conclusión del concurso.
Se exceptúan de la suspensión o limitación de la legitimación del deudor los actos personalísimos o referidos a bienes
inembargables, la presentación de propuestas de convenio y la impugnación o interposición de recursos contra la
actuación del síndico o del interventor y contra las resoluciones judiciales.
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SUSPENSIÓN DE LA CAPACIDAD DE OBRAR
Numeral 1 del art. 4 del art. 45: “si el concurso fuera necesario, se suspenderá la legitimación del deudor y para
disponer y obligar a la masa del concurso, sustituyéndolo en la adminsitración y disposición de sus bienes por un
síndico”.
En general:
1. Serán ineficaces frente a la masa los actos de administración y disposición que realice el deudor respecto de los
bienes o derechos que integren la masa activa del concurso, incluida la aceptación o repudiación de herencias,
legados y donaciones.
2. Solamente el síndico estará legitimado para realizar actos de administración y disposición sobre los bienes y
derechos que forman la masa activa del concurso (para los actos de disposición de los bienes y derechos se
requerirá autorización del Juez por regla general, pero tambiénn para los actos dispositivos sobre bienes de uso
o derechos de cualqueir clase cuyo valor sea superior al 5% del valor total de la masa activa).
3. El Síndico sustituirá al deudor en todos los procedimientos jurisdiccionales o administrativos en curso en que
éste sea parte, con excepción de aquellos fundados en relaciones de familia que no tengan contenido
patrimonial.
4. En los casos de suspensión de la legitimación del deudor para disponer y obligar la masa del concurso, los pagos
realizados al deudor no tendrán efecto liberatorio para los acreedores, salvo los realizados de buena fe en el
período que medie entre la sentencia declaratoria del concurso y la registración y publicación de la misma”.
En el funcionamiento social:
Como los concursados no son sólo personas físicas que desarrollan actividades empresarias, sino que también pueden
concursar las personas jurídicas de cualquier naturaleza, es lógico que la ley dedique algunos artículos a definir las
repercusiones del concurso en su vida interior.
El art. 48, regula que es lo que sucede con los órganos sociales de las personas jurídicas cuando se ha decretado su
concurso necesario:
1. El Síndico ejercitará las facultades conferidas por la ley y los estatutos a los administradores o liquidadores, que
perderán el derecho a percibir cualquier tipo de remuneración.
2. Se suspende la obligación legal o estatutaria de convocar reuniones o asambleas de socios o accionistas. Sì las
mismas fueran convocadas, cualquier resolución que éstas adopten requerirá, para su validez, que sea ratificada
por el Síndico.
3. El órgano de control interno quedará suspendido en sus funciones.
Apreciamos en este art. 48, que como lógica natural de sus potestades, el Síndico reúne en sí todos los poderes
asociativos, desplaza a las autoridades naturales de la persona jurídica (sean administradores o liquidadores), asume
todas las facultades de estos y suspende el funcionamiento del órgano de control (el Síndico rinde cuentas en el
concurso).
Cuando el concurso es voluntario y solvente, en un ostensible intento de incentivar su presentación tempestiva, al deudor
no se lo sustituye y desplaza, sino que sólo "... se limitará la legitimación del deudor para disponer y obligar a la masa y
se designará un Interventor que co administrará los bienes conjuntamente con el mismo" (art. 45 nal. 2).
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En general (art. 47)
1. El deudor requerirá de la autorización del Interventor para contraer, modificar o extinguir obligaciones; conferir,
modificar o revocar poderes; o para realizar cualquier acto jurídico relativo a bienes de la masa activa.
Lo más destacado es que para realizar todos estos actos sobre la masa activa, el concursado requerirá, no la autorización
del Juez, sino la del Interventor. Deben ser esas autorizaciones planteadas en forma previa a la materialización de los
actos jurídicos que el concursado necesite realizar. La ley parte de la base, que es el Interventor quien conoce más de
cerca la real situación patrimonial del concursado, por eso lo comisiona en primera línea respecto de rodos estos actos,
que si los examinamos con detenimiento pecto de todos estos actos, que comprenden todas las actividades y
operaciones posibles de realizar por un concursado. La misión del Interventor, debe examinarse en sintonía con el inc. 2
del art. 75, que dispone que toda enajenación o gravamen de bienes de uso o de derechos de cualquier clase, cuyo valor
sea superior al 5% del valor total de la masa activa, "requerirá la autorización del Juez del Concurso".
Es decir que la autorización del Interventor no sustituye la autorización judicial, para enajenar o gravar bienes o derechos
del concursado de determinada entidad, al menos mientras no se apruebe un convenio de pagos ose disponga la
liquidación.
El nal. 2 de art. 47 exceptúa del régimen de autorizaciones previas del numeral 1, las operaciones ordinarias del giro del
deudor, que serán realizadas por "éste bajo el control del Interventor". Por razones elementales de practicidad y
necesidad del tráfico y circulación mercantil, las operaciones del giro, son controladas "ex post facto" no requiriendo las
autorizaciones puntuales del numeral 1.
Además el nal. 2 de este art. 47 define (en forma polémica a nuestro entender) que: "No se considerarán operaciones
ordinarias del giro los actos relativos a bienes de uso registrables, la venta o arrendamiento del establecimiento comercial
y la emisión de obligaciones negociables". Todas las operaciones que exceden el giro, requieren para su instrumentación
no sólo las autorizaciones previas por parte del Interventor (nal. 1) sino además por su entidad probable, también la
autorización judicial del art. 75.
¿Qué sucede en caso contrario? Se aplica el nal. 3 de este art. 47, que dispone: "Serán ineficaces frente a la masa los
actos de administración y disposición detallados en el punto 1, que realice el deudor respecto de los bienes o derechos
que integren la masa activa del concurso, sin autorización del Interventor".
1. Los órganos de la persona jurídica se mantendrán en funcionamiento, con las limitaciones establecidas en este
artículo.
2. La convocatoria de cualquier reunión o asamblea de socios o accionistas, por parte de administradores o
liquidadores, requerirá la autorización del Interventor.
3. El Interventor podrá solicitar al Juez, en forma fundada, la suspensión del órgano de control interno, asumiendo
sus funciones.
Si comparamos este artículo con el art. 48, que regula el funcionamiento de los organos sociales en caso de supensión de
la capacidad de obrar de la entidad concursada, resulta claro que se atemperan los efectos. No hay un Síndico que
sustituya a los órganos sociales, sino que éstos es limitan en su actuar. Continúan funcionando, aunque necesitarán la
autorización del Interventor para su convocatoria, las Asambleas o reuniones de socios o accionistas. Sus resoluciones no
requieren ser ratificadas por el Interventor para que tengan validez, como sucede en el caso del artículo anterior.
El órgano de control interno, en caso de suspensión de la capacidad de obrar de la entidad concursada, quedaba
inmediatamente suspendido en sus funciones. En cambio el Interventor para poder hacerlo y asumir directamente las
funciones del órgano del control societario, deberá solicitarlo en forma fundada al juez y éste así ordenarlo.
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MUTANDO DE UN ESTADO A OTRO
Dijimos que cuando el concurso es voluntario y el activo es suficiente para satisfacer el pasivo, la actividad empresaria
sólo será intervenido, y se limita la capacidad de obrar del concursado, con los efectos ya analizados. El interventor se
identifica pues, con un concurso voluntario y solvente. En cambio el Síndico se identifica con un concurso necesario o
voluntario insolvente.
Una y otra situación son apreciadas al inicio del concurso por el Juez, pues su determinación, forma parte del contenido
de la sentencia declaratoria del concurso (art. 19, nal. 2). En el transcurso del proceso de concurso, la relación activo-
pasivo puede variar, o al menos ponerse de manifiesto que aquel examen preliminar no era correcto, o que fue mal
apreciada, o que la información contable estaba mal expuesta e inducía el error.
Así lo dispone el nal. 3 del art. 45: "3. En el caso de concurso voluntario, si durante el desarrollo de los procedimientos se
pusiera de manifiesto que, en el momento de la declaración judicial, la relación entre activo y pasivo era distinta a la
tenida en cuenta para suspender o limitar la legitimación del deudor, el Juez modificará de oficio la medida adoptada,
transformando la suspensión en limitación o la limitación en suspensión, según corresponda".
Pero además la mutación de la afectación de la capacidad de obrar del concurso, puede variar también de limitación a
suspensión, no solo a consecuencia de la variación en la relación activo-pasivo, sino que el Juez, por "solicitud fundada
de los interventores (¿por qué el plural?) y vista al deudor, podrá disponer la suspensión de la legitimación del deudor,
cualquiera sea la situación patrimonial de éste" (art. 45, nal. 4).
Este cuarto numeral prevé la posibilidad que, a solicitud fundada del Interventor (hay uno sólo). previa vista del
concursado, el Juez pueda disponer que su capacidad de obrar hasta el momento limitada, sea suspendida sin atender a
situación patrimonial del deudor. Se modifica el criterio del numeral segundo en tanto ya no exige un pasivo superior al
activo para que el Juez decrete la suspensión, pero eso sí el interventor deberá fundar la solicitud, aunque no aporta la
ley criterios para hacerlo. Suponemos que tiene más que ver con el comportamiento empresarial del concursado, con la
imposibilidad de practicar controles o con que los mismos son inconducentes, que con la relación patrimonial en sí.
Finalmente el nal. 5 del art. 45 dispone "las mismas medidas de publicidad acordadas para la sentencia de declaración
judicial de concurso" en cada oportunidad en que el Tribunal dispone esas conversiones de limitación a suspensión, o
viceversa. Creemos que la medida no solo abarca las tres publicaciones en el Diario Oficial de la conversión, sino también
se refiere a la inscripción en el Registro Nacional de Actos Personales, Sección Interdicciones, donde si bien los datos
identificatorios del concurso no varían, si deberá registrarse la mutación decretada en la capacidad de obrar del
concursado (arts. 20 y 21).
Según el art. 51, una vez declarado el concurso de una persona jurídica:
1. Corresponderá exclusivamente al Síndico o al Interventor, según el caso, la promoción de la acción contra los
socios personalmente responsabels por las obligaciones sociales anteriores a la declaración del concurso, con
excepción de aquellas acciones correspondientes a obligacicones laborales y tributarias”.
Este inciso primero se aplica a las sociedades comericales de tipo personal y a las sociedades civiles en cuanto presuponen
la existencia de “socios personalmente responsables”.
2. Le corresponde exclusivamente al Sindico o al Interventor, según el caso, la acción para obtener el pago íntegro
de las aportaciones comprometidas por los socios o accionistas, así como el cumplimiento de las prestaciones
accesorias. En caso de insuficiencia de bienes propios de la sociedad deudora, el Síndico podrá reclamar a los
socios o accionistas el pago integro de los aportes comprometidos y no realizados, aún cuando no estuviera
vencido el plazo establecido para el cumplimiento de dicha obligación".
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Comete este numeral, aplicable a sociedades comerciales (incluídas las anónimas) “exclusivamente” a Síndicos e
Interventores, la tarea de exigir a los socios o accionsitas la recomposición del capital de la entidad concursada.
Por su parte el art. 52 regula las acciones sociales de responsabilidad contra administradores, integrantes del órgano de
control interno y liquidadores, durante el concurso. Se trata de las acciones previstas en la ley 16.060 para quienes no se
hayan desempeñado en sus cargos con la responsabilidad, lealtad y diligencia de un "buen hombre de negocios”.
Los administradores de las sociedades anónimas son los mandatarios de ésta, y tradicionalmente actuaban a nombre y
por cuenta de la sociedad, sin comprometer su patrimonio personal con esa actividad social. El concurso muy poco los
afectaba, salvo la aplicación de los artículos que sobre responsabilidad de los administradores están previstos en la
legislación societaria como la que vimos.
Pero la ley 18.387 modifica ese escenario, y extiende la responsabilidad de los administradores (de hecho o de derecho)
casi en el mismo grado que si fueran los concsursados. Es que en los hechos las personadsi jurídicas se expresan a
través de u soporte humano, por lo que existe una recta correspondencia entre esa extensión de la responsabilidad y la
fragilidad de la entidad social.
Corresponde al Síndico o al Interventor, representando a la sociedad, promover la acción social de responsabilidad, con
una clara ampliación de los sujetos pasivos responsables, respecto de los contemplados en el art. 391 de la Ley 16.060.
Además de los administradores o directores, este art. 52, prevé la responsabilidad contra "los administradores, los
integrantes del órgano de control interno y los liquidadores, sin requerir para esto la previa conformidad de la reunión o
asamblea de socios o accionistas".
Respecto de la competencia para entablar la acción social de responsabilidad, el inc. 3 del art. 12 dispone que “el Tribunal
que entienda en el concurso será tambipen competente en las acciones sociales de responsabilidad promovidas contra los
adminsitradores o directores de sociedades concursadas”. En defecto de la actuación de síndicos o interventores, la
posibilidad de promoción se traslada a los acreedores, pero lo más importante que ahora se los incentiva para hacerlo.
El art. 110 in fine de la ley 18.387 reconoce una categoría o tratamiento especial a los acreedores para la satisfacción
parcial de los créditos no pagados por el concurso, “cuando hubieran ejercitado acciones en interés de la masa”.
Están alcanzados por el deber de cooperación e información el deudor y los administradores y liquidadores de la persona
juridica, asi como los que hubieran revestido esta calidad en los dos años anteriores a la declaración judicial de concurso.
De acuerdo con el mismo, deberán comparecer personalmente ante el Juez del concurso y ante el Síndico o el Interventor
cuantas veces sean requeridos y facilitar toda la cooperación e información necesaria o conveniente para el interés del
concurso".
El deber de cooperación no es sólo del deudor, sino que se extiende a los administradores y liquidadores de la persona
jurídica concursada, a los actuales y a quienes lo hubieran sido durante los dos años previos a la declaración de concurso.
Se consagra también un deber de información ligado al de cooperación, que se materializa en la comparecencia personal
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de todos (deudor, administradores actuales y pasados) ante el Juez y ante el Sindico cuantas veces sean requeridos,
facilitando toda la información que les sea requerida.
El cumplimiento de este deber de cooperación repercutirá favorablemente en la calificación del concurso y también en
la posibilidad de aplicar el "discharge atemperado" del art. 213.
En caso de limitación de la legitimación para disponer y obligar a la masa del concurso, el deudor persona física tendrá
derecho a percibir alimentos con cargo a la masa. En caso de suspensión de dicha legitimación, solo tendrá derecho de
adlimentos cuando la masa activa fuera superior a la masa pasiva.
Las personas respecto de las cuales el deudor tuviera obligación de alimentos, solo tendrán derecho a los mismos cuando
no pudiera percibirlos en monto suficiente de otra persona obligada para prestarlos.
• Solo se aplica al deudor persona física, no a los administradores de una entidad concursada.
• Solo en caso de concursos voluntarios y necesarios solventes (cuando los activos superen a los pasivos).
• Las partidas que se dispongan serán con cargo a la masa.
La declaración del concurso afecta a todos los acreedores con créditos anteriores a la fecha de dicha declaración. Así
surge de lo establecido en el art. 55 de la Ley de Declaración Judicial del Concurso y Reorganización Empresarial n° 18.387
de 2008 (LCU): "Todos los acreedores del deudor, cualquiera sea su naturaleza, nacionalidad o domicilio, quedarán
comprendidos en la masa pasiva del concurso...".
Se ven afectados, incluso, los acreedores con privilegio especial, puesto que, de la lectura combinada de los arts. 60 y 61
se desprende que se prohíbe la promoción de ejecuciones prendarias e hipotecarias, o se suspenden (si hubieren sido
promovidas con anterioridad), por el término de ciento veinte días, a contar de la sentencia declaratoria del concurso.
Sólo quedan excluidos los acreedores con créditos posteriores a la declaración del concurso. Esta afirmación se
desprende de los términos del art. 60, en tanto limita la moratoria en las ejecuciones, a los acreedores con créditos
anteriores a esa declaración: "Declarado el concurso, ningún acreedor podrá promover ejecución contra el deudor por
créditos anteriores a la declaración".
Estos crédito son incluidos por el n° 4 del art. 91 entre los denominados "créditos contra la masa". El art. 92 establece
que los créditos contra la masa se pagarán “fuera del procedimiento de concurso”.
De este enunciado la doctrina deduce que los créditos contra la masa no soportan la ley del dividendo, esto es, no
padecen el cobro a prorrata. Por el contrario, cobran íntegramente el crédito o sea, en términos que suele utilizar la
doctrina, “en moneda entera”.
A su vez, no tienen que aguardar el fin de la liquidación para cobrar. Se deben pagar a medida que vencen. Por ello, la
doctrina los denomina como “prededucibles”.
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El art. 59 dispone la competencia exclusiva del Juez del concurso en materia de ejecuciones contra el ejecutado. Es el
único competente no solo para entender en los proceidmientos de ejecución, sino lo que es tanto o más importante,
para disponer la adopción o el levantimeitno de medidas cautelares sobre los bienes y derechos que integran la masa
activa”.
Prohibición de nuevas ejecuciones: Declarado el concurso, ningún acreedor podrá promover ejecución contra el deudor
por créditos anteriores a la declaración (art. 60).
Suspensión de ejecuciones en curso: Como consecuencia de la suspensión de las ejecuciones en curso, una vez publicado
el auto de declaración de concurso, si otra sede judicial adopta medidas cautelares o embargos sobre bienes del
concursado, deben revocarse y disponerse su levantamiento. Quien tiene la disponibilidad de las medidas cautelares
adoptadas sobre el patrimonio concursal es, exclusivamente, el juez del concurso, sin importar la sede que, en principio,
la decretó. Declarado el concurso, todos los expedientes de ejecución en trámite deben remitirse a la sede concursal.
Situaciones especiales
En el caso de los créditos prendarios e hipotecarios, la prohibición de promover ejecuciones y la suspensión de las
ejecuciones en curso caducará transcurridos ciento veinte días de la sentencia declaratoria del concurso. En estos casos
la ejecución deberá promoverse o continuará, según los casos, ante el Juez del Concurso.
Son créditos con privilegio especial, por lo que están abarcados por el concurso, debiendo proceder a su verificación.
Existiendo recursos líquidos suficientes o bienes fácilmente realizables en la masa activa y siempre que la disposición de
los mismos no afecte la viabilidad de la continuación del giro del deudor, el síndico o el interventor -previa autorización
judicial- dispondrá el pago anticipado de los créditos laborales de cualquier naturaleza que se hubieran devengado y no
estuvieran prescriptos. En este caso, no será necesaria la verificación del crédito en el concurso ni sentencia laboral previa
que lo reconozca.
La solicitud de pago anticipado podrá ser denegada, total o parcialmente, solamente en los casos en que los créditos
laborales no surjan de la documentación del empleador o cuando existan dudas razonables sobre el origen o legitimidad
de los mismos.
Cuando el crédito laboral hubiera sido verificado en el concurso o hubiera recaído sentencia firme de la judicatura
competente reconociendo su existencia, el síndico o el interventor procurarán la obtención de los recursos necesarios
para la cancelación de los mismos, pudiendo solicitar autorización al Juez para la venta anticipada de activos del concurso,
si fuera necesario, siempre que la disposición de dichos recursos no afecte la viabilidad de la continuación del giro del
deudor.
En caso de que los bienes de la masa activa fuesen insuficientes para la cancelación de los créditos laborales, se aplicará
lo dispuesto en el art. 183.
El fuero de atracción implica que el Tribunal que está conociendo en el proceso concursal, también será competente para
entender en todas aquellas ejecuciones que se promueven contra el concursado.
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¿Hay excepciones a ese principio?
Por lo pronto la propia ley 18.387, dispone en su art. 12 nal. 3 que no se sigue el fuero del demandado en las acciones
sociales de responsabilidad promovidas contra los administradores, liquidadores y miembros de los órganos de control
interno de las sociedades, que son terceros respecto de la sociedad concursada. En estos casos el proceso se entabla por
el interventor o síndico o en su defecto por cualquier acreedor del concurso (art. 52 de la Ley 18.387) y se sustancia
siempre ante el Tribunal del concurso.
Art. 56: "Declarado judicialmente el concurso, los acreedores del deudor por créditos anteriores a la fecha de la
declaración no podrán promover contra el deudor procedimientos judiciales o arbitrales de ningún tipo. Las actuaciones
judiciales o arbitrales que se realicen serán nulas.
Se exceptúa de lo dispuesto en el inciso anterior, los procedimientos que se funden en relaciones de familia siempre que
no tengan contenido patrimonial y los procesos de conocimiento referidos en el inciso 2 del artículo 59".
Si este artículo quiere decir lo que dice, entonces está mal. Expresamos que el Tribunal del concurso atrae ante sí, sólo
las ejecuciones (iniciadas o a iniciarse) y que los procesos de conocimiento en trámite continúan ante las sedes judiciales
o arbitrales que venían interviniendo. Si no se puede plantear nuevos juicios "de ningún tipo"contra el concursado,
también están impedidos de promoverse juicios de conocimiento tendientes a declarar un derecho. ¿No es puede
impetrar demanda reparatoria o indemnizatoria por mala praxis médica contra una mutualista en concurso? ¿Tampoco
promover juicios de indemnización por responsabilidad aquiliana proveniente de accidentes de tránsito protagonizados
por vehículos de la empresa concursada? Conste que en esas oportunidades se pretende instaurar un proceso de
conocimiento tendiente a declarar un derecho y en su caso a través de una sentencia de condena, fijar un crédito contra
el concursado.
Si no puedo entablar estas demandas, estaríamos incursionando en una franca violación constitucional que impide al
damnificado recurrir a los tribunales de la República para hacer valer los derechos de que se considera investido. Podría
pensarse que así como en las relaciones laborales, el verificador (Sindico o Interventor) construye con su reconocimiento
un derecho crediticio, lo mismo podria replicarse para las hipótesis restantes. Estamos convencidos que no fue intención
del legislador, convertir al verificador de créditos, que ya bastante tiene con sus tareas, en un administrador de justicia,
sorteando las vallas constitucionales.
Ademas entendemos que realmente, nada impide que se promuevan contra la concursada todos los procesos de
conocimiento imaginables, siguiendo la especialización jurisdiccional, pero una vez formado el título (sentencia
ejecutoriada, líquida y exigible), entran a jugar las dos disposiciones observadas: imposibilidad de trabar embargo, por
paralización de la vía de apremio y el fuero de atracción.
Por eso, para nosotros en la redacción de este art. 56 se omitió una frase que restaura el sentido de todo este capitulo.
Insertada entre el primer y el segundo inciso, la frase (o similar): "Las acciones se promoverán en todo caso contra la
persona del Sindico o Interventor, según corresponda", otorga coherencia a la disposición.
Lo dispuesto en el inc. 1 del art. 56 genera dudas en cuanto a si continúan o no ante la sede original, los juicios ejecutivos
que se encuentren en trámite a la fecha de la declaración del concurso.
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El posicionamiento dogmático general entre los procesalistas actuales, tiene que ver con que en nuestro CGP, el proceso
ejecutivo se encuentra regulado en una sección del capítulo IV sobre los procesos de estructura monitoria, que integra,
a su vez, el título IV, denominado “Proceso de conocimiento”.
A nuestro entender, el hecho de que nuestro CGP haya incluido a los procesos ejecutivos entre los procesos de
conocimiento, es irrelevante, como lo es todo pronunciamiento legal sobre la naturaleza de las cosas.
El art. 57 establece que los procesos de conocimiento que están en trámite cuando el concurso se declara, continúan en
la sede en la que se están desarrollando hasta que recaiga sentencia o laudo firme.
El inc. 2 del art. 57 faculta a “los Síndicos o los Interventores, en este caso con autorización del juez del concurso, podrán
allanarse total o parcialmente a la demanda, desistir de los recursos interpuestos o transar el juicio”.
El inciso final del art. 57 dispone: "En todos los casos, las costas y costos impuestos al deudor la calidad de créditos
concursales, cualquiera sea la fecha de la sentencia que condene al pago de los mismos". Aunque no existiera esta
disposición, no cabe duda que los créditos por costas y costos son créditos concursales, de naturaleza quirografaria, ya
que no reúnen la calidad de "costas y costos del proceso concursal" para ser considerados créditos contra la masa.
El art. 58 tiene que ver con la verificación y validez de los créditos. Toda sentencia o laudo arbitral, en la medida en que
estén firmes, y cualqueira sea su fecha de dictado (antes o después de la declaración del concurso), sea naiconal o
extranjera, que reconozcan un crédito contra el deudor, quedarán firmes.
De regla la empresa sigue funcionando art 44. O sea de regla, lógicamente, los contratos siguen vigente y en marcha. No
preve la ley los efectos para cada tipo de contrato, ya que sería un dolor de cabeza, sino que la ley armó una respuesta
“tipo” para un modelo contractual sin especificación, centrado en la fase de ejecución.
El art. 68 de la Ley de Declaración del Concurso y Reorganización Empresarial (LCU) contiene una serie de disposiciones
que son aplicables a aquellos contratos que, a la fecha de la declaración del concurso tengan obligaciones pendientes de
ejecución a cargo del deudor. En primer lugar, el art. 68 atribuye al síndico o el deudor - con la autorización del interventor
- la facultad de rescindir unilateralmente dichos contratos.
Concepto de rescisión
La palabra “rescisión” implica la extinción de un contrato normalmente de ejecución continuada o sucesiva, por causas
supervinientes a su perfeccionamiento, con referencia sólo hacia el futuro (ex nunc).
No se requiere el consentimiento de la contraparte, ni una resolución judicial que declare la rescisión. Tampoco se exige
que la notificación se tramite judicialmente, por lo que bastará que se realice por cualquier medio fehaciente.
Oportunidad
El único requerimiento legal consiste en la notificación a la contraparte, dentro del plazo establecido para que los
acreedores presenten la solicitud de reconocimiento de sus créditos. En el art. 94 se establece que los acreedores deberán
presentarse a verificar sus créditos dentro del plazo de sesenta días, contados desde la fecha de declaración judicial de
concurso. Sin embargo, resulta implícito del tenor del art. 99, que los acreedores pueden presentarse a insinuar sus
créditos aun transcurridos esos sesenta días. Por lo tanto, si el plazo para insinuar los créditos no se agota a los sesenta
días de la declaración del concurso, tampoco se agotaría en ese término el plazo para rescindir los contratos.
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Dicho de otra forma, si la LCU hubiera pretendido establecer un límite de sesenta días a la potestad rescisoria, lo hubiera
dispuesto directamente. En cambio, realiza una remisión al plazo con que cuentan los acreedores para insinuar sus
créditos. Entendemos que la remisión provoca una identificación de los plazos del acreedor insinuante y del síndico, que
obedece a que la sindicatura va tomando conocimiento del relacionamiento jurídico de la concursada, en la medida en
que se presentan los acreedores a insinuar sus créditos. De ahí que consideremos que, en tanto los acreedores cuenten
con plazo para presentarse, el síndico tiene la oportunidad de rescindir unilateralmente aquellos contratos cuya
continuidad sea perjudicial a los intereses que tutela el concurso.
El art. 68 establece a favor de la contraparte del deudor – parte in bonis - la facultad de exigir al síndico o al deudor y al
interventor, que manifiesten “si resolverán o no el contrato”, dentro del mismo plazo que la LCU confiere al síndico y al
deudor para rescindir los contratos con obligaciones pendientes. Como se advertirá, es una especie de jactancia.
La LCU no establece ningún requerimiento especial para cursar esa exigencia. En la práctica forense, hemos visto que a
las contrapartes de los deudores, presentarse en el expediente judicial, solicitando que se intime al síndico y al deudor a
pronunciarse respecto a la resolución.
Concepto de resolución
Curiosamente, el legislador emplea aquí la palabra “resolverán”, en lugar de la palabra “rescindirán” que hubiera sido
coherente a lo que dispuso en el numeral anterior y al sentido que la doctrina atribuye a estas expresiones. La
“resolución”, como la “rescisión”, provoca la extinción del contrato por causas supervinientes a su perfeccionamiento
pero la resolución, a diferencia de la rescisión, tiene alcance retroactivo (ex tunc).
El presupuesto de la acción resolutoria es el incumplimiento del contrato por la otra parte. Sin embargo, la existencia de
obligaciones a cargo del deudor “pendientes de ejecución” no implica, necesariamente, que el deudor haya incurrido en
incumplimiento alguno.
La resolución se ejercita a través de la acción procesal correspondiente, de manera que el acreedor no puede poner fin
al contrato por sí solo sino que necesita el concurso del juez.
Para ejercer la facultad resolutoria la LCU le confiere al síndico un plazo de cinco días, desde la recepción del
requerimiento. Vencido ese plazo, la LCU declara que ya no podrán ejercer ese derecho, salvo que se apruebe un convenio
que no implique la continuación de la actividad del deudor o disponga la liquidación de la masa activa. En estos casos, los
contratos se extinguen necesariamente.
Para que la parte "in bonis" pueda solicitar la rescisión del contrato que lo vincula con el deudor, debe comenzar por
exigir la manifestación a la que nos referimos en el literal anterior.
Para el caso en que el síndico o el deudor no opten por la resolución del contrato - y sólo en ese caso - el n° 4 del art. 68
le da a la contraparte del deudor, el derecho a solicitar judicialmente la rescisión del contrato o que se garantice
suficientemente el cumplimiento del mismo. En la práctica forense, la solicitud de otorgamiento de garantía la hemos
visto presentada con carácter subsidiario a la solicitud de rescisión.
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Para poder hacer valer esa facultad rescisoria o de exigencia de garantía, el n° 4 del art. 68 exige la acreditación de que
el cumplimiento (sic) del deudor implica un riesgo manifiesto y grave para su contraparte.
Llama la atención que la LCU habilite una pretensión rescisoria fundada en el cumplimiento de su contraparte, así como
es curioso que se entienda que del cumplimiento de un contrato pueda derivarse algún riesgo. Luego, si del cumplimiento
del contrato puede derivarse un riesgo para la contraparte del deudor ¿para qué se da la facultad, alternativa, de exigir
garantías de cumplimiento?
Podría haber tenido sentido la atribución a la parte in bonis de una facultad rescisoria para el caso en que ésta justificase
el riesgo de incumplimiento. Si esto se hubiera establecido, tendría pleno sentido la alternativa de exigir una garantía de
cumplimiento (que enervaría el riesgo). Sin embargo, no es esto lo que establece el n° 4 del art. 68.
DERECHO A INDEMNIZACIÓN
El n° 3 del art. 68 establece que si la resolución causare daños y perjuicios, el juez fijará la indemnización correspondiente.
El crédito correspondiente a la indemnización se considerará comprendido en la masa pasiva del concurso.
No queda claro si la obligación de indemnizar los daños está limitada a las hipótesis que el art. 68 denomina como
“resolución” o si el intérprete debe asumir que el legislador utilizó las palabras “rescisión” y “resolución” como sinónimos.
En el n° 5 del art. 68 se declara la nulidad de las estipulaciones contractuales que declaren resuelto el contrato o atribuyan
la facultad de resolución a cualquiera de las partes, en caso de insolvencia o de declaración de concurso del deudor.
No se pueden rescindir operaciones propias del giro: art. 83 ley. Protección al tercero adquirente de buena fe. Se protegen
las relaciones comerciales, no se puede esperar que al comprar algo tenga que preguntar si el cajero puede obligar a la
empresa, si es capaz, si la venta es del giro ordinario, etc. El comercio exige buena fe.
Art. 44 concurso no implica cese actividad deudor, esto exige necesariamente la continuación de los contratos laborales.
Artículo 69. “(Contratos de trabajo). Los contratos de trabajo celebrados por el deudor no resultarán rescindidos por
efecto de la declaración de concurso”.
Artículo 70. “(Contratos del personal de alta dirección). En el caso del personal de alta dirección, el síndico o el interventor,
por razones fundadas, podrá solicitar al Juez el aplazamiento del pago de este crédito concursal.
Se considera personal de alta dirección a los directores, gerentes generales y todo aquél que tuviera facultades de decisión
sobre cuestiones sustanciales de la actividad del deudor.
El síndico podrá solicitar al Juez el aplazamiento del pago de este crédito concursal hasta que quede firme la sentencia de
calificación”.
Se considera alta dirección quien tiene poder de decisión sobre cuestiones sustanciales (directores, gerentes, facultades
de decisión en general). Sus salarios pueden ser aplazados hasta la sentencia de calificación. Incongruencia: si los créditos
laborales tienen privilegio especial, pero el 110 dice que no tienen privilegio. Por el 112 son subordinados y hasta se
pueden suspender.
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REHABILITACIÓN DE CONTRATOS
Artículo 79. “(Rehabilitación de contratos que hubieran caducado o hubieran sido resueltos).
El síndico o el interventor tendrá la facultad de rehabilitar los contratos de mutuo pagaderos en cuotas de capital o de
intereses, las compraventas a crédito de bienes muebles o inmuebles, las promesas de enajenación de inmuebles a plazos,
los arrendamientos y los créditos de uso que hubieran caducado por incumplimiento del deudor de la obligación de pagar
el precio y/o de realizar los pagos periódicos comprometidos, en los siguientes términos y condiciones:
1. La rehabilitación deberá ser notificada al titular del crédito antes de que finalice el plazo para presentar la
solicitud de reconocimiento de créditos, previa consignación de los importes pendientes de pago y de los intereses
moratorios.
2. No debe de haber recaído sentencia judicial pasada en autoridad de cosa juzgada disponiendo la resolución del
contrato por incumplimiento.
3. El síndico o el interventor asumirá, por el deudor, la obligación de continuar realizando los pagos periódicos en
los plazos de sus sucesivos vencimientos, los que serán créditos contra la masa”.
• Mutuo
• Compraventa a plazo
• PEIP
• Arrendamientos
• Creditos de uso
Puede servir para casos de leasing, ejemplo, vengo pagando 9 de 10 cuotas e incumplí al final, reanimo el contrato para
no perder el bien además de las cuotas.
Requisitos:
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FORMACIÓN DE LA MASA PASIVA
La masa pasiva del concurso, de acuerdo a lo dispuesto en el art. 55 de la Ley 18.387 comprende a todos los acreedores
del deudor, cualquiera sea su naturaleza, nacionalidad o domicilio, anteriores a la declaración del concurso, siempre que
hayan verificado sus créditos. Quedan excluidos los créditos contra la masa. A estos no les afecta el concurso, ni les
alcanza la Ley del dividendo.
La verificación de los créditos es un procedimiento que tiene por finalidad corroborar la legitimidad del crédito esgrimido
por el acreedor y depurar la masa de acreedores.
El acreedor, hasta el momento de presentación de su crédito a la verificación, tiene un derecho potencial a participar en
los procedimientos. Se lo llama “acreedor concursal”. En cuanto su crédito es verificado, cambia de categoría y, de mero
concursal, pasa a ser “acreedor concurrente”. Se lo denomina “concurrente” pues está en condiciones de “concurrir” al
concurso.
En principio, como la LCU no distingue, todos los acreedores que integran la masa pasiva del deudor, deben proceder a
verificar sus créditos: los privilegiados especiales (art. 109), los privilegiados generales (art. 110), los acreedores con
créditos sujetos a condición y litigiosos (art. 103), los acreedores subordinados (art. 111 y 112) y los acreedores
quirografarios o comunes. Sólo están excluidos los créditos contra la masa (porque no integran la masa pasiva) y los
acreedores con créditos reconocidos por sentencias judiciales o laudos arbitrales (art. 100).
Su importancia y finalidad es que busca obtener el reconocimiento de los créditos, así como su graduación. Es esencial
para saber el pasivo a pagar y quienes podrán o no votar. No todos los acreedores se presentan, por no tener prueba,
por no enterarse, por tener un credito muy bajo que no haga que valga la pena contratar un abogado, etc. Ademas en
este proceso se filtran creditos falsos, y se califican correctamente todos los créditos.
1) Desde la fecha del auto judicial de declaración de concurso, todos los créditos concursales serán considerados
incobrables a efectos de los tributos recaudados por la Dirección General Impositiva. Los ingresos derivados de la cobranza
de los referidos créditos concursales estarán gravados, cuando corresponda, por los respectivos tributos a medida que se
produzcan los respectivos cobros”.
Una vez que se declara el concurso, el crédito suyo se considera incobrable por el DGI. Esto determina que puede
recuperar lo que tuvo que tributar por ese credito que no puede cobrar. Por lo que el DGI le da un credito fiscal por su
IVA e impuestos a renta, y la proxima vez que vaya a pagar, no tiene que pagar el equivalente del credito.
La comunicación a los acreedores se encuentra regulada en el art. 93. Por la ubicación de este artículo dentro del capítulo
referido a la verificación de los créditos, pareciera estar concebida como el acto inicial del procedimiento de verificación.
A) CONDICIONES DE LA COMUNICACIÓN
Plazo
La comunicación debe realizarse, como máximo, dentro del plazo de quince días, a contar de la designación del síndico o
del interventor (art. 93).
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Se ha estimado que el plazo es suficiente para unos pocos acreedores pero demasiado exiguo cuando se trate de
deudores con una cartera de muchos acreedores. La práctica plantea problemas que, evidentemente, la LCU no
consideró: el domicilio de los acreedores puede no ser fácil de obtener o no estar actualizado, el acreedor puede haber
cerrado su establecimiento o mudado de dirección, el procedimiento de entrega y, en caso de no encontrar al
destinatario, devolución de cartas por el correo puede ultrapasar el reducido plazo legal, etcétera.
Contenido
La comunicación tiene como función, notificar a los acreedores sobre diversos puntos muy concretos:
En la comunicación no se emplaza a los acreedores a la verificación de sus créditos. Sería útil, evidentemente, aprovechar
esta oportunidad para comunicar a los acreedores que deben comparecer a insinuar sus créditos. La LCU no lo establece.
Mucho menos obliga a incluir, en la notificación, una advertencia al acreedor respecto de las consecuencias de no
presentarse a la verificación de su crédito.
Destinatarios
Los destinatarios de la comunicación son tanto los acreedores del deudor concursado, como sus codeudores, fiadores o
avalistas. Han de recibir la comunicación todos los acreedores del deudor, sea porque consten en su contabilidad y
documentos, o porque resulten conocidos de cualquier otra forma. La finalidad de la comunicación a los acreedores que
consten en la contabilidad y documentos es la corroboración de que el crédito realmente existe.
La norma no distingue entre los acreedores, de modo que todos deben recibir la comunicación, sean privilegiados,
subordinados o quirografarios, o sean anteriores o posteriores a la declaración del concurso (obviamente hasta que se
cursó la comunicación).
Si el crédito contra el concursado estuviere incorporado a un título valor, se entiende que el síndico o el interventor
cumplen con notificar a la persona a favor de la cual el deudor lo haya librado o endosado. Si el título circula, puede haber
acreedores que sean desconocidos para el propio concursado.
B) FUNCIÓN DE LA COMUNICACIÓN
La comunicación tiene como función poner en conocimiento de los acreedores y los codeudores, de ciertos elementos
esenciales del concurso.
Por encontrarse el artículo en análisis bajo el título “solicitud de verificación”, se debe entender como el inicio de la etapa
de verificación de créditos. Una vez recibida personalmente la comunicación, los acreedores y codeudores no pueden
desconocer la existencia del proceso concursal, ni alegar desconocimiento de la LCU, por lo que quedan colocados frente
a la carga de proceder como mejor entiendan que conviene a sus intereses. Hubiera sido útil, evidentemente, aprovechar
esta oportunidad para comunicar a los acreedores que deben comparecer a insinuar sus créditos.
La notificación que estamos analizando, debe hacerse sin perjuicio de la derivada de la publicación de la sentencia de
declaración de concurso, dispuesta en el art. 21. La publicación del art. 21, tiene por objeto publicitar el contenido de la
sentencia de declaración del concurso (art. 19). Uno de esos contenidos es, precisamente, la convocatoria a la junta de
acreedores (n° 4). De modo que la convocatoria a la junta se hace por dos personas distintas y de modos distintos: por el
juez mediante publicaciones (art. 19, n° 4 y art. 21) y por el síndico o interventor mediante carta u otro medio fehaciente
(art. 94).
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2. INSINUACIÓN DE LOS CRÉDITOS
“Insinuación” es una expresión es utilizada por la doctrina, en general, para referirse a la presentación que deben realizar
los acreedores para convertirse en acreedores concurrentes.
Los autores coinciden en considerar que se trata de una carga. La insinuación es de carácter facultativo.
Los acreedores no están obligados a participar en el procedimiento concursal y contra su voluntad no pueden ser tenidos
en cuenta.
Sin embargo, la presentación a la verificación del crédito es un acto necesario para que el acreedor concursal devenga en
concurrente. Es indispensable para que pueda participar en el proceso y cobrar en él su cuota parte en la liquidación final.
Si el acreedor no insinúa su crédito no puede participar en la junta ni en los restantes procedimientos, ni en la liquidación.
La doctrina considera que la imposición de esta carga a los acreedores tiene su razón de ser en el derecho de todos los
acreedores a controlar la legitimidad de los títulos de los que se presenten.
B) CONDICIONES DE LA PRESENTACIÓN
Para no entorpecer el legítimo derecho del acreedor, no se establecen formalidades ni honorarios, tributos o costos de
ninguna especie.
No obstante, en virtud de lo dispuesto en el art. 37.1 del Código General del Proceso, el acreedor insinuante deberá
comparecer a todos los actos del proceso asistido por abogado, debiendo el tribunal rechazar los escritos que no lleven
firma letrada e impedir las actuaciones que se pretendan realizar sin esta asistencia.
Fuera de esta exigencia, de carácter general, se establecen condiciones referidas a la presentación del acreedor, al plazo
en que se debe formular la insinuación, al contenido de la misma y los documentos que se deben acompañar.
De acuerdo con lo dispuesto en el art. 95, la solicitud de verificación debe realizarse al síndico o al interventor por escrito
y presentarse en el juzgado. Se ha señalado que el legislador cometió un error, pues los escritos judiciales se deben dirigir
al juez. Pueden caber tres interpretaciones:
• El escrito se debe presentar en el juzgado, dirigido al juez quien, luego, dará vista al síndico o al interventor;
• El escrito se debe presentar en el juzgado pero dirigido al síndico o al interventor. Plazo de presentación
Los acreedores deben presentarse en el juzgado dentro del plazo de sesenta días, contados desde la fecha de la
declaración de concurso. Evidentemente, la norma debe relacionarse con la convocatoria a la junta de acreedores que
realiza el juez de acuerdo a lo dispuesto en los arts. 19 (n° 4) y 21. Esto replantea la utilidad de la notificación que debe
realizar el síndico o el interventor, de acuerdo al art. 93.
El plazo está previsto para la presentación de los acreedores pero no para el cumplimiento de todo el procedimiento. Por
tanto, tal como dispone el segundo inciso de este artículo, si el síndico o el interventor no culminan la tarea de verificación
de todos los créditos, no se suspende la junta de acreedores.
Contenido de la solicitud
• Indicaciones: la LCU establece la necesidad de que la solicitud sea declarada en forma expresa, que contenga,
además, una serie de detalles tendientes a hacer posible el cotejo del crédito con los libros y documentos del
deudor. Los datos que se exigen serán, luego, las categorías utilizadas por el síndico o por el interventor para la
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confección de la lista de acreedores. Así, el acreedor deberá indicar la fecha, la causa, el monto, el vencimiento
y la calificación solicitada de los créditos que se insinúan.
La referencia a la “causa” pareciera referirse a la vinculación de cada crédito con el negocio jurídico al que deben su
origen.
La calificación jurídica, a que hace referencia este artículo al procedimiento de clasificación de créditos (art. 108 y ss.)
que, en el régimen del Código de Comercio se denominaba “graduación de créditos”. La calificación solicitada, entonces,
deberá ser la de privilegiado especial, privilegiado general, subordinado o quirografario.
• Documentación: el art. 95 exige la presentación de los documentos originales o medios de prueba que permitan
acreditar la existencia de sus créditos. Si el crédito consta en un título valor, debe tenerse presente que estos,
por definición, son abstractos. Alguna doctrina considera que debería acompañarse el contrato de donde surge
la relación fundamental (compraventa, arrendamiento, transporte, seguro, etc.) o los documentos que prueben
la ejecución de estos contratos (factura, carta de porte, etc.), u otros documentos de los cuales pueda surgir, en
forma veraz, la causa del libramiento de los títulos.
• Constitución de domicilio: si los acreedores tienen domicilio en el exterior, deberán constituir domicilio en la
“sede del Juzgado”. Podría entenderse que la norma dispone que la constitución de domicilio se haga en los
estrados. Sin embargo, esa no parece una interpretación que le brinde sentido a la norma. Entendemos que por
“sede del Juzgado” debe interpretarse “radio del Juzgado”.
3. EXCEPCIONES
No requieren verificación los créditos reconocidos por sentencias judiciales o laudos arbitrales (art. 100) ni, tampoco, los
créditos laborales, de acuerdo a lo dispuesto en inc. 2 del art. 62 de la LCU (redacción dada por la Ley 18.593, de 18 de
setiembre de 2009). Sin embargo, no por ello deben dejar de denunciarlos, en los plazos y condiciones analizadas. Si no
se denuncian, estos acreedores pierden el derecho a percibir su participación sobre los pagos ya realizados. Se trata de
una excepción al principio general, según el cual, todos los acreedores deben solicitar la verificación de su crédito. La
razón de este régimen excepcional, se encuentra en la certeza que otorga el reconocimiento judicial o arbitral del crédito.
El síndico o el interventor, en estos casos, no debe tener motivos para dudar de la legitimidad del crédito. Sin embargo,
para tenerlo presente en la liquidación, debe ser informado de su existencia. Esa es la razón por la cual el artículo en
estudio establece que, de todas formas, deben denunciar el crédito oportunamente.
Están exceptuados, también, los acreedores con créditos contra la masa referidos en el art. 91 pues, expresamente, el
art. 92 dispone que se pagan a medida que vencen, fuera del procedimiento concursal. En estos casos, se trata de sujetos
que no participan del proceso de verificación, pues no los afecta el concurso y, por ende, son indiferentes a las cargas
que el proceso concursal impone.
C) ACREEDORES REIVINDICANTES
Las personas cuyos bienes y derechos quedaron atrapados en la masa activa del concurso pero que son objeto del proceso
de separación (art. 88), tampoco deben presentarse al proceso de verificación pues, estrictamente, ni siquiera son
acreedores.
A) INSINUACIÓN TARDÍA
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El vencimiento del plazo establecido para la insinuación de los créditos, no impide que los acreedores se presenten
tardíamente.
En ese caso, el síndico o el interventor deberán proceder, igualmente, a verificar esos créditos, pero el acreedor debe
hacerse cargo de los costos del procedimiento (art. 99).
La LCU no establece el procedimiento a seguir para proceder a esta verificación. Sólo dispone que debe realizarse en el
ámbito del juzgado. Por tanto, de acuerdo al art. 250, la verificación debe sustanciarse ante el juez del concurso, siguiendo
el procedimiento que para los incidentes prevé el CGP.
De modo de agilizar la verificación y, sobre todo, para no entorpecer el proceso concursal, la LCU dispone que este
incidente se desarrolle según las normas de los incidentes fuera de audiencia. También, dispone que los actos procesales
sean notificados en la oficina y que el juez establezca los plazos de las actuaciones procesales, de modo que no impliquen
una demora para las demás etapas del concurso.
El acreedor moroso no pierde el derecho a cobrar su crédito. Sin embargo, hasta tanto no se presente a insinuar su crédito
no podrá exigir su pago y, si ya se efectuaron pagos a los acreedores, ya no podrá reclamar la cuota parte que le hubiera
correspondido cobrar. En efecto, el art. 99 dispone que el acreedor moroso pierde el derecho a percibir la participación
que le hubiere correspondido en los pagos ya realizados, como sanción frente al incumplimiento de la carga de solicitar
la verificación de su crédito en tiempo.
Así, por ejemplo, si el deudor celebró un convenio con sus acreedores, aquél que se presentó tardíamente no está
excluido del convenio. Podrá exigir que se cumpla a su respecto, en las condiciones de quitas y espera que se hayan
establecido. No obstante, si ya se hubieren efectuado pagos a los acreedores, el derecho que le hubiera correspondido
sobre su respectiva cuota parte en esos pagos se extinguió en virtud de lo dispuesto en el art. 99.
Si el acreedor no cumple con esta carga, no participa del concurso, aun cuando haya sido denunciado por el deudor en la
nómina de acreedores y, por tanto, pierde el derecho a participar en las instancias que sobrevengan en el proceso
concursal, hasta tanto se presente a insinuar sus créditos.
En particular, en virtud de lo dispuesto en el art. 118, sólo tienen derecho a asistir a la junta de acreedores, aquellos que
hayan verificado sus créditos. Si en esa junta se hubiese aceptado alguna de las propuestas de convenio presentadas por
el acreedor, sin que hubieren oposiciones o, aun habiéndolas, si fuere aprobado judicialmente, el convenio será
obligatorio, también, respecto de aquéllos créditos que, por cualquier causa, no hubieran sido verificados (art. 158).
Indiferencia de su crédito respecto del cómputo de las mayorías para obtener un convenio anticipado
Por otra parte, para poder presentar una propuesta de convenio con anticipación a la junta de acreedores, el deudor
requiere una mayoría de acreedores quirografarios “con derecho a voto” (art. 163). Como acabamos de expresar en al
párrafo anterior, los acreedores que no hubieren verificado sus créditos no pueden participar de la junta, por lo que,
tampoco deben ser considerados a los efectos de determinar las mayorías de suscriptores requerida para la presentación
anticipada de un convenio en los términos del art. 163.
Costos de la verificación
De acuerdo con lo dispuesto por el art. 56.1 del Código General del Proceso, se consideran costos, los honorarios de los
abogados y de los procuradores.
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La exoneración de todo tipo de costos por la verificación de sus créditos, establecida en el art. 95, constituye un incentivo
para la presentación tempestiva de los acreedores, que se pierde una vez vencido el plazo dispuesto por el art. 94.
Concretamente, corresponde que los acreedores que insinuaron tardíamente sus créditos, paguen los honorarios del
síndico o interventor, por la verificación tardía de sus créditos.
5. VERIFICACIONES ESPECIALES
Obligaciones negociables
Artículo 96. (Emisión de obligaciones negociables): En caso de emisión de obligaciones negociables, la solicitud de
verificación formulada por el fiduciario, si lo hubiere, beneficiará a todos los obligacionistas.
Deudores solidarios
Artículo 97. (Solicitudes de verificación múltiples): En caso de concursos de deudores solidarios, el acreedor tendrá la
carga de solicitar la verificación de la totalidad del crédito en cada uno de los concursos, declarando esta circunstancia en
todos los procedimientos
Artículo 98. (Solicitud del codeudor, fiador o avalista): La solicitud de verificación formulada por el codeudor, fiador o
avalista del deudor beneficia al acreedor.
1. PLAZO DE PRESENTACIÓN
Una vez terminado el plazo de sesenta días, con que cuentan los acreedores para solicitar la verificación de sus créditos
(art. 94), empieza a correr el plazo de treinta días, dentro del cual, el síndico o el interventor deben preparar la lista de
acreedores.
2. CONTENIDO
El art. 101 establece que el síndico o el interventor, deben preparar una lista de acreedores que contenga dos nóminas.
Para poder confeccionarla, el síndico o el interventor tendrán que analizar cada solicitud por separado, cotejar los dichos
del acreedor con las anotaciones contables del deudor y, si resulta necesario, investigar el crédito denunciado de modo
de convencerse de su legitimidad.
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Analizadas todas las solicitudes, el síndico o el interventor deberán confeccionar una lista, que debe contener todos los
acreedores del deudor, cualquiera sea su naturaleza, nacionalidad o domicilio, hayan solicitado o no la verificación de sus
créditos.
• Orden alfabético: todos deben ser ordenados alfabéticamente. En este aspecto, entendemos que el legislador
no ha sido feliz pues el orden alfabético no es relevante a los efectos del concurso.
• Indicaciones: la LCU impone indicar, respecto de cada crédito, la fecha (entendemos que corresponde a la fecha
de asunción de la obligación), la causa, el monto, el vencimiento, la existencia de garantías personales o reales,
y la calificación jurídica de cada uno de ellos. Además, de cada crédito, debe distinguirse qué parte del monto
total corresponde al capital y qué parte corresponde a los intereses. La referencia a la “causa” sólo es razonable
en los documentos causados como, por ejemplo, la factura. En el caso de los títulos valores, que son documentos
abstractos, pareciera carecer de justificación. Cuando la LCU refiere a la necesidad de que el síndico o el
interventor establezcan en la lista cuál es la calificación jurídica que le corresponde a cada crédito, se refiere a
la necesidad de ordenarlos de modo de preparar los pagos resultantes de la liquidación. Ya se ha dicho que los
acreedores no cobran todos al mismo tiempo. Hay algunos que cobran antes. La calificación jurídica, a que hace
referencia este artículo, alude, justamente, al procedimiento de clasificación de créditos (art. 108 y ss.) que, en
el régimen del Código de Comercio se denominaba “graduación de créditos”. A la vista de los documentos
presentados por los acreedores (quienes, por su parte, adelantan su opinión), el síndico o el interventor decidirá
quién es privilegiado especial, o privilegiado general (en cuyo caso, además, deberá establecer el grado), quién
es quirografario y quién subordinado.
Por otra parte, debe realizarse otra nómina, ahora integrada por los acreedores que han sido excluidos, indicando las
razones de exclusión de cada uno de ellos (art. 101, n° 2).
Podría entenderse que se trata de aquellos insinuantes que el síndico o el interventor considerase que no integran la
masa pasiva. En ese sentido, estarían "excluidos" de la masa pasiva. Consecuentemente, no sólo carecerían de derecho
a participar en la junta de acreedores sino que tampoco tendrían derecho a participar en los pagos que el deudor acordara
mediante convenio con sus acreedores, ni en los pagos que se realizara en la liquidación concursal.
Podría entenderse, también, que integran la nómina de acreedores excluidos, todos aquellos que no insinuaron sus
créditos en la forma y con los requisitos que la LCU exige. en este sentido, no estarían excluidos de la masa pasiva sino
de la nómina de acreedores verificados. Estos acreedores no participarán en la junta de acreedores pero sí podrían
requerir el pago de la cuota parte que les correspondiera en el convenio o en la liquidación.
Durante los treinta días que el síndico o el interventor, tienen para preparar la lista de acreedores, puede suceder que se
presenten acreedores a verificar tardíamente sus créditos.
En la práctica forense, se suele confeccionar una tercera nómina con esos acreedores.
Las listas de acreedores deben quedar de manifiesto en el juzgado a disposición de los acreedores para que la impugnen
si les parece pertinente.
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Sin perjuicio de ello, el síndico o el interventor debe comunicar a los acreedores que se hubieran presentado a verificar
sus créditos, el resultado de la verificación (tanto el éxito como el fracaso, en virtud de lo dispuesto en el art. 104). Si el
resultado fuese positivo, comunicarán, también, las condiciones de verificación.
Por analogía con lo dispuesto en el art. 93, entendemos que la comunicación debe hacerse por carta u otro medio
fehaciente. Alcanzaría, entonces, que la comunicación fuese realizada vía telegrama o por envío postal, en ambos casos
con aviso de recibo.
La aprobación de la lista de acreedores tiene como consecuencia, el reconocimiento judicial de la legitimidad de los
créditos allí detallados y el visto bueno respecto de la fecha, causa, cuantía, vencimiento y calificación jurídica atribuida
por el síndico o el interventor. También, significa aprobar las exclusiones realizadas. De modo que queda determinada la
integración de la masa pasiva concursal, su entidad y privilegios, dentro y fuera del concurso.
Los créditos verificados, por tanto, son legítimos y deben ser reconocidos, con el alcance establecido en el concurso,
tanto dentro como fuera del concurso, eliminándose la posibilidad de que otro juez, en otro proceso, se pronuncie de
forma diferente.
Integrar la masa pasiva concursal, legítima a los acreedores para participar en diversas instancias del concurso.
Sólo los acreedores con créditos verificados pueden participar de la junta de acreedores.
El convenio que en dicha junta se vote es obligatorio para el deudor y para los acreedores quirografarios y subordinados
cuyos créditos fueran anteriores a la declaración judicial de concurso, incluidos los que, por cualquier causa, no hubieran
sido verificados (art. 145).
Sólo los acreedores con créditos verificados pueden adherir a la propuesta de convenio que el acreedor, eventualmente,
presente antes de la celebración de la junta de acreedores. La condición exigida por el art. 163 para su adhesión, es la de
ser acreedores quirografarios con derecho a voto. Para tener ese derecho es condición indispensable - aunque no
suficiente – haber verificado sus créditos.
Integrar la masa pasiva como acreedores concurrentes, les genera el derecho a participar en la liquidación de los bienes
que integran la masa activa.
La verificación de sus créditos puede ser relevante, eventualmente, hasta para los acreedores hipotecarios y prendarios,
para participar en el pasivo concursal por el saldo que no hubieren podido cobrar con el producido de la ejecución
hipotecaria o prendaria de su crédito.
Los acreedores que se presenten tardíamente, pierden el derecho a percibir la participación que les hubiere
correspondido con los pagos ya realizados (art. 99).
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A los acreedores concurrentes, en principio, por aplicación de la pars conditio creditorum, justificada en la necesidad de
evitar que el deudor cumpla con unos acreedores en detrimento de otros, se les otorgará un tratamiento igualitario,
siempre dentro de su clase. Esto implica lo siguiente:
• En primer lugar, que los acreedores concurrentes no cobran en cualquier momento. Como principio general,
deben esperar a la liquidación de la masa activa, procedimiento que se realiza de acuerdo a lo dispuesto en los
arts. 168 a 180.
• En segundo lugar, que los acreedores concurrentes sólo cobran íntegramente sus créditos si la masa activa es
suficiente. Si no alcanza, entonces, deben soportar que se les pague a prorrata o, dicho de otro modo, en
proporción a sus respectivos créditos. La colectividad de acreedores, por imperio de la LCU, queda sometida a
una “comunidad de pérdidas”, que los obliga a sacrificar parte de su crédito en beneficio de todos.
Esta sentencia puede ser objeto de recurso de reposición y apelación (con efecto no suspensivo) en un todo de acuerdo
con lo dispuesto en el art. 252. Si así lo solicita el recurrente, el juez tiene la facultad de disponer las medidas cautelares
necesarias que aseguren la efectividad de la sentencia que resuelva el recurso.
LA JUNTA DE ACREEDORES
El acreedor actúa o puede actuar en el concurso individualmente. Actúa individualmente cuando solicita la declaración
de concurso (art. 6, no 2), cuando recurre la resolución de declaración del concurso (art. 22), cuando se presenta a
verificar su crédito (art. 94 y ss.) o cuando impugna la lista de acreedores que formula la junta de acreedores.
También, la LCU prevé dos ámbitos de actuación orgánica de los acreedores: la junta de acreedores y la comisión de
acreedores.
En la junta de acreedores se deciden determinados asuntos de interés común de los acreedores. En especial, se
considerará la propuesta de convenio formulado por el deudor y el informe del síndico, sobre la forma de liquidación de
la masa activa (arts. 122 y 143). Las resoluciones de la junta son obligatorias para todos los acreedores, aun para
disidentes y ausentes.
La comisión de acreedores es un órgano de existencia eventual. Lo designa la junta de acreedores (art. 130). Tienen
funciones diversas, de fuente legal, como recibir los informes semestrales del síndico o del interventor, sobre el estado
de cumplimiento del convenio aprobado (art. 165), aprobar el proyecto de liquidación por partes de la masa pasiva (art.
174), decidir sobre la enajenación de bienes litigiosos (art. 176), etc.
1. CONCURRENCIA A LA JUNTA
El concursado tiene el deber de asistir personalmente (art. 117). Si se trata de personas jurídicas, quienes deben asistir
son los administradores o liquidadores, con poderes de representación.
La LCU no contiene una sanción expresa para el caso en que el concursado omita cumplir con este deber. No obstante,
podría constituirse en una presunción relativa de culpabilidad, en tanto el n° 2 del art. 194 prevé que el incumplimiento
del deber de cooperación con los órganos concursales configura una presunción de ese tipo.
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Concurrencia del síndico o el interventor
El síndico o el interventor, deben asistir, pues ha producido informes que se han de considerar en la junta. Su inasistencia
se sanciona por el juez con una multa de hasta el 5 % del total del pasivo concursal (art. 115, inc. 4).
Los acreedores son sus integrantes naturales. Pueden asistir a la junta sólo si sus créditos han sido verificados. Los
acreedores concurren voluntariamente a la junta. No están constreñidos a asistir pero les puede interesar hacerlo para
poder participar de las decisiones que se adopten.
Pueden asistir otras personas pero se requiere una autorización del presidente de la junta que la concederá, si lo juzga
conveniente. Luego, la junta de acreedores podrá revocar esta autorización en cualquier momento (art. 118). El
presidente de la junta es el juez del concurso (art. 115, inc. 1). En la práctica, hemos visto que el juez admite la presencia
en la junta, de acreedores que no comparecieron a insinuar sus créditos o no fueron verificados por no haber cumplido
su presentación con los requisitos previstos en el art. 95.
B) QUÓRUM
El art. 115, inc. 5, establece que la junta se considerará válidamente constituida cualquiera que sea el número de
acreedores y el porcentaje de pasivo concurrentes. Por lo tanto, no incide sobre la validez de la junta, ni la cantidad de
acreedores que asistan, ni el importe de los créditos que representen los asistentes.
La inasistencia de todos los acreedores, no invalidaría la junta, puesto que cero es, también, un número y, además, los
acreedores no son los únicos participantes posibles de la junta. Sin embargo, la participación de sujetos que no sean
acreedores es meramente instrumental o accesoria. La junta es un órgano del concurso, establecido como un mecanismo
necesario para la adopción de determinadas resoluciones por los acreedores.
La cuestión, además, no es si la junta es válida o no, sino qué sucede con el propio proceso concursal en el caso en que
no concurran acreedores a la junta. Resulta evidente que es la junta la que debe resolver aprobar acuerdos celebrados o
la liquidación del activo y el juez cumple, luego, la función de homologar lo que se resuelve. La no concurrencia de
acreedores frustraría, entonces, el proceso concursal.
No obstante, la LCU no prevé que la inasistencia completa de los acreedores sea una causal de suspensión (art. 207), ni
de conclusión del proceso (art. 211). Ciertamente, no es causal de conclusión del proceso el desinterés de los acreedores.
Tampoco podría pretenderse su conclusión por la falta de pasivo, porque lo hay. Si el deudor pidió su concurso, debió
hacer una relación de sus acreedores. Si el concurso se decretó a pedido de un acreedor, es porque éste ha justificado su
crédito.
Debe tenerse en cuenta, también, que el art. 230 le confiere al síndico y al interventor, la representación legal de los
pequeños acreedores quirografarios. De modo que, eventualmente, aunque no concurriera ningún acreedor, podrían
adoptarse resoluciones válidas respecto a la aprobación de alguna de las propuestas de convenio, si los pequeños
acreedores quirografarios, representados por el síndico o el interventor, en su conjunto alcanzaran las mayorías exigidas
legalmente.
2. FUNCIONAMIENTO DE LA JUNTA
La sentencia que declara el concurso debe contener la convocatoria a la junta ( art. 19). Un extracto de la sentencia se
publica (art. 21) y con esa publicación quedan convocados quienes tienen obligación y derecho de asistir.
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El art. 115 establece que la junta debe reunirse en el lugar, día y hora fijado por el juez en la sentencia de declaración del
concurso. La junta es presidida por el juez y el actuario actúa como secretario.
El art. 121 establece que, antes de entrar a considerar el orden del día, el secretario confeccionará la lista de asistentes,
en la que hará constar la identidad de cada uno de estos, así como el importe y la calificación de los créditos de que fuera
titular. También, se dejará constancia de quiénes asisten, por medio de representante voluntario con indicación de la
identidad del representante y de quienes fueran representados legalmente por el síndico o el interventor.
A) COMPETENCIA DE LA JUNTA
A estas competencias corresponde agregar la de solicitar que se proceda a la liquidación definitiva de la masa activa,
prevista en el art. 168. Esta solicitud la pueden adoptar, también, fuera de la junta, los acreedores que posean la mayoría
de los créditos quirografarios.
Además, consideramos que la junta debe resolver sobre la forma de liquidación de los bienes, para la eventualidad de
que no se apruebe la propuesta de convenio y de que no se logre la venta en bloque de la empresa, prevista en el art.
172. A esos efectos, justamente es que el art. 123 establece que el síndico o el interventor informe sobre la forma más
conveniente de proceder a la liquidación de la masa activa.
B) ADOPCIÓN DE RESOLUCIONES
¿Cómo se vota?
1. En el orden en que figuran en la lista de acreedores, formulada por el síndico o interventor y aprobada por el
juez (alfabético);
2. En forma nominal y pública porque así lo dispone el mismo.
Por el art. 126 se establece una relación de personas que no tienen derecho de voto en la junta de acreedores:
La LCU excluye del voto a esas personas para evitar la adopción de resoluciones abusivas o contrarias a intereses tutelados
por la normativa concursal.
COMISIÓN DE ACREEDORES
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La Junta de Acreedores podrá nombrar una Comisión de Acreedores, compuesta de tres miembros titulares y tres
suplentes preferenciales. Cada uno de los miembros titulares y suplentes de la comisión de Acreedores de elegirá
mediante votación. Serán elegidos miembros titulares de la Comisión de Acreedores aquellos tres acreedores que
obtengan un voto favorable representativo de mayor proporción del pasivo quirografario.
Serán elegidos miembros suplentes de la Comisión de Acreedores, por su orden, los acreedores que le sigan en la
votación.
Cada acreedor votará asignando el importe de su participación en el pasivo quirografario de la masa pasiva a los
candidatos, pudiendo otra por adjudicar todo el monto de su crédito a uno solo o distribuyendo entre varios. Los cargos
de miembros titulares y suplentes de la Comisión de Acreedores serán gratuitos, aunque tendrán derechos a ser
reembolsados de los gastos en que incurran por razón del ejercicio del cargo.
CONVENIOS
De acuerdo a la Ley de Declaración Judicial del Concurso y Reorganización Empresarial n° 18.387 de 2008 (LCU), una vez
declarado el concurso, la insolvencia del deudor puede solucionarse con un convenio de pago (de contenido amplio y
flexible) o con la liquidación de su patrimonio. Ambas etapas tienen en común la finalidad de satisfacer a los acreedores
del deudor. Se distinguen en cuanto al medio empleado para hacerlo.
El convenio es un pacto de naturaleza preclusiva, celebrado entre el deudor concursado y una mayoría de acreedores no
privilegiados, que resulta obligatoria para todos los acreedores (lógicamente a los firmantes pero, también, a los
disidentes y hasta a los ausentes). La liquidación, en cambio, sugiere la imposibilidad de este acuerdo.
El “convenio”, propuesto dentro del proceso concursal, no debe confundirse con el denominado “acuerdo”, celebrado
antes de ocurrir la declaración de concurso (regulado en los arts. 214 y ss.). Mientras éste es “preclusivo” (pues tiene la
finalidad de concluir un proceso concursal ya iniciado), aquél es “preventivo” (su finalidad es evitar su inicio).
A su vez, corresponde advertir que la LCU contiene dos modalidades de convenio. En una de las modalidades, la propuesta
de convenio es votada en la junta de acreedores (arts. 138 y ss.). En la otra la propuesta de convenio es presentada ante
la sede concursal con las firmas suficientes como para su aprobación, lo cual hace innecesaria la celebración de la junta
de acreedores, que se suspende (arts. 163 y ss.).
Ateniendo al ámbito en que se recaba la voluntad de los acreedores que adhieren a la propuesta, llamaremos, al primero,
"convenio judicial" y, al segundo, "convenio extrajudicial".
CONVENIO JUDICIAL
La presentación de una o varias propuestas de convenio es un derecho del deudor, que no se ve mayormente restringido
por la declaración de concurso. Esto es, la declaración de concurso que, en general, suspende o limita la legitimación del
deudor para disponer y obligar a la masa, no afecta la presentación de propuestas de convenio (art. 19, n° 6).
Sin embargo, el concursado no goza de absoluta libertad: debe presentar su propuesta en determinado tiempo y
cumpliendo ciertos requisitos de forma. Ambos condicionamientos se estipulan para evitar dilaciones a una eventual y
fatal liquidación o para abortar cualquier solución que, a la postre, resulte inviable.
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Respecto de la oportunidad, el artículo en estudio dispone que las propuestas se presenten, por lo menos, sesenta días
antes de la reunión de la junta de acreedores. Este plazo es coherente con el indicado en el art. 19, n° 4, según el cual, la
sentencia judicial que declare el concurso del deudor deberá convocar la junta de acreedores de modo que se reúna
dentro del plazo máximo de ciento ochenta días.
En primer lugar, debe presentarse por escrito dirigido al juez de concurso. Del texto debe surgir, claramente, en qué
consiste el ofrecimiento de pago a los acreedores y sus condiciones. En caso de existir más de una proposición, debe
quedar claro si son alternativas o subsidiarias o cómo deben compaginarse unas con otras.
La propuesta debe estar firmada por quienes resulten obligados: el deudor, persona física o jurídica, uno o más
acreedores o hasta terceros.
Lo que no puede contener el convenio son condiciones que lo suspendan o resuelvan en caso de cumplirse.
Podría haberse dispuesto que la condición se tenga por no puesta. Sin embargo el legislador ha sido muy severo. La
consecuencia del establecimiento de una cláusula condicional, prohibida, es la no presentación de la propuesta de
convenio y, con ello, la liquidación inmediata y obligatoria del patrimonio del deudor (art. 168, n° 2).
Sólo se exceptúa el caso del ofrecimiento de convenio realizado por una sociedad integrante de un grupo de sociedades.
La eficacia de la propuesta que presente una de las sociedades, integrantes del grupo, puede condicionarse a que el juez
apruebe la propuesta de convenio de otra integrante.
Lo que no exige la LCU es la demostración de la buena fe del deudor. Quiere decir que todo concursado, aun siendo, por
lo menos, culpable de su situación de insolvencia, tiene derecho a ofrecer un convenio. Ciertamente, si ha actuado con
culpa o dolo sus acreedores tendrán motivos para sospechar de sus intenciones y, probablemente, no crean en la solución
que ofrece. Sin embargo, la buena fe no es un requisito a observar a la hora de presentar la propuesta.
En segundo lugar, el convenio debe acompañarse de varios recaudos. El primero refiere al denominado “plan de
continuación” y “plan de liquidación” que, a su vez, deben respetar determinados parámetros. Existen, por tanto, dos
planes de modo de organizar dos objetivos: la continuación o la liquidación.
Respecto del plan de continuación, sí se proporciona alguna pista. La viabilidad de la propuesta de continuación, depende,
en gran medida, de los recursos financieros prometidos. Por esta razón, la LCU requiere que el plan de continuación
denuncie el origen y detalle los recursos prometidos. Aunque no especifica cuáles son las categorías que deberían
considerarse en este detalle, en definitiva se trata de denunciar cuánto dinero hace falta para continuar con la actividad,
de dónde saldrá, cuál será el costo de su obtención y cómo se aplicará.
Además, en el plan, el deudor debe incluir, necesariamente, una fórmula de pago para satisfacer a los acreedores con
privilegio especial (art. 109).
La liquidación a la que ha de referirse el plan, se trata de una sustitutiva de la liquidación forzosa. La LCU nada dispone
respecto a los detalles del plan de liquidación. Pese a la omisión, el sentido común indica que el plan debe contener,
entre otros detalles, los bienes a liquidar y su orden (especialmente atendiendo su naturaleza más o menos perecedera,
los gastos de conservación, etcétera), la forma de liquidación, el sujeto encargado de hacerlo, el plazo previsto para la
finalización del proceso, el orden de pago a los acreedores y los montos a distribuir.
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Finalmente, la persona jurídica debe acompañar el testimonio de la resolución social aprobando la presentación de la
propuesta. De esta forma, quedan comprometidos los órganos de administración y de reunión de socios que son los que
gobiernan la persona jurídica.
La omisión del deudor en presentar alguna propuesta impone al juez decretar la liquidación de la masa activa (art. 168,
n° 2). Sea que la solución pase por la continuación o por la liquidación, la propuesta de convenio debe acompañarse con
un plan. Si la propuesta de convenio se presenta sin el plan, puede entenderse que equivale a una falta de presentación
del convenio y, por ende, procede la liquidación forzosa de acuerdo a lo dispuesto en el art. 168, n° 2.
2. CONTENIDO DE LA PROPUESTA
El contenido del convenio, esto es, la fórmula de pago de las obligaciones del deudor, puede ser muy variada.
Además de las tradicionales quitas y esperas, permite la cesión de bienes (similar al concordato de liquidación del régimen
anterior), la constitución de una sociedad con los acreedores quirografarios, la capitalización de los pasivos, la creación
de un fideicomiso, la reorganización de la sociedad, la administración de los bienes o cualquier otro contenido siempre
que sea lícito. Finalmente, la LCU permite que el convenio disponga la entrega de los bienes del deudor a una cooperativa
de trabajo, constituida con parte o todo el personal, a título de depósito con facultades de uso precario (art. 174, n° 2).
Puede ofrecerse, también, una combinación de lo anterior.
En la enumeración legal hay contenidos que suponen la entrega de dinero o bienes, con la única finalidad de satisfacer a
los acreedores. Acabado el proceso concursal, una vez cumplido lo convenido, el empresario continuará su actividad con
independencia de los acreedores. Es el caso del pago con quitas o con esperas, de la cesión de bienes y de la creación de
un fideicomiso.
Otras fórmulas, en cambio, implican, en mayor o menor medida, la participación de los acreedores en la nueva etapa que
afrontará la empresa. Así será toda vez que el convenio tenga por contenido la constitución de una sociedad con los
acreedores, la capitalización de pasivos y la entrega de los bienes en uso precario a la cooperativa de trabajadores
Finalmente, la LCU dispone otros contenidos, un tanto ambiguos, que pueden o no ubicarse en alguna de las categorías
anteriores. Es el caso de la reorganización de la sociedad y de la administración de los bienes en interés de los acreedores.
Quitas y esperas
Los acreedores pueden conceder al deudor una quita en el monto total de lo adeudado, o pueden darle plazo para el
pago. También, pueden aceptar las dos cosas.
Cuando el deudor cede sus bienes a los acreedores, transmite la propiedad de los mismos y con ello paga lo adeudado.
La cesión puede comprometer todo los bienes o sólo algunos.
También se puede constituir una sociedad con los acreedores quirografarios. En este caso, el deudor se aviene a constituir
una sociedad con los acreedores quirografarios. Puede ser una sociedad civil o una sociedad comercial. Si se trata de una
sociedad comercial, una vez celebrado el contrato social, la nueva persona jurídica será la encargada de continuar la
actividad del deudor concursado.
Capitalización de pasivos
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La capitalización de pasivos es una operación contable que no supone movilización de dinero alguno. Capitalizar significa
llevar al capital. Capitalizar pasivos implica debitar la obligación del rubro débitos y acreditarlo en el rubro capital
integrado. De esta forma se transforma al acreedor en socio. La solución es similar a la anterior pero, a diferencia de ella,
la sociedad ya está constituida.
Creación de un fideicomiso
El fideicomiso es un acto o un contrato por el cual se constituye lo que se denomina la “propiedad fiduciaria”. Esta
propiedad fiduciaria está conformada por una serie de bienes y derechos transmitidos por el fideicomitente. Se trata de
un “patrimonio de afectación”, esto es, un patrimonio especialmente afectado a los fines previstos en el fideicomiso,
como la simple administración, la enajenación o la inversión, en beneficio de un tercero. La LCU permite que los créditos
concursales sean, justamente, los derechos que conforman este patrimonio de afectación. Los acreedores convienen la
celebración del fideicomiso y ceden sus créditos de modo de alimentar este patrimonio de afectación que será gestionado
por el fiduciario de acuerdo a los criterios establecidos en el contrato. La LCU no establece el objeto del fideicomiso.
Puede disponerse que los bienes sean enajenados, o administrados, o invertidos. Los beneficiados serán los acreedores
y recibirán el producido de la venta, o la renta de la administración o las ganancias de la inversión realizada.
Reorganización de la sociedad
Si la concursada es una sociedad comercial, una posible solución es reorganizar su estructura de gobierno y control de
modo de continuar la actividad comercial y mejorar sus resultados. Con ello se benefician tanto los socios como los
acreedores.
Puede, por ejemplo, sustituirse la integración del directorio o sustituirse al administrador por otras personas de confianza
de los acreedores. Lo mismo respecto del órgano de control. También, se puede crear un órgano de control, si no estuvo
previsto en el contrato original.
El convenio puede comprometer al deudor concursado a gestionar los bienes de forma que redunde en beneficio de los
acreedores. La LCU no especifica, por tanto puede considerarse la opción de administración por sí y, también, la opción
de confiar la administración a un tercero.
Al referirse sólo a la administración parecería que el deudor concursado o el tercero administrador deberían limitarse a
conservar el patrimonio y no a disponer de él. Sin embargo, esta interpretación restringida no se compadece con el
objetivo dispuesto: el beneficio a los acreedores. Entendemos, por tanto, que el término administración debe
interpretarse en forma amplia comprendiendo los actos de gestión y disposición.
El art. 174, al que se hace referencia en este título, establece la estrategia a seguir en caso de tener que resignarse a la
venta de la masa activa en partes, por haber fracasado la venta en bloque. En este caso se hace necesario obedecer un
plan. La LCU, por tanto, establece ciertas reglas.
La segunda regla del art. 174, n° 2, puede ser el contenido de nuestro convenio. El legislador demuestra su preferencia
por determinados créditos laborales a los que privilegia sobre otros, incluso laborales. En caso que los créditos laborales
privilegiados generales, se vean en riesgo de no ser satisfechos en su totalidad, el juez tiene la facultad de nombrar
depositaria de los bienes en concurso a la cooperativa de trabajo que los empleados constituyan, la que podrá utilizarlos
en forma precaria.
Para favorecer el acuerdo y estimular la constitución de la cooperativa, el juez tiene la facultad de disponer la
compensación de esos créditos y su integración como aporte a la cooperativa así como ordenar al administrador del
seguro de desempleo la entrega de las sumas correspondientes al seguro de paro.
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Se ha objetado que una propuesta de convenio con este contenido no es probable en la práctica.
El art. 139 no es taxativo. Como ya se ha adelantado, el legislador deja al deudor en libertad para ofrecer otras propuestas
distintas a las previstas y hasta combinaciones tanto de las previstas por el legislador como de las propias. Lo único que
se exige es licitud, esto es, que lo propuesto no esté prohibido por la LCU.
Cuando se refiere a “contenido lícito”, ciertamente, el legislador está pensando en la fórmula de pago de las obligaciones
y no a otras cláusulas tendientes, por ejemplo, a clarificar el contenido de la propuesta o favorecer su cumplimiento.
Éstas, también, son muy importantes y es recomendable incluirlas.
La otra limitación que se dispone en la LCU, es la imposibilidad de revocar las propuestas efectuadas. Se entiende que la
propuesta debe mantenerse; lo contrario es una oferta falta de seriedad.
Lo que sí puede hacer el deudor es modificar la propuesta original. Para ello debe cumplir, acumulativamente, ciertos
requisitos.
En primer lugar, la modificación no debe referirse a los aspectos sustanciales del convenio, esto es, aquellos que resultan
medulares y definitorios para los acreedores. Va de suyo que, aunque no se exprese así, la Ley requiere que la
modificación sea relevante.
No podrían modificarse, por ejemplo, los porcentajes de quita o la espera ofrecidos, los bienes seleccionados para ser
incluidos en la cesión o la decisión de no ceder todos los bienes, la valoración de los aportes a realizar a la sociedad que
se constituya, o los pasivos a capitalizar. Tampoco podrían modificarse la selección de bienes a transmitir al fideicomiso,
ni el sistema de reorganización de la sociedad propuesto, ni los bienes o la forma dispuesta para la administración en
interés de los acreedores.
En segundo lugar, la LCU requiere que las modificaciones beneficien a los acreedores quirografarios, a todos, o a algunos
de ellos. Evidentemente la LCU es imprecisa pues no aclara cuál es el porcentaje de acreedores que debe considerarse
para cumplir esta condición. Como sea, se trata de una excepción al principio de igualdad de los acreedores (pars conditio
creditorum) que se nota, sobre todo, en esta etapa de convenio.
Queda claro, por tanto, que la modificación no sólo debe beneficiar al deudor, debe, también, significar un beneficio para
los acreedores. Entendemos que basta que resulte inocua para los acreedores.
En último término, la Ley ordena al deudor realizar la modificación con una antelación suficiente como para que los
acreedores puedan conocerla y valorarla (para luego votarla en la junta) y para que el síndico o el interventor, de acuerdo
al artículo siguiente, puedan confeccionar el informe sobre el plan de continuación o liquidación.
a) Informe principal
El síndico o el interventor, tienen la obligación de informar respecto de la viabilidad del plan de continuación o liquidación,
oportunamente acompañado por el deudor al proponer el convenio (art. 138).
El informe debe referir exclusivamente a su viabilidad, esto es, la posibilidad de concreción futura atendiendo a la
documentación jurídica y contable que tiene a su disposición. En otras palabras, el síndico o el interventor, deben augurar
el éxito o el fracaso de la solución propuesta habida cuenta, entre otras cosas, de los recursos existentes. También, podría
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valorarse la legalidad de la solución pues, de no encontrar respaldo en la LCU, ciertamente, resultaría imposible de
sostener en la práctica.
Plazo de presentación
De cualquier forma, tal como surge de la norma, el informe debe ser presentado en el juzgado y puesto a disposición de
los acreedores con una anticipación mínima de quince días a la fecha prevista para la celebración de la junta.
Este plazo no tiene naturaleza procesal, por lo que se deberán contar días corridos.
b) Informe ampliatorio
Si el deudor realizó cambios, además del informe sobre la propuesta original, deberá presentarse un informe ampliatorio
sobre la modificación.
Entendemos que sobre las modificaciones, el síndico o el interventor deben expedirse, también, respecto a su viabilidad.
No queda claro, en cambio, si deben juzgar el cumplimiento de los requisitos acumulativos vistos en el artículo anterior,
o si esta tarea queda reservada al juez.
Plazo de presentación
La ampliación del informe debe ser puesto a disposición de los acreedores con una anticipación mínima de cinco días a
la fecha fijada para la celebración de la junta.
CONVENIO EXTRAJUDICIAL
El convenio extrajudicial se encuentra regulado en los arts. 163 y 164 de la LCU. A diferencia del judicial, al juez del
concurso se le presenta la propuesta de convenio junto con las adhesiones de los acreedores. De manera que, en este
caso, el deudor se presenta con la propuesta ya suscripta por los acreedores. Con palabras de la propia LCU, se presenta
una propuesta de convenio concursal con adhesiones.
La LCU, de esta forma, permite abreviar el proceso pues suspende la instancia de reunión de los acreedores en junta.
Cumplidos los requisitos que veremos a continuación y luego de aprobada la lista de acreedores, el juez dispondrá la
suspensión de la junta y abrirá el plazo para que se presenten las oposiciones al convenio.
1. REQUISITOS
Se exigen ciertos requisitos. En primer lugar, un requisito de oportunidad: la propuesta, con sus adhesiones debe
presentarse antes de la celebración de la junta de acreedores. La LCU no determina el momento preciso.
En segundo lugar, como principio general, las adhesiones deben representar la mayoría del pasivo quirografario con
derecho a voto. Puede tratarse de uno o varios acreedores (no se exige una mayoría de personas), siempre y cuando
represente la mitad más uno de este pasivo.
Excepcionalmente, cuando la propuesta de convenio implique el otorgamiento de quitas superiores al cincuenta por
ciento del monto de los créditos quirografarios o plazos de pago superiores a diez años, la mayoría se recrudece. Es
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necesario contar con la adhesión de acreedores quirografarios que representen las dos terceras partes del pasivo
quirografario con derecho a voto.
2. PUBLICACIONES
Los acreedores conocerán la propuesta, gracias a la publicación de un extracto de la misma, durante tres días, en el Diario
Oficial. Si desean estudiar el texto completo, tienen a su disposición el convenio presentado en el Juzgado.
El extracto a que hace referencia esta norma, debe contener un resumen de los principales aspectos de la fórmula de
pago ofrecida por el deudor (quita, espera, bienes objeto de la cesión, por ejemplo) y los detalles que acompañan su
ejecución (garantías, intereses, consecuencias de su incumplimiento, entre otros). Lógicamente, también deberá
denunciar el número de expediente, el juzgado concursal actuante y el nombre del síndico o del interventor.
Además, en esta publicación se convoca a los acreedores concursales (esto es con créditos verificados) a presentar sus
oposiciones advirtiéndoles que deben hacerlo en el plazo de veinte días a partir de la última publicación realizada.
3. OPOSICIONES
Al igual que en el caso del convenio suscripto en la junta, en el convenio presentado con adhesiones, los acreedores
tienen la oportunidad de plantear sus oposiciones, dentro del plazo abierto por el juez al suspender la junta.
Pueden oponerse a su aprobación los acreedores quirografarios y subordinados del deudor, excepto, claro está, los que
lo hubieran suscripto. También pueden oponerse el síndico y el interventor.
Cualquiera sea el legitimado, las causales son las ya comentadas al estudiar el art. 152 de la LCU.
De acuerdo con la remisión contenida en el art. 164, las oposiciones se deben tramitar por el procedimiento previsto en
el art. 155 de la LCU.
En todo caso, si transcurre el plazo legal y ninguno de los legitimados formuló oposición alguna, el juez dictará una
resolución aprobando el convenio, el primer día hábil posterior a la finalización del término.
En cambio, si se presentaron oposiciones, se procederá de acuerdo al art. 155 y la decisión que apruebe o rechace el
convenio tendrá los efectos previstos en los arts. 157 a 162, a los que nos remitimos.
En su título IV, la Ley de Declaración Judicial del Concurso y Reorganización Empresarial n° 18.387 de 2008 (LCU) regula
la composición de la masa activa del concurso, tanto desde el punto de vista estático (resultado de la confección del
inventario y su valoración) como desde el punto de vista dinámico (resultado del análisis de las existencias reales, esto
es, las existencias encontradas luego de puestos en práctica los procesos de reintegración y reducción de la masa activa.
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El éxito de todo el proceso concursal depende, en gran medida, del cuidado que se haya tenido en la reunión de los
bienes y derechos del deudor, tarea que corresponde al síndico o al interventor.
Para orientar el desempeño de esa tarea, la LCU comienza el tratamiento del tema, con la consagración del principio de
universalidad (art. 71). A esto agrega algunas precisiones en cuanto a bienes adquiridos por el cónyuge (art. 72) y a la
hipótesis en que existan cuentas indistintas (art. 73).
El principio de la universalidad o unidad patrimonial, es uno de los pilares que sostiene el sistema de ejecución colectiva.
En la práctica, este principio se traduce en la reunión de todos los bienes y derechos del deudor concursado, existentes
a la fecha de declaración de concurso y, además, los que vayan incorporándose posteriormente, hasta su conclusión. Esto
significa que la determinación de la masa activa es una operación dinámica pues, durante el procedimiento concursal, es
posible que el patrimonio del deudor sufra modificaciones.
El principio de la universalidad considera, no sólo los bienes propios del deudor concursado sino, también, los bienes
gananciales de los cuales tenga la administración. La excepción que establece la LCU, en este artículo, refiere a los bienes
y derechos declarados inembargables.
Según el Diccionario de la lengua española, “masa” es un “conjunto o concurrencia de algunas cosas”. En el Derecho
concursal se distingue, tradicionalmente, entre masa “activa” y masa “pasiva”, en alusión a las cuentas de activo y de
pasivo que se llevan en la contabilidad.
La masa activa de hecho es el conjunto formado por todos los bienes y derechos que se encuentran en posesión del
deudor al momento de la declaración de concurso.
La masa activa de Derecho es la masa activa depurada, esto es, la que resulta de haber quitado los bienes que no son
propiedad del deudor (mediante el procedimiento de reducción) y de haber sumado los bienes que son propiedad del
deudor pero se encuentran en manos de otras personas (mediante el procedimiento de reintegración). Además, la masa
activa acrece con los bienes futuros que pueda adquirir el concursado, así como con los frutos de sus bienes.
Los procedimientos de liquidación se practican, justamente, sobre la masa activa de Derecho pues a ésta se reduce la
garantía común de los acreedores. Por lo tanto, la masa activa de Derecho puede ser definida como el conjunto de bienes
y derechos integrados en el patrimonio del deudor a la fecha de declaración del concurso y los que se reintegren al mismo
o adquieran hasta la conclusión del procedimiento, que han de ser objeto de la liquidación en la etapa final del proceso
concursal.
2. PRECISIÓN
El conjunto de bienes que integran la masa activa no tiene individualidad jurídica; no es un bien distinto de los bienes
que lo componen. La masa activa no configura un patrimonio de afectación, que se separa del patrimonio del concursado.
Tampoco es sujeto de Derecho.
Esta precisión, que pudiera parecer obvia, es necesaria en tanto que en algunas normas de la LCU, se subjetiviza a la
masa. RODRÍGUEZ OLIVERA menciona los siguientes ejemplos, en que se hace referencia a la masa como si fuera un
sujeto de Derecho:
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• El art. 74 se refiere a la suspensión de la legitimación del deudor, para disponer y obligar a la masa del concurso.
• Los arts. 91 y 92 se refieren a los créditos contra la masa.
• El art. 169 sobre la resolución judicial de liquidación, señala que debe contener la suspensión de la legitimación
para disponer y obligar a la masa del concurso.
Según dispone el art. 71, la masa activa estaría integrada por “la totalidad del patrimonio del deudor a la fecha de la
declaración y por los bienes y derechos que adquiera hasta la conclusión del procedimiento”.
La doctrina advierte que la norma no fue correctamente redactada. La noción de patrimonio que adopta la LCU está
circunscripta a su faz activa, esto es, sin tomar en cuenta las deudas que podrían descontarse del activo. La masa activa
no puede considerarse integrada por todo el patrimonio. Para el Derecho, el “patrimonio” de un sujeto está integrado
por el conjunto de sus bienes, derechos y obligaciones. Las obligaciones del deudor, como es obvio, no integran la masa
activa del concurso sino la masa pasiva. Deducidas las deudas que gravan a la sociedad, el remanente constituye su
patrimonio neto. Se debió establecer que la masa activa se integra con todos los bienes del patrimonio. Evidentemente,
en la LCU no se usa el término patrimonio, en su sentido jurídico sino con el significado que le da la ciencia contable. Se
trata de un equívoco reiterado del legislador.
La LCU se ocupa tanto de determinar qué bienes están incluidos en la masa activa de Derecho, como de especificar cuáles
están excluidos.
1. BIENES INCLUIDOS
La masa activa de Derecho, de acuerdo con la LCU, está integrada por los siguientes bienes:
1. Los bienes y derechos que integran el patrimonio del deudor desde la fecha de la declaración de concurso y los
que adquiera hasta la conclusión del procedimiento (art. 71, inc. 1).
2. Los bienes gananciales cuya administración le corresponda al deudor, de acuerdo a la Ley o en atención al
régimen establecido en capitulaciones matrimoniales (art. 71, inc. 2). De acuerdo con lo dispuesto por el art.
1.970 del Código Civil (CC), cada cónyuge administra los bienes gananciales que adquiere.
3. Los bienes adquiridos por el cónyuge del deudor en el año anterior a la declaración de concurso, llevados a la
masa en virtud de una acción revocatoria basada en la presunción establecida en el art. 72 de la LCU.
4. La totalidad del saldo acreedor de las cuentas indistintas abiertas con un año o menos de antelación a la fecha
de la declaración de concurso, llevado a la masa en virtud de lo dispuesto en el art. 73.
5. Los bienes reintegrados a la masa gracias al ejercicio de las acciones revocatorias previstas en los arts. 80 y ss.
2. BIENES EXCLUIDOS
1. Los bienes que compongan el patrimonio del deudor, propios o gananciales bajo su administración, que tengan
el carácter de inembargables (art. 71, inc. 2).
2. Los bienes y derechos que, al momento de la declaración del concurso, se encuentren en posesión del deudor
pero que no sean de su propiedad y cuyo destino es ser entregados a sus titulares en virtud del procedimiento
de reducción de la masa activa prevista en los arts. 88 y ss.
3. Los bienes gananciales cuya administración no le corresponda al deudor concursado.
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PRESUNCIÓN LEGAL
El art. 72 de la LCU establece que, si se dan las condiciones que se analizarán a continuación, se presume que los bienes
y derechos adquiridos por el cónyuge no deudor, lo han sido a título de donación del cónyuge deudor. En virtud de esa
presunción, se torna aplicable el art. 81, que dispone el régimen para la revocación de las donaciones efectuadas dentro
de los dos años anteriores a la declaración del concurso. En función de esa acción revocatoria, los bienes y derechos
adquiridos por el cónyuge ingresarían a la masa activa del concurso, sin perjuicio de la posibilidad de incoar una acción
de nulidad fundada en la prohibición de donaciones entre cónyuges.
FUNDAMENTACIÓN
El art. 72 viene a resolver, mediante el establecimiento de una presunción, un problema común en la adquisición de
bienes dentro del régimen de ganancialidad. La norma trata de explicar el origen de los bienes y derechos adquiridos por
el cónyuge del deudor concursado, dentro del año anterior a la declaración de concurso, y respecto de los cuales no
pueda justificar cómo consiguió el dinero para adquirirlo. El legislador parte del supuesto de que un deudor en
dificultades puede haber destinado recursos propios a la adquisición de bienes y derechos por parte de su cónyuge. De
esa manera dichos bienes y derechos quedarían a resguardo de las pretensiones de sus acreedores.
Esta innovación ha sido recibida con beneplácito por la doctrina como una herramienta efectiva contra los fraudes.
Se trata de una presunción simple, puesto que admite la prueba en contrario, mediante la justificación de la procedencia
del precio. La presunción legal produce la inversión de la carga de la prueba, en beneficio de los acreedores. Estos no
tendrán que realizar el esfuerzo probatorio.
La LCU facilita la prueba en contrario, a través de otra presunción, puesto que se tiene por justificada la procedencia del
precio, por el mero hecho de que el cónyuge reciba sueldo, ejerza una profesión o tuviera dinero a su disposición. De
modo que se presume que, si el cónyuge tiene algún trabajo o profesión que le permita disponer de un importe de dinero
suficiente para la adquisición de los bienes y derechos que se pretenden incorporar a la masa activa del concurso, los
recursos necesarios para esa adquisición provinieron del trabajo o profesión del cónyuge.
Ámbito material
La presunción del art. 72 sólo será invocada en acciones revocatorias sobre bienes cuya administración no le corresponda
al deudor.
El resto se considera que integra el patrimonio del deudor, tal como lo establece expresamente el art. 71, inc. 2, por lo
que carece de sentido promover una acción revocatoria a su respecto. Ya integran la masa activa del concurso, por
disposición legal.
Ámbito temporal
La presunción opera, exclusivamente, respecto a adquisiciones de bienes y derechos ocurridas dentro del año anterior a
la declaración de concurso.
El limitar el plazo operativo de la presunción a un año es incongruente con el plazo conferido para promover la acción
revocatoria (art. 81). Resulta que la presunción sólo opera respecto a adquisiciones realizadas en el año anterior a la
declaración del concurso.
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Si se trató, efectivamente, de un acto gratuito del deudor que excede el año, podrá igualmente revocarse pero sin estar
facultado para invocar la presunción del art. 72. Sin embargo, para que una adquisición del conyugue realizada más allá
del año pueda ser revocada se deberá, previamente, probar la simulación, que el verdadero adquirente es el deudor y
que, en todo caso, hubo una donación a su cónyuge.
1. En primer lugar, el cónyuge adquirente no debe poder justificar el pago del precio, por carecer de recursos o no
tener profesión o trabajo que explique de dónde obtuvo el dinero suficiente para ello.
2. En segundo lugar, el bien o derecho, presumiblemente donado, debe haberse adquirido dentro del año anterior
a la declaración de concurso. El límite se establece en el entendido de que toda adquisición del cónyuge del
deudor, durante este período, está bajo sospecha pues no es descabellado pensar que se trate de una maniobra
del deudor para insolentarse y, así, defraudar a sus acreedores.
EXCEPCIÓN
En el inc. 3 del artículo que estamos comentando, se establece que la presunción no rige cuando los cónyuges estuvieran
“separados judicialmente”.
La doctrina advierte que no queda claro si la referencia es a la separación judicial de bienes conforme al régimen de la
Ley 10.793 o a la separación judicial de los cónyuges prevista en el CC. Se considera, sin embargo, que “por el tenor de la
norma”, parecería que la referencia sería a la primera de ambas situaciones.
• La excepción del inc. 3 es idéntica a la contenida en el 78.2 de la Ley Concursal española n° 22 de 2003 (LCE)
pero allí referida, claramente, a la separación judicial o de hecho de los cónyuges (no de sus patrimonios).
La excepción del caso de separación - que en la interpretación que pretende la doctrina carece de cualquier justificación
- se entiende en el contexto de la LCE.
En el régimen de la LCE, si el régimen económico del matrimonio fuese el de sociedad de gananciales o cualquier otro de
comunidad de bienes, los bienes gananciales quedan incluidos en la masa activa por disposición legal, sin perjuicio de
que el cónyuge pueda pedir la disolución de la sociedad o comunidad conyugal (art. 77.2). Luego, el art. 78 de la LCE
incluye la misma presunción que contiene nuestro art. 72 pero sólo para la hipótesis de concurso de persona casada en
régimen de separación de bienes.
Es evidente que, en el régimen de la LCE carece de sentido que la presunción operara respecto de un deudor casado en
régimen de comunidad de bienes, puesto que, en ese caso, es innecesario promover una acción revocatoria para
incorporar a la masa activa los bienes gananciales. Esos bienes ya la integran por imperio legal.
Entonces, cobra sentido una disposición que regule el caso del deudor separado de bienes de su esposa, para facilitar las
acciones revocatorias sobre las adquisiciones de bienes por parte de su esposa. Cobra, también, sentido que se
excepciones de tan severo régimen a los cónyuges separados judicialmente o de hecho.
Por lo tanto, en nuestra opinión, sólo quedan excluidos de la presunción del art. 72, los bienes adquiridos por el cónyuge
no deudor con separación judicial de cuerpos o divorciado. La presunción opera, entonces, tanto respecto a los bienes
98
gananciales adquiridos por el cónyuge no deudor como respecto a los bienes adquiridos por el cónyuge no deudor en
régimen de separación de bienes.
Esta interpretación, además, le atribuye sentido a la norma. En caso contrario, bastaría para defraudar a sus acreedores,
que el deudor concursal obtuviera la separación de bienes. No advertimos, tampoco, por qué se habría de exceptuar de
la presunción, las adquisiciones de bienes por parte de un cónyuge separado de bienes, que ni siquiera pueda acreditar
tener un empleo, profesión o disposición de dinero suficiente para adquirir los bienes que misteriosamente ingresan a
su patrimonio en el año anterior a la declaración del concurso.
La declaración de concurso, en principio, no determina el cese o la clausura de la actividad del deudor. Excepcionalmente,
de acuerdo a lo dispuesto en el art. 44 de Ley de Declaración Judicial del Concurso y Reorganización Empresarial n° 18.387
de 2008 (LCU), el juez tiene la facultad de disponer estas medidas, cosa que puede hacer en cualquier momento a
instancia del deudor, los acreedores, el síndico o el interventor y hasta de oficio.
Asimismo, la declaración de concurso no siempre trae consigo, necesariamente, la separación del deudor de la
administración de su patrimonio. Esta consecuencia sólo es el resultado de una situación muy grave. En efecto, de
acuerdo a lo establecido en el art. 45, el juez debe disponer la suspensión de la legitimación del deudor para disponer,
sólo, cuando el concurso es necesario (solicitado por cualquier persona a excepción del deudor (art. 11) o, cuando, aun
siendo voluntario, el activo no sea suficiente para satisfacer el pasivo (art. 45, ns. 1 y 2). En estos casos, el deudor es
sustituido por un síndico, pues la LCU entiende que el deudor no ha cumplido con la obligación de solicitar su propio
concurso (art. 10), o ha cumplido con la LCU pero existe una situación de insolvencia que justifica su sustitución.
Cuando el concurso es voluntario, esto es, solicitado por el propio deudor (art. 11) y cuando el activo es suficiente para
la satisfacción completa del pasivo, la LCU considera que el deudor merece seguir participando de la administración y
disposición de su patrimonio. Por esta razón, en estos casos, sólo se limita su legitimación y se designa a un interventor
para que co-administre los bienes (art. 45, n° 2). Por tanto, cuando hay suspensión de la legitimación y,
consecuentemente, sustitución del deudor por un síndico, es a éste a quien corresponde la primera tarea de todo
administrador: la simple conservación del patrimonio.
Conservar el patrimonio significa no empobrecerlo, no permitir que disminuya su valor. En principio, el síndico no está
facultado para disponer de los bienes y derechos de la masa activa. Sólo puede enajenar estos bienes cuando de no
hacerlo se produzca, justamente, un empobrecimiento. Así, la LCU permite al síndico enajenar, de inmediato, los bienes
de fácil deterioro o los de difícil o costosa conservación. La LCU, en este aspecto, facilita la liquidación de estos bienes y
con ello mejora el régimen anterior que exigía, en todo caso, el remate público.
Dentro de las obligaciones del síndico, en esta función de conservación, la LCU señala la realización de todos los actos
necesarios para poseer los libros y documentos relacionados con el deudor y su actividad, sin los cuales no puede realizar
el inventario del art. 77, ni la tarea de depuración de la masa activa consistente en la reintegración y reducción de bienes
previstas en este título. Como corresponde el síndico solicitará al deudor la entrega de todos estos documentos. Si no los
entrega voluntariamente, el síndico tiene la obligación de realizar la denuncia correspondiente, de acuerdo a lo dispuesto
en los arts. 248 y 249.
La tarea de conservación, generalmente, es muy costosa y, a veces, no se corresponde con el valor de los bienes a
conservar. Entre otras medidas, el síndico deberá contratar seguros, servicios de vigilancia, si se trata de inmuebles
deberá cerrarlos para evitar que ingresen intrusos y deberá, además, ocuparse de todos los gastos de mantenimiento
para evitar el deterioro de los bienes.
99
Si hay posibilidad de proceder a la venta en bloque de la empresa, estando los bienes reunidos, todos estos gastos son
aconsejables. Sin embargo, cuando esta posibilidad está descartada y los bienes están dispersos, lo costoso del
procedimiento de conservación puede resultar desaconsejable para el concurso pues, lo más probable es que acaben con
el magro patrimonio a liquidar. Por esta razón, en estos casos, se aconseja el remate inmediato de los bienes.
En este art. 75 se establece el alcance de la facultad de administración de los bienes y derechos componentes de la masa
activa, facultad que tendrá el síndico (si hay suspensión de la legitimación para disponer) o el deudor, acompañado por
el interventor (si hay sólo limitación de la legitimación).
Al contrario de la simple conservación, en el sentido que le atribuye la LCU, la administración trae consigo los poderes de
disposición del patrimonio, tanto de enajenación como de gravamen.
Esta facultad no está exenta de límites, a los que se refiere el propio art. 75.
En primer lugar, todo acto de disposición se debe realizar en interés de los acreedores. De modo que la LCU, en este
capítulo, prioriza el interés del acreedor por sobre otros principios, como por ejemplo, el principio de conservación de la
empresa.
En segundo lugar, los actos de disposición sobre bienes o derechos cuyo valor supere el 5 % del valor total de la masa
activa no pueden hacerse en cualquier momento; habrá de aguardarse la resolución judicial que apruebe el convenio u
ordene la apertura de la liquidación y, en todo caso, con autorización del juez.
Como contrapartida, la LCU le brinda al síndico dos instrumentos excepcionales para la administración de la masa activa:
el levantamiento, a su respecto, del secreto bancario y la posibilitar de rehabilitar contratos.
Si en la masa activa del concurso se encuentra algún valor depositado, en cuenta corriente o en cualquier otro concepto,
en una empresa de intermediación financiera, al síndico o al interventor no le será oponible el secreto profesional (art.
76), dispuesto en el art. 25 del Decreto Ley de Intermediación Financiera 15.322 de 1982.
El art. 76 debe compaginarse con lo dispuesto en el art. 73, ya visto, que refiere a la existencia en la masa activa de
cuentas indistintas. En este caso parece claro que, dada la presunción establecida en la norma, el secreto profesional se
levanta para los dos titulares.
Respecto de contratos celebrados con más de un año de antelación, caso en que no opera la presunción de propiedad
dispuesta, el problema parece más difícil de resolver. En principio parecería que respecto del co-titular, que no ha sido
declarado en concurso, no correspondería sea alcanzado por esta norma. Sin embargo, dada la trascendencia que tiene
la situación concursal para la sociedad, entendemos que el derecho del particular a la reserva debe ceder frente al interés
general en conocer el contenido de estas cuentas para su administración.
La doctrina señala que este art. contempla un caso poco probable, pues parte de la base que las cuentas se encuentren
operativas cuando, lo más lógico sería que se encontraran suspendidas y hasta clausuradas.
En el art. 79, la LCU establece una solución novedosa, presumiblemente, para favorecer la continuación de la actividad
del concursado. Los incumplimientos, comprendidos en la norma, encontrarían su explicación en las dificultades
económico financieras que atraviesa la empresa en crisis y que determinan su concurso.
100
Determinados contratos pueden ser objeto de “rehabilitación” siempre y cuando cumplan ciertos requisitos. Se trata de
una facultad que puede ejercer el síndico o el interventor, aun contra la voluntad de la contraparte.
La norma plantea la posibilidad de una categoría distinta a las de rescisión y resolución a las que estamos acostumbrados.
Se refiere a la “rehabilitación”, categoría que operaría entre la producción de la causal de resolución (el incumplimiento),
hasta el momento inmediatamente anterior a la sentencia firme de declaración de resolución. Además se prescinde,
completamente, de la voluntad del co- contratante.
La LCU realiza una nómina restrictiva de contratos a los que se le puede aplicar este procedimiento. Existe, por tanto, un
límite objetivo y uno temporal que deben ser respetados. Todos tienen, en común, la existencia de un crédito: mutuos
pagaderos en cuotas, compraventas a crédito, promesas de enajenación de inmuebles a plazos, arrendamientos y
créditos de uso (leasing) “caducos” por incumplimiento del deudor de pagar el precio o los pagos comprometidos.
Para que puedan ser “rehabilitados”, es necesario que se cumplan, acumulativamente, ciertas condiciones, pensadas
para garantizar la contraprestación del acreedor que se ve obligado a continuar un contrato que pretende resolver. Esto
supone, como es lógico, un concurso con activos líquidos como para poder enfrentar los pagos.
1. En primer lugar, previamente, se deben consignarse los importes pendientes de pago y los intereses moratorios,
así como asumir la obligación de continuar realizando los pagos periódicos. Los pagos posteriores a la
declaración del concurso se consideran créditos contra la masa.
2. En segundo lugar, se debe notificar la rehabilitación a la parte acreedora. La notificación debe realizarse antes
de que finalice el plazo para presentar la solicitud de reconocimiento de créditos en el concurso.
3. En tercer lugar, no debe de haber recaído sentencia judicial pasada en autoridad de cosa juzgada disponiendo
la resolución del contrato por incumplimiento.
INVENTARIO
CONCEPTO
La palabra “inventario” corresponde a la voz latina “inventarium”, proveniente de “invenio” que significa “encontrar”.
Etimológicamente, entonces, “inventario” es una lista de lo que se encuentra.
En el concurso, el inventario que elabora el síndico o el interventor, tiene como función de informar a los acreedores y al
juez sobre la conformación inicial de la masa activa de hecho, a los efectos de la consideración de un posible convenio o
de orientar la liquidación, en su caso.
Asimismo, el inventario pude permitir que el juez a cargo del concurso modifique su resolución inicial, transformando la
suspensión de la legitimación en limitación o la limitación en suspensión. En efecto, esta posibilidad se encuentra prevista
en el art. 45.3 de la Ley de Declaración Judicial del Concurso y Reorganización Empresarial n° 18.387 de 2008 (LCU), para
el caso de concurso voluntario, para cuando quede de manifiesto que la relación entre activo y pasivo es distinta a la
tenida en cuenta al declarar el concurso.
La inclusión de un bien o de un derecho de crédito a favor de la concursada dentro del inventario no supone
necesariamente, aunque luego este inventario sea aprobado judicialmente, un pronunciamiento declarativo de la
propiedad o del derecho real del concursado sobre aquellos bienes, o del derecho de crédito de la concursada frente a
un tercero
DILIGENCIA DE INVENTARIO
101
La diligencia de inventario es uno de los actos más serios del procedimiento concursal. Por este acto, el síndico o el
interventor toman su primer contacto con la masa activa del concurso, constatando la existencia de los bienes que el
deudor declaró inicialmente poseer.
La LCU se limita a encargar al síndico o al interventor, la confección del inventario. La de ellos, por lo tanto, es la única
presencia que la LCU impone en forma preceptiva para la diligencia de inventario.
El criterio de los tribunales concursales no es unánime respecto a la necesidad de recurrir al auxilio del alguacil del
juzgado. La Juez Letrado en lo Concursal (JLC) de 1er turno se considera que su participación es, también, preceptiva en
función de que éste es el régimen general aplicable a las diligencias realizadas fuera de la Sede. El JLC de 2° turno, en
cambio, entiende que, puesto que la LCU no impone la presencia del alguacil del juzgado, éste sólo participará de la
diligencia si así es solicitado por el síndico o el interventor.
Para diligencias de inventario fuera del departamento, se ha admitido la participación de un escribano público, a los
efectos de formalizar la diligencia.
Puesto que la LCU impone que el inventario sea valorativo, parecería oportuna la presencia del tasador designado.
Asimismo, parece conveniente la presencia del deudor.
La LCU encomienda tanto al síndico como al interventor, la confección de un “inventario de la masa activa”. Este
inventario es independiente de aquél dispuesto en el art. 7, que debe ser presentado por el deudor al solicitar su propio
concurso.
La expresión utilizada por el legislador es inadecuada. El inventario no puede recaer sobre la masa activa, pues ésta recién
se determinará en función, precisamente, del inventario que realice el síndico.
El inventario debe realizarse sobre todos los bienes y los derechos, que pertenezcan al deudor.
• Bienes: especialmente, se han de inventariar los bienes que se encuentren en los establecimientos comerciales
o industriales deudor. También, se deben incluir en el inventario los bienes personales del deudor, con la única
excepción de los inembargables. Asimismo, corresponde inventariar aquellos bienes gananciales cuya
administración corresponda al deudor.
• Derechos: En cuanto a la referencia al inventario de los derechos, implica que se incorporen el incorporen todos
los créditos a favor del deudor, incluso los litigiosos, que hubieran nacido a la vida jurídica hasta el día anterior
al de la presentación del inventario. No obstante, aquellos derechos que nazcan bajo la titularidad del
concursado con posterioridad a esa fecha, se habrán de integrar, necesariamente y en su momento, en la masa
activa para cumplir la finalidad común de servir a la ordenada satisfacción de los créditos que sobre ella pesan,
conforme al principio de universalidad.
Es indiferente que se trate de créditos documentados en títulos valores o no. Así, por ejemplo, en la jurisprudencia
española, sobre un texto similar al nuestro, ha entendido que corresponde incluir en el inventario el crédito
correspondiente al precio impago de la compraventa de un inmueble.
102
Una vez realizado el inventario quedará conformada la masa activa de hecho. En el transcurso del proceso y sus diversas
instancias, la masa activa de hecho será depurada mediante el procedimiento de reducción, que eliminará de la masa
activa los bienes inventariados que se acredite no ser de propiedad del deudor. Asimismo, se incorporarán a la masa
activa los bienes que no hubieran podido ser inventariados por encontrarse en manos de otras personas, a pesar de
integrar el patrimonio del deudor, mediante el procedimiento de reintegración. Sin perjuicio de ello, la masa activa
acrecerá con los bienes futuros que adquiera el concursado, así como con los frutos de sus bienes.
Valoración
El inventario, debe contener la valoración de cada uno de los bienes y derechos incluidos.
Para valuar estos bienes y derechos, el síndico o el interventor deben a contratar los servicios de “expertos
independientes”, esto es, que no tengan relación con el deudor ni con los acreedores concursales. Previamente, deben
solicitar autorización al juez. Ciertamente el juez puede negar la autorización si considera que el candidato no cumple
con la condición de independencia que requiere la norma o si no lo considera suficientemente calificado para la tarea.
Condiciones de la valoración
La valoración, esto es, la determinación de su equivalente en dinero, debe hacerse a la fecha de declaración del concurso
y, luego, a la fecha de presentación del inventario. Debe indicarse la variación operada en caso de existir un aumento o
una disminución del valor, entre las dos fechas referidas. Si el valor inicial no ha sufrido modificaciones no debe realizarse
ninguna observación.
La LCU no establece reglas de valoración de los bienes. Sin embargo, parece lógico que se atienda al valor de mercado y
que se tenga presente la existencia de gravámenes constituidos sobre los mismos.
Ahora bien, teóricamente, la valoración podría hacerse según el valor de costo o el valor comercial de venta al público o
el valor en remate. Por nuestra parte, entendemos que para determinarse cómo hacer la valoración, debe tenerse en
consideración la función del inventario, ya referida en páginas anteriores.
Así, por ejemplo, si se trata de un inventario de las mercaderías existentes en un establecimiento comercial, en un
concurso en el que se mantiene la actividad del deudor, la valoración deberá contemplar el precio de venta al público de
esas mercaderías. De la venta al público de la mercadería surgirán los recursos con que contarán los acreedores para la
recuperación de sus créditos. Ese es, entonces, el valor relevante para los acreedores.
En esta hipótesis, también, es relevante el valor de remate de las mercaderías, puesto que, de no prosperar el convenio
constituirá, probablemente, los fondos con que contarán los acreedores para el cobro de sus créditos. Por lo tanto, es
fundamental, para los acreedores, poder considerar este valor a la hora de determinar si se acepta o no, el convenio
ofrecido por el deudor. Pareciera, entonces, que en un caso como el del ejemplo, no debiera haber una única tasación
sino dos, según diversos criterios, de modo de poder cumplir plenamente con la función que se le reconoce al inventario.
El inventario debe presentarse al juez del concurso quien ordenará sea puesta de manifiesto, esto es, se ponga a
disposición de los acreedores para su eventual impugnación.
PLAZOS
La LCU no establece en qué oportunidad debe confeccionarse el inventario. No obstante, dada la relevancia de esta
diligencia, nos parece que el síndico o interventor deben hacerlo a la brevedad posible.
103
La LCU sí establece - de una forma un tanto tortuosa - el plazo en que el inventario debe ser presentado al juez, para que
quede de manifiesto a disposición de los acreedores. Este plazo surge de la lectura combinada de los arts. 77, 94 y 101
de la Ley de Declaración Judicial del Concurso y Reorganización Empresarial n° 18.387 de 2008 (LCU).
En el inc. 3 del art. 77 se establece que el inventario debe ser presentado al juez del concurso, conjuntamente con la
nómina de acreedores. Luego, el art. 101 dispone que dentro de los treinta días siguientes, a contar de la terminación del
plazo para solicitar la verificación de créditos , el síndico o el interventor debe preparar la lista de acreedores. El art. 94
establece que los acreedores deben presentarse a verificar sus créditos dentro del plazo de sesenta días, contados desde
la fecha de declaración judicial de concurso.
Por lo tanto, el inventario debe ser presentado a la sede judicial dentro de los noventa días contados desde la fecha de
declaración judicial del concurso.
Plazo
Por la remisión que realiza el art. 78, a la impugnación de la lista de acreedores (art. 104), el inventario se puede impugnar
dentro del plazo de quince días, contados desde la puesta de manifiesto.
Legitimación
Cualquier interesado puede impugnar el inventario realizado por el síndico o por el interventor. La LCU no distingue, por
lo tanto, cualquier interesado puede ser un acreedor, el propio deudor, o cualquier otra persona, siempre que tenga y
pueda demostrar interés en discutir al inventario realizado.
Objeto de la impugnación
Resolución
Sin no hay impugnación, de acuerdo al art. 105, el juez debe aprobar el inventario realizado.
El problema se suscita si hay impugnación y si ésta se acepta. Si en la impugnación se solicitó la exclusión de ciertos bienes
no habría mayor problema. Si lo que se solicita es la inclusión de bienes o la modificación de la valoración efectuada,
entonces, deberá resolverse quién será la persona experta que realice esta tarea. Puede tratarse de la misma persona o
puede tratarse de otra. Respecto del pago del nuevo peritaje, la doctrina plantea si deben ser considerados créditos
contra la masa, regulados en el art. 93 y ss., o si deben ser afrontados por el síndico o por el interventor responsable de
la designación del perito.
104
REINTEGRACIÓN DE LA MASA ACTIVA
Se denomina “reintegración de la masa activa” a las actuaciones tendientes a restaurar el patrimonio del deudor
concursado, mediante la revocación de actos realizados en perjuicio de la masa activa, antes de la declaración del
concurso. Para lograr ese objetivo, la Ley uruguaya de Declaración Judicial del Concurso y Reorganización Empresarial n°
18.387 de 2008 (LCU) provee una acción especial, denominada “acción revocatoria”.
LA ACCIÓN REVOCATORIA
En las líneas siguientes, nos referimos a sólo tres aspectos de la acción revocatoria concursal: objeto, presupuesto y
prescripción.
OBJETO DE LA ACCIÓN
En el art. 80, la LCU establece una acción que tiene por objeto la reintegración, a la masa activa, de los bienes o derechos
que hubieran salido del patrimonio del deudor antes de la declaración de concurso.
Como se analizará más adelante, en principio, se trata de actos de disposición del patrimonio válidos pero que,
presumiblemente, han sido realizados con la intención de defraudar a los acreedores o, por lo menos, tienen la
potencialidad de empobrecer su garantía. Para simplificar el ejercicio de la acción revocatoria, en algunos casos se
presume el perjuicio patrimonial.
PRESUPUESTO DE LA ACCIÓN
La LCU contiene un presupuesto aplicable a toda acción revocatoria sin importar el tipo de acto involucrado: para
ejercerla, el síndico debe demostrar que el pasivo es superior al activo susceptible de ejecución forzada. Esto significa
que el procedimiento de reintegración no es necesario en todos los casos; sólo lo será cuándo las obligaciones, a cargo
del concursado, superen la garantía patrimonial de sus acreedores. Si los bienes de la masa activa, susceptibles de
ejecución forzada, son suficientes, no habrá necesidad de revocar los actos realizados, por más causa ilícita presumida
que éstos puedan sugerir o por más que hayan depreciado la garantía patrimonial de los acreedores.
PRESCRIPCIÓN
De acuerdo al art. 84, toda acción revocatoria prescribe al término de dos años contados desde la declaración de
concurso. Con esta disposición, la LCU pone fin a una discusión que se daba en el régimen anterior, donde no se establecía
nada al respecto.
La doctrina considera que el plazo de dos años es demasiado extenso si consideramos, también, el período de sospecha
correspondiente.
Esquematizando lo dispuesto por el art. 81, tenemos que se establece la revocabilidad, de pleno Derecho, de los
siguientes actos realizados por el deudor:
105
• se consideraran actos a título gratuito, aquellos en que la contraprestación recibida por el deudor hubiera sido
notoriamente inferior al valor del bien transferido;
2. Los actos de constitución o de ampliación de derechos reales de garantía sobre bienes o derechos del deudor,
4. Los actos de aceptación por el deudor de cualquier clase de requerimiento resolutorio de contratos, dentro de los
seis meses anteriores a la declaración de concurso.
La LCU, en el n° 1 del art. 81, al referirse a los actos gratuitos en general, comprende todas las donaciones – sean simples,
onerosas o remuneratorias (art. 1.615 CC) - realizadas a cualquier persona. Sólo se exceptúan los regalos y liberalidades
de costumbre y las donaciones “a favor del persona” que tengan manifiesto carácter remuneratorio.
Período de sospecha
Los actos indicados en el art. 81 deben revocarse pues, más allá de la intención del deudor al realizarlos, tienen el
potencial de empobrecer la garantía de los acreedores en un momento muy poco apropiado al que, históricamente, se
le ha denominado “período de sospecha”. El legislador sospecha que el deudor, ya en conocimiento de su insolvencia,
dispone lo que queda de su activo a cambio de nada o sin existir una contrapartida que justifique, desde el punto de vista
empresarial, el movimiento operado.
La revocación debe respetar el límite temporal establecido. La LCU adopta un sistema de reintegración relativo (limitado
temporalmente) y, además, de fijación legal (el período de tiempo considerado es fijo y establecido por el legislador).
Si el deudor hubiera realizado cualquiera de los actos referidos en el art. 81, dentro del período de sospecha, estos serían
revocables de pleno Derecho. El sentido de esta calificación no es obvio.
Adviértase que la revocación no es automática en ningún caso. Según lo dispuesto por el art. 80, el síndico debe ejercitar
una acción revocatoria para que reintegrar los bienes o derechos al patrimonio del deudor.
• En una de ellas, la calificación como de pleno Derecho, se interpretaría en el sentido de que, una vez obtenida
la sentencia revocatoria, la eficacia de dicha sentencia se retrotrae al momento de la celebración del acto
revocado. No obstante, en el art. 87, al referirse a los efectos de la sentencia revocatoria, no da un tratamiento
especial a la revocación de los actos referidos en el art. 81. El art. 87 es una norma aplicable, también, a las
hipótesis del art. 82 y, para todos los casos, dispone la retroacción de los efectos de la sentencia, en la medida
que establece la condena preceptiva a la reintegración de los frutos o al valor que los bienes hubieran tenido al
momento de ser enajenados más el interés legal (a menos que posteriormente hubieran tenido un mayor valor)
y, si se tratara de la revocación de pagos, se impone la condena a la reintegración de lo pagado más sus intereses.
• En otra variante, se podría interpretar la calificación “de pleno Derecho” por oposición a la otra categoría de
actos revocables prevista por la LCU en el art. 82. En este artículo se exige la prueba del fraude y el perjuicio a
106
los acreedores, así como del conocimiento por parte del acreedor del estado de insolvencia del deudor (salvo el
caso de actos realizados con personas especialmente relacionadas). Dado que la LCU exime de estas exigencias
probatorias en el caso de los actos referidos en el art. 81, podría entenderse que la expresión “de pleno Derecho”
pretende resumir esa circunstancia. En las hipótesis enumeradas en el art. 81, el esfuerzo probatorio principal
se concentra en que el acto se haya realizado durante el período de sospecha.
En el art. 82, a diferencia del anterior, ya no se trata de actos gratuitos, o innecesarios. Aquí pueden considerarse
comprendidos todos los actos, incluso aquellos en los que hay apariencia de contraprestación a favor del deudor
concursado.
Para que estos actos se revoquen deben reunirse las siguientes condiciones:
• En primer lugar, debe tratarse de actos o de omisiones ocurridos en el período de sospecha (dos años).
• En segundo lugar, el deudor debe haber actuado en fraude y perjuicio de sus acreedores. Esto implica, un acto
de disposición de sus bienes o derechos, con la voluntad y conciencia de que, con ello, se perjudicaría la garantía
común de los acreedores. Se necesita, por tanto, probar el dolo.
• En tercer lugar, la contraparte en el acto o en la omisión debe haber tenido mala fe o incurrido en negligencia
grave (en tanto conocía o debía conocer el estado de insolvencia). El conocimiento de la insolvencia de su
contraparte, circunstancia que se presume si está especialmente relacionada con él de acuerdo a lo dispuesto
en el art. 112.
TERCEROS DE BUENA FE
La revocación debe redundar en beneficio de la masa de acreedores pero no en perjuicio de los tercero de buena fe. En
ese caso, corresponde a la contraparte indemnizar a la masa por el valor de los bienes o derechos objeto de la acción
revocatoria, que ya no se encuentren en su patrimonio.
El art. 83 establece que en ningún caso serán objeto de revocación las operaciones ordinarias del giro a que se dedica el
deudor.
La LCU no define qué se entiende por operaciones ordinarias del giro del deudor pero, sin duda, sólo considera los actos
comprendidos en el objeto habitual, descartando aquellos que tengan la calidad de extraordinarios.
Definitivamente no son operaciones ordinarias del giro los actos relativos a bienes de uso registrables, la venta o
arrendamiento del establecimiento comercial y la emisión de obligaciones negociables pues así lo dispone,
expresamente, el art. 47, n° 2.
Se trata de actos que se consideran intrínsecos o inherentes a la actividad del deudor. Por ejemplo, si se trata de una
fábrica de zapatos, sería irrevocable el contrato de compraventa de cuero o suelas, necesarios para su confección.
La excepción se justifica en la necesidad de respetar los actos y contratos sin los cuales la empresa no puede funcionar.
Revocarlos atentaría contra los propios intereses del concurso. La LCU, en este caso, toma partido por el principio de la
seguridad jurídica.
107
EFECTOS DE LA SENTENCIA DE REVOCACIÓN
En el art. 87 la LCU dispone los efectos de la sentencia de revocación del acto o contrato. En términos generales, se trata
de restituir las cosas al estado que tenían, en el momento inmediatamente anterior a la celebración del acto o contrato
que ahora se revoca. Para ello, la LCU brinda soluciones diversas, dependiendo del acto que se revoque.
• Si el acto que se revoca había tenido por efecto la enajenación de algún bien o derecho que formaba parte del
patrimonio del deudor, la sentencia de condena dispondrá la reintegración a la masa activa los bienes o derechos
indebidamente adquiridos, con sus frutos. Si eso ya no fuera posible, se condenará a la entrega del valor que
tenían los bienes al ser enajenados por el deudor o en cualquier otro momento posterior, si hubiera sido mayor,
más el interés legal.
• Si el acto que se revoca suponía la constitución de derechos reales de garantía sobre bienes que integran el
patrimonio del deudor, la sentencia revocatoria ordenará la cancelación de las inscripciones registrales
correspondientes.
• Si lo que se revoca es un pago, se condenará a la reintegración a la masa de las cantidades pagadas, más sus
intereses.
En el caso de que la contraparte u otros adquirentes del bien enajenado en perjuicio de los acreedores, sea de buena fe,
la LCU prevé que la revocación pudiera haberles generado un derecho de crédito. A ese derecho la LCU le atribuye el
carácter de crédito concursal.
En el caso de que esas personas conocieran el estado de insolvencia del deudor, en el momento de la realización del acto
o la omisión, la LCU dispone que pierden el derecho a cobrar su crédito “en el concurso”. Cabría, entonces, la posibilidad
de un resarcimiento del crédito, una vez culminado el proceso concursal.
La doctrina ha sostenido tres posiciones respecto a la naturaleza jurídica de la revocación concursal: que se trata de una
acción de nulidad, que se trata de una acción pauliana aligerada y que se trata de una acción sui generis.
Considerar a la acción revocatoria concursal como una acción de nulidad, implica entender que los actos revocados no
tendrían validez erga omnes, no sólo frente a la masa (art. 1.565 CC). En caso de nulidad, por ejemplo, la propiedad no
se transfiere y, por ello, el bien se reivindica.
La doctrina considera que, en el régimen de la LCU, esta posibilidad queda totalmente descartada, ya que, en ningún caso
la consecuencia de la condena es la nulidad del acto sino la inoponibilidad del mismo ante la masa activa del concurso o
la obligación de indemnizar su valor.
En el concurso, los actos revocables lo son sólo en relación a la masa y no en relación a las partes, ni en relación a quienes
no estén afectados por el concurso. Ello resulta de la letra del art. 80 y del contexto de las normas.
La acción revocatoria concursal tiene carácter recuperatorio. Los bienes que se recuperan tienen que ir, necesariamente,
a integrar la masa activa de bienes que se han de liquidar para distribuir su producido entre los acreedores. Por ejemplo,
si se revoca una compraventa, se tiene por no hecha y el bien enajenado ingresa a la masa. El tercero se ve despojado de
lo que compró. Si se pagó un crédito anticipadamente, el acreedor debe restituir lo recibido y concurrirá con los demás
acreedores en la liquidación. Si se anula una garantía el acreedor queda como acreedor quirografario.
108
ACCIÓN REVOCATORIA CONCURSAL COMO ACCIÓN PAULIANA
Para algunos autores la acción revocatoria es una acción pauliana aligerada en exigencias. El art. 228 del Código de
Comercio, al referirse a la acción pauliana, se remite a normas sobre quiebra, confirmando la similitud. La acción pauliana
se caracteriza por el rigor probatorio y por la limitación del plazo en que puede interponerse (un año).
Tal como está regulada en el Código de Comercio, requiere la prueba, por parte del deudor, de la intención de defraudar
y, de parte de quien la promueve, pérdida efectiva. De acuerdo con los términos del art. 229 del Código de Comercio, hay
intención de defraudar, cuando el deudor que conoce o debe conocer su insolvencia, disminuye o enajena sus bienes,
aunque al hacerlo no se proponga precisamente defraudar a sus acreedores.
Sin embargo, las enajenaciones por título oneroso, hechas a personas de buena fe, no pueden ser revocadas, aunque el
deudor haya tenido intención de defraudar. Es necesario que se pruebe además, que el adquirente tenía noticia del
fraude.
Esa prueba no se requiere en el caso de donatarios o cesionarios por título lucrativo, sea cual fuere su buena fe.
En la acción revocatoria concursal, las exigencias probatorias se aligeran respecto de los actos enumerados en el art. 81
de la LCU. Según se verá, basta con acreditar que el acto impugnado se realizó dentro del período de sospecha.
Sin embargo, en los casos previstos en el art. 82 se requiere la acreditación de que el deudor actuó en fraude y perjuicio
de los acreedores, y de que la contraparte conoció o debió conocer que el deudor se hallaba en estado de insolvencia.
En estas hipótesis, el único aligeramiento de la carga probatoria es el que surge de lo dispuesto en la presunción del inc.
2: “Se presume el conocimiento del estado de insolvencia en el caso de personas especialmente relacionadas con el
deudor.”
Según se advertirá, en los casos previstos en el art. 82, la acción revocatoria concursal es tanto o más exigente que la
prevista en el Código de Comercio. En el caso de cesión por título lucrativo, por ejemplo, la acción pauliana prevista en el
Código de Comercio exime de la prueba de la mala fe del cesionario. En cambio, el art. 82 exige la prueba de que el
cesionario conoció o debió conocer que el deudor se hallaba en estado de insolvencia. Entendemos que, en este caso,
los acreedores pueden pedir la revocación de los actos ejecutados por el deudor en fraude de sus derechos, fundados en
las disposiciones del Código de Comercio.
LIMITACIÓN EN EL PLAZO
La acción pauliana prevista en el Código de Comercio debe ser ejercida dentro del término de un año, contado desde el
día en que los actos celebrados en fraude de los derechos de los acreedores llegaron a su noticia.
Para el ejercicio de la acción revocatoria concursal se prevén plazos diversos. Cuando se trate de actos gratuitos o de los
previstos en el art. 82, el plazo es de dos años anteriores a la declaración del concurso (art. 81, n° 1). Para el ejercicio de
acciones revocatorias sobre los restantes actos, el plazo es de seis meses.
Por lo tanto, el plazo previsto para la acción pauliana es más extenso en algunas de las hipótesis.
LEGITIMACIÓN ACTIVA
Los únicos legitimados para promover la acción pauliana son los acreedores. Para promover las acciones revocatorias
son, en cambio, quien en principio está legitimado es el síndico, sin perjuicio de la legitimación subsidiaria de los
acreedores, en caso de omisión de éste.
ACCIÓN ESPECIALÍSIMA
109
Para otros autores la acción revocatoria concursal es una acción especialísima, nacida por imperio de la LCU. Esta tesis se
afirma en las diferencias con la acción pauliana.
La acción pauliana nace a raíz de una actividad civilmente delictuosa del deudor; las acciones revocatorias se pueden
promover sin que sea necesaria tal actividad delictuosa sino por el sólo hecho del concurso. Esto, en realidad, solo es
cierto en las hipótesis del art. 81, puesto que no se exige la prueba del fraude. En cambio, en las hipótesis del art. 82 se
parte de la base del fraude y perjuicio a los acreedores por parte del deudor y de que la contraparte conoce su insolvencia.
La expresión “deudas de la masa activa” es equivoca. La masa activa no es un sujeto y, por lo tanto, no puede tener
deudas. Comentando expresiones similares, como la de “acreedores de la masa”, utilizada por el Código de Comercio, la
doctrina señalaba que la denominación era cómoda pero jurídicamente inexacta pues la masa no tiene personería jurídica
que le permita poseer acreedores. También, es equívoca la inclusión de este capítulo en un título dedicado a la formación
de la masa activa. Al darle esta ubicación, pareciera que el legislador hubiera querido indicarnos que considera que se
afilia a la idea de la prededucibilidad de estos créditos, en el sentido que para la conformación de la masa activa se debe,
previamente, deducir estos créditos. Como contrapartida, estos créditos no integrarían la masa pasiva del concurso.
CONSIDERACIONES GENERALES
“Crédito” es una cantidad de dinero o cosa equivalente, que alguien debe a otra persona y cuyo cobro ésta tiene derecho
a exigir, en calidad de acreedora.
La categoría “créditos contra la masa” no era utilizada por el Código de Comercio, aunque sí era posible encontrarla en
la doctrina. Esta expresión aparece en el art. 84 de la Ley Concursal española n° 22 de 2003 (LCE).
La terminología es mejor que la utilizada en el nombre del capítulo, puesto que se trata de créditos que, según se verá
en el artículo siguiente, se habrán de satisfacer con bienes que integran la masa activa.
Se trata de créditos “nacidos” después de la declaración de concurso, como contrapartida de una obligación
extraconcursal derivada de hechos o actos realizados por el deudor con autorización del interventor o por el síndico,
según nos encontremos en una hipótesis de limitación o de suspensión de la legitimación, respectivamente. No se trata
de créditos privilegiados. En primer lugar, porque no están incluidos en la clasificación que enuncia el art. 108 de la Ley
Declaración Judicial del Concurso y Reorganización Empresarial n° 18.387 de 2008 (LCU). En segundo lugar, como razón
de fondo, porque los privilegios sirven al interés particular de un acreedor, en tanto la calificación de determinados
créditos como “de la masa” sirve al interés general de todos los acreedores o del propio deudor y su familia.
A los créditos contra la masa no les afecta el concurso, ni les alcanza la Ley del dividendo. Por lo tanto, están excluidos
de la carga de verificar. Tienen una situación privilegiada, pues cobran antes que los acreedores en la masa, aun cuando
son posteriores en su nacimiento. En principio, se pagarán a medida que venzan, fuera del procedimiento del concurso
(art. 92).
Este fenómeno recibe el nombre de “prededucción”, en tanto implica una disminución previa del patrimonio destinado
al reparto entre los acreedores. Antes de asignar a cada acreedor la parte que le corresponde cobrar, tienen que abonarse
estos costos. Puede considerarse que son, entonces, los acreedores concursales los que asumen la satisfacción de estos
créditos, bajo la forma de reducción de su cuota de liquidación en la masa activa del deudor.
110
Los créditos señalados en el art. 91 gozan de una situación muy privilegiada.
En primer lugar, no tienen que aguardar el fin de la liquidación para cobrar. Por el contrario, se van pagando a medida
que vencen. En segundo lugar, no soportan la ley del dividendo, esto es, no padecen el cobro a prorrata. Por el contrario,
cobran íntegramente el crédito. En tercer lugar, se satisfacen en los bienes de la masa activa. Sólo deben respetar los
bienes que están gravados por un derecho real de prenda o hipoteca pues estos quedan reservados para los acreedores
privilegiados especiales.
Todos los créditos enumerados en este artículo, tienen en común el origen: todos se generan a partir de obligaciones
“nacidas” con posterioridad a la declaración del concurso.
En los ns. 1 a 3 del art. 91, se enumeran créditos cuya existencia se justifica, sobre todo, en el interés de los acreedores.
Es a estos a quienes interesa que el proceso se desarrolle sin interrupciones y que la masa activa se conserve y administre
de la mejor forma posible pues ello redundará en una liquidación más fructífera.
El orden en que coloca la LCU a los respectivos créditos, no implica un orden de prelación. Son las siguientes.
1. Costas y costos del proceso concursal, excluidos los honorarios profesionales de quienes patrocinen al deudor
En el n° 1 del art. 91 se menciona a las costas y costos generados en el proceso concursal, incluidos los que devienen de
incidentes, como las acciones revocatorias que promueve el síndico para formar la masa activa. La LCU hace la precisión
de que no se incluye dentro de esta categoría: los honorarios de quienes patrocinen al deudor. No nos parece acertada
esta exclusión. Es evidente que el deudor requiere patrocinio y que los recursos para solventarlo deben surgir de su
patrimonio. La solución de la LCU condena al deudor a la indefensión.
El carácter de “crédito contra la masa” de los honorarios del síndico o del interventor, es reconocido por el Decreto 180
de 23 de abril de 2009 que, en su art. 1 establece que el ejercicio de las funciones que la LCU les atribuye, será retribuido
con cargo a la masa activa del concurso. Los criterios de fijación de retribuciones son los mismos, sea que se trate de
síndicos o interventores personas físicas, sociedades de profesionales o instituciones gremiales autorizadas para actuar
como tales por la Ley (art. 1, inc. 2, Dec. 180/009).
La retribución la fija el juez del concurso, previo informe del síndico o del interventor, y del Secretario Contador, de
acuerdo con la actuación del síndico o interventor, con los importes máximos previstos en el Dec 180/2009 (art. 3).
En cualquier estado del procedimiento concursal, aun actuando de oficio, el juez puede modificar la retribución del
síndico o del interventor, siempre que exista justa causa. Se entiende que existe justa causa, entre otras circunstancias,
cuando hubiera cambiado la situación de intervención o de suspensión de facultades del deudor, cuando se hubieran
constatado un cambio sustancial en el valor del activo social o la variación de cualquiera de las circunstancias tomadas
en cuenta para la fijación de la remuneración (art. 11). En caso de separación del síndico por prolongación indebida de la
liquidación, de conformidad con lo dispuesto en el art. 179 de la LCU, el mismo pierde el derecho a percibir las
retribuciones devengadas, debiendo reintegrar a la masa activa las cantidades que, en concepto de retribución, hubiera
percibido (art. 12).
Dentro de esta categoría quedan comprendidos los créditos generados por la actuación del síndico o interventor, para
las tareas necesarias para la conservación, la administración, la valoración y liquidar los bienes del concursado.
111
Dentro de esta clase, se incluyen: los impuestos pagados por los bienes y los gastos de conservación de los bienes.
También, entran dentro de esta clase, los créditos contractuales derivados de los contratos celebrados por el síndico
como, por ejemplo, con los empleados nombrados por él.
En lo referido a los gastos de valoración de la masa activa, corresponde recordar que el art. 77 impone al síndico o al
interventor, la contratación de un experto independiente para que lo asesore en la valoración de los elementos de la
masa activa, solicitando previamente la autorización del juez del concurso. El honorario correspondiente debe ser
considerado como un “crédito contra la masa”.
Los honorarios de los expertos en valoración y de los rematadores, deben ser fijados por el juez, con un máximo del
cincuenta por ciento y un mínimo del diez por ciento del honorario que surge de la escala básica prevista por el art. 5 del
Dec. 180/009 para el interventor concursal, calculado sobre el monto de los activos sujetos, respectivamente, a
valoración o a remate, en función de la complejidad de la tarea encomendada (art. 13 Dec. 180/009).
Quedan, también, incluidos en esta categoría las retribuciones de los auxiliares que el síndico o el interventor, hayan sido
autorizados a designar y a retribuir con cargo a la masa, de conformidad con lo establecido por el art. 30 de la LCU. En el
mismo régimen entran los gastos justificados de desplazamiento fuera del departamento donde se tramita el concurso
(art. 2 Dec. 180/009).
En el n° 5 del art. 91, se incluye entre los “créditos contra la masa” a los pagos por alimentos y entierro del deudor y de
las personas frente a las cuales éste tenga deber legal.
Evidentemente, la inclusión de este crédito en la categoría de “créditos contra la masa”, beneficia al deudor o a su familia.
En el n° 4 del art. 91 se establece que los créditos “nacidos” después de la declaración de concurso, incluidos los
provenientes de la rehabilitación de contratos que hubieran caducado, salvo que la Ley los considere créditos
concursales.
Como se apreciará, no establece una especie diferente de actos que debieran ser considerados como integrantes de la
categoría “créditos contra la masa”. Todos los créditos enumerados en el art. 91 nacen después de la declaración de
concurso.
La importancia de este n° 4, radica en establecer un principio general: que los créditos nacidos después de la declaración
del concurso, deben ser considerados “créditos contra la masa”. Sólo no serán considerados como tales, aquellos que la
Ley determine, expresamente, que constituyen créditos concursales.
Quedan sí comprendidos en este numeral, los contratos con obligaciones pendientes a cargo del deudor. Es facultativo
del síndico rescindirlos (art. 68). Si el contrato se rescinde, el juez fija la indemnización de daños y perjuicios causados al
contratante solvente y su importe es considerado como crédito concursal.
Si el contrato no se rescinde o, incluso, si se rehabilita (art. 79), el síndico o el interventor han de cumplir con obligaciones
del deudor pendientes, por cuanto ello interesa para la formación de la masa activa. Por ejemplo, si el síndico o
interventor resuelven mantener un contrato de arrendamiento de un inmueble; el alquiler que se genere después de la
declaración del concurso será un crédito contra la masa. Se consideran los créditos por esas obligaciones como créditos
contra la masa.
Se incluyen, también, en esta categoría, las obligaciones emanadas de los contratos que aseguren el suministro para
mantener la producción y las resultantes de la responsabilidad extracontractual.
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LIQUIDACIÓN DE LA MASA ACTIVA Y PAGO
La finalidad esencial de todo el procedimiento es la satisfacción de los acreedores. El convenio implica una solución
amigable, basada en el acuerdo de pago. La liquidación, en cambio, sugiere la imposibilidad de este acuerdo, sin perjuicio
de lo cual consiste en una forma normal de conclusión del concurso de acreedores. En efecto, la satisfacción de los
acreedores, de no lograrse por la vía del convenio, deberá alcanzarse por la vía de la liquidación del patrimonio del deudor
concursado.
CONSIDERACIONES GENERALES
1. Es universal pues, salvo excepciones, alcanza a todos los bienes del deudor. Estos bienes son incorporados a la
denominada “masa activa”.
2. Es colectivo porque, también, salvo excepciones, agrupa a todos los acreedores en la “masa pasiva” y los somete
a una “comunidad de pérdidas” –que los obliga a sacrificar parte de su crédito- conocida como la pars conditio
creditorum. Esta característica se encuentra justificada por la situación de insolvencia generalizada del deudor -
que le impide satisfacer a todos sus acreedores- y por la necesidad de evitar que cumpla con unos acreedores
en detrimento de otros.
El procedimiento liquidatorio colectivo tiene por objeto, precisamente, asegurar la igualdad de pago. Impide que algunos
acreedores sean pagados y otros no, simplemente por ignorancia o inercia, hayan o no promovido una ejecución
individual.
3. Es coactivo - pues se prescinde de la voluntad del concursado - y, por esta misma razón, está sujeto al control
judicial cualquiera sea la forma de enajenación de los bienes que se adopte.
La LCU propone un proceso de liquidación, rápido y sin trabas, que conduzca a la eliminación del mercado de la empresa
inviable, gobernado por tres principios:
1. La eficiencia,
2. La enajenación global de la actividad, de ser posible, en funcionamiento,
3. Y el tratamiento preferencial a los acreedores laborales por sobre otros.
El principio de la eficiencia encuentra su fundamento en la necesidad de proteger la inversión, el trabajo y las relaciones
comerciales, cuando resulta notoria la imposibilidad de superación de la situación de insolvencia. Para su consecución la
LCU estimula la rapidez, eliminando toda traba burocrática (art. 114) y las posibilidades de inversión mediante la
exoneración de algunos tributos (art. 254, n° 3).
Otra manifestación del principio de eficiencia, que gobierna la LCU, se percibe en la variedad de oportunidades que ofrece
el legislador para acceder al procedimiento. En efecto, tienen legitimación para pedir la liquidación el propio deudor, los
acreedores y el juez, de oficio, siempre que se acrediten las circunstancias descriptas en la LCU y que se comentarán
seguidamente.
El otro principio que gobierna la liquidación es el de la enajenación en bloque de la empresa en funcionamiento, dentro
de las posibilidades, sea que se realice en forma global o en partes. Este principio tiene un doble objetivo: alentar la
113
inversión y el rescate de la actividad en dificultades (en el entendido de que la empresa en marcha y completa es más
valiosa que la clausurada y disgregada) y generar una eficiente desaparición de la inviable.
En cuanto al tercero de los principios referidos, la LCU, establece una marcada predilección por los créditos laborales a
los que contempla en varias disposiciones. Respecto de la liquidación, las normas que privilegian a los trabajadores
refieren a la posibilidad de que estos constituyan una cooperativa o sociedad comercial así como preferirlos en el
procedimiento licitatorio de enajenación.
La liquidación se presenta como una alternativa al convenio, alternativa que a veces es singular (en el caso de los ns. 1 y
5, del art. 168) y otras veces es subsidiaria (ns. 2, 3 y 4).
El juez del concurso, una vez verificada la producción de cualquiera de los hechos enumerados en el art. 168, tiene la
obligación de ordenar la liquidación de la masa activa. Debido al giro utilizado “ordenará”, queda descartada cualquier
facultad discrecional al respecto.
En este sentido, la natural predisposición del juez dirigida a decidir respecto a la apertura o no del proceso de liquidación,
cede ante el interés general del legislador en dotar a estos procedimientos de eficiencia. Hay, por tanto, sólo una clase
de apertura y es, siempre, necesaria (o “por imperium legis”) que se contrapone a la voluntaria (o “por imperium iudicis”).
El art. 168, en el n° 1, no especifica las causales que habilitan al deudor para iniciar este proceso. Lo lógico es que el
deudor solicite la apertura del proceso de liquidación cuando el estado de su patrimonio sea tan deficitario como para
prever la imposibilidad de cumplir con sus obligaciones aun con el auxilio de un convenio. La exposición de motivos de la
LCU, por otra parte, establece esta circunstancia.
No obstante, dado el tenor imperativo del acápite del art. 168 y a la ausencia de cualquier requerimiento especial en el
n° 1, entendemos que el juez concursal, una vez recibida la solicitud del deudor, debe inmediatamente decretar la
liquidación.
La única condición que pareciera establecer el art. 168 a la legitimación del deudor para solicitar la liquidación de su masa
activa, es en cuanto a la oportunidad para hacerlo. El juez debe ordenar la liquidación, si el deudor lo pide en la solicitud
de declaración judicial del concurso.
Sin perjuicio de lo antedicho, entendemos que la solicitud de declaración judicial del concurso no es la única oportunidad
en que el deudor puede solicitar la liquidación de su masa activa. Así, por ejemplo, si el deudor que aun habiendo
obtenido la aprobación de un convenio, advierte que lo habrá de incumplir y se presenta a solicitar la liquidación, el juez
puede decretar la liquidación. En este caso, se trataría de una suerte de confesión de la configuración del caso previsto
en el n° 4 del art. 168 (incumplimiento del convenio) y, por otra parte, corresponde reconocer que la anticipación de la
concursada a denunciar su propio incumplimiento, tiende a la preservación de la masa activa remanente, en beneficio
de los acreedores.
En definitiva, así como el art. 167 le confiere legitimación a los acreedores para solicitar la liquidación judicial, en caso de
incumplimiento del convenio, el n° 4 del art. 168 le confiere al juez de concurso la potestad para ordenar la liquidación
de la masa activa, en términos generales. Una vez que se evidencia el incumplimiento del convenio, para lo cual tienen
legitimación los acreedores pero ciertamente, también, el deudor, el juez debe ordenar la liquidación de la masa activa.
114
Los acreedores pueden solicitar la apertura anticipada de la liquidación siempre y cuando se trate de acreedores
quirografarios que representen la mayoría de los créditos con derecho a voto. Podrán hacerlo en cualquier estado del
proceso concursal, sea en la junta o fuera de ella (art. 168, n° 5), respetando los requisitos de enajenación generales
establecidos en el art. 175.
Si bien la LCU no plantea obstáculos formales, con el objeto de no demorar la liquidación, es obvio que el proceso
concursal deberá encontrarse lo suficientemente adelantado como para poder reconocerse la mayoría de créditos que
requiere la norma. Por tanto, la solicitud de apertura anticipada de la liquidación sólo podrá realizarse luego de que la
lista de acreedores haya adquirido firmeza de acuerdo al art. 105.
Por otra parte, cualquier acreedor puede solicitar la liquidación de la masa activa en caso de incumplimiento del convenio.
El juez podrá adoptar las medidas cautelares que estime necesarias las que, de acuerdo a lo establecido en el art. 167,
quedarán sin efecto declarado el incumplimiento o desestimada la solicitud.
LIQUIDACIÓN DE OFICIO
Por su parte, el juez debe ordenar el inicio del proceso liquidatorio en los casos siguientes:
1. Cuando constata la inexistencia de propuesta de convenio y cuando, aun presentada, verifica que la misma no
fue aceptada por la junta de acreedores (art. 168, n° 2).
2. Cuando falte la aprobación judicial del convenio (art. 168, n° 3).
3. Cuando constate el incumplimiento de lo prometido en la fórmula aprobada por la junta de acreedores (art. 168,
n° 4, y art. 235).
La causal dispuesta en el n° 3 del art. 168 conduce a plantearnos cuál es el alcance de la valoración que realiza el juez al
negar la aprobación judicial del convenio.
El juez tiene el poder de rechazarlo cuando se haya incumplido la LCU, por ejemplo, cuando constate ilegalidades
cometidas en la fórmula aprobada por la junta de acreedores o ilegalidades respecto de la celebración y desarrollo de la
junta. El verdadero problema consiste en resolver si, fuera de los casos de contralor de legalidad, el juez tiene el poder
de rechazar el convenio y ordenar la liquidación como resultado de un examen de viabilidad de la propuesta o si puede
considerar la conveniencia de la solución.
Entendemos que no. El art. 129 dispone que los acuerdos de la junta de acreedores deben ser homologados por el juez
del concurso y el art. 154 confirma esta tesitura al establecer que si no se formula oposición oportunamente, el juez debe
dictar un auto en el primer día hábil posterior aprobando el convenio de acreedores. Exactamente la misma solución
prevé la LCU en su art. 164. Por lo tanto, el juez carece de cualquier discrecionalidad a este respecto.
Sólo en el caso de que existieran oposiciones, la aprobación o el rechazo del convenio, dependerá de su criterio (art. 155).
Sin embargo, incluso en este caso, la referencia a los casos en que a criterio del juez no pueda aprobarse el convenio,
está acotada por lo dispuesto en el art. 152 respecto a las facultades decisorias del juez.
Éste sólo puede considerar la no aprobación del convenio cuando, previa oposición al convenio promovida por
determinados sujetos (art. 151 y art. 152, inc. 2), le corresponda expedirse respecto a la existencia de infracciones legales
en la constitución o en la celebración de la junta, o en el contenido del convenio o, también, respecto a la emisión de
votos decisivos por quien no era titular real del crédito o la obtención de votos mediante maniobras que afecten o puedan
afectar a la paridad de trato entre los acreedores quirografarios. Así mismo, si lo solicitan los sujetos referidos en el inc.
2 del art. 152, podría el juez expedirse respecto a la "inviabilidad objetiva" del cumplimiento del convenio.
115
La LCU propone un proceso de liquidación rápido y sin trabas que conduzca, eficientemente, a la eliminación del mercado
de la empresa inviable. Esta es una circunstancia señalada en la exposición de motivos y objeto de diversos estímulos,
entre ellos, la exoneración de algunos tributos al adquirente de bienes componentes de la masa activa (art. 254) y la falta
de requerimiento de certificados exigidos por la LCU para la celebración de negocios jurídicos o para su registración,
eficacia o perfeccionamiento (art. 114).
El art. 169 dispone el contenido que, necesariamente, deberá contener la resolución que ordene la liquidación. A estas
disposiciones, que gobiernan esta fase particular del proceso concursal, habrán de agregarse las disposiciones que
establecen efectos generales en todo aquello que sea compatible.
A los efectos de impedir al deudor la disponibilidad del patrimonio, en detrimento de los acreedores, en esta etapa del
procedimiento concursal se acaba la tolerancia observada en la parte general de la LCU. La suspensión de la legitimación
para disponer y obligar a la masa, facultativa en la etapa de convenio (arts. 26, 45 y 46) se torna preceptiva.
En consecuencia, de acuerdo a lo dispuesto en el n° 2 del art. 46, el deudor concursado queda absolutamente impedido
de disponer de su patrimonio, aun en los actos considerados de giro ordinario, siendo sustituido por el síndico. Los actos
de administración y disposición realizados en contravención de lo dispuesto en esta norma, serán ineficaces respecto a
la masa (art. 46, inc. 1).
Se pone fin a la flexibilidad existente hasta este momento. Si sólo se hubiese limitado la legitimación del deudor, se
designará al interventor ya actuante como síndico, quien será el encargado de disponer de los bienes a los efectos de
proceder a su liquidación. Si el deudor ya tuviera suspendida la legitimación, continuará en la etapa liquidataria el síndico
nombrado.
La norma es más que razonable atendiendo a las circunstancias del proceso. Se trata de un deudor que no tiene propuesta
o que teniéndola es inviable por diferentes razones. La liquidación es el momento, si ya no se hizo antes, de suspender
sus derechos de disposición, como forma de proteger el crédito de los acreedores.
Según se verá, la LCU prefiere la venta en bloque de la “empresa en funcionamiento”. Además, a los efectos de captar al
mayor número de oferentes, que sean capaces de conservar la actividad, la LCU prefiere el procedimiento de oferta
pública.
La LCU pretende que la enajenación se realice sin mayores dilaciones, por ello, el art. 169, n° 2, dispone cuándo habrá de
realizarse el llamado (dentro de no más de 90 días de decretada la liquidación admitiéndose una sola prórroga en forma
excepcional) y las formalidades de la oferta (un pliego conteniendo las bases del llamado a licitación para la explotación
de la empresa, propuesto por el síndico y aprobado por el tribunal). De esta forma la LCU garantiza una enajenación
rápida y reglas transparentes previamente autorizadas por el juez.
La fecha prevista y el pliego de condiciones deben formar parte de la resolución judicial de apertura de la liquidación.
Si el deudor es una persona jurídica, además de lo anterior, corresponde que el juez declare la disolución de la sociedad
y el cese del órgano de administración (art. 169, n° 3).
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La resolución judicial que ordena la liquidación de la masa activa debe notificarse a los miembros de la comisión de
acreedores. Posteriormente, debe inscribirse en el Registro dentro de las veinticuatro horas de dictada (art. 20) y
publicarse un extracto, también, dentro de las veinticuatro horas de dictada, durante tres días (art. 22).
En todo caso, la LCU es clarísima respecto a la ejecución inmediata de lo dispuesto, aunque todavía se esté en plazo para
interponer los recursos correspondientes. La LCU, por tanto, en aras de la rapidez y la eficiencia, sacrifica el derecho del
deudor, pues los recursos presentados no suspenden la ejecución de lo resuelto y el auto de liquidación comenzará a
ejecutarse aunque no haya quedado firme.
El vencimiento anticipado de los créditos y la resolución anticipada de los contratos celebrados por el deudor, es una
consecuencia lógica de la apertura del proceso liquidatorio. Se trata de una ficción necesaria, de modo de cristalizar las
obligaciones del deudor.
Dado el inicio del proceso de liquidación, no tiene sentido hacer esperar al acreedor a que venza su crédito ni, tampoco,
mantener un contrato a sabiendas de que el deudor no lo podrá respetar. Así, los créditos que todavía no han vencido se
vuelven exigibles y los contratos pendientes de ejecución se resuelven.
Los contratos laborales nos obligan a armonizar el art. 69, ya visto, con este art. 170 que estamos analizando. De acuerdo
al art. 69, los contratos de trabajo no se rescinden como consecuencia de la declaración de concurso. Los créditos que se
generen formarán parte de la masa pasiva, con cargo a la masa activa (art. 91) y serán abonados, a medida que venzan,
de acuerdo al art. 92.
Quiere decir que estos contratos no sufren mayores alteraciones por la declaración de concurso, lo que no significa que
no los afecte la apertura de la instancia de liquidación. La liquidación es una etapa del proceso concursal que sí provoca
la resolución anticipada de los contratos de trabajo.
La "venta en bloque de la empresa", regulada en los arts. 171 a 173, integra la etapa liquidatoria del proceso concursal.
Algunos autores consideran que la “venta en bloque de la empresa” implica la transferencia de todos los elementos
propios del establecimiento comercial y, además, otros elementos como las autorizaciones y relaciones contractuales
que vinculan al deudor con proveedores y clientes, así como las relaciones laborales.
Otros autores entienden que la expresión “venta en bloque de la empresa” es utilizada por la LCU para señalar que se
enajenan no sólo los bienes y derechos de los diversos establecimientos sino, también, aquellos que no lo integran
estrictamente, como el mayor valor del emprendimiento en marcha y la estructuración de los factores de producción. La
organización que el empresario ha empleado da un valor al establecimiento que supera a la mera suma algebraica del
valor de los bienes y derechos que integran su patrimonio.
NUESTRA INTERPRETACIÓN
El legislador concursal utiliza el término “empresa” en varios artículos y lo hace en forma ambigua; a veces refiere al
establecimiento comercial y otras veces refiere al comerciante. En todo caso, debe recordarse que, en nuestro
ordenamiento jurídico, la empresa no es ni un sujeto ni un objeto de Derecho. Por tanto, no puede ser objeto de venta
alguna.
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Sólo puede ser enajenado aquello que constituya un objeto de Derecho. Al objeto de Derecho integrado por una
pluralidad de bienes – materiales e inmateriales - económica o funcionalmente organizados por el comerciante, a través
del cual el empresario desarrolla su actividad, se lo denomina “establecimiento”. No es un impedimento para su
enajenación, el hecho de que el comerciante ostente títulos jurídicos heterogéneos sobre los diversos elementos que lo
componen, ni que estos conservan su individualidad jurídica.
Aquellos elementos que no son objetos de Derecho sino relaciones jurídicas, como las autorizaciones y los contratos a
que se refiere MILLER ARTOLA, no son susceptibles de ser enajenados, por lo cual no pueden considerarse comprendidos
en la venta de nada. Cuando la casa de comercio se enajena, el adquirente debe recabar una nueva autorización del
Poder Público, que podrá concedérsela o no, según las circunstancias y condiciones que las leyes y reglamentaciones
establezcan.
Las relaciones jurídicas contraídas por el dueño del establecimiento comercial son el resultado de la actividad desplegada
en su explotación pero no lo integran, en nuestro Derecho positivo. Por ello, no están comprendidos en su enajenación,
salvo excepciones.
Por otra parte, no hay duda de que una eficiente organización de los factores valoriza a los activos de un empresario pero
ni la eficiencia, ni la organización pueden ser enajenadas. No participamos de las corrientes doctrinarias que sustentan
que la organización es un bien incorporal que se suma a los restantes para conformar el establecimiento. No lo es, pues
no tiene autonomía ni tutela jurídica propia, ni se concibe sin los elementos materiales e materiales de la casa. En realidad
la organización es una cualidad del establecimiento.
La plusvalía que obtienen los bienes gracias a la vinculación que los une e integra en el establecimiento comercial -
definición que ASCARELLI proponía para la expresión “valor llave” – tampoco es objeto de Derecho. Es una cualidad y,
por lo tanto, no puede ser enajenada, sin perjuicio de que pueda ser considerada al establecer el valor del
establecimiento. Sin duda, el valor llave es tenido en cuenta en la fijación del precio de la casa de comercio pero, en sí
mismo, no puede ser enajenado, puesto que no es un objeto sino una cualidad del objeto.
Más allá de las imprecisiones terminológicas, está claro que la LCU establece un plan general de prioridades, que tiene
por finalidad atenuar los efectos nocivos que se puedan provocar, tanto a la productividad como a las fuentes de trabajo,
con la consecuente pérdida de valor, que redundaría en un perjuicio para el conjunto de los acreedores.
Este plan de enajenación, que se debe tener preparado desde prácticamente el inicio del procedimiento, debe tener en
cuenta, en primer lugar, que debe intentarse la enajenación con todos los establecimientos comerciales o industriales a
través de los cuales el deudor realiza su actividad empresarial. En segundo lugar y concomitantemente, debe mantenerse
la actividad del deudor, de modo de poder enajenar a los establecimientos “en funcionamiento”.
Sólo una vez probado que este tipo de enajenación no es posible y si a los acreedores conviene otra forma de liquidación,
podrá dejarse de lado esta aspiración para proceder a concretar otra solución.
MILLER ARTOLA considera que en la “venta en bloque de la empresa” están incluidas las relaciones laborales. En el mismo
sentido, RODRÍGUEZ MASCARDI considera que los contratos de trabajo, en principio, continúan con el nuevo empresario
quien, si no quiere mantener a los empleados de la concursada, debe pagar la indemnización por despido
correspondiente.
ROSENBAUM y CASTELLO son de la misma opinión, sobre la base de los argumentos siguientes:
1. que al valorizar económicamente a la empresa, los contratos de trabajo constituyen un activo más de la misma,
que se transfiere al comprador;
2. que las expresiones “bloque” y “funcionamiento” conducen a una interpretación amplia de los elementos
comprendidos en la enajenación, en la que consideran incluidas todas las relaciones contractuales;
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3. que los principios de la LCU tienden a la conservación de los puestos de trabajo;
4. que no existe disposición legal alguna que imponga la finalización de los contratos de trabajo.
Consecuentemente, las relaciones laborales vigentes al momento de la venta de la empresa deben reputarse intangibles
e inmodificadas. Esto implica el mantenimiento de la retribución, antigüedad, categoría, horario y lugar de trabajo, así
como los convenios colectivos celebrados por el deudor concursado. No obstante, advierten que el art. 177 no deja
margen de duda en cuanto a que las deudas laborales no se transfieren al adquirente de la empresa.
Por nuestra parte, entendemos que los contratos de trabajo celebrados con los empleados y obreros no pueden
considerarse comprendidos en la enajenación de cosa alguna. En nuestro Derecho, el adquirente no tiene derecho de
exigir a los trabajadores contratados por el enajenante las prestaciones de los servicios convenidos con éste; ni los
trabajadores tienen derecho de exigir al adquirente que respete los términos de los contratos de trabajo que los ligan al
enajenante.
A nuestro entender, no es necesaria una disposición legal que imponga la finalización de los contratos de trabajo. Los
contratos sólo obligan a las partes que los celebraron. El adquirente de un establecimiento no celebró contrato alguno
con los trabajadores del deudor concursado. Para que el adquirente se viera vinculado por un contrato que no celebró -
a la inversa de lo que pretenden ROSENBAUM y CASTELLO – se requeriría una norma legal expresa en ese sentido, que la
LCU no contiene. No alcanza, a nuestro entender, una invocación genérica a principios, para extender el alcance subjetivo
de los contratos.
Por otra parte, según se dijo en los párrafos anteriores, la expresión “venta en bloque de la empresa” no es más que una
fórmula jurídicamente imprecisa para referirse a la enajenación de los establecimientos comerciales e industriales del
deudor. La expresión “venta” sólo puede estar referida a bienes. Las relaciones contractuales, incluidas las laborales, no
integran el activo del deudor, ni son un bien.
Que la enajenación de un establecimiento comprenda tanto a los bienes tangibles como los intangibles del mismo, no
implica que se produzca una cesión universal de los contratos celebrados por el enajenante. Los bienes “intangibles” a
que se refiere la doctrina son las marcas, nombre comercial, patentes, privilegios, etc., esto es, los llamados “bienes
incorporales”.
El que las relaciones laborales aporten “valor” a la empresa constituye una afirmación por demás discutible. Es una
apreciación meramente subjetiva, que no convierte a las relaciones contractuales en bienes susceptibles de enajenación.
Es, también, eventualmente posible que las relaciones laborales que vinculan al deudor concursado con sus empleados,
sean determinantes de la situación de insolvencia de la empresa. Y si hablamos de principios de la LCU, podría, asimismo,
llegar a considerarse que el mantenimiento de las relaciones laborales, en las mismas condiciones que existían antes de
que se decretase la liquidación, conspira contra la conservación de la empresa en sí misma considerada.
Consideramos que, en el caso de que se produzca la continuidad de las relaciones laborales, los nuevos contratos o las
cesiones de contratos que se puedan celebrar para asegurar la continuidad de los trabajadores en la empresa, podrán
conectarse con la enajenación pero, estrictamente, constituyen negocios independientes y de ninguna manera impuestos
forzosamente por ninguna disposición de la LCU.
Toda la liquidación, primero intentada en forma unitaria y, luego, en partes, obedece a una planificación. También, debe
haber planificación en la liquidación originada en el convenio del artículo 138.
119
elaborado por el síndico y presentado a la comisión de acreedores dentro de los treinta días siguientes a la resolución
judicial que declare desierta la licitación que intentó la venta en bloque.
La LCU no establece la forma de realizar este proyecto de liquidación ni su contenido. Su confección, por tanto, queda a
criterio del síndico. Sin perjuicio de ello, la Ley dispone dos requisitos:
La comisión de acreedores tiene la facultad de aprobar o rechazar este plan. En caso de aprobarlo la realización de los
bienes se efectuará en un todo de acuerdo al proyecto del síndico. Si la comisión de acreedores no aprueba el plan,
entonces la liquidación se realizará siguiendo las reglas de la Ley que, según se verá, resultan subsidiarias y supletorias y
que, de alguna manera, garantizarían la eficiencia en la realización de los bienes.
Debe advertirse que la Ley no especifica los detalles intermedios entre la presentación del proyecto y su aprobación o
rechazo por la comisión de acreedores. Puede entenderse que la comisión no tiene facultades para proponer
modificaciones. Sin embargo, esta solución no parece razonable, pues los acreedores son los principales interesados en
una liquidación ágil y eficiente.
Puede interpretarse, entonces, que la LCU no ha querido demorar el proceso estableciendo plazos y traslados entre el
síndico y la comisión asesora pero permite el diálogo necesario de forma de llegar a un proyecto que resulte aprobado
por la comisión. Igualmente hay un límite para estas negociaciones puesto que, de acuerdo al artículo 179, el síndico es
responsable por la prolongación indebida de la liquidación la que no puede demorar más de dos años.
Sólo si la comisión de acreedores no aprobó el proyecto, y en todo aquello no previsto en la planificación del síndico, la
enajenación de la actividad por partes debe ceñirse a las reglas determinadas en este art. 174 (ns. 1 a 5). Estas reglas, por
tanto, son de aplicación subsidiaria y supletoria y su adaptación a la liquidación concreta debe ser sometida a
consideración del juez antes de comenzar la enajenación (art. 174, § final).
Como se ha dicho, sólo cuando, justificadamente, no se pueda realizar la venta en bloque de la empresa en
funcionamiento, se admite la enajenación por partes y, aun en este caso, debe intentarse que las partes no pierdan su
unidad funcional. Esto es, se admite la venta en partes, a su vez divididas, si así conviene a la masa del concurso (art. 174,
n° 1).
Obsérvese que la LCU no refiere a los acreedores, individualmente considerados sino a la masa de acreedores. Debe
entenderse que es el síndico el que debe justificar la venta aislada de los componentes de la unidad productiva. Para ello
deberá atender los intereses del concurso que está compuesto, no sólo por los intereses de los acreedores sino, también,
por los intereses del deudor y los de la sociedad en su conjunto.
La segunda regla demuestra la preferencia del legislador por determinados créditos laborales a los que privilegia sobre
otros. En caso que los créditos laborales previstos en el art. 110, n° 1, se vean en riesgo de no ser satisfechos en su
totalidad, el juez tiene la facultad de nombrar depositaria de los bienes en concurso a la cooperativa de trabajo que los
empleados constituyan, la que podrá utilizarlos en forma precaria.
120
Para favorecer el acuerdo y estimular la constitución de la cooperativa, el juez tiene la facultad de disponer la
compensación de esos créditos y su integración como aporte a la cooperativa así como ordenar al administrador del
seguro de desempleo la entrega de las sumas correspondientes al seguro de paro (art. 174, n° 2).
c) Otras reglas
Las reglas restantes obedecen a los principios de celeridad y transparencia que interesan al legislador. En efecto, para
asegurar la rapidez de la enajenación y satisfacción de los acreedores, los bienes inmuebles y muebles corporales y los
incorporales derivados de la propiedad intelectual e industrial se liquidarán siguiendo el procedimiento de la vía de
apremio (art. 174, n° 3). Los valores de oferta pública se negociarán siempre en mercados formales (art. 174, n° 4).
El legislador reconoce a los acreedores la facultad de proceder, anticipadamente, a la liquidación de la masa activa en
cualquiera de las dos modalidades: en bloque o en partes siempre y cuando, como es lógico, respeten las normas de
planificación ya analizadas.
De modo de favorecer el ejercicio de esta facultad, la LCU no plantea obstáculo alguno. En este sentido, la decisión la
debe adoptar una mayoría no calificada (alcanza con la mayoría simple y basta el acuerdo de los quirografarios), en
cualquier etapa del procedimiento, y hasta fuera del ámbito de la junta de acreedores que es donde, naturalmente, los
acreedores toman sus decisiones.
El ejercicio de esta facultad, por parte de los acreedores, de ninguna forma puede suponer una demora en la ejecución
de los procedimientos. Por el contrario, la LCU aclara que el juez debe dar vista al síndico o al interventor y al deudor y
luego, inmediatamente, debe disponer “de inmediato” la liquidación, en la forma indicada por los acreedores.
ORDEN DE PAGO
Los créditos con privilegio especial se pagarán con el producido de la enajenación de los bienes gravados. La parte de
estos créditos que no estuviese cubierta por enajenación de los bienes gravados será considerada como pasivo
quirografario.
Si la masa activa que quedara una vez satisfecho los créditos con privilegio especial fuera insuficiente para satisfacer
todos los créditos con privilegio general, el pago se realizará por el orden establecido en el art. 110, a prorrata dentro de
cada número.
a. Los créditos laborales de cualquier naturaleza, devengados hasta con 2 años de anterioridad a la declaración de
concurso, hasta por un monto de 260.000 UI por trabajador. Tendrán también este privilegio los créditos del
BPS por los aportes personales de los trabajadores, devengados en el mismo plazo. Excepción: los créditos de
los directores o administradores, miembros del órgano de control interno y liquidadores de la deudora tendrán
naturaleza de quirografarios.
b. Los créditos por tributos nacionales municipales, exigibles hasta con 2 años de anterioridad a la declaración del
concurso.
121
c. El 50% de los créditos quirografarios de que fuera titular al acreedor que promovió la declaración de concurso,
hasta el 10% de la masa pasiva.
3. Acreedores quirografarios
Salvo autorización del Juez del Concurso, oída la Comisión de Acreedores, el pago de los créditos quirografarios se
realizará una vez íntegramente satisfechos los créditos privilegiados. Los créditos quirografarios serán satisfechos a
prorrata. El pago de los créditos quirografarios se efectuará en función de la liquidez de que dispongan los síndicos
mediante entrega de cuotas a cuenta de, por lo menos, el 5% del monto de los créditos.
4. Acreedores subordinados
El pago de los créditos subordinados se realizará una vez íntegramente satisfechos los créditos quirografarios. Si los
fondos que quedaran una vez satisfechos los créditos quirografarios fueran insuficientes para satisfacer a todos los
créditos subordinados, el pago se realizará por el orden establecido en el art. 111, a prorrata dentro de cada número. El
art 111 establece el siguiente orden:
Si existen créditos condicionales o créditos litigiosos, el síndico reservará las cantidades correspondientes para poder
atender al pago en caso de cumplimiento de la condición o cumplir la resolución que recaiga en el litigio.
REMANENTE DE LA LIQUIDACIÓN
Si una vez pagados los créditos subordinados quedara un remanente, el sindico los distribuirá entre los acreedores con
privilegio general y quirografarios, a prorrata de sus respectivos créditos, con un monto máximo equivalente a la tasa
media de interés del sistema bancario para familias, por plazos mayores a un año, que publique el BCU para créditos en
unidades indexadas o, en su defecto, al interés legal computado sobre sus respectivos créditos, por el plazo que medió
entre la declaración judicial de concurso y el pago de los mismos.
Si todavía quedara un remanente se realizará una operación similar con los créditos subordinados, en el orden previsto
por la ley.
Si el pago de un crédito anterior a la declaración de concurso se efectuara antes de la fecha en que hubiera vencido de
no haberse producido la apertura de la liquidación, se hará por su valor actual, realizando el descuento que corresponda.
A solicitud del síndico, el Juez podrá autorizar el pago de créditos del deudor posteriores a la declaración de concurso
que todavía no hubieran vencido, fijando el descuento que corresponda.
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CALIFICACIÓN DEL CONCURSO
CLASES DE CONCURSO
1. Cuando el deudor se hubiera alzado con la totalidad o parte de sus bienes en perjuicio de sus acreedores o
hubiera realizado cualquier acto de disposición patrimonial o generador de obligaciones con la finalidad de
retrasar, dificultar o impedir la eficacia de un embargo en cualquier clase de ejecución que se hubiera iniciado o
fuera de previsible iniciación.
2. Cuando durante los dos años anteriores a la fecha de declaración del concurso de acreedores los fondos o los
bienes propios del deudor hubieran sido manifiestamente insuficientes o inadecuados para el ejercicio de la
actividad o actividades a las que se hubiera dedicado.
3. Cuando, antes de la declaración de concurso de acreedores, hubieran salido indebidamente del patrimonio del
deudor bienes o derechos.
4. Cuando no hubiera llevado contabilidad de ninguna clase, estando legalmente obligado a ello, o cuando hubiere
llevado doble contabilidad o hubiere cometido falsedad en la contabilidad.
5. Cuando el deudor hubiera cometido falsedad en cualquiera de los documentos adjuntados a la solicitud de
declaración judicial de concurso o presentados durante la tramitación del procedimiento.
Se presume la existencia de culpa grave del deudor, salvo prueba en contrario, en los siguientes casos:
Cómplices: se consideran cómplices las personas que, con dolo o culpa grave, hubieran cooperado con el deudor o, en el
caso de personas jurídicas deudoras, con los administradores y liquidadores a la realización de cualquier acto que hubiera
producido o agravado la insolvencia.
INCIDENTE DE CALIFICACIÓN
En la misma resolución por la que apruebe el convenio u ordene la liquidación de la masa activa, el Juez del concurso
mandará formar el incidente de calificación, que se abrirá con la solicitud de declaración del concurso de acreedores y
los documentos adjuntos y con la sentencia que lo hubiera declarado.
No procederá la información del incidente de calificación cuando concurran acumulativamente las siguientes
condiciones:
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1. El concurso de acreedores fuera voluntario.
2. El convenio aprobado permita la satisfacción integra de los créditos concursales en un plazo no superior a 2 años
o, en caso de liquidación, que de los actuado resulte que el activo del deudor es suficiente su pasivo.
PROCEDIMIENTO
Comparecencia de los interesados: dentro de los 15 días siguientes a contar desde la publicación en el Diario Oficial de la
resolución judicial que ordene la formación del incidente de calificación, cualquier acreedor o persona que acredite un
interés legitimo podrá compensar ante el Juez del concurso, denunciando los hechos que considere relevantes para la
calificación del concurso como culpable.
Dentro de los 15 días siguientes, el síndico o l interventor, presentará al Juez del concurso un informe documentado sobre
los hechos relevantes para la calificación del concurso de acreedores, con propuesta de resolución. Si se propusiera que
el Juez califique como culpable el concurso, expresará la identidad de las personas a las que debe afectar la calificación.
Así como la identidad de las personas a las que debe calificarse de cómplices, justificando la causa.
El Juez dará traslado del informe del síndico o del interventor al Ministerio Público para que emita dictamen en el plazo
de 5 días. Si el Ministerio Público no emitiera dictamen, se entenderá conforme con la propuesta de calificación.
Si el informe del síndico o del interventor y el dictamen del Ministerio Público coincidieran en calificar el concurso como
fortuito, el Juez, sin más trámites, ordenará el archivo de las actuaciones.
En otro caso, emplazará al deudor y a todas las personas que, según resulte de lo actuado, pudieran ser afectadas por la
calificación del concurso o ser declaradas cómplices, a fin de que, en el plazo de 10 días, aleguen convenga a su derecho.
Oposición a la calificación: si el deudor alguno de los comparecientes formulase oposición, el Juez la sustanciará por el
procedimiento de los incidentes. De ser varias las oposiciones, se sustanciarán conjuntamente en el mismo
procedimiento.
En caso de que ni el deudor ni los demás comparecientes formularan oposición, el Juez dictará sentencia en el plazo de
5 días.
SENTENCIA DE CALIFICACIÓN
1. La declaración del concurso como culpable, con expresión de la causa o de las causas en que se fundamente la
calificación.
2. La determinación de las personas afectadas por la calificación, así como de las personas declaradas cómplices.
3. La inhabilitación del deudor o de los administradores o liquidadores, aún de hecho, y miembros del órgano de
control interno de la persona jurídica deudora para administrar los bienes propios o ajenos por un período de
cinco a veinte años, así como para representar a cualquier persona durante el mismo período. Las
inhabilitaciones se inscribirán en el Registro Nacional de Actos Personales.
4. La pérdida de cualquier derecho que tuvieran los cómplices como acreedores concursales y la condena a
reintegrar los bienes y derechos que pertenecieran a la masa activa, así como a indemnizar los daños y perjuicios
causados, cuya cuantía se determinará en período de ejecución de sentencia.
En el caso de que el deudor cuyo concurso hubiera sido calificado como culpable fuese una persona jurídica, al sentencia
de calificación podrá contener, además, la condena a los administradores y liquidadores, de derecho o de hecho, e
integrantes del órgano de control interno, o a algunos de ellos, a la cobertura de la totalidad o parte del déficit patrimonial
en beneficio de la masa pasiva.
124
Importante: las disposiciones sobre calificación del concurso se establecen sin perjuicio de las normas penales que
correspondería aplicar, en caso de que alguno de los involucrados hubiera incurrido en conductas delictivas tipificadas
por las referidas normas.
En caso de inhabilitado del deudor persona física, el Juez, en resolución posterior, oídos previamente los interesados,
nombrará un curador que se encargue de la administración de los bienes del inhabilitado.
En caso de que la inhabilitación de los administradores o de los liquidadores de la persona jurídica deudora impida a la
misma formar su voluntad corporativa, el síndico o el interventor convocarán una asamblea de socios o accionistas para
el nombramiento de administradores o de liquidadores.
Si en el convenio se hubiera acordado una quita al deudor de parte de sus créditos quirografarios, los importes que se
obtengan en la ejecución de la condena a la cobertura de la totalidad o parte del déficit patrimonial, se destinarán al pago
de la parte condicionada.
Si existiera un resto y el convenio contuviera una espera para el pago de los créditos quirografarios, las cantidades a que
se refiere el inciso anterior se destinarán al pago anticipado de los últimos plazos.
En caso de incumplimiento del convenio el concurso se calificará culpable cuando en ese incumplimiento hubiera existido
dolo o culpa del deudor.
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SUSPENSIÓN Y CONCLUSIÓN DEL CONCURSO
Para que el juez pueda acordar la suspensión o la conclusión del concurso de acreedores será necesario que se den los
siguientes presupuestos:
Será causa de suspensión del concurso de acreedores la inexistencia o el otorgamiento de la masa activa sin integra
satisfacción a los acreedores.
PROCEDIMIENTO
1. La solicitud de suspensión del concurso por inexistencia o agotamiento de la masa activa será presentada por el
síndico.
2. De la solicitud de suspensión y de las cuentas de las cuales surja la configuración de la causal se dará traslado al
deudor, a la Comisión de Acreedores y a los interesados que hubieran comparecido en el procedimiento, con la
advertencia de que las cuentas quedarán de manifiesto en el Juzgado por el plazo de 15 días.
3. Dentro del plazo anterior, cualquier persona a la que se hubiera dado traslado de la solicitud podrá oponerse a
la suspensión del concurso de acreedores o impugnar las cuentas.
4. En caso de falta de oposición y de impugnación, el Juez dispondrá la suspensión del concurso de acreedores, con
aprobación de las cuentas.
5. En caso de oposición o de impugnación, éstas se sustanciarán por el procedimiento de los incidentes.
La resolución judicial de suspensión del concurso de acreedores podrá disponer las medidas cautelares que el Juez
considere oportunas.
El concurso suspendido será reabierto a solicitud del deudor o de cualquier acreedor concursal cuando, dentro del plazo
de 5 años a contar desde la fecha del auto de suspensión, ingresen o aparezcan nuevos bienes o derechos en el patrimonio
del deudor.
En este caso, los acreedores posteriores a la suspensión del concurso concurrirán con los anteriores.
La solicitud de conclusión de concurso por cumplimiento del convenio o por integra satisfacción a los acreedores será
presentada por el deudor acompañando la documentación en la cual se sustenta el pedido.
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En los casos en que el deudor estuviera separado de la administración de la masa activa, el Juez podrá pedir al síndico la
presentación de las cuentas de liquidación.
El juez dará traslado de la solicitud al síndico o al interventor, a la Comisión de Acreedores y a los interesados que hubieran
comparecido en el procedimiento.
Dentro del plazo de 15 días de haber sido notificados, las personas a las que se hubiera dado traslado de la solicitud
podrán oponerse a la conclusión del concurso de acreedores o impugnar las cuentas presentadas.
En caso de falta de oposición o de impugnación, el Juez pronunciará sentencia declarando la conclusión, con aprobación
de las cuentas presentadas por el síndico, en su caso.
En el caso de que hubieran transcurrido 10 años de la suspensión del concurso por inexistencia o agotamiento de la masa
activa, sin que se hubiera reabierto el concurso suspendido, el Juez de oficio pronunciará sentencia declarando
extinguidos los créditos concursales en la parte que no hubieran sido satisfechos y dando por concluido el procedimiento.
Para que opere la extinción deberán concurrir acumulativamente las siguientes circunstancias:
Si el deudor fuera persona jurídica, la sentencia la declarará extinguida, ordenando la cancelación de su personería
jurídica.
Se consideran pequeños concursos aquellos correspondientes a los deudores que, a la fecha de declaración judicial de
concurso, tengan un pasivo no superior a 3.000.000 UI.
RÉGIMEN APLICABLE
Los pequeños concurso se regirán por las disposiciones que vimos anteriormente, con las siguientes excepciones:
1. La junta de acreedores será convocada con un plazo máximo de 90 días, dentro del cual el síndico o el interventor
deberá realizar la verificación de créditos.
2. Los acreedores serán convocados exclusivamente a través de la publicación de la sentencia que declarara el
concurso.
3. Los acreedores deberán presentarse a verificar sus créditos en un plazo de 15 días a partir de la última
publicación de la sentencia.
4. El sindico o el interventor deberá presentar el inventario de la masa activa y la lista de acreedores dentro de los
10 días siguientes.
5. El plazo para la impugnación del inventario y de la lista de acreedores será de 5 días.
6. El deudor podrá presentar una propuesta de convenio hasta 5 días antes de la fecha fijada para la Junta de
Acreedores.
ABANDONO DE LA EMPRESA
Cuando existan exclusivamente acreedores laborales y el deudor no se hubiera presentado a promover su propio
concurso, a solicitud de los acreedores, se podrá asignar a la cooperativa de trabajadores u otra modalidad empresarial
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que éstos determinen, en forma provisional, el uso precario de la empresa. En este caso, el Juez dará ingreso a la solicitud,
que deberá contener los elementos necesarios para la admisión de acuerdo con el art. 7. Se harán las publicaciones con
el llamado a acreedores y se notificará personalmente al deudor. En caso de no presentarse otros acreedores que los
laborales u oposición del deudor, la cesión precaria se transformara en definitiva. Tanto la cesión precaria como la
definitiva podrán otorgarse en caso de existir otro u otros acreedores que consientan expresamente esta adjudicación.
La cesión definitiva podrá darse siempre que en la cooperativa, o en la sociedad comercial más del 50% de la propiedad
corresponda a trabajadores que desarrollen actividad personal en la empresa en el inicio de proceso concursal y que, en
caso de adoptar la forma de sociedad anónima o en comandita por acciones, las acciones de los trabajadores sean
nominativas, no endosables.
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