Radiologia Basica - 5ta Edicion
Radiologia Basica - 5ta Edicion
5.ª edición
Aspectos fundamentales
This translation of Learning Radiology, 5th edition, by William Herring, was undertaken by Elsevier España,
S.L.U. and is published by arrangement with Elsevier, Inc.
Esta traducción de Learning Radiology, 5.ª edición, de William Herring, ha sido llevada a cabo por Elsevier
España, S.L.U. y se publica con el permiso de Elsevier, Inc.
Advertencia
Esta traducción ha sido llevada a cabo por Elsevier España, S.L.U. bajo su única responsabilidad. Facultativos
e investigadores deben siempre contrastar con su propia experiencia y conocimientos el uso de cualquier
información, método, compuesto o experimento descrito aquí. Los rápidos avances en medicina requieren que
los diagnósticos y las dosis de fármacos recomendadas sean siempre verificados personalmente por el
facultativo. Con todo el alcance de la ley, ni Elsevier, ni los autores, los editores o los colaboradores asumen
responsabilidad alguna por la traducción ni por los daños que pudieran ocasionarse a personas o propiedades
por el uso de productos defectuosos o negligencia, o como consecuencia de la aplicación de métodos,
productos, instrucciones o ideas contenidos en esta obra. Con el único fin de hacer la lectura más ágil y en
ningún caso con una intención discriminatoria, en esta obra se ha podido utilizar el género gramatical
masculino como genérico, remitiéndose con él a cualquier género y no solo al masculino.
Revisión científica:
Dr. Albert Maroto Genover
Jefe del Servicio de Radiodiagnóstico, Hospital Universitari de Girona Dr. Josep Trueta
Profesor asociado médico, Facultad de Medicina, Universitat de Girona
Vuelvo a dar las gracias a los muchos miles de personas a las que nunca he conocido, pero que han
contribuido a la buena acogida de este manual que ya va por la 5.ª edición.
Por su gran ayuda, me gustaría dar las gracias a Otto Schoeck, MD, que hizo inestimables sugerencias
sobre cómo podría mejorarse esta edición y colaboró en su ampliación. Peter Wang, MD, contribuyó con dos
magníficos capítulos sobre ecografía, ampliando el material de la última edición. Daniel Kowal, MD, volvió a
hacer un magnífico trabajo simplificando las complejidades de la RM en su capítulo. Susan Summerton, MD,
FACR, ofreció su experta colaboración en el capítulo sobre anomalías gastrointestinales, hepáticas y del tracto
urinario. Debra Copit, MD, FACR, contribuyó de nuevo con un magnífico capítulo sobre mamografía. Jeffrey
Weinstein, MD, FSIR, médico adjunto en el Beth Israel Deaconess Medical Center, junto con Natasha
Larocque, MD, FRCPC, añadió importante contenido sobre intervenciones guiadas por imagen en medicina.
Quiero expresar mi agradecimiento a David Saul, MD, del Nemours Children´s Hospital de Delaware, por
sus aportaciones al capítulo de pediatría, y a Richard Hicks, MD, FACR, de la University of Massachusetts Chan
Medical School-Baystate, por su revisión del capítulo de neurorradiología.
Morrie Kricun, MD, a quien se dedica póstumamente esta edición, fue profesor emérito de radiología en la
Facultad de Medicina Perelman de la Universidad de Pensilvania y radiólogo adjunto cuando yo era residente
de radiología en Einstein. Muchos años después, se unió a mí en la facultad de Einstein como asociado. Tenía
un trato amable y gentil, un maravilloso sentido del humor y me ofreció un apoyo inquebrantable.
Probablemente fue quien más me enseñó a enseñar.
Desde luego, quiero reconocer y agradecer a Marybeth Thiel, de Elsevier, su gran paciencia y su valiosa
ayuda en este proyecto, así como a John Casey, de Elsevier, su ayuda y experiencia en la gestión del
proyecto.
También expreso mi gratitud a los cientos de residentes de radiología y estudiantes de medicina que, a lo
largo de los años, me han proporcionado un público de estudiantes motivados, sin los cuales un profesor no
tendría a nadie a quien enseñar.
Por último, quiero dar las gracias a mi maravillosa esposa, Pat, que me ha dado ánimos durante todo el
proyecto, y al resto de mi familia.
William Herring, MD
Colaboradores
Daniel J. Kowal, MD
Chief and Medical Director of Ultrasound Baystate Health
Associate Professor, UMass Chan Medical School-Baystate
Springfield, Massachusetts
Peter S. Wang, MD
Associate Chair of Informatics
Section Chief of Abdominal Imaging
Einstein Healthcare Network
Philadelphia, Pennsylvania
David Saul, MD
Department of Radiology
Nemours Children's Hospital
Wilmington, Delaware
Dedicación
Morrie Kricun, MD
Prefacio
La quinta edición de Radiología básica. Aspectos fundamentales cuenta con numerosas incorporaciones
y mejoras, al tiempo que mantiene su diseño fundamental con material esencial en un formato sucinto y
directo.
La radiología es una especialidad cuyo núcleo son las imágenes, por lo que hay más de 1.600
fotografías e ilustraciones en este libro. Más de un tercio de las fotografías son nuevas para esta edición,
y casi todas las imágenes restantes se han perfeccionado para resaltar los hallazgos.
Cada capítulo comienza con un caso práctico y finaliza con su respuesta, pensados para subrayar alguno
de los principios fundamentales de ese capítulo. Estas preguntas invitan a descubrir la solución a medida que
se repasa el capítulo, potenciando así la comprensión interactiva del contenido.
También se incluye un apéndice sobre medicina nuclear.
Con esta nueva edición, es de esperar que los lectores y lectoras puedan reconocer mejor las anomalías e
interpretar las imágenes y, al hacerlo, tal vez participar en el cuidado de los pacientes con mayor seguridad,
confianza y destreza.
Al finalizar la lectura, es posible que empiece a diagnosticar anomalías con una habilidad tan asombrosa
que, sin sospecharlo, impresione a sus mentores y compañeros al tiempo que maravilla a sus amigos y
familiares.
El camino para ser aún más asombroso comienza en la primera página.
William Herring, MD
Cover image
Title page
Copyright
Agradecimientos
Colaboradores
Dedicación
Prefacio
Contents
Índice de vídeos
Pasado: el descubrimiento
Principios generales
Indicaciones de la TC cardiaca
RM cardiaca
4 Identificación de la enfermedad pulmonar por afectación del espacio aéreo frente a la enfermedad pulmonar
intersticial
Estado posneumonectomía
8 Identificación de la neumonía
Consideraciones generales
Patrones de la neumonía
Localización de la neumonía
Catéteres intravasculares
Dispositivos cardiacos
Sondas gastrointestinales
10 Identificación de otras enfermedades del tórax
Masas mediastínicas
Carcinoma broncogénico
Bronquiectasias
Aire extraluminal
Calcificaciones
Identificación de organomegalias
Contraste intravenoso en la TC
Contraste oral en la TC
Patrones de calcificación
Localización de la calcificación
17 Identificación de alteraciones gastrointestinales y hepatobiliares y del tracto urinario
Esófago
Estómago y duodeno
Intestino grueso
Páncreas
Anomalías hepatobiliares
Sistema biliar
Vías urinarias
Pelvis
Vejiga urinaria
Adenopatías
18 Ecografía: comprensión de los fundamentos y sus aplicaciones para obtener imágenes en el abdomen y la
pelvis
¿Cómo funciona?
Frecuencia y resolución
Tipos de ecografía
Embarazo
Hernias abdominales
Apendicitis
Ascitis
Sistema musculoesquelético
Ecografía vascular
Estenosis arterial
Pseudoaneurisma
Pediatría
RM con contraste
Aspectos de seguridad en la RM
Aplicaciones diagnósticas de la RM
Dolor de espalda
Hernia discal
Espondilolisis y espondilolistesis
RM en metástasis vertebrales
Discitis/osteomielitis de la columna
Espondilitis anquilosante
Maltrato infantil
Fracturas de estrés
Traumatismo vertebral
Fractura de Jefferson
Fractura de Chance
Fracturas patológicas
Traumatismo aórtico
Traumatismo abdominal
Hígado
Bazo
Riñones
Traumatismos de la pelvis
RM cerebral
Traumatismo craneoencefálico
Hemorragia intracraneal
Hipertensión intracraneal
Accidente cerebrovascular
Rotura de aneurismas
Hidrocefalia
Atrofia cerebral
Tumores cerebrales
Otras enfermedades
Terminología
Asma
Neumonía
Epiglotitis
Crup (laringotraqueobronquitis)
Otras enfermedades
Maltrato infantil
Ecografía
Resonancia magnética
Consideraciones especiales
Bibliografía
APÉNDICE A
Index
Índice de vídeos
6. Capítulo 18: Ecografía: comprensión de los fundamentos y sus aplicaciones para obtener imágenes en
el abdomen y la pelvis
1. Ecografía dúplex color de la arteria carótida
2. Efecto Doppler (solo audio)
3. Pedículo vascular torsionado en la torsión testicular
4. Histerosonografía
5. Ecografía fetal
6. Hernia inguinal con contenido intestinal y líquido que es más prominente durante la tos
7. Apendicitis aguda con apendicolito
8. Ecografía renal con contraste que muestra una masa renal que capta contraste
Este capítulo nos introduce brevemente en las modalidades de imagen fundamentales: radiografía
convencional, tomografía computarizada, ecografía, resonancia magnética y la aplicación de la radioscopia. La
medicina nuclear tiene su propio capítulo (v. Apéndice A).
Se trata de un varón de 23 años con una radiografía de tórax normal. Sabemos que hay sangre en el
interior de las cámaras musculares de su corazón. ¿Por qué no podemos ver la sangre propiamente dicha en
el interior del corazón? La explicación se encuentra en este capítulo y la respuesta está al final del capítulo.
Pasado: el descubrimiento
Fig. 1.1 Wilhelm Roentgen descubre los rayos X. En esta fotografía de 1895 se muestra a
Wilhelm Roentgen en su laboratorio de Alemania, año en el que descubrió (el 8 de
noviembre) una nueva fuente de radiación electromagnética invisible a la que llamó «rayos
X». Por este descubrimiento, fue premiado con el primer Premio Nobel de Física en 1901.
(Reutilizado con autorización de New York Public Library/Science Source.)
Presente: modalidades de imagen actuales
Vídeo 1.1
Fig. 1.2 Cinco densidades básicas observadas en la radiografía convencional.
Puntos importantes
• Las sustancias más densas que absorben más rayos X poseen números TC elevados. Se
dice que presentan una mayor atenuación y se muestran más blancas en las imágenes de la
TC.
• En las radiografías convencionales, estas sustancias (tales como el metal y el calcio)
aparecerían también más blancas y se dice que poseen una mayor densidad o son más
opacas.
• Las sustancias menos densas que absorben menos rayos X poseen números TC bajos. Se
dice que presentan una menor atenuación y se muestran más oscuras en las imágenes de la
TC (v. fig. 1.4).
• En las radiografías convencionales, estas sustancias (tales como el aire y la grasa) también
aparecen como densidades más oscuras, lo que se denomina disminución de la densidad (o
aumento de la transparencia).
Fig. 1.5 Ventanas del tórax. La TC torácica suele «procesarse en diferentes ventanas» y
se muestra en diferentes formatos para intentar optimizar la definición anatómica. (A) Las
ventanas pulmonares se eligen para maximizar nuestra capacidad para obtener imágenes
de anomalías del parénquima pulmonar y para identificar la anatomía bronquial normal y
anormal (círculo negro). (B) Las ventanas mediastínicas se eligen para mostrar en detalle
las estructuras mediastínicas, hiliares y pleurales (círculo blanco). (C) Las ventanas óseas
son la tercera forma de mostrar datos y visualizar las estructuras óseas con mayor detalle
(elipse y flecha blanca). Es importante saber que los formatos de estas diferentes ventanas
son manipulaciones de los datos obtenidos durante la exploración original y no requieren
volver a explorar al paciente.
Fig. 1.6 Planos de imagen convencionales. Existen tres planos de imagen
convencionales para obtener imágenes transversales. Los planos axiales (o transversos)
son muy frecuentes y dividen el cuerpo en cortes superiores e inferiores. El plano coronal
divide el cuerpo en cortes anterior y posterior. El plano sagital divide el cuerpo en cortes
derecho e izquierdo. Cuando el plano sagital se localiza en la línea media del cuerpo se
denomina plano sagital medio (o mediano). Los cortes localizados en el lado derecho o
izquierdo de la línea media se denominan parasagitales.
Fig. 1.7 TC 3D del tórax. Esta versión en color de una representación 3D del tórax es
posible por la adquisición volumétrica de múltiples cortes de TC a través del cuerpo que
pueden reconstruirse posteriormente de forma digital y generarse por ordenador para poner
de manifiesto la anatomía de superficie. El mismo conjunto de datos puede manipularse
para mostrar la totalidad de la parrilla costal o los pulmones (que han sido eliminados
digitalmente en este ejemplo) en vez del corazón. Dichas proyecciones son especialmente
útiles para mostrar las relaciones anatómicas exactas de las estructuras, especialmente
para la planificación quirúrgica en ciertas partes del cuerpo. C, cabeza; D, derecha; I,
izquierda; P, pie.
Vídeo 1.2
• La TC expande la escala de grises de forma notable, lo que nos permite diferenciar muchas
más densidades que las cinco básicas de las radiografías convencionales. La TC disminuye de
forma notable cualquier solapamiento de estructuras que puedan oscurecer una patología
subyacente. Los pacientes con dispositivos implantados que pueden impedir la realización de una
RM, como un marcapasos cardiaco, pueden estudiarse con seguridad mediante una TC. A pesar
de la amplia disponibilidad de aparatos de TC, no son realmente portátiles.
• Al igual que las unidades radiográficas convencionales, los aparatos de TC utilizan
radiaciones ionizantes (rayos X) para generar sus imágenes. Para producir imágenes de TC se
necesita un aparato de TC caro, espacio para su instalación y una potencia de procesamiento
informático sofisticada.
• Las exploraciones de TC son la piedra angular de las imágenes en cortes
transversales y, actualmente, son capaces de mostrar cualquier parte del cuerpo en cualquier
plano, incluyendo las imágenes 3D en color.
Ecografía (ECO)
• Para producir las imágenes, las sondas de ecografía utilizan energía acústica con una
frecuencia superior a la audible por el ser humano, en lugar de rayos X como la radiografía
convencional y la TC (v. cap. 18).
• Una sonda o transductor ecográfico genera y registra las señales ecográficas. Un ordenador
incorporado en el propio equipo procesa la señal en función de sus características. Las imágenes
ecográficas se generan digitalmente y pueden almacenarse con facilidad en sistemas PACS. Las
imágenes pueden mostrarse de forma estática o en forma de vídeo (o «cine») (vídeo 1.3).
Vídeo 1.3
Ventajas, desventajas e indicaciones de la ecografía
• Los ecógrafos son relativamente baratos en comparación con los aparatos de TC y RM. Su
disponibilidad es sumamente amplia y pueden ser portátiles, incluso de mano. Dado que en
la ecografía no se utiliza radiación ionizante, es especialmente útil para la realización de estudios
de imagen en mujeres en edad fértil, durante la gestación y en niños.
• La ecografía no puede atravesar los huesos y la presencia de estructuras grandes y llenas
de gas altera la señal ecográfica. Puede resultar difícil visualizar las estructuras profundas en los
pacientes obesos. Por último, depende del especialista, lo que implica que la persona que
realiza la exploración debe tener la suficiente formación y conocimientos para dirigir la sonda
correctamente con el fin de visualizar la anomalía.
• La ecografía es una técnica muy utilizada en medicina. Suele ser la técnica de primera
elección para el estudio de la pelvis femenina y en los pacientes pediátricos, para diferenciar
lesiones quísticas de lesiones sólidas en pacientes de todas las edades, para el estudio vascular
no invasivo, para el estudio del feto y la placenta durante el embarazo y para obtener biopsias o
aspirar líquidos en tiempo real guiados mediante estudios de imagen (fig. 1.8).
• Otras indicaciones frecuentes son el estudio de masas mamarias, nódulos tiroideos, tendones, y
para evaluar el encéfalo, las caderas y la columna vertebral en los recién nacidos. La ecografía se
puede emplear en cualquier localización, intraoperatoriamente en el propio quirófano, hasta en
una tienda de campaña en el campo de batalla, o en localizaciones tan remotas como la
Antártida.
• La ecografía se considera, en términos generales, una modalidad de imagen muy segura,
sin efectos adversos importantes conocidos cuando se emplea para el diagnóstico médico.
Fig. 1.8 Ecografía, quistes renales. Esta es una proyección sagital de una exploración
ecográfica del riñón derecho (flechas continuas). Hay dos quistes en el polo inferior de este
riñón (flechas discontinuas). Los quistes están llenos de líquido, lo que explica que estén
desprovistos de cualquier marcador (ecos) (v. cap. 18). Ant, anterior.
Resonancia magnética (RM)
• La RM no utiliza radiación ionizante. Permite obtener un contraste mucho mayor entre los
distintos tipos de partes blandas en comparación con la TC y puede distinguir entre grasa, agua,
músculo y otras partes blandas. Puede caracterizar y discriminar entre los tejidos utilizando sus
propiedades físicas y bioquímicas (p. ej., agua, hierro, grasa y sangre extravascular y sus
productos de degradación). Permite evaluar el flujo sanguíneo, el flujo del líquido cefalorraquídeo
y la contracción y la relajación de órganos, tanto fisiológicos como patológicos.
• Como el calcio no emite señales en la mayoría de las imágenes de RM, pueden adquirirse
imágenes de los tejidos rodeados por hueso, como el contenido de la fosa posterior y la columna.
La RM puede generar imágenes de la misma resolución en cualquier proyección sin necesidad de
mover al paciente, lo que facilita su utilidad diagnóstica y ofrece ventajas especiales para
planificar la radioterapia y el tratamiento quirúrgico. Los protocolos de RM pueden programarse
para adquirir datos sobre fenómenos fisiológicos, como la velocidad de la sangre moviéndose o la
difusión del agua (utilidad para evaluar un accidente cerebrovascular).
• Los aparatos de RM no tienen tanta disponibilidad como los de TC. Son caros y es preciso
ubicarlos en áreas arquitectónicamente específicas para su funcionamiento adecuado. En general,
también conllevan costes de mantenimiento elevados.
• Existen problemas de seguridad relacionados con los campos magnéticos extremadamente
intensos de los aparatos de RM, tanto en lo que se refiere a los objetos que puede haber dentro
del cuerpo (p. ej., marcapasos cardiacos) como en lo relativo a proyectiles ferromagnéticos
ubicados en el entorno del aparato de RM (p. ej., las bombonas metálicas de oxígeno en la sala
de exploración, las cuales, debido a la intensidad del imán, pueden convertirse en «misiles»
aéreos). También son conocidos los efectos adversos de las ondas de radiofrecuencia que
producen estos aparatos y siempre hay que tener en cuenta los posibles efectos adversos
asociados a algunos de los agentes de contraste que se utilizan en los estudios de RM.
• La RM se usa con mucha frecuencia en el ámbito de la imagen neurológica y es
especialmente útil para la visualización de partes blandas como músculos, tendones y
ligamentos (fig. 1.9).
Fig. 1.9 RM sagital de la columna lumbar. Esta es una imagen de RM en el plano sagital
de las cinco vértebras lumbares (1-5), visualizándose sus cuerpos gracias a la médula ósea
que contienen. El hueso cortical (flechas blancas continuas) rodeando a cada cuerpo
vertebral es negro y no emite una señal contrapuesta, lo que convierte a la RM en una
modalidad excelente para visualizar estructuras de partes blandas, como los discos
intervertebrales (flechas blancas discontinuas), líquidos, como el líquido cefalorraquídeo
(LCR) en la parte inferior del canal raquídeo, y los nervios en la cola de caballo (flecha
negra).
Radioscopia
• Las unidades de radioscopia pueden ser móviles, aunque siguen siendo equipos pesados y
relativamente voluminosos. Pueden proporcionar una visualización en tiempo real para la
colocación de un dispositivo (p. ej., marcapasos) o para la localización y la extracción de un
cuerpo extraño.
• La radioscopia comporta las mismas precauciones respecto a la exposición a radiaciones que
cualquier otra modalidad que emplee radiación ionizante. La dosis de radiación en la
radioscopia puede ser sustancialmente más elevada que la empleada en la radiografía
convencional, porque durante cada minuto del tiempo de radioscopia se adquiere el equivalente a
muchas imágenes estáticas. Por tanto, la dosis se reduce empleando el menor tiempo posible
de radioscopia para obtener las imágenes diagnósticas.
• La radioscopia se emplea ampliamente para seguir en tiempo real la localización y el recorrido
del bario o de contrastes yodados administrado por vía externa a lo largo de los aparatos
digestivo y genitourinario y en el interior de los vasos sanguíneos. Gracias a la adquisición de
imágenes en tiempo real, puede usarse para localizar tejidos que deban biopsiarse y como medio
de guía y de confirmación de la colocación de un dispositivo médico.
Medicina nuclear
• Los estudios de PET se utilizan a mendo para localizar metástasis ocultas o para detectar
recidivas de un tumor conocido. La medicina nuclear se utiliza en el área cardiopulmonar para
evaluar la función y la anatomía del corazón y los pulmones. También se utilizan para evaluar los
huesos, especialmente en busca de metástasis, fracturas e infecciones. La medicina nuclear tiene
una larga historia para el tratamiento de ciertas anomalías tiroideas.
• En comparación con la TC y la radioscopia, los estudios de medicina nuclear producen en
general menos exposición del paciente a la radiación. Los estudios que producen la
exposición a una dosis más elevada en comparación con otras modalidades nucleares son los
estudios cardiacos y la PET (v. Apéndice A «Medicina nuclear»).
• A diferencia de otras modalidades que emplean radiación ionizante externa, el paciente puede
ser brevemente la fuente de la exposición a radiación para otros (p. ej., los técnicos) al realizar
pruebas de medicina nuclear. Para limitar la exposición a otros se utilizan los principios siguientes:
disminuir el tiempo que se está en la proximidad del paciente, aumentar la distancia con la
fuente (el paciente) y emplear la protección adecuada.
Futuro: inteligencia artificial
• La inteligencia artificial (IA) se define como la inteligencia mostrada por una máquina.
• En el ámbito de la radiología, la IA ha supuesto tradicionalmente el aprendizaje supervisado,
en el que un programador o un radiólogo enseña al ordenador, lo cual se consigue
proporcionándole al ordenador ejemplos de un diagnóstico y dejando que posteriormente el
programa informático extrapole sus propias reglas sobre lo que constituye dicho diagnóstico (fig.
1.15).
• Sin embargo, el futuro de la IA en el campo de la radiología va más allá del aprendizaje
automático, con el desarrollo del aprendizaje profundo. El aprendizaje profundo permite que el
programa informático aprenda por sí solo usando un sistema complejo que imita la
elaboración de redes neuronales humanas.
• Aunque desde la década de 1990 lleva empleándose cierta forma de tecnología informática,
la IA se ha convertido progresivamente en un tema candente. A medida que ha mejorado la IA,
han surgido numerosas cuestiones acerca de su aplicación en la radiología. ¿Cómo utilizan los
radiólogos la IA en su práctica diaria? ¿Cómo modificará la IA la práctica de la radiología en los
años venideros? Quizá la cuestión más intimidante de todas es cuál será el papel de los radiólogos
humanos
• Nuestras habilidades interpretativas de las imágenes pueden multiplicarse si empezamos a
comprender la mejor manera de aplicar la IA.
Fig. 1.15 Diagnóstico de neumonía por COVID-19 con ayuda de inteligencia artificial.
(A) Un algoritmo de IA ha delimitado automáticamente opacidades anormales en ambas
bases pulmonares en rojo en esta imagen de TC axial del tórax. (B) El algoritmo ha
caracterizado con más detalle las opacidades como vidrio deslustrado (rojo) frente a
consolidadas (azul). Las opacidades en vidrio deslustrado son una característica de la
neumonía por COVID-19.
Convenciones utilizadas en este libro
No podemos observar la sangre en el interior del corazón, porque la radiografía convencional solamente
muestra un número limitado de densidades. El líquido (sangre) y las partes blandas (músculo) tienen
aproximadamente la misma densidad en la radiografía convencional de modo que es imposible diferenciar la
sangre del músculo en el corazón.
Puntos clave
• Hoy en día, casi todas las imágenes se almacenan electrónicamente en un sistema de archivo,
comunicación y almacenamiento de imágenes denominado PACS.
• Las radiografías convencionales (radiografías simples) se obtienen utilizando radiación
ionizante generada por equipos de rayos X y se visualizan habitualmente en un monitor.
• Las máquinas de rayos X son relativamente baratas y su disponibilidad es amplia, y pueden
ser portátiles. Las imágenes están limitadas al rango de densidades que pueden revelar y, por
tanto, al alcance de los hallazgos que son capaces de mostrar.
• Existen cinco densidades radiográficas básicas, organizadas aquí en orden, desde la que se
muestra más blanca a la que se muestra más negra: metal, calcio (hueso), líquido (partes
blandas), grasa y aire.
• La tomografía computarizada emplea fuentes de rayos X y detectores que giran con rapidez
y un procesamiento informático sofisticado para aumentar el rango de densidades visibles y
mostrarlas en cualquier plano geométrico.
• Los equipos de TC se han convertido en la base de las técnicas de imagen
transversales. Son moderadamente caros y también emplean radiación ionizante para
producir sus imágenes.
• La ecografía proporciona imágenes aprovechando las propiedades acústicas de los tejidos y no
emplea radiación ionizante. Por tanto, su uso es seguro en la gestación, en los niños y en las
mujeres en edad fértil. Resulta especialmente útil para analizar partes blandas y el flujo
sanguíneo.
• Las unidades de ecografía son menos caras, su uso está muy extendido y existen unidades
tan pequeñas que son portátiles, incluso de mano.
• La resonancia magnética produce imágenes basadas en la energía derivada de los átomos de
hidrógeno situados en un campo magnético muy intenso y sometido a pulsos de radiofrecuencia.
Los datos así obtenidos son analizados por algoritmos informáticos potentes para producir
imágenes en cualquier plano de imagen.
• Los equipos de RM son relativamente caros, requieren realizar una obra para su ubicación y
el coste de su uso es más alto. Se han convertido en la piedra angular de las técnicas de
neuroimagen y son de especial utilidad para el estudio de los músculos, los ligamentos y los
tendones.
• La radioscopia utiliza radiación ionizante para visualizar el cuerpo en tiempo real y poder
evaluar el movimiento, la posición y la visualización de agentes de contraste yodados o con bario
desplazándose a través del aparato digestivo, el tracto genitourinario y los vasos sanguíneos.
• La medicina nuclear utiliza radioisótopos que tienen la propiedad de «dirigirse» hacia
diferentes órganos del cuerpo para intentar evaluar la fisiología y la anatomía de dichos órganos.
A diferencia de otras modalidades que emplean radiación ionizante, en los estudios de medicina
nuclear el paciente puede ser por un tiempo la fuente de exposición a la radiación.
• La inteligencia artificial (IA) ya está ayudando a los radiólogos a optimizar los flujos de
trabajo, a cuantificar algunos procesos patológicos, y a ayudar en ciertos diagnósticos. Su papel
seguirá ampliándose y se seguirá evaluando en los años venideros.
Véase también el Apéndice A «Medicina nuclear».
2
Identificación de la anatomía pulmonar normal
En este capítulo, aprenderá a evaluar la anatomía normal (fig. 2.1) y la idoneidad técnica (fig. 2.2) de los
pulmones en las radiografías convencionales y en la tomografía computarizada (TC). Para aumentar su
competencia en la interpretación de las imágenes torácicas, el lector debe, en primer lugar, ser capaz de
identificar la anatomía normal básica, de manera que pueda diferenciarla de lo que es anormal.
Se trata de un varón de 52 años con una enfermedad debilitante. ¿Está realmente el corazón de este
paciente en el lado erróneo del cuerpo o hay otra explicación para la apariencia de esta imagen? La marca
«L» (arriba a la derecha) está en la localización correcta. La explicación se encuentra en este capítulo y la
respuesta está al final del capítulo.
Radiografía torácica posteroanterior normal
Fig. 2.3 Vasculatura pulmonar normal. La imagen muestra el pulmón derecho. Los vasos
del lóbulo inferior (círculo negro) deben tener un tamaño mayor (no en número) que los del
lóbulo superior (círculo blanco) en bipedestación, y todos los vasos muestran una reducción
gradual de su calibre desde las zonas centrales a las periféricas (flecha). Las alteraciones
en el flujo o la presión pulmonares pueden cambiar esas relaciones.
Pleura: anatomía normal
• La pleura está constituida por dos capas, la capa parietal externa y la capa visceral interna, y
entre ambas queda el espacio pleural. La pleura visceral está adherida al pulmón y se pliega para
formar las cisuras mayor (oblicua) y menor (horizontal).
• Normalmente, en el espacio pleural hay varios mililitros de líquido, pero no aire.
• Por regla general, ni la pleura parietal ni la pleura visceral se visualizan
normalmente en una radiografía torácica convencional, excepto en las zonas en las que las dos
capas de la pleura visceral se pliegan para formar las cisuras. Incluso en esta situación, no
suelen tener un grosor mayor que el de una línea trazada con un lápiz de punta afilada
(fig. 2.4).
Fig. 2.4 Diagrama del espacio pleural. La pleura visceral está unida al pulmón y se pliega
sobre sí misma para formar las cisuras. En el interior del espacio pleural hay una cantidad
muy pequeña de líquido entre las pleuras visceral y parietal. La pleura parietal reviste la
pared torácica interna u normalmente no se une a ella. El ángulo costofrénico lateral es un
seno profundo y definido, presente tanto en el lado derecho como en el izquierdo.
Puntos importantes
• Con el paciente en bipedestación, el flujo sanguíneo hacia las bases normalmente es mayor
que el flujo sanguíneo hacia los vértices debido al efecto de la gravedad. Por tanto, el tamaño
de los vasos en la base suele ser mayor que el tamaño de los vasos en el vértice
pulmonar.
• Como parte de la evaluación torácica estándar con dos proyecciones, suele realizarse una
radiografía torácica posteroanterior en bipedestación, así como una proyección torácica
lateral izquierda, también en bipedestación. La radiografía torácica lateral izquierda (el
lado izquierdo del cuerpo del paciente queda contra la placa) tiene un gran valor diagnóstico;
sin embargo, los principiantes a veces la ignoran porque no están familiarizados con los
hallazgos visibles en esta proyección (cuadro 2.1; v. fig. 2.5).
CUADRO 2.1
¿Por qué debe examinarse la radiografía torácica lateral?
Fig. 2.7 Adenopatía mediastínica anterior. (A) La radiografía lateral normal muestra la
presencia de un espacio claro por detrás del esternón, el espacio claro retroesternal
(flecha). (B) La proyección torácica lateral izquierda muestra una densidad de partes
blandas que ocupa este espacio que queda por detrás del esternón (flecha). Esto
representa una linfadenopatía mediastínica anterior en un paciente con linfoma.
Posiblemente, las adenopatías constituyen la causa más frecuente del oscurecimiento del
espacio claro retroesternal. El timoma, el teratoma y el aumento de tamaño de la glándula
tiroides en la zona subesternal también pueden hacer que aparezcan masas en el
mediastino anterior, pero no suelen tener exactamente este aspecto.
Artefactos diagnósticos
• Hay que tener cuidado de no confundir las partes blandas de los brazos superpuestos del
paciente con el «relleno» del espacio claro retroesternal. Aunque se pide a los pacientes que
mantengan los brazos por encima de la cabeza cuando se obtiene la proyección torácica lateral,
muchos están tan débiles que no pueden levantarlos.
• Para evitar este artefacto, el lector debe ser capaz de identificar la localización del brazo del
paciente identificando el húmero (fig. 2.8).
Fig. 2.8 Los brazos ocultan el espacio claro retroesternal. En este ejemplo, la paciente
no podía levantar sus brazos por encima de la cabeza para la radiografía lateral, algo que
generalmente se pide a los pacientes para eliminar la superposición de las sombras de los
brazos en la radiografía lateral. Los húmeros son claramente visibles (flechas blancas), de
manera que, incluso aunque las partes blandas de los brazos de la paciente parecen
ocupar el espacio claro retroesternal (flechas negras), este signo no debe confundirse con
una alteración, como, por ejemplo, la presencia de adenopatías mediastínicas anteriores (v.
fig. 2.7).
Región hiliar
• Puede resultar difícil valorar de forma adecuada los hilios en la proyección posteroanterior, sobre
todo cuando ambos están ligeramente aumentados de tamaño, dado que es imposible
compararlos con el lado opuesto normal. La proyección lateral puede ser útil. La mayor parte de
las densidades hiliares corresponden a las arterias pulmonares. En la proyección lateral no debe
observarse una masa bien definida en los hilios (fig. 2.9).
• Cuando hay una masa hiliar, como puede ocurrir en las situaciones de aumento de tamaño de
los ganglios linfáticos hiliares, el hilio (o ambos hilios) aparece en la radiografía lateral en forma
de una sombra de partes blandas, bien definida y lobulada (fig. 2.10).
Fig. 2.9 Estructuras hiliares normales. La radiografía torácica lateral izquierda muestra
las estructuras hiliares normales principales. La arteria pulmonar derecha produce una
opacidad anterior a la porción distal de la tráquea (T). En condiciones normales, solamente
se observa pulmón aireado posterior al bronquio intermedio. LSD, lóbulo superior derecho;
LSI, lóbulo superior izquierdo.
Cisuras
• En la proyección lateral pueden observarse las cisuras mayor y menor en forma de líneas
blancas finas y suaves. Las cisuras delimitan los lóbulos superior e inferior en el pulmón izquierdo
y los lóbulos superior, medio e inferior en el pulmón derecho.
• Debido al plano oblicuo de la cisura mayor, en la proyección posteroanterior suele
visualizarse solamente la cisura menor en el lado derecho.
• Las cisuras mayores discurren oblicuamente, más o menos desde la altura de la 5.ª
vértebra dorsal hasta un punto localizado sobre la superficie diafragmática de la pleura unos
centímetros por detrás del esternón.
• La cisura menor se localiza en un plano situado aproximadamente a la altura de la
4.ª costilla anterior (solo en el lado derecho) y tiene una orientación horizontal (v. fig. 2.5).
• Una cisura aumenta de grosor cuando contiene líquido o desarrolla fibrosis debido a un
proceso patológico crónico (fig. 2.11). El engrosamiento de la cisura debido a la presencia de
líquido se asocia casi siempre a otros signos de la presencia de líquido en el tórax, como líneas
B de Kerley y derrames pleurales (v. cap. 11). El engrosamiento de la cisura debido a fibrosis
es la causa más probable cuando no hay otros signos de líquido en el tórax.
Fig. 2.10 Masa hiliar en la radiografía lateral. Esta proyección lateral izquierda del tórax
muestra múltiples masas de partes blandas lobuladas en la región de los hilios (flechas).
Compare este aspecto con el del hilio normal en la figura 2.9. Este paciente presentaba
adenopatías hiliares bilaterales secundarias a sarcoidosis, pero las adenopatías hiliares de
cualquier causa, así como los tumores primarios del hilio, pueden tener un aspecto similar.
Fig. 2.11 Líquido en las cisuras mayores. La proyección lateral izquierda del tórax
muestra el engrosamiento de las cisuras mayores derecha e izquierda (flechas). El paciente
presentaba insuficiencia cardiaca congestiva y el engrosamiento de las cisuras representa
la acumulación de líquido en su interior. Normalmente, las cisuras son invisibles o, si son
visibles, aparecen en forma de líneas blancas y finas de grosor uniforme y no superior al de
una línea trazada con un lápiz de punta afilada. La cisura mayor discurre habitualmente
desde la altura del cuerpo de la 5.ª vértebra torácica hasta un punto localizado en la parte
anterior del diafragma, aproximadamente 2 cm por detrás del esternón. Obsérvese el
incremento de la trama intersticial visible en todos los campos pulmonares debido a la
presencia anormal de líquido en el intersticio de los pulmones.
Columna torácica
Diafragma
• Dado que el diafragma está constituido por partes blandas (músculo) y el abdomen que queda
por debajo del mismo contiene también estructuras correspondientes a partes blandas, como el
hígado y el bazo, en las radiografías convencionales generalmente solo es visible el borde
superior del diafragma, lindando con el pulmón lleno de aire.
• A pesar de que existe un diafragma que separa el tórax del abdomen, en las radiografías
convencionales no suele observarse todo el diafragma desde el lado izquierdo al derecho debido a
la posición del corazón en el centro del tórax. Por tanto, radiográficamente denominamos
hemidiafragma derecho a la mitad derecha del diafragma y hemidiafragma izquierdo a la
mitad izquierda.
Puntos importantes
• Cada hemidiafragma presenta una cúpula redondeada que mella la porción central de la base de
cada pulmón, como ocurre en la parte inferior de una botella de vino. Esto da lugar a una
depresión, o seno, que rodea la base de cada pulmón y que representa el punto más bajo del
espacio pleural cuando el paciente se mantiene en bipedestación.
• En la radiografía torácica posteroanterior, este seno se visualiza con mayor facilidad en el borde
externo del pulmón como el seno costofrénico lateral (también denominado ángulo
costofrénico lateral), mientras que en la radiografía lateral aparece como el seno
costofrénico posterior (también denominado ángulo costofrénico posterior) (v. figs. 2.1 y
2.5).
• Normalmente, los senos costofrénicos están claramente delineados formando
ángulos agudos.
• Los derrames pleurales se acumulan en los recesos profundos de los senos costofrénicos, con
relleno de sus ángulos agudos mientras el paciente permanece en bipedestación. Es lo que se
denomina borramiento de los ángulos costofrénicos (v. cap. 7).
• Solamente se necesitan unos 75 ml de líquido (o menos) para que se produzca el
borramiento del ángulo costofrénico posterior en la proyección lateral, mientras que para el
borramiento de los ángulos costofrénicos laterales en la proyección posteroanterior se
necesitan unos 250-300 ml.
Anatomía torácica normal en la TC
Fig. 2.13 Proyecciones axial (A), coronal (B) y sagital (C) del tórax. En las imágenes se
muestran los tres planos estándar de estudio del tórax (v. fig. 1.6). Recuerde que todos
estos datos se adquirieron en la misma exploración, pero la adquisición de volumen permite
reformatear digitalmente la imagen en cualquier plano. En (A) pueden observarse el
bronquio principal izquierdo (flecha negra) y el bronquio principal derecho (flecha blanca).
AD, aurícula derecha; AI, aurícula izquierda; Ao, aorta; AP, arteria pulmonar; D, derecha; S,
vena cava superior; VI, ventrículo izquierdo.
Puntos importantes
• La TC de los pulmones muestra estructuras anatómicas adicionales y con mayor detalle que las
radiografías convencionales. Mediante la reconstrucción computarizada de los cortes finos de la
TC se pueden visualizar los pulmones en cualquier plano, aunque los tres planos más frecuentes
son axial, sagital y coronal (v. figs. 2.13 y 1.6).
• Los vasos sanguíneos son visibles en la práctica totalidad de su trayecto desde los hilios hasta la
superficie pleural. Las arterias pulmonares pueden diferenciarse de las venas pulmonares (fig.
2.14 y vídeo 2.1).
• Los bronquios y los bronquiolos también son visibles, y, como norma, los bronquios
normalmente tienen un diámetro más pequeño que su arteria pulmonar acompañante
(fig. 2.15).
• La tráquea, que generalmente posee una morfología ovalada, tiene un diámetro de unos 2 cm.
• En la mayoría de las personas existe un espacio visible inmediatamente por debajo del cayado
aórtico, pero por encima de la arteria pulmonar, denominado ventana aortopulmonar (fig.
2.16). La ventana aortopulmonar es un punto de referencia importante, porque es una
localización favorita para que aparezcan linfadenopatías. A esta altura, o ligeramente por
debajo, la tráquea se bifurca en la carina en los bronquios principales derecho e izquierdo
(fig. 2.17).
• Ligeramente más inferiores se localizan los bronquios principales derecho e izquierdo y el
bronquio intermedio. El bronquio principal derecho aparece como una estructura circular
llena de aire que después se convierte en una estructura cilíndrica a medida que se visualiza el
bronquio del lóbulo superior derecho. Por detrás del bronquio intermedio solamente debe
haber pulmón lleno de aire. El bronquio principal izquierdo aparece en la parte izquierda
como una estructura circular llena de aire (fig. 2.18).
Fig. 2.14 MIP de la vasculatura pulmonar. La MIP (o MIPs si es pleural) equivale a la
proyección de máxima intensidad y es un método para mostrar ciertas estructuras de
una densidad concreta, haciendo que destaquen de modo preferente con más facilidad. Se
trata de una manipulación computarizada de posprocesamiento de los mismos datos
adquiridos en el momento de la exploración original. Genera una imagen que parece un
angiograma y se utiliza especialmente para la angiografía por TC (como la que se muestra)
y también se emplea para el diagnóstico de nódulos pulmonares (vídeo 2.1).
Fig. 2.15 Relación bronquio-arteria. La relación normal entre la arteria pulmonar (flecha
discontinua) y su bronquio acompañante (flecha continua) es que la arteria suele tener un
tamaño mayor que el bronquio. En las bronquiectasias, esta relación se invierte y el
bronquio es más grande que la arteria (v. cap. 10).
Fig. 2.16 Ventana aortopulmonar (espacio). La ventana aortopulmonar (aórtica-
pulmonar) (ventana AP) es un espacio mediastínico importante en la adquisición de
imágenes, ya que es una localización importante de linfadenopatías. Está delimitado en la
porción superior por el cayado aórtico, en la porción inferior por la arteria pulmonar
izquierda (API), en la zona medial por la tráquea y lateralmente por el pulmón izquierdo. No
confundir la denominación de este espacio con la cardiopatía congénita muy rara,
denominada ventana aortopulmonar. APD, arteria pulmonar derecha.
Fig. 2.17 TC coronal y axial a nivel de la carina. (A) La tráquea (T) se bifurca en la carina
(C) en el bronquio principal derecho (BPD) y el bronquio principal izquierdo (BPI). Después
del origen del bronquio del lóbulo superior derecho (flecha blanca discontinua), el bronquio
intermedio (BI) da lugar al bronquio del lóbulo inferior derecho (flecha negra discontinua) y
al bronquio del lóbulo medio (no se muestra). La flecha negra continua señala el bronquio
del lóbulo superior izquierdo. La flecha blanca continua señala la ventana aortopulmonar (v.
fig. 2.16). (B) Inmediatamente distal a la carina, el BPD da lugar al bronquio del lóbulo
superior (flecha blanca). A este nivel también puede observarse el BPI.
Fig. 2.18 Bronquio intermedio. Distal al origen del bronquio del lóbulo superior derecho se
encuentra una sección bronquial corta denominada bronquio intermedio (flecha negra
continua). El bronquio intermedio se divide en los bronquios de los lóbulos inferior y medio
más caudal a esta imagen. En condiciones normales, posterior al bronquio intermediario
solo debería existir tejido pulmonar (flecha blanca); una densidad de partes blandas en esta
localización puede ser sospechosa de un tumor o adenopatías. La flecha negra discontinua
señala el bronquio principal izquierdo.
Vídeo 2.1
Cisuras
• Según el grosor del corte, las cisuras son visibles como líneas blancas finas o en forma de
una banda avascular de un grosor de hasta unos 2 cm, que aparecen cuando las cisuras
discurren oblicuamente a través de los pulmones (fig. 2.19).
• La cisura mayor separa el lóbulo superior del inferior en el pulmón izquierdo. En la derecha,
separa el lóbulo inferior de los lóbulos medio y superior. En el derecho, la cisura menor separa el
lóbulo superior del lóbulo medio. El análogo del lóbulo medio en el pulmón izquierdo es el
segmento de la língula del lóbulo superior izquierdo (fig. 2.20).
• La cisura menor discurre en el mismo plano horizontal que el de una TC axial, por lo que la
cisura menor normalmente no es visible en una imagen axial, pero si en los planos sagital o
coronal.
• En la proyección coronal, la localización de la cisura mayor puede inferirse por una zona
avascular entre los lóbulos superior y medio derechos (v. fig. 2.19B).
Fig. 2.19 Cisuras en las proyecciones reformateadas axial y coronal. (A) La cisura
mayor se observa como una fina línea blanca en la proyección axial del pulmón derecho
(flecha continua), y la cisura menor puede verse anterior a la cisura mayor (flecha blanca
discontinua). (B) La cisura menor se observa como una línea blanca débil (flecha blanca
discontinua), mientras que la cisura mayor discurre oblicuamente a esta altura y está
representada por la zona avascular que rodea la cisura (flechas continuas). LID, lóbulo
inferior derecho; LMD, lóbulo medio derecho; LSD, lóbulo superior derecho.
Fig. 2.20 Lóbulos y cisuras. Proyecciones sagitales del pulmón derecho (A) y del
izquierdo (B). La cisura mayor (flechas continuas) separa el lóbulo inferior derecho (LID)
del lóbulo superior derecho (LSD) y del lóbulo medio derecho (LMD). En el pulmón
derecho, la cisura menor (flecha blanca discontinua) delimita el lóbulo medio, que separa
los lóbulos superior e inferior anteriormente. (B) En el pulmón izquierdo se observa la cisura
mayor (flechas continuas). En el pulmón izquierdo, el análogo del lóbulo medio es la
língula, parte del lóbulo superior izquierdo. En el lado izquierdo se observa parte del
corazón (C).
• ¿Cuál es el mejor sistema para analizar un estudio de imagen, como una radiografía de tórax?
• Algunas personas estudian sistemáticamente las pruebas de imagen, como las radiografías
torácicas, desde el exterior de la imagen hacia el interior; otros las estudian desde el interior
hacia el exterior, o desde arriba hacia abajo. Algunos sistemas para recordar el examen de cada
una de las partes de una imagen tienen acrónimos o reglas nemotécnicas pegadizas.
• El hecho es el siguiente: no importa el sistema que se utilice mientras se examine todo
lo presente en la imagen. Así pues, utilice el sistema que mejor le funcione, pero asegúrese
de mirar todo. «Mirar todo», por cierto, supone examinar todas las proyecciones disponibles
de un estudio concreto, no meramente todo en una sola proyección (no olvidar la radiografía
torácica lateral en un estudio del tórax de dos proyecciones).
• Los radiólogos experimentados no suelen tener un sistema. Las imágenes «candentes»
son malas para las pantallas de ordenador, pero son valiosas para los radiólogos. En las neuronas
del cerebro de un radiólogo están «candentes» las imágenes mentales del aspecto que tiene una
radiografía torácica posteroanterior normal, el aspecto que tiene una sarcoidosis, etc. Con
frecuencia emplean la impresión de la representación global de un estudio que ven en su
imaginación a los pocos segundos de mirar una imagen. Estudian entonces sistemáticamente las
imágenes si estas se corresponden o no con la imagen mental que guardan en sus cerebros. No
es magia; esta habilidad solamente se adquiere con la experiencia, de manera que, al menos por
ahora, no puede aplicar el método de la representación global.
• El componente más importante del «sistema» que usted utiliza en la interpretación de las
imágenes es un sistema en el cual usted aumente rutinariamente sus conocimientos. Si
el sistema le indica dónde mirar, pero omite lo que está buscando, puede quedarse mirando una
imagen durante varios días y el resultado final será el mismo: no verá los hallazgos. Hay un
axioma en radiología: solo se ve lo que se busca y solo se busca lo que se conoce. Así
pues, si no sabe lo que tiene que buscar, nunca identificará el hallazgo, con independencia del
sistema que se utilice o cuánto tiempo mire la imagen.
• Pero por si acaso usted DEBE tener de manera positiva y absoluta una lista de verificación para
una radiografía de tórax, aquí enumeramos una que es difícil olvidar:
1. 1. Idoneidad técnica (v. fig. 2.2).
2. 2. Partes blandas.
3. 3. Huesos.
4. 4. Corazón.
5. 5. Pulmones.
6. 6. Diafragma.
• Al leer este libro, adquirirá conocimientos que le permitirán reconocer lo que está buscando,
el mejor sistema de todos.
Puntos clave
Empezando por la radiografía convencional, comenzaremos con una evaluación del tamaño cardiaco,
seguida de una descripción de los contornos normales y anormales del corazón en la radiografía
posteroanterior y, por último, de una exposición de la anatomía cardiaca normal en la tomografía
computarizada (TC) y en la resonancia magnética (RM).
La imagen es una radiografía torácica posteroanterior de una mujer de 52 años con antecedentes de
episodios de desvanecimientos, angina e insuficiencia cardiaca congestiva. Aparte de su historial, hay una
anomalía del contorno cardiaco que sugiere el diagnóstico. La explicación se encuentra en este capítulo y la
respuesta está al final del capítulo.
Evaluación del corazón en la radiografía torácica
Puntos importantes
Fig. 3.1 Índice cardiotorácico. El índice cardiotorácico compara el diámetro mayor del
corazón (flecha doble superior) con el mayor diámetro interno de la caja torácica, desde la
parte interna de las costillas de un lado hasta la parte interna de las costillas del otro lado
(flecha doble inferior) a la altura del diafragma. Normalmente debe ser inferior al 50%.
• Para interpretar las alteraciones del corazón, hay que aplicar estos principios, con independencia
de la modalidad de imagen:
• Los ventrículos responden inicialmente a la obstrucción de su flujo de salida con una
hipertrofia, más que con una dilatación. Por tanto, puede que el corazón no aparezca
aumentado de tamaño en un primer momento en procesos como la estenosis aórtica, la
coartación aórtica, la estenosis pulmonar o la hipertensión sistémica. Cuando aumenta el
grosor de la pared ventricular, la luz disminuye, y es solamente cuando el miocardio comienza a
fallar y el corazón se descompensa, cuando el corazón aumenta de tamaño de modo visible en las
radiografías de tórax.
• La cardiomegalia, tal como la reconocemos en las radiografías torácicas, se debe al aumento
de tamaño de la silueta cardiaca producido por el aumento de los ventrículos, no al aumento
de tamaño aislado de las aurículas. Por ejemplo, la silueta cardiaca suele tener un tamaño normal
cuando hay un crecimiento auricular aislado, como el crecimiento auricular izquierdo en las fases
iniciales de la estenosis mitral.
• En general, el incremento de tamaño más acusado de las cavidades cardiacas se debe
a la sobrecarga de volumen, más que a una elevación de la presión, de manera que los
aumentos de tamaño más importantes de las cavidades cardiacas suelen ser secundarios a
insuficiencia valvular, más que a estenosis valvular. Por tanto, el corazón generalmente
adquiere un tamaño mayor como resultado de una insuficiencia aórtica que de una estenosis
aórtica, y la aurícula izquierda suele tener un tamaño mayor en la insuficiencia mitral que en la
estenosis mitral (fig. 3.4).
Fig. 3.3 Apariencias de la aorta. (A) Normal. La aorta ascendente aparece en forma de
una zona de densidad baja con un borde casi recto (flecha blanca continua) y no se
proyecta más lateralmente que hasta el borde derecho del corazón (flecha blanca
discontinua). El botón aórtico no está aumentado de tamaño (flecha doble) y la aorta
descendente (flecha negra continua) casi desaparece con la sombra de la columna
torácica. (B) Estenosis aórtica. La aorta ascendente es anormal, ya que muestra una
convexidad hacia el exterior (flecha blanca continua) que casi alcanza el borde derecho del
corazón (flecha blanca discontinua). La causa es en este caso una dilatación
postestenótica. El botón aórtico (flecha doble) y la aorta descendente (flecha negra
continua) permanecen normales. (C) Hipertensión sistémica. La aorta ascendente (flecha
blanca continua) y la aorta descendente (flecha negra continua) se proyectan
excesivamente hacia los lados derecho e izquierdo, respectivamente. El botón aórtico está
aumentado de tamaño (flecha negra doble).
Fig. 3.4 Tamaño del corazón en la estenosis y la insuficiencia valvulares. (A) En este
paciente con estenosis aórtica se observa una dilatación postestenótica de la aorta
ascendente (flecha blanca) secundaria al flujo turbulento. Obsérvese que, aunque esta
lesión produce hipertrofia ventricular izquierda, la silueta cardiaca no está aumentada de
tamaño (flecha doble negra discontinua). (B) Este paciente presenta insuficiencia aórtica.
Obsérvese el importante aumento de tamaño de la silueta cardiaca (flecha doble negra)
secundario a un importante aumento del ventrículo izquierdo. La sobrecarga de volumen
produce un aumento del tamaño de la cavidad mayor que el incremento aislado de la
presión.
Puntos importantes
Aspectos clave relacionados con los contornos cardiacos
Fig. 3.5 Nivel de los cinco vasos. A este nivel debemos ser capaces de identificar los
pulmones, la tráquea (T) y el esófago (flecha). Según el nivel exacto de la imagen, son
visibles algunos de los grandes vasos. La vena braquiocefálica derecha (D) es el vaso
que se sitúa a la derecha de la tráquea (T). La vena braquiocefálica izquierda (I) se sitúa
inmediatamente por detrás del esternón. Desde la derecha hasta la izquierda del paciente,
las arterias que podemos observar son la arteria innominada (IN), la carótida común
izquierda (C) y la subclavia izquierda (S).
• A este nivel debe identificarse el cayado aórtico, la vena cava superior y la vena ácigos.
• El cayado aórtico es un tubo con forma de «U» invertida. Si en la imagen se roza la parte
superior del cayado, este aparece como una estructura tubular con forma de «coma», con un
diámetro anterior aproximadamente igual al diámetro posterior. A la derecha de la tráquea se
sitúa la vena cava superior, a la cual drena la vena ácigos.
Puntos importantes
• A medida que exploramos en dirección inferior y visualizamos la abertura del cayado aórtico con
configuración en «U» invertida, la aorta ascendente aparece como una densidad redondeada
en la parte anterior, mientras que la aorta descendente aparece como una densidad
redondeada separada en la parte posterior y en el lado izquierdo de la columna vertebral. La
aorta ascendente suele tener un diámetro de 2,5-3,5 cm y la aorta descendente tiene un
diámetro ligeramente inferior, de 2-3 cm.
• En la mayoría de las personas hay un espacio visible inmediatamente por debajo del cayado
aórtico, pero por encima de la arteria pulmonar, denominado ventana aortopulmonar. Esta
ventana constituye una referencia anatómica importante, ya que es una localización frecuente
para la aparición de linfadenopatías (v. fig. 2.16).
• En este nivel, o ligeramente por debajo, la tráquea se bifurca a la altura de la carina en los
bronquios principales derecho e izquierdo.
Fig. 3.8 Nivel de la arteria pulmonar principal. (A) Ventana mediastínica y (B) ventana
pulmonar. (A) A este nivel debemos ser capaces de identificar la arteria pulmonar
principal (AP), las arterias pulmonares derecha (APD) e izquierda (API), así como los
bronquios principales derecho (BD) e izquierdo (BI) y la vena cava superior (S). La
arteria pulmonar izquierda pasa por delante de la aorta descendente (AD). La arteria
pulmonar derecha se localiza posterior a la aorta ascendente (AA) y cruza hacia el lado
derecho. (B) El bronquio intermedio (BIn) se localiza distalmente al origen del bronquio
del lóbulo superior derecho. La pared posterior del bronquio del lóbulo superior derecho
tiene un grosor de 2-3 mm y por detrás de ella solo existe normalmente pulmón aireado
(flecha).
• A estos niveles (puede requerirse más de una imagen para visualizar todas estas estructuras)
debemos ser capaces de identificar la arteria pulmonar principal, las arterias pulmonares
derecha e izquierda, los bronquios principales derecho e izquierdo y el bronquio
intermedio.
• La arteria pulmonar izquierda está más alta que la derecha y parece como una continuación
directa de la arteria pulmonar principal. La arteria pulmonar derecha se origina desde la
arteria pulmonar principal con un ángulo de 90° y cruza hacia el lado derecho.
• A la derecha, el bronquio principal aparece como una estructura circular llena de aire que
después se convierte en una estructura tubular a medida que se visualiza el bronquio del lóbulo
superior derecho. El bronquio intermedio da origen al bronquio del lóbulo medio y al
bronquio del lóbulo inferior derecho. Por detrás del bronquio intermedio no debe haber nada más
que tejido pulmonar (v. fig. 3.8B). A la izquierda, el bronquio principal aparece en la parte
izquierda como una estructura circular llena de aire.
Fig. 3.9 Nivel cardiaco alto. A este nivel, debemos ser capaces de identificar la aurícula
izquierda (AI), la aurícula derecha (AD), la raíz aórtica (Ao) y el infundíbulo de salida
del ventrículo derecho (ISVD). La aurícula izquierda ocupa las porciones posterior y
central del corazón. Pueden observarse una o más venas pulmonares entrando en la
aurícula izquierda (flecha). La aurícula derecha forma el borde cardiaco derecho y se sitúa
por delante y a la derecha de la aurícula izquierda. AoD, aorta torácica descendente; VI,
ventrículo izquierdo.
• A este nivel debemos ser capaces de identificar la aurícula izquierda, la aurícula derecha, la
raíz aórtica y el infundíbulo de salida del ventrículo derecho.
Puntos importantes
• Las localizaciones anatómicas del infundíbulo de salida del ventrículo derecho (y la válvula
pulmonar) y la raíz aórtica son importantes, especialmente en el diagnóstico de lesiones cardiacas
congénitas. El infundíbulo de salida del ventrículo derecho se localiza normalmente por
delante, lateralmente y por encima de la raíz de la aorta. Una buena forma de recordar la
relación consiste en emplear el acrónimo inglés «PALS»: Pulmonic valve lies Anterior, Lateral,
and Superior to the aortic valve («la válvula pulmonar se localiza por delante, lateralmente y por
encima de la válvula aórtica»).
Fig. 3.10 Nivel cardiaco bajo. A este nivel, debemos ser capaces de identificar la aurícula
derecha (AD), el ventrículo derecho (VD), el ventrículo izquierdo (VI) y el tabique
interventricular (TI). El ventrículo derecho está más trabeculado (flecha blanca continua)
y tiene una pared más fina (flecha blanca discontinua) que la pared del ventrículo
izquierdo (flechas negras continuas). AoD, aorta torácica descendente.
• A este nivel debemos ser capaces de identificar la aurícula derecha, el ventrículo derecho,
el ventrículo izquierdo y el tabique interventricular.
• La aurícula derecha forma el borde derecho del corazón. El ventrículo derecho tiene una
localización anterior, inmediatamente por detrás del esternón, y presenta mayor trabeculación
muscular que el ventrículo izquierdo, de paredes más lisas. El ventrículo izquierdo forma el
borde izquierdo del corazón y normalmente tiene una pared más gruesa que la del ventrículo
derecho.
• Cuando se utiliza contraste intravenoso que llena las cámaras cardiacas, debemos ser capaces
de visualizar el tabique interventricular entre los ventrículos derecho e izquierdo.
• Cuando se visualiza, el pericardio normal tiene un grosor aproximado de 2 mm y
generalmente está rodeado por grasa mediastínica por fuera del pericardio, y grasa
epicárdica en su superficie interna.
Indicaciones de la TC cardiaca
Puntuación de calcio
Fig. 3.12 Arterias coronarias. Las dos arterias coronarias principales son la arteria
coronaria izquierda (también conocida como principal izquierda) y la arteria coronaria
derecha. La arteria coronaria izquierda se divide casi de modo inmediato en la arteria
circunfleja y la arteria descendente anterior izquierda (ADA). De la ADA, a su vez, se
originan las ramas diagonales y las ramas septales (no se muestran). La arteria
circunfleja emite ramas marginales. La arteria coronaria derecha discurre entre la
aurícula y el ventrículo derechos hasta la parte inferior del tabique. Origina una rama
marginal aguda de gran tamaño y, en la mayor parte de la población, la arteria
descendente posterior (ADP). La ADP irriga la pared inferior del ventrículo izquierdo y la
parte inferior del tabique. (Tomado de Bruce NH, Ray R. Cardiovascular disease. In: Kumar
P, Clark M, eds. Kumar and Clark's Clinical Medicine, 8th ed. London: Elsevier, 2012, pg.
673.)
Fig. 3.13 Angiografía coronaria por TC, arteria coronaria izquierda. La arteria
coronaria izquierda se origina de la cúspide coronaria izquierda de la válvula aórtica y se
divide casi de inmediato en la arteria circunfleja (flecha blanca) y la arteria descendente
anterior (flecha negra). AI, aurícula izquierda; Ao, aorta; ISVD, infundíbulo de salida del
ventrículo derecho; VCS, vena cava superior.
Fig. 3.14 Angiografía coronaria por TC, arteria descendente anterior (ADA). La ADA
(flecha) discurre en el surco interventricular anterior y continúa hacia el vértice cardiaco.
Irriga la mayor parte del ventrículo izquierdo y también el fascículo AV. Ao, aorta; TIV,
tabique interventricular; VD, ventrículo derecho; VI, ventrículo izquierdo.
Fig. 3.15 Angiografía coronaria por TC, arteria coronaria derecha. La arteria coronaria
derecha (ACD) (flecha blanca) se origina desde el seno aórtico derecho (flecha negra).
La arteria discurre entre la aurícula y el ventrículo derechos hasta la parte inferior del
tabique. En la mayor parte de la población, como en este caso, la ACD se continúa con la
arteria descendente posterior. VI, ventrículo izquierdo.
Puntos importantes
• Uno de los beneficios de la RM es que sus imágenes pueden mostrarse en cualquier plano. La
anatomía del corazón en los planos axial, sagital y coronal es la misma que la que se observa
en la TC mostrada en dichos planos (fig. 3.16).
• Además de los planos axial, sagital y coronal, existen varias proyecciones adicionales que se
emplean típicamente en RM cardiaca y permiten una visualización adicional del corazón. Son la
proyección de eje largo horizontal (también conocida como proyección de cuatro
cámaras), la proyección de eje largo vertical, la proyección de eje corto y la proyección
de tres cámaras (fig. 3.17).
• La proyección de eje largo horizontal (de cuatro cámaras) se parece a la proyección axial
y se suele emplear para evaluar la pared lateral, el vértice y el tabique del ventrículo izquierdo, la
pared libre del ventrículo derecho y el tamaño de las cavidades cardiacas. Las válvulas tricúspide
y mitral se visualizan especialmente bien en esta proyección (fig. 3.18).
• La proyección de eje largo vertical se parece a la proyección sagital y suele emplearse en la
evaluación de las paredes anterior e inferior y el vértice del ventrículo izquierdo (fig. 3.19).
• En la proyección de eje corto se observan los ventrículos derecho e izquierdo, de modo que
resulta útil para realizar mediciones volumétricas (fig. 3.20).
• Como las imágenes de RM del corazón ya se obtienen con volúmenes
tridimensionales telesistólicos y telediastólicos, se pueden realizar mediciones por
ordenador de la masa ventricular, el volumen telediastólico y el volumen
telesistólico y, a partir de estos parámetros, pueden calcularse el volumen sistólico
y la fracción de eyección sin otra intervención.
• La proyección de tres cámaras, que es similar a la proyección coronal, es particularmente
útil para valorar las válvulas mitral y aórtica, el tamaño de la aurícula izquierda y las paredes del
ventrículo izquierdo (fig. 3.21).
• Dependiendo de la secuencia de pulsos de RM empleada para obtener las imágenes, la sangre
puede aparecer negra (generalmente cuando se utiliza una secuencia de pulsos eco espín), el
modo empleado más a menudo para la evaluación anatómica, o bien brillante o blanca
(generalmente cuando se utiliza una secuencia de pulsos de eco de gradiente), el modo
empleado generalmente para la evaluación funcional (fig. 3.22).
Fig. 3.16 RM cardiaca, proyecciones axial, coronal y sagital. Estas tres proyecciones
proporcionan imágenes con apariencias parecidas a las observadas en la TC (v. fig. 2.13).
(A) La proyección axial a este nivel muestra los ventrículos derecho (VD) e izquierdo (VI)
y la aorta descendente (flecha). (B) En esta proyección coronal puede observarse la
aurícula derecha (flecha continua), el ventrículo izquierdo (VI), la aorta (Ao) y la arteria
pulmonar principal (flecha discontinua). (C) En esta proyección sagital se muestra el
ventrículo derecho (VD), la arteria pulmonar (AP), la aurícula izquierda (AI) y la aorta
(Ao). En todas estas proyecciones la sangre se observa «brillante» (es decir, blanca).
Fig. 3.17 Proyecciones de RM frecuentes del corazón. Estos planos de imagen estándar
son similares a los usados para la ecocardiografía y la TC y se designan para demostrar
ciertas estructuras cardiacas con mayor detalle. Una proyección adicional, la proyección de
tres cámaras, es similar a la proyección coronal (v. fig. 3.21). AD, aurícula derecha; AI,
aurícula izquierda; Ao, aorta; P, arteria pulmonar; TIV, tabique interventricular; VD,
ventrículo derecho; VI, ventrículo izquierdo.
Fig. 3.18 RM cardiaca, proyección de eje largo horizontal. Esta es otra proyección
estándar usando la RM cardiaca denominada proyección de eje largo horizontal o
proyección de cuatro cámaras. Los ventrículos derecho (VD) e izquierdo (VI) están
separados por el tabique interventricular (flecha blanca continua). Posterior a cada uno
de ellos se encuentran la aurícula derecha (AD) y la aurícula izquierda (AI), separadas
por la región de las válvulas tricúspide (flecha blanca discontinua) y mitral (flecha negra
continua), respectivamente. A, anterior; P, posterior.
Fig. 3.19 RM cardiaca, proyección de eje largo vertical. La proyección de eje largo
vertical o proyección de dos cámaras, muestra el ventrículo izquierdo (VI) separado de
la aurícula izquierda (AI), más posterior, por la válvula mitral (flecha negra). Las venas
pulmonares drenan en la aurícula izquierda (flecha blanca). La aorta (Ao) se localiza sobre
la arteria pulmonar (AP). A, anterior; P, posterior.
Fig. 3.20 RM cardiaca, proyección de eje corto. Esta proyección estándar del corazón
utilizando la RM se denomina proyección de eje corto. El ventrículo derecho (VD) se
localiza anterior al ventrículo izquierdo (VI), del que se encuentra separado por el tabique
interventricular (flecha continua). Obsérvese la pared del ventrículo izquierdo,
normalmente más gruesa (flecha discontinua) que la del ventrículo derecho. A, anterior; P,
posterior.
Fig. 3.21 RM cardiaca, proyección de tres cámaras. La proyección de tres cámaras es
parecida en apariencia a la proyección coronal y muestra la aorta (Ao), el infundíbulo de
salida del ventrículo izquierdo (ISVI), el ventrículo izquierdo (VI), la aurícula izquierda
(AI), las venas pulmonares (VP) y las paredes anteroseptal (PAS) e inferolateral (PIL)
del ventrículo izquierdo (que son anormalmente gruesas en este paciente).
Fig. 3.22 RM cardiaca: imágenes con sangre blanca y sangre negra. Por medio de
diferentes algoritmos de imagen, la RM es capaz de mostrar los mismos tejidos con
aspectos diferentes. (A) y (B) son cortes axiales a través del corazón en las que se observa
el ventrículo derecho (flechas continuas), el ventrículo izquierdo (flechas discontinuas) y
la aorta (Ao). (A) La técnica de la sangre blanca se utiliza para valorar la función
cardiaca, mientras que (B) la técnica de la sangre negra, por lo general es más útil para
valorar la morfología cardiaca. A, anterior; P, posterior.
Puntos clave
• En los adultos, la radiografía torácica posteroanterior puede servir para realizar una valoración
rápida del tamaño del corazón usando el índice cardiotorácico, que es la proporción entre el
diámetro transverso mayor del corazón y el diámetro interno mayor de la parrilla costal. En el
adulto normal, el índice cardiotorácico suele ser inferior al 50%.
• En la radiografía torácica posteroanterior se revisan los contornos normales del corazón.
• Los ventrículos responden a la obstrucción de su infundíbulo de salida desarrollando en primer
lugar hipertrofia, más que dilatación. En las radiografías simples, la cardiomegalia se debe
principalmente al aumento de tamaño ventricular. El aumento de tamaño más acusado de
una cámara se debe más a la sobrecarga de volumen que a la sobrecarga de presión.
• La anatomía normal de las estructuras principales se describe en seis niveles torácicos (de
superior a inferior): nivel de los cinco vasos, cayado aórtico, ventana aortopulmonar, arteria
pulmonar principal, cardiaco alto y cardiaco bajo.
• La TC cardiaca emplea un aparato multicorte rápido, generalmente con contraste yodado
intravenoso y adquisición de imágenes con sincronización electrocardiográfica para disminuir los
artefactos debidos al movimiento.
• La TC cardiaca se emplea para la evaluación de las arterias coronarias, la presencia de masas
cardiacas, patologías aórticas (incluida la disección aórtica) y enfermedades del pericardio.
• Se describe la anatomía normal de las arterias coronarias. La arteria que proporciona la arteria
descendente posterior es la que determina la dominancia coronaria. La mayor parte de la
población presenta dominancia derecha.
• Es posible realizar una TC urgente para evaluar simultáneamente la posibilidad de
coronariopatía, disección aórtica y enfermedad tromboembólica pulmonar (estudio de
triple descarte) en los pacientes que presentan dolor torácico agudo.
• La RM puede utilizarse para obtener imágenes anatómicas y funcionales del corazón. En la RM
cardiaca pueden observarse cicatrices secundarias a un infarto de miocardio, la perfusión
cardiaca, y masas o defectos anatómicos. La RM puede valorar la función de las válvulas y las
cavidades cardiacas.
• Se describen varias proyecciones específicas que suelen emplearse en la RM cardiaca y permiten
la mejor visualización del corazón. Estas proyecciones son: proyección de eje largo horizontal
(también conocida como proyección de cuatro cámaras), proyección de eje largo vertical,
proyección de eje corto y proyección de tres cámaras.
• La función cardiaca suele evaluarse con secuencias de RM que producen imágenes con
«sangre brillante», denominadas así porque la sangre se visualiza con una intensidad de señal
aumentada.
• La morfología cardiaca suele evaluarse con secuencias de RM que producen imágenes con
«sangre negra». Estas imágenes permiten la valoración anatómica de las estructuras cardiacas
sin interferencia de la señal de sangre brillante.
Se muestra una imagen de cerca del lóbulo superior izquierdo. ¿Es más probable que sea una enfermedad
del espacio aéreo o una enfermedad pulmonar intersticial? Dados los antecedentes de tos, ¿cuál es el
diagnóstico más probable? Véase la respuesta al final del capítulo.
Clasificación de la enfermedad pulmonar parenquimatosa
CUADRO 4.1
Clasificación de las enfermedades pulmonares parenquimatosas
• Neumonía.
• Edema alveolar pulmonar.
• Hemorragia.
• Aspiración.
• Casi ahogamiento.
Crónicas
Enfermedades intersticiales
Reticulares
Nodulares
• Carcinoma broncogénico.
• Metástasis.
• Silicosis.
• Tuberculosis miliar.
• Sarcoidosis.
Características de la enfermedad pulmonar por afectación del
espacio aéreo
CUADRO 4.2
Características de la enfermedad del espacio aéreo
Fig. 4.1 Enfermedad difusa del espacio aéreo de edema alveolar pulmonar. Hay una
enfermedad algodonosa, confluente y bilateral del espacio aéreo con márgenes poco
definidos, que se describe a veces como una configuración en alas de murciélago o en
alas de mariposa (flechas). El corazón está aumentado de tamaño. La imagen muestra un
ejemplo típico de edema alveolar pulmonar.
Fig. 4.2 Neumonía en el lóbulo inferior derecho. Hay una zona de opacidad aumentada
en el lóbulo inferior derecho (flecha blanca) característica de la enfermedad del espacio
aéreo. La enfermedad siluetea la porción media del hemidiafragma derecho (flecha negra),
localizándola en el lóbulo inferior.
Fig. 4.3 Broncogramas aéreos demostrados en la TC. Se observan numerosas
estructuras ramificadas y de color negro (flechas) que representan aire que ahora es visible
en el interior de los bronquios debido a que los espacios aéreos adyacentes están llenos de
exudado inflamatorio en este paciente con neumonía obstructiva secundaria a carcinoma
broncogénico.
Fig. 4.4 Signo de la silueta, neumonía en el lóbulo medio derecho. (A) Se observa una
condensación homogénea localizada a la derecha del corazón. Esta zona borra el borde
cardiaco derecho (flecha negra). Este es el signo de la silueta y establece que la
enfermedad: 1) está en contacto con el borde cardiaco derecho (que se localiza en la parte
anterior del tórax), y 2) tiene la misma densidad radiológica que el corazón (en este caso,
líquido o partes blandas). La enfermedad no borra el hemidiafragma derecho (flecha blanca
continua). En su parte superior está limitada por la cisura menor (horizontal) (flecha
discontinua), lo que la localiza en el lóbulo medio derecho. (B) La zona de consolidación
es efectivamente anterior y se localiza en el lóbulo medio derecho, delimitada por la cisura
mayor en su parte inferior (flecha discontinua) y por la cisura menor en su parte superior
(flecha continua).
Algunas causas de enfermedad del espacio aéreo
Hay numerosas causas de enfermedad del espacio aéreo, y en este capítulo vamos a hacer hincapié en tres
de ellas. Cada una se describe más adelante con mayor detalle.
Fig. 4.7 Neumonía por varicela. Innumerables granulomas calcificados, que aparecen en
el intersticio pulmonar, se aprecian aquí como nódulos pequeños y discretos en el pulmón
derecho (círculos). Este paciente tenía un antecedente de neumonía por varicela varios
años antes. La neumonía por varicela cura dejando numerosos granulomas calcificados y
pequeños.
Características de la enfermedad pulmonar intersticial
• El intersticio pulmonar está constituido por tejido conjuntivo, vasos linfáticos, vasos
sanguíneos y bronquios. Todas ellas son estructuras que rodean y sostienen los espacios
aéreos.
• La enfermedad pulmonar intersticial (denominada en ocasiones enfermedad pulmonar
infiltrativa) produce lo que puede considerarse como «partículas» discretas de enfermedad
que se desarrollan en la abundante trama intersticial del pulmón.
• Las características de la enfermedad pulmonar intersticial se resumen en el cuadro 4.3.
• Estas «partículas» de enfermedad pueden caracterizarse con mayor detalle considerando tres
patrones de presentación (fig. 4.8).
• La enfermedad intersticial reticular aparece en forma de una trama de líneas (v.
fig. 4.8A).
• La enfermedad intersticial nodular aparece como un conjunto de puntos (v. fig.
4.8B).
• La enfermedad intersticial reticulonodular contiene tanto líneas como puntos (v.
fig. 4.8C).
CUADRO 4.3
Características de la enfermedad pulmonar intersticial
Artefactos diagnósticos
• En ocasiones, la enfermedad intersticial es tan intensa que se pueden superponer sus propios
elementos y puede simular una enfermedad del espacio aéreo en las radiografías torácicas
convencionales. La superposición de todo el contenido pulmonar en las radiografías puede hacer
que los pequeños paquetes de enfermedad intersticial muestren una coalescencia y parecerse
más a una enfermedad del espacio aéreo.
• Solución: evaluar la periferia de las sombras confluentes en el pulmón para intentar
determinar si corresponden realmente a una enfermedad del espacio aéreo o a la superposición
de numerosas densidades reticulares y nodulares (fig. 4.9). Una TC torácica caracteriza aún con
más detalle la enfermedad.
Fig. 4.9 Borde de la lesión. Obsérvese cómo una parte de este proceso tiene un aspecto
confluente, como ocurre en la enfermedad del espacio aéreo debido a la superposición de
todos los tejidos pulmonares, unos sobre los otros (círculo negro). Siempre hay que evaluar
los bordes periféricos de la enfermedad pulmonar parenquimatosa para determinar con
mayor precisión la naturaleza de la anomalía. En la periferia de esta enfermedad (círculo
blanco) se observa con mayor claridad que muestra un patrón intersticial y reticular, y no
una enfermedad del espacio aéreo.
Algunas causas de enfermedad pulmonar intersticial
• Como ocurre con el patrón de enfermedad del espacio aéreo, hay muchas enfermedades que
generan la aparición de un patrón intersticial en el pulmón. Algunas de ellas se describen a
continuación brevemente. Pueden clasificarse de manera genérica en enfermedades
predominantemente reticulares y en otras predominantemente nodulares.
Puntos importantes
• Hay que tener en cuenta que muchas enfermedades muestran patrones solapados y que
muchas enfermedades pulmonares intersticiales cursan con una mezcla de cambios
reticulares y nodulares (p. ej., enfermedad reticulonodular).
Fig. 4.12 Neumonía intersticial inespecífica (NII). Se observa una opacidad en vidrio
deslustrado en una localización subpleural derecha (círculo). Las opacidades en vidrio
deslustrado son áreas anómalas del pulmón inespecíficas que tienen un aumento de la
atenuación (son más blancas), en las cuales la trama bronquial y vascular se muestran
mayoritariamente intactas. Pueden asociarse tanto a enfermedades benignas como
malignas. También existen bronquiectasias en ambos pulmones (flechas). El paciente sufría
esclerodermia.
Fig. 4.13 Adenocarcinoma, lóbulo superior derecho. Se observa una masa en el lóbulo
superior derecho (flecha blanca). Su margen está ligeramente borroso en la parte
superolateral (flecha negra). La TC torácica confirmó la presencia de la masa y también
mostraba adenopatías paratraqueales e hiliares derechas. Se realizó una biopsia de la
masa y se vio que correspondía a un adenocarcinoma pulmonar primario.
Fig. 4.14 Metástasis pulmonares, imágenes de TC. (A) Hay múltiples nódulos bien
delimitados y de tamaño variable en todos los campos de ambos pulmones (flechas).
Cuando se observa la presencia de nódulos múltiples en ambos pulmones, el diagnóstico
de exclusión es el de enfermedad metastásica. En este caso, las metástasis procedían de
un carcinoma de colon. (B) La trama intersticial que se observa en el pulmón derecho es
notoria (óvalo negro) y se observan líneas septales engrosadas (óvalo blanco), líquido en la
cisura (flecha blanca) y linfadenopatías (flecha negra) que representan la carcinomatosis
linfangítica de un carcinoma broncogénico. (C) En este caso, el cáncer pulmonar había
invadido y crecido a través de la pared torácica (flecha) mediante extensión directa.
Enfermedad intersticial reticular y nodular (enfermedad
reticulonodular)
• Sarcoidosis:
• Además de las adenopatías hiliares bilaterales y paratraqueales derechas
características de esta enfermedad, aproximadamente la mitad de los pacientes con
sarcoidosis torácica también muestran enfermedad pulmonar intersticial. La
enfermedad pulmonar intersticial cursa a menudo con una combinación de
componentes reticulares y nodulares.
• La progresión de la enfermedad en la sarcoidosis tiende a comenzar en forma de
adenopatías (estadio I), después pasa a una combinación de enfermedad pulmonar
intersticial y adenopatías (estadio II) y finalmente evoluciona hacia una fase en la
que hay una regresión de las adenopatías mientras se mantiene la enfermedad
pulmonar intersticial (estadio III).
• En la enfermedad en estadio IV hay fibrosis pulmonar.
• La mayoría de los pacientes con enfermedad pulmonar parenquimatosa por
sarcoidosis experimentan una resolución completa de la enfermedad (fig. 4.15).
Fig. 4.15 Sarcoidosis. Una radiografía posteroanterior del tórax revela adenopatías hiliares
bilaterales (flechas negras continuas) y paratraqueales derechas (flecha negra discontinua),
una distribución clásica de las adenopatías en la sarcoidosis. Por otra parte, el paciente
sufre una enfermedad pulmonar intersticial bilateral difusa (círculo) que tiene una
naturaleza reticulonodular.
Enfermedad mixta con afectación del espacio intersticial y del
espacio aéreo
• No todas las enfermedades siguen la regla de producir afectación bien del espacio intersticial o
del espacio aéreo. Algunas dan lugar a una combinación de ambas al mismo tiempo o pueden
presentarse inicialmente como un cuadro de afectación del espacio aéreo seguido en el tiempo de
la afectación del espacio intersticial. La tuberculosis es una de estas enfermedades.
Tuberculosis
• Relativamente pocos pacientes con TB primaria presentan manifestaciones clínicas. Los lóbulos
superiores se ven afectados con una frecuencia ligeramente mayor que los inferiores. Entre las
manifestaciones clásicas se encuentran la neumonía lobar (fig. 4.16), especialmente con
adenopatía asociada, adenopatía mediastínica o hiliar unilateral sin enfermedad
parenquimatosa (más frecuente en los niños) y derrames pleurales extensos y
típicamente asintomáticos (más frecuentes en los adultos) (fig. 4.17). La cavitación es
rara.
Fig. 4.16 Tuberculosis primaria. Se observa una prominencia del hilio derecho secundaria
a adenopatía (flecha negra). La adenopatía hiliar unilateral puede ser la única
manifestación de la infección primaria por Mycobacterium tuberculosis, especialmente en
los niños. En los casos en los que causa neumonía, la TB primaria afecta a los lóbulos
superiores (flechas blancas continuas) con una frecuencia ligeramente mayor que a los
inferiores (flechas blancas discontinuas).
Fig. 4.17 Derrame pleural tuberculoso. Se observa un derrame pleural derecho de gran
tamaño (flecha). Los derrames pleurales tuberculosos son de tipo exudativo y pueden
producirse en las formas primarias o posprimarias de la enfermedad, aunque son más
frecuentes en las formas primarias. Suelen ser unilaterales y presentan tendencia a
locularse (v. cap. 7). Pueden aumentar de tamaño, como en este caso, mientras el paciente
se encuentra relativamente asintomático.
• La cavitación bilateral de los lóbulos superiores es muy frecuente. La cavidad suele tener una
pared fina, muestra un margen interno liso y no presenta niveles hidroaéreos (fig.
4.18).
• La TB posprimaria también puede presentarse como una neumonía.
• La diseminación transbronquial puede producirse desde un lóbulo superior al lóbulo inferior
contralateral o a otro lóbulo de cualquier pulmón (fig. 4.19).
• Pueden desarrollarse bronquiectasias, que suelen ser asintomáticas (fig. 4.20).
• La broncoestenosis puede desarrollarse muchos años después de la infección inicial y se debe
a fibrosis y estenosis, que conducen a atelectasias lobares crónicas (síndrome del lóbulo
medio).
• Un nódulo pulmonar solitario, o tuberculoma, puede aparecer después de la enfermedad
primaria o de la posprimaria. Se trata de lesiones redondeadas u ovaladas asociadas con
frecuencia con sombras pequeñas diferenciadas en la vecindad de la lesión, llamadas lesiones
satélite.
• La formación de un derrame pleural en la TB posprimaria casi siempre indica diseminación
directa de la enfermedad en la cavidad pleural y debe considerarse un empiema. Esta
acumulación de líquido se asocia a un pronóstico más grave que el derrame pleural de la
enfermedad primaria.
Fig. 4.18 Cavidad tuberculosa posprimaria. Se observa una cavidad de paredes finas en
el lóbulo superior, sin nivel hidroaéreo (flecha). Las características son compatibles con
tuberculosis. En presencia de una cavidad, la actividad se excluye mejor en función de la
clínica. Este paciente presentaba signos clínicos de tuberculosis activa.
Tuberculosis miliar
CUADRO 4.4
Algunas causas de enfermedad pulmonar miliar
• Los nódulos miliares suelen medir entre 1 y 3 mm. Algunas de las causas más frecuentes son:
• Tuberculosis miliar.
• Histoplasmosis.
• Sarcoidosis.
• Neumoconiosis, especialmente silicosis.
Puntos clave
• Las tres causas principales de un hemitórax opacificado (además de una cuarta que es
menos frecuente) son:
• Atelectasia de todo un pulmón.
• Derrame pleural de volumen muy grande.
• Neumonía con afectación de todo un pulmón.
• Y una cuarta causa:
• Neumonectomía: extirpación de todo un pulmón.
Esta fumadora empedernida de 61 años acude con tos y disnea. ¿Cuál es la causa más probable de su
hemitórax opacificado, un derrame pleural grande, una neumonía que afecta a todo un pulmón o atelectasias?
La respuesta está al final del capítulo.
Atelectasia de todo un pulmón
Tabla 5.1
Tabla 5.2
Fig. 5.1 Atelectasia obstructiva en comparación con neumotórax: dos causas
distintas de colapso pulmonar y las diferencias en su aspecto radiológico. (A) Se
observa una atelectasia de todo el pulmón derecho secundaria a una lesión endobronquial
obstructiva. Las pleuras visceral y parietal mantienen el contacto entre sí. Otras
estructuras móviles del mediastino, como la tráquea y el bronquio principal derecho (flechas
negras), se desplazan hacia la atelectasia. El pulmón izquierdo se sobreexpande y cruza la
línea media (flecha blanca). (B) En este paciente se observa un neumotórax de gran
volumen en el lado derecho. El aire (flecha blanca continua) se interpone entre la pleura
visceral (flecha blanca discontinua) y la parietal (no visible), haciendo que el pulmón
experimente una atelectasia pasiva. Como no hay obstrucción bronquial, el pulmón derecho
comprimido sigue aireado. No hay desplazamiento de estructuras mediastínicas móviles
hacia el lado de un neumotórax.
Fig. 5.2 Atelectasia. La radiografía torácica posteroanterior muestra una opacificación
completa del hemitórax derecho. La tráquea (flecha negra) se ha desplazado hacia la
izquierda desde la línea media hacia el lado de la opacificación. Hay desplazamiento del
corazón hacia la derecha (flecha blanca). Estos hallazgos son característicos de la pérdida
de volumen debida a una atelectasia de todo un pulmón. La paciente padecía una
metástasis endobronquial de un cáncer de mama conocido.
Derrame pleural masivo
• En los casos en los que el espacio pleural está lleno de líquido, tanto si es sangre como exudado
o trasudado, hasta el punto de que se produce una opacificación casi completa del hemitórax, el
líquido actúa como una masa que comprime el tejido pulmonar subyacente. Un derrame
pleural comprime el pulmón que tiene debajo, pero este hallazgo normalmente no es visible en las
radiografías de tórax convencionales.
• Los derrames pleurales masivos son a menudo el resultado de tumores malignos, tanto del
carcinoma broncogénico como de las metástasis pleurales por tumores primarios
localizados en órganos distantes. Los traumatismos pueden causar un hemotórax y la
tuberculosis produce derrames pleurales de gran volumen y clínicamente asintomáticos (v. fig.
4.17). Los derrames causados por la insuficiencia cardiaca congestiva, aunque son muy
frecuentes, son bilaterales en muchos casos (aunque asimétricos) y no suelen alcanzar un
volumen suficiente como para ocupar un hemitórax completo.
Puntos importantes
• Cuando se acumula una cantidad suficiente de líquido pleural, el derrame de gran volumen
«empuja» y aleja las estructuras móviles, y el corazón y la tráquea se alejan respecto de
la zona de opacificación (fig. 5.3).
Fig. 5.3 Derrame pleural de gran volumen. Se observa una opacificación completa del
hemitórax derecho. La tráquea está desviada hacia la izquierda (flecha negra) y el vértice
del corazón también está desplazado hacia la izquierda, cerca de la pared torácica lateral
(flecha blanca). Estos hallazgos son característicos de un derrame pleural de gran
volumen que está dando lugar a un efecto masa. En la toracocentesis extrajeron casi dos
litros de líquido serosanguinolento. El líquido contenía células malignas procedentes de un
carcinoma broncogénico primario.
Artefactos diagnósticos
• En ocasiones puede haber un equilibrio perfecto entre el efecto de empuje inducido por un
derrame maligno de gran tamaño y la pérdida de volumen causada por la atelectasia
obstructiva subyacente secundaria a la propia neoplasia maligna.
• En un paciente adulto con un hemitórax opacificado, ausencia de broncogramas aéreos
y un desplazamiento escaso o nulo de las estructuras torácicas móviles, es importante
descartar un carcinoma broncogénico obstructivo, quizá con metástasis pleurales. La TC
torácica muestra las anomalías (fig. 5.4).
Fig. 5.4 Equilibrio entre atelectasia y derrame pleural. Hay un equilibrio entre un
derrame pleural (E) grande y la atelectasia del pulmón derecho (flecha negra), de manera
que no se observa un desplazamiento significativo de ninguna de las estructuras
móviles de la línea media. El corazón se mantiene en una posición básicamente normal
(flecha blanca). Esta combinación de hallazgos es muy sugestiva de un tumor maligno
broncogénico central asociado a un derrame maligno.
• En la tabla 5.3 se resume el movimiento de las estructuras móviles en el tórax de los pacientes
con un derrame pleural de gran volumen.
Tabla 5.3
Neumonía con afectación de todo un pulmón
• Cuando una neumonía es la causa, el exudado inflamatorio rellena los espacios aéreos y genera
consolidación y opacificación del pulmón.
• El hemitórax se opacifica porque el pulmón ya no contiene aire, pero no se observan signos de
atracción hacia el lado de la neumonía debido a la pérdida de volumen, ni de empuje desde el
lado de la neumonía por un derrame importante. No se observan desplazamientos del
corazón ni de la tráquea (fig. 5.5).
• Es posible observar broncogramas aéreos.
• En la tabla 5.4 se resume el movimiento de las estructuras móviles en el tórax de los pacientes
con una neumonía que afecta a un pulmón completo.
Tabla 5.4
Fig. 5.5 Neumonía del lóbulo superior izquierdo. Hay una opacificación casi completa
del hemitórax izquierdo sin desplazamiento del corazón y con un desplazamiento escaso
de la tráquea (flechas). Hay broncogramas aéreos sugestivos en la parte superior de la
zona de opacificación (círculo). Estos hallazgos sugieren más una neumonía que una
atelectasia o un derrame pleural. En el cultivo del esputo del paciente creció Streptococcus
pneumoniae y su estado clínico mejoró rápidamente con tratamiento antibiótico.
Estado posneumonectomía
Artefactos diagnósticos
• La radiografía de tórax es idéntica a la del paciente con atelectasia de todo un pulmón. La única
diferencia es la ausencia de las costillas 5.ª o 6.ª y la presencia de las grapas quirúrgicas en el
hilio, que indican que se ha realizado una neumonectomía (fig. 5.7).
Puntos clave
• Todas las formas de atelectasia tienen en común la pérdida de volumen de todo un pulmón
o parte de él, conduciendo frecuentemente (pero no siempre) a un incremento de la
densidad del pulmón afectado.
• El pulmón normalmente aparece de color «negro» en la radiografía de tórax porque
contiene aire. Cuando el aire en la totalidad o en parte del pulmón está ausente por
reabsorción o compresión, como sucede en la atelectasia, dicha parte del pulmón suele
volverse más blanca (más densa o más opaca).
Se le pide que examine una radiografía obtenida para comprobar la posición de un tubo endotraqueal una
vez introducido en su sitio en un lactante. ¿Cuál es su valoración? La explicación se encuentra en este capítulo
y la respuesta está al final del capítulo.
Tipos de atelectasias
Tabla 6.1
Tipos de atelectasias
Atelectasias obstructivas
Atelectasias no obstructivas
Atelectasias por Enfermedades pulmonares que La fibrosis conduce a una reducción del
cicatrización curan con cicatrices, siendo la volumen pulmonar, sobre todo en el
Tipo Asociadas a Observaciones
Atelectasia obstructiva
• La atelectasia obstructiva se asocia a la reabsorción de aire desde los alveolos a través del
lecho capilar pulmonar situado distalmente a la lesión obstructiva del árbol bronquial. Sus
causas más frecuentes se enumeran en la tabla 6.2.
• El lóbulo o el pulmón afectados se colapsan y muestran un aspecto más opaco
debido a que ya no contienen aire. El colapso da lugar a una pérdida de volumen en el
lóbulo o el pulmón afectados. Dado que las pleuras visceral y parietal se mantienen
invariablemente en contacto entre sí a medida que el pulmón pierde volumen, esta pérdida
de volumen genera un desplazamiento de las estructuras ligeramente móviles del tórax
hacia la zona de la atelectasia.
• La velocidad con la que se absorbe el aire y se colapsa el pulmón depende de su
contenido en gas en el momento en el que se ocluye el bronquio y en función de la rapidez
a la que ocurre la oclusión. Generalmente se necesitan entre 18 y 24 h para el colapso
completo de un pulmón mientras el paciente respira aire ambiente, pero menos de 1 h
si está respirando oxígeno con una concentración cercana al 100%.
• La mayoría de los signos de atelectasia obstructiva se enumeran el cuadro 6.1
• Muchos de los signos de la atelectasia obstructiva se muestran en una imagen compuesta
manipulada fotográficamente (fig. 6.1) y consisten en:
• Desplazamiento de las cisuras interlobares (mayor y menor) hacia la zona de la
atelectasia.
• Incremento de la densidad del pulmón o el lóbulo afectado.
• Desplazamiento de las estructuras móviles del tórax. Las estructuras móviles
son aquellas capaces de desplazarse ligeramente debido a cambios en el volumen pulmonar
e incluyen:
• La tráquea, que normalmente se localiza en la línea media, puede desplazarse
hacia el lado en el que ha tenido lugar la pérdida de volumen. Normalmente hay una
ligera desviación hacia la derecha de una porción de la tráquea en la zona del
botón aórtico en el lado izquierdo.
• El borde cardiaco derecho normalmente se proyecta al menos 1 cm hacia la
derecha de la columna en una radiografía posteroanterior, pero con atelectasias,
especialmente de los lóbulos inferiores, el corazón puede desplazarse hacia el lado
de la atelectasia. Cuando el corazón se desplaza hacia la derecha, el borde cardiaco
izquierdo puede aproximarse a la columna Cuando el corazón se desplaza hacia la
izquierda, el borde cardiaco derecho puede solaparse con la columna.
• Los hemidiafragmas pueden moverse en respuesta a la pérdida de volumen. El
hemidiafragma queda silueteado por la por la atelectasia de cualquier lóbulo inferior,
pero la posición del hemidiafragma izquierdo puede inferirse observando la elevación
de la burbuja gástrica con un pulmón izquierdo atelectásico.
CUADRO 6.1
Signos de las atelectasias obstructivas
*
Hacia la atelectasia.
Fig. 6.1 Composición de los signos de las atelectasias. Esta es una composición
fotográfica de muchos de los signos que se asocian a una atelectasia obstructiva, todos los
cuales se describen en el texto. Puede que no todos los signos mostrados estén presentes
juntos en un paciente concreto, pero cada uno es una característica de la atelectasia.
Consisten en: desviación de la tráquea hacia el lado de la pérdida de volumen (flecha negra
continua); desplazamiento de la cisura interlobar hacia la pérdida de volumen (flecha
blanca discontinua); signo de la S de Golden invertida (línea curva); desplazamiento de
las estructuras mediastínicas móviles que llevan el borde cardiaco derecho sobre la
columna vertebral en las atelectasias del lado izquierdo (flecha blanca continua); un pico
yuxtafrénico (flecha negra discontinua) y elevación del hemidiafragma; el signo de
Luftsichel de la atelectasia del lóbulo superior izquierdo (L); el aumento de la densidad del
pulmón o el lóbulo afectado (A), y la elevación de la burbuja gástrica (S) y del
hemidiafragma.
Tabla 6.2
Aspiración de un Especialmente los cacahuetes y los juguetes pequeños; tras una intubación
cuerpo extraño traumática
Puntos importantes
• Normalmente, el hemidiafragma derecho está casi siempre más alto que el izquierdo,
con una diferencia que es aproximadamente la mitad de la distancia entre dos costillas
adyacentes. En un 10% de los individuos normales, el hemidiafragma izquierdo está más alto que
el derecho.
Atelectasia pasiva
• La atelectasia pasiva ocurre cuando se produce una alteración del contacto entre las
pleuras parietal y visceral, por ejemplo, por un derrame pleural, un neumotórax o una masa
torácica (fig. 6.2A) o por hipoinsuflación de los pulmones debido a una inspiración deficiente
(fig. 6.2B). La última forma de compresión pulmonar no provoca la separación de las pleuras
visceral y parietal.
• Cuando está causada por un carcinoma broncogénico obstructivo y se asocia a un
derrame maligno de gran volumen, la combinación de la atelectasia y el derrame
pleural pueden producir un hemitórax opacificado, ausencia de broncogramas
aéreos y un desplazamiento escaso o nulo de las estructuras torácicas
móviles, una combinación sospechosa de una neoplasia maligna torácica (fig. 6.3).
Fig. 6.2 Atelectasias por compresión (pasivas). (A) La TC axial del tórax muestra una
atelectasia por compresión de ambos lóbulos inferiores (flechas discontinuas) por derrames
pleurales bilaterales (flechas continuas). (B) La compresión pasiva de los pulmones puede
deberse a un esfuerzo respiratorio insuficiente, que se manifiesta con un incremento
parcheado de la densidad en las bases pulmonares (óvalos).
Fig. 6.3 Atelectasia y derrame en equilibrio, una combinación ominosa. Hay una
opacificación completa del hemitórax derecho. No hay broncogramas aéreos que sugieran
neumonía, ni tampoco desplazamiento de la tráquea (flecha negra) ni del corazón (flecha
blanca). La ausencia de cualquier tipo de desplazamiento sugiere la posibilidad de
atelectasia y derrame pleural en equilibrio, una combinación que obliga a descartar un
carcinoma broncogénico central (causante de la atelectasia obstructiva) asociado a
metástasis (causante de un derrame pleural de gran volumen).
Artefactos diagnósticos
• Las atelectasias pasivas secundarias a un esfuerzo inspiratorio deficiente pueden simular una
enfermedad del espacio aéreo con afectación de las bases.
• Debe sospecharse la posibilidad de atelectasia pasiva si el paciente realiza una inspiración que
no llega a la 8.ª costilla posterior.
• Evalúe la proyección lateral para confirmar la presencia de una enfermedad verdadera del
espacio aéreo en la base.
Puntos importantes
• Este podría ser un buen momento para revisar la lista del capítulo 5: Identificación de las
causas de un hemitórax opacificado (v. tabla 5.1), haciendo hincapié en las apariencias
notablemente diferentes de un neumotórax grande frente a la atelectasia de la totalidad de un
pulmón (v. fig. 5.1).
Atelectasias adhesivas
Atelectasias subsegmentarias
• En un examen aislado, sin exploraciones previas para poder comparar, las atelectasias
subsegmentarias y las cicatrices crónicas lineales parecen idénticas. Las atelectasias
subsegmentarias desaparecen normalmente en cuestión de unos días, con la recuperación
de la respiración profunda normal, mientras que se mantienen las cicatrices.
• Esta forma de lo que se considera una atelectasia por compresión suele observarse en la
periferia de las bases pulmonares y se desarrolla a partir de una combinación de
enfermedad pleural previa (p. ej., exposición al asbesto o tuberculosis) y la formación de un
derrame pleural que produce una atelectasia por compresión adyacente.
• Cuando el derrame pleural retrocede, se cree que la enfermedad pleural subyacente hace que
una parte del pulmón atelectásico quede «atrapada».
• Esta situación da lugar a una lesión de tipo masa que puede confundirse con un tumor,
especialmente en la radiografía de tórax.
• En la tomografía computarizada (TC) torácica, las marcas broncovasculares asociadas
característicamente a una atelectasia redonda se dirigen hacia el hilio, dando lugar a un aspecto
«en cola de cometa» (fig. 6.5).
Fig. 6.5 Atelectasia redonda, ambos lóbulos inferiores. Se observan densidades de tipo
masa con base en la pleura en ambos lóbulos inferiores (flechas discontinuas). A la
derecha hay una trama broncovascular con una configuración «en cola de cometa»
(flechas continuas) que sale de la «masa» y que se extiende en dirección retrógrada hasta
el hilio. Esta combinación de hallazgos es característica de la atelectasia redonda y no
debe confundirse con un tumor.
Fig. 6.6 Atelectasias por cicatrización por cicatrices. Hay una pérdida de volumen en
ambos lóbulos superiores en este paciente con cicatrización crónica por tuberculosis. En el
lóbulo superior derecho (círculo) se aprecian bandas fibrosas, un engrosamiento notable de
la pleura en la izquierda (flecha negra) y una retracción hacia arriba de ambos hilios
(flechas blancas).
Patrones de colapso en las atelectasias lobares
Artefactos diagnósticos
• Cuanto más atelectásicos están un lóbulo o un segmento (es decir, cuanto menor es su
volumen), menos visibles son en la radiografía torácica.
• Esta situación puede dar lugar a la asunción incorrecta de una mejoría cuando, de hecho, la
atelectasia está empeorando.
• Este problema suele resolverse mediante un análisis cuidadoso del estudio radiológico para
determinar el grado de desplazamiento de las cisuras interlobares o de los hemidiafragmas, o bien
mediante una TC torácica.
• Los patrones de las atelectasias lobares se describen mejor junto con sus imágenes respectivas
(figs. 6.7-6.12)
• Atelectasia del lóbulo superior derecho (v. fig. 6.7):
• Si la atelectasia del lóbulo superior derecho se debe a una masa de gran tamaño
localizada en el hilio derecho, la combinación de la masa hiliar y del
desplazamiento hacia arriba de la cisura menor genera un aspecto característico
en la radiografía posteroanterior que se denomina signo de la «S» de Golden (o
signo de la S de Golden invertida) (v. fig. 6.1).
• Atelectasia del lóbulo superior izquierdo (v. fig. 6.8):
• La hiperinsuflación compensadora del lóbulo inferior puede hacer que el
segmento superior del lóbulo inferior izquierdo se extienda hasta el vértice del tórax en
el lado afectado, dando lugar a una transparencia en forma de hoz conocida como
signo de Luftsichel (v. fig. 6.1).
• Atelectasia de los lóbulos inferiores (v. fig. 6.9).
Fig. 6.7 Atelectasia del lóbulo superior derecho. Se observa una zona de incremento de
la densidad con una configuración «en abanico» en la proyección posteroanterior (A), que
representa el lóbulo superior derecho sin aireación. La cisura menor está desplazada hacia
arriba (flecha negra discontinua). Hay una elevación del hemidiafragma derecho con un
patrón característico denominado pico yuxtafrénico (flecha blanca discontinua). El
corazón está ligeramente desplazado hacia la derecha (flecha negra continua). (B) En un
paciente diferente con atelectasia del lóbulo superior derecho, la proyección lateral muestra
una densidad parecida en forma de cuña cerca del vértice pulmonar. La cisura menor
(flecha blanca) está traccionada hacia arriba y la cisura mayor está traccionada hacia
delante (flecha negra).
Fig. 6.8 Atelectasia del lóbulo superior izquierdo. (A) En la proyección posteroanterior
se observa una densidad aumentada en el campo pulmonar superior que afecta al lóbulo
superior izquierdo (flecha blanca continua) que representa al lóbulo superior izquierdo
atelectásico. La tráquea (T) y el borde cardiaco (flecha blanca discontinua) están
ligeramente desplazados hacia la izquierda. Obsérvese como el hemidiafragma izquierdo
ha sido traccionado (flecha negra) a mayor altura que el derecho. (B) En la proyección
lateral en otro paciente se observa una zona de mayor densidad en forma de banda
(flechas) que representa el lóbulo superior izquierdo atelectásico claramente delimitado por
la cisura mayor, que se ha desplazado hacia delante. Ambos pacientes presentaban un
carcinoma epidermoide obstruyendo los bronquios del lóbulo superior izquierdo.
Fig. 6.9 Atelectasias de los lóbulos inferiores izquierdo y derecho. (A) Se observa una
zona de incremento de la densidad con una configuración «en abanico» en la base del
pulmón derecho (flechas blancas) claramente delimitada por la cisura mayor desplazada
medialmente, lo que representa el aspecto característico de la atelectasia del lóbulo inferior
derecho. La parte medial del hemidiafragma derecho ha sido silueteada por el lóbulo
colapsado situado por encima (flecha negra). (B) En la proyección lateral, la cisura mayor
(flechas) está desplazada hacia atrás. La pequeña densidad triangular localizada en el
seno costofrénico posterior está en la localización característica de la atelectasia del lóbulo
inferior para cualquiera de los lóbulos inferiores. (C) En otro paciente se observa una
densidad triangular en forma de «abanico» que representa al lóbulo inferior izquierdo
delimitado en su parte superior, por la cisura mayor desplazada (flechas blancas).
Obsérvese que el lóbulo inferior sin aireación borra la silueta del hemidiafragma izquierdo
(flecha negra).
Fig. 6.10 Atelectasia del lóbulo medio derecho. Proyecciones posteroanterior (A) y
lateral (B) del tórax de dos pacientes diferentes. (A) el lóbulo medio de forma triangular
tiene aumentada su densidad, con una pérdida de volumen evidenciada por el
desplazamiento hacia debajo de la cisura menor (flecha blanca). Cuando el lóbulo medio
denso está en contacto con el corazón derecho, su borde desaparece (flecha negra
continua), pero como no está en contacto con el hemidiafragma derecho, este
hemidiafragma se aprecia bien (flecha negra discontinua). (B) Hay una densidad triangular
con su base dirigida hacia delante (flecha negra) y su vértice hacia el hilio (flecha blanca
continua). La cisura menor está desplazada hacia abajo (flecha blanca discontinua).
Fig. 6.11 Atelectasia del pulmón derecho. Se observa una opacificación completa del
hemitórax derecho con desplazamiento de la tráquea (flecha negra) hacia el lado de la
atelectasia. El contorno del hemidiafragma en el lado derecho está borrado por el pulmón
sin aireación situado por encima. El borde izquierdo del corazón está desplazado hacia la
derecha y ahora muestra un solapamiento casi completo con la columna (flecha blanca). La
paciente presentaba una metástasis endobronquial en el bronquio principal derecho debido
a un cáncer mamario izquierdo. ¿Ha reparado en la extirpación quirúrgica de la mama
izquierda?
Fig. 6.12 Atelectasia del pulmón izquierdo. Hay una opacificación completa del
hemitórax izquierdo con desplazamiento de la tráquea (flecha negra continua) hacia la
izquierda. El borde derecho del corazón, que debería proyectarse hasta aproximadamente
1 cm a la derecha de la columna, está traccionado sobre la columna (flecha negra
discontinua). El corazón, propiamente dicho, no es visible, porque ya no está rodeado por
pulmón ocupado por aire. (B) el pulmón derecho está hiperinsuflado y se extiende a través
de la línea media (flechas blancas) interponiéndose por delante de la aorta (Ao). Solamente
se visualiza el hemidiafragma derecho (flecha negra), ya que no hay aire en el pulmón
sobre el hemidiafragma izquierdo. El paciente sufría un carcinoma broncogénico obstructivo
en el bronquio principal izquierdo.
Puntos importantes
• En los pacientes en estado crítico, las atelectasias son más frecuentes en el lóbulo inferior
izquierdo. Siempre hay que valorar la visibilidad del hemidiafragma izquierdo para asegurarse de
que se observa en toda su extensión a través de la silueta cardiaca, porque las atelectasias del
lóbulo inferior izquierdo se manifiestan por la desaparición completa (signo de la silueta) del
hemidiafragma izquierdo o de parte de este (v. fig. 6.9C).
La punta del tubo endotraqueal se extiende más allá de la carina (carat) hacia el bronquio intermedio
(flecha negra), aireando solamente los lóbulos medio e inferior del lado derecho. El lóbulo superior derecho y
la totalidad del pulmón izquierdo están opacos secundariamente a la atelectasia por la posición errónea del
tubo. La cisura menor está elevada, apuntando a una pérdida de volumen (flecha blanca). La atelectasia suele
resolverse rápidamente una vez que se retira el tubo endotraqueal por encima de la carina.
Puntos clave
• Anatomía normal:
• La pleura parietal reviste la parte interna de la caja torácica, mientras que la
pleura visceral está adherida a la superficie del parénquima pulmonar, incluyendo
su interfase con el mediastino y el diafragma.
• Los pliegues de la pleura visceral forman las cisuras interlobares, es decir, la
cisura mayor (oblicua) y la cisura menor (horizontal) en el pulmón derecho y
solamente la cisura mayor en el pulmón izquierdo. El espacio que queda entre las pleuras
visceral y parietal, es decir, el espacio pleural, es un espacio virtual que normalmente
contiene alrededor de 2-5 ml de líquido pleural (v. fig. fig. 2.1).
Este varón de 56 años acudió al servicio de urgencias con disnea después de un accidente de coche. Se le
realizó una radiografía de tórax en bipedestación. Hay una lesión grave que precisaba una intervención
inmediata y estaba sugerida por un hallazgo fundamental en esta imagen. La respuesta está al final del
capítulo.
• Fisiología normal:
• Normalmente, cada día se producen y reabsorben varios cientos de mililitros de
líquido pleural. El líquido se produce principalmente en la pleura parietal a partir
del lecho capilar pulmonar y se reabsorbe en la pleura visceral y por medio del
drenaje linfático a través de la pleura parietal.
Modalidades para detectar los derrames pleurales
• La radiografía convencional es, con frecuencia, el primer paso para la detección de los
derrames pleurales. Otras modalidades son la TC y la ecografía. La TC y la ecografía son
técnicas sensibles para detectar pequeñas cantidades de líquido. La TC es superior para evaluar la
enfermedad que subyace en los derrames pleurales o cuando el derrame produce una
opacificación completa del hemitórax. La ecografía resulta especialmente útil para guiar una
intervención para evacuar el líquido pleural. El aspecto fundamental del derrame pleural es similar,
con independencia de la modalidad empleada.
Causas de los derrames pleurales (tabla 7.1)
Tabla 7.1
Causa Ejemplos
Carcinomatosis linfangítica
Disminución de la reabsorción de líquido Elevación de la presión venosa central
Disminución de la presión intrapleural
• Algunas enfermedades tienden a producir derrames pleurales bilaterales, y en otras son más
frecuentes los derrames unilaterales.
• Enfermedades que generalmente causan derrames bilaterales:
• La ICC suele producir la misma cantidad de líquido en cada hemitórax, aunque a
veces hay ligeramente más en el lado derecho que en el izquierdo. Si en ambos
hemitórax se acumulan cantidades de derrame muy diferentes, hay que sospechar un
derrame paraneumónico o un tumor maligno en el lado en el que se acumula la
mayor cantidad de líquido.
• El lupus eritematoso suele producir un derrame bilateral, pero cuando solo afecta a
un lado suele ser el izquierdo.
• Enfermedades que pueden dar lugar a derrames en cualquier lado (pero que
generalmente causan derrames unilaterales):
• Tuberculosis y otros derrames exudativos asociados a patógenos infecciosos,
incluidos los virus.
• Enfermedad tromboembólica pulmonar.
• Traumatismos.
• Enfermedades que generalmente solo causan derrames en el lado izquierdo:
• Pancreatitis.
• Obstrucción de la porción distal del conducto torácico.
• Síndrome de Dressler (cuadro 7.1 y fig. 7.1).
• Enfermedades que principalmente solo causan derrames en el lado derecho:
• Enfermedad abdominal relacionada con el hígado o los ovarios. Algunos
tumores ováricos pueden asociarse a un síndrome de derrame pleural derecho y ascitis
(síndrome de Meigs).
• Artritis reumatoide, que puede producir un derrame que puede mantenerse sin
modificaciones durante años.
• Obstrucción de la porción proximal del conducto torácico.
CUADRO 7.1
Síndrome de Dressler
• Las fuerzas que influyen en el aspecto que adopta un derrame pleural en la radiografía de tórax
dependen de la posición del paciente, la fuerza de la gravedad, la cantidad de líquido y el
grado de retracción elástica del pulmón. En las descripciones que se recogen a continuación se
asume que el paciente está en bipedestación, a menos que se indique otra cosa.
Derrames subpulmonares
• Se considera que casi todos los derrames pleurales se acumulan, en primer lugar, en
una localización subpulmonar, por debajo del pulmón, entre la pleura parietal que reviste
la superficie superior del diafragma y la pleura visceral que reviste el lóbulo inferior.
• Si el derrame se mantiene en una localización subpulmonar, su detección en las radiografías
convencionales puede ser difícil, excepto en lo referente a las alteraciones del contorno de lo que
parece ser el hemidiafragma, pero que en realidad es la interfase entre el líquido pleural y la
base del pulmón aireado.
• Las diferentes características de los derrames subpulmonares se resumen en la tabla 7.2 y en
las figuras 7.2 y 7.3.
Tabla 7.2
aSe utiliza el concepto de hemidiafragma aparente debido a que la sombra observada corresponde
realmente a la interfase entre el líquido subpulmonar y la base del pulmón. El hemidiafragma real no es
visible, ya que queda silueteado por las partes blandas abdominales situadas por debajo y por el líquido
pleural situado por encima.
Fig. 7.2 Derrame subpulmonar derecho. (A) En la proyección frontal, el hemidiafragma
derecho aparente parece estar elevado (flecha negra). El borde al que apunta la flecha
representa la interfase entre el derrame y la base pulmonar y no corresponde al
hemidiafragma real, que no es visible debido al líquido pleural que se ha acumulado por
encima. Hay una obliteración del seno (ángulo) costofrénico derecho (flecha blanca). (B) En
la proyección lateral se observa la obliteración del seno costofrénico posterior (flecha
blanca). El hemidiafragma aparente está redondeado en la parte posterior, pero está
típicamente aplanado en su parte anterior a medida que el derrame establece una
interfase con la cisura mayor en el lado izquierdo (flecha negra).
Fig. 7.3 Derrame subpulmonar izquierdo. (A) En la proyección frontal hay más de 1 cm
de distancia entre el aire del estómago y el hemidiafragma izquierdo aparente (flecha negra
doble). La flecha blanca discontinua señala el límite entre el pulmón aireado y el derrame.
El hemidiafragma real no es visible. Hay una obliteración del seno costofrénico (flechas
blancas continuas) en ambas proyecciones. (B) En la proyección lateral, el hemidiafragma
aparente está aplanado en su parte anterior a medida que el derrame establece la interfase
con la cisura mayor (flecha negra continua).
Puntos importantes
Artefactos diagnósticos
• El engrosamiento pleural causado por cicatrización también puede producir una obliteración
del ángulo costofrénico. Una pista útil es que los procesos cicatriciales generan una obliteración
con un aspecto «de pista de esquí» característico, a diferencia del aspecto meniscoide de un
derrame pleural (fig. 7.6). Además, el engrosamiento pleural no cambia de localización cuando el
paciente modifica su posición, como ocurre con la mayoría de los derrames.
Fig. 7.6 Cicatrización con obliteración del ángulo costofrénico izquierdo. Los procesos
cicatriciales debidos a procesos como una infección previa, una hemorragia o una cirugía
en el espacio pleural pueden producir un característico aspecto «en pista de esquí» de la
obliteración (flechas), muy distinto del aspecto meniscoide de un derrame pleural. Hay gas
intestinal (I) por debajo del hemidiafragma izquierdo elevado. Esta cicatrización no cambia
de aspecto ni de localización cuando el paciente modifica su posición, como sí ocurriría en
el caso del líquido pleural con desplazamiento libre.
• Dada la retracción elástica natural de los pulmones, el líquido pleural parece elevarse más
a lo largo del borde lateral del tórax que en la parte medial en la proyección
posteroanterior. Este efecto hace que el derrame tenga una configuración característica
meniscoide, que es más elevada en los lados y más baja en el centro (fig. 7.7).
Fig. 7.7 Signo del menisco, derrame pleural. (A) En la proyección posteroanterior en
posición erguida, un derrame produce normalmente una densidad en forma de U, con el
líquido ascendiendo a mayor altitud a lo largo de los bordes, más que en la zona central del
derrame (flechas) y se denomina signo del menisco. (B) En un paciente diferente, una TC
axial con el paciente en decúbito supino demuestra derrames pleurales bilaterales, cada
uno con una configuración meniscoide (flechas).
Puntos importantes
Artefactos diagnósticos
• En función del grado de reclinación del paciente, los campos pulmonares superiores pueden
aparecer más claros (más negros) si el paciente está en una posición más erguida, ya que el
líquido se desplaza hacia la base del tórax, o bien pueden aparecer más densos (más blancos) si
el paciente está más recostado y el líquido del derrame comienza a depositarse en la parte
posterior. Este cambio de aspecto puede tener lugar simplemente con la redistribución simple
del mismo volumen de líquido en el espacio pleural a consecuencia del cambio de posición del
paciente (v. fig. 7.8). En una situación ideal, todas las radiografías torácicas efectuadas con un
dispositivo portátil deberían exponerse con el paciente en la misma posición.
Hemitórax opacificado
Fig. 7.10 Derrame pleural izquierdo de gran volumen. El hemitórax izquierdo está
completamente opacificado y las estructuras mediastínicas móviles, como la tráquea
(flecha continua) y el corazón (flecha discontinua), se han alejado del lado de la
opacificación. Esta es una característica del derrame pleural de gran volumen, que puede
actuar como si fuera una masa. El paciente tenía un carcinoma broncogénico en el lado
izquierdo.
Fig. 7.11 Metástasis pleurales visibles en la TC. (A) La radiografía posteroanterior del
tórax muestra un derrame pleural derecho (flecha). Es imposible ver el pulmón.
Subyacente. (B) Una TC axial del mismo paciente no solo demuestra el líquido pleural (P),
sino también la nodularidad de la superficie pleural (flechas), que representan implantes
metastásicos secundarios a un carcinoma de células pequeñas del pulmón.
Derrames loculados
Pseudotumores cisurales
Derrames laminares
• Un derrame laminar (fig. 7.14) es una forma de derrame pleural en la que el líquido aparece en
forma de una densidad fina y en banda paralela a la pared torácica lateral,
especialmente en la proximidad del ángulo costofrénico. El ángulo costofrénico lateral
tiende a mantener su configuración en ángulo agudo en el derrame laminar, a diferencia del
borramiento que se produce con un derrame pleural convencional.
• Los derrames laminares son casi siempre el resultado de la elevación de la presión en la
aurícula izquierda, como ocurre en la ICC, o secundarios a la carcinomatosis linfangítica.
Estos derrames no suelen desplazarse libremente.
Fig. 7.14 Tórax normal frente a derrame pleural laminar. (A) El pulmón con una
aireación normal se extiende hasta el margen interno de cada costilla (flechas blancas). El
seno costofrénico está bien definido (flecha negra). (B) Hay una fina banda de aumento de
la densidad (flecha blanca) que se extiende hacia arriba desde la base pulmonar, pero que
no parece obliterar el ángulo costofrénico (flecha negra). Este es el aspecto de un derrame
pleural laminar. El paciente de la imagen presentaba insuficiencia cardiaca congestiva.
Hidroneumotórax
Puntos clave
• Los derrames pleurales se acumulan en el espacio virtual situado entre las pleuras visceral y
parietal, y son trasudados o exudados dependiendo principalmente de su contenido en
proteínas y de su concentración de LDH.
• En el espacio pleural hay normalmente unos pocos mililitros de líquido; se necesitan
aproximadamente 75 ml de líquido para la obliteración del seno costofrénico posterior
(visualizado en la proyección lateral) y alrededor de 200-300 ml para la obliteración del seno
costofrénico lateral (visualizado en la proyección posteroanterior). La acumulación de
aproximadamente 2 l de líquido origina la opacificación de todo un hemitórax en el adulto.
• El hecho de que un derrame sea unilateral o bilateral, con afectación predominante del lado
derecho o del izquierdo, puede ser una pista importante respecto a su etiología.
• La mayoría de los derrames pleurales se inician con la acumulación de líquido en el espacio
pleural que queda entre el hemidiafragma y la base del pulmón; se denominan derrames
subpulmonares.
• A medida que aumenta la cantidad de líquido acumulado, aparece una configuración «en
menisco» en la radiografía torácica posteroanterior en posición erguida debido a la retracción
elástica natural del pulmón.
• Los derrames pleurales de volumen muy elevado pueden comportarse como una masa y dan
lugar al alejamiento de las estructuras mediastínicas móviles (p. ej., el corazón) respecto del
lado del derrame.
• En ausencia de adherencias pleurales, los derrames se desplazan libremente y cambian de
localización con las modificaciones en la posición del paciente; cuando existen adherencias
pleurales (habitualmente debido a una infección antigua o a un hemotórax), el líquido puede
asumir un aspecto poco habitual o situarse en localizaciones atípicas. Estos derrames se
denominan loculados.
• Un pseudotumor es un tipo de derrame que aparece en las cisuras pulmonares
(principalmente en la menor) y generalmente es secundario a una ICC; desaparece cuando se
trata la insuficiencia cardiaca subyacente.
• Los derrames laminares se reconocen mejor en la base pulmonar, inmediatamente por
encima de los ángulos costofrénicos en la proyección posteroanterior, y se deben con mayor
frecuencia a una ICC o a una carcinomatosis linfangítica.
• El hidroneumotórax está constituido tanto por aire como por un aumento de líquido en el
espacio pleural, y puede identificarse en la proyección torácica en posición erguida por la
aparición de una interfase hidroaérea recta, más que por la configuración típica en menisco que
se observa cuando únicamente hay líquido pleural.
Esta es una radiografía de tórax inmediatamente después de una prueba diagnóstica a la que se había
sometido el paciente. Aunque no es una neumonía, este caso ilustra el conocimiento previo de las diferentes
densidades radiográficas y el mecanismo para el desarrollo de una neumonía descrito en este capítulo. ¿Qué
podría explicar este aspecto inusual? La respuesta está al final del capítulo.
• La mayoría de los microorganismos que causan neumonía se diseminan hasta los pulmones
a través del árbol traqueobronquial, mediante inhalación o aspiración de los
microorganismos. En algunos casos, los microorganismos se diseminan hasta el pulmón a través
del torrente sanguíneo, y en un número muy reducido de casos lo hacen mediante extensión
directa.
• Dado que hay muchos tipos diferentes de microorganismos que pueden originar alteraciones
similares en los estudios de imagen pulmonares, es difícil identificar con certeza el
microorganismo causal basándose solo en los datos radiológicos. No obstante, ciertos
patrones de enfermedad son muy sugestivos de un patógeno etiológico concreto (tabla 8.1).
• Algunos expertos utilizan el término «infiltrado» como sinónimo de neumonía, pero hay muchas
enfermedades que no son neumonías y que pueden infiltrar el pulmón, desde la amiloidosis hasta
la fibrosis pulmonar.
Fig. 8.1 Neumonía en el lóbulo superior izquierdo. En esta neumonía del lóbulo superior
izquierdo se observan varias estructuras negras y ramificadas (flechas blancas) que
representan broncogramas aéreos compatibles con enfermedad del espacio aéreo. Este
paciente presentaba una neumonía neumocócica. La enfermedad tiene una densidad
homogénea, excepto por la presencia de los broncogramas aéreos. Dado que es una
enfermedad del espacio aéreo, sus márgenes externos están mal definidos y tienen un
aspecto algodonoso (flecha negra).
Tabla 8.1
• Dado que la neumonía ocupa los espacios aéreo o intersticial afectados con alguna forma de
líquido o de exudado inflamatorio, las neumonías aparecen más densas (más blancas) que el
tejido pulmonar adyacente con aireación normal.
• La neumonía puede contener broncogramas aéreos, siempre que los bronquios no estén
llenos de exudado inflamatorio o de líquido (v. fig. 5.5).
• Los broncogramas aéreos tienen muchas más posibilidades de ser visibles
cuando la neumonía afecta a la porción central del pulmón, alrededor del hilio.
Cerca de la periferia pulmonar, los bronquios tienen generalmente un calibre demasiado
pequeño como para ser visibles (fig. 8.1).
• Hay que tener en cuenta que cualquier densidad de líquido o de partes blandas que
sustituya al gas normal de los espacios aéreos también puede dar lugar a este signo,
de manera que el broncograma aéreo no es específico de neumonía (v. cap. 4).
• La neumonía que afecta a los espacios aéreos aparece con un aspecto algodonoso y sus
márgenes no están bien definidos.
• Cuando la neumonía linda con una superficie pleural, como ocurre en la cisura
interlobar o en la pared torácica, sus márgenes están muy bien definidos.
• La neumonía intersticial, por otra parte, puede cursar con una notoriedad de los tejidos
conectivos, los vasos y los bronquios que componen el intersticio pulmonar, pero también puede
diseminarse a las vías respiratorias adyacentes y dar lugar a características similares a las de una
enfermedad del espacio aéreo.
• Excepto por la presencia de broncogramas aéreos, la neumonía que afecta al espacio aéreo
suele tener una densidad homogénea (fig. 8.2).
• En algunos tipos de neumonía (p. ej., bronconeumonía), los bronquios, al igual que los
espacios aéreos, contienen exudado inflamatorio. Esto puede dar lugar a una atelectasia
asociada a la neumonía.
• En el cuadro 8.1 se resumen los aspectos clave para identificar una neumonía.
Fig. 8.2 Neumonía lingular. Se observa una enfermedad del espacio aéreo en los
segmentos lingulares del lóbulo superior izquierdo (flecha blanca). La enfermedad tiene una
densidad homogénea Como la neumonía y el corazón poseen la misma densidad
radiográfica, desaparece el borde entre los mismos (silueteados) (flecha negra).
CUADRO 8.1
Identificación de una neumonía: signos clave
Tabla 8.2
Patrón Características
Neumonía lobar
Neumonía intersticial
Puntos importantes
Fig. 8.5 Neumonía por Pneumocystis carinii (jirovecii) (NPC). Se observa una
enfermedad pulmonar intersticial difusa bilateral, con un patrón básicamente reticular. Sin
el dato clínico de que el paciente tiene un síndrome de la inmunodeficiencia adquirida
(SIDA), este cuadro podría confundirse con un edema intersticial pulmonar o con un
proceso fibrosante crónico, como la sarcoidosis. Sin embargo, no se observan derrames
pleurales, como podría esperarse en el edema intersticial pulmonar, y tampoco hay pruebas
de adenopatías hiliares, como sería esperable en una sarcoidosis.
Neumonía redonda
• Algunas neumonías, principalmente las que afectan a los niños, pueden adoptar una forma
esférica en la radiografía torácica. Estas neumonías redondas casi siempre tienen una
localización posterior en los pulmones, y se observan generalmente en los lóbulos inferiores.
• Entre los microorganismos causales están Haemophilus influenzae, Streptococcus y
Pneumococcus.
• La neumonía redonda puede confundirse con una masa tumoral, salvo por el hecho de que los
síntomas asociados a infección suelen acompañar a los hallazgos pulmonares y porque los
tumores pulmonares son infrecuentes en los niños (fig. 8.6).
Fig. 8.6 Neumonía redonda. En el campo medio del pulmón derecho se observa una
densidad de partes blandas con una configuración redondeada (flechas). El paciente es un
niño de 2 años que presentaba un cuadro de tos y fiebre. La neumonía redonda es rara
después de los 12 años y los tumores son infrecuentes en los niños, por lo que el
diagnóstico diferencial es más favorable para la neumonía en alguien de esta edad.
Neumonía cavitada
Puntos importantes
Fig. 8.7 Neumonía cavitada. Imagen de TC axial sin contraste a través de los lóbulos
superiores que demuestra una enfermedad del espacio aéreo bilateral (flechas continuas)
que contiene múltiples zonas radiotransparentes que representan cavidades (flechas
discontinuas). Las cavidades no presentan niveles hidroaéreos. Una neumonía cavitada
que se localiza en los lóbulos superiores es una tuberculosis mientras no se demuestre lo
contrario. Este paciente presentaba una tuberculosis posprimaria (tuberculosis por
reactivación).
Aspiración
• Hay muchos procesos que cursan con aspiración de cuerpos extraños hacia el árbol
traqueobronquial, entre los que destacan los trastornos neurológicos (accidente cerebrovascular,
traumatismo craneoencefálico), los cuadros de alteración del estado mental (anestesia, sobredosis
de medicamentos o drogas), el reflujo gastroesofágico y los cambios postoperatorios tras la
cirugía de cabeza y cuello.
• La aspiración aguda da lugar a las alteraciones radiográficas de una enfermedad del
espacio aéreo. La localización de la afectación, la rapidez con la que aparece y los factores
de predisposición que presentan los distintos pacientes son datos útiles para determinar esta
etiología (fig. 8.8).
• Identificación de los diferentes tipos de aspiración (tabla 8.3)
• La evolución clínica y radiológica de la aspiración depende del material aspirado.
• Aspiración de jugo gástrico blandos (neutralizados) o agua:
• Desde el punto de vista técnico, no es una neumonía, ya que no se debe
a un patógeno infeccioso; los pulmones manejan el problema como si se
tratara de la acumulación de líquido de un edema pulmonar, y
clásicamente persiste solo 1 o 2 días antes de resolverse mediante
reabsorción.
• Aspiración con neumonía debido a la entrada de microorganismos en el
pulmón:
• Aunque de forma rutinaria aspiramos numerosos microorganismos
que forman parte de la flora bucofaríngea normal, hay algunos
pacientes en los que estos microorganismos pueden producir una neumonía,
como los inmunodeprimidos, los ancianos, los pacientes debilitados y
aquellos con alguna enfermedad pulmonar subyacente.
• La neumonía causada por aspiración se debe generalmente a
microorganismos anaerobios, como Bacteroides. Estos
microorganismos producen una enfermedad del espacio aéreo en el
lóbulo inferior que muestra con frecuencia cavitación. Pueden tardar
meses en resolverse.
• Aspiración de ácido gástrico no neutralizado (síndrome de Mendelson):
• Cuando se aspiran grandes cantidades de ácido gástrico no neutralizado,
aparece una neumonitis química, con enfermedad del espacio aéreo en
los lóbulos dependientes o con edema pulmonar difuso. La enfermedad
puede aparecer con rapidez, en el transcurso de unas pocas horas después
de la aspiración. El cuadro puede tardar unos días o más tiempo, y la
neumonitis química parece tender a una infección secundaria.
Fig. 8.8 Aspiración, ambos lóbulos inferiores. Imagen de TC axial única de los pulmones
que demuestra una enfermedad del espacio aéreo que afecta a ambos lóbulos inferiores
(flechas) en un paciente que había sufrido una aspiración. La aspiración suele afectar a las
porciones más dependientes de los pulmones. Si el paciente está en posición erguida
cuando tiene lugar la aspiración, se ven afectados los lóbulos inferiores. Si el paciente está
en decúbito supino cuando tiene lugar la aspiración, las zonas más afectadas son los
segmentos superiores de los lóbulos inferiores y los segmentos posteriores de los lóbulos
superiores.
Tabla 8.3
Patrón Características
Ácido gástrico no neutralizado Aparición casi inmediata de una enfermedad del espacio aéreo en los
(neumonitis química) segmentos dependientes, a menudo con infección secundaria
COVID-19
• Aunque es cierto que los antibióticos alcanzan todos los lóbulos pulmonares, con independencia
de cuál sea el lóbulo en el que se localiza la neumonía, la determinación de la localización de una
neumonía puede aportar pistas acerca del patógeno etiológico (p. ej., si afecta a los lóbulos
superiores, hay que considerar una TB) y de la patología asociada (p. ej., si afecta a los lóbulos
inferiores, hay que considerar un problema de aspiración recurrente) (v. tabla 8.1).
• En las radiografías convencionales, siempre es mejor localizar cualquier enfermedad
mediante la obtención de dos proyecciones con un ángulo de 90° entre sí
(proyecciones ortogonales), como, por ejemplo, una radiografía torácica posteroanterior y una
radiografía torácica lateral. La TC permite localizar y definir con mayor detalle la enfermedad, así
como mostrar los posibles procesos patológicos asociados, como derrames pleurales o la
presencia de cavidades demasiado pequeñas para visualizarlas en las radiografías convencionales.
• En ocasiones, solamente se dispone de una radiografía posteroanterior, como ocurre en los
pacientes en estado crítico o en aquellos demasiado debilitados, en los que la evaluación
radiológica debe efectuarse con un dispositivo portátil a la cabecera del paciente. No obstante, a
menudo es posible localizar la neumonía utilizando únicamente la radiografía
posteroanterior, analizando los márgenes de las estructuras anatómicas borrados por la
enfermedad (p. ej., el signo de la silueta) (fig. 8.11).
• El signo de la silueta (v. también «Características de la enfermedad pulmonar por
afectación del espacio aéreo» en cap. 4) afirma que, si dos objetos que tienen la
misma densidad radiográfica establecen contacto entre sí, desaparece el
margen entre ellos (v. fig. 8.2).
• Otro signo radiográfico de localización importante es el signo de la columna (fig. 8.12).
• En la radiografía torácica lateral, la columna torácica muestra normalmente una
coloración más oscura (más negra) a medida que bajamos desde la cintura
escapular hasta el diafragma.
• La razón es que el haz de rayos X debe atravesar más cantidad de tejido
(más hueso y más músculo) en la zona de los hombros que en la zona
inmediatamente por encima del diafragma, donde solo debe atravesar el
corazón y los pulmones llenos de aire.
• Cuando una enfermedad con densidad de partes blandas o densidad líquida
afecta a la porción posterior del lóbulo inferior, la nueva densidad añadida
absorbe una parte mayor del haz de rayos X y la columna muestra un aspecto
«más blanco» (más opaco) inmediatamente por encima del seno
costofrénico posterior.
• Este es el denominado signo de la columna y representa otro método
para localizar la enfermedad en los pulmones.
Fig. 8.11 Localización de la enfermedad del espacio aéreo en la radiografía
posteroanterior. Basándose en la disponibilidad exclusiva de una radiografía
posteroanterior del tórax, a menudo es posible localizar el lóbulo en el que hay una
enfermedad del espacio aéreo. Esta gráfica muestra qué partes del corazón, la aorta o el
hemidiafragma por estar silueteados por el contacto con la enfermedad del espacio aéreo
en el lóbulo pulmonar contiguo.
Fig. 8.12 Signo de la columna. Una proyección lateral del tórax puede sugerir a veces una
enfermedad del espacio aéreo que no es evidente inmediatamente en la proyección
posteroanterior o para confirmar su presencia, como en este caso. (A) Hay una sospecha
de enfermedad del espacio aéreo en el lóbulo inferior derecho en la proyección
posteroanterior (flecha) que se confirma en la proyección lateral (B) por la neumonía
superpuesta en la región inferior de la columna (flecha), lo que hace que la columna
aparezca «más blanca» (más densa) justo por encima del diafragma. Esto es lo que se
denomina signo de la columna (v. también fig. 2.6).
Puntos importantes
• La enfermedad que afecta a los lóbulos inferiores puede no ser aparente en la proyección
posteroanterior si se sitúa en la profundidad del seno costofrénico posterior. Así, el signo de
la columna puede ser el único indicador de la presencia de una enfermedad en el lóbulo inferior,
como una neumonía del lóbulo inferior, que de otra manera no sería visible en la proyección
posteroanterior.
• La figura 8.13 muestra las distintas apariencias características de la neumonía lobar en una
radiografía torácica posteroanterior.
Fig. 8.13 Aspectos variables de la neumonía lobar. (A) Lóbulo superior derecho. La
enfermedad borra (siluetea) la aorta ascendente y produce un margen bien definido en la
zona en la que contacta con la cisura menor (flecha). (B) Lóbulo medio derecho. La
enfermedad siluetea el borde cardiaco derecho (flecha negra) y produce un margen
definido en la zona en la que contacta con la cisura menor (flecha continua). (C) Lóbulo
inferior derecho. La enfermedad siluetea el hemidiafragma derecho (flecha continua), pero
respeta el borde derecho del corazón (flecha discontinua). (D) Lóbulo superior izquierdo.
La enfermedad siluetea el botón aórtico (flecha). (E) Língula. La enfermedad siluetea el
borde cardiaco izquierdo (flecha continua), pero respeta el hemidiafragma izquierdo (flecha
discontinua). (F) Lóbulo inferior izquierdo. La enfermedad borra el hemidiafragma
izquierdo (flecha discontinua), pero respeta el borde izquierdo del corazón (flecha
continua).
¿Cómo se resuelve una neumonía?
Puntos importantes
• Si una neumonía no se resuelve al cabo de varias semanas, hay que considerar la posibilidad de
una lesión obstructiva subyacente, como un tumor, que impide el drenaje adecuado desde la
porción del pulmón afectada.
• La TC torácica puede ser útil para demostrar la lesión obstructiva.
RESPUESTA CASO PROBLEMA 8
El paciente aspiró bario líquido que estaba bebiendo mientras estaba de pie para someterse a un estudio
de la deglución. El bario es inerte y tiene una densidad alta, razón por la que se emplea de rutina como
contraste del aparato digestivo. El bario se aspiró hacia los pulmones y descendía por gravedad hacia los
bronquios del lóbulo inferior. Aunque el aspecto es llamativo, el bario no provoca por sí solo la neumonía y se
reabsorbe con el tiempo. El paciente estaba asintomático.
Puntos clave
• La neumonía es más opaca que el pulmón normal adyacente; sus márgenes pueden tener un
aspecto algodonoso y poco definido, excepto en las zonas donde contacta con el margen
pleural; la neumonía tiende a presentar una densidad homogénea; puede contener
broncogramas aéreos y asociarse a una atelectasia.
• A pesar de que hay un solapamiento considerable en los patrones de neumonía que producen
los distintos microorganismos, hay algunas apariencias que son muy sugestivas de etiologías
concretas.
• La neumonía lobar (el prototipo es la neumonía neumocócica) tiende a ser homogénea, ocupa
todo un lóbulo o la mayor parte de él, muestra broncogramas aéreos en la zona central y da lugar
al signo de la silueta.
• La neumonía segmentaria (el prototipo es la neumonía estafilocócica)
tiende a ser multifocal, no muestra broncogramas aéreos y puede asociarse a
una pérdida de volumen debido a que los bronquios también están llenos de
exudado inflamatorio.
• La neumonía intersticial (el prototipo es la neumonía vírica o la neumonía por Pneumocystis
carinii [jirovecii]) tiende a afectar a las paredes de las vías respiratorias y a los tabiques
alveolares, y puede producir, especialmente en las fases iniciales, un patrón reticular fino en los
pulmones; más adelante, puede originar una enfermedad del espacio aéreo.
• La neumonía redonda (el prototipo es la neumonía causada por Haemophilus) suele aparecer
en los niños y se localiza en la parte posterior de los lóbulos inferiores; puede imitar una masa
tumoral y la pista más importante es el hecho de que los tumores pulmonares verdaderos son
infrecuentes en los niños.
• La neumonía cavitada (el prototipo es la neumonía tuberculosa) da lugar, como característica
típica, a la aparición de cavidades radiotransparentes secundarias a necrosis pulmonar; la
tuberculosis posprimaria suele afectar a los lóbulos superiores; puede diseminarse por vía
transbronquial, con infección del lóbulo inferior contralateral o de otro lóbulo del pulmón
ipsilateral.
• La aspiración ocurre sobre todo en las porciones más declives de los pulmones en el momento
de la aspiración, generalmente con afectación de los lóbulos inferiores o de los segmentos
posteriores de los lóbulos superiores; la aspiración puede ser blanda y desaparece rápidamente,
pero también puede estar infectada y tardar varios meses en desaparecer, o bien puede
corresponder a una neumonitis química, cuya resolución requiere varias semanas.
• Los pacientes con COVID-19 sintomática que se someten a una TC muestran con frecuencia
opacidades en vidrio esmerilado bilaterales y periféricas, sobre todo en las bases pulmonares.
• La neumonía puede localizarse mediante el signo de la silueta y el signo de la columna.
• A menudo, las neumonías se de manera que aparecen áreas de pulmón con aireación reciente
en el interior de la zona que correspondía previamente a la neumonía (vacuolización).
Los pacientes hospitalizados en una unidad de cuidados intensivos (UCI) son monitorizados
frecuentemente mediante una radiografía torácica portátil, tanto para comprobar la colocación de los
múltiples dispositivos de monitorización, como para evaluar su estado cardiopulmonar.
A este paciente se le había colocado un catéter venoso central en la vena subclavia izquierda (flecha).
Usted debe comprobar esta radiografía posterior a la inserción para ver si está colocado correctamente. ¿Cuál
es su respuesta? La respuesta correcta está al final del capítulo.
• Las enfermedades que se observan con más frecuencia en los pacientes críticos se exponen en
otros capítulos (tabla 9.1).
• En este capítulo, va a recibir una serie de consejos prácticos para evaluar la inserción
satisfactoria (o insatisfactoria) y la posición final de numerosos tubos, vías, catéteres y otros
dispositivos de soporte utilizados en la UCI.
• Casi siempre, tras la colocación o el intento de colocación de cualquiera de estos dispositivos,
se realiza una radiografía convencional para comprobar su posición y descartar consecuencias
accidentales.
• Así, respecto a cada sonda o dispositivo, aprenderá lo siguiente:
• Por qué se utilizan.
• Cuál es su localización correcta cuando están bien colocados.
• Cuándo pueden estar mal colocados y qué complicaciones pueden deberse a estos
dispositivos (cuadro 9.1).
Tabla 9.1
Aspiración Capítulo 8
Atelectasias Capítulo 6
Neumomediastino Capítulo 24
CUADRO 9.1
Signos de alarma posprocedimentales
Puntos importantes
Fig. 9.3 Tubo endotraqueal demasiado alto. La punta del tubo (flecha blanca continua) no
debe quedar situada en la laringe ni en la faringe o cerca de ellas, puesto que el manguito
de neumotaponamiento puede lesionar estas estructuras si se mantiene en esta posición.
Una situación alta también predispone a la aspiración. Este paciente tiene también una
SNG (flecha blanca discontinua) y varios cables de monitorización cardiaca superpuestos
(flechas negras). Los pacientes en un entorno de cuidados críticos tienen con frecuencia
numerosos tubos, sondas y vías vasculares que complican la interpretación.
Cánulas de traqueostomía
Fig. 9.6 Catéteres venosos centrales por vía subclavia en posición correcta. (A)
Insertado en el lado derecho. (B) Insertado en el lado izquierdo. En ambos pacientes, hay
un catéter venoso central en su sitio introducido a través de la vena subclavia (flechas
blancas continuas). Cada catéter discurre por debajo de los extremos mediales de las
clavículas (flechas negras discontinuas) antes de descender por la parte derecha de la
columna, con sus puntas localizadas en la unión de la vena cava superior y la aurícula
derecha (flechas negras continuas).
Fig. 9.7 Catéter venoso central con una localización anómala en la vena yugular
interna. Los CVC, especialmente los introducidos por vía subclavia (flecha discontinua),
pueden quedar mal colocados. Lo más habitual es que esta colocación incorrecta se deba
a que sus puntas quedan situadas en la aurícula derecha o en la vena yugular interna,
como en este caso (flecha continua). El catéter se retiró y se recolocó.
Fig. 9.8 Colocación arterial de un catéter venoso central. Obsérvese que este catéter,
introducido inadvertidamente en la arteria subclavia (flecha blanca continua) no empieza a
descender como debería por el lado derecho de la columna (flecha blanca discontinua) y su
punta (flecha negra) cruza la línea media y se coloca por encima de la aorta, alejándose de
la localización de la vena cava superior.
Puntos importantes
Fig. 9.12 Catéter de hemodiálisis de doble luz en posición correcta. Estos catéteres de
calibre grande, con al menos dos luces, suelen estar marcados con una franja central
(flecha blanca discontinua). Debido a que la dirección del flujo sanguíneo es tal como se
indica con la flecha negra discontinua, para intentar minimizar la recirculación inmediata, la
punta usada para la extracción de la sangre del paciente (flecha blanca continua) se sitúa
más proximal que la punta empleada para el retorno de la sangre al paciente (flecha
negra).
Catéteres de drenaje pleural
Marcapasos
Puntos importantes
• La punta de un cable se sitúa casi siempre en el vértice del ventrículo derecho. Hay
que recordar que, en la proyección posteroanterior, el vértice del ventrículo derecho se
sitúa a la izquierda de la columna vertebral, mientras que, en la proyección lateral, se
localiza en la parte anterior (fig. 9.16).
Fig. 9.16 Marcapasos con doble cable en posición correcta. Los marcapasos están
constituidos por un generador de pulsos (G) y suelen implantarse en la pared torácica
izquierda y una o más de los cables de los insertados a través de la vena subclavia. Este
paciente tiene un marcapasos con doble cable. Uno de los cables está en el vértice del
ventrículo derecho (flecha continua en [A] y [B]), mientras que el otro se localiza en la
aurícula derecha (flecha discontinua en [A] y [B]). Obsérvese que el cable del ventrículo
derecho (flechas negras continuas) normalmente se proyecta hacia la parte izquierda de la
línea media (A) y hacia la parte anterior (B), mientras que el cable de la aurícula derecha
suele incurvarse en dirección ascendente (A) y (B).
• Algunos marcapasos tienen dos cables (en general, sus puntas se localizan en la aurícula y el
ventrículo derechos), mientras que otros pueden presentar tres cables (las puntas se localizan
habitualmente en la aurícula y el ventrículo derechos y en el seno coronario).
• Todos los cables deben realizar curvas suaves. Los electrodos no deben presentar
acodamientos agudos.
• Colocación incorrecta y complicaciones de los marcapasos cardiacos:
• El neumotórax es una complicación infrecuente de la colocación de un marcapasos o de
un desfibrilador cardiaco automático implantable (DCAI).
• Los cables pueden romperse en cualquiera de las tres localizaciones siguientes: el
generador del marcapasos propiamente dicho, la zona del acceso venoso o la punta del
cable. Las roturas en el cable pueden identificarse por la discontinuidad del cable
propiamente dicho (fig. 9.17).
• Los cables pueden perforar el corazón y producir un taponamiento cardiaco. Hay que
buscar acodamientos agudos en los cables secundarios a la perforación de un vaso
sanguíneo.
• Los cables pueden retraerse de su contacto normal con la pared ventricular debido a que
el paciente gira o enrosca (twiddles) el generador del marcapasos colocado bajo la piel,
enrollando inadvertidamente los cables alrededor del estimulador, lo que da lugar a la
retracción de las puntas (el denominado síndrome del giro inadvertido del marcapasos
[síndrome de Twiddler]) (fig. 9.18) o debido a la migración subcutánea del marcapasos.
• Los cables pueden colocarse ectópicamente, por ejemplo, en la vena hepática.
Fig. 9.17 Rotura del cable de un marcapasos. Las roturas de los cables del marcapasos
o del desfibrilador cardiaco automático implantable (DCAI) pueden ocurrir en cualquiera de
tres localizaciones. En este paciente, la rotura (flecha discontinua) se ha producido en el
punto de inserción en la vena subclavia. El cable roto se descubrió en una fase temprana y
un segundo cable intacto está en su sitio (flechas continuas).
Fig. 9.18 Síndrome de Twiddler. En algunos pacientes se «gira» (twiddle) de manera
inadvertida el generador de pulso subcutáneo, y, en los casos en que lo permite el propio
tejido subcutáneo, el generador puede rotar repetidamente sobre su propio eje, lo que
origina el enrollamiento de los cables a su alrededor (flecha negra). Este proceso puede
retraer la punta del electrodo desde la pared del ventrículo derecho, lo cual inutiliza el
marcapasos. Este cable se ha retraído hacia la vena cava superior (flecha blanca). El
«giro» inadvertido puede afectar también a un DCAI o a un puerto de infusión torácica.
Puntos clave
En este capítulo aprenderemos a identificar las masas mediastínicas, las neoplasias pulmonares benignas y
malignas, la enfermedad tromboembólica pulmonar, así como diversas enfermedades específicas de las vías
respiratorias.
Esta es una proyección ce los vértices pulmonares en un varón de 73 años con dolor en el hombro,
párpado caído y miosis unilateral. Puede deducir el lado a partir de la radiografía. ¿Cuál es el diagnóstico más
probable a partir de los antecedentes clínicos y de esta radiografía de tórax? Véase la respuesta correcta al
final del capítulo.
Tabla 10.1
Anomalías torácicas expuestas en otros capítulos de este libro
Atelectasias Capítulo 6
Neumonía Capítulo 8
• El mediastino es un área cuyos márgenes laterales están definidos por los bordes
mediales de cada pulmón, cuyo margen anterior está formado por el esternón y la pared
torácica anterior, y cuyo margen posterior corresponde a la columna vertebral,
incluyendo generalmente las gotieras paravertebrales.
• El mediastino se ha subdividido arbitrariamente en tres compartimentos basándose en la
radiografía lateral del tórax: los compartimentos anterior, medio y posterior, y cada uno
de ellos alberga una serie favorita de enfermedades. El mediastino superior, la zona que queda
aproximadamente por encima del plano del cayado aórtico, es una división que ahora suele
combinarse con alguno de los tres compartimentos mencionados previamente (fig. 10.1).
• Una clasificación más moderna, basada fundamentalmente en la TC, define prácticamente los
mismos tres compartimentos mencionados previamente, pero los denomina compartimentos
prevascular, visceral y paravertebral. El nuevo sistema se diseñó como un sistema de
clasificación universal aceptado por todas las especialidades y basado en imágenes
transversales, en lugar de hacerlo en la radiografía de tórax. Para los objetivos de este texto,
utilizaremos los términos mediastino anterior, medio y posterior.
Artefactos diagnósticos
Tabla 10.2
Teratoma Masa bien delimitada que puede contener grasa y calcio visible en la TC
Masas tiroideas
Puntos importantes
Fig. 10.2 Masa tiroidea subesternal. El lóbulo izquierdo de la glándula tiroides está
aumentado de tamaño y se proyecta hacia abajo hacia la parte superior del tórax (flechas
blancas continuas), desplazando la tráquea hacia la derecha (flecha negra). Obsérvese que
la masa no extiende por debajo de la parte superior del cayado aórtico (flecha blanca).
• En ocasiones, el istmo del polo inferior del tiroides puede aumentar de tamaño, pero se
proyecta hacia abajo hacia la porción superior del tórax, en lugar de hacerlo en dirección
anterior hacia el cuello. Aproximadamente tres de cada cuatro masas tiroideas se extienden en
dirección anterior a la tráquea, y el 25% restante (casi todas de estas en el lado derecho)
descienden por detrás de la tráquea.
• La gammagrafía tiroidea con radioisótopos es el estudio de primera elección para
confirmar el diagnóstico de un tiroides subesternal, pues la práctica totalidad de ellos muestran
cierta captación del trazador radioactivo, de manera que dicha captación puede visualizarse y
registrarse mediante una cámara especial (v. Apéndice A «Medicina nuclear»).
• En la TC, las masas tiroideas subesternales son parte y muestran contigüidad con la
glándula tiroides, a menudo contienen calcificación y captan intensamente el contraste
intravenoso, pero con un patrón moteado y heterogéneo (fig. 10.3).
Fig. 10.3 TC de un bocio tiroideo subesternal, con y sin contraste. (A) Antes de la
administración intravenosa de contraste, esta masa tiroidea subesternal (flecha blanca
continua) está bien definida y contiene calcificaciones groseras (flecha blanca discontinua).
(B) Después de la administración de contraste, y a la misma altura que antes, el bocio
capta ávidamente el contraste, aunque con un patrón moteado (flecha blanca continua).
Esta masa está desplazando la tráquea (T) ligeramente hacia la izquierda.
Linfoma
Puntos importantes
• En las radiografías torácicas, esta lobulación puede ser útil para diferenciar las
linfadenopatías de otras masas mediastínicas que pueden mostrar un contorno más liso.
• Las linfadenopatías mediastínicas en el linfoma de Hodgkin suelen ser bilaterales y
asimétricas (fig. 10.4). Por otra parte, las adenopatías hiliares asimétricas se asocian a
adenopatías mediastínicas en muchos pacientes con linfoma de Hodgkin.
• En general, se considera que los ganglios linfáticos mediastínicos con un tamaño
superior a 1 cm medido en su eje corto en la TC mediastínica están aumentados de
tamaño.
• El linfoma da lugar a la aparición de múltiples masas de partes blandas lobuladas o a
una única masa de partes blandas debido a la agregación de ganglios linfáticos afectados.
• La masa suele tener una densidad homogénea en la TC (fig. 10.5), pero puede ser
heterogénea cuando alcanza un tamaño suficiente como para experimentar necrosis (áreas de
atenuación baja, es decir, más oscuras) o hemorragia (áreas de atenuación alta, es decir, más
blancas).
• Algunos hallazgos del linfoma pueden imitar a los de la sarcoidosis, debido a que ambas
enfermedades cursan con adenopatías torácicas. En la tabla 10.3 se exponen varios puntos clave
para diferenciar las dos enfermedades.
Tabla 10.3
Sarcoidosis Linfoma
• El tejido tímico normal puede ser visible en la TC a lo largo de toda la vida, aunque la
glándula comienza a involucionar a partir de la edad de 20 años.
• Los timomas son neoplasias del epitelio tímico y de los linfocitos. Se observan con mayor
frecuencia en los adultos de mediana edad, generalmente a una edad superior a la de los
pacientes con teratoma. La mayoría de los timomas son benignos.
Puntos importantes
• En la TC, los timomas se manifiestan clásicamente en forma de una masa de contorno liso
o lobulado que se origina en la proximidad de la unión entre el corazón y los grandes
vasos y que, al igual que el teratoma, puede contener calcificación (fig. 10.6).
• Otras lesiones que pueden dar lugar a un aumento de tamaño del timo son raras e incluyen los
quistes tímicos, la hiperplasia tímica, el linfoma tímico, el carcinoma y el lipoma.
Fig. 10.6 Timoma, radiografía de tórax y TC. (A) La radiografía torácica muestra una
masa mediastínica anterior con bordes lisos (flecha). (B) La TC con contraste confirma la
localización mediastínica anterior y la densidad homogénea de la masa (flecha). El paciente
presentaba miastenia gravis y mejoró tras la resección quirúrgica del timoma. A, aorta
ascendente; Ao, aorta descendente; AP, arteria pulmonar.
Teratoma
• Los teratomas son tumores germinales que típicamente contienen las tres capas
germinales (ectodermo, mesodermo y endodermo). La mayoría de los teratomas son benignos y
aparecen a edades más tempranas que los timomas. Son habitualmente asintomáticos y se
descubren de manera casual y alrededor del 30% de los teratomas mediastínicos son
malignos y tienen un pronóstico malo.
• La variante más frecuente del teratoma es la quística; este tumor aparece como una masa
bien delimitada cerca del origen de los grandes vasos y en la TC contiene
característicamente grasa, cartílago y posiblemente hueso (fig. 10.7).
Fig. 10.7 Teratoma mediastínico. El teratoma quístico bien delimitado se origina cerca del
origen de los grandes vasos. En la TC, estos tumores contienen característicamente grasa
(flecha negra), cartílago y, en ocasiones, hueso (flecha blanca discontinua). Habitualmente
son benignos, bien encapsulados, con un ribete de realce, como en el de la imagen
(flechas blancas continuas). El tratamiento es la escisión quirúrgica.
Masas en el mediastino medio
Tumores neurogénicos
• A pesar de que los tumores neurogénicos representan el porcentaje más alto de masas en el
mediastino posterior, ninguna de estas lesiones es especialmente frecuente. Entre los tumores
neurogénicos destacan entidades como el neurofibroma, el schwannoma, el
ganglioneuroma y el neuroblastoma.
• Los tumores de las vainas nerviosas (schwannoma) son los más frecuentes y casi
siempre son benignos. Afectan generalmente a personas de 20-50 años, ya que son tumores de
crecimiento lento, y pueden no causar síntomas hasta fases avanzadas de su evolución.
• Los tumores que se originan a partir de elementos nerviosos distintos de las vainas
nerviosas, como los ganglioneuromas y los neuroblastomas, suelen ser malignos.
• Los tumores neurogénicos dan lugar a una masa de partes blandas muy bien delimitada
que se localiza en la gotiera paravertebral (fig. 10.9). Tanto los tumores benignos como los
malignos pueden erosionar las costillas adyacentes. También pueden aumentar el
tamaño de los agujeros de conjunción y producir lesiones con una configuración «en reloj
de arena» que se originan a partir del conducto raquídeo, pero que se proyectan a través de los
agujeros de conjunción hacia el mediastino (fig. 10.10A).
• Los neurofibromas pueden aparecer más frecuentemente como tumores aislados que se
originan a partir de las células de Schwann de las vainas nerviosas o formar parte de un
síndrome denominado neurofibromatosis tipo 1 (NF1). En este último caso, son un
componente de una displasia ósea neurocutánea que puede causar numerosas anomalías, como
nódulos subcutáneos, erosión de huesos adyacentes (muescas costales), festoneado
de la cara posterior de los cuerpos vertebrales (fig. 10.10B), ausencia de las alas del
esfenoides, pseudoartrosis y cifoescoliosis de ángulo agudo en la unión toracolumbar.
Fig. 10.9 Neurofibromatosis. Puede observarse un gran neurofibroma mediastínico
posterior (flechas) en la gotiera paravertebral derecha, en las proyecciones posteroanterior
(A) y lateral (B). Este paciente presentaba el síndrome de neurofibromatosis tipo 1 (NF1).
aLos nódulos sólidos son áreas de aumento de la atenuación (más blancas) bien definidas, <3 cm y de
bPacientes de bajo riesgo: edad joven, antecedentes de tabaquismo escaso o nulo, margen regular del
cPacientes de alto riesgo: edad mayor, tabaquismo intenso, localización en un lóbulo superior, márgenes
dLos nódulos semisólidos son áreas de aumento de la atenuación bien definidas y <3 cm que pueden ser
puramente nódulos en vidrio esmerilado (v. fig. 10.12B) o bien nódulos parcialmente sólidos y
parcialmente en vidrio esmerilado (v. fig. 10.12C).
eLos nódulos en vidrio esmerilado son áreas de mayor atenuación en la TC, bien definidas y <3 cm, en las
que la trama broncovascular está preservada más que obliterada (v. fig. 10.12B).
Tomado de MacMahon H, Naidich DP, Goo JM, et al. Guidelines for Management of Incidental Pulmonary
Nodules Detecte don CT Images: From the Fleischner Society 2017. Radiology 2017;284:228-243.
Fig. 10.13 Carcinoma broncogénico en el lóbulo superior derecho. Hay una masa
espiculada grande en el lóbulo superior derecho (flecha). El tamaño relativamente grande y
los bordes irregulares de esta masa son compatibles con un carcinoma broncogénico. En la
biopsia percutánea se demostró un adenocarcinoma pulmonar.
Fig. 10.14 Granulomas calcificados. Cuando un nódulo pulmonar está intensamente
calcificado, casi siempre es benigno. (A) La calcificación homogénea (flecha) es
frecuente en los granulomas tuberculosos, que son secuelas habituales de una infección
tuberculosa previa, generalmente subclínica. (B) La calcificación laminada (flecha)
también puede apreciarse en los granulomas tuberculosos y son indicativas de un nódulo
benigno. (C) La calcificación en diana, o calcificación central (flecha negra), puede verse
en la histoplasmosis (flecha blanca) y tiene carácter diagnóstico. La TC puede utilizarse
para diferenciar un nódulo pulmonar calcificado de otro no calcificado y su sensibilidad en
este sentido es mayor que la de la radiografía convencional.
Puntos importantes
• Presencia de síntomas clínicos como signo de malignidad. Cuando hay signos o síntomas
clínicos (p. ej., hemoptisis, pérdida de peso, ronquera) aumenta la posibilidad de que el nódulo
pulmonar sea maligno.
• Los NPS extirpados quirúrgicamente de los pacientes que muestran signos o síntomas
clínicos y hallazgos radiológicos que sugieren malignidad son malignos aproximadamente el
50% de las veces en los varones mayores de 50 años.
• La tomografía por emisión de positrones (PET) también puede ser útil para diferenciar los
nódulos benignos de los malignos, al tiempo que ofrece información respecto a la localización de
posibles metástasis. Utilizando un análogo de la glucosa (fluorodesoxiglucosa [FDG]), esta
prueba se fundamenta en la detección de las áreas de incremento del metabolismo y la captación
de la glucosa por parte de las células cancerosas pulmonares. Generalmente, para su
caracterización precisa como «avidez en la PET» (es decir, muy posiblemente malignos), los
nódulos deben tener un tamaño superior a 1 cm (v. Apéndice A «Medicina nuclear»).
• En EE. UU., el cáncer de pulmón es la neoplasia maligna más frecuente y mortal en los
varones y la segunda más frecuente en las mujeres (después del cáncer de mama).
• El número de nódulos en el pulmón es un dato que puede ser útil para dirigir el estudio
diagnóstico. El cáncer pulmonar primario suele aparecer en forma de un nódulo o una masa
solitaria, mientras que las metástasis pulmonares procedentes de otros órganos producen
característicamente nódulos o masas múltiples.
• En la tabla 10.5 se resumen las manifestaciones clásicas y las tendencias de crecimiento de los
cuatro tipos de carcinoma broncogénico según su tipo celular.
• Identificación del carcinoma broncogénico:
• Puede identificarse mediante la visualización del tumor propiamente dicho; es decir, un
nódulo o masa en el pulmón (v. figs. 10.12 y 10.13).
• Puede sospecharse a partir de la identificación de los efectos de obstrucción
bronquial, es decir, neumonitis y/o atelectasia.
• Puede sospecharse por la identificación de los resultados de su extensión directa o de
su diseminación metastásica hacia el pulmón, las costillas u otros órganos.
Tabla 10.5
CUADRO 10.1
Tumor de Pancoast: cáncer pulmonar apical (v. fig. 10.17)
Nódulos múltiples
• Los nódulos pulmonares múltiples son con mayor frecuencia lesiones metastásicas debidas a la
diseminación a través del torrente sanguíneo desde un tumor primario distante (diseminación
hematógena). Los nódulos metastásicos múltiples suelen ser de tamaños ligeramente
diferentes entre sí, lo cual indica que la embolia tumoral ha tenido lugar en momentos
distintos.
• Los nódulos a menudo están bien definidos, variando de tamaño variable entre
micronodular y masas en «bola de cañón» (v. fig. 4.8B).
• En la práctica clínica es imposible determinar la localización del tumor primario en
función del aspecto de los nódulos metastásicos, es decir, los nódulos metastásicos de todos
los tumores tienen un aspecto similar.
Puntos importantes
• El mejor método para determinar el órgano en que se localiza el tumor primario que origina el
nódulo metastásico es la obtención de muestras tisulares mediante una broncoscopia o una
biopsia percutánea.
• En la tabla 10.6 se resumen las neoplasias malignas primarias que metastatizan con mayor
frecuencia en el pulmón por vía hematógena.
Tabla 10.6
Varones Mujeres
Sarcomas Sarcomas
• En la carcinomatosis linfangítica, el tumor crece en los vasos linfáticos del pulmón y los
obstruye, generando un patrón que es radiológicamente similar al del edema intersticial
pulmonar secundario a insuficiencia cardiaca, incluyendo las líneas B de Kerley, el
engrosamiento de las cisuras y los derrames pleurales.
Puntos importantes
• Los hallazgos pueden ser unilaterales o afectar únicamente a un lóbulo, un patrón que
nos debe poner en alerta respecto a la posibilidad de que se trate de una carcinomatosis
linfangítica, más que de un problema de insuficiencia cardiaca congestiva, que generalmente es
bilateral (fig. 10.19).
Fig. 10.19 Carcinoma broncogénico con carcinomatosis linfangítica. Se observa una
adenopatía hiliar y mediastínica extensa (flechas negras continuas) de un carcinoma
pulmonar. La trama intersticial es notoria en el pulmón derecho, en comparación con el
izquierdo, y también se observa un engrosamiento de los tabiques interlobulillares (líneas B
de Kerley) (flechas blancas) y un derrame pleural derecho (flecha negra discontinua). Los
adenocarcinomas son la causa más frecuente de carcinomatosis linfangítica. Se pueden
encontrar células tumorales en los vasos linfáticos y en el líquido pleural.
• Las neoplasias malignas primarias que producen con más frecuencia carcinomatosis
linfangítica son los que se originan en o alrededor del tórax: carcinoma de mama, de
pulmón y de páncreas.
Enfermedad tromboembólica pulmonar (EP)
Fig. 10.20 Joroba de Hampton. Se observa una densidad periférica del espacio aéreo con
forma de cuña (flecha discontinua) asociada a defectos de repleción en las arterias
pulmonares izquierda y derecha (flechas continuas), representando coágulos. El infarto con
forma de cuña se denomina joroba de Hampton. Sin la embolia asociada, la enfermedad
del espacio aéreo periférico tendría un diagnóstico diferencial que incluiría la neumonía, la
contusión pulmonar y la aspiración.
Puntos importantes
• Las bullas, los quistes y las cavidades son lesiones pulmonares que contienen aire y que
presentan diferencias en su tamaño, localización y composición de la pared.
• Casi todas estas lesiones pueden contener líquido además de (o en vez de) aire.
• Generalmente, el líquido se debe a infección, hemorragia o necrosis por licuefacción.
• Cuando estas lesiones están completamente llenas de líquido pueden parecer de una
densidad uniforme en las radiografías convencionales y en la TC, pero suelen mostrar un
número de TC bajo que las diferencia de los tumores sólidos verdaderos.
• Cuando contienen algo de líquido y algo de aire, muestran un nivel hidroaéreo en las
radiografías convencionales (con un haz de rayos X horizontal) (fig. 10.24) o en la TC.
Fig. 10.24 Bullas infectadas. (A) En esta imagen de detalle se observa al menos una bulla
de pared fina y contenido aéreo en el lóbulo superior derecho (flechas). (B) Varias semanas
después, la bulla aparece más pequeña (flecha blanca), pero ahora contiene aire y líquido
(flecha negra). Las bullas aparecen típicamente en las regiones apicales y habitualmente
son asintomáticas en sí mismas. Los pacientes con bullas infectadas suelen encontrarse
menos graves que los pacientes con abscesos pulmonares, una lesión que puede tener un
aspecto similar.
Bullas
Fig. 10.25 Enfermedad por bullas. Radiografía de tórax y TC. (A) Se observan múltiples
densidades curvilíneas en ambos pulmones que corresponden a las paredes de las bullas
(flechas). La trama broncovascular del lóbulo medio izquierdo es escasa (óvalo),
compatible con una enfermedad bullosa. (B) En la imagen de TC se demuestran múltiples
bullas de pared fina (flechas). Característicamente, no contienen vasos sanguíneos, pero
pueden observarse tabiques que atraviesan las bullas. Las bullas pueden crecer
lentamente y se asocian a neumotórax. Si son de gran tamaño y comprometen el resto de
pulmón normal, pueden resecarse quirúrgicamente.
Quistes
Fig. 10.27 Lesiones cavitadas del pulmón. Tres de las lesiones cavitadas más frecuentes
del pulmón pueden diferenciarse entre sí generalmente en función del grosor parietal de la
cavidad y del carácter liso o nodular de su margen interno. (A) El carcinoma
broncogénico epidermoide típicamente produce una cavidad con pared gruesa (flecha
blanca) y un margen interior nodular (flecha negra). (B) La tuberculosis produce una
cavidad de paredes relativamente finas en el lóbulo superior, con un margen interno liso
(flechas). (C) Un absceso pulmonar muestra típicamente una pared engrosada (flecha
blanca), que, en el caso de la imagen, tiene una cavidad con un margen interno liso y un
nivel hidroaéreo (flecha negra).
Cavidades
• Las cavidades muestran un tamaño variable que oscila desde unos pocos milímetros hasta
muchos centímetros. Aparecen en el parénquima pulmonar y por regla general se deben a un
proceso que causa necrosis en la porción central de la lesión.
• Habitualmente, las cavidades son las que tienen la pared más gruesa en el conjunto de las
lesiones que contienen aire, con un grosor parietal que oscila entre 3 mm y varios
centímetros (v. fig. 10.16).
• La diferenciación entre las tres causas más frecuentes de cavidades (carcinoma, absceso
piógeno y tuberculosis) se resume en la tabla 10.7.
Tabla 10.7
• Las bronquiectasias se definen por una dilatación irreversible y localizada de parte del
árbol bronquial. Aunque pueden asociarse a otras muchas enfermedades, generalmente se
deben a infecciones bacterianas necrosantes, como las causadas por Staphylococcus y
Klebsiella, y suelen afectar a los lóbulos inferiores.
• Las bronquiectasias también pueden aparecer en la fibrosis quística, la discinesia ciliar primaria
(síndrome de Kartagener), la aspergilosis broncopulmonar alérgica y el síndrome de Swyer-
James (pulmón hiperclaro unilateral).
• Desde el punto de vista clínico, la tos productiva crónica asociada con frecuencia a
hemoptisis, son los síntomas más frecuentes.
• Las radiografías convencionales pueden mostrar hallazgos sugestivos de la enfermedad,
pero generalmente son inespecíficas.
• Los hallazgos son los siguientes: opacidades con líneas paralelas (patrón «en vías
de tranvía») debido al engrosamiento de las paredes de los bronquios dilatados;
lesiones quísticas con un diámetro de hasta 2 cm, debidas a bronquiectasias
quísticas, y densidades tubulares secundarias a que los bronquios están llenos de
líquido (fig. 10.28).
• La TC es la modalidad de elección para el diagnóstico de las bronquiectasias.
• La lesión clave en la TC es el signo del anillo de sello, en el que el bronquio, que
a menudo muestra un engrosamiento parietal, alcanza un calibre mayor que el de
la arteria pulmonar asociada, lo cual es la situación inversa a la relación normal
existente entre ambas estructuras. El bronquio también puede mostrar una incapacidad
para lograr la disminución progresiva de calibre que se observa normalmente (fig.
10.29).
Fig. 10.28 Bronquiectasias en la fibrosis quística. Las radiografías convencionales
pueden mostrar opacidades con un patrón de líneas paralelas denominado «en vías de
tranvía», debido al engrosamiento de las paredes de los bronquios dilatados (flechas
continuas). Las bronquiectasias bilaterales y progresivas en el lóbulo superior en los niños
son muy sugestivas de fibrosis quística, una enfermedad autosómica recesiva segundaria a
una disfunción de las glándulas exocrinas. Los hilios pueden ser sobresalientes, bien por la
presencia de adenopatías hiliares, o bien debido a hipertensión arterial pulmonar (flechas
discontinuas).
Fig. 10.29 Bronquiectasias, TC. (A) El signo clave en las bronquiectasias es el
denominado signo del anillo de sello, en el que el bronquio, con un engrosamiento
parietal (flecha continua), adquiere un calibre mayor que el de su arteria pulmonar asociada
(flecha discontinua). (B) Los bronquios también pueden presentar una imagen con patrón
«en vías de tranvía», con engrosamiento parietal y sin la disminución progresiva del
calibre que se observa normalmente (flechas). La ausencia de la disminución progresiva
normal del calibre de los bronquios es uno de los signos más sensibles en la TC. Las
bronquiectasias tubulares o cilíndricas, como en este caso, son la forma menos grave de
los diferentes tipos de bronquiectasias.
Hay una masa de partes blandas en el vértice del pulmón izquierdo (flechas) asociada a destrucción de la
2.ª y la 3.ª costillas izquierdas (círculo negro) compatible con un tumor de Pancoast del pulmón. (Compare
las costillas en el círculo negro con las costillas normales en el círculo blanco.) Los hallazgos oculares pueden
explicarse por la afectación de la cadena simpática cervical (síndrome de Horner) y el dolor del hombro por la
invasión del plexo braquial. Rn general, los tumores de Pancoast tienen un pronóstico relativamente malo, en
parte por su proximidad a estas estructuras críticas.
Puntos clave
• El mediastino se localiza en la porción central del tórax, entre los dos pulmones; se divide
arbitrariamente en los compartimentos anterior, medio y posterior, basándose en la
radiografía de tórax. Una clasificación basada en imágenes transversales divide al mediastino en
los compartimentos prevascular, visceral y paravertebral.
• Las masas localizadas en el mediastino anterior pueden ser bocios tiroideos subesternales,
linfoma, timoma y teratoma.
• El mediastino medio constituye el asiento principalmente de linfadenopatías por linfoma y por
enfermedad metastásica, como, por ejemplo, el carcinoma pulmonar de células pequeñas.
• El mediastino posterior es la localización de los tumores neurogénicos que se originan a
partir de las vainas nerviosas (generalmente son benignos) o de otros tejidos distintos de las
vainas (generalmente son malignos).
• Los nódulos pulmonares solitarios (NPS) que se detectan de forma accidental con un
tamaño menor de 6 mm no suelen ser malignos; en los casos en los que los datos clínicos o los
hallazgos de imagen sugieren malignidad, aproximadamente el 50% de estos nódulos en las
personas mayores de 50 años tienen un carácter maligno. La cuestión clave que hay que
determinar es si un nódulo detectado en un paciente concreto tiene una mayor probabilidad de
ser benigno o maligno.
• Los criterios para la evaluación de la benignidad son el tamaño absoluto del nódulo cuando se
ha descubierto, la presencia de calcificación en su interior, las características de los márgenes
del nódulo y los cambios en el tamaño del nódulo con el paso del tiempo.
• Se han desarrollado guías clínicas con criterios basados en pruebas para ayudar a determinar la
frecuencia y el método de seguimiento del creciente número de NPS detectados
accidentalmente en estudios de TC, así como para optimizar el papel de futuras intervenciones
diagnósticas.
• Los carcinomas broncogénicos pueden aparecer de tres maneras: visualización del propio
tumor; identificación de los efectos de la obstrucción bronquial, como neumonitis y/o atelectasia,
e identificación de los resultados de la extensión directa o la diseminación metastásica del tumor
hacia el tórax o hacia órganos distantes.
• Los carcinomas broncogénicos que aparecen en forma de nódulo o masa solitarios en el pulmón
son con mayor frecuencia adenocarcinomas; los adenocarcinomas de pulmón pueden
presentarse en forma de nódulos múltiples que simulan una enfermedad metastásica.
• El carcinoma broncogénico que se manifiesta con obstrucción bronquial es con mayor frecuencia
el carcinoma epidermoide, que también es el carcinoma pulmonar con una mayor tendencia a
la cavitación.
• El carcinoma de células pequeñas es un tumor peribronquial de localización central y
sumamente agresivo; la mayoría de estos tumores ya han dado lugar a metástasis en el momento
de presentación de los síntomas y estos tumores pueden asociarse a síndromes paraneoplásicos,
como el de secreción inadecuada de la hormona antidiurética o el síndrome de Cushing.
• Los cuadros de nódulos múltiples en los pulmones corresponden con mayor frecuencia a
lesiones metastásicas que alcanzan los pulmones a través del torrente sanguíneo desde un
tumor primario distante (diseminación hematógena); las localizaciones más frecuentes de los
tumores primarios que producen dichas metástasis son los carcinomas de colon y recto, de
mama, de riñón, de cabeza y cuello, de vejiga, de útero y cuello uterino, sarcomas de partes
blandas y el melanoma.
• En la carcinomatosis linfangítica, el tumor crece en los vasos linfáticos pulmonares y los
obstruye, dando lugar a un patrón que es radiológicamente similar al del edema intersticial
pulmonar de la insuficiencia cardiaca; los tumores malignos primarios que metastatizan en los
pulmones de esta manera son los de mama, pulmón y páncreas.
• La radiografía convencional muestra una tasa elevada de resultados falsos negativos en la
enfermedad tromboembólica pulmonar, debido a la demostración de los hallazgos «clásicos»,
como la joroba de Hampton, el signo de Westermark y el signo del nudillo.
• Hoy en día, la angiografía pulmonar por TC se utiliza con mucha frecuencia para el
diagnóstico de la embolia pulmonar, porque permite obtener imágenes de las arterias pulmonares
con un artefacto por movimiento escaso o nulo.
• La enfermedad pulmonar obstructiva crónica consta de enfisema y bronquitis crónica; de
estas dos, la bronquitis crónica es un diagnóstico clínico, mientras que el enfisema se define
anatomopatológicamente y cursa con hallazgos que se visualizan en las radiografías
convencionales y en la TC.
• Las bullas, los quistes y las cavidades son lesiones pulmonares que contienen aire y que
varían en su tamaño, localización y composición parietal; las bullas, los quistes y las cavidades se
visualizan en la TC y también pueden observarse en las radiografías convencionales.
• Aunque las bronquiectasias pueden detectarse en las radiografías convencionales, la
modalidad de elección es la TC; en la TC pueden identificarse el signo del anillo de sello,
imágenes «en vías de tranvía», lesiones quísticas y densidades tubulares.
Este capítulo trata sobre cómo efectuar una valoración del tamaño del corazón; después describiremos los
contornos normales y anormales del corazón en la radiografía posteroanterior (PA) y, finalmente, ilustraremos
algunos de los hallazgos en la imagen que se observan en las cardiopatías más habituales.
Esta mujer de 47 años con antecedentes de lupus eritematoso sistémico acudió con molestias torácicas y
ruidos cardiacos amortiguados. ¿Cuál es el diagnóstico más probable basándose en el aspecto de esta
radiografía de tórax? Véase la respuesta al final del capítulo.
Identificación del aumento de tamaño de la silueta cardiaca
• El tamaño de la silueta cardiaca («sombra cardiaca») puede estar aumentado debido a tres
razones principales (expuestas en el orden en el que serán descritas, no por frecuencia de
aparición):
• Derrame pericárdico, que puede simular el aspecto de la cardiomegalia en las
radiografías convencionales.
• Factores extracardiacos que originan un aparente aumento de tamaño del corazón.
• Y el factor más importante, el aumento verdadero del tamaño del corazón
(cardiomegalia).
Derrame pericárdico
• Normalmente, en el espacio pericárdico que queda entre las capas parietal y visceral del
pericardio hay entre 15 y 50 cm3 de líquido. Las acumulaciones anómalas de líquido se inician en
las porciones más dependientes del espacio pericárdico, es decir, que cuando el paciente
está en decúbito supino, corresponden a la zona que queda por detrás del ventrículo
izquierdo (fig. 11.1A). A medida que el derrame pericárdico aumenta de volumen, tiende a
acumularse a lo largo del borde cardiaco derecho, hasta que llena el espacio pericárdico y
rodea a todo el corazón (fig. 11.1B).
• La TC puede mostrar los derrames pericárdicos pequeños, aunque la ecografía pericárdica suele
ser la modalidad de imagen de elección. Las radiografías convencionales no son adecuadas para
definir el derrame pericárdico.
• Algunas de las causas de derrame pericárdico se muestran en el cuadro 11.1.
Fig. 11.1 Derrames pericárdicos, pequeños y grandes. (A) Hay líquido en el espacio
pericárdico posterior al corazón (flecha) en esta TC sin contraste de la parte inferior del
tórax. (B) En otro paciente, después de la inyección de contraste que opacifica el corazón,
se observa que un derrame pericárdico más voluminoso rodea al corazón (flechas). Las
radiografías torácicas convencionales pueden mostrar el aumento de tamaño de la silueta
cardiaca, pero no permiten diferenciar la densidad de partes blandas del corazón de la
densidad líquida del derrame.
CUADRO 11.1
Causas de derrame pericárdico
• A veces, hay una causa extracardiaca de aumento aparente del tamaño del corazón en la
radiografía convencional que puede conducir a que el índice cardiotorácico (v. fig. 3.1) sea mayor
del 50%, mientras que el corazón propiamente puede tener realmente un tamaño
normal.
• Las causas extracardiacas de cardiomegalia aparente se recogen en la tabla 11.1. La causa más
habitual de cardiomegalia aparente es la magnificación del corazón generada por la proyección,
generalmente en un paciente en decúbito supino en el que se practica un estudio radiológico
torácico anteroposterior (AP) con un dispositivo portátil.
Tabla 11.1
• ¿Es posible estimar el tamaño del corazón en una radiografía torácica obtenida con un
dispositivo portátil? La respuesta es «sí». Una buena regla general: si el tamaño del corazón
parece estar aumentado en una radiografía torácica obtenida con un dispositivo portátil y
con el paciente en inspiración profunda, posiblemente esté aumentado de tamaño (tabla
11.2 y fig. 11.2).
Fig. 11.2 Cardiomegalia en una radiografía obtenida con un dispositivo portátil. (A) El
corazón no se encuentra aumentado de tamaño si supone aproximadamente un 50% del
índice cardiotorácico (relación entre la longitud de la flecha doble continua y la flecha doble
discontinua). (B) El corazón (flecha discontinua) se encuentra aumentado de tamaño
cuando está tocando o casi tocando la pared torácica lateral (flecha continua).
Tabla 11.2
Tabla 11.3
• En esta sección vamos a estudiar con mayor detalle algunas enfermedades. La mayoría
producen anomalías del tamaño y del contorno del corazón y los grandes vasos. Las
enfermedades que se estudiarán aquí son:
• Insuficiencia cardiaca congestiva (ICC) y edema pulmonar.
• Edema pulmonar cardiogénico y no cardiogénico.
• Enfermedad cardiovascular hipertensiva.
• Estenosis mitral.
• Hipertensión arterial pulmonar.
• Estenosis aórtica.
• Miocardiopatía.
• Aneurisma de la aorta torácica y disección aórtica.
• Coronariopatía.
• La incidencia de la ICC se ha incrementado con rapidez a lo largo de las dos últimas décadas y
es uno de los diagnósticos más frecuentes en los pacientes hospitalizados mayores de 65 años.
• Causas de ICC:
• En EE. UU., las dos causas más frecuentes de ICC son la coronariopatía y la
hipertensión.
• Otras causas de ICC:
• Miocardiopatía, como, por ejemplo, la secundaria a alcoholismo crónico.
• Valvulopatías, como la estenosis aórtica y la estenosis mitral.
• Arritmias.
• Hipertiroidismo.
• Anemia grave.
• Cortocircuitos de izquierda a derecha.
• Característicamente, la ICC se manifiesta con uno de estos dos patrones radiográficos:
edema intersticial pulmonar o edema alveolar pulmonar. No siempre aparecen todas las
características de cada uno de estos patrones y a menudo se solapan.
• Los cuatro signos radiográficos clave del edema intersticial pulmonar son:
• Engrosamiento de los tabiques interlobulillares.
• Engrosamiento peribronquial.
• Presencia de líquido en las cisuras.
• Derrame pleural.
• Los tabiques interlobulillares no son detectables en una radiografía torácica normal, pero
pueden visualizarse si en su interior se acumula una cantidad excesiva de líquido, generalmente
con una presión de enclavamiento capilar pulmonar (venosa) de aproximadamente 15 mmHg.
Los tabiques engrosados se denominan líneas septales o líneas B de Kerley (en referencia a
Peter James Kerley, neurólogo y radiólogo irlandés).
• Identificación de las líneas B de Kerley:
• Las líneas B de Kerley existen realmente. Son visibles en la radiografía PA, generalmente
en las bases pulmonares, en los ángulos costofrénicos o en su proximidad.
• Son muy cortas (1-2 cm de longitud), muy finas (aproximadamente 1 mm) y tienen
una orientación horizontal, es decir, son perpendiculares a la superficie pleural.
• Generalmente se extienden hasta la superficie pleural, con la que contactan (fig.
11.4).
• Tras episodios repetidos de edema intersticial pulmonar, las líneas septales pueden
experimentar fibrosis y, por tanto, permanecer, incluso después de que se
resuelvan los demás signos del edema intersticial pulmonar. Estas se denominan
líneas B de Kerley crónicas y pueden estar presentes, incluso en pacientes que no
muestran clínicamente insuficiencia congestiva.
• Líneas A de Kerley:
• Kerley dio nombre a otras líneas distintas de las líneas «B» que se observan en la ICC.
• Las líneas A de Kerley aparecen cuando el tejido conjuntivo que rodea los manguitos
broncovasculares pulmonares en el pulmón se distiende debido a la presencia de líquido.
Las líneas A de Kerley se extienden desde los hilios a lo largo de varios
centímetros, pero no alcanzan la periferia del pulmón, como ocurre con las líneas B
(fig. 11.5).
• Una vez que comenzó, Kerley también describió las líneas «C», pero hay ciertas dudas de
que existan como entidades separadas.
Fig. 11.4 Líneas B de Kerley. Se observan numerosas líneas blancas, finas, horizontales
en la base pulmonar contactando con la superficie pleural (óvalo). Los tabiques
interlobulillares no son visibles en una radiografía torácica normal.
Fig. 11.5 Líneas A de Kerley. Las líneas A de Kerley son unas líneas blancas entrelazadas
que se extienden desde los hilios (flechas), pero sin llegar a la pared torácica. Son más
largas que las líneas B de Kerley. En los pacientes con insuficiencia cardiaca congestiva
puede observarse una trama de líneas de Kerley en los pulmones generando la
«prominencia de la trama intersticial pulmonar» descrita en esta enfermedad.
Engrosamiento peribronquial
Derrame pleural
• En el espacio pleural puede acumularse una cantidad de líquido superior a la habitual de 2-5 ml
como consecuencia del incremento en la producción o de la disminución en la absorción del
líquido pleural, típicamente con una presión de enclavamiento pulmonar capilar de unos 20
mmHg.
• Los derrames pleurales que acompañan a la ICC suelen ser bilaterales, pero pueden
ser asimétricos (fig. 11.8).
• Cuando son unilaterales, se localizan casi siempre en el lado derecho.
Fig. 11.8 Derrames pleurales en la insuficiencia cardiaca congestiva (ICC). Hay
derrames pleurales bilaterales (flechas). En la ICC (flecha blanca) es habitual que el
derrame pleural derecho sea ligeramente más voluminoso que el izquierdo (flecha negra).
No es habitual que en la ICC exista solo un derrame pleural izquierdo voluminoso, un
hallazgo que podría conducir a una rápida investigación de otras posibles causas del
derrame, como tuberculosis y neoplasias malignas. Este paciente padecía una ICC.
Puntos importantes
• En aproximadamente el 15% de los casos, los derrames pleurales de la ICC pueden ser
unilaterales y se localizan en el lado izquierdo, pero si observamos un derrame pleural unilateral
izquierdo, tenemos que considerar otras causas distintas de la ICC, como metástasis, tuberculosis
o la enfermedad tromboembólica pulmonar.
CUADRO 11.2
Cuatro hallazgos clave en el edema intersticial pulmonar
CUADRO 11.3
Hallazgos clave en el edema alveolar pulmonar
Fig. 11.11 Edema pulmonar con resolución rápida. (A) Este paciente presenta una
enfermedad del espacio aéreo bilateral y perihiliar compatible con edema pulmonar. (B)
Cuatro días después, los pulmones están limpios. Los pacientes con síndrome de dificultad
respiratoria aguda no suelen mostrar una resolución tan rápida, y tampoco los pacientes
con enfermedades coexistentes, como insuficiencia renal, insuficiencia hepática o una
neumonía superpuesta.
• Aunque la ICC es la causa de la mayoría de los casos de edema pulmonar (es decir, edema
pulmonar cardiogénico), hay otras causas no cardiogénicas de edema pulmonar.
• Entre las causas del edema pulmonar no cardiogénico hay un grupo diverso de enfermedades:
• Aumento de la permeabilidad capilar, que incluye las diversas causas del
síndrome de dificultad respiratoria aguda (del adulto) o SDRA como, por
ejemplo:
• Sepsis.
• Uremia.
• Coagulopatía intravascular diseminada.
• Inhalación de humo.
• Casi ahogamiento.
• Sobrecarga de volumen.
• Carcinomatosis linfangítica.
• Otras causas de edema pulmonar no cardiogénico pueden ser las siguientes:
• Edema pulmonar por altitud elevada.
• Edema pulmonar neurogénico.
• Edema pulmonar por reexpansión (fig. 11.12).
• Sobredosis de heroína o de otras sustancias (p. ej., cocaína crack).
Fig. 11.12 Edema pulmonar por reexpansión. La enfermedad del espacio aéreo unilateral
afecta a todo el pulmón derecho (flecha continua). Además, en el mismo lado se observa
un tubo de tórax (flecha discontinua). El edema pulmonar por reexpansión se debe a la
expansión excesivamente rápida de un pulmón que, en general, ha experimentado un
colapso crónico debido a un neumotórax o a un derrame pleural voluminoso (como en el
caso de este paciente). Se desconoce cuál es su causa exacta. El edema pulmonar
unilateral puede deberse a otras causas, como una anomalía en el mismo lado como el
edema pulmonar (p. ej., mantenimiento prolongado de la posición con el lado afectado en la
parte declive) o una anomalía en el lado opuesto (p. ej., un émbolo pulmonar grande que
interrumpe el flujo sanguíneo en el pulmón contralateral).
Puntos importantes
• En la mayoría de los casos (90%) se trata de una hipertensión esencial sin una causa
identificable. La complicaciones frecuentes en la hipertensión son la insuficiencia cardiaca, la
coronariopatía y las arritmias cardiacas.
• La hipertensión sistémica puede dar lugar a hipertrofia ventricular izquierda en cerca del 20%
de los pacientes y con una frecuencia dos veces superior si el paciente es obeso. Se produce a
expensas de la luz de la cavidad, la pared aumenta de grosor mientras disminuye el tamaño de la
luz. Por tanto, en las fases iniciales de la enfermedad, el corazón suele tener un tamaño
normal o este puede estar solo ligeramente aumentado, especialmente en las radiografías
convencionales. Hasta que el músculo empieza a descompensarse no aumenta el tamaño del
corazón de forma espectacular (fig. 11.14).
• La aorta, sometida a una presión sistémica elevada, gira hacia el exterior alrededor de dos
puntos de anclaje: la válvula aórtica y el hiato aórtico en el diafragma, de manera que se
desenrolla gradualmente y se vuelve más notoria en sus porciones ascendente y
descendente (v. fig. 3.3).
• La hipertensión sistémica prolongada puede conducir a la larga a ICC.
Estenosis mitral
Fig. 11.15 Estenosis mitral. La imagen corresponde a una TC cardiaca axial con
contraste. La aurícula izquierda (AI) se encuentra aumentada de tamaño en este paciente
debido a la estenosis de la válvula mitral. Con el tiempo, el aumento de presión en la
aurícula izquierda se transmite retrógradamente a través de la circulación arterial y venosa
pulmonar. AD, aurícula derecha; Ao, aorta.
Fig. 11.16 Estenosis mitral crónica con insuficiencia tricuspídea. El corazón está
aumentado de tamaño (flecha negra doble). La aurícula y la orejuela izquierda están
notablemente aumentadas de tamaño (flecha blanca discontinua). Debido al incremento de
la resistencia vascular pulmonar y a la hipertensión arterial pulmonar subsiguiente, el
corazón derecho ha desarrollado una insuficiencia tricuspídea con gran aumento de
tamaño de la aurícula derecha (flecha blanca continua).
Estenosis aórtica
Fig. 11.18 Estenosis aórtica. (A) Hay una dilatación postestenótica aislada de la aorta
ascendente (flecha blanca continua). La aorta ascendente normalmente no debería
proyectarse en el lado derecho más allá del borde cardiaco derecho (flecha negra).
Obsérvese que el corazón no se encuentra aumentado de tamaño y que la aorta
descendente (flecha blanca discontinua) presenta un aspecto normal. (B) En esta TC
cardiaca axial sin contraste se observa una calcificación densa de la válvula aórtica (flecha
negra) y un engrosamiento importante de la pared ventricular izquierda (flechas blancas
dobles) debido a hipertrofia. VI, luz del ventrículo izquierdo.
Miocardiopatía
Miocardiopatía dilatada
• La MCH puede ser familiar en el 50% de los casos, se hereda normalmente con carácter
autosómico dominante y su penetrancia es variable. Es la causa más importante de muerte
súbita cardiaca en los niños preadolescentes y en los adolescentes y se ha implicado en las
muertes súbitas inesperadas por arritmias ventriculares tanto de deportistas aficionados como
profesionales. Su anomalía principal es un engrosamiento asimétrico o concéntrico del
miocardio del ventrículo izquierdo (fig. 11.20).
• En la mayoría de los pacientes que la manifiestan clínicamente, puede asociarse a obstrucción
del flujo de salida del ventrículo izquierdo (denominada también miocardiopatía
obstructiva hipertrófica o MCOH) que puede deberse a la movilidad anterior sistólica
(MAS) del velo anterior de la valva válvula mitral.
• La movilidad anterior sistólica de la válvula mitral se refiere al movimiento
paradójico del velo anterior (a veces posterior) de la válvula mitral hacia el infundíbulo
de salida del ventrículo izquierdo obstruyendo la salida desde el ventrículo izquierdo a
la aorta durante la sístole.
• La MCH puede diagnosticarse mediante una ecocardiografía o mediante una RM cardiaca
sincronizada con ECG, en la que es posible demostrar la hipertrofia de la pared del ventrículo
izquierdo. Puede haber una hipertrofia asimétrica del tabique ventricular, pero puede
apreciarse hipertrofia de cualquier parte de la pared del ventrículo izquierdo, ya sea concéntrica o
asimétrica.
Fig. 11.20 Miocardiopatía hipertrófica, RM. Hay un engrosamiento notable del miocardio
del ventrículo izquierdo (VI) (flechas blancas dobles) en esta reconstrucción coronal de una
imagen de resonancia magnética cardiaca de sangre brillante (flecha negra). Las tasas de
mortalidad global derivadas de la enfermedad han disminuido y es compatible con una
longevidad normal en la mayoría de los pacientes. Mientras que la mayoría de los
pacientes con MCH están asintomáticos, la primera manifestación clínica de la enfermedad
en algunos individuos puede ser un incidente cardiaco súbito catastrófico, en la mayoría de
los casos por taquicardia o fibrilación ventricular.(Por cortesía de Adam Guttentag, MD,
Vanderbilt University Department of Radiology, Nashville, Tenn.)
Miocardiopatía restrictiva
• Los aneurismas se definen por un aumento del calibre de un vaso sanguíneo mayor de
un 50% de su calibre original. La aterosclerosis es la causa más frecuente del aneurisma
aórtico torácico descendente. La mayoría de los pacientes con aneurismas aórticos también
presentan hipertensión.
• De los pacientes con aneurismas, la mayoría están asintomáticos, y el aneurisma se descubre
por casualidad. Cuando se expande un aneurisma de la aorta torácica descendente, puede
producirse un cuadro doloroso que, clásicamente, aunque no siempre, se irradia hacia la espalda.
• En las mediciones tomadas con imágenes de TC o RM, la aorta ascendente normalmente
tiene un diámetro inferior a 3,5 cm y la aorta descendente es menor de 3 cm.
• El aneurisma de la aorta torácica se define generalmente por un aumento de calibre
persistente superior a 4 cm.
• En general, los aneurismas de 5-6 cm muestran riesgo de rotura y deben tratarse
quirúrgicamente. El ritmo de crecimiento de un aneurisma también es importante a la hora de
determinar la necesidad de una intervención quirúrgica de reparación. El ritmo de crecimiento
anual del aneurisma debe ser inferior a 1 cm; en los casos en los que es superior hay que
considerar su resección quirúrgica programada.
Fig. 11.23 Aneurisma aórtico, radiografía torácica convencional y TC. (A) La imagen de
detalle de una radiografía torácica posteroanterior muestra una gran masa mediastínica con
densidad de partes blandas (flecha). Esta densidad de partes blandas corresponde a un
aneurisma grande localizado en la aorta descendente proximal, que también se observa en
la TC (B). El aneurisma medía 6,7 cm, lo que hacía que su riesgo de rotura fuera
significativo. Es frecuente la calcificación en la pared de un aneurisma (flecha blanca
discontinua). El material de contraste se mezcla con la sangre existente en el interior de la
luz de la aorta (flecha blanca continua), pero la sangre está separada de la calcificación de
la íntima por un trombo de tamaño considerable que no contiene contraste y que está
adherido a la pared (flecha negra).
Puntos importantes
Coronariopatía
La silueta cardiaca es sumamente sugestiva del aspecto en matraz o en botella de agua observado en
los derrames pericárdicos. Esta paciente tenía un derrame pericárdico muy voluminosos secundario a su lupus
conocido. Obsérvese cómo ha aumentado el tamaño de la silueta cardiaca con un tamaño
desproporcionadamente más ancho en la parte baja (flecha negra doble) que en la alta (flechas blancas), otro
hallazgo sugestivo de un derrame pericárdico voluminoso.
Puntos clave
• En los adultos es posible realizar una valoración rápida del tamaño del corazón mediante el
índice cardiotorácico, que es la proporción entre el diámetro transverso mayor del corazón y el
diámetro interno mayor de la parrilla costal. En el adulto normal, el índice cardiotorácico suele ser
inferior al 50%.
• Existen causas extracardiacas que pueden hacer que el corazón parezca tener un tamaño
mayor, incluso en situaciones en las que dicho tamaño es en realidad normal, como los estudios
AP efectuados con dispositivos portátiles, factores que impiden la inspiración profunda, anomalías
del tórax óseo y la presencia de derrame pericárdico.
• El corazón aparece con un tamaño ligeramente mayor en la proyección AP que en la
proyección PA del tórax, debido a que el corazón está más cerca de la superficie de obtención de
la imagen en la proyección PA.
• En la proyección lateral, el corazón no suele extenderse en dirección posterior hasta
superponerse con la columna, a menos que esté aumentado de tamaño o exista un derrame
pericárdico.
• Dos patrones importantes de la insuficiencia cardiaca congestiva (ICC) son el edema intersticial
pulmonar y el edema alveolar pulmonar.
• Los cuatro elementos clave del edema intersticial pulmonar son el engrosamiento de los
tabiques interlobulillares, el engrosamiento peribronquial, la presencia de líquido en las cisuras y
los derrames pleurales.
• Los hallazgos clave en el edema alveolar pulmonar son las densidades algodonosas, mal
delimitadas y parcheadas en el espacio aéreo; la configuración «en alas de mariposa» o en «alas
de murciélago», a menudo sin afectación del tercio externo de los pulmones; y los derrames
pleurales, especialmente en el caso del edema pulmonar cardiogénico.
• Las causas del edema pulmonar pueden clasificarse en dos categorías principales: cardiogénicas
y no cardiogénicas.
• El edema pulmonar cardiogénico tiene más probabilidades de manifestar derrames
pleurales, líneas B de Kerley, cardiomegalia y elevación de la presión de enclavamiento capilar
pulmonar que un paciente con edema pulmonar no cardiogénico.
• Las causas no cardiogénicas del edema pulmonar constituyen un grupo diverso de
enfermedades, como uremia, coagulopatía intravascular diseminada, inhalación de humo, casi
ahogamiento y sobrecarga de volumen.
• El síndrome de dificultad respiratoria aguda puede considerarse un subconjunto dentro del
grupo del edema pulmonar no cardiogénico; su cuadro clínico consiste en hipoxia grave, cianosis,
taquipnea y disnea.
• La hipertensión esencial es una enfermedad frecuente que da lugar a ICC, coronariopatía y
arritmias cardiacas.
• La incidencia de la estenosis mitral ha disminuido gracias al tratamiento antibiótico de la
fiebre reumática, pero puede causar una insuficiencia cardiaca inicialmente izquierda y más
adelante derecha, a través de la elevación crónica de las presiones venosas y arteriales
pulmonares, con incremento de la resistencia vascular pulmonar.
• La hipertensión arterial pulmonar puede ser idiopática (primaria) o secundaria a enfisema o
a enfermedad tromboembólica recurrente. Produce la aparición de imágenes de «poda» en la
vasculatura pulmonar y puede sospecharse cuando la arteria pulmonar principal alcanza un
diámetro de 3 cm o más en la TC o la RM.
• La estenosis aórtica en el anciano es con mayor frecuencia secundaria a la degeneración de
una válvula aórtica tricúspide y puede producir angina, síncope y/o ICC. La aorta ascendente
puede ser notoria a causa de la dilatación postestenótica.
• Las miocardiopatías se clasifican en varias categorías, siendo las más frecuentes las formas
dilatada, hipertrófica y restrictiva. La miocardiopatía restrictiva debe diferenciarse de la pericarditis
constrictiva, con la que comparte hallazgos clínicos.
• Los aneurismas aórticos pueden ser saculares o fusiformes, y también disecantes. La mayoría
de las disecciones de la aorta torácica se inician en la aorta ascendente (tipo A de Stanford) y se
tratan quirúrgicamente.
• La coronariopatía es la causa principal de muerte en todo el mundo. Sus secuelas pueden
detectarse en los estudios de imagen mediante diversas modalidades, como la TC, la RM y la
SPECT.
Vídeo 11.1
12
Identificación del abdomen normal y de la pelvis:
radiografías convencionales
Aunque la mayor parte de los estudios de imagen del abdomen se llevan a cabo mediante TC, ecografía o
RM, en muchos pacientes todavía se solicitan radiografías convencionales («radiografías simples») del
abdomen como primer paso antes de efectuar otros estudios o como método de seguimiento de los
hallazgos detectados con otras modalidades. Muchos de los fundamentos que guían la interpretación de las
radiografías convencionales también se aplican a la TC, la RM y la ecografía.
• Para reconocer los hallazgos anómalos en las radiografías convencionales del abdomen, debe
familiarizarse en primer lugar con los aspectos normales.
Aspectos que hay que valorar
• La práctica totalidad del gas existente en el intestino procede del aire deglutido. Solamente una
pequeña proporción procede de la fermentación de los alimentos por parte de las bacterias. Para
los propósitos de este capítulo, los términos gas y aire se utilizan de manera indistinta para
referirse al contenido intestinal.
• Las asas intestinales que contienen una cantidad suficiente de aire como para llenar sus luces
están distendidas. La distensión del intestino es normal.
• Las asas intestinales llenas con una cantidad de aire que hace que su tamaño sea superior al
normal están dilatadas. La dilatación del intestino es anormal.
• Estómago:
• Casi siempre hay aire en el estómago, a menos que:
• El paciente haya vomitado recientemente, o
• Haya una sonda nasogástrica colocada en el estómago y conectada al dispositivo de
aspiración.
• Intestino delgado:
• Generalmente se observa una cantidad pequeña de aire en aproximadamente dos o
tres asas del intestino delgado no dilatado (fig. 12.1).
• El diámetro normal del intestino delgado es menor de 2,5 cm, que supone
aproximadamente 1 pulgada o el diámetro de una moneda de un cuarto de dólar de EE.
UU.
• Intestino grueso:
• Casi siempre hay aire en el recto o en el colon sigmoide. También puede haber
cantidades variables de gas en el resto del colon (fig. 12.2).
• Puede aplicarse la regla siguiente para determinar si el intestino grueso está dilatado o
no:
• El intestino grueso puede estar distendido normalmente hasta un tamaño
igual al que alcanza en el estudio con enema de bario. Para hacernos una idea
de este tamaño, podemos evaluar la figura 12.3.
• Las heces pueden reconocerse por múltiples burbujas pequeñas de gas
presentes en el interior de una masa con densidad de partes blandas de aspecto
semisólido. La identificación de las heces sirve ayuda localizar el intestino grueso (fig.
12.4).
Fig. 12.1 Abdomen normal en decúbito supino. Esta es la radiografía de exploración (o
scout) del abdomen en decúbito supino, que ofrece una idea general acerca del patrón del
gas intestinal y permite detectar la presencia de calcificaciones anómalas y
organomegalias. Normalmente se observa aire en el estómago (flecha negra continua), en
dos o tres asas del intestino delgado no dilatado (flecha blanca continua) y en el colon
rectosigmoide (flecha negra discontinua). En función de la cantidad de grasa que rodea a
las estructuras viscerales, pueden visualizarse parcialmente los bordes de dichos órganos
en las radiografías convencionales, como los músculos psoas en esta imagen (flechas
blancas discontinuas).
Fig. 12.2 Abdomen normal en decúbito prono. En la posición de decúbito prono, las
partes más altas del intestino grueso son los segmentos ascendente y descendente del
colon (flechas blancas), así como el colon rectosigmoide (todos ellos estructuras
posteriores), por lo que es muy probable que contengan aire. Se observa aire en el
segmento rectosigmoide con forma de «S» (flecha negra).
Fig. 12.3 Distensión colónica normal. Para ilustrar el tamaño aproximado de un colon
normal en una radiografía simple se muestra el colon en este enema de bario con contraste
de aire. La totalidad del colon no contiene este volumen de aire en una radiografía
convencional. Este paciente se había sometido a un estudio de enema con doble
contraste de bario, en el que se introdujo tanto aire como bario como agentes de
contraste. La combinación facilita una visualización excelente de la superficie mucosa del
colon. CA, colon ascendente; CD, colon descendente; CT, colon transverso.
Fig. 12.4 Aspecto de las heces. Las heces contienen múltiples burbujas pequeñas de gas
mezcladas con una densidad de partes blandas (óvalo), como se observan aquí en el colon
ascendente. Las heces indican la localización del intestino grueso y pueden facilitar la
identificación de las asas intestinales individuales en las radiografías convencionales.
Puntos importantes
• Las personas que degluten cantidades excesivas de aire pueden desarrollar aerofagia,
acompañada de eructos, hinchazón y distensión abdominal. Puede verse un patrón de gas que se
caracteriza por numerosas asas intestinales de configuración poligonal y que contienen aire,
aunque ninguna de ellas está dilatada (fig. 12.5).
Fig. 12.5 Aerofagia. La práctica totalidad del gas intestinal corresponde a aire deglutido. La
deglución de grandes cantidades de aire puede originar un cuadro denominado aerofagia,
que se caracteriza por la aparición de numerosas asas intestinales con una configuración
irregular y aire en su interior (círculo y flechas). Las asas intestinales están distendidas y se
superponen, pero no están dilatadas.
• Estómago:
• Casi siempre se observa aire y líquido en el estómago, de manera que, en casi todos
los casos puede observarse un nivel hidroaéreo en el estómago en las radiografías
abdominales en bipedestación, un estudio realizado con el paciente en decúbito o en las
radiografías torácicas obtenidas en bipedestación.
• Para visualizar un nivel hidroaéreo, el haz de rayos X debe dirigirse
horizontalmente, paralelo al suelo.
• Intestino delgado:
• En las proyecciones abdominales en bipedestación o en decúbito pueden observarse
normalmente dos o tres niveles hidroaéreos en el intestino delgado.
• Intestino grueso:
• Una de las funciones del intestino grueso es la eliminación de líquido, de manera que, en
el colon, los niveles hidroaéreos normalmente son escasos o inexistentes (fig.
12.6).
Fig. 12.6 Niveles hidroaéreos normales. Abdomen en bipedestación. Hay dos aspectos
que hay que valorar en una proyección abdominal en bipedestación: los niveles
hidroaéreos y el aire libre intraperitoneal. Normalmente, en el estómago hay un nivel
hidroaéreo (flecha continua). Puede haber niveles hidroaéreos pequeños en unas pocas
asas del intestino delgado no dilatadas (círculo). Los niveles hidroaéreos en el colon
generalmente son muy escasos o inexistentes. Cuando existe, el aire libre puede
observarse inmediatamente por debajo del hemidiafragma derecho (flecha discontinua) e
identificarse con mayor facilidad en el lado derecho que en el izquierdo.
Puntos importantes
• En el colon puede haber muchos niveles hidroaéreos en caso de que al paciente le hayan
administrado recientemente un enema o esté tomando algún medicamento con efectos
anticolinérgicos y antiperistálticos intensos.
Tabla 12.1
Estómago Sí Sí
Intestino
Sí, 2-3 asas Sí
delgado
Fig. 12.9 Válvulas normales del intestino delgado. Las marcas que corresponden a las
válvulas conniventes normalmente atraviesan toda la luz del intestino delgado, desde una
pared hasta la contraria. Por otra parte, estas válvulas están mucho más próximas entre sí
que las marcas haustrales del intestino grueso, incluso en las situaciones en las que el
intestino delgado está dilatado. Las flechas señalan dos válvulas que atraviesan toda la luz
en esta imagen de detalle del intestino delgado dilatado.
Serie radiológica del abdomen agudo
• En casi todos los departamentos de radiología existe una serie de imágenes radiológicas (es
decir, un protocolo) que se realiza de manera sistemática en los pacientes con dolor abdominal
agudo. Esta serie radiológica se denomina en ocasiones serie de obstrucción, serie
abdominal completa, serie del abdomen agudo o con otros términos similares. Para el
objetivo de este libro denominaremos a esta combinación de proyecciones una radiológica del
abdomen agudo.
• Las proyecciones que componen esta serie varían de una institución a otra, pero también se
basan en la capacidad del paciente para acomodarse a la posición necesaria para obtener las
proyecciones. En general, las proyecciones pueden consistir en:
• Casi siempre se obtiene una proyección en decúbito supino del abdomen
(denominada a veces una placa plana o RUV [riñones, uréteres, vejiga]).
• La obtención de una proyección del recto en decúbito prono o en decúbito lateral
es la que más variabilidad presenta en su adquisición.
• Una proyección en bipedestación (o en decúbito lateral izquierdo) puede
depender del estado del paciente.
• También puede incluirse una proyección torácica posteroanterior (con el paciente en
bipedestación o en decúbito supino).
• La tabla 12.2 resume los aspectos que deben valorarse en cada una de las proyecciones
de la serie radiológica del abdomen agudo.
Tabla 12.2
Serie radiológica del abdomen agudo: proyecciones y aspectos que hay que valorar
Abdomen en decúbito supino Patrón global del gas intestinal, calcificaciones, masas
Fig. 12.10 Colocación del paciente para la proyección abdominal en decúbito supino.
El paciente se coloca con la espalda sobre la mesa de rayos X o la camilla y el haz de
rayos X se dirige verticalmente en dirección inferior. El icono de la cámara representa el
tubo de rayos X, que realmente está colocado a una distancia aproximada de 1 m por
encima del chasis, representado por el rectángulo gris bajo la mesa.
• ¿Cómo se obtiene?
• El paciente se tumba sobre su abdomen en la mesa de rayos X o sobre la camilla, y el haz
de rayos X se dirige verticalmente en dirección inferior (fig. 12.11).
• Proyección alternativa:
• A menudo los pacientes son incapaces de colocarse en decúbito prono debido a su
estado físico (p. ej., cirugía reciente, dolor abdominal intenso).
• En estos casos, puede colocarse al paciente en decúbito lateral izquierdo para obtener
una proyección lateral del recto expuesta con un haz vertical, que sirve como
proyección alternativa de la radiografía en decúbito prono (fig. 12.12). Generalmente, en la
proyección lateral del recto se observa la presencia o ausencia de aire en el recto y/o en el
colon sigmoide (fig. 12.13).
Fig. 12.11 Colocación del paciente para la proyección abdominal en decúbito prono.
El paciente se coloca con el abdomen sobre la mesa de rayos X o la camilla y el haz de
rayos X se dirige verticalmente en dirección inferior. De nuevo, el icono de la cámara
representa el tubo de rayos X, que realmente está colocado a una distancia aproximada de
1 m por encima del chasis, representado por el rectángulo gris bajo la mesa.
Fig. 12.12 Colocación del paciente para la proyección del recto en decúbito lateral. A
los pacientes que no pueden permanecer en decúbito prono se les puede colocar en
decúbito lateral izquierdo para obtener una proyección lateral del recto expuesta con un haz
vertical. Se utiliza como alternativa de la radiografía en decúbito prono.
Fig. 12.13 Proyección lateral normal del recto. La proyección lateral del recto permite
demostrar habitualmente la presencia (flecha) o ausencia de aire en el recto y/o el colon
sigmoide. Esto, tal como se verá en el capítulo 14, puede ser útil a veces para sugerir una
obstrucción intestinal mecánica.
Puntos importantes
Fig. 12.16 Proyección abdominal normal en decúbito lateral izquierdo y aire libre. (A)
Con el paciente recostado en la mesa de evaluación radiológica con su lado izquierdo
abajo, se lleva a cabo una exposición con el haz de rayos X horizontal (paralelo al suelo),
de manera que el aire libre se distribuye hacia la parte más alta de la cavidad abdominal,
por encima del hígado en el lado derecho del paciente. En este paciente no hay aire libre.
Sin embargo, hay una transparencia normal (flecha) que apunta hacia la franja grasa
preperitoneal. (B) En otro paciente con una úlcera perforada, el aire libre (AL) es visible en
forma de una semiluna negra sobre el borde externo del hígado, junto con un nivel
hidroaéreo producido por el líquido libre y el aire en la cavidad peritoneal (flechas). C,
dirección de la cabeza del paciente; P, dirección de los pies del paciente.
• En el cuadro 12.1 se resumen los elementos que deben estar presentes para poder visualizar
niveles hidroaéreos en el abdomen.
CUADRO 12.1
Para visualizar un nivel hidroaéreo en las radiografías convencionales
hay que contar con…
• Aire.
• Líquido.
• Un haz de rayos X horizontal (paralelo al plano del suelo).
• Las interfases aire-líquido no pueden visualizarse en las radiografías convencionales que se
obtienen con un haz de rayos X vertical (p. ej., radiografías en decúbito).
Fig. 12.18 Flebolitos. Los flebolitos son calcificaciones halladas con mayor frecuencia en
mujeres en relación con el envejecimiento. Presentan clásicamente un centro transparente
(flecha). Casi siempre, los flebolitos son calcificaciones accidentales y no patológicas, pero
pueden plantear un reto diagnóstico, ya que su localización y aspecto pueden ser similares
a los cálculos ureterales.
Fig. 12.19 Cartílagos costales calcificados. La calcificación de los cartílagos costales
(flechas) parece ser un proceso fisiológico más frecuente en mujeres y raro por debajo de
los 35 años. Se ha postulado que pueden ser una respuesta a la tensión que produce la
actividad muscular. Una diferencia del patrón de calcificación del cartílago costal entre
hombres y mujeres ha sido utilizada por los anatomopatólogos forenses para la
identificación del género en los estudios de autopsia.
Identificación de organomegalias
Puntos importantes
Hígado
• Normal:
• El hígado desplaza normalmente todo el gas intestinal existente en el hipocondrio
derecho.
• En ocasiones, una proyección pseudolingual del lóbulo derecho hepático puede
extenderse hasta la cresta iliaca, especialmente en las mujeres. Es lo que se denomina
lóbulo de Riedel y es normal (fig. 12.20).
• Hepatomegalia:
• En la radiología convencional se puede sugerir una hepatomegalia cuando se observa
un desplazamiento de todo el intestino desde el hipocondrio derecho en dirección inferior
hasta la cresta iliaca y a través de la línea media (fig. 12.21). Las radiografías
convencionales son insuficientes para determinar el tamaño del hígado. La
evaluación del tamaño del hígado mediante pruebas de imagen se realiza mejor con una
TC, una RM o una ecografía.
Fig. 12.20 Lóbulo de Riedel hepático. La existencia de esta proyección con configuración
pseudolingual del lóbulo derecho hepático (flechas), especialmente en las mujeres, se
considera una variante anatómica normal. Puede simular una masa hepática palpable.
Fig. 12.21 Hepatomegalia. Aunque las radiografías convencionales son claramente
insuficientes para valorar el tamaño del hígado, en ocasiones, el hígado puede alcanzar un
tamaño tal que incluso se aprecia en las radiografías simples. La hepatomegalia es
sumamente sugestiva cuando el hígado (H) desplaza todas las asas intestinales desde el
hipocondrio derecho (flechas) hasta la pelvis, como ocurre en este paciente con cirrosis.
Bazo
• Normal:
• El bazo del adulto tiene una longitud aproximada de 12 cm y generalmente no
se proyecta por debajo de la 12.ª costilla posterior. Como norma general, el bazo
tiene un tamaño aproximadamente igual al del riñón izquierdo.
• Esplenomegalia:
• Como ayuda para la identificación de una esplenomegalia, hay que recordar que la
posición normal de la cámara gástrica (es decir, el aire existente en el fundus gástrico)
suele asentarse por debajo de la parte más alta del hemidiafragma izquierdo,
aproximadamente a mitad de camino entre la pared abdominal y la columna vertebral (v.
fig. 12.1).
• Si el bazo se proyecta bastante más abajo de la 12.ª costilla posterior y/o desplaza
la cámara gástrica hacia la línea media o más allá, es posible que esté aumentado de
tamaño (fig. 12.22).
Fig. 12.22 Esplenomegalia. El bazo tiene normalmente una longitud aproximada de 12 cm
y generalmente no se proyecta más abajo de la 12.ª costilla posterior. Cuando el bazo
(flecha blanca) se proyecta mucho más abajo de la 12.ª costilla posterior (flecha negra) y/o
desplaza la burbuja gástrica, situada normalmente en la izquierda, hacia la línea media o
más allá, posiblemente existe una esplenomegalia, como ocurría en este paciente con
leucemia.
Riñones
• Normales:
• En las radiografías convencionales pueden observarse partes del borde del riñón cuando
existe una cantidad adecuada de grasa perirrenal.
• La longitud del riñón es aproximadamente igual a la altura de cuatro cuerpos
de las vértebras lumbares, es decir, unos 10-14 cm de longitud en el adulto.
• El hígado deprime al riñón derecho, de manera que el riñón derecho suele estar en el
abdomen en una posición más baja que el izquierdo (fig. 12.23).
• El riñón izquierdo tiene una longitud aproximadamente igual a la del bazo.
• Nefromegalia:
• Solo cuando los riñones muestran un aumento de tamaño extremo o existen masas
renales de gran tamaño es posible reconocer la nefromegalia en las radiografías
convencionales mediante el desplazamiento del gas intestinal (fig. 12.24).
Fig. 12.23 Posición de los riñones. La imagen corresponde a una urografía intravenosa
(también conocida como pielografía intravenosa o PIV), en la que el paciente recibe una
inyección intravenosa de contraste yodado, que es excretado después por los riñones. Era
un estudio de rutina ampliamente utilizado en el siglo XX, pero en la actualidad ha sido
reemplazado en la mayoría de los casos por la TC y la ecografía. Pueden observarse las
siluetas renales (flechas blancas), los uréteres (flechas negras) y la vejiga (V).
Normalmente, el hígado (H) deprime al riñón derecho a una zona más baja que el riñón
izquierdo.
Fig. 12.24 Nefromegalia. Las masas de partes blandas o la organomegalia pueden
diagnosticarse en una radiografía convencional mediante la visualización del borde de la
masa cuando está rodeada por grasa o aire, o cuando produce desplazamiento de las
asas intestinales. (A) En esta radiografía convencional se observa una masa con
densidad de partes blandas en el hipocondrio izquierdo (flechas blancas), que está
desplazando el intestino hacia la derecha (flecha negra). (B) En la reconstrucción coronal
de la TC correspondiente al mismo paciente se observa la presencia de un quiste renal de
gran tamaño (flechas blancas) que se origina en el riñón izquierdo comprimido (flecha
negra), con desplazamiento de este riñón y del intestino adyacente. El quiste también
comprime el bazo (B).
Vejiga
• Normal:
• La vejiga a menudo está rodeada por una cantidad de grasa extravesical suficiente
como para que al menos pueda apreciarse su cúpula en la mayoría de las personas.
La vejiga es una estructura oval, con su eje largo paralelo al eje largo de la pelvis y con la
base de la vejiga situada inmediatamente por encima de la parte superior de la
sínfisis del pubis.
• La vejiga tiene un tamaño aproximadamente igual al de un cantalupo cuando está
distendida y aproximadamente igual al de un limón cuando está contraída (fig. 12.25).
• Aumento de tamaño de la vejiga urinaria:
• El aumento de tamaño de la vejiga urinaria suele identificarse por el desplazamiento de
las asas intestinales hacia arriba y hacia el exterior de la pelvis debido a una masa con
densidad de partes blandas. La obstrucción del infundíbulo de salida vesical es mucho más
frecuente en los varones debido al aumento de tamaño de la próstata, de manera que,
cuando se observa una masa de partes blandas en la pelvis, es más frecuente que
corresponda a la vejiga dilatada en los varones que en las mujeres (fig. 12.26A).
Fig. 12.25 Vejiga urinaria normal. La imagen de detalle de la pelvis muestra el contorno
vesical, visible por la existencia de grasa perivesical (flechas blancas). En los varones, el
colon sigmoide suele ocupar el espacio que queda inmediatamente por encima de la vejiga
(flecha negra), mientras que, en las mujeres, las partes blandas que quedan por encima de
la vejiga pueden corresponder al útero o al colon sigmoide.
Fig. 12.26 Vejiga urinaria distendida y útero aumentado de tamaño. (A) La vejiga (V)
distendida se visualiza como una masa con densidad de partes blandas que asciende
desde la pelvis hasta la parte inferior del abdomen, con desplazamiento del intestino hacia
la parte media del abdomen (flechas). El paciente de la imagen era un varón de 72 años
con obstrucción del infundíbulo de salida vesical debido a una hipertrofia prostática
benigna. (B) En una paciente diferente, el útero (U) está ligeramente aumentado de
tamaño. Es posible diferenciarlo de la vejiga por la existencia de un plano de grasa
(flechas) entre el útero y la vejiga urinaria (V), localizada inmediatamente por debajo del
útero.
Útero
• Normal:
• El útero suele localizarse por encima de la cúpula vesical. Con frecuencia hay una zona
transparente que se debe a la grasa existente entre la parte superior de la vejiga y la parte
inferior del útero. El útero normal tiene unas dimensiones aproximadas de 8 × 4 × 6
cm.
• Útero aumentado de tamaño:
• La ecografía es la mejor herramienta para evaluar el tamaño del útero y los
ovarios.
• En ocasiones, cuando el aumento de tamaño uterino es muy notorio, puede
visualizarse en las radiografías convencionales (fig. 12.26B).
Músculos psoas
• Es posible observar uno o ambos músculos psoas cuando están rodeados por una cantidad
suficiente de grasa extraperitoneal. La imposibilidad de visualizar uno o ambos músculos psoas no
es un indicador fiable de enfermedad retroperitoneal (v. fig. 12.1).
Puntos clave
• La evaluación del abdomen debería centrarse en cuatro aspectos principales: el patrón del gas,
el aire libre, las masas con densidad de partes blandas o la organomegalia, y las calcificaciones
anómalas.
• Normalmente hay aire en el estómago y el colon, en especial en el colon rectosigmoide, y en el
intestino delgado normalmente también puede observarse una pequeña cantidad de aire (en dos
o tres asas).
• En el estómago suele observarse normalmente un nivel hidroaéreo; en el intestino delgado no
dilatado puede haber dos o tres niveles hidroaéreos, pero en el colon generalmente no se
visualizan niveles.
• La serie radiológica del abdomen agudo puede estar constituida por las proyecciones
siguientes: abdomen en decúbito supino, abdomen en decúbito prono (o su alternativa, una
proyección lateral del recto), abdomen en bipedestación (o su alternativa, una proyección en
decúbito lateral izquierdo) y tórax en bipedestación (o su alternativa, una radiografía torácica en
decúbito supino).
• La proyección abdominal en decúbito supino es la proyección de exploración general para la
evaluación del patrón del gas intestinal, y es útil para visualizar las calcificaciones y detectar la
organomegalias o masas con densidad de partes blandas.
• La proyección en decúbito prono permite la visualización de aire en el segmento
rectosigmoide, un aspecto importante en la identificación de la obstrucción intestinal mecánica.
• La proyección abdominal en bipedestación puede demostrar la presencia de niveles
hidroaéreos en el intestino o aire intraperitoneal libre.
• La radiografía de tórax en bipedestación puede demostrar la presencia de aire libre bajo el
diafragma, derrame pleural (que puede ofrecer pistas acerca de la presencia y las características
de cuadros patológicos intraabdominales) y neumonía (que puede simular clínicamente un
abdomen agudo).
• La TC, la ecografía y la RM han sustituido básicamente a la radiografía convencional para la
evaluación de una organomegalia y de masas abdominales con densidad de partes blandas.
Se calcula que en 2019 realizaron aproximadamente 90 millones de TC de todos los tipos en EE. UU. Casi el
10% de todas las consultas en el servicio de urgencias son por dolor abdominal de origen no traumático. A
muchos de estos pacientes se les realizan TC de abdomen y pelvis para detectar o aclarar sus hallazgos
clínicos. Desde la aparición de la TC, la laparotomía exploradora se ha ido haciendo cada vez más rara y la
necesidad de una cirugía urgente ha disminuido de forma espectacular.
1. RM del abdomen.
2. Radiografía convencional del abdomen.
3. Angiografía abdominal.
4. Ecografía del abdomen.
• Como sucede con todos los estudios de imagen, uno de los principios básicos en la TC
abdominal y pélvica es maximizar las diferencias de densidad entre los tejidos para mostrar mejor
su singular anatomía. Con este objetivo, los estudios de TC abdominal utilizan con frecuencia
contrastes intravenosos y orales.
Contraste intravenoso en la TC
CUADRO 13.1
Reacciones a medios de contraste e insuficiencia renal
Tabla 13.1
Tórax
Se usa contraste intravenoso Normalmente no se usa contraste intravenoso
Evaluación del mediastino o los hilios para Confirmación de la presencia de un nódulo pulmonar
detectar masas o adenopatías sospechado mediante radiografías convencionales
Abdomen y pelvis
Tabla 13.3
Radiografía convencional
Fácilmente disponible
Costes relativamente
bajos
Utilizada principalmente para el Menor sensibilidad
Puede ser portátil
cribado en el dolor abdominal Utiliza radiación ionizante
Los pacientes toleran
bien el
procedimiento
Ecografía
Tomografía computarizada
Habitualmente, la modalidad de
imagen de mayor coste
Disponibilidad limitada
Alto contraste de partes Tiempos más largos de obtención de
Resolución de problemas en
blandas imágenes
diagnósticos difíciles
Sin radiación ionizante La claustrofobia, el peso y el tamaño
Extensión de enfermedades conocidas
Sin contrastes yodados del paciente pueden impedir el
de partes blandas circundantes
Reconstrucción de las estudio
(estadificación)
imágenes en Problemas para monitorizar a los
Anatomía vascular
cualquier plano pacientes graves
Incompatible con algunos dispositivos
médicos y cuerpos extraños en
el paciente
Puntos importantes
Hígado
• Por convención, las TC, al igual que la mayoría del resto de estudios radiológicos, se ven con la
derecha del paciente a la izquierda de la imagen y con la izquierda del paciente a la
derecha de la imagen. Si al paciente se le realiza el estudio en decúbito supino, como se hace
generalmente, la parte superior de cada imagen es anterior y la parte inferior de cada imagen
es posterior.
• El hígado recibe su irrigación tanto de las arterias hepáticas como de la vena porta, y
drena a la vena cava inferior a través de las venas hepáticas. El parénquima hepático normal
está irrigado en un 80% por la vena porta y en un 20% por la arteria hepática, por lo que se
realza sobre todo en la fase venosa portal.
• El hígado se divide morfológicamente en los lóbulos derecho, izquierdo y caudado en
función de sus apariencias externas.
• El lóbulo derecho, más grande, se subdivide en dos segmentos: anterior y
posterior. El lóbulo izquierdo también se subdivide en dos segmentos: medial y
lateral.
• Una fisura notoria y llena de grasa, que contiene el ligamento falciforme y el
ligamento redondo (previamente, la vena umbilical), separa los segmentos medial
y lateral del lóbulo izquierdo del hígado (fig. 13.1).
• Esta división anatómica no es muy útil para la cirugía hepática, ya que la distribución
vascular del hígado define su anatomía y la anatomía vascular es la que dirige el enfoque
quirúrgico de las lesiones hepáticas.
• El hígado se divide funcionalmente en ocho segmentos que funcionan de
forma independiente (conocidos a veces también como sectores), cada uno con su
propia rama de la vena porta, la arteria hepática, el conducto biliar y el drenaje venoso
a través de la vena hepática.
• Estos segmentos funcionales pueden identificarse utilizando imágenes transversales,
como la TC.
• La clasificación funcional utilizada con más frecuencia gracias al cirujano y anatomista
francés Claude Couinaud y su importancia para la cirugía hepática es que permite
resecar uno o más segmentos enfermos, preservando el resto de los segmentos
normales (fig. 13.2).
• La superficie externa del hígado normalmente es lisa. El hígado normal generalmente presenta
una densidad homogénea en la TC, y su atenuación siempre debería ser más densa o igual a la
densidad del bazo en los estudios sin contraste.
• El hígado adulto generalmente mide 15 cm o menos en las imágenes coronales en su
máxima altura. Hay que tener cuidado para no medir la longitud en la localización del lóbulo de
Riedel, una proyección inferior normal del lóbulo derecho que se detecta principalmente en
mujeres (v. fig. 12.20). La longitud transversa máxima del hígado es de 20-26 cm.
• La superficie diafragmática del hígado está adherida mediante tejido conjuntivo a una sección
triangular de la superficie inferior del diafragma denominada área desnuda (fig. 13.3). Esto
tendrá importancia más adelante para diferenciar la ascitis del derrame pleural (v. cap. 17).
• El volumen hepático puede calcularse mediante la TC (así como a través de la ecografía y la
RM). Varía en función del sexo y el peso del paciente. El volumen del hígado adulto es de
aproximadamente 1.500 cm3. Las determinaciones del volumen hepático pueden utilizarse para
las resecciones hepáticas, los trasplantes y la evaluación de la progresión de diferentes
enfermedades, como la hepatopatía alcohólica.
Fig. 13.1 Anatomía normal del hígado. El ligamento redondo (flecha negra discontinua)
divide el lóbulo izquierdo del hígado en un segmento medial (M) y otro lateral (L), siendo el
lóbulo derecho (D), más grande y más posterior. La vena porta (VP) se sitúa
inmediatamente posterior a la arteria hepática (flecha negra continua). La arteria esplénica
(flecha blanca) sigue el trayecto del páncreas (P) hacia el bazo (B). La vena cava inferior
(VCI) se sitúa a la derecha de la aorta (A).
Fig. 13.2 Clasificación funcional de los segmentos hepáticos. Esta es la clasificación
de Couinaud de los segmentos hepáticos, que divide el hígado en ocho segmentos
independientes desde el punto de vista funcional (numerados), facilitando la resección
quirúrgica de uno o más segmentos, respetando los segmentos normales restantes. El
grupo de segmentos superior e inferior están irrigados por ramas de la vena porta. Su
subdividen adicionalmente por las venas hepáticas derecha, media e izquierda en los
segmentos posterior, anterior, medial y lateral. Así, por ejemplo, el segmento 8 se
denomina segmento anterosuperior. El segmento 1 (el lóbulo caudado) se localiza
posteriormente. VB, vesícula biliar; VCI, vena cava inferior.
Fig. 13.3 Área «desnuda» del hígado. El área «desnuda» del hígado (flechas) no tiene
recubrimiento peritoneal, sino que está fijada directamente a la superficie inferior del
diafragma. Por ello, es imposible que el líquido ascítico de la cavidad peritoneal (P) se
introduzca por sí solo entre el hígado y el pulmón en esta zona, lo cual será importante
para diferenciar el derrame pleural de la ascitis en la TC axial (v. cap. 17). Ant, anterior;
Post, posterior.
Bazo
• En las fases precoces de las tomografías con contraste, el bazo puede tener una atenuación
heterogénea, un hallazgo que debería desaparecer en el transcurso de los siguientes minutos.
• El bazo normal del adulto puede tener lobulaciones, que no deben confundirse con
laceraciones. La arteria y la vena esplénicas entran y salen por el hilio del bazo.
• El bazo generalmente mide aproximadamente 12 cm de largo, no sobrepasa
significativamente por debajo el margen de la 12.ª costilla y tiene aproximadamente el mismo
tamaño que el riñón izquierdo.
Páncreas
Riñones
• Los riñones son órganos retroperitoneales, rodeados por cantidades variables de grasa y
encerrados en una cápsula fibrosa.
• Están rodeados por el espacio perirrenal, que, a su vez, está delimitado por las fascias
renales anterior y posterior. Determinadas inserciones fasciales, músculos y otros órganos
definen diferentes espacios que generan patrones predecibles de anomalías cuando dichos
espacios se rellenan de líquido, pus, sangre o gas.
• En los adultos, el riñón izquierdo es mínimamente más grande que el derecho y cada
riñón mide aproximadamente 11 cm o aproximadamente lo mismo que el bazo.
• La arteria renal derecha discurre posterior a la vena cava inferior (VCI). Las venas renales
se sitúan anteriores a las arterias; la vena renal izquierda, más larga, discurre anterior a la
aorta antes de drenar en la vena cava inferior (fig. 13.6).
• El hilio renal contiene la pelvis renal y la arteria y la vena renales. Los polos superiores de
los riñones son más posteriores que los polos inferiores y están inclinados hacia medialmente,
hacia la columna vertebral.
• Los estudios de TC renal específicamente dirigidos suelen utilizar una proyección previa sin
contraste de los riñones seguido de varias series de imágenes obtenidas a diferentes intervalos de
tiempo después de la inyección de contraste intravenoso (estudio multifásico) (fig. 13.7).
• Siempre que funcionen normalmente, los riñones son la vía principal para la excreción del
contraste yodado. Por tanto, deberían captar contraste siempre que se administre contraste
intravenoso. Con el tiempo, la orina se opacifica, aumentando significativamente desde su
densidad acuosa normal, por lo que en ocasiones se necesitan imágenes tardías de las vías
urinarias.
• Si los riñones no funcionan adecuadamente, el contraste se excreta por vías alternativas (bilis,
intestino), en un proceso denominado excreción vicariante del contraste.
Fig. 13.6 Riñones normales. Los riñones (R) se sitúan bilateralmente en las fosas renales.
El seno renal normal, que contiene grasa, ocupa la porción central de los riñones (flechas
negras discontinuas). La arteria renal derecha (flecha negra continua) discurre posterior a
la vena cava inferior (VCI). La vena renal izquierda (flecha blanca discontinua) se sitúa aquí
anterior a la arteria renal izquierda (flecha blanca continua). A, aorta abdominal.
Fig. 13.7 Riñón izquierdo normal, TC multifásica. (A) La fase corticomedular se
obtiene entre los 30 y 70 s después de la inyección de contraste intravenoso y muestra la
diferenciación entre la corteza, externa y más brillante (flecha blanca) y la médula, interna y
menos densa (flecha negra). Esta fase puede proporcionar información acerca de la
vascularización y la perfusión renales. (B) La fase nefrográfica se obtiene hacia los 80-100
s después de la inyección del contraste y muestra una opacificación homogénea del riñón
(flechas). Es útil para la valoración del parénquima renal, en particular, para las neoplasias
renales, así como para las enfermedades inflamatorias y la presencia de cicatrices. (C) La
fase excretora se obtiene entre los 5 y los 10 min después de la inyección y puede poner
de manifiesto anomalías de la vía urinaria, como tumores, necrosis papilar y estenosis
ureteral. Se visualiza la opacificación de la vía excretora intrarrenal (flechas discontinuas) y
el uréter (flecha continua).
• La opacificación y la distensión de la luz intestinal son útiles para la evaluación adecuada del
intestino, independientemente de la modalidad utilizada para evaluarlo. El grosor de la pared
puede parecer aumentado de forma artificial si el intestino está colapsado.
• El intestino delgado generalmente tiene un diámetro de 2,5 cm o menor, con un grosor de
pared normalmente inferior a 3 mm. Las asas adyacentes del intestino delgado están
generalmente en contacto unas con otras, dependiendo en parte de la cantidad de grasa
intraperitoneal presente.
• La pared del colon normalmente tiene un grosor inferior a 3 mm con el colon distendido y
menor de 5 mm con el colon colapsado. El ciego es reconocible por la presencia del íleon
terminal y la válvula ileocecal. Las posiciones de los segmentos transverso y sigmoide del colon
son variables, dependiendo de su grado de redundancia (fig. 13.8).
Fig. 13.8 Intestino delgado normal. El contraste rellena una luz no dilatada (menor de 2,5
cm). La pared del intestino delgado tiene un grosor tan fino que normalmente parece casi
invisible (flechas blancas). El íleon terminal puede reconocerse por los «labios», que
contienen grasa, de la válvula ileocecal (flechas negras) delimitada por el contraste que se
ha administrado por vía oral y que ocupa la luz intestinal.
Vejiga urinaria
Puntos clave
• En los estudios de TC se emplean con frecuencia medios de contraste intravenosos y orales para
maximizar las diferencias de las densidades entre las estructuras, de forma que pueda mostrarse
mejor su anatomía.
• En general, la TC con contraste intravenoso proporciona una mayor información diagnóstica, la
cual es más fácilmente reconocible cuando se pueden utilizar medios de contraste.
• Los contrastes yodados pueden ocasionalmente causar efectos secundarios, como calor o
náuseas y vómitos; en raras ocasiones, pueden aparecer reacciones pseudoalérgicas,
causando síntomas más graves y muerte.
• Para definir el intestino y ayudar a diferenciarlo de los ganglios linfáticos o las lesiones con un
contenido líquido adyacentes, pueden utilizarse medios de contraste orales y/o rectales.
• Existen varios contextos clínicos en los que los contrastes yodados y/u orales mejoran la
precisión diagnóstica de la TC. Los estudios de imagen normalmente son programados por el
radiólogo en función del problema clínico.
• Es fundamental proporcionar una información clínica adecuada para ayudar a decidir cuál
de entre los diferentes protocolos de estudio proporcionará el mejor resultado para establecer el
diagnóstico correcto.
• Los avances en la TC han logrado mejorar los estudios diagnósticos, pero pueden conllevar la
posibilidad de una mayor dosis de radiación. Se están utilizando diferentes medidas disminuir
la dosis, para asegurarse de que los beneficios del estudio superan cualquier riesgo potencial de
la exposición a la radiación.
• Se esbozan algunas de las preparaciones de los pacientes utilizadas con más frecuencia para
diversos estudios de imagen.
• Se comparan las ventajas y las desventajas de las principales modalidades de imagen.
• Se describen las apariencias normales del hígado, el bazo, el páncreas, los riñones, el intestino y
la vejiga en la TC.
En los capítulos 12 y 13 vimos cómo identificar el patrón de gas intestinal normal en las radiografías
convencionales y en la tomografía computarizada (TC). En este capítulo, aprenderemos a identificar y
clasificar los cuatro patrones anormales de gas intestinal más frecuentes y sus causas. Estos patrones
anormales de gas intestinal presentan las mismas características, tanto si se evalúan inicialmente mediante
una radiografía convencional como si se emplea una TC. No obstante, la TC mejor para definir la localización,
el grado y la causa de la obstrucción intestinal, y también para demostrar cualquier signo de reducción de la
viabilidad del intestino.
Esta es una imagen en decúbito supino del abdomen de una persona de 57 años que ha tenido dolores
espasmódicos abdominales durante varias horas. ¿Qué diagnóstico sugiere esta imagen? Véase la respuesta
correcta al final del capítulo.
• Las anomalías de la función intestinal viene sugeridos por la anamnesis y los hallazgos de la
exploración física.
• Los aspectos clave de la valoración de una obstrucción intestinal en los estudios de imagen son
los siguientes:
• ¿Hay dilatación en las asas del intestino delgado y/o del intestino grueso?
• ¿Existe un punto de transición en la TC?
• ¿Existe aire en el recto o en el colon sigmoide en las radiografías simples?
Patrones anormales de gas
• Los patrones anormales del gas intestinal pueden clasificarse en dos categorías principales, que
a su vez pueden subdividirse en dos subcategorías (cuadro 14.1).
• El íleo funcional es una de las categorías principales y es un cuadro en el que se supone que
una o más asas intestinales pierden la capacidad de propagar las ondas peristálticas
del intestino, generalmente debido a un problema de irritación o inflamación local, lo que
conduce a un deterioro de la propulsión del contenido intestinal proximal a las asas afectadas.
• Hay dos tipos de íleo funcional:
• El íleo localizado afecta únicamente a una o dos asas, normalmente del intestino
delgado (también denominado asas centinela).
• El íleo adinámico generalizado afecta a numerosas asas de los intestinos
delgado y grueso y también, con frecuencia, al estómago.
• La obstrucción mecánica es la otra categoría principal de patrón anormal del gas intestinal.
En la obstrucción mecánica hay una lesión física, orgánica u obstructiva que impide que el
contenido intestinal se desplace más allá del punto de bloqueo de los intestinos delgado o
grueso.
• Hay dos tipos de obstrucción mecánica:
• La obstrucción del intestino delgado (OID).
• La obstrucción del intestino grueso (OIG).
CUADRO 14.1
Patrones anormales de gas intestinal
Íleo funcional
Obstrucción mecánica
Puntos importantes
• El intestino reacciona frente a una obstrucción mecánica de manera más o menos predecible.
• Tras producirse una obstrucción, el peristaltismo continúa (excepto en las asas intestinales
afectadas en los casos de íleo funcional) en un intento por propulsar el contenido intestinal a
través del intestino.
• Las asas proximales a la obstrucción rápidamente se dilatan por aire deglutido y/o
líquido secretado.
• Este proceso puede tener lugar en el transcurso de las horas siguientes a una obstrucción
completa del intestino delgado.
• Las asas distales a una obstrucción finalmente muestran descompresión o pérdida de
aire a medida que su contenido es evacuado.
• En la obstrucción mecánica, las asas que presentarán la mayor dilatación son el asa del
intestino que tenía un diámetro en reposo mayor antes del inicio de la obstrucción (p. ej., el
ciego en el intestino grueso) o las asas intestinales inmediatamente proximales a la
obstrucción.
• El punto de transición, el lugar de la obstrucción y la localización en la que el intestino
cambia de calibre, desde la dilatación a la desaparición de la luz, puede verse en la TC.
• La mayoría de los pacientes con obstrucción mecánica manifiestan alguna forma de dolor
abdominal, distensión abdominal y estreñimiento. Los pacientes pueden manifestar
vómitos en las fases iniciales de la evolución de un cuadro de obstrucción proximal del
intestino delgado y más tarde en el transcurso de la enfermedad si existe una obstrucción
distal del intestino delgado.
• La obstrucción prolongada con presiones intraluminales persistentemente elevadas puede
provocar un compromiso vascular, necrosis y perforación en el asa intestinal afectada. En este
punto, los ruidos intestinales se vuelven hipoactivos o están ausentes.
• Veamos con detalle cada uno de los cuatro patrones anormales del gas intestinal
(tabla 14.1).
• En cada uno de ellos vamos a definir la fisiopatología, las causas más probables,
las características clave de la imagen y los errores diagnósticos.
Tabla 14.1
Íleo funcional: localizado
• Fisiopatología:
• La irritación focal de una o de varias asas intestinales tiene lugar con mayor
frecuencia debido a la inflamación de un órgano visceral adyacente (p. ej., la
pancreatitis puede afectar a las asas intestinales localizadas en el hipocondrio izquierdo
y la diverticulitis a las asas de la fosa iliaca izquierda).
• Las asas afectadas son casi siempre asas del intestino delgado y, dado que
presagian la presencia de otro proceso patológico subyacente, se denominan
asas centinela.
• La irritación hace que estas asas pierdan su función normal y pierdan su
peristaltismo, y esto induce secundariamente su dilatación.
• Dado que el íleo funcional no da lugar al grado de obstrucción que provoca
la obstrucción mecánica, sigue pasando algo de gas a través del intestino
desfuncionalizado más allá del punto del íleo localizado.
• El aire alcanza normalmente el recto o el colon sigmoide y es visible en su
interior en las radiografías convencionales.
• Causas del íleo localizado:
• Las asas intestinales dilatadas tienden a aparecer en la misma zona anatómica
que los procesos inflamatorios o irritativos del órgano abdominal adyacente, aunque
esto no siempre es así.
• La causa exacta del íleo funcional solamente puede inferirse a partir de las radiografías
convencionales por su localización. Sin embargo, la causa del íleo localizado con frecuencia
es identificable en la TC abdominal.
• La tabla 14.2 resume las zonas preferentes del íleo localizado y sus causas más
frecuentes.
• Características clave de imagen de un íleo localizado:
• En las radiografías convencionales se observan una o dos asas del intestino delgado
persistentemente dilatadas.
• El término persistente indica que estas asas se mantienen dilatadas en
proyecciones múltiples del abdomen (decúbito supino, decúbito prono y
bipedestación) y también en los estudios seriados efectuados en el transcurso del
tiempo.
• El término dilatación indica que las asas del intestino delgado muestran un calibre
persistentemente mayor de 2,5 cm. Las asas del intestino delgado implicadas en
un íleo funcional generalmente no muestran una dilatación tan importante
como la correspondiente a las asas con obstrucción mecánica.
• De manera infrecuente, el asa centinela puede pertenecer al intestino grueso,
más que al intestino delgado. Esta situación puede observarse especialmente en el
ciego, en enfermedades como la apendicitis.
• En las asas centinela se observan a menudo niveles hidroaéreos.
• En el íleo localizado se observa generalmente gas en el recto o en el colon sigmoide
(fig. 14.1).
Fig. 14.1 Asas centinela por pancreatitis. En estas radiografías abdominales obtenidas
en decúbito supino (A) (flecha) y en decúbito prono (B) (flecha) se observa una sola asa del
intestino delgado persistentemente dilatada en el hipocondrio izquierdo, correspondiendo a
un asa centinela o íleo localizado. El íleo localizado se denomina asa centinela porque
con frecuencia indica la presencia de un proceso inflamatorio o irritativo adyacente. Este
paciente presentaba una pancreatitis aguda.
Tabla 14.2
Artefactos diagnósticos
• Fisiopatología:
• En un íleo adinámico generalizado, todo el intestino muestra desaparición o
disminución del peristaltismo. El aire deglutido dilata la mayoría de las asas de los
intestinos delgado y grueso llenas de líquido.
• Un íleo adinámico generalizado se debe casi siempre a una cirugía abdominal o
pélvica, durante las cuales es frecuente la manipulación del intestino.
• Las causas del íleo adinámico generalizado se resumen en la tabla 14.3.
• Características clave de la imagen en el íleo adinámico generalizado:
• Todo el intestino suele estar dilatado y contiene aire, tanto el grueso como el
delgado. El estómago también puede estar dilatado.
• La ausencia de peristaltismo y la producción continuada de secreciones intestinales
ocasionan generalmente numerosos niveles hidroaéreos largos en el intestino.
• Dado que no se trata de una obstrucción mecánica, suele observarse gas en el recto o
en el colon sigmoide. No existe ningún punto de transición identificable en la TC
abdominal (fig. 14.3).
• Habitualmente, los ruidos intestinales son inexistentes o hipoactivos.
• Diferenciación de otras causas de dilatación intestinal:
• Los pacientes no acuden al servicio de urgencias con un cuadro de íleo adinámico
generalizado, a menos que hayan sido intervenidos quirúrgicamente 1 o 2 días antes
(cirugía abdominal o ginecológica), o que presenten un desequilibrio electrolítico intenso (p.
ej., hipopotasemia).
• Muchos pacientes con pseudoobstrucción colónica (v. al final de este capítulo) o con
aerofagia pueden ser diagnosticados erróneamente como cuadros de íleo generalizado en
las radiografías abdominales.
Tabla 14.3
Causa Comentario
Tabla 14.4
Causa Comentarios
Son la causa más frecuente de una obstrucción del intestino delgado; más a
Adherencias
menudo tras una apendicectomía, una cirugía colorrectal y una cirugía pélvica;
posquirúrgicas
puede observarse un punto de transición en la TC del intestino delgado
Los tumores malignos primarios del intestino delgado son infrecuentes; los
Tumor maligno tumores secundarios, como el carcinoma gástrico, el carcinoma de colon y el
cáncer ovárico, pueden comprometer la luz del intestino delgado
Enfermedad
Puede observarse un engrosamiento parietal intestinal con compromiso de la luz
inflamatoria
en los pacientes con enfermedad de Crohn, sobre todo en el íleon terminal
intestinal
Tabla 14.5
Causa Comentarios
Tumor Es la causa más frecuente de OIG; la obstrucción es más frecuente cuando afecta al
(carcinoma) colon izquierdo
El colon sigmoide (lo más frecuente) o el ciego pueden presentar torsión sobre su
Vólvulo
eje y originar una obstrucción del colon y/o del intestino delgado (v. cuadro 14.2)
Invaginación
La invaginación colocólica suele deberse a un tumor que actúa como punto guía
intestinal
Obstrucción mecánica: intestino delgado
• Fisiopatología:
• Hay una lesión en el interior o el exterior del intestino delgado que obstruye la luz.
• Si la obstrucción es completa y ha transcurrido el tiempo suficiente desde el inicio de los
síntomas, generalmente no se observa aire en el recto ni en el colon sigmoide.
Puntos importantes
• Con el paso del tiempo, el intestino delgado muestra una dilatación retrógrada desde el
punto de la obstrucción, debido a que persisten la deglución de aire y la producción de líquido
intestinal por parte del estómago, el páncreas, el sistema biliar y el intestino delgado.
• El peristaltismo se mantiene y puede incrementarse en un intento por vencer la
obstrucción.
• Esto puede generar la aparición de ruidos intestinales hiperactivos y de tono alto.
• A medida que transcurre el tiempo, las ondas peristálticas vacían el intestino delgado y el
colon de su contenido anterógradamente desde el punto de la obstrucción.
• Las causas de una obstrucción mecánica del intestino delgado se resumen en la tabla
14.4 y la figura 14.4.
• Características clave de la imagen en la OID:
• En las radiografías convencionales se observan múltiples asas del intestino
delgado dilatadas (>2,5 cm) en la zona proximal al punto de obstrucción.
• A medida que comienzan a dilatarse, las asas del intestino delgado se
amontonan unas sobre otras y le dan un aspecto «en escalera», que
comienza generalmente en el hipocondrio izquierdo y evoluciona hacia la fosa
iliaca derecha en función de lo distal que sea la OID (fig. 14.5).
• En términos generales, cuanto más proximal es la OID (p. ej., en la parte
proximal del yeyuno), menos asas dilatadas hay; cuanto más distal es la
obstrucción (p. ej., en la válvula ileocecal), mayor es el número de asas del
intestino delgado dilatadas.
Fig. 14.4 Obstrucción del intestino delgado secundaria a una hernia
inguinal. (A) La imagen de exploración (scout) de una TC abdominal revela la
presencia de asas dilatadas del intestino delgado (flecha) secundarias a una
hernia inguinal izquierda (círculo). Normalmente no se observan asas intestinales
en el interior del escroto. (B) La reconstrucción de una TC coronal
correspondiente a otro paciente muestra múltiples asas del intestino delgado
llenas de líquido y dilatadas (flechas continuas) a consecuencia de una hernia
inguinal (círculo blanco) que contenía otra asa dilatada del intestino delgado
(flecha discontinua).
Fig. 14.5 Aspecto «en escalera» del intestino delgado obstruido. Este signo
puede verse en proyecciones abdominales en bipedestación en pacientes con
una OID mecánica secundaria a la disposición «en escalera» de las asas de
intestino delgado dilatadas y llenas de líquido siguiendo la localización del
yeyuno en el hipocondrio izquierdo hasta el íleon en la fosa iliaca derecha
(flechas). Esta era una obstrucción del intestino delgado causada por un
carcinoma del colon que obstruía la válvula ileocecal.
Puntos importantes
Artefactos diagnósticos
Puntos importantes
Fig. 14.9 Obstrucción del intestino delgado secundaria a una hernia de Spiegel. La
hernia de Spiegel es aquella que ocurre en el borde lateral del músculo recto abdominal, en
la línea semilunar. El paciente de la imagen muestra un punto de transición (flecha blanca
continua) en la zona en la que el intestino delgado se introduce en la hernia (flecha blanca
discontinua). Más proximalmente, hay múltiples asas del intestino delgado dilatadas
(flechas negras continuas) que indican una obstrucción. El colon se sitúa más allá del punto
de la obstrucción y está colapsado (flecha negra discontinua).
Fig. 14.10 Obstrucción del intestino delgado, TC con contraste intravenoso. Se
observan múltiples asas del intestino delgado dilatadas y llenas de líquido (la S marca las
asas seleccionadas) mientras que el colon está colapsado (flechas discontinuas), lo que
indica una obstrucción del intestino delgado. La pared intestinal no está engrosada y se
realza normalmente con el contraste intravenoso, que sabemos que recibió el paciente por
el aspecto realzado de la aorta (A) y los riñones (R). La ausencia de captación por parte de
la pared intestinal puede ser útil para evaluar las complicaciones de la OID, como la
isquemia y la estrangulación.
Fig. 14.11 Signo del intestino delgado con heces. Se observa una mezcla de aire, restos
intestinales y contraste oral antiguo en un asa dilatada del intestino delgado (flechas
continuas). Hay asas proximales del intestino delgado dilatadas y con líquido (flechas
discontinuas). Al paciente se le había realizado una TC con contraste oral varios días antes
debido a un cuadro de dolor abdominal y después acudió de nuevo por la persistencia de
los síntomas y en dicho momento se realizó una TC sin contraste. Los restos y el líquido
intestinales pueden acumularse en el asa situada inmediatamente proximal a una
obstrucción del intestino delgado, dando lugar a este hallazgo que simula la presencia de
material fecal en el colon.
Fig. 14.12 Obstrucción en asa cerrada, TC del abdomen inferior. Un asa del intestino
delgado queda obstruida dos veces en el mismo punto de torsión (flecha continua) y da
lugar a un asa cerrada (AC). En el asa cerrada no penetra el contraste oral, que sí se
observa en un asa más proximal del intestino delgado (flecha discontinua). Las
obstrucciones en asa cerrada son importantes, dada su mayor incidencia de necrosis
intestinal secundaria a estrangulación del intestino.
Fig. 14.13 Necrosis intestinal, TC con contraste. Un asa dilatada del intestino delgado
muestra captación parietal débil, pero normal (flecha) en esta reconstrucción de una TC
coronal con contraste, mientras que las asas dilatadas más distales del intestino delgado
no muestran captación parietal (círculo). La pared intestinal normalmente debe captar
contraste intravenoso (v. fig. 14.10). La falta de captación es indicativa de que existe un
compromiso vascular en las asas intestinales distales, con necrosis del intestino.
Obstrucción mecánica: intestino grueso
• Fisiopatología:
• Una lesión, en el interior o el exterior del colon, causa obstrucción luminal.
• Con el paso del tiempo, desde el punto de la obstrucción hacia atrás (en dirección
retrógrada), el intestino grueso se dilata, de manera que el ciego es el segmento
que alcanza con frecuencia el diámetro máximo, incluso aunque la obstrucción esté
tan alejada como en el colon sigmoide.
• La función normal del intestino grueso es la reabsorción de agua, de manera que los
niveles hidroaéreos en el colon obstruido generalmente son escasos o inexistentes.
• A medida que transcurre el tiempo, las ondas peristálticas mantenidas desde el punto de
la obstrucción vacían hacia delante (en dirección anterógrada) el colon distal a la
obstrucción.
• En la obstrucción mecánica del intestino grueso se observa una cantidad
escasa o nula de aire en el recto.
• Las causas de la obstrucción mecánica del intestino grueso se resumen en la tabla 14.5.
• Características clave de la imagen en la OIG:
• El colon está dilatado hasta el punto de la obstrucción.
• Dado que el número de asas del intestino grueso es limitado, no suelen solaparse
(como si ocurre con las asas del intestino delgado), de manera que, en ocasiones
es posible identificar el sitio de obstrucción como el último segmento del colon
que contiene aire (fig. 14.14).
• Con independencia del punto de la obstrucción, el ciego suele ser el segmento
más dilatado del colon. Cuando el ciego alcanza un calibre superior a 12-15 cm,
existe peligro de rotura cecal.
• El intestino delgado no está dilatado (a menos que la válvula ileocecal se vuelva
incompetente; v. más adelante).
• El recto contiene poco o nada de aire, ya que es distal al punto de la obstrucción.
• Dado que la función del intestino grueso es la reabsorción de agua, no suelen
observarse pocos niveles hidroaéreos (o muy pocos) en el intestino grueso.
Fig. 14.14 Obstrucción mecánica del intestino grueso. Todo el colon está dilatado
(flechas blancas discontinuas) hasta el punto de interrupción localizado en el colon
descendente distal (flecha blanca continua), la localización del carcinoma de colon
obstructivo de este paciente. Parte del gas se ha desplazado en dirección retrógrada a
través de una válvula ileocecal incompetente y delinea el íleon dilatado (flecha negra
continua). Obsérvese que el intestino grueso está desproporcionadamente dilatado en
comparación con el intestino delgado, compatible con una obstrucción del intestino grueso.
Artefactos diagnósticos
• Una OIG puede imitar la apariencia de una OID si la presión intracolónica aumenta lo
suficiente para que se abra la válvula ileocecal (dicha válvula se denomina incompetente) y
el gas existente en el intestino grueso dilatado se desplaza en dirección retrógrada
hacia el intestino delgado, como si fuera el aire que sale de un globo (fig. 14.15).
Fig. 14.15 Obstrucción del intestino grueso que enmascara una obstrucción del
intestino delgado. Se observan asas del intestino delgado llenas de aire y dilatadas
(flechas continuas) en este paciente que padecía realmente una obstrucción mecánica del
intestino grueso debida a un carcinoma localizado en la parte media del colon descendente.
La presión en el interior del colon era suficiente para abrir la válvula ileocecal, lo que
permitió que la mayor parte del gas existente en el colon pudiera descomprimirse
retrógradamente hacia el intestino delgado. El colon ascendente y el descendente están
dilatados y todavía contienen aire (flechas discontinuas), una pista que apunta a que el
problema es realmente una obstrucción distal del intestino grueso. La TC abdominal puede
resolver la duda de si la obstrucción se localiza en el intestino grueso o en el intestino
delgado.
• No se suele administrar contraste de bario por vía oral a un paciente con sospecha
de OIG debido a que el agua se reabsorbe a partir del bario cuando el contraste alcanza el colon
obstruido, incrementando la viscosidad del bario.
• Identificación de la OIG en la TC:
• La TC se lleva a cabo para identificar la causa de la obstrucción, descartar la posibilidad
de aire libre intraperitoneal y para identificar posibles lesiones asociadas, como metástasis
hepáticas o ganglionares, si la obstrucción está causada por una neoplasia maligna.
• El intestino grueso está dilatado hasta el punto de la obstrucción (el punto de
transición); sin embargo, tiene un calibre normal distalmente a la lesión obstructiva.
); g ,
• El punto de la obstrucción, que a menudo corresponde a un carcinoma, puede localizarse
normalmente en la TC como una masa con densidad de partes blandas. Las hernias
que contienen asas de intestino grueso también pueden identificarse con facilidad en la TC
(fig. 14.16).
Fig. 14.16 Obstrucción del intestino grueso secundaria a un carcinoma de colon. Esta
reconstrucción de una TC coronal del abdomen y la pelvis muestra una dilatación del ciego
con heces en su interior (flecha discontinua) y del intestino grueso (IG) hasta la altura del
colon descendente distal, donde se identifica una masa grande con densidad de partes
blandas (flecha continua). La masa fue resecada quirúrgicamente y era un adenocarcinoma
de colon.
Vólvulo del colon
• El vólvulo del colon es un tipo concreto de OIG que genera un cuadro sorprendente y
característico que se resume en el cuadro 14.2 (fig. 14.17).
CUADRO 14.2
Vólvulo: una causa de obstrucción mecánica del intestino grueso
Fig. 14.18 Síndrome de Ogilvie. Este síndrome, que aparece más frecuentemente en
ancianos y pacientes encamados que ya están gravemente enfermos y da lugar a una
dilatación aguda y masiva del colon, en particular del ciego y colon derecho, sin obstrucción
mecánica. Puede ocasionar perforación y peritonitis y tiene una mortalidad global alta. El
tratamiento puede incluir la colocación de sonda nasogástrica, la descompresión
colonoscópica o la estimulación farmacológica del intestino.
Hay numerosas asas dilatadas del intestino delgado (flechas continuas) y el estómago (E) también está
dilatado. No hay gas intestinal en el recto (flecha discontinua). La combinación de hallazgos sugiere una
obstrucción mecánica en la zona media o distal del intestino delgado. La obstrucción era secundaria a
adherencias de una cirugía previa.
Puntos clave
• Los patrones anormales del gas intestinal pueden clasificarse en dos grupos principales: íleo
funcional y obstrucción mecánica.
• Hay dos variantes de íleo funcional: el íleo localizado (asas centinela) y el íleo adinámico
generalizado. Hay dos variantes de obstrucción mecánica: la obstrucción del intestino
delgado (OID) y la obstrucción del intestino grueso (OIG).
• En la obstrucción mecánica, el intestino reacciona de diversas formas predecibles: las asas
proximales a la obstrucción experimentan dilatación y el peristaltismo intenta propulsar el
contenido intestinal a través del intestino, y finalmente se evacúan las asas distales a la
obstrucción. Las asas que muestran una dilatación mayor son el asa intestinal con el diámetro
máximo en reposo o las asas intestinales inmediatamente proximales a la obstrucción.
• Las características clave de la imagen en el íleo localizado son la presencia de dos o tres asas
del intestino delgado dilatadas (asas centinela) con aire en el segmento rectosigmoide y un
proceso irritativo subyacente que a menudo está adyacente a las asas dilatadas.
• Algunas causas de asas centinela son la pancreatitis (hipocondrio izquierdo), la colecistitis
(hipocondrio derecho), la diverticulitis (fosa iliaca izquierda) y la apendicitis (fosa iliaca derecha).
Todas ellas pueden identificarse fácilmente en la ecografía o la TC.
• Las características clave en el íleo adinámico generalizado son las asas dilatadas de los
intestinos grueso y delgado; presencia de gas en el segmento rectosigmoide; y niveles
hidroaéreos largos. Los pacientes postoperados desarrollan íleo adinámico generalizado.
• Las características clave de la imagen en la obstrucción mecánica del intestino delgado
consisten en asas desproporcionadamente dilatadas del intestino delgado y llenas de líquido, con
una cantidad escasa o nula de gas en el segmento rectosigmoide. La TC es la mejor modalidad
para identificar la causa y la localización de la obstrucción o de sus complicaciones.
• La causa más frecuente de una OID son las adherencias; otras causas son las hernias, la
invaginación intestinal, el íleo por cálculos biliares, los tumores malignos y la enfermedad
intestinal inflamatoria, como la enfermedad de Crohn.
• La obstrucción en asa cerrada es una obstrucción en la que dos puntos del intestino se
obstruyen en la misma localización, lo que da lugar al asa cerrada. En el intestino delgado, una
obstrucción en asa cerrada conlleva un riesgo mayor de estrangulación intestinal. En el intestino
grueso, la obstrucción en asa cerrada se denomina vólvulo.
• Las características clave de la imagen en la OIG mecánica son la dilatación del colon hasta el
punto de la obstrucción y la ausencia de gas en el recto sin dilatación del intestino delgado
mientras la válvula ileocecal permanezca competente. La TC demuestra a menudo la causa de la
obstrucción.
• Las causas de la OIG mecánica son los tumores malignos, las hernias, la diverticulitis y la
invaginación intestinal.
• El síndrome de Ogilvie se caracteriza por la dilatación aguda y a veces masiva de la totalidad
del colon que simula una obstrucción del intestino grueso, pero sin un punto de obstrucción
demostrable; en ocasiones puede confundirse radiológicamente con un íleo adinámico
generalizado.
La identificación del aire extraluminal es un hallazgo importante que puede tener un efecto inmediato en la
evolución del tratamiento. Normalmente no hay nada de aire en los espacios peritoneal y extraperitoneal, la
pared intestinal o el sistema biliar. El aire que se localiza fuera de la luz intestinal se denomina aire
extraluminal.
Puntos importantes
• El aire libre habitualmente asciende hasta la parte más alta del abdomen. En bipedestación, el
aire libre generalmente se visualiza por debajo del diafragma con un aspecto
radiotransparente y una configuración semilunar, que discurre paralela bajo la superficie
del diafragma (fig. 15.1).
Fig. 15.1 Aire libre debajo del diafragma. Se observan imágenes finas de semilunas de
aire debajo de los hemidiafragmas derecho (flecha continua) e izquierdo (flecha
discontinua) representando aire intraperitoneal. Normalmente hay un nivel hidroaéreo en el
estómago (S) por debajo del hemidiafragma izquierdo. El paciente se había sometido a una
cirugía abdominal 2 días antes.
Puntos importantes
• En las radiografías convencionales, el aire libre se observa mejor con el haz de rayos X
dirigido en paralelo al suelo (es decir, un haz horizontal) (v. fig. 12.14). Las cantidades
pequeñas de aire libre no son visibles en las radiografías en las que el haz de rayos X se
dirige vertical hacia abajo, como en las proyecciones obtenidas en decúbito supino o prono.
• El aire libre se identifica con mayor facilidad debajo del hemidiafragma derecho,
debido a que es la localización habitual del hígado, que tiene una densidad de partes blandas. El
aire libre es más difícil de detectar bajo el hemidiafragma izquierdo, ya que en esta zona
hay estructuras como el fundus gástrico y la flexura esplénica del colon, y pueden simular o
esconder la presencia de aire libre (fig. 15.4).
• Si el paciente no puede permanecer en bipedestación ni mantenerse sentado en posición erecta,
la proyección abdominal con el paciente colocado sobre su lado izquierdo (por tanto, el lado
derecho hacia arriba) y obtenida con un haz de rayos X horizontal, puede demostrar el aire libre
elevándose por encima del borde derecho del hígado (v. fig. 12.15). Esta es la proyección en
decúbito lateral izquierdo del abdomen (fig. 15.5).
Fig. 15.4 Hemidiafragma izquierdo normal (A) y aire libre debajo del hemidiafragma
(B). (A) Es más difícil detectar aire libre en el hipocondrio izquierdo que en el derecho dada
la presencia habitual de estructuras que contienen aire, como el estómago (S) y el ángulo
esplénico (AE). (B) En otro paciente, puede observarse una semiluna de aire libre (flechas)
debajo del hemidiafragma izquierdo y por encima del AE.
Fig. 15.5 Proyección en decúbito lateral izquierdo, aire libre. La imagen en detalle del
hipocondrio derecho en un paciente colocado en decúbito lateral izquierdo muestra una
semiluna de aire (flechas blancas discontinuas) por encima del borde externo del hígado
(flecha negra), debajo del hemidiafragma derecho (flecha blanca continua). La orientación
cabeza/pie del paciente está indicada.
Artefactos diagnósticos
• Signo de Chilaiditi:
• En ocasiones, el colon normal puede interponerse entre la cúpula del hígado y el
hemidiafragma derecho, y, a menos que se realice una búsqueda cuidadosa de la
presencia de los pliegues haustrales característicos del colon, puede confundirse
con aire libre (fig. 15.6). Esta interposición normal del colon entre el hígado y el
hemidiafragma derecho se denomina signo de Chilaiditi (se pronuncia quiladiti). En
caso de duda, se puede obtener una proyección de abdomen en decúbito lateral
izquierdo o, si fuera necesario, una TC de abdomen.
Fig. 15.6 Signo de Chilaiditi. Imagen en detalle del hemidiafragma derecho en una
radiografía torácica convencional que muestra aire debajo del diafragma, que podría
confundirse con aire libre (flecha blanca). La evaluación cuidadosa de este aire demuestra
que contiene varios pliegues haustrales (flechas negras), lo cual indica que es un asa de
colon interpuesta entre el hígado y el diafragma, más que aire libre.
Fig. 15.7 Signo de Rigler. Cuando una cantidad significativa de aire llena la cavidad
peritoneal, los dos lados de la pared intestinal quedan perfilados por aire, lo que hace que
las paredes del intestino sean visibles en forma de líneas bien definidas (flechas). Es lo que
se denomina signo de Rigler e indica la presencia de un neumoperitoneo. Este paciente
padecía una úlcera perforada.
Artefactos diagnósticos
• Cuando se solapan las asas dilatadas del intestino delgado, en ocasiones conducen a la
impresión errónea de que estamos viendo ambos lados de la pared intestinal (fig. 15.8). En caso
de duda, confirmar la presencia de aire libre con una proyección abdominal en bipedestación o en
decúbito lateral izquierdo, o mediante una TC abdominal.
Fig. 15.8 Asas superpuestas que simulan aire libre. No confundir las asas superpuestas
y dilatadas del intestino delgado (flechas blancas) pensando que está viendo los dos lados
de la pared intestinal debido a la presencia de aire libre. Obsérvese que, donde las asas no
se solapan, no se ven ambos lados de la pared intestinal (flechas negras). A esto se le ha
llamado el pseudosigno de Rigler.
• El ligamento falciforme discurre sobre el borde libre del hígado en su parte anterior,
inmediatamente a la derecha de la parte superior de la columna lumbar. Contiene un resto
de la vena umbilical obliterada. Normalmente es invisible, está constituido por partes blandas
y está rodeado por tejidos de una densidad similar.
• Cuando hay una cantidad (generalmente) importante de aire libre y el paciente está en
decúbito supino, el aire libre puede ascender hasta la superficie anterior del hígado a ambos
lados del ligamento falciforme y permitir que sea visible. La visualización del ligamento
falciforme se denomina apropiadamente signo del ligamento falciforme (fig. 15.9).
• La apariencia lineal del ligamento falciforme, combinada con la acumulación de aire libre de
forma oval que distiende el abdomen, se ha equiparado a la apariencia de un balón de fútbol
americano con sus costuras y se ha denominado signo del balón de fútbol americano (fig.
15.10).
• En la tabla 15.1 se resumen los tres signos principales del aire libre en las radiografías
convencionales.
Fig. 15.9 Signo del ligamento falciforme. (A) El aire libre intraperitoneal rodea el
ligamento falciforme, que normalmente no es visible, y que se localiza en el borde anterior
del hígado, provocando que las estructuras de partes blandas se vuelvan visibles (flechas)
inmediatamente a la derecha de la parte superior de la columna lumbar. Este paciente tenía
un neumoperitoneo voluminoso secundario a una úlcera gástrica perforada. (B) En la TC en
otro paciente, el ligamento falciforme (flecha) está perfilado por el aire libre (AL) a ambos
lados, en la parte anterior al hígado (H).
Fig. 15.10 Signo del balón de fútbol americano. Hay una gran cantidad de aire libre que
llena y distiende por completo la cavidad abdominal (flechas continuas) con visualización
del ligamento falciforme (flecha discontinua) y de ambos lados de la pared intestinal
(círculo) en este lactante con neumoperitoneo por una enterocolitis necrosante. La
combinación de la forma ovalada del abdomen y de la línea de las «costuras» originada por
el ligamento falciforme hace que se denomine signo del balón de fútbol americano. Este
lactante tiene también una enfermedad de la membrana hialina y lleva colocados dos
catéteres umbilicales.
Tabla 15.1
Signo Comentarios
Visualización de ambos
Generalmente se requiere una gran cantidad de aire libre; puede
lados de la pared
observarse en cualquier posición
intestinal
Visualización del Generalmente se requiere una gran cantidad de aire libre; se ve mejor
ligamento falciforme con el paciente en decúbito supino
• A diferencia de las acumulaciones de aire libre intraperitoneal que perfilan las asas intestinales y
que en general se desplazan libremente en el abdomen, el aire extraperitoneal puede
identificarse por:
• Un aspecto lineal y estriado que perfila las estructuras extraperitoneales.
• Un aspecto moteado y manchado (especialmente en el espacio pararrenal
anterior).
• Una posición relativamente fija, con desplazamiento mínimo o nulo cuando
se cambia al paciente de posición.
• El aire extraperitoneal puede perfilar estructuras extraperitoneales, como las siguientes:
• Músculos psoas.
• Riñones, uréteres y vejiga urinaria.
• Aorta o vena cava inferior (fig. 15.11).
• Borde inferior del diafragma con acumulación en los tejidos subfrénicos.
• El aire extraperitoneal puede extenderse a través de un hiato diafragmático hasta el
mediastino (dando lugar a un neumomediastino) o puede extenderse hasta la cavidad
peritoneal a través de aberturas existentes en el peritoneo (dando lugar a un
neumoperitoneo).
• En el cuadro 15.1 se resumen los signos de aire extraperitoneal.
CUADRO 15.1
Signos de aire extraperitoneal
Fig. 15.12 Neumatosis vista de perfil. Esta imagen en detalle de la fosa iliaca derecha de
un lactante muestra una radiotransparencia fina y curvilínea paralela a la luz del intestino
adyacente (flechas), un aspecto característico de gas en el interior de la pared intestinal
vista de perfil. En los lactantes, la causa más frecuente de este hallazgo es la enterocolitis
necrosante, una enfermedad que se observa con mayor frecuencia en los prematuros, en
los que el íleon terminal es el segmento más afectado (v. cap. 27). La neumatosis intestinal
es patognomónica de la enterocolitis necrosante en el lactante.
Fig. 15.13 Neumatosis vista de frente. La visión en detalle de la fosa iliaca derecha en
otro lactante muestra múltiples imágenes tenues, moteadas, de radiotransparencia en la
fosa iliaca derecha (círculo), que es el aspecto de la neumatosis intestinal cuando se
visualiza de frente. La densidad tiene el mismo aspecto que el aire mezclado con heces.
Este lactante presentaba también una enterocolitis necrosante.
Tabla 15.2
Signo Comentarios
Aspecto moteado que simula el aire Aspecto cuando se ve de frente; puede aparecer en
mezclado con materia fecal una zona del abdomen en la que generalmente no se
localiza el colon; no cambia con el tiempo
Signo Comentarios
Acumulaciones globulares y
Una enfermedad poco habitual y benigna que afecta al
pseudoquísticas de aire paralelas al
colon, generalmente al izquierdo
contorno del intestino
Puntos importantes
Fig. 15.17 Aire en el árbol biliar (neumobilia). Imagen en detalle del hipocondrio derecho
que muestra varias estructuras tubulares con aire sobre la porción central del hígado
compatibles con aire en el sistema biliar (flechas). Este paciente tenía antecedentes de
esfinterotomía por cálculos biliares, de manera que podía esperarse el reflujo de aire hacia
el sistema biliar.
CUADRO 15.2
Signos de aire en el sistema biliar
• El aire en el sistema biliar puede ser un hallazgo «normal» si el esfínter de Oddi, que
protege la entrada del colédoco en su unión con el duodeno, está abierto (es decir, es
incompetente).
• Esfinterotomía previa, tal como se lleva a cabo para facilitar la eliminación de los cálculos
biliares del sistema ductal hacia el intestino.
• La cirugía previa con reimplantación del colédoco en otra parte del intestino (es decir, la
coledocoenterostomía) se acompaña a menudo de la presencia continua de aire en el sistema
ductal biliar.
• Procesos patológicos que pueden causar neumobilia de manera infrecuente, como:
• Íleo por cálculos biliares (íleo biliar), en el que un cálculo biliar erosiona la
pared de la vesícula y alcanza el duodeno (generalmente), y provoca una fístula
entre el intestino y el sistema biliar. El cálculo biliar queda impactado en el
intestino delgado, sobre todo en el segmento más estrecho del íleon terminal, y da
lugar a una obstrucción mecánica del intestino delgado (que se ha denominado
históricamente de forma inapropiada «íleo», aunque se trate de una obstrucción
mecánica) (fig. 15.18).
• Colangitis piógena gaseosa, especialmente por Escherichia coli.
Fig. 15.18 Íleo por cálculos biliares (íleo biliar). En este estudio pueden observarse los
tres hallazgos clave del íleo biliar. (A) La TC axial de la parte superior del abdomen muestra
aire en la luz de la vesícula biliar (flecha negra) y también un intestino delgado dilatado
(flecha blanca), compatible con una obstrucción mecánica del intestino delgado. (B) En
un nivel más bajo, otra TC axial del abdomen muestra un gran cálculo biliar calcificado
en el interior del intestino delgado (flecha discontinua), además de asas proximales del
intestino delgado dilatadas (flecha continua).
RESPUESTA CASO PROBLEMA 15
Hay una cantidad masiva de aire libre en abdomen, manifestada por la visualización de ambos lados de la
pared intestinal (signo de Rigler) (flechas). Este paciente se sometió a una cirugía abdominal urgente para
reparar una úlcera gástrica perforada. La respuesta correcta es la (C).
Puntos clave
• El gas abdominal localizado fuera de los límites del intestino se denomina aire extraluminal.
• Las cuatro localizaciones más frecuentes del aire extraluminal son el aire intraperitoneal
(neumoperitoneo, a menudo denominado aire libre), el aire retroperitoneal, el aire en la pared
intestinal (neumatosis) y el aire en el sistema biliar (neumobilia).
• Los tres signos clave del aire libre son el aire debajo del diafragma, la visualización de ambos
lados de la pared intestinal (signo de Rigler) y la visualización del ligamento falciforme.
• Las causas más frecuentes de aire libre son la úlcera péptica perforada, los traumatismos, ya
sean accidentales o iatrogénicos, la diverticulitis perforada, la apendicitis perforada y la
perforación de un carcinoma, generalmente de colon.
• Los signos clave de aire extraperitoneal (retroperitoneal) son la aparición de un patrón
estriado, lineal o moteado que perfila las estructuras extraperitoneales y su posición relativamente
fija, con un desplazamiento muy escaso o nulo cuando al paciente se cambia de posición.
• El aire extraperitoneal perfila a estructuras extraperitoneales, como los músculos psoas, los
riñones, la aorta y la vena cava inferior.
• Las causas de aire extraperitoneal son la perforación intestinal secundaria a una enfermedad
inflamatoria o ulcerativa, los traumatismos contusos o penetrantes, la manipulación iatrogénica y
la ingesta de cuerpos extraños.
• Los signos clave de aire en la pared intestinal son las imágenes lineales de
radiotransparencia paralelas al contorno del aire en la luz intestinal adyacente, un aspecto
moteado que imita el aire mezclado con materia fecal y, de manera infrecuente, acumulaciones
pseudoquísticas y globulares de aire que se disponen paralelamente al contorno del intestino.
• Las causas de aire en la pared intestinal (neumatosis intestinal) comprenden una forma
primaria infrecuente denominada neumatosis cistoide (quística) intestinal. Una forma
secundaria más frecuente incluye enfermedades que cursan con necrosis de la pared
intestinal, como la enterocolitis necrosante del lactante, la enfermedad isquémica intestinal del
adulto y las lesiones obstructivas intestinales que incrementan la presión intraluminal, como la
enfermedad de Hirschsprung en los niños y los carcinomas obstructivos en los adultos.
• La neumatosis intestinal asociada a enfermedades que cursan con necrosis del intestino suele
ser un signo pronóstico más ominoso que la neumatosis asociada a lesiones obstructivas del
intestino o a enfermedad pulmonar obstructiva crónica.
• Los signos de aire en el sistema biliar (neumobilia) consisten en la aparición de estructuras
tubulares y ramificadas radiotransparentes en el hipocondrio derecho, sobre el hígado, con una
localización central y en número escaso, y la presencia de gas en la luz de la vesícula biliar.
• Las causas de la neumobilia son la incompetencia del esfínter de Oddi, el antecedente de
esfinterotomía, la cirugía previa con reimplantación del colédoco en otra parte del intestino y el
íleo por cálculos biliares.
• La tríada de hallazgos del íleo biliar son el aire en el sistema biliar, la obstrucción del intestino
delgado y la visualización del propio cálculo biliar.
Las calcificaciones de partes blandas deben abordarse con una estrategia sistemática que conecta un
grupo diverso de enfermedades. Aunque este capítulo está centrado principalmente en las calcificaciones
abdominales, pueden aplicarse la misma estrategia y los mismos principios a las calcificaciones distróficas de
cualquier otra localización del cuerpo.
Esta es una radiografía abdominal en decúbito supino de una mujer de 56 años con una nefropatía crónica.
La imagen demuestra dos de los cuatro patrones de calcificación clásicos descritos en este capítulo. ¿Qué son
y en qué estructuras se localizan? Las respuestas están al final del capítulo.
• La mayoría de las calcificaciones que afectan a las partes blandas aparecen en tejidos que ya
son anormales. Dichas calcificaciones se denominan calcificaciones distróficas.
• Es posible determinar la naturaleza de la mayoría de las calcificaciones a través del
estudio de dos de sus características:
• Su patrón de calcificación.
• Su localización anatómica.
• La TC puede identificar fácilmente la localización de las calcificaciones.
Patrones de calcificación
• Las calcificaciones tienden a manifestarse con uno de los siguientes cuatro patrones,
según el tipo de estructura que experimenta la calcificación.
• Los patrones son:
• Calcificación «en ribete».
• Calcificación lineal o «en vías de tren».
• Calcificación lamelar o laminar.
• Calcificación tipo nube, amorfa o «en palomitas de maíz».
• La calcificación «en ribete» hace referencia a la calcificación que tiene lugar en la pared de
una víscera hueca. En este contexto, una «víscera hueca» es una estructura que contiene
líquido, grasa o aire y que está delimitada por una pared externa.
• Son ejemplos de estructuras que presentan calcificaciones en ribete los siguientes:
• Quistes: la calcificación en uno de los siguientes quistes es relativamente infrecuente.
• Quistes renales.
• Quistes esplénicos.
• Y en localizaciones extraabdominales, como:
• Quistes mediastínicos, como los pericárdicos y los bronquiales (fig.
16.1).
• Quistes poplíteos.
• Aneurismas:
• Aneurismas aórticos.
• A veces pueden identificarse en la radiografía de la columna lumbar,
especialmente en la proyección lateral.
• La aorta abdominal mide normalmente menos de 3 cm de diámetro, una
medición que exige que sean visibles ambas paredes (fig. 16.2).
• Aneurismas de la arteria esplénica y la arteria renal.
• Y localizaciones extraabdominales, como:
• Aneurismas de la arteria femoral.
• Aneurismas cerebrales.
• Órganos saculares, como la vesícula biliar o la vejiga urinaria.
• Vesícula biliar en porcelana:
• Una entidad infrecuente (cuya denominación se debe al aspecto macroscópico
de la vesícula, que se parece a la porcelana) secundaria a inflamación
crónica y a estasis de la vesícula y que se asocia a cálculos biliares en más
del 90% de los casos. Puede asociarse posiblemente a un incremento en la
incidencia de carcinoma de la vesícula biliar (fig. 16.3).
• Vejiga urinaria:
• La calcificación de la pared vesical es una complicación infrecuente de
enfermedades como la esquistosomiasis, el cáncer de vejiga y la
tuberculosis (TB).
• En la tabla 16.1 se recogen los aspectos clave de las calcificaciones «en ribete».
Fig. 16.1 Quiste pericárdico calcificado. Se observa una calcificación en ribete
(flechas) que identifica a la estructura que alberga la calcificación como quística o sacular.
La localización de la calcificación es ideal para un quiste pericárdico. Los quistes
pericárdicos se localizan casi siempre en el lado derecho y generalmente son
asintomáticos, y se descubren cuando se realiza una radiografía torácica por alguna otra
razón.
Fig. 16.3 Pared de la vesícula biliar calcificada. La calcificación «en ribete» (flecha)
indica que la calcificación se localiza en la pared de un quiste o de un órgano sacular. La
calcificación se sitúa en el hipocondrio derecho, que es la zona donde se localiza la
vesícula biliar. Es una vesícula biliar en porcelana, denominada así por su coloración
azulada y de aspecto frágil que se observa en el momento de la cirugía.
Tabla 16.1
Órgano de
Comentarios
origen
Aneurismas
Son más frecuentes en los diabéticos con aterosclerosis avanzada
aórticos
• La calcificación lineal o «en vías de tren» es una calcificación que tiene lugar en las paredes de
estructuras tubulares.
• Son ejemplos las calcificaciones que se observan en las paredes de:
• Arterias (fig. 16.4).
• Frecuentes en la aterosclerosis y pueden observarse en cualquier localización
del cuerpo.
• Las paredes de las venas no se calcifican.
• En las venas pueden calcificarse los trombos largos y lineales o los trombos
pequeños y focales (estos últimos se denominan flebolitos) (v. fig. 12.18).
• Otras estructuras tubulares.
• Trompas de Falopio y conductos deferentes.
• Con mayor frecuencia en los diabéticos (fig. 16.5).
• Uréter.
• Hallazgo infrecuente en la esquistosomiasis e incluso todavía más infrecuente
en la TB.
• En la tabla 16.2 se recogen los aspectos clave de las calcificaciones lineales o «en vías de tren».
Fig. 16.4 Paredes arteriales calcificadas. Hay una calcificación lineal o «en vías de
tren» en las arterias alrededor del tobillo y del pie, lo que implica la calcificación que se ha
producido en las paredes de estructuras tubulares. Hay una calcificación de las arterias
tibial anterior (flecha blanca continua), la tibial posterior (flecha negra) y la pedia (flecha
blanca discontinua). También están calcificadas muchas arterias más pequeñas. Estas
calcificaciones parietales aparecen en las arterias, no en las venas, y suelen ser
secundarias a aterosclerosis, y se asocian con frecuencia a diabetes, o en pacientes con
nefropatía.
Fig. 16.5 Calcificación de los conductos deferentes. Este paciente varón con hipertrofia
de próstata muestra dos calcificaciones simétricas «en vías de tren» (flechas). El tipo de
calcificación se identifica como la que aparece en la pared de las estructuras tubulares. La
calcificación en las paredes de los conductos deferentes ocurre con más frecuencia y antes
en los pacientes diabéticos en comparación con el proceso degenerativo natural.
Tabla 16.2
• Las calcificaciones laminares implican las calcificaciones que se forman alrededor de un nido
en el interior de una luz hueca. Por «luz hueca» entendemos una estructura como la vesícula
biliar o la vejiga, que contienen un líquido.
Puntos importantes
• La calcificación en capas concéntricas comienza con un nido central, alrededor del cual se
disponen capas alternas de material calcificado y no calcificado como consecuencia del
movimiento prolongado del cálculo en el interior de la víscera hueca (fig. 16.6).
Fig. 16.6 Litiasis biliar con calcificación laminar. Hay una calcificación laminar en el
hipocondrio derecho (flecha). Las bandas alternas de calcio y material menos denso la
identifican como un cálculo que se ha formado en una víscera en esta zona. La localización
anatómica indica que está en la región de la vesícula biliar. La ecografía es la modalidad de
imagen más precisa para detectar los cálculos biliares.
• Las calcificaciones laminares suelen denominarse litiasis o cálculos y entre ellos están los
siguientes:
• Cálculos renales.
• La TC es la modalidad de elección para la detección de los cálculos renales y
ureterales.
• Las radiografías convencionales tienen una sensibilidad de tan solo el 50-60% para
la demostración de los cálculos renales, a pesar de que alrededor del 90% de los
cálculos renales contienen calcio (fig. 16.7).
• Cálculos biliares.
• La ecografía es la modalidad de elección para la detección de los cálculos biliares.
• Aproximadamente, solo el 10-15% de los cálculos biliares contienen el grado
suficiente de calcificación como para ser visibles en las radiografías convencionales
(fig. 16.8).
• Cálculos vesicales.
• Generalmente son secundarios a una obstrucción crónica del infundíbulo de
salida vesical; muestran una gran tendencia a presentar laminación (fig. 16.9).
• En la tabla 16.3 se recogen los aspectos clave de las calcificaciones laminares.
Fig. 16.7 Cálculo renal, radiografía convencional y TC axial. (A) Hay una calcificación
(flecha blanca) que recubre la silueta del riñón izquierdo (flecha negra). A pesar de que es
demasiado pequeña como para que sea posible reconocer la laminación, su localización
sugiere que se trata de un cálculo renal. (B) En un paciente diferente, una TC axial sin
contraste denominada búsqueda de cálculo, muestra una calcificación de gran tamaño en
la parte proximal del uréter derecho (flecha negra) y calcificaciones más pequeñas en el
sistema colector intrarrenal izquierdo (flecha blanca). Dada su mayor sensibilidad, la
búsqueda de cálculos mediante TC sin contraste ha sustituido casi por completo a la
radiografía convencional para la identificación de los cálculos renales y ureterales.
Fig. 16.8 Cálculos en la vesícula biliar, radiografía convencional y TC axial. (A) Hay
múltiples calcificaciones laminares (círculo) que muestran bordes entrelazados, lo cual
sugiere que son cálculos que se han formado en una víscera en la proximidad de otras
generando facetas (biseles) en algunos de los cálculos. (B) En un paciente diferente, una
imagen de detalle de una TC axial sin contraste del hipocondrio derecho muestra varios
cálculos en la vesícula biliar (flecha blanca), dos de los cuales presentan claramente un
nido central rodeado por anillos laminados y concéntricos de material no calcificado y
calcificado. La vesícula biliar (flecha negra) contiene grasas biliares y su densidad es
inferior a la del hígado adyacente.
Fig. 16.9 Cálculos vesicales. Hay calcificaciones laminares (flechas) en esta TC axial a la
altura de la pelvis y con una ventana adaptada para mostrar mejor las laminaciones. La
presencia de laminación es indicativa de que estas calcificaciones se han formado en el
interior de una víscera. La localización anatómica de estos cálculos los sitúa en el interior
de la vejiga urinaria.
Tabla 16.3
Calcificaciones laminares
Órgano de
Comentarios
origen
La mayoría de los cálculos renales están constituidos por cristales de oxalato cálcico; se
Riñón
deben fundamentalmente a estasis o infección
Vesícula La mayoría de los cálculos biliares calcificados están constituidos por bilirrubinato
biliar cálcico; se deben a infección crónica y estasis
Órgano de
Comentarios
origen
Vejiga La mayoría de los cálculos vesicales contienen cristales de urato; suelen asociarse a una
urinaria obstrucción del infundíbulo de salida vesical
• La calcificación tipo nube, amorfa o «en palomitas de maíz» es una calcificación que se forma
en el interior de un órgano sólido o de un tumor y algunos ejemplos son:
• Cuerpo del páncreas.
• Patognomónico de la pancreatitis crónica (fig. 16.10).
• Leiomiomas uterinos.
• Los fibromas o leiomiomas uterinos degeneran con mucha frecuencia y se calcifican
con el tiempo (fig. 16.11).
Artefactos diagnósticos
• En ocasiones, un tumor sólido crece con mayor rapidez que la vascularización que
recibe y el centro del tumor experimenta necrosis, dejando únicamente una «cubierta
externa» viable. La calcificación subsiguiente es más «en ribete» que amorfa. Los fibromas
uterinos muestran una tendencia especial a desarrollar esta apariencia (fig. 16.12).
Fig. 16.12 Ribete calcificado en un leiomioma uterino. Hay una calcificación «en ribete»
(flechas) localizada en la pelvis de una mujer, por lo que sería adecuado considerar la
posibilidad de que se haya formado en la pared de una estructura sacular, como un quiste.
De hecho, este es el patrón característico de la calcificación en las paredes externas de
leiomiomas uterinos (fibromas) degenerados. Son calcificaciones «en ribete», pero la
estructura en la cual se originaron era sólida.
• Ganglios linfáticos.
• Pueden calcificarse en cualquier localización del cuerpo, principalmente como
consecuencia de una infección granulomatosa previa, como una TB antigua.
• Riñones.
• La nefrocalcinosis medular es una calcificación macroscópica depositada en las
pirámides de la médula renal, normalmente secundaria a una alteración metabólica, como
el hiperparatiroidismo (fig. 16.13).
• Los adenocarcinomas productores de mucina del estómago, el ovario o el colon pueden
producir calcificaciones, tanto en los tumores primarios como en los depósitos metastásicos (fig.
16.14).
• Y fuera del abdomen en estructuras como:
• Meningiomas.
• En la tabla 16.4 se recogen los aspectos clave de las calcificaciones amorfas, tipo nube o «en
palomitas de maíz».
• En la tabla 16.5 se resumen los aspectos clave de los cuatro patrones de calcificación
anormales.
Fig. 16.13 Nefrocalcinosis medular (nefropatía hipercalcémica). Hay calcificaciones
bilaterales tipo nube (flechas), lo cual sugiere que estas calcificaciones se han formado en
un órgano sólido o un tumor. Las calcificaciones se ajustan a la localización anatómica de
los sistemas colectores renales. Se trata de una nefrocalcinosis medular, una entidad
asociada a hipercalcemia. Este paciente tenía un hiperparatiroidismo primario, la causa
más frecuente de nefrocalcinosis en el adulto.
Fig. 16.14 Metástasis ováricas calcificadas. La TC axial sin contraste del abdomen
superior muestra múltiples calcificaciones amorfas, algunas de ellas en el hígado (flechas
blancas) y otras en forma «de siembra» de la superficie peritoneal del abdomen (flechas
negras). Esta paciente presentaba un adenocarcinoma ovárico productor de mucina con
metástasis peritoneales y hepáticas. Los tumores gástricos y de colon productores de
mucina también ocasionar metástasis calcificadas, pero las neoplasias malignas de ovario
son las que metastatizan con mayor frecuencia en el peritoneo. Hay contraste oral en el
estómago (S).
Tabla 16.4
Leiomiomas
La degeneración de los leiomiomas produce su calcificación
(fibromas) uterinos
Tumores productores Los tumores productores de mucina ováricos, gástricos o de colon pueden
de mucina calcificarse, así como sus metástasis
Tabla 16.5
Amorfa, tipo nube o «en Se forma en órganos sólidos o Leiomiomas uterinos; algunos
palomitas de maíz» tumores tumores productores de mucina
Puntos importantes
Tabla 16.6
Puntos clave
En este capítulo vamos a aprender a identificar algunas de las anomalías más frecuentes en el abdomen.
También vamos a comentar diversas alteraciones hepáticas seleccionadas. En el capítulo 18, dedicado a la
ecografía, se describen algunas de las anomalías biliares y pélvicas más frecuentes.
Esta es una proyección coronal del abdomen inferior de una TC abdominal sin contraste en un varón de 20
años con dolor en la fosa iliaca derecha de 5 horas de evolución. ¿Cuál es el diagnóstico? La respuesta está al
final del capítulo.
Estudios con bario del tubo digestivo
• Los estudios con contraste simple y/o con doble contraste del esófago se realizan después de
que el paciente ha ingerido por sí mismo una solución de bario (contraste simple) o
acompañada de un agente productor de gas que proporciona el «aire» para el estudio con
doble contraste. Dado que los métodos de contraste simple y con doble contraste tienen sus
propios puntos fuertes, muchos esofagogramas se realizan sistemáticamente con ambas
técnicas, en lo que se denomina un estudio bifásico.
• La esofagografía con vídeo (evaluación de la función de la deglución mediante vídeo)
es un estudio del mecanismo de la deglución, que generalmente se realiza mediante
radioscopia y a menudo con una captura dinámica, bien por medios digitales, en una cinta de
vídeo o bien en una placa. Este es el estudio de elección para el diagnóstico y la demostración de
la aspiración, un problema en el que las sustancias ingeridas alcanzan la tráquea por debajo del
nivel de las cuerdas vocales (v. caso problema de cap. 8; vídeo 17.1).
• La observación radioscópica del esófago también puede revelar anomalías en la
motilidad esofágica. Por ejemplo, las ondas terciarias son una anomalía frecuente, aunque
inespecífica, de la motilidad esofágica que representa la aparición de contracciones desordenadas
y sin capacidad de propulsión en el esófago. Estas ondas pueden observarse mediante radioscopia
y capturarse en radiografías instantáneas de radioscopias (vídeo 17.2).
Carcinoma esofágico
• El carcinoma esofágico sigue teniendo un pronóstico malo, ya que más del 50% de los
pacientes presentan metástasis en el momento en que se establece el diagnóstico. La
ausencia de serosa en el esófago y la gran abundancia de vasos linfáticos facilitan la
extensión y la diseminación del carcinoma esofágico. El alcoholismo crónico y el tabaquismo se
asocian a un incremento en el riesgo de esta enfermedad.
• Los tumores malignos esofágicos son el carcinoma epidermoide y el adenocarcinoma, y
hoy en día, este último muestra un aumento de su prevalencia. Los adenocarcinomas se
originan en el epitelio esofágico que ha experimentado metaplasia, con transformación del
epitelio plano en un epitelio cilíndrico (esófago de Barrett), un proceso en el que la
enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE) desempeña una función importante.
• El esofagograma con bario a menudo es el estudio inicial en los pacientes con síntomas que
sugieren este diagnóstico, como la disfagia (fig. 17.1).
Fig. 17.1 Carcinoma esofágico. La solución de bario rellena la luz esofágica, excepto
donde revista una masa polipoide ocupante de espacio que se origina en la pared lateral
del esófago (flechas blancas). El tumor produce los clásicos bordes en voladizo en sus
márgenes proximal y distal (flechas negras). Obsérvese que, a lo largo de este capítulo, el
bario se muestra indistintamente en blanco o en negro.
• Las hernias hiatales se dividen en deslizantes (casi la totalidad), en las que la unión
esofagogástrica se sitúa por encima del diafragma, y paraesofágicas (1%), en las que
una parte del estómago se hernia a través del hiato esofágico, pero la unión
esofagogástrica se mantiene por debajo del diafragma. En general, las hernias de hiato
muestran un aumento de su incidencia con la edad.
• La mayoría arte de las hernias de hiato son asintomáticas, aunque hay una asociación
entre la presencia de algunas hernias hiatales y un reflujo gastroesofágico clínicamente
significativo.
• El reflujo gastroesofágico también aparece en pacientes sin una hernia hiatal visible,
generalmente debido a cierta disfunción del esfínter esofágico inferior, el cual normalmente
impide que el ácido gástrico refluya repetidamente al esófago.
Puntos importantes
Fig. 17.2 Hernia hiatal. El estómago (S) se extiende por encima del diafragma (líneas)
formando una hernia hiatal (HH). Se observa la presencia de pliegues gástricos que
irradian desde el estómago hacia la hernia. Obsérvese que el esófago no muestra el
estrechamiento (que aparece normalmente) cuando atraviesa el hiato esofágico. Un anillo
de Schatzki (flecha) señala la posición de la unión esofagogástrica y su apariencia por
encima del diafragma indica automáticamente la presencia de una hernia hiatal por
deslizamiento.
• En la actualidad, la luz del estómago suele estudiarse mediante la endoscopia del tracto
gastrointestinal (GI) superior, y el grosor parietal y las estructuras que rodean el estómago se
estudian mediante TC abdominal con contraste oral. No obstante, los estudios bifásicos del tracto
GI superior (o tránsito esofagogastroduodenal [TEGD]), que incluyen la evaluación del esófago, el
estómago y el duodeno, siguen siendo métodos con un grado de sensibilidad elevado, rentables,
fácilmente disponibles y no invasivos.
Úlceras gástricas
Puntos importantes
Carcinoma gástrico
Úlceras duodenales
Puntos importantes
• Las úlceras duodenales son entre dos y tres veces más frecuentes que las gástricas.
Casi todas las úlceras duodenales se localizan en el bulbo duodenal, la mayoría en la pared
anterior del bulbo. En su inmensa mayoría se deben a la infección por H. pylori (85-
95%).
• La serie radiológica TEGD con doble contraste tiene un grado de sensibilidad superior al 90%
para la detección de las úlceras duodenales (fig. 17.5).
• Las complicaciones de las úlceras duodenales, que se demuestran mejor mediante TC, son la
obstrucción, la perforación (en la cavidad peritoneal) (fig. 17.6), la penetración (p. ej., en el
páncreas) y la hemorragia.
Fig. 17.5 Úlcera duodenal aguda. En el interior del bulbo duodenal (D) hay una
acumulación de bario con una configuración irregular (flecha negra) persistente en una
serie de imágenes, que representa una úlcera duodenal. Está rodeada por una zona de
edema y pliegues irradiados (flechas blancas) que desplazan el bario desde la zona que
rodea a la base de la úlcera. Cuando se curan, las úlceras duodenales, suelen convertirse
en un tejido cicatricial que deforma el contorno triangular normal del bulbo. S, estómago.
Fig. 17.6 Úlcera duodenal perforada. (A) Hay una discontinuidad de la pared duodenal
(flecha continua) con aire intraperitoneal (círculo) posterior a la vesícula biliar, así como
líquido alrededor del hígado (flecha discontinua). (B). El mismo paciente con proyecciones
obtenidas después de la administración de contraste oral; el aire situado por detrás de la
vesícula biliar contiene también contraste (círculo) y hay contraste alrededor del hígado
(flecha discontinua) que podría deberse a una perforación intestinal (es decir, del duodeno).
Intestino delgado e intestino grueso
Consideraciones generales
Artefactos diagnósticos
• Por tanto, el contraste administrado por vía oral, a menudo con dosis divididas en el
tiempo para conseguir que el contraste inicial alcance el colon al tiempo que el contraste final
opacifica el estómago, se utiliza de manera sistemática en la mayoría de los estudios de
TC abdominal. Las excepciones pueden incluir a los estudios realizados por traumatismos, en
el estudio de búsqueda de cálculos ureterales y en los estudios dirigidos específicamente
hacia la evaluación de las estructuras vasculares, como la aorta. El contraste oral utilizado en los
estudios de TC es una solución diluida que contiene bario o un contraste yodado.
Puntos importantes
• Hay varios hallazgos clave que son habituales en cualquier segmento intestinal y que son
importantes para el diagnóstico de las anomalías intestinales mediante TC. Todos se muestran en
la figura 17.7. Incluyen:
• Engrosamiento de la pared intestinal (v. fig. 17.7A).
• Edema o hemorragia submucosa. La infiltración submucosa da lugar a grados
variables de imágenes de impresión digital (thumbprinting), indentaciones nodulares
en la luz intestinal, que corresponden a áreas focales de infiltración submucosa por edema,
hemorragia, células inflamatorias, tumor (linfoma) o amiloide (v. fig. 17.7B).
• Infiltración borrosa o densidades lineales (trabeculación) del tejido graso
adyacente. La extensión de la reacción inflamatoria hacia el exterior del intestino en el
tejido graso adyacente es un hallazgo centinela que indica una enfermedad asociada (v. fig.
17.7C).
• Contraste extraluminal o aire extraluminal, que indica la presencia de una
perforación intestinal (v. fig. 17.6B).
Fig. 17.7 Hallazgos clave en la TC del tracto gastrointestinal. Estos son hallazgos
aplicables a cualquier parte del intestino y son claves para el diagnóstico de anomalías
intestinales en la TC. (A) Se observa engrosamiento y captación de la pared del colon
(óvalo). Normalmente, la pared del colon es fina y aún se vuelve más delgada con la
distensión del colon. (B) Se observa infiltración submucosa que produce engrosamiento
e irregularidad de la pared y estrechamiento de la luz (óvalo). En este caso de colitis
isquémica, lo más probable es que represente edema con algo de hemorragia. (C) Hay
infiltración de la grasa circundante del colon descendente (flecha), un hallazgo centinela
que suele presagiar la presencia de inflamación adyacente, como en este caso de
diverticulitis. También hay pequeña cantidad de aire extraluminal (óvalo).
Enfermedad de Crohn
Puntos importantes
• Hallazgos de imagen en la enfermedad de Crohn incluyen:
• Estrechamiento, irregularidad y ulceraciones en el íleon terminal, a menudo con
dilatación del intestino delgado proximal.
• Separación de las asas intestinales debido a la infiltración del tejido adiposo del
mesenterio que rodea el íleon, lo que hace que el asa afectada se mantenga separada de
las asas del intestino delgado que la rodean (llamada asa orgullosa).
• El signo de la cuerda, que consiste en un estrechamiento del íleon terminal en forma de
rendija o hendidura por espasmo y fibrosis.
• Fístulas, especialmente entre el íleon y el colon, pero también a la piel, la vagina o la
vejiga urinaria (fig. 17.8).
Fig. 17.8 Enfermedad de Crohn. (A) Imagen en detalle de la fosa iliaca derecha de un
tránsito del intestino delgado que muestra un estrechamiento notable del íleon terminal
(flecha) (signo de la cuerda) que se mantiene alejado de las demás asas del intestino
delgado (asa orgullosa). (B) En un estudio similar en otro paciente se observan múltiples
estrías de bario que representan múltiples fístulas entéricas que conectan asas de
intestino delgado anormales adyacentes (flechas). Las fístulas constituyen una
complicación frecuente de esta enfermedad. C, ciego.
Intestino grueso
• La superficie intraluminal del colon se estudia con mayor frecuencia mediante una colonoscopia
óptica o colonografía por TC y/o mediante un enema con bario y doble contraste. Las estructuras
externas al colon suelen estudiarse mediante TC abdominal y pélvica, con contraste oral o rectal.
Diverticulosis
• Los divertículos del colon, al igual que la mayoría de los divertículos del tubo digestivo,
representan herniaciones de la mucosa y la submucosa a través de un defecto en la capa
muscular (divertículos falsos).
Puntos importantes
• Los divertículos colónicos se observan con mayor frecuencia en las personas de edad avanzada
y pueden deberse, al menos en parte, a un incremento de la presión intraluminal y a un
debilitamiento de la pared del colon. Suelen ser múltiples (diverticulosis), y casi siempre
asintomáticos (aproximadamente el 90% de los casos), pero también pueden inflamarse o
sangrar. La diverticulosis es la causa más común de hemorragia digestiva baja
masiva. Cuando sangran, los divertículos del colon derecho suelen sangrar más que los del
colon izquierdo.
Diverticulitis
Puntos importantes
Puntos importantes
Fig. 17.11 Pólipos del colon. (A) La colonografía por TC utiliza la TC del abdomen para
facilitar la reconstrucción tridimensional del aspecto en el interior de la luz intestinal sin
necesidad de utilizar un endoscopio. Se observa un pólipo en el colon descendente (flecha
negra) como una masa bien definida, mientras que las haustras normales (flechas blancas)
aparecen como estructuras en forma de crestas por todo el intestino grueso. (B) Ejemplo de
un enema de doble contraste en otro paciente con una masa polipoidea en el colon
sigmoide perfilado por bario (flecha negra). En este paciente, el pólipo parece unido a la
pared del colon por un tallo (flecha blanca). Los pólipos con tallos se denominan pólipos
pediculados.
Fig. 17.12 Invaginación intestinal, enema con bario y TC. (A) Cuando un asa intestinal
prolapsa hacia el interior del asa inmediatamente distal a ella, la obstrucción resultante, da
lugar al denominado aspecto «en resorte» o espiral en el estudio mediante enema con
bario, debido a que las dos asas intestinales están superpuestas la una sobre la otra
(flecha). (B) La imagen de TC en otro paciente con invaginación intestinal muestra el
prolapso de un asa del intestino grueso (flecha blanca) en el asa situada distalmente
(flecha negra), produciendo un defecto de repleción y la obstrucción de la luz.
Carcinoma de colon
Puntos importantes
• El cáncer de colon es el cáncer más frecuente del tubo digestivo. La mayoría se localizan
en la región rectosigmoidea y tardan años en evolucionar. Los factores de riesgo son los
pólipos adenomatosos, la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn, los síndromes de poliposis,
los antecedentes familiares de pólipos de colon o de cáncer de colon, y el antecedente de
radioterapia sobre la pelvis.
Colitis
• La colitis es la inflamación del intestino grueso. Hay numerosas causas de colitis, como
infecciosa, ulcerosa y granulomatosa, isquémica, inducida por radiación y asociada a antibióticos.
Dado que hay muchas formas de colitis que muestran apariencias radiológicas similares, la
historia clínica tiene una importancia crucial.
Puntos importantes
Apendicitis
Puntos importantes
Fig. 17.15 Apendicitis, TC. (A) Se observa infiltración del tejido adiposo periapendicular en
la fosa iliaca derecha, manifestada por el incremento en la atenuación de la grasa
mesentérica (flecha). La infiltración focal del tejido adiposo es una característica frecuente
en las enfermedades inflamatorias y ayuda a su localización. (B) En el interior de la luz del
apéndice se observa una pequeña calcificación (flecha discontinua) o apendicolito en un
paciente diferente. Se observa también infiltración inflamatoria del tejido adiposo
circundante con aumento de la atenuación (flecha continua). Por fuera de la luz apendicular
se aprecia una cantidad muy pequeña de aire debida a una perforación limitada (círculo).
• La aplicación de la ecografía en la apendicitis se expone en el capítulo 18.
• La diverticulosis es una de las principales causas de HDB. La HDB se define como aquel
sangrado que se origina entre la válvula ileocecal y el recto. Otras causas incluyen las
angiodisplasias, la enfermedad inflamatoria intestinal y las neoplasias.
• En la HDB aguda (franca) hay varios enfoques diagnósticos. La colonoscopia, la angiografía
con catéter y la angiografía por TC (ATC) son las pruebas diagnósticas empleadas más a
menudo para valorar la HDB aguda. Los estudios de medicina nuclear para la detección de
sangrado también pueden utilizarse.
• Tanto la colonoscopia como la angiografía con catéter tienen el beneficio añadido de
permitir el tratamiento de la causa del sangrado tras identificar su localización. La colonoscopia
se utiliza frecuentemente como modalidad inicial en los pacientes hemodinámicamente
estables (con una preparación adecuada del colon). La angiografía es especialmente útil en
aquellos pacientes que están hemodinámicamente inestables y con una HDB masiva.
• La ATC requiere un cierto grado de sangrado arterial activo (de al menos 0,5 ml/min) para
mostrar de forma efectiva la extravasación de contraste en la luz intestinal para identificar
la localización del sangrado. Es menos invasiva que la colonoscopia y la angiografía con catéter, es
fácilmente disponible y puede demostrar lesiones en el intestino delgado, donde la
colonoscopia no puede hacerlo (fig. 17.16).
• La gammagrafía con hematíes marcados con radioisótopos es una herramienta
diagnóstica sensible para la hemorragia digestiva, pero tiene una especificidad baja, debido a su
resolución limitada si se compara con la endoscopia o la angiografía.
Fig. 17.16 Angiografía por TC (ATC) en una hemorragia digestiva baja. El sangrado
digestivo activo se diagnostica demostrando la extravasación del contraste intravenoso
inyectado en la luz intestinal. (A) Imagen axial de la pelvis después de la administración de
contraste intravenoso, pero sin contraste oral, que muestra una acumulación amorfa de
contraste en la luz del ciego (círculo) que representa sangre extravasada. (B)
Reconstrucción coronal del mismo paciente que muestra varias acumulaciones de
contraste intraluminal en el ciego (círculo). Las flechas en ambas imágenes identifican los
vasos iliacos opacificados. El paciente sangraba por una malformación vascular del ciego.
CA, colon ascendente.
Páncreas
Pancreatitis
• Las dos causas más frecuentes de pancreatitis son el alcoholismo y los cálculos
biliares. Los traumatismos pueden desempeñar un papel en los niños. La inflamación del tejido
pancreático que conduce a la rotura de los conductos con vertido de los jugos pancreáticos es un
proceso que ocurre fácilmente, en parte porque el páncreas no está rodeado por una cápsula.
Puntos importantes
Pancreatitis crónica
Puntos importantes
Puntos importantes
• La evaluación mediante TC de las masas hepáticas se lleva a cabo habitualmente con una
secuencia de estudios realizados antes y después (por dos veces) de la administración de
contraste intravenoso, lo que se conoce como un estudio trifásico. La combinación de las
imágenes ayuda a definir mejor y a caracterizar las masas hepáticas (fig. 17.20).
• La RM cada vez se utiliza con más frecuencia como modalidad de elección para evaluar las
hepatopatías focales y difusas. A menudo, la RM permite caracterizar de manera definitiva las
lesiones hepáticas descritas como indeterminadas en la TC, como quistes, tumores hepáticos
benignos, como el hemangioma y la hiperplasia nodular focal, carcinoma hepatocelular (CHC) y
metástasis. Es especialmente útil en la evaluación de las lesiones pequeñas (≤1 cm) en
comparación con la TC.
• En los estudios sistemáticos de RM del hígado se administra generalmente un agente de
contraste intravenoso denominado gadolinio y, después, se obtienen múltiples imágenes en las
que se evalúa la captación de dicho contraste. El gadolinio se describe en el capítulo 20.
Fig. 17.20 TC trifásica del hígado, carcinoma hepatocelular. La evaluación de las masas
hepáticas se lleva a cabo generalmente mediante una combinación de estudios de imagen,
como la TC sin contraste (A) y, después de ella, dos estudios de TC con contraste, uno de
ellos efectuado rápidamente (fase arterial hepática) (B) y el segundo aproximadamente un
minuto después (fase venosa portal) (C). En este caso se observan los hallazgos típicos
de un carcinoma hepatocelular focal. La mayoría de estos tumores tienen una densidad
baja (hipodensa) o una densidad que es la misma que la del hígado normal (isodensa) sin
contraste (flecha en A), al tiempo que presentan captación en la fase arterial con
contraste intravenoso (hiperdenso) (flecha en B) y, más tarde, vuelven a ser hipodensas o
isodensas en la fase venosa (flecha en C).
Puntos importantes
• La infiltración grasa del hígado (esteatosis hepática) es una anomalía muy frecuente en la
que se acumula grasa en el interior de los hepatocitos en enfermedades como la obesidad, la
diabetes, la hepatitis o la cirrosis. La mayoría de los pacientes con hígado graso están
asintomáticos. La infiltración grasa puede ser difusa o focal, y las lesiones focales pueden
ser solitarias o múltiples.
Fig. 17.21 Hígado graso difuso, TC sin contraste. En este paciente que presenta
infiltración grasa difusa del hígado (H) aumentado de tamaño, el bazo (B) es más denso
que el hígado, la situación inversa a la normalidad en una TC sin contraste. En este caso,
el grado de infiltración grasa es tal, que los vasos destacan sobre el hígado graso (flechas).
R, riñones.
Artefactos diagnósticos
• La infiltración grasa focal puede dar lugar a una imagen que simula un tumor. A diferencia
de un tumor, la infiltración no suele producir generar un efecto de masa y tienen la capacidad
de aparecer y desaparecer en cuestión de semanas, algo muy distinto a lo que ocurre con las
masas tumorales.
Cirrosis
• La cirrosis es una enfermedad crónica e irreversible del hígado que se caracteriza por la
destrucción de los hepatocitos normales y la aparición de una fibrosis difusa que parece ser la vía
final común de muchos problemas hepáticos, como las hepatitis B y C, el alcoholismo, la
infiltración grasa no alcohólica del hígado, y otras enfermedades, como la
hemocromatosis y la enfermedad de Wilson. Entre las complicaciones de la cirrosis destacan
la hipertensión portal, la ascitis, la disfunción renal, el CHC, la insuficiencia hepática y
la muerte del paciente.
Puntos importantes
Fig. 17.23 Cirrosis con hipertensión portal y varices, TC. (A) El bazo (B) está
aumentado de tamaño por la hipertensión portal secundaria a la cirrosis. El lóbulo caudado
(C) muestra un aumento de tamaño característico en comparación con el lóbulo derecho
hepático (flecha negra). Hay varias venas dilatadas (varices) y realzadas por el contraste
alrededor del estómago y el hilio esplénico (flechas blancas). (B) Otro paciente muestra el
típico aspecto nodular y de tamaño reducido del hígado cirrótico (flechas) junto con
numerosas varices periesofágicas realzadas por el contraste (círculo). Ao, aorta
descendente.
CUADRO 17.1
Diferenciación entre la ascitis y el derrame pleural
• Los pacientes pueden presentar una combinación de ascitis y derrame pleural debido a diversas
razones, como, por ejemplo, cirrosis, tumores ováricos, metástasis, hipoproteinemia e
insuficiencia cardiaca congestiva.
• La diferenciación entre el líquido ascítico y el derrame pleural en la base pulmonar evaluada
mediante TC axial puede ser difícil debido a que ambos pueden localizarse por detrás del
hígado.
• El líquido ascítico se localiza por delante del hemidiafragma en el plano axial. El derrame
pleural se localiza posterior al hemidiafragma (v. fig. 17.24A).
• El líquido ascítico no ocupa el área «desnuda» de la parte posterior del hígado, dado
que es una zona que no está revestida por el peritoneo (v. fig. 13.3).
• Por tanto, el líquido que aparece por detrás de la zona desnuda del hígado tiene
una localización pleural (v. fig. 17.24B).
Fig. 17.24 Diferenciación entre el derrame pleural y la ascitis. (A) Los pacientes con
cirrosis pueden presentar una combinación de ascitis y de derrame pleural. El líquido
ascítico (As) aparece por delante del hemidiafragma (flecha) en el plano axial. El derrame
pleural (P) se localiza por detrás del hemidiafragma. (B) La ascitis nunca llega a rodear
completamente la cúpula del hígado debido a la «zona desnuda» (flecha) que no está
recubierta por el peritoneo (v. fig. 13.3). El líquido que se visualiza por detrás de la zona
desnuda debe estar localizado en el espacio pleural (P).
Metástasis
Puntos importantes
• Las metástasis constituyen las masas hepáticas malignas más frecuentes. Aunque en la
mayoría de los casos son múltiples, las metástasis también representan la causa más
frecuente de una masa maligna solitaria en el hígado.
• El CHC es la neoplasia maligna primaria más frecuente del hígado. La práctica totalidad de
estos tumores se originan en hígados con anomalías preexistentes, como cirrosis y/o hepatitis.
La mayoría son solitarios, pero hasta el 20% pueden ser múltiples, y en estos casos simulan
metástasis. La invasión vascular es frecuente, especialmente del sistema porta.
Puntos importantes
Hemangiomas cavernosos
• Los hemangiomas cavernosos son los tumores hepáticos primarios más frecuentes y los
segundos en frecuencia después de las metástasis en lo que se refiere a las masas
hepáticas localizadas. Se observan con mayor frecuencia en las mujeres, suelen ser
solitarios y casi siempre son asintomáticos. Son estructuras complejas constituidas por
múltiples canales vasculares de gran tamaño revestidos por una capa única de células
endoteliales.
Puntos importantes
Fig. 17.28 Hemangioma cavernoso hepático, RM. (A) Esta imagen (una imagen axial
potenciada en T1) muestra una masa oscura bien delimitada y ligeramente lobulada en el
lóbulo hepático derecho (flecha en todas las imágenes). (B) Las imágenes subsiguientes
tras la administración de contraste intravenoso (gadolinio) muestran la captación desde la
periferia hacia la zona central, hasta que toda la masa capta de manera homogénea en la
imagen retardada 10 min (C). La combinación de este patrón de captación con las
características de la señal de la lesión permite establecer un diagnóstico inequívoco de
hemangioma.
Quistes hepáticos
• Los riñones son órganos retroperitoneales rodeados por cantidades variables de tejido adiposo y
encerrados en el interior de una cápsula fibrosa. Mientras su función sea adecuada, los riñones
son la vía a través de la cual se elimina por el organismo el contraste yodado (y los
agentes de contraste con gadolinio utilizados en la RM) inyectado por vía intravenosa. Por
tanto, tras la inyección inicial de agentes de contraste yodado, los riñones normalmente presentan
captación.
Quistes renales
• Los quistes renales simples son un hallazgo muy frecuente en la TC y la ecografía del
abdomen; aparecen en más de la mitad de los pacientes mayores de 55 años.
Puntos importantes
• Los quistes simples son estructuras benignas y llenas de líquido, que a menudo son
múltiples y bilaterales. En la TC tienden a presentar bordes bien definidos con respecto al
parénquima renal normal. En las mediciones de la densidad (números Hounsfield) tienen una
densidad agua (−10 a +20). No captan contraste (fig. 17.31A).
Fig. 17.31 Quistes renales, urografía con TC y ecografía. (A) Esta imagen coronal de
una urografía con TC demuestra una masa de atenuación baja (flecha) en el polo superior
del riñón derecho, con densidad homogénea y bien delimitada del resto del riñón. Estos
hallazgos son característicos de un quiste simple. (B) La imagen sagital de la ecografía
renal (flechas blancas) en otro paciente demuestra una masa anecoica (Q = quiste) con
refuerzo posterior (flecha negra), que son características compatibles con las de un quiste
simple del polo inferior.
• En la ecografía, los quistes simples son masas sin ecos (anecoicas) con un refuerzo
posterior intenso de la señal ecográfica; muestran bordes bien definidos en relación con el
parénquima renal y tienen una configuración redondeada u ovalada. El engrosamiento de la
pared o la aparición de ecos internos densos plantean la sospecha de una lesión maligna (fig.
17.31B).
Puntos importantes
• La ecografía se utiliza para caracterizar las masas renales, y en particular para valorar su
naturaleza quística o sólida y la afectación del sistema colector o de los vasos circundantes.
• En la ecografía, los carcinomas de células renales de tamaño pequeño generalmente son
hiperecoicos; sin embargo, a medida que la lesión aumenta de tamaño y experimenta necrosis,
pueden ser hipoecoicos. La pared de un carcinoma de células renales debe ser más gruesa e
irregular que la de un quiste simple (fig. 17.32B).
• La utilidad principal de una RM de los riñones es la evaluación de las masas pequeñas, con
un tamaño inferior a 1,5 cm, y de cualquier masa renal caracterizada en la TC o la ecografía como
indeterminada respecto a la posibilidad de malignidad.
Pelvis
Consideraciones generales
Tumores vesicales
• La mayoría de los tumores vesicales malignos son tumores uroteliales (carcinomas de células
transicionales). Los tumores uroteliales pueden aparecer simultáneamente en todo el uroepitelio
de revestimiento, desde la vejiga hasta el uréter y el riñón. El tumor primario aparece en forma
de un engrosamiento focal de la pared vesical y/o da lugar a un defecto de repleción en
la vejiga llena de contraste (fig. 17.33).
Fig. 17.33 Carcinomas uroteliales de la vejiga, urografía con TC. Hay múltiples defectos
de repleción en la vejiga llena de contraste (flechas), representando múltiples tumores
vesicales. Los tumores uroteliales pueden aparecer en los riñones, los uréteres y la vejiga.
El cáncer de vejiga suele tener una tasa de recurrencia elevada. D, derecha del paciente;
V, vejiga.
Adenopatías
Linfoma
• El linfoma puede afectar a cualquier parte del tracto GI o del tracto genitourinario. Mientras que
el linfoma torácico casi siempre se debe a una enfermedad de Hodgkin, el estómago es la
localización extraganglionar más frecuente del linfoma no hodgkiniano GI.
• La afectación extraganglionar y la diseminación hacia órganos o ganglios linfáticos no
contiguos son características del linfoma no hodgkiniano.
Puntos importantes
Fig. 17.34 Adenopatía masiva, linfoma. Hay adenopatías abdominales masivas que
ocupan la mayor parte del abdomen (flechas blancas) y desplazan los riñones (R)
lateralmente y la aorta en dirección anterior (flecha negra), muy lejos de su localización
normal cercana a la columna vertebral. El paciente presentaba un linfoma no hodgkiniano.
• Aparte del linfoma, hay otras neoplasias malignas que pueden dar lugar a adenopatías
abdominales y/o pélvicas, e incluso hay diversos procesos benignos, como la sarcoidosis, que
pueden ocasionar adenopatías abdominales.
Hay una calcificación en la fosa iliaca derecha (flecha blanca continua) que representa un apendicolito. Al
lado de la calcificación hay infiltración de la grasa circundante (flecha negra), señalando la inflamación en esta
zona. Compárese la infiltración grasa en la fosa iliaca derecha con el tejido adiposo de apariencia normal
(flecha blanca discontinua). Los hallazgos corresponden a los de una apendicitis aguda.
Puntos clave
Vídeo 17.1
Vídeo 17.2
Vídeo 17.3
Vídeo 17.4
18
Ecografía: comprensión de los fundamentos y sus
aplicaciones para obtener imágenes en el abdomen y la
pelvis
Peter S. Wang MD
La ecografía es una herramienta diagnóstica por imágenes que utiliza sondas (transductores) que
pueden generar una frecuencia acústica que es cientos de veces mayor que la audible por el ser humano y
que utiliza la energía acústica para localizar y caracterizar tejidos humanos.
Durante una exploración ecográfica por otro motivo, se descubre accidentalmente una anomalía en el polo
superior del riñón. Se muestra una proyección sagital del riñón. ¿Cuál es la anomalía y qué es lo que
representa con mayor probabilidad? Véase la respuesta al final del capítulo.
¿Cómo funciona?
• La ecografía se realiza colocando el transductor sobre una superficie corporal mientras se realiza
un barrido de un lado a otro a medida que se muestran las imágenes en tiempo real en una
pantalla. Un contacto adecuado entre el transductor y la superficie corporal es esencial para
obtener una buena imagen ecográfica. Para lograrlo, se aplica un gel de contacto para mejorar
la unión entre el transductor y la superficie corporal eliminando espacios con aire (Vídeo 18.1).
• La superficie corporal que se explora puede ser externa, como la superficie cutánea en la
ecografía transabdominal, o interna, como en la ecografía transvaginal, transrectal,
transesofágica y endovascular.
Puntos importantes
• La onda sonora la produce la sonda o transductor, que envía ráfagas extremadamente breves
de energía acústica con una frecuencia concreta.
• Al igual que todas las ondas sonoras, los pulsos producidos por el transductor se desplazan a
velocidades distintas en función de la densidad del medio que atraviesan.
• Cuando la onda golpe una interfase entre tejidos de densidades diferentes, una parte de la
onda sonora es transmitida en dirección anterior, mientras que la otra es reflejada de
vuelta hacia el transductor (fig. 18.1).
• La cantidad de sonido transmitido frente al cantidad de sonido reflejado depende de la
propiedad de los tejidos que constituyen la interfase y se denomina impedancia acústica.
Pequeñas diferencias en la impedancia acústica producen una mayor transmisión del
sonido; diferencias importantes en la impedancia acústica dan lugar a una reflexión mayor
del sonido.
• Por ejemplo, si el pulso se encuentra con una litiasis biliar, la impedancia acústica es alta y la
mayor parte de la energía acústica se refleja de vuelta. Si el tejido que se encuentra es
extremadamente denso, como el hueso, se refleja tanta energía que no se transmiten ondas
sonoras suficientes para definir los tejidos situados más profundamente que el hueso (v. fig.
18.1A).
• Si el pulso de ondas que se desplaza a través de las partes blandas se encuentra con líquido, la
impedancia acústica (diferencia de densidades) es relativamente baja y la mayor parte de la
energía acústica se transmite (v. fig. 18.1C).
• Mientras las ondas sonoras atraviesan los tejidos van perdiendo intensidad a medida que son
absorbidas por los tejidos y convertidas en energía calorífica.
• Cuando el eco reflejado vuelve al transductor (en varios microsegundos), la señal de sonido se
convierte en pulsos eléctricos que son enviados al ecógrafo.
• Mediante un ordenador incorporado, el ecógrafo determina el tiempo que ha tardado en
recibirse el eco, la frecuencia del eco reflejado y la magnitud (amplitud) de la señal.
• Con esta información, el ordenador puede generar una imagen ecográfica de la parte del cuerpo
explorada y mostrarla en la pantalla. Las imágenes pueden capturarse como imágenes únicas
estáticas, o almacenarse como una película, que está compuesta de un conjunto de imágenes
que se pueden reproducir como un vídeo. Tanto este capítulo como el siguiente destacan las
películas de los estudios ecográficos que pueden visualizarse en línea (vídeos 18.1-18.8 y vídeos
19.1-19.8).
Fig. 18.1 Diagrama de tres sondas en la superficie cutánea. La cantidad de sonido que
se transmite o se refleja depende de la impedancia acústica de los tejidos. (A) En el hueso
se encuentran grandes diferencias de impedancia acústica que producen una reflexión
predominante del sonido, con una transmisión escasa o nula. (B) A medida que el sonido
pasa a través de los tejidos, como el hígado, su intensidad disminuye, pues parte de él se
absorbe y se transforma en calor, y parte se transmite. (C) Pequeñas diferencias de
impedancia acústica, como las que se encuentran en un quiste lleno de líquido, producen
un predominio de la transmisión del sonido.
Ecogenicidad
Puntos importantes
• Los tejidos que reflejan más ecos se muestran brillantes o más blancos en la ecografía y se
denominan ecogénicos (hiperecoicos).
• Los tejidos que transmiten más ecos (de manera que hay menos ecos reflejados de vuelta al
transductor) se muestran más oscuros en la ecografía y se denominan ecotransparentes
(hipoecoicos).
• Un tejido que transmite prácticamente todos los ecos se muestra negro en la ecografía y se
denomina anecoico.
• Cuando una estructura muy densa, como un cálculo biliar o el hueso, refleja tantos ecos que
prácticamente no se transmiten ondas sonoras, el tejido situado más profundamente a la
estructura se muestra hipoecoico y el fenómeno se denomina sombra acústica posterior.
• Cuando una estructura transmite más ecos que los tejidos de alrededor, como puede ser un
quiste en el hígado, las ondas sonoras situadas más profundamente que esta estructura,
comparadas con las estructuras de alrededor, se muestran hiperecoicas y el fenómeno se
denomina refuerzo acústico posterior.
• Las apariencias típicas de los diferentes tipos de tejidos y estructuras identificados con más
frecuencia se describen en la tabla 18.1.
Table 18.1
Hiperecoico; puede tener sombra acústica Litiasis biliar, cálculos renales, huesos,
Calcio
posterior calcificaciones en partes blandas
• Las imágenes pueden obtenerse en cualquier plano del cuerpo ajustando la dirección de la
sonda (v. fig. 1.6). Por convención, se utilizan dos planos de imagen habitualmente.
• El plano sagital (o longitudinal) se obtiene a lo largo del eje largo del cuerpo o de la parte
del cuerpo que se está evaluando y se visualiza con la cabeza del paciente hacia la izquierda
y los pies hacia la derecha. La parte superior de la imagen es más superficial o cercana al
transductor y la parte inferior está más profunda y alejada de la sonda (fig. 18.2A).
• El plano transversal se obtiene perpendicular al eje largo del cuerpo o de la parte del
cuerpo que se está evaluando y convencionalmente se visualiza con la derecha del paciente a
nuestra izquierda y la izquierda del paciente a nuestra derecha (fig. 18.2B).
Fig. 18.2 Imágenes ecográficas sagital y transversal del riñón derecho. (A) El plano
sagital se obtiene a lo largo del eje mayor del cuerpo o del eje mayor de la parte del cuerpo
que se está explorando y se visualiza con la cabeza del paciente hacia la izquierda y los
pies hacia la derecha. (B) El plano transverso es perpendicular al plano sagital y se
visualiza típicamente con el lado derecho del paciente a la izquierda y el lado izquierdo a la
derecha, igual que la mayoría de imágenes radiológicas. En ambos planos, la parte
superior de la imagen es más superficial y próxima al transductor y la parte inferior es
más profunda y alejada de la sonda.
Frecuencia y resolución
• Hay varios tipos de ecografía que se utilizan en los estudios de imagen médicos. Se describen
en la tabla 18.2.
Tabla 18.2
Tipos de ecografía
Es la más sencilla; los picos que aparecen a lo largo de una línea representan la amplitud
Modo A
de la señal a una cierta profundidad; se utiliza principalmente en oftalmología
Este modo se utiliza con mayor frecuencia en los estudios de imagen diagnósticos; cada
Modo B eco aparece representado en forma de un punto y la imagen ecográfica está constituida
por miles de estos puntos; puede mostrar el movimiento en tiempo real
Se utiliza para evaluar estructuras que se desplazan, como, por ejemplo, el flujo
Modo M
sanguíneo, o para estudiar el movimiento de las válvulas cardiacas
Utiliza el efecto Doppler evaluar el flujo sanguíneo; se usa para la ecografía vascular. Los
Doppler dispositivos de Doppler pulsado emiten ráfagas breves de energía que facilitan la
localización precisa de la fuente del eco
Ecografía Doppler
• Posiblemente esté familiarizado con los ejemplos habituales del efecto Doppler ilustrados por
el silbato de un tren que se aleja o por la sirena de un coche de policía. El efecto establece
generalmente que la frecuencia del sonido cambia a medida que el objeto que genera dicho
sonido se aproxima o se aleja de nuestro oído (v. vídeo 18.2).
• La ecografía aprovecha el efecto Doppler para determinar si un objeto, generalmente la sangre,
está acercándose o alejándose del transductor y a qué velocidad está moviéndose. Así es la
manera en la que funciona:
• El transductor envía una señal de frecuencia conocida; la frecuencia del eco que
vuelve se compara con la frecuencia de la señal original.
• Si el eco que vuelve tiene una frecuencia menor que el original, el objeto se aleja
del transductor. Si el eco que vuelve tiene una frecuencia más alta que el original, el
objeto se acerca al transductor.
Vídeo 18.2
Puntos importantes
• La dirección del flujo queda reflejada por los colores rojo y azul. Por convención, el color rojo
indica que el flujo se acerca al transductor, mientras que el color azul indica que el flujo se
aleja del transductor.
Efectos adversos o aspectos de seguridad
• El paciente tolera bien las técnicas de ecografía. Las imágenes pueden obtenerse con relativa
rapidez y, si fuera necesario, a la cabecera del paciente. En la mayoría de los casos, el paciente no
precisa ninguna preparación especial, aparte de indicarle que no ingiera alimentos antes de los
estudios abdominales (tabla 18.3).
• La ecografía puede producir, a corto plazo, una ligera elevación de calor en la zona que se
está evaluando, aunque no a los niveles que se utilizan en el diagnóstico por imagen.
• No existen efectos adversos conocidos a largo plazo que hayan podido demostrarse
científicamente por el uso de la ecografía médica en el ser humano. No obstante, como ocurre
con cualquier otro procedimiento médico, solo debe realizarse cuando sea médicamente
necesaria. La Food and Drug Administration estadounidense recomienda no emplear la ecografía
durante el embarazo para obtener «fotos o vídeos de recuerdo».
• Las ventajas de la ecografía sobre la TC y la angiografía convencional incluyen la ausencia
de radiación ionizante, la ausencia de necesidad de contraste yodado intravenoso y la
portabilidad.
Tabla 18.3
Ventajas Desventajas
• En este capítulo vamos a considerar diversos procesos patológicos en los que la ecografía
desempeña un papel principal.
Sistema biliar
• La vesícula biliar es una bolsa de configuración elíptica que se localiza en la cisura interlobar
entre el lóbulo hepático derecho e izquierdo. A pesar de que las diferentes capas de su pared
presentan propiedades ecogénicas distintas, la vesícula biliar está constituida en su mayor parte
por una luz ecotransparente llena de líquido, rodeada por una pared ecogénica. En el
paciente en ayunas, la vesícula biliar tiene un tamaño de 4 × 10 cm y la pared presenta un
grosor que normalmente no supera los 3 mm (fig. 18.3).
Fig. 18.3 Vesícula biliar normal. Imagen ecográfica sagital de una vesícula biliar (VB)
distendida normalmente y llena de líquido anecoico, es decir, bilis. El grosor normal de la
pared es menor de 3 mm (flecha).
Puntos importantes
Fig. 18.6 Colecistitis aguda. (A) Hay un engrosamiento de la pared de la vesícula biliar
(VB) (flechas) en esta proyección sagital. La pared mide normalmente 3 mm o menos. Esta
pared está muy engrosada, hasta los 6 mm. (B) Hay una forma de semiluna y carente de
ecos (flecha) alrededor de una vesícula biliar (VB) de pared engrosada que representa
líquido pericolecístico. El paciente presentaba un signo de Murphy ecográfico positivo.
• El diagnóstico de colecistitis aguda litiásica se puede establecer si existen cálculos biliares
(v. fig. 18.4) junto con estos otros hallazgos ecográficos. En presencia de litiasis biliar y de
engrosamiento de la pared vesicular, la ecografía puede tener un valor predictivo positivo de hasta
el 94% para la colecistitis aguda.
• Si estos hallazgos se presentan en ausencia de litiasis biliar, el paciente puede tener una
colecistitis alitiásica, que característicamente aparece en pacientes en estado crítico.
• La gammagrafía con radioisótopos (gammagrafía con ácido hepatoiminodiacético [HIDA,
hepatoiminodiacetic acid]) también se utiliza para el diagnóstico de la colecistitis aguda.
• El HIDA, que es absorbido fisiológicamente por el hígado y excretado en el sistema
biliar, se marca con un trazador radiactivo (tecnecio-99m) y se inyecta por vía
intravenosa. El HIDA marcado puede visualizarse con una cámara especial para
demostrar su captación fisiológica normal por el hígado y la excreción subsiguiente
hacia la vesícula y las vías biliares y hacia el intestino delgado.
• En los pacientes con obstrucción del conducto cístico, el trazador no aparece en
la vesícula biliar; en los pacientes con obstrucción del colédoco, el trazador no
aparece en el intestino delgado. Cualquiera de estos hallazgos se debe típicamente
a un cálculo biliar obstructivo (fig. 18.7).
Fig. 18.8 Colédoco, vena porta y arteria hepática normales, ilustración y proyección
sagital. (A) La ilustración demuestra las relaciones normales de algunas de las estructuras
del hilio hepático. (B) Una proyección sagital del hipocondrio derecho muestra el colédoco
(Co), que tiene un calibre de 3 mm (normal: <6 mm). La flecha señala a la arteria hepática
(AH) vista de frente. La vena porta (VP) es posterior al colédoco y la vena cava inferior
(VCI) es posterior a la vena porta. El páncreas (P) es anterior al colédoco. CHC, conducto
hepático común; Cis, conducto cístico.
Vías urinarias
• Generalmente, los riñones tienen una longitud de 9-12 cm, una anchura de 4-5 cm y un
grosor de 3-4 cm. El seno renal contiene la pelvis renal y las ramas principales de la arteria y
la vena renales. Dado que el seno renal alberga también tejido adiposo, suele aparecer con una
ecogenicidad brillante. Los cálices normalmente no son visibles. Las pirámides son
hipoecoicas. El parénquima renal tiene una ecogenicidad uniformemente baja, que en
general es inferior a la del hígado y el bazo adyacentes (fig. 18.10).
• Las masas renales se comentan en el capítulo 17.
Fig. 18.9 Conductos intrahepáticos y extrahepáticos dilatados en dos pacientes
distintos, imágenes sagitales. (A) Los conductos biliares intrahepáticos normalmente no
son visibles en la ecografía. En este caso están dilatados (flecha) debido a la obstrucción
por un carcinoma pancreático (no visible). (B) El colédoco está dilatado hasta 1 cm debido
a numerosos cálculos biliares ecogénicos (flecha continua) generando una sombra acústica
posterior (flecha discontinua). H, hígado.
Fig. 18.10 Riñón derecho normal. El parénquima renal normal (flecha), visible en este
plano sagital, muestra una ecogenicidad homogénea y con una ecogenicidad parecida o
ligeramente menor al hígado (H) o el bazo adyacentes. El seno renal (S) está compuesto
fundamentalmente por tejido grado, que es más ecogénico que el parénquima. En el seno
renal también se localizan las ramas de la arteria y la vena renales y el sistema colector
renal.
Hidronefrosis
Puntos importantes
Nefropatías médicas
• El concepto de nefropatía médica se refiere a un grupo de trastornos que afectan
principalmente al parénquima renal. Entre ellos se encuentran procesos como las
glomerulonefritis, enfermedades que cursan con síndrome nefrótico y cuadros de afectación renal
en las enfermedades del colágeno vascular.
• En las fases iniciales de las nefropatías médicas, los riñones pueden tener un aspecto normal en
la ecografía. A medida que avanza la enfermedad, el parénquima renal se vuelve más
ecogénico (brillante) que el hígado y el bazo, es decir, lo contrario del patrón ecogénico
normal (fig. 18.12). No obstante, estos cambios habitualmente no permiten diferenciar entre las
múltiples causas de nefropatía. Para determinar la etiología de la enfermedad puede realizarse
una biopsia ecoguiada.
• El tamaño renal puede ser un indicador útil de la cronicidad de la enfermedad. Cuando se
asocia a alteraciones de la textura ecográfica del parénquima renal, los tamaños renales
menores de lo normal indican una enfermedad más crónica.
Fig. 18.12 Nefropatía médica crónica. El riñón derecho (R), visible en la proyección
sagital, es pequeño y tiene una corteza fina (flecha) que es más ecogénica que el hígado
(H) adyacente, lo inverso al patrón ecogénico normal.
Vejiga urinaria
• Dado que la vejiga urinaria es una estructura llena de líquido, se visualiza bien mediante
ecografía. En un estudio ecográfico de la vejiga distendida por orina se puede valorar el grosor de
la pared vesical y la presencia de tumores, litiasis y divertículos vesicales (fig. 18.13).
También puede estimarse el volumen vesical residual posmiccional, lo cual es útil en la
valoración de la incontinencia urinaria, la obstrucción del infundíbulo de salida vesical y
en los pacientes con vejiga neurógena.
• La vejiga llena de orina también se utiliza como ventana acústica, un portal para evitar la
degradación de la imagen secundaria a la interposición de asas intestinales llenas de gas y
permitir la valoración de la próstata en los varones y las estructuras pélvicas en las mujeres.
Fig. 18.13 Tumor vesical, proyecciones sagitales. (A) Hay una masa polipoide (flecha)
que se origina desde la pared posterior de la vejiga urinaria (V) visible en esta imagen de
escala de grises. (B) El Doppler color demuestra la presencia de flujo vascular (flecha) en la
masa, lo que ayuda a diferenciar un tumor de restos o de un coágulo sanguíneo, ninguno
de los cuales con flujo vascular.
Ecografía escrotal
• El diagnóstico diferencial del dolor escrotal agudo incluye la epididimitis, la orquitis, la torsión
testicular, el traumatismo testicular y la herniación de contenido abdominal al escroto. En los
casos de torsión testicular y de traumatismo se requiere una intervención rápida para salvar el
testículo afectado.
• La torsión testicular, que generalmente se produce en adolescentes, es un diagnóstico
especialmente importante, porque la detorsión a tiempo es curativa, mientras que la torsión
que pasa desapercibida puede ocasionar la pérdida del testículo. La ecografía Doppler color
(que puede mostrar el flujo sanguíneo escrotal) se utiliza para valorar una sospecha de torsión;
no suele haber flujo en el testículo torsionado (fig. 18.14). La identificación de un pedículo
vascular torsionado (que tiene aspecto arremolinado) (signo del remolino) adyacente al
testículo confirma el diagnóstico (v. vídeo 18.3).
Fig. 18.14 Ecografía escrotal, torsión del testículo izquierdo. Se obtuvo una imagen
doble de ambos testículos utilizando los mismos parámetros de sensibilidad Doppler, que
demuestra la existencia de flujo sanguíneo Doppler color normal (flechas) en el testículo
derecho y ausencia de flujo Doppler color en el testículo izquierdo, debido a la torsión de
las estructuras del cordón espermático, con la pérdida consiguiente del aporte sanguíneo al
testículo ipsilateral.
Vídeo 18.3
• Un aneurisma se define como una dilatación localizada de una arteria hasta que tiene al
menos un tamaño un 50% superior a su calibre normal. La mayoría de los aneurismas
aórticos aparecen en la aorta abdominal por debajo del origen de las arterias renales, y a
menudo se extienden hacia una o ambas arterias iliacas comunes.
• La mayoría de los aneurismas aórticos tienen una configuración fusiforme o consisten en una
dilatación uniforme de todo el vaso.
Puntos importantes
• La aorta abdominal tiene un diámetro que normalmente no supera los 3 cm (de pared
externa a pared externa).
• El tamaño de un aneurisma está directamente relacionado con su riesgo de rotura. En el
caso de los aneurismas con un diámetro inferior a 4 cm, la probabilidad de rotura es menor
del 10%; en los aneurismas de 4-5 cm de diámetro, este riesgo es casi del 25%.
• Identificación de un aneurisma aórtico abdominal:
• La ecografía es el estudio de cribado de elección cuando existe una masa abdominal
pulsátil asintomática.
• La sangre en movimiento dentro de la luz de la aorta es anecoica; sin embargo,
los trombos existentes en la pared del aneurisma son ecogénicos (fig. 18.15).
• La ventaja de la TC sin contraste es que permite determinar el tamaño absoluto del
aneurisma, pero hay que usar contraste intravenoso para definir la extensión de los
trombos murales y la presencia de disección.
Fig. 18.15 Aneurisma aórtico abdominal. Proyección sagital de la aorta que muestra una
dilatación fusiforme de la aorta abdominal de 4,9 cm (entre las flechas discontinuas). El
aneurisma contiene un trombo mural ecogénico (T) y el resto de la luz aórtica (Ao)
permeable, con flujo sanguíneo anecoico. En los aneurismas de 4-5 cm de diámetro, el
riesgo de rotura aumenta hasta casi un 25%.
Órganos de la pelvis femenina
• El útero está constituido por una gruesa capa muscular (miometrio) y una superficie mucosa
(endometrio). Se divide en el cuerpo (con los cuernos, que reciben a las trompas de
Falopio) y el cuello uterino (cérvix). Por delante del útero hay un espacio peritoneal
denominado fondo de saco anterior. El fondo de saco posterior también se denomina
receso rectouterino.
• La posición del útero en el cuerpo se describe por su versión (es decir, el ángulo del cuello
uterino en relación con la vagina) y la flexión (es decir, el ángulo del cuerpo uterino en
relación con el cuello uterino). Estas relaciones se muestran en la figura 18.16.
Generalmente, el útero está en anteversión y en anteflexión.
• En la mujer adulta, el útero tiene forma de pera y unas dimensiones máximas aproximadas de
8 cm de longitud, 5 cm de anchura y 4 cm en su diámetro anteroposterior. El tamaño
del útero normal aumenta en las mujeres multíparas; sin embargo, disminuye con el
envejecimiento (fig. 18.17).
• La cavidad endometrial normal está colapsada y forma una fina banda o línea ecogénica
entre las superficies yuxtapuestas del endometrio. Por convención, el grosor endometrial se mide
incluyendo ambas paredes en la proyección sagital del tercio medio del útero. El aspecto del
endometrio y de los ovarios varía en función de la fase del ciclo menstrual.
• Las trompas de Falopio normales están colapsadas y no suelen visualizarse en la ecografía.
• El estudio transabdominal (a través de la pared abdominal) convencional del útero se
lleva a cabo con la vejiga llena. El motivo es que la vejiga llena de orina proporciona una
ventana acústica para evaluar el útero debido a que empuja las asas intestinales hacia arriba,
fuera de la pelvis y ayuda a definir la vejiga propiamente dicha.
• Los estudios transvaginales se realizan con sondas de mayor frecuencia que permiten obtener
imágenes de mejor resolución. Se llevan a cabo con la vejiga vacía. Los estudios transabdominal
y transvaginal se consideran técnicas complementarias.
• La histerosonografía es un procedimiento en el que se introduce suero salino en la cavidad
endometrial mientras se obtienen imágenes mediante ecografía transvaginal. El suero salino
distiende la cavidad normalmente colapsada y separa las paredes endometriales, lo que permite
delimitar pólipos endometriales, miomas submucosos y adherencias (v. vídeo 18.4).
Vídeo 18.4
Fig. 18.17 Útero normal, sagital. El útero (flechas continuas) se muestra en el plano
sagital. En una mujer premenopáusica, la apariencia del endometrio cambia en función de
la etapa del ciclo menstrual. Durante la fase proliferativa inicial, el endometrio aparece
como una estructura ecogénica, fina y lineal (flecha discontinua) en el útero.
• Los leiomiomas son tumores benignos del músculo liso uterino que aparecen hasta en el
50% de las mujeres mayores de 30 años. La mayoría de las mujeres con fibromas están
asintomáticas. Cuando existen síntomas, normalmente se deben al tamaño del mioma, y pueden
incluir dolor, infertilidad, menorragia y síntomas urinarios e intestinales.
• La ecografía pélvica es el estudio de imagen de elección para evaluar los fibromas
uterinos. La resonancia magnética puede usarse para evaluar casos complicados o para la
planificación quirúrgica.
Puntos importantes
Fig. 18.18 Fibromas uterinos. (A) Los fibromas pueden ser intramurales, submucosos o
suberosos. (B) Este es un fibroma intramural (F) en el cuerpo uterino rodeado de
miometrio (flechas). (C) Se observa un fibroma submucoso (F) proyectándose hacia el
interior de la cavidad uterina y extendiéndose hacia el endometrio (flechas). En la cavidad
uterina hay una pequeña cantidad de líquido anecoico. (D) Este es un fibroma subseroso
(F) que sobresale desde el útero (U) y que no está rodeado por completo por miometrio (la
ausencia del miometrio está señalada por una flecha).
Adenomiosis
Fig. 18.20 Ovario izquierdo normal. En las mujeres premenopáusicas, los ovarios
normales (flechas) tienen unas dimensiones aproximadas de 2 × 3 × 4 cm y contienen
pequeños folículos quísticos (FQ) anecoicos.
Fig. 18.21 Rotura del folículo dominante durante la exploración. Bajo la estimulación
hormonal normal, uno de los folículos que contiene un óvulo se convierte en dominante y
alcanza un tamaño aproximado de 2,5 cm en el momento de la ovulación. (A) El folículo
dominante tiene unas dimensiones de 3,3 × 2,8 cm al comienzo del estudio (flecha). (B)
Varios minutos después, mientras se realiza el estudio, el folículo se rompe (tiene lugar la
ovulación) y disminuye espectacularmente de tamaño (flecha blanca). En la cavidad
peritoneal puede observarse una pequeña cantidad de líquido libre fisiológico (flecha
negra).
Quistes ováricos
Puntos importantes
Fig. 18.23 Quiste ovárico hemorrágico. La imagen ecográfica sagital del ovario derecho
(flechas discontinuas) muestra una masa quística que contiene ecos reticulares en forma
de encaje (flecha continua), compatible con un quiste hemorrágico. Los quistes
hemorrágicos pueden tener también un coágulo en retracción, no mostrado aquí, que
aparece normalmente como un material ecogénico avascular en el quiste con márgenes
angulados, rectos o cóncavos.
• La enfermedad del ovario poliquístico es una alteración endocrina que permite el desarrollo
de numerosos folículos ováricos (>25 por ovario) en diferentes estadios de crecimiento hormonal
y de atresia. Cuando se asocia a oligomenorrea, hirsutismo y obesidad, el conjunto se
denomina síndrome de Stein-Leventhal (fig. 18.24).
• Las lesiones quísticas no funcionales del ovario incluyen los quistes dermoides y los
endometriomas. Con la ecografía normalmente puede realizarse un diagnóstico específico.
• Los quistes dermoides son teratomas maduros constituidos por células que
proceden de las tres capas germinales que pueden producir pelo, hueso, dientes y
grasa en el quiste (fig. 18.25). Aparecen con mayor frecuencia en las mujeres en
edad fértil, son bilaterales hasta en el 25% de los casos y pueden ser un punto guía
para torsión ovárica.
• Los endometriomas, que forman parte de la endometriosis, son lesiones ováricas
quísticas que se denominan en ocasiones «quistes de chocolate», debido a que
están llenos de material hemático de coloración marrón-rojiza. A menudo son
bilaterales. Los endometriomas pueden alcanzar un tamaño grande y ser multiloculares
(fig. 18.26).
Fig. 18.24 Enfermedad del ovario poliquístico. Una imagen ecográfica sagital demuestra
un ovario izquierdo (O) aumentado de tamaño que contiene numerosos folículos pequeños
localizados en la periferia (flechas), compatible con un ovario poliquístico. El síndrome de
ovario poliquístico (denominado también síndrome de Stein-Leventhal) se diagnostica
cuando se cumplen dos de los tres criterios siguientes: 1) disfunción ovulatoria (oligo- o
anovulación); 2) signos clínicos o bioquímicos de androgenismo, y 3) morfología de ovario
poliquístico en la ecografía.
Fig. 18.25 Quiste dermoide ovárico. Una imagen ecográfica demuestra una masa
ecogénica sólida (flechas continuas) en el ovario derecho (O) con sombra acústica
posterior (flecha discontinua) compatible con un quiste dermoide o un teratoma. Los quistes
dermoides también pueden albergar calcificaciones, dientes o pelo.
Fig. 18.26 Endometrioma. Una imagen ecográfica transversa muestra un ovario derecho
que contiene una masa quística (flechas) que contiene ecos difusos, finos y de baja
intensidad, creando el aspecto «en tormenta de nieve» compatible con un endometrioma.
Tumores ováricos
• La mayoría de los tumores ováricos son quísticos y se originan a partir del epitelio de
superficie que reviste el ovario e incluyen a los tumores serosos y mucinosos. La mayoría
de los tumores serosos (cistoadenomas serosos), así como la inmensa mayoría de los tumores
mucinosos (cistoadenomas mucinosos), son benignos. Los tumores malignos se denominan
adenocarcinomas serosos o mucinosos. La estadificación del cáncer de ovario se realiza
mejor con TC o RM.
Puntos importantes
• En contraste con los quistes ováricos benignos, los rasgos de los quistes ováricos malignos
incluyen paredes gruesas e irregulares, tabiques gruesos e irregulares, flujo vascular
interno y proyecciones papilares sólidas en los tumores (fig. 18.27).
Fig. 18.27 Tumor ovárico, ecografía y TC. (A) Esta imagen ecográfica transversal de
escala de grises muestra un quiste del ovario derecho (Q) e gran tamaño que tiene
numerosas proyecciones papilares nodulares periféricas (flechas). (B) La imagen de TC
axial con contraste a través de la pelvis de la misma paciente muestra una masa quística
grande (Q) con componentes de realce sólidos que se corresponden con las proyecciones
nodulares similares a las observadas en la ecografía (flechas).
Torsión ovárica
Fig. 18.28 Torsión ovárica. Una imagen ecográfica transversal en una paciente con dolor
intenso y agudo del anejo derecho muestra un ovario derecho muy aumentado de tamaño
(flechas) con una ecogenicidad heterogénea. Un folículo (F) se localiza periféricamente en
el ovario. En el contexto de un dolor anexial agudo y un ovario con un aumento de tamaño
asimétrico, el diagnóstico más probable es la torsión de ovario y debe plantearse incluso
aunque pueda demostrarse flujo sanguíneo con Doppler color y espectral en el ovario.
Puntos importantes
Fig. 18.29 Enfermedad pélvica inflamatoria. (A) En esta proyección sagital, hay una
trompa de Falopio (TF) dilatada y llena de líquido que contiene pus y restos (flecha) y que
representa un cuadro de piosálpinx. (B) Debido a la inflamación progresiva, esta imagen
transversal demuestra la fusión de la trompa de Falopio dilatada y tortuosa (flecha negra-
TF) con el ovario adyacente (flecha blanca), produciendo un complejo tuboovárico.
Embarazo
CUADRO 18.1
Aplicaciones de la ecografía durante el embarazo
Embarazo ectópico
Puntos importantes
• Si se identifica un saco gestacional (el hallazgo ecográfico más precoz que aparece hacia las
4-5 semanas de edad gestacional) o un saco vitelino (la primera estructura que se suele
visualizar en el saco gestacional) o un embrión dentro de la cavidad uterina, se puede
excluir un embarazo ectópico de manera efectiva. La ecografía endovaginal se realiza
habitualmente para encontrar el saco gestacional (fig. 18.30).
Fig. 18.30 Embarazo intrauterino precoz. Hay un saco gestacional (G) intrauterino (que
es una estructura anecoica llena de líquido) que contiene un único embrión (E) vivo en esta
imagen sagital. La edad gestacional se puede calcular por la longitud céfalo-caudal (entre
las flechas), que en este caso era de 1,8 cm y que corresponde a una edad gestacional de
8 semanas y 2 días. La edad gestacional ecográfica se calcula desde el primer día del
último ciclo menstrual.
Puntos importantes
Anomalías fetales
Tabla 18.4
Embarazo molar
Puntos importantes
• Debe sospecharse un embarazo molar (fig. 18.34) ante un aumento de tamaño uterino
desproporcionado en relación con la edad gestacional, valores de β-hCG de más de 100.000
mUI/ml (un embarazo normal tiene valores menores de 60.000 mUI/ml), vómitos, sangrado
vaginal y toxemia.
Fig. 18.34 Embarazo molar. Imagen ecográfica transabdominal del útero (flechas) en una
mujer embarazada que demuestra una masa que contiene numerosos espacios quísticos
pequeños (óvalo blanco). No hay un feto de apariencia normal. Estos hallazgos,
combinados con una elevación notable de la β-hCG, son compatibles con un embarazo
molar.
Fig. 18.35 Representación gráfica de una hernia inguinal derecha. La localización más
frecuente de una hernia de la pared abdominal es la región inguinal. El tejido herniado
puede contener una combinación de tejido graso, intestino (como se muestra aquí) y/o
órganos viscerales. El defecto en la pared abdominal puede apretar o pellizcar el intestino
herniado ocasionando obstrucción intestinal, o comprimir los vasos sanguíneos que irrigan
el intestino causando isquemia intestinal (estrangulación).
Vídeo 18.6
Apendicitis
• El apéndice es un tubo de extremo ciego que se origina desde el ciego. El diámetro normal
del apéndice es inferior a 6 mm. Cuando es visible, el apéndice normal puede comprimirse
cuando se aplica presión con el transductor.
• La fisiopatología de la apendicitis aguda se inicia con la obstrucción de la luz apendicular,
seguida de la distensión progresiva del apéndice obstruido hasta que tiene lugar la perforación y
la formación de un absceso periapendicular.
Puntos importantes
Fig. 18.36 Apendicitis aguda. Una imagen ecográfica de la fosa iliaca derecha muestra
una proyección sagital de una estructura tubular engrosada (flechas continuas) con un
extremo ciego (flecha discontinua) compatible con una apendicitis aguda. Puede verse un
apendicolito obstruyendo este apéndice y mostrando sombra acústica posterior en un vídeo
en línea acompañante (v. vídeo 18.7).
Vídeo 18.7
• Normalmente, la cavidad peritoneal contiene solo unos pocos mililitros de líquido. La ascitis es
la acumulación excesiva de líquido en dicha cavidad. Cuando existe una gran cantidad de ascitis
es fácil identificarla mediante ecografía en cualquiera de los cuatro cuadrantes del abdomen.
• No obstante, la detección de pequeñas cantidades solamente es posible en ciertas localizaciones
donde se acumula típicamente. Una de las primeras localizaciones donde se acumula la ascitis es
el hipocondrio derecho, entre el hígado y el diafragma, porque en la posición de decúbito
supino, el líquido ascítico se desplaza desde la gotiera paracólica derecha hasta el espacio
subfrénico derecho.
• Otras localizaciones frecuentes para la detección del líquido ascítico son el fondo de saco de
Douglas en las mujeres y el fondo de saco rectovesical en hombres, que son las
localizaciones más declives de la cavidad peritoneal.
• El líquido ascítico que es un trasudado aparece principalmente como una estructura
ecotransparente o anecoica. Las acumulaciones de líquido que corresponden a
exudados o que contienen hemorragia o pus pueden contener ecos (fig. 18.37).
• La ecografía se utiliza a menudo para identificar las bolsas de líquido accesibles más grandes, lo
que, a su vez, proporciona una guía de imagen evacuar el líquido ascítico con seguridad mediante
una paracentesis.
Fig. 18.37 Ascitis. Una imagen ecográfica sagital del hipocondrio derecho demuestra la
presencia de ascitis (A) alrededor del hígado (H). El líquido ascítico es anecoico,
compatible con un trasudado. El líquido ascítico exudado puede contener ecos internos. El
diafragma (flecha) es una estructura ecogénica fina y lineal entre el hígado y el pulmón
derecho. En este paciente, un derrame pleural (P) se interpone entre el diafragma y la base
del pulmón.
Sistema musculoesquelético
Puntos importantes
Fig. 18.38 Tendón extensor largo del pulgar. El tendón normal aparece como una banda
de estriaciones ecogénicas (flecha discontinua). Existe líquido anecoico (flecha continua)
rodeando este tendón, lo cual es compatible con una tenosinovitis.
• La ecografía también es útil a la cabecera del paciente para identificar cuerpos extraños en
las partes blandas superficiales. Las astillas de madera, que pueden ser invisibles en las
radiografías convencionales, pueden ser ecogénicas en la ecografía y visualizarse fácilmente.
Otros materiales como metal, vidrio y plástico, también pueden aparecer como estructuras
ecogénicas y ser visibles en la ecografía (fig. 18.39).
• La ecografía musculoesquelética también se puede utilizar para valorar derrames articulares,
ligamentos superficiales, músculos y las pequeñas articulaciones de las manos y de los pies.
También se puede usar para guiar las infiltraciones diagnósticas y terapéuticas.
Fig. 18.39 Cuerpo extraño en el lóbulo de la oreja. Paciente que se queja de hinchazón y
enrojecimiento del lóbulo de la oreja izquierda. Una imagen ecográfica del lóbulo de la oreja
demuestra una estructura ecogénica lineal (flecha) que corresponde al refuerzo plástico de
un pendiente impactado accidentalmente en el orificio del pendiente en el lóbulo de la oreja.
(Por cortesía de Ryan K. Cunningham, MD.)
Ecografía con contraste
• En EE. UU. está aumentando el uso de la ecografía con contraste como ayuda al diagnóstico de
una amplia variedad de procesos patológicos. Implica el uso de un agente de contraste con
microburbujas junto con un programa informático de imagen ecográfica especializado para
demostrar el flujo vascular y la perfusión de las partes blandas.
• La ecografía con contraste puede valorar el patrón de realce de masas en órganos, como el
hígado o el riñón (fig. 18.40; v. vídeo 18.8). La presencia o ausencia de realce, así como el patrón
de realce propiamente dicho, facilitan el diagnóstico, especialmente en los tumores de partes
blandas.
• El contraste ecográfico con microburbujas es seguro y no presenta nefrotoxicidad o riesgo de
fibrosis sistémica nefrogénica, como puede suceder con los agentes de contraste usados en la TC
o RM, respectivamente.
Fig. 18.40 Ecografía con contraste. (A) Ecografía con contraste del riñón derecho que
muestra una masa (flechas) con realce interno, compatible con un carcinoma de células
renales. (B) Ecografía con contraste de un paciente diferente con una masa en el riñón
izquierdo que no muestra realce interno, compatible con un quiste simple (flechas). En el
vídeo 18.8 se muestra otro ejemplo de una masa renal con realce compatible con un
carcinoma de células renales.
Vídeo 18.8
Puntos clave
Peter S. Wang MD
En este capítulo se describen algunas aplicaciones de la ecografía, incluyendo la ecografía vascular, las
aplicaciones pediátricas de la ecografía y la ecografía a la cabecera del paciente.
Esta es una imagen ecográfica sagital del tórax/hipocondrio derecho en una persona de 75 años que
presentaba disnea secundaria a insuficiencia cardiaca congestiva. ¿Qué complicación de dicha enfermedad se
muestra en los pulmones? La respuesta está al final del capítulo. Ant, anterior; C, cabeza; H, hígado; P, pie;
Post, posterior.
Ecografía vascular
Puntos importantes
• La ecografía Doppler color superpone color a la imagen en escala de grises para indicar la
presencia y la dirección del flujo sanguíneo. Por convención, el color rojo indica movimiento
hacia el transductor y el color azul indica movimiento que se aleja del transductor (fig.
19.1).
Fig. 19.1 Imagen Doppler color. Por convención, el Doppler color muestra el flujo hacia el
transductor en rojo y el flujo que se aleja del transductor en azul. Esta es una imagen de la
vena esplénica (flecha curva) Si obtenemos la imagen en la línea media anterior, la vena
esplénica a la izquierda de la línea media tiene sangre fluyendo en dirección anterior hacia
el transductor (flecha roja) y a la derecha de la línea media hay sangre que fluye en
dirección posterior alejándose del transductor (flecha azul). Por tanto, el Doppler color
muestra flujo tanto en rojo como en azul en un mismo vaso. A lo largo de este capítulo,
muchas figuras tendrán una o más de las siguientes abreviaciones para ayudar a
orientarlas: Ant, anterior; D, derecha; I, izquierda; Post, posterior.
Fig. 19.2 Imágenes normales de Doppler color y espectral. (A) Esta es una imagen de
la vena porta principal que demuestra la dirección normal del flujo representada en rojo
(hacia el transductor) y la periferia del hígado. (B) En un paciente diferente que padece
cirrosis e hipertensión portal, la dirección del flujo en la vena porta principal es la inversa y
fluye hacia el hilio hepático. Así pues, la dirección del flujo se representa en azul
(alejándose del transductor). Las ondas de Doppler espectral se localizan debajo de las
porciones en color de las imágenes ecográficas y se representan en una escala de
velocidad-tiempo, en la que el eje x muestra el tiempo y el eje y muestra la velocidad. La
onda de la vena porta en (A) está por encima de la línea base (la línea base es la línea fina
horizontal), indicando que la sangre fluye hacia el transductor. La onda en la vena porta
principal en (B) está por debajo de la línea base, indicando que el flujo sanguíneo se aleja
del transductor.
Fig. 19.3 Imágenes normales de Doppler color y espectral de la arteria hepática:
resistencia baja. Los órganos terminales, como el hígado, tienen un lecho vascular de
baja resistencia al flujo procedente de la arteria que los irriga, ya que requieren un flujo
sanguíneo continuo. Por tanto, el flujo en la arteria hepática normalmente es hacia el
hígado a lo largo de todo el ciclo cardiaco, durante la sístole (flecha curva) y la diástole
(flecha recta).
Fig. 19.4 Imágenes normales de Doppler color y espectral de la arteria femoral
común: resistencia alta. Las extremidades en reposo normalmente tienen un lecho
vascular constreñido y, por tanto, una resistencia alta al flujo procedente de las arterias que
las irrigan. En consecuencia, el flujo en la arteria femoral común (que irriga a la extremidad
inferior) tiene típicamente una onda de resistencia alta. El flujo es hacia el pie (por encima
de la línea base) durante las presiones altas de la sístole (flecha curva) y puede parar o
invertirse (por debajo de la línea base) durante las presiones bajas de la diástole (flecha
recta). C, cabeza del paciente; P, pies del paciente.
Estenosis arterial
Arterias carótidas
Arterias periféricas
Puntos importantes
(10.1)
• Las presiones se miden detectando el flujo arterial con una sonda Doppler en la arteria en
vez de usar un estetoscopio. Las presiones se miden habitualmente en ambos brazos y en las
arterias tibial posterior y pedia de cada pierna inflando un manguito de presión hasta el punto
en que el flujo y el sonido Doppler cesan, desinflando posteriormente el manguito con lentitud
hasta que reaparecen el flujo y el sonido Doppler.
• Normalmente, la presión sistólica en el tobillo debería ser igual a la del brazo, con un
valor del ITB de 1. A medida que desciende la presión en el tobillo a consecuencia de la
arteriopatía periférica en las piernas y, dado que la presión en el tobillo es el numerador del ITB,
hay un descenso en el valor del ITB, y un ITB de 0,5 o menor generalmente indica una
arteriopatía grave.
Pseudoaneurisma
Puntos importantes
Fig. 19.5 Imagen de Doppler color y espectral de una arteria femoral superficial
estenosada. (A) Cuando se coloca el pulgar para estrechar el orificio de una manguera de
jardín, el agua fluye significativamente más rápido, ya que el mismo volumen de agua tiene
que viajar a través de un orificio más pequeño. (B) Del mismo modo, cuando una arteria se
estenosa significativamente por una enfermedad aterosclerótica, debe aumentar la
velocidad del flujo sanguíneo a través de la estenosis (flecha discontinua) para que el
mismo volumen de sangre viaje a través de una luz de menor calibre (en este caso, las
velocidades son superiores a 500 cm/s). Además, la onda arterial en la estenosis se puede
volver monofásica (que tiene flujo remanente en un lado de la línea base del Doppler
espectral), porque hay relativamente menos resistencia después de la estenosis cuando la
arteria se abre hasta una luz de calibre normal (v. fig. 19.3).
Puntos importantes
• Las estructuras venosas normales tienen paredes elásticas que se comprimen fácilmente
y se colapsan por completo cuando se aplica presión con el transductor. Las venas que
contienen trombos no se colapsan por completo. Se puede el trombo ecogénico propiamente
dicho en la una imagen con escala de grises. También se puede utilizar la ecografía dúplex para
determinar la presencia o ausencia de flujo en la vena (fig. 19.7).
Fig. 19.7 Venas axilares normal y trombosada. (A y B) Normal. Cuando el ecografista
aplica compresión con el transductor, la vena axilar (Vn) normal se colapsa por completo
entre sus estados previos (flecha continua) y posteriores (flecha discontinua) a la
compresión gracias a la elasticidad de sus paredes. (C y D) Anormal. En un paciente con
una orientación ligeramente diferente de la arteria y la vena, un trombo venoso profundo
agudo en la vena axilar (Vn) impide su colapso normal entre el estado precompresión
(flecha continua) y el estado poscompresión (flecha discontinua).
Pediatría
• Una ventana ecográfica describe una ruta anatómica para que la señal ecográfica discurra
por una trayectoria relativamente libre de hueso y gas, que degradarían la imagen ecográfica. El
contenido intracraneal de un neonato es particularmente accesible mediante ecografía, gracias a
la ventana ecográfica que proporcionan las fontanelas abiertas.
• Se pueden evaluar muchas de las estructuras de los espacios supratentorial e infratentorial,
incluyendo el parénquima cerebral y los espacios extraaxiales. En el neonato se utiliza para la
valoración de la hemorragia intracraneal.
• La hemorragia neonatal intracraneal puede causar una morbimortalidad significativa,
particularmente en los lactantes prematuros. Estas hemorragias suceden con mayor
frecuencia en la matriz germinal, que solamente está presente de forma transitoria antes de
las 34 semanas de gestación. La matriz germinal es el origen del cerebro fetal en desarrollo que
da lugar a células neuronales que más tarde migran hacia el exterior para formar la sustancia gris
del cerebro. Se localiza en el surco caudotalámico, muy rico en vasos, situado en la región
subependimaria entre el núcleo caudado y el tálamo (fig. 19.8A).
• La hemorragia de la matriz germinal se clasifica en cuatro grados, generalmente por la imagen
ecográfica, con una mortalidad creciente a medida que aumenta el grado. La lesión de la matriz
germinal tiene una morbimortalidad sustancial.
Fig. 19.8 Hemorragia de la matriz germinal. Las imágenes ecográficas sagitales del
cerebro muestran ambos surcos caudotalámicos, derecho (A) e izquierdo (B). (A) El surco
caudotalámico derecho normal se identifica como una línea recta fina, ecogénica (flecha)
entre el tálamo (T) y el caudado (C). (B) En el lado izquierdo del cerebro, el material
globular ecogénico (flecha) localizado en el surco caudotalámico representa una
hemorragia de la matriz germinal.
Puntos importantes
• La hemorragia de la matriz germinal aparece como un área de material ecogénico en el
surco caudotalámico que puede expandirse hacia el ventrículo y el parénquima cerebral (fig.
19.8B)
• La DDC es un trastorno relativamente frecuente de los recién nacidos que puede producir la
luxación o la subluxación de la cadera. Es más frecuente en niñas, primogénitos,
presentación de nalgas y en hijos de progenitores que habían tenido DDC. La cadera izquierda se
ve afectada con más frecuencia.
• Los hallazgos en la exploración física que sugieren una DDC incluyen la positividad de las
pruebas de Ortolani y Barlow.
• En la prueba de Ortolani se efectúa una abducción y una rotación externa de la
cadera. La prueba es positiva cuando se nota o se oye un «chasquido» durante la
prueba debido a la reducción de la cadera luxada o subluxada.
• En la prueba de Barlow se efectúa flexión, rotación interna y aducción de la
cadera con presión posterior sobre la cabeza femoral. La prueba es positiva cuando se
nota o se oye un «chasquido» durante la maniobra debido a la luxación de la
cadera.
• En los lactantes con riesgo alto de DDC o con hallazgos anormales en la exploración física, se
puede valorar la morfología del acetábulo mediante ecografía a las 4-6 semanas de vida mientras
la epífisis de la cabeza femoral todavía es cartilaginosa. Una morfología anómala del
acetábulo o una luxación clara de la cabeza femoral indica la presencia de una DDC (fig.
19.9). También se puede realizar la maniobra de Barlow bajo observación ecográfica en tiempo
real para mostrar cualquier subluxación o luxación de la cadera.
• Una vez que la epífisis se osifica, lo que ocurre aproximadamente a los 3-4
meses de vida, se necesitan radiografías para valorar la cadera, ya que la ecografía
no puede atravesar la cabeza osificada para valorar el acetábulo.
Fig. 19.9 Valoración de la displasia del desarrollo de la cadera (DDC). (A) Esta es una
imagen compuesta de una radiografía en un lactante mayor para intentar demostrar la
posición del transductor (T) con respecto al lactante, ya que este está recostado de lado
durante la exploración. La cabeza femoral (CF) normalmente reside en el acetábulo,
compuesto en parte por el techo acetabular (flecha, línea roja). El techo acetabular se
continúa con el borde lateral del ilion (línea verde). El ángulo formado por la intersección de
las dos líneas se denomina ángulo alfa. El ángulo alfa normalmente es mayor de 55° en el
recién nacido y mayor de 60° a las 4-6 semanas de vida. (B) Una imagen ecográfica
orientada de forma similar en la cadera de un lactante más joven con DDC demuestra la CF
cartilaginosa, el techo acetabular (línea roja) y el ilion (línea verde). En la DDC, la pendiente
del techo acetabular (línea roja) es anormalmente superficial y empinada, la que provoca
que el ángulo alfa disminuya y que aumente el riesgo de que la CF se luxe o se subluxe.
Puntos importantes
• La ecografía puede mostrar aire que diseca la pared abdominal (gas intramural o
neumatosis intestinal) (fig. 19.10), gas libre intraperitoneal, engrosamiento mural
intestinal y gas venoso portal (fig. 19.11). Pequeñas cantidades de gas difíciles de detectar en
las radiografías pueden observarse fácilmente con la ecografía.
Invaginación
Fig. 19.12 Invaginación. (A) Un asa intestinal se mete dentro de otra recibe el término
latino intussuspectum (flecha azul recta). El asa que recibe al segmento introducido se
denomina intussuscipiens (flecha azul curva). (B) Imagen ecográfica de la parte izquierda
del abdomen que muestra una invaginación del intestino delgado, incluyendo el
intussusceptum (flecha discontinua) y el intussuscipiens (flechas continuas). La
invaginación se produjo en la dirección que indica la flecha blanca discontinua.
Puntos importantes
Fig. 19.14 Estenosis pilórica hipertrófica. Ecografía sagital del píloro (P) de un lactante
de 2 meses con vómitos en proyectil. El estómago (S) y la vesícula biliar (VB) también
aparecen en la imagen. El píloro tiene una pared engrosada (flecha doble continua) y un
canal alargado (flecha doble discontinua), compatible con una estenosis pilórica
hipertrófica.
Ecografía a la cabecera del paciente
• Cada vez se utiliza más la ecografía en los centros de atención o en la cabecera del paciente
(point-of-care) para facilitar el diagnóstico y dirigir el manejo y el tratamiento. La ecografía a la
cabecera del paciente (abreviada a veces por sus siglas en inglés, POCUS) es una exploración
muy dirigida que determina rápidamente la presencia o ausencia de un proceso patológico
específico. Aunque es de gran utilidad, no sustituye a la exploración ecográfica de rutina y
detallada. Los hallazgos accidentales que se pueden detectar durante la ecografía a la cabecera
del paciente a menudo requieren una ecografía detallada de seguimiento para determinar su
etiología.
• La exploración FAST forma parte de los protocolos de soporte vital avanzado de los pacientes
politraumatizados y se realiza simultáneamente con otras maniobras de reanimación en estos
pacientes.
• El objetivo básico de la exploración FAST es la identificación de sangrado intraperitoneal, ya
que la presencia de hemoperitoneo en un paciente hemodinámicamente inestable conduce
generalmente a la realización de una laparotomía urgente.
• La exploración FAST ha sustituido ampliamente al lavado peritoneal que se realizaba
anteriormente, pero la TC sigue siendo todavía mucho más sensible para la detección de lesiones
torácicas y abdominales.
Puntos importantes
Derrame pleural
• Un derrame pleural es líquido que se acumula entre las pleuras parietal y visceral (v. cap.
7). Aunque generalmente se utilizan las radiografías y la TC para valorar la presencia de derrames
pleurales, la ecografía puede detectar pequeñas cantidades de líquido pleural, por lo que
está aumentando su uso a la cabecera del paciente.
• La ecografía también puede ayudar a determinar si una opacidad radiográfica se debe a líquido
pleural y/o a enfermedad del parénquima pulmonar. Además, la ecografía se puede utilizar
para guiar la toracocentesis, especialmente cuando la cantidad de líquido es pequeña o el
líquido está loculado.
Puntos importantes
Fig. 19.16 Derrame pleural. Imagen ecográfica sagital en escala de grises del hipocondrio
derecho, incluyendo el hígado (H). El líquido pleural (asterisco) se demuestra como líquido
anecoico por encima del diafragma, el cual se representa como una estructura curvilínea
sumamente ecogénica (flecha).
Neumotórax
Fig. 19.17 Línea pleural normal. Imagen ecográfica sagital en escala de grises del tórax.
La pleura se muestra como una línea sumamente ecogénica (flecha) entre las costillas (Co)
y el pulmón (Pu). El vídeo 19.3 muestra el movimiento de deslizamiento normal de la
línea pleural durante la respiración. El vídeo 19.4 muestra la ausencia del movimiento de
deslizamiento de la línea pleural cuando está presente un neumotórax.
Vídeo 19.3
Puntos importantes
Derrame pericárdico
Puntos importantes
Función cardiaca
• Ciertos aspectos de la función cardiaca se pueden valorar de forma rápida a la cabecera del
paciente y esto puede ser de gran valor en los pacientes politraumatizados y en las unidades de
cuidados críticos.
• La ecografía a la cabecera del paciente puede identificar a aquellos con un gasto cardiaco bajo,
ya que permite estimar la fracción de eyección ventricular izquierda, que corresponde al
porcentaje de sangre bombeada desde el ventrículo izquierdo durante la sístole. Normalmente, la
fracción de eyección está por encima del 50%.
• La fracción de eyección se puede estimar de forma subjetiva mediante una evaluación visual
durante la ecografía en tiempo real basada en el cambio de tamaño del ventrículo izquierdo
entre la telediástole y la telesístole. Existe una disminución importante de la función ventricular
izquierda cuando hay una diferencia inferior al 30% entre los tamaños telediastólico y
telesistólico del ventrículo izquierdo.
• Otros métodos para determinar la fracción de eyección implican el uso de paquetes
de programas informáticos adicionales en el ecógrafo que pueden calcular el tamaño
del ventrículo izquierdo durante la telediástole y la telesístole.
• La sobrecarga cardiaca derecha (ventricular derecha) puede también valorarse a la
cabecera del paciente. Se refiere a la presencia de una disfunción ventricular derecha sin que
exista una miocardiopatía subyacente como su causa. Puede suceder con la embolia pulmonar, la
hipertensión pulmonar o en la enfermedad pulmonar obstructiva crónica.
• Normalmente, el ventrículo derecho es más pequeño que el ventrículo
izquierdo. Un aumento de tamaño del ventrículo derecho hasta un tamaño igual o
superior al del ventrículo izquierdo es anormal e indica una sobrecarga cardiaca
derecha.
Ecografía ocular
Fig. 19.20 Ecografía de un ojo normal. La córnea (flecha continua) se representa como
una fina línea ecogénica inmediatamente por debajo del párpado. La cámara anterior
(asterisco) es un espacio lleno de líquido anecoico posterior a la córnea. El cristalino
(estrella) es una estructura ovoide anecoica entre el iris ecogénico y el cuerpo ciliar (flechas
discontinuas). La cámara vítrea es un espacio amplio lleno de líquido anecoico posterior al
cristalino. La retina (línea curva discontinua) se localiza a lo largo de la periferia de la
cámara vítrea y no puede diferenciarse de la capa de la coroides en la ecografía. El nervio
óptico (flecha negra) se localiza posterior al globo.
Puntos clave
Daniel J. Kowal MD
Esta mujer de 61 años que acudió con una masa de gran tamaño en la parte anterior de su muslo
izquierdo no podía caracterizarse por completo mediante la ecografía. Son dos imágenes axiales potenciadas
en T1, pero ¿qué técnica adicional se añadió a la secuencia en (B) y cómo ayuda a establecer el diagnóstico?
La respuesta está al final del capítulo.
• Cuando a un paciente se le introduce en el aparato de RM, los miniimanes constituidos por los
protones se alinean respecto al campo magnético externo más potente del imán del aparato de
RM. La mayoría de estos protones se disponen en paralelo al campo magnético, pero otros se
disponen de forma antiparalela respecto al campo, pero en cualquier caso todos se alinean con
el campo magnético externo de la RM.
• A los protones no les gusta ser simples espectadores, de manera que precesan (es decir, se
balancean y giran como una peonza) a lo largo de las líneas del campo magnético de la RM (fig.
20.1).
• Volveremos a nuestros pequeños protones oscilantes dentro de un momento (magnético).
Fig. 20.1 Relajación en el trabajo. El gráfico explica los diferentes pasos en la excitación y
la relajación de los protones de hidrógeno para producir los tiempos de relajación T1 y T2.
Elementos físicos (hardware) que constituyen un aparato de RM
Imán principal
Puntos importantes
• Una corriente eléctrica enviada en una sola ocasión a través de este material conductor ultrafrío
fluye de manera continua y genera un campo magnético permanente. El imán principal en
un aparato de RM siempre está «activo», independientemente de que haya un paciente o no.
• La mayoría de los aparatos que existen hoy en día poseen un campo magnético cuya
intensidad está entre 0,5 y 3 teslas (T). Los aparatos de RM abiertos, aquellos que no
rodean por completo al paciente, poseen intensidades de campo inferiores, de 0,2 a 1,0 T,
lo que produce una disminución de la calidad de la imagen si se compara con los
aparatos de RM cerrados. A modo de comparación, el campo magnético de la Tierra es
aproximadamente de solo 50 microteslas.
Bobinas
• Las bobinas colocadas en el interior del imán son una parte importante del aparato de RM.
Estas bobinas son las responsables de la transmisión de los pulsos de RF (bobinas
transmisoras) que excitan los protones, y también de la recepción de la señal (o eco) emitida
por los protones excitados (bobinas receptoras) (fig. 20.2).
• Estas bobinas están sometidas a corrientes eléctricas fuertes y se sitúan en un campo
magnético fuerte que genera el ruido de «golpeteo» repetitivo durante la exploración.
Fig. 20.2 Esquema de un aparato de RM. El imán principal produce un campo
magnético intenso y estable alrededor del paciente. Las bobinas correctoras pueden
ayudar a hacer más homogéneo el campo magnético. Las bobinas de gradiente tienen
menor intensidad que el campo magnético principal y producen un campo variable ajustado
a las diferentes partes del cuerpo. Las bobinas de radiofrecuencia dirigen un pulso hacia
el área que se va a examinar y también se ajustan a las diferentes partes del cuerpo. El
canal de entrada del aparato de RM es el tubo horizontal en el que se sitúa el paciente. El
imán real está situado dentro del alojamiento del gantry.
Ordenador
• El ordenador que forma parte del aparato de RM procesa las señales de RF obtenidas por las
bobinas receptoras y las convierte en una imagen.
¿Qué ocurre una vez que se inicia el estudio de RM?
• Cuando se introduce al paciente en el imán del aparato, recuerde que los protones que giran en
el paciente ya están alineados en paralelo o en sentido antiparalelo al campo magnético del
imán principal.
• Después, las bobinas transmisoras envían un pulso electromagnético breve (de
milisegundos) denominado pulso de RF.
• Este pulso de RF se envía con una frecuencia concreta que cambia la orientación de los
protones.
• Cuando se inactiva el pulso de RF, los protones desplazados se relajan y realinean
respecto al campo magnético principal, y la energía liberada a partir de ese momento en
forma de señales de RF (el eco) es detectada por las bobinas receptoras.
Puntos importantes
• Los tiempos necesarios para que tengan lugar estas fases de recuperación y de
degradación y para que se genere el eco se denominan T1 y T2.
Secuencias de pulso
Puntos importantes
• Hay dos secuencias de pulso principales: eco espín (SE, spin echo) y eco con recuerdo
de gradiente (GRE, gradient recalled echo). Las secuencias SE tienen una relación
señal/ruido más alta, lo cual es deseable, pero las secuencias GRE son secuencias más rápidas,
preferidas para las técnicas de imagen rápidas. Todas las secuencias de pulso utilizadas en
la RM están fundamentadas en estas dos secuencias de pulso.
• TR y TE:
• Estos parámetros son ajustados por el técnico de RM en la consola antes de iniciar el
estudio y determinan como se potencia la imagen.
• El TR es el tiempo de repetición (repetition time) entre dos pulsos de RF e
influye en la intensidad de la potenciación en T1.
• Las secuencias de pulso que caracterizan a un TR corto (lo que implica un
periodo breve de tiempo entre los pulsos de RF) generan lo que se
denomina una imagen potenciada en T1.
denomina una imagen potenciada en T1.
• TE es el tiempo de eco (echo time) entre un pulso y su eco resultante, e
influye en la intensidad de la potenciación en T2.
• Las secuencias de pulso que caracterizan a un TE largo (lo cual implica
una gran cantidad de tiempo entre el pulso de RF y el eco) generan lo que
se denomina una imagen potenciada en T2.
¿Cómo podemos identificar una imagen potenciada en T1 o en T2?
Puntos importantes
Tabla 20.1
Fig. 20.4 Quiste simple del ovario izquierdo. (A) Imagen axial potenciada en T2 que
muestra una lesión ovoide y homogéneamente brillante en el ovario izquierdo (flechas
continuas) adyacente a un fibroma uterino (flechas discontinuas). Obsérvese que la orina
existente en la vejiga (flecha hueca) y el LCR localizado en el interior del conducto raquídeo
(círculo blanco) son brillantes, lo cual ayuda a determinar que esta es una imagen
potenciada en T2. (B) Imagen axial potenciada en T1 que muestra que esta lesión ovárica
izquierda es oscura (flechas continuas) y, por tanto, compatible con un contenido de líquido
simple. La orina en la vejiga (flecha hueca) y el LCR en el conducto raquídeo (círculo)
también son oscuros. La RM es una herramienta excelente para evaluar las características
tisulares de las masas abdominales y pélvicas.
Fig. 20.5 Glioblastoma multiforme con edema circundante. La imagen axial potenciada
en T2 muestra un edema brillante de tipo vasogénico (flechas blancas continuas) alrededor
de una masa grande y lobulada que se localiza en el lóbulo frontal (flechas blancas
discontinuas) y que representa un glioblastoma multiforme, un tumor cerebral maligno
agresivo. Se observan unas pocas áreas brillantes de degeneración quística (flechas
negras discontinuas) en el interior de esta masa. El efecto de la masa comprime a los
cuernos frontales de los ventrículos laterales (puntas de flecha). Como la resolución del
contraste tisular de la RM es mejor que el de la TC, se prefiere normalmente la RM para
determinar la extensión del tumor y para facilitar la planificación neuroquirúrgica. Además,
la detección de edema puede ayudar a los médicos a comprender y a tratar los síntomas
del paciente.
Fig. 20.6 Edema en la médula ósea secundario a una luxación rotuliana lateral
transitoria. La imagen axial con densidad protónica y saturación de la grasa (una
secuencia de tipo T2) muestra un edema brillante en la médula ósea que afecta al cóndilo
femoral (F) lateral (L) (flechas discontinuas), así como a la parte medial de la rótula (R)
(flecha continua). Este patrón de edema nos ayuda a establecer el diagnóstico de contusión
ósea secundaria a una luxación rotuliana lateral reciente que ha provocado que la rótula
golpee al fémur. La RM es la modalidad de imagen más sensible para detectar el edema de
la médula ósea.
Fig. 20.7 Imágenes axiales normal del abdomen potenciadas en T2, sin y con
supresión grasa. (A) Podemos decir que esta es una imagen potenciada en T2 porque el
LCR presente en el conducto raquídeo es brillante (flecha hueca). Cuando no hay
supresión grasa, el tejido adiposo subcutáneo (flecha continua) y el tejido adiposo
intraabdominal (flecha discontinua) normalmente son brillantes. (B) Con la Incorporación de
la supresión grasa, las áreas que contienen tejido adiposo se vuelven oscuras. Obsérvese
además que las estructuras que contienen líquido, como la vesícula biliar (VB) y el LCR
(flecha hueca), se vuelven aún más brillantes y visibles cuando se suprime la grasa
circundante, una característica útil que también mejora la detección del líquido patológico o
del edema.
Fig. 20.8 Grasa en un quiste dermoide ovárico. (A) Imagen axial potenciada en T1 de la
pelvis que muestra una masa brillante y redonda del ovario izquierdo (flechas continuas) en
una mujer. (B) Imagen axial potenciada en T1 con supresión grasa que demuestra que
esta señal brillante es ahora oscura, lo que indica una masa que contiene grasa (flechas
continuas). Esta apariencia es sumamente específica para el diagnóstico de un quiste
dermoide, conocido también como teratoma quístico maduro, la neoplasia ovárica más
frecuente. Obsérvese que la señal de la grasa en los quistes dermoides se comporta de
forma parecida al tejido adiposo subcutáneo (flechas discontinuas).
Fig. 20.11 Masa hepática realizada tras la administración intravenosa de gadolinio. (A)
Imagen sin contraste potenciada en T1 y con supresión de la grasa que muestra una
masa sutil en el lóbulo hepático izquierdo (flechas continuas), isointensa con respecto al
hígado circundante. La aorta (flecha discontinua) res relativamente oscura, una pista de
que el contraste intravenoso no se ha administrado. (B) Imagen potenciada en T1 y
supresión de la grasa tras la administración de gadolinio que muestra una masa que
ahora se realza robustamente. Este ejemplo destaca cómo el contraste intravenoso puede
hacer que las masas sean mucho más visibles en la RM, y en este caso nos permite
establecer el diagnóstico de hiperplasia nodular focal, el segundo tumor hepático benigno
más frecuente después del hemangioma cavernoso. Obsérvese también cómo la aorta
(flecha discontinua) se realza brillantemente con gadolinio, y que el bazo (flecha hueca)
muestra un realce heterogéneo característico en esta imagen con contraste precoz.
Puntos importantes
• Las estructuras que son brillantes en las imágenes tras la administración de gadolinio
son típicamente vasculares (como los tumores) (v. fig. 20.11) o inflamatorios, y decimos
que captan el contraste (o que realzan).
Aspectos de seguridad en la RM
Claustrofobia
Objetos ferromagnéticos
• Cualquier objeto ferromagnético existente en el interior del cuerpo del paciente puede ser
desplazado por el campo magnético del aparato de RM y, así, dañar potencialmente los tejidos
adyacentes. Estos objetos ferromagnéticos internos también pueden experimentar
calentamiento y causar quemaduras en los tejidos circundantes.
Puntos importantes
Tabla 20.2
Etiqueta del
Significado
dispositivo
Seguro para la Un artículo que no plantea riesgos conocidos en cualquier caso de RM (p. ej.,
RM sondas de plástico)
Inseguro para la Un artículo que plantea riesgos conocidos en todos los casos de RM (p. ej., un par
RM de tijeras ferromagnéticas)
Fuente: American Society for Testing and Materials (ASTM) International, Designation: F2503-05. Standard
Practice for Marking Medical Devices and Other Items for Safety in the Magnetic Resonance Environment.
West Conshohocken, PA: ASTM International; 2005.
Mujeres embarazadas
Tabla 20.3
Aplicaciones diagnósticas de la RM
Evaluación de la médula
Desgarros meniscales; lesiones ligamentosas y
Musculoesquelético ósea, los meniscos, los
tendinosas; contusiones
tendones y los músculos
Endocrino y
Glándulas suprarrenales Adenomas; hemorragia suprarrenal
reproductor
Puntos clave
• La mayoría de los estudios óseos empiezan con las radiografías convencionales, que se
obtienen con al menos dos proyecciones expuestas a un ángulo de 90° entre sí (llamadas
proyecciones ortogonales) para así localizar mejor las anomalías y visualizar tanto hueso como
sea posible (fig. 21.1).
• Sin embargo, las radiografías convencionales no pueden visualizar la circunferencia completa de
un hueso tubular y no son particularmente sensibles para demostrar otras anomalías de partes
blandas musculoesqueléticas que no sean una tumefacción importante de partes blandas.
• Es importante recordar que, aunque la cortical rodea por completo todo el hueso, en las
radiografías convencionales se aprecia mejor vista de perfil (es decir, cuando el haz de rayos
X incide tangencialmente al hueso).
• En las radiografías convencionales, los huesos largos visualizados muestran una cortical densa
de hueso compacto que envuelve por completo a la cavidad medular, menos densa, que
contiene hueso esponjoso dispuesto en trabéculas, separadas fundamentalmente por vasos
sanguíneos, células hematopoyéticas y grasa. El eje de un hueso es la diáfisis, culminada en
cada extremo por las epífisis. Donde se unen epífisis y diáfisis (es decir, la metáfisis) es la
localización del cartílago de crecimiento (o placa epifisaria) en los niños.
• La proporción de hueso cortical respecto del trabecular varía según las diferentes localizaciones
esqueléticas e incluso en diferentes zonas dentro de un mismo hueso (p. ej., la cortical es
naturalmente más gruesa en unos sitios que en otros) (v. fig. 21.2A).
• La figura 21.4 contiene un diagrama de una articulación sinovial típica y compara las estructuras
que se visualizan en las radiografías convencionales y en la RM.
• Los huesos reflejan el estado general del metabolismo de un individuo. Su composición requiere
una matriz colagenosa (osteoide) que contiene proteínas, sobre la cual el mineral óseo,
principalmente fosfato cálcico, se transforma en cartílago y hueso.
• Los huesos están sufriendo continuamente procesos de remodelación que incluyen la resorción
del hueso viejo y enfermo por los osteoclastos y la formación de hueso nuevo por los
osteoblastos. Los osteoblastos son responsables de la producción de matriz ósea, mientras que
los osteoclastos reabsorben tanto la matriz como el mineral.
• Tanto la actividad osteoclástica como la osteoblástica dependen de la presencia de un aporte
sanguíneo viable que transporte esas células al hueso.
• Los huesos también responden a las fuerzas mecánicas como, por ejemplo, a las
contracciones de músculos y tendones, al proceso de soportar cargas, a un uso constante o a un
desuso prolongado, que ayudan a modelar y/o mantener la forma, así como el contenido de cada
hueso.
• En esta sección se dividen las anomalías de la densidad ósea de manera arbitraria en dos
categorías principales, basadas primordialmente en su aspecto en las radiografías convencionales:
aquellas que producen un patrón de aumento o uno de disminución de la densidad ósea (tabla
21.1).
Tabla 21.1
Osteoporosis
Densidad disminuida Difusa Hiperparatiroidismo
Fig. 21.6 Enfermedad metastásica osteoblástica difusa. Los huesos tienen un aspecto
esclerótico difuso por la actividad osteoblástica anormal. Ya no se pueden ver las
trabéculas normales ni la unión entre la cavidad medular y la cortical. Este paciente tenía
metástasis generalizadas por un carcinoma de próstata.
Fig. 21.7 Metástasis escleróticas focales desde un cáncer de mama. Hay lesiones
escleróticas focales en el ilion derecho e izquierdo (flechas continuas) y en ambos fémures
proximales (flechas discontinuas). También hay otras lesiones escleróticas. Las metástasis
óseas del cáncer de mama pueden ser osteolíticas y osteoblásticas.
• Las metástasis óseas son mucho más frecuentes que los tumores óseos primarios.
• Las metástasis óseas se dividen en dos categorías principales: las que simulan la producción de
hueso nuevo y se llaman osteoblásticas, y aquellas que destruyen el hueso y se llaman
osteolíticas; algunas metástasis incluyen a lesiones que presentan ambos cambios
osteoblásticos y osteolíticos.
• Las metástasis óseas de cualquier origen son muy infrecuentes en localizaciones distales
al codo y a la rodilla; si aparecen en dichas localizaciones, habitualmente corresponden a una
diseminación extensa de un cáncer de pulmón o de mama.
Puntos importantes
Fig. 21.9 Necrosis avascular, cabeza femoral. Una imagen de detalle de la cabeza
femoral izquierda muestra una zona de esclerosis aumentada en la cara superior de la
cabeza femoral (flechas blancas), un hallazgo característico de la necrosis avascular de la
cabeza. La transparencia lineal subcortical (flecha negra) representa las fracturas
subcondrales que se observan en esta enfermedad, llamado el signo de la semiluna.
Obsérvese que la enfermedad está aislada a la cabeza femoral y no afecta al espacio
articular ni al acetábulo, es decir, no es una artritis. El paciente estaba con un tratamiento
prolongado de corticoides para un lupus eritematoso.
Tabla 21.2
Intravascular Drepanocitosis
Policitemia vera
Localización Ejemplo de enfermedad
Enfermedad de Paget
• La enfermedad de Paget es una enfermedad crónica del hueso, sobre todo en varones de
edad avanzada, y que actualmente parece que se debe a una infección crónica por paramixovirus.
Se caracteriza por grados variables de aumento de la resorción ósea y de aumento de
la formación de hueso, con predominio final de esto último en aquellos casos que muestran las
formas más progresivas de la enfermedad.
• El resultado final casi siempre es el de un hueso más denso, aunque, a pesar de su densidad,
es menos resistente que el hueso normal y por ello es propenso a presentar fracturas
patológicas o deformidades por debilidad del hueso, como el arqueamiento. La pelvis es el
hueso que se ve afectado con más frecuencia, seguido por la columna lumbar, la columna
torácica, el fémur proximal y el cráneo.
Puntos importantes
• A medida que los huesos disminuyen su densidad radiográfica, puede haber una pérdida
difusa del entramado normal de las trabéculas óseas en la cavidad medular debido a la
disminución en número y al adelgazamiento de la mayoría de las pequeñas estructuras
trabeculares.
• Puede haber una acentuación de la imagen de la cortical, ya que la corteza, aunque es
más delgada de lo normal, destaca de forma sorprendente debido a la menor densidad de la
cavidad medular (fig. 21.14).
• Puede haber una compresión de los cuerpos vertebrales (v. cap. 22).
• Puede haber fracturas patológicas en la cadera, la pelvis o los cuerpos vertebrales (v. cap.
23).
• Los ejemplos de enfermedades que causan una disminución difusa de la densidad ósea
incluyen la osteoporosis y el hiperparatiroidismo.
Fig. 21.14 Pie normal y osteoporótico. (A) Proyección posteroanterior normal de un pie
en contraste con (B) el mismo paciente varias semanas más tarde después de una
inmovilización prolongada. (B) Hay una disminución global de la densidad ósea y
adelgazamiento de las corticales (flechas) secundario a osteoporosis por desuso. Las
radiografías convencionales están sometidas a variaciones técnicas que pueden simular
una osteoporosis, incluso en un individuo sano.
Osteoporosis
Hiperparatiroidismo
Formas de hiperparatiroidismo
Tipo Observaciones
Puntos importantes
• Los ejemplos de enfermedades que ocasionan una disminución focal de la densidad ósea
incluyen las metástasis osteolíticas, el mieloma múltiple y la osteomielitis.
Metástasis osteolíticas
• Las metástasis osteolíticas pueden producir una destrucción focal del hueso (v. cuadro 21.1).
Estas lesiones se deben frecuentemente a infiltración focal del hueso por células diferentes
de los osteocitos.
• La cavidad medular está casi siempre afectada y desde ella la enfermedad también puede
erosionar y destruir la cortical. Cuando solo está afectada la cavidad medular, se necesita una
reducción de casi el 50% de la masa ósea para que pueda detectarse la lesión en las
radiografías convencionales cuando se observan de frente.
• Por otro lado, la RM es excelente para demostrar el estado de la cavidad medular y, por tanto,
es mucho más sensible a la presencia de metástasis que las radiografías convencionales (fig.
21.18).
• En algunos casos solo se ve afectada la cortical. Las metástasis corticales pueden ser más
fáciles de detectar en las radiografías convencionales, porque se necesita una destrucción cortical
relativamente menor para evidenciarse, especialmente si las lesiones se visualizan de forma
tangencial.
• Las causas más frecuentes de metástasis óseas osteoblásticas y osteolíticas se enumeran en la
tabla 21.4.
Fig. 21.18 Metástasis en la columna lumbar: RM. (A) La intensidad de señal de los
cuerpos vertebrales es normal en esta imagen sagital potenciada en T1 de la columna
lumbar (flecha discontinua). (B) En otra paciente, esta con un cáncer de mama, hay
múltiples depósitos metastásicos sustituyendo la médula ósea normal en la columna lumbar
y el sacro (flechas negras). El cuerpo vertebral de L4 está completamente sustituido por
tumor (flecha blanca).
Tabla 21.4
Osteoblásticas Osteolíticas
Carcinoma de próstata (más frecuente en varones de edad Cáncer de pulmón (la lesión osteolítica
avanzada) más frecuente en los varones)
El carcinoma de mama habitualmente es osteolítico, pero Cáncer de mama (la lesión osteolítica
puede ser osteoblástico, especialmente cuando se trata más frecuente en las mujeres)
Puntos importantes
Fig. 21.21 Signo del pedículo. Cada cuerpo vertebral debe tener normalmente dos
pedículos de morfología ovalada, uno a cada lado, visibles en la proyección posteroanterior
de la columna (flechas continuas). El pedículo derecho de D10 (flecha discontinua) ha
desaparecido porque ha sido destruido por un tumor metastásico. A esto se le llama signo
del pedículo. La mayoría de las lesiones metastásicas en la columna también afectan a los
cuerpos vertebrales.
Mieloma
• El mieloma, la neoplasia maligna primaria ósea más frecuente en los adultos, puede
manifestarse como una lesión solitaria, a menudo una lesión expansiva en forma de pompas de
jabón en la columna o en la pelvis (llamada plasmocitoma solitario) o como una enfermedad
diseminada, con lesiones líticas múltiples en sacabocados por todo el esqueleto axial y
apendicular proximal.
Puntos importantes
Fig. 21.22 Plasmocitoma solitario. Hay una lesión lítica grande en el húmero proximal
(flecha negra continua), que destruye la cortical (flecha negra discontinua) y contiene
múltiples tabiques (flecha blanca). Los plasmocitomas solitarios pueden ser el precursor de
una forma de mieloma múltiple más diseminado. El carcinoma de células renales y el de
tiroides también pueden producir una imagen como esta (v. fig. 21.20).
Fig. 21.23 Mieloma múltiple. Se ven incontables lesiones líticas (flechas) en esta
proyección lateral del cráneo. Son pequeñas, de tamaño uniforme y con bordes bien
definidos, los llamados defectos líticos en sacabocados, característicos del mieloma
múltiple. Las metástasis en el cráneo pueden producir una imagen similar, pero suelen ser
menores en número y peor definidas.
Osteomielitis
Puntos importantes
Fig. 21.24 Osteomielitis, dedo medio. Imagen de detalle de la mano que muestra una
lesión lítica en la falange distal del dedo medio con destrucción de parte de la cortical
(flechas). Las partes blandas del dedo estaban edematosas y el paciente tenía el
antecedente de una herida penetrante en el dedo unas semanas antes.
• En los adultos, la infección tiende a afectar al espacio articular más a menudo que en los
niños, produciendo no solo osteomielitis, sino también artritis séptica.
• Los primeros hallazgos de osteomielitis pueden tardar hasta 10 días en aparecer en
las radiografías convencionales, por lo que se utilizan con frecuencia otras modalidades de
imagen, tales como la RM o la gammagrafía, para un diagnóstico precoz.
• Una variedad de estudios de medicina nuclear con radionúclidos pueden demostrar la
osteomielitis, y actualmente el más específico es la gammagrafía con leucocitos marcados,
en la que se extrae una muestra de leucocitos del paciente, se marcan con un isótopo radiactivo
(frecuentemente el indio) y se inyecta de vuelta al paciente al que se le explora con una cámara
gamma para detectar los sitios con un aumento anormal de captación del trazador radioactivo.
Enfermedades de las articulaciones: ABORDAJE de las artritis
• Los estudios de imagen desempeñan un papel clave en el diagnóstico y el manejo de las artritis
y son el método primario de diagnóstico de muchas de ellas. Otras artritis se diagnostican
inicialmente por la clínica o los datos de laboratorio, y las pruebas de imagen se utilizan para
documentar la gravedad, la extensión y el curso evolutivo de la enfermedad (tabla 21.5).
• Las radiografías convencionales siguen siendo el método de primera elección para
valorar la presencia de una artritis. Las radiografías convencionales demuestran anomalías de la
cortical articular y del hueso subcondral que proporcionan una evidencia indirecta y tardía
del estado del cartílago articular. La RM es más sensible para la visualización directa de las partes
blandas en y alrededor de una articulación.
• Una artritis es una enfermedad que afecta a una articulación y, habitualmente, a los
huesos a ambos lados de la articulación, y se acompaña casi siempre de un
estrechamiento del espacio articular (fig. 21.25).
• Las artritis se dividen en tres categorías principales (tabla 21.6):
• Artritis hipertrófica, caracterizada generalmente por formación de hueso en la
localización de las articulaciones afectadas. La formación de hueso puede ocurrir en los
confines del hueso (esclerosis subcondral) o sobresalir desde el hueso (osteofito) (fig.
21.26A).
• La artritis erosiva indica la presencia de inflamación subyacente y se caracteriza por la
existencia de lesiones líticas, pequeñas y marginales, de morfología irregular, en las
superficies articulares o a su alrededor, llamadas erosiones (fig. 21.26B).
• La artritis infecciosa se caracteriza por tumefacción articular, osteopenia y destrucción
de largos segmentos contiguos de cortical articular (fig. 21.26C).
• Dentro de cada una de estas categorías principales vamos a examinar algunas de las artritis
más frecuentes y que también tienen hallazgos radiológicos característicos.
Fig. 21.25 ¿Hay artritis o no? (A) Hay un estrechamiento de la articulación de la cadera y
tanto acetábulo como la cabeza femoral son anormales (flecha). Esto cumple con los
criterios de una artritis y representa a la artrosis de la cadera. (B) Hay esclerosis de la
cabeza femoral (flecha discontinua), pero el espacio articular permanece normal, al igual
que el acetábulo (flecha continua). Se trata de una necrosis avascular de la cabeza
femoral, no de una artritis.
Fig. 21.26 Los hallazgos radiológicos distintivos de las tres categorías principales de
artritis. (A) La artritis hipertrófica se caracteriza por esclerosis subcondral (flecha negra)
y producción marginal de osteofitos (flecha blanca). (B) La artritis erosiva (inflamatoria)
muestra erosiones líticas marginales características (flechas). (C) La artritis infecciosa se
caracteriza por destrucción de la cortical articular (flecha).
Puntos importantes
Artritis hipertrófica
Tabla 21.6
Artrosis primaria
Fig. 21.28 Artrosis. (A) En la cadera, las superficies superior y lateral (flecha) son las
caras que soportan carga y la mayoría están afectadas por artrosis, mientras que, en la
rodilla (B), el compartimento medial soporta la mayor parte del peso y es el que más se ve
afectado (flecha).
Fig. 21.29 Artrosis de las manos. (A) Hay osteofitos en las articulaciones interfalángicas
distales (flechas blancas) junto con estrechamiento de los espacios articulares (flecha
negra discontinua). (B) Se ven osteofitos grandes en las articulaciones interfalángicas
distales de los dedos (flechas) en otra paciente, una mujer de 87 años con dolor articular.
Artrosis secundaria (artritis degenerativa secundaria)
Puntos importantes
• Los hallazgos radiológicos de la artrosis secundaria son los mismos que en la primaria, con
algunas pistas claves que ayudan a sugerir la artrosis secundaria:
• Aparece a una edad atípica para la artrosis primaria (p. ej., una persona de 30 años
con artrosis) (cuadro 21.3).
• Tiene una apariencia atípica para una artrosis primaria (p. ej., la artrosis suele ser
bilateral y a menudo simétrica). Los cambios artrósicos graves en una cadera mientras que
la otra aparece perfectamente normal apuntan a la posibilidad de una artrosis secundaria
(fig. 21.30).
• Puede aparecer en una localización inusual para una artrosis primaria (p. ej., en la
articulación del codo).
• Finalmente, cualquier artritis que afecte el cartílago articular, sea cual sea su
etiología, puede producir los cambios de una artrosis secundaria.
Fig. 21.30 Artrosis secundaria. Hay una discrepancia notable entre la apariencia de cada
cadera con artrosis avanzada y fusión de la cadera derecha (círculo), pero una cadera
izquierda relativamente normal (flecha). Muchas veces, la gravedad de los hallazgos en la
artritis secundaria deja poco margen para sugerir la causa desencadenante original. Este
paciente sufrió un traumatismo en la cadera derecha durante la infancia.
Artrosis erosiva
• La artrosis erosiva es un tipo de artrosis primaria caracterizada por una inflamación muy
importante y por el desarrollo de cambios erosivos articulares. Aparece con mayor
frecuencia en las mujeres perimenopáusicas.
• La artrosis erosiva puede mostrar cambios bilaterales y simétricos, como los osteofitos de la
artrosis primaria, pero con inflamación notable (tumefacción y dolorimiento) y erosiones
en las articulaciones afectadas.
• Las erosiones son típicamente de localización central dentro de la articulación
y, en combinación con los pequeños osteofitos que se asocian a la enfermedad, pueden
producir la llamada deformidad «en alas de gaviota» (fig. 21.31).
• La artrosis erosiva afecta con mayor frecuencia a las articulaciones interfalángicas
proximales y distales de los dedos de las manos, a la primera articulación
carpometacarpiana y a la articulación interfalángica del pulgar.
• Puede aparecer anquilosis ósea, un hallazgo infrecuente en la artrosis primaria.
Fig. 21.31 Artrosis erosiva. Esta es una visión en detalle de los dedos de la mano de una
mujer de 51 años tumefacción, rubor y dolorimiento notables de las articulaciones
interfalángicas distales. Hay erosiones centrales (flecha negra) y osteofitos marginales
(flecha blanca) que producen un patrón llamado deformidad «en alas de gaviota»
(círculo) compatible con una artrosis erosiva.
Artropatía de Charcot (articulación neuropática)
Puntos importantes
Puntos importantes
• La artropatía por pirofosfato puede ser indistinguible de otras formas de artrosis, pero
difiere de ellas en algunos aspectos importantes:
• La artropatía por pirofosfato afecta a articulaciones que no se ven afectadas
habitualmente en la artrosis primaria, como el espacio articular femororrotuliano
de la rodilla, la articulación radiocarpiana, las articulaciones metacarpofalángicas
de las manos y las articulaciones de la muñeca.
• La condrocalcinosis suele estar presente en la artropatía por pirofosfato, pero no se
requiere para el diagnóstico (fig. 21.35A).
• Los quistes subcondrales son más frecuentes, de mayor tamaño, más
numerosos y más extendidos que en la artrosis primaria.
• Las excrecencias óseas «en gancho» o «en pico de loro» a lo largo de las cabezas
del segundo y tercer metacarpiano, son un hallazgo frecuente en esta forma de CPPD (fig.
21.35B).
• En la muñeca, los hallazgos característicos incluyen la calcificación del fibrocartílago
triangular, un estrechamiento de la articulación radiocarpiana, la separación entre el
escafoides y el semilunar superior a 3 mm (disociación escafosemilunar) y hundimiento
de la fila distal del carpo hacia el radio (hundimiento avanzado escafosemilunar) (fig.
21.35C).
Fig. 21.35 Artropatía por pirofosfato. (A) La calcificación del fibrocartílago triangular
(flecha) se debe al depósito de cristales de pirofosfato cálcico (CPP) y es un hallazgo
frecuente en la artropatía por pirofosfato. (B) Las excrecencias óseas en forma de gancho a
lo largo de las cabezas del segundo y tercer metacarpiano también son un hallazgo
frecuente (flechas blancas). Obsérvese que la articulación radiocarpiana está estrechada
(flecha negra). (C) Otros hallazgos característicos en la muñeca, aparte de la calcificación
del fibrocartílago triangular (flecha blanca) incluyen la separación entre el escafoides (E) y
el semilunar (S) (disociación escafosemilunar) y el hundimiento del hueso grande (G)
hacia el radio (flecha negra), llamado colapso (hundimiento) avanzado escafosemilunar
(CAES).
Artritis erosiva
• La artritis erosiva engloba un amplio número de artropatías, todas ellas asociadas en cierto
grado a cierto grado de inflamación y proliferación sinovial (formación del pannus) que
participan en la formación de lesiones líticas en o cerca de la articulación llamadas
erosiones, especialmente en las pequeñas articulaciones de las manos y los pies.
• El pannus actúa como una masa de tejido sinovial creciente y en aumento que conduce a la
formación de erosiones marginales del cartílago articular y del hueso subyacente.
• El cuadro 21.4 enumera varias de las muchas causas de artritis erosiva. Analizamos cuatro de
las más frecuentes, resaltadas en negrita en el cuadro.
• Artritis reumatoide.
• Gota.
• Artritis psoriásica.
• Espondilitis anquilosante (columna).
• Variantes de la artritis reumatoide.
• Artritis reactiva.
• Sarcoidosis.
• Hemofilia.
Puntos importantes
• Los cambios radiográficos más precoces son la tumefacción de partes blandas de las
articulaciones afectadas y la osteoporosis, la cual tiende a ser más importante a ambos lados del
espacio articular (osteoporosis periarticular o desmineralización periarticular).
• En la mano, las erosiones tienden a afectar las articulaciones proximales: las
articulaciones carpometacarpianas, las metacarpofalángicas y las interfalángicas proximales (fig.
21.36).
• Los hallazgos tardíos en las manos incluyen deformidades tales como la desviación
cubital de los dedos en las articulaciones metacarpofalángicas (MCF),
subluxación de las articulaciones MCF y laxitud ligamentosa que conduce a
deformidades de los dedos (deformidades en cuello de cisne y en ojal).
• En la muñeca, las erosiones se localizan frecuentemente en los huesos del carpo, la
estiloides cubital y hay un estrechamiento del espacio articular radiocarpiano.
• En otras partes del cuerpo, las articulaciones más grandes generalmente no muestran
erosiones, pero puede haber un estrechamiento notable del espacio articular, con
esclerosis subcondral escasa o nula (fig. 21.37).
• En la columna, la AR tiende a afectar la columna cervical, produciendo laxitud ligamentosa
que puede conducir a la subluxación anterior de C1 sobre C2 (subluxación atloaxoidea). La
subluxación atloaxoidea puede producir compresión medular si es importante (fig. 21.38).
• La AR puede también causar estrechamiento del espacio articular, esclerosis y,
finalmente, fusión de las carillas articulares en la columna cervical.
Fig. 21.38 Artritis reumatoide, columna cervical. La distancia entre el borde anterior de
la odontoides (O) y el borde posterior del tubérculo anterior de C1 (T) se llama espacio
preodontoideo y normalmente mide menos de 3 mm. El espacio preodontoideo de este
paciente mide 8 mm (flecha negra) debido a la laxitud del ligamento atloaxoideo, lo que
conduce a una subluxación atloaxoidea. La artritis reumatoide puede ocasionar también
la fusión de las carillas articulares de la columna cervical (flecha blanca).
Gota
Tabla 21.5
Espondilitis anquilosante
Séptica (TB)
Puntos importantes
Fig. 21.39 Gota, ambos dedos gordos. La gota es una artritis erosiva y muestra erosiones
yuxtaarticulares marginadas claramente delimitadas (llamadas mordiscos de rata) (flechas
continuas). Hay tofos (flechas discontinuas), nódulos de partes blandas que desencadenan
una reacción de cuerpo extraño, que puede asociarse con la gota crónica. Tal como es de
esperar en la gota, el espacio articular metatarsofalángico no está especialmente
estrechado y no hay osteoporosis periarticular.
Fig. 21.40 Bursitis olecraniana en la gota. La bursitis olecraniana es una manifestación
relativamente frecuente de la gota (masa grande de partes blandas alrededor del codo
señalada por la flecha blanca) y su presencia aislada debería llamar la atención de la
posibilidad de una gota subyacente. Este paciente también muestra erosiones adyacentes
a la articulación del codo (flecha negra).
Artritis psoriásica
• La mayoría de los pacientes con artritis psoriásica también tienen cambios cutáneos y
ungueales de la psoriasis desde hace muchos años, aunque para algunos, las manifestaciones
articulares pueden ser la manifestación inicial de la enfermedad. Alrededor de un 25% de
pacientes con una psoriasis de larga evolución desarrollan artritis psoriásica. Habitualmente es
poliarticular.
• La artritis psoriásica afecta normalmente a las pequeñas articulaciones de las manos,
especialmente a las interfalángicas distales (IFD).
• En las articulaciones sacroiliacas, la psoriasis puede producir sacroilitis bilateral, pero
asimétrica. Las articulaciones sacroiliacas no se suelen fusionar por completo, a
diferencia de lo que ocurre en la espondilitis anquilosante (v. cap. 22).
Puntos importantes
Fig. 21.41 Artritis psoriásica, mano y pie. (A) Las articulaciones interfalángicas distales
de ambas manos (flechas bancas) están estrechadas y erosionadas, conduciendo al
telescopaje de una falange dentro de la otra (deformidad de «lápiz en copa»). (B) En el
pie de otro paciente con psoriasis hay anquilosis (fusión) de las articulaciones del segundo
dedo (flecha negra) y deformidades adicionales de «lápiz en copa» (flechas blancas).
Artritis infecciosa
• La artritis infecciosa (también llamada artritis séptica) suele ocurrir como resultado de una
siembra hematógena de la membrana sinovial desde una fuente infecciosa en otra
parte del cuerpo, tal como una herida infectada, o por extensión contigua directa desde
una osteomielitis adyacente a la articulación.
• Se suele dividir en artritis piogénica (séptica), causada principalmente por estafilococos y
gonococos, y artritis no piogénica, secundaria principalmente a la infección por Mycobacterium
tuberculosis.
• Los factores de riesgo incluyen el consumo de drogas por vía intravenosa, los corticoides
inyectados o administrados por vía oral, las prótesis articulares y un traumatismo articular
reciente, incluida la cirugía articular.
• En los niños y en los adultos, la rodilla se ve afectada frecuentemente; en los niños, la
cadera es otro foco de infección frecuente. Las manos pueden infectarse por mordeduras
humanas y los pies por la diabetes.
• Aunque las radiografías convencionales se obtienen como prueba inicial, son
relativamente insensibles a los hallazgos precoces de la enfermedad, excepto para la
tumefacción de partes blandas y la osteopenia.
• Si se sospecha con fuerza una artritis séptica, la punción aspirativa de la articulación
habitualmente confirma el diagnóstico.
Puntos importantes
Fig. 21.42 Artritis séptica y osteomielitis. Este paciente presenta una destrucción de la
articulación metatarsofalángica (flecha negra continua) que se ha extendido y ha destruido
al hueso adyacente en forma de osteomielitis (flecha negra discontinua). Hay una
calcificación vascular extensa secundaria a la aterosclerosis avanzada del paciente por
diabetes (flecha blanca). Obsérvese que solamente hay cuatro dedos, ya que el quinto se
había amputado previamente por una osteomielitis.
En la unión de la articulación metatarsofalángica del dedo gordo se observa una masa de partes blandas
(flecha continua) que representa a un tofo que, por sí mismo, es patognomónico de una artritis gotosa
crónica en esta localización. Por otra parte, hay erosiones yuxtaarticulares (flechas discontinuas), sobre todo
en la cabeza del primer metatarsiano. Los hallazgos son clásicos de una gota tofácea crónica.
Puntos clave
• Los huesos largos se componen de una cortical de hueso compacto que rodea una cavidad
medular que contiene hueso esponjoso dispuesto en trabéculas separadas por vasos sanguíneos,
células hematopoyéticas y grasa.
• La radiografía convencional se basa en dos proyecciones adquiridas a 90° una de la otra, lo que
ayuda a localizar los hallazgos (proyecciones ortogonales).
• En las radiografías convencionales, la cortical se visualiza mejor si la proyección es tangencial.
En la TC se visualiza la cortical entera. La RM es particularmente sensible para la valoración de la
médula. Tanto la TC como la RM son superiores a las radiografías convencionales para la
valoración de partes blandas.
• El hueso sufre un cambio continuo por la combinación de fuerzas mecánicas y bioquímicas.
• Las anomalías de la densidad ósea pueden dividirse arbitrariamente en aquellas que aumentan
la densidad y aquellas que la disminuyen, bien de manera focal o difusa.
• Las metástasis osteoblásticas, especialmente de un carcinoma de próstata y de mama,
pueden producir aumentos focales o generalizados de la densidad ósea.
• La gammagrafía ósea es la prueba de elección para el cribado de las metástasis esqueléticas.
La RM se utiliza fundamentalmente para resolver cuestiones específicas relacionadas con la
composición de una lesión y su extensión.
• Otras enfermedades que pueden aumentar la densidad ósea son la necrosis avascular del hueso
y la enfermedad de Paget.
• La necrosis avascular habitualmente afecta a huesos con una circulación sanguínea colateral
deficiente, como la cabeza femoral, y se detecta más fácilmente mediante RM.
• Los rasgos distintivos de la enfermedad de Paget incluyen el engrosamiento de la cortical, la
acentuación del patrón trabecular y el aumento de tamaño y de la densidad ósea del hueso
afectado.
• Los ejemplos de enfermedades que pueden causar una disminución generalizada de la
densidad ósea incluyen la osteoporosis y el hiperparatiroidismo.
• La osteoporosis se caracteriza por una densidad mineral ósea baja y de forma más frecuente
es menopáusica o relacionada con la edad. La osteoporosis predispone a fracturas patológicas.
• El hiperparatiroidismo se debe a una secreción excesiva de paratirina, la cual conduce a una
estimulación aumentada de la actividad osteoclástica. Su diagnóstico se basa en los hallazgos
clínicos y analíticos.
• Las metástasis osteolíticas, especialmente de cáncer de pulmón, renal, tiroides y de mama,
pueden producir áreas focales de disminución de la densidad ósea, al igual que el plasmocitoma
solitario. Se considera que los plasmocitomas son precursores del mieloma múltiple, el tumor
óseo primario más frecuente.
• La osteomielitis está causada frecuentemente por Staphylococcus aureus y muy a menudo se
extiende a un espacio articular adyacente, más en los adultos que en los niños.
• Una artritis es una enfermedad que invariablemente ocasiona un estrechamiento del espacio
articular y cambios en los huesos a ambos lados de la articulación.
• Las artritis pueden dividirse de forma general en las categorías hipertrófica, erosiva
(inflamatoria) e infecciosa.
• La artritis hipertrófica se caracteriza por esclerosis subcondral, producción de osteofitos
marginales y formación de quistes subcondrales.
• La artrosis primaria, la forma más frecuente de artritis, es un tipo de artritis hipertrófica.
Típicamente aparece en las superficies que soportan peso de las articulaciones de la cadera y la
rodilla, al igual que en las articulaciones interfalángicas distales de los dedos de las manos.
• Otras artritis hipertróficas son la artrosis erosiva, las articulaciones de Charcot y la CPPD. La
artrosis secundaria puede deberse a un traumatismo previo o a una necrosis avascular, o bien
superponerse a una artritis subyacente.
• La artrosis erosiva tiene hallazgos similares a la artrosis primaria, pero tiende a mostrar más
cambios inflamatorios. Las erosiones se localizan típicamente en una situación central
intraarticular.
• Las articulaciones de Charcot o neuropáticas muestran fragmentación, esclerosis y
tumefacción de partes blandas. La diabetes es la causa más frecuente de articulación de Charcot
en la actualidad.
• La artropatía por pirofosfato se debe al depósito de cristales de pirofosfato
(condrocalcinosis). Puede producir quistes subcondrales grandes y múltiples, estrechamiento del
espacio articular femororrotuliano, «ganchos» metacarpianos y migración proximal de la fila distal
del carpo.
• La artritis erosiva (o inflamatoria), que se asocia a inflamación y proliferación sinovial
(formación del pannus), produce lesiones líticas llamadas erosiones en o cerca de la articulación.
• La artritis reumatoide, la gota y la psoriasis son tres ejemplos de artritis erosiva; la localización
de la afectación ayuda a diferenciar entre las diversas causas de artropatías erosivas.
• La artritis reumatoide afecta a las articulaciones del carpo y a las proximales de las manos;
puede ensanchar el espacio preodontoideo en la columna cervical y conducir a la fusión de los
elementos posteriores en la columna cervical.
• La gota afecta con mayor frecuencia a la articulación metatarsofalángica del dedo gordo del pie
con erosiones yuxtaarticulares y osteoporosis escasa o nula. Los tofos, que son manifestaciones
tardías de la enfermedad, habitualmente no calcifican.
• La artritis psoriásica aparece habitualmente en pacientes con cambios cutáneos de la
psoriasis ya conocidos; afecta a las articulaciones distales, principalmente de las manos, y
produce erosiones características que simulan un lápiz dentro de una copa.
• La artritis infecciosa se caracteriza por tumefacción de partes blandas y osteopenia y, en el
caso de la artritis piogénica, por una destrucción notable y relativamente precoz de la mayor parte
o de toda la cortical articular. Se debe principalmente a los microorganismos estafilococos y
gonococos.
El dolor de espalda, y en particular la lumbalgia, es la principal causa de años vividos con discapacidad en
todo el mundo, una medida que refleja el impacto de la enfermedad sobre la calidad de vida. En 2017, los
estudios calculaban que, en cualquier momento, 557 millones de personas estaban sufriendo lumbalgia a nivel
global, convirtiéndola en la causa más importante de limitación de la actividad y de absentismo laboral.
Esta es una radiografía convencional en detalle de la unión lumbosacra en un varón de 28 años con dolor
de espalda. La causa de su dolor se revelaba en la radiografía. ¿De qué se trata? La respuesta está al final del
capítulo.
• La resonancia magnética (RM), que es una modalidad que diferencia mejor las partes
blandas, constituye el estudio de elección en la mayoría de las enfermedades de la columna
vertebral por su capacidad para visualizar y detectar anomalías de partes blandas. como la
médula ósea, la médula espinal y los discos intervertebrales, además de su capacidad para
mostrar imágenes en cualquier plano y el hecho de que no requiere exposición a la
radiación.
• Los estudios de RM siguen siendo relativamente caros y su disponibilidad no está tan
generalizada como la de la TC o la de las radiografías convencionales, además de que no es
posible evaluar a los pacientes con marcapasos y con ciertos materiales ferromagnéticos en
el interior del cuerpo (p. ej., clips de aneurismas), el procedimiento requiere más tiempo y
algunos pacientes no pueden tolerar la claustrofobia que experimentan en el interior de algunos
de los aparatos de RM con intensidad de campo alta (v. cap. 20).
Columna vertebral normal (fig. 22.1)
Fig. 22.1 Columna vertebral normal. Esta ilustración muestra la totalidad de la columna
vertebral, que se compone de 7 vértebras cervicales, 12 vértebras torácicas, que
normalmente todas sostienen un par de costillas, 5 vértebras lumbares y 5 vértebras sacras
fusionadas. La curvatura de los segmentos cervical y lumbar se llama lordótica y la
curvatura de la columna torácica es cifótica.
Cuerpo vertebral
• Casi todas las vértebras poseen un cuerpo constituido por hueso esponjoso y médula ósea en
su parte interna y elementos posteriores constituidos por hueso denso y compacto que forma
los pedículos, las láminas, las carillas interapofisarias, las apófisis transversas y las apófisis
espinosas (fig. 22.2A).
• Desde el nivel de C3 al nivel de L5, los cuerpos vertebrales tienen una configuración más o
menos rectangular y una altura aproximadamente igual en su parte anterior y en su parte
posterior.
• Los platillos vertebrales de los cuerpos vertebrales contiguos son aproximadamente
paralelos entre sí.
• Las articulaciones interapofisarias de las apófisis articulares superiores e inferiores
están revestidas por cartílago, y son articulaciones sinoviales verdaderas.
• En la proyección posteroanterior, cada cuerpo vertebral muestra dos pedículos ovoideos que se
visualizan a cada lado del cuerpo vertebral. Los pedículos de L5 a menudo son difíciles de ver,
incluso en las personas normales, debido a la lordosis de la columna lumbar (fig. 22.2B).
• En las radiografías convencionales de la columna lumbar obtenidas en la proyección oblicua,
las estructuras anatómicas se superponen normalmente y originan una sombra que se parece a la
cabeza de un terrier escocés, el famoso signo del perrito (o terrier) escocés (fig. 22.3).
Discos intervertebrales
• Los discos intervertebrales tienen un núcleo pulposo gelatinoso central rodeado por un anillo
fibroso externo que, a su vez, está constituido por fibras fibrocartilaginosas internas y por fibras
cartilaginosas externas (fibras de Sharpey). El núcleo pulposo se localiza cerca de la cara
posterior del disco (fig. 22.4).
Fig. 22.4 Columna vertebral normal y partes blandas. Una ilustración transversal parcial
de la columna muestra las estructuras óseas y ligamentosas normales.
Ligamentos vertebrales
• Varios ligamentos atraviesan la columna vertebral (tabla 22.1) (v. fig. 22.4A).
Tabla 22.1
Ligamento Conecta
Ligamento longitudinal
Superficies anteriores de los cuerpos vertebrales
anterior
Ligamento longitudinal
Superficies posteriores de los cuerpos vertebrales
posterior
• La médula espinal se extiende desde el bulbo raquídeo hasta la altura de L1 a L2 y finaliza como
el cono medular. La cola de caballo se extiende en dirección inferior desde este punto en
forma de un conjunto de raíces nerviosas, cada una de ellas saliendo por debajo de su cuerpo
vertebral numerado respectivo.
• Cada uno de los pares de agujeros de conjunción de la columna vertebral contiene un
nervio raquídeo, vasos sanguíneos y grasa.
• Los nervios raquídeos tienen un nombre y una numeración acorde con el agujero de
conjunción por el que salen del canal vertebral. Desde el nivel C1 a C7, los nervios salen
por encima de su vértebra respectiva. El nervio C8 sale entre las vértebras séptima cervical
y primera torácica. Los nervios restantes salen por debajo de las vértebras de su número
respectivo.
Puntos importantes
• La altura relativa del espacio discal varía en cada segmento de la columna vertebral.
• En la columna cervical, los espacios discales tienen una altura aproximadamente
igual.
• En la columna torácica (dorsal), los espacios discales tienen un tamaño
ligeramente menor que en la columna cervical, pero la altura de todos ellos es
similar.
• En la columna lumbar, los espacios discales aumentan progresivamente de altura
en cada espacio sucesivo, excepto a nivel de L5 a S1, donde la altura puede ser
igual o ligeramente inferior a la del nivel L4 a L5 en las radiografías convencionales.
Apariencia normal de la columna vertebral en la RM
Puntos importantes
• Solamente un 2% de los pacientes con lumbalgia aguda tiene una hernia discal. La hernia discal
en la región lumbar puede producir dolor de espalda y ciática, mientras que la hernia de un
disco cervical puede causar radiculopatía y mielopatía. La RM es el estudio de elección
para la evaluación de la hernia discal.
• Las hernias discales en la columna cervical son más frecuentes en los niveles C4-C5, C5-C6
y C6-C7 (fig. 22.6).
Fig. 22.6 Hernia discal cervical, RM. La médula espinal (M) es oscura en comparación
con la intensidad de señal alta (más blanca) a su alrededor, que corresponde al líquido
cefalorraquídeo en el canal vertebral. Un disco herniado (flecha) se extiende en dirección
posterior desde el espacio discal y comprime a la médula.
Puntos importantes
• La mayoría de las hernias discales aparecen en los tres espacios discales lumbares
inferiores, es decir, L3-L4, L4-L5 (el más frecuente) y L5-S1. Más del 60% de las hernias
discales aparecen en una localización posterolateral, siendo la localización de la hernia la que
determina las manifestaciones clínicas, que dependen de las raíces nerviosas que se ven
comprimidas.
• En comparación con los segmentos cervical y lumbar, los discos torácicos son muy estables,
en parte porque están protegidos por la parrilla costal que los rodea.
• La degeneración de las fibras anulares externas del disco, así como los traumatismos,
pueden dar lugar a una interrupción de estas fibras y permitir que el material discal sobresalga
(protrusión), la cual puede asociarse o no a dolor de espalda.
• Cuando se rompen las fibras anulares, el núcleo pulposo puede herniarse (habitualmente en
dirección posterolateral) a través de una zona debilitada del ligamento longitudinal
posterior.
• El material herniado puede presentar sobresalir, pero permanece en contacto con el disco a
partir del cual se origina, o puede extruirse por completo hacia el canal vertebral.
• Los síntomas se deben a la compresión aguda de la raíz nerviosa.
• Las hernias discales pueden visualizarse en la TC y la RM. La TC muestra la compresión de las
raíces nerviosas o del saco tecal por parte del material discal. En la RM, el material discal herniado
suele aparecer en forma de una protrusión focal y asimétrica de material discal
hipointenso que se extiende más allá de los límites del anillo fibroso (fig. 22.7).
• El síndrome poslaminectomía consiste en un cuadro de dolor persistente en la espalda o las
piernas tras una cirugía sobre la columna vertebral. En algunos estudios se ha estimado que
afecta al 40% de los pacientes intervenidos. Los estudios de RM con gadolinio sobre la columna
vertebral son útiles para diferenciar una hernia discal persistente o recurrente de la formación
de tejido cicatricial como la causa del dolor.
Fig. 22.7 Hernia discal, L5-S1. La imagen sagital potenciada en T2 correspondiente a la
columna lumbar inferior muestra material discal (flecha continua) más allá de los límites del
espacio discal intervertebral L5-S1, lo que representa una hernia discal que se extiende en
dirección posterior e inferior. Obsérvese que la degeneración y la desecación de los demás
discos hacen que en esta imagen potenciada en T2 aparezcan más oscuros de lo normal
(flechas discontinuas).
Enfermedad discal degenerativa (EDD)
Puntos importantes
Fig. 22.9 Artritis uncovertebral y de las articulaciones facetarias. (A) Los osteofitos
pueden aparecer en la columna cervical en las articulaciones uncovertebrales (flechas
negras), lo que da lugar a protrusiones óseas (flechas blancas) hacia los agujeros de
conjunción normalmente ovalados (círculo), como se aprecia en esta radiografía obtenida
en la proyección oblicua. (B) Hay estrechamiento y esclerosis en todas las articulaciones
facetarias inferiores de la columna lumbar (flechas).
• La HEID es un trastorno frecuente caracterizado por excrecencias de hueso o calcio en las zonas
de inserción ligamentosa. Estas excrecencias se llaman entesofitos, y los procesos que
conducen a su formación (uno de los cuales es la HEID) se llaman entesopatías.
• La HEID afecta generalmente a varones mayores de 50 años; puede aparecer en cualquier
segmento de la columna vertebral, aunque afecta con mayor frecuencia a los segmentos
torácico inferior y/o cervical inferior.
• A menudo, los pacientes con HEID se quejan de rigidez en la espalda, pero no presentan
dolor o solamente manifiestan un dolor de espalda leve.
• Las radiografías convencionales de la columna vertebral son suficientes para establecer el
diagnóstico de HEID.
• A diferencia de lo que ocurre en la espondilitis anquilosante, que puede mostrar similitudes
radiológicas con la HEID en la columna vertebral, las articulaciones sacroiliacas son
normales en la HEID.
• La osificación del ligamento longitudinal posterior (OLLP), que a menudo está presente
en la HEID, se visualiza mejor en la TC y la RM que en las radiografías convencionales. Puede
producir compresión medular, especialmente en la columna cervical, como consecuencia del
estrechamiento del canal vertebral (fig. 22.11B).
Fig. 22.11 Hiperostosis esquelética idiopática difusa (HEID) y osificación del
ligamento longitudinal posterior (OLLP). (A) La HEID se manifiesta por la formación de
calcificación u osificación densa, en forma de puente o fluctuante del ligamento longitudinal
anterior de, al menos, cuatro cuerpos vertebrales contiguos (flechas). (B) La osificación del
ligamento longitudinal posterior (flecha) puede verse en esta TC sagital de la columna
cervical y puede contribuir a la producción de estenosis del canal vertebral. Ant, anterior; C,
canal vertebral; Post, posterior.
Puntos importantes
• Las fracturas vertebrales por compresión son frecuentes, afectan a las mujeres con mayor
frecuencia que a los varones y suelen ser secundarias a osteoporosis. Pueden ser
asintomáticas o causar dolor en los segmentos torácico medio o lumbar alto que suele
desaparecer a las 4-6 semanas. En ocasiones se detectan inicialmente debido al incremento de la
cifosis o a la pérdida de la altura global del cuerpo vertebral.
• Las radiografías convencionales de la columna vertebral habitualmente son el
estudio de elección inicial. La RM puede utilizarse para diferenciar las fracturas por
compresión secundarias a osteoporosis de las causadas por tumores malignos. Tanto la RM
como la gammagrafía ósea pueden ser útiles para establecer la antigüedad de una anomalía por
compresión, algo que sería imposible de determinar únicamente a partir de las radiografías
convencionales.
Puntos importantes
• Las fracturas por compresión osteoporóticas afectan generalmente a las caras anterior y
superior del cuerpo vertebral y respetan la cara posterior. Esto conduce a una diferencia de
altura superior a 3 mm entre las caras anterior y posterior del mismo cuerpo vertebral.
Alternativamente, el cuerpo vertebral comprimido tiene una altura que es más de un 20% más
corta a la de los cuerpos vertebrales situados inmediatamente por encima y por debajo del
mismo.
• Este patrón de compresión da lugar a una deformidad «en cuña» que acentúa la
cifosis normal de la columna torácica (llamada joroba de viuda) (fig. 22.12).
Fig. 22.12 Fractura por compresión secundaria a osteoporosis. Hay compresión de un
cuerpo vertebral torácico inferior (flecha negra). Las caras anterior (flecha doble
discontinua) y superior del cuerpo vertebral son las que se afectan con más frecuencia, a
menudo respetando la cara posterior (flecha doble continua). La pérdida progresiva de la
altura global de la persona es un hallazgo frecuente en las fracturas por compresión en los
ancianos.
• La estenosis del canal vertebral hace referencia al estrechamiento del calibre del canal
vertebral o de los agujeros de conjunción debido a anomalías óseas o de partes blandas
por causas adquiridas o congénitas. Las causas adquiridas, como las correspondientes a los
cambios degenerativos, son más frecuentes que las congénitas.
• Las anomalías de partes blandas que pueden dar lugar a estenosis del canal vertebral
incluyen la hipertrofia del ligamento amarillo, la protrusión discal y la osificación del ligamento
longitudinal posterior (v. fig. 22.11B).
• Las anomalías óseas que pueden conducir a una estenosis del canal vertebral incluyen la
estenosis congénita del canal vertebral, los osteofitos, la artrosis de las articulaciones facetarias y
la espondilolistesis. Un canal vertebral con un diámetro en el límite de la normalidad puede
volverse estenótico cuando cualquiera de estos procesos patológicos se superpone e induce un
estrechamiento adicional del canal.
Puntos importantes
• La estenosis del canal vertebral es más frecuente en los segmentos cervical y lumbar;
puede causar dolor radicular, mielopatía o claudicación neurógena en la región lumbar. La
claudicación neurógena es un cuadro intermitente de dolor y parestesias que se irradia hacia
la pierna, empeora con la permanencia en bipedestación o al caminar, y se alivia con la flexión de
la columna vertebral al adoptar las posturas de decúbito supino o en cuclillas.
• Las metástasis óseas son 25 veces más frecuentes que los tumores óseos primarios. Las
metástasis óseas aparecen habitualmente en huesos con médula ósea roja y el 80% aparecen
en el esqueleto axial (es decir, la columna vertebral, la pelvis, el cráneo y las costillas) debido a
que es en estos huesos donde persiste la médula roja a lo largo del envejecimiento normal.
• Dada la abundante vascularización sanguínea que existe en la porción posterior de los cuerpos
vertebrales, son frecuentes las metástasis hematógenas en esta parte de la columna
vertebral, especialmente las procedentes de un cáncer de pulmón y de mama.
• Las metástasis pueden dar lugar a fracturas por compresión en la columna vertebral. Las
metástasis tienden a destruir la totalidad del cuerpo vertebral, incluyendo especialmente a
la cara posterior y a los pedículos, un patrón que difiere del de las fracturas por compresión
osteoporóticas, en las que el cuerpo vertebral posterior y los pedículos se mantienen
intactos (v. fig. 22.12).
• Como se describe en el capítulo 21, las metástasis pueden ser fundamentalmente
productoras de hueso (es decir, osteoblásticas) o predominantemente destructoras de hueso
(es decir, osteolíticas). Las metástasis en las que se producen al mismo tiempo los procesos
osteolíticos y osteoblásticos se denominan metástasis mixtas.
• El cáncer de próstata es el ejemplo típico de tumor maligno primario que origina metástasis
osteoblásticas; el prototipo de tumor maligno primario que causa metástasis osteoblásticas en
la mujer es el cáncer de mama. Los tumores primarios más frecuentes como causa de
metástasis osteolíticas son el cáncer de pulmón y el de mama. Los carcinomas de tiroides y
renal pueden producir lesiones osteolíticas que también son expansivas (v. fig. 21.20).
• La columna vertebral también es una localización frecuente del mieloma múltiple, que es el
tumor óseo primario maligno más frecuente. El mieloma múltiple se caracteriza por su tendencia a
producir lesiones casi completamente líticas. Una de las características distintivas del
mieloma múltiple es la osteoporosis, de manera que el mieloma puede asociarse a
osteoporosis vertebral difusa y a fracturas por compresión múltiples (fig. 22.14).
Fig. 22.14 Mieloma múltiple de la columna vertebral. Existen múltiples fracturas por
compresión de los cuerpos vertebrales (L1-L5) por la osteoporosis producida por el
mieloma múltiple. Los cuerpos vertebrales de T11 y T12 están osteoporóticos (flechas),
pero no tan comprimidos como las vértebras lumbares. Obsérvese que las caras
posteriores de los cuerpos vertebrales tienen una altura básicamente normal en las
fracturas osteoporóticas, mientras que las caras centrales y anteriores están hundidas.
Puntos importantes
• La RM permite detectar cambios de las metástasis óseas, incluso antes que la gammagrafía
con radioisótopos y se han descrito técnicas que pueden facilitar una valoración de la
totalidad del cuerpo, similar a la que se consigue con la gammagrafía.
Puntos importantes
• La infección del disco (discitis) casi siempre está asociada a osteomielitis de las
vértebras adyacentes y casi siempre se disemina por vía hematógena desde una infección en
otro órgano (p. ej., vías urinarias o partes blandas). La columna lumbar es el segmento
afectado con mayor frecuencia y Staphylococcus aureus a menudo es el microorganismo causal.
El dolor de espalda y la sensibilidad a la palpación son los síntomas iniciales.
• Debido al aporte sanguíneo, los niños son más propensos a empezar con una discitis, que luego
se extiende a las vértebras adyacentes, mientras que los adultos desarrollan con más frecuencia
una osteomielitis que se extiende después al disco.
Puntos importantes
• La discitis/osteomielitis debe considerarse siempre que existan anomalías del espacio discal
(estrechamiento, irregularidad) y destrucción de los platillos de los cuerpos
vertebrales adyacentes. Los hallazgos en las radiografías convencionales pueden tardar
semanas o meses en manifestarse. La TC es más sensible y puede detectar también una
enfermedad extravertebral, como un absceso. La RM es la más sensible (fig. 22.17).
Puntos importantes
• En la columna hay una osificación de las fibras externas del anillo fibroso produciendo
puentes óseos finos que unen los ángulos de una vértebra con los de otra, llamados
sindesmofitos. La producción progresiva de sindesmofitos que conectan cuerpos vertebrales
adyacentes produce una apariencia «en caña de bambú» (fig. 22.19).
Fig. 22.19 Espondilitis anquilosante, columna. Se observan sindesmofitos fluctuantes en
las proyecciones anteroposterior (flechas) y lateral (flechas) de la columna lumbar. La
osificación progresiva que conecta los cuerpos vertebrales adyacentes produce una
apariencia «en caña de bambú» característica de la espondilitis anquilosante.
Puntos clave
La identificación de una fractura sigue teniendo su atractivo para muchos. Representan uno de los temas
favoritos de las personas que aprenden radiología, quizá debido a su elevada frecuencia y a lo aparentemente
inequívocas que son. En este capítulo comentamos cómo identificar una fractura, cómo describirla,
denominarla y evitar pasarla por alto.
Esta es una proyección posteroanterior del hombro derecho de un varón de 23 años que se lesionó
jugando al fútbol americano. Se queja de un dolor intenso en el hombro y presenta un arco de movilidad
reducido. ¿Cuál es el diagnóstico? La respuesta está al final del capítulo.
Fig. 23.1 Fracturas «en tallo verde» y «en rodete» (torus). (A) Hay una fractura «en tallo
verde» (flecha continua) que afecta únicamente a la porción convexa de la cortical de la
tibia, pero no a su totalidad (flecha discontinua). El peroné está arqueado en dirección
medial, pero no se identifica ninguna grieta de la cortical. (B) Una fractura «en rodete» se
caracteriza por un abombamiento de la cortical (flechas). P, peroné; T, tibia.
Fig. 23.2 Conducto nutricio en comparación con una fractura. (A) Este es un conducto
nutricio (flechas). Obsérvese que el conducto nutricio muestra un margen esclerótico (más
blanco) en su paso a través de la cortical. (B) Esta es una fractura verdadera (flechas) en
otro paciente. Las líneas de fractura son más negras y atraviesan la cortical y la cavidad
medular. Los bordes de una fractura tienden a ser dentados e irregulares.
Fig. 23.3 Fractura en comparación con la placa epifisaria. Una línea de fractura (flecha
discontinua) tienden a ser más lineal y con una angulación más aguda que cualquiera de
las líneas de carácter natural, como las placas epifisarias en el húmero proximal (flechas
continuas). Dado que la parte superior de la metáfisis humeral muestra crestas y valles
irregulares, la placa epifisaria tiene un contorno ondulante que permite visualizar los
márgenes anterior y posterior de la cabeza humeral, generando la apariencia de que existe
más de una placa epifisaria.
Fig. 23.4 Errores en el diagnóstico de una fractura. (A) Sesamoideos (huesos que se
forman en un tendón a medida que discurre sobre una articulación, como en este caso el
pulgar) (flecha). (B) Huesecillos accesorios, como este hueso peroneo en el pie (flecha).
(C) Centros de osificación apofisarios accesorios que no se han fusionado con su hueso
de origen (flecha). (D) Los fragmentos de fractura no consolidados o un centro de
osificación no fusionados (flecha) pueden simular fracturas agudas.
Artefactos diagnósticos
Tabla 23.1
Diagnóstico diferencial entre las fracturas, los huesecillos accesorios y los huesos
sesamoideos
Definida,
«Línea de fractura» Lisa
dentada
• En una luxación, los huesos que constituyen originalmente los dos componentes de una
articulación ya no muestran aposición entre sí. Las luxaciones solamente tienen lugar en las
articulaciones (fig. 23.5A).
• En una subluxación, los huesos que constituyen originalmente los dos componentes de una
articulación mantienen un contacto parcial entre sí. Las subluxaciones también ocurren
únicamente en las articulaciones (fig. 23.5B).
Fig. 23.6 Fractura segmentaria y fractura «en alas de mariposa». (A) Hay una fractura
segmentaria en la que una parte de la diáfisis del fémur se ha convertido en un fragmento
aislado. Obsérvese que el fémur tiene un fragmento central (S) y dos segmentos
adicionales, uno a cada lado (flechas). (B) Una fractura «en alas de mariposa», como se
muestra en esta tibia, es una fractura conminuta en la que el fragmento central tiene una
configuración triangular (flechas).
Descripción de las fracturas
• Hay un léxico común que se utiliza para describir las fracturas con objeto de facilitar su
descripción reproducible y de conseguir una comunicación fiable y precisa.
• Las fracturas suelen describirse usando cuatro parámetros principales (tabla 23.2):
• El número de fragmentos.
• La dirección de la línea de fractura.
• La relación espacial de los fragmentos entre sí.
• La comunicación de la fractura con el medio externo.
Tabla 23.2
• En una fractura transversal, la línea de fractura es perpendicular al eje largo del hueso. Las
fracturas transversales se deben a una fuerza aplicada perpendicularmente a la diáfisis (fig.
23.7A).
• En la fractura diagonal u oblicua, la línea de fractura tiene una orientación diagonal respecto
al eje largo del hueso. Las fracturas diagonales u oblicuas se deben a una fuerza que
generalmente se aplica en la misma dirección del eje largo del hueso afectado (fig. 23.7B).
• En la fractura espiroidea, una fuerza de torsión o de giro da lugar una fractura similar a la
que se produce al introducir el pie en un agujero mientras se está corriendo. Las fracturas
espiroideas generalmente son inestables y se asocian a menudo a lesiones de partes blandas,
como desgarros en ligamentos o tendones (fig. 23.7C).
Fig. 23.7 Dirección de las líneas de fractura. (A) En una fractura transversal (flecha), la
línea de fractura es perpendicular al eje largo del hueso. (B) Las fracturas diagonales u
oblicuas (flecha) tienen una orientación diagonal respecto al eje normal del hueso. (C) Las
fracturas espiroideas (flechas) se deben generalmente a traumatismos con giro o con
aplicación de un par de torsión.
Descripción de las fracturas: relación de los fragmentos de la
fractura entre sí
Puntos importantes
• Por convención, las anomalías en la posición de los fragmentos óseos secundarias a las fracturas
describen la relación alterada del fragmento de fractura distal con respecto al
fragmento proximal. Estas descripciones se basan en la posición previsible que habría ocupado
normalmente el fragmento distal si el hueso no se hubiera fracturado.
• Hay cuatro parámetros principales que se utilizan con frecuencia para describir la relación
espacial entre los fragmentos de la fractura. Algunas fracturas muestran más de una de
estas anomalías en la posición de los fragmentos. Los cuatro parámetros son:
• Desplazamiento.
• Angulación.
• Acortamiento/distracción.
• Rotación.
• El desplazamiento describe el grado de separación del fragmento distal, de delante a
atrás y de un lado a otro, respecto al fragmento proximal. El desplazamiento se describe con
mayor frecuencia en términos de porcentajes (p. ej., el fragmento distal está desplazado en más
del 50% de la anchura de la diáfisis) o en términos de proporciones (p. ej., el fragmento distal
está desplazado la mitad de la anchura de la diáfisis del fragmento proximal) (fig. 23.8A).
• La angulación describe el ángulo existente entre los fragmentos distal y proximal en
función del grado con el que el fragmento distal se desvía de la posición que habría adoptado en
caso de que su posición fuera normal. La angulación se describe en grados y en relación con la
posición (p. ej., el fragmento distal muestra una angulación de 15° en dirección anterior en
relación con el fragmento proximal) (fig. 23.8B).
• El acortamiento describe el grado de solapamiento, si es que existe, entre los extremos
de los fragmentos de la fractura, lo cual se traduce en que el hueso fracturado es mucho más
corto de lo que sería si no se hubiera producido la fractura (fig. 23.8C).
• El término opuesto al de acortamiento es la distracción, que hace referencia a la
distancia longitudinal que separa a los fragmentos óseos entre sí (fig. 23.8D).
• El acortamiento (solapamiento) y la distracción (alargamiento) suelen describirse por el
número de centímetros (p. ej., hay un acortamiento de 2 cm de los fragmentos de la
fractura).
• La rotación es una anomalía poco habitual en la posición de las fracturas y afecta casi siempre
a huesos largos, como el fémur o el húmero. La rotación describe la orientación de la
articulación en uno de los extremos del hueso fracturado en comparación con la rotación de
la articulación en el otro extremo del mismo hueso.
• Por ejemplo, cuando la articulación de la cadera muestra una orientación hacia delante,
normalmente la articulación de la rodilla también presenta esta misma orientación. Cuando
existe rotación en el foco de una fractura de la diáfisis femoral, la articulación de la cadera
puede orientarse hacia delante, mientras que la articulación de la rodilla se orienta en otra
dirección diferente (fig. 23.9). Para apreciar radiológicamente la rotación es necesario
evaluar las articulaciones inmediatamente proximal y distal a una fractura, preferiblemente
en la misma radiografía.
• La fractura cerrada es el tipo más frecuente de fractura y se caracteriza por que no existe
comunicación entre los fragmentos de la fractura y el medio externo.
• En una fractura abierta o complicada existe una comunicación entre la fractura y el
medio externo (p. ej., alguno de los fragmentos de la fractura atraviesa la piel) (fig. 23.10). Las
fracturas complicadas tienen implicaciones relativas a la forma en la que se tratan para evitar la
complicación de la osteomielitis. El diagnóstico diferencial entre las fracturas abiertas y cerradas
se establece mejor clínicamente.
Fig. 23.10 Fractura abierta (complicada). Las fracturas abiertas o complicadas (flechas
negras) tienen una herida abierta o una ruptura en la piel que permite una comunicación
entre el hueso y el medio externo (flecha blanca). La posibilidad de que una fractura sea
abierta o cerrada se determina mejor con la exploración clínica.
Fracturas por arrancamiento (avulsión)
Tabla 23.3
Dirección de la línea de
Mecanismo
fractura
Diagonal (también La fuerza se aplica a lo largo del eje largo del hueso; la fractura tiene
denominada oblicua) lugar en algún punto a lo largo de la diáfisis
Tabla 23.4
Puntos importantes
Fig. 23.13 Fractura de estrés (de la marcha). (A) Aunque las radiografías convencionales
representan el estudio de primera elección, en un principio pueden tener una apariencia
normal, como se aprecia en este paciente 2 días después de que comenzase el dolor en el
tercer dedo del pie. (B) Cuatro semanas después de la radiografía original, hay formación
de hueso nuevo perióstico, que muestra consolidación de una fractura de estrés (flechas).
• Hay casi tantos epónimos como tipos de fracturas. Si alguna vez tuvo el deseo de que una
fractura se llamase como usted, probablemente haya llegado tarde. Vamos a ver únicamente seis
de los epónimos más utilizados.
• La fractura de Colles (denominada así después de que Abraham Colles la describiera 80 años
antes de que se descubrieran los rayos X) es una fractura del radio distal con angulación
dorsal del fragmento distal del radio fracturado que se produce por una caída sobre la mano
extendida (en ocasiones se utiliza la abreviación FOOSH [fall on the outstretched hand, o caída
sobre la mano en extensión] para su denominación). Generalmente se asocia a una fractura de la
apófisis estiloides del cúbito (fig. 23.14).
• La fractura de Smith es una fractura del radio distal con angulación palmar del fragmento
del radio distal fracturado (en efecto, lo contrario de la fractura de Colles). Se produce por una
caída sobre el dorso de la mano flexionada (fig. 23.15).
• La fractura de Jones es una fractura transversal del quinto metatarsiano, aproximadamente a
2 cm desde su base, causada por la flexión plantar del pie y la inversión del tobillo. La fractura de
Jones puede tardar más tiempo en consolidar que la fractura por avulsión más frecuente de la
tuberosidad del quinto metatarsiano (fig. 23.16).
• La fractura del boxeador es una fractura del cuello del quinto metacarpiano (el dedo
meñique) con angulación palmar del fragmento distal de la fractura. En ocasiones puede estar
afectado el cuarto metacarpiano. Se produce con frecuencia al dar un puñetazo a una persona o a
una pared (fig. 23.17).
• La fractura de la marcha es un tipo de fractura de estrés que se produce por
microfracturas repetidas del pie a por traumatismos repetitivos (como el que tiene lugar durante
las marchas prolongadas); afecta con más frecuencia a las diáfisis de los metatarsianos
segundo y tercero (v. fig. 23.13).
• La fractura-luxación de Lisfranc (llamada así en honor de Jacques Lisfranc de St. Martin, un
cirujano francés) es relativamente infrecuente y, a menudo, ocurre por una lesión deportiva, un
accidente de tráfico o un accidente industrial. Puede ser obvia, como en el ejemplo que se
muestra (fig. 23.18), o no evidenciarse en las radiografías convencionales. Puede ser necesario
recurrir a la TC o la RM para demostrar la lesión.
Fig. 23.14 Fractura de Colles. (A) Esta proyección posteroanterior muestra una fractura
del radio distal (flechas continuas) causada por una caída con la mano en extensión
completa. A menudo se observa una fractura asociada de la apófisis estiloides cubital
(flechas discontinuas en A y B). (B) Se aprecia una angulación posterior (dorsal) del
fragmento distal en la proyección lateral (flecha negra).
Fig. 23.15 Fractura de Smith. La fractura de Smith es una fractura del radio distal (flecha)
con angulación palmar del fragmento radial distal (líneas negras), es decir, el patrón inverso
al de la fractura de Colles. Se produce por una caída sobre el dorso de la mano flexionada.
Fig. 23.16 Fractura de Jones. La fractura de Jones es una fractura transversal de la base
del quinto metatarsiano (flecha blanca) que ocurre aproximadamente a 1-2 cm de la
tuberosidad del quinto metatarsiano (flecha negra) en una zona con escasa
vascularización, lo que puede afectar a su consolidación. La fractura de Jones puede ser
una fractura de estrés por una lesión repetitiva o puede ser una rotura aguda.
Fig. 23.17 Fractura del boxeador. La fractura del boxeador es una fractura del cuello del
quinto metacarpiano (flecha) con angulación palmar del fragmento de fractura distal (líneas
blancas). A pesar de su nombre, no es una fractura que sufran con frecuencia los
boxeadores profesionales, cuyos segundo y tercer metacarpianos y el radio soportan la
mayor parte del impacto.
Fig. 23.18 Fractura-luxación de Lisfranc. (A) Una imagen de detalle de un pie derecho
normal. Obsérvese como el borde lateral del primer metatarsiano (1MT) (flecha blanca
continua) se alinea con el borde lateral (flecha blanca discontinua) del primer cuneiforme
(1C) y el borde medial del segundo metatarsiano (2MT) (flecha negra continua) se alinea
con el borde medial del segundo cuneiforme (2C) (flecha negra discontinua). Se muestra
el ligamento de Lisfranc mediante una barra blanca que une el 1C con la base del 2MT. (B)
Esta es una fractura-luxación de Lisfranc. El borde lateral del 1MT (flecha blanca continua)
ya no se alinea con el borde lateral del 1C (flecha blanca discontinua), y el borde medial del
2MT (flecha negra continua) ya no se alinea con el 2C (flecha negra discontinua). Se
observa una fractura de la base del 2MT (círculo). Todos los metatarsianos están luxados
lateralmente (flecha curva), lo que se denomina luxación homolateral. C, cuneiforme; MT,
metatarsiano.
Algunas fracturas o luxaciones sutiles
• Es importante evaluar con detalle estas zonas al valorar una posible fractura; después, hay que
volver a hacerlo una segunda y una tercera vez.
• Fracturas del escafoides:
• Las fracturas del escafoides (hueso navicular) son lesiones frecuentes que pueden
sospecharse clínicamente cuando el paciente presenta sensibilidad dolorosa a la
palpación en la tabaquera anatómica tras experimentar una caída sobre la mano
extendida. Hay que buscar radiotransparencias lineales finas en el escafoides (fig.
23.19).
• Debido a las peculiaridades de su vascularización, una fractura a través de la porción
media (cintura) del escafoides puede interrumpir la vascularización
sanguínea del polo proximal, dando lugar a necrosis avascular del polo proximal.
Como el resto de los huesos de la muñeca siguen experimentando el proceso del
recambio óseo, el resultado es un incremento relativo aparente de la densidad de la
zona desvascularizada en comparación con el resto del hueso (fig. 23.20).
• Fracturas «en hebilla» del radio y/o el cúbito en los niños:
• Son fracturas frecuentes en los niños. Hay que buscar una angulación aguda y
súbita de la cortical, especialmente en la proximidad de la muñeca (v. fig. 23.1B).
Son fracturas impactadas que suelen mostrar una consolidación rápida y sin
deformidad.
• Fracturas de la cabeza del radio:
• La fractura de la cabeza del radio es la fractura más frecuente del codo en un
adulto. Hay que buscar en la proyección lateral una radiotransparencia de tejido graso
de configuración semilunar a lo largo de la cara posterior del húmero distal
correspondiente a la grasa extrasinovial e intracapsular que normalmente es
invisible, pero que en esta fractura se levanta alejándose del hueso por la tumefacción
de la cápsula articular secundaria a una hemartrosis traumática, lo que se
denomina signo de la almohadilla grasa posterior positivo (fig. 23.21).
• Fracturas supracondíleas del húmero distal en los niños:
• Son las fracturas más frecuentes del codo en un niño. La mayoría de estas
fracturas provocan un desplazamiento posterior del húmero distal y pueden ser
bastante sutiles (fig. 23.22).
• Luxaciones del hombro:
• Las luxaciones anteriores del hombro son más frecuentes que las posteriores y
más fáciles de identificar radiológicamente (fig. 23.23A y B), Se deben a una
combinación de abducción, rotación externa y extensión.
• En la luxación posterior, la cabeza del húmero queda fija en rotación interna y
muestra el aspecto de una «bombilla» en todas las proyecciones del hombro. Es
necesario evaluar proyecciones como la axilar o la proyección en «Y» para comprobar
si la cabeza todavía está en el interior de la cavidad glenoidea. En la proyección en «Y»
(una proyección oblicua del hombro), la cabeza del húmero se localiza lateralmente a
la cavidad glenoidea en la luxación posterior (fig. 23.23C y D).
• Fracturas de la cadera en el anciano:
• Las fracturas de la cadera son frecuentes, especialmente en el anciano, y están
relacionadas a menudo con la osteoporosis. En la medida de lo posible, las radiografías
convencionales del cuello femoral deben llevarse a cabo con la pierna del paciente en
rotación interna, de manera que sea posible visualizar el cuello de perfil. Hay que
buscar la angulación aguda de la cortical o zonas de incremento de la densidad
indicativas de impactación (fig. 23.24).
• Las fracturas de cadera pueden ser radiográficamente sutiles y se necesita una RM o
la gammagrafía ósea para su diagnóstico.
Fig. 23.19 Fractura del escafoides. Hay una fractura transversal a través de la cintura del
escafoides (flecha). Las fracturas que atraviesan la cintura del escafoides pueden dar lugar
a necrosis avascular del polo proximal de dicho hueso (v. fig. 23.20).
Fig. 23.20 Necrosis avascular del escafoides. Imagen de detalle de la proyección del
escafoides, que muestra que el polo proximal del escafoides (flecha blanca continua)
aparece más denso que el polo distal (flecha negra) debido a la necrosis avascular del polo
proximal. La fractura había ocurrido 1 año antes a través de la cintura del escafoides
(flecha blanca discontinua).
Fig. 23.21 Fractura de la cabeza radial con derrame articular. (A) Las fracturas de la
cabeza del radio (flechas) son las fracturas más frecuentes en el codo del adulto. (B) Hay
una transparencia semilunar a lo largo de la cara dorsal del húmero distal (flecha), el
denominado signo de la almohadilla grasa posterior positivo. En la práctica totalidad de
los estudios óseos se obtienen al menos dos proyecciones en ángulos de 90° entre sí, las
denominadas proyecciones ortogonales. En muchos protocolos se recomienda obtener
dos proyecciones oblicuas adicionales que permiten visualizar una cantidad mayor de la
cortical en tangencial.
Fig. 23.23 Luxaciones anterior y posterior del hombro. (A y B, luxación anterior) (A) La
cabeza humeral (H) está inferior y anterior a la cavidad glenoidea (G). (B) La cabeza
humeral (H) está en una posición subcoracoidea (C) en esta «proyección en Y» (líneas
negras) angulada. (C y D, luxación posterior) (C) En una luxación posterior, la cabeza
humeral (H) se mantiene persistentemente fija en rotación interna y tiene un aspecto de
«bombilla», con independencia de cómo rote el brazo el paciente. También hay un
aumento de la distancia entre la cabeza humeral (H) y la cavidad glenoidea (G). (D) En la
proyección en Y angulada (líneas negras) en una luxación posterior, la cabeza del húmero
(H) se sitúa debajo del acromion (A), una estructura posterior de la escápula. A, acromion;
C, apófisis coracoides; G, glenoides; H, cabeza humeral.
Fig. 23.24 Fractura subcapital de la cadera impactada. Las fracturas subcapitales de la
cadera ocurren en la unión entre la cabeza y el cuello femorales. La mayoría de las
fracturas de cadera en el anciano (90%) se deben a una caída, a menudo una caída menor,
como desde la posición en bipedestación. Hay que buscar una angulación de la cortical
(flecha blanca) e indicios de solapamiento de los fragmentos impactados (flechas negras).
Signos indirectos de una posible fractura
• Hay que buscar anomalías de partes blandas o signos indirectos indicativos de que puede
haber una fractura subyacente (tabla 23.5 y fig. 23.25).
Fig. 23.25 Plano adiposo del pronador cuadrado. (A) Este es un ejemplo de un plano
fascial normal producido por el pronador cuadrado (la flecha indica la radiotransparencia)
en la cara volar de la muñeca, en comparación con el plano fascial sobresaliente (flecha
blanca) en (B), que se ha producido debido a tumefacción de partes blandas que
acompaña a una fractura del radio distal (flecha negra).
Tabla 23.5
Signo Comentarios
Signo Comentarios
Desaparición de las Por ejemplo, la banda adiposa del pronador cuadrado en la cara volar
bandas adiposas de la muñeca puede estar desplazada en la fractura del radio distal (v. fig.
normales 23.25)
• Muchos factores determinan la consolidación de las fracturas, como la edad del paciente, la
localización de la fractura, la posición de los fragmentos la fractura, el grado de
inmovilización y la vascularización sanguínea en el foco de la fractura (tabla 23.6).
• Inmediatamente después de una fractura se produce una hemorragia en el foco de la fractura.
• Durante las semanas siguientes, los osteoclastos eliminan el hueso enfermo. La línea de fractura
puede ensancharse mínimamente durante este tiempo.
• Más adelante, en el transcurso de varias semanas más, el hueso nuevo (callo) comienza a
formar un puente en el hueco de la fractura (fig. 23.26).
Tabla 23.6
Juventud Vejez
Puntos importantes
• Las fracturas de la columna vertebral son infrecuentes en comparación con las de otras partes
del esqueleto. Cuando ocurren, tienen una importancia especial, dadas las implicaciones de una
lesión medular asociada.
• La TC, con su capacidad para reconstruir imágenes en planos diferentes y proporcionar
información adicional de las partes blandas, actualmente complementa y, en muchos casos, ha
reemplazado a la radiografía convencional para la valoración del traumatismo
vertebral. La TC se utiliza para determinar la extensión de la lesión en cualquier paciente en
el que se haya demostrado una lesión vertebral traumática en las radiografías convencionales.
• La TC se utiliza también para detectar lesiones óseas que no son visibles en las
radiografías convencionales y para valorar anomalías de partes blandas en pacientes que
no pueden someterse a un estudio con RM.
• La mayoría de las fracturas vertebrales ocurren en los segmentos torácico y lumbar. Las
vértebras que se fracturan con mayor frecuencia son L1, L2 y T12, y representan más de
la mitad de todas las fracturas de la columna toracolumbar. Las fracturas por compresión son
el tipo más frecuente de fractura vertebral.
• Las tres líneas cervicales (fig. 23.28).
• Muchos protocolos de traumatismos incluyen una proyección lateral con rayo
horizontal de la columna cervical (se inmoviliza el cuello del paciente mientras este se
mantiene en la camilla o en la mesa de exploración, y el haz de rayos X se dirige
horizontalmente, de manera que la cabeza del paciente no se mueve).
• Esta proyección permite una valoración rápida de fracturas/subluxaciones
vertebrales antes de la realización de estudios de imagen adicionales, que podrían
suponer la movilización del cuello del paciente.
• En una proyección lateral de la columna cervical deben valorarse las tres líneas arqueadas
paralelas y lisas. La desviación de estas líneas respecto a la curvatura paralela normal debe
sugerir la subluxación y/o la fractura de un cuerpo vertebral.
• Algunas de las fracturas vertebrales más frecuentes descritas a continuación son:
• La fractura de Jefferson.
• La fractura del ahorcado.
• La fractura por estallido.
• La fractura de Chance.
• Las fracturas por compresión (v. cap. 22).
Fig. 23.28 Las tres líneas cervicales. Tres líneas paralelas, suavemente arqueadas,
deberían coincidir con las tres series de estructuras de la columna cervical. Las más
posteriores son las líneas blancas espinolaminares, que aparecen en las zonas de unión
entre las láminas vertebrales y las apófisis espinosas (línea negra discontinua). La segunda
línea une todas las caras posteriores de los cuerpos vertebrales (línea negra continua).
La línea más anterior une todas las caras anteriores de los cuerpos vertebrales (línea
blanca discontinua).
Fractura de Jefferson
• La fractura de Jefferson es una fractura de C1, generalmente con afectación de los arcos
anterior y posterior. En su forma clásica, cursa con fracturas bilaterales de los arcos anterior
y posterior de C1, lo que representa en conjunto un total de cuatro fracturas.
• Se debe a una lesión por una carga axial (p. ej., al golpearse con la cabeza en el fondo de
una piscina tras tirarse de cabeza).
Puntos importantes
Fig. 23.29 Proyección normal con la boca abierta y fractura de Jefferson. (A) La
proyección normal «con la boca abierta» de C1 y C2 muestra que los márgenes laterales
de C1 (1) se alinean con los márgenes laterales de C2 (2) (flechas). (B) La característica
distintiva en la fractura de Jefferson es una desalineación lateral bilateral de las masas
laterales de C1 (1) (flechas) en relación con C2 (2). (C) La fractura se aprecia mejor en la
TC, en la que se observan fracturas en los arcos anteriores derecho e izquierdo y en el
arco posterior derecho de C1 (flechas).
• La fractura del ahorcado es una fractura de los elementos posteriores de C2. Se debe
a una lesión por hiperextensión y compresión, que se produce típicamente en personas que
no llevan puesto el cinturón de seguridad y que, en un accidente de tráfico, golpean el parabrisas
con la frente con el cuello en extensión.
• Se visualiza mejor en la proyección lateral de la columna cervical en la radiografía
convencional y en la proyección sagital en la TC.
Puntos importantes
• La fractura conduce a una separación efectiva de la cara posterior del cuerpo vertebral de
C2 respecto a la cara anterior de C2, lo que permite que la cara anterior de C2 se subluxe
hacia delante sobre el cuerpo de C3 (fig. 23.30).
Fig. 23.30 Fractura del ahorcado. La fractura a través de los elementos posteriores de C2
(flecha blanca discontinua) separa eficazmente la cara posterior del cuerpo vertebral de C2
de la cara anterior de C2, lo que hace que la cara anterior se subluxe hacia delante sobre el
cuerpo de C3 (flecha negra). Obsérvese que la línea espinolaminar de C2 (flecha blanca
continua) se localiza anormalmente por detrás de las líneas espinolaminares de los demás
cuerpos vertebrales.
• Algunas fracturas del ahorcado muestran un desplazamiento tan pequeño que para detectarlas
se necesita una TC.
• Dado que las fracturas del ahorcado conducen a un ensanchamiento global del canal
vertebral, generalmente no se asocian a ningún déficit neurológico. En contradicción con la
lesión de la que esta fractura toma su nombre, la fractura que tenía lugar en el contexto del
ahorcamiento judicial se debía a una hiperextensión que conllevaba fractura de C2 y
distracción intensa entre C2 y C3, con distracción de la médula espinal propiamente dicha.
Fracturas por estallido
• Las fracturas por estallido ocurren sobre todo en los segmentos cervical, torácico y
lumbar alto de la columna vertebral.
• Son lesiones por carga axial de alta energía secundarias característicamente a accidentes de
tráfico o a caídas, en las que el disco intervertebral situado por encima es impulsado hacia el
cuerpo vertebral situado por debajo y el cuerpo vertebral estalla. A su vez, esto impulsa a los
fragmentos óseos a desplazarse en dirección posterior en el interior del canal vertebral
(fragmentos retropulsados), mientras que la cara anterior del cuerpo vertebral se desplaza en
dirección anterior.
• Dado que estas fracturas conllevan una intrusión ósea en el canal vertebral, la mayoría de las
fracturas por estallido se asocian a déficits neurológicos.
Puntos importantes
• Los hallazgos en las fracturas por estallido consisten en una fractura por compresión
conminuta del cuerpo vertebral en la que la cara posterior del cuerpo se arquea en
dirección posterior hacia el canal vertebral. La TC es la mejor modalidad de imagen
para identificar los fragmentos óseos en el canal vertebral (fig. 23.31).
Fig. 23.31 Fractura en estallido. Hay una fractura en estallido de L1. Los hallazgos
consisten en una fractura conminuta por compresión del cuerpo vertebral de L1 en la que la
cara posterior del cuerpo de la vértebra es propulsada en dirección dorsal (retropulsada)
(flecha continua) hacia el canal vertebral. Obsérvese que las caras posteriores de los
cuerpos vertebrales normales suelen estar cóncavas hacia dentro (flecha discontinua).
Fractura de Chance
• Las fracturas de Chance (llamadas así por el radiólogo británico George Q. Chance, que fue el
primero en describirlas) son fracturas transversas a través de todo el cuerpo vertebral, los
pedículos y la apófisis espinosa, que con frecuencia se deben a una caída o un accidente de
tráfico en el cual, el ocupante solo utiliza un cinturón de seguridad a nivel de la cintura. Aparecen
generalmente en la columna vertebral lumbar superior-torácica inferior y se asocian a una
incidencia relativamente alta de lesiones viscerales intraabdominales asociadas,
especialmente en el duodeno, el páncreas y el mesenterio (fig. 23.32).
Fig. 23.32 Fractura de Chance. Una TC sagital en la unión toracolumbar muestra una
fractura lineal que atraviesa la totalidad del cuerpo vertebral desde delante hacia atrás
(flechas continuas). Este paciente tenía una espondilitis anquilosante subyacente (flechas
discontinuas). La columna rígida y osteoporótica en la espondilitis anquilosante es más
propensa a fracturas, incluso después de un traumatismo relativamente menor.
Puntos importantes
• Los hallazgos radiológicos incluyen una fractura horizontal que cizalla todo el cuerpo
vertebral, los pedículos y las apófisis espinosas. El componente del cuerpo vertebral puede no ser
tan visible como las fracturas de los elementos posteriores (vídeo 23.1).
Vídeo 23.1
Carillas articulares bloqueadas
• El bloqueo bilateral de las carillas articulares en la columna cervical puede deberse a una
lesión por hiperflexión en la que las carillas articulares inferiores de un cuerpo vertebral
se deslizan sobre y por delante de las carillas articulares superiores del cuerpo
vertebral situado inmediatamente por debajo. En esta posición, las carillas articulares
deslizadas no pueden recuperar su posición normal sin una intervención médica, de ahí el
término carillas articulares bloqueadas.
• El bloqueo de las carillas articulares se debe al deslizamiento en dirección anterior del
cuerpo vertebral afectado sobre el cuerpo vertebral situado inmediatamente por debajo del
mismo, y dicho deslizamiento corresponde al menos al 50% de su diámetro
anteroposterior.
• Esta lesión casi siempre provoca un deterioro neurológico.
Puntos importantes
Fig. 23.33 Articulaciones facetaras normales y con bloqueo bilateral. (A) Normalmente,
la carilla articular inferior del cuerpo vertebral situado inmediatamente por encima (en este
caso C4; flecha blanca) cubre a la carilla articular del cuerpo vertebral situado
inmediatamente por debajo y se localiza por detrás (en este caso C5; flecha negra). (B) La
carilla articular inferior de C4 (flecha blanca) se localiza por delante de la carilla articular
superior de C5 (flecha negra), el patrón inverso al normal. El bloqueo de las articulaciones
facetarias en la columna cervical puede deberse a una lesión por hiperflexión que origina el
deslizamiento en dirección anterior del cuerpo vertebral afectado sobre el cuerpo de la
vértebra situada inmediatamente por debajo, en un trayecto correspondiente al menos al
50% de su diámetro AP (flecha blanca doble).
Fracturas patológicas
• Las fracturas patológicas son aquellas que ocurren en un hueso con una anomalía
preexistente. Tienden a suceder con un traumatismo mínimo o nulo.
• Las fracturas por insuficiencia son un tipo de fractura patológica (cuadro 23.1 y fig.
23.34).
• Las enfermedades que producen un aumento o una disminución de la densidad ósea tienden
a debilitar la arquitectura normal del hueso y predisponen a las fracturas patológicas.
• Las enfermedades que predisponen a las fracturas patológicas pueden ser locales (p. ej.,
metástasis) o difusas (p. ej., osteoporosis). En general, las fracturas patológicas se producen con
mayor frecuencia en las costillas, la columna y el esqueleto apendicular proximal
(especialmente, el húmero y el fémur).
• Identificación de las fracturas patológicas (fig. 23.35).
• Primero, debe haber una fractura.
• El hueso que rodea la fractura debe mostrar una anomalía de la densidad o de la
arquitectura (es decir, la enfermedad subyacente que permita que se produzca la fractura).
• Los intentos de predecir la «inminencia» de una fractura en un hueso enfermo han demostrado,
de forma general, ser poco fiables.
• El tratamiento de una fractura patológica depende en parte del tratamiento satisfactorio de la
entidad subyacente que la ha producido.
• El retraso en la consolidación es frecuente en las fracturas patológicas.
• Las fracturas por insuficiencia son un tipo de fractura patológica en las que un hueso debilitado
mecánicamente se fractura por un estrés normal o fisiológico.
• Son más frecuentes en las mujeres posmenopáusicas y secundarias a osteoporosis.
• Las localizaciones más frecuentes incluyen la pelvis, la columna torácica, el sacro, la tibia y el
calcáneo.
• A diferencia de otras fracturas que se manifiestan por una transparencia en el hueso, la mayoría
de las fracturas por insuficiencia muestran una banda esclerótica (que representa
consolidación) en las radiografías convencionales.
• La TC, la RM y la gammagrafía ósea son más sensibles que las radiografías convencionales para
detectar las fracturas por insuficiencia (v. fig. 23.34).
Puntos clave
Los traumatismos son la causa principal de muerte, hospitalización y discapacidad en los estadounidenses
con edades entre 1 y 45 años. Los principales hallazgos radiológicos del traumatismo torácico se comentan en
este capítulo. La tabla 24.1 resume algunas de las lesiones traumáticas que se han descrito en otros capítulos.
Tabla 24.1
Lesión Descrita en
Aspiración Capítulo 8
• Las lesiones relacionadas con traumatismos pueden dividirse en los dos mecanismos principales
que los producen.
• Traumatismo contuso o cerrado, que generalmente es el resultado de un accidente de
tráfico y es el más frecuente de los dos.
• Traumatismo penetrante, que generalmente es resultado de lesiones por arma blanca
o de fuego, accidentales o criminales.
• La tabla 24.2 es una visión general sobre el estudio diagnóstico inicial mediante pruebas
de imagen en las lesiones penetrantes en varias partes del cuerpo.
• En este capítulo se describen varias manifestaciones del traumatismo torácico, empezando por
la periferia (pared torácica) y progresando hacia el centro (la aorta).
• Las lesiones torácicas en los pacientes politraumatizados son muy frecuentes y son
responsables de una de cada cuatro muertes relacionadas con los traumatismos. La inmensa
mayoría de los traumatismos torácicos son el resultado de accidentes de tráfico.
Tabla 24.2
Parte del
Modalidad de elección
cuerpo
Primero se obtiene una radiografía de tórax; ecografía FAST del tórax, el abdomen y la
Tórax pelvis; después una TC de tórax con contraste en casi todos los pacientes, excepto en
aquellos que están hemodinámicamente inestables
Ecografía FAST del tórax, el abdomen y la pelvis; TC con contraste del abdomen y la
Abdomen
pelvis, y posiblemente del tórax
Traumatismo de la pared torácica
Fracturas costales
• Las fracturas costales son secuelas frecuentes de los traumatismos torácicos cerrados, y la
morbilidad y la mortalidad asociadas a dichos traumatismos aumentan en la medida que aumenta
el número de fracturas costales. La gravedad de las lesiones en las vísceras subyacentes
habitualmente es más importante que la de las fracturas costales propiamente dichas, pero su
presencia puede proporcionar pistas para sospechar una patología no detectada.
Puntos importantes
• Las fracturas de las tres primeras costillas son relativamente infrecuentes y, si aparecen en
un traumatismo torácico cerrado, indican un grado de energía suficiente para producir otras
lesiones internas (fig. 24.1).
Fig. 24.2 Tórax inestable (volet costal). Había dos o más fracturas (la flecha discontinua
señala una segunda fractura de la 4.ª costilla) en más de tres costillas contiguas (flechas
continuas) en este paciente atropellado por un automóvil. La enfermedad del espacio aéreo
en el pulmón izquierdo es una contusión pulmonar, que casi siempre acompaña al tórax
inestable.
Vídeo 24.1
Enfisema subcutáneo
• El aire puede extenderse a las partes blandas del cuello y de las paredes torácica y
abdominal desde el mediastino o puede disecar los tejidos subcutáneos desde un tubo de
drenaje de toracotomía o por un traumatismo penetrante a la pared torácica.
• El aire que se extiende a lo largo de los haces musculares produce un aspecto
característico estriado, en forma de peine que se superpone al pulmón subyacente,
dificultando a veces la interpretación de las imágenes pulmonares en la radiografía convencional
(fig. 24.3).
• Incluso aunque presenta un aspecto radiológico impactante, el enfisema subcutáneo
habitualmente no produce por sí mismo consecuencias clínicas importantes.
• Dependiendo del volumen de aire subcutáneo presente, pueden necesitarse varios días hasta
1 semana o más para que el aire se reabsorba.
Fig. 24.3 Enfisema subcutáneo. El aire que diseca a lo largo de los diferentes paquetes
musculares produce este característico aspecto estriado (flecha). Aunque la imagen
radiográfica es muy llamativa, el enfisema subcutáneo aislado no produce habitualmente
efectos clínicos importantes.
Anomalías pleurales: neumotórax
Causas de un neumotórax
• Espontáneo:
• El neumotórax espontáneo es frecuente y a menudo se desarrolla por la rotura de
una bulla subpleural apical. Aparece característicamente en varones altos y
delgados con una edad entre los 20 y 40 años. El traumatismo no es un requisito para
un neumotórax espontáneo.
• Traumático:
• Los traumatismos son la causa más frecuente de un neumotórax, ya sea
accidental o iatrogénico. El traumatismo puede ser:
• A través de la pared torácica (p. ej., herida por arma blanca).
• Interno (p. ej., rotura de un bronquio en una colisión de tráfico).
• Iatrogénico (p. ej., después de un intento de colocar un catéter venoso
central).
• Enfermedades que disminuyen la distensibilidad pulmonar:
• Enfermedades fibrosantes crónicas, como el granuloma eosinofílico del pulmón o
enfermedades como el síndrome de dificultad respiratoria neonatal (enfermedad de la
membrana hialina) en los lactantes.
• Rotura de un alveolo o un bronquiolo (p. ej., en el asma).
Tipos de neumotórax
Neumotórax simple
• Los neumotórax se pueden clasificar como primarios, es decir, que aparecen en pulmones
aparentemente normales (un neumotórax espontáneo sería un ejemplo) o secundarios, es
decir, aquellos que aparecen en pulmones enfermos (como en la enfermedad pulmonar
obstructiva crónica).
• También se pueden clasificar los neumotórax en función de la presencia o ausencia de un
desplazamiento de las estructuras mediastínicas móviles, como el corazón o la tráquea.
• En un neumotórax simple no hay desplazamiento de las estructuras mediastínicas
(fig. 24.4). Los neumotórax simples tienen mejor pronóstico y una mortalidad menor que los
neumotórax a tensión.
Fig. 24.4 Neumotórax simple. Hay un neumotórax izquierdo grande (flechas blancas) sin
desplazamiento del corazón o de la tráquea hacia la derecha. Hay enfisema subcutáneo en
la región del hombro izquierdo (flecha negra). ¿Podemos saber por qué el paciente
presentaba todos estos hallazgos? Hay una bala superpuesta sobre el corazón (pero en la
TC estaba realmente en una situación posterior al corazón en el lóbulo inferior izquierdo).
Neumotórax a tensión
• Las medidas del tamaño de un neumotórax en las radiografías convencionales tienen una
correlación mala con el tamaño real visto en la TC.
• También hay una correlación mala entre el tamaño del neumotórax y el grado de deterioro
clínico.
• Regla de los 2 cm: si la distancia entre el borde del pulmón y la pared torácica en la región
apical es menor de 2 cm, normalmente no se necesita una intervención con un catéter o un tubo
de tórax; una distancia superior a 2 cm habitualmente requiere dicha intervención.
• La evaluación del estado clínico del paciente es el factor más determinante para decidir si se
requiere un drenaje con un tubo de tórax.
Puntos importantes
• Es preciso tener la capacidad de identificar la línea pleural visceral (fig. 24.6) para poder
establecer el diagnóstico definitivo de un neumotórax.
Fig. 24.6 Línea pleural visceral en un neumotórax. Se debe identificar la línea pleural
visceral para establecer el diagnóstico definitivo de un neumotórax (flechas). Normalmente,
las pleuras parietal y visceral no son visibles, y ambas se sitúan adyacentes a la pared
torácica.
• Incluso cuando el pulmón se colapsa, tiende a mantener su forma habitual, de modo que la
curvatura de la línea pleural visceral se mantiene paralela a la curvatura de la pared
torácica; es decir, la línea pleural visceral tiene una convexidad hacia fuera, en dirección a
la pared torácica (fig. 24.7).
• La mayoría de las demás densidades lineales que pueden simular un neumotórax no
muestran esta relación espacial con la pared torácica.
• Existe habitualmente, pero no siempre, una ausencia de trama
pulmonar periférica a la línea pleural visceral.
• Las adherencias pleurales pueden mantener parte de la pleura
visceral, pero no toda, adherida a la pleura parietal, incluso en presencia
de neumotórax. Por tanto, en las radiografías convencionales es posible
visualizar trama pulmonar por delante o por detrás del neumotórax y
pasar por alto la presencia del neumotórax, porque la trama pulmonar
parece extenderse hasta la pared torácica (fig. 24.8).
• La ausencia de trama pulmonar no es suficiente por sí sola para
establecer el diagnóstico de un neumotórax, ni la presencia de
trama vascular distal a la línea pleural visceral es suficiente para
eliminar la posibilidad de un neumotórax.
• La presencia de una interfase hidroaérea en el espacio pleural es, por definición, una
indicación de la existencia de un neumotórax (v. fig. 7.15).
• Para más información sobre la identificación de un hidroneumotórax, véase el capítulo
7.
• Muchas veces es imposible obtener una proyección en bipedestación del tórax en los
pacientes politraumatizados o en aquellos que están en cuidados intensivos.
• En decúbito supino, el aire de un neumotórax relativamente grande puede acumularse
en la parte anterior e inferior del tórax y manifestarse por el desplazamiento del seno
costofrénico hacia abajo, mientras produce al mismo tiempo un aumento de la
transparencia de ese seno costofrénico. Esto se denomina signo del seno
costofrénico profundo y es un signo de presunción de la existencia de un neumotórax en
la radiografía de tórax en decúbito supino (fig. 24.9).
• Los signos clave para la identificación de un neumotórax se resumen en el cuadro 24.2.
• Para obtener más información acerca del diagnóstico de neumotórax, véase más adelante.
Fig. 24.7 Neumotórax, TC. Mientras el pulmón se colapsa, tiende a mantener su forma
habitual, por lo que la curvatura de la línea pleural visceral (flechas continuas) se mantiene
paralela a la curvatura de la pared torácica (flechas discontinuas). Este paciente también
tiene enfisema subcutáneo (aire en las partes blandas) en la pared torácica lateral
izquierda (estrellas). El paciente había sido apuñalado por un antiguo amigo.
Fig. 24.8 Neumotórax con adherencias pleurales. (A) Hay un neumotórax (flechas
blancas), pero el pulmón no colapsa por la existencia de adherencias pleurales (flechas
negras), pegando partes de la pleura visceral a la parietal. (B) En la imagen de TC, las
adherencias pleurales (flechas negras) están fijando el pulmón parcialmente colapsado
(flechas blancas) a la pleura parietal. Las adherencias son frecuentemente el resultado de
una infección previa o de sangre en el espacio pleural.
Fig. 24.9 Signo del seno profundo. En la posición de decúbito supino, el aire en un
neumotórax relativamente grande (flecha blanca discontinua) puede acumularse en la parte
anterior e inferior del tórax, deprimiendo el seno costofrénico lateral (flecha negra). Esto se
denomina signo del seno profundo y es un signo de un neumotórax en una radiografía en
decúbito supino. Obsérvese como el seno costofrénico izquierdo aparece mucho más
inferior que el seno derecho (flecha blanca continua). Un hallazgo sin relación en este
paciente es un pseudotumor (PT) en la cisura menor por una insuficiencia cardiaca
congestiva (v. fig. 7.13).
CUADRO 24.2 Identificación del neumotórax: signos que hay que tener
en cuenta
Artefactos diagnósticos
Fig. 24.11 Enfermedad bullosa y neumotórax. Este corte axial de una TC torácica
muestra diferentes apariencias entre la enfermedad bullosa, viéndose en el lado derecho
como una radiotransparencia quística, redonda con un arco cóncavo respecto a la pared
torácica adyacente (flecha blanca discontinua) y un neumotórax en el lado izquierdo con su
borde convexo y paralelo a la pared torácica (flecha blanca continua). Este paciente
también tiene un enfisema subcutáneo en el lado izquierdo (flecha negra).
Fig. 24.12 Pliegue cutáneo que simula un neumotórax; neumotórax verdadero. (A)
Cuando los pacientes están tumbados directamente sobre el chasis radiográfico, como
sucede en la radiología portátil en decúbito supino, un pliegue cutáneo del paciente puede
producir un borde (flecha) en la situación esperada de un neumotórax y, de hecho, este
borde puede ser paralelo a la pared torácica, tal como se esperaría en un neumotórax. (B)
Mientras que los pliegues cutáneos producen bandas de densidad blanca relativamente
gruesas, en este otro paciente se muestra la fina línea blanca de la pleura visceral (flecha)
viable con un neumotórax. Un pliegue cutáneo es un borde; la pleura visceral produce una
línea.
Fig. 24.13 Borde escapular simulando un neumotórax. En las radiografías en decúbito
supino, el borde medial de la escápula (flechas) frecuentemente se superpone sobre el
lóbulo superior pulmonar y puede simular la línea pleural visceral de un neumotórax. Antes
de diagnosticar un neumotórax, hay que asegurarse de identificar el borde medial de la
escápula como una línea diferenciada del neumotórax que se sospecha.
Neumotórax: TC de tórax
Contusiones pulmonares
Puntos importantes
Fig. 24.15 Contusiones pulmonares. (A) Las contusiones pulmonares tienden a ser
periféricas y se sitúan en el punto de máximo impacto (flecha). Generalmente no contienen
un broncograma aéreo. (B) TC del tórax en otro paciente, que no llevaba puesto el cinturón
de seguridad en un accidente de automóvil, que muestra también una contusión pulmonar
(flecha) asociada un derrame grande (D).
Laceraciones pulmonares
Puntos importantes
Neumomediastino
• Aproximadamente uno de cada tres pacientes con enfisema intersticial pulmonar
desarrolla un neumomediastino (más a menudo conducen a un neumotórax). El
neumomediastino puede ocurrir en los traumatismos, porque el aire sigue una trayectoria
retrógrada a lo largo de los paquetes broncovasculares hasta que entra en el mediastino.
• También se puede desarrollar un neumomediastino cuando hay una perforación de una
víscera que contiene aire situada en el mediastino, como el esófago y el árbol
traqueobronquial.
• La rotura del esófago distal, habitualmente de la pared posterolateral izquierda, puede
ocurrir por un aumento de la presión intraesofágica secundaria a vómitos y arcadas en el
síndrome de Boerhaave.
• La rotura del árbol traqueobronquial suele ser con más frecuencia secundaria a un
traumatismo significativo, bien iatrogénico, como en una intubación traumática,
bien accidental, por una lesión penetrante o un traumatismo cerrado grave.
Puntos importantes
Fig. 24.19 Signo del diafragma continuo del neumomediastino. (A) La parte central del
diafragma habitualmente no es visible porque está silueteada por el corazón, que tiene la
misma densidad de partes blandas que el diafragma en las radiografías. Cuando el aire
entra en el mediastino, la totalidad del diafragma debajo del corazón puede volverse visible
(flechas). Esto se denomina signo del diafragma continuo. (B) Una reconstrucción de una
TC coronal de tórax en otro paciente muestra el neumomediastino perfilando la parte
central del diafragma (flecha negra) y el resto del neumomediastino se extiende por encima
de los grandes vasos (flechas blancas).
Neumopericardio
Puntos importantes
Puntos importantes
• Los hallazgos en las radiografías convencionales del tórax son los mismos que se
comentaron al tratar la disección aórtica en el capítulo 11. Una radiografía de tórax
completamente normal tiene un valor predictivo negativo relativamente alto para una
lesión aórtica, pero las radiografías de tórax son lo suficientemente insensibles como para
justificar otro estudio con la finalidad de descartar una lesión aórtica.
• Puede haber una pérdida de la sombra normal del botón aórtico, un casquete
pleural apical izquierdo de líquido o sangre, un derrame pleural izquierdo o
desviación de la tráquea o el esófago hacia la derecha (fig. 24.21).
• En la mayoría de las circunstancias, la sospecha de una lesión aórtica se
estudia actualmente mediante TC, que permite una rápida adquisición de
imágenes en una única apnea con una sincronización apropiada a la llegada
del contraste a la aorta (angio-TC). La mayoría de los expertos están de
acuerdo en que una angio-TC negativa permite obviar la necesidad de una
arteriografía. Los hallazgos de la lesión aórtica son frecuentemente sutiles
y se requiere experiencia para identificarlos, ya que los pacientes con
hallazgos más obvios no suelen sobrevivir lo suficiente para someterse a
estudios de imagen.
• Hallazgos en la TC torácica con contraste intravenoso de la aorta
(fig. 24.22):
• Colgajo de la íntima aórtica. Un defecto radiotransparente lineal en
la columna de contraste de la aorta originado por un desgarro en la
íntima y la media.
• Anomalías del contorno o del calibre. Un cambio súbito en el
contorno liso o en el tamaño de la aorta en el punto de la lesión.
• Hematoma periaórtico. Delimitación de una colección llena de
contraste por fuera de los límites normales de la aorta, que
representa un pseudoaneurisma o extravasación.
• Hematoma mediastínico. Aumento de la atenuación del mediastino
al mezclarse la sangre con la grasa normal. Puede aparecer en ausencia
de lesión aórtica, presuntamente por traumatismos de pequeños vasos.
• Hemopericardio. La presencia de líquido de alta atenuación (es decir,
sangre) en el saco pericárdico indica una lesión significativa de la aorta o
del corazón propiamente dicho.
• Los pacientes con hallazgos contradictorios en la TC pueden necesitar un cateterismo de la
aorta (aortografía).
Hay una laceración pulmonar (flecha discontinua). Alrededor de la laceración hay una enfermedad del
espacio aéreo que representa una contusión pulmonar (flecha continua). No es infrecuente que una
contusión pulmonar enmascare la presencia de una laceración pulmonar subyacente, particularmente en las
radiografías convencionales.
Puntos clave
• Los traumatismos se dividen generalmente en cerrados y penetrantes. La mayoría de los
traumatismos son cerrados, debidos en su mayoría a los accidentes de tráfico.
• Las fracturas costales pueden presagiar la existencia de lesiones internas más graves, como
laceraciones del hígado o el bazo, o un neumotórax. La mayoría de las fracturas costales afectan
de la 4.ª a la 9.ª costillas.
• Un tórax inestable (volet costal) se define radiológicamente como una entidad en la que
existen al menos dos fracturas en cada una de tres costillas contiguas. Se asocia a una morbilidad
y mortalidad significativas.
• El enfisema subcutáneo puede producir un cuadro espectacular, pero de escasa relevancia
clínica. Presagia la existencia de una anomalía subyacente, pero generalmente no requiere
tratamiento en sí mismo.
• Normalmente no hay aire en el espacio pleural; el aire en el espacio pleural se denomina
neumotórax. Hay que identificar la línea blanca pleural visceral para diagnosticar un
neumotórax.
• Hay que prestar atención a los errores que pueden simular un neumotórax: bullas, pliegues
cutáneos y el borde medial de la escápula.
• Un neumotórax simple es aquel que no presenta desviación del corazón o las estructuras
móviles del mediastino; la mayoría de los neumotórax son simples.
• Un neumotórax a tensión (asociado frecuentemente a compromiso cardiorrespiratorio)
produce un desplazamiento del corazón y las estructuras mediastínicas alejándose del lado del
neumotórax en virtud de un mecanismo valvular que permite la entrada del aire, pero no su
salida.
• La mayoría de los neumotórax son de etiología traumática, ya sea accidental o iatrogénica.
• Las radiografías convencionales de tórax no son muy precisas para estimar el tamaño de un
neumotórax; la TC es mejor; la valoración más importante que debe realizarse respecto a la
intervención para un neumotórax es el estado clínico del paciente.
• Además de la radiografía convencional de tórax en bipedestación, existen otras maneras de
diagnosticar un neumotórax, como la ecografía, las proyecciones en decúbito lateral y las
imágenes tardías. La TC sigue siendo la piedra angular para detectar un neumotórax pequeño.
• Las contusiones pulmonares son la manifestación más frecuente de los traumatismos
torácicos cerrados y representan una hemorragia pulmonar, habitualmente en el punto del
impacto. Típicamente se resuelven en pocos días.
• Las laceraciones pulmonares son desgarros del parénquima pulmonar que pueden contener
aire y/o líquido. Su presencia puede quedar oculta por la contusión circundante y típicamente
tardan más en resolverse que las contusiones.
• El enfisema intersticial pulmonar aparece por un aumento de la presión intraalveolar que, a
su vez, produce una rotura de un alveolo y la disección del aire retrógradamente hacia los hilios a
lo largo de los paquetes broncovasculares; con frecuencia es difícil de visualizar.
• El neumomediastino puede ocurrir cuando el aire sigue una trayectoria retrógrada hacia el
mediastino desde una rotura alveolar o por la perforación de una víscera con aire, como el
esófago o la tráquea; puede producir el signo del diafragma continuo en la radiografía de
tórax posteroanterior.
• El neumopericardio habitualmente requiere una lesión penetrante directa del pericardio más
que una disección del aire desde un neumomediastino; puede ser difícil de diferenciar del
neumomediastino, pero la clave de su diagnóstico es que no se extiende por encima de la raíz de
los grandes vasos, mientras que el neumomediastino sí lo hace.
• Las lesiones aórticas generalmente suceden en el istmo, requieren un diagnóstico rápido para
conseguir una supervivencia óptima y pueden manifestarse en la TC con contraste como colgajos
de la íntima, anomalías del contorno o hematomas.
El papel de las técnicas de imagen avanzadas merece una mención especial en el traumatismo abdominal. La
radiología ha tenido un impacto significativo en la supervivencia de los pacientes con traumatismos, al
distinguir entre aquellos que pueden ser tratados de manera conservadora y los que requieren cirugía u otras
formas de intervención, así como ayudando a decidir cuál es la intervención más adecuada en aquellos
pacientes que la requieren.
Esta es una TC axial con contraste a la altura de los riñones de un transeúnte de 25 años atropellado por
un vehículo a motor. Sus constantes vitales se mantienen estables, pero se queja de dolor lumbar. La
tomografía muestra una lesión abdominal traumática. ¿De qué se trata? La respuesta está al final del capítulo.
Puntos importantes
• Comentamos primero las lesiones hepáticas, porque en realidad, el hígado es el órgano que se
lesiona con más frecuencia si se tienen en cuenta de forma conjunta los traumatismos
cerrados y los penetrantes. El hígado es el órgano intraabdominal de mayor tamaño y está
fijado en su posición, lo que le hace particularmente susceptible a las lesiones traumáticas. Las
lesiones hepáticas son responsables de la mayoría de las muertes por traumatismos
abdominales.
• La cara posterior del lóbulo derecho es la zona que se lesiona con más frecuencia. La mayoría
de las lesiones hepáticas se asocian a la presencia de sangre en la cavidad peritoneal
(hemoperitoneo).
• La TC con contraste es el estudio de elección y, gracias a su capacidad para mostrar la
naturaleza y la extensión de las lesiones traumáticas, la inmensa mayoría de los pacientes con
traumatismos hepáticos pueden tratarse actualmente de forma conservadora sin requerir cirugía.
Puntos importantes
Puntos importantes
• Los accidentes de tráfico son la causa más frecuente de traumatismo abdominal cerrado a los
riñones en EE. UU. Las caídas son la causa más frecuente en la población pediátrica. Ambos
riñones se afectan por igual. Cada vez se hace más hincapié en el manejo no quirúrgico cuando
es apropiado desde el punto de vista clínico. Casi todos los pacientes con traumatismo renal
presentan hematuria.
• La TC con contraste es el estudio de elección y ha sustituido casi por completo a la
urografía intravenosa y a la cistografía estándar.
Puntos importantes
Fig. 25.4 Traumatismo renal, dos pacientes diferentes. (A) Imagen de reconstrucción de
una TC coronal con contraste que muestra un defecto lineal de atenuación baja que
representa una laceración renal (flecha negra) y un hematoma subcapsular (flecha
blanca). (B) Imagen de TC axial de otro paciente que también muestra una laceración renal
(flecha negra) y un hematoma perirrenal (flecha blanca).
Fig. 25.5 Desgarro del uréter proximal. Hay un desgarro del uréter a la altura de la unión
pieloureteral izquierda demostrada por contraste extraluminal (flecha) que representa orina
con contraste que se fuga desde el sistema colector. El paciente era un conductor sin el
cinturón de seguridad en un accidente de tráfico.
Complejo de hipoperfusión en la TC/shock intestinal
Fig. 25.6 Hipoperfusión compleja en TC. (A) Hay un notable realce de la pared intestinal
acompañado con múltiples asas dilatadas y llenas de líquido (flechas continuas) en este
paciente con cambios intestinales de hipotensión (shock intestinal). También hay líquido
peritoneal (flechas discontinuas). (B) En otro paciente se aprecian signos adicionales de
hipoperfusión compleja en la TC, como una aorta de un calibre pequeño (flecha
discontinua), una vena cava inferior aplanada (flecha continua) y riñones hiperintensos
(óvalos).
Traumatismos de la pelvis
• Las lesiones de la pelvis suelen ser el resultado de traumatismos de alta energía. Existe el
potencial de hemorragia con shock asociado, una de las causas principales de morbimortalidad.
Las lesiones urogenitales constituyen más del 40% de las lesiones asociadas. La identificación
de sangre macroscópica en el tacto rectal o la presencia de sangre en el meato urinario pueden
ser signos de lesiones gastrointestinales o uretrales, respectivamente.
• Aproximadamente un 70% de las roturas vesicales suceden con fracturas pélvicas y cerca
de un 10% de los pacientes con fracturas pélvicas tienen una rotura vesical asociada.
• Se demuestran mejor con una cistografía por TC en la que se infunde contraste vesical de
forma hidrostática a través de una sonda de Foley, pero también puede detectarse bien con el
llenado anterógrado de la vejiga por la excreción renal del contraste inyectado por vía
intravenosa.
• Existen dos formas principales de rotura vesical (fig. 25.7):
• La rotura vesical extraperitoneal es la más frecuente (80%) y habitualmente es el
resultado de una fractura pélvica con punción directa de la vejiga. El contraste
extraluminal permanece alrededor de la vejiga, especialmente en el espacio retropúbico
(v. fig. 25.7A).
• La rotura vesical intraperitoneal es menos frecuente y habitualmente es el resultado
de un fuerte impacto en la pelvis con la vejiga distendida, especialmente en los
niños. La rotura habitualmente se produce en la cúpula vesical adyacente a la cavidad
peritoneal. El contraste se extiende libremente a la cavidad peritoneal, rodea el
intestino y puede extenderse a las gotieras paracólicas (v. fig. 25.7B).
Fig. 25.7 Rotura vesical, extraperitoneal e intraperitoneal. (A) La orina con contraste
(flechas) se ha extravasado al espacio extraperitoneal desde una perforación vesical
después de fracturas pélvicas. Se puede ver contraste intravenoso, aire y la punta de la
sonda de Foley dentro de la vejiga parcialmente llena de orina. (B) Las roturas vesicales
intraperitoneales son menos frecuentes y pueden ocurrir con traumatismos cerrados. El
contraste fluye libremente desde la vejiga (V) hacia las gotieras paracólicas (flechas
continuas) y perfila las asas intestinales (flecha discontinua).
Lesiones uretrales
Diafragma
• Se calcula que las lesiones del diafragma afectan a un 5% de los pacientes politraumatizados.
Pueden ser consecuencia de lesiones contusas (accidentes de tráfico) o penetrantes (heridas
por cuchilladas). El hemidiafragma izquierdo se afecta más que el derecho y la parte
posterolateral del diafragma es la que más se afecta. El diafragma rara vez se lesiona de forma
aislada sin lesiones de otros órganos, especialmente en los traumatismos cerrados.
• Es más fácil detectar defectos diafragmáticos en lado izquierdo que en el derecho. Puede haber
herniación del contenido abdominal hacia el tórax. El contenido intraabdominal puede
estrangularse cuando pasa por el defecto diafragmático y producir el signo del collar (fig.
25.9).
• Puede haber una presentación tardía de una rotura diafragmática meses o años después del
traumatismo inicial, bien por una rotura tardía del diafragma o por una detección tardía de
una rotura diafragmática.
Fig. 25.9 Rotura diafragmática. (A) Hay un desgarro en el hemidiafragma derecho que
permite que una parte del hígado (HH) se haya extruido a través de la rotura. Cuando el
órgano pasa a través de la rotura, se forma una zona de constricción llamada signo del
collar (flechas). (B) La proyección sagital demuestra la porción pequeña del hígado
herniada (flecha). H, hígado; HH, hígado herniado.
Páncreas
• La lesión del páncreas es relativamente infrecuente, pero sucede más a menudo en el
traumatismo penetrante que en el trauma cerrado. Se acompaña casi siempre de lesiones en
otros órganos, independientemente de la causa.
• La TC es el estudio de imagen de elección. Los hallazgos en la TC pueden ser sutiles, incluyendo
líquido peripancreático y un aumento de tamaño difuso del páncreas. El hallazgo más obvio
es una fractura a través del páncreas (fig. 25.10). La colangiopancreatografía por RM puede
utilizarse para visualizar el conducto pancreático.
• Los cambios de la pancreatitis postraumática pueden no verse algún tiempo después del
traumatismo, y el diagnóstico tardío de la lesión pancreática puede aumentar considerablemente
la morbimortalidad.
• Las complicaciones pueden incluir pseudoquistes, pancreatitis recidivante o formación de
fístulas.
Fig. 25.10 Laceración pancreática. Hay una laceración (sección transversal) de la cola del
páncreas (P) (flechas continuas) que se asocia a una lesión renal izquierda (flecha
discontinua). En estas lesiones existe una alta probabilidad de lesión del conducto
pancreático, un hallazgo que aumentaría la morbimortalidad. El paciente había sido
apuñalado en el abdomen.
Puntos clave
Los avances en las modalidades de neuroimagen han influido de manera muy notable en el diagnóstico y el
tratamiento de las enfermedades neurológicas, desde la detección y el tratamiento tempranos de un accidente
cerebrovascular, hasta el diagnóstico más oportuno de la demencia, y desde la detección y el tratamiento
rápidos de los aneurismas cerebrales hasta la posibilidad de diagnosticar una esclerosis múltiple a partir del
primer episodio.
Esta es una imagen de una TC craneal sin contraste de un varón de 68 años que se cayó y se golpeó en la
cabeza ese mismo día y que se ha ido desorientando progresivamente. Entre sus antecedentes clínicos
pertinentes destaca que está en tratamiento con anticoagulantes por una cardiopatía. ¿Cuál es el diagnóstico?
Véase la respuesta al final del capítulo.
• La TC y RM se utilizan para el estudio del encéfalo y la médula espinal, pero la RM es el estudio
inicial de elección en la mayoría de los escenarios clínicos (tabla 26.1). Las radiografías
convencionales no tienen un papel significativo como modalidades de imagen en las anomalías
intracraneales.
Tabla 26.1
Alteraciones del
RM, sin y con contraste TC sin contraste
estado mental
Anatomía normal (fig. 26.1)
Puntos importantes
Tabla 26.2
Densidades en la TC
Hipodensa (oscura) Isodensa Hiperdensa (brillante)
Fig. 26.4 RM cerebral normal, T1 y T2. Las imágenes axiales potenciadas en T1 (A) y en
T2 (B) del encéfalo muestran que el líquido cefalorraquídeo presente en los ventrículos
laterales es oscuro en T1 y brillante en T2 (flechas negras continuas). La sustancia gris,
que contiene los cuerpos de las neuronas, es realmente gris en las imágenes potenciadas
en T1 (flecha blanca hueca), mientras que la sustancia blanca, que contiene los axones
mielinizados, es más blanca (círculo). El conjunto del núcleo caudado (flechas blancas
continuas) y el núcleo lenticular (flechas blancas discontinuas) forma los ganglios basales.
El tálamo (flechas negras discontinuas) se localiza por detrás de los ganglios basales.
Tabla 26.3
Traumatismo craneoencefálico
Fracturas craneales
• Las fracturas craneales lineales son las más frecuentes y tienen poca importancia, y su
importancia fundamental radica en el hecho de que, en el momento de la fractura, puede haberse
producido anomalías intracraneales, como, por ejemplo, un hematoma epidural. Las fracturas de
la bóveda craneal son más frecuentes en los huesos temporales y parietales (v. fig. 26.5B).
• Las fracturas craneales deprimidas tienen más posibilidades de asociarse a una lesión
cerebral subyacente. Se deben a golpes de gran energía sobre una zona pequeña del cráneo
(p. ej., el golpe con un martillo), más a menudo en la región frontoparietal, y suelen ser
conminutas. Pueden requerir la elevación quirúrgica del fragmento deprimido en los casos en
que dicho fragmento se localiza en profundidad respecto a la tabla interna adyacente a la fractura
(fig. 26.6A).
Fig. 26.6 Fracturas craneales. (A) Hay una fractura deprimida en el hueso parietal
derecho, en la que el fragmento se sitúa a mayor profundidad que la tabla interna del hueso
adyacente (flecha). Las fracturas craneales deprimidas aparecen con mayor frecuencia en
la región frontoparietal. (B) Se observa una fractura conminuta del hueso temporal derecho
(flechas continuas), hay líquido en algunas de las celdillas aéreas mastoideas (círculo) y
hay aire en el cerebro (neumoencéfalo) (flecha discontinua). Las fracturas craneales
basilares pueden asociarse a desgarros en la duramadre, con la consiguiente fuga de
líquido cefalorraquídeo. A, anterior.
• Las fracturas craneales basilares son las más graves y consisten en una fractura lineal en
la base del cráneo. Pueden asociarse a desgarros en la duramadre, con la consiguiente fuga
de LCR, lo cual puede originar rinorrea y otorrea de LCR. Pueden sospecharse cuando se detecta
la presencia de aire en el cerebro (neumoencéfalo traumático), líquido en las celdillas
aéreas mastoideas o de un nivel hidroaéreo en el seno esfenoidal (fig. 26.6B).
Fracturas faciales
Fig. 26.7 Fracturas de los huesos faciales. (A) Fractura por estallido. Hay aire en la
órbita izquierda, lo que representa un enfisema orbitario (flecha negra). Hay una fractura
del suelo de la órbita (flecha discontinua) y de partes blandas (en este caso, tejido adiposo)
que se extienden en dirección inferior hacia la parte superior del seno maxilar (flecha
blanca). (B) Fractura «en trípode». Se observa una diástasis de la sutura frontocigomática
en el lado izquierdo (flecha blanca discontinua), una fractura del suelo de la órbita con
enfisema orbitario (flecha blanca continua) y una fractura (flecha negra) a través de la
pared lateral del seno maxilar (M), que está lleno de sangre.
Hemorragia intracraneal
• Las fracturas craneales pueden acompañarse de hemorragia intracraneal y/o lesión axonal
difusa.
• Hay cuatro tipos de hemorragia intracraneal que pueden asociarse al traumatismo
craneoencefálico (fig. 26.8):
• Hematoma epidural.
• Hematoma subdural.
• Hemorragia intracerebral.
• Hemorragia subaracnoidea (se describe con los aneurismas).
• Los hematomas epidurales representan una hemorragia en el espacio potencial que queda
entre la duramadre y la tabla interna del cráneo (tabla 26.4).
• La mayoría de los casos están provocados por una lesión de la arteria o la vena meníngea
media secundaria a un traumatismo craneoencefálico contuso, típicamente en el contexto de un
accidente de tráfico.
• Casi todos los hematomas epidurales (95%) se asocian a una fractura craneal, a
menudo del hueso temporal. Los hematomas epidurales también pueden deberse a la rotura
de los senos venosos durales adyacentes a una fractura craneal.
• Identificación de un hematoma epidural:
• Aparece en forma de una densidad extraaxial hiperintensa, con una configuración
lenticular biconvexa que se localiza con mayor frecuencia en la región
temporoparietal del cerebro (fig. 26.9).
• Como la duramadre normalmente está fusionada con el cráneo en los márgenes de las
suturas craneales, es imposible que un hematoma epidural atraviese las líneas de
sutura (los hematomas subdurales sí pueden atravesar las suturas).
• Los hematomas epidurales pueden atravesar la tienda del cerebelo, pero los
hematomas subdurales no lo pueden hacer.
Fig. 26.9 Hematoma epidural. Los hallazgos de un hematoma epidural consisten en una
lesión de tipo masa, con densidad alta, extraaxial, biconvexa y con configuración lenticular,
que se localiza a menudo en la región temporoparietal del cerebro (flecha negra). También
puede observarse un hematoma en el cuero cabelludo (flecha blanca). El paciente había
sufrido una fractura del hueso temporal, que se visualizaba en la ventana «de hueso».
Tabla 26.4
Las meninges
Capa Comentarios
Constituida por dos capas: una capa perióstica externa, que no puede separarse del
Duramadre cráneo, y una capa meníngea interna; la capa meníngea interna presenta pliegues que
forman la tienda del cerebelo y la hoz cerebral
• Los hematomas subdurales son más frecuentes que los epidurales y generalmente no se
asocian a una fractura craneal. Se deben con mayor frecuencia a lesiones por
desaceleración en el contexto de accidentes con un automóvil o una motocicleta (los pacientes
más jóvenes), o son secundarios a caídas (pacientes de mayor edad).
• Los hematomas subdurales se deben generalmente a una lesión de las venas comunicantes
que van desde la corteza cerebral hasta los senos venosos cerebrales. Los HSD representan una
hemorragia en el espacio potencial existente entre la duramadre y la aracnoides.
Puntos importantes
• Los hematomas subdurales agudos presagian a menudo la presencia de una lesión cerebral
parenquimatosa más grave, así como una elevación de la presión intracraneal, y se asocian a una
mayor tasa de mortalidad.
Fig. 26.10 Hematomas subdurales agudos, isodenso y crónico. (A) Se observa una
banda de sangre de densidad elevada con forma de semiluna, cóncava hacia el cerebro
(flecha continua) que representa una colección de sangre subdural aguda. Hay un efecto
masa asociado con herniación cerebral, indicado por la dilatación del asta temporal
contralateral (flecha discontinua). (B) A medida que evolucionan hacia la fase subaguda,
los hematomas subdurales muestran una disminución de su densidad y puedan llegar a
tener la misma densidad (isodensos) que el tejido cerebral normal (flecha blanca). En esta
etapa, pueden identificarse por la ausencia o el desplazamiento unilateral de los surcos
alejándose de la tabla interna del cráneo en comparación con el lado opuesto normal
(flecha negra). (C) Los hematomas subdurales crónicos (>3 semanas de antigüedad)
tienen habitualmente una densidad baja (flecha continua) en comparación con el resto del
cerebro. Todavía se observa un efecto masa demostrado por el desplazamiento de la cisura
interhemisférica (flecha discontinua) y por la compresión del ventrículo lateral.
• El traumatismo es tan solo uno de los mecanismos que pueden originar una hemorragia
intracerebral. Los hematomas intracerebrales también pueden deberse a rotura de aneurismas,
enfermedad ateromatosa en los vasos de calibre pequeño, vasculitis, malformaciones
vasculares (p. ej., malformaciones arteriovenosas, fístulas arteriovenosas) y
angiopatía amiloide. La trombosis venosa también puede causar hemorragia parenquimatosa.
• Las lesiones que se producen en el punto de impacto (denominadas lesiones por golpe) y
las lesiones que ocurren en el lado opuesto al punto de impacto (denominadas lesiones por
contragolpe) son las más frecuentes tras el traumatismo. Las lesiones por golpe se deben con
mayor frecuencia al cizallamiento de los vasos intracerebrales de calibre pequeño. Las lesiones
por contragolpe son lesiones por aceleración/desaceleración que se producen cuando el
encéfalo es desplazado en la dirección opuesta y golpea contra la superficie interna del cráneo.
• Cualquiera de estos mecanismos puede dar lugar a una contusión cerebral.
• Las contusiones hemorrágicas son hemorragias con edema asociado que se
localizan generalmente en la parte inferior de los lóbulos frontales o en la parte
anterior de los lóbulos temporales, o bien en la proximidad de la superficie
cerebral. El traumatismo también puede producir contusiones sin hemorragia.
• Los hallazgos de la hemorragia intracerebral en la TC se modifican con el paso del
tiempo y pueden no ser evidentes de manera inmediata en el estudio inicial. La RM
muestra normalmente las lesiones, como contusiones pequeñas y hematomas subdurales, en el
momento del traumatismo, pero en muchos casos no puede llevarse a cabo en los casos
urgentes.
• Identificación de la hemorragia intracerebral traumática en la TC:
• Las contusiones cerebrales hemorrágicas pueden aparecer en forma de áreas pequeñas,
múltiples y bien delimitadas de atenuación alta en el parénquima cerebral (fig. 26.11A).
• Pueden estar rodeadas por un ribete hipodenso correspondiente al edema (fig.
26.11B).
• También puede haber sangre intraventricular (fig. 26.12).
• Es frecuente el efecto masa. El efecto masa puede dar lugar a la compresión de los
ventrículos y al desplazamiento del tercer ventrículo y del septo pelúcido hacia el
lado opuesto.
• Dichos desplazamientos del tejido cerebral desde su localización normal hacia un
espacio adyacente se denominan herniaciones. Las herniaciones pueden dar lugar a
lesiones cerebrales, compresión de pares craneales y/o vasos, causando hemorragia o
isquemia, u obstrucción del flujo normal del LCR, ocasionando hidrocefalia.
• Los pacientes con un efecto masa suficiente corren riesgo de herniación cerebral
transtentorial y subfalcial, así como de muerte (v. fig. 26.10).
• Los tipos de herniación cerebral se describen en la tabla 26.5 (fig. 26.13).
Fig. 26.11 Contusiones cerebrales. (A) Las contusiones cerebrales habitualmente son el
resultado de un traumatismo y pueden manifestarse en la TC como múltiples áreas de
hemorragia de atenuación alta (flechas) en el interior del parénquima cerebral. (B) Una
contusión (flecha negra continua) está rodeada a menudo por un ribete de atenuación
debido al edema (flecha negra discontinua) y es frecuente el efecto masa, tal como se
muestra en la imagen por la amputación de las cisternas basilares ipsilaterales (flecha
blanca de puntos), el desplazamiento de la línea media (flecha blanca continua)
representando una herniación subfalcial. Se ha extirpado quirúrgicamente una parte del
lado izquierdo del cráneo y hay un hematoma grande en el cuero cabelludo (flecha blanca
discontinua).
Fig. 26.12 Hemorragia intraventricular. La hemorragia intraventricular en los adultos a
menudo es consecuencia de un sangrado irruptivo desde una hemorragia hipertensiva de
los ganglios basales, una contusión cerebral o una hemorragia subaracnoidea. Se asocia
normalmente a una lesión cerebral grave, lo que provoca una hidrocefalia comunicante y
tiene mal pronóstico. En esta imagen de TC sin contraste, se aprecia sangre en el tercer
ventrículo (flecha discontinua) y en las astas occipitales de los ventrículos laterales (flechas
continuas).
Fig. 26.13 Herniaciones cerebrales. (A) La herniación subfalcial tiene lugar cuando el
encéfalo supratentorial, junto con el ventrículo lateral y el septo pelúcido, se hernian por
debajo de la hoz cerebral (flecha continua) y cruza la línea media hacia el lado opuesto
(flecha discontinua). (B) La herniación transtentorial tiene lugar generalmente cuando los
hemisferios cerebrales se desplazan en dirección inferior a través de la incisura que queda
por debajo de la tienda del cerebelo, comprimiendo el asta temporal ipsilateral y dilatando
el asta temporal contralateral (flecha). Los dos pacientes presentaban infartos cerebrales
grandes (I) con edema citotóxico.
Tabla 26.5
Tipo Comentarios
Herniación amigdalina (v. El encéfalo infratentorial se desplaza en dirección inferior a través del
fig. 26.8) agujero mayor
Lesión axonal difusa
Puntos importantes
Edema cerebral
• En los adultos, las causas más frecuentes de edema cerebral son los traumatismos, la
hipertensión (asociada a hemorragias intracerebrales y a accidente cerebrovascular) y
las masas.
• El edema cerebral se clasifica en dos tipos principales: vasogénico y citotóxico.
• El edema vasogénico representa una acumulación extracelular de líquido y es el
tipo de edema asociado a los tumores malignos y las infecciones. Está producido
por una alteración de la permeabilidad de la barrera hematoencefálica.
Afecta predominantemente a la sustancia blanca (fig. 26.15A).
• El edema citotóxico representa un edema intracelular y se asocia a isquemia
cerebral. Se debe a la muerte celular. Afecta tanto a la sustancia gris como a
la sustancia blanca (fig. 26.15B).
• Identificación del edema cerebral:
• En el edema citotóxico se observa una pérdida de la diferenciación normal entre las
sustancias gris y blanca, que se mantiene en el edema vasogénico (v. fig. 26.15).
• Puede haber un borramiento (compresión u obliteración) de los surcos normales.
• Los ventrículos pueden estar comprimidos (fig. 26.16).
• La herniación cerebral puede manifestarse parcialmente mediante un borramiento de
las cisternas basales (v. fig. 26.11B).
• El incremento de la presión intracraneal secundario al aumento de tamaño de los ventrículos se
describe en este capítulo bajo el epígrafe «Hidrocefalia».
Fig. 26.15 Edema vasogénico y citotóxico. En ambos pacientes hay un aumento de la
presión intracraneal que se manifiesta por herniación del cerebro hacia el lado contralateral
(flechas discontinuas). (A) El edema vasogénico (flecha continua) es el tipo de edema que
se asocia a las infecciones y los tumores malignos, como puede observarse en esta
imagen sin contraste en un paciente con un glioma. Afecta predominantemente a la
sustancia blanca. (B) El edema citotóxico (flecha continua) afecta tanto a la sustancia gris
como a la sustancia blanca. El edema citotóxico se asocia a isquemia cerebral, como
ocurre en este paciente que presentaba un infarto isquémico muy grande en el lado
derecho.
Fig. 26.16 Edema cerebral difuso, TC. El edema cerebral da lugar a una pérdida de la
diferenciación normal entre las sustancias gris y blanca, con borramiento (estrechamiento u
obliteración) de los surcos normales y compresión ventricular, todas ellas presentes en este
paciente con encefalopatía anóxica.
Accidente cerebrovascular
Consideraciones generales
Puntos importantes
Puntos importantes
• Los territorios vasculares limítrofes son territorios arteriales distales que representan las
uniones entre zonas irrigadas por los vasos intracerebrales principales, como las
regiones que quedan entre los territorios de distribución de la arteria cerebral anterior y la arteria
cerebral media. La reducción del flujo sanguíneo por cualquier causa afecta con mayor
intensidad a estos territorios limítrofes, más sensibles y susceptibles.
Tabla 26.6
Estructuras anatómicas
Circulación Signos y síntomas
afectadas
• Son infartos cerebrales isquémicos pequeños producidos por la oclusión de arterias terminales
de calibre pequeño y son responsables de hasta el 20% de todos los infartos cerebrales.
• Muestran predilección por los ganglios basales, la cápsula interna y la protuberancia, y se
asocian a hipertensión, aterosclerosis y diabetes.
• El término «infarto lacunar» (lagunas) se reserva para las lesiones quísticas y de densidad
baja, con un tamaño aproximado de entre 5 y 15 mm (v. fig. 26.19).
Tabla 26.7
Accidente cerebrovascular hemorrágico
Fig. 26.23 Hidrocefalia no comunicante. (A) Hay dilatación de las astas temporales
(flechas blancas continuas), y el cuarto ventrículo está comprimido y es casi invisible
(flecha blanca discontinua). Hay una lesión metastásica hemorrágica (flecha negra) que
obstruye el cuarto ventrículo. (B) Las astas frontales de los ventrículos laterales (L) y el
tercer ventrículo (3) están dilatados, pero obsérvese que los surcos no lo están. Esta forma
de hidrocefalia se debe a la obstrucción del flujo de salida del líquido cefalorraquídeo desde
los ventrículos.
• La mayor parte del LCR lo producen los plexos coroideos en los ventrículos, principalmente en
los ventrículos laterales y en el cuarto ventrículo.
• La dirección del flujo del LCR es la siguiente: pasa desde los ventrículos laterales hasta el tercer
ventrículo a través del agujero de Monro y después, a través del acueducto de Silvio hasta el
cuarto ventrículo; finalmente llega a las cisternas subaracnoideas basales a través de los dos
agujeros laterales de Luschka y del agujero medial de Magendie.
• Más adelante, el LCR puede seguir dos direcciones. Puede dirigirse en dirección superior y
situarse sobre las convexidades cerebrales hasta ser reabsorbido hacia el torrente sanguíneo en
las vellosidades aracnoideas.
• O puede dirigirse en dirección inferior y ocupar el espacio subaracnoideo espinal, donde es
reabsorbido directamente, o bien asciende de vuelta al cerebro hasta las vellosidades
aracnoideas.
Hidrocefalia obstructiva
Puntos importantes
Fig. 26.25 Quiste coloide del tercer ventrículo, TC y RM. El quiste coloide es una lesión
infrecuente y benigna del tercer ventrículo que puede dar lugar a una hidrocefalia
obstructiva. (A) Hay una masa hiperdensa en la cara anterior del tercer ventrículo (flecha
continua), con una obstrucción asimétrica del agujero de Monro izquierdo en comparación
con el derecho (flecha discontinua). (B) En esta secuencia de MR FLAIR potenciada en T2,
la lesión muestra un aumento de la señal (flecha continua) y da lugar a la dilatación de las
astas frontal (flecha discontinua) y occipital (O) del ventrículo lateral.
Fig. 26.27 Atrofia cortical difusa. Los trastornos que cursan con una atrofia cerebral
macroscópica también se asocian a demencia y uno de los más frecuentes es la
enfermedad de Alzheimer. (A) Los ventrículos laterales (flecha) están aumentados de
tamaño. (B) A diferencia de lo que ocurre en la hidrocefalia, los surcos también están
aumentados de tamaño (flechas).
Tumores cerebrales
Gliomas cerebrales
• Los gliomas son las masas primarias intraaxiales y supratentoriales más frecuentes
en el adulto. Representan el 30% de todos los tumores cerebrales y el 80% de los tumores
primarios cerebrales malignos (las metástasis en el cerebro procedentes de otros órganos son,
en conjunto, los tumores malignos cerebrales más frecuentes).
• El glioblastoma multiforme representa más de la mitad de todos los gliomas, los
astrocitomas, alrededor del 20%, y el resto se lo reparten el ependimoma, el
oligodendroglioma y los gliomas mixtos (p. ej., oligoastrocitoma).
• El glioblastoma multiforme es más frecuente en los varones de 65 a 75 años y se
localiza especialmente en los lóbulos frontales y temporales. Es el glioma de peor
pronóstico. En la actualidad, los biomarcadores tumorales desempeñan un papel importante
como ayuda diagnóstica, sugiriendo el pronóstico, incluyendo la probabilidad de recurrencia, y
por su valor predictivo, sugiriendo la probabilidad de que la enfermedad responda a los
fármacos modernos.
• El tumo infiltra las áreas cerebrales adyacentes a lo largo de los tractos de sustancia
blanca, lo que dificulta su resección quirúrgica, pero al igual que sucede con la mayoría de
los tumores cerebrales primarios, no da lugar a metástasis extracerebrales.
• Identificación del glioblastoma multiforme:
• Debido a su crecimiento agresivo, el glioblastoma multiforme presenta a menudo
necrosis en su interior.
• El tumor infiltra el tejido cerebral adyacente y a menudo atraviesa los tractos de
sustancia blanca del cuerpo calloso hasta alcanzar el hemisferio cerebral contralateral,
lo que da lugar a un patrón que se ha denominado glioma «en alas de mariposa».
• Tiende a producir un edema vasogénico considerable y un efecto masa importante y
capta el contraste, al menos en parte (fig. 26.28).
Fig. 26.28 Glioblastoma multiforme, TC y RM, dos pacientes distintos. (A) En esta
imagen de TC con contraste, el tumor muestra captación (flecha blanca continua), da lugar
a un edema vasogénico considerable (flecha blanca discontinua) e infiltra el tejido cerebral
adyacente. Hay edema o tumor que ha cruzado la línea media hasta alcanzar el lóbulo
frontal izquierdo (flecha negra). (B) La imagen axial potenciada en T1 después de la
administración de gadolinio obtenida en otro paciente muestra una masa que capta el
contraste y que se localiza en el lóbulo temporal izquierdo (flechas continuas). La captación
interna de la masa es heterogénea (flecha discontinua), lo que implica la presencia de
necrosis o cambios quísticos intratumorales.
Metástasis
• Alrededor del 40% de todos los tumores intracraneales son metástasis. Los carcinomas de
pulmón y de mama, así como el melanoma, son los tumores primarios que originan con mayor
frecuencia metástasis cerebrales.
• Identificación de las metástasis cerebrales:
• Las metástasis cerebrales a menudo son masas redondeadas y bien definidas que se
localizan en la proximidad de la unión entre las sustancias gris y blanca.
• Habitualmente son múltiples, pero también pueden ser solitarias.
• Son típicamente hipodensas o isodensas en la TC sin contraste.
• Cuando se administra contraste por vía intravenosa pueden presentar captación, en
ocasiones con un patrón de captación «en anillo» (fig. 26.29A).
• La mayoría de las metástasis inducen un cierto edema vasogénico, a menudo
desproporcionadamente grande con respecto al tamaño de la masa (fig. 26.29B).
Fig. 26.29 Metástasis, TC con contraste y RM. (A) Tras la administración de contraste
intravenoso, las metástasis pueden presentar captación como masas sólidas o mostrar un
refuerzo con un patrón «en anillo» (flechas). Los carcinomas de pulmón y de mama, así
como el melanoma, son los tumores malignos primarios que originan con mayor frecuencia
metástasis cerebrales. (B) En otro paciente, la RM muestra el patrón característico de
edema vasogénico (flechas) rodeando una gran lesión metastásica (M). Ambos pacientes
tenían un cáncer de pulmón.
Meningioma
• Los schwannomas vestibulares son los schwannomas más frecuentes de todos los pares
craneales. Su síntoma más frecuente es la pérdida auditiva, pero también pueden causar
acúfenos y trastornos del equilibrio.
• Se localizan habitualmente a lo largo del trayecto del VIII par craneal, dentro del conducto
auditivo interno, en el ángulo pontocerebeloso (fig. 26.31).
• Como sucede con los meningiomas, cuando es múltiple (es decir, bilateral) suele asociarse a la
neurofibromatosis de tipo 2.
• La RM con contraste es el estudio de imagen con un mayor grado de sensibilidad para la
detección de los schwannomas vestibulares, que captan contraste prácticamente siempre,
en general de manera homogénea.
Fig. 26.31 Schwannoma vestibular, RM potenciada en T1 con contraste. Hay una masa
con densidad de partes blandas y captación homogénea localizada en el ángulo
pontocerebeloso derecho (flecha), que es la imagen clásica de un schwannoma vestibular.
Estos tumores se localizan con mayor frecuencia en el trayecto del VIII par craneal. La
pérdida auditiva es el síntoma inicial más frecuente.
Otras enfermedades
Puntos importantes
Tabla 26.8
Terminología
Término Comentarios
Puntos clave
Véase también el Apéndice A «Medicina nuclear».
• La anatomía cerebral puede demostrarse bien con TC o con RM, aunque la RM habitualmente es
el estudio de elección para la detectar y estadificar las anomalías intracraneales y medulares
debido a sus niveles mayores de contraste y de resolución de partes blandas.
• La TC sin contraste suele ser el estudio de elección en el traumatismo craneoencefálico agudo.
La búsqueda de los hallazgos debe centrarse inicialmente en la identificación de un efecto de
masa o de sangre.
• Las fracturas craneales lineales son importantes, principalmente por las anomalías
intracraneales que pueden haber ocurrido en el momento de la fractura; las fracturas craneales
deprimidas pueden asociarse a lesiones cerebrales subyacentes y pueden obligar a la elevación
del fragmento óseo deprimido; las fracturas craneales basilares son más graves y pueden
asociarse a fugas de LCR.
• Las fracturas por estallido de la órbita se deben a un golpe directo y pueden cursar con
enfisema orbitario, fracturas del suelo o de la pared medial de la órbita, y atrapamiento de tejido
adiposo y/o de los músculos extraoculares en el interior de la fractura.
• Hay cuatro tipos de hemorragia intracraneal que pueden asociarse a traumatismos: hematoma
epidural, hematoma subdural, hemorragia intracerebral y hemorragia subaracnoidea.
• El hematoma epidural representa una hemorragia en el espacio virtual que existe entre la
duramadre y la tabla interna del cráneo, producido normalmente por lesiones de la arteria o la
vena meníngea media secundarias a un traumatismo craneoencefálico contuso; casi todos los
hematomas epidurales (95%) se asocian a una fractura del cráneo. Cuando los hematomas
epidurales son agudos, aparecen en forma de colecciones de sangre hipertensas que muestran
característicamente una configuración lenticular.
• El hematoma subdural se debe con mayor frecuencia a lesiones por desaceleración o a
caídas; el hematoma subdural agudo indica la existencia de una lesión cerebral más grave.
Adoptan el aspecto de una banda de sangre de configuración semilunar que puede cruzar las
líneas de sutura e introducirse en la cisura interhemisférica, aunque no cruzan la línea media.
• Los hematomas intracerebrales traumáticos se deben con frecuencia a lesiones por
cizallamiento y se manifiestan como hemorragias petequiales o de tamaño mayor en los lóbulos
frontales o temporales; puede asociarse a hipertensión intracraneal y a herniación cerebral.
• Las herniaciones cerebrales son las siguientes: subfalcial, transtentorial, del agujero mayor
amigdalinas, esfenoidal y extracraneal.
• La lesión axonal difusa es una consecuencia grave del traumatismo en la que está afectado
con mayor frecuencia el cuerpo calloso; los hallazgos en la TC son similares a los de la hemorragia
intracerebral tras un traumatismo craneoencefálico; la RM es el estudio de elección para la
identificación de la lesión axonal difusa.
• En general, el incremento de la presión intracraneal se debe a un aumento del volumen
del tejido encefálico (edema cerebral) o a un aumento de tamaño de los ventrículos (hidrocefalia).
• Hay dos categorías principales de edema cerebral: vasogénico y citotóxico.
• El edema vasogénico representa una acumulación extracelular de líquido y es el que
acompaña a los tumores malignos y a las infecciones, además de afectar con mayor intensidad a
la sustancia blanca.
• El edema citotóxico representa un edema intracelular, se debe a la muerte celular y afecta
tanto a la sustancia gris como a la sustancia blanca; se asocia a isquemia cerebral.
• El accidente cerebrovascular es un cuadro de pérdida de la función neurológica que tiene
lugar cuando se interrumpe o altera el aporte de sangre a una zona del cerebro. La RM tiene un
grado de sensibilidad mayor que la TC para el diagnóstico precoz del accidente cerebrovascular.
• Los accidentes cerebrovasculares suelen deberse a episodios embólicos (lo más frecuente) o
trombóticos y se clasifican característicamente en isquémicos (los más frecuentes) y
hemorrágicos (con peor pronóstico); a menudo se asocian a hipertensión.
• La hemorragia intracerebral aparece en forma de áreas de aumento de la densidad en la TC
cerebral sin contraste; al cabo de unos 2 meses solo queda una pequeña zona hipodensa.
• Los aneurismas saculares se deben generalmente a un debilitamiento congénito de la pared
arterial; cuando se rompen, la sangre se introduce de forma característica en el espacio
subaracnoideo y aparece en las cisternas basilares y en los surcos. El aneurisma propiamente
dicho puede identificarse en la ATC y en la ARM.
• La hidrocefalia representa un incremento del volumen del LCR en el sistema ventricular y
puede deberse a una producción excesiva de LCR (infrecuente), a una disminución de la
reabsorción del LCR en las vellosidades aracnoideas (hidrocefalia comunicante) o a la
obstrucción del flujo de salida del LCR desde los ventrículos (hidrocefalia no comunicante).
• La hidrocefalia normotensiva es una forma de hidrocefalia comunicante caracterizada por
una tríada clásica de síntomas que incluyen: alteraciones de la marcha, demencia e incontinencia
urinaria, que puede mejorar con la colocación de una derivación ventricular.
• La atrofia cerebral es una pérdida de las sustancias gris y blanca que puede simular una
hidrocefalia, salvo por el hecho de que la dinámica del LCR en la atrofia es normal y, en general,
porque la atrofia cerebral da lugar a un incremento proporcional del tamaño de los ventrículos y
de los surcos.
• El glioblastoma multiforme es un glioma de malignidad alta que se localiza con mayor
frecuencia en los lóbulos frontales y temporales, produciendo una masa muy agresiva e infiltrante
que capta contraste parcialmente y que en ocasiones muestra necrosis, y que puede atravesar el
cuerpo calloso hasta alcanzar el hemisferio cerebral contralateral.
• Las metástasis cerebrales a menudo son masas redondeadas y bien definidas que se
localizan en la proximidad de la unión entre las sustancias gris y blanca y, con frecuencia son
múltiples, típicamente hipodensas o isodensas en la TC sin contraste, pero que pueden captar
contraste; pueden dar lugar a un edema vasogénico desproporcionado respecto al tamaño de la
masa. Los tumores primarios que causan con mayor frecuencia metástasis cerebrales son los
carcinomas de pulmón y mama, y el melanoma.
• Los meningiomas afectan generalmente a mujeres de edad intermedia y tienen una
localización parasagital; su crecimiento suele ser lento y su pronóstico es excelente cuando se
extirpan quirúrgicamente; en la TC son masas característicamente densas sin contraste, debido a
la calcificación intratumoral, y en los estudios con contraste muestran una captación espectacular.
• El schwannoma vestibular se localiza con mayor frecuencia en el trayecto del VIII par
craneal, dentro del conducto auditivo interno, en el ángulo pontocerebeloso; se identifica mejor
en la RM, donde muestra una captación homogénea.
• La esclerosis múltiple es la enfermedad desmielinizante más frecuente y se caracteriza por
una evolución con recidivas y remisiones y por su predilección por las áreas periventriculares, el
cuerpo calloso y los nervios ópticos; se visualiza mejor en la RM, donde aparece en forma de
focos globulares y bien delimitados con una intensidad de señal alta (blanca) en las imágenes
potenciadas en T2.
27
Identificación de las enfermedades pediátricas
Los niños difieren fisiológicamente de los adultos y pueden sufrir anomalías del desarrollo y de la
maduración que no se observan en los adultos. Su anatomía es diferente (p. ej., en el timo) y son más
sensibles a los efectos nocivos de las radiaciones ionizantes. En este capítulo se destacan algunas de las
enfermedades pediátricas más frecuentes asociadas con hallazgos en las modalidades de imagen.
Esta es una imagen posteroanterior del tórax y el abdomen superior en un lactante de 6 meses con
hematomas en la espalda. Ante la sospecha de la clínica se solicita un estudio esquelético completo. ¿Cuál es
el diagnóstico más probable? Véase la respuesta al final del capítulo.
Enfermedades comentadas en este capítulo
• La dificultad respiratoria es uno de los problemas más habituales en los recién nacidos. Se
puede obtener cierta orientación sobre su etiología a partir de la edad gestacional del lactante,
la gravedad y progresión de los síntomas y el aspecto de la radiografía de tórax. Existen muchas
etiologías de la dificultad respiratoria, destacando las causas cardiacas, metabólicas,
hematológicas y anatómicas. A continuación, se comentan cuatro de las causas pulmonares, pero
antes unas palabras acerca de sus denominaciones.
• Las enfermedades pediátricas, como muchas otras enfermedades, van ajustando sus nombres
con el tiempo. En la tabla 27.1 se enumeran los términos que usaremos en este capítulo y otros
nombres por los que se conocen o pueden conocerse a estas enfermedades.
Tabla 27.1
Terminología
Fracturas de Salter-Harris
Fracturas de la placa epifisaria Fracturas de la placa epifisaria
Fracturas de la placa de crecimiento
Taquipnea transitoria del recién nacido (TTRN)
Puntos importantes
Fig. 27.1 Taquipnea transitoria del recién nacido. Hay densidades lineales en franjas
alrededor del hilio (círculo), así como líquido en las cisuras (flecha negra) y un derrame
pleural laminar (flecha blanca). Los pulmones suelen estar hiperinsuflados.
Síndrome de dificultad respiratoria neonatal (SDRN)
• El SDRN es una enfermedad que afecta a los lactantes prematuros, normalmente aquellos
con menos de 34 semanas de edad gestacional. La incidencia y la gravedad del trastorno
empeoran a menudo cuanto mayor sea la prematuridad. Existen numerosos factores de riesgo,
entre ellos la asfixia y la hipoxia perinatal y la diabetes en la madre.
• La principal causa de este trastorno es la deficiencia de surfactante. Si no hay surfactante,
los alveolos muestran una mayor tendencia a colapsarse, lo que conduce a atelectasias
generalizadas.
• Es característico que estos lactantes prematuros presenten dificultad respiratoria grave al
nacer, que empeora progresivamente. Entre los signos clínicos destacan la cianosis,
quejidos, aleteo nasal, tiraje intercostal y subcostal y taquipnea.
Puntos importantes
Fig. 27.2 Síndrome de dificultad respiratoria neonatal. Hay un patrón difuso «en vidrio
esmerilado» o con un aspecto granular fino (círculos) con una distribución bilateral y
simétrica.
Puntos importantes
• La EPC es una secuela de una enfermedad pulmonar aguda precoz, con frecuencia del
SDRN. La EPC también puede complicar al síndrome de aspiración de meconio y a la neumonía
neonatal.
• Es un diagnóstico clínico con definiciones actualizadas recientemente, incluyendo cierto grado
de dependencia del oxígeno a ciertas edades gestacionales corregidas, así como un parénquima
pulmonar anormal en la radiografía de tórax.
• En la mayoría de los casos de EPC existe el antecedente de la administración de oxígeno
bajo presión positiva.
• Desde un punto de vista clínico, los lactantes con EPC muestran dependencia del oxígeno,
hipercapnia y una alcalosis metabólica compensadora. Pueden desarrollar hipertensión pulmonar
e insuficiencia cardiaca derecha.
• La EPC suele manifestarse en la mayoría de los casos con una forma más leve que las
manifestaciones graves de la enfermedad que se observaban cuando fue descrita en 1967.
Puntos importantes
• Los lactantes con EPC pueden precisar ventilación mecánica durante meses. Los cambios de la
EPC revierten a la normalidad en la radiografía de tórax en la mayoría de los pacientes después
de los 2 años de vida, aunque se pueden seguir apreciando anomalías en la TC de tórax.
• En cualquiera de estas entidades (TTRN, SDRN, aspiración de meconio y EPC), el
empeoramiento súbito de los síntomas del paciente sugiere la posibilidad de una fuga de aire,
una complicación de la ventilación con presión positiva en pulmones con una distensibilidad
relativamente deficiente. Hay cuatro manifestaciones de una fuga de aire que se describen en la
tabla 27.2 y en las figuras 27.6-27.9.
Fig. 27.8 Signo de la vela spinnaker por un neumomediastino. Las fugas aéreas
pueden dar lugar a un neumomediastino. Los lóbulos derecho e izquierdo del timo
normalmente descansan sobre la base del corazón. Cuando un neumomediastino empuja a
los lóbulos del timo hacia arriba y hacia fuera, pueden formar una apariencia característica
semejante a la vela spinnaker de un barco (flechas).
Fig. 27.9 Neumopericardio. Este es un lactante prematuro con síndrome de dificultad
respiratoria neonatal subyacente conectado a un ventilador. Hay una imagen
radiotransparente alrededor del corazón (flechas negras), que representa aire en el espacio
pericárdico. Obsérvese que el aire no supera la reflexión de la aorta y de la arteria
pulmonar principal. La punta del tubo endotraqueal llega demasiado lejos y está en el
bronquio principal derecho (flecha blanca).
Tabla 27.2
Complicación Comentarios
Complicación Comentarios
Puntos importantes
Fig. 27.11 Paciente asmático con neumomediastino. Hay una línea blanca fina (flechas
blancas) visible porque hay aire en el mediastino. El aire se extiende hacia el cuello (flecha
negra discontinua) y hacia fuera, en dirección a los tejidos subcutáneos de los hombros
(flechas negras continuas).
Neumonía
• La edad es un factor clave para determinar tanto la etiología como las manifestaciones clínicas
de la neumonía infantil.
• Entre los neonatos, la causa más frecuente de neumonía es el estreptococo betahemolítico del
grupo B. En las pruebas de imagen, esta neumonía puede imitar el aspecto del SDRN.
• En niños más mayores, las causas más frecuentes son los virus respiratorios (VRS,
parainfluenza, de la gripe y adenovirus) y Mycoplasma pneumoniae en niños de más de 5
años.
• La fiebre puede ser la única manifestación clínica en los neonatos. En los niños más mayores,
las neumonías bacterianas suelen provocar fiebre, escalofríos, taquipnea, tos, dolor
torácico pleurítico y disnea. Las neumonías víricas suelen asociarse con más frecuencia a tos,
sibilancias y estridor que con fiebre.
• El tratamiento es de soporte, con administración de antibióticos en caso necesario.
Puntos importantes
• En los recién nacidos no son visibles las adenoides, aunque sí están presentes al nacer. No
suelen hacerse evidentes en la radiografía hasta los 3-6 meses de vida (fig. 27.12). Las
adenoides pueden crecer hasta alrededor de los 6 años. Después involucionan durante la edad
adulta. En los adultos normalmente no son visibles.
• Las amígdalas palatinas y las adenoides suelen crecer al mismo tiempo. Al igual que sucede
con la hipertrofia de adenoides, la importancia de la hipertrofia de amígdalas depende de los
síntomas clínicos y del grado de compresión de las vías respiratorias.
• Los síntomas clínicos de la hipertrofia de amígdalas y adenoides consisten en congestión
nasal, respiración bucal, otitis media crónica o recurrente debido a su proximidad a las trompas
de Eustaquio, odinofagia y apnea del sueño.
Fig. 27.12 Radiografía lateral de partes blandas de cuello normal, paciente de 4 años.
Las adenoides (A) se observan en la base del cráneo y adyacentes a la vía respiratoria
nasofaríngea (N). Más distalmente se encuentra la faringe (F). La epiglotis (flecha blanca
continua) está delimitada por arriba por el aire presente en la vallécula. Los pliegues
ariepiglóticos son unas estructuras delgadas bilaterales (flecha blanca discontinua). El
ventrículo laríngeo, que muestra un tamaño normal (flecha negra continua), separa las
cuerdas vocales falsas por encima, de las cuerdas vocales verdaderas por debajo. La
tráquea (T) comienza por debajo de las cuerdas vocales verdaderas.
Puntos importantes
• La epiglotitis bacteriana aguda puede ser una urgencia médica vital, conduciendo a una
obstrucción de las vías respiratorias secundaria a una infección, con edema de la epiglotis y de los
pliegues ariepiglóticos.
• El microorganismo causal más frecuente era Haemophilus influenzae tipo B, pero, tras
introducirse su vacuna en 1985, se ha reducido notablemente el número de casos de epiglotitis.
H. influenzae sigue siendo la causa más frecuente, aunque también puede deberse al
neumococo, a estreptococos del grupo A, a infecciones por virus del herpes simple tipo 1 o
parainfluenza, a lesión térmica o a edema angioneurótico. También se ha descrito irritación
química por la ingesta de cápsulas de detergente para la ropa.
• La epiglotitis tiene un pico de incidencia característico entre los 3 y los 6 años de vida.
• Las manifestaciones clínicas de la epiglotitis se asemejan a las del crup, pero el médico
debe sospechar la presencia de epiglotitis si el niño no puede respirar a menos que esté
incorporado, si lo que se pensaba que era un crup está empeorando o en caso de que el niño
no pueda tragar saliva y babee. La tos es infrecuente en la epiglotitis. La tríada clásica de la
epiglotitis consiste en babeo, disfagia grave y dificultad respiratoria con estridor
inspiratorio.
• Es recomendable que el paciente esté en todo momento acompañado de una persona con
experiencia en intubación endotraqueal. Las pruebas de imagen no siempre son necesarias para
el diagnóstico, y en las primeras fases pueden arrojar un resultado falso negativo.
• La prueba de imagen de elección es la radiografía lateral de cuello, que debe realizarse
solamente con el paciente incorporado, ya que la posición en decúbito supino podría
provocar el cierre de las vías respiratorias.
Puntos importantes
• El tratamiento consiste en asegurar las vías respiratorias, para lo cual puede ser preciso
intubar al paciente o practicar una traqueotomía de urgencia. Algunos protocolos de tratamiento
incluyen la administración de corticoides por vía intravenosa e instaurar antibióticos de forma
empírica.
Crup (laringotraqueobronquitis)
• La causa del crup suele ser un virus, siendo los más frecuentes los parainfluenza (tipos 1, 2 y
3). Otras causas frecuentes son el virus respiratorio sincitial, el virus de la gripe o bacterias del
género Mycoplasma. Suele producirse entre los 6 meses y los 3 años de vida, a una edad más
temprana que la epiglotitis. Con frecuencia aparece después de un catarro común.
• El crup se diagnostica en función de los hallazgos clínicos. Puede ser complicado distinguirlo
de un absceso retrofaríngeo en etapas precoces; las pruebas de imagen ayudan a establecer el
diagnóstico diferencial.
• La tos áspera característica se ha descrito como perruna o metálica, y se acompaña de
ronquera, estridor inspiratorio, febrícula y dificultad respiratoria.
• En su tratamiento se utilizan corticoides, adrenalina en aerosol y métodos de humidificación.
Puntos importantes
• La mayoría de las ingestiones de cuerpos extraños se producen entre los 6 meses y los 6
años de vida. Más del 80% de los cuerpos extraños se ingieren espontáneamente. Las
ingestas de alimentos o de cuerpos extraños verdaderos incluyen monedas, juguetes, huesos de
pollo (radiopacos) y espinas de pescado (no radiopacos).
• Lo más habitual es que el cuerpo extraño quede impactado en el punto en que el esófago se
estrecha de forma natural, justo por debajo del músculo cricofaríngeo, a la altura de C5-C6
(70% de los casos), a la altura de la abertura torácica, en el cayado aórtico (20%) o a la
altura de la unión gastroesofágica (10%). Una vez que atraviesan el esófago, casi todos los
cuerpos extraños progresan a lo largo de todo el tubo digestivo.
• Las principales complicaciones de la ingestión de cuerpos extraños son la perforación, la
obstrucción y la formación de estenosis.
• Las pilas de disco (botón) y los imanes conllevan riesgos específicos.
• Las pilas de botón deben extraerse inmediatamente del esófago por su capacidad
de perforación (fig. 27.16).
• En caso de haber ingerido varios imanes pequeños, también pueden producirse
perforaciones al yuxtaponer las asas intestinales, por lo que también deben extraerse si
es posible. La ausencia de movimiento del imán en las radiografías seriadas sugiere
atrapamiento intestinal y puede ser una indicación para una intervención quirúrgica.
• Los signos clínicos más frecuentes debidos a la impactación de un cuerpo extraño en el
esófago son la disfagia y la odinofagia. Incluso después del avance del cuerpo extraño, muchos
pacientes se quejan de dolor a la altura del esófago cervical, independientemente del punto real
de la impactación.
Fig. 27.16 Ingestión de cuerpos extraños. (A) Hay una pila de disco (botón) (flecha
blanca) en la región esofágica distal. Tiene bandas oscuras lineales distintivas alrededor de
su perímetro (flecha negra). (B) Numerosos imanes pequeños ingeridos se aprecian en la
región esofágica distal (círculo). Tanto las pilas de botón como los imanes pequeños
suponen riesgos singulares entre los cuerpos extraños ingeridos.
Puntos importantes
• Ya que los niños que ingieren cuerpos extraños son propensos a ingerir otras sustancias
extrañas (pica), como la pintura de la pared, siempre hay que buscar la presencia de líneas
densas en las metáfisis de los huesos visibles en cualquier estudio de imagen para detectar
cuerpos extraños, lo que constituye un signo de intoxicación por plomo.
• Tratamiento:
• En la mayoría de los casos, la actitud expectante terminará con la eliminación del
cuerpo extraño. Se puede practicar una endoscopia si se considera clínicamente
necesario (p. ej., objetos afilados, pilas de botón, imanes).
Otras enfermedades
Identificación de la cardiomegalia en los lactantes
• Es importante recordar que, en los neonatos y los lactantes, el corazón parece más
grande respecto al tamaño de la caja torácica que en los adultos. Mientras que en los adultos se
considera anómalo un índice cardiotorácico superior al 50%, en los lactantes puede ser normal
un índice cardiotorácico de hasta el 65%, ya que los recién nacidos no pueden realizar
inspiraciones tan profundas como los adultos y las proporciones relativas entre el tamaño del
abdomen y el del tórax no son las mismas que en los adultos (fig. 27.18).
• Cualquier valoración de una cardiomegalia en un lactante debe tener en cuenta otros factores,
como el aspecto de los vasos pulmonares, así como cualquier signo o síntoma clínico
asociado (p. ej., soplos, taquicardia o cianosis).
Fig. 27.18 Tórax normal del lactante. En el lactante normal, el índice cardiotorácico puede
llegar al 65% (en comparación con el 50% en los adultos). En la imagen, el corazón parece
estar agrandado (flecha negra doble), pero es normal para un recién nacido. El timo
(flechas blancas) es responsable en parte de la aparente cardiomegalia.
Artefactos diagnósticos
• En los niños, el timo puede solaparse sobre parte del corazón y simular a veces una
cardiomegalia. El timo normal puede visualizarse en la radiografía convencional de tórax,
apareciendo más grande hasta los 3 años de vida, aunque a veces es visible en los años de la
adolescencia. El timo normal tiene cierto aspecto lobulado, sobre todo en las zonas que
contactan con las costillas, y suele disminuir su densidad hacia la periferia (fig. 27.19).
Fig. 27.19 Timo normal. El timo tiene con frecuencia una apariencia lobulada (flechas), lo
que facilita su identificación en la radiografía de tórax del niño. Aunque el timo suele
involucionar con la edad, sigue siendo visible normalmente hasta la adolescencia.
Fracturas de Salter-Harris: fracturas de la placa epifisaria
Fig. 27.21 Deslizamiento de la epífisis de la cabeza del fémur (DECF). El DECF provoca
un deslizamiento inferior, medial y posterior de la epífisis proximal del fémur con respecto al
cuello femoral (flecha). Al trazar una línea paralela al cuello del fémur, llamada línea de
Klein (líneas), lo normal es que cruce la porción lateral de la cabeza femoral. Lo hace en el
lado derecho normal, pero no en el lado izquierdo, porque la epífisis se ha deslizado.
Fig. 27.22 Fractura de tipo II de Salter-Harris. Esta es una proyección lateral de la tibia
distal (T). En las fracturas de Salter-Harris de tipo II se hay una fractura de la placa
epifisaria (flechas blancas) y una fractura de la metáfisis (flecha negra).
Fig. 27.23 Fractura de tipo III de Salter-Harris. Esta es una proyección posteroanterior
del tobillo en otro paciente. En las fracturas de tipo III de Salter-Harris hay una fractura de
la placa epifisaria (flechas blancas) y una fractura longitudinal a través de la epífisis
propiamente dicha (flecha negra). Esta fractura tiene peor pronóstico que los tipos I y II.
Fig. 27.24 Fractura de tipo IV de Salter-Harris. Esta es una proyección posteroanterior de
la tibia distal. En las fracturas de tipo IV de Salter-Harris hay una fractura de la placa
epifisaria (flechas blancas continuas), la metáfisis (flecha blanca discontinua) y la epífisis
(flecha negra). Tienen una mayor probabilidad de cierre prematuro, y posiblemente
asimétrico, de la placa epifisaria.
Fig. 27.26 Maltrato infantil. (A) Hay una fractura metafisaria de la esquina (flecha), una
fractura pequeña por arrancamiento del húmero proximal, sumamente sugestiva de
maltrato infantil. (B) Se aprecian varias fracturas costales en proceso de consolidación,
como se evidencia por la formación de callo que afecta a las costillas posteriores 2.ª a 6.ª
(flechas blancas), y a la 5.ª costilla derecha anterolateral (flecha negra). Las fracturas
costales posteriores son sumamente sospechosas de maltrato infantil.
Tabla 27.4
Fracturas con abundante callo de fractura Indican traumatismos repetidos sin inmovilización
• La ECN es la urgencia médica y/o quirúrgica gastrointestinal más frecuente entre los
neonatos. Su etiología sigue siendo desconocida, aunque parece que pueden estar implicadas la
isquemia y/o las lesiones por reperfusión, junto con la estasis secundaria al escaso desarrollo de
la motilidad intestinal.
• Es más frecuente en los lactantes prematuros, pero también puede darse en recién
nacidos a término que se han sometido a un estrés extremo (p. ej., sepsis o una cirugía mayor).
Habitualmente comienza en la primera semana de vida. Los lactantes a término tienen más
riesgo de sufrir la enfermedad si presentan una cardiopatía congénita o si hay antecedentes de
consumo de cocaína por parte de la madre.
• Los signos clínicos, que pueden ser sutiles, consisten en intolerancia de las tomas, retraso del
vaciamiento gástrico, distensión abdominal, y/o sensibilidad a la palpación y disminución de los
ruidos intestinales.
• En el cuadro 27.1 se describen los hallazgos radiológicos en el abdomen de un lactante
normal (fig. 27.27).
• Hallazgos radiológicos en la ECN:
• Las radiografías convencionales del abdomen siguen siendo la modalidad con la
que se diagnostica más a menudo la enfermedad. En la fase aguda, la enfermedad
suele afectar sobre todo al íleon terminal.
• Los primeros signos pueden consistir en la distensión de algunas asas
intestinales. La presencia de un asa intestinal dilatada
persistentemente y que no cambia de aspecto es un marcador
inespecífico de íleo y puede apreciarse precozmente en la ECN.
• El engrosamiento de las paredes intestinales se manifiesta por la
separación de las asas intestinales.
• La neumatosis intestinal es patognomónica de ECN en el recién
nacido. Se observa una radiotransparencia lineal en el interior de la
pared intestinal, paralela a su luz, que corresponde a aire subseroso que ha
entrado desde la luz (fig. 27.28A). Las colecciones quísticas de aire tienen
una localización submucosa, pero también constituyen un signo de
neumatosis.
• La presencia de aire libre en el abdomen es un signo nefasto que
habitualmente indica la necesidad de practicar una intervención quirúrgica
urgente.
• La presencia de gas en la vena porta, que se solía considerar un signo
nefasto, ahora no se considera tan grave, ya que puede deberse a otras
entidades, como la colocación de un catéter venoso umbilical. Aparece en
forma de estructuras tubulares ramificadas lineales de densidad aérea sobre
la periferia del hígado y representa la presencia de aire en el sistema venoso
portal (fig. 27.28B).
• Complicaciones:
• El 50% de los supervivientes desarrollan complicaciones a largo plazo. Las dos
complicaciones más frecuentes son la estenosis intestinal y el síndrome del
intestino corto. La tasa de mortalidad oscila entre el 10 y el 44% en los niños con
menos de 1.500 g de peso.
Fig. 27.27 Abdomen normal de un lactante. Como la mayoría de los lactantes tragan una
gran cantidad de aire, se suelen ver muchas asas intestinales poligonales llenas de aire
(círculo), cuyas paredes se encuentran íntimamente yuxtapuestas entre sí (flechas).
• En casi todos los niños se observa gas en el estómago a los 15 min de haber nacido y aire en el
recto a las 24 h de vida.
• Es prácticamente imposible en las radiografías distinguir el intestino delgado del grueso en los
lactantes, ya que las haustras del colon no se desarrollan hasta los 6 meses de vida.
• La mayoría de los lactantes tragan mucho aire, por lo es de prever que se vean muchas asas
intestinales llenas de aire con formas poligonales y con las paredes yuxtapuestas entre sí (v. fig.
27.27).
Atresia esofágica con o sin fístula traqueoesofágica (FTE)
• La etiología de este complejo de hallazgos no se comprende del todo. La forma más frecuente,
con diferencia, consiste en un esófago con un fondo de saco ciego (atresia esofágica), con
una conexión fistulosa entre la tráquea y el remanente esofágico distal.
• La atresia esofágica se asocia habitualmente a otras anomalías del tubo digestivo, como el
ano imperforado, la atresia duodenal o la estenosis. En el 25% de los casos existen 13 o más
pares de costillas o 6 o más cuerpos vertebrales lumbares. Los lactantes con atresia aislada del
esófago presentan una incidencia elevada de trisomía 21 y de atresia duodenal.
• Hasta en el 50% de los casos de atresia esofágica con/sin FTE puede haber anomalías
congénitas asociadas fuera del tracto gastrointestinal.
• Para recordar mejor el conjunto de anomalías congénitas que pueden darse al mismo
tiempo, se utiliza el acrónimo VACTERL: anomalías vertebrales, atresia anal,
anomalías cardiacas, FTE y/o atresia esofágica, agenesia o displasia renal y defectos
en las extremidades (limb).
• Las manifestaciones clínicas suelen aparecer en los primeros días de vida y consisten
en atragantamiento, babeo, problemas para controlar las secreciones, regurgitación, aspiración y
dificultad respiratoria.
• Los hallazgos radiológicos dependen de la geometría de la atresia y la fístula:
• Si la atresia esofágica no está asociada a fístula, no pasa aire al tubo digestivo,
por lo que no se observa aire en el abdomen. En condiciones normales, a los 15 min
después de haber nacido debe verse aire en el estómago.
• En la atresia esofágica con una fístula distal entre el esófago y la tráquea (el tipo
más frecuente), hay gas en el intestino, que ha llegado a través de la tráquea, y en
la radiografía de tórax se puede ver un fondo de saco ciego dilatado de la parte
superior del esófago, que corresponde a la atresia esofágica. Normalmente no hace
falta realizar otras pruebas de imagen, pero se puede confirmar el diagnóstico
introduciendo un catéter flexible en el fondo de saco ciego (fig. 27.29).
• Puede producirse una neumonía por aspiración, que suele afectar al lóbulo
superior derecho cuando hay atresia esofágica.
• La ecografía prenatal puede sugerir el diagnóstico de atresia esofágica a partir de las
24 semanas de gestación por la presencia de polihidramnios.
• Tratamiento:
• Se suele practicar una anastomosis primaria entre el esófago proximal y el distal a los
pocos meses de vida del lactante. Se puede realizar una interposición de colon si no es
posible la anastomosis primaria.
Fig. 27.29 Atresia esofágica con una fístula traqueoesofágica. La punta de la sonda
orogástrica está acodada en un fondo de saco en el esófago superior, sin que pueda seguir
avanzando por el esófago atrésico (flecha continua). El aire presente en el intestino (flecha
discontinua) no llegó a través del esófago, sino a través de una fístula que conectaba la
tráquea con el extremo distal del esófago (que no es visible en la radiografía simple).
Puntos clave
Véase también el Apéndice A «Medicina nuclear».
Esta es una imagen sagital de una angiografía por TC con contraste del abdomen de un varón de 80 años
con una masa abdominal pulsátil. ¿Cómo podría una intervención guiada por imagen ayudar en este caso? La
respuesta está al final del capítulo.
• Los radiólogos intervencionistas realizan una amplia variedad de procedimientos que pueden
clasificarse como vasculares y no vasculares y subdividirse por la distribución vascular o por el
órgano o sistema en el que se realiza el procedimiento.
• Este capítulo presenta las indicaciones, las técnicas y los beneficios de las intervenciones
guiadas por imagen que abarcan un amplio listado de procedimientos intervencionistas.
Acceso arterial y arteriografía
Puntos importantes
• La técnica de Seldinger es la base los accesos vasculares modernos, tanto arteriales como
venosos. Este método, descrito por primera vez por el Dr. Sven Seldinger (un radiólogo sueco),
utiliza una aguja hueca para conseguir entrar en un vaso sanguíneo. Se introduce después una
guía metálica a través de la aguja, la cual se retira y se sustituye por un catéter deslizado
sobre la guía. Este intercambio es la base de los pasos iniciales de la mayoría de los
procedimientos radiológicos intervencionistas endovasculares (fig. 28.1).
Fig. 28.1 Técnica de Seldinger. (A) Punción percutánea de un vaso sanguíneo con una
aguja hueca. (B) Introducción de una guía metálica atraumática en la luz vascular a través
de la aguja. (C) Se retira la aguja mientras se mantiene la guía en su sitio. La compresión
sobre el punto de punción asegura la guía y evita el sangrado. (D) Se avanza un catéter
angiográfico sobre la guía hacia el interior del vaso. (Tomado de Kadir S. Diagnostic
Angiography. Philadelphia: WB Saunders, 1986:186.)
• Un acceso arterial se realiza habitualmente a través de una vía arterial femoral o radial,
aunque se pueden utilizar otras arterias. La selección depende de varios parámetros, como el tipo
de intervención, la orientación anatómica de la vasculatura y la presencia de coagulopatía.
• El acceso arterial se realiza habitualmente sobre una referencia ósea, que facilita la
compresión de la arteria para obtener la hemostasia después de completar el procedimiento.
En el caso del acceso arterial femoral, se busca el segmento de arteria situado encima de la
cabeza femoral mediante palpación, guía radioscópica o ecográfica.
• Por medio de la técnica de Seldinger, la aguja del acceso es intercambiada finalmente sobre una
guía por una vaina vascular (tabla 28.1).
• La guía ecográfica durante la punción arterial puede facilitar a veces el acceso vascular,
especialmente en los casos en con pulsos débilmente palpables o con una anatomía dificultosa.
• El acceso arterial radial o braquial es parecido al de la arteria femoral. En el caso del acceso
arterial braquial, hay que tener cuidado en la elección de un punto de acceso que permita la
compresión para obtener la hemostasia después del procedimiento.
• Una vez conseguido el acceso vascular y con el introductor o un catéter en su sitio, se puede
realizar la arteriografía en la localización deseada mediante la inyección de contraste yodado.
Tabla 28.1
Dispositivo Descripción
Aguja de Aguja de entrada utilizada en el punto de punción para los procedimientos percutáneos;
acceso contiene un canal central para la introducción de una guía metálica
Catéter corto y puntiagudo utilizado para aumentar el diámetro del orificio desde el
acceso percutáneo hasta un órgano, espacio o vaso que permita un paso más sencillo
Dilatador
de un catéter, una vaina u otro dispositivo; a veces se utiliza de forma seriada, desde los
más estrechos a los más anchos
• El acceso venoso central es una técnica fundamental utilizada en toda la medicina que
permite la entrada en el sistema venoso para:
• Una intervención (p. ej., trombolisis de un trombo venoso oclusivo o colocación de un
filtro en la vena cava inferior para la prevención de la embolia pulmonar o para la colocación
de una endoprótesis).
• Para la colocación de un puerto o catéter para tratamiento farmacológico de
farmacoterapia oncológica.
• Para hemodiálisis/féresis (es decir, procedimientos de filtración y separación de la
sangre antes de devolverla al paciente), como en la plasmaféresis.
• En el acceso venoso se utiliza la guía ecográfica para localizar y conseguir entrar en una
vena central sin lesionar los tejidos y órganos adyacentes. Se pueden utilizar las referencias
anatómicas cercanas o la relación con una arteria conocida en vez de la ecografía.
• La elección del punto de acceso venoso depende del tipo de procedimiento a realizar.
• Para la colocación de un catéter venoso central, se utilizan habitualmente la vena
yugular interna, la vena femoral o la vena subclavia como puntos de acceso (fig.
28.2).
• Los catéteres venosos centrales de inserción periférica se colocan en las venas de
las extremidades superiores, por encima del codo, con la punta del catéter situada
habitualmente en la vena cava superior (v. fig. 9.9).
• La mayoría de las veces se inserta una aguja en la vena seleccionada y se sustituye por
un catéter mediante una guía metálica utilizando la técnica de Seldinger. Los catéteres
venosos centrales pueden tunelizarse o no tunelizarse (fig. 28.3).
Fig. 28.2 Acceso venoso central. (A) Esta es una vía venosa central sin tunelizar en la
vena yugular interna (YI) derecha (flecha). Obsérvese su entrada en la vena por encima de
la clavícula (Cl), señalando la vía YI. (B) En la imagen se observa un catéter tunelizado de
hemodiálisis (flecha blanca). También entra en la vena yugular interna por encima (flecha
negra) de la clavícula (Cl). (C) Se observa una vía en la vena subclavia derecha (flecha)
que entra en la vena subclavia por debajo de la clavícula (Cl).
Fig. 28.3 Catéteres de acceso tunelizados y no tunelizados. (A) Los catéteres venosos
centrales pueden tunelizarse, para lo cual se requiere un procedimiento adicional en el
cual, se coloca un segmento del catéter (tunelizado) debajo de las partes blandas
adyacentes (línea discontinua). Estos catéteres pueden tener un segmento en el trayecto
subcutáneo envuelto en un material para fomentar el crecimiento celular en su interior con
el objetivo de asegurar el catéter, al que se denomina manguito. Se considera que son
más resistentes a las infecciones de una vía central y se utilizan para hemodiálisis o
farmacoterapia (p. ej., quimioterapia o nutrición parenteral) de larga duración. (B) Un
catéter no tunelizado entra en la piel pegada a una corta distancia de la vena diana. Los
catéteres no tunelizados se utilizan para un tratamiento de corta duración en situaciones
urgentes.
Puntos importantes
• Se inserta un catéter flexible en la vena femoral común o en la vena yugular interna con
control radioscópico y se avanza a través del corazón para acceder a las arterias pulmonares.
• Se pueden colocar diferentes tipos de catéteres multiperforados en el propio coágulo para
administrar fármacos trombolíticos que se va infundiendo a lo largo del tiempo para disolver el
coágulo. También se utilizan en la práctica clínica otros catéteres que incorporan tecnologías para
acelerar la lisis del coágulo, como los ultrasonidos. Otros dispositivos también se pueden
introducir para fragmentar y aspirar el trombo.
• Se obtiene un acceso venoso central a través de la vena yugular o la femoral. Se prefieren las
venas yugular o femoral derechas por la rigidez típica del sistema de suministro y filtro de la VCI,
pero también se utiliza con frecuencia la vena femoral común izquierda y también se ha descrito
su colocación a través de venas de las extremidades superiores.
• Primero se realiza una venografía de la VCI con un catéter diagnóstico que permite:
• Visualizar la anatomía venosa, incluyendo la localización de las venas renales y la
detección de las variantes anatómicas que puedan estar presentes.
• Determinar el tamaño de la VCI, que puede condicionar el tipo de filtro elegido.
• Determinar la permeabilidad de la VCI.
• Una vez que se ha determinado la anatomía de la VCI y la localización deseada para el filtro, el
catéter se intercambia por una vaina de suministro y filtro de la VCI. El filtro se despliega
desde el interior de la vaina y luego se retira la vaina.
• A veces se obtienen venografías después de la colocación para comprobar la posición correcta.
El catéter y la guía se retiran. Posteriormente se aplica presión en el punto de punción hasta que
se consigue su hemostasia.
Fig. 28.6 Recuperación de un filtro de vena cava inferior fracturado. (A) La imagen
inicial muestra la fractura de las patas del filtro (flechas). (B) La recuperación se consigue
mediante manipulaciones a través de una vaina vascular (flecha). Una vez que se atrapa el
filtro y se extrae, se recuperaron las patas fracturadas sin que quedasen fragmentos
residuales (óvalo).
Biopsia guiada por imagen: principios generales
• La biopsia guiada por imagen es un medio para obtener con precisión una muestra de
tejido de una lesión para su análisis diagnóstico.
• El muestreo de una lesión pueden determinar sus características (benigna o maligna) o
proporcionar información adicional acerca de una lesión conocida (citogenética).
• La lesión a biopsiar debe visualizarse con fiabilidad, al menos en una modalidad de imagen.
Puntos importantes
• La biopsia guiada por imagen está indicada para el muestreo mínimamente invasivo de una
lesión que se ha identificado previamente en un estudio de imagen o cuando el diagnóstico
histológico está en duda para ayudar a establecer un diagnóstico definitivo.
• El muestreo de una lesión puede llevarse a cabo mediante una de las dos técnicas siguientes:
• Punción-aspiración con aguja fina (PAAF): una aguja de calibre fino (p. ej., 25
G) se introduce en la lesión con guía de imagen. Después se mueve la aguja hacia
delante y hacia atrás dentro de la lesión para recoger células. Las muestras de los
nódulos tiroideos suelen obtenerse con esta técnica (fig. 28.7A).
• Biopsia con aguja gruesa: se introduce una aguja más gruesa (p. ej., 18 G) en la
lesión con guía por imagen para extraer un trozo pequeño de tejido. Si la situación
exige obtener múltiples muestras en una localización dificultosa, a menudo se utiliza
un sistema coaxial que supone la colocación de una aguja más gruesa en la lesión
(llamada aguja de acceso) y realizar la biopsia utilizando agujas/dispositivos más
finos a través de la aguja de acceso (fig. 28.7B).
Fig. 28.7 Aspiración con aguja fina y biopsia con aguja gruesa, ecografía. (A) La
ecografía muestra la aspiración con una aguja de calibre fino (flechas), y el desplazamiento
hacia delante y hacia atrás en el interior de la lesión para recoger células. (B) La imagen
ecográfica de una masa cervical derecha muestra una biopsia con aguja gruesa que se
está realizando con una aguja de mayor calibre (flechas) en la lesión para obtener un
pequeño trozo de tejido. N, nódulo tiroideo.
Nódulo pulmonar: biopsia guiada por imagen
• Para la biopsia se debe utilizar la modalidad que demuestre la lesión de modo más fiable, en la
medida de lo posible. Es decir, si la lesión se visualiza mejor en la TC, probablemente deba
utilizarse esta modalidad para realizar la biopsia.
• Se elige una trayectoria desde el punto de entrada cutáneo, así como el trayecto hasta la lesión.
En ocasiones se puede usar una trayectoria a través de un orificio natural.
• Es necesaria una comprensión minuciosa de la anatomía para evitar lesionar estructuras (p. ej.,
vasos sanguíneos o nervios) que pueden aumentar la morbilidad.
• Normalmente se opta por una trayectoria que limite el número de superficies pleurales
que deba atravesar la aguja de biopsia y que evite los grandes vasos sanguíneos.
• Se avanza una aguja bajo control de imagen (TC, ecografía o radioscopia) hasta llegar a la
lesión y se confirma visualmente que la punta de la aguja está en su interior.
• Se pueden obtener muestras de anatomía patológica mediante un dispositivo de biopsia con el
objetivo de obtener trozos de tejido para su análisis. Alternativamente, puede realizarse una PAAF
con el objetivo de obtener muestras para citología (v. fig. 28.7).
• Se pueden obtener al mismo tiempo otras muestras para su análisis microbiológico si existe
indicación clínica.
• En ciertas ocasiones, puede dejarse un marcador fiduciario, que puede ser una semilla
metálica (normalmente de oro) pequeña, del tamaño de un grano de arroz, cerca del tumor para
facilitar la radioterapia futura al proporcionar un punto de referencia estándar para la
localización (fig. 28.8).
Fig. 28.8 Biopsia de un nódulo pulmonar. Varón de 76 años, fumador, con un nódulo en
el lóbulo inferior izquierdo. (A) La aguja de biopsia (flecha discontinua) atraviesa el nódulo
desde un abordaje posterior. La TC de tórax después de la biopsia del nódulo demuestra la
colocación de un marcador fiduciario en la región de la lesión (flecha continua) para facilitar
la radioterapia futura. El paciente se encuentra en una posición para permitir el paso de la
aguja de biopsia por el trayecto más corto para alcanzar la lesión y reducir potencialmente
el riesgo de neumotórax. Esta imagen está orientada para alinearse con la orientación del
panel B. (B) Radiografía de tórax después del procedimiento que muestra dos marcadores
fiduciarios (flechas continuas) en la región del nódulo biopsiado, con una pequeña cantidad
de hemorragia tras la biopsia (flecha discontinua).
Puntos importantes
• El tratamiento de un neumotórax pequeño y estable en las imágenes seriadas es el manejo
conservador con observación.
• La inserción de un tubo de tórax está indicada para un neumotórax grande o sintomático
o cuando aumenta de tamaño en las imágenes seriadas.
Tumores hepáticos/renales/pulmonares: termoablación
Indicaciones de la termoablación
• Las agujas para la ablación se pueden colocar utilizando como guía la ecografía, la TC o la RM.
• Dependiendo de la modalidad de ablación utilizada, el tipo de tumor a destruir (es decir,
pulmonar, hepático o renal) y la morfología tumoral se pueden utilizar múltiples sondas o
superponer múltiples ablaciones para eliminar por completo y de forma efectiva el tumor.
• Se obtienen imágenes antes y durante el procedimiento para asegurar que las sondas están
correctamente situadas para un tratamiento efectivo y para monitorizar el margen de la ablación,
dependiendo de la modalidad utilizada.
• Los ajustes de los parámetros de la ablación y su duración se basan en las imágenes durante el
procedimiento.
• A menudo se obtienen imágenes después del procedimiento para descartar complicaciones (p.
ej., hemorragia o neumotórax) y la idoneidad de la ablación.
Puntos importantes
• Se recomienda obtener un margen suficiente más allá del tejido afectado visible para reducir la
probabilidad de una ablación incompleta o de un tumor residual. En el caso del carcinoma
hepatocelular, normalmente se desea obtener un margen de 1 cm.
Beneficios y riesgos potenciales de la termoablación
Fig. 28.10 Cirrosis y varices. Mujer de 55 años con un antecedente de cirrosis y varices
sangrantes. (A) Una imagen de RM con contraste muestra varices paraesofágicas grandes
(contorno discontinuo) y (B) varices gástricas (círculo), siendo ambas secuelas de
hipertensión portal. El hígado (H) muestra un contorno nodular compatible con cirrosis.
• Las principales indicaciones de una TIPS son el control de la hemorragia recidivante por
varices refractaria al tratamiento médico y endoscópico, y el control de la ascitis abdominal
y/o un hidrotórax hepático que no responde al tratamiento médico. Otras indicaciones son el
tratamiento de la congestión hepática en el síndrome de Budd-Chiari y como medio de acceso
para la trombectomía/trombolisis portomesentérica.
• Una TIPS puede aliviar la hipertensión portal y, a menudo, reducir o eliminar los síntomas de
sangrado por varices o de una ascitis recidivante.
• Los riesgos de una TIPS se clasifican generalmente en riesgos o complicaciones
procedimentales y riesgos o complicaciones posteriores al procedimiento.
• Los riesgos procedimentales incluyen una lesión/infarto hepático, hemoperitoneo,
neumotórax, lesión cutánea por radiación (por la prolongada exposición a la radiación),
hemobilia y lesión del sistema vía biliar o de los órganos adyacentes.
Puntos importantes
Puntos importantes
• Previamente se revisan las imágenes disponibles para determinar si existe suficiente líquido
para colocar una aguja y un catéter en la colección para conseguir una aspiración y un drenaje de
manera segura.
• Se anestesia la piel y la trayectoria subcutánea y, bajo control de imagen, se avanza una aguja
por el trayecto hasta la colección.
• Se confirma la correcta colocación de la aguja por imagen y se realiza aspiración del contenido,
pudiendo enviarse una muestra al laboratorio para su análisis si se desea.
• Después de tomar la decisión de dejar un drenaje en la colección, se coloca una guía metálica
dentro de la cavidad del absceso a través de la aguja que se ha utilizado para el acceso.
• Se introduce entonces un catéter de drenaje en el absceso sobre la guía, la cual se retira
posteriormente, y se crea después un lazo de retención para mantener el catéter de drenaje
asentado dentro de la cavidad (fig. 28.13). Otra técnica utiliza un trócar, que funciona como
aguja de acceso y permite la colocación directa del drenaje dentro de la colección.
• El catéter de drenaje se fija después a la pared mediante suturas subcutáneas y se conecta a
una bolsa de drenaje.
• El drenaje se mantiene en su sitio hasta la resolución de la infección, demostrada mediante
parámetros clínicos (p. ej., disminución de los síntomas, paciente afebril), normalización de los
datos de laboratorio y ausencia de un drenaje significativo (p. ej., <10 ml/día) (v. fig. 28.13C).
• Los parámetros concretos que conducen a la retirada del drenaje se basan en la valoración
clínica caso por caso. En algunos centros se inyecta contraste por el catéter bajo control
radioscópico para confirmar la permeabilidad del drenaje y descartar la presencia de cualquier
colección residual o de una fístula a las estructuras adyacentes antes de retirarlo.
Fig. 28.13 Absceso hepático con drenaje. (A) La TC con contraste del abdomen muestra
un absceso hepático grande (flechas) en un varón de 74 años con fiebre recurrente. (B)
Bajo guía ecográfica se coloca un drenaje en J por vía percutánea dentro de la colección
(flechas) que se deja en su sitio para permitir la resolución del absceso mientras el paciente
recibe simultáneamente tratamiento antibiótico. (C) TC con contraste del hígado 2 meses
después que muestra la resolución del absceso.
• La hemorragia digestiva puede ser de origen alto o bajo y puede ocasionar una anemia
sintomática o inestabilidad hemodinámica con un resultado mortal si no se trata.
• Los síntomas de presentación puede variar entre hematemesis, melenas o rectorragia de
sangre roja brillante (hematoquecia).
• La modalidad de imagen de elección para una hemorragia digestiva baja es la
angiografía por TC (v. fig. 28.14A) o, posiblemente, una gammagrafía con hematíes marcados
para detectar y localizar la presencia de sangrado activo.
• Con frecuencia, la valoración endoscópica es la primera maniobra diagnóstica y terapéutica
en los pacientes con hemorragia digestiva alta (proximal al ligamento de Treitz) para
identificar el origen del sangrado y, en tal caso, puede tratarla el endoscopista.
Fig. 28.14 Angiografía por TC que muestra una hemorragia digestiva baja. Un varón
de 36 años acudió a urgencias por rectorragia de sangre roja brillante. (A) La angiografía
por TC (ATC) del abdomen y la pelvis muestra una extravasación focal activa del contraste
en el íleo terminal (flecha continua). El ciego está distendido con densidades que
corresponden a heces y material hemático (flecha discontinua). (B) Las imágenes de
sustracción digital se obtienen para tener una imagen de una zona antes de la inyección
del contraste y usarla después para desenmascarar electrónicamente todo lo que no es
contraste en las imágenes subsiguientes. Imagen de sustracción digital tardía de la arteria
ileocólica (flecha) que muestra una nebulosa focal de contraste (círculo) en la región del
ciego y el íleon terminal, que corresponde a la zona de extravasación activa de la ATC, que
se origina desde una rama de la arteria ileocólica. (C) Situación después de la inserción de
una espiral de embolización en el vaso que sangraba (círculo) en la que ya no se ve
extravasación.
Indicaciones de una arteriografía gastrointestinal y de una
embolización
• Se revisan las pruebas de imagen previas al procedimiento, como angiografía por TC,
gammagrafía con hematíes marcados o endoscopia, para ayudar a la localización del sangrado. A
continuación, se obtiene un acceso arterial y se realiza la arteriografía en el territorio vascular que
irriga la zona afectada.
• Si la arteriografía inicial es negativa, se puede realizar un estudio escalonado para explorar
las principales ramas de la anatomía arterial intestinal superior e inferior (p. ej., la arteria
gastroduodenal en la hemorragia digestiva alta y la arteria cólica derecha en la hemorragia
digestiva baja).
• En el caso de la hemorragia digestiva alta, pude realizarse una embolización profiláctica
del vaso sanguíneo que irriga el área anatómica del sangrado descrito debido a la presencia de
una vascularización colateral rica en los órganos del abdomen superior y la baja incidencia de
visualización de un sangrado activo en la angiografía, a pesar de mantenerse signos de sangrado
activo.
• En el caso de la hemorragia digestiva baja, generalmente solo se realiza la embolización
si se identifica el origen del sangrado activo. Esto es debido al riesgo aumentado de
isquemia en comparación con el tubo digestivo superior (fig. 28.14).
• El tipo de material utilizado para embolizar (p. ej., espiral metálica, pegamento de cianoacrilato
o esponja hemostática) depende de la localización del sangrado, del estado hemodinámico del
paciente y sus comorbilidades, así como de las preferencias del radiólogo.
• Después de completar la embolización, se realiza una arteriografía postembolización para
comprobar que el sangrado ha cesado.
Puntos importantes
• La arteriografía gastrointestinal y la embolización pueden proporcionar confirmación
diagnóstica de la localización del sangrado y permiten una intervención que logre un alivio
sintomático, y pueden salvar la vida en los casos de hemorragia digestiva grave.
• La uropatía obstructiva, u obstrucción del sistema colector renal, puede producir síntomas de
cólico nefrítico con dolor irradiado al flanco y dar lugar a una insuficiencia renal o una sepsis
urinaria si no se identifica y se trata con prontitud.
• La obstrucción renal puede ser secundaria a cálculos renales que se han enclavado en el
uréter (v. fig. 16.7), neoplasias malignas del abdomen o la pelvis (incluyendo neoplasia vesical
o tumores uroteliales del uréter) o a cambios inflamatorios ureterales (p. ej., enfermedad de
Crohn, diverticulitis o fibrosis retroperitoneal). La obstrucción renal se demuestra en las imágenes
en forma de diferentes grados de hidronefrosis.
• Se revisan las imágenes previas al procedimiento para determinar la mejor vía de acceso
percutánea al cáliz renal elegido.
• Se utiliza la guía por ecografía y/o radioscopia para ayudar a determinar el mejor abordaje
para el objetivo propuesto y para administrar la anestesia superficial y subcutánea a lo largo del
trayecto de acceso.
• Se avanza una aguja de acceso a través del trayecto anestesiado bajo control de imagen
hasta que la punta de la aguja se sitúe en el cáliz renal, lo que se confirma mediante la
aspiración de orina y, a menudo, con inyección de contraste.
• Se inserta después una guía metálica a través de la aguja hasta la pelvis renal y posteriormente
se dilata el trayecto de acceso antes de colocar el catéter.
• Si se desea colocar una NPC, se avanza el catéter sobre la guía metálica y finalmente se crea
un lazo de retención (bloqueo) en la pelvis renal (fig. 28.15A).
• Para la NUPC, se maniobra desde el riñón con una serie de guías metálicas y catéteres para
sobrepasar la estenosis/obstrucción hasta alcanzar la vejiga urinaria, momento en el que se
avanza el catéter de NUPC hasta formar un lazo de retención tanto en la vejiga como en la pelvis
renal (fig. 28.15B).
• Como alternativa, puede colocarse una endoprótesis de doble J por vía urológica (fig.
28.15C).
• Tanto en la NPC como en la NUPC, los catéteres se fijan a la piel y se conectan a una bolsa
de drenaje para recoger la orina. En algún momento, puede colocarse un tapón en la parte
externa del catéter para promover el drenaje interno a través de la vejiga y la uretra mientras
se mantenga el drenaje anterógrado.
Puntos importantes
• La colocación de una NPC y una NUPC puede proporcionar alivio sintomático de la uropatía
obstructiva; permite una derivación urinaria; descomprime un sistema colector obstruido o
infectado; o puede usarse como acceso previo a un procedimiento de forma mínimamente
invasiva.
• Los riesgos de la colocación de una NPC y una NUPC son sangrado, bacteriemia por
diseminación de la infección durante la colocación, peritonitis y neumotórax en los casos en que el
acceso es suficientemente alto para atravesar la pleura.
• La hemorragia renal, la formación de pseudoaneurisma o una fístula arteriovenosa pueden
ocasionar síntomas graves, y en casos infrecuentes requerir cirugía o un procedimiento
radiológico intervencionista (p. ej., embolización de un vaso sangrante).
Aneurisma de aorta: reparación endovascular del aneurisma (REVA)
• Un aneurisma de aorta es una dilatación focal o segmentaria de la aorta que se produce por
debilitamiento de las tres capas de la pared aórtica.
• Los aneurismas de aorta verdaderos se definen por un aumento de tamaño superior a 1,5-2
veces el tamaño normal de la aorta y puede aparecer en cualquier parte de la trayectoria de la
aorta, aunque es más frecuente en la aorta abdominal.
Puntos importantes
• Los aneurismas de aorta pequeños se controlan de forma periódica con pruebas de imagen
debido al riesgo aumentado de rotura si crecen. La intervención generalmente se realiza si el
paciente está sintomático o cuando el aneurisma de aorta abdominal llega a los 5,5 cm de
diámetro en los varones o a los 5,0 cm en las mujeres, o si crece en un corto periodo de
tiempo.
• Generalmente, antes del procedimiento se requiere una angiografía por TC o por RM para
caracterizar por completo el aneurisma aórtico y determinar mejor la localización ideal donde
colocar la endoprótesis.
• Se obtiene un acceso vascular unilateral o bilateral en la arteria femoral común utilizando la
técnica de Seldinger por vía percutánea o realizando una disección quirúrgica (incisión
quirúrgica de los tejidos subcutáneos para exponer las arterias).
• Se avanza un catéter calibrado en la aorta y se realiza una aortografía, lo que nos permite
además la medición de la longitud de endoprótesis necesaria para una cobertura adecuada del
aneurisma.
• La endoprótesis se despliega sobre guías metálicas rígidas para permitir el máximo control
durante la colocación (fig. 28.16).
• Una colocación ideal es aquella en que se asegura que ninguna rama aórtica vital queda
ocluida mientras se coloca (p. ej., la arteria mesentérica superior o las arterias renales) o que se
despliega una endoprótesis fenestrada que permite la permeabilidad de las arterias principales (p.
ej., las arterias renales). La arteria mesentérica inferior a menudo queda cubierta por la
endoprótesis.
• Se realiza una aortografía de control final para comprobar que no existen fugas en la
endoprótesis o alrededor.
• Las imágenes de seguimiento y control tienen por objeto buscar cualquier flujo residual en el
interior de la parte excluida del aneurisma, denominada saco aneurismático. El flujo continuo
dentro de la parte excluida de un aneurisma (es decir, el saco aneurismático) se conoce como
fuga interna.
• A veces, vasos sanguíneos excluidos por la endoprótesis continúan aportando sangre al interior
del saco aneurismático. Esto sucede con mayor frecuencia con las arterias lumbares y la
mesentérica inferior en las endoprótesis abdominales.
• Los miomas uterinos (leiomiomas) son tumores benignos del útero. Pueden ser muy
sintomáticos y ser responsables de sangrados menstruales importantes (tanto menorragia como
menometrorragia), sensación de plenitud abdominal y/o pélvica, pesadez o malestar, así como
síntomas urinarios y dispareunia. También pueden causar infertilidad.
• Los miomas pueden tratarse con terapia hormonal, con resección quirúrgica individual
(miomectomía), con resección a través de una histerectomía o mediante embolización del
mioma uterino.
Indicaciones de la EMU
• La EMU está indicada en mujeres con miomas uterinos documentados que causan síntomas de
sangrado menstrual importante, dolor, pesadez o molestias abdominales y pélvicas; polaquiuria o
retención urinaria; dispareunia o cualquier combinación de ellos.
Puntos importantes
• Antes del procedimiento se valoran las imágenes disponibles que, en la mayoría de los casos
incluyen una RM de pelvis con gadolinio para caracterizar mejor los miomas uterinos y confirmar
su viabilidad.
• Se obtiene un acceso arterial y se realiza una arteriografía uterina bilateral para establecer la
distribución arterial que irriga los miomas. Las arterias uterinas generalmente son una rama de
la división anterior de las arterias iliacas internas (fig. 28.17).
• La EMU se realiza inyectando material embolizante en las arterias uterinas de forma bilateral
para ralentizar el flujo arterial. Las microesferas de gelatina tris-acrílica (no reabsorbible)
son un producto habitual utilizado para este propósito, pero también se han propuesto otros
materiales, como el alcohol polivinílico. Se inyectan microesferas hasta conseguir la estasis en el
interior de la arteria, utilizando la arteriografía como guía.
Fig. 28.17 Miomas uterinos y embolización de miomas uterinos. (A) Mujer de 44 años
con dolor abdominal y menometrorragia que tenía múltiples masas uterinas hipocaptantes
compatibles con miomas uterinos (flechas) visibles en la imagen de RM de la pelvis
potenciada en T1 poscontraste. (B) En la cara superior de la imagen de la angiografía, el
catéter (flecha negra discontinua) atraviesa las arterias iliacas común e interna para
finalizar en la arteria uterina, donde una arteriografía selectiva de la arteria uterina izquierda
muestra un relleno arterial significativo del mioma uterino de mayor tamaño (flechas negras
continuas) cuando se correlaciona con la RM previa al procedimiento. (C) La RM pélvica de
seguimiento realizada 4 meses después de la embolización del mioma uterino muestra que
los miomas han reducido su tamaño (flechas) y ya no captan contraste, el resultado que se
esperaba y que es compatible con que los miomas hayan experimentado necrosis.
Puntos importantes
• El control del dolor es una parte importante de los cuidados durante y después del
procedimiento. Los retortijones moderados a intensos son frecuentes en las primeras 8-24 h y
pueden tratarse con antiinflamatorios y opiáceos. Se puede utilizar la analgesia controlada por la
paciente y algunos radiólogos intervencionistas realizan un bloqueo de los nervios
hipogástricos como parte de la EMU.
• Las pacientes pueden someterse a una RM pélvica de control, así como a exploración clínica,
para documentar el tamaño de los miomas y el cambio de sus características y el intervalo de
cambio en los síntomas (v. fig. 28.17C).
• El accidente cerebral vascular o ictus es el resultado del daño tisular cerebral secundario a
una agresión hemorrágica o isquémica. Puede producir déficits neurológicos permanentes o la
muerte.
• El accidente cerebrovascular isquémico, si se detecta de forma precoz, puede tratarse con
trombolíticos intravenosos, en la mayoría de los casos con el tPA, o con trombectomía
mecánica para facilitar la revascularización del segmento de cerebro afectado antes de que el
infarto aumente de tamaño o sufra una transformación hemorrágica, ya que la muerte neuronal
se produce rápidamente con la isquemia.
• Los estudios de imagen de antes del procedimiento son cruciales para orientar el
tratamiento en el accidente cerebrovascular agudo y pueden consistir en una TC craneal simple,
una angiografía cerebral por TC o una imagen de perfusión cerebral por TC o RM para identificar
el trombo lesivo que será el objetivo de la trombectomía mecánica.
• Se obtiene un acceso arterial y se avanza un catéter en la arteria carótida interna del lado
afectado. Se realiza una angiografía. Se atraviesa el trombo utilizando un microcatéter y una
microguía metálica, y se pasa una endoprótesis recuperadora a través del microcatéter y se
despliega sobre el coágulo. Se deja la endoprótesis en su sitio durante cierto tiempo para integrar
el coágulo y después se extrae a través de un catéter guía más ancho. También existen sistemas
de aspiración que utilizan la succión para extraer el trombo (fig. 28.18).
• Una endoprótesis recuperadora es una endoprótesis pequeña que está permanentemente
unida a una guía metálica larga. La endoprótesis puede desplegarse sobre un trombo: atrapa el
trombo en sus intersticios y se retira abierta para extraer consigo el trombo hacia fuera. La
mayoría de los dispositivos pueden usarse tres veces (tres extracciones) durante un solo
procedimiento para eliminar el coágulo.
• Después del procedimiento se realiza una arteriografía para comprobar la
revascularización y se hará una TC como prueba de imagen de seguimiento para valorar los
efectos en el parénquima cerebral después de la extracción del coágulo (p. ej., hemorragia).
Puntos clave
• Se describen las indicaciones, los procedimientos, así como los riesgos y beneficios de una
variedad de procedimientos que forman parte de la radiología intervencionista, una
especialidad médica que utiliza la imagen para guiar y realizar procedimientos diagnósticos y
terapéuticos mínimamente invasivos.
• Cada procedimiento elegido resalta una faceta diferente de la especialidad: acceso arterial,
acceso venoso central, trombolisis, biopsia guiada por imagen, ablación tumoral, colocación de
una endoprótesis, drenaje percutáneo, embolización, reparación endovascular y trombectomía.
• Se incluye un glosario de términos que se aplican a algunas herramientas ampliamente
utilizadas en la radiología intervencionista.
• Un acceso arterial facilita muchas otras intervenciones arteriales guiadas por imagen (p. ej.,
embolización de un sangrado activo o angioplastia de una estenosis arterial).
• Un acceso venoso central se utiliza para intervencionismo venoso, farmacoterapia o
hemodiálisis. Los catéteres tunelizados se utilizan para farmacoterapia o hemodiálisis a largo plazo
(p. ej., quimioterapia o nutrición parenteral).
• Los pacientes que sufren una embolia pulmonar masiva con riesgo vital y tienen un alto riesgo
de desarrollar una complicación hemorrágica si reciben un tratamiento trombolítico intravenoso
sistémico, pueden beneficiarse de la trombectomía/trombolisis percutánea.
• Se pueden colocar filtros en la vena cava inferior en los pacientes con embolia pulmonar
cuando la anticoagulación está contraindicada o cuando progresa la enfermedad tromboembólica
a pesar de la anticoagulación, así como en la embolia pulmonar crónica recidivante cuando ha
fallado la terapia anticoagulante.
• Una biopsia guiada por imagen está indicada para un muestreo mínimamente invasivo de
una lesión identificada previamente en un estudio de imagen o cuando está en duda la naturaleza
anatomopatológica de la lesión.
• Las modalidades más frecuentes de ablación guiada por imagen son la radiofrecuencia y la
ablación con microondas (mediante calentamiento tisular), crioablación (enfriamiento) y ablación
química. Se realiza con mayor frecuencia en tumores pulmonares, hepáticos, y renales.
• La colocación de una derivación portosistémica intrahepática transyugular es un
procedimiento mínimamente invasivo para disminuir la presión portal mediante la creación de una
derivación portocava. Se utiliza con frecuencia para controlar el sangrado recurrente por varices
refractario al tratamiento médico y endoscópico, y para controlar la ascitis abdominal secundaria a
cirrosis.
• La aspiración de un absceso y la colocación de un drenaje puede proporcionar un
diagnóstico definitivo y la curación de colecciones infectadas en localizaciones accesibles bajo
control de imagen.
• La hemorragia digestiva, ya sea alta o baja, puede ocasionar una anemia sintomática o una
posible inestabilidad hemodinámica que puede producir la muerte si no se trata. En el caso de la
hemorragia digestiva baja, se puede realizar la embolización si se identifica el foco del sangrado
activo.
• La nefrostomía/nefroureterostomía percutánea puede aliviar la hidronefrosis secundaria a
cálculos renales/ureterales, neoplasias malignas o inflamación. También se usan como derivación
urinaria y como acceso preoperatorio al sistema colector urinario.
• Se puede conseguir la reparación de un aneurisma mediante cirugía abierta o por un
abordaje endovascular mediante la colocación de una endoprótesis recubierta (endoinjerto) que
forma un canal endoluminal nuevo para el flujo sanguíneo con la finalidad de excluir el flujo del
aneurisma propiamente dicho y prevenir su rotura.
• La embolización de los miomas uterinos puede ser útil en mujeres con miomas uterinos
documentados y que causan hemorragias menstruales importantes, dolor abdominal o pélvico,
pesadez, malestar, polaquiuria o retención urinaria, dispareunia o cualquier combinación de estos
síntomas.
• Se utiliza el intervencionismo guiado por imagen en los pacientes con accidentes
cerebrovasculares. Se puede realizar trombectomía mecánica en los pacientes con un estado
funcional bueno previo al accidente cerebrovascular, en la oclusión de un vaso grande y en
aquellos que cumplen con determinados requisitos temporales desde el inicio de los síntomas del
accidente cerebrovascular.
• Se describe cada procedimiento con sus beneficios esperados y sus riesgos potenciales que
incluyen, pero que no se limitan, a la hemorragia, la infección, la lesión vascular o de otros
órganos, el neumotórax y, raramente, la sobreexposición a la radiación. Para realizar el
procedimiento, los beneficios esperados deben superar a los riesgos potenciales en todos los
casos.
Esta es una proyección de ambas mamas en una mamografía de una mujer de 68 años con una masa
mamaria palpable. Basándose en los hallazgos de esta proyección craneocaudal de ambas mamas, ¿cuál es el
diagnóstico más probable? La respuesta está al final del capítulo.
• El riesgo de cáncer de mama en el transcurso de la vida se define como la probabilidad
que una mujer desarrolle un cáncer de mama durante el lapso de 80 años de vida. Por ejemplo,
una mujer sin factores de riesgo conocidos tiene un riesgo en el transcurso de la vida de
desarrollar un cáncer de mama de aproximadamente un 12%.
• Los factores de riesgo para el cáncer de mama son la menarquia precoz, la menopausia
tardía y otros factores, algunos de los cuales se muestran en la tabla 29.1 y el cuadro 29.1.
Ciertos hallazgos histológicos también aumentan el riesgo de cáncer de mama.
Tabla 29.1
Porcentaje
Categoría Factores que afectan el riesgo
de riesgo
• La causa más frecuente de cáncer de mama hereditario es una mutación heredada que daña a
los genes BRCA1 y BRCA2. BRCA1 y BRCA2 son genes humanos que son supresores de
tumores. BRCA es una abreviación de cáncer de mama (BReast CAncer).
• Las mutaciones en dichos genes se correlacionan con un riesgo aumentado de cáncer de mama.
Si el propio BRCA1 o BRCA2 está dañado por la mutación, el ADN lesionado se repara de forma
apropiada.
• Las mujeres con una variante nociva del gen BRCA1 o BRCA2 tienen un riesgo de hasta un 80%
de desarrollar un cáncer de mama hasta los 90 años. El riesgo aumentado de desarrollar un
cáncer de ovario es del 55% para mujeres con la mutación BRCA1 y del 25% para mujeres con la
mutación BRCA2.
• CHEK2 (serina/treonina cinasa 2) es un gen supresor de tumores que codifica la proteína
CHK2. Las mutaciones heredadas en el gen CHEK2 se han vinculado a ciertos casos de cáncer de
mama.
Modalidades de imagen mamaria: generalidades
Mamografía
• La mamografía con contraste (MMC) es una técnica en desarrollo que emplea el mismo
equipo que la mamografía convencional y la TMD, pero aplica el principio de la captación tumoral
del contraste parecido a la que ocurre en las RM con contraste.
• Después de la inyección intravenosa de un contraste yodado, se adquiere una mamografía de
energía dual. De este modo se dispone de dos imágenes de cada mama para su observación;
una de ellas es como una mamografía regular y la otra realza las áreas que captan contraste
después de desenmascarar los tejidos que no captan. Se sabe que los tumores captan debido a la
angiogénesis. (fig. 29.3).
• La MMC puede resultar especialmente útil en las mujeres con riesgo de desarrollar cáncer de
mama o en aquellas con mamas densas.
Fig. 29.2 Tomosíntesis mamaria digital (TMD). La TMD implica la adquisición de
múltiples cortes a través de un arco (A) que posteriormente se reconstruyen en una serie
de imágenes apiladas (B). Las imágenes apiladas proporcionan información de la
localización y mejoran la caracterización de la lesión, disminuyendo o eliminando
potencialmente la necesidad de estudios diagnósticos adicionales. (Por cortesía de Hologic,
Inc.,[Link]
Ecografía
• La ecografía mamaria se utiliza con más frecuencia junto con la mamografía diagnóstica,
pero también se puede realizar como método de cribado adicional.
• Indicaciones de la ecografía:
• Como herramienta de solución de problemas en pacientes reprogramadas
desde una mamografía de cribado para estudios mamarios adicionales.
• Para evaluar a pacientes sintomáticas (fig. 29.4).
• La ecografía es el estudio inicial utilizado en las pacientes menores de 30 años.
• Los estudios han demostrado que el cribado de las pacientes de alto riesgo y de aquellas con
mamas densas mediante ecografía aumenta la detección de cáncer de mama respecto al
uso aislado de la mamografía.
Fig. 29.4 Ecografía mamaria. La ecografía es una modalidad ideal para estudiar la mama,
en parte por la naturaleza relativamente superficial de las lesiones mamarias, como por la
ausencia de radiación ionizante. Esta paciente presenta una masa compatible con un
cáncer de mama (flecha) que se comenta más adelante en este capítulo (v. fig. 29.14B).
Fig. 29.14 Distorsión arquitectónica como signo de cáncer. La distorsión de la
arquitectura puede ser un signo de cáncer de mama. Se debe a una reacción
desmoplásica, un crecimiento de tejido fibroso y conectivo presuntamente en respuesta a
la neoplasia. (A) Esta proyección craneocaudal muestra una distorsión (flecha continua)
descrita como una «fijación» y la retracción asociada de la areola (flecha discontinua). (B)
La ecografía muestra la distorsión correspondiente (flecha).
Resonancia magnética
Tabla 29.2
Cribado
Promedio A los 40 años
anual
Mujeres con riesgo ≥20% de sufrir un cáncer de Empezar a los 30 años (pero no antes
mama a lo largo de la vida basándose en sus de los 25) o 10 años antes de la edad Cribado
antecedentes familiares (tanto maternos como de diagnóstico de la familiar más joven anual
paternos) afectada, lo que sea más tarde
Empezar a los 30 años (pero no antes
Mujeres con madres o hermanas con cáncer de de los 25) o 10 años antes de la edad Cribado
mama premenopáusico de diagnóstico de la familiar más joven anual
afectada, lo que sea más tarde
Mujeres con neoplasia lobulillar demostrada por
biopsia (carcinoma lobulillar in situ o hiperplasia
Desde el momento del diagnóstico, Cribado
lobulillar atípica), hiperplasia ductal atípica,
independientemente de la edad anual
carcinoma ductal in situ, carcinoma de mama
invasivo o cáncer de ovario
Mamografía diagnóstica
Tabla 29.3
Carcinoma tubular
Masas
• Una masa se define como una lesión ocupante de espacio identificada en al menos dos
proyecciones radiográficas diferentes. Las masas se describen por su forma (p. ej., oval),
sus márgenes (p. ej., espiculados) y su densidad (p. ej., que contiene tejido adiposo). Estas
apariencias ayudan a los radiólogos a decidir en qué medida una masa es sospechosa de
malignidad (tabla 29.4).
• En general, una masa irregular, espiculada y de alta densidad es más probable que sea
maligna (fig. 29.10), mientras que una masa oval, circunscrita y de baja densidad es más
probable que sea benigna (fig. 29.11). Cualquier masa que contenga tejido adiposo es
típicamente benigna (fig. 29.12).
Fig. 29.10 Masa espiculada: carcinoma ductal invasivo. Hay una masa densa con
márgenes espiculados (flecha). Una masa espiculada es el principal hallazgo en el
carcinoma ductal invasivo, la neoplasia maligna de mama diagnosticada con más
frecuencia. Aparece predominantemente en mujeres entre 50 y 60 años.
Fig. 29.11 Quiste: mamografía. Las proyecciones craneocaudal (CC) y oblicua
mediolateral (OML) de la mama izquierda muestran una pequeña masa ovalada de baja
densidad (flecha en [A] y círculo en [B]). Los quistes son benignos, pueden ser únicos o
múltiples y pueden cambiar de tamaño con el paso del tiempo. Son más frecuentes en las
mujeres premenopáusicas en las décadas de los 30 y 40 años.
Fig. 29.12 Hamartoma. La masa (flecha continua) contiene grasa (flecha discontinua), un
hallazgo que típicamente indica benignidad. Los hamartomas están compuestos de tejido
mamario displásico benigno que habitualmente contiene tejido adiposo y puede contener
calcificaciones.
Tabla 29.4
Asimetría
Distorsión arquitectónica
Calcificaciones
Tabla 29.5
Fig. 29.17 Quiste benigno: ecografía. Un quiste (Q) es anecoico (no contiene ecos), tiene
una pared posterior nítida (flecha blanca) y refuerzo acústico posterior, como se demuestra
por los ecos intensos posteriores al quiste (flecha negra). Los quistes son la causa más
frecuente de bulto mamario en mujeres entre 35 y 55 años.
Fig. 29.18 Ecografía de masas sólidas. (A) Los márgenes de la masa están bien
delimitados (flecha continua). Esta masa corresponde a un fibroadenoma. (B) En otra
paciente, se muestran dos masas malignas adyacentes con márgenes circunscritos
(flechas continuas) y espiculados (flecha discontinua). En la ecografía, las lesiones
malignas son frecuentemente hipoecoicas con bordes mal definidos. Típicamente, una
lesión maligna tiene márgenes espiculados y puede tener microcalcificaciones. Compárese
el aspecto de estas lesiones con el del quiste en la figura 29.17.
Fig. 29.21 Cáncer de mama: RM. (A) Esta imagen axial muestra una masa que capta
gadolinio (círculo). Esta paciente tenía antecedente de mutación del BRCA1. La lesión era
un cáncer de mama. (B) Una paciente diferente con una masa más grande (flecha
continua) que se extiende hacia adelante, afectando al pezón (flecha discontinua). La
mayoría de los cánceres de mama muestran un aumento de su intensidad de señal del
90% a los 90 s después de la inyección de gadolinio. Se utiliza una técnica llamada
supresión grasa para reducir la señal de cualquier tejido graso en la mama y mejorar la
capacidad de visualizar masas (v. cap. 20).
Tratamiento de las anomalías mamarias
• En general, las anomalías mamarias se tratan con procedimientos percutáneos antes de
cualquier procedimiento quirúrgico. Estos procedimientos consisten en aspiración de un quiste, la
biopsia ecoguiada, la biopsia estereotáctica y la biopsia guiada por RM.
Aspiración de un quiste
• Cualquier quiste que no cumple estrictamente con los criterios para un quiste (v. fig.
29.18) debe someterse a aspiración. También pueden aspirarse los quistes para aliviar los
síntomas, como el dolor.
• La aspiración se realiza bajo control ecográfico después de desinfectar la piel y aplicar anestesia
local (fig. 29.22). El color del líquido del quiste varía; puede ser azul, verde o amarillo. La sangre
pura se envía para su estudio citológico, asumiendo que el proceso no ha sido traumático (es
decir, rotura de un vaso sanguíneo), pero en cualquier otro caso, no existe necesidad de realizar
un estudio citológico del líquido.
Fig. 29.22 Aspiración de un quiste. Esta paciente presentaba un bulto sensible en la
mama izquierda. (A) La proyección craneocaudal de la mama izquierda demuestra una
masa redondeada (flecha). (B) La ecografía demostraba un quiste (flecha). (C) Otra imagen
durante la aspiración ecoguiada del quiste muestra la aguja de aspiración (flecha continua)
entrando en el quiste (flecha discontinua). (D) Una mamografía después de la aspiración
muestra la resolución de la masa. Después de un procedimiento ecoguiado,
normalmente se obtiene una mamografía posterior al procedimiento para asegurarse de
que el quiste aspirado se corresponde con el hallazgo mamográfico original.
Biopsia ecoguiada
• La inmensa mayoría de los hallazgos, y en particular las masas y otras anomalías de partes
blandas, para las que se recomienda una biopsia se someten a biopsias de mama
ecoguiadas.
• Normalmente se coloca un «clip» marcador en el foco de la biopsia cuando se finaliza el
procedimiento.
• Una mamografía posterior al procedimiento asegura la colocación correcta del clip y que
se ha biopsiado la lesión adecuada (v. fig. 29.20).
Biopsias estereotácticas
Fig. 29.23 Biopsia estereotáctica de calcificaciones. (A) y (B) son un par de imágenes
de detalle ampliadas previas a la biopsia, obtenidas con un ángulo de 30° entre sí, y
muestran la punta de la aguja adyacente a múltiples microcalcificaciones (círculos). (C) Una
radiografía de la muestra resecada confirma que se ha extraído el tejido con numerosas
calcificaciones (círculo). La biopsia demostró un carcinoma ductal in situ. La biopsia de
mama estereotáctica se utiliza especialmente para las microcalcificaciones o las lesiones
no palpables visibles solamente en la mamografía.
• Si los resultados son concordantes (es decir, el radiólogo cree que la lesión tiene la apariencia
de un fibroadenoma y los resultados de la biopsia demuestran que es un fibroadenoma), la
paciente puede regresar entonces al protocolo de cribado de rutina.
• Si los resultados son discordantes (es decir, el radiólogo estaba esperando un carcinoma, pero
los resultados de la biopsia demuestran cambios fibroquísticos benignos), se realiza una biopsia o
una biopsia de escisión.
Resección quirúrgica
• Algunas lesiones (cuadro 29.4) requieren su localización con un arpón seguida de la resección
quirúrgica (fig. 29.24). Otras lesiones, como las lesiones papilares o las cicatrices radiales,
también pueden necesitar resección.
• El objetivo de la localización con arpón es guiar al cirujano hasta la anomalía que no es palpable
para que pueda resecarla con éxito. Las reglas generales de la localización con arpón incluyen la
elección de la distancia más corta entre la piel y la lesión y la obtención de una radiografía
de la muestra después de la cirugía para asegurarse de que se ha extirpado la lesión.
• Hay otras formas de localizar anomalías mediante semillas magnéticas o radioactivas, lo cual se
realiza a menudo un día distinto al de la cirugía.
Fig. 29.24 Localización con arpón para una escisión quirúrgica. La paciente tenía una
biopsia estereotáctica previa de unas microcalcificaciones que demostró un carcinoma
ductal in situ. (A) Una imagen con una pala de compresión especial alfanumérica muestra
el clip marcador de la biopsia previa (círculo). (B) Visualización de la base de la aguja
después de su inserción (círculo). (C) La proyección ortogonal (a 90°) muestra la aguja
(flecha discontinua) pasando al lado del clip y la punta del arpón que va en su interior
(flecha continua). El arpón mantiene a la guía en su sitio sin moverse y orienta al cirujano
para extraer el tejido correcto. (D) Una radiografía de la muestra revela el arpón en el tejido
extraído con el clip marcador quirúrgico (flecha) y varias calcificaciones (círculo).
• Carcinoma invasivo.
• Carcinoma ductal in situ.
• Hiperplasia ductal atípica.
• Atipia epitelial plana.
• Fibroadenoma celular.
• Lesiones fibroepiteliales.
Consideraciones especiales
Masas durante el embarazo
• Cualquier bulto mamario durante el embarazo debe evaluarse, empezando con una
mamografía si la paciente tiene 30 años o más, o con una ecografía si está por debajo de
los 30 años. El diagnóstico diferencial incluye etiologías benignas, como el tejido mamario
normal, quistes, fibroadenomas (que son hormonosensibles y, por tanto, pueden crecer con el
embarazo), galactoceles (fig. 29.25) y el carcinoma.
Fig. 29.25 Galactocele. Esta paciente estaba dando de mamar y notó un bulto en la mama
izquierda. Los galactoceles aparecen típicamente durante la lactancia, pero también
pueden verse durante el embarazo. (A) Proyección craneocaudal y (B) proyección oblicua
mediolateral que muestran una masa (flechas continuas) que contiene tejido adiposo
(flechas discontinuas). Los galactoceles contienen tejido adiposo en la mamografía, porque
representan la retención de grasa en áreas de dilatación quística ductal.
• La mayoría de los casos de secreción por el pezón se deben a etiologías benignas. Son
consideraciones clínicas importantes si la secreción es espontánea, unilateral o bilateral; si emana
desde un único conducto o desde varios, y si tiene un cierto color.
• En general, la secreción patológica es espontánea, unilateral y serosa/clara o
sanguinolenta. La causa más frecuente de una secreción sanguinolenta es el papiloma
solitario. Al igual que con otros síntomas mamarios, las pruebas de imagen empiezan con una
mamografía si la paciente tiene 30 años o más y, a menudo incluyen una ecografía dirigida al
espacio mamario retroareolar.
• Una galactografía es un estudio que implica la inyección de una pequeña cantidad de
contraste yodado en el conducto del que se origina la secreción y, posteriormente, obtener
imágenes mamográficas, buscando defectos de repleción, áreas de estrechamiento o zonas de
irregularidad del conducto. Las galactografías se realizan con poca frecuencia, y han sido
sustituidas por la ecografía de alta resolución.
• La mastitis es una inflamación mamaria que puede ser infecciosa o no infecciosa. La causa
más frecuente de mastitis infecciosa es Staphylococcus aureus. La mastitis y el absceso
mamario pueden definirse como puerperal (relacionado con el parto) o no puerperal.
• Las infecciones puerperales son más frecuentes que las no puerperales. Los factores
de riesgo para las infecciones no puerperales incluyen el tabaquismo, la diabetes y la obesidad.
• A menudo, las mastitis se tratan con antibióticos antes de cualquier estudio de imagen.
Pueden parecer idénticas a un carcinoma inflamatorio de la mama, tanto clínicamente como
en la mamografía, por lo que, si una paciente no responde completamente a los antibióticos,
entonces se le practica una mamografía. La ecografía puede ser útil para intentar distinguir entre
las dos causas identificando una masa sospechosa.
• La mamografía demuestra típicamente edema, engrosamiento de la piel y
ligamentos de Cooper prominentes, así como vasos linfáticos a lo largo de los
ligamentos.
• De forma parecida, un absceso puede ser difícil de diferenciar de un carcinoma invasivo en
la imagen, ya que ambos se presentan en forma de masas. Típicamente, el cáncer mamario no
es sensible a la palpación, mientras que el absceso casi siempre es doloroso (fig. 29.26).
Fig. 29.26 Absceso mamario. Los abscesos casi siempre son la complicación de una
mastitis, generalmente fuera de la lactancia. Se desarrollan en aquellas mastitis o celulitis
que no responden al tratamiento antibiótico. Las proyecciones (A) oblicua mediolateral y (B)
craneocaudal muestran una masa (flechas continuas) que se asocia a un engrosamiento de
la piel (flechas discontinuas).
Traumatismo mamario
• El traumatismo en la mama puede producir un hematoma y/o necrosis grasa. Los hallazgos
iniciales de la necrosis grasa en las imágenes pueden ser sutiles, pero a menudo evolucionan al
curar hacia los clásicos quistes oleosos (colecciones de pared fibrosa por la necrosis grasa
local), con o sin calcificaciones.
• Una lesión por cinturón de seguridad origina un patrón específico de traumatismo en la cara
interna de la mama a lo largo de la localización del cinturón de seguridad; en el caso de la
conductora, la lesión afecta la parte superointerna de la mama izquierda y la inferointerna de la
mama derecha (fig. 29.27). En la mamografía se puede observar una asimetría en forma de
banda y/o un hematoma y, más tarde, es frecuente la formación de múltiples quistes oleosos a
lo largo del trayecto del impacto del cinturón (fig. 29.28).
Fig. 29.27 Lesión por cinturón de seguridad. Estas lesiones ocurren con los cinturones
de seguridad de tres puntos de anclaje en los accidentes de tráfico. Pueden producir una
necrosis grasa crónica dolorosa en la mama con un patrón característico a través de
aquellas áreas que sujeta el cinturón del hombro, a menudo el cuadrante superointerno de
una mama y el cuadrante inferointerno de la otra.
Mama postoperada
Puntos clave
Véase también el Apéndice A «Medicina nuclear».
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A
Medicina nuclear: comprender los principios y reconocer
los fundamentos
Cómo funciona
Tabla A.1
Glucoheptonato, mercaptoacetiltriglicina,
Riñón Tc-99m, yodo-131, yodo-123
Hippuran, DTPA
Leucocitos
Indio-111, Tc-99m Leucocitos
(infección)
Desintegración radiactiva
• Los isótopos inestables intentan alcanzar la estabilidad mediante uno o varios procesos. Pueden
sufrir una escisión (fisión) o emitir partículas (p. ej., partículas alfa o beta) y/o energía (p.
ej., rayos gamma) en forma de radiación.
• La fisión es un proceso destructivo que se produce principalmente en los reactores
nucleares.
• Las partículas alfa tienen una energía relativamente alta, son grandes, son fuertemente
absorbidas por el tejido adyacente y pueden causar daños sustanciales a las moléculas
cercanas. No se utilizan con fines diagnósticos en medicina.
• Las partículas beta son electrones o positrones (electrones positivos) de alta
energía y velocidad que tienen un poder de penetración entre las partículas alfa y los
rayos gamma. Su principal desventaja en el diagnóstico es la dosis de radiación
relativamente alta que administran al paciente.
• La desintegración gamma consiste en la emisión de energía desde un núcleo inestable
en forma de radiación electromagnética. Los rayos gamma son idénticos a los rayos X, con
la diferencia de que los rayos gamma se originan en los núcleos, mientras que los rayos X
emanan del exterior del núcleo.
• Los radioisótopos sufren desintegración gamma a energías discretas. Estas energías
suelen expresarse en forma de electronvoltios (eV). La mayoría de los radioisótopos
producen energías en el rango de miles (keV) a millones (MeV) de electronvoltios.
• La tabla A.2 describe algunos de los términos más utilizados en medicina nuclear.
Tabla A.2
Terminología
Término Descripción
Semivida Tiempo necesario para que el número de átomos radiactivos de una muestra disminuya en
física un 50%
Semivida Tiempo necesario para que la mitad de un radiofármaco desaparezca del sistema biológico
biológica en el que se ha introducido
Semivida
El tiempo depende tanto de la semivida física como del aclaramiento biológico
efectiva
Isótopos
No sufren desintegración radiactiva
estables
Isótopos
Sufren desintegración espontánea
inestables
Número Define un elemento; todos los átomos con el mismo número atómico tienen casi las
atómico (Z) mismas propiedades
Semivida
• Para que un radioisótopo sea útil para el diagnóstico médico, debe ser capaz de emitir rayos
gamma de energía suficiente para ser medibles fuera del cuerpo.
• También debe tener una semivida lo suficientemente larga como para que siga siendo
radiactivo tras el transporte y la preparación, pero lo suficientemente corta como para que
decaiga poco después de su utilización para la obtención de imágenes.
• La semivida física de un radioisótopo es el tiempo necesario para que el número de átomos
radiactivos de una muestra disminuya en un 50%. La semivida física es una propiedad inherente
al radioisótopo. La mayoría de los radioisótopos para uso médico deben tener semividas de horas
o días.
• La tabla A.3 muestra las semividas físicas de algunos de los radioisótopos más utilizados.
• La semivida biológica tiene en cuenta la eliminación biológica de un radiofármaco de un
órgano o tejido. Si un radiofármaco se elimina del organismo a través de los riñones, pero la
función renal está alterada, el radiofármaco tendrá una semivida biológica más larga que si la
función renal hubiera sido normal.
• La semivida efectiva depende tanto de la semivida física como del aclaramiento biológico.
Tabla A.3
Tecnecio-99m 6h
Yodo-131 8 días
Yodo-123 13,2 h
Talio-201 73 h
• Contadores Geiger:
• Los contadores Geiger se utilizan sobre todo para detectar contaminaciones (p. ej.,
vertidos inadvertidos o desconocidos) y son especialmente buenos para detectar niveles
bajos de radiactividad. Su portabilidad y sensibilidad les permiten inspeccionar zonas
relativamente extensas para detectar la presencia o ausencia de radiación.
• Detectores de centelleo:
• El centelleo es el proceso por el cual un material llamado centelleador (el
compuesto más común es el yoduro de sodio mezclado con talio) emite una
luminiscencia cuando es excitado por una radiación ionizante. La luminiscencia se
produce en forma de un minúsculo destello de luz. Un detector de centelleo
recibe la luz emitida, intensifica su señal en un dispositivo llamado
fotomultiplicador y convierte esa señal en un impulso eléctrico para su posterior
análisis por ordenador.
• Los detectores de centelleo tienen la capacidad de convertir la radiación ionizante en
energía eléctrica en una cantidad proporcional a la energía depositada en el
cristal, lo que es clave para su capacidad de producir imágenes diagnósticas.
• Cámaras gamma:
• Una cámara gamma utiliza uno o varios detectores de centelleo formados por
cristales que centellean en respuesta a los rayos gamma emitidos desde el paciente. Un
ordenador reconstruye una imagen basada en la distribución y concentración del
radioisótopo depositado en el órgano diana.
• Las imágenes pueden adquirirse como imágenes estáticas, de cuerpo
entero, dinámicas (es decir, cambio de actividad en la misma localización
medido a lo largo de un periodo de tiempo) o como imágenes de
tomografía computarizada por emisión de fotón único (SPECT,
single-photon emission computed tomography).
• La imagen SPECT es un estudio de medicina nuclear que se realiza
utilizando una cámara gamma para adquirir múltiples imágenes
bidimensionales (2D) desde múltiples ángulos, que luego se reconstruyen
por ordenador en un conjunto de datos tridimensionales (3D) que pueden
manipularse posteriormente para mostrar cortes finos en cualquier
proyección.
• Para adquirir imágenes SPECT, la cámara gamma gira alrededor del
paciente.
• Las exploraciones SPECT utilizan los mismos radiofármacos
que las imágenes 2D (planas).
• Con la SPECT se puede realizar cualquier tipo de estudio de medicina
nuclear. La SPECT se utiliza especialmente en imágenes de perfusión
miocárdica, imágenes óseas e imágenes cerebrales funcionales.
• La mayoría de las exploraciones de medicina nuclear tienen una
resolución de aproximadamente 1 cm, lo que significa que no
pueden detectar con precisión lesiones de tamaño inferior.
• Los radiofármacos son medicamentos sujetos a prescripción médica que deben ser
dispensados por un médico.
• La radiactividad de cada dosis debe evaluarse antes de administrarla al paciente. La
calibración de la dosis es esencial para garantizar que se administra una cantidad segura y
eficaz de radiofármaco. Esto suele hacerse introduciendo una jeringa que contiene el
radiofármaco en una cámara de ionización que convierte la ionización de una muestra en una
dosis medible, dependiendo del radioisótopo utilizado.
• El rendimiento del propio calibrador de dosis debe evaluarse a intervalos fijos utilizando una
serie de pruebas para garantizar que el calibrador es preciso y fiable.
• Se necesita una zona cerrada y controlada para el almacenamiento y la preparación de
radiofármacos. Deben aplicarse técnicas que garanticen que el material que se inyecta es estéril y
libre de pirógenos.
• Los vertidos de radiofármacos líquidos a veces se producen accidentalmente y existen
protocolos para contener y limpiar el vertido, así como para eliminar el material utilizado para la
limpieza. La zona en la que se ha producido el vertido puede vigilarse utilizando contadores
Geiger.
• Aunque no existe ninguna contraindicación absoluta para el uso de radiofármacos durante el
embarazo, algunos radioisótopos, por ejemplo, el yodo radiactivo, pueden atravesar la
placenta y concentrarse en la glándula tiroides del feto. Del mismo modo, las mujeres que
están amamantando pueden tener que suspender la lactancia durante un periodo de tiempo
tras la administración de algunos radiofármacos, ya que el fármaco puede pasar al niño a través
de la leche materna. La excreción renal de algunos radioisótopos significa que se acumulan y
concentran en la vejiga urinaria de la madre y pueden suponer un riesgo potencial por su
proximidad al feto en desarrollo.
• Las reacciones adversas al radiofármaco en sí son extremadamente raras y están
relacionadas con el producto farmacéutico, como los compuestos de albúmina sérica humana,
más que con el radioisótopo.
• Algunos tipos de radioterapia, que utilizan radiofármacos administrados a dosis mucho
más altas que para los estudios diagnósticos, pueden requerir la hospitalización del paciente para
garantizar la seguridad radiológica. Los pacientes pueden ser asignados a habitaciones privadas
sin visitantes externos durante 24 h. La Nuclear Regulatory Commision ya no exige la
hospitalización para el tratamiento de la tiroides con yodo-131 (I-131).
• Se puede advertir a los pacientes tratados con yodo radiactivo (de nuevo en dosis mucho
mayores que para fines diagnósticos) que lleven consigo un certificado de su tratamiento, porque
pueden activar alarmas de seguridad por radiación en aeropuertos y otros lugares hasta 4 meses
después del tratamiento.
• Los pacientes sometidos a tratamiento con radiofármacos deben seguir las instrucciones para
que la exposición a otras personas pueda mantenerse tan baja como sea razonablemente posible.
Estudios de medicina nuclear de uso común
Gammagrafía ósea
Metástasis óseas
• El Tc-99m MDP se deposita en mayor concentración en las zonas de mayor recambio óseo. La
gammagrafía ósea con radionúclidos es sensible (60-90%) para las metástasis, pero no
específica. Muchas lesiones benignas también producen un aumento del recambio óseo y de la
captación del radiotrazador, como las fracturas, la artritis y la osteomielitis.
• El Tc-99m MDP se elimina normalmente a través de los riñones y se acumula en la vejiga
urinaria. Por tanto, los riñones muestran normalmente una captación aumentada,
especialmente visible en las proyecciones posteriores debido a la ubicación posterior de los
riñones en el cuerpo.
• A continuación se obtienen radiografías convencionales de las zonas positivas para
caracterizar mejor las lesiones observadas en la gammagrafía ósea. Si las radiografías muestran
una causa benigna del aumento de la captación (p. ej., una fractura en proceso de
consolidación) o una lesión ósea claramente maligna, no es necesario realizar más estudios.
• Si las radiografías convencionales son normales o no concluyentes, puede ser necesario
realizar otra prueba de imagen, como una RM de la zona o, posiblemente, una biopsia de la
lesión.
• La enfermedad ósea metastásica suele manifestarse con un patrón de áreas focales
múltiples y asimétricas de captación aumentada (puntos calientes) en las gammagrafías
óseas. Incluso las metástasis líticas (p. ej., las causadas por carcinoma broncogénico) suelen
producir suficiente respuesta osteoblástica como para dar positivo en una gammagrafía ósea (fig.
A.2).
• La excepción importante es el mieloma múltiple. Las gammagrafías óseas pueden ser
negativas debido a la naturaleza casi puramente lítica de las lesiones del mieloma múltiple, a
menos que exista una fractura patológica asociada. Las radiografías convencionales del esqueleto
axial y apendicular proximal (serie ósea o metastásica) pueden ser más útiles en esta
enfermedad que una gammagrafía ósea (fig. A.3).
• Otros dos patrones anormales de captación que pueden observarse en una gammagrafía ósea
son las lesiones fotopénicas y las supergammagrafías.
• Las lesiones fotopénicas (lesiones por deficiencia de fotones, puntos fríos) son
zonas de captación anormalmente disminuida o nula del radiotrazador en la gammagrafía
ósea. Pueden deberse a una interrupción del riego sanguíneo que impide que el
radiofármaco llegue a la zona (p. ej., necrosis avascular) o a un proceso tan destructivo que
no quedan elementos formadores de hueso (p. ej., metástasis renales o tiroideas) (fig. A.4).
• Las supergammagrafías se producen cuando hay un aumento difuso y
relativamente uniforme de la captación del radioisótopo en casi todos los huesos. Esto
ocurre con mayor frecuencia cuando existe una afectación extensa por enfermedad
metastásica, pero también puede observarse en huesos con tasas de recambio
difusamente elevadas, como en el hiperparatiroidismo.
• A primera vista, una supergammagrafía puede parecerse a una gammagrafía
ósea normal. El indicio de esta anomalía es la disminución o ausencia de captación
en los riñones, ya que gran parte del radiofármaco es extraído por el hueso y muy poco
llega a los riñones en una supergammagrafía. El carcinoma de próstata difuso puede dar
lugar a la aparición de una supergammagrafía (fig. A.5).
• Las gammagrafías óseas pueden ser positivas 24 h después de una fractura. Dependiendo
de la velocidad de consolidación de la fractura, la gammagrafía puede volver a la normalidad en
tan solo 6 meses o permanecer anormal para siempre (fig. A.6).
Fig. A.2 Metástasis óseas. La enfermedad ósea metastásica suele presentarse con un
patrón de múltiples áreas focales asimétricas de captación aumentada (puntos calientes)
en las gammagrafías óseas (flechas). Incluso las metástasis líticas (p. ej., las causadas por
carcinoma broncogénico) suelen producir suficiente respuesta osteoblástica como para ser
positivas en una gammagrafía ósea. Esta paciente presentaba un carcinoma de mama
metastásico y metástasis esqueléticas difusas que incluían las costillas, la pelvis y la
columna vertebral.
Fig. A.3 Mieloma múltiple en la radiografía convencional. Las gammagrafías óseas
suelen ser negativas en el mieloma múltiple debido a la naturaleza casi puramente lítica de
las lesiones (flecha), a menos que exista una fractura patológica asociada. Las radiografías
convencionales del esqueleto axial y apendicular proximal (denominadas con mayor
frecuencia estudio óseo o metastásico) pueden ser más diagnósticas en esta
enfermedad que la gammagrafía ósea.
Osteomielitis
• Puede realizarse una gammagrafía ósea de triple fase para diferenciar la celulitis de la
osteomielitis adyacente. Las imágenes se obtienen en el primer minuto después de la
inyección (fase de flujo), unos 5 min después de la inyección (acumulación en sangre o
fase tisular) y, a continuación, entre 2 y 4 h después de la inyección (fase tardía o
esquelética) (fig. A.7).
• La celulitis muestra una mayor captación en partes blandas, tanto en la fase tisular
como en la fase esquelética (fig. A.8).
• La osteomielitis muestra una eliminación del trazador desde las partes blandas con una
captación progresiva en el hueso en la fase esquelética (fig. A.9).
Fig. A.7 Gammagrafía ósea trifásica normal: rodillas. Se trata de un joven de 16 años,
por lo que los cartílagos de crecimiento absorben el radiotrazador con normalidad (flechas).
Las imágenes se obtienen en el primer minuto después de la inyección (fase de flujo, A),
unos 5 min después de la inyección (fase de acumulación de sangre o fase tisular, B) y 2-4
h después de la inyección (fase retrasada o esquelética, C). El flujo suele ser igual
bilateralmente; el trazador muestra entonces actividad en las partes blandas y es extraído
rápidamente por el hueso, habiéndose eliminado de las partes blandas en las imágenes
tardías.
Fig. A.8 Gammagrafía ósea de triple fase, celulitis. (A) Se observa un aumento del flujo
hacia el tobillo izquierdo en la fase de flujo (flechas continuas). (B) De nuevo se observa un
aumento de la captación en la fase de acumulación de sangre en las partes blandas
(flechas discontinuas). (C) En la fase tardía, el aumento de la captación se observa de
nuevo en las partes blandas del tobillo, pero no se localiza en el hueso propiamente dicho
(flechas). La osteomielitis mostraría una captación progresiva en el hueso y una eliminación
desde las partes blandas en la fase tardía.
Fig. A.9 Gammagrafía ósea de triple fase, osteomielitis. Se observa un aumento de la
captación del radiotrazador en imágenes secuenciales de la fase de flujo (flechas blancas
continuas), la fase tisular (flecha negra continua) y localizada en el hueso de la rodilla en la
fase tardía (flecha blanca discontinua). Este paciente tenía una prótesis total de rodilla que
se había infectado.
Fig. A.10 Radiografía de tórax en la embolia pulmonar. Se deben obtener radiografías
de tórax para descartar otra causa de los síntomas del paciente, además de la embolia
pulmonar, y para ayudar en la interpretación de la gammagrafía. En la mayoría de los casos
de embolia pulmonar, la radiografía de tórax inicial es normal o muestra hallazgos
inespecíficos, como la atelectasia laminar (atelectasia subsegmentaria) que se observa
en este paciente (flechas).
Puntos importantes
Gammagrafía cardiaca
• Las exploraciones miocárdicas nucleares se utilizan para detectar isquemia e infarto del
miocardio. Suelen consistir en estudios de perfusión y del movimiento de la pared sincronizado
con el ECG. Los estudios también pueden determinar la fracción de eyección del ventrículo
izquierdo (FEVI), el movimiento regional de la pared y el volumen telesistólico del ventrículo
izquierdo.
• La imagen miocárdica nuclear se asocia a un excelente valor predictivo, en el sentido de que
los resultados normales de la exploración se asocian a una tasa anual de acontecimientos
cardiacos graves (infarto de miocardio o muerte cardiaca) inferior al 1%.
• Las imágenes de perfusión miocárdica se basan en la doble presunción de que, en primer lugar,
un radiofármaco solo puede administrarse a una célula si existe un riego sanguíneo adecuado
(es decir, perfusión) de dicha célula y, en segundo lugar, que la propia célula miocárdica
debe ser viable para captar el radiotrazador. Por tanto, las anomalías en la perfusión o la
viabilidad disminuyen la captación del radiotrazador.
• Una gammagrafía miocárdica nuclear suele realizarse con una prueba de esfuerzo, que
consiste en una gammagrafía en reposo seguida de una gammagrafía postestrés.
• El estrés puede ser farmacológico (p. ej., producido por dipiridamol [Persantine], dobutamina
o adenosina) o por ejercicio (p. ej., cinta rodante o bicicleta estática).
• El estrés por ejercicio se lleva a cabo mediante un aumento gradual del ejercicio en una
cinta rodante o en una bicicleta estática, normalmente hasta el 85% de la frecuencia
cardiaca máxima del paciente para obtener un estudio adecuado. El estrés farmacológico
puede utilizarse en pacientes con artritis o en situaciones físicas que impidan el ejercicio. Los
estudios únicamente en reposo pueden realizarse en pacientes para los que tanto el estrés
farmacológico como el ejercicio están contraindicados.
• El riesgo asociado a la prueba procede de la parte del estrés, y no de la radiactividad del
isótopo.
• Los radiofármacos utilizados en las pruebas de esfuerzo incluyen el Tc-99m sestamibi
(Cardiolite®), el talio-201 o el Tc-99m teboroxima. Los protocolos de obtención de imágenes
son diferentes para los distintos agentes y dependen del equipo con el que se adquieran las
imágenes.
• Las imágenes se muestran en un formato estandarizado, normalmente en color.
• En la proyección de eje corto, los segmentos de la pared forman un círculo.
• En la proyección vertical de eje largo, hay una forma de U con la abertura a la
derecha.
• En la proyección horizontal de eje largo, la apertura de la U es hacia abajo (fig.
A.14).
• El grosor de las paredes suele ser uniforme en la misma imagen.
Gammagrafía tiroidea
Fig. A.17 Gammagrafía tiroidea normal. La glándula tiroides normal tiene forma de
mariposa y es homogénea en su captación del radiotrazador. Consta de lóbulos derecho e
izquierdo y un istmo (flecha) que une ambos. D, lado derecho del paciente.
Nódulos tiroideos
• Los nódulos tiroideos son frecuentes. Son más frecuentes en las mujeres que en los
hombres. Su frecuencia aumenta con la edad, por lo que un nódulo solitario en una persona
joven es más preocupante que en una persona mayor.
• Los nódulos con una actividad aumentada muestran una mayor captación (nódulos
calientes) en comparación con el resto de la glándula tiroides, cuya función puede estar
suprimida por el nódulo caliente.
• Los nódulos de actividad disminuida muestran una captación disminuida o nula
(nódulos fríos) en relación con el resto de la glándula tiroides.
• Alrededor del 85% de los nódulos tiroideos son fríos, mientras que el 15% son calientes o
templados. La inmensa mayoría de los nódulos fríos (85%) son benignos, mientras que
el 95% de los nódulos calientes son benignos. La ecografía, combinada con la punción-
aspiración con aguja fina, se utiliza para diagnosticar definitivamente el cáncer de tiroides en los
nódulos fríos (fig. A.18).
Fig. A.18 Nódulos calientes y fríos en la gammagrafía tiroidea. Los nódulos tiroideos
son frecuentes, a menudo múltiples, y ocurren especialmente en mujeres mayores. Un
nódulo solitario en una persona más joven es más preocupante por su posible malignidad
que en un individuo mayor. Alrededor del 85% de los nódulos tiroideos son fríos, y el 15%
son calientes o «tibios». Se trata de una glándula multinodular con un nódulo caliente
(flecha continua) en el lóbulo derecho y un nódulo frío (flecha discontinua) que ocupa el
lóbulo izquierdo. Estas lesiones son benignas. D, lado derecho del paciente.
Bocio
Cáncer de tiroides
Exploración biliar
Gammagrafía HIDA
Usos de la PET
• La exploración por PET se utiliza con mayor frecuencia en el diagnóstico y seguimiento del
tratamiento del cáncer. Se utiliza con frecuencia para localizar metástasis ocultas de un
tumor conocido o para detectar recidivas. Las exploraciones PET oncológicas constituyen un
gran porcentaje del uso clínico de la PET.
• Algunos tipos de tumores captan más radiotrazador que otros y se denominan tumores
ávidos de FDG.
• Debido a su capacidad para medir la función, los aparatos de PET también
se utilizan para analizar la función cerebral y cardiaca y para medir el flujo
sanguíneo regional.
• En el cerebro, las zonas de alta actividad del radiotrazador
corresponden a zonas de mayor actividad cerebral. Mediante
compuestos que se unen a determinados neurorreceptores cerebrales, la PET
se ha utilizado para estudiar trastornos psiquiátricos y abuso de sustancias.
También se ha utilizado ampliamente en la enfermedad de Alzheimer y la
epilepsia.
• En el corazón, las exploraciones de la PET se están utilizando en el
diagnóstico de la enfermedad arterial coronaria, en parte porque
ofrecen una resolución superior a las imágenes de perfusión. Las
zonas completamente infartadas pueden diferenciarse de la isquemia
utilizando tanto la perfusión como la PET. Esta diferenciación es importante a
la hora de determinar la pauta de tratamiento, ya que el intento de
revascularización de un músculo completamente infartado aporta pocos
beneficios.
• La PET expone al organismo a radiaciones ionizantes. Cuando se combina con una TC, que
también utiliza radiación ionizante, la dosis de radiación puede ser significativa. Como ocurre con
todas las pruebas diagnósticas que utilizan radiaciones ionizantes, deben sopesarse los beneficios
que aportan los datos obtenidos de la prueba frente a sus riesgos potenciales.
• Pueden producirse falsos positivos en procesos inflamatorios, así como en neoplasias
benignas y en tejido hiperplásico pero benigno, todos ellos ávidos de FDG (fig. A.28).
• Pueden producirse resultados falsos negativos si el tumor es muy pequeño, se ha necrosado
o está compuesto por determinados tipos celulares, como el carcinoma de próstata, algunos
cánceres de tiroides, los cánceres lobulillares de mama, los carcinomas hepatocelulares bien
diferenciados y algunas metástasis esqueléticas.
Fig. A.28 Cicatriz de una herniorrafia con avidez de FDG. La PET se utiliza con mayor
frecuencia para diagnosticar o confirmar neoplasias malignas. Pueden producirse falsos
positivos en procesos inflamatorios, en neoplasias benignas y en tejido hiperplásico, pero
benigno, todos los cuales muestran avidez de FDG. Este paciente había sido sometido
previamente a una herniorrafia en el lado derecho (flecha continua). La imagen de fusión
PET/TC (centro) muestra una intensa captación en la reacción inflamatoria que rodea el
lugar de la reparación (flecha discontinua).
Imágenes de PET
• Existe una captación fisiológica (normal) de FDG en las glándulas salivales, la tiroides, la grasa
parda, el timo, el hígado, el tracto gastrointestinal, los riñones y la vejiga urinaria, y el útero (v.
fig. A.27).
• Las lesiones ávidas de FDG son aquellas que muestran una captación anormalmente
aumentada del radiofármaco (figs. A.29 y A.30).
• En el cuadro A.1 se enumeran los tumores especialmente ávidos en captar FDG durante las
exploraciones PET.
Fig. A.29 Exploración PET positiva: carcinoma broncogénico. Se observa una lesión
ávida de FDG en el lóbulo superior derecho (flecha blanca) en esta PET/TC coronal
reformateada (centro), confirmando la naturaleza maligna sospechada de esta lesión. Se
trataba de un adenocarcinoma de pulmón. Se observa una adenopatía metastásica en la
región supraclavicular izquierda (flecha negra).
Fig. A.30 Exploración PET positiva: carcinoma broncogénico con metástasis. Una
gran masa hiliar derecha (flecha discontinua) capta ávidamente FDG y representa un
carcinoma broncogénico (centro). Menos evidente en la TC sola era una metástasis
ganglionar supraclavicular derecha (flecha continua). La PET es especialmente útil para
detectar metástasis ocultas.
CUADRO A.1
Tumores ávidos de FDG
Cáncer de pulmón.
Cáncer de mama.
Recidivas del cáncer de colon.
Metástasis ganglionares de cánceres de cabeza y cuello.
Necrosis tumoral cerebral frente a tumor residual o recurrente.
Cáncer de páncreas.
Estadificación del linfoma.
Puntos clave
Los números de página seguidos de f indican figuras, los seguidos de t indican tablas y los seguidos de c
indican cuadros.
Abdomen
Ablación
no térmica, 370
química, 370
Absceso
Acceso
Accidente
agudo, 321t
Acroosteolisis, 255f
Acumulaciones, 46t
Adenopatía, 198–200
anterior, 15f
Aire
extraluminal
aire
causas, 166
signos, 166c
causas, 165–166
signos, 167t
causas, 166
signos, 166c
libre intraperitoneal, 161–166, 161c
causas, 165–166
visualización
retroperitoneal, 166
Algoritmo, 46t
Ampollas, 108
Anatomía
Aneurisma(s)
aórticos, 123–125
calcificación, 172
rotura, 337
Ángulos costofrénicos
posteriores, 17
Anillo
Anomalías
hepatobiliares, 190–195
Anterolistesis, 275
Aorta
ascendente
coartación, 22
disección, 124
Apófisis
espinosa, 272f
transversa, 272f
Aracnoides, 328t
Arritmias, 82
Arteria(s)
carótidas, 225
coronaria(s)
dominancia, 30
innominada, 25f
pulmonar
subclavia(s)
izquierda, 25f
Arteriografía
Articulación(es)
anatomía, 248–249
apofisarias, 274
enfermedades, 258–269
neuropática, 262–263
verdaderas, 249f
Artritis
no piogénica, 268
Artropatía
Artrosis
Ascitis
atelectasia y, 45
Aspecto
del lóbulo
inferior, 55, 55f, 55c
superior
del pulmón
derecho, 56f
izquierdo, 57f
del lóbulo
superior
resolución, 56
subsegmentarias, 51t, 53, 53f, 53c
Aterosclerosis, 123
Aurícula
derecha
izquierda
normal, 23c
Bazo
Biopsia
ecoguiada, 393
Bobinas
correctoras, 237f
de gradiente, 237f
de radiofrecuencia, 237f
Broncoestenosis, 43
Bronquios
Calcificación(es)
«en palomitas de maíz», 101, 101f, 175–177, 175f, 176t, 176c, 177t
tipo nube, amorfa o «en palomitas de maíz», 175–177, 175f–176f, 176t, 176c
Cálculos, 173–174
Cáncer
de mama
tipos, 387t
Carcinoma
cavitario, 102f
presentación
de células
grandes, 102t
epidermoide
esofágico, 180
en la radiografía torácica
Cardiopatías
estenosis
miocardiopatía, 121–123
Carilla(s) articular(es)
inferior, 272f
Cartílago(s)
articular, 249f
Catéteres
complicaciones, 84
complicaciones, 84
intravasculares, 81–85
complicaciones, 84
Cavidad(es), 107–108
tuberculosa, 42f
Cayado aórtico, 25, 25f
Cefaleas, 321t
Cefalización, 117
Centelleo, 406
traumatismos, 325–327
Chasis
fotosensible, 2
o placa fotosensible, 2
Cisuras
Coartación de aorta, 22
Colecistitis
alitiásica, 206
Columna
Conducto(s)
nutricios, 284
frente a fractura, 284f
Consolidación
ausencia, 295
defectuosa, 295
Contraste
oral
Contusión(es)
hepáticas, 315c
renales, 317c
Convulsiones, 321t
Corazón
en la neumonía, 48t
tamaño
Cuerpo(s)
lúteo, 214
Densidad(es)
más blancas, 3c
más oscuras, 3c
metal, 2f
ósea
cambios, 250t
enfermedad(es)
metastásica
rango limitado, 2
Derivación
Derrame(s)
causas, 111c
derrame(s)
tipos, 60
tuberculoso, 42f
Diafragma
Dilatación
postestenótica, 121
Discos
Diseminación linfangítica, 41
Dispositivos
cardiacos, 86–89
Divertículo(s), 45t
falsos, 184
pediatría, 227–231
Duodeno, 181–182
Duramadre, 328t
Eco
espín, 32
carotídea, 225
y la pelvis, 143t
dúplex, 223
niños, 5
Edema
resolución, 117
líneas
pulmonar
no cardiogénico, 117–119
reexpansión, 118f
reexpansión, 86
Electroporación, 370
Embarazo
ecografía, 217c
submasiva, 366
indicaciones, 365–366
procedimiento, 366
Endurecimiento, 45t
Enfermedad(es)
metastásica
oligometastásica, 370
pulmonar
de la infancia, 351–352
infiltrativa, 37
tromboembólica, 334
Enfisema, 106f
orbitario, 327
Entesofitos, 276
Erosiones, 264
Esófago, 179–180
carcinoma, 179–180
de Barrett, 180
exploración, 179
Espacio
pleural
preodontoideo, 266f
Esplenomegalia, 137f
degenerativa, 276
Esqueleto
Estenosis
arterial, 225–226
pulmonar, 22
traqueal, 81
Estómago
Estudio(s)
Exploración
Exudados, 60
Fibrosis
pulmonar idiopática, 39
Fístula(s)
broncopleural, hidroneumotórax, 67
Fractura(s), 300c
angulación, 287
conminutas, 300c
lineales, 326
de la esquina, 358
de la placa
de crecimiento, 347t, 355–357, 361c
por la relación
identificación, 283–284
línea
de descripción, 286
parámetros, 288f
por compresión
simples, 300c
Galactografía, 395
Gammagrafía
biliar, 419
cardiaca, 414
de ventilación/perfusión pulmonar para la embolia pulmonar, 412, 412f, 413f, 414c, 414f
hepatobiliar, 419
gammagrafía de ventilación/perfusión pulmonar para la embolia pulmonar, 412, 412f, 413f, 414c, 414f
Ganglioneuromas, 97
Ganglios
término, 46t
Glioma(s)
Granulomas, 101
Grasa
epicárdica, 28
mediastínica, 28
Hematoma
epidural, 328, 328f, 328t, 346c
intrahepático, 315c
intraparenquimatoso, 316c
perirrenal, 317c
pulmonar, 308
subcapsular
esplénico, 316c
hepático, 315c
renal, 317c
Hemidiafragma
posición
en la atelectasia/neumonectomía, 46t
en la neumonía, 48t
Hemopericardio, 312
Hemoperitoneo, 315
Hemorragia
en la RM, 241
hematoma
intracerebral, 329–331
intraventricular, 330f
Hepatomegalia, 136f
Hernia(s)
amigdalina, 331t
paraesofágicas, 180
subfalcial, 331t
transtentorial, 331t
no obstructiva, 340
obstructiva, 339–340
Hígado
Hipernefroma, 197
Hiperostosis esquelética idiopática difusa (HEID), 276, 276f, 276c
formas, 254t
Hipertensión, 23f
sistémica, 22
accesorios, 284c
Hueso(s)
anatomía
fisiología, 249–250
mama(s)
densas, 397
Íleo
Imagen(es)
potenciada(s)
Imán
superconductor, 237
Índice
Infarto(s)
Insuficiencia
cardiaca congestiva (ICC), 114–116
Intestino
delgado, 182–183
grueso, 184–189
Isótopo(s), 406t
inestables, 406t
Joroba
de Dowager, 277c
Laceraciones
hepáticas, 315c
pulmonares, 308–309, 309f, 309c, 313c
renales, 317c
Lector electrónico, 2
Lectura húmeda, 2
Leiomiomas
gástricos, 181
uterinos
Lesión(es)
ocupantes de espacio
hepáticas, 193
Ligamento(s)
longitudinal
posterior, 272f
Línea(s)
gástrico, 181
Líquido
sinovial, 249f
Masa(s)
masas
posteriores, 96–97
parenquimatosas pulmonares, 93
Mastitis, 395–396
Mediastino
superior, 92
equipamiento, 406
seguridad, 407
semivida, 406
Meninges, 328t
Meningioma, 176, 176t, 343, 343f, 346c
Metástasis
hematógenas, 40
pulmonares, 40f
Miocardiopatía, 121–123
Mycoplasma pneumoniae, 71
Neoplasia(s)
obstructiva(s), 45
atelectasia y, 45
traumático, 308
Neumatosis
de frente, 167f
de perfil, 167f
neumocócica, 36f
Neumonitis
obstructiva, 103
bilateral, 310f
causas, 303
de múltiples luces y, 85
venosos centrales, 83
primario, 303
radiografía(s)
tardías, 307
secundario, 303
signos, 305c
tamaño, 304c
Neuroblastoma, 97
Neuroଁbromatosis, 343
tipo 1, 97f
Neuronas, 46t
Nódulos
Número
Obstrucción
acueductal, 340
bronquial, 103
del intestino
causas, 153t
fisiopatología, 157
mecánica, intestino
causas, 153t
causas, 157t
fisiopatología, 157
Onda(s)
terciarias, 179
útero, 138
anatomía normal
Osteofitos, 16
posmenopáusica, 254
PALS, 27c
Páncreas, 189–190
Pared intestinal
signos, 167t
Partes blandas
Patrón(es)
apolillado, 256f
permeativo, 256f
Pelvis, 197
imágenes, 143t
Pericardio, 28
Pesos, 46t
Piamadre, 328t
Placa(s)
fotosensibles, 2
Plano(s)
parietal, 13, 59
en el neumotórax, 303
visceral, 13, 59
ampollas, 108
Pólipos
sésiles, 186
Posición
Pospericardiotomía, 61c
Posprocesamiento, 3
Presión
Proyección(es)
de eje
largo
en bipedestación
en decúbito
Prueba
de Barlow, 229
de Ortolani, 228
catéteres de Swan-Ganz, 84
Pseudomonas aeruginosa, 71
Pulmones
Puntuación de calcio, 28
Quiste(s)
coloide, 340f
de chocolate, 215
de ovario
Radiación
ionizante, 2, 422
oncólogos, 403
Radiofármacos, 7, 405
Radiografía(s)
abdominales, 128–132
útero, 138
de la rodilla, 403
de detalle, 6
digital, 2
simples, 2
torácica(s), 403–404
en decúbito
en el neumotórax, 307
posteroanteriores
Radiología
Radionúclidos, 7, 405
Radiotrazadores, 7, 405
Rayos, X, 1, 1f, 1c
Relajación
T2, 238
Remodelación, 295
Reparación endovascular del aneurisma (REVA), para aneurismas de aorta, 376–377, 376c, 377f
Retrolistesis, 275
Riñones
Sacroilitis, 280c
Semivida
Seno costofrénico
lateral, 17
posterior
Signo
de Chilaiditi, 163f, 163c
de la S de Golden, 51f, 54
de la semiluna, 252f
de Westermark, 104
de oligohemia, 305c
Sindesmofitos, 281
Síndrome
de Boerhaave, 310
de dificultad respiratoria
de Kartagener, 108
de Meigs, 60
de Mendelson, 73
de Swyer-James, 108
poslaminectomía, 274
Sistema
biliar, 196
ecografía, 204–207
cálculos biliares y colecistitis aguda, 204–206, 205f, 205c, 206f
endocrino, RM y, 245t
gastrointestinal, RM y, 245t
genitourinario, RM y, 245t
musculoesquelético
RM y, 245t
neurológico, RM y, 245t
reproductor, RM y, 245t
Sonda(s), 4, 201
atloaxoidea, 266f
Superficie fotosensible, 2
Surfactante pulmonar, 52
Sustancias
más densas, 3c
menos densas, 3c
Tabique interventricular, 27
Taquipnea transitoria del recién nacido (TTRN), 347t, 348f, 348c, 361c
Tomografía
cardiaca
con contraste
del traumatismo
abdominal, 315
renal, 316
craneal, 403–404
de la cabeza
terminología, 345t
del tórax
indicaciones, 28–30
nivel cardiaco
alto, 27, 27f, 27c
del traumatismo
densidades, 323t
Tórax
tomografía computarizada
a nivel
cardiaco
Tracto
urinario, 196–197
ecografía, 207–210
Tráquea
posición
en la atelectasia/neumonectomía, 46t
en la neumonía, 48t
Trasudado, 60
Traumatismo(s)
craneoencefálico(s), 325–327
abiertos, 345t
cerrados, 345t
manifestaciones, 301t
pélvicos, 318–319
torácicos, 301–303
Trazadores, 7, 405
Tuberculosis, 41–43
derrame pleural y, 60
miliar, 43, 43f, 43c
Tubos (sondas)
atelectasia y, 80
colocación
complicaciones, 80–81
gastrointestinales, 89–90
Tumor(es)
cerebrales, 342–344
de la vaina nerviosa, 97
evanescente (pseudotumor), 66
Úlceras
Uréter(es)
Útero
Vena(s)
ácigos, 25
braquiocefálicas, 25f
cava
Ventana(s), 3
óseas, 18c
Ventrículo(s)









