Los derechos de la personalidad
Columna
WILLIAM HERRERA ÁÑEZ
Publicado el 08/01/2022
La Constitución boliviana reconoce a la privacidad, intimidad, honra, honor, propia imagen y
dignidad, como los derechos tradicionales de la personalidad (Art. 21.2). Con la expresión
“derechos de la personalidad” se suele hacer referencia a un conjunto de derechos que
constituyen manifestaciones de cada persona, y su propio ámbito individual.
A estos derechos se los considera como bienes sociales. La colectividad es considerada como
un organismo en el que se desenvuelve la convivencia humana, en continuo cambio, capaz de
ser una referencia ineludible, de modo que las personas no son entes aislados, sino tenidos en
cuenta en su ámbito social y cultural en sentido amplio. En España, por ejemplo, el derecho a
la intimidad implica “la existencia de un ámbito propio y reservado frente a la acción y el
conocimiento de los demás, necesario, según las pautas de nuestra cultura, para mantener una
calidad mínima de la vida humana”.
Aunque estas figuras nacieron en el ámbito del derecho privado, han necesitado del derecho
público y de ahí su doble protección público-privada. Por cierto, son derechos fundamentales y
derechos humanos, reconocidos no sólo en la Constitución boliviana sino también en los
convenios y pactos internacionales como la convención americana sobre derechos humanos.
Aunque las nociones de intimidad, vida privada o privacidad, honra, honor se usen de manera
similar en el lenguaje ordinario, aluden a realidades cercanas pero distintas. Los derechos de la
personalidad se vinculan con la dignidad de las personas, y exigen un comportamiento pasivo
de terceras personas (no revelar datos o imágenes que pongan en entredicho tal bien jurídico).
La vida privada guarda mayor conexión con el libre desarrollo de la personalidad, que debe
realizarse sin interferencias provocadas por particulares o poderes públicos.
La privacidad busca salvaguardar la autodeterminación informativa (esto es, el derecho a
controlar el flujo de datos personales que se pueden difundir o no), el derecho a interrumpir
voluntariamente el embarazo, el matrimonio entre personas del mismo sexo (que invocan la
necesidad de desarrollar y proteger la vida privada) o el derecho a que los poderes públicos
pongan fin a las intromisiones provocadas por terceros que dificultan nuestra existencia en un
ambiente insalubre (como es el provocado por la contaminación acústica o medioambiental).
Todos estos fenómenos evidencian que la idea misma de intimidad (o la de vida privada) tiene
un componente cultural y, por ello mismo, variable, tanto en el tiempo como en el espacio.
El artículo 11 de la Convención Americana prohíbe toda injerencia arbitraria o abusiva en la
vida privada de las personas. La Corte IDH ha sostenido que el ámbito de la privacidad se
caracteriza por quedar exento e inmune a las invasiones o agresiones abusivas o arbitrarias por
parte de terceros o de la autoridad pública (Caso Artavia y otros vs. Costa Rica, sentencia de 28
de noviembre de 2012, párrs. 142-143). En realidad, constituye el derecho de toda persona de
organizar, con arreglo a la ley, su vida individual y social conforme a sus propias opciones y
convicciones. La libertad es un derecho humano básico, propio de los atributos de la
personalidad, que se proyecta en toda la Convención Americana. Todo ser humano debe
autodeterminarse y escoger libremente las opciones y circunstancias que le dan sentido a su
existencia, conforme a sus propias opciones y convicciones.
El derecho a la vida privada es mucho más amplio que el derecho a la privacidad. La protección
a la vida privada abarca una serie de factores relacionados con la dignidad del individuo,
incluyendo, por ejemplo, la capacidad para desarrollar la propia personalidad y aspiraciones,
determinar su propia identidad y definir sus propias relaciones personales. El concepto de vida
privada engloba aspectos de la identidad física y social, incluyendo el derecho a la autonomía
personal, desarrollo personal y el derecho a establecer y desarrollar relaciones con otros seres
humanos y con el mundo exterior.
La vida privada incluye la forma en que el individuo se ve a sí mismo y cómo decide
proyectarse hacia los demás, y es una condición indispensable para el libre desarrollo de la
personalidad.