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Introducción al Pensamiento Crítico

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Introducción al pensamiento crítico

Introducción
¡Bienvenido al curso Pensamiento crítico e innovación! Aquí conocerás, desarrollarás y
fortalecerás el pensamiento crítico desde una perspectiva de innovación, de modo que
serás capaz de tomar mejores decisiones y plantear la solución de problemas que más
convenga en tu vida académica y profesional.

En este primer módulo revisarás los principales elementos del pensamiento crítico, sus
características, componentes, elementos, fases, habilidades y estrategias, de manera que
logres establecer la relación que guarda con otros elementos constitutivos del
pensamiento. Es importante destacar que tras la revisión de este módulo podrás visualizar
un panorama amplio sobre el pensamiento crítico y su papel en la gestión de investigación
innovadora, de modo que el lenguaje y la argumentación son componentes vitales que te
permitirá reconocer situaciones problemáticas y construir argumentos que lleven a una
solución eficiente y creativa.

Del siguiente video Sin pensamiento crítico no eres nadie Pérez-Paetow,P.


[TEDxYouth@Valladolid], visualiza del minuto 0:12 al 8:03.

Antecedentes del pensamiento crítico


El término pensamiento crítico surge en el siglo XXI, fundamentalmente en el ámbito
educativo, como la función de la educación: fomentar el pensamiento crítico en los
estudiantes, o al menos como uno de sus principales fines educativos; sin embargo, es
necesario reflexionar algunas interrogantes al respecto, por ejemplo: ¿Qué es el
pensamiento? ¿Todo pensamiento es crítico? ¿Cómo se llega a pensar críticamente?
¿Existe un pensamiento que pueda no ser crítico? Ante estos cuestionamientos, ha
surgido la preocupación por saber realmente cuál es la historia detrás del concepto
pensamiento crítico y qué concepciones o posturas existen al respecto.

El pensamiento es toda creación de la mente, su origen y método han sido objeto de


amplio debate entre filósofos y psicólogos, y desde hace mucho tiempo es una
pregunta fundamental de la filosofía. De hecho, en la actualidad se habla con soltura
sobre el acto o proceso del pensamiento, incluso de nuevas vertientes como el
pensamiento de diseño, el pensamiento ecológico o el pensamiento político.

Pensar consiste esencialmente en asociar contenidos mentales, mediados o


codificados, por medio de un lenguaje, por más rudimentario que este sea. Pensar en
consecuencia significa aprehender del mundo y asociarlo mentalmente a un símbolo,
de este proceso resultan otros procesos mentales, como la anticipación, la inferencia,
la refutación, etcétera (Blanco, 2019, pp. 68-69).

El teórico norteamericano Richard Paul (citado en López, 2018) acredita la definición de


pensamiento crítico como un “modo de pensar sobre cualquier tema, contenido o
problema en el cual el pensante mejora la calidad de un pensamiento al apoderarse de
las estructuras inherentes del acto de pensar y al someterlas a estándares
intelectuales” (p. 119).

A partir de esta definición el pensamiento es concebido como una tarea mental factible
de mejorar al aplicar ciertos estándares intelectuales. En este sentido, lo opuesto al
pensamiento crítico sería aceptar cualquier contenido, tema u problema sin hacerlo
pasar por los estándares intelectuales, es decir, se estaría ante la presencia de una
creencia dogmática.

El pensamiento crítico se nutre de otra raíz que lo califica como científico-racionalista.


Esta raíz rechaza los dogmas, lo hace más objetivo y lo encausa a construir mejores
elementos para argumentar y actuar, así como para decidir sobre las problemáticas
que enfrenta el docente. El método científico tiene en común con el pensamiento crítico
su rigurosidad, estar abierto a la refutación y la necesidad de la experimentación. Así,
podemos ver que el pensamiento crítico y el aprendizaje del método científico van de la
mano (Loaiza y Osorio, 2018, p. 8).

Por todo esto, resulta necesario revisar de manera breve los antecedentes del
pensamiento crítico, principalmente, en la pedagogía.

Ahora bien, el pensamiento crítico y la didáctica tienen una relación estrecha, la tarea
de reflexionar el proceso de enseñanza-aprendizaje se vuelve más compleja, dado que
la didáctica deja de ser una labor en la que únicamente se piense la dimensión práctica
de transmisión de contenidos y se convierte en un medio por el cual se explota la
creatividad del docente para reconocer los errores, las omisiones y fallas de la
educación en un contexto amplio, considerando la complejidad a la que se enfrenta
para plantear soluciones pertinentes.

El pensamiento crítico es inconformista, no se aviene a dar por hecho, sino


que trabaja para reconocer el error y la debilidad (…) El pensamiento crítico
reconoce los matices y las excepciones y no trata nunca de forzar los casos
únicos y los contextos diferentes para que encajen en las normas. No todo
vale para todos, ni a todas horas. Por eso el pensamiento crítico es
profundamente indagador y no permite recetas sencillas (Nomen, 2019, p.
32).

Asimismo, el pensamiento crítico atraviesa la educación de forma transversal, pues va


de la selección de los contenidos, la planeación educativa, la postura de los docentes
ante la administración y la implementación de las políticas educativas. Para los
alumnos resulta una gran herramienta al momento de buscar fuentes y constatar
información, ya que ahora se torna necesario pasar todo el flujo de información
disponible por el filtro del pensamiento crítico.

Por su parte, otro aspecto importante a relacionar desde la pedagogía, es el valor del
pensamiento crítico para desarrollar las habilidades de investigación. El exceso de
información que se tiene actualmente puede ser abrumador tanto para los alumnos
como para el docente. Una vez realizado este filtro se puede tener una mayor
seguridad sobre la fiabilidad de los contenidos sobre los cuales se construyen las
prácticas educativas.

Finalmente, el pensamiento crítico permite a los profesionales de la educación situarse


de una mejor manera frente a los retos del contexto educativo; practicar el pensamiento
crítico se convierte en una tarea ardua pero necesaria para el pedagogo, ya que implica
problematizar radicalmente todos los aspectos de la práctica educativa, desde lo
institucional, hasta lo social y lo político.

El campo de la educación siempre está en constante cambio, actualización y revisión


de sus fundamentos epistemológicos, curriculares y prácticas educativas. La
autoevaluación docente y la apertura al cambio también tienen un papel muy
importante en la mejora educativa. Es por esto que el pensamiento crítico es una
habilidad que el docente debe de practicar continuamente.
Escuela de Frankfurt

En principio encontramos la corriente de la pedagogía crítica, cuyo origen se


encuentra en la escuela de Frankfurt, conformada por intelectuales de
izquierda quienes seguían y renovaron las ideas de Hegel, Marx y Freud. De
este grupo destaca la obra conjunta de Max Horkheimer y Theodor Adorno,
publicada bajo el título de la Dialéctica de la Ilustración.

Duran (citado en Ducoing, 2010) refiere que estos pensadores rechazan la


corriente predominantemente positivista en la sociedad, que resultaba en
relaciones de dominación y pérdida de identidad del sujeto; frente a este
paradigma la escuela de Frankfurt propone una educación emancipadora (p.
218).

De esta forma, el pensamiento crítico es concebido con un fuerte componente


político, es decir, de transformación de la realidad social. No es gratuito que
el surgimiento de esta escuela haya revolucionado los paradigmas que
imperaban en las ciencias sociales.

John Dewey

Por su parte, el filósofo y pedagogo John Dewey (citado en López, 2018)


había establecido que el pensamiento crítico era el examen activo, cuidadoso
y persistente sobre toda creencia o conocimiento a la luz de sus
fundamentos, además de las conclusiones que implican. De esta definición se
sigue que el pensamiento crítico implica el análisis del objeto de estudio, así
como un rastreo a los orígenes de este contenido y las consecuencias o
conclusiones que resulta aceptarlo.

Cuando el pedagogo sitúa su trabajo desde el pensamiento crítico, este le


sugiere pensar su labor educativa de distinta forma, separada de la función
utilitarista de ejecutor del currículo dado. En este caso, el docente se vuelve
más metódico y crítico con sus prácticas pedagógicas, pues pensar los
contenidos del aprendizaje a trasluz del pensamiento crítico, lo lleva a
problematizar la veracidad y la pertinencia de los contenidos en los contextos
y sujetos en los que desarrolla su práctica.
¿Qué es el pensamiento crítico?
Es muy probable que ya hayas escuchado la expresión “pensamiento crítico” en algún
momento de tu vida, cuando se refiere la adscripción de la postura y punto de vista de un
autor.

Si bien es cierto que no existe una definición definitiva de pensamiento crítico, la mayoría
coincide con el hecho de que se basa en el uso de habilidades y destrezas intelectuales
encaminadas a conseguir un fin determinado, principalmente el de analizar de manera
lógica y detenida cierta información para valorar y emitir juicios acerca de su relevancia,
veracidad y su inferencia en la solución de problemas.

De manera general, el pensamiento crítico parte de una reflexión racional y personal, por lo
que se vale del uso de estrategias y formas de razonamiento. Veamos con Campos y
Altuve dos definiciones.

Ahora bien, podemos afirmar que el pensamiento crítico es el pensar claro y racional que
favorece el desarrollo del pensamiento reflexivo e independiente, que permite a toda
persona realizar juicios confiables sobre la credibilidad de una afirmación o la conveniencia
de una determinada acción; es un proceso mental disciplinado que hace uso de estrategias
y formas de razonamiento que usa la persona para evaluar argumentos o proposiciones,
tomar decisiones y aprender nuevos conceptos. El término crítico proviene del griego
Kritike, que significa “arte del juicio”. Es decir, la aplicación o uso de nuestro propio juicio en
la toma de acción de aceptación o rechazo de una información (Campos, A, 2007).

Por otro lado, Altuve (2010, p. 5) menciona que el pensamiento crítico se propone analizar,
evaluar y comprender la estructura y consistencia de los razonamientos, particularmente
opiniones o afirmaciones que se aceptan como verdaderas en el contexto de la vida
cotidiana.
A grandes rasgos podemos decir que la crítica nace con el hombre cuando tiene la
necesidad de conocer y comprender el mundo que le rodea. Así se puede asegurar que el
pensamiento crítico: ayuda a formar y emitir juicios, permite reflexionar de manera
consciente, contribuye a mejorar, reconstruir y avanzar en el conocimiento y propicia la
construcción del conocimiento.

Perspectivas del pensamiento crítico


El conocimiento es para el pensamiento crítico un punto de partida y de llegada, a la vez.
En un primer momento, se debe pensar sobre el origen y el tipo de información que llega a
las personas y se escucha o lee; por ejemplo, noticias, rumores, tradiciones y creencias.
Ante este escenario, se necesita realizar una tarea de categorizar toda la información del
contexto de la sociedad de la información en el que se está inmerso, una habilidad
sustancial en el proceso del pensamiento crítico. En palabras de Richard y Elder (2005).

Cuando se es un consumidor crítico de la información se debe tomar en cuenta


que los medios de comunicación operan bajo la lógica de los paradigmas
dominantes y están influidos por la política. El acercamiento que se tenga con la
información, debe ser abierto, sin suposiciones dicotómicas de falso y verdadero,
ni influidas por prejuicios, es decir, se debe hacerla pasar por el pensamiento
crítico, aplicar los estándares intelectuales, para detectar la lógica, distinguir lo
plausible de lo implausible, lo probable de lo improbable. El pensamiento crítico se
sitúa en una situación dialógica con el conocimiento (p. 11).

Una clasificación inicial que posibilita el acercamiento a la historia del saber


es doxa y episteme. El primero refiere al saber común o la opinión, la cual no puede
fundamentarse, en tanto el segundo, se refiere al saber riguroso que es capaz de
justificarse (Heler, 2007, p. 2).

En este sentido, la epistemología es la rama de la filosofía que se constituye como filosofía


de la ciencia o ciencia del conocimiento. Ahora bien, ¿cómo se adquiere el conocimiento?
Tal pregunta es fundamental dentro de la actividad intelectual y data de tiempos
inmemoriales. Para ello, se han constituido distintas escuelas, tradiciones y ficciones.

El empirismo y el racionalismo son dos teorías del conocimiento que debemos conocer
para comprender la historia y concepción del conocimiento en la actualidad. Así, el
empirismo sostiene que el conocimiento procede de la experiencia sensible, es decir, de
los sentidos en relación con los objetos del mundo; mientras que el racionalismo, en
particular el cartesiano, refuta esta idea, considera que los sentidos pueden ser engañados,
por lo que la mejor forma de aproximarse al conocimiento o a la verdad es a través de la
razón (Heler, 2007, p. 7). En palabras de Arias y Navarro (2017):

El conocimiento científico, significó un intento de superar el dilema de la validez


del conocimiento, Rene Descartes, fue el que propuso los pasos del método
científico en dónde impera la evidencia, análisis y síntesis para la búsqueda de la
verdad y con esto inaugura la modernidad (p. 4).

El avance de las ciencias se da a partir de las crisis epistémicas y paradigmáticas en el


seno de las propias ciencias o disciplinas, esto ocurre cuando surgen anomalías o
problemas que representan un quiebre, que al no poder ser resueltos bajo el anterior
paradigma dan pie al surgimiento de un paradigma disruptivo, significando esto una
revolución que replantea los propios conocimientos y métodos de la ciencia, lo cual
representa un avance en el corpus de las ciencias (Company, 2018, p. 8). La pedagogía y
las ciencias de la educación no son ajenas a estas revoluciones, ya que a lo largo de la
historia de la educación se pueden identificar puntos de quiebre con los paradigmas que
imperaban anteriormente.

En conclusión, visto desde el pensamiento crítico, el conocimiento se asume como el


objetivo al cual llegar y, a la vez, es el punto de partida, puesto que no se parte de cero,
sino que se retoman los avances de generaciones anteriores.

Componentes del pensamiento crítico


Existen diversos aspectos que pueden considerarse elementos o componentes del
pensamiento crítico, la mayoría relacionados con destrezas y habilidades del pensamiento
de orden superior, a continuación se exponen los más importantes:

Pensamiento

Pensamiento. Es un proceso mental en el cual se interiorizan, por medio del


lenguaje, las experiencias que se conocen gracias a los sentidos. El
pensamiento es una habilidad natural en los seres humanos para responder a
su entorno; sin embargo, su nivel de complejidad puede variar, el
pensamiento crítico es el más complejo ya que es el que requiere mayor
esfuerzo y número de operaciones cognitivas (Ángel y Villarini, 2003, pp. 36-
37).

Richard y Elder (2003) identifican ocho elementos presentes en el proceso


del pensamiento: puntos de vista, propósito del pensamiento, pregunta en
cuestión, información, interpretación e inferencia, conceptos, supuestos, e
implicaciones y consecuencias (p. 5).

Razonamiento
Razonamiento. A diferencia del pensamiento, es un proceso más metódico.
León (2011) lo define así:

El razonamiento es un proceso mediante el cual se obtienen


conclusiones a partir de hechos, creencias y normas, es una habilidad
del pensamiento por lo que también se llama raciocinio se expresa en la
argumentación o conjunto de afirmaciones relacionadas de manera tal
que uno de ellos, llamado conclusión, se infiere del o los otros, llamados
premisas (p. 1).

Los razonamientos en su forma más básica pueden ser inductivo o


deductivos, o analógicos. El razonamiento inductivo, se guía de lo
particular a lo general, ejemplo: Premisa a) Al perro le gusta el pollo;
premisa b) Firulais es un perro, entonces llegamos a la conclusión c) a
Firulais le gusta el pollo. El pensamiento deductivo se guía de lo general
a lo particular, ejemplo: premisa a) Todas las plantas son verdes, b) El
pino es una planta, entonces c) el pino es verde y el razonamiento
analógico, obtiene sus conclusiones a partir de la comparación de
elementos o argumentos, ejemplo: a) la perdiz es un ave y pone huevos,
b) la gallina también pone huevos entonces c) la gallina es un ave (pp. 1-
5).

Como se puede observar, el razonamiento lógico, no siempre es verdadero.


Por tal motivo, Richard y Elder (2005), con la finalidad de mejorar el proceso
del razonamiento, proponen una lista de cotejo sobre la cual construir y
confrontar el proceso de razonamiento:

1. Propósito del pensamiento, es necesario distinguir el propósito principal del pensamiento con
claridad, también es importante que durante el razonamiento expresemos propósitos
significativos.
2. Intención del razonamiento, el razonamiento busca, resolver una pregunta, solucionar un
problema o explicar algo, para ello hay que clarificar el alcance de nuestro razonamiento e
identificar si nuestra cuestión o problema es factible de tener más de una respuesta correcta, o
puede ser abordado desde distintas ópticas.
3. Identificar los supuestos del razonamiento, es importante percatarse de la veracidad o
justificación de los supuestos que abordamos.
4. Identificar desde que perspectiva hacemos nuestro razonamiento, la perspectiva
metafóricamente es la mirada desde la cual abordamos el asunto en cuestión, cada perspectiva
contiene sus fortalezas y debilidades.
5. Todo razonamiento tiene su sustento en evidencia, información y datos, el razonamiento
adquiere fortaleza si se fundamenta, por eso es necesario que las afirmaciones que resulten de
nuestro razonamiento tengan suficiente sustento y relevancia.
6. El razonamiento se expresa en ideas y conceptos que lo moldean y los hacen cognoscible.
Para ello hay que explicar con claridad los conceptos o definiciones de las cuales nos
auxiliamos, organizarlos en una escala de complejidad o de importancia, y expresar las
relaciones que se tejen entre ellos.
7. El razonamiento contiene interpretaciones, inferencias y conclusiones producto de la actividad
intelectual, que se construyen en los momentos anteriores, debemos cuidar que las inferencias
tengan coherencia entre sí y que se desprendan de la evidencia recolectada.
8. El razonamiento finalmente tendrá consecuencias o implicaciones, hay que hacer un esbozo
de las consecuencias tanto negativas como positivas, en áreas de la práctica y las
consideraciones éticas (p. 7).

Estos son algunos de los estándares intelectuales que se proponen desde el


pensamiento crítico para detectar razonamientos falsos y reconocer aquellos
que son verdaderos.

Inferencia

Inferencia. Es la habilidad cognitiva que permite, de acuerdo con Facione


(2007):

Identificar y asegurar los elementos necesarios para sacar conclusiones


razonables; formular conjeturas e hipótesis; considerar la información
pertinente y sacar las consecuencias que se desprendan de los datos,
enunciados, principios, evidencia, juicios, creencias, conceptos,
descripciones, preguntas u otras formas de representación (p. 5).

Así, la inferencia es parte del proceso de razonamiento, ya que aborda los


resultados del proceso lógico de pensar. Asimismo, figura como un paso más
allá del mero razonamiento lógico, dado que la inferencia da cuenta de las
conclusiones y las preguntas que surgen luego de este proceso, así como
sus consecuencias.

Evaluación

Evaluación. El momento de la valoración de los resultados es uno de los


pasos finales dentro del pensamiento crítico. Este consiste en, en palabras de
Facione (2007):

Valoración de la credibilidad de los enunciados o de otras


representaciones que recuentan o describen la percepción, experiencia,
situación, juicio, creencia u opinión de una persona; y la valoración de la
fortaleza lógica de las relaciones de inferencia, reales o supuestas, entre
enunciados, descripciones o preguntas (p. 5).

Durante la evaluación, el sujeto con pensamiento crítico debe verificar la


coherencia interna de su proceso de entendimiento; observar si las fuentes
consultadas son las pertinentes en cuanto a su vinculación con el tema, y si
las conclusiones que se desprenden de su proceso son un resultado lógico.

Metacognición

Metacognición. En relación con la fase anterior, la metacognición es el punto


final del pensamiento crítico y ocurre cuando el pensamiento crítico vuelve
sobre sí mismo. Ante tal escenario, Ángel y Villarini (2003) proponen cinco
dimensiones para evaluar la metacognición:

1. Lógica: la lógica ayuda a revisar los argumentos y la coherencia en general de los procesos de
razonamiento que se llevaron a cabo.
2. Sustantiva: proceden de las disciplinas de las cuales se auxilia el pensamiento crítico para
extraer metodologías, conceptos y modos de acceder a la realidad, es el sustento
epistemológico-científico del cual parte el pensamiento crítico.
3. Contextual: es el poner el pensamiento crítico en relación con el contexto social en particular
del cual estamos hablando, y en el sentido personal o biográfico puesto que el pensamiento es
una expresión personal que surge de nuestra subjetividad individual.
4. Dialógica: es la capacidad de escuchar otros puntos de vista, de reconocer los argumentos del
otro en tanto, que permite la retroalimentación y la posibilidad de perfeccionamiento a la luz de
opciones no consideradas.
5. Pragmática: la pragmática nos permite el pensar los fines o intereses que busca el
pensamiento, así como las derivaciones políticas, es una dimensión que toma en cuenta la ética,
la cultura y los valores (pp. 39-40).

Evaluar el pensamiento crítico a la luz de los puntos anteriores, como una


habilidad o competencia del pensamiento, permitirá conocer si la enseñanza
funciona o no.

Elementos del pensamiento crítico


Los elementos que conforman el pensamiento crítico son:

Estos elementos y las preguntas que los acompañan pueden brindar un panorama sobre
cómo utilizar estos elementos para desarrollar el pensamiento crítico; además de permitir
tener una idea acerca del tipo de cuestionamientos que pueden plantearse al respecto.
Propósito del pensamiento. Todo razonamiento tiene un propósito
fundamental, el cuál debe ser realista, significativo y reconocido con facilidad.
De manera general, para reconocer un propósito podemos hacernos las
siguientes preguntas:
 ¿Cuál es el propósito del autor del texto o argumento analizado?
 ¿Cuál es mi propósito fundamental?

Pregunta en cuestión. El pensamiento crítico busca solucionar un problema


o responder una pregunta específica, de modo que la pregunta en cuestión
debe ser clara, concisa y posible de responder. De manera general, para
reconocer la pregunta en cuestión, podemos preguntarnos:
 ¿Cuál es la pregunta clave que deseo responder?
 ¿Qué preguntas me surgen al leer sobre el tema?
 ¿Existe más de una pregunta fundamental?
 ¿Hay más de una respuesta para mi pregunta?

Información. Se conforma de una serie de datos que en conjunto


proporcionan ideas, experiencias, evidencias y controversias. Así, para
identificar aquella información que nos proporciona elementos para explicar y
fundamentar algo, podemos plantearnos las siguientes preguntas:
 ¿Qué información necesito para contestar mi pregunta en cuestión?
 ¿La información proviene de fuentes confiables y serias?
 ¿Es suficiente para explicar y fundamentar el tema?
 ¿Necesito información adicional o de otras fuentes?
Interpretación e inferencia. Al concluir, deducir o interpretar determinada
información, se realizan inferencias; es decir, se proporciona un significado a
los datos y la información analizada. Las inferencias deben ser basadas en la
evidencia, consistentes entre sí y tener relación con las suposiciones
realizadas previamente. Algunas cuestiones que apoyan su formulación son:
 ¿Cuáles son mis inferencias fundamentales sobre el tema?
 ¿A qué conclusión se llega?
 ¿Cuál es la interpretación?

Conceptos. Todo razonamiento se expresa mediante conceptos o ideas que,


a su vez, lo conforman. Este es uno de los campos más amplios, por lo que
se debe cuidar que los conceptos sean claros, precisos, claves y alternos.
Algunas preguntas para identificarlos son:
 ¿Cuál es el concepto básico o clave que enmarca mi pregunta?
 ¿Es claro y preciso?
 ¿Se utiliza adecuadamente?
 ¿Existen otros conceptos alternos que apoyen su explicación?

Supuestos. Todo razonamiento se fundamenta en supuestos, aquellas


cuestiones que se considera responden a la pregunta planteada, o bien, un
anticipo a la solución del problema que se planteó. Estos deben identificarse
y justificarse claramente, además de dar forma o determinar un punto de vista
respecto al tema. Para identificar los supuestos puedes preguntarte:
 ¿Qué suposiciones tengo al respecto?
 ¿Qué considero que es verdadero?
 ¿Qué me lleva a tener esta conclusión o suposición?

Implicaciones y consecuencias. Se trata de las repercusiones o


consecuencias a las que conduce todo el proceso llevado a cabo
anteriormente y pueden ser positivas o negativas. La pregunta general que
puede formularse es:
 Si estoy en lo correcto, ¿cuáles son las implicaciones o consecuencias
de mi razonamiento?

Puntos de vista. Se trata de la perspectiva desde la que se observa algo. El


punto de vista debe ser imparcial, respetuoso de otros puntos de vista y
susceptible de identificar fortalezas y debilidades. Las preguntas para
identificarlo pueden ser:
 ¿Cuál es mi punto de vista respecto al tema?
 ¿Cuál es mi perspectiva?
 ¿Existe otro punto de vista para analizar lo mismo?

Fases del pensamiento crítico


Existen diversas fases o pasos que pueden seguirse para comenzar a utilizar el
pensamiento crítico, los siguientes son algunos:

 Formular preguntas precisas y claras acerca de la información que se lee o de


algún argumento.
 Analizar y evaluar la información que proporciona un texto o argumento.
 Pensar, en la medida de lo posible, dejando a un lado los prejuicios que puedan
tenerse respecto a lo que se evalúa.
 Elaborar conclusiones y soluciones con base en un análisis y evaluación previos.
 Comunicar efectivamente el pensamiento al respecto.

Ante todo, estas fases requieren de práctica y constancia, de modo que resulta importante
considerar lo siguiente:

Como se ha visto, resulta improcedente considerar al proceso de pensamiento crítico como


una serie de fases únicas; sin embargo, lo anterior expuesto representa un modelo de
actuación que permita establecer estrategias para comenzar a ejercitar el proceso en
nosotros mismos y en algún proceso de investigación. Más allá de seguir una serie de
pasos, implica un acercamiento al conocimiento de manera clara y propositiva, donde el
tiempo, la constancia, la perseverancia, evitar prejuicios y el uso de destrezas cognitivas
(interpretación, análisis, evaluación, inferencia y autorregulación). Dichas destrezas se
analizarán en la siguiente sección, también descritas como habilidades del pensamiento
crítico.

Habilidades y estrategias del


pensamiento crítico
Desde la psicología se han identificado una serie de características que conforman el
proceso mental o las habilidades que debe desarrollar el pensador crítico. Facione (2007),
teórico estadounidense, identifica seis de estas habilidades que están presentes en el
pensador crítico:

1. La interpretación, es decir, cómo se percibe un problema imparcialmente y cómo


se categoriza la información disponible.
2. El análisis, es decir, cómo se perciben las cosas partiendo de sus premisas o
sus partes, también entendiendo las intenciones y lo que está más allá del
propio texto o información disponible.
3. La evaluación entendida como la valoración del contenido, por medio de la
coherencia entre sus argumentos o discurso, valorando la solidez de los
argumentos y la correlación existente entre ellos.
4. La inferencia se encarga de la pertinencia que hay o no de las
hipótesis/conclusiones y las consecuencias que se extraen de los datos o
argumentos.
5. La explicación entendida como la habilidad que posee el pensador crítico de
exponer el propio pensamiento de manera coherente una vez realizados los
procesos anteriores, incluye el exponer de manera organizada las relaciones
entre argumentos, así como las deficiencias o contradicciones metodológicas
que haya encontrado. También dentro de esta categoría se incluye la autocrítica,
también conocida como metacognición, debido a su carácter retrospectivo sobre
el propio proceso de pensamiento.
6. Por último, la autorregulación tiene relación con el momento retrospectivo
anteriormente mencionado, ya que se remite a la acción de juzgar los propios
juicios y el proceso mental, reconocer los prejuicios o predisposiciones,
reconocer los errores ante la refutación (pp. 4-7).
Proceso del pensamiento crítico, según Facione:

Facione (citado en Jiménez, Martillo y Aguayo, 2018) agrega: el pensador crítico ideal
es habitualmente inquisitivo, siempre está bien informado, es confiable, de mentalidad
abierta y justa, honesto, sin prejuicios, dispuesto a reconsiderar cuestiones varias; es
diligente en la búsqueda de información relevante; razonable en la selección de
criterios; es enfocado y persistente en la investigación (p. 113).

Robert Ennis (citado en López, 2018), otro teórico del pensamiento crítico, describe las
habilidades del pensamiento crítico de la siguiente manera:

Centrarse en preguntas, analizar argumentos, clasificar información, juzgar la


credibilidad de las fuentes, observar, deducir, inducir criterios e hipótesis,
juzgar y realizar juicios relevantes, definir términos, identificar premisas no
enunciadas o implícitas, razonar a partir de premisas, proceder de manera
ordenada o sistemática (p. 120).

Para Tamayo, Zona y Loaiza (2015), los pensadores críticos poseen las características
siguientes:

a) Tratan de identificar los supuestos que subyacen las ideas, las creencias,
los valores y las acciones.

b) Poseen la capacidad de imaginar y explorar alternativas a maneras


existentes de pensar y de vivir.

c) Usualmente son escépticos a afirmaciones de verdades universales o


explicaciones últimas y definitivas.

d) Están conscientes del contexto (p. 117).


Como se ha revisado, el pensamiento crítico posee una gran variedad de
conceptualizaciones, métodos y procedimientos para su acercamiento.

Para términos prácticos se puede construir una definición que sume algunos de los
elementos comunes a las definiciones revisadas anteriormente.

Se puede afirmar, entonces, que el pensamiento crítico es la acción que realizan


sujetos autónomos, al hacer pasar por su proceso mental, las ideas, saberes y
contenidos, hacia un análisis cuidadoso de los elementos que lo constituyen; es
el conocer los orígenes, fundamentos y consecuencias que otorgan la validez de
tal contenido, para después problematizar, juzgar o realizar hipótesis, con el fin
de evaluar el pensamiento y, posteriormente, plantear soluciones o alternativas
creativas.

Conclusión
Podemos concluir que el pensamiento crítico implica el análisis de un objeto de estudio,
un rastreo a los orígenes de este contenido y las consecuencias o conclusiones que
resultan de aceptar ciertos razonamientos. Su origen lo encontramos en la escuela de
Frankfurt, con el movimiento intelectual crítico y el racionalismo imperante. Entre sus
principales exponentes encontramos a: Max Horkheimer y Theodor Adorno.

Todos los días utilizamos nuestro pensamiento, tanto en cosas sencillas como planear
qué haremos durante nuestro día, como en el momento de acercarnos a leer un texto
sobre ámbitos que desconocemos.

Por ello, se habla de pensamiento crítico cuando una persona utiliza una serie de
herramientas que le permiten:

• Reflexionar sobre la relevancia, veracidad y aportes de ideas, argumentos o un texto


determinado.

• Valorar y evaluar la información o ideas contenidas en un argumento o texto.


• Emitir un juicio acerca de cuestiones o problemas complejos.

El pensamiento crítico se refiere a la capacidad intelectual para analizar, evaluar y


fundamentar los argumentos presentes en un texto con el propósito de valorar la
información o ideas que contiene. Funciona por medio del uso de destrezas cognitivas,
actitudes mentales y otros elementos que permiten a la persona hacer una evaluación
profunda de lo que se lee y se
Pensamiento crítico: toma de decisiones
razonadas
¡Bienvenido al segundo módulo de Pensamiento crítico e innovación! En esta ocasión
conocerás que detrás de herramientas como el lenguaje y la lógica, que desarrollas a partir
del pensamiento crítico, subyace la construcción de un proceso de toma de decisiones
razonadas mediante el cual puedes identificar qué variables debes analizar para diseñar
estrategias de solución de problemas.

Es decir, en este módulo identificarás y desarrollarás las habilidades requeridas para


construir y evaluar argumentos, que sirvan para estructurar juicios para la toma de
decisiones razonadas; habilidades que, a su vez, te llevarán a construirte como pensador
crítico con una actitud innovadora frente al mundo.

Revisa el siguiente video: ABP, una metodología para el aprendizaje: situaciones


reales, pensamiento crítico y creatividad. UPF Barcelona School of Management.

https://youtu.be/U28CKTyLC3Y

Lenguaje y lógica
Regular y lamentablemente, cuando descubrimos que hemos tomado una decisión
apresurada y precipitada lo hacemos en retrospectiva, es decir, al pensar o analizar el
pasado –mediato e inmediato–, pues caemos en cuenta que no consideramos todos los
factores que influían en el problema para el cual tomamos una decisión. Incluso, cuando
mejor nos va, reconocemos que esa decisión no fue lo más racional ni sensata posible,
pero tropezamos con la estrecha y habitual noción que nos estanca en el hecho de que la
toma de decisiones es algo que realizamos cada día sin darle la mayor o adecuada
atención.
Ahora partiremos de una nueva noción, partiremos de un proceso analítico que sustenta el
hecho de entrenar la toma de decisiones como una habilidad del pensamiento que parte de
la reflexión y favorece una mayor eficiencia en cuanto a la sensatez y buen juicio de las
decisiones que tomamos.

En segundo lugar, replantearemos los problemas, pues aprenderemos que el pensamiento


crítico nos enseña a verlos y abordarlos bajo otra óptica y desde otra postura. Ahora, un
problema y una solución pueden ser observados mediante representaciones gráficas como
modelos flexibles factibles de mejora. (Campirán, 2017, pp. 13-16).

Tercero, identificaremos que el lenguaje y la lógica juegan un papel trascendente en la


toma de decisiones, pues con base en estas herramientas se construye y traduce el
pensamiento. Descubriremos como evidente, por fundamental, que uno de los procesos
cognitivos más determinantes para los seres humanos es el lenguaje, ya que mediante él
nos comunicamos para formar parte del mundo.

Comprensión Ordenada del Lenguaje (COL)


Comencemos con la Comprensión Ordenada del Lenguaje (a partir de ahora COL), una
estrategia didáctica para estimular la memoria y los procesos del pensamiento. La COL se
compone de tres elementos: estimulación plurisensorial de la inteligencia, orden del
pensamiento y niveles de comprensión. Veamos:

1. Estimulación plurisensorial de la inteligencia. Se refiere a los incentivos que se


reciben del exterior, mediante diversos medios, no solo a través de la escucha
(Campirán, 2017, p. 35).
2. Órden del pensamiento. Este elemento se expresa y estructura en siete preguntas
clave, las cuales deben responder a cualquiera de los temas abordados.

a. ¿De qué se está hablando?

b. ¿Qué te preocupa de eso?

c. ¿Tú que piensas al respecto?

d. ¿Qué estás presuponiendo?

e. ¿En qué te basas para pensar así?

f. ¿Puedes darme un ejemplo?

g. ¿Qué piensas del siguiente ejemplo?

Estas preguntas funcionan como un filtro para mantener un orden de pensamiento y


son expresadas en una Bitácora Orden de Pensamiento (Campirán, 2017, p. 63).

3. Niveles de comprensión.

a. Primer nivel: Pre-reflexivo. Proporciona al estudiante o aprendiz la


experiencia suficiente para comprender algo de manera general; en este
punto se puede presentar imprecisión, ambigüedad y vaguedad, sin que esto
signifique un problema importante.

b. Segundo nivel: Reflexivo. Se concentra en las habilidades analíticas, sus


componentes y las relaciones entre ellos. Este punto posee un grado mayor
de claridad, rigor y precisión epistémica.

c. Tercer nivel: Experto. Corresponde con el desarrollo de habilidades críticas y


creativas. Presenta propuestas originales y evidencia una capacidad de
evaluación elevada (Campirán, 2017, p. 63).
Bitácora COL
Estos tres niveles de comprensión se expresan en una bitácora COL, una herramienta
didáctica que debe ser elaboradas voluntariamente por los estudiantes, estas bitácoras se
estructuran y formulan con base en preguntas de dos niveles:

Preguntas de primer nivel

¿Qué paso? ¿Qué sentí? ¿Qué aprendí? En estas se debe dar espacio para
que los alumnos contesten estos interrogantes y compartan lo escrito en la
clase, con la finalidad de que los presentes participen en una acción de
retroalimentación grupal y metacognición individual. A partir de esta
experiencia surgida de las preguntas de primer nivel, los educandos pueden
responder preguntas de segundo nivel.

Preguntas de segundo nivel

¿Qué propongo? ¿Qué invento? ¿Qué integro? En este caso, se repite la


retroalimentación grupal y metacognición individual, para integrar alguna
pregunta del tercer nivel: ¿Qué quiero lograr? ¿Qué utilidad tiene? (Méndez,
s.f., p. 1).

En esto podemos observar que el lenguaje tiene una característica definitoria: el uso de
símbolos; por ello, el lenguaje forma la mayor parte de nuestra memoria declarativa, y ello
la convierte en una herramienta de comunicación. Además, el lenguaje posee una función
adaptativa que ayuda a transmitir información de una generación a otra, proceso que
enriquece progresivamente la herencia cultural y la comprensión del mundo de quienes lo
usan.

Ahora bien, para adentrarnos en el estudio del lenguaje y de la lingüística debemos tener
en cuenta que las diferencias entre lengua, lenguaje y habla son muy determinantes. Así,
mientras que el lenguaje es la capacidad de establecer comunicación mediante signos,
orales o escritos, la lengua es el conjunto de signos y de reglas que están a disposición de
todos los hablantes de un mismo idioma. El lenguaje es un código que conoce cada
hablante y que utiliza cada vez que lo necesita. Este código es fundamental para el
desarrollo normal de la comunicación entre las personas, pues el hecho de que todos los
hablantes de una lengua lo conozcan es lo que hace que se puedan comunicar entre sí.
Por otro lado, el habla es la expresión verbal del lenguaje, está constituida por la voz y la
articulación; por extensión

Tipos de significado
El lenguaje se basa en la capacidad de los seres humanos para comunicarse por medio de
signos, principalmente el signo lingüístico. Ahora bien, el desarrollo del lenguaje puede ser
estudiado desde dos puntos de vista, la ontogenia, que remite al proceso de adquisición del
lenguaje por el ser humano, y la filogenia, que afirma que el ser humano está dotado de
mecanismos genéticos que le permiten adquirir el lenguaje.

Por otro lado, existe la función simbólica del lenguaje, un término utilizado para referirse a
la facultad o capacidad que tiene la mente para utilizar símbolos para representar una cosa
o idea; una facultad mental que el niño desarrolla durante sus primeros años de vida para
comprender la relación entre el signo y el significado.

Definición de significado
Los pensamientos adquieren significado en la medida en que son útiles para las personas,
pero si no resultan relevantes, pueden ser sustituidos por otros. Un aspecto importante –en
cuanto a herramienta de pensamiento crítico para los procesos de toma de decisiones
razonadas– es que si los pensamientos se manifiestan de manera desordenada, sin un
propósito específico, pueden llevar a tomar decisiones poco efectivas o erróneas; de ahí la
importancia de que el pensamiento se presente de forma ordenada (lógica) y se transforme
en razonamiento, con sentido y significado, para construir y evaluar argumentos, que sirvan
para estructurar juicios para la toma de decisiones razonadas.

En los procesos de pensamiento, las personas se enfrentan a diversos problemas que


requieren solución, por ello se recurre a actos de significación que se manifiestan mediante
las palabras y el habla. Estos actos se enriquecen a partir del uso de palabras, la
construcción de oraciones y proposición de argumentos, de modo que se forman
numerosos sentidos para cada palabra; es decir, se da un significado general a cada
palabra y un significado a un conjunto de palabras, por ello el desarrollo de significados
precede al comportamiento humano.
Falacias
El pensamiento crítico sostiene sus razonamientos en el pensamiento científico y la lógica.
Una falacia es un razonamiento incorrecto al momento de construir un juicio o argumento.
Es importante identificar y analizar las falacias cuando se debata o comparta información.
Podemos ver que existen distintas clasificaciones de falacias, sin embargo, por ahora solo
estudiaremos la distinción entre formales y no formales.

Falacias no formales
Aquellas donde el error del razonamiento se encuentra en el contenido de las premisas.
Entre las falacias no formales encontramos:

Falacia ad hominem. Niega la veracidad de ciertas ideas, atacando al


interlocutor resaltando las características negativas. Ejemplo: El argumento
del abogado no tiene validez porque no viene aseado y con traje completo
(Triglia, 2019, s/f).

Falacia ad ignorantiam. Ocurre cuando se afirma la veracidad de un


argumento o juicio por el simple hecho de no poder demostrar lo contrario.
Ejemplo: Los unicornios existen porque no puedes probar que no existen.

Falacia ad verecundiam. Consiste en afirmar un juicio por el hecho de que,


quién lo afirma, tiene cierto cargo o autoridad. Ejemplo: Decir que algo es
verdad porque lo dice un presidente o un político.

Argumento ad consequentiam. Consiste en afirmar algo con relación a


nuestras expectativas sobre el desenlace, si este nos resulta deseable o
indeseable. Ejemplo: Sé que van a sacar segunda parte de esa película,
porque a mí me gustó mucho.

Generalización apresurada.
Afirmar algo sin contar con suficiente evidencia. Ejemplo: Si viajo a Inglaterra
y un inglés es grosero conmigo, asevero que todos los ingleses son groseros.

Falacia del hombre de paja. Refiere a desestimar los argumentos, no por su


contenido, sino por las características del argumentador contrario. Ejemplo:
Tú dices que mi celular es malo, porque eres pobre y no lo puedes comprar.

Post hoc ergo propter hoc, o falacia de falsa causalidad. Sucede cuando
afirmas que si algo ocurre después de cierto evento es causa de ello.
Ejemplo: La tormenta ocurrió, porque un día antes hubo una fiesta que hizo
enojar a Dios.

Falacias formales
Aquellas en que el contenido de la premisa puede ser cierto, pero la relación lógica de
estas causa que el razonamiento no sea válido. Ejemplos:

Negación del antecedente. Sucede cuando se rechaza la primera parte del


razonamiento y, en consecuencia, se infiere que la segunda parte queda
anulada. Ejemplo: Si le doy un regalo seremos amigos, si no le doy un regalo,
no seremos amigos.

Afirmación del consecuente. En este caso se parte de un condicional,


afirmando que el segundo elemento es causal del primero. Ejemplo: Si paso
el examen, descorcho el vino, entonces si descorcho el vino pasaré el
examen.

Término medio no distribuido. Para esta falacia, el término intermedio que


conecta dos preposiciones no es causal de la conclusión. Ejemplo: Todo
alemán es europeo, algún francés es europeo, por lo tanto, algún francés es
alemán. (Triglia, 2019, s/f).

Reconocer las falacias es un ejercicio constante que permite responder a argumentos


incorrectos y discriminar la información a la que se está expuesto por medio de noticias,
publicidad, etcétera.

Argumentación
La construcción de argumentos es una competencia fundamental en la vida académica y
profesional, pues es base para el diálogo y el aprendizaje colaborativo, así como para la
deliberación y el trabajo en equipo.

El proceso de construcción de argumentos puede comenzar con la presentación de algún


problema, para comenzar a organizar ideas, identificar la naturaleza de las mismas y los
factores involucrados con ellas. Posteriormente, se puede realizar una charla o lluvia de
ideas, en la que se abrirá la posibilidad de relacionar los conocimientos previos con los
aspectos del problema planteado, también se pueden ubicar aquellos aspectos que no
comprenden, ya que de estos dependerá la segunda etapa: la investigación y la
sistematización de la información. En esta segunda etapa es necesario pasar la
información por los filtros de pertinencia, relevancia y origen. Finalmente, al resolver las
dudas y ordenar el nuevo conocimiento en relación con el antiguo, los grupos conforman
nuevas propuestas de solución formuladas y argumentadas bajo un sustento
epistemológico.
Clasificación de los modos de argumentación de acuerdo
con su intencionalidad
 Argumentación como disputa. Este estilo considera que objetar es defender
una posición. Con todos los recursos disponibles, la relación entre los sujetos
dialogantes es la de enemigos y necesariamente habrá un ganador y un
perdedor.

 Argumentación como debate. Consiste en defender una postura, pero no tiene


un carácter tan bélico como el anterior; el interlocutor no es necesariamente un
enemigo, sino más bien un rival al que hay que convencer de desechar ideas
erróneas. La cortesía entre los conversadores es una condición deseable pero
no siempre respetada.

 Argumentación como controversia. Cuando se refuta desde esta posición el


oponente podrá ser un colaborador, en tanto el centro del proceso es la cuestión
a defender o a atacar.

 Argumentación como fundamentación. Se refiere a la función del proceso de


la argumentación para la construcción y el análisis de discursos, bajo esta
concepción no es necesario tomar una postura beligerante. El punto de partida
de la argumentación no tiene que ser necesariamente un desacuerdo.

 Argumentación como discurso epidíctico. Su intención es incrementar el


convencimiento de una idea que ya goza de reconocimiento. Este tipo de
argumentación corresponde con los discursos educativos, en tanto no
contravengan las disposiciones establecidas (Morado, 2014, pp. 60-70).

Argumentos de forma tradicional


Atienza (2006) refiere 10 consejos para mejorar los procesos argumentativos:
1. Prepararse bien. ... estar ampliamente documentado y actualizado en el ámbito a
debatir.
2. Hay aspectos comunes a distintos tipos de argumentación. ... pero también rasgos
particulares de cada campo. Se debe considerar el área, la profundidad y amplitud que
corresponda a los propósitos y las áreas de la argumentación.
3. No se argumenta mejor por decir muchas veces lo mismo. ...ni por alargar en exceso el
discurso. Es mejor expresar con pocas palabras lo que se quiere explicar. Una plática muy
larga puede cansar al auditorio e incrementa la posibilidad de cometer errores.
4. En un debate o discusión racional hay que hacer esfuerzo por comprendes con claridad
los puntos expuestos. ... por el contrario, es una exigencia moral de respeto.
5. No estar dispuesto a ceder es una estrategia incorrecta. ... hace imposible continuar con
la discusión, y se adopta un carácter de tozudez que es mal visto en los diálogos
fructíferos.
6. Cuando sea imposible de avanzar en una dirección. ... es factible pensar lateralmente
para encontrar nuevas vías para la argumentación.
7. Las bromas no están reñidas con la argumentación. ... sin embargo, es un recurso
riesgoso y deben ser utilizadas con mesura y precaución.
8. Hay que evitar la tendencia de irse por las ramas. ... para insistir en asentar claramente
la idea en cuestión.
9. En el discurso no se argumenta mejor por emplear frases rebuscadas o autores de moda.
... lo que avala la calidad y fortaleza se basa en la claridad y fundamentos de los
argumentos.
10. No hay un solo estilo para argumentar. ... al igual que los escritores, el sujeto que
argumenta debe elaborar y desarrollar su método propio.

Seguir estos consejos sirve a la hora de defender ideas, ya sea oralmente o por escrito.
Cada persona puede establecer un propio estilo de argumentación, lo que finalmente
genere un potencial personal y profesional.

Manifestaciones argumentales
Como hemos podido apreciar, existen diferentes tipos de manifestaciones argumentales, lo
que facilita su clasificación, estudio y comprensión. La argumentación en sí misma se
compone por diversas características relacionadas, como sus efectos o causalidades. A
continuación se exponen las principales.

La argumentación sobre alternativas


Inicialmente, una argumentación plantea algún tipo de disyuntiva; es decir, muchas
veces debemos elegir entre dos o más posibilidades, de modo que podemos
conceptualizar una argumentación sobre alternativas mediante un razonamiento
deductivo. En palabras de Herrero (2016, p. 67) se denomina como argumento
disyuntivo o dicotómico.

Este tipo de argumentación resulta ser complejo, ya que implica el señalamiento,


dentro del mismo argumento, de todas las posibilidades a elegir; es decir, se presenta
la disyuntiva de elegir una opción de entre dos o más.

Así, un argumento sobre alternativas resulta cierto cuando por lo menos una de las
opciones lo es. Como lo menciona Herrero (2016, p. 68), dichas disyuntivas pueden ser
excluyentes (cuando solo puede ser cierta una de las opciones) o no excluyentes
(cuando puede ser cierta más de una de las posibilidades planteadas). Para
identificarlas podemos atender a una característica fácil de reconocer: es el uso de la
conjunción “o”, o a expresiones del tipo “ninguno de”, “alguno de”, “a no ser que”.
En este sentido, este tipo de argumentación también puede recurrir a la negación de la
disyuntiva, de modo que se descarta una o más opciones (de haberlas); por ello
podemos encontrar que este argumento niegue todas las opciones posibles, excepto
una, de modo que se destaque aquella que es verdadera o cierta.

Ejemplo de una argumentación sobre alternativas:

En este tipo de argumentación es común encontrar falsas dicotomías, estas ocurren


cuando una premisa presenta únicamente dos alternativas, cuando en la realidad
pueden existir más opciones posibles. (Herrero, 2016, p. 69).

La argumentación condicional

Este tipo de argumentación expone las reglas y formas del razonamiento humano para
demostrar su validez mediante distintos procedimientos y métodos, de modo que
podemos establecer diferentes clasificaciones para su mejor estudio. Sin estas reglas,
difícilmente podríamos comunicarnos con otros y expresar nuestros pensamientos,
surgiendo así la necesidad de estructurarlos para expresarnos de manera coherente y
clara. En ese sentido, es importante hablar de validez en la estructura del argumento
(más que de verdad o falsedad) y, de este modo, determinar si son válidos o inválidos.

De acuerdo con Herrero (2016, p. 71), la argumentación condicional también es


denominada como “hipotética” y es de tipo deductivo. Así, en este tipo de argumentos
se platea que si se dan las condiciones establecidas por las premisas, en ese momento
se comprueba la conclusión. Esto significa que la condición establecida en las premisas
se tiene que cumplir para que la conclusión se considere como válida.
Podemos observar que en este tipo de argumento se establece una relación causa-
efecto, de modo que si ocurre algo o se cumple una condición, esto dará como
resultado otro hecho, denominando a esta relación como antecedente-consecuente.

Ejemplo:

Si sacas buenas calificaciones y te portas bien, te regalaré el juego que quieres.

Las condiciones planteadas en este tipo de argumento deben ser suficientes y


necesarias; de modo que la suficiencia determina que suceda un hecho aunque
pueden existir otros que provocan ese mismo hecho: por su parte, una condición es
necesaria cuando su existencia es obligatoria o imprescindible. En este sentido, el
antecedente es una condición suficiente; mientras que el consecuente es una condición
necesaria. Por tratarse de un argumento deductivo, si las premisas son válidas, la
conclusión también debe serlo (Herrero, 2016, p. 72).

De manera general, algunas de las características de la argumentación condicional,


son:

 Se debe evaluar el argumento en su conjunto y no en partes.


 Puede utilizar la conjunción “si” y el adverbio “entonces”, o bien, las expresiones
“implica que” o “supone que”.
 Hay casos en los que el antecedente implica una condición suficiente y necesaria,
denominada como argumento bicondicional (se expresa como “si y solo si”).

La argumentación causal

Como su nombre lo indica, un argumento causal establece relaciones de causalidad; es


decir, se establece una relación causa y efecto, de modo que las premisas son las
casusas y la conclusión el efecto. En este sentido, las causas son aquellas
circunstancias que provocan el efecto, lo que significa que ya ocurrieron. Entonces, sus
causas pueden ser necesarias, suficientes o ambas (como en los tipos de
argumentación anteriores).
En el argumento causal, las premisas son las hipótesis, mientras que la conclusión es
la confirmación de las mismas. De modo que, este tipo de argumentación consiste en
formular hipótesis y confirmarlas (esto lo estudiaremos en detalle en el siguiente
módulo en su relación con la investigación).

John Stuart Mill (citado por Herrero, 2016, p. 80) establece cinco principios para
formular hipótesis:

 Método de la coincidencia. Se establece una circunstancia que es la causa para posteriormente comprobar
si el efecto se produce. Los resultados dependen de las causas posibles y sus posibles combinaciones.
 Método de la diferencia. En este método, se destaca la determinación de qué es diferente cuando se
produce el efecto, en comparación con los casos o circunstancias en las que no ocurre. Para esto, se
elimina la circunstancia que se sospecha que puede ser la causa, el resto se mantienen y se comprueba si
el efecto se produce. En caso de no producirse, podríamos deducir la causa.
 Método combinado. Se realizan los métodos anteriores de manera conjunta.
 Método de la variación concominante. Aquí es importante determinar la situación que, cuando se
modifica, también cambia el efecto. En vez de comprobar qué ocurre con el efecto cuando se elimina la
circunstancia sobre la que se sospecha que es la causa, con este método simplemente se modifica, no se
elimina.
 Método de los residuos. Se trata de reconocer qué circunstancia o elemento sobre una vez que se han
atribuido diversas causas a diversos efectos, menos uno. Entonces, hablamos de una correlación, siendo
una hipótesis que debe ser tenida en cuenta pero que no implica necesariamente causalidad.

Así, Herrero (2016, p. 81) menciona que para poder comprobar la contundencia de un
argumento causal se debe:

 Presentar la relación entre causa y efecto.


 La relación entre cusa y efecto es contundente.
 La relación entre la causa y efecto es coherente.
 Se cumple una secuencia temporal inherente a una relación causal.
 La causa es necesaria y suficiente para provocar el efecto.

La refutación

Como contraparte, encontramos la refutación, descrita por Herrero (2016, p. 89) como
aquel argumento que demuestra que la conclusión de otro es falsa. En este sentido, no
solo se trata de decir que algo expuesto por alguien más es falso, sino que se debe
llevar a cabo un esfuerzo cognitivo que implica probar para demostrar que las premisas
planteadas no respaldan la conclusión.

Antes de llegar a una refutación, es importante analizar el argumento para determinar


dónde se encuentra la debilidad del argumento. Para esto, Herrero (2016, p. 89-90)
expone cinco pasos para el análisis de un argumento:

1. Determinar cuál es la conclusión que se defiende o la proposición expuesta.

2. Examinar las evidencias o fundamentos que respaldan dicha conclusión o proposición.


Este paso implica eliminar las ideas que se repitan o, incluso, determinar si existen
contradicciones.

3. Evaluar el lenguaje utilizado. Dicho paso requiere eliminar recursos retóricos y


reiteraciones, además de reconocer si se usa lenguaje vago o ambiguo.

4. Especificar de qué tipo de argumento estamos hablando (principalmente si es deductivo


(validez) o inductivo (fortaleza), así como examinar las características que implican
validez y solidez).

5. Identificar la presencia de falacias.

En este sentido, podríamos plantear algunas preguntas para analizar y esbozar


elementos que permitan construir una refutación, por ejemplo: ¿Qué de lo que se
menciona es inválido o falso?, ¿las evidencias son irrelevantes?, ¿el argumento es
incoherente?, ¿existen inconsistencias en el argumento o sus fundamentos?, ¿la
conclusión es diferente respecto de las evidencias expuestas?, ¿existen debilidades en
el argumento?, ¿hay falacias o contradicciones?, ¿existe manipulación del lenguaje?,
¿las conclusiones son posibles o probables?, ¿existen excepciones dentro del
argumento?, ¿es posible utilizar contraejemplos?

Con este tipo de preguntas, entonces, podemos guiar el análisis del argumento que
estamos por refutar, de modo que todos los elementos de información que genera
plantear este tipo de preguntas, contribuye a la construcción de una refutación sólida,
que no solo delimite la validez del argumento, sino que permita la identificación de
aspectos relevantes que permitan estructurar de manera clara, todos los errores
existentes.

Tipos de argumentos
Existen fundamentalmente dos tipos de argumentos, el deductivo y el inductivo. A
continuación se describen las características generales de cada uno de ellos.

Argumentos deductivos
De manera general, este tipo de argumentos van de lo general a lo específico. De este
modo, los argumentos deductivos demuestran si las premisas señaladas son ciertas, de
modo que la conclusión también lo sea.

Así, los argumentos deductivos se fundamentan en la forma y estructura del argumento, así
como la relación entre las premisas y su conclusión. Un claro ejemplo de un argumento
deductivo, como menciona Herrero (2016, p. 63), es el “silogismo”, un argumento deductivo
compuesto por tres proposiciones (dos premisas y una conclusión). Ejemplo:

Ninguna ciudad de Asturias tiene más de 300,000 habitantes.

Valladolid tiene más de 300,000 habitantes.

Por lo tanto, Valladolid no es una ciudad de Asturias.

En este ejemplo, el silogismo es válido en cuanto a su forma, ya que podemos corroborar


los datos fácilmente y la conclusión puede ser aprobada. Sin embargo, existen casos en los
que alguna de las premisas sea falsa o no pueda ser probada.
Nuestras experiencias de vida, nuestros conocimientos y las representaciones que
tenemos de la realidad que nos rodea (en cierto sentido, el lenguaje) influyen en la práctica
de los argumentos deductivos. Por esta razón, cuando nos encontramos ante una
conclusión que es congruente a nuestras experiencias y representaciones, nos inclinamos
a aceptarla como válida aunque no lo sea.

El efecto de convicción generalizada corresponde al argumento deductivo, porque partimos


de premisas generales personales como son nuestras experiencias, representaciones,
conocimientos. Ejemplo: Si nos encontramos en una reunión y varias personas concluyen
que este año ha sido decepcionante debido a la falta de oportunidades laborales, yo la
acepto como válida porque me quedé sin empleo y aún no logro encontrar uno estable.
Acepto como válida la conclusión que el año ha sido decepcionante.

Argumentos inductivos
Contrario a los argumentos deductivos, estos van de lo específico a lo general. Los
inductivos respaldan y apoyan lo dicho, de modo que son los elementos que brindan
fortaleza y fundamentos al argumento. Este tipo de argumentos no se pueden clasificar
como ciertos o falsos, sino que pueden ser mejores o peores, más o menos precisos, más
o menos contundentes. De modo que, su relevancia consiste en dar apoyo a las evidencias
para una conclusión que sea fuerte, argumentativamente hablando.

En este sentido, las evidencias del argumento inductivo deben ser aceptables, suficientes y
relevantes.

Construcción de argumentos
Un argumento, de acuerdo con Herrero (2016, p. 35), se compone de dos partes: las
premisas y la conclusión; por lo tanto, una afirmación no puede ser un argumento, como
tampoco lo es una opinión, afirmación, descripción o explicación. Es importante destacar
que un argumento no corresponde con la descripción de cosas, sentimientos o emociones.
En este sentido, los argumentos requieren de razones y evidencias que las respalden.

Así, como también menciona Herrero (2016, p. 36), la mejor manera para determinar si
estamos ante una explicación o la verdadera construcción de un argumento consiste en ver
si hay acuerdo sobre la declaración que se explica o que se concluye es verdadera. Al
valorar un argumento, hay una tendencia a considerar si se está de acuerdo o no con lo
señalado; sin embargo, eso es algo irrelevante, ya que un argumento no debe aceptarse
por estar de acuerdo con su conclusión; del mismo modo, tampoco es válido rechazarla si
no se está de acuerdo con ella. Así, un argumento se acepta porque las evidencias
sostienen o respaldan debidamente la conclusión, independientemente de la opinión o
punto de vista de una persona.

En este sentido, al construir un argumento debemos fijarnos en las premisas y en el


razonamiento; es decir, en las evidencias o pruebas, así como la relación que se establece
entre ellas y la conclusión. También resulta vital considerar la credibilidad de la conclusión
y evaluar el razonamiento que expone. Así, algunos puntos a tomar en cuenta en la
construcción de un argumento, pueden sustentarse en las preguntas que propone Herrero
(2016, p. 36):

Con base en estas preguntas se puede dilucidar si estamos ante una construcción
verdadera de un argumento o no; esto da paso al siguiente tema que es la evaluación de
los argumentos.

Evaluación de argumentos
La toma de decisiones, en esencia, implica una elección entre varias alternativas de un
contexto. Tal escenario puede, o no, tener variables definidas. Es ahí donde radica la
complejidad de tomar una decisión.

A decir de Nieto (en Campirán, 2017):

Existe un problema de decisión cuando tenemos un conjunto de alternativas, al


menos dos, que compiten entre sí, en el sentido de que cada una de ellas tiene
consecuencias positivas y negativas, y no hay ninguna que sea perfecta. (…)
Nuestra tarea de decisión consistirá en elegir la mejor de ellas, que sería aquella
que más beneficios nos reporte con el menor gasto o esfuerzo (p. 81).

El juicio otorgado a las alternativas u opciones implican un razonamiento de valor, ya sea


positivo, negativo, probabilístico, ético, entre otros. En este sentido, se pueden clasificar en
tres las posibles decisiones, mismas que tienen correspondencia con los niveles de
comprensión del modelo COL. (Campirán, 2017, p. 83).

 Rápidas o de sobrevivencia. Las decisiones rápidas o de sobrevivencia se ubican en una escala semi-
reflexiva.
 Reflexivas. Las decisiones reflexivas operan con una semiestructura, a la par tratan de prever
consecuencias deseables o indeseables.
 Reflexivas superiores. Las decisiones reflexivas superiores funcionan con aparatos conceptuales y rigor
intelectual.

Ahora bien, cuando se identifica un problema también se debe considerar el nivel de


profundidad que requiere la solución del mismo, puesto que no siempre las respuestas más
complejas son las más eficaces.

Por otro lado, es posible llegar a la solución de problemas por medio de dos tipos de
relaciones. La primera es la pragmática (transdisciplinar), la cual se relaciona con la toma
de decisiones en la vida cotidiana, y su contexto. La segunda es la teórico-práctica
(disciplinar) referida al uso de la ciencia para explicar o responder cuestionamientos
(Campirán, 2017, p. 78).

Conclusión
Pensar críticamente requiere plantear preguntas para obtener respuestas razonadas,
por lo que el lenguaje y la lógica desempeñan un papel fundamental, siendo que, sin
lenguaje no habría pensamiento.

Los procesos cognitivos superiores son un conjunto de habilidades que se aprenden en


la medida que una persona crece y se desarrolla mentalmente, estas habilidades
cognitivas son usadas para aprender, comprender e integrar información de una
manera significativa.

Podemos clasificar estos procesos cognitivos como inferiores, también conocidos como
básicos o simples, entre ellos tenemos a la sensación, la percepción, la memoria, el
aprendizaje y la concentración; y procesos cognitivos superiores, de alto orden o
complejos, por ejemplo, el pensamiento, el lenguaje y la inteligencia.

El pensamiento y el lenguaje son procesos cognitivos superiores. Estos procesos con


frecuencia operan juntos de manera compleja para formular alguna conclusión sobre
mundo externo e interno.

Campirán, 2017
Innovación en la investigación
Introducción
¡Bienvenido al tercer módulo de Pensamiento crítico e innovación! En esta ocasión
explorarás el concepto innovación, el cual está relacionado con el pensamiento crítico y
con la investigación pues, una vez que sabemos qué es y cómo funciona el primero, lo
aplicamos en la segunda y eso nos da la posibilidad de innovar.

Por ello, aquí aplicarás las habilidades del pensamiento crítico para innovar en el análisis
del contexto mundial, es decir, en la investigación con relación al crecimiento económico de
los países y su impacto social. Además, identificarás el valor de la innovación en los países
latinoamericanos y la economía del conocimiento.

Revisa el siguiente video Innovación, diseño y tecnologíaPerujo, J. (2017).

Principios de innovación
El concepto de innovación, ya sea como actividad o como producto de una actividad, es
definido de diversas maneras, dependiendo del área de conocimiento que la estudia, el tipo
de institución, el lugar y la época. En general los autores coinciden en definirla como la
producción de un bien material o inmaterial novedoso, con una función específica y
relevante. Sin embargo, esta definición genera controversia cuando la contrapunteamos
con preguntas como: ¿Qué es novedoso? ¿Qué es relevante?

En este sentido, la Ley de la propiedad intelectual de México (Cámara de Diputados, 2012),


menciona que algo relevante es toda creación humana que permita transformar la materia
o la energía que existe en la naturaleza para su aprovechamiento por el hombre y
satisfacer necesidades concretas. Adicionalmente, esta Ley refiere que la innovación es
toda invención que sea nueva y con aplicación industrial, de modo que especifica que lo
novedoso es todo aquello que no sea una técnica.

Ahora bien, al invocar el constructo conceptual que fundamenta la innovación, muchas de


las ideas que llegan a nuestra mente la relacionan con los conceptos creatividad o
tecnología. Por ejemplo, para Corma (2018, p. 17) innovación consiste en transformar
ideas y conocimientos en productos, procesos o servicios mejorados, de modo que puedan
satisfacerse necesidades y expectativas de personas, organizaciones o de la sociedad en
general.

Corma (2008) profundiza y refiere lo siguiente:

Algo ha sucedido en estos últimos 15 años que ha distorsionado ligeramente esta


concepción de la innovación hasta conducirla a dos vertientes:

• Por un lado la versión simplista, rayando la frivolidad, que la asocia a la creatividad,


a la generación de nuevas ideas en todas las direcciones, en una especie de
generación espontánea de nuevas propuestas que deberán germinar y crecer por sí
solas.

• Por otro lado la versión purista que la asocia casi exclusivamente a la innovación
rupturista, rompedora, que logra arrinconar todo lo anterior y que supondrá la base
de un nuevo aporte no imaginado con anterioridad. (p. 17)

Ambas vertientes de esta definición denotan que este concepto trasciende la visión
simplista y la idea disruptiva de paradigmas; al contrario, podemos aseverar que su esencia
se centra en el desarrollo, difusión e implementación de procesos o productos que no
existían, que no se usaban o no eran necesarios para una aplicación específica y que,
además, tiene como objetivo incrementar el bienestar de una población o sociedad.

El Banco Mundial (2010, p. 2) define la innovación como la difusión de algo nuevo en un


contexto dado, no como algo nuevo en términos absolutos.

Rantil (2017), por su parte, nos comparte como concepto de innovación: el proceso
mediante el cual investigamos, desarrollamos, demostramos, implementamos y difundimos
ampliamente tecnologías.

La UNED (2006) refiere que la innovación requiere implantar cambios significativos en el


producto, el proceso, el marketing o en la organización de la empresa con el propósito de
mejorar los resultados. Los cambios innovadores se realizan a partir de la aplicación de
nuevos conocimientos y tecnologías que pueden ser desarrollados internamente, con
colaboración externa o ser adquiridos mediante servicios de asesoramiento o compra de
tecnología.
Como también lo indica la UNED (2006), las actividades de innovación incluyen todas las
actuaciones científicas, tecnológicas, organizativas, financieras y comerciales que
conducen a la innovación. Para ello se consideran las actividades exitosas, las que están
en curso o las que fueron realizadas dentro de proyectos cancelados por falta de viabilidad.

En el caso del Manual de Oslo, este refiere que una innovación consiste en un producto o
proceso (o la combinación de ambos) nuevo o mejorado que difiere significativamente de
los productos o procesos previos de la unidad institucional y que ha sido puesto a
disposición de potenciales usuarios (como producto) o que ha sido implementado en una
institución (UNED, 2006).

A partir de estas definiciones, podemos delimitarse distintas dimensiones desde las cuales
se puede observar la innovación; por ejemplo, desde el punto de vista tecnológico, que
permite el avance y creación de aplicaciones tecnológicas; desde la perspectiva
psicológica, donde la innovación implica avances personales y científicos mediante la
participación de individuos creativos; desde la administración, donde se sabe que la
innovación logra un significativo impacto en las empresas, de modo que sus estructuras
organizativas estimulen la creación y la investigación; y, finalmente, desde la lógica
económica, donde se ha identificado la existencia de importantes consecuencias que
determinan el avance o retroceso de la economía, los cuales están relacionados con la
innovación. Así, podemos inferir que la innovación es un fenómeno trascendental para la
sociedad y su mejora.

Corma (2018) expone tres tipos de innovación:


 Como forma de sistemas complejos, resultado de un proceso de
colaboración entre grandes empresas o del trabajo de una sola
empresa, pero, en ambos casos, de procesos planificados a largo
plazo.

 Como radical, que produce un fuerte impacto en las empresas,


modifica sensiblemente la estructura de la industria para solucionar
una amplia gama de problemas a corto plazo, como la mejora de
productos o reducción de costos.

 Como la resolución de problemas que ocupan la atención del


personal de una empresa a corto plazo.

Cabe destacar que la creatividad es necesaria como proceso de entrada o generación de


ideas para la innovación, sin embargo, creatividad e innovación no son sinónimos.
Tampoco se trata de la aplicación de técnicas o métodos, ya que va mucho más allá.

Corma (2018, p. 20) añade que la innovación es un factor clave en el rendimiento obtenido
del trabajo (la productividad), en el crecimiento económico (al generar riqueza) y, en
consecuencia, en el bienestar que se genera, por ello la innovación debe considerarse
como una prioridad para generar medidas de fundamentación y difusión de ella misma.
Este punto se retomará más adelante, en la relación entre innovación y crecimiento
económico.

En suma, la innovación requiere pensar y analizar los problemas de manera consciente,


para resolverlos desde un punto de vista diferente y con otro modo de actuar.

Podemos ver que el punto no reside en cómo resolver un problema, sino en qué, cómo,
dónde y con quién resolverlo. Debemos tener claro que lo importante son las personas y
sus ideas, que la resolución de problemas implica toda una cultura, todo un paradigma, y
que los problemas se resuelven mediante la innovación de las personas para las personas.

Contexto mundial de la innovación, la


investigación y desarrollo
A lo largo de la historia, el ser humano ha encontrado la forma de adaptarse al medio en el
que se desenvuelve, sin embargo, una vez que la supervivencia está asegurada, surgen
nuevas necesidades que deben ser cubiertas. Así, se origina el mundo de las ideas, un
mundo donde las personas buscan formas más eficientes para realizar las cosas.

En la actualidad, la innovación es reconocida como parte central de la mayoría de los


modelos gubernamentales de desarrollo, de modo que se sabe que existe una estrecha
relación entre los niveles de innovación y los niveles de desarrollo de un país.

En este sentido, la innovación se ha convertido en una herramienta poderosa que


contribuye en la resolución de los retos mundiales más determinantes: educación, cambio
climático, tecnología, investigación, administración pública, entre otros.

Hablando de un contexto mundial sobre innovación e investigación, resulta fundamental


definir el concepto I y D, siglas que identifican a las inversiones en investigación y
desarrollo que gobiernos y empresas realizan para desarrollar o mejorar productos,
procesos y servicios (Gurría, A., 2010).

En la literatura encontramos estas siglas como I & D o I + D (R + D en inglés), las cuales


expresan todos los aspectos a tomar en cuenta por los países desarrollados y en vías de
desarrollo, de modo que estos pongan sobre la mesa todas las necesidades y demandas
de sus habitantes, y para que los ayuden a entender y difundir las actividades que pueden
ejecutar para encontrar las mejores prácticas que se adapten a sus contextos locales.

El Banco Mundial (BM)y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico


(OCDE, 2019) desarrollaron la Plataforma de Políticas de Innovación (IPP), un espacio web
interactivo que brinda fácil acceso a conocimientos, recursos de aprendizaje, indicadores y
comunidades de práctica sobre diseño, implementación y evaluación de políticas de
innovación. En ella se enseña al usuario cómo operan los sistemas de innovación, cómo
identificar buenas prácticas en diferentes países, cómo realizar evaluaciones comparativas
estadísticas y cómo diseñar y aplicar soluciones políticas efectivas. En términos generales,
facilita el intercambio de conocimientos y la colaboración entre países y regiones.

Además, el BM (2010) publicó una guía para el desarrollo de políticas de innovación, la


cual propone el porqué, qué y cómo de la innovación. Esta guía afirma que la innovación es
el corazón de la economía y del desarrollo económico y un paso esencial para la evolución
y el desarrollo mundial.
El Manual de Oslo de la OCDE y el Índice Global de Innovación son dos significativos
ejemplos de las acciones tomadas a nivel internacional para visualizar la innovación como
un proceso novedoso y alcanzable para mejorar las condiciones de vida de los seres
humanos.

Sin embargo, esto nos permite ver que mientras que los países económicamente
avanzados trabajan naturalmente en tecnología, los países en desarrollo tienen
oportunidades considerables para aprovechar el conocimiento global y la tecnología para la
difusión en su contexto nacional. Dicha posibilidad resulta fundamental para la toma de
decisiones y el inicio de nuevas actividades, sobre todo en la industria de servicios y para
mejorar la productividad agrícola e industrial, así como para aumentar el bienestar en áreas
como salud, educación o nutrición, por mencionar algunos ejemplos.

En este sentido, resulta vital pensar en una vinculación entre universidades y empresas o
industrias, de modo que en ambas surjan investigaciones que difundan el conocimiento.
Las universidades –a partir de las investigaciones que realizan y que son parte de su razón
de ser– son el primer paso para el desarrollo, la asesoría técnica, el desarrollo de patentes
y la creación de empresas o industrias.

Esto podemos explicarlo de la siguiente manera, cuando la universidad genera innovación,


surgen publicaciones científicas o se favorece el desarrollo de patentes que llevan a la
creación o mejora de productos o procesos de aplicación científica o técnica concreta.

Finalmente, hay esfuerzos significativos por definir con amplitud qué es la innovación, con
la finalidad de detonar un entendimiento profundo que impulse la legislación de políticas
que dirijan y potencien la innovación, particularmente en países en vías de desarrollo.

Cultura de innovación y crecimiento


económico
Sabemos que en la actualidad el mundo está inmerso en una severa crisis, por ello la
innovación representa un cambio esperanzador en las actividades económicas mundiales.
Por ejemplo, ahora que el entorno global experimenta una profunda transformación del
mundo y nuestras sociedades a partir de las tecnologías de la información, la biotecnología
y la nanotecnología.

Observamos que el crecimiento económico es uno de los principales factores para impulsar
la innovación, la cual depende significativamente de las condiciones generales de la
economía, el gobierno, la educación y la infraestructura. Sin embargo, estas condiciones
son particularmente problemáticas en los países en desarrollo, pues la experiencia muestra
que para lograr crecimiento económico no es suficiente con legislar políticas proactivas en
innovación, sino que también se requiere de la creación de un entorno de reformas
amplias, duraderas y sostenibles.

Investigación con innovación


Hoy, más que en épocas pasadas, el mundo está interconectado de tal modo que la
realidad actual exige más conocimientos y, como lo referimos al inicio de este módulo, más
investigación. Sin embargo, no solo se trata de investigar por investigar, se debe investigar
para generar respuestas eficientes e inteligentes, con mayor accesibilidad y honestidad.

Como lo observamos, investigación, desarrollo e innovación son elementos íntimamente


desarrollados. Una muestra es la existencia de dos manuales de referencia en este ámbito:

1. El objetivo fundamental de la información recogida en las directrices del Manual


de Frascati consiste en ayudar a los responsables de la toma de decisiones, en
especial a quienes formulan políticas públicas. Además, podemos afirmar que
los datos de I+D se han hecho más accesibles y ocupan un lugar destacado en
el debate público; esta información también se ha convertido en un componente
determinante del diálogo político y social acerca del uso e impacto de los
recursos. Por si fuera poco, se ha desarrollado una conciencia social acerca de
que los datos de I+D –solos o combinados con otra información– solo pueden
proporcionar parcialmente una base para la toma de decisiones. Y esto será así
hasta que gobiernos, líderes empresariales y el público reconozcan las
características especiales de la I+D y le confieran un estatus especial a la
medición del esfuerzo humano y económico, todo lo cual continuará jugando un
papel fundamental en la mayor parte de las evidencias estadísticas requeridas
por las sociedades de todo el mundo. Facilitar esta tarea es precisamente el
objetivo de este manual (OECD, 2015).
2. El Manual de Oslo, por su parte, es una guía para realizar mediciones y
estudios de actividades científicas y tecnológicas que definen conceptos y
clarifican las actividades consideradas como innovadoras. Las definiciones
del Manual de Oslo sirven de orientación en actividades de transferencia de
investigación, pues sus definiciones definen los incentivos a la innovación y son
referencia para organismos públicos (UNED, 2006).

Ambos manuales destacan características de las investigaciones que son realizadas o que
se encaminan a la innovación, entre estas podemos destacar (OECD, 2015 y UNED,
2006):

 La construcción y prueba de un prototipo o modelo original destinado a


la realización de ensayos que presente todas las características
técnicas del nuevo producto o proceso.
 Diseño, planificación e implantación de nuevos métodos de
organización.
 Ensayos y test de productos y procesos, incluyendo los ensayos
destinados a mostrar su funcionamiento.
 Planificación y elaboración de procedimientos, especificaciones
técnicas, y otras características como puestas a punto y modificaciones
posteriores.
 Actividades de planificación y desarrollos no considerados I+D pero
destinados al proceso de investigación.
 Las actividades de diseño industrial, ingeniería y puesta a punto y
ensayos de producción.
 Adquisición de máquinas, equipos y bienes de capital con fines
innovadores que aporten mejores rendimientos o que sean necesarios
para la realización de la innovación.
 Adquisición de tecnologías y conocimientos técnicos mediante compra
de patentes, invenciones no patentadas, licencias, know-how, y
diseños.

En este sentido, el Manual de Oslo define cuatro tipos de innovaciones: producto, proceso,
marketing y organización. Se aplican tanto a la industria como a los servicios, incluyendo
los servicios públicos. Aquí la innovación es considerada como un proceso en red en el que
las interacciones entre los diversos agentes generan nuevos conocimientos y tecnologías.

En este manual se plantea que los vínculos habituales entre empresa, proveedores y
clientes crecen en los procesos de innovación a otras relaciones con los centros de
investigación, con la enseñanza superior y con las entidades públicas y privadas de
desarrollo.

Las universidades y los institutos de investigación deben vincularse con la divulgación del
conocimiento y la tecnología que, a su vez, deben reconocerse como proceso de
innovación mediante las siguientes acciones:

 Llevar a cabo investigaciones pertinentes y con una metodología científica.


 Reconocer sus funciones en la adquisición de conocimiento y tecnología.
 Crear y divulgar patentes.
 Compartir la información encontrada y que sea de libre acceso.
 Participar en acciones de cooperación, ya sea entre las universidades y los institutos de
investigación, o las instituciones y entidades gubernamentales.

Las interacciones aquí referidas constituyen parte esencial del proceso de innovación en la
investigación.

Contexto actual de la investigación en


Latinoamérica
Hoy, vivimos en una época de globalización, donde el quehacer del hombre se concibe y
actúa a partir de una infinita interconexión de los mercados que dominan los países
desarrollados y a los cuáles se circunscribe el resto del mundo. El papel de la globalización
en los distintos ámbitos en los que se desenvuelve el ser humano, se vislumbra como
inagotable, ya que el modelo económico neoliberal y el constante avance de las
tecnologías de la información y la comunicación son aún ejes rectores en la mayoría de las
sociedades del mundo.

Con el trascurso del tiempo, y sobre todo en los últimos años, se ha fomentado la
cooperación internacional, de modo que es constante en análisis de los contextos
mundiales y nacionales, con miras a mejorar mediante la comunicación y el fomento de las
mejores prácticas en educación, salud, política, nutricios y bienestar social en general.

Así, la cooperación entre países se da no solo en las relaciones entre los gobiernos sino
entre organizaciones no gubernamentales. Principalmente se busca cumplir objetivos de
libertad, paz, progreso y prosperidad entre los países de América Latina, los cuales se
encuentran rezagados económicamente y que también están en vías de desarrollo.

Los países latinoamericanos orientan sus esfuerzos por alcanzar una mayor
competitividad, considerando las necesidades de la población. En este sentido, el
pensamiento crítico toma un papel determinante en el establecimiento de un orden social
nuevo, su función principal es desenmascarar ideologías que, de manera clara o
encubierta, presenten discursos políticos o sociales que frenen el cambio social y nieguen
la capacidad crítica de las personas.

Relación entre competitividad, cambio tecnológico e


innovación y la nueva economía del conocimiento
De acuerdo con el Foro Económico Mundial, la competitividad es el conjunto de
instituciones, políticas y factores que determinan el nivel de productividad de un país, para
lo que es necesario examinar distintos factores que determinan el potencial de crecimiento
y productividad de un país. Este mismo foro especifica 12 pilares de competitividad:
instituciones, infraestructura, estabilidad macroeconómica, salud y educación básica,
educación superior, eficiencia del mercado de bienes, eficiencia del mercado laboral,
sofisticación de los mercados financieros, velocidad y capacidad para la adopción de
tecnología, tamaño del mercado, sofisticación de mercados e innovación (Aguirre, 2013).

Es un hecho que ahora la fuerza de la economía del conocimiento va en aumento y


destierra la idea de la producción de la era posindustrial y sus consecuencias, de modo que
el ser humano se encuentra inmerso en una sociedad diversa, personalizada, donde los
ciudadanos establecen nuevas maneras de vivir y generar conocimiento. Así, la
investigación y el aprendizaje se han convertido en herramientas sociales indispensables,
que requieren ser acciones permanentes y continuas para intervenir en el sector
económico.

Desde principios del siglo XX se detectó una nueva característica del crecimiento
económico que se relaciona con la profundización del capital intangible; es decir,
inversiones en educación, capacitación, investigación y desarrollo; esto es, inversiones
encaminadas a la producción y transmisión del conocimiento.

Hoy nos encontramos en un contexto de economía del conocimiento o economía basada


en el conocimiento, aspecto influido en su totalidad por el avance de las tecnologías de la
información y comunicación y la comercialización, de modo que el capital humano y la
eficiencia en la gestión del conocimiento son dos factores determinantes para reconocer a
las personas como creadoras de conocimiento, con competencias que favorecen el
progreso colectivo.

La omnipresencia de la tecnología digital en la vida cotidiana ha cambiado la manera en


que las personas acceden y crean conocimientos; por ello las competencias que demanda
el mundo laboral también se han trasformado y siguen transformándose velozmente.

Aquí, podemos mencionar nuevamente el vínculo entre universidades y empresas, ya que


estas no se pueden quedar atrás ante estos cambios tecnológicos, sobre todo, ante la
actualización de contenidos de acuerdo con las necesidades actuales del entorno laboral.

Debido a los cambios en la naturaleza del trabajo y a las nuevas competencias necesarias
para desempeñarlos, los estudiantes deberán prepararse para trabajos que no existen,
tecnologías que no han sido inventadas y problemas que todavía no son reconocidos como
tales (OCDE, 2013).

La finalidad de pensar en una economía basada en el conocimiento pretende alcanzar un


nivel avanzado de competitividad; como vimos anteriormente, de modo que las
investigaciones se encaminen a la búsqueda de indicadores de generación de riqueza y
crecimiento económico de la mano del desarrollo humano y su vinculación con el mundo
laboral.
De este modo, podemos destacar algunas características de las economías basadas en
conocimiento:

De esta manera, podemos afirmar con Foray (2002) que poseer conocimiento de cualquier
tipo resulta en ser capaz de realizar actividades intelectuales o manuales. El conocimiento
es, por tanto, una capacidad cognoscitiva, mientras que la información es un conjunto de
datos estructurados pero inactivos, hasta que son utilizados y adquieren valor de
conocimiento, el cual, además, debe ser interpretado y manipulado. Es decir, al generar y
reproducir conocimiento se utiliza la capacidad cognoscitiva, que tiene mayor dificultad
para explicar y transferir de un individuo a otro, en pocas palabras, resulta un proceso más
complejo. (p.12).

Ahora bien, debemos entender el proceso cognitivo como la facultad de los individuos para
recibir y procesar información mediante la percepción, la experiencia y las características
subjetivas que nos permiten valorar e interpretar la información, lo que nos llevará a utilizar
la capacidad y el pensamiento crítico para aplicar dicho conocimiento en nuestra realidad.

La gestión de conocimiento significa capturar, entender y transferir información valiosa de


manera eficiente y efectiva, lo que es crucial en el desarrollo de innovación pues aumenta
la productividad y mejora la eficiencia. Así, la gestión del conocimiento depende de la
capacidad de transferir conocimientos en diferentes áreas y ubicaciones geográficas, lo
que es clave para el éxito de la puesta en marcha de procesos de investigación e
innovación.
Innovación y pensamiento crítico
El pensamiento crítico es una cualidad imprescindible en la actualidad, sobre todo para el
desenvolvimiento de la vida personal y profesional de las personas, donde las exigencias
de un entorno cambiante conllevan la necesidad de adquirir una posición crítica ante
conceptos, puntos de vista, valores, creatividad e innovación en el conocimiento.

En este sentido, la investigación también requiere aplicar el pensamiento crítico para llevar
a cabo investigaciones que reflejen un pensamiento autónomo y crítico e implique un
desarrollo profesional y social.

Así, el pensamiento crítico genera una profunda reflexión en la búsqueda de métodos que
permitan un resultado exitoso y que, a su vez, puedan ser medidos de algún modo, esto
finalmente lleva a mejorar la sociedad o el entorno inmediato del investigador.

En la actualidad, la información fluye más que hace 10 años, por lo que resulta
imprescindible analizar para aprovechar toda esa información, de modo que esta no puede
ser aceptada a priori, pues debe ser procesada de manera crítica para que los sujetos se
involucren con ella y profundicen en su dominio para, a partir de ahí, generar producción
intelectual mediante la investigación.

Ya no se trata solo del acceso a la información, sino de que los individuos sean capaces de
discernir cómo utilizarla para determinar cómo aplicarla en la realidad, en la vida cotidiana.
Esto significa un empoderamiento de la investigación y del uso del pensamiento crítico en
ella, de modo que debemos voltear a ver la educación y las instituciones educativas, las
cuales tiene la función de formar pensadores críticos que catalicen el avance del siglo XXI.

En este sentido, innovación, investigación y pensamiento crítico se interrelacionan


mediante las siguientes características en el actuar de los individuos:

 Analizar, es decir, descomponer sistemáticamente un problema


complejo en sus elementos (principio fundamental de la investigación).
 Reconocer cuestiones pertinentes y compartir problemas para distinguir
o buscar soluciones.
 Recopilar información necesaria sobre los antecedentes y causas de
los conflictos o problemas.
 Establecer conexiones entre los datos que ha recogido, procesar la
información y llegar a hipótesis, inferencias, propuestas y conclusiones.
 Determinar la importancia relativa de cada uno de los elementos
encontrados.
 Detectar las causas de los problemas y soluciones innovadoras para
estos.
 Proponer nuevos esquemas para establecer soluciones apropiadas a
corto, mediano y largo plazo.
 Utilizar preguntas críticas como insumos e incentivos para aprender.
 Leer la intención y estudiar el asunto.
 Reconocer y traducir intenciones e inferencias en los descubrimientos.
 Pensar críticamente acerca de los nuevos conocimientos, en busca de
respuestas para formarse una opinión.

Estos aspectos permiten ver que el pensamiento crítico debe estar necesariamente
presente al momento de innovar e investigar

Conclusión
En este último módulo hemos revisado que la innovación, la investigación, el desarrollo
científico, la competitividad y la economía de conocimiento son conceptos íntimamente
relacionados. Recapitulemos un acercamiento a sus definiciones:

Innovación. Transformar ideas y conocimientos en productos, procesos o servicios


mejorados, de modo que puedan satisfacerse necesidades y expectativas, ya sea de
personas, organizaciones o la sociedad en general.

Investigación. Proceso de construcción social donde un individuo se enfrenta a la


realidad, la interroga, la comprende y la transforma en beneficio propio y de la
sociedad. Su objetivo primordial es encontrar soluciones a problemas sociales y
tecnológicos importantes.

Desarrollo científico. Resultado del diseño, desarrollo e implementación de


programas y políticas de apoyo que promuevan y fortalezcan el desarrollo de la
investigación científica con el propósito de formar y consolidar el capital humano de un
país, que contribuya a la mejora de la capacidad de innovación científica en la sociedad
y mejore las condiciones económicas y sociales de la población.

Competitividad. Se refiere a la capacidad de una empresa, un sector económico o un


país para permanecer vendiendo bienes o servicios en un mercado, utilizando
herramientas que ofrezcan una ventaja frente a su competencia. Es común que para
aumentar la competitividad se implementen planes de innovación que mejoren sus
procesos y costos. Al final, la competitividad se traduce en beneficios para la
ciudadanía, haciendo que se gestionen precios justos y de calidad.

Economía del conocimiento. Proceso global que permite alcanzar un nivel avanzado
de competitividad, donde las investigaciones se encaminen a la búsqueda de
indicadores de generación de riqueza y crecimiento económico de la mano del
desarrollo humano y su vinculación con el mundo laboral.

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