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APRECIACIÓN PERSONAL DEL ARTÍCULO:

ASPECTO PSICOSOCIALES ASOCIADOS A LA PANDEMIA POR COVID-19

INTRODUCCIÓN

Numerosas pandemias como la peste, el cólera, la poliomielitis, el


síndrome respiratorio agudo severo se han documentado a lo largo de la
historia, pero recientemente, el 31 de diciembre de 2019, la Organización
Mundial de la Salud (OMS) tomó conocimiento de varios casos de infecciones
respiratorias, enfermedad infecciosa en la ciudad de Wuhan, provincia de
Hubei, China y confirmó que fue causada por un nuevo virus llamado síndrome
respiratorio agudo severo coronavirus-2 (SARS-CoV-2), que causa una
enfermedad llamada coronavirus enfermedad infecciosa-19 (COVID-19), que
ha sido registrada en 185 países y ha causado la muerte de millones de
personas a causa de la pandemia declarada como pandemia.
Muchos pacientes tuvieron síntomas clínicos leves, una gran proporción
desarrollaba neumonía grave, miocarditis, shock cardiogénico, insuficiencia
renal aguda y otras complicaciones mortales. El riesgo era mayor en personas
de 60 años y más, con enfermedades crónicas como hipertensión sistémica,
diabetes, cáncer, inmunodeficiencia y mujeres embarazadas.
Las preocupaciones por contraer el virus SARS-CoV-2 han sido
expuestas en varios artículos publicados sobre el tema, con mayor énfasis en
sus consecuencias biológicas en detrimento del impacto psicosocial en
pacientes, contactos, familiares, cuidadores y trabajadores de la salud
Prevención y epidemiología.
El control del COVID-19 crea un nuevo contexto socio-familiar con
efectos psicológicos en el individuo, familia y sociedad, y aunque se esperan
algunas manifestaciones psicológicas y reacciones transitorias ante la
situación, se debe estar preparado para reconocer cuando estas indiquen
deterioro del estado mental.
Al respecto, la OMS afirma que la amenaza del COVID-19 y el impacto
de sus medidas preventivas tienen un fuerte impacto psicológico en la
sociedad.
Este estudio, además de ser importante por la información que aporta,
pretende visualizar la evidencia científica disponible sobre las consecuencias
psicosociales del COVID-19 en la población.
El propósito de este artículo es resumir la evidencia disponible sobre el
impacto psicosocial del COVID-19 en la población en general, porque los
trabajadores de la salud, especialmente los que laboran en la atención
primaria, deben ser de este tipo de las consecuencias de esta enfermedad.

METODOLOGÍA UTILIZADA EN LA INVESTIGACIÓN


Se realizó una revisión bibliográfica descriptiva en el Policlínico
Universitario "Omar Ranedo Pubillones" de Guantánamo de marzo a
septiembre de 2020.
Se realizó también un análisis de artículos originales y revisiones
sistemáticas con información sobre el COVID-19 y sus efectos psicosociales.
Se llevaron a cabo, búsquedas en las bases de datos Pubmed, Infomed
y SciELO sin restricción de fechas en español e inglés. Se utilizó el buscador
Google Scholar y se utilizaron palabras clave y conectores: COVID-19 e
impacto psicosocial; COVID-19 y salud mental y términos en inglés. Los datos
fueron recolectados a través de un formulario que agrupaba las preguntas de
interés según el objetivo de la auditoría.

DESARROLLO TEÓRICO SOBRE EL TEMA INVESTIGADO


La OMS declaró al COVID-19 una emergencia de salud pública debido a
su alta morbilidad y mortalidad y graves consecuencias económicas.
Por lo tanto, todos los países, incluida Cuba, siguen varias medidas para
prevenir la propagación de la enfermedad, como el distanciamiento social y
aislamiento, cuarentena, restricciones de movimiento, transporte público,
eventos culturales, la imposibilidad de visitar a familiares y amigos, deportes y
otras actividades al aire libre, la suspensión de actividades presenciales en la
escuela y parte del teletrabajo laboral con todos estas que necesarias pero a
veces desafortunadas o información distorsionada por las consecuencias
informáticas de la pandemia, en si cada individuo responde de manera
diferente a las situaciones estresantes, este tipo de actividades son
comportamientos que crean estímulos psicosocialmente estresantes que
surgen de la vulnerabilidad de un individuo y su salud mental pasada,
trastornos y generalmente tienen un efecto negativo en el bienestar físico y
psíquico de la persona, porque significan pérdida de libertades y cambios en
las prácticas sociales cotidianas, vida familiar y se asumen otros no saludables,
como hábitos alimentarios inadecuados, patrones de sueño irregulares,
sedentarismo y mayor uso de las tecnologías de la información.
Durante la pandemia, la vulnerabilidad a la afectación psicológica es
mayor en las personas con vivencias de una cuarentena, en la población
infantil (sobre todo en las niñas, en los infantes separados de sus cuidadores o
que han sufrido la pérdida de un ser querido, en los que existen problemas de
convivencia familiar), personas con trastornos psicológicos previos,
migrantes, refugiados, con situación económica complicada, entre otras
minorías, percepciones distorsionadas de riesgo, personas dependientes del
alcohol u otras sustancias adictivas o en situación de calle y sin techo, con
ausencia de vínculos con los que mantener una comunicación activa, ausencia
de recursos personales para el entretenimiento, convivencia en entornos de
riesgo (viviendas con violencia o aislamiento), dificultad para comprender el
estado de alarma y en riesgo de incumplir, obligación de acudir a su puesto
laboral, precariedad económica
Es de esperar que una población diana sean las personas afectadas
(casos confirmados e ingresados en hospital, aislados en el domicilio, o en
vigilancia activa en cuarentena en su domicilio), sus familiares y allegados,
profesionales de los equipos de atención en contacto directo con las personas
afectadas.
Los trabajadores en salud (enfermeras, médicos, auxiliares,
conductores de ambulancia, trabajadoras de limpieza), bomberos, policía,
funcionarios municipales, entre otros, pueden experimentar estresores
adicionales durante la pandemia COVID-19: riesgo de estigmatización por
tener mayor contacto con personas con la enfermedad, temor de contagiar
COVID-19 a sus amigos y familiares al estar más expuestos al virus por la
naturaleza de su trabajo, cansancio físico por el uso de equipos de protección
personal, frustración e impotencia por la dificultad que genera el aislamiento
físico y para asegurar la vida a quienes han enfermado o están afectados,
constante estado de alerta, entorno laboral demandante, largas horas de
trabajo, reducidas posibilidades para recurrir a redes de apoyo social debido a
los periodos de cuarentena o aislamiento, limitaciones para realizar
acciones de autocuidado básico.
Durante una pandemia, la vulnerabilidad al impacto psicológico es mayor
por quienes pasan cuarentena, la población infantil (niñas, bebés separados de
cuidadores o que han perdido a un ser querido, familias que viven juntas),
enfermos mentales, migrantes, refugiados con una situación económica difícil,
minorías, entre otros, percepción distorsionada del riesgo, adictos al alcohol u
otros adictos o personas sin hogar y sin conexiones para la comunicación
activa, falta de recursos personales para el entretenimiento, convivencia en
situaciones de riesgo, ambiente pésimo, situación de desorden, angustia y
riesgo de incumplimiento, obligación de cuidar el trabajo, precariedad
económica.
La población se asume como personas afectadas (casos confirmados y
hospitalizados, aislados en domicilio o bajo vigilancia activa en casa en
cuarentena), sus familiares y allegados, médicos profesionales que están en
contacto directo con los enfermos.
Los trabajadores de la salud (enfermeras, médicos, asistentes,
paramédicos, limpiadores), bomberos, policías, funcionarios de la ciudad
pueden experimentar estrés adicional durante la pandemia de COVID-19:
riesgo de estigmatización debido al mayor contacto con personas enfermas,
miedo de infectar a amigos y familiares con COVID-19, porque están más
expuestos al virus por la naturaleza de su trabajo, fatiga física por el uso de
equipos de protección personal, frustración e impotencia por la dificultad del
aislamiento físico. y protección de la vida del enfermo o enferma, vigilancia
constante, ambiente de trabajo exigente, largas jornadas laborales, reducidas
oportunidades de depender de las redes sociales de apoyo durante el período
de cuarentena o aislamiento, limitaciones a las actividades básicas de
autocuidado.
Debido a la situación de pandemia, las personas pueden tener
reacciones psicológicas durante la cuarentena, las cuales se agrupan de la
siguiente manera:
 CON RESPECTO A LO EMOCIONAL: miedo (contagio de sí mismo,
familiares u otros, infección, enfermedad y/o pérdida de la vida, sensación
de impotencia) por no poder proteger a sus seres queridos, miedo a la
exclusión social, por ejemplo: soledad por discriminación de personas que
han visitado un país donde se está propagando el virus o que han estado
en cuarentena: pérdida del trabajo o incapacidad temporal, cuarentena o
aislamiento, pérdida de un ser querido sin poder despedirse o miedo a la
pérdida frente a los demás.
También hay ira, rabia, tristeza, depresión, preocupación por la salud o
separación de tutores o seres queridos, ansiedad por el contacto físico o
contacto con seres queridos, amigos o la imposibilidad de desarrollar una
rutina de vida normal, malestar por el desarrollo de la pandemia.
Ante la incertidumbre y el miedo de esta magnitud, el sentimiento de
irrealidad, el sentirse abrumado, la frustración y el aburrimiento, la
insatisfacción con las necesidades básicas y la falta de conocimiento, sobre
métodos de protección para seguir cuidando a sus seres queridos.

 EN EL ASPECTO COGNITIVO: se produce aumento de la percepción de


vulnerabilidad, pesimismo o desconfianza del futuro, incertidumbre,
preocupación variable y moderada por la salud (noticias de riesgo), lo que
lleva a sentimientos de victimización y vulnerabilidad personal, generación
de rumores y noticias; medios de comunicación y redes sociales que
aumentan la incertidumbre y promueven actividades o prácticas
inadecuadas.

 CON RESPECTO AL ASPECTO CONDUCTUAL: Cambios en los hábitos


alimentarios, insomnio, falta de concentración e indecisión, aumento del
consumo de alcohol, tabaco y sustancias ilegales, sedentarismo,
problemas de convivencia, actitud crítica, pensamientos suicidas, aumento
de los rituales defensivos, síntomas del trastorno obsesivo compulsivo -
compulsivo, se preocupa más por las personas cercanas (hijos, pareja,
padres y abuelos) que por sí mismo.
Algunas personas expresan sentimientos de euforia a través de
llamadas telefónicas, como bienestar, alegría, felicidad, satisfacción con la vida
familiar extendida debido al parto, menos estrés en el trabajo, relaciones con
los padres, hijos, otros familiares, amigos y vecinos. El estigma y el rechazo
social de una persona infectada o expuesta pueden desencadenar una peor
adaptación.
Estos factores son estresores que agravan los problemas mentales
existentes o conducen a la aparición de nuevos problemas psicológicos, los
cuales son impulsados por diversos factores como la duración, la oferta
insuficiente, la falta de conciencia de sus necesidades y el efecto del estigma.
Wang, Pan et al informaron que el 53,8 % de las personas encuestadas
calificó el impacto psicológico de la COVID-19 como moderado o grave, el 16,5
% informó síntomas depresivos, el 28,8 % síntomas de ansiedad y el 75,2 %
estaba preocupado por alguno de sus familiares infectado.
Un grupo de investigadores dirigido por Sun descubrió que la
prevalencia de los síntomas de estrés postraumático es del 6%. Oliver et al.,
encontró que el 15% de los trabajadores de pequeñas empresas se declaró en
bancarrota y más del 19% no tenía suficientes ahorros para pagar deudas o
comprar alimentos.
Órgiles et al., y Bartlett et al., descubrieron que casi 80 niños mostraron
cambios emocionales o de comportamiento como resultado del
encarcelamiento.
Dai et al., encontró que las preocupaciones de los trabajadores de la
salud eran la infección de compañeros de trabajo y familiares, la disponibilidad
de medidas de protección y el 39% informó problemas psicológicos,
especialmente aquellos con experiencia de aislamiento e infección de
familiares o compañeros de trabajo.
Se estima que como resultado del COVID-19, la cantidad de personas
que viven en la pobreza podría aumentar de 185 millones a 220 millones,
mientras que la cantidad de personas que viven en la pobreza extrema podría
aumentar de 67, millones a 90 millones, lo que probablemente sea aumentar la
xenofobia.
Es importante considerar la dimensión de género para abordar los
efectos psicosociales del COVID-19.
Balluerka et al, encontraron que a la comparación entre hombres y
mujeres, en mujeres provocaba incertidumbre, dolor, ansiedad, ira o rabia,
cambios de humor, tendencia a no pensar y no hablar de los problemas,
sentirse deprimida, pesimista, irrealista, desesperanzada, culpabilidad,
desconfianza, menos relajada, insomnio, síntomas físicos no claramente
relacionados con enfermedades médicas, más miedo a perder seres
queridos, más tabaco, psicotrópicos y alimentos hipercalóricos.
Los hombres estaban más preocupados por tener o contraer COVID-19
y aumentaron el consumo de alcohol y cannabis.
El género no influyó en el pensamiento autolítico, la soledad, la
disfunción sexual, las habilidades de toma de decisiones y resolución de
problemas, y el uso de drogas para problemas físicos, la televisión, las redes
sociales y el uso de videojuegos. El deseo de ayudar a los demás creció en
ambos grupos, más aún en las mujeres.
En Cuba según su realidad psicosocial, se observaron peculiaridades
socioculturales, por voluntad política de su gobierno, el desarrollo de la COVID-
19 fue favorable en comparación con el resto del mundo, priorizaron el derecho
a la salud, aseguraron la disponibilidad y cobertura del sistema de salud e
implementaron protocolos operativos de seguimiento y atención a su población
a través de equipos y grupos de atención primaria de salud.
Solo así se logró que se redujera la incidencia de casos mediante
aislamiento, distanciamiento social y una estricta vigilancia epidemiológica. Los
medios de comunicación difundieron informes sobre la enfermedad y su
comportamiento en otras partes del mundo, se explicaban medidas que tomar y
se aconsejaba a los profesionales de la salud mental sobre cómo utilizar el
aislamiento social para desarrollar el crecimiento personal. Estas actividades
miden mejor el problema y reducen los sentimientos de lo nuevo, amenazante
e incontrolable y de esta manera promueven la salud mental, su protección y
rehabilitación a partir de garantizar un ambiente donde las personas puedan
adoptar y mantener hábitos saludables.

ACCIONES PARA LA PREVENCIÓN DE LOS EFECTOS PSICOSOCIALES


DE LA COVID-19
Sus necesidades básicas deben ser satisfechas en la mayor medida
posible en estas condiciones, incluyendo medidas de apoyo además de
alimentación, higiene, material médico y seguimiento médico preventivo para
los necesitados.
Durante esta pandemia, ha sido conveniente implementar intervenciones
psicológicas, flexibles y basadas en el contexto para las diferentes etapas de la
pandemia, y para esto requiere de equipos multidisciplinarios de salud mental,
incluidos psiquiatras, psicólogos, médicos generales integrales, clínicas,
pediatras y otros trabajadores de salud mental y todos trabajar de acuerdo a su
enfoque.

RECOMENDACIONES PARA PREVENIR, GESTIONAR Y TRATAR EL


IMPACTO PSICOSOCIAL DEL COVID-19:
 Educar a la población sobre esta enfermedad y cómo prevenirla y así para
evitar trastornos psíquicos.
 Limitar la duración de la cuarentena necesaria para prevenir el estrés
postraumático.
 Informar a todos sobre el riesgo de la enfermedad para que eviten
contagiar a su familia.
 Brindar a la población información necesaria y fiable que les ayude a
entender el entorno, lo que está pasando y saber cómo actuar.
 Guiar en la organización de la nueva vida y sus tareas diarias.
 Cambios de orientación en las actividades planificadas y sugerencias
continuas para el aislamiento.
 Brindar apoyo social y comunicación personal con familiares y amigos a
través de las redes sociales. Si es posible, mantener una rutina y tomar una
iniciativa cívica, animar a la persona a mantenerse activa mentalmente
(trabajo, lectura, música, etc.) y físicamente (ejercicio o baile).
 Brindar espacios de apoyo mutuo.
 Desarrollar e implementar planes especiales de capacitación para sobre
enfermedades relacionadas con el estrés posparto y pandémico detectar
problemas emocionales causados por la pandemia.
 Es importante que se indague en los trabajadores de la salud sobre
manifestaciones de su temor a enfermar y el sentimiento de estigma, y les
ofrezcan suficiente información y apoyo psicológico para paliar estas
enfermedades.

La OMS recomendó cambiar los turnos de trabajo en las tareas más


estresantes, aumentar comunicación entre grupos de trabajo, tener personal
del equipo psicosocial en los centros de salud.
Los expertos de la OMS destacan que la respuesta a los problemas de
salud mental es la compasión y la preocupación por los demás, teniendo en
cuenta las recomendaciones de los grupos de trabajo, distancia social y
comunicación por llamada telefónica, postal o videoconferencia, compartir
información oportuna, comprensible y veraz para todos, incluidos los más
jóvenes y los mayores.
Esta revisión sugiere que la pandemia de COVID-19 y sus medidas
preventivas tienen un impacto psicológico tanto en la población como en los
trabajadores de la salud, lo que no significa que no se deban implementar, sino
que se deben aplicar para dar cuenta de su impacto en la salud mental de la
población y garantizar que las medidas preventivas se centren en la salud
mental de las personas implementación de medidas.

REFLEXIÓN FINAL
Se podría decir que la COVID-19 ha provocado trastornos psicosociales
no solo en pacientes confirmados o sospechosos, sino también en miembros
del equipo de salud que los atendieron, por es de mucha importancia investigar
varios aspectos en nuestra salud mental.
Se debe promover la resiliencia, el desarrollo humano y la atención
contextual de los grupos vulnerables para minimizar el impacto psicosocial en
las personas.

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