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Técnicas básicas del conductismo

II. Activación Conductual

Autores: Lic. Sevilla Fátima y Dr. Ángel Gargiulo.


Año: 2021
Activación conductual
Las terapias que tienen fuerte soporte empírico para la depresión (American Psicological Association, 1998) son:
Activación Conductual (BA por sus siglas en inglés), que cuenta con una versión más breve, el Tratamiento Breve
de Activación Conductual para Depresión (BATD) y tiene una orientación en valores; la terapia Cognitiva para
la depresión, la Terapia interpersonal para la depresión, la Terapia de Solución de Problemas para la
depresión, la Terapia Cognitiva Conductual para personas con depresión con diabetes y la Terapia Cognitiva
basada en Mindfulness, entre otras. En este artículo nos centraremos en las dos primeras.

Un poco de historia y mucha evidencia científica


Ferster (1973) y Lewinsohn (1974) fueron pioneros en un análisis estrictamente comportamental de los estados
depresivos y con él sentaron las bases para una intervención en que los objetivos del tratamiento girasen en
torno al incremento de actividades reforzantes, el bloqueo de la evitación y la recuperación de interacciones
sociales. A la par que se formalizaban estos abordajes, Beck (1967, 1976) presentaba su terapia cognitiva para
el tratamiento de la depresión.
Una serie de investigaciones (Gortner, Gollan, Dobson y Jacobson, 1998; Jacobson et al., 1996) vinieron a poner
en cuestión que la incorporación de las técnicas cognitivas fuera realmente un factor de cambio en las eficaces
terapias que combinaban técnicas cognitivas y conductuales. En los trabajos de Jacobson los sujetos con
diagnóstico de depresión se asignaban aleatoriamente a una terapia exclusivamente cognitiva (en dos variantes:
en la primera, con intervención sobre componentes cognitivos básicos –pensamientos automáticos–; en la
segunda, con el tratamiento cognitivo completo), una exclusivamente conductual o una combinada con ambas
estrategias. Los resultados revelaron que los sujetos sometidos a una terapia exclusivamente cognitiva (en sus
dos variantes) obtenían peores resultados, y que los sujetos de la terapia conductual se beneficiaban de la
intervención en igual medida que los que estaban en la terapia combinada (cognitiva más conductual); además,
estos resultados se mantenían en el tiempo tras dos años de seguimiento (Gortner et al., 1998). A partir de estos
datos, en principio contra intuitivos, Neil Jacobson planteó de forma más decidida la recuperación de las técnicas
comportamentales para formalizar, de nuevo, una terapia para la depresión basada exclusivamente en los
planteamientos funcionales de la terapia de conducta. Así, Jacobson, Martell y Dimidjian (2001) y Martell, Addis
y Jacobson (2001) publicaban unos textos en que se concretaba cómo llevar a cabo la terapia –ahora
denominada de Activación Conductual (AC) y, al tiempo, Lejuez y sus compañeros presentaban un modelo de
tratamiento de activación conductual más breve, la Terapia Breve de Activación Conductual para la Depresión
(BATD o TACD) (Lejuez, Hopko y Hopko, (2001; 2002), Lejuez, Hopko, LePage, Hopko y McNeil, 2001). Estos
textos sirvieron como manuales de tratamiento protocolizados para su comparación empírica con las
alternativas de tratamiento (terapia cognitiva y/o medicación). De nuevo, los resultados fueron óptimos para la
condición de terapia conductual exclusivamente, frente a las condiciones de terapia cognitiva o fármacos
antidepresivos (con su correspondiente grupo placebo). La terapia de activación conductual resultó el mejor
tratamiento para los sujetos con depresión mayor ya que, aunque igual de eficaz que la paroxetina, los pacientes
en activación conductual tenían menos abandonos y, en consecuencia, presentaban menos recaídas (Dimidjian
et al., 2006). Además, estos resultados se han mantenido tras dos años de seguimiento (Dobson et al., 2008).
Por otro lado, se han presentado evidencias que apuntan a que en los casos de depresión más intensa, en que
la terapia cognitiva fue muy poco eficaz, la Activación Conductual sí resultó una intervención útil (Coffman,
Martell, Dimidjian, Gallop y Hollon, 2007). El modelo breve de activación conductual desarrollado por Lejuez et
al. (2001) también ha reunido aval de su eficacia en un estudio aleatorizado con sujetos depresivos
hospitalizados (Hopko, Lejuez, LePage, Hopko y McNeil, 2003) y se ha mostrado muy superior a la intervención
psicológica de apoyo que se ofrecía a pacientes de características similares en la unidad de psiquiatría.

Conceptualización conductual de la depresión


Se considera que la depresión es un conjunto de conductas características, las conductas depresivas (como las
enumeradas para el diagnóstico de Trastorno Depresivo Mayor, por ejemplo, en el DSM-V) que reemplazan a
otras conductas más “saludables” (por ejemplo, hacer deporte, ir al trabajo).
Los modelos conductuales postulan que cuando una conducta aumenta, es por efecto de las consecuencias
inmediatas que esa conducta genera para esa persona. Cuando las consecuencias de las conductas depresivas

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tienen más valor (son más accesibles, duraderas e inmediatas), que las de las conductas saludables, entonces
más probablemente el consultante emitirá conductas depresivas.
Conductas saludables Conductas depresivas
- Refuerzo positivo poco accesible, inconsistente y/o - Refuerzo negativo inmediato y consistente (ej.
demorado evitar tareas desagradables)
- Castigo consistente e inmediato - Refuerzo positivo inmediato y consistente (ej.
atención de los demás)

La depresión puede ser desencadenada por pérdidas (personas, trabajos, puestos) que generan una pérdida de
acceso a refuerzos positivos, aumenta el castigo de conductas saludables o aumenta el refuerzo de conductas
depresivas. En otros casos, puede desarrollarse por una constante insuficiencia de refuerzos positivos o por la
predominancia de estimulación aversiva o castigos.
Para la activación conductual, los pensamientos y sentimientos son considerados como parte de la conducta, no
se los toma como causa de la depresión sino como una más de sus manifestaciones, generadas por las
condiciones aversivas en que vive el paciente.
Se propone un cambio de “afuera hacia adentro”, es decir cambiar directamente las conductas y circunstancias
observables, lo que eventualmente genera un cambio en las experiencias internas (sentimientos,
pensamientos), que se van volviendo más flexibles a medida que el paciente se vuelve más activo y en contacto
con refuerzos positivos.

¿Qué es la AC?
La AC es un tratamiento breve y estructurado para la depresión que tiene como objetivo el aumento de la
actividad de los consultantes de modos específicos que aumentará las experiencias gratificantes en sus vidas.
Para alcanzar esta meta, la AC se centra también en los procesos que reprimen la activación, tales como las
conductas de huida y evitación. La AC se basa en la premisa de que los problemas en las vidas de individuos
vulnerables reducen la capacidad de estos de experimentar la recompensa positiva de sus entornos, y
desencadenan los síntomas y las conductas que clasificamos como depresión. Las sesiones de la AC están
orientadas a la acción y se centran en la resolución de problemas. De hecho, la mayoría del trabajo terapéutico
tiene lugar fuera del consultorio del terapeuta.
Algunos pacientes son muy activos y no tienen dificultad para realizar las tareas diarias; sin embargo, consideran
que se hallan atrapados en un ciclo infinito de pensamiento rumiativo y experimentan un escaso placer en las
actividades en que se implican. La AC también trabaja con la conducta de rumiar, como veremos más adelante.

Los diez principios fundamentales de la activación conductual


El terapeuta en AC se guía por un conjunto de principios sencillos (Chistopher R. Martell, Sona Dimidjian y Ruth
Herman-Dunn, 2013):
1. La clave para cambiar cómo se sienten las personas consiste en ayudarles a cambiar lo que hacen. El
cambio va “de afuera hacia adentro”.
2. Los cambios en la vida pueden llevar a la depresión, y las estrategias de adaptación a corto plazo pueden
bloquear con el tiempo a las personas.
3. Las pistas para entender lo que será antidepresivo para un consultante concreto residen en lo que
precede y lo que sigue a las conductas importantes del consultante.
4. Estructurar y programar actividades que siguen un plan, no un estado anímico.
5. El cambio será más fácil cuando se comienza por algo pequeño.
6. Hacer hincapié en actividades que sean reforzadoras por naturaleza.
7. Actuar como un entrenador.
8. Insistir en un enfoque empírico de resolución de problemas y reconocer que todos los resultados son
útiles.
9. ¡No lo digas, hazlo!
10. Detectar barreras posibles y reales para la activación.

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Usos de la AC
La activación conductual se puede utilizar en formato individual o grupal y se puede combinar con intervenciones
de otros modelos (Mindfulness, Terapia Cognitiva, Entrenamiento en habilidades sociales, Resolución de
problemas, etc.), también se pueden usar algunos de sus componentes, integrándolos en otros tratamientos.
Además de utilizarse para la depresión, puede usarse en el tratamiento de trastornos de ansiedad.

Evaluación de la depresión
Comenzaremos evaluando la depresión desde una perspectiva contextual funcional. Se realiza análisis funcional
(antecedente, conducta, consecuencia) como parte de la evaluación y del tratamiento. Los terapeutas presentan
a los consultantes una conceptualización inicial del caso, y psicoeducación sobre la depresión y el tratamiento.
Podemos indagar:
1. Factores desencadenantes, cambios vitales significativos que den cuenta de una pérdida de
reforzadores o de un aumento de estimulación aversiva.
2. Actividades que se han reducido o desaparecido o ya no proporcionan satisfacción.
3. Qué hace el paciente en un día típico.
4. Contexto de las conductas depresivas: evaluar los antecedentes y consecuencias de las mismas.
5. Evaluar los intentos de solución, conductas de afrontamiento: qué ha intentado hasta ahora para
afrontar o solucionar su situación.
6. Evaluar qué valores y áreas vitales (trabajo, pareja, entretenimiento, espiritualidad, etcétera) han sido
más afectados por la depresión.
7. Evaluar el riesgo suicida actual, si ha habido intentos previos y en qué contexto. Evaluar la función del
riesgo suicida.
Como la AC se adapta a las necesidades individuales de cada consultante, se puede abordar un amplio abanico
de objetivos de tratamiento. En términos generales, la meta de la AC es ayudar a los consultantes a
experimentar un contacto mayor con fuentes de recompensa en sus vidas y a resolver problemas vitales. Sin
embargo, las metas específicas son muy individualizadas. Al principio, muchos consultantes quieren sentirse
mejor. Es un deseo razonable para alguien que está deprimido, pero es difícil de lograr. En el modelo conductual
se espera que en última instancia la activación y el compromiso con las actividades tengan una influencia positiva
en el estado anímico. Por lo tanto, es importante moverse rápidamente desde los sentimientos deseados hacia
las conductas deseadas y los objetivos personales.
El tercer principio de la AC nos sirve de guía sobre el «cómo» realizar la valoración o evaluación en la AC. Este
principio implica investigar las pistas y descifrar lo que va a suponer un “elemento antidepresivo”, observando
lo que precede y lo que sigue a una conducta importante. Por lo general, las personas desconocen las conexiones
que entrelazan las distintas situaciones, actividades y sentimientos. La detección de dichas relaciones nos ayuda
a guiar la identificación de los objetivos conductuales del tratamiento que nos llevarán a conseguir los objetivos
del mismo.
Cuando se realiza el análisis funcional, se pueden identificar conductas que hay que reducir (las que hacen que
la vida del consultante sea más difícil o las que interfieren en la gestión de las necesidades del individuo; por lo
general, son los patrones de evitación) y conductas que hay que amentar, que son las que se planificarán para
la activación.
Además, como indica el punto 7 de las cosas a evaluar en las primeras entrevistas, el terapeuta deberá valorar
los riesgos. Los terapeutas que trabajan con consultantes depresivos deben considerar siempre la posibilidad de
ideas y actos suicidas. En los casos en los que el terapeuta no utilice medidas de auto-informe (por ejemplo, el
Beck Depression Inventory II), debería preguntar al consultante sobre planes o pensamientos suicidas. La
valoración de los riesgos debería ser una rutina durante las primeras entrevistas con consultantes depresivos.
Estas preguntas deberían ser realizadas de un modo claro y sencillo. El terapeuta no debe desdeñar las
manifestaciones del consultante sobre las ideas suicidas y debería valorar atentamente si el consultante se
encuentra en un peligro inminente.

El registro de actividades
Se le pide al paciente que registre las actividades que realiza durante una semana, lo que permite obtener un
panorama general de los patrones depresivos, la conexión entre conductas y emociones, la presencia o ausencia
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de actividades importantes, las disrupciones en la rutina. Es aconsejable llenar dos días en la sesión, para que
tenga un modelo de cómo hacerlo. Además de registrar hora a hora cada conducta, pueden anotar el disfrute
(D) (en qué medida la actividad es agradable para el paciente en ese momento) y la importancia (I) de cada
actividad (con una escala del 1 al 10) y el estado de ánimo general durante el día (esto, desde un modelo BADT,
donde los registros se piden todas las sesiones). Si no lo trae hecho, se le pide llenar los dos días previos en la
sesión. Un ejemplo de registro es el siguiente, aunque pueden usarse diferentes formatos (ej. hojas sueltas, en
el celular):

Una vez que el consultante ha completado la valoración de la monitorización entre las distintas sesiones de
terapia, el terapeuta dedicará una gran parte de la sesión posterior al análisis de la tabla. Cuando revisa la tabla
de actividades, el terapeuta puede leerla en voz alta o puede pedir al consultante que lo haga. Al principio es
aconsejable comenzar el análisis preguntando al consultante qué ha aprendido en líneas generales a partir de la
monitorización. El consultante puede haber observado patrones o indicios de conducta con respecto a los
vínculos entre actividad y estado anímico. Luego puede proseguirse el análisis utilizando estas preguntas:
• ¿Cuáles son las conexiones entre las actividades y los estados anímicos del consultante?
• ¿Cuál es el estado anímico general del consultante y cuáles son las emociones concretas
experimentadas a lo largo de la semana?
• ¿Ha habido una interrupción en la rutina del consultante?
• ¿Qué patrones de evitación están presentes?
• ¿Dónde deberíamos empezar a realizar los cambios?

Estructura de las sesiones de AC


Resulta útil acordar verbalmente una agenda sobre el uso del tiempo de la sesión: 20 minutos para revisar lo
que hizo el paciente en la semana y luego otros 20 para planificar lo que trabajará la próxima. Así, si el paciente
busca desahogarse hablando, se lo hará al final de la sesión. Siempre se privilegia la acción directa (conductas
que modifican) sobre la indirecta (meramente dan cuenta de una situación sin modificarla), la actividad por
sobre la pasividad. Es importante que el paciente comprenda la “lógica” de la activación conductual.
A continuación, hablaremos primero de la AC y luego de la BATD.

Programación y estructuración de la actividad


Una vez que el terapeuta y el consultante comprenden el nivel básico de la actividad y han desarrollado hipótesis
iniciales sobre la función de la conducta del consultante, vamos a diseñar planes de acción utilizando la
estructuración y la programación para aumentar la dedicación y la activación por parte del consultante.
Con la información tomada de los registros de conducta y de la entrevista, identificamos actividades para
aumentar durante la semana siguiente, en las que el paciente puede encontrar reforzadores positivos. Por
ejemplo, si una paciente registró que se sintió alegre (aunque levemente) mientras arreglaba su jardín, podemos
proponerle que aumente dicha actividad, asignándole día y horario, que de ser posible tiene que anotar. Tienen
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que ser pocas cosas y posibles de ser realizadas, si no, corremos el riesgo de que el paciente se desanime por no
lograrlas.
La mayoría de los consultantes con depresión se dan cuenta de que el aumento de actividad podría ser útil. De
hecho, muchos consultantes se han dicho a sí mismos en incontables ocasiones: “¡empezá!” o los demás les han
pedido que lo hagan. De este modo, la paradoja en la AC es que los terapeutas piden a los consultantes que
hagan aquello con lo que tienen más problemas. La retirada, la apatía y la pérdida de interés y de placer son
síntomas de la depresión; entonces, ¿cómo funciona un tratamiento diseñado para cambiar estas experiencias?
Marsha Linehan suele decir que las emociones se aman a sí mismas. Cuando nos sentimos mal, tendemos a
realizar acciones que son coherentes con ese estado de ánimo. La mayor parte de las intervenciones en la AC
piden al consultante que actúe según un plan u objetivo, no según un sentimiento o un estado interno, es decir
que haga la actividad, aunque no sienta placer o interés o se sienta cansado y triste. Pueden hacer diferentes
cuestionamientos sobre esta propuesta, como que sería algo forzado o que tal vez necesitan medicación más
que actuar diferente, etc. Puede servirnos recordarles que, de hecho, existen diferentes tratamientos para la
depresión, y si podemos citarles la evidencia científica con que cuenta la activación (para consultar varios
estudios que avalan lo efectiva que es la activación les recomendamos consultar el capítulo 5 del libro de R.
Martell, C., Dimidjian, S. y Herman-Dunn, R. (2013) Activación Conductual para la Depresión Una guía clínica.).
Una vez que se han elegido junto con el paciente la/las actividades a realizar, hay que estructurar y programar
las mismas. El fundamento para programar actividades es que la identificación de un momento concreto (y, a
veces, un lugar y cantidad de tiempo) y frecuencia de la actividad ayudará a maximizar la activación. No todas
las tareas de activación establecidas implican una programación; por ejemplo, un consultante podría terminar
una sesión con el acuerdo general de llamar a un amigo antes de la siguiente sesión.
Las actividades deben ser descompuestas en partes conductualmente definibles y específicas, especialmente
cuando nos enfrentamos a la depresión. Es más fácil cuando comenzamos por algo pequeño. Por esto, la
activación conductual propone la programación gradual de tareas, es decir empezar desde lo pequeño y
empezar a construir desde ahí. Locke y Latham (1990) observaron que el rendimiento mejora cuando las
personas se ponen objetivos que suponen un reto, pero son específicos, en vez de objetivos que suponen un
reto, pero son indeterminados. Además, los objetivos inmediatos están asociados con un rendimiento mejor
que los objetivos a largo plazo (Bandura y Schunk, 1981). Por ejemplo, si alguien quiere retomar viejas amistades
con las que ya casi no tiene contacto, puede empezar por hacer una lista de actividades concretas necesarias
para reconstruir esas relaciones, y comenzar primero por la más fácil. La intención es hacer que el paciente
comience algo. Volveremos una y otra vez al principio de “comenzar algo pequeño y construir desde ahí”. El
cambio de cosas pequeñas puede traer consigo una sensación de logro y una luz de esperanza, aumentando la
probabilidad de que el consultante continúe implicándose en elementos más difíciles e importantes de su vida.
Ejemplo de tarea compleja graduada:

Contactar de nuevo con los amigos:


1. Hacer una lista de personas con las que el consultante ha perdido el contacto.
2. Buscar tantos números de teléfono de esas personas como te sea posible.
3. Elegí una o dos personas para contactar.
4. Elegí un día, una hora y una forma de contactar con ellas.
5. Hacé una llamada o envía un e-mail.
6. Invita a esa persona a un encuentro cara a cara.
7. Elige a otro viejo amigo.
8. Repite.

En resumen, cuando ayudamos a los consultantes a estructurar y programar actividades, suele ser útil tener en
cuenta las siguientes consideraciones (Chistopher R. Martell, Sona Dimidjian y Ruth Herman-Dunn, 2013):
Ø ¿Qué frecuencia en las tareas será la más efectiva para el consultante?
Ø ¿Qué duración y/o intensidad en la actividad será la más efectiva para el consultante?
Ø ¿En qué días y a qué horas en concreto debería el consultante realizar la actividad?
Ø ¿Hemos comenzado el consultante y yo por lo pequeño?
Ø ¿Hemos hecho frente a la activación “todo o nada”?
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Ø ¿Hemos identificado actividades que probablemente son reforzadores naturales?

Resolución de problemas y respuesta a la evitación


A menudo los consultantes están deprimidos porque tienen problemas reales y se encuentran en situaciones
extraordinariamente difíciles y dolorosas. Algunos consultantes también comienzan la terapia mediante
estrategias caracterizadas por la pasividad, la evitación o la retirada.
La resolución efectiva de los problemas es un camino para salir de la depresión. Dado el énfasis que la AC pone
en los factores contextuales que mantienen la depresión en el tiempo, la resolución de problemas desempeña
un papel prioritario y tiene lugar a lo largo de la terapia.
La resolución de problemas es una técnica cognitivo-conductual ampliamente probada que es utilizada en la AC
y que ha sido bastante estudiada como tratamiento de pleno derecho (D’Zurilla y Nezu, 1999; Mynors-Wallis et
al., 1997).
Esta técnica se estructura en una serie de pasos. Lo primero es definir de forma descriptiva el problema. Luego,
realizar una “lluvia de ideas” de todas las soluciones posibles para solucionarlo, sin juzgarlas (buena, mala,
imposible, etcétera) para poder concebir un abanico amplio de opciones. Se pueden analizar pro y contra de
cada una de las opciones más factibles, para clarificar cuál es el mejor curso de acción. Cuando ya se ha elegido
una solución concreta, se debería especificar en términos conductuales y poner en práctica. Finalmente, se
evalúan los resultados, luego de que se aplicó la opción elegida por un período de tiempo predeterminado. En
este punto puede ser necesario modificar la solución o proponer una diferente.
Pro Contra
Opción 1
Opción 2

En AC no se enseña necesariamente utilizando esos pasos específicos de un modo explícito. Se trabaja


activamente para identificar problemas que provocan o mantienen la depresión, y para resolverlos.
El hacer frente a la evitación del consultante es un aspecto fundamental de la resolución de problemas en la AC.
Dos elementos son cruciales en este proceso: identificar cuándo se produce la evitación y validar el dilema del
consultante. Los terapeutas pueden identificar la evitación si están alerta ante conductas que ayudan al
consultante a impedir que se produzca algo aversivo. También utilizamos el término general de “evitación” como
atajo cuando hablamos con los consultantes sobre las conductas de evitación, es decir, actuar para evitar algo,
y conductas de huida, es decir, salir de una situación no deseable, cuando el consultante hace algo para librarse
temporalmente de una experiencia aversiva. Por ejemplo, beber alcohol para evitar el sentimiento de soledad;
quedarse encerrado en casa evitando todo contacto social. Para modificar la evitación hay que definir la
conducta problemática en términos conductuales concretos y específicos. Cuando se ha identificado la solución,
el terapeuta trabaja con el paciente para estructurar como tarea doméstica una actividad concreta de activación.

El pensamiento puede ser una conducta problemática: rumiación


El pensamiento desde el conductismo se considera como una conducta privada. La rumiación, el volver una y
otra vez sobre el mismo contenido mental, el quedarse dándole vueltas un mismo tema una y otra vez. La
rumiación depresiva se centra por lo general en pensar en uno mismo y en el estado en que uno se encuentra,
dándole vueltas continuamente a lo mal que uno se siente. En la depresión, la rumiación, conduce a al menos a
dos problemas. Primero, desvincula al individuo de su entorno y mantiene el centro de atención en los
pensamientos internos más que en la participación en el momento. En segundo lugar, impide una resolución
efectiva de los problemas. El terapeuta trabaja con el consultante para abordar estos problemas a través de un
proceso de valoración meticulosa, seguido de la utilización de estrategias conductuales:
1. Énfasis en las consecuencias de la rumiación.
2. Resolución de problemas.
3. Prestar mucha atención a la experiencia sensorial (atención a la experiencia): se pide a los consultantes
que dirijan la atención hacia el exterior y a lo que están experimentando internamente, en vez de
mantener un interés automático solo en lo que sucede en su cabeza. Sería la práctica de mindfulness
de la vida cotidiana o mindfulness informal.
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4. Centrarse de nuevo en la tarea que se tiene entre manos: cada vez que nota que está rumiando, volver
la atención a algún aspecto de la tarea que tiene entre manos.
5. Usar la distracción para no involucrarse en la rumiación (ej. ponerse a cantar, jugar con el perro,
observar las cosas que nos rodean, las sensaciones corporales que tenemos)
Si abordamos la rumiación de una forma coherente con los principios conductuales, podemos decir que
determinados pensamientos y estilos de pensamiento son reforzados, mientras que otros son castigados. Las
palabras internas, nos permiten volver a experimentar emociones una y otra vez. Si uno se llama a sí mismo en
silencio “imbécil” es probable que experimente un impacto emocional.
Hay dos tipos de procesos rumiativos: la reflexión y el pensamiento melancólico (Treynor, Gonzales y
NolenHoeksema, 2003). Los dos implican un giro hacia el interior, pero la reflexión supone una resolución
cognitiva de los problemas, y el pensamiento melancólico supone un dar vueltas repetitiva y pasivamente a las
diferencias entre el estado actual y el estado óptimo opuesto. De igual modo, Watkins et al. (2008) han
destacado las diferencias entre formas de rumiación adaptativas y no adaptativas. El tipo adaptativo de
rumiación se caracteriza por un pensamiento específico, concreto y centrado en el proceso. El segundo tipo, que
es poco útil, se caracteriza por un pensamiento evaluativo abstracto y por lo general no conduce a una
aproximación al problema centrada en la solución del mismo.
La AC, analiza los antecedentes y las consecuencias del acto de rumiar (análisis ABC). Por ejemplo, ¿qué sucedió
antes de que el consultante comenzara a pensar de ese modo? ¿Qué sucedió después? ¿Condujo a una
resolución efectiva del problema? Ej. definir un problema, concebir soluciones y decidir qué es lo mejor para
tratar un problema. Y, a la luz de ese análisis, se intenta buscar junto con el paciente conductas alternativas.
A veces los pacientes no obtienen disfrute en actividades placenteras, porque las realizan rumiando. Por
ejemplo, una paciente puede ir a una cena, y no participar activamente de la misma por estar sumergida en sus
pensamientos depresivos. Realizaremos análisis ABC para desmantelar cómo opera la rumiación en estos casos
y como es reforzada, para así poder modificarla.
Una técnica útil para enseñar a los consultantes a determinar si la rumiación es útil o no, es la “norma de los
dos minutos”: sugerir que los consultantes, cuando piensan en un tema, se pregunten después de dos minutos
si han hecho progresos encaminados hacia la resolución del problema o si han comprendido algo sobre el
problema que antes no entendían (Addis y Martell, 2004). Además, se han de preguntar a sí mismos si son menos
autocríticos o si están menos deprimidos después de pensar en las cosas. Si la respuesta a una de estas preguntas
no es un “sí”, se les recomienda una técnica alternativa para dejar de rumiar.
Si los terapeutas se sumergen simplemente en una conversación sobre el contenido de las rumiaciones del
consultante, sin pasar a la acción, en realidad se están arriesgando a perpetuar dichas conductas rumiativas.
El tratamiento AC suele durar como máximo 24 sesiones. cuando la terapia está casi a punto de terminar, a
menudo es beneficioso revisar y consolidar lo que ha resultado útil y anticipar desafíos futuros que pueden
incrementar el riesgo de recaída.

Tratamiento Breve de Activación Conductual para Depresión (BATD)


La BATD es similar a la AC. Sin embargo, es un tratamiento más corto y se apoya fuertemente en los valores del
consultante, buscando que las actividades que realicen los ayuden a concebir sus vidas como satisfactorias y con
propósito. Busca normalizar la presencia de emociones y pensamientos negativos, la activación se lleva a cabo
con esos pensamientos.
Los procesos del tratamiento son:
1. Monitoreo y registro de actividades
2. Exploración áreas vitales, valores y actividades
3. Planificación y realización de actividades
4. Acuerdos
5. Resolución de problemas

Exploración de áreas vitales, valores y actividades


Luego de realizar el monitoreo y registro de actividades (véase la sección Registro de actividades), se trabaja con
un formulario de Áreas Vitales, Valores y Actividades (AVVA). El mismo se puede ver en el Apéndice 2.
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Con valores hacemos referencia a una dirección vital, un ideal, una cualidad o creencia en cierta manera de vivir.
Son enunciados concretos respecto a un área vital. Estos guiarán la selección y realización de actividades. Por
ejemplo, un valor puede ser: “ser un padre cariñoso y atento”, una meta, “volver a tener trato con mi hijo” y
una acción comprometida, “ayudar a mi hijo los jueves con las tareas de matemática media hora”. Los valores
son como una guía para la acción y proporcionan un eje para la selección y jerarquización de metas y acciones,
aumentan la motivación y permiten una variedad de conductas alternativas (en lugar de “ayudar a mi hijo los
jueves con las tareas de matemática media hora” la acción podría ser “charlar con mi hijo cuando vamos en el
auto” y estaría al servicio del mismo valor). A diferencia de las metas, que se pueden alcanzar y completar, los
valores no, y por eso pueden funcionar como una guía constante.
Para indagar los valores de la persona, existen, de manera general, dos vías. La primera opción es hacerlo
directamente, preguntándole qué quiere en su vida, qué anhela, qué quisiera lograr con la terapia, cómo querría
vivir su vida en cada área vital, qué es lo valioso de cada área vital, a quién y porqué admira. La segunda, es
indagar lo que causa dolor en su vida: qué perdió a causa de la depresión, qué actividades hacía antes de estar
deprimido y qué era valioso de eso. Los valores se pueden indagar con diversos métodos: en la entrevista,
mediante cuestionarios (por ejemplo, con el cuestionario de valores de Hayes, et. al. 2003) o mediante ejercicios
(imaginar el propio funeral o la propia fiesta de cumpleaños futura).
Ø En el AVVA aparece lugar para un valor para cada área vital. Podemos tomar las áreas vitales que
aparecen en el cuestionario de Valores de Hayes et. al (2003), que aparece en el apéndice 1. También
se pueden añadir hojas en blanco si se desea escribir más valores y actividades.
El AVVA se llena con el paciente en la sesión, y después él puede completarlo y editarlo como tarea.

Generar actividades
Se identifican actividades o acciones concretas que se ajusten a los valores elegidos. Las mismas deben ser:
observables (perceptibles por los sentidos), cuantificables, fragmentadas en los pasos o partes más pequeños
posibles. Acá es fundamental el principio del moldeamiento (refuerzo a las aproximaciones sucesivas), un
refuerzo puede ser el hecho de realizar la pequeña tarea propuesta.
Ø En el AVVA se da la opción de poner 5 actividades por valor.
Si es necesario resolver un obstáculo para llevar a cabo la actividad, esas actividades previas se agregarán a la
lista.
Una vez que se genera un número suficiente de actividades, se confecciona una jerarquía de 15 actividades que
se ordenan en grado creciente de dificultad (del 1 al 15).
Una vez que se seleccionan las actividades, los valores pasarán a un segundo plano, siendo la realización de las
actividades lo importante.
Ø En el AVVA dicha lista se confecciona en la última tabla.

Planificación y realización de actividades


Se anota día, hora y frecuencia en que se realizarán las actividades. Si se considera útil o necesario, se puede
incluir en la planificación cómo se medirá el éxito.
Los principios de la planificación son:
1. Especificidad. Ej. “llamar a mi amigo Andrés hoy apenas salga de la sesión”
2. Asignación gradual de tareas. Empezar con lo mínimo que asegure cumplimento. Es recomendable
empezar aumentando la intensidad o frecuencia de actividades que ya se están realizando, o con
actividades que se solían hacer antes de la depresión.
3. Refuerzo positivo: deben privilegiarse las actividades que son reforzadas en sí mismas.

Acuerdos
Los acuerdos permiten que los pacientes utilicen de manera más eficaz los recursos de su entorno social.
Se usan para diversas cosas: guían a los pacientes a pedir ayuda de manera adecuada, incluyen a personas
significativas de manera útil y que refuercen conductas saludables o fomentan la independencia del paciente al
volverse más eficaz al pedir ayuda.

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Al trabajar sobre acuerdos es necesario especificar:
1. La actividad sobre la cual se buscará ayuda.
2. La persona que estará involucrada.
3. La manera en que es persona puede ayudar.
4. Cómo se va a pedir ayuda, debe incluirse qué es lo que se quiere lograr y cómo esa persona puede
ayudar.

Resolución de problemas
Si el paciente no realiza las actividades es necesario evaluar dificultades u obstáculos que hayan podido surgir.
Para esto se usa el análisis funcional (antecedente, conducta y consecuencia). En AC no se atribuyen los
comportamientos a la falta de motivación u otros estados internos. Los obstáculos más frecuentes en la no
realización de las actividades son:
- El paciente quizás no comprendió la tarea
- Carece de las habilidades necesarias
- La tarea no fue correctamente graduada y resultó difícil
- Registro y monitoreo incompleto y no hay información suficiente para prever barreras.
- No hay pistas en el ambiente que le recuerden que debe realizarla.
- Las contingencias disminuyen antes que aumentar la probabilidad de la conducta.
Luego fijarse si hay que cambiar la actividad o algo en el contexto para que el paciente realice las actividades
planeadas.

Bibliografía utilizada
Barraca Mairal, J. (2009) LA ACTIVACIÓN CONDUCTUAL (AC) Y LA TERAPIA DE ACTIVACIÓN CONDUCTUAL PARA
LA DEPRESIÓN (TACD). DOS PROTOCOLOS DE TRATAMIENTO DESDE EL MODELO DE LA ACTIVACIÓN
CONDUCTUAL. EduPsykhé, Vol. 8, N°. 1, 23-50.
Maero, F. y José Quintero, P. (2013) Activación conductual Manual de entrenamiento 2013. Buenos Aires: Grupo
ACT.
R. Martell, C., Dimidjian, S. y Herman-Dunn, R. (2013) Activación Conductual para la Depresión Una guía clínica.
Bilbao: Descleé de Brouwer.
https://div12.org/treatment/behavioral-activation-for-depression/
https://grupoact.com.ar/wp-content/uploads/2013/10/02-Areas-actividades-e-intereses.pdf

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Apéndice 1: Cuestionario de Valores (Hayes et. al 2003)
Las siguientes son áreas vitales que son valiosas para algunas personas. No todos tienen los mismos valores, y
esta planilla de trabajo no es para testear si usted tiene los valores “correctos”. Describa sus valores como si
nadie fuera a leer jamás esta planilla. Al completarla, piense respecto a cada área en términos de las metas
concretas que podría tener y en términos de direcciones vitales más generales. Por ejemplo, usted podría valorar
casarse como una meta concreta y ser una pareja cariñosa como una dirección vital. El primer ejemplo, casarse,
es algo que puede ser completado. El segundo ejemplo, ser una pareja amorosa, no tiene un final. Siempre puede
ser más cariñoso/a, sin importar qué tanto lo sea ya.

Trabaje a través de cada uno de los dominios vitales que se detallan a continuación. Algunos de los dominios se
superponen. Quizá tenga dificultades en separar “familia” de “matrimonio/relaciones íntimas”, pero intente
mantenerlos separados. En terapia podrá obtener guía y ayuda discutiendo esta evaluación de valores y metas.
Numere claramente cada una de las secciones y manténgalas separadas entre sí. Quizá no tenga metas valiosas
en alguna de esas áreas; puede saltear esas áreas y discutirlas con su terapeuta. También es importante que
escriba lo que valoraría si nada se interpusiera en su camino. No estamos preguntando qué piensa que podría
alcanzar realistamente, o lo que otras personas creen que se merece. Queremos saber qué es importante para
usted, hacia qué dirección querría trabajar, en la mejor de las situaciones. Al completar la planilla, suponga que
mágicamente todo es posible.

1. Matrimonio/pareja/relaciones íntimas. En esta sección, escriba una descripción de la persona que


querría ser en una relación íntima. Escriba el tipo de relación que querría tener. Intente enfocarse en su
propio rol en esa relación.

2. Relaciones familiares. En esta sección describa el tipo de hermano/a, hijo/a, padre/madre que querría
ser. Describa las cualidades que querría tener en esas relaciones. Describa cómo trataría a las otras
personas si fuera la persona ideal que querría ser en esas relaciones.

3. Amistades/relaciones sociales. En esta sección, escriba lo que significa para usted ser un buen amigo. Si
fuera capaz de ser el mejor amigo posible, ¿cómo se comportaría con sus amigos? Intente describir una
amistad ideal.

4. Carrera/empleo. En esta sección, describa el tipo de trabajo que le gustaría realizar. Esto puede ser muy
específico o muy general (recuerde, esto es en un mundo ideal). Después de escribir acerca del tipo de
trabajo que le gustaría realizar, escriba acerca de por qué es atrayente para usted. A continuación,
describa qué tipo de trabajador le gustaría ser respecto a su empleador y compañeros de trabajo.
¿Cómo querría que fueran sus relaciones laborales?

5. Educación/crecimiento personal/desarrollo. Si le gustaría recibir una educación, formal o


informalmente, o realizar algún entrenamiento especializado, escriba acerca de ello. Escriba por qué
esta clase de entrenamiento o educación le resulta atrayente. Recreación/ocio. Describa qué tipo de
actividad recreativa querría tener, incluyendo hobbies, deportes, y actividades recreativas variadas.

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6. Espiritualidad. En esta sección no nos estamos refiriendo necesariamente a una religión organizada. Lo
que llamamos espiritualidad es lo que sea que signifique para usted. Esto puede ser tan simple como
estar en contacto con la naturaleza, o tan formal como participar en un grupo religioso organizado. Lo
que sea que signifique la espiritualidad para usted está bien. Si esta es un área importante de su vida,
escriba acerca de cómo querría que fuera. Como con todas las otras áreas, si no es una parte importante
de sus valores, pase a la siguiente sección.

7. Ciudadanía. Para algunas personas, participar en asuntos comunitarios es una parte importante de su
vida. Por ejemplo, algunas personas piensan que es importante realizar actividades voluntarias con
personas sin hogar o ancianos, apoyar o desarrollar políticas nacionales, provinciales o locales, o
colaborar en grupos de auto-ayuda tales como Alcohólicos Anónimos. Si las actividades comunitarias de
este tipo son importantes para usted, describa acerca de qué dirección le gustaría tomar en estas áreas.
Describa qué le resulta atrayente en esta área.

8. Salud/bienestar físico. En esta sección, incluya sus valores relacionados a mantener su bienestar físico.
Escriba respecto a temas vinculados con la salud tales como sueño, dieta, ejercicio, tabaquismo, etcétera.

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APÉNDICE 2: INVENTARIO DE ÁREAS VITALES, VALORES Y
ACTIVIDADES
(1/5) RELACIONES

VALOR: Disfrute Importancia

Actividad 1

Actividad 2

Actividad 3

Actividad 4

Actividad 5

VALOR: Disfrute Importancia

Actividad 1

Actividad 2

Actividad 3

Actividad 4

Actividad 5

VALOR: Disfrute Importancia

Actividad 1

Actividad 2

Actividad 3

Actividad 4

Actividad 5

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INVENTARIO DE ÁREAS VITALES, VALORES Y ACTIVIDADES
(2/5) EDUCACIÓN/CARRERA

VALOR: Disfrute Importancia

Actividad 1

Actividad 2

Actividad 3

Actividad 4

Actividad 5

VALOR: Disfrute Importancia

Actividad 1

Actividad 2

Actividad 3

Actividad 4

Actividad 5

VALOR: Disfrute Importancia

Actividad 1

Actividad 2

Actividad 3

Actividad 4

Actividad 5

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INVENTARIO DE ÁREAS VITALES, VALORES Y ACTIVIDADES
(3/5) RECREACIÓN/INTERESES

VALOR: Disfrute Importancia

Actividad 1

Actividad 2

Actividad 3

Actividad 4

Actividad 5

VALOR: Disfrute Importancia

Actividad 1

Actividad 2

Actividad 3

Actividad 4

Actividad 5

VALOR: Disfrute Importancia

Actividad 1

Actividad 2

Actividad 3

Actividad 4

Actividad 5

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INVENTARIO DE ÁREAS VITALES, VALORES Y ACTIVIDADES
(4/5) CUERPO, MENTE, ESPIRITUALIDAD

VALOR: Disfrute Importancia

Actividad 1

Actividad 2

Actividad 3

Actividad 4

Actividad 5

VALOR: Disfrute Importancia

Actividad 1

Actividad 2

Actividad 3

Actividad 4

Actividad 5

VALOR: Disfrute Importancia

Actividad 1

Actividad 2

Actividad 3

Actividad 4

Actividad 5

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INVENTARIO DE ÁREAS VITALES, VALORES Y ACTIVIDADES
(5/5) RESPONSABILIDADES DIARIAS

VALOR: Disfrute Importancia

Actividad 1

Actividad 2

Actividad 3

Actividad 4

Actividad 5

VALOR: Disfrute Importancia

Actividad 1

Actividad 2

Actividad 3

Actividad 4

Actividad 5

VALOR: Disfrute Importancia

Actividad 1

Actividad 2

Actividad 3

Actividad 4

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Actividad 5

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SELECCIÓN Y JERARQUÍA DE ACTIVIDADES
Listar actividades y puntúelas según su nivel de dificultad de 1=menos difícil a 15=más difícil
Actividad Dificultad
(0-15)

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