NOMBRE DEL TRABAJO: Reporte de lectura 11
NOMBRE DEL ESTUDIANTE: Karla Areli Osorno Guadarrama
FECHA DE ENTREGA: 20 de abril 2024
CAMPUS: Toluca
CARRERA: Maestría en Psicoterapia Familiar Sistémica
MATERIA: Terapia de pareja
DOCENTE: Ricardo Bastida González
Parejas disfuncionales y terapia de pareja
(Dificultades conyugales, problemas y disfunción)
En cualquier relación es normal que haya ciertos periodos de disfunción. Las cargas
que supone compartir los roles íntimos, sociales y de crianza significan que la gente
inevitablemente chocará en algunos aspectos de a vida. Los problemas ocurren cuando
los conyugues pierden la fe en el matrimonio o el respeto y el cariño entre sí. (Hay
parejas que han tenido modelos de rol deficientes). Desde el punto de vista del
desarrollo, hay necesidades y exigencias no resueltas que vienen de la infancia que
conllevan profundos sentimientos de ambivalencia y odio.
Por ejemplo: una persona que se casa para alejarse del hogar, o acaso piense que,
mientras actúe como un buen hijo o hija. El conyugue actuará como un buen padre o
madre.
Otro factor importante es la comunicación en la pareja, es decir, la forma en que se
hablan las personas, puede modificar las relaciones. Para mejorar las desconexiones,
el terapeuta debe enseñar a la pareja a establecer una comunicación íntima,
concentrándose en la exploración de asuntos difíciles, e incrementar la empatía.
A menudo se recurre a terceras personas para que interfieran y desvíen el conflicto que
hay entre la pareja. Las diferencias de género en cuanto a necesidades y comunicación
a menudo hacen los problemas conyugales más complejos.
Los hombres tienden a ver la sexualidad como una forma de resolver conflictos, y las
mujeres a buscar intimidad verbal y equidad en las tareas dejando al sexo como una
posibilidad solo después de que se han resuelto los problemas. Las mujeres suelen
sentir que cae sobre ellas la carga emocional de la relación y los varones sienten la
responsabilidad de las finanzas familiares. (No todos encajan en estos estereotipos de
genero)
También es probable que los cónyuges angustiados busquen controlar el
comportamiento uno de otro a través de una comunicación negativa y la negación de
una comunicación positiva. Se esfuerzan por modificar la conducta del otro mediante
tácticas de control aversivas, es decir, presentando estratégicamente el castigo y
eliminando las recompensas.
Desde las perspectivas de los sistemas, la solución se convierte en el problema, un
control mas aversivo (silencio o ataque) o se forman triángulos para desviar el conflicto,
de modo que en el conflicto de la pareja se involucra a hijos, amigos, padres o amantes.
Tener un conyugue que padece algún tipo de trastorno grave del Eje I, como sería un
trastorno de ansiedad, anímico o por abuso de sustancias, tensa la relación de la
pareja. La interacción marital antes, durante y después de la aparición de los síntomas
en el cónyuge afectado por dicho trastorno. (Es importante indagar en la interacción de
la pareja y ver que ocasiona los síntomas)
La terapia de pareja puede definirse como un formato de intervención que comprende a
los dos integrantes de una diada en la cual el enfoque de la intervención son las pautas
de interacción disfuncionales y desagradables de la pareja, se centra en sus problemas
íntimos emocionales y sexuales.
En las sesiones se trabaja directamente con la pareja, sin embargo, en ocasiones los
hijos pueden ser invitados para abordar determinados aspectos. Por otro lado, se
considera imposible realizar una terapia de pareja eficaz, cuando uno de los cónyuges y
el terapeuta sostienen una aventura a espaldas del otro. Probablemente también sea
imposible que una persona que sostiene una aventura tenga la energía necesaria para
trabajar en su matrimonio.
En la evaluación de los cónyuges es importante resumir sus ideas en torno a la
comunicación, resolución de problemas, los roles, la expresión afectiva y el
compromiso, la expresión conductual, sobre todo en el ámbito sexual y de la
agresividad. Evaluar aspectos relacionados con los roles de género, cultura y raza, así
como las inequidades de poder en términos de género, clase, edad, o condición
económica, otro aspecto que resulta fundamental es averiguar si hay problemas de
alcoholismo, salud y reproducción y violencia.
Hay diversos aspectos implicados en las categorías generales anteriores que merecen
atención especial en la evaluación. Tal vez se necesiten entrevistas de evaluación de
conjunto e individuales con cada uno de ellos. La infidelidad o las dudas serias sobre el
compromiso hacen que el carácter de la terapia de pareja pase de como se las arregla
la pareja a si ésta permanecerá o no unida.
El terapeuta no esta obligado a llevar acabo la terapia en situaciones en las que
guardar un secreto sea insostenible, aunque algunos terapeutas prefieren no conocer
ciertos secretos, los autores de este texto consideran que es inútil proceder con la
terapia ante un secreto abrumador como si no existiera. Si en la pareja ha habido
incesto, violencia o alcoholismo, pero ellos lo ocultan, es fundamental que el terapeuta
lo sepa pronto, en una sesión privada y que intente incorporarlo a la terapia de pareja.
Los matrimonios en los que han habido violencia activa no son candidatos para la
terapia de pareja a menos que ambos establezcan un contrato claro de no violencia, los
hombres violentos a menudo necesitan también su propia terapia, el tratamiento de
grupo ha demostrado ser eficaz, también es común que ambos cónyuges sean
violentos.
Metas
Especificar los problemas de interacción, reconocer la contribución mutua de los
problemas, esclarecer lo limites conyugales, aclarar y especificar las necesidades y
deseos de cada cónyuge en la relación, mejorar la habilidad de comunicación, reducir la
coacción y la culpa, incrementar la diferenciación y resolver las distorsiones de
transferencia conyugal.
Reducir los síntomas
Aumentar la intimidad
Incrementar la flexibilidad de roles y la adaptabilidad
La tolerancia a las diferencias
Mejorar el funcionamiento psicosexual
Equilibrar el poder
Esclarecer la comunicación
Resolver la interacción conflictiva
Mejorar las relaciones con los hijos y la familia de origen
El principal motivo para dar inicio a una terapia de pareja es la presencia de un conflicto
marital al que contribuyeron ambos cónyuges, el tratamiento de pareja esta
contraindicado, aun cuando estén presentes las condiciones anteriores (Cuando ambos
cónyuges pretenden servirse de las revelaciones que se dan en el tratamiento para
lastimarse uno a otro). Si la terapia de pareja se intensifica constantemente hasta llegar
al conflicto, entonces deben evaluarse de nuevo las metas.
En las relaciones simétricas, el terapeuta suele toparse con una lucha de poder en la
que cada integrante busca reafirmar su propia postura. En ocasiones las parejas
presentan historiales de conflicto crónicos no resueltos y no relacionados, en cualquier
caso, esclarecer el proceso de la pareja y sus pautas de comportamiento recurrentes
representan el punto de arranque para la terapia de pareja.
Determinar que impide que la pareja haga cambios, el terapeuta puede reunir y
organizar los datos históricos en un programa, el árbol familiar de tres generaciones
que representan las pautas de la familia en relación con los problemas específicos o el
funcionamiento general de la familia. La técnica del genograma señala las posibles
conexiones que hay entre los sucesos actuales de la familia y las experiencias pasadas.
Aunque cada corriente de tratamiento de pareja y familia defiende su propio énfasis en
determinados aspectos el proceso de cambio. Modificar las creencias e ideas de la
pareja, cambiar secuencias conductuales, incrementar la diferenciación, ampliar la
conciencia emocional, es posible identificar algunas características relativamente
persistentes en la mayor parte de las terapias de pareja.
Explorara de manera segura nuevas creencias, sentimientos y comportamientos,
experimentar nuevas pautas de interacción que sean poco familiares y que hasta
generen ansiedad.
TERAPIA DE PAREJA Y SEXUAL
Se ha estimado que 50% de los matrimonios estadounidenses tienen problemas
sexuales y estos divididos en dificultades como no ponerse de acuerdo en cuanto a la
frecuencia.
Las disfunciones pueden tener un origen orgánico o psicológico y ser de por vida o
adquiridas, generalizadas o circunstanciales. La disfunción o insatisfacción sexuales
pocas veces se deben a un trastorno psiquiátrico, aunque la depresión y la ansiedad
suelen menguar el deseo sexual. En general cuando la sexualidad no forma parte de un
matrimonio durante un periodo prolongado, la relación tiene menos vitalidad y fuerza.
Se considera que le funcionamiento sexual saludable es resultado de actitudes
relativamente libres de conflicto y que poseen confianza personal en torno al sexo y a la
creencia de que la pareja se siente complacida con el desempeño que uno tiene.
El terapeuta debe realizar una valoración minuciosa de las interacciones generales de
la pareja, lo mismo que una evaluación física cuando se halle presente una disfunción.
Los problemas sexuales tal vez sean claramente un brote de las dificultades de la
pareja.
En el DSM-IV-TR se reconoce a los siguientes trastornos como disfunciones sexuales:
Trastornos del deseo sexual
Trastornos de la excitación sexual
Trastornos orgásmicos
Trastornos sexuales por dolor
Es importante entender la secuencia de la aparición de las disfunciones para ver cómo
influyen una en otra. Como se ha mencionado, muchos problemas sexuales no son
disfuncionales, sino insatisfacciones en la relación. (Conviene elaborar un genograma
sexual)
El registro de un historial sexual íntimo de marido y mujer debe realizarse, por
supuesto, con la pareja, pero sin hijos presentes. El proceso de registro del historial
sexual debe manejarse con cuidado y teniendo siempre en cuenta el grado de
comodidad personal de cada individuo. No deben emplearse términos que pudieran
resultar ofensivos o incomodos para el terapeuta o la pareja, al mismo tiempo debe
preocuparse de no usar generalidades vagas que no produzcan información.
1.-Definicon del problema
2.-Historial de la relación
Se debe promover la franqueza, esclarecer con preguntas concretas, registrar el
historial sexual.
El terapeuta tiene las opciones de instruirse en torno a la sexualidad homosexual o
preguntar a la pareja por sus practicas propias u otras comunes a su grupo, identificar si
el terapeuta experimenta ansiedad o es apto para tratar el caso, o canalizar a la pareja
con un colega más formalizado ya que las parejas homosexuales tal vez no presentan
ninguna de las disfunciones o insatisfacciones que las parejas heterosexuales.
Por otro lado, ahora que los investigadores de la sexualidad han aprendido tanto sobre
aspectos más mecánicos y orgánicos relacionados con la excitación y el orgasmo,
conviene reconsiderar otros aspectos de la sexualidad, como el erotismo, la pasión, el
misterio, el dominio y la sumisión, los cuales hacen que el acto en sí mismo sea
significativo. Esto se aplica en particular en ámbitos de aburrimiento sexual o falta de
deseo circunstancial.
Las observaciones del comportamiento sexual, los lazos afectivos, las fantasías
eróticas, la excitación y la preferencia erótica de los seres humanos, han señalado que
la orientación sexual y la identidad no son estáticas, de hecho ambas pueden fluctuar
durante la vida de una persona. En ocasiones, los cambios en la sexualidad son solo
fases, pero a veces se convierten en la disposición predominante de las relaciones
sexuales de un individuo.
Para el terapeuta el problema debe centrase en entender y escuchar las experiencias
de la otra persona aun cuando sea muy distintas de las propias. La terapia de pareja
debe orientarse principalmente a ayudar a los cónyuges a que consigan responder uno
al otro con empatía y a enfrentar exitosamente el significado del trauma. En algunos
casos, los ejercicios de desensibilización conductual logran tranquilizar las cosas lo
suficiente como para que la sexualidad resulte más cómoda.
Referencias Bibliográficas:
E. Ritvo. (2003) Terapia de pareja y familiar. Manual moderno. Cap. 11 y 12