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The Storm - Cleo White

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La tormenta

Libro único

Cleo White
Contenido
La Tormenta ............................................. 2 Capítulo 6 ............................................... 37

Contenido.................................................. 3 Capítulo 7 ............................................... 45

Argumento................................................ 5 Capítulo 8 ............................................... 51

Capítulo 1.................................................. 6 Capítulo 9 ............................................... 57

Capítulo 2................................................ 12 Epílogo..................................................... 61

Capítulo 3................................................ 18 Sobre la autora ..................................... 65

Capítulo 4................................................ 24 Nosotr@s ................................................ 66

Capítulo 5................................................ 31
Argumento
Es la tormenta de nieve más grande del
siglo y estoy atrapada en la tienda de
tatuajes de mi papá con su amargado mejor
amigo.

¿Mencioné que he estado enamorada de él


durante años? ¿Y qué me odia a muerte? Sí.
Mi “atascada” vida ha alcanzado un nivel
completamente nuevo.
Estoy tratando de dejarlo pasar, lo juro,
porque nadie quiere ser la chica que quiere
a alguien que no le interesa en absoluto. Es
humillante.
Estar atrapada aquí con él es el colmo. Voy a seguir adelante, cueste lo
que cueste.
Sólo necesito superar esta tormenta...

The Storm es un romance corto y picante sobre el mejor amigo de su papá,


protagonizado por el corpulento tatuador: Cassian, y la trotamundos y de espíritu libre: Luna.
Capítulo 1
Cassian
—No creo que vayamos a tener un día ocupado y esta tormenta parece que va
a ser intensa. ¿Deberíamos enviar a todos a casa?
Me giro y contemplo la nieve que cae en la calle frente a la tienda,
ahuyentando incluso a nuestros clientes más intrépidos. No los culpo. Detrás de
mí, mi socio comercial Jace se agita en su escritorio, que está apiñado al lado
del mío en la pequeña oficina trasera, ajeno a mi preocupación.
Deberíamos enviar a todos a casa. Es lo más responsable, dejar que todos
lleguen a sus casas antes de que las carreteras se pongan muy mal y entre en
vigor una advertencia meteorológica, ahorrarnos los gastos generales de media
docena de tatuadores aburridos con acceso a tinta y agujas ilimitadas. Muy
pronto, alguien sugerirá tatuar a otra persona, alguien sacará una botella de
whisky y el día irá cuesta abajo a partir de ahí. No, es mejor que reduzcamos
nuestras pérdidas y cerremos por hoy. Pero eso significaría que no podré verla.
Es una jodida obsesión, incluso yo sé eso. He estado en la vida de Luna,
bueno, desde siempre. Jace fue mi mejor amigo mientras crecía, estuve presente
en todas las cosas en las que se metió, incluido dejar embarazada a su novia de
la secundaria. Estuve allí cuando nació Luna, cuando fue al jardín de infantes,
cuando se graduó de la secundaria. Fui yo quien convenció a Jace para que la
dejara tomarse un año libre para viajar antes de comenzar la universidad.
Fue a todas partes, me envió fotografías de los lugares increíbles que
encontró y de toda la gente increíble que conoció en todos los rincones del
mundo. Un año se convirtió en dos, luego en tres. Trabajó a lo largo del camino,
tomándose unos meses libres para servir mesas en Ámsterdam o limpiar
habitaciones de hotel en París. Una existencia romántica y bohemia, y nada
menos que de lo que esperaría de mi pseudo-sobrina de espíritu libre. Estaba
jodidamente orgulloso de ella.
Luego, hace unos seis meses, llamó a Jace para decirle que había decidido
que era hora de volver a casa, empezar la universidad y volver al “mundo real”.
Finalmente. Lleno de alegría, le había reservado un billete de avión y ni siquiera
dos días después, estaba junto a Jace, su esposa Natalie y su hija menor, Sunny,
en el área de recogida de equipaje del aeropuerto JFK, esperando que llegara
Luna.
No estaba prestando mucha atención a lo que sucedía a mi alrededor,
demasiado distraído por quién bajaba las escaleras mecánicas delante de
nosotros. Nunca fui del tipo que persigue mujeres más jóvenes. Con casi treinta
y siete años, valoraba la experiencia y la confianza en mis parejas sexuales y
apreciaba que la mayoría de las mujeres de mi edad no pedían más de lo que
yo tenía para dar.
Esta mujer, sin embargo. Maldita sea. No podía tener más de veinte años,
pero una mirada a ella me hizo querer desechar todas y cada una de las reglas
que tenía. Mi polla se había vuelto incómodamente dura en mis jeans,
presionando brutalmente contra mi bragueta mientras mis ojos vagaban
hambrientos por las piernas doradas y bronceadas en pantalones cortos con
hilachas de tela y una cintura diminuta, rogando que pusiera mis manos sobre
ella.
No fue hasta que Sunny chilló y corrió hacia adelante que me di cuenta,
un momento demasiado tarde, de que la impresionante criatura en las escaleras
mecánicas era Luna.
Apenas la reconocí. Tres años en el extranjero la habían despojado de los
últimos vestigios de su infancia. Su rostro se había adelgazado, su vientre se
había aplanado, se había cambiado el pelo y se había perforado la nariz. De
repente, estaba luchando por respirar, tratando frenéticamente de controlarme
mientras Luna saludaba a su familia.
Luego volvió su mirada hacia mí, sonrió y el mundo entero se movió bajo
mis pies.
Llámenlo como quieran: amor a segunda-primera vista, obsesión o lo que
sea, entré a ese aeropuerto como un hombre libre y salí completamente
propiedad de una mujer que nunca tendría.
Es suficiente para joderle la cabeza a cualquiera y obligarlo a hacer cosas
irracionales. Como mantener a todo su personal trabajando en medio de una
tormenta de nieve para que no tener que pasar los próximos dos días sin su
medicamento preferido.
Me pellizco el puente de la nariz, sintiendo un dolor de cabeza mientras
Jace continúa traqueteando detrás de mí, buscando Dios sabe qué.
—Hola, chicos. —Mis ojos se abren de golpe cuando mi cabeza gira
automáticamente hacia la puerta de la oficina, tan rápido que me duele un
músculo del cuello. Maldiciendo, lo froto, mirando adormilado al ángel
apoyado contra el marco de la puerta con calzas negras y una camiseta sencilla.
Los ojos de Luna se abren alarmados. —¿Estás bien, Cass?
Le hago un gesto para darle a entender que no es nada, retrocediendo
hasta el punto más alejado de la puerta de la oficina y hundiéndome en el
radiador al otro lado de la habitación. —Simplemente me disloqué un músculo.
Estoy bien.
—Podría frotarlo si tú…
—No. —Dejo caer la mano de mi cuello, aunque todavía me duele—. Estoy
bien.
—¿Qué pasa, Luna-Tuna? —Pregunta Jace, sonriendo amablemente a su
hija. Había estado buscando trabajo cuando nuestra recepcionista decidió
seguir a su novio a Nevada y Jace estaba encantado de darle el trabajo. Ni
siquiera me lo había dicho, asumiendo que no me importaría, así que entré un
día y allí estaba ella.
Ahora mi tormento no está reservado a las cenas familiares y alguna que
otra fiesta. No, ahora ardo todos los putos días.
Luna se inclina hacia el lado de la tienda donde los artistas tienen sus
propias salas. —Pensé que les gustaría saber que Nancy actualmente está
colocando una plantilla de una porción de pizza en el trasero de Tommy. En
caso de que quieran adelantarse a ello.
Jace se ríe y sacude la cabeza. —Cristo. Sí. Diles que se vayan a casa. Llama
a quien quede en el horario de hoy y re-agéndalo, ¿quieres Luna? —Ella asiente,
dándome una última mirada antes de desaparecer mientras Jace levanta su
teléfono y me habla por encima del hombro mientras sus pulgares vuelan sobre
la pantalla—. Tengo que ir a buscar a Sunny a la escuela, no quiero que camine
en este clima. ¿Te importaría llevar a Luna de regreso a su casa?
Es una petición perfectamente razonable. El departamento de Luna está a
sólo unas cuadras del mío y paso por allí. Aun así, la idea de pasar cinco
minutos a solas con ella en el coche es suficiente para hacerme arrugar la cara
y hacer una mueca de dolor.
—Eh. —Jace y yo miramos a nuestro alrededor para ver que Luna ha
regresado, sus labios se dibujan en una sonrisa de dolor y mi corazón se hunde,
al darme cuenta de que vio mi consternación cuando me pidieron que la
llevara. Mierda—. Olvidé preguntar si querían que publicara algo en las páginas
de redes sociales de la tienda sobre el cierre.
—Seguro. —Jace le dice, ajeno a la tensión subyacente en la habitación—.
Cass te llevará a casa ya que de todos modos se dirige hacia allí. No quiero que
Sunny vaya a casa sola.
—Está bien. —Luna dice demasiado rápido, mirando a cualquier parte
menos a mí—. Ya veo yo como llegar, en serio, no te preocupes por eso. —Y se
fue de nuevo, dejándonos a Jace y a mí en un silencio forzado.
—¿Qué fue eso? —Pregunta mi mejor amigo, volviéndose hacia mí con el
ceño fruncido.
—Ni idea. —Me levanto del radiador y me dirijo a la silla de mi escritorio,
donde puedo fingir que estoy ocupado.
Sin embargo, Jace no se desanima. —Ustedes han estado muy fríos durante
meses. Ella solía ser tu amiguita, ¿qué diablos pasó? ¿Se pelearon?
Mi “amiguita” creció hasta convertirse en la mujer más hermosa que he
visto en mi vida y la única forma en que puedo resistirme a inclinarla sobre la
superficie plana más cercana y follarla hasta dejarla sin sentido es manteniendo
la mayor distancia posible entre nosotros. El Océano Atlántico sería ideal, pero
ser un imbécil tendrá que ser suficiente.
—No nos peleamos, Jace. —Suspiro, luchando por mantener mi expresión
impasible. Ocultar algo como esto a la persona que mejor te conoce en este
mundo es una jodida batalla cuesta arriba—. Es una adulta ahora. Ya no me
idolatra. No sé qué decirte.
Afortunadamente, Jace parece aceptar esto y regresa a su computadora. —
Solo llévala a casa, ¿de acuerdo? —Insiste por encima del hombro—. No quiero
que se suba a la parte trasera de un desconocido durante una tormenta de nieve.
¿Cómo diablos se supone que voy a discutir eso?

Me quedo en la oficina trasera, inventando cosas que hacer, mientras la tienda


se vacía y todos hablan alegremente sobre sus planes para el día. Puedo
escuchar la voz de Luna hablando indistintamente desde su escritorio en el
vestíbulo en un tono dulce y de disculpa, presumiblemente llamando a todos
los clientes que tenían citas para más tarde hoy. Estamos reservados durante
meses, pero afortunadamente era un día ligero, por lo que el cierre no
significará demasiadas noches y fines de semana para ponerse al día.
Cuando la tienda finalmente está en silencio y se puede escuchar el sonido
de Luna recogiendo sus cosas, finalmente me aventuro a salir, preparándome.
Ella me mira por el rabillo del ojo mientras se pone un par de mullidas
botas de nieve negras. —No tenías que quedarte.
—Le dije a Jace que te llevaría.
Sus labios se presionan formando una línea plana mientras se inclina para
empujar sus zapatillas debajo del escritorio. —Ya llamé a un auto.
Cristo, su trasero se ve increíble con esas mallas. Tengo que morder el
interior de mi mejilla lo suficientemente fuerte como para sacar sangre solo para
evitar que mi polla se endurezca. —Cancélalo.
Luna suspira y se endereza, cruzando los brazos con fuerza sobre el pecho.
—Mira, Cass, no sé qué te hice exactamente, pero sé que no quieres llevarme a
casa más de lo que yo quiero que alguien que claramente odia estar en mi
compañía me lleve a casa… Entonces, ¿por qué no le decimos a papá que me
llevaste en tu coche y nos ahorramos a ambos la miseria?
Se me retuercen las entrañas. Siempre supo cómo hacerme sentir como
una mierda. —Luna…
Ella niega con la cabeza, los rizos color miel se mueven debajo de su gorro
de punto. —Simplemente no lo hagas, ¿de acuerdo? No nos insultes a ambos
negándolo. —Coge su bolso del mostrador de recepción y se lo pone al hombro
antes de dirigirse a la puerta. Cuando la abre, una ráfaga de aire helado entra
en la tienda, los copos de nieve cubren la alfombra antideslizante en los pocos
segundos que le lleva salir y cerrar la puerta detrás de ella.
Me quedo allí, sintiéndome como el idiota más grande del planeta
mientras la chaqueta rosa brillante de Luna desaparece de la vista fuera de los
escaparates. Aunque no puedo dejarla sola en esto. Es mi culpa que sienta lo
que siento por ella, no debería ser llevada por un extraño en una tormenta de
nieve sólo porque no puedo controlarme.
De ninguna manera.
Salgo por la puerta antes de tener siquiera la oportunidad de subirme el
cierre del abrigo, completamente preparado para perseguir un Uber. Afuera
hace mucho frío, la nieve cae con tanta fuerza que tengo que entrecerrar los
ojos en cualquier dirección, casi hundiéndome de alivio cuando veo el abrigo
de Luna un poco más arriba en la calle, acurrucada en la puerta de una
tintorería cerrada, tocando la pantalla de su teléfono.
—¡Luna! —Grito por encima del aullido del viento, corriendo hacia ella
mientras el frío quema mi cara y mis manos expuestas. Al final de nuestra
pequeña calle lateral de sentido único, veo pasar un quitanieves, que suma el
banco de nieve que nos impide salir de aquí sin sumar el hecho de que estamos
a punto de sufrir hipotermia. Mierda.
—¡Mi coche fue cancelado! —Luna me dice mientras me acerco, sus dientes
ya castañetean—. Estoy tratando de conseguir otro. No te preocupes…
Pero le doy un codazo en el hombro y le señalo el otro extremo de la calle,
que también es claramente intransitable. —Entra a la tienda. —La tomo del
brazo, tirando de ella hacia atrás por donde habíamos venido—. Estamos
atrapados por la nieve.
Capítulo 2
Luna
No hay nada tan humillante como un enamoramiento no correspondido.
Sé que no me quiere, sé que ni siquiera le agrado, pero aun así mi estúpido
y masoquista corazón palpita cuando Cassian Rowe parpadea en mi dirección.
No es nada nuevo. Siempre he estado desesperada por ser el centro del
mundo de Cass. Cuando era niña, hacía pucheros y me enfurruñaba cuando él
salía al bar con amigos en lugar de venir a cenar a casa de mis padres. Solían
bromear diciendo que yo era su “amiguita”, lo cual era lindo hasta que cumplí
los dieciséis años y tuve mi primer orgasmo al pensar en él.
Después de eso, que te llamen la jodida “amiguita” de un hombre del que
estás locamente enamorada es simplemente mortificante.
Cuando se acercaba mi decimoctavo cumpleaños, tenía toda esta fantasía
en mi cabeza, donde me convertiría en adulta, Cass me vería y sabría que yo
era la única mujer para él.
No sucedió.
Obviamente.
En la cena de mi decimoctavo cumpleaños, Cass me dio una tarjeta de
regalo para mi librería favorita y se fue temprano para encontrarse con su cita.
Entonces, hice lo que hace cada heroína con el corazón roto que se ve
atrapada por un caso grave de amor no deseado en cada libro romántico que
he leído.
Hui.
Me dolió por un tiempo estar lejos de todos y de todo lo que conocía, pero
poco a poco encontré la felicidad en el mundo. Crecí confiada y fuerte,
floreciendo ante mis propios ojos hasta convertirme en el tipo de persona que
siempre quise ser.
Estaba tan segura de haber superado mi tonto amor adolescente.
Mi primer beso fue con un actor semifamoso en Luxemburgo y luego tuve
una breve relación con un surfista australiano que parecía tener los abdominales
cincelados en mármol. Seguramente Cassian ya no me impresionaría más ahora
que había estado con hombres así.
Mi corazón estaba a salvo. Podría ir a casa.
Mal. Mal. Mal.
Solo tuve que bajar del avión y ver su rostro para que todos esos
sentimientos regresaran con el doble de fuerza que antes. Esto ya no era amor
adolescente, era algo más profundo, más poderoso.
Sólo que esta vez fue mucho peor porque ya no era sólo la amiguita de
Cass, no era nada para él en absoluto. Había echado un vistazo a esa nueva y
brillante persona en la que me había convertido durante dos segundos y decidió
“no, eso no es para mí”. No me abrazó en el aeropuerto, simplemente me dio
unas palmaditas en el hombro y se fue a casa en el asiento trasero conmigo y
con Sunny, inclinándose contra la ventana, con los hombros encorvados para
que su brazo no rozara el mío.
Han pasado meses, y tontamente sigo esperando que el hielo se derrita,
que algún día él me alborote el cabello o me dé esa sonrisa torcida que alguna
vez estuvo reservada solo para mí.
No. El hombre que he amado toda mi vida apenas me mira. Es frío,
distante y desinteresado en todo lo que digo. Hoy, había regresado para hablar
con papá y ver la mueca de Cass cuando le pidió que pasara menos de cinco
minutos a solas conmigo, fue tan brutal como ser sumergida en un barril de
agua helada.
Duele.
Me dolió tanto que le grité, incapaz de evitar traicionar sólo un poquito
del dolor que había sentido por su indiferencia, algo que he estado tratando
resueltamente de no hacer durante meses.
Ahora estoy atrapada en la tienda con él mientras la tormenta de nieve
más grande que Nueva York ha visto en una década cubre la ciudad,
eliminando efectivamente cualquier posibilidad que tengo de llegar a casa y
acurrucarme en mi cama para llorar en paz.
—Creo que tenemos un calentador en la parte de atrás. —Murmura Cass,
que ha estado ocupado cerrando la tienda, enviando mensajes de texto a mis
padres y regando la planta de la esquina para evitar mirarme.
Levanto las rodillas hasta el pecho en uno de los sofás de la sala de espera
y miro fijamente por la ventana la tormenta, esperando y rezando para que pase
un quitanieves y me salve de tener que pasar un minuto más aquí.
Objetivamente, Blink & Ink es un lugar tan bueno como cualquier otro
para esperar. Tenemos muchos bocadillos, agua, mantas y un suministro
interminable de extrañas películas rusas en blanco y negro de la estación de
Sasha. Es el lugar más cercano a una casa real que tengo.
Aunque todavía no puedo pensar en ningún lugar en el que preferiría estar
menos ahora mismo.
Soy vagamente consciente de que Cass vuelve a entrar a la habitación y
enchufa el calentador junto a mi escritorio. Realmente no es necesario,
considerando que aquí el calor no ha bajado en absoluto, pero no voy a discutir
con él. De hecho, no voy a hablar con él en todo a menos que el maldito techo
se derrumbe y tenga que averiguar dónde guardamos las palas.
—¿Luna? —Parpadeo y miro al hombre tatuado que parece un oso parado
en un rincón. Él asiente hacia la parte trasera de la tienda—. ¿Quieres comer?
Iba a hacer unos fideos instantáneos o algo así.
Sacudo la cabeza en silencio y vuelvo a mirar por la ventana, con el
corazón dolorido en el pecho. Espero escuchar a Cass alejarse pesadamente,
pero para mi sorpresa hay movimiento en el rabillo de mi visión y me giro para
verlo sentado en el viejo y agrietado sofá de cuero frente a mí.
Odio que mi corazón todavía se apriete al verlo, pero no puedo evitarlo.
Es hermoso.
Estoy segura de que no hay mucha gente que caracterizaría a Cass así,
pero lo es. Sus manos están llenas de tatuajes descoloridos que desaparecen
debajo de las muñecas de su camisa negra y reaparecen en su cuello,
desapareciendo finalmente para siempre en la línea de su espesa barba. Todo
en él es grueso, grande y musculoso, pero sus tatuajes son legendarios por sus
líneas delicadas. Es una contradicción que camina y habla, y no recuerdo un
momento en el que no me haya fascinado.
Incluso cuando deseaba no estarlo.
Demonios, especialmente cuando deseaba no estarlo.
Incapaz de quedarme sentada allí en tenso silencio ni siquiera un minuto
más, me levanto y camino hacia la ventana, apretando mi abrigo a mi alrededor.
No sé si alguna vez me he sentido tan sola en mi vida, incluso cuando me fui
de viaje por primera vez. Quizás debería dejar Blink & Ink. El dinero es bueno,
los horarios son flexibles y papá se desanimaría, pero la compensación de no
tener que Cassian Rowe me pise el corazón a diario suena bastante atractiva en
este momento.
—Luna. —Cass dice mi nombre, su voz es más suave de lo que la he
escuchado en mucho tiempo—. Ven a sentarte.
Lo ignoro y le hablo en voz baja a la fría ventana. —Creo que se supone
que la tormenta durará hasta el martes, pero apuesto a que se ralentizará lo
suficiente como para poder salir mañana en la mañana...
—Luna. —Dice de nuevo, su voz suena áspera y exhausta, más vulnerable
de lo que jamás la había escuchado.
De mala gana, me giro.
Cass está inclinado hacia adelante en el sofá, con los antebrazos apoyados
en las rodillas y el ceño fruncido. Se ve... No como el hombre frío y remoto
que he llegado a conocer durante los últimos meses. —Lo lamento.
Parpadeo, sorprendida a mi pesar, e inmediatamente empiezo a repasar
mentalmente la lista de ofensas de Cass para decidir cuál es la más probable
por la que se esté disculpando. Decido que es la expresión que tenía cuando
papá le pidió que me llevara a casa. Probablemente solo no quiere sentarse
aquí conmigo enojada con él por Dios sabe cuánto tiempo.
—No importa. —Me estremezco—. Lo entiendo. Hace mal tiempo.
Tampoco me gustaría esforzarme tanto para llevar a alguien. —Eso estuvo fuera
de lugar en absoluto, pero tal vez si lo dejo libre de esto, podré superar esta
pesadilla con una pizca de dignidad intacta.
Como si cualquiera de nosotros pudiera olvidar el pequeño discurso que
pronuncié antes de mi desafortunado intento de irme.
Cass no parece aliviado, sino que deja caer la cabeza, como si no pudiera
soportar mirarme. Lo que sea. Tal vez su conciencia finalmente lo ha alcanzado
y se siente algo culpable por tratarme como una mierda durante meses, o tal
vez simplemente no quiere quedarse atrapado aquí conmigo.
De cualquier manera, nos haré un favor a ambos y saldré de su vista.
—Voy a ir a dormir a la mesa de papá —anuncio, tomando una de las
mantas que Cass recogió de mi escritorio y marcho. Voy por el pasillo hasta las
salas de tatuajes sin mirar atrás.
Es mediodía, no hay manera de que pueda dormir, pero prefiero fingir
que ser sometida a los intentos poco entusiastas de Cass de llenar el puto cráter
gigante donde una vez estuvo nuestra relación. La habitación de papá está justo
en la parte trasera del estudio, con casi dos décadas de polaroids en las paredes,
cada una mostrando uno de los tatuajes que se hizo. Hay una gran silla de cuero
que se pliega hasta convertirse en una mesa plana en el centro de la habitación
y la organicé en silencio.
Me encantaba venir aquí cuando era niña. Mi papá y Cass fueron
aprendices aquí cuando yo era solo una niña pequeña, y el antiguo dueño,
James, fue bueno al dejarme pasar el rato y colorear en la oficina trasera cuando
mi mamá estaba en el trabajo. Todavía recuerdo estar sentada en el suelo con
mis marcadores, agregando color a la serpiente negra tatuada en la pierna de
Cass mientras el zumbido rítmico de la máquina de tatuar resonaba en mis
oídos.
Todavía me encanta el ruido, es relajante, aunque no tengo ningún tatuaje
propio. Papá me lo ofreció cuando regresé del extranjero, pero lo he estado
posponiendo.
Quiero tatuajes. Por supuesto que sí, considerando a qué me dedico en mi
trabajo y dónde crecí, pero siempre que imaginaba a la primera persona
poniéndome tinta en la piel, y siempre era Cass.
Quizás eso es lo que necesito hacer para seguir adelante. Tener relaciones
sexuales, hacerme un tatuaje, intentar conocer hombres a quienes realmente les
pueda gustar.
Sacudiéndome de mi espiral de autocompasión, extiendo la manta sobre
la mesa y me arrastro, envolviéndome como un burrito. Me siento entumecida,
cansada y fría.
Quiero ir a casa.
No, quiero subirme al siguiente avión y no volver nunca más, porque huir
de nuevo de repente parece la única manera de no sentirme así nunca más.
Funcionó antes, podría funcionar de nuevo.
Quizás sea un cliché de mi parte, pero quiero lo que tienen mis padres.
Me tuvieron cuando eran muy jóvenes, ni siquiera diecisiete años, y sus familias
estaban furiosas. Aún así, se mantuvieron unidos a través de las cosas difíciles
y salieron del otro lado como la pareja más feliz que conozco. Papá todavía le
trae flores a mamá después del trabajo todos los viernes, tienen citas nocturnas
y encontré cartitas cursis que se escribieron en su apartamento.
Es por eso que todavía no he tenido relaciones sexuales, a pesar de que
probablemente soy la virgen más vieja del planeta a los veintiún años, porque
una pequeña parte romántica de mí quiere que mi primero sea mi único...
Mis ojos arden cuando una serie de pasos pesados avanzan por el pasillo
y se detienen frente a la puerta de la habitación de mi papá. No puede ver mi
cara desde este ángulo y me esfuerzo para mantener mi respiración uniforme y
constante, como si realmente estuviera durmiendo.
Después de lo que parece una eternidad, Cass sigue y, al final del pasillo,
oigo que la puerta de la oficina se abre y se cierra silenciosamente.
Un pequeño sollozo se escapa de mis labios y presiono mi cara contra las
mantas, temblando, justo cuando escucho el inconfundible golpe de un puño
atravesando el yeso.
Capítulo 3
Cassian
Nunca dejará de sorprenderme cómo puedo estar tan jodidamente seguro de
que estoy haciendo lo correcto, y luego la vida me lo echa todo en cara como:
“piénsalo de nuevo, imbécil”.
Sabía que Luna estaba herida por mi comportamiento frío, por supuesto
que lo sabía, pero enfrentarme a la evidencia real de ello y ver el dolor en sus
ojos por mis acciones es casi insoportable. La estoy lastimando, la he estado
lastimando, todo en nombre de mantenerme bajo control.
¿Qué me pasa que no puedo seguir como siempre y esperar que esta
ardiente atracción pase?
Una parte de mí sabe que es porque no va a ser así, y el dolor en mi puño
por golpear la pared es como un recordatorio constante y palpitante del poder
que Luna tiene sobre mí.
Sin embargo, tengo que hacer algo, porque tan seguro como estoy de que
nunca podré hacer nada con respecto a mis sentimientos por ella, estoy
igualmente seguro de que nunca más podré ver esa expresión en el rostro de
Luna. Prefiero tumbarme en la nieve y quedarme allí.
Después de quedarme en la oficina administrativa durante horas,
intentando en vano formular un plan de juego, finalmente me aventuro a salir
a última hora de la tarde. La nieve afuera probablemente ahora me llegaría a
las rodillas y con el viento soplando contra el frente del edificio, casi no puedo
ver la calle al oscurecer. Luna todavía no ha aparecido pero cuando lo haga,
puedo tener comida caliente lista.
La sala de descanso está bien equipada y es bastante fácil tirar algunas
latas de sopa en tazones y ponerlos en el microondas, todo mientras mantengo
mi vista fija en el largo pasillo más allá, buscando señales de vida en la sala de
tatuajes de Jace.
Si no sale, entonces entraré.
Afortunadamente, estoy sirviendo la sopa en dos tazas grandes cuando una
leve sombra se desliza desde la habitación, de espaldas a mí, y desciende
suavemente hacia el vestíbulo. Casi me hundo de alivio y lo sigo, con el corazón
golpeando contra mi caja torácica.
Me aterroriza que cuando la mire a los ojos, la vulnerabilidad que vi en
ellos antes se haya endurecido hasta convertirse en hielo en las últimas horas.
Me lo merecería, probablemente haría que mantener mi distancia con ella fuera
mucho más fácil, pero también podría destrozarme.
Joder, soy un pedazo de mierda egoísta.
—Hola, nos preparé algo de comer. —Luna está de cara a la ventana
cuando entro al vestíbulo, deteniéndose torpemente en la puerta de mi tienda
mientras observa la nieve.
Cuando se da vuelta, mi corazón se hunde. Parece agotada.
En silencio, nos sentamos en sofás opuestos y le empujo la taza de sopa y
medio paquete de galletas saladas. Se ve tan hermosa contrastada por la nieve
que cae y el cielo que se oscurece. ¿Alguna vez he mirado a una mujer y he
sentido asombro? No me parece.
—Escucha, Luna. —Me aclaro la garganta—. Sé que he sido un idiota, sólo
quiero dejar claro que se trata de mí. No es sobre ti. He estado pasando por
algunas cosas de mierda y… —Suena como una excusa poco convincente.
Incluso para mis propios oídos, pero de todos modos sigo hablando—: No lo he
manejado bien. Eso es todo. Lo lamento.
Luna revuelve su sopa por un momento, su expresión es ilegible. Cuando
finalmente levanta la vista, hay un desafío resentido ardiendo detrás de esos
hermosos ojos. —Seguro que siento que se trata de mí, Cass. Eres la misma
persona con todos los demás, amable con todos, soy la única a la que evitas y
a la que críticas. —Sacude la cabeza con disgusto y deja caer la cuchara sobre
la mesa, recostándose en el sofá y levantando las rodillas hasta el pecho.
—Solíamos enviarnos mensajes de texto todos los días. Hacías bromas
conmigo, me enviabas artículos divertidos, fotos de los tatuajes que hacías. Di
un paso fuera de ese avión y fue como si vieras cuánto he cambiado y… —Todo
lo que ella cree que pienso sobre ella se pierde mientras sus palabras se
desvanecen miserablemente.
Dios. Me duele no pasar por encima de esta mesa, tomarla entre mis
brazos y no soltarla nunca. Ese es mi mundo entero ahí sentado.
Todo mi mundo piensa que odio la increíble persona en la que se ha
convertido.
—Luna. —Se me quiebra la voz y me aclaro la garganta, buscando
desesperadamente alguna explicación razonable para mi comportamiento que
no sea la verdad. Ella es tan condenadamente inteligente, ve tanto, me acusa
por todas mis tonterías. ¿Cómo diablos se supone que voy a mentirle en la cara
y hacerle creerlo?
Ella me mira expectante y mi mente está completamente en blanco. No sé
qué decir, qué hacer, cómo hacer lo correcto por ella. Aparentemente estar ahí
mirándola con una mirada desconcertada en mi rostro no es suficiente porque
finalmente Luna se burla, sacude la cabeza y se desenrosca para volver a su
sopa.
Mis manos hacen lo mismo aturdidas y durante mucho tiempo no se oye
ningún sonido aparte del viento que aúlla afuera y nuestras cucharas chocando
con las tazas. Cuando mi teléfono suena en la madera mesa entre nosotros,
ambos miramos y vemos el nombre de Jace en la pantalla.
Sintiéndome mal, presioné aceptar y lo pongo en el altavoz.
—Hola, hombre. Estás en el altavoz.
Jace se ríe. —¿Cómo están chicos? ¿Manteniéndose calientes?
Mi polla se mueve en mis pantalones mientras mi mente salta
inmediatamente a todas las formas en que podría mantener a Luna caliente que
no tienen nada que ver con el calentador encendido en la esquina.
Luna sonríe valientemente, como si su padre pudiera verla. —Claro que sí.
Cass preparó un poco de sopa. ¿Están bien tú, mamá y Sunny?
Jace suspira. —Sí, estamos bien. Mi auto está completamente enterrado en
la nieve, o iría a buscarlos.
—¡Te extrañamos Luna y Cass! —La voz de Sunny llama desde el fondo y
Jace se ríe de nuevo. Puedo imaginarlos a todos abrigados en el apartamento
de Jace y Natalie, probablemente viendo a la princesa prometida y bebiendo
chocolate caliente. Mis propios padres son unos idiotas, no tengo hermanos, ni
esposa, ni hijos. La familia de Jace es tan buena como la mía, lo que hace que
mis sentimientos por Luna sean aún más confusos.
—Los extraño a ustedes también. —Dice Luna, su voz demasiado optimista
y alta para ser genuina. ¿Cómo es que nadie más que yo lo oye?
—Sólo quería oír como estaban. Ver si necesitaba enviar un helicóptero de
rescate. —Puedo escuchar el sonido de un ruido de fondo, como si estuviera
cocinando.
Casi en el momento en que las palabras salen de su boca, el zumbido del
calentador y los dispositivos electrónicos se apaga. Las luces del techo se apagan
y de repente la tienda queda en un silencio sepulcral e inquietante. Afuera, las
farolas se apagan y nos sumergimos en una oscuridad casi total.
A través de la oscuridad, mis ojos se encuentran con los de Luna y un
momento de comprensión silenciosa pasa entre nosotros. Si Jace supiera del
apagón. Sin importar nada, estaría caminando hasta aquí a través de la tormenta
para encontrarnos. Estaremos bien, y aunque no sea así, el teléfono sigue
funcionando.
—¿Están ahí chicos? —pregunta mi más viejo amigo y me aclaro la garganta.
—Sí. Todavía estamos aquí, necesito ir a buscar el cargador de mi teléfono.
—Muy bien, ustedes dos. Divertirse. ¡Haz parte de la contabilidad mientras
estás atrapado allí!
Cuelgo y miro en silencio a Luna. Apenas puedo verla, pero todavía
puedo decir que parece agotada.
—Todo irá bien. —Le aseguro—. La ciudad da prioridad a mantener la
electricidad en las calles residenciales en tormentas como esta, pero es de
esperar que no nos quedemos sin electricidad por más de unas pocas horas.
Luna asiente, se pone de pie y camina hacia su escritorio. Un momento
después hay un destello de luz y ella regresa con una vela perfumada que arroja
un tenue resplandor sobre la sala de espera donde estamos sentados. —Mi
teléfono está muerto. —Informa sombríamente y yo recojo el mío, haciendo una
mueca cuando veo que la batería está a sólo al 10%.
—Estaremos bien. —Le aseguro de nuevo, tratando de ignorar mi propio
cosquilleo de inquietud—. La tienda está bien aislada. El calor debería
mantenerse por un tiempo.

Cuando han pasado dos horas, se demuestra que estoy equivocado.


El viento helado que azota la tienda ha encontrado su camino a través de
las paredes y a pesar de que ambos estamos envueltos en nuestros abrigos y
todas las mantas de la tienda, a Luna le castañetean los dientes.
Me está yendo mejor, considerando que mido aproximadamente el doble
de su tamaño y prácticamente sudando por el temor y la anticipación que han
estado brotando dentro de mí desde que vi ese primer pequeño escalofrío de
Luna.
No puedo volver a conectar la electricidad ni caminar a casa con ella en
temperaturas bajo cero durante una tormenta de nieve, pero hay una manera
segura de mantenerla caliente.
—Ven aquí. —Luna levanta la vista bruscamente mientras mis palabras
rompen el largo silencio de horas.
Me frunce el ceño, incluso cuando da un escalofrío particularmente
violento y apenas puede responder, sus dientes castañetean con tanta fuerza. —
¿P-p-por qué?
—Para que no tengas hipotermia, Luna. —Se levanta de mala gana y chilla
cuando le quito las mantas de los hombros. Su abrigo hinchado no servirá de
nada si no está abrigada debajo, así que también lo bajo, hasta que está de pie
con solo una fina camiseta blanca y mallas. Me desabrocho el abrigo y la recojo
en mi regazo, cubriéndonos a ambos con las mantas y recostándome contra el
brazo del sofá, con las piernas enredadas.
La piel de Luna está helada, pero suspira de alivio cuando mis brazos la
rodean y se acurruca más cerca, con su cabeza metida justo debajo de mi
barbilla. A través de nuestra ropa puedo sentir cada una de sus curvas
presionadas contra mí y tengo que apretar los dientes para contener un gemido
cuando uno de sus brazos rodea mi torso, uniéndonos más firmemente.
Jesucristo.
—Gracias, Cass. —Murmura y reflexivamente le doy un beso en el pelo.
Esta podría ser la única oportunidad que tengo de tenerla en mis brazos y será
lo correcto para ambos. Estoy seguro de que lo disfrutaré.
—¿Mejor? —Pregunto, respirando con avidez el dulce aroma floral de su
cabello.
Luna asiente contra mí y puedo sentir que ya se está calentando. Sus
temblores han cesado y su piel está absorbiendo el calor de la mía. —Se siente
bien. —Murmura.
Se siente bien. Peligrosamente bien. No recuerdo la última vez que sostuve
a alguien así o tuve los brazos de otra persona rodeándome para consolarme
en lugar de tener sexo.
Es fácil fingir, sólo por un segundo, que todo es diferente. Que Luna está
aquí porque quiere, que esto volverá a pasar, que por la mañana despertaré
con su boca caliente alrededor de mi… mierda.
El más breve pensamiento de los labios de Luna alrededor de mi polla es
suficiente para hacer que la sangre corra hacia ella. Me congelo, con el corazón
acelerado mientras trato de pensar en las cosas menos excitantes y poco
atractivas que puedo.
Sin embargo, es demasiado tarde y estoy rodeado por el aroma de Luna,
su hermoso cuerpo está en mis brazos, envuelta a mi alrededor como una
amante.
Mi polla se endurece debajo del muslo que ella ha colocado sobre mi
regazo, es imposible pasarla por alto. Espero que se aparte de mí, que jadee,
algo, pero Luna no mueve un músculo.
Con un sobresalto, me doy cuenta de por qué. Su respiración es profunda
y uniforme, sus músculos están relajados e incluso la mano que agarra mi
costado se ha suavizado.
Luna está dormida.
Capítulo 4
Luna
Alguien me está abrazando.
Normalmente estaría más preocupada por eso, considerando que nunca
me he despertado al lado de alguien, especialmente un hombre muy grande,
alguien con brazos gruesos y barba rozando mi cuello, pero tengo
preocupaciones más apremiantes en este momento.
Como el bulto largo y grueso presionado contra mi trasero y la mano
grande que se deslizó debajo de mi camisa y juguetea mi pezón con sus dedos
callosos.
Mis ojos se abren de golpe.
Estoy mirando el vestíbulo de Blink & Ink, acurrucada de lado en el sofá
de cuero con la luz del sol de la mañana filtrándose a través de la ventana
delantera. Todavía está nevando, pero la electricidad volvió en algún momento
de la noche y la tienda está cálida.
Cass
}+está detrás de mí. Recuerdo vagamente que anoche me abrazó, sentí alivio y
consuelo inmediatos al sentir su cuerpo grande y cálido contra el mío. Había
estado a su lado entonces, pero debimos habernos movido durante la noche, el
mejor amigo de mi padre se enrolló alrededor de mi espalda. Tocándome.
Tengo que morderme el labio para evitar gemir en voz alta mientras el
pulgar de Cass pasa perezosamente por mi pezón, enviando otra ola de
excitación caliente directamente a mi núcleo.
Es sólo una reacción física. Las erecciones matutinas es algo real por lo
que he escuchado y, por supuesto, Cass gravitaría inconscientemente hacia el
cuerpo de una mujer que estaba en sus brazos cuando estaba así de excitado.
No significa nada.
Debería levantarme y ahorrarnos a ambos la vergüenza que vendría si él
se despertara así. Definitivamente eso es lo mejor que puedo hacer. Pero
mientras Cass mueve sus caderas contra mí, gimiendo suavemente justo en mi
oído, no puedo hacer nada más que contener un gemido.
Me siento tan bien en sus brazos. En las otras pocas ocasiones en que me
metí con chicos, siempre me sentí tensa e incómoda. Estaba demasiado
consciente de los sonidos que hacía, ¿son demasiado fuertes o suaves? ¿Sueno
como una estrella porno? ¿Era ese un sonido en el pasillo? ¿Vuelve su
compañero de cuarto? No sentí que pudiera concentrarme en el acto o morir si
no me tocaba más.
No fue así.
Santa mierda.
Cass comienza a empujar contra mí un poco más fuerte, su mano agarra
mi pecho con más fuerza para mantenerme en su lugar. Está mal, está
durmiendo, no sabe que soy yo. Tengo que morderme el labio con más fuerza
para evitar hacer un ruido o frotarme contra él, sin importar lo desesperada que
esté por frotar mi centro empapado.
Entonces una voz ronca suena en mi oído, murmurando una sola palabra
una y otra vez. —Luna.
Podría llorar de frustración, pero no quiero moverme y que esto termine.
Está soñando conmigo. Puede que esté dormido, pero su subconsciente al
menos quiere que la mujer en sus brazos sea yo.
No debería significar nada, no debería dejar que esto me dé esperanza,
pero no puedo evitarlo. He estado enamorada de este hombre toda mi vida y
esta es la primera vez que muestra algún signo de que podría no ser del todo
no correspondido.
Cass gime en mi oído y sus embestidas tartamudean. Puedo sentir la
longitud de su polla a través de mis mallas y sus jeans, moviéndose mientras la
presiona con fuerza contra mí. Las caderas se mueven un poco más como si
estuviera tratando de exprimir hasta el último trozo de placer de su orgasmo.
Santo cielo.
Mi mente todavía está dando vueltas, tratando de comprender lo que
acaba de suceder cuando siento el cambio en Cass. Todo su cuerpo se pone
tenso y su respiración cambia de profunda e incluso a un silbido de pánico. La
mano que sostiene mi pecho se retira y Cass prácticamente se arroja sobre el
respaldo del sofá. Al darme la vuelta, puedo verlo mirándome con horror.
Auch.
Me siento, apartándome el pelo de la cara, tratando de no parecer
demasiado angustiada por su reacción y con cuidado de no decir una palabra.
Eso es justo lo que necesito, que él piense que me he apegado demasiado solo
porque él me folló el trasero y me tocó mientras dormía. Puede que no tenga
experiencia, pero no tanto.
Cass se frota la cara con ambas manos. —Mierda. Mierda. Mierda. Mierda.
—Y sin siquiera mirarme, gira sobre sus talones y desaparece por el pasillo hacia
las salas de tatuajes.
Justo lo que toda chica quiere escuchar cuando se despierta por primera
vez con la persona que le gusta desde hace mucho tiempo: —Mierda. Mierda.
Mierda. Mierda.
A pesar de la reacción de Cass, hoy me siento mucho mejor que ayer.
Incluso si afuera sigue nevando intensamente y el polvo blanco casi cubre la
ventana.
Dijo mi nombre.
Una y otra vez.
En la recepción, el teléfono suena bruscamente y salto, pasando por
encima de las mantas desechadas para alcanzarlo.
—Blink & Ink, soy Luna, ¿en qué puedo ayudarte?
—¡Hola! —La voz de papá proviene del teléfono y suena alegre—. ¿Cómo
va la vida en la tienda? Intenté llamar antes pero la llamada no conectaba.
Apoyo mi cadera contra el escritorio y miro por la esquina para ver si Cass
está cerca, pero debe estar escondido en el baño o en la oficina trasera. —Nos
quedamos sin electricidad por un tiempo, pero ahora todo está bien. ¿Qué
dicen las noticias sobre la tormenta?
Papá suspira distraídamente. —Es una maravilla. Probablemente debamos
esperar otro día así antes de que disminuya la velocidad lo suficiente como para
que se despejen las carreteras. El gobernador declaró el estado de emergencia
y se supone que nadie debe estar fuera excepto los socorristas.
—Guau.
—Sí. Escucha. Ya que estás allí, ¿te importaría adelantar todos los cambios
de reserva? Te pagaré horas extras. Sólo díselo a Cass.
En privado, creo que la probabilidad de que Cass permanezca en la misma
habitación que yo el tiempo suficiente para formar una oración completa parece
bastante baja, pero no voy a decirle eso a papá. O que es porque su amigo más
antiguo me folló en seco en su sofá de cuero favorito.
—Seguro. —Estoy de acuerdo, hago clic en la computadora y hago una
mueca de dolor ante la cantidad de citas que hemos reservado para los
próximos días. Tomará una eternidad superar esto y discutir con los artistas
sobre cuándo están dispuestos a trabajar hasta tarde.
—Gracias, Luna-Tuna. Mamá te manda saludos. Te amo.
—Salúdala de mi parte. Yo también te amo.
Cuelgo con un suspiro y hago el camino de regreso al baño de mujeres
donde afortunadamente guardamos una pequeña canasta de cuidado personal
para nuestros clientes. Mi cabello es un nido de ratas pero puedo trabajar con
los dedos. Lo arreglé y me lavé los dientes antes de abrir la puerta, casi
chocando contra Cass, que estaba saliendo de la habitación de hombres.
Se me da un vuelco el estómago cuando veo que se ha cambiado los
pantalones.
—Hola. —Intento sonreír y él no me la devuelve—. Eh. Papá dijo que
ustedes me pagarían horas extras po reorganizar toda la programación del cierre
por la tormenta.
Él asiente brevemente, mirando la pared sobre mi hombro izquierdo, con
la mandíbula apretada y tensa. —Está bien.
Nos quedamos allí por un minuto, encerrados en el silencio más cargado
que jamás haya experimentado en mi vida. Una parte de mí quiere echarle los
brazos al cuello y besarlo hasta dejarlo sin sentido, otra quiere golpearlo por ser
tan imbécil. Aunque sobre todo, sólo quiero hablar. —Escucha, Cass…
Pero él niega con la cabeza, interrumpiéndome antes de que pueda
siquiera intentarlo. —No vamos a discutir esto, Luna. Fue un error, estaba
soñando con una ex, no volverá a suceder. Seamos adultos en esto, llamémoslo
circunstancias atenuantes y déjelo pasar.
Es el hombre más irritante del mundo, y sé lo que está haciendo al fingir
que estaba soñando con una ex y sugiriendo que yo era sólo un cuerpo cómodo
y cálido contra el cual frotarse. Está tratando de lastimarme, y eso confirma que
aquí están sucediendo muchas más cosas de las que parece.
El extraño misterio del comportamiento de Cass durante el último mes
está empezando a tener un poco más de sentido cuando lo veo en el contexto
adecuado.
Que tal vez, sólo tal vez, él también me quiera.
Coloco mis manos en mis caderas, frunciéndole el ceño. —Estás mintiendo.
Sus ojos se fijan en los míos y se abren ligeramente. —¿Qué carajo significa
eso, Luna?
—¡Significa que estás mintiendo! Estabas diciendo mi nombre, Cass. No
estabas soñando con una ex. —Escupo la palabra, y se me revuelve el estómago
sólo de pensar en Cass con otra persona.
Sus fosas nasales se agitan. —Estaba soñando, Luna. No tenía control sobre
nada de eso. Incluso si fueras tú, lo juro por Dios, eres la última persona en el
mundo con la que me gustaría follar.
Oh.
Doy un paso atrás vacilante. Si antes hubiera pensado que el frío desinterés
de Cass dolía, no es nada comparado con la crueldad de sus palabras ahora.
Puede que él no sepa que siento lo que siento, tal vez sí, pero de cualquier
manera sus palabras han encontrado su huella.
—Luna… —La expresión fría e insensible en el rostro de Cass se ha
desvanecido, y de repente se ve tan destrozado como me siento.
No quiero oírlo. No me quedaré ahí y asentiré cortésmente, fingiendo que
mi corazón no estaba simplemente hecho añicos en mi pecho mientras él se
disculpa para sentirse mejor.
Que. Se. Joda.
Giro sobre mis talones y vuelvo al vestíbulo, mientras las lágrimas nublan
mi visión.
Estúpida. Soy tan estúpida. Incluso el más mínimo indicio de que tal vez
él me quiere sólo un poquito, y me lanzo hacia él como un perro por un hueso.
Cass tiene razón. No puede controlar sus sueños. Está literalmente
atrapado conmigo en una tienda que no es lo suficientemente grande en este
momento. Estaba durmiendo en sus brazos. No es de extrañar que haya soñado
conmigo.
—¡Luna! —Me llama justo cuando llego al vestíbulo, pero lo ignoro, me
siento en mi escritorio y giro con cuidado mi cabeza hacia la computadora para
que no pueda verme llorar. Hago clic en la primera cita que veo y levanto el
teléfono para empezar a marcar.
Sin embargo, una mano grande y tatuada me lo quita de las manos y lo
empuja de nuevo hacia el receptor. —Luna. —Cass dice de nuevo, y nunca lo
había oído sonar tan desesperado.
Quizás tenga miedo de que le cuente a mi papá.
—Está bien, Cass. —Intento mantener la voz firme, manteniendo la cara
alejada de él mientras grandes lágrimas corren por mi cara. Dios, esto es
humillante—. En serio. Como dijiste, olvidémoslo.
—Luna. —Su cálida mano se acerca a mi cara y me doy cuenta de que está
arrodillado en el suelo detrás de mí, haciéndonos casi a la misma altura—.
Mírame.
Gentilmente, me gira para mirarlo directamente. Estamos a sólo un pie de
distancia ahora, y el rostro de Cass se arruga cuando ve que estoy llorando.
Levantando la otra mano se seca las lágrimas, aunque caen más rápido y con
más fuerza. Un sollozo burbujea en mi garganta. ¿Por qué está haciendo esto?
¿Por qué me hace enfrentarlo?
—Por favor. —Susurro, mi labio inferior temblando. Ni siquiera sé qué le
estoy rogando, tal vez piedad, que me deje en paz y me deje llorar en paz.
Cass pasa su pulgar por mi labio, sus ojos oscuros buscan mi cara. —No
quise decir lo que dije, Luna. No quise decir eso en absoluto.
Sacudo la cabeza, resistiendo el impulso de taparme los oídos con las
manos como una niña. No quiero oír esto. No quiero escuchar el estúpido
discurso de consuelo. Si me dice lo hermosa que soy y lo feliz que voy a hacer
algún día a algún hombre afortunado, voy a vomitar sobre su camisa.
Respirando profundamente, Cass se inclina hacia adelante y presiona su
frente contra la mía. —Oh, pequeña, lo siento. Lo siento mucho. Joder, por favor
créeme. Nunca quise que sucediera nada de esto. Nunca quise lastimarte.
Intento alejarme, pero él me mantiene firme, los dos entrelazados entre la
silla y el suelo, encerrados en nuestra miseria y culpa.
—Por favor déjame ir. —Gimo pero Cass sacude la cabeza contra mí.
—Lo he intentado, Luna. Lo he intentado.
Y avanza, acortando la distancia entre nosotros, y reclama mis labios con
los suyos.
Capítulo 5
Cassian
Sólo ha habido unos pocos momentos en mi vida que estoy seguro recordaré
hasta el día de mi muerte.
El conocer a Jace.
La primera vez que puse la aguja en la piel de alguien.
Cuando Luna bajó de ese avión.
Y ahora mismo.
Si antes pensaba que era mi dueña, no es nada, nada comparado con lo
que me pasa cuando mis labios se encuentran con los de ella. Como si algo
dentro de mí encajara en su lugar, abriéndome y destruyéndome de una vez.
Sea lo que sea, es jodidamente permanente. Puedo sentirla ardiendo en mis
venas, cambiándome de adentro hacia afuera.
Luna está congelada contra mí, sus manos flotando sobre mi pecho como
si tuviera miedo de tocarme, su respiración temblando cuando la beso. Mis
propias manos agarran su cintura, arrastrando su cuerpo contra el mío,
intoxicado por su sabor y sensación.
Nunca nada se había sentido tan bien.
Puedo sentir el instante exacto en que ella vuelve a la vida, y la magnitud
de este momento se hunde en sus huesos. Envuelve sus brazos alrededor de mí
o me devuelve el beso, en lugar de eso, sus pequeñas manos se plantan justo
contra el centro de mi pecho y empujan.
Ya desequilibrado por el beso, caigo hacia atrás y me desplomo en el
suelo, completamente desconcertado. ¿Qué demonios acaba de pasar?
Luna está de pie ahora, mirándome con furia manifiesta. —¿Qué diablos
te pasa, Cassian Rowe? ¿Me tratas como una absoluta mierda durante meses y
crees que voy a besarte así?
Sus mejillas arden y las lágrimas que corrían por su rostro hace sólo un
minuto han desaparecido, reemplazadas por una innegable y justa indignación.
Me pongo de pie, todavía tratando de entender lo que acaba de suceder.
—Me quieres. —Digo tontamente, haciéndome eco de la comprensión que me
invadió en los segundos después de que le escupí esas odiosas palabras para
cubrir mi propia vergüenza. Estoy seguro de ello. Me quiere.
Luna se burla. —¡No importa que te quiera! Tengo suficiente respeto por
mí misma como para no dejar de lado toda la mierda por la que me has hecho
pasar sólo porque me estas besando.
Dios, es hermosa cuando está enojada. —Luna…
—De ninguna manera. ¿Me estás tomando el pelo? —Niega con la cabeza
y frunce el ceño ferozmente—. ¡No quiero oírlo!
Me quedo allí, desconcertado, mirándola mientras se da vuelta y se sienta
frente a la computadora, saca los auriculares del cajón y se los pone en la
cabeza.
—Luna. —Gruño, dando un paso adelante para volver a bajarle los
auriculares alrededor del cuello. La mirada que me da es a la vez aterradora y
sexy. Cristo, necesito ir a terapia.
—¿Qué deseas? —Espeta, girándose en su silla para mirarme—. ¿Qué parte
de eso no te quedó claro, Cassian?
—¡Todo ello! —Me mira como si estuviera siendo deliberadamente
ignorante—. En serio, Luna. Explícamelo.
Los labios de Luna se curvan en un ceño fruncido. —Has sido frío y
horrible conmigo durante meses, Cass. Meses. Duele. He sentido algo por ti
desde… —Se calla, sacudiendo la cabeza y una pequeña grieta de desesperación
logra encontrar su camino a través de su muro de ira. Mi corazón se desgarra
al ver toda esta situación con nuevos ojos.
Me quiere. Me ha querido durante años. Y los últimos meses no he sido
más que desdeñoso y cruel en mis esfuerzos por mantenerme alejado de ella.
¿Qué habría hecho ese día en el aeropuerto si hubiera sabido que ella
sentía lo mismo? ¿Habría cambiado algo?
Sí. Respondo a mi propia pregunta con una oleada de terrible certeza. Si
hubiera sabido que Luna sentía por mí lo que yo siento por ella, mi fuerza de
voluntad se habría agotado hace meses.
—Lo lamento. —Las palabras son lamentablemente insuficientes—. No lo
sabía. Nunca imaginé…
Mis palabras se desvanecen mientras los labios de Luna bajan con tristeza.
—Lo entiendo. En serio que sí. Pero eso no cambia nada, en realidad no.
Me duele todo el cuerpo por abrazarla de nuevo, pero me quedo atrás,
flotando allí como un saco de mierda inútil mientras mi chica sufre por mi
culpa. —Dime qué hacer.
Un poco del fuego de Luna regresa a esto. Recostándose en su silla, cruza
las piernas y me mira por debajo de las pestañas. —Si me quieres... —Sus ojos
recorren mi cuerpo de arriba abajo evaluativamente y mi polla se contrae, ya
suministrando a mi imaginación todo tipo de cosas sucias que podría hacer para
que Luna me perdone—. Será mejor que me hagas olvidar que eres un absoluto
estúpido.

En mi defensa, la mayor parte de mi experiencia en relaciones ha consistido en


tratar de descubrir cómo hacer que terminen.
Amo a Jace, pero siempre sentí lástima por él por atarse tan joven. No
pretendo ser el chico más guapo de todos, pero las mujeres parecen disfrutar
de mi tipo particular de belleza, tatuado y malhumorado. Nunca he tenido
problemas para atraer arreglos casuales y, afortunadamente, aquellas que
pensaron que podían convertirme en material de esposo parecieron evaporarse
cuando cumplí los treinta.
Desde entonces, ha sido una serie de divorciadas y madres solteras
felizmente solteras que sólo quieren usarme como yo las uso a ellas. Nunca
quise más, nunca encontré a alguien que me hiciera querer intentar ser ese tipo.
Hasta Luna.
Para Luna, abriría un camino hasta el ayuntamiento, derribaría la puerta
y la convertiría en mi esposa antes de que terminara el día. El problema no es
mi compromiso, es ella. O mejor dicho, que ella sepa que estoy comprometido.
Sólo yo tengo la culpa de eso.
Sentí tanta vergüenza por mis nuevos sentimientos hacia ella que no me
detuve a pensar en eso. Supuse que ella no sentía lo mismo, supuse que yo era
un maldito canalla, y mira a dónde me llevó.
Atrapado en la tienda durante la tormenta de nieve del siglo con la mujer
que amo y que está trabajando.
—¿Hola, Julio? ¿Soy Luna llamando desde Blink & Ink, llamando sobre tu
cita con Jace mañana?
Observo en silencio desde el sofá mientras Luna revisa las docenas de citas
que teníamos programadas para los próximos días, reprogramando todas y
disculpándose por las molestias, como si pudiera ayudar con el hecho de que
toda la ciudad está cerrada. Escucho a medias, esperando que una persona le
haga pasar un mal rato así tener una excusa para descargar mi frustración y
prohibirle la entrada a ese cabrón en mi tienda de por vida.
Cuando queda claro que ella no va a reconocerme en absoluto, vuelvo a
mi sala de tatuajes y regreso con un bloc de dibujo y un lápiz. Ha pasado un
tiempo desde que dibujé por el bien de hacerlo. Crear la visión de tu cliente
durante todo el día tiende a agotar un poco a cualquier artista cuando está fuera
de servicio y yo no soy una excepción.
Sin embargo, dibujar me ayuda a pensar y ahora necesito toda la ayuda
que pueda conseguir. Nada se soluciona, la situación es la misma de siempre,
pero todo ha cambiado. Jace se pondrá furioso, probablemente me enfrentaré
a un puñetazo en la nariz cuando se entere, pero no puedo retroceder ahora.
Luna es mía, y una vez que nos haya arreglado, me preocuparé por Jace.
El tiempo se escapa, mi atención está pegada a la página frente a mí y la
dulce voz de Luna en lugar del heavy metal que normalmente pongo cuando
dibujo. La habitación es cálida y la nieve ha llegado tan alto contra el edificio
que crea una pared de luz azulada donde debería estar la ventana.
Ni siquiera me doy cuenta de que su voz se ha detenido hasta que viene
justo detrás de mí.
—Eso es hermoso, Cass. —Levanto la vista sorprendido al ver a Luna
mirando por encima de mi hombro el boceto en el que he estado trabajando.
Es una antigua ventana gótica que podría haber sido arrancada de las
ruinas de un castillo olvidado, cubierta de enredaderas y flores delicadamente
rizadas. Le paso la libreta y observo cómo pasa los dedos por la tinta, sus ojos
se mueven sobre ella lentamente, captando todos los pequeños detalles que
había escondido.
—Te lo tatuaré, si quieres.
Realmente no espero que acepte. La piel de Luna es un lienzo en blanco,
completamente intacto a pesar de que trabaja en una tienda de tatuajes y tiene
varios años de ser mayor de edad. Nunca he hablado con ella sobre eso, pero
siempre asumí que en una familia con más tinta que piel expuesta, no estar
tatuada era su pequeña rebelión.
Sin embargo, para mi sorpresa, Luna se muerde los labios y asiente
vacilante. —Bueno.
Pongo tinta en la piel de la gente todos los días, todo el día. Ha sido mi
trabajo desde que tenía dieciocho años y estoy muy orgulloso de ser
copropietario de una de las mejores tiendas de la ciudad. Mi agenda ha estado
cerrada durante años y trabajo exclusivamente con la base de clientes que
cultivé al comienzo de mi carrera. Nadie de la calle podría acabar en mi mesa,
no es que no lo intenten.
No me pongo nervioso. No he sentido ni siquiera un temblor en mis manos
antes de un tatuaje en más de una década.
Sin embargo, esto es diferente. Es Luna. El primer tatuaje de Luna, y tiene
que ser perfecto.
Dedico más de una hora a configurar y terminar mi boceto, algo que
normalmente me llevaría sólo unos minutos. Luna también lo sabe, maldita sea.
La veo sonreír mientras deambulo por mi sala de tatuajes, derramando tinta y
dejando caer tres agujas al suelo seguidas.
Maldiciendo, finalmente me vuelvo hacia ella, obligando a mi rostro a
permanecer impasible. Profesional. —¿Qué lugar tienes en mente?
Luna se muerde el labio y la sangre sube a mi polla. —La parte delantera
de mi muslo. ¿Está bien?
Jesucristo.
—Por supuesto. —Me aclaro la garganta—. Eh. Necesito medir el área.
Me quito los guantes cuando ella entra a la habitación, deteniéndome justo
frente a mí mientras saco la pequeña mesa de medición de tela de mi estación.
Lleva calzas, lo suficientemente finas como para que pueda sentir el calor de su
piel a través de ellas, y pienso de nuevo en lo bien que me sentí al quedarme
dormido con su cuerpo suave y cálido acurrucado contra el mío.
—Bueno. —Anoto las medidas y miro hacia arriba para encontrarla
mirándome, con las mejillas rosadas y las pupilas muy abiertas.
Al menos no soy el único que sufre en esto.
No tengo ni idea de cómo voy a convencer a esta mujer de que no soy un
“absoluto estúpido”, pero espero que la frustración sexual en ambos extremos
impulse esto.
—Bueno. —Luna repite finalmente, parpadeando como si acabara de darse
cuenta de que estábamos a centímetros de distancia, mirándonos el uno al otro.
—Voy a lavarme las manos e imprimir la plantilla, luego comenzaremos.
Capítulo 6
Luna
Podría haber sido un error de juicio.
Estaba tan decidida a hacer que Cass trabajara para arreglar las cosas entre
nosotros, pero solo han pasado unas pocas horas y estoy a punto de estar
acostada en su mesa de tatuajes sin pantalones. Usando las mismas bragas que
han estado mojadas continuamente desde que me desperté en sus brazos esta
mañana.
No ayuda que esté así de sexy. Cass en modo tatuaje, todo confiado y
seguro de sí mismo, es mejor que cualquier modelo de portada de libro
romántico o actor sin camisa. Él me estará tocando. Está bien, con guantes y
mientras sostiene una aguja en mi piel, pero aún así.
Estoy condenada. El feminismo abandona mi cuerpo cada vez que me
mira.
Me deslizo sobre la mesa, mi corazón palpita en mi pecho mientras los
sonidos de él moviéndose por la parte trasera de la tienda resuenan a través de
la pared.
Me quiere. Es una sensación embriagadora y abrumadora después de estar
tan convencida de que no lo hace… durante tanto tiempo.
Las botas de Cass suenan por el pasillo y miro por encima del hombro
cuando él entra, frunciendo el ceño ante la plantilla en sus manos. No creo que
esperara que ya estuviera en la mesa porque se detiene en seco al verme, sus
ojos se fijan en mis piernas desnudas y se abren ligeramente.
Me aclaro la garganta y su cabeza se levanta de golpe, parpadeando como
si hubiera olvidado lo que estamos haciendo aquí. Levanto las cejas expectante
y una mirada oscura cruza su rostro. Cass da un paso adelante para quedar por
encima de mí y extiende la mano para tocar la piel que pronto marcará para
siempre.
—Ya no fingiré que ya no me atraes, pequeña. Si quieres hacerme pagar
por esa mierda que hice, está bien, lo merezco, pero no vamos a retroceder. —
Su mano se desliza hacia arriba para agarrar la parte superior de mi muslo
interno, a ni siquiera un centímetro de mis bragas absolutamente empapadas.
Me retuerzo, abriendo mis muslos inconscientemente y observo cómo una
sonrisa de satisfacción se curva en sus labios. Cass pasa su pulgar sobre la piel
sensible, apenas un toque y yo jadeo, más humedad se extiende sobre mis
bragas ya húmedas.
—Eres tan hermosa, Luna. ¿Sabes con qué frecuencia me he masturbado
pensando en ti extendida para mí así? ¿Puedes tener un orgasmo simplemente
porque alguien te toca la parte interna del muslo? —Gimo, mi espalda se arquea
sobre la mesa mientras el pulgar de Cass continúa acariciando tranquilamente
mi piel sobrecalentada—. ¿Quieres que te toque?
Oh, Dios. Sí. En realidad, realmente lo necesito.
La tensión se acumula en mi vientre y él se inclina sobre mí. Puedo olerlo
y ver el largo y grueso bulto de su polla en sus pantalones que delata cuánto
quiere tocarme también. Sería muy fácil decir que sí y entregarme a él por
completo. Le dejaría tomar mi virginidad aquí mismo, en esta mesa, y
podríamos salir juntos de esta tienda al final de la tormenta.
Es sólo el dolor sordo en mi corazón lo que me detiene.
Subconscientemente sé que no confío en esto, en nosotros, que todavía estoy
enojada con él. Decir que sí significaría empezar en condiciones de igualdad.
Quiero que me toque, lo quiero dentro de mí, pero lo quiero más.
Entonces, aunque me mata hacerlo, sacudo la cabeza.
El pulgar de Cass deja de moverse y el tendón de su cuello se tensa por el
esfuerzo de contenerse. —Bebé…
—Te deseo. —Le confieso suavemente, con el corazón en carne viva como
si supiera que estoy a punto de dejarlo aquí sobre la mesa—. Pero quiero más
que sexo.
Cass parece destrozado. Dejándose caer en su silla con ruedas, se pasa una
mano por el pelo y me mira. —No tienes que preocuparte por eso Luna. Sé que
tengo trabajo que hacer, pero estoy dispuesto a hacerlo. Te quiero. Esto es
muchísimo más que sólo sexo, y no estoy seguro de no follarte hasta que estés
segura de eso también.
Una lágrima recorre un lado de mi cara y Cass se pone de pie otra vez,
inclinándose sobre mí para secarla con más ternura de la que jamás le había
visto mostrar. Sostiene mi cara en su mano grande y tatuada como si fuera lo
más preciado del mundo para él y mi pobre corazón siente como si fuera a
estallar.
Lentamente, dándome suficiente tiempo para darme la vuelta, Cass se
inclina hacia adelante y me besa. Tiemblo, levanto la mano para tocar su pecho,
y esta vez ni una sola parte de mí quiere alejarlo. Nos besamos lenta y
suavemente, pero con un trasfondo de desesperación, como si ambos
estuviéramos tratando de mostrarle al otro lo mucho que esto significa para
nosotros.
Así debería haber sido nuestro primer beso.
Mientras paso mis manos por su espeso cabello, Cass se estremece contra
mí y rompe nuestro beso para presionar su frente contra la mía. —Nunca más
te daré una razón para dudar de mí, pequeña.

Al crecer en una tienda de tatuajes, aprendí rápidamente que cada persona


maneja el dolor de manera diferente y que cada persona tiene una tolerancia
diferente al mismo. He visto hombres adultos, motociclistas con sus trajes de
cuero, quejarse y llorar cuando mi padre o Cass comenzaron a tatuarlos. Luego
están las pequeñas niñas rubias que tienen un símbolo de infinito en la parte
superior de su pie y se sientan allí enviando mensajes de texto, sin hacer una
mueca de dolor.
Realmente no sabía qué esperar o dónde caería en el espectro, pero la
mano enguantada de Cass le da a mi pierna un pequeño apretón tranquilizador
cuando toda la preparación está terminada y finalmente estoy recostada, lista
para que comience. —Relájate. —Ordena bruscamente, y aunque tengo los ojos
cerrados, puedo escuchar una sonrisa en su rostro—. No estás respirando.
Me río de mala gana y respiro profundamente para tranquilizarme. —Estoy
nerviosa.
—Lo vas a hacer genial. Te tengo, pequeña. —Y el familiar zumbido de la
máquina de tatuar se enciende, haciendo que los latidos de mi corazón se
disparen segundos antes de que la aguja toque mi piel por primera vez.
Duele, por supuesto que sí, pero ni siquiera es insoportable. Me relajo
sobre la mesa, obligándome a respirar de manera uniforme mientras siento la
aguja moverse en movimientos largos y uniformes sobre mi piel. Después de
unos minutos, la vibración parece coincidir con los latidos de mi corazón y hay
algo extrañamente relajante en ella.
—¿Ves? —Cass se burla y me asomo para ver su sonrisa.
—Sí, sí. Eres un experto. —Sus ojos no se mueven de su trabajo ni por un
segundo, pero desearía que levantara la vista y encontrara mi mirada—. ¿Qué
te hizo querer hacer esto? He oído la historia de papá, pero no creo haber oído
la tuya.
Cass levanta la mano para ajustar la luz, un fantasma de sonrisa debajo de
su barba. —No tuve una gran vida hogareña mientras crecía. Padres borrachos
y gilipollas, ya conoces esa parte de la historia. Conocí a tu papá por primera
vez un día de la Escuela Secundaria en la clase de arte. Teníamos muchas cosas
con las que lidiar y el arte se convirtió en una especie de terapia para los dos.
Cuando probablemente tenía catorce años, vi algo en línea sobre tatuajes con
palos y Jace y yo pasamos todo el verano jugando con eso. —Ajusta su agarre
en mi pierna y se detiene por sólo un segundo, perdido en la memoria.
—Tu mamá quedó embarazada en esa época. Teníamos un profesor de
arte que no pensaba que éramos una completa pérdida de espacio. Nos puso
en contacto con James, quien nos dio trabajo haciendo trabajos de diseño.
Luego nos convertimos en aprendices y ya sabes el resto.
—¿Todavía hablas con James? —Pregunto con curiosidad, no he escuchado
mucho su nombre desde que papá y Cass compraron la tienda hace más de
diez años, pero todavía recuerdo al hombre mayor con tatuajes cubriendo su
cuero cabelludo dándome dulces a escondidas cuando mis padres no estaban
mirando.
Cass se ríe. —Está en Florida. Viviendo la vida. Fui a verlo el año pasado.
Está todo preparado, tiene un barco y todo.
—Maldición. Bien por James. —Sonrío, levantando la cabeza para apoyarla
y poder verlo mejor—. ¿Es eso lo que quieres? ¿O quieres morir aquí mismo en
tu estación?
—No. —Cass sonríe—. Le pasaré este lugar a la próxima generación de
delincuentes. Es lo justo que hacer. Me gustaría viajar, ver un poco más del
mundo.
Tarareo. —Amo viajar.
Su mano se detiene y levanta su mirada para encontrarse con la mía, algo
arde detrás de sus ojos. —Lo sé, pequeña.
Me quedo dormida durante el resto del tatuaje, agotada por el estrés del
día anterior. Según el pronóstico del tiempo, la nieve dejará de nevar en algún
momento de esta noche, lo que significa que mi tiempo con Cass en esta
relación de olla a presión habrá terminado. ¿Qué pasará cuando no estemos
atrapados juntos en la tienda?
Quiero creer que habla en serio conmigo, pero meses de rechazo gélido y
años de sentimientos no correspondidos me han hecho reacia a entregar mi
corazón tan fácilmente.
La verdad es que no estoy enojada con él, en realidad no. Entiendo por
qué lo manejó como lo hizo, soy como un pollito grande, asustado de que
destrozará mi maltrecho corazón y nunca me recuperaré.
—Ya terminé, pequeña. —La voz de Cass me despierta de mi siesta en la
mesa y parpadeo, desorientada por el repentino silencio de la habitación
después de horas de la máquina de tatuar funcionando.
Me siento lentamente, mirando el gran tatuaje negro que de repente ocupa
una buena parte de mi muslo. Mi corazón se desgarra. —Es perfecto, Cass.
Está estirándose a mi lado, con una sonrisa de satisfacción en su rostro por
mis elogios. —Maldita sea, así es. Uno de mis mejores trabajos.
—¿Vas a ponerlo en tu portafolio? —Todos los artistas tienen sus propias
páginas en el sitio web de Blink & Ink que muestran su trabajo.
Cass se burla y extiende una mano para ayudarme a levantarme. —Nadie
ve esos muslos excepto yo, Luna. —Me apoyo en la mesa mientras él limpia y
envuelve mi nuevo tatuaje mientras me explica las instrucciones de cuidados
posteriores que he escuchado y dado innumerables veces antes.
—Sé todo esto. —Le recuerdo, riendo cuando frunce el ceño pero no
discute el punto, demasiado ocupado tirando los suministros usados—. Estoy
bien, Cass. En serio. —Mi corazón palpita—. ¿Sólo aceptan propinas en efectivo?
Estoy coqueteando con él y él lo sabe. Abandonando sus esfuerzos por
limpiar su puesto, Cass se quita los guantes y patea su silla con ruedas hacia mí.
—Generalmente. —Reflexiona, siguiendo mi pequeño juego—. Para mi cliente
favorita, podría estar abierto a alternativas. ¿Qué tenías en mente?
Extiendo mis manos para recorrer su amplio pecho, intoxicada por la
forma en que se estremece bajo mi toque. Todavía no estoy acostumbrada a
tocarlo cuando quiero y verlo tan afectado por mi toque hace que mi núcleo se
inunde de calidez. Ninguno de nosotros habla mientras me inclino para besarlo
suavemente.
Cass gime contra mis labios, sus manos salen para agarrar mi cintura
mientras se levanta, sellándonos juntos. Simplemente acordamos no tener sexo,
pero no estaría de más tocarnos, ¿verdad? ¿Solo un poco?
Mi mano se desliza entre nosotros, acariciando la erección de Cass a través
de sus jeans y él sisea ante el contacto, empujando mi palma. Guau. Sabía que
era grande, pero sentirlo en mi mano envía un escalofrío de anticipación y
miedo por mi columna.
¿Cómo se sentiría tomar todo eso dentro de mí?
Las manos de Cass se aprietan sobre mí, como si estuviera tratando de
evitar tocarme sin mi permiso. Me encanta eso. —Déjame tocarte. Solo un poco.
Déjame hacerte sentir bien.
Temblando de desesperación, asiento.
Cass no me da la oportunidad de cambiar de opinión. En segundos, está
de rodillas, levantándome de nuevo al borde de la mesa con las piernas abiertas
sobre sus anchos hombros y entierra su rostro contra mis bragas húmedas. —
Dios, hueles bien. —Besa y muerde mi carne hinchada y sensible a través del
algodón y es todo lo que puedo hacer para agarrarme de la mesa, mi pecho se
agita mientras mi núcleo se inunda con otra oleada de calor.
Nunca he estado tan excitado en mi vida. La visión de Cass de rodillas
ante mí, sus manos tatuadas sosteniendo mis muslos abiertos, incluso la
sensación de su barba rozando bruscamente mi piel es suficiente para hacerme
derretir.
Un ex me besó allí una vez, probablemente en un esfuerzo por lograr que
finalmente tuviera sexo con él, pero no fue nada como esto. Cass suelta mis
muslos, sus manos suben para engancharse debajo de la cintura de mis bragas
y yo levanto mis caderas, permitiéndole deslizarse. Los bajó así que estoy
sentado en su mesa de tatuajes con nada más que una camiseta.
No pierde el tiempo, sumergiéndose en mi coño con sus labios, lengua,
dientes e incluso nariz, haciéndome llorar y temblar en cuestión de segundos.
Alejándose, Cass chupa mi clítoris entre sus labios, moviéndolo una y otra vez
con su lengua mientras dos dedos se hunden dentro de mí. Duro.
Chillo, instintivamente tratando de retroceder y Cass se aleja para
mirarme, mi humedad brillando en los labios y en su barba, con los ojos muy
abiertos por la sorpresa. —Luna, ¿eres… —su pecho se agita y sus ojos se dirigen
a mi centro. Gentilmente, mueve sus dedos más profundamente dentro de mí,
probándolo. Una punzada me hace jadear de nuevo y Cass retira su mano, con
expresión horrorizada.
—No es nada. —Mi cara arde y trato de quitar mis piernas de los hombros
de Cass para no quedarme sentada aquí con las piernas bien abiertas, sino que
sus manos suben para apretar mis muslos, deteniéndome.
Finalmente me mira. —No es nada, Luna. Mierda. No puedo creer que
nunca hayas...
—¡Qué se supone que significa eso!
Cass abre la boca para responder, pero ambas cabezas se giran
automáticamente ante otro sonido en el frente de la tienda. Ambos estamos
congelados y mi corazón late con fuerza cuando una voz llama a través de las
silenciosas habitaciones.
—¡Luna! ¡Cas!
Mi papá.
Cass se aleja de mí tan rápido que pensarías que estoy en llamas. Haciendo
ruido hacia atrás, arroja mis bragas a mi regazo y sale de la habitación sin mirar
dos veces.
Mis ojos arden mientras me pongo las bragas y las mallas que dejé
cuidadosamente dobladas en la silla de la esquina. En el vestíbulo puedo oír las
voces profundas de papá y Cass hablando, pero no lo que dicen. Paso mis
manos por mi cabello y le quito el Lágrimas que amenazan con caer, deseando
desesperadamente parecer normal. Estoy desorientada y confundida, insegura
de mí misma después del abrupto final de nuestras tonterías. ¿Qué iba a decir?
—¡Hola Luna-Tuna! —Papá me sonríe cuando salgo. Está vestido con unas
cinco capas de ropa y la nieve se le pega a la barba y a las cejas, pero parece
encantado consigo mismo.
—Papá. —Grito, dando un paso adelante para abrazarlo y echando un
vistazo a Cass. Está mirando al suelo, sin emociones, y no me mira a los ojos—.
¿Qué estás haciendo aquí?
Papá sonríe, ajeno al hecho de que mi corazón se rompe cada segundo
que Cass no me mira. —Tengo un cliente que trabaja para la policía de Nueva
York. Me debía un favor. No quería dejarlos aquí una noche más, sigo
escuchando historias sobre cortes de energía en esta área. —Asiente hacia la
puerta—. Vamos. Nuestro auto está esperando. Pueden quedarse con nosotros
hasta que podamos llevarlos de regreso a sus apartamentos.
Asiento sin decir palabra y me acerco a buscar mi bolso, abrigo y botas
de detrás del escritorio. Cass sin embargo, no se mueve.
—Tú lleva a Luna. —Le dice a papá—. Me voy a quedar aquí.
Capítulo 7
Cass
La nieve cesa justo antes del anochecer en el segundo día de la tormenta, horas
después de que Luna se fue con Jace.
Ya no está nevado. He visto las luces intermitentes de los quitanieves
brillando a través del escaparate de la tienda y algunas voces en la calle. La
ciudad todavía está hibernando, yo también, pero sin Luna aquí, la tienda ha
perdido su comodidad.
Había visto su expresión cuando le dije a Jace que no me iría con ellos, vi
toda la crudeza que quedó momentos antes de abrirse y sangrar en su hermoso
rostro.
Lo único que hago es lastimarla. Todo lo que hago es joder esto. He
pasado toda mi maldita vida adulta jodiendo y ahora no tengo idea de qué
hacer cuando llega la hora del espectáculo. El evento principal. Lo grande.
Luna lo es para mí, pero no tengo la menor idea de cómo hacerlo bien, cómo
evitar lastimarla a ella, a su familia o a mí mismo.
No quiero perder a Jace. Él es mi familia, mi socio comercial. No estoy
seguro de poder soportar entrar a Blink & Ink todos los días y ver odio o incluso
resentimiento en sus ojos. El chico no ha hecho nada más que estar ahí para
mí, y yo le pago enamorándome de su hija, demasiado joven y demasiado
buena para mí.
Sentado solo en la oscuridad del vestíbulo, sé que no puedo renunciar a
ella. Incluso si eso significa entorpecer las otras relaciones en mi vida, incluso si
eso significa quemarlo todo y comenzar de nuevo, si tuviera a Luna a mi lado,
lo haría.
Lo que significa que tengo que ser un hombre muy valiente. No me
escabulliré ni intentaré robármela en plena noche como un ladrón. No, si hay
alguna posibilidad de conseguir a Luna y mantener intacta mi relación con Jace,
tendré que hacer esto bien.

Nunca me había sentido incómodo llamando a la puerta del apartamento de


Jace y su esposa Natalie. En realidad, normalmente no llamo a la puerta,
simplemente entro y me ponen en las manos un plato de lo que sea que Nat
esté preparando para la cena.
Todavía es temprano, pero después de horas de dar vueltas en el sofá, no
podía soportar quedarme sentado solo en la tienda ni un minuto más. Sin saber
que Luna estaba por ahí pensando lo peor. Ya he hecho daño más que
suficiente.
Así que aquí estoy, vestido con la mejor ropa de recambio que pude
encontrar en la oficina, el pelo cepillado, la barba recortada y el corazón
palpitando en mi pecho mientras una serie de pasos resuenan detrás de la
puerta y se abre para revelar el rostro sorprendido pero complacido de mi
mejor amigo.
—¡Cass! —Da un paso atrás para dejarme entrar—. ¿Qué estás haciendo
aquí tan temprano?
Me aclaro la garganta, mirando a mi alrededor automáticamente buscando
una señal de Luna, pero probablemente todavía esté dormida en la habitación
de Sunny. Pero Nat está de pie junto a la estufa y me sonríe cansinamente por
encima del hombro. —Buenos días, Cass. ¿Café? También estoy haciendo
huevos si quieres.
—No gracias. —Cuanto más tiempo esté sentado aquí, menos probable será
que haga lo que vine a hacer. Necesito hacer esto. Ahora.
—De hecho, quería hablar con ustedes dos.
Nat y Jace se miran pero asienten. Jace señala la pequeña mesa redonda
en la esquina donde hemos comido juntos innumerables cenas familiares,
chocando los codos. —¿Todo bien?— Pregunta Jace, sentándose frente a mí y
cruzando los brazos sobre el pecho—. ¿De qué se trata esto?
—Se trata de Luna.
Las cejas de Jace se juntan y su voz es instantáneamente acusatoria. —¿Qué
pasa con Luna?
Hay un cero por ciento de posibilidades de que salga de esto sin un
puñetazo en la cara, pero si eso es lo que Jace tiene que hacer, no lo culparé.
Exhalo pesada y finalmente confieso las palabras que han quedado grabadas
en mi corazón desde aquel día en el aeropuerto hace casi seis meses.
—La amo. —Silencio, silencio de muerte. Jace me mira fijamente y puedo
ver la confusión en su rostro. No lo entiende, todavía no—. Estoy enamorado
de ella. Lo he estado desde que regresó. He tratado de fingir que no estaba
sucediendo, de alejarla, y eso nos está lastimando a ambos. No puedo hacerlo
más, Jace. No lo haré.
Se oye un ruido a mi izquierda y miro a mi alrededor. La espátula en la
mano de Natalie cayó al suelo con estrépito y en silencio, Jace se levanta para
recuperarla y apagar la hornilla. Cuando se vuelve para mirarme, su expresión
no revela nada.
Se me retuercen las entrañas. Mierda.
—Estás enamorado de Luna. —Jace se pasa una mano por el pelo, mirando
a Nat y luego a mí—. Cristo, hombre. Esto es…
—Lo sé. —Sacudo la cabeza—. Es mucho. Lo entiendo. No espero que me
des tu bendición ni nada por el estilo, pero estoy tratando de hacer esto bien.
Tratando de no escabullirnos ni menospreciar lo que sentimos el uno por el
otro.
Los ojos de Jace se abren ligeramente por la sorpresa. —Espera. ¿Has
hablado a ella sobre esto? ¿Luna lo sabe?
Abro la boca para responder pero a su lado, su esposa se burla. —¿Crees
que estaría aquí arriesgándose el cuello para que le clavaras un hacha si no lo
hubiera hecho? —Nat pone los ojos en blanco—. No actúes como si esto fuera
una sorpresa, Jace. Ya lo sabíamos.
Casi me ahogo con la lengua. Farfullando, los miro en estado de shock. —
¿Lo… sabían?
Los ojos de Jace se estrechan. —Saber no significa aprobar, imbécil.
Estamos hablando de mi hija.
—Por el amor de Dios, Jace. —Nat suspira y se pellizca el puente de la
nariz—. Sí, Cass. Ya lo sabíamos. O lo adivinamos, de todos modos. Luna…
maduró bastante en los últimos tres años, y ambos vimos tu cara cuando la viste
ese primer día.
Ni siquiera me había dado cuenta de que alguien me había visto. Sólo
podía imaginar cómo me vería cuando me di cuenta de que la criatura
increíblemente sexy en el área de reclamo de equipaje era Luna. ¿Cuántas
veces durante los últimos seis meses me he deslizado, sólo por un momento, y
le he mostrado exactamente lo que siento por ella?
¿Era tan jodidamente obvio?
¿Se podría haber evitado toda esta mierda si hubiera hablado con las
personas que amo en primer lugar?
—Sólo quiero hacerla feliz. —Es una súplica bastante débil, especialmente
teniendo en cuenta el hecho de que no he hecho casi nada más que hacerla
sentir miserable durante meses, pero lo anhelo.
Nat le da un codazo significativo a Jace y, como si estuviera recitando algo
que su esposa le hizo repetir frente a un espejo unas cuantas docenas de veces,
habla llanamente, mirándome fijamente. —Amo a Luna y te amo, ambos son
adultos, no es asunto mío interferir.
Se me hace un nudo en la garganta de afecto por este hombre. Mi mejor
amigo, mi hermano en todo menos en la sangre. —No te arrepentirás.
Los ojos de Jace se estrechan. —Ya lo hago.
Me levanto y miro hacia la parte del apartamento donde sé que están los
dormitorios. —¿Sigue durmiendo? ¿Puedo esperar?
—Se fue a casa esta mañana. —Nat me lo dice y cuando me giro, puedo
ver que está preocupada—. No estoy segura de lo que pasó entre ustedes dos,
Cass, pero haz lo que puedas para solucionarlo. ¿Sí?
Asiento, sin tener nunca más intención de decir palabras en mi vida
cuando las juro. —Lo arreglaré.
El trabajo más difícil todavía está frente a mí, pero cuando salgo a la acera
nevada afuera del departamento de Jace y Nat, siento como si me hubieran
quitado mil libras de encima. He estado cargando con eso durante meses, la
culpa y la vergüenza, cuando no era necesario. Me lastimé a mí mismo, lastimé
a Luna y desperdicié un tiempo precioso que podría haber usado
enamorándome más profundamente de ella, conociéndola como a una igual,
como una compañera.
Eso termina hoy.
Son casi tres millas a través de la ciudad de cimas blancas para llegar al
departamento de Luna, pero camino de todos modos, saboreando la claridad
y el alivio del aire frío en mis pulmones.
Sé dónde está y que ella comparte el lugar con tres amigas que conoció
en sus viajes, pero en realidad nunca he estado dentro del apartamento de Luna.
Puse excusas para no hacerlo, en nombre de mantener la distancia, y el
arrepentimiento por eso se hunde en el momento en que agarro la puerta para
que un vecino se vaya y me deslizo dentro del edificio solo para darme cuenta
de que no tengo idea de a dónde voy.
Mierda.
Saco mi teléfono y presiono el contacto de Luna, pero va directo al correo
de voz, gruño y lo guardo en mi bolsillo. Justo cuando estoy a punto de aguantar
y llamar a Nat, rezando para que se apiade de mí, la puerta del ascensor se abre
con un sonido y dos chicas salen. Una de ellas me lanza una mirada apreciativa
y sonríe tímidamente.
—Hola, señor. —Dice con un marcado acento francés, deteniéndose al salir
del edificio para hablar conmigo. Es objetivamente hermosa, pero no siento ni
un atisbo de interés—. No creo que nos hayamos conocido. ¿Eres uno de mis
vecinos?
—Voy a reunirme con alguien. —Respondo brevemente y su sonrisa se
desvanece—. ¿Sabes en qué apartamento vive Luna Bradley?
La chica y su amiga me miran de arriba abajo, instantáneamente
sospechosas. —¿Y quién eres tú? —Pregunta la segunda, alzando una ceja con
frialdad.
—Cassian Rowe.
Se miran la una a la otra, antes de que la chica francesa se gire para
mirarme con el ceño fruncido y se cruce de brazos. —Luna es mi compañera
de cuarto. Dígame, señor Rowe, ¿ha venido a romperle aún más el corazón a
mi amiga?
Me duele el corazón ante sus palabras. —Por favor. —Estoy rogando a dos
chicas cuyos nombres ni siquiera sé, pero ya me importa un carajo. Sólo quiero
ver a Luna—. Sólo dime en qué apartamento está.
La segunda chica le da un codazo a su amiga. —Luna estará bien.
Además… —Me mira de arriba abajo y sonríe—. Parece que está aquí para
humillarse.
Capítulo 8
Luna
Nunca he querido huir más que ahora.
Intenté volver a casa, intenté olvidar a Cass y terminé con el corazón aún
más roto que cuando me fui hace tres años.
No. Paso. Estoy fuera.
¿Cómo se supone que voy a volver a Blink & Ink, sentarme allí y contestar
teléfonos mientras las hermosas y maduras clientas de Cass, las mujeres quienes
no son la hija de su amigo más antiguo, lo adulan por todas partes? Todo
mientras recordaba la expresión de su rostro cuando se dio cuenta exactamente
de lo joven e inmadura que soy en realidad.
Nunca me avergoncé de aferrarme a mi virginidad. No lo anuncio, por
supuesto, nadie quiere ser esa chica, pero tontamente nunca imaginé que sería
un problema tan grande.
A juzgar por lo rápido que Cass me envió a casa con mis padres, es un
problema muy grande para él. Lo suficientemente grande como para que todas
esas promesas que hizo, promesas que creí estúpidamente, fueran olvidadas.
Voy a llamar para reportarme enferma por unos días, le diré a papá que
tengo gripe. Con un poco de suerte, tal vez el poco tiempo sea suficiente para
apaciguar el dolor que siento en una saludable dosis de ira. Estar enojada sería
mucho mejor que esto.
Josette y Kennedy acaban de irse y mi otra compañera de cuarto está en
el trabajo, dejándome sola en nuestro pequeño departamento. No era muy
cercana a ninguna de ellas cuando nos mudamos juntas, pero ha sido agradable
tener un círculo cercano de amigas. No les había contado la historia completa
cuando llegué a casa esta mañana, pero habían escuchado lo suficiente como
para elegir algunos nombres para llamar a Cass.
No discutí con ellas. Se lo merece.
Un fuerte golpe en la puerta me hace gemir. Lo juro, si vuelve a ser el
exnovio de Emma, mi otra compañera de cuarto, le cerraré la puerta en la cara.
Me levanto del sofá y camino con dificultad hacia la puerta, abriéndola sin
molestarme en mirar a través de la mirilla quién está parado al otro lado. Casi
espero que realmente sea el ex de Emma para poder tener a alguien con quien
desatar mis sentimientos.
Aunque no es el ex de Emma. Es Cass.
Nos miramos fijamente durante un largo momento mientras todo mi pecho
se contrae. ¿Está aquí para asegurarse de que no le cuente a papá lo que pasó
entre nosotros? ¿Intentar tener sexo conmigo antes de ignorarme la próxima
vez que estemos frente a mi familia?
Mi labio inferior tiembla y la contención de Cass parece romperse. Dando
un paso adelante, me empuja hacia el interior del apartamento, cerrando la
puerta firmemente detrás de él antes de que sus manos vuelen a mi cara. —Te
extrañé. —Son sus primeras palabras para mí y una risita de incredulidad
burbujea en mi garganta.
—Detente.
Cass niega con la cabeza, con la mandíbula apretada. —No. Nunca, Luna.
Joder, nunca. Voy a ser el mayor dolor en tu trasero hasta que finalmente
descubra cómo hacer esto bien.
—¿Hacer qué bien? —Le respondo con amargura.
—Tú, pequeña. Nosotros. —Respira profundamente, como si estuviera
tratando de estabilizarse—. Hablé con tus padres.
Me congelo. Eso no es lo que esperaba. —Oh. ¿Acerca de qué?
El gran pecho de Cass tiembla con su risa. —Les dije que estaba
enamorado de ti.
Mi corazón se detiene. —¿Qué? —Da un paso adelante y estoy congelada
por completo, incapaz de entender la información que me está lanzando.
¿Fue a ver a mis padres?
¿Les dijo que me ama?
—Ya no me esconderé más de esto, Luna. Estoy totalmente de acuerdo.
No voy a mentir, nena, no tengo idea de lo que estoy haciendo, pero... —Está
divagando, pero nunca me había sentido así, como si mis sentimientos por Cass
fueran correctos. ¿Fue con mis padres? ¿Arriesgó sus amistades más antiguas
por respeto a ellos y a mí?
—Cass. —Lo interrumpí, una risa burbujeando de mis labios. Todo mi
corazón está tan lleno y no tengo miedo. Él está tan involucrado en esto como
yo—. ¿Le dijiste a mis padres que estás enamorado de mí? —Asiente y yo sacudo
la cabeza, sonriendo tanto que me duelen las mejillas—. ¿No querías decírmelo
primero?
Toda su cara se quiebra y luego él también sonríe, y me siento tan llena
de alegría que podría estallar. Cass se acerca para acortar la distancia entre
nosotros, entretejiéndose en el cabello de mi nuca y yo voy voluntariamente,
presionándome contra él para que estemos entrelazados justo en el medio de
mi destartalada entrada.
—Estoy enamorado de ti, Luna. —Su otra mano agarra mi cintura,
apretándome más firmemente contra él, mis propios brazos alrededor de su
cuello—. No puedo expresar cuánto lamento cómo manejé esto, pequeña. He
sido un maldito idiota.
Toco su rostro, maravillándome de él. Él es todo lo que siempre he
querido y está haciendo todo por nosotros. ¿Qué más podría pedir? —Yo
también te amo. —Confieso en voz baja, sintiendo el pecho de Cass expandirse
ante mis palabras—. Y ya no estoy enojada, Cass. Lo juro. Yo sólo… quiero ser
feliz.
—Conmigo. —Cass aclara, de repente frunciendo el ceño y yo me río,
asintiendo.
—Sí. Contigo.
Es toda la confirmación que necesita. Inclinándose hacia adelante, Cass
cierra esos pocos centímetros que quedan entre nosotros y me besa ferozmente.
Ya no hay miedo, ni vacilación ni ira; todo lo que queda es un deseo ardiente
y desesperado. Lo quiero.
Él debe sentirlo, porque a medida que nuestro beso se profundiza, Cass
se inclina hacia adelante y me levanta fácilmente. Enrosco mis piernas alrededor
de su cintura, gimiendo cuando él se da vuelta, presionando mi espalda contra
la pared más cercana. Puedo sentirlo endurecerse justo contra mi centro,
presionando insistentemente a través de sus jeans mientras rueda contra mí, sus
manos se acercan para agarrar mi trasero.
Me alejo, jadeando. —Llévame a la cama. Por favor, Cass. Te deseo.
Sus manos se aprietan pero no se mueve, sus ojos buscan mi rostro. —
¿Estas segura?
No tengo que pensar en eso. —Sí.
Me suelta, dejándome caer para que pueda tomar su mano y guiarme.
Mi dormitorio es pequeño, está escondido en el rincón más alejado del
apartamento y apenas lo suficientemente grande como para que quepa mi cama
completa, apretujada entre dos paredes. Con la nieve acumulada en el alféizar
de la ventana, la habitación está oscura, cálida y acogedora cuando Cass cierra
la puerta detrás de nosotros.
Parece que estamos en un sueño.
Nuestros labios se ciernen sobre los del otro, sin besarse del todo,
simplemente respirando el mismo aire y escuchando el silencioso susurro de la
ropa y respirando mientras nuestras manos se posan sobre la otra. Tocar, sentir,
querer.
Nunca me había sentido tan cerca de otra persona y él apenas me ha
tocado.
Rompo el hechizo, mis dedos encuentran los botones de su abrigo y los
desabrocho uno tras otro hasta que puedo quitarle la tela de los hombros.
Golpea el suelo con un ruido sordo y ambos nos estremecemos cuando mis
manos rozan su pecho.
Ahora es el turno de Cass. Sus manos encuentran el dobladillo de mi
suéter y lo levantan, tirando la prenda al suelo para unirla a su abrigo. Su
gemido rompe el silencio cuando se da cuenta de que no tengo nada debajo.
Sus manos sobre mi piel desnuda son la mejor sensación del mundo, tengo
que recordarme respirar cuando encuentran mis pechos que se sienten pesados
mientras el calor inunda mi cuerpo.
Sigue su camisa, luego mis pantalones, luego los suyos, y finalmente
estamos desnudos juntos, de pie junto a mi cama deshecha en la tenue luz de
mi dormitorio demasiado pequeño. Sin embargo, es perfecto, como si
estuviéramos en nuestro pequeño mundo.
Gimo cuando mis pezones rozan el vello de su pecho y el ruido parece
desencadenar algo en Cass. Se inclina hacia adelante para besarme de nuevo,
acercando mi cuerpo desnudo al suyo. Su polla es larga y gruesa entre nosotros,
la punta rojiza deja un rastro de humedad contra mi vientre.
Cass nos hace caminar hacia atrás hasta que la parte posterior de mis
rodillas toca el colchón y me separo de él, metiéndome en el medio de la cama
mientras el hombre que amo me mira con avidez. Observo cómo su mano se
dirige a su polla, agarrándola con fuerza y acariciándola de arriba a abajo, de
arriba a abajo.
Mis muslos se presionan inconscientemente y la risa gutural de Cass llena
el dormitorio. —¿Quieres esta gran polla dentro de ti, pequeña? ¿Quieres que
abra ese coño virgen?
Otra ráfaga de humedad se extiende por la parte interna de mis muslos
ante sus palabras. Una pequeña parte oscura de mí quiere que me duela un
poco, quiero sentirlo dentro de mí, incluso después de que se haya ido. Quiero
recordar esto con cada paso que doy.
Asiento, casi jadeando cuando Cass suelta su polla y se arrodilla en la
cama para separar mis rodillas.
El aire frío hace que mi centro húmedo se sienta más sensible y me sonrojo
bajo la mirada de Cass. Extendiéndose hacia adelante, mete dos dedos entre
los labios de mi coño, atravesándolos a través de mi humedad para presionar
suavemente contra mi abertura.
Mis brazos fallan y caigo de espaldas, cerrando los ojos instintivamente.
Una pequeña bofetada fuerte contra mi coño me hace chillar y sacudirme, y
mis ojos se vuelven a abrir.
Cass gruñe. —Mírame. Quiero que me mires preparándote para mí.
Oh, Dios.
No soy una experta, obviamente, pero definitivamente me siento
preparada. Descuidada, mojada y literalmente dolorida por ser llenada. —Estoy
lista. —Le ruego, alcanzándolo.
La sonrisa de respuesta de Cass es enloquecedora y sexy al mismo tiempo.
Empuñando su polla, la lleva a mi entrada y empuja su cabeza contra mí.
Jadeo, tratando de escabullirme inmediatamente ante la abrumadora y
ardiente extensión. Cass retrocede, reemplazando su polla con sus dedos. —No
estás lista. —Gruñe—. Eres la mitad de mi tamaño, pequeña, no quiero
lastimarte. Ten paciencia, déjame hacerte correrte.
¿Quién soy yo para discutir eso?
Cass empuja dos dedos dentro de mí y gimo, abriendo mis piernas
instintivamente más para profundizarlas. Me pierdo en las sensaciones, cada
nervio de mi cuerpo se esfuerza por más mientras mi gran amante tatuado cae
sobre mí, chupando y mordiendo besos enojados sobre mi pecho y cuello.
—Vamos, dámelo. —Él gruñe, curvando sus dedos dentro de mí para
golpear un punto que hace que los dedos de mis pies se doblen y un grito haga
eco en la sala. Estoy tan cerca, tambaleándome al borde y cuando Cass baja la
cabeza para chupar mi pezón con fuerza y me caigo por el borde.
Todavía estoy acabando cuando los dedos de Cass se alejan, reemplazados
casi instantáneamente por la cabeza de su polla.
Capítulo 9
Cass
No puedo esperar un segundo más.
Luna todavía está temblando debajo de mí, su dulce y pequeño coño
empapado por el orgasmo que le arranqué, cuando encajo la cabeza de mi
polla justo dentro de su entrada. Presiono mis labios contra los de ella, la beso
profundamente y, antes de que su cuerpo tenga la oportunidad de tensarse,
avanzo con un impulso increíble.
Me trago su grito de dolor y sorpresa, reprimiendo un gemido cuando sus
uñas me muerden la espalda. Nunca había estado desnudo dentro de una
mujer, y la idea de ponerme un condón con Luna se me ocurrió durante medio
segundo antes de que la descartara. No quiero nada entre nosotros.
Ella se siente increíble. Más caliente y apretada de lo que podría haber
imaginado. Me aparto para mirar entre nosotros el lugar donde estamos
conectados, incapaz de evitar gemir al ver su pequeño coño extendido
alrededor de mi espesor.
—¿Cómo se siente eso, pequeña? —Me alejo un poco, pulsando mis caderas
para darle una idea de lo que está por venir.
La respiración entrecortada y llena de pánico de Luna se está calmando
ahora, y cuando la miro a los ojos, veo que están muy abiertos por la sorpresa.
—Me-me gusta. Oh, Dios, Cass... —Llora, agarrando mis hombros y dando un
pequeño grito ahogado cuando empiezo a empujar un poco más, la punta de
mi polla golpea la parte más profunda de ella.
Joder, eso es caliente.
—Así es. —Murmuro mientras una nueva ola de humedad se abre paso en
mi camino—. Te gusta. Puedo sentirlo.
—¡Cass! —Luna jadea, sus ojos se abren aún más cuando inclino mis
caderas, la cabeza de mi polla golpea su punto G. Se siente tan bien que estoy
demasiado ido para que esto dure mucho, pero estoy decidido a que sienta el
semen de mi polla.
De repente inspirado, agarro su cintura y ruedo, tirando de ella conmigo
para que termine a horcajadas en mi polla. La cama es tan pequeña que estamos
casi en la pared y la mano de Luna presiona contra ella, su pecho palpita
mientras se acostumbra a sentirme tan profundamente.
Levanto la mano y tomo sus tetas en mis manos. Son jodidamente
comestibles, un puñado perfecto y rematados con pezones pequeños y oscuros.
Podría pasar todo el día simplemente adorándolos.
Las caderas de Luna dan un giro tentativo y gime, mirándome con lujuria
manifiesta. Con cuidado con su nuevo tatuaje, paso mis manos por sus muslos.
—Eso es todo. Móntame, pequeña. No seas tímida. Haz lo que te haga sentir
bien.
No le lleva mucho tiempo acostumbrarse. Después de algunas subidas y
bajadas experimentales, me toma con facilidad, sus manos presionan mi pecho
mientras rebota arriba y abajo sobre mi polla, gimiendo y gimoteando.
—Me voy a correr… —Gime desesperadamente y estoy allí con ella.
Apretando los dientes para detenerme, presiono mi mano entre nosotros,
frotando frenéticamente su clítoris. Funciona. Luna se viene con un grito, sus
paredes se aprietan alrededor de mi polla, ordeñando mi semen con tanta
fuerza que literalmente veo estrellas.
—Buena chica. —Gimo cuando ambos estamos jadeando y Luna se
desploma encima de mí, con mi suave polla todavía dentro de ella. La rodeo
con mis brazos y beso la parte superior de su cabeza mientras nuestros latidos
se ralentizan.
—Te amo. —Luna susurra, pasando sus dedos por mi brazo.
Nunca ha existido un puto momento más perfecto. Me siento completo
mientras levanto la barbilla de mi mujer y la beso, saboreando su sabor, la
sensación de su piel sobre la mía, el calor de su coño envuelto alrededor de mi
polla mayoritariamente suave. Quiero recordar cada detalle de esto hasta el día
en que muera y cuando me abran, encontrarlo grabado en mi corazón.
Entré a esta habitación siendo un hombre y saldré siendo otro.
—Te amo. —Es una promesa más permanente que cualquier tinta en mi
cuerpo. Debería estar aterrorizado al reclamar a otra persona de manera tan
completa, pero no lo estoy. Luna estaba destinada a ser mía y estoy seguro de
que debía ser suyo.
—Tengo una idea. —Dice vacilante, mordiéndose el labio—. Es un poco
loca.
Levanto las cejas, intrigada. —Me gustan las locuras.
Luna se ríe. —Soy consciente. Es sólo que... quiero que esto funcione.
Realmente quiero que esto funcione.
—Funcionará. —Prometo, incapaz y no dispuesto a considerar cualquier
otra posibilidad. No me importa lo que sea necesario.
—Lo sé. —Me aparta el pelo de la frente, de repente un poco más solemne—
. Este lugar, Blink & Ink, la ciudad, ambos tenemos mucha historia aquí. Y toda
nuestra gente está aquí, estaremos bajo la lupa cada segundo de cada día.
Tiene razón en eso. No me gusta particularmente la idea de intentar
enamorar a Luna, desarrollar una relación, con Jace mirándome por encima
del hombro. No importa cuán reacio sea a aceptarlo, todavía estará tenso. No
hay forma de evitarlo.
—Entonces… —Luna continúa—. ¿Y si simplemente… nos fuéramos?
—¿Irnos?
Ella sonríe, un poco tímidamente. —Para ser honesta, no me encanta la
universidad. No estoy segura de que sea para mí, si lo es, definitivamente no es
estudiar marketing.
Lo supuse cuando Jace me dijo en qué se iba a especializar. —Tómate un
tiempo libre. —Le digo inmediatamente—. Trata de descubrir tu camino.
Realmente me importa una mierda, sólo quiero que seas feliz.
Luna se derrite contra mí y me besa suavemente. Mi polla, a pesar de
haber vaciado una carga completa en ella hace sólo unos minutos, ya se está
moviendo. Cuando se aleja, sus ojos brillan. —Tal vez deberías tomarte un
tiempo libre también. Un a-ño sabático. Los tatuadores hacen eso, ¿verdad? ¿A
veces?
—A veces. —Confirmo pensativamente. Nunca he considerado siquiera
tomarme un tiempo libre, pero ahora que me detengo a pensar en ello, estoy
bastante agotado. Ya no me siento tan emocionado y apasionado por mi trabajo
como antes. He ahorrado un montón de dinero, ¿por qué no debería gastar
algo y tomarme un tiempo libre? Le sonrío a Luna—. ¿Quieres irte de Nueva
York?
—¿Es demasiado loco? —Se pregunta en voz alta, sonriendo con picardía.
Su coño se aprieta alrededor de mi polla endurecida y me río entre dientes,
agachándome para azotarle el culo en broma.
—Creo que es perfecto. —No puedo borrar la maldita sonrisa de mi cara.
Por primera vez en quién sabe cuántos años, estoy emocionado de estar
vivo. Mi mundo era muy pequeño hasta que esta mujer se bajó de un avión y
lo puso patas arriba de la mejor manera posible.
Luna sonríe y es tan jodidamente hermosa que hace que mi corazón dé
un vuelco. No tengo idea de cómo he tenido tanta suerte, pero estoy segura de
que no voy a cuestionarlo. —¿Sí? —Pregunta esperanzada.
—Sí. —Lo confirmo, con el pecho lleno de emoción por ella, por nuestra
vida juntos, por todo ello—. Huyamos juntos, pequeña.
Epílogo
Luna
Un año después

Puedo confirmar oficialmente que París es mucho mejor cuando tienes un novio
súper sexy.
La última vez que estuve aquí viví en un albergue absolutamente
asqueroso con otras siete personas y varios roedores en mi habitación. Comía
pasteles baratos y trabajaba turnos dobles en un hotel para ahorrar suficiente
dinero para viajar.
Ahora, estoy acostada desnuda en la cama del absolutamente magnífico
apartamento de alquiler que Cass reservó para nosotros, tratando de estar
completamente quieta mientras el igualmente desnudo amor de mi vida me
mira por encima del borde de un desgastado cuaderno de bocetos.
Cass es un artista, siempre lo ha sido, pero últimamente su deseo de crear
ha sido casi obsesivo. Siempre está dibujando, pintando, esculpiendo, creando
trabajos que me hacen llorar.
Mi cuerpo desnudo y recién follado es su tema favorito, y mi corazón está
lleno de verlo redescubrir su pasión, además de encontrar la mía. Empecé un
blog de viajes unos meses después de nuestro viaje y despegó, ahora estoy
consiguiendo patrocinios e incluso me ofrecen trabajos remunerados como
autónomo.
Somos felices. Realmente felices.
Mi corazón palpita de nervios mientras mi mente vaga, por enésima vez
en los últimos diez minutos, hacia las noticias que tengo que compartir con él.
No es que crea que Cass se enojará o se molestará, sé que no lo hará. Lo
conozco y sé que quiere esto. El año pasado que pasamos juntos nos ha unido
de maneras que nunca hubiera imaginado. Ambos crecimos, cambiamos y
aprendimos a apoyarnos el uno en el otro después de ser solteros durante tanto
tiempo.
Aunque no hemos vuelto a casa. Mis padres y Sunny vinieron a visitarnos
cuando estuvimos en Tokio hace unos meses y pasamos nuestro primer tiempo
real juntos desde que Cass y yo nos fuimos tan inesperadamente.
Las cosas no están exactamente tensas, pero son raras. Recuerdo las
miradas fijas de mi papá en la otra dirección cuando Cass se inclinaba para
besarme o cuando les mostré nuestro apartamento y vio nuestros cepillos de
dientes de colores de cortesía en un frasco en el lavabo del baño. En ese
momento estaba confundida acerca de por qué eso le molestaba, pero ahora lo
entiendo.
El sexo es una cosa y separar los cepillos de dientes del mismo paquete es
otra. Una señal inequívoca de intimidad más allá de lo físico, un compromiso.
Estoy nerviosa por volver a casa y enfrentarme al mundo real fuera de
nuestra pequeña y feliz burbuja de viajes. No podremos pasar el día en la cama
teniendo sexo ni ligar e ir a donde queramos. Cass volverá a tatuar a tiempo
completo y yo seré...
Mi mano pica por moverse hacia mi estómago al pensar en exactamente
lo que seré.
No es que hayamos estado trabajando muy duro para evitarlo. Por el
contrario, a Cass nunca le han preocupado en lo más mínimo los métodos
anticonceptivos. Si fuera por él probablemente ya tendríamos un bebé, pero yo
era la que quería esperar y darnos la oportunidad de ser simplemente nosotros.
Él se retira. La mayor parte del tiempo.
En mi defensa, París es realmente la ciudad más romántica del mundo y
mi novio es atractivo. Y... muy caliente. La evidencia de lo atraída que me siento
por él está creciendo dentro de mí.
El ceño de Cass se frunce, sus ojos en mis pechos, y puedo ver su polla
endureciéndose contra su estómago.
—Ojos aquí arriba, pequeña. —Me ordena Cass, sus ojos brillando sobre la
parte superior de su libreta—. No soy un trozo de carne.
Tarareo felizmente, mis dedos de los pies se curvan en la ropa de cama
blanca. —Eres mi pedazo de carne.
Cass se ríe y tira su libreta a un lado, arrodillándose a mi lado en la cama.
—Joder, sí, lo soy. —Pellizca mi pezón, haciéndome jadear y enviando una nueva
oleada de humedad a mí ya goteante centro.
Mis muslos se abren en una invitación silenciosa y Cass me acerca a él.
Ambos miramos mientras él pasa la cabeza de su polla a través de mi humedad,
rozando mi clítoris provocativamente, antes de adentrase con un empujón largo
y duro.
Lo he follado todos los días, generalmente varias veces al día, durante un
año completo y todavía no estoy acostumbrada a la extensión de su longitud
dentro de mí. Cada vez duele un poco y me encanta. Soy adicta a él, igual que
él lo es a mí.
—Mierda. —Cass gruñe, sus embestidas se vuelven más duras—. ¿Mi sucia
niña necesitaba mi polla otra vez?
Instantáneamente estoy dos veces más mojada. Su charla sucia es lo más
sexy del planeta. —Sí. Lo necesito. —Me quejo, envolviendo mis brazos
alrededor de su cuello y atrayéndolo hacia mí para darle un beso profundo y
desesperado.
—Dios, pequeña. Me haces tan feliz. —Murmura contra mis labios, sus
manos se enredan en mi cabello.
Me quedo sin aliento. —Tengo algo que te hará más feliz.
Sus embestidas fallan y me mira, repentinamente serio. Sin decir palabra,
levanto la mano y tomo una de sus manos entre las mías, bajándola entre
nosotros para presionarla contra mi vientre aún plano. —Me dejaste
embarazada. —Murmuro, acariciando su pecho, su rostro, su cabello.
Cass me mira, tan congelado por un momento que empiezo a sentirme un
poco nerviosa. Aunque no me deja colgada por mucho tiempo.
—¿Estas embarazada? —Su voz es áspera y llena de asombro. La mano que
puse sobre mi vientre tiembla.
Con el corazón en la garganta y los ojos ardiendo, asiento. —No planeaba
decírtelo así. —Le digo con una risa acuosa, señalando el lugar donde todavía
estamos conectados. La polla de Cass se contrae dentro de mí.
—Te amo mucho. —Se ahoga y se inclina hacia delante para juntar nuestras
frentes—. Pero tienes razón. Creo que nunca he sido tan feliz en mi vida.
Nos abrazamos durante mucho tiempo, intercambiando suaves besos y
promesas. Cuando las caderas de Cass comienzan a moverse de nuevo, me deja
sin aliento.
—Cásate conmigo.
Estoy tan absorta en el momento que por un segundo pensé que lo había
escuchado mal. Sin embargo, lo dice de nuevo, me ruega mientras hacemos el
amor lentamente, perdidos el uno en el otro.
—Cásate conmigo, Luna.
Lo miro, mi cuerpo ya comienza a tensarse mientras él me acerca cada vez
más a mi orgasmo. No tengo que preguntarle si está seguro o si habla en serio,
al igual que no tengo que pensar en mi respuesta. Ya lo se.
—Sí.
Sobre la autora
Cleo White
Cleo White es una adicta a la cafeína de 29 años que vive con su familia en
Vermont. Después de aceptar la desafortunada realidad de que tiene la
capacidad de atención de una mosca de la fruta y que terminar una novela
completa nunca iba a suceder, encontró el amor por escribir historias cortas,
picantes y de amor instantáneo que siempre tienen un final feliz. Cuando no
está escribiendo, se puede encontrar a Cleo evitando las obligaciones sociales,
la jardinería y la pintura.
Nosotr@s

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