HERMAN@S.
TRILOGÍA
(Erina Alcalá)
ETHAN Y ROCÍO
Las pequeñas acciones de cada día,
hacen o deshacen el carácter.
CAPÍTULO I
En Rota…
Era la segunda vez que estaban juntas en el cementerio de Rota las tres
hermanas Smith. Aunque su apellido era americano, porque su padre lo era,
ellas eran gaditanas de pura cepa, aunque eran bilingües, pues su madre que
había muerto años antes, era de Cádiz capital.
Su padre Wes Smith, se vino de joven a la base y era procedente de
Montgomery, la capital de Alabama. Coronel de la marina americana, había
ido a veces a ver a su padre, Julián Smith, dueño de un rancho a las afuera
de la capital, a 15 millas. Cada dos años lo visitaba. Ya era mayor.
El abuelo Julián tenía ya 77 años y su padre, acababa de morir y se
quedaban solas. La enterraron junto a su madre, Rosa López muerta de
cáncer de colon 8 años antes.
Con gran pena y un futuro incierto entre ellas, pues siempre vivieron en una
casa en la base. Nunca compraron sus padres una casa fuera. Pues su madre
era enfermera en la base.
Ahora rodeadas de militares, Rocío de 25 años, Carmen, de 24 y Rosa de 23
lloraban a su padre.
Sus padres eran unas personas encantadoras y educadas, por lo que ellas
recordaban. Y cuando la madre murió, su padre las educó de la mejor
manera posible, Buscando un chico, se quedaron con tres chicas, una por
año. Y decidieron pararse porque si no, no cabían en la casa.
Rocío era la mayor y casi se hizo cargo de sus hermanas cuando eran todas
de la misma edad. Pero tomó el rol de madre. Y con su padre averiguaba
todo, la casa, el dinero que tenían por si le pasaba algo a su padre…
Y Rocío lloraba en silencio para que nada le ocurriera.
Rocío hizo en la universidad Administración de Empresas y Derecho. Y
trabajaba en un despacho de abogados. Llevaba tres años apenas.
-Carmen, estudió Turismo y trabajaba en una empresa turística, de guía y
viajaba por Andalucía. Y dos años de experiencia tenía.
Y Rosa… a Rosa le encantaban los animales e hizo Veterinaria y acababa
de terminar su Máster.
Una noche el padre le dijo a Rocío como una premonición que si le pasaba
algo se fuesen con el abuelo a Alabama. Allí no les iba a faltar nada. En
Rota no tenían casa y no quería ver a sus hijas separadas, cada una en un
lugar distinto. Quería mantenerlas juntas y como una familia. Y allí, en
Alabama, tenían un gran rancho que ya el abuelo no podía dirigir. Y no
quería ver a su padre solo.
Cuando todo acabó, empezaron a recoger sus cosas. Su padre no tenía salvo
dinero a su nombre y al de sus hijas. Debían abandonar la base en una
semana.
Y sonó el teléfono.
-¿Hola?
-¡Hola abuelo!- dijo Rocío llorando.
-No llores mi niña. Era el único hijo que he tenido. Tu abuela murió y él se
fue. Y desde entonces estoy solo y quiero que os vengáis.
-Abuelo tenemos trabajo todas menos Rosa.
-Aquí tenéis trabajo para todas. Y un buen sueldo. Os haré una casa para
cada una, para que tengáis intimidad, tengo sitio. Pero os quiero conocer. Es
lo único que tengo en el mundo.
-Abuelo- y oyó al abuelo llorar.
-Iremos- Lo hablaré con mis hermanas y nos vamos. Si ellas no quieren yo
me voy contigo. Pero mi padre quería que estuviésemos todas juntas.
-Gracias mi niña. Os enviaré todo. Los billetes a Nueva York y luego a
Montgomery. Y allí irá el capataz a por vosotras. Y dinero.
-Tenemos, abuelo.
-Bueno yo arreglaré todo. Tú convence a tus hermanas y en dos días
recibirás un sobre.
Y esa misma noche habló con sus hermanas y decidieron estar unidas e irse
al origen de su padre. Ya verían. Se lo tomarían como unas vacaciones y si a
alguna no le gustaba que se volviera.
-Recogeremos la ropa solo y las cosas personales de papá y mamá en una
maletita pequeña, y no toda, la ropa, dos maletas por cada una- decía Rocío.
-Jo, -decía Rosa, me voy a tener que dejar ropa.
-Allí te compras nueva. Iremos a por maletas mañana. Venderemos los
coches e iré al banco y a cobrar el seguro de papá. De momento tenemos
unos 600.000 euros- dijo Rocío de nuevo.
-Creo que hay algo más y si vendemos los coches- dijo Carmen…
-Sí, más el seguro que no sé qué será. Lo dividiremos en tres partes al llegar
al rancho. Mientras, los gastos juntos- dijo Rocío.
-Me parece bien -dijeron todas.
-Pues mañana despedirnos de los trabajos Carmen. Y juntamos lo que os
den de finiquito y el mío. Y tú- le dijo a Rosa- haz la lista, de lo que
tenemos que comprar Rosa y vas y lo compras. Maletas nuevas de distinto
color y yo luego me paso por el banco. Allí abrimos cuentas. El abuelo nos
va a enviar los billetes. Y por la tarde a vender los coches todas.
-Sí. ¡Qué mandona!- decía Rosa riendo.
Pero mientras cenaban les entró a todas la llantina por su padre, por su
madre, por quedarse solas en el mundo, por eso su padre quería que
estuvieran juntas. Que no se separaran. Se abrazaron y ya Rocío dijo basta.
-Tenemos que vivir por ellos. Y haremos lo que papá quería. Siempre supo
lo que nos convenía. Venga a vamos a dormir.
Recogieron la cocina y casa una se fue a dormir.
Al día siguiente tenían trabajo y lo primero fue despedirse de las empresas.
Por la tarde vendieron los coches y se fueron en un taxi a la base.
-Bueno ya tenemos todo- dijo Carmen. Solo falta saber qué tenemos de
dinero después de todo y empezar a recoger- por hoy ya está bien. Vamos a
comer a la cafetería antes de que cierren y luego vemos el dinero y elegimos
las maletas esas preciosas en las que Rosa no ha escatimado nada.
-Es que eran tan bonitas. Y esta para papá y mamá.
-Anda venga vamos, mañana tiene que venir también el sobre del abuelo.
Y se fueron a la cafetería. Y se despidieron de algunos amigos que tenían en
la base.
Al día siguiente, fueron de nuevo a desayunar y a la vuelta hacían sus
maletas. Primero hicieron la de sus padres. Los objetos personales que
tenían de ellos. Y la cerraron con pena. Y le pusieron el nombre de Rocío.
Y cada una se decidió a la suya cuando llamaron a la puerta y un marine les
entregó un sobre. Y lo abrieron. Sentadas en el sofá miraron los billetes en
primera a Nueva York tres días después desde Málaga y el mismo día a
Montgomery. Allí las recogería alguien del rancho. Y tenían un sobre con
10.000 dólares para los gastos del viaje.
Y tres días después iban en tren camino al aeropuerto emocionadas por vivir
una nueva vida en un lugar diferente.
Y en el vuelo nocturno a Nueva York en primera. Cundo llegaron a las siete
de la mañana, iban muertas y en aquella mole, les costó encontrar el vuelo a
Montgomery. Con su carro lleno de maletas por fin llegaron al panel. Y aún
faltaban dos horas. Desayunaron. Facturaron las maletas y solo con sus
bolsos entraron a la sala previa a su puerta de embarque.
-¡Jo!- dijo Rosa, otras siete horas de vuelo. No he volado tanto en mi vida.
Vamos a llegar a las cinco de la tarde. A ver lo que tardamos en ir al rancho.
Vamos a estar durmiendo dos días.
-Bueno no te quejes – dijo Carmen- Vamos en primera, has dormido toda la
noche y ahora puedes dormir también.
-Pero estoy cansada.
-Y nosotras- dijo Rocío. Ya descansaremos.
Y así fue como dormitando llegaron al aeropuerto de Montgomery.
Cuando recogieron las maletas en un carro y salieron por la puerta. Había
un cartel que ponía:
HERMANAS SMIT.
Era un hombre de unos 40 y tantos años. Y a él se dirigieron.
-¡Hola!-dijo Rocío- saludando con la mano.
-¡Hola!-dijeron Rosa y Carmen- haciendo lo mismo que su hermana.
-Hola chicas, soy Tom, el capataz del rancho de vuestro abuelo. ¿Listas?
-Listas- dijo Rocío.
-Pues dame ese carro.
-Pesa Tom.
-No importa niña.
Tom medía más de 1,85, era fuerte y era un hombre atractivo y sonriente.
-Cómo está mi abuelo- le preguntó Rocío mientras caminaban hacía el
aparcamiento.
-Está con muchos achaques, la pierna es lo que tiene peor, pero no está muy
bien, de ahí que quiere que estéis aquí. Además, os diré algo que él sabe
peor no quiere que sepáis. Tiene una enfermedad que no es buena.
-¿Qué enfermedad?
-Alzheimer.
-¿Cómo?
-Lo que oís.
-¿Pero recuerda algo?
-Pues veréis, ha estado ocultándolo. Pero tiene algunas lagunas. Yo me di
cuenta. Por eso mi mujer Adele lo convenció de ir al médico y hacerse un
reconocimiento. Y lo ya lo sabe. Así que tenemos que tomar el mando, el
dinero, y todo lo demás.
-Hablaré con él cuando descansemos.
-Será lo mejor. Porque ya no controla las cuentas, sobre todo, los pagos
porque yo me ocupo. Pero no sé qué hay. Está solo en las cuentas.
-Bueno no te preocupes Tom, arreglaremos todo.
-Esta es la camioneta. Atrás ponemos las maletas. Y pusieron todas las
maletas. Las chicas se sentaron en la parte de atrás y Rocío con Tom.
Y se dirigieron al rancho.
-Vamos a tardar en salir de la ciudad media hora y casi 20 minutos y vais a
ver algo que os va a encantar.
-El rancho es de vacas o de caballos?- preguntó Rosa.
-De caballos, preciosos.
-Pues tenemos que aprender a montar.
-Los chicos os enseñarán.
Iban emocionadas, la ciudad era preciosa a pesar del cansancio. Y cuando
Tom entró al rancho, se quedaron con la boca abierta.
-Es enorme -Dijo Carmen.
-Enorme- le dijo Tom- aquella es la casa grande, donde vive tu abuelo- le
señaló a Rocío.
-Y al lado las dos cabañas para vosotras.
-¿Pero ya las ha hecho?
-Vienen prefabricadas, pero la decoradora las tiene listas, hasta con comida.
-¿En serio?- dijo Rosa.
-Sí, es mejor que estéis al lado del abuelo. Por eso se han prefabricado ahí.
Rocío dijo que se quedaría con la casa grande con el abuelo.
-Sí, es preciosa- dijo ella- además estoy al pendiente de él.
-La hemos arreglado también. Pintado y eso.
-¿Y mi abuelo cómo está?
-Pues entre la enfermedad y la muerte de tu padre, algo desorientado estos
últimos días. Está en fase tres.
-¿En fase tres?
-Sí, no va a durar mucho. Pasa mucho tiempo dormido y le cuesta andar ya.
Pero os ayudaré y él también. Tenemos que aprovechar el tiempo hasta que
os desconozca. Y hacer muchas gestiones.
-Sí. Desde luego- decía Rocío preocupada.
-Os ayudará Ethan. Es nuestro vecino. Estudió Derecho y viene a veces a
echarme una mano. ¿Veis aquél rancho, las casas y demás?
-Sí, está separado de las vallas del del abuelo.
-Pues ese es el rancho Lee. Tiene tres hijos, Lex y Eve son los padres y los
hijos Ethan el mayor, Noah y Paul el pequeño.
-¿Qué edades tienen?- preguntó Carmen.
-Creo que 30, 28 y 26. Poco más que vosotras.
-¡Vaya! -Pensó Rosa. Tres vaqueros.
Aparcaron en la casa y se bajaron.
-¿Abuelo?- dijo Rocío yendo a su encuentro.
-Mis niñas están aquí. ¿Todo bien Tom?
-Perfectamente. Son preciosas tus nietas Julián.
-Sí que lo son. Venid a darme un abrazo.
Y abrazaron a su abuelo.
-Adele sal al porche, mira mis nietas.
-Adele es mi mujer, se encarga de las casa- dijo Tom.
-A ver esas chicas, y salió Adele de unos 40 años, morena y guapa, alta. Y
les dio un abrazo.
-Bueno entrad. Va a anochecer, o mejor llevad las maletas a cada casa.
-Esta mía, -dijo Rosa.
Y se quedó con la de la izquierda, y su garaje.
-¿Cuáles son tus maletas?
-Las rosas.
Y Tom le ayudó con sus maletas. Adele le dio las llaves.
-Tus llaves, las del garaje y tienes un coche todoterreno precioso como tus
hermanas, nuevo. Sin marchas, toma tus llaves, dobles. Todo está listo, pero
mejor que vaya a la casa grande a cenar señorita Rosa- le dijo Tom.
-Rosa, Tom. Sí, luego coloco y miro la cabaña.
Y al igual, pero a la derecha dejó a Carmen. Rocío y Adele dejaron las
suyas y la de sus padres al lado de las escaleras.
-Tu abuelo duerme abajo.
-¿Sí?
-Sí, había dos salas. El despacho, su dormitorio y el salón. Y se le
acondicionó una con su baño. Le cuesta subir a la planta alta, tiene alarma
la casa por si sale de noche con la enfermedad. Quita la llave- le decía
Adele a Rocío.
-¿Y vosotros donde dormís?
-En otra cabaña, allá cerca de los barracones de los vaqueros. Ya mañana o
pasado, veis todo y hacéis las gestiones. Tu abuelo tiene trabajo para
vosotras. Ahora a comer cuando vengan las demás.
-Abuelo- le dijo Rocío.
-¿Qué pasa mi niña?
-Vamos a sentarnos en el comedor, venimos muertas de cansancio con
tantas horas de vuelo. Nos ha sobrado dinero. Tengo que dártelo.
-Bueno, lo juntáis con lo que tenéis. Tú y yo tenemos que hablar cuando
descanses y estéis listas.
-Vale.
-¿Te ha dicho Tom qué tengo?
-Sí. Y quiero que me dures todo el tiempo posible.
-Pues eres la mayor, cuidarás bien de tus hermanas y mantendrás a flote este
rancho.
-Lo intentaré abuelo- te quiero. Y lo abrazó.
-¡Qué guapas sois!
-Tu padre hizo un buen trabajo. Lástima lo de tu madre.
-Bueno no hablemos de eso. Comamos y nos acostamos. Mañana dejamos
las maletas y vemos el rancho y pasado hacemos las gestiones que haga que
hacer.
-A tus hermanas les va a encantar las cabañas. Pero esta casa preciosa será
para ti cuando yo no esté. Porque has sido madre ya casi. Solo arreglas mi
dormitorio y será una sala.
-Pero abuelo…
-Es mi deseo.
-¡Está bien! si a ellas les encantan las cabañas…
-Tienen piscinas.
-¿Sí? Se volverán locas.
-Y esta también, pero más grande. Y flores a todo el alrededor de la casa.
-El porche me encanta abuelo.
-Tuvieron que hacerme una pequeña rampa porque me costaba con las
rodillas bajar los escalones.
-La he visto, y una baranda. Pero tengo que verlo todo bien mañana.
-Dueña eres.
-¡Ay abuelo!¡Qué pena mi padre! Y se le cayeron unas lágrimas.
-¡Hija, la vida! Era un buen hombre. Un buen hijo, pero no quiso rancho.
-Y el mejor padre. Ya vienen mis hermanas.
-Adele, puedes servir la comida-dijo Julián.
-Ya voy Julián.
-Le ayudo- dio Rocío.
-No, quédate, ella la trae. Hoy es un día especial. No suele poner la cena.
Me la deja hecha.
-Vale.
-Ya hablaremos mañana de todo.
Y las chicas no paraban de hablar. Adele se reía de su acento y el abuelo
estaba tan contento como nunca. Su casa, llena. Y toda su familia. La que le
quedaba. La que siempre quiso.
Había estado tan solo tantos años y aún dentro de la gravedad de su
enfermedad, su corazón estaba henchido de felicidad.
Cómo había deseado estar así, rodeado de algarabía.
Tenía que aprovechar todo el tiempo que pudiera. Y lo haría. Hasta dejarlas
en sus puestos que tenía para ellas.
CAPÍTULO II
Rocío y Ethan…
Cuando cenaron el abuelo se acostó y ellas le dieron un beso. Adele le dijo
que pastillas debía tomar. Le entregó a Rocío una carpeta, con su médico y
la caja de medicamentos y una hoja de cómo tomarlas.
Se fue quedando dormido y Rosa y Carmen se fueron a sus cabañas.
-Tened cuidado chicas. Mañana día de dormir y descansar, cerrad bien las
puertas.
Y se dieron un abrazo. Ella cerró la casa grande y puso la alarma, quitó las
llaves como le había dicho Adele, tomó una botellita de agua y subió a la
planta alta.
Las maletas las subió en dos viajes. Al día siguiente miraría bien, pero los
cuatro dormitorios eran fabulosos. Echó un vistazo. Todos con baño. Y al
lado de la escalera el más grande con dos vestidores y dos baños. Ese era el
suyo. Una cómoda preciosa con dos filas de cajoncitos pequeños y tres
dobles.
Dos vestidores que eran maravillosos. Y dos mesitas de noche.
Un sillón de lectura con una lámpara, mesita y reposapiés. La cama al final
con un baúl antiguo precioso y un balcón con dos mecedoras y una mesa. Y
una lamparita en la pared desde donde se veía todo el rancho, incluso el de
arriba…
Dejó las maletas, se dio una ducha y sacó una camiseta de tirantes y unas
braguitas y se acostó.
No se acordó de más.
Cuando despertó eran las dos de la tarde. Casi la hora de irse Adele, pero el
abuelo le había pedido una semana con más horas, hasta que las nietas se
adaptaran.
Bajó y saludó al abuelo y a Adele y ésta le puso un buen desayuno, que para
ella era una comida.
-¡Qué buena, la comida!
-Gracias mi niña.
-¿Y mis hermanas abuelo?
-Han comido y están deshaciendo las maletas. Tienen una chica para las
dos, para las cabañas. Adele se queda con nosotras.
-Pero abuelo…
-Mientras comes, te deshago el equipaje y te plancho la ropa
-¡Ay, Adele!…
-Es mi trabajo.
-Hay una maleta con las cosas de mis padres.
-Las pondré en la habitación de tu padre. Si luego quieres cambiar algo…
-Pues nada, ahora cuando acabes de comer, vamos a ver el rancho todos con
Tom.
-Perfecto, abuelo.
Y mientras les recogían y planchaban todo, ellas fueron de tour por el
rancho. Mientras Tom les explicaba y presentaba a los vaqueros del
barracón. El cocinero, y los chicos que había.
-¿Cuántos caballos tienes abuelo?
-15.000 – dijo Tom contento.
-¡Por Dios abuelo!… ¿eso no son muchos?
- Son muchos.
- Esta es la casita del veterinario. Es una casita pequeña. Con todo. Ahora
tuya, Rosa.
-Quiero verla- dijo Rosa-
-Debes verla, ahí vas a trabajar tú de momento con el veterinario. Aunque,
viene una vez a la semana. Tú aprenderás de él en 3 meses y después te
haces cargo. Será suficiente.
-Será, abuelo.
-Debe serlo porque se va a Texas con su hijo.
-No te preocupes. Compraré libros y aprenderé de él todo cuanto necesite.
-Muy bien y te encargarás de lo que falte. Irás a por tus compras y le darás
la factura a Rocío que es la que se va a encargar de dirigir el rancho y el
papeleo. Ella va a llevar todo. Todos les rendirán cuentas. Tom se encarga
de las compras de todo y de lo que el rancho necesita y Rocío paga facturas
y hace la contabilidad y Administra.
-¿Y yo abuelo?- dijo Carmen- hice turismo.
-Tú tienes un buen despacho como todas, en tu cabaña. La única que tiene
dos es Rosa. Te encargarás de la parte turística, ya que tenemos una página
web que quiero que cambies y modernices. Tenemos rodeos los fines de
semana. Y niños aprendiendo a montar. Te encargarás de hacer las listas y
cobrarles a los padres y las rutas por el rancho. Ya te dirá Tom como va
todo.
-Me gusta.
-Si, hay senderos y debes aprender a montar a caballo, todas, tendréis
clases. Tom os asignará un chico para enseñaros y una yegua. Esa será tu
parte. Nos da unos buenos beneficios hacer eso. Puedes prepararlos durante
la semana. Solo son viernes, sábados, domingos y festivos, la gente llama y
se apunta. Y es solo por la mañana. Tendrás tu móvil aparte para eso. Lo
llevaba Mark y él te explicará cómo, pero tú lo haces a tu manera. Mark
quiere ser vaquero. ¿Qué, os gusta el trabajo?
-Sí. Nos encanta- dijo Rosa.
-Rocío, tendrás unos días a Ethan, nuestro vecino porque Tom va a vender
caballos y él te explicará en tres días todo.
-Vale.
-Pues solo me queda deciros que vuestro sueldo son 5000 dólares el último
día del mes. Todas iguales. Los gastos de las casas van a gastos del rancho.
Eso ya lo explicaré a Rocío.
-Mañana vais con Ethan a Montgomery y yo, al banco, os abrís una cuenta
y la del rancho y lo que tengo ahorrado lo pongo también a nombre de
Rocío. Si me pasa algo ella se hará cargo. Si hay ganancias, las repartís a
partes iguales a final de año.
-Vale abuelo.
-Es bueno que dejéis ahorros, ya os diré. También necesitáis un seguro de
salud y si queréis ropa vaquera y lo que queráis, os quedáis en el centro
comercial, Nathan me trae y luego va a por vosotras.
-Perfecto quiero ropa vaquera- dijo Rosa.
Cuando acostaron al abuelo Rocío las llamó al despacho. Juntaron el dinero
y lo repartieron.
-Mañana sacaremos tarjetas nuevas para las nóminas y veremos qué tiene el
abuelo de ahorro y para el rancho. Haremos lo que él ha dicho y las
ganancias a final de año me las dirá el vecino cómo se hace y las
repartimos. Así sabré yo qué tenemos más o menos cada año. ¿Vale?
-Vale- dijeron .
-Y la ropa y demás, ya eso será parte de cada una, porque necesitamos
algunas cosas. Las cabañas son preciosas, la verdad.- les dijo Rocío que
había ido a verlas- No tenéis salita, pero un buen salón y despacho. Y arriba
tres dormitorios.
-La casa grande es tuya.
-Sí eso quiere el abuelo. Ya están a nuestros nombres.
-Yo prefiero la cabaña y los coches son preciosos. Hasta tienen gasolina,
tengo ganas de estrenarlos- dijo Carmen.
-Yo también quiero la cabaña- tenemos una chica para que nos haga la
comida para las dos y las limpie- señaló Rosa.
-Yo comeré con el abuelo. La semana que viene empezaremos a trabajar y
nos veremos un rato por la noche.
A la mañana siguiente, todas habían desayunado con el abuelo y llevaban
todos sus documentos. Los del banco los llevaba Rocío y los del abuelo.
-Primero al banco. Mira ahí viene Ethan. Es el mayor de los Lee. Este fin de
semana os pueden llevar a ver la ciudad y la veis. No todo va a ser trabajo.
-Abuelo…
-¿Qué pasa? No tienen novias y son vecinos.
Conforme se iba a acercando el coche, Rocío se iba poniendo nerviosa. Y
cuando ese chico se bajó, su corazón galopaba a mil por hora. Fue un
flechazo en toda regla. No creía que eso le pasara nunca. Miro a sus
hermanas, pero a ellas parecía no hacerle efecto. Mejor. No quería
problemas con sus hermanas si les gustaba un hombre.
Y ese era un hombre de 30 años, que le llevaba 5 a ella. Era alto 1,85, ojos
verdes preciosos y largas pestañas, el pelo lo llevaba corto, entre castaño y
pelirrojo y una barba que ella quiso acariciar en esos momentos. Mientras
ella medía 1, 60, tenía los ojos marrones claros como todas sus hermanas,
heredados de su madre y el cabello castaño y por media espalda, algo
ondulado. Era guapa. Como todas.
Ethan la miró primero a ella y la recorrió de arriba abajo y ella sintió el
calor de esa mirada.
Ethan, se fue a saludar al abuelo.
-¡Buenos días, Julián! ¿qué tal está hoy? ¿Contento no?
-Muy contento hijo, ya las tengo aquí. Te las presento.
-Ethan es el mayor de los Lee nuestros vecinos, mi nieta mayor Rocío, con
la que tendrás que trabajar un poco y enseñarle -y él le sonrió- Carmen la
mediana que va a llevar la parte turística y Rosa, la pequeña que es
veterinaria.
-Mi hermano menor es veterinario, te puede echar una mano cuando se vaya
este. Si lo necesitas.
-Gracias, dijo Rosa.
-¿Y tu otro hermano?- dijo Carmen, ¿también lleva parte turística?
-No, nosotros no llevamos sino los caballos. No tenemos visitas en el
rancho. Es más pequeño y tendríamos que acondicionar o comprar más
tierras. Es el capataz. Bueno ¿listas?
-Sí hijo ¿vamos en tu coche?
-Claro, ya está aquí, si vamos a pasar por el banco primero, yo también
tengo que hacer unas gestiones.
-Pues eso, el banco, el seguro de salud, me traes, ellas que se queden en el
centro comercial. Si acaso que luego venga un chico del rancho. Tom no
puede.
-Podemos venir. Queremos comprarnos ropa y algunas cosas mis hermanos
y yo.
-¡Ah estupendo! que te deje Rocío su móvil y así estáis en contacto y eso
hicieron.
Y en el banco al llegar hicieron cada una su tarjeta y su cuenta y Rocío
aparte se puso con su abuelo en las cuentas del rancho.
Ethan ya había acabado, se hicieron todas un seguro de salud y Ethan las
dejó en el centro comercial y se llevó al abuelo al rancho.
-¡Qué enorme es esto!- dijo Carmen.
-Sí, es bastante grande.
-Dejo a tu abuelo en casa y venimos mis hermanos y yo y podemos tomar
algo.
Y así quedaron.
Las chicas preguntaron cómo serían los hermanos.
-Si son tan guapos como Ethan… pero Ethan es para Rocío, mira le gusta-
decía riendo Rosa.
-Ya basta tontorronas.
-Que sí, te ha mirado que no veas. -Y empezaron a reírse.
-Anda ¿dónde vamos primero?
-¿Maquillaje, aseo y perfume?- dijo Carmen.
-Venga, sí – Dijo Rocío.
-Luego ropa.
-Si no vienen antes los chicos.
-Comemos y ropa y zapatos y ropa vaquera.
-Necesito algunas batas, -decía Rosa.
-Ethan seguro sabe dónde hay o su hermano Paul que es veterinario.
-Bueno a ver vamos.
Y llenaron un carro con bolsas de cosas de aseo y perfume, cada una el
suyo. Luego fueron a una tienda de ropa interior preciosa y se compraron de
todo, para vestir y más normalita. Pijamas también para el invierno.
Y cuando salían de la tienda Rocío recibió la llamada de Ethan.
-Sí, a ver, estamos en…- y le dio una señalización.
-Esperad ahí, ya vamos.
Cuando Carmen y rosa vieron a los chicos Lee se quedaron con la boca
abierta, parecían un desfile de modelos vaqueros, Carmen puso enseguida
sus ojos en ese vaquero igual de alto que Ethan, Noah, con el pelo negro
como el carbón y su barba igual, y Rosa en Paul que era moreno, pero no
tanto como Noah y menos barbita.
-¡Madre mía!- dijo Rosa.
Y Rocío le dijo que se callara. Ethan los presentó a todos e intercambiaron
todos los teléfonos por si se perdían. El centro era grande.
Ethan propuso ir a comer algo.
-Hamburguesas -dijo rosa y Paul se rio- quiero probar las americanas.
Y de dirigieron a una de las hamburgueserías del centro más cercana.
Rocío hablaba con Ethan, quedaron al día siguiente para ver el trabajo del
rancho, Paul se ofreció a Rosa para enseñarle la enfermería y algunos libros
que podía comprar, las batas, y Carmen y Noah verían la parte turística, que
Noah podía explicarle algo ya que había estudiado Dirección de empresas y
sabía qué hacían en el rancho. Así iban a pasar el día en el rancho al día
siguiente. Porque tenía trabajo, excepto Ethan que estaría tres días, más o
menos según Rocío adelantara trabajo y se pusiera al día.
Lo pasaron muy bien, compraron de todo. Esto no nos cabe en un coche
Ethan le dijo Rocío.
-Hemos traído cada uno el nuestro por esa razón.
-¡Ah, vale!, entonces sí. Gracias.
-Pero vamos a tomar un café y tarta antes de irnos.
Fue una tarde de risas.
-¿Qué edad tienes? – le preguntó Ethan.
-25 y mi abuelo dice que tú tienes 30
-Sí, Estudié Dirección de empresas y Derecho, como Noah que tiene 28 y
26 Paul que es el veterinario. ¿Y vosotras?
-Yo hice lo que tú, Carmen, turismo, lo que le viene bien para lo que va a
hacer. Tiene 24. Y rosa 23 es la veterinaria.
-¡Vaya! os lleváis un año. Nosotros dos.
-Sí mi madre quiso un niño y ya se pararon. Pero murió joven, y yo, aunque
me llevo un año con Carmen, me hice cargo de la casa.
-¿Vivíais fuera de la base?
-No, vivimos siempre en la base, mi madre era enfermera allí y teníamos
casa. Y de todo. La playa cerca… ¿Estudiasteis en la capital?
-Sí en Montgomery. Así veníamos los fines de semana.
-Nosotros íbamos a Cádiz más o menos de tiempo que vosotros, y
alquilamos un piso durante la carrera. Pero cuando mi padre murió, nos
vinimos con el abuelo.
-Ya sabes que …
-Sí, lo sé. Y no quiero porque ya no tenemos a nadie.
-Lo siento. Mañana podéis venir a cenar a casa y conocer a nuestros padres.
-Bien, se lo diré al abuelo. Si lo dejamos dormido, vamos.
-Vale. ¿Nos vamos?
-Venga, chicos nos vamos.
Y Ethan dijo:
-Rocío vente conmigo y vamos hablando de mañana. Tú Paul lleva a Rosa y
sus cosas y las tuyas, y Noah que vaya con Carmen. Y no podían ir más
contentas. Era lo que querían.
Iban de camino al rancho…
-Tengo que acostumbrarme a estos coches sin marchas, aún no he cogido el
mío y a montar.- le dijo Rocío .
-¿No sabes montar?
-No.
-Puedo enseñarte por las tardes al acabar el trabajo.
-Me parece bien, aunque creo ser algo torpe, el abuelo nos tiene asignados
los caballos.
-Vendremos los tres y os enseñaremos. Tu abuelo tiene el mejor rancho de
todo Alabama.
-¿En serio?
-Sí, es enorme. Tiene hasta un par de cabañas. No lo recorres en un día a
caballo.
-¡Madre mía! Quiero ir a verlas.
-Iremos algún fin de semana.
-Mi abuelo te tiene en mucha estima.
-Le ayudo en lo que puedo.
-Gracias, te lo agradezco.
-Tom no puede con todo.
-Le echaré una mano.
-Un rancho es un trabajo duro, Rocío.
-Lo sé, aunque nuestros trabajos, excepto el de Rosa es el más duro.
-Sí, pero si lo sabe llevar, los chicos ayudan. Tienes 25 personas, contando a
Tom, Adele, la chica nueva, el cocinero y los vaqueros.
-¿Y vosotros cuántos tenéis?
-Unos 11.000, pero mi padre es joven. Tenemos 20 personas en total. Yo
llevo las cuentas y Noah es el capataz como te he dicho, le gusta el campo y
me trae las facturas y manda a comprar a uno de los chicos, o va él y Paul la
veterinaria es suya. Nadie mete mano ahí. Es muy suyo.
Y ella se reía.
-Tienes una risa bonita.
-Gracias.
-¿Vais a salir los fines de semana?
-Con el abuelo así no sé, a lo mejor un día. Si ellas quieren salir más… yo
uno solo o nos turnamos cada sábado, ya veremos. Tengo que pensarlo.
-Podemos ir este fin de semana y os enseñamos la ciudad.
-Me parece bien, el lunes ya nos ponemos serios. Bueno si me toca.
-Bueno mujer. Serios en el trabajo.
-A eso me refiero.
-Al menos ya sabéis dónde está el centro comercial.
-Sí- se reía Rocío.
-Me gusta tu nombre.
-El tuyo es bonito, sale en las películas americanas.- y él se reía.
-Se ven muchas en España, no te rías.
-Me hace gracia.
-Venimos mañana martes a montar un poco.
-Si podéis Ethan
-Podemos y luego vamos a cenar.
-Muy bien.
-¿Os parece a las 4?
-Me parece bien. Tendremos que acostumbrarnos a los horarios de aquí.
-Eso es fácil. Ya llegamos.
-Muchas gracias, Ethan .
-¿Dónde vives tú?
-En la casa grande. Es mía. Carmen a la derecha y Rosa en la cabaña de la
izquierda.
Y les dejaron las compras en la puerta.
-Hasta mañana a las cuatro.
-Gracias de nuevo
-De nada mujer.
Y tal como llegaron, se fueron.
-Me gustaaaa- dijo Carmen.
-Y a mí- dijo Rosa con la mirada en los coches que se iban.
-Venga a colocar y cenamos. En la casa grande. Tenemos que hablar.
Traeros la comida.
CAPÍTULO III
Se habían llevado la cena que la chica les dejó, a la casa grande y con la de
Adele, juntaron la comida en el comedor con el abuelo, contándole lo que
se habían comprado. Y el abuelo se reía y a veces se quedaba mirando al
vacío y reaccionaba. Eran así sus vaivenes.
A ver, mañana a las cuatro viene los chicos Lee a enseñarnos a montar. Por
la mañana quiero que tú Rosa, vayas a la veterinaria y dejes tus batas y
cosas que has comprado allí. Ya hemos colocado las compras, ¿o falta algo?
-Ya las hemos colocado- dijo Carmen.
-Vale, pues por la mañana vamos con el abuelo a ver nuestras yeguas. Y
luego lo traemos y tú a la veterinaria y tú Carmen te vas con Norman que te
va a esperar en el barracón para explicarte qué se suele hacer y ves tu
trabajo. Te va a dar un pendrive con todas las animaciones, precios y la
página a web que hay. Ya podéis empezar a trabajar en ello el miércoles. Yo
voy a recorrer el rancho entero.
-¿Y por qué no vamos todas?- dijo Carmen.
-¡Está bien! iremos todas y el jueves empezáis a echar un vistazo. El lunes
trabajamos ya empieza septiembre, y empezamos nosotras.
-Bien.
-Mañana noche vamos a cenar a casa de los Lee. Estamos invitadas, cuando
se vayan, nos arreglamos y vamos.
-¿En serio nos han invitado?- dijo Rosa.
-Sí, quiero ir el viernes a ver su rancho y Ethan me enseñará también su
despacho mientras vosotras veis lo vuestro.
-¿Y salir?- añadió Rosa.
-Si queremos salir, podemos hacerlo los fines de semana. Desde el viernes
por la noche. -Pero una se quedará en casa, viernes o sábado, como
queramos, o rotamos o fin de semana entero. Vosotras elegís.
-Rotamos. Así podemos salir los fines de semana, aunque sea un día y una
dos.
-Perfecto. Haré un cuadrante y os lo paso. Venga cenemos, que mañana
tenemos visita turística.
-Os va a encantar, -salió del trance Julián como si hubiese oído todo.
-¿Quieres venir abuelo?
-Me canso, lo tengo visto. Me quedo en mi porche.
-¡Está bien! Pero hazle caso a Adele, vendremos al mediodía. Nos vamos
tempano. Norman viene a las seis.
-¿A las seis?
-Es de día ya, así que desayunad bien, y preparad algo para media mañana.
Norman ya lleva lo suyo, lo voy a llamar ahora. -Y lo llamó.
-Perfecto. A comer y dormir.
Al día siguiente estaban todas en el porche a las seis y apareció con la
camioneta Norman, un chico alto y fuerte.
-¡Hola Norman! Soy Rocío y mis hermanas Carmen y Rosa.
-Encantadas señoritas. ¿Listas?
-Estamos listas.
-Van a ser unas horas.
-Allá vamos.
Y recorrieron todo el rancho. Norman les explicaba cada llanura, cada valle,
cada arroyo, tenía dos. Y pasaron por las dos cabañas una en el norte y otra
en el este.
Dónde iban los caballos, hasta dónde llegaban las vallas, hasta dónde
llegaba el rancho Lee. Lo cierto es que era una preciosidad los caballos
libres y salvajes, los vaqueros. Las cabañas pequeñas de una sola sala y un
baño con una pequeña cocinita. Equipada. Y un salón sin cama, solo un sofá
grande, y una mesa con cuatro sillas.
Era un valle precioso. Pararon en unas de las cabañas al lado de uno de los
arroyos a comer. La vista era maravillosa y Rocío sintió que había llegado a
su casa. Nunca habían tenido, pero aquello era libertad con la ciudad a los
lejos. Lo tenía todo. Familia, vecinos cercanos, Ethan que le encantaba, su
abuelo, un gran rancho por dirigir, más que cualquier empresa que hubiese
soñado jamás y diversión en la ciudad si querían. Además, recordó a su
padre que le decía que la familia junta siempre y las chicas estaban
encantadas, como ella por los Lee.
Cuando terminaron la ruta, era casi de noche y el abuelo dormía ya.
-Vamos a vestirnos para ir a cenar. O se nos hace tarde.
Y así se fueron a casa de los Lee. Y a los chicos se les abrieron los ojos.
Estaban encantados con sus vecinas españolas. Ethan estaba más
preocupado porque le pasaba lo mismo. Y tenían trabajo. No querría
distracciones, pero le encantaba Rocío.
Los padres de los chicos eran encantadores. Lex y Eve, eran unas personas
trabajadoras y de buen trato. Ya tenían la mesa puesta. Los tres chicos se
sentaron frente a las tres chicas y ellos enfrente en la mesa. Toda la cena
concurrió de manera educada y divertida. La madre era preguntona y quiso
saber la vida de las chicas y se apenaba de su futuro. No del laboral porque
estaban muy bien situadas gracias a su abuelo, sino que no tenían familia
cuando falleciera Julián, su vecino y abuelo de las chicas. Pero eran fuertes,
graciosas y les encantaron.
Y cuando se fueron, las despidieron con un abrazo y ellos con dos besos.
-¡Qué bonita velada!- dijo Eve. Y llamó a Ethan a la cocina. ¿Tienes algo
que decirme, hijo?
-De qué.
-De Rocío.
-Pues que la voy a ayudar en la gestión del rancho el lunes y saldremos con
ellas el fin de semana, un día al menos.
-He visto cómo la miras.
-¿Cómo la miro?
-Embobado y nunca te he visto mirar así a una chica.
-Porque nunca me has visto mamá. No hemos traído a ninguna.
-Eso es cierto, pero te conozco, no olvides quien te trajo al mundo.
-Suéltalo ya, ¿qué quieres?
-Es maravillosa y me gusta como todas sus hermanas. Son buenas chicas.
-Lo sé, lo son.
-Pues si te gusta bien, pero no juegues.
-Nunca he jugado con ninguna chica, mamá.
-Ya, conozco a mi hijo. Es guapo y tiene miles de llamadas a la semana de
chicas que quieren venir al rancho.
-Pero no ha venido ninguna, nunca he traído a nadie y he salido con…
-¿Bastantes?
-Tampoco tantas. Tengo 30 años, mamá.
-Saliste con Lara un año y ni la vimos.
-La relación más larga que he tenido y hace tres años y se va a casar.
-Mejor para ti. Bueno tú sabes qué quiero decir. Nunca te comprometes y si
te gusta no Rocío con ella es para comprometerse, ¿entiendes?
-A veces te pones insoportable.
-Pero sé que te gusta.
-Me gusta sí, pero ¿no crees que debo conocerla?
-Conócela, pero sin daños.
-¡Ay, mamá!, te quiero, pero a veces eres dura con tus hijos.
-Con los demás igual que contigo. Ni tu padre ni yo queremos que nuestros
hijos sean unos picaflores.
-No lo somos. Nos gustan las chicas, y la vida es la que es.
-Bueno, yo ya te he advertido y a tus hermanos también se lo diré.
-¿Y eso?
-Noah con Carmen y Paul con Rosa.
-¿Crees que se gustan?
-Sí, lo creo.
-Ya tienes trabajo.
-Anda vete…
-Te quiero mamá. -Y la cogía y la besaba y abrazaba Eve era pequeña y su
padre como ellos, pero no había nadie en el mundo que quisieran más que a
su madre. Para ellos era perfecta. Amaba a su padre y a veces parecían aún
adolescentes. Y en el fondo eso les gustaba a los chicos.
Y él tendría una mujer como su madre algún día. Aunque ya iba
cumpliendo años.
Rocío bajaba con sus hermanas en el coche de ella. Era de noche.
-¿Qué tal?
-Me encanta la madre, Eve- decía Rosa.
-A mí, también -decía carmen.
-Al menos tendremos unos buenos vecinos.
-Y guapos.
-Vamos…
-No dirás que tú no te has fijado en Ethan…
-Bueno sí, pero hay que ir con cuidado. No sabemos cómo son.
-Guapos, están buenos y son trabajadores, educados, Ummm… ¡Qué más se
puede pedir!- decía Rosa. Y al menos a cada una nos gusta uno.
-Qué niñas -decía Rocío riéndose.
Al día siguiente cada una miró sus trabajos y al medio día fueron a comer
con el abuelo.
-¿Qué?, ¿qué me contáis?
-Estamos animadas y felices. Tienes el mejor rancho de Alabama. Eso dice
Tom y es verdad, es precioso y las vistas.... -Y lo abrazaban.
Se sentaron con él en el porche y le contaban todo, la cena con los Lee y
que a las cuatro venían los chicos a enseñarles a montar un par de días.
-Eso está bien. Los muchachos tienen trabajo y Tom no viene de vender
hasta el domingo.
-Hemos hecho un cuadrante abuelo para salir. Solo saldremos los sábados y
viernes. Pensamos mejor al principio que cada una se quedara un día, pero
es un rollo, mejor cada una un fin de semana.
-No necesito a nadie por las noches.
-No te vamos a dejar solo. Este fin de semana me quedo yo- dijo Rocío.
Quizá el domingo salga a tomar café o a comer. Y eso haremos. El resto,
cada una un fin de semana.
-Como queráis, pero no es necesario.
Cenaron y se acostaron, menos Rocío y el abuelo que no tenía sueño.
-¿No sentamos un rato en el porche abuelo?
-Sí, pero coge una mantita, va haciendo fresco. -Y ella cogió una mantita y
se la echó por encima y a ella otra y se balanceaba. Le encantaba esa paz
nocturna que se respiraba en el porche con las flores.
-¿Qué piensas nieta?
-Creo abuelo, que he hecho bien en convencer a mis hermanas de venir. Te
quiero. Te hemos conocido y esto es hermoso. Me encanta.
Y el abuelo se emocionaba.
-Vi las vistas desde arriba, de las cabañas, los caballos son estupendos y
espero aprender pronto a montar.
-Ya verás que sí... Tu padre siempre me hablaba más de ti. Te llevas un año
con tus hermanas y eras la madre. Eres buena hija. Y cuando me vaya
necesitarás un buen hombre.
-Abuelo tengo 25 años, soy muy joven aún.
-Tu abuela y yo nos casamos con 23. Y ella 20.
-Eran otros tiempos.
-Me gusta Ethan para ti. He visto cómo te mira. Aunque has de tener
cuidado.
-¿Por qué?
-Es muy guapo y tiene experiencia , tiene 30 años.
-Lo sé.
-Ya su madre que la conozco se habrá encargado de leerle la cartilla.
Y Rocío de reía.
-¡Qué cosas tienes abuelo!
-¿Te gusta?
-Sí, me gusta, a ti no te mentiría.
-Es un buen chico. Ojalá estuviese aquí para ver vuestras bodas, pero me
prometerás que os casaréis con buenos hombres. Y no dejéis que ellos
lleven ni el dinero ni las riendas del rancho.
-Te lo prometo.
-Tom aun es joven y estará con vosotros y Adele.
-Pero no quiero que esto se pierda.
-No se perderá, lo haremos bien, al menos como tú lo tienes.
-Será mejor, ya verás.
-Lo intentaremos. ¡Qué bien se está aquí!- y le cogió la mano al abuelo y
este se emocionó.
-¡Qué pena que no pueda disfrutar más de vosotras!
-Vamos abuelo, te queda muchos tiempo, quizá años.
-No hija, menos de un año.
-¿Cómo lo sabes?
-Lo sé y el médico también. Bueno que digan lo que quieran, tú vas a reunir
fuerza para vivir más con nosotras.
-¡Ojalá! Si me duermo, me dejas media horita y luego me despiertas.
-Lo haré.
-Voy a cerrar los ojos.
-Y yo a por un libro.
-¿De cosas del rancho?
-No de lectura. Me gusta leer por la noche alguna novela.
-Vale.
Y cuando salió de nuevo al porche, el abuelo estaba dormido, lo tapó bien y
ella se puso a leer. Sus hermanas tenían la luz encendida peor estaban
dentro de sus cabañas y ella se echó de nuevo en el balancín y empezó a
leer su libro.
Desde la ventana del rancho de los Lee, Ethan observaba todo con sus lente.
Era preciosa. amable con el abuelo y le gustaba leer como a él por las
noches en el porche. Pero ahora lo haría desde su balcón para verla. Se
recogía el cabello y era igual de bella. Le encantaba, su sonrisa, sus
modales, su forma de andar y moverse. Sus pechos generosos y esas caderas
en las que podía perder la cabeza y el sexo. Y se sintió duro por primera vez
solo con pensarlo. Y ya era mayorcito. ¡Joder!…
Los dos días siguientes iban a las cuatro y a él le encantaba cogerla a pulso
y subirla a la yegua. El primer día le dio un paseo por el rodeo y le decía
como colocarse, relajarse, y llevar las riendas para mandar en el animal.
Y el viernes hizo lo mismo.
-¿Vas a salir?
-Me toca quedarme el viernes y sábado. Creo que mis hermanas saldrán con
tus hermanos. Yo quizá vaya el domingo, pero por la mañana y a comer y
tomar café. Para no dejar solo al abuelo.
-Voy contigo
-¿No sales?
-No me apetece, prefiero quedarme contigo y montar, ¿quieres montar
conmigo el sábado sola por el rancho?
-¿Sola?
-¿Conmigo a mi lado?
-¡Está bien!
Y lo pasaron genial, cuando montó con él, se sujetó a su cintura
-No me aprietes tan fuerte mujer.
-¡Ay!, es que me da miedo todavía.
-Relájate, vamos a la cabaña, llevamos comida.
-No sé si ha sido una buen idea.
-Es una buena idea mujer, las chicas están con tu abuelo y vendremos antes
de que salgan. Ya se lo pasaron bien anoche.
-Gracias Ethan.
-Venga disfruta.
-Lo intentaré.
Y se fue relajando, pero sintiendo el calor del cuerpo y el olor de la colonia
fresca que llevaba. Ella suponía que al igual que ella tendría un perfume
para salir, Ethan sentía las manos suaves y pequeñas delicadas en su pecho
duro.
Y así estaba él. La tiraría al suelo y allí le haría el amor como un loco,
poseyéndola hasta lo más profundo. No sabía qué tenía esa pequeña que lo
volvía loco. La tenía en el pensamiento día y noche y eso no le había pasado
ni con Lara. Con Lara era un tema sexual, de salir, normal, pero Rocío,
Rocío era… bajo esa capa de mujer niña quería averiguar si era sexual y
caliente como él.
Y cuando llegaron a la cabaña. Se bajó y la sujetó con sus manos para
bajarla rozando su cuerpo. Ella estaba colorada como un tomate porque
sintió la dureza en su cuerpo del sexo de Ethan.
Y este no la soltó, sino que le puso las manos en su cuello y la abrazó y
arrimó su boca a la de ella. Le dio un mordisquito en los labios y ella gimió
e hizo lo mismo.
-Rocío…
-Qué.
-¡Joder nena! te deseo. Y la besó primero despacio y lamiendo sus labios y
luego introdujo su lengua y la entrelazó con la de ella . rocío le tocaba el
pelo y él la cogió a horcajadas y abrió la cabaña y la metió dentro.
Mientras se besaban tocó sus pechos y le abrió la blusa, bajó el sujetador y
miro sus pezones preciosos y los mordió y ella echó su pelo hacía atrás
gimiendo. Y él mordía sus dos pezones a la vez y Rocío fue quitándole la
camisa y besando su pecho duro, cuando pasó el tiempo estaban desnudos
besándose por todo el cuerpo, calientes excitados locos.
-¡Joder Rocío!, ¡cómo me pones!
-Como tú, -decía ella temblando.
Y la echó en el sofá, puso una ,anta entre sus cuerpos y bajó a su sexo, lo
lamió y quiso comérsela hasta que ella estalló de placer. Subió a sus
pezones y se tumbó sobre su cuerpo y ella lo acogió entre sus piernas.
-No voy a aguantar Rocío. Cogió un preservativo de su pantalón y su sexo
duro y grande entro en ella despacio hasta el final. Estás estrecha nena y me
matas. Y me gusta que me mates.
Sus sexos se rozaban. Estaban hechos el uno para el otro y cuando Ethan
dijo ya no te aguanto, ella tampoco y tuvo su segundo orgasmo uniendo sus
calores ardientes como lavas de volcán.
Y eso fue demasiado para Ethan.
La beso y acarició y se quitó el preservativo en el pequeño baño.
-Hay que tirarlo y enterrarlo.
Y a ella le hizo gracia.
-¿Te hace gracia?
-.Sí
-Ahora verás. -Y se fue al sofá y se tumbía su lado, se tapó y se la puso
encima. Mordió sus pechos.
-Me encantan tus pezones y esas tetas que te gastas.
-A mí tu pene grande. Es rosado y es bonito y te depilas coqueto.
-Soy de Alabama, vaquero, pero sí, me gusta gustar.
-¿Mucho?
-Mucho.
Y ella se quedó en silencio.
-No pienses cabecita. No soy de los que … bueno han sido hasta hace unos
meses.
-Pero no como crees.
-¿Cómo creo que eres?
-Ha sido como todo el mundo necesitaba sexo e iba. Tenía suerte. Tengo
una edad Rocío.
-Como para no. ¿No has tenido una relación larga o seria?
-Nunca. Larga sí, seria no.
-¿Cuánto de larga?
-Un año. Se llamaba Lara y va a casarse. Supongo que se hartó de mí.
Nunca me he enamorado Rocío, ni he sentido sexualmente esto, salvo
contigo.
-Me lo dices para que…
-Te lo digo en serio. Me encantas en todos los sentidos y cuando lo hemos
hecho ha sido… me engancharé a ti.
-No sé si creerte.
-Y tú ¿has tenido en España qué?
-Un novio de instituto, fuel el primer amor y con quien lo hice dos meses.
Me dejó por mi mejor amiga.
-Será cabr…
-Era tonto. Pero fue el primero y lo pasé mal.
-Y luego un compañero de trabajo, pero fue algo esporádico de una semana,
no terminaba de gustarme, y no estaba preparada. Estaba más pendiente de
mis hermanas que de eso.
-¿Y conmigo?
-Ha sido simplemente perfecto.
Y él se reía.
-Vanidoso…
-Hombre, me gusta serlo y se puso otro preservativo y la hizo entrar en él
sujetando su trasero y fueron más despacio gimiendo y abrazándose.
-¡Ah dios Ethan!, ¡ay, dios!
-¿Qué pasa mi niña?- le decía en un susurró mientras la poseía.
-Voy a tenerlo.
-Aguanta un poco.
-No puedo, ¡ah, madre mía!
-¡Joder nena!, deja de hablar y de gemir o lo tengo.
-Sí, tenlo, ¡ah por dios!- y se corrieron juntos, gimiendo y el la besó en ese
momento para apagar sus gemidos.
-Fue explosivo.
-Me falta al respiración- dijo ella.
-A mí, me falta hacerlo a diario.
Y ella reía.
Se quedaron adormilados un rato, comieron después y cuando decidieron
irse, ella se levantó y él la cogió contra el sofá desde atrás.
-¡Estás loco!, hombre…
-Sí, tu cuerpecillo me vuelve loco -y se volvió loco y tuvieron otro. Que la
dejó temblando. La abrazó.
-Ya me paro nena, hasta la noche.
-¿Hasta la noche?
-Luego después de la cena me voy a la casa grande hasta que vengan tus
hermanas y nos quedamos en el porche un ratito, me invitas a café. Ya que
no salgo por ti.
-¿Por mí no sales?
-¿Tú qué crees? Iremos el domingo a comer y tomar café.
-¿Me vas a llevar a algún sitio bonito?
-Por supuesto, mi niña. Anda vístete y bajamos.
Y ella bajó abrazándolo y apoyada en su espalda encima del caballo. De vez
en cuando lo tocaba y le pegaba las tetas.
-Eres mala, mujer- pero le encantaba.
-¿Tú crees?
-Me gusta. Provocadora…
-Eres tú el que me provocas.
-Ya , yo soy.
Y le daba besitos en el cuello.
-Para ya Rocío mujer. Esta noche.
-Ummm- y lo abrazaba.
Y así llegaron, dejaron el caballo y cogieron el coche, la dejó en la casa
grande.
-Luego vengo.
-Vale.
-Me gustas enana.
-¿Qué me has llamado?
Y él arrancó riéndose y se fue
-¡Maldito bandido!
Y entró riendo a la casa. Más satisfecha que en toda su vida. Estaba
enamorada de ese hombre desde que lo vio. Pero tenía que esperar y
conocerlo más a fondo. Pero el sexo era … vida con él.
Lo mejor que había compartido con un hombre. Incluso era divertido. Para
ella era perfecto del todo.
Pero ella ya sabía que los hombres preferían algo esporádico y ella no iba a
estar dispuesta a ello. Dejaría a ver qué hacía Ethan y mientras disfrutaría
de su cuerpo. Si ya no salía y se quedaba con ella , era una buena señal.
Debería de dejar de pensar tanto y dejar fluir las cosas.
CAPÍTULO IV
Sus hermanas habían salido la noche anterior con los chicos y tomaron café
juntas en el porche de la casa grande cuando el abuelo estba echando la
siesta.
Rocío les preguntó qué tal lo habían pasado porque cuando ella se fue con
Ethan a la cabaña aún estaban dormidas.
Y le contaron que estuvieron cenando y luego fueron a un local a bailar
precioso y a tomar unas copas.
-No mucho alcohol ¿eh?
-Solo una, el resto sin alcohol- le dijo Carmen.
-Está bien! ¿Dónde vais esta noche?
-Más o menos lo mismo, pero a otros lugares. Quizá salgamos por separado.
-¿Cómo por separado?
-Sí yo con Paul y Carmen con Noah.
-Cuidado.
-Que sí mamá- le decían a Rocío.
Y se fueron a echar una siesta para estar listas para la noche.
Cuando ella cenó con el abuelo y le dio las pastillas, se sentaron un rato en
el porche.
Y cuando ya entró a acostarlo es cuando bajó Ethan que había estado
observando con sus prismáticos. No quería molestar ese momento con su
abuelo.
Se quedó en el porche otro rato, esperan por si venía Ethan y éste apareció
con el coche y lo aparcó lo más silenciosos que pudo.
La miró, subió los escalones y la besó en los labios.
-¿Qué tal nena?- le dijo sentándose en la otra mecedora.
-¿Tienes frío?
-Un poco.
-¿Quieres que entremos dentro?
-Más nos vale, ¿quieres café?
-No me vendría mal.
-Anda, entremos. Y fueron directos a la cocina.
-¿Cómo lo quieres?
-Contigo- le dijo abrazándola por detrás.
-¡Estate quieto loco!
-Ummm- ¡qué bien hueles!- y metía la mano bajo el vestido que llevaba de
algodón para estar en casa y con la otra mano le desabrochaba los botones
que tenía el vestido por delante hasta la cintura. Y tocaba sus pezones y sus
pechos.
-No llevas sujetador provocativa. Y la otra mano tocaba su sexo, apartando
el tanga.
-¡Joder Rocío!, mira cómo me pones. ¡Ah, Dios Ethan!, para…
-¿Quieres que pare?
-No, digo sí, no ahggg, Dios…
Y ella se mojaba como un pez en el agua.
Y se bajó los vaqueros liberando su sexo y aprisionándola contra la
encimera, se puso un preservativo y volvió a tocarle y pellizcarle los
pezones. Con una mano introdujo su pene desde atrás inclinándola un poco
y con la otra seguía moviendo su clítoris.
Y solo se oía a ella despacito: ¡oh dios! ¡oh dios, Ethan!
Y Ethan gemía y se movía hacía la costa, como la marea, besaba su cuello y
gemía tras ella. Hasta que estallaron bajo una ola de espuma blanca.
Él se quedó encima de ella un momento.
Y luego fue al baño mientras ella se recomponía.
Este hombre me va a matar.- decía satisfecha.
Cuando vino ella estaba sirviéndole el café.
-¿Con leche?- le preguntó.
-No, sin nada.
-Azúcar.
-Una. Y la abrazó y mordió los pezones por encima del vestido.
-Ethan para - decía ella riéndose.
-Me lo tomo aquí, ¿tú no quieres?
-No es muy tarde y no me dormiría.
Y él la abrazaba con una mano y con la otra se bebía el café.
-¡Qué pequeña eres nena!
-Me dijiste enana cuando me fui.
-No lo recuerdo, la miró de rojo sonriendo.
-¿Me lo dijiste?
-Que no lo recuerdo nena.
Y la nena lo tocó por encima del pantalón cuando puso encima de la
encimera la taza vacía.
-¡Joder Rocío! No me des esos sustos.
-No es un susto, es tocarte.
Y le abrió los pantalones.
-¿Qué haces loca?
-A mí me gusta también tocar.
Y lo cocaba besándolo y fue bajando y se puso de rodillas
-¡Ah dios, Rocío!, eso…
-Eso te va a gustar, no soy experta, pero creo que te va a gustar. Y bajó más
sus pantalones para dejar todo su sexo libre y alerta y empezaba a ponerse
duro solo con pensarlo.
Roció empezó a moverlo y a lamer y chupar el principio de su pene, bajar
por sus paredes igual, chupando y mordisqueando y lamiendo. Rodeándolo
entero sin dejar de moverlo y el la cogió del pelo, y se movía, quería entrar
en su boca y ella se demoraba haciéndolo sufrir un poquito. Volvió a subir y
entonces fue cuando lo metió en su boca, y el gimió y tembló y ella lo
chupó, lamió y movió y lo miraba.
Tenía cerrados los ojos esos tan bonitos que tenía sintiendo todo. Su cuerpo
le pedía más y echaba la cabeza atrás y él mismo se movía entrando y
saliendo y ella llevaba el control hasta que supo que su sexo cálido iba a
explotar en esos movimientos de todo su cuerpo.
-Nena, voy a correrme Roció, ¡aggg Dios Rocío!- y explotó si poder
evitarlo, sin controlarlo.
-¡Dios Rocío!, me tiemblan las piernas.
-¿A un vaquero?, -dijo ella, terminándose de limpiar y limpiándolo.
Él se subió los pantalones y la cogió como un muñeco de trapo y se
tumbaron de lado en el sofá.
-¿Te vas a dormir en mi sofá?
-Ummm… No, solo cerrar los ojos. Me has dejado muerto. Si me haces eso
mucho seré tuyo toda la vida.
Y ella se reía.
-Tú no eres de esos.
-No sabes cómo soy. Ni yo tampoco me reconozco contigo.
La tenía abrazada y la besaba y le puso su cabeza en su pecho.
-Nena- le dijo.
-Qué…
-No quiero que le hagas esto a otro hombre.
-¿Por qué?, no tenemos nada. Si salgo algún sábado y tengo ganas de sexo...
Me has abierto el apetito, -ronroneaba ella bromeando.
-Te digo que no.
-¡Ay que hombre éste!
-Eres mía.
-¿Posesivo?
-Sí, no quiero que nadie te toque como yo.
-¿Y tú?
-Soy tuyo también. Y saldré contigo cuando te toque salir. Y cuando no, me
vengo contigo.
-Estás un poco loco ¿lo sabías?
-Sí, me has vuelto loco en dos días. Todo un récord para mí.
-¿Es solo sexo? – preguntó ella seria.
-No es solo sexo rocío. Déjame que lo averigüe, pero sal conmigo.
-¿Me pides salir contigo?
-Sí, eso te estoy pidiendo.
-Como una pareja.
-La gente sale y tiene sexo como pareja. No necesito amigas.
-¿Tienes muchas?
-No, no tengo, pero no quiero tampoco. No es eso lo que quiero a mi edad.
Aunque mi madre dice que me llaman todo el día. Pero no contesto.
-¿Y qué quieres a tu edad?
-Una Rocío que me haga temblar y que sea echada hacia adelante y buena
como tú. Cariñosa y que me toque como tú me tocas.
Y ella lo acarició.
-Saldré contigo.
-¿Entonces salimos?
-Sí, salimos, loco.
-Ummm… Eso hay que celebrarlo.
-No voy a poder andar mañana.
-Mañana vamos de paseo a la ciudad. Comemos y tomamos café, el lunes
tenemos trabajo.
-Es verdad.
-Por eso mismo hay que celebrarlo.
-No me fio de lo que piensas hacer.
-No.
Y se la puso arriba, y en dos minutos la tenía dentro. Le gustaba cogerle el
trasero y meterla dentro de su cuerpo entera como si fuese a escapar,
morderla los pechos y besarla. Y así hasta desplomarse en ella.
Se quedaron un rato vestidos en el sofá…
-¿Qué hora es?
-La una, es temprano.
-¿A qué hora viene? – les preguntó Rocío a las tres o así.
-Ummm… si me quedo dormida me despiertas, y así se quedaron abrazados
y dormidos hasta que Ethan oyó el coche de los chicos.
-Nena.
-Ummm…
-Están aquí, vamos.
Ella se recompuso y cuando los chicos se fueron, se fue él también,
besándola.
-Mañana a las doce vengo a por ti.
-Vale. Estaré lista.
-Duerme bien guapa y sueña conmigo.
-¿Con quién voy a soñar si no?
-Pon la alarma, guapa.
-Sí, niño.
Y él montó en el coche y se fue.
Y ella miró al abuelo que dormía en silencio tranquilo y subió, se dio una
ducha y se quedó dormida.
A la mañana siguiente desayunó y le dijo al abuelo que a las doce se iba con
Ethan a la ciudad, que las chicas comerían con él. Tenían que hacer ellas las
comidas. Así estaba establecido los fines de semana.
Cuando llegaron las chicas, ella estaba lista para irse. Vestida con unas
botas, un vestido y una Rebequita a juego de las que tenía en Cádiz, excepto
las botas, un bolso, y con el pelo suelto y maquillada un poco.
-¡Ey qué guapa!
-Sois guapas todas- decía el abuelo.
-Vendré sobre las cinco. Antes de cenar. Cenamos todas juntas, así que una
tortilla de patatas o dos y sopa para el abuelo y pechugas de pollo que he
sacado para que se vayan descongelando- dijo Rocío.
-¡Está bien mandona!
-¿Qué tal anoche?
-Estupendo, listas para descansar- se reía Carmen
-Pero si os acabáis de levantar…
-Hemos desayunado- apostó Rosa.
-Desayuno español. Fuimos a un sitio espectacular.- dijo Carmen.
-Nosotros también.
-Mañana al trabajo.
-Lo sabemos.
-El horario…
-También lo sabemos. De siete a tres. Comemos en el barracón al mediodía
y nos venimos a cenar a las tres.
-Cuando tenga que hacer la página web y sepa todo, almuerzo en casa, -dijo
Carmen.
-Yo siempre en el barracón, aunque luego tenga que pasar al pc de casa los
datos también.
-Muy bien. ¡Ah!, ahí está Ethan.
-Abuelo me voy- y lo besó.
-Pásalo bien mi niña.
-Ahí tenéis las pastillas, ha tomado las de la mañana.
-Que sí, que te vayas, pesada- le dijo Rosa.
-Abrazó al abuelo y a ellas y salió por la puerta.
-¡Hola guapa!
-¿Y ese coche?
-Es el de salir, no iba a venir en el todoterreno.
-¡Qué bonito!
Ethan se había salido y le abría la puerta.
-¡Que galante!
-Para mi niña, lo mejor.
-¡Que tontorrón!
Y al salir del rancho, él paró y se besaron, metió la mano entre su vestido.
-Ufff. No vamos a ningún lado.
-Arranca anda…
-¡Que vida esta!
Y ella volvió a bajarse el vestido riendo.
-¿Qué tal has dormido guapa?
-Del tirón, me di una ducha y como el abuelo aún duerme toda la noche,
pues igual. Me dejaste agujetas.
-¡Qué exagerada eres, española!
-Las andaluzas somos exageradas
-¿Qué es una andaluza?
-Una española del sur.
-Nosotros también estamos al sur.
-Sí lo sé, al sureste.
-¿Has visto el mapa?
-Pues claro que sí, tengo que saber dónde vivo, ¿no?
-¡Qué lista es mi chica!
-El rio es el rio Alabama, pasa por la ciudad.
-Iremos a verlo y comeremos por ahí cerca.
-Me voy a quitar la Rebequita, en Alabama hace calor.
-Sí, ¿allí no hace?
-Sí hace en el sur, sobre todo en algunas ciudades. Así que estoy
acostumbrada.
-Vamos a dar un paseo junto al rio y comemos, ¿vale?
-Sí. Me encantaría.
-Luego vamos al centro a tomar café.
-El domingo da poco tiempo.
-Bueno tendremos tiempo la semana que viene cuando te toque sábado y
domingo.
-Eso sí.
-¡Estás guapísima!
Y tú también. Me gusta tu camisa negra y esos vaqueros te quedan de lujo.
-El fin de semana que viene me pongo más guapo.
-No puedes ser más guao.
-¡Qué tontilla eres mi niña!
-Un poco.
-Cuéntame cosas de la base y la ciudad.
-Mientras no quieras irte a los marines…
-No, no tengo pensado hacer ninguna de esas cosas.
Y ella le contaba su vida allí.
-Es pequeña la ciudad, sí, y los carnavales son la fiesta principal.
-¿Como los de nueva Orleans?
-Nada que ver, cuando comamos te enseño algunos videos.
-Vale.
-Pero es una ciudad bonita. Le dicen la Habana española, la tacita de plata.
-¡Qué bonito!
-No tiene estos edificios tan altos.
-¿No?
-No, en el sur son pequeños, más bajos. Pero son ciudades antiguas.
Y le explicaba la historia
-Tiene historia. Deben ser bonitas.
-Lo son.
-¿Irás alguna vez?
-Sí, claro, de vacaciones iré en unos años, cuando sepa llevar todo. Puedes
venir conmigo, si quieres.
-Iré, por supuesto que iré.
Le habló de las tapas y las playas de Cádiz.
Y mientras comían, le enseño un montón de cosas de Cádiz y él se quedó
encantado.
Habían pedido una barbacoa, una parrillada, ensalada y tarta de nueces,
típica de Alabama.
-Ya no puedo más- dijo ella.
-Pues venga un paseo y al café.
-Pagamos a medias.
-A ver Rocío, eres mi pareja, nunca vas a pagar.
-¿Por qué?
-Porque somos del sur y es tradición.
-¿Pero qué tontería es esa?
-No es una tontería, además yo soy así. Anda tira para adelante andaluza.
-¡Qué bobo!
Y estuvieron tomando café en el centro y ya les llegó la hora de volver.
Lo que le encantaba de Ethan es que siempre tenían cosas de qué hablar, de
historia, de literatura. Quería saber de todo.
Cuando iban llegando al rancho, él se metió por un sendero…
-¿Dónde vas?
-A comerte…
-Serás tonto…
-Sí y paro como a un kilómetro, echó el asiento para atrás, le desabrochó el
cinturón y la puso encima de él.
-¡Ay, Ethan!
-Ven aquí y bésame nena…
Y se desabrochó el pantalón y se preparó, le apartó el tanga y entró en ella
como un loco
Y se movían como adolescentes.
-¡Ay, Dios Ethan!, uf sigue, sigue, y sus pechos se movían como el que las
sujetaba y las mordía a través del vestido y explotaron gritando como locos.
-¡Ah dios mujer! Que estás loca…
-El loco eres tú, por dios Ethan… aquí en pleno campo.
-Los cristales son tintados, no se ve lo que hay dentro.
-¡Menos mal!
-Se puso en su sitio y él se abrochó los pantalones.
-¡Qué caliente eres, mujer!
-Anda que tú.
Y él se reía.
-Venga nos vamos, no quiero que llegues tarde, pero tenía que hacerlo.
Se besaron y él dio marcha atrás y entraron en la carretera y llegaron al
rancho.
Él se bajó a hablar y saludar a Julián diez minutos y se fue.
-Mañana vengo a las siete.
-Hasta mañana -lo miró ella con adoración.
-Qué rocío ¿qué tal?- le preguntó Rosa.
-Comida y café ¿qué más? No ha dado más tiempo, la ciudad es grande.
-Pero es bonita ¿verdad?- dijo Carmen.
-Lo es.
-Vamos a salir al porche un rato a hablar de los trabajos antes de cenar.
-Venga.
Y allí estuvieron contando lo del fin de semana -y el abuelo se reía con el
revuelo de las niñas.
Y cuando anocheció, se metieron a cenar y a acostar al abuelo. Ya se fueron
Carmen y Rosa y ella apagó las luces, dejó la alarma puesta y fue a dormir
de un tirón. Puso la alarma a las seis y media. A ella le gustaba hacer su
cama y recoger. Y que Adele limpiara y recogiera la ropa del cubo.
CAPÍTULO V
Al día siguiente estaban todas a las siete menos cuarto, desayunadas y listas.
Rosa y Carmen, se fueron cada una a su lugar de trabajo. Ese día venía el
veterinario y tenía que ver a Rosa. Y Carmen iba a ver con Mark las
aventuras que el rancho tenía los fines de semana.
Adele se hizo cargo de la casa y del abuelo y en cinco minutos, estaba
Ethan en el rancho.
Saludó y se metieron en el despacho. Ella lo cerró. Adele lo había dejado
limpio.
Y él la beso al entrar.
-Para loco.
-No puedo.
-¿Y tu trabajo?, no te lo he dicho, pero no quero quitarte tu tiempo.
-Está mi padre que me guardará las facturas, eres lista y aprendes pronto.
Yo haré en mi casa un par de horas por la tarde con lo más importante y ya
me pondré al día. No te preocupes.
-Me da no sé qué…
-¿Cuándo cuando te hago algo?
-Déjate de tonterías. Bobo.
-Es verdad vamos al lío.
Y allí estuvo enseñándole cómo meter las facturas, las nóminas, ya estaban
hechas y los chicos habían cobrado el día anterior, pero él le explicó todo lo
que le dio tiempo.
A las doce apareció Adele con una bandeja y limonada para que tomaran
algo.
-¿Y el abuelo?
-La está tomando en el porche. Como siempre. Le encanta el porche.
-Está bien. A las tres me voy- dijo Adele.
-Vale Adele.
-Dejaré al abuelo acostado.
-¡Está bien!
-Os dejo, venga.
-¿A qué hora vienen tus hermanas?
-A las cuatro.
-Ummm…, una horita.
Y ella se reía. No tenía solución.
Y ese día aprovecharon esa horita en el sofá hasta que oyeron llegar los
todoterrenos, pero cada una se metió en su cabaña y él siguió haciéndole el
amor de todas las formas posibles.
-Vas adelantando, nena.
-¿En qué?- le preguntaba mientras tenía dentro el cuerpo de Ethan.
-En el trabajo.
-¿Qué trabajo?- le costaba respirar.
-¡Joder Rocío! calla mujer, no me provoques.
La cogía por las caderas y desde atrás la embestía una y otra vez hasta que
estallaban.
-Vete ya a tu casa. Más de tres no puedo. El abuelo va a despertarse.
Déjame descansar hombre.
-Pobrecita. Sí me voy, voy a descansar yo también un poco y trabajo un par
de horas. Te mando un wasap por la noche, una video móvil para verte
desnuda.
-Ni lo sueñes.
-Pero si te he visto desnuda, -la besaba mientras se vestía.
-No que no quiero que me graben nada.
-¡Está bien! Con pijama.
-Eso sí.
-Me voy cielo, mañana vengo.
-Vale.
Y se fue.
Y ella se echó un rato en el sofá con un café y un trozo de tarta y se quedó
media hora dormida.
Se despertó porque oyó la tele. El abuelo estaba en el otro sofá echado
viendo la tele.
-Abuelo…
-Qué pasa mi niña, sigue durmiendo, has trabajado mucho hoy.
-Ya he dormido. Te voy a hacer la merienda para las pastillas.
Y le puso en la mesita la merienda. Era tan bueno el abuelo… A veces se
comportaba como un niño, otras, no podía andar y otras, era normal. Y
tenían que acostumbrarse a sus cambios. Gracias que no tenía cambios de
humor. Era una suerte.
Y así pasaron los tres días en que ella aprendió a llevar el rancho. Se iba
haciendo a llevar la Administración y si tenía dudas llamaba a Ethan.
Las chicas igual. Todas estaban contentas, y salían cuando les
correspondían el fin de semana.
Rocío estaba contenta y feliz y se estaba enamorando de Ethan sin pensar.
Salían los fines de semana que les tocaba y él le enseñaba la ciudad. Iban al
cine y allí la tocaba hasta que tenía un orgasmo. Era un pervertido le decía
ella y cuando iba a bailar, le pedía un reservado para hacerle el amor y a ella
que llevara falda o si iba haciendo frio las medias por media pierna.
Le encantaba y sentía no dormir una noche con ella.
-Nena tengo ganas de dormir una noche contigo.
-De momento no se puede Ethan. Tenemos reservado, el kilómetro uno- y
se reía. Además, estamos en noviembre ya. Y el abuelo lo veo cada día
peor,
-¿Cómo lo ves tú?
-En su mundo. El otro día me preguntó quién era.
-¿Lo ves?, no puedo irme demasiado. Ya es bastante la noche y tu coche me
gusta.
-Bandida…
-Y vamos a la cabaña también.
-Esa me gusta más.
-Pues note quejes, tienes sexo todos los días.
-Es cierto nena. Me quejo de vicio.
-Exacto de vicio que tienes.
-Porque eres mi vicio.
-¿Que vamos a hacer el día de Acción de Gracias?
-¿Cuándo es?
-Este mes, en dos semanas.
-Tengo que hablar con el cocinero, para los chicos.
-Él ya sabe qué comprar. Tom está al tanto y te traerá la facturas de la
comida. Muchos se van algunos días.
-Sí gracias a que Tom hace los cuadrantes de los chicos y yo hago las
nóminas.
-Eres una expertilla en ranchos ya. Una auténtica ranchera… bueno
cenamos en mi casa.
-El abuelo no está para salir, ¿qué tal si cenamos en la nuestra? Tus
hermanos, tus padres el abuelo para que no salga y nosotros.
-Bueno, no es mala idea.
-Adele que me prepare la comida. Las chicas y yo le ayudaremos. ¿Ese día
es fiesta no?
-Sí claro.
-Pues nada.
-Le preguntaré a mis padres. Porque el año pasado fueron con unos amigos
de la universidad que tienen en la ciudad.
-Bueno, les preguntas si no os venís vosotros. ¿Y el abuelo?
-Ya te lo digo.
-Muy bien
-Y a Carmen, ¿qué tal le va con las aventuras y actividades?
-Está encantada, trabaja en ello durante la semana y los fines de semana
como solo es hasta las tres. Le gusta. Está intentando hacer otras cosas y
terminando la página web. Está quedando preciosa. y rosa aprendiendo. Tu
hermano viene a veces. Y ya se ha ido el veterinario a Texas. Cuando
necesita a un chico se lo pide a Tom, generalmente va Norman con ella a
verlos y echarles un vistazo. Es la que mejor monta.
-No me extraña.
-Y va a preparar concursos. Se le ha ocurrido, con copas con el nombre del
rancho y unos cheques con clases gratis. Es creativa y tiene ideas. Pero te
necesitaré al final de año para cerrar, la declaración de la renta y demás,
Ethan.
-Vendré a ayudarte, no te preocupes y a enseñarte cómo hacer la declaración
y las ganancias. Lo que metía tu abuelo en los ahorros y del resto lo que
quieras.
-Lo repartimos entre las tres.
-Perfecto.
-Así lo decidimos con el abuelo. Aún tiene que ir a vender caballos Tom,
después de Acción de gracias, y ya hasta el año que viene me dijo.
-¿Cómo llevas los pagos?
-Al día, compro y pago. Como me dijiste no quiero dejar deudas.
-Ven aquí…
-¿Para qué?
-Para aprovechar la cabaña antes de comer.
-Esa cabaña la habían hecho ya suya. A sus hermanas les gustaba la otra,
pero esa era suya.
-¿No tenéis cabaña en vuestro rancho?
-Nena, nuestro rancho no es este.
Y se desvistió para él.
-Ufff… Rocío.
-Tócame -le dijo ella acercándose a él y poniendo su sexo delante.
-Me vas a matar, pequeña andaluza.
-Tócame a ver cómo estoy.
-Caliente- le dijo tocando su sexo con sus dedos y moviéndolo.
-¿Qué más?
-Mojado.
-¿Qué más?
-Esos pezones duros y tiesos que tienes.
-Desnúdate -le ordenó a Ethan.
-Me gustan las rancheras mandonas.
Se desnudo y se quedó duro.
-¿Te gusta el 69?
-Aggg,- dijo sorprendido Ethan.
-Vamos a probar ese número.
-Si quieres…
-Sí que quiero.
-Ufff nena…
-A la vez.- dijo Rocío.
-Eso no te lo prometo.
Se montó en él colocando su sexo en la boca de Ethan y la suya en el pene
de él y no había más deseo que el que ambos sentían. Eran
irremediablemente sexuales, extremadamente calientes. Les encantaba el
sexo entre ellos. Y gemían como locos.
-Nena, córrete, ya no puedo aguantarte más- y ella se dejó ir en oleadas de
calor que él hizo suyas y él se quedó explotando en ella.
Fue mágico, nada ordinario y fue erótico y sensual.
Cuando se limpiaron, como siempre, se tumbaron bajo la manta.
-Esto no lo hemos hecho.
-¿No, te ha gustado?
-Me ha encantado mi vaquero.
-¡Joder Rocío! ¿Cuánto llevamos saliendo?
-Desde primeros de septiembre.
-Casi dos meses.
-Y más intenso que con nadie. Me encantas ¿sabes?
-Y tú a mí y me da miedo, porque dos meses es la relación más larga que he
tenido.
-Cuéntame algo inconfesable- le dijo Ethan.
-No tengo secretos para ti. Soy como soy y te he contado todo Ethan ¿y tú?
-Tengo uno.
-¿Cuál?- Se puso en alerta Rocío.
-No puedo tener hijos.
-No seas bobo.
-No puedo, en serio. ¿Te gustan los chicos?
-Sí, claro que me gustan.
-¿Y quieres tener familia algún día?
-Quisiera, pero si no tengo, prefiero tenerte.
-No puedo dártela.
-¿Qué te pasó?
-Fue en la universidad jugando al fútbol americano. Un buen golpe. Estuve
inconsciente dos semanas.
-Eso es como un coma, casi.
-Por eso, si no quieres seguir lo entenderé Rocío. No sé dónde nos llevará
esto. Pero si avanza quiero que lo sepas y entenderé que no quieras salir
conmigo.
-No seas tonto. Me gustas. Siempre hay niños que pueden adoptarse si
seguimos o tendremos sobrinos.
-Cuando desperté, el médico me dijo que tenía solo un uno por ciento de
posibilidades de tener hijos. Si vieras como los tenía, me llegaban a la
rodilla, pesaban cinco kilos.
Y ella se reía, ¡qué exagerado!
-Ríete, pero el dolor que tenía no era para menos.
-Un uno es poco, pero es un uno. ¿Cuánto hacía que no tenías relaciones
desde que me conociste?
-Tres meses.
-Tres y dos conmigo cinco. Podemos hacernos unos análisis y hacerlo sin
nada. No necesitaría pastillas.
-Las dejarías.
-Claro, ¿para que las quiero ya, ni tú los preservativos? Si estamos bien.
-Vamos temprano, pido cita el lunes.
-Vale.
-Así me moriré nena.
-Quiero ir con los chicos y Tom a vender los caballos cuando pase Acción
de Gracias.
-¿Quieres ir?
-Sí, luego me pongo al día , antes de que el abuelo esté peor, quiero saber
cómo se vende.
-Estaré sin ti tres días.
-No te vas a morir, hablamos por wasap por las noches.
Y además con suerte lo haremos sin nada antes de irnos.
-Ufff, nena. Eres una bandida peligrosa.
-Tu bandida.
-Vamos a comer nena, tengo hambre.
Y cuando se levantó la cogió a horcajadas y la pegó contra la pared y allí la
hizo suya como un poseído.
-Ag, perdona nena, he sido un bruto.
-Me encanta hasta cuando eres un bruto.
-Me has puesto muy caliente pensando en que lo haremos sin nada.
Y el martes se hicieron análisis.
-Están perfectamente le dijeron el jueves.
-¿Y el recuento de esperma?- dijo.
-Ha subido.
-¿Sí?- dijo ella ilusionada.
-Sí, pero poco, no creo que lo suficiente como para dejar a nadie
embarazada. Un 5%.
-Bueno algo es algo.
Y el médico dijo no, con la cabeza.
Y él vio la tristeza en los ojos de ella. Quizá debiera dejarla, antes de nada,
antes de que surgiera algo más fuerte entre ellos, pero no podía. No podía.
-Rocío, vamos a desayunar- le dijo al salir de la clínica.
-¿Qué te pasa que estás muy serio?- le dijo cuando desayunaban.
-¿Quieres que lo dejemos antes de que sea tarde?
-Ni loca voy a dejar a mi vaquero?
-He visto tristeza en tus ojos y no quiero verte triste.
-Te dije que hay niños para adoptar si seguimos saliendo y lo nuestro se
consolida. No corras, solo llevamos saliendo dos meses. ¿Por qué no te
relajas y me haces hoy el amor en el kilómetro 1 sin nada?
-¡Joder rocío!, eres…
-Ummm... Te gusta.
-Sí, me gusta mucho.
-Pues date prisa, tengo ganas de probar tu pene de terciopelo.
-¡Qué poeta más romántica!
-Sí, pero esta poeta te gusta.
-Mucho.
Y cuando llegaron a su kilómetro, él quiso hacerlo encima de ella y fue
mágico, maravilloso y lo mejor que había hecho en su vida. Sentirla sin
nada, ella había dejado ya las pastillas el día anterior y era tan… hacerlo sin
nada. Que se corrieron juntos enseguida
-Así no vamos a aguantar, nada mujer.
-Es empezar de nuevo, nene.
-Es de locos, nunca lo he hecho sin preservativo.
-¿Ni con Lara?
-Ni con ella. Solo hoy y contigo.
-No será solo hoy.
-Ahora estaré pegado a ti todo el día.
-¡Ah dios Ethan! venir de España a conocerte.
-Debía ser así, soy tuyo, tu vaquero guapo.
-Y vanidoso.
-Eso por descontado y se reía.
-¿Nos vamos?
-Sí, nos vamos. Se dio la vuelta y la puso encima y entró de nuevo en ella
hasta que estallaron de placer.
-Ahora nos vamos.
-A ver quién es el mandón…
Y se reían.
CAPÍTULO VI
Al final, celebraron el día de Acción de Gracias sin los padres de Ethan, que
fueron invitados por sus amigos y a quedarse al día siguiente fiesta también
en la ciudad.
Adele, les había preparado comida y ellas ayudaron por la mañana y
dejaron la mesa puesta. Solo para servir.
La cena fue preciosa, sobró comida por todas partes y después del postre, el
abuelo quiso retirarse y Rocío y Ethan ayudaron al abuelo. Le dieron sus
pastillas, Ethan lo llevó al baño y lo acostaron.
Los chicos decidieron irse a casa de las chicas y ella se las quedó mirando.
Imaginó que esas tenían algo también con los hermanos Lee.
-Mañana es fiesta. No trabajamos y vamos a tomar café allí en la cabaña-
dijo Rosa.
-Pero hemos recogido todo y puesto un lavavajillas, las sobras en la nevera -
apostó Carmen.
-Gracias, os quiero. Nos vemos mañana. Yo me ocupo del abuelo. Adele no
viene, así que tenemos comida. Si quieren venir los chicos al mediodía,
podemos pasar el día en el rancho, si no tienen trabajo- y miró a Ethan y
este negó con la cabeza como diciendo que no trabajaban.
Se dieron un beso y ellos fueron a hacerse un café.
-¿Has cerrado la puerta?
-Espera un poco, vaya que venga a por algo- dijo ella.
-Nena…
-Impaciente. Espera.
Y al cuarto de hora Ethan cerró la puerta y ella miró en el cuarto del abuelo
que estaba dormido.
Se tomaron el café en el salón. Ethan se quitó los zapatos y puso los pies en
el filo del vestido de Rocío subiéndoselo.
-Me gusta ese vestidillo. No tienes medias hasta arriba.
-No te gustan -y siguió metiendo el pie.
-¡Joder Rocío!, no llevas ropa interior tampoco.
-Ninguna.
-¿Te la has quitado aposta?
-Claro. ¿Tú qué crees?
-Bandida eres tú, ¿lo sabes?
-Sí, lo sé - Y dejó el café y bajó la cremallera de su vestido que era
delantera de arriba abajo.
-¡Joder nena!
Y él, se quitó la ropa en dos segundos.
-Ven aquí que te voy a comer, pequeña.
-Ahora no tengo que ponerme nada -y la penetró con fuerza y ella aguantó
su grito porque Ethan la besó en la boca para no hacer ruido y se movía
fuerte y rápido. A veces le gustaba así, como un hombre primitivo y a ella
también. Sobre todo, cuando lo provocaba.
Y así estuvieron haciendo el amor hasta casi las cuatro de la mañana.
-¡Déjame ya mujer!
-Pero qué tontorrón eres… Vete a tu casa anda.
-Me quiero quedar contigo.
-¿En serio?
-Sí, si mañana no bien Adele, mis padres tampoco…
-¡Está bien! Solo si me subes en brazos y vienes a por toda la ropa.
-¡Qué vaga!
Y la cogió en brazos y se la llevó a la cama. Bajó a por toda la ropa y la
extendió en la otra habitación.
-Ven aquí pequeña.
-¡Qué cama tienes!, ¡me encanta!
-¿Cucharita?
-Ummm… nada más, no puedo con mi cuerpo- decía ella.
-Vamos a dormir, yo ya no tengo cuerpo tampoco.
Y se quedaron dormidos y abrazados por primera vez desde que se
conocieron.
Ethan había puesto la alarma del móvil para levantarse antes de que el
abuelo se levantara.
Se despertaron muertos de sueño, pero ella se quedó arreglando al abuelo y
Ethan se fue al rancho.
-Me doy una ducha y vuelvo. Espera y te ayudo a bañarlo.
-¡Está bien!, le doy el desayuno y desayunamos juntos.
-Le dio un beso y salió antes de que ella se metiera en el cuarto del abuelo.
-¿Te has despertado ya abuelo?
-Sí hija. Voy al baño.
-Venga. Te ayudo. Va a venir Ethan y te va a ayudar a ducharte. Te hago la
cama y recojo y desayunas ¿vale?
-Como tú digas, hija.
-Así estás más tranquilo con él, lo he invitado a desayunar. Y seguro vienen
los chicos, hoy no se trabaja.
-Me parece bien.
Los chicos dijeron de ir a la ciudad, pero ella no quiso.
-¿Y la comida que ha sobrado?
-Esta noche cenamos de nuevo todos.
-Vale. que lo paséis bien. Yo me quedo con el abuelo. Y Ethan.
-Yo también- dino Ethan.
-Y así le dieron un paseo con el andador porque ya le costaba hasta la
puerta del rancho y de vuelta y se sentaron en el porche- Ethan llevó otro
balancín del patio. Y ella limonadas.
El abuelo, cansado se durmió al sol y Rocío lo tapó.
-Pobrecito, se cansa. Las niñas dormirán la semana que viene cuando pase
el puente y me vaya con Tom a vender caballos.
-Tres días sin ti, nena.
-No te vas a morir ni nada.
-Sí que me dará algo, seguro.
Pasaron el puente y salieron con los chicos. Ese fin de semana les tocaba a
ellos y Nathan quiso que fueran a visitar pueblos pequeños, a probar
comidas nuevas qué el conocía.
Y venían encantados.
Y el domingo se quedaron con el abuelo.
La siguiente semana dejó instrucciones a las chicas de que se quedaran a
dormir con el abuelo esos tres días que iba a estar fuera.
Quería ver dónde vender los caballos. Llenaron los camiones, y ella iba en
la camioneta con Tom y Jimmy, un chico de 29 años, alto y de ojos azules,
extrovertido y divertido que le gustaba bromear.
Tenían que ir directos al lugar, al menos los camiones. Iban tres llenos con
dos chicos en cada uno.
Iban a Texas, casi mil kilómetros. Unas doce horas. Salieron a las tres de la
mañana para poder estar a las tres de la tarde y hacer la venta. Tenían que
revisar los caballos, según le dijo Tom.
Así que el camino de ida debía ser lo más rápido, aunque ellos pararon dos
o tres veces y los camiones menos para comer, ir al baño etc.
Cuando llegaron a un rancho de San Antonio Texas, Tom le presentó a
Rocío, la nueva dueña del rancho. Peter, el dueño del rancho de San
Antonio de casi 60 años, la saludó, mandó llamar a sus vaqueros y
descargaron en el rodeo a los caballos.
Se quedó con todos y le gustaron mucho.
-Siempre le gusta lo que te traigo- le dijo a Rocío- tenemos buenos caballos.
Y Tom regateó con él y le sacó un buen dinero.
Peter le dijo que el dueño del rancho de al lado tenía unos potros pequeños
que le podían venir bien, iba a vender el rancho y vendía los animales, eran
buenos y si quería pararse a echarles un vistazo… Él ya no podía comprar
más, ni compraba potros, solo caballos para rodeo.
-¿Quieres que miremos?
-¿No tenemos bastantes?
-Hemos vendido 100 caballos, los potros nos vendrían bien para traérselos
en primavera al final o principios de verano si son buenos y a buen precio.
-¿Cuánto hemos sacado?
-A 8.000 cada uno, han sido 100, ochocientos mil dólares. Toma tu cheque.
-Podemos invertir algo, di a los chicos que vamos a verlos. Pero antes
vamos a cenar en un motel y descansamos, ya es de noche casi.
Y a la salida de San Antonio pararon en un motel.
Ella llevaba dinero y su tarjeta y pagó la cena y echaron gasolina y el motel.
A la mañana siguiente desayunaron y siguieron 50 km al rancho que Peter
le había indicado y entraron.
Tom se dirigió al dueño y ella también.
Sam, que así se llamaba el dueño, era un hombre mayor. Les contó que
vendía el rancho ya que no tuvo hijos y su mujer y él iban a retirarse a
Florida.
Ya les tocaba descansar.
-Me quedan solo potros, los caballos los he vendido ya, apenas tengo cuatro
chicos. Pero son buenos potros, nadie quiere potros.
-Bueno nosotros tampoco, pero Peter nos ha hablado de ellos y hemos
querido venir a verlos.
-¡Ah, Peter!, se ha llevado mis caballos, gran parte. Son buenos y los potros
igual.
-¿Cuántos tiene?
-80 me quedan.
-Uff, eso son muchos dijo guiñándole el ojo a Rocío. Pensábamos en unos
veinte.
-¿A cómo los vende?- preguntó Rocío.
- A 1000 dólares. Tirados ya de precio.
-Si nos lo deja a 600 nos los llevamos todos y porque venimos con
camiones.
-700.
-650, dijo Tom que le habían gustado.
-Hecho. Ya termino hoy, se acabaron los animales, los caballos de los
chicos voy a regalárselos.
-Hagamos la cuenta entonces.
-Hay 80 y los fueron contando y les pagó y tomaron una limonada que su
mujer sacó.
-Sabe que es un buen tratante lo que tiene- le dijo a Rocío.
-Por eso lo tengo.- sonrió ella.
-Bueno, nos vamos, tenemos que ir a Alabama.
-¿De allí vienen?
-Sí señor tenemos unos kilómetros que recorrer.
Los chicos se fueron y se turnaban para conducir, no podían pararse. Ella
les dejó dinero para gasolina y comida, y si paraban uno se quedaba en el
camión. Luego le pasarían las facturas.
Pero Jimmy, Tom y ella pararon otra noche en un motel y por la tarde del
día siguiente el miércoles llegaron al rancho.
Ethan estaba allí cuando llegaron. Jimmy iba bromeando con Tom y ella
sobre los caballos y Jimmy la cogió por los hombros y Ethan se puso
celoso.
-Jefa hemos comprado y vendido bien. Tom es un buen capataz.
-No pienso dejarlo- e iban riéndose.
-Bueno nos vamos, te dejamos, ya los chicos se habrán encargado de todo.
Mañana te traigo las facturas- le dijo Tom.
-No te preocupes, ha sido interesante Tom, y gracias.
-De nada.
Y ella se fue a besar al abuelo y a Ethan, dos besos en la mejilla, por el
abuelo, que estaba sentado con él.
-¿Y las chicas?
-Acaban de venir del trabajo- dijo muy serio.
-¿Qué te pasa?- le dijo despacito.
-Nada.
-Bueno ahora hablamos, necesito una buena ducha. ¿Te quedas a cenar?
-No en cuanto te duches, me voy.
-Vale. ¿No quieres hablar? Me llamas luego por wasap.
-Si me da tiempo…
Y Rocío no entendía nada. Se fue al baño preocupada y dejó la bolsa de
ropa sucia en el cubo, se lavó el pelo que le olía a caballo y se puso unos
vaqueros y un jersey de lana.
-Abuelo venga, dentro que hace frio ya, no hay sol.
Y lo sentaron en el sofá.
-Me voy Rocío.
Y se fue sin darle un beso después de casi tres días.
-Vale, adiós.- dijo ella.
-¿Qué le pasará pensó? Con lo contenta que venía. Pues no le iba a fastidiar
la noche.
-Vamos a cenar abuelo y te cuento. Y le contó todo, aunque a veces, tenía
que pararse con las lagunas del abuelo.
Cuando lo acostó, se sentó en el salón, fue a las cabañas y saludó a sus
hermanas.
-Vamos a darle un beso al abuelo.
-Venga y cierro, estoy agotada, mañana os cuento.
Y cuando se quedó sola puso la alarma, cerró la puerta, y se tumbó un rato
en el sofá puso a cargar el móvil y le puso un wasap a Ethan que no
contestó.
-¡Hola bandido!
-¿Ethan qué pasa?
-¿Me quieres decir qué te pasa?
No hubo contestación y lo vio en línea.
Y se dijo que sería la última.
-Ethan vamos, ¿qué te pasa?
-¿Por qué no llamas a tu Jimmy?
-Serás tonto…
-Sí puede.
-Pero Ethan, si veníamos bromeando. Es un vaquero, es divertido y no
hay nada con él no seas bobo, te tengo a ti.
-Pero has parado en moteles.
-Con tres habitaciones y venía Tom., ¿quieres dejar de hacer el bobo?
-¿Te gusta Jimmy?
-¿Sabes Ethan?, estoy muy candada para tonterías.
-¡Ea!, pues vete a dormir.
Y ella le colgó.
Nadie es perfecto, ya sabía yo que debía esperar a conocer a la gente.
Pues nada, a dormir que estoy muerta, se decía.
Pasaron dos días y llegó el viernes y Ethan no había dado señales de vida.
Ella lo llamó al día siguiente de venir y como no obtuvo más respuesta, dejó
de insistir. Ya se le pasaría, que ella tenía trabajo. ¡Qué hombre más
orgulloso y celoso sin motivos! Eso era lo único que no le gustaba de él.
Esa impulsividad que tenía y que a ella le hacía daño. La hacía sentir
culpable cuando no era culpable de nada.
Ese fin de semana y el siguiente que era la Navidad no le tocaba salir ni
pensaba ir a la ciudad, sino una noche a ver las luces.
Y el viernes, Rosa y ella por la mañana se fueron a Montgomery a comprar
la iluminación de Navidad y regalos de Papa Noel .
Estuvieron hasta casi la tarde. Y ella lo subió todo a una de las habitaciones.
Las chicas se fueron por la noche con Paul y Noah. Le tocaban ese fin de
semana.
Ella se quedó en el rancho y cuando el abuelo se durmió, envolvió regalos
para todos. La noche siguiente podría terminar, estaba cansada.
El sábado y domingo entre las tres decoraron el rancho entero. El árbol y la
decoración.
Y Rocío terminó de envolver los regalos.
Ethan no daba señales de vida. Y a veces Rocío de desesperaba.
Pero el domingo por la tarde se fue sola a Montgomery a tomar un café
donde solía ir con Ethan. Y allí estuvo mirando el rio y pensando. Y lo
llamó en un impulso.
-Ethan…
-Dime.
-¿Hemos acabado?
-Tú misma lo sabrás.
-De verdad Ethan estoy nerviosa. Nunca te sería infiel y lo sabes y no tengo
por qué disculparme por no hacer nada.
-Mejor te quedas con él. Puede tener hijos y una familia contigo.
-¿Quieres venir y dejar de decir tonterías?, eres lo único que quiero.
Y se quedó en silencio.
-Estoy en la cafetería de Montgomery. Te espero una hora. Si no vienes, ya
no vengas. Mi paciencia tiene un límite. Pero que sepas que eres junto con
mis hermanas y mi abuelo lo más importante de mi vida. Y no quiero que
me hagan sufrir ni que me lastimen. Te quiero ¿lo sabes?
-Ethan, Ethan…
Había colgado.
-Pues nada, -y se sacó un pañuelo y se limpió las lágrimas. Rocío sabía que
era la excusa perfecta que había encontrado para dejarla porque no podía
tener hijos, lo sabía, sabía que él también la quería, Jimmy no tenía nada
que ver en eso, quizá si sintiera algo de celos, pero no era eso.
Y cuando pasaron tres cuartos de hora, se levantó y lo vio allí mirándola.
Fue hacia ella y la abrazó.
-Perdona pequeña, perdóname, yo también te quiero. No… no ha sido por
celos, bueno un poco sí, que bromees con otro hombre y te eche el brazo
por encima… pero…
-Sé por qué es y eres tonto ¿lo sabías?
-Muy tonto.
-No se te ocurra dejarme más, porque no te daré otra oportunidad que lo
sepas.
-No quiero que llores.
-Espera que pague.
-Déjame tomar un café antes de irnos, anda.
-Vale nos quedamos un rato -y él pidió un café.
-No sabes lo mal que lo he pasado pequeña.
-¿Vas a perdonarme?
-Pues claro.
-Ven aquí -y la besó apasionadamente.
-No puedo estar sin ti Rocío. No puedo, quizá no pueda darte hijos, pero te
daré amor y te trataré bien.
-No será como estos días- y él se rio.
-¡Ay niña!, ¡qué tonto he sido!
-Tú lo has dicho, yo no.
-Es verdad que me quieres- le preguntó él.
-Pues claro que te quiero, me tienes loca en todos los sentidos.
-Irónica…
-Eso también lo soy.
-¿Damos un paseíto?
-¿Tenemos tiempo?
-Y el kilómetro también.
-Debería castigarte, por bobo.
-No mujer, te he pedido perdón.
Y ella se reía. Y se abrazaba a él por la calle.
-¿Has ido de compras?, llevo todo el fin de semana decorando y
envolviendo regalos. Mañana tengo que ponerme al día en el despacho.
¿Sabes que compramos 80 potros?
-¿En serio?
-Sí a 650 dólares.
-¿Qué dices mujer?
-Un rancho a 50 k de San Antonio, en Texas, los dejaba ya muy baratos
porque vendía el rancho. Son estupendos. Tom es un buen tratante. Estoy
contenta, creo que tendremos un buen año y eso que llevamos desde
septiembre.
-¿Y el abuelo?
-Estoy preocupada, ya no se quiere levantar de la cama. Voy a contratar a un
enfermero.
-¿En serio?
-Sí, porque como no quiere moverse, dice que le duele todo el cuerpo, ni
Adele ni yo juntas podemos levantarlo. Es alto y es un peso muerto. Así que
contrataré a un enfermero cachas.
-¡Joder!
-¿Ya estamos?
-Perdona.
-Quiero que le haga algo de rehabilitación lo lleve por la casa al menos, lo
bañe y esté pendiente. El otro día casi se cae de la cama.
-¿Así está?
-Ha sido un bajón en una semana tremendo, mañana viene el médico a
verlo.
-A ver qué le dice.
Y al terminar pasaron por su kilómetro cero. Anochecía y él estaba como
loco .
-Nena, llevo muchos días sin ti.
-Porque has querido.
Y mordía sus pezones y le quitó las mallas que llevaba.
-Una pierna solo, -y ella se reía.
Se sacó su sexo duro como piedra y la penetró de frente sentada, mientras
se miraban, el deseo de uno y el del otro los besos, ese movimiento
cabalgando a su potro y él la cogía por el trasero con la cabeza en sus
pechos. Gimiendo y gritando su nombre.
-Rocío nena- cuando decía eso es que iba a acabar y ella se daba prisa y la
ponía a cien para que se fuese con él donde solo ellos sabían.
-¡Ah, dios! ¡cuánto te he echado de menos!- la besaba despacito y le mordía
el labio. ¡Qué guapa estás!
-Y tú, loco…
-Ummm… sí, me vuelves loco. Eso- señalando su sexo, es solo mío.
-Es mío, listillo.
-Di que es mío, me gusta saberlo.
-Es tuyo.
-Rocío, te quiero nena.
-Y yo, pero tenemos que irnos. Esta semana es Navidad y la otra fin de año.
A ver qué le dicen a mi abuelo y me toca fin de año salir.
-Bien. Podemos ir a una fiesta y ver los fuegos, desde aquí se ven.
-No reserves nada de momento.
-¡Está bien! Pero si no lo hacemos con tiempo…
-Vamos donde sea. Sitios hay.
-Bueno, veremos.
Se recompusieron y se fueron al rancho.
Al día siguiente apareció el médico y lo estuvo observando y cuando salió,
se sentaron en el despacho de ella.
-¿Cómo está doctor?
-¿Qué quieres hija? Si pasa la navidad…
Y a ella le dio un vuelvo el corazón.
-¿En serio?
-Sí, en serio, el corazón le late despacio, tiene poco oxígeno. Si quieres lo
ingreso.
-Nada de eso, si mi abuelo ha de morir será en su cama, no en la cama fría
de un hospital.
-Me parece lo mejor.
-Iba a contratar a un enfermero.
-No te hace falta. Lo laváis en la cama y con cuidado.
-Por dios doctor…
-Ha aguantado más de lo que creía. Ya no habla.
-Sí, lleva tres días sin hablar y con los ojos cerrados, dice que tiene sueño,
pero no los abre.
-Te voy a dar morfina por si tiene muchos dolores. Son cuidados paliativos.
-¡Madre mía!
-Sí hija. Si se queja, le pones esta dosis pequeña. Y si se va quejando mucho
le vas a aumentando. De momento, de noche. Si es mucho día y noche. Le
he puesto una poquita, estará dormido y comida, pues zumos y pures, sopa
la derramará.
-Será conveniente comida de niños los potitos, o natillas yogures.
-Compraremos.
-¿Y qué más te digo hija?, nada, cuando llegue la hora me avisas para todo.
-Gracias doctor.
Y ella despidió al médico y se fue a la cocina a llorar donde estaba Adele.
-Vamos mi niña, yo ya imaginaba que estaba llegando a su final, pero se va
contento porque os ha visto y ha vivido unos meses en los que nunca lo vi
tan contento y alegre.
-Sí, pero ha sido tan poco tiempo…
-Lo que dios manda hija. Así es esa enfermedad y él la ocultó mucho
tiempo. ¿Te hago algo?
-No, no me apetece, voy al despacho. Cuando vaya los chicos a comprar
que pasen, les voy a hacer una lista.
-Tiene que pasar a por la mía y la de la chica de las cabañas.
-Vale, me avisas. Vamos a quedarnos por las noches una, cada noche ya.
Luego se lo digo a mis hermanas.
-Está bien. Es lo mejor.
CAPÍTULO VII
Cuando las chicas vinieron por la noche, Rocío le contó lo que el médico le
había dicho.
-No saldremos esta Navidad, si los chicos quieren venirse que se vengan.
-Tom y Adele se van unos días y nos tenemos que apañar solas y la chica
también tiene vacaciones. Cenamos aquí. Pero lo más importante es que
tenemos que turnarnos por las noches. – Y les explicó lo de la morfina y
cómo lavar al abuelo. De eso se encargarían dos, por turnos. Lo siento.
-No pasa nada, aquí tenemos de todo Rocío-dijo Carmen.
-Si ellos quieren salir están en su derecho, nosotras no. Y cenaremos solas
los días festivos. No es una fiesta para nosotras, luego ellos si quieren venir
un ratito…
-Vale. dijo Rosa.
-Porque puede que se vaya en la Navidad, antes o en fin de año, no lo
sabemos. Nos quedamos trabajando y nos hacemos la comida y tú Rosa,
hazte cargo de las facturas con Norman.
-Perfecto.
-Y tú Carmen en lo que puedas también, nos faltará Tom una semana.
-Me encargaré de los cuadrantes.
-¡Está bien!
Se lo dijeron a los chicos y ellos no quisieron salir ni irse sin ellas, se irían
con ellas cuando cenaran en las fiestas.
Los visitaron los padres de ellos y lo vieron mal. Estuvieron tomando café
con Rocío y las chicas, ellos no estaban.
Y así vivieron esas últimas Navidades del abuelo que fue tan bueno que
murió el 3 de enero, cuando ya Tom y Adele habían vuelto y todo volvía a
la normalidad. Murió al amanecer cuando Rocío estaba de guardia. En
silencio se fue apagando y ella le dio la mano llorando.
Cuando vino Adele ya había fallecido, lo lavaron y vistieron y llamaron a
las chicas y a la médico, al seguro y dos días después fue enterrado en el
rancho, en un pequeño cementerio vallado, junto a la abuela con un árbol en
el centro y ella encargó la misma lápida con la misma letra que tenía su
abuela.
Rocío lo sintió mucho.
Una semana después apareció Ethan para trabajar.
-Venga Rocío, te echo una mano nena. Hay que cerrar el año. Tienes
facturas, la renta, ¿has pagado las nóminas?
-Sí eso sí.
-Pues manos a la obra.
Y en dos días terminaron todo para ponerse al día. Dejó en la cuenta del
rancho lo que dejaba su abuelo cada año y en la de ahorro una cuarta parte
de las ganancias. No quería repartir ese dinero y las otras tres partes para
cada una.
-Me parece que haces bien. Has ganado mucho este año. Y la parte de
Carmen ha ido fenomenal en tan poco tiempo.
-Gracias Ethan, ¿qué habría hecho sin ti?
-¿Que vas a hacer con el dormitorio?
-Poner una salita. Pintarlo todo y poner saneamientos nuevos, dejaré el baño
ahí, por si acaso.
-Me parece bien. ¿Me ocupo?
-Sí, por favor que vengan y elijo. Pagaré con la cuenta de ahorro.
-Con esa, sí.
Y en dos semanas tenían una salita preciosa con librería y sofás, sillón de
lectura, tele música y una mesa alta por si quería comer, unas sillas.
Cortinas nuevas, y le quedó precioso todo.
Estaban a finales enero. Y ya parecía que se le pasaba la pena, aunque iba
todas las tardes a dar un paseo al cementerio y cuando faltaban flores le
ponía del campo o de las macetas.
A primeros de marzo, se dio cuenta de que no le había venido la regla desde
que dejó las pastillas y no sabía si era que tenía un problema o por lo del
abuelo, por alguna enfermedad, y se asustó. Pero no le dijo nada a nadie. Y
pidió cita al ginecólogo.
No se lo podía creer cuando salió de allí. Estaba embarazada de tres meses.
Justo cuando dejó las pastillas y se hicieron la prueba. Estaba contenta y
feliz. Tenía ya para 26 años que cumpliría el mes de marzo. Todas cumplían
en marzo. Era algo que ellas celebraban con ilusión, pero un chico. No sabía
que iba a pensar Ethan. No se lo iba a creer y su alegría se convirtió en
miedo. Lo conocía. Tenía sus arranques. Tenía que decírselo con temple.
Esa noche. Ella no era de las que esperaba a decir las cosas.
-Pero antes debía decírselo a Adele y a sus hermanas.
Cuando llegó, estaba Adele en la cocina terminando la cena.
-¿Quieres algo?
-Sí, voy a tomar un bocadillito de estos y limonada.
-¿No prefieres un café?
-No puedo tomar café si no es descafeinado.
-¿Y eso?
Y ella la miró…
-No…
-Sí…
-¡Ay, Rocío! no va a creerlo.
-¿Y eso por qué?
Y le contó desde que salían hasta que empezaron a hacerlo sin nada.
-Pues si dejaste las pastillas y él no se protegió, hija qué quieres…
-Pues que tuvo un accidente en la Universidad, jugando al fútbol y le dieron
ahí- señalando el sexo.
-Pero puede…
-Sí fue en las pelotas. Dice que se le pusieron como melones y estuvo dos
semanas inconsciente. Y cuando le hicieron pruebas el recuento de esperma
era del 1%. Sin posibilidad de tener hijos.
-Eso es muy bajo, nada.
-Sí pero cuando decidimos hacerlo sin nada nos hicimos unos exámenes
completos y tenía un 5%. Muy poco y ¿cómo es posible que me quede
embarazada?
-La naturaleza es sabia, tiene seguro pocos, pero galopantes como potros.
Y se rieron.
-No te rías Adele. No va a creerlo.
-¿Por qué no? si no sales con otro- y le conto el enfado que tuvo cuando la
vio con Jimmy, y además me quedé justo antes o después de venir de la
venta de caballos.
-No seas negativa, mujer.
-Que no lo conoces, va a pensar que me acosté con Jimmy, como si lo viese.
Mañana se lo diré o el fin de semana. Mientras se lo diré a mis hermanas y
que se callen.
-¡Ay, dios!, un bebé en el rancho.
-Si estoy contenta y estoy con un miedo horrible. ¿Por qué no tuviste hijos
Adele?
-Porque tuve de jovencita un cáncer y me extirparon los dos ovarios.
-¡Ay qué pena!, pero ahora tendremos uno que será de todos.
-¡Que locura! voy a cumplir 26 años. Soy muy joven. Ese maldito vaquero
Lee.
-Ya tiene 30 años y este año cumplirá 31. Que se ponga las pilas. Y se case
contigo.
-Sueña, no va a quererme, se va a casar…
-Mujer que sí, y sus padres estarán como locos de acá para allá.
-También es el primero de los Lee. Una alegría para los dos ranchos.
-Bueno esto ya está. Aquí tenéis la cena.
-Recojo y me voy.
-Vale.
-Y si te casas ¿dónde vais a vivir?
-Será aquí, ellos viven con su padres.
-Pues sí, irá a trabajar a su rancho, pero ¿qué digo Adele? No me líes,- y
Adele se reía.
-Lo que sí hay que preparar es un dormitorio cuando sepas el sexo del bebé.
Eso sí.
-¿Me das el dormitorio? Están sin estrenar y dono el mío.
-Claro que sí, es tuyo.
-Gracias mi niña. Que lleve Tom y los vaqueros los muebles.
-No digas nada aún Adele por si acaso.
-¡Está bien!
-Ni a Tom.
-Ni a Tom. Dame un besito que me voy.
-Y yo voy al despacho a ver qué tengo, ya mismo viene Tom a traerme
todas las facturas. Y lo que pasa.
Y se metió en el despacho, y empezó a meter facturas y a pagar a los
proveedores.
El martes era día de compra de comida y demás, así que al día siguiente
tendría facturas. Pagos, nunca se acababan. Cuando tenía más tiempo
preparaba las nóminas, no completas por si alguna tenía horas extras o
festivos.
Cuando llevaba dos horas quiso dar un paseo antes de que vinieran sus
hermanas y luego tomaría un café descafeinado y un trozo de tarta.
Pequeño. No quería ponerse demasiado gorda.
Cuando volvía del paseo las vio.
-Ahora cuando os duchéis venid, que tengo algo que deciros.
-¡Estoy cansada! – dijo Rosa.
-No tardaré mucho, vienen los chicos.
-No, hasta el fin de semana tiene trabajo, y descanso como nosotras.
-¡Está bien!, en media hora.
-¿Qué pasa Rocío?
-Estoy embarazada de Ethan.
-¿En serio?, vamos a ser titas…
-Eso mismo, con problemas.
-¿Qué problemas?, ¿no te encuentras bien?
-Perfectamente y con energía, pero…- y les contó lo que le había contado a
Adele.
-Pero no creo que Ethan…- dijo Carmen.
-Ponte en su lugar por un momento y es celoso.
-¡Joder!, pero es suyo, ¿no?
-¿Acaso lo dudas?, solo he salido con él y lo sabéis y sí fui con Jimmy y
Tom a vender caballos, pero cómo me iba a acostar con él por dios, estoy
loca por Ethan. Enamorada hasta las trancas.
-Y él de ti.
-Entonces lo comprenderá Rocío.
-Mañana lo llamaré y se lo diré.
-No se te nota nada.
-Uy tenemos que hacer muchas cosas.
-Hasta saber el sexo, no podemos.
-Quiero un niño- dijo Rosa, somos ya tres chicas.
-Eso un niño para este rancho- dijo Carmen.
-Ya veremos. Me gustaría. Aunque a ellos les gustará una niña.
-Pues luego la niña.
-A ver si salgo de esta. Ethan es complicado.
-Ya verás que no.
Pero nadie lo conocía en ese sentido mejor que ella. Y esa noche durmió
inquieta.
Por la mañana la llamó Ethan como todas las mañanas desde el despacho, se
hacían una video a las diez o así.
-¡Hola guapa!
-¡Hola Ethan!
-Estás seria.
-No, estoy contenta, pero tenemos que hablar.
-¿De qué?
-Te lo diré si vienes esta tarde.
-Iré cuando acabe, sobre las cuatro y media.
-Vale y tomamos café. Tengo tarta.
-Vale nena. Te dejo que me llaman al teléfono.
-¡Hasta luego!
-¡Adiós, cielo!
La mañana se le hizo larguísima hasta que tomó algo y se echó un rato en el
sofá. Cuando iba a venir Ethan preparó el café y cuando él llegó la abrazó y
besó.
-¿Me echas de menos durante la semana?
-Sabes que sí.
-Bueno tú fuiste la que puso las reglas de los fines de semana, yo vengo en
10 minutos, si me llamas.
-Tenemos que trabajar después del trabajo, cenar, leer escuchar música, y
ahora tendré que dar un paseo.
-¿Y eso?
-Termina el café y vamos a darlo.
-¿Me va a dejar? Estás muy seria.
-Nunca te dejaré.
-Ni yo tampoco.
-No estoy tan segura de ello.
-Porque desconfías de mí, nena.
-Después de lo que tengo que decirte, quizá.
Y salieron dando un paseo para la entrada del rancho, donde no había nadie.
-Venga Rocío suéltalo ya, me tienes en ascuas.
-¿Recuerdas cuando dejé las pastillas y te hiciste el reconocimiento y yo
también?
-Claro, a finales de noviembre.
-Lo hicimos ya sin nada.
-Sí, ¿y qué?
-Que estamos a finales de febrero.
-Lo sé muy bien.
-Pues no me ha venido la regla. Estoy embarazada.
Y él se paró en seco.
-Eso fue cuando fuiste también a por los caballos.
-Sí, fue una coincidencia, no sé si me quedé antes o después.
-Sabes que no puedo tener hijos.
-Pues lo vas a tener, quizá tengas pocos espermas, pero van rápidos y uno
ha entrado.
Se puso las manos en las caderas y la miró fijamente.
-Rocío…
-Qué.
-Tú estabas allí en el médico.
-Sí estaba, pero jamás nos dijeron que era imposible, tienes un 5% de
probabilidades.
-Eso no es nada y lo sabes. Tanto como sabes que no puede ser mío.
-Ethan no me he acostado con nadie salvo contigo.
-¿Por qué será que no te creo?
-¿Quizá porque me has visto acostarme con cada uno de los vaqueros? Me
estás insultando, Ethan.
-¿Y Jimmy?
-¿Qué pasa con Jimmy? Sabía que me lo ibas a preguntar ¡maldita sea
Ethan, nunca me he acostado con Jimmy, ¿cuándo lo vas a entender? que
vinimos bromeando.
-Ethan miró al suelo y le dio una patada.
-Sé con certeza que no es mío Rocío.
-Ethan, es totalmente tuyo.
-¿Porque tú lo dices?
-Sí, porque lo digo yo que lo sé con certeza.
-¿No vas a hacerte una prueba?
-No, cuando nazca. No voy a poner a mi primer hijo en riesgo porque a ti se
te antoje ser un celoso.
-Bien. ¿Cuándo nacerá?, ¿sabes qué va a ser?
-No, el mes que viene quizá lo sepa. Y nacerá a final de agosto o principios
de septiembre.
-Pues cuando nazca nos veremos, y si es mío lo aceptaré.
-A ver Nathan, te voy a ser muy clara, solo has sido tú, eres el padre, pero si
haces eso, no me quieres, ¿me quieres?
-Ahora mismo no lo sé.
-Si no me quieres, no te fías y no confías, podrás ver a tu hijo cuando el
juez lo decida, porque es tuyo, pero a mí, no me verás. Piénsatelo.
-Está pensado. Y dando unas zancadas dio la vuelta hasta la casa grande
dejándola atrás cogiendo su todoterreno y salió como alma que lleva el
diablo.
Y Rocío iba hacía la casa despacio llorando con la cabeza baja tocándose el
vientre.
-No volveré a verte jamás si no te arrepientes. ¡Hombre del demonio!- dijo
al aire.
Se lo contó a sus hermanas llorando y ellas a los hermanos. Los padres no
sabían nada ni él quiso decírselo, avisó a sus hermanos de que no podían
decirles nada. Hasta que naciera
-Pero eres un bruto, Rocío es tuya, te quiere. La vas a perder- le decía Paul.
-No es mío.
-Eso no lo sabes al cien por cien. Ve a preguntarle al médico si hay una
mínima posibilidad.
-¿La viste con Jimmy en la cama?-le preguntaba Noah.
-No, bromeando. La cogía del brazo.
-¡Joder Ethan!, eres… te daría un puñetazo. Vas a perderla y a tu hijo
también.
-No voy a perder lo que no es mío.
-Ve al médico…
-¡Está bien iré! pero tengo la absoluta certeza de que no es mío, que se
acostó con Jimmy en la venta de caballos cuando fueron a Texas.
-Lo que tú digas, cuando te pones testarudo no piensas. Piénsatelo bien
¿vale?
-Ya veremos.
-Pide cita.
Y al final, al día siguiente pidió cita y los dos días, el médico le dijo que
había una mínima posibilidad, un milagro.
-No existen los milagros y no quiere hacerse una prueba.
-Es peligrosa Ethan, puede perderlo y entonces si es tuyo sí que no te
perdonaría en la vida. ¿Por qué no disfrutas del embarazo?, la mimas, es tu
hijo. si luego no lo es, la dejas, peor si lo es… te va a resultar complicado.
-No puedo doctor.
-Estás siendo terco Ethan.
-Pero si me está diciendo que es un milagro…
-Que a veces existen. Venga piénsalo. Puede ocurrir, no es un no definitivo,
ahora toma tú la decisión que creas.
Pero él salió peor de lo que entró. Debía pensarlo bien, los pros y los
contras y su corazón era una coraza cerrada a Rocío. La amaba en la misma
medida que la odiaba.
La deseaba y deseaba que fuese suyo. Peor no podía y no podía creerlo.
Como se miraron esos dos al venir de la venta de los caballos. Esas
miradas…. No podía.
CAPÍTULO VIII
Pero con Ethan no había nada que hacer conforme pasaban los días. A
veces, miraba el móvil y tenía intención de llamarla. Otras, esperaba que
fuese ella quien lo llamara. Pero su orgullo podía más y se quedaba quieto.
El humor le cambió ese mes siguiente. Hasta sus hermanos, le pegaban la
bronca, pero nada había que hacer. Se lo decían a las chicas y estas a su
hermana.
Rocío estuvo llorando dos semanas hasta que dijo basta. Tenía que mirar
por su hijo. Tenía dinero, un rancho que dirigir y un hombre por ignorar y
olvidar.
Y así les dijo a sus hermanas que no se lo nombraran, que no quería saber
nada de él. Ni quería saber nada, ni que sus hermanos le dijeran nada a
Ethan. Que dejaran eso en paz y vivieran ellos tranquilos, que ella lo estaba.
En marzo, a finales de mes, fue de nuevo a la ginecóloga. Carmen quería ir
con ella y fueron las dos. Ya que Rosa sí que tenía más trabajo y Carmen
solo era preparar las actividades del fin de semana.
-Quería hablar una cosa contigo. Rocío- le dijo su hermana.
-¿Qué?, ¿de qué se trata?
-Bueno no sabemos los ahorros que el abuelo tenía en el rancho, yo no lo
sé, tú sí, pero es enorme este rancho y está desaprovechado.
-Sí que lo es. Es enorme.
-Y tiene la parte oeste desperdiciada, sin nada, porque los animales y todo
lo referente a ellos y los pabellones están más arriba en el otro lado.
-Pero la parte oeste da al rancho Lee.
-Lo sé- dijo Carmen.-Pero hay bastantes acres y está en llano.
-¿Y?
-Podíamos hacer unas cabañas, un pequeño super con librería y periódicos y
una tiendita con regalos y logo del rancho habría que hacerlo. Yo lo haría.
Así podríamos tener gente para el fin de semana, ampliaría la página y la
gente podría pasar un fin de semana o días enteros, vacaciones y la ciudad
está al lado.
-Eso es un rancho de vacaciones.
-Sí, una parte, podemos tener una pequeña piscina otra para niños.
Separados, un comedor…
-Pero Carmen…
-Me encantaría. Y metería allí las actividades también y más actividades.
-¿Quieres hacer eso?
-Sí, me encantaría.
-¡Está bien!, tendrías la parte oeste y algunas actividades en la este, pero
necesito un proyecto con presupuesto.
-Noah conoce a un arquitecto amigo suyo.
-Vale llámalo y te encargas de darme el proyecto, con presupuesto y lo
estudiamos juntas. Si es viable adelante. A la casa grande no molesta y es
cierto que esa parte está vacía. Y se podría hacer algo. El abuelo tenía
dinero sí, pero tenemos que proveer las ganancias para reponerlo, Carmen.
-Está bien, de diré a Noah que llame al arquitecto, y a lo que necesito.
Habrá que contratar a gente, y prepararé un presupuesto y ganancias,
porque la página ha de tener más publicidad que llegue más lejos de
Alabama. A otros estados.
-¿Pero cuántas cabañas piensas hacer?
-20 o 25, de diferentes tamaños.
-¿Tantas?
-Caben además con comedor y demás. Sí, serán adosadas o no, depende de
lo que me digan.
-Bueno a ver. Tú te ocupas, y lo hablamos. Ya estamos. Voy a aparcar.
-Aparcaron y se sentaron en la sala de espera hasta que el ginecólogo la
llamó.
Ya se le notaba un poco, solo un poco el vientre.
Y cuando le hizo la ecografía, Carmen se emocionó con el latido del
corazón de su sobrino porque era un niño.
-¡Ay un niño!, lo que yo quería- decía contenta.
-Lo que todas queríamos- decía Rocío.
-Está perfecto todo, le dijo al final. Te cuidas paseo un poco y nada de
estrés. y Rosa la miró como diciendo ya sabes.
Al salir se fueron a desayunar.
-Hay que preparar una habitación.
-Sí pero cuando cumpla seis meses. Que la pinten, los muebles se los va a
llevar Adele. Se los voy a dar ya para dejar la habitación vacía y que la
pinten.
-¿De qué color?- decía Carmen.
-Creo que del mismo que tiene, gris, es tenue. Y con los adornos y muebles
quedará bonito. No quiero poner colores para dentro de dos años cambiar el
color.
-Es verdad, cambiamos todo, cortinas y adornos.
-Cuando compramos todas las cosas. Pues el sexto mes, te digo, mientras
que se quede libre y pintada y el baño y el vestidor lo utilizaré. Con sus
estantes.
-Son bonitos.
-Sí.
-Pues nos falta el nombre, ¿qué nombre le vas a poner Rocío?
-Si su padre lo hubiese querido, Ethan, pero como no ha sido así, le
pondremos Wes como nuestro padre, Julián no me gusta.
-Wes… ¡Qué bonito! como papá.
-Sí, como papá. Nadie lo merece más. Cuando pasen diez años los
incineraremos y los traemos al rancho con nosotros. Aunque quisieron ser
enterrados, no quiero que cuando abran las lápidas se los lleven a un osario.
-¿Eso hacen?
-Pues no sé, pero sé que solo pueden estar diez años y lo tendremos en
cuenta.
-Sí, aunque tendremos que pagar.
-No, si nadie se entera, en cajitas las cenizas y punto.
-Bueno hablemos de otra cosa, Wes. Yo le compraré el cochecito y el del
coche. Y alguna ropita.
-No hace falta Carmen.
-Pero quiero y Rosa seguro que algo también. Yo ya te digo lo que voy a
comprarle a tu gusto claro porque iremos las tres. Y compramos todo, ese
día de compras. Tiene que ser entre semana.
-¡Está bien!
Ese día al llegar a casa e irse Carmen, Adele ya se había ido dejándole la
cena, y ella se puso un chándal fino ya casi de verano y se echó en el sofá
mirando la foto de la ecografía de su hijo. Pero nunca se la enviaría ni le
diría qué iba a tener.
Y sus hermanos no iban a decirle nada.
De hecho, una de las noches Ethan le preguntó a Noah que sabía qué iba a
tener rocío.
-Pregúntale tú si te interesa. De ella no vamos a decirte nada.
-Muy bien, gracias y se fue cabreado a su dormitorio. La echaba tanto de
menos, y si estaba siendo orgulloso y si ella tenía razón. Nunca lo
perdonaría.
Estaba estresado y necesitaba salir , tener sexo, irse lejos. Esperaría a junio
y se tomaría ese mes de vacaciones.
Por las noches cogía sus prismáticos para ver si veía a Rocío.
Y la veía sola en el balcón leyendo y cuando se levantaba se le notaba un
poco el vientre.
Nunca vio a Jimmy. Y se hacía miles de preguntas.
En ese mes de abril a finales ya tenían la habitación pintada y sin muebles.
Lista para meterlo todo. Rosa le dijo que ella le compraría la cunita y el
balancín y la bañerita.
-Bueno, yo le compraré un cucú para mi dormitorio mientras es pequeñito.
Y cuando cumplió seis meses de embarazo. No sé cómo se enteró de que
Ethan había cogido un mes de vacaciones hasta finales de junio.
A las chicas, ella dijo que se cogieran vacaciones, así que Rosa se cogería
julio con Paul y Carmen Agosto con Noah.
-¿Y si lo tienes y no estoy?
-Me ha dicho el ginecólogo que a primeros de septiembre.
Pero las cosas cambiaron, cuando los dos días tenía allí en el despacho, a
Carmen Noah y el arquitecto con el proyecto que Carmen le había pedido.
Ella había visto que habían medido de un lado para otro un par de personas
y otro que dirigía con Carmen y Noah a veces.
La verdad es que el proyecto no rompía la estética del rancho y estaba a la
entrada hacía la izquierda. Ni molestaba al rancho Lee.
Eran 25 cabañas adosadas, una piscina, un super, un comedor y una plaza
con bar para la noche bailes o tomar una copa. Aparcamientos…
Sala de juegos, un par de pistas de pádel y una pequeña para que los niños
jugaran.
-¿Todo eso cabe?
-Sí siempre el terrero parece más pequeño-le dijo el arquitecto. Las cabañas
son desde una plaza hasta tres. El complejo estará cerrado con una puerta
para ir a las actividades. Y se irá a ver el rancho.
-En la tienda de regalos se venden las actividades y se pone el cuadrante en
la puerta. Es pequeña. Y el comedor como para 100 personas por si quieren
comer los que viene a las actividades del fin de semana solo.
-Esta es la página nueva- le dijo Carmen.
-Así quedarán las cabañas…
-Sí. Son preciosas.
-Y esto es un plano y una vista de cómo quedaría todo.
-¡Qué bonito Carmen!- le dijo Rocío que le encantaba.
-Incluiré las actividades del fin de semana en ellas. Los que no quieran
quedarse o los que quieran comer…
-Estamos en abril. ¿Cuánto tardarán en hacerlo?
-Dos meses o dos y medio, si meto mucho personal.
-Dos meses, para reservar en verano.
-Perfecto.
-Quiero saber el precio de todo y cuantos personas has calculado contratar.
-Diez o doce más o menos
-10 personas, ¿y dónde van a dormir?
-Aquí un pequeño pabellón en el complejo, pero si alguno quiere irse, el
pabellón es para 15 plazas.
-¿Es ese?
-Sí.
-Vale. Me encanta todo. Ahora el precio.
-Con permisos, decoradora y todo completo...y le dio un precio y era más
de lo que pensaba.
-Con estos precios lo amortizaremos en tres años o en menos.
-¿Estás segura Carmen?
-Sí. Ge hecho un cálculo.
-Vale te daré el dinero, pero ese irá con las actividades a los ahorros, aunque
no dispongamos de tus ganancias para repartir a final de año hasta que esté
repuesto todo.
-Rosa está de acuerdo.
-Sí. Está de acuerdo.
-Bien. Hay dinero para ello. Te doy el visto bueno si no rompe el paisaje.
-No lo romperá, señora, pondremos árboles, además. Quedará precioso.
-Es mi lugar Rocío, gracias.
-¡Qué loca! Pues nada empiecen con los permisos.
Y empezó a firmar lo que el arquitecto le pasó y le dio un cheque por la
mitad. Al mes siguiente otra parte y al final todo. Era un pico, pero había
más del triple en la cuenta sin contar esa salida. Y veía a su hermana tan
contenta…
Rosa ya era feliz con sus caballos y tenía todo lo necesario y ella también,
además de la casa más grande.
Al día siguiente fueron a comprar todo lo del niño Wes, y al venir, cargadas
con la camioneta, llamaron a Norman y a Jimmy para sacar todo al menos
los muebles y montarlos y las cortinas ponerlas y la lamparita.
Cuando los chicos se fueron…ellas también y solo se quedó Rocío,
descansó y por la noche puso al día el trabajo. Terminó cansada. Ya había
andado de acá para allá y no necesitaba ese día paseo ninguno.
El día siguiente se tomaría por la tarde después de descansar y dar su paseo,
decorar la habitación, que Adele le lavara la ropa y ella la guardaría
planchadita.
Adele le dijo que era precioso todo.
Y así en dos días tenía todo listo, la puerta con sus nombre, decorado, los
bolsos listos, todo en sus estantes y perchitas, la cómoda que quiso comprar
las lámparas que les habían colocado los chicos otra de pie al lado de la
mecedora con una mesita, la habitación era enorme y se pasaron
comprando, aunque de todas las tallas.
La chica de la tienda le fue dando todo lo que iba a necesitar y que ella no
sabía que existía. Y por las noches se leía los libros de maternidad que
había comprado hasta un año el pequeño.
Y su padre sin aparecer.
Adele limpiaba cada semana la habitación. Y el complejo iba tomando
forma a pasos agigantados, y Carmen dijo que no se iba de vacaciones
porque el trabajo…
Y ella le dijo que se fuera ahora… que uno de los chicos, Norman se hacía
cargo de las actividades del fin de semana y se fue en mayo, aunque a
regañadientes.
-Confía en tu constructor. Si quiere algo ya sabe que me lo puede pedir,
tengo los planos y demás.
-Es que me cuesta.
-Tomate esos días tranquila y déjate de tonterías, lo vas a necesitar. Cogerás
fuerza para todo lo que te viene.
Y se fue en mayo con Noah de vacaciones.
En junio cuando vino, su complejo estaba casi acabado y se quedó con la
boca abierta.
Y con la decoradora fue de un lado a otro y en una semana estaba todo
acabado, la gente contratada y empezó a tener reservas. Y llamaba a Rocío
y esta se reía.
-Si necesitas más gente conforme vas viendo, los contratas.
-Quizá necesite un ayudante.
-Contrátala.
-¡Está bien!
Y ella se enteró de que Ethan se había ido en junio de vacaciones cuando
volvió su hermano.
Y Rosa se iría en julio con Paul, así estarían en agosto por si acaso. Y estar
con Rocío el último mes en que estaba ya más pesada.
Carmen le dijo una noche que fue a verla para contarle que en agosto tenían
todo lleno.
-¿Que vas a hacer cuando des a luz?, ¿quién va a llevar el rancho?
-Tom los días que esté, pero y luego yo, en las horas que me deje libre Wes.
-¿No vas a contratar una niñera?
-Tengo a Adele.
-¿Y por las noches?
-Su madre.
-¿Y si llora mucho?
-Entonces contrataré a alguien.
-Hazlo desde el principio Rocío, puedes y así descansar y te recuperas. ¿Le
vas a dar el pecho?
-Si puedo, unos meses.
-Pues ya está, si vas a trabajar, mete a una chica interna un año al menos, ya
que Ethan es tan energúmeno…
-Lo es sí, orgulloso.
-Y si volviera, si le hace la prueba y ve que es suyo…
-No lo verá salvo cuando le corresponda.
-Lo va a pasar mal Rocío. ¿No lo vas a personar?
-No, de momento no.
-Rocío, ¿sabes que sus padres ya lo saben?
-¿Qué saben?
-Paul se lo dijo ayer que iban a ser abuelos y que Ethan…
-Como está de vacaciones se lo contaron Noah y Paul.
-Vendrán a verme, seguro.
-Seguro que sí.
-Me dan pena. Pero es su hijo, y se ha ido de vacaciones sin mí…
-¿Por qué no te vas unos días?
-Porque no quiero, estoy en una zona de confort, ahora mismo
embarazadísima y no pienso irme sola. Estoy vulnerable, y triste y contenta.
Tengo un cúmulo de emociones.
-¡Maldito hombre!
-¡Sí, maldito!
-¿Y si se acuesta con alguien Carmen?
-Entonces nunca se lo perdonaré, jamás. Mañana voy a ver el complejo, aún
no he tenido tiempo. Dejemos de hablar de él. No se puede volver atrás. Iré
por la mañana, luego trabajo.
-Me encantará. Te vienes conmigo y te lo enseño.
-¡Está bien!
Y al día siguiente Rocío estuvo con su hermana viendo el complejo. Había
gente que llegaba a la pequeña recepción que tenían las cabañas. Y todo
estaba señalizado y era precioso. Parecía un pequeño hotel dentro de un
rancho.
-Es precioso por qué no pones una sala de masajes al lado de la piscina y un
gym. Allí las dos cosas.
-¿Puedo?
-Puedes. Pero espera ya a octubre que haya menos visitantes. ¿Estaría bien
no crees?
-Sí cabe. Me encanta.
-También podemos poner una guardería al otro lado por si los padres
quieren ir a bailar por la noche o salir por la ciudad.
-Madre mía Rocío. No vamos a amortizar eso…
-Eso tiene cobro y se cobra.
-Dios, sí haré todo eso una cabaña guardería con patio y vallas altas con
juegos y parquecito
Me encanta. Cámbiate tú.
-No, pero lo haremos. Menos mal que el barracón tiene para más personal
porque algunos se van a casa.
-Pues nada en octubre pregunta eso al contratista y al arquitecto hay espacio
y me gustan estos bancos y senderos entre un espacio y otro.
-¿Verdad?
-Sí, parecen parques.
-Bueno, pues tienes el visto bueno en octubre.
-Se lo contaré a Noah.
Y se abrazaron
-Gracias hermana. Ahora tendré que modificar la web.
-Tú puedes, cuando esté hecho lo haces.
-Sí, puedo, es mi complejo.
-Es tu complejo.
-Te dejo, me voy.
Y cuando llegó a la casa grande. Adele le dijo:
-Tienes visita.
Y ella pensó que eran los padres de Ethan.
-¡Ah!, y los padres de Ethan dicen que si pueden venir a tomar café hoy.
-¡Ah! ¿no son ellos?
-No, bueno llámalos y diles que los espero a las cinco.
-¡Está bien!
-¿Dónde tengo la visita?
-En la salita.
-Voy.
-¡Anda Jimmy!, ¿qué pasa?, ¿tienes algún problema? ,¿quieres limonada o
café o algo?
-No, gracias, Rocío, quería hablar contigo.
-Estás serio, ¿qué pasa?
-Me llamó anoche borracho Ethan.
-¿Cómo?, está de vacaciones.
-¿Está de vacaciones?
-Sí, este mes de junio. Me lo dijeron sus hermanos.
-¡Pero no salís juntos?
-No desde que supo que estaba embarazada.
-¿Te ha dejado embarazada y no quiere al chico?
-Eso es.
-¿Y eso?
-Porque cree que es tuyo.
-Con razón, dijo él, levantándose y dando vueltas por la sala con las manos
en la cabeza.
-¿Con razón qué?
-Cuando anoche me llamo, eran las tres de la mañana. Bueno no se si
contarte esto, creía que eras tú.
-Que era yo ¿quién?
-Quien estaba con él.
-¡Maldito hijo de! …
-Bueno a lo mejor no estaba con una sola.
-Mejor me lo pones.
-Había música, estaría en una discoteca.
-¿Qué le decía?
-¿Qué que qué le decía ella?- le preguntó Jimmy.
-No Rocío, no me preguntes eso.
-Que me lo digas.
-¿Cielo nos vamos ya?
-Vale ¿y a ti qué te dijo?
-Que era un hijo de … ya sabes que me iba a partir la cara y que me hiciera
cargo de mi hijo, ahora lo entiendo todo.
-Nos vio venir de la venta cuando fuimos a Texas, cuando bromeábamos y
me echaste el brazo por encima.
-¡Joder¡, pero estábamos de broma jefa.
-Lo sé, pero él es así de celoso, y siéntate que me estás poniendo nerviosa y
no estoy para eso. Te voy a contar algo que vas a mantener en secreto.
-¡Está bien!
Y le contó lo que le había pasado a Ethan en la universidad y que no podía
tener hijos.
-¡Joder Rocío!, no sé, un hombre puede dudar de eso.
-Lo sé, pero él no debería.
-Ahora cree que soy yo, pero puede hacerse la prueba.
-Y se la va a hacer cuando nazca Wes, no antes, no quise poner en riesgo al
niño.
-No me creo todo lo que estoy oyendo.
-No te preocupes, no entrará al rancho y no te romperá nada.
-No le tengo miedo, por eso no es, le devolvería el golpe con ganas.
-No va a haber peleas en mi rancho Jimmy.
-Lo sé, pero te quedan unos meses.
-Dos para que sepa que es su hijo.
-¿Y por qué no lo vas a perdonar?, es normal que piense así, seguro que lo
está pasando mal.
-Con lo que me has contado ¿tú crees?
-No debía decírtelo, pero no sabía nada.
-Bueno Jimmy, no te preocupes.
-Yo no lo hice a propósito Rocío, es por mi culpa.
-No es por tu culpa, puedo tener amigos que me echen el brazo por encima,
¿no lo entiendes?
-Sí. No sé por qué hace eso con una mujer como tú.
-Pues se hace, ya ves. Y ahora acaban de enterarse sus padres y vienen a
verme esta tarde. Así que vete tranquilo y es nuestro secreto Jimmy.
-Gracias Rocío, si necesitas algo, me lo dices o me llamas tienes mi
número.
-Lo haré, gracias.
Y Jimmy se fue preocupado. Claro que le gustaba Rocío, ¿a quién no le
gustaba?, Ethan era tonto, pero él solo era un vaquero que procedía de gente
humilde nada más. Y a esa mujer no podía él ofrecerle nada. Y seguir,
harían las paces una vez que tuviesen al niño.
Si fuese Ethan no iba a dejar a escapar a esa preciosidad ni loco. Era una
gran jefa. Pasaba por el barracón de vez en cuando y comía con ellos y
siempre al pendiente con Tom de si faltaba algo. Aunque su trabajo, fuese
de despacho, estaba siempre al tanto de todo el rancho. Incluso su hermana
había hecho un complejo precioso y ella la había apoyado y no se hablaba
de otra cosa. Pero ellos eran vaqueros y estaban con los caballos y no les
molestaba el complejo para nada y no molestaban a los turistas. Al
contrario, si había que montar e ir de ruta, el fin de semana iban él o
Norman, según les tocara, con Carmen y a veces iba Noah, su pareja y la
gente se divertía.
Los niños en el rodeo también.
Vaya historia la de Ethan y ella.
Se fue preocupado al pabellón y tomó algo para salir al campo con los
caballos.
Y Rocío se quedó pensando en Jimmy. Era guapo de ojos azules y rubio. Un
chico encantador y educado. Era graciosos y de Montana. Estaba
preocupado por ella y era tranquilo, no como Ethan que era un torbellino de
celos y de orgullo. Y pensó si no se había precipitado con él. Debería
haberlo conocido más antes de tener incluso sexo con él.
Era la tercera vez que la lastimaban y ni una más porque esta era seria y
dura. No confiar en ella era para Rocío lo peor, pasar su embarazo sola, era
imperdonable y eso que fue un buen embarazo, aunque ya se encontraba
pesada. Pero comía sano y andaba todos los días hasta la salida del rancho y
de vuelta, o hasta el pabellón de los chicos. Una hora, a veces se sentaba en
mitad del camino en una piedra o asiento de piedra que había repartido por
el mismo.
Y aunque no se daba cuenta, Jimmy la veía sola y se le revolvían las tripas.
-No es para ti- le decía Norman, que era su mejor amigo.
-Ya lo sé, pero si lo fuese…
-No sueñes, está con Ethan.
-No está con Ethan, ya no.
-¿La ha dejado embarazada y sola?
-Eso es.
-¿En serio?
-Sí. Eso ha hecho ese cabrón.
-Pero qué…
-Ahora está de vacaciones. Y ella sola. Si yo fuese alguien…
-Eres alguien Jimmy, no te subestimes.
-Soy un vaquero sin nada que ofrecer a una mujer como ella.
-Bueno, si te sirve de algo, yo también, anda vamos arriba a ver la parte
norte.
CAPÍTULO IX
A las cinco de la tarde, llegaron los padres de Ethan.
Y ella tenía preparado el café con pastas.
-¡Hola, cariño!, le dijo Eve.
-¡Hola Eve!, Hola Lex, ¿cómo va el rancho?
-Bien, hija bien, como todos los años. No nos podemos quejar. Ethan lo
lleva bien y los chicos.
-Sí, lo sé.
-Pasen y se sientan en la salita.
-Ah, ¡qué bonita!- decía la madre de Ethan. La has cambiado.
-Sí, para estar más recogida en invierno. Como estoy sola, me gusta estar
más aquí, tengo libros y la tele también. Música y deje el baño, aunque lo
arreglé.
-Me encanta .
Les sirvo el café, y puso las pastas. Eve le ayudó a llevarlo a la salita.
Cuando acabaron, mientras hablaban del complejo de Carmen que les
encantaba, le dijeron:
-¿Es de Ethan?
-El niño, sí, es niño y se va a llamar Wes como mi padre. En principio quise
ponerle Ethan, pero como dice que no es suyo por lo que le pasó en la
universidad…
-Él no sabe que hemos venido, nos lo dijeron los chicos, está de vacaciones
en Las Vegas.
-No se preocupen, pero sí, fuimos a hacernos unos análisis y salió un 5%, es
muy difícil pero no imposible, y no pienso hacerme la prueba hasta que dé a
luz y quiero que se la haga quiera él o no. Si no, la pido judicialmente y lo
siento por ustedes.
-No mujer, se la hará.
-No quiero dinero, no es por eso. Yo también tengo mi orgullo. Cuando vea
que es suyo, lo tendrá cuando le toque, según la ley, ni más ni menos.
-Mujer Rocío, lo perdonas, podéis ser una familia, mira que sé que te
quiere, pero está cegado, compréndelo.
-Lo comprendo, pero podía haber esperado a que lo tuviese y hacerse las
pruebas. Estoy decepcionada . Han pasado días y meses y mis sentimientos
por él no son ya los mismos.
-Lo sé – dijo el padre y si me hubiera enterado antes, lo echo de mi casa y
de mi rancho.
-Es su hijo, y es ya mayorcito. He visto que le está haciendo una cabaña.
-Sí me la ha pedido, los otros no quieren de momento. Ya está casi acabada.
Es para él, estará lista cuando vuelva.
-Desde luego, ya tiene 31 años.
-Sí, cuando los otros digan, se les hará una.
-¡Está bien situada!
-Sí, y cerca de la casa. La están acabando de decorar.
-Me alegro mucho por ustedes. Y quiero decirles que cuando el niño nazca,
él lo verá cuando la ley diga, pero ustedes pueden venir cuando quieran y
estar con él.
-Gracias hija. -Y la madre se emocionó.
-Vamos Eve. Es su nieto y si lo digo es porque estoy segura, nunca le he
mentido a nadie ni tengo por qué. Aquí solo he salido con su hijo, no he
querido a nadie más y lo he querido mucho. Pero no consiento que me
lastimen a mí y menos a mi hijo.
-Si tienes razón y te comprendemos…Bueno esperemos que todo salga para
bien.
Ya no tocaron más el tema. Ella quiso enseñarles el complejo que ya estaba
llenándose de turistas.
-Esto es una buena idea, lástima que nosotros no tengamos terreno para ello.
Solo para hacer tres cabañas para nuestros hijos- dijo Lex.
Y volvieron al coche y se fueron abrazándola.
-Si necesitas algo hija, me lo dices y vengo.
-Gracias Eve.
Y así pasó junio.
Sus hermanas encantadas con ellos. Ella no salía y ellos sí, los fines de
semana. Ella solo el domingo, y algunos a tomar café descafeinado y dar un
paseo cuando le apetecía.
El uno de julio estaba acabando de guardar las copias de las nóminas que
había pagado el día anterior cuando sintió un bullicio en el porche.
-Se asomó a la ventana y eran sus hermanas y los chicos Lee que venían a la
casa.
Se levantó
-¿Qué pasa?- dijo Adele.
-No sé, viene los cuatro. Mis hermanas y los Lee.
-¿Ethan?
-No, el no viene.
-Pasaron. La puerta estaba abierta y le dijeron- Rocío tenemos que hablar
contigo.
-Vale – vamos a la salita, ¿queréis algo?
-Sí, limonada.
-Vale.
-Adele trae limonada y una bandeja de bocadillos, haz algunos más.
-Ahora vengo.
-Bueno sentaos, ¿qué pasa?
-¿Que qué pasa?- dijo Noah- mi hermano vino ayer. Ya sabes que mi padre
le terminó la casa hace dos días, bueno la cabaña completa.
-Sí, me lo dijeron en otro día, cuando vinieron a visitarme.
-Quiero que estés tranquila -dijo Carmen.
-No lo estaré si no me decís qué pasa.
-Se ha casado en Las Vegas con una chica de 24 años, tiene una niña de
cuatro años para colmo. Madre soltera, camarera y están viviendo en la
cabaña. Esta noche han dormido allí- dijo Paul.
Y ella aceptó esa puñalada con entereza. Aún tenía un pequeño resquicio de
que cuando la prueba saliera positiva pudiera perdonarlo con el tiempo.
Todos la miraron.
-Mira es esta.
-Y la niña Nora, como ella se llama.
-No puede haberse enamorado en un mes. Mis padres están que echan
humo- dijo Noah.
-Pero él hoy ha ido a trabajar como si nada, dice que son su familia y que
mañana va a hacerles un seguro y a abrirle una cuenta a ella.
-No la conoce y le va a abrir una cuenta.
-Es su mujer Noah, que haga lo que quiera- dijo Rocío.
-¿Y tu niño?
-Mi niño tiene a su madre y él tiene lo que quería. Es guapa y joven y ya
tiene a su familia.
-Pero si es su hijo Wes.
-Lo es, pero él no lo cree y si ha tomado su decisión hay que respetarlo.
En esas entró Adele con la comida y estuvieron comiendo.
-Pues no me gusta. Hay algo en ella que… – dijo Paul.
-Bueno, pero ella administrará su casa y a su hija y seguro que tu hermano
no la dejará volver a ser camarera, ¿no?
-No, van a ver un colegio para la niña para septiembre y le va a comprar un
coche a su mujercita. Ya mi padre le ha dicho que de comer en la casa
grande nada. Qu ese tiene que administrar con su nómina y lo que tiene
ahorrado y lo que nos da a final de año.
-A mí me parece bien, lo que tu padre haga.
-¿Y tú como estás Rocío?
-No voy a mentir, triste, pero se hará la prueba sin dudarlo.
-Pídele manutención que le corresponde- dijo Noah.
-No, no voy a pedirle dinero, ninguno, ni a dejar que se lo lleve si no quiere.
O ella no lo quiere. Solo dejaré que vengan tus padres y vosotros. Cuando la
prueba sea positiva.
-¿Y si no quiere hacérsela?
-Se la hará judicialmente.
-Si no por las buenas, por las malas, eso sí que lo va a hacer.
Cuando salieron de allí, los hermanos iban cabreados.
Y conforme pasaban los meses se quejaban de su cuñada que para ser joven
quería mangonear en ellos. Pero a ellos no. Ni dejaban que a sus padres
tampoco. Tuvieron enfrentamientos con Ethan por ello y ella dejó de ir a la
casa de sus suegros. La niña era bonita y a los suegros le gustaba, pero ella
no dejaba que fuese tampoco si ella no mandaba allí.
Un día Carmen, ya llegado el parto casi, le dijo que los hermanos habían
contratado a un
detective para saber todo de Nora.
Y eso por qué cómo se entere su hermano.
-Dice que le da igual que es su rancho y quieren saber quién ha entrado, la
vida se ha vuelto insoportable desde que llegó y su padre le ha amenazado
con cambiarlo a él de puesto, que se quede Noah y él sea capataz. Y dice
que se lo está pensando. Que no los soporta, así están las cosas.
-Así y todo, por esa mujer. por eso han contratado a un detective.
-¿Pero es de Las Vegas?
-No, ella es de Texas.
-Bueno está cerca para investigar.
Y en ese momento rompió aguas.
-¡Ay dios mío!, pero qué…- dijo Carmen e hizo unas llamadas.
-Voy a ducharme- subió Rocío las escaleras.
-Espera no seas loca, te ayudo, y enseguida vino Tom y Adele la hermana
que faltaba.
-Me voy con -ella dijo Adele.
-Nos duchamos y vamos ahora, estamos en contacto, toma los bolsos.
Y cuando llegó al hospital tardó dos horas en venir al mundo Wes Smith, un
niño moreno precioso de ojos verdes que pesó 3,5 kilos.
Ella estaba cansada, le habían dado tres puntos y cuando estaban en la
habitación ya relajada y habiendo dormido unas horas vio a su hermanas
allí.
-Adela se ha ido y Tom. Nos turnaremos nosotras por la noche- dijo
Carmen.
-Ya tenemos todo arreglado, nos han dicho que en dos días te vas. Que estás
muy bien. Te sacaron sangre dormida y ni cuenta te has dado.
-¿Y Wes?
-Le hemos dado biberón y está dormidito.
-Dámelo.
-Y se lo puso en el pecho mirándolo y soltó unas lágrimas.
Y el niño empezó a mamar.
En el hospital había dejado sangre del bebé y le mandó a través de un
abogado a las dos semanas, cuando estaba ya un poco repuesta y se le
habían caído los puntos, una orden para que Ethan se hiciera la prueba.
Los chicos dijeron que había ido y les mandarían a ambos los resultados.
-El, desconfiado y amargado, cogió otro abogado para que la prueba se
hiciese legalmente.
-Eso aún le dolió más a ella.
Al mes estaba casi recuperada y tomó las riendas del rancho, aunque Tom le
decía que le echaría una mano aún y ella que no, que tenía a Sara. Pero Tom
venía y hacía todo cuanto podía para que tuviese más tiempo de descanso.
Y ella se dejaba mimar por ellos. Por Sara por Adele y por Tom.
La semana siguiente recibió la carta certificada de la prueba de ADN. Y era
positiva. Era hija de Ethan, y cuando los chicos estaban todos reunidos por
la noche le enseñó la carta, ya Adele lo sabía y Tom también.
Y ella ya empezaba a vivir con su niño una nueva vida. Era precioso, muy
bueno y tenía un mes y los ojos verdes de su padre.
Y si la carta ya se la habían enviado a ella, a Ethan también.
Y al otro día se presentó en el rancho con la carta.
Cuando lo vio salir del coche envió a Sara con el niño arriba.
-¡Hola Rocío!
-¡Hola Ethan!, pasa.
-Es mío -dijo mostrando la carta.
-Sí, te lo dije hace siete meses. A propósito, enhorabuena por tu boda, tienes
niña incluida.
-Gracias. Fue un gran error. Estaba borracho.
-¿Y qué me quieres decir con eso? No es problema mío. Ni me interesa.
-Que te quiero. Nunca he dejado de quererte.
-¡Ah mira que bien!, pero no he visto divorciarte.
-No puedo hacerle eso a la niña. Me llama papá.
-Pues que te siga llamando papá, ¿qué quieres que te diga?
-Que me digas cuánto debo pagarle.
-Nada. No le falta de nada.
-Rocío…
-Te he dicho que mi hijo no cogerá un dólar tuyo.
-¡Joder Rocío! A ver quién es la terca ahora.
-Tienes una hija, se lo das a ella.
Y se acercó a ella…
-Ni te acerques…
-¿No me quieres ya?
-¿Tú que crees?
-Que no has podido dejar de quererme como yo. Quiero que nos veamos
como antes.
-¿Incluida tu mujer?
-Ella no lo sabrá.
-Sal de mi casa y no vuelvas. ¿Quién te crees que soy?
-Quiero ver al niño, me corresponde- dijo con rabia.
-Le preguntaré a mi abogado y en todo caso irá Sara con él.
-¿Quién es?
-La niñera. Hasta que sea mayorcito. Y tus padres pueden venir a verlo
cuando quieran.
-¡Ah y Ethan!
-Qué- dijo más alto de lo normal.
-No te quiero. Has matado lo que había entre nosotros. Así que vive tu vida
con tu familia. Y no toques ese tema nunca más conmigo.
-Como quieras -y salió dando un portazo.
Los padres de Wes vinieron con ropita y regalos a ver a su nieto. E iban
todas las semanas a verlo.
Ethan sin embargo podía venir un fin de semana sí y otro no y aunque Sara
tenía los fines de semana libres ella le pidió que se quedara las horas cuando
estaba Ethan. Y se las pagaría. El sábado por la mañana solo cuatro horas.
Y ella se perdía por el complejo o se iba a la ciudad para no verlo.
Estaba indignada, humillada, ¿qué se creía?, ¿qué iba a acostarse con él
teniendo a su mujer?
Incluso se había puesto el apellido a la hija de su mujer. Pero ella no
consintió ponerle Lee, le puso Smith de apellido.
Y él no dijo nada.
Y así llegó otra Navidad y el complejo se llenó de gente para celebrarla
como se celebró el puente de Acción de Gracias.
Había recuperado su figura y ya Wes tomaba biberón y alguna fruta molida.
Una tarde lo llevaba paseando por el rancho en el cochecito y paso Jimmy.
-¡Hola jefa!, ¿cómo va la cosa?
-Llámame Rocío Jimmy.
Debía que reconocer que estaba muy bueno y era alegre, siempre optimista,
y muy buena persona.
-¿Y este pequeño?- y el niño le echaba los brazos-
Y cuando lo cogió le dijo papá
-¡Ey pequeño!, ¿qué me has llamado?
-¿Has visto?, ha hablado Rocío.
-Sí, dijo riendo te ha llamado papá.
-¡Qué más quisiera yo pequeño! ¡Ojala hubiese sido verdad aquello.
-¡Ay, Jimmy!, vamos a sentarnos anda un poco -y se sentaron.
-¿Dónde ibas? Dando una vuelta y tú igual con el peque.
-¿No sales?
-Me toca esta noche sí, ¿quieres salir?
-¿En serio me lo pides?
-Bueno ha sido un arranque, perdona. Me ha salido así. Solo a cenar y a
tomar algo.
-Acepto. Hace meses que no salgo.
-¿Aceptas?
-Sí.
-¿No pensarán mal?
-A ver Jimmy es mi rancho, si me entero de que alguien piensa mal, lo
echo.
-Mujer no seas así,
-Es broma. Pero sí, llevo cuatro meses sin salir y me apetece.
-¿Y dónde dejas a Wes?
-Con una de mis hermanas, tiene tías.
-Es verdad.
Rosa y Paul se quedaron con el pequeño y ella salió a divertirse tras cuatro
meses y en el embarazo en que solo iba a tomar un café o dar un paseo.
Estaba un poco emocionada. No veía a Jimmy como un vaquero, sino como
un trabajador, un chico guapo, y le gustaba. Aunque nunca se había fijado
en él en ese sentido hasta que se decepcionó de Ethan.
Y quiso conocerlo, saber quién era en realidad. Solo sabía que era de
Montana, nada más. Y que su mejor amigo era Norman. Nunca tenía
conflictos ni problemas y era uno junto con Norman de los preferidos de
Tom. Así que confiaba en él.
Quedaron a las siete y ella se puso un vestido de invierno y él estaba
guapísimo. Nunca lo había visto vestido, con zapatos y abrigo negro, una
bufanda y un coche.
Y él aparcó su todoterreno que era coche también. Se bajó y le abrió la
puerta.
-¡Gracias! ¡qué caballeroso!
Y él le sonrió y ella se quedó encantada.
-¿El niño se queda bien?
-Sí, con mi hermana Rosa.
-Bueno, ¿qué te apetece cenar, carne o pescado?
-Carne.
-Parrillada.
-Sí, me encantaría.
-Pues vamos allá.
-¿Qué tal la Navidad?, ya he visto la decoración y la del complejo. ¿Te
gusta?
-Sí, me encanta la Navidad, es mi época favorita. Allí se celebran los Reyes
también el 6 de enero.
-Pero aquí, nos conformamos con Papá Noel. Ya tengo todo listo.
-Cenaremos solas. Los Lee cenan en familia y nosotras tres también. Y
luego vendrán un rato.
-¿Qué tal con Ethan?
-No quiero hablar mucho de él. No quiero que le pase nada a Wes. Y no le
pasa. Tengo para alimentar a mi hijo. Y él ha adoptado a la hija de su mujer.
-¿No viene a verlo?
-Cada dos semanas, un par de horas, tiene cuatro, pero lo ve, lo coge y se va
enseguida. lo llama ella y él se va.
-No es que me importe, pero sigues enamorada de Ethan.
-No, solo salimos cuatro meses o así, y terminamos cuando supo que estaba
embarazada. Como comprenderás después de estar sola, de desconfiar, y
caerse, no estoy enamorada. -Era distinto, o quizá no y yo no supe verlo. A
Veces una está ciega. Y tú ¿llevas aquí unos años no?
-Sí, desde los 18, 10 años ya.
-¿Tantos?
-Si, tantos.
-Salí del instituto y me vine. Norman es de allí también y nos vinimos los
dos. Somos amigos del instituto.
-¿Y por qué desde Montana que tiene ranchos preciosos a Alabama?
-Porque nuestros padres eran amigos, fueron juntos de vacaciones y
murieron los cuatro en un accidente.
-Por Dios… ¿Y no tienes hermanos?
-No, ni Norman tampoco.
-Pero serían jóvenes…
-Sí, lo eran cuarenta y tantos.
-¿Y por eso os vinisteis?
-Sí, cogimos el coche de Norman, yo no tenía, mis padres eran humildes. Y
el de Norman también, nuestro barrio era humilde. Nada de Universidad.
Los fines de semana, echábamos una mano en el rancho y nos daban algo
para salir el sábado.
-¿Trabajaban en un rancho?
-Sí los padres de ambos, las madres no. No pagaban mucho, pero era lo que
había.
-¿Y las casas?
-Alquiladas. Así que nos vinimos con el poco dinero que tenían ahorrado.
Casi nada.
-¡Qué historia!
-Íbamos para Texas a buscar allí en algún rancho trabajo, no queríamos
estar allí y a norman se le ocurrió compra el periódico en una de las
cafeterías y pedían para un buen rancho de Alabama vaqueros. Y nos
vinimos directamente. Tu abuelo nos vio muy jóvenes, pero a Tom le
caímos bien y es como un padre para nosotros, nunca le decepcionaremos.
-Confía en vosotros sí, qué historia.
-Mucho hemos trabajado desde jóvenes.
-Y ya tienes 29 años.
-Exacto 29.
-¿Y no has salido con chicas?
-Sí he salido claro, pero no relaciones … no me han llenado como para
formar una familia. No tengo nada que ofrecerle a una mujer que no sea
humilde.
-Vamos Jimmy. Llevas trabajando diez años, se te paga un buen sueldo.
-Lo sé y lo ahorro, todo lo que puedo por si acaso, pero no me he
enamorado. Bueno sí una vez.
-¿Y por qué no estás con ella, no le gustas?
-Es una mujer muy guapa, pero tiene más que yo. Está por encima de mí.
No podría ofrecerle nada más que lo que soy.
-Seguro que no le importa.
-No sé, pero para un hombre sentirse inferior es…
-Anda, no seas tonto. Si aún te gusta y ella a ti…
-Eso es lo malo que no sé si a ella le gusto.
-Se lo preguntas y te quedas tranquilo sabiendo qué hacer.
-¿En serio?
-Pues claro, no eres un crio Jimmy- si no, cómo va a saber si a ella le
gustas.
-Me lo pensaré.
-No demasiado que te la quitan.
Y él se reía.
-¿Y tú qué?, ¿no has pensado en volver a salir con nadie?
-Estoy saliendo contigo.
-En serio, me refiero.
-¿Quién va a querer a una mujer con un niño de cuatro meses que no es su
hijo?
-Luego me dices que tengo una forma de pensar… Cualquier hombre
estaría encantado de tener a una mujer como tú incluso con siete hijos.
Y ella se reía.
-¡Qué exagerado eres!
-Te lo digo en serio.
-Me lo tendré que pensar. Me gusta estar en pareja. Ya tengo 26 casi 27
años y me gustaría tener a alguien. Sí, mis hermanas ya los tienen, pero yo a
veces sí que me siento sola.
-Porque quieres, porque eres preciosa. Rocío.
-¿Me tiras los tejos?
-¿Eso qué es?
-Que si estás coqueteando conmigo.
-En toda regla.
Y se rieron.
-No podría Rocío- se puso serio.
-¿Por qué no?
-Porque mírate, eres inteligente, con dos carreras, tienes un gran rancho.
-Un tercio del rancho.
-Como sea, tú lo administras. Mucha gente trabajando para ti. ¿Y yo que
soy?
-Una persona estupenda y buena y guapo y sexi…
-Hablo en serio.
-Y yo también -y Jimmy aparcó en la entrada a la ciudad.
-¿Por qué te paras?- Se desabrochó el cinturón y a ella también.
-Jimmy, ¿qué pasa?… ¿te has enfadado?, ¿quieres que volvamos?
Y la cogió a pulso y la sentó en su regazo. Y sintió el calor del sexo de
Jimmy. Y se sintió húmeda desde no sabía cuánto con un hombre.
-Agg Jimmy, ¿qué haces? Te tengo ganas desde que entraste al rancho. La
abrazó y arrimó su boca a la de Rocío despacito y eróticamente mordió su
labio de forma suave y metió la lengua en su boca. La enlazó con la suya y
ella se aferró a su cuello devolviéndole el beso. El mundo dejó de girar, y
todo desapareció. El ruido de los coches, la gente. Solo estaban los dos
solos en el mundo y en el universo.
El tiempo se quedó quieto y nunca supieron cuánto había pasado, si minutos
o segundo o … hasta que él dio un respingo.
-Lo siento Rocío.
Y ella no lo soltó del cuello.
-¿Qué sientes?
-Haber sido impulsivo.
-Esa es una cualidad que me gusta en los hombres y no he tenido muchos.
-No me sueltes.
-No, me ha pasado algo extraño contigo.
-¿Qué te ha pasado?- le preguntó él.
-Todo ha dejado de girar.
-¿Cuándo?
-Cuando me has besado, bueno cuando nos hemos besado.
Y él se rio y la abrazó.
-Me ha encantado besarte, pero no puedo ofrecerte nada, ya sabes quién me
gusta y de quién estoy enamorado.
Y ella se quedó con la boca abierta.
-¿Yo?
-Sí tú, pero no podía luchar contra Ethan ni contra nadie porque no puedo
ofrecerte nada. Y porque te enamoraste de él y ahora me besas así y no ha
pasado nada.
-Sí ha pasado, pero …
-Sí, lo que él hizo tuvo sus consecuencia, lo que tú has hecho también las
tiene.
-¿Me vas a echar del rancho?
-No, te voy a meter en mi cama.
Y ahora fue él el que se quedó con la boca abierta.
-¿No te gustó?
-Me encantas. Cuando te veo me pones nervioso.
-Pues saldremos juntos a ver dónde nos lleva este nerviosismo.
-¿Estás hablando en serio Rocío?, si no tengo nada…
-Deja ya de decir eso, no quiero volver a oírlo, tú también me gustas.
-¿Desde cuándo?
-No importa desde cuándo, pero he sentido ahora, así que me das una
respuesta.
-¡Mandona eres!
-Sí, lo soy, ¿qué me dices?
Y él la volvió a besar y volvió a pasar lo mismo.
-Esa es la respuesta.
-Pues vamos a comer esa parrillada a la que me has invitado nene.
-¡Estás loca mujer!
-Sí un poco, ya veré qué hago contigo.
Y él se reía. Le puso el cinturón rozándole el pecho-perdona
-No, lo has hecho aposta y me gusta.
-¡Qué terrible eres!
Y ella iba supercontenta, más feliz que nunca.
-Anda vamos…
CAPÍTULO X
Esa salida fue maravillosa para ella. Lo pasó como hacía tiempo no lo había
pasado con un chico. Bromearon y él la besaba y la cogía de la mano.
Fueron a cenar y a bailar.
Y a la vuelta, su hermana Rosa se fue de casa sin antes mirar a Jimmy y a
ella. Y se alegró por su hermana porque Jimmy era un buen chico.
Su primera noche con él fue muy especial, fue romántica y apasionada.
Jimmy era un buen amante, distinto a Ethan, no le quedó más remedio que
comparar. Pero con Jimmy había algo más, confianza, seguridad, lealtad y
no tenía las impulsividades de Ethan. Era tranquilo y paciente con ella.
Y Rocío volvió a vivir y Jimmy perdió esa inseguridad hacía ella.
Iba todas las noches y las tardes con ella y el niño lo llamaba papá. Y
cuando Ethan se enteró de que salía con Jimmy, se lo llevaban los demonios
porque sabía que se habían acostado juntos cuando aquella venta de
caballos y aún dudaba de que el niño fuese suyo a pesar de las pruebas.
Se fue volviendo un tipo amargado. Era infeliz con su familia, y sus padres
y hermanos sufrían, sobre todo por los padres.
Y ella no quería vivir en ese rancho aislado, era de ciudad, de Texas, y de
Las Vegas, de copas y fiestas y lo dejó, se divorció de él pidiéndole una
manutención para la hija y para ella hasta encontrar un lugar para vivir.
Así, Ethan renunció a la hija a través de un buen abogado y dijo que no le
daba un dólar. Ganó el juicio y empezó a ser el mismo con su familia que
respiró tranquila.
Estaba solo en la cabaña.
Había pasado año y medio y Rocío veía triste a Jimmy.
-¿Que te pasa mi amor?, -le decía.
-Ethan está solo ya.
-¿Y qué?
-Puedes volver si quieres con él.
-¡Ven aquí bobo!, ¿no me quieres?
-Más que nunca y tengo miedo de perderte y al niño.
-No voy a volver con él, ¿lo sabes? Nunca, nunca.
-¿De verdad?
-De las buenas.
-¡Joder qué mal lo estoy pasando Rocío!
-Te quiero lo sabes.
-Sí
-Pues no vuelvas a tus inseguridades.
-No volveré.
Y en las Navidades, la cuarta que llevaba en el rancho y su hijo había
cumplido 3 añitos, fue cuando él le regaló un anillo de compromiso.
Y todos los celebraron. Y prepararon la boda para febrero.
Era su hijo Wes y su mujer, la mujer de su vida.- pensaba Jimmy.
Cuando Ethan se enteró, sí que lloró por todos sus errores. Había perdido
para siempre a Rocío. Su mujer amor odio.
Sus hermanos eran sus hermanos y lo intentaron consolar.
Necesitaba irse cuando ella se casara. No estar en el rancho, no podía ver
esa fiesta donde perdía lo que pudo ser suyo por su orgullo.
Y así ella se casó con el amor de su vida, Jimmy, con quien era la mujer
más feliz del mundo. Él solo quería ser un vaquero. Pero por las noches
dormía con su jefa. Y estaba con su hijo.
Y dos años después cuando ella cumplió 30 años, tuvieron a su hija a la que
pusieron el nombre de la madre de Jimmy. Penny.
Una niña rubia y de ojos azules bonita y preciosa y su hermano no se
retiraba de ella un segundo.
Y otros dos años después tuvieron otro hijo y le pusieron Jimmy.
-Ya mi amor, no puedo con tantos niños, ya no tenemos ni habitaciones.
Y él la adoraba, siempre era su reina, la familia que siempre quiso tener.
Sin embargo, Ethan nunca más se casó, se dedicó a trabajar.
A los diez años de estar en el rancho, la llamó un abogado de Cádiz, por lo
de las cenizas de sus padres y fueron los dos de luna de miel solos.
Iba a tomarse unas vacaciones. Tom se haría cargo y dos chicas de los
niños, de llevarlos al cole y de dormir con ellos, una noche una y otra noche
otra.
Además, tenían a sus tías y a su familia, a Adele y a Tom que se encargaría
del despacho.
Iba a estar al menos dos semanas y pasar por Nueva York.
-Vamos sin pasajes ni horarios, ya veremos.
-Pero nena, eso cuesta una pasta.
-Tú tienes.
-Lo que tengo es nuestro. Y yo también, ¿sabes que Carmen gana un dinero
y siempre está renovando y es mi rancho y tú mi marido y quiero que estos
años que llevamos y te quiero más que a mi vida seamos felices.
-Nunca podré serlo más, mi niña.
-Vine con 25 y tengo casi treinta y seis y tres hijos.
-Todos míos.
Sus hijos tenían ya 9, 6 y 4 años. Aún eran pequeños.
Sus hermanas habían ido a Cádiz, pero ella no y se llevó los documentos
que había guardado de sus padres.
Pero primero se fueron a Nueva York, a las Cataratas del Niagara en Canadá
y después a España. Allí pararon en Málaga. Quería ver con Jimmy toda
Andalucía y terminarían en Cádiz y de vuelta a Málaga.
En Cádiz se llevaron las cenizas de sus padres, en dos cajitas. Ya sus
hermanas habían pedido lápidas como las de sus abuelos para cuando
llegaran.
El viaje había sido espectacular para Jimmy que había viajado poco y le
encantó, las playas ,todo, las tapas y el jamón -y ella se reía.
-Nos vamos a gastar nena la ganancia de un año.
-¿Y qué?
-Que tenemos que ahorrar para universidades.
-Pero si son pequeños aún…
-Por eso.
-Disfruta mi niño.
-¿De qué?
-De mi cuerpo.
-Eso lo sé hacer.
-Ven aquí.
Y frente a la playa, en su habitación de hotel Jimmy se metía entre su sexo
y el tiempo desaparecía. Luego la penetraba y ella se agitaba y tenía
orgasmos maravillosos.
Nunca pensó ser más feliz. Sabía que su padre desde donde estuviese y su
madre, le enviarían a todas hombres buenos.
-Volveremos, mi amor.
-Tardaremos, niña.
-Cuando terminen la universidad, volveremos.
-¿Qué crees que querrán ser?
-Ni idea, lo que ellos quieran los apoyaremos.
Años más tarde…
Los chicos iban terminando la universidad… Nunca imaginaron que sus dos
hijos Jimmy y Wes, quisieran ser marines como su abuelo. Pero Rocío decía
que fuera de Estados Unidos no.
Y se quedaron en la base nacional aérea de Montgomery. Les encantaban
los aviones, ya de niños.
Y su hija Penny fue la que quiso quedarse a administrar el rancho con su
madre. Y ésta le enseñó todo.
Y compraron unas tierras detrás de la casa grande, las añadieron al rancho e
hicieron cabañas para todos.
Tom murió de una enfermedad y Jimmy cogió las riendas del rancho como
capataz. Se sintió mal por Tom y Adele y bien por ser el capataz. Alguien
para su mujer. Y lo hacía muy bien.
Adele quiso irse con su hermana a Montgomery y ella tuvo que contratar a
un matrimonio, un vaquero y una cocinera que hiciera lo que hacía Adele.
Fue una pena perderlos a los dos tras tantos años.
Pero la vida continuaba. Sus hijos se fueron casando con buenas chicas y
Penny con un chico del complejo, el fisioterapeuta. Y ellos se jubilaron diez
años después. A los 60.
Rocío dijo basta y le dieron el mando a Penny.
Viajaban y volvieron a España como acordaron tantos años atrás.
Y vivían tranquilos, paseaban por su rancho, subían a las cabañas que
renovaron…
Iban a la ciudad. Y cuidaban de sus nietos, los de Penny que tenía
gemelos…
No podían ser más felices.
Pero la vida acaba y acabó una mañana con Jimmy mientras desayunaba de
un infarto fulminante a los 67 años.
Y eso la mato a ella también porque era su amor y era joven. No lo merecía,
sus hijos vinieron y consolaron a su madre, pero fue inconsolable durante
dos años.
Sus hermanas le dijeron que hiciera un viaje a Cádiz.
Pero ya había hecho dos con Jimmy se lo recordaría.
Una noche de Otoño, mientras leía en el porche llegó Ethan.
Recordó que había estado en el entierro de Jimmy
Paró, y ella levantó la cabeza sin saludarlo.
Se sentó en el otro balancín en silencio y ella siguió leyendo.
Se conservaba bien para casi los 70 años que tenía.
-¿Qué quieres Ethan?
-Que me perdones.
-No estudié para eso, para eso ve a un cura.
-Vamos Rocío, ya he sufrido un buen karma por orgullo.
-Lo siento. Yo no tengo la culpa de eso. Tú has vivido tu vida y yo seguí
adelante con la mía. Tienes un hijo que sabe que eres su padre, pero él tuvo
uno. El mejor. Tienes nietos y ni siquiera has tenido el valor de ir a ver a ni
a tu hijo y a tus nietos ¿y vienes a que te perdone para tener tranquila tu
conciencia?
-Lo siento tanto…
-Yo tengo la mía tranquila. Y tu vida puso ser diferente su hubieses creído
en mí, pero ¿sabes Ethan?- dijo dejando el libro en la mesita.
-Me alegro de que hicieras lo que hiciste, porque tú, con tus celos, y cómo
eras no hubieses podido haberme hecho feliz como lo hizo Jimmy.
Y Ethan agachó la cabeza.
-Nunca jamás me acosté con él hasta que mi hijo cumplió cuatro meses y
supe que tú fuiste uno de esos tres que tuve que me lastimaron. Sin
embargo, tuve al mejor hombre que se pueda tener. Así que te puedes ir en
paz. No tengo nada que perdonarte yo. No está en mis manos. Si estás solo,
y no te casaste fue lo que elegiste para ti. Yo también estoy sola y no lo he
elegido, pero estoy rodeaba de la gente que quiero, mis nietos, tus sobrinos,
mis hermanas…
-Eres muy dura conmigo, Rocío.
-No soy dura Ethan. Te quise de verdad y no supiste apreciar lo quete daba.
-Lo sé ¡maldita sea!, y lo he pagado con toda una vida. ¿No podemos ser ni
siquiera amigos?
-No los necesito Ethan. Mi vida está dividida, llena y vacía y esa parte vacía
está llena de recuerdos bonitos y no necesita nada más.
-¡Está bien!, me voy. Solo quería tu amistad.
-Lo siento Ethan. Ya es tarde para eso. En mi vida no cabe un hombre más,
ni como amigo ni como compañero ni mucho menos de forma romántica.
Sé feliz y sigue haciendo tu vida.
-¡Adiós Rocío! Siempre te querré.
-¡Adiós Ethan!
Pudo ser bonito… - pensó ella mientras se alejaba
Pero ya no. Recogió su chal y su libro, cerró su puerta, puso la alarma y se
acostó. En dos días iba a París, a Londres y a Noruega.
Miró la foto de Jimmy y ella de la mesita de noche, besó a Jimmy…
Nadie ocupará tu lugar en mi corazón, amor mío.
NOAH Y CARMEN
Las pequeñas acciones de cada día,
hacen o deshacen el carácter.
CAPÍTULO I
En Rota…
Era la segunda vez que estaban juntas en el cementerio de Rota las tres
hermanas Smith. Aunque su apellido era americano, porque su padre lo era,
ellas eran gaditanas de pura cepa, aunque eran bilingües, pues su madre que
había muerto años antes, era de Cádiz capital.
Su padre Wes Smith, se vino de joven a la base y era procedente de
Montgomery, la capital de Alabama. Coronel de la marina americana, había
ido a veces a ver a su padre, Julián Smith, dueño de un rancho a las afuera
de la capital, a 15 millas. Cada dos años lo visitaba. Ya era mayor.
El abuelo Julián tenía ya 77 años y su padre, acababa de morir y se
quedaban solas. La enterraron junto a su madre, Rosa López muerta de
cáncer de colon 8 años antes.
Con gran pena y un futuro incierto entre ellas, pues siempre vivieron en una
casa en la base. Nunca compraron sus padres una casa fuera. Pues su madre
era enfermera en la base.
Ahora rodeadas de militares, Rocío de 25 años, Carmen, de 24 y Rosa de 23
lloraban a su padre.
Sus padres eran unas personas encantadoras y educadas, por lo que ellas
recordaban. Y cuando la madre murió, su padre las educó de la mejor
manera posible, Buscando un chico, se quedaron con tres chicas, una por
año. Y decidieron pararse porque si no, no cabían en la casa.
Rocío era la mayor y casi se hizo cargo de sus hermanas cuando eran todas
de la misma edad. Pero tomó el rol de madre. Y con su padre averiguaba
todo, la casa, el dinero que tenían por si le pasaba algo a su padre…
Y Rocío lloraba en silencio para que nada le ocurriera.
Rocío hizo en la universidad Administración de Empresas y Derecho. Y
trabajaba en un despacho de abogados. Llevaba tres años apenas.
-Carmen, estudió Turismo y trabajaba en una empresa turística, de guía y
viajaba por Andalucía. Y dos años de experiencia tenía.
Y Rosa… a Rosa le encantaban los animales e hizo Veterinaria y acababa
de terminar su Máster.
Una noche el padre le dijo a Rocío como una premonición que si le pasaba
algo se fuesen con el abuelo a Alabama. Allí no les iba a faltar nada. En
Rota no tenían casa y no quería ver a sus hijas separadas, cada una en un
lugar distinto. Quería mantenerlas juntas y como una familia. Y allí, en
Alabama, tenían un gran rancho que ya el abuelo no podía dirigir. Y no
quería ver a su padre solo.
Cuando todo acabó, empezaron a recoger sus cosas. Su padre no tenía salvo
dinero a su nombre y al de sus hijas. Debían abandonar la base en una
semana.
Y sonó el teléfono.
-¿Hola?
-¡Hola abuelo!- dijo Rocío llorando.
-No llores mi niña. Era el único hijo que he tenido. Tu abuela murió y él se
fue. Y desde entonces estoy solo y quiero que os vengáis.
-Abuelo tenemos trabajo todas menos Rosa.
-Aquí tenéis trabajo para todas. Y un buen sueldo. Os haré una casa para
cada una, para que tengáis intimidad, tengo sitio. Pero os quiero conocer. Es
lo único que tengo en el mundo.
-Abuelo- y oyó al abuelo llorar.
-Iremos- Lo hablaré con mis hermanas y nos vamos. Si ellas no quieren yo
me voy contigo. Pero mi padre quería que estuviésemos todas juntas.
-Gracias mi niña. Os enviaré todo. Los billetes a Nueva York y luego a
Montgomery. Y allí irá el capataz a por vosotras. Y dinero.
-Tenemos, abuelo.
-Bueno yo arreglaré todo. Tú convence a tus hermanas y en dos días
recibirás un sobre.
Y esa misma noche habló con sus hermanas y decidieron estar unidas e irse
al origen de su padre. Ya verían. Se lo tomarían como unas vacaciones y si a
alguna no le gustaba que se volviera.
-Recogeremos la ropa solo y las cosas personales de papá y mamá en una
maletita pequeña, y no toda, la ropa, dos maletas por cada una- decía Rocío.
-Jo, -decía Rosa, me voy a tener que dejar ropa.
-Allí te compras nueva. Iremos a por maletas mañana. Venderemos los
coches e iré al banco y a cobrar el seguro de papá. De momento tenemos
unos 600.000 euros- dijo Rocío de nuevo.
-Creo que hay algo más y si vendemos los coches- dijo Carmen…
-Sí, más el seguro que no sé qué será. Lo dividiremos en tres partes al llegar
al rancho. Mientras, los gastos juntos- dijo Rocío.
-Me parece bien -dijeron todas.
-Pues mañana despedirnos de los trabajos Carmen. Y juntamos lo que os
den de finiquito y el mío. Y tú- le dijo a Rosa- haz la lista, de lo que
tenemos que comprar Rosa y vas y lo compras. Maletas nuevas de distinto
color y yo luego me paso por el banco. Allí abrimos cuentas. El abuelo nos
va a enviar los billetes. Y por la tarde a vender los coches todas.
-Sí. ¡Qué mandona!- decía Rosa riendo.
Pero mientras cenaban les entró a todas la llantina por su padre, por su
madre, por quedarse solas en el mundo, por eso su padre quería que
estuvieran juntas. Que no se separaran. Se abrazaron y ya Rocío dijo basta.
-Tenemos que vivir por ellos. Y haremos lo que papá quería. Siempre supo
lo que nos convenía. Venga a vamos a dormir.
Recogieron la cocina y casa una se fue a dormir.
Al día siguiente tenían trabajo y lo primero fue despedirse de las empresas.
Por la tarde vendieron los coches y se fueron en un taxi a la base.
-Bueno ya tenemos todo- dijo Carmen. Solo falta saber qué tenemos de
dinero después de todo y empezar a recoger- por hoy ya está bien. Vamos a
comer a la cafetería antes de que cierren y luego vemos el dinero y elegimos
las maletas esas preciosas en las que Rosa no ha escatimado nada.
-Es que eran tan bonitas. Y esta para papá y mamá.
-Anda venga vamos, mañana tiene que venir también el sobre del abuelo.
Y se fueron a la cafetería. Y se despidieron de algunos amigos que tenían en
la base.
Al día siguiente, fueron de nuevo a desayunar y a la vuelta hacían sus
maletas. Primero hicieron la de sus padres. Los objetos personales que
tenían de ellos. Y la cerraron con pena. Y le pusieron el nombre de Rocío.
Y cada una se decidió a la suya cuando llamaron a la puerta y un marine les
entregó un sobre. Y lo abrieron. Sentadas en el sofá miraron los billetes en
primera a Nueva York tres días después desde Málaga y el mismo día a
Montgomery. Allí las recogería alguien del rancho. Y tenían un sobre con
10.000 dólares para los gastos del viaje.
Y tres días después iban en tren camino al aeropuerto emocionadas por vivir
una nueva vida en un lugar diferente.
Y en el vuelo nocturno a Nueva York en primera. Cundo llegaron a las siete
de la mañana, iban muertas y en aquella mole, les costó encontrar el vuelo a
Montgomery. Con su carro lleno de maletas por fin llegaron al panel. Y aún
faltaban dos horas. Desayunaron. Facturaron las maletas y solo con sus
bolsos entraron a la sala previa a su puerta de embarque.
-¡Jo!- dijo Rosa, otras siete horas de vuelo. No he volado tanto en mi vida.
Vamos a llegar a las cinco de la tarde. A ver lo que tardamos en ir al rancho.
Vamos a estar durmiendo dos días.
-Bueno no te quejes – dijo Carmen- Vamos en primera, has dormido toda la
noche y ahora puedes dormir también.
-Pero estoy cansada.
-Y nosotras- dijo Rocío. Ya descansaremos.
Y así fue como dormitando llegaron al aeropuerto de Montgomery.
Cuando recogieron las maletas en un carro y salieron por la puerta. Había
un cartel que ponía:
HERMANAS SMIT.
Era un hombre de unos 40 y tantos años. Y a él se dirigieron.
-¡Hola!-dijo Rocío- saludando con la mano.
-¡Hola!-dijeron Rosa y Carmen- haciendo lo mismo que su hermana.
-Hola chicas, soy Tom, el capataz del rancho de vuestro abuelo. ¿Listas?
-Listas- dijo Rocío.
-Pues dame ese carro.
-Pesa Tom.
-No importa niña.
Tom medía más de 1,85, era fuerte y era un hombre atractivo y sonriente.
-Cómo está mi abuelo- le preguntó Rocío mientras caminaban hacía el
aparcamiento.
-Está con muchos achaques, la pierna es lo que tiene peor, pero no está muy
bien, de ahí que quiere que estéis aquí. Además, os diré algo que él sabe
peor no quiere que sepáis. Tiene una enfermedad que no es buena.
-¿Qué enfermedad?
-Alzheimer.
-¿Cómo?
-Lo que oís.
-¿Pero recuerda algo?
-Pues veréis, ha estado ocultándolo. Pero tiene algunas lagunas. Yo me di
cuenta. Por eso mi mujer Adele lo convenció de ir al médico y hacerse un
reconocimiento. Y lo ya lo sabe. Así que tenemos que tomar el mando, el
dinero, y todo lo demás.
-Hablaré con él cuando descansemos.
-Será lo mejor. Porque ya no controla las cuentas, sobre todo, los pagos
porque yo me ocupo. Pero no sé qué hay. Está solo en las cuentas.
-Bueno no te preocupes Tom, arreglaremos todo.
-Esta es la camioneta. Atrás ponemos las maletas. Y pusieron todas las
maletas. Las chicas se sentaron en la parte de atrás y Rocío con Tom.
Y se dirigieron al rancho.
-Vamos a tardar en salir de la ciudad media hora y casi 20 minutos y vais a
ver algo que os va a encantar.
-El rancho es de vacas o de caballos?- preguntó Rosa.
-De caballos, preciosos.
-Pues tenemos que aprender a montar.
-Los chicos os enseñarán.
Iban emocionadas, la ciudad era preciosa a pesar del cansancio. Y cuando
Tom entró al rancho, se quedaron con la boca abierta.
-Es enorme -Dijo Carmen.
-Enorme- le dijo Tom- aquella es la casa grande, donde vive tu abuelo- le
señaló a Rocío.
-Y al lado las dos cabañas para vosotras.
-¿Pero ya las ha hecho?
-Vienen prefabricadas, pero la decoradora las tiene listas, hasta con comida.
-¿En serio?- dijo Rosa.
-Sí, es mejor que estéis al lado del abuelo. Por eso se han prefabricado ahí.
Rocío dijo que se quedaría con la casa grande con el abuelo.
-Sí, es preciosa- dijo ella- además estoy al pendiente de él.
-La hemos arreglado también. Pintado y eso.
-¿Y mi abuelo cómo está?
-Pues entre la enfermedad y la muerte de tu padre, algo desorientado estos
últimos días. Está en fase tres.
-¿En fase tres?
-Sí, no va a durar mucho. Pasa mucho tiempo dormido y le cuesta andar ya.
Pero os ayudaré y él también. Tenemos que aprovechar el tiempo hasta que
os desconozca. Y hacer muchas gestiones.
-Sí. Desde luego- decía Rocío preocupada.
-Os ayudará Ethan. Es nuestro vecino. Estudió Derecho y viene a veces a
echarme una mano. ¿Veis aquél rancho, las casas y demás?
-Sí, está separado de las vallas del del abuelo.
-Pues ese es el rancho Lee. Tiene tres hijos, Lex y Eve son los padres y los
hijos Ethan el mayor, Noah y Paul el pequeño.
-¿Qué edades tienen?- preguntó Carmen.
-Creo que 30, 28 y 26. Poco más que vosotras.
-¡Vaya! -Pensó Rosa. Tres vaqueros.
Aparcaron en la casa y se bajaron.
-¿Abuelo?- dijo Rocío yendo a su encuentro.
-Mis niñas están aquí. ¿Todo bien Tom?
-Perfectamente. Son preciosas tus nietas Julián.
-Sí que lo son. Venid a darme un abrazo.
Y abrazaron a su abuelo.
-Adele sal al porche, mira mis nietas.
-Adele es mi mujer, se encarga de las casa- dijo Tom.
-A ver esas chicas, y salió Adele de unos 40 años, morena y guapa, alta. Y
les dio un abrazo.
-Bueno entrad. Va a anochecer, o mejor llevad las maletas a cada casa.
-Esta mía, -dijo Rosa.
Y se quedó con la de la izquierda, y su garaje.
-¿Cuáles son tus maletas?
-Las rosas.
Y Tom le ayudó con sus maletas. Adele le dio las llaves.
-Tus llaves, las del garaje y tienes un coche todoterreno precioso como tus
hermanas, nuevo. Sin marchas, toma tus llaves, dobles. Todo está listo, pero
mejor que vaya a la casa grande a cenar señorita Rosa- le dijo Tom.
-Rosa, Tom. Sí, luego coloco y miro la cabaña.
Y al igual, pero a la derecha dejó a Carmen. Rocío y Adele dejaron las
suyas y la de sus padres al lado de las escaleras.
-Tu abuelo duerme abajo.
-¿Sí?
-Sí, había dos salas. El despacho, su dormitorio y el salón. Y se le
acondicionó una con su baño. Le cuesta subir a la planta alta, tiene alarma
la casa por si sale de noche con la enfermedad. Quita la llave- le decía
Adele a Rocío.
-¿Y vosotros donde dormís?
-En otra cabaña, allá cerca de los barracones de los vaqueros. Ya mañana o
pasado, veis todo y hacéis las gestiones. Tu abuelo tiene trabajo para
vosotras. Ahora a comer cuando vengan las demás.
-Abuelo- le dijo Rocío.
-¿Qué pasa mi niña?
-Vamos a sentarnos en el comedor, venimos muertas de cansancio con
tantas horas de vuelo. Nos ha sobrado dinero. Tengo que dártelo.
-Bueno, lo juntáis con lo que tenéis. Tú y yo tenemos que hablar cuando
descanses y estéis listas.
-Vale.
-¿Te ha dicho Tom qué tengo?
-Sí. Y quiero que me dures todo el tiempo posible.
-Pues eres la mayor, cuidarás bien de tus hermanas y mantendrás a flote este
rancho.
-Lo intentaré abuelo- te quiero. Y lo abrazó.
-¡Qué guapas sois!
-Tu padre hizo un buen trabajo. Lástima lo de tu madre.
-Bueno no hablemos de eso. Comamos y nos acostamos. Mañana dejamos
las maletas y vemos el rancho y pasado hacemos las gestiones que haga que
hacer.
-A tus hermanas les va a encantar las cabañas. Pero esta casa preciosa será
para ti cuando yo no esté. Porque has sido madre ya casi. Solo arreglas mi
dormitorio y será una sala.
-Pero abuelo…
-Es mi deseo.
-¡Está bien! si a ellas les encantan las cabañas…
-Tienen piscinas.
-¿Sí? Se volverán locas.
-Y esta también, pero más grande. Y flores a todo el alrededor de la casa.
-El porche me encanta abuelo.
-Tuvieron que hacerme una pequeña rampa porque me costaba con las
rodillas bajar los escalones.
-La he visto, y una baranda. Pero tengo que verlo todo bien mañana.
-Dueña eres.
-¡Ay abuelo!¡Qué pena mi padre! Y se le cayeron unas lágrimas.
-¡Hija, la vida! Era un buen hombre. Un buen hijo, pero no quiso rancho.
-Y el mejor padre. Ya vienen mis hermanas.
-Adele, puedes servir la comida-dijo Julián.
-Ya voy Julián.
-Le ayudo- dio Rocío.
-No, quédate, ella la trae. Hoy es un día especial. No suele poner la cena.
Me la deja hecha.
-Vale.
-Ya hablaremos mañana de todo.
Y las chicas no paraban de hablar. Adele se reía de su acento y el abuelo
estaba tan contento como nunca. Su casa, llena. Y toda su familia. La que le
quedaba. La que siempre quiso.
Había estado tan solo tantos años y aún dentro de la gravedad de su
enfermedad, su corazón estaba henchido de felicidad.
Cómo había deseado estar así, rodeado de algarabía.
Tenía que aprovechar todo el tiempo que pudiera. Y lo haría. Hasta dejarlas
en sus puestos que tenía para ellas.
CAPÍTULO II
Noah y Carmen…
Carmen había estudiado turismo y era la que hablaba mejor inglés. Algunos
veranos había ido a Londres o a Alemania, a Francia y a Italia también,
aunque a su padre Wes no le gustaba que estuviese fuera mucho tiempo, ella
lo convencía por el bien de su carrera.
Y así, sabía unos cuantos idiomas y defenderse en otros.
Tenía el pelo negro y los ojos marrones muy claros, un pelo liso y largo con
un flequillo que la hacía parecer más jovencita de lo que ya era, 24 años, era
quizá la más bajita de todas, 1,59 cm. apenas y llevaba un tiempo
trabajando para una empresa turística que hacía viajes por Andalucía o
enseñaba la ciudad. Y ella era la guía turística.
Estaba encantada, hasta que tuvieron que irse. Pero Carmen era aventurera
y creativa y era la que más entusiasmada iba a Estados Unidos, a pesar de
que ya al abuelo no le quedaba mucho tiempo de vida, de lo que se
enteraron por Tom, el capataz del rancho y cuando llegar a Montgomery, la
capital de Alabama, y Tom les dijo, qué tenía el abuelo, le pesó como a sus
hermanas. La felicidad se tornó en tristeza porque ya no tendrían familia.
Era cuestión de tiempo.
Su hermana Rocío siempre había llevado las riendas de la casa desde que su
madre murió y ellas estaban de acuerdo, tenían su propio dinero, pero iban a
repartirlo todo entre todas, como buenas hermanas.
Estaba entusiasmada cuando vio el rancho y se imaginó todo cuanto le
llegaba a su imaginación. Hacer, crear más actividades. Un cúmulo de
imaginaciones tenía.
Carmen era muy sentimental a pesar de todo, quizá la que más. También la
más romántica de todas las hermanas, la más emotiva. Tenía un gran
corazón y adoraba a sus hermanas.
Le encantaba conducir. Y el abuelo le había comprado un coche a cada una.
Por eso lo primero que hizo fue dejar las maletas en el porche y abrir el
garaje.
Era un todo terrero, pero coche, además. Era maravilloso, en color azul
parecía que habían adivinado su color. No teñía marchas. Ya había
conducido en Cádiz algunas veces uno sin marchas y era lo más para ella.
Le gustaban los escotes, no en vano tenía unos pechos preciosos. No
demasiado grandes ni pequeños y en Cádiz llevaba falda siempre, mini
ajustada o por las rodillas, si iba a trabajar.
Pero el rancho requería pantalones, así que dejaría las faldas aparcadas y las
utilizaría solo para salir.
Si iban de compras se compraría mallas y vaqueros. Nada más de
pantalones. Y faldas para salir a divertirse los fines de semana. Y botas altas
vaqueras y… Le encantaba la ropa y pintarse las uñas y los labios de rosa
que hacían contraste con su pelo. Era coqueta y guapa. La más guapa de sus
hermanas.
Cerro el garaje y se dispuso a entrar en la primera cabaña que tenía para ella
sola. Por una vez en la vida, iba a vivir sola. Estaba emocionaba. Porque
tenía su cabaña como la de Rosa, pero al otro lado de la casa grande del
abuelo y de Rocío, unas escaleras y un porche con dos balancines y una
mesita.
Tenía dos plantas. Encendió la luz y aquello era maravilloso. No demasiado
grande, no como la casa, claro, pero tenía un salón, cocina y comedor
abierto, bastante grande, y una salita-librería- despacho que daba por medio
de una ventana al rancho, a la calle.
Tenía todo completo solo poner su pc y su móvil. Pero llenos de cosas para
el trabajo.
La cocina era maravillosa, un fuego eléctrico en el salón y había un
pequeño aseo que daba a la casa y salida al patio. Al lado de las escaleras. Y
un fuego eléctrico. Tres grandes sofás y una mesita en el centro y dos entre
los sofás con lámparas de lectura.
La cabaña de su hermana era igual con distintos colores en la decoración.
Abrió el patio.
Una piscina al fondo preciosa, con dos hamacas otro porche igual que el de
delante y un pequeño patio. A un lado, un cuarto para utensilios de piscina y
herramientas. Al principio, no pensó el abuelo ponerles piscina, pero a
última hora las hizo para que tuviesen intimidad si encontraban a un hombre
y vivían allí.
Y otro cuarto con la lavadora, secadora y plancha y en otra esquina
utensilios de limpieza cerrados por una puerta corredera.
Era perfecto y dio unos cuantos saltos de alegría.
En la cocina no faltaba ni pan. Todo lleno. Cogió una coca cola y subió sus
dos maletas, primero una y bajó a por otra a la parte alta.
Tres dormitorios preciosos, completos, con sus baños y vestidor. Y dos
daban al patio y el principal, era enorme con dos vestidores y dos baños.
Las cómodas…, todo le encantó, las ventanas. Los colores azules y grises,
eran preciosos. Y todo combinado.
En su vida podía ella haberse comprado una cabaña o u apartamento, sola y
decorarlo de esa mamera.
Abrió la maleta y bajó a cerrar la puerta y poner la alarma, se dio una ducha
y se puso una camiseta y un tanga y se echó en la cama a dormir, estaba
contenta, animada y encantada.
Cayó en la cama hasta el día siguiente. Pensaban ir a comprarse ropa y al
banco, pero decidieron ir a ver el rancho ese día, y aunque Rocío tenía que
hablar con el abuelo de la administración de la casa y del dinero, así como
el trabajo que cada una iba a desempeñar y que comenzarían el lunes, así
tendrían unos días para ponerse al día.
Carmen vio su trabajo al día siguiente, un rodeo, los caballos. Preparar
actividades para los niños y adultos que venían el fin de semana por la
mañana el sábado y el domingo, ir también a caballo por un sendero del
rancho a la parte alta. Su problema es que no sabía montar, pero ya la
enseñarían Norman o Jimmy que eran los dos amigos que hacían las labores
cuando ellas los llamasen para ayudarlas.
Norman le dio un par de normas y lo que cobraran al mes de las actividades
se lo daban al abuelo, en cheque. Ahora a Rocío.
Pero ella vio aquello poco y debía investigar qué se podía hacer si había
más tierras y dio una vuelta por el rancho sola y vio unos terrenos
desaprovechados en la entrada del rancho relativamente lejanos y dónde se
le estaba ocurriendo una idea que no sabía si podría llevarse a cabo, pero
iba a ir estudiándolo. De momento.
Y de momento hacer una página web moderna.
Ya el abuelo repartió los trabajos, les dijo cuánto iban a cobrar, todas
iguales y le dio a Rocío el mando del rancho y la casa para ella, de todas
formas, a Carmen y a Rosa les encantaban sus cabañas. El abuelo Julián
dijo que al final de año tendrían parte de las ganancias. Ya eso lo haría
Rocío.
Y Rocío a solas, entre las tres cuando todo quedó claro e iban a ir a la día
siguiente a la ciudad a comprarse ropa y al banco. Repartió el dinero que
traían de España.
-Vamos a ir con el abuelo, me pongo en su cuenta para llevar el rancho,
pero cada una nos sacaremos una cuenta independiente. Esto es lo que
tenemos de España y lo vamos a repartir. A partir de ahí, sueldo y
ganancias. Tenemos casa, comida y gastos pagados, todos los suministros, y
una chica para vosotras dos gratis, para limpieza. La comida os la hará para
las dos en una de las cabañas, ¿estáis de acuerdo?
-Pues claro.
-De todas formas, hacéis la lista si queréis algo especial y ella de encarga de
lo de limpieza que falte. Todo eso me lo dará a mí en facturas.
-Entonces nos quedará el sueldo íntegro- dijo Rosa.
-Exacto.
-¡Ah!, ¡qué bien!
-Bueno los gastos de salir, que esa es otra que vamos a tratar, es de cada una
y la ropa y cosméticos, ¿entendido?
-Claro.
-Bueno pues ya sabemos cómo está el abuelo, así que nos turnamos para
quedarnos con él los fines de semana.
-Salimos dos, vosotras sábados y viernes y yo domingo al mediodía a comer
y café. El siguiente salgo yo y otra de vosotras y se queda otra para el
domingo ¿os parece?
-Estupendo. Siempre una en turno de viernes y sábado.
-Pues ya está bien por hoy, idos a dormir que mañana viene Ethan con
nosotros al banco y el abuelo.
-¡Ah!, parece ser que los chicos Lee nos va a enseñar a montar,
aprovecharemos estos días, y a ti Rosa, Paul te enseñará cómo lleva el tema
veterinaria. Aprovecha y aprende sus métodos.
-Perfecto.
-Pues venga, dad al abuelo buenas noches y a dormir. Mañana tenemos un
día largo.
Y al día siguiente apareció por la mañana Ethan y Rosa y Carmen
observaron cómo este miró a Rocío.
-Se ha enamorado- le dijo Rosa- y Carmen se reía.
-¡Está buenísimo joder!
-Calla hay otros dos.
Se saludaron, saludaron al mayor de los Lee, y se fueron al banco.
Ethan dijo que tenía que hacer también algunas gestiones en el banco.
Como ya sabía, salieron cada una con su cuenta y Rocío con la suya y las
dos del abuelo y ella, del rancho.
Ethan había acabado y desayunaron en una cafetería al lado.
-Bueno nos vamos de compras.
-Esperad, dijo Ethan os llevo la centro comercial.
-¿Te vienes abuelo?
-No hija- le dijo el abuelo a Rocío, yo no aguanto eso a mi edad. Me lleva
Ethan y viene con sus hermanos por lo visto quieren también comprar en el
centro. Mejor os dais los teléfonos para quedar cuando lleguen.
Y anotaron los teléfonos de todos los hermanos y del abuelo, de la casa, de
Tom y Adele y de los padres de los Lee, Louis y Eve, aunque no los
conocían aún.
Así Ethan, las dejó en el centro comercial y llevo al abuelo al rancho.
Volvió con sus hermanos porque querían comprarse ropa.
-¿Cómo son?- les preguntaron.
-Las tres preciosas, pero Rocío es mía.
-¿Qué dices?- se rieron, ¿te has enamorado ya?
-Ha sido un flechazo, en serio lo digo.
-¿Cuál es?- preguntó Paul.
-La mayor.
-¿Vamos en un coche?- preguntó Paul.
-No nos cabe la ropa y lo que compren, que no sabemos ni la nuestra. Cada
uno lleva el suyo. Lo mejor Paul es que vayas con Rosa, sois los menores y
los veterinarios y Noah que vaya con Carmen. Es morena de pelo negro, te
va a gustar, tú eres el más moreno.
-¿De qué color tienen los ojos?
-Marrones muy claros y son pequeñas y preciosas todas.
-Bueno vamos a ver eso. Estoy impaciente. Soltó Noah.
-Aparcamos en el centro y subimos. Ya habrán comprado algo, tomamos
café con ellas y vamos de compras, quedamos en algún sitio al terminar.
Quizá podamos tomar algo también después.
-Ok -dijo Paul.
Y así cuando estaban arriba en el centro, Ethan llamó por teléfono a Rocío,
que salían de comprarse ropa interior y quedaron en una cafetería que había
relativamente cerca, dentro del centro. Cuando llegaron ellos ya estaban
sentados en un mesa para seis.
Se levantaron y Ethan los presentó a las hermanas, desde luego Noah solo
tuvo ojos para esa morenaza de Carmen y a Paul le encantó Rosa.
Pues sin problemas, se sentaron a sus lados.
Y pidieron café y tarta y empezaron a charlar entre ellos.
Noah le preguntó a Carmen qué había estudiado.
-Turismo. Trabajaba en España de guía turística, viajaba, o llevaba a
extranjeros a ver la ciudad, y no solo extranjeros en Cádiz, de España de
otras comunidades. Como otros estados aquí. – Y le enseño un mapa de
España en el móvil para que viera dónde habían vivido y por dónde solía
ejercer su antigua profesión.
-Ajam- dijo Noah.
-Cádiz es precioso. Te encantaría. Es una ciudad pequeña. Lo mejor son los
carnavales.
-¿Cuántos idiomas sabes?
-Castellano, inglés, francés, alemán y algo de italiano.
-¡Madre mía Carmen!
-¿Y tú qué hiciste?
-Igual que Ethan, Administración y Dirección de Empresas y Derecho.
-Y eres el capataz…
-Me gusta el campo. Además, hago los cuadrantes, recojo las listas de las
compras. Me encargo de lo que falta y se lo llevo a Ethan. A veces voy a
comprar.
-Bueno trabajo no te falta.
-No, si tengo que echar una mano a Ethan lo hago. Pero me encanta el aire
libre. Revisar y demás. ¿Qué vas a hacer tú?
-Pues voy a dedicarme a hacer una nueva Web para empezar. la antigua no
es una web, es publicidad del rancho, y las actividades de sábado y
domingo, pero claro, no son muchas y las prepararé en mi cabaña, que
tengo un despacho, hasta el fin de semana y Norman me va a enseñar a
montar, porque ninguna sabemos.
-¿Quieres que te enseñe? ¿Tienes yegua asignada?
-Sí, la vi ayer, es preciosa.
-Quedamos por las tardes cuando acabe y el fin de semana. Porque supongo
que este fin de semana no trabajarás.
-No, mis hermanas empiezan el lunes, pero yo iré a verlas, aunque no las
llevaré. Y solo son por las mañanas.
-Pues a las 4 me paso todos los días y te enseño. ¿Vale?
-Vale.
-Tu abuelo tiene un par de cabañas. Hay una que le gusta mucho a Ethan.
Seguro que lleva a Rocío allí, te llevaré a la otra.
-Pero ¿están cerca los caballos?
-No mujer. Las cabañas están fuera de esas vallas.
-¡Ah vale!, aún me da un poco de miedo. Son demasiado altos- y Noah se
reía.
-No te rías gracioso.
-Eres muy guapa. Me encanta tu pelo liso y tan negro.
-Tú también lo tienes negro.
-Sí, la verdad y de ojos azules como mis hermanos. ¿Bueno, os quedan por
comprar cosas?
-Sí un par de horas, seguro.
-Bueno nosotros vamos a dos sitios, perfumería y un boutique donde nos
compramos toda la ropa, incluso para el rancho. Tiene una sección
exclusiva para hombres.
-Bueno pues nos vemos en dos horas, a ver qué dice Rocío y tu hermano
dónde quedamos.
Y Rocío y Ethan dijeron que allí mismo.
-¿Te vienes conmigo luego al rancho en mi coche?
-Vale. Te advierto que me gusta la ropa y voy a comprar de todo.
-Tenemos el asiento de detrás también y un buen maletero.
-¿No habéis traído una camioneta?
-No mujer, cada uno nuestro coche de salir.
-¡Ah bien!, entonces cabe todo.
-Bueno, hasta luego guapa, le dijo al oído. -Y a Carmen le entró un calor
desconocido en el cuerpo.
Tuvo que agacharse para decírselo, ya que le llegaba a Noah por los
hombros.
Cuando se quedaron solas comprando, Carmen les dijo:
-Me he enamorado de Noah.
Y se rieron
-Sí, ríete, Rocío, pero a ti te gusta Ethan y la dos miraron a Rosa.
Y esta se echó a reír.
-¡Madre mía, estamos locas! Tres hermanas con tres hermanos. Una locura.
-¿Quién sale este finde?- dijo Carmen.
-Salid vosotras, yo me quedo y salgo el domingo.- dijo Rocío.
-¿Y Ethan?
-¿Qué pasa?, si quiere salir, no tenemos nada. Si quiere venir el domingo
conmigo…
-¡Ah! Noah me va a llevar a la cabaña que hay en la parte este. Va a venir a
enseñarme a montar.
-Pues te quedas sin cabaña Rosa. Porque Ethan me lleva a la de la parte
oeste.
-No importa. Mañana no puedo ir, iré pasado mañana. Tengo un caballo
enfermo y quiero verlo con el veterinario. Va a venir Paul también.
-¡Ah bien!, pues ve pasado, que es viernes y si salís…
-No nos han pedido salir.
-Si os lo piden, seguro.
-He visto cómo os miran a todas.- dijo Rocío.
-¿Y Ethan a ti? ¿Lo has visto?
-También.- Y se puso roja.
-¿Creéis que seremos felices aquí?- preguntó Rosa.
-Lo seremos sí- dijo Rocío.
-Aunque yo tengo poco trabajo, pero se me ha ocurrido algo, está en
estudio.- Dijo Carmen.
-Estúdialo bien, porque mientras el abuelo viva, no se cambia nada.
-Bueno, pero es una ilusión que tengo. Mientras voy a hacer una web
superchula. Para que vengan niños y adultos el domingo y hacer recorridos
por el campo.
-Eso está bien. El lunes vendrá Ethan a enseñarme algunas cosas y tú Rosa
con el veterinario tienes unas semanas para aprender, antes de que se vaya.
-Carmen, tú con Norman.
-Vale.
-Bueno, a comprar chicas. Que se nos va el día.
Terminaron de comprar y Ethan dijo que si cenaban porque ya era tarde.
Y pidieron hamburguesas americanas, cerveza y café con tarta.
-¡Madre mía!- dijo Carmen a Noah, a este paso engordaré.
-Es un día mujer.
-Bueno si es un día… Le diré a la chica que nos ha puesto el abuelo para mí
y para Rosa que nos ponga comida sana.
-Venga nos vamos que es tarde y hay que acostar al abuelo, Adele se ha
quedado hoy, pero ya no más, salvo que sea imprescindible- decía Rocío.
-Vamos venga.
Y cada una se fue en el coche de cada chico y las dejaron en su cabaña. Les
ayudaron a meter las compras, les dieron dos besos y quedaron al día
siguiente las dos hermanas con los dos hermanos para ir a montar.
CAPÍTULO III
Al día siguiente, Carmen estuvo todo el día en su despacho tratando de
buscar información para hacer una bonita página, creativa y original para
atraer a más gente al rancho. Necesitaba aumentar las ganancias, después de
haberlas estudiado.
Se había pasado media noche sin poder dormir pensando en Noah. Se le
había metido por los ojos. Tenía una voz preciosa y unos dedos finos para
trabajar en el campo, claro que él no trabajaba salvo organizar y montar a
caballo para vigilar todo.
A las cuatro apareció Noah y llamó a su puerta.
Ya estaba preparada para montar. Se había hecho una cola alta e iba vestida
como una vaquera.
-¡Hola Noah! ¿Nos vamos a por la yegua?
-Cuando quieras, vaquera.
Y Carmen le soltó una sonrisa que revolucionó todas las hormonas de
Noah.
-Espera y saludo al abuelo. Toma la cesta, he metido algo para tomar
después. Un picnic. Unos bocadillos pequeños, algo de fruta, agua y
bebidas.
-Pesa Carmen, ¿qué has echado mujer?
-Poca cosa.
-¡Menos mal!- y se rieron.
Y cerró su cabaña y fue a la casa grande. Le dio un beso al abuelo y se
fueron a las cuadras.
Ya Norman le tenía la yegua preparada. Noah la subió a pulso y ella dijo:
-¡Ay, Noah!, por Dios…
-Agárrate bien a las riendas, que me subo- y Norman se reía.
-Se subió a la yegua y ella se agarró a él, a su cintura fuerte.
-Relájate Carmen que vamos a tardar. Y no voy a poder respirar.
Y ella se reía y él también.
-¡Está bien!, me relajaré, pero me cuesta. Ten en cuenta que es la primera
vez que monto.
-Lo sé chiquita.
-¡Uy qué cariñoso!
-Más me gustaría.
-¡Qué tonto eres!
Y Noah se reía.
Noah iba señalándole parte del rancho y explicándole todo lo que había y
para qué era útil. Ella estaba atenta y se echaba en él, y Noah sentía sus
pechos en la espalda y le estaba afectando a su sexo.
Cuando llevaban casi una hora cabalgando, Carmen vio la cabaña.
-¡Mira Noah, allí está!, ¡qué bonita!
-Esa es sí, no es grande, pero tiene comodidades. Bueno, relativamente.
Dejaron el caballo bebiendo agua en el arroyo que había debajo. Noah lo
ató a un árbol y subió a la cabaña. Carmen había abierto la cabaña y las
ventanas, tres, pequeñas hechas con troncos de madera.
-Está limpia…
-Sí, vienen a limpiarla todas las semanas, tu abuelo es así.
-¡Mira qué vistas!-le dijo Carmen, desde la ventana que daba al sofá y él se
puso detrás. Al darse la vuelta trastabilló e hizo trastabillar a Noah cayendo
en el sofá y ella encima riéndose.
-¡Ay, Noah!, lo siento, -pero le costaba levantarse.
Y Noah la agarró por la cintura y la cola y arrimó su boca a la de Carmen,
metiendo su lengua en ella.
Sus bocas se reconocieron y jugaron húmedas y húmeda estaba ella. Solo
había tenido un amago de relación con un chico de la universidad, y aquello
era casi nuevo para ella. Noah no era ni de lejos Javier.
-¡Joder pequeña!, -y le abrió la blusa.
-Noah tengo miedo, solo he tenido un amago de relación.
-¿Eres virgen?
-No, pero fue solo ese instante.
-Chiquita, dime que sí, tócame sin miedo.
Y ella lo toco temblando de los nervios y él abrió sus vaqueros y le cogió la
mano y la metió dentro para que lo tocara. Carmen acarició toda su longitud
de hombre. Suave como el terciopelo que crecía a su caricia.
-¡!Uff…!, Carmen -y le abrió la blusa y le bajó las mallas con el tanga
incluido.
-¡Ah, Dios!, ¡eres preciosa!
-Bajó su sujetador y mordió sus pezones grandes y rosados.
-Noah no había visto algo más bello en su vida.
Su olor, le encantaba su pelo, su boca.
Y la suya iba de los pezones a la boca a besarla.
Y se quedaron desnudos delante del fuego eléctrico y Noah se puso un
preservativo y entro grande en su pequeño cuerpo que lo acogió con un
deseo desatado.
A medida que Noah avanzaba por su sexo, ella sentía una necesidad
imperiosa de moverse rápido. Lo aprisionaba y no la aguantaba.
-No corras, guapa, tenemos tiempo.
-Es que no puedo Noah, es…
Y tuvo un orgasmo maravilloso que Noah notó. Pero él siguió besándola y
la cogió por las caderas y apremió su vaivén dentro de ella. Era perfecta,
húmeda y lo emborrachaba de deseo y no aguantó más y se llevó otro
orgasmo de ella , caliente, notando como bajaba de su cuerpo y ella notó el
calor del orgasmo de Noah.
-¡Uff! pequeña. Eres fuego para mí.
-Voy al baño… La besó y volvió, echo la manta entre ambos y la abrazó
contra su pecho.
-¿Has tenido muchas chicas?-le preguntó Carmen al rato.
-Algunas chiquita, tengo 28 años. ¿Y tú?
-El que te conté. Pero no llegué a tener un orgasmo.
-Y hoy dos seguidos…
-Eres bueno.
-Pero eres tan especial…
-¿Se lo dices a todas para ligar?
-Nunca, siento Carmen. Si te lo digo es porque lo eres y porque lo siento.
Porque he sentido contigo intensamente y quiero volver a comprobar si es
cierto.
-¡Qué loco Noah!, ¡ah dios!
Y Noah bajó a su sexo y la chupó, mordisqueó y lamió hasta que ella se
deshizo en su boca en humedades. Nunca había tenido sexo oral y le pareció
ver las estrellas.
-¡Dios Noah! eso ha sido…
-¿No te ha gustado?
-¡Qué bobo!, claro que sí.
-No puedo respirar. Pero me ha dado un poco de vergüenza que lo sepas, es
algo íntimo.
-Pues me encanta la intimidad contigo.
Y cuando ella descansó, intimó con él y la cogía de la cola y miraba como
su sexo grande estaba a punto de explotar. Mientras la boca y las manos de
Carmen lo llevaban por lugares lejanos. Echó la cabeza hacía atrás y salto
como una fuente blanca de nieve clara, gimiendo como loco y moviéndose
hasta sacar todo de su cuerpo.
Ahora fue ella al baño a limpiarlo y se tumbó con él de nuevo.
-Pequeña…
-Ummm…- dijo ella con la cara en el pecho de Noah.
-¿Tienes sueño?
-Tengo hambre.
-¿Otra vez?
-No, -y se rio-, esta vez de comida de verdad.
-Venga comamos.
Y ella le quito la manta.
-¡Maldita pequeña!
-Voy a frigo, hace frio y tú estás al lado del fuego.
-Por eso te dejo, pero no tardes.
Y se llevó la cesta y dos cervezas.
Mientras Noah ponía la mesita y repartían en platitos la comida.
Se contaron anécdotas de la universidad y del trabajo de Carmen con los
turistas y se reía Noah. Le parecía la mujer más graciosa que había
conocido, aunque algunas palabras no las entendía, era parte del argot de su
ciudad. Y ella se lo explicaba.
-Carmen…
-Dime. -Lo miró seria -¿qué pasa?
-¿Salimos el viernes?
-¿Quieres?
-Si, quiero que salgas conmigo.
-Bueno si me enseñas la ciudad…
-Será en varias veces, en un día solo no se ve, pero, me refería a si quieres
salir conmigo como pareja.
-Pero si nos conocemos de dos ratos…
-Creo que nos hemos conocido a fondo y conectamos en este aspecto, me
atraes y eres culta y me encanta todo en ti.
-¿Lo dices en serio?
-Sí, nos iremos conociendo, después de esto, no quiero otra mujer, y tú,
¿qué dices?
-Tampoco quiero otro hombre.
-Pues acaba, que se hace tarde y nos da y tiempo al último.
-Cuando digo que estás loco…
Y se la puso encima y la tomó como un loco. Fue pasional, fue
estremecedor y fue perfecto.
-¡Ah, dios!, me vas a matar niño.
-¡Menos mal que tienes una cabañita! Que visitaré…
-Cuando terminemos el trabajo.
-Pues claro. Venga recogemos y nos vestimos.
Dieron un pequeño paseo al lado del arroyo y bajaron de nuevo en la yegua.
Ella se agarraba a él y de vez en cuando lo tocaba por encima del pantalón.
-¡Quieta!, ¡qué mujer!
-Es que me gusta mucho, ¿a ti no?
-Sí, lo nuestro va a ser ardiente y caliente.
-Pero quieta o nos caemos de la yegua.
-¡Está bien! Y le dio un besito en el cuello.
Y él sonreía, iba contento con su Carmen. Iba pletórico. No se esperaba que
esa morena le hiciera querer más y más. Era un vicio.
Cuando llegaron a las cuadras le dieron a Norman la yegua y se fueron
directos a la cabaña de Carmen. Entraron y él la besó.
-Nena tengo que irme. Es la hora de la cena ya.
-¿Ya?
-Te recuerdo que aquí cenamos a las seis.
-Como el café de allí.
-Más o menos. Si tú lo dices…
-Vengo mañana y vamos al rodeo. Allí montaras tú sola, a partir de ahora.
-Lo intentaré, pero que conste que sola sin agarrarme…
-A las riendas nena.
Y la cogía por el trasero y la pegaba a su sexo subiéndola un poco.
-Me voy ya o no respondo.
-No respondas.
-Chiquita…
-Uno y ella le desabrocho el vaquero.
-¡Estás loca!¿Eh?
-Me gustas mucho. Si somos pareja, puedo tener ganas.
-¿Has cerrado la puerta?
-Sí.
Y ella se quitó las botas y las mallas. El la cogió a pulso contra la pared y se
terminó de bajar el pantalón y se puso un preservativo y allí entró en ella
aprisionándolos, gimiendo.
-No tan fuerte nena, que nos van a oír en la casa.
-¡Ay, Noah!- decía ella en su oído.-¡Qué bueno estás!, sigue, sigue…
Y que le hablara lo ponía a mil y fue uno de esos orgasmos rápidos e
intensos que tuvieron.
-Nena, me harás un eyaculador precoz.
-¡Ay, Dios Noah!, no te aguanto…
La bajó al suelo, fue al baño y ya vino vestido.
-¿Aún no te has vestido?- le dijo a ella.
-Voy al baño en cuanto te vayas.
-Ya me voy guapa, dame un besito, pero ni te acerques- y Carmen se reía.
Le dio un piquito.
-A las cuatro.
-Vale.
-Te mandaré un wasap luego- le dijo Noah.
-Me encantará.
Y cerró y se metió en la ducha recordando el día de intenso sexo que había
tenido con Noah.
Jamás en su vida había conocido a un hombre como él. Bueno solo a uno y
no fue apenas nada.
¡Ay dios qué contenta estaba! Aunque le dolían todos los huesos. Tenía
agujetas hasta en la lengua.
Se puso unas mallas limpias y fue a darle las buenas noches al abuelo antes
de que lo acostaran.
-¿Qué tal te ha ido?- le dijo Rocío.
-Muy bien, ¿y a ti?
-Perfecto.
-¿Qué has hecho en la cabaña?- le dijo pillina Carmen.
-Lo que tú en la otra.
-No lo creo.
-Créelo.
-¿En serio Rocío? ¿Has tenido sexo con Ethan?
Y esta asintió
-¿Y cómo ha sido?
-Genial, maravilloso.
-Como Noah y yo. Salimos juntos,
-Y nosotros.
-Por Dios, esperemos que Rosa que no tiene cabaña le haya ido bien tan
bien con Paul como a nosotras.
-Veremos.
-Bueno me voy. He despedido al abuelo y voy a cenar que tengo la web aún
por la mañana por empezar, y por la tarde viene Noah.
-¿De nuevo vas a la cabaña?- le preguntó su hermana.
-No, en el rodeo y llevaré sola la yegua. Allí nos veremos.
Y en esas, entró Rosa.
Y se quedaron un rato más hablando. Pero ya Carmen se iba. Estaba
cansada.
-Nos vemos las tres en el rodeo con los Lee.- Dijo con ironía.
-Hasta mañana, que descanses.
Cenó algo frugal y se acostó.
Se estaba quedando dormida cuando soñó un wasap de Noah.
-¡Hola pequeña!, ¿qué haces?
-Me estaba quedando dormida.
-Venga siguen durmiendo.
-Ahora me has despertado.
Y estuvieron charlando y riendo casi una hora.
-Te dejo ya nena, que hay que madrugar.
-Hasta mañana guapo.
-Guapa tú, hasta mañana.
Al día siguiente cada una estuvo en su trabajo. Ethan estuvo todo el día con
Rocío e iba a estar el día siguiente también y ya ella debía llevar ella la
gestión del rancho, porque los programas eran distintos a los de una
empresa que no era un rancho y Ethan le iba a enseñar el programa que
además estaba escrito en inglés. Y eso llevaba su tiempo. Eran muchas
cosas las que meter y cómo hacerlo. Y tenía que agradecérselo porque
dejaba su trabajo aparcado para enseñarle a ella cómo hacerlo.
Por la tarde iban los seis al rodeo y montaron sus yeguas. Aprendían a pasos
agigantados. Eran jóvenes y el día siguiente ya iban solas con las yeguas.
Contentas.
Aún les quedaba mucho, pero ya sería con los chicos del rancho. Los Lee
tenían su propio rancho y su propio trabajo.
El fin de semana quedaron en salir Carmen con Noah y Rosa con Paul y
Rocío se quedaba en casa con el abuelo. Saldría el domingo, pero al
mediodía y al café y vuelta. Y Ethan quiso quedarse con ella.
No iban los cuatro juntos. Cada uno llevó a su chica a un lugar, así que
Noah, llevó a Carmen a cenar a un barecito. Ella no quería restaurantes
pomposos. Era sencilla. No decía que no a un buen restaurante, pero no se
sentía cómoda en un lugar así.
Cuando Noah la vio con esa minifalda, las botas y ese escote que llevaba, se
la quedó mirando.
-¿Así vas a ir?
-Esa soy yo.
-¿Quieres que me pelee con todo el mundo?
-No, ¿por qué?- sonrió ella.
-Sí me gusta, pero somos más clásicos aquí.
-Déjate de tonterías, visto así y no voy a cambiar cuando salgo.
-¡Madre mía, nena! ya estoy duro Carmen.
-Pues tendrás que aguantarte porque esos están fuera y vamos todos juntos,
aunque luego vayamos a otro sitio.
-¿Sabes potrilla?, ahora te tumbaría y te montaría al galope.
-Eres tan tonto…. Pero me encantas.
-¿Qué llevas debajo?
-Un tanga negro.
-Pero nena, si te agachas…
-Te pones detrás.
Y él soltó una carcajada.
-Anda vamos, que me tienes contento.
-No, aún no, pero me pondré.
-¿Tendré que esperar horas y venirnos pronto?
-Las dos cosas.
-Malvada…
Y se despidieron del resto y se fueron a un barecito.
CAPÍTULO III
Paul iba detrás con su coche y Rosa, pero al entrar a la ciudad se desviaron
cada uno a un lugar diferente.
-¿Entonces prefieres un barecito?- le dijo él.
-Sí, otro día vamos a un restaurante.
-Me vas a salir barata.
-Mejor para nosotros ahorraremos mucho.
-¡Qué mujer!
-¿Has pensado en mí?
-No me has dado tiempo.
-¿Toda la mañana en el campo y no has pensado en mí?
-Pues claro chiquita...
Aparcó al lado de un barecito cerca del rio que a Carmen le encantó, pero
no era barato.
-Es caro, Noah.
-Ni caro ni barato. Y deja de preocuparte, ¿acaso no tienes para invitarme?
-Pues claro que tengo.
-Pues no hay problemas.
A Carmen no le importaba pagar a medias, de hecho, lo hacía siempre. Pero
era una broma de Noah porque no la dejó pagar nada y ella se enfadó.
-¿Una copa o tomamos café?
-Se está tan bien aquí…
-Al lado hay un bar de copas y tiene terraza y música.
-Pues allí.
-¿Café antes?
-No, vamos a la copa.
Y allí estuvieron oyendo música, besándose y tomando una copa.
-No tomes, que hay que conducir .Noah
-Nena tú lo llevas, no tomas alcohol. Y solo son un par de copas.
-¿Quieres una taxista?
-Completa.
-Pagó Noah la copa y se fueron temprano a la cabaña.
Casi ni llegaron, porque Noah estaba desenando meter la mano entre su
falda.
-Eso no es un tanga, chiquita, eso es ir desnuda.
-Mejor para ti.
-Ven aquí provocadora.
Se desnudaron y él se la llevó arriba.
Es bonita la habitación, pero la veremos luego. Y estuvieron haciendo el
amor una y otra vez, descansando y otra vez hasta cansarse.
Lo malo es que Noah era incansable y casi amanecieron. Le gustaba hablar
entre una sesión de sexo y otra y le gustaba probar distintas posiciones y
ella se reía y le decía que dejara algunas para otro día.
Pero a Noah parecía que no había tenido sexo en años.
Carmen era superior a él.
Le encantaba su largo pelo, su flequillo negro, sus manos en su piel, sus
caricias a pesar de no tener mucha experiencia. Su deseo carnal por él. La
forma en que gemía y le hablaba. Cuándo iba a correrse y él no podía
aguantarla.
Cuándo él la tocaba y no disimulaba nada ni escondía nada. Era natural
auténtica. El olor de su sexo cuando él bajaba a hacerle el amor y se metía
entre sus nalgas.
O cuando ella le hacia el amor con su boca y sus manos en su sexo que se
abría como un junco duro y dispuesto.
Noah nunca había conocido a una mujer como ella. A pesar de la juventud
de ambos su compenetración en todos los sentidos y en apenas dos días.
Había tenido chicas, porque sin vanidad era interesante, divertido,
extrovertido y guapo, sin llegar a ser un mujeriego, peor nunca le faltaban
chicas cuando había salido.
Además, tuvo una novia tóxica en la Universidad durante cuatro años y
menos mal que cortaron. Aunque había tenido con ella un par de sesiones
de sexo con el tiempo. Y eso no debió hacerlo, pero se dio. Y él era libre.
Ahora ya no, ni quería, ni siquiera salir si carmen no salía. Babeaba por ella,
lo tenía loquito. Le encantaban sus pechos y sus duros pezones. Quizá se le
pasara el calentón con el tiempo, pero no lo veía viable. No veía que pasase
eso y no quería perderla. El solo hecho de pensar que otro la tocara o le
hiciera lo que él, le hacía o sintiera con otro lo que sentía con él, le revolvía
las tripas.
Nunca había sido machista ni celoso y ahora parecía que lo fuera con una
mujer joven.
Bueno en lo que se refería a Carmen, ahora era suya y sería el mejor
hombre para ella. Nunca la defraudaría y estaría con ella, la mimaría y
trataría como una reina.
De momento era suya y la deseaba de nuevo.
-Ummm… nena.
-¿Otra vez Noah?
-Es que me pone mucho.
-Carmen- le dijo Noah mientras descansaban.
-¿Qué pasa nene?
-¿Tomas pastillas?
-Sí, tomamos todas. No te preocupes, con eso y el preservativo, no creo que
tengamos problemas.
-Quería preguntártelo. Somos jóvenes aún. Aunque me encantan los niños.
-Sí, yo no quiero niños de momento. Además, apenas nos conocemos.
-Ni yo tampoco quiero ahora mismo.
-¿Cuándo tuviste relaciones por última vez?
-¿Quieres saberlo pequeña cotilla?
-Sí, tengo celos- y Noah se reía.
-Ven aquí anda, -y la abrazaba- hace cinco meses.
-¿Todo eso?
-Pues sí, todo eso. No me fui este año de vacaciones y decidí dejarla
descansar un poco- señalándose el sexo.
-¡Qué bobo eres! ¿En serio eras un mujeriego?
-Que no mujer. Pero he tenido mujeres y sexo, claro. Tuve en la universidad
una relación de 4 años.
-¿De 4 años?, es mucho Noah, ¿cómo se llamaba?
-Claire.
-Y si tienes 28 años…
-Lo dejamos hace cuatro, cuando acabé.
-¿Y eso por qué?
-Porque ella no quería rancho ni campo. Ella quería un bufete de abogados.
Era una señorita. Ahora trabaja en un bufete de abogados de su tío. Se
especializó en divorcios.
-¿No la has vuelto a ver más?
-Sí, si coincidimos a veces en la disco a la que iba, que ya no iré por ti.
-¿Y has mantenido relaciones esporádicas con ella?
-Tiene pareja.
-No te he preguntado eso, Noah.
-Sí, 3 veces.
-La última hace cinco meses- dijo ella imaginando.
-Si, pero no quiero que pienses…
-No pienso nada Noah, pero ahora tengo miedo. De que cuando la veas…
son cuatro años. Y tiene novio hombre.
-Estaban enfadados, eso me dijo.
-¿Y las otras veces también?
-Pues sí, tienen una relación de esas que va y viene.
-Pues que no venga si te la encuentras.
-Si me la encuentro me va a dar igual porque ahora el que tiene una relación
contigo soy yo. Y no quiero que te preocupes.
-¿Es igual que conmigo?
-No, no lo es. Aunque nos conocemos poco, el sexo contigo es fabuloso y
no voy a romper esto por nada, lo sabes chiquita.
-Eso espero, porque si sientes algo por ella, lo dejamos.
-No seas boba, mujer. No tengo sentimientos de tipo romántico por ella,
aquello quedó atrás hace mucho tiempo y está superado.
-¡Está bien!
-Me gustan tus pezones.
-No cambies de tema.
-Sí. Este se acabó, que no me gusta cómo te pones.
Y tocó su sexo y ella se humedeció entera.
-Este tema es mucho mejor pequeña. Mira cómo me pones…Y ella lo tocó
y estaba tieso como un junco.
-Ven niña y la puso a cuatro patas y entró en ella desde atrás pellizcándole
con una mano los pezones y con la otra tocando su sexo.
Y Carmen gemía.
-¡Ah, dios Noah!, ¡Ah, dios!, -y él pegado a su trasero, se sentía poderoso
viendo cómo ella lo deseaba, cómo sentía y eso a Noah lo volvía loco.
Noah se fue a casa una vez que desayunó y se duchó con ella.
Luego Carmen fue a ver al abuelo.
Y al día siguiente, a ver las aventuras, que eran sábado y domingo y estuvo
todo el día aprendiendo y ayudando.
El sábado volvió a salir con Noah y volvieron a dormir juntos en la cabaña
y el domingo fue por la mañana al recorrido del rancho mientras Rosa se
quedó todo el día con el abuelo.
Cuando Rocío se fue a la ciudad con Ethan ellos comieron con el abuelo,
los cuatro. Las chicas Rosa y Carmen hicieron comida y ya por la tarde
Rosa y Paul se fueron a la cabaña y Carmen y Noah se quedaron con el
abuelo en la casa grande para turnarse.
Cuando dormía el abuelo, hicieron un par de veces el amor en el sofá
cuidando de que no se despertara.
Tomaron café y ella le comento a Noah…
-¿Qué te parecen las tierras que hay a la entrada del rancho, si sigues hacia
adelante? Las que están en llano.
-Desperdiciadas. Desaprovechadas.
-Eso pienso yo también. Son una enorme extensión y tengo ideas. Dinero
no, debería salir del rancho. Se lo propondré a Rocío cuando falte el abuelo.
Me ha dicho que antes no.
-¿Y que tienes en mente mujer creativa?
-Pues hacer cabañas para que venga la gente de vacaciones, o los fines de
semana, ampliar las actividades, una tienda. Dos piscinas una infantil,
masajes, sauna, un par de pistas de pádel, una especie de barracón para los
trabajadores, baile por las noches, un comedor, una guardería pequeña en
una de las cabañas, una pequeña información y una tiendita de regalos con
logotipo o sin él y algo de comida. Y recorridos por el rancho con
bicicletas. Habría que hacer un bicicletero y aparcamientos claro y…
-Madre mía, para nena que me mareas. Hay espacio, pero eso lo tienes que
estudiar bien. La verdad es que se le puede sacar mucho dinero. Sería
perfecto. Me gusta la idea.
-Podría hacer cabañas individuales, para dos, tres o cuatro personas.
-Estaría bien. Eso te lo aconsejaría el arquitecto y el constructor. Tengo un
amigo arquitecto y tiene su constructor. Te darían presupuesto y si Rocío te
da el visto bueno, tendrías trabajo de sobra.
-Una página nueva, publicidad…- soñaba.
-Sí nena. Sería genial. Sueña.
-¿Cuántas cabañas crees que podría hacer, y todo el complejo?
-Unas 25 para que te quepa todo lo que quieres además poner.
-¿Tantas? Sería maravilloso.
-Sí el terreno parece siempre más pequeño sin construir. Tampoco tienes
que hacer una piscina enorme, ni un gran comedor. Todo mediano.
-Eso va a costar mucho, aunque no necesitaría oficina, tengo en la cabaña
una y es grande, no necesito nada de eso, solo material de oficina, carpetas
y eso.
-Bueno, pues deja el tiempo y vas haciendo un croquis con la página
durante la semana o algo más que se te ocurra. Si a mí se me ocurre algo te
lo diré. Y haces tu lista. Creo que a Rocío si le das un proyecto con una
estimación de gastos e ingresos, te lo va a aprobar. Depende del precio,
claro. Pero tu abuelo tenía dinero, seguro.
-Estoy entusiasmada con ese proyecto desde que vi las tierras.
-No me extraña. Me encanta hasta a mí.
-¿Y por qué no hacéis vosotros alguna cosa así?
-Nuestro rancho es pequeño, no tiene espacio para eso, nena. Pero ya te lo
enseñaré mis padres os han invitado a cenar, e iremos antes y vemos el
rancho.
-Vale. Parece que el abuelo se despierta.
-Abuelo, te quiero, -lo abrazaba cuando salió al salón algo desorientado.
-¡Qué mimosa eres!
-Anda siéntate con nosotros y te hago la merienda.
-¿Habéis tomado café?
-Sí.
-Y te lo tomas y nos salimos al porche.
-Vale, me gusta el porche.
Y allí estuvieron en el porche hasta que Rocío y Ethan volvieron de la
ciudad y Rosa y Paul habían salido de la cabaña y estuvieron todos
charlando en el porche.
-Mañana vamos a cenar con los Lee abuelo. ¿Qué tal te ha ido?
-Muy bien, aquí charlando todos.
-Le diré a Adele que se quede hasta que volvamos de la cena.
-No es necesario yo me acuesto- dijo el abuelo.
-De eso nada. Adele se queda. Es solo una cena, volveremos pronto, que se
venga por la tarde y vemos el rancho.
-Muy bien, como tú digas Rocío.
-Ya mañana empezamos todas. Y luego cuando terminemos la jornada,
vamos.
Y al día siguiente vieron el rancho de los Lee. Sí que era menos de la mitad
del de su abuelo. Pero era bonito y tenían buenos caballos. A Carmen le
gustaba ver montado a caballo a Noah. Estaba tan sexi…
Estaba loca por él y preocupada por si alguna vez se encontraban a Claire.
Esa noche tras cenar, a los padres de los chicos le encantaron las nietas de
Julián y ya su madre vio a cada uno con una.
Estaba en la cocina con Noah…
-Es muy guapa- dijo la madre.
-¿Quién?
-Hazte el tonto, ¿quién va a ser? Carmen…
-Me encanta mamá, creo que me he enamorado.
-Ten cuidado con Claire.
-Lo sé. Es agua pasada, hace cinco meses que no la veo, y no volverá a
ocurrir nada. Tiene novio y todo se lo he contado a Carmen. No quiero
secretos entre nosotros.
-Y eso no le importó a Claire. Ya sabes.
-Estaban enfadados, no me metí en ninguna relación.
-Y Carmen me la cuidas, es nieta de Julián.
-Es tan especial mamá, divertida, creativa y el sexo es…
-Quítate de ahí y no me cuentes esas cosas.
-Acaso tú con papá…
-Que te calles, yo no cuento eso a mis hijos, tonto, -se reía la madre
mientras él la abrazaba y la levantaba del suelo.
-Bájame o me vas a tirar Noah, loco.
-¡Te quiero mamá!
-Sé bueno hijo.
-Soy muy bueno.
-Ya sabe a lo que me refiero.
-Que sí. Estoy loco por esa morena.
-No quiero que lo pases mal como con la abogada.
-Ese ciclo ya está cerrado, mamá.
-Eso espero. Anda vamos al salón.
Las chicas cayeron fenomenal a los padres de los Lee. Ellos fueron a
llevarlas al rancho y de vuelta.
Y así fueron pasando las semanas y llegó Noviembre. Las chicas eran
felices y hablaban de sus vaqueros. Y quedaron en cenar en Acción de
Gracias con el abuelo los seis ya que los padres de los chicos cenaban con
unos amigos en la ciudad.
Así que podían quedarse con las chicas e ir al rancho temprano a echar un
vistazo, ese puente.
Después de Acción de Gracias, Rocío quiso ir con Tom y Jimmy a vender
caballos para ver in situ cómo se hacía, y se fue tres días con ellos a Texas,
a San Antonio, a un rancho que les compraba los caballos. Para Rocío fue
una experiencia inolvidable, compraron potros en otro rancho que iba a
cerrar, a buen precio. Tom era un buen comprador y tratante.
Cuando llegaron, por la noche del siguiente día estaba Ethan en el porche
con el abuelo. Ella iba bromeando con Jimmy y se fue a su rancho sin
apenas despedirse de ella, muy serio y Rocío se quedó helada al igual que
Tom y Jimmy.
-¿Qué le pasa?- dijo Tom.
-No me lo preguntes, no lo sé – le dijo Rocío.
Afortunadamente el abuelo no fue consciente de nada con la llegada de su
nieta y lo que le contaba Tom.
-¿Será porque veníamos bromeando Rocío?- le dijo Jimmy.
-No sé Jimmy, aún no lo conozco suficiente. Nunca ha hecho tal cosa. Ni
nosotros nada malo si es por celos.
-Si es por mí, lo siento.
-No te preocupes. No es por culpa tuya hombre- le decía mientras Tom
hablaba con el abuelo.
La reacción de Ethan la dejó preocupada. Ni un saludo ni un beso en los
labios. Irse sin despedirse. Le pareció de mala educación.
Pero cuando acostó al abuelo y se duchó las llamó y sus hermanas fueron a
la casa grande.
-Tengo algo que contaros.
-¿Qué es?
Y les contó lo de esa tarde.
-Estaría celoso al verte con Jimmy, seguro- dijo Carmen.
También les contó, que Ethan había tenido un accidente en la universidad
jugando al fútbol, americano y que no podía tener hijos. Estuvo en coma y
tenía un uno por ciento solamente de probabilidades de tener hijos, o sea
nada.
-¡Qué pena! con lo que te gustan los niños, Rocío.
-No me importa, hay niños para adoptar y además estoy enamorada de
Ethan, pero hoy se ha portado de una forma rara.
-¿Cómo de rara?- dijo Carmen.
- Ya os lo he dicho, se fue sin despedirse, sin darme un beso o un simple
hola. Cuando veníamos Jimmy, ya sabes que es muy bromista me echó el
brazo por encima y él lo vio y solo me saludó y se fue. No me contesta. Lo
llevo llamando toda la tarde.
-Estará celoso, ya te lo he dicho antes- dijo Carmen.
-Menudo tonto, pues es una idiotez- dijo Rosa.
-Estoy preocupada.
-Pues no te preocupes, déjalo, ya se le pasará.
-Sí, ya se le pasará.
Pero pasaban los días y no se le pasaba y las chicas se preocupaban por
Rocío que sufría.
Pero un día unos cuantos días antes de Navidad, aparecieron juntos.
-Vaya parece que la parejita se ha reconciliado- decía Rosa.
-Sí, tu hermana me puso celoso.
-¡Qué bobo eres!, te pusiste tú solo.
CAPÍTULO IV
Y todo volvió a la normalidad, relativamente porque el abuelo ya no quiso
salir de la cama y Rocío llamó al médico y le dijo que le quedaba poco
tiempo de vida, que si pasaba la Navidad sería un milagro y eso hizo mella
en ellas. Nunca pensaron que se iba a ir tan pronto.
Así que esa Navidad fue triste para ellas, la primera que pasaban en el
rancho y no iban a celebrarlo. Pero los chicos se fueron a cenar con ellas
algún día, otros con sus padres porque eran fechas especiales, pero luego
bajaban a verlas y charlar con ellas o pasar las noches con ellas.
Y a primeros de enero el abuelo murió tranquilo. Lo enterraron con la
abuela en el pequeño cementerio y estuvieron tristes dos semanas. Pero el
rancho no se llevaba solo.
Rocío tuvo que hacer gestiones y además repartir las ganancias y hacer la
declaración de la renta, como le ayudó e indicó Ethan.
El tiempo pasaba y una tarde en que tomaban café las tres Carmen le
expuso sus ideas a Rocío.
-¡Qué bonito quedaría!,-dijo Rosa, y sería un incentivo para el rancho, a mí
me gusta y esa tierra está desperdiciada.
-Sí, ya me comentaste algo y me gusta la idea, pero eso hay que hacerlo con
los ahorros del rancho y reponerlo con las ganancias de esa parte, la otra es
la que repartiríamos hasta amortizar el complejo, pero me gusta. No sé qué
costará. Mira que el constructor y el arquitecto te hagan el proyecto y me
presentas una lista con todo, amueblado y personal, todo hasta uniformes,
obra. Publicidad, tendrás que hacer una web distinta.
-Sí, claro.
-Pues manos a la obra.
-Tardaré un mes en hacerlo todo, Noah tiene un amigo arquitecto y su
contratista que tiene una decoradora.
-Pues adelante. Lo estudiaré. Pero todo Carmen. ¿Estamos de acuerdo?
-Sí, -dijo Rosa.
-¿Y tú Rosa qué?
-Con lo que tengo, que está nuevo es más trabajo del que tengo, a veces
Norman me tiene que echar una mano.
-Perfecto, yo solo he gastado en cambiar la habitación del abuelo en salita.
-Ha quedado preciosa.
-Sí. Ha quedado preciosa y tengo una noticia que daros.
-A ver. Que por todo esto os he llamado.- dijo Rocío.
Y les enseñó un test de embarazo.
-¿Cómo?- dijo Carmen- pero si no podía tener hijos.
-Pues no me he acostado con nadie más. Y fue antes de ir a comprar los
caballos.
-¡Ay, Dios!, ahora va a pensar que es de Jimmy.- dijo Rosa.
Y las demás se sorprendieron.
-¿Por qué va a pensar eso?
-Porque estuvo celoso cuando te fuiste y no puede tener. Y ha demostrado
ya sus celos anteriormente. A lo mejor me equivoco… ¿No te acostaste con
Jimmy no?
-¿Estáis locas?, claro que no.
-Pues pídele que vayáis a haceros una prueba, quizá haya aumentado su
probabilidad de tener hijos.
-No le va a gustar nada. Me va a dejar.
-¿Cómo te va a dejar?, ¿de cuánto estás.?
-De tres meses. Estamos en febrero.
-Se lo dices, no te queda de otra, os hacéis pruebas y cuando lo tengas la de
ADN y que sepa que es suyo, que es un milagro.
-¿Y si me deja antes? Seis meses es mucho tiempo.
-Si te deja depende de qué haga, haces tú.
-¡Joder hermanas!
Después de un rato, se fueron preocupadas a sus cabañas Rosa y Carmen.
A la semana Ethan había dejado a Rocío. Ni siquiera pensaba que la prueba
de ADN, decía que era de Jimmy y ellas tuvieron que trabajar y consolar a
su hermana. No la llamaba, no le hablaba. Ni sus hermanos le hicieron
entrar en razón. Y Rocío habló con Jimmy porque Ethan lo amenazó.
El proyecto de Carmen y Noah iba viento en popa, y a finales de marzo,
tuvo un encuentro con su hermana a la que se le notaba la tripa, en el
despacho de la casa grande con el constructor, el arquitecto y la decoradora.
Carmen llevaba su gráfica y una página web nueva preciosa, una lista donde
meter publicidad y un documento de gastos y ganancias como previsión.
El arquitecto llevaba los planos y se sentaron en el despacho. Adele les
llevó café y pastas. Y el arquitecto, le puso un pendrive con cómo quedaría
el complejo, como si ya estuviese hecho.
A Rocío le encantó.
-Me gusta. Ahora es una inversión. Y si la hago, porque tenemos tierras y
creo que es bueno para el rancho, en junio tiene que estar terminado para
aprovechar ese mes, y el verano, al menos, en principio.
-Tenemos tiempo- dijo el contratista.
-No me voy de vacaciones este año Rocío- dijo Carmen.
-¡Está bien!, puedes irte más adelante. Después del verano, cuando todo esté
más tranquilo.
-Necesitaré una ayudante. Aquí tengo todo. El personal, he elegido estos
uniformes, las compras para empezar. Los horarios, la decoración, todo lo
que va a costar.
-Ya sabes qué te dije de las ganancias.
-Sí, lo sé y estoy de acuerdo.
-Nosotros podemos hacerlo para finales de mayo, en junio estará terminado.
Los árboles, los senderos todo.
-Es desde luego maravilloso.
-Le conseguiré los permisos esta semana si nos da el visto bueno- dijo el
arquitecto y vendré todas las semanas a revisar.
-Bien, dame el precio de todo, incluido pagos a todo el mundo y permisos.
Y Rocío vio el precio y aunque era alto, el abuelo tenía de ahorros casi
cinco veces más. Y Carmen estaba entusiasmada y a ella le encantaba el
proyecto.
-Doy el visto bueno, pueden empezar mañana. ¿Quedamos en el banco
mañana a las 10?
-Perfecto. Tendremos preparado los contratos y el dinero inicial que debe
darnos.
-La decoradora será la última en terminar.- dijo el contratista.
-Me encanta la decoración, todo.
-Gracias -dijo la chica.
-Muy bien. Cada uno recibirá su pago inicial mañana y que empiecen la
obra.
Y cuando se fueron, Carmen abrazó a su hermana.
-Es que no tenía trabajo apenas.
-Pues ahora te va a sobrar, y espero que esas ganancias sean aproximadas y
así, en tres años amortizamos.
-Ya verás que sí.
-Voy a llamar a Noah. Esta noche salimos.
-¿No quieres salir, Rocío?
-No me apetece.
-¿No te llama Ethan?
-No me llama.
-¡Qué hombre más bruto y terco!
-Me está decepcionando. No lo conocía, creo que me apresuré al acostarme
con él.
-No digas eso.
-Incluso con un 5% y diciéndole el médico que es posible, no quiere saber
nada de mi ni de mi hijo. Ni siquiera esperar a que nazca y hacer la prueba
de ADN.
-¿Cuándo sabes qué es?
-Mañana. Voy cuando termine en el Banco.
-Voy contigo.
-Vale. Pasamos por el banco y luego vamos al médico y tomamos algo allí.
Se lo diré a Rosa y a Adele para que no me prepare salvo la cena.
-Bueno, te dejo. Voy a ir preparando de nuevo la página nueva. En eso sí
puedo trabajar y en la publicidad para cuando terminen.
-Venga, vas a ser feliz con tu complejo.
-Sí. Gracias. Te quiero. No te preocupes.
-No me las des el dinero es de todas, y las ganancias igual, es una inversión
como cuando compramos caballos.
-Te quiero. ¡Ojala Ethan entre en razón!
Y la abrazo y le besó el vientre.
Llamó a Noah y éste se puso contento por ella.
-Esta tarde voy, nena, aunque sea jueves, vamos a celebrarlo.
Al día siguiente, después de hacer todos los trámites en el banco, el
arquitecto y el constructor fueron a por los permisos al ayuntamiento y ella
se fue con su hermana al médico.
-Es un niño- le dijo el ginecólogo.
Y cuando salieron de allí fueron a tomar algo y a Rocío se le caían las
lágrimas.
-Nuestro primer niño en la familia.
-¿Cómo lo vas a llamar?
-Ethan, si su padre lo hubiese querido, pero ahora se llamará Wes, como
nuestro padre.
-Me encanta. Venga anímate, tienes a tus hermanas y el pequeño Wes a sus
tías. Y tenemos que cambiar habitación.
-De momento dejarla libre, los muebles se los lleva Adele. Y luego más
adelante pintamos.
-Bien y vamos todas a llenar esa habitación para nuestro sobrino.
-Os quiero y estoy tan triste…
-Pues no debes estarlo. Si es testarudo que se fastidie. No ver a ese pequeño
precioso que vas a tener…
-No debí conocerlo. Aunque no me arrepiento de mi hijo.
-Ni lo hagas.
-¿Sabes que amenazó a Jimmy?
-¿En serio?- le dijo Carmen.
-Sí, le dijo que me cuidara y a su hijo. El pobre Jimmy vino a decírmelo y a
decirme que no le iba a consentir nada por muy Lee que fuese.
-Me gusta Jimmy. Ojala te hubieses enamorado de él. Es tan guapo…
-Vamos Carmen. Ya tengo demasiados problemas.
-¿Y si cuando vea al chico se arrepiente y vuelve contigo y con su hijo? Son
familiares.
-No sé si lo perdonaría. Estoy muy decepcionada y ya ni lo miro de la
misma manera Carmen.
-¿No lo quieres ya?
-No lo sé. No sé si tendría deseo sexual por él, la verdad.
-Seguro que sí. Eso lo dices porque es un terco, pero sé que aún sientes algo
por él.
-No te creas.
-Bueno, aún quedan unos meses, quizá se arrepienta y te llame o cuando se
haga la prueba vendrá de rodillas a pedirte perdón.
-No lo conoces. Ni yo tampoco. Pero ese no se arrodilla ante nadie. Su
soberbia y su orgullo no se lo permite. Tiene el ego demasiado alto. Es que
yo creo que no con la prueba se lo va a creer.
-¿Cómo que no? Una prueba no miente.
-Siempre pensará aun así que me acosté con Jimmy.
-Pues deberías haberlo hecho- y se reían.
-Calla loca.
-Pues sí, para que fuese verdad lo que piensa.
-Anda. Termina de desayunar que tenemos cosas que hacer. Y tu complejo
quedará precioso y estoy segura de que nos dará buenos rendimientos. Has
tenido buena idea.
-¿Verdad?
-Sí. Te quiero- y soltó unas lágrimas.
-Vamos Rocío, no llores. Te ayudaremos, te apoyaremos. No estarás sola.
-Gracias. Os quiero yo también.
CAPÍTULO V
Mientras se preocupaban de Rocío, empezaron las obras del complejo de
Carmen.
Ella iba loca de un lado para otro organizando, pero el constructor le dijo
que la llamaría cuando la necesitara, porque no paraba. Así que no le
quedaba más remedio que dedicarse a la página, a la publicidad, a buscar
cosas y muebles para la decoradora…
Y así llegaba Junio.
Un día antes de inaugurar el complejo fue a celebrarlo con Noah que le
había ayudado todo lo que pudo.
Rocío ya se había hecho a la idea de que Ethan no volvería y estaba
decepcionada, además se enteró de que se iba de vacaciones a Las Vegas y
también que se había acostado con otras en ese tiempo, mientras ella estaba
embarazada.
Con ese historial, y lo poco que estuvo con él, estaba totalmente
decepcionada. Enamorarse no se había enamorado, pero lo había querido, se
había ilusionado… Pero la tristeza había ido desapareciendo. Y Jimmy a
veces, iba a verla y le pedía disculpas una y otra vez y ella le decía que él
no tenía culpa de nada. Y se fueron haciendo amigos.
Todos fueron a ver el complejo, listo para recibir a personas el día siguiente.
Ya tenían reservas. Iba a ser un día duro, pero ella estaba preparada. Rocío
había pagado el resto y algo más que se puso.
Invitaron a los padres de los chicos a verlo y Ethan ni fue. Tampoco fue
invitado.
Y una vez que lo vieron Carmen y Noah, se fueron a comer a la ciudad a
celebrarlo y tomar café. No iban a quedarse por la noche. Había que
madrugar. E inaugurarlo.
Fueron a su barecito preferido de Carmen, al que fueron la primera vez e
iban de vez en cuando.
Tanta alegría y tanta emoción se tornó negra como un cielo gris cuando en
la misma terraza, en la mesa de enfrente estaba Claire. Una chica rubia de
ojos azules espectacular. Noah nunca le dijo cómo era físicamente y ella se
sintió una cucaracha.
Se había retocado hasta los pechos, se le notaba y tenía unas piernas largas
y tacones de vértigo, maquillada y perfecta. Y en cuanto vio sentarse a
Noah que no la había visto y fue hacía su mesa moviendo elegantemente las
caderas, fue cuando Carmen supo que era Claire.
Se paro de pie en la mesa y miró a Carmen con desdén. Una mirada rápida
y dirigió su mirada a Noah. Este se levantó y la saludó con dos besos. Y
Noah le presentó a Carmen y le dio la mano flácida como si le diera asco.
-¡Hola, cariño! ¿Cómo estás cielo? Hace tiempo que no me llamas…
-Cinco meses- dijo rápido Noah.
-Te he llamado, ¿me tienes bloqueada?
-Sí, la verdad. Carmen es mi pareja y no quiero problemas Claire. Sabe todo
de mí, no tenemos secretos.
-¿No me invitas a sentarme? Estoy sola.
-Prefiero que no. Además, estoy acompañado de quien quiero. ¿No tienes a
tu pareja?
-Ha ido a Texas a un juicio.
-Pues la verdad es que estamos de celebración. Lo siento. Queremos
celebrarlo solos. Para eso hemos venido esta tarde.
-Entonces en otra ocasión querido.
-Lo dudo Claire. No habrá más ocasiones. Tengo trabajo todo el día y el
resto acaparo a mi chiquita.- refiriéndose a Carmen.
-Lo veremos…- y se fue andando igual que vino. Entró pagó y se fue.
-Tendrá cara…- dijo Carmen.
-Lo siento pequeña, no quería que nada empañara la celebración.
-No me habías dicho cómo era.
-No hace falta. Ni me lo habías preguntado.
-Deberías habérmelo dicho.
-¿Te vas a enfadar?
-Estoy enfadada.
-Creo que he actuado bien, nena.
-Si, la verdad, perdona. Es que tiene un cuerpo y es tan guapa y yo…
-Anda acércate- y le dio un beso.- para mí puede tener el cuerpo que quiera.
El tuyo es el que me hace vibrar de verdad.
-Noah, tengo un mal presentimiento con ella, ha sido como decir que no ha
terminado contigo.
-No te preocupes. Además, hemos venido a celebrarlo, no a dedicarle el
tiempo a esa mujer que ya no me interesa.
-¡Está bien!...
Pero ella no se quedó como debería haberse quedado. Se quedo intranquila,
le había estropeado la celebración, las ganas y le había dejado un mal sabor
de boca y una preocupación latente. No pudo disfrutar como hubiese
deseado.
Y Noah supo que no lo había pasado bien. Que había sido un fracaso. Y la
veía triste. Por más que hizo y dijo, no pudo quitarle la tristeza.
Pero Carmen, al día siguiente se olvidó de Claire cuando empezaron a
entrar clientes en su complejo. Entre ella y su ayudante fueron acomodando
e informando y dando trípticos del complejo, las actividades, precios… Fue
un día agotador, porque se llenaron las cabañas y ya tenían reservado todo
durante todo el verano, hasta finales de septiembre.
Y anotando actividades, que a esas se apuntaban los clientes al llegar.
Y tuvo la mala suerte que uno de los domingos de mediados de junio se
encontrara a Claire que había alquilado una cabaña, una semana y sola.
Ni la saludó siquiera. Pero debía estar atenta porque ella no era buena. y no
es porque no fuese buena, sino porque sabía que tramaba algo y no bueno
contra ellos. No le gustaba lo más mínimo. No es que tuviese miedo de ella,
pero la estresaba. Y encima con el trabajo que tenía, debía vigilarla a ella y
a Noah.
De Noah se fiaba, de ella no.
Llamó a Noah y se lo dijo.
-¿Qué está en una cabaña de vacaciones una semana? ¿Sola?
-Sola Noah, no quiero que vengas esta semana.
-Pero chiquita voy a la tuya directamente. Por la noche.
-Vale, pero intenta que no te vea.
Pero Claire era una mujer que conseguía lo que quería, uno de los días
subió al rancho de los Lee a la hora que sabía que casi terminaba Noah del
trabajo.
Con la excusa de saludar a los padres, estos amablemente sin más remedio
la atendieron. Y ella le preguntó por Noah.
-Está saliendo con una chica del rancho de los Smith- le dijo la madre- están
muy enamorados. Es la dueña del complejo.
-Sí me quedo allí, pero le falta categoría.
-A mí, me parece precioso y todo de calidad- dijo el padre.
-Bueno puede ser aceptable. Bien, me voy, denle recuerdos a Noah y que
pase a verme. Estoy en la cabaña 12 y estaré esta semana. Solo quise pasar
a saludarles a ustedes.
-¿Y tu novio?- le dijo la madre.
-Bueno estamos enfadados. Siempre estamos así. No debí dejar a Noah.
Pero no podría vivir en el campo.
-Bueno esperemos que te reconcilies.
Cuando se despidió no cogió el coche para irse al complejo, sino para ir a
las cuadras. Quizá Noah estuviese allí. Y allí estaba. y ella lo sabía porque
conocía sus horarios aproximados. Noah se lo había contado en una de sus
citas clandestinas.
En esas llegó Carmen a la casa porque había visto salir a Claire camino del
rancho de Noah.
-Se ha ido hija.- le dijo la madre cuando le preguntó.
-No me he cruzado con ella. Sigue aquí.
-¡Maldita mujer!, no deja en paz a mi hijo- dijo el padre.- Voy a las cuadras.
-No se preocupe, yo voy.
-¡Ay, hija!, ten cuidado. No la conoces.
-No se preocupen. Luego vengo.
Y se dirigió a las cuadras.
Claire había ido con botas y falda demasiado corta y una camiseta sin
sujetador que se les transparentaban los pezones de silicona que tenía.
Cuando entró en las cuadras, solo quedaba Noah cepillando su caballo y
echándole de comer, mientras ella observaba a Noah.
-¡Hola, mi amor!…
Y Noah dio un respingo mientras cerraba el cubil de su caballo.
-¿Qué haces aquí?
Claire se le acercó gatuna acorralándolo contra la puerta y la falda cayó al
suelo no llevaba nada debajo y se bajó la camiseta sacando sus pechos.
-¡Vístete, Claire! Y ni te me acerques.
-Recuerda cómo era, mi amor. Sé que no me has olvidado. Que esa Carmen
no me llega a la suela del zapato. Es una enana. Y cogió las manos de Noah
y las puso una en su pecho y otra en su sexo y le metió la lengua en la boca.
Y Noah intentaba retirarse de ella cuando entró Carmen a las cuadras y lo
que vio, lo vio.
Y Noah vio a Carmen.
-Carmen, nena, pequeña, pero sino he hecho nada…
-¿Y cómo estabas eh?, tenías la mano en sus tetas y en su sexo.
-Me ha pillado desprevenido y me he retirado.
Iba tras ella y Claire se reía mientras se vestía. Había conseguido lo que
quería.
Carmen se montó en el coche. Y él se asomó a la ventanilla.
-No dejes que nos haga esto. No lo permitas Carmen. Es eso lo que quiere.
-¿Me prometes que tu no has sido la que la has tocado?
-Te lo juro por lo que quieras. Nena te quiero. Te amo.
-¿Me amas?
-Sí, joder. Mas que a mi vida. Te lo he demostrado miles de veces. No hagas
lo que mi hermano Ethan a tu hermana. Te soy fiel y tú a mí, y somos uno.
No tengo secretos para ti. Lo sabes.
Y puso la cabeza en la suya. Mientras Claire se montaba en su coche, no
demasiado contenta. Había fracasado, no había ganado nada.
-Me ducho y voy a tu cabaña y allí te cuento todo pequeña.
-¡Está bien!
-Dame un besito.
Y ella lo besó.
Pero se fue en su coche maldiciendo a esa mujer. No sería la primera vez
que le causaría problemas y estaba decidida a que no se quedara en su
rancho vacacional ni en su complejo. Y se dirigió a la pequeña recepción y
le preguntó a la chica por Claire, sola en una de las cabañas para ella porque
no sabía su apellido.
Al final le quedaban cuatro días interminables y debía que tener cuidado
con Noah y ella, porque no cejaría en buscarlo.
Dio orden de que esa persona tuviese prohibido el paso al complejo una vez
que se fuera. No la dejaría entrar más de vacaciones, ni a actividades, ni a
nada.
Y se fue a la cabaña. Se dio una ducha. Por la mañana su ayudante le
llevaba los cheques del día anterior, así que iba a tomarse la tarde libre. Ni
pasaría por la fiesta de la noche por no verla. Y deseando que se fuera del
complejo. Que pasaran esos cuatro días.
Cuando llegó Noah le abrió la puerta y se abrazó a él llorando.
-A ver mi niña, que no ha pasado nada, que te lo he dicho. Que vine del
campo y estaba terminando de dar de comer a mi caballo. Lo había
cepillado, le puse agua y comida y al darme la vuelta estaba desnuda. Se me
acercó y cogió mis manos y las puso… ya sabes.
-¿En serio? ¿Me lo prometes?
-Te lo prometo. Intentaba retirarlas.
-Se va dentro de cuatro días, vente a dormir conmigo.
-Me vendré para que estés tranquila, celosilla.
-No soy celosilla, pero no me fio de ella nada. Eres mío- y él se reía.
-Pero nena si llevamos casi un año y he dejado mis vacaciones para irme
contigo unos días cuando baje la temporada alta y se quede tu ayudante.
-Te quiero mi niño.
-¿Sí? ¿Cuánto?
-Ven aquí y te lo demuestro. Le quitó la ropa y él también. La llevó arriba al
dormitorio. Desnudos, calientes, ardientes, besándose como locos y él la
penetró antes de llegar a la cama sin ponerse preservativo. Y se tumbaron
en la cama y él la penetraba mientras ella gemía como su mujer que era,
aferrada a sus muslos con sus piernas y a su espalda y bajaba las manos
apretando el trasero de Noah contra su sexo para que entrara bien en ella
hasta el fondo de su ser. Y él agilizó la marcha y se derrumbó en ella y ella
sintió su líquido caliente en todas las paredes de su sexo.
-¡Ah dios uff! Nena. Y no me he puesto preservativo.
-No hace falta ya. Llevamos casi un año.
-Ha sido genial, preciosa, eres mía. ¿Lo sabes?
-Desde que te conocí. Pero somos unos locos.
-Me encanta el sexo contigo, Carmen. Así que no puedes pensar que ella me
atrae.
-Lo sé. Pero estás tan bueno…
-¡Qué tontilla eres!¿Entonces lo hacemos sin protección?
-Sí, ha sigo distinto. He notado todo tu pene de terciopelo.
-¡Qué romántica eres nena!
-Ummm… ¿solo romántica?
-Y pervertidamente perversa.
-Y se puso encima de él y cogió su sexo moviéndolo y lo metió en su
boca…
-Ay mi Carmen… ¿Qué me haces nena?
-Lo que te gusta. Relájate, mi amor.
-Uff nena, Dios…
Y empezó a moverse y a retorcerse de placer cogiendo su pelo, mirando
como ella lo devoraba. Y a él le encantaba, decía su nombre
entrecortadamente y le dijo que iba a tenerlo.
-Nena, voy a correrme ¡Oh, Dios!, ¡joder Carmen!, sigue, sigue… y estalló
como un chorro caliente y blanco.
Luego que descansaron, él se metió en sus piernas y le arrancó un orgasmo
y le dio la vuelta y se puso por detrás de ella y entró en ella de nuevo y
cuando le arrancó otro, él se corrió dentro cogiéndola por las caderas y su
cuerpo encima de su espalda.
Cerró los ojos cuando se acostaron juntos de nuevo…
-¿Tienes sueño bandido?
-Tengo hambre. Venga cenemos, que ya es hora.
-Ya es tarde.
-¿Y quién tiene la culpa?
-Tú mujer, que me tienes dolorido.
-Te quejarás. Hoy ha sido especial.
-Lo ha sido guapa.
-Pero ya sabes que tienes que ser fiel.
-No hace falta que me lo digas, llevo un año siéndolo.
-Lo sé, por eso te quiero.
Estuvieron cenando medio vestidos, aunque Noah había llamado a su
rancho y les dijo que esa noche se quedaba a comer y a dormir con Carmen.
-Mañana hablamos - y su madre le dijo al padre.
-Seguro que es Claire. ¡Qué mujer más mala!
-Pues mejor que se quede con ella hasta que se vaya- dijo el padre.
Y la madre estuvo de acuerdo.
-¿Cómo va la cabaña de Ethan?
-La están acabando esta semana.
-¿Qué te parece?- dijo la madre.
-Me parece que es grande ya, mujer. La necesita si no está con Rocío. Los
otros creo, que, si siguen con las Smith, se quedarán en las suyas. Son
bonitas y están al lado.
-Sí, supongo que sí… Bueno, para cuando venga Ethan de sus vacaciones la
tendrá.
-Hay que ver qué pena que la chica está embarazada. Este chico cabezota…
-Cuando se haga la prueba, entrará en razón. Estoy segura.
-Ya veremos.
Claire veía venir al rancho todas las tardes de lejos o de cerca si salía del
complejo a Noah. Y sabía que tenía poco tiempo y cuando a ella se le metía
un hombre entre ceja y ceja tenía que ser suyo y ella lo consideraba suyo a
pesar de tener a su pareja con la que iba a casarse pronto.
CAPÍTULO VI
Así que una tarde antes de irse, mientras Carmen, lo esperaba en la cabaña,
ella se puso delante de la entrada del rancho y Noah, estuvo a punto de
pillarla con el coche. Tuvo que parar. Se bajó…
-¿Estás loca Claire?- se acercó a ella
-Sí, por ti.
-Mira te lo voy a repetir una última vez: Déjame en paz. Lo nuestro acabó
hace tiempo. Que tuvimos un par de ratos de sexo, bien, pero hace tiempo
año y medio y ahora tú vas a casarte y yo tengo a Carmen.
-No le he visto anillo.
-Eso no te interesa. Lo tendrá.
-¿Una última despedida?… le dijo mientras sintió un pinchazo en la pierna.
-Pero qué… y se fue mareando poco a poco y ella lo sentó al otro lado del
conductor y lo llevó a su cabaña en el complejo.
Noah iba muy mareado y ella le apagó el móvil. Lo ayudó como pudo a
entrar en ella.
-¿Qué haces Claire?
-Una última noche. Te pido una sola última noche… venga levanta que te
desnude.
-No por favor… decía echado en el sofá, pero, aun así, ella lo desnudó y se
desnudó.
-Movió el sexo de Noah, pero no se ponía duro y a ella nunca le gustó el
sexo oral. Se colocó encima y nada. Por más que intentaba, Noah no
reaccionaba.
-Creo que le he puedo demasiada dosis.
Y fue cuando Noah se desmayó y ella se asustó porque no lo oía respirar. Y
le hizo una reanimación que consiguió que respirada despacio
¡Joder, joder!- decía -Quiero irme de aquí, pero si le pasa algo, me van a
pillar.
Estuvo dos horas hasta que Noah se pudo espabilar algo.
-No veo. ¿Dónde estoy?
Mientras Carmen, estaba preocupada, porque le dijo dos horas antes que iba
a ducharse y se iría, pero no contestaba al teléfono. Y llamó a sus padres
que le dijeron que hacía dos horas que se había ido.
-¿No ha llegado?
-No y estoy muy preocupada.
-Vamos para allá.
-No se preocupen, llamo a Paul, creo saber dónde está. Que está con Rosa y
van a salir.
Y fue corriendo a la cabaña de Rosa. No quería preocupar a Rocío. Bastante
tenía ya.
-Paul, -llamo, -Paul abre la puerta.
-¿Qué pasa Carmen?
-Ven conmigo al recinto, a la cabaña de Claire.
-¿Claire está aquí?
-Sí, quiero saber si le ha hecho algo a tu hermano, porque lo amenazó el
otro día. Hace dos horas salió de vuestro rancho y aún no ha llegado.
-¡Maldita mujer!
-Voy, dijo Rosa.
-No, tú quédate y termina de arreglarte, no será nada.
-Me arreglo y voy- dijo Rosa con determinación.
-Pero no le digas nada a Rocío.
-No le diré nada.
Y se fueron en el todoterreno de Carmen. Y pidieron en la recepción la
llave de la cabaña de Claire.
-Le faltaba la respiración a Carmen cuando abría la puerta.
Paul le quitó la llave y abrió porque ella no podía de los nervios.
Y se encontraron una escena que ella nunca quiso ver.
A Noah desnudo y medio muerto y a Claire intentando a golpes despertarlo
desnuda.
Carmen llamó a la policía y a una ambulancia.
-¿Qué le has hecho maldita?
-Es mío. Ha venido porque ha querido.
-Eso es mentira, voy a matarte. Y Paul la sujetaba.
-Lo importante es Noah.
-¿Qué le has hecho?- se acercó Paul en toda su altura a Claire dándole una
manta para que se tapara.
-Solo le pinché una dosis pequeña.
-¿Qué le has dado?
-Morfina. Tenía de mi abuelo, solo un poco, quizá me he pasado…
Y Paul le soltó un empujón que la tiró para atrás.
-¡Vístete y siéntate!, hasta que llegue la policía y la ambulancia, si le pasa
algo a mi hermano, lo vas a pagar.
La ambulancia y la policía llegaron y por fortuna a Noah, le pusieron suero
para limpiar sus venas y su cuerpo y debía comer algo, leche y descansar.
La policía tomó nota a ella y cuando Noah estuviese bien, se la tomarían.
Paul le dijo que recogiera sus cosas y se fuera, que no dejara nada sin pagar.
Y Claire recogió en menos de media hora, y fue escoltada por la policía
para hacerle otra ronda de preguntas y ella llorando llamó a su padre.
A Noah se lo llevaron a la cabaña de Carmen y allí estaban sus padres y
Rosa calmándolos y Rocío también se enteró.
Lo subieron y le pusieron un pijama. El medico lo reconoció de nuevo. No
era necesario llevarlo al hospital, pero le dejó el suero toda la noche y
volvería por la mañana.
-¿Me puedo quedar?- le dijo la madre a Carmen.
-Claro que sí. Que Paul lleve a su padre.
-Te llevo a casa papá y me quedo contigo- dijo mirando a Rosa.
-Pues claro -dijo esta. -Tranquilo, no tiene nada, ya ha visto lo que ha dicho
el médico- le dijo Rosa al padre de Paul.
Y esa noche ella y la madre se turnaron para cuidar a Noah, pero por la
mañana estaba fenomenal.
-Por dios hijo, no te levantes.
-Pero si no tengo nada.
-Hoy es sábado, papá les dará una vuelta a los animales, y yo voy a casa,
me lleva tu hermano que va a venir, a por mí.
-Ya ha pasado todo, cielo. La policía viene al mediodía.
-Pue ya ves.
Y le dio un beso a su hijo y Carmen daba instrucciones a su ayudante y a
Norman para que ayudara en el complejo porque ese día no podría acudir, al
menos por la mañana.
-Nena vete, que yo me quedo en el sofá abajo, estoy bien.
-Bueno si estás bien, esta tarde doy una vuelta. Y te echas la siesta.
Y se quedaron solos.
-Ahora me cuentas qué pasó…
-Luego, tengo que repetirlo a la policía.
-El médico. Espera.
Le abrió la puerta y el médico lo reconoció, estaba perfectamente y le quitó
el suero.
-Pero quiero que el lunes vayas a hacerte una analítica de sangre completa
temprano, ¿vale?
-Vale.
-Estará allí, lo acompañaré- dijo Carmen.
-Nena, tienes trabajo.
-Puedo estar una mañana fuera.
-¡Qué terca!
-Vamos te duchas y te pones un pijama limpio, menos mal que tengo ropa
en tu casa.
Y bajaron al salón, ella le preparó un buen desayuno y para ella. Porque la
chica no venía los sábados.
A veces comía en el barracón y otras en el complejo, pero ese sábado hizo
ella el desayuno.
-Ummm… ¡qué hambre!- dijo Noah.
-Venga cuenta.
-¿Qué quieres saber? Estaba en la puerta de la entrada y casi la pillo con el
coche, salí del coche y le dije que si estaba loca. Me pidió una última noche,
que se iba hoy y le dije que no, que se iba a casar y que te quería. Y sentí un
pinchazo y fui mareándome. Recuerdo que me metió en el coche y luego
desnudarme y tumbarme en el sofá y perder el conocimiento.
-¡Maldita mujer!
-Estoy seguro de que no me hizo nada.
-¿Cómo puedes estar seguro?
-No le gusta el sexo oral y no creo que con la droga y sin conocimiento se
me levantara niña.
-Eso es verdad.
-Claro que sí.
-Te estaba danto golpes para despertarte cuando Paul y yo llegamos.
-No me enteré de eso salvo que inconsciente no sé cuánto estuve y no veía
nada. Intentaba moverme y no podía. Y te llamaba. Hasta que pude
moverme algo y oí ruidos. Y oí tu voz y la de mi hermano.
-Éramos nosotros.
-Afortunadamente.
Y cuando comieron se lavaron los dientes y él se tumbó en el sofá.
-Estoy cansado.
Y ella se echó a su lado con las mallas y se había quitado las botas.
Y entonces soltó todo su dolor y empezó a llorar.
-Pero niña…, ¡ay dios mío! no llores cielo, no puedo verte llorar.
-Te quiero, si te hubiese pasado algo…
-Pero no me ha pasado nada. A quien sí le va a pasar es a ella.
Y se abrazaba fuerte. A él. Y se besaron.
-No puedo hoy, niña.
-No seas tonto. No me hace falta.
-A mí sí, pero no puedo, tengo un cansancio que parece que me han pegado
una paliza.
-Van a venir tus padres a tomar café y mis hermanas. ¿Podrás aguantar?
-Sí, un ratito. Así no pienso.
-Mientras voy al complejo y doy una vuelta y me traigo las ganancias de
ayer. Que mi ayudante no se ha podido retirar la pobre. Porque es sábado.
Pediré la tarta que te gusta.
-¡Qué bien me cuidas!
-Mientras la policía te interroga hago unos bocadillos. También.
-Sí, peor vente aquí, te necesito. Y se quedaron dormidos hasta oír la puerta.
-La poli. Y se arregló el pelo y se puso las botas.
-Perdonen, nos hemos quedado dormidos, hemos estado toda la noche
vigilándolo. Pasen.
-Le vamos a hacer unas preguntas.
-Perfecto. Les dejo, voy a la cocina ¿quieren algo?
-No. Gracias.
Y ella desde la cocina oía la conversación y supo que ella había intentado
tener relaciones sexuales como le dijo él y no le ocultó nada.
-¿Qué le pasará?- dijo él
-Intento de violación y haberlo drogado. Pero desde ya le advierto que son
un gran bufete.
-Lo sé. Es de su padre.
-Van a presentarle un acuerdo si no presenta cargos.
-¿Qué acuerdo?
-Medio millón de dólares.
-Medio millón de…
-Sí señor. O tres años de cárcel y se le retiraría su carnet de abogada para
siempre.
-Quiero el dinero. Le va a doler más.
-¡Está bien!, ya vendría un abogado. Hace bien, esa gente es capaz de
cualquier cosa.
En una semana tenía unos análisis perfectos, estaba perfecto y tenía medio
millón de dólares y una orden de alejamiento. Eso sí que lo pidió, contra las
dos familias, la suya, y la de Carmen, de ellos dos y de los ranchos.
Y él se reía.
-Me ha salido redondo, desde luego.
-No hagas bromas, podía haberte pasado algo.
-Pero no ha sido así y a ti, si te va a pasar en esa cocina antes de la cena.
Y le bajó las mallas y su chándal porque no iban a salir y entró en ella
mientras le tocaba los pezones y la penetraba una y otra vez hasta llenarla
de él.
-¡Ay nene! Y yo con el cuchillo en la mano.
-Suéltalo, asesinilla. Y le subió las mallas y su chándal.
-¿Qué ha sido eso guapo?
-¿Un aperitivo?
-¡Qué tonto eres!
-Si te gusta…
-Me encanta.
Y la subió a la encimera.
-¿Qué haces?- le dijo él.
-La ensalada, la carne se está calentando.
-Pongo la mesa.
-Sí, y le mordió los pezones y la cogió por las caderas.
-No empieces Noah que acabamos de hacerlo.
-¡Joder!, si es que me pones- y volvió a bajarle las mallas y se lo hizo en la
encimera de nuevo.
-¡Ah, dios! Loco, que estás loco.
Y se subió el chándal.
-Apago la carne.
-Y limpia la encimera que voy a lavarme- le dijo Carmen.
-Ahora voy yo después y cenamos.
Y cuando ella se dio una ducha rápida, y bajó y él subió e hizo lo mismo.
Y así Carmen, terminó de poner la mesa. Y lo vio bajar con su pijama y
supo que lo amaba, que creía en él con todas sus fuerzas. Que ya nunca
podría vivir sin ese cuerpo y ese hombre maravilloso y fiel que era. Tan
bueno y tan…
Cómo la trataba, como la amaba y le hacía el amor y le había demostrado
por activa y por pasiva que la amaba.
Era el mejor hombre que había conocido. Nada que ver con su hermano
Ethan, ni cómo trataba a su hermana, con ignorancia e indiferencia aun a
sabiendas que iba a tener un hijo de ella.
Pero Noah no era así. Era tan diferente. Tan único para ella. Estaba loca por
él.
Y Noah observó cómo la miraba,
-¿Qué piensas pequeña?
-Lo mucho que te amo y te quiero y que no podría vivir sin ti. Lo mal que lo
he pasado. Podía haberte puesto una dosis alta y ahora podías estar muerto.
-Pero no ha sido así y gracias a Dios, porque yo también te amo tanto…
Se sentó en el sofá a su lado y la abrazo tiernamente. Y la besó en los
labios.
-Eres mi Carmen romántica… Mi chiquita.
CAPÍTULO VII
Parecía que las cosas iban bien, cuando a finales de junio vino Ethan de
vacaciones y no vino solo. Su cabaña estaba para entrar a vivir y allí fue, no
sin antes darles un disgusto a sus padres. Acaba de casarse con una
camarera texana que trabajaba en las Vegas y tenía una hija de cuatro años.
Nora que así se llamaba tenía 24 años.
Los padres de los chicos tuvieron que hacer de tripas corazón. La saludaron
y trataron bien. Pero fue una gran conmoción que no esperaban. Noah y
Paul las saludaron y hablaron con su hermano a solas.
-¿Estás loco? Rocío va a tener un hijo tuyo en dos meses. No podías haber
esperado, además casarte con una chica joven que no conoces ni a su
familia…
-No tiene. Solo a su hija y me gusta.
-Ethan, te desconocemos, la verdad, te has vuelto un amargado por no
esperar a Rocío. Lo está pasando mal.
-Que no se hubiese acostado con Jimmy.
-Te daría de puñetazos -le dijo Noah.- Ese hijo es tuyo y te vas a arrepentir.
Si no fuese tuyo no estaría dispuesta a hacerse una prueba de ADN. Y
Rocío nunca se acostó con Jimmy, peor si sigues así se lo vas a dejar en
bandeja.
-Me precipité con ella.
-¿La quieres?
-Estoy casado y ahora me debo a mi familia.
-¡Está bien!, como quieras. Tú verás. Al final se la pondrás a Jimmy en
bandeja. Porque es el único que está a su lado aquí y es un buen chico. Ya lo
sabes y te vas a arrepentir cualquier día, antes o después.
-Y el padre de su hijo o lo que vaya a tener.
-Es un chico y se llamará Wes como su padre. Y tú eres su padre.
-¡Qué bonito! Bueno, me voy a descansar a mi casa nueva. Que mañana
tengo que ponerme al día.
-Que te vaya bien.
-No está bien- le dijo Paul a Noah cuando se fue. ¿Tú crees que quiere a esa
chica?
-Ni por asomo y se va a arrepentir toda la vida.
-Pues espero que no sea tarde- dijo Paul.
Al día siguiente cuando Noah bajó a ver a Carmen y Paul a Rosa...
-¿Se lo decimos?
-Pues claro, luego vamos todos a la casa grande y se lo decimos a Rocío.
-Pobrecita… ¡qué pena me da!
-Es fuerte y creo que ya está de decepcionada de nuestro hermano.
-Pues que le den.
Y así cuando Noah llegó a la cabaña de Carmen, iba serio.
-¡Hola, mi amor!,¿qué te pasa?- le dijo cuando vio su cara.
-Ha vuelto Ethan.
-¿Y qué?, tenía que venir ya, terminaban sus vacaciones.
-Se ha casado en Las Vegas.
-¿Que se ha casado?
-Sí con una chica de 24 años y una niña de cuatro que tiene. Era camarera
allí.
-Bueno da igual, lo que fuese, pero mi hermana se va a llevar un disgusto.
-Ahora Paul se lo está diciendo a Rosa y hemos quedado en ir a ver a Rocío.
-Pues vamos. Siento decirte que tu hermano es un sinvergüenza.
-Lo sé nena. Y se lo hemos dicho. Pero no atiende a razones. Está amargado
desde que Rocío se quedó embarazada. Creo que lo ha hecho por venganza,
no se puede enamorar en un mes de nadie.
-De mi hermana sí creo que lo hizo.
-Eso fue diferente…
-Anda cielo, vamos a ver a Rocío.
Cuando Rocío los vio entrar a todos a su casa, sabía que algo pasaba.
-¿Qué pasa?
-No quiero que te pongas nerviosa, quiero que estés tranquila con lo que
vamos a decirte- dijo Carmen.
-Vamos, decídmelo ya.
-Ha vuelto Ethan de Las Vegas, casado con una chica de 24 años y con una
hija de cuatro.
Y Rocío aceptó ese hecho como una puñalada porque no había sido capaz
de esperar a la prueba de que en realidad era su hijo. Y ella misma esperaba
poder perdonarlo.
Pero ese era el fin definitivo de su corto amor por Ethan. Se acababa
definitivamente hiciera lo que hiciera. Puso un corazón coraza contra el
padre de su hijo.
Bueno no os preocupéis. No pasa nada. Yo tengo a mi hijo y aun así la
prueba se hará. Pero ya no volveré con vuestro hermano. Tiene a su familia.
-¿Y tú?- le dijo Paul.
-Os tengo a vosotros y al chico y ya veremos. No soy una vieja ni me voy a
quedar soltera.
-Venga, pues mejor. ¿Estás bien para que te dejemos sola?
-Sí anda. Os vais un ato. Necesito estar sola y tranquila. Además, voy a dar
un paseo por el complejo y tomo un refresco.
-Vale, te queremos, la abrazaron sus hermanas y ellos también.
Ellas le preguntaban de vez en cuando si iba a hacerle la prueba de todas
formas y Rocío dijo que sí, aunque fuese judicialmente pero que no quería
nada de él, ni un dólar. Ella criaría a su hijo y le daría el apellido Smith
como madre soltera que era.
Y así Paul y Rosa se fueron en julio de vacaciones y a Rocío, le quedaba un
mes para tener a su hijo.
Los chicos habían contratado a un detective privado para averiguar cosas de
Nora, la mujer de Ethan, pero no encontraron nada importante.
Sin embargo, la vida en el rancho se hacía insoportable porque la chica
quería mandar en Ethan y en la casa grande, y ese verano fue terrible. Las
voces entre ellos eran constantes y se oían hasta la casa desde la cabaña de
Ethan.
Esa chica era joven pero terriblemente egoísta. Y no se adaptaba a la vida
en el campo. Quería que Ethan y ella vivieran en la ciudad cuando sus
padres le habían hecho una cabaña y quería salir todos los días, como estaba
acostumbrada en Las Vegas, y se iba sola y dejaba a la niña con Ethan.
Y la vida en el rancho Lee, se hacía insoportable.
Y en esas estaban, cuando a finales de Agosto Rocío tuvo a su niño Wes.
Todos los hermanos y hermanas estaban revolucionados. Era precioso y
estaba consentido por todos. Le habían preparado un dormitorio que no le
faltaba nada y una chica para ayudar a Rocío, que ella había contratado para
ayudarle.
Y se hizo la prueba y era de Ethan, y a éste ni le importó.
Al final ella no quiso ni un dólar de él, porque ni fue a ver su hijo salvo
unas cuantas veces y los padres de Ethan sí iban.
En cierta manera, Rocío estaba triste por su hijo.
Cuando estuvo bien recuperada, y aparecía el Otoño, bajó el rendimiento
del complejo un poco y entonces es cuando Carmen y Noah decidieron irse
de vacaciones. Su padre tomaría el mando en el rancho de los Lee y en
septiembre ya se había ido la ayudante de Carmen de vacaciones. Un mes
antes que ella
Así el rancho no se quedaba solo, porque Norman echaría una mano.
-¿Dónde vamos nena?- le preguntó Noah a Carmen.
No habían programado nada en vacaciones. Ella lo único que quería ese año
era descansar de tantas cosas ocurridas
-Necesito playa, soy de playa hombre. Y este año ha sido estresante entre lo
de nuestros hermanos, el niño, Claire y demás…
-¿Vamos a Santa Mónica? Tiene unas playas enormes y preciosas.
-Vamos. Yo quiero descanso.
-Mujer algo hay que ver.
-San Francisco también.
-Allí también hay playa y vemos la ciudad. Es bonita.
-Vale. Entonces saco los billetes- dijo Noah.
-Sí, vamos a sacarlos, lo pagamos a medias.
-Déjate tonta, lo va a pagar Claire.
Y ella se reía.
-¿No pensarás gastarte ese dinero?
-No entero, claro una ínfima parte, pero de ahí van nuestras vacaciones sin
pensar en lo que gastemos.
-¡Qué loco estás!
-Claro por lo mal que lo pasamos, hotel a pie de playa, cinco estrellas en el
centro.
-¿Sabes qué cuesta eso mi amor?
-Pues no lo sé, pero en San Francisco igual. Dos semanas en Santa Mónica,
coche alquilado y en San Francisco 10 días, más los vuelos. Así, podemos
descansar cuando vengamos unos días.
-Pero si vamos a descansar…
-Viajar cansa, nena.
-¡Está bien!, de ahí nos desplazamos donde queramos.
-Vale.
Y cuando le dijo el precio de los hoteles ella se echó las manos a la cabeza.
-Venga no es una suite, es solo una habitación con vistas.
-Iremos el primer día de compras.
-Estás tan loco…
-Prepara una maletita que vendremos con 3 cada uno.
Y ella se reía.
-Pero antes de irnos quiero darte algo.
-Darme qué…
Y se puso de rodillas.
-¡Ay, Noah!
-Llevamos ya más de un año saliendo, preciosa.
-Sacó una cajita de terciopelo y un anillo de compromiso precioso.
-¡Ay dios! ¡Qué bonito ay Noah! Y empezó a llorar.
-¡Ay mi llorona!, venga pruébatelo.
-Me viene perfecto.- cuando él se lo puso.
-Bueno nena, esto significa boda.
-¿Pero loco cuándo?
-En febrero había pensado, el 14.
-El día de los enamorados.
-Sí, para mi romántica.
-Pero no nos queda tiempo.
-Te queda tiempo, contratas a una organizadora.
-Eso sí.
-Claire lo paga.
Y ella se reía.
-Ha pagado el anillo de compromiso.
-Por supuesto. Ven aquí bandida y dame un beso.
-No nos pasaremos con viaje de novios incluido del presupuesto de Claire.
Y la desvistió despacio y se fueron a la cama.
-Eso merece un 69.
-Sí estás loco, sí.
-Mucho por mi niña.
Y se fueron besando como locos. Su amor y su sexo siempre había sido
pasional, a veces intenso, tanto que Carmen a veces creía no haber sido tan
feliz en su vida, porque Noah era parte de ella. Unidos por un trozo de
carme era la vida que crecía, el mundo en sus manos, el amor. Su alma
gemela. Era una persona excepcional que nunca se enfadaba con ella y era
la hermana más romántica, pero de más carácter, luchadora y creativa. Y
Noah estaba loco con ella.
Cuando descansaban, Noah sacó su móvil y miró hoteles.
-¿Este?
-¡Me encanta, nene!
-Veamos las habitaciones y todo.
-Es perfecto Noah,
-Pues este. Reservo dos semanas con todo incluido si vamos a algún sitio no
importa.
-Ok.
Y ahora vamos a ver Fan francisco porque el coche lo alquilamos en el
aeropuerto.
Y cuando tuvieron todo listo y reservado, él se fue al rancho a hacer la
maleta y la dejó a ella hacer lo mismo.
-Nena vengo con Paul mañana, ¿vale? Nos va a llevar al aeropuerto.
-Vale, así no molestamos a nadie más.
-¡Está bien!
-Porque las cosas en el rancho…
-¿Con Nora?
-Sí. Mis padres están estresados.
-Vale amor. Pobrecillos-Y se besaron.
Qué necesidad tenían los Lee de tener que estar en su propio rancho
sabiendo lo mal que estaba su hijo, oyendo voces, estresados. A veces ni le
abrían la puerta a esa niñata maltratadora y consentida.
A la mañana siguiente salieron de vacaciones.
Fue un mes de amor, sexo, viajes, risas, compras, en la playa, visitas en San
Francisco y en cualquier sitio donde iban.
Vinieron renovados. Morenos encantados, felices.
Y descansaron unos días como le había dicho Noah, bueno, haciendo el
amor porque Noah era incansable sexualmente.
-Contigo nunca engordaré, nene.
-Sí que engordarás, cuando tengamos chicos.
-Noah…
-Dime preciosa.
-Viviremos en mi cabaña tengo aquí mi despacho.
-Esperaba eso.
-¡Qué bobo! Te dejare espacio y pondremos otro despacho para ti y aún nos
quedan dos dormitorios. Para loa niños.
-Deja es pronto.
-No quiero hijos de viejo Carmen.
-Pero si tenemos a Wes ya. Es nuestro sobrinillo.
-Esperamos un añito o dos como mucho cuando nos casemos.
-De acuerdo, cuando reforme un poco el complejo y lo pinte, manos a la
obra.
-Bueno ahora lo importante es la boda. ¿Quieres un salón de un hotel?
-Ni loca, quiero casarme en mi complejo, con sacerdote en la explanada del
baile y una cabaña para nosotros.
-¡Qué ahorrativa!
Será precioso. Le diré a la organizadora lo que quiero y como la quiero.
-¿Lo decimos esta noche?
-Lo decimos.
Y la familia se revoluciono toda. Había una boda en la familia. La primera.
Y las hermanas ya organizando todo.
-Los Lee estaba encantados.
Rocío estaba contenta con Jimmy. Se hicieron amigos. Ahora sí era verdad
y de ahí, de ser amigos pasaron a salir y Rocío volvió a vivir y la vieron
feliz en Navidad, la segunda que pasaban en el rancho.
Ethan dejó a Nora, más bien, ésta se fue del rancho antes de la boda con su
hija y Ethan le quitó los apellidos para no pasarle nada.
Y siguió con su amargura y su mal humor para preocupación de sus padres
y sus hermanos. Menos mal que no trataba con la gente del rancho.
Y ahí se vieron Rocío y Ethan, en la boda de Carmen y Noah, que fue
preciosa. Rocío le dijo a Jimmy que si se casaba sería como la boda de
Carmen y Jimmy la miró y supo que era suya y lucharía por ella por más
que quisiera que volviera Ethan. No se la iba a quitar. Se habían acostado
juntos ya antes de Navidad y fue especial, la amaba. Y a su hijo.
Fue una boda hermanos y fueron a Cádiz y a París, a enseñarle a Noah
dónde vivió. Y a Sevilla.
No podían quedarse más tiempo porque habían tenido vacaciones en
octubre, y tenía que ponerse las pilas con su complejo y él con el rancho.
Para ellos todo era perfecto. Era una optimista y contagiaba su alegría a
Noah. Y los padres estaban encantados porque Carmen era buena, tenía
chispa, hacía feliz a su hijo y todo era poco para sus suegros. Que la querían
como a una hija. Nunca iba a verlos sin llevarles una tarta o flores, o
cualquier cosa.
A Rosa también la querían mucho, pero Carmen era especial. Abrazaba y
besaba siempre que llegaba. Les preguntaba como estaban y si los veá algo
enfermos, ya estaba llevándolos a la ciudad al hospital.
Era tan diferente... Como la mejor de las hijas.
-Noah cariño -le dijo su madre una tarde que fue a verlos.
-Dime mamá.
-¿Eres feliz hijo?
-Mamá ¿cómo me preguntas eso?, nunca he sido tan feliz, Carmen es mi
alma gemela es mi mujer, es… no discutimos ahora que lo pienso. Bueno si
yo me enfado no me deja.
Y el padre se reía.
-Se me tira encima y no me resisto.
-¡Ay, hijo cómo eres!…
-¿Cómo soy?, cómo es tu nuera. Tienes un hijo y una nuera muy sexuales.
-No es eso lo importante.
-Nos amamos mucho. Ya vamos camino de Navidad y hará casi un año que
nos casamos y soy tan feliz, como cuando la conocí.
-¿No quieres tener niños?
-Quedamos en tener en el primer año o el segundo después de casarnos.
Pero ya tengo 30 años y ella 26. Tendremos hijos para el año que viene. Ya
tienes un nieto.
-Lo sé y me da tanta pena que Ethan no lo quiera…
-Porque es tonto. Podría haberla enamorado de nuevo. Ahora ya no puede,
está con Jimmy y muy feliz. Y eso lo está matando porque cree que fue
verdad que estuvieron juntos a pesar de la prueba.
-¡Qué pena mi hijo!
-Mamá, es tonto así de claro, su ego y su orgullo… Prefiere ir a la ciudad y
acostarse con cualquiera a luchar por su hijo y la mujer que quiere.
-Dejadlo que haga lo que quiera.- dijo el padre.
-Bueno, me voy a casa.
-Los abrazó y se fue a su cabaña, la que compartía con Carmen.
Y mientras iba a la cabaña, pensó en el sufrimiento que su hermano causaba
a sus padres y a él mismo. No entendía a su hermano, ni ese orgullos suyo
tonto.
Ahora sí que era cierto que Rocío se acostaba con Jimmy y eran pareja, no
antes. Lo sabía por Carmen. También porque los veía felices y Jimmy
quería a su sobrino como no lo quería su padre y el niño le decía papá.
Eso jamás le pasaría a él en la vida. Dejar a una mujer preciosa como Rocío
y a su hijo.
Su hermano había sido un chico alegre y extrovertido y ni siquiera cuando
le pasó el accidente lo vio así.
Pero cada uno hacía con su vida lo que quería. Lo que sí sabía era que su
hermano se equivocaba. Todos lo veían, menos él.
CAPÍTULO VIII
Carmen era así, espontánea. Y veía cómo Noah miraba con amor a Wes el
niño de Rocío que ya tenía año y medio casi.
Era la tercera Navidad que pasaban en el rancho y Rocío y Jimmy parecían
una pareja. Y, de hecho, lo eran. Sus hermanas la veían feliz y ella miraba
en la cena de Navidad a Noah y se decidió a darle una sorpresa. Esa noche
iba a dejar de tomar las pastillas y como habían previsto tendrían un bebé al
año y medio o así dependiendo de cuándo se quedara, tendrían a su primer
hijo.
Estaba decidido.
Y así pasó otra Navidad feliz donde los seis y los padres de Noah y Paul
asistieron, excepto Ethan que comió con su amargura, en su cabaña solo.
Luego después de la cena llevaron a los padres a su rancho y dejaron a Wes
en la guardería del complejo y se fueron a tomar una copa y a bailar.
Después de repartir los regalos que siempre era una fiesta. Y el niño loco
con sus regalos. El que más recibió.
Repitieron en fin de año. Y en fin de año fueron a la ciudad a ver los fuegos
artificiales.
Y vuelta a empezar otro año con fuerza y energía.
Y cuando celebraron sus dos años de casados, fue cuando Carmen le tenía
una noticia.
-¿Qué tal el día cielo?- le dijo Noah cuando vino del rancho de sus padres.
Mañana vendré más tarde. Y la semana que viene vamos a comprar caballos
a Montana.
-¿A Montana?
-Sí, es un rancho nuevo. Al que vamos, no tiene potros como los que
queremos y te compra a buen precio.
-¿Y cuánto estarás fuera?
-Solo un par de días o tres. Salimos temprano.
-¿Tom no tiene que vender?- le dijo Carmen.
-No lo sé, voy a preguntarle a ver.
Y primero llamó a Rocío.
-Sí, voy a llamar a ese rancho y si Tom da el visto bueno que vaya con
Jimmy y vendan y compren. Pueden ir todos juntos.
-Vale. Sería bueno eso.
Y al rato, la llamó Rocío diciendo que irían todos juntos, que el precio era
bueno que ya viera Tom los animales.
-Bueno ¿qué ibas a decirme?
-¿De qué?
-Me dijiste que tenías que decirme algo…
-¡Ah bueno! Mintió ella- en enero pintamos el complejo.
-Sí, para el acontecimiento que viene.
-Exacto, lo arreglaré bien.
-¡Oh nena! Estoy cansado, hoy ha sido … y encima he discutido con Ethan.
-No discutas con él.
-Si sigue así me vas a tener que dar trabajo y dejo el rancho. No lo dejo
ahora mismo por mis padres que si no… puede nombrar un capataz. Ahora
te digo algo. Cuando falten mis padres, quiero mi parte. Y me vengo.
-Ya te buscaré un trabajo no te preocupes. No quiero verte nervioso.
-Pero es que a Paul también lo tiene frito.
-Pues nada todos aquí. Rosa siempre necesita a Norman. Mejor dos
veterinarios que uno, tenemos muchos animales.
-Voy a darme una ducha y cenamos.
-Venga, me he duchado y voy poniendo la mesa.
Cuando Noah y Tom fueron con sus hombres y camiones a vender y
comprar caballos, fue cuando Carmen iba a hacerse un test de embarazo. Y
le dio positivo. Estaba contentísima. Pero no le diría nada a nadie. El
primero en saberlo debía ser el padre.
Pero sí que fue al ginecólogo un día antes de que viniera. Y a sus hermanas
les dijo que iba a Montgomery a hacer unas gestiones y comprarse algo.
-Estoy nerviosa, -le dijo al ginecólogo.
-¿Le han hecho la analítica?
-Sí, y tengo hambre- y este se rio.
-Vamos a ver ese bebé y si es cierto el test. Si no le ha venido la regla en
casi tres meses…
Y le pasó el botón frio por el vientre…
-¿Los oye?
-¿Cómo que si los oigo?
-Tiene dos corazones. ¿Ve?
Y ella miró…
-¡Ay dios mío!, dos lentejitas.
-Exacto. Dos gemelos.
-¿Mellizos?
-No, gemelos idénticos.
-¡Madre mía!, al padre le da algo.
-Bueno, esto está perfecto. La limpió.
-Te vienes la semana que viene, le echamos otro vistazo y miramos el
análisis. Que te de la enfermera hora cuando salgas.
-Muy bien, pido cita.
-Andar y comer bien
-Pero te veo fuerte.
-Estoy todo el día andando.
-Pero tranquila. Nada de estrés. Toma las cosas con calma y descansa todo
lo que puedas.
-Gracias. ¿Cuándo puedo saber el sexo?
-Quizá el mes que viene o el otro, si vemos uno, el otro es igual.
-¡Me encanta tener dos gemelos!
-Debe ser la única. Y estar preparada para una cesárea si no puede tenerlos
de manera natural.
-No importa.
-Bueno, qué optimista.
-Hasta la semana que viene.
-Que te de la enfermera hora. No hace falta que vengas temprano y vete a
desayunar.
Y eso hizo. Irse a desayunar y a la librería. Libros de decoración de
habitaciones de gemelos, cuidado de gemelos, y agendas y todo los libros
de gestación y demás. Esa iba a ser su lectura.
Cinco libros.
¡Qué exagerada!, y tenía que esconderlos hasta el día siguiente.
Afortunadamente vinieron temprano los chicos de vender y comprar
caballos. Noah estuvo en su rancho y Paul se hizo cargo con los chicos de
mirarlos y vacunarlos y le dio los chueques y facturas a Ethan. Saludo a sus
padres…
-¿Cómo ha ido eso?- le dijo el padre.
-Es un rancho estupendo. Te pagan bien los caballos y los potros y yeguas
geniales. Ha sido buena venta y buena compra. Ahí tiene Ethan las facturas
por si quieres echarles un vistazo, papá.
-Lo miraré. Vete a descansar hijo.
-Me voy a descansar, sí.
-Anda hijo vete, sí. Que lleváis tres días…
-Voy a dormir hasta mañana.
Y cuando llegó, se dio una buena ducha. Dejó la ropa en el bombo y la
chica le había dejado unos bocaditos y una cerveza. Se tomó un trozo de
tarta de postre. Necesitaba azúcar. Se lavó los dientes y se tumbó en el sofá,
se echó la manta. Puso el fuego eléctrico y se quedó dormido.
-Eran las dos y Carmen no vendría hasta las cuatro o cuatro y media.
-Así que a dormir.
Y cuando Carmen vino, estaba dormido en el sofá. Subió y se dio una
ducha, se puso unas mallas y una camiseta de manga larga y se echó a su
lado.
-Ummm. Dijo él- nena te he echado de menos- le dijo en el oído,
cogiéndole los pechos y arrimándola a su sexo.
-Yo también mi amor.
Y le bajó las mallas lo suficiente para bajarse el chándal y sacar su pene.
-¿Qué haces loco?
-Me has puesto duro y se acomodó a su sexo y entró en ella.
-Ufff…nena tantos días. ¡Joder!
-¡Ay dios madre mía Noah!, solo dos días.
-Una eternidad, nena no te muevas tanto que me corro enseguida. Uff, dios
no te voy a aguantar.
-Ni yo a ti.
-¿No te has puesto sujetador?
Y le pellizcaba los pezones.
Y le tocaba el sexo mientras la penetraba y Noah se estremecía.
-Sabes que me encanta que me hagas todo eso.
-Y que te bese el cuello.
-¡Ah nena! No me digas eso.
-Sí, sigue Noah, sigue.
-También, pero me matas y voy a tenerlo.
-Dios nena, lo siento.
-No lo sientas, tenlo.
Y lo tuvieron los dos, calientes como siempre, aullando como lobos.
-Toma hay pañuelos en la mesa.
Y se limpiaron.
Y ella se dio la vuelta y lo abrazó yo beso.
-Para loca- se reía él.
-Tengo que aprovecharme, quizá en unos meses no pueda tanto.
-Y eso, ¿por qué?
Y se levantó se subió lo que le había bajado de mallas y abrió el cajón del
mueble del salón.
-¿Qué es eso?
-Mira bien…
-Eso es…
-Tuyo y mío.
-Pero nena, si tomas pastillas.
-No desde Navidad. Cuando te vi mirar a Wes, quise darte una sorpresa.
-Sin contar conmigo.
-¡Qué bobo!, si tú querías desde el principio.
-Sí, y se emocionó.
-Son dos, mira bien.
-¿Vamos a tener dos?
-Eres muy potente y te gusta mucho y creo que la dejar las pastillas puede
ocurrir. Gemelos idénticos.
-¡Joder nena!, dios.
-Vamos ahora vas a emocionarte tú.
-Voy a ser padre por partida doble.
-Sí, exacto.
-¿Qué quieres que sean?
-Me da lo mismo.
-Yo quiero dos chicas, así tengo tres y soy el padre mimoso y mimado.
-¿En serio?
-Sí, me encantan las niñas y no hay en el rancho.
-Tenemos que pensar en nombres.
-Si son niñas, una Eve como tu madre
-Llorará un mes.
-Y Rosa como la mía.
-Se llamaba como tu hermana.
-Sí.
-Me gustan los nombres. Podemos llamarla Rose. Que es más americano el
nombre.
-Perfecto. No me importa.
-¿Y si son niños?
-Louis como tu padre. Y el de mi padre está pillado. Y el de mi abuelo, que
me perdone, pero no me gusta.
-Pues le ponemos Paul. Y que sean los padrinos, les va a encantar.
-Sí. Lo mantendremos en secreto hasta que sepamos que son.
-Y nene…
-Qué…
-Se acabo.
-¿Cómo que se acabó?
-Que solo tendremos dos. No tenemos más casa. Y además estarán juntos
hasta que los meta en la guardería y una chica en la otra habitación.
-Está bien. No tendremos intimidad.
-Tendremos, hombre. ¿Pues no querías niños?
-Sí que quiero, pero tengo que ser menos bruto contigo ahora.
-Solo un poco.
-Te quiero Carmen. Te amo tanto… tener hijos contigo va a ser …el sueño
de mi vida.
-Sé que te gustan los niños. No tanto como a mí. Si por mí fuese, no tendría.
Pero sé lo mucho que tú quieres tener.
-Sí, no concibo un matrimonio sin ellos.
-¡Ay, mi amor!
-Ven arriba…
-Espera que me quite las mallas, pero hay que tomar algo.
-Después, tardamos poco.
E hicieron el amor más lento e intenso y él se sintió satisfecho y feliz. Su
vida era feliz. Si no fuese por su hermano… verlo así…
Tomaron un café y ella le enseñó los libros y le echaron un vistazo. Y se
tiraron toda la tarde en el sofá viendo libros y agendas. Noah ya estaba
anotando en la agenda cosas.
-¿No se lo decimos a los hermanos?
-Para la cena, déjame estar contigo chiquita.
-Vale.
Los llamaron a todos para cenar en casa de Rocío porque tenían que darles
una noticia.
Ni qué decir tiene de la alegría de las hermanas. Carmen la primera que se
casa y va a tener gemelos.
La cantidad de consejos que recibió de su hermana Rocío, era más larga que
la lista de sus cinco libros.
Eran tan felices…
Recordaron a su padre y su misión de tenerlas unidas y ellas satisfechas de
haber cumplido el deseo de su padre.
CAPÍTULO IX
Pero a pesar de todo, ella siguió su vida normal. Carmen mandó pintar su
complejo y compro y modernizó algunas cosas que se necesitaba. Habían
amortizado y las ganancias eran altas y se podía permitir pintar y renovar
algunas cosas. Así eran los negocios.
Al mes siguiente fue con Noah a ver a sus bebés y eran dos niñas. Ya tenían
nombres, Rose y Eve.
A ver como las distingo, decía Noah.
Así que celebraron una cena con los padres de Noah, que estaban
encantados y como Noah dijo, su madre lloro por tener una nieta con su
nombre. Y Carmen recordó a su madre.
¡Qué pena!, que no pudieran ver ninguno de sus familiares, ni su padre
adorado, ni su querida madre, ni su abuelo que les dejó ese legado, iban a
conocer a sus hijos. Por su parte, Carmen no quería más y se lo dijo a Noah
que accedió a hacerse una vasectomía si todo salía bien y solo si era
reversible, aunque le costara más.
Y en septiembre nacieron las gemelas, con el pelo como sus padres, negro
como el carbón y los ojos de su madre, color miel claros.
Eran preciosas, pequeñas y no tuvieron que hacerle una cesárea. Ella se
empeñó en que podía tenerlas de forma natural. Y cuando a ella se metía
algo entre ceja y ceja… aunque el quirófano estaba preparado, no hizo falta.
Pero terminó cansada y Noah más preocupado que en toda su vida. Sufrió
mucho viéndola parir a sus hijas y eso hizo que la quisiera por encima de
todo.
En el rancho estaban locos con las gemelas y con Wes que no se retiraba de
ellas en cuanto venía de la guardería y Rocío le reñía. Pero Carmen le dijo
que lo dejase.
-Me las tendré que llevar a casa.
-Ni loca hermana.
-Tú hijo pobrecito quiere a sus primas.
Y ya se quedaban tomando café hasta que se lo llevaba.
Paul y Rosa las bautizaron en una ceremonia sencilla como cuando
bautizaron a Wes, cuyos padrinos fueron sus abuelos paternos, a pesar de
todo.
La vida que tuvo con Noah fue tranquila, fue preciosa y sexual. Cuando las
niñas tuvieron un año, despidieron a la chica que cuidaba a las niñas y las
metieron en la guardería del complejo. Eran dos bichejos.
Noah se hizo su vasectomía. Y aquello hizo que su vida sexual se reactivara
como lo fue antes.
-No sé cómo serán los demás hombres , pero ere tú eres único, mi amor- le
decía ella.
-No te hace falta conocer a ningún hombre. Te doy lo que necesitas.
-Ni tú a ninguna mujer, no te quejas de mí.
-Jamás, ni me harto. Y la levantaba y la besaba y sus hijas preparadas para
que les hiciera lo mismo. Evidentemente las besaba en las mejillas y les
hacía carantoñas. Estaban locas con su padre.
-Las malcriarás…
-No me importa. Son mías. A ti también te malcrío.
Y ella se reía. Y le daba una palmada en el trasero.
-Estate quiero loco -y ellas iban a darle una palmada al padre y luego salían
corriendo.
-Estás niñas saben mucho, Carmen.
-¿De quién aprenden?
-De sus padres, somos listos. Ven y me das un besito.
-Lo tuyo no son besitos y no se han dormido.
-Pues vamos a darles ya la cena, te tengo ganas hoy.
-¿Cómo cuántas ganas?
-Hasta 69, no doy más.
-¡Que bandido eres!
-Mi niña siempre serás tú, lo sabes. Ellas se irán en unos años y nos
quedaremos solos.
Años más tarde…
Ellos habían viajado cada año con las niñas de vacaciones. Se conocían
todos los parques infantiles. Y luego, ellos iban una semanita solos que
fueron aumentando conforme pasaba el tiempo.
El tiempo pasaba y ellos fueron cumpliendo años. Cuando sus hijas
acabaron el instituto, ya tenían 48 años Noah y 44 carmen. Y aún eran
jóvenes y estaban en buena forma. Habían cambiado actividades, reformado
unas cuantas veces el complejo, pero nunca esperaban que su hijas quisieran
ir a estudiar medicina a Houston, oncología las dos iguales.
Habían visto la Rice University. Una de las mejores Universidades de
medicina. Estaba en Texas. Un poco lejos, pero se informaron de que era
una de las mejores.
Y solicitaron una beca que se les concedió para estar en el recinto de la
universidad.
Les compraron un coche para ir juntas. Hasta acabar la universidad. Luego
les comprarían otro al terminar y ellos se quedarían con ese para el rancho.
-¡Dios mío Noah!, ¡qué lejos se van!
-Vamos a ir con ellas a ver dónde está la universidad, y luego nos venimos
en avión. Así nos quedamos tranquilos. Y hacemos la documentación.
Ya su padre les dio la sesión de chicos, de protegerse, se drogas, bebidas y
sobre todo de estudiar y no suspender o volverían al rancho a trabajar.
Pero confiaban en ellas. Eran seis años con la especialidad y un master.
Terminarían con 25 años. Y luego las prácticas y suerte de quedarse en
algún hospital de allí o venirse a Montgomery. Que era donde su madre
quería que vinieran para tenerlas cerca.
Pero no dependía de ellas.
Y así, ese agosto fueron con ellas y compraron todo, les dieron unas tarjetas
de banco, les ingresarían mensualmente un dinero, tenían beca. Les
compraron ropa de invierno y los libros y vieron que tenían un dormitorio
con dos camas para ellas. Era preciosa la universidad.
-Nada de meterse en bandas ni en hermandades. Vais a estudiar. Saldréis sí,
pero nada de eso.
-Que no papá. Te estás poniendo pesado.
-Me pondré pesado, pero no quiero que os manipulen y ni hacer esas
tonterías que hacen los chicos en las hermandades.
Cuando acabaron de dejarlas con toda la documentación, volvieron a casa
en avión.
Y ella le daba la mano porque sabía que quería mucho a sus hijas.
-Confía en ellas amor. No seas tonto. Son muy buenas chicas.
-La universidad es diferente, nena.
-Bueno, pero no puedes tenerlas bajo tus alas eternamente. Ya han volado y
volverán solo a vernos. Harán su vida como nosotros hemos hecho la
nuestra. Lo que pasa es que la nuestra ha sido tranquila y cómoda aquí en
los ranchos.
-Es verdad, nena.
-Piensa que estaremos solitos como al principio.
-En eso pienso y cuando llegue, te enterarás.
Y ella se reía y lo besaba.
El tiempo pasó muy rápido.
Los padres de los Lee murieron con dos años de diferencia a los casi 80
Louis y 79 Eve cuando las chicas estaban en el sexto año de la universidad.
Casi acaba Noah de cumplir 55 años. Y lo pasaron mal. Pero a los tres
meses Noah quiso irse del rancho, la enemistad con su hermano era latente
y Paul también. No había quien lo aguantara. Tenía 57 años y se estaba
convirtiendo en un viejo cascarrabias. No iba a ver a su hijo. Nunca lo vio
más.
Y él les compró la parte del rancho. Tenía dinero. No había gastado nada en
la vida y se cambió a la casa. Dejó la cabaña para un nuevo capataz y su
mujer. Y contrató a un veterinario.
Así Paul trabajó con Rosa de veterinario y Rocío le hizo su contrato y Noah
para gestionar el complejo con Carmen, ya que la ayudante se iba.
Todo se acoplaba bien. Hacían un buen tamden Carmen y Noah y además
Noah también le echaba una mano a Rocío a final de año y cuando lo
necesitaba en la Administración del rancho.
Rocío había ido a España a los diez años de estar allí y se trajo las cenizas
de sus padres y se enterraron con sus abuelos en el pequeño cementerio.
Rocío tuvo una hija y un hijo más con Jimmy con el que se casó dos años
después de Carmen y Noah también en febrero y también el día de los
enamorados y cómo no, en el complejo. Y ella nunca fue más feliz que con
Jimmy, era su alma gemela.
Su hija, la de Rocío, Penny, volvió al rancho y le ayudaba a su madre, y se
casó con el fisioterapeuta. Otra boda más. Los hijos de Rocío, tanto Wes
como Jimmy se hicieron pilotos y se quedaron en Montgomery. Les
hicieron unas cabañas en la parte trasera de la casa. Preciosas. También se
casaron con el tiempo.
Y sus hijas, las de carmen y Noah, se quedaron en Houston trabajando en el
mejor hospital de oncología que había y se casaron con dos médicos del
hospital.
Y tuvieron que hacer las bodas en Houston. Iban a verlas de vez en cuando
y ellos venían a su rancho.
La mala fortuna y la siguiente muerte fue la de Jimmy, de un infarto
fulminante a los 57 años. Al menos vio a sus hijos casados, pero solo
conoció a los gemelos de su hija Penny. A ninguno de los nietos de sus dos
hijos.
Aquello fue un gran golpe para su hermana Rocío, que aún era joven y
perdió al amor de su vida sin poder hacer nada y lo enterró en el pequeño
cementerio e iba todas las tardes a verlo. No faltaba un día.
Cuando pasaron unos años dos o tres, se acercó al porche donde Rocío leía
Ethan. Ellas nunca supieron que hablaron con su hermana, pero de lo que
estuvieron seguras es de que lo había mandado a su rancho para toda la
vida.
Pudo haberlo perdonado. Pero ella tuvo su amor. Y además su amor propio.
El dolor que le había causado a todos no tenía perdón.
Su alma gemela, fue su Jimmy y ahora era tarde. Nunca le preguntaron por
esa visita de Ethan. Y ella nunca les dijo nada.
Carmen y Noah soñaban con que alguno de sus sobrinos se quedara con el
complejo porque ni sus hijas, ni los de rocío lo iban a hacer. Ya tenían sus
vidas y sus carreras.
Cuando sus gemelas cumplieron treinta años, tuvieron hijos, y ellos
pudieron ver el sueño cumplido de tener nietos… Eve decía que dos, tuvo
niño y niña y Rose tuvo tres varones. Y ahí se paró porque decía que nunca
iba a tener hijas.
Y el tiempo pasaba inexorable.
Y un día cuando Carmen tenía 67 años, como Jimmy, empezó a encontrarse
mal y Noah se preocupó, sus hermanas y todos los demás.
Y fue a hacerse un reconocimiento y le dijeron que tenía cáncer de colon.
Como su madre y sabía que iba a morir.
Lo único que le preocupaba era Noah, dejarlo solo. Tendría que aprender a
vivir como Rocío y lo había hecho. El tiempo que a ella le quedara lo haría
fuerte.
Pero cuando Noah se enteró se derrumbó. Ella le dijo que no podía hacerlo
por su hijas por el rancho y por sus nietas y ella misma. Si dios quería
llevársela, se la llevaría.
Y Noah llamó a sus hijas y estas se la llevaron a Houston al hospital. Pasó
dos años luchando contra el innombrable y esa guerrera salió de allí, con el
pelo corto y curada del todo. Pero con la posibilidad de que reapareciera en
años, o nunca.
Y Noah y sus hermanas la tenían como en un pedestal.
-Que estoy bien – decía- Que tengo que hacer mi vida- me lo han dicho los
médicos, había perdido casi 20 kilos, pero fue recuperando el peso, su
sonrisa y tenía que ir cada seis meses a reconocimientos a Montgomery.
Sus vidas eran tranquilas y el siguiente en morir fue Ethan que había
entrado en una gran depresión y no salió de ella.
Ahí tuvieron que vender el rancho con gran pena y repartirse el dinero Noah
y Paul.
Rocío no quiso dejarlo que se enterrara en ningún sitio aislado a pesar de
todo. Y como sus padres y toda la familia, se enterró en el pequeño
cementerio de su abuelo que iba a agrandándose.
Pero la vida no fue tan bonita, ni nunca lo es y a los cinco años volvió el
cáncer de colon de Carmen con metástasis y duró seis meses. Pero quiso
morir en su rancho. Y fue enterrada con 77 años.
Rocío hablaba mucho con Noah hasta que este dos años después se fue
haciendo a la idea de que no podría vivir sin ella y murió dos años después
de ella, de muerte natural dijo el médico, pero ellas sabían que fue por
amor. Noah no era tan fuerte como Rocío, la matriarca del clan que, con 80
años, se mantenía fuerte.
Lo enterraron con Carmen, y Rocío y Rosa se abrazaban porque eran
mayores y uno de ellos se quedaría solo.
Y solos se quedaron Paul y Rosa, cuando al año falleció Rocío. No se
despertó, fue una muerte dulce.
Y su hija ocupó el lugar de su madre.
Cuando Paul y Rosa, miraban las cabañas y el rancho que fue de los Lee se
ponían tristes, pero Paul dijo que ya bastaba, que la vida era esa. Que era
vivir ser feliz y cuando te tocara morir, pero cuando te tocara. Pero echaban
a todos tanto de menos a todos y esos tiempos maravillosos en que llegaron
al rancho…
-Han sido una pareja feliz, lo sé por mi hermano.
-Y yo por mi hermana.
-Tengo 79 años y tú cariño 76, y vamos a hacer un viaje donde quieras.
-¿Tan mayores?
-¿Te sientes mayor?
-No.
-Pues para Cádiz, morirte te tienes que morir en cualquier lado.
-¡Estás loco!-
Lo haremos por ellos, por todos. El rancho funciona sin nosotros, sin ellos y
sin Rocío. Nadie es imprescindible, nena,
-Cierto, pues prepara las maletas, que nos vamos.
-¿Serán felices dónde estén?- preguntaba Rosa.
-Seguro, porque no vuelven.
-Pero hombre… y por primera vez después de tantos años de adversidades y
muertes alguien se rio en ese rancho.
Carmen, la romántica bandida, y Noah su bandido sexual fueron tan felices
que sabían que nunca nadie encontraría una pareja como ellos.
-Porque cuando la vida te une a un ser como tú es porque has tenido la
mayor suerte del mundo -le dejó escrit0 en una carta.
Y tú has sido ese ser que me ha acompañado toda mi vida, mi fiel
amante, mi compañero, mi media naranja, el amor de mi vida, te
querré aquí y en la eternidad y estaré en las puertas de lo que hay para
darte la mano y que te vengas a nuestro rancho del cielo.
Y así lo hizo Noah dos años después. Irse con ella donde estuviese. La
buscaría allí donde estuviera para continuar su amor infinito y loco.
PAUL Y ROSA
Las pequeñas acciones de cada día,
hacen o deshacen el carácter.
INTRODUCCIÓN
Rancho Smith, muchos años antes…
-Papá, sabes que mi vida es ser marine. No puedo quedarme en el rancho.
Me gusta mucho, pero amo más la marina sabes por qué me alisté y por qué
he hecho esta carrera- le decía Wes a su padre Julián cuando acabó la
carrera de ingeniero naval.
-Hijo el año pasado nos quedamos sin tu madre. Sé que te empeñaste en
ello, pero no creía que fueras a dejarme solo en el rancho. No tengo más
hijos que tú.
-Papa te he ayudado en vacaciones lo que he podido, pero no puedo,
además me mandan a España.
-A España, peor hijo…
-Allí hay una base conjunta , en Rota, mira, es aquí. Al lado del mar. Vendré
cada año a verte, te lo prometo.
-No digas nada que no puedas cumplir. Si embarcas, o sabes el tiempo que
estarás en el mar.
-Bueno pues cuando pueda. Tienes a Tom y a su mujer. Y su hijo Tom tiene
ya 16 años, está terminando casi el instituto. Será un buen capataz, se casará
y su mujer cuidará la casa, ya verás.
-Apenas son jovencitos.
-La gente crece, papá.
-Tú has crecido demasiado rápido. Tenemos muchos caballos.
-Tienes gente. Tú sabes gestionar el rancho papá y tienes un veterinario que
viene cuando lo llamas. No me necesitas.
-Te necesito hijo.
-Papá, te quiero, lo sabes y te echaré de menos. Tú elegiste tu vida y yo,
ahora la mía.
-Lo sé, y estoy orgulloso de ti y espero que hagas una buena carrera en la
marina.
-Vendré, te lo prometo.
-¿Cuándo te vas?
-El lunes nos vamos.
-Pero eso es dentro de tres días.
-Sí, me quedo mañana en el rancho y pasado mañana me voy temprano a la
base.
-Te cuidarás…
-Lo haré papá. Dame un abrazo. Voy al cementerio a despedirme de mamá.
-Voy contigo.
Y se fueron andando los dos dando un paseo y charlando.
Cuando su hijo se fue Julián o Don Julián como le llamaban, se quedó triste.
Y solo. Pensó que su hijo entraría en razón cuando acabara la Universidad.
Y así fue como Wes llegó a Rota, y se hizo una carrera militar. Como le
había prometido a su padre, volvía al rancho casi todos los años.
Cuando cumplió treinta conoció a una de las enfermeras de la base. Rosa.
Una chica de 26 años, pequeña con el pelo moreno y bajita y ojos grandes y
color miel. Era preciosa y se quedó totalmente enamorado de ella.
Wes, en cambio era alto más de 1,83 centímetros, con ojos azules y pelo
castaño. Era guapo y fue una atracción mutua entre ellos.
Wes se enamoró de ella como un loco y ella también y comenzaron a salir.
Ese año la llevó al rancho en vacaciones para que su padre la conociera y le
encantó. Pasaron unos días en el rancho, en Nueva York, en las cataratas del
Niágara.
Rosa era la mujer de su vida. Era trabajadora, buena y tremendamente
divertida, sexual y a los dos años de conocerse se casaron.
Su padre no pudo asistir. No le gustaban los aviones, peor fueron a verlo en
su luna de miel, siempre iba Rosa al rancho con él si podía.
Vivían en la base, ya que ambos trabajaban allí, aunque él embarcara
algunos meses y ella se quedara sola y lo echara mucho de menos. Su amor
fue un amor de película.
Le encantaban los niños y a los dos años decidieron tener. Y vino Rocío, y
al año Carmen, y al siguiente año Rosa. Y ella dijo que bastaba. Y Wes se
quedó con ganas de una niño, pero era feliz con sus tres chicas.
Fue una locura criarlas a las tres seguidas y trabajar. No pudieron comprarse
una casa fuera de la base, ni después quisieron. Allí lo tenían todo.
Y Rosa a su vecina y mejor amiga, Ana.
Con el tiempo Wes fue ascendiendo y las chicas fueron creciendo, pero fue
cuando la vida le dio un palo tremendo y Rocío tenía 17 años y estaban
todas en el instituto, su madre murió de un cáncer de colon en meses. No se
pudo hacer nada. 7y Wes se quedó con sus tres hijas, la chica que limpiaba
y cuidaba la casa y él más solo que en toda su vida, con un vacío terrible
que nadie podría llenar.
Ya nunca fue el mismo y sus hijas eran conscientes de ello. Ni ellas mismas
que echaban de menos a su madre.
Wes iba a ver a su padre, pero nunca llevó a sus hijas, porque estas en
verano iba a hacer cursos al extranjero. O querían estar con sus amigos en la
piscina.
Rocío la mayor tomó el mando a pesar de que les llevaba un año y dos a la
pequeña Rosa. Pero parecía la madre. Tuvo que crecer deprisa.
No le quedaba más remedio. Cuando su padre fue nombrado coronel,
hicieron una fiesta. Estaban orgullosos de su padre, al que querían como a
nadie más.
Y su padre orgulloso de que sus hijas estudiaran cada una, una carrera con
buenas notas y fuesen buenas chicas.
Y cuando iba al cementerio, le decía a su mujer mientras le hablaba solo:
-Rosa te amo, creo que lo he hecho lo mejor que he podido. Si pudieras
verlas desde arriba… son tan bonitas, tan buenas y estudiosas y me quieren
como yo a ellas.
Y soltaba unas lágrimas.
-Pero si no llego a viejo y me voy contigo, quiero que se vayan al rancho
con mi padre si me sobrevive y espero que estés de acuerdo, porque allí
estarán juntas las tres para siempre y se ayudarán las unas a las otras. Allí
hay buenos hombres. Y serán felices, como nosotros lo hemos sido. Tan
poco tiempo, pero no he querido a nadie más mi amor.
CAPÍTULO I
En Rota…
Era la segunda vez que estaban juntas en el cementerio de Rota las tres
hermanas Smith. Aunque su apellido era americano, porque su padre lo era,
ellas eran gaditanas de pura cepa, aunque eran bilingües, pues su madre que
había muerto años antes, era de Cádiz capital.
Su padre Wes Smith, se vino de joven a la base y era procedente de
Montgomery, la capital de Alabama. Coronel de la marina americana, había
ido a veces a ver a su padre, Julián Smith, dueño de un rancho a las afuera
de la capital, a 15 millas. Cada dos años lo visitaba. Ya era mayor.
El abuelo Julián tenía ya 77 años y su padre, acababa de morir y se
quedaban solas. La enterraron junto a su madre, Rosa López muerta de
cáncer de colon 8 años antes.
Con gran pena y un futuro incierto entre ellas, pues siempre vivieron en una
casa en la base. Nunca compraron sus padres una casa fuera. Pues su madre
era enfermera en la base.
Ahora rodeadas de militares, Rocío de 25 años, Carmen, de 24 y Rosa de 23
lloraban a su padre.
Sus padres eran unas personas encantadoras y educadas, por lo que ellas
recordaban. Y cuando la madre murió, su padre las educó de la mejor
manera posible, Buscando un chico, se quedaron con tres chicas, una por
año. Y decidieron pararse porque si no, no cabían en la casa.
Rocío era la mayor y casi se hizo cargo de sus hermanas cuando eran todas
de la misma edad. Pero tomó el rol de madre. Y con su padre averiguaba
todo, la casa, el dinero que tenían por si le pasaba algo a su padre…
Y Rocío lloraba en silencio para que nada le ocurriera.
Rocío hizo en la universidad Administración de Empresas y Derecho. Y
trabajaba en un despacho de abogados. Llevaba tres años apenas.
-Carmen, estudió Turismo y trabajaba en una empresa turística, de guía y
viajaba por Andalucía. Y dos años de experiencia tenía.
Y Rosa… a Rosa le encantaban los animales e hizo Veterinaria y acababa
de terminar su Máster.
Una noche el padre le dijo a Rocío como una premonición que si le pasaba
algo se fuesen con el abuelo a Alabama. Allí no les iba a faltar nada. En
Rota no tenían casa y no quería ver a sus hijas separadas, cada una en un
lugar distinto. Quería mantenerlas juntas y como una familia. Y allí, en
Alabama, tenían un gran rancho que ya el abuelo no podía dirigir. Y no
quería ver a su padre solo.
Cuando todo acabó, empezaron a recoger sus cosas. Su padre no tenía salvo
dinero a su nombre y al de sus hijas. Debían abandonar la base en una
semana.
Y sonó el teléfono.
-¿Hola?
-¡Hola abuelo!- dijo Rocío llorando.
-No llores mi niña. Era el único hijo que he tenido. Tu abuela murió y él se
fue. Y desde entonces estoy solo y quiero que os vengáis.
-Abuelo tenemos trabajo todas menos Rosa.
-Aquí tenéis trabajo para todas. Y un buen sueldo. Os haré una casa para
cada una, para que tengáis intimidad, tengo sitio. Pero os quiero conocer. Es
lo único que tengo en el mundo.
-Abuelo- y oyó al abuelo llorar.
-Iremos- Lo hablaré con mis hermanas y nos vamos. Si ellas no quieren yo
me voy contigo. Pero mi padre quería que estuviésemos todas juntas.
-Gracias mi niña. Os enviaré todo. Los billetes a Nueva York y luego a
Montgomery. Y allí irá el capataz a por vosotras. Y dinero.
-Tenemos, abuelo.
-Bueno yo arreglaré todo. Tú convence a tus hermanas y en dos días
recibirás un sobre.
Y esa misma noche habló con sus hermanas y decidieron estar unidas e irse
al origen de su padre. Ya verían. Se lo tomarían como unas vacaciones y si a
alguna no le gustaba que se volviera.
-Recogeremos la ropa solo y las cosas personales de papá y mamá en una
maletita pequeña, y no toda, la ropa, dos maletas por cada una- decía Rocío.
-Jo, -decía Rosa, me voy a tener que dejar ropa.
-Allí te compras nueva. Iremos a por maletas mañana. Venderemos los
coches e iré al banco y a cobrar el seguro de papá. De momento tenemos
unos 600.000 euros- dijo Rocío de nuevo.
-Creo que hay algo más y si vendemos los coches- dijo Carmen…
-Sí, más el seguro que no sé qué será. Lo dividiremos en tres partes al llegar
al rancho. Mientras, los gastos juntos- dijo Rocío.
-Me parece bien -dijeron todas.
-Pues mañana despedirnos de los trabajos Carmen. Y juntamos lo que os
den de finiquito y el mío. Y tú- le dijo a Rosa- haz la lista, de lo que
tenemos que comprar Rosa y vas y lo compras. Maletas nuevas de distinto
color y yo luego me paso por el banco. Allí abrimos cuentas. El abuelo nos
va a enviar los billetes. Y por la tarde a vender los coches todas.
-Sí. ¡Qué mandona!- decía Rosa riendo.
Pero mientras cenaban les entró a todas la llantina por su padre, por su
madre, por quedarse solas en el mundo, por eso su padre quería que
estuvieran juntas. Que no se separaran. Se abrazaron y ya Rocío dijo basta.
-Tenemos que vivir por ellos. Y haremos lo que papá quería. Siempre supo
lo que nos convenía. Venga a vamos a dormir.
Recogieron la cocina y casa una se fue a dormir.
Al día siguiente tenían trabajo y lo primero fue despedirse de las empresas.
Por la tarde vendieron los coches y se fueron en un taxi a la base.
-Bueno ya tenemos todo- dijo Carmen. Solo falta saber qué tenemos de
dinero después de todo y empezar a recoger- por hoy ya está bien. Vamos a
comer a la cafetería antes de que cierren y luego vemos el dinero y elegimos
las maletas esas preciosas en las que Rosa no ha escatimado nada.
-Es que eran tan bonitas. Y esta para papá y mamá.
-Anda venga vamos, mañana tiene que venir también el sobre del abuelo.
Y se fueron a la cafetería. Y se despidieron de algunos amigos que tenían en
la base.
Al día siguiente, fueron de nuevo a desayunar y a la vuelta hacían sus
maletas. Primero hicieron la de sus padres. Los objetos personales que
tenían de ellos. Y la cerraron con pena. Y le pusieron el nombre de Rocío.
Y cada una se decidió a la suya cuando llamaron a la puerta y un marine les
entregó un sobre. Y lo abrieron. Sentadas en el sofá miraron los billetes en
primera a Nueva York tres días después desde Málaga y el mismo día a
Montgomery. Allí las recogería alguien del rancho. Y tenían un sobre con
10.000 dólares para los gastos del viaje.
Y tres días después iban en tren camino al aeropuerto emocionadas por vivir
una nueva vida en un lugar diferente.
Y en el vuelo nocturno a Nueva York en primera. Cundo llegaron a las siete
de la mañana, iban muertas y en aquella mole, les costó encontrar el vuelo a
Montgomery. Con su carro lleno de maletas por fin llegaron al panel. Y aún
faltaban dos horas. Desayunaron. Facturaron las maletas y solo con sus
bolsos entraron a la sala previa a su puerta de embarque.
-¡Jo!- dijo Rosa, otras siete horas de vuelo. No he volado tanto en mi vida.
Vamos a llegar a las cinco de la tarde. A ver lo que tardamos en ir al rancho.
Vamos a estar durmiendo dos días.
-Bueno no te quejes – dijo Carmen- Vamos en primera, has dormido toda la
noche y ahora puedes dormir también.
-Pero estoy cansada.
-Y nosotras- dijo Rocío. Ya descansaremos.
Y así fue como dormitando llegaron al aeropuerto de Montgomery.
Cuando recogieron las maletas en un carro y salieron por la puerta. Había
un cartel que ponía:
HERMANAS SMIT.
Era un hombre de unos 40 y tantos años. Y a él se dirigieron.
-¡Hola!-dijo Rocío- saludando con la mano.
-¡Hola!-dijeron Rosa y Carmen- haciendo lo mismo que su hermana.
-Hola chicas, soy Tom, el capataz del rancho de vuestro abuelo. ¿Listas?
-Listas- dijo Rocío.
-Pues dame ese carro.
-Pesa Tom.
-No importa niña.
Tom medía más de 1,85, era fuerte y era un hombre atractivo y sonriente.
-Cómo está mi abuelo- le preguntó Rocío mientras caminaban hacía el
aparcamiento.
-Está con muchos achaques, la pierna es lo que tiene peor, pero no está muy
bien, de ahí que quiere que estéis aquí. Además, os diré algo que él sabe
peor no quiere que sepáis. Tiene una enfermedad que no es buena.
-¿Qué enfermedad?
-Alzheimer.
-¿Cómo?
-Lo que oís.
-¿Pero recuerda algo?
-Pues veréis, ha estado ocultándolo. Pero tiene algunas lagunas. Yo me di
cuenta. Por eso mi mujer Adele lo convenció de ir al médico y hacerse un
reconocimiento. Y lo ya lo sabe. Así que tenemos que tomar el mando, el
dinero, y todo lo demás.
-Hablaré con él cuando descansemos.
-Será lo mejor. Porque ya no controla las cuentas, sobre todo, los pagos
porque yo me ocupo. Pero no sé qué hay. Está solo en las cuentas.
-Bueno no te preocupes Tom, arreglaremos todo.
-Esta es la camioneta. Atrás ponemos las maletas. Y pusieron todas las
maletas. Las chicas se sentaron en la parte de atrás y Rocío con Tom.
Y se dirigieron al rancho.
-Vamos a tardar en salir de la ciudad media hora y casi 20 minutos y vais a
ver algo que os va a encantar.
-El rancho es de vacas o de caballos?- preguntó Rosa.
-De caballos, preciosos.
-Pues tenemos que aprender a montar.
-Los chicos os enseñarán.
Iban emocionadas, la ciudad era preciosa a pesar del cansancio. Y cuando
Tom entró al rancho, se quedaron con la boca abierta.
-Es enorme -Dijo Carmen.
-Enorme- le dijo Tom- aquella es la casa grande, donde vive tu abuelo- le
señaló a Rocío.
-Y al lado las dos cabañas para vosotras.
-¿Pero ya las ha hecho?
-Vienen prefabricadas, pero la decoradora las tiene listas, hasta con comida.
-¿En serio?- dijo Rosa.
-Sí, es mejor que estéis al lado del abuelo. Por eso se han prefabricado ahí.
Rocío dijo que se quedaría con la casa grande con el abuelo.
-Sí, es preciosa- dijo ella- además estoy al pendiente de él.
-La hemos arreglado también. Pintado y eso.
-¿Y mi abuelo cómo está?
-Pues entre la enfermedad y la muerte de tu padre, algo desorientado estos
últimos días. Está en fase tres.
-¿En fase tres?
-Sí, no va a durar mucho. Pasa mucho tiempo dormido y le cuesta andar ya.
Pero os ayudaré y él también. Tenemos que aprovechar el tiempo hasta que
os desconozca. Y hacer muchas gestiones.
-Sí. Desde luego- decía Rocío preocupada.
-Os ayudará Ethan. Es nuestro vecino. Estudió Derecho y viene a veces a
echarme una mano. ¿Veis aquél rancho, las casas y demás?
-Sí, está separado de las vallas del del abuelo.
-Pues ese es el rancho Lee. Tiene tres hijos, Lex y Eve son los padres y los
hijos Ethan el mayor, Noah y Paul el pequeño.
-¿Qué edades tienen?- preguntó Carmen.
-Creo que 30, 28 y 26. Poco más que vosotras.
-¡Vaya! -Pensó Rosa. Tres vaqueros.
Aparcaron en la casa y se bajaron.
-¿Abuelo?- dijo Rocío yendo a su encuentro.
-Mis niñas están aquí. ¿Todo bien Tom?
-Perfectamente. Son preciosas tus nietas Julián.
-Sí que lo son. Venid a darme un abrazo.
Y abrazaron a su abuelo.
-Adele sal al porche, mira mis nietas.
-Adele es mi mujer, se encarga de las casa- dijo Tom.
-A ver esas chicas, y salió Adele de unos 40 años, morena y guapa, alta. Y
les dio un abrazo.
-Bueno entrad. Va a anochecer, o mejor llevad las maletas a cada casa.
-Esta mía, -dijo Rosa.
Y se quedó con la de la izquierda, y su garaje.
-¿Cuáles son tus maletas?
-Las rosas.
Y Tom le ayudó con sus maletas. Adele le dio las llaves.
-Tus llaves, las del garaje y tienes un coche todoterreno precioso como tus
hermanas, nuevo. Sin marchas, toma tus llaves, dobles. Todo está listo, pero
mejor que vaya a la casa grande a cenar señorita Rosa- le dijo Tom.
-Rosa, Tom. Sí, luego coloco y miro la cabaña.
Y al igual, pero a la derecha dejó a Carmen. Rocío y Adele dejaron las
suyas y la de sus padres al lado de las escaleras.
-Tu abuelo duerme abajo.
-¿Sí?
-Sí, había dos salas. El despacho, su dormitorio y el salón. Y se le
acondicionó una con su baño. Le cuesta subir a la planta alta, tiene alarma
la casa por si sale de noche con la enfermedad. Quita la llave- le decía
Adele a Rocío.
-¿Y vosotros donde dormís?
-En otra cabaña, allá cerca de los barracones de los vaqueros. Ya mañana o
pasado, veis todo y hacéis las gestiones. Tu abuelo tiene trabajo para
vosotras. Ahora a comer cuando vengan las demás.
-Abuelo- le dijo Rocío.
-¿Qué pasa mi niña?
-Vamos a sentarnos en el comedor, venimos muertas de cansancio con
tantas horas de vuelo. Nos ha sobrado dinero. Tengo que dártelo.
-Bueno, lo juntáis con lo que tenéis. Tú y yo tenemos que hablar cuando
descanses y estéis listas.
-Vale.
-¿Te ha dicho Tom qué tengo?
-Sí. Y quiero que me dures todo el tiempo posible.
-Pues eres la mayor, cuidarás bien de tus hermanas y mantendrás a flote este
rancho.
-Lo intentaré abuelo- te quiero. Y lo abrazó.
-¡Qué guapas sois!
-Tu padre hizo un buen trabajo. Lástima lo de tu madre.
-Bueno no hablemos de eso. Comamos y nos acostamos. Mañana dejamos
las maletas y vemos el rancho y pasado hacemos las gestiones que haga que
hacer.
-A tus hermanas les va a encantar las cabañas. Pero esta casa preciosa será
para ti cuando yo no esté. Porque has sido madre ya casi. Solo arreglas mi
dormitorio y será una sala.
-Pero abuelo…
-Es mi deseo.
-¡Está bien! si a ellas les encantan las cabañas…
-Tienen piscinas.
-¿Sí? Se volverán locas.
-Y esta también, pero más grande. Y flores a todo el alrededor de la casa.
-El porche me encanta abuelo.
-Tuvieron que hacerme una pequeña rampa porque me costaba con las
rodillas bajar los escalones.
-La he visto, y una baranda. Pero tengo que verlo todo bien mañana.
-Dueña eres.
-¡Ay abuelo!¡Qué pena mi padre! Y se le cayeron unas lágrimas.
-¡Hija, la vida! Era un buen hombre. Un buen hijo, pero no quiso rancho.
-Y el mejor padre. Ya vienen mis hermanas.
-Adele, puedes servir la comida-dijo Julián.
-Ya voy Julián.
-Le ayudo- dio Rocío.
-No, quédate, ella la trae. Hoy es un día especial. No suele poner la cena.
Me la deja hecha.
-Vale.
-Ya hablaremos mañana de todo.
Y las chicas no paraban de hablar. Adele se reía de su acento y el abuelo
estaba tan contento como nunca. Su casa, llena. Y toda su familia. La que le
quedaba. La que siempre quiso.
Había estado tan solo tantos años y aún dentro de la gravedad de su
enfermedad, su corazón estaba henchido de felicidad.
Cómo había deseado estar así, rodeado de algarabía.
Tenía que aprovechar todo el tiempo que pudiera. Y lo haría. Hasta dejarlas
en sus puestos que tenía para ellas.
CAPÍTULO II
Paul y Rosa…
Cuando Rosa dejó las maletas en su porche, se quedó mirando la cabaña.
Era muy joven para vivir sola y sobre todo tener una casa sola. Y estaba
pletórica y con ganas de verla. Se asomó primero al garaje y miró su coche
todoterreno precioso. Y dio saltos de alegría. Sin marchas. Precioso. Le
encantaba.
Ahora iba a ver su cabaña. Estaba deseando verla por dentro. Ver su
espacio. Su casa, su nueva vida.
Abrió la puerta y había un olor a limón. La habían limpiado.
Dejó las llaves en la mesita de la entrada y las maletas, cerró la puerta y
recorrió todos los recintos de la cabaña. Su despacho librería, el salón-
comedor-cocina, un pequeño baño que daba al patio y al jardín y al final la
piscina, no era grande, pero era maravillosa. En los porches de delante y
detrás, balancines con una mesa y dos hamacas en la piscina.
Cuartitos para aseo y enseres de la piscina.
¡Dios qué bonito era todo!
Subió a la parte alta y aquello la dejó temblando, las vistas. Un dormitorio
doble con doble vestidor y doble cuarto de baño que cogía un ala entera que
daba al rancho y su horizonte las vistas y otros dos con sus baños y
vestidores simples, que daban al patio.
Era espectacular. Y los colores, la decoración, en blanco y negro como le
gustaba y algunos toques rojos de adornos, como cuadros o estantes.
Le encantaba, parecían haber adivinado sus gustos.
Solo faltaba llenarla de ropa, de cosméticos y aseo. Eso sería en dos días,
porque habían decidido ir a ver el rancho, la parte baja, el día siguiente.
Claro cuando se levantara, porque el jet Lage le estaba pasando factura.
Bajó y subió las maletas y sacó una camiseta y un tanga. Se dio una ducha y
se tumbó en la cama. El silencio del rancho hizo que se quedara dormida
enseguida.
A la mañana siguiente vieron el rancho. La parte baja y lo demás, no todo el
campo. Tom se lo enseñó y a Norman, uno de los vaqueros jóvenes del
rancho le encomendó a Rosa para enseñarle la veterinaria.
Era como una pequeña casita blanca de tejas, estilo español con tres
ventanas.
-¡Hola Norman!, soy Rosa.
-Encantado, ¿lista para ver tu lugar de trabajo?
-Lista. Ya he visto con mis hermanas todo lo demás. Me falta el campo y los
arroyos que ya lo veré. Ellas se han ido con los Lee. Iba a ir con Paul, pero
será mañana, tenía un parto de una yegua, así que vamos a ver mi lugar de
trabajo.
-La vas a estrenar porque tu abuelo la ha renovado y la hizo aparte de las
cuadras de nuestros caballos. Aunque verás al veterinario y te dirá cómo
lleva esto.
-¡Es preciosa!
-Toma tus llaves, haz el honor.
Y ella rio y abrió la casita.
-Allí detrás, una puerta, el baño. Tiene una ventanita. Al otro lado otro
baño, pero este para animales. Con utensilios y una bañera para lavar… tú
sabrás qué- y ella sonreía. Ahí…
-Un sofá,- dijo ella.
-Y un par de sillas y una mesita con nevera para comer o tener bebidas. Te
las rellenan a diario lo que falta. Aquí enfrente el despacho, a los lados
tienes las carpetas en las estanterías, ya tú las pones como quieras. Tienes
de todo el material de oficina, pc, y demás y un móvil para estar en contacto
con nosotros, independiente del tuyo, libros en las estanterías, tu sillón una
silla enfrente y a la derecha arriba y abajo el material necesario, abajo dos
neveras.
-¡Madre mía!, sí que hay material.
-Tenemos muchos caballos, ya tu repones y compras alguna cosa si te ha ce
falta y le das a tu hermana las facturas. Ahí tienes una agenda con los
teléfonos de tiendas, el antiguo veterinario, Paul del rancho Lee, Tom,
Adele, y Jimmy que es mi amigo y ayuda sobre todo en las actividades,
pero si nos necesitas, y el mío.
-Gracias. Eso es útil.
-Todo lo tienes ahí, del banco, de ranchos donde compramos y vendemos,
todo…
-Es preciosa la casa, la verdad.
-En el baño, te han puesto toallas, si quieres traerte botas de los dos tipos,
para entrar a las cuadras y nuevas, unas batas… vamos de todo. Para
cuando paren las yeguas, instrumentos…
-Parece pequeña, pero está bien completa y equipada de todo.
-Ahí tienes un inventario de lo que ahora tiene. Si lo quieres repasar…
-Lo haré.
-Y programas si quieres empezar de nuevo, con tu pc nuevo.
-Perfecto, sí será lo mejor, aunque echaré un vistazo a cómo llevaba Jack
esto.
-Bueno te dejo si quieres. O necesitas algo más…
-No gracias, voy a dar una vuelta y ver las cuadras y los caballos donde me
llegue la vista y ya empiezo el lunes. Mañana quiero ir a comprar ropa,
botas no se me olvidarán. ¿Hay guantes?
-Sí, ahí tienes en el baño.
-Vale. Pues nos vamos.
Y vio a sus hermanas de lejos, pero quiso entrar en las cuadras, impolutas y
en los rediles y demás. Luego fue subiendo por un sendero, fuera de las
vallas, echándole un vistazo a los caballos.
Eran perfectos.
Le encantó el rancho. Le encantó su casita de veterinaria. Aunque ahí tenía
un despacho, tenía otro en casa, por si quería llevarse parte del trabajo allí
en pendrives y pasarlos.
Tenía calefacción y aire acondicionado.
Era perfecto. Hasta un sofá cómodo para descansar y una mantita.
Aireado y con tres ventanas, una en el baño.
Cuando acabó se fue a casa a tomar algo.
Ya empezaría haciendo la lista comprobando y demás, el lunes. Y se fue a
su cabaña a tomar algo.
Se dio una ducha antes y por la tarde fue a tomar café con sus hermanas.
Rocío, la mayor, no mucho más, pues todas se llevaban un año. Le dijo que
irían a comprar por la mañana. Porque iban a pasar por el banco, ajustaron
cuentas de lo que traían de España y abrirían una cuenta cada una, les dijo
que le haría un contrato y lo que iban a ganar.
Rosa era guapa, como el resto de sus hermanas, llegaba al metro sesenta y
tenía el pelo largo como ellas y los ojos miel claros. Era simpática y
enérgica y aunque pareciese pequeña, tenía fuerza, unos pechos medianos y
un cuerpo bonito. Su pelo no era tan negro como el de su hermana Carmen,
más bien castaño algo oscuro, pero tenía una sonrisa que derretía un
iceberg.
Era tranquila y paciente, muy comprensiva, inteligente y tenía unas
percepciones que su hermanas a veces decían que era vidente.
Era una chica buena. Algo tímida con los chicos. De hecho, en sus años, sus
relaciones con ellos, se habían basado en cuatro toqueteos y algunos besos,
nada más, nunca se había acostado con ninguno. Por miedo, por timidez,
porque no le gustaba nadie, porque estaba más protegida por su padre y
hermanas. Y nunca le conocieron un chico para salir.
Por más que le preguntaban, ella iba con sus amigas. Y se lo pasaba bien.
Y si había algún chico que le gustaba, a éste le gusta alguna de sus amigas u
otra chica que no era ella.
Así y todo, le gustaba vestir a veces con faldas cortas, otras con vaqueros o
pantalones elásticos, camisetas y jerséis de pico, le encantaban para que
sobresaliera un poco el asomo de sus pechos, sin exagerar. Y como sus
hermanas una cola alta si trabajaba, porque el pelo suelto con los caballos
no era recomendable, ese para salir.
Y a la mañana siguiente vieron venir al mayor de los Lee. Del rancho del al
lado. El chico que iba a ayudar a su hermana Rocío a gestionar el rancho.
Ya que él gestionaba el suyo e iba a enseñarle algunos pasos para que ella
pudiese llevarlo sola. Ya que Tom el capataz no podía con tanto trabajo y el
abuelo había de caído en la enfermedad y ya no era consciente de los pagos
y facturas debido al Alzheimer, así que Rocío cayó en el rancho como agua
de mayo.
Cuando vieron venir a ese pedazo de tío ya con 30 años, se quedaron de
piedra. Era guapo hasta decir basta, con ese más de metro ochenta y cinco,
sus vaqueros que le quedaban como un guante y sus ojos azules y barbita…
Pero miró a Rocío conforme se acercaba y Rosa supo que no era para ella.
Rocío y él se miraron de las misma forma y ahí hubo química.
Rosa y Carmen se dijeron:
-Menudas miradas- hay pareja aquí- rio Carmen.
-Espero que los otros hermanos estén tan buenos como ese- dio Rosa.
-Te quedarás con el pequeño, como te corresponde- bromeó Carmen ¿No lo
has presentido?
-¿Qué graciosa! Si está como ese, no me importaría.
-Bueno tiene cuatro años menos.
-Mejor para mí.
Se presentaron. Y mientras Rocío, el abuelo y Ethan, el mayor de los Lee,
prepararon todo, ellas se montaron en el coche y todos fueron a la ciudad.
Primero al banco, y luego el abuelo quiso irse al rancho y a ellas las dejó
Ethan en el centro comercial. Iba a ir con sus hermanos a comprar también
y se dejaron todos los teléfonos para quedar cuando llegasen y tomar algo
antes de las compras.
-Estoy impaciente por ver los otros dos monumentos - decía Carmen
cuando se fue Ethan con el abuelo al rancho.
-Desde luego Carmen- dijo Rocío.
-Claro, como tú le has echado el ojo a Ethan -Y Rocío se reía.
-La verdad es que es guapísimo.
-Por eso queremos nosotras uno igual o parecido- dijo Rosa.
-A ver que solo me ha mirado…
-¡Y cómo te ha mirado! Si uno de esos me mira a mí así- dijo Rosa- me
caigo de espaldas.
-Anda vamos a comprar algo, que cuando vengan desayunaremos con ellos
o almorzaremos o lo que sea a la hora que aquí se coma.
-Yo quiero una tostadita con jamón.
-Aquí no hay de eso Rosa, cariño.
-¡Qué mal lo voy a pasar!- y se rieron.
-Reíos, pero yo no me puedo meter por la mañana huevos revueltos y
habichuelas y beicon. ¡Qué locura!
-Anda ¿a dónde vamos primero?
-Ropa y ropa interior- dijo Rocío.
-Vamos…
Y a la hora o así tuvieron una llamada de Ethan. Y quedaron en una
cafetería del centro comercial.
-Cuando Carmen vio a Noah, miro a su hermana Rosa.
-Sí, ese te gusta. Lo veo.
-¿Y a ti Paul?
-No está mal.
-Pero si es guapísimo…
-No me habéis dejado elegir, es el que queda- dijo Rosa.
-Vamos no seas tonta. No tenemos a ninguno- le dijo mientras buscaban
mesa.
-Ethan se sentó al lado de Rocío y empezó a hablar con ella, así como Noah
con Carmen.
-Bueno parece ser quedamos nosotros Rosa- dijo Paul con una voz preciosa.
-Sí. Parece que se han gustado- y Paul se reía.
Pero Paul era el más alto de sus hermano, por centímetros, también tenía un
cuerpo de infarto a pesar de su juventud y tenía unos ojos azules claros
preciosos y una bonita sonrisa. Era extrovertido y gracioso y tenía una
barbita de un día. Era guapo.
A Paul le gustó Rosa nada más verla, pero pareciera que a ella no le había
pasado lo mimo que a sus hermanos. Pero Paul no era de los que se rendían.
Y esa pequeña sería suya.
-¿Hiciste veterinaria, Rosa?
-Sí, tú también.
-También.
Y estuvieron hablando de cómo era la carrera en cada lugar.
-Yo de caballos no tengo experiencia, pero tengo libros y aún tengo al
veterinario un mes o así. Peor vamos, viene una vez a la semana para
hacerle un favor al abuelo. Ahora estaré yo todos los días. Hay muchos
animales y estaré al pendiente.
-Si quieres puedo ir unos días a enseñarte los programas y cómo hago mi
trabajo. El veterinario que tenía tu abuelo y que tiene, era desorganizado.
Bueno con los animales, pero con los documentos… Tu abuelo siempre se
quejaba. No te lo va a decir, peor Norman sí que lo sabe.
-Te lo agradecería Paul.
-¿Sabes montar?
-No, esa es otra que tengo que aprender.
-A eso te puedo enseñar. Mañana no puedo quizá para una yegua, pero si
quieres pasado mañana, que es sábado te enseño. Y vamos por el rancho.
Que es enorme.
-Te lo agradezco Paul.
-Mis hermanos parece ser que van a enseñar mañana a tus hermanas.
-¿Sí?
-Sí, acabo de oírlo.
-¿Qué tienes dos oídos?
-Sí- y se reía.- soy hombre, pero puedo llevar dos cosas a la vez.
-Qué suerte tienes…
-Bueno, si me da tiempo me paso.
-Si puedes Paul, no quiero quitarte tiempo.
-Sí, si puedo, me paso.
Así estuvieron hablando poco más hasta que se levantaron y Ethan fue a
pagar.
-Quedamos aquí mismo en un par de horas. O antes, cuando acabemos.-le
dijo Ethan a Rocío.
-Sí, nos queda comprar algunas cosas.
-A nosotros, todo.
Al cabo de dos horas ellas habían comprado de todo, para el rancho, ropa,
zapatos cosméticos… iban cargadas y llamó a Rocío a Ethan de que estaban
en la cafetería y ellos ya iban para allá. También habían terminado.
Decidieron comerse una hamburguesa, que ellas quisieron probarlas, las
americanas y ellos reían.
Después de comer que casi era la cena, Ethan se llevó a Rocío en su coche
al rancho, Noah se fue con Carmen y Paul le dijo a Rosa:
-Quedamos nosotros. Estamos destinados a entendernos.- y ella rio ante el
comentario peliculero de Paul.
Cuando llegaron al rancho, les dejaron las bolsas en el porche y de
despidieron de ellas.
Metieron las bolsas y Rosa y Carmen fueron a darle las buenas noches al
abuelo.
-Bueno mañana aquí temprano que vamos a ver el rancho, a montar.
-Yo voy más tarde- dijo Rosa. No tengo que madrugar, iré pasado mañana
con Paul que tiene un parto.
-¡Ah bien!, ¿mañana quien sale?- preguntó Carmen.
-Salís vosotras viernes y sábado y yo me quedo y salgo el domingo a comer
y café.
-Vale. Si os invitan pues salías con ellos los dos días, además, si queréis
claro, el lunes empezamos fuerte y por la noche tenemos invitación a cenar
en casa de ellos Lee. Sus padre nos han invitado, ya se lo digo yo a Adele
que se quede con el abuelo. nos van a enseñar el rancho y cena. No quiero
molestarla mucho, pero como acabamos de llegar… se le pagan las horas
extras.
-Bueno, me voy, estoy derrotada, -dijo Rosa, mañana voy a revisar el
inventario y quizá meta en mi despacho de la cabaña lo de allí, si me da
tiempo.
-Y yo me voy también, abuelo- dijo Carmen.
Besaron al abuelo y se fueron.
Rocío acostó al abuelo y cuando se durmió le apagó la luz, cerro bien la
puerta y puso la alarma y se fue a dormir también.
Por la mañana tenían allí tras desayunar a los chicos Lee, Noah y Ethan y se
fueron con Carmen y Rocío a las cuadras y a e señarles a montar.
Rosa se levantó más tarde. Saludó al abuelo…
-¿No vas a montar hija?
-Ya te lo dije anoche abuelo que Paul tenía el parto de una yegua, que
vendría por la tarde cuando pudiese.
-¡Ah vale!
-¿Te pongo el desayuno mi niña si no has desayunado?- le dijo Adele.
-Sí Adele, aunque debería desayunar en mi cabaña.
-No importa mujer, así estás un ratito con tu abuelo.
-¿Ya ha desayunado?
-Sí, luego le doy un zumo.
-Muy bien, voy a ir a la veterinaria a comprobar la lista de lo que tengo allí
y ver los programas. Quizá venga sobre las dos.
-Te llevas algo, aunque allí hay sándwiches y latas.
-Pues no me llevo nada.
-Y cuando desayunó, besó al abuelo y se fue con su ropa de vaquera. Y la
ropa que había comprado para las cuadras y demás. Y dejarlas allí.
-Es la veterinaria- le dijo el abuelo a Adele.
-Sí don Julián, es su nieta menor Rosa.
-Será buena.
-Seguro que sí, además va a estar todos los días…
-Así me gusta, al pie del cañón.
Y Adele se reía.
Lo saco al porche.
-Sí, allí me echo una siestecita.
Y lo dejó en el porche mientras ella limpiaba y hacía la casa, y la chica
contratada, las cabañas.
CAPÍTULO III
Rosa, cogió las llaves de la veterinaria y el coche y se dirigió a la casita
blanca. Aparcó, abrió la puerta y las ventanas y tomó un lápiz y el papel de
lo que había y empezó a tachar cosas conforme las iba viendo.
A eso de las doce descansó y se sentó a tomarse un sándwich con una coca
cola. Y en esas la llamó Paul.
-¡Hola Rosa! ¿Cómo llevas eso?
-Ahí estoy haciendo inventario ¿Qué tal la yegua?
-Parió anoche.
-¿Anoche?
-Sí he estado toda la mañana con el potro y están perfectos ya. Me ducho y
bajo a la veterinaria.
-En la veterinaria. Me queda una hora o así, para acabar la lista y luego ver
el pc.
-Venga te ayudo.
-Pero si has estado toda la noche despierto.
-Luego me echo una siesta.
-Como quieras.
-Ahora voy, Rosa.
Cuando llegó Paul, ella estaba terminando el inventario de los instrumentos
y ya solo le quedaba el pc y los programas.
-¡Hola Rosa!, ¿puedo pasar?
-Sí, pasa, la puerta está abierta.
Y él paso y dejo una fragancia que le encantó. Llenó la estancia.
-¿Te has echado todo el bote de colonia?
-¡Cómo eres mujer! Solo un poquito, he estado toda la noche con la yegua.
-Es broma.
-Ya lo sé. Bueno ¿qué te queda?
-El instrumental y descansar un poco antes de ver el pc.
-Venga te ayudo.
-Gracias, terminaremos antes.
Y así en media hora, terminaron.
Y ella se sentó en el sofá cansada.
-Tengo la cabeza que me va a estallar. ¿Quieres algo Paul?
-¿Qué hay?
-Abre la neverita. Yo, coca cola.
Y sacó dos y se sentó con ella en el sofá y le dio una.
-¿Qué hora es?
-La una. Es pronto.
-Es pronto, sí. Dije que iría a comer a las dos. Luego descansaré, Carmen y
yo vamos a salir hoy y mañana. Y le explicó el turno de las salida para que
el abuelo no se quedara solo.
-¿Entonces salimos hoy?
-¿Salimos?
-¿No quieres que te enseñe algo de la ciudad?
-¿Y Carmen?
-Seguro que Noah ya la ha invitado.
-Si la ha invitado vale. ¿A qué hora salimos?
-A las ocho. Cenamos algo y tomamos una copa.
-Mañana también o podemos ir a bailar si te gusta.
-Me gusta.
-Pues ya está.
-Si tu hermano invita a mi hermana…
-Por supuesto.
-¿Qué música te gusta?
-En las discotecas de allí… reggaetón
-Bueno, aquí algo así también, y lento.
-Lento no ponen allí desde los cincuenta- y Paul se reía.
Mientras bebían la coca cola…
-Habrás tenido muchos chicos, eres guapa.
-No, no he tenido novio. Solo tonteos.
-¿Sin sexo?- se irguió Paul.
-Eso es parte de mi intimidad, no voy a contártelo.
-Perdona- se quedó serio Paul.
-No, no he tenido sexo con nadie- dijo ella que le dio un poco de apuro. Era
un tema como otro cualquiera.
-¿En serio Rosa?¿Me tomas el pelo en serio?
¿Y tú?
-Joder no me lo creo. Eres …
-Virgen sí. Tengo solo 26 años.
-Pero si las chicas a los trece ya ni lo son.
-Pero no soy una chica cualquiera.
-No, ya eso ya lo veo.
-¿Y Tú?
-Virgen no soy. Dejé de serlo a los 14 años.
-¡Qué precoz!
-Bueno, soltó una carcajada. Fue un auténtico desastre. Era mayor.
-¿Cuánto de mayor?
-20 años.
-No mucho.
-Pero me enseñó un tiempo que estuvo en el rancho.
-¿Qué hacía?
-Era limpiadora. Luego se fue. No recuerdo por qué se fue, porque era
pequeño.
-¿Y luego?
-En el instituto, la universidad.
-Tienes una lista más larga que mi inventario.
-No te creas. Era de relaciones largas, pero mis relaciones largas eran de
meses. No sé por qué no funcionaban.
-¿Y ahora?
-Ahora nada. Cuando acabé hace tres años, lo normal, salgo, alguna chica
de vez en cuando, me protejo.
-¿Cuándo fue la última vez?
-¿Te interesa mi vida sexual?
-Por preguntar. Tú has preguntado.
-Tres meses.
-Eso es poco.
-Poco para ti que eres mujer y no has tenido. ¿No te gustaría tener?
-Sí, me gustaría, ya es hora, pero debo tener algo especial con alguien.
-¿Y si lo tienes y luego no te gusta el sexo? A mí me ha pasado.
Y ella se quedó pensando…
-Creo Rosa que todo debe ir a la par. Tener química, gustar, tener amistad o
complicidad y sexo. Porque si tienes todo lo demás y el sexo no funciona…
Y al revés, si tienes sexo, pero no tienes nada más en común…
-¿Y tú qué tienes?
-Un rollo de una noche.
-Ah eso está bien. ¿Me recomiendas eso?
-No te lo recomendaría, porque sé que no eres así.
-¿Eres tarotista o vidente?
-No, pero me gusta tu pelo- y le cogió la cola y la atrajo a él.
-¿Qué haces?
Y la agarró por la cintura y la sentó en sus largas piernas. Y acercó su boca
a la suya.
Y la besó despacio y ella se quedó parada. Mordió con pequeños
mordisquitos los labios de ella y los lamió hasta meter la lengua en su boca.
Entonces a ella se le escapó un gemido y le echó los brazos por el cuello
cerrando los ojos.
Él, sentía sus pechos y sus corazones galopaban al unísono. Su pecho duro
contra sus pechos duros, y Paul la inclinó, nunca supo cómo fue, contra el
sofá y se colocó encima y se estuvieron besando largo rato. Metió la mano
por su camiseta y le tocó los pechos y los pezones y ella gemía y estaba en
otro mundo.
Paul se levantó y cerro las ventanas y la puerta y encendió la luz.
Se tumbó con ella que respiraba aún con cada latido acelerado y le subió la
camiseta y se la quitó. Se quedó en sujetador y le bajó este chupando y
mordisqueando sus pezones.
-¡Ay, Paul!, ¡ah dios! Los cogía y se dedicó a sus pechos y a su boca hasta
liberar esos pechos duros de pezones rosados y grandes. Y supo, que le
gustaba que le mordisquearan los pezones .
Ella metió las manos entre su camiseta y tocó el pecho y la espalda de Paul.
Su cuerpo era de un hombre y suave y le encantaba su olor.
Le quitó a ella las botas y le bajo los vaqueros y el tanga, los calcetines y la
dejó desnuda y él hizo lo mismo.
-Paul…
-Shhhh… dime que sí. Tendré mucho cuidado. Seré tierno. Pero te deseo
niña- y tocó su sexo húmedo y borracho y ella vio el pene más grande que
había visto en su vida. Un pene con vida propia que buscaba un lugar donde
derramarse.
-¡Ah, dios Paul!
Y él se metió entre sus muslos.
-¿Qué haces loco?, estoy temblando.
-Relájate, déjate llevar y relájate.
-Me cuesta.
Y metió su boca en su sexo lamiendo y chupándola y cuando ella no pudo
más y le sujetaba la cabeza contra su sexo. Se derramó y tuvo un orgasmo
tremendo que la dejó loca.
-Así me gusta mi niña. Eres mía.
-¡Ah dios Paul!
Y en esas Paul se estaba poniendo un preservativo y vio cómo se acercaba
su pene grande a su sexo de nuevo y entraba despacio.
-Abre las piernas nena. Y abrázame con ellas.
Y ella hizo lo que él le dijo y entró muy despacio hasta llegar a toparse con
lo que iba a ser suyo y lo traspasó despacio.
Rosa hizo un ademán de dolor.
-¿Te ha dolido?
-Un poco, ya ha pasado.
Y entonces él entró dentro ocupando todo su espacio llenándola de calor y
deseo.
Y ella se abrió entonces para él con las piernas en su trasero y gemía y se
besaban y él mordía sus pechos hasta que Paul avivó el viento y supo, que
iba a tener un orgasmo y él ya no podía aguantarla.
-Nena tenlo, que me voy a correr. No te aguanto.
-Sigue ¡ah, Paul sigue!
-Sigo mi niña.
-Córrete conmigo
Y se corrieron juntos, y fue lo más especial que ella había vivido nunca.
Paul supo que esa iba a ser la mujer se su vida, ya lo supo en la cafetería del
centro comercial, pero el saber que no había sido de nadie y lo que sintieron
juntos era más de lo que había sentido. Tener el poder, el control a ella. Su
piel cuerpo, esas tetas bonitas y duras y ese sexo, desnudo y perfecto, era
suyo.
-Creo que he manchado un poco-dijo ella.
-Espera, voy a por toallitas.
Y la limpió.
-Menos mal que no se ha manchado el sofá, que apuro.
-Ven aquí -y la abrazó contra su pecho.
-¡Que pequeña! ¿Te he hecho daño?
-No, me has hecho una mujer.
-¡Qué tontilla eres!
-¿Y ahora qué Paul? Vamos a salir.
-¿A dónde que estemos mejor que aquí?
-Y ella lo besó.
-Sabes a qué me refiero.
-Niña, el sexo es genial.
-Lo habrás tenido muchas veces.
-No así.
-Mentirosillo…
-No miento. En serio.
-¿En serio?
-Esta tarde salimos y mañana . Y cuando nos corresponda. Y salimos
juntos.
-¿Vamos a ser pareja?
-Bueno, de momento vamos a salir. Pero te deseo y no quiero que salgas
con nadie.
-Machista…
-Sí, nunca lo he sido, pero contigo, me siento. No quiero que nadie te toque.
-¡Qué tonto eres!, y yo tampoco quiero que te toque ninguna.
-Ninguna me tocará salvo tú.
-Espera que te conozca.
¿Quieres conocerme más?
-Sí quiero conocerte más.
-Pues monta a tu potro.
-Pero qué bruto eres…
-Tú me haces ser bruto.
Y se puso otro preservativo.
-¿Así estas?
-Así, tú veras si bajas esto.
Y ella se montó en él y metió su sexo en ella gimiendo, deseándolo.
Moviéndose y moviendo sus pechos que lo ponían loco y le agarró los dos
pezones y se los mordía a la vez.
Y ella gemía y caía sobre él uniendo sus sexos como si hubiesen nacido
para estar unidos. Y ese roce mataba a Paul.
-Nena no te muevas tanto.
-Sí, me gusta…
-¡Joder Rosa!
-¿Qué?
-Te deseo nena, pero me voy a ir antes.
-No, eso no vas a hacerlo.
Y ella mordía también sus pequeños pezones y lo besaba y se aferraba a su
trasero.
-¡Ah dios mi niña! no sigas.
-Sigue, a ver si te aclaras niño.
-Ufff, hazme lo que quieras.
CAPÍTULO IV
Y ella hacía que la penetrara más rápido hasta perderse los dos por caminos
de escarcha blanca. Y quedarse amodorrados.
-Levanta mi niña.
-Tomo pastillas, no te preocupes.
-Si seguimos así, cuando pasen unos meses, nos hacemos análisis y si
quieres lo hacemos sin nada.
-¿Lo has hecho alguna vez?
-No, pero si eres mi pareja, sí que lo haría.
-¿Confías en mí?
-Estoy muy seguro de ello.
-¡Qué vanidoso!
-Estaría todo el día penetrándote. Pero me da pena. Te va a doler.
Y se levantó al baño.
Cuando llegó…
-Son las dos, deberíamos irnos.
-Comamos algo aquí- dijo Paul.
-Mis hermanos hasta las cuatro o así no van a bajar. Luego nos arreglamos.
-Pues dame la mantita.
-¿Tienes frio?
-No.
-Mujer si me tienes…
-Me encanta tu trasero.
-Y a mí el tuyo y tus tetas son perfectas.
-Quiero que salga bien Paul, somos vecinos y nunca he tenido a nadie.
-No seas boba. Eres mía ya. Te lo he dicho y soy sincero.
-Comemos algo y nos ponemos un rato en el pc.
-Sí comamos algo.
-Antes un aperitivo y ella bajó a su pene y él le dijo:
-¿Qué vas a hacer?
-Comerte.
-¡Oh dios niña, estás loca!
-¿No te gusta?
-Sí que me gusta.
-Entonces déjame a ver cómo lo hago.
-¡Ah, dios! nena ufff…
Y ella lamio su punta y alrededor y fue bajando por sus paredes chupando y
dando pequeños mordisquitos mientras lo movía y él la miraba y cogía su
cola para ver qué le hacía y le encantaba.
-Me vas a matar si no la metes en la boca.
-Shhh… no tengas prisa.
Y subía de nuevo hasta meterla en su boca y moverla y chuparla y él se
moría de placer, y le decía:
-Rosa, por dios niña ¡joder ufff!, sigue y él se movía para entrar en su boca
y ella mandaba allí hasta que él le dijo no puedo más, no puedo sigue, y ella
siguió más rápido hasta que saltó como llama viva. Mientras su cuerpo se
estremecía y ella lo miró sonriente.
-¡Mala!, ¿qué miras?, -dijo.
-Te pones guapo.
-¡Maldita, niña! Acabarás conmigo.
-Ummm… Me va gustando esto. Pero tengo agujetas Paul.
Y él se reía.
-Anda nos limpiamos y comemos algo de verdad. Se vistieron. Y estuvieron
tomando unos sándwiches y luego se sacaron un dulce y un café y se
sentaron en el pc. Paul cogió la silla de enfrente y se sentó a su lado,
dándole besitos.
-Así no acabamos- decía ella riendo.
-¿Dormimos juntos en tu cabaña esta noche?
-Nunca he dormido con nadie.
-¡No has hecho nada niña, nunca!
-¡Está bien!
-Todos los fines de semana.
-Si no me dejas antes…
-Mujer de poca fe. Anda abre el pc. Y Paul sacó un pendrive.
-¿Es tuyo?- le dijo ella.
-Sí, traigo los programas, es mejor que los insertes les pongas tus nombres
como los tengo yo, que meter los programas, así ya tienes la mitad del
trabajo hecho.
-¡Qué guapo eres!
-Tú más tontilla.
Y durante una hora la estuvo ayudando a cómo se hacían allí las cosas y ella
anotó algunas.
-De todas formas, si tienes alguna duda me llamas y bajo por la tarde o te lo
digo por teléfono si puedo.
-Mejor vienes.
-¡Qué mala eres!
-Bueno, esto ya está, son las cinco.
-Es pronto. Si vamos a cenar en la ciudad.
-¿Ya lo tienes todo listo para el lunes?
-Sin ti, no habría podido. Y eso que no sentí un flechazo como mis
hermanas y ahora te deseo de nuevo.
-No digas eso nena…
-Pues es verdad.
-Espera hasta la noche
-Ummm…Vale.
-Vamos a sentarnos, anda. Y se tumbaron en el sofá.
-Pero eso fue peligroso y probó la cucharita.
-Eres peligrosa mujer.
-Tú tienes la culpa.
Y la abrazaba por los pechos.
-O nos levantamos o nos dormimos.
-Esta noche no nos venimos muy tarde, mañana sábado sí que no tengo
nada que hacer.
-Ya verás si me engancho contigo.
-Te has enganchado más hoy
-¿Eso es una frase española?
-Puede ser.
-Anda vamos, y le subió los vaqueros, no sin antes darle una palmada en el
trasero.
-¡Ay, Paul!
-Es mío.
-Sí, ahora todo es tuyo.
Al salir de la casita, ella dejó todo recogido y tiró las sobras a la basura y las
latas y cada uno cogió su coche.
-Espera y llamo a mis hermanos.
-Vengo a por ti a las ocho. Carmen y Noah salen juntos y Ethan se queda
con Rocío.
-Esos han tenido sexo hoy todos.
¿Tú crees?
-Estoy seguro, hasta luego guapa.
-Hasta luego.
Cuando las hermanas quedaron en la casa grande, estuvieron un rato con el
abuelo y luego, ellas aparte, hablaron de los chicos y supieron que habían
tenido sexo y cuando le tocó el turno a Rosa, ella dijo que también. Y ellas
le preguntaron después de quedarse con la boca abierta
-Pero ¿dónde?- dijo Carmen.
-En la casita de la veterinaria. Tengo un sofá bien grande.
-Si no te gustaba mucho…
-Bueno, pues ahora me gusta y mucho. Ha sido maravilloso.
-Cuenta, cuenta…- le decía Carmen.
-Poco ¿eh?, que es íntimo.
-Nosotros lo contamos la primera vez.
-Vale, pero es tan sexual…
-Ese es Noah-, dijo Carmen.
-Y Ethan dijo Rocío.
-Madre mía. Tres hermanas con tres hermanos- dijo Carmen.
-Voy a ducharme y a arreglarme para salir. A las ocho nos vamos.
-A esa hora viene Ethan también. Nos quedaremos en casa cuando se
duerma el abuelo.
Y salieron Rosa y Carmen camino de sus cabañas.
.¿Dónde van a llevarnos?- preguntó Rosa.
-Noah dice que vamos a sitios distintos.
-¡Ah bueno! ¿Lo vas a dejar dormir en la cabaña? A mí me lo ha pedido y le
he dicho que sí. ¡Ay! es tan guapo y está tan bueno…
Y Carmen la miró pícara.
-Yo también- dijo Carmen. Mañana tendrás agujetas- y se reía.
-Pues tengo que ir a montar.
-Pues móntatelo bien.
-Será la tía…
Y Carmen se fue riendo y Rosa también.
-Chistosilla- dijo Rosa mientras cerraba la puerta y se fue al baño.
Una vez se hubo depilado, arreglado las uñas, pies, todo. Preparó la ropa,
las botas y solo le quedaba pintarse, pero eran las seis y media.
Con tres cuartos de hora o menos tenía para arreglarse. Ya lo tenía todo
preparado y se tumbó en la cama pensando en lo que le había ocurrido.
Había sido su primer amante. El primer hombre y había sido algo
maravilloso, tierno, ¡oh dios! Había descubierto el sexo de la mejor manera
posible, y le había gustado. Había tenido orgasmos intensos con ese chico.
Sabía cómo tratarla, sabía qué le gustaba. Y eso a ella le hacía intentar lo
mismo.
Se abrazó a la almohada. Esa noche lo tendría en su cama de nuevo.
Aunque tuvo miedo. No lo conocía apenas y había tenido muchas relaciones
y eso la puso celosa.
Con ella si salía, que se olvidara del resto de las chicas, pero eso fue lo que
le dijo él a ella, que no quería que la tocara otro porque era de él. Y sonrió.
Era un poco machista, pero no quería un machista al uso. Solo un poquito
celoso, nada más.
Sin embargo, era muy trabajador. Y si salían juntos, poco tiempo tendría de
serle infiel o estar con otra. Y si ella hacía coincidir las compras con él,
podían ir juntos y tomar algo.
A ella le gustaba ver los pueblitos e irían y se quedarían la noche que les
tocara. No todas, pero una vez cada dos meses.
Ummm… Aún tenía su olor metido en su nariz, olía tan bien. Y su sexo…
era perfecto, rosado, grande, le encantaba. La llenaba toda entera. Y quería
sentirlo.
-¿Qué le había hecho Paul a ella en ese sofá? Que lo deseaba más que nada.
Ya quería verlo de nuevo.
¡Qué feliz era! Le faltaba su padre y su madre. Pero tenía el presentimiento
de que en el rancho iba a ser feliz. Casa, coche, un trabajo que amaba, un
vaquero de envidia, ¡qué pena que su abuelo tuviese esa enfermedad!
Pero bueno, no todo iba a ser perfecto. Ahora lo era para ella a su edad, casi
nadie tenía lo que tenía ella y daba gracias a dios.
Ya tenía que arreglarse que parecía una niña soñando.
A las ocho estaban todos en la puerta. Paul, estaba divino con unos
vaqueros negros y una camisa negra también, botas negras.
-¿Vas de luto?- le dijo de broma despacito sin que se enteraran el resto.
-Voy guapo y tú te vas a enterar con esa faldita verde y esa camiseta
enseñando escote.
Y ella se reía.
-¡Qué miedo me das!
-Ríete niña. Ya suplicarás.
-Vanidoso Paul.
-Estás muy guapa mi niña. De verdad.
-Gracias.
Y al final se fueron a la ciudad y al entrar en ella, Carmen y Rosa siguieron
caminos diferentes.
-¿Dónde vamos mi niño?
-A un asador que me encanta.
-Carne a la parrilla.
-Sí.
-¡Me encanta!
-Me has dado hambre niña. Luego vamos a tomar algo tranquilos. Que he
dormido poco.
-¿Podemos tomar café?
-¿En la cabaña?
-Si quieres…
-Me gustaría, ahora me está entrando el desplome.
-Pues venga, comemos y mañana venimos a tomar algo y bailar.
-Venga.
-Es bonita Montgomery- dijo Rosa mirando por la ventanilla.
-Sí, es muy bonita. ¿Te gusta estar aquí?
-El rancho me encanta- soy feliz. Tengo 23 años y tengo coche casa, trabajo
y a ti.
-A mí, me tienes loco, niña.
-Sí- y lo tocó.
-¿Estás loca? Estoy conduciendo.
-¡Qué vida!, no puede tocar uno a su chico.
-Sí se puede, como yo.
Y él metió la mano entre su falda.
Y tocó todo su sexo.
-Vas casi desnuda, niña.
-Llevo un tanga.
-Es un triangulito.
-Sí.
-¡Joder nena!, no voy a comer pensando en eso.
-Comerás. Tengo mucha hambre. Pero me gusta la carne bien hecha,
pasada.
-Te la ponen como quieras. A mí, me gusta también pasada. Ya queda poco.
-Conduces bien.
-Gracias, llevo dese los 14 años conduciendo en el rancho.
Aparcó en el aparcamiento del asador y entraron.
-¡Qué bonito!- dijo Carmen.
-Sí, me gusta.
-Es caro.
-No me puedo creer que hayas dicho eso.
-Lo he dicho. La costumbre, cuando estaba en Cádiz, no entrábamos a sitios
como este salvo cuando íbamos con mi padre y él pagaba. Nunca tenía
dinero, solo una paga. No acababa la Universidad, listillo.
-Pobrecita.
-Ahora sí tengo, repartimos el dinero de mi padre y su seguro y el sueldo
que va a pagarnos el abuelo y las ganancias a final de año.
-Ahora me vas a tener que invitar tú entonces.
-Venga, que tú puedes.
-Nunca dejaría que pagaras, mi niña.
-¿Y eso por qué? Aquí pagamos a medias.
-Porque tenías amigos. Yo no soy tu amigo.
-Sorprendente- dijo ella.
-¿Qué dices?
-Nada, que pagues hoy tu.
-Pues claro, a pesar de ser joven, soy hombre.
-¡Que tonto va a ser mi hombre!
-Y otras cosillas. Anda, vamos a la mesa, está reservada.
Y se sentaron en una mesa y el camarero les atendió las bebidas.
-¿Pedimos una fuente variada y ensalada?
-Sí, así pruebo de todo, bien pasada.
Le colocó platos a cada uno, pan, las bebidas y la ensalada, y cuando llegó
la fuente, ella dijo:
-Comerás mucho, ¿no?
-Como bastante.
-Esto es para seis, hombre. Eres una ruina.
Y él se rio.
-Algunas no tienen mucha carne. Y tenemos una noche intensa para
trabajar- y Rosa se puso colorada.
-¿Te has puesto roja?
-Sí, qué pasa.
-Que me encanta verte así.
-¡Qué malo eres!
CAPÍTULO V
Lo cierto es que lo pasaron bien, aunque ella le dijo que se sintió algo
desubicada. Que aquél local era demasiado pomposo para lo que estaba
acostumbrada.
-No te preocupes, el próximo finde semana si no te toca guardia, hacemos
un picnic en las cuadras.
Y ella se rio con ganas.
-¡Que graciosillo eres!
-Mujer si te llevo a un sitio bonito y le pones pegas.
-Porque no estoy acostumbrada, pero me acostumbraré a todo.
-Así me gusta.
Cuando acabaron él le dijo:
-¿Quieres postre o café?
-Postre. El café luego en casa, pero descafeinado.
-Me ha sonado bien lo de casa, porque voy a dormir muchas noches ahí
contigo.
-Paul…
-Dime guapa…
-Es que me cuesta que sea verdad. Es decir, me encantaría que fuese cierto
que saliéramos juntos y no te apetecieran más chicas.
Y él le cogió la mano.
-Nunca se sabe, pero ahora, a corto y medio plazo solo pienso en ti nena.
No pienses en nada más, vivamos el presente. Es bonito.
-Sí. Lo haré.
-Deja los miedos Rosa.
-Los aparcaré.
-¿Qué quieres de postre?
-Voy a mirar…
-Mus de chocolate.
-Yo también.
-Pues venga, dos- le dijo al camarero.
Y cuando acabaron. Le puso la tarjeta, pagó y después se fueron.
-Vamos a dar un paseíto corto, y te enseño los bares de copas de esta zona,
así bajamos la carne y nos vamos.
-Vale.
-¿Puedes andar con esos taconazos?
-Me gustan los taconazos, a mí me encantan.
-Tus hermanas no llevan tanto…
-Pero a mí, siempre me gustaron de todos los colores para toda la ropa.
-Pero ¿cuántos tienes mujer?
-¿Tacones?… doce o quince
-¡Qué ruina!
-Luego botas, de las dos y zapatillas de deporte y de estar por casa.
-Eres tremenda.
-¿No te gusta?- Y la abrazó por la calle y la besó.
-¡Me encantas! ¿Lo haremos solo con los zapatos?
-Si quieres…
-¿Tiene rojos?
Y ella se echó a reír.
-Sí.
-¿Y tanga rojo?
-También. ¿Algo más el señorito?
-Con eso me sobra.
-Anda, vámonos.
-Eres una caja de sorpresas, nena. Estoy deseando verte así. Ya me estoy
poniendo, fíjate…
-No sé, pero reírme, me rio contigo.
-Yo también me rio mucho contigo y otras no.
-Pero… ¡qué bobo eres!…
Y Paul cogió el coche y le abrió la puerta, ¡qué caballero!
-Para ti siempre.
Y se fueron al rancho. Entraron despacito y aparcaron en la puerta de la
cabaña.
Carmen y Noah aún no habían vuelto, porque su hermana le dijo que se
quedaría a dormir también. Y no había ni una luz encendida.
El único coche que había fuera y que aparcaron en el garaje de dos plazas
que tenía cada cabaña era el de Paul.
Así que cerraron la puerta y ella puso la alarma.
-Ven aquí pequeña.
Y la cogió en brazos y entre risas la subió por las escaleras directa a la
cama, donde quería verla siempre.
El primero no pudo ser más rápido.
Después se fueron calmando entre gemidos y el olor a sexo y a aromas de
sus cuerpos.
El tiempo fue pasando y los temores de Rosa se evaporaban. Estaban locos
el uno por el otro, salían cuando les tocaba, iban a comprar juntos, cuando
ella lo necesitaba, allí estaba él. Algunas noches, Paul la necesitaba e iba a
su cabaña y dormía con ella. Otras veces si tenía partos de yeguas ella o él
no se veían en días. Pero hablaban por videoconferencia por las noches.
Rosa lo deseaba como nunca pensó desear a un hombre.
Ya el día que habían ido a ver el rancho Lee y fueron invitadas a comer con
los padres de Paul y los chicos, la madre le dijo que era preciosa, que se
veía una niña trabajadora y que la cuidara.
-Mamá, es increíble.
-Ya se lo he dicho a tus hermanos, hijo, Paul, son hijas de don Julián, son
preciosas y sé que no os quitáis los ojos de encima. Y tú empezaste con Liz
aquí en el rancho cuando eras apenas un adolescente.
-Mamá ¿lo sabías?
-Una madre lo sabe todo y sé que fuiste precoz, más que tus hermanos y que
tienes experiencia de sobra. Pero no la vas a lastimar a ella.
-Mamá tengo algo que decirte.
-¿Qué tienes que decirme? Hijo te quiero.
-Mamá, era virgen,
-¿Qué?, ¿en serio?
-Sí, te resultará difícil entenderlo porque tiene 23 años.
-¡Dios mío! hijo, pero esa muchacha...
-Pues sí, solo ha sido mía. Sé que han pasado días, pero es tan
maravillosa…
-Que siga así, ahora con más razón, has sido su primer hombre, como tu
padre lo fue para mí.
-¿En serio mamá, fue tu primer hombre?
-Y el único. Y quiero que seas fiel. Con ella.
-Lo seré.
-Eso espero.
-Te quiero mamá.
Me la cuidas.
Y esa conversación con su madre quedó en Paul grabada. Su padre siempre
había estado enamorado de su madre y eran una pareja feliz.
Y él quería eso para su vida.
Y Rosa lo tenía loco. La deseaba cada día más y cada día la conocía más.
Era una luchadora nata. Era trabajadora y era joder tan guapa y lista. Tan
joven tan suya.
-¡Ah, Paul! Eres el tío más bueno que conozco. No puedo dejar de desearte
y quererte mi niño. Si me pasara lo que a Rocío estaría llorando un año
entero.
-Eso no te pasará a ti. De todas formas, mi niña, nuestros hermanos
estuvieron juntos apenas dos meses y nosotros llevamos ya casi un año y
seguimos como el primer día. No sufras, jamás te dejaré pequeña.
Y rosa se abrazaba a él.
En Acción de Gracias, cenaron en casa de Rocío con el abuelo, todos juntos
porque su padres fueron a Montgomery a cenar con unos amigos.
Y en Navidad, el médico les dijo a las chicas que el abuelo le quedaba días
de vida. Y Rosa lo sintió mucho. Él intentaba apoyarla y esa Navidad fue
triste. Cuando los chicos cenaban en casa, algunos días bajaron a su rancho,
con ellas, y se turnaban y no salieron esa primera Navidad en el rancho.
Estuvieron tristes.
Y al pasar la Navidad a primeros de enero, el abuelo murió tranquilo. Y fue
enterrado en el pequeño cementerio del rancho. Allí estaban la abuela y él y
Rocío prometió que cuando pasaran diez años iría a traerse a sus padres
incinerados y tenerlos allí. Era el tiempo estipulado para llevárselos.
Rocío siguió llevando el rancho una vez que se repusieron y todo volvió a la
normalidad. Debían seguir, solas, solo se tenía a ellas mismas.
Sin embargo, antes de Acción de Gracias, Rocío fue con Tom, y Jimmy a
por caballos a Texas. Quiso ver cómo se compraban y vendían caballos y
conocer otros ranchos.
Y a los dos meses estaba embarazada y entonces fue cuando Ethan dejó a
Rocío por celos, creía que se había acostado con Jimmy porque había ido
con él a por animales y se llevaban bien, vinieron bromeando y Ethan decía
que el niño no era suyo, estuvo empeñado en que no lo era. Y aunque en un
mes recapacitó, al final la dejó de verdad.
-Desde luego Paul, tu hermano es un celoso de cuidado.
-Sí mi niña- le dijo una tarde. Me duele ver a tu hermana ya con esa barriga.
Y a mi hermano amargado por idiota. Todos hemos hablado con él en el
rancho. Mis padres, Noah, yo…Pero no atiende a razones, niña.
-Lo está pasando mal. Ahora que Carmen está liada montando su complejo
y podíamos ser tan felices… y ni siquiera está seguro aun cuando mi
hermana le ha dicho que espere y le haga una prueba de ADN.
-Jamás he visto así a mi hermano. Sé que la quiere, pero es algo que lo
corroe por dentro.
-Mi hermana le ha sido fiel.
-Y me lo creo. No lo dudes niña.
-Mañana va con Carmen al ginecólogo y quizá sepamos el sexo. Tendremos
que apoyarla.
-Lo haremos.
-Ha dejado una habitación libre y Adele se ha llevado los muebles. Depende
de qué sea la pondremos de dulce. Tiene a sus tíos.
-Mis padres están tan tristes… su primer nieto y el pedazo de potro ese…
Le partiría la cara.
-Déjalo, es su vida
-Y tú mi niña ¿cómo estás? Termina ya y nos vamos, hoy que he venido a
verte.
-Sí, vamos, cierro el PC y nos vamos a la cabaña.
-Te tengo ganas, mi niña.
-Tú siempre tienes ganas. A pesar de todo.
-Es verdad, entre lo de Rocío y la muerte de tu abuelo, tengo reservas ahí
dentro.
-Bueno, hay que solucionar eso.
-Esa es mi chica.
Y cuando entraron en la cabaña, ella quiso darse una ducha.
-Siéntate anda y mira a ver que hay por si te quieres quedar a cenar. A ver
qué ha hecho la chica.
-Filetes y ensalada. Y tarta.
-¡Qué bueno!, sabe que me gusta.
-Me quedo nena. Voy a llamar para decirlo.
-Vale voy a ducharme.
-No te pongas nada.
-Claro estamos en marzo y hace fresco.
-Vale. Enciendo el fuego.
-Sí por fa, un poquito, que ahora refresca.
Y cuando se estaba duchando sintió que la cogían por detrás y se dio un
susto de muerte.
-Voy a matarte niño, menudo susto.
-Sí, puedes asustarte, mira como estoy como un potro desbocado.
-Pero si te has duchado ya…
-¡Ah!, pero pensar que estás tocándote sin mí.
Y ella se reía.
-Me toco solo para lavarme.
-Y esas tetas, Ummm… déjame que te las coma y que te coma.
-Aggg, dios Paul, que te conozco.
-Sí, me conoces y ya podemos hacerlo sin nada. Déjame.
Te dejo. Oh joder mujer, esto va a ser visto y no visto.
Y la cogió a bocajarro y la puso en sus piernas y la penetro contra la pared
de la ducha como loco, a empujones.
Y mordía sus pezones y ella se aferraba a su pecho y a su boca y fue como
él dijo, se derramó en ella entre el agua de la ducha y su agua blanca.
Ufff. – se quedó en su frente y la besó y la besó y la volvió a besar.
-Te quiero nena.
-¿Me quieres?
-Te quiero, ya lo sabes. Deberías saberlo. Me pones loco y duro y no es solo
eso, eres perfecta.
-No has visto mi lado malo.
-No tienes lado malo. Yo solo te veo lados buenos y toco todo lo bueno en
ti.
Y ella lo tocó cuando salió de su cuerpo y lo lavó.
Estuvieron riendo y lavándose, tocándose.
-Sigue así y verás niña, tú toquetea mucho y le ponía las tetas
friccionándolas contra su pecho.
-Rosa, ¡qué mala eres!, y parecías una virgen.
-Lo era hasta que un chico alto y guapo de ojos azules quiso que dejara de
serlo.
-¡Qué bien lo hizo ese chico!, dale mi enhorabuena cuando lo veas.
-Se lo daré o quizá otra cosa.
-Rosa que te conozco.
-¿En serio?
-Sí.
-Pues entonces allá voy potrillo.
CAPÍTULO VI
Y se agachó en la ducha y lo estuvo chupando y lamiendo hasta hacerle
perder el sentido de nuevo.
-Nena ya está, me muero de hambre, después.
-Dame las gracias, anda.
-Te las voy a dar con creces cuando coma el postre.
-¿Qué vas a querer de postre?
-Esto-Y la tocó.
-Bobo.
Se vistieron y ella se secó el pelo mientras él recogía las toallas y bajaron
juntos a poner la mesa.
-¿No te cansas niño?
-¿Te cansas de mí tú?
-Nunca, jamás.
-¿Te apetecería conocer a otro hombre?
-Nadie iba a ser mejor que tú, así que no.
-¿Vas a tener vacaciones?
-Claro este año las merezco, quizá Rocío no vaya y Carmen vaya más tarde
por el complejo, que quiere inaugurarlo en junio.
-Podemos ir… a ver…sacó su móvil.
-Deja eso, cuando comamos.
-Vale.
Y cuando acabaron de comer, mientras tomaban tarta y café…
-¿Nos vamos en julio? Es el mejor mes nena, tu hermana tiene el niño en
agosto y Carmen se va en octubre o septiembre.
-Pero tu hermano dijo que se iba en julio.
- No se va en junio. De todas formas, mi padre, les echa un vistazo a los
animales. Y a la gestión, luego que se ponga al día Le van a construir una
cabaña a Ethan. Ya están empezando.
-¿En serio?
-Sí, quiere vivir solo, aunque tenga el despacho en la casa grande.
-A vosotros no.
-Cuando llegue el momento. Pero si vivimos juntos nosotros tenemos esta.
Yo pago los gastos.
-Están pagados.
-Tu ropa y la mía.
-Ya veremos. Llevamos poco saliendo. Pero sí, quisiera que esta fuese
nuestra casa si algún día decidimos estar juntos.
-Nada de poco llevamos meses saliendo.
-Es verdad.
-Y te quiero nena.
-Yo también, mi niño.
-¿Vemos una peli?
-Sí, es pronto para dormir.
Y cuando acabaron de verla, subieron a tener más sexo, y él cumplió su
palabra y la triplicó.
-Niño, déjame ya.
-¡Ay! ven mi cucharita.
Y se quedaron dormidos, el agarrándola por los pechos sintiendo su trasero
en su sexo.
Era feliz, dormía como un bendito cuando estaba con ella.
Al día siguiente cuando Carmen y rocío vinieron de la ciudad, venían
contentas, era un chico lo que iba a tener rocío. Le iba a poner de nombre
Wes como el padre de ellas y su apellido. No quiso ponerle Lee. Ni
pensarlo.
Se lo dijeron a Ethan y a este lo que se le ocurrió fue llamar a Jimmy y
amenazarlo y este habló con Rocío. Y a partir de ahí, sí se hicieron amigos.
Jimmy, le dijo que no aceptaría chantaje ni amenazas ni tonterías por muy
dueño de rancho Lee que fuese.
-No por dios- le dijo Rocío, -déjalo, no quiero problemas.
-Por ti lo hago. Por él no, pero le voy a partir la cara si vuelve de nuevo.
Pero ya no volvió a decirle nada a Jimmy.
Pusieron a los dos meses la habitación del chico y sus tíos le regalaron de
todo.
En junio, se inauguró el complejo de Carmen, con cabañas y actividades
como si fuese un pequeño hotel o mediano. En unas tierras que estaban
desaprovechadas y que era maravilloso. Lo celebraron con una cena todos,
incluso vinieron los padres de los chicos Lee, excepto Ethan, que estaba
amargado y no daba su brazo a torcer, incluso cuando quedaba poco para
hacerle la prueba al niño y saber si era suyo.
En Junio se iba Ethan de vacaciones a Las Vegas.
Y Rosa y Paul, se iban en julio, pero no sabían dónde.
-Nena- Le dijo cuando fue a por ella el viernes que iban a salir, porque
Rocío no quería salir ya salvo algún día a tomar un café o comer o dar un
paseo.
Rosa se terminaba de vestir. Le quedaba pintarse los labios y echarse
colonia.
-¿Qué quieres mi amor?
-¿ Dónde vamos a ir de vacaciones? – le decía sentado en la cama.
-¿Dónde te apetece a ti?
-Donde no haya caballos -Y Rosa se rio.
-¡Qué cosas tienes!
-¿Lejos o cerca?
-Estoy cansado, no muy lejos. Descanso y playa.
-Vamos a mirar.
Y se perfumó y se sentó a su lado. Él miraba el móvil viendo lugares.
-¿Quieres Florida?, está cerca, podemos ver, Miami, Tampa, los Cayos que
son preciosos San Petersburgo que es una ciudad preciosa, y si quieres
podemos ir un día o dos a Orlando, al parque. Y tenemos playa. Podemos
irnos en coche. E ir parando por el camino, y ver lugares, estar dos semanas
en playita y las otras viendo lugares.
-Sí, me encanta la idea, si vemos primero los lugares y después la playa,
sería estupendo porque ya venimos descansados.
-Eso estaría bien.
-Voy a hacer mañana una ruta y dónde podemos ir parando. Nos llevamos tu
coche que es más nuevo que el mío.
-Mejor- dijo Rosa. ¿Vamos de compras?
-¿No tienes ropa? Mejor compramos por el camino lo que nos guste o
necesitemos.
-Me encanta la idea- dijo ella.
-Te encanta porque te vas a comprar una o dos maletas más.
Y ella lo abrazaba.
-Así no puedo salir.
-Así ¿cómo?
-Como estoy, nena.
Y ella lo tocó.
-Pero estoy arreglada.
-Un poquito solo. Llevas falda.
Y la tumbó en la cama, y le subió la faldita y se abrió el pantalón y lo bajó
un poco y se puso encima de ella apartándole el tanga.
Y la penetró sin pensarlo.
-¡Ah, Dios Paul!, ¡ay joder niño!, Ummm… sigue…
-No me digas eso que me matas. La tengo dura.
-Lo noto. ¡Ay, dios! sigue…
-Esto no es normal. muérdeme los pezones -y él le abrió la blusa y bajó su
sujetador y mordía sus pezones y ella gemía y lo abrazaba con sus piernas.
-Sigue, sigue -le decía ella y le la penetraba hasta que sintió el calor del
orgasmo de ella y se corrió entre sus paredes.
Y allí se quedó terminando de dejar todo en ella.
-¡Ay, nena!, me vas a matar.
Y ella lo cogía por el pelo mientras él estaba en sus pechos.
-Me encantan tus pezones. No salgamos, quedémonos aquí.
-¡Qué vago!, vamos cenamos y nos venimos. Solo cenar y tomamos aquí el
café. Necesitamos salir, si quieres mañana sábado no salimos, si nos vamos
el lunes.
-Vale. como quieras. Necesito unas vacaciones como el comer.
-Y las tendremos. Mañana cuando vengas de dar una vuelta comemos en
casa y hacemos la ruta y reservamos hoteles.
-Deberíamos, es el mes de julio, sí. No quiero hotelitos.
-¿Entonces?
-Hotelazos, son mis primeras vacaciones contigo. Y lo merecemos, tenemos
para ello. Hasta el año que viene nada.
-Es verdad.
-Anda, levanta que em lave un poco mi niño, y nos vamos.
Se lavaron, ella se retocó el pelo y los labios y se perfumó de nuevo.
-¡Qué me encanta ese perfume que llevas!
-Y a mí el tuyo, presumido.
-Nos vamos, cierra.
Y Rosa cerró la puerta y fueron a cenar.
Y al volver dos horas después, él se afanó en su cuerpo y ella en el suyo
hasta la madrugada.
Por la mañana, Paul fue a mirar los animales, ella también los suyos
después de desayunar y a la vuelta, se dio una ducha y esperó a Paul que
llego a la media hora. Pero cuando llegó, le dijo a Rosa:
-Ha vuelto Ethan de vacaciones.
-¿No venía el domingo? Bueno, mañana.
-Pues ha vuelto ya. La cabaña está terminada y se ha ido a vivir allí.
-Bueno, es lo que se le ha hecho.
-Pero tengo una noticia que ahora se la estará dando Noah a Carmen.
-¿Qué noticia?
-Se ha casado en Las Vegas.
.¿Qué se ha casado?, ¿cómo es eso? ¿No ha esperado a que nazca su hijo
para saber si es suyo? ¡Maldito cabrón! No quería a mi hermana. Nunca la
quiso.
-Tiene 23 años.
-¿Que tiene 23 años?
-Y una niña de 4. Es madre soltera y se llama Nora.
-¿Y cómo la ha conocido?
-Era camarera en Las Vegas.
-Tu hermano no está bien de la cabeza.
-Ya se lo hemos dicho. Imagina cómo están mis padres. Y no nos gusta. Ni
a Noah ni a mí, y supongo que a mis padres tampoco, es altanera y ha
entrado como si fuese la dueña del rancho.
-¡Madre mía! Vamos a ver a mi hermana.
-Sí, porque Noah y Carmen van a ir a verla.
Y fueron a casa de Rocío.
La consolaron como pudieron. Rocío era fuerte y dijo que no le importaba,
que le pondría su apellido, se haría la prueba y no quería saber nada de él, ni
dinero para su hijo.
Una vez que se tranquilizó, Rosa y Paul se fueron a casa. Y en el sofá
estuvieron mirando rutas y hoteles, reservas. Ya había dado instrucciones a
Norman de que se iba y que les echara un vistazo. Si había algo que
llamaran a un veterinario que tenía ella anotado en la agenda. El mismo que
Paul. Por si acaso.
Y el lunes, salieron de vacaciones temprano.
La noche anterior Rosa se despidió de su hermana.
-¿Estás bien cariño?
-Sí, no te preocupes. Tú diviértete.
-No te quedas sola, venimos a finales de julio para el parto y estamos las
tres, para nuestro niño Wes.
-Pásatelo bien y no te preocupes…
-Lo haré.
CAPÍTULO VII
Y sí que lo pasaron en grande. Recorrieron rutas maravillosas, se bañaron
en la playa, fueron a ver los Cayos, Tampa San Petersburgo, probó toda la
comida típica y se compró como había previsto Paul, ropa que le encantaba,
botas originales y todo lo que quiso para ella y Paul.
-Deja ya de comprar, mi niña.
-Es que hay cosas tan bonitas…
Hicieron el amor, en todos los lugares. Paul decía que era para dejar huella.
Y recordar. Pero lo cierto, es que siempre estaba con ella listo, y cuando
estaba en la playa con esos minibikinis a veces hasta se ponía celoso de que
la miraran.
-¡Qué bobo!
Y jugaba con él en la arena.
-Pero si tú tienes un cuerpo de infarto, vaquero.
-No sé…
-Yo sí lo sé, en cuanto comamos lo comprobamos.
Y así estaban siempre liados. Se deseaban siempre, se querían y fueron sus
primeras vacaciones especiales. Las primeras.
Cuando volvieron, descansaron un par de días y el uno de agosto volvieron
a sus trabajos.
Noah le había contado a Paul, el mes insufrible que llevaban con las
broncas de Ethan y su mujer, y que sus padres sufrían.
Él también fue espectador de ellos en los días posteriores.
-¡Joder!, ¿así están siempre?
-Así están, no hay manera.
Y viene a la casa grande cuando está Ethan trabajando y la que lía
diciéndole a mamá qué comida le gustaba.
Hasta que los hermanos le dijeron que en casa no comían, que ella hiciera la
comida que quisiera.
Eso enfureció a Ethan, pero ellos no dieron su brazo a torcer. Y la cosa fua a
peor porque no quería que fuese a la casa. A mandar.
Y ella no quería sino salir. No le gustaba el campo y hasta lo pagaba con la
niña.
El complejo de Carmen iba viento en popa y Wes nació a finales de agosto.
Un niño precioso y consentido por todos, desde los abuelos a los tíos, y
Jimmy que lo quería mucho.
Ethan fue a verlo algunas veces, pero ella no quería nada, ni verlo. Se lo
dejaba ver con la chica que lo cuidaba en casa y que lo hizo durante un año.
Le dijo que no quería dinero y a él le vino bien. Ya tenía gastos en el rancho
con su mujer. Y se arrepentía en el alma haberse casado.
Y aunque se hizo la prueba de ADN y salió positiva, la ignoró a ella y a su
hijo, y eso no se lo perdonaría Rocío jamás.
Así que el tiempo pasaba, el niño creía, el rancho iba bien y llegaron a las
segundas Navidades, en donde Noah le regaló a Carmen un anillo de
compromiso y todos lo festejaron. Se casaban en febrero el 14, el día de los
enamorados. Carmen era una romántica empedernida y Noah la mimaba
siempre.
Tuvieron que soportar después que la exnovia de Noah estuviera a punto de
matarlo cuando se quedó en el complejo y le puso una inyección de morfina
para acostarse con él.
Suerte que se recuperó y todo pasó a la historia, salvo que le dieron medio
millón de dólares para que no le pusiera una demanda, ya que era abogada.
Así Noah, dijo que el dinero para vacaciones, boda y luna de miel.
Al menos se lo tomaba con humor después de salvar la vida.
La boda de Noah y Carmen en el complejo no pudo ser más bonita. Fueron
todos menos Ethan por supuesto. Para esas fechas se había divorciado y
volvía a estar solo.
Pero ningún intento hizo de buscar a su hijo o a Rocío y está empezó a salir
con Jimmy, el hombre con el que vivió toda su vida. El amor de su vida.
El niño era precioso y todo el mundo lo adoraba.
Cuando Carmen y Noah volvieron de su luna de miel en París y España, su
Cádiz ¡cómo no!... Eran la pareja más feliz del mundo y se instaló Noah con
ella en la cabaña a vivir. E iba al trabajo a su rancho a diario.
Todo continuaba. Feliz, excepto Ethan el amargado que no salía de dónde
estaba. Ni quería.
Pero en mayo todo cambió cuando unas de las yeguas pariendo le dio una
coz a Rosa en la cabeza que la tiró para atrás sin que Norman pudiese hacer
nada por ella.
Se quedó inconsciente y llamó a una ambulancia y a otros chicos para
ayudar a parir a la yegua. Y se dedicó a llamar a Paul a sus hermanas.
Y Paul bajó en segundos con el coche y sus hermanas. Noah estaba en el
campo lejos, pero volvió.
Carmen se llevó a Rosa al hospital en la ambulancia y Paul fue detrás con el
coche.
-Tranquila Rocío, yo te llamo.
-Por dios, va inconsciente.
-Quédate con el niño, Norman se ocupa de la yegua.
-¿Pero le ha dado fuerte?
-No sé, no he hablado con él.
-Voy a ver.
-Ten cuidado, mejor llama a Norman y ni te acerques. La ayudante de
Carmen se está ocupando del complejo y Noah viene del campo y va para el
hospital.
Y Rocío lloraba…
Y Carmen más aún, ya que no tenía una gota de sangre, salvo en la frente el
redondel de la herradura.
Cuando llegaron al hospital, la metieron dentro y Carmen se quedó fuera y
Paul cuando llegó a la sala de espera. Y lloraron ambos.
-No sé qué tiene Paul, pero va muy mal, dijeron que la respiración era lenta.
Y me he asustado mucho. Es mi hermana pequeña.
-¡Joder maldita sea!, ¿maldita sea!
Intentaron hablar con la enfermera y les dijo que estaban haciéndole
radiografías y un tac a ver que tenía pero que ella no podía decirles nada
aún, que tuvieran paciencia y esperaran en la sala de espera que los
llamarían.
Habían dado su seguro y esperaron.
Después llegó Noah y Carmen se echó en sus brazos llorando.
-Vamos nena, no será nada. Seamos optimistas.
Paul estaba sentado con la espalda hacía delante y las manos tapándose los
ojos.
-Venga hermano, ya verás que no es nada.
-Si la pierdo…
-No digas eso- le dijo Carmen. Ni lo digas.
-Es que no lleva sangre solo un golpe seco. Y -…
-No digas nada.
Mientras llamó Rocío a Carmen y le dijo que le estaban haciendo pruebas.
Que en cuanto supiera algo la llamaría.
Dos horas estuvieron esperando.
Hasta que salió el médico y todos se levantaron cuando dijeron su nombre.
-¿Qué tiene doctor?
-De momento está en coma inducida. Ha recibido un golpe seco. Mañana la
operamos.
-Pero qué…, ¿por qué?- dijo Carmen.
-Solo es para reconstruirle parte del hueso frontal. Se le ha hundido y si no
lo hacemos, puede ser perjudicial si entra dentro del cerebro
-Es más bien traer la parte dañada hacía adelante para que suelde y todo
quede bien. Se le hará una estética a la vez para que no tenga puntos en la
frente si están de acuerdo, aunque eso es aparte del seguro, no lo cubre.
-Lo que sea, -dijo Paul.
-Quedará igual, no tiene nada cerebral, daños ni nada.
-¿Entonces por qué está en coma?
-Por el golpe, pero solo tiene afectada la frente. Casi mejor que la operemos
así, necesitará menos anestesia.
-¿Cuándo la operan?
-Mañana tempano he preparado la operación, porque así en estas horas
esperemos que no salga nada y ahora tiene tensión demasiado baja y se la
compensaremos. Va a estar en la UCI, por tanto, solo la dejaremos verla
diez minutos hasta mañana.
-¿Nos tenemos que ir?
-Sí, no pueden quedarse, nadie.
-¿Nadie?- dijo Paul.
-Si ocurre algo llamamos.
-¡Está bien!¿A qué hora es la operación?- dijo Carmen.
-A las 8 y tardaremos unas tres horas.
-¿Y recobrará la consciencia?
-Eso depende, pero seguro que en unos días abrirá los ojos y ya no tendrá
sino algo de dolor por supuesto.
-Gracias.
-Le pago lo que me diga por la estética -dijo Carmen.
-No -dijo Paul -lo pago yo- y sacó su tarjeta.
-Paul no seas testarudo, debe costar, es estético.
-No me importa.
-Bueno, ya te lo daremos, -porque Carmen vio que estaba muy nervioso.
-Me quedo en el hotel de enfrente esta noche.
-Paul vete al rancho.
-Id vosotros yo me quedo.
-¡Está bien! Come algo.
-Sí.
Y se compró un par de vaqueros, unas camisetas y unas botas nuevas,
calcetines y ropa interior y con la bolsa se fue al hotel, se dio una ducha y se
tumbó en la cama.
Él que no rezaba nunca, ese día rezó.
CAPÍTULO VIII
Paul no podía conciliar el sueño, recordaba todo cuanto había vivido con
Rosa y se le saltaban las lágrimas. Hubiese preferido estar en su lugar. Ahí
se dio cuenta de cuánto la amaba. No podía vivir sin ella.
Durmió poco esa noche y se levantó temprano. Se dio una ducha y salió a
desayunar antes de la operación. Si tardaba tres horas, él iba a estar allí tres
horas.
Y allí esperó mientras iban llegando Noah y Carmen. Y esperaron lo que se
les hizo una eternidad hasta que vieron al cirujano venir por el pasillo.
-¿Qué tal doctor?- le dijo Paul.
-Mejor de lo que esperábamos. Está como si nada le hubiese pasado. En
coma aún, pero esperemos que en unos días se despierte. O en cualquier
momento. No hay daños cerebrales y le hemos quitado la respiración
asistida. Le pondremos suero y esperemos que todo salga bien.
-De todas formas, le haremos otro tac y un scanner pasado mañana. Esté
despierta o no, para ver la evolución.
-Solo puede quedarse por la noche una persona. Tiene en su seguro
habitación privada. Está en la 714. En media hora pueden ir. Vayan a tomar
algo mientras.
-Gracia doctor.
-Si hay algún, cambio se lo diremos.
Y así pasaron los días, Paul iba a verla todas las tardes, pero se iban
turnando para quedarse por la noche. El doctor le dijo que si tardaba en
despertar debían ponerle un fisioterapeuta para que los músculos y los
hueso no se quedaran erguidos.
Pero a la semana, cuando Carmen estaba de guardia por la noche, le tenía la
mano cogida y estaba un poco adormilada y notó que se la tocaban y se
despertó. Y la vio con los ojos muy abiertos.
-Agua,- dijo y Carmen llamó a la enfermera y esta le trajo agua.
-¡Por dios mi niña!, menudo susto nos has dado.
-¿Dónde esto?
-En el hospital llevas diez días casi.
-Y eso por qué…
-Porque una yegua te dio una coz en plena frente. No sé cómo no te ocurrió
algo más.
-¿Qué tengo?, dijo tocándose la frente.
-Nada, te ha quedado todo fenomenal, solo te hundió parte de la frente, pero
no rompió sino unos centímetros y te han operado reconstruido y no tienes
nada. Se te hizo una estética.
-¿Y por qué me duele?
-Porque es normal hasta que suelde ese centímetro mujer.
-Quiero un espejo.
Y Carmen fue a su bolso.
-Menos mal que tengo uno.
-Mírate.
-No tengo nada.
-Nada, solo una pequeña rojez que se irá con los días.
-¿Y cuándo me voy?
-Espera que mañana bien el doctor y no sé si te harán más pruebas antes de
irnos.
-¿Quién ha venido?
-Rocío está desesperada con el niño, no hemos querido que viniera entre lo
de Ethan y demás.
-Ethan ya lo ha superado.
-Al menos recuerdas.
-Claro, recuerdo todo, a Noah y a ti, tu boda en tu complejo. Te casaste en
febrero y estamos. Casi en junio, mi niña.
-Rocío está con Jimmy.
-Sí, solo son amigos, y Ethan se ha divorciado.
-Y yo.
-¿Tú qué?
-¿A quién tengo yo?
-A Paul, a Paul.
-Vamos Rosa, no seas tonta. Paul es tu hombre.
-¿Y por qué no recuerdo su cara?
-Mira, le enseñó una foto en el móvil. No sabes lo preocupado que ha
estado por ti.
-¡Qué guapo es! Está bueno.
-Pero en serio no lo recuerdas.
-Pues claro que es, mi boba.
-Dios mío Rosa!, deja de darme sustos, estás tonta.
-Y ella se reía.
-Debería darle esa broma.
-No lo hagas, es tan bueno… Ha llorado por ti, está desesperado.
-Pobrecito. Lo quiero tanto. Lo amo. Quiero irme a casa.
-Lo que vamos a hacer, es dormir.
-He dormido mucho. He soñado cosas.
-¡Que cosas!
-Te las cuento.
-Sí, tú y tus percepciones.
-Sabes que no recordaba a mamá, pues me cogía la mano y me decía que
íbamos a ser felices en el rancho, que nos protegería. Estaba con papá y este
sonreía como diciendo sin palabras que habíamos cumplido su voluntad,
que sabía que era lo mejor para nosotras. Que no nos preocupáramos de
Rocío que sería muy feliz y tendría dos hijos más.
-¿En serio?
-Sí. Crees que pueden ser de Jimmy.
-No hay otro, ahora están muy amigos, y creo que se han acostado juntos,
pero ya sabes que Rocío es muy suya para esas cosas. Hasta que no están
claras no las cuenta.
-¿Y dónde los veías?
-No sé estaban como en una casa de playa, en primera línea en Cádiz. Tenía
un porchecito con un rosal de rosas amarillas.
-¿En serio?
-Soy. A lo mejor los oí hablar alguna vez de eso.
-Eras muy pequeña, no podías acordarte, ni yo, ni siquiera Rocío.
-Bueno pues ahí estaban sentados dándoles la brisa marina. Felices.
-¡Madre mía!, ¿y qué más soñaste?
-¿Que vas a tener gemelos? Dos niñas para el año que viene.
-Y Carmen se reía.
-No queremos hijos en unos años.
-Pero he visto a Noah decirte que no esperarais mucho.
-¿Cómo sabes eso?
-No lo sé… pero solo tendrás dos niñas. Rocío, una niña y otro chico y el de
Ethan.
-Vamos a llenar el rancho de chicos.
-¿Y tú qué?
-No sé, solo sé que nos casaremos todas el 14 de febrero.
-Te toca el año que viene.
-¿Hijos?
-No puedo recordar eso, pero más de uno seguro, había algarabía en casa,
claro que pueden ser los sobrinos.
-¿Y el futuro lo has visto?
-Sí, pero no puedo decirte nada. Sabes que una sola quedará la última y uno
solo también. Habrá un desfile, pero es normal cuando se es mayor. Y todos
tenemos casi la misma edad. De eso no voy a contarte nada, Carmen.
-Sé que me iré antes que Noah ¿verdad?
-No me preguntes eso.
-Lo sé
-No te vas a morir a la primera de cambio, y además ya tendrás una edad.
Vivimos y morimos. Fíjate yo, si la yegua me da una patada en el pecho, allí
me quedo o en otro lado de la cabeza.
-Rosa, debes de tener cuidado. Dime algo más.
-Ay mi niña. Algunos se quedarán en el rancho, otros de nuestros hijos
tomarán otro rumbo, pero el rancho pervivirá generaciones. Se irá
reformando y hasta lo que me alcanza.
Y Carmen se quedó triste
-Se que me iré antes que él, dímelo.
-No podría, sufrirías, y esas cosas no sé si son ciertas. Él te amará mucho,
hemos elegido buenos hombres. En eso no te quepa duda.
-Que me lo digas.
-Dos años antes.
-¿Solo dos?
-Solo dos y va a buscarte.
-El tiempo es etéreo allí, no es nada. No es como aquí, a él se le hará más
largo, pero tú estarás ahí con él como si fuese al otro día.
-¿Es bonito?
- Lo que vi, sí, pero es brillante y cada uno está donde ha sido feliz. Y
estarás en el campo con él, mirando tu complejo. Es maravilloso.
-Creo que te ha dado un buen golpe la yegua.
-Sí, creo que sí. ¿Y si lo que he soñado no es cierto?
-Es lo más probable. El cerebro juega con la imaginación. ¿Te duele?
-Un poco.
-Te pido una pastilla y duermes, anda.
-Sí, Carmen…
-Dime…
-No cuentes nada o me tomarán por loca.
-Una sola cosa más.
-Por favor, Carmen.
-¿Quién es el primero?
-Jimmy y no te cuento más.
-Pobre Rocío…
-Es fuerte.
-¿El último?
-No lo veo
-Lo sabes, vaya si lo sabes.
-No, no lo sé- pero sí lo sabía.
Y ya había hablado demasiado y sabía que en un mes su hermana se
olvidaría de eso. Porque nadie creía en sus premoniciones.
Vino con una pastilla y agua y se la dio.
-Vamos a dormir, anda, cuando llame mañana va a dolerte más la cabeza,
vendrán todos en tropel.
Rosa se durmió pronto con la pastilla, pero Carmen se quedó pensando por
qué Jimmy un chico alto y fuerte iba a morirse el primero. Bueno, Rosa dijo
que eran mayores, y era normal. Pero… ¿qué pensaba? Eran cosas de su
hermana y en el sueño del coma se tienen sueños que no son realidad.
Y así se fue quedando dormida.
Al día siguiente apareció el médico, le ordenó a la enfermera que la bañaran
y arreglaran y le iba a hacer unas pruebas. Si todo estaba bien la mandaría a
casa. Le quitaron el suero.
-Tengo ganas de pegarme un buen desayuno- le dijo al doctor – y este se
reía.
-No vayas a comer demasiado, poco a poco, que llevas días con suero.
-Vale.
-Venga en media hora te bajan.
Cuando le estaban haciendo pruebas, aparecieron todos, hasta Rocío. Ya las
llamó Carmen y les dijo que, si todo estaba bien, se la llevaban a casa.
Y así fue, a la hora apareció sonriente y abrazó a todos, le habían dado un
calmante.
-Se va a casa. Pero debe descansar al menos dos semanas.
-¿Dos semanas?- dijo Rosa.
-Sí, sin hacer esfuerzos.
-¿Y el pc?
-Eso sí, pero no más de una hora al día.
Le dio unas pastillas y volver el mes siguiente.
Y se salieron los chicos para vestirse ella con ropa que trajo Rocío y su
bolso. Le había cargado el móvil y lista.
-Bueno ¿quiénes soy vosotros? A mi hermanas las conozco, Rocío, Carmen
y vosotros dos, y Carmen, echó la cara para otro lado por no reírse, su
hermana era un caso, incluso sentada en la silla de ruedas para salir del
hospital. Y Rocío también creía que no recordaba.
-Yo soy el marido de tu hermana Carmen, Noah.
-Encantada, estás bueno. Me gustas para mi hermana.- y este se rio.
-Y tú eres…
-Soy Paul -dijo con cierta tristeza. El hermano de Noah y tu novio.
-¿Tengo novio?
-Sí. Tienes novio.
-¿Y tú eres mi novio?
-Sí, ¿no me recuerdas?
-Si me das un beso a lo mejor.
Y él la beso
-Vamos mi potro.
-Pero ¡qué tontilla eres!- Le dijo y ellos se reían.
-¿Sabes lo mal que lo he pasado?
-Es una bromista de cuidado.
-Y vidente- decía Carmen. Esta niña…
-Ay mi amor, cuánto te he echado de menos y a todos vosotros.
Y les contó cómo le dio la yegua la patada.
-Fue culpa mía, no debí ponerme en ese lado. Pero no pude evitarlo, no
salía el potro.
-Te lo he dicho mil veces, nena.
-Lo sé cariño, no me riñas.
-No puedo hacerlo ahora. Viene conmigo-les dijo a los demás.
-Vale nosotros vamos con Noah.
-¿Y mi sobrino?
-Loco como siempre- dijo Rocío con orgullo.
-Tengo ganas de verlo.
-Ha preguntado por ti.
-¿Y ahora qué hago dos semanas sin hacer nada?
-Eso, no hacer nada,- dijo Rocío. -Sofá y cama. La chica se ocupara de ti y
Carmen viene a comer a mi casa o come en el complejo. Ya está todo
resuelto. Y por las tardes cuando se vaya, viene Paul cuando pueda.
-Puedo ahora, no va a parir ninguna yegua al menos en un mes.
-¿Y voy a tener todas las tardes a este pesado?
-Eres tremenda mujer. La coz te ha vuelto irónica.
-¡Ay no!
CAPÍTULO IX
Y Paul la sentó en el coche y se fueron al rancho.
-Cielo…
-Dime mi niño.
-Me has dado un susto de muerte, creía que no me reconocías.
-Conozco cada centímetro de tu cuerpo y te tengo ganas.
-No puedes en dos semanas.
-Sí, eso me ha dicho el doctor.
-Pues tienes que hacerle caso.
-Pero un mes es mucho hasta que vaya. Dos semanas de reposo, pero hasta
dentro de un mes que se suelde mi frente …
-No nos pasará nada, nos podemos besar y hablar y abrazar sin que hagas
movimientos extremos.
-Está bien, ¡qué vida más perra!- decía ella. -¿Y cuándo nos vamos este año
de vacaciones?, ¿eh? Ya estamos casi en junio.
-En agosto o septiembre, lo que diga el doctor. Y este año solo descansar,
nada de turismo.
-¡Está bien!
Y así pasaron los meses. Y como el año anterior todos cogieron vacaciones
incluso Rocío se tomó su mes con Jimmy y el niño. Rosa ya estaba
recuperada y trabajando y Paul le decía que tuviese mucho cuidado en los
partos, que Norman y los chicos le echaran una mano o él si podía ir.
Pero ella no quería, Paul tenía sus propios animales, no iba a hacerle su
trabajo a ella.
No quería. Ella ya se había habituado en esos dos años que llevaba en el
rancho y tenía que hacerlo sola con sus chicos.
Pero era tan feliz con él... No había mejor hombre que Paul. Ya tenían 28
años Paul y era un hombre, no un chico y ella 25. Y eran una pareja
compenetrada, que se amaban como el primer día.
Era feliz, aunque sabiendo lo que había visto. En sus sueños y esperaba que
no fuese verdad.
En Navidades ocurrieron dos hechos, su hermana Carmen decidió quedarse
embarazada y dejó las pastillas cuando vio la cara de Noah mirar a su
sobrino Wes y quiso darle una sorpresa y Paul, se la dio a ella ofreciéndole
un anillo de compromiso delante de todos.
-¡Ay dios!, ¡ay dios!, Paul- y todos rieron.
-Dime algo mujer que estoy de rodillas.
-Sí, claro que sí, te quiero, -le puso el anillo y se besaron y a ella se le
saltaron las lágrimas. Se iba cumpliendo lo que había soñado porque Paul
dijo:
-Para febrero, como tu hermana Carmen.
-¿Tan pronto?
-Te ayudaremos- dijo Carmen.
-Lo celebraré en el complejo
-No esperaba menos.
-Como la tuya tan bonita.- le decía Rosa.
-Lo pintaré para ti cariño- dijo Carmen.
-Ay Paul mira qué… dios mío.
Fue otro febrero cargado de emoción y dos meses intensos de preparar la
boda de sus sueños.
Los padres de los chicos ayudaron a llevar las cosas de Paul a la cabaña de
Rosa.
-Hija, vuestro abuelo las hizo para vosotros y ahora mis hijos van a vivir
aquí.
-Vamos no se preocupe Eve, sabe lo grandes que son y estamos al lado. Paul
irá a trabajar desde aquí y pueden venir cuando quieran, ya lo saben.
-Gracias, hija.
-Además, ¿dónde íbamos a vivir? No vamos a hacer otra casa teniendo estas
tan bonitas y grandes, con piscina, además.
-Es verdad.
Y el 14 de febrero a la misma hora que su hermana Carmen, Rosa se casó
en el complejo con su amor, su único amor, Paul, que era tan guapo para
ella y cuando Paul la vio vestida de blanco, se emocionó.
La llevaba su padre del brazo para entregársela como lo hiciera el año
anterior con Carmen. Y los padrinos su hermano Noah y Jimmy, porque
Ethan no quiso sino ir a verlo y vuelta al rancho. Las damas de honor, Rocío
y Carmen, cómo no.
La boda fue espectacular, preciosa y de luna de miel se fueron a Canadá a
las Cataratas del Niágara, a Nueva York, porque en verano habían ido a
California, y este iba a ser más corto, pero verían todo Nueva York y parte
del sureste de Canadá.
Vino encantada, y él también y cuando vinieron la noticia fue que Carmen
estaba embarazada de gemelos.
Y ella la abrazó.
-Eres bruja Rosa.
-No solo fue un sueño y serán niñas y sé cómo se llamarán.
-¡Maldita brujilla!
-¿Estás bien? que es lo que importa.
-Fenomenal imagina Noah.
Y ella fue a darle la enhorabuena a Noah.
-Enhorabuena papá por partida doble.
-Gracias Rosa- y la abrazó. Madre mía. Estoy que me salgo.
-Son niñas que lo sepas.
-¿Tú crees?
-Del todo.
-Quizá lo sepamos el mes que viene.
-Ve comprando rosa.
Y se reían. Y ellos contaron que habían visto y le trajeron a Wes regalos. Ya
iba a cumplir dos años y estaba en la guardería del complejo. Era preciso,
moreno y de ojos azules como su padre.
Los abuelos estaban locos con él, pero Ethan seguía amargado en su mundo
y más cuando supo que Rocío salía con Jimmy y confirmó sus sospechas
infundadas, porque el niño era suyo.
Lo dejaban ya por imposible hasta los padres.
Se volvió a reestablecer la vida en el rancho, tomaron vacaciones como
todos los años. El complejo de Carmen iba fenomenal y obtenían ganancias
como ellos a final de año. Si había suerte, el complejo se iba a amortizar ese
invierno.
Para Rosa todo era poco lo que le compraba Paul.
-No me compres tantas cosas que vamos a tener que hacer una ampliación
de la cabaña.
-Pero si son cositas.
-No, lo haces porque no pagamos nada.
-En parte.
-Pues deja esa tontería y ahorremos por si tenemos chicos.
-¿Quieres tener?
-Claro que quiero tener.
-¿Cuántos?
-¿Tu no quieres?
-Por supuesto que quiero.
-Pues tendremos los que Dios quiera.
Y en septiembre Carmen dio a luz a sus gemelas Rosa y Eve como sus
madres y la de Noah.
-Tu hermana era bruja. sabía que teníamos gemelas.
-Y que no tendremos más, -le dijo ella.
Y él se reía.
-Está bien me la haré reversible, que conste.
Y todos reían.
Y esa tercera Navidad en el rancho Rosa dejó las pastillas, claro que esta
vez Paul sí lo sabía querían tener un hijo y Rocío recibió de Jimmy su anillo
de compromiso.
-¡Madre mía! otra boda- decía Carmen.
-Para febrero igual- dijo Rocío.
-Y se acaban. Mi complejo se va a convertir en bodas, ya me han reservado.
-Pues mejor ,porque es bonito y ganas dinero en bodas pequeñas y
familiares y de amigos.
-Más de cien personas, no puedo
-Pues eso.
-Enhorabuena Rocío, Jimmy…
Y así con tres chicos giró la rueda rumbo a febrero donde Rosa se enteró de
que iba a ser mamá y sería otra niña y Rocío se casó con su Jimmy y a esa
boda no fue Ethan.
Esa misma noche de la boda Rocío concibió una niña de Jimmy: Penny.
La vida en el rancho se fue llenando de niños. Rocío tuvo a su hija Penny y
a Jimmy, los dos de Jimmy más Wes de Ethan y ahí se quedó.
Carmen con Eve y Rose, sus gemelas.
Rosa tuvo a su hija Marie y dos gemelos Paul y Louis como el padre de
Paul, que estuvo emocionado de que le pusieran su nombre. Marie fue el
nombre de su abuela paterna enterrada en el cementerio.
-¡Madre mía, nena! tenemos tres hijos en tres años, con treinta soy padre de
tres hijos
-Y harás lo que tu hermano.
-Ni lo dudes. Ya tenemos bastantes potros por aquí.
-Y potrillas.
-8 niños.
-4 niños y 4 niñas. Una gran familia.
-¡Qué cosas!, esperemos que alguno quiera el rancho.
-Serán lo que quieran ser, pero me daría pena que el rancho de tu abuelo se
pierda.
-Y el tuyo.
-El mío te juro por Dios que cuando falten mis padre y que duren mucho, le
vendo mi parte a mi hermano y me vengo aquí y llevamos la veterinaria.
Está insoportable y Noah no lo aguanta tampoco, lo tenemos claro.
-Tus padre son jóvenes, mi amor.
-Sí que lo son, aunque mi padre tiene ya 67 años y está jubilado, le echa una
mano donde puede, para no quedarse sin hacer nada. Les digo que viajen y
van con sus amigos de Montgomery.
-Si, están viajando más, así se quitan del rancho- decía Rosa.
-Te digo que no conozco a mi hermano desde hace años, con lo divertido
que era, risueño y por idiota y celoso perdió a tu hermana y los hijos que
pudieron haber sido suyos.
-Mi hermana es muy feliz con su Jimmy.
-Sí, es un buen chico y la quiere y a su hijos y a mi sobrino como si fuese
suyo
-Lo ha criado él.
-¡Qué pena!… mi hermano -y se emocionaba.
-No te emociones, mi amor, ha hecho con su vida lo que ha querido. Tiene
su vida, sale y tiene mujeres, se las lleva a su cabaña.
-Pero no tiene una mujer estable. Una vida ordenada, bebe demasiado, no sé
cielo. Es mi hermano.
-Lo sé, pero si no se deja ayudar, no podemos hacer nada.
-Bueno nena, me voy otro rato, y los chicos, yo los recojo de la guarde.
-Tengo un parto a lo mejor vengo de madrugada.
-No te preocupes, puedo con los tres. Vengo me ducho chándal y a por
ellos.
-Te quiero mi amor,
-Y yo a ti. Te llamo luego.
-Sí, dame un toquecito.
-¿Dónde?
-Venga bobo
-¿Qué pasa?, no hay nadie. Ven aquí -y la puso contra la encimera y le bajó
las mallas y le los vaqueros y la penetró desde atrás.
-¡Ay dios Paul!- estás loco…
-Si, me pones como un potro desbocado.
-¡Ah dios nene!
Y la cogía por las caderas y la penetraba una y otra vez.
-Y ella sentía su sexo como siempre completándola, llenándola y le tocaba
y pellizcaba los pezones y su sexo y cuando no podía más le decía:
-Nena córrete conmigo, vamos mi niña
-Sigue, sigue- le decía ella y cuando Paul sentía su calor, se vaciaba en ella.
Y se quedaba encima de su espalda hasta acabar.
Luego se incorporaba, se limpiaban y se besaban un rato.
-Me entretienes, mi niña.
-Pero estás loco. Si eres tú…
-Ummm… Déjame que muerda un poco esos pezones grandes que se te han
puesto.
-Vete ya, anda.
-Solo un poquito, y le subía la camiseta y se los mordía.
-Paul que me vas a poner de nuevo, sabes que eso me encanta.
-¡Joder me voy ya! O no me voy nunca.
-Vete.
Luego- le decía como una premonición porque sabía que cuando viniera, se
duchaba y la despertaba para hacerle el amor, fuese la hora que fuese. Así
era Paul siempre, y a ella le encantaba.
Cuando lo veía irse, con la edad que tenía se lo comería vivo. Estaba tan
bueno. Conforme se hacía más hombre, más lo deseaba, esos andares de
vaquero, su sombrero y sus pantalones que le sentaban como un guate.
Le era fiel, era un hombre que su padre le mandó del otro lado, a ella y los
demás a sus hermanas. No podían haber tenido más suerte.
Eran pacientes, amorosos y sexuales, trabajadores como el primero y los
mejores padres para sus hijos que podían tener.
Ella ya vio que iba a tener tres hijos con él, así como vio la muerte de todos
y se quedó muy triste…
Bueno aún faltaba mucho y debía vivir y aceptar y sobre todo a lo mejor no
acertaba . era un sueño. Pero los sueños del coma se iban cumpliendo tan
como los soñó y por eso debía dar gracias a dios por la felicidad que les
esperaba y la gran familia que iban a conformar. Ya no nacerían más niños
en el rancho y serían bueno chicos. Todos estudiarían. Eso lo sabía ella y
veía que el rancho no se quedaría sin dirigirlo.
Salió al porche con un café y miró toda esa belleza que la rodeaba, ese
transitar del complejo a lo lejos y esos caballos preciosos al otro lado del
rancho.
Todo era maravilloso. Eso sí, tuvieron que contratar a otra chica, una para
cada cabaña, porque una sola no podía. Y se iba a las dos, de lunes a
viernes.
Terminó el café y como era viernes, daba una vuelta a la veterinaria. Había
modificado su despacho y lo había dejado en la veterinaria para hacer una
sala de juegos y estudio para los chicos: una parte para ver la tele con dos
sofás, otra con sus mesas para estudiar y estanterías y un espacio para jugar
a modo de parque que su padre les hizo, donde guardaban los juguetes y
jugaban
Sus hermanas hicieron lo mismo.
Ya recuperaría su despacho cuando fuesen a la universidad.
Era feliz…
Cerró la puerta y cogió el coche para ir a la veterinaria.
Y allí fue a las cuadras y habló con Norman y Tom y se metió en el
despacho. Hasta casi las cuatro y media.
Se fue a casa, se duchó y se lavó el pelo y fue a por los chicos.
Como siempre venían locos, contando lo bien que se lo habían pasado.
-Ahora a ducharse, ¿verdad mamá?- decía Marie.
-Sí ducharse, pijama, jugar un ratito, cena y …
-Dormir…- gritaban los chicos.
La vida en el rancho fue maravillosa, pero el tiempo volaba, los hijos
crecían, como sus sobrinos. La escuela, el instituto, la universidad…
Los hijos de Rocío Wes y Jimmy quisieron ser marines, pilotos, en la base
cerca de Montgomery, a pesar de su diferencia de edad. Estudiaron,
ingeniería aeronáutica. Y Rocío y Jimmy estaba orgullosos, aunque ellos no
se quedarían en el rancho, vivían allí.
CAPÍTULO X
Su padres les hicieron unas cabañas como las suyas y cuando venían los
fines de semana o cuando querían, tenían su casa.
Su hija Penny, sí que hizo Dirección de Empresas y Derecho, como su
madre y casi tomó las riendas del rancho. Todo se lo enseñó su madre. Pero
ninguno de los sobrinos tuvo nunca ganancias, solo ellas. Así lo decidieron.
El que trabajara, tendría sueldo , el que no lo tenía fuera.
Jimmy fue capataz más de diez años, ya que Tom y su mujer se jubilaron.
Tom fue un padre para Jimmy y para Norman.
Penny vivía también en su cabaña. Toda la parte baja se hizo cabañas para
los hijos. No para todos, porque las hijas gemelas de Carmen habían
estudiado medicina y sus padres les compraron un apartamento en Houston,
en el mismo edificio. Ya que trabajaban en el hospital oncológico.
Noah le decía a Carmen que eran los únicos que no tendrían a su hijas allí.
Pero ellas venían o ellos iban a verlas.
Cada uno eligió su propia vida.
Penny se casó con el fisioterapeuta del complejo. Jimmy y Wes con dos
chicas de Montgomery, abogadas, hermanas que trabajaban en el bufete de
su padre. Todas las bodas se celebraron en el complejo. Excepto las hijas de
carmen. Una paradoja del destino
Las hijas de Carmen y Noah se casaron en Houston con dos médicos del
mismo hospital.
Y los hijos de Paul y de Rosa se quedaron todos en el rancho.
Ella ya lo sabía que sus hijos gemelos Paul y Louis trabajarían ambos en el
complejo de Carmen y su hija Marie. Ella sería la veterinaria del rancho y
aprendería de sus padres todo cuanto sabían. Y se casaría con el capataz que
contrataría su padre cuando él dejara de serlo.
Y sus hijos gemelos que habían estudiado turismo, también se casarían con
dos compañeras de la Universidad y las contrataron en el rancho. El rancho
amplió sus actividades con viajes para extranjeros y compraron un bus
mediano para ir por los alrededores a enseñar los pueblos y la base,
Montgomery y todo lo planearon entre los cuatro. Y así llevaban el
complejo.
Carmen estaba tan emocionada de que sus sobrinos llevaran aquello y que
hubiese transcendido fronteras a otros estados y al extranjero, que Rosa
decía que casi iban a quitar los caballos para dejar el rancho vacacional.
Pero no era así. Solo abrieron una salida al rancho por la parte del oeste
bajo para ir a vender uy comprar caballos. Para que el complejo tuviese su
propia entrada al rancho.
Y seguía pasando en tiempo y murieron los madres de los chicos con un año
de diferencia y Rosa supo que ya empezaba lo malo durante unos años.
Todo no iba a ser feliz en el rancho a partir de ahora.
Noah, Paul y Ethan se reunieron para que su hermano les comprara su parte
del rancho, o la venderían.
No cabe duda de que, Ethan, estaba enojado y lo estuvo hasta que cedió.
Teñía dinero por supuesto de tantos años ahorrar. Y el dinero que dejaron
sus padres y había en el rancho para los tres.
Así que cedió, porque ya sí que se convirtió en un viejo cascarrabias, que
bebía y estaba destrozado.
Y así fue cómo Noah y Jimmy llevaban el rancho como capataces y Paul en
veterinario con Rosa que tenía más trabajo del que soportaba.
Los chicos que nunca habían gastado en el rancho compraron más animales.
Porque en el intercambio de compra del rancho Lee, para no darles todo el
dinero Ethan les dio caballos hasta llegar a lo estipulado.
Él decía que no quería tantos, así no pagaba tantas nóminas. Despidió a la
mitad de los chicos , y ellos los contrataron porque les hacía falta, dejó su
cabaña al capataz, y su mujer que hacía la comida y la casa y se quedó
apenas con 5000 caballos de los quince mil que tenían.
El rancho Smith, pasó a ser un buen rancho. Le compraron también tierras a
Ethan que no las necesitaba por la parte alta este, que también fue parte del
trato y se quedaron con unos millones, además. Tampoco querían dejar a su
hermano en bancarrota.
Fue un buen acuerdo para ellos. Para todos.
Y Ethan se quedó solo con su amargura. Volvieron a hablar con él, pero no
hubo nada que hacer. Ni quería ver a su hijo y nunca fue a la base. Wes
sabía quién era su padre y su padre fue siempre Jimmy.
Las muertes…
Las muertes llegaron como Rosa sabía. No se equivocó.
Después de morir los padres de los Lee, le tocó a Jimmy una mañana. Muy
joven. A los 57 años, sin haberse jubilado. Mientras desayunaba en la
cocina cayó redondo al suelo de un infarto fulminante y Rocío no pudo
hacer nada por él. Nada, chillar, mientras su hija se levantaba y lloraba y
cuando la ambulancia vino, solo pudo declararlo muerto.
-No se enteró. No llore. Ha sido rápido.- le dijo uno de los paramédicos.
-No quiero que se lo lleven , que levanten aquí el cadáver. Lo quiero en el
rancho. Mis hijos tienen que venir de la base, y llamaremos al sacerdote. Se
hará aquí el entierro, decía rocío con rabia . Pero tenía que soltarla y la soltó
cuando fue enterrado y todos se fueron, todo paso, fue enterrado en el
cementerio del rancho con su nombre dejando un lado para ella, como
hicieron con sus abuelos y sus padres cuando ella fue a los diez años a
Cádiz y se los trajo.
Y estuvo llorando durante días. Su Jimmy, el amor de su vida se había ido
para siempre dejándola más sola que nunca a esa edad. No llegó a ver a
todos sus nietos.
Y ella iba todos los domingos dando un paseo al cementerio.
Carmen, habló con Rosa.
Me lo dijiste- era el primero y acertaste en el hospital. Ahora sí que te creo
y me das miedo hermana. Miedo no. Me da pena de Jimmy y de Rocío.
-Es fuerte Carmen, lo superará con sus nietos y nosotros. Nunca va a
olvidarlo, pero es la vida. Te lo dije.
-¿Cuánto falta para el siguiente?
-No te preocupes, estaremos cuatro años bien.
-¡Joder Rosa!
-Será Ethan.
-¡Me cago en la leche!
-Anda vete.
Y fue cierto que a los tres años Ethan fue a ver una tarde a Rocío que estaba
leyendo en el porche. Se había acostumbrado a estar sola con sus recuerdos,
sus nietos, sus hermanas.
Ellas vieron que estaban hablando y llamaron a los chicos.
-No sé qué querrá ahora. Después de tantos años…
-Ellos sabrán. Ya nos enteraremos- dijo Paul.
Pero nunca les habló Rocío de esa conversación. Sí que vieron irse
cabizbajo a Ethan y a ella meterse en casa y cerrar.
-Creo que ha venido a pedirle perdón- dijo Carmen.
-O a decirle que la ha amado -decía Rosa -y volver con ella.
Y carmen la miró…
-Sí claro – decía Carmen, ahora va a vivir con ella para que lo cuide,
después de que no ha querido ver a su hijo. eso rocío no lo perdonaría
nunca.
-Y no se lo ha perdonado. Se ha ido con el rabo entre las piernas como
dicen en España.
-Se lo merece. O ¿qué se ha creído?¿Que iba a venir ahora como si nada
hubiese pasado y lo iba a recibir Rocío con los brazos abiertos?
Carmen, a los 67 años fue la siguiente en no encontrarse bien un día y fue a
casa de Rosa.
-No me encuentro bien Rosa -y le dijo los síntomas que tenía en silencio.
-Como nuestra madre, es lo mismo.
-¿Me ha llegado la hora?
-Te dije que no sería a la primera. Te quedan diez años más, pero Carmen,
vamos al médico, al oncólogo pide cita.
- No quiero que lo sepan mis hijas.
-Si estoy en lo cierto, tienen que saberlo cielo y Noah también, porque te
vas a curar en Houston con ellas. Voy contigo y depende del resultado, se lo
dices.
-Está bien, si aún me quedan diez años, lucharé con todas mis fuerzas.
-Siempre has sido una guerrera cielo.
Y a la semana estaban en el despacho del oncólogo que le había hecho todas
las pruebas y confirmó de lo que murió su madre: cáncer de colon.
Rosa rara vez se equivocaba.
Y Carmen tuvo que decirle a Noah y a sus hijas lo que tenía.
Hicieron las maletas y se fueron a Houston. Ya estaban jubilados desde
hacía dos años ella y él más, aunque echaban una mano siempre en el
rancho.
Y como predijo Rosa, después de una lucha sin cuartel contra el cáncer. Ella
volvió la rancho sana y salva.
Y Rosa y Rocío la abrazaron fuerte.
-Eres una luchadora.
-Sin pelo.
-El pelo crece.
Y ya en casa… Noah le dijo.
-Bandida no quiero que me dejes ahora que estamos solos. Me moriría sin
ti. Todo lo que hemos pasado estos dos años, casi tres me ha costado
soportarlo.
-A mí también, mi amor.
-¡Ojala me hubiese pasado a mí y te hubiese ahorrado los dolores y tantos
días de hospital!
-Bueno ahora no pensemos, me pondré fuerte, andaré a diario y recuperaré
los kilos que he perdido. Eso lo haré este año.
-Yo estaré a tu lado.
-Y cuando tenga mi pelito iremos a hacer un viaje que siempre quise.
-Todo cuanto quieras, lo haremos juntos.
-Quiero ir a Noruega y a Suecia.
-Pero mujer, están tan lejos… Iremos.
-Quiero ver una aurora boreal y quiero ver los fiordos. Soñaba con ellos
cuando vivía en Cádiz y pasaremos por allí también.
-Ese viaje va a ser largo. ¿No te cansarás?
-Cuando este fuerte no creo. Quiero vivir y ser de nuevo feliz el tiempo que
me quede. Y ella sabía que a los 76 debía parar y apagarse a los 77. Se lo
había dicho Rosa y por eso debía vivir intensamente mientras tuviera
fuerzas. Habían gastado mucho dinero, pero aún tenían para ellos hacer lo
que quisieran. Habían trabajado toda su vida.
Y quería tener fuerzas para volver a hacer el amor con Noah. Quizá ya no
de la misma manera loca, pero quería.
Y así, al año, se fueron a unas vacaciones largas. Rocío estaba en contra
como sus hijos, pero Rosa no. Rosa sabía que iba a vivir y así se lo dijo a
todos.
Que había que vivir lo que quedara de vida y Carmen había escogido esa
forma. Que estaba guapa, fuerte, viva y dios le había dado una oportunidad
más.
-Rosa tiene razón- dijo Rocío. Además, va Noah.
Y esos años que le quedaron hizo esos viajes. Por España, Italia, vio su
aurora boreal y fue a Nueva Zelanda a ver esas playas largas e
interminables.
Y tres años antes de que le volviese la enfermedad, paró un poco y
disfrutaban del rancho. De salir a cenar, de ver algún estado cercano. De
pasear por su rancho, leer juntos, y amarse.
Eran felices como cuando se conocieron y Noah la amaba como siempre.
Tenía una fuerza interior que compaginaba con su romanticismo.
Pero tres años después le volvió la enfermedad y ella sabía que ya era su
hora y así se lo dijo a Noah. Este lloraba porque sabía que esta vez se iba.
Y así se lo dijeron en Huston y ella quiso morir en el rancho, no en la cama
fría de un hospital y no tomar nada, salvo lo que la calmara de los dolores y
los cuidados paliativos.
Y al año murió en brazos de Noah que no sabía vivir sin ella.
Y se enterró en el pequeño cementerio dejando su lado para Noah.
Rocío tenía muchas charlas con Noah, porque ella había perdido a Jimmy
demasiado joven. Pero era inconsolable.
Sin embargo, al año de morir Carmen, el que murió fue Ethan. Y Rocío dio
la orden de hacerle un hueco en el cementerio para que no estuviese solo en
ningún lado. Al fin y al cabo, eran sus hermanos y estos se lo agradecieron.
Vendieron el rancho Lee e invirtieron la mitad en reformar el rancho Smith,
el complejo y pintar todo.
No necesitaban más espacio que el que tenían.
Y al año de morir Ethan y dos de morir Carmen, se fue Noah. De noche
dormido.
El médico dijo que, de muerte natural, pero Rosa dijo que no, que murió de
amor. De amor por Carmen.
Y Rocío después del entierro, se quedó a solas con Rosa.
-Por dios Rosa, cuándo dolor y muerte. Estoy cansada ya.
-Rocío, tenemos una edad cariño. Eres la mayor y hemos vivido, ahora nos
toca irnos, y dar paso a nuestros hijos y nietos y nuestros nombres
permanecerán allí y en el corazón de los nuestros. Hemos trabajado y
hemos vivido felices.
-Sí, tienes razón. Pero quedamos las dos y Paul. Cuando quede uno…
Él último que quede tendrá que seguir hasta el final hermana. Hay que vivir
hasta que nos llegue la hora cielo.
Y al año le tocó a Rocío y se enterró al lado de Jimmy, como Carmen con
Noah.
Y Paul y Rosa se quedaron solos…
CAPÍTULO XI
A pesar de darle a todos los ánimos, y saberlo todo, Rosa se quedó
desolada.
-Estamos solos mi amor.
-Y estamos juntos, mi niña.
-Todo lo que hemos vivido y sufrido estos años….
-¿Y qué esperabas? tú siempre lo has dicho, pero nosotros estamos vivos.
Tengo 79 años y tú 76. Estamos fuertes y no muertos hasta que nos llegue la
hora.
-¡Ay, mi amor!…
-Rosa, esperaremos unos meses, nos recuperamos y saldremos de viaje
como hizo Carmen. Y lo haremos por ellos. Al menos dos viajes al año o
tres. Y se acabó. No pienso morirme sin vivir contigo el tiempo que me
quede. No sé si seré el siguiente o serás tú. Prefiero ser yo. Tú eres la fuerte.
Lo has sido en estos años.
-Sí, haremos lo que dices, por nosotros y por ellos.
Y así vivieron y viajaron y paseaban por su rancho. Cenaban en su porche.
Hasta llegaron a ver las bodas de sus nietos, de todos. Fueron bisabuelos.
Vivieron más años que ninguno de sus hermanos.
Paul, como predijo y Rosa sabía, se fue con 94 años. Los que más vivieron
y ella a los seis meses de irse él. Rosa sabía que no se quedaría mucho
tiempo sola.
Y el rancho Smith siguió por muchas generaciones. Pero el cementerio
siempre siguió limpio y bonito, con los nombres de ellos y una placa en la
entrada.
AQUÍ SOLO YACE AMOR.