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Dirección Provincial de Educación Secundaria

Documento de Trabajo
Jornadas Institucionales del 26 al 29 de Junio de 2007

HACIA LA ESCUELA SECUNDARIA OBLIGATORIA

El ciclo lectivo 2007 es un año bisagra para la Educación Secundaria en la Provincia de


Buenos Aires. Aprobada la Ley de Educación Nacional N° 26.206 que establece la
obligatoriedad del nivel secundario, habiendo iniciado la implementación de la Nueva
Secundaria en la Pcia. de Buenos Aires, y encontrándose en discusión en el Honorable
Congreso de la Provincia de Buenos Aires, el anteproyecto para una nueva Ley de
Educación de la Provincia, la Dirección Provincial de Educación Secundaria, propone
iniciar un camino de discusión acerca del estado actual de la Educación Secundaria en
la provincia, hoy comprendida por la ESB y el Nivel Polimodal para perfilar el camino
de trabajo que se ha iniciado y comprometer a toda la comunidad educativa frente a
un objetivo que modifica estructuralmente la conceptualización sobre el nivel
secundario en la Argentina y América Latina.

El hecho de que la Educación Secundaria sea OBLIGATORIA, nos impone el desafío de


analizar las prácticas y concepciones tradicionales que cruzan la vida institucional de
la escuela secundaria. Para ello, hemos elaborado este breve documento en donde
pretendemos abrir un diálogo acerca de algunos temas centrales que debemos
comenzar a trabajar desde la Dirección pero también desde las instituciones.

En otras palabras, al hablar de obligatoriedad es preciso comenzar a tomar varios


temas en conjunto que vienen asociados: inclusión, calidad, exigencia, asistencia,
enseñanza, evaluación y participación de los jóvenes y adolescentes en la vida
institucional. Es decir, es preciso repensar la gramática escolar en su conjunto.

Las cuestiones que debemos considerar al rediseñar la Escuela Secundaria de la


Provincia de Buenos Aires están íntimamente relacionadas con las condiciones
institucionales que, desde la normativa hasta las prácticas instaladas como rutinarias
y cotidianas, deben ser consideradas en su sentido político-pedagógico, es decir,
precisan ser desnaturalizadas, esto es: lo que sucede como cotidiano y lo que
comúnmente responderíamos “esto siempre fue así”.

A partir de la sanción de la Ley de Educación Nacional y desde el ciclo lectivo 2007


existe una norma que da existencia al derecho formal de acceso a la educación
secundaria obligatoria.
Sin embargo esa norma es condición necesaria pero no suficiente ya que el logro
efectivo del cumplimiento de la obligatoriedad implica mucho más que garantizar un
lugar en la escuela; implica transformar profundamente cuestiones históricas y
tradicionales del nivel y por lo tanto se constituye en un desafío para todos los actores
con responsabilidades dentro del sistema educativo.

En otras palabras, entendiendo que las realidades con estatuto normativo posibilitan
pero por sí solas no garantizan la consolidación de una práctica social; y considerando
además que las decisiones pedagógicas institucionales son prácticas públicas que
necesariamente están atravesadas por campos de acuerdo y de conflicto,
consideramos que es pertinente pensar en la obligatoriedad escolar como un
desafío a ser abordado a partir del análisis crítico del conjunto de las
prácticas, desde sus diferentes niveles de ejecución (ministeriales,
distritales, institucionales y áulicos).

Ningún actor con algún campo de incidencia o responsabilidad puede excluirse al


momento de pensar en alternativas de intervención frente a cualquier problemática
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escolar. Esto no excluye que haya campos o espacios con responsabilidades


específicas, y no implica que “todos seamos responsables de todo”. Sí implica pensar
en la complejidad de las propuestas didácticas y en la necesidad de establecer
campos de responsabilidad e intervención desde el lugar en que cada uno este
posicionado desarrollando su accionar cotidiano. En este sentido entendemos que, al
momento de pensar la obligatoriedad desde cada institución escolar (como un ámbito
específico de concreción de la propuesta educativa jurisdiccional) es necesario
analizar y tomar definiciones que permitan identificar crítica y propositivamente la
situación, no desde un voluntarismo que desconozca dificultades, pero sí desde una
voluntad y convicción puestas al servicio de construir una escuela secundaria con y
para todos.

Nuestro objetivo es que en estas Jornadas de Capacitación/Institucionales???, (poner


el nombre correcto), los equipos docentes y directivos de las escuelas:

1- aAnalicen y discutan los mandatos históricos de la educación secundaria a la luz


de la concepción de educación común, pública y obligatoria que indica la nueva Ley
de Educación Nacional;
2- Identifiquen los elementos que pueden considerarse obstáculos y alternativas para
el cumplimiento de la obligatoriedad de la educación secundaria;
3- dDelineen estrategias institucionales tendientes a fortalecer las trayectorias
escolares de los alumnos/as en términos de mayor inclusión y aprendizajes de cara a
garantizar el cumplimiento de la obligatoriedad,

4- rRedefinan la utilización de los datos administrativos (ausentismo, por ejemplo) y


pedagógicos (evolución de las calificaciones, situaciones y acuerdos de convivencia
escolar, etc.) en función de utilizarlos como indicadores que posibiliten analizar
periódicamente la evolución de las trayectorias de los alumnos/as para la toma de
decisiones en el equipo de gestión.
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La obligatoriedad escolar en Argentina: herederos de una


tradición.
Aportes para la discusión en la Jornada Institucional?????
La escuela pública argentina cuenta con importantes antecedentes en torno a su
obligatoriedad, alcance y cobertura, que dan cuenta tanto de logros legítimamente
construidos, como también de obstáculos o miradas que han sesgado muchas de las
mejores intenciones y propuestas.

Desde el último tramo del siglo XIX, a partir de la sanción de la Ley 1420, ya se
propone desde el estado la definición de una escuela primaria gratuita, obligatoria y
laica. Sin entrar en detalles respecto a aspectos propios de las discusiones sociales y
políticas del momento, que daban además un contenido ideológico determinado a
cada uno de estos tres mandatos fundacionales, cabe sin embargo decir que la
sanción de esa ley no fue armoniosa o sin conflictos. Intereses de diferentes actores
sociales de la época colisionaban con lo propuesto por la ley argumentando entre
otras cosas que la obligatoriedad e intromisión del estado atentarían contra una
tradición educativa que debía seguir vinculada al mundo de la familia y la fe.

En el marco de estas y otras discusiones, se impuso sin embargo la escuela primaria


obligatoria, pasando a ser ley el derecho al acceso a la misma para el conjunto de la
población en edad escolar. Ahora bien, pese a lo enunciado en el párrafo anterior, se
estaba aún muy lejos de que ese derecho normado y “formal” se constituyera en un
derecho social de cumplimiento efectivo. Aun en discusión, es posible vincular la
sanción de la llamada “Ley Lainez”en 1905 como una normativa que venía a
fortalecer el rol del Estado en materia educativa, autorizando al Estado Nacional a
construir escuelas en aquellas Provincias que no pudieran solventarlas y así lo
requirieran en orden a garantizar la escolaridad obligatoria. No obstante, es recién a
mediados del siglo XX, 70-80 años después de la sanción de la Ley 1420, cuando se
observan tasas de escolaridad plena, es decir, que dan cuenta de la inclusión de todos
los niños argentinos en la escuela primaria.1

Se tardó más de medio siglo en consolidar un sistema con capacidad para albergar al
conjunto de los chicos de los diferentes sectores sociales en la escuela. Esto demandó
inversión en construcción de edificios, formación docente, definiciones de planes de
estudio que atendieran a los requerimientos y características de la población, etc. Por
supuesto que los logros nunca fueron totales ni sin conflicto. Muchas investigaciones
dan cuenta del carácter disciplinador de esa escuela tradicional pero, mas allá de las
miradas que cada uno pueda tener desde el marco conceptual e ideológico que le
sirva de prisma, lo cierto es que la escuela pública primaria argentina creció y se
consolidó con una oferta destinada a incluir al conjunto de la población, en torno a sus
mandatos fundamentales de laicismo, gratuidad y obligatoriedad.

Ahora bien ¿Qué ocurrió simultáneamente con la escuela secundaria? En principio


podemos mencionar que se constituyó como tal alrededor de otros mandatos
fundacionales, vinculados a una concepción enciclopedista, destinada a formar a los
sectores más favorecidos que pudieran acceder a la Universidad.

1
Los niveles de escolarización de la Argentina fueron, y siguen siendo para la escuela primaria, y para el
sistema educativo en general, uno e los más altos de América Latina, siendo la tasa de escolarización
primaria más del 95%. A partir de la universalización de la escuela primaria, comienzan a hacerse visibles
los problemas vinculados a la retención, el abandono y la repitencia.
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A tal punto que históricamente la carrera profesoral de la escuela secundaria se


construyó sobre los egresados universitarios que iban a enseñar a las escuelas medias
que a comienzos de la era moderna se denominaban “estudios preparatorios”. De la
misma manera y a nivel normativo es interesante también recalcar que la escuela
secundaria es la última en crearse como institución escolar y contar con su normativa
específica. Desde su creación por Bme. Mitre en 1863 hasta la sanción de la Ley
Federal de educación de 1993 en que el nivel cuenta con su normativa, la escuela
secundaria se rigió por costumbres, reglamentos, decretos y disposiciones parciales
que no regulaban el conjunto.

A medida que la escuela primaria fue incorporando alumnos y sectores sociales, la


presión por la continuidad de los estudios en el nivel secundario se profundizó. Sin
embargo y aún cuando la escuela secundaria fue incorporando a los sectores medios,
esta nunca fue obligatoria y por lo tanto no tuvo que afrontar el desafío de enseñar a
los sectores sociales más pobres o desfavorecidos. Cualquier análisis estadístico nos
permitirá ver que los niveles históricos de desgranamiento escolar (diferencia entre
tasas de ingreso-egreso) dan cuenta de que sólo unos pocos accedían a la
terminalidad del nivel. También se puede ver esto en la relación numérica entre
establecimientos de educación primaria y secundaria que, en la provincia de Buenos
Aires, fue durante la segunda mitad del siglo XX de tres a uno.

A partir de la definición del nivel como escolaridad obligatoria, las cuestiones


vinculadas a la deserción, la repitencia, el desgranamiento y todas las variables que
pongan en juego la posibilidad de la terminalidad de los estudios secundarios por
parte de los alumnos/as pasa a ser parte constitutiva de la escuela y responsabilidad
impostergable del gobierno provincial y nacional.

Algunos debates hoy seguramente cambiaron con respecto a esos mandatos


fundacionales, tanto del sistema educativo en general como de los niveles primarios y
secundarios en particular. A modo de ejemplo, el laicismo como aspecto constitutivo
de la educación gratuita y obligatoria, se constituye en un acuerdo social que no es
objeto de discusión. Otros permanecen vigentes, ya sea por la falta aún de acuerdos
generales sobre los mismos, como por ser deudas no saldadas por el sistema
educativo.

La obligatoriedad escolar como realidad normada

La finalización del siglo XX nos encontró con la aplicación de políticas regresivas (en
términos de atentar contra derechos y conquistas sociales históricas), que en
educación se manifestaron en la sanción de la Ley Federal de Educación. En el marco
de la misma se avanzó en la ampliación de la obligatoriedad escolar a 10 años (uno
de pre-escolar y nueve años de Educación General Básica). A 12 años de la sanción de
esa ley, con respecto a la obligatoriedad, la situación es compleja. Puntualmente, en
lo que corresponde a la E.G.B., en los primeros años de su implementación se produjo
un aumento de las tasas de escolaridad -observable al comparar los datos de
matrícula de los antiguos primeros y segundos años, con los octavos y novenos años-
Sin embargo, ese aumento de matriculación no fue acompañado por logros de
aprendizajes proporcionales al aumento de años de escolaridad. Ya hacia fines del
siglo XX y comienzos del siglo XXI, ese crecimiento se estabilizó y comenzó a decrecer
en algunos lugares de la Provincia.

Atento a esta citación es preciso contar con planificación a mediano y largo plazo para
que el aumento de matrícula no se transforme en un movimiento espasmódico del
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sistema educativo que rápidamente caiga en la imposibilidad de la retención y la


terminalidad.