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LETRAS
s, Julio de 1965-DIRECTORIO
RECTOR;
. Julio Ibarra U.
TARIO GEt
Lic. Fe Gil Leyva
— DEPARTAMENTOS
af
BIBLIOTECA
EDITORIAL
EDUCACION FISICA
ESTUDIOS Y PLANEACION UNIVERSITARIA
EXTENSION UNIVERSITARIA
INSTITUTO DE INVESTIGACIONES ECONOMICAS
_LIBRERIA UNIVERSITARIA
WANTENIMIENTO
MAQUINAS
PERSONAL Y ARCHIVO
(OCION FINANCIERA
=
“finch
CIENCIAS QUIMICAS
CONTABILIDADY ADMINISTRACION
DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES
ECONOMIA
ENFERMERIA
FISICOMATEMATICAS
Sra. Maritza Comelo de Briones
Sr. Corlos Mani
Prof. Fran
ic. SolvadorlA. Echeagaray P.
César do Lopez
re.
\doza Pinzén
Gorcia
de Valdez
Ing. Eduerdo"Bariz Gaxiola
Sr. Sergio Negrete
Sr. Alfonso Gémez Len
C.P. Alvoro Acosta M.
Profr. P. Juventino Garcia
Sr. Roberto Cebreros
Escuecd «ow
id Mayés Olloqui
:mesto Camacho
‘ederico Aguilar
Clemente Vizcarra F.
José Luis Cecefic
Angel de Arauz
Malacén D.
PREPARATORIAS
CULIACAN
Los mocHIs
MAZATLAN
ROSARIO
TALLER DE ARTES PLASTICAS
CENTRO DE ESTUDIOS MUSICALES
INSTITUTO DE IDIOMAS.
Dr. Enrique Gonzélez Carrillo
Ing. Héctor Gonzglez
Lic. Redolfo Alvarez Frber
Or, Julio Rios Tirado
‘Arturo Moyers
Dr: Leopoldo Corona
Profr. Charles SpringsteadLET
RAS
DE SINALOA
SUMARIO:
Nosotros en la Provincia:
AUSENCIA Y PRESENCIA 3
BERNARDO J. GASTELUM,
DR, HONORIS CAUSA DE
LA UNIVERSIDAD DE
SINALOA 8
INVITACION
CORRICULUM VITAE
DISCURSO DEL SECRETA-
RIO DE LA UNISIN
DISCURSO DEL DOCTOR
BERNARDO J. GASTELUM
EL MUNDO SINALOENSE
DE ALFONSO REYES
Por Juan Macedo Lépez
LA VALENTINA, por
Alfredo Ibarra Jr.
rece POETICA, por
a
LOS HECHICEROS, por
Armando Franco Rojo
EL NINO MUERTO, por
Arnoldo Andrade Miranda 54
COSALA DE LAS CUMBRES
por Ofelia Parodi de Félix 58
Carta al Director 62
43
Segunda Epoca No. 57
Julio de 1965
Oficinas en ln UNIVERSIDAD DE SINALOALos fondos para esta primera publicacion de LETRAS DE
SINALOA en su Segunda Etapa fueron proporcionades per
la Universidad de Sinaloa, y nos satisface agradecer esta
ayuda,Nosotros,
en la “Provincia
AUSENCIA Y PRESENCIA
DESPUES de largos afios de ausencia -nueve para ser precisos-
volvemos hoy, con las inquietudes de ayer, ao impulsar fas gran-
des aspas de los molinos de viento de “Letras de Sinaloa” y espe-
ramos ver en casa los rostros amigos. Junto a ellos, los jévenes que
habrén de surgir en este halén, y cuyo espiritu marcha sincroni-
zado al nuestro y al de muchos otras sinaloenses que quieren y lu-
chan por lo mejor de la Patria Chica. Extrafaremos a aquellos que
en lo primera etapa nos acompafiaron, y que durante ef trayec-
to —asi lo tenia deparade el destino— escaparon por la puerta
grande, mds su espiritu estara con nosotros —y nosotros con
ellos— y con las generaciones venideras.
En el Nimero Uno de “Letras de Sinaloa", —enero de
1947— ya lo deciamos, y ahora la repetimes, que en la revista
‘encon acogida no sélo el universitario 0 e] escriter que do
lustre al nombre de nuestro Estado, sino también los que se sien-
ten unides e identificades en el intergérrimo amor a la provincia.
‘Al recordar el primer ndmero de nuestra revista jcudntas evo-
caciones vienen! Retomamos a aquellos dias de bohemia construc-
tiva cuando nos reuniamos Roberto Hernandez Rodriguez, Reinal-
do "El Chacha" Gonzdlez Jr.. Rafael Vidales Tamayo, Gustavo D.
Cafiedo, Manuel “Campillos’’ Campos Caravantes, Hugo Herberto
Tolesa, Manuel "Taté" Jiménez Lépez, Carlos Mateo Sanchez, el
que esto escribe y otros espiritus inquietos y sofiadores.
Ala hora del café y a todas horas discutiames acaloreda-
“LETRAS” 3mente los problemas de nuestro mundillo y los del mundo gran-
de también. La Segunda Guerra Mundial habia recién terminado
y teniamos todavia muchos puntos pendientes que aclarar. Nos
pasdGbamos noches enteras discutiendo sobre politica, pintura, |i-
teratura, sicoandlisis, las mujeres, etc.
Durante el dia cambidbamos impresiones con los maestros
de la Universidad. Era Rector de la misma el Prof. Q. F. Amado
Blancarte, quien fue uno de los pilares firmes que nos ayudé a la
realizacién material de quienes sondGbamos con tener una revista
donde exteriorizar con mayor amplitud las ideas que nos aplas-
faban.
Diseutiamos con todo el mundo. El Club Rotario de Cu-
ican nos abria sus puertas todos los miércoles. Al través de sus
miembros conociamos el punto de vista de los hombres de nego-
cios sobre los miltiples aspectos de los temas que nos inquieta-
ban.
Discutiamos con profesores, abogados, médicos, ingenie-
ros, banqueros, lideres, comerciantes, burécratas, boxeadores, po-
liticos, peluqueros, estudiantes, @ incluso con:los auténticos agri-
cultores (porque entonces existian dos clases de agricultores) 1)
los que se reunian en fa Carpa Sonia a tomar café y a blasonar
de los millones de pesos que tenian invertides en las siembras, y,
2) los que Gnicamente los domingos se dejaban ver porque toda
la semana pasaban en el campo. Los primeros eran los vulgar-
mente conocides por agricultores nylun y con éllos poco discutia-
mos porque siempre tenian “la razén” a como diese luga
Los segundos, todos lo sabiamos, eran los auténticos y sus oj
nes con respecto a la agricultura eran respetadas).
En fin, discutiamos entonces con todo el mundo y sobre to-
do los temas. Leiamos igualmente dvidos cuanto libro caia én nues-
fras manes, sin respetar, como vulgarmente se dice, pelos ni colo-
res, pues lo mismo éramos un dia marxistas de hueso colorado, co-
mo al siguiente podiamos amanecer graves de romanticismo-y ya
por la noche considerdbamos poder curar enfermos o sugestiona-
dos con los libros de Paul C. Jacot, sugestionar igualmente a los
demds. La libido, el complejo de Edipo, la interpretacién de
los suefios, ete., nos hacia sentirnes con conocimientos sobre
quiatria. En una palabra, creo que estébamos como don Quijote
de Ia Mancha, que se pasaba los dias de claro en claro y las no-
4 “LETRAS” ©ches de turbio en turbio, sin mucho comer, pero demasiade leer,
y tanto lo creo, que muchas veces quisimos hacer nuestra solida
por los campos de Sinaloa a enderezar entuertos y deshacer agra-
vios, logrando al final de cuentas y con mucha emocién, la salida
de “Letras de Sinaloa".
Lo que leiamos aquellos dias nos embrujaba y lo discutia-
mes con ardor. Luego queriames convencer a los demés y cuando
ines faltaban las palaras necesarias 0 los argumentos adecuades,
soliamos prestar los libros... y ya no nos los devolvian. En reci-
procidad, nosotros tampoco devolviamos les que nos prestaban y
cuando los propietarios visitaban nvestra casa,
les escondiamos para que no se acordaran. Asi solia suceder que
cambidsemos de biblioteca unos con otros. Hoy, todavia, después
de tanto tiempo, me he encontrado por ahi, desperdigades, algu-
nos de mis viejos libros que con tanto gusto puse en manos de
mis amigos para que los fueran a leer calmadamente a su casa.
Aquel grupo pronto empezé a reforzarse con otros elemen-
tos: Orlande M. Canté, que deseabe ser escritor de cuentos y quien
ahora se dedica a los negocios; Clemente Carrillo Carrillo, poeta,
politico, abogade. En plena juventud truncé su carrera en un ac-
cidente automovilistico cerca de Mazatlan; Enrique Cuén Manri-
que, gustaba describir vida y costumbres de nuestros pueblos. Era
un platicader incansable, No hemos tenido noticias suyas desde
que se recibié de abogado en la capital de la Republica; Joaquin
Noris, sbogodo, dromaturgo, poeta, orador de primera linea y
politico de altura; Alba de Acosta, poetisa joven, condenada, por
los dieses, como todos los elegidos, a partir en su florida juven-
tud . Poco antes de falllecer decia: “‘que la tierra de mi cuerpo
se reintegre por fin a esa tierra mia, tan suave y tan ardiente, de
donde he sido raiz viva. . .""; Inés Amelia Camelo, poetisa, tam-
bién declamadora y cuentista. Radica ahora en la América del
Sur con su esposo, el escritor Tomés Segovia; Fausto Antonio Ma-
tin Tamayo, ensoyiste, investigador de nuestra historia regional
y autor de una magnifica biografia de Heraclio Bernal, Juan E.
Guerra Aguiluz, poeta, orador y uno de les mds asiduos colabora-
dores de “Letras”, y muchos otros jévenes mas.
Luego nos pusimos en contacto epistolar con algunos si-
naloenses de valia en el campo de las letras nacionales y radica-
dos fuera de su Estedo: Héctor R. Olea, Manuel Estrada Reusseau,
“LETRAS” 5Rail Cervantes Ahumada, José G: Heredia, Armando Franco Ro-
jo, Ernesto Gamez, Alfredo Ibarra Jr., Ignacio Millan, Juan L. Pa-
liza, Enrique Pérez Arce, Ramén Rubin, Juan Tamayo Astorga, Da-
meso Sotomayor Arellano, Alejandro Quijane, Amalia Millan -y
otros muchos de sobra conocidos que nos enviaban su estimula
espiritual y valiosisimas colaboraciones.
Aqui en casa teniamos con nosotros a Alejandro Herndn-
dez Tyler, —el poeta consentido de Sinaloa—, a don Pancho Pe-
regrina, autor de novelas, cuentos y articules periodisticos en los
que siempre campea el humorismo, la ironia y de en cuando
la satira; el profesor Juan Macedo Lépez, siempre pulcro en su
persona y en sus escritos. Orador y articulista de calidad. Maes-
tro de literatura y de periodismo. Lector incansable, siempre con
anteojos de cristales dobles; el ingeniero Filiberto Leandro Quin-
tero, acucioso investigador, especialmente de la regién de! Rio
Fuerte. Es autor de una voluminosa ¢ interesante obra que toda-
via esta inédita; dofia Alejandra Ramirez de Retes, de quien toda-
via leemos con deleite aquellos sus interesantes relates donde pal-
pita plenamente la vida del pueblerino sinaloense; el licenciado
Francisco Verdugo Falquez, emocionado narrador'de la historia
de los principales tramos de las viejas calles de Culiacén; el li
ciado Clemente Vizcarra, orador, poeta, catedrdtico; el licenciado
Rodolfo Monjaraz Buelna, maestro de légica y de preceptiva lite-
raria, quien también escribia poesia y trabajos de investigacién
historica; el [Link] Gil Leyva, con gran poder de and-
lisis y asombrosa facilidad para escribir tanto en serio como en
broma; el licenciado Enrique Ibarra con sus estudios sobre el de-
recho; el historiador Antonio Nakayama, el Ing. Ramén Ponce de
Le6n; el Dr. Ramén Sato Parra; el Prof. Enrique Romero Jiménez,
y tantos otros que aportaban su grano de arena a la labor des-
arrollada en el. campo de las letras’sinaloenses. Asi como todas
aquellas personas de espiritu altruista que tanto nos ayudaron
con su estimulo espiritual y su colaboracién material, porque “‘Le-
tras de Sinaloa” tenia que ser, forzosamente, espiritu y materia.
Y asi la vieja revista, que se habia ausentado por moti-
vos de salud econémica, vuelve a hacer acto de presencia en el
panorama cultural del Estado, gracias a que ha recibido de nue-
va cuenta la mano protectora de la Universidad de Sinaloa por
conducto de su actual rector, el Dr. Julio Ibarra Urrea, quien nos
6 “LETRAS”ha brindado el apoyo moral y material de dicha institucién. Por
tanto, “‘Letras de Sinaloa” serd, como antes, tribuna de la juven-
tud —ivventud de antafio y de hogafio— y continvara la ruta
trazada inicialmente tratando de convertise en el medio de enlace
cultural e intercambio entre todos los que nos preocupamos no
solamente por contar monedas, sino también las estrellas; por es-
crutar las entrafias de Ia tierra y escuchar Ia mésica de los astros.
Carlos Manuel Aguirre.
“LETRAS” 7BERNARDO J. GASTELUM,
DOCTOR HONORIS CAUSA DE
LA UNIVERSIDAD DE SINALOA
Desde’ temprana hora, el dia 5 de marzo, se vieron
testados los antigos corredores del Colegio Civil Boss
les —nuestra actual Universidad de Sinaloa—, por cate-
draticos y alumnos, j6venes y viejos, amigos e ‘invitados,
con motivo de la ceremonia que ahi se escenificé al serie
conferide el grado de Doctor Honoris Causa al ‘sefior don
Bernardo J, Gastélam, ilustre sinaloense consagrado a la
medicina, a [Link]én, a la literatura y a la ciencia y
ex rector de nuestra Alma Mater.
EI diseurso oficial en tan importante evento estu-
vo @ cargo del licenciado Francisco Gil Leyva, Secretario
de la Universidad de Sinaloa, discurso que fue premiado
con calurosos aplausos por quienes asistieron.
Ei doctor don-Bernardo J. Gastélum, con voz emo-
cionada, pero firme, al agradecer el homensje hizo aiio-
ranzas de su vida estudiantil en la Institucién a la que
después de tantos afios regresara, y de la época en
fangs como Rector de la saistaa, exponiendo los motives,
propésitos e ideales que lo guiaron al promover Is trans-
formacién en Universidad de Occidente. Con su emotivo
mensaje cautivé de inmediate al auditorio por Io brillan-
temente expuesta.
LETRAS DE SINALOA, en su afin de no dejar pa-
sar desapercibidos aquellos acontecimientes de importan-
ci cultural para nuestra provincia, publica integros los
interesantes discursos que en esa memorable ocasién se-
Pronunciaron.
“LETRAS”Sefer doctor Bermarde Gastélum: reciba usted este diploma y es-
te gafete, simbolos de nuestro aprecio y sincero reconocimiento.
“LETRAS” 9INVITACION
El Viernes 5 de Marzo, a las 20 horas, tendra lu-
gar en la planta baja del edificio principal, la sesién sc
Jemne del H. Consejo Universitario, en que se otorgara
al -sefior Doctor Bernardo J. Gastélum, ex Rector de la
Tnstitucién, el grado de Doctor Honoris Causa de la Uni-
versidad de Sinaloa, conforme al acuerdo tomado por el
propio H. Consejo el dia 3 de agosto de 1964.
-__ Dada la alta relevancia de este acto, esta Rectoria
agradécer a usted su puntual asistencia,
Culiacdn, Rosales, Sin., febrero de 1965.
El Rector
Dr. Julio Ibarra U.
PROGRAMA
I.—Lista de asistencia y apertura de la sesién.
IL—Lectura del dictamen y acuerdo aprobados por el
H. Consejo Universitario y salutacién por el se-
fior licenciado Francisco Gil Leyva, Secretario Ge-
neral de la Universidad de Sinaloa.
Tl—Palabras por el sefior doctor Julio Ibarra U., Rec-
tor de Ja Universidad de Sinaloa e imposicion del
grado de Doctor Honoris Causa al sefior doctor
Bernardo J. Gastélum.
IV.—Discurso del sefior doctor Bernardo J. Gastélum.
10 “LETRAS”CURRICULUM VITAE
Dr. BERNARDO JOSE GASTELUM.
Tuan y fecha de nacimiento: Culiacin, Sin., 4 de agosto
de .
ESTUDIOS:
Primaria en Ja Escuela de la Profra. Mariana Valdez, en
Culiacan.
Secundaria: Colegio Rosales en Culiacén.
Preparatoria: Colegio Rosales en Culiacan.
Profesional: Facultad de Medicina de la Universidad de
Guadalajara.
Cursos de Post-graduado en la Universidad de Columbia,
Nueva York.
PUESTOS QUE HA DESEMPENADO:
Director del Colegio Rosales* 1913-1916
Rector de la Universidad de Occidente* 1918-1922
Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de
México en Uruguay 1922-1923,
Sub-Secretario de Educacién Publica 1923-1924,
Jefe del Departamento de Salubridad** 1915-1928
Enviado Extraordinarlo y Ministro Plenipotenciario de
México en Italia y Hungria 1929-1931.
Ha sido objeto de miltiples distinciones y condecoracio-
nes de diferentes Instituciones nacionzles y extranjeras.
PUBLICACIONES:
‘Castillos en el Aire” (obra teatral).
“En la Red Invisible”
“En el Reino de las Sombras”
“‘Deshumanizacién de] Hombre’
“El Sino de Ja Mujer”
“La Clase, Arquitectura de la Humanidad”
“Fisica de la Actitud”
“Inteligencia y Simbolo”
“Lecciones de Ginecologia”
Miembro de ntimero de la Academia de Cirugia.
HOY UNIVERSIDAD Of siNaLox
A MOY SECRETARIA CE SALUDMIDAD ¥ ASISTENE:A
“LETRAS” WDiscurso del Secretario
General de la
Universidad de Sinaloa
Sefior Doctor Bernardo J. Gastélum,
ex Director del Colegio Rosales y ex Rector
de la Universidad de Occidente,
Seiior Leopoldo Sanchez Celis, ex alumno de Is Institucién
y Gobernador Constitueiona] del Estado de Sinaloa;
Seiior Doctor Julio Tharra Urrea,
Rector de la Universidad de Sinaloa;
Honorables sefiores Consejeros;
Respetables miembros del Cuerpo Docente;
Estudiantes Universitartos; {
Sefioras y Soiiores: g
La Ley Organica de la Universidad de Sinaloa establece y el
Reglamento General lo especifica, que el grado de DOCTOR HONO-
RIS CAUSA podrd ser otorgado a personas que se hayan distingui-
do en los campos cientifico, literario, artistico o social, en beneficio
de la humanidad, de la Nacién o del Estado, y con fundamento en
12 “LETRAS”tales disposiciones el Honorable Consejo Universitario, en sesién ex-
traordinaria celebrada e] dia 3 de agosto de 1964, acordé que la Uni-
versidad de Sinaloa le otorgara a usted, sefior doctor Bernardo J.
Gastélum, el grado de DOCTOR HONORIS CAUSA “por su valio-
sa contribueién al progreso de México en los campos de la educacién
y la salud piblicas y en reconocimiento a su destacada actuacién
como Rector de esta Casa de Estudios a la cual diera dimensién y
proyeccién universitarias”,
Dicho asi, con sujecién estricta a Ja letra de un Acuerdo; di-
cho asi, con la debida mencién del fundamento legal, el otorgamien-
to de] grado de DOCTOR HONORIS CAUSA, si bien pone de relie-
ve que el acto académico es legitimo, justo y merecido, no revela un
elemento imponderable que impregna la decision del Consejo Uni-
versitario. Y es que, sefior doctor Gastélum, a la par que se le re-
conoce su valia como estudioso de la medicina, como educador, co-
mo humanista y literato, la imposicién de grado significa también
que la Universidad de Sinaloa pretende hacer un ptblico reconoci-
miento de la valiosa aportacién que usted le brindara como guia y
Rector, y de la destacada labor que usted desarrollara para que es-
ta su Casa de Estudio dejara ropajes y perspectivas provincianos, y
aspirara a ser una auténtica institucién de estudios superiores, en
compromiso permanente con las demandas econémicas y sociales del
noroeste de México y de la vida nacional .La imposicién de grado es,
en consecuencia, justo reconocimiento al mérito y también el pibli-
co reconocimiento de una deuda. Es un acto académico por excelen-
cia, pero es también un acto profundamente humano.
Con su venia, sefior doctor, intentaremos en este momento no
s6lo aquilatar su obra como universitario, sino el de ubicar esa obra
en el largo peregrinaje del sinaloense como pueblo, y valorar Ia tras-
cendencia de la actuacién de usted como sinaloense y como universi-
tario.
En qué punto y en qué hora emerge usted en el panorama
educativo sinaloense? ;En qué medio iba usted a actuar y qué cir-
cunstancias le eran favorables vy cuales desfavorables? ;Cudles eran
Jas demandas que su espiritu universitario y de ciudadano del mun-
do deberia atender? ;Qué tipo de gentes y qué clase de instituciones
constituian e] material y los instrumentos disponibles?
En 1918, cuando usted asume Ja Rectoria de la Universidad
de Occidente, tenia usted ante si —y por fortuna aun lo tenemos—
“LETRAS” 13un pueblo de mestizaje multiple, un pueblo que surgié de la amal-
gama de todos los colores: el cobrizo del aborigen, el blanco del eu-
ropeo, el amarillo del asiatico y el negro del africano.
Cuando la primera columna de los conquistadores espafioles
lego a estas latitudes, en 1530, bajo la direccién fiera de Nufio de
Guzman, dos mundos quedaron frente a frente en nuestra tierra an-
cestral: el mundo aborigen y el mundo espafiol, Y a partir de ese
momento empieza a tenderse el puente del mestizaje. Se inicia la
conjuncién de los dos elementos étnicos. Pero no en andas del santo
matrimonio, sino a horcajadas de Ia lascivia, Pero la ley biolégica
no sabe distinguir entre el ayuntamiento forzado y el consentido, y
en uno y otro caso viene al mundo un nuevo tipo: el mestizo. El mes-
tizo que no es indio ni espafiol. Un tipo al que no Je hiere el dolor
~—como al indio—de haber sido desposeido, ni Jo insufla la arrogan-
cia como al espafiol— de haber arrebatado lo que posee, Un nue-
vo tipo que inicia un largo viacrucis que habra de prolongarse por
el calvario de varios siglos, sin que en ese momento inicial presien-
ta que e] futuro es de él y no del indio que lo ve con desconfianza,
ni del espafiol que con altivez lo mira de reojo. En esos primeros
afios, en esa infancia de] mestizaje, el mestizo no es puente entre dos
mundos. Es otro mundo, Un mundo angustiado. Un tercer mundo
que no tiene cordén umbilical que Jo una a la placerita nutricia, ya
del aborigen, ya del espafiol. Es un ser solitario, aislado, y cada viven-
cia suya es vivencia primaria. No hay pasado, no hay tradicion, no
hay evocaciones, No tiene dioses propios que le muestren faz propi-
cia, no tiene lengua propia, no tiene musica propia, ni- vestimenta
propia, ni utensilios propics. Nada propio alld arriba; nada propio
acd abajo. Sélo se tiene a él. Y es que est4 pagando e] pecado origi-
nal. El pecado de querer ser puente, amarre, vinculo entre dos mun-
dos. Expiara el pecado a través de los siglos, y en la expiacién habra
de hallar fuerza, coraje, ingenio, amor y confianza.
Un siglo después de la legada de los espafioles, el mestizo se-
guia siendo el tercer mundo, el tercer hombre. Pero ya empieza a
buscar la sombra, no del indio, sino del espafiol. Prefiere la altivez
ibera a la desconfianza indigena. Prefiere medrar a la sombra del
poder que vagar en las Areas de la desconfianza y la esclavitud. Y
a la sombra del conquistador se convierte en el hombre de las dos
caras. Visto desde arriba —desde el templete de] espafiol— es un
semi-indio. Visto desde abajo —desde el sétano del aborigen—- es un
14 “LETRAS”semi-espafiol. Y conjugando las dos perspectivas, surge lo que real-
mente es: un media sangre. Y como media sangre, ni sube ni baja.
No sube a los estratos superiores del omnipotente blanco; pero tam-
poco baja a los substratos del indio miserable. Y Mega asi a tareas
mitad servidumbre, mitad autodeterminaci6n. Llega a ser dependien-
te de las tiendas (no dirige el comercio; pero tampoco hace oficios
de cargador); llega a ser el jefe de las recuas que transportan far-
dos de mercancias y anegas de granos (no es propietario de la car-
ga; pero tampoco es tameme); llega a ser capataz en las explotacio-
nes agricolas (no le pertenece la tierra; pero tampoco trabaja bajo
el latigo y con salarios aleatorios). Y es su suefio delirante legar
un dia a confundirse con los blancos que detentan mando y riquezas;
y como el confundirse con los blancos presupone e] olvido —o el in-
tento de no acordarse— de lo que de indio tiene, reniega de su an-
cestro aborigen. Al color moreno de la piel, prefiere el blanco. Al oji-
negro, el ojiclaro. A la barba lampifia, la barba poblada, A Ja Jen-
gua aborigen, la lengua de Castilla. Pero un dia llegar en que, su-
perando ese vivir intermedio y ese querer emular al amo blanco,
se erija en duefio de su propio destino.
Pero, entretanto, el panorama étnico se complica, Nuestros
conquistadores, para reforzar la mano de obra esclavizada, han im-
portado negros del Africa, a los que se les da acomodo, principal-
mente, en Mazatlan, en Jo que hoy es el valle de Culiac4n y al-am-
paro del Fuerte de Montesclaros. Asi, el cruce ‘de indios, blancos y
negros, aunque se pretende reprimirlo, es un fenémeno natural, ine-
vitable. Y asi, también, de ese cruce multiple va surgiendo un nuevo
tipo: el sinaloense,
El siglo XIX es escenario de una fuerte corriente inmigrato-
ria a Sinaloa de elemento blanco no espaficl. Inmigracién estadouni-
dense, francesa, alemana, italiana y griega. Y en los albores del si-
glo XX, del Asia Ilegaron barcos con centenares de chinos y japo-
neses. Y el mestizaje original de india y espafiol salpicado mAs tar-
de con sangre africana, se vio catalizado con los aportes sanguineos
—y mas que sanguineos, con la visi6n, el espiritu y el empuje— de
estadounidenses, alemanes, franceses, italianos, griegos, chinos y ja-
poneses. Fue Sinaloa la encrucijada de todos los caminos, Todas las
razas, los peregrinos de todos [Link], se dieron cita en Sina-
Toa.
Y asi nacié e] sinaloense. Ya el mestizo recorrié el proceso de
“LETRAS" 15siglos, Fue sedimentacién de lustros y de razas. Fue tarea de los hom-
bres que, dispersos por todos los paralelos y todos los meridianos,
acudieron a la cita multiracial en Sinaloa. Fue trabaz6n de blan-
cos, negros, amarillos y cobrizos. Y resulté el mestizo. El mestizo
sinaloense, Un tipo que ya no es, como en los inicios de su gestacién,
tin ser extrafio en un mundo hostil, porque él legé a ser ese mun-
do. Lo que le era ajeno Ileg6 a serle propio, consubstancial. A la
caida del imperio espafiol, se erigid en guia de] nucleo aborigen so-
breviviente. Y de ambos tomé, como legitimo e indiscutible herede-
ro, los bienes materiales y culturales que constituian sus disimbolos
acervos, y realizé la sintesis.
E! mestizo sinaloense, el sinaloense, en su afan de autolabrar-
se, luché por la independencia de México; combati6 a las huestes de
Napoleén y Maximiliano en actitud juarista; arrojé su bravura a la
llamada de la Revolucién Mexicana y la Brigada Sinaloa asalté trin-
cvheras y tomé reductos. Y fue asi como el sinaloense aboné el arbol
de la libertad con su propia sangre.
He ahi el primer elemento que usted tenia ante si, doctor Gas-
télum, Un pueblo libre de prejuicios, ayuno de fanatismos, con un
espiritu! abierto a todos los rumbos; carente de recelos ante el foras-
ter fano de brindar hospitalidad, que no hospedaje, porque el hos-
pedaje es servicio que se cobra y la hospitalidad un don que se ejer-
cita; un pueblo acostumbrado a dictar sus propias leyes y a intro-
‘ducir innovaciones y reformas para fortalecer la justicia 'y la liber-
tad; un pueblo curtido en Ja supervivéncia en el litoral, en e] valle
y en la serrania; un pueblo, en suma, que por siglos fue la avanzada.
de la civilizacién y Ja cultura en el noroeste de' México.
Y junto al hombre, doctor Gastélum, usted tenia ante si la
tierra sinaloense, la geografia sinaloense. Tenia ante si riquezas na-
turales atin no explotadas: en la agricultura, en la irrigacién, en la
mineria, en la ganaderia, en la pesea, en los bosques.
‘Usted hall6 también, que'en lo educativo el pueblo sinalosnse
tenia un mas alto grado de desarrollo en relacién con sus propias
actividades econémicas y'en relacién con el noroeste de México. Es-
cuelas para varones y para mujeres en las cabeceras municipales
y en las mas antiguas poblaciones y villas de cada municipalidad.
Escuelas normales y escuelas de comercio. Internados, escuelas
dustriales y de oficios. Un seminario coneiliar. Y como baluarte m4
ximo, como bastién de la docencia, se erguia el Colegio Rosales,
16 “LETRAS”que, como dijera el ilustre educador don Jaime Torres Bodet, debia
su origen al espiritu visionario de los jefes del liberalismo y defen-
sores de la Repiiblica en Sinaloa que, habiendo vencido por las ar-
mas al intruso, pretendian, a través de la creacién del Liceo Rosa-
les, fortalecer y confirmar y arraigar ese triunfo armado mediante
el triunfo de la educacién y la cultura en los grandes sectores del
pueblo sinaloense.
E] Colegio Rosales —del cual fue usted distinguido Director
en el lapso que va de 1913 a 1916— al triunfo de la Revoluci6n Me-
xicana, en 1918, habia cumplido una honrosa y prestigiada misién a
Jo largo de m&s de 45 afios. El Colegio Rosales fue el recinto que dio
cobijo a la educacién liberal y laica, frente al seminario conciliar
que la impartia teol6gica y confesional. E] Colegio Rosales, con va-
riaciones de grado, fue siempre la casa Jaica por excelencia, y la ins-
titucién que dio a Sinaloa los profesionales que necesitaba en su tiem-
po.
Pero al triunfo de la Revolucién Mexicana, cuando nuevos
panoramas se abrian al pais con el reparto de tierras, la reafirma-
cién de la soberania nacional, Ja consolidacién de los derechos que a
la Nacién Je correspondian sobre los bienes del subsuelo, el rescate
de las riquezas nacionales, el otorgamiento de las garantfas indivi-
duales, e] nacimiento de una burguesia mexicana sabedora de su
fuerza y de sus posibilidades; frente a este nuevo panorama, las ins-
tituciones de educacién superior tenian que abandonar sus viejos
moldes y/sus antiguos cauces, y reestructurarse para brindar al pais
un hombre nuevo, un ciudadano nuevo, un profesional nuevo y un
investigador atin apenas existente.
Y su gran mérito y su gran acierto, doctor Gastélum, radican
en haber percibido esos elementos favorables —pueblo, tierra, pais,
nacién—, y en esforzarse porque Sinaloa estuviera a la altura de las
exigencias regionales y nacionales. [Link] revela su clara visi6n, su
preclara anticipacién. Y fue asf como usted se esforz6 porque nacie-
ra la Universidad. de Occidente, hoy Universidad de Sinaloa.
La primera finalidad que se pone al relieve con la sola deno-
minacién de la Casa de Estudios, “Universidad de Occidente", es
aquella que apuntaba a forjar una institucién de caracter regional
para atender las necesidades educativas en el mas alto nivel en las
entidades de Sinaloa, Sonora y Baja California, lo que evitaria la
dispersién de esfuerzos y de recursos, y, que, por ende, propiciaria,
“LETRAS” 7su concentracién en una sola Casa de Estudios. Ese propésito suyo,
apenas hoy principia nuevamente aicobrar actualidad. Sabemos que
el régimen federal proyecta Ja reestructuracién del sistema univer-
sitario mexicano y que tal reestructuracién se fundamenta en ese
tipo de universidades: la universidad regional, o sea una institucién
como la que usted proyectara en 1918 a través de la Universidad de
Occidente y la que fue creada mediante decreto numero 47 de la Le-
gislatura del Estado, promulgado el quince de mayo de 1918 por el
gobernador del Estado Gral. Ramon F. Iturbe, Otro acierto, en esta
noble idea, fue la de escoger como ciudad sede de Ja universidad re-
gional a Ja ciudad de Cullacan. Porque, dejando a un lado .criterios
estrechos y regionalismos estultos ;qué ciudad, despué[Link] la de Gua-
dalajara, tenia y tiene en el noroeste de México la tradicién cultural
de Culiacan? Ninguna otra.
Del estudio de la Ley Organica de Ia Universidad de Occiden-
te, de los planes de estudio, de los programas de ensefianza; del ur-
gar en los archivos; del leer sus informes y sus exhortaciones, doctor
Gastélum, se llega a la conviccién de que usted se propuso, a través
de la Universidad de Occidente, cambiar en forma notoria y positi-
[Link] educacién superior en e] noroeste.
demas de la regionalidad de la Institucién, usted se propusce
los siguientes objetivos:
1o—Hacer de Ja Universidad una institucién de servicio, vin-
culada a los pueblos de cada entidad del noroeste, sefialando a la
Universidad de Occidente el caracter de consultor técnico de los go-
biernos de esas mismas entidades, e inculcando en los egresados e}
apostolado propio de un servidor social. Una Universidad que no fue-
ra vista por el] contribuyente y por los grandes sectores sociales co-
mo una carga que pesaba fatalmente sobre sus hombros, sino como
una institucin que devuelve con creces lo que recibe y que si pide
es para mejor dar. Una Universidad que no fuera una torre de mar-
fil, incubadora de profesionales individualistas y fatuos que se con-
sideraran integrantes de una nueva casta, protegida por fueros y pri-
vilegios. Una Universidad que fuera una casa de servicio social, guia
de su pueblo, morada de sus inquietudes, albergue del intelecto y de
Ja cultura. Una entidad vida, dindmica, tenaz en el servicio y en su
afan de mejor servir.
20.—Conservar y transmitir fielmente los auténticos bienes
de la cultura y el saber.
18 - - "LETRAS"30,—La investigacién cientifica y la formacién de investigado-
Tes,
40.—Promover el conocimienta y estudio de los grandes pro-
blemas nacionales, creando al propio tiempo una voluntad ética de
servicio.
50.—Vincularse a la vida internacional del saber, recibiendo,
aportando y asumiendo una actitud de critica, y
60.—Darle mayor contenido a los conceptos de mexicanidad
y nacionalidad.
Y para lograr todo ello se propuso usted mejorar Ja docen-
cia, promoviendo al efecto la formacién del profesor universitario de
carrera; estableciendo las facultades y el doctorado; creando nuevas
carreras y reformando los planes de las ya existentes; mejorando
Jos laboratorios y los talleres; a¢recentando el acervo de la bibliote-
a; promoviendo la concesién de becas al alumnado; acrecentando la
participacion de los gobiernos estatales y municipales en el sosteni-
miento de Ja institucion y de los alumnos de escasos recursos econé-
micos; fortaleciendo el patrimonio universitario mediante la obten-
cién de fincas y terrenos por concepto de donacién; y en auténtica
labor de difusién cultural, el establecimiento de cursos por series y
por conferencias para personas no alumnas de la Institucién,
A este respecto, nos permitiremes doctor Gastélum citar tex-
tualmente la iniciativa por usted enviada el 29 de marzo de 1921, al
honorable Consejo Universitario. Decia usted:
“A fin de que la ensefianza que imparte la Universidad, no
quede gravitando en el reducido circulo de individuos que, disponien-
do del tiempo y recursos suficientes, puedan dedicarlos a seguir Ios
cursos regulares que establecen los Planes de Estudios respectivos,
no pudiendo hacerlo aquellos que no se encuentren en las anteriores
condiciones y debiendo la. Institucién Mevar los conocimientos cien-
tificos que imparte a todas las clases y grupos sociales para cumplir
con su principal y mas importante funcién que tiene, como es Ia de
vulgarizar la ciencia, para por este medio formar el espiritu publi-
co, me permito someter a la consideracién de este H. Consejo, los dos
siguientes proyectos que acompafio, en los que en uno, se establecen
Jos Cursos por Series, y en el otro, los Cursos por Conferencias; en
e] concepto de que estos Ultimos, llenaran una importante necesidad
para aquellos individuos que ocupades todo el dia en talleres o fa-
bricas, les sea absolutamente imposible concurrir a la Universidad
“LETRAS” 19o Escuela, en busca de las més ligeras nociones que les sea necesario
aprender”.
Esta iniciativa suya, doctor Gastélum, en su laconismo, es
mas elocuente que lo que nosotros pudiéramos decir para explicar
lo que su presencia en la Rectoria significé para nuestra Casa de Es-
tudios,
Los archivos de nuestra Casa también revelan su preocupa-
cién por estimular las actividades deportivas, fuera del clasico gim-
nasio, y asi sabemos que a su iniciativa se debe la construccion del
todavia en servicio Estadio Universitario, cuya construccién le fue-
ra confiada a otro ilustre maestro el sefior Ing. Eliseo Leyzdola.
Sabemos también de que no pasé desapercibido para usted
que, junto a maestros y alumnos de toda Institucién de ensefianza
superior, hay otra reserva humana, la de los egresados y los ex
alumnos, cuya energia creadora puede fertilizar grandemente la co
munidad universitaria, y fue por ello que usted se esforz en estre-
char sus vinculos con su Alma Mater.
También sabemos que, a fin de desarrollar el sentimiento de
camaraderia y amor a la Institucién, usted abrié al principiar el afio
escolar 1918-1919 un internado. Sabemos también de sus esfuerzos
por acrecentar los ingresos de Ia Universidad de Occidente, y asi de-
cla usted en su primer informe que rindié al Consejo Universitario
de su gestién rectoral, correspondiente al ciclo lectivo 1918-1919:
“No me parece dificil —decia usted— que nuestros hombres
pudientes, prestaran su ayuda a la Universidad, atendiendo a que co-
mo Institucion libre, continuaré su camino, independientemente de
todo criterio, que no sea, el perfeccionamiento de su obra, que haré
convertirla, en el centro comin, en donde el estudiante, el obrero y e!
profesionista, esas tres fuerzas vivas de la patria, encontraran las
grandes ideas, que serviran mafiana, para hacer labor de concordia y
cultura, sin tener que temer a los prevaricadores del ideal”, Hasta
alli usted, doctor Gastélum. No necesitamos afiadir que tal tesis y
tal exhortacién tienen atin hoy plena vigencia.
Si los archivos de nuestra Universidad nos han dado a cono-
cer vuestra noble y positiva lucha, sefior doctor, para la superacién
de la ensefianza superior en el noroeste de México, también esos ar-
chivos han sido fuente de informacién para que sepamos que uste*
encontré grande y fuerte oposicién al pretender erigir y fortalecer
a la Universidad de Occidente. No entraremos en detales. Que ello
20 “LETRAS”quede para una futura cronica de la Universidad de Sinaloa, que al
cabo la estrechez de miras y el criterio pusilanime no son privativos
de una época.
Sabemos, doctor Gastélum, que vitales aspectos de lo por us-
ted proyectado no pudo hallar plena realizacién. Pero también sabe-
bos que no fue estéril el intento. ¥ que no fue estéril, lo demuestra
este acto de reconocimiento y gratitud que su propia Casa de Estu-
dios le ofrece, La Universidad ha recogido su mensaje y va tras los
mismos objetivos. Nuestra Casa de Estudios, bajo Ja guia rectora
del doctor Julio Ibarra Urrea, esta empefiada en acrecentar la inves-
tigacién, en mejorar Ja docencia y en difundir Ja cultura, y en vin-
cularse cada dia de mejor manera con log intereses del pueblo sina-
Joense. Nuestra Casa de Estudios se esfuerza también —contando
con Ja ayuda inapreciable de un ex alumno, el sefior Leopoldo San-
chez Celis, Gobernador de Sinaloa— por acrecentar sus ingresos y
hallar una nueva morada: la Ciudad Universitaria. Una Ciudad Uni-
versitaria que como el propio gobernante lo ha solictiado, debera as-
pirar a dar una educacién integral en un ambiente saturado de su-
perior vida académica; brindando el clima propicio para desarrollar
al maximo las aptitudes humanas, cientificas, morales, cfvicas, esté&
ticas, fisicas y sociales; propiciando Ja integracién de una auténtica
comunidad universitaria y de una estructura en la que cada una de
las partes se articulan entre si y con relacién al todo.
Asi que, doctor Gastélum, su presencia en nuestra casa de Es-
tudios como Rector inicié una nueva época de superacién. Su aporte
al mejoramiento de la educacién superior debe ser para usted una de
Jas mejores satisfacciones que Je haya brindado su vida como ciuda-
dano y como universitario.
Para concluir y como reafirmacién de fe, nos permitiremos ci-
tar unas palabras que usted pronunciara hace 46 afios:
“Creer que la Universidad tiene como misién la de formar sa-
bios, es un error que desgraciadamente alienta a gran nimero de
nuestra gente consciente, confundiendo asi, una funcién accidental
de la Universidad, como es Ja de formar peritos en ciencias, con la
mas grande que tiene, que es la de formar el alma nacional”.
Lic, Francisco Gil Leyva
Marzo 5 de 1965.
“LETRAS” 21“|, Al sentirme aqui, entre ustedes, en esta casa en
que cursé estudios preparatorios, mis recuerdos sal-
fan las colinas ya numerosas de mis afies, y me des-
cubro como por arte de encantamiento en uno de los
jévenes que se instruyen, disputando a todas horas
con las materias que estudian, escalones necesarios
para aleanzar la meta; me veo devorando entre char-
las, tintineos y ruidos de los demas, Ia leccién, para
un momento mds tarde repetirla ante el profesor, que
bien puede ser don Epitacio Osuna, Antonio Canale,
Dr. Ramén Ponce de Ledn, Dr. Ruperto L. Paliza, Ing.
Luis F. Molina, Lic. Ignacio Gastélum, Ing. Rémulo Ri-
co, Francisco Valenzuela, Lic. Fortino Gémez, Lic. Ig-
is, Ing. Norberto Dominguez, y tantos otros
Discurso del Dector
Bernarde J. Gaostétum
Honorables Rector de la Universidad de Sinaloa y
Consejo Universitario,
Sefiores Profesores y Alumnos, Dams y Caballeros:
Agradezco profundamente, el Grado de Doctor Honoris Causa,
que me otorga la Universidad de Sinaloa, representada por su Rector
y Miembros del Consejo, asi como Ia hospitalidad con que me han
recibido sus profesores, alumnos y las personas que me escuchan; ami-
gos que me traen a la memoria evocaciones de mi adolescencia-
edad maravillosa en que todo parece estar en movimiento, para poner
ante nuestros ojos Ia representacién de esos mil detalles que configu-
ran el cuadro luminoso de la existencia, que a medida que se desen-
2 “LETRAS”vuelve, se desborda en formas gigantescas; mundo de jardines encan-
tados en que la ilusién que teje el 'porvenir, se difunde apasionada, ha-
cia todos Jos rumbos.
Al sentirme aqui, entre ustedes, en esta casa en que cursé los
estudios preparatorios, mis recuerdos saltan las colinas ya numero-
sas de mis afios, y me descubro como por arte de encantamiento en
uno de los jévenes que se instruyen, disputando a todas horas con
Jas materias que estudian, escalones necesarios para aleanzar la me-
ta; me veo devorando entre charlas, tintineos y ruidos de los dems,
la leccién para un momento més tarde repetirla ante el profesor, que
bien puede ser don Epitacio Osuna, Antonio Canale, Dr. Ramén Pon-
ce de Leén, Dr. Ruperto L. Paliza, Ing. Luis F. Molina, Lie. Ignacio
M, Gastélum, Ing. Romulo Rico, Francisco Valenzuela, Lic, Fortino
Gémez, Lic, Ignacio Noris, Ing, Norberto Dominguez, y tantos otros
ms, que se empefiaban cerca de sus alumnos en proyectar, con su
sabiduria un poco més alla, la luz de los textos de aprendizaje. ;Qué
dicha!, ;Qué delicia!, ;Qué ensuefio!; instantes ya tan tardios de mi vi-
da que casi alcanza su ocaso; mafianas deslumbrantes, aquellas del
estudiante, que como todas, tienen su creptsculo y que Hega cuando
menos se piensa, a pesar de la sentencia de Goethe, que no queria en-
vejecer y que decia al despertar: tu edad eres td quien la dicta; pen-
samiento que hace afiicos la dulce nifia que habia mecido sobre sus
piernas y a quien propone matrimonio, al responderle: Te quiero, te
quiero mucho, pero como si fueras mi padre. Pasién seni] que cuesta
Ja vida a Goethe y que afios después hace decir.a Balzac: Que grave
es el amor en los viejos.
Pero volvamos al estudiante; un dia se halla convertido en pro-
fesional y aleanza la diréccién de su antigua escuela y‘en determina-
da ocasién se descorre e] velo del misterio hasta ayer indescifrable
de todas aquellas cosas que le inquietan; conoce la angustia, posibili-
dad de poder; el temor, recelo de un futuro dafio: la ineertidumbre,
no sabe que camino escoger; se siente solo sin el guia acostumbrado,
su padre, su maestro; pero entonces por encima de’ todos estos asal-
tos de las circunstancias, prevalece e] affin de vencer, de destacarse
por el estudio, por la dedicaci6n y hace lo posible por evadirse de las
brumas que lo envuelven, de lo impreciso, de las vacilaciones que lo
agitan; del escepticismo disolvente que Io hace dudar y al aplicar todo
su valor por afirmarse en si mismo, comprende que si ya es un fa-
eultativo, su carrera de hombre no ha terminado, sino que ahora prin-
“LETRAS” 23cipia, y que, por lo tanto, hay que reanudar el estudio la observacién
acuciosa del fenémeno; descubrir el resorte que nos empuja en todo
momento a poner la voluntad individual concorde con el bienestar ge-
neral y tal postura no es producto de la profesidn, sino de Ja cultura
y si al mexicano lo caracteriza cierto grado de agudeza intelectual es
torpe en el arte de la convivencia, le falta atin el propésito de aglutina
ci6n, a ello se debe que en varios aspectos de su vida social florezea la
dictadura.
La educacién del cardcter requiere de unaj nctivitlad mas am-
plia que accione sobre el ambiente y que permita adquirir el conoci-
miento de] mundo y de la vida; por estos empefios derivé el antiguo
y glorioso Colegio Civil Rosales en Universidad; Universidad de Oc-
cidente, pero no se trataba simplemente del cambio de un nombre
modesto por otro de mayor jerarquia, sino que la idea era y es, hay
que creer que siga siéndolo, invitar a varios estados para que unidos
y con apoyo econémico de ellos mismos, del Gobierno Federal y de
la inciativa privada, edificar en grande una Universidad que iguale
o supere a la Nacional; (teniendo en cuenta nuestras limitaciones,
que desgraciadamente se olvidan al expedirlas, de ahi que inmedia-
mente las infrinja la misma autoridad que les da curso) distribuira
Jas facultades en las zonas asociadas de acuerdo con Io que las ca-
racteriza, la rectoria se establecer4 rotatoria, una persona de cada re-
gién por determindo periodo de tiempo, la institucién sera apolitica,
sin que ello quiera decir que no se ensefie tan importante actividad
social. De esta idea, en la ocasién a que me refiero, haria propaganda
en todo el pais nuestra institucién, a fin de que se crearan cuatro 0
cinco universidades en la Republica. Un estado por mayores que sean
sus finanzas y a pesar de la subvencién fed@ral, no cuenta con la ca-
pacidad econémica suficiente para construir, como se debe una Uni-
versidad, y como el problema continda sin resolverse y es indispen-
sable solucionarlo; constituye por su trascendencia un magnifico pro-
grama. en el plan educativo para el gobierno que principia, gpor qué
no ha de promoverlo ante él, nuestra casa de estudio, si de ella par-
tid la idea original?
Es desconsolador, las deficiencias de la ensefianza superior
que sefialé recientemente, el Dr. Jorge Derbez, jefe del Departa-
mento de Psicopedagogia de la Universidad Nacional; es elogiable
que se edifiquen numerosas escuelas que se necesitan y se capaciten
la cantidad apropiada de maestros que las sirvan, pero hay que te-
24 “LETRAS”ner presente, antes que nada, al discipulo a quien se pretengle ense-
fhar y lo que debe de aprender; é] ha de guiarnos en la direccién de
Ja ensefianza; lo anterior, que deja de aplicarse frecuentemente, no
es nada nuevo, pues en elle consistié, desde hace muchos afios, Ja
innovacién de Rousseau a Ia pedagogia: transladar el fundamento
del saber y del maestro al discipulo.
Creo pertinente hacer algunas aclaraciones al fascinante pro-
blema de nuestro destino, que no depende exclusivamente de la ca-
rrera profesional, de la altura cientifica que se alcance por ser mé-
dico, abogado, ingeniero, arquitecto... 0 graduarse en alguna espe-
cialidad; se puede ser una persona destacada en estas actividades y
sin embargo, ellas no le proporcionan la amplitud necesaria de un
sentido critico, capaz de juzgar las cosas del mundo y de la existen-
cia que vivimos. La Universidad desafia Ia popularidad del ignoran-
te, ataca de frente los problemas especializados, el médico aprende a
curar, el arquitecto y el ingenicro a construir, el abogado sabe usar
las leyes; sustituye el criterio inmutable por el progresivo sin rom-
per la evolucién; la aplicacién de las ciencias y de sus métodos son
caminos de sus ensefianzas, esto y més contribuye a la cultura, for-
ma ambiente que se extiende a la zona en que radica la Institucién,
pero no es la cultura misma: una persona sin ningtin titulo profesio.
nal puede ser culta y un titulado distinguido en su especialidad, un
inculto,
De una Universidad que no sea una caricatura, irradia sa-
piencia, porque ella proporciona todo género de conocimiento que no
constituyen una profesién y que sin embargo cooperan a formar
ideas claras y propias de nuestra vida en comun y que evitan estar
sujetos a criterios ajenos, a no dejarnos manejar por gloriosos pasa-
dos y detestables presentes; hacer prevalecer el concepto del indi-
viduo y contribuir a formar Ja unidad nacional: acentuar el perfil
del mexicano; desarrollar sus posibilidades; esculpir con labor tezo-
nera su propia fisonomia, en el arte, la ciencia, la politica, la filoso-
fia; formar en fin la opinién.
Para que mejore una concepcién, cada mente debe aportar a
ella la contribucion de su esfuerzo, como levanta cada ola su rumor
para formar la voz del océano,
Que el amor a nuestra patria sea, con autenticidad, las vein-
ticuatro horas del dia y no el que nos convenga en cada ocasién; hay
que cultivarlo como un factor mora] de eficiencia irrecusable, como
“LETRAS” 25elemento fértil encaminado al desarrollo de las fuerzas reales del
pais, en una vineulacin ideal de la tradicién, de los sentimientos y
de Jas aspiraciones propiamente mexicanos.
‘Agradezco Ja atencién que han prestado a mis palabras, que
son para ustedes, el supremo mensaje de mi pensamiento en estos
menesteres y como mis dias ya no son muchos, en vez de decirles
hasta luego, va mi adiés, y con él, mi corazén de sinaloense, que an-
sfa y demanda con el fervor de una plegaria, todo género de bienes
y de alegrias para ustedes.
DR. BERNARDO J. GASTELUM.
oliacin, Sin., marzo 5 de 1965.
26 “LETRAS”EI Mundo Sinaloense
de “Alfonso Reyes
Por Juan MACEDO LOPEZ
Leer —o releer— a don Alfonso, de Monterrey, o de México
© del universo, vasto y armonioso, de nuestro idioma, es como esca-
lar una himayala para descubrir su mundo, nuestro mundo. Al en-
contrarlo en “Cuestiones Estéticas”, prologado por el insigne Fran-
cisco Garcia Calderén y escrito a los veinte afios de edad, creimos
“LETRAS” 27descubrir su interior paisaje como modelado en una lenta, apacible
Uanura turbada por algun breve lomerio. Mas luego con su “Vision
de Andhuac”, “Visperas de Espafia”, “Parentalia”, “Burlas Veras”
y “Capitulos de Literatura Mexicana”, nos parecié pobrisima Ja ima-
gen de “este hijo menor de la palabra”, como él mismo se llamé con
esa transparente modestia que no vela soberbias latentes.
“Vision de Anabuac”, leida en las prisas de le adolescencia }
degustada en la templaza de la madurez, proclama su querencia lim-
pia, inalterable por lo nuestro, su esencia mexicana vertida como
vino dulce en copa cuyo cristal trasciende musica tenue, asequible
s6lo a quien no tiene impaciencias y a quien no es esclavo de modas
efimeras, De aqui que los amigos de los colores y sabores detonan-
tes, caros a los literatos patrioterns, lo hayan tildado falto de vincu-
los con nuestro proceso cultural. Pues los pobres ignoran que el na-
cionalismo literario 0 pictérico o musical, corre e] riesgo inminente
de quedarse en eso, en lo nacional, en motivo folklérico, sino se le
singulariza y se Je ahondan sus causas. Mas cuando lo nacional apre-
hende Ja superficie y la hondura del hombre y del paisaje fisico y lo
hace un todo armonioso ,entonces, solo entonces, tiene derecho o el
privilegio de universalizarse. Y porque don Alfonso diése un bafio
profundo de nuestras mejores esencias y porque no dilapid6 ni sus-
tantivo ni adjetivo, y su palabra se hizo prosa tersa, levisima, no obs-
tante la densidad de su contenido, fue y es don Alfonso un mexicano
universal. .
rt
;.Cual es la imagen pre-fabricada que tenemos de Andalucia?
La misma que elaboraron saineteros de quinto limbo, novelistas por
entrega y turistas que han recorrido Espafia desde el alborear del
siglo XIX hasta nuestros dias. Si, pero Andalucia no es nomas can-
te jondo y cantaoras, panderetas y vuelo de faldas policromas que
parecen huir como palomas asustandas por el repiqueteo de las cas-
tafiuelas. Andalucia parid a Séneca y Lucano, a Herrera y a Géngo-
ra y a Garcia Lorca, profundos, arrebatados, duefios de una sabia y
fecunda melancolia que se resolvia en pensamientos o en poemas
maduros de hombredad, robustos de humanidad.
De esa Andalucia —lo andaluz vetea la entrafia del mexica-
no mas de lo que nosotros creemos— casi desconocida, de esa Sevi-
28 . “LETRAS”lla no falseada por la kodak o el turista, nos habla Don Alfonso en
“Visperas de Espaiia”. Y vaya esta transcripeién que nos resistimos
a guardarla para gula de nuestro personal regodeo, de “Un Egipcio
de Espafia”.
—00—
“El disparate tradicional llama a los gitanos “egicios” (de
“egiptanos"’); los egipcios del Sacromonte, en Granada; los egipcios
de Triana, a la margen del Guadalquivir. Son los morenicos de color
verde que canta Ja mujer fogosa de Cervantes, Andan como perros
de la calle, y Je rezan, en la parroquia del Patrocinio, al Cachorro. (El
Cachorro —diminutivo carifioso— es un Cristo suave, rubio, dulci
mo, a quien no le hieren les clavos de Ja cruz; parece, mas bien, que
flota, con la frente al cielo, sobre las olas; parece, mas bien, que va
a lanzarse del madero, en un vuelo de vaivenes liricos”.
“Pero los “egicios” del disparate tradicional no son los ver-
SS
daderos egipcios: vociferan, se contorsionan, gestean demasiado; las
inundaciones de su Nilo —el Guadalquivir que invade, de cuando en
cuando, las calles de Triana— no les sugieren ideas de trabajo, sino
de conjuro y brujeria solamente. Yo creo haber dado con un verda-
dero egipeio de Espafia y aun tal ver, tal vez, con el propio “escriba
en cuclillas”,
“LETRAS” i“Perfil afinado, clavos largos, y afeitado el resto de la cara;
pequefio, cuando apresura e] paso (que es raro), y esconde las ma-
nos en los bolsillos. Habla, ya se sabe, en voz baja, de modo que en-
tonces no hace mas que mover los labios. Aqui, en Sevilla, se des-
cansa de la griteria de Madrid...” ...“A veces, mi eléctrico egipcio
deja salir un rayo seco: —La propiedad— dice, porque asegura que
todo espafiol, salvo que haya razones muy personales en contra, esta
por las reformas definitivas y extremas, —la propiedad es sélo cosa
moral. No hay més propiedad que el trabajo. La propiedad de las co-
sas, de los objetos, no tiene ningan sentido divino ni humano. Yo soy
duefio de mi alegria y de [Link]én directa: nada mas...””
...“Eseribe. ;Escribe? No.
—Yo no hago libros: dejo que los libros se hagan solos: yo los
veo crecer, Y en cuclillas, justo, inmévil con algo de hombre dormi-
do que amenaza siempre despertar; con algo de juez insobornable;
con algo también de esclavo —pero esclavo de algtin invisible Dios
que truena en Jo alto de una piramide—mi egipcio sevillano, mi es-
criba, abre su libro de apuntes, apoya apenas el lapiz— y eso es to-
do...”
—00—
——
De casta de poetas y guerreros fue don Alfénso. Su padre, don
Bernardo, fue hijo de Domingo Reyes, casado con Juana Ogazon,
hija del general Pedro Ogazén, tan conocido en Jalisco y Colima du-
rante la guerra de tres afios. Don Bernardo, en sus escasos ratos de
ocio, escribe libros de historia y versos. Por su madre, de apellido
Ochoa, se convierte en algo colimense don Alfonso. “La familia
Ochoa —escribe e] humanista— muy difundida en el sur de Jalisco
y en Colima, nunca creo que haya tenido titulo nobiliario en Nueva
Espafia ni en Castilla. Los Ochoa de por aca fueron y son duefios de
haciendas y ranchos en las municipalidades de Tamazula, Tecalitlan,
‘Tuxpan, Purificacién y Ciudad Guzmén o Zapotlan...” ...“Quedan
por Jalisco unas seficras hacendadas y duefias de hoteles...”
Mas Alfonso, nifio o joven admira Ja vida del cuartel, pero no
entra en su sangre. Otro sera su destino: el de ser sabio, no un sabio
que enreda sus barbas en logaritmos o probetas, sino el sabidor, el
30 “LETRAS”que sabe muchos secretos dej idioma, luengas historias de los hom-
bres que contara con acento preciso, no alterado por el exceso ad-
mirativo ni disminudo por pequefiez mental. Algunos de sus coéta-
neos, por miopia o por envidia, lo tildaran de descastado. El respon-
deré en “Parentalia’ con palabras definitivas:
“La raiz profunda, inconsciente e involuntaria, esta en mi ser
mexicano, Es un hecho y no una virtud. No sélo ha sido causa de
alegrias, sino también de sangrientas lagrimas. No necesito invocar-
Jo en cada pagina para halago de necios, ni me place descontar con
el fraude patriético el pago de mi modesta obra. Sin esfuerzo mio y
sin mérito propio, ello se revela en todos mis libros y empapa como
humedad vegetal todos mis pensamientos. Ello se cuida solo. Por mi
parte, no deseo el peso de ninguna tradicién limitada. La herencia
universal es mia por derecho de amor y por afan de estudio y tra-
bajo, Gnicos titulos auténticos...”
—00—
Don Bernardo recorri6é asperos caminos sinaloenses, después
de La Mojonera, batalla en la que el general Ram6n Corona aniqui-
15 a Lozada. Uno de sus mas bravos capitanes 0 quizd —o sin el qui-
z4—, el mas bravo de todos, fue Bernardo, un capitan rubio, 4gil,
forjador de hazafias tan notorias como la toma prodigiosa de Villa
de Unién, préximo a Mazatlan. Para entonces era ya coronel. De-
fendia la plaza Ramirez Terrén con fuerza brava y numerosa, La de
los atacantes era un tercio de la de los defensores. “El 4 de Julio de
1880 —evoca-el poeta—mi padre atacé casi a machete puro, aquella
fortaleza artillada y defendida por un cuerpo de artilleria, En los
“LETRAS” 31primeros instantes, perdié Jas dos terceras partes de sus hombres, y
Jos demas comenzaban ya a dispersarse, Las fuerzas que debian pro-
tegerlo, informada por los fugitives, lo abandonaron, dandolo por
perdido y muerto. Tal noticia Ilegé a mi madre, que se puso al ins-
tante en camino para recobrar sus restos”.
—o00—
Mas aqui la hazafia portentosa. Lanza 6rdenes ficticias a Fe-
lipe Neri fingiendo contar con soldados de repuesto. Neri compren-
de Ja intencién y sc aleja al galope del caballo. Siete bridoncs han
muerto bajo las piernas del coronel. Con todo, se adelanta a la casa
municipal y con voz magnifica, intima rendicién, mientras que, vol-
viendo e] rostro de cuando en cuando, imparte quiméricas drdenes
a soldados hipotéticos. El enemigo deja de disparar. E] tono seguro
del coronel impone respeto. Pero algunos enemigos disparan y en-
tonces alguien grita: ;Alto el fuego!,. {No se asesina a un hombre
que esta ofreciendo parlamento!... “Ramirez Terrén bajé en per-
sona a parlamentar con mi padre. Este sélo se dio cuenta en ese
momento de que llevaba ei sable colgado “a la dragona”, fiador o
correilla del pufio, la mano derecha atravesada de un balazo. Otras
dos heridas habia recibido, sin percatarse de ellas en el calor de Ja
refriega, pero resultaron menos graves: una en el costado izquierdo
y otra en un talén, ambas de bala. Al echar pie a tierra para hablar
con el enemigo, estuvo a punto de derrumbarse por efecto de la he-
morragia, Se envolvié en cl capote militar para no dejar ver su es-
tado, apret6 el cuerpo e impuso a Ramirez Terrén las condiciones
que éste acepté: entrega de la plaza, los cafiones y las banderas, re-
tirada del enemigo con sus hombres y municiones, dndosele un pla-
zo de tres horas para alejarse, al cabo de las cuales se reservaba el
32 “LETRAS”oy
derecho de perseguirlo y atacarlo. Ramirez Terrén acepté. Llorando
de emocién, comenzé a dispersar a su gente...!
——000—
En 1940 don Alfonso visita Mazatlan y Villa Unién, Y evoca
Ia gesta del padre al escuchar el relato del superviviente tltimo: Car-
Jos Tostado, Escribe e] poema “Villa de Unién” que dedica a su hi-
jo:
—n00—
“En el timido vaho quo, al relente,
el seno mismo de la tarde exhala,
se deja adivinar la‘heroica gente
segada por el filo y por Ia bala.
Al oirse nombrar gritan: ;Presente!
Levan fusiles a Ia funeraia,
Y ceitidos del palido laurel
aguardan a su rubio coronel....”
—000—
:—H—
Las glorias del padre van penetrando en el nifio al través de
Jas evocaciones del general y de su hermano Bernardo. Las escucha-
ra en las siestas o veladas hogarefias, en Monterrey, cuando don
ssernaruo es gobernador del Estado, en la quietud de Ja paz que et
wb
ou
porfiriato trae como regalo a la nacién. Desde Nayarit hasta Sono-
ra, desde Sinaloa hasta Chihuahua, en la campaiia agotadora, terri-
ble, contra los indios que capitanea Gerénimo, el infante y el ado-
“LETRAS” 33lescente recorren la misma senda alucinante de] rublo general. Si-
naloa se Je queda para siempre en la memoria, en nitidas imagenes:
...“Alica, Sinaloa, Sonora: nombres guerreros, tafiidos de alarma.
redobles de rebato. Coras, huicholes, apaches. Pronunciados, hé-
roes, bandidos, Fusilatas, degiiellos e incendios, explosiones de pol-
vorines, saqueos y cargas, rodar de cafiones, gemidos de bestias azo-
radas; desorden, desorden de los elementos. ;Cémo no se cansa el
coraz6n de un pueblo entre sobresaltos tan incesantes? Todos los
origenes estan amasados de ignominias. Inconscientes e ingratos, hoy
nos encaramamos sobre montones de cadaveres para columbrar un
palmo de horizonte. Casi se impacienta la pluma, puesta a desen-
trafiar unas cuantas perlas preciosas en ese lodazal rojo...” Asi es-
cribe en “Parentalia”, dedicada a su madre, dofia Aurelia Ochoa de
Reyes.
—0o—
Una nifia es Aurelia cuando junta su vida a la del capitan
Bernardo Reyes. Jugaba a las mufiecas, las dltimas de su coleccién,
en cierta noche que discurre en el mineral de Rosario. Aurelia esta
bajo una mesa, jugando, mientras el esposo escribe. Las ventanas
estan abiertas, porque el calor del verano sofoca. Esta circunstan-
cia es aprovechada por sus enemigos: disparan, disparan sobre los
dos jévenes, pero s6lo logran astillar las patas de la mesa; Aurelia
sale indemne. “Este contraste de candor y crimen es una sintesis
acabada de aquellos dias aciagos”, apunta en 1957 Alfonso Reyes.
En la anochecida y en el mismo Rosario, se atenta por tercera
© cuarta vez contra don Bernardo. Es asombroso como el hijo pre-
cisa la topografia del sitio del asalto: “Se legaba de su casa al cuar-
tel por una calle que remataba en la plaza proxima, y alli se dobla-
ba a la izquierda. En Ja esquina habia un almacén de comestibles.
La tienda daba sobre la plaza; pero en Ia calle lateral habia une
puerta accesoria, frente a la que pasaba mi padre todos los dias y
que sélo una vez se abria para entrar las mercancies y fardos, Es-
ta calle tenia una de esas aceras altas de otros tiempos, que sobre-
salian mds de medio metro sobre el arroyo...”
De la puerta accesoria salen dos hombres desnudos, ampara-
dos por Ja oscuridad. Al abrirla, rechinan los goznes, En un relam-
pago instintivo don Bernardo da un salto a la media calle, desenfun-
“4 “LETRAS”da el revolver, hace fuego y tiende en el arroyo al adversario y el
otro huye hacia el rio al que se arroja para salvarse, Ambos habian
embijado sus cuerpos de sebo, adivinando el encuentro personal.
—000—.
Des patronimicos sinaloenses entran, por derecho propio, en
el mundo familiar de Alfonso Reyes: Tiburcio Chairez y Rend6n.
‘Los conocid el poeta, Chairez find su vida de posadero en Linares.
‘Amaba a Jos caballos “con una ternura que puedo lamar maternal”.
‘Una yegua se le muere en el alumbramiento y Tiburcio, lorando,
quiere darle el seno al potrillo” y se desgarraba la camisa buscando-
se las mamas peludas, enajenado de dolor’. Rendén es un baquiano,
astuto, conocedor del rumbo que marcan Jas estrellas, estupendo ten-
diendo lazos al enemigo, oteador de peligros, ladino como el coyote,
pero muy dado a la bebida. E] general, que lo quiere mucho, lo re-
gafia y castiga como un nifio después de los exabruptos de la bo-
rachera.
Asi se inunda del resplandor sinaloense el espiritu de don Al-
fonso, un resplandor asaz violento, pero que forja al padre soldado
cabal, héroe en Villa Unién, diplomético de franqueza desconcertan-
te en un momento en que el venero de Ia intriga politica amenaza
convertirse en amazonas. Y asi también el hombre enternecido y
deslumbrado por las hazafias del padre, querr venir un dia a Culia-
c4n, invitado por la Universidad. Suefia en un recorrido por tierras
de Rosario, Mazatlan y Villa de Union. Todavia no escribe “Parenta-
lia’, de suerte que las evocaciones del solar sinaloense le inquietan,
le ahogan su 4nima. Esté listo para el viaje, pero, de stbito, el mal
cardiaco que ha de Ievarlo a la tumba lo hace buscar refugio en
Cuernavaca. Envia entonces una hermosa carta a la Universidad de
Sinaloa declinando la invitaci6n.
Mas estamos ciertos que don Alfonso Ievé, en sus memorias,
el paisaje y el hombre de Sinaloa a flor de espiritu. Pues unido por
la admiracién y la ternura viril al padre, el rubio coronel, cuyo nom-
bre era grito de guerra y sefial de victoria, le descubrié ¢l asombro,
Ia fatiga, la violencia y el aliento telirico del bravio Sinaloa.
“LETRAS” 35LI
VALENTINA
=
Por Alfredo IBARRA JR.
A
Una pasion me domina,
es Ia que me hizo venir,
Valentina, Valentina,
yo te quisiera decir. ..
¥ La Valentina y La Adelita se gestaron en el seno de la po-
blacion sufrida y azotada por la miseria, Sus melodias fueron para
el pueblo himnos de triunfo en los aciagos dias de la revolucién en
que el individuo se embriagaba de vino, de mujeres y de miisica, co-
mo si aquel fuera su Ultimo dia yien esas horas quisiera vivir el res-
to de su existencia, para pagar a la mafiana siguiente el tributo que
su rebeldia le habia impuesto.
“Diviértanse, muchachos, —expresién corriente que resona-
ba en las bacanales de barriada— quién sabe si mafiana a esta ho-
ra ya estaremos TIESOS y nada hemos gozado”. Y al vibrar de
aquellas inquietudes, rasgueando la guitarra la luz de la luna, la
Koy “LETRAS”El guanajuatense D. Angel Viderique, recogié y arreglé mucha
misica popular campesina sinaloense en el dltimo cuarto del
siglo pasode, destacande Lo Valentina y La Adelita.cancién iba saliendo lentamente, triste, con esa tristeza en que me-
dia el rencor, en que el desprecio comienza por uno mismo cuando
no se ha triunfado con las hembras y se padece mal de amores.
El soldado profesional, que peleaba porque le pagaban y el
civil armado que hacia la guerra muy a menudo sin saber por qué,
cantaban lo que les daba en melodias la poblacién, en lo mas es-
condido de los cuarteles, en los bailes de candil, alla en el patio de
Ja casa pobre, sentados al borde de la cama tejida con hilos de ixtle;
y la “musica de viento” Jes daba también calor de pasién a fuerza
de tamborazo y redoblante y cornetin, mientras el oficial, borra-
cho, RAYABA el suelo con su caballo y lo hacia pararse de manos
como queriendo saltar al infinito..Y un destello de sana alegria pro-
pia del pueblo que expresa sus sentimientos sin cortapisas, coreabe
la palabra o la nota con el cl&sico grito ululante de jAy, ja ja!
LA VALENTINA concordaba con el estado animico del indi-
viduo que la pedia, en la mayoria de los casos. Se trata de un suje-
to apasionado que al dirigirse a la mujer amada, lo hace en el en-
tendido de que lo més probable es que lo maten, y resuelto y leno
de fatalismo, va hacia ella con la conviccién de que si lo atacan, sa-
bra morir como los hombres.
Si porque me ves borracho,
majiana ya no me ves;
Lo que quiere decir: “Si desprecias mi amor este dia, mafia-
na te ha de doler porque lo habras perdido, y ello significara una
gran pérdida...”
Ganar un carifio o perder la vida. Tal debe haber sido el de-
signio de quien escribié los versos de esta bella cancién. Y sin que-
rerlo, fij6 con claridad una manera de pensar regional, de una época
y de la clase popular, tipica, en que cuando se vive de amores poco
importa la vida si ésta no va intimamente relacionada con Ja mujer
que se quiere. Le interesa grandemente al hombre hacer compren-
der a la mujer que en el combate por ella se porta como un valien-
te, pero en el triunfo es magnanimo; que no ataca por detras ni co-
rre si cree que va a perder y que lo que mas vale en él es su gran
coraz6n.
En los albores de la Revolucién y en los azules dias de mi in-
fancia, quedaron grabadas en mi mente viejas escenas. Don Luis Ve-
38 “LETRAS”tae
lasco, Médico Rural de Cosala, Sinaloa, cantaba los versos de La Va-
lentina, que se cantan hoy, acompafiando a [Link], mientras yo,
con mi pequefia estatura lo contemplaha de pie con los codos pues-
tos sobre el asiento de una silla:
Una pasién ‘me domina,
es la que me hizo venir,
Valentina, Valentina,
yo te quisiera decir. .
Dicen que por tus ‘amores
un mal me ven a soguir. ..
no le hace que sean el diablo,
yo también me sé morir.
Si porque tomo tequila,
maiiana tomo jerez;
si porque me ves borracho
mafiana ya no me ves,
“LETRAS” 39Valentina, Valentina,
Tendido estoy a tus pies,
si me han de matar maiiana,
que me maten de una vez.
Como la melodia, desconocemos ¢] nombre del que escribid la
letra de La Valentina,
—000—.
Don Angel Viderique, originario de la Hacienda de la Mag-
dalena, Guanajuato, habia pasado su edad piber en Salvatierra y en
Celaya del mismo Estado. Fue a Sinaloa por los distantes dias del
‘Ultimo cuarto del siglo anterior a dirigir la Banda de Misica del Es-
tado, y pasé de 1875 a 1880 ejecutando, domingo a domingo, las par-
tituras clisicas de los compositores europeos, en Culiacén,
De 1880 a 1885, don Angel usaba el dia semanario de des-
canso en ir de caceria por los Ilanos y rancherias cerca de Culiacén. En
el campo comia la pieza que lograba atrapar, y cuando llegaba a un
jacal perdido en las Manura costanera, hacia conversacién con la
gente mientras descansaba, y tarareaba algim son verndculo que
despertba la alegria en el alma dormida de aquellos campesinos,
Veia una guitarra, adivinaba entre el humo y los trebejos la ondu-
Jada figura de un viejo violin colgado sobre el fogén, y siernpre ha-
cia que el que tocaba tales instrumentos despertara aquellas cuer-
das para llorar una tristeza, lanzar un reto o gozar Ja alegria de una
cancién. Y don Angel sacaba su papel pautado yrescribia y rectifi-
eaba y preguntaba por nombres. La jornada era fecunda porque to-
davia gozamos del producto de aquellas, en principio, giras cinegé.
ticas.
Don Heriberto Zazueta era, en aquella época, el Secretario de
Gobierno del Estado, Como culto abogado, atishé la vida del de aba-
jo, y comprendiéndola, lamé a don Angel Viderique para autorizar-
Jo a que tocara para el pueblo sus propias melodias. Y de ello resul-
taron los viajes a las rancherias y a los pequefios pueblos, entre los
que visits Las Juntas, Bacurimi, Culiacancito, El Limoncito, Agua-
Tuto, Bachigualato, San Pedro, La Aurora, el Barrio de la Orona y
muchos otros lugares.
El domingo era dia grande, dia de estreno de alguna nueva
40 "LETRAS"melodia salida del pueblo. La gente iba por la tarde a la Plaza Ro-
sales donde la Banda, dirigida por don Angel, hacia las delicias de
la multitud. Después, el baile en El Rebote: el cargador, el zapate-
ro, el peluquero, el mozo de estribo, Ja lavandera, la criada, las mu-
jeres del pueblo, dibujaban figuras ritmicas en la orgia de colores del
rebozo, de la camisa, de la enagua de olan y del zapato rechinador de
a seis reales.
Fue:el 16 de septiembre de 1885 cuando se estrené La Valen-
tina, La gente la esperaba con ansia y la cancién tuvo la suerte, al
darse a conocer en el estruendo de la Banda, de llegar hasta el co-
taz6n del pueblo, de donde procedia, Cuarenta minutos de ejecucién
Premiados con gritos de alegria. Don Angel fue llevado a la cantina
més préxima, El Transvaal, de Francisco Blancarte, y alli fue total-
mente bafiado en cerveza y otros licores, segiin la costumbre, y fi-
nalmente llevado en triunfo a su casa. El motivo era noble y el re-
sultado, todo un poema musical.
Revisando el viejo album de don Angel, pasan, por orden de
estreno, El Venado, Las Mafianitas, El Gato, Recuerdos a Lola, El
Toro, Heraclio Bernal, E] Palmero, La Paloma Azul, E] Abandona-
do, LA) ADELITA, El Cuervo, El Mosco y otra interminable lista de
nombres menos
“El pueblo que es libre canta siempre —me decia don Enri-
que Corona—, y el campesino de Sinaloa canta, crea su propia mii-
sica y dice en sus notas Jo que dificilmente podria decir con pala-
bras”.
Contrastando con el espiritu de La Valentina, El Gato es can-
cién de galanterfa:
‘Vamos [Link] gato
que anda por esa ladera,
“LETRAS” al4Cémo quieres que lo mate
si es de la nifia Severa?
&Y qué diriamos de El Cuervo?
El cnervo con tanta pluma
no se pudo mantener,
y el eseribano con una
mantiene moza y mujer...
No todos los titulos parecen ser sinaloenses. Don Angel no se-
fialé la procedencia de cada uno, quién comunicé la melodia ni el
nombre de los autores ya que todos se negaron a dar tales nombres
por modestia. Los nombres de animales, Arboles, objetos, oficios, mu-
jeres, etc., vienen sin interrupcién desde los primeros dias de la co-
lonia en que se criticaba a muchos espafioles que después de los bai-
les de sociedad, ellos se quedaban a seguir bebiendo y mientras la
musica tocaba La Iguana, La Culebra, etc., los espafioles ballaban
junto con los indios imitando el movimiento de los animales descri-
tos en la melodia.
E] primero de Jos revolucionarios que Ievé bastante gente de
Sinaloa a Estados como Durango, Chihuahua y Coahuila, fue el Gral.
Mateo Mufioz. De Cosald para Durango, fueron Manuel Mesta y D.
Claro Molina, que era de El Confital segin me decia su hijo. Los le-
vantados en armas fueron el vehiculo de dispersién de nuestra mtsi-
ca verndcula, en Ja que destacaron La Adelita y La Valentina.
Todas las melodias fueron armonizadas con arreglos de don
Angel Viderique. Casi ninguna de las melodias tuvo letra original-
mente. A principios del siglo aparecieron las letras de La Valenti-
na primero y después de La Adelita, Alguna de las melodias no tie-
nen letra hasta la fecha.
Algunos escritores 0 periodistas han sefialado el origen de La
Adelita y La Valentina como posteriores a 1910. Unos atribuyen las
melodias a Durango, otros a Chihuahua, otros a Coahuila y no po-
cos a determinadas personas. Alguno cit6 al Gral. Pablo Gonzilez
como autor de La Adelita y no ha faltado quien se haga pasar co-
mo compositor de la célebre melodia, Otros aseguran que La Adeli-
ta fue una muchacha que anduvo de soldadera en la Revolucién y a
ella le dedicaron la composici6n musical. Incluso hay dos 0 tres ca-
a2 “LETRAS”










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