Tesis de Grado:: "El Lugar Del Analista en Algunas Psicosis, El Anverso Del Deseo"
Tesis de Grado:: "El Lugar Del Analista en Algunas Psicosis, El Anverso Del Deseo"
Área: Clínica
Fecha de entrega: Julio 2017
Índice
Agradecimientos……………………………………………………………………....3
[Link]ón……………………………………………………..………...………....4
1.1. Selección de tema……………………………….………………......4
[Link]………………………………………………............…………………….4
2. Desarrollo…………………………………………………...……….……...............23
3. Conclusión………………………………..................................................………33
4. Bibliografía…………………………………………………………..………………35
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Agradecimientos:
Simplemente gracias.
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1. Introducción.
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una nueva manera de pensar el lugar del analista en dicha estructura, que
posibilitaron a muchos autores a realizar nuevos aportes respecto del tema. Es
por ello que intentaré abordar no solo los nuevos aportes, sino ampliar
interrogantes sobre la práctica psicoanalítica, en estructuras psicóticas, dentro
de un hospital, llevando a re pensar el lugar del analista, la transferencia y su
deseo como categoría conceptual ética, introducida por Lacan, esto es, el
‘deseo del analista’.
1.2. Objetivos
1.2.1. General:
1.2.2. Específicos
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1.3. Marco teórico
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A lo largo de su obra, si bien conceptualiza teóricamente en
“Puntualizaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia” ( Obras completas
XII, Freud, 1910) Freud intentara trabajar este caso desde escritos del paciente
(el legendario Presidente Schreber), es decir desde sus memorias, abordando
las primeras conceptualizaciones de la particularidad del mismo, pero en efecto
no fue una práctica sostenida con sus pacientes.
Es por ello, necesario mencionar, que Lacan, realizará el escrito “De una
cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis” (Escritos II, 1958,
Lacan), donde el autor profundiza el primer abordaje a la clínica con psicosis
propuesta en el Seminario 3 (1955-1956) para poder pensar que quizás sí puede
haber un tratamiento posible con la psicosis, pero precisamente de carácter
preliminar, respecto de las consideraciones previas que a la posición del analista
atañen para poder llevar adelante el dispositivo con dicha estructura y de las
consideraciones para poder hablar de transferencia en este aspecto.
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Luego, (1924) adjudica un papel etiológico a la frustración, es decir, a la
imposibilidad de cumplir los deseos (pulsionales). Dependerá de la forma en que
el yo responda ante la tensión conflictiva con cualquiera de sus tres vasallajes el
hecho de que tenga lugar una neurosis o una psicosis.
De esta forma las neurosis serían explicadas por un conflicto del yo con el
ello, en el cual el primero, al servicio del superyó, reprime unas fuerzas
pulsionales incompatibles con la demanda del mundo exterior. En la psicosis, el
yo responde de otra forma: es avasallado por el ello (las fuerzas pulsionales) y
cancela su vínculo con la realidad.
Según Freud lo decisivo en la neurosis sería la hiperpotencia del influjo
objetivo, y en la psicosis la hiperpotencia del ello. En la neurosis el Yo huye de la
realidad dolorosa. En cambio, en la psicosis lo que sucede es que la realidad
intolerable es sustituida por una nueva.
La distinción principal entre neurosis y psicosis queda plasmada en el
siguiente fragmento: “la neurosis no desmiente la realidad, se limita a no querer
saber nada de ella; la psicosis la desmiente y procura sustituirla” (Freud, 1924.
P, 241).
Lacan, quien funda sus conceptualizaciones en base al estructuralismo y
la lingüística –con una notable influencia de Claude Levi Strauss, Ferdinand De
Saussure y otros lingüistas contemporáneos- en la constitución subjetiva, es
quien abordará precisamente el concepto de ‘estructura’, que sería similar al
aparato psíquico freudiano, dado que este toma los conceptos previos tomados
por Freud, y va más allá aportando una nueva noción del inconsciente, como el
Sujeto del Inconsciente, en tanto el ingreso al lenguaje implica la inscripción de
un significante, y un significante es lo que representa a un sujeto para otro
significante.
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Significante primordial (Significante del Nombre del Padre) no se inscribe y
queda forcluida de la cadena de significantes.
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esta expulsión será mencionada como Forclusión del significante primordial, ‘el
Nombre del Padre’, operante no sólo porque determina como bien se mencionó,
el campo de las significaciones, sino porque funda el ingreso al deseo en tanto
confirma la pérdida del objeto mítico, acto que no ocurre en la psicosis y como
consecuencia se desarrollaran los fenómenos antes mencionado.
Por último cabe agregar a modo aclaratorio, que las estructuras no son
flexibles en tanto un individuo puede pasar de una estructura psicótica a una
neurótica, sino que más bien este concepto de ‘estructura’ como se menciona al
comienzo viene impregnado del marco teórico derivado de los fundamentos
lingüísticos saussereanos.
-¿Transferencia en la psicosis?
La transferencia es:
El proceso en virtud del cual los deseos inconscientes se actualizan sobre
ciertos objetos –principalmente en la imagen del analista-, dentro de un
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determinado tipo de relación establecida con ellos y, de un modo especial,
dentro de la relación analítica. Se trata de una repetición de prototipos
infantiles, vivida con un marcado sentimiento de actualidad. (…) Es el
terreno en que se desarrolla la problemática de una cura psicoanalítica.
(cfr. Laplanche, J. y Pontalis J-B., 1993, p. 439).
Los pacientes presentarán una tendencia a insertar al analista en series
psíquicas preformadas, determinadas por imagos.
La transferencia será el más grande obstáculo en la cura cuando se erija
como resistencia ante la inminencia del recuerdo del material reprimido. A su
vez, será una gran herramienta cuyo manejo determinará el éxito o fracaso del
análisis, dado que trae al terreno o inmediatez del análisis los conflictos
reprimidos. La transferencia aparece como condición necesaria pero no
suficiente para la cura.
Freud se pregunta acerca de la existencia de la transferencia en la
psicosis, más precisamente, si el sujeto psicótico es susceptible de entrar en un
lazo transferencial en el contexto de un psicoanálisis. Al respecto sostiene que
en la psicosis habría una regresión al estadio autoerótico (en esquizofrenia) y al
narcisismo (en la paranoia), lo que provocaría que el psicótico no dispusiera de
líbido para transferir a la figura del analista. Entonces, el psicoanálisis sería
inoperante en estos sujetos. Es justamente la ausencia de transferencia lo que
justifica para Freud que sea imposible la cura analítica para los psicóticos.
Reflexiona Averbach (1998) al respecto:
Freud ha aportado una comprensión de las psicosis, una serie de
hipótesis causales, pero, con una honestidad que lo honra, concluyó: «No
es posible el Psicoanálisis con pacientes psicóticos». Una fórmula
negativa a la que, en años posteriores, han venido a sumarse otras: No
hay elección de objeto, No hay simbolización, No hay Inconsciente (o hay
"un Inconsciente a cielo abierto", como prefería Freud), No hay Nombre-
del-Padre..., todas fórmulas negativas. Pero esto es definir la psicosis por
una serie de en-menos, cuando la psicosis es otra forma de situarse en la
vida (Averbach, 1998, p. 50).
Lacan continúa con la acepción que Freud tiene de la transferencia, pero
la articula con el concepto de ‘sujeto supuesto saber’. Esto consistiría en la
atribución de saber al Otro, en la suposición de que el Otro es un sujeto que
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sabe. Asimismo, propone al analista como semblante causando el decir del
analizante, para luego leer en las “fallas” de su discurso algo del orden de la
verdad del sujeto; en una posición de objeto que causa el mencionado “decir” y
su división. Y en este sentido, como sostiene Belucci (2009):
El amor que, como sabemos desde Freud, inviste el lazo transferencial, se
dirige entonces al analista en la medida que, desde la posición de
semblante, evoca un ser irremediablemente en falta, falta en la que se
aloja el objeto que parcializa el goce, de otro modo insoportable(Belucci,
2009, p. 143).
Pero este mecanismo aparece como únicamente válido en una estructura
neurótica. De aquí que afirme que: “Se sigue de esto la imposibilidad de sostener
en la clínica de las psicosis la operación semblante, causando el decir del
paciente” (op. cit, p. 144).
Lacan sostiene la existencia de la transferencia en la psicosis, pero
variando su estructura respecto de cómo aparece en la neurosis. Propone que
tiende a organizarse en dos polos de persecución-erotomanía, debido a que
serían las modalidades privilegiadas del psicótico para restaurar la alteridad
luego de la estasis libidinal sobre el yo propia del desencadenamiento.
En la versión psicótica de la transferencia, según Lacan, el analista
encarnaría un lugar de Otro consistente, totalizador del saber y goce.
En “Secretario del alienado” (Clase XVI, Seminario 3, 1955/56) nombra al
analista como testigo del testigo, siendo éste un depositario de la transferencia
delirante, del testimonio del sujeto psicótico que aloja y sostiene el texto
delirante, lejos de juzgarlo.
Por último, es posible leer en el lugar del analista como semejante, un
sostén o suplencia ante la falla estructural de la psicosis. Opera de la mano de
posibilitar una charla amable desde la función de la (verificación de la) presencia,
alojando las producciones delirantes o alucinatorias.
Averbach (1998) se pregunta respecto de la existencia de la transferencia
en la psicosis:
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psicótico transfiere a la situación analítica lo que continúa repitiendo de su
relación con el discurso del Otro: su relación delirante con el Otro (…) Con
el psicótico no es posible el análisis, porque no hay ningún saber analítico
ni médico posible. Es él el que sabe. No hay ningún Supuesto Saber en el
lugar del analista (p. 52-53).
Es por ello, que pensar la tercer vertiente de lugar de testigo siempre será
la más apropiada, en tanto se dé lugar a ese saber que habla a aquel sujeto, el
inconsciente a cielo abierto dirá Freud, bajo los influjos de lo real dirá Lacan,
pero que demuestra el padecimiento que esto le implica, pensar en un psicótico
que recurra a un analista, no es pensarlo solamente en términos de la
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imposibilidad de no poder hacer nada con eso, sino buscar nuevas formas de
orientar la cura, para tratar de dar forma a aquello que lo acontece.
Para ello Lacan mencionara, que este lugar es el lugar de objeto causa,
es decir como causante de un saber, pues es el analista quien fundara el campo
del ‘Sujeto Supuesto a Saber’, en tanto se le supone un saber al sujeto, en
términos de saber inconsciente, que para poder producirlo es necesaria la figura
de un analista, que propicie el espacio de análisis. Pues entonces qué desea un
analista, desea analizar, escuchar, puntuar, intervenir, recortar, interpretar y
propiciar las condiciones pertinentes para que el sujeto hable de aquello que lo
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divide, de aquello que le hace síntoma, de aquello que repite. Pero, esto sería
difícil de pensar, sin precisamente la ética de la práctica, pues una analista no es
un amigo que aconseja en base a lo que escucha, ni tampoco un ser muerto que
no interviene. Lacan mencionara, que la posición del analista será la de “el
muerto”, en tanto no interviene su deseo como individuo, dado que en un análisis
solo debe haber un sujeto y este es el del analizante. Dentro de este campo, el
analista debe abstenerse a posicionarse en un lugar erróneo que entorpezca la
producción del saber antes mencionado. Y sostener, que él no es el que poseer
el saber, en tanto figura profesional, sino que será su analizante quien lo posea.
Es decir que el analista, no debe partir de ningún saber a priori, más bien
respetar aquello mencionado por Freud (1912) “Consejos al médico”, donde lo
que debe permanecer es la atención ‘parejamente flotante’, en tanto no debe
haber supuestos previos, ni hipótesis, más bien un escucha abierta, que
devuelva un mensaje, apostando a la apertura del inconsciente. Y por sobre todo
alojando el deseo de quien algo tiene para decir.
“El deseo del analista ofrece un hueco, una falta en el Otro, hace lugar al deseo,
aloja al objeto (…) El analista orientado por el deseo del analista, parte de la
singularidad de las soluciones subjetivas frente al encuentro con el trauma, para
hacer posible, operando con la interpretación, desde el lugar que toma en la
transferencia, un nuevo arreglo con el goce”.
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En la psicosis no se menciona la constitución de fantasma, ni mucho
menos la de hacer surgir un saber inconsciente si se parte del supuesto
que el inconsciente es a cielo abierto y ese saber está expuesto sin más.
En la psicosis no se puede hablar de transferencia en tanto simbólica, por
lo cual tampoco se puede hablar del lugar de alojo, y más aún, de lo que
implica ocupar un lugar erróneo de saber.
En la psicosis no se puede hablar del desmembramiento del objeto a, en
tanto perdido, dado que no hay pérdida instaurada.
Ahora bien, si el sujeto psicótico es presa de fenómenos de goce que surgen por
fuera del desfiladero de la cadena significante, a “cielo Abierto”, dice Freud, “en lo
real”, dice Lacan, se tratara más bien de obtener un influjo de lo simbólico sobre
este real. (Colette Soler. 2000,“El sujeto psicótico en el psicoanálisis”. p, 42)
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¿Cómo se puede pensar la transferencia en la psicosis, a partir
de los aportes de Lacan con el trabajo de aquello imposible?
¿Cuáles son las peculiaridades de la práctica, distinguiéndose
esta, de la transferencia en la neurosis?
¿El psicoanálisis como tal puede permitir al paciente servirse del
dispositivo para direccionar la cura, en tanto está apunte a la estabilización
del mismo?
1.4.1. Hipótesis
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experiencia freudiana no hay lugar para un conocimiento teórico de un
fenómeno psíquico, sin que este conocimiento posibilite (no digo que
asegure) una acción sobre el fenómeno. Si el psicoanálisis es una praxis, es
una paradoja sostener que contamos con un modelo teórico que nos permite
entender las psicosis y, a la vez, que esa "comprensión" es ineficaz.
Las psicosis plantean muchos interrogantes. Escogí uno de ellos para
titular esta presentación: « ¿Quién dirige la cura en las psicosis?».
Desde Lacan sabemos que quien dirige la cura es el deseo del
analista. La pregunta que me formulo es: ¿Que deseo pone en juego la
psicosis en el lugar del analista?, allí donde ya no nos vale la feliz fórmula
lacaniana: "deseo de apertura del inconsciente".
Entonces, ¿no hay transferencia en la psicosis? Evidentemente la
catexis libidinal de un objeto se produce. Por lo tanto, la transferencia de una
imagen proyectada sobre el analista, se da en las psicosis, lo que resiste al
análisis es su exceso, no su ausencia. El psicótico transfiere a la situación
analítica lo que continúa repitiendo de su relación con el discurso del Otro: su
relación delirante con el Otro.
Con el psicótico no es posible el análisis, porque no hay ningún saber
analítico ni médico posible. Es él el que sabe. No hay ningún Supuesto Saber
en el lugar del analista. Los excesos de transferencia imaginaria intentan
cubrir el hueco que deja la ausencia de toda transferencia simbólica. Pero
ese saber lo aplasta, lo borra como sujeto; sólo resta de él eso que sabe.
¿Qué hacer, entonces, como analistas, si el paciente no puede
suponernos saber alguno, suposición en la que se basa nuestro trabajo? Si
no se nos supone ningún saber, tendremos que arreglárnosla con nuestra
ignorancia.
Si no hay transferencia en la psicosis, en la medida en que el concepto
de transferencia fue desarrollado por Freud en su trabajo con pacientes
neuróticos, sí hay algo que permite nuestro trabajo y a lo que, de algún modo,
tendremos que nombrar. Podríamos denominarlo una llamada, llamada que
nunca ha sido escuchada. Muchas veces el encontrar alguien dispuesto a
responder a esa llamada en la escena cotidiana, una pareja o un amigo,
permiten al psicótico mantener una vida aparentemente normal; o anormal,
pero que le vale.
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Si no hay transferencia simbólica, nos vemos privados de la
interpretación, nuestra herramienta de trabajo. Si alguna vez, llevados por el
deseo que nos ha conducido a hacernos analistas, cometemos el error de
interpretar su discurso como lo hacemos con las neurosis, los resultados
pueden ser catastróficos.
Entonces, ¿cómo responder?.
En principio sabemos que, en cuanto analistas, nunca debemos
responder desde el lugar en el que somos interpelados.
Intento no confirmar ni desconfirmar el delirio; no adherirme a las
significaciones que me ofrece, ni oponerme a ellas. Ofrecer mi lugar como un
espacio vacío: vacío de saber, vacío de poder, vacío de cualquier deseo en
relación a él.
Intento empujarlo a decirse como sujeto, a dar explicaciones de lo que
le pasa. Lo invito a que me diga algo de un saber que él tiene. Y, si no lo
tiene, que se lo invente.
En cuanto al lugar del analista, la autora, continúa su relato sobre lo
concepcionado en su praxis sobre el deseo del analista:
“Deseo del analista que habita un lugar vacío. Pero, ¿qué deseo?
¿Qué deseo nos lleva a hacer de "secretarios", de "testigos", de
"semejantes" de un psicótico, o, por qué no, de "basureros"?.
Deseo de saber, curiosidad insaciable a la que no le basta con el
saber neurótico. Del porqué de ese deseo, debería preguntárselo uno en
su propio análisis. Por otro lado, uno puede ser analista sin necesidad de
trabajar con pacientes psicóticos, si ese trabajo no está incluido en su
deseo. Es lo que hizo Freud sin ir más lejos.
También deseo de ayudar, aunque hoy ese deseo, en ciertos círculos
analíticos, sea vergonzante. Deseo de que el psicótico, por medio de su
trabajo, se invente un lugar, se invente un saber, que le permitan hacer
lazo social. Que con su delirio haga algo, que invente algo. Que viva con
su delirio, como nosotros intentamos vivir con nuestro Inconsciente, y no
para su delirio, como muchos neuróticos viven para su Inconsciente. Que
no sea un autómata del Significante, que viva dentro de un lazo social que
no agota la vida, pero que es imprescindible para que ésta sea posible.
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"No hay psicoanálisis del psicótico", pero el psicótico puede beneficiarse del
psicoanálisis”
Los supuestos de esta autora, irán en línea con los interrogantes de este trabajo,
dado que es una constante intentar delinear, cómo poder abordar el dispositivo
psicoanalítico con pacientes psicóticos. Aún más complejo, pensándolo en un
dispositivo hospitalario, donde la complejidad de las intervenciones y de las
demandas burocráticas toman otro tinte, llevan a ubicarse al analista en otro
lugar.
Respecto de esto, se puede ubicar a otro autor que en diálogo con lo expuesto al
comienzo, expresa conceptos similares; José Zuberman, dirá en “Psicoanálisis y
Hospital” (2002):
“El hospital, es el lugar donde llega aquello de la sociedad que no anda
bien.
Que no camina, que no funciona, los restos. Los restos podríamos decir
en nuestro lenguaje.
Si el analista decide atender en el hospital es porque le interesa
interrogar esos restos, eso lo causa.
A un analista siempre le causa, interrogar aquello que no funciona. Para
Freud fue el síntoma histérico, el síntoma neurótico fundamentalmente.
Interrogando eso que no funciona en un sujeto, y a lo que la medicina
no daba respuesta, da lugar el psicoanálisis”.
-” La historia del psicoanálisis, y los psicoanalistas con en el hospital es
compleja.
Nos toca pensar críticamente, no solo que le ocurre a la otra parte, sino
que, en tanto analistas, poder interrogar nuestra parte en la cuestión:
¿Que le ocurre a quien, como analista accede a la institución
hospitalaria?
Continuando con lo abordado es apropiado además contraponer algunas
ideas, que realiza en su abordaje Adriana Rubinstein y que coinciden con esto
que plantea Marina también sobre el psicoanálisis, la psicosis y el lugar del
analista.
“Pero aunque pueda tomar semblantes diferentes, el deseo del
analista está orientado y es el analista el que conduce la cura. Desde el
lugar que toma en la economía libidinal, va contra el efecto de
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transferencia que funciona como señuelo, va contra la identificación y
“lleva la experiencia del sujeto al plano desde el cual puede
presentificarse, de la realidad del inconsciente, la pulsión”. Apunta así a
conmover las fijaciones de goce, y a crear las condiciones para un modo
menos costoso de hacer con la pulsión. Por eso, la estructura del chiste,
le es propicia”.
Por lo expuesto en el siguiente estado del arte, la posición que se tomará,
será alineada con lo planteado por las autoras, pensando en el abordaje posible
para tratar la psicosis, tomando el deseo del analista como concepto central y de
un posible abordaje transferencial, se tomará además una nueva vertiente, es que,
el lugar del analista desde una lógica no solamente de testigo, sino motorizada por
el deseo de hacer algo con eso real que irrumpe en la vida del individuo, en tanto
sea el paciente psicótico el que permita por diversos medios acceder al dispositivo,
y poder maniobrar con ese goce que lo habla.
Dentro de la lógica de talleres, o bien con maniobras diferentes a las
pensadas en la clínica privada, la praxis hospitalaria, permitirá arribar a nuevas
formas de hacer con aquello imposible, sin perder la lógica de la ética que atraviesa
la labor de un analista. Es decir que no se deja de hablar de método psicoanalítico,
pero si, con salvedades y excepciones.
Interrogando, que si hay un deseo que motoriza, éticamente, es el de
sostener un lugar, y no precisamente de saber sino de testigo, de ‘contenedor’, no
solamente de residuos como lo mencionara Lacan (1976) en su Seminario 3 “Las
Psicosis” sino también de contenedor como dador de su cuerpo, de su semblante,
de sus herramientas y también de su saber, para advertirse y poder también decidir
si hacer frente o no con este tipo de pacientes.
Como se introdujo en este estado del arte, cada analista elige que realizar en
su práctica y no por eso verse en la obligación de trabajar con dichas estructuras,
pero al igual que con una neurosis, la psicosis, presentará obstáculos a vencer, y
nuevas maneras de pensar la práctica, por fuera del diván y el consultorio privado.
Más allá del nombre que formalmente se le desee poner a este lugar, lo claro
debe ser que un analista debe estar regido por su ética y frente a ello posicionarse.
Estando no solamente advertido, sino respetando las máximas de la práctica
psicoanalítica.
- Análisis personal
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- Supervisiones
- Estudio de los textos analíticos.
En primer lugar, cabe aclarar que el estudio surge a raíz del encuentro
con un paciente durante la entrevista que se le ha realizado en el Servicio de
Internación de un Hospital Asistencial de la Ciudad de Buenos Aires, en el cual
se ha encontrado internado. Dicha entrevista fue presenciada en calidad de
oyente, ya que ha sido dirigida por un psicólogo perteneciente al Servicio. En
segundo lugar, se ha utilizado el material expuesto en las evoluciones de la
Historia Clínica del paciente, así como también entrevistas semi-dirigidas con
algunos integrantes del Servicio que han aportado datos sobre su estadía en el
hospital, así como también, aspectos vinculados con el tratamiento en general.
Por último, la elaboración y su posterior desarrollo ha sido el resultado de la
búsqueda bibliográfica de autores pertenecientes a varias materias del recorrido
académico.
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abordar nuevas conclusiones o bien nuevos interrogantes a lo largo de este
trabajo.
2. DESARROLLO
El día 26 de Febrero de 1999, a las 22 hrs, llega al hospital “C”, que será
como lo llamaré de ahora en adelante, de 33 años de edad, oriundo de una
localidad de la zona sur del Conurbano bonaerense. De acuerdo a lo que se pudo
abordar en su historia clínica, él mismo presentaba un diagnóstico presuntivo
psiquiátrico de ‘Descompensación psicótica, por abandono de tratamiento
farmacológico y debilidad mental leve’.
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Es el paciente quien en uno de los encuentros, menciona que recuerda la
internación en el servicio 14, afirma haber llegado al hospital muerto y que estuvo
ahí para realizar una cura de sueño donde sufrió estando ahí.
“C” tiene tres hermanos más, de los cuales con tan solo uno mantienen
vínculo hasta el día de hoy. Es este, el que posibilita las salidas esporádicas de “C”
del hospital y lo aloja durante los fines de semana con su familia.
“C” no quiere hablar mucho sobre él, pero lo recuerda como un buen hombre.
Aunque, es éste quien lo hace interrumpir la trayectoria escolar en el secundario
obligándolo a elegir un oficio.
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pero se hipotetizó que ya estaba en un tratamiento previo con remedios, para ello
sirvió el material de la internación donde se menciona el ‘abandono de tratamiento’.
Actualmente, hace 17 años que “C” está en el hospital, con las salidas
esporádicas mencionadas cuando su hermano lo visita, luego de las entrevistas
realizadas se podrían agregar algunos datos más para el posterior desarrollo del
análisis del caso.
Por otro lado, el paciente desarrolló más sobre esta división que se articula a
‘sanos y ‘enfermos’, ‘vivos’ y ‘muertos’. División que pareciese mantenerlo
ordenado, como se mencionó antes y que reitera varias veces, en especial
afirmando que los que toman medicación son los enfermos y que los que no son los
sanos. Sobre esto, realiza un interrogante interesante a preguntar si su familia pudo
o no con la medicación.
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algunos de estos para con él, motivo que lo tiene algo consternado en su relato y
por el cual pide ayuda al analista y a quien lleva adelante la entrevista.
Agrega que asiste a los talleres de música, comentando que estudió de chico
teclado, también sabe tocar armónica, que le hubiese gustado ser cantante o
político. También va al taller de expresión corporal, el taller de juego que dicta su
analista y el de macetas.
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que se debe abordar el caso por caso y maniobrar viendo los efectos que generan
en el paciente, el encuentro en transferencia con su analista luego de tantos años
de tratamiento.
Por otro lado, el segundo gran interrogante fue la preocupación del paciente
frente a las ausencias de su hermano, sino lo va a ver, o bien la preocupación frente
al estado de sus compañeros o al maltrato que remite que algunos pacientes le
hacen.
Se podría pensar que en una esquizofrenia que atenta sobre los vínculos y la
posibilidad de lazo, este paciente vislumbro un algo de interés y no solo eso sino
afectividad frente a todas estas circunstancias, ante todo sobre el auditorio, que
esperaba encontrar los detalles que determina un diagnóstico de manual, de un
individuo que no genere interés con absolutamente ninguna actividad ni tampoco
con sus pares, con afectividad abolida.
Se pudo presumir, que algo de la muerte de su madre tuvo que ver con la
internación de este paciente, arribar a esto, llevo a pensar en la singularidad de la
muerte para el caso de “C”. No solo por lo que su hermano menciona respecto del
vínculo de estrechez entre ellos, sino también porque la internación es un año
después del fallecimiento de ella. Por lo dicho anteriormente, se tomará este
suceso, como un momento de emergencia para el paciente. Donde algo de lo real,
‘emerge’, momento donde las herramientas que proporciona el significante
primordial hacen vacío y donde la palabra misma toma el valor de la cosa, un
significante vacío que confronta al sujeto con el campo de lo real.
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“C” es internado por falta de la toma de medicación, pensar en que lo llevó a
esto, permite interpelar si quizás algo de las divisiones que este manifiesta sobre
‘sanos’ o ‘enfermos’ tiene que ver con el momento donde decide abandonar el
tratamiento, y que de esto que emerge tiene que ver con las herramientas
simbólicas que se necesitan para responder a un suceso como la muerte, que ni
más ni menos confronta al sujeto con el campo de lo real.
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como si lo encontramos en su historial clínico, durante los primeros años de su
internación, ni tampoco periodos de extrema verborragia, aunque fue por el analista
que se logró saber que hay días donde él si tiene ganas de hablar, si hay algo que
tiene para decir, quizás no con la periodicidad que antes pero algo del ‘vaciarse’,
pareciera surgir en estas demandas espontáneas donde necesita hablar.
“(...) ¿Quién de nosotros está sano?, ¿quién está seguro de estarlo? Aquel de
vosotros que esté sano que tire la primera piedra. ¿Quién no necesita curarse
diariamente?, y para ello estudia, trabaja, se preocupa, hace actividades
innecesarias, habla con otra gente.” (Lombardi 1999, p. 50).
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Es decir, que el analista, posicionado, en el lugar correcto, como secretario
del alienado, al servicio del saber que otorga este paciente, genera efectos
beneficiosos en tanto direcciona la estabilización del mismo y le permite servirse del
dispositivo transformando lo imposible, en una nueva manera de construir.
Ver como el paciente se dirige a este, en la búsqueda de un sostén, además,
interpela un lugar que se encarna no solo desde lo simbólico, sino también desde lo
imaginario y lo real, como es bien sabido también en la neurosis misma. Con la
particularidad, de que en este caso, el saber ya está explícito en la verdad que el
paciente trae en su discurso, y que el analista debe abstenerse a escuchar y no
contradecir este discurso, en tanto puede causar erotomanía en el paciente.
Todo esto se podría pensar, si se puede apreciar un analista por fuera de los
estándares clásicos. Es decir, no confundir quizás una intervención en la familia, con
un analista que se corra de su lugar y vaya a ser un secretario en lo real, realizando
todas las cuestiones burocráticas que abarcan la inserción en lo hospitalario y sus
obstáculos
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En cuanto al deseo del analista, esto es retomado como ya se mencionó al
comienzo, sin dudas en el deseo de analizar, y se propondrá pensar en este caso,
abordado con una estructura psicótica, que si bien, no habrá que abordar la
producción de un saber, cómo en una neurosis, apostando a este saber ya fundado,
que desbordó al sujeto, en tanto no pudo encauzarse en el lenguaje, en tanto
inscripción del significante primordial, que no por ello, se debe desestimar este
saber, contradecirlo o no darle un lugar. Dado que, la confianza que el analista
brinda en cada encuentro, permiten al paciente abrirse de una nueva oportunidad,
de darse lugar a contar aquello que para él es su verdad, y esa es la ética que debe
primar en un análisis, que, por ser en un hospital, bajo la complejidad institucional,
por ser con una estructura tipificada de crónica, no destruye a las normas que
priman a un analista.
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de estos casos, sino reinventando cada vez para ser posibilitadora y productora de
nuevos saberes.
Pero por sobre todo, el lugar del deseo, como deseo de analizar, pese a los
obstáculos que surgieron, absteniéndose el analista, de caer mal posicionado,
revisando cada vez la evolución clínica de “C”.
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3. CONCLUSIÓN
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acotar lo real, es uno de los tantos aprendizajes, que surgen en la clínica con
psicosis, una herramienta que posibilita, donde parece imposible, cuando la
palabra aplanada no da lugar a las intervenciones. Un análisis en tanto tal es
posibilitador, de un trabajo con aquello que en principio parece congelado por
los rezagos que el tiempo dejó en el discurso del paciente.
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