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Tesis de Grado:: "El Lugar Del Analista en Algunas Psicosis, El Anverso Del Deseo"

Este documento es una tesis de grado presentada a la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires. El trabajo analiza el lugar del analista en algunas psicosis y explora un caso clínico particular. La tesis introduce el tema, objetivos y marco teórico, y analiza conceptos clave de autores como Freud, Lacan y Soler sobre el tratamiento de la psicosis. El documento también incluye un índice y agradecimientos.

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Tesis de Grado:: "El Lugar Del Analista en Algunas Psicosis, El Anverso Del Deseo"

Este documento es una tesis de grado presentada a la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires. El trabajo analiza el lugar del analista en algunas psicosis y explora un caso clínico particular. La tesis introduce el tema, objetivos y marco teórico, y analiza conceptos clave de autores como Freud, Lacan y Soler sobre el tratamiento de la psicosis. El documento también incluye un índice y agradecimientos.

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TESIS DE GRADO:

UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES


FACULTAD DE PSICOLOGÍA

“El lugar del analista en algunas


psicosis, el anverso del deseo”.
 Alumna: Paola Elvira Torres
 L.U.: 36.676.238-0
 Tutor: Scorofitz, Hernán
 D.N.I.: 24.170.154

Área: Clínica
Fecha de entrega: Julio 2017
Índice

Agradecimientos……………………………………………………………………....3
[Link]ón……………………………………………………..………...………....4
1.1. Selección de tema……………………………….………………......4

[Link]………………………………………………............…………………….4

1.2.1. Objetivos generales................................................................ ..5

1.2.2. Objetivos específicos..................................................................5

1.3. Marco teórico………..........…………………………….……………................. 6

1.3.1. De Freud a Lacan en un tratamiento posible para la psicosis …………......6

1.3.2. Definiciones de conceptos claves.............................................7

1.4. Planteo del problema…….........…………………………………...……………16

1.5. Estado del arte………………………………………………….......…………….17

1.6. Tipo de estudio y metodología…………………...................……………......22

2. Desarrollo…………………………………………………...……….……...............23

2.1. Presentación del caso clínico……………………..………...........…….23

3. Conclusión………………………………..................................................………33

4. Bibliografía…………………………………………………………..………………35

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Agradecimientos:

Quisiera agradecer brevemente, a todos los docentes que me formaron por


transmitirme el amor y la pasión por esta práctica.

A mi tutor por su tiempo y su ayuda en este recorrido.

A mi familia, que fue soporte de mis quejas universitarias, a mi analista que


me enseñó en la práctica los valores de nuestra ética, la importancia de
analizarse y la pasión compartida.

Y a esta casa, la Universidad de Buenos Aires, por alojar los rincones de


cada momento del recorrido de mi vida y del paso por la facultad, me permitió
conocer gente increíble y muchas amistades. Sin dudas, uno ingresa como una
hoja en blanco y termina como un libro escribiendo su propia experiencia de lo
que en cada momento paso.

Simplemente gracias.

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1. Introducción.

1.1. Selección del tema:

“La psicosis es eso delante de lo cual un analista no debe recular en


ningún caso”(Lacan, 1976,p. 14)
La siguiente tesis de grado es el producto de varios interrogantes, que
surgieron a lo largo del recorrido académico. Los mismos fueron motivados luego
de la cursada de la Práctica Profesional “La Clínica En La Emergencia” en el
segundo cuatrimestre del año 2016, cuando tuve la oportunidad de asistir como
practicante al Servicio 17 del Hospital J. T. Borda. Allí, como parte de la
experiencia curricular, además de comenzar a realizar abordajes teóricos del
trabajo clínico con la psicosis por medio de la revisión de historias clínicas y
presentación de enfermos, me interesé en el caso de uno de los pacientes con el
que trabajamos, quien llamaré “C” a lo largo del trabajo.
Este caso, despertó varios interrogantes en lo que a la praxis atañe, dado
que se exponía la encrucijada de tener que contrastar los conocimientos
teóricos de estos años con lo que en la práctica con la clínica de la psicosis
ocurre: no solamente, confrontar la teoría, sino conocer nuevos lugares, por
fuera de lo estudiado que un analista debe afrontar, dentro de un dispositivo
hospitalario, donde convergen las problemáticas institucionales, los obstáculos
de trabajar con estructuras tipificadas dentro del ámbito de los pacientes
comúnmente llamado 'crónicos', donde algo de la estaticidad y rigidez del tiempo
se comportan como barreras en un tratamiento, y donde a veces el analista
realiza maniobras por fuera de lo pensando en el dispositivo, las cuales
posibilitan el avance en la dirección de la cura o estabilización del paciente, pero
a su vez reactualizan varios de los supuestos respecto de la ética de nuestra
práctica.
Pensar un tratamiento posible para las psicosis, luego de los primeros
aportes que Freud evidenció, precisamente parecía imposible, dado que no se
podía pensar en sostener el dispositivo analítico bajo la premisa de sostener la
transferencia. Con los aportes de Lacan en su trabajo “De una cuestión
preliminar a todo tratamiento posible en la psicosis” (1958, p. 49) se vislumbra

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una nueva manera de pensar el lugar del analista en dicha estructura, que
posibilitaron a muchos autores a realizar nuevos aportes respecto del tema. Es
por ello que intentaré abordar no solo los nuevos aportes, sino ampliar
interrogantes sobre la práctica psicoanalítica, en estructuras psicóticas, dentro
de un hospital, llevando a re pensar el lugar del analista, la transferencia y su
deseo como categoría conceptual ética, introducida por Lacan, esto es, el
‘deseo del analista’.

1.2. Objetivos

1.2.1. General:

· En la siguiente tesis se intentará avanzar en la conceptualización del


lugar del analista en la psicosis, exponiendo los obstáculos que surgen en la
práctica psicoanalítica,dentro de una institución como lo es un hospital público –
con las particularidades históricas del Hospital Borda-, construyendo nuevas
propuestas posibilitadoras para el trabajo con la misma, abordando la
singularidad de un caso clínico.

1.2.2. Específicos

 Caracterizar a la psicosis como estructura.


 Indagar el lugar del analista y las características de la transferencia en el
psicoanálisis con pacientes psicóticos, en hospitales.
 Abordar aquello que emerge en un análisis con estructuras psicóticas, a
través de la multiplicidad de estrategias que permiten direccionar la cura o
bien estabilizar a los pacientes.
 Problematizar la ética de la praxis, introduciendo conceptos como el deseo
del analista en estructuras psicóticas.

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1.3. Marco teórico

En la presente investigación partiré de nociones y conceptos


pertenecientes a los siguientes autores clásicos del psicoanálisis: Sigmund
Freud (1892, 1937,1940); Jaques Lacan (1984, 1999); Colette Soler (1988,
1991), y secundariamente, psicoanalistas argentinos como Gabriel Lombardi
(1999); Martín Alomo (2012) y Gabriel Belucci (2004). Las reflexiones teóricas
propuestas por tales autores serán presentadas y desarrolladas en sus aspectos
más relevantes con vistas a problematizar el lugar del analista en la psicosis,
teniendo en cuenta, por ejemplo, el tipo de psicosis (en pacientes comúnmente
llamados “crónicos”), las intervenciones a realizar, las problemáticas
transferenciales y las conceptualizaciones que a la praxis atañen.

1.3.1 De Freud a Lacan en un tratamiento posible para la psicosis.

Para poder comenzar conceptualizando la psicosis desde algunos


supuestos propuestos por Lacan, que es donde el campo del psicoanálisis se
abre a los abordajes de la misma, es necesario partir de una línea cronológica,
que arriba en los primeros sustentos freudianos.

En sus comienzos, las hoy denominadas estructuras psicóticas no


estaban delimitadas de las neurosis de transferencia por Freud: recordemos que
en la primer nosología –tiempos de teoría del trauma-, las llamadas
“neuropsicosis de defensa” contenían ambas estructuras en una misma
clasificación –delimitadas a su vez de las “neurosis actuales”-. De hecho, la
primer división tajante entre las neurosis y psicosis el propio Freud la establece
en “Introducción al Narcisismo” (1914), donde las psicosis serían denominadas
como “neurosis narcisistas” y, por primera vez, las neurosis propuestas con su
indisociable categoría de transferencia (“neurosis de transferencia”). Ya en 1924,
Freud –que hacía unos años había desistido de la práctica analítica con
pacientes psicóticos por la imposibilidad de transferencia- nos habla de
“Neurosis” y “Psicosis” separadas en relación al grado de “pérdida de la realidad”
y conflicto de instancias de su segunda tópica (Yo, Ello, Superyó).

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A lo largo de su obra, si bien conceptualiza teóricamente en
“Puntualizaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia” ( Obras completas
XII, Freud, 1910) Freud intentara trabajar este caso desde escritos del paciente
(el legendario Presidente Schreber), es decir desde sus memorias, abordando
las primeras conceptualizaciones de la particularidad del mismo, pero en efecto
no fue una práctica sostenida con sus pacientes.

Es por ello, necesario mencionar, que Lacan, realizará el escrito “De una
cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis” (Escritos II, 1958,
Lacan), donde el autor profundiza el primer abordaje a la clínica con psicosis
propuesta en el Seminario 3 (1955-1956) para poder pensar que quizás sí puede
haber un tratamiento posible con la psicosis, pero precisamente de carácter
preliminar, respecto de las consideraciones previas que a la posición del analista
atañen para poder llevar adelante el dispositivo con dicha estructura y de las
consideraciones para poder hablar de transferencia en este aspecto.

1.3.2 Definición de conceptos claves.

-La psicosis como estructura.

El término ‘psicosis’ emergió del ámbito de la psiquiatría en el siglo XIX


para hacer referencia a un tipo de enfermedad mental. Su definición,
caracterización y tratamiento no es exacta y varía considerablemente según la
tradición intelectual que la aborde.
Desde algunas definiciones referenciadas en el campo del psicoanálisis,
se la considera como una “perturbación global de la personalidad respecto de la
relación libidinal con la realidad” (cfr. Laplanche, J. y Pontalis J-B., 1993, p 321).
La mayoría de sus síntomas manifiestos constituyen ensayos secundarios de
restauración del vínculo objetal luego del replegamiento de la líbido sobre el Yo,
siendo los más conocidos el delirio y las alucinaciones.
Freud (1923) remite la psicosis a una causación similar a la de la neurosis:
a un ‘conflicto intrapsíquico’. En éste, el yo debe responder ante las exigencias
de tres amos: el ello, el superyó y el mundo exterior.

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Luego, (1924) adjudica un papel etiológico a la frustración, es decir, a la
imposibilidad de cumplir los deseos (pulsionales). Dependerá de la forma en que
el yo responda ante la tensión conflictiva con cualquiera de sus tres vasallajes el
hecho de que tenga lugar una neurosis o una psicosis.
De esta forma las neurosis serían explicadas por un conflicto del yo con el
ello, en el cual el primero, al servicio del superyó, reprime unas fuerzas
pulsionales incompatibles con la demanda del mundo exterior. En la psicosis, el
yo responde de otra forma: es avasallado por el ello (las fuerzas pulsionales) y
cancela su vínculo con la realidad.
Según Freud lo decisivo en la neurosis sería la hiperpotencia del influjo
objetivo, y en la psicosis la hiperpotencia del ello. En la neurosis el Yo huye de la
realidad dolorosa. En cambio, en la psicosis lo que sucede es que la realidad
intolerable es sustituida por una nueva.
La distinción principal entre neurosis y psicosis queda plasmada en el
siguiente fragmento: “la neurosis no desmiente la realidad, se limita a no querer
saber nada de ella; la psicosis la desmiente y procura sustituirla” (Freud, 1924.
P, 241).
Lacan, quien funda sus conceptualizaciones en base al estructuralismo y
la lingüística –con una notable influencia de Claude Levi Strauss, Ferdinand De
Saussure y otros lingüistas contemporáneos- en la constitución subjetiva, es
quien abordará precisamente el concepto de ‘estructura’, que sería similar al
aparato psíquico freudiano, dado que este toma los conceptos previos tomados
por Freud, y va más allá aportando una nueva noción del inconsciente, como el
Sujeto del Inconsciente, en tanto el ingreso al lenguaje implica la inscripción de
un significante, y un significante es lo que representa a un sujeto para otro
significante.

Es decir que el sujeto se encuentra dividido –Spaltung- por el


atravesamiento del lenguaje (los significantes de Otro) en la constitución
subjetiva. Es así que una estructura, es propia de la relación que ese Sujeto tuvo
singularmente con el discurso del Otro, ni más ni menos es la psicosis, la
estructura que se caracteriza por ubicarse en una operación que se podría
pensar como fallida al momento del ingreso del lenguaje, dado que la operación
fundamental de inscripción del campo de simbolización, a partir de un

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Significante primordial (Significante del Nombre del Padre) no se inscribe y
queda forcluida de la cadena de significantes.

Es decir que la operación en sí misma es fallida al momento del ingreso


en el lenguaje, dado que es el mismo Lacan quien sitúa que al momento del
ingreso del lenguaje, el sujeto quedará ‘barrado’ porque precisamente su
constitución subjetiva pasa por la inscripción de la falta, inscripción que no ocurre
en la psicosis.

En síntesis, en la psicosis “falla” una operación fundamental, estructurante y


determinante para la constitución subjetiva. Esta noción fue justamente
desarrollado por el autor en “Seminario 3” (Lacan. J., 1955)

Si bien Freud, deja algo de esto en vistas, es Lacan quien se encarga de


conceptualizar, precisamente el estatuto de estructura, como el vínculo del sujeto
con el Otro y de la importancia del Otro, en la constitución subjetiva. Al principio
de su obra en El Estadío del Espejo de 1936 y en 1953, tanto en el Discurso de
Roma como desde su primer Seminario. Es el Psicótico, quien enseñara en la
práctica, que a diferencia de la neurosis, él no puede disponer de la palabra, de
la misma manera, y que el vínculo con ese Otro, viene teñido de particularidades
que dejan como consecuencia lo que Lacan mencionara cómo los estragos de la
ausencia de la “carretera principal” determinan la construcción de la realidad:

“La carretera principal es un paraje, en torno al cual no solo se aglomeran


todo tipo de habitaciones, de lugares de residencia, sino que también polariza,
en tanto significante, el campo de las significaciones” (Seminario 3, 1995,
Lacan.J, P.415).

En otras palabras, se podría pensar esta operación lingüística, como


estructurante, en tanto dispone la modalidad en la que el individuo no sólo
organizará sus vínculos con los otros, sino también el vínculo con aquel Otro
primordial, y con la constitución de su realidad. Para ello, es necesario
mencionar que Freud, mencionara a esta operación fallida como ‘Verwerfung’, en
su texto “La negación” (Obras completas XIX, 1925) es decir aquello expulsado,
que retorna en lo real por medio de fenómenos elementales como mencionara
Lacan (1955), aquellos como delirios, alucinaciones etc. En términos lacanianos

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esta expulsión será mencionada como Forclusión del significante primordial, ‘el
Nombre del Padre’, operante no sólo porque determina como bien se mencionó,
el campo de las significaciones, sino porque funda el ingreso al deseo en tanto
confirma la pérdida del objeto mítico, acto que no ocurre en la psicosis y como
consecuencia se desarrollaran los fenómenos antes mencionado.

Además es menester mencionar, que el fundamento de la inscripción de


este significante primordial da cuenta de la consecuencia, del pasaje por el Edipo
Freudiano, dado que este momento lógico y no cronológico determina
precisamente la inscripción fálica.

Avanzando con los desarrollos de la estructura psicótica, es preciso


determinar que Lacan va a mencionar que para que dicha estructura
‘desencadene’, es decir momento donde pueden ocurrir todos estos fenómenos
antes mencionados, precisamente debe acontecer algo de lo ‘real’, registro que
implica dar respuesta con un recurso simbólico que en este caso está ausente,
la ausencia de este significante, con lo cual el Sujeto, intentará dar respuesta,
pero ante esta falta primordial, se podrá hablar de un desencadenamiento de la
estructura, a la cual el sujeto intentará responder tratando de subsanar la
ausencia generando en el mejor de los casos suplencias como por ejemplo el
delirio. Se dirá en el mejor de los casos, porque claramente esto depende de la
singularidad de cada individuo y de lo acontecido en su historia. De hecho no
necesariamente siempre se habla de desencadenamiento, en tanto algunas
estructuras permanecen durante algún tiempo estabilizadas.

Por último cabe agregar a modo aclaratorio, que las estructuras no son
flexibles en tanto un individuo puede pasar de una estructura psicótica a una
neurótica, sino que más bien este concepto de ‘estructura’ como se menciona al
comienzo viene impregnado del marco teórico derivado de los fundamentos
lingüísticos saussereanos.

-¿Transferencia en la psicosis?

La transferencia es:
El proceso en virtud del cual los deseos inconscientes se actualizan sobre
ciertos objetos –principalmente en la imagen del analista-, dentro de un

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determinado tipo de relación establecida con ellos y, de un modo especial,
dentro de la relación analítica. Se trata de una repetición de prototipos
infantiles, vivida con un marcado sentimiento de actualidad. (…) Es el
terreno en que se desarrolla la problemática de una cura psicoanalítica.
(cfr. Laplanche, J. y Pontalis J-B., 1993, p. 439).
Los pacientes presentarán una tendencia a insertar al analista en series
psíquicas preformadas, determinadas por imagos.
La transferencia será el más grande obstáculo en la cura cuando se erija
como resistencia ante la inminencia del recuerdo del material reprimido. A su
vez, será una gran herramienta cuyo manejo determinará el éxito o fracaso del
análisis, dado que trae al terreno o inmediatez del análisis los conflictos
reprimidos. La transferencia aparece como condición necesaria pero no
suficiente para la cura.
Freud se pregunta acerca de la existencia de la transferencia en la
psicosis, más precisamente, si el sujeto psicótico es susceptible de entrar en un
lazo transferencial en el contexto de un psicoanálisis. Al respecto sostiene que
en la psicosis habría una regresión al estadio autoerótico (en esquizofrenia) y al
narcisismo (en la paranoia), lo que provocaría que el psicótico no dispusiera de
líbido para transferir a la figura del analista. Entonces, el psicoanálisis sería
inoperante en estos sujetos. Es justamente la ausencia de transferencia lo que
justifica para Freud que sea imposible la cura analítica para los psicóticos.
Reflexiona Averbach (1998) al respecto:
Freud ha aportado una comprensión de las psicosis, una serie de
hipótesis causales, pero, con una honestidad que lo honra, concluyó: «No
es posible el Psicoanálisis con pacientes psicóticos». Una fórmula
negativa a la que, en años posteriores, han venido a sumarse otras: No
hay elección de objeto, No hay simbolización, No hay Inconsciente (o hay
"un Inconsciente a cielo abierto", como prefería Freud), No hay Nombre-
del-Padre..., todas fórmulas negativas. Pero esto es definir la psicosis por
una serie de en-menos, cuando la psicosis es otra forma de situarse en la
vida (Averbach, 1998, p. 50).
Lacan continúa con la acepción que Freud tiene de la transferencia, pero
la articula con el concepto de ‘sujeto supuesto saber’. Esto consistiría en la
atribución de saber al Otro, en la suposición de que el Otro es un sujeto que
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sabe. Asimismo, propone al analista como semblante causando el decir del
analizante, para luego leer en las “fallas” de su discurso algo del orden de la
verdad del sujeto; en una posición de objeto que causa el mencionado “decir” y
su división. Y en este sentido, como sostiene Belucci (2009):
El amor que, como sabemos desde Freud, inviste el lazo transferencial, se
dirige entonces al analista en la medida que, desde la posición de
semblante, evoca un ser irremediablemente en falta, falta en la que se
aloja el objeto que parcializa el goce, de otro modo insoportable(Belucci,
2009, p. 143).
Pero este mecanismo aparece como únicamente válido en una estructura
neurótica. De aquí que afirme que: “Se sigue de esto la imposibilidad de sostener
en la clínica de las psicosis la operación semblante, causando el decir del
paciente” (op. cit, p. 144).
Lacan sostiene la existencia de la transferencia en la psicosis, pero
variando su estructura respecto de cómo aparece en la neurosis. Propone que
tiende a organizarse en dos polos de persecución-erotomanía, debido a que
serían las modalidades privilegiadas del psicótico para restaurar la alteridad
luego de la estasis libidinal sobre el yo propia del desencadenamiento.
En la versión psicótica de la transferencia, según Lacan, el analista
encarnaría un lugar de Otro consistente, totalizador del saber y goce.
En “Secretario del alienado” (Clase XVI, Seminario 3, 1955/56) nombra al
analista como testigo del testigo, siendo éste un depositario de la transferencia
delirante, del testimonio del sujeto psicótico que aloja y sostiene el texto
delirante, lejos de juzgarlo.
Por último, es posible leer en el lugar del analista como semejante, un
sostén o suplencia ante la falla estructural de la psicosis. Opera de la mano de
posibilitar una charla amable desde la función de la (verificación de la) presencia,
alojando las producciones delirantes o alucinatorias.
Averbach (1998) se pregunta respecto de la existencia de la transferencia
en la psicosis:

Evidentemente la catexis libidinal de un objeto se produce. Por lo tanto, la


transferencia de una imagen proyectada sobre el analista, se da en las
psicosis, lo que resiste al análisis es su exceso, no su ausencia. El

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psicótico transfiere a la situación analítica lo que continúa repitiendo de su
relación con el discurso del Otro: su relación delirante con el Otro (…) Con
el psicótico no es posible el análisis, porque no hay ningún saber analítico
ni médico posible. Es él el que sabe. No hay ningún Supuesto Saber en el
lugar del analista (p. 52-53).

Siguiendo desarrollos actuales, como los de la autora Colette Soler, en su


Libro “El sujeto psicótico en el psicoanálisis” (1990). La autora también seguirá
la línea planteada por Lacan y además mencionara diferentes lugares que un
analista puede ocupar en una estructura como lo es la psicosis.

Se van a distinguir claramente 3 posiciones a ocupar.

1) Un analista que ocupe el lugar de saber, generando la erotomanía


como lo fue el dios de Schreber.

2) O bien, puede ubicar el del significante ideal, refiriéndose por ejemplo


nuevamente al dios de Schreber, en su vertiente reguladora, pero esto desarrolla
podría implicar nuevamente una vertiente de doblete simbólico, que genera una
suerte de identificación al revés con el analista. Lo cual nuevamente podría
desembocar en colocarlo de un lugar de saber.

3) La tercera es la del lugar de testigo, en tanto el analista es aquel que


escucha, toma nota, que comprende y se apiada, en este caso sería como lo que
Lacan mencionara el secretario del alienado.

Pues bien, de acuerdo a lo mencionado anteriormente, si se puede pensar


a partir de Lacan, un tratamiento posible, bajo un fenómeno transferencial en la
psicosis, no una transferencia convencional simbólica, distinguiéndose de la
neurosis, no solo por lo que a la estructura misma implica, sino porque las
maniobras a realizar por el analista dependerán en este caso del lugar que el
individuo psicótico decida dar al analista.

Es por ello, que pensar la tercer vertiente de lugar de testigo siempre será
la más apropiada, en tanto se dé lugar a ese saber que habla a aquel sujeto, el
inconsciente a cielo abierto dirá Freud, bajo los influjos de lo real dirá Lacan,
pero que demuestra el padecimiento que esto le implica, pensar en un psicótico
que recurra a un analista, no es pensarlo solamente en términos de la

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imposibilidad de no poder hacer nada con eso, sino buscar nuevas formas de
orientar la cura, para tratar de dar forma a aquello que lo acontece.

Es decir que pensar la transferencia en la psicosis no solo introduce, el


lugar del analista, y la posición de saber que puede jugarse con este tipo de
estructuras, sino que las maniobras pensadas habitualmente quedarán en jaque
bajo estructuras que demuestran el desfiladero de algo que sigue su curso como
un río, y que en el mejor de los casos con ayuda de un analista ubicado en el
lugar correcto, se podrá encauzar, acotando el goce proveniente del Otro, que no
cesa de manifestarse.

Para ello será necesario revisar varias concepciones de la práctica


psicoanalítica para poder intentar abordar la posibilidad de un tratamiento previo
con la psicosis. Anclar aquello que permita al individuo psicótico, servirse de la
práctica psicoanalítica, abordando multiplicidades de formas de trabajar con lo
imposible, que se desarrollarán más adelante de acuerdo al caso desarrollado.

-Deseo del analista

Este concepto, es clave en el desarrollo del dispositivo analítico, no


sólo enmarca un concepto fundamental para el desarrollo de la praxis, sino que
se articula, por completo con la ética del psicoanálisis. Es decir no podría
pensarse sin ello. Este concepto, es introducido por Lacan (1960) en su
Seminario 8 “La Transferencia” donde ya es desarrollado bajo las concepciones
de la transferencia, para mencionar, cómo el analista debe ubicarse para
producir aquel saber, que el sujeto posee y del cual no acredita conocimiento
hasta ubicarse en el encuentro con un analista. En el trabajo “La dirección de la
cura y los principio de su poder” (1958), Lacan ya introduce algo de este
concepto.

Para ello Lacan mencionara, que este lugar es el lugar de objeto causa,
es decir como causante de un saber, pues es el analista quien fundara el campo
del ‘Sujeto Supuesto a Saber’, en tanto se le supone un saber al sujeto, en
términos de saber inconsciente, que para poder producirlo es necesaria la figura
de un analista, que propicie el espacio de análisis. Pues entonces qué desea un
analista, desea analizar, escuchar, puntuar, intervenir, recortar, interpretar y
propiciar las condiciones pertinentes para que el sujeto hable de aquello que lo

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divide, de aquello que le hace síntoma, de aquello que repite. Pero, esto sería
difícil de pensar, sin precisamente la ética de la práctica, pues una analista no es
un amigo que aconseja en base a lo que escucha, ni tampoco un ser muerto que
no interviene. Lacan mencionara, que la posición del analista será la de “el
muerto”, en tanto no interviene su deseo como individuo, dado que en un análisis
solo debe haber un sujeto y este es el del analizante. Dentro de este campo, el
analista debe abstenerse a posicionarse en un lugar erróneo que entorpezca la
producción del saber antes mencionado. Y sostener, que él no es el que poseer
el saber, en tanto figura profesional, sino que será su analizante quien lo posea.

Es decir que el analista, no debe partir de ningún saber a priori, más bien
respetar aquello mencionado por Freud (1912) “Consejos al médico”, donde lo
que debe permanecer es la atención ‘parejamente flotante’, en tanto no debe
haber supuestos previos, ni hipótesis, más bien un escucha abierta, que
devuelva un mensaje, apostando a la apertura del inconsciente. Y por sobre todo
alojando el deseo de quien algo tiene para decir.

En un texto de 1999, la psicoanalista Adriana Rubinstein, mencionara lo


siguiente respecto del deseo del analista en tanto objeto causa:

“El deseo del analista ofrece un hueco, una falta en el Otro, hace lugar al deseo,
aloja al objeto (…) El analista orientado por el deseo del analista, parte de la
singularidad de las soluciones subjetivas frente al encuentro con el trauma, para
hacer posible, operando con la interpretación, desde el lugar que toma en la
transferencia, un nuevo arreglo con el goce”.

Pensar el deseo del analista no solo desde la lógica en un dispositivo,


donde un analista haría lo que haría con estructuras neuróticas, sino pensarlo
bajo un dispositivo hospitalario, en el abordaje de estructuras psicóticas crónicas,
abre la brecha de una revisión de todas las concepciones psicoanalíticas, desde
el supuesto que:

 En la psicosis no podemos hablar del deseo, sino más bien de un goce


aplastante de este por la falta de significación fálica.

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 En la psicosis no se menciona la constitución de fantasma, ni mucho
menos la de hacer surgir un saber inconsciente si se parte del supuesto
que el inconsciente es a cielo abierto y ese saber está expuesto sin más.
 En la psicosis no se puede hablar de transferencia en tanto simbólica, por
lo cual tampoco se puede hablar del lugar de alojo, y más aún, de lo que
implica ocupar un lugar erróneo de saber.
 En la psicosis no se puede hablar del desmembramiento del objeto a, en
tanto perdido, dado que no hay pérdida instaurada.

Bajo todos estos obstáculos este trabajo intentara en parte, dar


respuesta a pensar parte de todos estos interrogantes antes mencionados.

1.4 Planteo del problema

Ahora bien, si el sujeto psicótico es presa de fenómenos de goce que surgen por
fuera del desfiladero de la cadena significante, a “cielo Abierto”, dice Freud, “en lo
real”, dice Lacan, se tratara más bien de obtener un influjo de lo simbólico sobre
este real. (Colette Soler. 2000,“El sujeto psicótico en el psicoanálisis”. p, 42)

El trabajo de la clínica psicoanalítica, es en gran parte, el trabajo con lo


real en tanto lo imposible, pensar en esta palabra lleva a cuestionarla,
acudiendo a la etimología de la misma, cuyo prefijo es imposisbilis, que significa
“no se puede hacer”. Considerar que con la psicosis no se puede hacer, o en
tanto tal, no se puede hacer más bien lo que un analista esperaría hacer en un
encuadre o dispositivo con un sujeto neurótico, llena de imposibilidades,
resistencias y obstáculos. El trabajo con la psicosis no solamente aproxima a los
obstáculos institucionales, sino aquellos que emergen como producto de las
maniobras transferenciales, la posición del analista.
 ¿Bajo qué lugar un analista puede hacer frente, con todo lo que
eso implica a dicha estructura?

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 ¿Cómo se puede pensar la transferencia en la psicosis, a partir
de los aportes de Lacan con el trabajo de aquello imposible?
 ¿Cuáles son las peculiaridades de la práctica, distinguiéndose
esta, de la transferencia en la neurosis?
 ¿El psicoanálisis como tal puede permitir al paciente servirse del
dispositivo para direccionar la cura, en tanto está apunte a la estabilización
del mismo?

Estos son muchos de los interrogantes, que al abordar el caso clínico, se


intentaran fundamentar teóricamente, bajo la singularidad que al caso le
corresponde. Tal vez no sean más que despliegues de nuevas preguntas
respecto del lugar del analista en la psicosis aventurándome en una clínica que
por excelencia trabaja con lo imposible en tanto dimensión real, pero a su vez
que se motoriza por el deseo; deseo que en la práctica de aquel que sostiene un
análisis, como semblante y objeto causa, posibilita más bien un viraje en aquello
donde solo parecía verse extrañeza e imposibilidad.

1.4.1. Hipótesis

Tomando los aportes teóricos del psicoanálisis, se intentara abordar una


pregunta problema sobre el sostén de la transferencia en estructuras psicóticas,
bajo la siguiente premisa: ¿Cómo se puede pensar el deseo del analista en
dichos dispositivos hospitalarios, trabajando con psicosis?

1.5. Estado del arte:

De acuerdo a la investigación de nuevos aportes sobre la problemática


planteada, la Licenciada Marina Averbach plantea:

“Es indiscutible que las psicosis cuestionan lo que entendemos por


psicoanálisis, por dispositivo analítico y por lugar del analista. Pero el
psicoanálisis es una praxis. Esto quiere decir que en el campo de la

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experiencia freudiana no hay lugar para un conocimiento teórico de un
fenómeno psíquico, sin que este conocimiento posibilite (no digo que
asegure) una acción sobre el fenómeno. Si el psicoanálisis es una praxis, es
una paradoja sostener que contamos con un modelo teórico que nos permite
entender las psicosis y, a la vez, que esa "comprensión" es ineficaz.
Las psicosis plantean muchos interrogantes. Escogí uno de ellos para
titular esta presentación: « ¿Quién dirige la cura en las psicosis?».
Desde Lacan sabemos que quien dirige la cura es el deseo del
analista. La pregunta que me formulo es: ¿Que deseo pone en juego la
psicosis en el lugar del analista?, allí donde ya no nos vale la feliz fórmula
lacaniana: "deseo de apertura del inconsciente".
Entonces, ¿no hay transferencia en la psicosis? Evidentemente la
catexis libidinal de un objeto se produce. Por lo tanto, la transferencia de una
imagen proyectada sobre el analista, se da en las psicosis, lo que resiste al
análisis es su exceso, no su ausencia. El psicótico transfiere a la situación
analítica lo que continúa repitiendo de su relación con el discurso del Otro: su
relación delirante con el Otro.
Con el psicótico no es posible el análisis, porque no hay ningún saber
analítico ni médico posible. Es él el que sabe. No hay ningún Supuesto Saber
en el lugar del analista. Los excesos de transferencia imaginaria intentan
cubrir el hueco que deja la ausencia de toda transferencia simbólica. Pero
ese saber lo aplasta, lo borra como sujeto; sólo resta de él eso que sabe.
¿Qué hacer, entonces, como analistas, si el paciente no puede
suponernos saber alguno, suposición en la que se basa nuestro trabajo? Si
no se nos supone ningún saber, tendremos que arreglárnosla con nuestra
ignorancia.
Si no hay transferencia en la psicosis, en la medida en que el concepto
de transferencia fue desarrollado por Freud en su trabajo con pacientes
neuróticos, sí hay algo que permite nuestro trabajo y a lo que, de algún modo,
tendremos que nombrar. Podríamos denominarlo una llamada, llamada que
nunca ha sido escuchada. Muchas veces el encontrar alguien dispuesto a
responder a esa llamada en la escena cotidiana, una pareja o un amigo,
permiten al psicótico mantener una vida aparentemente normal; o anormal,
pero que le vale.
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Si no hay transferencia simbólica, nos vemos privados de la
interpretación, nuestra herramienta de trabajo. Si alguna vez, llevados por el
deseo que nos ha conducido a hacernos analistas, cometemos el error de
interpretar su discurso como lo hacemos con las neurosis, los resultados
pueden ser catastróficos.
Entonces, ¿cómo responder?.
En principio sabemos que, en cuanto analistas, nunca debemos
responder desde el lugar en el que somos interpelados.
Intento no confirmar ni desconfirmar el delirio; no adherirme a las
significaciones que me ofrece, ni oponerme a ellas. Ofrecer mi lugar como un
espacio vacío: vacío de saber, vacío de poder, vacío de cualquier deseo en
relación a él.
Intento empujarlo a decirse como sujeto, a dar explicaciones de lo que
le pasa. Lo invito a que me diga algo de un saber que él tiene. Y, si no lo
tiene, que se lo invente.
En cuanto al lugar del analista, la autora, continúa su relato sobre lo
concepcionado en su praxis sobre el deseo del analista:
“Deseo del analista que habita un lugar vacío. Pero, ¿qué deseo?
¿Qué deseo nos lleva a hacer de "secretarios", de "testigos", de
"semejantes" de un psicótico, o, por qué no, de "basureros"?.
Deseo de saber, curiosidad insaciable a la que no le basta con el
saber neurótico. Del porqué de ese deseo, debería preguntárselo uno en
su propio análisis. Por otro lado, uno puede ser analista sin necesidad de
trabajar con pacientes psicóticos, si ese trabajo no está incluido en su
deseo. Es lo que hizo Freud sin ir más lejos.
También deseo de ayudar, aunque hoy ese deseo, en ciertos círculos
analíticos, sea vergonzante. Deseo de que el psicótico, por medio de su
trabajo, se invente un lugar, se invente un saber, que le permitan hacer
lazo social. Que con su delirio haga algo, que invente algo. Que viva con
su delirio, como nosotros intentamos vivir con nuestro Inconsciente, y no
para su delirio, como muchos neuróticos viven para su Inconsciente. Que
no sea un autómata del Significante, que viva dentro de un lazo social que
no agota la vida, pero que es imprescindible para que ésta sea posible.

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"No hay psicoanálisis del psicótico", pero el psicótico puede beneficiarse del
psicoanálisis”
Los supuestos de esta autora, irán en línea con los interrogantes de este trabajo,
dado que es una constante intentar delinear, cómo poder abordar el dispositivo
psicoanalítico con pacientes psicóticos. Aún más complejo, pensándolo en un
dispositivo hospitalario, donde la complejidad de las intervenciones y de las
demandas burocráticas toman otro tinte, llevan a ubicarse al analista en otro
lugar.
Respecto de esto, se puede ubicar a otro autor que en diálogo con lo expuesto al
comienzo, expresa conceptos similares; José Zuberman, dirá en “Psicoanálisis y
Hospital” (2002):
“El hospital, es el lugar donde llega aquello de la sociedad que no anda
bien.
Que no camina, que no funciona, los restos. Los restos podríamos decir
en nuestro lenguaje.
Si el analista decide atender en el hospital es porque le interesa
interrogar esos restos, eso lo causa.
A un analista siempre le causa, interrogar aquello que no funciona. Para
Freud fue el síntoma histérico, el síntoma neurótico fundamentalmente.
Interrogando eso que no funciona en un sujeto, y a lo que la medicina
no daba respuesta, da lugar el psicoanálisis”.
-” La historia del psicoanálisis, y los psicoanalistas con en el hospital es
compleja.
Nos toca pensar críticamente, no solo que le ocurre a la otra parte, sino
que, en tanto analistas, poder interrogar nuestra parte en la cuestión:
¿Que le ocurre a quien, como analista accede a la institución
hospitalaria?
Continuando con lo abordado es apropiado además contraponer algunas
ideas, que realiza en su abordaje Adriana Rubinstein y que coinciden con esto
que plantea Marina también sobre el psicoanálisis, la psicosis y el lugar del
analista.
“Pero aunque pueda tomar semblantes diferentes, el deseo del
analista está orientado y es el analista el que conduce la cura. Desde el
lugar que toma en la economía libidinal, va contra el efecto de
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transferencia que funciona como señuelo, va contra la identificación y
“lleva la experiencia del sujeto al plano desde el cual puede
presentificarse, de la realidad del inconsciente, la pulsión”. Apunta así a
conmover las fijaciones de goce, y a crear las condiciones para un modo
menos costoso de hacer con la pulsión. Por eso, la estructura del chiste,
le es propicia”.
Por lo expuesto en el siguiente estado del arte, la posición que se tomará,
será alineada con lo planteado por las autoras, pensando en el abordaje posible
para tratar la psicosis, tomando el deseo del analista como concepto central y de
un posible abordaje transferencial, se tomará además una nueva vertiente, es que,
el lugar del analista desde una lógica no solamente de testigo, sino motorizada por
el deseo de hacer algo con eso real que irrumpe en la vida del individuo, en tanto
sea el paciente psicótico el que permita por diversos medios acceder al dispositivo,
y poder maniobrar con ese goce que lo habla.
Dentro de la lógica de talleres, o bien con maniobras diferentes a las
pensadas en la clínica privada, la praxis hospitalaria, permitirá arribar a nuevas
formas de hacer con aquello imposible, sin perder la lógica de la ética que atraviesa
la labor de un analista. Es decir que no se deja de hablar de método psicoanalítico,
pero si, con salvedades y excepciones.
Interrogando, que si hay un deseo que motoriza, éticamente, es el de
sostener un lugar, y no precisamente de saber sino de testigo, de ‘contenedor’, no
solamente de residuos como lo mencionara Lacan (1976) en su Seminario 3 “Las
Psicosis” sino también de contenedor como dador de su cuerpo, de su semblante,
de sus herramientas y también de su saber, para advertirse y poder también decidir
si hacer frente o no con este tipo de pacientes.
Como se introdujo en este estado del arte, cada analista elige que realizar en
su práctica y no por eso verse en la obligación de trabajar con dichas estructuras,
pero al igual que con una neurosis, la psicosis, presentará obstáculos a vencer, y
nuevas maneras de pensar la práctica, por fuera del diván y el consultorio privado.
Más allá del nombre que formalmente se le desee poner a este lugar, lo claro
debe ser que un analista debe estar regido por su ética y frente a ello posicionarse.
Estando no solamente advertido, sino respetando las máximas de la práctica
psicoanalítica.
- Análisis personal
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- Supervisiones
- Estudio de los textos analíticos.

1.6. Tipo de Estudio y metodología

El método que se ha llevado a cabo para la confección de la presente


tesis, está basado en la recolección de datos mediante diversas herramientas y/o
recursos. El trabajo se enmarca dentro del área clínica; no obstante, el enfoque
adoptado se encuentra interconectado con una perspectiva fundamental que lo
atraviesa, como lo es lo institucional. La investigación será de carácter cualitativo
y de tipo descriptivo. La metodología será principalmente de revisión bibliográfica
y, articulación de conceptos en relación con el material clínico elegido.

En primer lugar, cabe aclarar que el estudio surge a raíz del encuentro
con un paciente durante la entrevista que se le ha realizado en el Servicio de
Internación de un Hospital Asistencial de la Ciudad de Buenos Aires, en el cual
se ha encontrado internado. Dicha entrevista fue presenciada en calidad de
oyente, ya que ha sido dirigida por un psicólogo perteneciente al Servicio. En
segundo lugar, se ha utilizado el material expuesto en las evoluciones de la
Historia Clínica del paciente, así como también entrevistas semi-dirigidas con
algunos integrantes del Servicio que han aportado datos sobre su estadía en el
hospital, así como también, aspectos vinculados con el tratamiento en general.
Por último, la elaboración y su posterior desarrollo ha sido el resultado de la
búsqueda bibliográfica de autores pertenecientes a varias materias del recorrido
académico.

En función de ello, se han llevado a cabo hipótesis tentativas sobre lo


que ha podido ocurrir durante el camino transitado por el paciente, dentro del
hospital.

De la óptica psicoanalítica se tomarán las reflexiones teóricas de Freud


y de Lacan en torno al concepto de “psicosis”, “transferencia” “Deseo del
analista”, y se analizarán a en base al caso clínico mencionado. Por último, la
pregunta será una pregunta a desarrollar, en contraposición a otros autores
contemporáneos y a aportes construidos en dicha experiencia, para poder

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abordar nuevas conclusiones o bien nuevos interrogantes a lo largo de este
trabajo.

2. DESARROLLO

2.1 Presentación del caso clínico.

El día 26 de Febrero de 1999, a las 22 hrs, llega al hospital “C”, que será
como lo llamaré de ahora en adelante, de 33 años de edad, oriundo de una
localidad de la zona sur del Conurbano bonaerense. De acuerdo a lo que se pudo
abordar en su historia clínica, él mismo presentaba un diagnóstico presuntivo
psiquiátrico de ‘Descompensación psicótica, por abandono de tratamiento
farmacológico y debilidad mental leve’.

Al momento del episodio mencionado al comienzo, lo trae su familia,


acusando de que quiso atacar a su padre y algunos vecinos. Posteriormente por
comentarios de su analista se pudo arribar que en principio quiso atacar solo a su
padre.

Está, no era la primera internación que el paciente presentaba dentro del


hospital, de acuerdo al estudio del material clínico, se registró una primera
internación en el servicio 14, que correspondía a pacientes con problemáticas en
adicciones. Durante dicho período, “C” fue internado por problemas de alcoholismo.

Cuando esto ocurre él tenía 19 años de edad, y es su madre quien lo lleva y


lo acompaña en la internación. Previo a esto, es oportuno mencionar que en el
historial clínico, aparecen registros tomados, de que ya a los 17 años de edad, “C”
presentaba conductas definidas como “bizarras”.

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Es el paciente quien en uno de los encuentros, menciona que recuerda la
internación en el servicio 14, afirma haber llegado al hospital muerto y que estuvo
ahí para realizar una cura de sueño donde sufrió estando ahí.

Sobre su círculo familiar, se pudo re construir por medio de la historia clínica


y de los dos encuentros presenciales con el paciente sobre sus momentos previos a
la segunda internación.

“C” tiene tres hermanos más, de los cuales con tan solo uno mantienen
vínculo hasta el día de hoy. Es este, el que posibilita las salidas esporádicas de “C”
del hospital y lo aloja durante los fines de semana con su familia.

A su vez este hermano, a quien denominare “H”, es quien comenta, que el


paciente, siempre sufrió de los nervios, pero que todo empeoró luego del
fallecimiento de su madre, que por lo que se arribó fue aproximadamente en el año
1998. Agregó además que ambos tenían un vínculo sumamente estrecho, dado que
este menciona, que su madre le daba todos los gustos a él.

De su padre, del cual no se encontraba mucha información, se pudo precisar


a través de “C”, y también a través de su hermano, que él mismo, trabajó para el
cementerio de la municipalidad de Berazategui. Se supo además que falleció de
cáncer de pulmón un año después que su madre, cuando el paciente ya estaba
internado.

“C” no quiere hablar mucho sobre él, pero lo recuerda como un buen hombre.
Aunque, es éste quien lo hace interrumpir la trayectoria escolar en el secundario
obligándolo a elegir un oficio.

Es entonces que respecto de su recorrido escolar, se pudo precisar que el


paciente tiene el primario completo, de acuerdo a afirmaciones de su hermano y
que es interrumpido en el nivel secundario de acuerdo a lo que se nos comenta,
donde comienza a estudiar peluquería, profesión que desarrollará posteriormente
hasta, antes de su internación.

El paciente comenta, en uno de los encuentros que realizaba dicha actividad


y que la desarrollaba correctamente, hasta que ocurrió un episodio con un cliente, al
cual le cortó la oreja, él menciona que estaba muy cansado y que la medicación le
generaba ese efecto. Cabe mencionar que hasta ese momento no estaba internado

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pero se hipotetizó que ya estaba en un tratamiento previo con remedios, para ello
sirvió el material de la internación donde se menciona el ‘abandono de tratamiento’.

Actualmente, hace 17 años que “C” está en el hospital, con las salidas
esporádicas mencionadas cuando su hermano lo visita, luego de las entrevistas
realizadas se podrían agregar algunos datos más para el posterior desarrollo del
análisis del caso.

En la primer entrevista realizada durante la Práctica, “C” se mostraba


incómodo, de hecho se precisó una cuestión persecutoria con el alumnado tomando
nota. No obstante mencionó algo respecto de su incertidumbre de no saber si posee
un hogar o vive en el hospital. Además, de que mencionó que no iba a seguir
hablando porque él era “enfermo” y los demás “sanos”. División con la que más
adelante, en un segundo encuentro se pudo precisar, es la que le permite articular
su realidad. Entre vivos y muertos, sanos y enfermos.

En la segunda entrevista, pese a algunos instantes de incomodidad, se


desplegó una cuestión más amistosa en la entrevista, donde el paciente mostraba
cordialidad, en este segundo encuentro, su analista estaba presente. El paciente
pudo hablar más sobre su vida. Afirmó que le hubiese gustado ser cantante o
político. Además de que, por lo reconstruido en su historial clínico, se pudo también
precisar que manifiesta cierto gusto por la política, en especial del peronismo.

“C” además comenta en el segundo encuentro, sobre su interés con la


religión, dado que esto figura en su historial clínico y de hecho es su madre quien lo
inserta en una iglesia evangélica cuando en su adolescencia comenzaron los
episodios ‘bizarros’.

Por otro lado, el paciente desarrolló más sobre esta división que se articula a
‘sanos y ‘enfermos’, ‘vivos’ y ‘muertos’. División que pareciese mantenerlo
ordenado, como se mencionó antes y que reitera varias veces, en especial
afirmando que los que toman medicación son los enfermos y que los que no son los
sanos. Sobre esto, realiza un interrogante interesante a preguntar si su familia pudo
o no con la medicación.

“C” muestra intenso interés por su hermano y porque lo vayan a ver, se


muestra afectuoso con sus compañeros y relata de hecho escenas de maltrato de

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algunos de estos para con él, motivo que lo tiene algo consternado en su relato y
por el cual pide ayuda al analista y a quien lleva adelante la entrevista.

Agrega que asiste a los talleres de música, comentando que estudió de chico
teclado, también sabe tocar armónica, que le hubiese gustado ser cantante o
político. También va al taller de expresión corporal, el taller de juego que dicta su
analista y el de macetas.

Finalizando el segundo encuentro, saludo muy cordialmente, y se retiró del


lugar. Sin dudas fue este encuentro el que posibilitó el material para el análisis del
caso.

2.2 De lo particular a lo singular:

“Sea como sea, henos aquí conducidos a lo que para nosotros es la


continuación del camino. Es la siguiente: para que algo en el orden de la ley
sea vehiculizado, es menester que pase por el camino trazado por el drama
primordial, por aquél que se articula en Tótem y Tabú, a saber el del
asesinato del padre, y como ustedes saben, sus consecuencias. Este
asesinato que se nos propone al principio, en el origen de la cultura como
estando condicionado por figuras de las que verdaderamente no se puede
decir nada, para las que el término de temible* sólo puede doblarse del de
temido, tanto como de dudoso, a saber, el del personaje todo poderoso de la
horda primordial, personaje mitad animal, matado por sus hijos”.
([Link], 1960, Seminario 7 “La ética del psicoanálisis. Óp. Cita 224”)

A lo largo de lo trabajado durante los encuentros con el paciente y


posteriormente a ellos, se clarificó que se trataba de un caso cuya estructura está
dentro del campo de la psicosis. El diagnóstico precisado es esquizofrenia. Si bien
esto, sirve a los fines diagnósticos, para su tratamiento psiquiátrico y para el
abordaje de su analista, esto no define las particularidades de este caso, la
atipicidad de algunas cuestiones que este paciente presenta.

Es el diagnóstico, una brújula para pesquisar elementos y direccionar la


estabilización del paciente, que brinda herramientas para conducir el tratamiento,
pero no por ello en labor de la práctica brinda las herramientas suficientes, dado

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que se debe abordar el caso por caso y maniobrar viendo los efectos que generan
en el paciente, el encuentro en transferencia con su analista luego de tantos años
de tratamiento.

Cuando el caso fue presentado, la primera particularidad fue el tiempo que


hace que este se encuentra dentro del servicio. Pensar en una posible externación
abrió la brecha de interrogantes sobre el efecto de la institucionalización del mismo,
sobre la posibilidad de su familia de alojarlo, si se pasó el momento de pensar una
posible salida o no. Pero, entre tantos interrogantes hay un rumbo claro, y es que,
pese a esto, “C” es uno de los pocos pacientes que aún a hoy tiene contacto con su
familia y esto le da la posibilidad de tener acceso a salidas transitorias por fuera de
la realidad hospitalaria, lo cual demuestra también que aunque se hable, de un caso
clínico cuya estructura ya data de largo tiempo, y de una cronicidad en esta,
permanece estabilizado entre otras cosas por el contacto con su hermano.

Por otro lado, el segundo gran interrogante fue la preocupación del paciente
frente a las ausencias de su hermano, sino lo va a ver, o bien la preocupación frente
al estado de sus compañeros o al maltrato que remite que algunos pacientes le
hacen.

Se podría pensar que en una esquizofrenia que atenta sobre los vínculos y la
posibilidad de lazo, este paciente vislumbro un algo de interés y no solo eso sino
afectividad frente a todas estas circunstancias, ante todo sobre el auditorio, que
esperaba encontrar los detalles que determina un diagnóstico de manual, de un
individuo que no genere interés con absolutamente ninguna actividad ni tampoco
con sus pares, con afectividad abolida.

Se pudo presumir, que algo de la muerte de su madre tuvo que ver con la
internación de este paciente, arribar a esto, llevo a pensar en la singularidad de la
muerte para el caso de “C”. No solo por lo que su hermano menciona respecto del
vínculo de estrechez entre ellos, sino también porque la internación es un año
después del fallecimiento de ella. Por lo dicho anteriormente, se tomará este
suceso, como un momento de emergencia para el paciente. Donde algo de lo real,
‘emerge’, momento donde las herramientas que proporciona el significante
primordial hacen vacío y donde la palabra misma toma el valor de la cosa, un
significante vacío que confronta al sujeto con el campo de lo real.

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“C” es internado por falta de la toma de medicación, pensar en que lo llevó a
esto, permite interpelar si quizás algo de las divisiones que este manifiesta sobre
‘sanos’ o ‘enfermos’ tiene que ver con el momento donde decide abandonar el
tratamiento, y que de esto que emerge tiene que ver con las herramientas
simbólicas que se necesitan para responder a un suceso como la muerte, que ni
más ni menos confronta al sujeto con el campo de lo real.

La particularidad de este caso, demuestra que pese a los años dentro de la


institución, algo en el opera de manera tal que a hoy, se lo encuentra visiblemente
más estabilizado. Algunos detalles que hacen a la particularidad de cómo se
organiza el mundo para él, tienen que ver con el efecto que la toma de
medicamentos genera cierto orden, que le permitió acomodar de alguna forma, este
des-orden que deviene de lo real. Los enfermos y los sanos, divididos por la toma
de remedios, siendo vivos y sanos aquellos que no toman la medicación, y muertos
y enfermos aquellos que sí. De alguna manera este lugar que el ‘ser’ para él mismo
alberga parece operar en esta división, que de algún modo es un como si, una
manera de acotar este goce que viene del campo del Otro.

En un primer momento, abordar la particularidad del interés por la política


hizo pensar en trabajar con él sobre esta vía, pero “C” presenta cuestiones
persecutorias con este tema que no colaboran respecto de su compensación dado
que no solo con la entrevista lo demostró, sino también a lo largo de su historial
respecto de “Altamira” (figura política con la cual desarrolló delirios erotómanos) y
como el campo del Otro se le juega en este caso, como aquello que pareciese le
hace signo, se le impone como lo que el otro le quiere hacer. Por lo cual la vía de la
política, que parece ser de su interés no sería una herramienta a considerar.

Allí en el lenguaje, es donde está lo fenoménico de la estructura, la


organización de estos pensamientos que hablan en el paciente, lo particular de su
manera de construir esta realidad psíquica atravesada por un real que encarna.

El paciente presenta delirios mal sistematizados, no solo respecto de la


política, sino también respecto de la religión, durante algún tiempo en su historial se
hacía mención a ciertos pensamientos divinos y sobre el poder divino que dios
tenía. Pese a que tuvo épocas donde esto se potenció de manera maniaca,
actualmente parece estar más compensando. No registra episodios de insomnio

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como si lo encontramos en su historial clínico, durante los primeros años de su
internación, ni tampoco periodos de extrema verborragia, aunque fue por el analista
que se logró saber que hay días donde él si tiene ganas de hablar, si hay algo que
tiene para decir, quizás no con la periodicidad que antes pero algo del ‘vaciarse’,
pareciera surgir en estas demandas espontáneas donde necesita hablar.

-El analista en la psicosis, su deseo, sus intervenciones, lo múltiple y lo


complejo.

“(...) ¿Quién de nosotros está sano?, ¿quién está seguro de estarlo? Aquel de
vosotros que esté sano que tire la primera piedra. ¿Quién no necesita curarse
diariamente?, y para ello estudia, trabaja, se preocupa, hace actividades
innecesarias, habla con otra gente.” (Lombardi 1999, p. 50).

Luego de lo desarrollado anteriormente, que se puede pensar el lugar del


analista, en lo particular de este caso, como un lugar de suma importancia, dado
que es al analista a quien recurre el paciente en la entrevista, cada vez que tiene
dudas respecto de algún dato de su historia personal, afirmando información o
consultando ante alguna duda, o alguna incomodidad, en cambio, acude al
entrevistador ( docente de la Práctica y tutor de la presente tesis de grado), cuando
quiere ‘saber’ algo respecto de su ser, ubicándolo en un lugar de precisamente
saber , de aquel gran Otro, que le puede comentar si hace bien o no fumar, si está
a tiempo o no de dejar el cigarrillo etc.

Es entonces, el lugar del analista, el que otorgara la posibilidad de pensar


algo nuevo en este caso, que en su momento se presentó como inabordable.
Como menciona Colette Soler:

“No es una transferencia propiamente dicha, pues la transferencia es


una relación simbólica que incluye al sujeto supuesto a saber, en lo
que el esquizofrénico NO entra. Pero deja un lugar posible a la relación
de objeto, a la vez imaginaria y real, que se presta a confusión con la
transferencia, y de la que a veces se pueden obtener algunos efectos.
Es dudoso que sean analíticos, pero a veces pueden ser
BENEFICIOSO para el sujeto”. (Colette Soler, 1999, “Que lugar para
el analista “P. 117)

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Es decir, que el analista, posicionado, en el lugar correcto, como secretario
del alienado, al servicio del saber que otorga este paciente, genera efectos
beneficiosos en tanto direcciona la estabilización del mismo y le permite servirse del
dispositivo transformando lo imposible, en una nueva manera de construir.
Ver como el paciente se dirige a este, en la búsqueda de un sostén, además,
interpela un lugar que se encarna no solo desde lo simbólico, sino también desde lo
imaginario y lo real, como es bien sabido también en la neurosis misma. Con la
particularidad, de que en este caso, el saber ya está explícito en la verdad que el
paciente trae en su discurso, y que el analista debe abstenerse a escuchar y no
contradecir este discurso, en tanto puede causar erotomanía en el paciente.

El analista en este caso, relato varias intervenciones relacionadas al contacto


con la familia del paciente, por fuera de los encuentros con el mismo. Pidiéndoles
que lo vayan a ver, dado que para este paciente particularmente, es de suma
importancia la visita de ellos. Además, intervino en el proceso para gestionar la
pensión del paciente, para que este cuente con dinero, que si bien no será
administrado por “C”, posibilitará que él, pueda acceder a aquellas necesidades
primarias, que exceden económicamente a la familia.

Es decir, que estas intervenciones, presentan en la práctica lo que es un por


fuera de la praxis pensada en otro tipo de encuadre (por ejemplo un consultorio
particular), que si bien se podrían juzgar negativamente, tienen que ver con el
dispositivo hospitalario mismo, es la constante demanda de un analista dinámico, en
tanto esté, pueda apelar a la multiplicidad de intervenciones que puedan conducir a
la estabilización del paciente. Poniendo su cuerpo, y éticamente no olvidando su
lugar dentro del dispositivo que generó el lazo transferencial. Quizás pensando en
el anverso, de un lugar que se piensa de una manera mucho más cerrada en cuanto
a las intervenciones, que interpelen a la historia personal del paciente.

Todo esto se podría pensar, si se puede apreciar un analista por fuera de los
estándares clásicos. Es decir, no confundir quizás una intervención en la familia, con
un analista que se corra de su lugar y vaya a ser un secretario en lo real, realizando
todas las cuestiones burocráticas que abarcan la inserción en lo hospitalario y sus
obstáculos

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En cuanto al deseo del analista, esto es retomado como ya se mencionó al
comienzo, sin dudas en el deseo de analizar, y se propondrá pensar en este caso,
abordado con una estructura psicótica, que si bien, no habrá que abordar la
producción de un saber, cómo en una neurosis, apostando a este saber ya fundado,
que desbordó al sujeto, en tanto no pudo encauzarse en el lenguaje, en tanto
inscripción del significante primordial, que no por ello, se debe desestimar este
saber, contradecirlo o no darle un lugar. Dado que, la confianza que el analista
brinda en cada encuentro, permiten al paciente abrirse de una nueva oportunidad,
de darse lugar a contar aquello que para él es su verdad, y esa es la ética que debe
primar en un análisis, que, por ser en un hospital, bajo la complejidad institucional,
por ser con una estructura tipificada de crónica, no destruye a las normas que
priman a un analista.

 Acceder a supervisiones para poder buscar nuevas alternativas y consultar.


 Realizar su propio análisis, más aun en estos casos, para que el sesgo
fantasmático del analista no influya en el dispositivo.
 Recurrir a las fuentes las veces que sea necesaria para poder realizar un
abordaje pertinente de lo fenoménico en estos casos, en análisis.
 Realizar nuevas intervenciones, apelando a la otra cara del deseo del
analista, no solo a lo que a la ética de la práctica atañe sino a lo que debe
primar, conducir la cura o bien la estabilización.

Es menester aclarar, que poder trabajar con el material que el paciente


comenta, dándole su estatuto de verdad como corresponde, sirve al analista para
poder maniobrar cada vez sin generar precisamente nuevamente un desborde. En
el caso de “C”, es necesario que prevalezca en el esta división del mundo, que le
permite encontrarse acotando algo de eso gozoso que no cesa de apare-Ser

Es necesario mencionar, que dentro de este dispositivo, se pudo precisar la


importancia de alternativas, de múltiples alternativas como son los talleres, de
diferente índole, que permiten al paciente poder expresarse, encontrarse en el taller
de juego intentando incorporar algo de la ley, en el taller de expresión corporal al
cual asiste dándole un lugar a constitución de la imago corporal. En el de música,
recuperando algo de aquello que remarca es de su interés, y de alternativas que
cada vez enseñan a pensar la práctica psicoanalítica más que nunca no por fuera

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de estos casos, sino reinventando cada vez para ser posibilitadora y productora de
nuevos saberes.

Por último, agregar que en el análisis de este caso, no solamente se intentar


primar, las intervenciones que fueron guiando a la estabilización del paciente, el
lugar que el analista ocupó en cada momento. Sino, que en todos aquellos
movimientos, la práctica realizada no deja de fundarse en los conceptos teóricos del
psicoanálisis, interpelando a esta práctica por la multiplicidad de otras que pueden
servirle.

Es decir, la importancia del arte dentro del espacio de talleres, la importancia


de la articulación analista-Psiquiatra, para ir coordinando el seguimiento a los
movimientos en las medicaciones del paciente y sus respectivos efectos.

El seguimiento oportuno del discurso del paciente, y el lugar de respeto,


cuando era él mismo, quien elegía no ver al analista.

Pero por sobre todo, el lugar del deseo, como deseo de analizar, pese a los
obstáculos que surgieron, absteniéndose el analista, de caer mal posicionado,
revisando cada vez la evolución clínica de “C”.

El intento por pensar, que en algunas psicosis, como la trabajada, se puede


pensar que la práctica psicoanalítica actualizada, por las complejidades de la
individualidad de un caso, se reinventa cada vez, buscando los avances no solo de
la misma sino del paciente quien hace ya varios años, se encuentra estabilizado, y
si bien por cuestiones contextuales no pudo acceder a su externación, puede
vincularse con sus compañeros y familia sin verse privado de poder llevar acabo su
vida.

Quizás este, sea el comienzo del recorrido de muchos interrogantes de


nuestra práctica, todo lo que hay y lo que aún queda por hacer es la nueva
posibilidad de seguir motorizando nuevas caras del analisis.

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3. CONCLUSIÓN

Por lo analizado anteriormente y lo expuesto respecto del recorrido de esta


tesis, se pueden concluir las siguientes inferencias.

 Se puede pensar el lugar del analista, dentro del campo de la


psicosis, estando advertido de los lugares que se deben ocupar, y de lo que a
la ética del dispositivo respecta. Siempre y cuando se puedan llevar adelante
estas cuestiones, es posible pensar un análisis con dichas estructuras, que
no por ser diferente, es decir burocráticamente un análisis clásico, deja de
estar compuesto, por los fundamentos teóricos del psicoanálisis.
 Si bien fue planteado desde el comienzo, la particularidad del
caso, no solo por la cronicidad del mismo, sino también porque dentro de un
dispositivo hospitalario surgen obstáculos que exceden en la práctica al
analista, se pudo evaluar que es posible llevar a cabo intervenciones, que
posibiliten el lazo transferencial y la estabilización del paciente, siempre y
cuando este movimiento no sea constantemente, dado que como primordial
es el analista quien no debe olvidar que su función primera es analizar y dar
lugar al saber del paciente.
 Poder pensar un análisis, con estructuras psicóticas, partiendo
desde la particularidad de este caso, abre la puerta de reformular, conceptos
como el deseo del analista, en tanto este es el concepto, que motoriza un
análisis, que más allá de su nombre, no deja de ser un fundamento que se
debe sostener en el análisis siempre para dar la posibilidad cada vez a que
sea el paciente quien posea ese saber, en una neurosis un saber
inconsciente, en este caso ‘un saber’ que ya viene desde lo real, pero que no
deja de perder su estatuto de verdad y sobre el cual se fundan los pilares
para fundar la transferencia, y lograr que el paciente pueda hacer algo con
eso desde su lógica, que lo orienten a la estabilización.
 Trabajar en un análisis, por fuera de los estándares clásicos, no
solo por las intervenciones sino, por el trabajo mismo, atañe a nuevas formas
de ejercer la práctica, dentro de los talleres, apelando a la creatividad de los
pacientes y poniendo en movimiento lo simbólico como herramienta para

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acotar lo real, es uno de los tantos aprendizajes, que surgen en la clínica con
psicosis, una herramienta que posibilita, donde parece imposible, cuando la
palabra aplanada no da lugar a las intervenciones. Un análisis en tanto tal es
posibilitador, de un trabajo con aquello que en principio parece congelado por
los rezagos que el tiempo dejó en el discurso del paciente.

Estas son algunas de las conclusiones, que llevan a inferir, que el


psicoanálisis, no retrocede frente a aquellas estructuras que hoy en día, siguen
siendo dejadas de lado por muchas otras prácticas. No cualquier analista, puede
vérselas con una psicosis, pero si hay algo a lo cual se pudo abordar, es que si hay
alternativas, y que dependen de la capacidad de aquel analista, de poder crearse en
cada encuentro con ese discurso que se presenta, discurso atravesado por el
ingreso al lenguaje, que delata las marcas y los fenómenos de los cuales un
analista, no cualquier analista, un psicoanalista, podrá poner en marcha, no solo en
un diván sino por fuera, en un hospital, trabajando multidisciplinariamente con otros
profesionales, derribando obstáculos cada vez, poniendo su cuerpo en el vacío de lo
que parece no camina.
Nuestra práctica nos enseña día a día, que no hay un manual estándar para
resolver casos, que no hay analistas estándares y que no hay pacientes
estándares. Sino formas de resolver lo traumático del ingreso a esta vida, la de los
seres humanos. Formas de elegir y de poder hacer con eso que acontece.

Gracias que nuestra práctica, y a lo dinámico de no estandarizar, es posible


el día a día de lo imposible, de lo real, es que siga existiendo este deseo, que
motoriza. Seguir analizando y seguir creando aun así en momentos donde hay un
empuje a pensar que no hay nada por hacer. Es el anverso de lo imposible, de lo
real.

4. BIBLIOGRAFÍA

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