UN CLARO
EN EL BOSQUE
DE LA CADENCIA
Antología
(2000-2020)
Alma Karla Sandoval
LA
ABA
PORU
[2020]
LA
ABA
PORU
EDICIONES
una carne de la editora urutau
rúa do castro, 17 — campelo
poio ( pontevedra)
[+34] 644 951 354
www.editoraurutau.com.br
contato@editoraurutau.com.br
www.editoraurutau.com.br
[tribu]
cynthia menéndez
javier chavelas
marcus daniel cabada
tiago fabris rendelli
wladimir vaz
[editor-pajé]
javier chavelas
[isbn]
978-65-87076-20-1
©alma karla sandoval, 2020.
Îagûara îandé
sumario
[10] Para liar una bengala
TODO ES EDAD
[13] Para borrar la sombra
[14] Para aniquilar a una mujer
[15] Cinco más veinte
[17] Para descubrir cualquier verdad
[19] El mundo se llama asfixia
[21] Madrid
ESTACIONAMIENTO DE AVESTRUCES
[23] En el insomnio duermen puertas bruñidas
[24] Camino al oro
[26] Estacionamiento de avestruces
PARA UN ÁRBOL AMARILLO
[31] A semejanza de tu libertad se puebla el cielo
[32] Algunas espinas se rompen
[33] Desollaban al conejo con hambre
[34] Este hombre joven que te lleva de la mano
[35] En la noche jugábamos con besos a que ya
no besaríamos
[37] No le gusta la sangre
CEMENTERIO DE PEQUEÑAS COSAS
[41] Soplos de enero
[44] Siempre duele
[45] Oro negro
[49] El prado
[50] De otro jardín
[51] La luna estaba en Cáncer
[54] Muertos
[56] Versos para escribir en Jojutla
[58] Carta a Francesca
[59] Paolo ama el espejo
[61] Escampa
LA DUEÑA DE LA ISLA
[65] Autorretrato imposible
[66] Astro Girl
[67] Del club de los insomnes
[69] No conocimos a Bolaño
[71] El páramo tibio
[72] Museo del cuerpo
[74] Insular
[75] Un poema no es un listón
[77] Corredor con disfraz
[79] Poema en taxi
[81] Poema mientras caminas
[83] Poema en agua
[84] Poema con marisma
[86] Confesión a las once treinta y ocho
[88] Por si acaso
TRATADO DE BENGALAS
[91] Ucronía del ojo
[93] Mesalina por las tardes
[94] Coatlicue responde
[96] El país extraño
[98] Hay quien saca hombres del lodo
[99] El gato está muerto
[101] Nocturno de Pretoria
[102] Álbum no dicho
[104] Palimpsesto por la calle
[105] Deuda pagada
[107] Por la Panamericana
[108] Pienso en un toro
VAGA FORMA DE ACERCARSE A LA LUZ
PARA QUEMARLA
[111] Náutica de Coatetelco
[113] Piedra de luna
[115] Plazo fijo
[116] Sol de Pandora
[118] Monte quemado
HAY UN DESPUÉS
[121] Tiempo de anémonas
[123] Imagínate Comala
[125] Grieta en mi sostenido
[127] Nueva música para camaleones
[129] Poema anaranjado
CIRUELAS PARA LOS JINETES
[133] 30 de julio del Año de Nuestra Señora
la Palabra
[135] 5 de agosto del Año de Nuestra Señora
la Palabra
[137] Cambia de paisaje y abre las jaulas del mar
[138] 6 julio del año de Nuestra Señora la Palabra
[139] 31 de diciembre del Año de Nuestra Señora
la Palabra
POR DEFECTO DE MELENA
[143] Preludio de lectora
[145] Alda Merini
[146] Alejandra Pizarnik
[148] Blanca Varela
[149] Rosario Castellanos
[150] Virginia Woolf
[152] Écfrasis y epílogo
PARA LIAR UNA BENGALA
Lo que calcina es el centro de este libro. Hablo de la
materia ardiendo, de algo que se consume en la memo-
ria y vuelve cenizas el futuro. Flores cuya combustión
interna echan andar lo poético. O bien, conjuros nebli-
nosos. Tal vez libros con vagas luces para quemarlas,
es decir, ecos de la experiencia al servicio del hallazgo
no desde un enfoque órfico, pero sí zambraniano: “Los
poetas no buscan, encuentran”.
El delirio, a veces, es un claro en el bosque de esta ca-
dencia. Algunos textos de la antología que usted tiene
en las manos se entregan al tono de la imaginación
desatada. Otros poseen más hierro o plomo en los pies
que arrastrándose tocan jardines infantiles sujetados
por un cordón umbilical de días sin nadie. Es decir, la
soledad del náufrago que arroja una última bengala en
espera de que algún barco la encuentre en medio de la
noche. Pero no cualquier oscuridad, sino un conjunto
10
progresivo de noches estrelladas como llaves que abren
las puertas de las cosas prometidas. Por ejemplo, escri-
bir para salvar lo que se pierde o no morir cuando el
oficio del poeta es precisamente ese: arder.
Alma Karla Sandoval
Cuernavaca, México.
Marzo 2020.
11
I.TODO ES EDAD*
[2003]
* Libro que contó con el apoyo de la beca nacional del fonca
para Jóvenes Creadores 2000-2001.
12
Para borrar la sombra
Recoge luz del mediodía
con su semblante albino,
con navaja pelirroja
a punto de caer.
La luz cabe en esta ánfora,
en un sobre, en un ojal.
La luz se derrite con el aire
y se congela entre la lumbre.
Las sombras cuentan versos.
La tuya es un obstáculo
si buscas el don de trocarlo todo en perlas.
Para borrar un rastro de luz
pegado al piso,
hay que brincar sobre la nada.
13
Para aniquilar a una mujer
Es preciso escribir sobre su espalda
el nombre de un caballo,
concentrarse en el poder del dedo índice,
ir por tijeras y dejarla sin cabello.
Será sencillo si raspas la mentira,
si tu corazón no tiene aorta,
si un remolino de hielo es la mejor excusa.
Las mujeres se cabalgan,
hay que susurrarles,
pero no te fíes de las que juegan ajedrez
porque quieren matar primero
como una mantis religiosa
disfrazada de luciérnaga.
14
Cinco más veinte
Hay un jardín a mis espaldas,
estira su follaje húmedo
para que no me reseque la angustia.
Hay una fecha como un barranco
donde la voluntad se descompone
y las ratas muerden los juramentos.
Hay una calle sin más luz que la robada
por una muerte que gira con mayor rapidez
que la rueda de la fortuna,
con mayor vértigo para callarme.
Pero hablo desde esta confusión
cuyo remedio sigue a mis espaldas,
desde este miedo como una mascota
que fue un presente de cumpleaños.
Veinticinco y aún enciendo todos los focos
y aún creo en los habitantes diminutos de los jardines
y todavía trazo corazones en las banquetas
15
y aún llego volando a un café
que me irrita, me hace mal
como las buenas nuevas de los adultos,
como sus gestos de vampiros,
como su inteligencia
recién plisada por una renuncia.
Veinticinco y he ganado tantas deudas,
hacen fila para que les pague sus honorarios.
Me pregunto si las dudas tienen deudas,
si le dan la espalda a los árboles
o si fracasan por costumbre
en ese arte tan complejo
de cerrar todas las puertas con candados.
Veinticinco y todas las flores en llamas
ya suplican que las salve,
por dondequiera que voy
dejo un rastro de ceniza.
16
Para descubrir cualquier verdad
Debes toparte con el oráculo indicado,
pero cuando uno va en su búsqueda, se aparta.
El porvenir no se talló en platino
ni se puede leer sobre la aurora.
La verdad es una flecha
con rumbo al calcio de los huesos.
La flecha mata por más buenas intenciones
que haya criado cada puño.
Si no puedes llenar tu alforja
con piedras lisas y pasto muerto;
si no puedes descalzarte
en las veredas ardientes del terror,
lo verdadero no es un arco para ti.
El oráculo de luz
no va a responder a tus preguntas.
17
Hay un camino de mármol
de aquí al hogar del hacedor de flechas.
Muchos se colgaron en el viaje.
La verdad es un santo
con el desconsuelo bien ceñido
en la profundidad de su palabra.
Su poder nació con la sed del peregrino.
Es muy probable que el oráculo indicado
ya no exista.
18
El mundo se llama asfixia
El aire muerde, camaleón inmenso.
Gracias a su piel las estaciones vibran,
las mañanas cambian de color
para agitar los árboles.
Alguna vez vi cómo danzaban
las mujeres del ciruelo:
nereidas, soledades felices a colores.
Alguna vez respiraba libremente
en la casa de tu pecho.
Alguna vez conté la historia
bebiendo de la tierra.
Pero el mundo se llama asfixia,
lo bautizó el aire.
Recuerda que con la esperanza
de las macetas rotas
no sobreviven los jardines.
En lo profundo del follaje
la muerte es una lombriz astuta.
19
Te digo que el mundo no es un depredador
en la cadena alimenticia.
El eco húmedo de esta idea no te toca,
el eco de la necesidad de ti
que alimenta el estómago de un sueño
y abre la imagen del corredor de la abuela
donde el asma monta un triciclo
desde entonces.
20
Madrid
El equipaje
es chico, angosto,
sin olas.
No es el amor
de mi madre.
21
II. ESTACIONAMIENTO DE AVESTRUCES
[2006]
22
En el insomnio duermen puertas bruñidas
Ciertos dolores reverdecen,
regresan con marzo y sus campanas psicóticas.
El insomnio es un círculo ardiendo
en el anular conectado a la angustia.
Van a dormir los vivos.
Los muertos nos quedamos
raspando el cielo hondo
cuando los meses se interponen,
avanzan como el fuego,
asimilan vacíos, los devoran.
El insomnio es el péndulo, la llave.
Florece burlón, usufructúa.
23
Camino al oro
La luz no renacía en los pinceles,
se mantuvo expectante en otras manos ocultas.
La niebla reveló su complejo
de bala expandida.
Bogotá no era un abrazo,
pero mataba el eco
de los que dicen hola
pensando que no habrán de despedirse.
La luz no lograba revelarse
y se puso a caminar sin cédula,
sin boina de paramilitar arrepentido,
sin la llama oblicua del tal vez.
Yo no advertía el amor
como trucha loca
montando el Transmilenio.
24
Él no era un otoño bipolar
ni la violencia de mi abrigo;
no lo advertía.
Negué el nombre de la muerte
luego de atarlo entre mis sábanas.
25
Estacionamiento de avestruces
Multiplícate.
Ven a cantar un suicidio
a lo Janis Japlin.
Vuélvete el ser sin pan ni sombrero,
el vaso sucio donde repica la limosna.
Corre entre calles fútiles
sin hijos de amor ni odio.
Transfórmate en el cerro de otra infancia
porque no pudiste abrir el mundo
para el diablo.
Evoluciona y no te muevas,
te crecerá el pico,
26
con tus pestañas se harán pinceles
y otro será quien dibuje niebla cálida.
Pierde la memoria,
recupera lealtad de prostituta.
Vende toda la mentira
y compra misericordias en abonos.
Sé veloz,
olvídate del corral,
de ti, de los mandatos y llaves absurdas.
Esconde los ojos
debajo de la tierra,
cava.
II
Este es un día para el silencio,
te lo doy,
cuídate de él porque trae diábolos,
puede andar de incógnito,
le gusta disfrazarse de nube
y lluvia.
27
Día sin cucharas
para el jarabe curativo,
el caldo tranquilizador
y cereal de meteoros.
Veinticuatro horas
en donde sólo se permite
correr y callar,
aguantarse bofetadas
—no sabemos
cómo funcionan
los puños apretados—.
Te lo doy,
insisto,
este día es todo tuyo,
dios nuestro, tirano invisible,
idea nuestra tan sucia
de querer ser
lo que de niños éramos.
No tengo más que darte;
si me matan,
servirán mis plumas.
Por ahora
28
acepta el dolor de la costumbre,
este resentimiento
con retoños azulados,
estos codos primitivos
donde escurre jarabe, cereal.
En cualquier lugar del mundo
este día existe, se alarga
o se acorta según el cuchillo de la luz.
Es todos los días,
es la historia del que perdió su sangre
y las fronteras.
Lo llevo en caja de dulces con cicuta,
pero no es tóxico,
acéptalo,
las aves no deben ver
el cañón de estos rifles.
Es día de empollar,
admítelo.
29
III. PARA UN ÁRBOL AMARILLO
[2010]
30
*
A semejanza de tu libertad se puebla el cielo.
Son golondrinas.
Les podemos hablar con nuestros ojos.
Cuando eran humanas buscaron amapolas
revolviéndose en la hiedra.
Pero ni un pétalo encontraron,
ni una señal de sueño púrpura.
31
*
Algunas espinas se rompen
confirmando lo perdido:
infancia con barro verde
donde poner los pies,
dejar pasar la lluvia y el río
limando el tiempo en abril
o bien, espinas eternas de las rosas
quemándose despacio
ante el azoro del machete,
de su luz abriendo el aire
en el cuarto de la niña que dejó
morir su bicicleta esta mañana.
32
*
Desollaban al conejo con hambre.
Penetraban a la burra en lo oscuro;
a la esposa, de mañana,
con fastidio.
Luego a espantar aves,
cuidar el arroz y golpear,
con más gritos,
a las hijas.
33
*
Este hombre joven que te lleva de la mano
abre el portal de una ciudad lejana
donde los eucaliptos llamaban al viento
y se mecían dibujando escalofríos.
El futuro era gigante en la aventura.
Te perseguía y después, como si la noche
y el encaje de los deseos se multiplicara,
como si las lunas en jauría saborearan mi miedo,
aprendiste que si un hombre te lleva de la mano,
una hoguera cada vez más sabia nos desnuda.
34
*
En la noche jugábamos con besos a que ya
|no besaríamos.
En la muerte de la noche el polen nos hizo estornudar.
Para la vida arrancamos un capullo de septiembre
y algo dolió como mentira que el tiempo repite.
Nos rodeaba la luz, su brama dulce.
Me le escapaba a la memoria,
al milagro porque hablaron las luciérnagas.
Habíamos visto crisantemos en lo alto,
el ritmo de la pólvora y las llagas del silencio.
Habíamos reído para olvidar una metáfora.
Ya era la aurora con su poder de ave,
también el día de las constelaciones
y el alfabeto de verdad en los poemas.
Mis ojos dieron con un mapa de melancolías,
por ello recordé la balada del futuro.
35
Después los gallos cantando como siempre
la letra de la infancia donde renace lo perdido.
36
*
No le gusta la sangre
ni el sonido de un revólver.
Jamás perdería su tiempo
diseñando alas para un gato.
Ella se casó con las cuentas
de un vestido para locas
y todo el mundo
aplaude su cordura.
Recoge miel contaminada
que a ti y a mí nos debilita.
Tú sabes esconderte en pecados inéditos;
comprar maquillajes, reputaciones,
meter al horno el orgullo
y luego de una hora
sacar de ahí el cadáver del enemigo.
Ella no destroza caracoles
con la mirada.
37
La expulsaste en febrero,
le hiciste ver el aire y se cubrió los ojos.
Le hablabas de una flor invisible
y te pidió crayolas.
Nunca te inspiró un conjuro,
pero es mi hermana.
En su cabellera
nacen fuegos imposibles.
38
39
IV. CEMENTERIO DE PEQUEÑAS COSAS
[2011]
40
Soplos de enero
De los lazos rotos nacían preciosas alas, giros
|de nubes y después la misma estrella.
La luz, incendio de cuando amanece para que Dios
|se vuelva cinta.
Lo vi jugando con el hilo, con los nudos y con otro
|Dios que salía de la duda.
Aquel lazo esencial no estaba roto.
II
Porque la noche no andaba a la deriva ni los alcatraces
|del cuadro lloraban. Porque el aire
era casi rojo y el corazón una máquina del tiempo,
|crecieron lagunas en su música.
41
Así se disgregaba, así cerró la puerta de los años
| y abrió sólo el instante.
Lo miré sacudirse niebla y viento,
ventanales silentes y un trago,
uno más, de oscuridad nutricia.
III
Esta ilusión es una espina y no puede quebrarse ahora
|que llueve y el musgo la cubre.
Ahora que amenaza a los ojos del tiempo, al duende
|acomodando lo vivido. Espina
apuntando hacia el compás de un amor cintilante,
hacia el acorde sordo del ayer, ¿acorde o jeroglífico?
Esta tarde y su espina son arqueólogas, apuestan
|contra el polvo.
IV
Son demasiadas buganvilias. Se hacen más con
|el silencio. No sé qué historia ofrendar
para ellas ahora mismo.
Son demasiados colores y apareces.
42
También la tentación de una carta es el aire
|de las buganvilias.
Dios se está riendo y yo no me hundo como nutria
|en el aire.
La búsqueda culmina aquí, donde eclosionó
|la cobardía.
Remé contra la noche y llegué a la encrucijada. A
una noche sin la noche que transformó
|en cristal los meses.
Tú querías un relámpago.
Lo viste derramarse por primera vez en
estas córneas.
43
Siempre duele
Es un hecho, siempre.
Todos los días enterramos
un poco de compasión,
de gratitud,
de valor para volver.
Siempre duele,
es un hecho,
y no sé qué más decirte
con esta certeza líquida en los ojos,
con esta confesión
que sepulto en el blanco de la página
como hierro caliente sobre
la piel de los vencidos.
Duele, así es, te dolerá
44
Oro negro
Sigo escuchando la canción de las rosas que se queman
en este umbral del sol donde el recuerdo se va junto
|a la lluvia
en la hora de la hierba santa, del monte que muere
|para que nazcan los venados
y pueda alguien venir a quemar nuevas espinas.
II
Sigo contando tu pulso dentro de la jaula.
Eres un tigre todavía.
45
III
Vienes a sumergir un ángelus en el patio de los nísperos,
a salpicar una memoria oscura con el sudor de la tierra
y entonces quieres volver a hablar del cielo.
IV
Arriba también escucho las voces de las muertas,
de tantas rosas a la orilla de un sueño,
de los pétalos que hace un año vimos caer en
|este purgatorio,
en la habitación de las jaulas donde crecen
|desmedidamente los canarios.
Lo que llevabas en el pecho era una campana
|de oro sucio.
VI
Era tu voz susurrando para los años ciegos,
para los jardines donde sepultar las cosas y las cartas,
46
los viajes con bocas; las bocas con nubes
y ese camino de abrazos, de flores espurias,
de canciones robadas que el viento trajo.
VII
Escucha, los árboles y su perfume nocturno.
Escucha, el secreto agonizante del eucalipto.
Escucha, son las montañas en mi mente.
VIII
Es el cielo y sus relámpagos quien viene a recordarme
esta conversación en la penumbra, esta floración
|marchita,
esta necesidad de convertirnos en las nubes.
IX
Así es, escucho la lluvia que no volverá del mismo barco.
47
X
Y me quedo con el oído en el corazón de otro poema.
Es la hora de la hierba santa,
es la hora azul donde muere tu sonido.
48
El prado
Ahora entiendo qué se hizo aquel nudo en la garganta:
creció con el aire. Se colmó de noche para enrojecer
como fruto que lame la luna. Llevaba dentro la semilla
de otro nudo en tu garganta. Así tenía que ser para
poblar el cementerio, para venir a llorar con el perfume
del valle, para volver a cantar la suerte de las tumbas,
para ver cómo crecen y se abren, en cada estación, los
frutos negados de nuestras gargantas.
49
De otro jardín
Esa muchacha despierta antes de las ocho para
|escribir un poema de amor.
Lo trae caliente desde el sueño, lo arropa, lo examina.
Pero duda del mensaje y la nube aún con luciérnagas.
Duda de la entrega dosificada y el trapecio de
|su número.
Es otra quien mueve los dedos para disparar contra
|del destino.
No yo.
Estas palabras no son para ti porque pueden enfermar
|los girasoles,
porque escapar es la ocupación de la zorra y en cada
|madriguera
tengo un cachorro robusto, un motivo para un poema
|de amor.
50
La luna estaba en Cáncer
Para Javier Payeras
El viento era el odio de una rosa
apagando el ánimo
de inventar nuevas espinas.
Yo te miraba de noche
con la nota helada
de un lucero que cantará
el peligro de este devenir de letras
con tu silencio cuajado de altura
como si volar significara
mojar el día cayendo
sin que los demás
sospechen el signo
y el talismán minusválido
de este poema que no retiene
a los amantes
ni a tu amigo lejano
51
en un bar con su cadena creciendo
como un caballo joven,
manchado de lecturas
y tu voz y su voz
y mi frontera que no sabe masticar eternidades
ni inventar acuarios para que flote,
de nuevo, tu caída.
Nos precipitamos recordando,
acercándole más pan azul
al niño que vivió para morir
con un lápiz roto de tristeza
y la punta sofocada, indómita,
con un planeta propio
donde sembrar un libro
para el inventario de nuestras derrotas.
Yo no pude amar la ruta de las cuatalatas
ni dejar de pensar en madrigueras,
mucho menos en la luna con un trampolín
en cada cráter donde inventar el salto,
la duda, la separación,
la cama con un cielo sombrío,
harto de soledades aladas,
de Venus dándole mercurio a la clepsidra
y Júpiter casándose con un vaso de ron,
52
con el bestiario del instante
y todos los perros ladrando la cobardía
del culo de Alfonso Reyes
porque aullarle a la luna sí es poesía
y el bastón de Mario Santiago
es el hambre de este mapa,
también la manecilla coqueta, delirante, nómada,
en la brújula de Dalton
y las huellas de nuestros detectives
que se volvieron criminales y seguimos.
53
Muertos
Esta noche, porque vienen,
el aire es una risa de fuego que da frío.
La tierra se deja humedecer por memoriosa,
por el maíz blando del perfume
y todo aquello que esta noche crece
a la sombra de un latido de sal,
del trago de tequila dándole luz al fotorama.
Vienen y el esqueleto danza en el paisaje,
en la bruma que nada sabe del volcán ni de los ríos.
Qué viva es la eternidad y la escalera al cielo.
Qué amor por la nave de la noche brilla en su cuerpo
de fantasmas.
Qué corona de espinas y amuletos que no pueden
tocar, ya no.
No con su purgatorio ennegreciendo el útero
y las cadenas y el orgasmo de la muerte
que es caminar sobre los mares.
54
No más esta noche con chocolate y canela,
con lengua dulce y besos amargos, no más.
La muerte nos creció donde se acaban las pestañas
y el barro que fuimos se quiebra en el incesto.
Hermanos todos, todos entrampados,
todos persiguiendo la carne del otro que es la nuestra,
el sabor a cempasúchil, esa piel de la agonía,
el anís en el pan que nos consume.
55
Versos para escribir en Jojutla
Para Juan Manuel Roca y Marco Antonio Campos
Sólo vine a dibujar luciérnagas,
a romper una sombra de amarillos desalmados,
a descubrir que no retoñan ciertas líneas.
La madrugada es este soplo,
esta decoloración de otro latido,
recuerdo sin niebla en la ventana rota,
en esa lámpara donde el panal resiste.
Vine a escuchar los cerros
y la lengua de mi madre en ayuno.
Acá la poesía es fuente taciturna.
Huele a gitanos en la esquina
y no saben que los vi
soñar dentro de un libro
y contar las rayas del tigre
que a veces cuida el universo,
56
animal de estrellas en la tarde,
felino protector de mariposas
aquí, donde la palabra inventa chispas.
Vine para ver los patios,
a ser la huérfana,
la que desteje hilos mojados de un capullo.
Llegué arrastrando estas visiones
y no se instalan por sí mismas,
son, en conjunto, un púrpura sin nombre,
cera de abejas invernales en mi boca.
57
Carta a Francesca
Tú no puedes derramar sobre su corazón calderos de
estrellas. Te es imposible en cautiverios con árboles le-
janos y soledades copiosas como los pétalos del mundo
y su caída. No hay constelaciones que rescaten violetas
agónicas de tu vestido; no podrás salvarlas con la be-
lleza de un viaje. Morirán en avenidas rotas, sobre el
suelo blando que hunde a los jinetes ebrios y las sílfides
histéricas. Tarde o temprano el polvo crecerá para lle-
varte con sus giros de culpa, de nieve manchada de esta
profecía. En tanto vuelve y quítate el anillo, arráncale
más horas al ángel que gime porque lo dejas a la intem-
perie de tu fuga. De ahí que el alfabeto de los astros no
lo entiendas, que no hablen para ti las palomas de los
sueños, que sirvas para darle agua a los narcisos.
58
Paolo ama el espejo
Siete alas no te van a servir entonces, cuando bajes
del tornado sin Francesca y necesites golondrinas. Te
ahorcarás, por ende, con una pañoleta de cisnes oscuros
y te veré, fantasma cojo, persiguiendo la exactitud de
mi astrolabio. Viajarás así todas las noches. Resignarás
tu sombra. Buscarás un sitio junto a Judas y Jasón. No
habrá musa que te rece ni alcohol puro, sólo un gris de
hielo, de fosa que vio Dante.
Acá muere la esfinge que he derrotado con mi lanza.
Tenía tu voz de serpiente devorando a Eco para medrar
con el engaño. Se arrastraba imitándote, buscando ali-
mento en las vaginas de pequeñas diosas que rompiste,
eran de porcelana, ciegas, Venus con el pensamiento
disecado. Algunas se hundieron en tu semen con virus.
A otras les encajabas un alfiler en el lomo. Las hacías
ladrar. Se apocaban como tú escribiendo para el diablo.
A las que más quisiste las empalaste en un harén sucio
59
y angosto. Te gustaba volver a contemplar sus cuerpos
y escupir sobre ese amor de miel añeja.
60
Escampa
Mira el firmamento sin tormenta,
el maíz con su altura poblando el sueño de la hija
en un ciclo de cañaveral y aves aterrizando en el amor
con la fuerza invisible del río, del pueblo
y su perfume creciendo.
Aquí traigo el perdón,
en estas manos que aún no llegan a las nubes, son
mariposas eternas.
Las orugas reaccionan con el tiempo, empiezan a tejer
|un viaje largo,
de vueltas sedosas y pasiones vagabundas,
pero he acá el perdón con un coro de musas
y flores inmortales en los cuadros que fui a buscar
para no verlos de nuevo en tus enciclopedias.
Tengo más que darte, pero ahora los ficus nos rebasan.
Pierdes pelo y yo me sumo a la extraña permanencia
|de nuevas gaviotas.
61
Abro mi corazón migratorio para remodelar el nido
donde el anciano y la mujer de ojos idénticos
no encuentran otro silencio para darse.
No hablar es como mirar la jaula en la oscuridad
|de tu protesta
con tal de reunirnos como entonces en el cerro que
adivinó los viajes
y nuestras separaciones futuras.
Contábamos rocas, luego hablabas de un aguacero,
de su carga eléctrica, de una voz parecida a ti gritando
|por la casa.
Esperábamos tormentas, padre, y llegaron a decirte
|con sus golpes
que por encima del cielo están tus hijas.
62
63
V. LA DUEÑA DE LA ISLA*
[2012]
* Poemario ganador del primer lugar en el Concurso Nacional
de Creación Literaria del Instituto Tecnológico de Monterrey.
64
Autorretrato imposible
Flaca para que me quiera.
Flaca para que me luzca.
Flaca para que también me lleve el viento
y su amor si no engordo,
si soy liviana, talla cero,
a la medida de lo que no existe,
de lo que notan como adorno,
calavera bonita, perfumada,
de mujer con hambre que la esconde,
de mujer flaca, pero triste, a la que muestran.
65
Astro Girl
Son las siete con quince
y sí me acuerdo de Astro Boy
y aunque no sirve para nada,
sólo para decirte que me acuerdo,
son las siete con dieciocho, Lucy,
y debo caer desde mi corazón.
Todos los noviembres te los dejo
con un caracol en la boca del indígena,
una lanza que lamió Atenea,
un canal para cruzar el mundo,
una bandera que has recuperado
y Astro Boy.
66
Del club de las insomnes
Deberíamos tomar ese avión,
esa maleta,
ese camino ciego, neblinoso.
Deberíamos decir lo que pensamos:
“No me gusta”,
“no quiero”.
Deberíamos comprar
menos zapatos y refrescos de dieta,
hacen daño
como los días sin luna
y todas las veces
que nos comemos las palabras,
la risa, la opinión,
el cereal sin frutas
y nuestras uñas sin orgullo.
Deberíamos tomar ese autobús,
alejarnos de la prisa,
67
los gritos y el moretón.
Deberíamos vernos más seguido,
decir lo que nos pasa,
que por más semillas que arrojamos,
no crecen rosas de los vientos en sus mentes.
No hay jardín, sólo esta guerra.
68
No conocimos a Bolaño
Para Álvaro
No fuimos codo a codo
no llegaste a tiempo
no conocí a tu padre
no sé qué hacer con la memoria
no me quedé con el guapo
ni con el feo ni el más joven
no hablamos de Séferis
ni de las terrazas
pero conocimos a Lucy
y a Pedro y a Javier
y caminamos achispados
y le quité la puntuación a este poema
aprendí que el vuelo de regreso
debe ser temprano
69
que tu mamá tenía razón
lo único que cuenta es la palabra
70
El páramo tibio
Esta niebla, Antonio, es preferible
al dulce cautiverio de tu casa.
No niego que lo extraño,
tu pecho, nuestras bocas
y luego esas flores del durazno en la cadena.
Sabes que me pusiste el mundo en claro,
pero no podía salir a hacerlo mío.
Mejor estas neblinas,
este acoso del aire a campo abierto.
Sólo mis pasos que se hunden en otras arboledas.
Tengo un abrigo,
una bufanda del color de tu caricia
y de algo sirve, mucho ayuda, tu recuerdo.
71
Museo del cuerpo
Ella, ahí en la fila, está esperando
a que le pongan dos implantes.
No pueden poner cerebro
ni ganas de vivir a su manera.
Ella, ahí en la fila, está buscando
el modo de no morir de hambre.
Quiere “salir cara”, que no la dejen
al lado del camino.
Si supiera que es un sitio hermoso,
el paraíso de Fito y de nosotras,
sin senos, sin abdomen plano,
con nuestras narices chuecas
y nuestros paraguas de artistas.
Si supiera que al lado del camino
no tiene que cansarse con tacones,
que su silencio vale porque ahí,
no será devorada por los tigres.
72
El mundo, si supiera,
no es una jungla ni una clínica.
73
Insular
Que no me reproduzco,
que no muerdo el sebo.
Rechazo la misma suerte,
el ardor en esa parte, la de todas.
Que no me lacera este silencio.
Lo que necesito es esta orilla,
esta ausencia de amantes
que se van como los barcos llenos,
ricos, con el brillo de mis propias gemas.
Que no amo, así no.
Soy dueña de la isla, capitana, defensora.
Combato los saqueos.
74
Un poema no es un listón
Un poema no es una cinta,
ni un cable de luz,
ni una cola de rata
con que amarrar el viento.
Hay palabras que nacieron para putas.
Otras, nidos glaucos.
Un poema, a lo sumo,
le sirve a la piel
en la oscuridad que nos reúne.
A nadie lo olvidan
con mayor rapidez o lentitud
por escribir dos versos.
Más allá de la metáfora hay algo tangible,
pesa: un diploma, un anillo, una cuna.
Y sin embargo todo eso es frágil,
quizá más que un poema a la deriva
cuyo único mérito fue salvar el instante,
75
decir que los perros que ladraban eran negros,
que la sal puede ser dulce,
que tú llegas a este cuarto en una hora
donde te desplazas como profecía.
Nada más.
Un poema es un raspón.
Día de invierno.
Lluvia que se equivoca de techado.
Flecha letal.
La recojo, la hundo en mi pecho.
No quiero mostrártela.
76
Corredor con disfraz
Es sencillo este spleen:
tacones, resma de hojas,
y el canto en otro día como todos,
miserable, exacto,
puntiagudo,
hiriendo el suelo con su modo de mirar
las cosas y que ellas te miren compasivas.
Es simple,
les quiero decir,
muy fácil:
un corazón adolorido
y la certeza de que a nadie
le incumbe la llama que te crece.
Basta, entonces,
con agarrarse
de la vena más delgada,
de un hilo de aire pesado
77
y abrir la caja de Pandora
para que siga siendo simple,
romo incluso, caminar con un tornado adentro.
78
Poema en taxi
No dormiré ya nunca.
Seré el alma de la nieve
sin talismán para un aullido.
Si no rompes los hilos de saliva,
el traje de mi llanto,
si no se derrite el paisaje
de una vez por todas,
no dormiré.
Crecerá una cárcel
al sur de cada hora
sin columna vertebral
para la muerte.
Llama,
que no se pudra
79
la semilla,
que tu canto
también duerma.
80
Poema mientras caminas
Quieta, no. Quieta jamás.
Soñarlo fue tener
un péndulo de lava
iluminándonos la vida.
Serena, pero como el aire
antes del tornado
que cambia,
en un segundo,
la temperatura.
Llorando porque así
crece la vigilia,
el juramento que le hiciste
de no cerrar los ojos
y mirar todo el horror
cuando el deseo doliera.
81
—Pero también
amas el terror
y tu alma de nieve
en los caminos–.
¿Quién apostaría
por un beso de escarcha?,
¿por la gota roja
que ahora fluye?
Quieta no.
Quieta jamás.
82
Poema en agua
Esta urgencia
de quebrar espejos
no salva a la mujer
sin árbol.
Llegar al bosque
nunca es poco
con agujas
para el clima.
Urge volver
a una jacaranda
y navegar
este diluvio.
No has dormido.
83
Poema con marisma
Que no, no será así,
tanto y tanto amor
no quemará sus naves
antes de llegar a tierra.
Lo sé, por descontado,
porque la semilla es invencible,
hace cantar al lodo,
lo enseña a latir con y sin mesura
porque no, nada se pudre.
Este oro no estalla sin motivo
y nada hay en el viento que lo apague.
Será, entonces,
la rendición del tigre, las armas depuestas
por tanto y tanto amor
en un mundo con hidras y langostas,
con pasto celestial
y más semillas, frutos,
84
mi pasión y tus ojos
entregándose en la niebla,
en lo que debí callar
para este “no” con piel
y laberintos uniéndonos.
No, no será así, como pensabas,
en estos mares de amor desconocido.
85
Confesión a las once treinta y ocho
Tengo poco afecto por las cosas.
Prefiero pensar en nada que ir a comprar zapatos.
No me importa lo que opinen de mis vestidos viejos
ni de esta forma de mirar las nubes
o de temerle a lo invisible cuando me enamoro.
No he aprendido a hablar con los ciclones,
a pedir que me aten al mástil en el momento preciso,
antes de las palabras que flotan y asustan al jardín
|mojado de julio.
Tengo poco afecto por la vida como te la mostraron.
Siempre dudo.
Entre una magnolia y la verdad me quedo con
|la primera
porque se marchita, porque es blanca
y no tiene pretensiones de salvarnos.
Me gusta la ruina, es profundamente bella,
hay razones en su luz muy triste que me impulsan.
86
Quise ser esto de niña.
Asumo por ello el riesgo de perderte.
Creo, sin embargo, que entenderás este poema.
A ti te mandé las primeras cartas mudas
87
Por si acaso
Y si vinieran por nosotras,
iríamos, como la Woolf,
con nuestros libros en la mente,
con nuestro canto por delante.
Y si vinieran por nosotras,
iríamos sabiendo que soñamos lo imposible,
que no dejamos de sangrar porque quisimos,
que no abandonamos en la calle a ningún justo.
Y si vinieran por nosotras,
iríamos con las manos en la nuca,
con el orgullo en alto,
meciéndonos como banderas
con los senos libres de culpa.
88
Y si vinieran por nosotras,
iríamos porque marchamos,
porque fuimos la tierra,
el caldero,
el agua del rebelde
y el consuelo en la agonía.
Y si vinieran por nosotras,
con sus armas largas,
sus uniformes del crimen,
sus puños de patriarcas psicópatas,
iríamos porque entonces,
si vinieran por nosotras,
es porque habríamos vencido.
89
VI. TRATADO DE BENGALAS*
[2015]
* Libro ganador del Concurso Nacional de Poesía Ignacio Ma-
nuel Altamirano 2013.
90
Ucronía del ojo
Sucede que sí, es como si se hubiera detenido el agua
que rodeó el volcán entrando por la niebla
en la mazmorra que hemos sido.
Un día de asueto va soltándonos,
esas visiones son cobras de oro en otro mundo.
La memoria no es el álbum, sino una larga herida
|negra que nos cruza,
un lagarto, tal vez, debajo de los músculos.
Es como si se hubiera vuelto llama lo que encuentra
cada ojo:
hay una carretera, hay bosque, silencio que no siguen
|mariposas, sino esquirlas.
También alguien está pariendo sombras,
de algún modo deben poblarse los acuarios
que son esta duda detenida al borde de un círculo
|de Dante,
91
este saber que renuncia con su acorde a la compasión
|del búho
y a la sangre que coagula en quien olvida.
Es la noción de los pájaros que romperían el huevo
para regresar a su delirio,
es el rostro sepia de la llaga cuando un ángel vuelve a
|recargarse en ella.
Es como si se hubiera detenido el aire, detenidas
las escamas del bestiario un día.
92
Mesalina por las tardes
No es que camine como Emily
o esconda el espejo donde se adora Claudio.
Trae, definitivamente, un áspid tatuado
donde más peligrosa cae la espalda.
No es que suceda el mal frío de la noche
cuando saca a pasear a sus dos lobos.
No es que tenga las entrañas de acero
para recibir sin pausa a mil varones.
Resulta que Mesalina bebe sangre de una boa
y su cuerpo es velo y mantra y carne
y le come los ojos a la hidra.
Carga una daga con zafiros para matar a Lilith
y deja al tiempo sin recuerdos emplumados.
93
Coatlicue responde
Voy en un taxi y te voy a hablar del viento.
Es camaleón, luego acaricia
cuando hay algo tuyo en la galerna,
un soplo que desviste
lo que miro,
las cosas ciertas o irreales:
abulia y dolor de los peatones,
semáforos eternos cuando llueve.
También dos ángeles.
Será que apenas
nos sembraron el otoño
o porque tengo frío te converso.
Tal vez el viento es madriguera
de palabras con hocico,
silencio con pelambre rojo.
El taxista también
es un mamífero.
Sube el vidrio.
94
Me pregunta:
“¿Le molesta el aire,
señorita?”
95
El país extraño
Ven, están matando gente afuera.
Haremos de la sangre un recuerdo lejano.
Soy tu mujer imaginaria.
La golondrina de mi nuca es lo que resta
de las distancias antes de los frutos negados.
Te puedo hablar de lo que nunca sucede
con mi chistera en medio del terror y la pólvora.
Están matando gente afuera.
Deberías besarme y yo parar los juegos del granizo.
¿Quién va a salvarse de esta ceremonia oscura?,
¿con qué ojos sino los tuyos que alimentan
la conversación en Comala?
Sueño que vienes como el poeta que nada quería
más allá del adiós buscando
un país extraño y un río sucio.
Sueño que vienes, pero siguen matando gente afuera
y nos quedamos haciendo la vida
al otro lado del ventanal.
Lo básico, eso te doy, flores ardiendo en la tormenta.
96
Mi mano si nos movemos entre cadáveres de niños.
Mi boca en tu mente que nos busca
igual que el náufrago a una bengala.
97
Hay quien saca hombres del lodo
Hay quien abre la tierra
buscando el nido verdadero
donde dejar salir sus plumas.
Hay quien arroja semillas
de sensuales jacarandas
con tal de no escribir un epitafio.
Hay quien entierra un cuchillo
o su menstruo para ahuyentar la lluvia.
Hay quien deja oro sucio y caracoles blancos
en un cofre con papeles prohibidos.
Hay quien quema la columna de un pescado
y esconde una llave ensangrentada.
Quien sepulta un cáliz.
Hay quien dice que el campo es para eso,
para que el tiempo no encuentre lo que ha sido.
98
El gato está muerto
La mujer lo busca
como a un rastro caliente
en su añoranza,
una escritura libre
que se trepó en los muros.
El gato está bajo tierra.
El hombre le dedicó unas palabras.
No olvidará su baile, dice.
Esa fría, yerta coincidencia,
los une como si fuera un astro
que nació en par mientras
el felino danzaba.
Como si morir viniera
del amor más grande,
de las primeras veces
cuando niños
99
y el mundo es quien
aprende a despedirse.
100
Nocturno de Pretoria
Hay en mi mente una jacaranda eterna en África.
Un viajero que cruza el mundo para abrazarse a ella.
Hay en esta esquina del insomnio mucho viento.
He venido a verme con ese hombre junto al árbol.
África resuena en todas partes:
en los cuadernos que cantan estíos broncos,
en las noches de caballos blancos como nieve
de otra historia para derretir el mundo en azabache.
África es una promesa.
No se lo digo a él que está fumando.
101
Álbum no dicho
Digamos que en el sueño
ya no había más guerra.
Volvíamos juntos a la infancia.
Allá, con los guayabos.
Allí, con los huizaches.
Nadie herido.
El viento soltaba las ciruelas.
Las mirabas caer igual que música.
Me dabas cinco que no quería gastar.
Las guardaba para el futuro.
Yo sabía que los cuentos
de la abuela, que los jinetes
y los ángeles enloquecidos
llegarían cuando estuviéramos muy lejos.
Cuando soñara con jardines,
cuando el desierto diera pánico
y más melancolía.
102
Las ciruelas se pudrieron.
Se mancharon los vestidos.
Cada quien se fue a buscar palabras
en países blancos, ajenos.
Pero alguien se quedó escuchando
las trompetas de este apocalipsis.
103
Palimpsesto por la calle
Señorita K., hoy pudo ser feliz,
caminaba debajo de un cielo bellísimo.
Hubiera pensado en oropéndolas,
en cómo es simple y bella la flor de jacaranda.
Pero hoy, a las seis con cuarenta y nueve minutos de
la tarde,
hizo una ponzoñosa elección:
fue abandonando los deberes,
cerrando los ojos ante los puños lilas de aquellas nu-
bes.
Caminó, caminó junto a la sombra vaga y corta que
es.
Caminó y dijo que era buena idea que la historia ter-
minara aquí,
junto a las elecciones erradas, los tragos amargos, el
filo de cada mes,
las letanías, el polisíndeton oxidado
porque sabe cuánto cortan las fronteras
y que nada sirve caminar bajo un cielo bellísimo.
104
Deuda pagada
Para Pilar
¿Y si la vida fuera el perro que criaste
pero se escapó a otro lugar que ya no encuentras?
¿Y si anhela seguir a una jauría y luego abandonarla?
¿Y si renuncia a morder otra carne, que no la propia?
¿Y si la vida se queda con el amo?
Dirás que el criadero es al final la muerte:
todos los rincones de la camada,
todos los gestos aullándole a la luna,
todas las suertes que aprendiste
persiguiendo un disco.
¿Así tiene que ser?,
¿una correa, un plato seguro?
¿En qué universo sin estrellas
los guardianes son obligatorios?
El cielo se apaga, es un hecho.
105
Comienzas entonces a enterrar
los huesos de ti mismo.
Tienes cuidado de mantenerlos
junto al otro, el que ladró
como nadie ante el intruso
que es la eternidad.
El otro, un vagabundo,
un criollo, un adoptado,
un recogido que mordía,
un perro romántico
cuya rabia aún te seduce.
¿Y si la muerte se acabara,
como el amor,
de súbito
106
Por la Panamericana
Alguien erosiona el monte que tomamos
para contemplar palomas
y rostros amarrados con pañuelos.
Viajábamos sin pasaporte,
más allá de la máquina Singer
que nuestras madres pedalearon
sin llevarlas a una esquina de la época.
Queríamos cantarnos todos juntos
entre girasoles que cultivaron los más viejos.
Con todo, no éramos originales,
por más niebla que bebimos,
por más cerezas que arrojamos en la nieve,
por más palabras hirsutas,
nos parecíamos a los de ayer.
Cargamos con igual ardor esa bengala inútil
que nadie vio y tú lo sabes.
107
Pienso en un toro
En la cortina blanca
que volaba con el verano,
en la habitación
donde el trapecio
era la vida.
Pienso en un parque
donde enterré cuerpos de duendes,
en todo ese dolor
de fábula con zorros,
uvas y cigarras.
En los libros
que aún no llegan, pienso,
con el ardor de los otoños
imposibles en mis manos
y la carpa del circo
sin mi madre.
Pienso en las estrellas
que se apagaron
en unas páginas con lumbre
108
rumbo a las entradas
de aquellos laberintos.
En cada llave, pienso,
de cada puerta,
que hay en las cosas prometidas.
109
VII. VAGA FORMA DE ACERCARSE
A LA LUZ PARA QUEMARLA
[2015]
110
Náutica de Coatetelco
Porque el agua cobró un favor dorado
nos llevaste a navegar sobre el castigo
de la diosa de corazones en el cuello.
Se movía esa balsa como el perdón,
a veces brusca, a veces lenta.
Avanzaba sin llegar al resto de la luz sin frío.
Te daba miedo ese dolor de anguila,
esos peces grises debajo de nosotros,
triste ramo de nísperos sin rumbo,
unos cuantos ojos brillando
para la ofrenda de noviembre
después del sacrificio,
de lo que trae oscuridad y las serpientes
si el odio es una laguna,
maldición de algas saladas,
haz del ocaso también muerto
por órdenes de la Coatlicue.
111
Tú nos decías que con ese dolor crece la leyenda
y en los ojos de mi hermana la disputa
por el cañaveral se abría en su mente,
en sus manos con anillos rojos,
también en el corazón
colgando como dije,
que escondí en mi pecho.
Ahí, sobre las aguas
que perdían el oro y se volvían argentas,
aprendimos el poder de las faldas de serpientes.
Cuando desembarcamos,
éramos un par de espejos con melenas,
una historia de agua dulce
que te quitó la sed de un día.
112
Piedra de luna
Es cuestión de aliento esta vaga forma de acercarse
a la luz para quemarla.
Lo más oscuro de los días sigue agarrado
de un fervor silvestre,
de la supervivencia apócrifa, de la voz que se esconde
en el resquemor amarillo de febrero,
en sus estrellas invisibles, hirientes, solitarias.
Es cuestión de ver volar una serpiente,
de regresar a esa calzada que se abre persuasiva
en la memoria.
Cuánto miedo, cuántas nubes, cuánta guerra
por llover, cuánta.
Si dicen que esto es el futuro,
este modo de ir muriendo mientras
lo que miramos nos contempla,
nunca llegamos a nosotros mismos,
pero todo el día ahí, en el recuerdo, silban geranios.
113
Nos conjuga la sombra, esa música de los que olvidan.
Es cuestión de aliento esta vaga forma de acercarse
a la luz para matarla.
114
Plazo fijo
Acá está tu soledad, te la devuelvo.
Perdona que la haya torturado
antes de descuartizarla.
Fue presa fácil.
No hubo que esperar entre los lotos,
no hizo falta adormecerla.
Te la entrego por partes,
salada con el sudor
de las mujeres que te amaron.
Te la doy cruda.
No disfruté cazarla.
115
Sol de Pandora
Esos pequeños mundos en mis manos,
globos de vidrio,
de ojo de gato bueno,
esfericidades que cambiábamos por dulces.
Ah, ese papel metálico azul,
aquella convicción de ángel con que
hacíamos chocar nuestras canicas.
Quien se quedaba con la negra
era tocado por un don,
un sino, una encorvada forma de caminar
en el futuro o una cadencia inalcanzable al hablar,
un ser de ala rota, pero digno.
Jugaba en la feria a no perder ninguna
y la luz con su acorde
y la música con sombras
me alejaban de aquellos universos
que me acercaba al ojo como queriendo
116
encontrar una razón,
una palabra, un maullido.
Entonces, todo el silencio era mi propiedad
en el patio de agua muerta,
en el corredor de vecindad con frutos
pudriéndose en el piso.
No sabía que estaba jugando al azar
o al ser el sol de mi sistema,
deseaba una canica oscura por encima
de todos los abrazos,
pero era mi cabeza la que tenía el cabello negro.
117
Monte quemado
Para escribir un poema, dicen, hay que merodear
|la infancia.
Es un asunto, quizá, de olores.
¿A qué olía el canto de la sala de la abuela?,
¿a qué naufragio el pan con azúcar roja de mi madre?,
¿a qué la despedida verde de mi padre?
A rezo, a hastío, a caña fresca,
a rosas oxidándose, a su incendio y a ti quemando
también las espinas de las flores,
mirándote atravesar el espejo sin lograrlo,
sin irte más allá de lo que abre su mercurio,
tus manos, un par de uñas para arrancar la costra,
para ver, sin pausas, el fondo blanco de la herida.
118
119
VIII. HAY UN DESPUÉS*
[2015]
* Libro escrito con el apoyo de la beca para Artistas y Creado-
res con Trayectoria del pecda 2018.
120
Tiempo de anémonas
Te leo. Sé que un caballo es para ti un naufragio.
También estoy junto al mar,
pero ahogada en el derrumbe.
Miro el clóset. Hay cuatro camisas,
estaría bien que fueran tuyas.
Aunque todo vuelve a una hora azul de junio,
empaqué el amarillo y sus bengalas.
Si tuviera tiempo para anémonas,
te las describiría,
pero pesan los vestidos como escombros.
Tal vez tu abrazo de palabras suaves,
de peces o grullas, era la salvación en aquel plano,
en la carta que nadie acribilla.
Tembló aceleradamente,
con la furia de quien sabe acanalar el pecho,
irse un poco más en cada pausa,
irse a la noche y el fango nunca comprensible,
121
apenas dibujado en esas balsas que se estrellan
hacia dentro, así tembló.
No sé si una floración de rocas es lo que resta,
levantar la mirada para buscarnos,
pero la muerte es el blanco del cielo,
ni una nube que nos hable,
ni una gota que proteste igual
que el amor cuando no es una camisa.
También hay música sacra en el abandono,
en la conmoción del paisaje
y los palacios infantiles.
Jugaba a ser el lobo, el jabalí, el cerdo, el hada.
Quería ser Circe en medio de gravillias,
con la lluvia vegetal de sus colores obscenos,
con el vestido ceñido a la cintura.
Ahora, junto a lo que la ruina entrevera,
pienso en un caballo.
Si lo monto desnuda con mi nombre,
sólo tú sabes por qué sigo perdida.
122
Imagínate Comala
Acá también se acabó la mitad de la luna,
la historia de un fantasma que nos alumbre.
Imagínate montones de rocas, ladrillos,
un deambular de perro en busca del amo.
En cada mujer crece la viuda de un paraíso.
Hubo follaje en esa esquina,
el agua en la fuente aclaraba tu voz de noche,
la sombra era un reino maleable.
Había ciruelos para soñar que te ibas,
atrios para esquivar la cera de aquella virgen;
manzanas en agosto,
coronas de gladiolas frescas,
un aire de campanas en el cuarto,
de música de viento
invitando a mover tu apellido.
Se alzaba una épica y miramos, alguna vez,
sin dolor las buganvillias.
123
De ahí vienes, de lo que la tierra derrumba,
de una toga salpicada de polvo crudo,
vigilia negra, sin postales que admires.
124
Grieta en mi sostenido
A lo abierto se le amarra una cinta,
como a la casa, nuestra hendidura,
guarida a punto de quebrarse
que se levanta con varillas,
que sostiene una voz,
cadena de oraciones,
potente esqueleto, armazón de la tarde.
Habrá que lavar el agua
para detener la memoria;
abrir, cerrar los brazos en la ruina,
tomar distancia y acercarse al cempasúchil
con el cuerpo herido
luego de aquel nidal de escombros.
Habrá que vivir en la grieta
como en el golpe de un sueño,
en la lluvia doliente, la del ojo,
125
la del camino que se abre
en la cara para entender.
En dieciocho segundos se acaba el paisaje,
la torre de un templo,
el reloj que devoró la piedra,
los huesos en el lodo vivo.
De súbito, un cementerio sin cruces ni salves,
la canción de la grieta que nos mira
es burlona como el insomnio.
Tampoco duerme el aire
o la noche que ha visto esa hendidura.
126
Nueva música para camaleones
Este es el blues del damnificado.
Nadie se atreva a decir que no sabe.
Es una música de piedra y polvo,
de casa de plástico y comidas en lata.
Es el blues sin cantante, sin saxo,
sin cama ni techo para evitar la tormenta,
sin para cuándo, sin por qué.
Es la canción de la cinta amarilla,
del cordón rojo y la grúa;
es la enfermedad por la ropa con liendres,
las ampollas por los zapatos ajenos,
el llanto del niño sin leche
y la sonrisa de los bufones
que acapararon despensas.
Este es el blues del damnificado.
Nadie se atreva a negar un acopio,
una bolsa de sopa, una botella de agua,
127
una venda, una aspirina,
un casco, un cubrebocas.
Este es el blues que sí cuenta,
música del que han dejado solo,
no la primera que todos cantamos.
128
Poema anaranjado
Emigrar de un cataclismo
a la usanza de una rara estación.
Insistías en octubre,
en la voz del cazahuate
junto a los campos cañeros
y otras hierbas conspicuas,
otros modos de gritar
cuando se acaba el camino
y se abre, de nuevo,
la herencia de un año sin lluvia.
El juego, ahora,
consiste en dejar de ver, de probar,
esos venenosos lirios de las ciénagas.
No condenar noviembre
a la repetición del pantano
en nuestra boca que sabe a lama
en nombre de los besos cenizos del mundo.
129
Emigrar con el vestido puesto
que fue una bandera de lunares.
La pérdida posee sinónimos y caen
frutos blandos o precoces.
El equilibrio es la tarde
cuando el epicentro se convierte en árbol
y las alarmas del bosque
son bellotas que no has visto.
Pero en un mundo tropical
este poema no crece,
la flor de terciopelo no se da
con vino de uva ignota
o botella quebrada en el temblor.
Aquí hay mezcal
y una mueca triste de la muerte
cuando chupa naranja,
cuando las sales tienen granos
de alacrán albino
y aunque la noche gire,
buscas un primer caballo en el sueño,
el que se va con rumbo
a una constelación de garzas.
130
131
IX. CIRUELAS PARA LOS JINETES
[2018]
132
*
30 de julio del Año de Nuestra Señora la Palabra.
Lienzo con tres razones de melancolía.
No es el que la buscó en los libros tiernos
|de la supervivencia;
el de manos que sudaban y la noche rumiante
|de los olmos.
No es el que es. Aún no lo ha encontrado.
Pero ya la reclama en alguna parte del mundo.
La querrá con esa alondra azul del cuello,
a pesar de otros infinitos y canarios.
Tampoco es el que está. El que responde desde hace
|veinte años.
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Tiene la voz de un abejorro que acaba de chupar
|la miel del universo
y así la guía hasta un jardín de adelfas.
“Haz memoria”, le susurra.
Entonces la rescata.
134
*
5 de agosto del Año de Nuestra Señora la Palabra.
Rojo ciruela prohibida. Rojo cielo de tarde a la vera de
un río. Rojo de labio vaginal irritado. Rojo de boca de
puta contenta. Rojo de sangre coagulada y vendida al
mejor postor. Rojo título de un cuadro, de una bandera,
de una ideología descorazonadora. Rojo cuando el día
abre, cuando un niño se cae de un árbol. Rojo a secas
en el capote de un torero. Rojo azafrán. Rojo perfume
de pétalo. Rojo que las mujeres, cuando vuelven de la
guerra, no soportan. Rojo carnicería. Rojo semáforo,
detente. Rojo alfombra para sentirte rey. Rojo para las
nomeolvides. Rojo tinta de corrección de texto. Rojo
sandía para escurrir. Rojo de encaje. Rojo como el pa-
pelito con el dibujo de las señas del lenguaje de los
sordomudos y la mujer a la que le diste un euro en la
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terraza. No podía hablar, era cierto, pero nos señaló con
el índice a cada uno. Era otra soñadora. Llevaba una
blusa encendida. Rojo de tu gesto si te halago. Rojo de
esas uñas que te acariciaban. Nunca llegaron los versos.
La mentira, como la nariz de un payaso, es una metá-
fora y nos basta.
136
*
Cambia de paisaje y abre las jaulas del mar.
Suelta a los gorriones carnívoros,
que nadie recicle tu caja de Pandora.
Que sea otro,
Que te acosen a como a un barco
Las gaviotas grises y las palomas negras
Que puedas ver más allá de lo perdido
cuando te desplaces, navegando,
al aeropuerto.
137
*
6 julio del año de Nuestra Señora la Palabra.
Cuando con hierba en la boca, llegó al mar.
Muérete en mí para que nazcas,
pero muérete de veras,
sin prometer redenciones,
sin escapar para no ofrecer un reino.
Muérete de sudor, de sal y cabellera,
cascada cintilante en tu rostro.
No puedas más de espasmos,
de aliento, de cartas y cintura.
Muérete todos los días de tulipanes de lumbre.
No te detengas, agoniza de nuevo, constelado.
Muérete a golpe de bengalas.
138
*
31 de diciembre del Año de Nuestra Señora la Palabra.
Detrás de mí sigue el arcángel.
Habla en griego y en la lengua del café a las siete.
Nos acaricia sin hacer contacto.
Muestra el filo de su espada.
Defiende nuestros cuerpos, Lou, pero, ante todo,
la oración, nuestra poesía de las mil comuniones.
Aún hablamos solas a mitad del Año Nuevo.
Así que nos iremos a dormir cansadas.
Despertaremos en otro año sin que exista,
sin diálogo en aquellos viejos paraísos.
Detrás sigue el arcángel.
Todas las noches, al volver,
encuentro plumas negras en la sala.
Él ha bailado ante el espejo.
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Ahora es un niño vuelto hombre.
Solo tú y yo, cuando abrimos esa puerta,
somos otra vez fantasmas.
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141
X. POR DEFECTO DE MELENA*
[2019]
* Poemario ganador del Concurso Nacional de Poesía María Elenza
Solórzano 2019. .
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Preludio de lectora
Que mañana pases de largo, sin esa leyenda de semillas
que arroja tu presencia o un ejército de copos de nieve
|batallando en el aire.
Deseo la lluvia que cae sobre la lluvia cuando es de
noche y hay un desierto en la alfombra. Que sea
|definitivamente viernes cada domingo de tu vida.
Ojalá te den ventana con vista a un grosellero cuando
te aprisione la piel de una persona-jaula.
No llegues a morirte de cometas en los ojos
como la gente que llora verano y en vano vuelve.
Si juegas con el amor, dispara en defensa propia y vete.
No te quiero con palabras muertas en la boca,
más bien con un país recién nacido debajo de la lengua.
Cuando haga frío, no olvides la capucha guinda
ni las zapatillas de vidrio de marzo.
Hoy se abren dos eclipses como manzanas de Adán,
esas mentiras que crecen por defecto de garganta,
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esas manos para ahorcar al mensajero,
ese paraíso cuyo áspid es un aguafiestas.
Pasa de largo igual que una plaga de langostas,
que una peste negra, pasa de largo.
Quiero ver cómo te marchas
desde esta airada esquina del insomnio.
Necesito respirar por defecto de melena.
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Alda Merini
Te me irás olvidando,
aunque vueles como arcángel,
en esta habitación que fue la vida.
No quedará sino la voz del santo entumecido
por el nervio de una estrella,
por el sombrío andar de la memoria.
En una mujer cabe la desgracia del mundo,
pero también la redención de un manto
cuya sangre es la voz que prevalece.
No hay cielo sin orillas
ni mar que no se ate a cada nube.
Te me irás olvidando,
aunque en la esquina de este manicomio
no pasen a cantar tu ópera.
Aquí no acaba lo que has visto:
una nueva hambre de Dios,
la gracia amnésica de los desesperados.
145
Alejandra Pizarnik
El árbol no estaba del todo podrido,
las ramas de Diana podían haber cantado
la caída como en un verso que te exime.
Pero el barco era inmenso en tu corazón,
no cabía en este mundo, en esta jaula vuelta pájaro,
en este miedo que era al revés: debió mirar también
por fuera
como hacen las aves de rapiña.
Déjate levantar, mi muerte,
déjate dibujar con otro lápiz que se encaja en el escar-
nio.
Había un jardín de ruinas y de lilas a la vuelta de lo
que acaba con nosotras,
nosotras mismas, nuestras pausas,
nuestros duelos consagrados al amor como lepra
|que se rasca.
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Mi vida, tan tuya y tan frágil, delgado espejo,
inmensa soledad la que nos llama.
147
Blanca Varela
Somos villanos todos y en silencio,
cuervos sin nido,
platos de pobres resignados,
perros en celo y en desesperación calcinada.
Pero florece tu ritmo a la par de mi lágrima,
del corte de un verso fracasado,
esa carrera estúpida en otoño,
ese espejismo en primavera.
Villanos que comen cinismo,
cuervos que aprenden a sacar los ojos
porque están ciegos de sí.
Pobres que ya no distinguen la cebolla,
perros hambrientos, solos
como la noche de tu voz que brillaba.
Es blanco el fondo de un secreto,
ojo que mira sin red lo que dice el horizonte.
148
Rosario Castellanos
Perdón, pero escribimos como amamos,
lo demás no ha estado dicho nunca.
Era Valium, sí, era el cráneo desnudo,
la hacienda y Gabriel.
Era la cabeza que caía por su peso,
por la ausencia de un lugar donde ser libre,
porque no había otra forma de ser aire
que movió el sombrero
de aquella joven buscándose a sí misma.
Pero encontraste un bosque de símbolos dolosos en
latín,
la letra honda en el discurso del insomnio,
de un poema quemado y siempre interminable,
el sueño donde lo único negado era la mujer que fuiste.
149
Virginia Woolf
Cuando los pájaros cantan en griego,
salen arlequines del clóset,
se enciende la voz de tu madre muerta
y la ruleta rusa es un penique en el aire.
Respirabas encerrada en la placenta de tu locura.
Diste a luz a Orlando y las luciérnagas más útiles del
mundo.
No era poco compararnos con la hermana de Shakes-
peare
o usar las palabras como génesis propia.
Podías levantar esqueletos de un cementerio,
hacer carne la inteligencia, decir que el cielo es una
librería.
Te llevó el agua, ese llanto espeso,
esos ríos al interior de nuestras piernas.
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Te llevó la corriente del mundo a todas las islas
que somos ahora.
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Écfrasis y epílogo
La biblioteca se hizo niña en el patio que arañaste.
Lo subrayé.
La biblioteca era una jaula con un ángel adentro.
La abrí.
La biblioteca era el mar y ahora, una piscina
de agua verde.
La ahogué en piedras de volcán.
La biblioteca resistió un incendió. La salvé.
La biblioteca cambió de muros, de países.
La volví equipaje.
La biblioteca era una sesión espiritista.
La invoqué a ciegas.
La biblioteca creció y sentí que iba a dejarme, a hacer
daño como un hijo. La cuidé.
La biblioteca volvió con mi madre. La miré morir.
La biblioteca resucitó al primer día. Le recé.
La biblioteca fue muchos amantes. Los cambié.
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La biblioteca se convirtió en bosque, en parvada,
en lo que canta el cielo a cierta hora. Le silbé.
La biblioteca abre la ventana. Otra vez la dejo ir
153
Alma Karla Sandoval
(Jojutla, Morelos, 1975)
es poeta, narradora, periodista y
profesora mexicana.
corredor de las antorchas (2000). Universidad del
Estado de México. Poesía.
todo es edad (2003). Universidad del Estado de Mo-
relos. Poesía.
estacionamiento de avestruces (2006). Editorial
Domingo Atrasado, Bogotá, Colombia. Poesía.
la misma escarcha (2009). Editorial Pasto Verde de
Orizaba, Veracruz. Poesía.
para un árbol amarillo (2010). Editorial Eternos Ma-
labares, fonca y conaculta. Poesía.
cementerio de pequeñas cosas (2011). Editorial Ze-
tina, Cuernavaca. Poesía.
la dueña de la isla (2012). Editorial Lengua de dia-
blo, Cuernavaca. Poesía.
todos los mares llevan a virginia (2014). Editorial
Sediento, México, df. Cuento.
vaga forma de acercase a la luz para quemarla
(2015). Editorial Simiente, Cuernavaca. Poesía.
beijing entonces (2015). Editorial Torremozas, Ma-
drid, España. Poesía.
náutica del fuego, antología (2015). Sediento Edi-
ciones, cdmx. Poesía.
de una antípoda a otra, ensayos para caminar
bajo el mal tiempo y una crítica a la educación
(2015). Ediciones y Punto, Cuernavaca. Ensayo.
la llave de abril (2015). Ediciones y Punto, Cuerna-
vaca. Cuento infantil.
tratado de bengalas (2015). Mantis Editores. Premio
Nacional de Poesía Ignacio Manuel Altamirano 2013.
Poesía.
cuaderno negro para el ojo (2015). Instituto Aguas-
calentense para la Cultura. Premio Nacional de Narra-
tiva Dolores Castro, Aguascalientes. Novela.
testimonial de otras palomas (2015). Instituto de
Cultura de Tepic, Nayarit. Premio Nacional de Poesía
“Noble Ciudad de Tepic”. Poesía.
donde el pez termina (2016). Ediciones y Punto,
Cuernavaca. Poesía.
hay un después (2017). Editorial Astrolabio, Cuerna-
vaca. Poesía.
cartas a una joven feminista (2018). Editorial Zeti-
na, Querétaro. Ensayo.
cien maneras de no ser profesor en este siglo
(2018). Editorial Fialova, Cuernavaca. Ensayo.
ciruelas para los jinetes (2018). Ediciones Simien-
te, Cuernavaca. Poesía.
desde el corazón siberiano (2018). Ediciones B,
Random House Mondadori, Madrid, España. Novela.
las delatoras (2018). Ediciones Omecihuatl, Cuerna-
vaca. Ensayo.
para mirar a los arcángeles (2019). Editorial Astro-
labio. Crónica.
tiempo de anémonas (2019). Proyecto Editorial La
Chifurnia, Festival Internacional de Poesía en Puerto
Rico. Antología poética.
notas outsiders en una mañana portuguesa (2019).
Ediciones Camelot, Madrid, España. Ensayo.
instructivo para ser publicada en "editoriales
bien" o entrevistada por periodistas que sí dan
a conocer tus respuestas (2019). Editorial Infinita,
cdmx. Ensayo.
por defecto de melena (2019). Tintanueva Edicio-
nes, cdmx. Premio Nacional de Poesía María Elena So-
lórzano.
vocabularia, diccionario feminista (2019). Edicio-
nes Infinita, cdmx.
feministario (2019). Ediciones Infinita, cdmx. Ensayo.
necroescritura de los días muy vivos (2020). Se-
cretaría del Estado de Morelos, Cuernavaca. Ensayo.
diatribas del amor romántico (2020). Infinita, cdmx.
Ensayo.
TUPY OR NOT TUPY
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