“ CHIN CHIN EL TEPOROCHO Y EL PENSAMIENTO DEL ACÁ
TEPITO EXISTE POR QUE RESISTE.
LA MÚSICA EN EL BARRIO COMO UN ACTO POLÍTICO.”
“-¿Cuántos años tienes chavo?
- Veinte
- ¡Ta grueso!
Ahora que si quieres, le puedes llegar aquí cerquita, a las puertas del dolor. ¡Conste que
sobre advertencia no hay engaño.
Por aquí todo es así:
Largo, filudo, filudo:
¡¡No te sangra, pero como te arde!!
y no cambias; así sigues, rodando,
hasta que un día te alcanza la ñora y valiste.”
Chin Chin el Teporocho.
Con cariño y respeto para Carlos Coria.
En su texto Mil Mesetas (Capitalismo y Esquizofrenia) Gilles Deleuze y Félix
Guattari, plantean que el Estado, así como los sistemas totalizadores y tecnócratas de
control que rigen a un país, necesitan de una ciencia hidráulica, pues: “El Estado tiene
necesidad de subordinar la fuerza hidráulica a conductos, canales, diques, que impiden la
turbulencia, que obliga al movimiento de ir a un punto a otro, al espacio a ser estriado y
medido, al fluido a depender del sólido, y al flujo a proceder por series paralelas.” 1 Pero
¿Cuál sería la relación entre una fuerza hidráulica y Tepito? Bien; pensemos al territorio del
barrio de tepito y a sus habitantes como una fuerza hidráulica en constante movimiento, la
cual arde y necesita ser expresada a como de lugar, fuerza que sin lugar a dudas se
expresará a través de uno de los movimientos musicales más populares, desarrollados en la
Ciudad de México, a finales de los años sesentas y principios de los setentas: los sonideros.
De esta forma, hablar de los sonideros es hablar de modernidad, ¿Pero que es la
modernidad? El pensador mexicano Jorge Juanes define a la modernidad desde dos ópticas:
Por un lado esta la modernidad que apunta a lo institucional, lo homogéneo, lo totalizador
y lo tecnócrata, es decir, el Estado que necesita una ciencia hidráulica para generar
sistemas de contención. Por otro, y dándole la espalda a éste modelo de control estará la
1
Delleuze, Gilles y Guattari, Felix, Mil Mesetas (capitalismo y esquizofrenia), Pretextos, Españ a, 2010, p.
370
modernidad tachada, impertinente, a contra-pelo, la que generará un territorio artístico, la
que mantiene su fuerza turbulenta, nómada y ambulante.
Con respecto a esta tensión entre una modernidad conservadora y una que se sale de la fila,
podríamos atender a lo que nos dice Leroi Jones en su libro Black Music: “Generalmente
los críticos se han preocupado primero por la apreciación de la música antes que por
entender la actitud que la produjo”2 y es en este caso que el tepiteño, en específico el
sonidero, adoptará una actitud impertinente frente a un Estado que venía de reprimir los
movimientos estudiantiles de 1968 por medio del gobierno del presidente Gustavo Días
Ordaz, dejando todo listo para que en 1970 lo sucediera Luis Echeverría siendo uno de los
presidentes que llevaría al país a una de sus mayores crisis económicas.
Y si hablamos de una modernidad a contra-pelo que genera territorios artísticos, es
necesario referirnos al Tepito Arte Acá, movimiento artístico surgido a principios de la
década del setenta, el cual, buscaba darle espacios a jóvenes que no pertenecían a sectores
de la “Alta Cultura”, semillero de artistas como Daniel Manrique muralista del barrio y tal
vez el más destacado de su generación; el escritor y cronista Armando Ramírez. Es por
medio del arte, es decir, de un aspecto creativo que el tepiteño comenzará a resistir a un
sistema que cada vez lo iba relegando más, generando una forma de pensamiento crítica
que le permitiría sobrevivir a los embates de una modernidad que no perdona los avances
tecnócratas y totalitarios, de un país sumido en la pobreza y la desigualdad social.
2
Jones Leroi, Black Music (Free jazz y conciencia Negra 1959- 1967), Caja Negra,2010. P15
“ Cuando Luis Buñuel vio Chin Chin el Teporocho,
me dio un beso en la frente y me dijo:
Muchacho,
<<Después de los olvidados nunca había visto nada parecido>>.”
Gabriel Retes.
Con toca discos, altavoz en mano y un repertorio que incluía diversas agrupaciones y
géneros que iban desde los éxitos de la Sonora Santanera, la Sonora Matancera, Julio
Jaramillo, Chelo Silva o los Locos del Ritmo, los sonideros se hacían presentes en todo tipo
de fiestas de la colonia; quince años, bodas o cumpleaños, hasta que poco a poco fueron
organizando sus propias tocadas, a lo que el tepiteño bautizó con el nombre de Cachés,
eventos que por lo general se realizaban en el patio de una vecindad. Dicho fenómeno se ve
reflejado en la película Chin Chin el Teporocho (Gabriel Retes 1976), obra literaria del
escritor tepiteño Armando Ramírez, llevada al cine bajo la mirada del director Gabriel
Retes, quien no dudo en plasmar en imágenes y sonidos el acontecer de esta novela dando
otra visión de la ciudad y del barrio, abriendo la puerta a un género que sería muy socorrido
en taquilla en toda la década del setenta denominado el cine de barrio.
Al respecto, es necesario señalar que Chin Chin, encuentra su antecedente en el exitoso y
taquillero cine de la ciudad, es decir, filmes que se alejaban de la visión proyectada al
mundo del charro mexicano, y daban a conocer historias desarrolladas en la ciudad de
México con películas como: Nosotros los pobres (Ismael Rodríguez 1948), “Ustedes los
ricos” (Ismael Rodríguez 1948), “Campeón sin corona”(Alejandro Galindo1945), “El
suavecito”(Fernando Mendez 1951), “Salón México”(Emilio “el Indio” Fernandez 1948)
entre otras. Sin embargo este cine reflejaba una forma de vida citadina del pachuco, el
ruletero, el ratero o el boxeador, pero ceñida por una moral, en donde el pobre a diferencia
del rico era el bueno y el mejor en cuanto a valores cristianos se refería, es decir, si la o el
protagonista ( en la mayoría de los casos de la clase pobre) alguna vez se equivocaba y
tomaba rumbo “equivocado”; de inmediato nos asaltaba el mensaje de la moral para
reivindicarnos y no caer en las tentaciones del mal.
Pero el cine mexicano no contaba con un gancho al hígado proporcionado por el director
español Luis Buñuel, quien con su obra “Los Olvidados” (1950) dará un giro a estas
historias morales, muy instaladas en el gusto de ciertos sectores políticos y sociales de
nuestro país. Pues esta película rodada en el barrio de la romita, nos muestra a los
personajes de la periferia de la ciudad, de los basureros, de los personajes del afuera
marginados por un sistema político que quería proyectar “orden y progreso”. Tal es el caso
del Jaibo personaje que no obedecerá a una moral implantada como es el caso de “Pepe el
toro” en donde el pobre es un ser inocente y puro. Por el contrario, el Jaibo explota, arde,
roba, es un personaje siempre en movimiento que se encuentra en el afuera de los límites
impuestos por la ley, lo mismo siente ternura por su madre, pero paradójicamente desea a la
mamá de su amigo Pedro. Para el Jaibo no hay límites morales, sino una fuerza que quiere
ser expresada por medio de la violencia y el deseo.
Si bien, los “Olvidados” responden e incomodan a un cine del gusto moral, Chin Chin el
Teporocho quebrantará y reaccionará contra una nueva generación de cine de finales de los
años sesentas dirigido principalmente a jóvenes, en donde Cesar Costa y Angélica María
daban cátedra de valores morales y religiosos, con historias en donde los jóvenes debían
ceñirse a los límites impuestos por la sociedad y fundamentalmente por los valores
familiares.
Por su parte Ramírez, Retes y Chin Chin frente a este contexto moral mexicana nos vendrán
a decir: “No”, pues muestran al barrio de tepito como un lugar de fuerza emergente, en
donde la moral pasa a segundo término y sobre todo anula la falsa idea del barrio bonito y
bueno. En esta obra, primer largometraje de Gabriel Retes, se percibe otra juventud, otro
México, en donde un grupo de jóvenes Rogelio, Rubén, Gilberto y Victor, dan cuenta de la
vida de un barrio que no tiene el tiempo de vivir moralmente y mucho menos
acartonadamente, sino de una necesidad de vivir la vida como venga, de torearla, aunque al
último salgamos raspados. Rogelio (Chin-Chin), quien quedó huerfano desde muy chico y
vive con sus tíos, es un personaje que va más allá de las reglas de la moral, es un joven que
bebe alcohol, tiene novia, pero lo mismo le da mantener un romance con la hermana de ésta
y la mamá de su amigo Gilberto.
Chin Chin convive y baila, con una doble moral, como bien lo representan los personajes
de el Español, su esposa y sus hijas; así como con un país sin oportunidades que obliga a
sus jóvenes a irse a los Estados unidos, como es el caso de su primo Víctor quien nos dice:
“Estoy cansado Roge; primero eres obrero joven y después obrero viejo y todo sigue
igual.” Pero Chin Chin toma una decisión de la cual no se arrepiente; irse por la vía del
alcoholismo, una vida sin progreso, la vida del teporocho que se cuenta su propia historia,
“Nos la cuenta” y no se arrepiente de nada, a lo que Friedrich Nietzsche referiría: “¿Esto
es la vida? Otra vez” y es cuando Rogelio y Chin Chin se vuelven a encontrar a manera de
ritornelo, el cual nos da una sensación de no conclusión, de olvido, para iniciar otra vez.
“México es el tepito del mundo en donde nos llegan las puras sobrinas,
técnica, ciencia, arte, cultura,
donde dos por dos no son cuatro,
son siete, o nueve, o nada, o me vale madres y sale por que sale,
pus ahí no nació.”
Pero ¡¡¡¡Ya Ñeros!!!! Dejémonos de tanto choro y démosle al dancing.
Como podemos ver la película de Retes nos muestra la manera en que el barrio está
necesitado de música, y el tepiteño utilizará la reproductibilidad técnica definida por el
filósofo alemán Walter Benjamin a su favor, pues los discos, altavoces y micrófonos
saldrán a tomar las calles. Ya no bastó el patio de la ciudad para bailar y gritar los lamentos
del barrio. Si el ambulante sale a las calles a vender, la música no es la excepción, pues
como señala Daniel Manrique Arias fundador del Tepito arte Acá: “El ser humano aunque
se encuentre en lugares muy gachos por la naturaleza a lo primero que le tira es a
modificar su medio ambiente, para después hacerla cantar bonito, Tepito es un lugar muy
gacho, hostil y cabrón, provocado no por la naturaleza sino por la historia social de
México y en este lugar tan gacho, tan hijo de la re-chingada, lo primero que se hizo, que se
hace, que hacemos, que se seguirá haciendo; es modificar nuestro medio ambiente, para
hacerla cantar bonito, chidito, sabroso.”3
Es de esta manera que los sonideros salen a cantar guapachosamente acompañados de todo
un movimiento artístico como lo es el Tepito Arte Acá, pues lo que estos artistas proponían
era que desde tu cuerpo y con lo primero que tuvieras a la mano realizaras un acto creativo,
artístico. “En Tepito, desde Tepito, nace Arte Acá; como necesidad de modificación de
nuestro medio ambiente, en donde a partir de un hecho artístico se palpa sabroso y bonito
que nuestra primera casa es nuestro cuerpo, que nuestra casa de tierra, es prolongación de
nuestro cuerpo. Por eso Arte acá no es llevar arte al pueblo, nace del pueblo.” 4 Es en este
punto que la música con su poder aniquilador genera comunidades y por lo tanto se vuelve
política, pero no la “Política de los políticos” como lo señala Jorge Juanes, sino una
verdadera comunidad, en donde la gente puede sentir lo común al escuchar y bailar una
rola. Pues como canta Manrique: “¿Quien sabe en qué lejano rincón de la vecinda, así, de
entre los colores se escapa una melodía chingonamente guapachosa, que junto con los
tendederos, donde la ropa se mece al compás melodioso del airecito y la música como
fantasmas de la media tarde. Donde tendederos y música guapachosa se dan el quien vive
rompiendo espacios visuales y auditivos. ¡Chiditamente Ñeros! ¡Así, sabroso!”5
3
https://www.youtube.com/watch?v=F8qQrteTzLo
4
Ibid.
5
Ibidem.
DE TEPITO PARA EL UNIVERSO
¿ Quien iba a pensar que estos reyes de la música transportados en sus inicios por un
triciclo que al frente llevaba un rótulo con el nombre del sonido, serían los amos y señores
del barrio. Pues ya en la década de los años ochenta, equipados con toneladas de equipo y
transportados por trailers, tomaron las calles de los barrios de la Ciudad de México, como
por ejemplo las de la colonia Pensil, la Argentina, la Doctores, el Peñón de los Baños, la
Pantitlán, la Tepalcates entre otras. De esta forma ir al tíbiri, al dancing o a la tocada, se
convirtió en un nuevo ritual que trascendió de una forma muy importante en la industria
musical, pues el auge que experimentaron sonidos como la Changa, el Pancho, el Rolas, el
Sonorámico, Winners o el Polimarch, sólo por mencionar algunos; les permitió grabar
discos y videos bajo los sellos discográficos más importantes, trascendiendo en todo el país
e incluso en el extranjero.
Es en la calle. Desde el Acá, donde el sonidero pasa de ser un simple anunciador para ser
un chamán que dirige un ritual, acto de presencia surgida desde las entrañas del barrio, de
ese barrio que genera: “Cuerpos nómadas o itinerantes“ donde nace el campeón de box, el
luchador, el futbolista, el fayuquero, el albañil, el zapatero, el sastre, el peluquero, el caifán,
el chido, el teporocho, el amigo, el traidor, el gay, el rata, el bailador, el galán y el soñador.
En la tocada, todo ellos conviven, se odian y se aman, pues no es necesario saber bailar ni
pagar un boleto para estar en la bola. Sólo se está ahí para emerger, sin contenciones, sin
ciencias hidráulicas, sin ritmos mesurados. Es un modelo ambulante e itinerante como lo
refieren Gilles Deleuze y Felix Guattari, el cual supera las necesidades del cálculo y la
razón, modelo que le sabe decir “no” al Estado; a esa “organización racional y razonable
de una comunidad”.6 En el tokín se genera un nuevo territorio por medio del baile y los
gestos corporales. Acá, “Hay todo un arte de las poses, de las posturas, de las siluetas, de
los pasos y las voces. Dos esquizofrénicos se hablan, o deambulan, según leyes de frontera
y de territorio que podemos no entender. Hasta qué punto es importante, cuando amenaza
el caos, trazar un territorio transportable y neumático. Si es preciso, tomaré mi territorio
en mi propio cuerpo, territorializo mi cuerpo: la casa de la tortuga, la concha del
crustáceo, pero también todos los tatuajes que convierten el cuerpo en un territorio.” 7
6
Delleuze, Gilles y Guattari, Felix, op cit. p. 380
7
Ibid. p. 326
En el acá no hay un original, es pura reproducción, pura piratería, todo es variación
constante, desde acá el arte, la música, la poesía. Desde acá canta Manrique: “No estamos
en contra de nada ni de nadie, pues consideramos que cualquier actitud en contra, es de la
puritita pelusa pendeja y manipulada, nuestra tirada es hacer acto de presencia aportando
la neta de la realidad.”8 Actos de presencia en las calles, no en los museos que intentan
domesticar al sonidero, pues el sonidero no se hizo ahí, se hizo en la turba, en la propia
vida.
Acá el albur, acá la improvisación, acá el canto: “Acá Tepito donde transformamos y
desmadramos el idioma español para hacerlo nuestro, para hacer nuestro vocabulario
popular muy acá y siguiendo esa misma forma transformamos todos los conceptos, todas
las ideas salidas del mundo, de la mentalidad occidental.” 9 Desde acá nos dirán Deleuze y
Guattari hay que: “Ganar tiempo, y quizá después renunciar, o esperar. Necesidad de no
tener control de la lengua, de ser un extranjero en su propia lengua, para que la palabra
venga hacia uno y <<crear algo incomprensible>>.”10
“Acá…nosotros... “ 11
“Allá… ellos…”12
Bibliografía
- Delleuze, Gilles y Guattari, Felix, Mil Mesetas (capitalismo y esquizofrenia), [Trad.
de José Vázquez Pérez con la colaboración de Umbelina Larraceleta], Ed pretextos,
España, 2010.
8
https://www.youtube.com/watch?v=F8qQrteTzLo
9
https://www.youtube.com/watch?v=zvgFcGwGcho
10
Delleuze, Gilles y Guattari, Felix, op cit. p. 383
11
https://www.youtube.com/watch?v=zvgFcGwGcho
12
https://www.youtube.com/watch?v=zvgFcGwGcho