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La Ley Del Padre

Este documento resume la trama y personajes principales de la novela Crimen y Castigo de Dostoievski. Describe el plan original de Dostoievski de escribir la historia en primera persona desde la perspectiva de un asesino, pero luego cambió a tercera persona para lograr sus objetivos narrativos. Explora las tres tramas principales - el crimen de Raskolnikov, la familia Marmeladov y la hermana y madre de Raskolnikov - y cómo los personajes interactúan y reflejan temas como la religión, la pobreza y la corrup

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La Ley Del Padre

Este documento resume la trama y personajes principales de la novela Crimen y Castigo de Dostoievski. Describe el plan original de Dostoievski de escribir la historia en primera persona desde la perspectiva de un asesino, pero luego cambió a tercera persona para lograr sus objetivos narrativos. Explora las tres tramas principales - el crimen de Raskolnikov, la familia Marmeladov y la hermana y madre de Raskolnikov - y cómo los personajes interactúan y reflejan temas como la religión, la pobreza y la corrup

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8.

La ley del padre

Capítulo 4, 14. Si debiéramos cumplir la Ley para conseguir la promesa, la fe ya no tendría


sentido y la promesa también se quedaría en nada. 15 Pues la Ley solamente trae condena: Ley
y transgresión van juntas.
Capítulo 5, 14. Mientras no había Ley, no se podía inculpar al pecador, pero no obstante el
pecado estaba en el mundo. 
San Pablo, Epístola a los romanos

En esta la primera de sus grandes novelas, Dostoievski comienza a batallar contra el


nihilismo ruso.
Originalmente pensó la obra como una nueva póviest’, la “Confesión de un asesino”,
narrada en primera persona, luego de que el protagonista ha cometido el crimen (puede
leerse en castellano, en la traducción de Cansinos Assens para la editorial Aguilar). Pero
en determinado momento el autor abandonó el relato confesional en primera persona
porque entendió que no le servía para todo lo que él se proponía decir. Realiza entonces
la operación de trasladarlo a tercera persona, que entiende que es un formato más
dinámico, más plástico para sus propósitos. Pero luego veremos que, a pesar de ese
desplazamiento, el discurrir del narrador a menudo se superpone o se licúa en la
subjetividad del personaje, en algo cuya creación, como tantas otras cosas, se van a
arrogar luego los ingleses: el monólogo interior, que aparecerá en la novela del siglo
XX como un hallazgo de los Joyce, las Virginias Woolf, los Faulkner. Pero tanto este
recurso como el más específico fluir de la conciencia están ya presentes en Raskólnikov.
Y, en consonancia con él, el narrador respira, apura las frases, se atropella en una
sucesión de pensamientos entrecortados en el momento del asesinato, cavila y se
extravía junto con su personaje.
Así escribía el programa a la redacción de El Mensajero Ruso (revista moscovita de
tendencia muy conservadora, dirigida por Katkov y Liubímov), donde la novela
aparecería publicada:
La idea del relato no puede... contradecir en nada vuestra revista; incluso al
contrario… esto es el informe psicológico de un asesinato. La acción es actual, en
este año. Un joven, excluido del estudiantado universitario, burgués pobre de
procedencia y que vive en extrema pobreza, por ligereza, por la inestabilidad de
sus nociones, cediendo a ciertas extrañas e “inacabadas” ideas, que andan en el
aire, se decidió de una vez a salir de su ruin situación. Se resolvió a matar a una
vieja, consejera titular, que da dinero a porcentaje. La vieja es estúpida, sorda,
enferma, avara, toma a porcentajes de judío, es mala y consume la vida ajena,
atormentando en su casa como sirvienta a su hermana menor. “Ella no sirve para
nada”, “¿para qué vive?”. “¿Es útil al menos para alguien?”, y etc. Estas
cuestiones extravían al joven. Él resuelve matarla, robarle, para con eso hacer feliz
a su madre –que vive en un distrito–, para liberar a su hermana –que vive como
señorita de compañía en lo de unos terratenientes– de las lujuriosas pretensiones
del jefe de esta familia terrateniente –pretensiones que amenazan con su ruina–,
para terminar sus estudios, ir al extranjero, y después toda la vida ser honrado,
sólido, firme en el cumplimiento “del deber humanitario para con la humanidad”,
con lo cual ya, por supuesto, “se expiaría el crimen”.
Pero después del asesinato se desata todo el proceso psicológico del crimen. Las
cuestiones irresueltas se sublevan ante el asesino, insospechados e inesperados
sentimientos atormentan su corazón. La verdad divina, la ley terrenal toma lo
suyo, y él mismo termina por verse forzado a denunciarse. Se ve forzado para,
aunque se arruine en el presidio, conectarse de nuevo con la gente. El sentimiento
de la desconexión y el aislamiento de la humanidad, a la que él ha percibido de
inmediato al cometer el crimen, ha empezado a torturarlo. La ley de la verdad y la
naturaleza humana han tomado lo suyo... El asesino mismo resuelve aceptar las
penas para expiar lo que ha hecho... En mi relato hay, además de aquello, una
alusión a aquella idea de que el castigo judicial impuesto por un crimen aflige
mucho menos al asesino de lo que los legisladores piensan, en parte porque él
mismo lo está moralmente exigiendo. (Cit. en Polónskaia, 1957)
Dos puntos fundamentales anotados por Dostoievski en el programa de la novela son los
siguientes:
Por un lado, la visión ortodoxa, en qué consiste la religión ortodoxa: no hay felicidad en
el bienestar, la felicidad se adquiere con el sufrimiento.
Por el otro, en el personaje se refleja la idea de un desmesurado orgullo, altivez y
desprecio hacia esta sociedad. Su idea: tomarla en su poder (tachado después: para
hacer el bien de ella).
Así pintaba Alexandr Herzen, en su obra magna Mi pasado y mis ideas, a los jóvenes de
los sesenta, los “hombres nuevos”, que se revolvían contra sus progenitores de los
cuarenta:
Ustedes son hipócritas, nosotros seremos cínicos; ustedes hablaban como
moralistas, nosotros hablaremos como canallas; ustedes fueron corteses ante sus
superiores y rudos ante sus inferiores, nosotros seremos rudos ante todos; ustedes
se inclinaban sin sentir respeto, nosotros empujaremos y daremos tirones sin
ofrecer disculpas. (Cit. en Berlin, 1992, p. 212)
Crimen y castigo primeramente fue publicada en la revista El Mensajero Ruso durante
el año 1866 (enero, febrero, abril, junio, julio, agosto, noviembre y diciembre), y no
bien empezó a salir se desató la polémica: si la crítica reaccionaria acusó a Dostoievski
de no condenar categóricamente a Raskólnikov, la izquierda lo condenó por pintar “la
corporación estudiantil como asesinos”.
En la novela podemos distinguir tres tramas: la del crimen mismo de Raskólnikov, y dos
subtramas paralelas que no son autónomas, sino que funcionan en relación con la
principal: la de la familia Marmeládov (tomada de otro proyecto novelesco que
Dostoievski no llegó a desarrollar y que se titulaba Los borrachos) y la derivada de la
hermana y la madre de Raskólnikov. Los personajes que pueblan estas tramas
funcionarán, en distinta medida, como reflejos especulares (de distinta índole) del
propio protagonista.
La familia Marmeládov aparece como una especie de telón de fondo que refleja la
miseria más extrema y sus derivaciones: el alcohol, la prostitución, el hambre, la
humillación, sobre todo la humillación. Entroncan de algún modo con el primer
Dostoievski, el de la escuela natural post-gogoliana, el de los “humillados y ofendidos”.
Por otra parte, sus miembros son los que aparecen como los voceros de la cosmovisión
religiosa ortodoxa: el discurso bíblico de Marmeládov en la cantina; la lectura del
Evangelio por parte de Sonia, sus palabras a Raskólnikov cuando este le confiesa el
crimen; incluso, es a la pequeña Pólechka a quien Raskólnikov –el ateo– le encomienda
que rece “por el siervo Rodión”.
La trama que tiene como centro a Dunia, la hermana de Raskólnikov, proporciona dos
personajes de marcado contraste con este (sus dobles en algún sentido). El señor Luyin
(novio oficial de Dunia) y Svidrigáilov (el terrateniente en cuya casa ha sido gobernanta
y que está obsesionado por ella) son formas de la falta de escrúpulos. Y son los
personajes de más alta posición social en la novela. Cuando el señor Luyin expone su
teoría de “provee primero para ti mismo y eso se derramará sobre tu prójimo”,
Raskólnikov lo increpa violentamente con que lleve el razonamiento hasta el final y
resultará que se puede salir a matar gente (¡él!, ¡que habiendo llevado hasta el final su
propio razonamiento viene de cometer un doble asesinato!). No obstante, Luyin aparece
como la forma más abominable e inmoral del arribismo. Luyin expresa a esa burguesía
en ascenso tan temida por los demócratas, que veían en ella un sucedáneo de la vieja
aristocracia que habría de perpetuar la desigualdad social.
Svidrigáilov, por su parte, si bien es un depravado y un asesino, atrae sobre él alguna
simpatía. De hecho, la piedad que envuelve sus momentos finales en la novela le
restituye una profunda humanidad. (Y hasta podríamos arriesgarnos a pensar que es la
síntesis de Raskólnikov y Svidrigáilov la que engendrará al futuro Nikolái Stavroguin
de Los demonios.) Son oscuras las razones que atraen hacia él a Raskólnikov, más allá
de la cuestión concreta de la persecución de Svidrigáilov a Dunia. Es un personaje al
que Raskólnikov no llega a desentrañar y cuyo final lo consterna. Es uno de esos
“vagabundos rusos”, esos “hombres de más” –cuyo elemento es el vacío existencial–,
destinados a desaparecer con el siglo (y el remate se lo daría quizás Chéjov).
El personaje de Razumijin comparte con Raskólnikov la misma afinidad moral y
humanitaria. Aunque Razumijin opone a los corazones “irritados teóricamente” como el
de Raskólnikov la antiteoría:
–…El sentido práctico se logra muy trabajosamente, y no cae volando gratis del
cielo. Y por poco no hace doscientos años que nosotros hemos perdido el hábito
de ciertas cosas. Esas ideas quizá andan por ahí –se dirigió a Piotr Petróvich– y
hay buena intención, aunque infantil, e incluso se puede encontrar que hay
honestidad, aunque han aparecido muchísimos pillos, ¡pero de ningún modo hay
sentido práctico! El sentido práctico cuesta
Las tres tramas combinadas no son por supuesto azarosas: a Raskólnikov y su crimen
“por el bien de la humanidad”, la línea que viene de Los borrachos va a ofrecerle como
contraste el personaje verdaderamente sacrificial de Sonia Marmeládova, en tanto que la
tercera tiene como figura central al personaje de Svidrigáilov, ya una encarnación del
supremo egoísmo –y que ha llegado a envenenar a su mujer porque está enamorado de
Dunia–, ya un extraviado que no encuentra rector moral alguno. Raskólnikov, hasta el
final mismo de la novela, se hallará tensionado entre esos dos caminos: el redencionista
que le propone Sonia (recordemos el capítulo en que esta lee a Raskólnikov el episodio
bíblico de la resurrección de Lázaro), o bien beber hasta el final la copa de la
amoralidad absoluta y exculparse de su crimen. Tengamos en cuenta que él a priori
piensa que su crimen no es en absoluto un crimen, sino solo un camino para convertirse
en un gran benefactor de la humanidad. Porque además él ha elegido como víctima al
último de los seres, al más despreciable, a un “piojo”, como llama a la vieja usurera.
Pero progresivamente irá descubriendo que su idea del “permiso para la sangre”, como
si fuera un Napoleón, comienza a dolerle en el cuerpo. A la postre, habrá de reconocerse
que mató no para ser un bienhechor, sino para demostrarse a sí mismo que podía ser un
elegido, un ser fuera de lo corriente, llamado a escribir una nueva ley. Descubrir
progresivamente que no puede es lo que constituye la tragedia interior de Raskólnikov,
su gran derrota.
Así, el “utilitarismo humanista” que se insinúa al comienzo irá siendo reemplazado en la
orientación del personaje de Raskólnikov por la atracción a las “personalidades fuertes”,
los Napoleones.
–¿Qué hacer, qué hacer entonces? –repetía Sonia llorando histéricamente y
retorciéndose las manos.
–¿Qué hacer? Destruir lo que sea necesario, de una vez para siempre, y solo eso:
¡y cargar con el sufrimiento! ¿Qué? ¿No comprendes? Después comprenderás...
Libertad y poder, ¡pero lo principal, el poder! ¡Sobre cada trémula criatura y sobre
todo el hormiguero!... ¡Esa es la meta! ¡Recuerda esto!
No obstante, el formato confesional del proyecto inicial, “Confesión de un asesino”,
Dostoievski no lo ha abandonado del todo. Sobre todo no ha abandonado la idea
filosófico-antropológica de la confesión, aspecto que analizaremos en el próximo
encuentro.

MATERIAL DE LECTURA:
• Lectura de Joseph Frank sobre la novela en
[Link]
usp=sharing
• Pueden leer lo que dice Vladímir Nabókov sobre la novela en sus Lecciones de
literatura rusa (en carpeta Algunos materiales…)
• En nuestra publicación Estudios Dostoievski Nº 4, hay varios artículos dedicados a la
novela: recomiendo el primero de Morillas y los últimos sobre la crítica contemporánea
a la aparición de la novela en Rusia.
[Link]
Hay aquí una versión, aunque no de muy buena calidad, con subtítulos en castellano del
antológico film de Lev Kulidzhánov, de 1969.
[Link]

8. La ley del padre
Capítulo 4, 14. Si debiéramos cumplir la Ley para conseguir la promesa, la fe ya no tendría
sentido y la
del jefe de esta familia terrateniente –pretensiones que amenazan con su ruina–,
para terminar sus estudios, ir al extranjero
funcionarán, en distinta medida, como reflejos especulares (de distinta índole) del
propio protagonista.
La familia Marmeládo
contraste el personaje verdaderamente sacrificial de Sonia Marmeládova, en tanto que la
tercera tiene como figura central al
Hay aquí una versión, aunque no de muy buena calidad, con subtítulos en castellano del
antológico film de Lev Kulidzhánov, de

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