¿Por qué como lo qué como?
“Nos hemos acostumbrado a oír decir que “somos lo que comemos”,
lo que es cierto, aunque solo parcialmente. Por ejemplo, si comemos
carbohidratos en exceso, obviamente tendremos nuestras reservas de
carbohidratos repletas, en nuestro caso de glicógeno hepático y
muscular, pero nuestra eventual obesidad no se deberá a un acúmulo
excesivo de carbohidratos, ya que el exceso derivado del aporte
energético de estos nutrientes se transformará en nuestro organismo
en lípidos, los que sí se acumulan. Con los lípidos ocurre algo
diferente ya que ciertos ácidos grasos de la dieta van a depositarse
en nuestros tejidos, sean ácidos grasos esenciales o no esenciales”
(1).
“En términos funcionales el ser humano puede subsistir con muy
poco; por ejemplo, alimentándose de manera prosaica con una
elemental papilla que incluya todos los nutrientes necesarios para
vivir. Entonces, ¿para qué emplear esfuerzo y recursos en acometer
experiencias tan laboriosas y costosas? “(2).
“De esta forma, si bien la composición de nuestra dieta se refleja
parcialmente en nuestra composición corporal, y de ello podemos
obtener alguna información sobre la calidad de nuestra alimentación,
nos cabe la pregunta ¿comemos lo que deberíamos comer? o más
explícitamente ¿por qué comemos lo que comemos?” (1).
Para poder entender o, mejor dicho, poder llegar a contestar la
anterior pregunta, a nosotros mismos, es importante saber la historia
de nuestros antepasados y sus relaciones con la obtención de
alimentos. “La información paleoantropológica que está disponible
nos indica que nuestros antecesores no fueron individuos muy fuertes
y con una resistencia física y fuerza comparable a la de otros
mamíferos contemporáneos a ellos” (1). En un principio el hombre
primitivo era esencialmente un animal vegetariano y no le era
necesario “bajar del árbol” para alimentarse. Con la modificación
climática, “el alimento fue cada vez menos abundante, comenzaron
largas sequías que disminuyeron, primero el follaje y después la
vegetación, la que se transformó de grandes árboles en arbustos de
menor tamaño. De esta manera, nuestro antepasado en algún
momento, presionado por la escasez de alimentos, tuvo que “bajar
del árbol”, con lo cual comenzó una etapa trascendental en el proceso
evolutivo, la bipedestación” (1). “De esta manera, nuestro
antepasado comenzó a comer con menos frecuencia, lo que de alguna
manera lo obligó a desarrollar tejidos de reserva energética para los
períodos de hambruna, los que probablemente eran de días o quizás
semanas” (1). Con esto comenzaron a surgir cambios en el
organismo, sobre todo en el tubo digestivo, para poder aumentar la
capacidad y eficiencia de absorción de escasos nutrientes.
“Ocasionalmente, y probablemente derivado del hambre siempre
presente, comía restos de animales que ya no interesaban a los
“verdaderos” cazadores. Comenzó así el carroñero y la lenta
transformación en un animal omnívoro” (1). “En su incipiente práctica
carroñera aprendió a romper los grandes huesos de los restos
animales y probablemente el cráneo de estos para obtener un tejido
rico en lípidos insaturados de alta esencialidad. Es así como a partir
de los fosfolípidos de estos tejidos obtuvo, entre otros ácidos grasos,
ácido araquidónico y ácido docosahexaenoico, no disponibles en los
alimentos de origen vegetal pero sí en los de origen animal, tanto
terrestres como acuáticos. Su cerebro, mejor nutrido, creció en y en
la complejidad de sus funciones” (1). Después empezó a devorar
animales pequeños. Comía hasta saciarse, para poder sobrevivir
durante los periodos de hambruna. Poco a poco fue adaptándose a
dichos periodos ingiriendo mas carne y grasas, desarrollando varios
procesos relacionados a los carbohidratos, grasas, así como a los
demás nutrientes hasta llegar a los procesos de nuestros organismo
actuales.
De esta forma se puede decir que nuestra forma de comer a estado
evolucionando hasta llegar a la actualidad, adaptándose a diferentes
estilos de vida, distintas regiones. Por ende yo no como lo que se
comería alguien de Asia o África por la mañana. Y ,pienso, que
actualmente, los alimentos que ingiero son en parte porque es de lo
que me he estado alimentando o comiendo desde mi niñez en casa,
con mi familia. Por otro lado a veces hay alimento que realmente no
son necesarios comerlos, pero, supongo, que tiene algo que ver el
sistema nervioso central o lo que tengan dichos alimentos. “Según
expertos como la doctora Marion Nestle, profesora en nutrición de la
Universidad de Nueva York y autora de libros como Food Politics y
Safe Food (University of California Press, 2002), la industria
alimentaria actual es la principal responsable de que hoy se coma en
exceso, pues en este mundo moderno, regido por las leyes de la
oferta y la demanda, la única manera en que puede subsistir y
competir esta industria es promoviendo la demanda de sus
productos. Para ello, las distintas empresas se apoyan en estrategias
—no siempre apegadas a la ética— que llevan al consumidor a
preferir sus productos por encima de otros, pero sobre todo que se
adapten a las necesidades que impone la vida acelerada de las
grandes ciudades” (3).
Referencias
1 VALENZUELA A. ¿PORQUÉ COMEMOS LO QUE COMEMOS? Rev Chil
Nutr . 2011; Vol. 38, Nº2: p 198-209.
2 Andoni Luis Aduriz. ¿Por qué comemos lo que comemos? México:
EL PAÍS; 30 abril 2021. Disponible en: [Link]
05-02/[Link]
3 Agustín López Munguía. ¿Por qué comes lo que comes? Reflexiones
sobre la alimentación moderna. México: ¿cómoves?; 2004. Disponible
en: [Link]
comes-lo-que-comes-reflexiones-sobre-la-alimentacion-moderna