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Baldomero Espartero

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Baldomero Espartero

Fotografiado por J. Laurent

Presidente del Consejo de Ministros de España

18 de julio de 1854-14 de julio de 1856

Predecesor Ángel Saavedra y Ramírez de Baquedano

Sucesor Leopoldo O'Donnell Jorris

11 de septiembre de 1840-10 de mayo de 1841

Predecesor Vicente Sancho

Sucesor Joaquín María Ferrer y Echevarría

18 de agosto de 1837-18 de octubre de 1837


Predecesor Ildefonso Díez de Rivera (interino)

Sucesor Eusebio Bardají Azara

Regente del Reino de España

17 de octubre de 1840-23 de julio de 1843

Monarca Isabel II

Predecesor María Cristina de Borbón-Dos Sicilias

Sucesor Cargo abolido


(posteriormente Francisco Serrano)

Ministro de la Guerra de España

16 de diciembre de 1837-17 de enero de 1838

Predecesor Francisco Ramonet

Sucesor José Carratalá

29 de julio de 1837-30 de agosto de 1837

Predecesor Ildefonso Díez de Rivera

Sucesor Evaristo San Miguel y Valledor

Información personal

Nombre Joaquín Baldomero Fernández-Espartero Álvarez de


completo Toro

Nombre de Joaquín Baldomero Fernández-Espartero y Álvarez


nacimiento de Toro 

Nacimiento 27 de febrero de 1793 
Granátula de Calatrava (España) 
Fallecimiento 8 de enero de 1879   (85 años)
Logroño (España) 

Residencia Logroño 

Nacionalidad Española

Familia

Cónyuge María Jacinta Martínez de Sicilia y Santa Cruz (1827-


1878) 

Educación

Educado en Mater Purissima 

Información profesional

Ocupación Político y militar 

Rango militar Generalísimo 

Conflictos Guerra de la Independencia Española y Primera


guerra carlista 

Título Ver lista[mostrar]

Miembro de Congreso de los Diputados


Real Academia de Nobles y Bellas Artes
de San Luis 

Distinciones Caballero de la Orden del Toisón de Oro


Gran Cruz de la Orden de Isabel la
Católica 

Firma

Escudo

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Joaquín Baldomero Fernández-Espartero Álvarez de Toro (Granátula de
Calatrava, 27 de febrero de 1793-Logroño, 8 de enero de 1879), conocido
generalmente como Baldomero Espartero, fue un militar español que ostentó los
títulos de príncipe de Vergara, duque de la Victoria, duque de Morella, conde de
Luchana y vizconde de Banderas, todos ellos en recompensa por su labor en el
campo de batalla, en especial en la primera guerra carlista, donde su dirección del
Ejército isabelino o cristino fue de vital importancia para la victoria final. Además,
ejerció el cargo de virrey de Navarra (1836).
Su padre había encauzado su formación para un destino eclesiástico, pero
la guerra de la Independencia lo arrastró desde muy joven al frente de batalla, que
no abandonó hasta veinticinco años después. Combatiente en tres de los cuatro
conflictos más importantes de España en el siglo XIX, fue soldado en la guerra
contra la invasión francesa, oficial durante la guerra de independencia del Perú y
general en jefe en la ya mencionada primera guerra carlista. Vivió en Cádiz el
nacimiento del liberalismo español, senda que no abandonaría jamás. Hombre
extremadamente duro en el trato, valoraba la lealtad de sus compañeros de
armas —término que no gustaban de oír los demás generales— tanto como la
eficacia. Combatió en primera línea, fue herido en ocho ocasiones y su carácter
altivo y exigente lo llevó a cometer excesos, en ocasiones muy sangrientos, en la
disciplina militar. Convencido de que su destino era gobernar a los españoles, fue
dos veces presidente del Consejo de Ministros y llegó a la jefatura del
Estado como regente durante la minoría de edad de Isabel II. A pesar de todas
sus contradicciones, supo pasar inadvertido sus últimos veintiocho años. Rechazó
la Corona de España y fue tratado como una leyenda desde muy joven.
La Patria cuenta con vuestros esfuerzos, con vuestras virtudes, con vuestra sabiduría, para que hagáis
leyes que afiancen sus derechos y destruyan los abusos que se han introducido en el gobierno del
Estado. Hacedlas; que la Reina tendrá una gran satisfacción en aceptarlas, y la Nación en obedecerlas.

En cuanto a mí, señores, yo las obedeceré siempre, porque siempre he querido que se cumpla la
voluntad nacional, y porque estoy convencido de que sin la obediencia a las leyes, la libertad es
imposible.
Baldomero Espartero en la sesión de las Cortes constituyentes del 28 de noviembre de 1854

Sin embargo, según constata el historiador Adrian Shubert:


[hoy en día] Espartero ha sido borrado de la memoria histórica española. Al tiempo que otras figuras
cuyo papel en la historia del país fue mucho menos significativo permanecen vivas en el recuerdo, su
nombre ha pasado de la idolatría al olvido
Shubert (2000, p. 207)

Índice

 1Inicios
o 1.1Camino de América
 1.1.1Táctica militar
o 1.2Fin de la etapa americana y regreso a España
o 1.3La impronta de la experiencia americana
 2En lucha contra los carlistas
o 2.1El general «isabelino»
o 2.2Comandante militar de Vizcaya
o 2.3La primera derrota
o 2.4La guerra entre el verano de 1835 y el de 1836
o 2.5El general en jefe
o 2.6Bilbao de nuevo: la batalla de Luchana
o 2.7Hacia el final de la guerra: el «Abrazo de Vergara»
 3El político liberal
o 3.1Espartero regente de España (1840-1843)
o 3.2Exiliado en Inglaterra (1843-1848)
o 3.3Reconciliado con la reina: el bienio progresista (1854-1856)
o 3.4Retiro en Logroño (1856-1879)
 3.4.1Una corona para el militar
 3.4.2Cumplimentado por sucesivos jefes de Estado
 3.4.3Últimos años
 4Memoria histórica
 5Hoja de servicios
 6Véase también
 7Notas y referencias
o 7.1Referencias
o 7.2Bibliografía
o 7.3Bibliografía adicional
 8Fuentes y documentos
 9Enlaces externos

Inicios[editar]
Casa de Granátula de Calatrava donde supuestamente habría nacido Baldomero Espartero. Grabado
publicado en 1879 en La Ilustración Española y Americana.

Era el menor de ocho hermanosa e hijo de un carpintero-carretero, familia


trabajadora de la clase media preponderante en un pueblo de casi tres mil
habitantes. Tres de sus hermanos fueron religiosos y una hermana, monja clarisa.
En Granátula había recibido clases de latín y humanidades con su vecino Antonio
Meoro, preceptor de Gramática, con gran fama en la zona, dado que preparaba a
los chicos para acceder a estudios superiores. De hecho nombraría
posteriormente al hijo de este, Anacleto Meoro Sánchez, obispo de Almería. Cursó
sus primeros estudios oficiales en la Universidad Nuestra Señora del Rosario de
Almagro, donde residía un hermano suyo dominico, y obtuvo el título de Bachiller
en Artes y Filosofía. Almagro contaba con su propia Universidad
desde 1553 por Real Cédula de Carlos I y era una ciudad muy activa y próspera.
Su padre deseaba para Espartero una formación eclesiástica, pero el destino
truncó esa posibilidad. En 1808 se alistó en el ejército para formar parte de las
fuerzas que combatieron tras el levantamiento del 2 de mayo en Madrid contra la
ocupación napoleónica. Las universidades habían sido cerradas el año anterior
por Carlos IV y la propia Almagro había sido ocupada por los franceses.
Fue reclutado junto a un numeroso grupo de jóvenes por la Junta Suprema
Central que se había constituido en Aranjuez bajo la autoridad del entonces ya
anciano conde de Floridablanca, con el fin de detener en La Mancha al invasor
antes de que las tropas enemigas llegasen a Andalucía. Fue alistado en el
Regimiento de Infantería "Ciudad Rodrigo", de guarnición en Sevilla, b en calidad
de Soldado Distinguido, grado que adquirió por haber cursado estudios
universitarios. Durante el tiempo que estuvo en las líneas del frente en la zona
centro-sur de España, participó en la batalla de Ocaña, donde las fuerzas
españolas fueron derrotadas.c De nuevo su condición de universitario le permitió
formar parte del Batallón de Voluntarios Universitarios que se agrupó en torno a
la Universidad de Toledo en agosto de 1808,d pero el avance francés lo llevó
hasta Cádiz donde cumplía su unidad funciones de defensa de la Junta Suprema
Central. Las necesidades perentorias de un ejército casi destruido por el enemigo
obligaron a la formación rápida de oficiales que se instruyeran en técnica militar.
La formación universitaria previa de Espartero permitió que el coronel de
artillería, Mariano Gil de Bernabé, lo seleccionara junto a otro grupo de jóvenes
entusiastas en la recién creada Academia Militar de Sevilla. El nuevo destino no
evitó que actuase desde el primer momento en escaramuzas con el enemigo
durante su formación como cadete, y así consta en su hoja de servicios.e Se lo
integró, junto a otros cuarenta y ocho cadetes, en la Academia de Ingenieros el 11
de septiembre de 1811 y ascendió a subteniente el 1 de enero del siguiente año.
Suspendió el segundo curso, pero se le ofreció como alternativa incorporarse al
arma de infantería, al igual que a otros subtenientes. Tomó parte en destacadas
operaciones militares en Chiclana, lo que le valió su primera condecoración:
la Cruz de Chiclana.
Sitiado por los ejércitos franceses desde 1810, fue espectador de primera línea de
los debates de las Cortes de Cádiz en la redacción de la primera constitución
española, lo que marcó su decidida defensa del liberalismo y el patriotismo.
Mientras la guerra tocaba a su fin, estuvo destinado en el Regimiento de Infantería
de Soria, y con dicha unidad se desplazó a Cataluña combatiendo
en Tortosa, Cherta y Amposta, hasta regresar con el Regimiento a Madrid.

  Wikisource contiene obras originales de o


sobre Baldomero Espartero.
Camino de América[editar]
Terminada la guerra, y deseoso de proseguir su carrera militar, se alistó Espartero
en septiembre de 1814 —al tiempo que era ascendido a teniente— en el
Regimiento Extremadura, embarcando en la fragata Carlota hacia América el 1 de
febrero de 1815 para reprimir la rebelión independentista de las colonias.
La corte fernandina había conseguido desplazar a ultramar a seis regimientos de
infantería y dos de caballería. A las órdenes del general Miguel Tacón y Rosique,
Espartero quedó integrado en una de las divisiones formadas con el Regimiento
Extremadura que se dirigió hacia el Perú desde Panamá. Llegaron al puerto de El
Callao el 14 de septiembre y se presentaron en Lima, con la orden de sustituir
al marqués de la Concordia como virrey del Perú por el general Joaquín de la
Pezuela, victorioso en la zona.
Los mayores problemas se concentraban en la penetración de fuerzas hostiles
desde Chile y las Provincias Unidas de Sud América al mando del general José de
San Martín. Para obstaculizar los movimientos, se decidió
fortificar Arequipa, Potosí y Charcas, trabajo para el cual la única persona con
conocimientos técnicos de todo el Ejército del Alto Perú era Espartero, por tener
dos años de formación en la escuela de ingenieros. El éxito de la empresa le valió
el ascenso a capitán el 19 de septiembre de 1816 y, aún antes de cumplir un año,
el de segundo comandante.
Táctica militar[editar]
Véase también: Independencia del Perú
Tras el pronunciamiento de Riego y la jura de la Constitución gaditana por el rey,
las tropas peninsulares en América se dividieron definitivamente
entre realistas y constitucionalistas. San Martín aprovechó estas circunstancias de
división interna para continuar su acoso al enemigo y avanzar, ante lo cual un
numeroso grupo de oficiales destituyó a Pezuela como virrey el 29 de enero de
1821, nombrando en su lugar al general José de la Serna e Hinojosa. Se
desconoce con exactitud el papel que en este movimiento jugó Espartero, aunque
su unidad en conjunto fue leal al nuevo virrey. Sea como fuere, el que sería más
tarde duque de la Victoria se empleó a fondo en el sur del Perú y este
de Bolivia en un modo de combate singular caracterizado por escasas tropas y
acciones rápidas donde el conocimiento del terreno y la capacidad de aprovechar
al máximo los recursos a mano eran determinantes. Este modo de operar será el
que más tarde desarrolle también en la guerra en España.

El abrupto cañón del Colca fue uno de los emplazamientos usados por Espartero en Arequipa para
consolidar las posiciones de las tropas realistas.

Los ascensos de Espartero por acciones de guerra fueron constantes. En 1823


era ya coronel de Infantería a cargo del Batallón del Centro del ejército del Alto
Perú. Cuando el bando independentista lanzó la Primera Campaña de
Intermedios a inicios de 1823, el general chileno Rudecindo Alvarado trató de
penetrar con fuerzas muy superiores por las fortificaciones de Arequipa y Potosí,
de las que se sentía especialmente orgulloso Espartero, el general Jerónimo
Valdés no dudó en encargar a este la defensa de la posición de Torata, con
apenas cuatrocientos hombres, con el fin de hostigar desde ella al enemigo, al
tiempo que Valdés organizaba una encerrona. Al llegar los sublevados, Espartero
mantuvo durante dos horas la posición causando importantes bajas y
replegándose a órdenes de Valdés de manera ordenada, mientras este salía al
encuentro del enemigo sin permitirle avanzar y, en un error del general Alvarado al
desplegar una línea de frente excesiva, Valdés lanzó un ataque desde el que
desbarató las pretensiones de penetración. Tras la llegada de José de Canterac,
el enemigo fue puesto en fuga, siendo el Batallón de Espartero uno de los que
persiguió a las fuerzas que huían por Moquegua y destacó por destruir por
completo la llamada Legión Peruana. El general Valdés consignó en sus
calificaciones sobre Espartero:
Tiene mucho valor, talento, aplicación y conocida adhesión al Rey nuestro señor: es muy a propósito
para el mando de un Cuerpo y más aún para servir en clase de oficial de Estado Mayor por sus
conocimientos. Éste será algún día un buen general...

A su valentía se unía una gran sangre fría y capacidad de engaño al enemigo,


infiltrándose entre los sublevados para más tarde arrestarlos y, en juicio
sumarísimo, condenarlos a muerte y ejecutarlos. Este modo de proceder sería una
constante en su carrera militar. Desde luego, la eficiencia «ejemplarizante»
(Foucault) y brutal y premoderna de la represión colonial en los militares Liberales
españoles —repetidos por O'Donnell y Serrano más tarde en Cuba— fue lo que
terminó de sellar el camino independentista de los pueblos latinoamericanos frente
a la Corona española. Es decir, los pueblos latinoamericanos no se sintieron
interpelados por el discurso de los Militares Liberales españoles —quienes no
exhibían mayor diferencia colonialista que los políticos y militares españoles más
ultramontanos—, quienes se caracterizaron también por la dureza en la represión
de sus tropas coloniales.
Fin de la etapa americana y regreso a España[editar]
El 9 de octubre de 1823, el victorioso comandante fue ascendido
a brigadier otorgándosele el mando del Estado Mayor del Ejército del Alto Perú.
Tras finalizar labores de control de los restos de insurgentes, La Serna lo envió a
la conferencia de Salta como representante plenipotenciario del virrey para la firma
de un armisticio que permitiese la extensión de los acuerdos con los insurrectos
de Buenos Aires al Perú. En Salta se reunió Espartero con el general José Santos
de la Hera, que actuaba en nombre de los comisarios regios. Acreditado,
Espartero comunicó a Las Heras que el acuerdo no era posible, pues las fuerzas
enemigas carecían de toda capacidad operativa y no se sentía el virrey obligado a
otorgar más que la generosidad con la que habían sido tratados. La actitud hostil
de La Serna y el propio Espartero hacia los delegados en nombre del rey
Fernando se ha interpretado como una afrenta a la Corona para algunos, o como
una medida de contención de las aspiraciones independentistas para otros. f
La figura de Espartero a esta edad fue trazada por el conde de Romanones como
la de:
... un hombre de estatura mediana, por el conjunto y proporciones de su cuerpo no daba la impresión de
pequeñez... de ojos claros, mirada fría... sus músculos faciales no se contraían en momento alguno...
Aunque Espartero no participó en la batalla de Ayacucho, tanto él como muchos de los militares
protagonistas del reinado de Isabel II serían llamados «los Ayacuchos» por su pasado en tierras
americanas.

El fin del Trienio Liberal y el retorno al absolutismo volvieron a dividir al ejército


expedicionario. La Serna envió a Espartero a Madrid con el encargo de recibir
instrucciones precisas de la Corona, partiendo para la capital desde el puerto de
Quilca el 5 de junio de 1824 en un barco inglés. Llegó a Cádiz el 28 de septiembre
y se presentó en Madrid el 12 de octubre. Aunque obtuvo para el virrey la
confianza de la Corona, no pudo garantizar los refuerzos pedidos.
Embarcó en Burdeos camino de América el 9 de diciembre, coincidiendo con la
pérdida del Virreinato del Perú. Arribó a Quilca el 5 de mayo de 1825 sin noticias
del desastre de Ayacucho, y fue hecho prisionero por orden de Simón Bolívar,
estando a punto de ser fusilado en más de una ocasión. Gracias a la mediación
entre otras personas, del liberal extremeño Antonio González y González que
sufría exilio en Arequipa, fue liberado tras sufrir dura prisión, pudiendo regresar a
España con un numeroso grupo de compañeros de armas.
A su llegada fue destinado a Pamplona y, posteriormente, fijó su residencia
en Logroño, muy a su pesar. Allí contrajo matrimonio el 13 de septiembre de 1827
con María Jacinta Martínez de Sicilia, rica heredera de la ciudad y gracias a la cual
se convirtió en un hacendado.
A pesar de los favorables informes de sus superiores, de regreso en la península
hubo de desempeñar funciones burocráticas y destinos menores, lo que lo irritaba.
Aprovechó para ordenar su nueva hacienda constituida por la fortuna heredada de
su esposa, María Jacinta, y que consistía en un mayorazgo y diversos bienes
vinculados donde se encontraban importantes fincas rústicas y urbanas y cerca de
un millón y medio de reales procedentes también de los beneficios en las
inversiones que los tutores de su esposa habían realizado durante la minoría de
edad de esta.
En 1828 fue nombrado comandante de armas y presidente de la Junta de
Agravios de Logroño y después se lo destinó al Regimiento Soria destacado
en Barcelona primero, y Palma de Mallorca más tarde.
La impronta de la experiencia americana[editar]
Aunque no participó en la decisiva batalla —lo que provocaba sus iras al serle
mencionado—, sí que lo hizo en muchos otros enfrentamientos y, de hecho, él y
muchos de los oficiales que lo acompañaban serían conocidos en España como
«los Ayacuchos», en recuerdo de su pasado americano y de la influencia que
sobre sus ideas políticas tuvieron otros militares liberales que participaron en
aquella guerra. Su actividad en la campaña americana fue febril y destacada por
sus conocimientos en topografía y construcción de instalaciones militares, su
capacidad de actuar rápido y con pocos efectivos, la virtud de movilizar con
prontitud tropas y la autoridad que le reconocían sus soldados. Los méritos de
guerra fueron numerosos, aunque hizo poca mención de ellos en los años
posteriores.

  Wikisource contiene obras originales de o


sobre Baldomero Espartero.

En lucha contra los carlistas[editar]


Véase también: Primera Guerra Carlista

Estatua ecuestre del general Espartero. Está situada frente a la puerta de  Hernani del jardín del
Retiro de Madrid (España). Al pie de la estatua reza la leyenda: «A Espartero, el pacificador. 1839, la
nación agradecida».

El general «isabelino»[editar]
A la muerte de Fernando VII, Espartero apoyó la causa de Isabel II y de la
regente María Cristina de Borbón frente al hermano del difunto rey
Fernando, Carlos María Isidro.
Durante la primera guerra carlista el general Espartero dio muestras de sus
cualidades como militar que ya había demostrado durante las campañas
americanas y entre las que destacaban su valentía —que fue lo que más
contribuyó a convertirlo en un héroe nacional, especialmente tras su victoria en
la batalla de Luchana—, su honestidad —un diplomático norteamericano dijo de él
que «disfruta de una fortuna independiente y no pretende aumentarla a expensas
de la tropa, como es costumbre aquí»— y el interés por los hombres que estaban
bajo sus órdenes, como lo demostraba su continuo empeño en conseguir los
fondos para pagar sueldos y vituallas de sus soldados —un problema que padeció
su antecesor al frente del Ejército del Norte, el general Luis Fernández de
Córdoba, y que su hermano Fernando describió en sus memorias: «El dinero,
nervio del Ejército, faltaba lastimosamente en el Norte, y así es que, además de la
carencia de subsistencias y pertrechos, los oficiales no cobraban sus sueldos ni el
soldado sus reducidos sobres»—.1
Pero durante la guerra civil también aparecieron dos de sus defectos: que su valor
alternaba con recurrentes episodios de desidia y falta de firmeza —que pudieron
estar relacionados con su dolencia en la vejiga que padeció toda su vida y que le
hacía extremadamente doloroso montar a caballo— y su excesiva severidad en
todo lo relacionado con la disciplina. En cuanto a esto último, el incidente que tuvo
mayor repercusión fue el que se produjo por la orden dada por Espartero
de diezmar un batallón de chapelgorris —voluntarios liberales a sueldo—
guipuzcoanos cuyos miembros supuestamente habían asesinado al párroco de la
aldea alavesa de Labastida, profanado la iglesia y arrasado el lugar, y que fue
cumplida el 13 de diciembre de 1835. La operación fue dirigida personalmente por
Espartero, quien en su informe oficial afirmó que los actos cometidos por estos
soldados exigían la «pública demostración a las tropas y a los pueblos... con un
severo escarmiento», y durante la misma se echaron a suertes
los chapelgorris que iban a ser fusilados, uno de cada diez, y de entre ellos se
escogió a diez, «y sin darles más tiempo que algunos momentos para confesarse,
a los diez que cupo tan aciaga suerte fueron inhumanamente fusilados», según
relató el comandante del batallón.2 Asimismo Espartero ordenó ejecutar
prisioneros carlistas en represalia por el asesinato de liberales, que el general
justificó afirmando en una carta que «el empleo de represalias no es más que
defensa propia» y «porque perdería la mágica ilusión que la fortuna me ha
otorgado, desde el momento en que se observe en mí indiferencia por castigar los
crímenes de los rebeldes, y por proteger a mis subordinados». 3
Comandante militar de Vizcaya[editar]
Entre los cambios en la dirección del Ejército que la regente María Cristina adoptó
en los primeros días de gobierno para eliminar a los elementos carlistas, Espartero
fue nombrado comandante general de Vizcaya en 1834, bajo las órdenes de un
antiguo jefe suyo, Jerónimo Valdés, que lo había reclamado para el servicio en
campaña. Participó así en el frente norte durante la Primera Guerra Carlista,
desempeñando un destacado papel, no sin antes haber puesto en fuga distintas
partidas carlistas en Onteniente.
Sus primeras medidas recuerdan mucho la etapa americana. Al frente de una
pequeña división, ordenó la fortificación de Bilbao, Durango y Guernica para
defenderlas de las incursiones carlistas, y persiguió las pequeñas partidas que se
formaban en distintos puntos. La primera operación de envergadura enfrentándose
al grueso de las tropas enemigas tuvo como escenario Guernica en febrero de
1834. Sitiados los cristinos por una columna de seis mil hombres, Espartero liberó
la ciudad el día 24 con cinco veces menos fuerzas que los atacantes, lo que le
valió el ascenso a mariscal de campo.
La primera derrota[editar]
En mayo se le otorgó la Comandancia General de todas las Provincias
Vascongadas. La segunda gran acción que recibió como encargo fue a mediados
de 1835. El general carlista Zumalacárregui había conseguido agrupar las partidas
de voluntarios en un ejército bien organizado. Los cristinos, sin embargo, pasaban
por una grave crisis al haber sido cambiados los mandos en varias ocasiones por
la propia situación de conflictividad que vivía Madrid. En estas circunstancias,
Zumalacárregui emprendió una ofensiva que lo llevó a fijar posiciones avanzadas
en Villafranca de Ordicia, dominando así una amplia zona de movimientos.
Espartero recibió el encargo de Valdés de enfrentarse a Zumalacárregui, para lo
que contaba con dos divisiones y un batallón, más otras dos divisiones que se
aproximaban desde el valle del Baztán. El 2 de junio consiguió sin esfuerzo
situarse en un alto a la vista de Villafranca, en el camino de Vergara. Aseguró las
posiciones a la espera de los refuerzos, pero cambió de parecer y se dirigió a
Vergara. Al estar a la vista del general carlista Francisco Benito Eraso, este
aprovechó la vulnerabilidad del batallón de retaguardia para atacarlo en su
repliegue con poco más de tres compañías de infantería. La impresión de los
atacados fue que el grueso carlista era numeroso y, poco a poco, se extendió el
pánico entre la tropa, que llegó a huir de manera desordenada hacia Bilbao. Ese
fue el primer fracaso militar de Espartero y las consecuencias de la derrota fueron
muy graves, ya que los carlistas ocuparon pocos días después Durango, por lo
que les quedó abierto el camino para sitiar Bilbao.
La guerra entre el verano de 1835 y el de 1836[editar]
Su valentía y arrojo fueron incuestionables como en el Primer Sitio de Bilbao, que
consiguió levantar. Tras la batalla de Mendigorría, donde los cristinos obtuvieron
su segunda gran victoria en la guerra, Espartero debió enfrentarse a su
superior, Luis Fernández de Córdoba, en una pugna entre ambos por recibir los
méritos de las acciones de campaña.
En Bilbao, cuando catorce batallones carlistas asediaban la ciudad el 24 de agosto
de 1835, Espartero participó activamente en el levantamiento del cerco sin apenas
esfuerzo. De camino a Vitoria tras salir de Bilbao el 11 de septiembre, batallones
carlistas se opusieron a sus unidades, por lo que ordenó arremeter contra ellos
persiguiéndolos hasta Arrigorriaga, donde se encontró con importantes fuerzas
carlistas que lo obligaron a retroceder hasta la capital vizcaína. En este repliegue
encontró tomada la entrada a la ciudad, con lo que recibió ataques por vanguardia
y retaguardia. Acorralado, Espartero decidió enfrentarse a las tropas que en el
puente sobre el río Nervión le cortaban el paso, por lo que pudo cruzar al fin
camino de la ciudad en una brillante acción que le valió la Cruz Laureada de San
Fernando y la Gran Cruz de Carlos III, además de una herida en el brazo.
No obstante su desafiante capacidad, sus mandos no lo consideraban capaz de
dirigir el grueso de los ejércitos cristinos, dado su ímpetu alocado y sus reiterados
actos de desobediencia a los superiores. En 1836, el Ejército del Norte quedó en
manos de Luis Fernández de Córdoba como general en jefe. Recibidas órdenes
de atacar al enemigo en cualquier situación de ventaja, Espartero ocupó en marzo
el puerto de Orduña con fuerzas menguadas, con lo que ganó así una ventajosa
posición para el ejército. Ello le valió una nueva Laureada de San Fernando y la
posibilidad de efectuar una nueva acción días después sobre Amurrio. Tras las
acciones con la III División, al abrir franco el paso a Vizcaya, Fernández de
Córdoba lo propuso, muy a su pesar, para el ascenso a teniente general el 20 de
junio. Aún le permitió la guerra obtener el acta de diputado por Logroño a
las Cortes Generales en las elecciones celebradas el 3 de octubre de 1836 junto a
quien sería otro gran adalid del liberalismo, Salustiano de Olózaga. Todavía sería
elegido en otras tres ocasiones a lo largo de su vida, aunque no ocupó jamás su
escaño y renunció en favor de otras provincias.
En el verano Espartero cayó enfermo y se desplazó a Logroño para recuperarse.
Los movimientos liberales en toda España se sucedieron mientras descansaba.
Los éxitos militares logrados lo catapultaron finalmente a ser nombrado general en
jefe del Ejército del Norte y virrey de Navarra, en sustitución de Fernández de
Córdoba. El motín de los sargentos de La Granja, que había colocado a la regente
en la necesidad de abandonar el Estatuto Real y dar más protagonismo a los
liberales con el restablecimiento de la Constitución de Cádiz de 1812, favoreció
también el nombramiento.
El general en jefe[editar]
Alcanzar el grado de general en jefe hizo que el futuro duque de la Victoria
moderase su crueldad, limitase sus acciones impetuosas y dedicase un tiempo a
reorganizar el ejército isabelino que contaba con dos problemas graves: uno, la
necesidad de moverse por un territorio, el carlista, bien asentado, donde las
fuerzas leales a María Cristina solo contaban con algunas grandes ciudades y
fortificaciones, pero no libertad de movimientos; en segundo lugar, la falta de
recursos para equipar las tropas y la ausencia de disciplina interna.
Bilbao de nuevo: la batalla de Luchana[editar]
Desarrollo del ataque al puente de Luchana por las tropas de Espartero con el apoyo de la armada
británica y española. Grabado, reproducido como xilografía en Panorama Español, 1849.

Casi sin actividad bélica, los carlistas aprovecharon para reorganizarse y volvieron
a sitiar Bilbao en 1836 con más fuerzas y mejor organizados que en la primera
ocasión. Desde el Ebro y sin usar el camino de Vitoria, Espartero dirigió catorce
batallones camino de la capital vizcaína en un viaje lento y tormentoso,
concentrándose en el valle de Mena en noviembre, dado que no disponía todavía
de información suficiente sobre los posibles movimientos del enemigo. Finalmente,
mientras la flota hispano-británica lo esperaba en Castro-Urdiales, consiguió llegar
el día 20 de noviembre y embarcar a su ejército, con trescientos jinetes más,
camino de Portugalete, donde arribó el 27. Tomó los altos de Baracaldo, pero lo
rechazaron los carlistas en el primer intento de entrar en Bilbao. Aunque el 30 la
mayoría de los generales aconsejaron a Espartero que abandonase el intento de
levantar el sitio, decidió no hacer caso: ordenó construir un puente de barcas
sobre el Nervión y el 1 de diciembre el ejército isabelino se encontraba al otro
lado, debiendo mantener las posiciones contra el incesante fuego enemigo. El
segundo intento de levantar el cerco volvió a fracasar y la moral de la tropa
decayó. Falto de dinero, que no llegó hasta mediados de mes, Espartero trazó un
plan que le permitió atacar a un tiempo por las dos orillas del Nervión. El 19 de
diciembre, los cañones de la Armada Española e inglesa apoyaron la operación de
avance y la ciudad fue liberada en una acción meritoria, con Espartero enfermo y a
la cabeza, entrando por el puente de Luchana el día de Navidad.
Especialmente satisfecho, un oficial envió según sus instrucciones el siguiente
Oficio al Gobierno del que se extrae lo sustancial:
... Las privaciones y sufrimientos de las tropas de mi mando han quedado recompensadas en este día.
Ayer a las cuatro de la tarde dispuse la atrevida operación de embarcar compañías de cazadores que se
apoderasen de la batería enemiga de Luchana. Al poco tiempo, aunque en medio de una terrible
nevada, se ejecutó la operación con el éxito más feliz para la bravura y entusiasmo de aquellas, y eficaz
cooperación de la Marina inglesa y Española. El puente quedó en nuestro poder; los enemigos lo tenían
cortado; pero a la hora y media ya estaba restablecido. Los enemigos, reuniendo considerables fuerzas,
acudieron sobre aquel punto: el combate se empeñó ya de noche: el temporal de agua, nieve y granizo,
fue espantoso: la pérdida que experimentó este ejército en las muchas horas de combate fue también
de consideración. Los momentos fueron críticos; pero las cargas decididas á la bayoneta nos hicieron
dueños de todas sus posiciones, haciendo levantar el sitio de esta villa, en la que he verificado hoy la
entrada. Todas sus baterías, municiones é inmenso parque quedó en nuestro poder... Cuartel General
de Bilbao, 25 de diciembre de 1836. Excmo. Sr. Baldomero Espartero. Excmo. Sr. Secretario de Estado
y del Despacho de la Guerra.

Su victoria en la batalla de Luchana «puso el nombre de Espartero en labios de


todo el mundo, al menos en la España liberal, y lo convirtió en objeto de pinturas,
innumerables artículos en periódicos, de discursos parlamentarios y también sin
duda, de conversaciones de café. Según Antonio Espina [biógrafo de Espartero],
tras Luchana, Espartero "adquirió proporciones épicas". Fue un regalo de Navidad
idóneo para la causa liberal. Para el pueblo se convirtió en la "Espada de
Luchana", y posteriormente recibió el título de conde de Luchana». 4

  Wikisource contiene obras originales de o


sobre Baldomero Espartero.
Hacia el final de la guerra: el «Abrazo de Vergara»[editar]
Véase también: Abrazo de Vergara
Después de Luchana, la guerra tocaba a su fin. Las fuerzas leales a Isabel II eran
superiores en número y capacidad operativa. Desde Bilbao, Espartero se trasladó
por el norte del País Vasco hasta Navarra, concentró y organizó a las tropas, se
dirigió al Maestrazgo y se vio obligado a enfrentarse con la
denominada Expedición Real encabezada por el pretendiente carlista, último
intento de este de conquistar Madrid y obtener la victoria en la guerra. Espartero
les alcanzó a las puertas de la capital, donde se libró la batalla de Aranzueque con
victoria del general "isabelino". El éxito lo colocó en una posición dominante entre
los liberales, pero también entre todos los ciudadanos agradecidos por haberles
salvado de la incursión y haber provocado el desmoronamiento del ejército
enemigo. Los homenajes y agradecimientos públicos y privados convencieron a
Espartero de que la popularidad obtenida era un equipaje muy valioso para
alcanzar el poder político.
Entre 1837 y 1839, al tiempo que formó un gobierno fugaz por falta de sostén
parlamentario suficiente, derrotó a las tropas carlistas en Peñacerrada,
en Ramales —que se llamó Ramales de la Victoria desde entonces— y
en Guardamino.
Fomentó la división entre los carlistas y firmó la paz, promovida muy activamente
por el representante militar de Gran Bretaña en Bilbao, lord John Hay, con el
general carlista Rafael Maroto mediante el Convenio de Oñate el 29 de agosto de
1839, confirmado con el abrazo que se dieron estos dos generales dos días más
tarde ante las tropas de ambos ejércitos reunidas en los campos de Vergara, acto
que se conoce como el Abrazo de Vergara.
El acuerdo entre Espartero y Maroto sellado con el "abrazo de Vergara" el 31 de
agosto de 1839 consistía en que los carlistas depondrían las armas a cambio de
que los oficiales y soldados de su ejército se incorporaran al ejército regular y que
los fueros de Guipúzcoa, Álava, Vizcaya y Navarra serían respetados por el
gobierno. La idea de utilizar los fueros para alcanzar la paz parece que surgió a
principios de 1837, aunque se discute de quién partió —Antonio Pirala en
su Historia del Convenio de Vergara publicada en 1852 se la atribuyó a Eugenio
de Aviraneta—.5
La firma del acuerdo de paz con Maroto había sido contestada por muchos
sectores carlistas, entre los que se encontraba el general Ramón Cabrera que,
refugiado en el Maestrazgo, plantó cara a Espartero hasta que fue derrotado con
la conquista de Morella el 30 de mayo de 1840, acción por la cual la reina Isabel le
concedió el título de duque de Morella y el Toisón de Oro. Cabrera huyó hacía
Cataluña con la mayor parte de los restos del Ejército del Norte, perseguido por el
general Leopoldo O'Donnell.
El final victorioso de la guerra carlista le valió la dignidad de grande de España y el
título duque de la Victoria, amén de los de duque de Morella, conde de Luchana y
de vizconde de Banderas. Muchos años más tarde, en 1872, el rey Amadeo I le
concedió también el de príncipe de Vergara, con el tratamiento aparejado de Su
Alteza Real. Posteriormente, este otorgamiento fue confirmado por el rey Alfonso
XII.6

El político liberal[editar]

Escudo personal de Espartero como príncipe de Vergara.

Aunque en 1826, durante la década ominosa, denunció una conspiración liberal


que estaba siendo organizada en Londres por unos «traidores» dirigidos por el
general exiliado Espoz y Mina para derribar la monarquía absoluta de Fernando
VII, tras la muerte de este, Espartero siempre fue partidario del liberalismo frente
al absolutismo.7 Sin embargo, nunca puso por escrito su ideario y «su
pensamiento político nunca fue más allá de unos vagos pronunciamientos sobre
la libertad y las constituciones, así como la lealtad a la monarquía, que pueden
resumirse en un lema que él mismo hizo famoso: "Cúmplase la voluntad
nacional"». Otra de las frases que resumen su pensamiento político fue que lo que
deseaba para España era la «libertad apropiadamente entendida», cuyo modelo
era la monarquía constitucional británica, porque allí «se respeta como un derecho
la reunión y la petición con el fin de conocer la opinión y evitar la fuerza que lleva
consigo un cambio repentino que aquí se llama revolución». 8 Su primera
declaración política apareció implícita en un poema escrito para celebrar el
restablecimiento de la Constitución de 1812 tras el motín de los sargentos de La
Granja en agosto de 1836:9
Entre el más inaudito despotismo
La madre España ha poco se veía
Y rodeada de hijos ambiciosos
Del bien particular que los domina.
Ni aun hallaba consuelo en la esperanza
De recobrar su libertad perdida.
Arrojada a sus pies y ya disuelto
El mejor de los códigos yacía.
Destrozadas sus páginas hermosas
Que al pueblo español hicieron libre un día.
Y el noble agricultor, el comerciante,
Las doctas Musas y la industria activa
Testigos eran de su amargo llanto,
Que fieles a imitarles concurrían.
En esto, de la fama diligente
Se oyen los ecos, que pidiendo albricias,
Publican que por los pueblos de Iberia
Logran su libertad apetecida.

Siempre mostró una lealtad total a la reina Isabel II, hasta el punto de que al final
del bienio progresista no quiso encabezar la resistencia al golpe moderado porque
eso podría poner en peligro a la monarquía isabelina y «yo, monárquico y defensor
de esa augusta persona, no quiero ser cómplice de su destronamiento»; incluso
permaneció un tiempo en Madrid, antes de retirarse a Logroño, a petición expresa
de la reina con el fin de sofocar una revuelta que en la ciudad había «tomado por
bandera la persona de VE». Esta lealtad se mantuvo también después de haber
sido destronada en la Revolución Gloriosa de 1868 defendiendo los derechos al
trono de su hijo, el futuro Alfonso XII.10
En su actuación como político también influyó su condición de militar, pues
siempre pensó que la vida política podía manejarse militarmente, como le comentó
en una carta a su esposa en noviembre de 1840: 3
No hagas caso de periódicos ni matices; con la Constitución se manda como con la ordenanza; cuando
el que manda es justo y firme y cuando no se separa de la ley, nadie debe arredrarle y nada lo detendrá
en la marcha... Yo no hago caso de matices ni de papeles porque yo soy la bandera española y a ella se
unirán todos los españoles.

Esta forma de entender el gobierno se puso de manifiesto cuando en octubre de


1841 ordenó fusilar a los generales y políticos comprometidos en un intento de
golpe de estado que incluía el rapto de la reina Isabel II, de once años de edad, y
entre los que se encontraba el joven general Diego de León.11
Espartero regente de España (1840-1843)[editar]
Artículo principal: Regencia de Espartero

Retrato de Baldomero Espartero (1841) por Antonio María Esquivel. Ayuntamiento de Sevilla.


Sus éxitos militares durante la guerra carlista —la batalla de Luchana de diciembre
de 1835 con la que rompió el sitio de Bilbao; el abrazo de Vergara que puso fin a
la guerra en el norte— le proporcionaron una enorme popularidad, rayana en la
idolatría especialmente entre las clases bajas —para el pueblo Espartero era la
«Espada de Luchana» y, tras su victoria en la guerra, pasó a ser el «Pacificador
de España»—. Así relata un diplomático norteamericano la entrada en Madrid de
Espartero el 29 de septiembre de 1840:12
Su entrada fue celebrada con la más entusiasta acogida; durante tres días los festejos continuaron a
una escala de regia magnificencia —las calles iluminadas, las casas adornadas con colgaduras, arcos
triunfales erigidos en el Prado, y una airosa columna con los símbolos adecuados en la Puerta del Sol—,
además de espectáculos dramáticos y corridas de toros, a los cuales los espectadores fueron invitados
con entradas para reunirse con él.

Estas muestras de entusiasmo se repitieron en otros lugares como cuando llegó


a Valencia el 8 de octubre y la multitud desenganchó los caballos de su carruaje y
se puso a tirar de él por las calles de la ciudad. 13
La entrada en la vida política se produjo tras la victoria de Luchana cuando
tanto moderados como progresistas le ofrecieron formar parte del gobierno
ocupando el Ministerio de Guerra, pero él se negó porque la Guerra aún no había
concluido. Su decantamiento por los progresistas, según Jorge Vilches, se debió a
que el gobierno del moderado Evaristo Pérez de Castro no aprobó la petición de
Espartero de que su ayudante Linage fuera ascendido a mariscal de campo, 14
aunque también pudieron influir sus enfrentamientos con el general
moderado Ramón María Narváez que venían desde años atrás, cuando no se le
suministraban las mismas tropas, material y fondos que al Espadón de Loja.
Las incursiones de Espartero en política desde 1839 eran duramente contestadas
por la prensa moderada. Consciente de su poder y opuesto al conservadurismo de
María Cristina, tras las revueltas de 1840 consiguió ser nombrado presidente del
Consejo de Ministros,g pero el insuficiente apoyo lo obligó a dimitir. Espartero
lideraba sin oposición el Partido Progresista y necesitaba una mayoría suficiente
en las Cortes. El motín de la Granja de San Ildefonso había llamado la atención a
los moderados sobre la fortaleza de los liberales y, por tanto, del propio Espartero.
Así, el enfrentamiento con la regente acerca del papel de la Milicia Nacional y de
la autonomía de los Ayuntamientosh concluyó en una sublevación generalizada
contra María Cristina en las ciudades más importantes —Barcelona, Zaragoza y
Madrid, las más destacadas— y en la renuncia y entrega de esta de la Regencia y
custodia de sus hijas, incluida la reina Isabel, en manos del general.
Espartero alcanzó la regencia mientras María Cristina marchaba al exilio en
Francia. No obstante, el Partido Progresista se encontraba dividido respecto a
cómo ocupar el espacio dejado por la madre de Isabel II. Por un lado, los
llamados trinitarios abogaban por el nombramiento de una Regencia compartida
por tres miembros. Por otro, los unitarios capitaneados por el propio Espartero
mantenían la necesidad de una Regencia unipersonal sólida. i Finalmente,
Espartero fue elegido el 8 de marzo de 1841 regente único del Reino por 169
votos de las Cortes Generales contra 103 votos que obtuvo Agustín Argüelles. La
fortaleza del general le permitió alcanzar la Regencia no sin antes haberse
enemistado con una parte significativa del Partido Progresista que veía en el
general un autoritarismo latente, teniendo que haber utilizado incluso parte de los
votos moderados para alcanzar la regencia única.

Revuelta en Barcelona de 1842.

Su modo de gobernar personalista y militarista provocó la enemistad con muchos


de sus partidarios. Esta situación de tensión interna entre los progresistas fue
aprovechada por los moderados con el levantamiento de O'Donnell en 1841, que
se saldó con el fusilamiento de algunos destacados y apreciados miembros del
ejército, como Diego de León. Con posterioridad, el alzamiento de Barcelona en
noviembre de 1842, provocado por la crisis del sector algodonero, fue reprimido
con dureza por el regente al bombardear la ciudad el capitán general Antonio Van
Halen el 3 de diciembre con cuantiosas víctimas. Se le atribuye la famosa frase «A
Barcelona hay que bombardearla al menos una vez cada cincuenta años», pero
según el historiador Adrian Shubert la frase es "sin duda" un "mito" "legado del
nacionalismo reciente" 15, existiendo un "fuerte culto a Espartero en Cataluña que
duró treinta años después del bombardeo de Barcelona". 16 El general Prim que ya
le había acusado de favorecer los tejidos ingleses al no imponerles fuertes
aranceles y del que se acabó de distanciar tras el bombardeo se sublevó en
Barcelona, el general Narváez desembarcó en Valencia y marchó a Madrid, donde
más tarde se le uniría Prim.
En 1843 se vio obligado a disolver las Cortes, ante la hostilidad de las mismas.
Narváez y Serrano encabezaron un pronunciamiento conjunto de militares
moderados y progresistas, en el que las fuerzas propias del regente se pasaron al
enemigo en Torrejón de Ardoz. Sevilla se sublevó en julio y fue bombardeada por
las fuerzas de Van Halen y, a partir del día 24, por Espartero en persona. 17
Exiliado en Inglaterra (1843-1848)[editar]
Tras huir por El Puerto de Santa María, marchó al exilio en Inglaterra el 30 de julio.
Las nuevas autoridades ordenaron que, de ser hallado en la península, fuera
»pasado por las armas« sin esperar otras instrucciones. Pero las maniobras
de Luis González Bravo y del propio Narváez contra los progresistas, en especial
contra Salustiano Olózaga, hicieron que estos no tardaran en reclamar de
Espartero, exiliado, el liderazgo de los liberales. j En Inglaterra Espartero vivió una
vida austera, aunque era agasajado constantemente por la Corte británica y toda
la nobleza. No perdió de vista la política nacional y, sin duda, buena parte de las
acciones civiles y militares de los progresistas en este periodo contaron con su
beneplácito.
Espartero fue recibido en Inglaterra con gran efusión, ya que su fama no se
limitaba a España —había sido condecorado por varios monarcas extranjeros: la
reina Victoria le concedió la Order of the Bath; el rey Luis Felipe de
Orleans la Legión de Honor francesa; la reina María II de Portugal, la Orden de la
Torre—. Solo un día después de su llegada a Londres, según relató el diario The
Times «su hotel fue literalmente sitiado por visitantes de todos los rangos.
El duque de Wellington estuvo entre los primeros en hacer una visita a Su
Excelencia». También fueron a visitarle el conde de Clarendon y sir Robert Peel y
fue invitado a cenar por lord Palmerston, entre otros. Fue recibido en audiencia por
la reina Victoria y el 26 de septiembre de 1843 el alcalde de Londres organizó una
cena en su honor en la Mansion House, durante la cual pronunció un discurso —
que tuvo ser aprobado tras un larguísimo debate por la Cámara de los Comunes.13
Mientras, en España el editor Benito Hortelano Balvo publicó una biografía por
capítulos de Espartero, escrita por Carlos Massa Languinete, que tuvo un enorme
éxito. El propio Hortelano recordó en sus memorias la popularidad de la que
seguía gozando Espartero a pesar de su exilio:18
Los madrileños no solo eran grandes entusiastas del general, sino también fanáticos admiradores.
Durante su exilio en Londres, todas sus esperanzas fueron puestas en él. Era su salvador, su ídolo; no
podían contemporizar con los moderados, porque habían condenado al ostracismo al Mesías del
pueblo.

La Constitución moderada de 1845 no aseguró la estabilidad política. Antes al


contrario, la distancia entre liberales progresistas y moderados se agrandó. Isabel
II, aconsejada por su madre, trató de acercar a Espartero de nuevo hacia la
Corona, sabedora de que, más temprano que tarde, habría de contar con un
hombre admirado por su pueblo y de tan importante influencia. Así, el 3 de
septiembre de 1847, el entonces presidente del Gobierno, Joaquín Francisco
Pacheco, le expidió el Decreto por el cual la reina lo nombraba senador y, poco
más tarde, embajador plenipotenciario en Gran Bretaña. Era el tiempo de la
reconciliación.k
Reconciliado con la reina: el bienio progresista (1854-1856)
[editar]
La vivienda de Espartero en Logroño. La Ilustración Española y Americana. Madrid, 1879.

En 1848 fue restituido en sus honores y regresó a España, refugiándose en


Logroño y abandonando la vida pública. De esta forma cumplió un deseo que ya
manifestó al inicio de la regencia en una carta escrita a su esposa en la que le
decía que cuando lograra «consolidar el trono de Isabel, la Constitución, jurada la
paz, la prosperidad e independencia de mi patria» emplearía el resto de su vida
«en plantar árboles en la Fombera y mejorar a Logroño como un simple
ciudadano».19
Sin embargo, durante el retiro en Logroño su popularidad no decayó, como lo
destacó el editor de su biografía Benito Hortelano que fue a visitarlo tras su vuelta
del exilio y se encontró con su casa rodeada por la multitud, «un inmenso pueblo
que día y noche se instaló con objeto de ver al caudillo del pueblo, si alguna vez
salía o se asomaba al balcón; una mirada de él hubiera sido suficiente para
electrizar a aquella población».18
Reapareció en la vida pública en el bienio progresista de 1854-1856 junto
a Leopoldo O'Donnell después del triunfo de la revolución de 1854. Durante esos
dos años fue nuevamente presidente del Consejo de Ministros de España.l Antes
de volver a la política activa lanzó esta breve proclama a sus conciudadanos de
Logroño:
Riojanos: me separo de Logroño, mi pueblo adoptivo, porque la Patria y su libertad reclaman mi
presencia en la invicta Zaragoza. Me llevo el grato recuerdo de siete años en que he sido vuestro
conciudadano. Un solo encargo os dejo: Obedeced a la patriótica Junta que ha sido instalada en este
día, respectad sus disposiciones y conservad el orden, garantía segura del triunfo.
Anverso de medalla con la efigie de Baldomero Espartero. Leyenda: Baldomero Espartero, Duque de la
Victoria, 1855.

Una prueba de que Espartero mantenía intacta su popularidad después de cinco


años de exilio y de seis retirado en Logroño la ofrece el embajador británico en
Madrid que declaró:20
No hay duda de que las clases bajas de Madrid, Zaragoza y la mayoría de las principales ciudades son
esparteristas... Al igual que Napoleón en Francia, su retrato es universal en las barracas de los pobres, y
es el único.

En el mismo sentido se expresaron otros representantes diplomáticos y también


observadores y políticos españoles como Fernando Garrido, líder del Partido
Demócrata y pionero del socialismo español:21
La revolución triunfante, la soberanía nacional, no pueden ser dignamente representadas sino por el
soldado de la Libertad, por el hombre del Pueblo, por el ciudadano que escribiera en su bandera cuando
el pueblo armado le ofrece la dictadura: Cúmplase la Voluntad Nacional.

Espartero también fue considerado como el símbolo de la lucha de la clase obrera,


incluso en Barcelona, ciudad que había ordenado bombardear dieciséis años
antes. Así en la huelga de las selfactinas entre julio y diciembre de 1854 los
obreros decían: «Y perque nols engañen / dos pilars hi han posat / lo un es
Espartero / i l'altre la Societat». Y cuando se declaró la huelga general en 1855 y
una delegación obrera se preparaba para salir hacia Madrid, se elaboró un
manifiesto que concluía con un «¡Viva Espartero! ¡Viva la Milicia Nacional! ¡Viva la
libertad! ¡Viva la libre asociación, orden, trabajo y pan!». 22
Pero el propio O'Donnell terminó por desplazarlo del poder con su proyecto
de Unión Liberal, tramando desde su puesto como ministro de la Guerra cuanto
convenía a sus intereses. Espartero ya no era el hombre capaz de agotarse hasta
el extremo y comprendió que la reina Isabel había colocado, al decir de
Romanones, «dos gallos en el mismo gallinero» para mantener a dos de los más
prestigiosos generales de su lado.
Retiro en Logroño (1856-1879)[editar]
Retrato de Baldomero Espartero, litografía de Santiago Llanta y Guerin. Inscripción: «Primer candidato
para rey de España/ Baldomero 1º». Biblioteca Nacional de España.

Tras abandonar definitivamente el gobierno del Bienio Progresista, Espartero


jamás tuvo intención de volver. Cualquiera que se aproximase a tener noticias,
recibir consejo, informarse para una obra histórica, era bien recibido. Él mismo era
consciente de que su tiempo había pasado, pero disfrutaba de la compañía de
antiguos compañeros de armas, diputados liberales, nobles ingleses que pasaban
por España visitándole para recordar los tiempos del exilio en Inglaterra.
Una corona para el militar[editar]
Cuando fue destronada la reina Isabel II por la Revolución de 1868, Juan
Prim y Pascual Madoz le ofrecieron la Corona de España, cargo que no aceptó.
Los años habían hecho mella en su persona y no se consideraba con fuerzas para
tan alta empresa. La ciudadanía y buena parte de la prensa liberal reclamaba al
viejo general septuagenario para ser proclamado rey. Panfletos, artículos —sobre
todo en los diarios La Independencia y El Progreso— e incluso canciones con
mejor o peor fortuna y gusto pedían en las grandes ciudades que se ofreciera al
general la Corona.
Una de las canciones populares en favor de Espartero como nuevo rey de España
decía así:23
Dichosa sería España
bajo demócrata mando,
altivo, no tolerado,
la corona en sien extraña;
de los Borbones la saña
olvidar nunca debemos,
Montpensier, no lo queremos,
Espartero es popular,
Rey lo debemos alzar.

Juan Prim y Prats.

En la primavera de 1870, una comisión de diputados viajó camino del retiro del
general en Logroño para pedirle que aceptara la empresa. Portaban una carta del
entonces presidente del Consejo, Juan Prim, en la que se leía:
Madrid, 13 de mayo de 1870. Serenísimo Señor: el Gobierno del Regente considera llegado el momento
de dar una solución definitiva al momento que atravesamos. Los dignos ministros que componen el
Gobierno que tengo el honor de presidir anhelamos el bien de la patria y la consolidación de sus
libertades. Sabido es que al resolver la cuestión de Monarca amigos y apasionados de V.A. se
acordaron de los servicios prestados a la causa constitucional por el pacificador de España. Para este
caso, y, según lo he hecho autorizado por el Gobierno, como lo estoy en esta ocasión presente, en
todas las candidaturas anteriormente iniciadas, con los respetos debidos, desearía saber si podría
contarse con la aceptación de V.A. para Rey de España en el caso de que las Cortes Constituyentes y
soberanas se dignaran elegirle. El Gobierno no patrocina ninguna candidatura, dejando a la Asamblea la
más completa libertad. Tiene, sin embargo, el deber de evitar que las pasiones se agiten inútilmente si
no hubiese de aceptar el candidato que las Cortes elijan. V.A. conocerá cuán elevado y patriótico es el
pensamiento que, en nombre del Gobierno, me obliga a dirigir a V.A. esta carta, de la que es portador mi
antiguo amigo y Diputado a Cortes el Excmo. Sr. D. Pascual Madoz, quien ciertamente es una de las
personas más adictas a V. A. Queda de V. A. con las más distinguida consideración, su afectuoso y muy
respetuoso servidor, Firmado: El Conde de Reus. A. S. A. Serenísima y Capitán General del Ejército don
Baldomero Espartero, Duque de la Victoria.

La carta, pues, invitaba a ser candidato, más que a ser rey, con la prevención de
que no se sublevase si no era elegido. Tal era el temor que el viejo capitán general
todavía producía en las filas de algunos mandos del Ejército. Envió una breve
respuesta negativa y cortés a Prim —en la que le decía «que no me sería posible
admitir tan elevado cargo porque mis muchos años [75] y mi poca salud no me
permitirían su buen desempeño»—24 y a Nicolás Salmerón, que encabezaba la
delegación parlamentaria, le expresó, entre otras cosas:
... al trasmitir ustedes la expresión de mi gratitud al general Prim y demás amigos que en mí pusieron las
miras con tan alto pensamiento, díganles de mi parte que la abandonen por completo y que alarguen el
paso en el camino de la constitución monárquica del país. Que desistan de traer al solio español a
ningún príncipe extranjero porque eso sería prolongar la peligrosa interinidad en que vivimos...

Les advertía así sobre el alcance funesto que podía tener para España una
monarquía extranjera y la frustración que entre el pueblo eso iba a generar.
Tras el fracaso de la monarquía democrática de Amadeo I que dio paso a
la Primera República Española, parece ser que fue sondeado para que aceptara la
presidencia de la República, si bien Espartero la rechazó. 24
Cumplimentado por sucesivos jefes de Estado[editar]
Baldomero Espartero, por José Casado del Alisal (1872), obra albergada en el Palacio de las Cortes.

Elegido Amadeo de Saboya como rey de España, en septiembre de 1871 anunció


públicamente su voluntad de acudir a visitar al general Espartero en su residencia
de Logroño. Se desconoce si fue aconsejado para hacerlo, pero en el convulso
periodo del Sexenio Democrático y con un rey atípico elegido en Cortes, pareció
conveniente al monarca ganarse la confianza de quien era una leyenda del
liberalismo.
El propio duque de la Victoria fue a recibirlo a la estación de ferrocarril vestido con
traje de gala como capitán general, acompañado de autoridades civiles y militares
de la ciudad y recorrieron juntos el trayecto hasta la casa del duque en medio del
júbilo de la población que aclamó a ambos. Pasó dos días alojado el monarca en
la residencia de Espartero y apenas tuvo más contacto con la población que asistir
a dos actos protocolarios. Se desconoce el contenido de las conversaciones
durante el tiempo que estuvieron juntos, pero Espartero, cuando lo acompañó de
regreso a la estación de tren, dio muestras de alegría, respeto y lo trató como rey
legítimo de los españoles, reconocimiento que muy bien podría ser el que buscaba
Amadeo. A su vuelta a Madrid, el rey le concedió el título de Príncipe de
Vergara (2 de enero de 1872), con tratamiento de Alteza Real.

Estatua ecuestre de Espartero en el Paseo del Espolón de Logroño.

Aún recibiría en su hogar al propio Estanislao Figueras tras la proclamación de


la Primera República Española y a otro rey que vendría a cumplimentarlo por tres
veces: Alfonso XII.
El rey Alfonso acudió por vez primera el mismo año de su elección, el 9 de febrero
de 1875, acompañado del ministro de Marina y también pasó, como Amadeo, la
noche en casa del duque. La delicada salud del viejo general le impidió acudir a
recibir al monarca, que encontró a un hombre envejecido, pero que guardaba
parte de sus antiguas fuerzas. El rey le comunicó la concesión de la Gran Cruz de
San Fernando, a lo que el propio Espartero hizo buscar entre sus condecoraciones
alguna de las ganadas con anterioridad y quiso imponérsela a Alfonso XII para, en
sus propias palabras.
Tumba de Espartero en la catedral la Redonda de Logroño.
... recuerde que el Rey Constitucional, a más de valeroso debe ser justo y fiel custodio de las libertades
públicas, con lo que asegurará la felicidad del pueblo y logrará captar su amor...

Regresó el monarca el 6 de septiembre de 1876 para comunicar al victorioso


general de la Primera Guerra Carlista que, nuevamente, el carlismo había sido
vencido, y tiempo después, el 1 de octubre de 1878, celebrándose una ceremonia
religiosa por las almas de las esposas de ambos, fallecidas hacía poco tiempo.
Últimos años[editar]
Pasó los últimos años de su vida en su hogar, rodeado del afecto de sus paisanos,
como referente de muchos de los políticos de la época. Su conocida altanería dio
paso a un hombre de Estado, consejero para todos y que manifestó en cuantas
ocasiones pudo, su deseo de que las desavenencias entre las distintas facciones
políticas no se solventasen más por la vía de las armas. La muerte de su esposa
Jacinta lo sumió en un profundo pesar y ya no atendió más que a su propio final.
Su testamento había sido otorgado el 15 de junio de 1878, apenas seis meses
antes de fallecer y poco después de la muerte de su esposa. Al no tener hijos,
Espartero nombró heredera universal a su sobrina Eladia Espartero Fernández y
Blanco, por quien sentía gran predilección. La herencia, constituida por una gran
fortuna, iba acompañada de todos los títulos y honores.
Al resto de sobrinos y al personal de su casa les dio mandas y legados, y a su
antiguo ayudante, el marqués de Murrieta, le otorgó la espada con la que Bilbao lo
obsequió y la estatua ecuestre que le regaló la ciudad de Madrid, además de otras
pertenencias militares menores.

Memoria histórica[editar]
Paso del entierro de Espartero.
El funeral del general fue sufragado por el Estado y sus restos recibieron el
protocolo debido a un capitán general fallecido en acto de servicio, a pesar de
llevar mucho tiempo retirado de la vida militar y política activas. El gobierno
de Cánovas del Castillo designó el mayor número posible de soldados para que
participara en la ceremonia. Poco después se le erigió en Madrid
una estatua sufragada con fondos públicos, que «representase al insigne Príncipe
de Vergara como pacificador de España, título que condensa todas sus altas
dotes, los actos de su gloriosa vida y explica el fervoroso y perdurable
reconocimiento de la patria». Sin embargo, fracasó este intento por parte de las
élites de la Restauración borbónica de utilizar la figura de Espartero para
«nacionalizar a las masas», ya que cuando murió a los ochenta y seis años de
edad «su recuerdo se había perdido sustancialmente entre la mayoría de la
población». En la crónica de su funeral, La Ilustración Española y
Americana señaló que era «vagamente recordado por el pueblo». Miguel
Maura relata que, durante los primeros días de la Segunda República Española,
se encontró con una multitud que intentó derribar la estatua ecuestre situada
frente al Retiro; alguien gritó: «Vamos a ejecutar a ese tío», a lo que él respondió
que «ese tío había sido un liberal».25

Muerte de Baldomero Espartero, de José Nin y Tudó. 1879. (Museo de La Rioja).

Una de las primeras decisiones que tomaron las autoridades franquistas tras el


final de la Guerra Civil Española de 1936-1939 fue cambiar el nombre de la calle
Príncipe de Vergara por el de general Mola. Según el historiador Adrian
Shubert hoy el recuerdo de Espartero «es todavía más débil. Poco es lo que
queda: algunas estatuas; algunos nombres de calles; una estación de Metro —
Príncipe de Vergara, cuya identidad se desconoce— en Madrid; un dicho grosero
sobre su caballo... En Bilbao, lugar donde se produjo su única gran victoria, nada
queda: el primer ayuntamiento democrático, dirigido por el PNV, renombró la calle
de Espartero en favor de uno de sus propios héroes nacionalistas, Juan
Ajuriaguerra. Sin embargo, Zumalacárregui se quedó con la calle que le habían
dado los franquistas».26
En memoria de Espartero se construyeron monumentos, como las
conocidas esculturas ecuestres de Madrid; Granátula de Calatrava (Ciudad Real),
su localidad natal y de Logroño, ciudad de su esposa y en la que se retiró a su
vejez. Se le dedicaron calles, como la Príncipe de Vergara de Madrid y la duque
de la Victoria de Granátula de Calatrava y también en Valladolid o Alicante. En
Logroño, se dio el nombre de Príncipe de Vergara al Espolón, paseo principal de
la ciudad donde se le levantó la estatua ecuestre por suscripción popular. También
se dio su nombre a una calle que luego el franquismo renombró como General
Franco y que con la democracia pasó a ser avda. de la Paz, pero no se quedó sin
calle pues a otra se le puso General Espartero.
Según Adrian Shubert, «Espartero ha sido borrado de la memoria histórica
española».27

Hoja de servicios[editar]
Año Día y mes Empleo

180
1 de noviembre Soldado Distinguido
9

181
1 de enero Subteniente
2

181
2 de septiembre Teniente
4

181
9 de septiembre Capitán
6

181
1 de agosto Segundo Comandante
7

182
26 de febrero Comandante
1

182
23 de marzo Coronel Graduado de Infantería
2

182
1 de febrero Coronel Efectivo de Infantería
3

182 9 de octubre Brigadier


3

183
17 de febrero Mariscal de campo
4

183
21 de junio Teniente general
6

183
1 de mayo Capitán general
8

Predecesor: Sucesor:
María Cristina de Borbón- Declaración de la mayoría de edad de
Regente del Reino de España Isabel II
Dos Sicilias en nombre de Isabel II
1841-1843

Predecesor: Sucesor:
Presidente del Consejo de Ministros
Ildefonso Díez de Rivera Eusebio Bardají Azara
de España
1837

Sucesor:
Predecesor:
Presidente del Consejo de Ministros Joaquín María Ferrer y
Vicente Sancho
de España Echevarría
1840-1841

Predecesor:
Sucesor:
Ángel Saavedra y Ramírez Presidente del Consejo de Ministros
Leopoldo O'Donnel Jorris
de Baquedano de España
1854-1856

Sucesor:
Predecesor:
Evaristo San Miguel y
Ildefonso Díez de Rivera Ministro de la Guerra
Valledor
Baldomero Espartero 1837
Baldomero Espartero
Francisco Ramonet 1837
José Carratalá
1837-1838

Véase también[editar]
 Reinado de Isabel II
 Regencias de María Cristina y Espartero
 Primera Guerra Carlista
 Isabel II de España

Notas y referencias[editar]
1. ↑ Algunos biógrafos hablan de nueve hermanos.
2. ↑ El destino primero de Espartero es discutido. En unos casos
se habla de Ciudad Real y en otros directamente de Sevilla,
desde donde acudió hacia el centro de la península en las
primeras operaciones en las que participó.
3. ↑ El fracaso en Ocaña hizo afirmar a Espartero: Aquél día
principié a ser hombre.
4. ↑ La formación de unidades y batallones por parte de las
universidades fue algo habitual. Las denominaciones usadas
fueron varias. En cualquier caso se trataba de nutrir a un
ejército en retirada de hombres capaces con cierta formación
para ascender después. Estos grupos se disolvieron en las
academias creadas más tarde por la Junta Central.
5. ↑ En la hoja de servicios de Espartero figura su participación en
algunas acciones de no excesiva importancia. Las calificaciones
académicas que obtuvo fueron corrientes, excepto en táctica,
donde destacó con «sobresaliente».
6. ↑ La Conferencia de Salta sigue provocando diferencias en el
análisis de los historiadores. Los comisionados regios, Antonio
Luis Pereira y Luis de la Robla, habían alcanzado un acuerdo
en Buenos Aires que incluía una importante autonomía en
materia económica y comercial. Trasladar el acuerdo al Perú
era su misión, pero La Serna, tras sus victorias, no estaba
dispuesto a realizar concesiones. De hecho no quiso acudir a
Salta personalmente, enviando a Espartero con la expresa
directriz de no ceder. El argumento en favor de La Serna es que
dio por supuesto que el rey desconocía la situación que se daba
en aquellos momentos en el Perú —no se habían recibido
instrucciones de Madrid desde 1821—, y que obraba conforme
a los intereses de la Corona. La posición crítica destaca que la
actitud de La Serna fue un enfrentamiento directo con la Corona
y ayudó indirectamente a fortalecer las aspiraciones
independentistas. En cualquier caso, Espartero no fue
censurado por su labor en este caso, sino al contrario, alabado
tiempo después.
7. ↑ La reina Isabel quiso atraerse a Espartero y nombró a su
esposa, dama de compañía.
8. ↑ El control de los Ayuntamientos era fundamental en la política
nacional. Con un sistema electoral censitario y caciquil, el
control de los municipios permitía el control del voto ciudadano
y de la Milicia Nacional.
9. ↑ La presión para una Regencia de tres personas la inició María
Cristina con una solemne declaración. A esa propuesta se
unieron algunos miembros del Partido Progresista y todo el
Partido Moderado. La idea era que fuera compartida por el
propio Espartero, Agustín Argüelles y Mendizábal. La oposición
de Espartero a la propuesta era frontal. Quería todo el poder o,
amenazó, abandonaría la actividad política. Espartero con toda
su influencia en el Ejército y aclamado por la población, era un
peligro mayor conspirando que gobernando.
10. ↑ La caída de Espartero estuvo acompañada de una
movilización general del Partido Moderado para desprestigiar su
persona, incluso fueron cuestionados sus éxitos militares. La
reacción progresista no tardó en producirse al darse cuenta de
la popularidad del general, aún exiliado. Cuantas más críticas
con poco fundamento se lanzaban contra él, más adeptos tenía.
Además, el apoyo explícito de Inglaterra a Espartero
condicionaba la propia política nacional muy dependiente de las
potencias francesa y británica.
11. ↑ En ese momento Espartero gozaba del beneficio de la
leyenda. La multitud lo acompañaba a cuantos sitios acudía y lo
vitoreaba. Para el Partido Progresista era su mejor valor, y la
Corona conocía los riesgos de enfrentarse abiertamente con el
duque de la Victoria. Ayudó en la reconciliación la propia salud
de Espartero, más pendiente de gozar de las lisonjas ajenas
que de ejercer de nuevo un papel político en España.
12. ↑ Diario de sesiones del Congreso con la elección y votación de
los candidatos. Fue elegido presidente por 238 votos, de un
total de 255 diputados miembros presentes. Obtuvo cuatro el
marqués de Albaida, tres San Miguel, dos el conde de Reus
y Salustiano Olózaga y uno Gálvez Cañero, Infante y Corrado.
Las otras tres papeletas fueron votos en blanco.

Referencias[editar]
1. ↑ Shubert, 2000, pp. 191-192, 196.
2. ↑ Shubert, 2000, pp. 192-194, 198.
3. ↑ Saltar a:a b Shubert, 2000, p. 195.
4. ↑ Shubert, 2000, p. 198.
5. ↑ Shubert, 2000, p. 199.
6. ↑ Hispanidad
7. ↑ Shubert, 2000, p. 190.
8. ↑ Shubert, 2000, pp. 187-189.
9. ↑ Shubert, 2000, pp. 187-188.
10. ↑ Shubert, 2000, p. 191.
11. ↑ Shubert, 2000, pp. 195-196.
12. ↑ Shubert, 2000, pp. 199-200.
13. ↑ Saltar a:a b Shubert, 2000, p. 200.
14. ↑ Vilches, 2001, p. 33.
15. ↑ «Adrian Shubert: «Nadie se ha atrevido aún a reclamar el
legado de Espartero»». El Cultural. 29 de octubre de 2018.
16. ↑ «Adrian Shubert: «Nadie se ha atrevido aún a reclamar el
legado de Espartero»». ABC. 19 de noviembre de 2018.
17. ↑ Archivo General de Andalucía. «El Bombardeo de Sevilla de
1843».
18. ↑ Saltar a:a b Shubert, 2000, p. 201.
19. ↑ Shubert, 2000, pp. 197-198.
20. ↑ Shubert, 2000, pp. 201-202.
21. ↑ Shubert, 2000, p. 202.
22. ↑ Shubert, 2000, p. 203.
23. ↑ Shubert, 2000, p. 204.
24. ↑ Saltar a:a b Shubert, 2000, p. 205.
25. ↑ Shubert, 2000, pp. 205-206.
26. ↑ Shubert, 2000, pp. 206-207.
27. ↑ Shubert, 2000, p. 207.

Bibliografía[editar]

 BERMEJO MARTÍN, Francisco (2000). Espartero,


hacendado riojano. Logroño: Instituto de Estudios
Riojanos. ISBN 84-206-6768-4.Colección Logroño, n.º 24
 BURDIEL, Isabel (2004). Isabel II. No se puede reinar
inocentemente. Madrid: Espasa-Calpe. ISBN 84-670-
1397-4.
 CONDE DE ROMANONES (1932). Espartero. El general
del pueblo. Madrid: Espasa-Calpe.
 FERNÁNDEZ BASTARRECHE, Fernando (1978). El
Ejército Español en el siglo XIX. Madrid: Siglo
XXI. ISBN 84-206-6768-4.
 GÓMEZ, Francisco Javier (1893). Logroño histórico.
Descripción detallada de lo que un día fue y de
cuanto notable ha acontecido en la ciudad desde
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Ayuntamiento de Logroño. ISBN 84-89362-42-
4. Reeditado en edición facsímil por el Ayuntamiento
de Logroño en 1998. Primera Reimpresión 2000
 SHUBERT, Adrian (2000). «Baldomero Espartero
(1793-1879). Del ídolo al olvido». En Burdiel,
Isabel; Pérez Ledesma, Manuel, eds. Liberales,
agitadores y conspiradores. Biografías heterodoxas
del siglo XIX. Madrid: Espasa Calpe. ISBN 84-239-6048-
X. OCLC 45619844.
 VILCHES, Jorge (2001). Progreso y Libertad. El Partido
Progresista en la Revolución Liberal Española.
Madrid: Alianza Editorial. ISBN 84-206-6768-4.
Bibliografía adicional[editar]

 Espadas Burgos, Manuel Baldomero Espartero, un


candidato al trono de España. Ciudad Real:
Diputación Provincial, 1984. ISBN 84-505-0556-9
 San Baldomero Ucar, José Manuel. «La imagen de
Espartero en los artículos de Carlos Marx en el New
York Daily Tribune. Investigación humanística y
científica en La Rioja: homenaje a Julio Luis
Fernández.» Sevilla y Mayela Balmaseda Aróspide,
2000, ISBN 84-89362-92-0, pp. 257-278. Para su
descarga directa

Fuentes y documentos[editar]
 Pérez Galdós, Benito.  España sin rey. Madrid, 1908.
 Gómez, Francisco Javier.  Logroño histórico. Descripción
detallada de lo que un día fue y de cuanto notable ha acontecido
en la ciudad desde remotos tiempos hasta nuestros días.
Logroño, 1893. Reeditado en edición facsímil por el
Ayuntamiento de Logroño en 1998. Primera Reimpresión
2000  ISBN 84-89362-42-4
 Ruíz Cortés, F., y Sánchez Cobos, F.,  Diccionario Biográfico de
Personajes Históricos del Siglo XIX Español. Madrid, 1998.
 Segundo Flórez, José.  Espartero. Imprenta Sociedad Literaria.
Madrid 1843.
 Journée de Torrejon D'Ardoz (Le 22 juillet 1843) par un
espagnol. París 1843.
 Vida militar y política de Espartero. Imprenta de la Sociedad de
Operarios del mismo Arte. Madrid 1844.
 Galería Militar Contemporánea. Sociedad Tipográfica de
Hortelano y Compañía. Madrid 1846.
 La España salvada o Espartero en el poder  Edición digitalizada
del original. Imprenta de Domingo Ruíz. Logroño (sin fecha). h.
1840.
 Crónica de la provincia de Logroño  de Giménez Romera, Waldo.
Madrid, 1867.

 Hoja de Servicios de Baldomero Espartero.

 Ficha biográfica de Baldomero Espartero en el  Congreso de los


Diputados.
 Relación de elecciones parlamentarias en las que fue elegido
Diputado  (enlace roto disponible en Internet Archive; véase el historial,
la primera versión y la última). en el Histórico del Congreso.
 Archivo histórico de la Diputación foral de Álava.
 Archivo de la Diputación provincial de Albacete. Documentos
fotográficos de Luchana. Material impreso.
 Archivo Municipal de Estella, Navarra.

Enlaces externos[editar]
  Wikimedia Commons alberga una categoría
multimedia sobre Baldomero Espartero.
  Wikimedia Commons alberga una galería
multimedia sobre iconografía de la Primera Guerra
Carlista.
  Wikiquote alberga frases célebres de o
sobre Baldomero Espartero.
 Enciclopedia de Historia de España, vol. IV
(Diccionario biográfico). (1991). Madrid: Alianza
Editorial.

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 Caballeros grandes cruces de la Orden de Carlos III
 Masones de España
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 Ministros de la Guerra de España
 Grandes cruces de la Orden de la Corona de Roble
 Militarismo en España
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 Fallecidos en Logroño
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