HISTORIA DEL
URUGUAY 1945- 1990
El Neobatllismo
Principales ideas:
• La necesidad de incorporarse a los cambios de la época y anticiparse a los
conflictos sociales promoviendo una mejor distribución de la riqueza.
• La realización de la justicia social en el marco de la libertad y la democracia.
• El impulso a la industria como actividad creadora y distribuidora de riqueza entre
todos los que participan en la misma.
• La intervención del Estado para promover la industrialización, actuar como árbitro
en las demandas de los distintos sectores y hacer posible la paz social.
• El rechazo a la lucha de clases y la búsqueda del equilibrio social mediante la
buena voluntad y la comprensión de las partes.
Adhesiones:
De gran parte del empresariado industrial, los sectores obreros y los funcionarios
públicos. El apoyo brindado por distintos sectores sociales y económicos, le dio un
carácter de movimiento “policlasista”.
Este periodo que se abrió a partir del año 1946 se va a caracterizar por la consolidación
del sistema democrático representativo, auge económico originando un optimismo
colectivo conocido a través del eslogan "como el Uruguay no hay”. Precisamente esta
noción de "país de excepción", se afirmará a través de la concreción de las libertades, la
democracia, el orden, la paz social, y el ejercicio ciudadano de una vida colectiva. El
imaginario colectivo interpretará al Uruguay como "un pequeño gran país", "un oasis de
libertad, justicia y paz".
La finalización de la segunda guerra mundial mostraba claramente a dos vencedores,
Estados Unidos y la Unión Soviética, así como la formación de un sistema bipolar o de
bloques, liderados por estas dos naciones y enfrentados en lo que se conocerá como la
“guerra fría”. Por otra parte, era clara la decadencia de los imperios coloniales y en
especial la del Imperio Británico duramente afectado por la guerra. Su debilidad fue la
ocasión de procesos de independencia de las zonas dominadas extra-europeas (en Asia y
luego en África), en el llamado “proceso de descolonización”.
La estrecha relación económica de nuestro país con el Imperio Británico hizo sentir los
efectos de esa decadencia política y económica. Las inversiones de capitales británicos
se restringieron, paralizando el mantenimiento y la renovación tecnológica imprescindibles
de empresas deservicios como los ferrocarriles, el agua corriente y los tranvías, que van a
quedar (aquejados de obsolescencia) disponibles para una nacionalización impuesta.
El fin de la Segunda Guerra Mundial encontraba al
Uruguay en una situación inusual de prosperidad. A la
gran acumulación de reservas en oro y divisas se
sumaban las buenas perspectivas que ofrecían los
excelentes precios internacionales de los productos
exportables tradicionales del país. Al calor de estos
tiempos de bonanza se quiso dar un impulso enérgico al desarrollo de la industria
nacional. Los datos económicos propicios se asociaban con un elemento político de
decisiva importancia: el batllismo volvía al poder en fuerza después de un largo tiempo de
marginación.
El Uruguay de la inmediata posguerra se caracterizó por el desarrollo industrial y el
crecimiento económico sostenido. Sin embargo la industrialización había recibido un
Impulso decisivo algunos años antes, a partir del proteccionismo forzoso originado por la
crisis de 1929.
Los embates de la crisis mundial se hicieron sentir con algún retraso en el Uruguay, dado
que llegó en la forma de crisis del comercio internacional, caracterizada por una fuerte
disminución de la demanda y una sustancial caída de los precios.
Para hacer frente al déficit del balance de pagos, el gobierno tomó medidas que
contuvieron drásticamente las importaciones. Este cierre defensivo de fronteras alentó el
crecimiento de una industria nacional sustitutiva.
Desde los últimos años de la década del 40 el Uruguay conoció un proceso político, al que
muchos calificarían de populista, que impulsó la industrialización del país y que, a través
de la difusión de ciertos compuestos ideológicos y de una particular visión de las
relaciones entre la economía, el Estado y la sociedad, propuso un modelo de desarrollo al
cual se ha dado en llamar "neo-batllismo".
Este proyecto político estuvo personificado en la figura de Luis Batlle Berres, heredero de
un apellido ilustre en la política uruguaya (era sobrino de José Batlle y Ordóñez) y
deseoso de dar nueva vida a un movimiento que había entrado en crisis al cambiar
brutalmente los datos políticos y económicos (José Batlle y Ordóñez murió en octubre de
1929, en el mismo mes que el "crack" de Wall Street). Así como don Pepe Batlle había
desaparecido junto con el auge, el nuevo Batlle llegaba al retornar la prosperidad. Una
correlación evidentemente casual que no hizo nada sin embargo por desmentir la creencia
bastante difundida en el Uruguay de que el batllismo funciona únicamente en épocas de
vacas gordas.
La idea central del pensamiento "neobatllista" era llegar al desarrollo económico y a la
justicia social en un marco de democracia y libertad.
Para conciliar los términos de esta ecuación se consideraba imprescindible extender y
profundizar el proceso de industrialización, como medio de obtener el desarrollo
económico, redistribuir el ingreso para lograr, simultáneamente, más justicia social y una
mayor demanda en el mercado interno. Por último se veía esa justicia social como la
garantía del sistema democrático y la libertad. Como corolario de esa visión del país, se
adjudicaba al Estado la función de custodia de los grandes intereses económicos de la
República y de protección de los débiles, quienes no estaban en condiciones de enfrentar
sin ayuda la pura lógica del mercado.
En el desarrollo de la industria fue donde el neobatllismo concentró la mayor parte de sus
energías. Se insistió en promover la expansión de las industrias ya instaladas y en la
creación de otras nuevas, al amparo de un fuerte proteccionismo basado
fundamentalmente en la política cambiaria. La muy importante cantidad de reservas, en
medios de pago internacionales, que se había acumulado durante la guerra, había
permitido, entre otras cosas, el abastecimiento en bienes de capital, materias primas y
combustibles, que resultaron vitales para este crecimiento industrial.
El Estado tuvo una función esencial en la industrialización. No sólo a través de las
medidas proteccionistas, sino en las políticas redistributivas que aseguraron una
capacidad de consumo importante a la población. Único medio viable, dadas las
circunstancias, de compensar la estrechez del mercado interno. La salida al mercado
internacional era poco verosímil dado el bajo nivel de competitividad de la mayor parte de
la industria nacional, creada y mantenida al abrigo de las barreras aduaneras.
La función del Estado como empresario y empleador continuó su extensión en este
período, dado que, al finalizar la guerra mundial, Inglaterra tenía una importante deuda
con el Uruguay (aproximadamente 17 millones de libras esterlinas) que resolvió, en parte,
cediendo algunas empresas de servicios públicos al Estado uruguayo. Tales fue el caso
de la empresa de aguas corrientes y de la de tranvías, algún tiempo después se sumaría
también la compañía de ferrocarriles.
El neobatllismo hizo evidentes esfuerzos para promover una mayor justicia social. Lo que
en términos ideológicos era un fin en sí, en el aspecto económico se revelaba también un
medio indispensable para "crear mercado". En esta obra de justicia social, redistribución
de ingresos o creación de mercado, según prefiera verse, el gobierno utilizó diversos
medios.
Desde el Estado, con la incorporación de nuevas actividades empresariales, las nuevas
estructuras burocráticas creadas dieron abundante empleo para ubicar los sectores
sociales desocupados. Por otro lado, con el apoyo dado a las industrias a través del
control de cambios, éstas pudieron crecer e incorporar mano de obra. En un sentido más
directo, durante el período neobatllista se amplió sustancialmente la legislación social; se
aumentaron las bolsas de trabajo, hubo favorables consejos de salarios y se aprobó la ley
de seguro de paro. Hubo aumentos salariales y se redujeron los precios, mediante
subsidios, de los artículos de primera necesidad.
El tema de la justicia social tomaba un lugar preferencial en el esquema neobatllista
porque, aparte de un apoyo fundamental al crecimiento industrial, era percibido como la
fuente más segura de estabilidad política. Convencido de que todas las sociedades se
transforman por evolución o revolución, el Presidente Luis Batlle defendía la idea de que
la anticipación a los reclamos populares era el camino mas seguro para una democracia
durable y para la paz social. Según sus propias palabras, en el discurso de asunción del
mando, "apresurarse a ser justos es luchar por el orden y es asegurar el orden"
Características del neobatllismo
El proyecto político estuvo personificado en la figura
de Luis Batlle Berres, heredero de un apellido ilustre
en la política uruguaya (era sobrino de José Batlle y
Ordóñez) y deseoso de dar nueva vida a un
movimiento que había entrado en crisis al cambiar
brutalmente los datos políticos y económicos (José
Batlle y Ordóñez murió en octubre de 1929, en el
mismo mes que el "crack" de Wall Street). Así como
don Pepe Batlle había desaparecido junto con el auge,
el nuevo Batlle llegaba al retornar la prosperidad. Una correlación evidentemente casual
que no hizo nada sin embargo por desmentir la creencia bastante difundida en el Uruguay
de que el batllismo funciona únicamente en épocas de vacas gordas.
La idea central del pensamiento "neobatllista" era llegar al desarrollo económico y a la
justicia social en un marco de democracia y libertad. Para conciliar los términos de esta
ecuación se consideraba imprescindible extender y profundizar el proceso de
industrialización, como medio de obtener el desarrollo económico, redistribuir el ingreso
para lograr, simultáneamente, más justicia social y una mayor demanda en el mercado
interno. Por último se veía esa justicia social como la garantía del sistema democrático y
la libertad. Como corolario de esa visión del país, se adjudicaba al Estado la función de
custodia de los grandes intereses económicos de la República y de protección de los
débiles, quienes no estaban en condiciones de enfrentar sin ayuda la pura lógica del
mercado.
En el desarrollo de la industria fue donde el neobatllismo concentró la mayor parte de sus
energías. Se insistió en promover la expansión de las industrias ya instaladas y en la
creación de otras nuevas, al amparo de un fuerte proteccionismo basado
fundamentalmente en la política cambiaria. La muy importante cantidad de reservas, en
medios de pago internacionales, que se había acumulado durante la guerra, había
permitido, entre otras cosas, el abastecimiento en bienes de capital, materias primas y
combustibles, que resultaron vitales para este crecimiento industrial.
El Estado tuvo una función esencial en la industrialización. No sólo a través de las
medidas proteccionistas, sino en las políticas redistributivas que aseguraron una
capacidad de consumo importante a la población. Único medio viable, dadas las
circunstancias, de compensar la estrechez del mercado interno. La salida al mercado
internacional era poco verosímil dado el bajo nivel de competitividad de la mayor parte de
la industria nacional, creada y mantenida al abrigo de las barreras aduaneras.
Postura del gobierno sobre la Guerra Fría
El Uruguay emergió de la posguerra, “con importantes reservas en moneda extranjera, un
nivel de vida en ascenso y sus líderes políticos llenos de confianza en el país y su futuro”.
El fin de la segunda guerra mundial despertó expectativas y esperanzas, generó en el
país un “ingenuo optimismo”.
Fue una época fermental en la discusión política e intelectual y en la creación artística. El
discurso reformista democrático integrador convive y se enfrenta con otros discursos
políticos (conservador, socialista) e intelectuales, como el de la “Generación Crítica”
nucleada en el Semanario Marcha.
En Uruguay los diferentes actores fueron adoptando posiciones ante el nuevo orden
internacional de post guerra, mostrando su simpatía, oposición o neutralidad ante el
conflicto que enfrentaba a las dos potencias que durante la segunda guerra mundial
habían sido aliadas. Ciertos sectores, como los responsables del diario El Día, voceros
del batllismo más conservador liderado por los hijos de José Batlle y Ordóñez, definieron
su posición tempranamente. El 2 mayo de 1945, en la celebración de la derrota de
Alemania no izaron la bandera de la URSS entre las de los aliados, defendiendo a partir
de entonces una postura antisoviética. El sector herrerista del Partido Nacional y los
comunistas coincidirán en “su oposición a la creciente coordinación militar interamericana
y a los mecanismos hemisféricos creados para consolidar el predominio de los Estados
Unidos”. En medios obreros, estudiantiles e intelectuales muchos se inclinaron por el
tercerismo, una postura latinoamericanista que condena el expansionismo imperialista de
ambas potencias y la hipocresía de sus argumentos. Dentro de la izquierda culta
uruguaya se procesó una polémica a partir de libros y artículos periodísticos editados
entre 1946 y 1947 por destacadas figuras profesionales10 y políticas que plantearon
visiones opuestas acerca del régimen soviético. En 1947 el Partido Socialista toma
posición alineándose contra el “totalitarismo comunista” ante la visión desfavorable que
tiene de la URSS su principal líder, Emilio Frugoni luego de su misión diplomática en
Moscú.
Tras ser electo presidente, en 1947, Tomás Berreta fue invitado por el gobierno
norteamericano a visitar Estados Unidos, práctica que desarrollará este país con los
presidentes electos de América Latina, en una estrategia de asegurar alianzas e
influencias. Esta visita se concretó a comienzos de 1947 y será criticada entre otros por
Carlos Quijano, quien escribió “Don Tomás se va a Estados Unidos. Está bien. Es la
reproducción en el tiempo del viaje a Canosa. ¿Cómo se puede gobernar en estos
tiempos caóticos sin recoger el espaldarazo de Washington?Berreta estaba intranquilo por
el proyecto expansionista de Argentina, tenía interés en asegurarse el apoyo de Estados
Unidos ante un eventual conflicto con el país vecino. Este temor será compartido por su
sucesor, Luis Batlle Berres quien manifestó su preocupación de que EEUU abandonara
Uruguay a Argentina; buscará “apoyo político y posible apoyo económico de emergencia,
en el caso de que Argentina se atreviera a dislocar la economía uruguaya, reteniendo la
exportación de elementos esenciales para Uruguay”.
Principales representantes: TOMAS BERRETA
Nació el 22 de noviembre de 1875 en Montevideo. De origen
campesino, logró tener gran popularidad entre los chacreros de
Canelones. Hijo de Juan Berreta y Rosa Gandolfo ambos de origen
italiano.
Trayectoria
Perteneció al Partido Colorado (sector batllista) y fue un defensor de la democracia, por
cuya restauración luchó en 1896 y en la guerra civil de 1904, identificándose plenamente
con los ideales de José Batlle y Ordóñez.
Combatió en la batalla de Fray Marcos (1904), donde fue hecho prisionero.
En 1913 fue nombrado Jefe de Policía de Canelones. En 1922, 1925 y 1928 ocupó una
banca en diputados; en 1930 fue electo miembro del Consejo Nacional de Administración,
cargo que desempeño hasta 1933.
Fue ministro de Obras Públicas en la presidencia de Juan José de Amézaga (1943–1947)
y designado para sustituir a éste en las elecciones de 1947.
El 1 de marzo de 1947 fue proclamado presidente de la República, tras vencer el Partido
Colorado en las elecciones de aquel mismo año. En su gabinete nombró como ministro de
Hacienda al doctor Cina y a Mateo Castro como ministro de Relaciones Exteriores.
Muerte
Falleció el 2 de agosto de 1947, en pleno ejercicio de sus funciones presidenciales,
siendo reemplazado por el vicepresidente, Luis Batlle Berres.
LUIS BATLLE BERRES:
Nació en Montevideo, Uruguay, en el año 1897. Miembro desde muy
joven del Partido Colorado, fue diputado desde el año 1921. De 1933 a
1938 permaneció en el exilio, por ser contrario a la dictadura del
presidente Gabriel Terra. Tras regresar a Uruguay, retomó su carrera
periodística y política. Presidente de la Cámara desde 1942 hasta
1946, fue elegido por el presidente, Tomás Berreta, para ocupar la
vicepresidencia; tras la prematura muerte de éste, fue designado
presidente, puesto que ocupó desde 1947 hasta 1951. El 1 de marzo
de 1955, tras la implantación del sistema colegiado en el poder
ejecutivo, fue elegido consejero nacional, ocupando este puesto hasta
el 1 de marzo de 1956.
Vida política
Creador de una corriente política muy influyente, denominada batllismo, en el seno del
Partido Colorado al que pertenecía, fueron muchos, incluido su sobrino, los que
continuaron con su obra en años posteriores. Hay que destacar que uno de sus proyectos
más revolucionarios, llevado parcialmente a la práctica tras la reforma constitucional de
1917, pretendía la instauración de un gobierno colegiado de la nación, eliminando por
tanto la figura del presidente. Este proyecto originó importantes divisiones en el seno del
partido Colorado, que tras la muerte de José Batlle, el 20 de octubre de 1929, tuvo
grandes dificultades para encontrar un nuevo líder.
Vinculado por tanto desde su infancia al Partido Colorado, en 1921 Luis Batlle Berres se
presentó en las listas del mencionado partido y fue elegido diputado. Su llegada al
Congreso coincidió con los gobiernos de Baltasar Brum (1919-1923) y de José Serrato
(1923-1929), miembros ambos de su partido y seguidores del batllismo. En este
momento, Uruguay disfrutaba de un período de bonanza económica propiciada por el
aumento de la actividad comercial y era considerado uno de los países más avanzados
dentro de América Latina, gracias a las reformas emprendidas por José Batlle y sus
seguidores.
En 1931 subió al poder el colorado Gabriel Terra, en un momento en que la economía del
país se encontraba estancada y en claro retroceso como consecuencia del estallido de la
Crisis de 1929. La crisis mundial dejó sentir sus efectos en Uruguay a partir de 1930. El
nuevo presidente se encontró con que sus poderes eran limitados, puesto que la reforma
constitucional de 1917 le obligaba a gobernar bajo la estricta vigilancia del Consejo de
Administración.
Logros como político
Descontento con esta situación, en 1933, Gabriel Terra, tras disolver el parlamento y el
Consejo de Administración, asumió poderes dictatoriales y estableció una poderosa
censura. Terra contó con el apoyo del Partido Blanco, de algunos sectores minoritarios de
su propio partido y de las familias terratenientes que controlaban la mayoría de las
explotaciones agrícolas y ganaderas uruguayas. El presidente justificó su acción
argumentando que el control absoluto del poder era necesario para sacar a Uruguay de la
grave crisis que sufría.
Batlle Berres, en estos años, era director del periódico El Día de Montevideo, fundado por
José Batlle y Ordóñez. Este periódico se creó con la idea de acercar la información a las
clases más desfavorecidas, por este motivo se vendía a precios asequibles. El diario fue
toda una revolución, puesto que la mayoría de los periódicos se vendían por suscripción y
sólo estaban al alcance de las clases altas. Ante la resolución del presidente, Batlle
Berres protestó abiertamente y desarrolló una fuerte oposición. A consecuencia de ello se
vio obligado a permanecer en el exilio durante cinco años. A lo largo del período que
estuvo fuera de Uruguay, residió en Argentina y Brasil junto con su familia; años antes
había contraído matrimonio con la argentina Matilde Ibañez Tálice.
Muerte
Muere en Montevideo, Uruguay; en el año 1964.
APOYO SOCIALES Y POLÍTICOS: El Neobatllismo contó con el apoyo de gran parte del
empresariado industrial. También lo apoyan sectores obreros y funcionarios públicos. El
apoyo de distintos sectores y clases le dio el carácter de movimiento “policlasista”.
El “populismo” se apoyó en dos patas: una representada por Luis Batlle, “un
reacomodamiento del batllismo primigenio” y la otra, por el líder del Partido Nacional Luis
Alberto de Herrera (1873-1959), como “porta-estandarte del viejo nacionalismo de raíz
oribista y cuya apoteosis fuera el martirio de Leandro Gómez en Paysandú”. La
“coincidencia patriótica” entre Luis Batlle y Herrera había posibilitado este ciclo. Este
punto, llevaba a un segundo aspecto crucial: la continuidad histórica de los partidos
fundacionales no se alteró (y por tanto, tampoco el sistema político) y el proceso
transcurrió hasta su agotamiento dentro de las divisas tradicionales.
Opositores: Los productores rurales, parte de los bancos y del mundo financiero lo
mirabancon desconfianza por su política de Estatismo, ampliación de la legislación social
la mejora de los ingresos.
PRIMER COLEGIADO (1952-1955)
Se instaló el 1° de marzo de 1952 el primer Consejo Nacional de Gobierno. De acuerdo a
una disposición especial, la presidencia del mismo recaería en Andrés Martínez Trueba
durante todo el período.
La gestión de este colegiado se vio perturbada por las primeras manifestaciones de la
crisis económica: la caída de los precios internacionales de la carne y la lana, los
comienzos de la inflación y la multiplicidad de los conflictos sociales.
La imposibilidad del gobierno de satisfacer los reclamos de los distintos sectores lo llevó a
implantar las “Medidas Prontas de Seguridad” en 1952 de acuerdo al Art 168 de la
Constitución.
Al malestar por la crisis económica, debe sumarse el creado por el conocimiento de los
privilegios que había usufructuado la clase política, la que quedó desprestigiada ante la
opinión pública, que comenzó a idealizar el gobierno de Luis Batlle Berres.
PROCESO REFORMISTA. Caracteres generales.
La Constitución de 1952 es una Constitución escrita, codificada, rígida en cuanto al
procedimiento de reforma, rígida propiamente dicha por tener un mecanismo de defensa
de la superlegalidad constitucional y es extensa con trescientos treinta y dos artículos y
veintiún Disposiciones Transitorias y Especiales.
La quinta Constitución uruguaya fue el fruto de un Pacto político entre los “batllistas”
colegialistas y los “herreristas” anticolegialistas, en el que predominó el dogmatismo de
los Batlle Pacheco el ánimo de frenar el impulso político de Luis BATLLE BERRES, y por
otro lado, el pragmatismo del Dr. Luis Alberto DE HERRERA.
Esto se explica porque desde el Partido Nacional se miró con interés cualquier intento de
reforma de la Constitución de 1942. Agregándosele varias circunstancias favorables a la
reforma como ser el deseo de limitar el poder del presidente de la República, el interés de
volver a un régimen de coparticipación política y por último la conveniencia de estructurar
fórmulas institucionales que facilitaran la unión, la reconstrucción o el acuerdo electoral
del nacionalismo, dividido desde 1933. Ni que hablar del hecho de que durante ochenta y
seis años el Partido Colorado hubiera detentado la Presidencia de la República.
La Constitución de 1918 surgió como producto de un pacto entre sectores del Partido
Colorado Batllista y del Partido Nacional bajo la amenaza de una tercera presidencia de
Jose Batlle y Ordóñez. Como resultado, Batlle sufrió la proscripción de su persona para
integrar el Consejo Nacional de Administración, en pro de la defensa de las ideas del
colegiado.
En tercer lugar en 1952, casi cuarenta años después de publicados los Apuntes, el sueño
del colegiado batllista fue desenterrado por Andrés Martínez Trueba con el apoyo de Luis
Alberto de Herrera. En esa Constitución se crea un Consejo Nacional de Gobierno con
características similares a la Junta de Gobierno planteada por José Batlle y Ordóñez en
1913.
Para finalizar, queremos señalar que a cien años de los Apuntes publicados el cuatro de
marzo de 1913, las ideas consagradas han dejado una huella imborrable en la historia
constitucional uruguaya, provocando mucho después de su publicación debates en torno
a esas ideas, que han trascendido sin lugar a dudas, mucho más allá del tiempo en el que
fueron presentadas.
DERROTA ELECTORAL 1958: En 1958, el Partido Nacional ganó las elecciones,
despojando del poder al Partido Colorado, que gobernaba desde hacía 93 años.
Así llegaba a su fin el denominado neobatllismo, o sea, un segundo batllismo, cuya
principal figura era Luis Batlle Berres, líder colorado sobrino de José Batlle y Ordóñez, y
que había intentado impulsar la industria nacional.
En esta primera victoria del Partido Nacional el sector más votado dentro de este partido
fue el herrero-ruralismo, cuyos dirigentes eran Luis Alberto de Herrera (caudillo blanco y
una de las principales figuras políticas del S. XX) y Benito Nardone, dirigente ruralista que,
apodado como Chico-Tazo, se había hecho muy popular en el Interior del país con sus
alocuciones radiales de corte populista, y que decidido a entrar en la política, se había
aliado con los blancos. El otro sector (que triunfaría cuatro años después) era la UBD
(Unión Blanca Democrática), que representaba lo urbano. De esta forma el Consejo
Nacional de Gobierno (recordar que desde 1952 el Uruguay adoptó un Poder Ejecutivo
colegiado, donde el poder era ejercido por un consejo de nueve personas, seis del lema
más votado, tres del que lo seguía) quedó integrado por Martín R. Echegoyen, Eduardo
Víctor Haedo, Justo Alonso (herreristas), Benito Nardone, Faustino Harrison, Pedro
Zabalza Arrospide (ruralistas), y los colorados César Batlle Pacheco, Ledo Arroyo Torres y
Manuel Rodríguez Correa.
Sin embargo, el cambio de mando de un partido político a otro estuvo signado por la
intranquilidad. Como ejemplo se puede hablar del relato de Líber Seregni, líder político
que por ese entonces era coronel, al periodista Alfonso Lessa, en el que cuenta que algún
militar colorado le propuso a Luis Batlle Berres no entregar el poder, y este respondió
echándolo «a patadas en el culo» (así se expresó el testigo).
ÉXODO RURAL: El éxodo rural se refiere a la emigración,
generalmente de gente joven (adolescentes y adultos
jóvenes) del campo a la ciudad. Este proceso es muy antiguo
y se aceleró con la Revolución Industrial y, sobre todo, a partir
de la segunda mitad del siglo XX. Se suele considerar como
un tipo especial de migración porque en ella, no solo se
cambia de lugar de residencia, sino también de profesión, por
motivos más que evidentes, dadas las diferencias geográficas tan grandes que existen
entre las oportunidades, número y características de los diferentes tipos de empleo que
existen en el campo, con relación a la ciudad, además de los cambios en los aspectos
sociales, culturales y medioambientales de la vida urbana.
Factores de rechazo en el medio rural
• La carencia o escasez de fuentes de empleo: este factor afecta en mayor grado a
la población femenina, por lo que las mujeres tienden a predominar en el éxodo
rural.
• La escasez de instituciones de enseñanza: además, hay que sumar las largas
distancias que hay que cubrir para llegar a una escuela o colegio. Las dificultades
en el transporte escolar son mucho más graves en el medio rural y, sobre todo, en
los países subdesarrollados. Entre todas las instituciones educativas, son las de
enseñanza secundaria y, desde luego, de la superior, las que resultan más escasas
en el medio rural.
• La escasez de servicios: entre ellos hay que destacar a los servicios asistenciales,
de comercio, de formación y asesoría técnica y muchos otros.
• El desarrollo técnico de la agricultura: este desarrollo técnico tiende a disminuir las
necesidades del trabajo asalariado y como consecuencia de eso, da origen a un
motivo adicional para emigrar.
El atractivo de las ciudades
• En las ciudades existe una mayor diversidad de empleo, especialmente para el
sexo femenino. En cambio, en el medio rural, casi no existen empleos fuera de las
actividades relacionadas con las labores agropecuarias.
• Existe también una mayor diversidad y disponibilidad de servicios. Los centros
urbanos, sobre todo los más grandes, tienen un nivel superior al del medio rural en
lo que a oferta de servicios se refiere (servicios asistenciales, educativos y
culturales, transporte y comunicaciones, servicios informativos, recreacionales,
etc).
• Empleo poco cualificado. Muy a menudo, las ciudades necesitan mano de obra
para aquellos empleos de escasas exigencias y de menor remuneración y estos
empleos tienden a ser cubiertos por los inmigrantes del medio rural. Como
señalaba Clyde V. Kiser en 1967 al referirse a la inmigración en la América Latina:
Y esta idea se extiende, aún hoy, a situaciones similares en todo el mundo. Sólo que con
la mayor facilidad de los medios de transporte y la disminución de la población rural a
unos niveles muy exiguos, los puestos de trabajo de menores exigencias tienden a ser
ocupados por inmigrantes, a veces ilegales y procedentes de países cada vez más
alejados.
En 1995, la población del país alcanza los 3 millones de habitantes, acentuándose el
rasgo ya advertible en los comienzos del siglo XX, el escaso crecimiento natural de su
población, debido sobre todo al alto grado de control de la natalidad que practican sus
habitantes. La tasa de analfabetismo representa apenas el 4,25 de la población del país.
La calidad de vida de la mayoría de los habitantes es una de las mas altas de América
Latina, aventajada solo en ciertos rubros, por Costa Rica, Cuba y Argentina, siendo la
esperanza de vida al nacer de 71 años y fracción. La mayoría de sus habitantes es
considerada católica por las estimaciones de esta Iglesia, pero el numero de sacerdotes
no sobrepasa los 700. La tasa de divorcios es alta, similar a la de las naciones europeas.
COLEGIADOS BLANCOS 1959- 1967: Al instalarse el nuevo Consejo Nacional de
Gobierno el 1° de marzo de 1963 estaban vigentes las Medidas Prontas de Seguridad
debido al conflicto que habían planteado los trabajadores de las Usinas y Teléfonos del
Estado.
La gravedad de la crisis económica incidió en la permanente movilización de los
sindicatos que lograron un avance significativo al fundarse en 1964 la Convención
Nacional de Trabajadores (CNT). A la vez circulaban rumores sobre un posible golpe de
estado.
A esta situación se sumó la muerte de los principales dirigentes políticos en 1964: Benito
Nardone en abril, y Luis Batlle Berres y Daniel Fernández Crespo (líder de la UBD) en
julio, lo que provocó la desorganización de los partidos dificultando la gestión de gobierno.
En 1965 la crisis económica llegó a su punto culminante. Si bien se adoptaron algunas
medidas por parte del gobierno éstas resultaron inoperantes. Esta situación llevó al primer
plano el tema de la reforma constitucional. Muchos pensaban que el colegiado no era
adecuado para enfrentar la crisis. En las elecciones de 1966 se presentaron a la
consideración popular cuatro proyectos de reforma constitucional que fueron identificados
por el color de las hojas de votación: gris, rosada, amarilla y naranja (que resultó
ganadora).
Constitución de 1967
Dentro de las principales modificaciones podemos citar:
• En el Poder Ejecutivo se vuelve a tener un Presidente que permanecería en el
cargo 5 años sin posibilidad de ser reelecto en forma inmediata.
• Se ampliaron las funciones co-legislativas del Ejecutivo al concedérsele iniciativa
exclusiva en los proyectos de ley relativos a los asuntos económicos y financieros,
por ejemplo creación de empleos, gastos presupuestales, etc.
• Se le reconoce al Presidente la facultad de presentar proyectos de “urgente
consideración”, los que se considerarán aprobados si el Parlamento no se
pronuncia en un determinado plazo. También puede vetar o introducir
modificaciones a los proyectos presentados por el Legislativo, requiriéndose una
mayoría de 3/5 de los integrantes de la Asamblea General para rechazar dichas
observaciones.
• El Poder Legislativo y el Poder Judicial, en general, no tuvieron modificaciones.
• Creación de oficinas técnicas: la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, de
Servicio Civil, la creación del Banco Central que recogían las propuestas hechas
por la CIDE en 1965.
• En cuanto a los gobiernos departamentales, se volvieron a establecer Intendentes
y Juntas Departamentales que durarían cinco años en sus funciones.
• En las disposiciones de carácter general se deben destacar el voto obligatorio, el
reconocimiento de la ciudadanía a los soldados de línea. Se creó el Banco de
Previsión Social en cuyo directorio tendrían representación los propios pasivos.
GOBIERNO DE PACHECO ARESCO : Periodista y político uruguayo. Presidente de la
República entre el 6 de diciembre de 1967 y el 1 de marzo de 1972.
Nació el 9 de abril de 1920 en Montevideo. Su abuelo, Ricardo Areco, fue consejero
nacional, y su padre, Manuel Pacheco, médico y legislador colorado. Cursó estudios de
Derecho aunque no llegó a graduarse. En su juventud participó en competencias de
boxeo y gimnasia con aparatos como aficionado.
Trayectoria
Ejerció la docencia de literatura e idioma español, fue funcionario de la Dirección Nacional
de Aduanas e ingresó al diario "El Día", cuya subdirección ejerció entre 1961 y 1965.
Como jefe de la facción batllista (seguidora del antiguo presidente Luis Batlle Berres) del
Partido Colorado, fue partidario de la reforma constitucional defendida por el presidente
Óscar Gestido (1967), con el que fue vicepresidente en 1967.
Presidencia
Llegó a la presidencia de la República en 1967, tras la muerte de Óscar Gestido. Durante
su mandato desarrolló una política de austeridad económica y reprimió las agitaciones
sociales y la guerrilla de los tupamaros. Sus detractores le acusaron de autoritario y de
haber puesto al país en la pendiente de la violencia y en la antesala del golpe de Estado.
En lo económico, utilizó políticas de choque, que incluyeron congelamientos de precios y
salarios en procura de frenar la inflación. En 1968, por decreto, creó la Coprin, presidida
en sus inicios por Ángel Servetti, con la finalidad de controlar la evolución de los precios y
salarios. Logró algunos resultados que le granjearon el apoyo de jubilados, amas de casa,
industriales y comerciantes, con lo cual se perfiló el pachequismo como movimiento
político con vida propia. Sin embargo, las consecuencias adversas de la actuación de la
Coprin se harían ver en el siguiente gobierno.
Entre 1972 y 1982, desempeñó el cargo de embajador en España, Suiza y Estados
Unidos.
Muerte
Falleció el 29 de julio de 1998 el sanatorio de la Asociación Española Primera de Socorros
Mutuos, debido a una insuficiencia respiratoria.
ELECCIONES DE 1971: Fueron las primeras
elecciones en las que, de acuerdo a la nueva
constitución promulgada en 1966, el voto era
obligatorio y se le reconocía el derecho al sufragio a
los soldados de línea. De los 1.878.132 ciudadanos
habilitados para votar, lo hicieron 1.664.119, lo que
representó un alto porcentaje de adhesión: 88,6% de
los habilitados.
El Partido Colorado fue quien ganó las elecciones, continuando así con el gobierno, el
cual ya había ganado en las elecciones anteriores. El ganador fue el candidato "suplente"
de la Unión Nacional Reeleccionista, Juan María Bordaberry, quien debido a la
imposibilidad constitucional de que el presidente saliente, Jorge Pacheco Areco, fuera
reelecto; ostentó el liderazgo en la interna del partido. Por ello a pesar de no ser el
candidato más votado de todos (fue Wilson Ferreira del Partido Nacional), gracias a la Ley
de lemas que permitía la suma de todos los votos de los candidatos del lema, fue elegido
Presidente.
Controversia por acusación de fraude
Hubo múltiples acusaciones de fraude, sobre todo de parte de Wilson Ferreira, quien
afirmaba que "le habían robado la elección". También se tachó a la Corte Electoral de
"comité político del Partido Colorado".
Se llegó a afirmar que se habían hallado papeletas del Partido Nacional en el arroyo
Miguelete, lo que significaría una pérdida de votos de Wilson Ferreira y una posible
victoria perdida por dicho fraude, dado que la diferencia en votos entre el Partido Nacional
y el Colorado fue insignificante.
Posibles irregularidades
Los defensores de esta teoría ven los siguientes hechos como indicios que pudieron
contribuir en mayor o menor medida en el fraude electoral:
• Previo a las elecciones, a iniciativa del Ministerio de Defensa, el cual argumentó
"razones de seguridad nacional", la Corte Electoral habilitó la microfilmación del
padrón de habilitados. La empresa destinada para tal tarea realizó dos juegos de
microfilmes. Uno de los ellos quedó en custodia del Banco República, pero del otro
se desconoce su destino final.
En el primer recuento de votos, se constató que distintos circuitos habían contado
con una participación fuera de lo común, como en las localidades de Paso
Carrasco y Juanicó en los cuales votaron, según estos datos, el 100% de los
habilitados. Asimismo, Las Piedras contó con una participación del 95% de la
población, mientras que en Manga los datos arrojaron una cantidad de votos mayor
al número de votantes.
• Luego de la votación las urnas se llevaron al Cilindro Municipal. No obstante se
comprobó que al menos un centenar de ellas estaban sin candado o habían sido
abiertas. Las mismas habían llegado con 70 días de retraso respecto de las otras,
ya que previo a ser depositadas en el Cilindro, habían sido llevadas a cuarteles del
interior del país. Por decisión de los ministros de la Corte Sigifredo Goñi y David
Bonilla, el secretario letrado Carlos Urruty y el general Iván Paulós, las mismas se
mezclaron con las restantes.
• Se realizó una denuncia de que sobres con papeles habían sido encontrados en un
basurero. La misma fue recibida por una jueza de Canelones, quien ante la
presunción de falta de seguridad en el juzgado, decidió incautarlas y llevarlas a su
casa. Dicha jueza fue relevada y los sobres desaparecieron.
• El presidente Pacheco Areco, luego de proclamado el resultado electoral, firmó dos
decretos que beneficiaban a los miembros de la Corte Electoral. Uno de ellos les
concedía una retribución especial, mientras que el otro los habilitaba a importar
autos exentos de impuestos.
GOLPE DE ESTADO DE 1973: La dictadura cívico-
militar uruguaya se extendió entre el 27 de junio de
1973 y el 1 de marzo de 1985. Fue un período
durante el cual Uruguay fue regido por un gobierno
militar no ceñido a la Constitución y surgido tras el
golpe de Estado del 27 de junio de 1973. Dicho
período estuvo marcado por la prohibición de los
partidos políticos, la ilegalización de los sindicatos y medios de prensa y la persecución y
encarcelamiento de opositores al régimen.
Bordaberry, queriendo devolver a los militares a los cuarteles y someterlos nuevamente al
poder civil, en febrero de 1973 nombró al general Antonio Francese como Ministro de
Defensa Nacional. El Ejército y la Fuerza Aérea respondieron emitiendo los Comunicados
4 y 7, en los que «desconocían» la autoridad del nuevo ministro, argumentando que el
mismo se proponía desarticular a las Fuerzas Armadas. A su vez, los militares daban la
pauta de sus intenciones, no solo de «aportar seguridad para el desarrollo nacional», sino
también de querer participar en la «reorganización moral y material del país».
El 27 de junio de 1973, el entonces presidente Juan María Bordaberry, con el apoyo de
las Fuerzas Armadas, disolvió las Cámaras de Senadores y Representantes y creó un
Consejo de Estado con funciones legislativas, de control administrativo y con encargo de
«proyectar una reforma constitucional que reafirme los principios republicanos-
democráticos». También restringió la libertad de pensamiento y facultó a las Fuerzas
Armadas y Policiales a asegurar la prestación ininterrumpida de los servicios públicos.
En el decreto presidencial podían encontrarse las siguientes justificaciones del golpe de
Estado:
[...] la realidad político-institucional del país demuestra un paulatino, aunque cierto y
grave, desconocimiento de las normas constitucionales (...) es que la acción delictiva de la
conspiración contra la Patria, coaligada con la complacencia de grupos políticos sin
sentido nacional se haya inserta en las propias instituciones para así presentarse
encubierta como una actividad formalmente legal.
Asimismo, establecía la censura de los distintos medios de comunicación:
[...] la divulgación por la prensa oral, escrita o televisada de todo tipo de información,
comentario o grabación que, directa o indirectamente, mencione o se refiera a lo
dispuesto por el decreto atribuyendo propósitos dictatoriales al Poder Ejecutivo o pueda
perturbar la tranquilidad y el orden público.4
En respuesta a estos hechos, en la misma madrugada en que se gestó el golpe de
Estado, la Convención Nacional de Trabajadores (CNT) y la Universidad de la República
comenzaron una huelga en resistencia al sublevamiento, la más larga en la historia del
país, que duró quince días. Durante la huelga, los militares realizaron detenciones a
numerosos opositores, entre ellos Líber Seregni.
En 1975 Juan María Bordaberry elaboró su nueva concepción de la vida institucional.
Junto al secretario de la Presidencia, Álvaro Pacheco Seré, imaginó la creación de un
órgano ejecutivo que no tuviera que ser electo por el voto popular, idea que plasmaron en
un memorándum. Lo llamaron provisoriamente «Consejo de la Nación» y lo imaginaron
integrado por personalidades tales como expresidentes de la República, miembros de la
Suprema Corte de Justicia, figuras de gran relevancia nacional y además los mandos de
las Fuerzas Armadas de Uruguay, que no podían ser dejadas de lado. Se planteaba
prescindir de las elecciones por voto popular. Los futuros Consejos de la Nación se
integrarían por cooptación, es decir, por elección de quienes componían el cuerpo
anterior. Unos consejos elegirían a los otros hasta el fin de los tiempos.
El 1º de junio de 1976, luego del envío de varios memorándums, Juan María Bordaberry
efectuó una extensa exposición ante las Fuerzas Armadas de Uruguay, posteriormente
entregada a éstos en un trabajo de veintinueve carillas. En este condicionó su
permanencia en el cargo a la aceptación de sus propuestas. Estas eran:
• La presencia, en lo sucesivo, de los militares en la conducción de la República,
institucionalizada a través de una reforma constitucional.
• La soberanía nacional sería ejercida mediante plebiscitos o, indirectamente, por el
Consejo de la Nación, integrado por el Presidente de la República y los
Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas de Uruguay.
• La prohibición de las ideas y agrupaciones marxistas.
• La eliminación de la democracia representativa.
• El Presidente de la República sería electo para un período de cinco años por el
Consejo de la Nación.
• La propuesta desagradó a las Fuerzas Armadas de Uruguay cuyos integrantes,
criados en las tradiciones republicanas, no habían pensado en sacar a los políticos
de la escena pública y mucho menos eliminar el acto eleccionario. Los militares
discutieron las bases de Juan María Bordaberry y las rechazaron.
DICTADURA CÍVCO- MILITAR 1973-1985: El golpe de Estado que dio origen a la
dictadura cívico-militar uruguaya (1973- 1985) estuvo precedido de una grave crisis
política, económica y social1 durante el gobierno de Pacheco Areco (1967-1972) que dejó
en evidencia la falta de capacidad por parte de los partidos políticos tradicionales para
encontrar salidas viables. El presidente electo Juan María Bordaberry disuelve las
cámaras el 27 de junio de 1973 y habilita a las Fuerzas Armadas y a la policía a “adoptar
las medidas necesarias para asegurar la prestación ininterrumpida de los servicios
públicos”. De forma previa al golpe, el poder ejecutivo comenzará a utilizar las Medidas
Prontas de Seguridad3, previstas en “caso grave e improvisto de conmoción interior” de
forma sistemática. En septiembre de 1971 se autoriza la creación de las Fuerzas
Conjuntas para que las Fuerzas Armadas y la policía asumieran la “lucha antisubversiva”.