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La china 1

EL AMOR
de Sergio BIZZIO y Daniel GUEBEL
PERSONAJES
PERRO
AMALIA
NEGRO
HUGO
SUSY
ROCCO
PONCIANO
GUAMINI
SEÑOR

VOZ
DELGRUESO
MALSETTO

PRIMER ACTO
Oscuridad total, excepto por el triángulo rojo de la pantalla de un velador. Se oye un roce
de ropas, como si alguien estuviera vistiéndose.
AMALIA: (hablando para sí misma) Resulta que un borracho va al tiro al blanco del
Parque Japonés. Agarra el rifle, tira, ping, ping, ping. Cinco tiros, cinco
blancos. En el centro. Entonces el dueño del tiro al blanco le da el premio:
es una tortuguita así de chiquitita. El borracho agarra la tortuguita y se
las toma. Al rato vuelve. Tira. Cinco tiros, ping, ping, ping, ping. Ping. Cinco
tiros, cinco blancos, en el centro. Entonces el dueño del tiro al blanco le da el
premio. De premio, otra tortuguita. El borracho agarra la tortuguita y sale. A la
media hora vuelve. Paga el ticket, porque para tirar al blanco hay que pagar,
¿no? y entonces tira, ping, ping, ping. Cinco tiros, cinco blancos, en el centro.
Entonces el dueño del tiro al blanco, que ya está repodrido del borracho, en vez
de darle una tortuguita de premio agarra y le da un osito de peluche. El
borracho mira al osito de peluche, lo mira al dueño y le dice: ¿qué,
hermano, sanguchitos no hay más? (Luz. Amalia, una mujer elegantísima,
vestida con sedas y visones, recostada en la cama. Un gran perro danés, a
sus pies.) ¡Qué calor, por Dios! ¡Y qué tedio! A veces pienso que a la vida le
falta ese condimento de excitación y aventura que nos prometía durante la
infancia. En cambio, no sé, la vida tiene algo de extrañeza, de... de... de rareza.
¿No te parece, Michael?
PERRO: Cómo no
AMALIA: Y yo no sé si aquello que me excita es lo que a la vida le falta, justamente, o lo
que le sobra. La rareza o la aventura. Sueño, me despierto, vuelvo a mojarme...
a soñar. Tanto amor que di, tanto... ¿Con qué me quedo ahora? (Se arremanga
un poco la pollera, provocativamente, mirando de reojo al perro) Oh, las
mujeres no nos quedamos con nada porque estamos abiertas... partidas... Ese es
nuestro karma. (silencio). Michael .... ¿Me besarías?
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PERRO: ¿Adónde? (Amalia abre las piernas en silencio, sugestiva) No entiendo. Qué
querés decir, Amalia
AMALIA: Sí, tuteame. Tuteame. Acercate
PERRO: ¿Que me acerque? ¿Adónde? (El Perro mete la cabeza entre las piernas de
Amalia) ¿Así está bien?
AMALIA: Más cerca. Ahí... Pegate. ¡Ahí, sí! Bien. Ah... Un poquito más. ¡Oh, my God!
¿Te gusta?
PERRO: El sueño de mi vida.
AMALIA: ¿Sí? No puedo creerlo. ¿El sueño de tu... vida?
PERRO: Me lo vengo imaginando desde que era cachorrito. Vos pasabas por ahí, yo
sentía ese olor...
AMALIA: No seas ordinario.
PERRO: Chanel, Chanel. Vos pasabas y ... ñam, slurp...
AMALIA: Tenés una lengua casi humana...
PERRO: ¿Qué diferencia hay?
AMALIA: Realmente, qué diferencia puede haber... Ay, así, así... La exquisitez del
momento disuelve toda diferencia... Más... Más...
PERRO: Yo también gimo. Me gusta tu néctar.
AMALIA: No seas ordinario.
PERRO: Soy un perro, qué querés.
AMALIA: ¡No te apartes! Eso, muy bien. ¿No sentís como una persona, ahora?
PERRO: Quién sabe...
AMALIA: ¿Serán, ay, dos órdenes de experiencia? Nunca me imaginé que pudiera hacer
esto con vos... Bah, siempre lo quise, desde la primera vez que te oí hablar..
PERRO: ¡Cruel! ¿¡Hubieras querido que ladrara!?
AMALIA: Sí. Ahora sí... ¡Sí, un ladridito que me corro! ¡Uno que me voy!
PERRO: No (Se aparta). O sí... Si me hacés la paja
AMALIA: ¡Pero qué ordinario! ¡Justo cuando me estaba por correr! Ahora necesito
concentrarme de nuevo... Contame. Contame cómo fue tu infancia. Vos debés
haber sido un psicópata. Siempre tuviste esa mirada...
PERRO: (volviendo a lamer): Qué raro, slurp. No sabía que tenía una mirada. Yo lo
único que recuerdo son patadas en el culo. ¡Ojj, ajj!
AMALIA: Qué sucede
PERRO: Nada. (Vuelve a lamer) Me había atragantado con un pendejo.
AMALIA: Qué ordinario. Y pensar que sos un gran danés.
PERRO: Decime papito, (Silencio. Amalia está considerando el pedido del Perro.
Luego)
AMALIA: Papito... ¡Sí, papito!. ¡Cómo me calienta decirte así!
PERRO: A mí también: nunca me pasó... una cosa así...
AMALIA: ¡Shh, no hables tanto ... ! Papito... Eso ... ¡Más, más, no pares, no pares... ! ¡Ay,
si supieras lo que son los besos de un perro ... !
PERRO: ¡Sí! Madre santa, qué despelote... ¡Guau!
AMALIA: Ay... ah... ajjjj...
PERRO: Me corre leche por las venas... ¡Guau, guau! Puteame, Amalia, que me acabo...
AMALIA: No me pidas eso: estoy en la cima... del placer... animal...
PERRO: Con decirme animal no hacés nada. Decime puto. Puto de mierda.
AMALIA: ¡La boca se te haga a un lado...! (El Perro se aparta. Amalia lo agarra por las
orejas y vuelve a ponerlo entre sus piernas. Amalia acaba con un largo
gemido agónico. Luego se aparta y se echa boca arriba sobre la cama.
Silencio. Luego de una larga pausa) Fantástico... eso estuvo fantástico...
¿Michael? (El perro está boca arriba en el suelo) ¿Te pasa algo?
PERRO: Qué frustración
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AMALIA: (Enciende un cigarrillo) ¿No pudiste... vos?


PERRO: No. (Pausa) Y encima te veo fumar.
AMALIA: ¡No vas a decir que te molesta el humo! (Silencio. Amalia parece darse cuenta
de algo) ¡Pero si los perros no fuman, Michael!
PERRO: Tampoco chupamos concha ¿y? (silencio) dame una pitada (Amalia le da una
pitada. El perro suelta una larga columna de humo blanco. Refiriéndose con
un gesto al acto de fumar) Un clásico (Saca la lengua) ¿te gustó?
AMALIA: Mucho. Nunca había hecho algo así, es... ¡Extraño! Una experiencia nueva
cuyo fuego, como todas las cosas de este mundo, irá apagándose con el tiempo,
o reclamando a gritos variantes y desvíos para mantenerse vivo, renovarse y...
PERRO: Ojo: yo a tu marido la pija no se la chupo.
AMALIA: ¡Por favor, Michael, cuidá tu lengua... Es lo único que te pido!
PERRO: Te aclaro, nomás.
AMALIA: ¡Por Dios, Michael, qué cosas decís! Chuparle el miembro a mi marido...
horror.
PERRO: Yo sé lo que te digo...
AMALIA: ¡Ya, ja, ja, Michael, sos divino! (Recapacitando) ¿Por qué lo decís?
PERRO: No sé... no quiero meter púa.
AMALIA: ¡Qué! ¿¡Acaso el cochino ese te ha hecho alguna sugerencia...!?
PERRO: No me hagas hablar, Amalia.
AMALIA: ¡Hablá!
PERRO: Bueno... me anda buscando.
AMALIA: ¡¿Quién?!
PERRO: Tu marido. Hace rato que se viene haciendo el boludo. Cuando pasa al lado
mío me roza el hocico con la bragueta.
AMALIA: ¡Pero qué cretino! ¡Quiere que se la chupes!
PERRO: No. me parece que lo que anda buscando es otra cosa.
AMALIA: ¡¡¡¿No, qué?!!! ¿¡¡Quiere chuparte la pija él a vos!!?
PERRO: Me quiere romper el culo (Amalia sufre un desmayo. Inmediatamente vuelve
en sí.)
AMALIA: (Aún mareada) Oh, Michael, tuve un sueño espantoso... ¿Puedo ser sincera
contigo? Bien. No vas a creerme, pero... (Susurro)¡Soñé que me besabas!
PERRO: ¡Amalia!
AMALIA: Te lo juro. Y vos sabés que yo no juro en vano. ¡Me besabas, Michael... acá!
PERRO: Notable
AMALIA: Ustedes los perros no... ustedes no se... ¿Nunca se...?
PERRO: No. No está en nuestra naturaleza. Ustedes se chupan “los sexos” porque son
inteligentes. Así descansan del pensamiento. Tienen espíritu, y un cuerpo, y la
conciencia de un equilibrio entre ambos. El Ying y el Yang. Cuando esas cosas
se tambalean, Amalia, cuando empiezan a temblar, todo se rompe alrededor. Se
vuelven locos. Se chupan sólo para mantener lubricada la frágil, exquisita
unión de los opuestos.
AMALIA: ¡Oh, Michael, son tan romántico!
PERRO: Tocala de nuevo, Sam
AMALIA: Puf, ahí la cagaste. ¡Oh! ¿yo dije “cagaste”? Horror. Horror de horrores. Pero
decime una cosa... ¿Por qué ustedes se dan por culo entre varones, ahí, en plena
calle, a la vista de cualquiera?
PERRO: El pudor: no tenemos. No podemos tenerlo todo.
AMALIA: Es verdad.
PERRO: ¿Y cómo era el sueño que tuviste?
AMALIA: Ya te conté... ¿Querés que te cuente de nuevo? Vení, acercate... (Lo agarra por
las orejas, abre las piernas y el Perro empieza a chuparla otra vez)
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PERRO: Haceme la pajita, Amalia. No me dejes colgado... please.


AMALIA: Así... así...
PERRO: No me partes tan fuerte que me asfixio... Amalia... Dale... Haceme la pajita...
una sola. O dejame meterte la puntita. No sé, algo.
AMALIA: De coger ni hablar. Mirá si me quedo embarazada.
PERRO: Que ¿No te gustaría tener un hijo mío? (Amalia lo mira emocionada pero no
contesta) Ah. Entiendo Eso es porque no me amás. Yo en cambio siento que
me estoy enamorando. Amalia. Tengo un fuego en la boca y otro en el corazón.
AMALIA: Yo también te quiero Michael. Pero no le pidas peras al olmo. Vos sabés que lo
nuestro es imposible. Vos tenés que buscarte una perra.
PERRO: Después de esto que hicimos las otras perras me van a parecer una porquería.
Qué raro. A cada segundo que pasa me enamoro más. Si te sigo chupando la
concha una hora más voy a reventar... de amor.
AMALIA: Avisame así me corro.
PERRO: ¡Qué! ¿Ya vas a acabar de nuevo, guacha?
AMALIA: Ese lenguaje tuyo, Michael... Oh, qué suerte que no captemos el significado de
lo que nos decimos, si no estaríamos los dos ofendidos. (Amalia se pone
repentinamente de pie apartando a Michael)
PERRO: ¿Qué, Amalia, qué te pasa? ¿Qué fue?
AMALIA: No sé. De golpe fue una fulguración... una luz que me cruzaba por delante del
rostro... o un mantel de sombras... un mantel oscuro... como si yo fuera una
mesa...
PERRO: ¿Y... y...?
AMALIA: Yo le correspondía.
PERRO: (Emocionado)¡Entonces me amás... entonces podemos tener un hijo!
AMALIA: Ponete un forro
PERRO: Ponémelo vos. Yo quiero tener un hijo.
AMALIA: Ponete un forro...
PERRO: Mirá con lo que me salís ahora. ¡Un forro! No lo invoques a tu marido, a ver si
aparece.
AMALIA: No te permito. Pobre Emilio. No hables de él así. Tuvo una infancia muy
difícil. Cuando era chico lo violó el padre. Por eso ahora quiere hacerte el amor
a vos. Para vengarse. Y probablemente también para descargar la tensión de la
oficina. Es que con estas subas y bajas en las cotizaciones... Nueva York, Wall
Street, Japón.
PERRO: El capitalismo es así. Favorece la tensión nerviosa. Pero hablemos de temas
importantes. Yo quiero que tengamos un hijo.
AMALIA: La situación económica no es la apropiada...
PERRO: Me gustaría que se parezca a vos...
AMALIA: ¿Oíste hablar de Fidel Castro? Mi marido estaba en un embarque de la cocaína
que producen en el continente de Fidel...
PERRO: Vos decís eso porque sos una aristocrática. En Cuba la salud y la educación son
gratis... Si yo fuera presidente como Fidel socializaría los medios de
producción. Y a las aristocráticas como vos les haría romper el culo por un
negro grandote como Magic Jonson... porque ustedes dicen de Cuba, de Cuba,
pero todo lo que pasa en la pobre Cuba es por culpa del embargo y de ese hijo
de puta de Ronald Reagan.
AMALIA: No insistas con el tema de los hijos. No podemos.
PERRO: Burguesa. Aristocrática. Liberal. Decime ¿vos no conocés los avances de la
genética socialista? Podemos. Podemos perfectamente. En China, por ejemplo,
cruzaron chinos con monos para abaratar la fuerza de trabajo. En vez, en el
mundo capitalista matan gente para que siempre hayan lugares de trabajo
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disponibles. Y ni así consiguieron bajar los índices de desocupación. ¿No viste


lo que pasó en la Argentina?
AMALIA: Sabés que no leo el diario
PERRO: ¿Ves? Si tuviéramos un hijo, a la mañana él podría ir a buscar el diario a la
puerta. ¡Y cómo me gustaría que se parezca a vos! Eso sí: en varón.
AMALIA: No insistas, Michael. Estoy casada. No es que no me tiente. Mi marido es la
cruz que yo debo soportar estoicamente. Un alto precio privado y social. Ahora
debe estar en misa, él.
PERRO: Sí. Siempre anda con el pecho lleno de cruces. No le alcanza con la cruz de ser
boludo. Y encima va a misa.
AMALIA: No te permito. Lo hace para reconciliarse con Dios.
PERRO: ¿Y Dios qué le dice?
AMALIA: La experiencia religiosa es intransferible, Michael. Trascenderte. El diálogo
entre el hombre y Dios forma parte del diálogo mayor entre el cosmos y el
macrocosmos...
PERRO: Dejate de decir gansadas, Amalia. Y no filosofes que te queda mal.
AMALIA: No me gusta que menosprecien mi intelecto. La condición femenina...
PERRO: Dale, poneme el forrito y dame el pavo.
AMALIA: Nunca ví una cosa tan ordinaria. ¿Por qué me hablás así? Me hacés llorar y no
quiero. Me tratás como a una perra. Con todo lo que yo te dí. Mis sueños... Mi
sexo...
PERRO: Eso va por todos los choricitos de maíz que me hiciste comer mezclados con
leche, hija de puta. Suerte que me vino el habla y te lo pude decir, que si no me
envenenabas.
AMALIA: Me parece que nos estamos faltando mutuamente el respeto, Michael. Te pido
disculpas si dije algo que te ofendió. Yo... Yo estoy llorando... Desde chiquita
que no lloraba... Es lindo... Me refresco... Las lágrimas me lavan... y veo todo
nublado... El mundo se vuelve una bruma... lacrimosa...
PERRO: Qué asco.
AMALIA: Tu amor es una palabra vacía.
PERRO: Te perdí el respeto.
AMALIA: Si me amaras no me tratarías así.
PERRO: Es que estoy muy resentido.
AMALIA: ¿Por qué? ¿Por lo del hijo? Ese hijo que no vendrá...
PERRO: Por lo del hijo, por lo del forro, por la pajita , por el pavito que me negás... ¿Al
final, qué te creés que soy yo? Me ponés la concha en el hocico y me decís que
no diga concha. ¿Pero por qué no le decís al boludo de tu marido que te la
chupe?
AMALIA: Pero vos lo odiás...
PERRO: Yo soy más espiritual que él.
AMALIA: Lo odiás. Y él fue quien te eligió en la veterinaria. Qué desgraciado.
PERRO: Sí. ¡Él me compró y ahora quiere romperme el culo! (Se oyen pasos)
AMALIA: ¡Emilio!
PERRO: Cagamos ¿Dónde me escondo? (Entra Emilio, muy apurado.
Instantáneamente Michael adopta la posición canina típica e incluso le hace
algunas fiestas)
EMILIO: Querida ¿no viste el movicom? En la misa me dí cuenta que no lo tenía. No lo
puedo encontrar por ninguna parte.
AMALIA: ¿Te confesaste?
EMILIO: No pude. Tenía que hacer un llamado, me llevé la mano a un bolsillo... no
estaba. Cambié de mano. Busqué en el otro bolsillo... Tampoco estaba. Y me
desarmé. Vos sabés lo que me pasa cuando no tengo el movicom ¿Qué hacías?
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AMALIA: Pensaba. En mi eterno monólogo interior me dí cuenta de que nunca habíamos


tratado el tema hijos. (El perro gruñe)
EMILIO: ¿Qué le pasa a éste? ¿Comió? (Emilio va al encuentro de Michael con la
pelvis bien adelantada. El perro se mete debajo de la cama. Emilio vuelve
junto a Amalia) Querida, no es momento para hablar de un hijo, ¡nada menos
que de un hijo! Es un tema demasiado importante para tratarlo así como así: yo
vengo de misa... Viste que cuando la gente sale de misa habla de cualquier
boludez... ¿no?
AMALIA: No sé. Soy judía.
EMILIO: ¿Cómo judía? ¿Qué apellido tenés, vos?
AMALIA: Ah, Emilio, Emilio...
EMILIO: ¿Segura que no viste el movicom por acá? Me parece que la última vez que lo
ví fue acá adentro...
AMALIA: No cambiás más, Emilio. Cualquier objeto inerte te importa más que yo.
EMILIO: No, querida, no digas eso. Vos tenés vida ¿Nos vemos luego...? Hay ochenta
palos verdes en juego... (Emilio va hasta la puerta, desde allí lanza un baso a
Amalia y luego sale. Segundos más tarde, de debajo de la cama sale Michael
con el movicom en la pata)
PERRO: No te decía yo que es un boludo. ¿Viste el beso que te tiró? (Michael imita a
Emilio, ridiculizándolo. Luego presiona un solo número en el movicom)
redial (Pausa) ¿Hola? Habla Emilio ¿quién es? (A Amalia) Marqué el último
número que tenía tu marido en el movi...
VOZ: ¡Gordo! ¿Cómo que quién habla, gordo? Soy yo, tu Susy ¿...Te olvidaste de
algo?
PERRO: Me golpeé la cabeza y se me borraron las últimas horas. Ubicame Susy ¿Qué
fue lo que hicimos...?
VOZ: Aia... gordo... mirá la excusa que te venía a inventar... Me hacés poner
colorada. No tenés necesidad de meterme esa excusa para que te cuente lo que
hicimos...
PERRO: ¿Y qué hicimos?
VOZ: Ay, Gordo, me pediste que te metiera un pepino en el orto...
PERRO: ¿Un pepino? Contame... contame...
VOZ: Ay... yo también me bajo la bombachita. ¿Lo estás haciendo?
PERRO: Sí... qué calentura... Por favor ¿Yo qué te decía con el pepino en el culo...?
AMALIA: “Meteme otro, meteme dos”
PERRO: ¿Y qué más? ¿Hola? Puta que lo parió, se cortó ¡Me estaba empezando a
calentar! Amalia... ¿Qué te pasa?
AMALIA: Lloro. Soy toda lágrimas. Llanto y desolación ¿Y yo siempre le he sido fiel!
PERRO: ¿Qué, nunca cogiste con nadie?
AMALIA: No, estúpido, con vos nada más...
PERRO: ¡Bueno, basta de boludeces!
AMALIA: ¡Lo mismo digo yo! Acabo de descubrir que toda mi vida fue una comedia. Mi
marido me engaña con una cualquiera, a mí me chupa la concha un perro... Y
no es por ofenderte, tonto. ¿No te das cuenta aún de que te amé desde el primer
momento...? Y vos lo único que querés es romperme el culo, que te haga la
paja... En ninguna parte hay amor, mi vida es un vacío, el mundo es un
desierto, el desierto es un mundo, es el cosmos ya no hay lugar para una mujer
como yo. Acabo de verlo todo en un instante, como en un Aleph. Lo vi todo
con claridad meridiana. Una cucaracha es más que yo, y además puede andar
por las paredes. Yo, que lo creí ser todo, soy menos que un insecto. Esta verdad
me parte el corazón. Se me parte el corazón. Lo siento. No creas que no me
gustó, Michael. Adiós. Se me parte el corazón. (Amalia empieza a caminar
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como una mala actriz de una mala película a punto de morir. Se pecho
aparece bañado en sangre. Amalia se mira el pecho. Michael está
petrificado) Se me ha partido.
PERRO: ¡Amalia...!
AMALIA: Veo las puertas de la eternidad. Voy a entrar...
PERRO: ¡No!
AMALIA: ¿Me veo bien? (Cae muerta. El perro se arrodilla, con infinita ternura la alza
en brazos y se dirige hacia la salida)
PERRO: Bellísima, querida, bellísima. (Suena una música romántica. Apagón)

SEGUNDO ACTO
El mismo decorado de la escena anterior, con algunos cambios que denotan los gustos que
convencionalmente se atribuyen a los homosexuales. Entran Hugo y Negro, quienes en
todo momento se comportan como “machos”. Están vestidos al estilo nuevo rico: grandes
relojes, pulseras de oro, camisas de solapa ancha sobre la solapa del saco, etc. Por su
aspecto, es evidente que son dos mafiosos.
NEGRO: Cada vez que entro a este cuarto se me hace un hoyo en el corazón, Hugo. Me
sobrevuelva como la sombra de esa fantástica mujer que murió de amor por
culpa de aquel bagayo de Emilio García Pardo. Una reina como Amalia... Ya no
hay justicia en este mundo (Saca una pistola y la guarda en la mesita de luz,
después prepara unas líneas de cocaína)
HUGO: Otra vez con eso, Negro
NEGRO: Es que a mí me hubiera gustado morir así...
HUGO: Para morir así hay que ser muy, muy delicado, Negro. Con ser puto no alcanza.
¿Sabés la información que me pasaron el otro día? Que Amalia se hacía chupar
la concha por el perro. Ja, ja, ja. Reíte. Emilio la descubrió. Y la abandonó, por
supuesto. Vieja chancha...
NEGRO: ¡¡No me jodás!!! (Llama hacia afuera) ¡Gatica! ¡Gatica Gatica Gatica! (Entra
Michael. El Negro se arrodilla y abraza y hace mimos a Michael) ¡Gatiquita,
si supieras las cosas que dice la gente de vos! ¿Sos chanchito, vos? (Michael
gruñe. El Negro lo suelta. Michael sale. Antes de atravesar la puerta dice:)
PERRO: Gatica las pelotas.
NEGRO: ¡Uy, qué caliente me dejó la película, Cris!
HUGO: No me digas Cris. Terminala con eso.
NEGRO: No me digas que no te gustaría llamar un buen taxi-boy para esta noche, ¿eh?
Qué fiestonga nos haríamos, Hugo. ¿Sabés? Me gustaría ver cómo te la mete
un desconocido! ¿A vos te gustaría ver cómo se la meto al que te la mete a
vos..?
HUGO: No quiero hablar así. No me causa gracia. No me excita. Creo que estás
degradando nuestra relación. Me voy a dormir. (Se meten en la cama. Hugo
agarra una revista. El Negro queda mirando el techo, visiblemente
angustiado. Hugo lee un rato. Finalmente deja la revista, se inclina sobre el
Negro) Bueno, bueno, no es para tanto, che. Lo que pasa es que no me gusta
cuando te ponés grosero. No te queda bien. Si vos sos una princesa...
NEGRO: Un rey.
HUGO: Está bien. Y como sos mi rey, y yo soy tu reina...
NEGRO: ¿¡Me vas a pagar la operación!?
HUGO: Pero vos tenés temas fijos acá en el bocho. Que lo de Amalia, que si no es eso
es la operación... Ojo, tené cuidado, te vas a convertir en un obsesivo. Además
para qué carajo querés ponerte concha si tenés un culo más grande que una
palangana...
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NEGRO: ¡Cómo! ¿No era que no querías hablar así?


HUGO: ¿Querés o no querés que te cuente una cosa...? Sí, no me mires así: te iba a
contar una cosa. ¿Querés o no querés?
NEGRO: Dame un besito.
HUGO: ¡Qué pelotudo que te pone a vos el cine!
NEGRO: ¿Por qué me decís pelotudo? ¿No te podés aflojar un poco? ¡Relajate! No
estamos en un “almuerzo” de negocios. ¿Qué es eso que tanto me querés
contar, a ver...?
HUGO: Un cuento de Borges. Y te lo voy a contar para ejemplificar lo que nos está
pasando últimamente como pareja... Para que nos saquemos la careta.
NEGRO: ¿Te volviste loco?
HUGO: Oíme una cosa, pelotudo. Yo a los doce años ya había planchado a un tipo.
Tuve que salir al mundo empujando con el hombro. Así que ahora no te vengas
a hacer la mascarita conmigo porque no va. Si querés que hablemos a calzón
quitado, hablamos. Si no... qué querés que te diga: si no andate a la puta que te
parió. (Pausa) Te ví cómo lo mirabas al mozo nuevo del Café de la Paix.
Callate... A mí me pasa lo mismo. ¡Shh, no me interrumpas! A mí me pasa lo
mismo y vengo a hablarlo acá con vos porque sé muy bien que la infidelidad
conduce a la tragedia.
NEGRO: Pero, pero... ¿de qué estás hablando?
HUGO: (Dándose vuelta en la cama y apagando la luz) ¡Andá a la concha de tu
madre!
NEGRO: (Enciende la luz) Si empezaste a hablar... terminá.
HUGO: Así me gusta. Pasame una línea. (Aspira) Oí bien. Antes de conocerte a vos yo
tenía una pareja de amigos míos gays. Era una pareja muy bien constituida, con
objetivos claros, entre ellos había mucho amor y respeto. Bichi y Cachi. Los
tipos se querían como locos... Pero... un día uno de los dos, Bichi, fua a
“Teleny”, ese bar... vos sabés (Gesto gay) Y ahí estaba lo más pancho cuando
de golpe, una aparición... (Empieza a actuarlo) Rubio, rubio, rubio, joven,
joven, joven, un ángel. Se llamaba mariano. Era un mozo de “Teleny” que
habían contratado porque era una rareza; un hetero. (Hace de mozo) “Hola,
¿qué tal? ¿Qué vas a tomar?”. Mariano le dijo eso y Bichi sintió un frío en la
espalda.
NEGRO: ¿El deseo o el amor?
HUGO: Las dos cosas juntas. Imaginate. Cuando vienen las dos cosas juntas se te caga
la vida.
NEGRO: ¡Guacho!
HUGO: No comparés. A mí primero me vino el deseo, con vos. Después se me fue el
deseo y vino el amor. Ahora te amo, de qué te quejás.
NEGRO: ¿Entonces no te cagué la vida yo a vos?
HUGO: Sí me la cagaste. Pero en otro sentido. Con tu obsesividad. Primero con lo de
Amalia. Después con la operación: “Que me quiero poner concha... que me
quiero poner concha...” Pero no me distraigas y dejame seguir con el cuento,
que ya viene la enseñanza. Mariano era un ángel caído sobre la tierra. No tenía
casa, recién había enviudado, no tenía dónde caerse muerto.
NEGRO: Pobre pendejo. ¿Tan lindo era, che?
HUGO: Se te hacía agua el culo. Oí: Bichi empezó a ir todas las noches a “Teleny”, y
un día aprovechó y viendo la cara de maldormido de Mariano se lo llevó pal
rancho
NEGRO: ¿Cómo al rancho?
HUGO: ¡Pero qué pelotudo te ponés vos! Es una manera de decir.
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HUGO: Contá bien las cosas. No te das cuenta de que hacen a la naturaleza del asunto...
son como las joyas de tu cuento... los velos de los siete tules... Yo ya me estaba
enamorando del muchacho y vos venís y decís “rancho”.
NEGRO: Bueno, Bichi se lo levó al duplex y allí intentó que hicieran el amor. Pero el
angelito Mariano no quería. “Salí, trolazo”, le decóa: “¿Qué te creés que soy
yo, un puto reventado como vos? Yo soy un trabajador peronista, sacá la mano
de ahí, la concha de tu madre, te voy a romper la concha a patadas”
HUGO: ¿“La concha” le decía?
NEGRO: ... Y Bichi, claro, imaginate: estaba en la gloria.
HUGO: ¿En la gloria? ¿En la gloria porque le decía que le iba a romper la concha?
NEGRO: Era masoca, Bichi. Le gustaba que lo fajaran. El maltrato. Una vez se hizo
meter en el culo un cepillo de esos de lavar las uñas.
HUGO: Yo tenía un amigo que se hizo atar las bolas a las aspas de un ventilador de
techo. Se quedó en la cama fumando y mandó prender el ventilador. Acabó, sí.
Pero le quedaron las bolas como dos fideos moñito de ángel. (Suspira) Me
duelen las bolas de la impresión. ¿Te parece que cuando me ponga la concha
me va a doler tanto?
NEGRO: No te va a doler porque no te vas a poner concha.
HUGO: Qué cruel sos. Traficante de mierda.
NEGRO: No me digas traficante. Ya te lo dije mil veces... (Hugo va a seguir pero se
empieza a escuchar un ruido que tapa todas las voces. El ruido crece, se
vuelve insoportable, luego, se convierte en un silbido y empieza a
desaparecer)
HUGO: ¿Pero qué es eso? ¿Una bomba atómica?
NEGRO: No seas pelotuda, es el camión de la basura. ¿Qué tenés ahí abrazado?
HUGO: La Biblia. Y... pensé que se partía el mundo. Sigo, oí: al final, cuando parecía
que Mariano iba a cagarlo a trompadas a Bichi, resulta que entró Chacho.
Chachi era un mono grande como una puerta. Entonces cuando lo vio a
Mariano a punto de fajarlo a su amor, lo agarró, primero lo cagó bien a piñas y
después le rompió el orto de tres pijazos. Del dolor, Mariano cantaba en falsete:
“Las mu-cha-chas pe-ro-nis-tas...” Le dolía como la gran puta a Mariano. Pero
en el fondo empezaba a gustarle.
NEGRO: Sí, sí... cojéeme, hijo de puta...
HUGO: ¿Te gusta rubia?
NEGRO: ¿Y qué te parece? Lo lindo que es sentir una pija calentita acá entre los
párpados cacales... Hut. Sí... ahora ponémela entre las tetas...
HUGO: ¿Qué tetas? Ojo: no te vas a agarrar también la obsesión de las tetas porque te
cago a bifes. (Se recompone. Sigue contando) Al final terminaron garchando
entre los tres. Se enamoraron. Locamente.
NEGRO: Con loca pasión. Lo siento... un amor fou. Es que él es tan hermoso...
HUGO: Pero, siempre hay un pero, un pero en la vida y un pelo en la sola... al mes de
andar pinchando , tanto Chachi como Bichi querían el culo de Mariano en
Exclusiva... Le hacían regalitos, lo llevaban a comprarse ropa a Mango, a
Limbo, le compraban paté de foie en Carrefour, y no sé que otras maravillas
más.
HUGO: Seguí. ¿Por qué te quedás callado?
NEGRO: Es que no quería ponerse de novio con ninguno de los dos...
HUGO: ingratitud.
NEGRO: No. Agradecimiento. Disfrutaba tanto de las atenciones de los dos que no
quería desairar a ninguno. Sabía que Chacho era escorpiano: taciturno, celoso,
sagitariano, vengativo. Y Bichi en cambio era Leo puro: solar, terráqueo...
suspicaz, caprichoso, veleidoso, ostensible, creyente... y entonces andaba entre
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el agua y el aceite, haciendo equilibrio para no ofender. El problema es que con


eso no tenía contentos ni a Chachi ni a Bichi...
HUGO: ¿Cuál es Bichi?
NEGRO: El capricorniano, boludo. ¿No te acordás de nada?
HUGO: Es que quiero saber cómo termina...
NEGRO: Mal. Es una tragedia.
HUGO: No lo digas así.
NEGRO: Muy mal. Como Mariano no se pudo decir por ninguno, entre Chachi y Bichi
agarraron, lo cortaron en pedacitos y para colmo lo tiraron por un incinerador
fuera de uso. Se pudrió todo.
HUGO: Pobre ángel.
NEGRO: Y encima como era verano empezó a largar un olor que hasta los bichos salían
cagando. Ahí llegó la cana. Al ver el patrullero, con todos esos negros vestidos
de azul y esas chapitas brillando y esos bultos apretados en los pantalones de
gabardina, Chachi y Bichi, imaginate, tomaron una decisión...
HUGO: ... Dramática. ¿¡Cuál!?
NEGRO: Se mataron a cuchillo
HUGO: Qué final tan simbólico
NEGRO: No quiero hablar más.
HUGO: ¿Por qué?
NEGRO: Porque si vos y yo seguimos coqueteando con el mozo nuevo del Café de la
Paix, vamos a terminar como Chachi y Bichi. Con un filo en las tripas,
desangrados en el atardecer.
HUGO: ¿Vos serías capaz de clavarme un cuchillito a mí?
NEGRO: Yo no. (Apagón. Inmediatamente vuelve la luz y Hugo y el Negro aparecer
acuchillados, uno en el piso, otro sobre la cama. Hay sangre por todos lados:
en las paredes, en el suelo, en la cama. La habitación presenta signos de una
lucha furiosa. Segundos más tarde entra Michael, los huele y acto seguido
aúlla como a la luna. Apagón)

TERCER ACTO
Es el mismo decorado pero sin los aditamentos gay. El lugar está despersonalizado. La
cama está sin sábanas ni frazadas, con el colchón pelado. No hay cortinas. Entra Susy,
pintarrajeada como una prostituta. Trae una valija muy grande, que arroja sobre la cama.
Llama por teléfono.
SUSSY: Hola... Florete... Si, soy yo. A que no sabés... Si, sí, ya estoy instalada... ¿A
qué no sabés dónde...? No... No seas conchuda, te atragantaste con un
tampón. No... ¿Te acordás de ese al que yo le metía los tres pepinos...?
¡¡¡Sí!!! ¡Cagate de risa! Te lo juro, pelotuda, qué coincidencia, ¿no? Bueno,
así que ya sabés dónde mandarme la clientela. Anotá la dirección. Balcarce
90... No, boluda, San Isidro... (Baja la luz abruptamente. Susy está
dormida. Entra Micharl. Suena la música de “Swinging in the rain” y
Michael baila un buen rato. Luego se sienta en un banquito frente a la
cama y, mirando fijo a Susy, se masturba aplicadamente. Por último, sale,
vuelve a entrar trajendo una pizza, se sienta otra vez en el banquito y
come mientras la luz del amanecer inunda la habitación. Suena el
despertador. Apresuradamente, Michael esconde la caja de pizza debajo
de la cama y, poniéndose en cuatro patas, se acerca a Sussy y le lame una
mejilla. Susy despierta y lo acaricia) Mariposa... Buen día... (Se oye un
timbre) ¡Uy, qué tarde es! Y ya empiezan a llegar los clientes... Me voy a
poner algo para estar decente. Vos mientras tanto andá a atenderlo al quía. Y
La china 11

ojo: es un tipo importante. Atendelo bien. (Michael sale. Susy se pone un


largo camisón de gasa rosa transparente. Se peina. Se perfuma. Michael
vuelve a abrir la puerta. Entra Rocco)
ROCCO: ¿La sorprendo, belleza?
SUSY: ¡Señor Ministro! Pero, me extraña eso en usted : a la belleza no se la
sorprende, se la homenajea. Como a la educación en el país. ¿Cómo va la
educación?
ROCCO: Progresando. Igual que usted: cada día más linda.
SUSY: No sea zalamero, señor Ministro. Halagador que es usted.
ROCCO: No me diga señor ministro, Susy. Dígame Billy.
SUSY: ¿¡Billy!?
ROCCO: Ja. Ja. Como Billy the Kid: tengo la pistola tatuada...
SUSY: Ji, ji, ji. Qué chusco que es usted, señor Billy.
ROCCO: Yo desenfundo solamente para matar. (Susy sale corriendo por la
habitación diciendo:)
SUSY: Ja. Ja, disparame, Billy, disparame, ja, ja. (Rocco corre a Susy, la alcanza y
la voltea sobre la cama)
ROCCO: Cómo la extrañé, Susy. ¡Y los celos! En las reuniones ministeriales me
pareció que todo el mundo hablaba de usted. Y resultó que hablaban de
Susana Giménez. ¿Usted también juega al Susy-bingo?
SUSY: No. Pero son quinientos pesos, Billy. Y sin chiches.
ROCCO: Ah, no. Si no me deja chuparle las tetas, a mí no se me para ni a
cañonazos...
SUSY: Está bien, pero chúpeme la izquierda que la derecha me duele. Me parece
que tengo un quiste...
ROCCO: ¿Ah? ¿Un quista? Tiene que hacérselo ver, puede ser peligroso. Yo conozco
una maestra que le cortaron las tetas por culpa de un granito. Si viera qué
tetas. Susy, un himno a la geometría. (El ministro empieza a chupar la teta
de Susy)
SUSY: Me deja preocupada con lo de las tetas de esa maestra, Billy. Sin ir más
lejos, el otro día en la zona de teta que me está chupando ahora me encontré
como un pelito encarnado. Agarré la pincita de depilar y empecé a tironear y
salía y salía y no terminaba de salir. Tenía veinte centímetros de largo, todo
enrulado. ¿Será cáncer?
ROCCO: Me parece que se la voy a meter
SUSY: ¿Anal o vaginal?
ROCCO: Me ofende, Susy. Anal.
SUSY: Ay, qué suerte, porque tengo la concha como un morrón. Inflamada. Mucho
trabajo. Al culo, en cambio lo tengo bien, una pinturita. (El ministro
empieza a coger con Susy. De pronto, al alzar la cabeza, el ministro se
queda petrificado de espanto. Del cielo empieza a descender el espectro de
Amalia. Está completamente blanca)
AMALIA: (Muy lentamente) Michael... Michael... (se abre la puerta y entra el Perro.
Está como hipnotizado) Miiichael... la cooooncha... chupaaaaame la
conchaaaa... (Michael se alza en puntas de pie, alza el hocico intentando
chuparle la concha a Amalia, pero no llega, no alcanza) Michaeeeel...
Michaeeeel... chupame la cooooncha... (michael no llega. En cambio,
empieza a lamerle los dedos de un pie) Noooo, la coooncha, perro
pelotuuuudo... la concha, mi amor... la coooncha... (Amalia empieza a
ascender de nuevo hasta desaparecer) No pudiiiste, Michael... No
pudiiimos...
La china 12

SUSY: (Al ministro) ¿Qué pasa? ¿Acabaste o qué? ¿Billy? ¿Billy? (Rocco se
aparta, espantado. Se lleva las manos al pecho, conmovido, como si
estuviera en un tris del infarto. Habla mientas se pasea por la habitación)
ROCCO: ¡Bárbaros, las ideas no se matan! On nee se puit les ideés! ¡Y no ahorre
sangre de gaucho que la sangre de gaucho pará lo único que sirve es para
abono de la tierra! (Cae infartado)
SUSY: ¡Rocco! ¡Billy! ¡Se murió! ¡Qué cagada! (A Michael) Mirá vos lo que me
viene a pasar, Mariposa... ¡Y con el ministro de educación, nada menos!
PERRO: Realmente (Susy y Michael se contemplan largamente, pasando del horror
a las guiñadas de complicidad)
SUSY: ¿Sabés que sos un lindo guacho vos?
PERRO: Obrigado
SUSY: No, te lo digo de verdad. Tenés tu pinta. ¡Las perras que te habrás cogido!
PERRO: Lassie entre ellas.
SUSY: Ja, ja, ja... (Pausa) ¿Y ahora qué hago con el fiambre?
ROCCO: Si querés me lo voy comiendo de a poquito. En tres días te lo liquido al
gordo...
SUSY: Mariposa, nadie se puede comer en tres días a este lechón. ¿De verdad te
comerías un tipo como éste?
PERRO: ¡Noo! ¡Era un chiste! Lo que hay que hacer es meterlo en la bañera y tirarle
ácido.
SUSY: ¡Qué buena idea! Se disuelve todo...
ROCCO: La carne sí. Los huesos los metés en un bolsito y los tirás en una obra en
construcción. Vas a ver que después le terminan echando la culpa a un
boliviano. ¿Y? ¿Le damos? (Sacan el cuerpo. Vuelve a entrar sólo Susy. Se
tira en la cama. Suena el timbre)
SUSY: ¡Mariposa, atendé! (Entra otro cliente)
PONZIANO: Hola, mucho gusto. Yo soy Oraldo Ponciano, el importante escritor. Pero no
sé si usted me va a querer atender...
SUSY: ¿Por?
PONZIANO: Porque soy muy pijón.
SUSY: A mí me parece normal... mirándole el bulto así, a vuelo de pájaro. ¿En qué
lo puedo ayudar?
PONZIANO: Tengo la pija más grande de la Argentina.
SUSY: ¡Argentino! Una vez atendí a un argentino... Era tan...
PONZIANO: Si la sco dormida por el bolsillo... así, ¿ve? (saca una larguísima pija por el
agujeto en el bolsillo y se pone a hacer lo que va diciendo) Puedo hacerle
un nudo marinero... Soy el único... Nadie puede hacer esto, vea...
SUSY: Lo felicito
PONZIANO: Mire que nudo
SUSY: ¿Marinero? Había oído hablar de usted...
PONZIANO: No hay quien pueda conmigo, así que... Usted dirá si la desato y empezamos
a serruchar o si la guardo ya mismo y me las pico...
SUSY: La verdad que me ha impresionado
PONZIANO: (Sonriendo satisfecho) Entonces me voy. Ya sabía yo. No hay quien pueda
conmigo... (Entra rápidamente Michael. Toca a Ponciano en el hombro)
PERRO: Perdón. ¿Usted es Oraldo Ponciano?
PONZIANO: Sí, señor.
PERRO: Bueno, agarrámela con la mano. (Michael degüella a Ponciano)
SUSY: ¡Pero... Mariposa... cómo hacés eso! ¡Yo quería que me dedicara un poema!
PONZIANO: ¡Pero este boludo qué mierda va a escribir poesía! Vení, ayudame a llevarlo
a la bañadera...
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SUSY: Qué bañadera, si este es un enano. ¡Al inodoro! (Lo sacan. Vuelve a sonar
el timbre) Mariposa, por favor: es éste no.
PERRO: Chupame un huevo (Michael sale y regresa acompañando a un señor de
careta)
SEÑOR: Un placer, señorita Susy.
SUSY: Pero sáquese la careta, hombre ¿No tiene calor en la trucha?
SEÑOR: Me gustaría, pero no puedo. Soy una persona pública, demasiado conocido
para arriesgarme así...
SUSY: Hace un rato cogí con el Ministro de Educación... En fin, como usted quiera
¿Qué servicio quiere..?
SEÑOR: No me gusta el sexo oral, es muy sucio. Tampoco el sexo grupal, es muy
promiscuo. No quiero besos de lengua, porque me puedo contagiar un
virus... la paja francesa me da un poquito de asco... del sexo anal no hablar...
Entonces... No sé lo que quiero pero lo quiero ya. (Aparece Michael desde
atrás y le corta los testículos con una cuchilla. Los alza y los muestra en
señal de triunfo. Luego, mientras el hombre se retuerce, agoniza y
finalmente muere, Michael lo contempla fríamente y le habla)
PERRO: Te doy lo que querías. Y si no era lo que querías, te jodés igual. A veces la
vida es injusta. Pero la muerte siempre es injusta. Eso sí. Es democrática.
Nos iguala a todos.
SUSY: Qué hicistes pelotudo, mirá si éste es alguien importante... (Michael le
arranca la máscara)
PERRO: Qué va a ser importante este boludo, no ves que no lo conoce nadie.
SUSY: ¿Y ahora qué hacemos con el cadáver?
PERRO: A la licuadora. (se escucha ruido de licuadora. Mientras tanto Susy se
arregla, se pinta los labios frente al espejo, etc. De pronto se escucha que
la licuadora empieza a “patinar”. Ruido de rotura. Suena el timbre. El
perro entra en la habitación y se dirige hacia la puerta) ¡Qué guacho hijo
de puta, me rompió la hélice!” ¡Tenía una muela de oro... ¡Ya va, ya va!
(Vuelve a entrar acompañando a Orate Guamini)
GUAMINI: Orate Guamini para servirla... a porongazos. ¡Qué dice, pinturita!
SUSY: Orate. El legendario. El clásico. Orate... Hágame un poquito del cantor...
GUAMINI: (Canta) “Caminando por la calle voy cantandooooo”
SUSY: No la tuya, che. Si se calla el cantor.
GUAMINI: Me extrañabas, eh. Lo veo en tu mirada... a ver... (Acerca sus labios a los
labios de Susy y hace un gesto estilo Xuxa) Besito besito (Beso) Y Ahora
vamos directamente a lo nuestro, belleza. Hoy estoy más apurado que
nunca. (Se desprende la bragueta) Chupámela, Susy. Chupe, que me gusta
ver cómo se le marca el hueso en la nariz. (Susy empieza a chuparle la pija
haciendo abondantes ruidos de succión. De golpe entra el perro con un
cuchillo y le corta la pija a Guamini. Susy se queda con un pedazo en la
boca) Susy, esto es un exceso de confianza. ¡Uno le da la mano y usted se
queda con el choto! (De golpe Guamini comprende que no es un chiste
que lo haya castrado. Grita enloquecido, cae al piso. El Perro saca el
pedazo de pija de la boca de Susy y lo tira por la ventana. Luego vuelve
junto a Guamini, levanta una pata y le hecha una meada)
PERRO: (Tono engolado) El perro se mueve por inspiración. Cada acontecimiento es
providencial. Cada acto, impremeditado.
SUSY: Qué querés decir con eso, Mariposa...
PERRO: (Engolado) Que se han combinado la libertad absoluta con el desamparo
absoluto. En esa ecuación no hay otro amo de los destinos que el acto
soberano. Y yo al pelotudo éste no me lo bancaba más.
La china 14

SUSY: Pero mirá lo que hicimos. Mirá lo que hiciste Margarita. ¡Ya estoy podrida
de pasar el trapo!
PERRO: Tenías demasiados clientes vos...
SUSY: ¿Y ahora cómo salimos de este quilombo? ¿A cuántos tipos mataste, cuatro,
cinco...?
PERRO: Dieciocho... sin contar un negro.
SUSY: Estoy agotada... (Cae rendida sobre la cama, boca abajo)
PERRO: ¡Qué pavito, madre! (Gira alrededor de Susy. La mira. Se aproxima.
Retrocede. Luego llama por teléfono) Hola... ¿Lisa Delgrueso...?
DELGRUESO: Te oigo...
PERRO: ¿Lisa?
DELGRUESO: Sí...
PERRO: ¿Lisa? ¿Lisa de verdad?
DELGRUESO: Sí, ¿Quién es?
PERRO: Estoy en la cama con una puta... ella está dormida... yo tengo un cuchillo...
la quiero matar... ¿Qué hago?
DELGRUESO: ¿No sabés que está mal matar a la gente? ¿Cómo te llamás?
PERRO: Batata.
DELGRUESO: ¿Sos homosexual?
PERRO: Sí.
DELGRUESO: ¿Pero sos homosexual–homosexual? ¿Tuviste relaciones con hombres... con
hombres se tu mismo sexo?
PERRO: No.
DELGRUESO: ¡Entonces no sos homosexual...!
PERRO: Tuve relaciones con un perro...
DELGRUESO: ¡Qué horror, Batata! ¿Activo o pasivo?
PERRO: Vuelta y vuelta. Bueno, pelotuda ¿qué hago? ¿La mato o no la mato?
DELGRUESO: ¿Estás drogado? ¿Te drogás? ¿Te drogaste para mantener un coito con un
perro?
PERRO: Qué conchuda sos, Lisa. A vos te falta calle...
DELGRUESO: No me gusta el doble mensaje. O me decís Lisa o me decís conchuda. Pero
las dos cosas juntas son un insulto. Y yo estoy acá para ayudarte, Batata. Te
escucho...
PERRO: Es lo único inteligente que te oí decir en tu puta vida, Lisa. Tenés razón. Te
voy a decir conchuda.
DELGRUESO: En estos términos no podemos seguir dialogando, Batata. Estamos en el
aire.
PERRO: ¿Qué hago entonces?
DELGRUESO: ¿De qué signo sos en el horóscopo chino?
PERRO: Mono.
DELGRUESO: Quedate en línea privada, Batata, que te voy a poner en contacto con nuestro
equipo de terapeutas profesionales... no cortes, eh. Son un grupo humano
encantador.
PERRO: Chau, conchuda... (Suena un aviso comercial de yerba mate)
MALSETTO: Hola... Batata. Yo soy el doctor Malsetto.
PERRO: Agachate que te la meto.
MALSETTO: Lo espero mañana en la dirección que ahora paso a darle. Son cien pesos la
consulta...
PERRO: ¡Pero andá a lavarte las bolas, chorro hijo de puta!
MALSETTO: No se lo tome así. Lo que pasa es que la Delgrueso se queda con el
cincuenta.
PERRO: Matala.
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MALSETTO: Loco de mierda...


PERRO: Cagón. Yo la voy a matar por vos. (Cuelga, gira, mira a Susy que sigue
dormida y la mata de una puñalada) Nunca chupé un culo muerto. Ah,
cómo me voy a sacar el gusto... Quiero ver cómo la carne se enfría en mi
lengua negra... (Empieza a chuparle el culo a Susy) Ah... qué ojete que
tenés, Susy... parece un laberinto borgiano... Qué suerte que te maté...
(Sueña un pedo. El perro se aparta asqueado) ¡Te cagaste hija de puta! Sos
más ordinaria muerta que viva ¡Ahora vas a ver...! (El perro se echa encima
de Susy e intenta penetrarla analmente. Justo en ese momento Amalia
empieza a descender. Desde el aire lo interpela)
AMALIA: ¡Qué hacés cretino, me querías traicionar!
PERRO: ¡Uy, justo que me iba a echar un fierrito! (Alza la cabeza volviéndola hacia
Amalia) ¡Amalia!
AMALIA: ¿Quién soy yo para vos?
PERRO: El amor
AMALIA: ¿Qué estabas por hacer...?
PERRO: No sé, Amalia, creo que perdí la razón. Hice un desastre en mi vida.
(Amalia ya ha terminado su descenso. Está al lado de Michael. Le pasa la
mano por los hombros. Empiezan a salir juntos.
AMALIA: Tranquilo, Michael. Tranquilo... (La luz desciende muy suavemente hasta
la oscuridad total. Telón)