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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA

Bachillerato

SANTO TOMÁS DE AQUINO: Sobre la


monarquía
TOMÁS DE AQUINO: Sobre la monarquía. Ediciones Tecnos y Altaya (misma traducción). Madrid. 1987 y
1997.

INTRODUCCIÓN

El tratado Sobre la monarquía (De regno en latín) es una obra que Tomás de Aquino dejó sin
concluir, y su único libro dedicado totalmente a la cuestión política. Sabemos que el texto está
escrito después de 1260 por las continuas menciones que hace a Aristóteles, autor al que Tomás
de Aquino no pudo haber leído antes de esa fecha. Se calcula que fue escrito entre 1265 y 1267.
La obra está dedicada al futuro rey de Chipre, tal vez porque un hermano del autor, Aimón de
Aquino, había participado en una expedición a Tierra Santa a las órdenes de Hugo I de Lusignan,
rey de Chipre.

En el prólogo, Santo Tomás afirma que se propone escribir sobre el origen de la monarquía y sobre
el oficio de rey. Puesto que el autor es teólogo y no político, su intención es escribir un tratado
moralizante, que pretende formar un criterio ético en el gobernante de la isla de Chipre, país de
paso entre Europa y Oriente Medio. Para hacerlo, Tomás de Aquino se apoya en los textos
bíblicos, en la doctrina oficial de la Iglesia, en la enseñanza de los filósofos —especialmente
Aristóteles— y en el ejemplo de gobernantes famosos. No se trata, pues, de un tratado descriptivo,
sino que puede incluirse entre las obras utópicas y pedagógicas de la época.

Sobre la monarquía es una obra fundamental para comprender la teocracia medieval. Hay que
recordar que el sistema político de la Edad Media es el feudalismo, y que el monarca es el principal
representante del poder político, pero que en la práctica era un señor feudal más, puesto que su
posición era débil. En realidad, a partir del año 800, cuando Carlomagno es coronado emperador
por el Papa, el cristianismo se convierte en el elemento que cohesiona toda la sociedad europea.
Aunque la época estará marcada por los enfrentamientos entre el poder político y el poder
espiritual (el Papado), lo cierto es que el Papa ejerce un gran control sobre las ideas, el arte o la
cultura. De hecho, no es posible entender esta época sin recurrir al fenómeno religioso (ver
contexto histórico en página 151 de la unidad 7).

TOMÁS DE AQUINO: SOBRE LA MONARQUÍA, LIBRO I, CAPÍTULO 1,2.


ANÁLISIS DEL TEXTO

Como punto de partida de la lectura, hay que tener en cuenta que el Estado es, para Tomás de
Aquino, una consecuencia de la propia naturaleza humana. La influencia fundamental en esta
manera de entender el Estado es, sin duda, Aristóteles, que ya había definido al hombre como
“animal político”, es decir, como animal social. Esta influencia es lógica, si se tiene en cuenta la
importancia que, en general, tiene Aristóteles en la obra de Santo Tomás.

1. NECESIDAD DE QUE ALGUIEN DIRIJA LA VIDA DEL HOMBRE HACIA SU FIN

Para empezar, Tomás de Aquino se propone definir el concepto de rey. Con ese fin, utiliza la
metáfora del timonel competente que se necesita para llevar la nave a su destino, basándose en la
concepción teleológica de Aristóteles, según la cual toda la naturaleza, la vida del ser humano,
como la nave, se encamina hacia un fin. Además, el hombre es un ser racional, y el entendimiento
obra siempre de acuerdo con un fin, y no al azar.

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Ahora bien, las acciones humanas muestran que es posible dirigirse hacia ese fin de maneras
diferentes, y de ahí concluye Tomás de Aquino la necesidad de que alguien dirija al hombre
hacia su fin:

Es necesario comenzar ahora en nuestro comentario por exponer qué se entiende por la
palabra rey. Porque todo cuanto se ordena a un fin puede ser conducido por diferentes
caminos, se precisa un dirigente por medio del cual llegue directamente a su fin todo lo
destinado a él. La nave, que se mueve por el impulso de vientos diversos hacia lugares
distintos, no llegaría al fin previsto si no fuera dirigida hacia el puerto por un timonel
competente; el hombre tiene algún fin al que se ordena toda su vida y su acción, porque
actúa por medio del entendimiento cuyo obrar se descubre por su fin. Pero sucede que los
hombres se dirigen al fin apetecido de modos diversos, cosa que la misma diversidad de
las inclinaciones y las acciones humanas nos muestra. Luego el hombre necesita alguien
que lo dirija a su fin.

2. EL HOMBRE ES POR NATURALEZA UN SER SOCIAL

El hombre aislado no puede conseguir todo lo necesario para su supervivencia

Para dirigirse a su fin, cada hombre cuenta con “la luz de la razón” que Dios le ha otorgado, dice
Santo Tomás. Así, si fuese natural en el hombre vivir solo, le bastaría con la razón para dirigir su
propia vida, y sería “su propio rey”. Sin embargo, y siempre siguiendo a Aristóteles, Tomás de
Aquino afirma que el hombre es un animal social. Así lo prueba el hecho de que, mientras que la
naturaleza dio a los animales lo que les era necesario para sobrevivir por sí mismos, el hombre, en
cambio fue creado sin recursos que le permitieran sobrevivir aislado. A cambio, se le dio la razón,
que le permite conseguir cuanto necesita. Sin embargo, un solo hombre no puede conseguir
todo lo necesario para la supervivencia, y de ello se deduce que no puede ser natural que el
hombre viva aislado, sino en una sociedad formada por muchos individuos:

Cada hombre tiene grabada naturalmente la luz de la razón, para que con aquélla en sus
actos se dirija a él. Y si en verdad le conviniera al hombre vivir individualmente, como
sucede con muchos animales, no precisaría de nadie que le dirigiera a su fin, sino que él
mismo, cada uno, sería su propio rey bajo el supremo rey Dios, porque a través de la luz de
la razón, que le otorga Dios, él mismo dirigiría sus propias acciones. Pero corresponde a la
naturaleza del hombre ser un animal sociable y político que vive en sociedad, más aún que
el resto de los animales, cosa que nos revela su misma necesidad natural. Pues la
naturaleza preparó a los demás animales la comida, su vestido, su defensa, por ejemplo
los dientes, cuernos, garras o, al menos, velocidad para la fuga. El hombre, por el contrario,
fue creado sin ninguno de estos recursos naturales, pero en su lugar se le dio la razón para
que a través de ésta pudiera abastecerse con el esfuerzo de sus manos de todas esas
cosas, aunque un solo hombre no se baste para conseguirlas todas. Porque un solo
hombre por sí mismo no puede bastarse en su existencia. Luego el hombre tiene como
natural el vivir en una sociedad de muchos miembros.

El hombre aislado no puede saber todo lo necesario para su supervivencia

El mismo argumento que ha servido para demostrar que el hombre aislado no puede conseguir
todo lo que necesita para su vida, sirve también para demostrar que el hombre aislado no podría
saber todo cuanto necesita: los animales saben por naturaleza lo que es bueno o malo para
ellos, mientras que el hombre no alcanzar él solo, con su razón, a conocer todo lo que necesita.
Por eso, para ayudarse unos a otros, para que los conocimientos de unos se sumen a los
conocimientos de los otros, es preciso que el hombre viva en sociedad:

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Además, a los otros animales la naturaleza les inculcó todo lo que les es beneficioso o
nocivo, como la oveja ve naturalmente en el lobo a un enemigo. Incluso algunos animales
conocen naturalmente algunas hierbas medicinales y otras necesarias para su vida. El
hombre, por el contrario, únicamente en comunidad tiene un conocimiento natural de lo
necesario para su vida de modo que, valiéndose de los principios naturales a través de la
razón llega al conocimiento de cada una de las cosas necesarias para la vida humana. No
es, por tanto, posible que un solo hombre llegue a conocer todas estas cosas a través de
su razón. Luego el hombre necesita vivir en sociedad, ayudarse uno a otro, de manera que
cada uno investigue una cosa por medio de la razón, uno la medicina, uno esto, otro
aquello.

Para apoyar esta idea del hombre como animal social, Tomás de Aquino parafrasea casi
literalmente un famoso pasaje de la Política de Aristóteles en el que el filósofo griego define al
hombre como el animal que tiene lenguaje y que por tanto puede comunicarse mucho más allá que
el resto de los animales gregarios. Este es el pasaje aristotélico: “Y la razón por la que el hombre
es un animal político (zôon politikón) en mayor grado que cualquier abeja o cualquier animal
gregario es evidente. La naturaleza, en efecto, según decimos, no hace nada sin un fin
determinado; y el hombre es el único entre los animales que posee el don del lenguaje. La simple
voz, es verdad, puede indicar pena y placer y, por tanto, la poseen también los demás animales —
ya que su naturaleza se ha desarrollado hasta el punto de tener sensaciones de lo que es penoso
o agradable y de poder significar esto los unos a los otros—; pero el lenguaje tiene el fin de indicar
lo provechoso y lo nocivo y, por consiguiente, también lo justo y lo injusto, ya que es particular
propiedad del hombre, que lo distingue de los demás animales, el ser el único que tiene la
percepción del bien y del mal, de lo justo y lo injusto y de las demás cualidades morales, y es la
comunidad y participación en estas cosas lo que hace una familia y una ciudad-Estado” (Política,
1253a).
Aunque está claro, pues, que la idea procede de Aristóteles, Santo Tomás recurre al final a otro
argumento de autoridad, procedente de la Biblia, citando a Salomón para apoyar la tesis de que
es mejor para el hombre vivir en compañía (el argumento de autoridad, que supone recurrir a un
sabio reconocido o a las Sagradas Escrituras, era muy utilizado en la Edad Media):

Esto se ve con claridad meridiana en el hecho de que es propio del hombre el hablar, por
medio del cual una persona puede comunicar totalmente a otra sus ideas. En cambio, los
otros animales expresan mutuamente sus pasiones por gestos comunes, como el perro su
idea por el ladrido y otros animales diversas pasiones de distintos modos. Luego el hombre
es más comunicativo para otro hombre que cualquier otro animal gregario que pueda
verse, como la grulla, la hormiga y la abeja. Teniendo en cuenta esto, dijo Salomón: Mejor
es vivir dos juntos que uno solo. Porque tienen la ventaja de la mutua compañía.

3. NECESIDAD DE QUE AQUEL QUE DIRIJA LA SOCIEDAD BUSQUE EL BIEN COMÚN

A continuación, se trata de argumentar la necesidad de que alguien dirija al grupo social. Es


necesario que la sociedad sea dirigida por alguien que busque el bien común, y que evite que
cada uno en la multitud busque su bien particular. Como apoyo a esta idea, recurre a un dato de la
experiencia —el cuerpo humano también necesita dirigir a todos sus miembros para buscar el bien
común— y a un argumento de autoridad —Salomón, que consideraba un pueblo sin gobierno se
dispersa—. Otro argumento a favor de la necesidad de dirigir la sociedad es que en todo orden, en
toda jerarquía, hay algo que rige, como ocurre con la jerarquía de los cuerpos, en la que el
cuerpo celeste rige a los otros cuerpos, y la criatura racional rige sobre todos ellos, siguiendo el
orden que Dios ha querido (este recurso al orden divino es una característica que diferencia a
Santo Tomás de Aristóteles). Otro tanto ocurre, por ejemplo, en el caso del hombre: el alma dirige
al cuerpo, y la parte racional dirige a las otras dos partes del alma, la irascible y la concupiscible
(puede verse aquí que la escolástica había recogido de Platón la clasificación de las partes del

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alma y la idea, que aparecía en el mito del carro alado, de que debe ser la parte racional del alma
la que controle a las otras dos).

Luego si la naturaleza del hombre exige que viva en una sociedad plural, es preciso que
haya en los hombres algo por lo que se rija la mayoría. Pues, al existir muchos hombres y
preocuparse cada uno de aquello que le beneficia, la multitud se dispersaría en diversos
núcleos a no ser que hubiese alguien en ella que cuidase del bien de la sociedad, como el
cuerpo del hombre o de cualquier animal se desvanecería si no hubiese alguna fuerza
común que lo dirigiera a buscar el bien común de todos sus miembros. Por este motivo dijo
Salomón: Cuando no hay gobierno se dispersa el pueblo. Esto sucede con toda razón;
pues no es lo mismo lo propio que lo común. Por lo propio se enemistan algunos, por lo
común se unen. Pues se dan distintas causas para distintos efectos. Luego conviene que,
además de lo que mueve a cada uno hacia su propio bien, haya algo que mueva al bien
común de muchos. Por eso mismo encontramos algo que rige mejor a todo cuanto se halla
ordenado. En el conjunto de los cuerpos otros cuerpos son dirigidos por el primero, o sea,
el celeste, según el orden de la divina providencia, y todos los cuerpos lo son por la criatura
racional. En el hombre individual el alma dirige al cuerpo, mientras que la razón gobierna
las partes del alma irascible y concupiscible. Asimismo entre los miembros del cuerpo hay
uno principal que mueve a todos, bien el corazón, bien la cabeza. Luego es preciso que en
toda sociedad haya algo que la dirija.

Un gobierno justo es aquel que busca el bien común

Demostrada ya la necesidad de que la sociedad sea dirigida, Tomás de Aquino se plantea cuál es
el mejor tipo de autoridad. De nuevo sigue a Aristóteles y su clasificación de las formas de
gobierno. Como el filósofo griego, Santo Tomás establece la diferencia entre un gobierno justo y
un gobierno injusto en el hecho de buscar el bien común o los intereses particulares de quien
gobierna. La teoría aristotélica queda reforzada con un argumento de autoridad: el libro de
Ezequiel del Antiguo Testamento, en el que se dice que los pastores deben buscar el bien del
rebaño.

Sucede, pues, que todo lo que se halla ordenado a un fin avanza unas veces rectamente y
otras no; por ello la sociedad en ocasiones es bien dirigida y en ocasiones mal. Cada cosa
está bien regida cuando se la conduce al fin que le conviene. Pero es distinto el fin que
conviene a los libres que el que a los siervos. Porque es libre quien es por causa de sí
mismo, mientras que siervo es quien, cuanto es, lo es por causa de otro; luego, si la
sociedad de los libres es dirigida por quien gobierna hacia su bien común, se da un
régimen recto y justo, como corresponde a los libres. Si, por el contrario, el gobierno se
dirige no al bien común de la sociedad, sino al bien individual de quien gobierna, se dará
un régimen injusto y perverso, por lo que también el Señor amenaza a tales dirigentes por
medio de Ezequiel que dice ¡Ay de los pastores que se apacientan a sí mismos!, o sea, de
quienes buscan su propio beneficio; ¿acaso los rebaños no deben ser apacentados por los
pastores? Porque los pastores deben buscar el bien del rebaño y cada uno de los
dirigentes el bien de la sociedad sujeta a ellos.

Degradaciones de los sistemas de gobierno justos

Recoge a continuación Tomás de Aquino la conocida clasificación aristotélica de las


degradaciones de los sistemas de gobierno, aunque a veces cambie ligeramente las
denominaciones: la tiranía —degradación de la monarquía que supone un único dirigente que
gobierna injustamente y oprime al pueblo—, la oligarquía — degradación de la aristocracia que
consiste en el gobierno injusto de unos pocos— y democracia —degradación de la timocracia (o
democracia censitaria), que consiste en el gobierno del pueblo que actúa como tirano.

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Luego si llega a haber un régimen injusto solamente a causa de una persona, que busca
en el gobierno su propio beneficio pero no el bien de la sociedad a él sometida, tal dirigente
es llamado tirano, nombre derivado de la palabra fuerza porque oprime, con la fuerza, y no
gobierna con la justicia; por eso también los antiguos llamaban tiranos a algunos
poderosos. Pero si en verdad no llega a haber un régimen injusto solamente a causa de
uno sino de varios, aunque no sean muchos, se le llama oligarquía, o sea, gobierno de
pocos, cuando unos pocos oprimen a su pueblo, por ejemplo, por medio de las riquezas,
diferenciándose del tirano únicamente en la pluralidad. Y, si el gobierno inicuo es ejercido
por muchos, se denomina democracia, o sea, poder del pueblo, cuando, por ejemplo, el
pueblo oprime a los ricos con una fuerza aún más plebeya. De esta forma el pueblo actúa
como un único tirano.

Clasificación de los gobiernos justos

Se refiere después Santo Tomás a la clasificación aristotélica de las formas justas de


gobierno: la política —se refiere a la timocracia aristotélica, gobierno de muchos—, la
aristocracia —el gobierno de los mejores— y la monarquía —el gobierno de uno solo al que se
denomina rey—:

De igual modo puede dividirse el régimen justo. Si es gobernado por un grupo, se le llama
con el nombre común de política, como cuando el grupo de los guerreros domina una
ciudad o una provincia. Pero si es gobernado por unos pocos honestos, a ese régimen se
le llama aristocracia, o sea, el gobierno mejor o de los mejores, los cuales son llamados por
eso próceres. Mas, si realmente el gobierno justo es ejercido por uno exclusivamente,
aquél es llamado con propiedad rey: por eso el Señor dice en Ezequiel: Mi siervo David
será rey sobre todos y único pastor de todos ellos.

4. GOBIERNO DE UNO SOLO QUE BUSCA EL BIEN COMÚN: EL CONCEPTO DE “REY”

En consecuencia, queda claro que el concepto de “rey” implica la idea de uno solo que busque el
bien común y no su propio interés. Inmediatamente después, Santo Tomás resume la doctrina
aristotélica: el hombre es un ser social porque no puede procurarse por sí solo lo necesario para la
vida, y la sociedad será tanto más perfecta cuanto más autosuficiente sea. Como Aristóteles,
distingue tres ámbitos de relación social, que corresponden a tres formas naturales de vida en
común: la familia, el barrio (la aldea aristotélica) y la ciudad, que, también siguiendo a Aristóteles,
es la comunidad perfecta. Sin embargo, mientras que el filósofo griego no reconocía una unidad
mayor que la polis, Tomás de Aquino se refiere a la provincia, un concepto introducido por los
romanos (la protección frente a los enemigos que corresponde a la provincia era una característica
que Aristóteles atribuía también a la polis). Santo Tomás señala la semejanza entre el padre de
familia y el rey, ya que a veces se denomina a los reyes “padres del pueblo” (en esta cuestión,
Aristóteles había matizado que la diferencia entre quien gobierna una familia y quien gobierna una
ciudad-Estado es algo más que cuantitativa: no se trata de la diferencia entre gobernar a unos
pocos y gobernar a muchos, sino de una diferencia cualitativa, porque la ciudad-Estado es para
Aristóteles el marco donde se el hombre desarrolla los valores morales).

De ello se desprende que pertenece a la noción de rey ser uno solo el que presida y sea
pastor, buscando el bien común de la sociedad y no el suyo. Como compete al hombre vivir
en sociedad, porque él mismo no se basta a procurarse lo necesario para vivir si
permanece en solitario, es preciso que la sociedad de muchos sea tanto más perfecta
cuanto más suficiente sea por sí misma para lograr lo necesario para la vida. Pues se da lo
suficiente para vivir en familia los de una casa, en cuanto a lo necesario para los actos
normales de nutrición y generación de la prole y similares; en un barrio, en cuanto a lo que

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se precisa para una profesión; en una ciudad, la comunidad perfecta en cuanto a lo


necesario para la vida, pero todavía más en una provincia por la necesidad de lucha y
mutuo auxilio contra los enemigos. Por eso, el que dirige una comunidad perfecta, o sea,
una ciudad o provincia, es llamado rey por antonomasia; el que gobierna la casa, por el
contrario, no se llama rey, sino padre de familia. Tiene, sin embargo, alguna semejanza con
el rey, puesto que a veces los reyes son denominados padres del pueblo.

La conclusión vuelve a recoger el concepto de “rey” como aquel que dirige a la sociedad hacia el
bien común, y Tomás de Aquino recurre finalmente a un argumento de autoridad, que consiste en
este caso en una frase de Salomón:

Luego es evidente por lo anterior que rey es aquel que dirige la sociedad de una ciudad o
provincia hacia el bien común; de ahí que diga Salomón: El rey manda que toda la tierra le
sirva.

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