Bombón de hombre: carta al amor ideal
Bombón de hombre: carta al amor ideal
En fin, hablo de un lugar, específicamente una fábrica, donde puedas enviar una
carta con las características de tu chico ideal, y a final de mes ¡¡Llegue tu jodido
pedido!!
Quizá, solo quizá, me estaba comportando como una solterona que se quedaría
con siete gatos y con un salón convertido en biblioteca. Con millones de libros
donde existían los hombres perfectos que no te engañaban con rubias con tetas
de silicona. ¡Maldito! ¡Lo odiaba!
Otro largo trago de vino se deslizó por mi garganta, estaba demasiado delicioso y
me tenía bien subida de tono. La realidad, estaba demasiado borracha. Tanto, que
estaba escribiendo todo lo que quería de un hombre para guardarla en un sobre y
enviarla a cruzar el océano. Sures't Sweet era su destino, su sucursal en Europa
se vanagloriaba de hacer los mejores bombones del mundo y yo quería uno.
Quería un jodido bombón de carne y hueso.
12. Un hombre que sepa mantener el equilibrio de la relación, que sienta que
puedo contar con él en mis peores momentos y aun así en sus ojos siga
siendo perfecta.
13. Quiero un hombre con el que pueda hablar tierno, morboso y divertido a
la vez.
Repasé los primeros puntos con detalle. Que fuera guapo y además tuviera un
buen cuerpo, un dios sexual obviamente y que tuviera su dosis de Christian Grey
¿Qué mujer no había soñado con eso? El punto número cinco, lo resalté con
marcador amarillo, nunca debía serme infiel, jamás y por supuesto, añadí un
paréntesis que mucho menos, fuera con una rubia. ¡Maldita perra! Las mejores,
perfectas e imposibles cualidades del mundo las había resumido en una carta de
varias hojas.
Dando traspiés y con cero equilibrio logré bajar el edificio, la calle estaba desierta
como era de esperar. Caminé hasta el buzón más cercano y me paré con
solemnidad frente a él. En breve sería la portavoz de la población femenina,
porque luego de mi hazaña, muchas iban a imitarme.
Con mis labios marcados por todo el envoltorio y la energía a mil, di saltitos y le
susurré bajito deseándole buen viaje. Nada podía fallar, la dirección estaba
perfecta y los requisitos detallados.
Con la misión cumplida decidí volver a casa, giré un poco mareada y con el
pensamiento de que ojalá llegara pronto mi entrega. De todos modos ¿Cuánto
tiempo podría demorar hacer mi bombón?
Esa carta sería una burla y mi fracaso personal, pero nada de eso interesaba.
Intenté levantarme para volver y rescatarla del buzón, pero mi mente se negaba a
cooperar.
¡Maldito trabajo el mío! ¡Si fuera barre calles no tuviera sellos de postal!
Capítulo # 1 ¡Buenas noticias!
— Por favor Kika deja eso ya, llevas diez minutos ahí parada y me estás poniendo
nerviosa — Ella solo sonrió y sus ojos claros alcanzaron un brillo malévolo.
— ¿En serio? — traté de razonar — ¿No puedes darme ánimos ni una sola vez?
Matías no es como tú crees, puede que haya cometido errores, pero ha cambiado,
prometió que estaría allí. Lo sorprenderé, le dije que iría directo del trabajo a la
cena, pero como César me pidió este informe podré irme temprano y mimarme un
poco.
— Cambiando de tema ¿Cómo vas con ese reportaje? No puedo creer que hayas
logrado eso, es muy difícil conseguir una entrevista con los dueños, son
demasiado reservados, aunque César dice que son lindas personas.
— No creo que sean tan inexistentes, nada funciona sin supervisión y esa maldita
empresa está generando millones, sus productos reinan en Europa y están
conquistando América ¿No te da curiosidad?
— Tal vez es una mujer exitosa que no desea que su familia esté expuesta al
mundo del espectáculo, quiere mantenerlos lejos de toda esa mierda que lees de
vez en cuando — Respondí
— Señoritas... — César tenía una sonrisa extraña, era raro que viniera hasta
nuestras oficinas, normalmente era al revés, debía ser importante. De inmediato
nos pusimos de pie.
— Señor ¿Qué se le ofrece? — El avanzó sin pedir permiso, algo que no era
común.
— Emily, sabes que en casi dos semanas viajarás a Inglaterra — hice un leve
asentimiento un poco confusa — Debes entender que te confié este reportaje
porque admiro mucho tu trabajo, tienes una forma de escribir peculiar que hace
que empatices con los lectores, el articulo más aburrido es ameno de leer con tus
palabras.
— No tengo dudas, y lo disfrutarás más porque no irás sola — Le dio una mirada a
mi amiga y la pelirroja se puso un poco nerviosa, la verdad tener un jefe guapo era
un privilegio que teníamos, lástima que yo solo me recreaba un poco porque los
trigueños jamás me llamaron la atención — Ya no será solo un reportaje escrito,
habrá que tener pruebas documentales, fotos, entrevistas, por eso he decidido que
la señorita Valentinos la acompañe.
Sin importarnos una mierda la presencia de César gritamos y saltamos como
desquiciadas mentales, solo la risa de César nos hizo recobrar la compostura.
— ¡Oh por Dios! Perdón, pero esto es tan genial — Ninguna podía con la emoción.
— Lo tengo claro, además serán casi dos meses de trabajo ya que será más
intenso y amplio el trabajo — Mi cara perdió un poco la sonrisa, de por sí había
sido un dilema lo de un mes fuera por trabajo, no quería ver como se pondría
Matías con los cambios de última hora.
— ¡Estupendo! — Nada mejor que estar en un trabajo genial con tu mejor amiga,
Matías debía entender que el periodismo era mi vida, contar una historia a través
de mis palabras no tenía precio.
— Sí — Sonrió como un niño cuando tiene un dulce — Iré con ustedes, no estaré
los dos meses, pero si mi presencia será continua ¿Algún problema?
— Para nada — Solté con brusquedad mi mano, porque estaba a nada de perder
los dedos. Pobre Erika, tendría la tentación andante para ella casi un mes, la
acompañaba en el sufrimiento.
Para mí pasaría rápido, hablaría con Matías esa noche y lo convencería de que
esos dos meses pasarían volando, haría mi trabajo sin distracciones ni
interrupciones para volver, que me ascendieran y ponerme de lleno a planear mi
boda. Nada podría salir mal.
Capítulo # 2 Decepción no esperada
— ¡Joder, que feliz estoy! — Solo asentí de tal forma que mi cabeza podía quedar
con trauma de tanto movimiento.
— No puedo pedir nada más Kika, tendremos un viaje que será un trabajo estrella,
disfrutaremos un montón en un país extranjero y cuando regresemos planearemos
mi boda y...
Apoyé las dos manos encima de la mesa y suspiré con pesar, detestaba esas
discusiones. Observé mi reloj y quedaban como siete horas para la cena, tenía
tiempo suficiente. Iría andando un poco para despejar mi mente, de todas
maneras, iba sobrada.
Salí del edificio con la culpa de no arreglar las cosas, pero si algo conocía de Erik,
era que no sabía perder la razón.
Mi prioridad antes de la caminata de relajación era algo caliente, la cafetería de la
esquina vendía los mejores chocolates calientes de la historia, le podrían hacer
competencia a los Sures't si quisieran.
Hice mi pedido y en unos minutos salí conforme con mi vaso de aquel líquido tan
maravilloso. Recorrí el parque con lentitud y aunque el camino fuera más largo,
me daba paz y perspectiva, disfrutaba mi paseo. Cuando creí que habían
trascurrido más de dos horas me percaté que no había gastado ni una, por lo que
me senté en una banca a despejar.
— ¿En serio? Pero nadie ha tendido acceso a eso en años... — estaba tan
emocionada que saldrían fuegos artificiales de mí.
— Sé que amas tu trabajo, lo noto en cada reportaje que haces. Por cosas de la
vida alguien que aprecio mucho me ha dado la primicia de esta empresa, si
logramos ser el único periódico con las noticias de este emporio sería un salto
definitivo a las grandes ligas.
— Entiendo, y me hace ser afortunada de formar parte que eso suceda, dígame
que hay que hacer.
— ¿Un mes? — Mi voz subió varios decibeles y me avergoncé que fuera tan
evidente mi sorpresa.
— Si, como comprenderás esa familia tiene mucho que hacer, y su nuevo dueño
tiene demasiadas responsabilidades como para viajar hasta aquí, ¿espero no
haya inconveniente en eso?
Sin prender ninguna luz fui hasta la recámara, abrí el closet y dejé mi bolso junto a
los zapatos. Mi bata de seda ya estaba en mi mano y caminé al baño, aunque todo
estuviera en silencio, lo disfrutaba.
Apagué la luz del baño que era la única que daba señales de vida y me ubiqué
tras la puerta con la pieza de mármol que aguantaba la cesta de los jabones en mi
mano. Me daría tiempo para correr si eran ladrones, o al menos eso esperaba.
Las voces se acercaron y me preparé para atacar, pero lo que logré distinguir me
detuvo.
— No, me dijo que iría del trabajo a esa estúpida cena, pero ya no hablemos de
eso.
Salí con los ojos empañados en lágrimas y aguantando el arma que conseguí aun
en las manos.
— Eres un maldito hijo de puta — Hablé conteniendo las ganas de matar que me
estaban invadiendo, la rubia intentaba cubrir la poca vergüenza que le quedaba y
mi rabia incrementaba al percatarme que desde la sala venían quitándose la ropa.
— Puede explicarlo caramelito — ¿Por qué nunca tuve el valor de pedirle que
dejara ese horrible apodo? — Esto es un malentendido, Melissa y yo...
— Melissa es una puta desgraciada que pega perfectamente contigo ¡Te abrí las
puertas de mi casa! ¡Éramos amigas! ¿Cómo fuiste capaz? — Los gritos
aumentaban y todo lo que llevaba acumulando empezaba a fluir — Y la tonta,
como bien me llamaste, se creyó todo el cuento de mujer agradecida porque
Matías te había dado una oportunidad... ¡Una oportunidad de meterte en su cama,
zorra!
— Emily hablemos, ella no significa nada para mí — ¿Cómo podía ser tan maldito
de decirlo frente a ella? — ¡Tú y yo nos vamos a casar por Dios!
— Nos íbamos a casar — Enfaticé — Esto terminó aquí, y te juro que no hay
vuelta atrás...Ni te molestes en recoger las cosas, me provoca náuseas siquiera
mirar cada cosa de este departamento, a saber, en cuantos lugares dejaron sus
pulgas.
— ¡Deja de llamarme así! ¡Odio ese estúpido apodo! ¡Joder! He perdido cuatro
años de mi vida al lado de un inútil, nunca podré arrepentirme lo suficiente de no
haber hecho caso a los que estaban a mí alrededor. Debí alejarme desde que
encontré el supuesto mensaje equivocado en tu teléfono.
— Lo siento, fue un desliz — Ya no me tragaría sus mentiras, ya no más —
Además ¡Fue tu culpa! Siempre estás pendiente a tu trabajo.
— Eres aún más idiota de lo que imaginaba — Reí sin humor — Te encuentro casi
teniendo sexo con tu socia, escuche como hablaban y sé que no es de hace tres
días, y tienes los huevos de decirme ¡Que es mi maldita culpa!
— Estás enfermo... — Susurré con lágrimas en los ojos, el golpe había lastimado
mis labios porque sentía el sabor de la sangre en mi boca — ¿Cómo pudiste
pegarme así?
Con la calma del mundo se puso de pie y entró al vestidor, cogió una camisa y
cambió la que traía por la nueva, llevó otra en las manos y un cambio de
pantalones con ropa interior.
Lanzó la corbata a la cama que seguía desecha mientras me miraba con una
sonrisa, mi corazón estaba bombeando demasiado rápido, temía que me
sucediera algo e internamente trate de serenarme.
Una tonta, como decía Melissa ¿Cuánto tiempo se habrían burlado de mí?
Esa mujer, comía en mi mesa, hasta la dejé pasar varias noches con nosotros
cuando peleo con su esposo, todo era parte de un juego, un juego bastante cruel
del cual fui víctima.
Sino había planteado cara todo ese tiempo era por pensar que dejándolo ganar lo
haría feliz, el me complacía en todo, lo mínimo que podía darle era la satisfacción
de hacer lo que le gustaba y a mí me daba tranquilidad.
Me levanté y fui corriendo al baño, mi cara se veía roja, solo con mi bata estaba en
ese intercambio de palabras vacías, suspire apoyada en el lavamanos, lave el
hilito de sangre que se notaba y recogí mi cabello en un moño descuidado.
Corrí al vestidor y logré encontrar unas maletas, estarían bien para llevarme
suficientes cosas, dejaría lo que nunca fue mi estilo y adopté por querer encajar en
costumbres y formas que nunca fueron las mías. A partir de que pusiera un pie
fuera de ese departamento, sería libre otra vez.
Con ropa deportiva y unos tenis agarré las llaves y corrí al súper mercado.
¡Necesitaba vino!
Capítulo # 4 No fue mi mejor idea
Pasé casi media hora frente al estante de las bebidas decidiendo cuantas botellas
debía llevar, no era muy tolerante al alcohol, pero la ocasión lo ameritaba. Si no
estuviera estado tan avergonzada habría llamado a Erika, pero no tenía valor de
mirarla en ese instante, me sentía tan patética que debería conformarme con vino
dulce y barato. Si era dulce, debía ser menos fuerte seguramente.
Pagué mis cosas en la caja y la dependienta me miraba raro, me daba igual. Entre
el vino, comida chatarra y una caja de cigarrillos iba cargada al lugar de los
hechos, tendría una tarde-noche agitada. Recogería lo necesario y me iría a un
hotel por algunos días, en dos semanas viajaría a otro continente por lo que no me
preocupé en buscar ningún lugar para vivir, ya tendría tiempo de buscar algo
decente en tres meses. Mi ropa, o lo que quedará de ella, la guardaría con Kika y
problema resuelto.
Descalza y con copa en mano, tomé el control del equipo de música y subí a todo
volumen las canciones, un poco de ritmo al estilo discoteca ayudaría a mis tareas
propuestas.
Desarmé las maletas, tiré mucha ropa y empaqué otras, cuando estaba por la
segunda maleta ya había consumido dos de las cinco botellas que había
comprado.
No sé si fue el alcohol, pero las ideas malévolas empezaron a cobrar vida, las
camisas favoritas de Matías me miraban con recelo y hacían bien, porque no
durarían mucho con vida. ¡Tijeras! ¡Marcadores permanentes! ¡Labiales rojo
pasión! Mi lado creativo salía a flote, en un segundo pensé que debí ser artista
plástica, aunque no creo que esa obra hubiera sido bien aceptada, mejor me
quedaba escribiendo, me solté a reír de pensar tantas estupideces. ¡Ja! Matías iba
a infartar cuando viera mis obras maestras. Debía agradecer, era mi fuente de
inspiración.
Me detuve mirando alrededor, ¿qué más podía hacer? Mire con odio su maldito
perfume, los botaría todos y que gastara dinero, con razón se arreglaba tanto para
sus reuniones, seguro que eran en un hotel, asqueroso de mierda.
¡Tuve una idea genial! Botaría toda mi ropa interior, así tendría que ir de compras,
¡Al fin compraría lencería de encaje sin tener remordimientos! El imbécil de Matías
era alérgico a la tela, nunca pude sorprenderlo con nada sexy porque le huía solo
de mirarlo, le dejaría en su cajón los que tenía escondido así con suerte tocaba
uno y le daba picazón. Mis venganzas eran infantiles ¿Y qué?
Fui corriendo a donde guardaba las prendas íntimas y localicé mi bolso ¡Mi móvil!
Lo había olvidado, llevaba horas sin revisar nada. Agarré con un poco de dificultad
mis pertenencias y busqué con ímpetu mi cuarta parte del cuerpo. ¡Ajá! Que
decepción, un mensaje de Matías alias "Imbécil Agresivo" deseándome dulces
sueños. La rabia me invadió una vez más y lancé el bolso contra el piso con fuerza
¡Te odio! ¡Sínico! En lo que gritaba hasta quedarme ronca noté que una carpeta
había salido sin querer y varios papeles se regaron por toda la alfombra de la
habitación.
Con carpeta en mano caminé hasta la mesa de centro en la sala y abrí otra
botella, el líquido pasó con facilidad por lo garganta y eso hizo que me diera más
de cuatro tragos seguidos. ¿Por qué si hacían tantas cosas geniales no fabricaban
un hombre? ¡Un hombre de chocolate! ¡Sí! Un hombre que estuviera para
comérselo, literalmente. Entre risas y llanto, no definía bien que estaba haciendo,
arranqué unas hojas de la agenda de teléfonos y tomé mi lápiz de apuntes.
— ¡¡Muy bien querido público!!, — dije en voz alta a los adornos de la sala, —
haremos una maldita lista del hombre de chocolate perfecto.
— ¡Un bombón!, sí, eso, un bombón de hombre ¿No que fabrican a pedido? Púes
seré la voz de todas las mujeres del mundo y mandaré una carta al fantasma
misterioso que dirige la empresa perfecta.
¿Qué tendría un hombre perfecto? Pensé como darle forma a aquello, encendí
otro cigarrillo, tomé un larguísimo trago directo de la botella sin preocupación,
suspiré, y empecé a escribir.
Por tanto, he decidido que ustedes que realizan pedido con productos
innovadores, pudieran crear un hombre perfecto, un bombón, no por gusto son los
mejores del mercado. Y ya que estamos en estas, adjunto una lista con los
requisitos que necesitaría le incluyera, de ser probado el producto con éxito cuente
con mis excelentes referencias.
Emily Bersett
Mordí con nerviosismo mi lápiz especial, era hora de entrar en el terreno peligroso.
Tache aquí y allá hasta que todo expresaba lo que quería. Seguí bebiendo y
fumando para poder aclarar la lista de deseos. ¿Qué debería poner de número
uno?
Capítulo # 5 Maldita resaca
...No existía nada más, esa botella de vodka era mi única compañía...
Mi cabeza dolía, las punzadas que me atacaban no me daban ganas de abrir los
ojos ¿Por qué tuve que beber tanto? Jamás en mi vida volvería a probar esa cosa,
ilusa yo por pensar que al ser dulce era inofensivo, maldito vino. Mi cuerpo estaba
en muy mal estado luego de mi arrebato, mi estómago revuelto y un olor
nauseabundo. En pocas palabras: Daba asco.
Abrí los ojos con una dificultad abrumadora, observé como pude a mí alrededor y
estaba sobre el sofá de la sala, la luz que entraba por las puertas de cristal que
daban al balcón me molestaban a un nivel infinito y cuando intenté cubrir mi cara
con las manos unas arcadas me invadieron, que olor tan desagradable. Me
levanté y con pasos agitados llegué al baño, la vida se me iba frente al inodoro y
me aferré al él como tabla de salvación en lo que iba expulsando todo lo que
quedaba en mi maltratado estómago.
Perdí la noción del tiempo que estuve bajo la lluvia artificial, mis músculos lo
agradecieron y ni hablar de mi cabeza, poco a poco me iba sintiendo persona una
vez más. Salí y me enrollé en una toalla, llegué despacio hasta el vestidor y quedé
impactaba al ver todo revuelto y en su mayoría desecho.
Toda mi ropa, o algunas de ellas estaban en las maletas que encontré, las demás
estaban apiladas en bolsas de basura. Ahogué un grito cuando me fijé en la parte
de Matías, ¡Sus camisas! Maldición, estaban rotas, embadurnadas en maquillaje y
todas con letreros permanentes con ofensas muy subidas de tono.
Me vestí con algo cómodo para tratar de organizar el desastre, organicé bien la
ropa en las maletas y las que había en bolsas de basura las acomodé en la
entrada del vestidor para donarlas a algún centro de mujeres.
Mordí el sándwich con furia, estaba famélica, mis tripas resonaban con aceptación
y mi energía de repente se sentía renovada. Limpié todo en la cocina, y me
dispuse a seguir recogiendo. El cenicero estaba repleto de colillas y el olor a humo
en toda la sala. Definitivamente había tenido mucha acción.
— ¿Por qué están ahí esos papeles? — Hablé al vacío porque obviamente y
gracias a Dios estaba sola.
Mi agenda de anotaciones apenas tenía hojas y todas tenían notas, pintadas con
garabatos y esparramadas por todo el salón. Mi carpeta del trabajo también
estaba allí, en ella guardaba documentos de la oficina, sobres, sellos y algunas
cosas legales del periódico ¿Para qué podría haberla usado? Tomé el sobre de
manila que resaltaba entre todo y se me hacía muy familiar.
Me puse nerviosa de repente. Por todo lo bendito y glorioso que existía, solo
rezaba que no hubiera cometido una estupidez. Los artículos que había dentro
tenían frases subrayadas y anotaciones en los costados, flechas y corazones mal
hechos, el dibujo nunca había sido lo mío.
Una hoja manchada de labial me llamó la atención, con un ligero temblor la agarré
y leí apresurada.
Punto número treinta y tres: Que le guste tener mascotas (Gatos, perros, peces,
hámsters, tortugas, y otros animales domésticos.
Mi letra se definía, pero se notaba que tenía estragos mentales cuando escribí
esas cosas ¿A qué venía ese punto? Seguí leyendo otras líneas que no tenían
uniformidad.
Punto número treinta y seis: Que te recoja en el trabajo con un ramo de flores y
bombones (a todas las chicas nos gustan esos detalles)
El color huía de mi rostro, ¿Por qué mierdas tenía todas esas estupideces
escritas? Revolví entre el reguero y veía más notas, más puntos y puntos dando
explicaciones ridículas y aclarando argumentos, pero ¿para qué?
Unas tijeras y algunas revistas recortadas me siguieron confundiendo, una
cartulina con un intento de rompecabezas y con plumón rojo me seguía
revolviendo las ideas, leí un encabezado, "Proyecto Bombón".
Seguí enfocada en los papeles avergonzándome cada vez más con lo que leía,
como pude ser tan estúpida de escribir esas líneas, eran cosas irreales, ningún
hombre podía tener todas esas cualidades, era absolutamente imposible.
Casi resignada empecé a juntarlos todos, pero uno debajo del mueble llamó mi
atención. La hoja estaba un poco arrugada y en el texto escrito varias tachaduras,
pero algunas líneas se podían distinguir con claridad. El miedo se fundió con mi
curiosidad.
...cuente con mis excelentes referencias...— Tenía que ser una maldita broma.
No lo hice.
No lo hice.
No lo hice.
Repetía una y otra vez. Por eso tenía mi carpeta afuera, era obvio que para tomar
los sellos si quería enviar una carta internacional. ¡NO!
Corrí como poseída por todo el salón y me arrastré buscando mi teléfono celular.
Grité y chillé sin saber qué hacer, en lo que la escuchaba que empezaba a dar
tono. Un timbre, dos, tres... ¡Maldita sea!
— Pero el chico del correo me dijo, que a veces tardan casi veinticuatro horas en
recoger los buzones para llevarlos al correo y de ahí a su destino. Una vez llegue
a la agencia, no hay marcha atrás.
Las esperanzas se iban disipando una tras otra, ¿Por qué me dejé convencer de
esta atrocidad? Respuesta fácil, si de verdad había enviado esa carta, estaba
muerta profesionalmente, me quedaría sin trabajo y justo en ese momento que no
tenía ni donde vivir y tenía a mi ex, buscándome como psicópata. Nada podía ir
mejor.
— Tienes la manía de hacer borradores de todo lo que haces para luego hacerle
anotaciones y formar el original — terminó por mí.
— Con algo de suerte esa manía la olvide estando peor que una cabra
alcoholizada ¿no?
— Déjame ver los papeles — La miré con las mejillas encendidas, no podía creer
todo lo que había escrito — Emily Bersett, tienes cinco segundos para traerme esa
evidencia antes que se acabe el poco autocontrol que llevo.
— Bien — Suspiré, me levanté y fui por ellos. Lo peor que pude hacer porque
media hora después mi supuesta mejor amiga casi se orina encima de tanta risa
— Es que no puedo Emy, te juro que no puedo — No podía casi hablar — ¿Cómo
se te ocurren estas cosas? Es que algunas las he pensado hasta yo y nunca tuve
el valor de decirlo. Esta genial amiga, ojala y la hayas enviado — Un cojín aterrizó
en su rostro — ¡Vale! Pero es que está demasiado bueno, podrías publicar un
artículo con esto.
— Sí, claro, sino pierdo mi trabajo antes — sonaba derrotada y ella se limpió una
lágrima para mirarme con ternura.
— Lo solucionaremos cariño, ya verás, ahora recojamos todo antes que venga ese
inútil que tenías por novio y me arresten por asesinato.
— Te quiero Campanita…
***********************
Tiempo real
— ¿Ya? — pregunté.
— Espera... — respondió fastidiada, era la décima vez que preguntaba — ya
están cerrando la tienda de enfrente, en diez minutos ya podremos llevar a cabo la
operación.
— Claro, porque así vestidas damos mucho que desear — dije molesta.
— Ya Emy, solo será entrar y salir ¿Qué tiempo llevará abrir el buzón y revisar si
están las cartas o no? En una hora estaremos en casa viendo Posdata: Te amo,
con palomitas de maíz y dos helados de chocolate.
Acomodó su gorro y me hizo una seña muda, rodé los ojos con fastidio y la seguí
¿Tenía opción? Estábamos ahí, de eso dependía todo.
Nos acercamos al buzón y lo rodeamos como perros, solo tenía una rendija por la
cual era imposible saber si tenía cartas o no. Solo quedaba tratar de abrirlo. Erika
tomó el destornillador y empezó a forzar aquello, el ruido era fuerte por lo que
trataba de hacerlo lento. Nada, aquel maldito buzón no daba tregua, ni tenía pizca
de querer abrirse ni un poco.
Vamos, con nuestra pinta y el arma en las manos, evidencia fija. No dijimos nada
en el camino e íbamos con esposas y todo ¿Qué más, San Benito? ¡Que más!
Cuando dimos la declaración no hubo remedio, nos hicieron pruebas de alcohol y
drogas, natural con las explicaciones que salían de nuestra boca.
Luego de dos horas Erika gritaba que quería su llamada, yo solo estaba allí,
mirando a la nada, ni muerta llamaría a Matías, prefería pasar la noche en aquella
celda. Lamentablemente la otra persona que podía ir en mi ayuda estaba
encerrada conmigo.
— Era eso o dormir aquí Emily ¿Qué hacía? — Ella también se estaba alterando y
comenzó a mover los brazos de forma exagerada.
— Para mí no es problemas Emily, solo que… — hizo una pausa que nos puso
tensas al momento — Tengo curiosidad ¿Cómo llegaron aquí?
Volví a repetir mirando al techo de aquel cuarto de 2x2 ¿Qué más puede pasar?
¡Qué más!
Capítulo # 7 Vida ¡Apiádate de mí!
De todas las cosas que por los siglos de los siglos Erika estaría endeudada
conmigo, aquella situación, la ponía en la cima ¿Cómo coño se le ocurrió llamar a
nuestro jefe para que nos sacara de la maldita estación de policía?
Súper cómodo y súper lógico de explicar todo aquello, si es que no podía ser más
vergonzoso
— Hola jefe, estamos arrestadas por tratar de robar propiedad privada y del
estado, según el informe policial, tratando de dañar la integridad moral de alguna
persona.
Aún no me creía esas jodidas palabras ¿En serio? ¡Yo solo quería saber si envíe
la maldita carta!
Por supuesto, nadie nos creyó el motivo y eso me llevaba al punto ¿Cómo le
explicaba nuestro jefe, que intentaba recuperar algo que podría arruinar todo
nuestro trabajo y dañar la reputación del periódico? Mi cabeza iba a explotar.
— Si, verá Señor Nazaré, yo estaba tan borracha que no recuerdo si envíe un
pedido de un hombre perfecto con sabor a chocolates al dueño de la Empresa que
tenemos que hacer el reportaje de nuestras vidas.
— Tengo una mente amplia, puedes intentarlo — ¿Eso había sido coqueteo? No
lo podía creer.
— Espero la historia con ansias entonces. Vamos, las llevaré a casa — Abrió la
puerta de BMW y nos dio una señal caballerosa para entrar.
Murmuré un pequeño: gracias, pues fue lo único que logré pronunciar. El solo
asintió y repitió que no había problemas. El camino a casa fue silencioso, hice
intervalos de mirada entre ellos que iban frente a mí, y la idea sobre César, sin
tener nada mejor que hacer un viernes en la noche que ir a sacar de comisaría a
sus empleadas empezaba a rondar por mi mente. Qué vida más aburrida.
— Buenas noches César... Y gracias — ¿estaba siendo tímida? Quien era esa
pelirroja frente a mí, ya me burlaría en el futuro.
— No fue nada — le dio una mirada a mi amiga, que hasta yo quedé bajo ese
encanto, y sus palabras me dejaron traumada. — ¿Estaría mal que las arrestaran
más seguido? Así consigo verte fuera del trabajo.
¿¿What is that?? ¡Alarma! Tuve que mirar a otro lado para no morir de la risa
cuando mi amiga casi se derrite en la calle. La venganza era dulce, disfruté
desmesuradamente el tartamudeo de Erika.
— Yyyo no, no... — Se aclaró la garganta y miró al suelo para tomar aire y
recomponerse — Trataré de asaltar buzones más seguido.
¿QUÉ?
Tuve que llevar mi mano hasta mis labios para no soltar una carcajada, hasta para
mí fue la peor respuesta del siglo, pero contrario a lo esperado, mi jefe sonrió
como jamás había visto, se notaba más joven y despreocupado. Era una sonrisa
muy, pero muy sexy.
El fin de semana pasó sin más, solo algunas llamadas y mensajes no agradables
que hacía Matías y yo ignoraba, al no contestar el solo aumentaba las ofensas. No
sé cómo no me di cuenta que él no estaba en sus cabales, debería someterme a
test psicológico sin dudas, Es tan cierto lo que dicen que jamás se termina de
conocer a una persona.
—Buen día para ti también ¿que se te ofrece? — Pregunté porque los dos se
quedaron en silencio, observándose.
— Ah, sí — movió un poco la cabeza, imaginé, que para aclarar los pensamientos
— tenemos que hablar algo súper importante, algo que afectará un poco las cosas
y quería pedir su opinión.
— Sí, pero ese no es el tema — hizo ademán con la mano restándole importancia
— Recibí una llamada explicando que deberíamos hacer nuestro trabajo pronto
porque la fecha que teníamos coincide con algunos compromisos y eventos de la
familia que no se pueden posponer. Sé que no estaba en nuestros planes, pero no
podemos perder esta oportunidad, es demasiado importante, entenderé que no
estén de acuerdo, ustedes tienen su vida y este cambio es un poco brusco.
— ¡¿DOS DÍAS?!
— Emily yo...
Los preparativos del viaje fueron un caos, entre las maletas, las cosas que
utilizaríamos para el reportaje, las cámaras de Erika y todo lo necesario para
sobrevivir en un país extranjero parecíamos que íbamos a emigrar. Por suerte,
nuestros pasaportes estaban actualizados y César no tuvo problemas en
conseguir los boletos de avión.
El trayecto fue cómodo y bastante silencioso, leí un poco y todas las horas de viaje
me sirvieron para plantearme un poco lo que quería para mí, clásico, algo que
hacíamos todos cuando no había nada más interesante, o la vida se nos viene
encima, yo, estaba teniendo la crisis de ambas.
Aterrizamos en Reino Unido y el clima nos golpeó al bajar del avión, amaba ese
país, pero no era algo a lo sé acostumbrara de golpe. Una leve llovizna y un poco
de aire nos dieron el recibimiento. El proceso de salir fue tedioso y agotador, mi
cuerpo pedía a gritos un descanso.
El camino hasta la casa fue rápido, casi no disfrutamos el paisaje pues al ser de
noche y estar muertos de cansancio, íbamos prácticamente dormidos. Nos
ayudaron a bajar las maletas y los equipos de trabajo antes de irse. La casa
estaba hermosa, parecía estar lista para nuestra llegada pues hasta comida tenía
en el refrigerador.
Agarré mis cosas y subí buscando donde dormir, la primera habitación que
encontré fue mía, tiré todo al piso y con ropa y todo me enredé en los brazos de
Morfeo. Ya habría un nuevo día y con él, nuevas oportunidades.
— ¡Buen día! — Tararee mientras bajaba las escaleras, una buena dosis de sueño
y una ducha relajante era lo mejor para un día productivo.
— ¡Buen día Emy! — La pelirroja aún llevaba ropa de dormir y estaba bebiendo
café tranquilamente — Veo que ya estás lista para un día de trabajo, yo que
pensaba dar un paseo o algo.
— Creo que salió a correr, no sé bien, solo lo vi con ropa de deporte cuando venía
bajando las escaleras — Lo dijo de manera despreocupada, pero una sonrisa
adornaba su rostro.
— Buen día señoritas — Su protesta no llegó, porque nuestro jefe entró con su
camiseta toda sudada y una toalla mojada alrededor del cuello, ¡Joder!, sí que
estaba sexy y bueno, no era pecado mirar, la pelirroja tenía muy buen gusto, pero
seguí sin sentir nada, los trigueños no eran lo mío — ¿Cómo pasaron la noche?
Unos minutos más y la galleta se caía de las manos a Erika, no la iba a juzgar yo
quedé con la taza a mitad de camino, pero me recompuse rápido.
— Hola, todo bien gracias, fue un viaje agotador — Me sonrió vagamente y volvió
su atención a Erika.
— Sí, bastante, me alegro que hayan descansado, Emily tienes una cita dentro de
una hora en la empresa Sures´t, espero que no haya problemas con eso.
— Para nada, estoy ansiosa por trabajar, termino de desayunar y recojo todo lo
necesario para el primer encuentro.
— Buen día, señorita. Mi nombre es Emily Bersett y tengo una cita con el señor
Sures´t — La chica morena y de aspecto amigable me dijo que esperara en lo que
ella confirmaba mis datos. Me dio un pase, me señalo un ascensor y que mi piso,
era el número quince.
Hice todo lo indicado, y el pitido de la caja metálica, me hizo ver que había llegado
a mi destino. Las puertas se abrieron y un ambiente elegante, pero demasiado
frío, me recibió. Observé curiosa, la decoración era impecable, pero se notaba la
ausencia del tacto femenino, por lo que descarté enseguida que el dueño, fuera
mujer.
— Tal vez si pudiera, por favor… — Volvió a interrumpir y me hizo señas para que
me alejara sin siquiera mirarme.
— Es todo lo que tengo que decirle, por favor tengo mucho trabajo que hacer,
vuelva mañana para ver cuando podemos reajustar su cita — Mi paciencia estaba
en niveles muy bajos, me sentía furiosa, la estúpida me recordaba a Melissa y las
ganas de arrancar sus extensiones iban subiendo de nivel. Necesitaba control.
Iba soltando palabras sin parar, mal educado, poco profesional, imbécil e idiota por
tener una asistente tan desubicada ¿Para eso viaje desde América? ¡Por favor!
Que no fui a conocer Londres por su maldita culpa, o mejor ¡estaría descansando!
El elevador sonó y supuse que estaba en el primer piso, cuando abrieron las
puertas, unos ojos marrones me miraban con curiosidad, y al minuto, se quedaron
sin expresión. No le tomé mucha importancia y lo reté con la mirada.
— ¿Me dejas pasar? — Abrió los ojos un poco y siguió sin responder,
evaluándome. Aquello aumentó mi furia. — ¿Eres sordo acaso? Necesito salir.
— ¿Un mal día señorita? — Se hizo un lado en lo que habló y le puse mi cara más
fastidiosa. Su acento marcado, casi, casi pudo quitarme mi frustración.
— Bien, púes deja que te cuente que si vienes a cerrar un negocio te vayas,
porque el dueño de todo esto es un mal educado informal que no tiene idea de lo
que es valorar el tiempo ajeno, sin agregar que tiene la secretaria más
desagradable del mundo.
— Oh, tenía una cita con el dueño — Alzó una ceja, interesado.
— Si, tenía, parece que tuvo algo mejor que hacer, tal vez tú que eres hombre
tengas más suerte.
Lo dejé anonadado, pues sin más me fui. Maldito día, maldita cita y maldita
secretaria. Me sentí un poco mal por el desconocido que escucho mis reproches,
solo le deseaba que pudiera ver al dueño ese día.
Capítulo # 9
Hazte la muerta
— Y lo dices así tan tranquila... — Suspiré — Créeme que me falto poco, verla me
recordó a Melissa, pero no vale la pena, personas como ella merecen ignorancia,
solo eso — Erika alzó una ceja con cara de "no te creo nada" y yo solo me encogí
de hombros tratando de reafirmar lo dicho.
Nos pasamos un rato frente la chimenea del salón, la casa tenía una decoración
exquisita, todo estaba tan detallado que parecía salida de un cuento.
Teníamos la casa sola, por lo que nos tomamos la libertad de vestir y hacer lo que
se nos ocurriera. César, estaba resolviendo negocios en otra ciudad y no llegaría
hasta el otro día.
— Buenas noches — César nos miraba confundido desde la entrada — Veo que
se están divirtiendo... — ¿Qué hacía en la casa a esa hora? — ¿Hola?
Erika estaba como estatua encima del sofá, yo ni siquiera podía respirar. La
pelirroja agarraba con fuerza el mando del TV, que estaba usando como micrófono
en lo que yo buscaba la comida.
— ¿Qué haces aquí? — Kika preguntó sin querer sonar grosera, sino porque al
igual que yo, creía que estaríamos solas. Sino, jamás hubiéramos hecho todo eso.
— Emily, sé lo ocurrido hoy, mañana el Señor Sures't estará esperándote sin falta
en la empresa para disculparse en nombre de... — Se quedó callado como
analizando — Para disculparse, ¿crees que puedas ir a la misma hora que hoy?
— Por supuesto — Contesté. Pero ese hombre había perdido mi respeto, pensé.
Las luces del sol me dieron el rostro y quise lanzar una maldición, olvidé cerrar las
cortinas antes de irme a dormir. No quería levantarme, pero el trabajo me llamaba.
Como un zombi de "The Waking Dead" caminé hasta el baño, tomé una ducha
que relajo mis huesos y logró espabilarme.
Quería verme bastante formal, por lo que una falda tubo y una camisa de hilo
fueron las elegidas, el clima estaba favorecedor, me calcé mis tacos de aguja
negros, tomé mi bolso con lo necesario y quedé conforme con la imagen que me
devolvía el espejo.
El silencio de la casa, me hizo suponer que mis compañeros habian salido antes,
tomé una manzana y un poco de jugo para compensar un poco todas las calorías
de la noche anterior. Desayuné en tiempo récord y salí con tiempo de sobra.
Cuando llegué a la recepción, noté que no era la misma chica de ayer, pero el
trato amable era el mismo. Definitivamente, unas de esas chicas deberían pasarla
a presidencia y mandar a "aquella" a cuidar los baños.
Piso número quince y estaba lista, mi máscara de indiferencia estaba puesta y me
preparé mentalmente para lo que pudiera encontrar.
Cuando puse un pie fuera del ascensor, un señor bastante mayor estaba
esperándome. Su pelo entero en canas y un bastón bastante peculiar le daban un
aire de respeto y mucha personalidad. Al instante mis labios pusieron una sonrisa.
— Por favor hija llámame Adolf, es señor Sures't ahora es mi nieto — dijo en modo
de broma y me hizo una señal, invitándome a seguir hasta una oficina, que supuse
que era la de "Presidencia"
— Te contestaría diez mil preguntas, pero creo que sobre la empresa debería
responder su actual dueño — Lo miré sin comprender ¿Él no era el dueño? —
Hace un mes heredé mi puesto a mi nieto menor, confío que podrá llevarla igual, o
mejor que yo.
Cuando iba a preguntar más al respecto, la puerta de la oficina se abrió y giré por
inercia.
Esos ojos.
Esa cara.
¿Dijo abuelo?
¿Acaso?
— ¿Tú? — Susurré de vuelta ¿Por qué San Benito? ¿Por qué yo?
Los oídos me pitaban y mi cabeza quería estallar. ¡Mi carta! ¡Traía mi maldita
carta! Solo había una solución y la tenía más que clara. Mi mente pensó
demasiado rápido...
¡Hazte la muerta!
¡Haz algo!
En unos segundos vi la vida pasar frente a mis ojos, el fin de mi carrera, mis
sueños, mis metas, de mi próxima acción dependía absolutamente todo. Mi cuerpo
parecía reflejar mi estado, porque empecé a escuchar las voces lejanas, estaba
teniendo una crisis.
— ¿Emily querida?...
Vamos Bersett, las palabras hacían existe en mi mente. Sal de este trance.
Afronta todo como mejor sabes, con alguna estupidez.
— No, de verdad estoy bien, creo que esta baja tensión fue porque…ummm,
porque no desayuné — ¡Bien! Excusa perfecta.
Observé todo como psiquiátrica, sin resultados ¿Cómo me perdí la parte donde la
dejó?
— ¿Dónde está qué? — La voz ronca y seria me hizo girar, la cara fastidiada del
chico del ascensor me miró fijo.
¡Por favor San Benito que no lo hubiera dicho en voz alta!
— El baño hijo, — interfirió Adolf con una gran sonrisa — Seguro quiere
refrescarse un poco ¿cierto querida? — Era claro que me estaba ayudando para
no quedar como psicópata desvariada delante de su hijo, nieto, o lo que fuera.
— ¡Eso! Un baño, por favor… — Hablé demasiado alegre. ¡Ayuda San Benito!
— Esa puerta de allí — El hijo, o nieto estaba perdiendo la paciencia. Por un lado,
podía entenderlo, no solo le había dicho mil cosas en el ascensor, entre ellas que
le mirara las tetas a “la Barbie”, sino que en el segundo encuentro actuaba sin
sentido común. Pero, podía agradecer que al menos no le salté encima para quitar
la carta de sus manos.
Quedé mirando fijo mi reflejo, más de treinta veces eche agua en mi rostro ¿Qué
hacía? Algo se me tenía que ocurrir para recuperar aquel sobre del que dependía
mi vida.
Tomé un respiro y me armé de valor. Traté de aparentar que era una mujer
decidida y profesional que no acababa de tener un colapso nervioso. Tenía cinco
minutos para idear una estrategia. Caminé tranquila de regreso y cuando llegué,
esperaba lo peor. Nada se me había ocurrido.
— Aparte es tonta — bufó y algo dentro de mí se agitó con rabia, se puso frente a
su abuelo antes de continuar — ¿Y dices que ella hará un gran trabajo? ¡Por
favor! Si es más que evidente que se distrae con el aire, ¿No ves cómo me miraba
cuando entré? No hay diferencia entre ella y las otras, abuelo.
Me puse de pie furiosa, no aguantaría eso. De igual forma cuando leyeran la carta,
mis días ahí estaban contados. Ese inútil con aires de grandeza no me iba a
humillar y degradar a su antojo. Desde Matías, juré que nunca más un hombre
escupiría mi dignidad, y pretendía cumplirlo hasta la muerte.
Agarré mi bolso del sofá como si tuviera la culpa de todos mis males y caminé a la
salida, antes de abrir la puerta me detuve y tome un respiro, le debía al menos una
disculpa a Adolf, no se merecía ese mal rato, ese señor no tuvo sino atenciones
conmigo.
El engreído solo me miraba apretando los puños ¡Que se fuera a la mierda! Salí
con toda la dignidad que me quedaba luego de ver que las personas que estaban
en el pasillo, quizá, hubieran escuchado el escándalo.
Que se fuera a la mierda, una y otra vez. Ese pensamiento iba disminuyendo
mientras caminaba a tomar un taxi, cuando llegué a la casa, me quería morir.
César me iba a odiar, ¿Cómo le explicaría lo de hoy sin quedar en ridículo? Con
todo el dinero que había invertido en ese proyecto. ¿Qué le iba a decir?
Mandé a la mierda a la persona que nos iba a garantizar el éxito laboral. Quizá
como eran amigos, conseguía otra oportunidad para otra periodista. Solo me
quedaba rezar para que me dejaran, al menos encargarme de limpieza en el
periódico, para poder pagar la renta de algo medianamente decente.
¡Ya no podía más! Mi cabeza estaba revuelta de tantas emociones, al borde del
llanto, llamé a Erika que no tardó en contestar.
— Mal — sollocé.
— ¿Emy? ¿Qué pasa? — Sentí un silencio de repente y supuse que se alejó para
hablar.
— Eso dije yo Erika, ¡Ay San Benito!, que mierda haré ahora.
Capítulo # 11 Un consejo bienvenido
... No todos sabemos jugar póker, algunos somos un desastre con el arte de las
cartas...
— ¡Deja esa maleta antes que golpee con la lámpara Bersett! — Mi amiga sacaba
la ropa de la maleta, mientras intentaba empujarme.
— Buenas tardes César ¿Qué se te ofrece? — Su amabilidad era más falsa que
las extensiones de la “la Barbie” de Sures´t, y yo solo pude acomodar un poco mis
pelos alborotados.
¡Lo sabía! Venía para decirme que estaba despedida, fuera de la editorial, en la
calle. Tendría que vivir en los callejones, pedir asilo en casa para indigentes y
recoger latas en los basureros. Mi vida estaba acabada. Al menos conocía a
varios indigentes de la zona donde vivía, siempre ayudaba en esas causas, nuca
imaginé que me convertiría en uno de ellos.
— ¿Si? — Aclaré mi garganta — Digo, claro, pero por favor déjame que te
explique y luego puedes tomar una decisión.
— ¿El señor Sures´t? — pregunté temerosa y con esperanza haber imaginado esa
última oración.
— Sí, vino a hablar contigo. No me ha dicho sobre que, supongo que sea por la
entrevista ¿todo bien hoy? — Mi mente gritaba ¡Díselo! Es tu oportunidad.
— Bueno, en realidad…
— No importa — Me interrumpió otra vez ¡Señal del destino! — Vamos a verlo que
no debemos hacerlo esperar.
Cada escalón era una tortura, no sabía que diría. Seguro quería vengarse por lo
de esa mañana, pero yo debía permanecer callada, no podía seguir arruinado las
cosas.
— ¿Adolf? — susurré.
— ¿Podemos hablar? Me gustaría tratar unos temas contigo, en privado por favor.
— Claro, ¿Quiere algo de tomar? Puedo preparar chocolate, te, ¿café? — ofrecí.
— Enseguida estoy con usted — Quedé unos segundos un poco perdida y la voz
de mi jefe me trajo de regreso.
— Así era mi apodo para ella, era la mujer más dulce, encantadora y frágil que
jamás conocí. Fue un trabajo enorme conquistarla, pero cada instante valió la
pena, merecía que mi trabajo representara lo que me motivó, “Sures´t Sweet” Ahí
tienes un dato muñequita, para tu reportaje — terminó con un guiño.
— Ohhh…— fue lo único que salió de mis labios, quería disculparme, me sentía
avergonzada de mi comportamiento — Adolf, yo…
— No tienes que decir nada muñequita, lo que sucedió hoy no fue tu culpa. De
hecho, hace mucho tiempo que no me reía tanto — Me dio un empujoncito
amistado y solo pude sonreír.
— No tienes que decir nada — interrumpió tomando mi mano con cariño — Lo que
fuera que hayas hecho, tenías tus motivos, además mi nieto no es muy sociable y
educado que digamos.
— Ese imbe…. — Me llevé las manos a mis labios al instante, solo recordar a ese
idiota me ponía de mal humor — ¡Perdón!
— Si, es eso y muchas cosas — Soltó unas carcajadas y luego suspiró — Pero te
digo algo muñequita, nunca juzgues un libro por su portada, detrás de cada uno de
nosotros hay una caja con infinidad de cosas, muchas buenas, otras malas, la
diferencia es que no todos sabemos manejar las que nos tocan.
— No tienes que decir nada muñequita, si te conté eso, es porque veo que eres un
alma limpia a pesar de tu forma tan alocada, actúas sin filtros y por instinto. Un
espíritu libre, y el aire fresco que nos vendría bien a todos.
— Gracias Adolf — Sin poder evitarlo lo abracé otra vez — Muchas gracias.
— Gracias a ti — Sonrió, correspondiéndome — ¿Mañana a las nueve?
— A las nueve — Aseguré — Estaré allí sin falta, no pienso fallarle en esto, lo
prometo.
— Confío que sí — Hablé animada — Gracias por la visita y la charla, fue muy
agradable.
Con un buen cuerpo, se puede llegar lejos, pero con una mente brillante no hace
falta ir a ningún sitio ~ David Sant.
Tú puedes.
Tú puedes.
Tú puedes.
Era el mantra que estuve repitiendo durante quince minutos, los mismos que
llevaba de pie frente al edificio Sures't.
No es que fuera una cobarde, pero hacer como si nada hubiera pasado el día
anterior era un poco complicado para mí y aún sin tener certeza que mi carta
hubiera caído en manos equivocadas.
— Buen día señorita Bersett, la estaba esperando, el señor Sures't me pidió que la
acompañara personalmente a su oficina, para evitarle personas indeseadas —Di
un movimiento de cabeza porque estaba demasiado sorprendida para contestar, y
tomé la credencial que me extendió amablemente — Esta es especial, usted
tendrá acceso a todo el edificio y a la fábrica también.
— Gracias otra vez, eres muy amable, la única que se ha portado bien conmigo
después de Adolf, perdón — me corregí — el señor Sures't.
— Yo también, vengo con todas las ganas de trabajar — dije con honestidad.
El solo arrugó sus ojos con sabiduría y un poco de diversión, mientras la chica
morena se despedía de ambos.
— Emily, — ofrecí, no me sentía cómoda con tanta formalidad luego que ella se
comportara tan especial conmigo — Marie, llámame Emily y muchas gracias por
todo.
— Es un placer seño... — alcé mi ceja y ella soltó una risita — Emily — corrigió
mientras se marchaba.
— ¿Marie? -— pregunté.
— Mucho — pude sentir el orgullo en sus palabras —, estudia y hace las prácticas
aquí, no quiere un mejor puesto porque opina que debe conocer cada lugar de
esta empresa antes de saber a qué área quiere pertenecer por completo. Por eso
está en la recepción ahora.
— Oh, me encanta, quiere ganarse todo por ella — el asintió y cuando iba a decir
algo más, mi sonrisa se borró de cuajo al ver quien entraba con aires de grandeza
y su cara de amargado.
— Buen día abuelo, señorita. — saludó.
— Espero que podamos comenzar con la entrevista, sin inconvenientes esta vez
por favor — habló mirándome y sentí el golpe bajo, pero no caería, se lo había
prometido a Adolf.
— Señorita Bersett está bien, gracias — Alcé una ceja retadora, si quería sentirse
superior a mí, bien mal la llevaba.
Adolf hizo un ruidito que no distinguí bien porque tomó asiento un poco lejos de
nosotros, pero sonó como disimulando una risita, estaba en un sofá que se veía
cómodo, mientras nosotros estábamos en una silla tétrica de mal gusto, apostaba
mi salario que las había escogido Don Amargado.
— Usted dirá — lo miré a los ojos y su tono me estaba poniendo de mal humor.
— Para empezar, quiero que no olvide que está aquí porque mi abuelo intercedió
por usted y porque César apuesta demasiado por su periodista — asentí con la
cabeza intentando no perder la paciencia — Responderé a todas sus preguntas
mientras sean profesionales, para las personales estará mi familia. Yo solo
comentaré sobre los temas empresariales, y por favor no cuestione mis
respuestas, recuerde que usted no conoce de este trabajo, limítese a anotar
¿Estamos claros?
— Adelante, — Miró su reloj caro como detenimiento — tenemos una hora, hoy
debo asistir a un evento importante.
— Bien, — abrí mi agenda y comencé — ¿Cuántos trabajadores tiene en la
empresa señor Sures't? — él se quedó observándome antes de contestar, bien,
muy bien.
— Aquí en la empresa cerca de dos mil, en la fábrica serían casi diez mil
personas. — Anoté.
— Sería Leonardo Stand, lleva casi veinte años aquí, fue un fundador del negocio.
— No creo, pero ¿a qué vienen esas preguntas? No tiene que hacer un informe
sobre esto, que datos le proporciona saber quién ha estado más tiempo aquí —
Cuestionó y supe que, sin saberlo, me había regalado la revancha, yo no quería,
pero él se lo buscó.
— Con todo respeto señor, — lo observé con altanería — deje que le haga una
pregunta ¿usted estudio periodismo? — era una pregunta retórica, pero no le di
oportunidad de contestar, era mi turno de disparar — No, cierto, sino no estuviera
aquí sentada. Por tanto, quien decide las preguntas apropiadas soy yo, como dijo
hace unos minutos, limítese solo a contestar, usted no conoce de este trabajo.
Si lo hubiera conocido mejor diría que le estaba provocando un pre infarto, la ira
de Don Amargado le salía por los poros, y solamente estaba comenzando,
agradecí que Adolf siguiera al margen de todo. Aún.
— Pero para ser benevolente le diré, que hace veinte años usted no tenía
conciencia de llevar un negocio por eso pregunté por alguien que lo haya vivido, si
quiero ver los números de todos estos años, pido un informe a Economía, si quiero
ver su taza de demandas, a Jurídico y si tuviera alguna duda de la información
sobre empleados que acaba de darme, solo tengo que ir al Departamento de
Recursos Humanos, para algo servirá la tarjeta que me dio.
No contestó nada, solo se dio vuelta y caminó hacia la puerta, dejándome furiosa.
Me agaché y tomé la agenda y sin pensar se la lancé, a mi NADIE, me dejaba
hablando sola, nadie.
— ¡He! ¡Ni piense que me dejará con la palabra en la boca! — grité mientras la
agenda lo golpeaba en la espalda y él se quedaba inmóvil.
La mirada que me dio cuando se giró y Adolf de pie a mi lado, me hizo estremecer
y cuestionarme, si fue una buena idea hacerlo enojar.
Capítulo # 13
Cero a cero en el marcador
— ¡¿Suficiente?! — Gritó Don Amargado — ¡Que no ves que está en esta oficina
por tu chantaje! Si por mí fuera, desde el primer segundo no pudiera pisar un
periódico en su miserable vida.
— ¡Se acabó! — La voz que nos detuvo se sentía molesta, pero, sobre todo, muy,
muy cansada. Nos giramos a la vez y vimos como Adolf llevaba una mano a su
pecho.
La expresión del trigueño se puso sombría y apretó los labios conteniendo una
respuesta.
¿Drama? Si yo era cero dramas. Nunca había hecho nada exaltado ni fuera de lo
común... ¿O sí? Aunque pensándolo bien, algunas veces, contadas con las manos
obviamente, había perdido…
— Es lo que digo abuelo — Limón habló otra vez ¡Por Dios! Que no podía callarse
dos putos minutos... — Por tu salud — Me miró con desprecio y suficiencia, si es
que era posible aquella combinación — y la nuestra, es mejor que dejemos esto
aquí.
— Adolf, no creo que sea buena idea que,— cuestioné porque me sentía
preocupaba.
— Las mejores cosas salen de malas ideas querida, — interrumpió — aprende
eso para el futuro muñequita, ayúdenme a acomodarme por favor.
—Yo creo que… — hice otro esfuerzo por zafarme, pero era en vano.
— Ninguno tiene opciones ahora mismo Emily — Wow, me había llamado por mi
nombre, no había rastro de humor en su tono — Para empezar — se giró a su
nieto — Maximiliano, te confié la presidencia porque eres mi nieto y creo que
tienes la capacidad para dirigir el negocio de la familia.
— Pero nunca has entendido el principio de este lugar, — adquirió una mirada
melancólica — y es una lástima que no pueda explicártelo, porque debes
entenderlo tú mismo en algún momento. Si no quieres perder tu puesto en esta
empresa tendrás que tolerar la presencia de la señorita Bersett, responder todo lo
referente a su entrevista y tratarla con amabilidad mientras estén en un mismo
espacio. Además, que en estos dos meses ella viajará contigo a cualquier
situación de trabajo que se te presente, sea una reunión aburrida o un cierre de
contratos.
La cara de Míster Limón era de asesino serial sorprendido, algo muy raro y yo
casi, suelto una carcajada de triunfo, pero algo me decía que eso no era del todo
bueno para mí.
Aunque si él tenía que soportarme, podía portarme todo lo mal que quisiera, pero
que perdiera su puesto era demasiado feo, incluso para mí. Me pondría solo
medio punto en el marcador.
El silencio reinó por minutos u horas, no tomé en cuenta el tiempo que pasó, la
decisión era más que clara, pero ninguno de los dos se atrevía a mencionar
palabra. Hasta que Adolf con aire divertido se levantó y aplaudió como si no nos
hubiera amenazado y dejado atascados uno con otro.
— Tomaré esto como que van a pasar dos meses en armonía como los adultos
responsables y profesionales que son. Iré a dar un paseo por la empresa, los dejo
para que vayan familiarizándose.
En esos minutos deseaba que las sillas fueran eléctricas y nos achicharraran para
no tener que mirar al trigueño; cara de limón. Nada más Adolf saliera por la puerta,
dejaría a Don Amargura y huiría, luego con Erika idearía un plan para zafarme de
todo. Pero mis geniales planes, murieron sin ver la luz del día.
— Para coordinar lo de esta noche, ¿Por qué más? —Me miró como si fuera un
bicho en su zapato — enviaré a alguien a tu casa para que te arregles como se
debe.
Observé su espalda tensarse, y contestó tan bajo que creí haber imaginado la
respuesta.
Dio un portazo que retumbó las paredes y quedé sola. ¿Qué quiso decir con una
desgracia?
Capítulo # 14 El Zapato de Cenicienta
...Le llamaban bruja, porque la única que tenía el valor para ser auténtica...
— ¡No puedo creerlo! ¡Cada día me doy cuenta que jamás vas a cambiar! — Mi
mejor amiga se reía mientras gritaba por toda la habitación. — ¡Dios! ¡Que ese
vestido era el sueño de toda mujer! ¿Qué tienes en la cabeza?
— Ya basta Erika, primero muerta que usar algo que me imponga Mr. Limón —
solté con fastidio.
— Le pega más lo de agrio, créeme, que ese hombre solo sabe poner cara de
funeral. Además, ¿quién se cree? Me vestiré como me dé mi reverenda gana,
suficiente tuve con el inútil de Matías, como para que venga un estúpido a insinuar
que no tengo clase para ir donde sea que deba llevarme.
Luego de dos horas, estaba lista. El vestido que me costó varias horas de
caminata por el centro comercial me encantaba, estaba diseñado para mí, se
acomodaba en los lugares justos. Elegante, pero con un toque sensual increíble.
Erika se había lucido con el maquillaje, los zapatos y el bolso de mano
completaban lo que quise expresar, que no era más que un: jódete por llamarme
inculta de eventos sociales.
Con mi ex, tuve que presentarme en varias cenas de negocios y más cuando se
trataba de cerrar algún trato con algún cliente importante, aunque siempre me
quedaba sola en una mesa.
El imbécil infiel, era abogado. Pero fue gracias a mi madre que sé lo que es
comportarme, para ella la educación y la elegancia iban de la mano.
Para quitar un poco los nervios, mientras esperábamos en el salón que dieran las
nueve la pelirroja y yo nos servimos unas copas de vino. No tenía idea a que hora
venían por mí, la invitación decía diez de la noche, así que supuse que una hora
antes debía estar preparada.
Una pequeña vocecita en mi cerebro murmuraba que tal vez me dejaran plantada.
Aprovechando la ocasión, y que nos estamos solas, hice la pregunta que llevaba
todo el día formulando, pero no se me ocurrió nada más que soltarlo casual.
— Kika, ¿y César? — Casi arruina mi vestido cuando escupió el trago de vino que
acababa de beber. —Ehhh, ¡Estás loca! — Grité saltando — ¡Que ya no tengo otro
vestido!
— ¿Hay alguien más aquí? — la miré agitando las manos, conocía sus técnicas
evasivas.
— Nop — me dio una sonrisa angelical — Emy, tengo algo que decirte…
— Casi me deja sorda — Susurré mientras ella corría como niña con su pijama de
nubes de colores, se detuvo, hizo una mueca de no parecer loca, que fracasó
terriblemente para abrir y dar un amistoso, buenas.
— Agradece que vine por ti — Soltó con ese tono irritante que me causaba dolor
de cabeza.
El camino al lugar, fue silencioso. Observé las calles salpicadas por la clásica
llovizna londinense. Mi mente se perdió en lo hermoso del paisaje, imaginando lo
romántico que sería caminar por allí con tu pareja, me quedé embobada cuando
estábamos llegando a una mansión.
— Es normal, hay tipos de personas que son así. Tengo un talento para ficharlas y
veo que no me equivoqué — hizo una mueca despectiva y me echo una mirada
desagradable antes de cambiar la vista al frente.
— Señor, hemos llegado — El ruido que hizo la puerta al ser abierta por el chofer
fue lo que puso fin a nuestra guerra silenciosa. El señor extendió su mano a lo que
correspondí con una sonrisa para bajarme con delicadeza.
— Ni sueñes que te daré mi mano para entrar — Habló con una sonrisa que haría
pecar a cualquiera y quise borrársela de un golpe.
El camino fue corto y solo asentía al tumulto de periodistas que habían, hace
mucho tiempo fui uno de ellos. No miré ni una vez detrás de mí, ¡Por Dios! Que
moría si me relacionaban con esa cosa alias Míster Limón, la prensa rosa era
demasiada creativa.
— Buenas Noches, señorita, ¿Me podría mostrar su invitación por favor? — Iba a
contestar, pero el hombre se quedó mirando casi con incredulidad un punto detrás
de mí.
Una rubia con un vestido rojo y un caminar de la dueña del mundo se dirigía a
nosotros. Nada más verla supe que era igual que Melissa y la secretaria de Don
Limón.
Antes de volver a parpadear Barbie Roja estaba frente a nosotros con una
expresión furiosa y bastante despectiva.
— ¡Maximiliano! — Lo agarré por un lado de su saco con fuerza para que soltara a
la rubia que ya estaba perdiendo el oxígeno. — ¡Suéltala Joder!
Tenía que actuar, pensamiento rápido, mordí con fuerza brazo y suavizó un poco
su agarre, pero ni de lejos soltarla o dar señales que me escuchaba.
La buena noticia es que soltó a la rubia que tosía como desquiciada y no nos
mataron.
Lo malo de todo es que Míster Limón cayó sin conocimiento y con sangre saliendo
de su cabeza ¿Lo habría matado? ¡Joder conmigo!
Capítulo # 15 Necesito un hada madrina
Al universo no le gustan los secretos, conspira para revelar la verdad - Lisa Unger
Zapato.
Golpe.
Sangre.
Hospital.
Buena idea, seguro ella me ayudaría a salir ilegalmente del país. Buscaría
documentos falsos y nos iríamos a una ONG en África. Todo estaba planeado.
— Con cuidado hija, si necesitan algo más solo pídanlo. — Adolf se despidió.
Mis pies se movieron por inercia mientras mi amiga me guiaba, llegué al final de
un pasillo y creí ver a César abrir la puerta para mí. Mi cuerpo empezó a temblar y
el agarre de la pelirroja se hizo más fuerte.
— Erika... — susurré.
— Shhh — Me acarició el brazo — Todo está bien cariño, todo va estar bien.
El ambiente cálido y con olor familiar del auto me hizo perder la conciencia, si a
eso le sumamos el hombro de mi amiga y una colcha que no sé de donde salió,
pero agradecí. Era lo único que necesitaba, dormir.
No fue hasta que mencionó comida que me percaté cuanta hambre tenía, mi
estómago gruño en respuesta. Quizá por eso mi idealización de un hombre
azucarado, aparté ese loco pensamiento una vez más.
— ¿Dónde estamos? — Hablé con la boca llena y cuando me di cuenta que no era
ninguno de los cuartos de la casa donde nos quedábamos.
— Por más que eso quisieran muchos, no — una chica un poco menor que yo,
muy linda y con un rostro un poco familiar, nos interrumpió desde la puerta — no
lo hiciste, y créeme que mi familia te lo agradece. Incluso que lo golpearas.
— Sí — soltó una risita y se acercó a la cama — Disculpa que entrara así, pero la
puerta estaba entreabierta y no pude evitar escuchar. Mi nombre es Maya, Maya
Sures't, un placer Emy.
— ¿Sures't? — balbucee.
— Anjá, soy la hermana menor del energúmeno que golpeaste con un tacón de
zapato. ¡Dios! — Comenzó a reír — Esta historia será épica en esta familia.
Gracias, de verdad, aunque fue todo un drama, realmente mi hermano merecía
que alguien removiera su cerebro.
Erika sonrío divertida a mi lado y yo solo pude mirar de una a la otra, era muy raro
que la familia de alguien a quien había agredido me diera las gracias e incluso
riera del suceso. Pero conociendo a Míster Limón, cumplí la fantasía de la mitad
de Londres.
— Solo sé que, desde ya, soy tu mejor fan — me miró de una forma extraña —
¿Podemos salir juntas alguna vez? Ir de compras o tomar un café, la verdad no
tengo muchas amigas por aquí y presiento que las tres nos llevaremos bien.
— Por supuesto — habló mi amiga por mí — Nada más que tengamos un tiempo
libre lo hacemos, recuerda que estamos trabajando aquí.
Maya parecía una chica muy agradable, aún no entendía como ella y Adolf eran
tan encantadores y Maximiliano la amargura andante. Era un claro ejemplo que la
manzana cayó bien lejos del árbol.
— Me alegro, Erika estaba muy preocupada y aunque yo también, sabía que solo
necesitabas descansar. Fue una noche muy agitada para todos.
— Los demás están reunidos abajo, Adolf y Marianne quieren hablar contigo
Emily, si estás de acuerdo, claro. — mi jefe me observaba con amabilidad.
— Te cambié anoche, no ibas a estar nada cómoda con aquel vestido, además
que estaba... — sacudió su cabeza y no quise ni que terminara la frase. —tomé un
poco de tu ropa esta mañana cuando fui a la casa. Puedes darte un baño y
vestirte, luego te encuentras con ellos, a Adolf ya la conoces y la señora Marianne
es muy agradable.
— Sí, y está feliz de conocerte — me dijo Maya con una sonrisa que correspondí.
— Yo tengo cosas que adelantar, las veo más tarde. Tienen dos días de
descanso, así que no se preocupen. Lindo día chicas...—Ni siquiera nos dio la
opción de replicar cuando se giró para irse.
— ¿Dónde está la ropa Doña babas? — ella señalo con la cabeza a una bolsa
encima de un mueble mientras me enseñaba su dedo del medio y yo le sacaba la
lengua. — Iré a bañarme para bajar a ver a Adolf.
— Nada de eso, verás como todo va bien. Seguro quieren avisarte sobre las
últimas noticias.
— Sí, pero ya las verás. Corre a bañarte que se te hace tarde. Shu, — me empujó
hacia el baño y casi cerró la puerta por mí.
Todo lo que puedo hacer es seguir mis instintos, porque nunca voy a complacer a
todos — Emma Watson
Bajamos juntas y ella nos guio hasta la sala, me sentí un poco cohibida al
observar rostros desconocidos, aun cuando algunos los sentía familiares en las
brumas de mi inconsciencia el día anterior. Aunque hablaban entre ellos, Adolf fue
el primero en notarme y alertar los demás.
— Emily, querida. Qué bueno que ya te encuentres mejor — caminó hacia mí para
abrazarme y solo pude darle una sonrisa genuina.
— Gracias, muchas gracias por todas las atenciones. Solo necesitaba descansar
un poco, fue un día… — no sabía que palabra usar, así que lo resumí como
estaba en mi mente — fue un día con... Con demasiadas emociones.
— Toma asiento por favor, y disculpa por esta introducción — me apartó de Adolf
y me guió hasta el asiento a su lado. Erika y Maya se acomodaron frente a mí. —
A veces en esta familia se vuelve un poco incontenible.
— Ahí tengo que darte toda la razón mamá, — habló un chico con un traje azul
que resaltaba sus ojos, su cabello negro contrastaba con su corbata del color de la
obsidiana. Guapo, muy guapo. Se acomodó a la pared con un vaso de lo que
supuse era whisky en su mano, me confundió, no se parecía a nadie de la familia
y le había dicho mamá a la Señora Sures´t — nunca una palabra nos definió tanto.
Jamás había sentido que una frase golpeara tantas personas, porque la habitación
quedó muda y admiré a Adolf, era una persona demasiado sabia. Pero sobre todo
justa, repartía sermones por igual, y entendí el castigo que nos había puesto a su
nieto y a mí.
— Y tú, Mila — la chica de ojos color chocolate parpadeo y se retorció las manos,
sabía que algo le tocaba a ella — tanto presumes de arte, pero tus acciones
carecen de ella. Aprende a elegir los momentos adecuados, como eliges los
colores que utilizas en tus cuadros.
— Extrañaba esto — dijo Maya lo suficiente algo para que todos escucharan —
Las peleas y los regaños. Los gritos, — suspiró — a papá le hubiera gustado.
— ¿Repites mucho esa palabra? — Cuestionó lazando una ceja — No tienes por
qué sentirlo, no lo conociste de nada.
— Eso estuvo fuera de lugar Alexandro, discúlpate — Maya habló con la voz
entrecortada — Ella no merece tus malos tratos.
— Lamento que mi hijo se haya expresado así, no fue su intención hacerte sentir
mal, es solo que es un tema delicado para él.
— Todos no asumimos el dolor igual, Maya, — la cortó una afligida Mila para mi
sorpresa — cada uno vivió la muerte de mi tío de manera diferente, no debemos
juzgar.
— No lo hago Mila, aún tengo pesadillas de esa noche, y no por eso ando por el
mundo como si nadie mereciera pisarlo.
— Se levantó, y se fue con lágrimas en los ojos. Vi la expresión de mi amiga de
seguirla o no, pero se quedó en su lugar y en silencio.
— Emily, aparte de estos incidentes — suspiró y pasó una mano por su rostro —
Tenemos que hablar, necesitas estar preparada para todo lo que ha surgido.
Sabes cómo es la prensa y ya las noticias han volado. Solo no quiero que te
sorprendas o afecten algunas de ellas.
No tenía idea de eso, pero debí suponerlo. La tecnología en estos tiempos era un
arma de doble filo, si bien podía ayudarte, también podía hundirte en la mayor de
las miserias. Solo moví mi cabeza con aceptación, tenía que ser responsable de
mis actos.
Tengo la teoría de que cuando uno llora, nunca llora por lo que llora, si no por
todas las cosas que no lloraste en su debido momento.
~ Mario Benedetti
¿Era posible que, en menos de un mes, mi vida hubiera dado un giro de ciento
ochenta grados?
Matías engañándome.
Una carta de la que no sabía el paradero y tampoco sabía que destino tenía.
Sí, como buena obsesiva de listas, lo había resumido bastante bien. En mis 24
años, jamás, tuve tantas emociones en un período tan corto de tiempo. Siempre
me consideré una persona centrada y bastante pasiva, un poco alocada y con
altos niveles de despiste, pero nada que ver con la personalidad que había
florecido pisando Londres.
— Y un aneurisma cerebral con tus gritos — me giré al sentir ese tono ronco y
amargado. Me puse de pie nerviosa porque, aunque su rostro no demostraba
ninguna expresión como de costumbre, su pose desgarbada y aquella venda en
una parte de su cabeza, activaron mis alarmas.
— Maximiliano… — pronuncie su nombre con dificultad y sus hombros se
movieron ligeramente, me lleve una mano al pecho — Siento mucho lo que…
— ¿Debo creer que lo sientes? — Dio un paso más cerca y lanzo su saco de la
noche anterior al sofá, noté que no se había cambiado — Llevo toda la noche en
un hospital, rodeado de buitres buscando una noticia de primera plana y tengo la
cabeza que me quiere explotar, ¿crees que un lo siento cambiará eso?
— Sé que no, pero debes saber que no fue mi intención causarte ni a ti, ni a tu
familia…
— ¿Mi familia? ¿Por qué tendrían que importarte ellos también? No creo ni una
miserable palabra que sale de tu boca.
— Cuidado con ese lenguaje Maximiliano, respeta que es una mujer y que
nosotros estamos presentes — regañó Adolf causando la furia de Míster Limón.
— Una palabra más Maximiliano Sures´t y tendrás que salir de esta casa — Su
madre lo interrumpió, y casi bloquea mi visión porque se ubicó a un costado de él.
— he soportado con paciencia todo este tiempo que tu corazón sane, pero es tan
decepcionante no ver nada del niño que crie. Esta cáscara vacía que te has vuelto
hace que mis esperanzas de ver esta familia unida, mueran poco a poco. ¿Dónde
está tu humanidad hijo mío?
— Mamá, yo no; — aunque seguía con su tono ronco, pude ver como sus ojos
desviaban la mirada y tragaba con fuerza — La quiero fuera de aquí.
Mis ojos estaban llenos de lágrimas, me sentía tan fuera de lugar y atacada. Sabía
que me había equivocado, pero también tenía todas las intenciones de
disculparme. Yo no era una mala persona y mucho menos agresiva, no merecía
ese ataque verbal injustificado.
— No hace falta que nos bote, Señor Sures´t — la voz de mi amiga se alzó y
agradecí mentalmente su intervención, mi garganta estaba cerrada. — Si estamos
aquí, es gracias a la amabilidad que tiene su familia, no porque así lo hayamos
elegido. No me interesa cuando poder tenga o quien se crea que es, para mí es un
falta de respeto y alguien que no conocer el respeto ni la integridad y que si no
estuviera así de convaleciente, se mereciera otro golpe.
Maximiliano estaba tan sorprendido como furioso, sus puños se apretaron a sus
costados y gritó.
— Nada Marianne, fue suficiente de aguantar, de dejar que nos pase por encima,
de soportar malos tratos y humillaciones cuando no hay un día, que no nos pese lo
que sucedió en esta casa. Que insistes e insistes en llevar toda esa culpa que te
está consumiendo lentamente. — Me dio una mirada y yo solo pude suspirar,
lagrimas silenciosas seguían rodando. — Emily y Erika se quedan en esta casa, y
no hay más que hablar.
— Yo no elijo nada, — volvió a golpear el piso con su bastón y su tono era suave,
pero sumamente firme. — Tú tampoco irás a ningún lado, y te advierto
Maximiliano, jamás vuelvas a utilizar a Aitana para chantajearme. Caíste
demasiado bajo al utilizar a tu hija, realmente, que decepción.
¿Hija?
El grito ahogado de Erika me hizo entender que mis oídos no padecían ningún
problema. Había escuchado perfectamente. Adolf había mencionado claramente,
Aitana, hija y Maximiliano en la misma oración.
— No es tu maldito problema — contestó antes que nadie Míster Limón, miró con
una rabia helada a su abuelo y tomó de nuevo el saco que había lanzado antes de
decirnos — Las quiero fuera de mi camino; es una jodida advertencia.
Sin agregar más salió del Salón directo a las escaleras que estaban a un costado.
Supuse que llevaban a las habitaciones.
— No deberías presionar a Max así abuelo, — me giré lo suficiente para ver que
Alexandro Sures't había regresado de donde quiera se hubiera ido hacía unos
minutos. — No es la mejor manera de llegar a él.
— Tengo mis razones Alex y te voy a pedir que no intervengas. Ni tú, ni nadie, tu
hermano lleva demasiado tiempo justificando sus malas acciones con el dolor que
lleva. Eso es de cobardes y no es como educamos a los miembros de esta familia
¿O Thomas eso les enseñó?
Fue como si alguien lo hubiera golpeado, el chico de ojos azules se quedó inmóvil
y sus facciones mostraron un profundo dolor.
— Confía en mí y asegúrate de ese día, hacer un brindis por tu madre y por mí,
para que este viejo sonría donde quiera que esté.
— ¿Qué quieres decir? — Ella alzó su cabeza y lo miro confusa limpiando sus
lágrimas delicadamente.
— Solo eso querida, — suspiró y le dio una sonrisa triste. — Que merezco un
brindis por ser un viejo tan sabio.
— Y estaré siempre feliz que seas parte de mi familia, hijo mío — Adolf lo miró con
orgullo — Desde el minuto uno que te tuve en mis brazos supe que tendrías un
futuro brillante, como el de tus padres. Aunque a veces te vuelvas tan obtuso
como ellos.
Su nieto soltó una carcajada e hizo ademán de alejarse, pero otra frase de su
abuelo lo detuvo.
Un suspiro fue toda respuesta antes que se marchara a toda prisa. Adolf solo se
quedó observando el lugar e hizo una mueca que no pude descifrar.
— Niñas — Marianne nos miró con dulzura y sus ojos enrojecidos por el llanto —
Siento toda esta situación.
— La habitación de Erika esta junto a la tuya, en breve deben llegar sus cosas y al
lado del estudio de Mila podrán instalarse — no me dejó cuestionar nada —
Pueden disponer de todas las áreas de la casa y relajarse en las áreas de
recreación también. Siéntanse en casa.
— Como si fuera tan fácil — mi amiga volvió a murmurar y yo la mire mal de reojo.
Llevé una mano a mi frente y suspiré, no tenía muchas opciones, o más bien, no
me las habían dejado. Quise despejar esos pensamientos y me enfoqué el otro
tema que me tenía muy preocupada.
— Muy bien, — observó el reloj que había en una pared del Salón, luego a
Marianne y luego de vuelta a nosotras — Erika querida, quisiera tocar unos temas
contigo, de ser posible.
— Vamos querida, pediré que nos sirvan el té y unas galletas. Luego que ellos se
nos unan.
— Esta bien — hablé mientras estábamos llegando casi a unas puertas que
supuse daban a una terraza.
— Eso espero. — contesté devolviendo su sonrisa. Quizá ya era hora que todo
estuviera en calma, al menos por un tiempo. Me lo merecía.
Capítulo # 19 ¿Corazón Dorado?
No tenía palabras para describir la belleza del jardín de la mansión Sures't, los
colores eran tan vibrantes que parecían una pintura rupestre. Trasmitía tanta paz
que era imposible no sentirse a gusto inmediatamente, sin contar que mi
compañía era más que agradable.
— Mi pasión es cuidar de las flores — dijo Marianne con una sonrisa luminosa, —
tengo dos invernaderos que consumen mi tiempo, me ha ayudado a no perder la
cordura entre tantas cosas que han sucedido.
— Gracias, es difícil, sin embargo, nuestro clima no ayuda mucho, pero eso lo
hace incluso mejor, con esfuerzo, toda recompensa se disfruta más.
— Quizá, pero no son las maneras. Vamos a sentarnos por favor y deja que te
cuente una historia — extendió su mano en una invitación para acomodarnos en
una mesa pequeña en medio de una glorieta. — Pediré que nos traigan algo de
beber. ¿Te?
— Mejor tomamos algo un poco más fuerte — ofreció e iba a negarme, pero luego
aclaró — Lo necesito
— Lo que pidas está bien para mí. — Marianne alzó su mano y no sé dónde salió
una señora de piel morena y con un uniforme blanco y azul. Su rostro de veía
envejecido pero su expresión era absolutamente cálida. Me recordó a la chica
amable de la empresa, supuse que era su madre haciendo memorias de lo que
Adolf me había contado.
— Por supuesto Mary, enseguida pido que traigan algo — le dio una mirada que
no supe entender — Recuerda que...
— Sí, — Marianne levantó su mano — Lo sé, pero es necesario. Entendí por una
vez bastante rápido a mi padre.
— Entonces no hay más que hablar, enseguida traigo sus cosas, — desvío su
mirada hacia mí — Y señorita, feliz de que esté con nosotros.
— Emily, solo Emy por favor. — Ella me dio una leve inclinación y se fue sin
agregar más.
— Lucrecia ha estado aquí desde siempre, fue gran compañía para mi madre y
para mí, también la nana de mis hijos. Es el ama de llaves por que amenazó con
irse a otro sitio si la poníamos a descansar, necesita sentirse productiva.
— Entonces Emily, tienes un nombre muy bonito, por cierto — me dio una leve
sonrisa.
— Muy bien Emy, en lo que Lucrecia trae las bebidas voy adelantándote algo de la
historia que te quiero contar. — Yo solo le di un leve asentimiento y me acomodé
un poco en la silla — Ya conociste a mis tres hijos, Maximiliano, Maya y
Alexandro.
— Sí, Maya me parece encantadora, presiento que nos llevaremos bien — Dije sin
intención de aclarar que con los otros dos, nada de buenas relaciones más allá de
trabajo.
— No tengo duda de eso, y sé qué con Mila será igual. Es un poco recelosa, pero
tiene un corazón de oro, vive con nosotros desde que tenía unos diez años y mi
hermana la dejó a mi cargo.
— Espero que hagamos buen equipo, con Erika seguro que encontramos algo
divertido que hacer. — le hice un guiño y ella rio.
— Cuando tenía más menos doce años, mis padres me enviaron a un internado —
comenzó — allí conocí una chica que al igual que yo, no se adaptaba a estar
encerrada allí, aunque por razones distintas. Yo extrañaba mi familia, ella solo
quería ser libre de todo lo malo que la atormentaba. No tengo idea como
terminamos siendo mejores amigas y cada una de las veces que nos dieron
vacaciones, terminaba en mi casa.
Fue interrumpida por Lucre que nos dejó unos tragos que se veían exquisitos y
algunos bocadillos, sin decir nada, se retiró otra vez.
Mi corazón se estrujó, podría escribir mil páginas dedicadas a ellos con solo ver la
mirada que me daba Marianne, amor puro, sincero, de los que ya no se veían.
— Que no los vimos más durante tres días, mi padre le había mostrado por
casualidad — hizo comillas con sus dedos divertida — una cabaña que estaba
alejada de la casa a Tobias y le dijo que siempre que necesitara pensar, fuera allí.
Solo podía reír, Adolf era... No tenía palabras. Cada minuto admiraba más a ese
viejito. Una de las personas más especiales que estaba agradecida de conocer.
— En fin, que todos sabíamos dónde estaban, y le dimos tiempo de arreglar sus
miedo y diferencias. Era nuestra última carta después de varios intentos fallidos.
— Le dio un sorbo largo al trago y la imité — Hasta q regresaron con unas
sonrisas que brillaban más que el sol y con la noticia que se iban a casar.
— Luego, nueve meses después, llegó Alexandro. — mi boca debió tocar el suelo.
— Él no es mi hijo biológico, aunque supongo que debiste notar las diferencias.
— Yo, ummm, no sé qué decir — realmente me había dejado sin palabras, sí noté
que no se parecían, pero nunca que fuera adoptado o algo así. — ¿Pero...
— Lo siento — susurré.
— Si te cuento esto es porque quiero que sepan que he tratado de inculcar a mis
hijos a ser grandes seres humanos, y aprender de la vida. Y saber que no siempre
podemos tener el control de todos. — asentí — Thomas y yo criamos a Alexandro
como un hijo más y luego, tres años más tarde cuando Maximiliano llegó, no
hicimos diferencias. Jamás le impusimos llamarnos mamá o papá porque siempre
le tuvimos presente los recuerdos de los suyos, que lo amaban más que nada.
Pero me hace feliz cada vez que me premia con esa palabra, donde quiera que
este, estoy segura que mi amiga es feliz.
— Yo también lo creo — contesté con la voz un poco rota, porque me había dado
el sentimiento.
Una niña de unos cinco años estaba parada en medio del jardín, un ángel de
cabellos dorados. Absolutamente hermosa en su inocencia, pero mi corazón
estaba doliendo al imaginar, y sin explicación comprender un poco a Maximiliano
Sures't.
Encontré todo en ruinas y una chica esforzándose por crear el más hermoso
camino hacia ella misma ~ David Sant
¿Cómo?
— Tiny — la voz de la señora Sures’t se alzó otra vez, pero esta vez con un matiz
más dulce — acércate quiero que conozcas a una amiga.
El rostro del angelito rubio no cambió y tuve miedo de no sostener su mirada y que
se sintiera rechazada, pero con un descaro singular rompió el contacto visual y me
analizo de arriba abajo sin atender al llamado de Marianne.
Cuando terminé mi repaso rápido encontré su mirada otra vez, era muy profunda
como sino necesitara palabras para comunicarse y cuidadosa, ni siquiera reparé
en la mitad quemada de su rostro, simplemente le di una leve sonrisa y ella ladeó
solo un poco la cabeza antes de darle toda su atención a Marianne.
— ¿Tiny? — me volví hacia la voz y su sonrisa se hizo más amplia cuando la niña
empezó a caminar hacia nosotros y se sentó en la silla frente a mí que quedaba
vacía — enseguida traen tu zumo, cielo.
Ella la observó y asintió, tomó una galleta de plato y comenzó a comer sin más.
Quería hablar, preguntar, entender, pero nada salía de mí, desde que pisé Reino
Unido bien podría cuestionarme mi afición por las letras porque las palabras no
llegaban o me hundían.
Agradecí a San Benito que Lucrecia apareciera con una bandeja, un vaso de
zumo de naranja y unas magdalenas que se veían espectaculares.
— Aquí tienes Tiny, de arándanos esta vez así vas eligiendo tu preferida, ¿eh?
— Le hizo una mueca divertida y la niña rio. Tomó un dulce y le dio una mordida,
las señoras se quedaron esperando el veredicto y yo solo quería escuchar su
pequeña voz.
Ella subió un pulgar y el pedazo que le quedaba se lo llevó todo a la boca de una
vez y todos reímos.
— Todos los días Lucre le hace un pastel, tienen ese pequeño juego de decidir
cuál es su preferido, pero llevan casi un año y no hay un sabor que Tiny rechace.
— me explicó y ambas soltaron una risita.
— Pues toma una y pruébala — ofreció la señora Sures´t con una risita baja.
— Ummm — dudé, realmente quería probar, pero cuando giré a ver a Aitana tenía
una expresión desafiante, anoté curiosa, por ese rasgo poco común en niños
pequeños. — Sería genial una, Marianne, pero los dulces son de Aitana, ella
debería decidir si me quiere brindar, yo encantada de colaborar con un veredicto.
Sus ojitos marrones siguieron fijos en mí y me pareció una eternidad, hasta que
bajó sus bracitos y sacó una libreta que ni noté que llevaba y la puso encima de la
mesa.
Abrió las páginas y fue pasando poco a poco, muchos dibujos llenos de colores
que noté que eran pasteles o la mejor representación infantil de ellos.
Me quedé quieta y casual, tomé un sorbo de mi bebida, no quería que me notara
ansiosa y Marianne solo observaba quieta en su lugar. Me tomó todo ese tiempo
deducir que la niña estaba decidiendo si confiar en mí, podía hacer mi mejor
esfuerzo, así que lo intenté con ganas.
— Aparte de Mila, nadie logra seguir la otra parte del juego — se encogió de
hombros.
Ella negó, señaló el dibujo y luego las magdalenas. Luego de vuelta a mí.
— Vale, voy a probarlas ¿Eso está bien? — pregunté a la niña señalando el plato
y ella asintió levemente.
Tomé una y no había tocado mis labios y estaba babeando, un olor tan exquisito
que daban ganas de comer miles. Una mordida y tomo toda mi compostura no
gemir, pero no pude evitar cerrar los ojos, absolutamente alucinante.
— De eso no tengo dudas querida. — Podía comer esos dulces el resto de mis
días y nunca me quejaría de ellos. El golpecito otra vez cambió mi atención, Tiny
volvió a empujar la libreta hacia mí. Pero esta vez no la miré a ella, mis ojos se
quedaron fijos en los colores y las líneas.
Y podía jurar que las vi de forma diferente antes de probar las magdalenas. Casi
podía ver los colores de todo lo que sentí en aquel papel. El olor, el gusto y la
explosión de sabor, mi cerebro hizo clic y quede sumamente impresionada.
— ¿Qué diablos haces con mi hija? — repitió. Las tres estábamos quietas. Yo
suspiré y me giré un poco para enfrentar a la ira de la bestia.
Lo intenté, juro por San Benito que lo intenté. ¿Cómo podía ser tan idiota? Su hija
estaba presente. Quería golpearlo otra vez por ser tan jodidamente grosero y
amargado, pero solo me levanté despacio.
— Jamás querría eso Señor Sures't — me llevé una mano al corazón como
ofendida — ¿Cómo podría intentar algo tan terrible como eso? Que fea opinión
tiene de mí.
El apretó los puños y supe que quería gritarme e insultarme, pero no iba a caer, si
quería lastimar, conmigo tenía un camino largo, perdería absolutamente el tiempo.
— Hijo, por favor — intervino Marianne — ¿crees que haría algo que dañe a mi
nieta? Solo estábamos tomando jugos y Tiny le ofreció a Emy jugar, nada más.
— Todos los días Lucre trae dulces para ella, luego los prueba y dibuja, el juego
es tratar de adivinar qué pinta. — sorprendido no dio respuesta y Marianne suspiró
con tristeza — Hace un año pasa casi todos los días Max.
El abrió los ojos y como rayos llegaron sentimientos a su mirada, pensé que la
abrazaría que lloraría, pero solo se puso de pie y su máscara de indiferencia
volvió. Devolvió el cuaderno a su hija, para luego acariciar su cabello y le decía a
su madre.
— Llegó tarde a una Junta de la empresa, no llegaré a cenar. — Y se fue sin dar
una mirada a nadie más.
— ¡Emily! Espera, no es buena idea que vayas... — Dejé a Marianne casi gritando
en el jardín y sus palabras las dejé de escuchar al pasar un pasillo que me llevó a
unos garajes. Corrí para que me diera tiempo alcanzarlo, me lanzaría delante del
coche si era necesario, pero Mr Limón me escucharía.
— Lo diré una vez Sures't, o se baja o me pasa por encima. — Por dentro
temblaba, lo creía capaz de arrollarme y luego decir que fue un accidente. Puse
una expresión desafiante e intenté otra vez. — Baje del coche.
— ¡Que mierda quieres! — gritó bajando furioso del coche. — ¡No puedes dejarme
en paz!
— No, no puedo, y menos luego de ver cómo trata a su hija. — respondí bajando
un poco la voz.
— ¿Lo suyo? — solté una risa amarga — ¿Acaso su hija es una propiedad?
Debería darle vergüenza...
— ¡No! — gritó y me asusté cuando tomó mis manos con fuerza y me lanzó contra
la puerta de una camioneta parqueada y su cuerpo presionó el mío mientras me
hablaba demasiado cerca. — ¡No los merezco! ¡No debería estar aquí! ¡Soy un
maldito hijo de puta que quisiera estar muerto cada vez que ve el rostro de mi hija
y recuerda que no pude hacer nada por ella! ¡Que no recuerda el sonido de su
voz! ¡Que quiero darme un tiro cada vez que me veo al espejo y me observó! ¡Sí!
¡Soy un maldito! ¡¿Contenta?! ¡¿Jodidamente contenta?!
No pude responder y tampoco sabía que decir. Él solo me dio una corta mirada
para volver a meterse en el coche y salir disparado a su reunión, o donde quiera
que fuera.
Solo de una cosa estaba segura, Max no era simplemente amargado y duro
porque sí. Estaba sufriendo, de ese dolor que te mata lentamente. Pude ver ese
sufrimiento, casi contagioso.
Y dolió.
El chirrido de gomas derrapando para salir de la casa me sacó del leve shock que
tenía, no hubiera imaginado jamás que alguien albergara tanto sufrimiento y
rencor dentro. Maximiliano estaba muriendo lentamente de tristeza, por muy
dramático que sonara; no quedaría mucho para que perdiera las ganas de vivir, y
eso me dolía, aunque no entendía por qué. Supuse que mis niveles de empatía
estaban más que elevados.
Había logrado mover a Mr. Limón de su imperturbable mundo, no era un hombre
de hielo; al contrario, sino tenía cuidado bien podría quemarme.
— ¡Emily! — escuché la voz de Marianne cuando iba de regreso a la casa. —
¡Emy!
— ¡Voy! — respondí de vuelta, pero me sorprendí al topármela casi entrando al
garaje. Se notaba preocupada.
— ¿Estas bien? — me observó con detenimiento — Dime por favor que no
sucedió nada grave.
— No Marianne, todo está bien — respondí un poco confusa.
— No me mientas Emily, si Max te hizo algo por muy hijo mío que sea, yo…
— Te juro que no me hizo nada, solo discutimos y él se marchó, muy enojado eso
sí.
— ¿Entonces porque tienes la cara así? Toda roja y los ojos llorosos. —
cuestionó.
— Yo…— ni siquiera había notado que estuve llorando. Llevé una mano a mi
rostro y se sentía caliente, rezago de la furia que tuve y las lágrimas no supe
cuando llegaron. Me vi en la necesidad de defender a Maximiliano — Juro que no
hizo nada grave Marianne, tu hijo no sería capaz, es un poco imbécil cuando
quiere, pero no deja de ser un hombre con principios.
— Gracias al cielo, — llevó una mano a su pecho y suspiró — me tenía muy
nerviosa toda esta situación. Él normalmente es controlado, ignora todo a su
alrededor, pero ustedes hacen de cualquier circunstancia una explosión. Es
refrescante, pero agotador.
— Supongo que amigos nunca seremos — me encogí de hombros
despreocupadamente y la tomé por un brazo para incitarla a caminar de regreso.
Necesitaba encontrar a Erika. — Pero prometo poner de mi parte para llevar la
fiesta en paz. Solo que quisiera llegar a un consenso sobre Aitana, me gustaría
seguir compartiendo con ella, por favor.
— Por supuesto, mi nieta no se relaciona muy bien y todos en esa casa le
respetamos su espacio y tratamos de que se sienta amada y acogida. Muchas
veces creo que siente que su padre no la quiere y nosotros tontamente intentamos
llenar ese vacío. — Me dio un apretón de manos — Solo rezo para que el día que
volvamos a ser una familia, llegue más temprano que tarde.
— Ustedes son personas maravillosas Marianne, realmente lo merecen. Y tengo
fe que pronto se cumplirán tus deseos. No hay sol sin un poco de lluvia — traté de
darle ánimos y le guiñé un ojo y ella me devolvió una sonrisa cautelosa.
— ¿Puedo hacer una pregunta un poco indiscreta? — mencioné.
— Claro cariño, ¿Qué duda tienes? — contestó casual y con su vista al frente, casi
llegábamos al jardín otra vez.
— La cicatriz… quiero decir, Aitana y las… — tragué en seco — ¿Cómo se las
hizo? — Marianne volteó hacia mí y su expresión se oscureció, jamás pensé que
alguien que emanara tanta dulzura, me diera una imagen tan perturbadora. —
¿Marianne? — Ella solo me observó en silencio. — Lo siento, no debí…
— No es mi historia para contar Emily — volvió su vista al frente — Ese día nos
cambió a todos, el fuego se llevó algo importante para cada uno de nosotros y a
veces creo que arrasó también con nuestra felicidad. Algún día, escucharás todo
de boca de quien vivió todo, lo demás, llegamos en diferentes momentos. Nadie
conoce el principio de ese día.
— Lo siento, no quería traerte malos recuerdos. Fue muy mal educado preguntar.
— Traté de excusarme pobremente.
— No te preocupes querida, no pasa nada — su tono no decía lo mismo, y yo no
quería seguir escarbando.
—¡Emy! — la voz de mi amiga, bendita fuera nos hizo prestar atención a las
puertas de cristal que daban a una entrada de la casa. Ella y Adolf venían hacia
nosotros.
— ¡Kika!, ¿Qué tanto hablaban ustedes? — pregunté divertida cuando estaban lo
suficientemente cerca.
— Ah pequeña curiosa, todo no se puede saber — respondió Adolf antes que la
pelirroja pudiera decir una palabra. — Mejor cuéntame que tal su paseo por el
jardín.
— Muy bien papá, creo que Tiny y Emy serán grandes amigas — comentó
Marianne intentando sonar alegre, me sentí culpable otra vez.
— Por supuesto que sí querida, jamás tuve dudas de eso.
— ¿Quién es Tiny? — cuestionó mi amiga.
— Aitana es la hija de Max, tienes que conocerla Kika; es absolutamente adorable
y le encanta pintar. — hablé rápidamente y no me detuve a preguntar si eso sería
posible. — Disculpen, me adelanté, si eso está bien para ustedes me gustaría que
Kika se nos uniera mañana y conociera a Tiny.
— Será genial para ella tener nuevas amigas, aquí entre nosotros, creo que está
aburrida de ver las mismas caras todos los días. — Todos soltamos una risita con
las palabras de Adolf.
— Necesito adelantar algunas cosas para César, ¿puedes acompañarme Erika?
Quiero ir dándole algún enfoque al informe que hay que presentar.
— Claro, yo también necesito editar algunas de las cosas que tengo grabadas,
¿vamos arriba?
— Justo al lado de la habitación que dormiste, hay preparada una salita pequeña
con lo que necesitan, César se encargó de dejar las instrucciones para que nada
faltara y tuvieran la comodidad de trabajar desde aquí. — nos explicaron para
nuestra grata sorpresa.
— Muchas gracias de verdad, esto ha sido más de lo que pudimos imaginar en
este viaje, ha sido una bendición conocerlos. — dije honestamente, cuando
regresara a casa los llevaría en mi corazón.
— Nada que agradecer querida — nos regaló una de sus bellas sonrisas — Anden
y adelanten que luego tienen que prepararse para la cena.
— Ahí estaremos — contestó mi amiga y me tomo la mano antes de despedirnos y
caminar hacia la casa.
— ¿Qué tanto hablabas con Adolf? — pregunté mientras subíamos las escaleras.
— ¿Eh? — contestó dudosa y algo en mí se activó.
— ¿Tú y Adolf? Te pidió que fueras con él — la pelirroja no me miraba y eso era
señal que estaba muy nerviosa.
— Ah sí, me pidió que me hiciera cargo de unas fotos familiares que quiere hacer
mientras estamos aquí — me dio una pequeña sonrisa.
— ¿Y porque estas tan nerviosa? — cuestioné antes de entrar al lugar que habían
preparado para nosotras y quedarme con la boca abierta. — Esto es
absolutamente impresionante.
— Muy de acuerdo — Era una habitación pequeña, pero totalmente agradable,
casi una versión en miniatura de que la teníamos en casa. Todos nuestros
materiales de trabajo estaban perfectamente ordenados y separados.
— Nuestro jefe es genial — alabé con una sonrisa.
— Y que lo digas
— Además que está muy bueno — comenté haciéndome la distraída.
— Dios, demasiado bueno — respondió rápidamente y al darse cuenta me lanzó
un bolígrafo, yo solo pude reírme — Eres una amiga terrible.
— Nada, así me amas — ella me dio un gesto vulgar — Entonces, ¿Por qué
estabas tan nerviosa cuando te pregunte sobre Adolf?
— Otra vez con eso — ni siquiera mi miró, estaba mirando algunas tomas en la
laptop — Es normal Emy, esta familia es muy importante y tengo que poner todo
mi esfuerzo para no defraudar a Adolf, hay muchos fotógrafos mejores que yo y él
ha confiado en mí.
— Tu eres muy talentosa amiga, es imposible que hagas mal tu trabajo — ella alzó
la vista — Solo hay que ver una foto hecha por ti para sin dudarlo llamarte artista.
— Eres una perra que sabe usar bien las palabras, lo siento, pero no me harás
llorar — habló con los ojos brillantes.
— Y uno aquí creyendo que estaba dando buen discurso — llevé la mano a mi
pecho haciéndome la ofendida y las dos reímos.
— ¿Tienes mucho que adelantar? — preguntó.
— Información técnica que me dieron sobre la fábrica, con Maximiliano no es que
haya tenido avances, evidentemente.
— Cierto, creo que Mr Limón nos odia. Que hombre tan odioso, no sé cómo no se
envenena con tanto acido que suelta cada vez que habla. — expresó con un poco
de desprecio.
— Cierto que es un poco insufrible, pero tampoco nos hemos encontrado en las
mejores circunstancias, a lo mejor…
— ¿Lo estas defendiendo? — no me había dado cuenta de eso y ni siquiera alcé
la vista.
— Obvio no, no hay por dónde. Es un estúpido, tienes toda la razón.
— Pues sí, y eso es un adjetivo muy bonito para él — Que mala imagen tenía
delante de todos.
— De acuerdo — No quería hablar más sobre Max — terminemos esto rápido
para irnos a tomar un baño, arreglarnos y bajar a cenar.
— ¿No estas curiosas por la cena?
— ¿Debería? — cuestioné.
— No lo sé, solo que con esta familia nunca se sabe.
— Debe ser todo tranquilo, al menos Mr Limón no estará aquí.
— Muchísimo mejor, entonces tendremos una buena noche — canturreo.
— Hace falta, la necesitamos. — Suspiré, no sabía si la ausencia de Max sería
mejor o peor para mí y mi reciente descubrimiento sobre él.
Capítulo # 23 ¿Puede haber paz?
-Deja el drama querida, tú no eres Shakespeare-
No había pegado ojo en toda la noche, no era nada de nervios; solo que quería
tener una buena excusa para dormir todo el viaje a Manchester. Aunque aquello
también suponía un reto para mí, porque aumentaba las posibilidades que no me
enterara cuando Mr Limón me dejara en una carretera desierta y sin ninguna
pertenencia para que no pudieran localizarme.
¿Paranoica? Sí.
Pero nadie podía culparme; ese hombre me tenía en modo defensa todo el
tiempo. Luego de la noticia el día anterior, el ambiente no volvió a ser cálido; todo
el intento que hubo por parte de Marianne luego de eso fue en vano, las
respuestas e intervenciones salían forzadas.
Terminé de guardar mi laptop y algunas otras cosas que pensé me harían falta
para tomar el pequeño equipaje que había hecho y bajar, casi en monosílabos
habíamos quedado en vernos a las cinco de la mañana en el salón principal. Mi
amiga quería despedirse, pero como le expliqué, era una tontería. Yo estaría de
regreso en menos de un día.
La casa se sentía silenciosa mientras pasaba las escaleras, creí que llegaba
temprano, pero Maximiliano se encontraba ahí de espaldas, y hablando por
teléfono ¿Con quién hablaba a esas horas de la mañana? Solo recé internamente
para que no fuera a alguien que le habría pagado para secuestrarme.
Sí. Seguía paranoica.
— Buen día… — rompí el silencio haciendo que se volteara. Si no fuera por su
expresión de amargura y porque los trigueños no eran mi tipo, me hubiera
parecido muy, muy atractivo. Con todo su pelo revuelto y un abrigo con capucha,
lo hacía parecer bastante joven; unos jeans apretados y unas botas completaban
su outfit.
— No me interesa lo que tengas que decirme, — abrí los ojos pensando que era
conmigo, cuando lo vi agarrando un poco más fuerte el teléfono — no vuelvas a
llamar. — Y colgó con furia.
— ¿Estás bien? — pregunté.
— ¿Te importa? — respondió.
— Es muy temprano Maximiliano — suspiré —No me apetece discutir.
— Entonces no me hables y evitemos problemas — tomó un pequeño maletín que
no había notado del asiento y me hizo una seña — Lucre nos dejó algo para
desayunar en el camino, puedes tomarlo en la mesa del medio.
Caminó hasta la salida y yo obedecí, mejor que no nos dirigiéramos la palabra y
quizá fuera un mejor viaje. El clima estaba bastante húmedo, el frío mañanero hizo
que se me erizara la piel aun cuando estaba bastante abrigada; me abracé como
pude con las dos manos ocupadas.
Una camioneta estaba estacionada fuera de la casa, no tenía idea de autos, pero
al ver a Mr Limón a su lado la hizo parecer bastante masculina, y porque no
decirlo, sexy. No me regañe mentalmente, yo era una mujer y tenía derecho a
recrear mi vista, aunque fuera con un imbécil como él.
— ¿Vienes o qué? — gritó y no me percaté que me quedé estancada en la
entrada de la casa con mis absurdos pensamientos. Caminé hacia él.
Para variar no me ayudó con mi equipaje, ni abrió la puerta para mí. No me quejé,
intentaba tener el menor roce; todos éramos conscientes de la poca tolerancia que
existía entre nosotros.
Se puso en marcha y salimos de la mansión Sures´t; no tenía ningún recuerdo de
cuando llegué aquí; teniendo en cuenta que no había sido de la mejor manera y no
lo pude apreciar al salir ya que el solo no había salido. Pasados cinco minutos
comencé a ponerme inquieta, nunca había soportado el silencio y no tenía ganas
de dormir.
— ¿Puedes poner la radio? — giré para verlo y estaba concentrado en la
carretera, su mandíbula estaba apretada y sus nudillos un poco blancos de apretar
el volante. Parecía no escucharme. — ¿Max? — Intenté otra vez un poco más alto
y funcionó.
— ¿Qué? — contestó más fuerte de lo que debía.
— ¿Puedes poner la radio? Por favor, — al no tener respuesta agregué — Me
molesta el silencio.
Me miró lo que conté como tres segundos antes de volver a apretar el volante y
alcanzar la reproductora para encenderla. Las noticias se empezaron a escuchar
al instante y me relajé.
— Gracias… — dije y el no respondió nada.
Estaba siendo un viaje demasiado incómodo, el silencio era devorado por las
noticias que si bien no me interesaban al menos me mantenían atenta. Al pasar
casi una hora mi estómago empezó a protestar.
— ¿Quieres desayunar? — intenté entablar algún tipo de conversación — Ya
tengo un poco de hambre.
— En cinco minutos pararemos en un parque para hacerlo, prefiero no comer aquí
dentro.
— De acuerdo, ¿Esta todo o es necesario comprar alguna cosa? — comenté.
— Conozco a Lucre lo suficiente para saber que no falta nada, de todos modos,
revísalo y ve si necesitas algo más. — antes de dar una respuesta quité el cinturón
para voltear a tomar el bolso con nuestro desayuno — ¡¿Qué haces?! — gritó.
— ¿Qué pasa? — me devolví a mi asiento asustada y con los ojos muy abiertos.
— ¿Cómo se te ocurre quitarte el cinturón? ¿Estás loca? — volvió a gritar.
— Yo solo, estaba… — intenté explicar.
— ¡No vuelvas a hacerlo jamás! ¿Me escuchas? — golpeó el volante con fuerza
mientras seguía gritando y yo me encogí en el asiento.
— Lo siento, solo estaba tratando de… — dio un giro brusco y aparcó en una
esquina de la carretera. Me quedé inmóvil y con la respiración un poco acelerada;
no sabía que era lo próximo. — Max, lo siento…
— Cállate…— habló lo suficiente bajo como para escuchar, cerré la boca. Reclinó
su frente al volante y suspiró — Siento haber gritado de ese modo.
— Está bien… — murmuré.
— Ya podemos bajar a desayunar, ve adelante; yo bajo las cosas — No dudé un
segundo en bajar aún a expensas que me dejara y se fuera. No tenía idea de sus
gritos ni porque pareció alterarse tan de repente por el cinturón.
Mi vista se topó lo que en su momento pudo ser un parque para turistas, estaba
desatendido y la naturaleza ya había hecho lo suyo tomando las mesas de picnic y
llenándola de flores y otras hierbas. Era perfecto en su abandono. Sentí un ruido
de puertas detrás y no me voltee, espere tranquila que Max me alcanzara y me
indicara donde íbamos a comer.
En efecto, pasó por mi lado sin detenerse y caminó hasta una mesa que se veía
lista para usar aun, colocó el bolso encima y lanzó una manta que no noté llevaba
en su hombro. Comenzó a sacar las cosas y decidí acercarme, el hambre crecía
por momentos.
— ¿Cómo encontraste este lugar? — intenté hacer como que no había sucedido lo
anterior, pero mi voz no salió tan casual.
— En uno de los muchos viajes que hago en carretera — contestó solicito —
Siéntate y come, nos queda bastante por llegar.
— Gracias — no esperé más y comencé a servirme de todo un poco; Lucrecia
había nacido para cocinar, podría ganar un concurso de comidas si se lo
propusiera. Estaba feliz comiendo, y sin episodios extraños; pero Max me
interrumpió.
— ¿Estás casada? — preguntó y me quedé estupefacta.
— ¿Disculpa?
— ¿Qué si estás casada? ¿Abandonaste a tu esposo por cruzar el mar detrás de
un trabajo? — cuestionó y no me gustó su tono.
— No estoy casada, y si lo estuviera no sería tu problema las decisiones que tomo
o dejo de tomar.
— ¿Entonces no abandonaste a nadie? — insistió.
— No, no lo he hecho ¿Cuál es tu problema? ¿Qué te importa mi vida? — terminé
de tomar el jugo que me quedaba.
— Realmente tu vida me importa una mierda — hablo con seriedad y mi corazón
dio un golpe rápido dentro de mi caja torácica — Solo que no soporto rodearme de
gente mentirosa.
— ¿Qué coño sabes tú para llamarme mentirosa?
— ¿No es cierto que tu pareja se llama Matías Isazcum y es un importante
abogado de Nueva York? — me quedé de piedra — ¿No es cierto que lo
abandonaste a su suerte con tal de garantizar tu puesto en la editorial?
— ¿Qué?... — mi respuesta salió en un susurro.
— Odio a las oportunistas mentirosas, y mira he aquí una ganadora de los dos
adjetivos. Pareces una niña buena que encandila a todos, pero te prometo que
conmigo no podrás; te sacaré lo antes posible de nuestras vidas. Te lo juro —
afirmó con tanto odio que el frío que sentía no era por el exterior.
— ¿Acaso me investigaste? — fue lo único que cuestioné, mis ojos dolían de
contener las lágrimas, no perdería el tiempo en defenderme.
— ¿Acaso importa? Tus reacciones me dicen que es verdad; yo solo cumplo con
advertirte que tengas cuidado un paso en falso y te destruiré. — amenazó y yo
solo asentí.
— Podría decirte muchas cosas Maximiliano, pero sería en vano tratar de razonar
con un hombre como tú. Puedes creer lo que has elegido como verdad; es tu
problema y para ser honesta, tu opinión también me interesa una mierda — me
levanté despacio — solo te pido que no te me acerques, hagamos este trabajo
rápido y así cada cual podrá volver a su vida y no verse jamás.
— Es lo único que deseo — contestó poniéndose de pie igual y guardando las
cosas.
— Entonces colabora y no te metas jamás en mi vida — le di una mirada dura y no
me importó dar un golpe bajo — Yo no pregunto qué sucedió con tu esposa.
Supe que había dado en el clavo cuando su imperturbable expresión se congeló
para dar paso a una inminente furia.
— Tú jamás… — comenzó, pero levanté una mano y lo interrumpí.
— Cállate, — me di vuela para volver al auto — como dije antes, no me interesa.
Llegué al auto y entré, coloqué mi cinturón y por el cristal observé como Max
seguía en el mismo lugar y de espaldas a mí. No había forma que pudiéramos
hacer una tregua; y ya me había agotado de querer intentarlo. A partir de este
viaje lo ignoraría todo lo que pudiera.