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Universidad Católica de Salta

Facultad de Artes y Ciencias


Historia de la Filosofía Moderna
Salta, Argentina
2020

JHON LOCKE:
Gnoseología y Política

Matías Iván Costanzo


Gnoseología y metafísica

Locke, en su «Ensayo sobre el entendimiento humano», en la epístola al lector, relata


una pequeña historia de cómo surgió las tesis que desarrollaremos en este trabajo. Él cuenta
que en una discusión filosófica entre sus allegados, se toparon con que estaban discutiendo
cosas de las que asumían muchos principios, esto es, estaban asumiendo toda la tradición
ontológica de lleno. Aquella tradición en la que se actuaba «…como si toda aquella ilimitada
extensión [la del Ser] fuese el dominio natural e indudable de nuestro intelecto, donde nada
escapase a sus decisiones y a su comprensión…»1; así como lo es en la ontología de
Aristóteles y su teoría del conocimiento por abstracción. Pero, descubrieron, que se habían
salteado un problema fundamental el cuál era menester de ser pensado para poder pensar con
propiedad. Lo que el hombre había olvidado es sobre la pregunta sobre las posibilidades que
tenía el hombre de conocer las cosas, «…y que antes de comenzar indagaciones de aquella
naturaleza, era necesario examinar nuestras capacidades, para ver cuáles eran los objetos
que nuestro intelecto estaba o no en condiciones de tratar…»2

Aquí vemos, algo que ya habíamos visto en Descartes, que de lo que se parte no es el
de indagar a la naturaleza sino primero sospechar de su existencia y desplazar el problema
fundamental del Ser al Espíritu Humano, es decir, el preguntarse primero qué tan factible es
que el hombre, según sus capacidades, conozca lo real; es la pregunta, al mismo tiempo, por
el dónde reside la verdad. Aun así, Locke aclara en la Introducción de la misma obra, que en
realidad no quiere él descubrir la totalidad de lo real sino sólo indagar aquello que concierne
al hombre, en cuanto criatura racional, y a todo lo que a él concierne: cómo gobernar sus
opiniones y sus acciones; pues «…no debemos preocuparnos si hay otras cosas que escapan
a nuestro conocimiento…»3. Este, dice Locke, es el punto de partida indicado, el que
realmente importa en la indagación filosófica.

Locke toma el principio cartesiano de que la única fuente confiable de conocimiento


es la Idea humana. Pero este término, no es tomado como en Platón eidos, es decir, ‘aspecto o
forma de algo’, o como en Aristóteles ‘esencia o eseidad’ abstraída en concordancia con lo
real, sino simplemente como captación determinada del Espíritu. Textualmente la define

1
Locke, J. (1690). «Ensayo sobre el entendimiento humano». Introducción.
2
Ibidem: Epístola al lector.
3
Ibidem: Introducción.
como «término que sirve mejor -en mi opinión- para representar una cosa que sea objeto del
intelecto cuando el hombre piensa. Por lo tanto, lo he utilizado para expresar todo lo que
puede ser entendido como imagen, noción, especie o todo aquello alrededor de lo cual puede
ocuparse el espíritu al pensar…». Entendemos entonces que su concepto de idea reside
totalmente en el intelecto humano.

Sin embargo, él toma distancia de Descartes cuando niega las ideas innatas. Pues
ningún intelecto humano es capaz de forjar una idea, por lo que, en realidad, el origen de
estas ideas, y al mismo tiempo, su límite es la experiencia sensible. Explica que, en realidad,
lo que se llama idea innata es un consenso universal de los hombres acerca de determinadas
ideas y principios. Pero este consenso, se prueba por experiencia, no es universal; y esto
porque vemos que en los niños o en los enfermos mentales no existe idea universal e idéntica
de Dios, Alma o Mundo. Y como dijimos que el hombre de ninguna manera puede forjar
ideas, ni destruirlas, sino que su intelecto puede combinar de diversos modos ideas que
recibe. Y estas ideas, su materia prima, no es creable sino recibida exclusivamente de la
experiencia.

Entonces, ¿cómo llega al mundo la mente del hombre, si no es con ideas innatas? Y
aquí nos encontramos con la célebre imagen de la mente como «Tabula rasa». Esto quiere
decir que el Espíritu, llega al mundo como una especie de hoja totalmente en blanco, sobre la
que se imprimen los trazos de la experiencia. Y esta misma puede ser de dos tipos: a)
experimentamos objetos sensibles externos, o b) experimentamos las operaciones internas
del alma. Luego, de estas fuentes se derivan dos tipos de ideas simples, la materia prima de
conocimiento. De la a) proviene la impresión de cada sentido y su objeto específico, u objeto
compartido como la figura o el movimiento; y de la b) provienen ideas simples de las
operaciones internas como la de volición o percepción; y por último un combinado de las
anteriores como lo es la idea de dolor o placer.

Ciertamente, las ideas simples o impresiones perceptivas no son creadas, sino son
provocadas por lo externo. A este poder que tienen los objetos de provocar estas ideas la
llama Locke «cualidad del sujeto». Así la pared tiene la cualidad de producir en nosotros la
idea de dureza, de blanco, de aspereza, de rectángulo o columna. Esto es, tiene la cualidad de
producir en nosotros ideas de cualidades primarias reales, objetivas y permanentes de los
objetos (solidez, extensión, figura, cantidad, movimiento, etc.) o secundarias que son
combinaciones de las primarias (sabor, color, olor).
Pero no todo es pasividad en el espíritu, pues al recibir esta materia prima de ideas,
ahora puede combinarlas y actuar sobre ellas de distintos modos, de esa manera, creando
ideas complejas. Estas a su vez, Locke las divide en tres: a) ideas de modo, que son aquellas
que no subsisten por su cuenta sino son dependientes de la substancia o afecciones de esta; b)
la idea de substancia, que sea crea por la experiencia de siempre encontrarnos unidas
determinadas ideas, por lo cuál creamos una relación permanente entre ellas y le damos un
nombre-concepto; y c) ideas de relación, que surge de las relación de las ideas entre sí,
comparando y creando vínculos, algo así como los términos relativos (alto, bajo, padre, hijo,
etc.)

Pensamiento político

En lo político, Locke es contractualista. Esto es importante aclararlo de entrada, pues


él está en la línea de pensamiento político en la que se cree que el pacto social es siempre por
convención entre los hombres. Este es el origen del poder político. No así como en Hobbes,
Locke no concibe que el estado natural de la relación hombre-hombre es de conflicto o
enemistad, sino más bien el hombre es naturalmente libre y propietario de sus bienes. El
estado de naturaleza, es entonces, un estado de cooperación entre hombres; pero prevé la
posibilidad de factores que pueden conflictuar esta tendencia natural. Esto, es un factor que
atenta contra el equilibrio e integridad del pacto social, lo cual es factor de peligro para la
libertad natural del hombre. Este puede ser el paso, afirma Locke, del estado de paz al estado
de guerra. Para prevenir esto, el hombre necesita la figura de un juez mediador, un árbitro
imparcial; pues el hombre no puede ser juez y mediador de sí mismo a secas. Esto es, pasar
del Estado de naturaleza, a crear la institución de la Justicia como base fundamental del
contrato social. Y este Estado debe ser garante de dichos derechos, que son inalienables al
hombre: el derecho a la vida, el derecho a la libertad, a la igualdad; y más importante, el
derecho a la propiedad privada. Locke entiende por propiedad privada como no sólo los
bienes materiales sino todo aquél medio para la preservación de la vida y la libertad; esto es
propiamente, un derecho natural. Esta tendencia de preservación es el factor que hace que los
hombres tiendan a la creación de la institución del Estado. Este Estado tiene el poder de
ejecutar juicios y castigar a los delincuentes, como así de crear leyes positivas en vistas a las
leyes naturales objetivas; este poder, empera, no es un poder absoluto ni arbitrario, sino surge
del acuerdo de los hombres por defender dichos derechos de los hombres. El poder, por lo
tanto, es divido. El poder legislativo representa al pueblo, que se erige como representantes
elegidos por el mismo. Luego, el poder ejecutivo será el encargado de hacer lo que el poder
legislativo manda. Y en tercera instancia, como prolongación del poder ejecutivo, será lo
concerniente a la seguridad del estado y las relaciones internacionales. En conclusión, Locke
aparece en la historia como Padre del liberalismo y como un pensador que propugna el
Estado Constitucional.