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Al principio de la sesión se realizó un aporte metodológico en torno a la lectura de diferentes

traducciones sobre los textos pues en ella se introduce el malentendido. El propósito sería el de
confrontar las traducciones para ver cuál de ellas se ajusta más al concepto o a la intención del
texto.

Luego se abordó el concepto de contratransferencia desde la lectura de Lacan de la práctica


analítica, pues para él este concepto está más del lado de una intervención hecha desde el Yo
donde las mociones que pueden llegar a afectar al analista serían vistas como un accidente que
debe ser evitado. Así, se ha derivado en las diversas prácticas terapéuticas un interés por la figura
de lo que se hace en el paciente, desconociendo la posición desde la que se analiza. Lo que hace
Lacan, entonces, es poner en el centro de la práctica la figura del analista.

Luego se habló del principio de dirección de la cura entendiendo la práctica analítica como una
intervención sobre el discurso del paciente aplicando la regla analítica, es decir, invitando a que el
sujeto hable su verdad. Así, la dirección sugiere en principio ejercer un poder. Poder frente al cual
el analista debe permanecer impotente, entendiendo la impotencia como la renuncia a
sobreponerse en el lugar de la verdad.

Ahora, bien sea por la manera en como se entienden los conceptos, la figura del analista como
centro de la práctica analítica o a partir del principio de dirección de la cura, la pregunta por
¿quién analiza hoy?, se sostiene vigente. Aún más cuando la terapéutica se ha enfocado en el
fortalecimiento del Yo y la cultura se ve cada vez más supeditada al reconocimiento del
inconsciente o de lo inconsciente.

Para los apartados 3, 4 y 5 del texto La dirección de la cura y los principios de su poder se
mencionó sobre la manera en como el analista paga. El analista paga en principio con sus
palabras. Pero no cualquier palabra. Más bien con toda aquella capaz de producir un efecto de
interpretación. En la otra mano, el analista paga con su cuerpo como soporte de la transferencia.
Estos dos elementos están relacionados entre sí porque son los elementos que sirven como base
para la transferencia.

Aquí, Lacan interroga la afirmación de que el analista cura menos por lo que dice que por lo que
hace y lo que es ya que aquí se entiende al analista como una figura que ha de presentarse como
un ideal del Yo y no como un semblante que permita ser el depositario de identificaciones. Así,
mientras más interesado esté el analista en su SER ha de ser menos consistente su intervención. El
no-ser del analista introduce una hiancia que permite orientar al sujeto en su deseo.

Luego se preguntó por la lectura de las condiciones transferenciales siendo que la transferencia es
susceptible de caer en cada sesión. Allí se introdujo la importancia de la formación del analista a
través de tres conceptos indisocialbes: el análisis, el estudio de los conceptos y la práctica clínica.
La transferencia, además, ha de entenderse como una operación dirigida por el analista con el fin
de producir las condiciones para que el sujeto se analice. En ella se hallan todas las complejidades
a las que se somete todo vínculo humano, sino que en la clínica se formulan en una disimetría que
permite al sujeto producir un saber sobre su síntoma. Posteriormente, se preguntó sobre si lo que
se introduce en la interpretación es un malentendido. A esto se respondió que de la interpretación
se sabe por los efectos de haber introducido un significante y no un significado porque este último
es precisamente lo que causa malestar al sujeto.

El acto analítico se configura entonces como un juego de táctica y estrategia en donde el analista
es menos libre en su estrategia que en su táctica. La libertad del analista yace en la posibilidad de
interpretar y dirigir el tratamiento orientado por la transferencia, la cual supone unos límites.

Finalmente, se interrogó por la función del análisis de caso y su diferencia con el análisis personal.
Se dijo que en el análisis de caso se enfoca en la estrategia del analista, es decir, en los
movimientos que permiten orientar al sujeto en su deseo mientras que el análisis personal está
más enfocado en lo que respecta al inconsciente del analista.