EL ACOMPAÑAMIENTO PASTORAL.
El ser humano necesita de la compañía de sus semejantes. Cuando Adán, el
primer ser humano, ve desfilar delante de sí a todos los animales para darles
nombre, no encontró alguno que se le asemejara; sintió nostalgia del otro
semejante a él; y Dios se dijo “no es bueno que el hombre esté solo; le haré
uno que se le asemeje, y creó a la mujer de una costilla del hombre. La razón
de que el ser humano necesite compañía radica en su condición de ser social
porque es imagen de Dios, y Dios no es un ser solitario, sino un ser solidario.
Todos necesitamos de la compañía del prójimo: el niño, el joven, también el
adulto; el enfermo necesita compañía, el triste necesita consuelo, el sabio
necesita con quien compartir su sabiduría, etc. Todos, en las más diversas
circunstancias de la vida, buenas o malas, necesitan compañía. Aquí nos
referimos en forma concreta a las parejas humanas en circunstancias–límite:
unión sin reconocimiento civil o eclesiástico, divorcio, divorcio y nuevo
matrimonio, viudez, formación anormal de pareja (gay), el adulto soltero, la
madre soltera, etc.
La Exhortación Apostólica Familiaris consortio ha promovido el
acompañamiento cuidadoso de estas circunstancias: “la solicitud pastoral de la
iglesia no se limitará solamente a las familias cristianas más cercanas, sino
que, ampliando los propios horizontes en la medida del corazón de Cristo, se
mostrará más viva aún hacia el conjunto de las familias en general y en
particular hacia aquellas que se hallan en situaciones difíciles o irregulares.
Para todas ellas la iglesia tendrá palabras de bondad, de comprensión, de
esperanza, de viva participación en sus dificultades, a veces dramáticas;
ofrecerá a todos su ayuda desinteresada a fin de que puedan acercarse al
modelo de familia que ha querido el Creador desde el principio y que Cristo ha
renovado con su gracia redentora” (n. 65).
Esta expresión “a fin de que puedan acercarse al modelo de familia que ha
querido el Creador desde el comienzo” está insinuando la convergencia de los
diversos tipos de matrimonio hacia el modelo ideal de pareja; el
acompañamiento pastoral ayudará a cada pareja en situación irregular a
conformarse gradualmente con el plan divino sobre la pareja humana: hombre y
mujer unidos como esposos por el amor fiel y exclusivo y orientados hacia la
paternidad responsable; se trata de un proyecto de humanización y
cristianización.
El Papa Francisco promulgó dos ‘Motu proprio para los tribunales eclesiásticos
en plan de hacer más ágil y fácil el trámite de los procesos de nulidad
matrimonial. Es patente el intento eclesial de humanizar y cristianizar la vida de
pareja. Muchas veces las parejas en situación irregular no se sirven de los
mecanismos existentes para regularizar su situación por falta de información
adecuada.
Más adelante añade: “los pastores y la comunidad eclesial se preocuparán por
conocer las situaciones irregulares de la familia y sus causas, caso por caso se
acercarán a los que conviven, con discreción y respeto; se empeñarán en una
acción de iluminación paciente, de corrección caritativa y de testimonio familiar
cristiano que pueda allanarles el camino hacia la regularización de su situación.
Pero sobre todo, adelántese enseñándoles a cultivar el sentido de la fidelidad
en la educación moral y religiosa de los jóvenes; instruyéndoles sobre las
condiciones y estructuras que favorecen tal fidelidad sin la cual no se da
verdadera libertad; ayudándoles a madurar espiritualmente y haciéndoles
comprender la rica realidad humana y sobrenatural del matrimonio sacramento”
(n. 81).
Nuestra época del postconcilio Vaticano II se caracteriza por la flexibilidad y
benignidad en juzgar las diversas situaciones irregulares de la pareja-familia.
Anteriormente, la situación era diferente: un cierto rigor moral regía la vida
moral. La teología moral del postconcilio ofrece la renovación de los principios
morales y con ellos la orientación hacia la benignidad pastoral que consiste,
según San Juan Crisóstomo, en ‘descender para rehabilitar; es decir, tener
presente la debilidad humana y animar a la persona humana a la rehabilitación.
El Magisterio pontificio más reciente ha sido favorable a esta dirección de la
pastoral. Las Exhortaciones Apostólicas Evangelii gaudium (nn. 169 – 173)
y Amoris latitiae (291-292) hacen referencia al acompañamiento pastoral.
El episcopado latinoamericano ha publicado un folleto titulado Uniones
consensuales, dando orientaciones pastorales concretas para las diversas
situaciones irregulares de pareja. El mismo Código de Derecho Canónico se
cierra con una expresión significativa: la ‘salus animarum’ (la salvación de los
fieles) como la ley suprema de la iglesia (canon 1.752).
El binomio ‘acompañamiento pastoral y benignidad pastoral’ se han convertido
en la clave eclesial para salir al paso de las dificultades graves y complejas en
que se hallan muchas parejas matrimoniales que desean normalizar su
situación. Hacen falta agentes de pastoral capacitados para acompañar a las
parejas en su íter, en su camino hacia el matrimonio ideal que es aquel ya
programado por Cristo en la S. Escritura.
Hoy más nunca se hace necesario organizar este acompañamiento pastoral en
nuestra sociedad; hacen falta personas que generosamente se dediquen a
realizar este acompañamiento con la debida competencia y preparación; hace
falta que las parroquias organicen el servicio pastoral de la consejería para la
orientación oportuna a las parejas y familias; hace falta que se multipliquen las
‘escuelas de padres de familia’ que preparen personas para el acompañamiento
pastoral.
La Exhortación apostólica Evangelii gaudium, a propósito del acompañamiento
pastoral, escribe: “más que nunca necesitamos de hombres y mujeres que,
desde su experiencia de acompañamiento, conozcan los procesos donde
campea la prudencia, la capacidad de comprensión, el arte de esperar, la
docilidad al Espíritu, para cuidar entre todos a las ovejas que se nos confían de
los lobos que intentan disgregar el rebaño” (n. 171). Este acompañamiento
pastoral debe hacerse caso por caso, pues cada situación es diferente de otra,
por las personas, las circunstancias, la disponibilidad para acoger la Palabra del
Señor.
PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO:
1. ¿Por qué tanta problemática hoy dentro de la pareja y la familia?
2. ¿Las parejas y familias en dificultad buscan ayuda?
3. ¿Se encuentra con facilidad una orientación oportuna?
LECTURAS RECOMENDABLES:
J. Silvio Botero G., El fracaso conyugal. En búsqueda de una solución humana
y cristiana, S. Pablo, Bogotá 2.009.
J. Silvio Botero G., La pareja humana. Problemas de ayer y de hoy, S. Pablo,
Bogotá 2.006.
J. Silvio Botero G., La pareja humana en situación irregular. Un problema, una
solución, S. Pablo, Bogotá 2.009.
S. Silvio Botero G., Divorciados vueltos a casar. Un problema humano, una
tradición eclesial, una perspectiva de futuro, S. Pablo Bogotá 1.999.