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3/2/2020 El año de la plaga | La lectora provisoria

La lectora provisoria

El año de la plaga

Publicada en Perfil el 1/3/20

por Quintín

El coronavirus empezó en China y amenaza convertirse en pandemia o en desastre universal. En


general, los que llegamos vivos a esta parte del sigo XXI carecemos de una experiencia de primera
mano con epidemias arrasadoras como la viruela que causó diez millones de muertos en el Imperio
Romano o la peste negra, que liquidó en el siglo XIV la mitad de la población de Eurasia y el norte de
Africa. Pero aún quedan sobrevivientes de la llamada gripe española, con sus cien millones de
víctimas en todo el planeta apenas terminada la Primera Guerra Mundial.

Personalmente, tengo el recuerdo de la epidemia de poliomielitis que azotó a la Argentina con sus
cuatro mil muertos y su multitud de discapacitados en las largas vacaciones de 1956, cuando la
enfermedad hizo que se postergara el inicio de las clases. Luego llegó la obligatoria vacuna Salk y
después la Sabin, preferida por los niños porque no era una inyección y se tomaba diluida en un
terrón de azúcar (tal vez la vacunación sea hoy sea el último refugio del azúcar en terrones). Más

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3/2/2020 El año de la plaga | La lectora provisoria

recientemente tuvimos una colección de amenazas venidas de lugares remotos, como la gripe A, la
aviar, el Ebola, el SARS, el Syka y la Chikunguyna, que no alcanzaron la peligrosidad que se les
atribuyó en un primer momento.

Todavía no sabemos si nuestro coronavirus será una más de ellas o diezmará el mundo. Lo inevitable,
con o sin explotación mediática, es que dé miedo. Una de las películas que más me aterrorizó en la
vida fue Epidemia, con Dustin Hoffman y Rene Russo, sobre un virus inspirado en el Ebola que
atacaba un pueblito californiano. En un momento, los militares proponen reemplazar la cuarentena
por el bombardeo, una idea que podría ocurrírsele al camarada Kim Jong-un y que también ronda La
peste de Camus. Pero los doctores de Epidemia encuentran a un simpático monito introducido de
contrabando, que es el huésped del agente patógeno. A partir de sus anticuerpos, los héroes logran
fabricar un suero y eliminan la doble amenaza del virus y las bombas. La película obedece a la idea
que hoy nos hacemos de las epidemias: para conjurarlas es cuestión de que los científicos localicen su
origen y descubran la vacuna para los sanos y el remedio para los infectados.

Durante muchos siglos, en cambio, la peste era un castigo divino. El Diario del año de la peste de Daniel
Defoe, se ocupa de la plaga que azotó Londres en 1665, y atribuye a la voluntad de dios tanto su
aparición como su desvanecimiento. Dice Defoe que este “no fue producido por el hallazgo de
ninguna nueva medicina, ni por ningún nuevo método de curación descubierto; tampoco por la
experiencia que hubiesen adquirido los médicos y cirujanos en la operación; sino que era,
indudablemente, la obra secreta e invisible de Aquel que primero nos había enviado esta enfermedad
como castigo; dejo al sector ateo de la humanidad que califique mis palabras como le plazca.” Hay
algo perturbador en que existan amenazas apocalípticas que no imaginamos, pero también en que la
duración y la malignidad de una epidemia sean impredecibles y que esta pueda extinguirse sin que la
ciencia haya participado en su cura. No creemos en la explicación teológica, pero es cierto que su
simetría tiene una elegancia que le falta al esmerado trabajo con los microscopios.

Foto: Flavia de la Fuente

This entry was posted on marzo 1, 2020 at 10:45 am and is filed under Vida moderna. You can follow
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