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Dolor redefinido Síntesis de un silencio prolongado Cuando llegue el amor de nuevo Tú Abolengo Mañanas Ceguera Esfera

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Carolina oChoa

RECToR Carlos ossa Escobar ViCERRECToR ACADéMiCo orlando Santamaría FACULTAD DE CiENCiAS Y EDUCACiÓN DECANA Clara inés Rubiano Zornosa

leonardo Gil Gómez William alexander romero maureen hiCks

ensayo
Escritor invitado Jesús Martín Barbero La literatura en la escuela La literatura como evocación de la ciudad
Gianni lara Cruz

CooRDiNADoR GENERAL Rolando Franco - Diego Ortiz GRUPo EDiToRiAL COMITÉ POESÍA Christian Villanueva-Rolando Franco David Castro-Harol Bernal COMITÉ CUENTO Carolina Cárdenas-Fabio Chávez Diego Ortiz-Jairo Hernández COMITÉ ENSAYO David Tarazona-Paola Rodríguez Julie Andrea Serna-Carolina Ochoa DiSEÑo Y DiAGRAMACiÓN Guillermo Peñaloza Martínez iLUSTRACiÓN PoRTADA Samanta García FoToGRAFÍA David Castro-Jairo Hernández Rolando Franco-Diego Ortiz CoRRECCiÓN DE ESTiLo Marcela Garzón Gualteros

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La cotidianidad como campo de batalla para la mujer Un efecto del modernismo: análisis del relato

Carolina Cárdenas Jiménez Carolina oChoa

Sincretismo religioso en Villa de Leiva 58 david riCardo Tarazona C. / anderson domínGuez m. Variaciones en torno al lector: las experiencias oníricas y el lenguaje simbólico en el aula 72

álvaro alexander Pulido Forero

Criterios para hablar de la ciudad como objeto de una tendencia literaria en Colombia a partir de los años 70 El sendero del sol

armando alFredo ChaParro arboleda anderson domínGuez

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PRoDUCCiÓN EDiToRiAL Sección de Publicaciones Universidad Distrital Francisco José de Caldas Miembro de la Asociación de Editoriales Universitarias de Colombia (ASEUC)

Cuento
Escritor invitado Javier correa correa La matriz All Night Long Se busca urgente Anábasis DTM ¡Levántate, ven conmigo! Los tenis panameños Mi inminente muerte

John harold beTTer armella José rodriGo Torres Correa WinsTon Williamson ramirez dieGo orTiz naTalia CasTillo verduGo Carlos alberTo Polo Tovar miGuel ánGel romero ChaCón

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ABRIR DE 2009 N Ú M E R O 5 r e v i s t a g a v i a @ udistrital.edu.co
Los textos presentados en la siguiente publicación expresan la opinión de sus respectivos autores y la revista no se compromete directamente con la opinión que éstos puedan suscitar.

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Camino de CírCulos internos

El camino de la palabra se encuentra sitiado por el desorden y la polifonía, por lo diferente y lo extraño y, en muchas ocasiones, por lo desconocido. Claro que esto no es excusa para sortearlo con displicencia o abandonar el traspaso al sentido. Todo lo contrario; estas arbitrariedades aparentes son las que ayudan a conformar el todo: la unión de la razón y el absurdo, la incongruencia y la armonía; todo esto yaciendo en la mente de un lector inocente que encontrará sentido o alivio en algún momento de su intervención, de su lectura. El camino, que no es más sino estas páginas, no posee un límite o un margen de intención que obstruya la curiosidad y la intuición del caminante. El gaviero, esta vez, no se detiene ante la imagen del horizonte; desde este punto ve mucho más, volcando su mirada hacia un nuevo confín: comienza a explorarse, comienza a hurgar entre las sensaciones propias. Ahora el límite es él mismo y lo que lo habita. Teniendo este nuevo horizonte, el mundo emerge resignificado por las palabras que forman los delgados hilos que en estas páginas se encuentran y, al observar con detalle cada una de las hebras que conforman este complejo entramado, nuevas formas aparecen ante los ojos. Así, la ciudad ya no es la urbe que a todos recibe; el mar ha dejado de llenar los océanos; el cielo que antes veíamos se deslíe ante nuestros ojos; el pájaro y la flor que proyectaban su existencia en el mundo son ahora un reflejo. Todo ello ha sido capturado por el espejo barroco del sueño, por la palabra y sus matices claros y oscuros. La cuestión ya no es únicamente que el camino lo hace el caminante, sino también la destrucción que queda al caminar: hojas secas, lágrimas nadando en rostros desconocidos, ciudades habitadas por sombras y recuerdos, almas que anhelaban un verso y lo único que obtuvieron fueron palabras. En el camino y el acto de caminar, el gaviero se encontrará con algunas botellas vacías arrastradas por el mar, guardando la esperanza de comunicar lo que no está dicho; cruzará acantilados en los que se debatirá entre la vida y la muerte, entre la realidad y los sueños; atracará en puertos desconocidos, poblados de sombras sin cuerpos, de dioses sin culto. En algunos mares feroces, el deseo de optar por la muerte será la única opción, o tal vez prefiera abandonarse a los cantos de las sirenas, sentimientos encontrados

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sin posibilidad de resolución. En las noches sin luna el camino perderá sus contornos y en la inmensidad el gaviero escuchará como ritmo acompasado la respiración de su silencio prolongado hasta el amanecer. Antes del nacimiento del nuevo día, altas fiebres le harán delirar con culturas ancestrales desaparecidas por manos destructoras; perderá la diferencia entre sueño y vigilia, y buscará el sentido de su viaje entre pavimento y bahareque; a lado y lado del camino verá erigir inmensas estatuas de mujeres con porte grandilocuente, que serán las que determinen las curvas del sendero… Así recibirá al astro Sol. El gaviero, el transeúnte, el que espera, el que crea, el que sueña. Todos y cada uno de nosotros lo recibiremos con temblor en las manos. Todos ellos, a quienes no les queda otra opción sino la de continuar atragantándose con el mundo para vomitarlo con los ojos a cada instante. Ese gaviero soñador que se quema por dentro cada vez que algo renace, cada vez que la palabra —la dolorosa palabra— lo penetra y lo deja en una misma situación, en una misma esperanza de la que se despoja cada vez que tiene sed de amor o de odio. El gaviero continúa su paso, arrastrando con cansancio sus propios huesos: es lo que más le pesa; sigue recorriendo todo lugar desde dentro hacia adentro, atravesando la historia con displicencia, con su memoria llena de silencio, su corazón que no late pues le hace falta alguna parte, bien sea de cordura o de locura. Ese camino, el que ahora nos recorre, es el camino que deconstruye, desbarata con ahínco todo lo que se atraviesa a su paso dejando cuerpos sin huella, sin sombra, riendo con cada curva hacia su interior. Pero, por su parte, el creador no es otro sino el que se atreve, el que toma el desorden al lado del camino y lo convierte. ¿En qué? Ni él mismo lo sabe, sólo se enorgullece de haber transformado algo, haber aplicado los ancestrales conocimientos de la alquimia para generar otra cosa. Creyendo haber llegado al final del camino y de la jornada, el gaviero tomó la palabra, su sonido, la textura que se desprende de ella y la arrojó al cielo en donde se desperdigaron mil palabras nuevas. Así surgió un nuevo estado de crisis, que ya no es un detonante que se convierte en generador, tampoco en causa y mucho menos consecuencia. Es sólo un doloroso participar del momento y del paso en el camino.

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ESCRITOR INVITADO
Rodolfo Ramírez Soto

Bogotá, 1973. Fundador y director de la Fundación
Creativa Taller, entidad en la que desarrolló actividades como la revista Taller de la Hoja, los ESPERGESIA (Encuentros latinoamericanos de jóvenes poetas) y la programación cultural “Sobredosis para adictos a la palabra”; trabajo que en el año 2002 ganó el Premio cívico por una Bogotá mejor, otorgado por la Casa Editorial El Tiempo y la Fundación Corona. Ha publicado Tintasangre (Casa de Poesía Silva – Funcreta Ediciones, 2003). Es autor del controversial weblog Suicidiario (http://suicidiario.bitacoras. com). Textos y artículos suyos se han publicado en Lecturas Dominicales, en las revistas Casa de Poesía Silva, Golpe de Dados, Ulrika, La Jornada Cultural (México), Nuevo Diario (Nicaragua), entre otras publicaciones. En la actualidad se desempeña como colaborador del Boletín Cultural y Bibliográfico del Banco de la República, es corresponsal en Colombia para la revista chilena Poetas del Cinco y adelanta la experiencia en comunicación alternativa Los impresentables, la cual cuenta con un canal en Youtube, un grupo en la red social Facebook y un blog alojado en la plataforma virtual del diario El Tiempo. 

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Clasina
Sentada sobre sí cansada y triste. Atravesada por la vejez. En los brazos doblados se hunde la cabeza las rodillas soportan los brazos. Desnuda de ti y de todo revelando el cuerpo mil veces tocado

Las horas pasan como botellas donde Cecilia
Diluvio etílico. Soledades barruntadas en su rocola. Ella sabe del dolor debajo de la risa de tanta garganta amontonada sus ojos adivinan el fracaso embriagado en la madrugada. De no ser tendera Cecilia sería santa, madre putativa de los ebrios de la Candelaria. Todas las historias anidan en sus oídos todas las palabras son clientes de su tienda todas las verdades se hacen alcohol sobre las mesas. ¡Ah! Si las paredes donde Ceci hablaran. Tanto ausente. Tanto desencuentro contenido en ellas… Pintadas están de todo lo que pudo ser y no fue del tiempo que se pasa pegado a una botella. Cecilia es el silencio de su tienda. Los ojos del local. Sólo Cecilia sabe el destino de todo lo perdido.

el que se marchita el que hiede a soledad. Las rodillas soportan los brazos en los brazos doblados se hunde la cabeza. ¿Dónde esconderse ahora que el refugio del alcohol ha cerrado? Ahora que ya no sirve nada. ¿No fue el amor un paso que se debió pensar mejor? En los brazos doblados se hunde la cabeza las rodillas soportan los brazos. Acaso la vida es esa tristeza que te desnuda que nos desnuda. Acaso lo único que hacemos es quitarnos prenda a prenda hasta quedar solos y nosotros mismos cansados sentados con la cabeza hundida en los brazos y viejos y pobres y derrotados. 

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El día es la botella vacía (la botella llena es lo más parecido a la esperanza)
La vida es una mesa llena de días desocupados… derrotados observada a la distancia por animales ebrios de destino. El mundo es una taberna que no abre los domingos.

De tanto paso amontonado sobre tan poco zapato
La suela exhausta se ha desprendido del cuero. Ahora camino con dos bocas en los pies, animales rabiosos de ladridos mudos, amenazando la calle con una dentellada de aire. Animales sensuales lamiendo el piso recorriéndolo con su lengua endurecida… ensalivándolo preparándolo para la mordida que hará que al mundo le duela algo. Qué más sino quedar aquí inmóvil encima de ellos, soñando hambriento la venganza y el mordisco a destajo.

Desbordado de mi cuerpo
Todo el dolor contenido en este verso. Cada paso deja una huella más profunda en el asfalto la ciudad se hace más grande y las piernas duelen más. La vida fue un largo día tendido en cama (desnudo, viendo televisión y efímeramente enredado en el sexo) que se agotó tan rápido como paquete de cigarros en noche de calabozo. Unas cuantas páginas contestaron mis preguntas unos cuantos ceniceros contuvieron mis cenizas unas cuantas páginas contuvieron mis cenizas unos cuantos ceniceros contestaron mis preguntas. La muerte taconea a la espalda Un verso comienza a gotear. al tiempo las mujeres ríen en el cuarto del lado.

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Transformación

Zoroástrico
El que no aprenda a bendecir debe aprender a maldecir. Nietzche El pecado es el sentimiento de culpa Los culpables han comprendido y se acercan más a Dios o al Diablo. Sus cuerpos como un campo de fuerzas que se disputan la soberanía son sacudidos de su letargo y se entregan a la ascética o a la orgía. Ya no son susceptibles del sí y el no indistintamente dejan de ser juguete de la madre y el padre. La polaridad otorga trascendencia a los actos

El estado de crisis
es el punto exacto para revivir sin crisis no hay renacimiento. Ser ceniza y restablecer la forma rastro de lo que es potencialmente combustión que no elimina sino que purifica. Permanente andar bullendo crisis perpetua que no se acaba nunca. Arder por arder ser sin querer seguir siendo. Cambio perpetuo que prorroga el fin.

Suerte
Coyunturas que aparentan ser azar la forma que se encuentra tras los pequeños detalles. Fragmentos alocados de momentos precisos en la serie de un tiempo olvidado. El destino y el azar indistintos la necesidad y la libertad alcanzan el equilibrio.

se empieza a distinguir al ángel del demonio. El sustrato del bien y del mal habita en cada uno de nosotros normalmente conjugados y suplantándose uno a otro. El despertar ocurre cuando alguno de ellos se ha apoderado por completo. Sí o no. Tal una llama que purifica

o un incendio que consume.

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Paula andrea altafulla dorado. esCritora
e-mail: altafulladorado@gmail.Com 

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Apego

Holocausto
Aquí está mi corazón, lloviendo, sangrando. Y la lengua de la luna en mis heridas

Me aferro, me aferro cantando mis muertos
esos que se te meten debajo de las pupilas esos que te duelen, que se acomodan por ahí vaya yo a saber dónde. Me aferro cargando ese miedo terco esa paranoica ansiedad.

y la baba de la noche en mi tristeza. El silencio del cielo, la risa del diablo

Y es que acaso tenemos opciones, más que tragarnos el cuento con desconfianza y todo aunque a veces se sienta que no hay caso aunque a veces te gane el pánico en el cuarto o la cocina. Y me aferro al dulce destello de tus ojos y espero y desespero y espanto a la muerte nombrando a Dios y espero que esa muerte no sea la misma que se me ha insinuado esas veces con su rostro de espanto. Y me aferro y me aferro con el cuerpo y el alma.

lunando en este vacío espeso y los despojos del corazón y la sangre y la lluvia. Aquí está mi corazón. ¡Aquí, está mi corazón! Mordido por los perros, esperando, esperando. Y la fiesta de los puñales y su risa.

¡Aquí está mi corazón! Observa el fino cristal en que lo envuelvo, esta vez, asegúrate incluso de comerte sus cenizas.

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Carlos alberto Polo tovar
director del espacio cultural y revista labra palabra. e-mail: farlospolo@hotmail.com 

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Receta para morir en el primer suicidio

Puede parecer desquiciante suicidarse,
puede, por suspiros… Permanecer en el aire de la melancolía, crear estados alterados de café y velas blancas irse por un rincón de la imaginación para ser la única ave que nos enseña a volar. Entonces… Lo haces como un acto de fe y de cobardía. Tomas tus zapatos, los amarras a la cama, regalas palabras tuertas llenas de ojos por otro lado, revuelcas tu abdomen con tachuelas fosforescentes que finalmente se clavarán a tu existencia. Luego lo otro: el irse, el emanar espejismos de un alma seca.

Y las cruces cómo van flotando en ese pedacito de sangre, cómo emergen y se ríen de tus miasmas. Gritas en ese túnel vacío, sales corriendo y devoras todo. Luego ella, él, los otros y los martillos que titilan en los dedos. Te haces a la cama, al zapato, a los espejos y le dibujas un corazón en el alma, trazas con tus tentáculos pequeños garabatos en su yo de transparencia: un beso, una caricia, todo lo que no hable de ti sin decirle eso. Sonríes para que temple una cuerda que amarras en su pecho y te dejas caer… Hasta perderlo todo.

Jhonnatan marín torres
es gestor cultural de la localidad de usme. participó en talleres de creación literaria en 2005 y 2006 con tejedores de sociedad y fue corresponsal cultural del idct en 2006. ha escrito para la revista surgente y actualmente cursa licenciatura en artes visuales en la universidad pedagógica nacional.

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“Ese pétalo color de transparencia es una sola piel”. Oscar Marín. que deambula cuerpos calcinados como si fuera una parte del cielo de los muertos una especie de manto que cubre la putrefacción para darle vida a las rosas para que afuera caminen contentos con nuestro dolor para que afuera ángeles voyeristas aplaudan nuestra masacre y eso es lo que más te aterra verte comprometida con la muerte haciendo parte de los jinetes de la inquisición perdiendo las fuerzas de tu animal nocturno gateando sobre tus anteriores metamorfosis para no despertarlas… Pero ya es demasiado tarde para rezos ya tu perfume huele a claveles ya tus manos no están entre cerezos y mis cabellos son tumbas en la nieve. Sólo sé que el viento esculpe nuestros nombres sobre una lápida que atraviesa nuestros cuerpos.

Aún sabe a noche mi recuerdo aún deambulan por ahí los pájaros oscuros víctimas de este cielo que nos inventamos aún creo pensar que estás dormida dibujando esta realidad que parece de ensueño. Ensueño de loco, de metálicas sensaciones donde se inmolan las ondas del sonido pero el eco de la desnudez retumba este cadáver inmóvil resquebrajado ya por esas palabras que nunca pronuncias arruinado en mi forma de camaleón o pulpo sólo invirtiendo un poco de mis manos invisibles en tu boca, en tu cueva buscándote el bolsillo donde guardas el alma buscando en las orillas tus murciélagos ocultos las polillas que tienes en ese cajón olvidado lleno de recuerdos, de máscaras y espejos de barro, como debe saber tu lengua como si ella fuera una ninfa

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Espejo de dos fichas
Ella me mira, no me mira, soy el terreno donde se esconden sus tesoros, busca entre los pliegues de mi pantalón un peón, una dama, un rey, un caballito. Yo la miro por debajo de mi gato de oro, el silencio es de un color como verde, porque hay un eco de góticos besos que suplican ser callados con la muerte; todo ese malabarismo de palabras disipadas se estropean con los juguetes calientes y las historias de clepsidras de un cuento distendido donde las fichas, buceando, atropellan el agua y los sorbos de lupas de colores eran pequeñas cápsulas de látex que le hacen hundir en una jalea de feromonas, mientras los sacerdotes apedrean los condimentos y los policías lamen flujos de pobreza y melancolía. Ellos saben que llevamos un tablero al mar y están haciendo burbujas cuadriculadas, pero no les importa porque dejaron sus motocicletas estacionadas en los bigotes de una abuela juglar, propietaria de una burrita crespa y un perro que ladra champeta cuando las canoas se hunden. Uno de mis peones se puso una escafandra que tenía un orgasmo demasiado pesado y se hundió con ella. Naufragó el tablero rosado en las estrellas ¿Qué hace un rey rodeado de arena? Un día llegaron a mi rectángulo de cuarzo una botella y unos cubiertos tallados por mi peón, transformado en reina ahora, como las perlas que por años guardé en mis zapatos marchitos.

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Escafandra vegetariana
Posiblemente se me está escurriendo la tinta de las manos, posiblemente ya cayeron las balas en la lluvia o la lluvia fueron las balas que despertaron mis uñas de pordiosero, y por eso te escribo al final de un túnel que no tiene salida y nunca la tendrá. Posiblemente tenga tantas ganas de ti como de la muerte, que venga como la más pura representación de Dios, o que venga y se espante con mi presencia y me crezcan pestañas en los codos, y pueda verte de espaldas, y el sol y la luna manchen mis párpados de sangre, y me mire en la oscuridad con sus ojos de espectro, sucios y salpicados de angustia, y me tome la sopa del recuerdo que me cuelga del cuello y hace botar mis plumas de camaleón en esta pecera que parece tan real como las voces de mi memoria. Y me destruyo y me aplasto y me arremango las ideas con una crayola de color verde para saciar las horas que me quedan. Y los vástagos que se escapan de mi mente se están reproduciendo rápidamente, tan rápido que dejé de ser yo para ser ellos, en una caricatura polvorienta y misteriosa que miras por debajo de tus mejillas y lloras como escupiéndole a la tierra lo que te pertenecía... Pero qué va, qué se puede hacer ante el fracaso de Dios-infierno si sus ángeles no pudieron hacer nada de este condenado, ni ellos ni la tropa de arcángeles mimetizados en angustias, existencias de una civilización perdida y desamparada donde me refugio para ver mi derrota y para esconderme del borde del espejo que sigues mirando, y te asusta porque estoy detrás de ti y no hago parte del cristal... te asusta porque ya estás mirando con claridad que soy un fantasma de tu imagen.

Manuscrito en jarra de mármol

“Árbol de ahorcados Escondite de ángeles ermitaños No florezcas en mis dedos” Oscar Marín.

Aún conservo pedazos de riñón en mis dientes, virutas de labios en mis bolsillos, fragmentos de miradas en el borde de las uñas, el dije que hice con tus caricias, la blusa manchada de ternura que dejaste en el sillón terracota junto con los zapatos embarrados con olor a ti, las arracadas de sonrisas que me regalaste en la fiesta. Sigo conservando los bordes de tu barba donde antes coleccionaba lágrimas de amor y tus pestañas ahora decoran mis cortinas para alejar a los vecinos irrespetuosos. Todos los domingos salgo a extender la tela que cubría tu soledad y añoro tu olfato que se me perdió con la cartera, donde jugaba a escondidas con el labial y las sombras. Creo que tu lengua era la única que se resistía a esconderse, porque se asomaba por un bolsillo a coquetear con la cremallera. El único que salió invicto del raponazo fue el tacto, que en esos momentos se tiró al asfalto para suicidarse, con tan mala suerte que rebotó en el talón del asaltante, cayó al suelo, y lo espiché con

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mi mano mientras caía del desmayo, ahora no deja de cosquillearme las manos y de hacer travesuras en mis dedos. Hace una semana vi pasar una de tus mentiras, la saludé y luego eché a reír porque le faltaba un diente, creo que la agarraron a golpes en el callejón donde me mojaste con tus palabras. Una vecina dice que a otra la vio corriendo por los alrededores de la colina porque un perro la persigue, y que decidió vivir entre los arbustos para esconderse y asustar a la gente que pasa. Las otras hicieron su vida y están viviendo lejos. Yo me quedé sólo con una para hacerle compañía a las frases de cajón, pero está muy decaída porque sufre de una enfermedad degenerativa que le hace dar tos y brote en el pecho. Yo la he cuidado con cucharaditas de cerveza y la llevo a pasear donde tus amigos, y creo que responde, pero un día de estos morirá. Ojala algún día vengas a visitarme para poder charlar un rato y mostrarte tantas cosas... Como el cuadro que hice con tus orgasmos, o la canción que hice con tu pantalón de rayitas, o las miles de porcelanas que salieron de tus besos y me han dado para comprar otra calefacción y un par de audífonos, porque no soporto las rondas del sepulturero… ¡Te extraño! Ven a visitarme, quiero saber que pasó contigo después del accidente.

Craneoscopía
Qué bello cenicero me haría con tu cráneo; decoraría mi cuarto con tu recuerdo fetichista y repulsivo, albergaría cenizas y colillas como lo que ahora somos: ceniceros boca abajo con esencias y despojos, esqueletos decalcificados y músculos lánguidos, nada comparado a esos que soportaron el amor, ceniceros sin cliente ni gente que los invente. Las cenizas se hacen polillas y vuelan a confundirse con el humo de algún cigarrillo. Vuelan como yo lo hice, y ya siendo humo fui libre, pero me encerraste en tus pulmones húmedos y tibios para nunca más salir. Eso creías, y como humo de hierba te produje placer y alucinaciones fantásticas. Fui el vicio que te llevó a la locura y después a la muerte, porque al quitarme la libertad con tus entrañas, fui tu cáncer, enfermedad que te dejó sin aire, luego sin vida, luego sin cáncer: “hierba mala nunca muere”. Lo descubro ahora, que siendo la larva que anida en tu mente, espero salir de ti y de la tierra y transformarme en mariposa para ser nuevamente libre, y no la ceniza de tu cráneo. (Del libro Cómo ser feliz y otros textos suicidas)

Paraguas de celofán
Escamparía ante la amenaza de las palabras reposaría detrás de las esquinas de un ruiseñor matando las galaxias de un suspiro para encontrar los huesos de un arcoíris Antes (reiterando mi condición de fruta sin pepas) pensaría en los movimientos de algún artículo del oráculo y no solamente el espacio sino el agitar de las mariposas resistirían la idea suicida de hacer un poema.

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Dios sustituto
Por un momento fui tu dios y no te diste cuenta, engordaste todos mis atributos para asimilar que te merecía, caíste en la trampa del cazador, te enredaste en la red que tejí con artimañas y te supo a cianuro. La condena fue la bala que ganaste en la ruleta rusa… Ya ves, te desplomas, y no puedes hacer nada con pataleos. Lloras, sufres, te lamentas, te muerdes… le rezas suplicando al dios que te inventaste, pero al parecer no hay nada en el monte del calvario… sólo dolor, ausencias y recuerdos. Miras tu rostro con sangre y tus manos clavadas al madero, estabas de pie… agonizando. Con las pocas energías en tu boca, de la que salen pus, veneno y sangre ¡Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado! No fui tu dios, tú escribes el libro… en tus manos encomiendo mi espíritu.
(Del libro Cómo ser feliz y otros textos suicidas)

Pipa para peces
Despierto… Y mi piel como un muro que recolecta tatuajes me dice que estás aquí no hago sino pernoctar sobre mi silueta estática, inmóvil sobre los espejos de mi alma donde una vez te reflejaste. Camino con el aire siniestro de besarte camino respirando burbujas que emanan tu presencia camino destilando corazones cavando en los edificios de tus caricias la prueba del amor eterno Y me escondo en uno de esos cuartos donde guardamos nuestras sonrisas mientras los niños juguetean con los esqueletos que dejamos. No me miras, ni puedes tocarme pero esa sensación melcochuda que queda al retirarnos se derrite sobre nuestra forma transparente bajando como sudor de felicidad Y nuestros cuerpos titilan se queman temblequean solamente de pensarnos. A solas encuentras una forma de verme y es en tus ojos en tu propia piel donde una vez a escondidas dibujaba garabatos representando el cielo y la noche se puso triste, mis ojos se mojaron y la luna tapó las estrellas para contemplar nuestra belleza para ver de cerca la margarita que dibujaba en tu pecho para leer las caricias que depositaba en ti para adelantarse a tus ojos y tu espejo a tus manos ciegas leyendo en braille ensimismadas en un perfume queriendo tocar toda la extensión de tu envoltura las huellas que dejó un poeta que sueña con su propia aparición.

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Las sombras de un silencio
Siempre he querido escribirte a través de las palabras de otro. Éste es el día, éste no soy yo, son unos símbolos que se colaron en tu pantalla para que te acordaras de mí, para que por un momento me dibujaras en tu mente y me desdibujaras con una caricia, que siento en esta especie de sombra simbólica, en este exorcismo de letras que me traen cada una de tus porciones de piel que son la mitad de mis consonantes, por donde tus ojos transitan como si fueran parte de tu cuerpo, como si ellas fueran mis manos y tus ojos sensores que avisan dónde toco, que te anuncian qué te hago, cómo lo sientes, qué emoción representas para mí, por eso no dudes que ahora mismo te hago el amor con mis letras, que estás desnuda delante mío, y que yo solamente soy una lengua que te recorre, una bestia que se enternece con la suavidad de tu textura, luego te muerdo y lo sabes, suspiras y te acuerdas, te tomo de la mano mientras hacemos nubes con las bocas, mientras soy una parte tuya en un placer doloroso, en un ritmo que se entrelaza con nuestra respiración agitada, con nuestro delirio de silencios donde hay gritos en el fondo de nuestra intimidad, y sabes que no soy yo sino una parte mía que no alcanzas a observar. Te toco… y nuevamente te desvaneces en mis dedos, en esas letras que voy tallando en tu dermis ávida de universos, y no dudes que no lo sé, por eso riego infinitos sobre tu superficie, por eso me acuesto a oscuras sobre tus ojos, porque yo soy eso que no alcanzas a entender, que no alcanzas a tocar, que te niegas a creer que existe, y sin embargo, por momentos, dejas caer tus párpados para perderte en una galaxia más grande que la tuya, y en esos momentos cuando estás más lejos de ti te asustas… regresas, pero sin aire, para pedirme que no te deje… sin darte cuenta que ya estoy muerto.

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Cercenados

Duermen el paraíso entre raíces.
Atrás la respiración empuja la orden que los persigue; la puntería anestesia la costumbre; desplomados y enormes se paralizan. Los insectos se tragan las nubes que pesan el olor del silencio y los lobos arrastran las cicatrices de un venado. El arroyo pasea entre las rocas el prisma de las libélulas empecinadas en beber cristales, en medio del barro rojo los caminos son una llama larga entre arreboles vigilados. Al lado y lado, la corriente de las sierras lanzan pedazos de demonios sobre las manos que flotan boca arriba. Entre bambalinas la Justicia de reparación asegura la entrega de algunos pedazos de nombres. Y en la plaza, otros desaparecidos protestan por la orden de perdón y olvido.

maría viCtoria Córdoba
e-mail: victoriaes777@yahoo.es

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Evidencias
En la rutina del ajedrecista, calcula… las boronas en la mesa, las sábanas frías que arañan las huellas de hace días, y un poco las sombras y las velas desveladas que rezaron cadáveres. Afuera camina búsquedas desliza mariposas salpicadas de trozos amarillos y se arropa del frío, con la luna. Los ojos de tanto mirar los días mezclan las lágrimas que amasan las tristezas y encuentran el eco de la sonrisa que los abraza andando por ahí. Los dos, se tragan sus bocas agitando el aire, despedazan los rumores sobre los rincones y se entregan para todos los días con las manos abiertas y los ojos cerrados. El ángulo gira en la repisa de las fotografías, es la obra que alberga el índice de los capítulos superados y los de no olvidar aún los afanes dormidos de un hilo y la tinta seca; en el primer párrafo describen pedazos de una denuncia por los que ya no están, la pegan y leen, descubren la firma de los otros, los que decretaron el perdón y el olvido; en el último párrafo, de frente cabalgan la aventura que ayer fue lo primero y vuelven a repetir con las alas abiertas para desenterrar los silencios de la tierra y del pueblo que los nació y los vio huir; tierra sembrada de huesos debajo de las cercas,

al lado de los filos, que van borrando de los caminos sus huellas y luego a los caminos; tierra, también sembrada de un campo minado, de números con códigos de barras, de fechas de la resolución reciente que está por todas partes y de letreros de propiedad privada… “prohibido pasar”. Aquí desplazados ellos… los dos y otros con otros tomados de la mano siguen las evidencias y su decisión de escribir en su piel y en todas las memorias, por nuestros muertos, ni un minuto de silencio, no, no nos basta rezar ya no, aun las amenazas, no nos basta rezar.

Voceador
Llueven techos de noches frágiles en la ciudad, rondan insomnios, los ojos se abren entre cristales rotos y el armador de la estrategia está en la puerta atando el último resquicio de las piedras que sepultan las protestas de la inconformidad. En lo alto del barrio viejo un voceador reparte las razones de las marchas contra todas las guerras, no contra una sola y los enamorados se instalan sin permiso sobre todas las calles y pintan pájaros que protestan; se olvidan del estratega remplazado por no sé qué nueva táctica.

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NA MANCHA, una casa, dos manchas, un vecindario, tres manchas, un barrio, un bloque, una azotea, un ladrillo, unos muros, un potrero, un caño, muchos muros. Una mancha, un paradero, dos manchas, el camino de un zorrero, tres manchas, los parqueaderos y los autos abandonados, un ladrillo, fin de la ciudad, un bloque, muchos bloques. Ladrillos, pedazos de tierra esparcidos por las periferias, muros de arena que ocultan el oriente, construcciones de cubos de arcilla donde todos se hacinan, donde los parlantes escupen música por las esquinas, los buses devoran a las personas, donde no hay aire y espacio, donde todos sueñan, nadie dormita y alguien se busca la vida gritando en las esquinas. En todos los ladrillos que observo, en todo lo que se escapa con el letrero de EMERGENCIA de los vidrios y que hace parte del paisaje por la ventana, en los derredores de la ciudad, todo esto que cuelga, que se amarra a través de las laderas de los cerros y de los inmensos árboles que se estancan en los humedales, hay personas que viven suspendidas, pendiendo a través de nudos, colgados con sus casas sobre tendederos de ropa, sujetados por ganchos que se aferran al cielo, más allá de los puentes y los edificios altos. Y los ladrillos, los muros, las calles, los barriales, las vitrinas, las verduras, los puestos de madera y las astromelias, los avisos de colores, expuestos al sol y al agua, tendidos bajo el hedor de los basureros y los mosquitos del río. La gente va y viene, astillando las montañas, pulverizando a la tranquilidad, sujetándose como puede para no caer, para no desengancharse y dar contra el suelo, subsistir a través del viento y sobrevivir de los fuertes aguaceros de la sabana y resignarse. Los ladrillos, los bloques, las casas, las manchas. Y alrededor de la ciudad gente colgando, personas a millares, chocándose unas con otras como termitas y carcomiendo lo que encuentran con el favor de Guadalupe, el Divino Niño y el Señor de Monserrate, sobre un inmenso pedazo de madera a punto de colapsar.

Problema gramático-temporal

Tengo un problema
amo, amó, amé.

con una tilde y un recuerdo: La amo, me amó, la amé. La conjugación se torna difícil con la tilde del olvido y el recuerdo que aún vive.

El verso de los sueños
Los versos entre la almohada se fueron con la luna a media noche huyeron, Con las Quimeras, hijas de Morfeo. La tinta entre los pensamientos se deshizo Sin, al papel blanco, su viaje dar inicio, Se fueron entre nocturnos pensamientos Esos que resuelven el mundo antes de caer muerto, Lanzándole el palo al más tonto perro.

¿Cómo?
¿Cómo volver a los tiempos donde este soñar mío no era tan sueño? ¿Cómo volver a la mano al beso, al primer asiento? ¿Cómo aullar o maullar a la luna si te la di en un verso? ¿Cómo recuperar la luna, el verso, la mano, el beso, el primer asiento?

John edison Carrillo
estudiante de octavo semestre de la carrera de estudios literarios de la pontificia universidad javeriana. e-mail: confortparavolar@ hotmail.com

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Johannes fernando meJía
estudiante de comunicación social de la universidad externado de colombia. e-mail: sniperwolfmejia@hotmail.com

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Lamento de una sombra cobarde
No soy más que una sombra, del tiempo soy presa, víctima de la noche espesa, fulgurante mortal fantasma sombra, de las que la luz desprecia por, con valentía, al émulo no enfrentar, por mi espada a su pecho no atravesar mientras con la suya, mi coraza quiebra, con su frío rompe mi alma, abre de mi pecho su corteza, con sus frías manos mi corazón apresa y de alimento lo entrega, con la más fina fiereza a los hambrientos lobos de presa mascotas de la soledad. Sólo soy eso, sólo una sombra por no querer enfrentar a Cronos, enemigo mortal; quizás lo que me ha de faltar es tu escudo, armadura y espada a las mías juntar y así vencerlo aunque sea deidad y los dos juntos estar sin muros que derribar, sin tener que pensar en la final hora mortal porque vencida ya estará.

Tuyo y mío
Entre silencios te amo así me has enseñado. Tú ya lo sabes, yo no lo grito es sólo tuyo y mío; a cada bocanada un beso, a cada mirar un suspiro. Nombre no tendrá, nombre no ha tenido, es sólo un te amo entre gritos furtivos; es ese algo tan tuyo y tan mío. Un cigarro de mano en mano es el beso que nos ha unido, es la luna nuestra, entre silencios fríos. Un ósculo de fuego contigo ya he sentido, he visto amor eterno con tu dulce recetativo: caminar juntos de la mano, es lo que allí has dicho, andar juntos el mismo tramo, es tu juramento fortuito. Yo no seré para ti un simple pajarillo, que se escapa de tu lado como agua por el río; no seré un ser alado de esos que van de nido en nido, 

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seré fénix, lo juro; de tus cenizas revivo, de ti, hermosa flor, donde mi morada realizo. Espero mis versos no hayan ofendido, por el contrario, sean el mejor juramento de este amor escondido, y espero con sincero brío que sea tan tuyo como ya es mío.

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Suicidio constante

Palabras para irse

Puede emerger el sol en el horizonte, soplar el viento

en la tarde, oscurecer y humedecer el alma, nublarse los ojos y si el día parece más transparente, amable y nítido la bruma del sinsentido puede cegar la razón, el alma, el cuerpo. Puede clavarse tan profundo que levitar, caminar o dormir, o reír, respirar o hablar parecen la ruta sin salida, la encrucijada, el cajón. Salir ¿para qué?, o más bien ¿cómo?, cómo conseguir el camino al encuentro cuando en cada despertar no queda más que respirar, pero ¿respirar?, respirar es un acto natural y constante, y no se necesita de mucho esfuerzo. Entonces ir a dónde, hacer qué, vivir por qué, si cada movimiento me crucifica, me condena, quema cada partícula de mi cuerpo… ¿luchar por qué? Sí, dicen que no todo es malo que aún hay un mundo nuevo, pero doy la vuelta y todo es ambiguo, paradójico, crucial y certero. Me suicido a cada instante, cuando duermo, cuando río me suicido; se suicida mi alma, se suicida mi cuerpo, mi voz mental me dice “ya morí”, pero no es un suicidio material y el material qué, dónde está; ese sólo aparece una vez, mientras sigo suicidándome, suicidando mi ser y me suicido y espero que llegue el tiempo, el tiempo del suicidio para que deje de ser constante.

Cuando ya no vean su rostro
y entonces las lenguas se enreden a través de su nombre, difamando mejor es que piensen que aún no los ha olvidado, pero si con esto se alegran más quizás es mejor creer que ya se habrá matado; sobrio, como nunca antes lúcido, pero menos esperanzado y plácido, como nunca tuvieron el gusto de verlo. Seguro piensan que no los recuerda si quiera, aunque aún se remuerda por cada abrazo que no dio por miedo que lo rechazaran, cuánto ahora le duelen las manos, las que tanto negó tener. Si su compacto rostro se atraviesa un día claroscuro sobre una acera, en una avenida, nunca lo saluden porque simplemente negará su existencia como siempre lo hizo. Si al irse no se despidió es seguro que no fue por rencor porque nunca conoció esa palabra, mucho menos la sintió;

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ingrid gonzález
bogotá 1990. participó en la primera feria del libro, en el recital internacional de poetas jóvenes, año 2007 y ocupó el primer puesto en el concurso de ensayo de la fundación gilberto alzate avendaño en este mismo año. ha publicado crónica en la antología de crónicas barriales y en la página web de la biblioteca luis ángel arango. obtuvo el tercer puesto en el reality literario donde ganó una beca para el taller de escritores de la universidad central. actualmente redacta para la revista palabrero virtual (http://www.revistapalabrero.googlepages.com). e-mail: ingragreen@hotmail.com

malely linares
estudiante de ciencias sociales de la universidad distrital. e-mail: betmalisa@gmail.com 

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sólo los miró detalladamente para olvidarlos, por si los volvía a ver, aunque nunca lo haya hecho. Si llegan a hablar de sus ahogadas risas, las que pensaban que eran fingidas, deberán aclarar que siempre sostuvo su fe en algo más que un amigo, lo que alguna vez sobresaltado quiso compartir con ustedes, pero ustedes le dijeron que una canción duraba lo que duraba un amigo. Deben saber que les pide perdón por cada palabra mal dicha, que resultó grosera; por cada mirada dolorosa porque ahí no pensaba en ustedes, aunque también acepta que hubo situaciones en las que los quiso acribillar. Que cuando no aguantó la melancolía nunca lloró en frente de ustedes, solamente porque no pensó que les importara. Finalmente afirma que no se arrepiente de haberse ido, ni de nunca haber mencionado a sus amores, simplemente porque ni él mismo los conocía. Acabaría diciéndoles que yuxtapone su ausencia a su largo silencio. Y ya.

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Pájaros de la tercera edad

South sandusky street
Las ves recorrer las aceras desamparadas. Arrastran ojos en los aretes colgando de sus ombligos. Empeñada la inocencia, en prontitud al semen del horóscopo. Pasan, sirenas en búsqueda del minotauro, o de Carontes. Y tú, en la ducha confiesas los espermas; abofeteas el pecado con manos temblorosas. Las ves con tu tercer ojo jugar desnudas en tu bosque de obsidianas y jade. Tus labios te despiertan de la odisea, y está húmedo, Ulises. Tus manos sudan por la desnudez del mástil, pero la barca, ya está perdida.

A estos jubilados, les sobra plata,
pero les escasea el cerebro: se levantan temprano y van a la iglesia en lujosos automóviles a rezar, por miedo de irse pronto. Salen de cacería, entre anticuarios buscan viejos caprichos de La Belle Époque o del Art decó: Un negrito de cerámica para colocarlo entre rosas y petunias en el patio; una negra bonachona y gorda para la cocina, como en los viejos tiempos. Pero finalizando el día, van por la medicina y la comida al grocery. Es cuando rescatan del Alzheimer sus tarjetas de descuento.

daniel J. montoly
república dominicana, 1968. estudiante de la carrera de derecho en la universidad autónoma de santo domingo (uasd). finalista en el concurso de poesía latin poets for humanity, ganador del concurso de poesía de la revista niedenrgasse y del “editor’s choice award” de the internacional poets society. ha publicado en el primer volumen de colección sensibilidades (españa, alternativa editorial), maestros desconocidos de la poesía contemporánea hispanoamericana (usa, ediciones el salvaje refinado), antología de jóvenes poetas latinoamericanos (uruguay, abrace editores) y en jóvenes poetas cantan a la paz (sydney, australia, casa latinoamericana). el verbo decenrrejado (apostrophes ediciones, santiago de chile), antología de nueva poesía hispanoamericana (editorial lord byron, lima, perú) y en la antología norteamericana: a generation defining itself- in our onw words (amw enterprises, north carolina). algunos de sus poemas han sido traducidos al portugués, inglés y alemán. colabora activamente con diversas publicaciones literarias y dirige el blog the wrong side, dedicado a la difusión de la literatura hispanoamericana. e-mail: danielmontoly@yahoo.es 

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La neurosis de Dylan Thomas
... La vieron, la barca subterránea ahogada por los chirridos de los pájaros sórdidos de Alfred Hitchcock alzarse con el cuerpo inerte de Dylan Thomas hasta su gruta. Adentrarse en el hondo ostracismo sin dejar rastros visibles en la superficie oleaginosa como impulsada por la boca mágica de un duende que abre río torbellinos en plenas rocas neurológicas. La vieron dejar una estela del vestido grisáceo enganchado en los incrédulos traficantes de cordura. Moverse en círculos, danzar desnuda igual a una serpiente líquida. Y el pobre rostro quijotesco, la enajenada voz de Dylan Thomas se adhería pávida a sus risas como un liquen, como el ala a un murciélago azufroso. La vieron, vieron su ígnea boca... porque la neurosis es consistente a las neuronas. Se ve, se huele y se mastica. La vieron, ya no lo digan

que resucita de entre los muertos.

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Camino

Perderse en la niebla, dormirse al sol, vagar por un

túnel eterno; todo parece ser un camino abierto, las luces se ciernen, aparecen sombras tímidas, que entre ellas se buscan como ratoncitos asustados. Una tonada, una palabra, un gemido; el fuego parece dorar su espalda miserable, consumir el Yo en los despojos del sí mismo, las cenizas del aire parecen ser recogidas por la nieve. ¿Y qué?, para el caminante, las cenizas de su cuerpo que se desgarra a cada paso no son más que la obvia lepra del tiempo, ¿y qué? Es esto es lo que le da ánimo a sus pasos, ver cómo su carne cae, pero queda sobre sus huellas en la arena. Sí, condenado al camino, a escuchar danzas en la autopista, a ver música en los pianos coloridos de la calle, a perder mis lágrimas ante el trueno… que destroza mi árbol. Condenado a ver en la noche, a ser pájaro, rata, serpiente, lobo y hombre, degustar el amargo sabor del polvo, el humo de la fábrica, perder la mente ante el alcohol de un abrazo interminable, una cama mundana y usada, que se convierte en mi hogar, ver los ojos de mi amada, ver en sus ojos la muerte, ver la inmortalidad que se derrumba sobre sus cimientes inexorables, ver en su cuello el renacer del delirio existencial, acaso felicidad.

Condenado a sentir voces sobre las letras pintadas, a recordar un amigo en su caligrafía, a ver el alma desnuda de un extraño en las palpitaciones de su aura, reconocer con asco ser humano, ver el reflejo de un demonio en el espejo del baño, rasguñar el éter con alas negras, contaminar la energía de un sable maldito, bañado en mi sangre, bañado en mis lágrimas, forjado por un viejo hombre, de alma rasgada, un vagabundo, un Yo destruido por el viaje y alimentado por la sonrisa de un niño demasiado apegado a la sombras. Pero he de aceptarlo, bastante felicidad halla mi alma, en dejar de lado la militancia de mi estirpe y disfrutar de mi camino, pensado que cerca o lejos, una mano aún cree en la bondad que hay en la contaminada mente de mi locura; así el tic-tac parece ser más amable, la lucha contra la máquina insufrible parece ser más amena, incluso puedo detenerme a reírme de sus engranajes. Mi camino es un devenir de laberintos sin centro, la nada perdida y retorcida en sí misma, pero de aceptarlo, soy feliz de tener un rumbo ahora, quizás temporal, el reflejo de mi vejez parece quemarse para volver a nacer, las páginas mueren en lo estático, sólo en el movimiento encuentro la quietud, en el movimiento de un corazón, que se atrevió a gritar por el mío.

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Winston Williamson ramírez
estudiante de sexto semestre de estudios literarios de la pontificia universidad javeriana. e-mail: winstonwar@hotmail.com 

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Dolor redefinido

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ayer fue todo música fue todo sensibilidad: nombre pronunciado; posibilidad inaprehensible a la palabra. pero fue sólo ayer ahora es el hoy bajo alguna incomprensión de caracteres bajo aquel dolor vago (intrínseco éste a la hoja que queda en blanco, diluida ésta en la palabra que no fue escrita) un dolor, el cual como la música ayer se redefine parte de mí.

una parte del todo la percibí algo distinto, del todo distinto: distinto del todo (bajo una connotación diferente; la cual hasta podría adjetivarse circunstancial, si no fuera por lo ajeno que se encuentra la misma a mi entendimiento). cada instrumento cada nota cada tono (se figuraron dentro de mí y yo figuré mi corporeidad dentro de ellos) fui parte del sonido, estuve yo en el sonido, estuve yo en todas partes (de modo tal, que yo podía asir y precisar su correspondencia con la composición en su conjunto) concebí la música conmigo dentro de ella, me concebí la música 

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Síntesis de un silencio prolongado
I El afán crepuscular: la ciudad se encuentra suspendida al otro lado de los ventanales con el frío colándose a través de los ecos de tu voz casi apagada. Llega el tiempo. Se aproxima la ruptura; ya va siendo hora el tedio llega, colgado de los buses cuyo apuro paraliza los pensamientos. II Estas son palabras palabras a mis veinte y no sé cuántos, una de las pocas cosas que poseo sólidas mías palabras entrerrejadas en el emparedamiento de estas estructuras ¡estas! que claman iracundas su imponencia enferma y desgarrada. Ha llegado el tiempo las dinámicas se estancan las muchedumbres se disuelven ¡y entonces!: quedas tú, comienzas a mirar al suelo desviándome los labios. III Tiembla el pavimento atraviesan las calles des-horizontadas des-graciadas des-dentadas dos jóvenes borrachos arrastrando torpemente sus miembros helados sus nociones enloquecidas. En el cielo admiro entonces cuatro gallinazos de negro plumaje de inmensa envergadura… Acechan tus ojos oscuros lo sé: junto a mi soledad ya rancia y desesperada. IV Por la acera se desplazan cuatro gatos ciegos. 

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Cuando llegue el amor de nuevo
Parece mentira cuando miro al espejo y miro desnudo este cuerpo de hierro parece mentira la noche cerrada el vino angustiado la vergüenza debajo de la cama parece mentira tu voz afanada llamando seducida y atentada al otro lado de la puerta porque me pregunto cómo haremos la noche si este cuerpo está viejo y maltratado y usado y gastado si esta vida la vivo cansada y la muero dolida cómo haremos la noche conmigo y mis veinte y tantos que no son veinte ni son tantos cómo haremos la noche si la juventud la tengo echada y la piel cicatrizada si la belleza gastada y la ilusión lacerada cómo haremos la noche si este sexo efímero nada que siente lo que no ha sentido nunca cómo haremos la noche me pregunto entonces entre tus gritos desesperados y la presión de mis mandíbulas y la fuerza en mis manos y la marca de mis uñas en la piel tan sucia de este silencio lacrimoso cómo haremos la noche me pregunto entonces si este, mi quererte en serio no me deja conocer cómo demonios así vieja y maltratada y usada y gastada y cansada y dolida así embriagada… cómo demonios así mentida voy a quererte esta noche. 

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de nuevo envuelto en lo que no puede decirse en lo que no es permitido pronunciar Yo de nuevo envuelta en la infidelidad terrible como cuando a veces se rompen las promesas Mi mirada de extiende hacia uno de los muchos fondos de asfalto marchito hacia aquella zona donde acaban las letras de tu nombre Y extenderse tiene la misma raíz de estremecerse he visto más allá del cuerpo he visto dentro una esperanza de propuestas numéricas he comprendido que entre tu más allá y mi más acá hay algo que no te atreves a decir Aquella noche todavía pendiente no ha ingresado en el umbral del tiempo y el día en que nos encontremos nos vamos a arrepentir.

Abolengo

Ojalá todo comenzara con un verso
uno perfecto, cercano al silencio uno que cante lo que soy, lo que he sido. Que dé cuenta de ese mar de cenizas de polvo y agua que me trajo a la tierra. De lo que soy: ese monstruo indómito, incalculable polisílabo lugar que me nombra esa palabra que dice mi nombre aunque no me encuentre. El hocico de un animal hambriento, de un trípedo que anda solo al acecho, siempre esperando buscando mi cuerpo que huye, evita el espejo carne y sangre, entraña y ausencia vacío ¿Quién soy si no una sombra que busca su dueño? De donde vengo: este cuerpo devorado, dolorido. Mi espalda llora en las mañanas al abandonar la cama que habitaste hace mil años.

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leonardo gil gómez Carolina oChoa
estudiante de séptimo semestre de estudios literarios de la pontificia universidad javeriana. e-mail: macarolina8a@ hotmail.com estudiante de último semestre de licenciatura en humanidades y lengua castellana en la universidad distrital francisco josé de caldas. fundador y director de la revista de poesía el ático y organizador de la maratón de 12 horas continuas de poesía “poesía por bogotá”, celebrada el 6 de agosto en honor al cumpleaños de la ciudad. crónicas y reportajes suyos han sido publicados en el periódico virtual con-fabulación. e-mail: leogilg@gmail.com 

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Fui guerrero, poeta, cobarde y mártir un vago recuerdo en la migraña de Dios que lucha por remar sobre su hoja en el agua de un río verde río, azul río, rojo río, río habitante de un planeta abandonado. Recuerdo dos cuerpos odiándose mutuamente Amándose Salvando su sexo de las arenas del naufragio Recuerdo también la ceniza y la lava el magma, el furor de la tierra. De un orgasmo vengo o de un llanto de una lágrima en todo caso. Mi destino: el silencio, proclamar el silencio.

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Ceguera

¡Madre mía qué fea es!
Se mueve desgarbada, su piel huele a óxido de latón, tiene una expresión enroscada en su cara y un tornillo de nariz. Qué frente tan voluptuosa, ojala así fueran sus senos, qué piernas tan cascorvas, velludas y tan huesudas, tiene bigote de foca, un dejo basural proviene de sus pies las uñas son negras y gruesas, sus manos acordeonadas su panza es un mar de panzas, sus brazos son dos tubazos sus lagañas son oscuras, su mirada es tan nebulosa los labios son morados, sus encías están a medias con su dentadura grisácea qué cuello tan amarillo, hay más estrías que carne más celulitis naranjal que cabello en su cabeza… Mi amigo acabó. Al igual que yo.

¿Y qué? Le dije. Nunca olvides que el amor es ciego.

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William alexander romero
licenciado en humanidades y lengua castellana de la universidad distrital francisco josé de caldas. e-mail: williamxito29@hotmail.com 

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Esfera
(Hedor rosa que me revolotea entre las piernas y me penetra como una guinda madura. PUNTO.)

Me desollas para desmembrarme
en cada parte de ti en.cada.respiro.d.e.ti./ ex pec t ann n nn te cuando dilatado Y atómico. Así como el cielo azul, cuando mis ojos se ensamblan en tus pies y te embalsamas en líquido eterno de luz: De un grito las esferas se cristalizan.

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maureen hiCks
estudiante licenciatura en letras hispánicas, pontificia universidad católica de chile. e-mail: maureen.cecilia@ gmail.com 

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Considero necesario hacer un extenso llamado a la renovación de la educación, al vuelco de la mirada hacia unas raíces propias que han sido desplazadas por prácticas culturales diferentes, olvidando en muchos sentidos el carácter histórico que construye a un país. Las voces de nuestros ancestros, de los abuelos y taitas, de los jóvenes, han sido relegadas y hoy se construye sobre el desconocimiento, en una escuela que no los escucha, que los limita, escuela que se encarga de cerrar puertas, negando culturas diversas que coexisten en el aula en muchas ocasiones y que desde allí invisibilizamos.

ESCRITOR INVITADO 

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sta es una conferencia presentada en el Primer Seminario de Literatura para Docentes, realizada en el año 2007 por la corporación Babilonia y apoyada por la Pontificia Universidad Javeriana y la librería Lerner. Esta intervención del profesor Barbero se dio dentro de un conversatorio con Hugo Chaparro, Luís Ospina y Guido Tamayo sobre literatura y cine.

Escritor español, ensayista e investigador en comunicación. Ha sido profesor visitante en las universidades Complutense de Madrid, Autónoma de Barcelona y Stanford, entre otras.

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LA LITERATURA EN LA ESCUELA

Jesús Martín Barbero

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Quisiera poner en un primer plano la relación entre la escuela y las culturas, las literaturas que están en la escuela. Me estoy refiriendo a las culturas, las literaturas que vienen de las culturas orales y de las culturas audiovisuales; es decir, tenemos una escuela desde la primaria a la universidad, pero a lo que me refiero es que no cabe ninguna de esas culturas en un anacrónico y excluyente sistema educativo. Entonces, ¿qué tiene que ver la escuela hoy con las culturas orales de los viejos de este país, con las culturas orales de miedo y misterio que son una literatura de siglos que se ha ido construyendo, transformando, mestizando, hibridando? Además, tampoco tiene nada que ver con las grandes culturas orales de la gente joven de hoy: ni el rap ni el rock caben en la escuela como poesía. ¿Cómo es posible que este país no sea capaz ni siquiera de pensar como crónica lo que es el vallenato, una crónica cantada? Yo recuerdo un texto de Juan Gossaín de hace muchos años, mostrando la relación única en América Latina entre el corrido mexicano y el vallenato colombiano que son los que han escrito crónica. El vallenato nace contando cosas de un pueblo al otro, incluso llevando razones de un pueblo al otro; las razones se cantan. Quiero partir de esta relación escanda-

losa: la escuela hoy no sabe sino de literatura escrita, pero las literaturas que ve la gente que está en la escuela se quedan fuera de ella porque ni las historias de sus abuelos, ni el rap, ni el rock, ni el cine que están haciendo los muchachos son incluidos para nada en la escuela.

Por lo tanto, hay que preguntarse, ¿en qué escuela se toma el cine como un espacio de creatividad literaria en el mejor sentido de la palabra, la palabra literaria? Yo dediqué varios años a investigar no la telenovela, sino por qué la telenovela les gusta tanto a los latinoamericanos, y descubrí después de diez años de liderar una investigación en siete países de América Latina (los usos sociales de la telenovela), que la gente disfruta mucho más la telenovela cuando la cuenta que cuando la ve. Ocurre que cuando cuentan un capítulo de la telenovela, no saben cuándo termina éste y cuándo comienza la historia de su prima, de su abuela, de su madre. La telenovela es una cultura oral mestizadora, híbrida de experiencias, entonces la experiencia telenovelesca está cada vez más atravesada por lo oral de los cuentos y la vida. Teniendo en cuenta el ejercicio docente, la pregunta es ¿qué hacemos para romper la anacronía brutal de nuestra escuela, con la que los jóvenes de hoy leen, oyen y ven? Los jóvenes hacen comic; lo que no hay es dónde publicarlo. Porque hay tiras cómicas colombianas, no una o dos, sino muchas, entonces dónde queda la producción de tanta gente joven, como si sólo los viejos hicieran tiras cómicas políticas; sin embargo, la gente joven hace más 

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política cuando no habla de ella. Esa es mi primera postura. La segunda inquietud con respecto al tema se encamina en cómo hacer para incluir en la escuela las culturas orales desde el vallenato, que el vallenato dejara de ser una música rural, marginal de la costa. Este género se nacionalizó cuando en una Feria de Cali, Carlos Vives llenó el estadio tanto o más que los salseros, se volvió música de gente joven, y la verdad tiene que ver mucho con mi hipótesis: El vallenato ha hecho a su manera, ha vivido el desplazamiento de los millones de campesinos por las guerras que tiene este país. El vallenato deja de ser una música local, campesina, costera, para convertirse en un idioma a través del cual un montón de gente joven se está diciendo cosas como se las están diciendo a los adultos a través del rock o a través del rap. En algún momento prologué un libro sobre cine y literatura latinoamericana que contenía más de veinte textos de autores latinoamericanos que escriben en inglés. Porque esa es otra América Latina, una América Latina que no vive en América Latina. Hoy cuántos mexicanos no viven en Estados Unidos; en el Salvador hay siete millones de habitantes, de los cuales dos millones

viven en Estados Unidos y no han dejado de ser salvadoreños, como los mexicanos no dejan de ser mexicanos porque vivan en Estados Unidos. Ahí hay un claro choque de civilizaciones en el que se ve un peligro que es el término que representan los mexicanos que

no dejan de serlo porque se vuelvan norteamericanos. Las políticas estadounidenses permitían la convivencia sólo si los extranjeros dejaban de ser lo que eran, y los mexicanos no dejan de ser lo que son, y entonces comen lo mismo y ven las mismas telenovelas. Aquí hay otro desafío enorme: se relaciona con el sueño de García Márquez en su discurso de recepción del Premio Nobel, quien dijo que después de cien años de soledad estos pueblos tendrán una segunda oportunidad sobre la tierra. Yo creo que sí, y la tendrían en la medida en que la literatura escrita y los profesores de literatura escrita entiendan que la escuela, la enseñanza de la literatura, tiene que ser un lugar estratégico de mestizaje entre las memorias de nuestros países, las memorias orales. Yo eso lo nombro con una palabra muy vieja, la palabra que denominó la primera forma de escritura: el palimpsesto. El palimpsesto eran aquellas tablillas que se borraban para escribir sobre ellas, y siempre cuando se volvía a escribir parte de lo borrado emergía entre la nueva escritura. Es una figura para mí espléndida porque la historia ha sido eso, un enorme esfuerzo por borrar el pasado, un pasado que sigue emergiendo en las entrelíneas de los diversos presentes desde los cuales se escribe. 

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Entonces, para mí, hoy en día la escuela debe ser un lugar estratégico de relación entre el palimpsesto de las muchas memorias que registran nuestros países; memorias precolombinas, entre otras, y de muchos pueblos que también siguen siendo minorías y mayorías. Como las mujeres, por ejemplo, que son brutalmente discriminadas en una sociedad machista como la que tenemos y más ahora en América Latina, donde las mujeres están tomando un plano muy importante en la sociedad. La escuela tiene que ser un lugar claro de mestizaje entre las memorias largas de los afrocolombianos, de los indígenas. Llevo años luchando con el Ministerio de Cultura para que cuando premien un libro de mitos por favor no lo dejen en libro; para que este país se entere de que hay otras lenguas, otras culturas, otros idiomas, que el otro idioma no es sólo el inglés, es el guambiano. De esta forma, lo que habría que hacer no es que un antropólogo firme un libro de mitos de una etnia y, claro, se lleve los créditos. Sin embargo, no ha sido posible que el Ministerio grabe la gente que cree en esos mitos, que los inventó, graben la voz de nuestros

indígenas para que los escolares en todo el país se den cuenta que hay otras culturas en otros idiomas, no sólo el inglés sino el guambiano. Es importante que vaya el libro acompañado de un disco, primero para que oigan los mitos en su idioma y después alguien que los traduzca al castellano para que la gente

zaje en su mayor acepción cobre sentido. Nuestra maquinización es cada vez una interacción mucho más fuerte entre dimensiones de esas diversas literaturas y creatividades estéticas que hacen que hoy día uno no sepa si los escritores escriben para que los lean o para que los publiquen. Por ello, queda en el espacio la invitación hacia la inclusión en la escuela de una literatura que está presente fuera de ella, literatura de nuestros abuelos, literatura cantada, expresada en otras formas artísticas con la cual se identifican los niños y por la cual sería más fácil acercarlos a ese espacio literario. Los jóvenes escriben, representan, crean el mundo que ellos han percibido, el mundo que recepcionan. La escuela debe estar preparada para abrir nuevos espacios de lectura como el cine, la fotografía, la música, despertándoles una sensibilidad artística; debe dejar que los espíritus de los niños y jóvenes cuenten sus historias sin restricciones: el espacio de la creatividad y la escritura debe ser el de la escuela.

reconozca la diferencia de idioma, acento y cultura. Mi propuesta es que la literatura sea un lugar de mestizaje entre esas culturas orales, memorias que nos vienen por la oralidad, y los hipertextos de hoy en los que se acabaron las fronteras, las jerarquías, la autorías pomposas y desde allí se abra la posibilidad de que la gente de la cultura oral pase de una vez a escribir, pero no sólo con texto escrito sino también con imágenes, con música, con escenografía y con gestualidad y, por tanto, el mesti- 

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gianni lara Cruz
licenciado en filología e idioma español de la universidad nacional de colombia. hizo estudios en la maestría de literatura de la universidad nacional. es docente de la universidad distrital francisco josé de caldas y del departamento de lingüística de la universidad nacional. ha publicado diversos artículos en revistas universitarias y en medios comunitarios. e-mail: glaracr@unal.edu.co

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e podría acuñar una frase para definir el concepto de ciudad diciendo que: “es un conjunto ataviado de lugares que constantemente están hablando, que se resignifican y reordenan constantemente, de acuerdo a los usos que se hacen de dichos espacios”. No obstante, el uso introduce una serie de variables que son las que permiten que cada uno de los habitantes tenga un concepto particular de ciudad.

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Una noción del caos de la ciudad se puede ver en: Lara, Gianni, La ciudad y las ciencias humanas, Revista Esfera, Universidad Distrital Francisco José de Caldas, No. 3, septiembre-diciembre, Bogotá, 2005.

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No encontrarás otra tierra, no hallarás otros mares. La ciudad te seguirá. Errarás por idénticas calles. Envejecerás en el mismo vecindario y encanecerás entre estas mismas casas. Siempre llegarás a esta ciudad.

car los espacios de tal suerte que se generen unas ideas comunes de lo que es la ciudad. Se desplazan zonas de indigentes para construir suntuosos parques; se promueven campañas de solidaridad entre los conciudadanos simbolizando algunos de los sitios de reunión e integrando a la población con distintos eventos. La consolidación de una visión unilateral puede tener sus ventajas para la administración de un lugar que por esencia es caótico1. Si la administración unifica algunos conceptos sobre lo que es bueno y lo que no lo es, será más

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La literatura como evocación de la ciudad

El alcalde, el policía, el ladrón, el vagabundo, el estudiante, el profesor, la prostituta, el niño desprevenido que juega fútbol tomando las alcantarillas como canchas, el transeúnte… cada uno asume la ciudad dependiendo de ciertas relaciones afectuosas o de las situaciones vividas en dichos lugares. Las políticas gubernamentales han hecho el esfuerzo por signifi-

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fácil controlar a los ciudadanos no sólo sobre sus visiones y sus percepciones de la ciudad; también será más sencillo canalizar las mismas actitudes y hábitos en ellos. El problema de una visión unívoca de la ciudad radica en la pérdida de facultad representativa de cada uno de los habitantes. Si todos

una visión particular de la ciudad, guardando cierta distancia con la visión que tienen las políticas gubernamentales. El diálogo de estas percepciones particulares será el que en realidad permita ahondar en una visión pluralista que pueda determinar el foco de los problemas y darle solución, pensando en la colectividad y no en la postura particular. La visión del imperio es unificadora por esencia: el emperador tiene un concepto, el pueblo, los conquistados tienen el suyo particular que consiste en vivir de las migajas del emperador, ilegítimamente constituido en la mayoría de ocasiones. La dirección de beneficios, en este sentido, será por lo general unívoca. Quienes están en el poder y sus allegados serán quienes determinen el uso de los espacios y podrán reacomodarlos y significarlos a su antojo, mientras que los que están abajo, que son los que en últimas dependen del lugar donde habitan para su subsistencia, utilizarán los espacios dependiendo de las convenciones y los usos determinados por quienes los dirigen. Lo que se está cuestionando aquí no es sólo el uso de la ciudad; es

el manejo del poder. Es posible que estas relaciones cambien con el tiempo y que los entes gubernamentales comiencen a asumir un verdadero papel democrático. Sin embargo, el papel de las humanidades y de los humanistas será siempre cuestionar los acontecimientos antes que legitimar el poder envolviendo el conocimiento con ignorancia, como han hecho casi siempre los distintos emperadores. En el campo de los estudios literarios, como ciencia de las humanidades, corresponde rescatar y resignificar los textos a partir de múltiples diálogos con diversas disciplinas. En el caso del análisis de la ciudad se puede decir que existen infinidad de visiones, desde distintos escritores que han hablado del lugar en que habitan. Esas visiones dependen, como se decía anteriormente, del grado de cercanía que tiene el artista con su entorno. Se pueden hacer algunos comentarios analíticos, citados en los textos, para develar ese concepto que tienen los escritores de su lugar de origen; sin embargo, llegar a esa percepción completa del espacio que tiene el escritor es imposible. Aunque esto podría parecer negativo para la crítica, según el concepto metafísico de Platón, es decir, lo ideal sería llegar al concepto verdadero, en realidad es muy valioso, puesto que esa diferente interpretación que hace cada lector de la obra es la que permite encontrar una visión más circular

piensan lo mismo, es posible que se estén presentando situaciones que afectarían el bienestar, pero que no se pueden percibir por la ausencia de un pensamiento abierto que pueda ir más allá de lo que quieren imprimir las políticas gubernamentales. Más que un pensamiento masivo, es necesario asumir

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de las realidades. La sumatoria, intersección y contradicción de las ideas es la que verdaderamente permite construir un concepto, o más bien, una interpretación de la realidad como dice Vattimo, para quien el mundo no es una sumatoria de realidades: es una confluencia de interpretaciones2. En esta búsqueda interpretativa vale retomar el concepto sobre evocación literaria planteado por Cruz Kronfly. En Ciudades literarias, el escritor emplea el término y lo define como la fundamentación del sujeto, consistente en: “volver sobre los instantes fundadores, recabar alrededor de los acontecimientos y lugares que por algún motivo para nuestra vida se tornaron fundamentales” (Cruz Kronfly, 1998, 169). Esta evocación no es un proceso accidental en el ser humano, es algo con lo que se convive. El ser humano es el colectivo de un conjunto de sucesos y lugares que han trastocado su vida, y esa marca va ligada a la existencia del hombre. La diferencia radica entre quienes se sienten complacidos por la evocación de esos lugares y sucesos, y quienes simplemente intentan olvidarlos. La literatura está en el plano de esa evocación. No porque la literatura tenga esas pretensiones o porque sea un documento histórico esto tiene que ver con que el escritor; al manifestarse a través de la obra, también hace gala de un sinfín de experiencias que han

atravesado su vida. Sus personajes se convierten en una biografía no explícita de sí mismo, en términos borgianos. Muchos son los casos para citar en los que las experiencias de la escritura son biográficas, sólo que en la literatura el escritor puede hacer, a través de sus personajes, lo que no haría cotidianamente. Quizás, allí radica la diferencia y se introduce el grado de ficcionalidad en la literatura. A pesar de ello, vale la pena revisar cómo algunos de esos aspectos y lugares de lo que se conoce como realidad están retratados verosímilmente desde la literatura. La verosimilitud es una de las características constituyentes del factor estético de la obra de arte: “la capacidad de construir imágenes en las que se pueda creer, a partir del lenguaje (en el caso de la literatura)”. La vitalidad de dichas imágenes pone en relieve esos sucesos y lugares, los resucita para la evocación. No se habla sólo de conceptos referenciales o denotativos, se habla de evocación. En este texto, particularmente, se habla de evocación como una posibilidad interpretativa. Para alcanzar la evocación se recurre entonces a un tipo de facticidad poética (la coherencia interna en la obra), mediante la cual sólo es posible acercarse a ese mundo de sensaciones del escritor. Pero no sólo hablamos del escritor aunque

el prestidigitador de imágenes sería sólo uno, él, quien comparte el mundo con sus lectores: “no puede hablar de otro mundo que del que conoce”. A pesar de construir situaciones o lugares ficcionales, éstos mantienen cercanas relaciones con el mundo que pertenece a la colectividad, a los compañeros de viaje del escritor. Esa relación es una evocación interpretativa susceptible de ser asumida, cuestionada o reinterpretada por los lectores de la obra. La facultad particular del escritor para darle relieve al código gráfico está mediada por la fijación en esos detalles de los sucesos y de los lugares que constituyen nuestro diario vivir. Quizás algo de lo más impresionante en la literatura es la capacidad de transportarse a los lugares del escritor, que pueden ser comunes o completamente desconocidos; sentir que es como si se vieran de nuevo, o por primera vez, como si se pudieran hacer realidad en un instante poético (en términos de

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“Si yo tengo la verdad, siempre, tarde o temprano, voy a matar a alguien en lugar de discutir mis ideas o me dejo matar por ellas. Se trata de construir una sociedad en la que no hay hechos, sólo interpretaciones. Reducir lo más posible el choque de ideas al choque de civilizaciones. No hay hechos, sólo interpretaciones al interior de la sociedad”. Vattimo, Gianni, Los retos de la filosofía en nuestro siglo, en: Notas al Margen No. 3, Cuadernillo de difusión pedagógica del Proyecto Curricular de Humanidades y Lengua Castellana de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, Bogotá, 2005.

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Gastón Bachelard3); la evocación permite, entonces, construir espacios aunque estos estén en paréntesis. No obstante, su paréntesis no implica que no se vivan mientras el ojo recorre las palabras. Las evocaciones citadas en este trabajo pertenecen básicamente a dos textos: La tejedora de coronas, de Germán Espinosa y El caballero de la invicta, de R. H. Moreno Durán. El proceso de selección tiene que ver con la existencia de una visión apocalíptica de la ciudad impresa en los dos textos: por un lado está la Cartagena tomada por los piratas, por otro, la Bogotá destruida por la guerra entre el narcotráfico y las fuerzas militares. En los dos textos se hace evidente el hecho de que la ciudad es la manifestación del caos, de la crisis de la sociedad, en donde se narra la historia de la destrucción del lugar habitado, desde la destrucción de los seres que la habitan. El espacio es el resultado de la vida de quienes están allí, de su manera de habitar el espacio, de adaptar su entorno, en palabras de Zarone: “En efecto, la ciudad concierne siempre directamente al ser del hombre” (1993, 11).

piratas en 1697, según fecha del libro, “exactos dos siglos y cinco años después del descubrimiento de las Indias por Colón” (Espinosa, 1999, 13), aunque al parecer el suceso real se llevó a cabo en 1544. Desde un estilo narrativo que intercala distintos espacios de la historia, Espinosa va configurando la toma de Cartagena. Se podría hablar de la fusión de dos dimensiones históricas: por un lado está la escena de la llegada de los piratas, por otro está la historia del Siglo de las Luces, espacios evocados a través de los recuerdos de Genoveva Alcocer. El progreso del siglo de las ideas y su difusión se va interceptando con la toma de Cartagena, y sus saltos suceden en el futuro, como en:
solo mitigado a ratos por caldos de gallina que Hortensia misma le administraba por cucharadas, muy lentamente, como debí administrarlos yo, veinticinco años más tarde, a mi querida Marie, cuando su tos y sus desmayos se hicieron más frecuentes, y por consejo de Pascal de Bignon emprendimos, con dineros de la logia, un penoso viaje a Prusia (183).

su pupila que contempló, en aquel distante mayo de 1697, el dolor de nuestra ciudad arrastrada por la peste, nuestra ciudad en cuyas fétidas calles los cadáveres se arracimaban ya en masas informes y glutinosas (340).

En esa dinámica del tiempo distorsionado en múltiples espirales que convergen y se deshacen, se va construyendo la historia que finalizará con la vuelta de Genoveva a Cartagena y el encuentro con el tiempo presente de La tejedora de coronas, que al parecer ha narrado estas historias (la obra) para la Inquisición:
y aquí estoy, señor fiscal fray Juan Félix de Villegas, hace dos años me tiene aquí, llevándome y trayéndome de esta celda a la cámara de torturas […] pero no diré más […] ustedes saben muy bien lo que pasaba en la logia, porque se incautaron las cartas de François-Marie, han decomisado los libros enviados clandestinamente por los judíos de Willemstad, se han escandalizado ante las pinturas de Rigaud […] allá ustedes, no daré explicaciones, no diré una palabra más, no diré que mi verdadera culpa, la que he pagado con la ignominia de una vida entera, fue la de haber callado un día, hace muchos años, para encubrir las ilusiones de un soñador, todo ello irá a parar conmigo, bien lo sé, en la hoguera, tiempos hacía no alzada en esta plaza que con su sangre defendió mi padre (411-412).
3 “Las edades poéticas se unen en una memoria viva. La edad nueva despierta a la antigua. La edad antigua revive en la nueva. La poesía no es nunca tan una como cuando se diversifica”. Bachelard, Gastón, Poética de la Ensoñación, Fondo de Cultura Económica, México, 1998, p. 47.

La Historia como herramienta de la evocación literaria
En La tejedora de coronas, Espinosa hace una reconstrucción de Cartagena durante los siglos XVII y XVIII. Se evoca el apartado en que la ciudad es tomada por los

Pero también se relacionan con el pasado:
y de pronto me inundó una ráfaga de alegría al pensar que, en unas cuantas jornadas, volvería a sentir sobre mi rostro, después de cincuenta y cuatro años, el aliento cálido del Mar Caribe, mi mar tutelar con su pupila color jade,

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Pero no sólo se altera la estructura temporal al destruirse la estructura cronológica de la historia, también se altera la voz narrativa. Aunque en la mayoría de espacios se puede notar muy bien la primera persona, existen otros en donde la misma protagonista es vista desde un narrador omnisciente; un narrador que se deja contagiar por la imagen de Genoveva Alcocer y por la historia. Además, aparecen segundas personas, sueltas o en diálogos, que no se separan de la estructura narrativa hiperprosaica. Volviendo al plano de la historia, Espinosa ahonda en la documentación histórica para construir su obra. Su personaje se convierte en la huella fehaciente de dos momentos históricos, demostrando cómo detrás de los hechos están los personajes dotados de sentimientos, sensaciones e interpretaciones, que son los que permiten reconstruir los espacios. De alguna forma los personajes llevan los lugares y las situaciones en sí mismos. Voltaire, como uno de los protagonistas, no es sólo la figura mítica que han configurado los intelectuales y las historias literarias de occidente; Voltaire es, además, un ser humano, un muchacho inquieto, una persona ávida de descubrir el mundo, un hijo de la burguesía que conserva una visión diferente de su mundo y que considera que sólo el conocimiento puede otorgar la libertad verdadera. No es sólo un ateo o un contestatario, es un sujeto posible que tiene una

apasionada relación con la protagonista (algo mayor que él). En la Tejedora se evoca, se reinterpreta a ese personaje que se conoce desde los libros pero que va más allá, al ser humano. Pero no es sólo la humanidad de los personajes lo que se narra en el texto, también es la visión americana sobre el conocimiento. Esa visión en la cual, si Federico Goltar (astrónomo cartagenero) fuera europeo o hubiese llevado a Europa sus conocimientos, hubiera sido reconocido como científico y no habría padecido bajo la ignorancia de una comunidad que no lo podía comprender (por el hecho de estar sumida en la Inquisición) y a manos de los piratas franceses que también son una imagen de la brutalidad de aquellos compatriotas de Voltaire. Lo que está narrando Espinosa es la ignorancia constante de la humanidad, pero la ubica paralela al momento del mayor auge del conocimiento en la sociedad occidental. El mismo monarca, El Rey Sol, es quien patrocina el saqueo brutal de Cartagena y quien permite el desarrollo de la vida intelectual en su nación. Hay entonces un llamado por la visión

autónoma de la misma América desde la historia. Nuestra historia se equipara de alguna forma a la historia de Europa, se pone en el mismo lugar; no estamos en un estado inferior, esa visión sólo la hemos heredado de un ocultista pensamiento católico en el que pensar es pecado, más cuando pensamos que somos capaces de descubrir

mundos, de crear sensaciones por nosotros mismos. De ahí viene la metáfora del cuerpo de Genoveva: su belleza, más que ser una simple figura idílica, es una imagen del cuerpo desnudo como el conocimiento. El conocimiento verdadero sólo puede nacer de lo

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que se percibe, no de un continente antiguo, ni de unas autoridades referenciadas; el verdadero conocimiento nace de lo que tenemos en la piel. En este sentido funciona muy bien el hecho de que la misma Genoveva, pasados muchos años, vuelva a tener relaciones sexuales y disfrute de su cuerpo, pueda gozar de su cuerpo que ha sido fruto de

to. No es simplemente un acto pecaminoso; es la capacidad de descubrir al hombre mismo en su esencia. El retomar un siglo trascendental para el conocimiento en la humanidad, no es otra cosa que decir: “sí, el conocimiento está desde algunos visionarios, pero también está en cada uno de los seres humanos, incluso desde su mismo sexo”. En este sentido, vale la pena mostrar cómo el personaje constantemente siente nostalgia por no haberse podido entregar a su verdadero amor, Federico Goltar. Viaja, conoce, es víctima y creadora de muchas de las ideas que atraviesan a Europa y a América durante el siglo XVIII pero, sobre todo, vuelve para decir que todo confluye, que el mundo padece gracias a una visión oscurantista. Su quema en la hoguera no será otra cosa que la consumación del mismo mundo de las ideas; su incineración demostrará que por encima del verdadero conocimiento, al ser humano se le impone el dolor de la moral ajena. En su piel se imprimirán las marcas del odio del mundo que es resultado de su resentimiento por la esclavitud que ha padecido bajo

el yugo de la teología del imperio, una teología que legitima los intereses soslayados de quienes administran los lugares habitados. Así, vale la pena mostrar cómo el corrupto gobernador de Cartagena se preocupa más por el oro que logrará entrar a España sin impuestos que por el bienestar de sus conciudadanos. Descuida la ciudad al punto de que aún siendo advertido de la invasión de los piratas, se dedica a emborracharse con otros de los administradores de la ciudad, dejando al descubierto la malversación de fondos previstos para la seguridad de la “Reina de las Indias” y su falta de identidad con el lugar que administra. Esta situación no está lejos de la realidad contemporánea, como lo planteará R. H. Moreno Durán en su novela El caballero de la invicta (1993). La hecatombe del conocimiento por la ignorancia de la Inquisición, sumada a la corrupción de los administradores y a las ansias de poder de los piratas y del mismo Luis XIV, se hacen manifiestas en la destrucción de Cartagena. El espacio geográfico es evocado, reconstituido como un paraíso, no sólo por la abundancia de los frutos de la tierra; es también un lugar maravilloso por su auge en el comercio y por su consolidación como puerto central de entrada a América. Sus bellas playas, sus fortificaciones, sus hermosas casas, se ven ennegrecidas por el arribo de los piratas, quienes no son otra cosa

todas las experiencias intelectuales pero que aún, por encima de ellas, es su cuerpo el órgano de placer, la verdadera luz del conocimiento. La metáfora no provoca otra cosa que la vuelta a la imagen dionisiaca del conocimiento: el cuerpo es placer, placer del autoconocimien-

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que esa visión de la humanidad en donde la codicia supera toda posibilidad de reconocimiento del otro. De ahí que no sólo se dan saqueos, violaciones y destrucción de las estructuras físicas; los piratas traen la peste y se llevan algunas de las mujeres cartageneras, logrando destruir a la ciudad hasta en su misma esencia, no sólo acabando sus fortificaciones, sino contagiando a la ciudad con su mal. La misma teología es quizás el mal mayor de la ciudad y de la misma sociedad, el cual se hace manifiesto desde el principio hasta el final de la obra. A pesar de que monseñor Echarri y sus católicas presencias no han servido de mucho en la solución a los conflictos de la invasión, como sí lo ha sido el médico y otros pobladores como Hortensia, ellos siguen teniendo el poder en el pueblo. Cuando Genoveva Alcocer vuelve es condenada por los inquisidores que no sirvieron para nada en el momento en que la ciudad es tomada. Vale la pena recordar la escena en que monseñor Echarri sale de la ciudad disfrazado de mujer, más preocupado por vengarse del gobernador por una afrenta personal que por ayudar a menguar el dolor de su rebaño. Lo que se hace manifiesto en La tejedora de coronas es la evocación de la destrucción, que no es sólo producto de la invasión de los piratas; ese Apocalipsis es resultado de la confluencia de los muchos males

que aquejan a la sociedad. Es posible que si se evocan y se vuelven a vivir esos instantes de la toma de Cartagena, se haga una mirada a la actualidad para ver que aún sucede lo mismo. Es decir, en este presente se da la destrucción constante. La obra, entonces, no sólo está referenciando un suceso acontecido en el siglo XVI; se habla de que la historia se repite, de que aún América es víctima de la invasión de piratas, de que constantemente sufrimos la desilusión de los credos, de que la gente muere en las calles, de que los americanos defienden siempre algo que no es suyo, algo que creen por temor, más que por autoconocimiento. La interpretación del pasado es la que nos permite develar el momento actual. Reconstruir, evocar la destrucción de la ciudad, el despojo de una cultura, no sólo sirve para mirar hacia atrás y hablar de lo triste que fue esa situación en la vida de algunos antepasados. Esta obra arroja una mirada al presente desde el pasado, de tal suerte que no se puede ver sólo como un documento intelectual anclado en siglos pasados, pues este texto debe irradiar en la comparación de los espacios en la construcción de interpretaciones de la actualidad desde la historia. Genoveva no muere en la obra; antes de su presunta quema resucita, invita a la insurrección. No es la muerte de una historia; es el principio para la continuación de otra.

Es la manera de que los lectores desde todas las evocaciones vividas en el texto puedan resucitar a la Genoveva de todas las edades, a la que más gusta, a la de diecisiete, a la de treinta y dos, a la de cincuenta, a la vieja consabida de noventa. Genoveva es en sí misma la historia para ser copulada. Sólo desde la experimentación de placer que trae el contacto con las nalgas de aquella hermosa Venus pintada por Rigaud, se puede llegar a una visión contestataria y aguerrida en defensa de lo que somos. Es por esto, quizás, que el personaje no es un hombre, es una mujer, una hermosa mujer. El poder físico pareciera estar concentrado en los hombres (y más en esta sociedad machista) pero, en realidad, son las mujeres las que llevan el mundo. No sólo lo llevan en el sexo, como lo demuestra Aristófanes en Lisístrata; también lo llevan en su capacidad para develar el mundo, para demostrar la realidad del hombre, para develar su verdad, como en el caso de Hortensia que es la única capaz de enfrentarse al gobernador Diego de los Ríos, al hablarle de su irresponsabilidad. Genoveva es la mujer eterna, no es sólo un nombre o un personaje, es la construcción del ser humano que pasa por las etapas de Nietzsche, que las redime, que sabe ser camello, pero que también es un león que se resiste hasta el final y que tiene la capacidad de amar como un niño; es el superhombre en su máxima expresión.

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La evocación de la destrucción
La tejedora de coronas abre el espacio para la interpretación del presente pero, como dice Borges, la literatura es demasiado amplia, de ahí que existan libros que también hablen de nuestro momento histórico; textos que no sólo evocan el pasado, lo vivido, sino que también evocan el futuro, lo que está por venir o lo que sabremos que vendrá por lo que sucede ahora. En este sentido se encuentra El caballero de la invicta, de R. H. Moreno Durán. En esta novela el protagonista va relatando la destrucción de la ciudad desde la misma disolución de su vida. Pero, al igual que en la novela de Espinosa, no se habla de una Bogotá cualquiera; se habla de la ciudad asediada por la guerra establecida entre el narcotráfico y las fuerzas militares. Lugares como Bulevar Niza, Terraza Pasteur, entre otros, son víctimas del terrorismo sembrado por el narcotráfico. Sin embargo, a diferencia de la Tejedora, los personajes de esta obra no parecen ser afectados por la hecatombe vivida en la ciudad. Es importante este dato ya que se va adentrando en determinar la postura psicológica de los personajes. Arturo, protagonista de la historia, es un científico que reúne en toda su familia a los responsables de la crisis del país; su hermano, un cura dependiente de

las apuestas, sus hijas que representan los distintos vicios y defectos de la aristocracia, y su mujer, un tipo de matrona que dirige y determina algunos de los círculos de arte que establecen la cultura del país4. La historia comienza con el ritual consolidado por la Iglesia católica como conformación de la sociedad: el matrimonio. En estas circunstancias una de las hijas de Arturo, Berenice, se casa con otro oligarca jugador de polo: Santiago. Su matrimonio es la imagen de cómo estas instancias son también una falsedad para la esencia misma de los personajes. El hecho de que en la ceremonia no se hayan registrado fotos con la imagen del esposo, es suficiente motivo para afirmar que la ceremonia no se ha llevado a cabo, lo que lleva a pensar que el matrimonio, es decir, la institución pensada para la consolidación de la sociedad, no existe, es una mera apariencia. Poco a poco ello va quedando demostrado a lo largo de la obra, en la que al final la pareja termina diluyendo una relación que sólo existió en el engaño del noviazgo. Pero esto sólo es una ramificación de la historia. ¿Qué decir de la relación de Arturo con Edith, su esposa? El poco amor que quizás existió en la época de noviazgo fue rápidamente desplazado por la entrada de las máscaras que impone el mundo burgués. Los personajes se van distanciando y se van que-

dando enajenados en los mundos particulares que les depara estar en el nivel alto de la escala social y, poco a poco, Arturo se ve dedicado a sus experimentos. Edith, por su parte, se consagra a ser la representante del glamour y la indicadora del arte en la aristocracia bogotana mientras que el país se deshace en la miseria. Las únicas relaciones amorosas verdaderas son imposibles. Está el romance que vive Arturo con Ángela, su estudiante, de quien en realidad se enamora pero que termina alejando por las presiones de la sociedad y al ser descubierto in fraganti por su esposa en el laboratorio. Por su parte, Edith sostiene otras relaciones buscando el placer y la felicidad que su esposo le ha negado en el Magíster, en el actor Delon, en el crítico argentino y en el “de
4 Vale la pena recordar a Regis Debray, en Las tres edades de la mirada, donde se muestra cómo el arte, la imagen y los procesos de comunicación son establecidos desde la aristocracia y desde las clases altas, olvidándose del verdadero papel del arte en la sociedad: “La iglesia ha administrado a Dios y la salvación, las cortes principescas el poder y la gloria, las burguesías, la Nación y el progreso, las empresas multinacionales el beneficio económico y el crecimiento. El detentor de los valores de unificación, es decir, de lo sagrado social, es el que se queda con lo mejor y los excedentes económicos. El principal coleccionista de plusvalía colecciona las imágenes más valiosas. Como es el que las encarga, las adquiere y las promueve, es también naturalmente, el árbitro de las elegancias y el índice de los valores. «El que paga la orquesta elige la música»”. Debray, Regis, Las Tres Edades de la Mirada, Paidós, Barcelona, 1987

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los últimos días” (entre otros). La relación matrimonial que nunca ha existido y que, cuando se trata de resucitar sólo provoca nauseas, es la fiel demostración de la crisis de la sociedad. En otro aspecto vale la pena mencionar cómo la novela está contagiada de muchas imágenes que invocan la sexualidad: las mujeres son vistas más como organismos sexuales que como seres humanos, que tienen una percepción del mundo o que piensan en la solución a sus realidades, de ahí que se haga tanta referencia a lugares como el culo. En la obra, éste no sólo sería un lugar de referencia sexual, sería también el lugar desde el cual sólo se podría ver. Los hombres no pueden ver nada más en las mujeres que su derrière, puesto que la esencia de las mujeres es medida por su capacidad de ofrecer placer sexual. A diferencia de la Tejedora, en este caso no se asiste a una divinización de la sexualidad: aquí la sexualidad, en la mayoría de los casos, es la expresión de un rasgo animal, instintivo. En cuanto a la evocación de lugares, vale la pena hacer referencia a la reconstrucción sígnica de la ciudad. Si bien Moreno Durán se desenvuelve dentro de espacios fehacientes de la ciudad como la carrera séptima o la Universidad Pedagógica, también construye nuevos espacios. Se podría decir que existe un tipo de evocación de la ciudad que imagina el escritor.

Quizá uno de los ejemplos más controvertidos está en la construcción del metro; éste puede ser reinterpretado en muchos sentidos, pero de cualquier forma, más que tener la certeza de lo que quiere decir el autor con la puesta en circulación de un metro en Bogotá, se asiste a un fenómeno estético. La literatura juega con esos planos de la realidad en donde se asume una realidad entre paréntesis, en donde pueden existir todo tipo de mecanismos que vitalizan la historia. El fenómeno estético está en la construcción de un mundo coherente desde la obra: la verosimilitud en sí misma de la obra de arte. Para mirar cómo funciona este elemento estético se podría cambiar el metro por algo más “real”: el Transmilenio.Entonces aparece la pregunta por el efecto en el lector que conoce el metro. Para quien se ha subido a un metro, la ciudad se percibe de manera diferente, no sucede igual que en Transmilenio. Los expresos de Transmilenio no permiten a veces recorrer los lugares, pues el mismo sistema es distinto. En el metro el recorrido entre las estaciones es rápido, pero se puede descender o acceder en cualquier estación, por demás, Transmilenio está afectado por los semáforos y por la existencia, en el mismo carril, de otros buses que llevan a distintas rutas. El fenómeno estético sólo puede existir desde el adecuado funcionamiento de los objetos de la obra.

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Por su puesto, es posible que el hecho del metro tenga mucha relación con el uso de este medio de transporte que debió hacer el escritor en su larga estadía en Europa, o con la construcción del metro en Medellín, o con el caos del sistema de transporte en la capital de la época. Si se tienen en cuenta todas estas relaciones, se puede determinar una mayor precisión en el contacto con el fenómeno estético. Es cierto que esta imagen no será completa, pero como se ha venido sosteniendo a lo largo de todo este texto, no se habla de fenómenos reales, se habla de la evocación que es un tipo de interpretación del mundo. En igual orden de ideas existe el hipódromo. Está ubicado en el centro de Bogotá y tiene una gran relación con el hermano de Arturo, el sacerdote, quien es una evocación de lo que quizás representa la Iglesia para el escritor boyacense. En un país consagrado al corazón de Jesús, los representantes de la Iglesia son ávidos del poder, son la mejor demostración del ansia de riquezas: sujetos solos, ensimismados, que sólo piensan en obtener riquezas. Galeano, en Las venas abiertas de América Latina, se refiere a ellos como los grandes terratenientes. Esta proposición se hace carne en esta novela a través del personaje que ha escogido como uno de sus segundos hogares, además de la casa de Dios, la casa de apuestas hípicas. Es conveniente mencionar que

esta evocación, que construye los lugares que parecerían no existir en la realidad, está presente también en Opio en las nubes (1993). Allí acontecen estos dos lugares (el metro y el hipódromo) pero además Bogotá cuenta con malecones, con playa y por supuesto con el mundo de los muertos en el que de alguna forma viven todos los habitantes de la ciudad. Allí la realidad se deshace completamente ya que no se sabe a ciencia cierta qué es lo vivido y qué es lo invivible; allí todo es posible, los personajes están interactuando constantemente en esos mundos. Si se retoma el concepto de estética referida a la capacidad de construir lugares imposibles y hacerlos verosímiles, podría decirse que en la novela de Chaparro Madiedo este recurso estético es ampliamente desarrollado. En estos textos cabe la pregunta por si la creación de lugares sigue siendo un mecanismo para develar la interpretación de la sociedad, de su historia y sus espacios, o simplemente son fenómenos embellecedores de la obra. Es entonces cuando se miran, ya no sólo los objetos creados por el artista, sino las relaciones que establecen estos objetos con los personajes. Allí es donde la crítica literaria tiene sentido: es ella la encargada de establecer esos nexos desde los distintos estados de las Ciencias Humanas. En el momento en que la crítica comienza a establecer relaciones, es cuando surge también

la postura crítica del autor frente a la sociedad. Por supuesto, ésta se complementa en la misma obra, no es gratuito que Alcibíades el oscuro sea presidente del país en la novela de RH, este hombre que sólo sabe posar frente a las cámaras mientras el país se desmenuza, imagen muy común de los gobernadores colombianos prevista por Moreno Durán. El poder encarnado en un títere, los verdaderos dueños del poder se esconden en el teatrino y están más preocupados por otros asuntos que por administrar el bienestar para la sociedad. Sin embargo, es un hecho que no soltarán las riendas del país aunque éste se vaya cayendo gracias al olvido en que estos mismos lo tienen dejado. Vale la pena recordar a Edith, vista por Le Petit Maître Illustre, paseando cerca de Bulevar Niza semidestruido por las explosiones, pasando con sus gafas en forma de corazón en busca del “hombre de los últimos días”. Su imagen, su recorrido y la misma relación que sostiene con el ex novio de su hija Virginia, no son otra cosa que el resultado de la búsqueda de sí misma, del egoísmo superior a todas las desgracias sucedidas en el lugar transitado. Al igual que en La tejedora de coronas, aquí también se hace presente la disolución y la congruencia del tiempo. El protagonista está constantemente evocando el pasado, lo reconfigura y recrea a partir de las imágenes que se relacionan con diversas situaciones

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de la vida. La mejor expresión del manejo del tiempo queda esbozada al final de la obra cuando se intersecan tres percepciones de su rostro: la del pasado, tangible en una foto que han publicado en el noticiero anunciando su extravío; la del presente, evocada desde quien está mirando la foto y llora al recordar su existencia y la del futuro, que simplemente queda disuelta en la pantalla del televisor, porque el protagonista ya ha perdido hasta la voz. La narración también acontece desde diversos focos, pues no sólo se da la primera persona: confluyen múltiples narradores a construir la historia. Esto enriquece en gran medida ya que la visión de las situaciones y de los personajes es diversa. Como en un Picasso, la perspectiva cambia en una misma imagen, se ve desde múltiples puntos, se contempla, se evoca.

hablar de que este texto se configura en el marco de los estudios culturales, sin embargo, se ha tratado de recurrir a textos literarios exclusivamente y de citar fenómenos estéticos que harían referencia al análisis de tipo inmanente en la literatura. Es de relevancia no dejar caer el papel de la literatura como fenómeno estético y como herramienta crítica aunque, por su puesto, éste no es el papel de los escritores ya que la obra no se puede definir como un estereotipo. Recordar que el arte permite develar la crisis de la sociedad corresponde en gran medida a quienes poseen la capacidad de acceder multidisciplinarmente al conocimiento; es la capacidad de pensar los problemas en múltiples sentidos la que permitirá generar espacios más consecuentes con el bienestar de los vivos, no todos estamos muertos.

Espinosa, Germán, La tejedora de coronas, Montesinos, Barcelona, 1999. Galeano, Eduardo, Las venas abiertas de América Latina, Siglo XXI, Bogotá, 1983. Lara, Gianni, La ciudad y las ciencias humanas, Revista Esfera, Universidad Distrital Francisco José de Caldas, No. 3, septiembre- diciembre, Bogotá, 2005. Moreno Durán, Rafael Humberto, El caballero de la invicta, Bogotá, Planeta, 1993. Jaramillo, Juan Carlos, La ciudad y la domesticación de sus espacios, Universitas Humanística, No. 56, Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, 2003. Joseph, Isaac, El transeúnte y el espacio urbano, Gedisa, España, 1988. Silva, Armando, Imaginarios urbanos, Tercer Mundo Editores, Bogotá, 1994. Vattimo, Gianni, Los retos de la filosofía en nuestro siglo, en: Notas al Margen No. 3, Cuadernillo de difusión pedagógica del Proyecto Curricular de Humanidades y Lengua Castellana de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, Bogotá, 2005. Zarone, Giussepe, Metafísica de la ciudad, Pretextos, Universidad de Murcia, España, 1993.

A manera de cierre
Este texto no es otra cosa que una manera de acercar los estudios literarios a la interpretación de los fenómenos sociales, entre los cuales está la ciudad, quedando muchas cosas por decir de las dos obras, además de las relaciones propuestas. Es importante que los estudiosos de las Ciencias Humanas y, particularmente, los estudiosos de la Literatura, empiecen por ver más allá de los fenómenos estéticos. En este campo podríamos

Bibliografía
Bachelard, Gastón, Poética de la Ensoñación, Fondo de Cultura Económica, México, 1998. Chaparro, Rafael, Opio en las nubes, Proyecto Editorial, Bogotá, 1998. Cruz Kronfly, Fernando, La tierra que atardece, Editorial Ariel, Bogotá, 1998. Debray, Regis, Las Tres edades de la mirada, Paidós, Barcelona, 1987.

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La cotidianidad como campo de batalla para la mujer
“En este momento está leyendo a Virginia Woolf, todo Virginia Woolf, libro por libro. Está fascinada con la idea de una mujer como esa, una mujer tan brillante, tan extraña, tan inconmensurablemente triste. Una mujer que a pesar de su genialidad se metió una piedra en el bolsillo y caminó río adentro”.
Michael Cunningham, Las horas En el transcurso de la historia la mujer siempre ha sido vituperada, criticada por pensar y reflexionar la realidad, criticada también por no pensarla y reflexionarla, señalada como bruja, demonio, encarnación de la maldad, por tratar de salirse del rol de madre y esposa. Y no siendo todo esto suficiente, siempre ha sido pensada como un anexo del hombre, como un ser dependiente a éste que debe hacer, pensar y ser sólo a través de él. Con respecto a lo anterior, veamos un fragmento de la obra La señora Dalloway:
Siendo dos veces más inteligente que Dalloway, Clarissa tenía que verlo todo a través de los ojos de Dalloway, lo cual es una de las tragedias de la vida matrimonial […] estas fiestas, por ejemplo, estaban íntegramente dedicadas a él, a la idea que Clarissa tenía de él (Woolf, 1998, 84).

Carolina Cárdenas Jiménez
licenciada en humanidades y lengua castellana de la universidad distrital francisco josé de caldas. estudiante de maestría en escrituras creativas, modalidad de narrativa, de la universidad nacional de colombia. e-mail: aliciabumbucu@hotmail.com

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mpezaré este texto con la siguiente pregunta: ¿será que la mujer es un ser superficial, frívolo, mundano y vacío al cumplir el rol de madre, esposa y ama de casa? 
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La mujer es entonces vista por las distintas instituciones como la religión, la educación, el gobierno y la familia, es decir, la sociedad, como cierta esencia del hombre, parte inherente a él, pero no es esencia ni ser en sí misma; es objeto, pero no sujeto. Ha sido juzgada por sentir, pensar o querer desenvolverse en alguna profesión dentro de la sociedad, lo cual le ha impedido ubicarse libremente dentro del mundo, ver y pensar la realidad desde una mirada distinta a la que siempre se le ha permitido ejercer como madre y esposa. Sus funciones han sido las de una cuidadora que le sirve a los demás y que se limita a vivir a través de las aventuras, sueños y experiencias del hombre. Esta visión limitada, hasta cierto punto, de lo que puede llegar a ser una mujer, la vemos representada en dos de los personajes de la obra Las horas de Michael Cunningham: la señora Dalloway y la señora Brown. Cuando digo “hasta cierto punto”, me refiero a que ser madre y esposa no es cualquier cosa, algo que no tenga un valor significativo, aunque la sociedad desde su imaginario lo invalide porque lo ve como algo intranscendental y sin ningún sentido para su edificación. Por el contrario, estos roles ejercidos por la mujer han sido, y seguirán siendo, muy importantes en la construcción de sociedad e historia del ser humano. A la señora Dalloway y a la señora Brown, por ser esposas, madres y

amas de casa, no se les puede negar su complejidad. Ésta les consiente que desde su cotidianidad se pregunten por su estar en el mundo y que piensen el rol que les ha tocado asumir. En este sentido, veamos lo que dice la señora Woolf (personaje en la novela Las horas) refiriéndose a la cotidianidad de una mujer:
Pueden pensar que la guerra y la búsqueda de Dios son los únicos temas de la literatura […] El truco estará en transmitir intacta la diminuta pero muy real desesperación de Clarissa; en convencer al lector sin lugar a dudas de que para ella las derrotas domésticas son tan devastadoras como las batallas perdidas de un general (Cunningham, 2000, 87).

Yo me atrevería a decir que la raíz de la vida, sus dolores y alegrías se hallan reflejados en la cotidianidad, y es a través de ésta que el ser humano se hace las preguntas más profundas sobre su estar en el tiempo; sobre si lo visto existe o, por el contrario, es sólo el reflejo de lo que conocemos; si somos materia o una ilusión de alguien invisible que conduce nuestra vida según la necesidad del rompecabezas. De todo esto se desprende la pregunta más común, pero al mismo tiempo más esencial: ¿quién soy? Como podemos ver, es a partir de lo cotidiano que se forjan los cuestionamientos fundamentales del ser humano. Veamos estas etapas: cuando se es niño se hacen preguntas que

aparentan ser simples, el pequeño o la pequeña quieren conocer el mundo a través de éstas, y cuando se es adolescente, ¿no se siente acaso la necesidad de comprender quién se es y qué sentido tiene ser quien se es y la importancia de estar en el universo? Esto, planteado en nuestro día a día, nos permite constituirnos en seres cada vez más complejos. El ser humano se conoce en su diario trasegar, entre sus silencios, días de soledad y, por su puesto, por medio de la conversación con el otro. En este sentido, la cotidianidad, entendida como un espacio donde convergen las mismas cosas todo el tiempo, se halla también llena de momentos y experiencias que le permiten a la mujer y al hombre pensar en su existencia y realizarse dentro de la misma. En el caso particular de la mujer que es ama de casa, esposa y madre, nos encontramos con un ser que también sueña, se halla rodeada de silencios y de soledades que le permiten pensar su realidad. Sólo depende de ella si quiere hacer esto, es decir, su condición de servir a los demás no la aleja de ser también un ser complejo, como lo es la señora Brown, la cual además de ser inteligente es sensible. Esta sensibilidad la lleva a reflexionar sobre su cotidianidad y el sentido de su existencia y, como podemos observar, esta crisis se da gracias a su naturaleza compleja y a ese pasar de días que aparentan ser iguales, pero que le permiten dilucidar 

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quién es ella realmente y qué es verdaderamente lo que quiere hacer de su vida. En la novela Las horas, al igual que en la obra La señora Dalloway, vemos que a pesar de que las mujeres personajes están encerradas en su cotidianidad, en tanto que ha sido el rol permitido por la sociedad, es precisamente este tipo de rutina impuesta la que las sitúa en una cuerda floja que en cualquier momento las puede arrojar al abismo. Es esta cuerda que se tambalea, la que les hace pensar en su quehacer y existencia, porque ese no poder ser libres, vivir al servicio de sus seres queridos y no poder realizarse es lo que las hace reflexionar. Por ejemplo, la señora Brown entra en conflicto consigo misma en el momento en que se da cuenta que su vida se reduce de cierta forma a su hijo, su esposo y la casa, quedado ella en un segundo plano. En ese preciso momento reacciona y su vida da un giro al abandonar a su familia, porque ha vislumbrado que ella no quiere ser una madre, ni una esposa, ni mucho menos ama de casa. Ella quiere encontrarse posiblemente a través de los libros y del conocimiento, poder existir, no sentirse más desgraciada y miserable por su condición. Por su parte, la señora Dalloway, reconoce y es consciente de que su vida es hasta cierto punto superficial y demasiado mundana, pero no se siente mal por ello; por el contrario, quisiera que Richard de

alguna forma entendiera su condición ya que ella es feliz organizando fiestas y reuniones, admirando la belleza de las cosas y las personas. Lo mismo ocurre con el mismo personaje en el libro La señora Dalloway: ella también se interesa únicamente por sus hermosas fiestas y por las personas que asistían a ellas. Veamos el siguiente fragmento:
A Clarissa le gustaban los lores, le gustaba la juventud, y Nancy, vestida a precios enormes por los más grandes artistas de París, estaba allí ante ella, de tal modo que parecía que su cuerpo hubiera dado nacimiento, por propia voluntad, espontáneamente a los verdes volantes. (Woolf, 1998, 190).

a ser madre y esposa: “Así crecen en un mundo dividido: por un lado los hombres, libres e independientes; y por el otro las mujeres, serviles, dependientes, pasivas, débiles y dulces” (Fainholc, 1994, 12). Esta condición de discriminación, rechazo y subestimación hacia la mujer, seguramente hace pensar lo siguiente a Virginia Woolf: “Leo… luego dejo el libro y me digo: ¿qué derecho tengo yo, una mujer, a leer todas estas cosas que han hecho los hombres?” (Gordon, 1986, 113). Al estudiar la vida de esta autora, vemos cómo por ser mujer era rechazada a causa de su padecimiento de demencia, enfermedad también sufrida por su padre, pero que por ser hombre no era juzgado, ni vista su enfermedad como algo malo. Veamos cómo la condición de mujer no valorada por la sociedad afectaba a la escritora: “En cualquier punto controvertido de la conversación, ella decía que sonaba una campana infundiéndole ‘un deseo intenso de guardar silencio o cambiar de conversación’ de hablar de trivialidades, de la sirvienta o el animal doméstico” (Gordon, 1986, 82). Virginia Woolf, a través de sus personajes en La señora Dalloway, nos muestra, de alguna forma, el reflejo de su época, incluso su propia condición como mujer: juzgada
5 “La señorita Kilman era muy diferente a todas las mujeres que conocía; la hacía sentir a una muy insignificante” (Woolf, 1998,141).

Tampoco entiende por qué Peter no es capaz de comprender su gusto por las fiestas, la belleza y la buena vida. Ella no soporta las personas pobres, ni diferentes, ni mucho menos a las mujeres inteligentes5, lo cual no es reprochable ya que esa fue la forma como la educaron. Otro de los personajes de la novela Las horas es la escritora Virginia Woolf quien, a pesar de ser intelectual, ha tenido que luchar frente a la supuesta incapacidad de la mujer para pensar y así poder tener el lugar como artista y pensadora, porque a ella, al igual que a cualquier otra mujer, se le ha impuesto una educación distinta a la del hombre. Mientras el hombre iba a la universidad, la mujer debía quedarse en casa aprendiendo a tejer, 

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por sus crisis de demencia, por ser brillante, por vestir distinto a las demás mujeres y no tener en cuenta la moda y por ser escritora. Esta historia se repite con el personaje la señora Brown, ya que ésta también es vista como una extraña, incluso como una extranjera, porque desde pequeña le ha gustado leer y permanecer en soledad. Además, Virginia se ve representada en los tres personajes de la novela Las horas, del escritor Michael Cunningham, quien desde la metaficción crea de nuevo a la señora Dalloway en su novela. Cuando hago alusión al parecido de la vida de la escritora con la señora Dalloway, me refiero a esa cotidianidad llena de reuniones, fiestas y encuentros tanto con intelectuales como con personas de la aristocracia; a esa vida llena de cosas bellas y placenteras, porque a Virginia le encantaba vivir bien. Veamos el siguiente apartado para evidenciar su parecido con sus propios personajes, sacado de sus diarios: “piensa que esto se debe a cierta discrepancia en la propia Clarissa; cree que es desagradable y limitada, pero que yo alternativamente me río de ella y la cubro, muy notablemente conmigo misma” (Woolf, 1993, 42). Otro ejemplo, para ver cómo de alguna forma se ve reflejada la vida de la autora en estos personajes, es en el gusto o atracción que siente la señora Brown por Kitty, razón que la lleva a besarla. Esta misma circunstancia de alguna forma la vi-

vió Virginia con Vita: “También me gusta su presencia y su belleza. ¿Estoy enamorada de ella? Pero, ¿qué es amor? El hecho de que ella esté enamorada… de mí, me excita; me halaga y me interesa” (Woolf, 1993, 84). Aunque esto no transcendió a algo más, no obstante, podemos ver con el fragmento la búsqueda siempre constante de sus relaciones con amigos y amigas, y su forma de querer estar y escudriñar el mundo. Su espíritu no estaba atado a prejuicios, sino que se encontraba dispuesto a la indagación tanto intelectual como emocional, era libre y se encontraba llena de preguntas. Cunningham, en Las horas, desde cada uno de los personajes recrea y representa la vida de la escritora Virginia Woolf, quien era una mujer inmersa en su cotidianidad, lo que no implica que fuera un ser simple, por ser también esposa y ama de casa. A través de cada uno de estos ejemplos advertimos que la fuente narrativa usada por la escritora es autobiográfica y que ella, entonces, como autora, es también un personaje. Un personaje que en La señora Dalloway y Las horas, es una y otra vez, en cualquier punto de la historia, una mujer pendulando en el día tras día, tratando de no hundirse ni ahogarse al no ser escuchada por lo que es, o quisiera ser; un ser que reclama un lugar, un espacio en donde poder gritar, llorar, reflexionar, soñar y crear.

Ella, atrapada en su cotidianidad, tal vez vista como trivial, quiere que esta cotidianidad sea vista también como un campo de batalla donde como mujer se reconoce, se conoce y comprende el mundo.

Bibliografía
Cunningham, Michael, Las horas, Grupo Editorial Norma, Bogotá, 2000. Fainholc, Beatriz, La mujer en la educación y la cultura: cómo los géneros son discriminados, Librería del Colegio, Buenos Aires, 1994. Gordon, Lyndall, Virginia Woolf: vida de una escritora, Seix Barral, Barcelona, 1986. Woolf, Virginia, La señora Dalloway, Editorial Lumen, Barcelona, 1998. Woolf, Virginia, Diarios 19251930, Editorial Siruela, Madrid, 1993. 

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Un efecto del modernismo: análisis del relato
Un artista del hambre
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estudiante de estudios literarios de la universidad javeriana. e-mail: macarolina8a@hotmail.com

Franz Kafka es reconocido como uno de los mayores escritores en lengua alemana del siglo XX, época que dio inicio al término modernismo y en la cual el mundo se transformó de manera abrupta en comparación al desarrollo generado en periodos pasados. El análisis a continuación tendrá presente dicho hecho para responder la relación entre el universo narrativo kafkiano y el enfoque intelectual de la sociedad del momento. De acuerdo con Lucien Goldmann6, los textos literarios se definen como totalidades relativas que se insertan dentro de estructuras culturales específicas, cuyo estudio permite darle coherencia, significado y dirección a los mismos; no es preciso aislar al texto del momento social en que fue concebido. Por esto, la obra kafkiana podría atribuírsele a la axiología modernista del siglo XX, al igual que a los movimientos que se generaron dentro de la misma, como el existencialismo y el surrealismo. Goldmann (1985) denomina ideafuerza a la problemática que impulsa la potencialidad creativa de un escritor; en el caso de Kafka, podemos sintetizar esta idea-fuerza en el efecto negativo de la industrialización y el capitalismo en el arte y, más exactamente, como la despersonalización del arte a causa de la opresión de las estructuras.
6 Lucien Goldmann (1913-1970), fue un sociólogo y filósofo rumano. Se destacó por su influencia en la teoría marxista.

de Franz Kafka

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ntre los relatos más reconocidos del escritor sueco Franz Kafka se encuentra el titulado Un artista del hambre, publicado en 1922. En este cuento se encara la creación arquetípica kafkiana: un individuo marginado, incomprendido y victimizado por la sociedad, características que pueden acomodarse de manera directa tanto a la vida de Kafka, como al pensamiento de la época. Para entender esto hay que percatarse de que la simbología kafkiana no pertenece a lo que podría calificarse como ‘universal’, pues se encuentra en inmediata concordancia con la inmensidad del mundo emocional de su autor; podría decirse que Kafka no da cuenta de la condición humana más que de su interioridad. 
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Un artista del hambre narra con precisión una evolución de dicha idea-fuerza, primero, al metaforizar por medio del retrato —diríase romántico y apasionado del ayunador—, al artista hambriento a quien su marginación y su necesidad de un empleo regular le son totalmente indiferentes; y segundo, al plantear a través de éste la alternativa por la soledad como espacio que permite la reflexión de la propia condición, ámbito propicio para la creación artística. Así mismo, el artista podría considerarse como un símbolo de la introspección tanto predicada y practicada por Kafka:
…y volvía después a sumirse en su propio interior, sin preocuparse de nadie ni nada […] Entonces se quedaba mirando al vacío, delante de sí, con ojos semicerrados, sólo de cuando en cuando bebía de un diminuto vaso un sorbito de agua para humedecerse los labios (Kafka, 2003, 222).

bre relegó sus necesidades emocionales y espirituales a un segundo plano. Al igual que el artista del modernismo, el artista del hambre concibe el mundo industrializado como un espacio rebosante de incomprensión; un universo de estulticia: “Nada atormentaba tanto al ayunador como tales vigilantes; lo atribulaban; le hacían espantosamente difícil su ayuno” (Kafka, 2003, 222-223). Tanto así que no presta atención ni siquiera al reloj,

única pieza de mobiliario que se veía en su jaula, ese último indicador de la economía, el cual refiere cuándo es tiempo de ir a trabajar. De hecho, él nunca fija su atención en objeto alguno, tiene total autoridad sobre su propio ayuno; sin embargo, a pesar del estricto control de sí mismo que manifiesta en un comienzo, el artista del hambre se muestra luego notablemente sofocado por la única persona de la que depende: su empresario, pues

Podría considerarse que este aspecto tiene a su vez un matiz surrealista al hacer parte del orbe onírico por el que se hace posible la liberación de la mente humana. Kafka era “un hombre dotado de una conciencia espiritual que le permitía entablar una íntima relación con su dominio interior, era un minucioso observador de su actividad mental” (Robert, 1979, 28). De este punto se desprende, entonces, una particular percepción de la realidad, sobre todo bajo las presiones modernistas del siglo XX, una época en la que el hom- 

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éste ha impuesto un tiempo límite a su periodo de ayuno, tiempo tan inseparable de su mente capitalista, cuestión por la que, a su vez, insiste reiteradamente, empero de la resistencia del artista. Relevante es la manera como el artista pierde la mayor parte de su voluntad al verse obligado a abandonar su arte:
Entonces el ayunador sufría todos su males: la cabeza le caía sobre el pecho, como si le diera vueltas, […] el cuerpo estaba como vacío, las piernas, en su afán de mantener-

cia y oposición a la necesidad del modernismo por encontrar aquello que retiene y desvía el progreso y reemplazarlo por nuevas y, desde luego, mejores maneras de alcanzar dicho fin. Consecuentemente, dicho conflicto refiere a la apreciación que tiene el público con relación al arte, a diferencia del artista. Kafka remarca esta distinción en la actitud desalentadora del personaje, en su imposibilidad de satisfacción, pues dada la —para el artista— inaudita incomprensión del ayuno por par-

vializan su arte al creer que él está, de alguna manera, haciendo trampa, razón por la cual no le prestan la atención que busca: “lo juzgaban un reclamista, o un vil farsante para quien el ayuno era cosa fácil porque sabía la manera de hacerlo fácil y que tenía, además, el cinismo de dejarlo entrever” (Kafka, 2003, 224). Así, el artista del hambre es una metáfora del artista incomprendido, alienado del mundo aún a través de su arte, cosa que en una sociedad modernista es entendi-

se en pie, apretaban sus rodillas una contra otra; los pies rascaban el suelo como si no fuera el verdadero y buscaran a ésta bajo aquél (Kafka, 2003, 225-226).

Este es el momento en el cual el artista hace una desesperada reflexión sobre por qué la obligación a hacerlo salir de su jaula. Este carácter del ayunador podríamos referirlo a una especie de resisten-

te del público, él es el único que puede entender su arte, y así las cosas nunca se halla satisfecho. De esta manera, dicha satisfacción nos remita a una no-plenitud de la recepción de su arte porque, en lugar de un serio esfuerzo artístico, el ayuno se torna un entretenimiento designado a apaciguar y deleitar al público. Ésta malinterpretación frustra terriblemente al artista, pues también los espectadores tri-

ble, dada la despersonalización del arte mencionada anteriormente y la consecuente transformación de lo artístico, que pasa de ser una acción inspiradora del espíritu a un mero medio de entretención. El problema tratado es, entonces, un ciclo vicioso de sufrimiento experimentado por el artista del hambre: él sufre su encierro físico en la jaula y su encierro moral en el ayuno y, además, su sufrimiento se 

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acrecienta luego de notar que no puede hacer entender su arte. Al final del relato, Kafka nos da a entender la complejidad de su idea-fuerza: “el artista del hambre se despidió del empresario, […] y se hizo contratar en un gran circo, sin examinar ni siquiera las condiciones del contrato” (Kafka, 2003, 228); su indiferencia ante el contrato indica hasta dónde ha llegado la pérdida de su voluntad. En este punto del relato, el conflicto entre el ayunador y el público se centra en cómo el artista es forza-

que pasaran por delante del ayunador y se detuvieran allí un momento (Kafka, 2003, 228-229).

A partir de este punto de la narración, la perspectiva del personaje toma rasgos existencialistas: cuando el empresario lo obliga a salir, el artista del hambre se percata de que crear el significado de su propia vida es responsabilidad enteramente suya, cuestión que puede notarse en la depresión en la que se sume, y que explota con la siguiente conclusión —refiriéndose a la acusación de engañifa y estafa que hizo algún espectador—: “fue ésta la más estúpida mentira que pudieron inventar la indiferencia y la malicia innata, pues no era el ayunador quien engañaba: él trabajaba honradamente, pero era el mundo quien se engañaba en cuanto a sus merecimientos” (Kafka, 2003, 231). Finalmente, el artista del hambre muere, no sin antes dar a entender que el mundo no está diseñado para él. Es natural que le cause sufrimiento, pues si no estuviera tan alienado, comería con gusto; esta declaración, podría afirmarse, desplaza el libre albedrío de la autonegación que antes codició, lo cual lleva a la conclusión: en su ayuno hay es una mera acción reflexiva y no una decisión consciente de sufrir. Teniendo en cuenta esto, es posible afirmar que Un artista del hambre tiene una visión de mundo idealista-subjetiva dentro de la cual, dice

Wundt, la idea se concibe como “la regla de validez universal que tiene su base en el sujeto y se aplica como pauta a toda realidad para contrastar su verdad, su bondad o su belleza” (1983, 434). Así, por medio de dicha visión, desde la individualidad, el sujeto se realiza un cuestionamiento del mundo a través del estancamiento bajo búsquedas que no concluyen. El artista del hambre, así como el artista en la modernidad, se encuentra supeditado a “un mundo estructurado que ha suprimido todo valor a su espíritu y a su arte, y que se encuentra atosigado por el miedo y la indiferencia” (Robert, 1979, 31), ambas causas de su incomprensión. Así, el ayunador pregunta por la ilogicidad y la injusticia implicadas en la insistencia del empresario, quien alude al término del tiempo de ayuno:
¿Por qué suspender el ayuno precisamente entonces, a los cuarenta días? Podía resistir aún mucho tiempo más, un tiempo ilimitado […] ¿Por qué arrebatarle la gloria […] la de sobrepujarse a sí mismo hasta lo inconcebible, pues no sentía límite alguno a su capacidad de ayunar? (Kafka, 2003, 225).

do a comercializar aún más su arte; es reducido a un obstáculo, dada la ubicación que le otorgan en el circo:
Aceptó sin dificultad que no fuera colocada su jaula en el centro de la pista, como número sobresaliente, sino que se la dejara fuera, cerca de las cuadras […] En los intermedios del espectáculo, cuando el público se dirigía hacia las cuadras para ver los animales, era casi inevitable

Convirtiéndose en insistencia derivada de la apatía del burgués con respecto al arte del ayunador. Las instancias ocultas que agitan al artista del hambre pueden carecer de un curso claro de acción; sin embargo, a través de su búsqueda introspectiva por exteriorizar la esencia de su arte, debate y cues- 

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tiona la necesidad del modernismo por demostrar la permanencia de las nuevas realidades forjadas a partir de la era industrial y mecanizada; asimismo, problematiza el argumento de que las personas deben adaptar su punto de vista a aceptar que lo nuevo es también algo “bueno” y “bonito”, arrancando a la sociedad de su miserable forma.

SINCRETISMO RELIGIOSO EN VILLA DE LEIVA
david riCardo tarazona CalleJas
licenciado en humanidades y lengua castellana de la universidad distrital francisco josé de caldas. e-mail: srsarcasmo_1@hotmail.
com

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Bibliografía
Kafka, Franz, “Un artista del hambre”, En: Relatos completos, Traducción Francisco Zanitgh Núñez, Losada, Buenos Aires, 2003. Goldmann, Lucien, El hombre y lo absoluto: el Dios oculto, Península, Barcelona, 1985. Robert, Marthe, Franz Kafka o la soledad, Traducción de Jorge Ferreiro Santana, Fondo de Cultura Económica, México, 1979. Wundt, Max, “Ciencia literaria y la teoría de la concepción de mundo”, En: Ermatinger, Emil, Filosofía de la ciencia literaria, Fondo de Cultura Económica México, 1983.

anderson domínguez moreno
licenciado en humanidades y lengua castellana de la universidad distrital francisco josé de caldas. e-mail: andefy@hotmail.com

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Presentación

ste texto pretende hacer un esbozo teórico y temático de una investigación que busca aportar elementos a la indagación sobre la identidad cultural en Colombia, a partir de la comprensión del fenómeno del sincretismo religioso ocurrido entre el pueblo nativo muysca7 y el pueblo castellano.
* Este texto se genera a partir de la investigación monográfica presentada por los autores al Proyecto Curricular de Humanidades y Lengua Castellana de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas para obtener su título profesional. Muysca se toma de los registros clásicos, los cronistas y las fuentes primarias del siglo XVI y XVII.

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Esta investigación busca identificar el papel de la organización religioso-política del Nuevo Reino de Granada y su incidencia en la actualidad, a través del análisis y la interpretación del sincretismo religioso ocurrido en el Valle de Saquenzipa y la población de Villa de Leiva, en una revisión del génesis y primeros estadios de la evangelización y castellanización ocurrida en los siglos XVI y XVII. Se basa en una indagación documental, de trabajo de campo con aplicabilidad pedagógica, que es presentada en tres apartados en cada uno de los cuales se aborda un componente temático del fenómeno a través de los estudios y disciplinas específicas que intervienen en su interpretación y de los datos etnográficos de los monumentos analizados. En el primer apartado se describe y analiza la organización religiosa muysca, partiendo de los vestigios de un antiguo observatorio astronómico ubicado en Monquirá, en cercanías a Villa de Leiva, un importante monumento relacionado con el culto a la fecundidad sobre el cual se realizó una experiencia de campo. También se revisaron documentos para poder reconocer las creencias y las prácticas rituales de este pueblo, y se identificó en la simbología presente en los objetos votivos la manera como eran representadas sus creencias, para así evidenciar la presencia indígena en el orden religioso colonial.

En la segunda parte se hace un acercamiento al papel representado por la Iglesia católica en la conformación social europea de la Edad Media, especialmente en la monarquía castellana. También se identifica la concepción religiosa de las órdenes castellanas que llegaron a territorios indígenas en el Nuevo Mundo, especialmente la de las órdenes agustinas, para lo cual se revisaron documentos de fuente primaria que muestran las fórmulas legales del establecimiento de templos y claustros para la evangelización y castellanización de los nativos, y la relación con la fundación de ciudades y villas, así como textos teológico-filosóficos que expresan el espíritu religioso católico. En el tercer apartado se aborda el papel que cumplió la Iglesia católica por medio de las órdenes religiosas en la evangelización y castellanización del pueblo muysca, enfatizando en la labor realizada en el Valle de Saquenzipa y su relación con la fundación de pueblos y villas, puntualizando en la fundación de Villa de Leiva. Así mismo se revisaron las herramientas utilizadas por las órdenes religiosas agustinas para enseñar la doctrina

a los indígenas muyscas, como la gramática y el catecismo en chibcha, al igual que el arte religioso, que servía como herramienta didáctica para transmitir el evangelio. Por último se evidenció por medio de estudios antropológicos e históricos que parten del análisis de documentos de los siglos XVI y XVII, el sincretismo religioso a través de las nuevas prácticas sociales asumidas por los indígenas; pese a que las creencias religiosas católicas ocupaban un lugar privilegiado, no podían ocultar la presencia de las creencias nativas en el arte religioso de la época.

Metodología
Esta investigación de enfoque cualitativo parte de un hecho histórico, en cuya reconstrucción e interpretación intervienen dos tipos de evidencias materiales: monumentos y documentos, por lo cual se encuentra estructurada en tres aspectos: i) Indagación documental-histórica, debido a la naturaleza del fenómeno cultural analizado, en donde aparecen referencias (estudios e investigaciones) provenientes de varias disciplinas y enfoques, las cuales poseen una relación temática, etnológica y epistemológica; ii) Reconocimiento etnográfico, pues 

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el trabajo de campo complementa la indagación documental al entrar en contacto con los monumentos estudiados, recolectar información in situ a partir del acercamiento y reconocimiento del observatorio astronómico muysca (estructura, funcionamiento, prácticas rituales, mitología y simbología) y los templos de San Agustín de Villa de Leiva y la Candelaria (ubicación, arquitectura colonial y arte colonial), búsqueda de fuentes primarias (Cédulas reales y Autos), que aparecen como valiosos aportes a la base documental del estudio sobre la fundación de templos e iglesias y la instauración del sistema religioso colonial; iii) Aplicación pedagógica, consistente en la puesta en práctica de la indagación, en donde se socializa el proyecto edu-

cativo diseñado para la enseñanza de las Humanidades y la Lengua Castellana en la escuela a través de temáticas en donde se reconoce la identidad cultural y el sincretismo religioso.

Disciplinas que aportan a la investigación
La indagación acerca del sincretismo religioso se encuentra construida por diversas disciplinas, de las cuales se tomaron como áreas epistemológicas matrices la Historia y la Antropología cultural, de las que se derivan una serie de relaciones con otras disciplinas de apoyo que van vislumbrándose a lo largo del desarrollo interpretativo del fenómeno.

La ciencia histórica permite recrear el pasado por medio de un esfuerzo científico enfocado en describir, pensar y explicar las transformaciones de la cultura (Le Goff, 1991). En este caso, se analiza una transformación religiosa por ser un elemento constitutivo de la cultura. La religión surge de las manifestaciones sagradas que el humano simboliza a partir de su realidad natural, y la diferencia entre dos experiencias religiosas es el resultado de las variaciones económicas, culturales y de organización social, es decir, de la historia misma. Al investigar un hecho histórico es necesario tener en cuenta los elementos que lo conforman, sus propiedades, las relaciones que lo constituyen, la memoria humana o tradición, elementos que confor- 

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man las fuentes del conocimiento histórico directas e indirectas. Las fuentes directas son las fuentes escritas y no escritas, los restos naturales y los hechos por el hombre (monumentos analizados del Valle de Saquenzipa y documentos de fuente primaria). Las fuentes indirectas son las fuentes escritas y no escritas que transmiten información sobre el fenómeno y las que se crearon sin ese fin (Topolski Jerzy, 1985), en este caso, los estudios e investigaciones que desde varias disciplinas aportan elementos para interpretar el sincretismo religioso en Villa de Leiva. La historiografía nos permite reflexionar acerca de la forma como fue llevada a cabo la evangelización de los pueblos indígenas del Valle de Saquenzipa, a partir del análisis de documentos y monumentos. La investigación busca reconocer el espíritu religioso de las dos culturas y su influencia en sus organizaciones políticas y sociales, datos que nos permiten reconocer la estructura cultural de los pueblos que entran en relación. Esta identificación cultural responde a un abordaje antropológico cultural, ciencia que tiene como objeto de estudio al hombre y su desarrollo cultural en un continuum temporal; se interesa por los elementos del comportamiento del hombre en sociedad y el orden de estos elementos dentro del patterns (patrones) que reciben el nombre de cultura (Cone y Pelto, 1977).

El análisis del fenómeno del sincretismo religioso desde la antropología cultural nos permite poner en relación al pueblo muysca y al castellano a partir de la identificación de su estructura religiosa, y evidenciar cómo ésta se constituye en un elemento determinante en su composición cultural. Dicha identificación entrega elementos para mostrar la forma como estos pueblos se integraron a partir del establecimiento del catolicismo, y cómo los indígenas ocultaron en sus devociones símbolos y comportamientos propios de su religiosidad. Según Paul Ricoeur, los símbolos constituyen el núcleo ético-mítico de una cultura, es decir, el corazón o alma de la misma. Precisamente en las expresiones simbólicas es donde hay que poner la identidad cultural. Por otro lado, la historia de las religiones, además de un estudio del origen y la difusión de un símbolo religioso, también busca comprenderlo, lo cual significa devolverle todos los significados que tuvo durante el transcurso de la historia, actuando como un hermeneuta más que como un filólogo. Dichos símbolos tienen la capacidad de enriquecerse durante su historia; por eso, los símbolos cambian su significado de un contexto cultural a otro. Si en un momento de la historia un símbolo religioso expresa con claridad un significado trascendente, es justificado suponer que ese significado haya sido aprehendido de una época anterior (Eliade, 1957).

Finalmente, en un estudio sobre un fenómeno cultural como el ocurrido entre muyscas y castellanos se hace necesario abordar el lenguaje, puesto que por medio suyo se pueden analizar e interpretar las manifestaciones de los pueblos relacionados para llegar a una comprensión de los hechos humanos. El proceso del comprender es abordado desde la Hermenéutica, disciplina que se preocupa por la interpretación de las formas de existencia individual, elevadas hasta la objetividad y hacerlas entendibles (Dilthey, 2000). Este proceso de comprensión de un producto de la interioridad humana sólo puede realizarse a través de signos dados sensiblemente desde fuera. Según Dilthey, es un proceso metodológico que busca comprender manifestaciones de la vida fijadas de modo duradero mediante la exégesis o interpretación, a partir de una mirada filosófica de la vida hermenéutico-histórica. En este sentido, la Hermenéutica aparece en este estudio en una doble vía: como metodología para analizar e interpretar los documentos, que son construidos de lenguaje, y como interpretación que permite comprender un fenómeno histórico. En cuanto a la interpretación de hechos históricos como el que aquí nos ocupa, la tradición es para Gadamer (1977) el lugar de manifestación de la verdad. Por tanto, la finitud humana ya no debe ser tematizada como histori- 

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cidad sino como “lingüisticidad” (Sprachlichkeit): la tradición que se nos da en el lenguaje es lo que limita nuestra comprensión, pero es también lo que la posibilita. Es por esto que cualquier texto del pasado es abordado ahora con una actitud de sospecha hacia su verdad inmediata. La conciencia moderna adopta una posición reflexiva y crítica respecto a cada voz proveniente del pasado, tratando de ubicarla en su contexto originario, en la situación histórica concreta en que tuvo su origen para descubrir el valor y la significación relativa que le conviene. Se hace así explícito el comportamiento interpretativo que interviene en toda apropiación del pasado. La religiosidad del pueblo muysca Conocer las concepciones religiosas de los muyscas es determinante para la comprensión de su estructura social, su organización política y las relaciones que establecieron con otros pueblos. La investigación enfatizó en Villa de Leiva por haber sido fundada en un lugar de paso entre dos importantes centros ceremoniales

nativos: la Laguna de Iguaque y el observatorio astronómico en Monquirá. Para los muyscas, las manifestaciones sagradas se encontraban en el culto a deidades que representaban elementos vitales de la naturaleza. Una de las creencias más importantes para este pueblo nativo fue el culto al sol (Sua), para el cual realizaban procesiones, ofrendas, rituales y sacrificios. En la orfebrería y alfarería hallada se encuentran con bastante recurrencia símbolos que representa a Sua y que eran objeto de ofrenda. Según los descubrimientos del investigador Eliécer Silva Celis (1981), en el observatorio astronómico muysca ubicado en Monquirá se desarrollaron actividades ceremoniales y rituales, numerosas fogatas, ofrendas, sacrificios y actividades religiosas para mantener al sol funcionando y en permanente actividad. Según sus descubrimientos, los monumentos de piedra tallada fueron erigidos con fines astronómico-religiosos. Estos rituales aparecen reflejados en varios conjuntos de pictografías rupestres en donde sobresalen el sol, la luna, las estrellas, rayos, plantas y

animales pintados en rojo. Las masas pétreas se encuentran ubicadas en las zonas elevadas y dominan horizontes muy amplios, cerca de ellas pasan corrientes de agua y son parte de los centros de observación astronómica. Además, en el observatorio se encuentran los falos muyscas que son la expresión plástica del culto a la fecundidad: el miembro viril aparece como elemento portador de fuerza mágica. El misterio de la fecundidad genera un culto religioso, que se encuentra relacionado con las energías reproductoras de la naturaleza en muchas de las culturas primigenias de la humanidad. Las representaciones de falos y vulvas que exhiben sus obras de arte en los tunjos de oro y cobre y las esculturas antropomorfas modeladas en madera, piedra y arcilla cocida, responden a un ideal de función sagrada que se relaciona con el culto a la fecundidad del hombre y de los campos. Para encontrar qué divinidades de la religiosidad muysca podrían relacionarse con la ceremonia practicada en Monquirá indagamos en sus mitos, provenientes de los registros de los cronistas de la época. Se hace importante la mitología porque las representaciones que tenga una sociedad de su historia mítica se convierten o traducen en el acontecer social en comportamientos, actitudes, ritos, maneras de ser y actuar, hecho que genera los modelos sociales cotidianos o 

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las maneras del buen comportamiento. A partir de la mitología se pueden reconocer los elementos que conforman la identidad cultural de un pueblo. Para los muyscas Bachué era el símbolo de la fertilidad tanto del hombre como de la tierra. El de Bachué es un mito que constituye un elemento vital dentro de la religiosidad de este pueblo: al final del mito Bachué se transforma en una serpiente, símbolo presente en múcuras, copas ceremoniales y en muy variadas piezas de metalurgia, sola o en combinación escénica. El símbolo de la serpiente es un punto crítico en el encuentro de las dos culturas, ya que la representación de la serpiente en los muyscas contenía un espíritu de

comunión con el agua, elemento que les ofrecía alimento y renovaba la vida. Sin embargo, para los evangelizadores, la serpiente es alegoría de maldad, de pecado, por lo cual surgen drásticas políticas que persiguen y castigan las prácticas paganas e idólatras en donde se adore a la serpiente. Este símbolo desaparece, ocultándose y desplazándose hacía la advocación mariana. Las divinidades que representaban el culto solar en los muyscas eran Chiminigagua y Bochica, y es a partir del mito sobre la primera de estas deidades que se explican el origen del mundo. En él, como en la mayoría de las culturas, se parte de principios fundamentales, entre ellos el reconocimiento de un dios como principio de todas las cosas con atributos muy bien definidos:

omnipotencia, poder creativo, bondad; todo lo bueno que hay en el mundo es manifestación de esa divinidad. Por su parte, Bochica fue el dios por medio del cual los muyscas explicaron el origen de su civilización, debido a su carácter “misionero”, a su austeridad, ejemplo y bondad hacia los hombres. La presencia de Bochica señala el origen de la civilización muysca, la conexión en que se presenta el famoso civilizador de los chibchas con signos pictográficos tales como el cruciforme, el caliciforme y toscas y esquemáticas figuras antropomorfas. Con la imagen mítica de Bochica se asocian los dibujos de las primeras pictografías y el comienzo de las industrias y el arte. La peregrinación de Bochica termi- 

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na en Sogamoso, y las crónicas señalan que en este lugar se construye el Templo del Sol; el Suamox se constituye en la máxima autoridad religiosa del territorio muysca, al ser el representante de Bochica en la tierra: los cronistas realizan el símil de Sogamoso con El Vaticano. El Templo del Sol fue un centro ceremonial mayor, un santuario exclusivo, no asequible a todos los hombres, pues era un lugar dedicado a actos religiosos en ocasiones especiales. En estudios sobre los límites internos del pueblo muysca y su organización política dividida en los territorios del Zipa y del Zaque, se muestra que tal organización está sustentada bajo profundas creencias que legitiman el poder al darle cualidades divinas a los Caciques (Falchetti, 1973; Colmenares, 1997; Londoño, 1992); en este caso se trata de la figura de Goranchacha y sus antecesores, quienes tienen la facultad de ser divinidades. En el mito de Goranchacha encontramos aspectos importantes de la relación entre religiosidad y orden político: se trata de una lucha por el poder sustentada bajo cualidades mágico-religiosas de los Caciques más poderosos de todo el territorio muysca debido a su origen divino-solar; estas creencias míticas estaban legitimando la forma de organización política. La ocupación del gobierno de Tunja y el derrocamiento del Cacique legítimo muestran la pugna por el poder y las guerras territoriales,

ocurridas en el norte del territorio por un afán de unificación religiosa, política y económica. El mito de Goranchacha y su veneración muestran una simbolización interesante sobre el culto a la fecundidad, en donde la doncella aparece como la luna que busca los amores del Sol (Sua) que concibe de él a Goranchacha, una muestra más de los poderes de esta divinidad para fecundar la tierra y al muysca. El origen divino de Goranchacha, en donde interviene la potencia solar para fecundar a una de las hijas del Ramiriquí, conservando ésta su doncellez, cobrará gran importancia en el proceso de evangelización, debido a que los misioneros encontraron en las tradiciones muyscas elementos que permitieron inculcar la fe católica a través del culto mariano, culto que desplazaría gradualmente la creencia en la madre Bachué. La expansión de la fe cristiana La Iglesia católica es la sociedad de los que creen en Jesucristo, como Dios encarnado, con la misión de redimir a la humanidad y darle a conocer la plenitud de la revelación de Dios. Es una institución religiosa que se extendió por gran parte del mundo, transformando las creencias de diversos pueblos. La cristiandad surgió en un régimen esclavista, y se difundió rápidamente debido a las difíciles condiciones en que se encontraban las provincias romanas. Muchas de sus

creencias, ritos y cultos provienen de las antiguas creencias hebreas y de otras religiones del Cercano Oriente. La Iglesia surge dentro del Orbis romanus que se extiende desde las columnas de Hércules hasta el mar Egeo y desde las costas de Egipto y de África hasta las de Galia, de Italia y de España, lugares que conservan una profunda tradición romana. Las primeras comunidades cristianas se forman en el Imperio Romano de Oriente, en Palestina. Durante los primeros tres siglos la Iglesia estuvo expuesta a una cruel persecución por parte del Imperio, quien veía en ella una latente amenaza; sus fieles eran torturados, encarcelados y asesinados. Los creyentes aceptan la muerte y la tortura antes que renegar de su religión: aparece la figura del mártir, un símbolo que fue plasmado constantemente a través del arte religioso. Los apóstoles peregrinaron y fundaron iglesias en las ciudades principales, las cuales se consolidaron como centros religiosos que agrupaban otras iglesias y poseían soberanía sobre ellas. Así, a mediados del siglo III la Iglesia de Alejandría tenía una cierta soberanía sobre todos los obispos de Egipto, y las iglesias de Italia tenían una especial dependencia del obispo de Roma. Este movimiento de agrupación de las iglesias en torno a la Iglesia de la ciudad o metrópoli principal, muestra los comienzos de la organización social de la Iglesia. 

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La Iglesia realizó una gran expansión geográfica, desde Palestina se extiende por Asia Menor, Grecia, Italia, Egipto y África, a las Galias, España, Alemania y Gran Bretaña. Es una expansión proselitista, que se evidencia a partir de la fundación de iglesias. La nueva orientación comienza, pues, a asociar por vez primera religión y moralidad. Simultáneamente con esta lenta transformación religiosa comienza a actuar, por la asociación a la misma de ideas éticas, otra nueva fuerza o tendencia conocida como sincretismo. La gradual sujeción de casi la totalidad del mundo conocido a la hegemonía política del Imperio Romano trajo consigo un ensanche del campo de visión: desaparecieron viejas barreras, como las fronteras entre naciones y al convertirse gran parte del mundo

en un solo Estado, sus diferentes culturas y sus innumerables religiones empezaron a influirse y a fusionarse como nunca había ocurrido hasta el momento. Ante las constantes deformaciones del dogma, comunidades de religiosos encuentran en el monacato la manera de mantener la fe intacta. Les pareció necesario aislarse de la vida cómoda para buscar a Dios, y así en los desiertos de Egipto primero, y luego por todo el mundo cristiano aparecen monjes y ermitaños. El monacato consistía en el establecimiento de monasterios cristianos con un sistema de vida común, bajo la dirección de un superior, y todos debían atenerse a una misma norma en la oración, austeridades, trabajo y obediencia.

España atraviesa un gran proceso de conversión en el siglo XII, razón por la cual se generan grandes enfrentamientos contra moros y judíos. España se declara cristiana y se consolida en un importante centro de cristiandad: se consolida una forma de Estado, se establece una identidad entre la sociedad y se crea una comunidad política en donde el Rey es el depositario de la soberanía. Es Dios, quien por el procedimiento objetivo de la herencia, selecciona al monarca y le impone el “deber” de reinar; éste asume entonces la soberanía que pertenece al reino, una comunidad política que se define por su fe, de la que deriva el principio básico del derecho, la ley divina positiva y el orden moral. 

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El desarrollo del humanismo español repercute en la reforma eclesiástica que tuvo lugar en Europa desde el siglo XIV. La reforma de la Iglesia señala el vivir en plenitud el cristianismo; la Iglesia reclama de todos sus miembros un constante esfuerzo de reforma interior a fin de acercarlos a las metas de perfección. La conversión interior del hombre aparece como la virtud para ganar el cielo. Los humanistas españoles hicieron una poética sobre la naturaleza del hombre y la fe cristiana como realidad del saber, un conocimiento poético que se expresa a través del arte, y la palabra oral o escrita asume una gran importancia. Los Reyes Católicos, Fernando e Isabel, fueron grandes defensores de la fe en Europa, unificaron el reino español e impusieron el catolicismo como única religión, incentivaron el desarrollo de las letras y las artes, las cuales se encontraban profundamente relacionadas con el espíritu cristiano de la época, y bajo su gobierno surge el Siglo de Oro español y el descubrimiento de América. Evangelización y castellanización del pueblo muysca La Iglesia católica realizó un proceso de castellanización y evangelización en la región cundiboyacense que es indispensable comprender para abordar los aspectos culturales que configuran a la nación colombiana,

puesto que el territorio ocupado por los muyscas se convirtió en el centro político, religioso y social del país desde la época de la Colonia. La construcción de templos y monasterios católicos fue uno de los mecanismos de expansión y conversión que se utilizaron, y que siempre ha usado la Iglesia católica a lo largo de su historia. El arte religioso es uno de los mecanismos más efectivos de conversión, resultando en la devoción de imágenes católicas con una fuerte carga simbólica por parte de los indígenas. El arte fue uno de los puntos de encuentro de estas dos culturas, puesto que el lenguaje de las imágenes y el ornato de las iglesias permitió a los muyscas apropiarse de las devociones católicas. El proceso de conversión de los indígenas muyscas se produjo a la par con la implantación de un proyecto colonizador que integrara los territorios y las recientes conquistas dentro del Imperio español, siendo asunto prioritario para la Corona la cristianización de los nativos. La Iglesia asume un papel principal y privilegiado en la época de la Colonia y sus discursos se convierten en el modelo mediante el cual la Corona española creó un código para unificar la diversidad indígena, sometiendo y normativizando la vida cotidiana de los pueblos conquistados. Sin embargo, este proceso de evangelización no fue inmediato y aparecieron una serie

de conflictos con la implantación de las prácticas del cristianismo. Para los conquistadores los indígenas eran seres inferiores, bárbaros con los que había que emplear la violencia; para los eclesiásticos, dicha concepción era censurable, puesto que les reconocían diversos grados de sociabilidad y cultura. Vemos reflejado en los modos de evangelización de las primeras órdenes de religiosos llegadas al 

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Nuevo Reino de Granada, la transición que hubo y el cambio gradual de forma para relacionarse con los nativos y evangelizarlos. Aunque muchos religiosos también usaron la violencia y hacían ver al indígena la doctrina cristiana como una forma más de opresión y control, otros espíritus comprendieron muy pronto que la labor de la evangelización sería lenta.

Villa de Leiva, ubicada en el Valle de Saquenzipa, por estar situada en un punto medio y estratégico entre dos lugares sagrados muyscas, se convierte para la instauración del sistema colonial en un importante centro religioso y administrativo que busca controlar el culto de los habitantes de los pueblos de indios, por medio de la edificación de monasterios que permiten expandir la evangelización de los nativos. Sin embargo, otra de las dificultades con las que se encuentran la Corona y la Iglesia es la construcción de dichas edificaciones, las cuales tardaron en erigirse por la falta de recursos, mano de obra y materia prima acorde. Esto obligó a que en el Nuevo Reino de Granada se utilizara la mano de obra indígena y los recursos que brindaba el entorno, resultando un proceso de mezcla entre construcciones europeas e indígenas. Las iglesias parroquiales eran indispensables en la estructuración de las nuevas poblaciones, puesto que era alrededor de ellas en donde se hacían los asentamientos de estos pueblos de indios. El propósito de los agustinos de dedicarse a la evangelización de los indios los convirtió en una de las tres órdenes consideradas oficialmente como las únicas misioneras en el Nuevo Mundo. Por este sello oficial, gozaron del privilegio de que sus gastos económicos fueran sufragados por la Corona.

La relación entre doctrina y lengua, entre evangelización y castellanización es directa, puesto que otro de los propósitos de la Colonia era expandir la lengua castellana. El proceso de evangelización se hubiera hecho imposible sin el entendimiento de los mensajes cristianos y de la doctrina. Un aspecto fundamental que no se puede pasar por alto es que la lengua de la cultura muysca era el chibcha, que desapareció como lengua natural después de la implantación del castellano. Así, vemos que España era un Imperio en formación en el que ocurre la expansión del castellano a través de gramáticas y ortografías, herramientas lingüísticas indispensables para la conversión religiosa y lingüística de los pueblos aborígenes, como sucede en el caso de la evangelización y castellanización de este pueblo. En 1580 la Corona española ordenó a todos los religiosos aprender los idiomas de los indígenas. En el Nuevo Reino se reconoció al chibcha como la lengua general que unificaba la diversidad de los colonizados y ayudaba a crear una identidad sobre los indígenas coloniales, y se dictó una Real Cédula por medio de la cual se establecía la cátedra de dicha lengua en la ciudad de Santa Fe. En el Instituto Caro y Cuervo existe un Diccionario y Gramática Chibcha (1987), manuscrito anónimo de la Biblioteca Nacional de Colombia. La transcripción y el 

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estudio histórico-analítico fueron hechos por María Stella González de Pérez en 1987, el cual abarca las indicaciones necesarias para el manejo del idioma, tanto en la forma escrita en que el autor lo convierte, como en la forma oral. Este mecanismo fue el más efectivo para la castellanización, puesto que al poder entenderse con los nativos en su lengua natural, podían enseñarles la doctrina y a la vez la gramática del castellano. El papel de los agustinos en este respecto fue fundamental, puesto que fueron los que más realizaron estudios y avances con respecto a la lengua chibcha en la época de la evangelización. Como ya se ha anotado, el Valle de Saquenzipa se convirtió en un lugar estratégico de evangelización para el pueblo muysca, debido al valor espiritual que tenían estos territorios para su religiosidad. Monasterios de las tres órdenes evangelizadoras en el interior de la villa y otros en los alrededores, evidencian el interés profundo de los religiosos católicos por este territorio. Los agustinos en particular erigieron un convento en el interior de la villa, Claustro y templo de San Agustín, y otro en los alrededores, el convento Desierto de la Candelaria. En Villa de Leiva fue fundado en 1580 El Claustro y templo de San Agustín el que, al igual que las construcciones de las comunidades religiosas en las nuevas tierras, dependía de las donaciones y el

apoyo de la Corona. Debido a esto la construcción de su edificación se prolongó treinta años a partir de su fundación en 1580. Además de los templos también se fundaron los conventos o monasterios que se construyeron siguiendo el espíritu asceta que impulsaba a los miembros de las órdenes a retirarse de las poblaciones principales y asentarse en el desierto, y que se encargan de adoctrinar a los habitantes de los alrededores de la villa. Los Agustinos Recoletos fundaron el convento del Desierto de la Candelaria en las cercanías de Villa de Leiva en el año de 1604 oficialmente como ermita de la recolección agustina y como cuna de la gloriosa Recolección Agustiniana en América, porque la obra se había iniciado desde 1597. Al tiempo se terminó el cuadro de La Virgen de la Candelaria, encargado en Tunja al pintor Francisco del Pozo y se puso en el altar mayor de la capilla. Procedentes de talleres de Sevilla, llegan a la Nueva Granada Francisco del Pozo y Angelino Medoro, pintores andariegos, que establecen obradores en los virreinatos de la Nueva Granada y Perú. Estos obradores tienen una gran importancia didáctica en el aprendizaje y formación del artista (pintores, escultores, alarifes, decoradores y orfebres), en estos talleres son incluidos como aprendices los nativos debido a su gran inclinación hacia el arte.

La imagen es definitoria en una sociedad que durante los siglos XVI al XVII contó con población analfabeta en un alto porcentaje. Los conceptos así expresados pasaron a la pintura y la arquitectura quedando plasmados como testimonio de unos hombres que priorizaron su relación con la divinidad por sobre todas las cosas. Se produjo una integración: los valores indígenas fueron modificando los aportes europeos hasta convertirlos en algo muy diferente de lo que originalmente eran. La integración entre europeos e indígenas es escasa en los primeros tiempos, cuando el impacto guerrero y político impuso los moldes humanistas, pero a medida que el tiempo transcurre los nativos aculturados van cobrando mayor fuerza, hasta constituirse, junto con los otros americanos — mestizos y criollos— en un factor importante dentro de las artes. Durante los siglos XVI y XVII la obra de arte en América es dominada por la estética occidental, y a finales del XVII comienza a aparecer la sensibilidad indígena expresada en las obras de arte presentes en las iglesias: las culturas indígenas se expresan más fácilmente por las artes que por las letras. La inserción del elemento indígena, que arrastra tras de sí sus mitos religiosos, determina la modificación, aunque en pequeña escala, de la temática cristiana y tiende a la creación de una iconografía local. 

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Teniendo en cuenta todas las estrategias de evangelización usadas a finales del siglo XVI, ya en el XVII estaban cambiando muchas de las circunstancias problemáticas en las cuales se había dado este proceso. El número de conventos y de religiosos había aumentado y su presencia en medio de los poblados indígenas era más frecuente. Los problemas de comunicación entre indígenas y sacerdotes se solucionaban con la publicación de los textos bilingües y con el aumento de indígenas que para esta época conocían el castellano. Sus templos, que en el siglo XVI eran de paja y se destruían con cada aguacero, ahora se estaban edificando en piedra y madera. Algunos de estos indígenas hicieron parte de agrupaciones como las cofradías, creadas para conservar el ornato del culto, para revestir de imágenes y las paredes de las recién construidas iglesias, para mantener la cera suficiente que ilumina altares y retablos, como resultado de la conversión al catolicismo de los indígenas de las nuevas generaciones. El indígena fue obligado a cambiar su sistema de solidaridad social desvertebrado por la dominación colonial y reemplazado por instituciones como la cofradía, adaptadas de tal forma que las transformaban y los nuevos cristianos de las cofradías acudían a mingas y juntas de origen indígena, censuradas por las autoridades como borracheras.

La instalación del cristianismo en las comunidades indígenas a la altura del siglo XVII fue tal que las élites indígenas locales, excluidas de las crónicas oficiales, se representaron a sí mismas a través de símbolos y modelos creados durante la historia del cristianismo al punto de que además de las cofradías, existían caciques que participaban como donantes para la elaboración de arte religioso en las nuevas iglesias. Este tipo de donaciones beneficiaba a la jerarquía indígena al punto que obtenían estatus político frente a los miembros de sus propias comunidades. Notemos que aun en medio de los procesos de dominación colonial, los cristianos indígenas se apropiaban de las devociones de los evangelizadores, expresando relaciones sociales y jerarquías tradicionales por medio de la nueva red simbólica ofrecida por el cristianismo, dando nuevos usos a viejos saberes. El proceso de conversión al cristianismo se desarrolló en medio de la tensión entre la seducción y la violencia; fue más allá de las devociones y tocó la vida de cada sujeto. Aunque se basó en la imposición de normas nuevas y estrictas, a

la vez proveyó a los creyentes de prácticas simbólicas a través de las cuales pudieron expresar antiguas tradiciones andinas y americanas. El temprano mundo colonial neogranadino estuvo habitado por indígenas católicos devotos de las imágenes, miembros de las cofradías, subordinados a un sistema colonial que los excluía pero que dependía de su mano de obra para edificar las iglesias y las casas, para desempeñar los más humildes oficios: sastres, zapateros y aguateras.

Conclusión
En primer lugar, se evidencia que es posible estudiar fenómenos culturales como los sincretismos a partir de la identificación histórica de la espiritualidad religiosa de un pueblo. Además, el proceso se vuelve interpretativo puesto que se trata de un estudio histórico que busca entender el presente, analizando elementos y representaciones culturales como los templos, el arte religioso y la escritura (monumentos escritos) provenientes del pasado. Sumado a esto, proponemos que llevar a cabo indagaciones acerca de 

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los fenómenos culturales que nos conforman como nación, implica el reconocimiento de las diversas manifestaciones de los pueblos, sus pensamientos religiosos, sus ceremonias, su organización social y política, para así lograr establecer las relaciones que constituyen nuestra identidad y generar procesos investigativos que permitan reconocer la pluriculturalidad y la tolerancia entre los pueblos. Es así que el sincretismo religioso aparece como un fenómeno cultural que nos permite interpretar la vinculación de los pueblos, en este caso el mestizaje, ocurrido entre muyscas y castellanos a través de la religión, elemento determinante para la comprensión de la identidad cultural de nuestra nación. La investigación muestra la organización religiosa de los pueblos puestos en relación y la forma como fue llevada a cabo la evangelización del pueblo muysca, por ser un hecho que permitió el surgimiento de una nueva cultura y el afianzamiento de un orden colonial en donde la Iglesia representaba un importante papel al regular y ordenar a los pueblos nativos, y

al implantar el culto católico y las costumbres castellanas. Por ello, el sincretismo religioso se evidencia a través de la interpretación de los registros documentales y de las manifestaciones simbólicas y artísticas de finales de los siglos XVI y XVII, permitiendo la comprensión de la conformación cultural de la naciente cultura mestiza en la Nueva Granada. Basados en la investigación, afirmamos que dicho cambio cultural fue causado por la transformación del espíritu religioso, que direccionó, con la Iglesia católica a la cabeza, la organización política y ética de los miembros de la sociedad colombiana. Finalmente, queremos decir que el desarrollo de proyectos de esta índole con una aplicación pedagógica, amplían la perspectiva sobre el papel que debe desempeñar la escuela en el reconocimiento de la realidad nacional a través de propuestas pedagógicas que incluyan en el currículo temáticas relativas a la diversidad cultural a través de la comprensión de fenómenos como el mestizaje y el sincretismo, evidenciados en las manifestaciones culturales del entorno cotidiano.

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Variaciones en torno al lector:

Las experiencias oníricas y el lenguaje simbólico en el aula ¿Capacidad de re-crear la imaginación? “El sueño, Alimento el más dulce que se sirve a la mesa de la vida”
Macbeth. Shakespeare

álvaro alexander Pulido forero
licenciado en humanidades y lengua castellana de la universidad distrital francisco josé de caldas. e-mail: satiba144@yahoo.com.mx

jorge eliécer valbuena montoya
licenciado en humanidades y lengua castellana de la universidad distrital francisco josé de caldas. e-mail: marinerodeshidratado@yahoo.es

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as afirmaciones hechas alrededor de la problemática de la lectura actualmente no fijan su mirada completamente en los modelos pedagógicos propuestos con anterioridad. La llamada “era de la información” influye en diversos aspectos de la vida de los individuos, entre éstos la educación. 

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Así, se convierte en una necesidad para los entes escolares elaborar nuevas estrategias que integren la tecnología contemporánea. La enseñanza en la actualidad presenta un desnivel generacional en el manejo de las nuevas tecnologías, pues el docente desconoce muchos de los elementos que utilizan los niños y jóvenes, haciéndose necesaria la actualización de los profesores para su labor. A partir de esta búsqueda se han delimitado los objetivos generales del área de la Lengua Castellana en el sistema escolar. Los objetivos son: la alfabetización básica, que busca que los estudiantes tengan la capacidad de leer y escribir diferentes tipos de texto, entre estos el literario; la alfabetización digital, que promueve el uso y aplicación de las T.I.C (Tecnologías Informativas Comunicativas) en el aula; la alfabetización para el uso de las CMI (Competencias en el Manejo de la Información) que considera la posibilidad de una interacción crítica con los distintos medios de comunicación. Estas competencias se evidencian en el estudiante a partir del uso dado a la búsqueda, la selección, la evaluación y el uso de los textos y, por último, la interacción entre currículo–didácticas–evaluación, con la finalidad de hacer más compacta y homogénea la finalidad entre los componentes educativos. En este entorno, el texto se diversifica y se fragmenta. Es posible leer

Se observa en las instituciones educativas un continuo acercamiento al texto por parte de los estudiantes como motivación para la comunicación y las relaciones afectivas e interpersonales. Aunque la imagen es uno de los factores más determinantes de la sociedad contemporánea, el texto escrito ha tomado un sentido superior en las comunicaciones. Se facilita el acceso y la distribución de mensajes por medio de la red Internet y los teléfonos celulares, lo cual ha generado un despliegue de nuevas teorías y modelos dentro de la pedagogía y la enseñanza de la lengua, que cada día revelan la

Muchas son las líneas que se trazan alrededor de los fines de la lectura: se piensa como posibilitadora de un reconocimiento de la lengua, como moldeadora de referentes claros de sintaxis y gramática, y como un medio de afianzamiento de hábitos para la formación de individuos cultos, elocuentes y exitosos;

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gran variedad de signos que la sociedad establece convencionalmente para su regulación. Ante esto, las afirmaciones hechas alrededor del acceso al texto suscitan una serie de interrogantes que no encuentran una sola vía para su respuesta; el texto se presenta ahora de forma virtual y se vuelve más amplia su forma de uso en los espacios alternos creados por las redes de comunicación interactivas. Es por esto que abordar las implicaciones del acceso al texto en la actualidad requiere de la valoración de dichos factores.

incertidumbre en la que estamos sometidos dentro de la enseñanza de la literatura. Pero, ¿cuál es el papel de la literatura dentro de estos nuevos referentes? Se hace un agudo énfasis en la importancia de la lectura en nuestra sociedad. Los planes de lectura, los escenarios de lectura compartida y la promoción constante de la necesidad de leer literatura en lugares no convencionales, abren un amplio espectro de reflexión acerca de las formas que adopta el texto y las perspectivas de lectura que se vienen adecuando a la sociedad, además de los fines que se tienen establecidos para tal adecuación. Sin duda, el acceso al texto se ha extendido y democratizado, pero ¿para qué acceder al texto y sobre todo al literario en un presente tan vertiginoso?

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asimismo lo que es leído con más frecuencia se enmarca dentro de estas búsquedas y la literatura se aparta de una necesidad común en el ser humano. Si nos devolvemos en el tiempo, encontramos una literatura útil y viva en las sociedades, de la que pendían muchos imaginarios decisivos para la composición de una cultura; en la actualidad la literatura oscila entre distintas posibilidades como una oportunidad de entretenimiento. Quizá esto se deba a la constante interferencia entre las letras y la imagen; el auge que han tenido los medios audiovisuales hace que la literatura sea leída por personas dedicadas a este medio y unos pocos intelectuales que conocen el sentido de dicha posibilidad. La imagen ha invadido los espacios públicos y privados de la sociedad y de los individuos, permitiendo un desarrollo audiovisual y científico enorme, pero desvalorando paulatinamente la capacidad imaginativa de las personas. El individuo se convierte en un televidente que observa una trama o un comercial sin la necesidad de evaluar la imagen, reflexionar, recrear una escena en su interior por causa de la velocidad en que transcurren y se fragmentan. La imagen, que en muchas circunstancias se constituye a partir de un lenguaje simbólico, pierde su origen fundamental en detrimento de una realidad alterna que produce entretenimiento y afirma los valores ideológicos de la modernidad.

El acceso a la literatura se ejerce a partir del desarrollo de la imaginación: empezar a recorrer un libro implica realizar un viaje al interior de nuestros símbolos, pues la literatura nos permite hacer reales los escenarios más inhóspitos y fantásticos. Por esta razón se considera que la poesía es la madre de todas los artes, ya que implica subversión de la realidad y trasgresión del orden establecido. La metáfora como medio de iluminación y deslumbramiento es uno de los efectos que se revelan al traducir el lenguaje simbólico que contienen las palabras elaboradas con la intención de expresar un sentimiento. El individuo que escribe busca las palabras precisas con las que es posible expresar los estados de su imaginación y es el lector quien se sirve de la imaginación de su emisor para crear su propia lectura. Más allá de las interpretaciones, el acceso a la literatura debe permitir la creación de formas simbólicas que den cuenta de nuestra relación con el entorno y que mantenga presente el sentido de la imaginación como una posibilidad de re-creación de nuestras realidades. La escuela incentiva la lectura, busca estrategias de acceso a ella delimitando la literatura por edades (literatura infantil o juvenil). Estas determinaciones son apropiadas para el logro de una fluidez y un gusto hacia la lectura, sin embar-

go, se pretende generar un hábito en el lector, reconociéndolo como ente decodificador de los elementos puestos en el relato. Con esto, no se le presta la atención necesaria a la creación. El lector dentro del vinculo libro-lector no es visto como responsable y partícipe de la creación de imágenes por medio de la palabra. La imaginación es una herramienta innata que está presente no sólo en el mundo literario. La ciencia y la tecnología se crean a partir de la posibilidad de imaginar y estar inmersos en la visualización de mundos posibles. Todos la utilizamos en la cotidianidad, imaginamos nuestro futuro, buscamos soluciones a nuestros problemas, nos comunicamos y soñamos continuamente. Estas actividades surgen de esta capacidad natural. Pero ¿somos conscientes de la imaginación como una herramienta de nuestra vida? La tecnología ha desvirtuado en parte esta posibilidad. Sus avances nos han permitido evidenciar las posibilidades que el mundo tiene en el desarrollo de artefactos y mecanismos pero ha tecnificado las actividades de los individuos. Esto se pone de relieve cuando acostumbramos utilizar estos medios desconociendo su mecanismo de funcionamiento y el despliegue científico que existe en los distintos artefactos. Vivimos inmersos en una realidad que brinda diversas posibilidades de interacción pero somos ajenos a ella, sin llegar a 

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determinar cuáles son los efectos en las acciones que realizamos. A partir de la evaluación de estos resultados, sale a la superficie el desequilibrio presente entre técnica y creación. Con la regulación de estos factores y el total desenvolvimiento de la imaginación como medio creativo en los individuos se puede reconocer la literatura como un escenario de formación de imágenes en el que se pueden recrear nuevas experiencias de la realidad. Este acceso debe generarse desde la apropiación de la imaginación como medio de creación constante. La cotidianidad revela estas posibilidades presentes en el sueño como experiencia usual en nuestras vidas puesto que todos los individuos soñamos. Este tema, que no es utilizado con regularidad en el aula, emplea diferentes estados de creación que alteran el orden establecido en la realidad. Los elementos que se mezclan alrededor de la experiencia onírica surgen de la experiencia individual, revelando implícitamente intereses, miedos, deseos, carencias, recuerdos, misterios, etc., involucrados en el entorno social e individual de las personas. Sin embargo, no existe

ninguna vinculación directa de éstos con el aprendizaje; son utilizados por la psicología como escenario de experimentación y desciframiento de actitudes, todo ello ajeno a la esencia de estos eventos. Tenemos la certeza de soñar, reconociendo el azar de cada experiencia; definimos como sueño plácido aquel que nos permite gozar el estado onírico y creamos un antagonista al que llamamos pesadilla, por las sensaciones de miedo y horror producidas mientras dormimos. Soñamos y estamos presentes en una realidad, nada de lo que hay allí nos dice que estamos soñando, nos entregamos al azar; al despertar evocamos algunos instantes, otros los olvidamos o simplemente creemos no haber estado allí.

ser contadas desconocemos enlaces entre los elementos del sueño y revelamos aquello que se hace más cercano a nuestra explicación: lugares, personajes, sonidos, colores, sensaciones. Se crean pues hechos inesperados que son ajenos a las experiencias de nuestra vigilia, que guardan relación con nuestros referentes. El sueño emplea un lenguaje simbólico, y somos creadores y lectores de las imágenes que se tejen. Estas características hacen del sueño un modelo análogo a la poesía: este género literario reconoce los símbolos en las imágenes recreadas por medio de la palabra, tiene un carácter subversivo y trasgresor de la realidad. El sueño no es ajeno a nuestra vida, al contrario, es un escenario vital presente en nuestra condición humana. La búsqueda debe ir dirigida de la misma forma que aparece este evento en nuestras vidas: como un modelo de integración: así como el sueño recoge nuestros diversos referentes y los acopla en un hecho coherente y simbólico, nuestras actividades deberían tenerlo en cuenta, utilizarlo en la vida cotidiana como un producto de la imaginación y del azar escrito por nuestra existencia.

Se habla poco de estas experiencias en la sociedad. Aunque son tan comunes entre los individuos, no son tomadas en cuenta debido a su carácter irracional e ilógico. Al 

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Educación y mundos posibles
La realidad del vacío Los modelos pedagógicos han sido permeados en la actualidad por las implicaciones de la modernidad frente al desarrollo del individuo, generando nuevas necesidades de adaptación cultural y un esquema comunicativo direccionado desde y hacia las tecnologías. Se puede identificar como una etapa de transición, en la que el individuo que empieza a desarrollar sus facetas psicosociales dentro de estos nuevos lenguajes, es formado por un docente que desconoce en su totalidad estos factores sociales usados por el estudiante fuera del aula para adaptarse al mundo. Se plantean entonces diversos términos que pretenden englobar y explicar las circunstancias por las que atraviesan las sociedades contemporáneas y su manejo pedagógico: globalización, enseñanza virtual, homogenización, azar, diversidad cultural, etc., los cuales aún ocupan el espacio de la incertidumbre y el debate. Configurar o definir una época como la presente desde el plano educativo requiere

del manejo de un amplio repertorio de visiones que continuamente se legitiman y se contradicen, sin embargo, en lo que sí se puede hacer énfasis con claridad es en los cambios que se presentan en el individuo que empieza este milenio y desde allí evidenciar las necesidades que formula la enseñanza en el siglo XXI. La realidad es un tema de reflexión constante en el campo académico y por consiguiente pedagógico. La posibilidad de acceso a diversos modos de referencialidad planteados por los nuevos mecanismos de información que influyen en la organización sociocultural y en el carácter interno de los individuos, condicionan las habilidades adquiridas y formulan nuevos escenarios

Los escenarios en esta “era de la información” se determinan por la relación que ejerce el individuo con los medios de comunicación virtuales y las técnicas audiovisuales elaboradas a partir del tejido global que reúne todas las latitudes en un mismo plano de representación. Estas formas de configuración social determinan el desarrollo cultural de las sociedades y la elaboración psicológica de los individuos. Desde allí se identifica un modelo de reciprocidad realidades-sociedad-individuo ligado a los fines establecidos por el mundo moderno. En estos linderos emergentes se precisa el carácter diverso de las sociedades pero se reconocen culturas dominantes que penetran los modelos de interacción de otras formas de vida, llegando a homogeneizar las representaciones y crear referentes híbridos entre las culturas en contacto. La educación evalúa la necesidad de inserción de estos elementos en los programas formulados por las instituciones escolares, convirtiéndose en un deber para estos entes la implantación de tecnologías y el uso de esquemas comunicativos que elaboran nuevas formas de integración de las culturas. Estos

de adaptación desarrollados con lenguajes alternos; tales como los manejados en las nuevas tecnologías y en las características sociales sujetas a la modernidad. 

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factores modifican los fines de la enseñanza y le dan paso a la especificidad de aprendizajes, en los que se profundiza y enfatiza su enseñanza, llevando a la fragmentación de saberes y la estructuración de modelos instructivos empleados por una finalidad particular. Los modelos se adecúan a las circunstancias llegando, como consecuencia, a un apartamiento paulatino de las bases de la cultura y al desconocimiento de los valores humanos que recaen en la educación. La enseñanza se legitima por la adquisición de habilidades para el versátil desenvolvimiento en la sociedad; se crea una educación que reproduce la mentalidad del instante y la escritura periodística al servicio del proyecto moderno que evade la identidad de las culturas generada por sus antecedentes históricos, reconociendo lo pasajero y lo inconstante como rasgos primordiales del presente.

de nuestra habilidad para manejar la realidad y olvidamos ese reflejo que se nos aparece absurdo e ilógico, entorpeciendo nuestros pensamientos. Dormimos y empezamos a vivir otra forma de existencia: tejemos historias que tienen poca relación con el orden de lo que llamamos realidad y se encadenan en un orden ilógico aislado del tiempo y del espacio. Somos nosotros los autores del sueño; éste toma los matices de nuestros deseos y experiencias, nos revela nuestro interior pero se torna independiente al complementar con el azar los elementos que surgen de nuestras revelaciones. Logramos ser héroes y villanos; ser felices pero también podemos sufrir grandes tristezas y temores se-

que estamos haciendo y la relación que se teje entre los elementos cobra sentido y se convierte en otro espacio en el que experimentamos otros sucesos como en la vida diaria. En los sueños no hay lugar para el “como si”; vivimos dentro de él y solo somos conscientes de haber estado allí cuando despertamos. No existe ser que no se haya visto inmerso dentro de estos hilos misteriosos. El sueño nos genera incertidumbres y nos plantea coordenadas de ubicación que multiplican las interpretaciones; nos transmite mensajes ocultos de nosotros mismos hacia nosotros mismos y cuando ignoramos su lenguaje preferimos olvidar por temor a la certidumbre:
Pueblos diferentes crean mitos distintos, lo mismo que diferentes personas sueñan distintos sueños. Pero a pesar de las diferencias, todos los mitos y todos los sueños tienen algo en común, y es que todos ellos son “escritos” en el mismo idioma, el lenguaje simbólico (Fromm, 1960, 60).

Lenguaje Simbólico
Los recorridos del asombro Diariamente tenemos experiencias oníricas que nos acercan al misterio de la realidad y de nuestra observación. Al ámbito que recorremos diariamente le llamamos realidad y nos convencemos al reconocer en todo ello un “realismo” absoluto que nos permite hablar del mundo como de una verdad que nos pertenece; creemos estar conscientes

gún lo contemplen las situaciones inesperadas de ese otro mundo. Sin embargo, podemos vivir el sueño como una escena real, dentro de él somos conscientes de todo lo

Este lenguaje parte de la posibilidad de asombro y se ejecuta tomando como referentes elementos individuales y colectivos que se combinan con el fin de mostrar un sentimiento o una idea desde el rostro simbólico más profundo y más completo de las lenguas comúnmente reconocidas; este es el único lenguaje universal reconocido en todas las etapas de la historia. Tiene un orden propio, una 

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sintaxis y una gramática secreta que se hace necesario dilucidar si se quiere comprender el sentido de los mitos, los cuentos de hadas y los sueños. Las escenas a las que nos enfrentamos y vivimos a diario en los sueños son el símbolo de algo que sentimos y queremos expresar, y este descubrimiento nos pone en contacto con las capas más profundas de nuestra personalidad y con las fuentes más significativas de la sabiduría colectiva: el mito. Erich Fromm ha distinguido tres clases de símbolos: el convencional, el accidental y el universal. El símbolo convencional se fundamenta en el reconocimiento de los signos que utilizamos para representar algo y que se han constituido a lo largo de la historia, convencionalmente, hasta llegar a designar el elemento imaginado con el significante convenido: “Las palabras no son los únicos modelos de símbolos convencionales, aunque sean los más frecuentes y los más conocidos. Las figuras también puedes ser símbolos convencionales.” (Fromm, 1960, 60). En el símbolo accidental no hay relación interna entre el símbolo y lo que simboliza. Estos símbolos pocas veces pueden ser compartidos con alguien, salvo una previa explicación de referentes privados, pues adquiere sentido sólo a partir de las experiencias individuales, se adapta a sensaciones personales. Puede producirse al soñar con una

calle antes transitada con un estado de ánimo particular, al crearse la imagen de esta calle se puede representar ese estado antes experimentado en dicho espacio. Por tal razón, es considerado símbolo accidental ya que hace parte del

símbolo universal se sirven los mitos, lo cual se puede evidenciar en la constante referencia a elementos simbólicos similares dentro de las distintas cosmogonías.

Bibliografía
Beguin, Albert, El alma romántica y el sueño. Ensayo sobre el romanticismo alemán y la poesía Francesa, Fondo de cultura económica, México, 1954. Fromm, Erich, El lenguaje olvidado. Introducción a la comprensión de los sueños, mitos y cuentos de hadas, Traducción de Mario Cales, Librería Hachette S.A., Buenos Aires, 1960. Bachelard, Gastón. La poética de la ensoñación, Fondo de Cultura Económica, Bogotá, 1993.

azar creado en torno a las experiencias del individuo. por otra parte, el símbolo universal es aquel que da una relación intrínseca entre el símbolo y lo que representa. Por lo general se encuentran arraigados a la vida de todos los seres humanos. Tales símbolos son cercanos a la naturaleza, la relación que se teje entre la humanidad y ésta, dependiendo de los cambios climáticos, la zona geográfica, etc. Un ejemplo de dichos símbolos puede ser el agua o el fuego; este último poseedor de un elemento de sorpresa y el agua un elemento de anticipación. Del

Caillois, Roger, Acercamientos a lo imaginario, Fondo de Cultura Económica, México, 1989. Colomer, Teresa, Andar entre libros. La lectura literaria en la escuela, Fondo de Cultura Económica, México, 2005. González Martínez, Henry y Duarte Agudelo, Patricia, La didáctica del mini cuento y su desarrollo en ambientes hipermediales, Serie Didáctica de la mini ficción, Volumen 1, Grupo HIMINI, Hipermedia educativa, Universidad Pedagógica Nacional, Colciencias Colombia, Bogotá, 2006. 

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Criterios

para hablar de la ciudad
armando alfredo ChaParro arboleda
estudiante de la maestría en estudios literarios de la universidad nacional de colombia. e-mail: alfredoarboleda1@hotmail.com

como objeto de una tendencia literaria en Colombia a partir de los años 70

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Resumen

espués de lo que significó el boom en América Latina, temas como lo mágico, lo real y lo fantástico dieron paso al auge de una literatura urbana. Para el caso colombiano, esta literatura tiene su auge a principios de los años setenta con escritores como Luis Fayad, Oscar Collazos y R. H. Moreno Durán; escritores que abordan la ciudad desde diferentes perspectivas y tópicos, convirtiéndose así en el centro de las narraciones actuales donde incluso escritores como Mario Mendoza y Efraín Medina convocan 

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en la ciudad las diferentes historias por ellos contadas. Es así como la ciudad es el lugar predilecto para abordar los problemas del hombre moderno. Después de lo que significó el boom y de toda una manifestación literaria en América Latina que contribuyó a la difusión de escritores y de temas importantes —el mito, la oralidad, lo fantástico, lo mágico, lo real, lo maravilloso—, se creó una tendencia literaria en Colombia preocupada más por narrar lo urbano o temas relacionados con la ciudad. Después de la década de los 70, para los narradores colombianos la ciudad se convierte en objeto de inspiración, lugar

predilecto para abordar los problemas del hombre moderno. La crítica establece que la mayoría de la literatura colombiana, anterior a los años setenta, muestra una tendencia hacia temas regionalistas, religiosos y costumbristas; las historias logran trasmitirse a través de la oralidad que da cuenta de una visión mítica del universo y donde el habla popular funciona como una expresión de anécdotas y tradiciones. Un ejemplo claro es la publicación de Cien años de soledad de García Márquez (1967), novela en la que el reino de la oralidad es un universo épico y mítico que se superpone a la escritura. Esta obra es ubicada no sólo dentro de la historia literaria colombiana sino latinoamericana en el llamado grupo del boom. Así, lo que se denominó realismo mágico, maravilloso, fantástico, en cierta medida es el aprovechamiento de lo rural y lo popular como espacio de búsqueda para un reencuentro con las raíces de nuestra identidad. Los críticos, en sus estudios, tratan de mostrar la manera en que el tema de la ciudad se convierte en una tendencia literaria. Se presenta el fenómeno como una necesidad de la crítica. Esta tan solo estudia los fenómenos que se dan, los explica, los analiza, pero no los desea. En estos estudios se establecen relaciones entre diferentes tendencias como de “una literatura mítica y una de la modernidad o del mito a la postmodernidad” (Pineda Botero, 1990, 26). Se des-

cubre al escritor que busca recrear las problemáticas sociales, políticas o culturales; a un escritor que reacciona contra los planteamientos del boom, en el que se narraba a la ciudad como una “arcadia”, un lugar adecuado para el conocimiento y el desarrollo. Se debe tener en cuenta que para los críticos es importante hablar de este fenómeno como una tendencia en la que ahora la ciudad encierra más conceptos. Aparte de ser el lugar adecuado para el conocimiento y el desarrollo, también es un lugar para la derrota, la desesperación, la imaginación. Para la crítica es importante hablar de dicha tendencia porque marca una constante en la literatura colombiana de las tres últimas décadas. Se han estudiado obras y autores y se ha encontrado que la ciudad es el origen o el centro de la mayoría de las narraciones: “El tema de la ciudad como tendencia trata de renovarse y de estar entrelazada en las variadas temáticas de las actuales narraciones” (Pineda Botero, 1990, 28). Esta ha sido considerada como una de las características esenciales para hablar de una literatura contemporánea en Colombia. Incluso, algunos críticos la consideran como una parte en la evolución histórica de la narrativa colombiana. Dentro del proceso histórico de la literatura colombiana, a la narrativa de las décadas de 1950 a 1970 se le conoce como “novela de la violencia” o “novela de realismo testimonial”. A escritores como Arturo 

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Alape, Alba Lucía Ángel, Enrique Posada y Álvarez Gardeazabal se les consideró los más representativos de esta tendencia narrativa, que exploró problemas como la guerra bipartidista entre liberales y conservadores y el conflicto armado del país. Temas como el guerrillero, el bandolero, el terrateniente o el campesino fueron recurrentes en las novelas de esta época. Este fenómeno literario, llamado novela de la violencia se debilitó al principio de los años 70, cerrándose con publicaciones como Cóndores no entierran todos los días, en 1972, de Álvarez Gardeazabal y con Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón, en 1974, de Alba Lucía Ángel. Lo que significó el boom, y en especial la obra de Gabriel García Márquez, constituye actualmente, según la crítica, uno de los elementos significativos en el cambio de tendencia literaria en nuestro país, pues los escritores de la décadas del 70, el 80 y principios de los 90 no solamente trataron de aislarse de su influencia, sino que consideraron que el lector actual requería de temas modernos que ofrecieran una visión más amplia de la sociedad. El lugar que los escritores colombianos pensaron adecuado para tal fin fue el espacio de la ciudad: en este se podía ir a la búsqueda de un mundo académico, social, intelectual y en alguna medida cosmopolita. La ciudad permite observar con mejor claridad los anteceden-

tes históricos, sociales, políticos y culturales de su país. Desde esta posición, el autor usa la ciudad como un producto de su imaginación, el lugar perfecto desde donde se puede mirar y ser mirado, un escenario donde se puede ser espectador y actor de algo propio. Cada escritor ha tenido su manera diferente de contar la ciudad, contarla como en un inmenso caleidoscopio que al moverse sufre los cambios inevitables que ella proyecta desde múltiples imaginarios. Esta tendencia de la ciudad como objeto literario está relacionada con un “auge” que tiene su origen en la década del 70. Se debe tener en cuenta que no existe una obra o autor fundacional que se encargue de hacer una reacción a la narrativa anterior en Colombia, sino que es un movimeinto que se da en un grupo de escritores en esta época. Éstos, de manera conjunta, narran la ciudad desde variadas perspectivas e imaginarios y logran de esta manera hacer contraposición a las temáticas del boom o a la influencia de García Márquez en la narrativa colombiana: “Cada escritor de manera aislada tiene su propia manera de narrar la ciudad y esto hace que la crítica hable de una tendencia narrativa antes de los años setenta y otra posterior a estos años” (Jaramillo Zuluaga, 1988, 15). Para tratar el fenómeno literario de la ciudad, los críticos han estu- 

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diado diversos autores de los años setenta al noventa y han analizado su narrativa en relación con diferentes aspectos sociales, ya sean problemas históricos, culturales, políticos o económicos. En ese análisis se reconocen diversas maneras de ver la ciudad o de imaginarla. En lo que constituye una tendencia, en las tres últimas décadas se han definido algunos autores que Helena Araujo clasifica de esta manera:
Digamos que en Colombia, a partir de esos años, Mejía Vallejo, Ruiz Gómez, Fernando Vallejo, novelan a Medellín, Álvarez Gardeazabal a Cali, Carlos Perozzo a Cúcuta, Marvel Moreno a Barranquilla, Fanny Buitrago a San Andrés, R. H. Moreno Duran, Oscar Collazos, Plinio A. Mendoza, Luis Fayad, Antonio Caballero a Bogotá (Araujo, 1994, 29-30).

mundana de la colonia. Estos casos, en los que de alguna manera se usa a la ciudad como objeto de narración, cumplen una función importante en la construcción de la narrativa colombiana, pero son considerados por los críticos como momentos aislados o particulares que no forman una tendencia dentro de la historia literaria colombiana. La ciudad como objeto literario ha sido analizada y vista por la crítica en múltiples lecturas, como también los hechos que la han influenciado en su origen como temática. Los críticos han establecido que el auge y la decadencia de las vertientes políticas de la izquierda que se gestaron en los años 70, el desencanto por lo que significó el Frente Nacional, la concentración del poder en los dos partidos tradicionales, la emergencia del narcotráfico y la droga, los procesos de urbanización y modernización, el enajenamiento industrial y la multitud de fenómenos sociales como la contracultura se encuentran en el origen de esta tendencia. La escritora y crítica literaria Helena Araújo agrega que:
Sin embargo, en la lectura de textos publicados a partir de la década del setenta, no se puede ignorar una temática que refleja la crisis de la izquierda después de las derrotas del foquismo y la emergencia del narcotráfico y la droga… agregando, claro está, el travestismo, el homosexualismo, la marihuana, el recurso a una bohemia cargada de diatribas contra el sistema y monólogos de

La crítica tiene en cuenta que antes de los años setenta existían obras que tenían un origen narrativo en la ciudad o que desde esta se planteaban algunas ambiciones intelectuales, como es el caso de José Asunción Silva, particularmente en su obra De sobremesa (1925). De la misma forma, en la obra de Osorio Lizarazo la ciudad es un campo truculento o un campo de batalla en El camino en la sombra. Aquí, el ideal de progreso se pone en crisis. Incluso los críticos van más atrás y se habla de El carnero de Juan Rodríguez Freyle y de la importancia de ésta en develar la vida santafereña y retratar la vida 

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una megalomanía furiosa e iconoclasta (Araujo, 1994, 29-31).

La crítica ha observado que hay una constante alusión a temas sociales como la desigualdad, la falta de oportunidades, la corrupción, el monopolio económico y un mundo de patriarcado. Varias de estas alusiones se deben a que la crítica considera que “tuvo” mucha importancia la militancia de algunos escritores en los grupos de izquierda, relaciones políticas que tuvieron a la ciudad como centro de gestión del llamado intelectual. Tal es el caso de Luis Fayad y Óscar Collazos, quienes novelan una ciudad en desigualdad social y falta de oportunidades en la que se presenta, como dice Jacques Gilard al referirse a Fayad: “la disgregación del orden social acaecido sordamente durante el período del Frente Nacional”. La crítica ha estudiado el fenómeno de la ciudad como una tendencia literaria que, desde la década del 70 pasando por la del 90, ha venido consolidándose, tanto así que es algo poco dado el que una novela actual no esté desarrollada sobre una tendencia hacia lo urbano. Los críticos incluso han atribuido nombres de fenómenos sociales a esta narrativa donde la ciudad funciona como objeto literario. “Novela roja” y “novela de sicariato” han sido algunos de los términos que se han utilizado para referirse a las novelas que tratan temas de la ciudad contem-

poránea. También se ha podido establecer que, a través del constante uso de la ciudad como una tendencia, se pueden estudiar sus cambios históricos, sociales y culturales, es decir, se puede ver a la ciudad o al país en el momento en que vive el autor. Los críticos han propuesto estudios de género, como en el caso de Marvel Moreno, Fanny Buitrago y Alba Lucia Ángel, a quienes se les atribuye una literatura feminista, intimista y hasta cierto punto fetichista. Los adjetivos utilizados en otros casos por los críticos intentan mostrar una ciudad que funciona en la novela a través del patriarcado o del machismo. La ciudad se estudia desde propuestas del lenguaje o situaciones lingüísticas en las que los personajes, o un narrador de la periferia, entran en contacto con la ciudad, como en el caso de Fernando Vallejo (La virgen de los sicarios), Luis Fayad (Los parientes de Ester) o desde escritores que proponen un juego del lenguaje como R. H. Moreno Durán en Metropolitanas, o a partir de autores con una tendencia histórica, como Germán Espinosa y Andrés Hoyos, que utilizan a la ciudad como un espacio de reflexión histórica y de confrontaciones filosóficas. Se debe aclarar que aunque se manifiesta una tendencia que reacciona contra algunas propuestas del boom arraigadas en las costumbres y en la provincia, también se pre- 

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sentan para estas décadas (después de los 70) obras que no tienen a la ciudad como objeto literario. Estas obras han sido concebidas en un grado de anacronismo con respecto a las obras contemporáneas, bien porque no poseen una visión “moderna” de la sociedad o bien porque no pertenecen a una literatura actual. Otra parte de la crítica ha explicado estas otras tendencias, en las que la ciudad no es objeto literario, como una búsqueda de reafirmar la identidad colombiana, bien sea a través de la historia, del mito, las leyendas o el habla popular, como es el caso de los escritores Jairo Aníbal Niño o Próspero Morales Pradilla, entre otros. Fernando Ayala Poveda, en el Manual de Literatura Colombiana (1984, 353), agrupa una serie de escritores bajo una tendencia llamada “realismo neocrítico”, es de-

Fanny Buitrago, Óscar Collazos, Rodrigo Parra Sandoval, Helena Araújo y R. H. Moreno Durán. Pineda Botero, en su ensayo Novela ¿Urbana? En Colombia: Viaje de la periferia al centro , hace una mención de autores y obras que narran la ciudad como objeto literario y los agrupa por ciudades: en Cali, Andrés Caicedo y Alberto Esquivel; en Medellín, Manuel Mejía Vallejo y Fernando Vallejo; en Bogotá: Luis Fayad, Óscar Collazos, R. H. Moreno Durán, Alonso Aristizabal y José Luis Díaz Granados; en la Costa Atlántica: Roberto Burgos Cantor, Héctor Rojas Herazo, Marvel Moreno y Ramón Illán Bacca. Otro aspecto a tener en cuenta es que aunque los críticos hablan de la ciudad como objeto de una tendencia narrativa en las tres últimas décadas, en ningún momento han establecido un canon de obras y de autores. En este estudio que he realizado sobre los criterios que la crítica ha utilizado para hablar acerca de la tendencia de la ciudad como fenómeno literario he observado que esta ha tomado variadas formas en su presentación, como también que los escritores más representativos de este fenómeno literario para

el periodo que abarca a tres décadas 1970-1990 son: Luis Fayad, Óscar Collazos, Marvel Moreno, Andrés Caicedo, R. H. Moreno Durán, Fernando Vallejo y Fanny Buitrago. Estos escritores son para los críticos los más estudiados a la hora de hablar de la ciudad y representan una tendencia literaria. Los críticos en su mayoría realizaron un estudio diacrónico de la literatura colombiana y en este estudio lograron establecer que hubo un cambio en la forma de narrar antes y después de los años setenta y en dicho cambio se encontró que la ciudad se convirtió en el objeto de una tendencia narrativa.

Bibliografía
Ayala Poveda, Fernando, Manual de Literatura Colombiana, Educar Editores, Bogotá, 1984. Giraldo, Luz Mary, La novela colombiana ante la crítica de 1975-1990, Universidad del Valle, 1994. Jaramillo Zuluaga, Eduardo, “Dos décadas de la novela colombiana, los años 70 y 80”, en: Alta tradición de la novela colombiana de los ochenta, Boletín Cultural y bibliográfico, Bogotá, 1988. Pineda Botero, Álvaro, Del mito a la posmodernidad, la novela colombiana de finales del siglo XX, Tercer mundo, Bogotá, 1990.

cir, liberación de temas y de formas para mirar otras realidades . Según Ayala Poveda, entre los escritores que narran la ciudad se encuentran Andrés Caicedo, Carlos Perrozo, Fernando Cruz Kronfly, Luis Fayad, Plinio Apuleyo Mendoza, 

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El sendero

del sol
anderson domínguez
licenciado en humanidades y lengua castellana de la universidad distrital francisco josé de caldas. e-mail: andefy@hotmail.com

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n el presente artículo se muestran los resultados de la investigación realizada acerca de los caminos ancestrales y sagrados de Usaquén, llevada a cabo para la Alcaldía Local de Usaquén en el desarrollo de rutas ecoturísticas y etnoturísticas en la localidad. Se realizó una indagación histórico-cultural acerca del pueblo ancestral muysca, enfatizando en la organización social, los usos, costumbres y ceremonias más significativas del territorio de Usaquén, lo cual aparece como una herramienta pedagógica que nos permite resignificar el territorio y realizar aportes en la construcción de nuestra identidad cultural a través del reconocimiento del legado indígena y la necesidad de recuperar y preservar nuestros recursos naturales, como lo son los cerros orientales de Bogotá, los páramos y las lagunas. 

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Estas sunas (caminos) sagradas eran importantes centros ceremoniales, comerciales y bélicos, a través de los cuales se comunicaba el pueblo muysca y fueron la base para la construcción de la actual ciudad. El territorio muysca comprendió los actuales departamentos de Cundinamarca, Boyacá y parte de Santander. Este pueblo nativo ocupó las tierras altas de la parte más ancha de la Cordillera Oriental y su territorio comenzaba alrededor de los 1.500 metros sobre el nivel del mar, hasta los 3.400 m; se estableció en una zona con una rica diversidad de microclimas y zonas ecológicas, en las que se disponía de gran variedad de recursos naturales que permitía el cultivo de variados productos agrícolas como el maíz, la papa, el fríjol, la ahuyama, la quinua, el hayo, el tabaco y el algodón, este último fundamental en su estructura económica: con el algodón tejían mantas que eran intercambiadas por otros productos y se entregaban como ofrendas a los caciques y jeques. El territorio muysca se encontraba dividido en pueblos y clanes, entre los cuales sobresalen política y militarmente los dominios del Zipa y del Zaque, grandes caciques que sujetaron a varios pueblos a su control político. Usaquén hacía parte de los dominios del Zipa, y era un importante lugar de paso para las ceremonias realizadas en Guatavita. Usaquén es atravesado

por antiguas sunas (la más importante de las cuales es el camino a Oriente), que eran utilizadas en las festividades religiosas y en las confrontaciones bélicas entre el Zipa y el Zaque. Usaquén se encontraba ubicado entre lo que ahora es la avenida 19 (al oriente) y la avenida Suba (al occidente), y de la calle 100 a la 116 (al norte). La ubicación de estos asentamientos en los límites de los territorios controlados por el Zipa cerca de los que se hallaban bajo los dominios del cacique de Guatavita puede corresponder a un factor estratégico y bélico. La confederación de Bogotá tenía como cabeza al Zipa y bajo su control se encontraban como aliados un gran número de cacicazgos del sur de la sabana, incluyendo el de Teusacá y seguramente Usaquén. Algunos cacicazgos dentro de la confederación de Bogotá tenían un prestigio especial y sus autoridades conformaban un selecto grupo de confianza del Zipa, quienes lo aconsejaban y apoyaban militarmente: eran los uzaques. El cacique de Teusacá en 1593, Antonio Musaquara, aún llevaba la membresía de uzaque. La unificación de dicho territorio, que comprendía no sólo la sabana de Bogotá sino parte del páramo de Sumapaz, las tierras de influencia de los ríos Guavio y Negro y buena parte del sistema montañoso del actual departamento de

Cundinamarca, fue paulatinamente dominado por el Zipa a través de alianzas que vinculaban por parentesco a los cacicazgos, como sucedía entre este y el de Chía, donde ejercía el cacicazgo quien sería después Zipa, al suceder a su tío materno; o por la fuerza, como la dominación militar, que según el cronista Piedrahita se llevó a cabo a finales del siglo XV por el Zipa Saguamanchica sobre Fusagasugá. La unificación del territorio continuó con Nemequeme, sucesor de Saguamanchica, dirigiendo sus frentes al control del ya sujeto pero esquivo cacique de Guatavita y al gobierno del Zaque, con asiento en Hunza (Tunja), muriendo en el intento:
Las crónicas señalan que desde tiempo atrás de la llegada de los españoles, el Zipa había realizado varias incursiones controlando a los cacicazgos de Guatavita y Ubaque, manteniendo relaciones bastante tensas. Fue el Zipa Nemequene, que reinó poco antes de la llegada de los españoles, quien dio el último golpe al Guatavita, acabando con él y su familia y poniendo como cacique a uno de sus hermanos. A este lo seguiría el Zipa Tisquesusa, quién presenció la llegada de los españoles, lo que puso fin a su expansión y acabó su vida (Zambrano, 2000, 43).

Veamos:
Los conquistadores castellanos llegaron al pueblo de la sierra del Espíritu Santo, hoy Chocontá, a donde se dirigieron en busca de esmeraldas, siguiendo el camino blanco y verde de la sal y de las 

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esmeraldas. Se fueron por el camino de Usaquén hacia el norte de Guasca, que en su lengua llaman Guasuca, que quiere decir punta de sierra alta […] pasaron el valle adelante […] por infinitos indios que estaban allí poblados, hasta llegar a la gran población del gran señor y cacique Guatavita […] en su lengua llaman Guatafita, que quiere decir cosa puesta en alto [...] desde donde pasaron dos o tres leguas y llegaron al pueblo de Choconta, que quiere decir en su lengua labranza de páramo (Fals Borda, 1978, 23).

año los chocontaés presenciaban el paso de peregrinos procedentes de los puntos más septentrionales del imperio chibcha que marchaban a observar a El Dorado mientras éste adoraba, en pomposa ceremonia, a

bían y bailaban al son de flautas, pitos, capadores (flautas del Dios Pan), maracas, tambores y otros instrumentos de percusión. En las competencias deportivas el gana-

Por las sunas o caminos sagrados de Usaquén se hacían hermosas peregrinaciones, y se realizaban grandes carnavales que atravesaban los cerros orientales hacia las tierras altas de Guatavita, en donde celebraban el ritual de El Dorado:
Esta suna aparte de ser un lugar militar estratégico para el Zipa, debido que allí tenía una de sus más importantes fortalezas, era un centro procesional importante. Una tregua de quince años permitió que la suna perdiera algo de su brillo militar y que recobrara otras funciones que habían sido desplazadas a favor de las bélicas. El camino no conducía a los chibchas solamente a las batallas, sino que también canalizaba a las masa indígenas hacía el lago sagrado y la ciudad de Guatavita, donde los tradicionales enemigos olvidaban sus querellas y compartían ritos deslumbrantes. Guatavita, como Suamox hacia el norte, era un crisol del imperio donde todos los chibchas se unían en un solo cuerpo religioso. Así la suna del valle de Saucío era como un camino obligatorio. Una o dos veces por

la deidad acúatica de un cacica infiel (Fals Borda, 1978, 24).

dor era premiado de tal manera que:
Se le daba el cacique seis mantas y le concedía que cubriéndose con la una, pudiera llegar la una punta

Atletas locales corrían por la suna en pos de premios como mantas de algodón, mientras las gentes be- 

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de ella al suelo por detrás […] cosa que nadie le pudiera hacer sin privilegio del Cacique […] Al segundo, daban cinco mantas, al tercero cuatro y así los demás, hasta seis (Fray Pedro Simón).

“menos guerreros que contratantes, pues su mayor felicidad estriba en ferias y mercados que celebran en partes señaladas”. La Ceremonia del Dorado fue escrita por el cronista Rodríguez Freyle en su libro El carnero, un precioso relato de la renombrada

Además, cada cuatro días la suna de Saucio se convertía en un conducto comercial, cuya extremidad

Era costumbre entre estos naturales que el que había de ser sucesor y heredero del señorío o cacicazgo de su tío, a quien heredaba, había de ayunar seis años, metido en una cueva que tenían dedicada y señalada para esto, y que en todo este tiempo no había de tener parte con mujeres, ni comer carne, sal, ni ají, y otras cosas que le vedaban; y entre ellas que durante el ayuno no debía de ver el sol, sólo de noche tenía licencia para salir de la cueva y ver la luna y estrellas y recogerse antes que el sol lo viese; y cumplido este ayuno y ceremonias se sometía en posesión del cacicazgo o señorío, y la primera jornada que había de hacer era ir a la gran laguna de Guatavita a ofrecer y sacrificar al demonio, que tenía por su dios y señor. La ceremonia que en esto había era que en aquella laguna se hacía una gran balsa de juncos, aderezábanla y adornábanla todo lo más vistoso que podían; metían en ella cuatro braceros encendidos en que desde luego quemaban mucho moque, que es el sahumerio de estos naturales, y trementina con otros muchos y diversos perfumes. Estaba a este tiempo toda la laguna en redondo, con ser muy grande y hondable de tal manera que puede navegar en ella un navío de alto bordo, la cual estaba toda coronada de infinidad de indios e indias, con mucha plumería, chagualas y coronas de oro, con infinitos fuegos a la redonda, y luego que en la balsa comenzaba el sahumerio, lo encendían en tierra, en tal manera, que el humo impedía la luz del día. A este tiempo desnudaban al heredero en carnes vivas y lo untaban

estaba aproximadamente a 48 kilómetros al norte, en Turmequé, en territorio enemigo. Las finanzas, como la religión, estaban por encima de las disensiones políticas. Según Juan de Castellanos, el chibcha se entregaba a las actividades comerciales con gran gusto: en realidad, los indígenas de la localidad parecieron al beneficiado de Tunja

ceremonia, narración que escuchó personalmente de don Juan, cacique de Guatavita, sobrino y sucesor del que comandaba esa tribu cuando aparecieron los conquistadores en las tierras chibchas. La ceremonia de El Dorado tenía lugar con motivo de la ascensión al cacicazgo del sucesor, sobrino hijo de hermana, y la transmite así: 

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con una tierra pegajosa y lo espolvoreaban con oro en polvo y molido, de tal manera que iba cubierto todo de este metal. Metíanle en la balsa, en la cual iba parado, y a los pies le ponían un gran montón de oro y esmeraldas para que ofreciese a su dios. Entraban con él en la balsa cuatro caciques, los más principales, sus sujetos muy aderezados de plumería, coronas de oro, brazales y chagualas y orejeras de oro, también desnudos, y cada cual llevaba su ofrecimiento. En partiendo la balsa de tierra comenzaban los instrumentos, cornetas, fotutos y otros instrumentos, y con esto una gran vocería que atronaba montes y valles y duraba hasta que la balsa llegaba al medio de la laguna, de donde, con una bandera, se hacía señal para el silencio. Hacía el indio dorado su ofrecimiento echando todo el oro que llevaba a los pies en medio de la laguna, y los demás caciques que iban con él y que lo acompañaban, hacían lo propio; lo cual, abatían la bandera, que en todo el tiempo que gastaban en el ofrecimiento la tenían levantada, y partiendo la balsa a tierra comenzaba la gritería gaitas y fotutos con muy largos corros de bailes y danzas a su modo; con la cual ceremonia recibían al nuevo electo y quebaba recononocido por señor y príncipe (Hernández, 1978,188).

Las lagunas se constituían en lugares sagrados y poseían un valor simbólico religioso muy profundo, eran la puerta hacia el mundo de abajo, el mundo de abajo representaba la totalidad del Universo, porque en las aguas se reflejaban los astros luminosos y entregar una pieza en oro significaba darle vida a un nuevo lucero que guiaría en el camino los espíritus de los seres queridos que habían muerto (Domínguez, Tarazona, 2008, 78).

Las cuencas en unión con los humedales eran la base del sustento cotidiano del pueblo muysca, puesto que en estos lugares realizaban actividades de pesca, caza y agricultura. En las lagunas y ríos sagrados las mujeres generaban labores de parto, como en antaño Bachué les había enseñado: el primer contacto del hombre muysca era con el agua. Tanto la laguna, como el páramo y los ríos se constituían en elementos de vital importancia para el pueblo muysca, lugares que eran venerados y protegidos, pues su producción cultural y económica se encontraban estrechamente relacionados con su medio ambiente. Los indígenas de Usaquén comerciaban con esteras de esparto para poder pagar el tributo colonial. Las características pantanosas de Usaquén y su fácil acceso a montañas y páramos facilitaban el usufructo de diversos tipos de gramíneas y juncos, de los que se quejaban los estancieros de Usaquén durante el siglo XVIII por inutilizar las tierras pantanosas. Estos juncos fueron

usados para la elaboración de diferentes productos tejidos como las esteras, canastos y cuerdas y el esparto propiamente dicho (se encuentra con facilidad en montes y páramos), que en lengua nativa se llamaba chuza, era usado para hacer esteras y cordeles de cuan o cuane (pquane en lengua chibcha significa cabuya de paja) con los que se ataban las vigas de las casas coloniales. También se fabricaban cestas y bolsos (bolsa pquame; bolsico pquame chuta).

Bibliografía
Domínguez A., Tarazona D., Sincretismo religioso en Villa de Leyva, Universidad Distrital Francisco José de Caldas, Facultad de Ciencias y Educación, Proyecto Curricular en Humanidades y Lengua Castellana, Bogotá D.C., 2008. Fals Borda, Orlando, Campesinos de los Andes, estudio sociológico de Saucío, Punta de Lanza, Bogotá, 1978.

El pueblo muysca posee una relación ceremonial con el agua, puesto que en las lagunas realizaban rituales y ofrendas: a las aguas entregaban sus producciones en oro, y en ellas envestían a sus caciques más representativos:

Hernández Rodríguez, Guillermo, De los chibchas a la colonia y a la república, del clan a la encomienda y el latifundio en Colombia, Ediciones Internacionales, Bogotá, 1978. Zambrano Pantoja, Fabio, Comunidades y territorio, reconstrucción histórica de Usaquén, Impresol Ediciones Ltda., Bogotá D.C., 2000.

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ESCRITOR INVITADO

LA MATRIZ
l pavimento gris, húmedo, condensaba el frío y lo relanzaba contra la ciudad en la noche que tres horas antes había empezado. Las manos se guarecían. Las pocas caras transeúntes miraban hacia abajo, abandonadas a la resignación. Las bombillas de las casas proyectaban pálidos rayos de luz sobre los andenes deshabitados. En los antejardines, las flores dormían, y una anciana, despojada de ropas y de conciencia, tiritaba.
La vi de pronto. Macilenta, convertida en feto setenta años después. Inocente, desamparada. La piel fofa. Me acerqué lento. Cauteloso. Mis manos dejaron vacíos los bolsillos del pantalón y quisieron palpar. Cabe-

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Javier Correa Correa
Bogotá, Ganador del concurso de cuento de las revistas GO y Libros y Letras. Es autor de las novelas La mujer de los condenados (Universidad de Antioquia, 2001) y Si las paredes hablaran (Taller de Escritores Universidad Central, 2006), así como de más de 50 cuentos. Es docente de la Universidad Central, en el área de la comunicación social.
E-mail: javiercorreacorrea@hotmail.com

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llos largos, cenicientos y desordenados, cubrían el rostro. Nadie, absolutamente nadie, sólo yo, la había encontrado. Tras los vidrios de la ventana se escuchaban las voces con los últimos comentarios de la jornada. Se deseaban felices sueños. Ninguna música servía de atenuante. Miré en derredor, en busca de un auxilio. Transcurrieron ínfimos instantes eternos y recordé al san-

to de la leyenda que había bajado del brioso corcel y cedido su capa a un mendigo. No tendí más que mi vista asombrada sobre el cuerpo ajado. Corrí, sí, los trescientos metros que me separaban de la casa. Mi padre no había llegado y mi madre me sugirió llamar una radiopatrulla, al tiempo que me regaló una cobija de algodón. Al regalármela, ratificó mi deber de ayudar a la mujer abandonada del mundo. Olía mal. El primo me acompañó, también, alarmado. Sólo él, porque los vecinos continuaban su rito de las buenas noches. Aguardamos hasta que vimos las luces salvadoras, ululantes, alternadas rojas y azules, azules y rojas, de la camioneta policial. Tres hombres con uniformes de paño y quepis con viseras de charol pretendieron interrogarme, y los planté con la imagen aterradora de la mujer. Se negaron a recogerla, porque olía mal. El primo tenía una camioneta y se ofreció, a cambio de ser escoltados por los policiales. La alzamos hamacada en la cobija de algodón y fue entonces cuando con pudor y terror vimos que una gran masa de carne pendía de su sexo. La mujer únicamente tiritaba. Los ojos y la boca apagados,

desamparados. No es que se haya dejado llevar, es que su alma carecía de voluntad. Quedaba cerca, el hospital. El San Ignacio. Una practicante de último semestre de medicina diagnosticó desprendimiento de matriz, pero no podía atenderla porque las camas todas estaban ocupadas. Dijo que la vida se apagaba, ineluctable. Su cara, compasiva y tersa, dibujó, sin embargo, una expresión de fastidio. Olía mal. El conductor de la radiopatrulla sugirió entonces el Hospital Materno Infantil, en los límites entre el norte y el sur de la ciudad, a donde no podría acompañarnos porque le tocaría salirse de su jurisdicción. Aliviado, nos deseó suerte. Habría preferido, él, un enfrentamiento con malandrines o una redada de putas en Chapinero. La improvisada ambulancia en la que convertimos la camioneta emprendió la marcha por la carrera trece. No había luces en el techo ni sirena que alertara a otros carros para abrirnos paso. La noche seguía avanzando y el tráfico disminuía, por fortuna. Con la experiencia del anterior centro de salud, aunque sin la escolta oficial, o precisamente por su ausencia, me bajé de la camioneta, frente al edificio blanco, amplio, que proyectaba sus paredes gastadas sobre la avenida con rezagos de humedad. En contra del portero que con el vaho pretendía calentar sus manos, tomé una camilla. 

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–Carlos Mario, espéreme aquí. Deje el motor encendido. Las lámparas de neón alumbraban, apenas, a las catorce mujeres que con sus vientres a punto de estallar caminaban en círculo, a la espera de que los dolores de parto se hicieran insoportables y fueran conducidas a la sala donde recibirían a los hijos. La anciana, con la matriz desgarrada, se dejaba llevar en la camilla. –No podemos atenderla, joven —explicó la enfermera. –La única alternativa que tienen es atenderla —ordené. –Si usted asume los gastos. –Se supone que este es un hospital del Estado. –Por eso: no hay plata para atenderla. –Pues de aquí no la saco. Y cuando argumentaba que había dejado el carro mal estacionado, para escabullirme y permitirle a la anciana que muriera sobre una sábana limpia, rodeada de mujeres a punto de parir, un aprendiz de médico, asqueado por el olor, gritó: – ¿Y de dónde traen eso? El desconcierto me impidió responderle la primera vez, por lo que repitió su pregunta. –De La Soledad —le grité. Y regresé a la noche.

All Night Long
John harold better armella, 1978
escritor barranquillero. su primer libro de poemas llamado china white fue publicado por la editorial independiente mexicana salida de emergencia y traducidos al alemán por el escritor austriaco wolfgang ratz. otros textos han sido publicados en la revista española casa tomada y la colombiana arquitrave. su trabajo como cuentista y cronista ha aparecido en revistas de barranquilla y el periódico el heraldo donde se desempeñó como redactor. e-mail: johnbetterarmella@hotmail.com

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odas las tardes el muchacho negro llegaba a la biblioteca del centro, casi siempre vacía. Ese día terminó de leer un libro que venía consultando semanas antes y empezó otro inmediatamente.
Poco a poco empezó a oscurecer, en algunos minutos cerrarían la biblioteca, entonces se levantó de su asiento y puso en marcha el plan. Subió las escaleras sin ser notado y se encerró en una pequeña bodega en donde almacenaban cajas y utensilios de limpieza, allí estuvo y durmió un par de horas. Al recordar, ya era muy entrada la madrugada y, al bajar las escaleras, quedó sin palabras al ver lleno el gran salón de lectura con gente negra igual a él. 

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Intente más tarde
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estido con su mejor traje, J toma el autobús que lo conducirá hasta el austero edificio donde lo espera su primer día de trabajo. Pero al llegar, todo su optimismo se ve quebrantado cuando desde la ventana del piso cuarenta y tres, el más antiguo de los empleados del bufete a quien ayer despidieron, se lanza al vacío gritando enloquecido: ¡Puedo volaaaar!

Se busca urgente
José rodrigo torres Correa

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topógrafo. e-mail: charconauta@hotmail.com

usco mi madurez mental! Si la han visto por favor informar. La última vez fue vista en el parque jugando en los columpios con tranquilidad, lleva zapatos grandes de color rojo y amarillo; viste con un pantalón ancho de color blanco con cuadritos brillantes, una camisa con botones grandes, guantes blancos, tiene la cara pintada para que nadie la pueda identificar y un ping pong para cambiar su voz. 
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Anábasis
Winston Williamson ramírez

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estudiante de estudios literarios de la universidad javeriana. e-mail: winstonwar@hotmail.com

l camino, las luces, las sombras verticales que se funden en ventanas, una leve llovizna. Una tarde con tintes de noche, una mujer en una esquina llorando, a algunos pasos de ella un hombre con sombrero, mirando al cielo, lavando sus pecados en las gotas invisibles.

Un suave olor a Swing parece diluirse en los vapores del suelo mojado. La lluvia aumenta, un relámpago a lo lejos. Ahora los edificios lloran, sus lágrimas discurren por los cristales. Una mujer delgada como una escoba, con el maquillaje corrido, observa a un negro enorme con traje italiano; un anciano de rizos marchitos titubea con los ojos velados en cataratas ante la entrada de un prostíbulo, algunos muchachos hormonales miran a su alrededor en busca de vitalidad sexual; un viejo saxo se retuerce, sumergido en una caverna con las enredadas notas del Bebop; una limosina se abre y dos enormes rubios con mirada altiva se deslizan despacio, un leve olor a sexo les rodea. La lluvia regresa a la llovizna, la calle empieza a palidecer; algunos rostros conocidos, cejas levantadas, mi enorme espalda cruje ya acabada, un contrabajo con olor a libro viejo, despedazándose en los vapores húmedos, rasgado aún con mis uñas, aún manchado de la sangre vomitiva de mi nariz, se pavonea ante el mundo como mi cruz. He llegado, de los rostros conocidos no se desprenden palabras, sólo movimientos del iris: una pupila dilatada en ella, una sonrisa en aquél, el ceño crispado de ése, bocas entreabiertas, de las pequeñas. Continúo hacia el abismo decorado con mesas, el olor a sudor entremezclado de hombres ya no es aliento vital, sólo nostalgia. Una mesa vacía, dos asientos: mi con- 

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trabajo y yo, abrazados en el lecho de muerte; miradas sorprendidas, algunas risas; mis párpados entrecerrados vibrando en aquel eterno sopor; ardor en los ojos, temblor en las manos, la ropa mojada, sangre en mis dedos.

Cuando se es viejo a veces el reloj se detiene, algunas cosas toman demasiado sentido, la gran mayoría lo pierden; me duermo con los ojos abiertos y mis manos acarician el licor o la música con independen-

cia. Empieza él la tonada, me despierto, desnudo a mi amante y como un espectro floto hacia la tarima —las personas a veces son los pilares de un laberinto trivial—. Se detiene el piano, silencio, mucho silencio, miradas gritando cosas ininteligibles; un pequeño muchacho en el clarinete me observa nervioso. Mi lugar ha sido siempre el fondo; una mirada suplicante al pianista, una sonrisa diabólica, mis ojos se desorbitan y mi vejez se olvida, un suspiro más fuerte que un aullido será el preludio a mis dedos sangrantes rasgando mi pasado; un mundo agoniza, detrás del telón sólo quedan tumbas, un instante de gloria. Veo mi niñez, mi padre con un revólver en la boca; mi madre abrazada a un anciano irreconocible; mi primera canción, una mujer bailando al ritmo de mis gemidos, orgasmos, el lecho en enfermedad, los vidrios llorando, la noche, la lluvia. Termina mi ensueño junto a la música. Silencio, ojos sorprendidos, extrañamiento, algunos indignados, otros simplemente extrañados; leves aplausos, a mi lado lágrimas en el hombre del piano, respiración entrecortada del muchacho. Mi brazo empieza a doler, el suelo, una ambulancia, mis párpados cerrados. 

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diego ortiz
estudiante de licenciatura en humanidades y lengua castellana de la universidad distrital francisco josé de caldas. e-mail: diegortizv@gmail.com

Bajo un poco más el vidrio, el calor me está matando. Miro el reproductor de discos compactos derretirse en el puesto de al lado bajo la inclemencia de un sol estático. Podría jurar que me extravié en este camino al mediodía, eso hace ya varias horas, pero el maldito sigue ahí, impertérrito, recordándome desde su cenit mi pésima ubicación espacial. Un crujido anuncia el fin del reproductor. ¡Mierda! Fincas de varias hectáreas rodean este camino, todas ellas cercadas por pinos o eucaliptos, adornadas con unas vacas aquí y allá que rompen la monotonía del verde que cansa mi vista tan acostumbrada

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evo más de dos horas manejando y por ningún lado encuentro la salida de la ruta 45 A que desemboca en la carretera central del norte y que me lleva de nuevo a la ciudad. Con ésta es la tercera vez que paso por la misma población, un pequeño caserío bastante influenciado por el progreso citadino, en el que el comandante de la estación de policía me detuvo —no sin cierta actitud arrogante—, revisó mi documentación y me advirtió categóricamente que no volviera por aquellas calles por un buen tiempo, que si hoy me volvía a ver merodeando con el nerviosismo del hampa, me encerraría durante varios días.

al gris de la ciudad. Me dejo llevar por la delgada línea amarilla, por las curvas zigzagueantes que me adentran en un espeso bosque de 

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pinos y robles. Al astro tostador inamovible se le dificulta traspasar el denso follaje y por primera vez desde que abordé el carro dejo de sudar. Despierto un poco del estupor, producto del intenso calor, y diviso adelante una gasolinera. Es buen momento de estirar las piernas. Con el impulso del declive, dejo que el carro se deslice hasta quedar junto a la bomba. Al lado, un anciano petrificado. -Lleno. -Púdrase. Podría jurar que aquella lápida recostada sobre la mecedora respondió alguna sandez, pero mi cabeza está apunto de hervir y no retengo sonidos. Paso a la tienda de comestibles para buscar cualquier cosa fría. Entro, suenan unas campanitas irritantes y me recibe una mirada adusta. Al parecer es la compañera de sarcófago del vetusto de la bomba. Recorro los estantes y encuentro únicamente pan mohoso, conservas vencidas y las neveras descongeladas. Detrás del mostrador, la mirada decrépita parece incómoda con mi presencia. -¿Tiene cerveza? -¿La vio? -¿Refrescos? -No. -¿Cigarrillos? -No.

-¿Chicles? -No. -¿Ostras? -Sí. ¡Maldita! Sólo por llevarme la contraria. Al final le compro una botella de agua con gas, al clima, para continuar el camino. Pero, ¿a dónde? He conducido por muchas horas y me siento muy fatigado. Si todo tuviera un poco de sentido, ya sería de noche. Se ve algo oscuro, pero presiento que el maldito sigue allá arriba. Me está esperando. -¿Hay algún estadero cercano? -Motel. -¿Ah? -Nueve kilómetros. -Gracias. -Púdrase. Algo masculló al final entre su apestosa caja de dientes, que escuché caer al piso. Lo único que quiero es dormir. Salgo y veo al fósil tal y como lo vi al entrar. -Ya está lleno. Enciendo el carro y efectivamente está lleno. Pago no sin cierta desconfianza. De nuevo en la ruta 45 A. Continúan las curvas. Tomo agua, me la echo en la cara, mojo hasta mis pantalones con ella, pero nada puede evitar el encantamiento de la carretera. Aun así me concentro

lo que más puedo pues cada curva que voy tomando me lanza más afuera del asfalto. Al llegar a lo que parece una última curva, infinita, como si me estuviera devolviendo hasta mi origen, aparece una recta que se pierde en la espesura del bosque. El motor ronronea, el viento apenas entra por la ventanilla, mi respiración es acompasada por el traqueteo del eje. Parpadeo y descubro que me he quedado dormido. Me descubro ante la misma recta —según parece—, pero ya no hay vestigios del bosque. Al frente me atosiga un desierto penetrante que consume todo lo que significa vida. Para colmo de mi desasosiego, el malnacido sigue allá arriba. No se ha movido un centímetro. Como una mancha parda sobre la gama de amarillos, aparece de la nada una edificación. Acelero a fondo para huir del asfalto pegajoso. Metros antes de llegar, el carro patea, el motor cruje y se atora con su propio vómito. -¡Mierda! Maldito alcohol carburante. Con el impulso que alcanzó el carro, llego hasta la entrada. Es una edificación de tres pisos, bastante descuidada en su fachada, con algunas ventanas rotas, maleza cristalizada por la ausencia de agua y ningún aviso que me indique dónde estoy. Sólo el de “ruta 45 A”. Apenas desciendo del carro, mi pelo comienza a oler a quemado. 

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El puto me quiere aniquilar hoy. Seis pasos largos. Entro. Lo primero que me recibe es un penetrante hedor a cañería tapada. Es como un filo que me corta el entrecejo. Es una mezcla de verduras descompuestas y humanos muertos. Ya no sudo pero ahora estoy a punto de vomitar. Un rostro grácil me recibe. -Bienvenido al de te eme. -¿A dónde? -¿Cuánto tiempo pretende quedarse? -Hasta mañana temprano. Si llega… -Cobramos por horas. -...(mierda)... -¿Perdón? -Lo que usted diga. -Cuarto tres cero tres. -Gracias. -Púdrase. Estoy casi seguro que esos labios carnosos adosados a ese rostro inmaculado enmarcado sobre dos prominentes curvas, más agrestes que las que me quisieron eliminar hace un rato, algo me respondieron. Creo que voy a dejar de dar las gracias. Antes de pisar el primer escalón la veo por última vez y su sonrisa no es concordante con sus ojos que quieren devorarme —no sé

si figurativa o literalmente—. Miro la claraboya en el centro del vacío de la escalera y el hideputa sigue buscando mi rostro desde su cima. A cada paso, a cada escaño, la escalera aumenta sus gritos de dolor. Yo creo que no voy a llegar hasta arriba. Llegando al tercer piso, faltan tres escalones.

Brinco. Por poco y me voy por el hueco. Abajo, me siguen mirando esos ojos tiernos y caníbales. Frente a mí, un pasillo lúgubre, sin ventanas ni iluminación. El cuarto es al fondo. El primero no tiene número, el segundo tiene el tres y el cero, el último: tres cero tres. Corro la puerta y un hedor más pútrido 

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que el que me recibió en la entrada me abofetea, golpe a la nariz y al hígado. Caigo de rodillas. Vomito. Espero que la beldad no tenga que recoger mis adentros. Me arrastro como puedo hasta el interior y cierro con delicadeza. Poso mi cuerpo sobre la cama y cierro los ojos un instante. Ya recuperado y adaptado a la oscuridad del recinto descubro que la cama es sencilla, que hay una mesita con lámpara, un televisor al fondo como empotrado en la pared o como encarcelado para no ser extraído, y un pequeño mueble muy golpeado. ¡Nevera! Vacía, qué más da. Al menos puedo enfriar el agua de la llave o mi cabeza dentro de ella. Para cerciorarme, entro al baño. El inodoro en medio de la ducha y el lavamanos en el piso. Nada que hacer. Enciendo el televisor. Paso los canales. Me detengo en cualquiera. Una película vieja. Mundo fantasmal. Esa me gusta mucho. Una burla abierta a los convencionalismos de la sociedad, ese humor negro que se cierne sobre Enid y Rebecca, sobre todo en Enid. Rebecca termina cediendo y prefiere adaptarse que morir en el ostracismo social. Siempre me he identificado con Enid, porque tal vez, como ella, nunca he querido enfrentar el mundo adulto. Por eso manejo. ¿Será por lo mismo por lo que no puedo salir de la ruta 45 A? En medio de mis desvaríos seudofilosóficos para los cuales nunca fui bueno, parpadeo y veo que de nuevo me he quedado dormido. En el televisor, otra película. No

se me hace conocida. Pero, ¡ay! ¿no es ese el valetudinario de la bomba de gasolina? Totalmente despierto sigo la trama de la historia. El protagonista entra a la tienda y compra una botella de agua. Observando la nevera descongelada como un cuadro de Dalí, recuerda su infancia asocial aprendiendo del mundo a través de un televisor en blanco y negro, y su adolescencia cruzada por el onanismo y las burlas. Él encerrado en el baño con una revista, los pantalones a las rodillas y Enid abre la puerta, lo señala y ríe hasta llorar. La abuela que atiende insulta al comprador que, con gesto de incomodidad, sale de su ensoñación. Afuera, recoge ¡mi carro! Y el vejete que hace las veces de bombero y pisapapeles también lo insulta. No comprende el porqué. Ahora maneja. Es como en las series de los 60, en que un mismo fondo pasa una y otra vez, como en diagonal, mientras que el conductor lanza fuertes cabrillazos que lo enviarían directo a la cuneta. Estaciona frente a una casona. Es recibido por una joven sexy y lasciva. Vaya, sexo en la recepción, que envidia. La joven hace entrega de una llave al visitante. Ella le indica a dónde tiene que ir y que lo mejor entre ellos está por venir. Esto se pone bueno. Llega al respectivo cuarto y abre con cautela. Ve el televisor prendido, la cortina cerrada y la nevera de par en par. Un fardo acostado en la cama. No pregunta, sólo apunta. Me despego del televisor y veo la puerta abier-

ta, la nevera de par en par y una sombra en la penumbra de la entrada. Vuelvo al televisor pero una distorsión hace destellar la pantalla y nubla mi vista. Siento rabia. Mucha rabia. De mi mente, de la puerta, del televisor, de la nevera, de la cama, del baño nace un grito que rebota contra paredes, parte azulejos, abre la cortina dejando entrar al cabronazo que no cesa de calentar. Quiero dormir, o tal vez despertarme. -¡Púdrase!

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¡No!, no es cierto, no puede estar hablando de mi nena. ¡No!, no de ella, no de mi hija, la luz de mis ojos…

¡Levántate, ven conmigo!
natalia Castillo verdugo
estudiante de artes plásticas y visuales de la academia superior de artes de bogotá, facultad de artes de la universidad distrital francisco josé de caldas. e-mail: nacasver1207@hotmail.com

La primera noticia sobre su existencia fue suficiente. La amé antes de poderla tener entre mis brazos. Al verla supe que era la perfección y desde ese momento fue ella el amor. ¡Mi hija!, mi sangre renovada. ¿Cómo es posible que lleve aquí más de un mes y no me haya ente-

Sobre el alma ese aleteo inútil de aquello que no fue, ni pudo ser, y lo es todo.
Fernando Pessoa

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a imagino bella y feliz. Sueño con su rostro, siento su amor de ángel. Recuerdo que es lo más grande que tengo (lo que me ayuda a vivir), lo único que me importa en este mundo. Por eso estoy acá: odio estos lugares en los que acecha la muerte, el contagio, el sufrimiento. No soporto la tristeza que generan las personas que están aquí. No me gusta tener que acudir a ella en un lugar como éste. No sé si mi cabeza y el resto de mi cuerpo encuentren un punto de apoyo para resistir lo que el médico dice.

rado? ¿Qué hice tan mal en todos estos años? No era aquí a donde me hubiese gustado visitarla, en un hospital, en la sección de enfermos terminales. Entro en su habitación y la veo con su carita acabada, la toco y sus manos están frías, su sonrisa no está, no está. La veo y no entiendo cómo pudo suceder. VIH, letras fatales que ahora están después de su nombre. Dios… ¿qué pasó con mi niña?, la que partió de mi lado con un mar de ilusión en sus ojos, la

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que se fue a estudiar, la que mi llanto despidió, Dios… ¿por qué me la devuelves así?, cuando ya nada queda por hacer, cuando ni siquiera puede decirme qué paso, en dónde fallé, que no le sirvió del amor que le di. Esto es una locura. El final de la vida de mi hija, y mi final. Su corazón late lentamente, con dificultad, y cada latido agobia mi existencia. Su corta vida tan llena de logros y satisfacciones se desvanece y yo sólo puedo esperar, esperar a que despierte, si es que despierta. Siento que mi hija se derrumba y Dios no escucha… ¿A quién puedo reclamarle? No soporto estar aquí. No puedo irme. No voy a dejarla sola, me desvanezco… Ahora estoy volando, mi cuerpo abandona este miserable lugar y mi alma se nutre de recuerdos, de ese pasado que creí perfecto. Ella y yo aprendimos la alegría cada mañana, cada tarde, cada nuevo suceso en su vida de niña. Fuimos felices, a pesar de la temprana ausencia de su madre, nuestra familia de dos era bonita ¡éramos felices!, pero parece que la felicidad no basta para el futuro. Y quizá esa alegría sólo exista en mi recuerdo, quizá fuera solo mía, quizá nada estuvo bien… ¿O si no por qué ella sigue tendida aguardando a la muerte, mientras yo vuelo? ¿Por qué no renacen sus alas? ¡Levántate nena, ven conmigo! Me siento inútil.

Ella, mi mayor alegría, es ahora el final de un cuento de terror. ¿Para qué tuve una hija? ¡Cállate, corazón, derrúmbate en silencio!, ese es el precio que tienes que pagar por haber estado con ella, por compartir su risa, sus ideas brillantes. No te acobardes corazón, y sufre, sufre. Ya no vuelo, estoy en la sala de espera. Miro el reloj y son las tres de la mañana. No sé qué día es. No sé cuánto tiempo ha pasado. Estoy solo, solo. Se abre la puerta y sale el doctor. Es un muchacho. Pienso que es demasiado joven para hacer de recadero de la muerte. Con un gesto me pide que lo siga a su consultorio. Camino por el pasillo y siento como si hubiera sido convocado al Juicio Final. Mis manos tiemblan. Yo tiemblo. Entramos y sin preámbulos dice: −No queda nada por hacer, lo siento. Me permitió verla por última vez. En esta ocasión su lecho de enferma no me produjo la misma inquietud. Solamente quería verla, no me importaba cómo, en qué estado. Sólo verla y sentir su mano. Le acaricié el cabello, las mejillas… y abrió los ojos. Su mano aferró la mía, sonrió y dijo: −Te amo papi, perdóname... Se desvaneció.

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Carlos alberto Polo tovar

Los tenis panameños

creador y director del espacio cultural y revista labra palabra. ha publicado los libros polifonía de colores y testamento de la barriada. algunos de sus textos han sido publicados en revistas como puesto de combate, galerías, dominical del heraldo y flota la prosa. e-mail: farlospolo@hotmail.com

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Entre el cansancio que viene pegado en sus párpados, trae también los negocios hasta la punta de las canas rebeldes a los tintes, entre besos y preguntas de rigor comienza el desempaque, la parte más emocionante. Mis hermanos y yo nos convertimos en una especie de perros merodeando las maletas como si en ellas guardaran trozos de carne. El ritual es el mismo, entre misterios y rodeos «Aquí hay una camiseta para ti, por allá está el jean que necesitabas». Todo en orden de estatura, sin olvidar el viejo discurso de la niña, que muy precoz se entregó al sacramento matrimonial «Por allá vi un vestido lindísimo, ya me pinto a la niña

na vez más llega de viaje Lucha con sus maletas llenas de sorpresas y el corazón hecho un alboroto, trayendo consigo cansancio, ilusión, electrodomésticos para el hogar, dulces, chucherías, pendejadas en general. Las llegadas de Lucha luego de varios días de ausencia alegran hasta los ratones, la nevera por lo general luce escueta: tres cebollitas rojas, un tomate viejo y dos tanques repletos de agua; a partir de este día la nevera vuelve a tomar importancia en la familia, les aseguro que comenzará a ser reverenciada y visitada con mayor frecuencia.

con ese vestido bien bonita que se vería». Suspirando con sentimiento. Otro rollo que nunca falta es el olvido de tal objeto, la pérdida de

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cual cosa, haciendo un poco de drama golpeándose la frente a manera de queja «¡Yo si soy bruta hombre, no se me olvida el fundillo porque lo tengo colgado, esta cabeza mía Dios mío! Mijo ahí te traje los tenis, mira a ver si te gustan, no sé, como tú friegas tanto con eso, abre el bolsillo de la maleta marrón ahí están, ah y cuídalos porque no hay plata para estar comprando zapatos a cada rato, bien caros que me salieron estos, los traje de Panamá, a ver si te duran con esa pata tan caliente. ¡Este carajo si es ácido! habrá que comprarle unos zapatos de hierro!». Este anuncio no me termina de cuadrar, esperaba que me diera la plata para comprar los zapatos a mi gusto y la verdad desconfío del buen criterio de Lucha, pero bueno no hay nada que hacer ¡Friquismortis caravelus estatus! Rebusco en la maleta hasta encontrar la bolsa con los zapatos. Los saco de la caja, me quedo sin saber qué pensar, cómo definir la impresión, jamás había visto unos tenis tan extraños, a ciencia cierta no puedo decidir si me gustan o no, a mi hermano mayor le encantan, sin embargo, a mí no se me salen de la cabeza los Adidas grises que quiero. Me retiro en silencio tratando de disimular la contrariedad, ya en mi cuarto los observo con mayor detenimiento y lo mismo, aunque debo confesar que no me son del todo desagradables, pero, tampoco es que me convenzan, los lanzo debajo de la cama molesto, en la primera oportunidad que tenga los

vendo; deben costar su billetico, total los trajeron de Panamá. Ocho días después mis viejos y consentidos Nike dijeron no más, ¡Friquismortis caravelus estatus! Me va tocando es de panameños, me los coloco con desconfianza y de mala gana, es viernes cultural, las frías, las nenas, los amigos, el club de perniciosos comienza a desfilar, ocho en punto de la noche, Will, el primero que asoma la cabeza por acá cumple con el ritual, se acomoda el cabello, el cuello de la camisa, se acomoda de lado, de frente otra vez, no sé qué espera del espejo, cuando termina con el rito narcisoide me mira con atención como evaluando mi apariencia y suelta un comentario: «¡Uyyy, si estamos estrenando!». Hace que levante los pies, examina minuciosamente, suelta un disparo. «¡Están la verga! Dónde los compraste Charles». No sé por qué, pero empiezo a tomarle cariño a mis tenis nuevos. «Los trajo Lucha la semana pasada», le contesto. Will sigue en un dele que dele con el tema de los zapatos, en esas entran Omarcito y pequeño Juan y de una la agarran con el asunto de los tenis nuevos. Que si Lucha no traería algunos por encargo, que tal, que pascual, que los tenis patatín, patatán, que si son muy costosos y todo ese rollo, en fin. Creo que todas las dudas y prevenciones con los tenis están totalmente saldadas y como por acto de magia desde esa noche mis tenis pasaron a ser mi pequeño tesoro.

Donde me metía la gente con la preguntadera, de dónde son tus zapatos «Los traje de Miami», contestaba sólo por joder, lo que más me agrada es que los bellacos son tan extraños que puedo asegurar que nadie tiene unos iguales en toda la ciudad, el resto de culicagados con los mismos tenis repetidos de San Andresito y yo espantajopeando con mis originales panameños. Como todas las cosas buenas tienen su detalle, su pero, su equilibrio según algún monje Zen, mis tenis tampoco escapan de la cabrona regla y de la misma forma en que llaman tanto la atención, la pecueca es tan poderosa que mis hermanos me sacan del cuarto, hasta que no me lave los pies en agua caliente y saque los tenis afuera no me dejan entrar. Cuando Lucha los encuentra por ahí los lanza para el techo. Intenté de todo para controlar el mal: los lavaba con agua caliente y bicarbonato de sodio, los llenaba de polvo hasta el tope, ¡puros placebos! Un día a la larga duraban sanos, luego regresaba el olor más poderoso; hasta la colonia de mi hermano le regaba encima, con resultados catastróficos, se armaba tal cóctel de olor en semejante revoltura que me hacía pensar en inscribirlos en el libro de los récord. Estando en casa de Claudia, la propia, la de mostrar, la del pechiche, como quien dice la traga, hombre que les digo, el cuadro es el siguiente: estaba toda la tropa, sus hermanas Jenis y Esmeralda, hasta su prima Deisy, el combo de

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perniciosos de mis amigos y el muy payaso de Will engancha como tema los berracos panameños, para colmo Claudia quería que me los quitara ahí mismo dizque para mirarlos bien, se pueden imaginar lo que pasó por mi mente. Un bajón indescriptible caminó por el pecho, un sudor gélido se paseó por los brazos, tratando de mantener la calma muestro los zapatos desde mi lugar enseñando sólo el pie ladeándolo para que vieran; pero el estúpido de Will a que me los quitara, se me escapa un emotivo y desesperado ¡no! Un sospechoso silencio se apoderó de todos los presentes que estaban sorprendidos con mi reacción, los nervios sólo me dieron para reír en voz alta y articular bobadas. «Eche qué, estoy mamando gallo qué, qué pasa», entre risas nerviosas le suplicaba a Will con los ojos que olvidara el asunto, pero el hombre, fiel a la regla de la tortura, comenzó a sabrosearse el asunto, azuzando más y llevando al limite mi desesperación, tratando con pequeño Juan de quitarme los “pecuecosos” zapatos a la fuerza, la verdad no sé cómo pude evitar semejante tragedia, los muy cabrones no pararon hasta que no llevaron mi angustia hasta las últimas. De repente, Deisy la prima de Claudia lanza un apunte endemoniado que por poco y me mata «Lo que pasa es que tiene pecueca, por eso no se deja quitar los zapatos». Otro comentario como aquel y me soltaba

a correr ¡Por chucho que sí! Will, después de todo, es un buen ser humano, afloja, se levanta con la excusa de ir a traer algo de la tienda invitándome de paso, al llegar a la tienda mi querido amigazo se retorcía de la risa diciéndome «¡Tienes una pecueca, no, eso no es pecueca, es macueca, la mamá de la pecueca hijueputa!». Recuerdo que quemamos todo el tiempo necesario mientras se olvidaba el asunto. Semejante sofoco aumentó mi paranoia con los zapatos, entonces los dejaba todo el día en el sol, los lavaba con un químico de mi invención que contenía los siguientes ingredientes: dos tapas de

tado, está como se le daba la gana con sus piernotas, la piel rosadita, unas cejas bien pobladas, ojos color miel, un pecho erguido y orgulloso, un derriere bien ubicado sin sobrantes ni faltantes y aquella cabellera dorada que danza con el viento. Llega a la tienda con ese habladito dulzón y la carita de yo no fui. Tiene a todos los buitres alborotados, con sus blusitas cortitas y justas, los desconcertantes culishorts, mejor dicho, la aparición de la chica en el barrio tiene en shock a las cuatro generaciones, incluyendo esposas, novias, abuelas, abuelos, en fin, el chisme del momento. La tribu de perniciosos mudó su

limón, tres bolsitas de bicarbonato de sodio, medio tarro de talco para pies, Fab, Fabuloso lavanda, sal, colonia de mi hermano, todo disuelto en agua; los resultados eran nulos. A dos cuadras de la casa se muda una nena, ¡una nena! Uhhf, una chica de esas modelo impor-

centro de operaciones para la tienda, sólo para esperar las idas y venidas de aquella cosa esplendorosa, cuando aparece con ese caminado provocador alborota el avispero, cual más sombra hiciera: Will pantallero por naturaleza, le da por la movedora de pelo, la habladuría

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fuerte; algunos comienzan el show de karate; Genaro sacando pecho y rascándose los bíceps, por supuesto que yo no me quedo atrás, me cae la entradera y la salidera de la tienda cantando en un inglés mal trecho acompañado con ciertos pasos dance de moda y la nena ni una miradita siquiera, se larga con aquel delicioso uno, dos, uno, dos sincronizado meneando aquello tan codiciado y hasta el momento distante como las estrellas. Las apuestas estaban sobre el tapete, el que coronara tenía derecho a una noche con todo pago en “la barra de Jack” pero eso no era nada comparado con el prestigio, el respeto y la admiración que ganaría el afortunado que lograra conquistar a la chica, hasta gallinazos reconocidos de otro corral rondaban por ahí peligrosamente, así que el asunto no era fácil. Omarcito, como buen lambón, la conoció primero, pero nada, el pollo estaba lelo, le quedaba grande, aunque puedo reconocer no sin vergüenza que más de una vez me logró dar en el coco cuando pasaba por la casa de la nena y lo pillaba carreteando de risitas y tales, los códigos preestablecidos no permitían meterse en el medio cuando un hermano estaba en el turno, así que por el momento todo el mundo quieto en primera; Omarcito estaba al bate, nada que hacer. Una noche, regresando de la casa de Claudia hecho una sopa de embrollos, líos emocionales y confusión, la verdad no estaba preparado para las grandes ligas del amor, no había

salido de un rollo cuando ya estaba en otro, Claudia perdóneme y perdóneme, en algún momento me iba mandando al carajo de una buena vez y por los síntomas ese momento lo tenía encima, el lío en mi cabeza era tal, por un lado no quería perder a Claudia y por el otro necesitaba aire, libertad, espacio, con esos pensamientos en mi cabeza me tropiezo con la dulce mirada de la paisita sentada sola en la terraza de su casa, de repente aquella voz dulzona me llama, pienso para mis adentros: ¡Omarcito estás fuera de juego, out side contigo bro! Cabizbajo muy fuera de forma por lo de Claudia, desinflado me acerco con un formal buenas, a secas, y la niña preciosa me pregunta por los condenados tenis, que si eran unisex, que dónde los había conseguido, que le gustaban mucho; pero lo mejor, lo más interesante fue lo que dijo al final: «Y el dueño no se queda atrás». ¡Sonaron pajaritos! ¡Epa caballero, esto se pone bueno! A pesar de todo estaba demasiado friquiado para seguir el juego, muy decentemente me retiré a pensar en Claudia, aunque de vez en cuando se me atravesaba la paisita y su dulce comentario. Pasaban los días y la situación con Claudia empeoraba al igual que mi comportamiento; ya no disimulaba cuando estaba por allí en alguna travesura, el hilo continuaba tensándose, Claudia pasaba de ultimátum en ultimátum y yo pa’lante como la cucaracha, como la mosca, cagándola; los tenis trajeron consigo una suerte tan verraca

como su pestilente olor; no había fiesta o rumbita donde no bateara de hit, no era necesario una conversación de esas tristes y truculentas para dar por sentado que la historia con Claudia había llegado a su fin, de manera mansa y tranquila, casi sin percibirlo. Will aparece con planes concretos, invitándome para una fiesta, pero mi humor no estaba para eso; mi estado de ánimo no toleraría la pachanga, ni el chucuchucu. No, más bien imaginaba unos tragos tranquilo, unas cuantas frías acompañadas de la música adecuada, Will comprensivo me invita a “la barra de Jack” y el panorama cambia, el cielo se despeja; un buen plan para un jodido día de ilusiones rotas. La noche transcurría entre recriminaciones de Will, por mi actitud para con Claudia, clavándome el puñal hasta el fondo, con el rollo de que ella no se merecía lo que yo le hacía y si la había perdido toda la culpa era mía, entre confesiones, reflexiones y culpas a medio admitir la noche me trae un exquisito e inesperado regalo: la linda paisita llega con un par de nerds medio lelos, se ubican justo enfrente de nosotros, Will afila sus armas pantallando como puede, por mi parte estaba indiferente con la cabeza echa un nudo: Claudia, mi libertad, las chicas, mis amigos, el trago; tenía que tomar una decisión, cambiar o renunciar a ella. A juzgar por el comportamiento de la paisita, el par de lelos no alcanzan a distraerla del todo porque a la niña se

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le saltan los ojos pendiente de nosotros, cualquier cosa que hiciéramos le parecía divertida, Will está que no se lo cree «Charles ¿si estás pillando?, está tramada con nosotros, ¿te das cuenta de la miradera que tiene para acá?, mira, mira, si está es de pura sonrisa pepsodent loco». Will no dejaba de utilizar el plural; nos, nos; aquí y allá. Recordando el comentario que ella me hizo la otra noche me sentía con ventaja, pero con Will nunca se sabe, me podía “faulear” y dejarme fuera, ya me había pasado antes; de repente Catalina como se disponía a abandonar el bar, no sé si eran ideas mías pero creía que me apagaba una lámpara, Will me confirma emocionado «Uy, me picó el ojo, ¿no la viste?». Bueno, yo creía que era para mí, pero si Will dice que era para él por algo será, luego de un par de canciones planeadoras, de esas que te mandan fuera del planeta; las sorpresas no acaban, Catalina regresa sola, a Will los ojos no le cabían en las órbitas, para colmo, sin preámbulos ni presentaciones se acomoda en nuestra mesa, me saluda con tal confianza como si me conociera de hace mucho tiempo y por lo primero que pregunta es por mis putos tenis panameños «¿Ya le comentó a su mamá si me puede conseguir unos?». Luego de diez minutos Will entendió hacia

dónde tiraba la balanza y colgó los guantes, como era código entre nosotros se tomó la molestia de facilitarme las cosas, se largaba por ratos prolongados donde James, a molestar con los discos colocando música para la ocasión; sin embargo yo tenía una poderosa preocupación... mis bolsillos como de costumbre estaban vacíos, y se podía escapar la palomita por algo tan trivial como el cochino dinero, al acabarse la tanda, James trae dos cervezas más, Will me hace señas desde la cabina de sonido, el mensaje estaba decodificado: ¡No te preocupes Charles!

Bueno, la nena primero no tenía nada de nena, segundo nada de tímida, tercero mucho de lanzada, quizás demasiado para mi gusto, pero ante semejantes atributos no se podía hacer nada, gracias al calor de las cervezas y la personalidad de Catalina por fin logré soltarme, cuando eso pasaba ter-

minaba corriendo a las chicas, intimidándolas, pero ella era de otra madera, pareciera que le fascinara mi agudeza, mi franqueza vulgar, era como si la estimulara. Otro elemento desconocido para mí era su sonrisa, que no era linda ni mucho menos; no señor, sin eufemismos, arrechadora y punto: la niña estaba que explotaba, la risita, los guiños, el roce de piernas, la mordedura del labio inferior cada dos minutos, ¡matador! Will, desde su lugar, me abría los ojos, gesticulaba desesperado, estaba que me tiraba de la silla, creo que pensaba que iba muy despacio, incluso Catalina sutilmente me daba a entender lo mismo, no lo pensé más, la tomé por el cabello trayéndola hacia mí, sembrándole un beso pasional donde puse todo el veneno que pude, para mi sorpresa Catalina gemía y se retorcía como si la tuviera adentro y hasta el fondo, eso me pareció bastante curioso, su mano traviesa me sobaba el arma, pensé: esta paisita vuela a la velocidad del sonido. Para mi asombro me suelta al oído, «Tengo ganas de acostarme con usted». Gancho directo a la mandíbula, knock out. ¿Qué hacía? Catalina nota algo en mi rostro y suelta un comentario que hiere mi ego «Entonces qué, le dio miedito». Atrapado en la esquina recibiendo semejante paliza no tenía otro recurso que pelarme la cara, la sinceridad, no va más «La verdad es que... mira... yo... no vine... no sabía... mejor dicho reina, no tengo un solo peso

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mi amigo me invi...». Sin dejarme terminar agrega «Qué pasa, pues déjese de bobadas, yo lo invito, sólo vamos». No acostumbrado a ese trato impersonal de usted, demasiado frío para una chica que me está invitando a acostarme con ella, nos levantamos sin preámbulos y de lejos con señas me despedí de Fredo y James. Estando en el motel en una habitación con aire acondicionado, para colmo, me acuerdo de mi problema con los zapatos pecuecudos, qué hacer, qué hacer, si me los quito como mínimo la privo, la espanto, me deja como carpa de circo, le produzco asco, estas vainas solo me pasan a mí, es lo primero que uno piensa. Catalina se desviste como un bólido de fórmula uno, qué monumento, qué espectáculo, una obra de arte hecha carne, piel y huesos. Muy sagaz me quito la camisa, desajusto la correa, bajo mi cremallera y la tomo rudo y salvaje por el cabello, la volteo dejándola de espalda sin soltar la presión en su cabello, embisto primero torpe sin alcanzar a embocar, ella desesperada y colaboradora me ayuda con su mano, moviéndose un poco para más comodidad, gritaba como desquiciada, era una de esas mujeres sumadoras, más, más, más, más, eso enloquece a cualquiera, cuando cansados y exhaustos nos tendimos en la cama me pregunta «¿Siempre lo hace con ropa?». Vuelvo a acordarme de mi problemita, suelto un chorro amañado dándomelas de conocedor «Lo que pasa

es que yo soy un fetichista, me estimula más a medio vestir». Catalina guarda silencio por unos minutos, hasta que lanza un comentario que me hiere de muerte: «Esta habitación huele como a cañandonga, uf, fo, qué feo, huele como a ratoncito muerto». Haciéndome el estúpido me pongo en pie. Me refugio en el baño, le pongo seguro por si acaso, me desvisto completamente, el mal olor no lo soportaba ni yo mismo. Me pongo manos a la obra, agua para los pies, jabón, maldiciendo ese servicio estúpido; por qué carajos en los moteles colocan estos jabones tan diminutos, bregando como podía para desaparecer el olor, Catalina toca la puerta «Qué hace, venga déjeme entrar». No señor, de un salto me mojo el resto del cuerpo, abro la puerta, la tomo entre mis brazos alejándola de allí y tumbándola en la cama para empezar de nuevo la lucha corporal, cuando aterrizamos otra vez, Catalina vuelve a comentar «Uy no, aquí huele muy mal, fo, fo, movámonos rápido». Se levanta queriendo ir al baño, la alcanzo en plena entrada, la traigo hacia mí besándole el cuello, manejándole una mano en el pecho y la otra en su centro, por el momento olvida la idea del baño, estuve jugueteando con su cuerpo hasta que ella misma se devolvió para la cama, se tumbó, abrió las piernas en posición de “hola mi amor”, me zambullí en su pubis, chupando, mordiendo, manejando de la mejor manera la lengua y la situación,

menos mal después de aquello se adormeció un poco; aproveché, entré al baño, me vestí, respirando más aliviado, aunque algo del olor quedó concentrado en el baño, lo cerré por fuera, la desperté con la excusa que era algo tarde, salimos de allí, el taxi nos dejó en la puerta de su casa, nos despedimos veloces y furtivos, Catalina me susurra al oído: «Estuvo delicioso, lástima el olorcito raro». Entró a su casa dejándome con la cabeza grande, no sabía cómo interpretar aquello, ¿se habrá dado cuenta que eran mis pies? Eso nunca lo sabría porque no tenía los huevos para preguntar. Llegando a la esquina de mi casa, salen dos tipos armados con puñaletas «Quieto pelao, te mueves y te daño, quietico suelta lo que tienes». Les muestro mi cartera totalmente limpia, como mis bolsillos. El más viejo ruge: «Bájate de los zapatos». Me los quito muy nervioso, temblando, cada cual toma un zapato, el más joven descarga un insulto: «Hijueputa, este man está podrido». El otro lo acompaña: «¡Sí, no joda bota esa mierda!». Lanzaron mis tenis en los techos lejanos y se largaron corriendo entre risas, no sin antes gritar: «¡Usa Mexana cochino!». Y ese fue el final de mis recordados y queridos tenis panameños.

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Mi inminente muerte
miguel ángel romero ChaCón
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de cuento fue seleccionado entre los diez finalistas en la cate-

1 concurso nacional cuento, organizado por el ministerio de educación nacional – rcn televisión s.a. y radio cadena nacional s.a. e-mail: lanyel@ hotmail.com

goría tres (estudiantes universitarios) del

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o es justo que esto me vaya a suceder a mí. Yo ayudo al prójimo, asisto semanalmente a la iglesia, hago obras de misericordia, rezo todos los días el Santo Rosario... No es justo que mañana a las ocho y quince de la mañana, don Gregorio Suárez me mate abaleándome con los diez y seis tiros de sus dos revólveres Smith. Las personas se van a sorprender cuando lleguen los policías a hacer mi levantamiento, porque no van a entender cómo es posible que suceda lo que va a suceder. Y como desde mañana todo el mundo le va a tener miedo a don Gregorio Suárez, pasado mañana serán muy pocos los que irán a mi entierro, y los pocos que se atrevan a hacerlo lo harán solamente para ir a chismorrear.

Cuando me levante mañana a las seis y quince, y se me haga tarde, me pondré el sombrero de ala, el saco de pana azul oscuro y los zapatos de charol que utilizo para ir a misa. Cuando vaya caminando frente a la tienda de don Pepe, va a empezar a llover y se me va a olvidar llevar el paraguas. Cuando llegue empapado a la iglesia, me va tocar sentarme en la última silla porque, como voy a llegar un poco tarde, las demás van a estar ocupadas. Florencia Suárez va a llegar en el momento que comience la eucaristía porque cuando vaya a salir de su casa para ir a misa, va

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a esperar que escampe ya que no va a querer que su vestido de lino blanco se moje. Como don Jacinto tiene que ir primero a comprar la carne del almuerzo de mañana ya que se va a encaprichar con que tienen que almorzar en la casa porque el día estará lluvioso, también llegará tarde; por lo cual, se va a sentar

en el único asiento vacío que va a ser a mi lado y cuando las beatas del coro comiencen a cantar en el momento que vaya a comenzar la eucaristía, don Jacinto se va a levantar del puesto para tomar la eucaristía porque va a sentir el deseo de ser el primero en comulgar para que desde mañana en adelante la gente se dé cuenta que él es un hombre devoto. Cuando llegue Florencia Suárez en plena eucaristía, levantándose el vestido con las manos para que no se le empuerque, va a sentarse en el puesto que va a quedar vacío a mi lado. Cuando termine la misa, el padre Nepomuceno, que va a querer continuar con sus tradiciones, nos va a repartir a todos un fragmento del libro del Apocalipsis para que lo leamos y lo estudiemos después de misa, ya que en la próxima eucaristía nos va a hacer preguntas. Florencia Suárez, la hermosa hija de don Gregorio Suárez, va a sentir cierta vergüenza conmigo ya que no somos de confianza, pero finalmente me va a pedir el favor que le ayude a llevar las hojas con el fragmento del libro del Apocalipsis, que el diácono nos repartirá, porque va a tener sus dos manos ocupadas para evitar que su vestido se le empuerque en los charcos. Como voy a acompañarla de regreso a su casa, que es lo que hace un buen caballero, porque mañana sus hermanos van a tener que ir a la hacienda ya que un novillo se les va a caer en el barranco por la creciente de la quebrada y no van a poder

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acompañarla, y su padre va a seguir tomando en la tienda de Ceferino por nostalgia en el aniversario de la muerte de su esposa, la gente va a empezar a decir cosas que no son y a inventar más de la cuenta. Según lo que doña Gabriela le va a decir a doña Martha, mañana yo voy a ir acompañado con la hija de don Gregorio Suárez, eso está sospechoso; según lo que doña Martha le va a decir a doña Carmina, mañana yo voy a ir de gancho con la hija de don Gregorio Suárez, ¿quién lo creyera?; según lo que doña Carmina le va a decir a la esposa de don Ceferino, mañana yo voy a ir de mucho pipí cogido con la hija de don Gregorio Suárez, ¡eso ya es el colmo! Y como a Florencia Suárez se le va a quedar la ventana de su cuarto abierta cuando mañana vaya a mirar por ella a ver si ya escampó para poder ir a misa, cuando vayamos de regreso me va a pedir el favor que cuando lleguemos a su casa le ayude a correr el armario para poder secar bien el piso, porque preciso cuando vayamos frente a la tienda de don Roque va a empezar a llover nuevamente, y esta vez con borrasca, y su cuarto se le va a convertir en un pantano. Cuando estemos en su habitación ella me va a decir, con toda cultura como debe hacerlo una dama, que si quiero me quite el saco de pana y el sombrero de ala para que los ponga a secar y que por favor le ayude a correr el armario, pero que primero le ayude a quitar las cobijas mojadas de la cama para

ponerlas a secar en el patio mientras ella va al baño a cambiarse su vestido que por más que mañana va a intentar no emporcarlo se le llenará de barro hasta la cintura. Y es entonces cuando don Gregorio Suárez va a entrar a la casa, como si fuera un toro de casta de su hacienda, abriendo a patadas las puertas porque don Ceferino mañana le va a decir lo que su esposa le habrá dicho que dizque doña Carmina le dijo que doña Martha le dijo que doña Gabriela le dijo que mañana nos habrá de ver a mí y a la hija de don Gregorio Suárez como muy junticos. Don Gregorio Suárez va a entrar al cuarto y va a pensar mal porque cuando derribe la puerta de la calle con una patada y los cristales se rompan, Florencia Suárez va a salir del cuarto de baño con una toalla puesta para saber qué es lo que mañana en ese momento va a estar sucediendo. No es justo que cuando don Gregorio Suárez vaya a derribar la puerta del cuarto con otra patada, Florencia Suárez del susto se deje caer la toalla y yo me lance a la cama destendida porque voy a creer que la tormenta está destruyendo la casa, don Gregorio saque sus dos revólveres y me mate. No es justo que esto me vaya a pasar a mí que soy tan buen católico, tan misericordioso, tan devoto, tan creyente y tan buena persona con todo mundo. Yo no quiero morir, que la gente por miedo termine dándole la razón a don Gregorio Suárez, que a mí me vean como el malo de la película, y que a mi

entierro asista menos gente que la que va a la casa de la cultura; por eso, para que mañana no vaya a pasar nada de esto, no me levantaré a las seis y quince sino a las siete y en vez de ir a misa me voy a la tienda de don Roque a ver el partido.

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uando los caminos no son ya trechos seguros y se vuelven senderos habría que preguntarse por qué la luna ya no es como el faro sino como la gran roca caída en hombros de Sísifo o por qué existen momentos en que los momentos se quiebran y no son más que el silencio entre una nota y la siguiente o por qué la imposibilidad de hallar palabras que al pronunciarse les fuera suficiente con adherirse al firmamento en lugar de marcharse como niñas caprichosas del brazo del tiempo.

Cuando los caminos no son ya trechos seguros y se vuelven senderos habría que preguntarse si el suelo bajo nuestros pies es de arena o de ceniza si el horizonte es de fuego o el sol arde demasiado si aquello es porque es o tu mirada está rota si el dolor del primer amor es lo único que permanece. Carolina Ochoa

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Editorial
Camino de Círculos Internos 2

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Escritor invitado rodolfo ramírez soto
Las horas pasan como botellas donde Cecilia Clasina De tanto paso amontonado sobre tan poco zapato Transformación Suerte Zoroástrico Apego Holocausto

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Paula andrea altafulla dorado

Carlos alberto Polo tovar

Receta para morir en el primer suicidio Aaa Espejo de dos fichas Escafandra vegetariana Manuscrito en jarra de mármol Paraguas de celofán Craneoscopía Dios sustituto Pipa para peces Las sombras de un silencio Jhonnatan Marín torres Cercenados Evidencias Voceador Una...

María viCtoria Córdoba John edison Carrillo

Problema gramático-temporal El verso de los sueños ¿Cómo? Lamento de una sombra cobarde Tuyo y mío Johannes fernando MeJía Suicidio constante Palabras para irse Pájaros de la tercera edad South sandusky street La neurosis de Dylan Thomas Camino
Malely linares ingrid gonzález

daniel J. Montoly Winston WilliaMson raMírez

Editorial Editorial
RETIRO CARATULA4.indd 1 31/03/2009 10:10:19 a.m.

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