Vincent

Sinfonía sin sol
Cesare Gafurri 61
El día después
Cortada
Andrés Gustavo Córdoba 63
El mundo que me gusta
Miguel Morales Castillo 65
La estatua
Veneno de zozobras
Mileidy Viviana Yopasa Ramírez 66
La calle
Luz solar
Viento de abril
Hellman Pardo 68
Él: voraz e insaciable
Amante
Angélica Téllez 71
Les toca
Especulación en Colombia
Pablo Estrada 73
El agua…
Para pronunciarte…
Exactitud de la palabra
Las ciudades ya no tienen rostro…
Liliana Moreno Muñoz 76
Y ya no estás para escuchar las palabras
En la calidez de casa
Inscripción en el cigarro
Andrés Barbosa Vivas 77
Monólogo
Mi ciudad
Rosita Catalina Isaza Cantor 81
Vengo
Kelly Johanna Platero Villamil 83
De nuevo el día como salvación
Ahora
Medí tus fantasmas
Soy él
Samuel Acosta Aroche 84
II
V
X
XI
XVI
XX
Hanz Medrano 86
Canto al Apaporis
En el justo tiempo
Fanny Muños Reyes 88
Una faena no convencional
Carlos Cortés Martínez
(entrevista a: Antonio
Caballero Holguín) 91
Una escena de la
vida posmoderna.
Much Music Televisión
Diego Ortiz 98
Sobre Nicanor Parra
Daniel Andrés García León 103
Vladimir Jankélévitch: Pensar
la muerte (reseña)
Oscar Alejandro Jiménez 105
Refexiones sobre la memoria: el
último desalojo de el Cartucho
Carol Contreras Suárez 109
Los nombres de Ciudad Tristeza
(del capítulo “Felicidad”)
Carlos Humberto Marín 117
PALABRAS DE MAS

RectoR
CarlosOssaEscobar
ViceRRectoR AcAdémico
OrlandoSantamaría
FAcultAd de cienciAs y educAción
decAno
BorisBustamanteBohórquez
cooRdinAdoRes
RolandoFranco
DiegoOrtiz
GRupo editoRiAl
comité cuento
JairoHernández
AngélicaTéllez
AndrySolianyQuintero
SantiagoCalderón
DiegoOrtiz
comité ensAyo
JulieAndreaSerna
AnaMariaSerna
HarolBernal
EduardCárdenas
PaolaRodríguez
comité poesíA
CarolinaOchoa
CarlosFino
RolandoFranco
comité pAlAbRAs de más
CarolinaOchoa
DiegoOrtiz
diRección sección de publicAciones
MaríaAlexandraGutiérrezOjeda
cooRdinAción editoRiAl
LeonardoHolguínRincón
cARátulA y diAGRAmAción
JorgeAndrésGutiérrezUrrego
coRRección de estilo
PabloEmilioDazaVelásquez
ilustRAción poRtAdA
SantiagoCalderón
ilustRAciones y FotoGRAFíAs
SamantaGarcía
SantiagoCalderón
LilianaBonil
pRoducción editoRiAl
Seccióndepublicaciones
UniversidadDistritalFranciscoJosédeCaldas
MiembrodelaAsociacióndeEditoriales
UniversitariasdeColombia(ASEUC)
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r e v i s t a g a v i a @
u d i s t r i t a l . e d u . c o
r e v i s t a gavia
p a l a b r a s d e m á s
Los textos presentados en la siguiente
publicación expresan la opinión de
sus respectivos autores y la revista no
se compromete directamente en la
opinión que éstos puedan suscitar.
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AlternAnciAs ApocAlípticAs en espAcios simbólicos
Cuando un artista crea una imagen, siempre está también superando su pen-
samiento, que es una nada en comparación con la imagen del mundo captada
emocionalmente, imagen que para él es una revelación. Pues el pensamiento es
efímero; la imagen, absoluta. Lo bello queda oculto a los ojos de aquellos que no
buscan la verdad. Precisamente el vacío interior de quien percibe el arte y lo juzga
sin estar dispuesto a refexionar sobre el sentido y la fnalidad de la existencia de
éste, ese vacío seduce más de la cuenta y lleva a una fórmula vulgar y simplista,
al ¡no gusta! o ¡no interesa!, el argumento de quien ha nacido ciego y pretende
describir el arcoíris.
Andrei tarkovski
ComprenderloquereúneenestenúmerodeGavia,esentenderloqueTarkovski
insinúapor revelación y refexión conrelaciónalarteyalaexperienciahumana.
Lapalabralatina «revelación» sederivadelgriego «apocalipsis»,porantonomasia
equivalentea“manifestacióndivina”.Consecuentemente,unadelasacepcionesde
«apocalipsis»seríalade“aparecerunaverdadsecretauoculta”,correrelvelopara
mostrarunaobradearte–revelarensímismodescubreodestapa–,revelacióny
verdadpodríanconsiderarsetérminosequivalentes.Decirestoconstituyelaverdad
como aquello que es revelado, dicho de otro modo, la verdad para ser conocida
debeserreveladayamenosquesevelelarealidad,laverdadnopuedeservista
niencontrada.
Tarkovski vincula la verdad con la refexión, esta refexión viene del latín
«refexĭo» que signifca el refejarse,tambiéneltomarunacurvaodesviarse–sin
malentenderloquequieredecir–.Lainterpretaciónaparentedelartecomoimagen
querepresentaelmundoessólounvistazodeéste,tantoquienlocrea(elartista)
comosureproductor(ellector)tienenquerevelarlo,“correrelvelo”.Ademásde
esto,buscarlaverdadinvolucratambiénrefexionar,desviarsedelmundoeinmis-
cuirseenlohumano.
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revistagavia p a l a b r a s d e m á s
Conloanterior,Gaviaensusextaversiónquierereiterarsulaborycompromiso
con la comunidad estudiantil en general, ser revelación y refexión ante la imagen
del mundo, descubrir lo velado para revelarlo al mundo, ante la refexión de lo
humano,delocomprometido.Asímismo,elestudiantecomoindividuoencons-
trucciónaspiraaconvertirseenserintegralyactorsocial,estácomprometidocon
el mundo cuando tiene interrogantes y del mismo modo generar propuestas que
representenunquehacerenlavidauniversitaria.Estecompromisoseentiende–se
piensa– en la revista y por tanto, es de vital importancia: seres amplifcadores de
esas voces que deciden en un ahora tomar conciencia y ser refexivos. ¿De dónde
parteestaexperiencia?,desumundo,desuvida,desuscircunstanciasdinámicasy
siempreconstructivasdeeseuniversoviablequealgunosllamanarte.Esmás,este
individuo-estudianteproducepornecesidadvitalsurealidad,loestáobligandoa
cercarse,adelimitarsumirada,perolabúsquedadelsentidointerior,susensibili-
dad le ofrecen múltiples perspectivas, es capaz de refexionar, es posible desde su
interiorenfrentarytrasformarlarealidad,siendoque–apelandoaDeleuze–,escri-
bir es un asunto de devenir, siempre inacabado, siempre en curso, y que desborda
cualquier materia vivible o vivida.Conlapalabrasere-presenta,seimagina,seen-
frentannuevoscaminosmanifestadosparanosotrosenelpanoramadeloposible.
Ahorabien,conscientesdelodinámicodelpensamientoysinnegarunatradi-
cióngavieradeescritoscreativosenlasseccionesdePoesíayCuento;onuestro
acuerdoconlaconstrucciónacadémicaenEnsayo;proponemosparaellectorávi-
dounanuevasecciónllamadaPalabras de más,dondelarelaciónsimbióticaentre
la escritura y el pensamiento se manifesta de otra forma en textos otros–todosal
margendelosgéneroscanónicos–dondelaopinióncuenta,dondelalecturaofrece
múltiples signifcaciones. Gaviaquiererevelaraustedeslacreación,laimagina-
ción y la escritura comprometidas, abonando el campo para la refexión y trans-
formaciónhaciaunarealidadalternaatravésdelalaborintelectualyacadémica;
abrirlosmásalládequienestuvieronlanecesidad,comoalcomienzonosrecuerda
Tarkovski, refexionando el sentido y la fnalidad de la existencia y así mostrar un
nuevohorizonte.
Gavieros
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I
revistagavia p a l a b r a s d e m á s
Adriana menéndez
*
(BuenosAires,Argentina,1965)
...it was something to have
at least a choice of nightmares.

Heart of Darkness, JosephConrad
H
abía guardado todo lo sucedido bajo noventa cadenas y seten-
ta candados. Pensó que así podría seguir con su vida normal
y hacer las paces con Dios. Pero poco a poco, sin darse cuenta hasta
que fue demasiado tarde, las cadenas se le hicieron carne. Se fueron
transformando y terminaron por convertirse en anacondas.
Ella las pudo dominar hasta ese día, una semana atrás. Era sor-
prendente que una mísera, triste y sucia tirita de cartón en la que
se dibujaban dos rayitas rosadas tuviera semejante poder. Un
positivo que no era otra cosa que la negatividad misma. Impen-
sado. Imposible. Innombrable. Innecesario. El hijo y el hecho
repetido una y mil veces que lo había engendrado.
Sintió que las anacondas despertaban, inquietas, fastidiosas, se
revolvían y pugnaban por salir a la luz. Quería vomitar, liberarlas.
Pero no podía hacerlo de una manera caótica ni desordenada por-
que entonces no quedaría nada en pie. Ni ella misma. Debía edu-
carlas y mimarlas para que la obedecieran sin cuestionamientos.
Tenía que hacerse amiga y enseñarles, como una buena madre, a
*
Escritora invitada, se ha desempeñado como traductora literaria de inglés. Ha publicado
hasta este momento tres libros de cuentos: Un poquito de smog (Editorial Distal, 2001),
Maquiavelos y estafados (Editorial Simurg, 2004) y Huracán en la garganta (Grupo Editor
Latinoamericano, 2008). Correo electrónico: adrimen2000@gmail.com
El del
Abuelo
Escritora
invitada
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quién atacar ya que, desesperadas y medio ciegas, no la
reconocerían y terminarían devorándola por ser la úni-
ca a la vista.
Todos se habían ido de un modo u otro. El padre acci-
dentado y, tal vez, accidental. La madre, que en otro acto
de extremo egoísmo, se había muerto cuando ella más la
necesitaba. Las amigas que, desde la ignorancia absoluta
sólo demandaban.
El único que siempre estaba era el abuelo. Cuando a los
doce años quedó sola, se la llevó a vivir con él. La aten-
dió, se hizo cargo de su educación, le dio la seguridad
que le hacía falta. Ella sabía que si estaba el abuelo nada
demasiado malo podía sucederle. A cambio, se había
comprometido a cuidarlo hasta su muerte y a hablar
poco. Por eso no quería decirle
nada. Al fin y al cabo, sentía
que la culpa era de ella por no
haberse cuidado.
Se lo había contado sólo a la ve-
cina, la misma que le vendía los
cigarrillos prohibidos, quien, a
su modo, trató de ayudarla. Le
dio un papelito con una dire-
cción.
No necesitás pedir turno, llevá
la plata nomás. El embarazo es un
estado maravilloso, lástima que la
consecuencia sea un bebé. Ya vas a
tener tiempo más adelante. Tenés
dieciséis años nada más, sos muy
chica para atarte.
––Tranquilas, queridas, tranqui-
las, dijo mientras se acariciaba
la panza, tirada en el sofá, los
ojos fijos en el techo blanco.
––Un último esfuerzo es lo que les pido, nada más. Hasta
que no empezó a hablar en voz alta, no se dio cuenta de
la bronca que tenía.
Un sonido seco la hurtó de sus pensamientos. El cu-
chillo que había dejado sobre la mesa la miraba desde
el piso. El gato y el abuelo dormían plácidamente en
el sillón del living como ella hacía noches no podía.
No cabía duda de que era una señal. Dios se lo había
puesto ahí a sus pies y parecía gritarle “no seas cobar-
de, terminá con esto de una buena vez”. Se paró y le
dio un beso en la frente al abuelo, despidiéndose. Lo
iba a extrañar.
Se vistió y escribió una carta explicando el porqué del
suicidio y confesando todo lo que había hecho. Fir-
mó como Bartolomé Miran-
da. Cerró todas las ventanas,
abrió las llaves de gas y agarró
el gato. Salió a la calle, tomó
un taxi y en silencio entregó el
papelito con la dirección.
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¡
revistagavia p a l a b r a s d e m á s
carolina ochoa G.
EstudiantedeLiteratura,VIIIsemestre,
Pontifcia Universidad Javeriana. Correo
electrónico:macarolina8a@hotmail.com
¿Cómo decirle a quien nos abandona
o a quien abandonamos
que agregarle otra ausencia a la ausencia
es ahogar todos los nombres
y levantar un muro
alrededor de cada imagen?
RobertoJuarroz
L
a oscuridad que aún sobra en el cielo se quiebra
con violencia y el trinar del primer pájaro boste-
za estruendoso desde la lejanía. Entonces un borrón
blancuzco, tras aparecer súbitamente comienza a to-
mar forma mientras se expande en la posibilidad de
un lienzo infinito; pero, ya cuando ha tomado pose-
sión de mi memoria, su eternidad es engullida por una
pared vertical cuyos metros inferiores se aplastan final-
mente sobre el piso de algún encierro execrable. No
hay olvido y el esfuerzo de ser es muy grande, el esfuerzo de
vestirme cada día y remontarme como a una ciénaga, arras-
trarme como a un duro cadáver, bolsa compacta de chillidos
y maldiciones y cosas muertas y puños cortados amenazando
el suelo y el cielo. Son señales de que el tiempo está mal-
dito y no me pertenece; la estrella impía ha despertado
nuevamente, desbordando un sosiego ahora irrecono-
cible, anunciando raíces de continuidad que no me
interesan.
El techo diluido y una mancha imprecisa color made-
ra: la puerta me hace eco en su evanescencia, recor-
dándome que el eje de la Tierra no está hecho pedazos
y que mi energía vital aún no se desvanece como para
tener una excusa. Es un rectángulo hacia arriba que
entonces se extiende y, de pronto, se ahueca en forma
de boca, de órbita rota, de voluntad agrietada. Noto
que quiere devorarme, lo escucho remorderse a sí mis-
mo en sus gritos, en su ansiedad por mi cuerpo; pide
que se levante, olvidándose de su piel mustia, su ma-
triz estéril, sus miembros ateridos, su existencia añeja;
pide mis labios, mi hambre, mi sed; pide mi llanto.
Pero únicamente logró estremecerme tras el estrépito,
y la mueca horrenda de aquella abertura me causa risa.
He advertido que estoy recostada en posición fetal ha-
cia el lado derecho con la cabeza sobre la almohada:
tengo el brazo entumido y las piernas encalambradas
por el peso de las cobijas; la respiración se me dificulta
un poco, me duele algo al interior de las costillas.
De un momento a otro, sin conocer explicaciones, la
luz del sol que atenta contra la ventana empieza a ca-
lentar demasiado; su figura me recuerda a las lámparas
Absencia
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−generalmente averiadas− cuyos bombillos encendi-
dos llegan al punto de querer estallar en pedazos. El
calor me agobia, los rayos lumínicos parecen traspasar
las cortinas cerradas para quemar mi cadáver yacente;
lo que al principio era −incluso bajo mis circunstan-
cias− el cálido despertar del amanecer, se ha vuelto
un abrasar terrible, un baño de fuego. El peso de las
cobijas me asfixia, he dejado de sentir las piernas.
“Mátame”. Cierro los ojos un instante y los abro: al
frente, la puerta nuevamente es una mueca burlona
que convulsiona en carcajadas. No entiendo su risa.
De pronto, los espasmos se detienen y una fuerza
inusitada hace que me escurra a través de las cobijas
hirvientes y caiga al piso como un puñado de arena;
mi cuerpo es ahora una masa informe, vulnerable,
que piensa desesperada dónde asirse para evadir el es-
truendo; sin embargo, su memoria no tiene recuerdo
o imagen de la habitación, carece de guía, de mapa:
de origen. Esta espera inenarrable, esta tensión de todo el
ser, este viejo hábito de esperar a quien sé que no va a venir.
Tras un esfuerzo largo los motores de todo movimiento
se suspenden, algo late debajo del tapete, algo escucha
entre las paredes. Todo es oscuro, todo es remotamen-
te ciego y estúpido. Me arrastro hacia cualquier dire-
cción con gran atrevimiento, diría, pues mis manos,
débiles, tienden a hundirse y a avanzar fatigosamente;
la inmunda masa de mi cuerpo se extiende hasta gol-
pearse contra la desembocadura de un ángulo agudo.
Ahora me encuentro en un rincón con la cabeza san-
grante, las manos me duelen tenazmente al igual que
las canillas; siento la piel raspada, herida, como si el
tapete hubiese sido pavimento en vez. Hay algo aquí
que tiembla. Desde mi abatimiento alcanzo a ver el
haz de luz replegándose: reposa más lejos cada segun-
do, quizás, temeroso de mi miedo, huye hacia ambien-
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revistagavia p a l a b r a s d e m á s
tes inalienables donde hallar heridas que cierren con
el tiempo.
“Mátame”, supliqué. Al parecer el calor no es ya una
amenaza, y este dormitorio es cada vez más cotidiano,
menos intruso, similar a las acciones que se saben usua-
les; a pesar de ello cuando intenté levantarme, no pude.
No quise. Sospeché cada paso a continuación como un
poema mal escrito, una melodía mal interpretada, un
silencio interrumpido: no conocía el primer espacio aje-
no al eco de su presencia, cada milímetro de superficie
lo supe nuestro. Lo siguiente sería otro mundo, uno
tumbado bajo un nosotros partido, uno que a cada rato
trastabilla con sucesos extraviados. Siento sueño. Arrin-
conada, las piernas las tengo recogidas contra el torso, y
la cabeza apoyada en las rodillas sigue sangrando, aun-
que menos. El pedazo de escondrijo a mi alrededor es
bastante estrecho, la puerta del clóset roza mi codo iz-
quierdo y a mi derecha inmediata hay una silla. Pasado
un rato, alcanzo a ponerme en pie sosteniéndome del
asiento mientras tambaleo.
Yergo mi cuerpo todavía adolorido y subo la cabeza
simultáneamente.
En los intentos, dicen, reposa también lo que está
muerto. Lo que el hígado no consigue drenar. Aque-
llo para lo que no alcanzan los ojos, las manos, o los
dientes. Apreté los párpados con fuerza y los abrí. Los
intentos, dicen, se parecen al hueco entre una cosa, la
palabra que la nombra y la mirada que la observa; pal-
pitan en el tedio que gotea desde un rincón abriendo
en el tapete grietas azules; rasgan el alma como papel
inservible. A medida que mantuve atenta la vista en lo
que encontraba a mi alrededor noté que algo guarda-
ba una mudez particular. Los objetos me lastiman. El
reloj escribía frenéticamente tu nombre en mi tristeza;
hacía que le pasara las manos por entre las piernas has-
ta hacerme gritar el fin de la existencia.
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Diego ortiz
EstudiantedeLicenciaturaenEducaciónBásicacon
énfasis en Humanidades y Lengua Castellana, IV
semestre, Universidad Distrital Francisco José de
Caldas.Correoelectrónico:diegortizv@gmail.com
N
o le puedo pedir más a la vida. El recinto está
atiborrado, lo cual me asegura un éxito sin prece-
dentes. No todos los días puedo presentar mi conferen-
cia Las focas y su influencia sobre el deshielo de la Antártica
ante tan afamados científicos de todo el mundo. A la
entrada Irene me confirmó la asistencia del doctor Ha-
rry Fields, asesor en cuatro expediciones al continente
helado del gran navegante Jaques Costeau, quien está
en uno de los puestos de la primera fila, atento a cada
una de las conclusiones de mi investigación de más de
siete años sobre tan importante tema, sobre todo hoy
cuando el problema de “lo natural” está en boga entre
la comunidad científica.
La mesa de la plenaria la componemos mi asistente
Irene, quien ha estado trabajando conmigo desde los
tiempos de las investigaciones con codornices en te-
mas de reproducción y comportamientos esquizoides
ante estimulación por programa de castigo negativo;
a mi izquierda se encuentra la doctora Anneke van
der Gaard, doctora de la Universidad de Princeton en
microcomportamientos sociales de los pinnípedos, ha
realizado unas cincuenta observaciones con diferentes
grupos poblacionales de focas y leones marinos tanto
en la Antártida como en la Patagonia y en Groenlandia;
a la derecha de Irene, el doctor Klauss Hinemann
quien le ha dedicado cuarenta años de su extensa vida
al estudio de los deshielos por factores exógenos tales
como el rozamiento del aire, la presión barométrica y,
por supuesto, las focas –y yo, pero no necesito presen-
tarme de nuevo.
Mientras Irene realiza una sinopsis de todo el trabajo
realizado, mi mente un tanto abotagada por la emo-
ción del momento me lleva por un camino de idea-
ción algo abstruso, pues, en este momento tan impor-
tante de mi vida me pregunto si realmente me importa
el deshielo de la Antártida, si realmente son las focas
las culpables del demoledor deshielo del Polo Sur, si
las focas realmente me importan. Y digo, ¡al carajo las

Día
Natural
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ll
revistagavia p a l a b r a s d e m á s
focas! Anneke me mira con desconfianza y yo me son-
rojo por mis murmullos antiéticos. Pero, ¿acaso este
tipo de reflexiones no le llegan a los grandes científi-
cos en el culmen de sus carreras? Vaya, me estoy enga-
ñando, pues aún no estoy en el cenit de mi creación
científica. De hecho no voy ni en el principio de todas
las cosas. Irene ha concluido con la introducción y me
llama para dar comienzo a la exposición. Tambaleo un
poco al levantarme de mi silla pero el doctor Klauss
me toma por el codo, sintiendo su mano fuerte y ca-
llosa por encima de mi traje, lo cual me marea aún
más, pues me tiene asido como si quisiera enviarme al
mismísimo patíbulo.
Frente al atril con mis papeles del resumen de la in-
vestigación y la exposición preparada desde hace dos
meses y medio, hago un gesto de incomodidad y ese
ojo omnipresente del doctor Fields percibe tanto mi
acción como mi reacción. Con su ojo de persona acu-
ciosa, de sujeto maniático buscando la verdad, aban-
donada por mí apenas tuve en mis manos el título de
ingeniero bioecosocial, intenta escudriñarme, preten-
de desnudarme ante todos los asistentes demostrando
así su poder, el poder de encontrar la verdad de todas
las cosas, aun cuando ni yo sé cuál es la verdad de mi
mundo interior y él no conoce la verdad de su verdad.
Acomodo las solapas de este incómodo saco, tomo
aire para comenzar, pero de nuevo se me nubla la vista
y una epifanía de lo más absurda surge ante mis ojos.
Estoy en medio de la nada. Hielo, frío, blanco, nada.
Estoy desnudo. Una tormenta helada estremece mi
cuerpo, me arroja al suelo con gran fuerza. Quietud.
No hay viento. Pasos. Muchos pasos. Pasos pesados se
arrastran sobre la gruesa capa de nieve y hielo. A lo le-
jos, una mancha gris se extiende por todo el horizonte.
La mancha crece. Se hace más definida. Son miles de
focas arrastrando su obesidad hacia mí. Pronto estoy
rodeado de otáridos, morsas y focas. Una de éstas se
me acerca. Sus ojos lánguidos observan mi ridícula
desnudez en medio de tanto hielo, sin ropa, sin capa
de grasa, sin pelo. Soy una presa. La foca lo cree así. La
foca me mira con lástima. Odio la mirada de lástima
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de los humanos, pero detesto la de las focas. Arrastra
un poco más cerca su cuerpo. Pateo con toda la fuer-
za su baboso hocico. ¡Te odio foca asquerosa! Las de-
más han entendido mis palabras. Han comprendido
mi gesto. No sé cuántas focas y leones marinos están
sobre mí. Son como una inmensa torre que me hun-
de entre el hielo. El hielo es seco. Quema la piel. No
duele. Me incomoda el vaho del hocico de una morsa
respirándome en la cara. Me cachetea mil veces con
sus aletas como puños de boxeador enceguecido por
la ira de una batalla perdida. Me toma la cara entre
sus aletas. Me habla. ¡Puto mamífero lampiño! ¿Quién
te has creído como para arrancarnos la piel y cubrir
tu patético cuerpo desadaptado y malformado? ¿Sólo
porque caminas en dos patas te crees con el derecho
de pasar sobre nuestros cuerpos y abusar de ellos? ¿Me
quieres matar? ¡¿Me quieres matar?! Tiemblo. No es
el frío. Es el dolor de las palabras de la foca. No estoy
sudando pero mi rostro está totalmente mojado. Lloro
a cántaros. Me siento miserable.
Me siento miserable.
Irene me observa con plena decepción. El doctor
Fields ha abandonado el auditorio. Anneke menea
su cabeza hacia los lados desaprobando mi comporta-
miento. Klauss, con todo su carácter germánico sube
al estrado, me toma del brazo y me baja arrastrando
conmigo toda mi desolación. Con esa mano callosa
levanta mi rostro y me escupe con su español enrevesa-
do. ¡Imbécil! Revelaste nuestro secreto. Todos nos sen-
timos miserables porque intentamos salvar un mundo
condenado. Pero eso no lo deben saber ellos. Ellos de-
ben seguir con sus misérrimas vidas, contaminando,
matando, talando, quemando, pero sobre todo siendo
felices, pues ellos son los del dinero, mi anegado cole-
ga. Y a los del dinero se les debe mostrar nuestra falsa
felicidad y no tu asqueroso y muy natural pesimismo.
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revistagavia p a l a b r a s d e m á s
ricardo Abdahllah
CorresponsalenParísdeRolling Stone
yEl Malpensante.Correoelectrónico:
r_abdahllah@hotmail.com
Señores
Miembros de la Academia Sueca
Academia Sueca
Suecia
Disculpándome de antemano por ignorar a qué Aca-
demia Sueca estoy escribiendo (aquí tenemos varias
academias y nunca las utilizamos), y aclarando que
este no es otro de esos mensajes que de vez en cuando
llegan a su buzón de parte de gente que cree estar escri-
biendo a la Academia de los ‘Óscares de la Academia’,
me dirijo a ustedes con el objeto de proponer la candi-
datura del escritor norteamericano Sylvester Stallone
al prestigioso Premio Nobel de Literatura que ustedes
entregan cada mes de octubre.
Permítanme ir despacio al exponer la evidencia que
respalda la nominación. Después de que Stallone le
demostrara al mundo la fuerza de sus puños encarnan-
do por primera vez a Rocky Balboa, el Grupo Editorial
Berkeley publicó Paradise Alley, una novela firmada
por el actor y guionista, que llegó a mis manos en una
edición de Círculo de Lectores de 1978 comprada en
una venta de usados en la Plazoleta del Rosario, ante
la imposibilidad de decidir entre un ejemplar en rús-
tica de Fuego de Carmelita Schicksal, el Necronomicón
anotado por un catedrático de la Universidad de Ar-
kham y una copia pirata del último libro de poemas de
Mario Echeverry. “Con la ternura y la humanidad del
mejor Saroyan, de los relatos breves de John Steinbeck,
o de los cuentos italo-neoyorquinos de Mario Puzo”
decía la solapa.
Les faltó incluir a Faulkner, pensé con una cierta in-
dignación que creció cuando vi la foto que precedía a
la reseña biográfica de la última página: Stallone apa-
recía musculoso y sin camisa. Es sabido que en general
los buenos escritores no tienen músculos.
Un Nobel
para
Stallone
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Aunque Hemingway los tenía.
Y boxeaba, como Rocky.
Es sabido que es de mal gusto aparecer sin camisa en
las fotos de las reseñas.
Es sabido que ya de por sí aparecer en las fotos de las
reseñas es de mal gusto.

Sin embargo, después de leer la pequeña biografía,
secarme las lágrimas (“era un niño problema y se le
expulsaba de los colegios con frecuencia”, “se sostenía
limpiando jaulas en el zoológico de Nueva York”) y
saber que Stallone “apareció en una producción estu-
diantil de La Muerte de un Viajante” (yo actué en una
producción de la misma obra en calidad de árbol), de-
cidí seguir adelante con la lectura de una novela que,
por título y autor, auguraba una calidad literaria com-
parable a una colección de relatos eróticos escrita por
Paris Hilton.
Les pido ahora, señores de la Academia, que lean cui-
dadosamente los siguientes fragmentos todos del siglo
XX. Todos de novelas neoyorquinas.
a) “Vagabundeé mentalmente durante varias semanas,
buscando la manera de empezar. Toda vida es inexpli-
cable, me repetía. Por muchos hechos que cuenten; por
muchos datos que se muestren, lo esencial se resiste a
ser contado. Decir que fulanito nació aquí y fue allá;
que hizo esto y aquello, que se casó con esta mujer y
tuvo estos hijos, que vivió, que murió, que dejo tras sí
estos libros o esta batalla o ese puente; nada de eso nos
dice mucho. Todos queremos que nos cuenten histo-
rias, y las escuchamos del mismo modo que las escuchá-
bamos de niños”.
b) “La cocina del infierno, Nueva York, debió ser el
lugar más caluroso de la tierra durante el verano del
cuarenta y seis. Viejos de piel rugosa y grises cabellos
pegados a la nuca se asomaban a las ventanas, cual
flores marchitas, tratando de abanicarse. No valía la
pena, porque era preciso un esfuerzo excesivo que de
todos modos no solucionaba nada”.
c) “La primera cosa que oyeron fue el trémulo sil-
bido de un vagoncito que humeaba al borde de
la acera, frente a la entrada del ferry. Un chico se
apartó del grupo de emigrantes que vagaba por el
embarcadero y corrió el vagoncito. ‘Es como una má-
quina de vapor y está llena de tornillos y tuercas’ gritó
al volverse”.

¿Cuál de los tres fragmentos está mejor logrado, seño-
res de la Academia?, ¿Cuál resulta una invitación más
tentadora para la lectura del resto de la obra?
La primera es de Paul Auster, que tal vez algún día reci-
ba el Nobel, la tercera de John Dos Passos, que ya no lo
recibirá. La segunda es un fragmento de Paradise Alley.
Hay una razón para que haya presentado a ustedes el
primer párrafo de esa manera. Un juicio de la obra de
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Stallone sólo puede hacerse si uno no sabe que es a
Stallone a quién está leyendo. Lo contrario lleva a que
se le perdonen todos los errores para no pasar por in-
tolerante o se le censure el más mínimo fallo porque
uno sabe que está leyendo al mismísimo Rocky o, peor
aún, a John Rambo, un tipo a quien resultaría difícil
convencer de que la pluma es más poderosa que la ame-
tralladora. Como sé que ustedes jamás admitirían una
candidatura anónima (si lo
hicieran, Vargas Llosa ya
habría ganado) espero que
al menos ese comienzo les
sirva para apartar un poco
los prejuicios. Porque de ahí
en adelante es imposible ol-
vidar que uno está leyendo
a Stallone, Paradise Alley está
pensada como una película
y desde la primera escena
(¿debería decir capítulo?),
cuando el joven Victor Car-
boni conduce su camión re-
partidor de hielo y saluda a
sus vecinos, uno lo imagina
con la cara cuadrada, un me-
chón de pelo sudoroso ca-
yéndole en la frente y los bí-
ceps enormes y compactos.
Pero ese “parecer película,” aunque mantenga a Sta-
llone en las imágenes que se forman en la cabeza del
lector, es a la larga un plus a la hora de pensar en un
Nobel para el autor. Hace rato el lenguaje cinemato-
gráfico se considera una virtud en la narrativa con-
temporánea y Paradise Alley no cae en los abusos que
esta tendencia ha provocado en algunos “modernos”
escritores que llegan al punto de efectivamente escribir
“Escena− (Int. Día)” para demostrar un manejo inexis-
tente del lenguaje del cine. En Paradise esa brevedad y
agilidad en los capítulos (escenas) es la que nos permite
rápidamente saber que Víctor tiene dos hermanos, Len-
ny, un veterano de guerra, y Cosmo, un timador sin suer-
te que en la versión filmada (la hay, la hay, pero no es de
eso que quiero hablarles) fue interpretado por Stallone.
Gracias a esa fluidez en la prosa también percibimos que
entre Cosmo y Lenny existe cierta tensión por culpa de
una tal Annie O’ Sherlock y nos enteramos que la vida
de los inmigrantes italianos en la “Cocina del Infierno”
está regida por una pandilla de mafiosos a pequeña esca-
la a cuyos integrantes Sly ha
puesto nombres tan genia-
les como Mahon el Perra-
gorda, Frankie el Triturador
y El Flaco Manitas.
Es ese ambiente el que Víc-
tor sueña con abandonar
para poder vivir en Nueva
Jersey con su amada Rose.
Supongo que ustedes en
este punto estarán pensan-
do, como yo lo pensaba
mientras leía, que Víctor
logra su sueño abriéndo-
se camino en el mundo
del boxeo, pero Stallone
arroja magistralmente va-
rios de esos bien pensados
ganchos literarios para
engañar al lector incauto,
y justo cuando los lectores incautos o no, se han con-
vencido del posible rumbo pugilístico de la trama, nos
hace sonreír con una de esas sonrisas del tipo “cómo
no lo pensé antes”.
No, Víctor no se dedica al boxeo, sería demasiado obvio,
demasiado predecible para un autor como Stallone.
Víctor se dedica a la lucha libre.
El hermano Cosmo se convierte en su entrenador, el
hermano Lenny se encarga de conseguir las peleas. Rose
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le dice que no se ponga en esas, que lo quiere como
es, lo que seguramente no es cierto porque Víctor es
pobre. Todos son pobres, con esa pobreza peculiar e
irremediable de los inmigrantes que lleva a Cosmo a
ganar dinero en la calle vendiendo paraguas robados
en una peluquería y a Lenny a trabajar en esa funera-
ria que Stallone toma como escenario para –apenas
vamos en el capítulo 27– darnos una muestra de hasta
dónde puede llegar como narrador con una escena de
delirium tremens, propia de las mejores páginas de Efe
Gómez o su émulo norteamericano Malcolm Löwry.
“Tragó la bebida con desesperación, casi con hambre
y sus ojos inyectados en sangre quedaron fijos en la
contemplación de una hilera de ataúdes baratos. Los
ataúdes se movieron. ¡Lenny estaba seguro de que
se habían movido! ¡Y estaba seguro de que veía
cuerpos! ¡Cuerpos putrefactos! Cubiertos de hara-
pos que habían sido uniformes nazis.”
Flujo de conciencia del más puro. Literatura psi-
cológica. Manejo de la escritura de ficción que se
confirma en el capítulo 31, cuando a pesar de dar
un paso en falso comenzando con una frase como:
“A las ocho de la mañana, el rostro de Annie era
un retrato de agotamiento sensual” (lo que habla
muy mal de Annie), el autor usa sus puños de pa-
labras y se hace perdonar la salida de tono con
una metáfora genial:
“Cosmo oyó abrirse dos ventanas de un piso supe-
rior. A una de ellas se asomó un hombre muy del-
gado y en la otra una mujer con cara de furúnculo”,
que gana todavía más fuerza un par de líneas más
adelante cuando el furúnculo…
Se asomó a la ventana tanto que los pechos le col-
gaban como una marquesina llena de bultos.”
Pero Stallone no sólo es un maestro de la prosa, a
la altura de un Borges, a quien no sé si sea apro-
piado mencionar puesto que siempre fue más que-
rido por los suizos que por los suecos, Sly también
se defiende en el duro combate de la poesía en la
conclusión del capítulo 34:
“Víctor contó su miserable salario y sonrió al capataz
pero,
los ojos de Víctor ya no
sonreían.”
Un párrafo que roza con la sencilla belleza del haikú y
es coherente con la paciencia zen que Víctor demues-
tra dos capítulos más adelante cuando le ocurre un
pequeño accidente en una de sus entregas de bloques
de hielo a domicilio:
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“Hasta el segundo piso no tuvo ningún problema, pero
a medio camino del tercero tropezó con una botella va-
cía y cayó rodando por la escalera. El hielo le golpeó la
cabeza y le hizo sangrar la parte posterior de las orejas.
Víctor estuvo a punto de soltar una maldición.”
¡Estuvo a punto de soltar una maldición! A punto cuan-
do cualquier otro mortal hubiera lanzado una excla-
mación que, sin modo de saber si fue dicha en inglés o
en italiano en la versión original, aparecería en las tra-
ducciones barcelonesas como uno de esos juramentos
españoles que incluyen en una misma frase la mamá
(no la de nadie, la mamá en general) y las funciones ex-
cretoras humanas. Víctor es un ser humano ejemplar
y siendo en cierta forma el alter-ego de Stallone, no
sería forzado pensar que Stallone también lo es y todos
sabemos que la Academia siempre ve con buenos ojos
a las buenas personas. No por nada, el premio ha caí-
do en manos de defensores de los pueblos oprimidos
como Kippling, humanistas como Winston Churchill,
personajes del carisma de Elfriede Jelinek y ex scouts
como Günter Grass. Stallone, si se quiere ver así, es
la encarnación misma del inmigrante en tierras norte-
americanas, un gremio que hasta el momento ustedes
no han incluido, tal vez por un involuntario exceso en
nominaciones de socialistas y víctimas del Holocausto.
Paradise Alley podría ser entonces la gran novela-Nobel
de los inmigrantes, como Un puente sobre el Drina es la
gran novela-Nobel de los atormentados Balcanes.
“El premio debe ser entregado a un autor que se des-
taque con una obra de tendencia idealista”, decía el
testamento de Alfred Nobel.
“¿Crees que irse a vivir a Nueva Jersey compensa que
te abran la cabeza?”, le preguntan.
“Sí… creo que sí”, contesta Víctor.
Poco que agregar al drama de los “idealistas” busca-
dores del “sueño americano” aunque aún haya que
agregar que Víctor es ecologista o al menos tiene una
perra y la quiere mucho. Se llama “Bella” y es todo un
personaje, como Cosmo y Lenny, como Rose o Annie,
el fracasado luchador “Gran Gloria” o el primer con-
trincante de Víctor, el irlandés Patty McLade, a quien
Stallone describe como “un luchador experto al que
le habían retocado las facciones con puños de cuero”
que al final del combate cae al suelo “como se cae el
camisón de una puta”.
Otra de las metáforas maravillosas que precede a un
muy bien utilizado cambio de ritmo –en el capítulo
41–, en seis renglones Stallone despacha el recorrido
de Víctor por los clubes del bajo mundo neoyorquino
con la misma celeridad con la que el ahora apodado
“Chico Salami” da cuenta de sus oponentes aunque
“al machacarlos hasta dejarlos inconscientes, todos,
absolutamente todos, le dieron pena”.
A partir de ese punto, Lenny, que al principio era la mues-
tra misma de la resignación, comienza a volverse codicio-
so mientras Cosmo se muestra preocupado más por la
salud de su hermano que por el dinero que pueda sacarse
de las peleas. Dos teorías pueden explicar este cambio ra-
dical de los personajes. Puede que un poco aturdido por
la fama que le llegó de repente mientras escribía la nove-
la, Stallone hubiera enredado sus apuntes y terminado
por llamar, en la segunda mitad, Lenny a Cosmo y vice-
versa. Puede ser también que intencionalmente hubiera
dado a sus personajes esa característica de cambio, como
el que tienen las personas reales, que tanto admiramos
en la obra de Proust.
Es lo que sospecho, ocurrió porque Stallone no baja la
guardia conforme pasan las páginas, –en el capítulo 51–,
el Gran Gloria se despide del mundo saltando al río con
un “Dentro de cien años esto no va a tener ninguna im-
portancia”, a la altura del “¿Dónde estoy?, ¿qué hago?,
¿para qué?, sSeñor, perdóname… de Anna Karenina”. Lo
que me recuerda que Tolstoi murió indignado por no
haber recibido el Nobel y no sería ahora el momento de
cometer un nuevo error.
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En este punto no temo arruinar el
suspenso contando el final de la his-
toria. Es sabido que, a pesar de ser
suecos, ustedes son personas ocupa-
das que no tienen tiempo de leer de-
masiado y se guían sobre todo por las
cartas que lectores anónimos de todo
el mundo enviamos para ayudarlos
en la escogencia del ganador de ese
Campeonato Mundial de la Litera-
tura que es el Premio Nobel. En el
capítulo más largo de los 54 que con-
forman Paradise Alley, Stallone nos
sorprende haciendo que su historia
concluya en una gran pelea donde
Víctor enfrenta a lo largo de doce pá-
ginas a Frankie El Triturador. Víctor
ha apostado en esta pelea todo el di-
nero que ha ganado a punta de nari-
ces rotas (incluida la suya) desde que
empezó su carrera como luchador.
Víctor pierde.
No muere, pero pierde.
He ahí la grandeza de la obra, des-
pués de tener casi el suficiente dine-
ro para viajar con Rose a Nueva Jer-
sey, Víctor lo pierde todo. A pesar de
que, luego de perdida la pelea, Sta-
llone lo haga recuperarse de la golpi-
za para defender a Lenny del ataque
de Frankie; Víctor ya ha aprendido,
literalmente a los golpes., esa senten-
cia atribuida a Daville, aunque más
probablemente autoría de Filemón
de Sausage:
“El dinero va y viene.
Sobre todo, va.”
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Como la gloria, como casi todo excepto tal vez el Pre-
mio Nobel que se queda.
Rocky fue dirigida por John G. Avildsen, por lo que
Stallone nunca ganó un Óscar. Estoy seguro que ese
dato les tranquilizará en el sentido de que por ahora
George Bernard Shaw seguirá siendo el único doble
ganador del Óscar y el Nobel. Bien sabido es que lue-
go fue tras el Grammy pero cantaba tan horrible que
terminó por dedicarse a los aforismos, un poco como
el arriba mencionado Filemón de Sausage, acerca de
cuya candidatura al Nobel estaré escribiéndoles el
próximo año por esta misma fecha.
Señores de la academia, sé bien que el paso de los di-
rectores de cine por la literatura no ha sido afortunado
más allá del simpático libro ilustrado La melancólica
muerte de Chico Ostra de Tim Burton, que las novelas
de Orson Welles sólo tienen gracia una vez llevadas
a la pantalla, la Julieta novelada de Fellini no llega ni
por los tobillos a la previa versión fílmica que llevaba
por apellido de los espíritus y los escritos políticos de
Passolini son tan aburridos como sólo los escritos po-
líticos pueden serlo. Hitchcock, más prudente, agrupó
sus relatos favoritos en el género del suspenso para
un par de antologías respetables que son respetables
principalmente porque no fue él quien se encargó de
escribir los relatos que las componen. Stallone, sin
embargo, podría ser esa figura que unifique por fin
las dos artes y representaría ese primer paso necesario
para que en un par de años Bob Dylan reciba de una
buena vez el Nobel que viene rumoreándose desde fi-
nales de los ochenta. Ustedes han sido generosos con
su trofeo, le dieron el Nobel a Neruda y a Cela y no
se pusieron bravos cuando Sartre les dijo que estaría
ocupado tocando clarinete y no le interesaba recoger
el premio.
Suele decirse que si Hitler hubiera corrido con suerte
como pintor, las cosas hubieran sido ligeramente dife-
rentes. Si Stallone recibe su merecido premio es posi-
ble que retome su carrera como novelista, se convierta
en la excepción a la regla según la cual nadie escribe
algo bueno después de ganar el Nobel y en todo caso
decida dejar guardadas para siempre Rambo IV, Cobra
II y Rocky VII para que, en lugar de eso, aparezca por
fin la segunda parte de Paradise Alley, a la que seguirán
(en libro) las versiones III, IV, V y una grandiosa “Víc-
tor Carboni, el regreso”, donde el ya viejo luchador se
enfrentará al campeón vigente de la WWF.
Porque he de decirlo, adoro la obra literaria de Stallo-
ne pero detesto sus películas.
Por mi parte, como promotor de la candidatura, me
comprometo a que “Sly” hablará articuladamente du-
rante su discurso en la ceremonia de entrega y sobre
todo a que no se presentará ante ustedes en bata de
boxeador. Creo que de cosas por el estilo ustedes ya
han tenido suficiente.
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corpUs ensAYo
escritor invitado
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revistagavia p a l a b r a s d e m á s
Jhon Henry Arboleda Quiñónez
*
Escritorinvitado
Dinámicas de representación de las mujeres
afrocolombianas en contextos urbanos
L
a presente reflexión no pretende convertirse en
radiografía del quehacer de los grupos u organi-
zaciones de mujeres afrocolombianas y mucho menos
en la cartografía de las disputas y continuas reivindi-
caciones que deben asumir aquellas que han decidido
hermanar sus luchas dando vida a las redes de mujeres
que desarrollan sus trabajos con la perspectiva de géne-
ro como horizonte de sentido. En el mejor de los casos
propone el acercamiento analítico a la consolidación
y posicionamiento que viene alcanzando ese mojón
reivindicativo gestado alrededor de lo denominado
“etnicidad de género” o “género étnico” que, para el
caso de nuestro país encuentra en la población feme-
nina afrocolombiana uno de sus principales nichos al
configurar una suerte de expresión experiencia de
agentividad política diferenciada al interior de la diná-
mica organizativa de la comunidad afrocolombiana.

Desde esta perspectiva es pertinente aclarar el hecho
de que esta reflexión presenta la dificultad de estar
concebida desde la mirada de un hombre afrocolom-
biano militante de la dinámica organizativa que goza
de la cercanía de algunos procesos organizativos de
mujeres (mestizas y afrocolombianas). El acto de enun-
ciar desde este lugar marca limitaciones interpretativas
en tanto que su condición de hombre-militante toma
posesión a la hora de acercarse a reflexionar acerca de
las formas de concepción organizativa y las maneras
en que se presentan las agencias políticas de estas ex-
presiones del movimiento social afrocolombiano. En
razón de ello, sólo pretendo abrir un campo de análisis
sobre las características que considero de mayor forta-
leza en el avance de estos sectores.
En este sentido, las partes que componen este docu-
mento sólo pretenden configurarse como un acerca-
miento “comprensivo” a esta dinámica organizativa
que se expresa al interior del movimiento social afro-
colombiano, la cual, junto a la expresión estudiantil,

ubico en calidad de terrenos fértiles para el nuevo
acontecer del quehacer político de nuestra comunidad
de cara a la realidad política y social que se gesta en
Colombia.
Persistencia,
resistencia y
ocultamientos
*
Tiene formación en Licenciatura en Ciencias Sociales de la Universidad del Valle, es historiador de la Universidad del Cauca, miembro del Grupo de
investigaciones afrodiasporicas en Popayán y también miembro del Grupo de investigación Cununo de la Universidad del Valle. Fundador del Grupo
afrocolombiano de la Universidad del Valle (GAUV). Correo electrónico: jhaq78@yahoo.com
Escritor
invitado
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Condiciones sociales de las reivindicaciones de las
mujeres afrocolombianas
Los hombres son negros,
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E N S A Y O
ubico en calidad de terrenos fértiles para el nuevo
acontecer del quehacer político de nuestra comunidad
de cara a la realidad política y social que se gesta en
Colombia.
condiciones sociales de las reivindicaciones de las
mujeres afrocolombianas
Los hombres son negros,
las mujeres son blancas,
pero existimos una pequeña porción
de mujeres negras intentando sobrevivir.
Esta consigna marcó el surgimiento contemporáneo
del feminismo negro o afrofeminismo en los Estados
Unidos de América en la década de los 60 –sirvió para
la construcción de todo un itinerario de lucha por la vi-
sibilización/posicionamiento de nuestras compañeras
en las dinámicas reivindicativas del movimiento afro y
del movimiento por la equidad de género–, señala una
agenda de des-marcación y ruptura al interior de los
procesos de politización y crítica radical dentro de los
movimientos sociales, en los cuales venía participan-
do como “sector integrado” a la dinámica general de
politizaciones y movilización social del mundo en ese
momento. En Estados Unidos debido al reconocido
problema de discriminación racial a la población afro-
americana, se adoptaba este cariz en tanto centralidad
de una exclusión histórica, dando sentido a la conso-
lidación de una de las dinámicas reivindicativas mejor
consolidadas contemporáneamente.
“Los hombres son negros”, es una clara alusión crítica
a las formas en que venía reconstruyéndose la secuen-
cia reivindicación-representación-negociación en el
seno del movimiento pro-derechos civiles de los pue-
blos de la diáspora africana en ese país. Esta cuestión
comienza a percibirse como una prolongación de las
estrategias de “dominación” masculina y la expresión
de la masculinidad, cual voz garante y legitimada en
los espacios de contienda y debate público sobre las
condiciones socio-económicas y culturales de afro-es-
tadounidenses, en ese momento lideradas por figuras
tan emblemáticas como Martín Luther King, Elijah
Mohadmed, Jessie Jackson y Malcolm X, entre otros.
En la misma dirección, enunciar que, efectivamente
“las mujeres son blancas”( en respuesta a la re-articu-
lación saber-poder-representación marcado por el he-
cho de que fueran las mujeres blancas, clase media,
formadas académicamente, “afrancesadas” y solteras
sobre las que en ese momento estaban recayendo las
posibilidades de re-posicionamiento femenino en los
distintos momentos históricos), configura las condi-
ciones socio-políticas que aportan al despliegue de una
agenda política afro-feminista. Estas condiciones están
signadas por reflexiones político-académicas –activida-
des de convocatoria masiva– donde se estructura un
ideario político que hace posible el encuentro herma-
nado y la entonación polifónica de canciones liberta-
rias compuestas por esas voces-otras que insistían en la
posibilidad de ser mujeres afro comprometidas con la
transformación de sus sociedades.
Esas voces y melodías otras entonadas por nuestras
hermanas en el seno del imperio, se convierten hoy
en ecos que retumban en los oídos esperanzadores de
aquellas mujeres que en Colombia y el resto del mun-
do han optado por dignificar nuestras existencias afro-
diaspóricas en contextos urbanos. Es necesario tener
presente que:
[…] mirar el desempeño de la mujer negra [en
Colombia] es una empresa que implica hacer vi-
sible, tanto la presencia de hombres y mujeres de
ascendencia africana como su contribución a la
nación y a la nacionalidad en el marco de la diás-
pora afroamericana; implica, además, conocer los
procesos de reintegración étnica que han tenido
lugar para matizar diferencias y semejanzas que
le dan tonalidades distintas a lo que significa ser
mujer negra (Espinosa y Friedeman, 1993: 99).
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revistagavia p a l a b r a s d e m á s
Conscientes de estar ante una condición
de doble subalternización, expresada en
la combinación sexista-racista que encar-
na los diacríticos constitutivos del capita-
lismo temprano y tardío, las mujeres afro-
colombianas han venido construyendo y
dinamizando una expresión afrofeminis-
ta diferenciada al interior del movimien-
to social general de nuestra comunidad,
así como la visibilización de nuestro pro-
yecto en el seno del movimiento de rei-
vindicación feminista, configurando una
dinámica de doble posicionamiento po-
lítico-social. En completa simultaneidad
se pretende asestar críticas detalladas a
las prolongaciones de dominación mas-
culinizadas que se presentan al interior
del movimiento social afro en Colombia, a la vez que
desmantelan la pretensión totalizadora de las enuncia-
ciones de género tal como se vienen presentando en
nuestro país. De ahí que esta doble función de posicio-
namiento sea concebida en dicha reflexión en calidad
de potenciador político-epistémico que encarnan los
trabajos organizativos articulados en torno a la etnici-
dad de género o el género étnico.
Desde esta óptica, la labor que les espera y que a buena
hora han iniciado, ardua en tanto el posicionamiento
de esas voces femeninas afrocolombianas que desa-
rrollan proyectos organizativos en contextos urbanos,
desestructurando las lógicas que han constituido los
circuitos de representación político-organizativos de
nuestra comunidad, basada en la política masculini-
zadora de la reivindicación social. Por otro lado, el
hecho de enunciar como mujeres afrocolombianas
revalorando las formas “particulares” en que se gesta
la concepción de género al interior de nuestras comu-
nidades, ponen en tensión las homogeneizaciones de
las dinámicas feministas del país, las cuales le han asig
nado poca importancia a las variables étnico-raciales a
la hora de pensarse sus propuestas de reivindicación.
Por otra parte, la entonación politizada del lumbalú, los
arrullos y chirimías deben estar conducidas a organizar
bundes, bembés y jolgorios de resistencias alternativas
que constituyan barreras infranqueables al desarrollo
del capitalismo globalizador que día a día a nombre
del reconocimiento formal-legal de las diferencias, des-
humaniza e institucionaliza la pobreza, la exclusión y
la marginalidad, dotándola de variables de género ét-
nico-raciales en las cuales las mujeres afro fueron, son
y se proyectan como las más afectadas negativamente,
dotando no sólo de rostro, color, sino también de sexo-
género a la globalización de las pobrezas.
En este sentido, siendo críticos con las dinámicas de
poder que arrastran las relaciones sexo-raza en contex-
tos de globalización hegemónica del capital, e inten-
tando gestar una resistencia en el orden de una glo-
balización disidente que aporte a la construcción de
propuestas de dignificación de nuestros procesos de
ser y hacer en calidad de afrourbanos –en este caso
mujeres surgidas en su mayoría de extracción popu-
lar–, debemos comprender que:
[…] al institucionalizarse, el racismo y el sexismo
crean una profunda correlación entre los grupos
de status bajo y los bajos ingresos. Aquellos que
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en el extremo más bajo de la escala se identifican
fácilmente por lo que se puede llamar criterios
culturales [grupos étnicos], la cultura [etnicida-
des] ahora se convierte en la explicación de la
causa. Los negros y la mujeres en general [por
consiguiente las mujeres negras] reciben una paga
menor porque trabajan menos, merecen menos.
Y trabajan menos porque hay algo, tal vez no en
su biología, pero sí en su cultura que les enseña
valores que están en conflicto con el ethos de tra-
bajo universal. (Wallerstein, 1999: 179)
De la misma forma, tengamos presente que las condi-
ciones dentro de las que se pretende desarrollar nues-
tras luchas como pueblos afrocolombianos en general
–reconociendo las expresiones afrofeministas que se
presentan en varias regiones del país, las cuales ges-
tan sus trabajos atravesadas por las lógicas de recono-
cimiento de las diferencias en el plano de lo cultural
que aún no han sido traducidas de manera integral
al terreno de la redistribución de las porciones de po-
der económico y político–, suscitan el surgimiento de
una condición de anomalía que está dificultando la
construcción de los derroteros organizativos que de-
ben implementar nuestras iniciativas de trabajo colec-
tivo; creo que dicha condición perduraría incluso si la
orientación de nuestros proyectos estuvieran encami-
nados a la búsqueda de la inclusión-integración que
plantea el multiculturalismo de corte (neo)liberal que
se ha instaurado en el país y al que muchas expresio-
nes afrofeministas y del movimiento social en general
le coquetean.
Así, la alteridad expresada en proyectos afrofeminis-
tas como el que se gesta en nuestro país, se convierte
en subalternidad, ahora por la vía de la compartimen-
tación de las diferencias culturales; en este caso, las
etnicidades de género encuentran en la asignación
de unos elementos socio-culturales e identitarios de
carácter “inalterable” una explicación a las condicio-
nes en que se configura la feminización y racialización
de la marginalidad, la pobreza y la exclusión. En esta
medida, las mujeres afrocolombianas reflexionan y
pretenden posicionarse reconociendo su condición de
pertenencia a un grupo doblemente dominado, mar-
ginalizado y excluido por su adscripción de género y
etnia, en tanto que:
[…] podemos alistar a los grupos dominados en su
propia opresión. Mientras cultiven su especificidad
como grupos “culturales”, que es un modo de mo-
vilización política en contra de un status desigual,
socializan a sus miembros con expresiones cultu-
rales que los distinguen de los grupos dominados,
y con algunos de los valores que se les atribuyen
a través de teorías racistas y sexistas, y lo hacen,
en una paradoja aparente, partiendo del principio
universal de la validez igualitaria de todas las ex-
presiones culturales (Wallerstein, 1999: 179).
Es en esta entramada de poder y representación en el
que se inscribe un proceso de reivindicación que busca
el reposicionamiento de las mujeres afrocolombianas,
el cual, constituyéndose como expresión al interior
del movimiento afrocolombiano, cuestiona los regí-
menes de representación política en un escenario de
intervención que oscila entre la desestructuración de
las interpretaciones de nuestras realidades hechas por
los académicos, la demarcación de los estrechos lími-
tes que impone la participación política para nuestra
comunidad y las miradas distantes de un movimiento
feminista que apenas inicia a comprender la signifi-
cación del género étnico, todo esto enmarcado en un
contexto de globalización hegemónico. Reconociendo
estas realidades y contingencias podríamos observar y
acompañar el proceso mediante el cual se va a llenar
de contenido el sueño de ser esa porción de mujeres afro-
colombianas intentando sobrevivir o, mejor, esa porción
de mujeres afrocolombianas en el proceso de la con-
quista de su doble liberación.
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1I
revistagavia p a l a b r a s d e m á s
De representación, traducciones y ocultamientos
Si la representación según Chambers (1994) es “aque-
llo que simultáneamente habla y se erige en nombre
de otra cosa”, debemos estar dispuestos a aceptar que
es precisamente en el terreno de las representaciones
en el que se ha intentado dotar de significación las
acciones y proyecciones como mujeres afrocolombia-
nas en la gestación de un proyecto político, del cual
se puede indagar sus raíces desde tiempos del periodo
conocido como colonial
1
.
A propósito de lo expresado por Chambers, en el
terreno de las representaciones existe un doble mo-
vimiento que da sentido al mismo; tal movimiento
oscila entre el hablar-apalabrar a alguien y erigir imá-
genes-traducciones sobre aquello que es sometido a la
representación que de este fenómeno, lugar o cosa se
configure en ese momento. Es decir, la representación
se convierte en un intento de traducción “literal” del
sistema de cosas sobre las cuales nos interesamos y por
las cuales en ciertas ocasiones reclamamos “derechos”
de representación.
Los estudios y estudiosos de los fenómenos que com-
peten a la conformación socio-histórica y cultural que
encierra el hecho de definirse como mujer afrocolom-
biana no han estado exentos de esta lógica de represen-
tación-traducción. Es más, podríamos afirmar que ha
sido precisamente esta lógica la que ha instaurado las
imágenes e imaginarios que alrededor de la identidad
y la cultura de la mujer afrocolombiana circulan en los
distintos ámbitos de la vida social (Camacho, 2004).

La mujeres afrocolombianas que han sido estudiadas,
comprendidas y apalabradas en el marco de una acade-
mia que reifica las urdimbres del poder (político-econó-
mico) a través de las enunciaciones del saber (conoci-
mientos expertos e institucionalizados), están “sujetas”
a continuar la serie de representaciones que de ellas se
ha hecho desde las ciencias sociales y humanas –más
concretamente la antropología y la historia– o, por el
contrario, asumir lugares intersticiales de legitimación
de las lógicas de saber-poder que han sido calladas,
ocultadas o subalternizadas a fin de gestar miradas que
insinúen desprendimientos y demarcaciones políticas
y epistémicas que arroguen por posicionar nuevas for-
mas de ser consideradas, “representadas” y apalabradas
desde su sentir como mujeres de ascendencia africana,
identificando derroteros hacia las otras formas de con-
cebir el ser, el saber y el poder.
Mientras este proyecto de demarcación total construye
las vías-alternativas de concreción, y sigamos caminan-
do por los contornos de la representación que alrede-
dor de las mujeres afrocolombianas han hecho tanto los
estudiosos como las ciencias. Se ha decidido inscribir
sus análisis con el convencimiento de que incluso estas
estructuras aparentemente rígidas y sólidas presentan
fisuras y agrietamientos que hacen suponer futuros po-
sibles, donde las voces acalladas puedan ser entendidas
en la mixtura de sus tonos, entonaciones y colores.
Los regímenes de representación político-académi-
cos, la construcción discursiva y participación política
a nombre de los otros han estado en la centralidad
del debate de las ciencias sociales en las últimas tres
décadas. Siendo la emergencia del grupo de estudios
subalternos a mediados de la década del ochenta, mo-
mento en que estas discusiones toman la fuerza que
aún mantienen las preguntas sobre el problema o
los problemas que implican el hablar en nombre de
los otros en condiciones subalternizadas –¿desde qué
lugar político o epistémico se realizan estas enuncia-
ciones y los silencios-silenciamientos cómplices que
adoptan los estudiosos y las repercusiones políticas de
1
Incluso desde este periodo hasta nuestros días hemos sido traducidas por los académicos en condición de compañeras, ayudantes, cómplices;
pero nunca en calidad de gestoras y agenciadoras de futuros más prósperos para nuestra comunidad.
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sus investigaciones?–, dieron pie para que estos cues-
tionamientos pudieran convertirse en un campo de
estudio donde esas voces e historias otras encontraran
el escenario para expresar sus proyectos.
Es en este marco de cuestionamiento-visibilización-
consolidación de disonancia epistémica donde Guha
(1999) plantea la dinámica que se instaura entre la in-
visibilización o inadecuada traducción de los procesos
de reivindicación insurgente liderado por los campe-
sinos indígenas a partir de unos balances continuos,
una proyección que tiende a dignificar su existencia y
el despliegue de ciertas estrategias de organización co-
munitaria. Lógicas desde las cuales los historiadores se
acercan a comprender la conformación de estos focos
de protestas insurgentes. El quiénes o el cómo lo rea-
lizaron frente a la visión de quien pretende traducirlo
para hacerlo digerible, configura lo que este autor de-
nomina la “prosa de contrainsurgencia”.
En esta misma dirección Spivak (2003) conduce sus
cuestionamientos hacia la dilucidación de posibilidad
o imposibilidad que tienen por delante aquellos cuyas
historias y proyectos han estado marcados por produ-
cirse en condición de subalternos. Colocando el pro-
yecto de género que venía configurándose en la India
poscolonial y los regímenes de representación política
instaurados por los hombres-líderes según la etnia o
casta a la que pertenecieran.
Después de elaborar detalladas críticas acerca de la for-
ma en que se entretejen las relaciones de saber-poder
en la India poscolonial, Spivak llega a la conclusión de
que existe una imposibilidad inmanente a la hora que
los subalternos abrazan la oportunidad de represen-
tarse de manera autónoma, o en su defecto, marca las
dificultades constitutivas que tienen los subalternos a
la hora de “someterse” o ser sometidos a la represen-
tación que de ellos hacen incluso los intelectuales que
en su traducción se declaran parte de la comunidades
a las cuales van a apalabrar.
De esta manera, ¿pueden hablar los subalternos? que la
autora cierra en un marco de incertidumbre, deja claro
que la voz de los subalternos “nunca” va a ser posible
escucharla de manera diáfana mientras las representa-
ciones políticas y los marcos institucionalizadores de las
reivindicaciones continúen desarrollando esos entre-
lazamientos de la forma en que hasta ahora lo hacen.
Constituyendo lo que ella denomina la representación
mimética, el hecho de hablar acerca (de) la representa-
ción política, el hecho de hablar (por)– (Spivak, 2003),
encierran los sentidos en que vienen generándose las
posibilidades que tienen las mujeres afrocolombianas
de hablar por ellas mismas y demarcarse de esa doble
subalternización a la que fueron y son sometidas.
Intentando aterrizar las anteriores conceptualizacio-
nes a las realidades del contexto colombiano, habría
que preguntar hasta dónde estos regímenes de repre-
sentación no han tomado asiento en la dinámica de
visibilización discursiva por vía de las investigaciones
desarrolladas en torno a las mujeres afrocolombianas
y su agenciamiento como sujeto político de accionar
social. De acuerdo con esto, observemos el lugar a
partir del cual enuncian los autores las orientaciones
conceptuales desde las que realizan sus acercamientos
y las líneas o ejes de trabajo que han construido en el
desarrollo y consolidación de este campo de estudio.
En este plano, a manera de balance bibliográfico sobre
los estudios que acerca de las realidades de la pobla-
ción afrocolombiana y, concretamente alrededor de la
mujer, se tendría en cuenta que:
[…] aunque con distintos matices, reconocibles
en los enfoques conceptuales, metodológicos y
políticos, se pueden observar dos tendencias ge-
nerales en los estudios históricos y antropológi-
cos afrocolombianos. Por una parte, y de manera
resumida, se encuentra la escuela afrogenética,
que insiste en el análisis de los orígenes africa-
nos y en la importancia de la permanencia de
los complejos culturales de origen africano en los
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procesos de reconstrucción y creación cultural,
territorial y política. A esta perspectiva se oponen
los enfoques que hacen mayor énfasis en la iden-
tidad y la práctica negra como construcciones
resultantes de procesos históricos y fluidos de
adaptación, relaciones de mestizaje, sincretismo
y resignificación cultural en relación con la so-
ciedad mayor que se han dado entre los distintos
grupos étnicos forzados a convivir en
el territorio. Pero, como rasgo gene-
ral, la mayoría de los autores, inde-
pendientemente de su posición, co-
inciden en reconocer el papel activo
que jugaron las sujetas negras frente
a las condiciones de exclusión y do-
minación durante su introducción
e inserción en el nuevo reino de
Granada; en la heterogeneidad y la
flexibilidad como rasgos caracterís-
ticos de las poblaciones negras; en
la importancia de la contribución a
la sociedad y la cultura nacional, en
que hoy prevalecen el racismo y la
discriminación sobre los afrocolom-
bianos (Camacho, 2004: 10).
Retomando el sendero por el que se ha
conducido esta reflexión, se hace im-
prescindible recalcar el hecho de que
los enfoques conceptuales anterior-
mente mencionados –y que se encuen-
tran en pugna por posicionarse como
los únicos y valederos en la dinámica
de investigación-traducción de las rea-
lidades de los pueblos de ascendencia
africana en Colombia–, son liderados
por investigadores que poseen simila-
res características mestizas, andinas,
formadas académicamente y que pro-
ducen sus reflexiones desde el marco
de instituciones con reconocimiento
científico y demuestran un cierto dis-
tanciamiento táctico del proceso organizativo que ade-
lanta esta comunidad, dotando de sentido la represen-
tación mimética y la representación política en Colombia.
Con estas puntualizaciones y localizaciones sería per-
tinente preguntarnos hasta dónde las mujeres afroco-
lombianas no se han visto o se han sentido comple-
tamente representadas en esa reproducción discursiva
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y cuál es el régimen representacional en el cual sus
voces continúan siendo encarnadas en cuerpos que
están muy lejos de sentir, reflexionar y enunciar como
mujeres afrocolombianas que propugnan por consti-
tuirse en agentes de transformaciones sociales. En este
contexto, es importante tener presente la localización
de las enunciaciones de investigaciones que arrojan
como resultado:
[…] la ausencia notoria de reflexiones escritas
acerca de la mujer negra, de su identidad y de su
experiencia, así como el carácter disperso, pun-
tual, sucinto y fragmentario de las fuentes histó-
ricas, constituyen una enorme limitación para
documentar la pluralidad de sujetos y las múlti-
ples historias de la mujeres negras, ya que no es
posible hablar de una sola historia, ni de la mu-
jer negra como identidad esencial. La ausencia
de voces femeninas es producto de la exclusión
histórica de las mujeres como sujetos de interés
social, así como del analfabetismo generalizado
de la población femenina sin distingos de raza, ni
clase y, en el caso de las mujeres negras específi-
camente, del escaso valor del testimonio femeni-
no en los procesos en la sociedad neogranadina
(Morales citado en Pardo, 2004).
Esta serie de silenciamientos, apalabramientos, enun-
ciaciones y ocultamientos a nombre de aquellas que
siguen en condición de subalternizadas dada su ads-
cripción de género y etnia, han continuado consoli-
dando los nuevos rostros de la visibilización invisible
en tanto extienden las cadenas que no permiten posi-
cionar un existir diferenciado como mujeres afroco-
lombianas. Debido a esto, se hace innegociable seguir
construyendo proyectos mancomunados que aporten
a la desestructuración de la tríada que se mueve entre
los ocultamientos, las representaciones y las invisibi-
lidades que dificultan y/o imposibilitan la consolida-
ción de proyectos otros de existencia en condiciones
de dignidad.
De las rupturas y los futuros posibles
El acto de demarcación y ruptura que como mujeres
afrocolombianas deben realizar, incluso en el intento
por construir sus propios o adecuados regímenes de
representación, debe ubicarse en un lugar corredizo
que se desliza en varias direcciones. Se debe intentar
la construcción de espacios alternos de saber y cono-
cimiento que cuestionen las formalidades e institu-
cionalizaciones del saber académico, colocando rei-
teradamente en cuestión las formas de enunciación,
traducción y representación de sus realidades lo que
en algunos ámbitos del saber-poder ya se toman como
verdades irrefutables y conlleva a cosificar las imáge-
nes de las mujeres afrocolombianas en ámbitos como
la sexualidad, la conformación de la familia, etc.
Así mismo, las búsquedas en términos políticos deben
ser mediadas por la consecución de un posicionamiento
diferenciado como sector organizado que se expresa en
contra de las dinámicas del quehacer del movimiento
social afrocolombiano que reifica las lógicas del poder-
representación discutidas, en el intento de desenmasca-
rar las múltiples articulaciones de dominación y subal-
ternización que se presentan en los espacios de “poder”
construidos por el movimiento social afrocolombiano
y en los que en esa pugna por los sentidos de nación y
nacionalidad se ha visto obligado a abrir el Estado.
En esta medida, los movimientos de ruptura con res-
pecto a las formas en que se vienen traduciendo las
mujeres afrocolombianas en el ámbito académico y
su representación política, que en muchas ocasiones
está en concordancia con las elaboraciones gestadas
en el mundo académico institucionalizado, debe estar
o está orientado hacia la construcción de futuros posi-
bles que con cantos paridos de todas las voces logren
romper los oídos sordos de las bestias del olvido y po-
damos entonar los alabados por las resistencias donde
las mujeres afrocolombianas no se encuentren constre-
ñidas por las limitaciones político-epistémicas que hoy
han decidido enfrentar para vencer.
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Referencias bibliográfcas
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tes, voces emergentes: reseña bibliográfica de los estu-
dios sobre la mujer afrocolombiana”. En: Panorámica
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Buenos Aires: Amorrortu Editores.
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de México: Colegio de México.
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Wallerstein, Inmanuel (1999). “La cultura como
campo de batalla ideológico del sistema-mundo mo-
derno”. En: Pensar (en) los Intersticios “teoría y práctica
de la crítica poscolonial”. Bogotá: Pontificia Universidad
Javeriana.
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Diana pinzón sánchez
EstudiantedeLenguasExtranjeras,Universi-
dadPedagógicaNacional.Correoelectrónico:
dianapinzn@hotmail.com
Hoy en día lo fundamental para mí es mi obra.
ArturoAlape
S
i bien, Arturo Alape y José Antonio Osorio Liza-
razo no han sido reconocidos en la esfera acadé-
mica literaria oficial en Colombia por sus obras per-
tenecientes a la literatura testimonial
2
, es cierto que
sus aportes en este campo no sólo se extienden a los
relatos crónicos, sino que afrontan los acontecimien-
tos históricos contestatariamente, es decir, desde una
posición política de izquierda que promulga la revi-
sión de la historia oficial a partir de los hechos más
relevantes, aquellos
que cambiaron el transcurso de la vida de un país, in-
sertándose en la memoria colectiva con Arturo Alape y
la conciencia social y de clases con Osorio Lizarazo. De
esta manera, y como un sentido homenaje a la obra y
memoria de Arturo Alape
3
, queremos centrarnos en el
tema principal y común que poseen las líneas literarias
de estos dos autores: la violencia, ligada a la historia
colombiana y, por tanto, a todos los ámbitos sociales,
políticos y culturales.
Como tema principal e idea fundamental de este escri-
to, la narrativa de Arturo Alape y Osorio Lizarazo es
escenario de múltiples reflexiones sobre la violencia
10
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2
Este género ha desatado los más intensos debates tanto en Colombia como en Latinoamérica. Es por esto que la española Carmen Ochando Aymerich,
el boliviano Gustavo García y el bogotano Francisco Theodosiadis han dedicado parte de su obra a centrar el tema de la literatura testimonial como una
visión de los hechos sociales y de la alteridad.
3
Arturo Alape murió el 7 de octubre del 2006, cuando se estaba desarrollando este escrito.
Las miradas históricas:
una revisión y
lectura de la obra de
Arturo Alape y
Antonio Osorio Lizarazo
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como hecho histórico desde personajes marginados y
desplazados por los relatos oficiales. De este modo, la li-
teratura sirve como medio para revelar, pensar y rehacer
la historia a través de una memoria colectiva en Alape,
y una conciencia social en Osorio Lizarazo. A partir de
situaciones históricas concretas como el Bogotazo, el
carácter testimonial y crónico es la base narrativa que
despliega una propuesta estética sencilla, descriptiva
que se concentra en reafirmar y explicar la violencia,
sus causas, funcionamientos y consecuencias desde un
compromiso y una postura política contestataria, ela-
borando un estilo naturalista necesario para construir
la historia ficcionalizada oficial en un relato colectivo,
cercano a la realidad en la que los personajes y sus accio-
nes son símbolo y metáfora de la historia colombiana.
la literatura testimonial: un punto de partida del
hecho histórico narrativo
Para poder tener una mirada reflexiva y completa so-
bre la obra de Alape y Osorio Lizarazo debemos anali-
zar el tipo de relatos testimoniales y sus características
como hechos narrativos. Esto significa que tendremos
que desarrollar una breve explicación sobre la litera-
tura testimonial como base narrativa de la propuesta
literaria y filosófica de los escritores en cuestión.
La literatura testimonial es una expresión creada a
partir de la aparición en Latinoamérica, en los años
sesenta y paralelamente al Boom, de escritos basados
en testimonios personales y reales sobre acontecimien-
tos que marcaron hondamente la identidad y la histo-
ria de pueblos o países. Principalmente, el testimonio
está vinculado a la crónica. Hayden White revela que
aunque las crónicas no alcanzan la narratividad, estas
“[…] son productos particulares de posibles concepcio-
nes de la realidad histórica, concepciones que cons-
tituyen alternativas, más que anticipaciones fallidas
del discurso histórico consumado que supuestamente
encarna la historia moderna.” (White, 2003). De esta
manera, en el caso de nuestros autores, el testimonio
se convierte en crónica; es decir, pasa de la oralidad a
la escritura para hacer registro de posibles concepciones
de la realidad histórica, así como también pasa de una
experiencia individual y personal a convertirse en un
símbolo común de un colectivo.
Miguel Barnet (1998), otro estudioso de la literatura
testimonial, señala que el testimonio debe seguirse
como un documento o fresco que reproduce los hitos
sociales más relevantes en la cultura de un país, desde
cuatro características fundamentales: el desentraña-
miento de una realidad que afecta la sensibilidad de
un pueblo, un profundo interés histórico de los auto-
res, un lenguaje y una estética basados en la oralidad
y la construcción de la memoria colectiva a través de
protagonistas más significativos.
Desde estas perspectivas teóricas podemos señalar que
Alape y Osorio, por medio del testimonio, revelan una
perspectiva social de los hechos más trágicos y relevantes
de la vida del país, entre ellos, la violencia desde diver-
sos puntos de vista: como guerra o expresión de la des-
igualdad social —Ciudad Bolívar: la hoguera de las ilusiones
(1995)—, como testimonio contestatario —Las muertes de
Tirofijo (1972) de Alape—, como experiencia del miedo —
El criminal (1935) de Osorio—, como desesperanza —San-
gre ajena (2000) de Alape— o como testigo de excepción
—La paz, la violencia: testigos de excepción (1985) también de
Alape—. Este tema tan presente en ambos estilos muestra
a través del testimonio vivo de la violencia un carácter so-
cial e ideológico y una postura política de izquierda que
ve la realidad desde lo contestatario volviendo a las raíces
históricas de los procesos sociales.
Así, Alape escribe sobre la elaboración de El cadáver
insepulto (2005) acerca de la necesidad de regresar a la
memoria colectiva desde las raíces históricas: “En la
escritura del segundo original, sentí la imperiosa ne-
cesidad de volver a las raíces históricas que daban a
la ficción que estaba narrando un fidedigno entorno
social.” (Alape, 2005). Por su lado, Osorio Lizarazo en
la escritura de El día del Odio (1979), utilizó múltiples
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relatos y testimonios retratados por los periodistas po-
licíacos de la época, puesto que durante este periodo el
escritor se encontraba exiliado en Argentina por pro-
blemas políticos.
En los dos casos nos damos cuenta de que las fuentes
provienen de una oralidad basada en testimonios y re-
latos escritos ya convertidos en crónica, estableciendo
un puente entre oralidad y escritura predominante en
las trayectorias literarias de ambos autores. Arturo Ala-
pe, en Ciudad Bolívar: la hoguera de las ilusiones recrea, a
través de nueve historias, un ejercicio llamado ‘el taller
de la memoria’, en el cual un grupo de jóvenes de Ciu-
dad Bolívar cuentan sus historias de vida, retratadas
de manera literaria en el libro. Osorio lo logra basán-
dose en la mirada experimentada de un periodista y
cronista de la vida social, política y cultural de la Bo-
gotá de 1930 y 1950. A partir de estos hechos, los au-
tores manejan un estilo literario fuertemente marcado
por su naturalismo, basado en descripciones sencillas
y lineales, pero dramáticas en Osorio, y elaboraciones
poéticas a partir de imágenes de la memoria violenta
de los personajes en Alape, como se revelan en los si-
guientes apartes:
Pero el estruendo absorbió su llamada. La voz ha-
bía perdido su contenido humano y retrocedía a su
condición de aullido, porque la inteligencia había
descendido en unos momentos una etapa de mile-
nios. Las llamas daban una decoración de infierno
a la escena. De improviso se trababan combates y los
luchadores se revolvían sobre sí mismos y se trenza-
ban a puñetazos y dentelladas y la riña se disolvía
luego sin decirse y sin motivo (Osorio, 1979).
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Apareció la figura aindiada de Gaitán, cetrina, tea-
tral, mirada devoradora de multitudes. El rostro de
la masa humana aglomerado en la Plaza de Bolívar
se transfiguró como si hubiese llegado la noticia
tantas veces añorada en un sueño que nunca en-
contraría límites geográficos. El silencio de la multi-
tud cambió de parecer, pues dejó de ser acicate por
la angustia, expresado sin odio, para convertirse en
silencio de ilusión y expectativas (Alape, 2005).
Es clara la preocupación sobre un problema social
como lo es la violencia originada en la muerte de un
líder como lo era Gaitán. Cada uno de los fragmen-
tos revela una descripción cuidadosa y sencilla sobre
la manera como los personajes ven esa realidad inme-
diata, esa violencia hecha cuerpo desgarrado, es decir,
el de los personajes que van de la palabra testimonial
hacia texto hecho crónica.
La violencia como hecho histórico, como hecho f-
losófco, como compromiso político
Habiendo analizado la parte testimonial y literaria del
relato histórico, continuaremos estudiando, desde el
testimonio y la crónica, el uso de la literatura como
medio −aspecto propio de la literatura testimonial−
para rehacer, pensar y cuestionar la historia oficial
colombiana, dando otras versiones de los hechos y
convirtiendo la experiencia individual en un símbolo
de los acontecimientos más relevantes en la memoria
colectiva de Colombia.
Hayden White (2003) reconstruye el debate tradicio-
nal entre historia, literatura y percepción de la reali-
dad histórica, planteando al escrito histórico como un
artefacto literario valido como narración histórica: “La
historia es una construcción, más específicamente un
producto del discurso y de la discursivización […]” de
los hechos y las acciones de los hombres, desde los
tropos que brinda el pasado, sin privar de su encanto,
de “paseidad” o su pathos. De este modo, los autores
en cuestión realizan, más que una propuesta estética
elaborada, una propuesta literaria que ve la historia
con dicha “paseidad” de una manera directa a través
del testimonio, en el que el relato está al servicio del
pasado colombiano en la reconstrucción de una iden-
tidad negada por los ganadores de la historia.
Esta preocupación la comenta Alape cuando afirma
que “la historia contemporánea de Colombia se me pa-
rece a un hombre sin espalda, con un profundo temor
a volver la mirada sobre los pasos andados. […] En este
sentido rescatar la memoria de nuestra historia reciente
ha sido una antigua preocupación”. (Vásquez-Zawadzki,
2003). Recuperar la historia es contar, no la versión de
los triunfadores, sino la de los perdedores, los afectados
mediatos e inmediatos y los protagonistas relevantes.
De igual manera, Osorio recupera buena parte la me-
moria bogotana por medio de su trabajo como perio-
dista, como un cronista de la sociedad. Sus personajes
muestran una esencia de la época, de las acciones y de
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los hombres corrientes que habitan de manera desespe-
rada una ciudad que no cuenta con ellos; lo que busca
Osorio es reflexionar sobre ese monstruo que carcome
las venas internas de los hombres con su indiferencia y
hacer una denuncia utilizando “La esencia social de la
novela” artículo publicado en 1938 donde muestra
una posición socialista de las posibilidades que tiene la
novela para legitimar la lucha de clases tan propia de la
filosofía marxista, en donde la historia y la literatura se
convierten en arma de la revolución.
Sin embargo, esta forma contestataria testimonial
según Alape, es literariamente parcial y engañosa (Vás-
quez-Zawadzki, 2003) por su trama: los personajes y
los temas localmente comunes, pero agradables y legi-
bles. En este sentido, el autor agrega que la responsa-
bilidad del escrito frente al testimonio es de respaldo,
pues los elementos orales se reelaborarán en un len-
guaje escrito, se retratarán en la novela: “La novela
es un género totalizante. El testimonio también lo
es: recurre a la historia, a la sociología, a la literatura,
al periodismo”. (Vásquez-Zawadzki, 2003). La novela
lo incluye todo: desde el compromiso social hasta el
compromiso con la historia verosímil del país, pues
se tiene la responsabilidad de acercar al lector a una
historia contada desde otros persona-
jes, desde otros testimonios, “[…] para
en la acción de devolver esa historia no
sólo a sus verdaderos dueños, los pro-
tagonistas, sino también como una for-
ma de llegar a inquietar o rasgar como
a navajazos, esa bruma que el tiempo
ha establecido en los acontecimientos
históricos y que tanto funciona como
manipulación de la burguesía” (Vás-
quez-Zawadzki, 2003).
El propósito final de estos autores es
entregar una nueva versión, distinta
a la oficial, de los hechos más impor-
tantes en la vida nacional, donde la
reflexión militante y política hace de
las narraciones una descripción más
verosímil de la historia. Es por esto
que su lenguaje, sencillo, descriptivo,
ligado al testimonio, es una forma re-
belde −desde el concepto de Camus−
de escapar a la estética totalitaria de la
realidad, en donde la historia oficial lo
captura todo, mientras los relatos tes-
timoniales hallan fragmentos que ayu-
dan a comprender ese otro ser que vive
y mira su realidad a través de la palabra
convertida en texto.
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Finalmente, habría que preguntarnos qué lugar tiene
el testimonio, unido a la literatura como arma de de-
nuncia y defensa, como lugar apropiado para entender

las acciones violentas y rudimentarias en el canon ofi-
cial de la literatura colombiana.
testimonio como medio: su lugar en la literatura
colombiana
El lugar que ocupan estos dos autores va unido al deba-
te sobre la validez de literariedad del testimonio y de la
literatura testimonial y al de la historia como hecho na-
rrativo. Al respecto, escritores como Germán Espinosa
hacen un tratamiento especial de esta narrativa porque
su objetivo se centra en el discurso filosófico de occi-
dente a través del relato histórico. Por otro lado, Fayad y
Cepeda Samudio retratan la vida social e histórica con
base en personajes que reaccionan contra una Moderni-
dad ausente, reflexionando sobre temas locales como la
Bogotá de 1970. Por último, el gran hito de la literatura
colombiana, Gabriel García Márquez nos revela a sus
personajes universales en medio de narraciones com-
plejas, relacionadas a ciertos aspectos históricos del país
−sin contarnos explícitamente la Masacre de las Bana-
neras− y con un estilo literario fuertemente construido
en el folclore y lo real maravilloso.
Desde estas miradas, ni Alape ni Osorio obtienen un
lugar preponderante o importante desde una cons-
trucción estética, aunque las obras del primero hayan
tenido un breve reconocimiento como elaboración
histórica. Su lugar se halla en la reflexión de temas
tangenciales, por ejemplo, la violencia que permea de
forma radical la vida cotidiana colombiana y por tanto
necesita de una revisión seria. El modelo de estos au-
tores se encuentra en la elaboración de una propuesta
literaria descriptiva, crónica y sencilla que van de la
mano con el relato histórico, teniendo como base el
testimonio de los protagonistas afectados por olvido.
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________ (1995). Ciudad Bolívar. La hoguera de las
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Barnet, Miguel (1998). La fuente viva. La Habana:
Letras Cubanas.
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Alianza editorial.
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White, Hayden (2003). El texto histórico como artefac-
to literario y otros escritos. Barcelona: Paidós.
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Armando chaparro Arboleda
EstudiantedelaMaestríaenEstudiosLiterarios
V
isto desde la fenomenología, ser y tiempo son lo
mismo, el ser vive en relación con las cosas de
modo que es desde su experiencia como el ser padece
el tiempo. El pasado, el presente y el futuro son concep-
tos dados por éste; los diferentes tiempos se relacionan
en una especie de preexistencia eterna. Ahora bien, en
la literatura, la tesis del tiempo cobra vida –esta tesis fi-
losófica pasa a ser una realidad que tiene como base a
la ficción–. La fenomenología del tiempo se percibe a
través de la conciencia de los personajes o en el modo
de la narración. El pasado, el presente, el futuro y aun
el momento histórico en que vive el autor preexisten a
través de una realidad narrativa.
En el caso de un escritor como Borges, hablar de un
hombre es hablar de la existencia de todos los hom-
bres, es decir, de un hombre como el surgir del tiem-
po; su relación con el mundo es a fin de cuentas, la
historia de una eternidad. En algunas de las narracio-
nes de Borges, el ser-personaje se apropia de la historia
a través de los instantes; así, la experiencia constituye
la historia del hombre y “[…] un solo hombre consti-
tuye la historia universal.” (Borges, 1996: 66). Sobre el
tiempo, Borges sostenía: “es la ausencia de que estoy
hecho. El tiempo es un río que me arrebata pero yo soy
el río, es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre,
es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego. El
mundo desgraciadamente es, y yo desgraciadamente
soy Borges” (Borges, 1966: 66).
En el cuento “La escritura de un dios”, Borges presta
atención a los instantes y a cómo el pasar del tiempo
adquiere sentido cuando se observa en el constante
presente. Para Tzinacán, personaje del cuento y mago
capturado en la pirámide, basta nombrar una palabra
dentro del fluir del tiempo para hacer una concatena-
ción de hechos: “[…] no hay proposición que no impli-
que el universo entero; decir el tigre, es decir los tigres
que lo engendraron… consideré que en el lenguaje de
un dios toda la palabra enunciaría esa infinita concate-
nación de los hechos y no de un modo implícito sino
explícito, y no de un modo progresivo sino inmediato”
(pp. 94-95).
Ser, tiempo y espacio
en la literatura de
Jorge Luis Borges
y Juan Rulfo
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De ese modo, en el nombrar de la palabra está el
tiempo, la recapitulación de los tiempos, a través del
instante. Borges relaciona el tiempo de las cosas con
el tiempo del hombre. Merleau-Ponty (1985) afirma:
“[…] el tiempo, de este modo, no es un proceso real
ni una sucesión efectiva que sea registrada. Nace de
la relación del hombre con las cosas.” (p. 420). Bor-
ges (2000) reafirma en “La escritura de un dios” que
“un hombre, es a la larga, sus circunstancias.” (p. 95);
de tal modo, el autor relaciona el vivir del instan-
te con las cosas y esa relación funciona como una
eterna circularidad o como una cosmogonía de la
eternidad, como un sueño que está dentro de otros
sueños donde el despertar del ser-personaje se da en
la realidad del instante. Así, la primera mañana del
tiempo que observa Tzinacán podría ser cualquier
mañana; parece que el tiempo se reduce al contacto
que el ser-personaje tiene con las cosas del mundo.
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Según Merleau-Ponty (1985) “[…] la conciencia del tiem-
po se da en el presente” (p. 423). En la literatura, el
pasado y el futuro transcurren en la conciencia de un
presente ficticio, dentro de un devenir fenoménico en
el que la consciencia del tiempo, vista como un objeto
se pierde. Así pues, la literatura posibilita una libertad
de infinitas variables, el lector logra desplazarse por la
multiplicidad de tiempos, “comprendiendo” además
que todo hace parte de una unidad estructural, de un
mundo posible que existe y trasciende para sí mismo.
En otro cuento de Borges, “Los teólogos”, los actos de
los hombres se convierten en los actos de un hombre,
es decir, que la historia universal es la historia de una
persona concreta, la gloria de un único ser. “El tiem-
po no rehace lo que perdemos; la eternidad lo guarda
para la gloria y también para el fuego […] la historia
del mundo debe cumplirse en cada hombre” (p. 28-
30). Así, Aureliano y Juan de Panonia pueden ser un
sólo ser. Borges los nombra a modo de certeza de lo
absoluto: un personaje que se encuentra perdido en la
eternidad del tiempo, es decir, que seguirá repitiendo
los mismos caminos de su historia y que no encuentra
otro momento más indicado para hacer las cosas que el
momento mismo en que se hacen. El autor ha dejado
esta confusión histórica en la que la historia de un ser
se confunde con la de otro “[…] en el reino de los cielos
donde no hay tiempo.” (p. 32). Es así, que “el tiempo
encadenado” al que se refiere Bachelard en “La intui-
ción del instante” se convierte en instante eterno.

Recusar el tiempo horizontal se convierte en una po-
sibilidad para la literatura, Bachelard ha llamado al
tiempo vertical que contiene la literatura: el instante
poético, momento en el que se relacionan todos los
tiempos, en que las cosas adquieren otro sentido. De
modo que los hechos narrados y los personajes pue-
den generar multiplicidad de connotaciones fenomé-
nicas que hacen posible que la literatura se disperse
por el tiempo.
Un ejemplo de la simultaneidad del tiempo en un ins-
tante y del modo en que el personaje puede relacionar
su experiencia con las cosas, sucede en la novela “Pe-
dro Páramo” de Juan Rulfo cuando las palabras más te
vale, se repiten unas páginas adelante; más te vale, hijo.
Más te vale –me dijo Eduviges Dyada. (p. 23). Se debe en-
tender que estos enunciados no están separados por el
tiempo porque son instantáneos: así, no ha ocurrido
nada de la página 23 a la 32. Es decir, lo ocurrido se ha
dado simultáneamente en un instante
4
. Así pues, los
sonidos o los murmullos son utilizados para desplazar
el tiempo en la narración, para contarnos las cosas que
pertenecen a un pasado. Algo que se ha denominado
en la literatura como analepsis, vueltas repentinas y rá-
pidas que alteran la secuencia cronológica del relato y
que no son más que la conexión de los instantes.
Si desde Heidegger en Ser y tiempo, el ser tiende a es-
tar proyectado hacia delante, a estar “a la espera”, en
la novela “Pedro Páramo” los estados de “resuelto”
buscan su posibilidad en el pasado, así, el presente se
convierte en un haber-sido incontenido que pertenece al
tiempo mítico. Las cosas regresan de la distancia para
volver a ella, a una eternidad del instante que se mue-
ve en la lejanía. Los muertos hablan y escuchan el so-
nido de la lluvia que cae sobre la tierra que los cubre.
El estar en el mundo se hace posible a través de la cos-
mogonía literaria –un mundo posible que es semejante al
mito y que la literatura vuelve parte de la memoria– (2001);
La “movilidad no se detiene” porque el sentir de las
cosas permite que el personaje exista y que el lenguaje
lo ponga de nuevo ante el mundo aunque sea de un
modo fantasmagórico.
El mundo que está en la vastedad del espacio se descu-
bre desde el más allá y lo que se entiende como espacio
se detiene. Así mismo, el tiempo también se detiene,
porque todo corresponde al mundo del mito en condi-
ción del “pasado propio”. Vemos instantes del pasado
que “aparecen” y “desaparecen” no en el presente ficti-
4
Para profundizar en este tema, véase: “Juan Rulfo: el tiempo del mito” en Valiente Mundo Nuevo de Carlos Fuentes.
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cio de Juan Preciado, es decir, en el momento en que
los otros muertos le cuentan las cosas, sino en el presen-
te histórico en que el lector recorre las páginas. Es así
como éste puede establecer los vínculos del tiempo y de
la existencia con un mundo que está fuera de nosotros.
El ser-personaje busca los orígenes ocupándose de su
pasado, como las cosas que encuentra lo afectan y lo
predisponen en ese saltar al pasado. Todo empieza con
la muerte y termina con la muerte. Heidegger habla de
un estar arrojado hacia la muerte que está nombrando
en últimas el origen mismo del estar vivo. En “Pedro
Páramo” esta experiencia ocurre de lo más normal y
cotidiana, por eso, el constante bregar con la muerte,
desde la muerte, es un modo entrañable de ser o de lo
que Heidegger ha llamado el ser-ahí.
Ahora bien, “el Aleph” permite ver el Universo a tra-
vés de un orificio ubicado en un sótano (por la calle
Garay) que va a la infinitud del tiempo y del espacio, es
un observatorio de la existencia. Para Rulfo hay una
circularidad del tiempo, un vacío irreal que conduce al
ser-personaje hacia los orígenes, hacia una cronotopía,
el tiempo y el espacio que contiene la realidad mítica.
De esta manera, en la ficción, el transcurrir de los per-
sonajes remite a un tiempo y un espacio y permite acep-
tar la estructura del mundo posible y entrar en el juego
de la trascendencia o a lo que Heidegger ha llamado
cosmovisión o visión de mundo (2001). Ahora bien, la
obra es un reflejo de lo que el hombre es en sí, devela
al ser y es natural que este se vea afectado por una épo-
ca, un espacio y unas circunstancias. La narrativa pone
en juego todo, a uno mismo, es decir, el “comprender”
es un fenómeno propio del Dasein (2001, 387).
La literatura posibilita saber lo que hace falta saber, es
decir, desde la experiencia “ajena” que ilumina y produ-
ce en el lector estados de ánimo y maneras de “compren-
der”. Ella lo lanza “afuera”, lo arroja a la crisis y pueda
ver lo otro de esa crisis. Por momentos, deja que el lector
se aloje en otros personajes para que ese “comprender”
sea “duradero” y por qué no decirlo, propio. Es decir,
dejar a los otros ser en nuestros estados de ánimo.
En una obra narrativa todo sucede como principio del
fin; cada frase abre la “historicidad” y la cierra a la vez.
Padecemos la narración como reflejo de nuestra exis-
tencia, “interpretamos” el texto como si experimentá-
ramos nuestra historicidad. Es así como Borges nos
permite pensar que somos tiempo, que somos un ser
que vive en relación con su tiempo y que es irremedia-
blemente histórico.
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4l
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Pedro Páramo no sólo posibilita la comprensión de
nuestro comportamiento, sino que logra afectarnos y
arrojarnos hacia la muerte: nos revela la relación in-
eludible de ésta con la vida. La ficción muestra que en
la muerte y en la vida no somos seres individuales del
afuera o el interior, sino un conjunto integrado de lo
exterior y lo interior. Estas contradicciones que se sien-
ten, como la historia que se vuelve ficción fuese más
histórica que la real en el tejido de los instantes, devela
que el ser humano es temporal y que él es quien lo
experimenta y quien lo vive.
El ser humano, la historia y el mundo funcionan en la
literatura en constante relación. Cada uno de estos ele-
mentos fluye en una circularidad que indica al lector
cómo es su propia existencia, desde la narración que
también determina su experiencia. Así, descubre el lector
que él se despliega como fenómeno en el tiempo y que es
inevitable su relación con las cosas de un mundo en su
quehacer diario y que probablemente como diría Heideg-
ger (1983) descubra que habita poéticamente el mundo.
Referencias bibliográfcas
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percepción: Barcelona: Planeta Agostini.
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sergio Andrés sandoval
EstudiantedeLiteratura,VIIIsemestre,
Pontifcia Universidad Javeriana. Correo
electrónico:sergiosando@hotmail.com
No he visto el día
más que a través de tu ausencia
de tu ausencia redonda que envuelve mi paso
agitado,
mi respiración de mujer sola.

Hay días pienso
que están hechos para morirse
o para llorar,
días poblados de fantasmas y ecos
en los que ando sobresaltada,
pareciéndome que el pasado va a abrir la puerta
y que hoy será ayer,
tus manos, tus ojos, tu estar conmigo,
lo que hace tan poco era tan real
y ahora tiene la misma
textura del sueño.
Textura de sueño, GiocondaBelli
E
n la escritura profunda y sencilla de Marvel More-
no, las mujeres viven en la textura del sueño teji-
da por el recuerdo. Perdidos en el devenir del tiempo
los recuerdos hilan la memoria. El sortilegio del arte,
tanto en el cuento como en el lienzo, logra captar la
compleja presencia de pasados y presentes, de ecos que
persiguen a María en el jardín de tía Oriane. Como
en el poema de Gioconda Belli, los personajes femeni-
nos de la escritora barranquillera viven en la soledad
de la ausencia, del desamor, del recuerdo. Al igual que
Los recuerdos de
una mujer en el
devenir del tiempo:
la escritura en
tres cuentos de
Marvel Moreno
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revistagavia p a l a b r a s d e m á s
las pinceladas de Adelaida, la escritura logra plasmar la
belleza y el sino trágico de la mujer que recuerda su ple-
nitud en la tristeza del presente. La escritura que es un
tejido de palabras y recuerdos, de esperanzas y tragedias,
de vida y de muerte, de amor y soledad, es el sortilegio
perfecto para plasmar el ser enigmático de la mujer. En la
ausencia del amado, en la soledad carcelaria de las fami-
lias patriarcales y las apariencias sociales en el amargo des-
amor y su recuerdo de muerte, la mujer vive perdida en el
devenir del tiempo que fue
algún día plenitud, aunque
hoy parezca un sueño de la
respiración solitaria y de-
solada. En la literatura de
Marvel Moreno la mujer,
la memoria, el tiempo y la
sociedad tejen complejas
sombras que perviven en la
escritura.
El presente ensayo preten-
de analizar con brevedad
los elementos fundamen-
tales anteriormente men-
cionados en tres cuentos
de la escritora colombia-
na: “Oriane, tía Oriane”,
“Algo tan feo en la vida de
una señora bien” y “Una
taza de té en Augsburg”.
El protagonismo de los
personajes femeninos, la
importancia de sus nom-
bres y el estilo de Marvel
Moreno se plasma perfec-
tamente en la primera frase de cada cuento: “A María
la asombró la casa de tía Oriane, pero sólo empezó
a inquietarla cuando escuchó los primeros ruidos.”;
“Laura de Urueta terminó de tomarse el último Li-
brium y alargando el brazo encendió el aparato de aire
acondicionado.”; “Miranda Castro fue en su tiempo
una de las modelos más cotizadas de los Estados Uni-
dos” (Moreno, 2001). En Marvel Moreno se evidencia
la importancia fundamental de la primera frase en el
cuento, pues introduce los elementos primordiales y
los personajes protagónicos. La visión de la mujer en
la escritora colombiana no es para nada idílica ni femi-
nista, es sencillamente la compleja realidad interior de
las mujeres mujeres (como en el poema de Gioconda
Belli) en el trágico devenir del tiempo en el cual aún
sobreviven como sueños los recuerdos.
En las primeras frases
de los cuentos se plasma
también la profunda sen-
cillez del estilo de Marvel
Moreno, su escritura sin
barroquismos ni metáfo-
ras gigantescas, sino im-
pregnada del aroma suave
y terrible de la cotidiani-
dad. Todos los elemen-
tos anteriores relacionan
directamente sus cuentos
y novelas con la literatura
de Helena Iriarte, rela-
ción que sobresale entre el
cuento “Oriane, tía Oria-
ne” y la novela “Frente al
mar que no te alcanza”.
En la escritura se plasma
el complejo ciclo de espe-
jos en el devenir del tiem-
po y el tejido nostálgico de
los recuerdos que sueñan
un pasado en un presente
desolado por la tristeza.
Como en la novela de Helena Iriarte, en el cuento “La
casa cerca al mar” tiene una importancia esencial, pues
encarna el espíritu fúnebre de la familia en decadencia,
de la mujer que aún la habita, quien embriagada de re-
cuerdos y pintando en la ventana, escucha los ecos que
rondan la escritura.

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Sobra hacer un comentario sobre la importancia esen-
cial que tiene la casa en la literatura latinoamericana
del boom narrativo, como en los libros de Gabriel Gar-
cía Márquez y los cuentos de Julio Cortázar por sólo
mencionar dos ejemplos. Pero, como en “Frente al mar
que no te alcanza”, la casa está habitada únicamente
por mujeres que siguen respirando el pasado que en
ellas murmura. La gran diferencia entre el cuento de
Marvel Moreno y la novela de Helena Iriarte, además
del género y la forma narrativa (epistolar en la novela),
es el narrador, que en Moreno parece ser omnisciente,
mientras que en Iriarte es la propia María Francisca
que escribe cartas a su hermana. María es una mujer
adulta, casada con cualquier marido, que recuerda su
infancia, especialmente sus vacaciones en la casa de
tía Oriane. Ella, como la escritura misma, escucha los
ruidos y recorre vivencias del pasado con enigmáticas
sombras, descubriendo éxtasis y miedos en el armario
de recuerdos y en el jardín abandonado:
A fuerza de imitarla descubría gradualmente el
sortilegio de los actos repetidos, cómo aquel pasa-
do del que tía Oriane hablaba era recreado cada
día frente al servicio de plata, el mantel de lino,
los bollos de mazorca recién sacados del horno.
[…] Esperando la desolación que en el fondo de
su alma deseaba para aquel lugar –y que llegaría
tres años después de su muerte cuando el mar
ganó la playa y más tarde el jardín, y lentamente
destruyó la casa– tía Oriane aprisionaba el pasa-
do conservado tenazmente en el gran salón y el
comedor, pero sobre todo, en aquella habitación
del segundo piso que había elegido para ver correr
las tardes dibujando figuritas en las hojas de un
cuaderno. Allí, donde los ruidos nunca habían
entrado, María aprendería a recrear la vida de tía
Oriane cuando la ociosidad de las horas pasadas
junto a ella la llevó a descubrir el sorprendente
mundo de sus armarios (Moreno, 2001).
Tía Oriane es la mujer mujer que habita la casa, que
revive el pasado en cada día, vengándose simbólica-
mente de su padre y amando en la reminiscencia de las
cosas a Sergio, su único amor, su único hermano. La
feminidad de las mujeres que protagonizan los cuen-
tos de Marvel Moreno es reprimida y castigada por la
familia y la sociedad patriarcal, ya sea en el incesto su-
gerido en este cuento o en la “vergüenza” de Laura de
Urueta. Tía Oriane, quien tiene grandes similitudes
con María Francisca, de la novela de Helena Iriarte,
va conjurando un pasado que pervive en el armario de
los recuerdos, en sus dibujos y sortilegios cotidianos,
soñándolo en las fotos de los álbumes. El parecido ín-
timo de María y tía Oriane es sin duda uno de los
matices del devenir del tiempo, el eterno retorno y los
ciclos de espejos. Constantemente el pasado penetra
en el presente haciéndose inseparables como el sueño
y la vigilia. La muerte y los recuerdos del pasado ron-
dan la casa como ecos y sueños que persiguen a María
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y se encarnan en el extraño que irrumpe al final. En el
cuento todo se sugiere y muy pocas cosas se afirman,
el pasado es un sueño del cual llegan ecos pero nunca
gritos rotundos. María, posible hija de Oriane, en su
adultez trata de recordar claramente, “Pero no podía
precisar el recuerdo. Y lo vería alejarse de su mente con
una secreta angustia, vago, cada vez más vago, asociado
solamente a aquel columpio escampado de herrumbre
que había descubierto en el jardín de tía Oriane, y que
años atrás, antes de que la lluvia y el sol lo maltrata-
ran irremediablemente, había estado pintado de azul”
(Moreno, 2001).
El devenir del tiempo como el mar que lentamente
destruye la casa, maltrata irremediablemente no sólo
a las personas, también a los recuerdos; aún así, María
revive el amor de Oriane y Sergio con el desconocido
que ronda la casa. Con esto, la escritura logra plasmar
y revivir el pasado en un presente verdadero, liberan-
do así sus pulsiones vitales reprimidas y sus sueños de
amor destruidos por el tiempo.
Miranda Castro a diferencia de las otras protagonistas
de los cuentos analizados, es incapaz de sentir amor.
Nunca amó a nadie ni a nada, y su recorrido por el
pasado tiene más de desafío y de conocimiento que de
nostalgia y amor. Dotada de belleza y rescatada de un
orfanato en Alemania, Miranda creció en Venezuela
rodeada de las riquezas y el cariño de su padre adopti-
vo. Como en las otras protagonistas, en Miranda per-
viven los recuerdos de hombres definitivos en su vida,
Lucio Castro y Peter; como en Oriane pervive Sergio y
en Laura pervive Horacio. En Miranda no hay amor,
mientras que en Oriane y Laura sí.
En “Una taza de té en Augsburg” el pasado para Mi-
randa es un desafío, como lo fue la adopción, el apren-
dizaje, su lesbianismo y el dinero. Su incapacidad de
amar y el terror que esto produce, es plasmado perfec-
tamente en el final, en su encuentro con su madre en
Augsburg. Precisamente Frieda es la mujer mujer que
vive recordando y buscando la plenitud de su vida, en
el fruto del único amor, su hija, luego de que su fami-
lia le quitara su feminidad, su ser madre y mujer ama-
da. La pérdida de la feminidad que se aferra al pasado
para preservar la plenitud de su libertad y amor como
mujeres es el elemento principal en personajes como
Frieda, Oriane y Laura.
En la escritura de Marvel Moreno la mujer busca en
los recuerdos del pasado la plenitud libre de su fe-
minidad perdida por las imposiciones brutales de la
familia y la sociedad patriarcal. Por eso, el erotismo
también es fundamental en la escritura de la que fue
en su juventud la reina del carnaval de Barranquilla,
pues en el erotismo se plasma plenamente la libertad y
el amor de la feminidad. Como Marcel Proust, las pro-
tagonistas de Marvel Moreno están en busca del tiem-
po perdido que aún se puede soñar en los recuerdos,
donde fueron verdaderamente libres y mujeres, donde
vivieron y amaron con total libertad. Esa conciencia
de lo perdido es lo que hace del presente un tiempo
desolado y triste, fúnebre y amargo, siempre unido al
pasado que fue tan pleno como represivo. La inexora-
ble tristeza del presente se teje en la escritura con la
soñada plenitud del pasado, pintando los recuerdos y
plasmando la feminidad que algún día fue libre en el
amor, pero que hoy muere en la desolación.
Esta nostalgia
Este sueño que vivo,
esta nostalgia con nombre y apellido,
este huracán encerrado tambaleando mis huesos,
lamentando su paso por mi sangre...
No puedo abandonar el tiempo y sus rincones,
el valle de mis días
está lleno de sombras innombrables,
voy a la soledad como alma en pena,
desacatada de todas las razones,
heroína de batallas perdidas,
de cántaros sin agua.
Me hundo en el cuerpo,
me desangro en las venas,
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me bato contra el viento,
contra la piel que untada está a la mía.
Qué haré con mi castillo de fantasmas,
las estrellas fugaces que me cercan
mientras el sol deslumbra
y no puedo mirar más que su disco
-redondo y amarillo-
la estela de su oro lamiéndome las manos,
surcándome las noches,
desviviéndome,
haciéndome desastres...
Me entregaré a los huracanes
para pasar de lejos por esa luz ardiendo.
Estoy muriéndome de frío” (Belli, 1991).
En el cuento “Algo tan feo en la vida de una señora
bien”, Laura de Urueta recuerda o trata de recordar su
amor a los dieciocho años con Horacio. En su presente
de depresión por su feminidad reprimida y manchada
con vergüenza, bajo el imperio autoritario de su madre
y de Ernesto, en su habitación que hizo únicamente
suya (como tía Oriane) toma sus calmantes y somníferos
mientras fuma un cigarrillo y mira la mosca que revolo-
tea por sus cuadros y su cuarto. Entre su pintura y su te-
jido, los últimos rasgos de su feminidad, luego de perder
el amor y ser utilizada como trofeo y objeto de mastur-
bación, Laura trata de recuperar esa vitalidad femenina
y decidida que tanto admira en Maritza. Precisamente
el elemento central del cuento es la feminidad perdida
por Laura y viva en Maritza. Humillada, reprimida, con-
trolada, concebida como débil, Laura sin comprenderlo
muy bien se escuda en la supuesta debilidad que ven su
madre y Ernesto. Incompleta y vacía sin su ser mujer
por las apariencias sociales y los rencores pasados de su
madre, por la búsqueda de éxito donde otros ven fra-
caso y en la falta de amor de su marido, Laura termina
por suicidarse en el giro constante de recuerdos y frases
terminados por el sueño absoluto de treinta pastillas.
Asimismo, el retorno del devenir del tiempo o el ciclo
de espejos que estaba presente entre María y Oriane se
vuelve a tejer entre Laura y Lilian. Laura esperaba poder
brindarle a su hija la libertad de la feminidad que siem-
pre le fue negada, pero, aplastada por el poder opresivo
de Ernesto y su madre, termina casándose y perdiendo,
como ella, su libertad, su feminidad: “¿Pero, por qué?,
preguntaba Maritza. ¿Por qué siempre te metes en la
piel de los demás? ¿Y tú no cuentas? Difícil de respon-
der, más difícil ahora que los años la hacían mirar las
cosas de otro modo. (…) Incapaz de hacer otra cosa que
girar entre recuerdos y frases, y la quieta modorra que
le cerraba los párpados” (Moreno, 2001).
Encerrada en la desconfianza y el oprobio público, tra-
tando de recordar la plenitud de su amor a los diecio-
cho años, Laura de Urueta busca anestesiar su dolor de
la feminidad perdida en la somnolencia turbia de los
calmantes. Pero aún así, en el tejido y en la pintura está
el símbolo de la escritura y la feminidad, la liberación:
En el rechazo de Ernesto había habido ciertamen-
te un proceso de intención, una manifestación
de su hiriente desconfianza. Desde entonces,
hacía ya tres años, sólo pintaba para hacer bor-
dados sobre los cojines. No es que le importara
demasiado, no le había importado mayormente
si bien recordaba; sin embargo, aquellos cuadros
se habían vuelto un símbolo, no sabía muy bien
de qué. Lo había descubierto cuando resolvió
tomar aquel cuarto para ella y se sorprendió cla-
vándolos con una emoción extraña en la pared:
allí estaban todavía así no los viera nadie, así Er-
nesto fingiera ignorarlos cada vez que entraba a
preguntarle por sus jaquecas. Igual le daba: al fin
y al cabo eran suyos, expresaban, si algo expresa-
ban, un sentimiento no definido, no razonado,
eso que sin palabras le trajina en la cabeza día
y noche, que aparecía claramente en sus sueños
y al despertarse olvidaba con una impresión de
cansancio, de cansancio asociado a figuras gris
y malva. Había empezado a dibujar aquellas fi-
guras, explicó una vez a su hija, para ver si así
sus sueños le resultaban más coherentes, o quizás
(eso no se lo dijo), porque creía que el simple
hecho de recrearlas con colores y pinceles podría
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liberarla de la angustia inexplicable que la anu-
daba cuando volvía a esas pesadillas sin sentido y
sin memoria (Moreno, 2001).
“Abandonados

Tocamos la noche con las manos
escurriéndonos la oscuridad entre los dedos,
sobándola como la piel de una oveja negra.
Nos hemos abandonado al desamor,
al desgano de vivir colectando horas en el vacío,
en los días que se dejan pasar y se vuelven a repetir,
intrascendentes, sin huellas, ni sol, ni explosiones
radiantes de claridad.

Nos hemos abandonado dolorosamente a la soledad,
sintiendo la necesidad del amor por debajo de las uñas,
el hueco de un sacabocados en el pecho,
el recuerdo y el ruido como dentro de un caracol
que ha vivido ya demasiado en una pecera de ciudad
y apenas si lleva el eco del mar en su laberinto de concha.

¿Cómo volver a recapturar el tiempo?

¿Interponerle el cuerpo fuerte del deseo y la angustia,
hacerlo retroceder acobardado
por nuestra inquebrantable decisión?
Pero... quién sabe si podremos recapturar el momento
que perdimos.

Nadie puede predecir el pasado
cuando ya quizás no somos los mismos,
cuando ya quizás hemos olvidado
el nombre de la calle
donde
alguna vez
pudimos
encontrarnos.” (Belli, 1991).
Referencias bibliográfcas
Moreno, Marvel (2001). Cuentos completos. Bogotá:
Editorial Norma.
Belli, Gioconda (1991). El ojo de la mujer. Madrid:
Visor.
Iriarte, Helena (1998). Frente al mar que no te alcan-
za. Bogotá: Géminis.
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Diana patricia montes,
sandra milena bello,
Julie Paola Rodríguez Baquero
LicenciadasenHumanidadesyLengua
Castellana,UniversidadDistritalFrancisco
JosédeCaldas.DiplomadasenLiteraturay
CulturadelInstitutoCaroyCuervo.Correos
electrónicos:junohebe@hotmail.com;
milenabello@gmail.com;baropaju@yahoo.es
Lo infnito del alma, si lo tiene, pasó a ser
un apéndice casi inútil del hombre
“Elartedelanovela”,MilánKundera
D
esde la perspectiva de Foucault (1998), pensar en
la historia es pensar en los mecanismos de con-
trol y sujeción que penetran los cuerpos e inscriben
en éste las prácticas institucionales del saber/poder.
Cristina Rivera Garza con Nadie me verá llorar, a tra-
vés del hipotexto, retorna al México del Porfiriato y
la Revolución Mexicana donde confluyen ideas euro-
peizantes que avanzan hacia la implementación de un
nuevo orden social y económico. En esta perspectiva
Kundera (1987) dirá que:
El desarrollo de las ciencias llevó al hombre ha-
cia los túneles de las disciplinas especializadas.
Cuanto más avanzaba éste en su conocimiento,
más perdía de vista el conjunto del mundo y a sí
mismo, hundiéndose en lo que Heidegger, discí-
pulo de Husserl, llamaba con una expresión her-
mosa y casi mágica, “el olvido del ser” y, más ade-
lante, el autor refiere: “[…] el hombre se convirtió
en una simple cosa en manos de fuerzas (las de
la técnica, de la política, de la historia) que le ex-
ceden, le sobrepasan, le poseen. Para esas fuerzas
su ser concreto, su “mundo de la vida” (die Le-
benswelt) no tiene ya valor ni interés alguno: es
eclipsado, olvidado de antemano. (p. 14).
El avance de la ciencia médica lleva a todo ese cambio de
paradigmas científicos ocasionados por la Modernidad y
es así como la Medicina se instaura como la ciencia que
posibilitará el control del ser humano, la experimenta-
ción con los cuerpos, la ciencia forense, la psiquiatría y
la aplicación de test que convierten al sujeto en un ente
para vigilar y castigar en el mecanismo de control del
naciente Estado. Los individuos trastornados deben ser
aislados para que no perturben la tranquilidad de la so-
ciedad en construcción y aunque el México de 1900 se
hallaba en la maquinación de la revolución, no estaba
exento de la nueva etapa de industrialización.
La novelización de
la historia: primeras
consideraciones
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Los Totonacas arribaron a la zona del Tajín alre-
dedor del año 800 de nuestra era, tiempo después
y por razones que permanecen en el misterio, el
área fue abandonada hacía el siglo XII. El territo-
rio del Totonacapan iba desde las riberas del río
Cazones hasta las del río La Antigua, e incluía
sobre un costado de la sierra Madre a Huaichan-
go, Zacatlan, Tetela, Zacapoaaxtla, Tlatanquipec,
Teziutlán, Papantla y Misantla. Los nombres le
sugirieren ciénagas remotas, lodazales, paludis-
mo, encarnizadas epidemias pero, poco a poco
a medida que las descripciones de los libros au-
mentan y la inmensa vegetación llena el espacio
con variados tonos de verde, el oro de la miel, la
zarzaparrilla, la pimienta, el copal y la vainilla lo
transportan a lo que quisiera imaginarse como
una parte del paraíso terrenal (Rivera Garza,
1999, p. 63).
Ese México es descrito como un lugar mágico, un pue-
blo sin explorar con fragor en sus tierras que aún son
inhóspitas para Europa, es ese país exótico que no se
ha descubierto, que no se ha contagiado por completo
del tiempo sin tiempo de la Modernidad, de la locu-
ra que produce un sistema; al contrario, estas tierras
tienen su propia locura una que arrastra a la muerte
a los bebedores de chuchuqui, aguardiente capaz de
enloquecer a cualquier hombre, de atraer la muerte
de forma poética, dulce y cruel licor que sabe a muer-
te cuando lo tienes en la boca. Sin embargo, aunque
la autora sitúa al lector en un espacio geográfico, la
novela se desenvuelve desde el interior, bajo la preocu-
pación de la locura que ha sido creada en cierta forma
por todo ese sistema social que, en aras del futuro,
arremete contra el individuo; la locura está mediada
y se podría entablar la relación directamente de ese
territorio puro, virgen con los campesinos mexicanos.
Por otro lado, aparecen esos extranjeros que traen nue-
vos aires de Modernidad y que llegan con una urbe
que coacciona no solo una tierra con la explotación
petrolera sino a sus habitantes.
En este sentido, podríamos afirmar que aparentemente
el México de Nadie me verá llorar, prosperaba, pero esto
sólo ocurría a costa de la miseria de la mayor parte de la
población, la degradación y el progreso a la vez ambiguo
en la que viven sus personajes Matilda y Joaquín.
la narrativa en Nadie me verá llorar de cristina
riviera Garza
Cristina Rivera Garza propone con su novela una
forma narrativa de frontera, colindante respecto a la
manera narrativa de la época, es decir, transgrede la
manera de hacer novela y de novelizar la historia por
medio del uso de hipotextos como la historia de la
revolución, el paso hacia la Modernidad mexicana,
e hipertextos como la historia de Modesta (Matilda)
Burgos.
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Il
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Además, la narrativa de la historiadora es muy singu-
lar, plasma de manera casi perfecta lo que recuerda
del pasado, de la misma manera que lo hace su prota-
gonista Joaquín: “Lo único que Joaquín fue capaz de
recordar estaba almacenado en reflejos, gradaciones
de luz, imágenes”. (p. 18). Esta forma narrativa está
atravesada por el lenguaje como el usado por Matilda:
“Su afección mental. Su condición. Son apuntes escri-
tos a toda velocidad, garabatos sin puntuación, frases
entrecortadas y fragmentos organizados sin método
alguno que sólo él era capaz de entender después.
Taquigrafía sentimental” (p. 122). Esta forma de hacer
novela nos lleva a confirmar lo que en el texto Crítica y
ficción Ricardo Piglia se plantea: “[…] la literatura es un
espacio fracturado” (p. 11). Como tal, se rompen los
esquemas narratológicos habituales, al inclinarse hacia
la frontera y el borde como capacidad de creación, se
rompe todo tipo de linealidad tanto al interior de las
dos historias –la historia mexicana y el tiempo interno de
la novela–, así como la misma ficcionalización de la rea-
lidad. Encontrándose en una “[…] zona indeterminada
donde se cruzan la ficción y la verdad.” (Piglia, 2001: 10),
es donde Cristina Garza se va a desenvolver partiendo
desde el discurso interior de la protagonista, quien en la
realidad padeció el encierro, la soledad y la locura.
Esta última deja entrever ese estado emocional del ser
humano que no ha sido controlado, vive en cada uno
de los individuos o, mejor aún, en esa sociedad que
ha intentado clasificar la normalidad, los internos del
manicomio están expresando el mundo constante-
mente a través de la palabra, la imagen constituida en
ausencias como lo hace Joaquín en sus placas, retrata
la insignificancia de los hombres, su soledad; Matilda,
quien es Modesta Burgos, en realidad conocida como
la mujer que expresa todos sus sentimientos y percep-
ciones a través de la escritura, hace y deshace la histo-
ria bajo su pluma y su locura.
Es así como el manicomio se consolida en un ente que
priva de la libertad, pero es un mundo construido por
esos sujetos que se hallan recluidos allí, ha sido su hogar y
su inconsciente, el sepulcro de sus sueños pero la realiza-
ción de los mismos a través de ese estado mental que los
hace privilegiados y desarraigados de toda una sociedad.
En esta medida podríamos comparar la prisión que ex-
presa Foucault (1998) con el encierro del manicomio:
Pero la evidencia de la prisión se funda también
sobre su papel, supuesto o exigido, de aparato
de transformar los individuos. ¿Cómo no sería
la prisión inmediatamente aceptada, ya que no
hace al encerrar, al corregir, al volver dócil, sino
reproducir, aunque tenga que acentuarlos un
poco, todos los mecanismos que se encuentran
en el cuerpo social? (p. 234).
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El interés por los casos clínicos a estudiar, por la po-
sibilidad de encontrar nuevas enfermedades, tal vez
con la ilusión de curarlas llevan al doctor Oligochea a
realizar diariamente sus pláticas con los internos, la se-
rie de preguntas sin respuestas claras que éstos le pro-
porcionan lo llevan al empleo de un nuevo lenguaje,
términos y adjetivos que lo apasionan, taxonomías de
enfermedades ya conocidas pero reconfiguradas por
su lenguaje, por sus palabras; es así como el manico-
mio se encarga de diagnosticar y reproducir en cierta
forma los patrones sociales que se manejan fuera de
la institución, la cura de la locura o sencillamente el
aislamiento para no perturbar.
[…] los toxicómanos forman un grupo aparte, son,
por lo regular, aunque no todos, oficinistas, farma-
céuticos, estudiantes de leyes de medicina. Gente
como él. Gente a la que puede ver a los ojos sin
conmiseración. Hombres jóvenes de traje, corbata
y sombrero de fieltro que llegan de la mano de sus
padres o sus tutores, con el afán de verlos curados
del vicio del cinismo y las drogas (p. 98).
Los toxicómanos crean a partir del consumo de sustan-
cias psicotrópicas nuevos estados de la conciencia don-
de las imágenes de sus sueños se mezclan con los pasajes
de sus recuerdos; sin embargo, estas imágenes también
son producto de los medicamentos proporcionados por
sus doctores, quienes con el afán de la experimenta-
ción, reducen la mente y el cuerpo a una concepción es-
quizofrénica locura. ¿No es el psicoanálisis una gran
ficción?, una ficción hecha de sueños, de recuerdos, de
citas que ha terminado por crear una suerte de bovaris-
mo clínico (Piglia, 2001).
La inserción en el relato de los casos clínicos sugiere
en el texto una inclusión de voces directas de los perso-
najes recluidos allí, algunos con síntomas patológicos
extraños, otras sencillamente por ser el lugar donde
deberían estar; las historias narradas por los personajes,
sus frases incoherentes que no adquieren ninguna preten-
sión; el doctor Oligochea escucha a sus pacientes, se arma
de figuración de lenguaje y da inicio a su labor, aquella
que lo llevará algún día lejos de ese lugar y le permitirá ser
un médico reconocido en el resto del mundo.
Las voces de la historia llegan a Joaquín y al lector de
todos lados, de Matilda, de la búsqueda en la Biblioteca
Nacional; las asociaciones con sus recuerdos son muy po-
cas ya que siempre él ha estado imbuido en los
placeres
del destiempo de la morfina, del mundo que han creado
las drogas en su cabeza. Su interés por el expediente 6353
tal vez es el poco contacto que tiene con los hechos his-
tóricos de ese momento en México, podríamos decir que
Joaquín vive en la historia gracias al relato que le cuenta
Matilda, gracias a su voz atravesada por las coincidencias;
Buitrago vive reconfigurado en el relato de la protago-
nista ya que es dentro de éste que recuerda su propia
historia, su vida sus decepciones amorosas, es dentro de
esta narración donde aparece la razón de terminar foto-
grafiando locos.
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La sociedad moderna impone un corsé de con-
formidad a cada niño que nace apartándolo de
sus autenticas posibilidades. En este proceso,
las potencialidades humanas experimentan tal
erosión que términos como demencia y cordura
resultan ambiguos. El esquizofrénico puede ser,
simplemente, alguien incapaz de reprimir sus ins-
tintos normales y de conformarse a una sociedad
anormal (Laing, 1977: 1).
Higiene versus locura
La novela Nadie me verá llorar trabaja la construcción
histórica del ideal de Modernidad a inicios del siglo
XX en México (al igual que en toda Latinoamérica),
consolidándose a partir de modelos positivistas que
intentan alcanzar un nivel de racionalidad e ilustra-
ción dejando a un lado el historial degradante de la
barbarie: los locos, las prostitutas, los ladrones y de-
más elementos negativos e insalubres que producen
enfermedades físicas, sociales y psíquicas brindando
un mal ejemplo a los ciudadanos nacientes. Estos
“desharrapados sociales” se encuentran a su vez en
oposición directa a los preceptos higienistas que de
ahora en adelante brindarán las pautas para el pro-
greso y el desarrollo del país. Desde este momento,
el pensar en el futuro implica erradicar –o mínima-
mente aislar– cualquier contacto de los desamparados
de Dios, de aquellos que no siguen las normas y las
buenas costumbres que van consolidando el renacien-
te espíritu nacional, el cual se va construyendo de una
manera abrupta en un contexto de lucha social donde
se quiere callar la voz que exige de una manera directa
sus derechos básicos.

Estos personajes, cuyas conductas atávicas, peligro-
sas y típicamente pasionales corroboran todo tipo
de desordenes de la personalidad –en la mayoría de
los casos de personas de clases bajas– fueron pasados
desapercibidos hasta que la ciencia, especialmente la
Medicina con su legado del siglo IX y sus nuevos in-
tereses del siglo XX, los asumieran como el objetivo
principal de sus preocupaciones académicas. De ésta
manera, aquellos personajes olvidados que en muchas
ocasiones se podían confundir con las personas “sanas
o normales”, comenzaron a tomar un lugar relevante
definiendo claramente la entidad contraria al modelo
de ciudadano ideal. “Luego, cuando hubo de volver a
pensar en el futuro del país, en la formación de nuevos
ciudadanos, los locos y los vagos regresaron sin difi-
cultad alguna a los aposentos de las discusiones inte-
lectuales, los salones de clase y la política.” (p. 109).
Desde ésta postura, los locos y los vagos ya hacen parte
de la vida científica, académica y política del país, ya se
han hecho visibles y desde allí comienzan a interrogar
la sensatez de las conductas sanas e higiénicas de las
personas que los auspician.
Los médicos, en especial Marcos Burgos (médico progresista
que quiere dejar en el pasado su raíz histórica, para entregarse
a la construcción del nuevo ciudadano), comenzaron a crear
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nuevas teorías sociales en donde se hacía una discrimina-
ción social y biológica a partir del poder adquisitivo; de
esta manera, los más desfavorecidos se encontraban en el
nivel más bajo de la nueva estructura de construcción del
progreso, directamente relacionados con las enfermeda-
des más transgresoras de la condición humana, y así:
La falta de higiene y los hábitos de trabajo, la
inestabilidad de sus familias, la promiscuidad de
sus mujeres, el desmedido gusto por el alcohol y
otros vicios, y hasta la costumbre de comer ali-
mentos demasiado picantes hacían de éste grupo
una amenaza real para el país. La consecuencia
extrema, pero natural de estos atavismos se verifi-
caba en los criminales, los alcohólicos, las prosti-
tutas y los dementes (p. 127).
A partir de estos argumentos se legitimó un nuevo corpus
de trabajo e investigación de índole “científico”, envis-
tiendo de poder la limpieza de la sociedad, imponiendo
de manera categórica las directrices morales cuya labor
será modelar los comportamientos malsanos; de esta
manera Marcos Burgos, en su arduo trabajo académico
determinaba que: “Su práctica médica entre los pobres
de la ciudad confirmó sus teorías: todas las patologías
estaban directamente relacionadas con la falta de higie-
ne tanto física como mental del populacho” (p. 126).
La cartografía moral, psicológica y social del nuevo
país comenzaba a vislumbrarse; para ello, el Estado en
manos del presidente Porfirio Díaz, debía tomar medi-
das adecuadas en cuanto a la implementación institu-
cional del objetivo anteriormente citado. La estructura
debía ser aplicada por los profesionales más indicados
para tal empresa, se preguntaba quiénes eran los de-
miurgos de este proyecto moderno. No obstante, debi-
do al paradigma higienista, los más indicados para lle-
var la batuta de este sueño eran los médicos, los cuales
exigían su posición más contundente en la transforma-
ción radical del desarrollo de este propósito bajo los
siguientes términos: “Si el régimen en verdad creía en
el orden y el progreso, sostenía, tendría que empezar
por hacer de la higiene no un derecho sino un deber
ciudadano. El diseño de la ciudad tendría que estar
en manos de médicos y no de arquitectos con ideas
europeizantes y nada prácticas” (p. 126).
De esta forma se dio inicio de una manera institu-
cionalizada al proyecto moderno en México, el cual,
como ya se ha demostrado, ha tenido una carga fuerte
de oposiciones al igual que imposiciones que intenta-
ron obviar muchas circunstancias que determinan la
identidad Mexicana.
No es gratuito que las filas del manicomio lleguen a
ser ocupadas por un auge de campesinos que han sali-
do corriendo de sus tierras creyendo que ven visiones,
indios disparando; también son esos personajes que
habitan la calle, que huelen el perfume de declive de
un pueblo que no escucha las voces oprimidas, son las
miles de mujeres que por lo menos una vez en su vida
se han dedicado a la prostitución, una reglamentación
de trabajo sexual que ha sido normalizada por el Es-
tado, “[reconociéndose] la prostitución como un mal
necesario, así las autoridades estaban totalmente inca-
pacitadas para erradicar el vicio, proponía pragmática-
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II
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mente que se regulara para evitar males mayores como
el contagio de enfermedades venéreas, la deshonra fa-
miliar, las disputas conyugales y hasta la sodomía. Así
las prostitutas se convirtieron en públicas” (p. 161).
No es en vano que la autora del texto proponga “la
Modernidad” como un bar, burdel donde es posible
hacer los sueños realidad, esa Modernidad que encar-
na los vicios de la sociedad en el teatro, la puesta en
escena de la Diablesca y la Diamantina son el reflejo
de ese amor primero que llego a buscarla para salir
corriendo a gritarle al mundo su ternura.
Tanto en México como en el resto de Latinoamérica
todas estas ideas de construcción nacional tuvieron
gran ahínco en la visión de diferentes dirigentes que
avalaban ideas genocidas a partir de lo que se ha de-
nominado como el ‘darwinismo social’, sobrevive el
más fuerte y prevalecen las personas que han podido
acoplarse de una forma adecuada al sistema incipien-
te. De esta manera: “Más que producto de la evolu-
ción, cuya teoría general había desarrollado admira-
blemente Charles Darwin, ellos constituían la prueba
más fehaciente de la involución. La genética de eéstos
individuos no apuntaba hacia el futuro, sino al pasa-
do.” (p. 127). Los inadaptados, y por ende, los locos
son seres que poseen todas las cualidades opuestas al
sistema operante del momento, se encuentran en un
nivel retrogrado que no aporta nada a los nuevos idea-
les de la sociedad, son seres que involucionan y por
tal razón son recluidos en espacios institucionalizados
para la tranquilidad social. “Y ése era precisamente
el lugar que el fotógrafo anhelaba conocer y detener
para siempre. El lugar en que una mujer se acepta a sí
misma.” (p. 19); “La posibilidad de fijar la singulari-
dad de un cuerpo, un gesto. La posibilidad de detener
el tiempo” (p. 18). La historia vista a través de otra
historia más particular que sin embargo se convierte
en la voz de ese México del siglo XX, en ese Estado
que asume procesos de modernización y socava la vida
frágil de sus habitantes, los cuales enloquecen con este
abrupto tiempo que deja de pensar en el humano para
racionalizar sobre el sujeto corroído por la locura.
Referencias bibliográfcas
Foucault, Michel (1998). Vigilar y castigar. México:
Siglo XXI.
Kundera, Milán (1987). El arte de la novela. Barcelona:
Tusquets.
Laing, Ronald David (1977). Política de la experiencia.
Barcelona: Grijalbo.
Piglia, Ricardo (2001). Crítica y ficción. Barcelona:
Anagrama.
Riviera Garza, Cristina (1999). Nadie me verá llorar.
Barcelona: Tusquets.
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revistagavia p a l a b r a s d e m á s
lauren mendinueta
*
(Barranquilla,Colombia,1977)
Pasan los años,
y aunque la vida me acusa de inmovilidad,
también yo he viajado.
Como una partícula de polvo
he revoloteado por la casa y me he prendido a los libros.
Como un insecto he reposado a la orilla de las acequias,
o simplemente he sido una mujer que de tarde en tarde
ha mirado hacia el mar
buscando barcos olvidados por la neblina
y que vuelven a la memoria,
sin esperanza distinta de la muerte.
Así pasan
los años
* Empezó a escribir mientras trabajaba como bibliotecaria en una pequeña aldea de su país. Su primer libro, Carta desde la aldea (La Dádiva, 1998), ganó
el Premio Departamental de Poesía Joven del Ministerio de Cultura; el segundo, Inventario de ciudad (Golem, 1999), fue prologado por Álvaro Mutis. En
el 2000 su poemario Autobiografía ampliada recibió dos premios nacionales de poesía (Universidad Metropolitana y Festival Internacional de Poesía de
Medellín), y cuenta actualmente con dos ediciones, una en España (Casatomada, 2006) y otra en México (Salida de Emergencia, 2006). En 2005 vivió
en México con una Beca de Residencia Artística concedida por el Ministerio de Cultura de Colombia y el Fondo Para la Cultura y las Artes de México,
FONCA. En ese mismo año, publicó la biografía Marie Curie, dos veces Nobel (Panamericana, 2005). Una recopilación antológica de sus versos titulada Poesía
en sí misma fue editada por la Universidad Externado de Colombia en 2007 con un tiraje de 12.500 ejemplares. El año pasado ganó en España el Premio
Internacional de Poesía Martín García Ramos por su libro La vocación suspendida (Point de Lunettes, 2008). Su nombre aparece en importantes antologías
entre las que cabe destacar Una gravedad alegre, antología de la poesía latinoamericana al siglo XXI (Difácil, 2007) donde se le incluye como la poeta más
joven de la selección. Sus trabajos han sido traducidos al inglés, italiano, alemán, ruso, portugués y francés. Actualmente vive en Lisboa, Portugal y publica
con regularidad en el blog http://www.laurenmendinueta.com
Escritora
invitada
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N Ú m e r O 6 F e b r e r O / 2 0 1 0
Hay fotografías en las que no me reconozco.
Mi yo cobarde al mirarlas
me obliga a pensar que existo en una sola
y no en la suma de quien soy
con esa otra que me suplanta en la imagen.
Cuesta creer que la desconocida también soy yo
esa mujer suspendida y fea
con un rostro que sin ser mío no es ajeno.
Entender el mundo bien puede ser eso:
aceptar que soy esa a quien desconozco.

A Juana rosa pita
He venido a la tormenta,
al ruido espantoso de la estación del tren.
Aquí donde vivo nunca llegará el invierno
con sus hábitos curiosos,
ni tendré necesidad de poseer un hogar.
A veces salgo al muelle
y miro como rompe el alba sobre las olas,
como se funden color sobre color.
Demasiado pronto
el día abjura de su rumorosa vocación
y enmudece para hacerme hablar.
Desprecio el alarde festivo de la noche
y las ramas del roble
agitadas contra la tormenta.
Nada me obliga a la exclusión:
he vencido mi destierro.
A la doble
que soy
Cada día en
otro tiempo
I8
P O E S Í A
N Ú m e r O 6 F e b r e r O / 2 0 1 0
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I9
revistagavia p a l a b r a s d e m á s
A José luis rojas
El vuelo de las gallinas no es muy distinto
al vuelo de las horas;
a pesar de los intentos fallidos
nunca aceptan su limitada naturaleza.
La hora es la medida indistinta del día humano,
la gallina cobarde de la inmortalidad divina.
Lo más lejano ocurre con la gracia de lo imposible,
mientras el presente se deshace, fluye.
El tiempo no se mide, se interpreta:
así lo enseña la música.
En la orilla de las aguas inmemoriales,
junto al abandono de la contemplación,
mi tristeza se desliza hasta tocar lo puro,
lo inmaculado de esas aguas rebeldes
donde el reflejo de mi rostro me observa.
Estoy sola, contemplada por mí misma,
juzgada y condenada a existir ahora
más triste que nunca en la certeza
de que me he negado el perdón.
La errancia y
la proximidad
El espejo
que huye
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N Ú m e r O 6 F e b r e r O / 2 0 1 0
60

P O E S Í A
Ignorada por
lo que sé
N Ú m e r O 6 F e b r e r O / 2 0 1 0
La muerte me despoja del cuerpo.
En vida, L y su cuerpo son sinónimos;
en muerte, una cosa soy yo y otra mi cuerpo.
Dirán: “Éste es el cuerpo de L”,
como si el cuerpo, que una vez fui yo misma
y no algo que me representaba o me pertenecía,
de repente careciera de importancia.
Cuando esto ocurra, ¿qué podré ofrecer?
La memoria de mi propia carne y con ella
la evocación de un alma arrastrándose a la nada.
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6l
revistagavia p a l a b r a s d e m á s
Vincent
cesare Gafurri
Estudiante de Literatura, VII semestre, Pontifcia Universidad
Javeriana.Correoelectrónico:chachi_e@hotmail.com
Reconozco la mancha,
la larga pincelada
que transfigura la naturaleza,
el trazo que se mueve
al paso que desciende la
lágrima de dolor, de fuerza,
de nostalgia, de lucha…
En la figura,
por más que parezca,
nada es caótico,
todo tiene un sentido,
una razón…
Los azules, los amarillos…
los colores del alma
se identifican y
se yuxtaponen
al alma de un suicida,
que durante una tarde,
en un campo de trigo:
hizo volar cuervos.
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61
P O E S Í A
Sinfonía
sin sol
Il ritmo di 4/4 é que-
llo piú congeniale
perché fa rima con il res-
piro del cuore
Lorenzo“Jovanotti”Cherubini
Tan tan tacataca
tan tan tacataca.
Todo dolor adormecido
mata, envenena, ahoga
en segundos,
en tiempo,
en ritmo.
Cada camino encadena
los rumbos del alma
que en sueños
adormece el dolor
lo revive
y lo mata,
lo resucita.
Despierten, abran, rompan
las puertas, las almas, las palmas
las notas se esfuman,
las notas se pierden,
la vida termina,
la música estalla,
los ritmos transforman.
Un, dos, tres, cuatro,
¡arriba!
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las almas malvadas
dejen sus penas
hay fiesta,
hay llanto,
hay risas,
hay un baile
donde las penas
lentas, voraces, fugaces
emprenden su rumbo.
Do, re, mi, fa, fa, fa,
ya es hora,
ya todo termina,
ya todo llanto llano
lena de luces
un pentagrama muerto;
ya toda luz se funde,
ya terminan los soles
y así las voces
crudas, roídas, fugaces
caen, mueren
en silencio
en un viaje que en sueños
derrumba las notas del alma.
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61
revistagavia p a l a b r a s d e m á s
Andrés Gustavo córdoba
Correoelectrónico:andrescordoba79@gmail.com
Hay sangre
derramada en el mantel
del medio día.
Mi padre se levantó con agravio
y echó sus últimas pestes en el plato.

El cuchillo no corta la poca carne
que hay servida en la mesa,
mi madre reclina el rostro
y desnuda su tiempo, se consume.
Todo es inútil ante el hambre
los gestos, las palabras teñidas de llanto,
la ausencia de las sillas,
el silencio que conduce a la puerta.
Mañana no sabremos
si el rumor del diablo
será el último inquilino de esta casa.

El día
después
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N Ú m e r O 6 F e b r e r O / 2 0 1 0
Huir de la vida
para que el amor
no me haga tragar sus espinas
y me las devuelva en palabras
con borbotones de sangre
para escupirlas en el lavamanos.
64
P O E S Í A
Cortada
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6I
revistagavia p a l a b r a s d e m á s
miguel morales castillo
Correoelectrónico:mikelpsy@gmail.com
En el mundo que me gusta
los hombres arrojan y maldicen el teléfono
que hizo llorar una mujer...
porque sí.
En el mundo que me gusta
los campesinos existen
y vandalizan los centros comerciales...
porque nos volvieron esnobs.
En el mundo que me gusta
la novia dice que no cuando el sacerdote pregunta
y se lleva a su hombre en un viaje eterno...
porque sí.
En el mundo que me gusta
el dinero es un papel
con el que nos limpiamos el trasero...
porque nunca es suficiente.
En el mundo que me gusta
tenemos tiempo para estar juntos
y dejamos el trabajo cuando nos da la gana...
porque sí.
En el mundo que me gusta
los caballos patean buses y los destruyen,
los muerden y escupen...
porque nos amontonan.
En el mundo que me gusta
sólo tenemos tiempo para estar felices
y mandar al demonio a los demás...
porque nos da la gana
y así se me antoja.
El mundo que
me gusta
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N Ú m e r O 6 F e b r e r O / 2 0 1 0
Mileidy Viviana Yopasa Ramírez
EstudiantedeLicenciaturaenEducaciónBásica
conénfasisenCienciasSociales,IXsemestre,
UniversidadDistritalFranciscoJosédeCaldas.
Correoelectrónico:caracol1986@hotmail.com
En la cornisa del árbol de cemento está la estatua
vigilando el correr de la vida.
Las cosas giran a su alrededor en elipses irregulares
todas jugueteando en estrambóticos movimientos,
pero ella sigue ahí inmutable, impenetrable
como el destino de las muertes.
Las luces falsas colorean un poco su rostro pálido,
pero sus ojos perennes desdeñan este paisaje
de sensaciones, colores y luces discordantes.
Abajo las hormigas continúan buscando
trabajo, comida y vida.
Mientras ella no necesita ni agua para estar ahí
como un dictador desconocido.
Los matices que el cielo inventa como pintor abstracto
apenas logran que ella sea un punto invisible
en los distintos trazos que colorean la pintura
variable del emperador celeste.
El viento amo de la danza y las caricias
intenta un leve levantamiento de sus sentidos,
pero no la hace ni volar, ni moverse, ni mucho
menos danzar.
Las ninfas de piedra rodean sus bases con serpentinas
de colores vivos, todas esperando un suspiro
o al menos una mirada de desaprobación,
pero ella sigue estática.
La noche cae con sus luces infinitas,
lejanas y ausentes.
La corte lunar adorna el cielo,
todo un conjunto que lleva a las almas
a escaparse de sus incipientes vidas,
pero la estatua perdió la posibilidad de suspirar.
Un paisaje para los demás digno de vida y esperanza
a ella le parece sólo un juego
para siempre perder.
Aquí nadie me percibe, todos la miran.
Estoy ausente y lo que ellos no saben
es que esa estatua la hice yo.

66
P O E S Í A
La estatua
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revistagavia p a l a b r a s d e m á s
Un plan condenado a no mirar
diluido en partículas
discretas a las sombras,
había traído en flotillas de ausencia
un correr inverosímil,
esperando por ese desobediente
que no quería otra cosa;
sólo aquel estado de neblina
pisando suelos rotos
y copas fatigadas
después de tomado el vino.
Decíase es la lluvia con aliento
de mañana asoleada la que miente
sobre el hecho de lo no ocurrido.
Pero si se veían tantos telegramas
repartidos a esta hora del ayuno,
¿por qué no llegaba la contienda
insinuada en el remolino de polvo
y rocío recordado por distancias?.
Eran todos los olvidos
jugando con páginas incendiadas en estantes
o con tallos derramando savia,
quienes pedían un indicio
envuelto en telarañas al vinagre,
para un sollozante de lagrimas secas,
sueños sin olores
y envenenado por zozobras.
Perplejo en una figura inminente
fecunda de la inadvertencia
de su condición extraviada, sin recuento.
Veneno de
zozobras
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P O E S Í A
* Ha transitado en la poesía desde edad temprana, asistiendo a talleres dictados por Federico Díaz-Granados, Juan Manuel Roca y Jaime García
Maffla. Finalista en 2007 del Premio Internacional de Poesía Breve con el libro La humanidad de las cosas. Ha escrito para varios periódicos y
revistas a nivel nacional. Ha sido seleccionado en la antología Conjuro Capital, convocada por la Fundación Gilberto Alzate Avendaño. En 2008
publicó el libro La tentación inconclusa (Común Presencia). Su poesía ha sido traducida al japonés. Correo electrónico: inghellman@yahoo.es

Hellman pardo
*
Ingenierodeprofesión
Sin decir nada todo me lo dices.
Dices, por ejemplo:
Soy de roca y sudo a los hombres.
En los días sin sombra y las noches sin pájaros.
Nadie llega a ninguna parte;
vuelcan por mis manos ese monóxido de sangre
que les da la vida o quizá la muerte.
Se aman y se desaman por mis costillas amanecidas,
se rompen y se mutilan.
Si esa es su naturaleza
déjame seguir siendo esta piedra vencida
por el tiempo.
Y digo, con estupor en el rostro:
No te afanes, estoy de paso.
La calle
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revistagavia p a l a b r a s d e m á s
No tengo grandes noches
de cerezas, de uvas,
de pasos sin camino
como cualquier ser humano
o ausencia de aguacero.
No soy abrazo de madre
con ojos de dolores en los hijos,
un pirata con múltiples arracadas
que cuelguen de las hélices
o la garza de flacura vencida
que bebe espacios en el agua cruda.
No tengo sombra, o manos que sostengan
tanto anochecer al día.
Tengo esqueleto
y no tengo grandes noches
de pueblos enteros que sollozan solos
con forajidos en sus calles muriéndose de pena.
No soy el que necesita el mundo.
Es tarde,
ándate con tus árboles donde muera la selva.
Luz solar
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AAmparoOsorio
El viento, ese antílope que rumia corazones
camina por el estribor de nuestras pieles
y deja con su voz aplacados los cedros,
la vereda fértil, la cordillera.
Se deshojan sus tibias manos
alcanzando las últimas horas de los días
en que dejamos de ser este pedazo de hombre
y nos volvemos suyos, desamparados.
Cuando vamos de un lugar a otro, cuando somos
sólo la herrumbre de la vida
y sentimos cómo nos limpia el cuerpo
y abandona su mundo para poder lograrnos
el viento, ese fuego que consume nuestros rostros
nos hace saber que estamos vivos
y que nunca abandonará la faz de la tierra.
El viento, blanca sombra del día y de la noche.

¡0
P O E S Í A
Viento
de abril
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Angélica téllez
EstudiantedeLicenciaturaenInglés,IIIsemes-
tre,UniversidadDistritalFranciscoJosédeCal-
das.Correoelectrónico:aptellez@hotmail.com
Tu carne se hace arquitectura
de elevada pretenciosidad.
Dime,
¿Qué se siente
estar en ese pedestal?
Donde los humanos
lamen tu cuerpo,
donde las carroñas
devoran tu piel.
Ya en la noche
ni la luna te ilumina,
la memoria del tiempo es implacable:
te abruma
te ensordece
te escupe
te repele.
Ser monstruoso, tus manos
construyeron cementerios
y cocinaron corazones.
¡Ya ni Belcebú te quiere!
Él: voraz e
insaciable
¡l
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N Ú m e r O 6 F e b r e r O / 2 0 1 0
Insinuó prudencia.
Habló sobre observar y detectar.
Bebió despacio el té.
Miró la cabellera scarlet de la amante:
recordó la infidelidad
y en un espasmo de dolor
talló el cuerpo
con desazón.
¡1
P O E S Í A
Amante
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pablo estrada
*
Estudios Literarios de la Universi-
dad Nacional de Colombia
Hablemos de todo un poco…
hablemos de atardeceres contemplados
desde una terraza,
los últimos días de vida,
hablemos de números de teléfono
que se olvidan o se extravían,
hablemos de inventarse nombres,
de películas basadas en libros
que ya nadie lee,
hablemos de corazones rotos y canciones rotas,
de alas que se rompen y sueños que se rompen,
de deseos con los que hay que tener cuidado
porque se realizan
y no tienes con quién compartirlos,
hablemos de nuestros vacíos
y de créditos bancarios,
de reconocer la culpa
y apagar la luz,
de aguantarse las ganas
o no decirle a nadie,
de Necesito una compañera de los Bukis
porque ya he sufrido tanto, tanto
que hoy no puedo detener mi llanto…
hablemos de huecos, de ecos,
de labios rojos y labios rosa,
de colores o blanco y negro,
hablemos de planchas con clavos,
Les toca
¡1
revistagavia p a l a b r a s d e m á s
* Finalista de diversos concursos literarios de cuento y poesía. Ha ofrecido variadas conferencias, recitales y eventos literarios. Un artículo suyo sobre
Charles Bukowski fue publicado en U.N. Periódico. Ha sido docente y corrector de estilo. Administrador del proyecto Superficies (http://myspace.com/
superficies), que mezcla poesía, música, video, fotografía y diseño. Fue miembro fundador del grupo de poesía Negacionista. Blog: http://pabloexiste.
blogspot.com
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de ruedas de bicicleta,
de máquinas de escribir
y cosas obsoletas,
hablemos de buenas y malas intenciones,
de frivolidades y crisis nerviosas,
hablemos de periódicos y telenovelas,
hablemos de shampoo y acondicionador,
hablemos de viejos libros de historietas,
hablemos de pintura rupestre y graffiti
hablemos de bonitas piernas y bonitas tetas,
hablemos de tener manos de poeta
y hacer el amor con una de ellas,
hablemos de silencio y de palabras,
del cabello largo y la calvicie,
hablemos de licores nacionales y extranjeros,
hablemos de abandonos y desengaños,
cambiemos de tema,
hablemos, no callemos,
hablemos del calentamiento global
y los escándalos de corrupción política:
de los grandes temas de la poesía,
hablemos duro, hablemos pasito,
hablemos bello, hablemos sucio,
hablemos de lo que sea,
pero, por favor, hablemos…
Valores en $ pesos
el precio de ser mártir: 1,000…
la cara del caudillo en el billete.
El precio de ser poeta: 5,000…
la cara del suicida en el billete.
Y dicen las malas lenguas
–de los que se quedaron con su casa, por ejemplo–
que su muerte no la provocó un amor prohibido
o el mal de fin de siglo
sino la necesidad de huir de los acreedores…
20,000: el precio de ser un científico desconocido
y tener el mismo apellido que un compatriota
reconocido por su récord mundial de asesinato
de niños.
Sexo –con o sin amor (por parte del cliente)–
a 1,000 el minuto en el Centro, 2,000 en Chapinero
3,000 en el norte, 4,000 a domicilio, 5,000 por catálogo.
El minuto a celular y la hora de Internet
también varían según la ubicación.
El tiempo ya no se mide por horas o segundos,
tampoco por millas la distancia
–se acumulan para cambiarlas por bonos–…
La llamada internacional
a Europa, USA o el sur de Suramérica
–donde viven los amigos que no han muerto–
desde 500 hasta 1,000 a fijo…
matar a una persona,
tener y abandonar un hijo,
someter a un pueblo,
conservar la dignidad,
aquí también tiene precio
y no hay mastercard que valga…
¡4
P O E S Í A
Especulación
en Colombia
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¡I
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liliana moreno muñoz
*
Docenteuniversitaria
El agua tiembla en el lago:
un viento profeta pasa.
***
Para pronunciarte la noche
me he tejido un cuerpo con puñados de sombra.
Y me inclino contigo
hasta desaparecer
en los blancos pétalos
de tu ceguera.
La cómplice distorsión de las ondas
te señalará, quizá,
la suave caída de la nostalgia,
el aleteo del instante.
Entonces
−confío−
se abrirá la réplica
y sentirás correr
el llanto de una multitud
en tus mejillas.
¡6
P O E S Í A
* Magíster en Literatura Hispanoamericana del Instituto Caro y Cuervo, Licenciada en Lingüística y Literatura de la Universidad Distrital Francisco José
de Caldas. Ha publicado poemas en las antologías Oscuro es el canto de la lluvia, e Inventario a contraluz y en algunos diarios y revistas del país. Correo
electrónico: anadilira74@gmail.co
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¡¡
revistagavia p a l a b r a s d e m á s
Cayó la noche, el polvo del mundo se levanta, voces
vencidas, ningún mandato, sólo el replicar veloz e in-
finito de todas las que fuimos entre cítaras y gaitas,
entre el clic y la piedra, la música y las manos tejían
el sueño, húmeda cueva de las repeticiones, la honda
mirada de la amada, torsos, serpiente enlazados en la
danza, deja que mi lengua intente un decir de tam-
bora, de bullerengue y mudra, despedí a la vergüenza
en la puerta de los reflejos y abracé la sombra de las
olas con mis piernas, mi madre canta un bosque, mi
hermana se viste de ventana, mi hija grita aún entre mi
cuerpo, dilatadas lunas, tardes que se anuncian bajo
la puerta, dormirás en vientres transparentes, entre
gigantes raíces de caucho, no vuelvas la mirada, teme-
roso Lot, sé cómo te aterra mi quietud, mi escarchada
palabra amenazada por el sol, toma esta ofrenda de
pájaro al amanecer y no vuelvas a mi sagrada piel, voy
por tu cuerpo como por el polvo, voy mirando lo que
no se debe: sibilas y criaturas que se ríen del miedo,
piensan los sentidos entre tu deseo de capturar jardi-
nes para un siempre instantáneo, ausencia con garras,
ceremonia de pasaje cada beso, el deseo siempre en
la frente y la muerte tan viva en los sauces llorones,
te lo dije y a ti también, pero cantaba tan fuerte la
luz… ya se levantaron los murmullos, el sentido es tu
propia danza, vi las cometas incendiadas desde la sala
de parto y las ramas se agitaban obscenas frente a mi
cuerpo roto, buscando, buscando el agua que bebes,
aquí, cuando sólo eco somos.
***
Las ciudades ya no tienen rostro,
todo es piel
y en la piel mil ojos
y en los ojos el olor
el olor de la música
como ceniza de flores.
Andrés barbosa Vivas
*
Licenciado en Ciencias Sociales de la Universidad
PedagógicaNacional.
Que he ido desprendiendo del viento como hojas
para un herbario:
triscan en los caminos que confluyen en el árbol de
tu ausencia;
enmudecen frente a floraciones oscuras y aterciopeladas.
Estos vocablos de voz estertórea
crecen en mi cuerpo cual hiedras en un muro
de mutismo
y se desgarran;
se agotan en las mesas de familia
que me dan el pan y toman mi vacío
primorosamente
en las conversaciones de sala.
Y ya no estás
para escuchar
las palabras
* Miembro de la Red Nacional de Estudiantes de Literatura. Ha participado en el Festival de Poesía de Bogotá y en los Juegos Florales de Manizales;
sus poemas han aparecido en publicaciones como el periódico La Patria y la Biblioteca Virtual Brisa. Es autor del libro Desdóblate silencio. Blog: http://
andresbarbosavivas.blogspot.com Correo electrónico: andresbarbosavivas@gmail.com
Exactitud de
la palabra
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En el silencio de la intimidad, contemplo
mis utensilios:
las velas, el espejo, las piernas de la pared,
el cuchillo.
En la noche
invento palabras con barro cocido
pero no puedes escucharlas.
A Fredy estrada
Al trasluz de la ventana
cuando el día da los primeros pasos
estás tú hablando
y el pájaro que llora en la jaula
vuela cuando cierro los ojos.
Me cuentas los recuerdos
de la parcela de vida que no he recorrido
y nadan en la desmemoria
como peces
que nacen del verbo que fue de tus labios.
Entre sombras
te pareces a mi padre,
a mi madre,
a alguien que conocí pero no recuerdo
en la noche que pasaba el tiempo
viendo figuras en las paredes.
Hablemos hasta el amanecer
el día no transcurrirá como siempre
vamos a beber a la frontera
las palabras no serán dichas en vano
ni pesará tanto la vida ante la muerte.
¡8
P O E S Í A
En la calidez
de casa
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¡9
revistagavia p a l a b r a s d e m á s
A mercedes Vivas
I
Yo vi un hombre tocando una trompeta,
salía una paloma.
Una muchacha con el corazón en la mano
lo escuchaba.
II
Una atleta
daba un bote hacia atrás,
la luna parecía en el suelo.
III
Están los dos
juntos, un poco más viejos
desde la vez en que él tocó su corazón
y ella lo llevó a ver las danzas.
IV
Cigarro
sabes que te estoy buscando
y por eso me das tu poesía.
Leer el tabaco
es tan antiguo como la humanidad,
los primeros sabios de nuestras selvas lo llevaban
para que el aire en torno suyo no se enrareciera.
Inscripción
en el cigarro
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N Ú m e r O 6 F e b r e r O / 2 0 1 0
V
Tanto así que dijeron palabras
que crearon todo,
aunque no todos
supieron escucharlas.
Yo soy como ellos, pero más elemental
un áspid ante el dolor,
un punto negro
del que brotan Orientes y estrellas claras.
80
P O E S Í A
VI
Las mujeres de las bellas latitudes lo saben
siempre rítmicas, siempre sonantes
con una luna en la voz.
VII
Y los amantes de la vida,
sus noches solitarias
inmensas y profundas
como un bosque en el que perderse.
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Monólogo
rosita catalina isaza cantor
ProfesionalenEstudiosLiterariosyprofesora.
Correoelectrónico:rocaisca@gmail.com
Asumo mi soledad
y sólo en ella me es dado reconocerme,
encontrarme.
No soy por ti
ni por el hombre que ahuyenta el olvido,
soy por la vida misma
que no es recuerdo ni anhelo
sino el SER con sus tres letras.
Una,
dos,
tres.
Las habito mientras las cuento,
mientras las digo.
Y ellas me invaden.
Después del olvido y la esperanza
antes del antes y el después
hay un sentirme viva
para el que solamente
importa un ya.
Hoy no quiero ser mujer
(acaso hombre tampoco)
decidí liberarme
para encontrar el ser,
y sucede entonces.
Me doy cuenta que la soledad
no es más que un espejismo
de algo que no pudo ser,
de alguien que no pudo ser.
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N Ú m e r O 6 F e b r e r O / 2 0 1 0
La ciudad nunca se aleja.
Porque la ciudad es una isla que viaja en la carne.
FreddyLópez
Sin saber cuál es mi ciudad me pierdo en tu mundo
para interrogar tus calles y tus noches:
busco encontrarme en ellas.
Recorro palmo a palmo tus andenes,
tus músicas,
tus llantos de cláxones inclementes.
¿Qué nos es propio?
¿Qué me une realmente a tu silueta rodeada
de montañas?
Fueron los primeros pasos
−que desembocan en los que hoy te recorren−
aquellos que me dieron el aliento
para continuar la búsqueda.
…Y me doy cuenta…
Llevo la ciudad a cuestas,
caracol mundo, ciudad caracola
que albergo y me alberga.
Llevo la ciudad tatuada,
nos contenemos plenas…
Es en el alma que se vislumbra tu tinta.
Ya comprendo…
Nunca te he sentido extraña y,
más que eso,
descubro que mi ciudad es el universo grande
al que pertenezco.
Soy ciudadana más del cosmos
que de cualquier particular conglomerado
de piedra, asfalto y mundo.
81
P O E S Í A
Mi ciudad
N Ú m e r O 6 F e b r e r O / 2 0 1 0
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Vengo
Kelly Johanna platero Villamil
EstudianteLicenciaturaenEducaciónBásicacon
énfasisenEducaciónArtística,IIsemestre,Uni-
versidadDistritalFranciscoJosédeCaldas.Co-
rreoelectrónico:kjohanna_crazy@hotmail.com
Hablaré al ocaso
mientras él esparce
su opacidad
sobre mis labios.
Paulatinamente
mis pasos
de gigante en encierro,
−de pequeño perdido−.
En la mágica invisibilidad
de la vida,
el mar.
−el viento.
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N Ú m e r O 6 F e b r e r O / 2 0 1 0
samuel Acosta Aroche
*
(Zapopan,Jalisco–1988).Poetaynarrador
Sigue cimentando tus noches, anhelando,
sobremuriendo,
muerte de pieles blancas
que al combate demoras,
una furia mancha tus sangre
y el oleaje de tus garras se derrama.
Visita hoy mi cuerpo,
atropello momentáneo de una ilusoria sonrisa,
fomenta un alarido desganado
de la piel oscura que te has llevado dejando una cicatriz,
obscena marca,
secretos,
evitando de nuevo el día.

Entre los pasajes,
soy sombra de punta,
oscura vestidura del ángel.
Medí tus fantasmas,
mi alma está cansada de olerse a sí misma,
y tardarse sólo un suspiro.
El cuerpo leído con ganas de permanecer,
es igual al designio de un dios derrotado,
ciudades estrelladas que no contemplan cielos.
84
P O E S Í A
Ahora
Medí tus
fantasmas
N Ú m e r O 6 F e b r e r O / 2 0 1 0
De nuevo
el día como
salvación
* Estudiante de Licenciatura en Sociología, Universidad de Guadalajara. Es autor de los libros editados por Publicaciones Eugénesis: Dulces momentos
frustrados (2007) y Oscureció (2008), este último prologado por Ernesto Mallo, escritor argentino ganador del Premio Clarín-Alfaguara 2004.
Algunos de sus textos fueron incluidos en el libro Antología de poesía 2008 (Editorial Días Raros). Pertenece a la Red Mundial de Escritores en
Español y Poetas del Mundo.
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8I
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Soy ciego en palabras,
incrédulo de vida,
culpable de tu muerte,
juguetón de huesos.
Muerto.
Soy el inmenso pensamiento que no te deja,
indulta por mis desgracias,
despierto en una eternidad.
Soy él,
de sangre, que no es azul,
soy igual a quien más abominas,
perro de calle.
Dueño y esclavo, únicamente de las palabras.
Ya no me posees.
Paloma hambrienta.
Soy él
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edgar Hans medrano
EstudiantedeLiteratura,Universidad
NacionaldeColombia.Correoelectrónico:
klamm1986@hotmail.com
II
Hay un silencio que no ha escuchado
un sólo hombre, la sordera
de un sol que muere, las piedras
resucitadas.
El fin de estos instantes y de
varios otros excavan en el tiempo,
en un cielo de cadáveres
de minutos no vividos;
hay un camino que acaba allí,
sin empezar otro, es un resquicio,
este camino sin huellas es
continuación de sí mismo.
Moribunda vida
que a todos nos llama.
***
V
La vida entonces era
esa casa llena de
muerte despierta, de espera
yerma en este sitio de sombras
que también espera,
esa mano inquieta
de una inaudita angustia,
de lluvias rojas.
Otras mesas se posaron
en mi suelo, esos pensamientos
de noche, de libros sin leer,
sin escribir;
sobre la mesa hallé a la vida
llorando entre nosotros.
***
X
¿Cuándo se abrirá el abismo
que será capaz de darnos muerte?
¿Esa huella gigante que algún día descubriremos?
Pero es noche, es noche y muy tarde,
los ojos no sirven aquí,
están muertos
de tanto leer el mundo.
No nos vemos, ni nos sentimos,
oímos solo las palabras
pero nada significan.
¿Ese murmullo, ese falso silencio
será la muerte de nosotros?
XI
Acostándonos poco a poco
como si tuviéramos sueño
nos movemos, nos mueven otros,
giramos con nuestros ojos
y un par de manos que nos desfiguran.
La letra nos cambia
como la oscuridad, como la mañana
en que resucitamos, nos escribimos
de a pedazos, nos dictamos
nuestro inútil deseo de callarnos.
86
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revistagavia p a l a b r a s d e m á s
XVI
En el rostro nos dictamos
el recuerdo oscuro, a ese que
renunciamos, poco
a poco se encierra, se va
en una niebla que nos hace leyenda,
que nos hace marismas de tiempo,
nos hace borrosos,
y es entonces esa confusión
lo que nos impide, nos toca
como una letra nunca dicha
en este país taciturno que
ya murió, pero antes
de haber vivido.
Oscuro aire que me lleva
dejándome aquí siempre,
empequeñeciéndome de luz, de
palabras hechas de piedra
y de inciertas hojas que hoy
parecen una mirada pronunciada.
***
XX
Aliento de piedra
ese que me persigue sin alcanzarme: mi sombra.
Ya renuncié a lo que vi,
una lumbre gris en el horizonte
escrito con niebla.
Ya viví arriba, una extraña vida del cielo,
viví muchas veces,
sólo recuerdo para oscurecerme,
después un rostro de letras borroso.
El ocaso nació al fondo
de un precipicio, recostado el cielo
que me nació oscuro;
somos hijos de días
que al mirarnos nos convierten en sal.
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Fanny muñoz reyes
Cañón del Apaporis
imponente y mítico raudal,
los colores del arco iris
te cubren en las tardes.
El dueño de todo lo creado
hizo en tu cuerpo
gigantes cascadas
donde se alzan majestuosas
blancas columnas.
Se divisa a lo lejos
la serranía de Morroco
y laboriosos insectos
hacedores de torres
en arcilla roja.
En la tarde vuelo de guacamayas
evocando el espíritu de la selva.
Conocerte raudal del Apaporis
celebrar un rito
bañarme en tus aguas
atrapar un sueño
y poetizarlo
con los indios Cabiyares.
Canto al
Apaporis
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revistagavia p a l a b r a s d e m á s
89
Donde la sierra empieza
los ríos inventaron sus caminos
Mendihuaka, Palomino
Huachaca, y otros.
Por esos senderos.
El algodón nació y dio su fruto
en el justo tiempo
extendió su melena,
se abrió a manos tejedoras
para que fuera el vestido,
el gorro y la mochila
de los Kogui.
En el justo
tiempo
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9l
Carlos Cortés Martínez
Estudiante de Comunicación Social, VII semestre,
Pontifcia Universidad Javeriana. Correo electrónico:
carloscortes63@hotmail.com
D
e Antonio Caballero

había escuchado que era
“nitrógeno puro”, un “cascarrabias”. Esta ver-
sión contrastaba con la de gente que le conocía más
de cerca, según Bernardo García y Fernando Cano,
él es tímido, reservado y buena gente; y parado frente a
la puerta de su apartamento en Bogotá y después de
tocar el timbre, recordé una frase que había escuchado
hace poco: “Sólo cuando estuve en la arena y con los
cuernos casi frente a mí, me di cuenta de que no esta-
ba viendo los toros desde la barrera.”
Las primeras preguntas giraron en torno a Alternativa. La
corrida, al menos para mí, había empezado:
Carlos Cortés Martínez: ¿Por qué decidió trabajar en
una revista de izquierda como Alternativa?
Antonio Caballero Holguín: Alternativa pretendía ser
una revista de izquierda pacífica y unificadora. En esa
época en Colombia había docenas de grupos de iz-
quierda y todos enemigos entre sí. Creo que hacía falta
una revista que les diera voz a todos sin sectarismos. La
revista cumplió ese objetivo aunque duró muy poco.
5
Muchos saben quién es Antonio Caballero Holguín: hijo de Eduardo Caballero Calderón, escritor colombiano; sobrino de Lucas Caballero,
conocido en el periodismo como Klim; y hermano del pintor Luis Caballero. No se ha escrito ninguna biografía sobre él, pero por Patadas de
ahorcado, entrevista que le hizo Juan Carlos Iragorri y Mano a mano, el que se confrontan las ideas de Caballero y de Enrique Santos Calderón, o
por publicaciones como El periodismo sí es un género literario, se sabe que se graduó del Gimnasio Moderno en Bogotá, que estudió Jurisprudencia
en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario (sólo un semestre) y luego en el Instituto de Ciencias Políticas de París. De niño quiso ser
pintor, pero luego se inclinó por la literatura y por el periodismo. Fuera de Colombia ha trabajado en The Economist, en BBC en Español y en la
revista Cambio 16. En nuestro país, participó en la revista Alternativa, ha trabajado para El TIEMPO, para El Espectador, para la versión colombiana
de Cambio 16 y para la revista Semana. En 1986, se publicó Reflexionémonos, donde se recopilan 20 años de sus caricaturas. En 1984, publicó Sin
remedio, novela de 515 páginas que habla sobre la dificultad de entender la verdad y también de escribir un poema. Y en el 2003 salió al mercado
Toros, toreros y públicos; también se reeditó Isabel en invierno, un libro infantil. En la actualidad, es uno de los columnistas más leídos en nuestro
país. ¡Caballero es todo un personaje!
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EntrEvista
Una faena no
convencional
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C. C. M.: Según Bernardo García –uno de los precur-
sores de la revista–, ¿hubo un intento de la policía por
allanar Alternativa? ¿Qué había pasado?
A. C. H.: A Alternativa le pusieron un par de bombas
–también le pusieron una a Enrique Santos, el direc-
tor–. La revista empezó a finales del gobierno de López
y se terminó en el de Turbay, hasta la toma de la Emba-
jada Dominicana. Durante todo ese tiempo molestaba
muchísimo al Gobierno y a los militares, en particular.
Ese allanamiento de la policía fue una tentativa de ame-
drentarnos, de hacernos desaparecer como revista. Aho-
ra, las bombas fueron una tentativa más extrema, pero
se pusieron en un momento en el que sabían que no
estábamos ahí. Simplemente lo hicieron para provocar
miedo. Creo que en ese momento Alternativa no tenía
enemigos distintos que el Gobierno y los militares. En
esa época no existía el paramilitarismo.
C. C. M.: En el libro “Patadas de ahorcado” usted dice:
“[…] Cuando llegué, a los dos meses o tres de fun-
dada, ya la revista, que se pretendía antisectaria,
se había roto sectariamente en dos. Pero bueno.
Antes de romperse otra vez en dos, y de hundirse,
la mitad mía −la de Gabo, Santos, Restrepo, Kata-
raín y García− duró algo más de cuatro años y por
ahí pasó mucha gente […] (Iragorri, 2002: 23).
Explíquenos por favor ¿por qué dice que cuando usted
llegó, la revista ya se había dividido y por qué poste-
riormente se volvió a romper?
A. C. H.: No sé los motivos exactos de la primera rup-
tura. No estaba en ese momento. La segunda ruptura
se dio porque es muy difícil hacer una revista colecti-
vamente. Enrique Santos era el director de Alternativa
pero todas las decisiones políticas e importantes de la
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revistagavia p a l a b r a s d e m á s
revista se tomaban colectivamente. Eso llevó a discu-
siones interminables e inevitablemente a la ruptura.
No creo que se puedan hacer revistas de esa manera,
debe haber un director que mande. Bernardo García
ya me había advertido de los debates en los consejos
de redacción y el mismo Caballero también se había
pronunciado al respecto: Cuando había discrepancias
internas en el grupo –o sea, casi todo el tiempo–, eso
era dificilísimo. Todos los artículos de todos los redac-
tores, sobre lo que fuera, sobre política, sobre cine,
sobre temas sindicales, había que leerlos en voz alta en
el consejo de redacción, discutirlos, corregirlos… Un
horror (Giraldo, 2004: 215).
C. C. M.: Dijo que Gabriel García Márquez le sirvió
de paraguas a Alternativa (Iragorri, 2002: 23) ¿No cum-
pliría usted una función parecida en este momento si
escribiera regularmente para periódicos como Voz o
para Le Monde Diplomatique?
A. C. H.: Voz es un periódico de partido y yo no estoy
interesado en escribir en un periódico de esa condi-
ción. Ni en ser “paraguas” del Partido Comunista por-
que no he pertenecido a él y no comparto muchas de
sus orientaciones políticas. Entonces no podría servir
de “paraguas” para eso. Pero, García Márquez no era
simplemente un “paraguas” de Alternativa, él participa-
ba en muchísimas de las decisiones de la revista a pesar
de no vivir aquí. Pero, al estar presente se metía muy
activamente en la revista y cuando había problemas in-
ternos, ejercía el papel de árbitro interno –no sólo de
“paraguas” hacia fuera–; y como yo no podría servir de
árbitro interno de nada, no estuve interesado en eso.
C. C. M.: Según García Márquez, el mérito histórico
de Alternativa fue haber puesto en crisis a la izquierda
colombiana quién sabe por cuánto tiempo (Caballero,
1986) ¿Está de acuerdo con esa afirmación?
A. C. H.: No me parece que Alternativa tuviera una
importancia tan grande como esa que le atribuye Gar-
cía Márquez. Sí, puso en crisis a la izquierda en cierto
modo, pues obligó a plantearse la necesidad de actuar
unificadamente. De ahí salió Firmes, un movimiento
político que duró muy poco, pero que lanzó una can-
didatura unificada a la Presidencia de la República,
representada en Gerardo Molina.
Antes del Polo Democrático, esa ha-
bía sido la primera tentativa de uni-
ficación de las fuerzas de izquierda
en Colombia.
C. C. M.: Bernardo García sostiene
que Alternativa se terminó porque de-
cayó mucho la circulación y además
porque se volvió panfletaria. ¿Por qué
la gente dejó de apoyar a Alternativa?
A. C. H: Porque en muchos aspec-
tos decepcionó a los lectores. Es
decir, ellos esperaban mucho más y
éramos muy pocos para hacer una
revista semanal. Nos salía bastante
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mediocre, la verdad. Yo creo que Alternativa tenía dos
clases de lectores: los militantes de algún partido de iz-
quierda y los lectores de sensibilidad de izquierda que
no militaban en ningún partido y que rechazaban el
sectarismo. Defraudamos en cierta forma a las dos cla-
ses de lectores, a unos por no ajustarnos estrictamente
a cada uno de los grupúsculos: a los del MOIR (Movi-
miento Obrero Independiente y Revolucionario) por
no ser del MOIR; a los trotskistas por no ser trotskistas
y a los comunistas, por supuesto, por no ser comunis-
tas. Ellos siempre han sido, en la historia colombiana,
los grandes divisores de la izquierda. No les interesaba
que Alternativa pudiera funcionar, y a los otros lecto-
res, porque no fuimos capaces de hacer las cosas lo
suficientemente bien.
Las cosas no van mal para ninguno de los dos. Cambiamos de
tercio y el tendido se ha puesto de pie por la última verónica…
C. C. M.: ¿Por qué no aceptó ser el jefe de redacción
de El Espectador?
A. C. H.: Nunca me ofrecieron ser jefe de redacción
del El Espectador, pero además yo no sirvo para eso.
Ese es un trabajo excesivo y yo soy muy perezoso.
Los cuernos rozan al torero, pero éste retoma el capote y vuel-
ve al ruedo…
C. C. M.: Puede pensarse que usted y el señor Gui-
llermo Cano diferían en temas como la extradición y
la legalización de las drogas. ¿Cómo fue trabajar como
columnista en este tiempo en El Espectador?
A. C. H.: Discrepábamos. Aunque Guillermo Cano
nunca se metió a intentar censurar a ningún colum-
nista de ese periódico. Es decir, si yo hubiera trabajado
dentro de El Espectador, a las órdenes directas de Gui-
llermo, pues obviamente hubiéramos tenido discusio-
nes, pero trabajando como columnista no había por
qué tenerlas. Guillermo era absolutamente respetuoso
con lo que pensaran y escribieran los demás.
C. C. M.: ¿Por qué se fue de El Espectador?
A. C. H.: Me retiré cuando empecé a trabajar en
Semana. Esta revista no permitía que yo tuviera una
columna de tema político en otro sitio. Pero yo seguí
escribiendo en el periódico muchas cosas, sobretodo
de toros, aunque usted no quiera hablar de eso. Me re-
tiré de El Espectador cuando lo compró el grupo Santo
Domingo. Me parece que yo llevaba demasiados años
criticándolo y diciendo que era dañino para Colombia
como para seguir trabajando allí, una vez que habían
comprado el periódico.
C. C. M.: ¿Por qué no aceptó ser el defensor del idio-
ma de El Tiempo?
A. C. H.: Sí acepté, lo que pasa es que al final ellos no
quisieron. Me hubiera encantado ser defensor del idioma
de El Tiempo, eso me hubiera permitido meter en ese pe-
riódico un montón de cosas que creo que necesita. Con el
pretexto del idioma se puede hablar de cualquier cosa.
C. C. M.: Trabajó en la BBC y en Caracol como locu-
tor, ¿por qué no ha vuelto a trabajar en radio?
A. C. H.: Trabajé en la BBC en Español cuando era
muy joven y vivía en Londres. En Caracol no he traba-
jado como locutor. He participado en programas, por
ejemplo, a veces voy a Hora 20. En una época, también
hice unos comentarios para Radio Santa Fe…Normal-
mente, el problema que tiene la radio es que hay que
hacerlo a determinadas horas y yo soy muy desordena-
do y muy perezoso.
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Fue un mal tercio. El toro sigue mostrando su
casta y arremetiendo con todo. Al matador se
le ve amedrentado…
C. C. M.: ¿Qué le satisface en el proceso
de creación de una columna, de una no-
vela y de una caricatura?
A. C. H.: Son cosas completamente dis-
tintas. La única novela que he escrito me
tomó 12 años. Fue una creación suma-
mente lenta, muy trabajosa y muy labo-
riosa. Las columnas o las caricaturas son
cosas que tengo que hacer de todas ma-
neras, debo entregarlas en determinada
fecha y a determinada hora, salgan bien
o mal. En la novela yo podía escribir indefinidamen-
te hasta que estuviera de verdad satisfecho. Con una
caricatura o con una columna, no, en el fondo tiene
cierto parecido. La novela a veces me salía con gran
facilidad, escribía durante horas muy bien, pero a ve-
ces no salía nada o todo lo que salía me parecía malo.
En la novela podía corregir, en las columnas… siempre
me ha gustado dibujar. Hay un placer sensual en ello.
Por otra parte, en la caricatura caben muchas cosas
de manera muy condensada, muy resumida. Eso me
gusta cuando me sale.
En un artículo titulado “El periodismo es un género litera-
rio”, publicado en el libro Literatura y periodismo, hay un
apartado en el que Caballero habla específicamente de las
situaciones en las que ha estado más cerca de la censura.
C. C. M.: A pesar de su libertad, ¿ha tenido presiones
por su opinión, hasta llegar al punto de tener que irse
del país? ¿Qué fue lo que pasó y de dónde pudieron
venir estas amenazas?
A. C. H.: Creo que en Colombia hay que tomar en
serio las amenazas, aunque éstas duren poco tiempo.
He tenido la suerte de que siempre me he podido ir
del país de un momento para otro, pues he tenido
abierta la posibilidad de trabajar en España. Entonces
las dos veces en que he recibido amenazas –que he
considerado serias– me he ido. Sé que al cabo de tres o
cuatro meses esas amenazas probablemente ya no exis-
ten, pero me he quedado mucho más tiempo debido
al trabajo. Las dos veces que me fui fueron amenazas
que venían por parte de los militares. Incluso, alguna
vez me lo confirmó un general a posteriori, diciéndome
que efectivamente yo había tenido malentendidos con
la Institución. Por esos malentendidos, en esas épocas
mataban gente. Me han amenazado también los para-
militares: me amenazó Ernesto Báez, también el co-
mandante Bochica –ese grupo extraño que secuestró
a una hermana del presidente Gaviria–, y alguna vez,
me amenazó el ELN (Ejército de Liberación Nacional),
pero fueron amenazas que no me parecieron demasia-
do serias. No porque esos grupos no hayan matado
gente, naturalmente que lo hacen, sino que en mi caso
no me sonaban verdaderamente serias.
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C. C. M.: ¿Qué cambió en Colombia para que usted
haya tomado la decisión de regresar?
A. C. H.: Digamos que los últimos diez o doce años
de mi vida fuera del país, vivía en Colombia más o
menos la mitad del año. Seis meses aquí y seis en Es-
paña. Pero no es que haya cambiado Colombia, es que
han cambiado condiciones de mi vida personal. Ya no
tenía interés en seguir viviendo en España. Según Fer-
nando Cano, ex director de El Espectador, Caballero
duró exiliado aproximadamente 15 años.
Entramos al último tercio… Habrá que ver…
C. C. M.: ¿Va a escribir más novelas?
A. C. H.: No sé, no creo. Una novela se escribe cuan-
do uno tiene algo que decir o cree que tiene algo que
decir. Yo quería decir en Sin remedio que era muy difícil
decir la verdad, y que una vez dicha la verdad, es muy
difícil que se entienda. Normalmente hay malos en-
tendidos. Creo que eso ya lo hice en Sin remedio. No le
veo mucho sentido volver a decirlo.
C. C. M.: ¿Tiene algún borrador de algo?
A. C. H.: Tengo empezados varios cuentos.
C. C. M.: Igual que Ignacio Escobar, ¿quiere evitar el
compromiso?
A. C. H.: Puede ser, aunque nunca he tenido el me-
nor sentido de urgencia. Creo que tengo todo el tiem-
po por delante. Cuando escribí la novela pasaron años
y años y no me importó porque yo sabía que la iba a
seguir escribiendo. Lo mismo me pasa con los cuen-
tos, en algún momento los voy a terminar, pero no
tengo prisa.
C. C. M.: ¿Ve crítica la situación del periodismo de
opinión en nuestro país?
A. C. H.: No, para nada. Al contrario, lo que veo es
que el periodismo de opinión está sustituyendo en
muchos casos al periodismo de información. La in-
formación la estamos sacando ahora mucho más de
las columnas de opinión. Eso es un
problema general en la prensa en
Colombia. Es decir, los intereses
económicos y los intereses políticos,
sobre todo en el actual Gobierno,
hacen que la información pase por
muchos más filtros que la opinión.
Ahora hay muchos más opinadores
que nunca.
C. C. M.: ¿No cree usted que le fal-
ten algunos elementos del periodis-
mo a las columnas de opinión?, la
independencia, por ejemplo.
A. C. H.: De acuerdo. En Colom-
bia, en muchos casos la opinión es
96
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revistagavia p a l a b r a s d e m á s
dictada por intereses extra periodísticos. Hay gente que
tiene una columna de opinión, pero sus intereses son
otros, promover intereses turísticos o cerveceros, no sé.
En el fondo depende mucho más de los dueños de los
periódicos que les dan columnas a personas que tienen
opiniones sesgadas e interesadas, sin especificar que las
tienen. Que tengan otros intereses no tiene nada de
malo, pero deben decirlo. No tiene nada de malo que
exista revistas o periódicos de organizaciones empresa-
riales o de sindicatos, pero eso deben dejarlo claro.
C. C. M.: En varias entrevistas usted ha criticado la
educación dentro de las facultades de Comunicación
Social. ¿Hay alguna esperanza para esos estudiantes?
A. C. H.: No sé porque no estoy lo bastante informa-
do. Veo los resultados pero no lo que pasa dentro de
las universidades. Basándome en lo que veo, puedo
decir que los resultados son bastante mediocres.
No hay sangre en el ruedo. No hay aplausos ni flores, mucho
menos orejas o rabo…sólo un par de raspones. No hay salida
en hombros, ni palmas, ni pañuelos blancos, ni nada por el
estilo. Pero para mí, ¡fue buenísimo haber salido vivo!
Referencias bibliográfcas
Iragorri, J. C. (2002). Patadas de ahorcado. Caballero
se desahoga. Una conversación con Juan Carlos Iragorri. Bo-
gotá: Editorial Planeta.
Giraldo, J. L. (2004). Mano a Mano. Antonio Caballero,
Enrique Santos Calderón. Bogotá: Editorial Planeta.
Caballero, A. (1986). Reflexionémonos. 20 años de
caricaturas de Antonio Caballero. Bogotá: Editorial Pre-
sencia.
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Diego ortiz
EstudiantedeLicenciaturaenEducaciónBásicacon
énfasisenHumanidadesyLenguaCastellana,Vse-
mestre,UniversidadDistritalFranciscoJosédeCal-
das.Correoelectrónico:diegortizv@gmail.com
E
n los últimos años, la televisión se ha establecido
como la principal vitrina del conglomerado mun-
do del mercado. Gracias a su masificación impulsada
en algunos lugares por los Estados mismos y en otros
por su bajo costo, la mayoría de familias en el mundo
pueden disfrutar de películas, seriados, novelas, histo-
rias, documentales y muchas otras vitrinas adornadas
glamorosamente con la bandera de la libertad desde
la comodidad de sus hogares. Ahora bien, el pequeño
gran universo donde el mercado encuentra un futuro
próspero y de larga vida es en los canales de video-clips.
Las imágenes y los comportamientos de los rockeros
representados por ellos mismos –o por otros– en sus
videos, acaparan rápidamente la atención de sus segui-
dores, haciendo que todos tengan el pelo rizado y fron-
doso como Motley Crue, Poison, o Warrant; que usen
la chamarra de cuero y taches como Sex Pistols, Black
Sabbath o Alice Cooper; que vivan al extremo y con-
suman su juventud rápidamente entre alcohol, muje-
res y depresión como Kurt Cobain, Shannon Hoon y
Axl Rose; que usen lujosas zapatillas, camisetas, faldas,
pantalones o incluso poca ropa como Britney Spears,
Justin Timberlake y P. Diddy.
98
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Una escena de la
vida posmoderna:
Much Music
Television
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99
revistagavia p a l a b r a s d e m á s
Este género televisivo se presenta ante sus
seguidores con una variedad tentadora de
imágenes cargadas de símbolos heterogéneos,
en su mayoría sexuales, donde los sentidos se
sobreexcitan y la visión del entorno se cierra
hasta caer en un sopor embelesante. El fin
último es que todos los espectadores comul-
guen en una utopía equitativa de común
pertenencia a un mismo espacio y tiempo de
consumo, enmascarada por la idea de una
igualdad diferenciada, totalizadora. Es igual-
dad en tanto todos los jóvenes (los que son
y los que quieren ser) encuentran un repre-
sentante musical-visual en esta deslumbrante
vitrina hi-fi, surround y stereo; es diferenciada
por la misma razón anterior: hay tantos repre-
sentantes como jóvenes ansiosos de una única y privada
identidad custodiada celosamente por su desmesurado
sentido de fan; en últimas es totalizadora ya que la diver-
sidad termina enmarcada en un cuadro de 21 pulgadas
o más, limitada en el tiempo por ciclos de 24 horas don-
de se agrupa la manera-de-ser del joven de hoy.
Estos canales se especializan en “darle gusto” a la ju-
ventud, acudiendo a todas las herramientas usadas
por el mercado en los demás ámbitos donde se des-
envuelve. Como en una lujosa cena, la entrada está
aderezada por atractivas presentadoras, ellas rubias y
anoréxicas, perfectamente desaliñadas con prendas
Gucci o Calvin Klein; desfile de todas las marcas reco-
nocidas del momento en pasarela sexual atrevida, pero
con una pequeña contraindicación en letra menuda al
final. Programas de dibujos animados, como pasantes
empalagosos, producidos exclusivamente para estas ca-
denas donde los personajes denominados principales
son el oportuno modelo de antivalores (esencia de su
atractivo), cuyo fin es develar que en los actos absurdos
y obtusos es donde reside la felicidad inmediata.
De plato fuerte están los video-clips con rockeros
(hombres y mujeres), más actores y modelos que can-
tantes (perfectos humanos, con corte de pelo van-
guardista, con atuendos ceñidos que dejan apreciar
sus malvados cuerpos atléticos y que, al final de cada
“historia”, obtienen como premio el encuentro fugaz
con su contraparte, obnubilada o decepcionada), algu-
nos de ellos demostrando sutil y aguerridamente que
tratan de mantener sus principios (de rebelión contra
el sistema; de romper con el esquema de comporta-
miento –algunas veces impuesto por ellos mismos–;
de guardar en los anaqueles del olvido al tierno amor
para centrar la atención en problemáticas de mayor
importancia como las adolescentes embarazadas, las
guerras, la homobisexualidad; el suicidio que duran-
te los años 90 fue de un atractivo casi inmaculado, y
tangencialmente de política) expresados en las letras
o en los videos mismos, todo bajo la supervisión del
omnipresente control moral.
De postre, y para los fans que prefieren llevar una vida
anodina y noctámbula, estos canales ofrecen los ten-
tadores videos “censurados” (entendamos censurado
cualquier video con exceso de palabras “no permiti-
das”, con imágenes “explícitas” y contenido que sobre-
pasa los límites de lo “divertido”) y otro tipo de pro-
gramas, también producidos exclusivamente para ellos
donde un grupo de hombres, todos con aspecto de
dejadez, mal hablados, pero muy aguerridos, durante
30 minutos realizan todo tipo de bromas light: tomar
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litros de cerveza con un artefacto especial hasta vomi-
tar en frente de las cámaras para terminar con cándidas
sonrisas por el deber cumplido; desnudarse (pero eso
sí, manteniendo el pudor encubierto con un montaje
de un smile) y sentarse en patinetas para caer por calles
empinadas y terminar en una rampa que conduce a un
sector de la calle llena de tachuelas. De nuevo, otro de
estos desinhibidos individuos se desnuda impudorosa-
mente para deslizarse por un rodadero tapizado en lija,
y al final con un rostro lleno de dolor pero con gesto de
victoria, mostrar como trofeo y en un close up bastante
íntimo sus nalgas sangrando (al final la letra menuda
hace de nuevo su aparición recomendando que no hay
que realizar este tipo de acciones sin la presencia de un
adulto responsable).
La televisión al establecerse como el principal medio
masivo de comunicación reemplaza y sobrepasa sin
ningún inconveniente ni contratiempo la tradicional
educación escolarizada y aún más la sabiduría legada
por generaciones dentro de las familias. Las nuevas en-
señanzas del televisor llegaron más coloridas, altamen-
te atractivas, inmediatas, distorsionadas con respecto
al contexto de la realidad pero disfrazadas con epítetos
como “lo más reciente”, “la última tendencia”, “lo más
moderno” y de pronta aplicación en cualquier ámbito
social (las amistades, el colegio, la familia, la pareja,
etc.). La televisión, así, terminó dictaminando el trato
con los padres, la jerga entre los amigos, lo que hay y
no hay que saber, la manera de vestirse y las nuevas
formas de apreciar al mundo.
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revistagavia p a l a b r a s d e m á s
La educación, por su lado, preocupada por su rápida
desvaloración como pilar de la sociedad moderna, tra-
tó en algún momento de “jugar el mismo juego”, usan-
do el medio que la estaba convirtiendo en obsoleta,
sin percatarse de que era éste el que, al final, usaría a
la primera. Programas de muy buena calidad en tanto
producción, contenidos digeribles y motivación lúdica
como Plaza Sésamo, El tesoro del saber, Ver para aprender
y Cosmos, se trasmitieron en los años 80 y principios de
los 90 en Colombia, estructurando el conocimiento
–previamente adquirido en clase– de muchos niños y
adolescentes, quienes eran vulnerables a una exposi-
ción desmesurada y no controlada de muchas horas de
contenidos televisivos. Pero nadie se imaginó lo rápido
que evolucionaría la televisión, pasando de un estado
primitivo de entretenimiento ingenuo en las tardes de
la semana, los fines de semana y las largas noches (con
un aparente bien intencionado intento formativo), a
otro estado altamente sofisticado en imágenes y con-
tenidos, influyente y modificador de todo comporta-
miento social e individual de los televidentes.
Así como la educación siempre tuvo presente que su
“público” principal eran los niños y los adolescentes,
quienes están en ese proceso de formación intelectual
primordial que los determinará para el resto de sus
días, así el mercado comprendió que eran éstos sus
nuevos y duraderos mecenas y que la televisión, como
un medio, los podía incorporar a su sistema entrópi-
co de consumo, aumentando a límites insondables su
omnipresencia.
En esa veloz transformación de la televisión, mediada
por el mercado para capturar a su nuevo público, se
atravesó una herramienta cuyo destino parecía mar-
cado por lo efímero. Las miradas de las nuevas gene-
raciones de jóvenes buscan respuestas efectistas a los
nuevos interrogantes sobre el sentido de existir, se
posan sobre este segmento altamente atractivo. Esta
herramienta es el video-clip. Cuando aparecen por
primera vez sus video-clips en televisión, las bandas
encuentran una forma más directa de llegar a sus fa-
náticos-consumidores-creyentes (aquellos jóvenes an-
siosos de renovar su entorno social para sentirse parte
de una sociedad excluyente), además de los discos y
las presentaciones en vivo. Al masificarse esta nove-
dosa forma de acercamiento entre bandas y fans, una
gran idea surge: agrupar los video-clips en un canal
especializado y venderlos al mundo entero. Las ban-
das ahora son vistas en todos los rincones habitados
por un televisor, sin que ellas se preocupen por saber
dónde queda Taiwán, Burkina Faso o Colombia. Pero,
más allá del incremento de ventas en sus discos por la
expansión de sus imágenes a un público cada vez más
numeroso y más joven, las bandas, queriendo más que
sin querer, impusieron su forma de expresarse, su ma-
nera de vestirse y hasta su estilo de vida. Los canales de
video-clips, tocados por la varita mágica del mercado,
aprovecharon con gran avidez ese pequeño elemento
extra que las bandas daban como extra, y vendieron
la imagen del rockstar. Los fans quieren ser sus ídolos.
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El sueño del rockero vividor y viajero contagia a una
juventud que se percata, cada vez con mayor conven-
cimiento, de que no se necesita aprender matemáticas
ni geografía para alcanzar fama, fortuna y gloria, sin-
tiéndose con pleno control de sus vidas para hacer dar
un nuevo giro a la historia de la humanidad, como lo
hacen sus ídolos.
Por el otro lado, la educación pierde aquel paraíso lú-
dico de los espacios televisivos por problemas de venta
y comercialización de sus programas y queda por fuera
del sistema educativo informal (es claro que del sistema
educativo formal ha estado ausente). Los niños co-
mienzan a no interesarse por las tablas de multiplicar,
pues esta actividad no hace famoso a nadie, teniendo
un mayor peso simbólico aprenderse de memoria la
letras y gestos de Kurt Cobain o Charly García.
La televisión en general y los video-clips en particu-
lar cambiaron el modelo de identidad establecido por
la familia, primeramente, y reforzado por la escuela
donde se afirmaba que el portador de conocimientos
intelectuales y prácticos era una persona integral, con
criterio y seguridad para afrontar las vicisitudes de la
vida, con proyección de madurez y por ende, con po-
sibilidad de un futuro próspero. Era este un sueño a
muy largo plazo y el video-clip hizo de ese sueño un su-
ceso inmediato, reemplazando el factor conocimiento
por actitud (valor mucho más económico de obtener
tanto por gasto de energía intelectual como por tiem-
po de adquisición). Sólo hay que seguir las conductas
de Ozzy Osbourne, vestirse como Robert Plant, tomar
Pepsi como Shakira y, a la vez, ser tan rebelde como
todos ellos.
En una óptica general, los canales de video-clips lo-
graron ocupar con toda su parafernalia visual, aquel
espacio muerto entre el final de la jornada escolar y
el abrazo de los padres; desplazaron la transformada
familia (de entidad formadora a máquina industrial de
tiempo completo) limitándola a una única función de
alimentación y techo. Este espacio, vital, es iluminado
ahora por una pantalla ultraplana de alta definición
que bombardea los sentidos con mayor repercusión
sobre los adolescentes, llenándolos de marcas, de com-
portamientos cool, de bizarras ópticas de ver y vivir la
vida y de música rock (catalogada como rebelde y, gra-
cias a esto, atractiva). El video-clip atiborra con toda
su carga de símbolos los inmensos baches que deja
una educación precaria, alejada de su responsabilidad
como formadora integral de personas y, sobre todo,
descontextualizada en sus promesas de integrar eficaz-
mente a sus graduandos a una sociedad que le lleva
varios años luz de distancia. Igualmente, desplaza los
valores familiares, obsoletos y pasados de moda, por
sus valores, actuales, momentáneos y vacíos.
La educación ante esta panorámica (que he reducido
a los canales de videos, dejando por fuera ese inmenso
universo que es la Internet) tendrá que dedicarse un
tiempo prolongado a ver video-clips (y otras formas de
expresión y venta de lo joven) para comprender a dón-
de se fueron sus preciados niños que cada vez le dan
más la espalda o la ignoran o se mofan de ella, y que
prefieren seguir ídolos prefabricados y efímeros y no
a aquellos grandes héroes, históricos o literarios, del
mundo y del hogar que nos permitieron llegar al pun-
to en que nos encontramos. Y después ¿qué?
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revistagavia p a l a b r a s d e m á s
Daniel Andrés García León
*
Profesional en Estudios Literarios, Pontifcia Univer-
sidadJaveriana
A
l parecer, el mundo literario colombiano difícil-
mente puede ver la importancia de un autor chi-
leno como Nicanor Parra, cuya evidencia es la falta
de bibliografía que existe sobre él, pues se encuentran
contados trabajos críticos, pero poco de su produc-
ción. Las librerías se han unido en esta percepción
al no ofrecer –siquiera las de segunda mano– obras
como Poemas y antipoemas, La cuenca larga y El cristo de
Elqui entre otros. Este pequeño texto no busca criticar
este fenómeno, sino introducir a nuevos lectores en
esta aventura poética.
Nicanor Parra se encuentra en una encrucijada histó-
rica, el oficio poético requiere una reconstrucción mo-
derna, un respiro, una nueva herramienta, la ironía y la
crítica, la pasión y el pensamiento desnudo, este ir en
contra de la literatura reinante de Pablo Neruda crea
la sensación antipoética de su obra. Y es precisamente
este sentimiento antipoético en Parra el que lo lleva a
reconocer las mentiras del mundo moderno –desde la
sátira y la ironía– para destruir las mismas en tanto re-
conocimiento; muestra la vida como una gran sucesión
de equivocaciones del hombre, de Dios, del mundo
mismo. La angustia no consiste en no saber hacia dón-
de es el norte, consiste en reconocer que éste no existe.
El autor chileno no sólo escribe en clave antipoética,
carga consigo una responsabilidad filosófica, del ab-
surdo –asumida por la antipoesía– y una responsabili-
dad social, aquella de la anarquía. Define a la antipoe-
sía en tanto llega al extremo de crear axiomas que no
escapan a esta clasificación, pero trazan un limbo en
donde la significación irónica desnuda constituye su
ruptura con el mundo.
En su primera edición (1954), el libro Poemas y antipoe-
mas tenía en la cubierta el siguiente texto:
Sobre Nicanor
Parra
*
El presente texto hace parte de la monografía de grado Metaironía en los “Poemas y antipoemas” de Nicanor Parra que el estudiante presentó para
obtener su título profesional. Correo electrónico: danielgarca@gmail.com
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Entre todos los poetas del sur de América, poetas
extremadamente terrestres, la poesía versátil de Ni-
canor Parra se destaca por su follaje singular y sus
fuertes raíces. Este gran trovador puede de un solo
vuelo cruzar los más sombríos misterios o redon-
dear como una vasija el canto con las sutiles líneas
de la gracia. La vocación poética de Nicanor Parra
es tan poderosa como lo fuera en Miguel Hernán-
dez. Su madurez lo lleva a las exploraciones más
difíciles, manteniéndolo entre la flor y la tierra,
entre la noche y el sonido, pero regresa de todo
con pies seguros. En toda la espesura de la poe-
sía quedarán marcadas sus huellas australes. Esta
poesía es una delicia de oro matutino o un fruto
consumado en las tinieblas. Como lo mande el
poeta Nicanor nos dejará impregnados de frescura
o de estrellas.
No deja de sorprendernos que el mismo Pablo Neruda
diga palabras tan elocuentes sobre Parra, ni que pro-
mueva el libro que había ganado el concurso bajo unos
datos falsos
6
y posterior constatación en público de su
originalidad. Esto se debe quizás a la extraña relación
que se presenta entre estos dos poetas, una relación iró-
nica en la cual siempre se encuentran en tensión.
Neruda fue un padrino de Parra, apoyó su estética.
Parra fue un ahijado sagaz, que usó esta estética para
combatir a la de su padrino. Lejos de odiarse por sus
estilos encontrados, hacen una pareja inigualable por
encontrarse ambos en el intersticio de la revolución
antipoética, el primero como generador poético y el
segundo como generador antipoético. Los diálogos
que se establecen desde ambos paradigmas marcan
una ruptura en la poesía Latinoamérica. Neruda ya se
había convertido en un hito, y toda la poesía latina
se regía desde su estética con preguntas del tipo: ¿qué
tanto hay del poeta en los nuevos autores?, ¿se acerca a
su estética o no?, etc.
Frente a esta situación, Parra marca la ruptura de di-
cha medida. Desde la subversión de los imaginarios
poéticos de Neruda construye una nueva poética que
sólo podrá encontrarse y conjugarse con su opuesto
predominante. Este factor es definitivo debido a que
constituye el inicio de una nueva poesía con nuevos
valores, los de la ruptura; es la vanguardia en el extre-
mo último: una vanguardia que superó todas sus bases
para ser ruptura en sí misma.
La Modernidad y la crítica literaria han dejado de ser
sólo eso y se transforman en otra cosa, en el poema
mismo, en una ironía que refunda nuestras perspecti-
vas académico-literarias, y que obedecen a una historia
que poco a poco construye y reconfigura rasgos como
lo irónico, lo cómico y lo absurdo, todos ellos lleva-
dos al extremo. Antes de Parra el peso poético de la
vanguardia recaía sobre el objeto estético, ahora el ob-
jeto estético somos nosotros mismos viéndonos en la
escritura. No basta con decir que somos producto de
la escritura o que estamos configurados
por el lenguaje; somos, en un sentido
moderno, el juego metairónico de nues-
tros opuestos.
El pueblo latinoamericano se encuen-
tra en deuda con la lectura de este au-
tor, en especial Colombia; hemos leído
a Neruda y lo tenemos en los anaqueles
con sus versos inmortales. Es hora de
darle un soplo de vida a nuestro cere-
bro y empezar a leer en la contradic-
ción, empezar a leer a Parra. Internet
no sólo es para iniciar el Messenger y
entrar a Facebook.
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6
Poemas y antipoemas entró a concursar en Sindicato de Escritores Chilenos, bajo el seudónimo de “Juan Nadie” y como autor
a Rodrigo Flores, nombre reconocido en Chile.
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revistagavia p a l a b r a s d e m á s
óscar Alejandro Jiménez
Estudiante de Licenciatura en Educación Básica con
Énfasis en Humanidades y Lengua Castellana, X se-
mestre,UniversidadDistritalFranciscoJosédeCaldas.
Docente. Blog: http://la-pasion-inutil.blogspot.com.
Correoelectrónico:la_pasion_inutil@hotmail.com
Jankélévitch, Vladimir (2004). Pensar la Muerte.
México: Fondo de Cultura Económica. Págs. 131.
¿Es posible pensar la muerte?, o como lo plantea Da-
niel Diné: ¿permite la muerte que se filosofe sobre ella?
Pues bien, el pensador francés Vladimir Jankélévitch
(1903-1985) abordó en varios de sus libros dichos inte-
rrogantes y desarrolló una original interpretación sobre
el problema y el misterio que sugieren para el hombre
la evidencia de la muerte, aún cuando afirmara literal-
mente: lo mejor que puedo hacer es buscar no pensar en ella,
ante todo porque no hay nada que pensar de ella, nada que
decir, ella desafía el discurso, desafía el pensamiento.

“Pensar la muerte”, publicado por primera vez en
francés en el año 1994 y cuya traducción exacta ha-
bría de ser “¿Pensar la muerte?” −puesto que su ori-
ginal se editó bajo el título: Penser la Mort?, contiene
cuatro entrevistas –una inédita− realizadas entre 1967
y 1975 a Jankélévitch para distintas revistas especia-
lizadas, que fueron recuperadas gracias a Françoise
Schwab, quien adelantando una revisión bibliográ-
fica para la edición de las obras completas del autor
pudo encontrarlas e impulsar su rápida publicación.

En estas entrevistas, Jankélévitch aborda distintas
dimensiones del problema y, así mismo, mantiene
siempre lo que podríamos entender como una base
de pensamiento sobre la cuestión que pretende exa-
minarse. Las ideas generales y orientadoras son: 1)
la imposibilidad de separar la vida cuando se intenta
considerar el alcance de la muerte; 2) la difícil situa-
ción del pensamiento frente a su advenimiento; 3) el
papel de las técnicas actuales en la medicina para la
preservación de la vida hasta límites insospechados; 4)
la religión como un mecanismo regulador de las con-
ductas y “actitudes” del hombre frente al más allá; y 5)
la dificultad que representa el hecho de la muerte para
el incrédulo y el desesperado.
lo irrevocable (entrevista de Daniel Diné)

Esta entrevista data de 1967 y fue realizada a propósito
de la publicación del libro La Mort de Jankélévitch. El
núcleo central de la disertación está en la situación
del hombre frente a la muerte, frente a esa realidad
irrevocable que nunca es necesaria y que se la mantie-
ne allí como una cosa más en el cajón de la mesa. La
Reseña
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razón para la distancia que el hombre siempre busca
trazar entre él y la muerte, dirá el autor, podría estar
en una especie de banalización de la misma. Asumir,
por ejemplo, que es sólo una realidad que se da en la
tercera persona (así como la asumen los demógrafos o
los médicos), o incluso en una segunda persona (como
lo es en la experiencia de los seres cercanos), pero nun-
ca como algo que también me corresponde en el plano
individual y valorativo.

El hombre piensa en su continua búsqueda de exis-
tencia que puede reservar el problema de la muerte a
los otros y básicamente, hace bien porque si se toma el
trabajo de examinar el sentido que tiene su propio de-
venir, los resultados pueden ser desalentadores. Ten-
dría lugar un primer marco de referencia constituido
por el conjunto de actividades que se realizan durante
la vida: estudiar, enamorarse, trabajar, pensionarse, en
el que las cosas parecen tejerse de manera segura; pero
hay, por otro lado, un marco que está conformado por
el sentido que tiene la totalidad de la existencia y allí,
ante el abocamiento irrevocable a la nada, a la muerte,
el hombre parece perder todos los asideros.
Jankélévitch encuentra que es precisamente en esa espe-
cie de vacío que observa frente a sí el incrédulo –porque
el problema para el creyente está resuelto a priori− en
donde está la posibilidad para el sentido. Dirá: el sinsen-
tido de la muerte brinda el sentido a la vida, negándoselo.
Es claro: puedo sorprenderme de esta gratuidad y que-
darme perplejo o buscar por mi cuenta algo que pueda
justificarla. Fíjense, hay una operación lógica que está
sirviéndonos de base: la vida sólo existe en tanto existe
la muerte, ella es quien da fundamento a lo que vive,
porque: ¿qué puede haber que muera, si antes no ha
vivido? Así que el hombre termina en medio de dos na-
das, una que lo precede y otra a la que se perfila, y que
negándose mutuamente también se fundamentan.

La pregunta será entonces, si aquel pensamiento que
piensa la muerte y logra sacar estas cosas en limpio,
también está destinado a morir. Y bien, Jankélévit-
ch parece jugar un poco con esto, como alguien que
trastabilla, y termina diciendo que todo pensamiento
requiere de un ser pensante, y que dada la ausencia
de éste, el pensamiento desaparece, pero duda en qué
consiste exactamente ese desaparecer. Y, sin embargo,
tiene la clave para salir del problema: ningún ser com-
porta en sí mismo un dejar de ser, dice. Estamos en el
plano del pensamiento, donde todo es, a pesar de no
existir, de modo que podemos arriesgar una respuesta:
si el pensamiento es y no tiene por qué dejar de ser, la
ausencia del ser pensante es sólo el motivo por el cual
el pensamiento se convierte en nada, es decir, lo que
siendo, espera el concurso de aquel que lo piensa.
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l0¡
revistagavia p a l a b r a s d e m á s
datada en 1974. Y digo que es muy polémica por la
manera en la que Vladimir Jankélévitch plantea su po-
sición frente a este tema tan en boga actualmente. Para
el autor el problema de la eutanasia comporta dos di-
mensiones: una filosófica y otra técnica y, por supuesto,
ambas operan directamente en la figura del médico. La
primera tiene que ver con la cuestión deontológica que
emerge frente al médico con relación a su labor como
preservador de la vida. Jankélévitch descarga toda la
responsabilidad en el médico, lo denomina el “juez”
de la situación, pide de él fungir como el hombre que
decide en tanto el estado actual de la técnica científica
se lo permite y con relación a la consideración de la vo-
luntad del enfermo y el tipo de vida que puede llevar.
Lo que sucede, y a esto dedica muchas palabras nues-
tro autor, es que no se trata simplemente de una de-
cisión, sino de un conjunto de tabúes, señalamientos,
intereses y culpabilidades que social e históricamente
están condicionando a los médicos. Perfectamente
puede vérseles como asesinos o profesionales sensatos,
dependiendo del lugar en donde usted prefiera parar-
se. Como sea, Jankélévitch está convencido que para
abordar a cabalidad esta cuestión, se deben dejar de
lado los prejuicios religiosos, ellos ayudan a acrecentar
la culpabilidad del médico que tiene ante sí un caso
denigrante y aun así no se decide; son intolerables
sus opiniones sobre las intervenciones quirúrgicas o
los trasplantes de órganos argumentando ser proce-
dimientos contra natura, y sobretodo debe superarse
aquello de creer que el único que dispone de los cuer-
pos, la salud o la muerte de los hombres es Dios.

Pero hay un peligro simultáneo que se vislumbra del
otro lado, del conjunto de la técnica. Aquí debe situar-
se una posición intermedia, porque si bien el avance
científico y técnico ha permitido mejorar las condicio-
nes de vida y ha hecho creer al mundo que no hay
enfermedad incurable, una mala interpretación de
la eutanasia podría perfilarse como una herramienta
para la eugenesia, lo que equivale a decir el asesinato
premeditado de personas anormales o vulnerables en
Refexiones sobre la muerte (entrevista de Geor-
ges Van Hout)

Esta segunda entrevista fue realizada en diciembre de
1970 y estuvo especialmente centrada en el contraste
que frente a la cuestión de la muerte puede establecer-
se entre los creyentes –religiosos− y los incrédulos. Sin
embargo, habría que distinguir entre unas religiones,
que llamaríamos ortodoxas, y otras laicizadas o con un
componente mucho más racional-filosófico. La distin-
ción nos sirve para comprender el marco en el que
cada una entiende la muerte: las primeras pretenden
dar al más allá un valor de existencia y por ello –lo cual
desprecia profundamente Jankélévitch− le vinculan
distintos matices empíricos, hablan de paraíso, viajes,
espacios; para las otras, en cambio, el problema es más
de símbolo y, aunque en rigor no se alejan de la idea del
más allá como existencia, lo promueven también en
términos del fin de la historia.
Diríamos que para el creyente, la religión se presen-
ta como un tranquilizador e, incluso, en prácticas de
mortificación, como un aliciente que lo impulsa hacia
la muerte sin mayor punto de referencia que el de la fe.
No así la situación del incrédulo, para quien el proble-
ma se le abre en una doble perspectiva: como misterio y
como problema. La muerte es misterio cuando se la vin-
cula al yo, cuando tiene que ver con mi adentro, es la
cuestión filosófica que se desprende de la conciencia
de la muerte y de la cual ya hablamos más arriba. Pero
la muerte es también problema cuando se establece
con ella una relación desde afuera, desde el él, es la
cuestión que pretende explicarse dentro de un marco
biológico (orgánico) o demográfico (estadístico).
A propósito de la eutanasia (entrevista de pascal
Dupont)
Sin duda que esta es la entrevista más interesante, pero
sobre todo la más polémica del libro y, curiosamente,
encontró aquí su primera publicación, a pesar de estar
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las sociedades. De suerte que Jankélévitch asuma una
posición ecléctica por la cual otorgue al médico un pa-
pel de ponderación sobre la viabilidad de la eutanasia en
función de la situación histórica del conjunto de ele-
mentos vinculados al problema: medicina, técnica, en-
fermedad, opinión del enfermo, calidad de vida, etc.
cuerpo, violencia y muerte (entrevista para Quel
corps)
Esta entrevista con la que cierra el libro, referencia-
da en París (1975), contiene un campo de reflexión
diferente al esbozado en las otras. Aquí se trata de
ubicar el conjunto de las manifestaciones sociales que
en torno al hecho de la muerte se desarrollan en las
distintas culturas. Jankélévitch hará ver cómo todas
estas ceremonias –pensemos en los cementerios, las
misas, las cremaciones− están basadas esencialmente
en los muertos, pero nunca en la muerte per se y, al
mismo tiempo, cómo varían de acuerdo a la cultura y
sociedad. Sin embargo, para el autor, todos estos actos
resultan irrisorios puesto que prácticas tales como los
aprendizajes de la muerte o las ceremonias de clase no
son más que fórmulas para familiarizar y hacer más
cercano algo que está infinitamente lejos de nuestras
posibilidades de comprensión.

Y está así de lejos porque ni siquiera nuestro lenguaje
logra alcanzarla. El pensamiento trabaja a través de una
lógica de asociaciones, pero la muerte es un punto irre-
presentable, sin posibilidad de contraste o referencia,
la muerte es lo impensable, lo que una vez experimen-
tado se acaba. Además porque la muerte es siempre
una violencia, sea cual sea su motivo. Es una violencia
en el sentido de no ser necesaria, de venir sin pensarla,
incluso en los casos de “muerte natural”, porque allí
también opera un desequilibrio, en este caso orgánico,
e igual pudo haber sido hoy que mañana. De modo
que Jankélévitch sabe que se pueden hablar muchas
cosas sobre ella, aunque, en rigor, la muerte es aquello
ante lo cual cualquier “actitud” siempre resulta inútil.
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revistagavia p a l a b r a s d e m á s
carol contreras suárez
*
DirectoraNodoBogotáREDNEL(RedNacionaldeEstu-
diantesdeLiteratura)
[...] aunque al final ella logró olvidar mejor que él,
porque se quedó sin memoria.
Gabriel García Márquez
la incitación violenta
P
arece que asistimos a un momento en el que ‘la
historia’ empieza a reclamarle a los colombianos
una serie de acontecimientos relacionados con la vio-
lación de los derechos humanos. El portal virtual de
la revista Semana (www.semana.com), en su edición
del martes 18 de noviembre de 2008, incluye una ga-
lería de fotos del arribo de La Minga a Bogotá: Unos
15 mil indígenas provenientes de todos los rincones del país
[…]”
7
que vienen buscando un diálogo pacífico con
el Gobierno, sobre el respeto a la vida y la seguri-
dad indígenas, así como la restitución de sus tierras
8
.
Tres días antes, la galería fotográfica de ese mismo por-
tal corresponde al artículo titulado “¿La fosa perdida
del Palacio?”, en el que se presentan los testimonios de
dos holandeses quienes “[mientras hacían] un reportaje
sobre la violencia en Colombia y el uso indiscriminado
de fosas comunes para enterrar a indigentes e “indesea-
bles” de la sociedad […], vieron ingresar dos pequeños
carros o camiones [al Cementerio del Sur, en la mañana
del miércoles 22 de enero de 1986, en los que] había
más de ocho cadáveres que fueron removidos y lanzados
a una fosa”. El artículo sugiere que los cuerpos podrían
ser de alguno(s) de los 11 desaparecidos de la toma del
Palacio de Justicia (ocurrida entre el 6 y el 7 de noviem-
bre de 1985) y que estarían en un lugar sobre el cual se
“planea hacer un parque infantil”
9
.
Reflexiones sobre
la memoria: el último
desalojo de El Cartucho
crónica
*
Profesional en Estudios Literarios y Master en Estudios Culturales de la Pontificia Universidad Javeriana.. Correo electrónico: nodobogota@gmail.com
7
Cita e imagen tomada de la galería “Paz y respeto, el mensaje de la larga y digna marcha de 15 mil indígenas a Bogotá”, de la revista virtual
Semana.com del 18 de noviembre de 2008. Ver: http://www.semana.com/galeria-nacion/paz-respeto-mensaje-larga-digna-marcha-15-mil-indigenas-
bogota/356.aspx.
8
Ver: http://www.etniasdecolombia.org/actualidadetnica/detalle.asp?cid=7151.
9
Citas extraídas del artículo titulado “¿La fosa perdida del Palacio?”, de la revista virtual Semana.com del 15 de noviembre de 2008.
Ver: http://www.semana.com/noticias-nacion/fosa-perdida-del-palacio/117788.aspx. La imagen es de Harry van der Aart y tiene el siguiente pie
de foto: “Este es uno de los dos vehículos que llegaron al Cementerio del Sur en la mañana del 22 de enero de 1986 transportando cuerpos. En
la foto se observa que el carro está muy deteriorado y no tiene ningún tipo de identificación oficial, como por ejemplo [sic] de Medicina Legal.
La placa es de particular y corresponde a un carro de 1952, lo que no cuadra con el modelo de la camioneta, que es de los años 40. En la foto se
alcanzan a divisar por lo menos cuatro cuerpos y un balde”. Ver: http://www.semana.com/wf_InfoGaleria.aspx?IdGal=355.
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10
Portada del sábado 1 de noviembre de 2008, disponible en http://www.semana.com/noticias-nacion/historia-detras-del-remezon/117295.aspx.
11
No sólo en el tratamiento de las palabras sino en cuanto a políticas y actores involucrados.
Por poner un último ejemplo, “La historia detrás del
remezón”
10
es un artículo que analiza el tema de las eje-
cuciones extrajudiciales (o ‘falsos positivos’) ocurridas
en diferentes regiones del país durante ya varios años
a expensas del Ejército nacional. Se distinguen cuatro
tipos: 1) el falso positivo por ocultamiento; 2) el de la
“limpieza social”; 3) el de la táctica paramilitar; y 4)
el del reclutamiento de jóvenes que son trasladados a
otras partes del país.
Los hechos reseñados me llaman la atención en dos
aspectos:
Por un lado, la emergencia de noticias sobre violación
de derechos humanos en el país podría funcionar
como una borradura constante de los hechos, hacien-
do que se produzca un efecto espectacular constante
más que una crítica profunda a la situación que vivi-
mos. Los manejos (dentro del plano discursivo
11
) de la
prensa y los demás medios, por ejemplo, hacen que la
noticia de hoy (la de la movilización indígena) deje en
el olvido el horror que provocó la noticia de ayer (la
de los falsos positivos). Con esta presunción no quie-
ro desconocer la remembranza que generan, aún hoy,
eventos como las marchas por la liberación de los se-
cuestrados, o la campaña “¡Libérenlos ya!” encabezada
ahora por Ingrid Betancourt. En ese sentido me plan-
teo una pregunta que dejaré abierta: ¿es acaso nuestra
memoria tan transitoria o el efecto de transitoriedad
lo producen/simulan los medios?
Por otro lado, me llama la atención la constante viola-
ción de derechos sobre personas vulnerables o grupos
sociales minoritarios, pues a ellos resulta más fácil ig-
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norar y olvidar en el marco político. Esta actitud es
algo más que el “síntoma cultural de la anestesia” (Ca-
brera, 2007: 45) de un país que concibe la violencia
como algo omnipresente. Se trata de un proceso de
racialización e identificación de lo Otro, de una mo-
ralización que reprueba la acción de eso Otro porque
no se inscribe en el plano de lo hegemónico donde la
memoria es politizada hacia el triunfo.
A continuación, con la revisión de tres noticias inclui-
das en la versión digital de la revista Semana , anali-
zaré un caso en el que la relación entre vulnerabilidad
de grupos minoritarios y construcción de memoria se
problematiza. “El fin de la vergüenza” y “Con Peñalosa
habrá futuro”, títulos que Gilma Jiménez −ex directo-
ra de Bienestar Social de Bogotá y actual concejal de
la bancada peñalosista− y Alejandro Santos Rubino
−actual director de la revista Semana− le dieron a los
artículos publicados por Semana el 21 de diciembre de
2003 y el 19 de abril de 1999, respectivamente.
El primer artículo es una exaltación a la labor iniciada
por el alcalde Enrique Peñalosa por la intervención
“radical” del sector conocido como El Cartucho
12
. A
partir de enunciaciones afirmativas, la autora asegura
que después de haber cumplido el esfuerzo de desalo-
jar a 10.000 personas de un lugar en el que habían con-
fluido los “peores dramas humanos” (drogadicción,
asesinato, violaciones, tráfico ilegal de armas, entre
otros delitos), se acababan cuarenta años de vergüenza
y se restituía la dignidad de todos los bogotanos, así
como la de miles de personas que habían sido sacadas
de una vida inhumana (Jiménez, 2003).
El segundo, es más una contextualización desafiante so-
bre la política de gobierno desarrollada por Peñalosa,
calificada como adecuada para una ciudad que debía
pensarse a largo plazo, caso en el cual se justificaron al-
gunos tipos específicos de violación de derechos, en la
medida en que representaban una cruzada por la defensa
de los bienes públicos y la civilización de la ciudad:
Hay un status quo en el cual la coexistencia caótica
pero rentable de intereses particulares colonizó
hace mucho tiempo el bien público y que, como
hemos visto, está dispuesto a dar la pelea a capa
y espada para preservar sus respectivos feudos. Y
son grupos bien organizados que tienen acceso a
los medios y hacen mucha bulla. En esta lucha
por recuperar lo colectivo, sin embargo, Peñalosa
ha cometido varios errores. Es inaudito, por ejem-
plo, que en una situación de inminente explosión social
como la que vive Bogotá se desaloje a punta de bolillo y
gas lacrimógeno a vendedores ambulantes e indigentes
sin antes haberlos reubicado […] Cuando Peñalosa
planea una ciudad para el largo plazo, que exige
grandes proyectos como TransMilenio y la ave-
nida longitudinal, es estigmatizado como faraón
y despilfarrador. […] De esta forma, me preocupan
menos los pasos en falso de Peñalosa que nuestra visión
inmediatista e irresponsable de las soluciones para civi-
lizar a Bogotá (Santos, 1999)
13
.
Esos indigentes estaban siendo desplazados de un
lugar que ocupaban desde hacía más de treinta años
porque en 1998 se había aprobado la construcción de
un parque, resultado de la opción de Peñalosa para
acabar con “[…] el prolongado deterioro de las condi-
ciones urbanas y de calidad de vida de los habitantes
de un sector estratégicamente ubicado en la ciudad, me-
diante un esfuerzo coordinado para ofrecer alternati-
vas viables para los diferentes grupos sociales que allí
residían, no sólo para su reubicación, sino también
para aumentar sus capacidades productivas.” (“Parque
Tercer Milenio”, 2007). El Cartucho, efectivamente,
estaba ubicado “[…] apenas a tres cuadras del Palacio
12
El Cartucho estaba ubicado en el barrio Santa Inés (que comprendía las calles Sexta a Novena, desde la Carrera Décima hasta la Caracas), en
el centro de Bogotá.
13
Las cursivas son mías, así como las que se usarán en las citas posteriores durante este apartado.
lll
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de Nariño y de un Batallón del Ejército, a cinco cua-
dras del Congreso, de la Alcaldía Mayor y del Bienes-
tar Social del Distrito y frente a la sede central de la
Policía Metropolitana.” (Jiménez, 2003), y la “recupe-
ración” de este sector del centro se planteaba como
una necesidad de los más de un millón y medio de ciu-
dadanos que vivían, trabajaban y transitaban por allí
en ese momento. La ex directora de Bienestar Social
de Bogotá lo narra así:
La intervención de El Cartucho tuvo dos niveles.
Por un lado, fue la renovación urbana que cul-
minó este año. Implicó adelantar muy complejos
censos de la población, identificar los inmuebles
y sus propietarios, presentar ofertas de compra y
compensaciones, y proyectar y construir el Parque
Tercer Milenio. El otro nivel fue un ambicioso
programa de intervención social y humanitaria,
sin antecedentes por la diversidad de los fenóme-
nos sociales que debían ser atendidos. En un marco
de cero tolerancia con el delito, de respeto a los derechos
y de exigencia en el cumplimiento de los deberes, se inició
un acercamiento a la población, con total transparencia
de lo que se iba a hacer (Jiménez, 2003).
Pero, tal como lo declara Santos Rubino (1999), este
modo de recuperación de lo público implicaba: 1) “cho-
car” con una cultura mafiosa, y 2) “tropezar con unas
minorías que tienen un inmenso poder para proteger
sus intereses”. ¿Qué podía hacer entonces el Alcalde?
Además de programas especiales para la reubica-
ción de los tipógrafos, las vivanderas y reciclado-
res, se diseñó e implementó por primera vez un
programa para atender a los habitantes de la ca-
lle, quienes entraban y salían de El Cartucho. En
los últimos cinco años, bajo las dos anteriores ad-
ministraciones, se ha rehabilitado a más de 1.500
personas que habían hecho de estas calles su lu-
gar de vida. Se hicieron alojamientos transitorios
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en diversos sitios donde personal especializado
atendió a 1.000 familias como etapa previa a su
reubicación en barrios normales de la ciudad. Hoy cer-
ca de 300 de ellas lograron comprar vivienda. Se
montaron Centros Amar donde se atendieron 850
niños que no iban a jardines ni escuelas. Por las
condiciones de deterioro de sus padres, hubo que
sacar de sus hogares –si es que se les puede llamar así
a los antros donde vivían– y proteger a cerca de 600
niños. Se ubicaron 800 ancianos en programas de
protección. A más de 3.000 personas se les ha
conseguido trabajo. Se atendieron en programas
de capacitación y orientación en diversos temas
a más de 5.000.
En total, la ciudad ha invertido más de 18.000 mi-
llones de pesos en inversión social para atender a
la gente que salió de El Cartucho, además de los
20.000 millones que ha invertido en la rehabilita-
ción de indigentes de la capital (Jiménez, 2003).
Sin embargo, es necesario volver a preguntarse cómo
es que esa “recuperación” funciona pese al “choque”,
al “tropiezo”, “en un marco de cero tolerancia con el
delito” y un acercamiento “transparente” a la comuni-
dad que residía en esos antros.
“La ciudad del miedo” es el tercer artículo que traba-
jaré sobre este caso. Fue publicado por Semana.com el
22 de mayo de 2005 y escrito por Juan Carlos Orran-
tia, antropólogo colombiano. Según éste, el miedo
que sufren los ciudadanos está generando personas y
espacios marginales, al tiempo que procesos de exclu-
sión constantes. En ese marco, la renovación de una
violencia conocida como ‘limpieza social’ resulta pre-
ocupante ante la emergencia de los ex habitantes de El
Cartucho, por ejemplo. En ese sentido, invita al lector
a verse obligado a construir memoria y no olvidar: “A
recorrer los pliegues de la ciudad, a conocer y reconocer
los lugares donde se acumulan los “residuos” de todo
aquello que se sale de los parámetros del orden, progre-
so y belleza que una sociedad excluyente, apoyada en el
miedo, produce y no quiere ver.” (Orrantia, 2005).
No obstante, la construcción de memoria en un caso
como el presente no es tan sencilla. La manera en que se
aborda el discurso del progreso urbano, aboca siempre las
ideas de belleza, limpieza, productividad y valorización.
El indigente, harapiento e improductivo, queda por fue-
ra de ese sistema. Es el Otro segregado, racializado como
“desechable” y, como tal, es un residuo que debe ser eli-
minado y al cual hay que mantener al margen para evitar
que se reproduzca –o, lo que es lo mismo, asegurarse de
administrarlo adecuadamente cuando resurja
14
:
El consumo y la venta ilegal de drogas y la vida
en la calle son fenómenos propios de las grandes
ciudades del mundo, producto del desarraigo, la
ruptura y violencia social y familiar. Por eso los
bogotanos debemos estar alerta y defender estos
logros sociales, ante el riesgo de que se reproduz-
can nuevos ‘cartuchos’ alrededor del antiguo o en
otros sitios de la capital. A las autoridades compe-
tentes les corresponde intervenir con todo el rigor
de la ley, pero también con responsabilidad social
y humanitaria, los sectores donde se detecte este
flagelo social, antes de que se vuelva inmanejable.
A partir de este año Bogotá podrá decir que ya no tiene
en sus entrañas un gueto, un infierno, en donde una
vez un niño murió en la calle, acurrucado, y en dos días
nadie se dio cuenta y otro de 4 años fue castrado. En su
lugar hay un parque donde los niños podrán volver a
serlo; los viejos podrán asolearse tranquilos en las ban-
cas y los únicos cartuchos que quedarán son las flores,
como testimonio de una vergüenza con la que convivió
la ciudad por cuatro décadas (Jiménez, 2003).
14
Con esta afirmación quiero evidenciar que en toda producción capitalista se generan desechos o residuos, y que estos residuos dentro de la
cadena productiva social serían los indigentes.
ll1
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El caso del desalojo de El Cartucho para la constru-
cción del parque Tercer Milenio, tal como lo señala
Jiménez (2003), efectivamente implicó una política
con “responsabilidad social y humanitaria”, pero tam-
bién introdujo la violencia física y simbólica sobre los
habitantes del sector. Durante la administración de
Peñalosa, no sólo se recurrió al “bolillo” y los “gases
lacrimógenos”, sino que se agudizaron los procesos de
limpieza social que se vivían en la zona desde los años
ochenta. El propio alcalde Luis Eduardo Garzón (al-
calde de Bogotá entre el 1 de febrero de 2004 y el 31 de
enero de 2007), al hablar sobre el tema el 14 de mayo
de 2005, aseguró que, aunque hubiera sido una polí-
tica de otros gobiernos, Esta ciudad y todas tienen que
aprender a tolerar. Estas personas no pueden desaparecer,
15
Para Judith Butler (2002), lo abyecto designa aquellas zonas “invisibles”, “inhabitables” de la vida social que, sin embargo, están densamente
pobladas por quienes no gozan de la jerarquía de los sujetos, pero cuya condición de vivir bajo el signo de lo “invisible” es necesaria para
circunscribir la esfera de los sujetos. (p. 20).
[pues] esa no es la política de este gobierno. Lo que propo-
nía Garzón, un alcalde que a diferencia de Peñalosa se
destacó por su compromiso en materia social más que
infraestructural, era que se afrontara la situación me-
diante la aceptación y el reconocimiento de lo Otro,
de nuevo como ser humano, no abyecto
15
y desprecia-
ble en la realización de ese proyecto a ultranza de reno-
vación urbana iniciado por Peñalosa.
ll4
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memorias recicladas
“Bogotá. Una ciudad hermosa”
Señor Director:
Hace poco regresamos de nuestras va-
caciones de invierno en las que tuvimos
la oportunidad de visitar Bogotá.
Frente a todos los miedos, preconceptos, prejui-
cios e ideas que teníamos previo a nuestro viaje,
me encontré con una ciudad bellísima, moderna,
limpia y culta; con un país hermoso y con gente
maravillosamente amable, educada y cortés […]
El Tiempo, viernes 1 de agosto de 2003. pp.1-14.
La primera demolición de una casa en El Cartucho se
produjo el 3 de julio de 1999. Con ella se marcaba el
comienzo de un proceso de
renovación y recuperación
del espacio ¿público? que
duraría 6 años, y un desalo-
jo que culminaría el 25 de
abril de 2005, cuando más
de 1.400 personas fueran
llevadas al antiguo Matadero
Municipal. Para ese momen-
to, el Matadero se convirtió
en el cierre de una historia
de décadas, en la extermina-
ción simbólica de una histo-
ria apremiante de la ciudad.
Implicaba el fin de años de
violencia y delito, representa-
ba la muerte de los habitantes
de la calle que residían en
distintos lugares de Bogotá.
La culminación del parque
Tercer Milenio fue elogiada
como un gran triunfo de la ciudad en el saneamiento
de las precarias condiciones sociales del sector. El Go-
bierno de turno presentó el parque como un símbolo
de la vida de una ciudad nueva, de una ciudad pública,
limpia y linda; borrando la memoria triste de Bogotá,
bajo esa acepción políticamente celebratoria.
Lo que no previó el Gobierno es que, 3 años después
(2008), los problemas de habitabilidad de la calle se-
guirían existiendo, las “ollas” (expendios de drogas)
se multiplicarían y distribuirían por toda la ciudad, la
pobreza seguiría aquejando a la ciudad, tal como la
violencia. Según Daniel Pacheco (2007):
Para plantear nuevas soluciones, los gobernantes
deben dejar de abordar la situación de los habi-
tantes de calle como un “problema” que tiene
solución por medio de la “rehabilitación”. Pri-
mero, porque es una invitación clara al fracaso
(quienes hemos trabajado con habitantes de ca-
lle sabemos que su rehabilitación es imposible,
llI
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empezando porque muchos no la quieren). Y,
segundo, porque desconoce que los habitantes
de calle ocupan un lugar en todas las sociedades
occidentales, incluida la nuestra, que de hecho
ya los llama ‘habitantes de calle’.
Esta conciencia de la situación, ha llevado a que emer-
jan memorias disidentes que los medios de comunica-
ción y los gobiernos han venido construyendo y repro-
duciendo normalmente. Hablamos ahora de afrontar
el asunto de manera distinta, de cuestionar las políti-
cas públicas con las que se aborda la indigencia. Habla-
mos también de recordar que el parque Tercer Milenio
está plantado sobre un cementerio. Reconocemos que
es un espacio público del silencio, un lugar que no
es concurrido, un lugar que aún hoy está planeado y
administrado desde la exclusión de lo Otro.
El parque Tercer Milenio y su relación con El Cartu-
cho y el Matadero debería ser un tópico del Trauma
(Huyssen, 2000) para Bogotá y el país. Una historia
que quede en la memoria para que hechos de viola-
ción de los derechos humanos no se cometan, y me-
nos en nombre del progreso y la “civilización” de las
ciudades, pues resulta preocupante saber que procesos
como el de este parque empiezan a replicarse en ciu-
dades como Pasto e Ibagué, por ejemplo. No obstante,
el panorama no resulta muy alentador, Colombia es
un país que padece la enfermedad del olvido. Es un
país en el que años de violencia y ríos de sangre han
hecho que la gente quiera olvidar de manera perma-
nente, como negándose a construir una historia que
incluya el dolor. Un país que se deja seducir por la
última noticia, tachando la anterior; en una apología
constante del triunfo de la indiferencia y la amnesia.
Un país racista que excluye al otro, justificándose por
el miedo a lo que le resulta residual, escudándose tras
una máscara de lo bello.
Referencias bibliográfcas
Butler, J. (2002). Cuerpos que importan. Buenos Ai-
res: Paidós.
Cabrera, M. (2007). “Representing Violence in Co-
lombia: Visual Arts, Memory and Counter-Memory”.
En: Brújula, vol. 6, no. 1, pp. 37-56.
Huyssen, A. (2000). “Present Pasts: Media, Politics,
Amnesia.”. En: Public Culture, vol. 1, núm. 12, pp. 21-38.
Jiménez, G. (21 de diciembre del 2003). “El fin de
una vergüenza”, En Semana [en línea]. disponible en:
http://www.semana.com/noticias-especiales/fin-ver-
guenza/75411.aspx, recuperado: 20 de noviembre de
2008. Parque Tercer Milenio (2007), [en línea]. Dis-
ponible en: http://www.idu.gov.co/sist_espacio/par-
que_tercer_milenio.htm, recuperado: 30 de noviem-
bre de 2007.
Orrantia, J. C. (22 de mayo del 2005). “La ciudad
del miedo”. En: Semana [en línea]. Disponible en:
http://www.semana.com/noticias-opinion-on-line/
ciudad-del-miedo/86995.aspx, recuperado: 20 de no-
viembre de 2008.
Santos, A. (19 de abril de 1999). “Con Peñalosa
habrá futuro”. En: Semana [en línea]. Disponible en:
http://www.semana.com/noticias-opinion/penalosa-
habra-futuro/40669.aspx, recuperado: 20 de noviem-
bre de 2008.
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revistagavia p a l a b r a s d e m á s
Carlos Humberto Marín
*
EstudiantedeLicenciaturaenEducaciónBásicaconén-
fasisenHumanidadesyLenguaCastellana,IXsemestre.
C
on la extinción completa de los Híbridos, Ciu-
dad Tristeza no fue más que una tierra cerril,
devastada, generación tras generación, por los des-
manes de la guerra. Una tierra de huérfanos, donde
sobrevivieron las monjas con orfanatos, iglesias con
devotos y uno que otro soldado cabrero que soñaba
con reconstruir los muros, recobrar la demografía ci-
tadina para rehacer las barricadas y restituir los atrin-
cherados, siempre listos a morir por una u otra razón.
El último abatimiento, en la guerra del repliegue, la
había desaparecido por completo. Así llamada porque
el frente nacionalista prefirió incendiarla, antes que
los revoltosos se la tomaran y reclamaran un nuevo
gobierno. Repliegue: en lugar de la contención de uno
u otro bando entre tantos golpes desafortunados, esta
vez se trató de una carrera al centro para izar bandera,
hundiendo una república centralista en el abismo de
los morteros. Desde entonces, el poder sólo se trató de
una escena pintoresca: un hombre, saliendo de los es-
combros, que grita ¡Coronel, ganamos! A su alrededor
silencio y tristeza.
Las nuevas personas que iban llegando a alojarse, a
buscar la protección del sitio olvidado, eran viejos de-
crépitos con niños de su mano a los que ni siquiera se
les alcanzaba a poner nombre.
Una memorable mañana (de las pocas que se recuer-
dan), una monja homenajeó un invento realmente di-
vino. Había rastreado todos los nombres de abuelos,
abuelas, tías, padres, primos, sobrinos, familiares de
las personas que llegaban (en su mayoría seniles) y los
había anotado en un cuadernito para las ocasiones en
que tenía que bautizar a los niños sin familia. Lo hacía
porque no quería acceder al Almanaque Bristol, por-
que un santo canónico la violó de chica. Cómo iba a
bautizar a alguien con el nombre de un violador. Pre-
firió creer en la lotería Babilónica y esperar a que los
*
Redactor de El Macarenazoo, periódico de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Redactor de Sumando Voces, periódico comunitario
de Patio Bonito. Correo electrónico: acabarlos@gmail.com
Los nombres de
Ciudad Tristeza
(Del capítulo
“Felicidad”)
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designios de la suerte se barajaran de nuevo. Anotó en
una ruleta el monto total de los nombres recogidos,
y, por cada niño sin nombre y sin familia, botaba una
bolita en la ruleta y daba vueltas. Si caía en el núme-
ro veintidós (Mauricio) y era marzo diez, se restaba a
Mauricio diez casillas y quedaba Milton. Sin apellidos.
Lo mismo hizo para saber el nombre de la ciudad por-
que ya nadie lo recordaba. De los seis sentimientos
primarios (amor, felicidad, ira, nostalgia, tristeza y
odio), aquella mañana del primero de abril, la bolita
cayó sobre la casilla quinta y agradeció la ocurrencia
del procedimiento: siempre es preferible la tristeza que
el odio, al menos para ella quien por amor a JHVH no
podía odiar a un santo violador. Al perdonarlo, sólo
podía sentirse triste.
ll8
El primero de abril se celebra el día de los santos, se-
gún el almanaque Bristol. En Ciudad Tristeza se fes-
teja sólo el día de los muertos, por quienes se llora
sinceramente, y quienes “mueven el rumbo de nuestro
destino en la lotería de la vida”, como decía la monja
antes de arrojar la… ¿Dónde está la bolita? ¿Dónde está
la bolita? ¿Dónde está nuestra familia?
Continuará…
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