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Creencias atávicas

Emilio del Barco

En numerosas civilizaciones africanas y pueblos del Pacífico, se considera que, los


objetos confeccionados con fines mágicos o religiosos, siguiendo la tradición
animista, alcanzan la categoría de sagrados. En este orden, pueden estar incluidos
vasos ceremoniales de libación, máscaras, cuchillos de sacrificios, dagas rituales,
figuras de dioses o espíritus, atavíos, cubrecabezas, bonetes, tiaras, mitras, velos,
turbantes, túnicas, colgantes, utensilios, calzados. Al ser consagrados al culto,
mágico o religioso, adquieren un ánima, convirtiéndose en objetos vivos, habitados
por el espíritu o fuerza que los anima. Dependiendo de las religiones, varían los
simbolismos y valores de tales vestiduras o aderezos. Todos ellos adquieren
significados y poderes mágicos, o místicos; sin los cuales las ceremonias no serían
válidas. Casi todas las celebraciones, tanto mágicas como religiosas, requieren que
el celebrante vaya revestido de un ropaje adecuado a la misma y se presente en
estado de limpieza de cuerpo y espíritu.

Dependiendo del carácter de la ceremonia, los ropajes han de tener un color


determinado. El simbolismo de los colores pasó a ser parte del ritual. Aún cuando
el significado de los colores no sea uniforme en las diversas religiones. Ya en la
Biblia se indican colores obligatorios para distintos ornamentos sagrados. En el
Catolicismo se ve también en los diferentes coloridos de casullas y vestidos talares
de los sacerdotes, así como en los adornos eclesiales, según épocas del año y
variedad de festividades o ceremonias. En el Islam, el verde y el blanco son los
colores del Profeta. En el Universismo chino, si el blanco es luto, el negro es vicio, el
rojo virtud y felicidad y el amarillo poder mágico. Así, las interpretaciones que el uso
de un mismo color pueda tener en cada civilización son, no sólo distintas, sino
contradictorias.

Podríamos deducir que los objetos y vestiduras sagrados, que se han de usar en
determinados rituales, para que adquieran validez con plenitud, forman un
apartado importante de la mítica del fetichismo. Tales atribuciones mágicas a
objetos inanimados singulares, se encuentran entre todos los pueblos de la Tierra.
Del coral se decía que preservaba de las desgracias. Era bueno portarlo en los
viajes que entrañasen peligro. Sobre todo en los cruceros por mar. En la India y
sudeste asiático sigue conservando esta aplicación protectora. Con tal esperanza es
utilizado aún por algunas etnias, como la gitana, de origen indio y tradición errante,
cuyas mujeres suelen portar alguna joya adornada de corales, como protección.

En civilizaciones antiguas, donde la muerte era interpretada como un viaje al más


allá, se usó como talismán funerario, incluido en la mortaja con que se ataviaba a
los difuntos. Tal adorno debía proporcionarles buena suerte en su desplazamiento
hacia la vida eterna. Chinos, árabes, francos y varias etnias indostánicas creyeron
en su efectividad. En ocultismo y entre los alquimistas, el coral también gozó
siempre de gran predicamento, pues sus atribuciones eran numerosas.
Principalmente debido a su misteriosa condición simultánea de vegetal, animal y
mineral. Propiedades que coinciden con las exigidas a la piedra filosofal,, 31/03/09 ..
Emilio del Barco.. emiliodelbarco@hotmail.es