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Farmacocinética y farmacodinamia: La experiencia clínica indica que el grado de absorción de la


crema de dipropionato de betametasona no ha sido asociado a efectos adversos clínicamente
significativos cuando se utiliza de acuerdo con las indicaciones. Por lo tanto, no son necesarios
estudios adicionales. En un estudio, clotrimazol crema al 1% se administró diariamente a la piel
intacta o lesionada de conejos durante tres semanas sin producir niveles séricos medibles. Se
obtuvieron resultados similares con clotrimazol crema al 1% radiomarcada administrada a la piel
intacta o inflamada de humanos. Se detectaron niveles muy bajos (0,001 mg/l) de clotrimazol en
suero y la concentración del fármaco en orina fue menor al 0,5% de la cantidad administrada a la
piel. Sin embargo, cuando se administra oralmente, el clotrimazol se absorbe rápida y casi
completamente y se distribuye a todo el cuerpo en cuestión de horas. Las concentraciones más
elevadas del fármaco se encontraron en hígado, tejido adiposo y piel. En la rata, el clotrimazol
absorbido se elimina predominantemente (más del 90%) en heces dentro de las primeras 48
horas. De manera similar, en el humano, aproximadamente 25% del fármaco se excreta en orina y
el resto en heces durante aproximadamente 6 días. El dipropionato de betametasona, como es
característico para los corticosteroides, se absorbe a través de la piel, se une reversiblemente a las
proteínas plasmáticas, y se metaboliza tanto en sitios hepáticos como extrahepáticos y da como
resultado sustancias, en su mayoría inactivas y se excreta casi completamente en 72 horas. Se
realizaron estudios in vivo para determinar la distribución de gentamicina luego de administración
subcutánea. Se realizaron ensayos de actividad de gentamicina 1, 2, 3 y 4 horas luego de la
inyección haciendo placas de muestras de tejidos obtenidos de necropsia en agar con
Staphylococcus aureus. El tejido del sitio de la inyección mostró inhibición durante las 4 horas.
También se encontró actividad en riñón, pulmón, corazón, intestino delgado, sangre, orina,
hígado, músculo y bazo. Las heces no mostraron actividad en ningún periodo. También se
realizaron experimentos para establecer el patrón de excreción y niveles en sangre y orina. Para
este efecto, se inyectó gentamicina intramuscularmente y las muestras se analizaron para
determinar actividad a las 1, 4, 8 y 24 horas. Los niveles máximos en sangre se obtuvieron a las 0,5
horas y la excreción urinaria casi completa ocurrió dentro de las primeras 24 horas. Después de la
administración intravenosa, no se encontraron efectos apreciables en flujo de orina, excreción
electrolítica, liberación de creatinina o velocidad de filtración glomerular. El antibiótico fue
rápidamente excretado por los riñones a una velocidad de liberación cercana a la velocidad de
infusión. Otros experimentos determinaron que la capacidad de unión sérica de sulfato de
gentamicina es del 25 al 30%.
Contraindicaciones: Su empleo está contraindicado en pacientes con historia de hipersensibilidad
a cualquiera de los componentes de la fórmula. No debe utilizarse en lesiones tuberculosas de la
piel, infecciones virales como herpes simple agudo, varicela o durante el periodo de vacunación.
No debe emplearse cerca de los ojos.
Liberación
Al tomar un medicamento por vía oral, lo primero que tiene que ocurrir es que se libere de la
forma farmacéutica de la que forma parte (cápsula, comprimido, solución o granulado) y
se disuelva en el medio. Por tanto,dependiendo del grado de integración del principio activo
en la formulación oral, tardará más o menos tiempo en liberarse. De este modo, los fármacos
que tomamos en forma de solución oral, ya van disueltos en agua, por lo que llevarán ventaja
a las cápsulas y los comprimidos. Los excipientes, que son los compuestos inactivos que se
incorporan a la formulación oral para dar cuerpo y forma (lactosa, sacarosa, sorbitol,
almidón…), también pueden influir en la liberación del fármaco.

Absorción
Una vez disueltos, avanzan por el organismo como si fueran alimentos y se van absorbiendo
a lo largo del aparato digestivo. Aunque la absorción se puede producir en cualquier zona, el
intestino delgado es el tramo del tracto gastrointestinal especializado en ello, debido a sus
características fisiológicas que le confieren mayor superficie activa de absorción. Por tanto,
este paso dependerá tanto del estado del intestino del paciente como de las propiedades
físicoquímicas del fármaco (grado de ionización, solubilidad, pH, etc.).

Pero no todo es tan sencillo, el fármaco también encuentra obstáculos a su paso, ya que no
todos los transportadores del intestino favorecen la absorción de sustancias. Existe un
transporte inverso, de secreción o “efflux” cuya función es proteger al torrente sanguíneo de
la intrusión de tóxicos y sustancias extrañas. Precisamente, los fármacos son sustancias
desconocidas para el organismo, y estos transportadores “efflux” se encargarán de expulsar
el fármaco que haya conseguido acceder a la sangre, nuevamente hacia el lumen intestinal.
Esto, lleva a fallos terapéuticos, pues el fármaco no consigue llegar al sitio de acción. Estos
trasportadores son los responsables del fracaso de algunos tratamientos, como la
quimioterapia del cáncer.

Distribución
La absorción es solo el principio del viaje del medicamento en el organismo. Tras su acceso
al torrente sanguíneo, éste debe viajar hasta el lugar de acción, es decir hasta el sitio donde
se encuentra la patología que debe curar. Parte del fármaco realiza este viaje en soledad, y
otra parte acompañada de proteínas transportadoras. Los que se unen a dichas proteínas, al
poseer un gran tamaño, encontrarán dificultad para atravesar algunas membranas biológicas,
como la barrera hematoencefálica (cerebro), que sólo permite el paso a las moléculas de
pequeño tamaño. Es importante tener en cuenta este fenómeno para calcular la dosis ideal
para el paciente.

Metabolismo
Desde el momento que ingerimos el medicamento, nuestros órganos encargados de
protegernos frente a sustancias extrañas se ponen en acción. Necesitamos inactivar los
tóxicos cuando ya no hagan falta. Este proceso se produce principalmente en el hígado, y
consiste en convertir o transformar químicamente los fármacos en compuestos más fáciles
de eliminar.

Excreción
Y por el final, la última fase del ciclo LADME es la exreción. Los fármacos son expulsados
de nuestro organismo mediante el proceso de excreción. Éstos se pueden eliminar tras la
metabolización o inalterados. Las vías de salida son diversas, siendo las más importantes las
vías urinaria y biliar-entérica. También puede excretarse por sudor, saliva, leche y epitelios
descamados. Estos son los últimos lugares que visita el fármaco en su viaje por nuestro
organismo.

Por tanto, el viaje del fármaco por nuestro organismo se compone de una serie de procesos
encadenados, algunos favorecen su absorción y otros la entorpecen, pero es precisamente
este equilibrio lo que hace posible que los fármacos nos curen sin destruirnos
Los factores que influyen en el depósito pulmonar son los siguientes (3,4):

1. Tamaño de las partículas: los inhaladores y nebulizadores generan aerosoles de partículas


de distinto tamaño que se clasifican por el diámetro de masa media aerodinámica (DMMA).
El tamaño óptimo para que las partículas se depositen en los alveolos y pequeñas vías
respiratorias es el de 0,5-5 μm de DMMA (las partículas de diámetro entre 0,5 y 2 µm se
desplazan de forma errática por las vías aéreas y alvéolos (movimiento browniano)
depositándose en las zonas más periféricas). Tras la inhalación sedimentan en los bronquios
distales por gravedad. Flujos inspiratorios bajos (30 L/min) favorecen la sedimentación al
alargar el tiempo de residencia de las partículas, lo cual les permite acceder a las pequeñas
vías aéreas y si se realiza un tiempo de apnea postinhalación adecuado. Las partículas
grandes, de 5-10 μm, se impactan por inercia en las grandes vías respiratorias y aquí su
depósito es mayor si el flujo es alto. Las mayores de 10 μm se depositan en la orofaringe y
el 90% de ellas se absorbe por vía sistémica. Las inferiores a 0,5 µm no llegan a depositarse
y, o se expulsan con la espiración, o atraviesan la membrana alveolo-capilar.

2. Calibre y anatomía de la vía aérea: las diferencias anatómicas intervienen en el depósito


del fármaco. En niños pequeños, el depósito pulmonar de la medicación es
aproximadamente la décima parte del adulto. En lactantes, la respiración nasal se comporta
como un filtro que incrementa el depósito del fármaco en las vías aéreas superiores y lo
disminuye en el pulmón. En pacientes con asma grave el calibre basal de la vía aérea, más
pequeño, altera el perfil de absorción temprana.

3. Velocidad de emisión: cuanto mayor sea la velocidad de salida de las partículas, mayor
será el impacto en la vía aérea superior.

4. Volumen de aire inhalado: un volumen inspiratorio alto favorece el depósito


intrapulmonar.

5. Flujo inspiratorio: el ideal es entre 30 y 60 L/min.

6. Apnea post-inhalación: debe ser de unos 10 segundos. Ello favorece la sedimentación de


partículas en la vía aérea inferior.

7. Técnica de inhalación: es uno de los factores más importantes que determina la


biodisponibilidad del fármaco en la vía aérea inferior y la eficacia terapéutica de los
inhaladores.

Dispositivos

Existen tres grandes grupos de dispositivos para la administración de aerosoles: inhaladores


en cartucho presurizado, con o sin cámara de inhalación, inhaladores de polvo seco y
nebulizadores.

1. Inhaladores en cartucho presurizado (en suspensión o solución)


Dispositivos multidosis que utilizan un cartucho presurizado dosificador o de dosis medida
o controlada llamados pMDI o MDI (en inglés pressured metered dose inhaler). Producen
un aerosol con partículas sólidas de DMMA entre 1-8 µm4. El cartucho contiene el fármaco
en solución/suspensión con un propelente además de otros excipientes y dispone de una
válvula dosificadora. El gas propelente habitualmente utilizado hasta hace unos años, el
clorofluorocarbono (CFC), perjudicial para la capa de ozono, ha sido sustituido por
hidrofluoroalcanos (HFA)4. Además, el uso de HFA, al aumentar la temperatura y
disminuir la fuerza de salida del aerosol, puede reducir el efecto freon-frío y el depósito
orofaringeo5, con respecto a las antiguas formulaciones con CFC.

Existen cuatro tipos de inhaladores presurizados (ICP): los convencionales, los de


partículas extrafinas, los activados y el sistema JET. También, por sus características y tal
como referencian otros autores, se puede englobar en el grupo DMI al dispositivo de niebla
fina Respimat®, (que presenta el fármaco en solución en un cartucho no presurizado).

(La tabla 1 muestra las ventajas e inconvenientes de cada uno de ellos)(3,4,6).

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