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Comenzando con el autor, Federico García Lorca, nació en 1898 en Granada y murió el

19 de agosto de 1936 tiroteado por causas políticas de la Guerra Civil española.


Reconocido por obras como: Romancero gitano, Poeta en Nueva York, Bodas de Sangre,
Yerma, La casa de Bernarda Alba, entre otras.

Bodas de sangre es una tragedia en verso escrita por el poeta y dramaturgo español
Federico García Lorca y estrenada el 8 de marzo de 1933 en Madrid. Incluso en 1938
tuvo su debut en el cine de la mano de Edmundo Guibourg, protagonizada por la musa
Lorquiana Margarita Xirgu.

La trama de esta obra cuenta el triángulo amoroso entre “la novia”, “el novio” y Leonardo,
el único personaje al que se le da nombre. La novia es una joven próxima a casarse con
un chico del pueblo, pero que en el fondo perdura en ella el amor de su primer amor,
Leonardo, casado desde hace dos años con la prima de la novia y con la que ya tiene un
hijo en común. A causa de este despecho la novia acepta casarse con el novio. El día de
la boda suceden una serie de acontecimientos que empujan finalmente a que la novia hulla
con Leonardo al galope y que la familia tanto de ella como del novio salga en su búsqueda,
terminando todo con la trágica muerte del novio y de Leonardo.
En este análisis se procederá a hablar del primer acto de la obra.

Este empieza con una escena cotidiana entre el novio y su madre. En esta el novio afirma
que irá a la viña y que necesita la navaja para cortar las uvas, a lo que la madre expresa
su rotunda negación a dársela, debido a su extremo odio hacia este tipo de objetos corto
punzantes ya que su esposo murió a causa de una y su hijo también. En este punto ya se
da un breve contexto de lo que ocurrió en el pasado y la confrontación que quedó con la
familia Félix por ser los causantes de la viudez de la madre.

El tema de las navajas y cuchillos es algo recurrente en las obras lorquianas por ser un
elemento básico en la cultura Andaluza que a menudo hace uso de estas herramientas para
los trabajos tradicionales de la ciudad.

En esta misma escena la madre también expresa el deseo de que su hijo hubiera sido una
niña, delicada y servicial para no tener que preocuparse por lo que le pudiera pasar en
cualquier trabajo forzoso que en su época eran asignados exclusivamente a los varones.

En esta parte, Lorca, cambia el rol del hombre, el que siempre es el deseado de la familia
para que sea la cabeza de la casa, el orgullo de todo padre, aludiendo a que la madre
realmente ansiaba haber engendrado una hija. Pero inmediatamente después la madre
menciona que un hombre de verdad lo que hace es engendrar hijos en cada esquina,
pidiéndole muchos nietos a su hijo.

Posterior a la pequeña disputa entre la madre y el novio, el tema de conversación se pasa


al de la novia de este. Él confiesa estar ciegamente enamorado de la muchacha y desea
que su madre también lo esté ya que quiere pedir su mano en matrimonio, a lo cual la
madre responde afirmativamente.
Una vez el hijo se ha ido, llega la vecina y la madre intenta sacar información sobre la
novia a esta. La vecina le confiesa que la joven ya había tenido un enamorado antes
(Leonardo) con el cual duraron mucho tiempo, pero que este le abandonó para casarse
con su prima. Este dato despierta la inquietud en la madre que rompe en cólera cuando se
entera que Leonardo

es parte de la familia Félix y aunque comprende que cuando las dos familias se disputaron,
este era solo un niño, no puede evitar cierto recelo hacia la muchacha por haberse
relacionado con sus enemigos.

En el segundo cuadro de este acto en cambio pasamos a la perspectiva de Leonardo y su


familia. Se encuentra con su suegra y su esposa después de un largo día de trabajo.
Después de discutir con su esposa sobre los lugares que frecuenta Leonardo, este se porta
grosero con su suegra y su esposa y después es notificado de la boda de la novia, a la que
han sido invitados debido al parentesco entre su mujer y esta. La escena acaba en versos
que aumentan el dramatismo a la escena con líneas como:

“Duerme clavel que el caballo no quiere beber” o “Duérmete rosal que el caballo se pone
a llorar”

Expresando la gran tristeza de la esposa de Leonardo al darse cuenta de que su matrimonio


no está yendo bien. En las acotaciones se menciona en el llanto de la mujer apoyada en la
mesa, produciendo un efecto visual de devastación y dramatismo, tensionando la horrible
situación por la que está pasando el matrimonio de Leonardo.

Buen día, el día de hoy voy a comentar a Nicanor Parra y su artefacto: Las tres calaveras
de Colón. Para contextualizar la obra hay que empezar por describir un poco la vida del
autor. Nicanor Parra fue un poeta, matemático y físico chileno, nacido el 5 de septiembre
del año 1914 en San Fabián de Alico. Portando el mismo nombre que su padre, creció en
el seno de una familia de artistas populares, de los cuales cultivo su pasión por las artes.
A los dieciocho años escapó de su casa en un arrebato de rebeldía, algo muy característico
en la personalidad de este autor, y que logra plasmar en sus poemas. De todos sus
hermanos, Nicanor fue el único que logró terminar sus estudios más allá de los primarios,
obteniendo el título de físico matemático en el Instituto Pedagógico de la Universidad de
Chile. Es en 1949 cuando, gracias al Consejo Británico, se le otorga una beca y parte a
Inglaterra a estudiar cosmología en Oxford. Es en este ÁMBITO extranjero donde se
empieza a interesar por el psicoanálisis freudiano y toma conciencia de su oficio de poeta.
Diecisiete años más tarde y posterior a su libro Cancionero sin nombre, aparece su
segunda obra: Poemas y antipoemas, que es la más reconocida de todas. Con esta misma
logra establecer su propia línea poética o estilo poético, de la que de hecho se considera
padre, la antipoesía. Posterior a esto, se hace acreedor de más de veinte premios literarios,
entre los que se incluyen: un Premio Nacional de Literatura
En sus antipoemas, Parra expresa la coloquialidad de la vida y plasma muchos de sus
pensamientos políticos y sociales en ellos con un toque de humor negro muy característico
de este género poético. La antipoesía se diferencia de la poesía convencional en algunos
aspectos, como lo es, por ejemplo: la métrica. Mientras la mayoría de géneros poéticos
siguen una métrica bastante lírica y que contiene una musicalidad, la anti poesía omite
este elemento en esencia, dándole la oportunidad al poeta de plasmar sus ideas sin
necesidad ningún tipo de rima, pero aun así conserva un ritmo constante que le da
musicalidad al poema o al antipoema. Otra diferencia entre estos dos es el tema a tratar,
mientras que en los poemas clásicos se observan tramas que tienen que ver con el amor o
el desamor y se escarba hasta lo más profundo del ser humano usando palabras rebuscadas
y románticas, en los antipoemas en cambio, se presentan contenidos mucho más
cotidianos, que provocan en el lector un sentimiento de cercanía con el texto. Esto, Parra
lo hace usando palabras coloquiales y haciendo muchas veces uso del humor negro y
crítico.
Pero Parra no solo escribió este tipo de poemas, también, hizo uso del recurso visual para
expresar al mundo su punto de vista acerca de muchas cosas que nos rodean en la
banalidad de nuestras vidas. Así pues, en 1972, publica su libro Artefactos, el cual es una
recopilación de un montón de imágenes que hacen uso de este recurso sensitivo que es la
vista para así deleitarnos con su ingeniosa crítica social a través de objetos aparentemente
simples, pero que esconden un trasfondo que al analizarlo enuncia un mensaje mucho
más profundo que invita al espectador a reflexionar.

Ahora bien, como ya se dijo en un principio se procederá a realizar un análisis del


artefacto visual contenido en esta obra Las tres calaveras de Colón. En esta imagen se
pueden observar tres cráneos humanos todos sobre un fondo totalmente negro y con un
característico letrero de los artefactos de Parra señalando el título de este. Aquí la
recurrente frase histórica, las tres carabelas de Colón se distorsiona cambiando la palabra
“carabelas” por “calaveras” lo que genera en esta un significado totalmente distinto al
original. En una cultura global, las calacas representan la muerte, el fin de la existencia,
muchas veces en un mal contexto.

El número de estas (tres) tiene relación no solo con las tres carabelas en las que llegó
Colón a América, sino también con las antiguas culturas precolombinas que existían por
aquel entonces aquí en Sudamérica, que como sabemos, fueron tres: los incas, mayas y
aztecas. Es en esta época cuando reinaba la sed de poder y de conquista por parte de los
países europeos, lo que acrecentaba las matanzas e invasiones en territorios débiles. Es
por culpa de esta colonización, una etapa oscura de nuestro continente y llena de masacre,
que las tres civilizaciones murieron quedando solo sus restos, sus calaveras que son las
que representan. También se observa un fondo negro, un color comúnmente asociado al
pesimismo, al mal. Por ejemplo, la muerte va vestida de negro y lo oscuro nos da miedo
porque no alcanzamos a distinguirlo, cuando alguien muere es el color de nuestro luto.
Por esto es normal que sea el color de fondo representando un luto a las muertes, un
homenaje a ellas, a las muertes de estas culturas ancestrales, de las que hoy solo quedan
sus restos, sus fósiles que hoy en día solo podemos encontrar. Además hay un fuerte
contraste entre el negro del fondo y el blanco de las calaveras, no existen más colores, el
negro del fondo es puramente negro, sin formas, totalmente plano, dando una sensación
de espacio abismal, como el universo. El blanco de los cráneos por el contrario, sabemos
que de alguna manera simboliza la pureza, paz, la inocencia, pero en este contexto no lo
tomamos en un sentido de una inocencia infantil, sino más bien de la inocencia que
tuvieron estos antiguos pueblos al enfrentarse a enemigos inesperados y traidores. Al ser
representados como restos humanos, nos da entender que las culturas hoy en día ya no
existen, hay vestigios, como lo son muchos de los pueblos indígenas que hoy en día
existen en muchas regiones de nuestro continente, pero a día de hoy, no existe un maya o
un azteca o un inca puro siguiendo las costumbres de su pueblo, rigiéndose por su
calendario o su sistema numérico, no hay emperadores, no hay guerreros, sólo libros y
textos de historia que nos cuentan cómo fue, porque solo eso ha perdurado, la información
y los pueblos indígenas actuales, solo vestigios.