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Ana Rossetti

Selección de poemas

A QUIEN, NO OBSTANTE TAN DELICIOSOS PLACERES DEBO

"Cuando una se siente bien, puede prescindir


de lo mejor. Eso me parece sabio".
Andrea de Nerciat

Y esa tan transparente neblina que su lengua


extendió sobre mí... labor concupiscente,
minuciosa e inútil, pues el bello prosélito
¿me atreveré a decirlo? es que es tan impotente
como adorable es. Por ello, aún intacto
conservo el corazón de mi valiosa orquídea
(falsas futuras nupcias blancas) y, así, entre tanto,
mi precioso tormento, recibo tus bombones
y mis ingles remojo detrás de cada cita
con abluciones vanas. Pero, tonto muchacho,
no te avergüences si, de pronto, no se abulta tu pretina,
ni tu enarbolado furor puede,
impasible, horadarme la membrana
y arrancar de mi carne el clásico aspaviento.
Y no te desesperes si no soy despojada
aún de aquello que, sobrepasando el tiempo
que la edad aconseja y Cupido consiente,
fiel guardo en el ardiente túnel. Ya custodiada
mi pelvis por amor tan incauto cerrada
permanece, mi escudo, sabrosa precaución!
Hundamos nuestras bocas en la fresca reseda
de nuestros célibes y ocultos sitios
y tú, tonto muchacho, si encuentras resistencia
en donde tu ternura esperaba verterse,
torpemente no insistas empeñado en robarme
unas gotitas rojas y un agudo gritito,
pues no soportarías placer tan cruento.

ADVERTENCIAS DE ABUELA A CARLOTA Y ANA

Las dos hermanas bajo bordados doseles,


entre blancas cortinas
y fragante colche.
Iban las dos hermanas deshojando rizados crisantemos,
mordiendo el terciopelo de las rosas oscuras,
sofocando racimos de tiernos alhelíes.
Era la cama entera canastilla
y el encaje se ornaba con la flor.
Y flotaba la luz como en los cuentos;
más allá del cortinaje no existía
ninguno de los mundos.
Jugaban las hermanas como hadas,
y al igual que los ángeles
tenían rostro y cuerpo de doncella y muchacho.
Sus pequeños pezones no elevaban la tela
de largos camisones que olían a membrillo.
Y en el juego, la introducida mano,
desabrochando escotes
indaga, sin malicia, en la lisa
axila fraternal
el cosquilleo.
¡Oh, hermanas!, no en vano se retiran
de la alcoba los floreros.
¿Sabéis cuántas noches dormiréis
aún respirando pétalo tras pétalo
antes de que amanezcáis
repentinamente púberes y muertas?
Muy pronto, el diablo adolescente
mostrará turbadoras diversiones
que os precipitarán temblando
a la ávida penumbra de los pubis
y algo desconocido os punzará en el vientre
y hasta el desmayo apretaréis las piernas.
Hermanas, tened cuidado
con los solitarios juegos
bajo bordados doseles,
entre blancas cortinas
y la fragante colcha.
Oh hermanas, cuidado.

De Los Devaneos de Erato, 1980.


FESTIVIDAD DEL DULCÍSIMO NOMBRE

Yo te elegía nombres en mi devocionario.


No tuve otro maestro.
Sus páginas inmersas en tan terrible amor
acuciaban mi sed. Se abrían, dulcemente,
insólitos caminos en mi sangre
-obediente hasta entonces- extraviándola,
perturbando la blancura espectral
de mis sienes de niña cuando de los versículos,
las más bellas palabras, asentándose iban
en mi inocente lengua.

Mis primeras caricias fueron verbos,


mi amor sólo nombrarte
y el dolor una piedra preciosa
en el tierno clavel de tu costado herido.
Flotaba mi mirada en el menstruo continuo
del incensario ardiente y mis pulsos,
repitiendo incesantes arrobada noticia,
hasta el vitral translúcido, se elevaban.
La luz estremecíase con tu nombre,
como un corazón era saltando entre los nardos
y el misal fatigado de mis manos cayendo,
estampas vegetales desprendía
cual nacaradas fundas de lunarias.
Párvulas lentejuelas entre el tul,
refulgiendo, desde el comulgatorio
señalaban mi alivio.
Y anulada, enamorada yo
entreabría mi boca, mientras mi cuerpo todo
tu cuerpo recibía.

MAYO

"Terribilis est locus iste..."

Génesis, 28,17

No era el miedo un pájaro aterrado


entre oscuras paredes,
ni el nocturno chirriar de la madera,
ni la luna, de pronto, en el armario hundiéndose,
ni el viento agazapado en las cortinas.
Era el miedo un vértigo exquisito
ante el altar purísimo de mayo
y olía a madreselvas y alhelíes.
Era un mantel de almidonado hilo
con ángeles tañendo entre vainicas.
Era mi madre abriendo su libro de prodigios
con resuelto fervor
y era su voz tan clara como un trozo de espejo
clavándose en la tarde:
"Cuenta Alfonso María de Ligorio...".
Sobresaltado el ánimo, del relato pendientes,
hasta de respirar nos reprimíamos.
Las rodillas contra la firme estera se estriaban.
Sancionada por la muda aquiescencia
de la celeste imagen -con la túnica suelta
de un azul desvaído, tan ondulada y dura
como el mar la melena
y esos hermosos ojos de extrema dulzura-
la lectura, abrumándonos,
sus turbios vericuetos desplegaba.
Nunca Poe, ni Bécquer, ni el mismo Lovecraft
pudieron compararse a la voz de mi madre
describiendo piadosa y minuciosamente
castigos ejemplares y olores deliciosos.

De Devocionario, 1985.
CHICO WRANGLER

Dulce corazón mío de súbito asaltado.


Todo por adorar más de lo permisible.
Todo porque un cigarro se asienta en una boca
y en sus jugosas sedas se humedece.
Porque una camiseta incitante señala,
de su pecho, el escudo durísimo,
y un vigoroso brazo de la mínima manga sobresale.
Todo porque unas piernas, unas perfectas piernas,
dentro del más ceñido pantalón, frente a mí se separan.
Se separan.

De Indicios vehementes, 1985.


WHERE IS MY MAN?

Nunca te tengo tanto como cuando te busco


sabiendo de antemano que no puedo encontrarte.
Sólo entonces consiento estar enamorada.
Sólo entonces me pierdo en la esmaltada jungla
de coches o tiovivos, cafés abarrotados,
lunas de escaparates, laberintos de parques
o de espejos, pues corro tras de todo
lo que se te parece.
De continuo te acecho.
El alquitrán derrite su azabache,
es la calle movible taracea
de camisas y niquis, sus colores comparo
con el azul celeste o el verde malaquita
que por tu pecho yo desabrochaba.
Deliciosa congoja si creo reconocerte
me hace desfallecer: toda mi piel nombrándote,
toda mi piel alerta, pendiente de mis ojos.
Indaga mi pupila, todo atisbo comprueba,
todo indicio que me conduzca a ti,
que te introduzca al ámbito donde sólo tu imagen
prevalece y te coincida y funda,
te acerque, te inaugure y para siempre estés.

De Yesterday, 1988.
PERMANECER EN LAS SOMBRAS

Permanecer en las sombras, al hilo del insomnio, hasta que la


atención penetre en la noche.
En el tejido compacto de la noche.
En el uniforme apaciguador e inmóvil tejido de la noche.
Y distinguir su trama, hebra a hebra. Y vislumbrar la luz que,
emboscada, se oculta. Que, sin embargo, deja averiguar las pulsaciones
sofocadas del acecho. La luz que, inevitablemente, se
cierne.
A qué espera para soltar su relámpago, rápido y brillante como
una vena abierta.
A qué para, con su detonación, hacer que lo oscuro retroceda, se
comprima, se disuelva, se absorba debajo de las cosas y se alargue
tras ellas, marcando -unas tras otras- las horas a su alrededor
A qué espera para descubrir tanta variada y alterable realidad.
A qué, para trasmutar el reposo en geometría, distancia, iris,
diferencia… perturbación.

TEN PACIENCIA, AMOR MÍO

Ten paciencia, amor mío, y duérmete; queda tranquilo.


¡Ay…!, y con qué te embaucaré, con qué te sobornaré, cómo calmarte.
Cómo contenerte en los estrechos límites de mi corazón sin que desgarres sus
diques…
Cómo apaciguarte en el torbellino de mi sobresalto sin que te
subleves y me hieras…
Cómo abrevarte sin que mis sueños se aneguen en el torrente desatado del
deseo…
Cómo haré para que no te precipites, indefenso y aterido, al desastre:
sino que permanezcas en mí, promesa silenciosa, emoción quieta,
secreto enamorado, garantía de lo que alguna vez será:
serás posible tú, Amor, amor mío.

HAY SUEÑOS QUE NO MUEREN

Hay sueños que no mueren. Se empeñan


en ser sueños.
Ajenos a la comba de la esfera
y a las operaciones de los astros,
trazan su propia órbita inmutable
y, en blindadas crisálidas, se protegen
del orden temporal.
Por eso es que perduran:
porque eligen no ser.
Negándose se afirman,
rehusando se mantienen, como flores de cuarzo,
indestructibles, puros, sin dejarse arrancar
de su durmiente ínsula.
Intactos en el tiempo,
son inmunes a la devastación
que en cada vuelta acecha, inhumana,
a la pasión que exige y que devora,
a la desobediencia y extravío
que en los vagabundeos centellean.
Monedas que el avaro recuenta sigiloso
nunca salen del fondo del bolsillo.
No ambicionan. No arriesgan. No conquistan.
No pagarán el precio del fracaso,
la experiencia, la determinación,
la ebriedad o el placer.
Sólo son impecables subterfugios.

De Punto umbrío, 1995.


ACLARACIÓN

La poesía dice: tú o yo. Pero no habla de ti o de mí.


Dice tú o yo, pero es tú y yo y él y ella
y todos y cada uno nosotros,
pues en cada pronombre hay una suma.
Multitud de identidades se comprenden
en la aparente y apaciguadora singularidad.
La poesía dice yo, tú, él, ella...
y a todos y a cada uno de nosotros nos designa
borrando los contornos de las almas.
Todos y cada uno
somos incluidos y explicados.
Todos somos a la vez ella, él, tú y yo.

De Llenar tu nombre, 2008.


PRINCIPIO DE INCERTIDUMBRE

Como la liebre paralizada frente a la inminencia de los faros.

Frente a un mundo indemostrable, entre el


visionario torbellino del temor y las umbrosas
ruinas de lo transcurrido; frente a la exigencia de
tener que incrustar el tiempo en el frágil recinto
del acontecer.

Como la liebre frente a la inminencia de los faros,


te enfrentas a la vida que requiere ser realizada.
Entre lo venidero que requiere ser encontrado y
lo sucedido que requiere ser resuelto.

Y resistes. A mitad de camino, resistes con la poca


convicción de las víctimas, con la inmovilidad
de las víctimas. Con su pasmo.

Sobre la trampilla amenazadora del presente,


anclándote en una culpable e irrevocable
indecisión, sigues mintiéndote seguridad.
Aplazando la huida.
Esperando que el desastre sobrevenga.

En la noche, frente a la inminencia de los faros.


Como la liebre.

De Deudas contraídas, 2016.