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El gorila humano o la otredad del hombre blanco

Introducción

Uno de los mayores desafíos que tenemos los estudiosos de las ciencias sociales al
momento de abordar el estudio de regiones tales como el continente africano o los países
asiáticos, como Japón o La república popular de China, es intentar derrumbar los prejuicios
y concepciones que se han ido construidos a lo largo del tiempo.

Estas construcciones se han ido configurando paulatinamente con el correr del tiempo
hasta constituir estereotipos de carácter universales. El pensar al asiático como una persona
de “ojos rasgados, amarilla y dientona” o pensar al hombre africano lejos de toda urbanidad
e inmerso en una jungla, es consecuencia del formateo mental que hemos sufrido por parte
de las altas cúpulas de poder europea.

La historia como disciplina ha jugado un papel central en este proceso, de ella se han
servido las demás ciencias, y de ellas también se ha servido, en un dialogo de carácter
dialectico, para configurar un discurso de superioridad y legitimación por parte de las
“potencias” europeas para con las zonas más “atrasadas”. No obstante, estos adjetivos
deben ser cuidadosamente analizados y repensados ya que, su mera repetición sin crítica, es
decir la aceptación inmediata del significado, lleva a reproducir inconscientemente las
lógicas de superioridad occidentalistas y europeas.

Por otro lado, más allá de los escritos de carácter académicos, tenemos que considerar la
existencia de medios de carácter de tipo informal o, dicho en otros términos, populares. Ya
sean obras de carácter musical, teatral o audiovisuales su carácter de consumo masivo las
convierte en potenciales configuradores de ideas estereotipadas.

Un gran ejemplo de esto es la creación y publicación de una obra literaria, publicada en la


revista “pulp All Story Magazine” semanalmente bajo el nombre de “Tarzan”, la cual sería
recopilada para posteriormente ser publicada en formato de novela bajo el nombre de
“Tarzan de los monos”, escrita por el autor Edgar Rice Burroughs en 1912. En esta obra se
plantea una premisa de carácter fantasioso en el cual un bebe, blanco y europeo, tras un
infortunio con el viaje de sus padres culmina siendo adoptado y criado por una manada de
monos, los cuales a modo de diferenciarlo del resto lo nombran Tarzan, cuyo significado
inventado es “sin pelo” o “pelaje blanco”. A partir de aquí, nuestro protagonista ira
creciendo y atravesando innumerables aventuras que, para el imaginario occidental, solo
podrían llevarse a cabo en una zona inhóspita y salvaje, llena de peligrosos animales y
civilizaciones culturalmente atrasadas.

La fascinación por lo desconocido y lo exótico fue motivo para que surgieran este tipo de
obras como, por ejemplo otra obra que transcurre en África, “El libro de la selva” publicada
en 1894. Ambas creaciones se suceden a tono del proceso de expansión imperialista por
parte de los poderes occidentales en África.

Tarzan no ha sido una obra que haya pasado desapercibida, por el contrario, esta historia ha
sufrido múltiples adaptaciones a diversos medios, entre los cuales encontramos comics,
películas live action y animadas. De esta última rama de adaptación, es decir la animada, es
la que he escogido para el análisis en este trabajo.

En 1999, de la mano del monopolio de medios masivos de entretenimiento Disney corp.,


ve la luz una de las adaptaciones modernas más aclamadas de la historia de Burroughs. Fiel
a su estilo, la compañía hace ligeros retoques a la obra para hacerla más amena para su
público quitando rasgos o características que pudieran ser catalogadas como inapropiadas.

A modo de gusto personal, he escogido esta película por varias razones. La primera de estas
se haya en la cuestión temporal, es decir, esta adaptación que por medio de la globalización
iniciada a fines de siglo XX ha permitido que sea mayormente consumida y conocida en
estos tiempos que corren que la novela original. Por otro lado, llama la atención la elección
de dicha obra y el resultado final, siendo esta la segunda razón de mi elección, dado que la
obra de 1912 está cargada de racismo y occidentalismo mientras que su versión animada
contemporánea acarrea estos prejuicios y no intenta derribarlos. Finalmente, la última razón
está acompañada por la característica del medio, el cual por su masividad de consumo, el
cine animado Disney, es uno de los mayores creadores y reproductores de estereotipos.

Teniendo estas ideas en mente, creo pertinente seleccionar esta obra de carácter animada
para su análisis. Este trabajo será llevado a cabo detectando y enfrentando las imágenes que
se intentan crear sobre el espacio africano contra los análisis de diversos autores sobre
cultura, racismo, alteridad y eurocentrismo (agregar nombres más adelante)

El lugar que ocupamos como generadores de conocimiento nos encuentra en una situación
de total compromiso con la superación de viejas construcciones de carácter socio histórico
que aquejan hoy por hoy las tierras no occidentales, donde debemos situarnos en un lugar
de revisionistas críticos dotando de una construcción de relato limpio y sin rasgos
eurocentristas las historias de las sociedades o naciones que conforman estos territorios. El
objetivo de este trabajo está atravesado por esta concepción y forma de entender la historia
como una herramienta de liberación y de conformación de identidad. Lograr derribar el
discurso hegemónico instalado en las psiquis infantiles de nuestros niños, es a priori uno de
los objetivos que considero más inmediato, como futuro docente en la rama de la historia y
como, posible, investigador.