Resumen Final Clinica Condensado
Resumen Final Clinica Condensado
RESUMEN FINAL
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Indice
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17 - Variedades clínicas de la transferencia 1955-1956 – Winnicott
…………………………
18 - Aspectos metapsicológicos y clínicos de la regresión (1954) – Winnicott
……………..
19 - La contratransferencia - Winnicott
………………………………………………………….
20 - Del consultorio y el diván a la cama del enfermo –
Benyakar…………………………….
22 - La nueva relación profesional-paciente - Fischer –
Piaggio………………………………
22 - Sobre psicorerapias –
Linder…………………………………………………………………
23 - Algunas consideraciones sobre la situación de catástrofe – Fischer y
Piaggio………..
24 - Psicoterapias Con Cobertura De Tiempo Limitado –
Edelstein………………………….
25 - Caso María, Windaws………………………………………………………………………..
26 - Caso Catalina – Liberman…………………………………………………………………..
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1 – Sobre la clínica psicoanalítica – Windaus
Con lo niños y pacientes graves toma peso la necesidad de una praxis
creadora. Se trata de sostener el gesto espontáneo.
La teoría no puede jugarse formal y conceptualista a impregnar, saturar el
campo analítico antecediéndolo, es decir la teoría con molde en el que
subsuminos a paciente, porque es por ahí precisamente que se homogeiniza
el campo analítico barriéndolo como lugar de la puesta en acto de la
singularidad del sujeto.
nada importante
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En nuestra práctica psicoanalítica proponemos abordar 3 esferas, que toma
de David Liberman:
1 Situación terapéutica
2 Marco terapéutico
3 Diálogo terapéutico
Freud dice tratamiento “desde el alma”, o sea, incluye el alma del analista
(no puede quedar afuera porque si queda afuera, no escucha).
El tratamiento desde el alma refiere no sólo a los trastornos anímicos sino
también corporales, con medios que actúan directamente o indirectamente
sobre lo anímico del ser humano.
El instrumento esencial del tratamiento es la palabra. Freud dice que si las
palabras curan es porque también enferman. La palabra es magia atenuada,
porque ejerce un efecto de determinación sobre la vida anímica de todo
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sujeto. El Psicoanálisis se sirve de la palabra para aliviar del dolor que las
palabras han causado.
Expectativa: es un estado anímico por medio dela cual las fuerzas anímicas
pueden ponerse en movimiento hacia la contracción o curación de
afecciones corporales. (Esto lo lleva a Freud a plantear dos conceptos que se
pueden tomar como antecedentes de la pulsión de vida y de muerte).
1-expectativa esperanzada y confiada: es una fuerza curativa en sí misma,
con la que es necesario contar en nuestro trabajo psicoterapéutico y en toda
terapéutica de cualquier índole.
2-expectativa angustiada y ansiosa: es la espera y el temor de contraer
alguna enfermedad. Hay una búsqueda orientada al enfermar, se busca
estarlo. Vuelve a mencionar datos de médicos militares: los que están
temerosos de contraer una enfermedad, terminan contrayéndola → responde
a una necesidad de castigo.
Habla también de curas milagrosas explicadas a partir de la expectativa
confiada y sin intervención del arte médico. Se producen en los creyentes, en
ceremonias destinadas a venerar imágenes religiosas, por lo que interviene
la fe. En estas curas, hay sometimiento a la demanda de un dios (cura a
cambio de adoración). Este sometimiento se produce para ocupar un lugar de
importancia en el otro venerado. Explica así los sacrificios de la
peregrinación. Se está adelantando al fenómeno de masas en donde se
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produce un desplazamiento del Ideal del Yo de cada uno de los integrantes
de la masa hacia el líder.
La confluencia del Ideal del yo de cada uno de los integrantes de la masa, le
otorga una gran consistencia al líder y también le otorga una gran
omnipotencia a quienes forman parte de esa masa porque se produce la
fusión narcisista con el otro, retornando a un estado de omnipotencia
infantil. En las curas milagrosas también interviene la vanidad ya que si uno
se cura por quien se venera es que uno ha sido elegido, ha recibido el favor
del dios, el lugar de elegido.
Dice Freud que “cuando tantos poderes anímicos confluyen, es entendible
que se produzca la curación”. Estas curas también se dan en personas no
religiosas y rebeldes al saber científico que buscan recursos de moda y
médicos famosos. Generalmente estas ligaduras son transitorias, dependen
de la moda y los médicos estos médicos pronto caen de su pedestal. Estas
curas se producen por sugestión. En esta búsqueda de tratamientos
alternativos, tiene mucho que ver la histérica y gracias a ella nace el
Psicoanálisis. Su padecimiento no se incluye en ningún mapa anatómico.
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En este estado se hace evidente la influencia de la vida anímica sobre la
corporal, aumentada en el hipnotizado. Si el hipnotizador le da una orden, el
hipnotizado la cumple sin dudar.
En el estado hipnótico, la palabra adquiere pleno carácter mágico. La
representación que el hipnotizador ha implantado en la vida anímica del
hipnotizado, determina su conducta.
Lo mismo se logra también con sensaciones olfativas, visuales o auditivas.
La percepción que tiene el hipnotizado es una percepción alucinatoria.
Queda absolutamente convencido de ver lo que le sugiere el hipnotizador,
aunque no esté el objeto. Igualmente, con las alucinaciones negativas. El
hipnotizado “ha alucinado” y esto lo comprobamos porque exterioriza todos
los afectos correspondientes.
Esta relación (hipnotizado-hipnotizador), la compara con:
1. la relación que tiene el niño hacia sus padres
2. ciertos vínculos amorosos, que implican la valoración excesiva, con
plena obediencia a quien se ama. Esto genera dependencia, sumisión y
la vivencia de que sin el otro no se puede vivir.
Habla luego de la sugestión como factor preponderante en el método
hipnótico y destaca sus aspectos negativos: dependencia, falta de
autonomía, no sostenerse sin el hipnotizador. A pesar de que Freud aún la
usa, después la abandona.
Dice Freud que así como puede uno aprovecharse de la “obediencia
hipnótica” para que el hipnotizado vea algo que no está ahí, también se le
puede pedir que no vea lo que está (alucinación negativa). En este último
caso el hipnotizado trata a esa estimulación como transparente.
Retoma la eficacia de las representaciones implantadas por el hipnotizador
en lo corporal, en la conducta, en la sugestión post hipnótica: se le indica al
hipnotizado que realice un acto una vez despierto. El hipnotizado realiza la
acción en vigilia sin poder dar razón de ella, más que algún pretexto.
Así elabora el concepto de eficacia inconsciente (1912). Las
representaciones inconscientes poseen una intensidad que determinan la
conducta de un sujeto, no por Inconcientes son débiles.
Freud compara esta orden post hipnótica, en la cual si se lo interroga al
sujeto, no sabe por qué lo hace, con los síntomas obsesivos, por ejemplo. No
sabe por qué lo hace, pero queda determinado por estas representaciones
inconscientes.
También dice Freud que no todas las órdenes son cumplidas: si a un sujeto se
le pide que salude a una persona, éste lo hará porque no hay razones para
que no lo haga. Pero si se le pide a una joven pudorosa que se desvirta o a un
hombre honrado que hurte un objeto valioso, éste ofrecerá una resistencia
tal que pude que rehúse cumplir la orden.
Para entender el sentido del síntoma, hay que orientarse al ‘desde dónde’
(que remite a la situación traumática) y al ‘hacia dónde’ “para que” lo que
actualiza.
Un hipnotizado que hace algo y no sabe porqué, racionaliza y da una
explicación y hasta puede encontrarle un beneficio (secundario). Aquí la
elaboración es conciente.
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En la hipnosis profunda no hay recuerdo, pero a veces algo se recuerda del
tiempo en que fue hipnotizado.
Freud deja la hipnosis porque no logra vencer las resistencias y sostiene que
el hipnotizado puede cumplir una orden post hipnótica siempre y cuando esta
orden no lo comprometa en demasía oponiéndose a que se le imparta una
orden que vaya contra sus principios.
Freud dice que si a un enfermo se lo sugestiona para que renuncie a una
enfermedad, se observará que para el enfermo, esto es un gran sacrificio.
Dice que el hipnotizado no está dispuesto a hacer grandes, sino “pequeños
sacrificios” y dejar de tener un síntoma es un gran sacrificio porque deja de
tener en él un beneficio primario.
El beneficio primario es la satisfacción que se hace en el síntoma de manera
acotada; satisface a la pulsión y también al yo. Porque el sufrimiento en el
síntoma es un montante libidinal que el sujeto no puede tramitar. Se enlaza a
una representación, pero de manera fija.
Si bien la investidura se fija a una representación, queda fija en ella, sin
derivarse en la cadena.
Esta cristalización de libido se vivencia subjetivamente como padecer;
padecer inherente a todo síntoma.
El síntoma es un mal menor y en este sentido, lo resguarda al yo de la
invasión pulsional.
Lo que Freud sostiene es que la hipnosis es impotente ante la tenacidad del
síntoma. No puede vencer las fuerzas que afianzan la enfermedad.
Este texto tiene un valor técnico y un valor teórico: el valor técnico está
dado por las advertencias que Freud da acerca de cómo trabajar las
resistencias que aparecen en el tratamiento, y los obstáculos que se
presentan a lo largo del análisis, y el valor teórico está dado por la
descripción que hace de la triple estratificación del aparato psíquico.
Freud dice que las histerias con las que se topa no son mono sino
plurisintomáticas y las denomina histerias graves por la complejidad de los
síntomas.
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El enlace por los hilos lógicos que llegan hasta el núcleo es un enlace que
puede tener un camino irregular y de múltiples vueltas. Una forma de
figurarse esto (el nexo lógico), es pensar en el movimiento de líneas
quebradas zigzagueantes del caballo de ajedrez, pero agregándole un
sistema de líneas ramificadas y convergentes, que avanzando desde la
periferia hasta el núcleo central, y regresando a lo más superficial, con
puntos nodales en los que coinciden dos o más hilos, y en el núcleo
desembocan varios hilos que provienen de trayectorias separadas, es decir:
un síntoma es de determinismo múltiple, de comando múltiple.
(sobredeterminación).
¿Qué hacer en estos casos? Hay que tratar este nuevo síntoma como a
cualquier otro antiguo. Consiste en volverle conciente a la paciente este
obstáculo.
Al final del texto Freud sostiene: “Repetidas veces he tenido que escuchar de
mis enfermos, tras prometerles yo curación o alivio mediante una cura
catártica, esta objeción: “Usted mismo lo dice; es probable que mi
sufrimiento se entrame con las condiciones y peripecias de mi vida; usted
nada puede cambiar en ellas, y entonces, ¿de qué modo pretende
socorrerme?” [...] “No dudo de que al destino le resultaría por fuerza más
fácil que a mi librarlo de su padecer. Pero usted se convencerá de que es
grande la ganancia si conseguimos mudar su miseria histérica en infortunio
ordinario” De esto se trata, que las propias miserias se transformen en
infortunio → poder saber qué hacer con ellas, en vez de estar sometidos a
ellas.
Obstáculos en la cura:
Freud admite que la presión puede fracasar, puede ser que no promueva
recuerdos y nombra 3 alternativas:
1-Que el lugar donde uno investiga no haya nada para recoger. (el gesto de
calma de enfermo nos lo dice)
2-Que nos hayamos topado con una resistencia que sólo más tarde se podrá
vencer. (el gesto tenso del enfermo nos lo dice)
3-Que el vínculo entre el paciente y el analista esté perturbado. Este es un
gran obstáculo que viene de 3 casos:
a-Cuando la enferma se cree relegada, menospreciada, o escuchó cosas
desfavorables contra el médico y el método. Es el caso menos grave porque
se lo supera a través de un esclarecimiento.
b-Cuando la enferma tiene miedo de acostumbrarse demasiado a la persona
del médico, perder su autonomía y hasta caer en la dependencia sexual de
él. Este caso es más importante porque significa que la enferma tiene aquí
un nuevo motivo de resistencia: dice que le duele la cabeza cuando se le
hace presión (la resistencia la exterioriza con un síntoma que significa la
renuncia a dejarse fluir)
c-Cuando la enferma se espanta por transferir a la persona del médico lo
penoso que aflora de su análisis, la transferencia ocurre como un enlace
falso, donde se enlaza un deseo reprimido que aflora en tratamiento a la
persona del médico, con el mismo afecto que en su momento tuvo el deseo
hacia otra persona.
Freud dice que no se puede ningún análisis si uno puede habérselas con la
resistencia que resulta de estos tres casos. Lo primero que hay que hacer es
volverle conciente al enfermo ese obstáculo. No podemos prometer alivio al
paciente.
Al finalizar el texto, Freud compara la terapia catártica con una intervención
quirúrgica, y designa a la cura analítica como “operaciones
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psicoterapeúticas”, nombra la apertura de una cavidad bucal llena de pus,
pero no lo plantea como una remoción de lo patológico, sino como el
establecimiento de las mejores condiciones para que el proceso lleve a
recobrar salud.
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modalidad inédita de vínculo a partir de la impronta que se construya en la
relación transferencial misma.
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Al psicoanalista, se le exige frialdad de sentimiento para lograr dos ventajas:
el cuidado de su propia vida afectiva, y el socorro que hay que prestarle al
paciente.
Pisoni: Comportarse como el cirujano, implica silenciar los afectos, no quiere
decir “que no se sienta afecto”, sino silenciar eso que se siente.
La neutralidad trata de no poner en juego en la conducción del análisis, sus
propios ideales religiosos, políticos, culturales, sociales, e incluso curativos
para escuchar las verdades Inconcientes del analizante. Así la cura se da por
añadidura. Pero si su objetivo es la cura, selecciona y por lo tanto, corta.
Qué es el principio de abstinencia? Habla en “Iniciación del tratamiento”
(1912) y se refiere también en “Amor de transferencia” (1914). El analista no
debe acceder a las demandas del analizante ni desempeñar los papeles que
el analizante espera que él desempeñe de acuerdo a los clisses que este
posee.
Tiene un fundamento económico: la cura debe ser dirigida de tal forma que
el analizante encuentre el mínimo de satisfacciones sustitutivas de sus
síntomas. Para que la cura continúe, debe permanecer un montante libidinal
insatisfecho, que primero se enlace al analista –si no, no hay transferencia-
y que se oriente hacia la búsqueda de las determinaciones inconscientes de
su padecimiento. Son las dos fuerzas que sostienen un análisis (Sobre la
iniciación del tratamiento).
Si esto no ocurre, hay una cura sintomática y sugestiva pero no causal, como
la cura psicoanalítica. Para ello, es necesaria una fuerza impulsora
constante. Ahora bien: “no acceder a las demandas” no hay que tomarlo al
pie de la letra, ya que muchas veces es posible que haya libido para el Incc,
cuando previamente accedió a alguna de sus demandas. Pasa en pacientes
graves. A veces, con algunos pacientes, es necesario mostrar nuestros
afectos y hacerlo más de una vez: el afecto que él está despertando en
nosotros. “Que el analista no desempeñe el papel”: el analista, en tanto se
instaura la transferencia, siempre va a ocupar el lugar de alguien
significativo para el analizante. Ese lugar va mutando: lugar del papá y la
hermana, madre y padre, etc. O sea que el analista no debe responder dando
las mismas respuestas que el paciente obtuvo en otro momento de su vida y
que han sido traumáticas. Al responder de otro modo interrumpe el
estereotipo, da salida a esas escenas.
Pisoni: Neutralidad se refiere a: No dirigir la cura en pos de valores morales,
religiosos, sociales del analista sino escuchar lo que el paciente trae. La
neutralidad ubica al analista en su función, es la consecuencia de la
abstinencia, porque cuando hablamos de afectos, hablamos de abstenerse
(silenciar) de esos afectos. Abstinencia el analista no satisface la demanda
del paciente, para que la demanda se instale hace falta que el paciente se
implique, se involucre con su padecimiento, éste es uno de los dos motores
del tratamiento, el otro es el deseo de curarse. Cuando hablamos de
abstinencia tiene que ver con la transferencia porque está en relación “a lo
que el paciente pide”, que es igual “a la demanda del paciente”. Cuando se
desplaza ese pedido a la persona del médico, lo pide al análisis en realidad,
porque ya dejó de ser persona. Furor curandis: Deseo casi imperativo de
curar. La abstinencia se opone al furor curandis. Me tengo que abstener
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porque sé que el síntoma trae beneficios primarios y secundarios al yo, si
aparece la compasión estoy dejando de lado el método.
REGLA TÉCNICA 6: INCONCIENTE DEL ANALISTA COMO INSTRUMENTO DE
ANÁLISIS
Compara la atención flotante con asociación libre. Dice que así como le
pedimos al analizante que hable son omitir nada, tampoco el analista debe
seleccionar con su escucha porque estaría trasgrediendo lo mismo que le
solicita al paciente. El inconsciente del analista debe ser un inconsciente
receptor del inconciente emisor (el del analizante), Para que el inconsciente
del analista sirva de inconsciente receptor, el analista tiene que haberse
analizado.
Stekel dice que las represiones no levantadas en el analista, constituyen
puntos ciegos en la percepción analítica, por lo tanto es indispensable que
todo analista se haya analizado, lo que es de utilidad para analizante y
analista. Su análisis le provee la convicción de su propio Incc: no se aprende
en los libros ni asistiendo a conferencias.
Además, dice Freud, es necesario establecer una relación espiritual
analizado-analizante (la transferencia), sin la cual no hay cura. El análisis
sólo es posible en transferencia.
REGLA TÉCNICA 7: RELACIÓN ASIMÉTRICA
El analista no debe poner en juego su propia individualidad, no es
recomendable que el analista le cuente sus propios conflictos y sus propios
logros. Muchas veces los jóvenes analistas, hacen eso incentivar al
analizante a continuar con el proceso analítico y alentarlos a que es posible
salir.
Esto es perjudicial porque:
-Es más factible que acentúe las resistencias a que las levante. Si el
analizante es un neurótico grave, va a estar más preocupado por saber del
analista que por sí mismo.
-En lugar de generar un buen vínculo lo obstaculiza, se dificulta la
transferencia.
-La relación analista-analizante no es simétrica. No es de yo a yo, de persona
a persona, regida por el eje imaginario.
-Se convierte en sugestión si el analizante se propone como modelo de
analizante. Dejamos de lado el campo psicoanalítico y entramos a actuar
por sugestión. A veces es necesario el influjo sugestivo (ej el tono de la voz,
un gesto) para lograr algún resultado.
Pisoni: La asimetría falicita la abstinencia y hay asimetría porque no hay
complementariedad, ni yo lo completo ni el paciente me completa.
REGLA TÉCNICA 8: EL ANALISTA DE ABSTENERSE DE ACTUAR EN UNA
FUNCIÓN EDUCADORA
El analista debe tolerar las debilidades del enfermo y no hacer pedagogía
enseñándole qué tiene que hacer o decir. Debe abstenerse de orientar o
llevar al analizante al ideal del analista, también debe abstenerse de querer
curarlo. No tenemos que instar al analizante a la sublimación (orientándolo a
que siga una carrera o tome clases de arte). Si hubiera tenido esa capacidad,
no hubiera padecido como padece, ya que lo pulsional se presenta por la
incapacidad del yo de sublimar los contenidos.
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REGLA TÉCNICA 9: NO SE DEBE REQUERIR LA COLABORACIÓN
INTELECTUAL DEL PACIENTE
Freud dice que es incorrecto dictar al paciente deberes: recopilar sus
recuerdos, reflexionar sobre cierta época de su vida, porque él tiene que
aprender que por más que se esfuerce en una reflexión, atención y voluntad,
no es así (perdiéndose en lo intelectual) como no se resolverán los enigmas
de su neurosis (sino apegándose a la regla fundamental) Freud les dice que
no lean escritos psicoanalíticos, sino que lo aprendan en su propia persona.
No debe buscarse el apoyo de padres o parientes dándoles a leer alguna obra
psicoanalítica, en algún momento estallará la hostilidad hacia el tratamiento
y con respecto al tratamiento de parientes, “confieso mi total perplejidad y
confío poquísimo en su tratamiento individual”.
Diván
Freud lo menciona como “cierto ceremonial” y mantiene el consejo del uso
del diván (también lo usaba en la época de la hipnosis) donde el paciente se
acuesta en él y uno se sienta detrás, de modo que el paciente no nos vea,
porque él no soporta, tantas horas del día la mirada de sus pacientes.
Además influye en la atención flotante y la asociación libre: el analista al
dejarse llevar por sus pensamientos inconcientes, siempre va a hacer algún
gesto de lo que el analizante va a estar muy pendiente y esto va a
condicionar su discurso. Va a esperar la afirmación del analista. Por lo tanto,
contribuye a que opere la resistencia de transferencia, que es cuando el
analista pasa a interferir en las asociaciones del analizante.
Rebagliati:El diván no es determinante en un proceso analítico que en
algunos casos, sólo es posible si el vínculo es cara a cara. Hay quienes
no soportan el diván porque por el alto montante de angustia
(paralizante y arrasadora) se sienten desamparados y en estado de
inermidad psíquica que frena cualquier posibilidad de trabajo. El diván
actualiza vivencias tempranas de desamparo y desilusión y facilita la
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asociación cuando puede soportar la ausencia del otro. Cuando se ha
estado mucho a merced del otro sin haber recibido los recursos para
poder dejar a ese otro, el diván es insoportable. Winnicott : “sólo se
puede estar sólo, si han estado acompañados”
¿En qué punto y con qué material se debe comenzar el tratamiento?
No interesa para nada con qué material se empiece, sólo hay dejar al
paciente que haga su relato, algunos empiezan relatando su historia, otros
sus recuerdo infantiles, otros empiezan con una historia de su enfermedad.
En definitiva hay que dejar hablar al enfermo sin determinar su punto de
partida.
Sólo debemos decirle: “antes que yo pueda decirle nada, debo conocerlo. Por
tanto le ruego que me cuente lo que ud sepa de sí mismo”.
Para Freud lo importante es la actitud inicial pasiva del analista, vulnerada
sólo cuando enuncia la regla fundamental. En el artículo anterior Freud
hablaba de intervenir, sólo para facilitar que el analizante hable.
Regla Fundamental: “su relato tiene que diferenciarse de una conversación
ordinaria en la que ud procura mantener el hilo de la trama y rechaza todas
las ocurrencias perturbadoras y pensamientos colaterales. Aquí debe
proceder de otro modo: si en curso de su relato le acuden pensamientos que
preferiría rechazar, por disparatados o porque considera que no tienen
importancia, igual debe decirlos. En definitiva, diga, todo cuanto pase por su
mente. No olvide además que ha prometido ser sincero y no calle algo por
considerarlo desagradable.”
Freud utiliza una alegoría para comunicarla. “señálese un lugar con derecho
de asilo en una ciudad, y pronto veremos que en ese lugar se reúne toda la
gente maleante dispersa en la ciudad”.
Rebagliati: Freud habla de regla fundamental, que debe diferenciarse de
otro tipo de discurso. Generalmente, en el hablar cotidiano, nuestro
discurso está orientado por una representación Prcc-Cc, que va
organizando el discurso, no dando lugar a la emergencia de ideas
secundarias. En la asociación libre, en cambio, se le debe dar lugar a
toda idea secundaria que se le vaya presentando mientras va haciendo
algún relato. Todas ellas deben ser comunicadas. Formalmente se
enuncia cuanto termina el período de entrevistas y comienza el
análisis, antes de pasar al diván, si se va a usar.
La regla fundamental, se anuncia muchas veces porque no es tan fácil
atenerse a ella, siempre hay momentos en que se transgrede y el sujeto se
comporta como si no se hubiera enunciado.
Metapsicología de la asociación libre: Freud habla de ella en “La
interpretación de los sueños”. Compara un discurso conciente y
voluntario, regido por una representación meta Prcc-Cc, que es la que
orienta el discurso. La asociación libre está orientada por una
representación meta, pero inconsciente. Todas las ocurrencias que
aparecen cortando la meta Prcc-Cc son ocurrencias que tienen un hilo
conductor que las organiza: está regido por representaciones Icc. Son
estas, que están ordenando el libre discurrir, las que el analista
escucha y comunica a manera de interpretación. En la asociación libre,
queda sustituida la representación-meta Cc por representaciones-meta
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Inccs. Cuando el analizante se da cuenta de que esto es así, empieza a
controlar su discurso. Esto pasa, no siempre de la misma manera,
operando los diferentes tipos de resistencia.
Las resistencias que se oponen a la asociación libre, son resistencias
del yo.
Freud → hay pacientes que parece que ellos hubieran hecho la regla
fundamental, porque durante la sesión, su discurso se asocia
determinado inconscientemente, regido por el Icc.
El analizante no sabe cuando va a revelar algo Icc o no. Supresión →
oposición conciente a la emergencia de algo inconsciente. Otras
formas de resistencia son inconscientes. Palabra vacía → Lacan →
relato de lo anecdótico. El discurso histérico, cuando la histeria no es
grave, es muy metafórico → muchos puntos de almohadillado que
permite la emergencia de asociaciones. En el neurótico obsesivo →
dialecto obsesivo: accidentes que sufre la lengua, en este caso la
lengua histérica. No es metafórico, es elíptico y metonímico. Muy
controlado.
Dice Freud que hay pacientes que preparan de antemano lo que van a decir
en sesión para aprovechar mejor el tiempo. En esta conducta se oculta una
resistencia. Hay que desaconsejar a los pacientes esta preparación, porque
la resistencia logrará que lo más valioso del material no se comunique.
También hay que decirle al paciente que no hable con amigos sobre su
tratamiento porque se corre el riesgo de abril una grieta por donde se
escurre lo mejor.
Rebagliati: Formalización del comienzo: con el anuncio de la regla y el
establecimiento de un contrato de trabajo. Muchas veces no cambian
las condiciones de las entrevistas. Aunque no cambie, es necesario
hacerlo. Enunciar también el período de receso del analista (sus
vacaciones). Para la formalización es necesario que se haya instalado
la transferencia. Porque cuando anunciamos la regla, lo que le estamos
diciendo al analizante es que deje de ordenar su discurso y que se deje
llevar por su discurso. Que sea el discurso el que lo ordene a él. Esto
despierta angustia porque la fantasía que surge es la de la locura. El
discurso al que se le da lugar en análisis es un discurso loco. Este
encuentro con lo loco puede ser soportado si hay otro al cual se le ha
transferido la posibilidad de ordenar ese caos. El otro va a saber eso
que él no sabe decir. Instauración del sujeto supuesto al saber: se le
atribuye al analista el saber supuesto acerca de su propio padecer.
Saber supuesto porque previo a esto, el analizante, debe suponer un
saber y un motivo acerca de lo que le pasa, que él desconoce. Un saber
que se tiene que instaurar en la transferencia. Esta es la transferencia
analítica, facilitadora para llevar a cabo el proceso analítico. No es
fácil, y a veces hay un largo período para que se instaure. No quiere
decir que el analista sabe, sino que el S.s.S. es la instauración de que él
sabe de lo que se trata. Cuando la transferencia esta planteada así, no
hay que tocarla. En algunos pacientes, el S.s.S. tiene que ser renovado,
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en otros se mantiene una vez establecido. Ese SsS luego debe caer, por
fin de análisis o por interrupción del mismo.
Luego dice Freud que, en el inicio del tratamiento, algunos pacientes dicen
que no se les ocurre nada. Esto es una fuerte resistencia.En ese caso dice
Freud que no debemos ceder a la demanda de que le indiquemos por donde
comenzar.
Rebagliati: Hay personas que son muy renuentes a comunicar datos o
dar precisiones de terceras personas. Pueden dar bola a la regla
cuando se trata de ellos y no de otros. Pueden negarse a mencionar
nombres de otras personas. Es conveniente no dar lugar a que esto
suceda, sino tratar de que dé datos y hable de los terceros. Es
importante recabar los nombres y apellidos de los padres. Es habitual
que el síntoma –a veces- condense ambos. Hay pacientes que
acostumbran a preparar el relato antes de entrar a sesión, hacen un
orden del día, un temario. Es característico de los obsesivos graves que
tienen medido el tiempo de sesión. Por eso se hace a veces, un corte
de sesión en diferentes momentos. Esto a veces, no es bueno, porque
produce mucha angustia y aumenta las resistencias. Es frecuente que
en los primeros tramos del tratamiento los pacientes relaten sus
sesiones a otro. Freud dice que hay que tener cuidado porque, en estos
relatos, cuenta lo que no ha entrado en sesión. Es una grieta por la que
se evita decir algo importante. A veces para cuando existen otras
terapias, por ejemplo, terapias de pareja que no se hablan en el análisis
individual → hay que preguntar. Si el paciente quiere mantener en
secreto su análisis, no nos oponemos. Es revelador de lo que le pasa.
No es conveniente llevar adelante más de un tratamiento con un
analizante. O sea que, que sea el mismo el que lo medica y el que lo
analiza, por ejemplo. A veces la medicación ocupa un lugar resistencial.
El inicio mismo del análisis: a veces se inicia con una resistencia: no
tienen nada para decir. No se les ocurre nada. Freud dice que si esto
pasa, no debemos marcarle un tema pero sí uno debe facilitar el
discurso para poder vencer las resistencias.El analista no debe hablar
para no favorecer las resistencias, pero si se calla también se lo está
favoreciendo. Hay que ayudarlo. Funciona un tipo de resistencia que es
la que va a denominar resistencia de transferencia, que acontece
cuando el analizante se queda detenido en su asociar con algo que
refiere al analista en forma directa, o al campo analítico. Freud dice
que cuando una idea inherente al analista está frenando la emergencia
del Icc, al mismo tiempo lo revela. Es una resistencia que se presenta
como una formación de compromiso: oculta y revela. El analista debe
ver qué es lo que oculta, ya que forma parte del complejo
representacional del analizante. Es como el recuerdo encubridor:
encubre, pero revela. Es decir que esta resistencia es aprovechable.
Freud dice que hay mujeres que al inicio dicen no tener nada de qué hablar y
en general han sufrido una agresión, un abuso sexual. Los hombres que
ocultan complejos homosexuales reprimidos inician su estancia en el diván
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con silencio. Ambos tienen en común una cuestión de pasivización frente a
otro que se vuelve a repetir en la sesión.
Rebagliatti: Lo que pasa en las primeras sesiones de diván es para
prestar atención ya que insta a una posición regresiva. Ejemplo de
Anahí → la satisfacción de la demanda no tiene por qué violar el
principio de abstinencia. Hay que prestar atención a los actos
sintomáticos en las primeras sesiones de diván ya que son una
formación del Icc y debe ser desanudado en el contexto en que se
presenta. (Acto sintomático → es contingente, intencional, tiene un
sentido y una tendencia que son inconscientes, son una formación del
inconsciente).
Freud menciona dos ejemplos:
a. pacientes que antes de acostarse en el diván se alinean la raya del
pantalón: correspondería a sus tendencias coprófilas;
b. joven que estira la pollera para tapar sus tobillos: revela sus tendencias
narcisísticas y orgullo por su belleza y sus inclinaciones
exhibicionistas.
Freud dice que muchos pacientes rehúsan la postura yacente y piden realizar
el tratamiento en otra posición, porque no quieren estar privados de ver al
médico.
También dice que hay pacientes que dividen su tratamiento en un tramo
oficial (sentados o en el divan) y un tramo extraoficial en el que realmente
hablan con libertad sin computarlo como parte del tratamiento (cuando se
levantan o ingresan al consultorio). Se toma nota de lo dicho antes de la
sesión o después de ella.
Rebagliati: estos pacientes dice Freud, cuando ingresan o se van es
cuando revelan algo importante porque bajan las resistencias, porque
ubican al analista como alguien más y no como analista. El analista no
debe olvidar que siempre es el analista, y su palabra tiene peso
cualquiera sea el encuadre. Freud todo lo escucha de la misma manera.
La sesión empieza desde el momento en que se encuentran, y termina
cuando se despiden. Aunque el analizante pregunte algo trivial, uno lo
debe integrar al total de la sesión.
Freud: mientras las ocurrencias se sucedan sin interrupción, significa que la
transferencia está operando bien, es facilitadora, sublimada, por lo tanto no
es conveniente tocarla.
La transferencia debe interpretarse cuando se haya convertido en
resistencia (en obstáculo a la cura).
Rebagliatti: El término de ‘interpretar la transferencia’, no siempre
remite a enunciar lo que ella interpreta, sino también a saber qué lugar
ocupa el analista para el analizante en un momento dado. Este lugar
varía a lo largo del tratamiento. Es importante saberlo para no
responder desde la figura que está representando desde ese cliché.
Sólo es necesario hablar de ella (la transferencia) si consideramos que
facilitará la prosecución del análisis.
Freud: ¿cuándo iniciar las comunicaciones al paciente revelándole el
significado oculto?
37
Después de que se haya instaurado la transferencia, nunca antes. Sólo hay
que darle tiempo.
Es desatinado revelar a un extraño no familiarizado con las premisas
analíticas que él siente un apego incestuoso por su madre o tiene deseos de
muerte con su esposa.
Y aún avanzado el tratamiento habrá que ir con cautela para no comunicar
una solución de síntoma y traducción de un deseo antes que el paciente esté
próximo a esto.
Rebagliati: Momento para interpretar: el momento para revelarle lo
oculto es siempre después que se haya instaurado la transferencia. Una
transferencia aprovechable, y esta es la analítica: transferencia de
saber S.s.al S. Está hablando Freud del principio de abstinencia en este
párrafo. Por qué no interpretar sin transferencia? → porque si
interpretamos cuando aún el analista no ha sido investido en la serie
psíquica del analizante, que le revelemos lo oculto favorece la
resistencia. Y al brindarle a través de la interpretación una respuesta
acerca de lo que a él le pasa, sin que se haya producido aún el
desplazamiento de libido al analista, favorece a que el análisis se
interrumpa.
Freud: para que continúe el análisis hay que lograr el apego del
analizante al analista y a la cura. Si la cura viene prematuramente por
la respuesta de lo que le pasa, se obtura la posibilidad de que haya un
montante libidinal enlazado al analista y orientado hacia la búsqueda
de aquello que ha motivado su padecer. Debe haber un montante
libidinal insatisfecho que es la fuerza que impulsa la cura. Si uno ofrece
rápidas satisfacciones sustitutivas, la cura se interrumpe
prematuramente, transformándose en una cura sintomática y no en una
cura causal, que es la que propone el método psicoanalítico. Esto de lo
que está hablando es el principio de abstinencia: enlace al analista y a
la cura.
Para que se produzca el apego, hay que darle tiempo al analizante y
mostrar nuestro interés por él. Si se va estableciendo de a poco una
sensación de confianza, se abre el camino para el enlace libidinal a él.
Siempre hay que mostrar interés, calidez, simpatía, etc. Si nos
mostramos rígidos y distantes o con actitud moralizante, esto no
facilita el enlace transferencial o se produce un enlace transferencial
en aquellos lugares donde el sujeto ha quedado interpelado,
cuestionado por un otro significativo de su constelación psíquica. Hay
que esperar el momento propicio para la interpretación que es cuando
la interpretación está a punto de hallarla el analizante, por sí mismo,
casi cuando “cae de madura”.
El problema es cuando son comunicadas fuera de tiempo y son
acertadas. Si no son acertadas, no pasa nada.
Si es acertada: dos riesgos:
a. que interrumpa la cura porque encuentra el alivio buscado;
b. aumentar la resistencia por la gran angustia que produce.
¿De qué conocimiento y de qué ignorancia se trata en un Psicoanálisis?
38
No es lo mismo el conocimiento que tiene el analista acerca de lo que
le pasa al analizante, que al que debe acceder el analizante para que la
represión sea levantada. En un principio del tratamiento analítico,
Freud pensaba que la ignorancia acerca de los motivos que causaban la
enfermedad era el origen de la misma. Por lo tanto, de lo que se
trataba, era de vencer lo más rápido posible esa ignorancia. Se
manejaba con la premisa de que la ignorancia es la madre de todos los
vicios. Recurría a familiares para hacerlo hablar de lo que suponía era
el origen del síntoma de sus pacientes. Y había premura en
comunicarle al paciente, lo que había hallado por otra vía. Ej: de la
joven con proceso homosexual → en sesión tiene un ataque cada vez
que Freud intentaba comunicárselo, y luego se comportaba como si
Freud no lo hubiera dicho. Por lo tanto, no se trata del mismo
conocimiento que tiene el analista, el que es necesario que tenga el
analizado. Se manejaba Freud, con un concepto intelectualista:
conocimiento e ignorancia. Freud → alguien puede conocer el motivo de
sus síntomas y seguir teniéndolos. Resignificación → derivación de
investidura.
O sea que algo pude ser conciente descriptivamente, pero no por ello
conciente psicodinámicamente. La comunicación dada, debe
conectarse asociativamente con las representaciones reprimidas y a
partir de ella producirse la derivación de la investidura libidinal
inherentes a esas representaciones traumáticas y por eso reprimidas.
Sólo así, es como lo Icc accede a la legalidad del proceso secundario.
Si esto no se da así, lo que ha advenido a la conciencia se presenta
idéntico a sí mismo, no produce ninguna apertura, queda cristalizado.
Rápida satisfacción e identidad perceptiva, son características de la
compulsión de repetición. Las interpretaciones deben tocar lo
traumático, lo reprimido primario. Hacer que las representaciones
secundarias se asocien con las primarias.
Freud: hay dos fuerzas (motores), que están en juego en el tratamiento
analítico:
1-el padecimiento del sujeto, sus dolencias;
2-el deseo de curación que tiene el analizante.
Rebagliati: agrega en b): el deseo de saber los motivos. Si es sólo alivio,
no hay posibilidad de iniciar un análisis. Para que se produzca el deseo
de saber, se debe mantener siempre una magnitud de investidura libre
e insatisfecha (abstinencia) que se oriente hacia esa búsqueda.
Parte de esa investidura se va a quedar obturada a través de la ventaja
secundaria de la enfermedad: beneficio secundario del padecimiento,
que ⇒ resistencia a la cura.
Para Freud hay que conservar hasta el final del tratamiento un montante
libidinal insatisfecho, sin el cual no hay consecución posible. Todo alivio
produce una disminución del mismo, pero siempre debe haber montante
libidinal disponible para que el tratamiento continúe.
Del segundo motor hay un montante de libido insatisfecha que se encamina a
la búsqueda de la determinaciones inconscientes de ese sufrimiento.
39
Parte de ese montante libidinal se pone al servicio de las resistencias por la
vía del beneficio secundario que se extrae del síntoma y que impide la
búsqueda del saber el por qué del padecimiento porque se le empieza a
encontrar ventajas.
Freud → todo alivio procura un cese de esta fuerza impulsora por lo que es
necesario que el analizante se mantenga ligado al analista. Esto es
necesario, porque el paciente, por sí solo, no tiene la manera de suprimir la
enfermedad, porque para ello le faltan dos elementos:
- no sabe cuál es el camino que ha de seguirse para llegar a ese fin.
- no podría generar las magnitudes de energía de investidura necesaria para
luchar contra las resistencias. Está considerando a la transferencia como
motor para la cura y absolutamente necesaria en todo proceso terapéutico.
Ambos elementos, que no tiene el paciente) los aporta el analista.
Dice que la transferencia por sí sola puede eliminar síntomas, pero esto no
sería un tratamiento psicoanalítico. El tratamiento psicoanalítico consiste en
hacer uso de la transferencia para vencer las resistencias y arribar al
advenimiento de lo reprimido. Sólo así se puede producir una cura causal. Si
no, sólo es cura sintomática y los síntomas retornan cuando se disuelve la
transferencia.
Factor propiciador: el interés intelectual y la inteligencia del enfermo. Sólo
que apenas cuenta frente a las otras fuerzas que se combaten entre sí, lo
amenaza continuamente una desvalorización debida al enturbamiento del
juicio por obra de las resistencias. Transferencia e instrucción (en virtud de
la comunicación) son las nuevas fuentes de fuerza que el paciente debe al
analista. La instrucción vale sólo en la medida en que es movido por la
transferencia y por eso, la primera comunicación (interpretación) debe
aguardar hasta que se haya establecido una fuerte transferencia.
42
Rebagliati: Análisis es descomponer, las manifestaciones anímicas son
compuestas, por lo tanto lo que hace el analista es descomponerlas
hasta sus orígenes.
Sobre lo elemental el enfermo no sabe nada. El analista parte desde y
hacia donde del síntoma, desde que aparece y hacia donde son las
tendencias que se satisfacen en el síntoma. Si el trabajo es de
psicoanálisis de las manifestaciones hacia lo pulsional de carácter
Inconsciente, claramente el trabajo psicoanalítico no es una cura
sintomática.
El principio es la base, el inicio de algo, es el fundamentalmente de la
cura psicoanalítica (abstinencia).
La cura se hace en estado de privación, de abstinencia, se relaciona
con la dinámica de la contracción de la enfermedad y el
restablecimiento.
Se busca el motivo por el que se contrajo la enfermedad, por eso
mismo no sirve, comunicarle al paciente, aquello reprimido que el
paciente no halla por si mismo.
Para avanzar hasta los motivos se debe ir produciendo el en lace entre
lo que el analista comunica como construcción o interpretación con las
representaciones reprimidas produciéndose la derivación de la
investidura libidinal.
El amor de transferencia. Lo que se le brinde al paciente debe ser
dosificado para que siga buscando.
El amor es la demanda de ser respondidas por el amor que siente por el
analista.
Se cesa la abstinencia cesa el análisis. Se obtura la libido que se
necesita disponible, entonces el deseo de analizarse es menor.
Análisis: apunta a descomponer las manifestaciones anímicas hasta
sus orígenes.
El trabajo analítico no es una cura sintomática.
Se busca el motivo por el que se contrajo la enfermedad, para avanzar
deben conectarse las construcciones del analista a las
representaciones reprimidas, así se deriva la investidura libidinal.
43
Tanto como instrumento terapéutico usada por
el que sugestiona, como las palabras que no se
Palabra
integran en el alma y quedan por fuera de la
conciencia por el monto de afecto.
44
pone en primer plano el vínculo transferencial, éste entorpece la
búsqueda de lo inconsciente.
En este texto la transferencia es considerada como una exterioridad, un
hecho extraño que se interpone y obstaculiza el trabajo analítico, ya que en
ese momento la teoría estaba basada en la lucha contra las resistencias.
Este texto Freud lo escribe con la colaboración de Breuer, y aquí se plantea
el caso de Ana O., paciente que inaugura el método en aquel famoso paseo
por el jardín donde ella dice que necesita no ser interrumpida para poder
contar y que esto le había hecho experimentar que hablando sentía un gran
alivio. (Cura por la palabra o limpieza de chimenea). Breuer decide
implementarlo como método en las sesiones, a partir de este hecho.
Freud relata que una paciente de él, cuyo síntoma tenía su origen en un
deseo relegado luego a lo inconciente, de que el hombre con quien compartía
un diálogo íntimo, se aprovechara de ella osadamente, la abrazase y le diera
un beso. Al concluir una sesión, se le presenta esta misma ocurrencia con
respecto a la persona de Freud, se espanta con esta idea, es decir, al
transferir representaciones penosas en la persona de Freud, y queda
incapacitada para el trabajo analítico. No duerme esa noche, al otro día
concurre a sesión y no podía trabajar, hasta que comunica su ocurrencia a
Freud, y recién aquí es posible acceder al deseo reprimido, y a partir de esto,
se accede al recuerdo patógeno exigido por el enlace lógico.
Freud concluye que esta transferencia al médico, se produce por un enlace
falso: aquello que había quedado enlazado a la representación reprimida se
presentaba ahora, reproducido en una representación con el analista. A este
falso enlace, Freud lo llamó por primera vez: Transferencia.
La interpretación de los Sueños (1900)
Rebagliatti: En este texto el concepto es más general. contempla la
transferencia como desplazamiento del valor de un lugar a otro, de la
misma manera como se lo utiliza en el sistema bancario. Isabel gual
que al resto diurno. En este sentido, el analista vendría a ocupar el
lugar del resto diurno, al cual se enlaza el deseo Incc, para
manifestarse.
El socio empresario del sueño era el resto diurno, y el capitalista el
Incc. Y el resto diurno era ese resto cercano a la producción del sueño,
de la misma manera que el analista se presenta en cercanía para que el
deseo pueda expresarse.
En este texto la plantea como una transferencia de sentido, al resto diurno
del sueño, que le hace de soporte al deseo inconciente para su expresión:
Dice que el sueño se apodera de los restos diurnos para montarlos con una
significación diferente al momento de su emergencia, son formas vaciadas
de sentido que el deseo inconciente inviste con un nuevo significado, y a
esto lo llama por primera vez: transferencia de sentido y lo plantea como:
Desplazamiento: Constituido por la selección de representaciones lo
bastante lejanas a las efectivamente dadas para poder traspasar la censura,
pero derivadas de ellas y provistas con toda su carga psíquica, que ha
adquirido una completa transferencia.
Condensación: Constituida por el despojo de la intensidad de unas
representaciones para transferirla a otras, en la elaboración del sueño.
45
Realización de deseos: Si los restos diurnos que participan en la formación
del sueño toman algo del inconciente, es decir, toman la fuerza impulsora del
deseo reprimido, también ofrecen a su vez a lo inconciente algo
imprescindible: el objeto de la transferencia.
Entonces, el deseo inconciente se apodera de formaciones que no valen por
sí mismas, que fueron despojadas de su significación, y funcionan separadas
de su significación primaria. Esta transferencia de significación, también
está en lapsus, chistes, sueños, síntomas, como formaciones del
inconciente.
Un año después de la interpretación de los sueños, comienza el análisis de
Dora, y con él, la transferencia empieza a ocupar un lugar central en el
trabajo terapéutico.
Freud afirma que el tratamiento psicoanalítico no crea la transferencia sino
que ella está en la base de las relaciones humanas, es un fenómeno general,
universal y espontáneo que el psicoanálisis descubre y utiliza como el
auxiliar más poderoso para la cura. La significación de la transferencia se
lee en la clínica, Freud imagina una serie psíquica en que las transferencias
ubican a otras personas con la persona del médico, interpreta la
transferencia en Dora: “A usted le pasa lo mismo aquí conmigo, que lo que le
pasó con el Sr. K”. Dora abandona el tratamiento. ¿hubo un error? Tiempo
después se dará cuenta que en realidad su desliz fue ubicarse
transferencialmente, por sus propios prejuicios, en el lugar en que pensaba
que el objeto de amor y de identificación de Dora, eran el mismo: el Sr. K y el
padre, cuando en realidad, el objeto de amor, era la Sra. K. Esta experiencia
es la que hace replantear el valor de la transferencia en el tratamiento.
Rebagliati: Luego menciona la transferencia en Dora (1905): sostiene
que el tratamiento de Dora se ha interrumpido por la imposibilidad suya
de manejo de la transferencia, de visualizar cuál era el vínculo que
Dora establece con él y además en servirse de él para continuar el
tratamiento.
Si bien la considera, dice que la transferencia es la reedición de
vínculos pasados que se repiten con el analista, sin embargo no
alcanza a incluirla en el conjunto y en la dinámica de la cura. La
considera, sabe que existe, sabe del fracaso por no incluirla, pero no ha
podido hacerlo.
En 1909 el Hombre de las Ratas (1907) → ahí si se sirve de la transferencia y
lo hace respondiendo de una manera diferente a como lo habían hecho las
figuras masculinas que habían sido importantes para Paul Lorenz: “Sabía que
no debía responder como el capitán Cruel, o como el padre de Paul había
hecho”.
Dinámica de la transferencia (1912)
Rebagliati: aquí Freud destaca la transferencia como esencial en todo
tratamiento psicoanalítico como motor de la cura y trata de pensar por
qué surge. Es decir, busca su origen.
Aquí plantea también la transferencia como resistencia (no es lo mismo
que la resistencia de transferencia), la plantea porque dice que con el
analista se vuelve a vivir escenas traumáticas en lugar de recordarlas.
46
Es un escrito técnico donde Freud define y amplia el concepto de
transferencia:
La transferencia es el proceso que estructura la cura, está determinada por
la modalidad de la vida erótica, quedando ésta ligada a las imagos (viene de
la imagen visual que queda fijada, de una escena primordial y que se pone en
juego en transferencia), sean maternas o paternas o de toda persona
significativa de la vida infantil según las cuales la persona habrá de construir
series psíquicas, modelos o estereotipos que se repetirán incansablemente a
lo largo de la vida.
Se puede ver desde dos lugares:
Desde la teoría de la libido: Estos modelos se repiten en la conducta del
sujeto permanentemente, sin que lo sepa, cada vez que las representaciones
libidinosas no pueden ser satisfechas en la realidad. En transferencia, el
sujeto va a investir libidinalmente la figura del analista insertándolo en las
series psíquicas, la regresión libidinal (introversión) va a ir en busca de
imagos parentales y en la transferencia es sobreimpuesta al analista. La
cura debe redescubrir la libido, hacerla conciente y ponerla al servicio de la
realidad, pero cada vez que se intente, saltarán las fuerzas que motivaron la
regresión como resistencias.
Desde las series complementarias: Todo sujeto tiene una disposición innata y
por los influjos que recibe en su infancia adquiere una especificidad en su
vida amorosa, es decir, adquiere un clise de la vida pulsional. La
transferencia es un llamado al analista, una demanda para ocupar aquel
lugar histórico de los deseos del paciente, del clise. En las series
complementarias: la primera y la segunda corresponden a lo preedípico y a
lo edípico. Cuando nos referimos a lo infantil no es algo que realmente
ocurrió, de hecho todo recuerdo es un recuerdo encubridor, como algo que
quedó estigmatizado, y que el sujeto necesita actualizar en transferencia.
Las imago paterna y materna no corresponden a realidades objetivas, a
veces hay un padre que no coincide con la imago. Un clise es un grabado de
experiencias infantiles de las impresiones ligadas a prototipos o imagos que
son irrepresentables (fantasías primordiales).
Freud distingue dos clases de fenómenos de la vida amorosa: aquellos que
alcanzaron un desarrollo psíquico completo y quedan a disposición del sujeto
(en la conciencia) y otros que no pudieron alcanzar este desarrollo y quedan
inconcientes sometidos al principio de placer, en busca de su satisfacción,
independientes al yo y al principio de realidad: esto es lo que queda
reprimido, y abriendo una serie en el inconciente, es lo que va a transferir en
la figura del analista.
-En la transferencia se hacen actuales y manifiestos, los impulsos eróticos
reprimidos por medio de la reedición, es decir, la puesta en escena de lo
reprimido. La puesta en marcha de la transferencia, concibe a la frustración,
sin ella no hay movimiento, a partir de esta situación, el sujeto responde
según sus modelos de relación.
-Freud dice que la transferencia es un fenómeno artificial que no es creado
por el método, sino por la neurosis misma, y el psicoanálisis la descubre y
analizándola, aprovecha sus beneficios para el tratamiento.
47
-La transferencia funciona como motor (palanca del éxito) o como obstáculo
(resistencia)
-Es el lugar más importante en la cura porque permite elucidar y resolver
conflictos inconcientes.
-La transferencia tiene dos modalidades: positiva (de sentimientos tiernos y
amorosos, que es erótica y sublimada) y negativa (de sentimientos hostiles).
Las transferencias positivas y negativas de impulsos eróticos conformarán la
resistencia. Hay que fomentar los sentimientos tiernos que son portadores
del éxito.
-La abstinencia del analista tiene que ver con no brindar satisfacciones
sustitutivas y esta abstinencia provocará que se repita el clise y ahí vamos a
trabajar. No contestar a la demanda pone en juego la frustración del
paciente, y esta frustración funciona como palanca y pone en juego en
anhelo del paciente de querer curarse: éste es el motor del análisis. En
analista no frustra, sólo se abstiene, la frustración viene con el paciente.
-Dice Freud que el paciente quiere actuar sus impulsos inconcientes en vez
de recordarlos, (función de la cura: hacer conciente lo inconciente)aquí la
transferencia se incluye en lo inconciente, el trabajo analítico consistirá en
darle lugar a esa conducta relacionándola con el recuerdo reprimido, del
resultado de esa lucha depende el éxito del tratamiento, todo esto se da en
el campo de la transferencia, y es la posibilidad de hacer conciente el
pasado olvidado por represión.
Contratransferencia
49
Freud introduce este concepto en 1910, con posterioridad al concepto de
transferencia, con el objetivo de advertir al analista acerca de los obstáculos
que pueden aparecer en el camino de la cura y acerca del peligro de una
intervención excesiva de la personalidad del analista. Se trata de los
sentimientos y pulsiones que surgen en el inconciente del analista como
resultado de la transferencia del analizado. Hay que domeñarla a través del
propio análisis porque si no, no podríamos llegar más allá de lo que nos
permiten nuestros propios complejos y resistencias.
Pisoni propone abordar a la contratransferencia desde dos vías: una vía
clásica (Freud, Fliess y Lacan) donde no hay que confundir la falta de
experiencia o los puntos ciegos del analista con sus reacciones
contratransferenciales, y otra vía totalizadora (Winnicott) que la define como
reacción emocional total del psicoanalista hacia el paciente en la situación
terapéutica: son respuestas a la transferencia del paciente, a las
necesidades de la propia realidad del analista, como también a sus
necesidades neuróticas. Estas necesidades deben ser resueltas, pero
también son consideradas útiles para la mejor comprensión del paciente.
Este enfoque le da un uso más bien técnico, es decir, utilizándola como
instrumento.
Pisoni dice que ambas vías pueden ser peligrosas: en la vía totalizadora, el
peligro puede estar en el alejamiento de la neutralidad, y en la vía clásica, se
puede fomentar una actitud fóbica del analista hacia sus reacciones
emocionales, limitando la comprensión del paciente.
Pisoni nombra aportes al concepto que hace un psicoanalista argentino,
Racker, y Winnicott sobre patologías como afecciones somáticas, borderline,
patologías narcisistas y patologías del acto.
Para Racker, el analista fluctúa sobre dos identificaciones: una identificación
concordante (donde el analista se identifica con la parte del aparato psíquico
del paciente, de Yo a Yo, de Superyo a Superyo, experimentando en él mismo,
la emoción central del paciente), y una identificación complementaria (donde
el analista vivencia la emoción que el paciente trae en transferencia).
Winnicott, distingue 3 fenómenos:
1-Los conflictos inconcientes no elaborados del analista, que afectan el
proceso terapéutico, que deben ser resueltos en su propio análisis.
2-Una contratransferencia positiva, denominada “actitud profesional del
analista”, que implica un estado de estabilidad y confiabilidad porque ha
sometido a examen sus ideas y afectos antes de interpretar, lo que le permite
seleccionar qué va a decir, cómo decirlo y cuándo decirlo.
3-La contratransferencia verdadera y objetiva, en la cual se despliega el
amor y el odio del analista hacia el paciente, basada en la observación
objetiva y de la cual éste debe ser conciente.
50
analista, o puede ser justificado y objetivo, utilizado adecuadamente en la
interpretación, ya que el paciente lo busca.
51
síntoma, si se asocian a escenas donde se produjo una fijación
libidinal, un proceso traumático.
Los factores actuales también pueden servir para resignificar el
momento traumático.
Freud: la conjugación de lo constitucional más los sucesos infantiles, va a
dar como resultado un modelo, un estereotipo o un cliché, o serie de ellos
que se repite de manera regular, a lo largo de la vida en cuanto lo permiten
las circunstancias exteriores y la naturaleza de los objetos eróticos
asequibles. Estos estereotipos son susceptibles de modificación bajo la
acción de las impresiones recientes.
Rebagliatti: Acá empieza a tallar la transferencia, porque es la
impresión actual que permite la rectificación, la modificación de ese
cliché.
Juan D. Nassio: en “El pequeño niño del Psicoanálisis”Los rasgos
posibilitadores actualizados en la transferencia, son lo que hacen
posible la transferencia positiva, la transferencia necesaria para el
trabajo analítico. El analizante, en el vínculo, regresa a vínculos
primitivos.
Ahora bien, sólo un sector de esas mociones está vuelto hacia la realidad
objetiva. Otra parte de esas mociones ha sido detenida en el desarrollo,
apartada de la conciencia y de la realidad objetiva y sólo tuvo permitido
desplegarse en la fantasía, o bien permanecido por entero en el inconciente.
Si la necesidad de amor de alguien, no está satisfecha por entero en la
realidad, él se verá precisado a volcar sus tendencias libidinales hacia cada
persona nueva que aparezca y es muy probable que las dos porciones de
libido (la conciente y la inconciente) participen de tal acomodamiento.
Es normal que la libido insatisfecha que se mantiene expectante se vuelque
al analista.
Así, el analista pasa a formar parte de la serie psíquica que el paciente ha
formado hasta ese entonces.
Acá Freud toma un concepto de Jung y dice que el analista va a pasar a
ocupar el lugar de la “imago” paterna, y no sólo este lugar, sino también de la
madre, el hermano y aquellas otras personas que han sido importantes en la
infancia y en la vida de esa persona.
Rebagliatti: En este enlace libidinal con el analista, el analizante es
reenviado al enlace libidinal primario y es por esto mismo que el actuar
(en cuanto a actos y medios) y la palabra del analista tiene una
importancia diferencial, no es una respuesta más. El analizante está en
una posición de alta vulnerabilidad (una actitud iatrogénica por parte
del analista, es por eso, muy difícil de superar).
Por los enlaces inconscientes, es que muchas veces la transferencia se
torna irracional, y por tanto, difícil de soportar para el analista.
No tendría más nada que decir acerca de la transferencia, si no surgieran
otros problemas que deben ser explicados:
1- por qué la transferencia de los neuróticos que se analizan, se muestra
mucho más intensa que otras personas que no se analizan. Respecto de este
punto Freud dice que no es cierto que la transferencia sea más intensa en
los neuróticos que se analizan. La transferencia no es inherente al análisis,
52
es inherente a la neurosis (estaría homologando neurosis y normalidad). Es
inherente al psiquismo). No hay más que remitirse a las relaciones que se
establecen en los sanatorios entre médico y paciente: máxima intensidad y
máximo sometimiento de los pacientes al médico. Gabrielle Reuter describió
esto cuando apenas existía el psicoanálisis.
2- por qué en el análisis se nos opone la transferencia como la resistencia
más fuerte del análisis (después va a decir que no es la resistencia más
fuerte). Freud dice que una condición indispensable de toda contracción de
una psiconeurosis es el proceso que Jung denominó “introversión de la
libido”. La libido por el camino de la regresión, reanima imagos infantiles.
Hasta allí la sigue la cura analítica que quiere pillarla, volverla conciente y
ponerla al servicio de la realidad objetiva. Pero al intentar hacer esto estalla
un combate. Todas las fuerzas que causaron la regresión se elevan como
resistencias contra el trabajo analítico.
La libido cayó en la regresión por haberse relajado la atracción de la
realidad. Para liberarla, es preciso vencer esa atracción de lo inconciente,
vale decir, cancelar la represión (esfuerzo de desalojo).
.
Rebagliati Entonces decimos que vamos a ver dos fuerzas en combate contra
del trabajo analítico.
Combate entre dos fuerzas:
1- libido que regresó por frustración en la realidad
2- la atracción de los arquetipos inconscientes (factor fijación)
1 y 2: íntimamente asociadas. La 1 está regida por la fijación libidinal.
A mayor fijación, menor factor desencadenante para que aparezca el
síntoma.
Freud está planteando dos tipos de resistencias que provienen de distintas
fuentes.
Cuando habla de la atracción del Incc, dice que “es una resistencia difícil de
vencer [...] el análisis tiene que luchar con las resistencias emanadas de
estas dos fuentes, resistencia que acompaña todos sus pasos”
En “Inhibición, síntoma y angustia”(1925) habla de 5 resistencias, de esto ya
venía hablando desde 1912: hay resistencias que provienen de 2 fuentes
distintas, de instancias psíquicas distintas.
Esto lo mantiene en “Amor de transferencia” y en “Repetir, recordar y
reelaborar”. También lo sostiene en el “Mas allá” y da un rodeo para justificar
que toda resistencia es del Yo (Cap. III), aunque lo que se presenta en la
realidad es que proviene de varias fuentes.
53
Del ello 4.- Compulsión a la repetición
Responden al más allá del
principio del placer.
Pulsión
Del Superyó 5.- Reacción terapéutica negativa de
muerte. (desligazón)
Las primeras resistencias que Freud descubre son las del yo, porque son las
primeras que se presentan en el análisis.
Resistencia: es la oposición que manifiesta el analizante en el transcurso de
la cura, pero que se continúa con la misma. Toda oposición que manifieste el
analizante a que la cura prosiga, a que se manifieste lo reprimido, Freud lo
llama resistencia.
Freud: resistencia: manifestación de la represión en el tratamiento; pero esto
era insuficiente. Hay diferentes maneras en que el analizante se opone a la
cura.
Las primeras son las que instrumenta el yo. El yo las instrumenta para
resguardarse del encuentro con lo traumático. “El yo se las ha venido
ingeniando para evitar a través de la resistencia, la confrontación con
representaciones y situaciones penosas. Por lo tanto, no es de extrañar que
esta determinada modalidad se haga presente en el análisis ante la
emergencia de las mismas” (I,S yA).
Por eso la primera resistencia es la resistencia de represión: si continuamos
con un hilo de pensamiento que nos acerca a representaciones reprimidas,
el yo se va a resguardar de eso impidiendo que emerjan para mantener la
represión: llegadas tardes, ausencias, eludir temas, preparar el tema a
hablar, la verborragia → con todo esto se controla la emergencia de lo
reprimido.
Freud dice que resistencia de represión y resistencia de transferencia
poseen la misma naturaleza, y la diferencia del beneficio secundario del
síntoma.
Definición de resistencia de transferencia: es cuando algo inherente al
analista en forma directa o referente al analista, se presenta en el análisis
para obstaculizar la emergencia de lo reprimido. Posee la misma naturaleza
que la anterior porque también está respondiendo a la represión, solo que se
sirve para ello del analista.
Freud sostiene que la resistencia de transferencia se debe pensar como una
transacción, donde al mismo tiempo que obstaculiza las asociaciones,
también nos está revelando algo de de lo que el yo pretende defenderse. La
habilidad del analista estará en poder ver qué es lo que está revelando la
idea enlazada a él. Freud dice que no es cualquiera, sino que forman parte
del complejo patógeno. Estas representaciones no se eligen al azar, forman
parte del complejo patógeno.
Es una resistencia de represión que se sirve del analista → lo más cercano.
La tercera resistencia, tiene dos nombres que significan lo mismo. Se trata
de un beneficio secundario que debe diferenciarse del primario. Es un
beneficio que se agrega una vez que ya está instaurado el síntoma.
54
Antes de enunciar las 5, en el capítulo II (I. S. y A) que el yo, ante la
emergencia de lo reprimido implementa dos procedimientos. Ambos son
relativos al síntoma ya constituido.
El otro son las medidas secundarias de defensa y el otro es el beneficio
secundario del síntoma → el yo trata de incorporar el síntoma a su armonía,
o sea que este territorio, extranjero al yo, deje de serlo. Entonces lo incluye
en una relación de armonía con él. Y la función de esto es la de afirmación
del yo. Se afirma y se instituye en completud si puede incluir el síntoma en
su vida cotidiana y hasta extraerle el mismo beneficio. Se transforma en
egosintónico: armoniza con el yo.
En este texto habla con la satisfacción, pero no es lo pulsional → beneficio
primario del síntoma, sino cuando le puede encontrar al síntoma una razón
de ser.
La satisfacción pulsional está presente en la conformación misma del
síntoma: beneficio primario.
El ejemplo da Freud de beneficio secundario del síntoma → accidentado que
pierde una pierna y obtiene beneficios. No es que se accidente para perder
la pierna, pero obtiene un beneficio de perderla.
El beneficio secundario del síntoma, responde a una necesidad narcisística
porque el yo, al poder dar cuenta del síntoma y extraerle una ventaja, se
unifica, se exime de quiebres y se vivencia completo.
Por eso es de diferente naturaleza: es narcisista.
¿Por qué es una resistencia? porque el yo, al encontrarle ventajas al
síntoma, se opone a que se disuelva, se va a tender a su permanencia,
tendiendo a cristalizarse.
1, 2 y 3 responden al principio del placer porque todas ellas se instrumentan
para que el yo quede resguardado del encuentro con el más allá del principio
del placer.
Responderán a la pulsión de vida porque tienden a la integridad yoica, a la
ligadura.
El trabajo de análisis es de desligadura y ligadura. En el momento de la
desligadura hay angustia y de eso se cuida.
Freud → en la medida que avanza el tratamiento y se han ido venciendo las
resistencias del yo por la transferencia misma, hay fuerzas que se alzan con
mayor intensidad para impedir el avance de la cura.
Freud → no son nada las resistencias del yo, comparadas con las
resistencias que hace que el sujeto quede perpetuado en el sufrimiento. Por
eso la 4ta. y 5ta. responde al ‘más allá’, es decir a la pulsión de muerte,
porque se instrumentan para que el sujeto continúe en una posición
masoquista, de sufrimiento.
4 y 5 están relacionadas.
Compulsión a la repetición: el Incc se presenta en la actualidad repitiendo
escenas traumáticas. Repite esas escenas dolientes en lugar de evocarlas.
Esa repetición de las escenas impide la apertura, la salida a otras
situaciones. E impide otro tipo de emergencia del Inconciente: la emergencia
simbólica: el recuerdo, la evocación. Es decir que, a través de las
asociaciones emerja lo traumático sin tener que volver a vivirlas.
55
Este volver a vivir de la repetición se realiza dentro del círculo pulsional: hay
una identidad (retorno a lo mismo), una actualidad y una vivencia de realidad
(eso que pasó hace tanto tiempo, pasa ahora y tiene este carácter de
realidad que impide al sujeto encontrar una salida). La pulsión se satisface a
sí misma, y cuando esto ocurre, va en desmedro del bienestar del sujeto.
La reacción terapéutica negativa: está signada por el sentimiento de
culpabilidad o la necesidad de castigo, mas correctamente hablando.
Hay una necesidad de castigo Incc que hace que el yo quede sometido al
malestar.
La tríada que Freud menciona: crimen, culpa y castigo. El yo ha cometido un
crimen del que no tiene noticias, del cual se siente culpable y necesita ser
castigado.
La enfermedad, dice Freud, sustituye al castigo. Puede no sentirse culpable,
pero se siente enfermo. Incluye la enfermedad neurótica y orgánica.
57
La transferencia negativa y la positiva erótica se alzan como resistencias al
análisis.
Freud dice que la transferencia que obstaculiza el análisis (erótica u hostil)
es la que debemos tratar de dilucidar y desarmar para que pueda aflorar la
transferencia positiva. Se trata de reenviar a su fuente las mociones eróticas
y hostiles.
Nos servimos del influjo sugestivo que nos aporta la transferencia para
vencer estas resistencias.
Freud:¿la transferencia negativa y la erótica se presentan sólo en análisis o
también fuera de él?.
Freud sostiene que no sólo se dan en el análisis, sino que se presentan en
tratamientos médicos. La irrupción de transferencia negativa es común en
sanatorios y muchas veces hace que el enfermo abandone esos tratamientos
sin haberse aliviado e incluso habiendo empeorado. La transferencia erótica
también se presenta en otros tratamientos sólo que el sujeto no abandona el
tratamiento y mantiene el vínculo con el médico siguiendo enfermo.
En las neurosis no graves, las curables, coexisten momentos de
transferencia cariñosa con momentos de transferencia negativa, de poca
intensidad (vemos el concepto de ambivalencia: coexisten valencias
opuestas). Freud dice que en los paranoides (Rebagliati: personas con
rasgos paranoides y no paranoicos) es más durable la transferencia negativa,
aún coexistiendo ambas, predomina la desconfianza y el sentimiento de ser
atacado y perseguido. Puede hacer interrumpir un tratamiento.
Al final del texto, Freud dice que todas las explicaciones no han hecho más
que examinar uno de los lados del fenómeno de la transferencia (Rebagliati
→ sería de la transferencia al servicio del yo y no tanto del Incc.)
La transferencia erótica y la negativa son manifestaciones del inconsciente.
Freud menciona algo: es la resistencia del Inconciente la que obstaculiza la
prosecución de la cura. (muy importante)
Pág. 105 “En la pesquisa de la libido extraviada de lo conciente, uno ha
penetrado en el ámbito de lo inconsciente. Y las reacciones que uno obtiene
hacen salir a la luz muchos caracteres de los procesos inconscientes, tal
como de ellos tenemos noticia por el estudio de los sueños” ¿Por qué toma
los sueños? Si bien es formación del Incc que se expresa simbólicamente, se
monta una escena. Esas mismas escenas se montan en la vida de todo
sujeto y se hacen presentes en el campo analítico.
“Las mociones inconscientes no quieren ser recordadas, como la cura lo
desea, sino que aspiran a reproducirse en consonancia con la atemporalidad
y la capacidad de alucinación de lo inconsciente” La identidad, la repetición,
la actualidad y la realidad son características de lo Incc. Vivencia de
realidad: el sujeto vive las escenas como que transcurren aquí y ahora.
“Al igual que en el sueño, el enfermo atribuye condición presente y realidad
objetiva a los resultados del despertar de sus mociones inconscientes;
quiere actuar sus pasiones sin atender a la situación objetiva {real}. Por el
carácter de perentoriedad de la pulsión, ésta busca satisfacerse sin importar
los riesgos o las consecuencias. Se impone por encima de cualquier otra
cosa.
58
“El médico quiere constreñirlo a insertar esas mociones de sentimiento en la
trama del tratamiento y en la de su biografía, subordinarlas al abordaje
cognitivo y discernirlas por su valor psíquico” El analista trata de llamarlo a
la reflexión, de que pueda pensar acerca de esto que hace y viene haciendo.
Trata de poner límite a esta acción automática → trata, no siempre lo logra.
Hay una acción que se despliega, actúa la motilidad.
“Esta lucha entre médico y paciente, entre intelecto y vida pulsional, entre
discernir y querer “actuar”, se desenvuelve casi exclusivamente en torno de
los fenómenos transferenciales. Es en este campo donde debe obtenerse la
victoria cuya expresión será sanar duraderamente de la neurosis” La
victoria, es la cura de la neurosis, la salida de las escenas repetitivas.
“Es innegable que domeñar los fenómenos de la transferencia depara al
psicoanalista las mayores dificultades, pero no se debe olvidar que
justamente ellos nos brindan el inapreciable servicio de volver actuales y
manifiestas las mociones de amor escondidas y olvidadas de los pacientes;
pues, en definitiva, nadie puede ser ajusticiado in absentia o in effigie”. → la
compulsión a la repetición es inherente al fenómeno transferencial. Si bien
Freud se da cuenta del obstáculo que implica que el paciente reanime
escenas en lugar de evocarlas, de que aparezcan a la manera de un relato.
Aquí la posición es la del final: es preferible que estas mociones pulsionales
se presenten, aunque sea de esta manera (actualidad, identidad y referencia
al analista), a que no se presenten. Esta misma posición la va a mantener en
“Amor de transferencia” y en “R,R y E”. Hasta el 14’ pensaba que era mejor
que se actualizara, aunque sea como repetición, a que no se presente. Luego
va a decir que hay que tratar de evitar la repetición en la transferencia.
En el 20 ya piensa que no todo lo que se repite va a poder ser recordado.
Freud dice que no tardó en comprobar que esta es una dificultad de poca
importancia en comparación con lo que va a surgir luego en lo referente al
manejo de la transferencia. Y el manejo de la transferencia sería que el
analista pueda aprovechar esas escenas que se repiten con él en pos de un
beneficio para el analizante en la continuación del análisis. Poder
transformar lo traumático en algo posibilitador.
Ante la posibilidad del enamoramiento hacia el analista, para el profano
habría dos soluciones:
1-que ambos, analista y paciente contraigan una relación legítima, con la
consiguiente interrupción del análisis. Esto es poco frecuente.
2-Que deba abandonar el tratamiento.
Freud: existe una tercera posibilidad que parecería compatible con la
prosecución de la cura, pero que es inadmisible: que sean amantes. Esto va
en contra de la dignidad profesional.
Supongamos que abandone el tratamiento. Si esto sucede, la paciente no
dejaría de repetir esta misma situación con otro analista y luego con un
tercero hasta que esto no sea trabajado en algún análisis.
59
El analista tiene que discernir que el amor de transferencia surge como
consecuencia de la situación analítica, y no se puede atribuir la conquista.
El amor de transferencia aparece cuando la cura transita por un período
fecundo. La paciente aún más dócil para el trabajo psicoanalítico, cuando se
presenta el amor de transferencia, pierde todo interés por el análisis y sólo
habla y quiere oír acerca de su amor por el analista para el cual demanda
correspondencia. Es una situación muy difícil para el analista pues, debe
sustraerse y no incurrir en el error de dar por terminado el tratamiento.
La primera cuestión es tratar de situarse en el antes de la emergencia del
amor. Esto implica retomar aquello de que venían hablando y trabajando
antes de que apareciera porque, sin duda, ese amor de transferencia esta
operando como resistencia a la cura. Generalmente el amor de transferencia
surge cuando se están trabajando temas importantes en la vida de una
persona. En lugar de enfrentarse a esos fragmentos penosos e intensamente
reprimidos de su historia, surge el amor como freno a esa emergencia.
Además de apartar al paciente del encuentro con lo reprimido, coloca al
analista en una posición embarazosa.
Freud: para que el analista pueda enfrentar y soportar el amor de
transferencia, tiene que trabajar la contratransferencia.
Este concepto, Freud lo había trabajado en 1910 (Perspectiva futuras de la
terapia psicoanalítica). Llama contratransferencia al conjunto de
representaciones, sentimientos, reacciones y al vivenciar en su conjunto,
que despierta en el analista las actitudes del analizante, o el sufrimiento del
analizante, o sus características de personalidad.
Si el analista no se encuentra con lo que a él le produce el analizante,
difícilmente pueda soportar la transferencia que se alza como resistencia:
tanto la negativa como la erótica.
Si el analista no se encuentra con lo que a él le produce el analizante,
difícilmente pueda soportar la transferencia que se alza como resistencia:
tanto la negativa como la erótica.
Winnicott trabaja mucho la contratransferencia y habla de diferentes tipos.
Si el analista no puede manejar lo contratransferencial, lo actúa, por
ejemplo: con excesivo amor o altruismo hacia el analizante,
contrainvistiendo el odio por la excesiva demanda del analizante. Esto en
algún momento va a dificultar el análisis.
El analista debe saber que el amor de transferencia surge como
consecuencia de la situación analítica. Son directas o indirectas.
El amor de transferencia aparece cuando la cura transita por un período
fecundo.
Continuación de “Puntualizaciones sobre el amor...........”
En el texto “ Perspectivas futuras de la Terapia Psicoanalítica” de 1910. F →
dice : “.....la contratransferencia es el influjo que el paciente ejerce sobre el
sentir inconsciente del médico que se instala como contratransferencia y a
la que debe discernir y dominar.
En la Carta de Freud a Binswanger de 1913. F → dice: “.....la
contratransferencia se encuentra entre los problemas técnicos más
complicados del psicoanálisis. Lo que se da al paciente no debe ser jamás
60
afecto inmediato sino siempre, afecto concientemente otorgado en mayor o
menor grado según las necesidades del momento.
En ciertas circunstancias se puede conceder mucho pero nunca tomándolo
de su propio inconsciente. Reconocer la contratransferencia y superarla,
solo entonces se estará liberado. Dar a alguien muy poco, porque se lo ama
mucho es una injusticia cometida contra el paciente y una falta técnica.”
En ambos textos F destaca la importancia de discernir la
contratransferencia, de tomarla concientemente, de poder manejarla para no
actuarla con el paciente.
Si el analista no se encuentra con los sentimientos contratransferenciales
que el paciente le despierte, va a ser manejado él por esos sentimientos y
puede llevar adelante actos perjudiciales.
F habla de contransferencia en “Puntualizaciones sobre.......” y dice: → “...que
un analizante se enamore del analista, y la demanda que ese amor implica,
exige ser correspondido, exige retorno. Es imposible que esto no afecte al
analista.
Una de las cuestiones necesarias para afrontar el enamoramiento del
paciente es manejar la contratransferencia.” (esto también cuenta para el
odio contransferencial según Anahí)
Luego F habla de 2 posibilidades que le surgirían al paciente frente a esta
irrupción amorosa.
1-) abandonar el tratamiento
2-) pensar que el amor es algo pasajero e inevitable
Los familiares de la paciente se decidirán por la primera alternativa y el
analista por la segunda.
La decisión aquí nunca la deben tomar los familiares pues, muchas veces el
amor de la familia es egoísta y el cariño de la familia no va a curar al
paciente de su neurosis. Mientras el paciente conserve su neurosis,
conservará también, su alteración en la capacidad de amar.
El analista puede sacar provecho del amor de su paciente hacia él. Poder
aprovechar la compulsión a la repetición que se presenta con el analista en
pos, del levantamiento de lo reprimido y la prosecución de la cura.
F ha escuchado que algunos analistas fomentan el amor de transferencia
para que el análisis progrese y que muchos preparan a sus pacientes para la
emergencia de esa posibilidad. F, no está de acuerdo con ninguna de las dos
posibilidades. Respecto de la última, dicha preparación sería anticipar y
anticipar es convocar a que eso suceda. Respecto de la primera, lejos de que
la fomentación del amor permita un progreso en la cura, genera lo contrario.
La paciente aún más dúctil para el trabajo psicoanalítico, cuando se
presenta el amor de transferencia, pierde todo interés por el análisis y sólo
habla y quiere oír acerca de su amor por el analista para el cual demanda
correspondencia.
Esta situación tiene una intensidad y una carga tan alta, que el analista
mismo queda perdido y parece que lo único que primara en ese vínculo y
proceso es, el amor transferencial. F → compara esta situación con el
desarrollo de una comedia de la que somos espectadores y, de repente
“alguien alza la voz de Fuego!!!!, hay un incendio!!!!!!”. El revuelo es tan
grande que ya nadie se acuerda en que estaba la obra cuando se inicia el
61
fuego. F dice: → que esto mismo es lo que pasa en un tratamiento
psicoanalítico cuando se presenta el amor de transferencia.
Aparece el “fuego” y ya nadie sabe de qué se trata el análisis. Es una
situación muy difícil para el analista pues, debe sustraerse a al invasión del
fuego y no incurrir en el error de dar por terminado el tratamiento.
La primera cuestión es tratar de situarse en el antes de la emergencia del
amor. Esto implica → retomar aquello de que venían hablando y trabajando
antes de que apareciera porque, sin duda, ese amor de transferencia esta
operando como resistencia a la cura.
Generalmente el amor de transferencia surge cuando se están trabajando
temas importantes en la vida de una persona. En lugar de enfrentarse a esos
fragmentos penosos e intensamente reprimidos de su historia, surge el amor
como freno a esa emergencia. Además de apartar al paciente del encuentro
con lo reprimido, coloca al analista en una posición embarazosa.
63
Son fundamentos infantiles los que han dado inicio a este amor. No siempre
es posible atravesar el amor de transferencia y remitirlo al origen. F → pág.
170
“Es verdad que este intento de mantener el amor de transferencia sin
satisfacerlo fracasará con una clase de mujeres. Son aquellas de un
apasionamiento elemental que no tolera subrogados, criaturas de la
naturaleza que no quieren tomar lo psíquico por lo material, que, según
palabras del poeta, sólo son accesibles a “ lógica de sopas y argumentos de
albóndigas”. Con tales personas se está frente a una opción: mostrarles
correspondencia de amor, o bien cargar con toda la hostilidad de la mujer
desairada. Y en ninguno de ambos casos puede uno percibir los intereses de
la cura. Es preciso retirarse sin obtener el éxito, y acaso pueda uno
preguntarse como se compadece la aptitud para la neurosis con una
necesidad de amor tan inexorable .” → no siempre el paciente logra curarse.
Esto pasa también con las demandas excesivas de parte del paciente, no
sólo con el amor de transferencia. Pero uno no es incondicional. Si esto
sucede, el analista deja de existir. Reclaman la presencia mágica del objeto,
pero si el objeto no se presenta, cae (Winnicott). Es una exigencia
insoportable para el analista.
Vuelve a remarcar que el amor de transferencia es resistencial y que prueba
de esta resistencia es que: al enamorase el paciente no se torna más
accesible al análisis. ® por amor asocio...NO, por amor recuerdo...NO.
En ningún caso esto se ha presentado así. Y dentro de las herramientas, el
analista, debe saber y comunicarle al analizante que este amor es una
repetición y que no posee ni un solo rasgo nuevo nacido de la situación
actual sino que, se compone en su totalidad de repeticiones y ecos de
reacciones anteriores e infantiles y que nos comprometemos a demostrarles
que esto, es así.
F® inmediatamente se pregunta ®el amor de transferencia no ha de ser
tomado como verdadero? . F ® responde que es genuino y es repetición.
Pero solo el amor de transferencia es repetición y reproduce el amor infantil?
F® responde que NO, que todo amor responde a modelos infantiles. El amor
de transferencia se muestra menos dúctil que otras formas de amor, es un
amor caprichoso, posee un menor grado de libertad, es un amor que no
contempla sus consecuencias y es menos suceptible de modificación. Es un
amor que exige correspondencia.
Resumamos tres características propias del amor de transferencia ® no hay
ningún derecho a negar el carácter genuino al amor de transferencia. Si
parece tan poco normal, ello se explica suficientemente por las
circunstancias de que todo enamoramiento, aún fuera de la cura analítica,
recuerda aun más a los fenómenos anormales que a los normales.
De cualquier modo, se singulariza por algunos rasgos que le aseguran una
particular posición:
1-) Es provocado por la situación analítica.
2-)Es empujado hacia arriba por las resistencias que gobiernan a esta
situación; y
3-)Carece en alto grado del miramiento por la realidad objetiva, es menos
prudente, menos cuidadoso de sus consecuencias, más ciego en la
64
apreciación de la persona amada de lo que querríamos concederle a un
enamoramiento normal. Pero no nos es lícito olvidar que, justamente estos
rasgos que desvían de la norma, constituyen lo esencial de un
enamoramiento.
La paciente debe aprender del amor de transferencia a vencer el principio de
placer, renunciando a una satisfacción inmediata, y el analista tiene una
triple lucha:
• En su interior: contra los poderes que querrían hacerlo bajar del nivel
analítico.
• Fuera del análisis: contra los oponentes que le impugnan la
significatividad de las fuerzas pulsionales sexuales y le prohíben
servirse de ellas en su técnica científica.
• En el análisis: contra sus pacientes, que se comportan como los
oponentes al inicio, pero luego quieren aprisionar al médico con su
apasionamiento no domeñado socialmente.
69
Winnicott sostiene esto y esto, va de suyo, porque la mamá es alguien con el
psiquismo ya constituido, posee un yo (más o menos maduro) con más
posibilidades elaborativas. Para odiar es necesario que haya un yo. Freud
dice lo mismo “el yo es el que ama y el que odia” (Pulsiones y destinos...).
Tiene que haber una unidad ya constituida y en afirmación para que ame y
odie: ama a los objetos que lo satisfacen y sostiene esa afirmación; y odia a
aquellos objetos que socavan esa unidad, esa armonía y que lo vivencia
como ataque, como amenaza.
El niño recién nacido se torna una amenaza para la mamá → se siente por
momentos despojada de sí por este bebé.
“Por qué una madre puede.... (ver ficha de Winnicott)”
Muchos padres no pueden encontrarse con este odio, pero lo cantan.
70
El analista, debe poder tolerar la aparición de sentimientos en bruto que
aparecen en él, no debe negarlos. El odio que está justificado debe ser
separado y mantenido en reserva, disponible para una interpretación.
Para analizar a psicóticos hay que haber realizado primero un análisis
profundo propio, llegando a lo más primitivo, para librarse del odio
inconciente perteneciente al pasado y a conflictos internos.
Una tarea principal del analista es mantener la objetividad ante lo que le
presente el paciente, y un caso de esto, es la necesidad del analista de poder
odiar objetivamente al paciente.
El analista debe estar preparado para soportar la tensión, sin esperar que el
paciente sepa lo que está haciendo, tal vez por un largo tiempo, y para esto,
debe serle fácil asumir sus propios temores y odios.
A la larga, debe ser capaz de decirle al paciente lo que él, el analista, ha
experimentado en sí mismo, aunque puede que el análisis no llegue tan lejos.
Es muy diferente el tratamiento de pacientes que han vivido experiencias
satisfactorias en la primera infancia, las cuales se descubren en
transferencia, que el tratamiento de pacientes cuyas experiencias fueron
deficientes ya que el analista será la primera persona que aporte puntos
esenciales de tipo ambiental. Para el neurótico, la habitación caldeada, la
comodidad, el sofá, pueden simbolizar el amor materno, para el psicótico,
estas cosas constituyen la expresión física del amor del analista: el sofá es
el regazo o vientre del analista, la temperatura de la habitación es el calor
vivo del cuerpo del analista.
El analista debe mantener latente su odio. Pero…si el paciente busca odio
objetivo o justificado, debe encontrarlo, de lo contrario es imposible que se
crea capaz de encontrar amor objetivo.
El analista está en situación de madre de un recién nacido que odia al bebé
desde el comienzo, porque:
-Es un peligro para su cuerpo durante el embarazo y el parto.
-No es la concepción mental que tenía.
-Interfiere en la vida privada.
-Siente que su propia madre exige un bebé de ella, de modo que es producido
para satisfacer a su madre.
-Le hace daño en los pezones, la muerde.
-Es cruel, la trata como una sirvienta o una esclava.
-Tiene que amarlo, aún con sus excreciones.
-No come su comida, pero sí la de la tía.
Una madre (como el analista) debe ser capaz de tolerar el odio que su bebé
el inspira sin hacer nada al respecto, no puede expresárselo.
Lo más notable acerca de una madre estriba en su capacidad para recibir
tanto daño del pequeño y para odiar tanto sin pagarle a él con la misma
moneda, así como en su capacidad para esperar una recompensa que puede
o no llegar más adelante. ¿Le ayudan tal vez en esto las cancioncillas
infantiles que canta y que el bebé disfruta aunque, por suerte, no entiende?
(duérmete niño duérmete ya que viene el lobo y te comerá).
72
existe una dependencia absoluta con respecto al medio inmediato y a su
comportamiento.
Para nosotros es posible estudiar y utilizar esta parte vital de la vieja teoría
de una manera nueva y práctica en la labor analítica, ya sea con los casos
límite o con los casos o momentos psicóticos que se presentan en el
transcurso del análisis de pacientes neuróticos o de personas normales
(personas que pueden tener una experiencia de autonomía) .
Esta labor amplía el concepto de transferencia, ya que en el momento del
análisis de estas fases, el yo del paciente no puede suponerse como entidad
instaurada, y no puede haber una neurosis de transferencia (implica
terceridad), porque se requiere la presencia de un yo intacto, capaz de
mantener defensas contra la angustia que proviene del instinto.
77
Mediante el método legítimo de escoger cuidadosamente los casos podemos
evitar enfrentarnos con determinados aspectos de la naturaleza humana que
por fuerza nos llevarían más allá de nuestro equipamiento técnico.
Agrupación de los pacientes según el equipamiento técnico que requieran
del analista:
1- funcionan como personas completas y sus dificultades corresponden al
reino de las relaciones interpersonales. La técnica para el tratamiento de
estos pacientes es propia del psicoanálisis tal como lo desarrolló Freud.
2-la personalidad empieza a ser completa; de hecho cabe decir que el
análisis se refiere a los primeros acontecimientos que corresponden y siguen
inherentemente no sólo a la consecución de la personalidad completa sino
también a la unión del amor y el odio y al reconocimiento creciente de la
dependencia. Éste es el análisis de una fase de la inquietud, o de lo que es
conocido bajo el término de «posición depresiva». Estos pacientes requieren
el análisis del estado anímico. La técnica empleada para este fin no difiere
de la que se emplea con los pacientes de la primera categoría; sin embargo,
surgen algunos problemas nuevos relacionados con el aumento de la gama
de material clínico tratada. lo que tiene importancia aquí es la idea de la
supervivencia del analista en calidad de factor dinámico.
3-Pacientes cuyo análisis debe enfrentarse con las primeras fases del
desarrollo emocional antes y hasta la instauración de la personalidad como
entidad, antes de la consecución del estado de unidad espacio-tiempo. La
estructura personal todavía no está firmemente asentada. Con respecto a
este tercer grupo, el énfasis recae en la dirección o control y a veces,
durante largos períodos, hay que postergar la labor analítica corriente en
beneficio del control.
En términos de medio ambiente, los del primer grupo tienen dificultades en
su vida hogareña, dando ésta por sentada en el período de prelatencia y
dando también por sentado un desarrollo satisfactorio en las fases infantiles.
En el segundo grupo, el análisis de la posición depresiva, nos enfrentamos
con la relación madre-niño, especialmente cerca del momento en que el
término «destete» empieza a cobrar significado. La madre sostiene una
situación en el tiempo. En el tercer grupo entra el primitivo desarrollo
emocional, en el cual la madre debe literalmente sostener al pequeño.
Para Winnicott, la palabra «regresión» significa simplemente lo contrario de
progreso. Progreso es la evolución del individuo, del psiquesoma de la
personalidad y de la mente con (a la larga) la formación del carácter y la
socialización. El progreso empieza en una fecha sin duda anterior al
nacimiento. Detrás del progreso hay un impulso biológico. Uno de los dogmas
del psicoanálisis es que la salud implica continuidad con respecto a este
progreso evolucionista de la psique y que la salud es la madurez del
desarrollo emocional apropiado a la edad del individuo, madurez, o sea, en
relación con este progreso evolucionista.Después dice que no puede haber
una sencilla inversión del progreso. Para que se produzca la inversión de este
progreso en el individuo tiene que haber una organización que permita la
regresión.
Como:
78
1-Un fracaso en la adaptación por parte del medio, que produce el desarrollo
de un self falso. (El déficit del desarrollo del propio self, se produce una
defensa que da lugar al falso self)
2-Una creencia en la posibilidad de una corrección del fracaso originario
representada por la capacidad latente para la regresión, que entraña una
compleja organización del yo. (La posibilidad de poder tener esperanza de
que lo originario aparezca y crezca.)
3-Un medio ambiente especializado (analista que posee de un marco, o
forma de procesar) seguido por la regresión real.
4-Un nuevo desarrollo emocional hacia adelante, con complicaciones.
80
3-El analista expresaba amor por medio del interés positivo que se tomaba
por el caso, y expresaba odio por su mantenimiento estricto de la hora de
comenzar y la de acabar, así como en el asunto de los honorarios. El odio y el
amor eran expresados honradamente, es decir, no eran negados por el
analista.
4-El objetivo del análisis era el establecer contacto con el proceso del
paciente, comprender el material presentado, comunicar tal comprensión por
medio de las palabras. La resistencia entrañaba sufrimiento y podía ser
suavizada por medio de la interpretación.
5-Esta labor se realizaba en una habitación, tranquila, iluminada
apropiadamente, pero sin que la luz diese directamente en el rostro, estaría
confortablemente caldeada. El paciente se tumbaba en un diván, es decir,
estaba cómodo.
6-El analista se abstiene de juzgar moralmente la relación, no se entromete
con detalles de su vida e ideas personales y no toma partido.
7-En la situación analítica el analista es mucho más digno de confianza que
el resto de la gente en la vida normal.
8-Hay en el análisis una distinción muy clara entre la realidad v la fantasía,
de manera que el analista no recibe ningún daño a causa de algún sueño
agresivo.
Para Freud hay tres personas, una de las cuales se halla excluida de la
habitación analítica. Si sólo intervienen dos personas, entonces es que ha
habido una regresión del paciente en el marco analítico, y el marco
representa la madre con su técnica y el paciente es un niño pequeño.
81
2-La regresión del paciente al estado de dependencia, con la debida
sensación de riesgo que ello comporta.
3-El paciente siente un nuevo sentido del self, y el self hasta ahora oculto se
rinde ante el yo total. Una nueva progresión de los procesos individuales que
se habían detenido.
4-Una descongelación de la situación de fracaso ambiental.
5-Partiendo de la nueva posición de fuerza del yo, la ira relacionada con el
fracaso ambiental precoz, sentido en el presente y expresado.
6-Retorno de la regresión a la dependencia siguiendo un progreso ordenado
hacia la independencia.
7-Las necesidades y deseos instintivos se hacen realizables con auténtica
vitalidad y vigor.
¿Qué les pido que hagan a los analistas acerca de estas cuestiones en su
labor práctica?
1. No les pido que acepten pacientes psicóticos.
2. Nada de cuanto he dicho afecta a los principios de la labor analítica
corriente en la medida en que
a. el analista se halle en la primera década de su carrera analítica;
b. el caso sea verdaderamente neurótico (y no psicótico).
3. Lo que sí sugiero es que mientras los analistas esperen estar en
condiciones -a través de su creciente experiencia personal de encargarse
de un caso en que la regresión sea indispensable, es mucho lo que pueden
hacer para prepararse:
a. vigilar la actuación de los factores del marco;
b. vigilar los ejemplos leves de regresión con terminación natural que
aparecen en el curso de las sesiones analíticas; y
c. vigilar y utilizar los episodios regresivos que suceden en la vida del
paciente fuera del análisis, episodios, me permito decir, que por lo
general son desperdiciados, con gran empobrecimiento del análisis
El principal efecto de estas ideas que propongo, consistirá en un empleo más
exacto, rico y provechoso, de los fenómenos del marco en los análisis
corrientes de pacientes no psicóticos, produciendo, a mi modo de ver, un
nuevo enfoque de la comprensión de la psicosis y su tratamiento por parte de
psicoanalistas que estén ejerciendo el psicoanálisis.
85
Menciona que en jurmento hipocrático tenemos la prohibición de no cometer
adulterio con una paciente.
Este punto supone el pleno reconocimiento de un aspecto de la
transferencia, la necesidad que experimenta el paciente de idealizar al
médico, y de enamorarse de él, de soñar.
Freud admitió el desarrollo de toda una gama de fenómenos subjetivos en la
relación profesional; en efecto, el análisis del propio analista implicaba el
reconocimiento de que éste se encuentra bajo tensión al mantener una
actitud profesional. No estoy diciendo que el análisis del analista pretenda
liberarlo de la neurosis; se trata de aumentar la estabilidad del carácter y la
madurez de la personalidad del profesional, que constituyen la base de su
trabajo y de nuestra capacidad para mantener una relación profesional.
El trabajo del analista es un estado especial, es decir, que su actitud es
profesional. El trabajo se realiza con un encuadre profesional. En este
encuadre damos por sentado que el analista no está sometido a trastornos
de la personalidad y el carácter de un tipo o grado tal que impidan mantener
la relación profesional, o que para mantenerla obliguen a pagar el alto costo
que suponen las defensas excesivas. La actitud profesional se parece al
simbolismo, en cuanto supone una distancia entre el analista y el paciente.
El símbolo está en una brecha entre el objeto subjetivo y el objeto percibido
objetivamente. Entre el paciente y el analista está la actitud profesional del
analista, su técnica, el trabajo que realiza con su mente.
En mi trabajo analítico, las ideas y los sentimientos acuden a la mente, pero
antes de formular una interpretación los examino, esto no significa que los
sentimientos no participen. Por un lado, puedo sentir dolor de estómago, pero
eso no afecta mis interpretaciones; por otra parte, tal vez una idea del
paciente me ha estimulado erótica o agresivamente, pero tampoco este
hecho afecta por lo común mi trabajo interpretativo, lo que diga, el modo o el
momento en que lo diga.
Durante la sesión el analista es objetivo, el efecto importante del propio
análisis del analista en relación con esto consiste en que ha fortalecido su
yo de modo tal que puede seguir profesionalmente involucrado y hacerlo sin
demasiada tensión.
En la medida en que esto sea cierto, la palabra contratransferencia puede
designar los rasgos neuróticos que malogran la actitud profesional y
perturban el curso del proceso analítico tal como lo determina el paciente.
(Puntos ciegos)
Esto es así, salvo con cierto tipo de diagnóstico que modifica la totalidad del
problema.
El tema en discusión es ahora el rol del analista: este rol debe variar según el
diagnóstico del paciente. El cambio se origina en el hecho de que me refiero
al manejo y tratamiento de casos fronterizos para los cuales la palabra
psicótico es más apropiada que la palabra neurótico. Pero la gran mayoría de
las personas que acuden a nosotros en busca de psicoanálisis no son
psicóticas, y a los estudiantes hay que enseñarles en primer lugar el análisis
de los casos no-psicóticos. Dos tipos de casos modifican completamente la
actitud profesional del terapeuta:
86
1-Uno es el paciente con tendencia antisocial:
Este paciente está reaccionando permanentemente a una deprivación. Su
enfermedad, o el aspecto esperanzado que hay en ella, obliga al terapeuta a
corregir y a continuar corrigiendo las fallas del yo auxiliar (la madre) que
alteró el curso de la vida del paciente. Lo único que el terapeuta puede
hacer, es aprovechar lo que sucede para llegar a un enunciado preciso de la
deprivación o las deprivaciones originales, tal como las percibió y sintió el
paciente en su niñez. Esto supone trabajar o no con el inconsciente del
paciente. Un terapeuta completamente comprometido en el trabajo con
pacientes que presentan una tendencia antisocial no estaría en una buena
posición para comprender la técnica psicoanalítica, la operación de la
transferencia o la interpretación de la neurosis de transferencia. Nosotros
tratamos de no derivar los casos antisociales a nuestros estudiantes de
psicoanálisis precisamente porque con esos casos no podemos enseñar
psicoanálisis. Se los trata mejor de otro modo.
2-El otro es el paciente que necesita una regresión:
Para generar un cambio significativo, el paciente tendrá que atravesar una
fase de dependencia infantil. Tampoco en este caso puede enseñarse
psicoanálisis, aunque sí practicarlo en una forma modificada. La dificultad
consiste aquí en el diagnóstico, en la localización de la falsedad de la
personalidad falsa que oculta al self verdadero inmaduro. Para que en este
caso el self verdadero oculto se haga reconocer, el derrumbe del paciente
formará parte del tratamiento, y el analista tendrá que ser capaz de
interpretar el rol de la madre para el infante del paciente. Esto significa
brindar un yo auxiliar en gran escala. El analista tendrá que seguir orientado
hacia la realidad externa, mientras de hecho se identifica con el paciente,
incluso se fusiona con él. El paciente debe volverse absolutamente
dependiente, y esto vale aunque exista una parte sana de la personalidad
que mientras tanto actúe como aliado del analista y de hecho le diga cómo
debe comportarse.
El psicótico fronterizo gradualmente atraviesa las barreras que yo he
denominado la técnica del analista y la actitud profesiona l, y obliga a una
relación directa de tipo primitivo, incluso al extremo de la fusión. Esto se
hace de un modo gradual y ordenado, y la recuperación es
consecuentemente ordenada. No se debe colocar a los estudiantes en la
situación de quedar relacionados con las necesidades primitivas de los
pacientes psicóticos, porque pocos podrán soportarlo.
Por otra parte, en una práctica psicoanalítica adecuadamente organizada hay
lugar para algunos pacientes que cruzan la frontera profesional, y que nos
someten a esas pruebas especiales y formulan las exigencias que en esta
discusión nosotros parecemos estar abarcando con el término
"contratransferencia".
Luego menciona a una paciente que lo golpeó. “Lo que yo le dije entonces no
puede publicarse. No fue una interpretación, sino la reacción a un hecho. La
paciente atravesó la línea blanca profesional y obtuvo un poco de lo que soy
realmente; creo que ella lo sintió como real. Pero una reacción no es
contratransferencia”.
87
20 - DEL CONSULTORIO Y EL DIVÁN A LA CAMA DEL ENFERMO – BENYAKAR
88
Lo que puede ser información crucial en un estado de normalidad, en
situaciones críticas puede convertirse en traumatogénica, por la falta de
capacidad del paciente para integrar la información desde el punto de vista
cgnitivo emocional, transformándose en más amenazante de lo que ella es.
Por otro lado, ocultar información al paciente que solicita saber tiene las
mismas características, ya que se lo induce a “llegnar ese agujero” dando
lugar a que los fantasmas persecutorios ocupen el vacío, perdurando la
amenaza y la angustia.
En caso de crisis o enfermedades graves, es conveniente evaluar quien es la
persona apropiada para suministrar la información que el paciente requiere
del mundo que lo rodea. En algunos casos, el hecho de ser el terapeuta quien
suministra la información, coarta la posibilidad de elaboración de la misma.
La abstención activa por parte de los psicoterapeutas, requiere ante todo,
respeto por su paciente, por aquellos que lo rodean, como asdí también por
los profesionales que lo convocan, evitando acciones impulsivas y
compulsivas fruto de sus propias ansiedades.
Se puso en evidencia el preconceptos, compartido por muchos médicos, que
el psiquiatra debe ser quien suministre información al paciente sobre lo
acaecido en su mundo externo, ya que está entrenado específicamente para
conectarse en forma cálida y cercana con ellos. E nuestro entender la
función central del psiquiatra, no es suministrar información acerca de lo
sucedido, sino elucidar con el paciente la forma específica en que él
elaborará dicha información.
CASO LETICIA:
En este caso la madre, funcionaba como la portavoz válida de la información,
a pesar que no estaba en condiciones en ese momento, de contener la
enfermedad y estado de gravedad de su hija y enfrentarse con sus propias
dificultades ante tan dolorosa situación. Es por ello, que la terapeuta optó
por realizar entrevistas con la madre, simultáneamente a aquéllas que se
mantuvieron con Leticia. En un principio, las sesiones con la paciente se
limitaban a la presencia de la psiquiatra y al intento de conectarla con su
voz, Entendiendo que lo que amenazaba a Leticia en ese momento era la
pérdida de la visión.
La actitud de holding desarrollada en u principio, a través de la presencia y
la voz, se articularon con la actitud compensadora de la madre, regulando en
forma artificial y transitoria la cantidad y calidad de estímulos que llegaban
a la paciente. De esta manera Leticia logró integrar la información,
superando la amenaza de su ceguera o mutilación física para luego
enfrentarse con la pérdida de sus familiares, que actualizaba una nueva
mutilación indirecta. Así se logró amortiguar el caudal traumatogénico
posibilitando que esto no se transformara en una vivencia traumática.
La situación disruptiva nos remite a eventos externos que amenazan la
integridad psíquica del individuo. Esta puede provocar tanto una vivencia de
estrés, caracterizada por una amenaza permanente que deviene en angustia
señal o una vivencia traumática producto del vacío inundad por la angustia
automática. Por lo tanto, no siempre la sintomatología será determinante del
desarrollo de la dinámica del cuadro clínico. Justamente las vivencias de
89
estrés, desencadenarán sintomatología más florida que aquéllas producidas
por la vivencia traumática.
Lo que aparece como sintomático, es decir, alteraciones del sueño, falta de
capacidad de concentración, etc. en muchos casos son mecanismos
compensatorios que emergen como intentos de elaboración. El
desencadenamiento de una vivencia traumática, a diferencia de la vivencia
de estrés, es enfrentarse con lo inelaborable.
Es de suma importancia destacar que no es la cualidad del estímulo en sí, lo
que le hace adquirir la característica de traumatogénico. Se trata de la
especial combinación, idiosincrática para cada individuo, entre la cantidad,
calidad y significación de la amenaza, así como el momento en que ocurre, el
estado psíquico y físico, su historia y su realidad actual. Concepción que nos
remite al concepto freudiano de series complementarias.
Sostenemos que, ante situaciones disruptivas, el terapeuta, con un
entrenamiento basado en su análisis personal, su supervisión, su formación
teórico clínica, acompañado a la vez por su madurez y experiencia de vida,
podrá ejercer su función fuera del marco del consultorio sin desvirtuar lo
esencial de la clínica psicoanalítica, la elaboración inconciente en aras del
sostén de la subjetividad en el especial equilibrio pulsional entre mundo
interno y mundo externo.
90
Los médicos perdieron a los pacientes, y como consecuencia éstos acuden a
medicinas alternativas que nada tienen que ver con avances, sino que
apelando a cierta sugestibilidad de los pacientes, generan un campo de
acción afectivo, alejado de la frialdad de la alta tecnología.
La relación profesional-paciente, está deteriorada por la alteración de la
calidez y recíproca confianza entre ambos, por la tecnificación y la
industrialización de la medicina. Solamente la clínica psicológica sostiene la
relación, porque cualquiera de sus líneas teóricas sostiene que solamente en
ese encuentro único es posible la cura. El concepto de transferencia no es
otra cosa que los antiguos y buenos médicos denominaban la relación
médico-paciente. Los psicólogos clínicos son los que sostienen los dos
elementos imprescindibles para el trabajo con seres humanos: la escucha y
la palabra, que parecen inexistentes en los vademécum o en la valija de los
médicos actuales. En nuestra infancia lo que decía el doctor era sinónimo de
sabiduría, consuelo, consejo y apoyo, y que si además se acompañaba con
una palmada, multiplicaba el efecto terapéutico-placebo. Hoy, los pacientes
confían más en los estudios entregados en sobres cerrados que en la palabra
del médico.
Las prepagas lograron la desaparición del paciente privado y libre de
elección del profesional que desea que lo atienda, el médico se transformó
en un mero prestador de servicios. Esto se llamó en EEUU Doctor Shopping.
Lamentablemente la gente se cree que porque los atienden en ambientes
alfombrados, edificios vidriados, con elegantes secretarias y sobres llenos
de estudios, están bien atendidos, cuando en realidad se prescinde de la
relación profesional-paciente, ya que son anónimos con un número de carnet.
En resumen:
El psicólogo clínico, es el heredero del viejo médico de familia, quien cumplía
con las premisas de la función médica que establecía “a veces curar,
muchas veces mejorar, pero siempre acompañar”. Nosotros lo hemos
transformado en: “a veces interpretar, muchas veces comprender y explicar,
pero siempre escuchar”. Este es el preámbulo de toda buena relación
profesional-paciente.
91
22 – SOBRE PSICOTERAPIAS - Lindner
Al inicio del texto se recuerda la diferencia entre método psicoanalítico
(asociación libre, atención parejamente flotante y abstinencia) y técnica
psicoanalítica (procedimientos fácticos para que el método funcione).
El recién egresado se puede encontrar con que pacientes en resistencia, que
no se quieren analizar y solo quieren resolver un pequeño punto, momento en
el cuál el analista llama a un supervisor, o improvisa sobre la marcha (flores
de Bach, inducción de conductas) olvidando el cuidado éticos de la vida del
otro. Surge entonces el estudio de las Psicoterapias como parte del estudio
integral de un Psicólogo Clínico.
Las Psicoterapias que veremos se desprenden del cuerpo teórico-clínico-
técnico del psicoanálisis, como alternativa específica a aplicar en
determinados momentos, situaciones o casos, con indicaciones bien
precisas.
1. CONCEPTO DE PSICOTERAPIA Y DE PSICOTERAPIA PSICOANALÍTICA
El estudio de las psicoterapias permite ver cuánto de lo que uno hace es
psicoterapia y cuanto psicoanálisis, cuándo estamos estancados y cuando
no. Ningún análisis está exento de porciones de psicoterapia (por fuera del
análisis ortodoxo) para permitir que prosiga.
Debemos diferenciar la psicoterapia del psicoanálisis, que tiene autonomía y
una conceptualización que lo sustenta.
Según Coderch la psicoterapia es:
1. Un tratamiento de naturaleza psicológica
2. Entre un profesional y una persona que necesita ayuda
3. Con metodología sistematizada y fundamentos teóricos
4. Que apunta a disminuir el sufrimiento o trastornos del
comportamiento
5. A través de la relación interpersonal entre terapeuta y paciente
La psicoterapia psicoanalítica es aquella que se funda tanto teórica como
metodológicamente en la doctrina psicoanalítica. En pacientes susceptibles
de tratamiento, el psicoanálisis ofrece las mayores posibilidades de éxito.
Pero puede suceder que el paciente no posea los recursos de personalidad
apropiados para el psicoanálisis, o que necesite una ayuda de apoyo mayor
que la aconsejable durante el psicoanálisis, o que tenga un historial de
rápida reacción a la descompensación neurótica parcial, o que su problema
sea tan grave y urgente que no haya tiempo para los procesos lentos y
graduales del análisis. Es éstos casos el psiquiatra debe fomentar una
solución nueva y más efectiva: puede dedicarse a reforzar intencionalmente
las fuerzas defensivas del yo o Superyó con el fin de reducir los impulsos que
buscar expresión y que estimulan el conflicto y la ansiedad.
2. ANTECEDENTES:
Los antecedentes de la psicoterapia psicoanalítica han tenido el intento de
abreviar el proceso denominándolo “Psicoterapia breve”, otros autores lo han
denominado “psicoterapia de objetivos limitados” sea breve o no. Seguiremos
éste último lineamiento.
Balint toma “Estudios sobre la Histeria (1905)” donde Freud describe el caso
Catalina, como la primera psicoterapia breve de orientación psicoanalítica.
92
Freud primero describe a Catalina y luego los recuerdos que ella le contó.
Este único encuentro trajo como resultado un verdadero alivio y un cambio
notable en su conducta. La imposibilidad de darle un seguimiento a Catalina
impidió saber los alcances de dicha mejoría. A medida que el psicoanálisis
se transformaba en un procedimiento terapéutico cada vez más prolongado y
complejo los analistas que seguían haciendo terapias breves publicaban muy
poco de dichos casos, encontrándose sólo siete informes publicados entre
1909 y 1914.
Durante y después de la Primera Guerra Mundial se hizo necesario pensar en
terapias analíticas más breves debido a:
-Un factor interno: a medida que se realizaban tratamientos surgían nuevas
dificultades y resistencias que prolongaban el análisis
-Un factor externo: la necesidad social de que la terapia analítica alcanzara
sectores más amplios de la sociedad.
Ferenczi acepta el desafío de desarrollar una psicoterapia psicoanalítica
breve (1919, 1920, 1925): a la pasividad del analista le opone la siguiente
actividad:
-Prevenir o prescribir ciertos tipos de conducta, como por ejemplo, omitir los
rituales en los pacientes obsesivos, o exponer pacientes fóbicos a
experiencias que activan sus fobias
-Establecer un límite de tiempo para la terapia en forma arbitraria
-Emplear fantasías forzadas para acelerar la aparición de conflictos ocultos
-Adoptar un papel definitivo en relación al paciente acelerando las
reacciones neuróticas de transferencia del paciente.
Más tarde Ferenczi y Rank (1925) centran su atención en las experiencias
emocionales del paciente. Creían que no hacía falta esperar a que
reaparecieran los recuerdos infantiles. Una vez que los conflictos pasados se
repetían en transferencia y eran comprendidos sin necesidad de
relacionarlos con hechos genéticos, el analista podía fijar una fecha de
terminación del análisis. Las experiencias de Ferenczi encuentran gran
oposición, entre ellas de Freud.
Con la Segunda Guerra Mundial se relanza ésta temática. En 1956, Alexander
y French plantean su oposición al análisis intelectualista, desarrollando el
concepto de “experiencia emocional correctiva”: ponen el acento no sólo en
lo que sucede en la sesión, sino en lo que le sucede al paciente fuera de la
sesión. Es muy marcada la importancia que se le depara al yo, consonante
con la de Freud en Análisis terminable e interminable (1937) donde plantea el
concepto de Alteración del yo como factor pronóstico del análisis.
Alexander desarrollalos periodos por los que atraviesa la terapéutica
psicoanalítica:
1. Hipnosis catártica
2. Sugestión en estado de vigilia
3. Asociación libre
4. Reeducación emocional: cambios permanentes en la capacidad
funcional del yo.
Escenario de la psicoterapia: algunos analistas trabajan sobre el supuesto de
que el proceso curativo tiene lugar en el diván realizando el médico mediante
sus interpretaciones un “acto terapéutica” sobre el paciente. No han
93
comprendido que el tratamiento psicoanalítico es una parte del desarrollo
del yo del paciente. Todo terapeuta bien adiestrado desde el punto de vista
psicodinamico estará de acuerdo que bajo la influencia de experiencias
emocionales e intelectuales en el diván, el paciente deviene capaz de tener
experiencias beneficiosas en su vida y que las conquistas terapéuticas
resultan en parte de estas experiencias en la vida. Las sesiones analíticas
pueden considerarse como agentes catalíticos que aceleran las nuevas
relaciones y experiencias, siendo las influencias sobre el yo de estas
experiencias de la vida diaria igual o mayor que las sesiones mismas.
Consecuencias de considerar al proceso terapéutico limitado a las sesiones
son varias: mantener una frecuencia de sesiones alta cuando no es
necesario, prolongación de los tratamientos, temor a interrumpir el mismo
cuando sería necesario hacerlo y que el paciente use las sesiones como
manera de reemplazar sus experiencias en la vida.
Dirá Alexander que no es el recuerdo el responsable de la mejoría del
paciente, sino a la inversa, la mejoría es responsable de que el recuerdo
emerja. La recuperación de recuerdos no es la causa del progreso
terapéutico sino su resultado. Los recuerdos reprimidos infantiles aparecen
solo luego de experimentar y dominar en la situación transferencial el mismo
tipo de constelación emocional. Que el paciente pueda recordar algo que
antes le resultaba imposible demuestra que durante el tratamiento ha
aumentado la capacidad de su yo para afrontar algún tipo de constelación
emocional abrumadora.
Pueden lograrse resultados terapéuticos sin que el paciente recuerde todos
los pormenores de su historia pasada.
3. TIPOS DE INTERVENCIÓN: IMPORTANTE!
Según Coderch son 6:
1. Sugestión
2. Abreacción
3. Aconsejamiento
4. Confrontación
5. Clarificación
6. Interpretación
Los tres primeros corresponden a psicoterapias de apoyo, el cuarto es una
transición entre las psicoterapias de apoyo y las psicoterapias
psicoanalíticas, y los últimos dos corresponden a la psicoterapia
psicoanalítica.
1-Sugestión: Freud la define como “el influjo sobre un ser humano por medio
de los fenómenos transferenciales posibles en él, velando por la autonomía
del enfermo, aprovechando la sugestión para hacerle cumplir un trabajo
psíquico que tiene por consecuencia una mejoría duradera de su condición
psíquica. Hacerle vencer la resistencia al hacer conciente lo inconsciente.
Coderch la define como el instrumento que “pretende provocar un cambio
directo, como la desaparición de síntomas que aquejan al paciente, o formas
de comportamiento indebidas, o bien la aparición de sentimientos,
conductas, pensamientos que se consideran beneficiosos. También se usa
para facilitar la adaptación del sujeto a la realidad, ayudarle a tolerar la
ansiedad o alguna clase de dolor.
94
2-Abreacción: consiste en facilitar la descarga emocional de los afectos, a
través de la verbalización de los hechos y circunstancias ligados consciente
o inconscientemente a los mismos. Esta técnica es indicada para vivencias
traumáticas no necesariamente inconscientes (ej tortura) que no han podido
ser descargadas, y al hacerlo posibilita un reajuste de los procesos psíquicos
y la integración de vivencias en el devenir psíquico del sujeto.
3-Aconsejamiento: variedad de la sugestión, usado con la ética de nuestro
quehacer profesional y no privando al paciente de su autonomía, libertad y
decisión. Ej: “permítase decantarlo antes de tomar una decisión”
4-Confrontación: se usa para mostrar al paciente contradicciones en el
interior de su comunicación verbal o entre ésta y su comportamiento con el
fin de lograr un mayor conocimiento de sí mismo. Es de importancia en
pacientes que no se hacen cargo de sus cosas. Ej: cuando Dora le dice a
Freud que el padre la entregaba al Sr.K a cambio de mantener su relación
con la Sra. Como, Freud le dice: “Veamos cual es la parte que le toca en todo
esto”.
5-Clarificación: usada para que el paciente adquiera el máximo conocimiento
de sí mismo en los niveles consiente y preconsciente. El terapeuta realiza
una elaboración mental de la comunicación del paciente, devolviéndosela
con palabras más comprensibles, atemperada en sus aspectos ansiógenos y
más tolerable.
6-Interpretación: hacer conciente lo inconciente.
DIFERENCIAS ENTRE PSICOTERAPIA PSICOANALITICA, PSICOANALIS Y
PSICOTERAPIA DE APOYO:
La diferencia estriba en el uso de la transferencia:
En análisis: posición reclinada del cuerpo, frecuencia intensa de sesiones,
silencios del terapeuta, permanecer desconocidos en lo que eso sea posible
para el paciente, fomentan la regresión, activación de la neurosis
transferencial y la resolución allí de la conflictiva infantil.
En la Psicoterapia psicoanalítica, algunos autores evitan verbalizar la
transferencia, otros la verbalizan cuando deviene resistencia y otros la
verbalizan sin alentar la neurosis de transferencia mediante la frecuencia de
sesiones, o refiriendo la conflictiva de la sesión al afuera en una dialéctica
adentro-afuera, presente y pasado, tendiente a fortalecer los vínculos con la
realidad y desalentar la neurosis de transferencia.
Otra diferencia: El principal objeto de interés del psicoanálisis es el análisis
de las transferencias con el analista. El de la psicoterapia psicoanalítica es
el análisis de los problemas del paciente con otras personas y consigo
mismo, siendo el análisis de las transferencias con el terapeuta una cuestión
accesoria.
En la terapia de apoyo: son aquellas que a través de uno u otro
procedimiento se dirigen a reforzar las defensas contra el conflicto, en
oposición a la Psicoterapia Psicoanalítica, la cual analiza las defensas como
forma de conseguir que las fuerzas psíquicas en conflicto puedan ser
puestas a disposición del yo.
La psicoterapia psicoanalítica no será indicada en: crisis graves y urgentes,
dificultades físicas, falta de tiempo o no disposición del paciente, cuestiones
que imposibilitan el análisis. En estos casos nos queda la posibilidad de
95
efectuar psicoterapias de apoyo: oligofrenias, demencias, cuadros seniles
etc.
EL PRINCIPIO DE LA EXPERIENCIA EMOCIONAL CORRECTIVA:
En análisis, lo emocional, el montante de afecto según Freud, que acompaña
la interpretación es de singular valor. De no producirse se estará en un punto
resistencial del análisis, pero con la apariencia de un progreso que no es
(análisis falso). Alexander señala que en toda psicoterapia etiológica se trata
de exponer al paciente en circunstancias más favorables (la transferencia)
a situaciones emocionales que no pudo resolver en el pasado. Allí se repetirá
el clise de la historia infantil a la luz de las series complementarias,
aparecerá la repetición y la toma de conciencia de la misma. Lo favorable es
que el conflicto transferencial es menos intenso. También la actitud diferente
del terapeuta ceñida a su encuadre tendrá 2 consecuencias: 1) Favorecer la
toma de conciencia de la repetición fiel a la historia sexual infantil reprimida
pero no a la realidad del terapeuta alineado a su encuadre, y 2) esta actitud
permite reeditar viejas experiencias ero encuentra aspectos nuevos en las
respuestas terapéuticas que le permiten al paciente elaborar salidas a la
conflictiva diferentes a las que encontró en el momento de la dependencia
infantil.
RELACIONES ENTRE PSICOTERAPIA PSICOANALITICA Y PSICOANALISIS
3 POSTURAS DIFERENTES:
1-Algunos (Glover) niegan a la psicoterapia psicoanalítica toda capacidad de
modificar estructuras psíquicas, y afirman que todo cambio o mejoría
sintomatológica se debe a la sugestión.
2-Otros (Wallerstein, Dewald, Paul, Wolberg), consideran que la psicoterapia
psicoanalítica tiene su propio campo de acción, técnica específica y
objetivos propios, logrando modificaciones significativas en la estructura
psíquica y en la conducta, no debiendo confundirlo con la sugestión. La
psicoterapia psicoanalítica sería un punto intermedio entre el psicoanálisis y
las psicoterapias de apoyo y directivas, sin alcanzar profundas
modificaciones como el primero ni limitarse a los resultados
sintomatológicos y superficiales de las segundas.
3-otros (Alexander,Fromm) no diferencian entre psicoterapia psicoanalítica y
el psicoanálisis. Cualquier psicoterapia que parta de los postulados
psicoanalíticos, que tenga en cuenta las resistencias y que intente manejar
la transferencia es psicoanálisis.
ALTERACIÓN DEL YO
Una de las objeciones que siempre se le han hecho al campo del
psicoanálisis es el énfasis en el yo. Freud al final de su obra reconoce la
“alteración del yo” como un factor límite al análisis. El hecho clínico nos
enfrenta con interpretaciones que el yo no puede procesar y deviene
traumáticas, con pacientes que no asocian, quedándonos vedados el acceso
al inconciente. El yo no aparece como el polo defensivo en el conflicto, sino
como un sistema motivante. Se requerirá trabajar sobre él a través de los
recursos de la psicoterapia. Freud nos dice que el yo persiste alterado en su
deformación perceptual aun resuelto el conflicto a menos que trabajemos
sobre él.
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Es necesario trabajar sobre el yo para fortalecerlo, y que pueda acoger
aquello que el yo inmaduro por insoportable debió reprimir en los años del
desarrollo psicosexual.
CONCEPTO DE FOCO:
French habla de “conflicto focal” y conflicto nuclear”: el focal es
preconsciente, más cercano a la superficie en un momento dado y explica la
mayor parte del material clínico de una sesión terapéutica determinada. En
el conflicto focal los impulsos se condensan en un único conflicto y luego se
descargan en las verbalizaciones y producciones del paciente. Los conflictos
focales derivan de conflictos nucleares más profundos y tempranos que
probablemente se hayan originado al comienzo de la vida. El trabajo sobre el
foco crea soluciones nuevas a un conflicto, flexibiliza al yo y lo fortalece,
favoreciendo el mejor desenvolvimiento en la vida y dejando abierta la
posibilidad de un abordaje en profundidad.
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Tales hipótesis nos servirán para entender que el trauma, sea por intensidad,
frecuencia o persistencia, operará como factor desencadenante, pero
siempre dentro de una orfganización psíquica de características particulares
y en directa relación a la historicidad de un determinado sujeto, generando la
presentación de procesamientos psíquicos característicos.
Las reacciones psíquicas a tales estímulos son de tres tipos:
-Inmediatas: se presentan dentro de las primeras 24 hs de producido el
hecho catastrófico, con manifestaciones de angustia y/o ansiedad,
modificaciones del sueño y del dormir, junto a modificaciones orgánicas
tales como cambios en el sistema de conducción nerviosa que pueden
durar años.
-Mediatas: los síntomas predominantes son de un cuadro depresivo,
pues a las manifestaciones anteriores se agrega apatía, tristeza, signos
hipocondríacos, expresiones de remordimiento, sentimientos de
inutilidad, intentos de suicidios, etc.
-A distancia: predomina la desmoralización, desconfianza y ansiedad
ante la supuesta falta de futuro.
El abordaje terapéutico correspondiente dependerá de qué tipo de efectos
trumáticos tenemos que apuntalar, es decir, si los que predominan son los
efectos inmediatos, mediatos, o a distancia. Si de los efectos inmediatos se
trata, nuestra atención va a estar atraída por los efectos directos del shock,
y sobre ellos se encaminará nuestra acción terapéutica a través del apoyo y
esclarecimiento.
En caso de efectos mediatos, tenemos la posibilidad de una psicoterapia de
base psicoanalítica, o directamente de un psicoanálisis, trabajando con la
transferencia y la resignificación del episodio vivido.
Los efectos a distancia deberán ser abordados desde todas las vertientes
posibles, dado que seguramente existen alteraciones orgánicas y
consecuencias sociales del trauma.
Para finalizar: actualmente estamos en presencia de otro tipo de situación
límite: las grandes e injustas diferencias socio-económicas, y la
desocupación. La economía de los países latinoamericanos ha crecido pero
paradójicamente deja a una multitud en la miseria, se amenaza la identidad
de los pueblos y se destruyen los recursos naturales.
La salud mental de las poblaciones se encuentra en peligro, especialmente
la de las personas sin recursos a quienes se les hace difícil recurrir a la
realidad psíquica para evadir el avasallaje de la realidad externa.
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25 – CASO MARÍA, Windaws
EN LOS CASOS ARTICULA SIEMPRE LA TEORIA. SOBRE TODO LO Q SE
REFIERE A TRANSFERENCIA Y RESISTENCIA, ADEMAS DE LOS TIPOS DE
INTERVENCIONES.
Catalina fue derivada a la Lic. Marta Liberman en los años 80, por un colega,
psiquiatra, quien le dijo que se trataba de “un caso muy interesante”.
Catalina llegó a la consulta con cuarenta y dos (42) años luego de haber
pasado durante casi veinte años por diferentes profesionales (psicólogos,
psiquiatras) y tres internaciones. Durante esas dos décadas y según relatos
de la paciente, su situación fue empeorando cada vez más. Su primer
tratamiento fue antes de terminar el secundario.
En la primera entrevista ya preguntó: “Licenciada, ¿Ud me va a curar? Estoy
cada vez peor, me duele la cabeza, no puedo dormir si no tomo pastillas”.
Dijo también que el cuerpo le quemaba, que tomaba cuatro litros de agua por
día pero con eso no se le pasaba.
Al momento del inicio del tratamiento, la paciente no tenía amigos, no salía,
había dejado de escribir cuentos, leer, estudiar y trabajar.
Contexto familiar: La paciente vivía en un departamento con su padre, quien
la tenía a su cargo por invalidez psíquica. Éste, a pesar de estar jubilado,
continuaba trabajando para poder solventar los gastos de Catalina. Ambos
mantenían una relación muy conflictiva, llegando incluso a empujarse y a
gritar fuertemente (al punto que los vecinos en varias oportunidades
llamaron a la policía). Catalina se refería a su padre diciendo que era un
sucio, que vivir con su él era un asco (comía mandarina y dejaba el baño
mojado) y que los familiares por parte del padre eran unos “ordinarios”. Él
expresaba que ella estaba loca “como la familia de la madre”
Catalina era hija única del segundo matrimonio de su madre, quien se había
suicidado años antes. El día anterior al suicidio, la madre le dice “no aguanto
más verte así, me voy a matar”. Catalina no le cree. Al día siguiente la mamá
se suicidó. Dijo la paciente: “yo no le creí… y ella se mató”.
Intentando describir los aspectos más sobresalientes de su vida, Catalina
comentó que de jovencita siempre fue abanderada y excelente en inglés.
Finalizado el colegio secundario, consiguió trabajo pero dejó enseguida. No
se entendía con sus compañeros ni sus jefes. Un día le dio miedo escribir a
máquina y no fue más. A los tres meses de iniciado el tratamiento comentó
que de joven se había casado con un muchacho conocido del trabajo de
quien se separó al poco tiempo, el matrimonio según sus dicho nunca había
sigo consumado. El día del casamiento del civil, relata la paciente que fue al
baño e intentó cortarse las venas.
En el tratamiento se distinguen dos períodos –siendo el primero el más
productivo- divididos ambos por una escena que la analista llamó “La
Despedida”. Debemos remarcar que las entrevistas preliminares duraron
más de un año, y la analista no comunicó nunca a la paciente el inicio del
tratamiento.
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Cabe agregar que los días y horarios de sesiones fueron arreglados con la
paciente y los honorarios con el padre. Se convienen inicialmente tres
sesiones semanales (eventualmente cuatro, a pedido de la paciente y/o
también a consideración de la analista).
Ya desde el primer encuentro y en las sesiones posteriores, a Catalina le
costaba irse. A partir del momento en que la analista expresaba “lo dejamos
acá..” ella continuaba unos 15 a 20 minutos más, hablando
verborrágicamente, hasta que se retiraba del edificio.
Entre sesiones, Catalina dejaba muchos mensajes en el contestador
telefónico, pidiendo a la terapeuta que la llame y relatando dolores
corporales y/o peleas con el padre, hasta incluso llegar a acabar la cinta.
Pasado el año de tratamiento, un día Catalina llama por teléfono a la casa de
Marta, atiende el marido y la paciente deja el siguiente mensaje: “dígale a la
licenciada que llamé para despedirme”. Marta Liberman, acude a su domiclio
y se queda con ella varias horas. Luego, habiendo tomado conocimiento de
que su padre estaba durmiendo en otra habitación le pide que lo llame. La
analista, le cuenta al padre lo sucedido y se despide diciéndole que “la deja a
su cuidado”
Se inicia a partir de aquí el segundo periodo del tratamiento, tiempo durante
el cual: cesó la hostilidad, los llamados fueron más espaciados, desapareció
el dolor de cabeza y la quemazón, comenzó a leer a sus escritoras favoritas.
Asimismo, el procesamiento psíquico empezó a pasar por la fantasía. Igual
necesitaba de continuo su aprobación.
Un día contó una fantasía (que había tenido antes de entrar a sesión). Otra
sesión llegó con el brazo derecho paralizado.
Por esa epoca también se establece la relación con una prima del lado
paterno. Al poco tiempo, comentó que la prima se iba a vivir a otro país y se
la quería llevar con ella.
La Lic. Liberman, habiéndose reunido con la prima y tomado conocimiento de
una serie de detalles respecto del cambio de país, no encontró motivos para
recomendar que no se fuera. Así lo hizo, y nunca más, tomó contacto con la
terapeuta.
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En lo referente a las reglas, podemos afirmar que la Lic. Liberman siguió las
indicaciones de Freud con relación a no utilizar medio auxiliar alguno para
recordar lo relatado en cada una de las sesiones con la paciente. Se limitó a
escuchar con atención parejamente flotante, sin tratar de seleccionar nada
en su escucha. No tomó nota alguna mientras estaba con la paciente. Las
pocas anotaciones que realizó, fueron efectuadas al finalizar la sesión y se
circunscribieron a anotaciones cortas.
Respecto del principio de neutralidad, podemos decir que el mismo se
cumplió acabadamente tratando en todo momento de no poner en juego la
analista sus propios ideales religiosos, políticos, sociales, culturales e
incluso curativos para poder escuchar las verdades inconcientes de Catalina.
En relación al principio de abstinencia entendido por un lado como el
abstenerse de manifestar sus afectos personales, y por el otro, como no
acceder a las demandas del analizante ni desempeñar los papeles que
espera que el analista desempeñe, y tratándose Catalina de una paciente
grave, aclaramos que este principio no fue cumplido al pie de la letra. La
regla de abstinencia era relativa, Marta accedía a tener entrevistas con el
padre a veces sí a veces no.
Con relación a la actitud que debe mantener el analista, marcamos que la
Lic. Liberman se abstuvo de contarle a Catalina sus propios conflictos y sus
propios logros, de actuar desde una función educadora y de incentivar o
requerir la colaboración intelectual de Catalina en el tratamiento por
ejemplo dándole para leer lecturas psicoanalíticas.
Tomando el texto “Iniciación del tratamiento” (1913) y en relación al periodo
de prueba o ensayo previo, en el presente caso clínico cabe mencionar que
las entrevistas preliminares duraron aproximadamente un año y fue
justamente por lo extenso de su duración que la analista nunca le comunicó
a la paciente la iniciación del tratamiento (para evitar que Catalina pudiera
decirle por ej ¿y que fue lo que estuvimos haciendo hasta hora?).
En este texto además, Freud compara a los psicoanalistas con los
psiquiatras diciendo que estos últimos sólo describen y no se comprometen
con el tratamiento.
Catalina expresó en una oportunidad, que su primera experiencia con un
psiquiatra no fue buena porque ella quería hablar de su sexualidad y él le
pidió que se desvista. A raíz de este pedido ella se fue y no volvió más.
Durante el segundo periodo de tratamiento con Liberman, Catalina había
cambiado de psiquiatra porque se había peleado. El nuevo psiquiatra se
comunicaba con regularidad con la analista para decidir respecto de la
medicación. Vemos en este último psiquiatra un compromiso importante con
el tratamiento de la paciente.
En el mismo texto, Freud refiere que la familia del paciente interviene sólo
para beneficio de éste. Frente a la demanda de concurrir, antes de dar la
respuesta, hay que evaluar si es o no conveniente, si es o no el momento. En
el caso de estudio, cabe destacar que con cierta regularidad, Catalina le
pedía a la terapeuta que llamara o se reuniera con su padre, pedido al cual
Marta Liberman accedía a veces y a veces no. Su intención con estos
encuentros era poner en juego en el tratamiento, algo del orden de la
terceridad. Asimismo, en varias oportunidades sugirió al padre que a los
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pedidos de Catalina en algún momento pusiera un “No”, pusiera un límite. Las
sugerencias al padre, así como los mismos encuentros resultaban en un
punto inútiles. En las reuniones, éste era monotemático, no escuchaba nada.
Decía “no sé que hacer con mi hija, le doy todo pero todo sigue igual”. Cabe
destacar que si Marta, no accedía de continuo a todos los pedidos de
Catalina (en lo referente a que se encuentre con su padre), era porque no
quería responder a sus demandas, accediendo a todos sus pedidos,
repitiendo el modelo parental. En ese momento el padre terminaba
accediendo a todos sus caprichos como lo habia hecho antes su esposa.
Recordemos que la misma Catalina expresó en una oportunidad:
Tiempo y dinero: no hubieron durante el tratamiento, las limitaciones de
tiempo y dinero que suelen darse en el ámbito institucional donde la
necesidad de circulación de pacientes y las directivas a las que deben
ajustarse los analistas, conspiran muchas veces con un correcto
tratamiento.
Encuadre: los días y horarios de sesiones fueron arreglados inicialmente con
la paciente y los honorarios con el padre. Respecto del tema de los
honorarios, Catalina le dijo a Marta que ella llevará el dinero pero que el
tema del importe lo arregle la analista directamente con el padre que “es el
que paga todo” y agrega “siempre dice que no tiene pero al final el dinero
aparece”. Se convinieron inicialmente tres sesiones semanales
(eventualmente cuatro – a pedido de la paciente o a veces a sugerencia de la
analista).
La paciente respetó los días y los horarios. Respecto de esto último hay que
mencionar que Catalina, especialmente durante el primer periodo,
continuaba hablando aproximadamente entre 15 y 20 minutos más, a partir
del momento en que Marta decía “dejamos acá”. Atento que a la paciente le
costaba irse, Marta se vio precisada de modificar su agenda y atrasar el
horario de ingreso del próximo paciente.
Duración del tratamiento: Freud expresa que los pacientes gratos son
aquéllos que no se preocupan por la duración del tratamiento. Los pacientes
graves por lo general demandan respuestas rápidas. Catalina, ya en la
primera entrevista expresó “Licenciada, ¿ud me va a curar?”. Sabemos que
estos pacientes se ponen muy exigentes, quieren resultados ya y son muy
demandantes.
Cabe agregar que durante todo el tratamiento no se usó diván; a pesar de
que el uso del mismo es recomendable en muchos pacientes, en el caso de
Catalina, Marta juzgó no apropiada su utilización por entender que el mismo
actualiza vivencias tempranas de desamparo y desilusión y que a la paciente
le hubiera generado un alto montante de angustia que habría obstaculizado
cualquier posibilidad de trabajo.
En el texto que venimos trabajando, Freud toma a la transferencia como
motor de la cura. En el caso de Catalina, y especialmente durante el primer
periodo, la transferencia era hostil, ella era demandante al extremo, buscaba
permanentemente llenar un vacío (recordemos que con mucha frecuencia le
dejaba mensajes en el contestador del consultorio que incluso llegaban a
agotar la cinta.
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Vemos una transferencia especular (recordemos que le preguntaba por las
polleras) e idealizadora (ej cuando le dice a Marta: “ud nunca se enferma”.
Aquí cabe poner de relieve la respuesta de la analista ante tal comentario
quien le dice “evidentemente me he enfermado algún día que Ud no ha
venido”, en un intento de ir mostrándole algo del orden de la falta).
Cabe marcar que en varios momentos se evidenció una transferencia
negativa, entendida como hostilidad dirigida al analista que se manifiesta a
través de desafíos constantes, descalificaciones, provocación (recordemos a
modo de ejemplo los varios momentos en que le expresó a la analista con
rostro de desagrado “Ud está siempre sentada ahí sin hablar”).
Contratransferencia: En el primer momento, la demanda interminable le
provocaba rechazo y bronca, por momento también mucha ternura. Siguiendo
a Winnicott, quien en su texto “El odio en la contratransferencia” expresa que
ante demandas de pacientes como Catalina, debe responder sin morirse ni
vengarse para poder seguir cumpliendo con su función. Para ello es preciso
que el analista esté atento a su contratransferencia y para ello es necesario
que se haya analizado y haya llevado su análisis de manera profunda. En el
caso de Marta Liberman, debemos decir que trabajó en todo momento con
mucho análisis propio y mucha supervisión. Teniendo presente los tres tipos
de contratransferencia que refiere Winnicott entendemos que la misma fue
positiva ya que Marta no implementó defensas ni obsesivas ni fóbicas
posibilitando un marco flexible y se permitió sentir amor y odio
contratransferencial cuando la situación así lo instituyó.
Vale la pena aclarar que, la terapeuta en ningún momento del tratamiento le
expresó a su paciente cuestión alguna referida a los aspectos
contratransferenciales. Esto nos hizo suponer, que no adhería a lo teorizado
por Winnicott sobre este tópico. Preguntada que fue la Lic. Liberman sobre el
particular, confirmó nuestra suposición.
Función de holding: por la patología de Catalina, Marta desempeñó,
especialmente al inicio del tratamiento, una función de Holding (al decir de
Winnicott) brindando contención, abrigo, amor (pensemos especialmente el
momento en que la paciente le dice que se va a suicidar y Marta le dice que
le cree y que la espere, que va para su departamento, quedándose con ella
durante varias horas.
Patologías Narcisistas:
Ubicando el cuadro de Catalina dentro de las Patologías narcisistas, nos
interesa marcar un rasgo importantísimo en el cual todos los autores
coinciden. Nos referimos a los ataques de furia reveladores de un desborde
pulsional. En este caso, desde la muerte de la madre, las peleas entre
Catalina y su padre se sucedían a diario: eran porque él no le había
comprado la pincita de depilar cejas de tal marca, porque luego de bañarse
dejaba el baño todo mojado, porque le decía que estaba loca como la familia
de la madre, etc.
En muchas de esas peleas, ambos se empujaban, incluso Catalina gritaba
para que los vecinos escuchen y llamen a la policía y ésta se lo lleven.
Vemos que la paciente buscaba afuera un límite que adentro no tenía. El
padre complacía todos y cada una de sus demandas. Destacamos además
que Catalina tenía hacia su padre sentimientos ambivalentes, ella decía “me
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voy a curar cuando él se muera”. Vemos que Catalina peleaba en realidad
contra lo incestuoso.
Semiología de la paciente:
- Trastornos de la afectividad (aquí los ataques de furia).
- Relaciones carentes de afectividad, vivencias de soledad, miedo, rabia.
- Trastornos sexuales: hay una sexualidad pregenital (recordemos que
Catalina ni siquiera pudo consumar su matrimonio).
- Trastornos sociales: inhibición laboral y social (Catalina no tenía amigos ni
relaciones sociales significativas, recordemos incluso que había comentado
que cuando estuvo trabajando no se llevaba bien ni con sus jefes ni sus
compañeros de trabajo). Podemos pensar que si hay defecto en la
subjetividad mal puede haber intersubjetividad.
- Imposibilidad de establecer nuevo nexos afectivos.
- Trastornos alimentarios: comía zanahoria, zapallo.
- Trastornos somáticos: (suelen funcionar como contrainvestiduras) dolores
de cabeza, quemazón, constipación, alergia e insomnio crónico.
- Angustia: no de castración sino de desamparo o aniquilamiento (decía estoy
muerta en vida, sólo vivo cuando vengo aquí).
- Sentimientos de extrañeza o perplejidad.
- Imposibilidad de modificar sus rutinas (comida, higiene, horario de la
confitería, hora de acostarse, se bañaba dos veces por semana).
- Vínculos dependientes: la sentaba a la mucaba y le contaba y le contaba.
- Control sobre los otros: Pensemos en el padre, también los mjes en el
contestador.
- Furia narcisista: una necesidad de venganza con exaltación hipomaníaca
(Aquí vale mencionar el episodio de las porcelanas. Catalina cuenta que de
pequeña su madre no la dejaba jugar con otros niños, agrega que sóla jugaba
con muñecas a la maestra. Cuenta que un día su madre le tiró la muñera y
ella nunca se lo perdonó. A posteriori, Catalina menciona que su madre
coleccionaba porcelanas, que si se rompía una no la reemplazaba sino que la
mandaba a restaurar (podemos pensar como hipótesis que la madre no podía
sustituir). Catalina relata que en una oportunidad, con el brazo, ella se las
había roto a todas. Esto podría dar cuenta que estaría o bien intentando
romper con la madre, también que dicho acto obedece a un venganza (por lo
de la muñeca) o ambas cosas.
Diagnóstico metapsicológico:
Hay predominio del Yo Ideal. El Ideal del Yo es muy narcisista, muy exigente,
todo es poco nada alcanza. Este SuperoYo, sádico, vigila la distancia entre
el Yo actual y el Ideal del Yo y castiga tanto cuando se acerca mucho como
cuando se aleja demasiado.
No hay tolerancia a la frustración. El Yo está indiscriminado con el yo de la
madre. No hay diferenciación yo-no yo; yo-mundo externo.
- Rasgos paranoides: Los mismos se observan por ejemplo en el siguiente
hecho: en la primera época del tratamiento, se sucedían en el país una serie
de cortes (diarios y programados) de energía eléctrica. Catalina, vivía cerca
de un hospital cuyas manzanas aledañas no estaban nunca afectadas por
dichos cortes. Pues bien, Catalina, viendo esto último afirmaba “los cortes
de luz me los hacen a mi”.
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- Forma de trabajo del aparato psíquico: A través de las fantasías (sobre todo
en el segundo periodo). Recordamos que en una oportunidad relató una
fantasía que tuvo momentos antes del inicio de la sesión en la cual ella se
descomponía, Marta la asistía haciéndole respiración boca a boca, eso no
funcionaba, entonces llamaba al psiquiatra de Catalina quien le decía que
llame a la ambulancia pero que no haga nada hasta que él llegue. Aquí Marta
interviene diciéndole que pensaba que esa fantasía revelaba por un lado su
deseo de que la terapeuta la bese, y principio de realidad el otro, indicaba
que una mujer no puede sola.
- Defensas:
- Escisión (desmentida y renegación que trae como consecuencia la
escisión). Vemos la escisión en relación a sus hermanas y entre la familia de
su padre y la de su madre.
- Identificación proyectiva: es una forma particular de identificación que se
establece al prototipo de una relación de objeto agresiva (con su padre, sus
vecinos, con Marta).
- Idealización: Esto lo observemos por ejemplo cuando en una sesión le dice
a Marta “Ud. nunca se enferma”. Aquí Marta le dice: evidentemente me he
enfermado en días que Ud no viene Catalina”. Trata de mostrar en sí misma
algo de orden de la falta.
- Factor económico: bajas energéticas. Los síntomas somáticos consumían
sus energías (por las contrainvestiduras en juego para que no aparezca lo
traumático)
- Predominio de la libido en el Yo: Predominio de libido Yoica
- Desborde pulsional: (con los ataques de furia).
- Está fallida la terceridad (tenía que venir la policía para separarlos).
- Sexualidad pregenital:
Fijaciones: a etapa orales: no paraba de hablar, tomaba cuatro litros de agua
por día
Anal: constipación
No fálica: Catalina dice en una sesión: “nunca quise tener hijos, ni quiero ni
los voy a tener”. Aquí nos parece interesante la intervención de la terapeuta
quien realiza la siguiente intervención diciéndole “no tiene porqué tenerlos si
no quiere Catalina” en un intento de flexibilizar su Superyo.
Compulsión a la repetición:
En texto de 1914 “Repetir, recordar, reelaborar”, a la insistencia de lo
doloroso (que no es vivenciado como tal), la va a denominar compulsión a la
repetición. Le otorga nombre a un fenómeno que ya había descripto con
anterioridad en otros textos. En el 14 pensaba al igual que en el 12 (fecha de
“Dinámica de la Transferencia”) esto de que es un problema revivir lo
doloroso en lugar que recordar. Y dice que la compulsión a la repetición va a
ser sucedida (luego del vencimiento de las resistencias) por el recuerdo de
esas experiencias. Esto lo cambia en 1920 en el “Más allá del principio del
placer” donde dice que no siempre lo que se repite se puede recordar.
Sólo a modo de ejemplo de compulsión a la repetición, mencionaremos las
constantes peleas con el padre, a las cuales ya nos hemos referido en
párrafos anteriores.
Finalización del tratamiento:
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Llegados a este punto del trabajo, nos interesa abordar el texto “Análisis
terminable e interminable” En el cap 2, Freud se pregunta si es posible una
terminación natural de un análisis y qué seria terminar un análisis. Respecto
de esto último, da una primera respuesta práctica: cuando paciente y
analista ya no se reúnen para sus sesiones de análisis y para que esto
suceda se deben cumplir dos condiciones:
1- que el paciente ya no sufra de sus síntomas, sus inhibiciones, su
angustia y sus anormalidades de carácter.
2- Que el analista juzgue que se han superado represiones importantes, que
se han conquistado resistencias internas, y no habría que temer una
repetición de los procesos patológicos en cuestión.
Si dificultades externas impiden la consecución de esta meta, es pertinente
hablar de un análisis interrumpido, inacabado.
En el Caso Catalina no podemos hablar de culminación sino de interrupción
del tratamiento por decisión de la paciente (quien decidió radicarse con su
prima en otro país).
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