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Sobre Caperucita Roja

¿Sabes cuántas versiones hay de Caperucita Roja?


Caperucita roja es un cuento popular recogido por Perrault y más tarde por los hermanos
Grimm. Perrault la publica en 1697 en un libro de ocho relatos: “Les Histoires et contes du
temps passé avec des moralités, ou Contes de ma Mère l’Oy”e (algo así como Cuentos
de la Madre Oca: historias o cuentos del pasado) Charles Perrault (París 1628-
1703)donde aparecen los referentes de nuestra literatura infantil: Barba Azul, El Gato con
Botas, Cenicienta, Riquet el del Copete, Pulgarcito, La Bella Durmiente y Piel de Asno.
Tenía el hombre 69 años por entonces.
Buscando un poco más hemos encontrado una versión más antigua, recogida en el
libro La gran matanza de los gatos y otros episodios en la historia de la cultura francesa”
de Robert Darnton (pag.15-16), editado por el Fondo de Cultura Económica, México,
1987. Se dice que es la versión oral conocida más antigua de Caperucita.
En los cuentos campesinos franceses, según señala Robert Darnton, y que citamos a
través del blog literario http://algundiaenalgunaparte.com/, el final catastrófico para el
protagonista no supone ningún tipo de sermón, moraleja o castigo por la mala conducta.
El universo planteado por estos cuentos no está gobernado por ninguna moral tangible, la
buena conducta no determina el éxito, ni la mala conducta el fracaso del protagonista.
Caperucita no ha hecho nada para ser devorada por el lobo porque en los cuentos
campesinos, a diferencia de los de Charles Perrault y de los hermanos Grimm, ella no
desobedece a su madre, ni deja de leer las señales de un orden moral implícito que están
escritas en el mundo que la rodea. Sencillamente camina hacia las quijadas de la muerte.
Este es el carácter inescrutable, inexorable de la fatalidad que vuelve los cuentos tan
conmovedores, y no el final feliz que con frecuencia adquirieron después del siglo XVIII.
(Darnton, Robert. Op. cit; pág. 62.).
Aquí el cuento original:
Había una vez una niñita a la que su madre le dijo que llevara pan y leche a su abuela.
Mientras la niña caminaba por el bosque, un lobo se le acercó y le preguntó adonde se
dirigía.
– A la casa de mi abuela, le contestó.
– ¿Qué camino vas a tomar, el camino de las agujas o el de los alfileres?
– El camino de las agujas.
El lobo tomó el camino de los alfileres y llegó primero a la casa. Mató a la abuela, puso su
sangre en una botella y partió su carne en rebanadas sobre un platón. Después se vistió
con el camisón de la abuela y esperó acostado en la cama. La niña tocó a la puerta.
– Entra, hijita.
– ¿Cómo estás, abuelita? Te traje pan y leche.
– Come tú también, hijita. Hay carne y vino en la alacena.
La pequeña niña comió así lo que se le ofrecía; mientras lo hacía, un gatito dijo:
– ¡Cochina! ¡Has comido la carne y has bebido la sangre de tu abuela!
Después el lobo le dijo:
– Desvístete y métete en la cama conmigo.
– ¿Dónde pongo mi delantal?
– Tíralo al fuego; nunca más lo necesitarás.
Cada vez que se quitaba una prenda (el corpiño, la falda, las enaguas y las medias), la
niña hacía la misma pregunta; y cada vez el lobo le contestaba:
– Tírala al fuego; nunca más la necesitarás.
Cuando la niña se metió en la cama, preguntó:
– Abuela, ¿por qué estás tan peluda?
– Para calentarme mejor, hijita.
– Abuela, ¿por qué tienes esos hombros tan grandes?
– Para poder cargar mejor la leña, hijita.
– Abuela, ¿por qué tienes esas uñas tan grandes?
– Para rascarme mejor, hijita.
– Abuela, ¿por qué tienes esos dientes tan grandes?
– Para comerte mejor, hijita. Y el lobo se la comió.”
© Robert Darnton. “La gran matanza de gatos y otros episodios de la historia de la cultura
francesa”. Ed. Fondo de Cultura Económica, México, 1987.

La versión de Perrault añade la famosa caperuza roja, y se dice por ahí que no es más
que un simbolismo de que a la muchacha le acaba de llegar el periodo y por tanto se ha
convertido en mujer. La niña trae en la cesta una torta y un tarrito de mantequilla. El lobo
se come a la abuela y después, disfrazado, pide a la niña que se meta en la cama con él.
Ella obedece, y cuando están los dos acostados ¡Se la come!
Caperucita Roja se desviste y se mete a la cama y quedó muy asombrada al ver la forma
de su abuela en camisa de dormir. Ella le dijo:
-Abuela, ¡qué brazos tan grandes tienes!
-Es para abrazarte mejor, hija mía.

Observa que el cuento de Perrault mantiene el malvado final del cuento popular, pero
añade un elemento moralizante. Es más, Perrault puede haber sido el primero o de los
primeros en incluir moraleja a ese cuento. Caperucita roja se convierte en una advertencia
sobre los hombres. Podemos verlo bien claro en la moraleja en verso de Perrault.
Aquí las dos moralejas del cuento de Perrault, en el original del frances:
Ce que l’on voit dans cet écrit,
Est moins un conte en l’air que la vérité même;
Tout est beau dans ce que l’on aime,
Tout ce qu’on aime a de l’esprit.
Dans un objet où la Nature,
Aura mis de beaux traits, et la vive peinture
D’un teint où jamais l’Art ne saurait arriver,
Tous ces dons pourront moins pour rendre un cœur sensible,
Qu’un seul agrément invisible
Que l’Amour y fera trouver.
Dos traducciones:
Aquí vemos que la adolescencia,
en especial las señoritas,
bien hechas, amables y bonitas
no deben a cualquiera oír con complacencia,
y no resulta causa de extrañeza
ver que muchas del lobo son la presa.
Y digo el lobo, pues bajo su envoltura
no todos son de igual calaña:
Los hay con no poca maña,
silenciosos, sin odio ni amargura,
que en secreto, pacientes, con dulzura
van a la siga de las damiselas
hasta las casas y en las callejuelas;
más, bien sabemos que los zalameros
entre todos los lobos ¡ay! son los más fieros.
La niña bonita,
la que no lo sea,
que a todas alcanza
esta moraleja,
mucho miedo, mucho,
al lobo le tenga,
que a veces es joven
de buena presencia,
de palabras dulces,
de grandes promesas,
tan pronto olvidadas
como fueron hechas.

Por último vamos a comentar la versión de los Grimm, que es la más parecida a la actual
y que cada vez es más uniforme, menos rica en elementos endémicos, por culpa de su
difusión en el cine y televisión, que tiende a homogeneizarla. Jacobo Grimm era filólogo y
folclorista, su hermano Guillermo era poeta. Por eso sus versiones de los cuentos tienen
una atmósfera poética y un respeto por lo folklórico.
Citando el blog http://algundiaenalgunaparte.com/“La intención de los hermanos Grimm no
era divertir sino ofrecer una fuente académica a todos aquellos interesados en las
tradiciones alemanas y proporcionar un punto de partida para las comparaciones con
cuentos extranjeros, procurando ofrecer una documentación fiel a sus fuentes, aunque en
la segunda edición trataron de mejorar los cuentos y adaptarlos en lo posible a la niñez,
quizá obligados por las circunstancias económicas, pues el público infantil era mucho más
lucrativo que el académico o intelectual.”
Algunos cambios:
 La mantequilla de la cesta es cambiada por una botella de vino.
 La madre introduce una recomendación a Caperucita antes de partir,
promoviendo valores de enseñanza y disciplina, con una figura maternal más
destacada.
 El lobo se pone las ropas de la abuela después de devorarla (la desnudez
desaparece) y se mete en la cama de ésta. Además Caperucita no se acuesta en
la cama con el lobo. La historia deja de ser parábola sexual para
transformarse en fábula familiar.
 Se introduce la figura del leñador (en algunas versiones era el padre de
caperucita), que saca a la niña y a la anciana de la barriga del lobo y la rellena de
piedras, escena probablemente robada del cuento popular de los 7 cabritillos, que
termina de la misma manera.
Aquí el final de los Grimm:
...Pero no obtuvo respuesta. Entonces se acercó a la cama, y volvió a abrir las cortinas;
allí yacía la abuela, con la gorra de dormir bien calada en la cabeza, y un aspecto
extraño.
– Oh, abuela, ¡qué orejas tan grandes tienes!
– Para así, poder oírte mejor.
– Oh, abuela, ¡qué ojos tan grandes tienes!
– Para así, poder verte mejor.
– Oh, abuela, ¡qué manos tan grandes tienes!
– Para así, poder cogerte mejor.
– Oh, abuela, ¡qué boca tan grandes y tan horrible tienes!
– Para comerte mejor.
No había terminado de decir esto el lobo, cuando saltó fuera de la cama y devoró a la
pobre Caperucita Roja. Cuando el lobo hubo saciado su voraz apetito, se metió de nuevo
en la cama y comenzó a dar sonoros ronquidos. Acertó a pasar el cazador por delante de
la casa, y pensó: “¡Cómo ronca la anciana!; debo entrar a mirar, no vaya a ser que le pase
algo”. Entonces, entró a la alcoba, y al acercarse a la cama, vio tumbado en ella al lobo.
.- Mira dónde vengo a encontrarte, viejo pecador! – dijo -; hace tiempo que te busco.
Entonces le apuntó con su escopeta, pero de pronto se le ocurrió que el lobo podía
haberse comido a la anciana y que tal vez podría salvarla todavía. Así es que no disparó
sino que cogió unas tijeras y comenzó a abrir la barriga del lobo. Al dar un par de cortes,
vio relucir la roja caperuza; dio otros cortes más y saltó la niña diciendo:
– ¡Ay, qué susto he pasado, qué oscuro estaba en el vientre del lobo!
Y después salió la vieja abuela, también viva aunque casi sin respiración. Caperucita Roja
trajo inmediatamente grandes piedras y llenó la barriga del lobo con ellas. Y cuando el
lobo despertó, quiso dar un salto y salir corriendo, pero el peso de las piedras le hizo caer,
se estrelló contra el suelo y se mató.
Los tres estaban contentos. El cazador le arrancó la piel al lobo y se la llevó a casa. La
abuela se comió la torta y se bebió el vino que Caperucita Roja había traído y Caperucita
Roja pensó: “Nunca más me apartaré del camino y adentraré en el bosque cuando mi
madre me lo haya pedido.”

Para terminar, una versión contemporánea del cuento de caperucita escrita por James
Finn Garner.

Caperucita Roja políticamente correcta.


“Érase una vez una persona de corta edad llamada Caperucita Roja que vivía con su
madre en la linde de un bosque. Un día, su madre le pidió que llevase una cesta con fruta
fresca y agua mineral a casa de su abuela, pero no porque lo considerara una labor
propia de mujeres, atención, sino porque ello representa un acto generoso que contribuía
a afianzar la sensación de comunidad. Además, su abuela no estaba enferma; antes bien,
gozaba de completa salud física y mental y era perfectamente capaz de cuidar de sí
misma como persona adulta y madura que era.
Así, Caperucita Roja cogió su cesta y emprendió el camino a través del bosque. Muchas
personas creían que el bosque era un lugar siniestro y peligroso, por lo que jamás se
aventuraban en él. Caperucita Roja, por el contrario, poseía la suficiente confianza en su
incipiente sexualidad como para evitar verse intimidada por una imaginería tan
obviamente freudiana. De camino a casa de su abuela, Caperucita Roja se vio abordada
por un lobo que le preguntó qué llevaba en la cesta.
 Un saludable tentempié para mi abuela quien, sin duda alguna, es perfectamente
capaz de cuidar de sí misma como persona adulta y madura que es -respondió.
 No sé si sabes, querida -dijo el lobo-, que es peligroso para una niña pequeña
recorrer sola estos bosques. Respondió Caperucita:
 Encuentro esa observación sexista y en extremo insultante, pero haré caso omiso
de ella debido a tu tradicional condición de proscrito social y a la perspectiva
existencial (en tu caso propia y globalmente válida) que la angustia que tal
condición te produce te ha llevado a desarrollar. Y ahora, si me perdonas, debo
continuar mi camino.
Caperucita Roja enfiló nuevamente el sendero. Pero el lobo, liberado por su condición de
segregado social de esa esclava dependencia del pensamiento lineal tan propia de
Occidente, conocía una ruta más rápida para llegar a casa de la abuela. Tras irrumpir
bruscamente en ella, devoró a la anciana, adoptando con ello una línea de conducta
completamente válida para cualquier carnívoro. A continuación, inmune a las rígidas
nociones tradicionales de lo masculino y lo femenino, se puso el camisón de la abuela y
se acurrucó en el lecho. Caperucita Roja entró en la cabaña y dijo:
 Abuela, te he traído algunas chucherías bajas en calorías y en sodio en
reconocimiento a tu papel de sabia y generosa matriarca.
 Acércate más, criatura, para que pueda verte -dijo suavemente el lobo desde el
lecho.
 ¡Oh! -repuso Caperucita. Había olvidado que visualmente eres tan limitada como
un topo.
 Pero, abuela, ¡qué ojos tan grandes tienes!
 Han visto mucho y han perdonado mucho, querida.
 Y, abuela, ¡qué nariz tan grande tienes! (relativamente hablando, claro está, y, a su
modo, indudablemente atractiva).
 Y… ¡abuela, qué dientes tan grandes tienes!
Respondió el lobo:
 Soy feliz de ser quien soy y lo que soy…Y, saltando de la cama, aferró a
Caperucita Roja con sus garras, dispuesto a devorarla. Caperucita gritó; no como
resultado de la aparente tendencia del lobo hacia el travestismo, sino por la
deliberada invasión que había realizado de su espacio personal. Sus gritos
llegaron a oídos de un operario de la industria maderera (o técnicos en
combustibles vegetales, como él mismo prefería considerarse) que pasaba por allí.
Al entrar en la cabaña, advirtió el revuelo y trató de intervenir. Pero apenas había
alzado su hacha cuando tanto el lobo como Caperucita Roja se detuvieron
simultáneamente…
 ¿Puede saberse con exactitud qué cree usted que está haciendo? -inquirió
Caperucita. El operario maderero parpadeó e intentó responder, pero las palabras
no acudían a sus labios.
 ¡Se cree acaso que puede irrumpir aquí como un Neandertalense cualquiera y
delegar su capacidad de reflexión en el arma que lleva consigo! -prosiguió
Caperucita. ¡Sexista! ¡Racista! ¿Cómo se atreve a dar por hecho que las mujeres y
los lobos no son capaces de resolver sus propias diferencias sin la ayuda de un
hombre.Al oír el apasionado discurso de Caperucita, la abuela saltó de la panza
del lobo, arrebató el hacha al operario maderero y le cortó la cabeza. Concluida la
odisea, Caperucita, la abuela y el lobo creyeron experimentar cierta afinidad en
sus objetivos, decidieron instaurar una forma alternativa de comunidad basada en
la cooperación y el respeto mutuos y, juntos, vivieron felices en los bosques para
siempre.
© James Finn Garner: Cuentos infantiles políticamente correctos. CIRCE Ediciones, S.A.
Barcelona
Versión de Perrault más moraleja
“Había una vez una niñita en un pueblo, la más bonita que jamás se hubiera visto; su
madre estaba enloquecida con ella y su abuela mucho más todavía. Esta buena mujer le
había mandado hacer una caperucita roja y le sentaba tan bien que todos la llamaban
Caperucita Roja. Un día su madre, habiendo cocinado unas tortas, le dijo.
-Anda a ver cómo está tu abuela, pues me dicen que ha estado enferma; llévale una torta
y este tarrito de mantequilla.
Caperucita Roja partió en seguida a ver a su abuela que vivía en otro pueblo. Al pasar por
un bosque, se encontró con el compadre lobo, que tuvo muchas ganas de comérsela,
pero no se atrevió porque unos leñadores andaban por ahí cerca. Él le preguntó a dónde
iba. La pobre niña, que no sabía que era peligroso detenerse a hablar con un lobo, le dijo:
-Voy a ver a mi abuela, y le llevo una torta y un tarrito de mantequilla que mi madre le
envía.
-¿Vive muy lejos? -le dijo el lobo.
-¡Oh, sí! -dijo Caperucita Roja-, más allá del molino que se ve allá lejos, en la primera
casita del pueblo.
-Pues bien -dijo el lobo-, yo también quiero ir a verla; yo iré por este camino, y tú por
aquél, y veremos quién llega primero.
El lobo partió corriendo a toda velocidad por el camino que era más corto y la niña se fue
por el más largo entreteniéndose en coger avellanas, en correr tras las mariposas y en
hacer ramos con las florecillas que encontraba. Poco tardó el lobo en llegar a casa de la
abuela; golpea: Toc, toc.
-¿Quién es?
-Es su nieta, Caperucita Roja -dijo el lobo, disfrazando la voz-, le traigo una torta y un
tarrito de mantequilla que mi madre le envía. La cándida abuela, que estaba en cama
porque no se sentía bien, le gritó:
-Tira de la aldaba y el cerrojo caerá. El lobo tiró de la aldaba, y la puerta se abrió. Se
abalanzó sobre la buena mujer y la devoró en un santiamén, pues hacía más de tres días
que no comía. En seguida cerró la puerta y fue a acostarse en el lecho de la abuela,
esperando a Caperucita Roja quien, un rato después, llegó a golpear la puerta: Toc, toc.
-¿Quién es?
Caperucita Roja, al oír la ronca voz del lobo, primero se asustó, pero creyendo que su
abuela estaba resfriada, contestó:
-Es su nieta, Caperucita Roja, le traigo una torta y un tarrito de mantequilla que mi madre
le envía.
El lobo le gritó, suavizando un poco la voz:
-Tira de la aldaba y el cerrojo caerá.
Caperucita Roja tiró de la aldaba y la puerta se abrió. Viéndola entrar, el lobo le dijo,
mientras se escondía en la cama bajo la frazada:
-Deja la torta y el tarrito de mantequilla en la repisa y ven a acostarte conmigo.
Caperucita Roja se desviste y se mete a la cama y quedó muy asombrada al ver la forma
de su abuela en camisa de dormir. Ella le dijo:
-Abuela, ¡qué brazos tan grandes tienes!
-Es para abrazarte mejor, hija mía.
-Abuela, ¡qué piernas tan grandes tiene!
-Es para correr mejor, hija mía.
Abuela, ¡qué orejas tan grandes tiene!
-Es para oírte mejor, hija mía.
-Abuela, ¡qué ojos tan grandes tiene!
-Es para verte mejor, hija mía.
-Abuela, ¡qué dientes tan grandes tiene!
-¡Para comerte mejor!

Y diciendo estas palabras, este lobo malo se abalanzó sobre Caperucita Roja y se la
comió.Moraleja: Aquí vemos que la adolescencia, en especial las señoritas bien hechas,
amables y bonitas, no deben a cualquiera oír con complacencia, y no resulta causa de
extrañeza ver que muchas del lobo son presa. Y digo el lobo, pues bajo su envoltura no
todos son de igual calaña, los hay con no poca maña, silenciosos, sin odio ni amargura,
que en secreto, pacientes con dulzura van a la siga de las damiselas hasta las casas y en
las callejuelas; mas, bien sabemos, que los zalameros, entre todos los lobos, ay, son los
más fieros”.