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22cm

20cm
44 cm

65cm
1.65 m
32 cm
30 cm

85 cm
22 cm

20cm
80 cm.

18 cm
54 cm

31 cm

27 cm
Medición de mi wc.
Historia del inodoro.

Un artilugio semejante fue hallado


en la ciudad helenizada de
Sephoris, en Galilea.
Concretamente en la casa de un
judío rico de aquella ciudad en el
siglo I. Es el ejemplar de inodoro
más antiguo conocido y que se
conserva en la actualidad. De hecho, en un escrito de la época se puede leer:
“Puede llamarse hombre rico aquel que tiene un inodoro cerca de la mesa, ése es
un hombre acomodado”.
En la Roma del siglo I se dotó a la ciudad de instalaciones para descargar la
vejiga: se trataba de urinarios públicos llamados “columnas mingitorias” o
vespasianas, por ser Vespasiano el emperador de la época. También existían
columnas de esa naturaleza en los salones donde se celebraban banquetes y
comidas.

El historiador toledano del siglo XVI padre Juan de Mariana, cuenta que en las
ciudades importantes del imperio romano hubo orificios practicados en muros o
paredes a modo de caños o saeteras con el fin de que los ciudadanos pudieran
orinar. Pero aún no había nada similar en relación con las aguas mayores. Las
ordenanzas romanas
de aquella época
prohibían “ensuciar
en las escaleras, los
pasillos o los
armarios; orinar en
las paredes o muros
de palacios, iglesias
o casas de uso
público”.

No puede hablarse del retrete moderno hasta 1597, año en que John Harington,
inventor del inodoro, escribió un artículo describiendo el funcionamiento de un
water closet de válvula.
Con este nuevo ingenio de su
invención quería obsequiar con ello a
la reina Isabel I de Inglaterra, que
según sus biógrafos tenía un olfato
muy delicado. Tanto, que aseguran
que nada le atormentaba tanto como el
momento de descargar el vientre, cosa
que demoraba cuanto podía porque
sufría mal los olores.

El inodoro, que significa precisamente


eso (que no tiene olor), parecía un
invento apropiado, por lo que John
Harington instaló en el palacio de
Richmond el primer váter con taza y agua corriente de John Harington inventor del
inodoro

que hay noticia en Occidente.

Este curioso retrete “real”, debía estar a la altura de su Majestad. Por este motivo
se construyó como si fuera un trono. Puedes verlo en la siguiente imagen.
También te puede interesar conocer la historia de la silla.

Los primeros retretes. Inodoro de Isabel I


Las sirvientas de la reina estaban
entusiasmadas, y una de ellas, la
camarera privada de Su Majestad
encargada de la intimidad de la
soberana, decía: “Vuestro ahijado ha
tenido una idea tentadora, la taza del
baño hará de vuestros retiros un
asunto ligero”.
Todos querían comprobar su
funcionamiento, todos menos la
nobleza, que seguía prefiriendo el
bacín (orinal alto y cilíndrico), que al
grito de “¡agua va!” era vaciado en la
calle. No fue sin embargo
Isabel I quien inauguró aquella comodidad sino el propio John Harington, hombre
lenguaraz, autor de poemas hirientes y satíricos con los que se ganó enemistades.
Muchos le tenían por adulador y vieron en su invento una especie de broma
porque a todos chocaba que el inventor del wáter fuera un poeta. Pero fue así, un
poeta de vena satírica y tendencias hacia lo jocoso es el padre del retrete
moderno.

Este hecho no impidió que John Harington tuviera problemas con todos y
terminara desterrado por escribir una pieza con el título de La metamorfosis de
Ajax, donde aludía con
desparpajo al retrete de la
reina, lo que le valió nuevos
castigos que cumplió en la
ciudad de Bath: curiosa
coincidencia que nada tiene
que ver con el nombre que
posteriormente se dio al
cuartito donde se alojaba el
retrete: bathroom.

Fue en Bath donde instaló su inodoro, al que puso un nombre de resonancias


clásicas: Ajax, y que él propio inventor definía el retrete así: el inodoro es un
artilugio con un orificio que no necesita pozo ciego, ya que una corriente de agua
controlada mediante una válvula y un sistema de palancas, pesas y manivela
abren y cierran la cisterna, sobre el cual ha sido colocado una a modo de asiento
en forma de vaso de noche u orinal grande.

Pero, lamentablemente, durante más de un siglo pasó desapercibido; a nadie


interesaba ocuparse de ciertas cosas. Jonatan Swift, autor de los Viajes de
Gulliver escribió un escrito satírico que tituló Directions to Servants (1731), en el
que dirigiéndose a las criadas de servicio encargadas de vaciar los vasos de
noche u orinales, recomienda: Trasladar el utensilio ostentosamente por la gran
escalinata en presencia de los otros sirvientes, y si alguien llama, abrir la puerta de
la casa sosteniendo la vasija llena en la mano. Si hay algo que pueda conseguirlo,
esto hará que vuestra señora se tome el trabajo de hacer sus necesidades en el
sitio adecuado, es decir, en el retrete.
Quería decir que ya existía un lugar apropiado para ciertas urgencias fisiológicas,
pero que por inercia o fuerza de la costumbre esas operaciones se llevaban a
cabo donde el diablo les daba a entender.

Por lo general, la nobleza era reacia a innovaciones sanitarias de aquella índole,


mientras que la burguesía las recibió con gustó. Todos sabemos que en los
inmensos recintos palaciegos de Versalles no había servicios. Entonces, ¿cuándo
empezó a difundirse el inodoro?

En 1775 el inglés Alexander Cummings patentó un W.C. de cisterna, aunque con


malos resultados: goteaba. Tres años después retomó la idea Samuel Prosse,
introduciendo una solución definitiva: la válvula esférica. De esa época es el
famoso retrete de Bramah. Aquí puedes ver cómo funciona el inodoro.
En 1884 el hojalatero inglés Thomas Crapper utilizó por primera vez el término
water closet= armario del agua, que simplificó con las iniciales W.C.; el nuevo
modelo incluía por vez primera un sistema que retenía el agua y evitaba los malos
olores, a la vez que incorporaba el invento del sifón.
Era una taza de váter muy similar a la actual; de hecho, en 1890 la taza del váter
ya había triunfado en Europa, donde alcanzó fama un modelo publicado en el
catálogo de ventas de los grandes almacenes frecuentados por los elegantes: el
modelo Crisantemos, llamado así porque la taza de cerámica estaba decorada con
motivos alusivos a la planta de ese nombre, era una taza con reborde y tapa de
madera pulimentada.

Aunque el alcantarillado construido en Londres por Joseph Bazalgette empezó a


funcionar en 1860, ya en 1848 el parlamento había aprobado un Acta de Salud
que obligaba a instalar en las casas que se construyesen a partir de aquella fecha
un inodoro, por lo conveniente de aquel servicio, y desde entonces se le llamó
Service al wáter en los círculos de cierto refinamiento, mientras que en el campo
se le seguía llamando water closet o armario del agua, por la cisterna.

Aunque, como anécdota o curiosidad, debes saber que los campesinos del mundo
anglosajón seguían llamando al retrete con un monosílabo, john, en recuerdo de
John Harington, el noble inglés que lo inventó.

Para ir finalizando, te dejamos este vídeo para que puedas ampliar la información
de la historia del retrete o inodoro.
Tipos de wc.
Normalmente, los inodoros suelen fabricarse en porcelana y constan a grandes
rasgos de dos piezas básicas: una taza para sentarse y de un tanque de agua o
cisterna. La cisterna es un conjunto formado por una llave de paso, un racor con
un grifo y una válvula accionada por la varilla de un flotador contenido dentro del
depósito de la cisterna. Las cisternas disponen además de un conjunto de
desagüe formado por un tubo vertedero, una válvula, una tubería de descarga,
una varilla de izado para la válvula mencionada anteriormente, una palanca que
accione dicha varilla y, finalmente, un tirador que active esa palanca.

Actualmente existen cuatro tipos básicos de inodoro clasificados según el tipo de


tanque de agua: de tanque bajo, de tanque bajo compacto, de tanque alto o
suspendido. En los tres primeros casos, los más clásicos, el inodoro se fija al
suelo gracias a unos tornillos con apósitos. Los inodoros suspendidos, en cambio,
se emplean frecuentemente en baños que buscan un diseño más actual, moderno
y limpio. Estos inodoros se fijan a la pared mediante las llamadas «palomillas» de
albañilería en forma de L, que quedan después recubiertas con un revestimiento.

INODORO DE TANQUE BAJO.


El inodoro de tanque bajo es
el más utilizado y se
caracteriza por tener el
tanque de agua en la parte
trasera superior de la taza.
La cisterna se une a la taza
del inodoro por una cañería
corta fabricada normalmente
en PVC. Su instalación no
supone una complicación
excesiva, aunque su limpieza
puede llegar a ser algo
costosa debido al puente que se crea entre el tubo inferior y la pared.

INODORO DE TANQUE BAJO COMPACTO


El inodoro de tanque bajo compacto es muy parecido al anterior pero con la
diferencia de que va totalmente enganchado a la pared. Eso hace que
desaparezca el antes mencionado puente entre el tubo inferior y la pared, lo que
facilita la limpieza de este tipo de inodoro.
NODORO DE TANQUE ALTO
El inodoro de tanque alto se utilizió extensamente
hace unas décadas, pero hoy en día se encuentra
prácticamente en desuso. El tanque de agua de este
sanitario, normalmente fabricado en loza o plástico,
se caracteriza por estar colgado de la pared,
normalmente lo más arriba posible. La altura de la
que cuelgue dependerá de la taza del inodoro. La
descarga se lleva a cabo mediante una cadena que
cuelga de la cisterna.ç

INODORO SUSPENDIDO
El inodoro suspendido carece de pie y «flota» sobre el suelo. En realidad, el
inodoro cuelga de la pared, en la que se empotra también el tanque de agua de
este inodoro. Esto resulta más laborioso a la hora de su instalación, pero a cambio
aporta ligereza y diseño a nuestro cuarto de baño y además nos resulta más
cómodo a la hora de limpiar puesto que al no tocar el suelo, no quedan recovecos
de difícil acceso. Una duda que
habitualmente surge es: ¿Qué ocurre si se
estropea la cisterna? ¿Será necesario picar
toda la pared?. La respuesta es: no. Todos
los mecanismos susceptibles a estropearse
son accesibles desde el botón de descarga.
Inodoros para discapacitados.

BAÑOS PARA MINUSVÁLIDOS SEGÚN LA NORMA


Más allá de las Barreras
Los sanitarios de baño y los ayudas técnicas para minusválidos están diseñados y
fabricados por Goman para permitir el uso con total seguridad y autosuficiencia,
incluso a personas con dificultades motrices, respetando las normas y la dignidad
de la persona.

Los inodoros, por ejemplo, están pensados con el fin de permitir el traslado desde
la silla de ruedas o facilitar el movimiento de levantarse y sentarse. Por este
motivo, son más altos que los sanitarios comunes y hay modelos que cuentan con
una apertura frontal con ducha para facilitar la higiene personal (con función bidé).

Los lavabos son de tipo suspendido, ergonómicos, con borde delantero cóncavo
para facilitar el uso, y pueden contar con mecanismos manuales o neumáticos
para la inclinación. La grifería del catálogo posee palanca clínica, electrónica o
temporizada.

Junto con cada equipo higiénico debe instalarse unos pasamanos o asidero
adecuado para permitir el traslado y el uso, incluso por parte de personas con
capacidad motriz reducida o nula.
Las obligaciones establecidas por la norma Española se reducen a pocas
prescripciones que sintéticamente son:
Zona lavabo: El lavabo debe
ser de tipo ménsula, con borde
delantero a 80/85 cm del suelo,
con espacio libre debajo de al
menos 70/75 cm. El espacio de
acercamiento debe ser de 80
cm, el grifo debe ser de “tipo
palanca” y el espejo debe
poder ser utilizado por todos
(niños o personas en sillas de
rueda), por lo tanto, debe estar
bajo, cerca del borde, o debe
ser reclinable.

Zona inodoro: La altura del asiento del inodoro debe ser de 43/47 cm,
preferiblemente de tipo suspendido, debe sobresalir de la pared 75 cm para
aproximar la silla de ruedas y debe estar ubicado a 40 cm de la pared lateral con
un espacio de maniobra mínimo de 100 cm desde el eje del inodoro; deben
colocarse asideros horizontales en un lado y, en el otro, es ideal una barra
abatible, ubicados a 75 cm; el pulsador de descarga y el porta-rollo deben estar en
posiciones cómodas y ágiles – es obligatoria la presencia de un llamador.

Zona ducha: En el caso de la ducha, el plato debe estar a ras del suelo, y se
recomienda un asiento ubicado a 43/47 cm del suelo y prever asideros ubicados a
75 cm.