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Individualización de Audiencia de Comunicación de Sentencia

Fecha Viña del Mar, ocho de abril de dos mil trece.


Magistrados PATRICIA GARRIDO FRIGOLETT
ROXANA VALENZUELA REYES
JUAN ÁNGEL MUÑOZ LÓPEZ
Fiscal Greta Kristine Fuchslocher Hassenberg (presente)
Querellante Alex Quiroz Moreira (presente)
Defensores privados Jairo Casanova Hernández y Lillean Patricia Bocaz Vergara (por
Martínez) (presente)
Defensor público Iván Seperiza Witwer (por Cortés) (presente)
Defensor público Antón Carrasco Guzmán (por Abello) (se excusó)
Acusado LUIS ALBERTO MARTÍNEZ DÍAZ (P) (por video conferencia)
Acusado EDUARDO RICARDO CORTÉS ISLA (P) (por video conferencia)
Acusado JOSÉ MAURICIO ABELLO GONZÁLEZ (P) (por video conferencia)
Delitos Robo con intimidación y con violencia
Secuestro
Sala 1
Hora de inicio 09.51
Hora de término 10.11
Tribunal Tribunal de Juicio Oral en lo Penal Viña del Mar
Encargado de Sala Rodrigo Pineda Valenzuela
Encargado de Acta David Zepeda Cerda
RUC 1200464304-4
RIT 436-2012
Se notifica la presente audiencia a los intervinientes, conforme al artículo 30 del Código
Procesal Penal

Hora de inicio 09.51; en razón de que la conexión para realizar video conferencia
para comunicar la sentencia a los acusados, a cargo del Ministerio Público, tardó por
problemas técnicos.

ACTUACIONES EFECTUADAS: Lectura de sentencia.

Dirigió la audiencia y resolvió US: doña PATRICIA GARRIDO FRIGOLETT,


doña ROXANA VALENZUELA REYES y don JUAN ÁNGEL MUÑOZ LÓPEZ.

Registro íntegro de la audiencia se guarda en formato de audio, según acuerdo de pleno de la


Excelentísima Corte Suprema de fecha 28 de Enero de 2002 y de conformidad con lo dispuesto en
el artículo 39 y 41 del Código Procesal Penal.

M. PÚBLICO DE VIÑA DEL MAR C/ JOSÉ MAURICIO ABELLO GONZÁLEZ, LUIS ALBERTO
MARTÍNEZ DÍAZ- EDUARDO RICARDO CORTÉS ISLA
ROBO C/INTIMIDACIÓN Y VIOLENCIA-SECUESTRO
CÓDIGOS: 803-202
RUC: 1200464304-4
RIT: 436-2012
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Viña del Mar, ocho de abril de dos mil trece.


VISTO, OIDO Y CONSIDERANDO:
PRIMERO: Que los días 18, 19, 20, 21, 22, 25, 28 de marzo, 1 y 2 de abril de dos
mil trece, ante esta Sala del Tribunal de Juicio Oral en lo Penal de Viña del Mar,
presidida por la Magistrado doña Patricia Garrido Frigolett e integrada, además,
por los Jueces doña Roxana Valenzuela Reyes y don Juan Ángel Muñoz López se
llevaron a efecto las audiencias de juicio oral seguido en contra de JOSÉ
MAURICIO ABELLO GONZÁLEZ, apodado El fantasma, cédula de identidad N°
9.388.137-0, nacido en Valparaíso, el 4 de mayo del año 1965, 47 años, soltero,
sin oficio, domiciliado en calle Valdés n° 1448, departamento B 21, comuna de
Melipilla, Santiago; LUIS ALBERTO MARTÍNEZ DÍAZ, cédula de identidad N°
16.699.994-4, nacido en Santiago, el 2 de diciembre del año 1987, 25 años,
soltero, sin oficio, domiciliado en Pasaje Huelén Nº 8553, comuna de La Florida,
Santiago; y EDUARDO RICARDO CORTÉS ISLA, cédula de identidad N°
10.812.834-8, nacido en Santiago, el 24 de diciembre del año 1968, 44 años,
soltero, comerciante ambulante, domiciliado en calle José Muque Nº 602,
población Goleta Sebastiana, Ancud.
El Ministerio Público fue representado en la audiencia por la Fiscal Adjunto
de Viña del Mar, doña Greta Fuchslocher Hassenberg. Compareció también el
abogado querellante don Alex Quiroz Moreira, por el Banco Santander Chile,
sociedad anónima del giro de su denominación, ambos domiciliados para estos
efectos en calle Prat Nº 827, oficina 606, Valparaíso, que se adhirió a la acusación.
Las defensas de los acusados fueron asumidas por los abogados don Jairo
Casanova Hernández (por Martínez Díaz), don Anton Carrasco Guzmán (por
Abello González) y don Iván Seperiza Witwer (por Cortés Isla), todos con
domicilios y formas de notificación registrados en el tribunal.

SEGUNDO: Que los hechos materia de la acusación, según se lee en el auto de


apertura, son los siguientes:
“El día 04 de mayo del año 2012, siendo aproximadamente las 08:15
horas de la mañana, previamente concertados y a rostro descubierto, los
imputados JOSÉ MAURICIO ABELLO GONZÁLEZ, LUIS ALBERTO MARTÍNEZ
DÍAZ y EDUARDO RICARDO CORTÉS ISLA, ingresaron al Banco Banefe
Santander de Viña del Mar, ubicado en calle Etchevers N° 96 de esta ciudad,
premunidos de armas de fuego, redujeron en primera instancia a Francisco
Gómez Cantillano, quien desempeñaba funciones como guardia de
seguridad, apuntándolo con un arma de fuego, exigiéndole la entrega de la
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clave de la bóveda de seguridad, del mismo modo y en la medida que


llegaban, los acusados intimidaron con armas de fuego a los empleados del
Banco, a quienes además quitaron sus teléfonos celulares para asegurar el
resultado del ilícito, una vez reducidos mediante amarras, los mantuvieron
en el suelo en el sector del hall de la sucursal, para dirigirse al sector de la
pre-bóveda, junto a las víctimas Carmen Susana Espinoza Poblete, María
Eliana Corvalán Guajardo y Evelyn Meza Parra quienes abren la bóveda,
sustrayendo así dinero en efectivo que asciende a la suma de $89.553.151
(ochenta y nueve millones quinientos cincuenta y tres mil ciento cincuenta y
un pesos) y la cantidad de US$ 9.028 (nueve mil veintiocho dólares),
equivalentes a cuatro millones trescientos cincuenta y dos mil quinientos
setenta y nueve pesos (valor cambio al día de los hechos) todo de propiedad
del Banco.
Una vez obtenido el dinero, los acusados trasladaron, sin derecho, a
los empleados del Banco, ya reducidos, Alex Mauricio Zúñiga Henríquez,
Enrique Pedro Arenas Mella, Mario Iván Mira Aguilar, Mauricio Alejandro
Figueroa Sutherland, Marcelo Alonso Pastene Fuentes, Oscar Juliano
Velarde Quiroz, Sergio David Muñoz Pacheco, Claudia Ximena Urrea
Gandolfo, Luis Alberto Carrasco Escobar, Claudio Antonio Morales Galaz,
Jessenia del Pilar Barat Pardo, Andrea Judith Ponce Hidalgo, Carmen
Susana Espinoza Poblete, Rodrigo Humberto Figueroa Rojas, David
Alexander Illatarcos Cáceres, Claudia Loreto Jarufe Bijit, Paula Andrea
Guajardo Zavala, María Eliana Corvalán Guajardo, Paulina Amalia Rojas
Rojas, Giovanna Paola Incorvaia Catrín, Paula Andrea Rebolledo Finlayson,
María Andrea Meza Villarroel, Luis Alejandro Páez Arancibia, Roberto Alcides
Cornejo Zamora, Evelyn Meza Parra, Lylian Mercedes Ayala Bruna, María
Luisa del Carmen Rojas Rodríguez y Francisco Gómez Cantillano, al sector
de la pre-bóveda, donde fueron encerrados bajo llave, privados de la
posibilidad de movilizarse, mientras que la víctima Cecilia Osorio Olivares,
quien se encontraba embarazada, permaneció en el hall central del Banco,
maniatada y amarrada a una silla, hasta el momento del rescate, huyendo los
acusados del lugar con el dinero en su poder.
A raíz de lo anterior, las siguientes víctimas resultaron con las
siguientes lesiones: Oscar Velarde Quiroz con contusión craneana,
contusión muñeca, crisis hipertensiva y trastorno de stress agudo de
carácter leve, cuyo tiempo de incapacidad laboral no supera los 7 días,
Cecilia Osorio Olivares con policontusiones y trastorno de estrés agudo de
carácter leve, cuyo tiempo de incapacidad laboral no supera los 7 días y
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finalmente Luis Carrasco Escobar con policontusiones, crisis hipertensiva e


hipertensión arterial de carácter menos graves, cuyo tiempo de incapacidad
laboral no supera los 30 días”.
Los hechos descritos constituirían los delitos consumados de robo con
violencia e intimidación y de secuestro, descritos y sancionados en los artículos
436 inciso 1º y 141 inciso 1º respectivamente, ambos del Código Penal,
correspondiéndoles a cada uno de los acusados una participación en calidad de
coautores, al tomar parte directa e inmediata en los hechos, conforme lo indica el
artículo 15 N° 1 del mismo cuerpo legal”
En el caso les perjudicaría a todos los acusados las agravantes de
los artículos 456 bis N° 3 y 12 n° 16, ambos del Código Penal, sin beneficiarlos
atenuantes de responsabilidad penal. Por consiguiente, el Ministerio Público
solicitó se condenara a cada uno de los acusados como autores del delito de robo
con violencia e intimidación, a presidio perpetuo, en aplicación del artículo 67
inciso 5º del Código Penal y como autores del delito de secuestro, la pena de
cinco años de presidio menor en su grado máximo, conforme lo indica el artículo
75 primera parte, del Código Penal. Todas las penas anteriores con las accesorias
legales que a cada uno corresponden más las costas del proceso. Además, se
aplique lo previsto en el artículo 17 de la Ley N° 19.970 sobre Sistema Nacional de
Registros de ADN.

TERCERO: En su alegato de apertura, el Ministerio Público adelantó que


acreditaría los dos delitos materia de su acusación y la participación culpable de
los tres imputados, presentando a las víctimas quienes depondrían sobre las
circunstancias descritas por la Fiscal. Insistió en que no sólo se había cometido un
robo con intimidación y violencia, puro y simple, sino que la apropiación se realizó
en forma perfecta, consumándose el delito y luego se produjo un hecho adicional
utilizando las armas con las que contaban los acusados. Agregó que se daban
íntegramente los requisitos del art. 141 del Código Penal, no estando en este caso
en las hipótesis de flagrancia ni detención de un particular. Acá hubo un encierro
sin derecho y les dijeron a las víctimas que les iban a dejar la llave, que nunca se
encontró, debiendo buscarse una en la sucursal de Valparaíso para poder
liberarlas. Luego del estrés y angustia que vivieron, hubo un exceso que no podía
quedar impune, entendiendo que había un concurso real en los delitos cometidos.
A dichas personas se as privó ilegítimamente de su libertad ambulatoria, aludiendo
al profesor Politoff. El artículo 141 no establece límites de tiempo, mínimos,
solamente una figura agravada, si se prolonga el secuestro por más de 15 días.
Durante la investigación, las Defensas señalaron que en este caso debía ser
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subsumido en el robo con intimidación, pero la Fiscalía no lo entendía así, que el


hecho era gravísimo, que hubo un exceso por parte de los acusados, con
pluralidad de víctimas, y más allá del botín que nunca fue encontrado, el daño
provocado a las víctimas no debía quedar impune por lo que pedía el máximo de
rigor.

CUARTO: Que en su alegato de apertura, la parte querellante sostuvo que


durante la secuela del juicio se podría acreditar la participación culpable de los
acusados en el robo con intimidación ocurrido en la sucursal Banefe del Banco
Santander. Respecto del delito de secuestro, compartía los criterios del Ministerio
Público en que no se podía subsumir el secuestro en el robo con intimidación, sino
que se trataba de dos delitos que el Tribunal debía sancionar. No se apreciaría
que existía necesidad alguna de encerrar a 28 personas en una pre bóveda, ni
someterlos a esa situación estresante, de falta de oxigeno, de temer por lo que
acontecería, en una circunstancia que no se podría conceder ni al peor enemigo.
En la ejecución del delito de robo con intimidación, los acusados sustrajeron el
dinero y redujeron totalmente a los funcionarios bancarios, sin poder de reacción,
lo que se lograría acreditar, ni para evitar el robo ni la impunidad de los acusados.
Cuando se produjo esa segunda actuación de los delincuentes, de encerrarlos en
la bóveda, no existían necesidad medial para asegurar la impunidad respecto del
primer delito. No se aseguró con el encierro, ni la salida ni la posibilidad de que las
victimas pudieran dar aviso, porque previamente concertados, los acusados
habían sustraído los teléfonos. No se trataba de un simple robo bancario, sino
hubo algo más que debía ser sancionado y aplicarse las máximas penas a los
acusados.

QUNTO: Que en su alegato de inicio, la defensa del acusado Martínez Díaz


estimó que la evidencia, que se rendiría en el juicio oral, no sería suficiente para
condenar a su representado, anticipando que hubo un delito de robo con violencia,
grave, porque perjudicó a un Banco, pero no lo hacía distinto al sufrido por
cualquier “hijo de vecino”. Aseveró que sería importante escuchar a las víctimas, y
sería interesante escudriñar las diferencias con las declaraciones prestadas el día
de los hechos. Algunos de ellos, 6 o 7, dijeron que sólo podrían reconocer a una
persona, pero casi tres meses después, cuando los imputados fueron detenidos,
en reconocimientos realizados por la policía, se podrán ver las diferencias en
cuanto a primero reconocer a uno y luego terminar reconociendo a los 3
imputados. Los presupuestos fácticos del Ministerio Público, tendrán que ser
contundentes para justificar las penas solicitadas. Aludió a la prueba que se
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rendiría por videoconferencia, la que mermaría la labor de la Defensa porque


necesitaba examinar el lenguaje no verbal de los testigos, insistiendo en que la
prueba del Ministerio Público no sería suficiente para condenar a Martínez Díaz.

SEXTO: Que en su alegato de apertura, el abogado del imputado Abello


González afirmó que el Ministerio Público había traído un caso de notoria
publicidad, latamente difundido en los medios, y se difundieron fotografías, y todo
tipo de relatos al respecto. Pero el relato que traía el Ministerio Público,
comprendía un conjunto de hipótesis fácticas, una dinámica, ciertos grados de
participación y calificaciones jurídicas ex ante. Al estructurar su alegato de
apertura, la Fiscalía se comprometió a acreditar cada uno de aquellos elementos
fácticos y la participación de los acusados. La carga para probarlos recaería en el
Ministerio Público, y su parte hizo suya la misma prueba y procuraría en su tarea
de contrainterrogatorio, cuestionar cada uno de los elementos, reservando sus
alegaciones para el cierre.

SEPTIMO: Que a su turno, el abogado del acusado Cortés Isla reservó sus
planteamientos para el cierre.

OCTAVO: Que, en presencia de sus defensores, los acusados fueron debida y


legalmente informados acerca de los hechos materia de la acusación fiscal y, en la
oportunidad que señala el artículo 326 del Código Procesal Penal, ejercieron su
derecho a guardar silencio.

NOVENO: Que los intervinientes no acordaron convención probatoria alguna en el


momento procesal correspondiente.

DECIMO: Que el Ministerio Público y la parte querellante rindieron la siguiente


prueba, a la que adhirieron las Defensas de los tres acusados.
I.- Testimonial:
1.- Claudia Loreto Jarufe Bijit, 42 años, ejecutiva de cuentas, refirió que
en mayo, esa mañana llegó muy temprano y mientras esperaba que abrieran el
Banco, un individuo cruzó a un local donde vendían dulces, que estaba pegado al
Banco, llamándole la atención su vestimenta, su pelo rapado, teñido hacia poco,
de color negro, camisa color calipso, portaba un maletín, y anteojos.
Se le exhibieron fotografías de las que refirió: 2.- local que vende café,
dulces y donde estaba situada, viendo al sujeto que le pareció “caracterizado”.
Entró al Banco Banefe como a las 8:10-8:15, donde trabajaba y se encontraba
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junto a dos personas del aseo. Ingresó por la parte posterior del Banco (n° 3) a la
cocina (n° 14) que estaba conectada con la bóveda y estando un rato
preparándose un café, donde ya estaba el vigilante Francisco. Ellos subieron al
segundo piso, según el procedimiento, el que desconocía. 72: segundo piso.
Cuando ingresó a la cocina estuvo 3 minutos y al salir vio al mismo sujeto en
medio de la sala de espera igual que como lo vio afuera del Banco, le dijo que era
un asalto, pero ella no alcanzó a apreciar la arma cuando la alzó y le ordenó se
tirara al piso. Estaba a un metro suyo. Le apuntó a la altura del pecho. Ella estaba
de pie y él frente suyo. El sujeto tenía la nariz, en su parte superior, angosta, luego
se ensanchaba, labios gruesos, con anteojos, rapado el pelo de color muy intenso,
delgado, estatura relativamente alta, de 1,80 metros.
En la audiencia, reconoció al acusado José Abello González como la
persona que la apuntó.
Refirió que todo lo sucedido duró unos 35 a 40 minutos. Lo tuvo frente suyo
alrededor de un minuto. Él era el líder de la banda quien daba las instrucciones a
los otros dos, a quienes vio cuando estaba tirada en el suelo. El la obligó a tirarse
al suelo. Empezaron a llegar sus otros compañeros y los hacían tirarse al suelo y
los ataban en las muñecas con huinchas plásticas (n° 48)
A medida que iban entrando los apuntaban con pistola, y fueron quedando
enfrente a la puerta de entrada a la bóveda.
En las fotografías 30 y 31 señaló el lugar donde trabajaban, donde además
se apreciaba la puerta de entrada al baño, anterior a la bóveda. En la n° 35:
entrada y lugar donde los tiraron, a la gran mayoría. Ellos gritaban muy fuerte que
querían la clave de la bóveda. La encargada llegaba como a las 8 y media.
Cuando llegó se llevaron a Susana Espinoza, Evelyn Meza y María Eliana
Corbalán a la bóveda y las encañonaron para que abrieran la bóveda y pudieran
llevarse la plata, unos 80 millones y una suma en dólares. Luego vio salir a dos de
ellos, guardaron el dinero en un bolso negro. Les dieron instrucción de que se
pararan porque los iban a encerrar en la bóveda. El reconocido fue quien dio la
orden. Ella no quería ser trasladada a la bóveda. A 29 personas los metieron en un
espacio muy reducido, era la pre bóveda, con reja de metal imposible de echar
abajo, sin aire, los encerraron con llave. A todos los metieron, excepto a Cecilia,
que estaba embarazada, la dejaron amarrada en una silla de la sala de espera;
cuando la fueron a tirar al suelo un compañero les avisó que estaba embarazada.
No tenían sus celulares porque se los quitaron a medida que iban ingresando. Uno
de los otros dos, le quitó su celular. Los amenazaron en que los iban a desnudar y
los iban a tomar como rehenes y eran apuntados con armas, por eso ingresaron.
Estuvieron en el lugar como una hora hasta que los pudieron sacar porque trajeron
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una llave desde otro Banco. Ellos se llevaron la llave original. No tenían ningún
medio de comunicación. Apretaron un botón de pánico y eso alertó a carabineros.
Lo hicieron como a los 20 minutos de que ellos se hubieron ido. Llegó una
ejecutiva de otro Banco con la llave. Cuando estaba encerrada sintió pánico, todos
gritaban lloraban, una desesperación terrible. Había compañeras en estado de
shock, muy nerviosas, María Eliana sufre de asma severa y cuando la ingresaron
a la bóveda se empezó a asfixiar, y les indicó de la enfermedad para que no la
dejaran allí.
Se le exhibieron otras fotografías indicando en la n° 49: reja de la pre
bóveda donde los encerraron. 51 y 52: puerta de la bóveda.
Acotó que Evelyn, una de las jefas de sucursal, sufría crisis de pánico, a
quien también llevaron a abrir la bóveda.
Para ella este hecho le trajo como consecuencia el no tener la misma
confianza de antes, estuvo con psicólogo y psiquiatra, unos dos meses, y estuvo
tomando anti depresivos. Es algo que repercute para toda la vida, algo que no se
olvida.
La Policía de Investigaciones les tomó declaraciones ese mismo día, a ella
en tres oportunidades. Además, en una ocasión les mostraron más de 20
fotografías en un computador y ella reconoció de inmediato a la persona que
identificó en la audiencia.
El abogado querellante le exhibió la fotografía n° 35 donde indicó el lugar
donde iban quedando. El Banco tenía dos accesos, uno para clientes y otro lateral,
por el estacionamiento. Desde la calle era imposible que los transeúntes vieran al
interior porque no había ventanales. Ella tuvo mucho miedo al estar encerrada.
Cuando vio a la persona que reconoció en la audiencia, se hizo pipí. Lloró, tiritó y
tenía frío cuando estuvo encerrada. Los demás estaban igual.
No vio cuando las personas estuvieron en la bóveda, siendo encañonadas.
Las conductas de los individuos fueron agresivas durante toda la dinámica de los
hechos, no recordando si lo señaló en su declaración en Investigaciones.
Para refrescar su memoria, el abogado Carrasco le exhibió un documento
donde reconoció su declaración prestada con fecha 4 de mayo de 2012, donde
expresó: “su comportamiento fue muy calmado y nos transmitieron una especie de
tranquilidad”. Eso fue en una situación muy determinada, cuando una compañera,
llorando, les dijo que todos tenían hijos, que estaban muy asustados, y ellos
dijeron que no les harían nada, pero todo era a gritos y con mucha violencia.
Insistió en que su comportamiento fue agresivo.
El individuo reconocido lo vio en la sala de espera permanentemente.
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La reja es la pre bóveda y la puerta era la bóveda y ellos fueron encerrados


en la primera. La reja estaba cerrada con llave. En la sala que la antecede
tampoco había ventilación y no había nadie en dicho lugar.
Precisó que nadie fue encerrado en bóveda.
Refirió que fue a un cuartel de la Policía de Investigaciones junto a otras 5
personas, en forma individual y les exhibieron más de 20 fotografías; los
funcionarios nada le dijeron respecto de las fotografías. No fue a declarar a la
Fiscalía.
2.- Evelyn Meza Parra, empleada administrativa del Banco Banefe,
expresó que el viernes 4 de mayo de 2012 llegó a la sucursal, alrededor de las
08:27 horas. Le abrió la puerta una persona que no era un funcionario de la
sucursal; sabía que había un guardia de vacaciones y pensó que quizás lo habían
cambiado o que podían ser auditores; saludó a la persona de la mano y ésta le
mostró un arma y le dijo que era un asalto. La llevó al hall de la sucursal y vio a
varios compañeros amarrados y estaban boca abajo. Otro sujeto le dijo que
caminaran hacia la bóveda y la golpeó en la espalda con una pistola. También le
pegó con unas huinchas en las piernas. Luego cuando ella reclamó, le puso la
pistola en la cara y le ordenó abrir la bóveda, ella le dijo que no podía porque no
tenía la clave. La devolvió con las otras personas y les dijeron que si no
entregaban la clave la iban a matar. Ahí se pusieron de pié dos de sus
compañeras (Susana Espinoza y María Eliana Corvalán). Ellas eran las
encargadas de abrir la bóveda. El sujeto fue agresivo para amarrarla y tirarla al
suelo. Este sujeto –al llevarla a la bóveda- tenía puesto un pasamontañas;
después, cuando la introdujo a la bóveda se lo sacó pues un segundo sujeto entró
y dio vuelta la cámara de seguridad. A este segundo sujeto también le vio la cara.
El primero, que era el más alto, parecía ser el líder del grupo. A este sujeto –al
líder- ella le pidió que le aflojara las amarras de las manos y en lugar de ello, se
las apretó más, apretándole una pulsera que ella tenía y por eso le provocó un
esguince.
El segundo sujeto -que llevaba puesto un gorro como el del Chavo del
Ocho- le ayudó con las amarras; él para eso se agachó y le ayudó a soltar una
pulsera que le estaba haciendo daño. Ahí ella le vio bien el rostro.
Una de sus compañeras, María Eliana Corvalán, no se lograba concentrar
para abrir la bóveda y el más alto la empezó a insultar porque se demoraba y
como ella se demoraba él dijo que si se demoraba la iban a matar a ella (a la
declarante).
Luego el más alto llamó al que la ayudó a ella y le dijo “Luis, ¡apúrate!” y
tomaron un bolso y empezaron a llenarlo con billetes. La testigo ahí también les
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vio el rostro al agacharse ellos, ya que por norma, los billetes de más valor están
colocados abajo; ahí también le vio a uno de ellos una argolla en la mano.
Ellos sacaron la plata, unos $88.000.000, más unos dólares.
Luego el tal Luis dijo que también sacaran las monedas y el otro dijo que
no, porque pesaban muchos. El más chico salió con la plata y el más alto se
quedó con ellas y trató de dejarlas encerradas en la bóveda; la declarante estaba
tirada en el suelo. María Eliana Corvalán pidió que no dejaran a la declarante ahí;
entonces el tipo la tironeó a ella del vestón, y con dificultad se paró porque estaba
atada y luego empezaron a traer a todos amarrados a la pre-bóveda.
A todos les quitaron el celular al entrar a la oficina. A ella se le había
quedado ahí el día anterior, y también ellos lo tomaron.
Uno dijo “¡mírenme!” y se descubrió el rostro, luego les dijo que él tenía una
hija enferma y que esto no era malo porque el Banco tiene plata. Los dejaron
encerrados harto rato, cree que una hora o más. Los dejaron encerrados en la pre-
bóveda y 28 personas quedaron ahí; a una niña que estaba embarazada la
dejaron amarrada a unos asientos del público, ella era Cecilia Osorio; los sujetos
al irse dijeron que la llave de la bóveda estaba ahí, pero no era cierto. Esta niña, la
que estaba embarazada, se arrastró, amarrada como estaba y pidió auxilio y
también ella le pudo abrir a los carabineros.
Las 28 personas quedaron encerradas en la pre-bóveda, que es una oficina
de 2x3 metros, que es pequeña y solo está habilitada para que uno esté por
breves minutos. Todos estaban amarrados, apretados y muchas compañeras se
orinaron. Cree que todos pensaron que los sujetos les iban a hacer algo a ellos,
pues fueron agresivos y se habían descubierto los rostros.
Dijo –entre sollozos- que ella aún tiene crisis de pánico; está con
tratamiento de siquiatra y con sicólogo. No puede irse sola al trabajo; la tienen que
llevar. No puede andar sola. Su hijo menor también sufrió una pequeña depresión
al saber lo que le había pasado. Se pregunta por qué les hicieron esto si los
sujetos decían que esto no era en contra de ellos.
Explicó que nadie opuso resistencia, pues ellos estaban capacitados en el
sentido de que no deben oponerse en estas situaciones. Todos cooperaron con los
sujetos. Estos sujetos agredieron a unos compañeros, por ejemplo, a Enrique
Arenas le decían que él era el jefe y lo agredieron. A otro compañero lo llevaron a
otra parte, de nombre Luis Páez, y le decían que debía dar información. A él
también lo agredieron.
Los sujetos dijeron que iban a dejar las llaves de la puerta de la bóveda
encima de un extintor, pero no fue así, se las llevaron. Desde otra sucursal
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tuvieron que venir para poder abrir con otra llave, la pre-bóveda en donde estaban
encerrados. Marcela Díaz fue la persona que les abrió la puerta.
Eran tres sujetos los que llegaron a la sucursal y los encerraron.
Consultada dijo que podía reconocer al sujeto que la empujó hasta la
bóveda, la amarró y la tiró al suelo, (al reconocerlo rompió en llanto); él daba las
órdenes a los demás; él corresponde al acusado José Abello González.
Sostuvo que podía reconocer al sujeto que le abrió la puerta, estaba con
una boina y la apuntó con una pistola, le dijo que caminara y que era un asalto; él
correspondía al acusado Eduardo Cortés Isla.
Por último, dijo que la tercera persona que actuó en el hecho, que también
estaba en la bóveda, y que junto con el más alto sacaron la plata, corresponde al
acusado Luis Alberto Martínez Díaz.
Dijo estar muy segura de sus reconocimientos, pues no ha podido olvidar
los rostros de ellos.
Ella aún está en tratamiento siquiátrico y sicológico; debe tomar
medicamentos. Anda con temor, no quiere salir a la calle sola. Tiene pesadillas.
También es diabética y ese día llegó una ambulancia y la tuvieron que llevar. A la
embarazada y a Luis Carrasco que tuvo un problema cardiaco. Ella no quiso salir
en la ambulancia por temor, ya que el sujeto más alto dijo que afuera iba a haber
alguien mirando.
Dijo que el mismo día del hecho conoció a la fiscal, quien les hizo consultas.
Ese día los policías les tomaron declaraciones. Habló lo justo y necesario, pues
estaba afectada. Los rostros no los podrá olvidar. Ese mismo día la llevaron a la
Policía de Investigaciones a prestar declaración. También esos policías les
mostraron fotografías para poder reconocer a los autores del hecho; les mostraron
más de 20 fotografías por cada uno de los sujetos. Se las mostraron de a poco y
para ella fue fácil reconocer a los sujetos. Ahí ella reconoció a los sujetos sin tener
duda alguna.
Al exhibirle unas fotografías, dijo que las reconocía: Respecto de la n° 49,
dijo que muestra el sector de la tesorería y la puerta de la pre-bóveda. Los
encerraron en la pre-bóveda y esa puerta de fierro es la que estaba cerrada con
llave. La 51 muestra la pre-bóveda, mirada desde la puerta de fierro de la
tesorería. La 52 muestra la pre-bóveda, ahí los encerraron. La 54 muestra la
cámara de seguridad que apunta hacia la bóveda y cuando entró uno de los
sujetos él entró y volteó la cámara, quedando como se ve en la foto. Las fotos N°
55 y 56 son del interior de la bóveda. Se ven las huinchas con las que les ataron
las manos. Al interior de la bóveda a ella la tenían atada de manos. La N° 57 es de
la bóveda y se ve la cámara volteada. La N° 99 muestra a la declarante, esa foto
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se la tomaron el mismo día del asalto indicando las marcas en su mano. La foto N°
100 muestra las huellas de las huinchas con las que le ataron las manos.
Consultada por el querellante, dijo que cuando ella entró a la sucursal, ya
había unos quince funcionarios en el hall de la sucursal; ellos no podían pedir
auxilio, pues las puertas de acceso están lejos del hall y una además tiene una
mampara de vidrio que está cerrada.
Ese día no podían llamar por teléfono pues a medida que todos iban
entrando los sujetos ataban a los funcionarios y les quitaban los celulares.
Las personas que cometieron estos hechos no dijeron porqué las llevaron a
la pre-bóveda. Estos sujetos dijeron que eran de un frente, y que el Banco tenía
plata.
Ella sintió mucho miedo, que les podían disparar, y ella pensó que lo iban a
hacer, pues por algo se descubrieron el rostro. Muchos de sus compañeros,
lloraban, varios hombres también. Todos ansiosos, desesperados y creían que de
ahí no iban a poder salir. Todos estaban muy angustiados.
Consultada por la defensa de Luis Martínez dijo que ese día prestó varias
declaraciones, una en la misma sucursal y otra en el cuartel de la Policía de
Investigaciones. No recuerda otras declaraciones.
Ella describió al primer sujeto que le abrió la puerta, su cara, su forma de
mentón. También al sujeto que la llevó a la bóveda y que le pegó. Respecto del
tercer sujeto no alcanzó a terminar su declaración, pues había que hacer un
arqueo y ella era la responsable de seguridad de la sucursal y le dijeron que
después le harían más preguntas.
Ella fue a un cuartel de la Policía de Investigaciones y ahí ella hizo un
retrato hablado.
Un sujeto tenía un gorro como el del Chavo del Ocho, y también con una
bufanda, pero que no tenía puesta en su rostro. Nada le cubría el rostro. Otro de
los sujetos usaba un pañuelo, ese fue el que le abrió la puerta a ella para entrar a
la sucursal, el pañuelo era como de cuadrillé, de color blanco con negro.
También participó en reconocimientos fotográficos, días después, ya que los
funcionarios de la PDI fueron a la sucursal.
El sujeto del gorro parecido al del Chavo del Ocho, y que tenía una
bufanda, no tenía el rostro cubierto cuando estaban en la bóveda; además, la
bufanda le tapaba el cuello, no la cara.
Al exhibirle el acta de un reconocimiento de fotos, de fecha 19 de julio de
2012, se alude al reconocimiento de un sujeto que ella dice que vestía un pañuelo
negro con blanco y un gorro con orejeras. Explicó que ella pudo haberse
confundido al hacer esa descripción, reiteró que este sujeto en el interior de la
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bóveda no estaba con bufanda ni con pañuelo; él fue el sujeto que se le acercó
para ayudarla con las amarras y él se agachó para hacerlo; ahí le vio muy bien el
rostro porque estuvo cerca de ella.
Preguntada por la defensa de José Abello González, dijo que uno de los
sujetos que ha reconocido tiene la piel un poco más blanca (el de más a la
izquierda), y los otros dos son más morenos.
Interrogada por la defensa de Eduardo Cortés Isla, dijo que el sujeto que le
abrió la puerta tenía una boina y un pañuelo al cuello.
Su celular lo recuperó el mismo día. Supo que los sujetos los habían dejado
en un automóvil. Todos recuperaron sus teléfonos. No hubo ningún disparo por
parte de los sujetos ese día.
3.- Claudio Antonio Morales Galaz, expresó que el viernes 4 de abril o
mayo de 2012, aproximadamente a las 8:25 horas, le abrieron la puerta y al entrar
a mano derecha estaba una persona con boina, bufanda, le dio la mano para
saludarlo, pero no le respondió. Lo observó y cuando él terminó de cerrar la
puerta, lo tomó y le puso un revolver en el estómago, con empujones lo tiró contra
la pared a la entrada del hall y lo hizo entrar. Luego lo botó al piso, le quitó los
celulares, garabatea y lo amarró. Le tomó su bolsa con el desayuno y lo tiró lejos.
Entre los nervios y susto, pensó que era una operación “Dayse”, trató de
tranquilizarse, entregó los dos celulares, uno primero, el otro cuando le preguntó.
Lo amarró con una cinta plástica como de candado, con las manos atrás,
quedando en el piso. Detrás apareció un señor con lentes, pelado, con barba tipo
candado, diciendo que no lo miraran. Eran agresivos, violentos, insultaban harto.
Andaban muy apurados. Después de unos 20 a 25 minutos, los empezaron a
levantar para llevarlos a otro lugar, tironeándolos, se resbalaban, se levantaron,
había hombres que lloraban, como Mario, que estaba al lado suyo, Claudia Jarufe
estaba orinada, y en general las mujeres estaban llorando. Los hombres trataban
de calmarlas. A Marcelo Pasten y Mario Mira, el de lentes y barba le dijo que
cruzara las manos, y le dijo que si no sabía hacerlo y lo zamarreó. A una
compañera que estaba embarazada, Cecilia Osorio, la pusieron al lado suyo y él
les dijo que estaba embarazada y que no la pusieran de guata. La pararon y la
sentaron en una silla y la amarraron. Ellos les decían que si no se portaban bien,
los iban a desnudar y torturar. Los tomaron y llevaron a una bóveda de “2 x 2”,
eran 27 personas, todas en pánico, con miedo, viniendo a la memoria la familia,
sintiéndose vulnerados, muy amenazados, al borde de la muerte. El lugar donde
los encerraron era sin ventilación y en caso de incendio no podrían arrancar, él se
sintió secuestrado, vulnerado y hasta ahora le trae repercusión cuando está en un
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lugar cerrado, no está tranquilo, se siente perseguido muchas veces, pero quiso
exponer cuando un hombre siente que es ultrajado.
Cuando entraba al Banco, estaba el guardia al que le daba la mano, pero
estaba el señor que lo recibió. Cuando lo tiró al piso y entregó los celulares le vio
el rostro, a una distancia de un metro o menos. El pelado andaba con una camisa
de color fuerte, como calipso.
En la audiencia identificó al que lo recibió y apuntó con un arma –Cortés
Isla- el que era pelado, con lentes y barba candado –Abello González-.
Cuando llegó había unas 13 a 14 personas que estaban “blancos”, en el
piso, amarrados con las manos atrás. Al pelado lo vio cuando se andaba
paseando, asegurando las manos, lo vio armado y después se acercó a su
compañero que no supo cruzar las manos. Había un tercer sujeto, a quien vio muy
de repente con un gorro como del Chavo del 8, con bolso, saliendo de la bodega.
Fueron a la bóveda a buscar la plata. Escuchó que pedían las claves y no
supo en qué momento se las dieron. Luego los llevaron a la bóveda del Banco y lo
agarraron de la chaqueta y lo levantaron porque se resbalaba y tenía amarradas
las manos. Los 27 o 28 funcionarios fueron encerrados como una hora en la
bóveda. Cuando llegó la policía, ellos le dijeron que habían dicho que dejarían la
llave, la buscaron pero nunca apareció. Al rato después llegó una ejecutiva con la
llave de reserva para abrir la reja. Estaba la Policía de Investigaciones, y los
tuvieron unos 45 minutos sin hacer nada. Supo que se sustrajo unos 90 millones
de pesos y una cantidad en dólares.
Se le exhibieron fotografías refiriendo en la n° 49: reja y puerta detrás 51 y
52, lugar donde los encerraron. En la n° 4 (set 6): puerta a su derecha, mesón y
lugar donde estaban. 3.- vista desde adentro del lugar donde estaban.
Expresó haber tenido mucho miedo, pensó en su familia, en su niñez, que
moriría. Su sistema nervioso no funciona bien, siente claustrofobia cuando entra a
un lugar cerrado.
Según lo que se percató sus demás compañeros no tuvieron capacidad de
reacción. Estaban en el hall del Banco cuando el entró. Había unos 3 metros hasta
la primera puerta.
El abogado querellante le mostró la fotografía n° 9 donde reconoció el
ingreso al sector de cajas y hall donde estaban repartidos. En la n° 14: el mismo
sitio anterior donde había dos cajas, la puerta para ingresar a la cocina, y a la
bóveda. En la n° 41: puerta para entrar a la habitación donde se pasa la plata
desde la bóveda a las cajas. Fueron conducidos unos 8 metros hasta ser
encerrados. El hall no se veía porque la puerta no se abría al público sino hasta
las 9 de la mañana. En la n° 35 apreció la atención de público, la entrada para
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tomar numeración, el hall y puertas interiores. Los terceros no podían ver a los
cerca de diez funcionarios que estaban repartidos. Como estaban en el piso,
amarrados, no podían dar aviso a la policía; seguían en esa posición cuando
tomaron el dinero de la bóveda, y después los trasladaron a la bóveda. Si los
hubiesen dejado en el mismo lugar, podrían haberse parado y tomado algún
teléfono, no sabe si de forma inmediata, pero se podría haber hecho algo.
Antes declaró en la Policía, el mismo día, sólo una vez antes del juicio.
Participó en diligencia de reconocimiento fotográfico, pero no todas las personas
tenían calvicie, pero tenían poco pelo. No participó en la diligencia de retrato
hablado. Cuando reconoció a la persona, lo hizo por la nariz, ojos y boca, según el
rostro que vio en el momento, no porque era calvo.
Ratificó al abogado Seperiza que si los hubiesen dejado en el lugar donde
estaban inicialmente, hubiese sido más fácil pedir auxilio porque habían teléfonos,
se podían poner de pie, buscar instrumentos para sacarse las amarras, abrir la
puerta y gritar. Tenían facilidad para escapar al dejarlos encerrados en la bóveda.
4.- Carmen Susana Espinoza Poblete, de 45 años de edad, secretaria.
Dijo que el viernes 4 de mayo de 2012, a las 8:10 entró a la sucursal junto con el
vigilante. Ella se fue a su lugar de trabajo, encendió su equipo y luego salió al hall
y un tipo se le lanzó encima diciéndole que era un asalto y que se tirara al suelo.
La llevó con otros compañeros; se quedó callada allí y de a poco entraban sus
otros compañeros, que al entrar los reducían, les quitaban los celulares y los
maniataban. Uno de los sujetos les decía a los hombres que entraban, “¡tú la
llevas, tú eres el jefe!”. A unos los golpeaban. Como ella dijo que no lo hicieran, un
tipo pelado le pegó con una cadena de las que hay en las valijas. A sus
compañeros los tiraban al suelo y les preguntaban. Por ejemplo a Luis Páez lo
llevaron a un lugar aparte y atormentaban para saber quién era el jefe. Como a las
08:35 llegó la jefa que era quien tenía la clave para abrir la ruleta. La declarante
tenía otra clave. A Evelyn Meza la llevaron a la bóveda y la empujaban y le
pegaban con unas cintas para amarrar, le pegaban en el trasero. Desde donde
estaba, ella no veía mucho. Como no habían prendido las luces, estaba todo
oscuro adentro. Cuando llegó María Eliana le dijo que ellas fueran a la bóveda.
Allí, cuando ella iba a ingresar la clave, él le gritó y le dijo que si marcaba un
número de más, “se iban a ir los dos”, entendiendo ella que la iban a matar; eso lo
dijo el sujeto pelado. Ella estaba concentrada para marcar los números y sólo
quería terminar pronto, pues también le gritaban a su jefa Evelyn Meza y le decían
que la iban a matar. María Eliana abrió la ruleta para abrir la bóveda. Entraron a la
bóveda y tuvieron que ingresar más claves. María Eliana ingresó la clave y ella se
equivocó, por lo que el tipo la insultó. Ella estaba muy nerviosa. Después se abrió
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la bóveda, pasados los minutos que debía esperarse y ahí los tipos se lanzaron
para sacar el dinero en unas bolsas. Uno dijo que llevaran las monedas y el otro
dijo que no. Se quedaron con el sujeto pelado que parece que quería dejarlas a
ellas adentro de la bóveda y ahí le imploraron que no, diciéndole que la jefa era
asmática. Las llevaron por ello a la pre-bóveda y luego empezaron a llegar todos
sus compañeros, en fila, que venían todos maniatados; los dejaban en la pre-
bóveda. Una compañera embarazada quedó afuera, ella es Cecilia Olivares, que
la dejaron en el hall, también amarrada pero a los asientos del público. A los
compañeros los hicieron entrar y el tipo pelado que vestía camisa color calipso con
chaqueta gris oscura los guiaba.
Al exhibirle una evidencia material reconoció la camisa de color calipso o
celeste que vestía el sujeto pelado del que habló.
En la pre-bóveda entraron las 28 personas, todos estaban maniatados. Ese
es un lugar muy chico que además estaba lleno de cajas con documentación, por
lo que todos estaban apretados, les faltaba el aire y no hay ventilación. Los
encerraron en ese lugar, ya que los sujetos cerraron la reja. Los sujetos tomaron
las llaves que allí había, cerraron y luego se llevaron la llave.
(Al declarar la deponente, espontáneamente y de modo permanente, colocó
su manos, tomadas entre sí, por detrás de su espalda).
Dijo que ellos estaban angustiados, y con miedo en la pre-bóveda.
Luego el sujeto pelado les decía que lo miraran bien, que él era de un frente
y después se fue. Pasó harto rato, todos estaban asustados y les empezó a faltar
el aire. Ella no quería estar ahí. Los llevaron a pesar de que todos estaban
reducidos en el suelo. Ella pensó que luego de robar los sujetos sólo se irían pero
en lugar de eso se los llevaron a todos a la pre-bóveda y empezó a preguntarse
qué era los que les harían, que para qué los llevaban a ese lugar. Se sentía muy
mal allí, aterrorizada, con miedo, pensando en sus hijos. También pensaba que
debía estar tranquila para que ellos se fueran rápido. Allí estuvieron más de 45
minutos. Los sujetos se fueron y entre los compañeros le gritaban a Cecilia, la
joven embarazada y le preguntaban si los tipos se habían ido. Ella dijo que sí. Uno
de sus compañeros pudo cortar la cinta de las amarras y pudieron tocar el botón
de pánico de la pre-bóveda. Posteriormente, tuvieron que esperar que llegara
alguien de Valparaíso para poder abrir, pues no estaban las llaves.
Un compañero tuvo problemas cardiacos; la jefa es diabética e hipertensa,
maría Eliana es asmática al igual que Rodrigo Figueroa. Una persona tenía
problemas renales.
Al exhibirle unas fotografías, (del grupo E-2 del auto de apertura),
manifestó que eran del video de seguridad: la n° 10 mostraba a ella ingresando la
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clave junto a María Eliana y a su jefa Evelyn Meza, y el tipo de la camisa calipso,
que tiene un arma. La n° 12 muestra a las mismas personas, pero dice que no
recuerda qué pasaba.
Ese día sustrajeron $88.000.000 más unos nueve mil dólares.
Esta situación le creó terror e inseguridad. Ella no quería llegar a la
sucursal. La Mutual les proporcionó ayuda sicológica, pues sentía dolor de
estómago y temor cada vez que llegaba a la sucursal.
Nunca, ninguno de sus compañeros opuso resistencia a los sujetos. El
Banco les ha dado instrucciones para no oponerse.
Consultada por el abogado querellante, dijo que los sujetos tenían el rostro
cubiertos en momentos, no siempre; en la bóveda ella lo vio cubierto. Cuando ya
se abrió la bóveda y la caja fuerte entró un segundo sujeto y ellos llenaron un
bolso con dinero.
Al exhibirle unas fotografías (E-2 del auto de apertura), señaló que la n°
15, se veía que ellas ya abrieron la bóveda, su jefa está en el suelo pues la tiraron
ahí, y María Eliana está ingresando su clave. Para abrir se necesitaban dos claves
distintas. En la N° 16, se ve que el tipo ya tiró al suelo a su jefa Evelyn Meza; y a
la declarante el sujeto la está amarrando, luego que haber desarmado la clave de
la alarma. Explicó que la amarraron al entrar a la sucursal, luego la llevaron a la
bóveda, la soltaron y después de desactivar la alarma, la volvieron a amarrar. En
la N° 18, ella ya está amarrada y el tipo está tratando de amarrar a María Eliana.
En la N° 20 el sujeto está mirando el relojito, pues debían esperar unos minutos
para que se abriera la bóveda; se ve al tipo que está tomando la hora. En la N° 23,
se ve a un segundo sujeto, es el que entró a ayudar a llevarse el dinero. En las N°
25 y 26 se ve el momento en que el tipo está moviendo la cámara de seguridad.
Preguntada por la defensa de Luis Martínez, dijo que cuando el segundo
sujeto ingresó a sacar el dinero Evelyn Meza estaba en el suelo, pues el sujeto
pelado la tiró al suelo. Cuando los tipos empezaron a traer a los otros funcionarios
el sujeto pelado le ayudó a pararse. El segundo sujeto que ingresó a ayudar se ve
con el rostro tapado en las fotografías. Recuerda que éste algo hizo y se acercó a
Evelyn Meza, pero no sabe porqué se le acercó.
Consultada por la defensa de José Abello, dijo que la camisa que le mostró
la fiscal es la camisa calipso que vestía el sujeto pelado; le dice pelado, aunque él
tenía pelos; en realidad tenía pelado en la parte de arriba de la cabeza, de la
frente hacia atrás, pero tenía pelos en la parte de los costados, sobre las orejas y
en la parte de la nuca. Ella vio a este sujeto que se paseaba descubierto por el
hall. También al irse, cuando él gritó que eran del frente, él también andaba
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descubierto. Ese sujeto también andaba con una pistola gris o de color metálico; él
era el que más se paseaba y andaba gritando.
Interrogada por la defensa del acusado Eduardo Cortés, dijo que en el hall
de la sucursal sólo estaban prendidas las luces de emergencia, no todas las luces.
La zona de la pre-bóveda y la bóveda tenían las luces encendidas. También había
algunas luces encendidas en el ingreso y en la parte de las cajas; había
encendidas algunas luces del hall, pero no todas.
5.- Francisco Gómez Cantillano, vigilante del Banco Banefe Santander,
expresó que el viernes 4 de mayo de 2012, aproximadamente a las 8:15 horas
llegó con la tesorera y su labor inicial era desactivar las alarmas, dar rondas y
luego subir a cambiarse ropa al segundo piso. Dejó a Roberto Cornejo Zamora, su
compañero, de 60 años, en la puerta posterior donde entraban los funcionarios,
por calle Arlegui. Se estaba cambiando ropa en el segundo piso, en un camarín,
lugar donde entró una persona que abrió sigilosamente, lo apuntó con un arma en
la espalda, detrás suyo, se dio vuelta y lo miró a los ojos, pudo verle desde la nariz
hacia arriba. Luego lo bajó de forma apurada apuntándolo, se hallaba vestido con
una bufanda, y un gorro tipo siberiano. El tipo le señaló “Tu tenis las claves”,
respondiendo que no las usaba. Ingresó al sector de bóveda, y puso una clave
que nunca había usado, mientras el sujeto le indicaba que se le iba a salir un tiro,
y luego lo llevó al hall. Estaban todas las personas en el piso, maniatadas, con
Roberto se ensañaron dándole golpes de puntapiés, el líder de la banda, que
andaba con un vestón negro y una camisa calipso.
En la audiencia, se le exhibió evidencia donde el testigo reconoció se
trataba de la camisa referida, la que recordaba por el color.
El líder que manejaba la situación, daba las órdenes a los otros dos que
estaban con él, a los que llegaban los tendían en el piso. Uno abría la puerta y el
líder decía que se mantuvieran en el piso. Este lo amarró a él. Le vio sus
facciones, andaba con un gorro pasamontaña, que se lo sacó en un momento
porque quería que le vieran el rostro diciendo que era del “Frente”.
En la audiencia identificó a José Abello González como el líder, y a Luis
Martínez Díaz como el que lo encañonó con el arma en el segundo piso.
La Fiscal le exhibió fotografías: n° 4 y 5.- El compareciente con la persona
que lo bajó del segundo piso al sector de la bóveda, lo amenazaba con el arma y
le pedía la clave, y era la persona que reconoció en la audiencia.
Luego lo llevaron al hall y estaban Claudia Jarufe, Roberto Cornejo, Susana
Espinoza, Enrique Arenas, Alex Zúñiga y Paula Rebolledo. Estaban boca abajo,
maniatadas. Lo obligaron a abrir un bolso con documentos. Luego lo tiraron al
suelo y le amarraron las manos con un cinto, muy apretados, causándole mucho
19

dolor. Miró a Claudia Jarufe que estaba orinada, cuando estaban todos tendidos
en el piso. Iban entrando los funcionarios y descartando al jefe porque nadie de
ellos sabían quién lo era, y cada hombre que llegaba le decían que era el jefe y le
exigían la clave. Luego llegó Luis Páez, lo llevaron a la sala de reuniones, no
sabiendo lo que pasó en dicho lugar, tomaron a Susana Espinoza, María Eliana
Corbalán y Evelyn Meza llevándolas a la bóveda. Habían llegado más de 20
personas. Dos sujetos entraron a la bóveda y uno se quedó con ellos dándoles
órdenes de no moverse y estaban los tres con armas. Sacaron en un bolso negro
todo el dinero, 80 millones. Estaban nerviosos porque se estaban demorando
mucho. Nombraron a “Luis”, diciéndole que se apurara. Seguían sonando los
timbres por la llegada de funcionarios. Los empezaron a levantar a todos y los
llevaron al sector de la tesorería y los encerraron en la pre bóveda. Iban en fila,
empujándolos “como animalitos que los llevan a encerrar a un corral”. Tenían el
miedo que los encerraran en la bóveda porque no había nada de ventilación. A las
29 personas las dejaron en un “espacio sardina”, hermético, sin aire
acondicionado ni ventanas, con las paredes de cemento. Estuvieron encerrados
como una hora. Los amenazaron con que alguien los estaría esperando en la calle
si salían. Lo que vivieron fue sofocamiento por el aprisionamiento, todos lloraban,
no se podían mover, con mucho dolor en los brazos, “no se lo doy a nadie”. Le
gritaban a Cecilia que estaba embarazada, preguntándole si estaba bien y si se
habían ido. Sergio se desató y apretó el dispositivo que estaba en la pre bóveda, a
los minutos llegaron carabineros. Creía que Cecilia se arrastró, no sabiendo cómo
abrió la puerta, llegó un carabinero que fue su “salvador”. Luis Carrasco decía que
estaba mal, enfermo del corazón, Evelyn con diabetes también se sintió mal. Aun
sigue trabajando, tuvo licencia por 21 días. Todos quedaron con las muñecas con
marcas. Estuvo con psiquiatra y su diagnóstico fue daño post traumático por
hecho grave. En la noche no podía dormir, estuvo con medicamentos, pero lo
dieron de alta. Fue un daño muy grave porque la gente que trabaja en un Banco
son seres humanos, con hijos, padres, hermanos. Fue un daño psicológico muy
grande. El tener que rememorarlo, le hacía daño.
Indicó que no se podía parar porque tenía mucho dolor en las manos y no
se podía erguir para levantarse. Ninguno se pudo parar. La sucursal tenía dos
accesos, la puerta posterior de madera, hermética por Arlegui y la otra puerta
estaba cerrada con llave, con mampara de vidrio y madera.
El abogado querellante le exhibió dos fotografías de las que refirió: 2.-
puerta principal de madera, estaba cerrada y también las mamparas de vidrio. Al
costado, la otra puerta de acceso. 3.- puerta posterior antigua, de madera,
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explicando donde estaba la sala de reunión, desde afuera no se podía ver el hall ni
el interior de la sucursal.
Explicó que dio una primera declaración ante la Policía de Investigaciones
en el Banco. Hizo después una diligencia de retrato hablado. Vio rostros de
fotografías. En la declaración indicó que reconocía a un sujeto calvo, el líder y que
no podía reconocer a nadie más, por la situación en que estaba sólo se le venía a
la mente el líder. No recordaba haber indicado que no podía reconocer al resto.
Se le exhibió un documento de fecha 4 de mayo de 2012, donde reconoció
se trataba de su declaración donde leyó: “por último, debo decir que solo podría
reconocer al sujeto calvo en tanto a los otros dos no recuerdo el rostro”.
Le pidieron revisar las imágenes de las cámaras donde estaba todo
grabado. El no tenía las llaves de las cámaras las que no pudieron destruir. En las
imágenes no indicó a los sujetos porque llegó la seguridad del Banco, y ellos
ingresaron a las cámaras, no sabiendo lo que hicieron.
Explicó que pudo reconocer al acusado en la audiencia porque le mostraron
fotografías cuando fueron funcionarios policiales al Banco, en mayo, como a la
semana después y le preguntaron si reconocía alguno. Sin lugar a dudas
reconoció al líder del grupo. La segunda vez, que les llevaron fotografías
reconoció al que lo apuntaba con el “cañón”, y lo recordó por los ojos, nariz y
frente. Cuando vio la foto, tapó con su mano la boca y lo reconoció de inmediato.
La policía no le dio información del sujeto. Esa diligencia al parecer fue en el mes
de junio.
Para refrescar memoria, se le exhibió un documento denominado “Cuadro
de reconocimiento fotográfico”, donde leyó que la fecha era “19 de julio de 2012”, y
fue efectuada en el Banco Banefe.
Al abogado Casanova respondió que el día 4 de mayo fue el más terrible de
su vida y la única imagen que en ese momento tenía en su mente era del líder que
se movía con el arma para todos lados. Cuando el segundo sujeto subió al
segundo piso a buscarlo, tenía la boca tapada y en la cabeza andaba con un gorro
siberiano, con orejeras y arriba con algo peludo. Le vio los ojos y nariz que nunca
más se le olvidaron. En la primera declaración no dio esas características porque
tenía miedo y sólo quería irse a su casa.
Añadió que no le exhibieron videos en el Banco, sólo indicó al personal de
seguridad dónde estaban ubicadas las cámaras. Esos videos no los vio porque se
retiraron del Banco. Las diligencias de reconocimiento fotográfico se efectuaron en
el Banco, en hora de colación, la que duró media hora. Le mostraron muchas
fotografías, en color, tipo pasaporte. No todas eran de calvos. El que reconoció en
la fotografía tenía una entrada en la frente, era calvo, es decir, que en la parte
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superior le faltaba pelo. La persona que reconoció en la audiencia era calva y


cuando entró al Banco tenía un corte de pelo tipo fraile. En el rostro reconoció su
nariz recta, con partes anchas, pera pronunciada, alto, delgado, un poco más alto
que él (mide 1,79 metros). Andaba con lentes, en el hall se puso un pasamontañas
que después se sacó porque quería que le vieran el rostro.
Al Tribunal precisó que el corte “tipo fraile”, le dejaba parte de la cabeza con
pelo, en la mitad inferior, y arriba era calvo.
6.- Enrique Pedro Arenas Mella, de 61 años de edad, empleado bancario,
dijo que el 4 de mayo del año pasado, llegó a las 8:10 de la mañana y en la puerta
trasera lo apuntaron con una pistola en la cabeza. Era un sujeto que vestía una
casaca negra y a rostro descubierto. Al entrar a la sucursal, el sujeto le abrió la
puerta y ahí se encontró con la pistola a unos 50 centímetros; el sujeto lo llamó y
lo tiró para adentro. Luego lo golpearon con algo en la espalda, no sabe quien fue,
pero cree que fue otra persona, pues el primero volvió a la puerta. Lo tiraron al
suelo. Eran tres los sujetos. Solo le vio el rostro a la persona que lo apuntó al
entrar a la sucursal. Lo tiraron al suelo y le amarraron las manos atrás; quedó
acostado, boca abajo, con las manos atrás. Ahí ya estaba Susana, Francisco, las
dos niñas del aseo y un guardia suplente. Seguía llegando gente y al declarante le
pegaron pues lo confundían con alguien que tenía la clave. Recuerda que escuchó
un nombre, “Luis” que lo mencionó el líder del grupo y él manada a Luis que se
llevara a las personas a otro lado. Al declarante lo llevaron junto a Paulina y a otro
funcionario y ahí se puso a rezar; su compañera Paula Guajardo empezó a
sollozar, él la calmó y uno de los sujetos lo escuchó y para hacerlo callar lo golpeó,
diciéndoles “¿qué están tramando?”. Seguían llegando compañeros y los
amarraban y los tiraban al suelo. Él seguía en la oficina hasta que alguien dijo que
todos pasen a la bóveda. Trató de pararse pero no pudo. Lo tomaron del hombro y
lo pararon. Fue caminando a la bóveda. Debió ir hacia allá pues los obligaron a ir,
los empujaban y les iban pegando con unos plásticos que tenían ellos, que se
usan para cerrar las bolsas. Ahí se quedó hasta que la persona que dirigía les dijo
que dejaría la llave en un extinguidor, cosa que nunca apareció; los encerraron
ahí, eran los 28 de la sucursal encerrados. Ese encierro fue en la pre-bóveda, que
es una sala súper chica; todos estaban de pie, las niñas estaban angustiadas y ahí
a él le dio un temor de que se iba a morir. No podían salir de ahí pues a medida
que llegaba la gente, los iban entrando a la oficina y estaban amarrados.
Quedaron encerrados en la pre-bóveda, todos estaban de pie y muy apretados,
todos ahogados pues el lugar es muy chico. Ahí sintió una angustia inmensa y
todos temían lo que iba a pasar, también se preocupaban por la compañera que
quedó amarrada afuera, que estaba embarazada. Después de un rato la llamaron
22

y ella dijo que ellos ya se fueron. Las compañeras lloraban. Nunca había sufrido
tanta violencia en su vida, los golpes, el encierro, etc. Se aguantaba el llanto por
que había mujeres llorando. Cuando salió no podía contar lo que le había pasado
porque lloraba y lloraba. Estuvo encerrado más de 45 minutos, no lo puede
precisar bien. Ocurre que llegaron los carabineros pero no encontraban la llave
para abrir, y tuvieron que ir a buscar una llave a Valparaíso.
La persona que lo recibió al entrar a la sucursal es la única a la que le vio el
rostro. Consultado si lo podía reconocer, identificó en la audiencia al acusado
Eduardo Cortés Isla.
Después de los carabineros también llegaron los detectives y ellos les
pidieron que no tocaran nada, que nadie saliera del lugar y los llevaron a un
pasillito, donde están los módulos y ahí ellos tomaron huellas. Parece que ese día
sí le tomaron declaración.
Al exhibirle unas fotografías, en la N° 75 y 76 se veía a él mismo, con las
marcas que le quedaron por el plástico que le pusieron en las muñecas. Ese
mismo día lo llevaron al Hospital del Trabajador para verificar las lesiones y le
consultaron si que quería un sicólogo.
Pasados unos días, fueron de la Policía de Investigaciones y le mostraron
un set de fotos y ahí pudo identificar a una persona, que es la misma a la que
identificó en la audiencia.
Señaló que este hecho le causó bastantes molestias; ha tenido problemas
hasta con su familia, porque le decían que no viniera al juicio, que por qué dijo que
reconocía a alguien. Ahora, recordar esto, también es “fome”, lo cual dijo entre
sollozos.
Consultado por el abogado querellante dijo que estuvo en el hall y en una
sala, a la entrada de la sede de Banefe, que tiene una mampara; en esa salita lo
tiraron al suelo. Desde allí –al final- lo llevaron a la pre-bóveda.
Al exhibirle unas fotografías, del grupo E-1, dijo que las reconocía: la N° 31
muestra la mampara roja de la oficina en donde lo dejaron; ahí estaba con tres
personas. El acceso más cercano a esa salita es la puerta principal, la cual estaba
cerrada, ya que esa puerta principal sólo se abre a las nueve de la mañana y ese
día estaba cerrada a la hora que entraban los funcionarios. Desde esa salita hasta
la pre-bóveda había que avanzar hasta el fondo y doblar. En esa salita estaba
amarrado con las manos atrás y tirado en el suelo de boca; no podía moverse;
incluso, cuando les ordenaron pararse para ir a la bóveda, no pudo levantarse y
por eso uno de los asaltantes lo tomó a él y a las personas que estaban con él y
los levantó. Para llevarlos hacia la pre-bóveda les gritaban que se apuraran.
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Consultado por la defensa del acusado Eduardo Cortés, dijo que en el hall
central hay computador y un teléfono, desde allí está más cercano el hall principal
que la pre-bóveda.
7.- Claudia Ximena Urrea Gandolfo, secretaria, quien manifestó que el 4
de mayo de 2012, iba desde su casa hacia el Banco, al que normalmente llegaba
un cuarto para las 9 y se dio cuenta que le quedaba un minuto para llegar a la
hora. Quiso correr, vio a una compañera y al llegar vio a una persona alta, afuera
del Banco, de unos 35 años, que le sorprendió por estar esperando a esa hora.
Tocó el timbre y se demoraron en abrirle la puerta, pero no vio a nadie abriendo,
por lo que pensó que podía ser una broma del guardia; entró y de pronto la jalaron
del brazo izquierdo hacia adentro y le dijeron “¡pasa, pasa, pasa!”; ella se
sorprendió y ahí vio una pistola cerca de su rostro y un sujeto le ordenaba que se
apurara y que entrara, dejándola a la entrada del hall. Luego otro tipo le dijo
“¡apúrate!” y le ordenó que se tirara al suelo, al hacerlo se arrodilló y miró hacia el
frente y ahí vio a tres colegas: una que estaba sentada y maniatada, que estaba
embarazada, y a dos colegas más. La colega embarazada era Cecilia Osorio y el
tipo que la tiró del brazo se fue hacia ella; este tipo es otro distinto del que la
recibió, pues quien la recibió vestía una chaqueta oscura, llevaba un arma en la
mano y un gorro oscuro como una boina y no le alcanzó a ver el rostro.
La otra persona, que la jaló al suelo, después de eso se fue al frente de ella,
hacia donde estaban sus tres compañeras (la embarazada con dos colegas más).
Ella se arrodilló, miró al suelo y una voz le ordenaba que pasara el celular,
apurándola para que lo hiciera. Al entregar el celular ella miró hacia el lado y vio a
una persona que vestía una camisa muy llamativa que era como color calipso.
Luego se puso a mirar a otra persona, que era el que la había jalado del
brazo y que se fue con sus compañeras al frente, para maniatarlas; ella levantó la
vista y vio que una de sus compañeras la empezó a tranquilizar, diciéndole
“cálmate, cálmate”; entonces ella empezó a mirar a ese asaltante, y él era alguien
con ojos achinados, que tenía un gorro con orejeras y vestía una chaqueta de
color gris oscuro. Ahí le vio el rostro a esta persona, como a unos 5 ó 6 metros de
distancia, y se fijó bien, pues lo tuvo frente a ella y pudo verlo súper claro. Ella
recordó que en las películas siempre dicen que si hay un asalto hay que fijarse
bien en alguna característica para acordarse después.
Consultada si se encontraba presente la persona a la que se ha referido dijo
que esta persona, a la que vio bien ese día, corresponde al acusado que está
sentado a la izquierda de ella, a quien señaló por sus vestimentas (polerón a rayas
con morado); esa persona corresponde al acusado Luis Alberto Martínez Díaz.
24

Agregó que le vio bien los ojos, que eran de tipo achinado y eso lo recordaba muy
bien.
Después de este hecho, llegó la Policía de Investigaciones y ahí ella les
declaró, cree que a ellos les dijo lo mismo que ahora.
A este tipo lo vio cuando ella estaba en el hall junto a dos compañeras de
trabajo; ella estaba arrodillada en el suelo, junto a Andrea Ponce y a Giovanna.
Esta última le dijo que se calmara y ahí fue cuando pudo ver a este sujeto que
estaba frente a ella; ahí también vio la camisa del sujeto que le quitó el celular. El
de la camisa calipso, la amarró; éste sujeto era el que daba las órdenes y la
apuraba a ella; él la amarró y luego les ordenó que se apuraran le gritaba a otro
sujeto. La levantaron del piso y el sujeto les dijo que se fueran a la bóveda,
dejando a Cecilia afuera. Iban maniatadas, con las manos amarradas en la
espada; las empujaron y las llevaron a la bóveda. Al llegar ahí vio a sus colegas
que estaban todos amarrados y desesperados. Las empujaron a las tres adentro y
ellos se fueron, cerrando la bóveda con llave. Luego se fueron. Uno de los colegas
decía que el sujeto dijo que dejó las llaves en un extintor, pero eso no fue así.
Estaban encerrados, desesperados, pues eran 28 personas adentro, era muy
chico. Ella y muchas otras lloraban, algunos se hicieron pipí, otros se quejaban por
el dolor, ya que las muñecas las tenían muy apretadas con las amarras plásticas.
Cree que ella estuvo allí una media hora. Eso lo estima innecesario, ya que
ellos habían logrado lo que querían y nadie se había opuesto a ellos.
Pensó que los estaban encerrando, pues algo les iban a hacer, que
volverían y los iban a matar, los iban a incendiar o poner una bomba; ella pensó en
su familia y sólo sintió desesperación. Ella nunca quiso ir a la bóveda; ellos la
tomaron y la tiraron a la bóveda.
Estaban todos indefensos, amarrados, sin los teléfonos.
Pasó harto rato y los colegas gritaban, alguien apretó el botón de pánico y
otros lo recriminaban porque eso podría hacer regresar a los sujetos, se
preocupaban por la colega embarazada que estaba afuera. Había mucha
desesperación, faltaba el aire y recuerda que dijeron que alguien se estaba
desmayando y otros colegas lo afirmaran.
Fueron momentos de mucho miedo y luego empezaron a gritar llamando a
Cecilia que estaba afuera y les dijo que estaba bien; al rato después vieron que
entró un carabinero y los trató de calmar.
Ella recuerda que un sujeto que llevaba un arma, que estaba de lado a ella,
vestía una camisa de color celeste fuerte; no le vio el rostro, pero sí la camisa
que vestía. Consultada dijo que el objeto que le muestran corresponde a la camisa
que ella vio ese día, pues ese era el color de ella.
25

Al exhibirle unas fotografías, las reconoció y dijo: foto N° 44, esa es la pre-
bóveda y luego se ve la bóveda, que tiene unos barrotes. La N° 45 muestra la pre-
bóveda y la n° 46 a la bóveda, que fue donde ellos estuvieron. La N° 47 no la
reconoce, cree que es la pre-bóveda. Sabe que la puerta con reja es la entrada a
la bóveda.
Al exhibirle otras fotografías, dijo que las reconoce: la N° 3 es la puerta con
reja que los encerraba; la N° 4, no lo reconoce, pues ella no circula por ahí;
recuerda que ella pasó por la puerta con reja y que la dejaron en un espacio que
hay al lado, pero por dentro de esa reja. La N° 5, dice que muestra la reja atrás de
la cual la dejaron.
Consultada por la querellante, dijo que ella fue la última persona que entró a
la sucursal y que a ella sí la amarraron.
Consultada por la defensa de Luis Martínez, dice que este suceso duró
unos 15 minutos. A ella le tomaron declaración como a las 12 del día. A todos los
funcionarios los interrogaron; ella no estaba tranquila al declarar, pues estuvo
inquieta todo el día. Recuerda que le tomaron dos declaraciones y también
participó en reconocimientos fotográficos y allí también reconoció a la persona que
vio en la audiencia. El reconocimiento fotográfico fue después del día del robo, no
recordando cuándo pero identificó a la misma persona indicada.
Consultada por la defensa del acusado José Abello González, dijo que ese
día iba un poco atrasada, ya que la entrada es hasta las 08:45, ya que después de
eso sólo abren al público a las 09:00. No recuerda cuanto tiempo exacto estuvo
encerrada, cree que fue una media hora o 20 minutos. Dijo que desde que llegó al
Banco, hasta que la encerraron en la bóveda pasaron unos 10 minutos. En esa
habitación estuvo con otros funcionarios y desde que entraron ellas, que fueron las
últimas, pasaron unos 3 ó 5 minutos y como no escuchaban nada se pusieron a
gritar. Hablaron a gritos con Cecilia y ella les confirmó que ya no había nadie.
Luego pasaron unos 10 ó 15 minutos más hasta que llegó el primer
carabinero, que ella lo vio como un “ángel salvador”. No sabe si es que alguien
activó o no el botón de alarma. El primer “salvador” en llegar fue el carabinero y
luego esperaron a alguien del Banco que les abrió la reja. Se sintió tranquila desde
que llegó el carabinero.
Preguntada por la defensa de Eduardo Cortés dijo que pasaron unos 10 ó
15 minutos más desde que llegó el carabinero, hasta que llegó el funcionario
bancario con las llaves.
Consultada nuevamente por la defensa de Luis Martínez Díaz dijo que ella
sólo reconoció a una persona, misma que identificó en el juicio.
26

Al exhibirle una declaración previa, que forma parte de una diligencia de


reconocimiento fotográfico, de fecha 22 de mayo de 2012, dice que la persona que
indica es el que le abrió la puerta, la trasladó hacia el hall y que la dejó ahí en
custodia con otro sujeto. Es el sujeto de la foto N° 13. Ella explicó que recordaba a
un sujeto de rasgos achinados, pero que no estaba en el grupo de fotos que le
mostraron, pero que si le preguntaban, era el tipo de la foto N° 13, pues le pareció
“de cara conocida”.
Posteriormente le mostraron otras fotos y ahí sí vio al sujeto de rasgos
chinos que ella reconoció.
8.- Luis Alejandro Páez Arancibia, 43, ejecutivo bancario, afirmó que
trabajaba en la sucursal Arlegui con Etchevers, a la que llegó 4 de mayo del 2012,
como 8:15-8:20 horas, por el lado del estacionamiento, tocando el timbre, le
abrieron y se dirigió a marcar el reloj control, y a saludar, viendo a un tipo con
arma señalando que era un asalto. Andaba cubierto a la altura del labio superior,
con un gorro con una especie de orejas, se veía su cabello, la frente, hasta la zona
de los bigotes –que no los tenía-, de ojos achinados, pelo medio duro, como
persona del sur, mapuche. Este individuo lo tomó y lo ingresó al hall, lo vio de
frente, a menos de un metro. Le puso el arma a la altura de las costillas, al bajar al
hall vio que habían dos colegas tendidas en el suelo, Susana Espinoza, y una
“niña del aseo”. Uno de los asaltantes estaba con la cabeza rapada, usaba una
camisa color calipso, indicándole que se tirara al suelo y entregara su celular. El
de la camisa, tenia lentes oscuros, “entre pera y bigote”, calvicie rapada hacia
poco, que brillaba mucho. Después lo tomaron y llevaron a la sala der reuniones
pensando era el jefe, el de la camisa calipso, amenazando que tenía las llaves,
pero su rol no era de tesorería. Con el arma lo amedrentaba diciendo que era el
jefe y tenía las llaves, moviendo el arma de un lado hacia otro. Le comentó que
eran 3 personas que debían abrir y sin saber, nombró a Evelyn Meza y a otras que
no estaban. Lo levantaron y llevaron al hall, tirándolo al suelo tomándolo del brazo.
Siempre estuvo con las manos atrás amarrado, lo que hizo el tipo que le abrió la
puerta. Lo llevaron a otro lugar, más distante de donde estaba al principio, con
Paula Guajardo y Arenas. Cada vez que se sentía el timbre, llegaban más
compañeros y eso lo atormentaba. Decían que la plata no era de ellos y que
colaboraran. Luego con la compañera embarazada, Cecilia Osorio, todos sintieron
preocupación y Evelyn Meza les dijo que no le pegaran, que no la tiraran al suelo,
y eran momentos que aún tenía en su cabeza (se emociona). Llegó María Eliana
Corbalán quien tenía que abrir la bóveda y no se sintieron los pasos de los
sujetos, presumiendo que estaban en la bóveda. Vio la presencia de tres sujetos.
Los hicieron parar a todos, parecían corderitos, y los llevaron a la pre bóveda.
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Ellos dijeron que ya estaban listos y habían robado el dinero, cuya cantidad no la
sabía. No tenía claro lo que se decían. Los llevaron a todos a la pre bóveda, en fila
india. Uno decía que pertenecía a un Frente, que el dinero era para una hija
enferma. En una bóveda bien estrecha, casi a 30 personas los tuvieron
amarrados. Estaban todos apretujados, muy incómodos, acalambrados, colega
hecha pichí, conteniendo su desesperación, se hicieron largos esos minutos, con
nulas condiciones de ventilación, porque a esa hora no estaba funcionando el aire
acondicionado. No había ventanas y era sumamente estrecho. Aparte de la reja,
habían dos puertas más y estaba todo herméticamente cerrado, como debía ser
una bóveda. Estuvieron en ese lugar unos 15 a 20 minutos. Lograron salir una vez
que hubo silencio preguntó a Cecilia que estaba en hall, si estaba bien, afirmando,
y luego la policía que estuvieran tranquilos, las llaves no estaban. Un carabinero
se consiguió la llave, no supo cómo.
En la audiencia reconoció a Luis Alberto Martínez Díaz como la persona
que le abrió la puerta el día indicado.
Al que usaba la camisa color calipso no lo podría reconocer, pero sí la
prenda que se le mostró en la audiencia y que indicó se trataba del color de la
camisa.
Después de este episodio amargo y dramático, estuvo con licencia por 15
días, despertaba sobresaltado, su señora lo instó a que viera a un psicólogo, y le
dieron licencia con tratamiento y pastillas por un mes. Solicitó cambio de oficina, a
lo que se accedió.
La Policía de Investigaciones lo entrevistó durante su licencia y le mostraron
unas fotos y tendió a reconocer a otra persona, pero no estaba seguro. Cuando la
policía fue a la sucursal a mostrar fotografías, reconoció a la persona que identificó
en la audiencia.
La persona rapada, no era naturalmente calva, tenía sectores como cuando
uno se rapa.
El día del suceso prestó una declaración ante la Policía de Investigaciones.
La segunda vez, fue una “reconstitución” de foto.
La persona que lo recibió y tomó al hall, algo tenía que le cubría la pera y el
labio, no recordando bien si era un polar, bufanda o beatle.
No recordaba la fecha del reconocimiento fotográfico. Para refrescar su
memoria, se le exhibe un documento en el que leyó: “cuadro de reconocimiento
fotográfico”, de fecha 23 de julio de 2012, en la sucursal Banefe. No recordaba
cuanto tiempo duró ni cuántas fotografías le exhibieron en el computador, unas 15
a 20. La policía no le dio ninguna información de las personas ni si habían
participado en otro ilícito. En esa diligencia reconoció a una persona. Las
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fotografías eran de un tamaño de “10 x 15”. Supo de un asalto al Banco Edwards,


por televisión, que habían detenido a la banda y que había tenido rehenes,
mostraron fotos y que decían que eran de la banda de Los fantasmas.
No todos tenían los mismos rasgos en las fotografías que le mostraron en la
diligencia del 23 de julio.
9.- Oscar Juliano Velarde Quiroz, de 36 años, ejecutivo bancario, dijo que
el 4 de mayo de 2012, eran las 08:45 y le abrieron la puerta del Banco, entró y vio
a una persona desconocida que le mostró una pistola y le dijo que era un asalto.
Había un gran silencio en el lugar y lo llevaron al hall. No le recuerda las
vestimentas a esa persona ya que al ver la pistola agachó la cabeza, lo llevaron
frente a las cajas y lo amarraron con un plástico duro, eso lo hizo el mismo que le
abrió la puerta. Luego llegó otro sujeto que parecía ser el líder, pues él daba las
órdenes. Ese líder de la banda le revisó los bolsillos y le quitaron el celular. Lo
llevaron al pasillo de la pre bóveda. El sujeto que era el líder también tenía una
pistola; esta persona mandó al otro sujeto (el que lo amarró) y le dijo “¡llévatelo!”.
Tuvo dificultades para pasar por una puerta y ahí lo golpearon con un objeto, cree
que el mismo sujeto que lo recibió y lo llevaba con las manos atrás. Lo golpearon
en la cabeza; ante ello agachó la cabeza. Luego pusieron una silla para que no se
cerrara la puerta y lo llevaron hasta adonde estaban todos los colegas, que
estaban en un cuarto pequeño, que es la pre-bóveda. Allí ya había unas 26
personas. Se sintió preocupado por lo que fuera a pasar. El líder cerró la puerta
con llave. Ahí todos estaban amarrados y el aire estaba denso; todos estaban
preocupados por lo que les iba a pasar o les iban a hacer. Varios estaban muy
nerviosos otros lloraban y se preguntaban por qué los tenían ahí. Estaba muy
angustiado y ahí quedaron. Él no quería ir a ese lugar; hasta allá lo llevaron a la
fuerza. Antes de pasar por la puerta que se cerraba sola, que es muy pesada, hizo
un paso atrás y ahí lo golpearon en la cabeza. Lo obligaron a entrar y lo metieron
con los demás. En ese lugar estuvo unos 20 minutos o una media hora, hasta que
llegaron los carabineros. Los carabineros no encontraron las llaves, pese a que el
líder les había dicho que dejaría las llaves en un sector, en la esquina de la puerta;
allí no estaban. Para salir llamaron a otra persona que tenía la segunda llave y que
estaba en Valparaíso. Tuvieron que esperar que esa persona viniera desde
Valparaíso a Viña del Mar y por eso estuvo como media hora ahí; en ese tiempo
se sintió muy angustiado. Los sujetos amenazaron con tomar represalias si
llamaban a carabineros o avisaban de lo que pasaba, o si no, ellos iban a actuar.
Después de esto que ocurrió, tuvo problemas con la presión; antes no tenía
nada, pero después del hecho le empezó. Ese mismo día lo llevaron a la Mutual y
le constataron que tenía una arritmia muy grande, la presión la tenía muy alta y lo
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tuvieron todo el día ahí. Estuvo muy mal ese día. Luego le hicieron exámenes para
medir la presión permanentemente (le hicieron un Holter). Esto lo atribuye a este
hecho pues nunca antes había tenido este problema. También tenía problemas por
los recuerdos y cada vez que entraba al Banco se sentía mal.
La persona que daba las órdenes ese día, que él llamó “líder”, es alguien a
quien vio y lo podía reconocer, tratándose de José Abello González, a quien
también le reconocía su voz.
Añadió que durante el hecho esta persona estaba calva, pero con pelo
encima de las orejas y en la nuca; también vestía una camisa de color calipso.
Al exhibirle una evidencia material, señaló que era la camisa que usaba el
sujeto, el líder; la que reconocía por el tipo de cuello y su color.
En el lugar en donde lo dejaron con sus compañeros, no había ventilación,
el aire estaba muy denso y caluroso. Como estaban amarrados no se podía
desabrochar la camisa y él estaba bien desesperado. El cuarto era cerrado, había
una puerta de fierro y más afuera había dos puertas más; era desesperante
porque no había ventilación.
Consultado por el querellante dijo que cuando estaba en la pre-bóveda no
tenía ninguna posibilidad de movimiento, pues estaban muy apretados. Él entró
cuando el cuarto estaba lleno. Sólo se podían mirar y no podían hacer
movimientos.
Al exhibirle unas fotografías, dijo que las reconocía: la N° 3, muestra la
puerta y ellos estaban adentro, además hay otra puerta de metal, que es muy
pesada y es la que se cerraba con un mecanismo, por lo que se cerraba sola, muy
fuerte. La N° 1 muestra la puerta que se cerraba fuerte, es una puerta de metal. La
N° 4 muestra el sector en donde estaban las 26 personas, ese mobiliario (la mesa
de la orilla) sí la recuerda, no vio si estaban las cajas que se ven ahí, porque
estaba lleno de gente. Recuerda que casi todos miraban en el sentido de la
puerta.
Consultado por la defensa del acusado Luis Martínez, dijo que la fotografía
N° 2 muestra la sala que está antes o más afuera de la pre-bóveda, ahí se ve una
rejilla de ventilación.
10.- Luis Alberto Carrasco Escobar, empleado, manifestó que llegó como
las 8:30 del viernes 4 de mayo de 2012, ingresando por la puerta lateral del Banco
y primero se encontró con un “personaje” con arma, quien le dijo que era un
asalto, que se tirara al suelo con las manos atrás, apuntándole en la cabeza con el
arma. El sujeto llevaba un gorro con algo en la cara como pasamontaña o
bufanda, no pudiéndolo ver bien. Le dijo que fuera a la sala y se pusiera boca al
piso, con las manos atrás, luego le pusieron las esposas del vigilante, Francisco,
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quien estaba a su lado, y a su costado tenía a su colega Jessenia Barat, que


estaba muy nerviosa, llorando. Estuvo unos 5 minutos cuando apareció un
asaltante frente a la entrada a la puerta de la bóveda, y era alto, calvo, estaba
rapado, bigote, lentes ópticos, bien vestido, con traje –chaqueta y pantalón- a
quien pudo ver rostro. El testigo estaba en sala de atención a clientes, a 3 metros
frente a la puerta de la bóveda. El individuo les señaló que era un asalto, que
estuvieran tranquilos, que no hicieran tonteras. Después los colocaron a todos en
fila y los pasaron a la pre bóveda. A uno le decían “Luis”, que se apurara. El que
dirigía estaba cerca de la bóveda. Escuchó a uno que decía “Luis, apúrate”, al que
no vio, sólo lo escuchaba. Seguían llegando colegas y a Cecilia Osorio, que
estaba embarazada, le pidieron la dejara sentarse, pero la amarraron. Los hicieron
pararse y pasar a la pre bóveda, un lugar de unos “2 x 3”, más de 20 a 30
personas, en un lugar encerrado, difícil de respirar, con una sensación de ahogo,
con inseguridad, sin saber lo que iba a pasar, damas muy choqueadas, llorando,
horrible, muy preocupante la situación. No había posibilidad de escapar, estaban
cerrados con llave, el líder dijo que la dejaría en el extintor pero no se encontró.
Fueron liberados por carabineros y fue el último en salir y que lo soltaran porque
estaba con las esposas. Estuvieron en la pre bóveda unos 20 a 25 minutos. No
quería estar encerrado en el lugar, que era muy estrecho, difícil de respirar para la
cantidad de personas. Se percató que había 3 personas durante el asalto.
En la audiencia reconoció al acusado José Abello González como la
persona aludida como aquella a quien le había visto el rostro..
Después del asalto, lo llevaron a la ACHS con la presión muy alta y estuvo
largo rato sin que lo pudieran estabilizar, estando mal durante la semana siguiente
y le dieron licencia médica por 7 días. En una clínica de Quilpué le hicieron
exámenes y lo llevaron al hospital porque estaba con pre infarto. Antes del
encierro no tenía problemas de hipertensión o no lo sabía. En la ambulancia iban
Cecilia Osorio y Óscar Velarde, quien también tuvo alza de presión. Se tuvo que
operar del corazón y en la actualidad estaba con tratamiento. Debió trasladarse de
sucursal por sus problemas de salud.
11.- Jessenia del Pilar Barat Pardo, expresó que al llegar a su trabajo en
la mañana, el 5 (sic) de mayo de 2012, iba apurada, entró, encontrando que
cuando le abrieron la puerta estaba todo oscuro, pensando que había habido un
corte de luz, viendo a dos tipos, que pensó eran electricistas. Le dijeron que
pasara “tranquilita”, se asustó, quiso irse, pero no pudo porque la agarraron del
brazo y por el miedo dijo que iba a marcar tarjeta. Uno le dijo que lo hiciera y al
subir al segundo piso, la agarraron y llevaron al hall viendo a sus compañeros
amarrados lo que fue una impresión fuerte, se dirigió a ellos sentándose en el
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suelo. Uno de los asaltantes, que identificó como “el pelado”, se dirigió a ella
porque no estaba amarrada, éste salió con su jefa, la insultó, la tiró al suelo, la
amarró, gritoneándola porque no podía amarrarla. El se paró y se sacó el gorro
diciendo que le miraran la cara para que lo vieran. Cada vez iban llegando más
compañeros y fueron siendo más brutos con ellos porque les mostraban pistolas.
Se asustó porque le apuntaron con pistola y le dijeron que no mirara y no siguió
haciéndolo más. El que abrió la puerta, se ubicaba detrás, a mano derecha y otro,
a mano izquierda. El que más recordaba con el que interactuaba tenía los ojos
bien “achinaditos”, a quien le decía que tenía que marcar tarjeta. A él lo miró de
frente, estando como a un metro. Se le quedaron grabados los ojos, el entre cejas
y la nariz. En la audiencia lo reconoció, tratándose del acusado Luis Alberto
Martínez Díaz.
El sujeto “pelado” –lo llamaba así porque arriba se había rapado- la vio sin
amarras, se dirigió hacia ella, enojando, diciendo que ella debía abrir la bóveda.
Su jefa Evelyn Meza, salió detrás de él, desde la bóveda, y le dijo que ella no la
abría. El pelado la trató a garabatos, era el más violento. A sus compañeros que
iban entrando los iban tirando al suelo, los amarraban, y les quitaban los celulares.
Ellos se pusieron nerviosos porque iba pasando mucho tiempo y no llegaba la
persona que abría la puerta, de hecho, se empezaron a contradecir.
Añadió que logró reconocer a otra persona, el pelado, quien se sacó el
gorro, para que lo vieran, siendo alto, flaco, de cara alargada, nariz fina, no
grotesca, con pelo a los lados y pelado arriba, vestido formal, con terno negro, y
camisa bien llamativa, color celeste o calipso, andaba con lentes, con marcos
negros. Lo vio en la audiencia con más pelo y enseguida identificó al acusado
Abello como la persona referida. Cuando lo vio a él, le vio la cara alargada,
delgada, y pómulos entrados.
Los hicieron parar a todos y los metieron a la pre bóveda, no quería entrar
porque eran muchos y pensó que no iban a caber. No era necesario que los
llevaran porque estaban en el suelo tranquilos y no tenían intención de apretar
alguna alarma o llamar por teléfono. Fueron 28 personas las que entraron a la
bóveda. Era la más chica de las que trabajaba en el Banco y verlos llorando, le dio
miedo, se empezó a asfixiar, no siendo claustrofóbica. El pelado empezó a decirle
muchas cosas por lo que pensó que algo iban a hacer, se puso nerviosa y
después se “quebró”, fue “súper trágico”, ver a sus compañeros mal, fue “fuerte”
que le hayan pegado a su jefa y a otra compañera, la tesorera, a quienes les tenía
afecto. Muchos después presentaron licencia, pero ella siguió trabajando con
miedo.
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Se le exhibió evidencia material reconociendo la camisa referida, por su


color y porque era “lisa”.
El encierro fue como una eternidad, calculando que duró una hora, no
sabiendo quién logró llamar para que trajeran una llave para abrir.
Ese día prestó declaración dando la descripción de dos sujetos (al que le
dicen “chino” y al pelado), los que identificó en la audiencia y participó en una
diligencia de reconocimiento.
Explicó que la pre bóveda era un lugar “chiquito de 2 x 3”, sin mucha
ventilación con un estante y un mesón, ocupado por una o dos personas.
Se le exhibieron fotografías en las que describió: 4.- sector donde trabaja
la persona y donde estaban los 28 encerrados. 5.- puerta y adentro estuvieron.
Cuando habló con los detectives, respecto de la persona con la cual más
interactuó, la describió con zapatos café, de vestir, chaqueta oscura, pantalones
oscuros, andaba con un gorro con orejeras, tipo polar, bien tapado, solo se dejaba
ver el rostro, ojos y nariz. La policía le exhibió fotos en su lugar de trabajo, llevaron
fotos físicas y en computador, no recordando número. La primera vez fue cercana
a los hechos y después en una segunda vez, lo reconoció más. No recordaba
quién le dijo que le decían el Chino. La policía no les dio mucha información, sólo
recordaba que las noticias, de las cuales veía “una pincelada”, porque llegaba
tarde del trabajo, vio imágenes del asalto y de los asaltantes. Cuando le mostraron
fotos no había visto las noticias porque llegaba tarde del trabajo. No recordaba la
fecha del reconocimiento fotográfico.
Para refrescar su memoria, se le exhibió un documento denominado
“Cuadro de reconocimiento fotográfico”, de fecha “19 de febrero de 2012”. Afirmó
que hubo otros reconocimientos, pero no los recordaba.
Acotó que la oscuridad era en todo el primer piso, lo que no era normal,
pues cada vez que llegaban al Banco estaba iluminado el interior, no recordando si
después encendieron las luces; el hall era más claro. Por los nervios pensó que
pasó mucho tiempo en el hall. Cuando quedaron encerrados, ella podía mirar a
través de la reja. No sabía si se habían ido los individuos. La persona que quedó
en el hall les avisó. Calculó que había pasado como una hora. De la reja al hall
había harta distancia, porque se debía pasar por otras dependencias.
Después que los soltaron, supo que les habían quitado los celulares, pues
antes del encierro les habían pedido sus carteras, a ella le quitaron la cartera, pero
no le sacaron su celular. Sabía que a uno o dos no les quitaron los celulares.
Luego todos empezaron a llamar cuando llegaron los carabineros, quienes ya
estaban cuando les abrieron la pre bóveda.
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12.- Giovanna Paola Incorvaia Catrín, 32 años, empleada, dijo que el 4


de mayo pasado, entró a trabajar alrededor de un cuarto para las nueve; tocó el
timbre -ella iba con una compañera- y al abrirles, la persona no era el vigilante
habitual. Este sujeto las tomó, ordenándoles que debían ir al hall; ella lo miró y vio
que era “achinado”, que tenía un gorro y un tipo de pañuelo al cuello, él les dijo
que era un asalto, que estuvieran tranquilas y que entregaran los celulares. Las
apuntó por atrás con una pistola. Al entrar al hall, ella vio a una compañera
embarazada que estaba amarrada a una silla, con una cara muy traumática.
Luego el mismo tipo le pidió que entregara el celular, el que luego dejó tirado en
una silla. La obligaron a sentarse en cuclillas, con las manos atrás, y mientras
tanto amarraban a su compañera. Luego las llevaron a la tesorería, pero ella no
iba amarrada, sino sólo con las manos atrás. Luego, al llegar a tesorería vio que
todos estaban encerrados, que no había espacio, pues casi todos estaban en la
misma reja, pues la pre- bóveda era muy chiquitita. Ahí vino el otro individuo, un
sujeto pelado, que parecía el líder de la banda, y le gritó, “¡oye, vos, crespa, no
estay amarrá!”, luego retó a los otros por no haberla amarrado a ella y él le gritó
diciéndole “¡ven pa’ca!” y ella se le acercó de cara a cara, a centímetros y lo miró
fijamente a los ojos; él le dijo “¿qué tanto miraí? ¡Mírame harto si querís! ¡A ver si
después me reconocí!”. Ella lo siguió mirando; le miró el perfil, su nariz que la
encontró bonita, respingada, pero con las fosas nasales muy anchas. Agregó que
él tenía su labio inferior grueso; también le miró su cabeza y se notaba que se
había rapado y que su pelo de atrás y de los costados parecía que fuera falso o
bien era teñido. Este sujeto era el más alto, como de un metro setenta y cinco o
uno ochenta. Ahí él salió enojado de la tesorería y fue a buscar las amarras y al
volver le gritó “¡dáte vuelta!”, y con toda su fuerza le amarró las dos manos y ella
llegó a gritar del dolor al amarrarla; luego abrió la puerta de la pre-bóveda, en
donde estaban todos y la tiró adentro, empujándola como para poder meterla,
pues ya no cabía nadie más allí. Ahí él cerró la puerta que era de fierro y se fue.
Sus compañeros allí se quejaban y decían que ya no podían respirar. Todos
pensaban que se iban a morir o se iban a asfixiar. Los tipos les decían que si
cualquiera hacía algo, llamaba o apretaba algo, y si ellos no salían, nadie iba a
salir. Ellos tenían muy planificado lo que harían, cree que con ella hicieron
excesos, por ejemplo, el que la hayan atado con esa fuerza; era como un animal
que había que amarrar, el dejarlos encerrados allí en algo tan pequeño. No
entendía tanta maldad, si sólo eran funcionarios de un Banco.
La persona que la amarró fue la misma que la desafió a que lo mirara para
ver si después lo podía reconocer.
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Al quedar encerrada vio que sus compañeros estaban desesperados,


muchos lloraban; uno tenía problemas cardiacos, recuerda que a Oscar Velarde le
subió mucho la presión y que Luis Carrasco estaba muy mal. Muchas de las
mujeres lloraban, pues creían que las iban a matar.
Cree que estuvieron casi una hora allí, hasta que llegó la persona con la
llave para sacarlos de ahí; eso fue porque cuando entraron los carabineros, no
pudieron abrirles. Destacó la maldad de los sujetos que los encerraron con llave y
no dejaron la llave para permitirles salir de la pre-bóveda, como habían dicho que
lo harían.
El sujeto que le abrió la puerta estaba muy cerca de ella, a unos 20 ó 30
centímetros; él las tomó (a ella y a Andrea Ponce, pues entraron juntas). Andrea
entró primera y detrás entró ella; ahí vio que el sujeto tenía la tez blanca o medio
amarillenta, ojos achinados y una leve cicatriz en su labio, en su lado derecho, el
izquierdo de ella.
Al consultarle si podía identificar a la persona que describió, la de ojos
achinados, que la recibió en la sucursal, identificó en la audiencia al acusado Luis
Martínez Díaz. La otra persona, el pelado, que la desafió a reconocerlo después,
se trataba del acusado José Abello González.
Dijo que ella no quería estar en la zona de la pre-bóveda; en realidad habría
preferido no entrar nunca al Banco ese día.
Cuando entraron los carabineros, sus compañeros empezaron a llorar todos
y se alegraban pues sentían que iban a estar vivos.
Después le tomaron una declaración, en el mismo Banco, en el segundo
piso. Ella declaró ante un funcionario de la Policía de Investigaciones, y allí ella dio
las características físicas de los sujetos que ella vio; eso fue el mismo día de los
hechos. También ese día, participó en un retrato hablado.
Tiempo después, le presentaron un montón de fotos en la oficina; ahí
también reconoció a las mismas personas que vio en la audiencia y estaba ciento
por ciento segura.
Este hecho le causó estar más de un mes caminando por la calle mirando
hacia atrás y temiendo que la atacaran; despertaba en las noches; tenía una
sensación que no puede explicar, que esto no fue algo sencillo para ellos; cree
que los sujetos fueron muy crueles con ellos. Los tuvieron encerrados y durante
una hora sentía pasar cada segundo. Ella sufrió mucho y no quiere que alguien
viva eso.
Consultada por el abogado querellante dijo que en esa sucursal llevaba
unos 4 ó 5 años trabajando. En la pre-bóveda no había ventilación; en el cuarto
previo a ella, es la zona de la tesorería, no había ventana, pero sí había una
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puerta de acero que se cierra toda. La rejilla de ventilación que hay sólo se activa
cuando hay público. Sobre el sector de la pre-bóveda hay un segundo piso.
Al exhibirle unas fotografías, dijo que la N° 3 mostraba la pre-bóveda,
desde la reja hacia adentro; las personas estaban hacia fuera, en la tesorería, que
era un sector hermético, sin ventana, que sólo tenía una ventilación de aire
acondicionado que se activaba al abrirle al público. La foto N° 2 era el sector de la
tesorería y la rejilla del aire acondicionado, no era una entrada de aire natural. Ese
día, a la hora de los hechos, no había aire acondicionado. La foto N° 1 mostraba la
puerta de entrada a la tesorería, de acero, blindada, que sólo tenía un visor para
poner el ojo.
Cuando ella entró a ese lugar, y cree que fue la última en entrar, dijo que allí
el aire estaba muy pesado, pues eran más de 20 personas adentro, que no tienen
ventilación, por eso se sentía mucho calor adentro. En ese sector, habitualmente
trabajaba allí una sola persona, que era el tesorero y en caso de hacer algún
conteo, iba una segunda persona, nadie más.
Consultada por la defensa del acusado Luis Martínez Díaz, dijo que ella fue
una de las últimas personas en ingresar a la sucursal. A ella le quitaron su celular,
pero los sujetos no lo pusieron en una bolsita, sino que sobre una silla. Sabe que a
prácticamente todos les quitaron el celular. Desde que ella entró a la pre-bóveda,
dijo que ellos salieron unos minutos antes de las nueve de la mañana, cree que
como siete o cinco para las nueve. La única persona que quedó afuera fue la
persona embarazada. Cuando dejaron de sentir ruidos o pasos, un compañero
gritó preguntándole a Cecilia si estaba bien y ella dijo que sí, también ella les
confirmó que los sujetos se habían ido. Desde que los sujetos se fueron y tuvieron
la certeza de que ellos se habían ido pasaron unos minutos.
La policía llegó unos 40 minutos después desde que los sujetos se fueron.
Sabe que Cecilia quedó amarrada a un sillón que tenía tres sillas pegadas;
sabe que Cecilia se trató de arrastrar a los escritorios para tratar de avisar a otra
sucursal; no sabe cuánto tiempo ella se demoró en hacer eso.
Ella quedó encerrada casi al lado de la reja y los hombres se pusieron
más afuera, dentro de lo que se podían mover, para proteger si es que había
disparos.
Consultada por la defensa de José Abello González dijo que el sujeto
pelado vestía un terno negro, era algo formal; ella se preocupó de mirar al sujeto,
más que a la ropa de él. Su nariz era delgada y de fosas anchas; también era
calvo.
Posteriormente participó en un reconocimiento fotográfico; eso fue en la
misma oficina, pues la policía fue hasta allá. Ahí le mostraron hartas fotos y ahí
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ella reconoció al que era pelado y al que era chino; entre las fotos que le
mostraron había fotos de gente de todo tipo. Sólo recuerda que había muchas
fotos y eran en colores.
13.- Jorge Washington Reyes Farías, 63 años, pensionado, quien expuso
tener un pequeño negocio al lado de la sucursal Banefe y tipo 8 de la mañana, un
día de mayo del año pasado, llegó un señor solicitando que le vendiera un café. Le
preguntó por el precio, señalando que no tenia sencillo y podía pagar con un
billete de diez mil o de veinte mil pesos, le sirvió y se puso a la entrada a beberlo.
Luego llegó otro, le compró un café y se puso cerca del teléfono público.
Posteriormente, llegó otro a la caja, compró algo, le pagó y los otros dos que
estaban tomando café, ya no estaban. Del primero le llamó la atención cuando le
preguntó por la cámara, que se ubicaba encima de la caja si estaba activa, a lo
que respondió afirmativamente. Era la primera vez en un año, que llevaba en el
lugar, que alguien le preguntaba eso. El primer individuo era moreno, con el pelo
bien formado, (muestra la parte superior de su cabeza), como una peluca, vestía
una chaqueta negra, medía más de 1,70, un poquito agresivo al responder, del
segundo no recordaba características. Cuando ya se habían ido, tomó los dos
vasos que estaban a medio tomar y los tiró al basurero. Luego llegó un trabajador
que compró café y el vaso también lo tiró. Los vasos se los llevó la policía porque
le preguntaron si había visto algo y contó que dos personas habían tomado café y
se llevaron los vasos.
En la audiencia identificó a Mauricio Abello como la primera persona que
entró a su negocio.
Le exhibió fotografías de las que refirió: 2.- Banefe y lugar donde se
encontraba su negocio, al lado del estacionamiento. 7.- vasos que entregó a la
policía.
Participó en diligencia de reconocimiento fotográfico indicando haber
reconocido al imputado Abello. No declaró en la Fiscalía porque no podía dejar
abandonado su local.
Cuando llegaron carabineros se dio cuenta de que algo pasaba, como a las
8:35.
Aclaró que la cámara referida no grababa.
14.- Andrea Judith Ponce Hidalgo, de 31 años, empleada bancaria, dijo
que el 4 de mayo de 2012 ella llegó un cuarto para las nueve; iban entrando con
Giovanna. Tocó el timbre dos veces y demoraron en abrirle. Se abrió la puerta y de
repente ella vio a una persona que le dijo “¡esto es un asalto conchetumadre!
Camina hueona!”. Él la tomó del brazo y la llevó al hall de la sucursal; ahí sintió un
silencio único y vio que no estaban sus compañeros, salvo su compañera Cecilia
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que estaba embarazada casi con contracciones, complicada. La persona que se le


aceró era alguien pelado, alto y trataba mal a las personas, a ella la tiró al suelo.
Su compañera Cecilia la tranquilizaba. Ella solo quería salir de ahí. El tipo alto
apuraba a los demás. El tipo de ojos chinos la pescó del pelo y la apuntaba con la
pistola y la llevó a la pre-bóveda; ella se preocupó pues no veía a los demás y
había gran silencio. Al llegar a la pre-bóveda vio a sus compañeros todos
desechos, al guardia, a todos llorando, en shock; estaban rojos pues les faltaba la
respiración. El que la amarró y la tiró. El de ojos achinados la llevó adentro. Luego
el otro llevó a su compañera y la tiró adentro. Ahí ya no había espacio. Todos
estaban callados y alguien decía “míralo, míralo”, y ella le observó los rasgos al
que le abrió la puerta a ella. Ella estaba muy nerviosa y se preocupaba por Cecilia,
la embarazada, que estaba muy mal, casi con contracciones. Luego se escuchó
un silencio y ya no se sentía nada y alguien preguntó si es que ellos se habían ido
y Cecilia les respondió que sí. Sabe que Cecilia fue a llamar a los carabineros y no
había salida para llamar a los carabineros, por eso llamó a otra sucursal para
avisar del asalto a una amiga. Pasó un tiempo de unos 5 ó 10 minutos y todos
estaban sofocados, estrechos, y pese a que todos podían reaccionar, se
aguantaron y no hicieron nada, pues nadie quería que les pasara algo. Temía por
su vida, pues cree que los sujetos iban a lo que iba, a matarlos.
Dijo que las otras dos personas le obedecían al más alto. Ella veía que el
sujeto alto se paseaba con la pistola de un lado para otro y apuraba a los otros
sujetos. A ella le pusieron la pistola en la cabeza antes de entrar a la bóveda.
Los sujetos fueron a robar el Banco; se llevaron como $83.000.000. Cuando
la encerraron a ella en la bóveda ya tenían el dinero en su poder. No era necesario
que la encerraran pues ella llegó al final. Quedó muy mal. Estuvo con licencia por
dos meses y quedó muy mal, pues se asustaba por cualquier cosa. Le costaba
dormir, andaba siempre temerosa.
La primera persona que la tomó del brazo tenía cara como de peruano, de
nariz ancha y con ojos achinados; eso se lo dijo el mismo día del hecho a los
policías. Este sujeto estaba a centímetros de ella cuando entró a la sucursal. Al
verle el revólver entendió de qué se trataba. Él le puso la pistola en la cabeza y le
dijo “¡apúrate hueona!”. Luego la llevó al hall y la tiró al suelo junto a Cecilia que
estaba embarazada. Ella quedó de rodillas y la obligó a que pusiera las manos
atrás y la amarraron. Cecilia la calmaba a ella. En ese instante empezó a mirar al
sujeto y de a poco empezó a subir la vista pues Cecilia le decía que debía mirarlo.
El sujeto pelado era alto y se paseaba harto.
El de rasgos achinados, estaba presente en la audiencia y fue quien la
recibió al llegar a la sucursal, y correspondía al acusado Luis Martínez Díaz.
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La otra persona, el que daba las órdenes, en la audiencia tenía barba y


correspondía al acusado José Abello González. Lo reconocía por su contextura,
rostro y color de piel. A esta persona la vio cuando ella estaba hincada en el hall
junto a Cecilia, él hablaba mucho y retaba al resto.
La tomaron del pelo y la llevaron con las manos atadas, hasta llegar a la
pre-bóveda. La persona que reconoció en el juicio fue quien la trasladó hasta la
pre-bóveda. Ella vio que las mujeres estaban complicadas pues les faltaba aire, al
igual que varios hombres, como Enzo, el tesorero, que ya no se veían bien. Ella
estuvo unos cuatro minutos en el suelo y luego la llevaron a la pre-bóveda. Luego
que los encerraron vio que el tipo alto le dijo a otro que se llevara una bolsa de
tesorería, ese sujeto es uno distinto de los dos que ha reconocido. Después, a los
minutos, le preguntaron a Cecilia si los tipos se habían ido y ella les conformó que
sí. Los sujetos cerraron la bóveda y se llevaron la llave. Los carabineros tuvieron
que llamar a otra sucursal para que trajera las llaves para abrirles. Todos estaban
en shock, súper apretados y no podían respirar bien. Una compañera, Claudia, le
dijo que se había orinado. Los policías les dijeron que se esperaran en un lugar y
que les iban a tomar declaración.
Al declarar ella dio las mismas características de las personas que ha
mencionado ahora. Posteriormente alguien fue al Banco y les mostraron unas
fotos y ella reconoció a las personas en un notebook. El mismo día del hecho,
después de que la interrogaron, ella fue a la Policía de Investigaciones a hacer un
retrato hablado.
Explicó que las imágenes de los sujetos las recuerda bien, pues su
compañera le insistió mucho que se fijara en detalles de ellos, además que se
trata de personas que la asaltaron, no es alguien que va por la calle, sino que son
personas de las que nunca se va a olvidar.
También reconoció a los sujetos en las fotos que le mostraron.
Consultada por el abogado querellante dijo que su compañera embarazada
estaba amarrada, en el hall, a tres asientos que son como una banca y están
juntos.
Al exhibirle unas fotografías dijo que las reconocía: la N° 5 muestra los tres
asientos en donde estaba amarrada Cecilia, la mujer embarazada. Cecilia debió
arrastrarse con los asientos, para moverse para ir a llamar al teléfono y para
abrirle la puerta a los carabineros. Cecilia estaba casi con contracciones, cuando
la declarante llegó junto a ella.
Cree que fue la penúltima persona en entrar a la sucursal.
Al entrar a la pre-bóveda había un gran silencio y como había mucha gente
se sentía un calor pesado; todos estaban incómodos, faltaba oxígeno y había
39

personas con problemas de presión. Esto no cambió al llegar los carabineros,


pues ellos no les pudieron abrir. Sólo estuvieron mejor cuando pudieron salir de
allí.
Consultada por la defensa de Luis Martínez Díaz, dijo que estuvo con los
carabineros, sin salir de la pre-bóveda, unos 5 ó 10 minutos.
No era posible abrir la puerta de la pre-bóveda sin llaves. Ella vio que hubo
una discusión entre los carabineros y la Policía de Investigaciones, después que
llegaron los Policías de Investigaciones se fueron todos los carabineros.
Después llegaron sicólogos del Banco y las ambulancias de la Mutual.
Consultada por la defensa de José Abello dijo que ella habló con Cecilia y
ella le contó –después de los hechos- lo que había hecho para abrir. No vio
cuando Cecilia hizo esto.
Preguntada por la Defensa de Eduardo Cortés Isla, dijo que después que
entró Claudia a la bóveda, los tipos cerraron y quedó un silencio. Ahí Claudio le
preguntó a Cecilia si es que se habían ido y ella respondió que sí.
15.- David Alexander Illatarcos Cáceres, 27 años, técnico en ascensores,
afirmó que el 4 de mayo del año pasado, alrededor de las 8:30 horas, llegó a la
sucursal Banefe donde siempre abría el vigilante, pero en esa ocasión no lo hizo.
Se asomó por la puerta y vio a un individuo con boina y bufanda, pensando que
era un guardia externo y por eso lo saludó. Luego entró sintiendo un golpe en la
espalda, miró hacia atrás y tenía un arma. Lo hizo entrar al hall donde estaban sus
compañeros de guata en el piso, amarrados, muchos de ellos llorando. Le ordenó
se tirara al piso porque era un asalto y que le entregara el celular. Vio a otro
individuo que tenía un gorro con orejeras, tipo Chavo del Ocho, un joven delgado,
que vigilaba a los que estaban en el piso. Mientras el testigo estaba en el piso, sin
amarras, de la pre bóveda salió un individuo mayor, delgado, formal, calvo, con
pelo en los lados, con lentes ópticos, que le preguntó qué hacía con las manos
desatadas y lo amarró con un plástico, y como andaba descubierto, se percató
que era un hombre delgado, de cara larga, con nariz recta, y labio inferior grueso.
Luego, el de bufanda con boina, lo levantó y le pidió que le diera la clave de la
caja, diciéndole que no había plata ahí pues se dejaba en la bóveda, y le ordenó
que se fuera a la pre bóveda. El de mayor edad, que andaba formal, los amenazó
a todos si apretaban el botón de pánico. El testigo se fue a la pre bóveda donde
habían tres compañeras amarradas, su jefa Evelyn, su compañera de caja,
Susana y una ejecutiva cuyo nombre no recordaba. Fueron inducidas por el
delgado, calvo para que abrieran la bóveda, lo que hicieron porque una de ellas
sabía la clave. Mientras el testigo ingresó, iban pasando uno a uno sus
compañeros a la pre bóveda, como a los 10 minutos, atados, lo obligaron a los 22
40

a entrar en un lugar de “2 x 2”. Claudia que estaba embarazada quedó en el hall.


Su compañera Claudia Jarufe estaba con los pantalones orinados mientras que su
compañero Oscar, cobrador, hipertenso, respiraba con dificultad. Hacía un calor
terrible, los encerraron con llave y se la llevaron. Un compañero se zafó de las
amarras y con un cortaúñas los desató a todos y ahí pudieron apretar botón de
pánico y llamar a carabineros y a la jefa de la sucursal Valparaíso, que tenía la
copia y con la llave que llevó pudieron salir todos. Estuvieron encerrados alrededor
de 20 minutos.
En la audiencia reconoció a José Abello González como el individuo de
mayor edad, que salió de la bóveda preguntándole por qué estaba desatado.
Quedó muy choqueado, siguió trabajando, pero después renunció al Banco
porque empezó a tener problemas. Hasta ahora siente angustia al saber que
estuvo cerca de la muerte porque los individuos “vienen a lo que sea”.
16.- Marcela Fabiola Díaz Andrade, de 46 años de edad, empleada
bancaria; dijo que es jefa de servicio de la sucursal del Banco Banefe de
Valparaíso, de calle Urriola; trabaja desde hace unos 20 años en el Banco. Dijo
que en esa sucursal de Valparaíso está desde hace poco más de cuatro años.
Ella supo del asalto de la sucursal de Viña del Mar; estaba a punto de abrir,
minutos antes de las nueve de la mañana y supieron. Ella estaba a cargo de
observar la apertura de todas las sucursales de la región. Al saber salió de
inmediato a tratar de ayudar en lo que sucedía. Ella tomó un taxi y salió rápido
hacia la sucursal de Viña del Mar. Al llegar a la sucursal afectada, ella sabía que
había un asalto y en la calle había un carabinero, quien le preguntó si ella traía las
llaves; recién supo que sus compañeros estaban encerrados, por lo que ella salió
a buscar las llaves de la bóveda y fue al Banco Santander que está en la plaza de
Viña del Mar. Ella sabía que ahí estaban las llaves de repuesto. Ella conoció muy
bien el sistema de trabajo de la sucursal Banefe de Viña del Mar, pues había
estado trabajando allí por varios años. A mitad de camino se encontró con Claudia,
que es la jefa de servicio del Banco y ella venía con las llaves, quien había estado
en la apertura de la sucursal de Viña del Mar, pero que no había podido salir
debido al proceso de apertura de la sucursal.
La responsable de las llaves es Claudia y ella mantuvo las llaves en su
poder hasta llegar a la sucursal. Allí Claudia le pasó las llaves pues la declarante
conocía el proceso de apertura de la sucursal afectada. Entró con las llaves
alrededor de veinte para las diez de la mañana; vio, en primer lugar a una
compañera que estaba ahí, embarazada, y le pidieron que fuera a ayudar a las
personas que estaban en la bóveda; ella sintió escalofríos al verlos, se angustió;
estaban muy apretados, todos contra las rejas. Vio la cabeza de Evelyn, que es
41

bastante alta. Ella llevaba un sobre con varios otros sobres, en uno de los cuales
estaba la llave de la puerta. Ellos empezaron a salir llorosos y sudados; se
quejaban de que les faltaba aire. Ella sentía la responsabilidad de sacarlos pronto.
Una compañera se había orinado, otro tenía problemas cardiacos. Ella no
imaginaba cómo pueden haber estado tantas personas en ese espacio tan chico;
ese es un espacio de tránsito, que no tiene ventilación, ni ventanas, que además
tiene muebles adentro. Le dijeron que había 28 personas allí. Claudia Corbalán,
una compañera que antes había tenido paros cardiacos le contó que ella es
asmática y tuvo problemas para respirar allí. Sabía de compañeras claustrofóbicas
que también tuvieron problemas al estar encerradas sin aire. También comentó
que ella vio a sus compañeros hombres, que salieron mal de allí. Ella sufre y tiene
angustia por lo que sus compañeros tuvieron que sufrir, por las condiciones en que
los encontró. Un compañero tenía una arritmia y se estaba desvaneciendo.
Los carabineros le dijeron que habían buscado las llaves y que no las
habían encontrado.
Ella cree que abrió la bóveda entre veinte para las diez y un cuarto para las
diez.
Al exhibirle unas fotografías, dijo que las reconoce: respecto de la N° 5,
dijo que ese es el acceso a la pre-bóveda; sus compañeros estaban detrás de esa
reja. La N° 4, muestra el interior de la pre-bóveda, que tiene las cajas que siempre
hay con documentos que allí se archivan. Ese era el mobiliario que allí existía, con
la máquina “embozadora” para los plásticos.
Consultada por el abogado querellante, dijo que la máquina “embozadora”,
registra los datos en las tarjetas de crédito; por ello se necesita que esa máquina
esté ahí, pues las tarjetas son plásticos valorados. También en ese mesón se
hacen los arqueos, es decir, se cuenta dinero. Nadie trabaja en esa oficina, pues
no está acondicionada para ello; no tiene ventilación. Está previsto que la persona
haga el trámite y salga de allí.
El sector previo a esa sala, la tesorería, tiene una ventilación para el aire
acondicionado, pero sólo se enciende una vez que comienza la atención del
público. Por eso al llevar ella, el ambiente era pesado, todos sudorosos; además
que la gente estaba vestida con sus ropas de abrigo, pues ese día hacía frío y
ellos fueron tomados apenas llegaban. Allí había ejecutivos de atención comercial,
cajeros, cobradores y vendedores. Esa sucursal es la que más personal tiene, al
compararla con la de Valparaíso y Quilpué. Cree que ese día estaban todos los
funcionarios de la sucursal. Todo el personal, que labora en dos pisos de la
sucursal, estaba apretado, todos encerrados en esa pequeña sala. Vio que había
hombres con la cara apretada contra los barrotes.
42

Vio, al llegar a la sucursal, que estaba una funcionaria, de nombre Cecilia,


estaba llorando, muy mal, ya que en ese tiempo estaba embarazada. No le
permitieron acercarse a ella en ese momento.
Consultada por la defensa de Luis Martínez Díaz, dijo que a ella un
compañero de trabajo le avisó por teléfono de esta situación; él se enteró a través
de un llamado telefónico que le hizo una funcionaria de la sucursal Pedro Montt,
que había recibido la llamada de Cecilia, que pudo comunicarse con ella, pues se
sabía ese número de anexo.
Ella tomó un taxi y cree que demoró unos 20 ó 25 minutos en llegar a la
sucursal de Viña del Mar. Allí ella vio a varios funcionarios en el lugar y ella habló
con uno de ellos. Ahí supo que se necesitaban las llaves de la bóveda. Por eso se
fue hacia la otra sucursal, que está a dos o tres cuadras. En el camino se encontró
con la persona que traía las llaves. Al entrar a la bóveda recuerda que había varios
carabineros en la sucursal.
Ella entiende que los carabineros llegaron por un llamado de asalto a la
sucursal, no iban preparados para botar una puerta de acero. Esas son puertas
especiales. Cree que ni con unas sierras especiales se hubiera podido romper los
barrotes, pues la gente estaba adentro y no podían correrse para que rompieran la
reja. Hay que pensar que la gente estaba apretada contra la reja, incluso con la
cara pegada en los barrotes.
Consultada por la defensa de José Abello dijo que no todos los funcionarios
están informados de los protocolos de seguridad, por eso es que no todos saben
quien tiene las llaves que permiten abrir. Cuando fue a buscar las llaves a la
sucursal de la Plaza de Viña del Mar, ella se encontró a mitad de camino con su
amiga que las traía; y no sabe cómo su amiga supo que tenía que llevar las llaves
hacia la sucursal.
17.- Christian Soto Cuevas, subcomisario de la PDI, refirió que el 4 de
mayo pasado, en la mañana, recibieron información de que había ocurrido un robo
con intimidación en la sucursal Banefe, ubicado en calle Etchevers n° 96. Por
orden de su jefa, Rosita Torres, se trasladaron al lugar a recabar antecedentes y
afuera se percataron de la presencia de carabineros. Luego, recibieron una orden
de su jefa para hacerse cargo del sitio del suceso. Se interiorizaron por los testigos
que tres desconocidos, dos a rostro descubierto, uno semi tapado, con armas de
fuego los habrían intimidado y amarrado quitándoles los teléfonos celulares y
sustrajeron la cantidad de 88 millones de pesos, en efectivo y dinero extranjero.
Tomaron declaración a las víctimas por separado, en la misma sucursal, a más de
25 personas. Señalaron que una vez cometido el delito, los individuos procedieron
a ingresar a 28 personas, y los encerraron con llave a la pre bóveda para no dar
43

aviso a entidades policiales. Una vez transcurridos los días, se obtuvieron


imágenes de las personas que habrían participado en el delito, a dos de ellas se
les notaban claramente los rostros, y a raíz de ello, las llevaron al laboratorio de
Criminalística, con el fin de efectuar las pericias correspondientes, y obtener fotos
o imágenes de los participantes. El mismo día, las imágenes se obtuvieron a
través de los videos de las cámaras de grabación, se mandaron a limpiar a
Santiago para obtener fotografías de los que participaron en el delito. A los 4-5
días, se mandaron imágenes a Gendarmería obteniéndose como información dos
apodos, el Palomo y El fantasma. Con ellos procedieron a identificar a Eduardo
Cortés Isla (el Palomo) y José Abello González (El fantasma). Luego 6 víctimas, el
19 de mayo, reconocieron por separado, y con seguridad, a Eduardo Cortés Isla,
recordando entre ellas a Evelyn Meza, Enrique Arenas, Alex Zúñiga, Sergio
Muñoz, quienes fueron entrevistados en el mismo Banco y por separado se les
mostraron más de 18 fotografías, que eran a color, con similares características.
Por los medios de comunicación se enteró el 19 de julio de un asalto a un Banco
en Lo Curro tomando conocimiento que Cortés Isla y Abello González habían
también participado y que Luis Martínez Díaz había sido detenido. La fiscal
Fuchsloher les indicó que hicieran reconocimiento de las personas que fueron
detenidas. En ese momento no se tenía conocimiento de la participación de
Martínez Díaz. Cuatro personas lo reconocieron como el tercero, recordando a
Andrea Ponce, el guardia Francisco Godoy, Evelyn Meza y una cuarta que no
recordaba. Se les exhibieron más de 20 fotos por separado, a color. También se
incorporó la fotografía de un cuarto sujeto, pero los que ingresaron al Banco
habían sido tres. Lo reconocieron en un 100 por ciento por los rasgos como de tipo
peruano, ojos achinados, y al ver la foto estuvieron seguros que había participado.
Concurrió él junto con Ángelo Muñoz y la fiscal a la cárcel de alta seguridad para
entrevistar a Eduardo Cortés, José Abello y Luis Martínez, quienes no quisieron
declarar. Agregó que no había abogado defensor en la cárcel. Los nombres
estaban en los medios de comunicación y de Luis Martínez Díaz habían imágenes
de una persona con gorro con orejeras, con el rostro semi tapado. De las
declaraciones tomadas a las víctimas no recordaba el número. Le dijeron que
andaba un sujeto semi tapado, con un gorro con orejera, con rasgo oriental o
peruano (ojos achinados) y una persona manifestó que poseía una cicatriz. La foto
de Martínez Díaz fue incorporada con otras 18 fotografías, ingresadas a un
computador. Ratificó que algunas víctimas dijeron que el sujeto andaba con la
boca, o el mentón, tapada con una bufanda. No pudo precisar qué funcionario
tomó las otras declaraciones, porque fue un grupo de colegas.
Acotó que llegó al lugar del robo entre las 9 y 9:30 horas.
44

Aclaró que había afirmado que los empleados del Banco habían sido
inmovilizados para no dar aviso, porque no había sistema de comunicación al
interior de la bóveda, ni botón de pánico o alarmas.
Al Tribunal rectificó que había llegado al lugar entre las 9:30 a 10 de la
mañana, habían carabineros resguardando afuera, y en el interior del Banco
también. Una vez que carabineros salieron del perímetro, ingresaron al Banco
donde los trabajadores del Banco estaban en el segundo piso, en un hall.
18.- Francisco Valencia Muñoz, Subcomisario de la PDI, quien manifestó
que el 4 mayo de 2012, en la Brigada de Robos tomaron conocimiento de un
asalto ocurrido en la sucursal Banefe, ubicado en calle Etchevers concurriendo
con su jefa, la Comisario Rosita Torres y a cargo iba el sub comisario, Christian
Soto. En el lugar, al que llegaron aproximadamente a las 9:30 horas, se hallaba
personal de carabineros, y pasados unos minutos les ordenaron se hicieran cargo
del sitio del suceso. Una vez que ingresaron, las personas encerradas en la pre
bóveda estaban afuera y se les tomaron declaraciones, mientras que personal del
Laboratorio de Criminalística de la Policía de Investigaciones empezaron a
levantar evidencias. Habían alrededor de 25 víctimas. En el primer piso estaba el
Laboratorio de Criminalística de la Policía de Investigaciones y en el segundo piso
se les tomaba declaraciones. Él lo hizo a 9 personas. Las víctimas estaban en
shock por lo que costó ordenarlas, querían llamar a sus familiares y se las
distribuyó a ciertas oficinas y fueron varios funcionarios, para hacerlo lo más luego
posible. Dijeron que con excepción de una persona embarazada a todos los
encerraron en la pre bóveda, un lugar muy pequeño, y que habían empezado a
tener crisis de pánico, a faltar oxígeno, porque eran 27 a 28 personas encerradas
en ese lugar. Se obtuvo un video del día del robo, en el que sujetos ingresaron a
rostro descubierto, imágenes que fueron enviadas a departamentos de inteligencia
de Investigaciones y Gendarmería obteniendo dos nombres: José Mauricio Abello
González y Eduardo Cortés Isla, como posibles autores del delito. Con esos
antecedentes, se confeccionaron set fotográficos y el 14 de mayo de 2012 se
realizaron 3 reconocimientos positivos para Abello: Claudia Jarufe, Francisco
Gómez y Paula Rebolledo, quienes lo reconocieron en un 100% como el sujeto
calvo, rapado, que parecía ser el líder de la banda. El reconocimiento fue realizado
en la sucursal de Banefe, mostrando fotografías a color, unas 20, con
características similares a la de los sujetos, para que no fuera inductivo. Lo
reconocieron por la nariz y forma de la cara especialmente. El día 22 hubo un
reconocimiento de Cortés Isla de 6 personas y se pidieron órdenes de detención
con diversas diligencias para la ubicación de Cortés y Abello, quienes se
encontraban prófugos. Se chequearon los posibles domicilios, se hicieron
45

vigilancias, otras fuentes para ubicar domicilios, pero no se logró resultado


positivo. El 19 de julio se enteraron de un gran asalto ocurrido en Santiago en Lo
Curro, cometido por “Los Fantasmas”, lográndose de la captura de Eduardo
Cortés Isla, Javier Norambuena y Luis Martínez Díaz. Con esos antecedentes, la
fiscal solicitó que se hiciera diligencia de reconocimiento para incluir la fotografía
de Luis Martínez, para saber si había tenido participación en el delito de Viña, no
recordando si se incluyó la foto de Norambuena. Abello cayó detenido al día
siguiente del delito. Se hizo una nueva diligencia de reconocimiento y Alex Zúñiga,
Giovanna Incorvaia, María Rojas, Lilian Araya, Claudio Morales, no recordando
otras, que reconocieron a Avello; Lilian Araya y María Rojas reconocieron a Cortés
Isla; Giovanna Incorvaia y Lilian Araya reconocieron a Martínez Díaz. La gente
tenía temor por represalias no teniendo ganas de cooperar, pero lo hicieron. Los
reconocieron plenamente. El 23-24 de julio de 2012 se realizaron los
reconocimientos, en los que él participó.
Las diligencias se realizaron como a las 10 de la mañana el día de los
hechos.
Recibieron noticias de la caída de la banda de Los Fantasmas y que había
sido detenido Cortés Isla y Avello González se encontraba prófugo. Cuando cayó
la banda completa se hicieron las diligencias para establecer o descartar la
participación de los otros dos sujetos.
Reconocieron a Martínez Díaz, tres personas: Giovanna Incorvaia, Lilian
Araya y Luis Páez. La gente estaba en conocimiento por la prensa de que habían
sido detenidos en Santiago.
El set fotográfico se elaboró a partir de los antecedentes proporcionados
por Gendarmería.
19.- Rosita Paola Torres Soto, comisaria de la PDI, jefa de la Brigada de
Robos de Valparaíso, quien a las 9 de la mañana, se enteró por los servicios de
inteligencia que en Viña del Mar, había ocurrido un robo con intimidación, con
rehenes, por lo que ordenó a su grupo de trabajo el traslado a dicho lugar, ubicado
en Etchevers con Arlegui, en la sucursal de Banefe. Llegaron como un cuarto para
las diez encontrando el sitio acordonado por carabineros, recibiendo un llamado
de la Fiscal Fuchslocher, quien le solicitó su concurrencia para hacerse cargo del
sitio del suceso. Se comunicó con peritos fotos, planos y huellas, los que llegaron
de inmediato. Le fueron entregadas evidencias, unos vasos plásticos y ordenó al
perito en huellas para su levantamiento, previa fijación fotográfica y planimétrica.
Además dio instrucciones a su personal para la toma de declaraciones a las
víctimas, que habían sido liberadas momentos antes, en el segundo piso, lo que
se hizo por separado, constatando el estado emocional y anímico de los
46

empleados. Se tomaron 25 declaraciones enterándose de diferentes detalles y del


trabajo de peritos. Solicitó el registro fílmico que existía en el Banco, lo que fue
entregado al día siguiente. Se tomaron las declaraciones a mano alzada para
obtener el relato lo más fidedigno. A tres personas por su estado de salud -Cecilia
Osorio y dos, con crisis hipertensiva- no se les pudo tomar declaración. A las 10:30
horas, le informaron de la ubicación de un vehículo Chevrolet Cruze en el sector
del puente Cancha y realizaron pericias, pues particulares informaban que muchos
teléfonos sonaban dentro del automóvil encontrando un bolso con todos los
teléfonos lo que también fue periciado. Además, con las personas que estaban en
mejores condiciones, se hicieron retratos descriptivos de los tres sospechosos con
los relatos de las víctimas, en cuanto a los desplazamientos, funciones, del que
hacía de líder, con ciertas características físicas, vestimentas, el otro que hacía de
portero o vigía de las personas y uno más joven con más indumentaria sobre su
cuerpo que subió al segundo piso, trasladó al guardia y que trató de borrar el
registro fílmico.
La hora de ingreso al Banco fue a las 10 mañana aproximadamente. Sugirió
evaluar la calidad de las víctimas, había varias mujeres y las declaraciones fueron
unas más extensas que otras, con lo necesario para el esclarecimiento de los
hechos. Se logró la determinación de 3 sujetos con características físicas, de
vestimentas y morfológicas. Con la video grabación del Banco emitieron a todos
los organismos de la Policía de Investigaciones, Carabineros y servicio de
inteligencia de Gendarmería, se les remitieron imágenes de los tres sujetos que
habían ingresado al banco, obteniendo antecedentes que podrían corresponder a
dos sujetos que habían cumplido condenas, Eduardo Cortés Isla y José Abello
González haciendo “comparativos” con los antecedentes remitidos por
Gendarmeria, habiendo bastante similitudes. Según sus registros, Cortés Isla se
hallaba detenido por asalto a Bancos y había salido hacia poco de cumplir una
condena de 15 años, con 12 efectivos. José Abello tenía la misma especialidad y
estaba prófugo porque se había fugado desde un Tribunal en Santiago. Del tercero
no había posibilidades con el registro fílmico, de que Gendarmería les pudiese
decir que esa persona podría ser. Con las 2 identidades se recabó información
efectuaron reconocimiento para las víctimas, arrojando como resultado que 3
personas reconocieron a Abello González y 6 identificaron a Cortés Isla, lo que se
realizó el 14 y 22 de mayo. Los reconocimientos fueron hechos por separado, se
mostraban las imágenes en formato digital, con similares características para una
persona. Como por ejemplo, para Abello, con características de una persona semi
calva, tez, morfología de boca y nariz, mostrándose más de 20 fotos. El mismo
procedimiento se efectuó para Eduardo Cortés Isla. No todos los funcionarios
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estuvieron disponibles, pues algunos quedaron con stress post traumático y tenían
licencia médica. Con los reconocimientos, solicitaron además de interceptaciones
telefónicas, en especial de Cortés Isla, se obtuvo un perfil de movimiento, pidieron
órdenes de detención, después del 22 de mayo. No fue posible efectuar las
detenciones porque nunca tuvieron a la vista a Abello, pero sí a Cortés Isla quien
llegó el 2 de junio de 2012 a la casa de su madre. Se programó un dispositivo para
ir a la Estación Central, en Santiago, pero cuando llegaron los carros policiales,
tomó su vehículo particular con su pareja y sus hijos, disparando a los funcionarios
policiales en contra de los vehículos huyendo, poniendo en riesgo a su familia. Por
ello se inició una causa por homicidio frustrado en contra de los funcionarios
policiales. Se continuó recabando información, con interceptaciones telefónicas,
vigilancias, seguimientos, y el 19 de julio cuando se enteraron por la prensa, de la
ocurrencia de un delito flagrante en la sucursal bancaria, de Lo Curro, donde se
detuvo en flagrancia a Eduardo Cortés Isla, Javier Norambuena Donoso, Luis
Martínez Díaz y un cuarto sujeto que salió arrancando. Se trató de recabar la
mayor cantidad de antecedentes en Santiago a fin de “análisis comparativos,
modus operandi, participantes”, con un ingrediente especial, pues según lo
referido en declaraciones del 4 de mayo, unos testigos sindicaban a un sujeto
“Luis”, con una cicatriz o marca en su labio superior, y cuando lo miraron en el
sistema biométrico “ojos achinados, cicatriz”, podía ser uno de los participantes en
el delito de Viña del Mar. Con esos antecedentes, el 19 de julio contando con la
identidad de un tercero, y un cuarto, Javier Norambuena Donoso, que en las
escuchas telefónicas había conexión en los tráficos de llamados, entre Cortés Isla
y Norambuena Donoso, ya estaban vinculados después del 4 de mayo.
Norambuena era el conductor de uno de los vehículos y esperaba afuera del
Banco de Lo Curro. El 20 de julio, se estableció que Abello era el tercero cuando
fue detenido en San Bernardo. Norambuena perfectamente podría haber sido el
conductor de Viña del Mar, pero no se estableció porque no ingresó a la sucursal,
pese a ser incluido en reconocimientos. El mismo 19 de julio, cuatro testigos
reconocieron a Luis Martínez Díaz como el tercer sujeto que ingresó a la sucursal
Banefe, el 4 de mayo. Fue reconocido como el que tenía la marca en el labio
superior. Evelyn Meza estuvo en contacto muy cercano cuando estaban sacando
el dinero en la bóveda, se le cayó el paño pudiendo ver sus ojos achinados, su
rostro, su nariz pequeña, su marca en el labio. Francisco Castillo, el guardia de
seguridad, a quien bajó del segundo piso, lo llevó a la pre bóveda, lo intimidó para
borrar imágenes, corroborado por el registro fílmico donde constan los traslados,
los segundos en que tuvieron contacto y la cercanía en que estuvieron. El 23 y 24
de julio fue reconocido por tres personas más, en un cien por ciento. En agosto
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contaba con los resultados de una pericia que arrojó dos perfiles genéticos que se
amplificaron de los vasos aludidos, obtenidos del dueño de un café colindante al
Banco, el 4 de mayo. Con tales resultados, se tomaron muestras de hisopado
bucal a los sospechosos, y en la Cárcel de Alta seguridad, el 13 de agosto, se
tomaron a Javier Norambuena Donoso, Luis Martínez Díaz y Eduardo Cortés Isla,
quien opuso resistencia para la prueba, pero finalmente se hizo la diligencia. Los
abogados defensores se habían notificado con anticipación, pero no concurrieron.
José Abello González se resistió, y cuando fue notificado de la orden judicial
amplia para la toma de muestra, cuando fue notificado por personal del CAS, se
tomó el hisopado bucal, y las cuatro muestras fueron remitidas al Laboratorio
central. El peritaje bioquímico arrojó como resultado una certeza de un 99,99% de
la prueba de ADN positivo para Eduardo Cortés Isla y para un empleado, Exequiel
Coñiucar quien también tomó café ese día. Eso permitió ubicar a Cortés Isla en el
lugar, previo al ingreso al Banco en un café colindante al Banco. Según su dueño,
Jorge Washington Reyes, también entró José Abello quien compró un café y un
segundo sujeto, Cortés Isla, con posterioridad a las 8 de la mañana, quien refirió
haberlo visto entrar a tomar café. A Reyes le parecieron muy sospechosos, por las
características, uno calvo, con la cabeza rapada, con lentes, quien se preocupó
mucho de una cámara sobre si filmaba o no, pensando en guardar los vasos, los
que entregó a carabineros.
El 13 de agosto, en el sitio del suceso se hizo una prueba de confinamiento
para establecer la retención de 29 personas dentro de la pre bóveda, de 2,70
metros, para determinar las condiciones en las que ellas se hallaban. Con un
perito se hicieron mediciones, bajo la norma del ISO9001, de oxígeno y
temperatura, el 13 de agosto, condiciones que no eran parecidas a las del 4 de
mayo por las condiciones anímicas las víctimas, de nerviosismo, estado de shock,
con mucha ropa porque era el principio de la mañana, el sistema nervioso que
afectaba su metabolismo, no siendo las mismas condiciones ambientales ni la
saturación de oxígeno. La prueba sólo era orientativa. Se usaron sólo a personas
de la Policía de Investigaciones. El video según los encargados del Banco tenía un
desfase de una hora, y la cronología del video policialmente pudo determinar que
la hora exacta a la que ingresaron fue a las 8:17 horas. Entraron Paula Rebolledo,
José Abello González, Luis Martínez Díaz y Eduardo Cortés Isla. Luego Martínez
Díaz fue al segundo piso, bajando al vigilante Francisco, van llegando más
funcionarios y los iban maniatando. José Abello estaba con un bolso negro, de
donde sacaba abrazaderas plásticas con las que iban maniatando a los
funcionarios, los que en el transcurso del video fueron golpeados, botados al piso,
los iban intimidando. En el video hizo un análisis policial viendo cómo se iban
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cambiando de posición, entre Martínez y Cortés, en la puerta, llevando a los


empleados hasta el hall donde estaban apilando a las víctimas, visualizando el
además que hacia Abello pidiendo las claves, pudiendo determinar cuánto se
demoró -15 a 20 segundos- en colocar las abrazaderas a un hombre. También
observó en el video a Evelyn Meza y Carmen Susana, que estuvieron en la
bóveda privadas de movimiento. Alrededor de las 8:30 horas, Martínez Díaz giró
una cámara de seguridad imposibilitando ver el movimiento cuando fueron dejadas
las primeras personas en la pre bóveda, como a las 8:41 horas, consta en el video
cuando comenzaron a levantar al resto de los funcionarios, que son ingresados a
la pre bóveda, de lo que no existía registro fílmico porque Martínez Díaz giró la
cámara. Pero a partir de las “8:41” horas, ingresaron a todas las victimas hasta las
8:45. Sólo dejaron a una mujer, que estaba embarazada, sentada en el hall y 28
quedaron en la pre bóveda. Los tres autores del delito salieron a las 8:48 horas del
Banco. A las 8:58, el primer carabinero llegó a Banefe, previa llamada de alerta de
la mujer embarazada. Se buscó la llave de bóveda, no hallándola, por lo que fue
imposible el rescate hasta una hora después, según las llamadas efectuadas a la
sucursal de la plaza Viña del Mar. Marcela Díaz quien al saber que sus colegas
estaban privados de libertad, se trasladó desde Valparaíso a Viña del Mar para
ayudarlos, sin saber que no había sido encontrada la llave. Se encontró con otra
funcionaria, en calle Arlegui, donde revisaron un manojo de llaves, y ella la ubicó y
fue quien logró abrir la bóveda siendo rescatados los 28 rehenes.
Se le exhibieron fotografías extraídas del video: 1.- Explicó que la hora
indicada en la imagen “9:17” correspondía a las “8:17” horas del día 4 de mayo,
ingresando José Abello, Luis Martínez Díaz, apareciendo también Paula
Rebolledo. 2.- A las “9:17”, Eduardo Cortés Isla fue el tercer sujeto que ingresó a la
sucursal de Banefe. 3.- Cortés Isla cerrando la puerta. 4.- A las “8:19”, Luis
Martínez Díaz con Francisco Cantillano, guardia de seguridad, a quien bajó a la
pre bóveda. 5.- Luis Martínez Díaz con el guardia Francisco. 6.- A las “8:21”, Luis
Martínez Díaz, Eduardo Cortés Isla. 7.- A las 8:26, Luis Martínez Díaz. 8.- A las
8:30:51, Luis Martínez Díaz y víctimas en el suelo. 9.- A partir de esta fotografía, la
testigo comenzó a leer las horas según lo que aparecía en las imágenes, sin el
desfase interpretado por ella. Así correspondía a las “09:30:58”, viendo a cinco
mujeres y un hombre atrás, con vestimenta oscura. 10.- A las 9:32:43, tres
mujeres, una Evelyn Meza, Carmen Susana, la tesorera, Carmen, y un hombre
con camisa clara, chaqueta oscura, gorro que cubre rostro y se le veían los labios.
12.- A las 9:32:08 las mismas tres mujeres, con el hombre anterior, dando una
orden con la mano derecha. 14.- la tesorera, María Eliana Carvajal, quien también
tenía clave para poder abrir la caja. Según avalúo del Banco se sustrajeron 88
50

millones de pesos, en moneda nacional y 5 mil dólares. 17.- A las 09:34 horas, dos
mujeres, una sentada y un hombre de oscuro poniéndole amarras. 20.- A las
09:36:22, cuatro mujeres con el mismo hombre, en su mano se observa algo. 21.-
mismo hombre con una abrazadera plástica amarrando a Susana, la cajera, junto
a otras dos funcionarias, otro hombre con pañoleta, bufanda y gorro con chiporro
levantando su mano derecha. 22.- Susana y Evelyn Meza dijeron que cuando
estaba al interior de la bóveda, ella lo miraba detenidamente y al sujeto le miraba
los ojos y cuando se agachó a recoger el dinero, lo que no quedó en el registro
fílmico, porque movió la cámara de seguridad. 26.- A las 09:36 horas, se corrió la
cámara. El del gorro con chiporro y bufanda con bóveda cerrada. A las 09:36
horas, se grabó la última imagen de la bóveda. 28.- A las 09:44 horas, se observa
al guardia de seguridad y a un individuo vestido de manera formal, calvo y otro con
chaqueta oscura, boina gris. 30.- A las 09:48 van saliendo de las sucursal 3
hombres, ropa oscura, calvo, chaqueta oscura con bufanda, gorro con orejeras.
Después de establecida policialmente la calidad de sospechoso de Cortés
Isla y en una escucha telefónica una voz masculina en el teléfono de Cortés Isla,
conversó con otro hombre a quien relató se había comprado un auto Kia Rio en
Automotora Laguna, dándole la patente porque tenía que cambiar el tag, usando
el del dueño anterior que debía cambiar. Por esa razón, concurrieron hasta la
automotora, ubicada en La Cisterna donde se entrevistó a la persona que había
vendido el Kia Rio, a Eduardo Cortés Isla, después de las 17 horas del día 4 de
mayo, avaluado en $6.500.000, pagando 3 millones en efectivo, pactando 10
cuotas, que canceló el 17 de mayo en efectivo.
Posterior al 19 de julio, con el Fiscal a cargo del asalto a Lo Curro, el 4 de
septiembre se hizo una revisión de la documentación del delito en Santiago y de
las especies incautadas en la casa de seguridad en Las Cruces, El Tabo, como
chaleco antibalas, pelucas, vestimentas (chaquetas, camisas, zapatos), las que
fueron revisadas para análisis comparativos encontrado de utilidad, una camisa
calipso, chaqueta de vestir, zapatos de cuero color negro, eran de similares
características a las usadas en la comisión del delito de Viña del Mar. La casa era
de José Abello González, donde se ocultaban después de los delitos, lo que se
supo a través del análisis de lo que se tuvo a la vista y por información obtenida
por el OS 9.
La Fiscal le exhibió evidencia material consistente en: chaqueta de vestir,
camisa celeste, marca Azaro, chaqueta negra, gruesa; zapatos cuero Guante,
negros, refiriendo la testigo que serían los usados por (Abello) en comparación al
registro fílmico del Banco. Después del 4 de mayo, por triangulación de antenas,
51

se supo que la antena marcaba el sector de Las Cruces, respecto del teléfono de
Eduardo Cortés Isla, hasta un poco antes de ser detenidos.
El defensor Carrasco le exhibió la fotografía n° 29, en que apreció a dos
mujeres, y una figura con vestimenta oscura, según lo que relató al ver el video en
que a las 8:45 dos funcionarias fueron las últimas en ingresar, coincidiendo con
esta imagen. Antes de esa hora, no tiene certeza si la reja –donde fueron
encerradas- estaba abierta o no. La salida de las tres personas, se habría
producido 3 minutos después del confinamiento definitivo. La llegada del primer
carabinero, a las 8:58, lo supo por el registro fílmico, lo 1que indicaba que a los 10
minutos de irse los sujetos, llegó el carabinero. Según la declaración de la testigo,
Marcela Díaz, habría durado 48 minutos, desde que se produjo el confinamiento
de todos los funcionarios. El confinamiento se extendió porque se llevaron las
llaves los autores del delito, según declaraciones de los testigos y por el registro
del sitio del suceso pues no estaban en la sucursal. La sucursal más cercana a
ese Banco estaba a tres cuadras. En el tiempo en que estuvieron retenidos no
sabe si la policía hizo maniobras para la liberación, la que no presenció. Según
Marcela Díaz, fue carabineros quien junto a ella liberó a las personas. No sabía
cuántos carabineros se hallaban en el lugar. El capitán a cargo, cuyo nombre no
recordaba, le hizo entrega del sitio del suceso. No sabe si se alteró el sitio del
suceso. No sabía tampoco lo que hizo carabineros en la hora anterior a su llegada.
II.- Pericial:
1.- Carlos Anilio Peña, perito fotógrafo de la Policía de Investigaciones de
Chile, quien con fecha 4 de mayo de 2012, concurrió al sitio del suceso donde
tomó fotografías que describió del modo siguiente:
1.- calle Arlegui, y en un costado derecho, se mostraba la sucursal Banefe
del Banco Santander.
2, 3 y 4.- frontis de la sucursal, donde se apreciaba el acceso público,
vehicular y personal.
5.- hall de acceso del personal de servicio, donde se apreciaba una banca
volcada y una bolsa con 3 vasos desechables etiquetados como “café”.
6.- Vista parcial de la puerta principal del acceso, la que poseía un sistema
de cerrojo manual y una mirilla.
7.- primer plano de los 3 vasos desechables encontrados en el interior de la
bolsa de polietileno con letreros de “Nescafé”.
8.- hall de acceso con vista parcial al sector de la sala de atención del
público.
9.- vista parcial de la sala de atención de público, con cierto desorden y
registro de pertenencias.
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10 y 11.- área de cajas de la sucursal con algunas cintas plásticas amarra


cables y domo cámara de seguridad.
12. primer plano de huinchas amarra cables utilizadas para maniatar
personal bancario
13 y 14.- vista general del área de atención de público con especies
dispersas y bancas desordenadas; acceso que conducía a las cajas del personal y
tesorería
15.- vista del área de servicio público, mesón, área de acceso del público.
16.- primer plano de pertenencias de los funcionarios bancarios en
desorden y registro de bolsos y carteras.
17.- detalle de una banca con cintas amarra cables.
18.- primer plano de especies del personal bancario registradas.
19 y 20.- vistas del desorden y registro.
21, 22 y 23.- bolsa de transporte de valores.
24.- área de atención de público donde se apreciaban los escritorios de
atención de público con bolsos y pertenencias del personal.
25.- Primer plano de mesones de atención de público en parte posterior,
superior derecha imagen dos cámaras de seguridad
26, 27, 28 y 29.- mesón de atención de público, a la izquierda se veía el
acceso a la tesorería, pre bóveda y bóveda. En primer plano, un par de esposas
metálicas que pertenecerían al guardia de seguridad bancario, que habrían sido
usadas para inmovilizar al personal.
30 y 31.- acceso al público en horario de funcionamiento.
32.- vista parcial de accesos a dos oficinas próximas al acceso de público
donde hubo gente maniatada.
33.- contraplano de una oficina de acceso a la atención de público.
34.- Vista general de la segunda oficina con una cartera en el suelo.
35.- una cartera.
36.- Acceso a la tesorería, bóveda, pre bóveda, baño, cocina y área de
cajas del personal.
37.- primer plano de la puerta que accedía a las cajas.
38.- primer plano del vidrio y cerradura electrónica de la puerta de acceso a
las cajas.
39.- Pasillo que conducía a la tesorería, ubicada detrás de la puerta en la
parte derecha de la imagen, y a la izquierda, el área de la cocina.
40.- acceso a la cocina y baños.
41. acceso a la tesorería.
42. primer plano de otras amarra-cables en un escritorio.
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43. detalle de una amarra-cable con testigo métrico.


44.- vista general del área de tesorería paso único para la pre bóveda
ubicada detrás de la reja metálica.
45. primer plano de la puerta metálica que es único acceso a pre bóveda.
46.- vista acceso o pre bóveda, con reja de protección y puerta metálica con
chapa numérica de acceso a bóveda.
47.- pre bóveda, puerta de acceso a bóveda, cámara de seguridad volteada
a la pared.
48.- sistema de cierres de claves bóveda.
49.- Cámara seguridad girada a pared.
50 a 52.- vistas de la bóveda con cintas amarra-cables, repisas y muebles
de caja fuerte.
53 a 56.- bóveda con cajas metálicas, rojas y otra cámara de seguridad,
girada a la pared.
57-58.- cajas de seguridad rojas y caja dentro de bóveda.
59.- Puerta de caja de seguridad con clave numérica.
60.- Documentos al interior de la caja de seguridad.
61.- caja de seguridad con bolsas con monedas.
62.- segundo piso de construcción con dos alas enfrentando escala acceso
y en pasillo costado izquierda dependencias y al final un baño vestidor y una
cámara seguridad en la parte alta.
63.- acercamiento a cámara y acceso a baño y vestidor del guardia.
64.- primer plano del baño.
65.- detalle del suelo donde se aprecia la vestimenta del guardia.
66.- vista de la otra ala, y al costado derecho se apreciaba el acceso de la
escala y a la derecha la otra ala de oficinas con dos puertas, la de la cocina y
baño, y otra cámara de seguridad.
67.- Lilian Ayala con enrojecimiento de muñecas.
69 a 74 y 77-78.- María Rojas, Paula Rebolledo, Roberto Cornejo y Yesenia
Barat quienes presentaban lesiones en sus brazos.
75-76.- no recordaba nombre, funcionario bancario fotografiado por él.
79 a 90- funcionarios bancarios cuyos nombres no recordaba con
enrojecimiento por presión por agente mecánico, en sus manos.
91.- registro fotográfico preliminar del sistema de cámara de seguridad. De
las pantallas del monitor, obtuvo la fotografía donde se observaba a tres sujetos de
contextura delgada, que correspondería a los autores del ilícito. Persona que viste
traje sin corbata, camisa celeste, azul o calipso, portando un maletín en su mano
derecha, con bigotes, lentes y calva en la parte superior de su cabeza.
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92.- otra vista captada por la cámara del hall de acceso del personal,
observando a la persona descrita anteriormente.
93.- segundo sujeto que vestía un pantalón casi formal, y portaba un bolso
de mano, tipo mochila, con zapatos formales, de contextura delgada, edad
promedio, imagen que fue captada por la cámara del hall de acceso del personal.
94 y 95.- acercamiento del sujeto anterior.
96.- vista tomada por la cámara de seguridad del pasillo de acceso del
personal, donde se veía a un tercer sujeto de sexo masculino, con capucha,
pañoleta, y en su mano derecha impresionaba un objeto tipo arma de fuego.
97 y 98.- acercamiento de la foto anterior, el individuo con la cabeza tapada
con capucha y que en su mano derecha llevaba una especie que impresionaba al
perito como un tipo de arma.
99.- puerta de acceso del personal donde se observaba al sujeto anterior.
En sus dos manos se apreciaba el objeto tipo arma de fuego y también se veía a
un funcionario que al parecer era el guardia de seguridad.
100.- Plano posterior del tercer sujeto con la pañoleta o bufanda para
ocultar su rostro.
El perito estuvo en el sitio del suceso desde las 10 a las 13 horas.
Acotó que el informe demoró un mes aproximadamente. Las fotos de las
cámaras eran parte de la evidencia de los hechos y los funcionarios de la Brigada
de Robos fueron quienes incautaron las grabaciones para luego efectuarse
peritajes.
2.- Rodrigo Pantoja Milla, perito dibujante y planimetrista de la Policía de
Investigaciones de Chile, a quien se le encomendó efectuar dos planos en en la
sucursal del Banco Banefe por un robo con intimidación ocurrido el 4 de mayo de
2012, por lo que concurrió en horas de la mañana con personal del Laboratorio. A
continuación se le exhibieron las siguientes imágenes, incluidas en su informe:
Plano de la planta del primer piso, calle Arlegui con Etchevers. El acceso
al edificio se hacía a través de una rampla o escalera, después había una
pequeña habitación, una cámara de seguridad, y un acceso al segundo piso. Al
norte, una sala de espera para el público, cajas de atención, dos cámaras en la
parte posterior y otra sobre una puerta de acceso a la sala de control de cámaras;
en el costado derecho, escritorios, dos cámaras de seguridad y planta libre con
pequeña distribución de escritorios y computadores; una sala de espera con sillas
móviles, fijando en el lugar carteras y bolsos que se hallaron en desorden,
elementos que se habrían empleado como amarras. En la parte norte, un mesón
con computadores para la atención de público y dos cámaras en el sector norte.
Frente a las cajas, se accedía a una puerta que llevaba al interior de las cajas
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como a un pasillo, que daba a la cocina, baños, y continuando al norte, se


ingresaba a una habitación ocupada por la tesorera del Banco, y sobre un
escritorio, elementos que fueron utilizados como amarras. Al costado poniente, la
puerta del sector de pre bóveda, y bajando al sector sur, la bóveda con una
cámara, en la esquina sur poniente, la caja fuerte y otros elementos en su interior.
Plano n° 2: segundo piso, sobre la habitación de acceso, la continuación de
las escaleras, una habitación central desde la que se podía ir a la cocina, baños y
escritorios; en la parte sur, una oficina de planta libre con escritorios; una
habitación multipropósito al sur, en la sala central, había un pasillo y al fondo un
camarín, antes una bodega al costado izquierdo y oficinas con puestos de trabajo
y computadores.
No existían ventanas en la pre bóveda. Desde el pasillo a la oficina de la
tesorera algunas puertas son más reforzadas recordando la de la bóveda, con
elementos de seguridad. En cuanto a la ventilación no recordaba si existía algún
sistema.
Al Tribunal precisó que las dimensiones de la pre bóveda eran de 2,71
metros -de oriente a poniente- y 2,75 metros de norte a sur.
3.- Eduardo Ramírez Mujica, inspector, perito en huellas de la Policía de
Investigaciones de Chile, declaró sobre el Informe Huellográfico y Dactiloscópico
N° 143-2012 efectuado con fecha 9 de agosto de 2012, relacionado con la
solicitud de la Fiscalía para presentarse a la sucursal Banefe, ubicada en calle
Etchevers n° 96, de Viña del Mar, donde se habría cometido un robo con
intimidación y secuestro. En el lugar se constató que estaba resguardado por
carabineros quienes le entregaron 3 vasos de cartón, los que etiquetó, rotuló y
remitió en cadena de custodia para análisis. En el inmueble de dos pisos, aplicó
reactivos para la ubicación de huellas latentes con el fin de identificar a personas
que ingresaron al lugar, determinando 9 trozos de huellas, los que fueron
analizados con instrumental óptico, determinándose que ninguno reunía la
cantidad mínima de puntos característicos para investigación dactiloscópica.
Finalizado el sitio del suceso, en el laboratorio de Criminalística, se periciaron los
vasos determinando que se dividirían con el fin de rescatar dos tipos de evidencia,
la primera era el peritaje huellográfico y la segunda era lograr extraer algún perfil
genético de las boquillas, las que se cortaron con nueva cadena de custodia y el 7
de mayo de 2012, fueron remitidas al laboratorio central de Santiago, a la sección
bioquímica. También los vasos fueron analizados con reactivos para revelar
pequeños trozos de huellas digitales, que no resultaron útiles para la comparación
dactiloscópica. Posteriormente, el laboratorio de Criminalística remitió informe a la
Brigada de Robos, con copia a la Fiscalía, los resultados de los peritajes de ADN.
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Describió los vasos, como de papel, color marrón, con la leyenda “Nescafé”,
con un soporte blanco, para no quemarse los dedos.
La Fiscal le exhibió unas evidencias materiales, indicando el perito que se
trataba de los vasos que se periciaron y fueron cortados para extraer sus
boquillas.
4.- Paula Barrios Riveros, perito bioquímica de la Policía de
Investigaciones de Chile elaboró el Informe Pericial Bioquímico N° 59/2012 y
mediante el sistema de video conferencia, refirió que el 7 de mayo de 2012, se le
remitieron especies para determinar la presencia de restos de materiales
biológicos humanos y obtener los perfiles genéticos. Las evidencias correspondían
a 3 partes superiores de vasos de papel, que habían sido cortados por el
inspector, Eduardo Ramírez Mujica, y estaban envasadas tres circunferencias de
papel, de color rojo, con bordes blancos, que en la parte interna presentaban
manchas de color café. A cada circunferencia se le efectuó un barrido con tórulas
con suero fisiológico, signados como “Barrido 1”, “Barrido 2”, “Barrido 3”. A ellos se
les efectuó la prueba de reacción de inmunoprecipitación y se concluyó que las
tres presentaban restos de material biológico humano. Realizada la extracción,
cuantificación, amplificación y tipificación de esos restos, se concluyó que los
Barridos n° 1 y 3 correspondían a dos individuos de sexo masculino, distintos
entre sí, y el n° 2 no presentaba material genético suficiente para someterse al
proceso de amplificación.
Explicó que si bien existían restos de material humano, no fueron
suficientes para obtener perfil genético, pues se requería una cantidad mínima
para que el proceso de amplificación pudiera funcionar y la muestra n° 2 no
cumplía con esa característica.
5.- Priscilla Morales Martínez, perito químico de la Policía de
Investigaciones de Chile, quien manifestó haber efectuado un informe con fecha
10 de septiembre de 2012, respecto de cinco muestras indubitadas de hisopado
bucal correspondientes a Luis Martínez Díaz, Eduardo Castro (sic) Isla, José
Abello González, Javier Norambuena Donoso y Exequiel Coñiucar Díaz.
La evidencias las recibió embaladas y selladas por separado, y luego
procedió a levantar la muestra, a extraer material genético, cuantificarlo,
amplificarlo, y obtener huella genética de cada una, para comparaciones con los
resultados del informe pericial bioquímico n° 59 del 21 de agosto, del Laboratorio
de Criminalística Central. Con ese informe a la vista, los resultados descritos en él,
que correspondían a las muestras genéticas de los barridos 1 y 3, se compararon
con las huellas genéticas de las muestras indubitadas y obtuvo como resultados
que los 15 marcadores descritos para “Barrido 1”, coincidían con el perfil genético
57

de los 15 marcadores genéticos de la muestra “Exequiel Coñiucar Díaz”, con una


probabilidad mayor al 99,99% lo que significaba que existía en dicho porcentaje
una probabilidad de que los restos biológicos encontradas en el Barrido 1,
proviniesen de Exequiel Coñiucar Díaz.
Del mismo modo, encontró que de los 15 marcadores analizados para el
Barrido 3 coincidían en todos sus marcadores con la huella genética obtenida para
la muestra signada “Eduardo Castro Isla”, lo que indicaba que los restos biológicos
del Barrido 3, provenían con una probabilidad mayor al 99,99% del mismo
individuo del cual se había obtenido la muestra signada “Eduardo Castro Isla”.
Para refrescar su memoria sobre los apellidos del último individuo, la Fiscal
le pidió leer su informe donde consignó que la muestra fue rotulada como
“Eduardo Cortés Isla”, indicando la perito que había cometido un error en el
apellido paterno.
6.- Marcelo Sepúlveda Larenas, Perito en sonido de la Policía de
Investigaciones de Chile, indicó que en mayo pasado recibió oficio de la Brigada
de Robos de Valparaíso solicitando realizar pericias a un disco compacto por el
delito de robo con intimidación. Con los equipos del laboratorio de Criminalística
Central, se procedió a revisar el disco compacto donde se encontraban 33
archivos de imágenes en formato JPG y 4 archivos de videos, siendo posible
visualizar un display con 16 cámaras siendo posible verlas de a una. En esas
imágenes le fue posible visualizar a 3 sujetos que ingresaban a un recinto,
intimidaban al personal que se encontraba en él, y al que iba ingresando mediante
elementos que impresionaban armas de fuego. Posteriormente, los sujetos se
retiraron del recinto. Las imágenes fueron mejoradas en su calidad, se realizaron
algunos acercamientos a los rostros de los sujetos. Las imágenes JPG no fueron
impresas porque formaban parte del mismo peritaje.
En la audiencia, se reprodujo una filmación, sin sonido, del cual el perito
afirmó pertenecía a una de las cámaras del Banco, donde se veía a uno de los
individuos que ingresó desplazándose por el Banco siendo visto en las distintas
cámaras. Estaba con otro sujeto, y se veía gente poniéndose de pié. En el sector
de cajas, otro sector del mismo recinto, un sujeto que se desplazaba y un segundo
individuo, viéndose un hombre ingresando al que llevan a un sector. Gente
desplazándose y otra persona ingresando siendo llevada donde estaba el resto.
Un sujeto de terno y corbata portando documentos mientras otro estaba detrás de
la puerta, le daba la mano y en ese momento se apreciaba un elemento que
impresionaba al testigo como un arma de fuego y lo llevaba a otro sector. Un
individuo abrió la puerta y dos mujeres ingresaron, junto a un tercer sujeto. Luego
otra mujer. Sujetos tras la puerta salen y se devuelven. Los 3 se retiran del lugar.
58

Se le exhibieron las siguientes fotografías: 1.- ingreso de dos individuos


uno con lentes, calvo y otro con gorro en su cabeza, portando un elemento que
impresionaba al testigo como arma de fuego. 2 y 3.- tercer sujeto con bolso en su
hombro izquierdo, que luego se ve parado tras la puerta y en su mano derecha
con un elemento que impresionaba como un arma de fuego. 4.- sujeto con gorro
llevando a una persona a otro sector del Banco. 5.- mismo sector con el sujeto con
gorro tras la persona que llevaba anteriormente. 6.- sujeto con gorro y el que
ingresó al final que posee también un gorro en su cabeza. 7.- otro sector, con
sujeto con gorro. 8.- un individuo y personal del Banco sentados, de pie o en el
suelo. 9.- mismo sector del Banco, con los sujetos que ingresaron y personal. 10 a
12.- otro sector del Banco 3 mujeres y un sujeto con rostro cubierto. 13 y 14.- dos
mujeres en el mismo sector y hombre con amarra cables en su mano. 15.- dos
mujeres de pié y otra sentada en el suelo y un sujeto con rostro cubierto. Mujer
sentada con manos atadas. 16. Dos mujeres de pié, una sentada y un sujeto con
rostro cubierto y con amarra cables plástico en mano. 17 y 18.- en el mismo lugar
anterior, un sujeto poniendo al parecer un amarra cables a una mujer. 19.- idem,
dos mujeres con amarra cables. 20.- idem, 3 mujeres de pié, una sentada, sujeto
con rostro cubierto con objeto en sus manos. 21.- Ingreso al lugar de un segundo
sujeto con gorro en su cabeza. 22 y 23.- tres mujeres más una sentada, y los
sujetos con las cabezas cubiertas. 24 y 25.- sujeto con rostro cubierto, dos
mujeres de pié, una sentada, un sujeto con mano apoyada en puerta (caja de
fondo). 26.- mismo lugar donde se estaba cambiando la orientación de la cámara
por el sujeto que estaba con gorro. 27.- techo del recinto. 28.- sujeto ultimo con
bolso y que tiene gorro más un sujeto calvo que ingresó al inicio, más un tercero.
29.- personal del Banco en distintos sectores. 30.- los tres sujetos cuando se
retiraron.
La parte querellante exhibió un recuadro con una imagen de los videos que
perició, indicando que las imágenes se podían ver de manera individual. Imagen
que pertenece al sujeto calvo, con lentes que interactuaba con personal del
Banco. Mismo sector desde otro ángulo. Con gente circulando. Persona tendida
en el suelo, sujeto calvo y otros dos que llevaban a un tercero. Uno que ingresó
dejando a una persona sentada. También se apreciaba un segundo sujeto. El
tercer sujeto volviendo con una persona y llevando al parecer un arma. Otra
persona que era dejada en el suelo. Sujeto circulando entre la gente en el suelo y
lo impresionaba como si estuvieran entregándole elementos. No le era posible
determinar la ropa que vestían. Un sujeto impresionaba realizando gestos que
podrían corresponder a poner algo en su cabeza. En otra imagen, una persona
abriendo la puerta, el ingreso de un sujeto calvo, con lentes, otro con la cabeza
59

cubierta y un tercer sujeto portando un bolso en su hombro izquierdo. En otra


imagen es la continuación apreciada con otra cámara del recinto con personas en
la parte superior del recuadro. En otra imagen se apreciaba a la misma persona al
fondo y otras tendidas en el suelo. Ingreso de uno de los sujetos con una prenda
de ropa en sus manos y pone un elemento en su rostro.
La defensa de Luis Martínez exhibió la imagen del minuto “9:17” de la
cámara de ingreso, del acceso posterior, donde apreciaba un sujeto que abría la
puerta, un sujeto calvo con un elemento que extraía y tomaba a la mujer que
ingresó antes, mientras que el individuo con gorro tomó a la persona que abrió la
puerta y finalmente, entró un tercer sujeto. Preguntado por lo que usaba el del
gorro, indicó que al parecer también usaba una bufanda.
En cuanto al tiempo refirió que era una secuencia constante, sin saltos en la
grabación. El objetivo de su pericia fue identificar a las personas que participaron
en el ilícito. Se hicieron acercamientos a los tres que ingresaron al Banco. No
había imágenes con el rostro libre, sin objetos que lo cubrieran. No podía dar fe de
cuando se alejaba de las cámaras o cuando se encontraba en un sector donde no
había cámaras.
Se le exhibió las fotografías n° 21 y 22 (set E2) en el sector de bóveda
donde se apreciaba un sujeto con gorro que también llevaba un elemento que
podría ser una bufanda, cubriendo parcialmente su rostro. Se veían 3 mujeres de
pie, una sentada y un sujeto que cubría su rostro . no podría decir hacia donde
estaba mirando la mujer sentada, pero le impresionaba que miraba hacia arriba,
por la inclinación de su cara. La mujer estaba sentada atrás del sujeto con gorro.
En la n° 23.- acercamiento de imagen con sujeto con rostro y bufanda que tapa
parcialmente su rostro. Gorro con piel en la parte superior.
Desconocía la hora en que había ocurrido el delito. No recordaba fecha del
oficio petitorio de la pericia. El 6 de septiembre de 2012 despachó el informe
pericial.
Al abogado Carrasco contestó que en julio o agosto retiró las imágenes
para su pericia. Al menos en tres oportunidades observó el video. En la pericia no
se consignó el tiempo que duró la dinámica de los hechos, porque no se solicitó al
igual que la hora de inicio y término del video. Explicó el procedimiento por el cual
extrajo las imágenes desde el video. Eran de baja calidad con alto nivel de
compresión con altos pixeles. Se mejoraron niveles de imagen, luminosidad para
mejorar la calidad. Desconocía si su pericia sirvió de base para otras pericias.
Había imágenes cercanas a la cámara y se podían ver detalles de los rostros.
Calva, con lentes, otro con gorro en cabeza y un tercero con bolso en su hombro
izquierdo. No recordaba hora de ingreso de los sujetos. Para efectos de contestar
60

dicha pregunta, se le exhibió el video donde aparecía un display donde el perito


leyó: “09:17:48” en que se produjo el ingreso de las personas. No se le solicitó
indicar horario de ingreso. En otro video leyó: sujeto portando un bolso a las
“9:47:35”, otros dos sujetos ingresando y luego retirándose del sector. Los
individuos se retiraron a las “9:48:20”.
7.- Marcelo Leiva Álvarez, constructor civil, perito Paisajista y Urbanista
de la Policía de Investigaciones de Chile, quien manifestó haber practicado un
informe técnico constructivo de dos dependencias del Baco Banefe, esto es, de la
oficina de tesorería y la pre bóveda. El 13 de agosto, a las 15:10 horas se
constituyó en el lugar, para realizar una inspección ocular, tomar fotografías,
describir las dependencias y la normativa al respecto. Al acceder había una oficina
de tesorería con muros sólidos, de 23 cms. de espesor, sin ventanas, de 12,5
metros cuadrados, se accedía mediante una puerta de seguridad, metálica con un
visor, piso de cerámica, cielo americano con reja ventilación de 25 x 25 cms.
Se le exhibieron fotografías de las que refirió: 1.- vista interior de la
oficina de tesorería, una puerta metálica y visor. 76 centímetros de ancho y 2.03 m
de alto. 2.- misma oficina con cielo falso y rejilla ventilación de 25 x 25 cms. de
superficie, expresando que según la norma general de Urbanismo es habitable
porque tiene renovación de aire, siempre que esté en uso. Tenía 12.5 metros
cuadrados de superficie, donde trabajaba una persona. Muros sólidos y al fondo
una puerta con barrotes donde se accedía a la pre bóveda. 3.- vista del acceso a
la bóveda, y una puerta con barrotes. En el interior, se veían cajas y muebles, un
muro sólido con piso de vinilo, sin mecanismo de ventilación, no siendo habitable
sino para un uso transitorio según la Ordenanza General de Construcción. 4.
Interior de la pre bóveda con muebles y cajas, con dimensiones de 2,75 m x 2,72
metros, con una superficie de 7,5 metros cuadrados, pero si se le restaban los
muebles que habían, la superficie para uso daba 4,5 metros cuadrados, sin
ventanas ni ventilación, salvo la conexión por la puerta. 5.- oficina de tesorería con
4,59 m. de largo x 2,73 m. de ancho, con una superficie de 12,5 metros
cuadrados. Concluyó que la oficina de la tesorería según la Ordenanza de
construcción era un recinto habitable con renovación artificial de aire, siempre que
el mecanismo funcionare. Al fondo, el sector de pre bóveda, no era un lugar
habitable sino para el uso transitorio, con una superficie total de 7,5 metros
cuadrados y de 4,5 metros cuadrados para el uso de personas. Los testigos
señalaron que la ventilación no estaba funcionando al momento de los hechos.
Entre la pre bóveda y la tesorería habría tránsito de aire, pero como
diseño constructivo no permitía el uso continuo de una persona.
61

A la tesorería se accedía por un pasillo de unos 3 metros de largo y se


llegaba a la puerta metálica, la que se abría con una manilla interior, recordando
que desde el exterior, si se encontraba cerrada, no se podía abrir.
8.- Patricio Vera Tisandie, ingeniero mecánico y perito de la Policía de
Investigaciones, dijo que la Fiscalía de Viña del Mar le solicitó la concurrencia a
Etchevers N° 96, donde funcionaba una sucursal del Banco Banefe; al concurrir
vio que había otros funcionarios policiales. Le pidieron medir los niveles de
oxígeno y ventilación de una dependencia interior del banco que los funcionarios
denominaban “pre-bóveda”. Al efectuar su pericia hicieron entrar a un grupo de
personas y luego midió las cantidades de oxigeno y la temperatura en ese lugar.
Al entrar las primeras personas, el oxigeno era de 19,9% y 29 grados
Celsius. Para medir los niveles utilizó un equipo marca MCA, nuevo.
Dijo que el nivel de oxigeno normal es de 21%; en este caso los niveles
bajaron a 19,9 %, después de poco más de una hora. La mayor parte de la gente
que participó en la prueba fueron funcionarios de la Policía de Investigaciones.
Indicó que hizo un dibujo esquemático para explicar su pericia; éste
muestra de modo simple la distribución de planta del lugar. Indica la puerta 1, que
tiene una chapa eléctrica, que conecta el sector de atención de público con un
pasillo del uso de los funcionarios; luego hay una puerta 2, que se acciona por
manilla o llave; luego hay una puerta, la N° 3, que es una reja metálica, con tubos
o barrotes, que sólo se puede abrir con llave. La puerta 2 tenía un brazo hidráulico
que hacía que la puerta se cerrara sola, el que a la fecha de la inspección estaba
operativo.
La pre-bóveda no tiene accesos de ventilación, al exterior.
Consultado por la defensa de Luis Martínez Díaz dijo que esta pericia la
realizó el 13 de agosto de 2012. Para efectuarla, ingresaron varias personas de la
Policía de Investigaciones, además de la señorita fiscal. El banco estaba abierto al
efectuarla. No recuerda cuantas personas entraron al lugar, recuerda que fueron
más de 20, cree que 28.
Lo que pretendían era evaluar las condiciones de ventilación (oxígeno) y
temperatura.
Un nivel aceptable de oxigeno es 20,8%. Después de la prueba los niveles
bajaron a 19,9 %.
Preguntado por la defensa de José Abello González contestó que además
de él, había otros funcionarios de la Policía de Investigaciones, varios de ellos
peritos, pero no sabe las especialidades de todos ellos. No se fijó si alguien medía
los signos vitales de las personas presentes.
62

9.- José Godoy Rojas, ingeniero electrónico, Perito Sección Electro


Ingeniería de la Policía de Investigaciones de Chile, quien elaboró un informe con
fecha 27 de agosto de 2012, tras haber periciado el sistema de alarmas del Banco,
incluidas las alarmas de la cámara, los sensores de movimiento y botones de
pánico.
Se le exhibieron fotografías (E7) explicando que el 13 de agosto de 2012
realizó la pericia y en la imagen n° 1, se apreciaba el sensor de movimiento en la
pared frente a la pre bóveda, el que detectaba algún movimiento mandando la
señal a la central de alarmas, cuando estaba activada y no había nadie en el
Banco. En la n° 2.- cámara de video que registraba instantáneas de la pre bóveda,
y panel del sistema de alarma donde se activa y desactiva. 3.- botón de pánico
bajo el escritorio en pre bóveda, se acciona en caso de emergencia que manda
alarma a central de alarma avisando a central o carabineros. El 13 de agosto, no
se pudo corroborar si estaba operativo.
III.- Documental:
1.- Informe médico de lesiones de Cecilia Osorio Olivares emitido por la
Mutual de Seguridad de la ciudad de Viña del Mar, con fecha 31 de mayo de 2012,
siendo atendida el 4 de mayo de 2012, donde se consigna que se encontraba
embarazada, policontusa, trastorno de estrés agudo, erosiones en muñeca
derecha y eritema por dorsal y palmar. Con reposo hasta el 7 de mayo. La
paciente reingresó el 8 de mayo (dice 04) porque refiere presentar gran angustia,
insomnio, recuerda permanentemente el asalto, se siente insegura, con miedo de
volver a trabajar. Se mantiene en reposo pues se encuentra en terapia con
psiquiatra y psicólogo. Lesiones leves entre 0 a 7 días;
2.- Informe médico de lesiones Luis Carrasco Escobar emitido por la
Mutual de Seguridad de la ciudad de Viña del Mar, con fecha 31 de Mayo de 2012.
Se le diagnosticó crisis hipertensiva, hipertensión arterial y policontuso, Al examen
físico presentaba pequeño edema en muñeca derecha. Reingresó el 17 de mayo,
pues refiere molestias al pecho producto de su hipertensión arterial. Las lesiones
fueron catalogadas de menos graves, de entre 16 a 29 días;
3.- Informe médico de lesiones Oscar Velarde Quiroz emitido por la Mutual
de Seguridad de la ciudad de Viña del Mar, con fecha 31 de Mayo de 2012.
Diagnosticado con contusión craneana, contusión de muñeca, crisis hipertensiva,
trastorno de estrés agudo. Al examen físico: Región fronto parietal central con
escaso aumento de volumen sin eritema ni equimosis, sin herida, sensible leve;
muñecas con eritema mayor, dolor leve a la movilidad y a la palpación. Presentaba
irritabilidad, angustia, temor generalizado, alteración del sueño, y falta de atención
y concentración, ha presentado flashbacks del evento, refiriendo cefaleas
63

tensionales, rigidez cervical, controles con psiquiatra. Lesiones catalogadas de


leves, de entre 8 a 14 días;
4.- Certificado suscrito por Verónica Bustos Sotomayor, Jefe de
Operaciones del Banco Banefe Santander de Viña del Mar, y Rodrigo Pérez
Allimant, Jefe de oficina sucursal Banefe, de esta ciudad, de fecha 23 de julio del
2012 donde se informa que la pérdida patrimonial sufrida el 4 de mayo de 2012,
ascendía a la suma de $89.553.151 y US$9.028 dólares americanos, mediante
arqueo respectivo.
5. Copia del contrato de compraventa y compromiso de venta realizado
entre la Automotora “Laguna Autos” y el acusado Eduardo Ricardo Cortés Isla, el
día 4 de mayo de 2012, respecto del automóvil PPU DLPF-47 (tres hojas) Kia 5,
año 2012, color blanco, por $6.500.000 pagados con $3.500.00 y el saldo en
cuotas de $300.000, de fecha 4 de mayo de 2012.
6. Copia de la solicitud de transferencia n° 2517, realizada en el Registro
Civil e Identificación, con fecha 8 de mayo de 2012, respecto del automóvil PPU
DLPF-47 cuyo adquirente era Eduardo Ricardo Cortés Isla.
IV.- Evidencia material, se exhibieron en la audiencia:
1.- Una chaqueta de vestir oscura;
2.- Una camisa de vestir color calipso;
3.- Un par de zapatos de vestir color negro;
4.- Tres vasos de cartón y sus respectivas boquillas.
V.- Fotografías y video
1.- Cien fotografías del sitio del suceso;
2.- Treinta fotografías extraídas de la video grabación realizada en el interior
del Banco Banefe de Viña del Mar, el 4 de mayo de 2012.
3.- Dos planos de planta del sitio del suceso y un dibujo esquemático del
primer piso de la sucursal.
4.- Cinco fotografías que muestran específicamente puerta metálica, rejilla
de ventilación y acceso a pre-bóveda del sitio del suceso.
5.- Tres fotografías que muestran las cámaras de seguridad y un botón de
pánico del sitio del suceso.
6.- Grabaciones contenidas en un disco compacto de filmaciones de las
cámaras de seguridad del Banco Banefe, el día de los hechos, que fueron
reproducidas parcialmente.

UNDECIMO: Que en el alegato de clausura, la Fiscal sostuvo que la controversia


se centraba en la comisión de un delito adicional, el secuestro, teniendo la certeza
que lo había acreditado con la declaración de la multiplicidad de víctimas,
64

presentes al momento de los hechos, y todas ellas manifestaron claramente la


secuencia y dinámica de ellos, y como fueron intimidadas con armas de fuego,
maniatadas, tiradas al suelo, y a tres empleadas del Banco obligadas a abrir la
caja para sustraer casi 90 millones de pesos más dólares. Además, se contó con
una videograbación que dejó para el final, pues estimaba que los delitos estaban
absolutamente acreditados con los relatos de las víctimas y porque el video no
contaba con la claridad suficiente y muchos episodios no eran visualizados. En tal
sentido, el relato de las víctimas fue conmovedor, en algunos casos,
“espeluznante”, en lo que decía relación con el encierro después que se habían
apropiado del dinero. En este caso se produjo la intimidación, las amenazas,
algunos golpes y la reducción absoluta y total de ellas, quedando vulnerables,
lográndose la apropiación en forma perfecta sin ninguna posibilidad de repeler ese
ataque. Los imputados decidieron planificadamente cometer otro delio adicional,
que no podía quedar en la impunidad, que era trasladar a las víctimas a la pre
bóveda, un lugar cerrado, de pequeñas dimensiones, sin ventanas, refiriendo las
víctimas la sensación de angustia, de desesperación que les significó la privación
de libertad por una hora. Muchos se preguntaron el motivo si ya tenían el dinero.
Abello había realizado 14 asaltos de Bancos, en distintas sucursales a nivel
nacional, pero jamás había cometido ese hecho adicional, de encerrar a 28
personas, maniatadas, sin sus teléfonos celulares, en un lugar de estas
características. No era necesario encerrarlas de esa forma, por lo que a su
entender, había un concurso real, no medial del art. 75 porque no era el medio
necesario, ni porque había sido cometido previamente para lograr la ejecución del
delito de robo con intimidación. Se imaginaba que la teoría de la defensa asociaría
este caso a la figura del art. 433 del Código Penal. Según su interpretación, que
debía hacerse de manera armónica con los arts. 141, 436 y 433 porque el
legislador había querido establecer una figura agravada de secuestro, en el caso
del art. 433 n°2, estableciendo dos hipótesis, una de robo con intimidación bajo
rescate, sin fijar tiempo y en la segunda, por más de 24 horas. Le parecía absurdo
e irracional dejar impune un robo con intimidación cuando se hubiere mantenido la
retención adicional de víctimas por “23 horas y 50 minutos”. Esa era una
interpretación errada y lo correcto era decir que había un delito adicional, un hecho
que se cometió con posterioridad a la apropiación y debía ser sancionada de
manera independiente. Llamaba al Tribunal a hacer eco a la experiencia
traumática vivida por las víctimas, por haber sufrido el encierro más que por el
robo del dinero, lo que le constaba a la Fiscal por haberse constituido en el sitio
del suceso. Hasta la fecha estaban con tratamientos médicos o psicológicos,
viviendo “perseguidas”, y eso era un disvalor de conducta, que debía sancionarse
65

de manera independiente. Insistió que no era posible discutir la participación de


los acusados, pues respecto de Abello 10 personas lo reconocieron en el Tribunal,
a Luis Alberto Martínez 7, indicando circunstanciadamente el momento en que los
vieron, y a Cortés Isla no le quedaba más que pedir perdón en la audiencia, dado
que tenían su ADN, acreditando que había tomado café, a las ocho de la mañana,
en el local colindante al Banefe siendo una prueba irrefutable, y de todas maneras
tenían las imágenes de cuando ingresó al Banco y 4 reconocimientos en
audiencia. Insistió en que había entregado prueba razonable, prudente y racional
en el sentido de haberse encontrado las victimas privadas de libertad por una
hora. El artículo 141 era simple, amplio, refiriendo los elementos objetivos para
establecerlo, que era el que “privare sin derecho”, de lo que no cabía duda, el
encierro estaba acreditado, no dejando la llave prometida, dejándolo en
condiciones que si bien no estaban en el tipo penal, el Tribunal debía ponderar,
agravando el disvalor de conducta por lo que reiteró su pretensión punitiva.

DUODECIMO: Que en su alegato de clausura, el abogado querellante recordó lo


sostenido en la apertura, reiterando que se habían probado la participación
culpable de los acusados en los dos ilícitos. El robo con intimidación se había
acreditado con el video de seguridad, del que se obtuvieron imágenes claras a lo
menos de Abello González y Cortés Isla. También existían las declaraciones de los
testigos, víctimas funcionarios del Banco y 12 de ellos reconocieron a Abello, 4 a
Cortés, y además en 7 declaraciones se reconoció a Martínez Díaz. En torno a la
incorporación del video, si bien no existía una imagen clara de Luis Martínez, se
apreciaba claramente que esta persona no siempre estuvo con el rostro cubierto,
como lo ha sostenido su defensa, y en una imagen se apreciaba que caía un
elemento que el perito en sonido y visual, señaló correspondería a una bufanda.
Ello era concordante con la declaración de testigos, que indicaron que luego de
estar transitando, Luis Martínez Díaz no siempre estuvo con el rostro cubierto y
por consiguiente pudieron apreciar claramente su rostro. Evelyn Meza que fue
llevada a la bóveda y estando en el piso, señaló que Luis Martínez Díaz se acercó
a ella, se agachó, pudiendo ver su rostro a cabalidad, lo que era concordante con
el relato de Carmen Susana Espinoza, quien apreció, desde la bóveda, al sujeto
de rostro cubierto, acercándose en un momento a Evelyn Meza. Los anteriores,
sumados a 6 relatos, permitían establecer categóricamente la participación de Luis
Martínez Díaz en ambos delitos. No podía pasar desapercibido que el delito afectó
a 29 funcionarios, de los cuales 15 declararon en el juicio, pues el resto aun no
estaba en condiciones de venir al juicio, pues quedaron total y absolutamente
traumados. Además el robo se veía acreditado patrimonialmente con el documento
66

en donde Verónica Bustos Sotomayor sostuvo que producto del robo, la merma
patrimonial del Banco ascendió a $89.553.151 más 9.028 dólares.
En cuanto al delito de secuestro compartía con el Ministerio Público, que en
este caso hubo una segunda actuación delictual que emanaba única y
exclusivamente de la voluntad de los acusados. En otros asaltos bancarios, duran
3 a 5 minutos donde efectivamente había violencia e intimidación, pero una
situación absolutamente volitiva de los delincuentes, no era concordante con lo
ocurrido en este caso, no habiendo otro proceso en que se haya encerrado a
personas para cometer un asalto bancario, por lo que se configuraba la figura del
artículo 141 del Código Penal, estando presentes los verbos rectores de “encerrar”
y “detener”. Los funcionarios bancarios no podían libremente cambiar de lugar, no
decidieron estar en ese lugar y esa actuación de los acusados fue sin derecho y
fue agravada porque fueron encerradas en una zona que, por las normas de
construcción, no era destinada a la habitación según el perito. Además, el encierro
se produjo en una zona de tránsito en que normalmente estaba una o dos
personas, pero en este caso hubo 28. Esa suerte de sarcasmo en que uno de los
acusados dijo que iban a dejar las llaves en el extintor, y nunca aparecieron,
implicó que ese encierro se prolongara en el tiempo, no por negligencia de
funcionarios bancarios ni de carabineros, pues ante una llamada por robo, no irían
preparados con los elementos para abrir una puerta de acero. No tenía lógica el
argumento de la defensa, en cuanto a una negligencia de carabineros, pues el
encierro se produjo única y exclusivamente por la acción delictual de los
acusados. Reiteró que existían dos ilícitos que tenían por finalidad proteger bienes
jurídicos diferentes –el patrimonio y la integridad personal en el robo y la libertad
ambulatoria y seguridad individual, en el secuestro-. En este caso no existía una
relación medial entre ambos. Las imágenes del video, los relatos de testigos
corroboraban que las 29 personas estaban absolutamente reducidas, sin
posibilidad de reacción para evitar el delito, sin ninguna posibilidad de reacción,
para impedir que los acusados huyeran del lugar ni afectar alguna garantía de
impunidad, no existiendo necesidad de encerrar a los funcionarios en la pre
bóveda, por lo que estimaba concurrentes todos los elementos necesarios para
formar la convicción en el Tribunal para acceder a las penas solicitadas en la
acusación.

DECIMOTERCERO: Que en su alegato de clausura, el abogado Casanova


sostuvo que la evidencia rendida probó algunas cosas y otras no. Creía que
efectivamente había un delito de robo con violencia, en donde hubo relatos
fuertes, que dieron cuenta de la angustia, del pesar, y por eso ese delito tenía la
67

pena de presidio mayor en su grado mínimo a máximo, y sólo había ese delito y
no otro. El art. 439 era bastante claro, dando ejemplos de violencia y debía
llevarse a un análisis armónico del art. 433, lo que cobraba importancia con el
testimonio de un funcionario policial, respecto a que se dejó encerrada a la gente
para evitar que avisaran o para favorecer la impunidad. Ellos se hicieron del
dinero, cuando salieron del Banco. Acá, hubo actos de violencia para favorecer la
impunidad dentro de lo que señalaba el 433, o si no, no se entendía cómo existía
el mismo art. 433 cuando se sancionaba con un disvalor diferente cuando se
retenía a personas bajo rescate o cuando se cometían otros ilícitos sin entrar al
delito de secuestro, que en este caso no lo había. La funcionaria jefe de la Brigada
de Robos de la PDI señaló que las últimas personas ingresaron a las 8:45 y,
según lo visto en fotografías, la salida de los tres autores fue a las 8:48, y
carabineros ingresó a las 8:58, preguntándose hasta donde esa circunstancia era
constitutiva del delito del art. 141. Se preguntaba qué tenía que hacer carabineros,
esperar que llegara la llave, teniendo claro el abogado que fueron los que
cometieron el ilícito quienes dejaron a las personas en la pre bóveda, no
deslindando la responsabilidad. De las fotografías, se podía ver que no hubo
actividad alguna, ningún despliegue de forzar o tratar de abrir la puerta si es que
los hechos eran tan graves y si estaban aisladas, con poco aire o estaban
realmente mal. Era más importante no alterar el sitio del suceso o no alterar la
puerta del Banco, o no tratar de abrir la chapa. Es decir, cuando llegó la autoridad,
a las 8:58, eran carabineros quienes tuvieron que llegar y hacer que esas
personas salieran. Un par de testigos dieron algunas luces, Jessenia Barat y Alex
Zúñiga dijeron que hubo una especie de discusión entre carabineros e
Investigaciones, respecto de quien tomaba la Investigación. La jefa de la Brigada,
Rosita (Torres) no recordaba cuando se habían hecho cargo, sin embargo, ellos
ingresaron a las 10 de la mañana, porque carabineros estaba resguardando el
sitio del suceso y no podía ingresar nadie, salvo una persona con la llave para no
romper la puerta. Reiteró que no había secuestro y que la retención o privación
estaba encuadrada dentro de las violencias, que utilizaba el Código Penal para
describir la “violencia” y por eso su penalidad. Con la evidencia rendida,
especialmente los videos, fotografías, declaraciones de los testigos y funcionarios
policiales, sólo se probó un delito de robo con violencia.
En cuanto a la participación de Luis Martínez Díaz, el Ministerio Público
presentó una prueba científica, exámenes de ADN que no arrojaron resultados
respecto de su defendido. Declaró también el perito Marcelo Sepúlveda Larenas, y
se pudo constatar parte de los videos, aunque no se señalaron apropiadamente
qué imagen, de qué minuto, no teniendo claro lo exhibido porque no se podía
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tener por incorporado todo el video, sólo lo exhibido, que no estaba identificado.
Aun así, si se revisaba completo y según el perito Larenas, era posible darse
cuenta que no había una imagen del tercer autor, sólo como lo dijeron los testigos
Evelyn Meza y Giovanni Incorvaia, la persona andaba con una especie de gorro,
tipo Chavo del Ocho, que le cubría la parte lateral del rostro. Con fotografías, se
pudo constatar que se cubría incluso parte de la nariz porque andaba con una
especie de bufanda. Desde ese punto de vista, la jefa de la PDI, Rosita Torres
Soto, dijo que de acuerdo a su análisis criminalístico, de la evidencia reunida, y
especialmente de las imágenes, no se podía determinar el rostro de un tercero
que en ese momento no estaba identificado. De acuerdo a la evidencia rendida, no
había un reconocimiento válido, y el nombre de Luis Martínez Díaz, según lo
declarado por Rosita Torres, sólo apareció después del 20 de julio cuando ellos
tuvieron noticia que en Santiago se cometió un robo de similares características,
siendo detenido Luis Martínez, y ahí se incorporó su fotografía. Según ellos
colocaron fotografías de similares características, y sólo en ese momento existió
el reconocimiento fotográfico de 4 personas respecto de Luis Martínez Díaz, como
una persona de ojos achinados, escuchando a la testigo Evelyn Meza Parra, quien
señaló reconocer a Martínez Díaz, dos meses después, en julio y que ella además
lo pudo ver en la bóveda. Se pudieron ver las fotografías 21, 22 y 23 pudiendo
determinar que se veía a Evelyn Meza sentada y mirando de la parte posterior a la
persona que estaba con gorro y con el rostro completamente cubierto. Por ello
cuestionaba los reconocimientos, que se hicieron en el Tribunal porque no se
condecían con lo declarado al principio de sus declaraciones, no habiendo
evidencia suficiente, para condenar a Luis Martínez Díaz como autor del delito de
robo con violencia. Agregó que había duda razonable porque el video no arrojaba
una imagen válida de él, porque no había otra evidencia científica, porque fue
vinculado cuando se conoció la noticia de otro robo en Santiago, lo que fue visto
por testigos.
Si perjuicio de lo anterior, sobre la pluralidad de malhechores, negó que
dicha agravante pudiese operar, pues la única forma de cometer un delito de robo
con violencia en un Banco, donde habían 28 personas, donde por la forma y
características del mismo, evitar que las personas apretaran los botones de
pánico, y que se avisara del delito que se estaba cometiendo, tenía que ser
realizado necesariamente por dos, tres, cuatro o cinco autores. No era posible
aplicar la agravante en este caso, pues era un hecho inherente a un robo con
violencia no pudiendo vulnerarse el principio de non bis in idem.
En consecuencia, pedía la absolución por el delito de robo con violencia, no
habiéndose probado el delito de secuestro, haciendo presente que se habían
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incorporado 3 certificados médicos de lesiones, que hablaban de lesiones leves,


de la angustia que no desconocía, pero no era una violencia que hubiera ido más
allá de lo que la ley entendía por “violencia”, de acuerdo al 433, 436 y 439 del
Código Penal, resultando un exceso, no pudiendo penalizarse por otro delito
porque el hecho haya sido muy grave, por la connotación pública y por los efectos
que tenía, “las cosas son lo que son y no lo que uno quiere que sean”.

DECIMOCUARTO: Que en su alegato de clausura, el abogado Carrasco expresó


que se había comparado el presente caso con otros asaltos a Bancos, que se
producían en horas de atención de público, con víctimas que eran clientes, pero
que en éste no ocurrió. Las tres personas que habrían ingresado, lo hicieron antes
que el Banco iniciara sus operaciones, alrededor de las 8:17 horas, no teniendo
contacto con el público sino sólo con funcionarios del Banco, reduciendo el
margen del injusto solamente a los que estaban dentro de él, sin extenderlo a
clientes y personas ajenas, esto es, controlando el daño. Era importante porque
toda la dinámica se desarrolló en no más de 31 minutos, en que tres sujetos
ingresaron al Banco, se distribuyeron funciones, recibieron a los funcionarios,
hasta obtener las personas aptas para abrir la bóveda, y luego de algunas
maniobras para asegurar la impunidad, se retiraron del Banco. Como lo hizo el
abogado Casanova, no formularía apreciaciones sobre la angustia válida de las
víctimas, pero debía tenerse presente que relataron una inusitada violencia,
traumas muy plausibles, shocks o situaciones de estrés post traumático, pero
estimaba que esos relatos no eran suficientes, pues todo relato debía estar
acompañado por una prueba objetiva. En este caso, lo objetivo eran tres informes
de lesiones dos de los cuales correspondían a situaciones pre existentes, un
embarazo e hipertensión. Tampoco se adjuntó prueba científica de trauma,
necesitándose algo más que el relato de las víctimas para acreditar una inusitada
violencia. Un video que fue mostrado de forma selectiva, por los intereses del
Ministerio Público, pero que se podía apreciar cierta orgánica, se conducía a las
personas, que en algún momento estuvieron recostadas, en el hall central del
Banco, que cerca de las 8:45 aun había personas en el hall y luego todas se
habían quedado en una especie de confinamiento transitorio, en la pre bóveda.
Entonces, este era un robo con violencia que se encuadraba dentro de la figura
del art. 433, 439 y 436. Habían reconocimientos vertidos en el juicio sobre su
representado que se había dicho era el líder, el más violento, que la llevaba, que
estaba rapado, que usaba una barba candado, lentes, que le vieron los ojos, de
tez blanca, dándose una descripción que si el Tribunal lo apreciaba directamente,
era altamente sugestionada por el estrés señalado por las víctimas. Los
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reconocimientos se produjeron en la audiencia, en situación de tensión, muchos


de ellos se “quebraron”, y aun así la reconocieron, pero a su parecer se acercaba
más a una persona de piel “aceitunada”, morena, más que de piel blanca, que
usaba barba y si bien tenía entradas prominentes, su calvicie no se asemejaba a
la vista en el video, y no obstante eso, lo reconocieron. El hecho de la notoriedad
de la masividad de los medios de comunicación, pudieron haber influido en el
reconocimiento, quizás de manera no consciente, porque quien ha sido víctima de
un hecho de estas características, busca un culpable, alguien a quien atribuir
dicha conducta, y al parecer José Abello pareciera ser la persona más indicada
para atribuir estos injustos y esa inusitada maldad y violencia, que no se
acreditaron de manera objetiva. Uno debía preguntarse si además del robo con
violencia, existió un secuestro, y para saberlo se debía analizar elementos
objetivos, el lugar de confinamiento, el tiempo, las circunstancias ex ante y ex
post, y el objetivo del confinamiento. Un policía lo dijo claramente, y otro lo repitió,
las personas quedaron encerradas en la pre bóveda porque los agentes querían
asegurar su impunidad en el hecho, frase que usaba el art. 433, en su parte final.
Si el Código Penal había establecido una circunstancia para agravar el injusto,
esto es, el art. 433 n° 2, en dos hipótesis –bajo rescate o en un tiempo de más de
un día- era porque el legislador había querido establecer un mayor grado de
injusto, cuando además de robo con violencia se incurra en dichas circunstancias,
que no alcanzaba a ser secuestro, porque para esto había una especial en el n° 2.
Acá se definió que el tiempo de encierro había comenzado a las 8:45, hasta que
llegó la persona con la llave, pudiendo haber pasado 30 minutos a una hora, pero
la policía estuvo cerca de 15 a 17 minutos, y por razones que no entendía, no se
produjo la liberación. Si se revisaba el plano, del informe 177, se podía apreciar
que la pre bóveda estaba en una de las esquinas de la casa, colindante con la
tesorería, y había un pasillo que la unía al hall y luego el acceso. Le parecía que
hubiese sido más lógico que, junto con cerrar la reja, los agentes hubieran también
cerrado la puerta de la tesorería para hacer el confinamiento aún más duro,
recordando que la que puerta se abría sólo por dentro según lo dicho por el perito
Leiva, pero no fue probado que fuese así. De hecho, la policía no necesitó
descerrajar esa puerta para ingresar y había un flujo continuo de aire de esa
habitación hacia la pre bóveda, por la reja, según el perito, por lo que había
ventilación indirecta. El grado de eficiencia del oxígeno era de 19.8, según un
perito, en circunstancias que lo normal era 20.9, es decir, muy por debajo de lo
normal y por el tiempo en que estuvieron retenidos, no producía daño ni se dejaba
cercenada la posibilidad de respirar, de tener visión al exterior, tanto así que se
podían comunicar con el exterior, hablaron con Cecilia Osorio, que estaba en el
71

hall. Si la puerta de acceso hubiera estado cerrada, y el confinamiento hubiera


sido definitivo y permanente, esa comunicación no hubiera sido posible. El tiempo
de 15 minutos, antes que llegara la policía, respecto de los 30 o 40 minutos
posteriores a su no liberación, no podía emitir pronunciamiento, en donde al
parecer hubo deliberación entre las policías algo de lo cual nunca tuvieron
conocimiento. Agregó que los agentes, sabiéndolo o no, retuvieron a las 28
personas dentro de un lugar con posibilidades de pedir ayuda, no sabiendo cómo
lograron pedir ayuda y la forma en que se salió de esa situación no fue algo
impuesta o asegurada por los agentes. A su juicio, el delito se consumó una vez
que salieron del Banco, llevándose el dinero, no antes. La gestión de asegurar la
impunidad confinando transitoriamente a los funcionarios del Banco, era con la
finalidad anotada, incluso con posibilidad de desatarse las amarras, que algunos
pudieron romper y liberarse, quizás apretar el botón de pánico o hacer llamadas, lo
que no se sabía, insistiendo en que el alargue de dicha privación no fue
representada por los agentes.
Finalmente, indicó que había una duda razonable de la participación de su
representado, reiterando que el secuestro debía encuadrarse en el delito de robo
con violencia, pidiendo la absolución de Abello González por el secuestro y
respecto del robo, en su oportunidad pediría las penas que correspondieren
atendidas las circunstancias que se pudieron acreditar y de acuerdo a los rangos
de dicha figura, pidiendo su absolución por no haberse acreditado su participación
de manera irrefragable.

DECIMOQUINTO: Que en su alegato de clausura, el abogado Seperiza indicó


que no cuestionaría la participación de su representado en el delito de robo con
violencia, de acuerdo a lo reconocido por su representado.
Adhirió a la postura de las demás defensas, en cuanto a que el secuestro
con rehenes, aludido por la comisario Torres, le resultaba curioso porque ningún
funcionario policial debió dialogar con los secuestradores y las personas aparecían
retenidas por carabineros, por el tiempo de larga espera, y no por secuestradores
haciendo exigencias y en esos eventos se ha discutido, de aplicar o no el
“secuestro”, pero no en este caso. Según Cristian Soto, la finalidad de llevar a las
personas a la pre bóveda fue evitar que avisaran a las policías mientras estaban
dentro del Banco, lo que era concordante con lo declarado por Claudio Antonio
Morales Galaz, quien dijo haberse arrepentido de no haber hecho más, y que si
hubiesen quedado en el hall, se podían haber desamarrado, haber levantado,
tenían acceso a teléfonos en el hall, por lo que resultaba más lógico llevar a las
personas a un lugar que fuera más dificultoso avisar a la policía, lo que era parte
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de la mecánica del robo con violencia, no habiendo excesos, sino por el contrario
se buscó el causar el menor daño posible, de hecho no hubo sustracción de
especies de los funcionarios. Sólo se les retiraron los celulares, que después
fueron dejados en una bolsa. Ninguna persona señaló haber perdido una especie.
Se hubiera preferido que ingresaran a las 12 del día, con público, siendo eso los
asaltos de 5 minutos, con público, con disparos y sustracción de especies a los
clientes. Era cosa de ver el video, su representado fue el que recibía a las
personas, el trato de su representado dentro del contexto de un robo con violencia,
se trata de causar el menor daño posible, y si se llevó a las personas a la pre
bóveda, fue con la finalidad de que hubiere una tardanza en el aviso a los policías,
para que pudieran huir con más facilidad. Mencionó fallos de la I. Corte de
Valparaíso, rol 648/2007 que acogió un recurso de nulidad en una condena por
robo con intimidación y secuestro, pues consideró que se trataba de un solo delito
(motivo 7°), y el rol 1439/2004 y en ambos casos se trataba de retenciones por
algunas horas, estando presentes el supuesto secuestrador. Este caso sería
insólito en que la PDI va a un operativo de toma de rehenes, preguntándose quién
era el encargado de la negociación, y dónde estaban los secuestradores. No se
podía agravar conductas que ya eran gravosas por la penas establecidas por el
legislador, colocando más tipos penales que los que correspondían, por lo que su
representado debía ser absuelto.
En cuanto a la pluralidad de malhechores, la única forma para cometer este
delito era con más de una persona, donde hubo una clara distribución de
funciones, lo que quedaba claro en las imágenes del Banco y ello no se podría
haber efectuado con una sola persona, por lo que no podía agravarse porque la
única forma de cometerlo era con una actuación plural, por lo que pedía su
rechazo.

DECIMOSEXTO: Que al replicar a lo sostenido por las defensas de Martínez y


Abello, la Fiscal afirmó que habían dado vuelta la situación por hacer responsables
de la privación de libertad de las personas a la policía y al Banco con su
negligencia. A su juicio, la pregunta correcta era ¿quiénes crearon la situación de
peligro?, ¿pudieron prever que, en cualquier evento, un hecho de esta naturaleza
iba a ocurrir e iban a encerrar a todas esas personas en ese lugar, y que por si
acaso, había que tener una llave de repuesto en ese lugar?. En ese sentido, no le
parecía ni razonable ni prudente que los responsables hubiesen sido los agentes
policiales que concurrieron, a la brevedad posible, a socorrer a las víctimas y
prestarles apoyo. Marcela Díaz quien logró abrir después de una hora, la pre
bóveda señaló que se fue lo más rápidamente posible, sin saber que las personas
73

estaban en esas condiciones, y pese a eso concurrió lo más rápido posible para
prestar colaboración. El delito de secuestro es permanente que se consuma en el
momento en que se priva de libertad a una persona. Los bienes jurídicos eran
individuales, de 28 personas que fueron privadas de libertad, en encierro,
acreditado con relatos y pericias sobre el lugar donde ocurrió el hecho. Lo único
que les quedaba a las defensas, era hacer una interpretación errónea del art. 433
del Código Penal, el que tenía un encabezado distinto al art. 436, que amplía los
momentos de ejecución del delito (para facilitar su ejecución, en el acto de
cometerlo, o después de cometido para favorecer su impunidad). Ampliaba el
espectro cuando los resultados se veían agravados y se cometían otros delitos,
dentro de esas hipótesis, situación diferente al robo con intimidación del art. 436,
donde la intimidación se producía durante la ejecución del delito con el solo objeto
de obtener la apropiación. En este caso, se ejerció la intimidación, para los efectos
de apropiarse del dinero de la bóveda, y hasta ese momento, robo con violencia e
intimidación, pero el art. 436, al no entender los hechos anteriores o los
posteriores, debían necesariamente sancionarse de modo independiente. En este
caso, la intimidación se realizó para obtener la apropiación, y posteriormente en
forma planificada, habiéndolo decidido los autores, realizar un hecho adicional,
distinto, de secuestro. El art. 141 no establecía un mínimo de tiempo, sino que a
partir de 15 días, en el inciso cuarto, de secuestro agravado. El art. 436 si se hacía
una interpretación armónica, tenía aparejada una pena de 5 años y un día a 20
años, mientras que el delito de secuestro partía en 3 años y un día a 5 años, por lo
que el art. 433 señalaba que si había una retención por rescate, o una retención
por más de 24 horas, se estaría frente a una figura agravada tanto del delito de
robo con intimidación y secuestro, asegurando un mínimo de pena entre 10 años y
un día a 20. En este caso, el mínimo de la pena, tomando en consideración el
secuestro, y el robo con intimidación, se estaría en una pena de 8 años, tomando
el mínimo, y esa sería la interpretación correcta. ¿Sería prudente sancionar de la
misma forma un robo con intimidación en que se intimida con un arma, que dura
segundos, y en este caso, en que luego de haber obtenido la apropiación, se
decide por parte de todos los autores, encerrar a 28 personas, por una hora, en un
lugar?. Ahora la defensa de Abello afirmó que había un botón de pánico, pero para
ello, el imputado debió haber declarado y decir que sabía que adentro había un
botón de pánico, y por tanto, sabía que las personas se podían liberar, lo que no
ocurrió porque con o sin botón de pánico, las personas igual estuvieron privadas
de libertad por una hora, por un hecho que en definitiva fue previsto por los
acusados. Fue necesario llevar una llave desde otro lugar, pudiendo ellos haberla
dejado.
74

En cuanto a la pluralidad de malhechores, ello era evidente, y por eso no se


había referido en su alegato, pues la situación de ser tres los sujetos, el legislador
lo ha establecido para agravar la pena, pues con ellos se aumentaba la
vulnerabilidad de las víctimas y el éxito de comisión de un delito, lo que ocurrió en
este caso.
Sobre lo sostenido por el abogado Casanova, refirió que no había
escuchado bien el relato de Evelyn Meza, quien señaló que posteriormente a que
Luis Martínez Díaz, diera vuelta la cámara, en ese momento, él se descubrió el
rostro, lo que no se vio en el video, y ahí lo vio, incluso cuando la ayudó a aflojar
un poco las amarras de sus manos.
En cuanto a la defensa de Abello, refutó que el Ministerio Público hubiese
hecho una exhibición selectiva del video, acotando que dicho interviniente hizo
suya toda la prueba del Ministerio Público, preguntándose entonces por qué no
mostraron lo que para ellos era conveniente. No se exhibieron las 8 horas de
video, sino que seleccionó lo más atingente, y donde se veían más los rostros de
los imputados, que decían relación con el reconocimiento e ilustrar al Tribunal
sobre la participación.
Respecto de la manipulación de la Fiscalía, de la policía, de los medios al
ser un hecho de connotación, hizo presente que esta causa se inició el 4 de mayo
de 2012, se tomaron declaraciones el mismo día, donde las víctimas relataron las
características físicas de las personas que ellos reconocieron, justificando el por
qué no reconocían a todos, negando que existiera manipulación de las
declaraciones, agregando que se tenía la descripción, mucho antes que Luis
Martínez Díaz fuera detenido en Santiago. Recordó que en mayo pasado, se
contaba con dos órdenes de detención, pero no fueron habidos los dos primeros
sujetos –Abello y Cortés Isla-, incluso la comisaria Torres señaló lo ocurrido al
intentar detener a Cortés Isla, con un tiroteo a funcionarios de la PDI, que dio
origen a una causa en Santiago.
En cuanto al exceso, que no lo habría, según el abogado Seperiza,
entendía que sí lo hubo según lo probado con las declaraciones de las víctimas.
Finalmente, insistió en su pretensión punitiva.

DECIMOSEPTIMO: Que en su réplica, el abogado querellante parafraseó a su


colega Casanova, “las cosas son lo que son y no lo que uno quiere que sean”,
haciéndolas suyas. Cuando la defensa de Martínez Díaz señaló que carabineros
no realizó nada para abrir la puerta de la pre bóveda, parecía que estaba
describiendo la casa de un hijo de vecino, pero parecía obviar que el recinto era
una entidad bancaria, que por normas legales tenía un estándar de materiales, en
75

que las puertas no eran como las de cualquier casa, no habiendo una actividad
negligente de los funcionarios policiales. Resultaba lógico si a las 9:25 llegó
Marcela Díaz después de que carabineros buscara la llave, la que testigos
indicaron les habían dejado, y lo más lógico era realizar esa labor. Luego llegó la
funcionaria del Banco para dar razón de por qué no podía llegar la llave de forma
inmediata, porque eran llaves de puertas de seguridad de valores, que estaban
custodiadas y el Banco las entregó a las 9:30 porque se abrió la bóveda donde
estaban custodiadas las llaves de reemplazo. Por lo tanto, era imposible abrir la
bóveda para retirar la llave, porque los Bancos no funcionan con la lógica de ser
asaltados, no era lo normal, lo habitual, y aunque se tomen resguardos en casos
de imprevistos, no se podía hablar de negligencia.
En cuanto a la inocencia alegada por el abogado Casanova porque no se
había podido reconocer claramente la participación de su representado, expresó
que se había podido apreciare en el video de seguridad, donde el tercer sujeto,
con gorro siberiano, se le cayó el elemento que le tapaba el rostro, y luego se lo
trataba de colocar. En esos momentos la lógica llevaba a concluir que ello pudo
ocurrir más de una vez y podía ser que en las imágenes de video no figurare el
rostro de Martínez Díaz, pero las personas que estuvieron en ese lugar, sí lo que
vieron. Existían 7 personas: Evelyn Meza, Francisco Gómez, Claudia Urrea, Luis
Páez, Yessenia Barat, Giovanna Incorvaia, Andrea Ponce que reconocieron haber
visto el 4 de mayo de 2012 a Martínez Díaz en el lugar de ocurrencia de los
ilícitos. Evelyn Meza dijo que estando en la pre bóveda, vio el rostro de Martínez
Díaz cuando se acercó y le movió los elementos de amarre. No era la imagen
fotográfica aludida por la Defensa, y ella sólo revelaba la veracidad del relato de la
víctima. Además en el video, se apreciaba que el tercer sujeto movió la cámara de
seguridad por lo que no había registro gráfico de los actos ocurridos
posteriormente. Había otra testigo, Carmen Susana Espinoza, que estando en la
pre bóveda, también señaló que el tercer sujeto, con gorro siberiano, se acercó a
Evelyn Meza, entonces los relatos concordantes; “las cosas son lo que son y no lo
que uno quiere que sean”.
En cuanto a la alegación no pluralidad de malhechores, era absurda, sin
fundamentos, existiendo diversos casos de asaltos bancarios denominados por la
prensa del “jinete solitario”, una persona que ingresó y en una seguidilla de
asaltos, robó 4 o 5 bancos. Por consiguiente, no era cierto que para cometer un
robo bancario se requiera la intervención de muchas personas, no pudiendo
cuestionarse la agravante.
Sobre lo alegado por la defensa de Abello, no era sustentable poder
establecer que los medios de prensa llevaron a 15 personas a reconocer a tres
76

imputados, porque existían declaraciones del 4 de mayo. Giovanna Incorvaia


señaló que Martínez Díaz tenía una marca en su labio, en la zona del bigote, y al
ver los rostros de los imputados, esa marca existía, no existiendo dudas de los
relatos de los testigos. No había duda alguna de la participación de los imputados,
llamándole la atención que dos defensores pidieran la absolución. Los mismos
testigos, funcionarios del Banco, al ser consultados por las defensas, señalaron
que ellos los reconocían por haber estado en el lugar, no porque los vieron por la
prensa. En cuanto a la falta de veracidad sobre la falta de ventilación en la pre
bóveda, se vieron los planos habían varias puertas. Se trataba de un recinto
cerrado y las puertas se hallaban cerradas en ese momento. El sofocamiento
descrito por los 15 testigos no era mentira ni exageración.
Sobre lo alegado por la defensa de Cortés Isla, hizo suyas las palabras del
Ministerio Público, sólo precisando que confundía el secuestro con la situación de
rehenes, porque en este caso no se solicitó rescate, por lo que ante estas
diferencias, las alegaciones al respecto no eran efectivas.

DECIMOCTAVO: Que en su réplica, el abogado Casanova sostuvo que este caso


era típicamente el delito en donde un grupo de personas intenta robar un Banco,
no era el asaltante solitario, sino que planificado o no, llegaron antes que abriera el
Banco, debiendo reducir a un conjunto de personas, pero la agravante del 456 bis
n° 3 del Código Penal aumentaba la pena porque no era lo mismo que en la calle
a un sujeto, lo intimiden 4, en donde las posibilidades de vulnerabilidad eran
mucho más fuertes. En este caso, no se le robó nada a ninguno, porque no eran el
objetivo, sino sólo el dinero del Banco. No discutía que trataron de asegurar la
impunidad, ni que ocasionaron daño, dolor, afligimiento, pero pretender aumentar
la pena, vía agravante, significaba violentar el non bis in ídem, porque este delito
sólo se podía cometer con pluralidad para reducir a 25 o 27 personas, donde al
menos se necesitaban a tres o cuatro, de acuerdo a la dinámica vista en los
videos, por lo que dicha agravante no podía ser considerada.
Los reconocimientos positivos recién ocurrieron el 23 y 24 de julio, dos
meses después de ocurrido el delito. Uno de los testigos dijo haber visto las
fotografías por la prensa y luego se desdijo, y desde ese punto de vista,
consideraba que había duda razonable. La testigo Rosita Torres señaló que hasta
ese día no tenían ninguna identificación del tercero ni siquiera con los retratos ni
incluso con los reconocimientos fotográficos. Hasta el 23 o 24 de julio, no había
nombre ni reconocimiento del tercer sujeto, sólo cuando se cometió el delito
bullado en Santiago.
77

En lo referente a los actos de la policía, afirmó que no se podía pedir a un


corriente testigo que iba por la calle que participara o que defendiera, pero cuando
se hablaba de la policía, cada persona asumía sus responsabilidades. En este
caso, el hecho que se condene por el delito de robo con violencia no quitaba ni
ponía que uno esperare más de la policía. Ella llegó a las 8:58, y según la testigo
Rosita Torres Soto, ella recién pudo ingresar a las 10. Añadió que no pedía que
pusieran una bomba, o que llegara un galletero, pero por lo menos alguna
maniobra destinada a abrir esa puerta. Obviamente que se trataba de una puerta
de fierro, con una chapa especial, que habían normas de seguridad, pero no lo
dejaba indiferente el cómo la policía le trató de cuidar los bienes al Banco; la
puerta no tenía ni una mella. Entonces, atribuirles a los agentes que cometieron el
delito, se debían hacer responsables del dolor, del afligimiento, pero a las 9 de la
mañana ya había llegado la policía y les correspondía a ellos tratar de liberar a
esas personas y no esperar 40 minutos o una hora después a que el Banco se le
ocurriera mandar o que llegara la persona con la llave, para abrir sin ningún daño
la puerta, insistiendo en el actuar negligente de la policía.

DECIMONOVENO: Que por su parte, el abogado Carrasco replicó que en cuanto


a la pluralidad de malhechores, los 29 funcionarios del Banco fueron víctimas
incidentales, porque la verdadera víctima era el Banco, que sufrió una pérdida
patrimonial. Para efectuar un acto expoliatorio a una entidad bancaria, de estas
características, se requería cierta organización, control de daños y planificación. El
hecho de entrar antes de la hora de atención de público, que sean tres personas, y
que selectivamente ésta vayan haciendo pasar a la gente, era lo que incorporaba
al tipo penal que tres personas fuera la forma necesaria de cometer este ilícito y
en ese sentido, la capacidad de defensa privada no fue afectada porque los
funcionarios del banco, se preparan para ser asaltados, lo que especulaba era así,
y estas conductas no eran tan eventuales, al igual como se preparaba (a los
pasajeros) en los vuelos aéreos. Casi 30 personas contra 3 era una diferencia
numérica que la única forma de ser controlada y regulada era a través de estas
tres personas.
En cuanto al control de los agentes, del tiempo del encierro, sostuvo que si
la policía llegó a las 9 de la mañana, ella tomó el control y tenía todos los medios
para provocar la liberación. Agregó que la querellante esgrimió un argumento falaz
porque se habló de una lógica de la normalidad, refiriendo que el Banco sería un
lugar muy blindado, una especie de ícono de la seguridad e inviolabilidad, pero los
peritos no hablaron de “acero reforzado”, de polímeros o de alguna característica
especial en la seguridad del Banco. Más parecía una casa habitación
78

reacondicionada como Banco, no era un lugar diseñado para ser Banco, por lo
tanto hubiese sido requerida una pericia en cuanto a las seguridades, sobre las
protecciones y si había blindaje especial, por lo que (no se podía) argumentar que
las puertas se hallaban cerradas, lo que no se acreditó para dar la gravedad y
énfasis al confinamiento aludido por los acusadores. La única foto que se exhibió y
el testimonio de las víctimas señalaron que la reja se encontraba cerrada, pero
nada se dijo sobre la puerta de la tesorería. Si hubiera estado cerrada, carabineros
no habría podido acceder. Al parecer el único inconveniente que tuvieron fue
esperar la llave, y todas las demás puertas estaban abiertas, empezando desde el
acceso de la calle a la casa, luego había un pasillo, otra puerta, la cocina, y la
puerta de tesorería, por lo que había un argumento falaz, pues ha puesto un
hecho no acreditado.
En cuanto a los reconocimientos, si había un hecho que causaba
conmoción pública fue el actuar de la banda denominada Los Fantasmas cuyas
formas de accionar fueron latamente cubiertas por los medios de comunicación,
preguntándose si las personas que se escucharon no formaban parte de la
sociedad y podían ser influenciadas por los noticieros. La defensa no podía
abstraerse de esa situación y señalar que José Abello había nacido de un huevo, y
de una burbuja y desde allí ha llegado a asaltar bancos. El también respondía a
una realidad social y ésta ha estado construida desde lo que han hecho los
medios de comunicación, y ese era el fondo de su argumentación que tenía su
lógica, que debía ser entendida dentro de las finalidades de la defensa.

VIGESIMO: Que al replicar, el abogado Seperiza señaló que los excesos


mencionados en el párrafo 3° de la acusación, sobre las lesiones que habían
sufrido las víctimas, la única prueba que se rindió eran informes médicos que no
estaban suscritos por doctores, sólo se llenaban casilleros, sin señalar fechas
concretas de las lesiones, no se trajeron datos de atención de urgencia, ni
compareció algún doctor. Tampoco entendió el objeto de la prueba pericial de
confinamiento, la que no se aclaró con algún doctor o perito que explicara si la
disminución de aire implicaba o no algo. Le parecía que no implicó mucho dado
que la Fiscal y las policías pudieron estar al mismo tiempo en el mismo encierro y
nadie reportó que hubieran tenido que ir a algún hospital. Reiteró que su
patrocinado debía ser sancionado por lo que realmente cometió.

VIGESIMO PRIMERO: Que este Tribunal de Juicio Oral en lo Penal, ponderando


con libertad los elementos de prueba incorporados al juicio, según lo prescribe el
artículo 297 del Código Procesal Penal, pero sin contradecir los principios de la
79

lógica, las máximas de la experiencia y los conocimientos científicamente


afianzados, arribó a una decisión condenatoria, al tener por acreditado más allá de
toda duda razonable, los siguientes hechos:
El día 4 de mayo del año 2012, siendo aproximadamente las 08:15
horas, JOSÉ MAURICIO ABELLO GONZÁLEZ, LUIS ALBERTO MARTÍNEZ
DÍAZ y EDUARDO RICARDO CORTÉS ISLA ingresaron al Banco Banefe
Santander, ubicado en calle Etchevers N° 96 de Viña del Mar, premunidos de
armas al parecer de fuego. En primera instancia, redujeron a Francisco
Gómez Cantillano, quien desempeñaba funciones como guardia de
seguridad, apuntándolo con un arma, exigiéndole la entrega de la clave de la
bóveda de seguridad. Del mismo modo y en la medida que llegaban, los
acusados intimidaron con las referidas armas a los empleados del Banco, a
quienes además quitaron sus teléfonos celulares. Una vez amarrados, los
mantuvieron en el suelo en el sector del hall de la sucursal, para dirigirse a
la pre-bóveda, junto a Carmen Susana Espinoza Poblete, María Eliana
Corvalán Guajardo y Evelyn Meza Parra quienes abrieron la bóveda,
sustrayendo los acusados el dinero en efectivo ascendente a la suma de
$89.553.151 y US$ 9.028, equivalentes a cuatro millones trescientos
cincuenta y dos mil quinientos setenta y nueve pesos (valor cambio al día de
los hechos) todo de propiedad del Banco.
Una vez obtenido el dinero, los acusados encerraron en la pre bóveda
a 28 empleados del Banco, entre ellos a Alex Mauricio Zúñiga Henríquez,
Enrique Pedro Arenas Mella, Oscar Juliano Velarde Quiroz, Claudia Ximena
Urrea Gandolfo, Luis Alberto Carrasco Escobar, Claudio Antonio Morales
Galaz, Jessenia del Pilar Barat Pardo, Andrea Judith Ponce Hidalgo, Carmen
Susana Espinoza Poblete, David Alexander Illatarcos Cáceres, Claudia
Loreto Jarufe Bijit, Giovanna Paola Incorvaia Catrín, Luis Alejandro Páez
Arancibia, Evelyn Meza Parra y Francisco Gómez Cantillano. Por su parte,
Cecilia Osorio Olivares, quien se encontraba embarazada, permaneció en el
hall central del Banco, maniatada y amarrada a una silla, hasta el momento
del rescate, huyendo los acusados del lugar con el dinero en su poder.
A raíz de lo anterior, las siguientes víctimas resultaron con lesiones:
Oscar Velarde Quiroz con contusión craneana, contusión muñeca, crisis
hipertensiva y trastorno de stress agudo de carácter leve, con tiempo de
incapacidad laboral no superior a 7 días; Cecilia Osorio Olivares con
policontusiones y trastorno de estrés agudo de carácter leve, con tiempo de
incapacidad laboral no superior a 7 días y Luis Carrasco Escobar con
80

policontusiones, crisis hipertensiva e hipertensión arterial de carácter


menos graves, con tiempo de incapacidad laboral no superior a 30 días.

VIGESIMO SEGUNDO: Que el Ministerio Público atribuyó a los acusados, en


primer término, un delito de robo cometido con las modalidades de “intimidación” y
“violencia”, descrito en el art. 436 del Código Punitivo. De acuerdo a la prueba
rendida en el juicio oral, correspondía dilucidar si en el caso, se habían
acreditados todos los presupuestos fácticos implícitos en la figura en comento.
Al respecto, se pudo establecer lo siguiente:
a) Que las especies sustraídas, en este caso dinero en efectivo, eran
“ajenas” respecto de los acusados, y estaban en posesión de una sociedad
anónima, denominada “Banco”, que entre sus funciones está la de captar o recibir
en forma habitual dinero o fondos del público (arts. 39 y 40 de la Ley General de
Bancos), y en dicho contexto, dichas especies eran resguardadas en un lugar
habilitado para ello o bóveda, cuyo acceso estaba restringido a cierto personal
autorizado al efecto, lo que fue conculcado por los agentes. Con los dichos de
Claudia Jarufe Bijit, Evelyn Meza Parra, Claudio Morales Galaz, Carmen Susana
Espinoza Poblete, Francisco Gómez Cantillano, Enrique Arenas Mella, Claudia
Urrea Gandolfo, Luis Páez Arancibia, Oscar Velarde Quiroz, Luis Carrasco
Escobar, Jessenia Barat Pardo, Giovanna Incorvaia Catrín, Andrea Ponce Hidalgo,
Alex Zúñiga Henríquez y David Alexander Illatarcos Cáceres quedó claramente
establecido que la sustracción estuvo dirigida exclusivamente al apoderamiento de
dinero en efectivo, resguardado en la sucursal de Banefe, empresa de la que eran
empleados. En dicha calidad, estuvieron en situación de narrar al Tribunal, las
circunstancias en que tras llegar en la mañana del 4 de mayo de 2012, a su lugar
de trabajo habitual, se vieron afectados por las acciones de tres individuos que
buscaban la expoliación de dinero guardado en la bóveda de la entidad referida.
Mediante el peritaje efectuado por Marcelo Sepúlveda Larenas, de la PDI, fue
posible apreciar algunas imágenes captadas por las cámaras de seguridad,
dispuestas en las dependencias de la referida sucursal cuya explicación efectuada
por el analista, se pudo parte de la dinámica desarrollada en el sitio del suceso
como el ingreso de los tres individuos a la sede bancaria, sus distintos
desplazamientos por las dependencias, y las acciones ejecutadas contra los
empleados, hasta su salida con el dinero sustraído. De igual forma, de la filmación
de las cámaras, se pudieron extraer 30 fotografías donde se observaban a los
mismos tres sujetos que portaban elementos, que impresionaron a Sepúlveda
como armas de fuego, y en las imágenes n° 22 a 25 se apreciaba el momento en
que las funcionarias sabedoras de la claves (Carmen Susana Espinoza, Evelyn
81

Meza y María Eliana Corvalan), se encontraban en la zona de la bóveda, acción


que no fue filmada en su totalidad porque uno de los individuos giró la cámara de
posición (n° 26).
En la fotografía n° 61, tomada el mismo día de los hechos por el perito
Carlos Anilio, la caja fuerte se apreciaba abierta y en su interior, bolsas con
monedas que los agentes decidieron no llevar. En cuanto al monto de lo sustraído,
se contó con prueba documental, consistente en un certificado emitido por
Verónica Bustos Sotomayor, Jefa de Operaciones del Banco Banefe Santander de
Viña del Mar, con fecha 23 de julio del 2012, donde se consignaba que el dinero
robado ascendía a $89.553.151 y US$9.028 dólares americanos, luego de
haberse practicado el arqueo respectivo.
b) Que en cuanto al ánimo de lucro, éste se desprende de la naturaleza
misma de las especies sustraídas, dinero de curso legal, en efectivo, que
reportarían a los hechores, un provecho de carácter material, al ser el medio de
intercambio que es generalmente usado por una sociedad para el pago de bienes,
servicios, y de cualquier tipo de obligaciones. Al respecto, los acusadores
aportaron como antecedente documentos consistentes en una copia de un
contrato de compraventa y compromiso de venta realizado entre la Automotora
“Laguna Autos” y el acusado Eduardo Ricardo Cortés Isla, el mismo día de
cometido el robo sublite, 4 de mayo de 2012, respecto del automóvil, placa
patente, DLPF-47 Kia 5, año 2012, color blanco, cuyo precio de $6.500.000 fue
pagado en su totalidad, presumiéndose que lo hizo con parte del dinero sustraído
a la entidad bancaria.
c) En cuanto al elemento “intimidación” y violencia”, éstos se encuentran
justificados con las declaraciones de Claudia Loreto Jarufe Bijit, Evelyn Meza
Parra, Claudio Morales Galaz, Carmen Susana Espinoza Poblete, Francisco
Gómez Cantillano, Enrique Arenas Mella, Claudia Urrea Gandolfo, Luis Páez
Arancibia, Oscar Velarde Quiroz, Luis Alberto Carrasco Escobar, Jessenia del Pilar
Barat Pardo, Giovanna Incorvaia Catrín, Andrea Ponce Hidalgo, David Illatarcos
Cáceres y Marcela Díaz Andrade quienes dieron cuenta circunstanciada de lo
acontecido la mañana del 4 de mayo pasado, tras sus respectivos ingresos a su
lugar de trabajo, ubicado en Etchevers n° 96 de esta ciudad, donde funcionaba
una sucursal del Banco Banefe, donde cumplían diversas labores. De modo
conteste, refirieron haber traspasado la puerta de acceso al personal, siendo
recibidos por desconocidos, que mediante amenazas verbales y la exhibición o
colocación de armas, al parecer de fuego (intimidación), fueron obligados a tirarse
al suelo, siendo luego amarrados en sus muñecas, con cintas plásticas, llevadas al
efecto por los hechores (fotografías 42, 43 y 51). Algunos como Evelyn Meza
82

Parra fue golpeada en la espalda con una pistola, para obligarla a ir a la bóveda y
también con unas huinchas en las piernas. Luego cuando ella reclamó, le puso la
pistola en la cara y le ordenó abrir la bóveda, ella le dijo que no podía porque no
tenía la clave. Según Francisco Gómez Cantillano, con Roberto Cornejo, de 60
años, “se ensañaron dándole golpes de puntapiés, el líder de la banda”.
Lo declarado por Claudio Antonio Morales Galaz resumió lo acontecido
aquella mañana: “Después de unos 20 a 25 minutos, los empezaron a levantar
para llevarlos a otro lugar, tironeándolos, se resbalaban, se levantaron, había
hombres que lloraban, como Mario, que estaba al lado suyo, Claudia Jarufe
estaba orinada, y en general las mujeres estaban llorando. Los hombres trataban
de calmarlas. A Marcelo Pasten y Mario Mira, el de lentes y barba le dijo que
cruzara las manos, y le dijo que si no sabía hacerlo y lo zamarreó. A una
compañera que estaba embarazada, Cecilia Osorio, la pusieron al lado suyo y él
les dijo que estaba embarazada y que no la pusieran de guata. La pararon y la
sentaron en una silla y la amarraron. Ellos les decían que si no se portaban bien,
los iban a desnudar y torturar. Los tomaron y llevaron a una bóveda de “2 x 2”,
eran 27 personas, todas en pánico, con miedo, viniendo a la memoria la familia,
sintiéndose vulnerados, muy amenazados, al borde de la muerte. El lugar donde
los encerraron era sin ventilación y en caso de incendio no podrían arrancar, él se
sintió secuestrado, vulnerado y hasta ahora le trae repercusión cuando está en un
lugar cerrado, no está tranquilo, se siente perseguido muchas veces, pero quiso
exponer cuando un hombre siente que es ultrajado”.
El mismo día de los hechos, el perito de la Policía de Investigaciones,
Carlos Anilio Peña, captó en las fotografías n° 67 a 90 el estado de enrojecimiento
en las manos, a raíz de las ataduras a que fueron sometidos, que evidenciaban
doce de los afectados, como Lilian Ayala, María Rojas, Paula Rebolledo, Roberto
Cornejo, Jessenia Barat, Enrique Arenas, Evelyn Meza (n° 99 y 100). Asimismo, se
incorporaron tres informes emitidos por la Mutual de Seguridad de esta ciudad,
donde fueron atendidos Cecilia Osorio Olivares, quien se encontraba embarazada,
resultando policontusa, con trastorno de estrés agudo, erosiones y eritema en
rodillas con equimosis; Luis Carrasco Escobar fue diagnosticado con
policontusiones, crisis hipertensiva e hipertensión arterial, y Oscar Velarde Quiroz
con contusión craneana, contusión en la muñeca, crisis hipertensiva y trastorno de
stress agudo.

VIGESIMO TERCERO: Que en consecuencia, se tuvieron por establecidos cada


uno de los elementos constitutivos del ilícito previsto y sancionado en el art. 436
inciso 1° del Código Penal, robo con intimidación y violencia, en grado de
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consumado, toda vez que los agentes mediante el uso de armas, al parecer de
fuego, junto a vías de hecho y amenazas verbales, lograron apropiarse de bienes
muebles ajenos –dinero en efectivo- con evidente ánimo de lucro, huyendo del
lugar, con las especies en su poder.

VIGESIMO CUARTO: Que en cuanto al delito de secuestro, descrito y sancionado


en el artículo 141, inciso 1°, del Código Penal, que los acusadores atribuyeron a los
acusados, como se resolviera en el veredicto, el Tribunal lo consideró subsumido en
la comisión del delito de robo con violencia e intimidación. De acuerdo a las
circunstancias descritas por los afectados, la privación de libertad a la cual fueron
sometidos los 28 funcionarios bancarios, en un recinto de escasas dimensiones
estuvo enmarcado en el propósito perseguido por los agentes, esto es, al
apoderamiento de dinero, sin perjuicio de las dañosas consecuencias en el estado
de salud física y mental sufridas por las víctimas, con dicha retención.
Siguiendo al profesor Guillermo Oliver Calderón, en su comentario al fallo del
Tribunal de Juicio Oral en lo Penal de Quillota, de 22 de agosto de 2007, RIT 35-2007
(Revista de Política Criminal nº 4, años 2007, D6, p.1-16) “para cometer un delito de robo
con violencia o intimidación en las personas podría ser necesario privar de libertad,
momentáneamente, a uno o más individuos”. El caso sometido a este juicio está comprendido
en aquellos donde la privación de libertad no resultó superior a un día (o de otro modo estaría
contemplado en el art. 433 n° 2 del Código Penal), y tuvo lugar con ocasión de la
sustracción de especies (para asegurar la impunidad), siendo desplazada por el robo con
violencia o intimidación en las personas simple (art. 436, inciso 1° del citado código), siendo
ésta la única figura aplicable. En el caso sublite, se estableció con las declaraciones contestes
de los afectados, que la privación de libertad sufrida, fue consumada una vez que los hechores
se apoderaron del dinero obtenido al abrirse la caja fuerte (fotos 59 a 61), tras lo cual fueron
encerrados en un espacio de pocas dimensiones (plano n° 1, fotos 46 y 47), con el propósito
de evitar que cualquiera pudiese alertar a terceros sobre el ilícito, para poder huir con el botín,
sin ser atrapados. De acuerdo a lo expresado por uno de los afectados, Claudio Morales Galaz,
si los asaltantes los hubiesen dejado en el hall, donde habían permanecido durante casi todo el
tiempo previo al apoderamiento, podrían haberse parado y tomado algún teléfono, no
sabiendo si de forma inmediata, “pero se podría haber hecho algo” como buscar instrumentos
para sacarse las amarras, abrir la puerta y gritar. El testigo concluyó que “tenían facilidad para
escapar al dejarlos encerrados en la bóveda”. Por su parte, el policía, Cristian Soto Cuevas,
fue del mismo parecer, al afirmar que los empleados del Banco habían sido inmovilizados
para no dar aviso, porque no había sistema de comunicación al interior de la bóveda, ni botón
de pánico o alarmas.
En consecuencia, si bien los empleados estuvieron privados de libertad (encerrados),
84

en los términos que indica el art. 141 Código Penal (inc. 1º), dicho accionar no puede ser
sancionado de manera autónoma, pues se entiende que el legislador, al momento de tipificar el
robo con violencia o intimidación en las personas, al asignarle pena, tuvo en cuenta el disvalor
de la transitoria privación de libertad que algunas personas podrían sufrir como consecuencia
de la comisión de aquel delito, lo que confirma la circunstancia prevista en el art. 433 Nº 2 del
Código Penal donde se contempla la hipótesis de retención de víctimas por más de un día,
entendiéndose consecuencialmente que una retención de menor duración a la indicada, se
enmarcaría en la figura del art. 436, inciso primero, en que las personas pudiesen verse
privadas temporalmente de su libertad ambulatoria, para como en este caso asegurar la
impunidad de los agentes. Son de ese parecer, los profesores Politoff, Matus y Ramírez
(Lecciones de Derecho Penal Chileno. Parte Especial . 1ª edición. Santiago: Editorial Jurídica
de Chile, 2004, p. 197) y don Mario Garrido Montt para quien “lo frecuente en estos delitos
será que, por lo menos unos momentos, la víctima y demás afectados queden privados de su
libertad material, pero mantenerlos en tales condiciones por más de un día es algo excesivo
que motiva el agravamiento del hecho” (Garrido Montt, Mario. Derecho Penal. Parte Especial.
1ª edición. Santiago: Editorial Jurídica de Chile, 2000. t. IV, p. 206).
Por su parte, la jurisprudencia nacional ha tomado similar postura,
sosteniéndose que la retención puede y debe ser considerada una forma de
violencia, lo que impide considerar esa misma circunstancia para configurar el delito
previsto en el artículo 141 inciso primero del Código Penal, ya que de obrar en
contrario se vulneraría lo señalado en el artículo 63 del Código Penal.
En un fallo de la I. Corte de Apelaciones de Valparaíso (Rol No 648-2007, de
fecha 6 de julio de 2007), en su considerando 8° expresó que: “los sentenciadores
han incurrido en una errónea aplicación del derecho, al dar por acreditada la figura
penal del secuestro simple al considerar además del robo con intimidación ambos en
la persona de Bernain Descaras, que un mismo sujeto ha realizado dos conductas
independientes cada una de las cuales es un hecho que da origen a responsabilidad
penal, que por el contrario sólo existió una pluralidad de conductas, las que integran
un sólo delito, situación que escapa a la pluralidad de delitos”.
VIGESIMO QUINTO: Que en lo relativo a la participación atribuida por el Ministerio
Público, a los acusados José Mauricio Abello González, Luis Alberto Martínez
Díaz y Eduardo Ricardo Cortés Isla, como autores inmediatos y directos (art. 15
n° 1 del Código Penal) del delito de robo con intimidación y violencia, se tuvieron
por acreditadas luego de ponderar la prueba rendida, en especial, las
declaraciones de los testigos, cuyos relatos fueron coherentes y circunstanciados,
por haber sido presenciados por ellos de una manera directa e inmediata. De los
comparecientes al juicio oral, cobraron especial relevancia los funcionarios
bancarios quienes de modo conteste refirieron las circunstancias por ellos vividos
el día 4 de mayo de 2012, mientras se aprestaban a dar inicio a su jornada laboral
85

en la sucursal Banefe, de calle Etchevers n° 96, de esta ciudad. Todos, sin


excepción, refirieron que tras ingresar al recinto bancario aludido, fueron
amenazados con armas y luego amarrados, por tres sujetos, quienes habían
entrado a robar el dinero que se guardaba en la caja de seguridad. Como se pudo
deducir de sus respectivas deposiciones, la llegada a la sucursal fue paulatina,
desde las 7:30 a las 8:45 horas, y el encuentro de los afectados con los hechores
fue produciéndose de modo similar, esto es, entraban y enseguida eran
conducidos al hall para luego ser amarrados. Aunque en el interior del recinto,
cada empleado fue teniendo interacciones diversas con los agentes del modo
referido en sus declaraciones, en su conjunto, permitieron la imputación de las
autorías en el ilícito que se tuvo por establecido en esta causa, según se
describirá a continuación.
a) JOSÉ MAURICIO ABELLO GONZÁLEZ: fue descrito por los
afectados, Claudia Loreto Jarufe Bijit, Evelyn Meza Parra, Claudio Antonio Morales
Galaz, Francisco Gómez Cantillano, Oscar Juliano Velarde Quiroz, Luis Alberto
Carrasco Escobar, Jessenia del Pilar Barat Pardo, Giovanna Paola Incorvaia
Catrín, Andrea Judith Ponce Hidalgo, David Illatarcos Caceres, de modo
concordante, como el líder de la banda, el que daba las órdenes, el de mayor
estatura, delgado, que estaba vestido con terno o vestón, negro u oscuro, con
camisa color celeste o calipso, lentes oscuros. Su pelo mereció diversas
apreciaciones: “pelado” (Ponce), “calvo” (Illatarcos), “rapado, de color negro, como
si lo hubiese teñido recientemente” (Jarufe); “pelado en la parte de arriba de la
cabeza, de la frente hacia atrás, pero tenía pelos en la parte de los costados,
sobre las orejas y en la parte de la nuca” (Espinoza); “corte de pelo tipo fraile”
(Gómez); “con pelo encima de las orejas y en la nuca” (Velarde). En cuanto a sus
rasgos faciales: cara alargada, nariz fina, angosta, luego se ensanchaba, labios
gruesos (Jarufe e Illatarcos), barba tipo candado (Morales), nariz recta, con partes
anchas, pera pronunciada (Gómez), bigote (Carrasco), cara alargada, nariz fina,
pómulos entrados (Barat), nariz delgada y de fosas anchas (Incorvaia). Al
identificarse para el registro de audio, en la audiencia, el testigo Oscar Velarde
también lo reconoció por su voz.
Pese a que no fue reconocido por Carmen Susana Espinoza, Claudia Urrea
Gandolfo, Luis Páez Arancibia coincidieron con los anteriores en cuanto a que el
individuo que hacía de líder de los asaltantes, vestía camisa color calipso
(Espinoza, Páez y Urrea) y chaqueta gris oscura (Espinoza).
Las características descritas precedentemente (hombre que vestía un traje
negro, camisa color celeste o calipso, calvo o rapado en su parte superior de la
cabeza, bigotes, nariz en su parte baja ancha, que usaba lentes con marcos
86

oscuros) coincidieron plenamente con las imágenes de las filmaciones de las


cámaras de seguridad dispuestas al interior de la sucursal bancaria (de las cuales
provienen las fotografías 1, 28 y 30; 91 y 92), que fueron exhibidas en la
audiencia, lo que refuerza la convicción de estos sentenciadores en cuanto a la
certeza de las identificaciones de los testigos, del modo en que cada uno expresó
en sus deposiciones. En las audiencias de este juicio, fue posible constatar los
rasgos físicos anotados: Abello presenta una calvicie incipiente en la parte
superior de su cabeza, más compatible con la descripción del corte tipo fraile
referido por Francisco Gómez, y con la mención de que parecía rapado hacía
poco, lo cual explica que ahora no sea totalmente calvo, ya que no lo es en
realidad, sino que se caracterizó para la comisión del delito a fin de procurar su
impunidad.
Asimismo, como evidencia material, se incorporó una camisa, color celeste
o calipso, que de acuerdo a lo referido por la Comisaria, Rosita Torres, fue
incautada, tras una orden judicial que les autorizó el ingreso a una vivienda
utilizada para su ocultamiento por José Abello González, ubicada en el balneario
de Las Cruces. Dicha evidencia fue exhibida a los testigos Francisco Gómez,
Claudia Urrea, Oscar Velarde, Jessenia Barat y Carmen Espinoza quienes la
reconocieron como la prenda que el día del asalto vestía bajo un terno oscuro el
líder del grupo, esto es, Abello González, consistente en una camisa, que llamó la
atención de los deponentes por su intenso color, que algunos denominaron
“calipso” o celeste.
Cabe hacer presente que Jorge Reyes Farías identificó en la audiencia a
José Mauricio Abello, como una de las personas que entró la mañana de 4 de
mayo pasado, a su negocio ubicado al costado de la sucursal Banefe, lugar donde
el imputado ingresó a comprar café, previo a su entrada al Banco, describiéndolo
el testigo como un individuo moreno, con el pelo en su parte superior, bien
formado, como si anduviera con peluca, que vestía una chaqueta negra, medía
más de 1,70 metros y había sido algo agresivo al responder.
Refutando las aseveraciones del encartado José Abello González, la
identificación que de su persona hicieran los testigos antedichos, no apareció
influida por la supuesta notoriedad que sus ilícitos cometidos en Santiago, lo
habrían llevado a aparecer en noticieros, pues en este caso, el deponente Luis
Páez Arancibia reconoció en el juicio haber sabido “de un asalto al Banco
Edwards, por televisión, que habían detenido a la banda y que había tenido
rehenes, mostraron fotos y que decían que eran de la banda de Los fantasmas”.
Sin embargo, no fue uno de los comparecientes que identificó a Abello como uno
de los hechores en el presente ilícito, reconociendo sólo a Luis Martínez Díaz, por
87

no haber estado en condiciones de identificar al resto de los asaltantes. Además,


si Abello hubiese sido tan conocido como señaló, lo habría reconocido la totalidad
de los afectados, no sólo en el juicio, sino en instancias anteriores, lo que no
ocurrió en la especie, por lo que sus aprensiones sobre el modo en que resultó
imputado carecieron de todo sustento.
b) LUIS ALBERTO MARTÍNEZ DÍAZ: fue identificado en el juicio por
Evelyn Meza Parra, Francisco Gómez Cantillano, Claudia Ximena Urrea Gandolfo,
Luis Alejandro Páez Arancibia, Jessenia del Pilar Barat Pardo, Giovanna Paola
Incorvaia Catrín y Andrea Judith Ponce Hidalgo. A este acusado, el vigilante del
Banco, Francisco Gómez Cantillano, lo reconoció como el sujeto que subió al
segundo piso a buscarlo (lugar donde se estaba poniendo su uniforme de trabajo),
quien tenía “la boca tapada y en la cabeza andaba con un gorro siberiano, con
orejeras y arriba con algo peludo. Le vio los ojos y nariz que nunca más se le
olvidaron”. Coincidente con el anterior, ratificaron que Martínez Díaz llevaba
puesto una bufanda y un gorro como el del “Chavo del Ocho”, con orejeras (Urrea,
Páez, Incorvaia), a quien el más alto (Abello) llamó y le dijo “Luis, ¡apúrate!”
(Meza, Carrasco), tomando un bolso y empezaron a llenarlo con billetes; su rasgo
más notorio fue el de sus ojos, calificados como “achinados” (Urrea, Barat,
Incorvaia, Ponce). Según Andrea Ponce, la primera persona que la tomó del brazo
tenía “como cara de peruano, de nariz ancha y con ojos achinados”, y eso lo dijo el
mismo día del hecho a los policías. Otro dato aportado es que tenía un gorro con
orejeras, tipo polar, y vestía una chaqueta de color gris oscuro (Urrea, Barat); pelo
medio duro, como persona del sur, mapuche (Páez); una leve cicatriz en su labio,
en su lado derecho (Incorvaia). De acuerdo a lo afirmado por la Comisario Torres,
cuando consultaron los datos en el sistema biométrico vieron que la descripción
“ojos achinados, cicatriz” dados por los testigos, se podían apreciar en la imagen
de Martínez Díaz. Por otra parte, en las fotografías captadas de la filmación de las
cámaras de seguridad era posible ver a un sujeto como el descrito, con ropas
oscuras que en su cabeza llevaba un gorro con orejeras y sobre su cuello, una
bufanda con la que tapaba la parte inferior de su rostro (96 a 100). Cuando se le
exhibieron al perito Marcelo Sepúlveda Larenas, las imágenes del video, en un
momento, cuando un individuo estaba en el hall, le pareció realizando gestos “que
podrían corresponder a poner algo en su cabeza”, lo que coincidía con lo señalado
por testigos que dijeron que no siempre tuvo el rostro completamente tapado,
como Evelyn Meza quien refirió que el individuo que llevaba el gorro del Chavo del
8 y que tenía bufanda, no tenía el rostro cubierto cuando estaban en la bóveda,
además la bufanda le tapaba el cuello, no la cara. Ella también expresó que dicho
individuo le ayudó a soltar las amarras pues una pulsera le hacía daño y cuando él
88

se agachó, le vio bien su rostro. Asimismo, en las fotografías 96 y 97, se aprecia al


sujeto del gorro tipo siberiano o Chavo del Ocho y bufanda que está con su mano
izquierda acomodando su bufanda, mientras que en su mano derecha porta un
objeto que impresiona como un arma de fuego.
Del mismo modo, a la comisaria Torres Soto se le exhibieron fotografías
extraídas del video identificando en la n° 1 a Luis Martínez Díaz ingresando al
Banco a las “9:17” (que correspondía a las “8:17” horas del día 4 de mayo). En las
n° 4 y 5, Luis Martínez Díaz con Francisco Cantillano, guardia de seguridad, a
quien bajó a la pre bóveda. En la n° 6.- A las “9:21”, Luis Martínez Díaz y un sujeto
con boina (Eduardo Cortés Isla). A las 9:30:51, Luis Martínez Díaz y víctimas en el
suelo. En la n° 21.- un hombre con pañoleta, bufanda y gorro con chiporro
levantando su mano derecha. De acuerdo a lo referido por la comisario, las
testigos (Carmen) Susana (Espinoza) y Evelyn Meza dijeron que cuando estaba al
interior de la bóveda, ella lo miraba detenidamente a los ojos, en especial cuando
éste se agachó a recoger el dinero, lo que no quedó en el registro fílmico, porque
movió la cámara de seguridad, según se apreciaba en la imagen n° 26. En la n°
30, se observaba a las “09:48” (8:48 horas) saliendo de la sucursal 3 hombres,
todos de ropa oscura, uno calvo, otro con bufanda y gorro con orejeras.
c) EDUARDO RICARDO CORTÉS ISLA: dicho imputado fue identificado
en el juicio por las víctimas, Evelyn Meza Parra, Claudio Antonio Morales Galaz y
Enrique Pedro Arenas Mella. A los citados testigos, Cortés Isla les abrió la puerta
de acceso al Banco y les apuntó con una pistola; los obligó a caminar hasta el hall
y con empujones lo tiró contra la pared a la entrada del hall y lo hizo entrar. Luego
lo botó al piso, le quitó los celulares, garabatea y lo amarró. Le tomó su bolsa con
el desayuno y lo tiró lejos (Morales). Según Enrique Arenas Mella, vestía una
casaca negra y andaba a rostro descubierto.
En la imagen n° 2.- A las “9:17”, Eduardo Cortés Isla fue el tercer sujeto que
ingresó a la sucursal de Banefe, donde se lo aprecia a rostro descubierto, llevando
un bolso colgado de su brazo izquierdo. En la imagen n° 3, se veía a Cortés Isla
cerrando la puerta.
Además de las identificaciones anteriores, se contó con prueba pericial, a
cargo de las peritas químicas de la PDI, Paula Barrios Riveros y Priscilla Morales
Martínez, de cuyos análisis se pudo determinar que en un vaso de café incautado
el 4 de mayo de 2012, desde el negocio del testigo Jorge Reyes Farías, se
encontró restos de material biológico correspondiente a dicho encausado, lo que
permitió situarlo minutos antes de cometido el robo, en un local colindante con la
sucursal bancaria. Lo anterior, concordó con lo atestiguado por el dueño del
establecimiento, Jorge Reyes Farías, quien además de reconocer en el juicio a
89

José Abello González, permitió confirmar la presencia de este acusado y de


Eduardo Cortés Isla en las cercanías del Banco, previo a su ingreso, del modo en
que refirió en su deposición.
De las diligencias investigativas desarrolladas con motivo de la comisión del
presente ilícito, y que incluyeron análisis a las imágenes captadas por las cámaras
de seguridad del Banco, y recopilación de antecedentes con otros organismos
policiales y Gendarmería, dieron cuenta en la audiencia los funcionarios de la PDI,
Christian Soto Cuevas, Francisco Valencia Muñoz y Rosita Torres Soto, quienes
explicaron que el 4 de mayo de 2012, durante la toma de declaraciones a los
empleados bancarios, que estaban en mejores condiciones anímicas para ello, se
hicieron retratos descriptivos de los tres sospechosos, de quienes mencionaron
sus desplazamientos, las funciones que cumplieron: un líder, otro que hacía de
portero o vigía de las personas y el tercero, más joven, con más indumentaria
sobre su cuerpo, que subió al segundo piso, trasladó al guardia y que trató de
borrar el registro fílmico. Los policías refirieron que mediante la video grabación
del Banco emitieron a todos organismos imágenes de aquellos tres sujetos,
obteniendo como primeros antecedentes, los nombres de dos sujetos que habían
cumplido condenas, Eduardo Cortés Isla y José Abello González. Según sus
registros, Cortés Isla acababa de cumplir una condena de 15 años, por asaltos a
Bancos y José Abello tenía la misma especialidad y se había fugado desde un
Tribunal en Santiago. Con esas dos identidades, el 14 y 22 de mayo de 2012, se
efectuaron reconocimientos donde 3 víctimas reconocieron a Abello González y 6
a Cortés Isla. No todos los funcionarios estuvieron disponibles, pues algunos
quedaron con stress post traumático y tenían licencia médica. Con los
reconocimientos, solicitaron además de interceptaciones telefónicas, en especial
de Cortés Isla, de quien se obtuvo un perfil de movimiento, logrando obtener
órdenes de detención, pese a que no dieron resultados inmediatos. La policía
continuó con diligencias de investigación y el 19 de julio se enteraron por la
prensa, de la ocurrencia de un robo a una Banco en la ciudad de Santiago, donde
se detuvo en flagrancia, entre otro, a Eduardo Cortés Isla y a Luis Martínez Díaz.
De este último, sólo sabían por declaraciones obtenidas el 4 de mayo, que unos
testigos sindicaban a un sujeto, que el líder del grupo a viva voz apuraba
llamándolo “Luis”, quien había sido descrito con una cicatriz o marca en su labio
superior. Con dicha detención, cuando lo observaron en el sistema biométrico con
los rasgos indicados, presumieron que podía ser uno de los participantes en el
delito de Viña del Mar, por lo que al ser exhibida su fotografía, 4 testigos
reconocieron a Luis Martínez Díaz como el tercer sujeto que ingresó a la sucursal
Banefe, el 4 de mayo y que tenía la marca en el labio superior. Con tales
90

resultados, se tomaron muestras de hisopado bucal a los tres acusados de este


juicio, diligencia que permitió obtener que el peritaje bioquímico arrojara como
resultado una certeza de un 99,99% de ADN positivo para Eduardo Cortés Isla que
permitió ubicarlo en el lugar de los hechos, previo al ingreso al Banco en un café
colindante, antecedente que fue concordante con lo referido por Jorge Washington
Reyes, que como se indicara, reconoció también en el juicio a José Abello, pues
ambos habían entrado a tomar café a su negocio, con posterioridad a las 8 de la
mañana, añadiendo que le había parecido sospechoso porque le había hechos
varias preguntas referentes a la filmación de una cámara que poseía en su local, y
que al enterarse del robo, encontró oportuno entregar los vasos de café a
carabineros.
En consecuencia, la prueba rendida, en especial los atestados anteriores,
las imágenes de video y la prueba científica de ADN, tuvieron el mérito suficiente
para dar por establecidas las responsabilidades de los tres acusados, resultando
lo suficientemente contundente como para derribar la presunción de inocencia que
los amparaba y permitió atribuirles una participación culpable y penada por la ley,
en el ilícito que se tuvo por establecido.

VIGESIMO SEXTO: Que en cuanto a las alegaciones de las Defensas:


1.- En lo referente a la forma de presentación de las imágenes captadas por
las cámaras de seguridad del Banco, exhibidas por la Fiscalía, es dable hacer
presente que si bien no se indicó con precisión la cámara que había captado la
grabación (16 cámaras cuyas imágenes fueron mejoradas en su calidad por el
perito Marcelo Sepúlveda Larenas) o el minuto exacto de la reproducción, ello no
fue óbice para que los demás intervinientes hubieren practicado otra modalidad,
que les acomodaba a sus respectivas pretensiones, pues con excepción de Cortés
Isla, el resto de los acusados hicieron suya la totalidad de la prueba de los
acusadores. En todo caso, las imágenes exhibidas, debidamente apreciadas por
estos sentenciadores, en conjunto con la demás prueba rendida, sirvieron para los
efectos de acreditación del hecho punible y la participación que en él cupo a los
encartados, lo que motivó su incorporación en el juicio.
2.- Sobre el reconocimiento de Luis Martínez Díaz, no se justificó con
prueba alguna, que hubiese existido algún reconocimiento fotográfico inducido por
algún tercero, y que antes del 19 de julio de 2012 no se tuviesen antecedentes
sobre su persona, pues los testigos que lo reconocieron en la audiencia
aseguraron haberlo visto de modo tal que sus rasgos faciales quedaron en sus
memorias, y contaban además con su nombre –Luis-, por el que había sido
llamado por el líder de la banda, quien apuraba a Martínez durante la sustracción
91

del dinero. Aunque en algunas imágenes se lo pudo ver cubierto con una especie
de bufanda y un gorro con orejeras, no fue menos cierto que en algún momento
durante la ejecución del delito, del que dieron cuenta algunos testigos, dicho
ropaje se le cayó, dejando ver su rostro por completo. La identificación practicada
por 7 testigos, incluida, Evelyn Meza Parra, no puede ser desvirtuada con el sólo
mérito de las conclusiones vertidas por la defensa respecto de las fotografías 21,
22 y 23 pues ellas sólo capturaban un momento preciso de la interacción referida
por dicha afectada, y por el contrario dejaban claro que la cercanía que
mantuvieron con los agentes, del modo en que ella refirió en el juicio, permitieron
efectuar un reconocimiento positivo de la participación de este acusado.
3.- Respecto de lo sostenido por el abogado Carrasco controvirtiendo los
reconocimientos que los testigos hicieron en el juicio, recaídos sobre sus
representado, de acuerdo a las máximas de la experiencia, resulta evidente que
con el paso del tiempo, algunos rasgos físicos sufran variaciones, como el largo
del cabello o el tono de piel. También ellos pueden ocultarse o añadirse
características con el propósito deliberado de no ser reconocidos con posterioridad
a la ejecución del ilícito. En este caso, era evidente que en el juicio, Abello tenía el
cabello crecido, no estaba rapado recientemente, como lo describieran algunos
afectados, ni usaba lentes o barba tipo candado, pero tenía los demás rasgos
físicos atribuidos a él por los testigos. Asimismo, no se presentó prueba alguna
que desvirtuara que la persona captada por las cámaras de seguridad (imágenes
91 y 92) no fuera Abello González, como se evidenciara a simple vista tras la
exhibición de las imágenes referidas.
4.- En cuanto a lo sostenido por el abogado Seperiza, que no hubo
excesos, sino por el contrario se buscó el causar el menor daño posible, el hecho
de no haber sustraído bienes propios de los funcionarios del Banco, no resultaba
comparable con el temor experimentado por éstos, y la violencia ejercida sobre
ellos para el apoderamiento del dinero, de cuyo despojo no hubo oposición. Sin
embargo, la conductas de los acusados en el evento descrito por todos los
empleados que comparecieron al juicio, fueron deploradas por todos ellos por la
falta de racionalidad y proporcionalidad de las mismas, que dejaron huellas
imborrables en las víctimas.
5.- En lo referente a los actos de la policía, cuestionados por las defensas,
en nada alteró la decisión del Tribunal al momento de tener por acreditada la
comisión del robo con violencia e intimidación, pues la presencia policial tuvo lugar
una vez consumado el ilícito, cuando los acusados habían huido con el botín en su
poder. Las consecuencias sufridas por los empleados bancarios, en su integridad
física y síquica, se vio incrementada por el encierro, en precarias condiciones, a la
92

cual fueron conducidos por los hechores, la cual se vio prolongada por causas
independientes a la acción que pudiesen haber desplegado los primeros
carabineros que llegaron al sitio del suceso. Sin perjuicio de no contar en el juicio
con el testimonio de ninguno de los carabineros asistentes al lugar, del relato de
los testigos no se infirió que alguno de ellos pusiere en duda su accionar, y por el
contrario, Claudia Urrea calificó al primero en llegar, como su “salvador”,
explicando que la incertidumbre por su situación, se despejó cuando llegó la ayuda
de los uniformados. Asimismo, refirió un testigo que del modo en que se
encontraban tras la reja de la pre bóveda, hubiese sido imposible cualquier
maniobra tendiente a desplegar alguna herramienta apta para descerrajar la chapa
de seguridad de la puerta que les impedía salir, sin causar daño físico a alguno de
los retenidos, optándose por esperar la copia de la llave, que se poseía en otra
sucursal bancaria, y que fue conducida con la celeridad que ameritaba el caso.
6.- Sobre los informes de lesiones, aludidas por el abogado Seperiza, si
bien no se hallaban suscritos por algún facultativo, estaban debidamente firmados
y con timbres de la institución. De modo alguno se acreditó que los documentos
hubiesen sido falsificados y que por ende, el contenido de los mismos no emanase
del organismo asistencial del cual provinieron o que no correspondiese a las
atenciones médicas prestadas. En todo caso, la consignación de las lesiones
resultaban acordes a los relatos vertidos no sólo por los propios pacientes –
Velarde y Carrasco) sino que también por terceros, que vieron las condiciones en
las que se encontraban sus compañeros tras el evento sufrido, como el caso de
Cecilia Osorio Olivares, quien no asistió al juicio oral, pero respecto de quien se
informó se encontraba embarazada al momento de ocurrencia del robo y debió ser
atendida de urgencia una vez que se dio aviso pidiendo auxilio a carabineros.
Asimismo en las fotografías 12 y 17 del sitio del suceso, se pudieron apreciar las
cintas plásticas o amarra cables con las que se ocasionaron algunas de las
lesiones captadas por el perito fotógrafo Carlos Anilio Peña, quien pese a no
recordar los nombres de todos los afectados, describió durante la exhibición de
dicha prueba, el detalle de las manos de aquéllos observando que presentaban un
“enrojecimiento por presión de agente mecánico”, según acotó, en las imágenes n°
67 a 90, del mismo modo en que luego fueron consignadas en el referido centro
médico.
7.- En cuanto a la observación planteada por el abogado Seperiza, durante
la exhibición del video a la comisario Torres, respecto del horario que marcaba la
filmación, con desfase de una hora, cabe hacer presente que a la fecha del ilícito
-4 de mayo de 2012- hacía sólo pocos días que se había producido la modificación
del horario de verano, según lo dispuso el Decreto 225, del Ministerio del Interior,
93

publicado el 3 de marzo de 2012, que regía hasta las 24 horas del ultimo día
sábado del mes de abril de 2012, por lo que era dable esperar que dicho cambio
no se hubiese efectuado de modo automático en el sistema de cámaras y las
imágenes del 4 de mayo, no reflejaran la hora vigente en ese momento.

VIGESIMO SEPTIMO: Que en la audiencia dispuesta según lo previsto en el art.


343 del Código Procesal Penal, la Fiscalía incorporó los siguientes documentos:
a).- Extracto de filiación y antecedentes de José Abello González, quien
registraba las siguientes causas: rol 66571/1994 del 1° Juzgado de Letras de
Talagante, donde fue condenado el 31 de agosto de 1995, a la pena de 5 años de
presidio menor en su grado máximo, como autor del delito de abusos
deshonestos, pena cumplida con fecha 10-11-99; Rol N° 4193/2002 del 34°
Juzgado del Crimen de Santiago, donde fue condenado el 2 de junio de 2003, a la
pena de 5 años y un día de presidio mayor en su grado mínimo, como autor del
delito de robo con intimidación, pena cumplida con fecha 19-12-2006; rol
4312/2002 del 34° Juzgado del Crimen de Santiago, donde fue condenado el 14
de octubre de 2003, a la pena de 61 días de presidio menor en su grado mínimo,
como autor del delito previsto en el art. 9 y 11 de la ley 17.798, pena cumplida con
fecha 19-12-2006.
b).- Copia certificada de la sentencia ejecutoriada, recaída en causa rol N°
4193/2002 del 34° (ex 33) Juzgado del Crimen de Santiago, donde fue condenado
el 2 de junio de 2003, a la pena de 5 años y un día de presidio mayor en su grado
mínimo, como autor del delito de robo con intimidación cometido en Santiago, con
fecha 18 de agosto de 2002.
c).- Copia del oficio Ordinario N° 13.01.01/19680/2006 de 28 de diciembre
del 2006, suscrito por el Alcaide del Centro de Detención Preventiva Santiago Sur
de Gendarmería de Chile, donde se indica que José Abello González dio
cumplimiento con fecha 21 de diciembre de 2006 a las condenas de 5 años y un
día y 61 días, en causas Roles n° 4193 y 4312, por robo con intimidación y porte
ilegal de arma de fuego, del 33° Juzgado del Crimen de Santiago.
d) Extracto de filiación y antecedentes de Luis Alberto Martínez Díaz,
quien registra las siguientes causas: Rol 59632/2004 del 14° Juzgado del Crimen
de Santiago, donde fue condenado el 6 de junio de 2005, a la pena de 541 días de
presidio menor en su grado medio, como autor del delito de robo con fuerza en
lugar habitado, pena remitida y cumplida con fecha 28-10-2010; Causa
47866/2005, del 28° Juzgado del Crimen de Santiago, condenado el 11 de abril de
2006, como autor de robo con intimidación, en grado de tentativa, a la pena de 3
años y un día de presidio menor en su grado máximo; rol 48549/2006 del 28°
94

Juzgado del Crimen de Santiago, condenado el 11 de diciembre de 2006, como


autor de porte ilegal de arma de fuego, a la pena de 60 días de prisión en su grado
máximo, cumplida con los días que permaneció privado de libertad; rol 2477/2009
del 14° Juzgado de Garantía de Santiago, por el delito de robo de cosas que se
encuentran en bien nacional de uso público, frustrado, en que por resolución de 17
de marzo de 2009, se le condenó a la pena de 61 días de presidio menor en su
grado mínimo, pena cumplida el 28/10/2010; rol 9911/2010 del 8° Juzgado de
Garantía de Santiago, donde fue condenado el 20 de julio de 2012, a la pena de
61 días de presidio menor en su grado mínimo, como autor de 3 delitos de robo de
cosas que se encuentran en bien nacional de uso público, pena cumplida con
fecha 16-09-2012.
e).- Copia de sentencia recaída en causa rol 47866/2005, del 28° Juzgado
del Crimen de Santiago, condenado el 11 de abril de 2006, como autor de robo
con intimidación, en grado de tentativa, cometido en Santiago, el 17 de mayo de
2005, siendo condenado como menor de edad, declarado con discernimiento, Luis
Alberto Martínez Díaz, a la pena de 3 años y un día de presidio menor en su grado
máximo, sentencia que se encuentra ejecutoriada según consta del certificado
respectivo.
f).- Extracto de filiación y antecedentes de Eduardo Cortés Isla, quien
registra las siguientes causas: Rol N° 113642/1994 del 13° Juzgado del Crimen de
Santiago, donde fue condenado el 4 de diciembre de 1996, a la pena de 541 días
de presidio menor en su grado medio, como autor del delito de robo con fuerza,
pena remitida; Rol N° 31407/1996 del 20° Juzgado del Crimen de Santiago, donde
fue condenado el 25 de septiembre de 2002, a la pena de 15 años y un día de
presidio mayor en su grado máximo, como autor del delito de robo con
intimidación, pena cumplida con fecha 15-07-2010; Rol N° 3636/2010 del Juzgado
de Garantía de Colina, donde fue condenado el 22 de septiembre de 2010, a la
pena de 2 UTM, como autor del delito de lesiones menos graves en contexto de
violencia intrafamiliar.
g) Oficio del Archivero Judicial de Santiago, remitiendo las copias de las
sentencias, de primera y segunda instancias, de fechas 6 de julio de 2000 y 25 de
septiembre de 2002, recaída en causa rol N° 31407/1996 del 20° Juzgado del
Crimen de Santiago, donde Eduardo Cortés Isla fue condenado a la pena de 15
años y un día de presidio mayor en su grado máximo, como autor de 6 delitos de
robo con intimidación, un robo con violencia y un robo en bien nacional de uso
público, cometidos entre el 19 de febrero de 1996 y el 14 de abril de 1998,
sentencia que se encuentra ejecutoriada según consta del certificado respectivo.
95

Con los antecedentes anteriores, el Ministerio Público justificó su solicitud


de aplicación del art. 12 n° 16 del Código Penal, respecto del sentenciado Luis
Martínez Díaz, si bien había sido condenado cuando era menor de edad, en la
causa rol 47866/2005. En el caso de José Abello González, sostuvo que lo
fundaba en la sentencia condenatoria por robo con intimidación, dictada por el
causa rol N° 4193/2002 del 34° (ex 33) Juzgado del Crimen de Santiago, donde
fue condenado el 2 de junio de 2003, a la pena de 5 años y un día de presidio
mayor en su grado mínimo, como autor del delito de robo con intimidación
cometido en Santiago, con fecha 18 de agosto de 2002. Pidió que a su respecto,
se le aplicara el art. 68, inciso 4° del Código Penal, aplicándole la pena de presidio
perpetuo simple. Llamó al Tribunal a considerar las conductas pretéritas del
enjuiciado, haciendo presente una condena por dos delitos de robo con
intimidación, en causa RIT 84-2011 del Tercer Juzgado Oral en lo Penal de
Santiago, a la pena única de 13 años de presidio mayor en su grado medio;
agregó que también había sido condenado por el mismo tribunal anterior (causa
RIT 200-2012, cuyas copias simples acompañó) a 15 años y un día de presidio
mayor en su grado máximo, por 4 delitos de robos con intimidación y un porte
ilegal de arma de fuego (a 3 años y un día de presidio menor en su grado
máximo), cometidos el 30 de agosto de 2011, 29 de septiembre de 2011, 25
noviembre de 2010, y 2 de febrero de 2011. En cuanto a Eduardo Cortés Isla retiró
la solicitud de aplicar la misma agravante por no concurrir los requisitos para ello,
sin perjuicio de que en su extracto de filiación mantenía condenas de las que dio
lectura, pidiendo se le aplique una pena dentro del marco legal, atendida la
agravante considerada por el Tribunal. Para efectos del mal causado, pidió se
tuviera en cuenta la privación de libertad a la que estuvieron sujetas las personas
del Banco, sosteniendo que no había sido un robo con intimidación puro y simple,
en atención a la pluralidad de víctimas, y los efectos que tuvieron para ellas.
Enseguida, el abogado querellante adhirió a lo pedido por la Fiscalía,
agregando que para la aplicación de las penas, debía tenerse en consideración
que el Banco no había recuperado dinero alguno y el número de personas
afectadas por el delito.
El abogado defensor Casanova solicitó para su representado una pena no
superior a 10 años y un día de presidio mayor en su grado medio, aludiendo a la
racionalidad que debía imperar en la sanción, comparada con la de hechos
atentatorios contra la vida humana, que contemplaban penas, mucho menores.
Además sostuvo que el Ministerio Público sólo pidió tener por incorporado un
extracto de filiación, no bastando éste para pedir la aplicación de reincidencia,
llamándole la atención que en la acusación se había pedido una pena
96

fundamentada en la comisión de ilícitos, pero dentro de los antecedentes de la


investigación, nunca estuvo la copia de la sentencia, y según la lectura que se
hizo, se habría conseguido el 12 o 13 de marzo de este año. Agregó que la
condena había sido cuando su representado era menor de edad, y era un robo
con intimidación en grado de tentativa. Por esas tres consideraciones no se podía
aplicar la agravante esgrimida por la Fiscalía.
A su turno, el abogado Carrasco impetró racionalidad y ponderación del
daño probado y la imposición de una pena para su patrocinada no superior a 10
años y un día. Añadió que la mayor extensión del mal causado debió haberse
acreditado de manera irredargüible, no bastando el relato de 10 comparecientes
faltando informes médicos, psicológicos, psiquiatras. En este caso, el perjuicio o
mal causado fue la pérdida de casi 90 millones de pesos de una entidad bancaria,
por lo que no era idóneo aplicar el art. 69 para agravar la pena más allá de los
límites de racionalidad. Sobre la sentencia aludida por la Fiscal, de fecha 18 de
agosto de 2002 y luego para solicitar el agravamiento de la pena al máximo, hizo
referencia a dos condenas y 6 ilícitos, pero entendía que la forma de incorporar en
esta audiencia era clara, solicitando al Tribunal lectura abreviada y el Tribunal
pregunta a la Defensa, lo que se hizo con el abogado Casanova, quien no tuvo
problema para ello, y ese procedimiento no ocurrió en el caso de su representado,
no haciéndose incorporación del extracto de filiación ni de la sentencia 4193/2002
ni de las sentencias posteriores. Por lo tanto, entendía que la oportunidad procesal
para que el Ministerio Público incorporare esos antecedentes que fundaban la
agravación de pena, había precluido, por lo que no podía entenderse probada la
reincidencia específica.
Finalmente, el abogado Seperiza solicitó la pena en el mínimo, de 10 años y
un día, haciendo presente que su defendido había tenido una menor interacción
con las víctimas, su conducta había sido bastante razonable para el tipo penal y
había reconocido participación en los hechos, por lo que ello debía traducirse en
una pena menor, que aparecía más condigna con su participación en los hechos.
Respecto de lo alegado por los abogados Carrasco y Casanova, la Fiscal
argumentó que ante un Tribunal de Derecho no podía estar repitiendo “20 veces
por cada hoja” sino solicitar la incorporación en un inicio, y habiendo pedido la
lectura resumida, no podía hacerlo por cada documento, entendiendo además que
se trabajaba entre colegas, de buena fe, y solicitó la incorporación de todos los
documentos para evitar una dilación innecesaria. Si existió una interpretación
errónea por parte de la Defensa, entonces pidió que se tuvieren por incorporados
cada uno de los documentos que solicitó al inicio.
97

Por su parte, el abogado querellante sostuvo que desde el aula del Derecho
se enseñaba que podía haber una buena o mala fe procesal. Entendía que era un
resquicio bastante bajo, abyecto, y que cuando el Ministerio Público había
solicitado al tribunal la lectura resumida, de los documentos en los cuales fundaba
sus agravantes, el Tribunal consultó a todas las defensas. Por consiguiente al no
haber oposición, a la autorización pedida por el Ministerio Público, no entendía
cuál sería el vicio procesal al que estaban aludiendo los defensores.

VIGESIMO OCTAVO: Que en cuanto a la incidencia planteada por los abogados


Casanova y Carrasco sobre el modo de incorporación de los documentos por
parte de la Fiscalía, ha sido desestimada, por cuanto la audiencia prevista en el
art. 343 del Código Procesal Penal tiene como objetivo el otorgar al Tribunal los
antecedentes que sirvan de base para fundamentar modificatorias de
responsabilidad penal ajenas al hecho punible y que apoyen la pretensión punitiva
de los intervinientes y todos aquellos que estimen necesarios para tales fines. Por
tanto, en el caso de la agravante establecida en el art. 12 n° 16 del Código Penal,
esgrimida por los acusadores, precisamente es de aquellas que se excluyen del
debate propio del juicio principal. Además, de la sola lectura de la norma indicada,
se puede concluir que se trata de una audiencia desformalizada, en contraposición
al juicio oral en donde se rinde prueba, no exigiéndose ritualidad alguna cada vez
que se incorporan documentos, de los que se hace una lectura –íntegra o
resumida- bastando ese sólo hecho para que se tengan por incorporados, como
se hizo en el presente caso. Por lo demás, del modo que se incorporaron los
antecedentes por la parte acusadora no vulneró garantías ni impidió el ejercicio de
derechos de las defensas, respetándose cabalmente los principios de oralidad,
inmediación y de bilateralidad de la audiencia. Baste recordar que en muchas
ocasiones, a petición de las Defensas, el Tribunal ha accedido a otorgar plazo
hasta antes de la comunicación de la sentencia para que dichos intervinientes
hagan llegar a los sentenciadores el informe presentencial, que por alguna razón
no se allegó oportunamente, o algún certificado que sirva para establecer los
abonos por privaciones de libertad, sin que por ello, se dicte resolución en que se
lo tenga por incorporado, pues al haberse ofrecido, y luego arribado al Tribunal,
debe ser tenido en consideración para la dictación del fallo, al tenor de lo
establecido en el citado art. 343 en que “el tribunal recibirá los antecedentes que
hagan valer los intervinientes para fundamentar sus peticiones, dejando su
resolución para la audiencia de lectura de sentencia”.
98

VIGESIMO NOVENO: Que perjudica a los acusados la agravante de


responsabilidad del art. 456 bis n° 3 del Código Punitivo, toda vez que se ha
probado en el juicio que “dos o más malhechores” tomaron parte en la ejecución
del ilícito los que en razón de su número y acciones desplegadas, lograron el
debilitamiento de las posibilidades de defensa de las víctimas, junto con asegurar
la comisión del ilícito y su impunidad.
Como lo ha sostenido la jurisprudencia, “lo determinante entonces para que
concurra la agravante en análisis, es que se encuentre establecida la participación
de otras personas en el delito” (véase fallo de la I. Corte de Apelaciones de
Valparaíso, en causa RUC 0801013264-K, RIT 0-71-2009) por lo que bajo las
mismas condiciones, es procedente en este caso dicha circunstancia agravante.
Se disintió de lo alegado por las defensas en cuanto a que no podía
aplicarse esta agravante por cuanto la única forma de cometer un delito de robo
con violencia en un Banco, donde había 28 personas, tenía que ser realizado
necesariamente por dos, tres, cuatro o cinco autores. Para ello baste considerar
las circunstancias particulares de este ilícito, en el que los hechores ingresaron a
primera hora de la mañana, cuando en el recinto bancario sólo se hallaba el
guardia de seguridad, logrando sin dificultad que éste les abriera la puerta. Una
vez ingresados los tres acusados, cada uno portando un arma en sus manos, sólo
debieron esperar la llegada de los demás funcionarios que iban haciendo su
ingreso de manera paulatina, individual, salvo las últimas tres empleadas, por lo
que nunca se vieron enfrentados al total de empleados, sin antes haber debilitado
cualquier posibilidad de ataque. Ello se hizo posible pues, luego de traspasar el
acceso, los obligaban a tenderse en el suelo donde eran atados de manos y en el
hall donde permanecían inmovilizados, eran constantemente vigilados por algunos
de los sujetos armados. Además, de acuerdo a lo expresado en la audiencia, se
les tenía instruido a los funcionarios, que no opusieran resistencia ante un robo al
Banco, cosa que hicieron, pues ninguno de los testigos refirió haberse opuesto a
las exigencias de los asaltantes. Por el contrario, estuvieron contestes en que los
dominó el miedo y la angustia por la actitud violenta de los sujetos, llegando
incluso a alterarse cuando alguien apretó el botón de pánico, una vez que los
agentes huyeron con el botín.

TRIGESIMO: Que se rechazará la solicitud de aplicar la agravante del art. 12 n° 16


del Código Penal, esgrimida por los acusadores respecto del encartado, Luis
Alberto Martínez Díaz. Según consta de su extracto de filiación y antecedentes y
de la copia de la sentencia recaída en causa rol 47866/2005, del 28° Juzgado del
99

Crimen de Santiago, fue condenado el 11 de abril de 2006, como autor de robo


con intimidación, en grado de tentativa, cometido en Santiago, el 17 de mayo de
2005, a la pena de 3 años y un día de presidio menor en su grado máximo por lo
cual tratándose de una pena de simple delito, el plazo de prescripción es de 5
años, el cual está plenamente cumplido y, por lo mismo, el art. 104 del Código
Penal impide su aplicación.
Por el contrario, respecto del enjuiciado, José Abello González, la agravante
de reincidencia específica es procedente pues resultó condenado por delito de la
misma especie en causa rol N° 4193/2002 del 34° (ex 33) Juzgado del Crimen de
Santiago, respecto de un robo con intimidación acaecido en Santiago, el 18 de
agosto de 2002, por lo que contado desde esa fecha hasta el 4 de mayo de 2012,
no habían transcurridos los 10 años establecidos en el citado art. 104, para la
prescripción de los crímenes, por lo que se hará lugar a la agravación solicitada.

TRIGESIMO PRIMERO: Que al momento de determinación de la sanción a aplicar


al sentenciado, JOSÉ MAURICIO ABELLO GONZÁLEZ debe tenerse presente lo
siguiente:
a) La pena asignada al delito de robo con intimidación o violencia es de
presidio mayor en sus grados mínimo a máximo.
b) El delito se encuentra en grado consumado, y al acusado le ha cabido
participación en calidad de autor.
c) Que le perjudican dos agravantes de responsabilidad penal sin que le
beneficien atenuantes, y de acuerdo a lo prescrito en el art. 68, inciso cuarto, del
Código Penal, el Tribunal podrá imponer la pena inmediatamente superior en
grado al máximo de los designados por la ley.

TRIGESIMO SEGUNDO: Que al momento de determinación de la sanción a


aplicar a los sentenciados, LUIS ALBERTO MARTÍNEZ DÍAZ y EDUARDO
RICARDO CORTÉS ISLA debe tenerse presente lo siguiente:
a) La pena asignada al delito de robo con intimidación o violencia es de
presidio mayor en sus grados mínimo a máximo.
b) El delito se encuentra en grado consumado, y a los acusados les ha
cabido participación en calidad de autores.
c) Que les perjudica una circunstancia agravante de responsabilidad penal
sin que les beneficien atenuantes, y de acuerdo a lo prescrito en el art. 68, inciso
segundo, del Código Penal, el Tribunal no aplicará el grado mínimo.
100

TRIGESIMO TERCERO: Que en cuanto a la extensión del daño producido, este


Tribunal difiere de lo alegado por las Defensas de Abello González y Martínez Díaz
quienes trataron de minimizar las alteraciones en la integridad -tanto física como
psicológica- de las víctimas, que si bien no fueron despojados de especies, el
ilícito cometido provocó efectos diversos y perniciosos en ambos aspectos –salud
física y mental- directamente relacionados con el comportamiento violento y
agresivo de los autores de la sustracción, por lo que las consecuencias de su
actuar deben ser consideradas al tenor del art. 69 del Código Punitivo y las penas,
por consiguiente no serán impuestas en su rango inicial.
Aunque los tres acusados ingresaron antes que el Banco iniciara sus
operaciones, su accionar estuvo dirigido de inmediato a coaccionar a los
empleados con el fin de obtener su propósito expoliatorio, y no les bastó la
exhibición de armas, con características de verdaderas armas de fuego, sino que
llegaron al uso de golpes con el fin de imponerse por la fuerza, a quienes sin
oponer resistencia, doblegaron física y anímicamente. Ello fue patente en el caso
de los testigos Evelyn Meza, Enrique Arenas, Francisco Gómez, que durante sus
declaraciones se mostraron conmovidos y algunos rompieron en llanto al
rememorar lo sucedido, y en el caso de Carmen Espinoza permaneció sentada en
estrados, sin darse cuenta, con ambos brazos hacia atrás, en ademán similar a la
posición de estar amarrada. En su mayoría, las víctimas reportaron que en la
actualidad se encontraban bajo tratamiento psicológico o psiquiátrico, y aun no
podían superar el acontecimiento vivido, incluso algunos cambaron de sucursal
(Luis Carrasco) o de trabajo (Illatarcos) ante el temor de verse expuestos a una
experiencia similar.
Si bien la privación de libertad sufrida por 28 funcionarios del Banco fue
abordada por el Tribunal desde la perspectiva de los objetivos expoliatorios
perseguidos por los hechores, para efectos de consideración del mal causado con
motivo de la comisión del presente ilícito, es dable tener en cuenta las condiciones
de dicho encierro y la pluralidad de afectados, más de una veintena de personas
que sólo cumplían diversas funciones en el recinto bancario. En efecto, se pudo
establecer con la prueba rendida, que la pre bóveda, era un lugar de escasas
dimensiones, no adaptado para una permanencia prolongada, con sistemas de
ventilación inadecuados para mantener a esa cantidad de personas retenidas,
circunstancias de las que dieron cuenta los peritos de la PDI, Marcelo Leiva
Álvarez y Patricio Vera Tisandie. Asimismo, dichas características se pudieron
constatar en las diversas imágenes exhibidas del recinto en donde se las mantuvo
encerradas, unido a las referencias hechas por la comisario Torres Soto en cuanto
haber participado en una prueba de encierro con personal de su institución, que a
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modo solamente orientativo, permitía constatar las condiciones a las cuales se


vieron expuestas las víctimas.
La situación vivida por ellas resulta graficada en las palabras de Giovanna
Incorvaia quien refirió al Tribunal: Sus “compañeros allí se quejaban y decían que
ya no podían respirar. Todos pensaban que se iban a morir o se iban a asfixiar.
Los tipos les decían que si cualquiera hacía algo, llamaba o apretaba algo, y si
ellos no salían, nadie iba a salir. Ellos tenían muy planificado lo que harían (creía
que con ella hicieron excesos, por ejemplo, el que la hayan atado con esa fuerza);
era como un animal que había que amarrar, el dejarlos encerrados allí en algo tan
pequeño. No entendía tanta maldad, si sólo eran funcionarios de un Banco”.
Por estas consideraciones y visto, además, lo dispuesto en los artículos 1,
12 N° 16, 14 Nº 1, 15 Nº 1, 21, 24, 26, 28, 50, 51, 63, 68, 69, 104, 141, 432, 436,
439, 456 bis n° 3, del Código Penal; artículos 45, 295, 296, 297, 298, 314, 318,
325, 340, 341, 342, 343, 344, 348 y 351 del Código Procesal Penal, se declara
que:
I.- Se CONDENA al enjuiciado, JOSÉ MAURICIO ABELLO GONZÁLEZ,
ya individualizado, a la pena de VEINTE AÑOS DE PRESIDIO MAYOR EN SU
GRADO MÁXIMO y accesoria de inhabilitación absoluta perpetua para cargos y
oficios públicos y derechos políticos y la de inhabilitación absoluta para
profesiones titulares mientras dure la condena, como autor del delito de robo con
intimidación y con violencia, ocurrido el 4 de mayo de 2012, en la sucursal del
Banco Banefe en esta ciudad.
II.- Se CONDENA a los acusados LUIS ALBERTO MARTÍNEZ DÍAZ y
EDUARDO RICARDO CORTÉS ISLA, ya individualizados, cada uno, a la pena de
QUINCE AÑOS de presidio mayor en su grado medio, y accesoria de
inhabilitación absoluta perpetua para cargos y oficios públicos y derechos políticos
y la de inhabilitación absoluta para profesiones titulares mientras duren las
condenas, como autores del delito de robo con intimidación y con violencia,
ocurrido el 4 de mayo de 2012, en la sucursal del Banco Banefe en esta ciudad.
III.- Se absuelve a los encartados, JOSÉ MAURICIO ABELLO GONZÁLEZ,
LUIS ALBERTO MARTÍNEZ DÍAZ y EDUARDO RICARDO CORTÉS ISLA de la
acusación que los sindicaba como autores del delito de secuestro, que se decía
acaecido en la misma oportunidad, por encontrarse subsumido en el ilícito que se
tuvo por acreditado.
IV.- Que se condena en costas a los sentenciados, en partes iguales.
V.- Que atendida la extensión de las penas impuestas, no se les concede a
los enjuiciados beneficio alguno de los contemplados en la ley N° 18.216, por lo
que deberán cumplir real y efectivamente las penas corporales impuestas, sin
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contar con abonos en esta causa, por estar privados de libertad en otras causas,
según consta en la carpeta judicial, lo que fue ratificado por los intervinientes.
Una vez ejecutoriado el presente fallo, cúmplase con lo dispuesto en el
artículo 468 del Código Procesal Penal, oficiándose a la Contraloría General de la
República, al Servicio de Registro Civil e Identificación y al Centro de
Cumplimiento Penitenciario que corresponda, al cual se le deberá adjuntar copia
de esta sentencia con el atestado de encontrarse ejecutoriada.
Devuélvase, en su oportunidad, a los intervinientes, los elementos de
prueba incorporados al juicio.
Regístrese y comuníquese oportunamente al Juzgado de Garantía de Viña
del Mar para su cumplimiento. Hecho, archívese.
Redactada por la Juez doña Roxana Valenzuela Reyes.
RIT 436-2012

Dictada por los Magistrados Titulares del Tribunal de Juicio Oral en lo Penal
de Viña del Mar, doña Patricia Garrido Frigolett, doña Roxana Valenzuela
Reyes y don Juan Ángel Muñoz López.

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