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LA AUSENCIA DEL SIGNIFICADO

PROPIEDAD TRASCENDENTE DEL SIGNIFICADO EN CUANTO NATURALEZA ESPIRITUAL

POR MARTÍN CLETO GUTIÉRREZ

El significado aparece en razón de la trascendencia del mismo. Sin esta no


habría lenguaje. Porque el hombre, en cuanto ser espiritual, es un ser
trascendente. Y, en razón de ello, es un ser incontenible. De este modo, no puede
dar a conocer todo de sí. Por eso, siempre hay algo que se escapa al
entendimiento, es decir, algo se ausenta. Tal ausencia es consecuencia de la
propiedad espiritual del hombre. Por ello, la historia de la escritura hace énfasis
en ‘la ausencia del significado’. A pesar de que el significante es la imagen del
significado, este siempre es trascendente. No se puede forzar al significante
parir todo el contenido formal que hay en él, sino sólo conservarle y dejarse
afectar por él para conocer sólo una parte de él. Por tal motivo la historia de la
escritura es sólo una mediana manifestación sensible de la historia de la
afección del significado. Tal afección es la consecuencia de su propia
trascendencia.

¿Por qué el significado es trascendente? La razón reside en que el este es un


contenido espiritual. Su trascendencia está en su propia naturaleza. No sólo
existe la preocupación de que el significante sea inteligido con perfección, sino
de que el significado se dé a conocer. Esta preocupación del significado es un
movimiento efectuado en el campo de la inteligibilidad que busca comunicarse
al ‘otro’. Por eso la ausencia, por la trascendencia del significado en el
significante, es a la vez la historia afección del significado para materializarse
en el significante. Tal ausencia es en razón del significado que busca trascender
y lo hace en elaboración y conservación de signos sensibles, por los cuales,
mediante su afección, será nuevamente reinteligido el significado. Este no desea
otra cosa más que trascender en la existencia del significante. Por eso la razón
de la trascendencia del significante se funda en la trascendencia del significado
mismo. Así, el significado se encuentra en un devenir mediante su autoafección.

La vida inteligible no es más que una historia de imágenes sensibles que buscan
comunicarse. La conciencia no es un conjunto de mónadas que estén fuera de
las afecciones significantes. Pues la afección no es sólo producto de un
conocimiento (sensible) inferior. Definir lo inteligible prescindiendo de lo
sensible es incurrir en una escisión infranqueable entre el significado y el
significante. Es muy común el pensar que el significado pertenece a lo
absolutamente inmutable. Sin embargo, así se no expresaría de modo profundo
el enigma del significado. En la dialéctica entre el significado y el significante,
se encuentra el centro que guarda la inteligibilidad del primero. Negar su
devenir incluye la negación de que en él haya un sentido e intencionalidad, en
efecto, no habría movimiento que efectuara la salida hacia la materialización.

El devenir del significado tiende a la afección con el fin de comunicarse. El


significado, en cuanto contenido espiritual, busca ser entendido por otro ser con
la capacidad espiritual semejante, mediante formas impresas en la materia. La
preocupación del significado por expresarse no es la ruptura con lo inteligible.
Al contrario, la carencia creadora de significantes imposibilitaría la perfección
de lo inteligible. Por ello, el significado busca al otro en razón de su carácter
trascendente. El contenido formal del significante y su trascendencia tiene su
origen en la inteligibilidad y remite al significado como prueba de su
trascendente espiritualidad. Pero esta tensión alcanza al mismo significado y no
sólo de modo exterior, pues el sentido de la intencionalidad viene desde su
misma inmanencia. La intencionalidad es la fuerza del automovimiento y
afección del significado. Pero ¿qué importancia tiene el significado? En el
campo del lenguaje el significado desea el significante, un deseo a lo igual y a
la vez a lo otro, es decir, un deseo a lo sensible y a lo inteligible. Pues no desea
ser materializado perennemente, sino solo un momento para después volver
hacia lo inteligible.

El significante fue elaborado porque existía el significado. La producción del


significante por parte del significado es un enigma más profundo que la mera
relación que existe entre ambos. Pues no se trata de una elaboración solo desde-
fuera sino hacia-fuera, es decir, desde el punto de origen inmanente de la
conciencia. Por eso, esto excede a la mera relación del significado y
significante, va en dirección a la elaboración de significantes. La intención de
ser significante presupone la intención de salir al otro. La existencia del
significante es la historia de la comunicación del hombre con el hombre. Por
eso, el deseo del significado de ser significante presupone la materialización.

La materialización del significado en el significante no tiene la intención de


quedarse en la relatividad ni en el error, sino en la plenificación del sentido del
significado en la conciencia y de hacerse en cada conciencia un significado
pleno, dejar que el ‘otro’ participe del mismo contenido inteligible y
corresponda el conocimiento inteligido.

La historia del significante no se distancia de la propiedad trascendente, porque


tal propiedad reside en la historia de la afección del significado. La materia
significantizada es el punto de origen de la historia inteligible-sensible. Lo
materializado no es sólo materia sensible sino inteligible a causa del significado.
Por ello, la afección del significante es la afección del significado. Pero solo la
afección segunda propicia la primera. La materia se intelige desde el punto de
origen de la trascendencia del significante y, al mismo tiempo, desde el punto
de origen de la afección del significado. La aprehensión de la materia del
significante transforma lo atemporal en historia y, a su vez, ésta en
atemporalidad. La historia de la trascendencia del significante se convierte en
una historia inteligible ya que la primera es la historia de la afección del
significado. La inteligibilidad de la historia no es otra cosa que la inteligibilidad
de la trascendencia. Esta inteligibilidad de la materialidad es la repuesta que
tiene su origen en la inteligibilidad de la historia de la trascendencia del
significado.