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juntan son discutibles, como el esquema binario de lo extracti-

vo y lo incluyente, también el nexo causal: no está claro que las


instituciones liberales hayan producido el desarrollo: / eue no
CepÍrur.o 10
haya sido a la inversa, o sea, que el desarrollo (ese desarrollo)
haya producido determinada clase de instituciones.
Er opro
DE LOS INTELECTUALES
Lo que me interesa subrayar es que el factor con el que sc
trata de explicar el atraso es siempre un residuo, ajeno al mode-
lo económico: cultura, capital social, etcétera. De hecho, hacc
falta señalar el residuo porque eso permite dejar a salvo el mo-
delo económico, que funcionaría correctamente, y produciría
la prosperidad general, si no fuese por la cultura, la falta clc
educación, de capital social o respeto de legalidad.
Decíaque en lo fundamental nada ha cambiado después clc
La trayectoria del neoliberalismo no está cerrada, ni mucho me-
la crisis de 2008. Algo sí: el modelo neoliberal se ha consolida-
nos. El momenro de su mayor creatividad intelectual ya pasó,
do, y ha encontrado en la crisis nuevos recursos para afirmarst'.
en los años cincuenra y sesenta del siglo pasado, cuando por
primera vez se imaginó el mundo entero, la política, el derecho,
el matrimonio como un mercado. Y el momento épico en que
se impuso contra la inercia de más de medio siglo también pasó
ya, en los años setenta. La producción académica en la línea de
Hayek, Leoni, Becker o Friedman es básicamente derivativa,
ofrece escasas novedades. Y entre las ideas políticas, las iniciati-
vas legales e institucionales hay poco original, poco que no se
haya intentadoyacon mejor o peor fortuna. No obstante, sigue
siendo el esqueleto del sentido común de nuestro tiempo.

El momento neoliberal

Cuando se miran los rasgos básicos del presente: el orden polí-


tico, el sistema productivo, las relaciones sociales, lo primero
que salta a la vista es la tecnología. Y en general, lo bueno y lo
malo remiten igualmente al cambio tecnológico. Gracias a él la
globalización, las nuevas formas de protesta, la mercadotecnia,
el nuevo régimen laboral. Es indudable. Sin embargo, en lo
fundamcntal, el orden dcl nuevo siglo es producto de un siste-
nta tle irleas, un progrnnlrr polltico, trna currfigurirción institu-
cionrl. (lrrlero decir que la tecrrolo¡¡fa es secunclarin.
Latraza es conocida, la hemos visto ya. Liberalización co- colecdva, que contrasta con el ánimo dominante durante casi
mercial, libre circulación de capitales, privatización de empre- todo el siglo veinte. No es un asunto menor. La primera conse-
sas y servicios públicos, desarticulación del sindicalismo. En cuencia de ello es una aguda conciencia de lo que nos corres-
síntesis, es un modo de producción en el que la combinación ponde, lo que nos merecemos; en general porque pagamos por
del libre movimiento de dinero y la restricción del movimiento ello (pagamos impuestos, pagamos el precio). Igualmente im-
de la mano de obra hace que las fronteras se conviertan en pie- portante el reverso de la misma idea- es el menosprecio
zas clave para la generación de valor. Eso es la globalización. -es
apenas disimulado, la casi hostilidad hacia los grupos menos
Que debe menos a la tecnología que a las leyes, empezando pol favorecidos: obreros, trabajadores informales, desempleados,
la soberanía nacional (que tiene un papel tan discreto en la rc- migrantes, sobre todo cuando demandan alguna clase de pro-
tórica vigente). Adicionalmente, se extiende cada vez más, y tección o de beneficio. Nuesrro sentido común dice que cada
domina, una manera de entender los servicios públicos, la sa- quien tiene lo que se merece. Y que si no se les pone un aho,
lud, la educación, como mercancías para satisñcer necesidadcs "ellos", los que no se han esforzado lo suficiente, tratarán de
individuales. Y domina otra manera de pensar al Estado, la p«r- aprovecharse de "nosotros", y de lo que hemos conseguido con
lítica, la burocracia, y otfa manera de entender la ciudadaníir nuestro trabajo.
que se confunde con la lógica del mercado; los derechos univcr- La sociedad de los individuos, en el horizonte neoliberal, se
sales ceden cada vez más, frente a los que se merecen (o no st' experimenta como una entidad dividida, en la que la idea de
merecen). mérito individual se sobrepone a cualquier orra consideración
No parece exagerado decir que vivimos si no una civiliza" como criterio ético (haciendo abstracción de casi todas las con-
ción neoliberal, sí un momento neoliberal, equiparable al nro- diciones materiales de ese "mérito", que no es en realidad indi-
mento liberal de la primera mitad del siglo xrx. Es decir, tn¡ vidual y en la mayoría de los casos no depende tampoco del
orden social, un sistema institucionalr pero también un conjrrrr= esfuerzo ni del ralenro, o sea que no es mérito).
to de ideas, valores, y lo que se puede llamar un "imaginalirr Es claro que el programa neoliberal vive horas algo bajas
social": una manera de entender la vida cotidiana, los avatirrc§ después de la crisis de 2008. Por otra parre, los resultaáos eco-
del trabajo, las relaciones sociales, un modo de interpretar nues= nómicos, mirados globalmente, al cabo de treinta años, son
tras propias aspiraciones. Nos pensamos, hablo de las socicrla= muy pobres. El aumento de la desigualdad es obvio, estridente,
des occidentales básicamente, nos pensamos como individtto¡ ofensivo. Algunas de las ideas básicas del modelo parecen clara-
con intereses, motivos y propósitos propios (el propósito tle mente indefendibles. Y sin embargo, el neoliberalismo sobrevi-
acumular dinero, sobre todo), en competencia con otros intlivl- ve, y más: sigue siendo el modo dominanre, y no parece haber
duos, todos con sus respectivos intereses, pero a los cuales nr¡ le¡ alternativas. La crisis no provocó ningún cambio iÁportante ni
debemos nada. El resto se deriva de ahí. de políticas económicas, ni de legislación. El fenómeno es no-
Algunos rasgos de ese sentido común parecen haber cstlttlrr table. Sugiere que el momento neoliberal a pesar de todo tiene
ahí, como estructura de la conducta, desde hace much«r. Prlr todavía bastante futuro. Pero no es obvio por qué.
ejemplo, la idea de que como individuos tenemos derechos ln= La supervivencia del neoliberalismo obedece sin duda a
alienables. Pero otros rasgos son sin duda más recientes, prl¡rl*= muchas causas. La primera, acaso, que el orden social que dio
mente neoliberales. Por ejemplo, la manera enfática, [:cligcrarr= lugar al momento bienestarista, con una clase obrera
te, como entendemos el mérito indiviclual, y la nrancrir «rrtrrr organizacla en sindicatos poderosos, con importanre peso "*t.rrr",
polí-
rechazamos casi ¿rut«rrnáticanrcntc la idcrr dc lir responsahilirlad tlco, yir no existe. Adicionalmcnre. la libre cireulaciCrn global de
capitales, con el amparo de los paraísos fiscales, ha dado lugar a ciencia, cuyo modelo es la ffsica de fines del siglo xwrr: leyes
un predominio del capital financiero que condiciona el rest«r universales, formulas algebraicas, soluciones lógicas e inequívo-
del orden social. Mientras eso no cambie, y por ahora no va a cas. Está también la convicción de que las explicaciones pueden
cambiar, no es fácil que se piense en otro sistema. Thmbién es ser ser- siempre simples y claras, indiscutibles. La
verdad que no hay un programa político, productivo, institu- -deben
base es la imagen de la sociedad como un mecanismo, que fun-
cional, que sirva como alternativa. Porque el neoliberalismo ha ciona a partir de las necesidades materiales de individuos que
formado nuestro senddo común, y no es infrecuente que quic- responden como resortes. Y finalmente está la idea de que el
nes rechazan enérgicamente la política fiscal, o financiera, lr¡ conocimiento debe ser inmediaramente útil. La matfiz remire a
política económica neoliberal, adopten con toda naturalidacl las obsesiones, las fantasías y los prejuicios del nuevo senrido
sus premisas en todo lo demás. común; pide un conocimiento simple, inequívoco y útil, cien-
Por otra pante, el fracaso catastrófico de 2008, y de los añ«rs tífico, transparente, que se produce con la misma facilidad me-
siguientes, siempre puede matizarse. Dado que el movimientt¡ cánica con que se produce cualquier orra cosa. Y se vende igual-
de capitales produce casi inevitablemente burbujas, movimielt- mente, porque sirve.
tos de auge más o menos espectaculares en mercados que se Pero vuelvo al problema del espacio público y la supervi-
abren, que se recuperan, que ofrecen nuevas persPectivas de g,rr- vencia del neoliberalismo, o la falta de alternativas al neolibera-
nancia, siempre hay algún ejemplo que mostra¡ alguna historia lismo. Encuentro dos factores, digamos, estructurales: una dis-
de éxito, que prueba que el modelo funciona: ahora en Corca, torsión muy característica del sistema de educación superior, y
en Indonesia, ahora en Chile, en Lituania, en Perú, aunque es()s el empobrecimiento de la vida pública, producto del predomi-
mismos ejemplos se hundan poco después. Se busca otro cilso, nio de un Star System intelectual. Y algo más, algo en el progra-
otra historia de éxito habrá alguna-. ma mismo que se podría resumir con la expresión de Aron, o
-y
Me interesa subrayar un factor adicional. La transformaciritt sea, que el neoliberalismo sea el nuevo opio de los intelectuales.
del espacio público, y de la conversación en el espacio públicrr.
Pero antes de hablar de ello, a lo mejor es útil una recapittt=
lación. Como sistema de ideas, el neoliberalismo es un progr¿t= La industria de la opinión
ma utópico que surge entre las dos grandes guerras, en Euro¡tá,
Y su impulso básico obedece a lo que George Steiner llamah¿r la Friedrich Hayek sabía que el programa neoliberal tenía que ser
nostalgia del absoluto, es decir, es una especie de teología strstl= de entrada impopular. Sabía que las reformas para producir mer-
ruta, un sistema de creencias que incluye la ambición de totall= cados de competencia abierta siempre generan resistencias, por-
dad, la necesidad de explicarlo todo, definitivamente; tanrhiCn gue afectan intereses creados. Porque eliminan subsidios, pro-
un conjunto de textos canónicos y unas cuantas ideas indiscrrtl= tecciones, privilegios, garantías gremiales, para someter a todos,
bles, una ortodoxia; y un lengua.ie propio: un idioma, un rc[)cf= parejamente, a la incertidumbre bajo el dominio impersonal de
torio de imágenes, metáforas. El resultado es lo que se podtle las fuerzas del mercado. La historia ofrece ejemplos de sobra. Y
llamar una "matriz intelectual" del neoliberalismo, que cxplic-e pensaba por eso que era indispensable crear un clima favorable a
mucho de su atractivo, y sobre todo su cohesión. las reformas. Explica¡ argumenrar las nuevas ideas, ponerlas en
Esa matriz intelectual corresponde a una configuracirltt circulación para frirmar un nuevo sentido común, predispuesto
concreta que no es difícil reconstruir. Llstá en primer ltrgar el t su favor (la idea no era muy extraña en los ¿rfios treinta, cuaren-
entusiasmo científico, pero con una iclea trlLry particrrlar .le le tal en el otro ertremcl, en el l)artido (irnrunista ltaliano, Antonio
Gramsci pensaba también que el combate decisivo iba a librarsc han empobrecido. La falta de alternativas para hacer frente a la
en el terreno cultural, en la lucha por la hegemonía). crisis también tiene que ver con eso.
fuí se imaginó la estrategia de la Mont Pélerin Society. La Por otro lado, el control oligopólico de la industria edito-
sociedad misma era el núcleo intelectual, donde debían gene- rial, y de los medios de comunicación en general, ha tenido
rarse y discutirse las nuevas ideas, entre militantes indudables. también un impacto colateral en la producción académica. En
Pero lo más importante era la formación de los centros de estu- contra de la lógica normal de la cultura del libro, y en contra de
dios, las fundaciones, sociedades, decenas y cientos de ellas, de- las rutinas de la vida universitaria, se configura una especie de
dicadas a la difusión del progrtma, para ponerlo al alcance de Star System académico: unos pocos nombres de fama entre el
cualquiera. El objetivo era incidir sobre los "vendedores de ideas público general, amplificada mediante la caja de resonancia de
de segunda mano": periodistas, locutores, intelectuales, políti- los medios, y que se convierten en término de referencia inelu-
cos, porque son ellos quienes forman el sentido común. dible en cualquier materia. No suelen ser los académicos más
El proyecto no era enteramente nuevo, pero los miembros originales, normalmente son los ya consagrados, los que apare-
de la Mont Pélerin Societ¡ y los empresarios que lo financia- cen con regularidad en temarios y bibliografias, muchos de
ban, consiguieron crear una red sumamente extendida, con ellos asociados a frases muy sonoras, como eslóganes, y que la
centros de estudio dedicados a casi todos los temas. Y el núcleo televisión termina de proyectar.
del programa era lo bastante simple, lo bastante claro para quc Ese Star System ofrece una representación distorsionada de
el conjunto funcionase de manera coordinada. Privatizar, crear' la discusión académica en el espacio público. Quiero decir, mu-
mercados. chos de esos autores muy famosos, muy reconocidos, no son
El cambio en eso, hasta ahí, fue deliberado. Pero hay otnrs relevantes: o no lo fueron nunca, o no lo son ya, para los pro-
dos factores en la transformación del espacio público: las uni- gramas de investigación vigentes. Eso descontando que en una
versidades, y la industria de la comunicación. comunidad académica no opera el mismo principio de autori-
En las tres décadas largas de predominio del progranrr dad sobre el que descansa buena parte de la discusión pública:
neoliberal se ha producido una distorsión del sistema de edu el nombre de los autores famosos no resulta abrumador.
cación superior en casi todo el mundo. Es obvio en el caso rlc Por regla general, los famosos rro son originales, y en reali-
la economía, pero sucede algo parecido en todas las denlris dad no participan del diálogo académico. Pero importan preci-
ciencias sociales. Las exigencias de rendimiento y productivi- samente porque están a medio camino. Tienen la popularidad
dad en el mercado simulado de las mercancías académicas harr que ofrece la industria del espectáculo, pero también el presti-
creado un sistema de precios que privilegia los mecanismos clc gio del libro. Llegan a un público masivo, y llegan con premios
evaluación de algunas universidades estadounidenses, que fi.ur y reconocimientos. Son los factores del sentido común. Desde
cionan como garantes de la calidad académica. Esa jerarquía tlc luego, los hay de izquierda y de derecha, aunque el espectro
facultades, revistas, editoriales, ha generado una fuerza centrí suele estar cargado obviamente en favor de los intereses empre-
peta que afecta a todas las disciplinas, y decide lo que vale, 1,, sariales de quienes sostienen la industria-.
-los
Adicionalmente, iunro a ese Star System de la academia hay
que importa, lo que se debe investigar. Se ha formado, conlo
nunca antes, una comunidad académica internacional, ¡rcru un conjunto de intelectuales satélites, por llamarlos de algún
también se han estrechado los límites en casi toclas las cliscipli modo: periodistas, locutores, tertulianos asiduos de los progra-
nas. Y eso ha repercutido a su vez, en cl cs¡racio público, cn l¡tr mas dc o¡rinión. Son cllos, lo sabla bien Hayek, t¡uienes libran
formas de la convcrsaciótr pÍrblicr e,tr t«¡clo cl nruncft¡, (¡rc sc las lxrtalll¡s cotitli¡rru¡s dcl lrcoliberalisnlo, .sc¡lr los nonrbrcs r¡trc

ItÁ
aparecen en la gran prensa. En general, no se les toma en serio ruptura violenta y definitiva, y la posibilidad de la reconcilia-
en las discusiones académicas. Esa distancia les permite capita- ción final. Pesimismo presente, optimismo futuro espe-
lizar también la veta populista, anti-intelectual, del neoliberalis- cie de optimismo catastrófico en realidad, de impronta -unaromán-
mo, sin renunciar a su prestigio de expertos. El suyo es un saber ¡i6¿-. Una síntesis muy seductora, aunque no fuese rigurosa.
pragmático, realista, que coincide con el de los hombres de em- Además ofrecía a los intelectuales una fe, una seguridad, un
un saber desencantado, que llama a las cosas Por srt
presa; es lugar, un propósito, una justificación política. En Francia, en
nombre, sin hipocresía, sin eufemismos; y es además un saber particula¡ permitía sadsfacer la necesidad de una militancia,
modesto, que admite de entrada la superior sabiduría del hom- sin abandonar la tradición anticonformisra, rebelde, románrica,
bre común, que sabe lo que quiere, y lo escoge cotidianamentc fundamentalmente antiburguesa, con que se habían identifica-
en el mercado. Es decir, que están en las antípodas de los acadé' do siempre los intelectuales.
micos: inexpertos, fantasiosos, arrogantes, con un saber libres- Y bien: en los últimos veinte, rreinra años, en el cambio de
co, "políticamente correcto". siglo, el neoliberalismo parece haber ocupado el lugar del mar-
Ahora bien, así se ha formado el escenario, así se distribtr- xismo, con una función bastante parecida. Decía Aron que la
yen los papeles. Y así se ha empobrecido la conversación en cl ideología se convierte en dogma cuando admite el absurdo. A
espacio público. Pero queda el hecho de que los académicos, los partir de 2008, el neoliberalismo parece cada vez más un dog-
famosos quiero decir, pero también muchos otros, acaso la ma- ma. Pero eso no resta un ápice a su atractivo. Sigue siendo jo-
yoría, y esos intelectuales satélites efectivamente comparten cl ven, rebelde, iconoclasta, científico, realista, esperanzador.
credo neoliberal. Y eso también hace falta explicarlo. En muchas cosas, el programa neoliberal está en las antí-
podas del marxismo. En otras, está sorprendentemente cerca.
El programa tiene su canon: Hayek, Friedman, Buchanan, y
El opio de los intelectuales una larga lista de glosadores, comentaristas, acólitos, divulga-
dores. En conjunto, ofrece un sistema de ideas muy sencillo,
En 1955 publicó Raymond Aron El opio de los intelectuales. l¡,s asequible para cualquiera, que permite explicarlo todo. Y tiene
una obra de combate: incisiva, enérgica. Sobre todo trataba clc además un sentido profetico: un orden moral de la historia. En
explicar la simpatía de los intelectuales franceses por el con"rtl- coritra de la historia sagrada del marxismo, propone una abso-
nismo. Un fenómeno extraño, según Aron, porque el marxisnltr lutamente humana: pero su entusiasmo prometeico no es me-
no tenía vigencia real en las universidades. O sea, que no atraítt nos mitológico.
por la exactirud o la solidez de sus explicaciones, porque natlit' Las ideas del programa neoliberal son discutibles, dudosas,
creía verdaderamente en ellas, sino por su fondo mítico (por muchas de ellas carecen de fundamento. El atractivo del pro-
cierto, en la categoría de intelectuales Aron contaba a escribrts' grama no depende de eso. Las afirmaciones básicas de Hayek o
expertos y letrados, es decir: funcionarios, miembros de las prrr Becker sobre la naturalezahumana, sobre la libertad o el merca-
fesiones liberales, y profesores y periodistas, profesionales dc krs do, son en estricto sentido indemostrables. Seducen por orros
medios de comunicación; no interesa por ahora hilar más firltt)' motivos. No es algo trivial. La mayor parte de quienes defien-
El marxismo ofrecía una gran síntesis de los motivos tlcl den el mcrcado como solución para la salud, la educación, la
pensamiento progresista: la fe en la ciencia, la confianza ell litt gestiólr pírblica o lo qtrc scAr no sc ir[)oy¿u1 en cstudios concretos
posibilidades de la técnica, la arn["¡ición clc itrsticia, la vintlit'rr r¡uc clcrrrrrcstrcr¡ níl(lil; cntrc olrlls cosils, [)orquc con mucha fre-
ción de los infbrtun¿tclos, cle l«rs tlélli[cs, lr lleccsitlatl tlc rrlr.r cuenci¡r no k¡s lrrry. l,)n esr ¡rlulro. la tliseusir'rn no cs rcllnlentc

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racional, porque la convicción que sostiene el programa no se Las grandes obras del programa neoliberal: Camino de ser-
deriva de ninguna prueba, ni puede ser refutado por ninguna uidumbre, de Hayek, La sociedad abierta y sus enemigos, de Pop-
prueba. per, La libertad y lo lr!, de Bruno Leoni, son beligeranres, son
Con todo, la fe tiene sus razones. O al menos, sus motivos. textos de combate, de ánimo apocalíptico. Es imposible leer a
En primer lugar, el neoliberalismo resulta atractivo porque Hayek y no sentir en algún momenro que es el último hombre
ofrece una explicación para todo. Igual que el marxismo de otro libre en el mundo de pesadilla de Orwell o Huxley. Su obra,
tiempo, igual que cualquier religión. El mundo entero se expli- como la de Popper, Becker y Buchanan, está escrita contra el
ca, lo hemos visto, a partir de un mismo esquema, que puede sistema, contra lo que en los años sesenta se llamaba "el establis-
asimilarlo y procesarlo todo. La simplicidad de los modelos de bmenf'. Solo que los enemigos, quienes ocupan las posiciones
mercado los hace muy seductores, y muy convincentes: no ha- de privilegio, son la burocracia, los sindicatos, los políticos, y lo
cen falta conceptos elaborados, hipótesis complejas, contrain- que hay que combatir son los impuestos, los servicios públicos,
tuitivas. Todo se explica con tres o cuatro ideas de andar por la legislación social, el salario mínimo. En la medida en que
casa: individuo, racionalidad, competencia, maximización. todo eso sigue existiendo en rodas partes: alguna clase de legis-
El éxito de las extrapolaciones de Gary Becket y de libros lación social, algún servicio público, un apararo administrativo
muy populares de fingida economía, es muy revelador. El pro- del Estado, en esa medida los partidarios del neoliberalismo
grama tiene respuesta para todo, y siempre la misma respues- siempré pueden presentarse como rebeldes, iconoclastas, mar-
ta. No hay necesidad de investiga¡ no hace falta el trabajo ginales, defensores de la libertad contra el orden burocrático
empírico, y las soluciones tienen la limpieza de las operaciones establecido. Y en eso son verdaderamenre herederos del espíritu
lógicas (porque son operaciones lógicas). Ya conocemos la es- de la protesta de los años sesenta.
tructura del mundo social, es siempre el producto de indivi- La idea central del neoliberalismo, derivada de su noción
duos egoístas empeñados en maximizar. De modo que para de la naturaleza humana, es que el mercado siempre funciona,
entender cómo se produce determinado resultado, lo único y que es la solución más eficiente en cualquier caso. Eso, según
que hace falta es imaginar la situación como un mercado, ima- la formula de Hayek, porque no hay orro mecanismo compara-
ginar qué cosa están maximizando qué individuos; y paru co- ble para procesar la información. El mercado reúne la sabiduría
rregir lo que haya que corregir, solo hace falta arreglar los in- de todos, sin irnponerse a nadie: cada quien sabe lo que quiere.
centivos, acomodar los castigos y las recompensas para que se El neoliberalismo es la ideología del hombre común: antipolíti-
produzca el resultado que se quiere. ca y antiintelectual por parres iguales, y por eso popular, conres-
Las explicaciones son sencillas, resultan convincentes para tataria. Enfrente esrá no solo el Estado, sino los funcionarios, la
cualquiera, porque se ajustan al sentido común, y son ostentosa- clase política, los expertos, los académicos, los pedantes que
mente realistas. Y permiten burlarse de cualquiera que suponga pretenden saber más que la gente común, y que por eso quieren
otra cosa: el interés público, el bien común, la ética de servicio. poner reglas y límites.
Segundo motivo. El neoliberalismo también permite siem- Es verdad que del lado bueno de la ecuación, entre los re-
pre conservar la actitud crítica, rebelde, inconformista, que ca- beldes, están los empresarios (que normalmente son también
racteriza a los intelectuales. Es una forma curiosa de rebeldfa parte del establishtnenr). El cambio cultural consisre en ponerlos
porque en general defiende los intereses dominantcs, pero no e! simbólicamente del orro lado, con la genre menuda. En gene-
por eso menos real. Los partidarios del neoliberaliemo se sien- ral, se emplean designaciones emebles e incluso encomiásticas:
ten desde siempre, pase lo que prise, rebeldee, §on los creedorcs de rlqueze o lo¡ ererdorcs de emplco. Pero no
es lo fundamental, sino la idea de que todos somos empresarios, Pero además está la defensa del mérito. Si el mercado fun-
como dirían Becker o de Soto, o que todos seríamos empresa- ciona, y asigna precios correctamente, y distribuye recompen-
rios si no estuviésemos oprimidos por un Estado que nos lo sas, y da a cada uno lo suyo, significa que reconoce el mérito, y
impide. lo recompensa. Y confiere más riqueza a quien más se ha esfor-
En resumen, el neoliberalismo crpitaliza el prestigio de la zado. Premia a los mejores. En esto el neoliberalismo cumple
rebelión ala.vez que desculpabiliza la riqueza. De entrada, se con la función más básica de la ideología, que consiste en justi-
supone que la riqueza corresponde al mérito, que quien tiene ficar el orden social. En ocasiones, en la obra de Hernando de
dinero es porque se lo ha ganado justamente, porque es mejor. Soto, por ejemplo, la idea del mérito tiene acentos populistas,
Pero no es lo más importante. El enfoque de la elección racio- en otras ocasiones, como en Richard Posner, llega a tener una
nal, el modelo mismo de la naturaleza humana, dicen que todos sonoridad nietzscheana. Como sea, el mérito es una de las ideas
los individuos son igualmente egoístas, calculadores. Moral- clave de la retórica neoliberal (que contrasta directamente con
mente, no hay diferencia alguna entre el hombre más rico del la noción de responsabilidad colectiva de la sociedad bienesta-
mundo y el más miserable de sus empleados, y cada uno tiene rista del siglo veinte).
lo que se merece. Eso permite denunciar sin más averiguación La piedra de toque es la libertad. Tiene correlatos muy con-
la hipocresía de las buenas intenciones. Quien diga que busca el cretos: la supresión del salario mínimo, la reducción de impues-
bien del prójimo es un mentiroso. Eso para empezar. El rebaja- tos, la privatización de la educación, pero la libertad es siempre
miento general somos iguales, igualmente egoístas- otra cosa, mucho mayoL de importancia metafisica. Es decir,
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deja en peor situación a quienes afirman otra cosa. Y así es po- que puede ser defendida por sí misma, con independencia de
sible juntar la rebeldía y la riqueza, con buena conciencia. los resultados. La formulación de Hayek es úansparente: "solo
Algo más, un tercer motivo. El neoliberalismo permite cabe salvaguardar la libertad en la medida en que se la conside-
también adoptar una postura moral. Puede parecer algo incon- re en todo momento principio supremo, no conculcable en aras
sistente, de entrada. Después de todo, el programa tiene una de cualquier ventaja circunstancial". Es la última trinchera: po-
clara e insistente ambición científica (Mises, Hayek, Friedman). dría ser que la regulación ofreciera alguna ganancia, podría ser
Se trata de explicar el funcionamiento real del mundo, sin ha- que el libre mercado produjese más pobreza, desigualdad, pero
cerse ilusiones, fuera de la caverna. No solo eso, sino que su idea la libertad seguiría siendo el valor último, que hay que defender
de la naturaleza humana es casi cínica. Y sin embargo, los textos a cualquier precio.
clásicos del neoliberalismo, y los alegatos de los revendedores dc Aún hay otro motivo, uno último, que ayrda a explicar el
segunda mano, suelen tener una elevada temperatura moral. F,l atractivo del programa neoliberal: la ilusión de estar a favor de
tema merece dos párrafos. la historia. En eso no era muy distinto el marxismo. El mecanis-
Para empezar, está la bisagra normativa del realismo, qr,re mo fundamental es una reinterpretación del pasado paradójica-
permite acusar de hipocresía a quienes no reconozcan sus interc- mente "deshistorizado". La complejidad de las situaciones con-
ses egoístas (si usted no admite que es egoísta y que persigue str cretas es sustituida por una oposición abstracta: intervención o
propio interés, es un mentiroso y un hipócrita gravementc libertad, estado o mercado, taxis o nomos, instituciones inclu-
-o
irracional-). El tono puede ser muy enérgico cuando se trata (l(' yentes o exfractivas, clc modo que se puede Proyectar en el pasa-
los políticos: diputados, funcionarios, sindicalist¿rs, que osfcnsi- cl<l cuak¡rrie,r altcruativa política dcl presente. [,a moraleja es
blemente viven de su cargo, y además clcterrrrtr rlgúrr p«rdcr, y sicnrprc llr rnislrur: "cso" ylt sc pr«lllr'l, "csti'yrt sc itrtcntó, y fue un
todavía invoc¿rn al¡¡urra c:l¡tsc cle illtcr/'s c'orrrtin o ('()sir ¡lrrt'cciclrr. li'lrtlso, slrlrcrnos (luc no lunr i.rt¡t, r.ott't'spotttlc lrl ¡rlrslrtlrt. "lis«i'

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puede ser cualquier cosa, una política anticíclica, la seguridad determinada por predisposiciones genéticas de las que no so-
social, los servicios públicos, un régimen fiscal o monetario. mos ni siquiera conscientes.
La operación permite que la defensa del programa neolibe- No deja de haber algunos autores interesantes . La mayoría
ral sea siempre la defensa del futuro, contra una alternativa que de sus partidarios defienden un naturalismo craso, diffcil de
corresponde al pasado. No es poca cosa. En un sentido curioso, compartir. En esquema, su explicación es como sigue. La selec-
que Aron no hubiera pensado, hay también una idolatría de la ción natural decide la historia. Impone determinado tipo de
historia neoliberal, que consiste en estar siempre con el futuro conductas para garantizar la supervivencia, impone conductas
(un futuro que se aleja como la línea del horizonte, sin perder concretas a individuos concretos. Y lo hace mediante los genes,
nada de su atractivo). que están inmersos en una lucha cósmica por sobrevivir. Los
genes quieren reproducirse, y emplean a los seres humanos para
ello. Obligan a los individuos a ser astutos, o egoístas o celosos,
De vuelta r la, naturalezt a enamorarse, a flirtear con determinadas personas, porque eso
es lo que ofrece mejores garantías de éxito, es decir, de repro-
En los momentos de mayor ambición teórica, en la obra de ducción futura de los genes. El resultado es que las pautas de
Hayek, el mercado, la naturaleza y la evolución se confunden, y comportamiento que observamos hoy son en realidad las res-
son en realidad una misma cosa. En ningún momento hace puestas más eficientes en términos evolutivos, las que se fijaron
falta un propósito consciente de nada, un orden deliberado, no en los genes desde el principio de los tiempos.
hace falta un diseño racional, ni la voluntad explícita de cons- Imagino que no hace falta subrayar que el esquema básico
truir. De manera espontánea se seleccionan las soluciones más de sus explicaciones es muy similar al del programa neoliberal.
eficientes, sobreviven los mejores. La transición que lleva de Suponen que todo proceso obedece a una racionalidad, siempre
una pequeña banda de salvajes (así dice Hayek) a la Sociedad la misma racionalidad, que no es consciente ni deliberada, sino
Abierta es un proceso espontáneo por el que los hombres adop- producto de un mecanismo impersonal. Y el resultado es siem-
tan los principios de orden que demuestran mayor eficiencia. pre, por definición, el más eficiente.
Quiere decir que el mercado no es natural, por cuanto no es El abanico es muy amplio. Se ha imaginado que existe un
originario, no está en la banda de salvajes, pero es natural por- gen de la fidelidad y un gen del altruismo, y uno de la forma-
que resulta de un proceso evolutivo espontáneo, ajeno a cual- ción de clubes, un gen de la reciprocidad y uno para identificar
quier propósito humano. a los parientes biológicos. El procedimiento, por cierto, es si-
En el fondo, el horizonte normativo del neoliberalismo cs milar al de los modelos económicos: se toma un comporta-
la naturaleza por lo visto funciona como un mercado-. miento más o menos extendido, se postula que es respuesta
-que
Hagamos un último aparte. En los últimos años el progra' adaptativa a algún problema, y se imagina el mecanismo que
ma neoliberal ha tenido una réplica muy llamativa en lo que se pudo haberlo generado, en una banda de cazadores del pleisto-
llama la "psicología evolucionista". Es una combinación clc ceno. Hay autores que han descubierto que están determinados
ideas de la biología, la teoría de juegos, la psicología cognitivrt, genéticamente el eg«rísmo, la monogamia, Ios celos, la prefe-
y algunas teorías de la evolución, que propone una nueva nlll' rencia por mujeres jtivcncs, p«rr hombres adinerados, el don-
nera de explicar los fenómenos sociales a partir cle la gctrótic,rr. juanisnro cle l<¡s h.¡nrbrc.s, lir lirrnilia nr¡clcar, la violencia do-
Es un retorno a la biología en su fortnit nrii.s ratlici¡l: stt¡r«lttcr t¡ttc rrr('sticrr. lirr rc'srrrnirlrrs t'rrctrtrrs, cl orrlcn social clc los ¡raíscs
la conduct¿r hunrana, incltts«l c:n sus [irrntits tnrís clitlrorlttlrts, cstl't c(:ntnrlcs crr cl siglo vcitrlr, t¡rrc victtc ¡t sct lu trls¡ritk'tlc ll

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evolución. Así, determinados valores culturales y patrones de
conducta resultan ser hechos naturales, definitivos, adaptacio-
nes de validez universal, mientras que las demás formas cultu-
rales, que han existido durante milenios, resultan no ser adap-
tativas a, fin de cuentas, irrelevantes-.
En-y
sus versiones más audaces, es la naturalización definiti- Apostilla
va del programa neoliberal, determinado desde el pleistoceno Parámetros para una altemativa
los genes-. Los psicólogos evolucionistas, por cierto, se
-en
presentan también como rebeldes, marginados, perseguidos in-
cluso por un establishment académico que quiere seguir creyen-
do en fabulaciones románticas. Juntan el prestigio de la ciencia
con el atractivo de lo oculto, y ofrecen los verdaderos motivos
ásperos- de la conducta. Es una última vuelta de
-oscuros,
tuerca, un impensado retorno de Spencer. En muchos sentidos, el auge del neoliberalismo es un fenóme-
Paradójicamente, vienen a decir que el orden del mercado, no único, singularísimo. En comparación con otros sistemas de
la competencia y el egoísmo individual están en los genes. O ideas, ha tenido un éxito abrumador. Ha contribuido a dar una
,.", q.ré no hay alternativa al reino de la libertad, porque la li- nueva configuración a instituciones en casi todos los campos, y
bertad no existe. se ha impuesto en un plazo relativamente muy breve, en todo el
mundo. Es una ideología global, surnarnente eftcaz. De hecho,
está de tal manera imbricada con el sentido común del nuevo
siglo, que parece imposible de rebasar; en cualquier ámbito se
habla de racionalidad, incentivos, maximización, como si fue-
sen cosas incontrovertibles.
Insisto, es un fenómeno único. No obstante, obedece a un
movimiento que yahabía señalado Polanyi, hace medio siglo,
una especie de inercia de la economía de mercado. Creo que
vale la pena hacer un pequeño resumen.
La economía no ha sido nunca una esfera autónoma, sino
que ha estado arraigada en el orden social, subordinada a la re-
ligión, a la política, a los fines sustantivos de las comunidades
humanas. El mercado ha sido siempre un accesorio. La novedad
del capitalismo europeo, tal como evoluciona a partir del siglo
)cvtII, consiste en el intento de separar a la economía del resto
de la vida social, desarraigarla, y constituirla como una esfera
distinta, con sus propias norrnas, Autorrcgulada. Es decir, la
novedad co le idea de un mercedo que pueda funcionar sin nin-
gune interferencie religioee, morel, polfdc*.
Esa autonomía de es en estricto sentido un
lo económico Desde luego, no corresponde aquí ni siquiera esbozar una
proyecto utópico, porque es imposible de rcalizar. Ninguna so- alternativa al orden neoliberal. Esto es una historia, nada más.
ciedad puede renunciar enteramente a que haya alguna clase de Nada menos. Pero acaso sí convenga un apunte sobre los pará-
restricción moral o política para la operación del mercado. Pero metros para pensar una alternativa. Porque la historia también
se puede avanzaÍ mucho en ese sentido. Ahora bien, la autono- sirve para eso, para saber que no hay nada fatal, nada definitivo.
mía del mercado implica en la práctica la subordinación de to- Seguramente lo primero que hace falta, y es indispensable,
das las otras esferas. Si el mercado ha de funcionar sin trabas, es abandonarlamatriz de conocimiento que el neoliberalismo
tiene que estar por encima de la religión, la política, la moral. ha impuesto como cosa de sentido común. Es claro que no todo
No hay vuelta de hoja. El proceso comienza con la creación de puede entenderse como un mercado: la evolución no es un
dos mercancías ficticias: el trabajo y la tierra (una tercera: el mercado, el orden social no es un mercado, la religión, la fami-
dinero). lia, la ciencia, no son mercados (en realidad, ni siquiera el mer-
Según Polanyi, una mercancía es algo que se produce para cado es un mercado como el que supone el modelo-). El
venderse en el mercado: se puede acumular, gradar, cambiar. problema no es ese,-no sino la idea del conocimiento que lleva a
Obviamente, ni el trabajo ni la tierra son mercancías en ese pensar así. Es decir, la idea de que el conocimiento deba ser
sentido. Ni la vida humana ni la naturaleza pueden ser objeto simple, inequívoco, universal e inmediatamente útil, como son
de comercio sin restricciones, por motivos morales y por moti- los modelos algebraicos de la economía neoclásica.La salida es
vos prácticos. Y por eso las sociedades humanas se resisten a su f,ícil de ver. Hay otras formas de conocimiento: más complejo,
completa mercantilización, y piden que el poder público mode- discutible, relativo, situado. Siempre las ha habido, son las for-
re los efectos de la demanda cambiante de mano de obra, por mas habituales en la mayoría de las disciplinas. En las ciencias
ejemplo, y que cuide del empleo de la tierra, y los recursos na- sociales, para entendernos sin más explicaciones, se trata de in-
turales. Es solo 1o más simple. En general, a todo avance en el corporar el contexto con todos los matices que hagan falta.
proceso de mercantilización de la vida social responde un mo- En segundo lugar,yava siendo hora de reconocer con toda
vimiento defensivo, que resiste al desarraigo de la economía. franqteza que el experimento fracasó. El intento de crear una
Esa resistencia, por supuesto, contribuye al rearme del uto- sociedad de mercado ha ido más lejos que nunca, en todos los
pismo del mercado. Siempre puede decirse que el programa sentidos. Y el resultado ha sido catastrófico. Desde luego, el
habría funcionado si no hubiese sido por la interferencia del utopismo ofrece una última línea de defensa del programa: to-
Estado. davía no se ha ensayado plenamente, todavía falta mercandli-
Me interesa recordar el argumenrc de La gran transforma' zarlo por completo todo. Que es como la defensa del marxismo
ción porque deja bien claro que este no es el fin de la historia. en los años sesenta, setenta, decir que el neoliberalismo "real-
Es verdad, la mercantilización ha llegado más lejos que nunca' mente existente" no es el verdadero. El modelo dice que el mer-
En muchos aspectos vivimos de hecho en una sociedad de mer- cado produ cirá la felicidad: crecimiento, bienestar, estabilidad;
cado. Pero es razonable esperar una reacción, como las que ha si no hay nada de eso, es que la política no era en realidad neo-
habido en el pasado. Pienso por ejemplo en la reacción de los liberal. Y hace falta insistir, con más intensidad, liberalizar más.
campesinos ingleses contra la liberalización del mercado de gra- Rrornns apartc, no huy rnr¡do cle sacarle la vuelta. El resul-
nos en el siglo xvIII, que ha historiado maravillosamente Fl. ll tad<¡ c.stli u lit vista: un írurncrrto vcrtiginoso c{e la desigualdad,
Thompson. O en la legislación lalr«¡ral clcl si¡¡lo x¡x. () r:rr cl rlc:sctluilihrios rcg,iotrirlcs err totL¡ cl plirnctir, inscgrrridrcl labo-
con.iunto clc rcfirrnra.s t¡ttc dicr«rtt lrrg,rrr rrl listittlo tlc lJictrt'stal'. rrrl, tlcstrttccirin rlcl ¡ttttllicrrtc, tlctcrir¡ro tlc t,lrl,,s l«rs scrvicios

x98 t99
públicos, rePetidas crisis financieras' caída del poder adquisiti-
vo d. los salarios, aumento del desempleo de larga duración'
y
un crecimiento de la economía muy inferior al de las décadas
anteriores.
Otra cosa. Si el esqueleto del programa neoliberal es un
proceso de privatización, la alternativa tendrá que pensarse.a
Mínima orientación de lectura
p"rti, d. .rr" recuperación de la dimensión pública de la.vida
social: de la economía, para emPezar' Sin olvidar que público
no es estatal. Y que púb1ico no significa burocracia' ineficien-
cia, ineptitud y *rr.,p.ión, lo mismo que privado no significa
.fi.i.rr.i, y honestidad. En términos muy simples' se trataría de
volver la economía, pensarla como parte de algo ma-
^ ^ir^ig^r Sobre el neoliberalismo se ha escrito mucho. Cosas mejores y
yor.
peores. En lo que sigue hay solo una primera orientación, unos
Lasalida no es fácil de ver. Pero es posible. En realidad, es
cuantos títulos que pueden servir para adentrarse más en el
indispensable. Y es sobre todo cuestión de imaginación. El pro-
tema.
bl.*" aquí no es el predomino del mercado, sino su capacidad
"La creatividad ins- Como historia, acaso lo más completo sea el volumen edi-
de esterilización cultural. Polanyi de nuevo:
en susPenso cuando se tado por Phillip Mirowski y Dieter Plehwe, The Road fiom
titucional del hombre solo ha quedado
le ha permitido al mercado rriturar el tejido humano hasta
con- Mont Pélerin. The Mahing of the Neoliberal Thought Collectiue
superficie lunar". A pesar (Cambridge, Harvard University Press, 2009); incluye textos
ferirle la monótona uniformidad de la
el salario sobre los primeros años, sobre la formación de la Sociedad de
de todo, en el último rercio del siglo xlx se imaginaron
mínimo, el límite de la jornada laboral, etcétera' como en los Mont Pélerin, el "ordoliberalismo", las teorías del desarrollo, el
experimento de Hernando de Soto. Una muy buena alternativa
años treinta se imaginaron formas de intervención públicapara
es el libro de Christian Laval y Pierre Dardot, La nueua razóru
contrarresta, los ef.ctos de la recesión, y nuevas formas de segu-
del mundo. Ensayo sobre la sociedad neoliberal (Barcelona, Gedi-
ridad social, y en los años cincuenta se imaginó el pr-ograma de
sa, 2013), que ofrece una mirada de conjunto, más densa, o
industrialización por sustitución de importaciones' Y bien: en
bien el de Daniel Stedman Jones, Masters of the Uniuerse. Ha-
adelante, habrá que imaginar una salida, como siempre'
yek, Friedman and tbe Birth of Neoliberal Politics (Princeton,
Princeton University Press, 2012), más centrado en la historia
intelectual propiamente; su exposición de las ideas de Hayek y
Popper es clara, completa, incisiva, también su análisis del "mo-
mento Friedman' en los años setenta.La Breue historia del neo-
liberalismo de David Haruey (Madrid, Akal Editories, 2007) es
nruy poprrlitr: asec¡uiblc, clc lcrctura fácil, pcro está dedicada so-
[-rrc tod«r rr la hist«rrirr ¡r«rllticl dc las últinlas dos décadas del si-
g,kr vcirrtc, nrl rcsultu lrruy útil l)¿lr¿l elrtcn(lcr cl ucolibcralismo
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