Está en la página 1de 3

Terapia familiar y de pareja

Por: Mauricio Albores Arguello

DE LA SIMBIOSIS A LA FAMILIA
La familia en si tiene un desarrollo propio el que ha sido descrito a por Estrada, L. (1982) y
que contiene las distintas fases, de lo que para el compone el ciclo vital: el
desprendimiento, el encuentro, los hijos, la adolescencia, el reencuentro y la vejez.
Si bien la familia como una estructura social externa es necesaria para generar la
interacción humana, es también cierto que cada uno de los miembros que la compone, por
su lado juegan papeles diferentes en su relación con otros. En la familia observamos
también la formación de diversas parejas a lo largo del desarrollo, las que juegan roles
distintos según la fase del mismo.
Sin embargo para el niño que crece este no es el caso y tiene que seguir todo un proceso.
Para el niño en desarrollo, por lo tanto la internalización de la familia como tal, se logra se
logra a través de un proceso gradual, que se inicia a partir de la simbiosis, hasta desembocar
en el Edipo: de tal modo que el niño va percibiendo y delineando internamente a los
elementos que constituyan su familia.
Cada uno de ellos separado de los demás, pero envueltos en un compleja red relacional en
la que cada objeto se le asigna una carga de: Poder-autoridad, actividad-pasividad, amor-
odio, seguridad-inseguridad, preferencia-celos, que terminan por darle una estructura
afectiva en particular inconfundible, que le hace ser su “familia”.

De la simbiosis a la primera pareja.


Mahler, M. describe detalladamente el proceso de la simbiosis y de la separación-
individualización, así como el papel funcional tan importante que juega en este periodo, del
desarrollo humano. Es importante el señalamiento de que en el curso de la simbiosis el niño
empieza a registrar presencia del “otro” precisamente por la interrupción que este logra
hacer de la simbiosis, interrupción temporal, pero suficiente para desencadenar un profundo
malestar en el niño.

Pareja madre-hijo, el funcionamiento de esta primera pareja a la que se la llama “primal”,


servirá como modelos, a ser recogido y ensanchado por otras experiencias de pareja.
También ocurre que el tercer excluido, se empieza a materializar gradualmente.
El decir que entre más se cubra y respeten las necesidades del otro de un modo oportuno, y
entre más completa haya sido la separación del self, del objeto, encontraremos a una pareja
más madura y óptima funcionalmente, en su nivel de desarrollo.

La formación de otras parejas y la materialización de los grupos pequeños.


Una vez que la separación del si-mismo y del objeto se ha efectuado y es lo suficiente clara,
de borde nítidos, se empieza a materializar uno de los objetos que forma parte de la
constelación del “tercer excluido”, en este caso: del padre. El niño empieza a distinguirlo a
él diferente de la madre y diferente de si-mismo, de tal modo que va cobrando personalidad
propia y un espacio dentro de la mente del niño.

En estas relaciones de pareja amplia mucho el mundo objetal relacional del niño, en donde
podrá él apreciar diversas cualidades afectivas: activo-pasivas, de intensidad variable, que
podrá comparar con lo sentido con la pareja primal. También un modelo bastante frecuente
el niño comienza haciendo registros afectivos, ya seguidos con anterioridad, y que tienen
que ver con el “tercer excluido”, los que actualmente son motivados por las relaciones en
donde intervienen más de dos: las relaciones triangulares, las que común anterioridad eran
parecidas como la interrupción brusca de la simbiosis.

En ese nivel de desarrollo el motivo el principal de las relaciones triangulares esta dado por
la necesidad de poseer al objeto para ser amado y así gratificarse narcisiticamnte, ya sea
oral o analmente, satisfaciendo su dependencia. Una vez re-descubierta la relación
triangular, ahora ya materializada, el niño reafirma la presencia de otras parejas, la de los
abuelos, el niño aprende en base a sus experiencias cuando la pareja de los padres
encuentran unida, el siente seguridad. Sin embargo cuando el interviene en la pareja ya
formada, para hacer una relación triangular, emerge la angustia que desorganiza al si-
mismo.

Materialización de la familia.
La materialización de la familia como tal empieza a ser captada por el niño, en la parte
media o final, del proceso de separación-individuación, descrito por Mahler M., o en la
tercera fase de desarrollo descrita por Kernberg, O., sin embargo la materialización
propiamente dicha, se cristaliza a través y con el final del complejo de Edipo, en la fase
cuarta del desarrollo de Kernberg, o., la integración de las representaciones del sí-mismo y
de las representaciones objétales y el desarrollo de las estructuras intrapsiquicos superiores,
derivadas de las relaciones objétales.
Ya desde los primeros escritos Freud, S., relata el vínculo importante que existe entre la
sexualidad infantil y los objetos, y desde el principio involucra a las personas como objetos
sexuales. Temprano en su desarrollo el niño encuentra en su propio cuerpo, la descarga de
sus impulsos sexuales, utilizando la zona corporal que en compasa el desarrollo de la libido.

En el curso del desarrollo nos dice Freud, que es inevitable y perfectamente normal que el
niño tome a sus padres como el primer objeto de su amor. El niño toma a sus dos padres y
más específicamente a uno de ellos como el objeto de sus deseos eróticos.
Freud nos dice que el complejo de Edipo le ofrece al niño dos posibilidades de
satisfacción: una activa y la otra pasiva. Se puede poner en el lugar del padre en una actitud
masculina y fantasear el tener relaciones con su madre.
La familia edipica es una familia competitiva, en la post-edipica, se sobrevive aprendiendo
a compartir.

Durante la triangulación edipica y cuando el niño es presa de sus sentimientos, por


desbordarse, por la intensa pasión amorosa-destructiva, su grupo familiar, sobre todo los
adultos, si entienden la crisis, pueden ser de mucho apoyo y reconfortar al niño, cuando éste
ante la desesperanza sentida, siente que el caos lo invade y lo impide encontrar el camino.