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TRISTEZA Y AFLICCION EN LA PRIMERA INFANCIA Y EN LA NIÑEZ: PÉRDIDA y RESTAURACION DEL

OBJETO DE AMOR SIMBIOTICO (1961)

Existe una notable laguna en nuestros conocimientos sobre las relaciones entre lo que Spitz (1946)
caracterizó como "depresiones anaclíticas" y otros cuadros psicóticos de la primera infancia.
Mientras que las depresiones anaclíticas se dan en la segunda mitad del primer año de vida, las
otras afecciones psicóticas pueden tener o no sus antecedentes en el primer año de vida; de
cualquier manera, se desarrollan definidamente durante la fase de separación-individuación del
desarrollo normal, es decir, desde los cinco a los trece meses. Según Spitz, la depresión anaclítica
equivale a la "paratímia primaria", que fue descrita por Abraham (1924) como el prototipo infantil
de una psicosis depresiva posterior. Para Spitz se trata de una psicosis, aunque, debido a la
inmadurez del aparato psíquico, los signos y síntomas difieren de los que se manifiestan en las
psicosis de la vida posterior. Sostiene que en la segunda mitad del primer año de vida el yo está lo
suficientemente organizado como para controlar la motilidad y expresar afectos negativos y
positivos. Una perturbación extrema en estas funciones yódicas podría, pues, considerarse
psicótica. Los signos principales de la depresión anaclítica en los niños observados por Spitz eran
una expresión y una postura de abatimiento y disgusto por toda motilidad. Estamos todos de
acuerdo en que el agente etiológico cardinal en este síndrome, así como en otras formas de
psicosis infantil, es la pérdida objetal sufrida por esos pequeños. En relación con esto, Spitz explica
que después de los seis meses un niño puede buscar la presencia de un adulto y que los pequeños
que han sufrido una pérdida objetal intentan recobrar el perdido mundo objetal, de la misma
manera en que lo hacen los adultos. En la primera infancia esto supone encontrar un objeto
sustituto. Los niños del establecimiento que estudió Spitz no tenían muchas oportunidades de
encontrar un objeto sustituto, porque en realidad eran muy escasos los quo había allí para
encontrar. Intervino además otro importante factor etiológico, que no podemos permitirnos
minimizar: estos niños con depresión anaclítica se vieron privados de cuidados maternos durante
la segunda mitad del primer año de vida. Esa es para mí la fase simbiótica del desarrollo, y
considero que la relación entre el hijo y la madre que satisface necesidades durante ese periodo es
un requisito para que se produzca el desarrollo normal. En artículos anteriores (véanse los cáps.
VI, VII, IX y X) expuse mis conceptos de las fases evolutivas -las fases de autismo normal, simbiosis
normal y separación-individuación- que constituyen el núcleo de mi formulación de la psicosis
infantil. En esa fase crepuscular de la vida temprana que Freud llamó de narcisismo primario, el
bebé da pocas señales de ser capaz de percibir algo más que su propio cuerpo. Parece vivir en un
mundo de estímulos internos. Las primeras semanas de vida extrauterina se caracterizan por lo
que Ferenczi (1913) llamó el estadio de realización alucinatoria del deseo. Mientras que el sistema
enteroceptivo funciona desde el nacimiento, el sistema perceptivo consciente, el sensorio, no está
todavía catectizado. Esta falta de catexia sensorial periférica sólo gradualmente es reemplazada
por la percepción, especialmente la percepción a distancia, del mundo exterior. Esta primera fase
de vida extrauterina, que puede considerarse una fase autística normal de la unidad madre-hijo,
da paso a la fase simbiótica propiamente dicha (a partir del segundo mes de vida). En los períodos
en que está despierto y siente hambre, el bebé de tres o cuatro meses parece percibir, por lo
menos transitoriamente, la Gestalt de esa pequeña parte de la realidad exterior representada por

El yo primitivo parece poseer una pasmosa capacidad para absorber y sintetizar complejas imágenes objetales sin efectos adversos. 1950 b). ese desarrollo depende de la satisfacción de la necesidad (y es sinónimo de ella) sólo en un sentido muy amplio. También haré notar que aunque el desarrollo que conduce del autismo normal a la simbiosis normal se verifica dentro de la matriz de las secuencias de gratificación y frustración orales en la situación de crianza normal. lo que el niño percibe como los servicios que le prodiga la madre. Y es realmente impresionante el hecho de que aunque la madre intervenga poco en los cuidados materiales del bebé. su imagen parece atraer tanta catexia que a menudo. el objeto exterior resulta elegible para la identificación. 1950 a). El pequeño toma su propio cuerpo y el de la madre como el objeto de su narcisismo secundario. el rostro y las manos de la madre. Deseo hacer hincapié en que la simbiosis normal implica una compleja interacción entre el bebé y la madre. aunque no siempre. Además.el pecho. suponemos que en los últimos tramos de la fase simbiótica el narcisismo primario declina y gradualmente cede su lugar al narcisismo secundario. Durante la fase simbiótica el pequeño se comporta y funciona como si él y su madre fueran un omnipotente sistema (una unidad dual) dotado de una frontera común (una membrana simbiótica. Durante el curso del desarrollo normal. en el seno de la relación madre-hijo. La Gestalt de los servicios maternos es un componente de la Gestalt de la compañera simbiótica y tiene una cualidad afectiva en alto grado libidinizada. la Gestalt de la niñera. cuya función puede quedar relegada a la de atender la satisfacción de necesidades inmediatas. De esta manera. En general. La identificación . Este importantísimo fenómeno se menciona rara vez en la bibliografía y. Hoffer (1950 b) hizo especial hincapié en que la adecuada libidinización del cuerpo. Si bien las representaciones del objeto simbiótico son extremadamente complejas durante esta decisiva fase de desarrollo y si bien la Gestalt del objeto que satisface necesidades y de los servicios que éste prodiga es en alto grado específica. que yo sepa. es importante para que se desarrolle la imagen del cuerpo. Para citar a Hoffer (1950 a). el concepto de narcisismo sigue siendo algún tanto oscuro en la teoría y en el uso psicoanalíticos a menos que pongamos suficiente énfasis en las vicisitudes de la pulsión agresiva. es decir. es sintetizada con la Gestalt de la madre. Sin embargo. el artículo de Freud sobre Leonardo (1910 a) y el que publicó Helene Deutsch con el título “A Two- Year-Old's First Lave Comes to Grief” (1919) son clásicos que inducen a reflexionar. diversos sistemas de protección defienden el cuerpo del niño de las presiones orales sádicas que comienzan a constituir una potencial amenaza a la integridad corporal a partir del cuarto mes (Hoffer. Esta fase de desarrollo se caracteriza por la específica respuesta sonriente que provoca el objeto simbiótico y por la angustia y el temor entre extraños que el bebé muestra alrededor de los ocho meses (Spitz. En esta dirección. que acaso sólo sea accesible como un yo exterior adicional o transitorio. pero el mundo de los objetos no ha tomado aún necesariamente una forma definida". llega a ser la representación objetal cardinal. y en ocasiones hasta con provecho. parece que el niño sólo tiene una oscura conciencia de las fronteras del sí-mismo como algo distinto de las fronteras del "objeto simbiótico". Este desarrollo comprende mucho más que la satisfacción de las necesidades orales y otras necesidades vegetativas. La barrera del dolor es uno de esos sistemas. por así decido). nunca fue investigado en un estudio sistemático. por obra de los amorosos cuidados de la madre. desde los tres o cuatro meses "el narcisismo primario ya se ha modificado. Nunca podrá exagerarse la importancia de estas respuestas. Sólo cuando el cuerpo llega a ser el objeto del narcisismo secundario del pequeño.

(3) El pequeño es capaz de experimentar con las funciones autónomas de su yo. Goza de su independencia y persevera con gran tenacidad en sus intentos de alcanzar dominio. la función yoica autónoma de la locomoción puede constituir el paradigma más notable de la discrepancia entre el ritmo de maduración y el ritmo de desarrollo de la personalidad. En un segundo proyecto investigamos a niños psicóticos simbióticos. 159). el yo utiliza grandes cantidades dé libido y agresión. Como resultado del ímpetu madurativo que se registra durante el segundo año de vida. quienes tratan desesperadamente de negar su separación y luchan contra la absorción por parte de la madre intensificando su oposición a los adultos de su ambiente. En ese momento. (2) Este proyecto de investigación comprende el estudio intensivo de la interacción entre niños de cuatro a treinta y seis meses y sus madres. De este modo. En la mayor parte de estos casos no hubo una verdadera pérdida del objeto simbiótico. semejantes experiencias lo ayudan ulteriormente a adquirir el sentido de la identidad individual. La traumatización más grave durante la fase simbiótica es la sufrida por los niños con depresión anaclítica. El dominio de estas funciones depara al niño un placer narcisista. si volvían con su madre y si ello ocurría dentro de un plazo razonable (antes de que el yo hubiera sufrido daños irreparables) los niños se recobraban. como lo ha señalado Hendrick (1942). y prestamos particular atención a los pasos específicos de los varios procesos de desligamiento del objeto simbiótico. secundario. que fueron separados de su principal objeto de amor durante esa fase. aunque por otras razones: la anamnesis de los niños con psicosis autística o simbiótica no indica.permite al niño separarse gradualmente de la madre y dejada fuera de la hasta entonces "omnipotente órbita común" al catectizar las "fronteras del sí-mismo" (pág. Este estudio se lleva a cabo dentro de un marco terapéutico en el cual los niños y sus madres están simultáneamente presentes (véase el cap. Allí recogemos. Hay un hecho que nos deja también perplejos. No obstante. de practicarlas y gozar de ellas únicamente si la maduración y el desarrollo de la personalidad marchan parejos. (1) La locomoción permite al niño separarse físicamente -apartarse de la madre. aunque puede no estar emocionalmente preparado para ese acto. XIII). por otro lado. Aquí es evidente. Esos niños sufrieron verdadera pérdida del objeto y no contaron con una madre sustituta. Pero. material relativo al desarrollo normal. En el Centro de Niños Masters estamos actualmente investigando diversas reacciones de separación-individuación. sobre los cuales sabemos tan poco. Me refiero a esos . o sólo muy raramente. El niño de dos años adquiere conciencia de su separación también de muchas otras maneras. Además. que el pequeño no es capaz de hacer frente a las exigencias de la fase de separación-individuación del desarrollo si no ha sido satisfactoria la anterior fase simbiótica. el pequeño normal alcanza un grado de autonomía física relativamente avanzado. Se lo lleva a cabo en un patio de recreo natural. Es interesante especular sobre cuáles sean los mecanismos que expliquen este notable potencial de recuperación en estos niños anaclíticamente deprimidos. la cual se superpone a la fase simbiótica y luego la reemplaza. por lo menos desde un punto de vista teórico. independientemente de esas breves separaciones que casi todos los niños normales suelen experimentar durante los primeros dos o tres años de vida. a través de la observación participante y no participante. que se haya verificado una separación de la madre de significativa duración. La simbiosis normal prepara el camino hacia la fase de separación-individuación. El darse cuenta de que son entidades separadas puede provocar intensa angustia en pequeños vulnerables. algunos niños reaccionan adversamente a esta recién adquirida autonomía y se aferran más a la madre.

La principal perturbación en el autismo infantil precoz -o autismo primario. estos niños fueron capaces de obtener provecho de las sustituciones del maternaje original perdido. si éstos resultan accesibles durante la ausencia de la madre. En otras palabras.consiste en la incapacidad del niño para percibir la Gestalt de la madre y. Con todo. la Gestalt de las vitales funciones que la madre cumple en su provecho. en consecuencia. Aunque puedan haber pagado el precio de esa pérdida objetal con trastornos neuróticos. durante la fase decisiva de separación-individuación. El síndrome psicótico simbiótico (véase el cap. Dos grupos de bebés en que ahora pienso aguzan aun más esta aparente contradicción en nuestras formulaciones pronosticas. Debemos suponer que su yo rudimentario era capaz de mantener alguna clase de huella mnémica de la satisfacción de sus necesidades llevada a cabo en otro tiempo por una fuente humana exterior. y aun después. Parecen capaces de conservar la imagen mental del objeto simbiótico original. Me refiero a los niños descritos por Anna Freud y Sophie Dann (1951) y al grupo estudiado por William Goldfarb (1945). por magro que fuera.traumas de separación transitoria de la madre debida al nacimiento de un hermano o a la hospitalización de la madre o del niño. en los cuales la psicosis no se debió a una separación verdadera del objeto simbiótico. Sin embargo. uno interno y otro externo. No les era posible establecer una relación simbiótica estable con la sucesión de madres sustitutas que a su vez eran también bruscamente separadas de ellos. Mahler y Settlage. VII) representa una fijación en el segundo estadio indiferenciado de la unidad madre-hijo (o una regresión a ese estadio). la mayor parte de los niños pequeños y de los bebés son capaces de aceptar objetos de amor sustitutos. trabajo que complementa la concepción de Anna Freud (1952 c) y de Heinz Hartmann (1952) según la cual el desarrollo del yo dependería del objeto libidinal. con perturbaciones del carácter o con dificultades psicóticas en la vida posterior. 1953). distintos entre sí. que se caracteriza por la fusión delusoria. 1959). No hay percepción de dos mundos. Los niños descritos por Anna Freud y Sophie Dann habían estado en campos de concentración y habían sido brutalmente separados de sus madres. Se trata de niños que estuvieron sometidos a cambios muy frecuentes de los objetos (simbióticos) que satisfacen necesidades. Al propio tiempo tenían que afrontar la pérdida permanente del objeto de amor original: la madre. Cuando estos hechos se dan durante la segunda mitad del primer año de vida. no hay duda de que el pequeño sufre considerablemente. debemos suponer que continuaba operando algún vestigio de confiada expectación. el niño no parece tener conciencia de su sí-mismo como algo diferente del ambiente inanimado. considerados de desarrollo atípico. que podían integrar cualquier sustituto de cuidados maternos. A continuación trataré de aplicar el concepto de Jacobson sobre representación mental a aquellos casos. Esto les permite obtener la satisfacción de sus necesidades de una fuente transitoria y sustituta y luego restaurar la imagen original cuando se opera la reunión. esos niños nunca cortaron sus lazos con la realidad. Aquí es especialmente pertinente la obra (1954) de Edith Jacobson relativa a la capacidad del yo para crear representaciones mentales del sí-mismo y del mundo objetal. en medio de las circunstancias más adversas. esos niños eran capaces de crear para sí una órbita narcisista no deshumanizada. y que eran capaces de utilizar al máximo los recursos auto eróticos de sus propios cuerpos y probablemente también de objetos transicionales (Winnicott. habían sido colocados en casas de crianza y eran transferidos con gran frecuencia de una a otra de esas casas. como prefiero llamarlo (Furer. a los que se refirió Bowlby (1951). Los bebés de los estudios de William Goldfarb. simbiótica y omnipotente con el objeto que satisface .

En un segundo grupo se registraban abrumadores estímulos propioceptivos y penosas enfermedades junto con un impedimento de la liberación afectomotriz de las tensiones. por el destino o por la peculiar personalidad de la madre. exclusiva apersonación impuesta al niño durante los primeros dieciocho meses de vida por la madre. En estos casos. transitoriamente por lo menos. que también encontré muchos casos que indicaban una respuesta emocional razonable por parte de la madre y en los que además el niño parecía mostrar señales de placentera expectativa respecto de la satisfacción de sus necesidades por obra del objeto vivo. La anterior descripción de las varias categorías de anamnesis nos permite. etcétera. los familiares se encontraban frente al hecho de que el niño había sufrido una grave ruptura con la realidad. pero se negaban a aceptarlos. En los casos descritos en la bibliografía psicoanalítica como atípicos. cualquier necesidad diferenciada que no fuera puramente vegetativa era pasada por alto. esquizofrénicos. es más. ni por su multiplicidad. Como cabía esperar. primariamente deprimidos. Nos desconcierta además el hecho de que. o era reconstruido retrospectivamente por los padres. durante la vida temprana de esos niños. Aquí resultaba inmediatamente evidente. desde luego. 3. Pero haré notar. llegar a ciertas conclusiones sobre la personalidad de las madres de esos niños. en tales casos la relación simbiótica era asfixiante. movidos por un profundo sentimiento de culpa y un deseo de expiación. recíprocamente parasitaria. En otro grupo de casos se comprobaba una anormal intimidad corporal entre madre e hijo. los autores han investigado debidamente los minuciosos detalles de los traumas infligidos en la unidad dual madre-hijo. Junto con esta simbiosis exclusiva. Hay un tercer grupo de niños cuya anamnesis contenía relatos a veces exagerados de los padres. En un grupo de esos casos se comprobaban repetidas separaciones de la madre. una primitiva. a lo menos durante los primeros doce o dieciocho meses de su vida. 4. 1. 5. Cuando la afección se hacía manifiesta. Estoy pensando en ese grupo de casos de psicosis infantil temprana en los cuales. la pronunciada fragmentación y regresión del yo de estos niños. El factor más notable en la quinta y última categoría de estos casos atípicos es la condición absolutamente impredecible de las actitudes maternas. se comprobaba un extremo descuido de la necesidad de individuación que tenía el niño. la perturbación no se manifestaba antes de llegar el niño al punto culminante de la fase de separación-individuación. la relación emocional era vacía y sin goce y no ofrecía oportunidad para promover la reciprocidad y la constancia objetal. (4) Al pasar revista a los casos incluidos en la bibliografía y a las historias clínicas con las que estoy personalmente familiarizada. actitudes que alternan con brusco apartamiento y abandono. Las secuelas comprendían un oscurecimiento o extinción de la conciencia perceptiva de las secuencias de gratificación y frustración. hay muchos casos en los cuales esos traumas no alcanzan a justificar ni por el momento en que se produjeron. relación que luego podía quedar bruscamente interrumpida por algún hecho funesto. ni por su gravedad. el hecho de que esos niños tenían acceso a sustitutos de los cuidados matemos originales. Indudablemente hay entre ellas . 2. en ellos se hablaba de múltiples traumatizaciones infligidas al yo primitivo por un cruel descuido de las señales y las necesidades del niño. se registraba una marcada interacción simbiótica entre la madre y el hijo. que dejan al niño librado a sus propios recursos. En este grupo se comprueban crudos sobreestímulos y toda clase de seducciones del bebé. psicóticos. encontré muchos ejemplos en los que la relación de la madre con el hijo era indudablemente muy deficiente.necesidades. sin embargo. aunque la mayoría de las veces comprobamos abundante traumatización de la unidad madre-hijo.

y éste es el primer requisito de la formación de la estructura del yo. hay otros niños.una buena proporción de personalidades infantiles. que le permitiría. una capacidad de confianza básica (Erikson. en cuyo caso no será capaz de elaborar señales que indiquen sus necesidades. la mayor parte de los niños progresa sin romper sus lazos con la realidad. ni en calidad ni en cantidad. Las secuencias de gratificación y frustración son impredecibles y puede producirse una extremada desorientación en lo tocante a las tensiones internas frente a la gratificación procedente de una fuente exterior. a partir del tercero o cuarto mes. Y. Muchas personas experimentadas que trabajan en este campo - por ejemplo. En tales circunstancias. lo estimularon en exceso y luego lo abandonaron bruscamente. . De manera que vamos cobrando conciencia cada vez más del enigma que debemos afrontar. Pero. en tales casos el bebé no tiene ningún incentivo para anticipar la liberación de tensiones por obra de un agente exterior que satisface necesidades ni posee ningún faro seguro para orientarse en el mundo exterior. nos impresiona el gran número de madres que habrían sido aceptadas como miembros del amplio grupo de Winnicott de madres normales dedicadas a sus hijos. esto es. muchas otras impusieron al bebé sus pretensiones parasitarias simbióticas. Si las señales del niño no llegan a la madre porque aquél es incapaz de emitirlas. Además. 1949) y muy poca tolerancia a la frustración.. a pesar de los serios daños infligidos a la relación simbiótica madre-hijo. también hay personalidades esquizoides y desapegadas. Evidentemente algún factor desconocido o combinación de factores desconocidos opera aquí. Levy (1937) llamó hambre de afecto. rompieron con la realidad y en un proceso de regresión volvieron a quedar librados a sí mismos. Muchas de las madres habían sufrido en alguna medida depresión de posparto. En suma. por decirlo así. Anna Maenchen y Annemarie Weil.han llegado a la misma conclusión respecto de las llamadas "madres esquizofrenogénicas”. Sin embargo. Despert. la interreacción circular de madre-hijo asume un ritmo peligrosamente discordante. que parecen desarrollar la compleja representación del objeto simbiótico y avanzar hacia la fase simbiótica. la gratificación de las necesidades orales y otras necesidades puramente fisiológicas resultará disociada de la satisfacción más sutil y completa de esas necesidades humanas que David M. 1938). Su hambre quedará acallada y saciada antes de que el bebé adquiera conciencia de la tensión interna. mantener en suspenso perturbadores impulsos a provocar una descarga inmediata de las tensiones . por otro lado. especialmente aquellos que poseen una gran sensibilidad innata (Bergman y Escalona. Bender. con la compleja Gestalt de los servicios prestados por la madre. 1950). Creo que en estos casos de psicosis infantil el hecho precipitante cardinal es el colapso de ese "proceso circular". Quiero decir con esto que no habrá integración de las huellas mnémicas de las gratificaciones orales y otras gratificaciones puramente fisiológicas con sus acompañantes afectivo s. retornaron al estado autístico. niños atípicos cuya traumatización no fue más profunda. 1953) llamó la atención: la relación recíproca que permite a la madre y al hijo emitir y recibir señales en lo que constituye. el niño no puede desarrollar una capacidad de confiada expectación (Benedek. o si no son atendidas porque la madre no tiene la capacidad de reaccionar a ellas. en general. sobre el que Emmy Sylvester (1947. Por un lado. una interreacción compatible y predecible. es decir.. en alto grado sutil. Otra vicisitud de la fase de la unidad dual primera de madre-hijo (que representa la fase autística normal del desarrollo) puede deberse al hecho de que se trate al niño como a un ser puramente vegetativo. Mientras que el niño primariamente autístico no llega a desarrollar la compleja imagen mental de la compañera materna simbiótica.

y son necesarias repetidas experiencias consoladoras para que el bebé aprenda a establecer que esas desapariciones de su madre son generalmente seguidas por . en la depresión anaclítica el superyó es todavía el objeto externo de amor. se comporta como si nunca fuera a verla de nuevo.. aparecen los signos miméticos. Se ha establecido de manera concluyente que la inmadura estructura de la personalidad del bebé o del niño mayor no es capaz de producir un estado de depresión como el que se encuentra en los adultos (Zetzel. cuyo sadismo se vuelve contra el niño. cuando no ve a su madre. Spitz piensa que mientras en la melancolía la agresión del superyó se vuelve contra el yo. X). con mayor o menor cicatrización. 1953. Otros mecanismos diferentes de la aflicción. en el sentido de Hoffer. gestuales y fisiológicos de la aflicción. Pero prevalece en cambio la aflicción como reacción básica del yo. concebida como la expresión emocional de un estado de impotencia y desamparo. Bibring observa que frecuentes frustraciones de las necesidades del niño pueden movilizar primero angustia y cólera. la depresión anaclítica de la infancia con la melancolía de la edad adulta. en varias combinaciones. En una concepción bastante avanzada. No puede sobrevivir durante mucho tiempo en un mundo sin objetos (véase el cap. o por lo menos comparaba.. De ahí que se dé la fijación en la unidad dual simbiótica y omnipotente sin esa fluidez que corresponde a su forma normal y que debería preparar el camino para la separación-individuación. la representación mental del objeto simbiótico está rígida y permanentemente fijada a la' representación primitiva del sí- mismo. Edward Bibring (1953) señaló que tanto la angustia como la depresión son reacciones fundamentales del yo. sino la sensación de desamparo que experimenta el niño pequeño (la cual es sentida como un choque) y su fijación a esa sensación. X). Mahler y Elkisch (cáp. como la sustitución.parecen capaces de lograr la homeostasis sólo llevando permanentemente el objeto que satisface necesidades al medio interior. impotencia y depresión. Sabemos que en la niñez se desconocen los trastornos afectivos sistematizados. XII) y Mahler (cap. Spitz equiparaba. En esos casos. entre ellos por Rochlin (1953 a. por lo tanto. y por eso se produce la regresión al autismo secundario y a otros mecanismos simbióticos primarios y autísticos secundarios. XI). Sobrevienen entonces esas catastróficas reacciones de pánico y cólera que he caracterizado como típicas del síndrome psicótico simbiótico. combinados en diversas formas. Los niños se recobran de sus transitorias reacciones de duelo. ningún organismo puede tolerar un pánico crónico. Las secuelas de la pérdida objetal fueron descritas por muchos autores. 1959). 1960). Freud (1926) hizo la siguiente observación sobre la aflicción: [El bebé] no es aún capaz de distinguir la ausencia transitoria de la ausencia permanente. Así y todo. Lo que esta hipótesis destaca no es la frustración oral ni la ulterior fijación oral. pero que si la frustración continúa a pesar de las "señales" emitidas por el niño. las representaciones simbióticas fundidas del sí-mismo y el objeto no permiten el progreso hacia la individuación. y creo que esa definición contribuye a hacemos comprender mejor la fluidez y vulnerabilidad del yo durante la fase en que ya están diferenciadas la oscura imagen del sí-mismo y la representación del objeto simbiótico. Cuando en el curso de la maduración el yo se encuentra frente al hecho incontrovertible de ser una entidad separada. prevalecen muy pronto. la negación y la represión. aunque en una forma rudimentaria. la cólera inicial será reemplazada por sensaciones de agotamiento. Elkisch y Mahler (cap. Creo que es en general válida la definición que da Bibring de depresión. Esto implica que. La aflicción del niño es notablemente breve porque su yo no puede mantenerse sin adoptar prontas acciones defensivas contra la pérdida del objeto. apenas el yo emerge de la fase indiferenciada.

. Amy. Pero he de hacer notar que el yo debe estar bastante estructurado para permitir un respiro suficiente a fin de que puedan movilizarse vestigios de confiada expectación. fue subrayada por David Rapaport (1959) en su artículo dedicado a la memoria de Edward Bibring. Estas manifestaciones marcan la primera fase del abandono y reemplazo de las defensas autísticas. Amy desarrolló un visible apego por su terapeuta. esta afinidad entre el estado afectivo de anhelar y emociones moduladas. Ilustraré la dinámica de este proceso refiriéndome brevemente a las conclusiones a que hemos llegado en nuestra investigación terapéutica con niños simbióticoso Esta investigación terapéutica aspira a aumentar la capacidad del niño para restaurar el objeto simbiótico que satisface necesidades. con desesperados arrebatos de cólera y gran hiperactividad. para crear. marcan también el surgimiento del yo como una estructura funcional de la personalidad. como la aflicción y la depresión. accesos de ira. lo cual implica que el proceso secundario demore la descarga de la tensión. 118-119). La madre promueve ese conocimiento. en la aprensión que experimenta el yo ante la posibilidad de que el objeto libidinal no acuda en su socorro en momentos de creciente tensión interna. Posteriormente. (5) desde la hiperactividad. una representación del objeto bueno. solía entregarse a actividades estereotipadas y sin objeto. entregándose con el hijo al familiar juego de cubrirse el rostro y luego tornar a revelárselo con gran gozo del niño. durante los cuales el niño se golpea la cabeza. es un precursor del afecto filtrado por el yo de la tristeza y la aflicción. parece consistir en los niños en un vago darse cuenta de su impotencia. una intensa catexia. Esta conexión. Amy reaccionaba a las frustraciones. experimentar el afecto subjetivo del anhelo que. por así decido. por así decirlo. Nos interesó especialmente observar el tono general de los sentimientos del niño en sus manifestaciones afectivas y estados de ánimo durante este proceso. en mi opinión. Podemos definir la aflicción como la reacción específica a la pérdida objetal. y la angustia como la reacción específica al peligro que entraña dicha pérdida. se producen reacciones afectivas muy variadas. tales como derramar agua o esparcir arena por todas partes. observamos estados de ánimo y emociones más filtrados por el yo. cuando el niño comienza a recuperar el objeto simbiótico] a catectizar su representación con libido. El cambio más ínfimo producido en el ambiente le provocaba agudos chillidos o prolongados lamentos. filtradas por el yo. para experimentar el anhelo sin caer en la desesperación ..reapariciones.. Era incapaz de concentrarse y parecía mirar a través de las personas. Sólo si se cumplen estas condiciones es posible.. Con lo que éste queda capacitado. Estos procesos pudieron observarse en varios niños. el enojo y la irritación. En el curso de nuestra investigación terapéutica. De manera que cuando la terapia y el ambiente del Centro afectan este retiro autístico del niño. son mínimas a menos que algo venga a trastornar ese mundo autístico omnipotente y desdiferenciado. Posteriormente. Esta reacción afectiva subjetiva. por pequeñas que fueran. hasta reacciones de pánico abismal. restringido y confortable. berrinches. reiteradas situaciones en las que se experimentó gratificación convierten a la madre en el objeto que recibe. cuando surge una necesidad. hasta que llega a un estado de agotamiento o de extrema apatía. Es un hecho bien conocido que las respuestas afectivas del niño psicótico que se ha retirado a un mundo autístico propio. a la que . la intranquilidad. se muerde a sí mismo e incurre en otros actos de autoagresión. de tres años y medio. que recuerda la depresión. Orinaba y defecaba apenas sentía la necesidad de esas descargas corporales y de pronto se lanzaba precipitadamente a arrebatar objetos. que van desde el vagabundeo y la búsqueda incesantes. una catexia que podemos llamar "vehemente" (págs.

según esta autora. En el caso de Amy. Con la terapeuta se conducía de un modo análogo. Inversamente. Sin embargo. En una reunión en que se discutió sobre perturbaciones del sueño en los niños (véase Friend. acostarse. se arrimaba a él y quedaba cabizbajo y triste cuando aquel médico salía de la habitación. Cuando Michael. La mayor parte de las solicitudes de ayuda que recibía el doctor Frankl en lo tocante a perturbaciones del sueño se refería al grupo de los dos años de edad. En concomitancia con este apego se comprobó que Amy retenía sus excrementos y también lograba mantener en suspenso otras tensiones. aunque un poco a la manera del proceso primario. a condición de que ésta adivinara sus deseos y se apresurara a satisfacerlos. en el semblante y en los gestos. Amy lloraba inconsolablemente al oír palabras como cuna. Es interesante señalar que tanto nosotros como otros investigadores de las psicosis infantiles comprobamos que los niños predominantemente autísticos no sufren perturbaciones del sueño.usaba del modo más primitivo como una extensión de su propio yo. La peculiar relación simbiótica de Michael con su padre fue cediendo sólo muy gradualmente al reexperimentar el niño la relación simbiótica con la terapeuta y luego con la madre. mientras proyectaba su agresión a la imagen de la madre mala. Cuando Amy comenzó a desarrollar la imagen o concepto de un objeto simbiótico. Marianne Kris mencionó la experiencia del doctor Frankl como asesor de un periódico de Londres. exhibía a veces la glacial expresión que es tan característica de los niños primaria o secundariamente autísticos. En este punto la niña. otro niño psicótico de tres años y medio. cuya conducta había oscilado hasta entonces entre una hiperactividad inquieta y un letárgico agotamiento. creo que su reacción de angustia y desasosiego cuando oía palabras que le recordaban el estado de regresión del yo en el sueño indicaba una creciente conciencia de la relación objetal humana. manta. podría indicar que se reanuda un progreso en el desarrollo del yo. la aparición de perturbaciones en el sueño. comenzó su tratamiento. Anna Maenchen se refirió a "la resistencia madurativa no especificada a retirarse de toda la actividad y la autonomía de la vida de vigilia" en la niñez temprana. Su carita se iluminaba inmediatamente cuando alguien sugería que jugaran a telefonear al papá. nos pareció que en este punto Amy exhibía un mecanismo semejante a los que se observan transitoriamente en las perturbaciones normales del sueño de los niños normales de dos años. precisamente en esta fase del proceso terapéutico. Entonces asumía una expresión anhelante mientras mantenía en el teléfono de juguete una imaginaria conversación. mientras que los predominantemente simbióticos tarde o temprano tienen dificultad para dormir. 1956). había alcanzado un nivel de integración mucho más elevado que Amy. Al restaurar el objeto humano. la terapia había ayudado a Amy a forjarse algunas representaciones de un objeto simbiótico. se dio cuenta del peligro que entrañaba perder la simbiosis con ese objeto durante el sueño. al externalizar representaciones disociadas del sí-mismo y del objeto y al concentrar la libido en la representación de la madre buena. Cuando llegó al Centro en compañía de su "madre normal y dedicada a él". "una vez retirado al interior de su caparazón autístico. Aunque no padecía de insomnio. La íntima conexión entre la pérdida de la relación objetal y la regresión es importante en estas transitorias perturbaciones del sueño. Sólo cuando se aflojó aquel lazo simbiótico patológico con . Michael ansiaba también estar en contacto con un médico que pertenecía a nuestro grupo de investigación. como un instrumento para satisfacer necesidades. Respondía a su madre y generalmente estaba en contacto con ella. Maenchen piensa que el niño. comenzó a exhibir. tristeza y hasta aflicción. deja de sentir miedo hasta que sale de su retiro". ir a dormir.

la familia se mudó a un distante suburbio. En realidad. propias del proceso secundario.. Ya en 1952 me di cuenta de que era inapropiado tratar al niño psicótico que se había encerrado en su caparazón autístico secundariamente creado y que había organizado sus defensas para adaptarse y sobrevivir. la madre nos declaró: "Michael parece tener conmigo las mismas experiencias que tuvieron sus dos hermanos mayores cuando eran bebés". es permitirles que permanezcan en su caparazón autístico. En el marco terapéutico convencional. después de haber establecido la niña una relación simbiótica conmigo en el segundo año de tratamiento analítico. fulminante proceso psicótico…. parecía rechazar incluso la percepción de mi presencia. arrullos y gorjeos con su madre. pero sin derramar lágrimas y sin dar muestras de apelar a los seres . A los cuatro años y medio.el padre. Evitaba mirarme. en el caso de estos niños autistas. cuando se diagnostica a estos niños se pasa por alto la "afección original" y se los coloca en la categoría de débiles mentales (Cáp. que Edith Jacobson (1957b) caracterizó como estados anímicos. Durante esta fase. parece que lo mejor. depende de la catexia de la Gestalt viva de la madre que satisface necesidades. Tiempo después recibí un llamado telefónico de su desesperada madre y entonces las visité. la madre. aun cuando en "un ofuscamiento de restringida orientación" sólo puedan alcanzar un grado muy limitado de ajuste a la realidad. En aquella ocasión escribí: Si al niño [primariamente o secundariamente] autístico se lo fuerza demasiado rápidamente al contacto social… con frecuencia cae en un estado catatónico y luego [sufre un]. que comenzó después que Michael dio en escupir a las personas. sin recurrir a una plena participación del objeto simbiótico original. Como consecuencia de ello. David Rapaport (1959) señaló. pudo Michael experimentar por primera vez la comunión que nunca había vivido en su relación con la madre. En la terapéutica también observamos que la restauración del objeto libidinal hace que estos niños pequeños sean susceptibles a la tristeza y la aflicción. una niña autista que fue remitida a tratamiento a los tres años y cuatro meses. que la aflicción es una reactivación "domeñada" y genéticamente tardía de sentimientos de impotencia y desamparo. la finalidad fue hacer que el niño tornara a vivir de una manera correctiva las fases evolutivas omitidas y deformadas. que tomaba con ambas manos. el tratamiento quedó interrumpido y cambió radicalmente el ambiente inanimado de la pequeña. con demasiada frecuencia esa finalidad se ve minada por el hecho de que requiere esfuerzos y resistencia sobrehumanos por parte de la madre. en general. meciéndose y cubriendo de tierra. las sesiones terapéuticas comprendían incesantes balbuceos. gimiendo lastimeramente. si esas reacciones catastróficas no pueden evitarse. se registró un dramático episodio. En nuestro actual marco de referencia debemos ampliar este concepto y agregarle consideraciones genéticas. se hacen particularmente vulnerables a la frustración emocional. Dicho sea de paso. Por supuesto que. Dentro del marco de nuestra investigación. hasta emociones más amalgamadas y más filtradas por el yo. La aflicción depende de la medida de catexia objetal humana que predomina a partir de la segunda mitad del primer año de vida.. como implícitamente lo había hecho Bibring (1953). Lotta presentaba un aspecto descorazonador y trágico de extremada aflicción. arrastrándose sobre sus asentaderas por el jardín. una vez perforada su armadura autística. Sin embargo. que se caracterizan por el predominio de la agresión no neutralizada y por procesos de descarga de tensiones. al desamparo y a la desesperación. su desgreñada cabecita. VI) En la vida de la pequeña Lotta. observamos que las manifestaciones emocionales de los niños psicóticos varían ampliamente y van desde fenómenos afectivos y afectomotores extremados.

a la manera del proceso primario. Lotta empleaba estas órdenes internalizadas. sensoriomotriz hacia la respuesta diferida. La niña no hablaba. se limitaba a implorar desesperadamente con sus ojos. Ambos padres decidieron que "todo era inútil". afectiva. "Sé hacer divisiones largas. La madre me informaba que también se negaba a comer. Por ejemplo.aprendiera en la terapia y que me habían permitido satisfacer sus necesidades. no estaba en condiciones de atender a las necesidades de Lotta. conceptualizada. todos los objetos que la rodeaban. Lotta fue de visita a mi consultorio cuando tenía nueve años. La descripción que daba de Lotta parecía la de un adulto en estado de aguda melancolía. Sus respuestas eran automáticas. una vida extremadamente automatizada y deslibidinizada. La madre de Lotta me escribió una carta en la que me hablaba de la visita que había hecho a aquel establecimiento. para dominar su angustia y su desconfianza fundamental. El yo de Lotta sufrió un daño psíquico similar. La madre logró adiestrada de tal manera que Lotta fue aceptada en la escuela pública de la comunidad. preocupada con un nuevo embarazo. sincrética. No necesito decir que resultó sumamente difícil restablecer el contacto con Lotta cuando reinició el tratamiento. andaba con paso arrastrado. suponía confianza y una expectación placentera. el niño progresa desde la respuesta inmediata. No empleaba ninguna de las señales que . esta representación mental del objeto simbiótico transitoriamente ausente parece . que es característicamente humana". En un reciente artículo. El lenguaje de señales. Sus movimientos eran lentos e indiferentes. que se manifestaban por un señalamiento muy deformado y muy delicado. si yo trataba de decide algo personal. donde se la hizo volver a la vida. "Dormirás en tu casa". agente de transferencia y amortiguador entre la madre y el hijo. Desgraciadamente Lotta llegó a un punto muerto en este aprendizaje automático y la madre. con la voz de un vendedor callejero: "Sé siempre cortés".humanos que la rodeaban. Irónicamente. Precisamente experiencias como éstas de Lotta y otras análogas nos impulsaron al doctor Furer y a mí a elaborar un método terapéutico que permite a la madre intervenir plenamente en el tratamiento. no daba señales de reconocerme como persona. Esta imagen intrapsíquica. La madre le había enseñado ese vocabulario y había sido también capaz de enseñarle ciertas operaciones mentales automatizadas que eran notables por su complejidad. Este enfoque debería impedir las reacciones catastróficas e irreversibles resultantes de la desintegración de una simbiosis reciente terapéuticamente impuesta. En este procedimiento terapéutico tripartito el terapeuta sirve como catalizador. incluida la lectura. se defendía de sus impulsos agresivos internos recitando a gritos. "Ve al pizarrón". Recordaba sincréticamente los más pequeños detalles del cuarto de juegos y enumeraba. pero no integradas. sincrético por naturaleza pero bien libidinizado. lo cual la ayuda a prestarse para que su hijo vuelva a experimentar fases de desarrollo omitidas y deformadas. "Irás a tu casa". "Deberías querer a todos los niños". "El ascensor te llevará abajo". como la que sobrevino en el caso de Lotta. cuando alrededor de los seis años fue colocada en un establecimiento que alojaba a niños autistas y con lesiones cerebrales orgánicas. abstracta. aunque está vez permanente. Pero ahora Lotta rechazaba cualquier intento de aproximación por parte mía o de su madre. Lotta fue luego llevada a su casa. Lotta fue colocada allí después de haber alcanzado cierto adelanto en la terapia y haber adquirido un vocabulario bastante extenso aunque de tipo automático. sé deletrear". Ejecutaba una pasmosa serie de órdenes que indudablemente la madre le había dado de antemano. David Beres (1960) declaró sucintamente: "Sólo con el desarrollo de la capacidad para crear representaciones mentales del objeto ausente.

por cuanto posibilita que las facultades potencialmente autónomas del yo primitivo se hagan funcionales. Yola considero la chispa que pone en marcha la capacidad del yo para el afecto humano. no puede evolucionar hacia la constancia objetal y. por estar excesivamente ligado a la satisfacción de necesidades en el nivel simbiótico parasitario. carente de vida.de todas ellas o de muchas de ellas . Todos estamos familiarizados con las secuelas crónicas de estos hechos psíquicos. la incapacidad del yo' para crear la imagen intrapsíquica relativamente compleja del objeto simbiótico humano. En los niños psicóticos. o 2.puede atribuirse a una de las siguientes causas: 1. Lo que rara vez vemos y lo que rara vez aparece descrito en la bibliografía es el período de aflicción y duelo que. los contactos sociales y el desarrollo emocional. según creo. precede inevitablemente (y la anuncia) a la completa ruptura psicótica con la realidad. es decir. la pérdida de una precaria representación mental del objeto simbiótico. que. el retiro autístico secundario. en virtud de la restauración del objeto libidinal. el fracaso de las funciones fundamentales del yo . por lo tanto. no puede afrontar las exigencias de la fase de separación- individuación. .servir como un indispensable catalizador. En este capítulo también traté de mostrar que la tristeza y la aflicción son los primeros signos de un desarrollo progresivo y parecen ser los acompañantes obligados del fenómeno por el cual el niño emerge del mundo autístico.