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EL LIBERALISMO, LA REVOLUCIÓN LIBERAL

Y LOS AFROECUATORIANOS

LIBERALISM, LIBERAL REVOLUTION AND


THE AFRO - ECUADORIANS

Jhon Antón Sánchez*

Resumen
Nos proponemos exponer la participación activa de los afrodescen-
dientes en la revolución liberal ecuatoriana, profundizando en su bús-
queda por conseguir una ciudadanía plena, bajo este nuevo escenario.

Palabras clave: Afroecuatorianos / revolución liberal / liberalismo.

Abstract
We intent to expose the active participation of the afro descendents
in the Ecuadorian Liberal Revolution, going into detail about its re-
search to get full citiz enship, beneath this new stage.

Key words: Afro Ecuadorians / Liberal Revolution / Liberalism.

[Recibido: 09/06/2012 – Aprobado: 01/08/2012]

Debe saberse que entre 1913 y 1916, nuestros abuelos hicieron


la guerra a este E stado para liberarse de la esclavitud y esas haza-
ñas militares son ocultas bajo esa pendejada de falsa epopeya lla-
mada «guerra de Concha», ¿porqué no la guerra de Lastra?
Juan Montaño Escobar
Columna Diario Hoy Q uito, agosto 5 de 2005.

* Doctor en Antropología Política. Profesor e investigador asociado de la Facultad


Latinoamericana de Ciencias Sociales Sede Ecuador (FL ACSO-Ecuador).

11
Introducción

Este ensayo busca dar cuenta del aporte de los afroecuatorianos al libe-
ralismo. Me interesa resaltar su participación en las batallas liberales protago-
nizadas tanto por Eloy Alfaro, padre de la revolución liberal de 1895, como
por Carlos Concha, uno de sus más fervientes seguidores y que protagonizó la
revolución de Esmeraldas entre los años 1913 y 1916.
Propongo que la participación de los negros en estas gestas revolucio-
narias no sólo debe revelarse como una acción concreta de estas comunidades
en la edificación de la nación ecuatoriana, donde los principios de igualdad
ciudadana, bienestar y progreso deberían ser los ingredientes de un proyecto
de Estado Moderno, que se concretó con la revolución liberal a finales del
siglo XIX y comienzos del siglo XX. Estimo que la movilización de los negros
en las guerras liberales tuvo una motivación singular expresada en la necesidad
de conseguir la libertad y la ciudadanía plena, la cual si bien legalmente ya se
había decretado desde mediados del siglo XIX, aún se mantenían como sujetos
marginados y explotados.
Concluiré que en efecto, el liberalismo no logró resolver la problemá-
tica social del negro, quien aún se encontraba bajo formas de explotación po-
sesclavista como el concertaje. Más aun, las ideas ilustradas que iluminaron a
la emergente sociedad liberal que pregonaba la justicia, la participación y la
igualdad ciudadana no alcanzaron a los negros. Más bien, los discursos socio-
lógicos positivistas y del racismo científico justificaron el nacimiento de un
pensamiento que legitimó la opresión y la explotación tanto de indígenas y
negros, seres que fueron calificados por corrientes de intelectuales liberales y
conservadores como salvajes y poco aptos para la civilización.1 Bajo este esce-
nario, la participación de los descendientes de africanos en las gestas liberales
de finales de siglo XIX y comienzo del XX, significan un periodo interesante
del movimiento social afroecuatoriano. Período donde los mismos afroecuato-
rianos se movilizaron bajo la consigna de concretar su proyecto de libertad.

Los hechos

Hace 99 años el Ecuador vivió una de las guerras civiles más cruentas.
Bajo el silencio de la noche del 24 de septiembre de 1913, ciento cincuenta

1
Cfr. DE LA TORRE, Carlos (2002), Afroquiteños, ciudadanía y racismo, Centro
Andino de Acción Popular, Quito.

12
hombres, dirigidos por el coronel Carlos Concha, asaltaron con éxito el cuar-
tel de la Policía de Esmeraldas. Se apoderaron de las armas, arremetieron con-
tra el batallón Manabí. Hubo fuego cruzado. Los revoltosos blandían sus ma-
chetes bajo gritos y «!vivas al partido liberal!, ¡mueran los godos!, ¡viva el Ge-
neral Alfaro!». A la resistencia de los soldados del Gobierno, se unieron los
empleados estatales y un refuerzo emergente del cañonero Cotopaxi que res-
guardaba la ciudad. Los alzados se repliegan. Vuelve la calma, pero por el
momento. Esa noche, día de la Virgen de las Mercedes para los católicos y día
de Obatalá, orixá mayor en el panteón yoruba de los afrodescendientes, se
inauguraba la guerra civil más cruenta que el país experimentaría por más de
tres años en el siglo XX.
El episodio es conocido como la Revolución del Coronel Carlos Con-
cha (1913-1916) quien se levantó en armas contra el régimen de la segunda
presidencia del liberal Leonidas Plazas. Las versiones oficiales subrayan que la
motivación del coronel fue la venganza por el asesinato, arrastre e incineración
del general Eloy Alfaro, eje de la revolución liberal radical2; otros consideran
que el causa tuvo que ver con el descontento de Concha con la administración
de Plazas, quien venía haciendo concesiones con los sectores terratenientes,
conservadores y de la Iglesia3. Por su parte, para el historiador Gutiérrez Con-
cha, la sublevación tuvo otro detonante: Se trató de una revolución que, luego
de la alfarista de 1895, sería la que con mayor carácter reivindicatorio haya
podido tener el Ecuador en el siglo XX. Según Gutiérrez: la revolución de
Concha o de Esmeraldas fue un enfrentamiento ideológico entre el radicalismo
revolucionario y el latifundismo derechista y clerical serrano y el mercantilismo
agroexportador de la Costa.4
Pero hay más. No sólo se trató de una guerrilla insurgente alimentada
por el liberalismo radical alfarista contra la tendencia liberal de Leonidas Pla-
zas, la cual se caracterizaba por ser más próxima entre sectores burgueses emer-
gentes y terratenientes serranos y seguidores del clero. 5 Esta revolución tuvo

2
CARRIÓN, Alejandro (1980), Imágenes de la vida política del Ecuador, vol. I,
Banco Central, Quito. p. 50.
3
PAREJA, Alfredo (2003) [1943], La Hoguera Bárbara, Colección Media Luna, Cam-
paña Editorial de Lectura Eugenio Espejo, Q uito. . p. 7.
4
GUTIÉRREZ, Concha F ernando (2002), Descorriendo los velos. Coronel C arlos Con-
cha Torres (1864-1919) Ultima expresión del Aforismo , Consejo Provincial de Esmeral-
das y Editorial Producción Gráfica, Quito. p. 79.
5
Cfr. AYALA, Enrique (1988), «De la revolución alfarista al régimen oligár quico
liberal (1985-1925)», en AYALA, Enrique (comp.), Nueva H istoria del Ecuador, vol.
9, CEN, Quito.

13
un ingrediente adicional: fue protagonizada por los negros esmeraldeños. Ellos
fueron los guerrilleros que conformaron las filas revolucionarias, se les cono-
ció como los montoneros, macheteros o los «negros terribles conchistas».
Y éste es el punto invisible de la historia, pues aun las narraciones no
dan cuenta de la importancia de estos gr upos subalternos en la historia ecuato-
riana. En efecto, el ensayista afroesmeraldeño Juan Montaño Escobar cuestio-
na: «¿Con quién inició la guerra Carlos Concha?: Con la gente negra de Esmeral-
das en su totalidad (…) ¿Cuáles fueron las causas de la guerra de los montoneros?
El planteamiento de Montaño se presenta a su vez como un inconformismo,
pues según el autor la historiografía viene haciendo repetición acrítica del punto
de vista de los opositores históricos al alzamiento montonero. Incluso, ellos
excluyen «al endoso, sin beneficio de inventario, de la lucha del Pueblo Afroecua-
toriano contra la esclavitud disfrazada de concertaje al agotado liberalismo de las
primeras décadas del siglo pasado».6

Otros motivos de la revolución de Concha

Manuel Chiriboga en su obra Jornaleros y Gran Propietarios en 135


años (1980) precisa las condiciones de atraso y de poco nivel de desarrollo de
la provincia de Esmeraldas para 1875. Un censo de la época da cuenta 8.400
habitantes en la provincia, donde se contabilizaba un número suficiente de
negros y sambos7, quienes apenas 20 años atrás habían sido beneficiados por
la abolición legal de la esclavitud. Proceso de manumisión que, según Gerardo
Maloney (1983), más que gestos altruistas del liberalismo ilustrado y román-
tico que preconizaba la libertad e igualdad de todos los hombres y mujeres,
buscaba la liberación de una fuerza de trabajo esclava para conformar una
nueva fuerza productiva vital para el capitalismo emergente.
Para entonces ya el capital extranjero había penetrado a Esmeraldas
cuando el gobierno nacional entregaba sus tierras como pago a los bonos de la
deuda inglesa, con los cuales se financió la campaña de Bolívar. Sin embargo,
Maloney afirma que la presencia inglesa en Esmeraldas no tuvo los efectos

6
MONTAÑO ESCOBAR, Juan (2005b,) «El día de Obatalá», Diario Hoy, 2 de julio,
Quito.
7
De acuer do con Chiriboga un censo de 1875 arrojaba en Esmeraldas 8.400 habitan-
tes: 1063 negros, 1300 aborígenes, 316 cayapas, 2.100 blancos, 619 zambos y 800
extranjeros. Citado por MALONEY, Gerar do (1983), El Negro en Ecuador. Raza y
Clase: el caso de la provincia de E smeraldas. Tesis de Grado de M aestría. FLACSO Sede
Ecuador, Quito. p. 116.

14
esperados. La producción se concentró en la extracción de materia prima (ta-
gua, caucho, oro, balsa), lo que no exigía mayor inversión de capital.
Siguiendo a Chiriboga, la penetración del capital extranjero terminó
con agudizar la situación socioeconómica y de explotación de los campesinos.
La gente negra sufrió despojos de sus tierras, fue explotada a través de la reco-
lección de la materia prima, se modificaron las condiciones de los ex esclavos
y cimarrones y se legitiman prácticas racistas. Además, el desarraigo de mu-
chos campesinos de sus tierras los obligó a trabajar como conciertos.
Pero esta situación de explotación no significó un acto de rendición a
los campesinos. Según Maloney «la gente negra nunca dejó de resistir a estas
situaciones. Ellos luego habrían encontrado en la revolución liberal la oportuni-
dad de resistencia frente al estado de cosas en que estaba sujeto»8. De este modo la
revolución liberal encontró un sector campesino que sembró en su proyecto
las esperanzas de emancipación. Por ello los ejércitos revolucionarios se r obus-
tecen con la presencia de campesinos, muchos de ellos despojados de sus tie-
rras y otros fugados conciertos. Se forman así las guerrillas liberales denomi-
nadas montoneras, las cuales de acuerdo con Nicanor Jácome (1978) tuvieron
en Manabí y Esmeraldas su mayor impacto.
Las montoneras, en las cuales se encontraban muchos negros ex cima-
rrones, ex conciertos y ex esclavos, se mantienen activas desde 1890 hasta
1895, época de la primera campaña del general Alfaro. Luego resurgen en
1913 hasta 1916 con la sublevación comandada por Carlos Concha en Esme-
raldas. Para Chiriboga, las montoneras constituyen intereses particulares de
los conciertos, jornaleros, aparcerarios y pequeños propietarios. Ellos se sien-
ten seducidos por la promesa de los cabecillas liberales de abolir el concertaje
y condonar todas sus deudas. De este modo: «los concertados ven en el movi-
miento liberal la expresión y el mecanismo para obtener sus reivindicaciones, lu-
chando contra la explotación del concertaje, el riesgo de la posesión por deuda y los
frenos a la libre circulación y contratación» 9.

Intereses burgueses vs. intereses populares

La revolución liberal de Alfaro logró sus propósitos reformistas en el


sentido de secularizar la sociedad, modernizar el Estado, impulsar las relacio-

8
MAL ONEY, Gerar do (1983), op. cit. p. 95.
9
CHIRIBOGA, M anuel (1980), Jornaleros y Gran Propietarios en 135 años , Consejo
Pr ovincial de Pichincha, Quito. p. 118.

15
nes capitalistas, establecer un estatuto de mayores libertades ciudadanas e in-
dependencia de la influencia de la Iglesia. Pero en ella podríamos decir que
convergieron varios intereses: Por un lado, los sectores intelectuales, la bur-
guesía agroexportadora costeña emergente, grupos hacendatarios e incluso te-
rratenientes. De otra parte estaban las clases populares: obreros y artesanos
urbanos y las masas campesinas que conformaban las guerrillas montoneras y
en las que se encontraban los afrodescendientes.
Ahora bien, habría que advertir que desde la perspectiva de Enrique
Ayala (1988), la revolución liberal fue un triunfo de la burguesía. Sin embargo
este sector dominante estaba ligado estrechamente al capital extranjero, a los
intereses bancarios, al comercio y al latifundio. Situación que generó dificulta-
des para que la revolución liberal resolviera las contradicciones e intereses en-
tre campesinos y burgueses, pese a que haya decretado la abolición del concer-
taje y tomara medidas para suprimir la explotación a los indígenas.10
De este modo el proyecto liberal sería víctima de sus propias limitacio-
nes u contradicciones. Situación que llevó al reagrupamiento de las fuerzas
políticas. Desde 1901 la división era palpable, por un lado se encontraban los
liberales seguidores del Presidente Plaza Gutiérrez, emparentado con familias
terratenientes serranas y quien conforma el grupo de los progresistas. Por el
otro, las facciones más radicales del liberalismo alfarista, que contaba con el
apoyo de los sectores populares y las masas campesinas, entre ellas los negros.
Y en un tercer estadio emergía el ala izquierdista, liderada por el partido obre-
ro de Guayaquil. Las pugnas entre el liberalismo alfarista y placista con llevó a
una guerra civil y culminó con la derrota de Alfaro.
Con la llegada de Plazas al poder por segunda vez, Esmeraldas que
había permanecido fiel a las ideas alfaristas, se mantiene en situación de extre-
mo abandono por el gobierno. Y por si fuera poco, de acuerdo con el intelec-
tual Milton Jijón, aun el latifundio y el concertaje pesaban como loza sepulcral
sobre los campesinos y trabajadores, por lo demás empobrecidos y miserables. 11 Para
el 17 de septiembre de 1914 la situación de abandono de la provincia era
denunciada en el congreso por el diputado José Vicente Trujillo, quien afirma-
ba que Esmeraldas tenía una escuela por cada 321 kilómetros cuadrados, ade-

10
Sobre las políticas liberales y los indígenas ecuatorianos, Cfr. GUERRERO, Andrés
(2003), «El proceso de identificación: sentido común ciudadano y v entriloquia y tran-
sescritura», en GUERRERO, Andrés (comp.) Etnicidades, FL ACSO, Quito. Igual-
mente Cfr. PRIETO, Mercedes (2004), Liberalismo y temor: imaginado los sujetos indí-
genas en el Ecuador post colonial. 1895-1950, FLACSO, Quito .
11
Jijón citado por MALONEY, G erardo (1983), op. cit. p . 104.

16
más carecía de caminos, telégrafos y demás infraestructuras para su desarro-
llo. 12
Pero la situación de abandono estatal no era la única problemática en
Esmeraldas. Muchos campesinos negros sufrían una fuerte discriminación y
explotación tanto por factores de clase como por factores raciales13. Para gran
parte de la población campesina el anhelo de librarse del oprobio del concer-
taje se constituía en un factor necesario para superar la injusticia social. Y por
si fuera poco, las garantías ciudadanas proclamadas por el liberalismo se veían
limitadas a la población negra sobre la cual recaían prejuicios raciales, esto por
cuanto al negro se le consideraba un ser inferior por quienes presumían ser de
raza blanca.14 Y de acuerdo con Pére z Concha este factor era motivo de conteni-
das reacciones violentas de unos contra otros. 15
Incluso los imaginarios de negros salvajes prevalecieron más cuando
estalló la revolución de Esmeraldas. Un editorial del Diario el Comercio de
Quito del 21 de octubre de 1913 alertaba sobre el carácter caníbal de los ma-
cheteros, pues «los soldados de (del gobierno) corrían el peligro de ser comidos por
los negros hambrientos y sedientos de don Carlos. Además, en 1914 en el Con-

12
PÉREZ CONCHA, Jorge (1987), Carlos Concha Torres: biografía de un luchador
incorruptible, Editora El Conejo, Quito. p. 95.
13
Luis Segundo M oreno en su Relación de la Campaña de Esmeraldas de 1913-1916,
detalla la represión cultural hacia la población esmeraldeña por las autoridades placis-
tas: «Bastaba que un individuo fuera conocido como alfarista (que lo era entonces casi
toda la gente de color) para que el señor Ayora (Intendente de policía, natural de la
provincia de Loja) le pusiera el ojo, como se dice, y que no le dejara vivir en paz.
Comenzó a prohibir a los negros el baile de marimba, lo que equivaldría a la cr ueldad
(…) porque para la raza de color el baile, especialmente al son de sus instrumentos
musicales, constituye el supremo ideal de vida. MORENO, Luis Segundo (1936), La
campaña de Esmeraldas de 1913-1916. E ncabezada por el Coronel graduado don Carlos
Concha Torres, Ed Tip Universidad, Cuenca. pp. 16-17.
14
Varias referencias se pueden citar a cer ca de cómo los intelectuales liberales analiza-
ban las condiciones sociales de los afrodescendientes. Alfredo Espinoza Tamayo en
1918 describía a los negros como «raza servil creada en la esclavitud (…) la menos
apta para incorporarse a la civilización». En ESPINOZ A TAMAYO, Alfredo (1979)
[1918], Psicología y sociología del pueblo ecuatoriano, E d. Banco Central y Corporación
editora nacional, Quito. p. 167. Por su parte en 1937 José de la Cuadra afirmaba que
«la mayor parte de los negr os están incorporados a la economía nacional. Unos cuan-
tos centenares han tornado al primitivismo, reconstr uyendo organizaciones tribales,
en un curioso proceso de regresión social. En DE LA CU ADRA, José (1937), El
montuvio ecuatoriano, Editora Iman, Buenos Aires. . p. 26.
15
PÉREZ CONCHA, Jorge (1987), op. cit. p. 95.

17
greso se pregonaba que la mayoría de los revolucionarios pertenecían a la clase
pobre, a aquellos que no tenían que comer. Se les calificaba de ignorantes, semi
bárbaros, de negros que han vivido rezagados de la cultura del país».16
Vemos entonces que la revolución liberal tuvo sus matices y sectores. Y
si bien prevalecieron los intereses de la burguesía, igualmente los sectores po-
pulares y campesinos perseguían sus fines. Habría que investigar un poco más
para determinar si aquellas montoneras y negros macheteros que participaron
en las gestas liberales alcanzarían a desarrollar lo que Florencia Mallon (1995)
califica como liberalismo popular al estudiar los casos de resistencia y adapta-
ción de los principios liberales por parte de indígenas y mestizos tanto en
México como Perú poscolonial.17 Por ahora presentemos aquellos protagonis-
tas afroesmeraldeños que lograron inscribir sus nombres en la historia liberal.

Descubriendo nombres: los negros líderes de la revolución liberal

Hemos sostenido que el pueblo negro vio en la revolución liberal una


oportunidad de conquistas de derechos ciudadanos de libertad e igualdad.
Pensamos que por el hecho de que el presidente liberal General Urbina fuera
quien decretara la abolición de la esclavitud, podría constituir un motivo sen-
sibilizador de la población negra por la causa liberal. En efecto la población
negra estuvo bajo las filas de los ejércitos de Alfaro y sus distintas campañas
revolucionarias, tanto de 1895, como de 1906 y 1912. Luego, el mismo pue-
blo abrazaría el ideario liberal radical al mando de Carlos Concha entre 1913
y 1916.
Surge entonces preguntas: ¿Dichos afroecuatorianos sólo conforma-
ban las masas de guerrillas revolucionarias? ¿Hubo líderes que se destacaron?
¿Quiénes lograron dejar sus nombres heroicos para la historia del movimiento
negro y para la historia de la nación? Gran parte de la historiografía presenta
tanto el período independentista como la época liberal que vivió América La-
tina durante el siglo XIX como un fenómeno emancipatorio propio de las
élites criollas. Incluso, salvo excepciones, algunos investigadores más contem-

16
Jijón citado por MALONEY, G erardo (1983), op. cit. p. 104.
17
Sobre el tema del liberalismo popular Cfr. PLATT, Tristan (1990), «La experiencia
andina de liberalismo boliviano entre 1825 y 1900: raíces de la rebelión de Chayanta
(Potosí) durante el siglo XIX», en STERN, Stev e (comp.), Resistencia, rebelión y con-
ciencia campesina en los Andes, IEP, Lima. pp. 261-303.

18
poráneos destacan el papel de sectores subalternos como las mujeres e indíge-
nas, pero no ahondan sobre el papel de los afrodescendientes.18
Pero poco a poco las páginas de la historia van revelado sus secretos.
Marixa Lasso19, por ejemplo, abre el panorama sobre el papel que los afrodes-
cendientes tuvieron en la declaración de la Independencia en Cartagena du-
rante el período 1809-1815.20 Se destaca así la participación de los negros en
los procesos de independencia en la Gran Colombia, la cual estuvo igualmen-
te ligada con la Revolución Haitiana llevada cabo en 1804 por los esclavos
africanos de la mano de Tosussaine Louverture, Jean Jackes Dessalines y Hen-
ry Christopher. La misma que colaboró fuertemente con Bolívar para que la
libertad de América fuera una realidad. Ya en plena campaña libertadora la
historiografía no podría omitir el papel clave que para Colombia jugó el gene-
ral afrodescendiente José Prudencio Padilla y para Venezuela el general Piar.
El papel de los negros en la independencia del Ecuador merece mayor
detenimiento. Al menos así lo hacía notar el escritor guayaquileño Modesto

18
Ejemplo: AYALA, E nrique (1988), «De la revolución alfarista al régimen oligárqui-
co liberal (1985-1925)», en AYALA, Enrique (comp.), Nueva Historia del Ecuador,
vol. 9, CEN, Quito; HALE, Charles (1972) El Liberalismo Mexicano en la época de
Mora, 1821-1853, Siglo XXI Editores, D. F. México; SÁBATO, Hilda (2000) «La
ciudadanía en el siglo XIX: Nuev as perspectivas para el estudio del poder político en
América Latina», Cuadernos de Historia Latinoamericana, Asociación de Historiado-
res Latinoamericanistas Europeos; GUERRA, Francisco Xavier (1999) «El Soberano y
su Reino. Reflexiones sobre la génesis del ciudadano en América Latina», en SÁBATO
Hilda (coord.) Ciudadanía y formación de naciones, perspectivas históricas de América
Latina, El Colegio de México y Fondo de Cultura Económica, D. F. México.
19
Cfr. LASSO, Marixa. (2005), «Revinsting Independecy Day: Afro-colombian Poli-
tics and Creole Patriot Narratives, Cartagena, 1809-1815», in THURNER and GUE-
RRERO (eds), After Spanish Rule: Poscolonial Predicaments of de the America, D uke
University press, Los Angeles.
20
Laxo, revisa los acontecimientos que llevaron a que la ciudad de Cartagena procla-
mara su independencia de la Corona de manera muy temprana (11 de noviembre de
1811). Donde la participación de los negros, mulatos y pardos fue crucial, no sólo
tomando un papel revolucionario muy activo en los levantamientos contra el régimen
colonial, sino haciendo propuestas políticas radicales en cuanto la necesidad de ins-
taurar una república signada en los principios liberales de la ciudadanía con igualdad
y sin discriminación racial. La autora desentraña las particularidades en que se desa-
rrolló la participación de los descendientes de africanos en la independencia de la
Gran Colombia y destaca su rol crucial en la campaña libertadora, no solo como
soldados que abrazaron la causa liberal sino como líderes intelectuales, legisladores y
políticos.

19
Chávez Franco, quien en 1930 afirmaba «¿Qué menos habían podido ganar los
pobres negros que fueron gran parte de la carne de cañón de la independencia? Los
famosos LANCEROS de a caballo de quienes la hipérbole popular decía, que
como andaban desnudos i esperanzados de vestirse con la ropa de los muertos,
cuidaban en meter sus lanzas por las costuras.21 Así mismo, el historiador Fermín
Cevallos (1973) destaca al general Otamendi en el ejército restaurador de Juan
José Flórez, cuando en 1835 luchó contra el levantamiento de Vicente Roca-
fuerte. Cevallos describe a Otamendi como un soldado con corazón de gigante
para la pelea22 siendo clave en la batalla de Miñarica en Ambato23. En esa
batalla Flórez triunfa y reincorpora al Ecuador a la Gran Colombia. Pero Ota-
mendi pese a su condición de valentía y de soldado de la independencia no
escaparía del racismo y la calificación despectiva dada su ascendencia esclava.
Al respecto los autores Piedad y Alfredo Costales (1980) afirman que al tratar
a Otamendi, la historia entra en total desvergüenza en el campo del discrimi-
nen social y étnico. 24
En cuanto a la revolución liberal, hemos afirmado que el General Alfa-
ro tuvo en el campesinado de Esmeraldas y Manabí su principal apoyo. Ya
desde 1864, cuando el general Urbina desde Lima dirige la conspiración con-
tra García Moreno, Alfaro de tan solo 22 años realiza su primera batalla revo-
lucionaria en Colorado, Manabí. En esa primera gesta ya aparecen dos nom-
bres de descendientes de africanos: la mulata Martina y el negro Juan Felicia-
no Navarro.
En la obra de Eugenio de Janón Alcívar (1948) se pueden detallar las
fotografías de estos personajes descendientes de esclavos.25 Particularmente se
destaca que la mulata Martina era una esclava de Isabel Muentes de Ávila,
esposa de Pascual de Ávila, uno de los primeros lugartenientes de Alfaro. Nó-
tese que era 1864 cuando hace 10 años la esclavitud ya era abolida, sin embar-

21
CHÁVEZ, Franco Modesto (1930), Crónicas de Guayaquil Antiguo, Imprenta y
Talleres Municipales, Guayaquil. p. 179.
22
CEVALLOS, Fermín (1973), Historia del Ecuador, Tomo VI, Imprenta de la Na-
ción, Guayaquil. pp. 12-13.
23
En esa misma Batalla, M odesto Chávez escribe: En Miñarica fue admirable la gua-
peza del negro Rafael Casano va, esclavo de la señora Petra G uiraldes, hija del escriba-
no de Cabildo D. Alejo Guiraldes Pereira. En CHÁVEZ, Franco Modesto (1930), op.
cit. p. 179.
24
Cfr. COSTALES, P iedad y COSTALES Alfredo (1980), Otamendi: el centaur o de
ébano, X erox del Ecuador, Quito.
25
Cfr. JANÓN ALCÍVAR, Eugenio (1948), El viejo luchador. Su vida heroica, su
magna obra, Tomo II, Editora Abecedario ilustrado, Quito .

20
go la mulata Martina no había conquistado su libertad. Esta esclava, según lo
narra el historiador J.J Pino de Icaza, mantenía una relación muy estrecha y
paternal con Alfaro en una de sus primeras batallas: «La mulata se arrodilló a
los pies de Alfaro: «cuídate amito Eloy» rogó con un hilo de voz- «si te pasa algo tu
pobre negra morirá»26. Incluso la mulata Martina le salva la vida al Alfaro en
una de sus batallas: El cañón visaba ya la espalda de Eloy Alfaro. El grito de la
mulata le salvó: «amito Eloy, que te matan»27.
De acuerdo con Alfredo Pareja, el célebre autor de la Hoguera Bárbara,
el 6 de agosto de 1882 Alfaro libra una feroz batalla donde sobresalió Pío
Quinto Nazareno, un negro atlético, quien como un loco se lanzó a machete
limpio, penetrando por dos veces, como un fantasma, a la trinchera enemiga.28
Para diciembre de 1884 se lleva a cabo la batalla naval de Alajuela en
Manabí, (playas de Jaramilló). Allí el general Alfaro recibe una gran derrota.
El mismo luchador luego en su crónica narra la valentía del negro Domingo
Trejos, contramaestre, quien peleó con denuedo portándose con heroica lealtad
en el salvamento de su jefe.29
Quizá habría que escudriñar más en la historia sobre la presencia de los
afroecuatorianos en las gestas del general Eloy Alfaro. Pero por el momento
solo es posible reseñar un gran número de batallas que Alfaro dio en la misma
provincia de Esmeraldas.30

26
Pino citado por JANÓN ALCÍVAR, Eugenio (1948), op. cit.
27
Ibíd.
28
PÉREZ CONCHA, Jorge (1987), op. cit. p. 180.
29
Narración hecha por Alfaro. P ublicada por el Diario Manabita de Portoviejo. Junio
25 de 1942. Citada por JANÓN ALCÍVAR, Eugenio (1948), op. cit. p. 100. En esa
misma narración, sobre sale un mosaico de fotos con el título: Los actores de la heroica
acción naval de Alajuela. En Aguas del Jaramilló (Manabí) realizada el 6 de diciembre
de 1884. Aparecen los siguientes personajes descendientes de africanos: Sargentos:
Romualdo Pacheco, Juan J. Caicedo, José Angulo F, Francisco Navarrete, J osé Román
Echeverría y Marcos Quitero; fogoneros: Ferrin Aurelio, Juan Vivanco y Manuel Matías
Manzaba.
30
A continuación algunas batallas libradas en Esmeraldas:
- 8 de abril de 1882: Combate en la ciudad de Esmeraldas. Huestes alfaristas derr otan
a las tropas de Veintimilla, se toman el Cuar tel de la ciudad y proclaman a Alfaro
como Jefe Supr emo.
- 6 de agosto de 188: Combate en Esmeraldas. Tropas de Alfar o atacan al ejército de
Veintimilla y muere en la refriega el joven esmeraldeño Clemente Concha.
- 6 de febrero de 1883: Combate en Esmeraldas. Los coroneles Medardo Alfaro, Var-
gas Torres, Franco y Martinez Pallares derr otan a las tropas de Veintimilla.

21
Los héroes negros en la Revolución de Concha

Dentro del proceso de larga duración que se exige para estudiar el


movimiento afroecuatoriano, el ensayista Juan Montaño Escobar (2005) pre-
cisa la necesidad de volver sobre los pasos históricos para comprender dentro
de una mejor dimensión los momentos claves de la historia afroecuatoriana.
Montaño afirma que frente a los afroecuatorianos los historiadores han sido
superficiales sin renunciar jamás a escribir con sentido anecdótico y sin querer
hacer justicia sobre los descendientes de africanos. Y retomando las palabras
del ideólogo del movimiento negro Juan García Salazar, considera que para el
caso toda la historia se vuelve material político, y con la provincia de Esmeraldas
[y con los afroecuatorianos] la ecuación la han cambiado y de la materia política
se elaboran pre juiciadas fábulas de historia.31
Allí entonces la crítica más fuerte a la interpretación de lo que fue la
Revolución Liberal de Carlos Concha. Pues según el Montaño las historias de
los historiadores de todas las virtudes se escriben desde el frívolo anecdotario pasan-
do por la apología a Carlos Concha y terminando con la lírica culpa a los alzados.
Con esta observación el autor considera necesario destapar el trasfondo del
acontecimiento. Así invita a desmitificar versiones oficiales que afirman que la
motivación de la Guerra de Esmeraldas fue para vengar los asesinatos de los
líderes del partido liberal, incluido el linchamiento de Eloy Alfaro (…) Mejor
dicho, un sangriento lío de militares del liberalismo protagonizado por Carlos
Concha y Leonidas Plazas. (…) Este jazzman no cree que la gente se valla a la
guerra, que tuvo episodios imparables, por cosas frívolas. 32
Y afirma: «En 1854, el presidente José María Urbina permuta territorios,
incluyendo gente y naturaleza comerciable, por la deudas de las luchas indepen-
dentistas con los acreedores ingleses. Un par de años antes había dinero insuficien-

- 23 de abril de 1885: Combate de Camarones,. Tropas liberales se enfrentan a las de


Caamaño en dura lid
Tomado de TRONCOSO, Julio (1966), Anécdotas del General Eloy Alfaro 1842-1912,
Ed Santo D omingo, Quito. pp. 260-261.
31
Montaño considera varios momentos claves para entender la historia del movimien-
to negro: 1553 cuando Alonso de Illescas y sus sucesor es fundan la República de los
Zambos en Esmeraldas; el 5 de Agosto de 1820 cuando Esmeraldas da su primer grito
de independencia como colonia española; 1852 cuando Urbina abole legalmente la
esclavitud; 1862 cuando los antiguos esclavizados compraron decenas de miles de
hectáreas y las pagaron con oro y establecer la Comuna del Río Santiago; luego 1913
cuando se da la revolución de Concha.
32
MONTAÑO ESCOBAR, Juan (2005b), op. cit.

22
te para comprar la libertad de los esclavizados. El ministerio de Hacienda pagó
hasta donde alcanzó y los que no pudieron ser recobrados debieron concertar el
pago con el trabajo, de sol a sol, por años. Esa es la causa principal de la Guerra
Civil de 1913-1916, las otras son causas subsidiarias. Los abuelos montoneros
habían dicho esta verdad: «sueña el sueño de tu muerte para que valores tu vida». 33
Y para demostrar su planteamiento Montaño argumenta que la guerra
de Esmeraldas fue una guerra que si bien comandó el Coronel Carlos Concha,
tanto los guerrilleros como el comando de tropa fueron compuestos por gente
negra esmeraldeña. Y destaca la acción de los comandantes negros alfaristas
como Julio Sixto Mena, Enrique Torres y Carlos Otoya, además de la presen-
cia del capitán Federico Lastra.
Segundo Moreno en su Relación de la Campaña de Esmeraldas (1936)
destaca episodios en que los esmeraldeños demostraron su devoción por la
causa liberal alfarista.34 Y narra las proezas extraordinarias del Mayor Federico
Lastra, quien califica de negro revolucionario de extraordinaria valentía, res-
ponsable de varios triunfos y de la toma de la ciudad de Esmeraldas el 15 de
diciembre de 1913. Así mismo fue nombrado por los conchistas Jefe Superior
de la ciudad. Según las narraciones de Moreno, Lastra fue un jefe ejemplar, pues
mantuvo el orden en la ciudad, la disciplina en las tropas, en forma digna de
imitación y justo aplauso.35
Otro líder esmeraldeño que ocupó un lugar sobresaliente en el coman-
do central de las guerrillas conchistas fue el capitán Nicolás Castro, analfabe-
to, líder de una columna guerrillera apostada en San Mateo, y el primero a
quien Carlos Concha le envía una nota informándole de su propio apresa-
miento ocurrido el 23 de febrero de 1915 en la Hacienda San José.36 Y aunque

33
MONTAÑO ESCOBAR, Juan (2005a), «El sueño de muer te», El Universo, 18 de
agosto, Guayaquil.
34
Al respecto el cronista que presenció los hechos relata: «Ante todo debe saberse que
el pueblo esmeraldeño casi en su totalidad, ha sido alfarista; y como prueba de ello,
enorme fue el apoyo que prestó a dicha facción en la contienda armada de fines de
diciembre de 1911, que terminó con el arrastre del 28 de enero de 1912. D errotados
y vencidos los esmeraldeños siguieron siendo alfaristas por más que sus jefes de apelli-
do Alfaro hubieran sido eliminados. MORENO, Luis Segundo (1936), op. cit. p. 14.
35
Ibídem. p. 28.
36
El 24 de febrero tras la captura, Concha es trasladado a Q uito, donde permaneció
hasta el 7 de noviembre de 1916, en que salió libre al firmarse la paz, tras la caída de
sus guerrillas en Río Verde. La revolución, ya en su decadencia continuó con el coro-
nel Enrique Torres, hermano menor del caudillo.

23
se tenga deuda de más nombres de los negros revolucionarios, otras fuentes de
la historia dan cuenta de su protagonismo en la gesta conchista.37

Conclusiones

En este ensayo nos propusimos demostrar la participación activa de los


afroecuatorianos en la revolución liberal radical impulsada por el General Al-
faro y sus seguidores. Hemos expuesto que estas comunidades no sólo partici-
paron como carne de cañón en los ejércitos revolucionarios (montoneras alfa-
ristas y macheteros conchistas), sino que además ellas perseguían sus intereses,
muy distintos a las motivaciones de la burguesía liberal.
Concluimos, entonces, que la participación de los afroecuatorianos en
las gestas liberales tuvo como objetivo derrotar las secuelas de la esclavitud
perennizadas bajo el concertaje, conquistar un espacio de igualdad ciudadana
dentro de la sociedad y avanzar en las luchas contra la discriminación racial.
Por ello considero que nos encontramos en un interesante período de movili-
zación social y política de los negros tanto en el país como en el continente. Es
decir, el período de las reformas liberales que en el Ecuador, incluso antes de
1852, ocupa un escenario clave para la comprensión del movimiento negro.
De allí que el movimiento negro en América exige leerse desde la perspectiva
de la larga duración, donde se ubican varios períodos de organización y lucha,
los cuales tienen como eje común la conquista de la libertad, la igualdad ciu-
dadana, el combate a la discriminación racial y el beneficio de los derechos
humanos.
Pero vale una afirmación final. Considero, en acuerdo con Gerardo
Maloney (1983), que la revolución liberal, ni la comandada por Alfaro ni la
impulsada por Concha, no respondió a las verdaderas expectativas y reivindi-
caciones de los negros. Pese a que es legítimo pensar que los principios libera-
les románticos de libertad e igualdad que proclamaban los precursores busca-
ban proteger a toda la ciudadanía, incluyendo a la indígena y a las mujeres,

37
Por su par te Nelson Estupiñán Bass, en su novela Cuando los guayacanes florecen,
narra las hazañas heroicas de las guerrillas esmeraldeñas conchistas. Y anota que: «era
la gente de ellos. Era la gente brava, indomable, con el coronel Concha a la cabeza,
peleando para vengar una infamia y por asegurar su libertad en peligro. E ra la gente de
los ríos, de las llanuras (…) Y que orgullo más grande para un hombre del monte que
pelear contra el gobierno, sea de la clase que sea, porque a través de la historia, los
gobiernos solo se acordaban de los negros salvajes para recaudar impuestos (…). Estu-
piñán, citado por PÉREZ CONCHA, Jorge (1987), op. cit. pp. 96-97.

24
éstos nunca alcanzaron a cubrir a los ex esclavos. Eloy Alfaro, por ejemplo, en
su célebre Mensaje a la Convención Nacional de 1896- 1897, en la que se
promulgó la Constitución Liberal Radical que reformaría a la nación, presen-
ta un programa liberal capaz de abarcar a todos los sectores sociales, pero en su
largo discurso propositivo no hace referencia alguna a los negros montoneros
y esmeraldeños. Por su parte las intenciones de Carlos Concha tampoco fue-
ron claras. Ya Nicanor Jácome ha afirmado que la gesta de Concha careció de
una alternativa real y no tenía viabilidad ante un sistema de dominación liberal
que se desarrollaba de acuerdo con las necesidades económicas y política.38
Es decir, en la práctica el liberalismo no modificó las condiciones de
explotación, discriminación y marginalidad de los descendientes de africanos.
Más bien adaptó condiciones ideológicas internas e institucionales que se de-
mandaban para el desarrollo capitalista, dejando de lado las demandas que
sectores subalternos hacían para el logro de una verdadera y correcta incorpo-
ración a la nación ecuatoriana. Bajo estas condiciones, la población negra que
luchó férreamente por mejorar sus condiciones sociales confiando en el espíri-
tu liberal, más bien vio profundizada su condición de dependencia y exclu-
sión, las cuales persisten hasta hoy.

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