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HISTORIA GENERAL

DEL EJÉRCITO ECUATORIANO

"EL EJÉRCITO ECUATORIANO EN LA


REVOLUCIÓN ALFARISTA, SU
DESARROLLO Y POSTERIOR
DECADENCIA”

TOMO 4

CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DEL EJÉRCITO

Tcrn. (sp) Dr. Édison Macías Núñez


EL EJÉRCITO ECUATORIANO EN LA REVOLUCIÓN ALFARISTA, SU
DESARROLLO Y POSTERIOR DECADENCIA

TOMO 4

Tcrn. (sp) Dr. Édison Macías Núñez


COLECCIÓN COMPLETA
ISBN- 978-9978-92-422-8

TOMO 4

ISBN- 978-9978-92-548-5

Número de Derecho de autor: 028143


Biblioteca del Ejército Ecuatoriano Vol. Nº 21
Levantamiento de texto: S.P. Rosario Villarruel
Corrección y revisión de pruebas: Dr. Édison Macías Núñez
Diagramación: Subp. José García Pinoargote
Fotografías: Sgop. Washington Herrera M.
Impresión: Instituto Geográfico Militar
Telf: 2220-360
Tiraje:1000 ejemplares
Quito - Ecuador, diciembre 2007
EL EJÉRCITO EN LA REVOLUCIÓN DEL GENERAL ELOY
ALFARO

ANTECEDENTES DE LA REVOLUCIÓN ALFARISTA

El año de 1895 fue clave para la revolución liberal. La coyuntura


político-militar le fue radicalmente favorable. Como antecedente, en
octubre de 1894, el Japón que se encontraba en guerra con la China,
negoció la adquisición del buque de guerra "Esmeralda" de bandera
chilena. El gobierno de Chile con la venta de la mencionada nave
comprometía la neutralidad proclamada en la guerra de los dos países
asiáticos; entonces, para evitar problemas diplomáticos, optó por hacer
intervenir al Ecuador en tan discutida negociación, con la pretendida
argucia de hacer aparecer ante la opinión pública que el gobierno
ecuatoriano era el que vendía el buque "Esmeralda"; consecuente-
mente, tendría que llevar de insignia la bandera del Ecuador.

Esta operación lesiva a la dignidad de la patria la realizaron los señores


Modesto Solórzano, Cónsul del Ecuador en Nueva York y Luis
Noguera, Cónsul en Valparaíso, con la anuencia del Gobernador de la
provincia del Guayas, Sr. José María Caamaño, quien convenció al
presidente Luis Cordero y sus ministros de Estado para que no negaran
el favor especial que el Gobierno chileno solicitaba de su similar
ecuatoriano.

La venta del buque chileno "Esmeralda" y los términos en que fue


negociado se convirtieron en vox pópuli en el país y el continente;
siendo hábilmente manipulado por los opositores del Gobierno.

Pero a este ambiente convulsionado se agregarían otros sucesos que


aumentaron la justificada intranquilidad: el 12 de febrero de 1895,
Pedro Montero y Enrique Valdés encabezaron un levantamiento arma-
do en la ciudad de Milagro. El 18 del mismo mes se produjo otro simi-
lar en Daule, resultando del asalto al cuartel varios heridos y muertos.
5
DR. LUIS CORDERO CRESPO (EL PALACIO DE CARONDELET, Dirección
Editorial, Jorge Salvador Lara)

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El 18 de marzo, Julio Andrade y el Dr. Emilio Terán, encabezando un
grupo de 50 simpatizantes del liberalismo, salieron de Quito rumbo al
sur. Allí aclamaron al general Alfaro, pero las tropas gobiernistas las
derrotan en breve combate. Sin embargo, la columna se reorganizó en
Ambato y subordinada al coronel Francisco Hipólito Moncayo, con-
tinuó la campaña en Guaranda.

El Presidente Cordero fue obligado a dimitir. Fue reemplazado por el


conservador Dr. Vicente Lucio Salazar. Pero los levantamientos arma-
dos, amagos de rebelión y otras acciones que intranquilizaban al país
seguían en auge. El coronel Manuel Serrano, el 9 de mayo, en la ciu-
dad de Quito, encabeza otro levantamiento armado que no prospera.
El general manabita Plutarco Bowen, formado militarmente en
América Central, en donde obtuvo su generalato, desembarcó clandes-
tinamente en Guayaquil para ponerse al frente de un grupo de
voluntarios y pretendió por la fuerza de las armas, tomarse Babahoyo.
En uno de los combates resultó herido en el brazo.

Asimismo, fue también un país centroamericano que conoció la lucha


solidaria de Eloy Alfaro. El 12 de enero de 1895, en atención a los
grandes servicios prestados por él a la causa de la democracia en
América Latina se le confirió el rango de General de División de
Nicaragua, como reconocimiento a sus actividades en la pacificación
de Centroamérica.

De vuelta al Ecuador, y empeñado en la guerra de 1895, el gobierno


nicaragüense reconoció a su Gobierno con fecha 10 de agosto del
mismo año. Desde Managua, el presidente Mateus declaraba que "con-
gratula al Ecuador por haber puesto al frente de su administración a un
hombre de virtudes cívicas tan excelsas como el general Alfaro." (1)

A partir del mes de mayo de 1895, Guayaquil vivía una incertidumbre


político-militar cada vez más intensa.

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La oficialidad de las unidades que guarnecían la ciudad tenía temor de
que los miembros de tropa se sublevaran en cualquier momento y
éstos, igualmente, se resistían salir a las calles por temor de ser victi-
mados por elementos civiles contrarios a la clase militar.

El 3 de junio llegó a Guayaquil, procedente de Daule, una unidad mi-


litar cuyos integrantes fueron ofendidos por la muchedumbre que creía
se trataba de alguna tropa en derrota. Aquel recibimiento hostil y
agresivo hizo reaccionar a los militares con disparos al aire, pero la
respuesta de los elementos civiles fue fulminante: armados de mache-
tes y de otras armas rudimentarias se lanzaron contra los soldados, los
que se vieron forzados a repeler el ataque. El resultado del enfrenta-
miento fue realmente trágico: veinticinco cadáveres quedaron tendidos
en las calle de la ciudad, cinco de los cuales eran elementos de la uni-
dad militar agredida.

Como consecuencia de los sangrientos sucesos se produjo la renuncia


del Dr. Rafael Pólit, Gobernador de Guayaquil, y del Comandante
General del distrito del Guayas, general Reinaldo Flores. La ciudad
había quedado bajo responsabilidad de una Junta de Notables, que
tenía entre otras tareas la de organizar el nuevo Gobierno.

El 5 de junio, los elementos de tropa incurrieron en un lamentable mal


entendido. (Se creyeron abandonados por sus jefes y bajo las órdenes
directas de la Junta de Notables), error que los hizo abandonar los
cuarteles, dejándolos sin custodia alguna, circunstancia que fue
aprovechada por dirigentes liberales que, respaldados por la masa
popular, se apropiaron de las instalaciones, armamento menor, caño-
nes, munición y otras vituallas de guerra.

En ese mismo día los miembros de la Junta de Notables y quince mil


ochocientos noventa y cinco ciudadanos adeptos a la revolución,
firmaron una acta que convalidaba el movimiento revolucionario y
que proclamaba Jefe Supremo al general Eloy Alfaro. Años más tarde,
8
el presidente interino de la República, Clemente Yerovi Indaburu, con
fecha 3 de junio de 1966 firmaba el Decreto mediante el cual se decla-
raba "Día Cívico de Recordación Nacional, sin descanso obligatorio,
al 5 de junio de todos los años, en homenaje a la gesta revolucionaria
de 1895."

Concluyendo, la revolución se efectiviza por las siguientes causas:

- El caos político-militar que vivía la República, hábilmente aguzado


por los adversarios del Gobierno, sustentando su acción en la venta
de la bandera;

- Una mala interpretación de las tropas acantonadas en Guayaquil


hizo que dejaran desprotegidas sus unidades, situación que fue
aprovechada por los potenciales revolucionarios, respaldados por el
ambiente caótico y de incertidumbre que imperaba en la ciudad;

- La Junta de Notables "pescó a río revuelto" para dictaminar el acta


en mención;

- Para que el documento tuviese la apariencia de respaldo popular, se


hizo firmar indiscriminadamente a centenares de ciudadanos que no
estaban conscientes de las proyecciones que habría de tener el pro-
ceso político del país;

- La Junta de Notables, sin otro argumento jurídico que no fuese la


autoridad omnímoda que se auto otorgaba, desconoció la
Constitución de 1833 y al Gobierno presidido por el señor Vicente
Lucio Salazar; y,

- Designó Jefe Superior Civil y Militar de la provincia del Guayas al


Sr. Ignacio Robles, proclamó Jefe Supremo de la República y
General en Jefe del Ejército al general Eloy Alfaro.

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JEFATURA SUPREMA DEL GENERAL ELOY ALFARO

El señor Ignacio Robles hizo conocer telegráficamente al general


Alfaro (en aquel entonces en Managua), su designación como Jefe
Supremo de la República y la necesidad del inmediato retorno al
Ecuador. El "Viejo Luchador" aceptó ejercer tan importante dignidad,
por lo que el 19 de junio de 1895, llegó a Guayaquil donde fue reci-
bido con desbordante alegría por quienes veían en él la verdadera
opción de esperanza para el futuro de la patria. Después del apoteósico
desembarco dirigió a los guayaquileños la proclama que sintetizaba su
agradecimiento por haberlo traído de lejanas tierras y honrado con el
cargo de Jefe Supremo del Ecuador; felicitaba por las jornadas de
lucha que alcanzaron el triunfo de la revolución y se comprometía
hacerse digno del pueblo que lo llevó al poder.

En la noche del 19 de junio, el señor Ignacio Robles, gobernador del


Guayas, imponía la banda presidencial al general Eloy Alfaro que
había arribado a Guayaquil proveniente de Centro América. Luego de
declarar en vigencia la Constitución de 1878 y organizar el Gabinete
Ministerial, envió comisiones a Quito y Cuenca con la finalidad de
invitar que se reconozca al gobierno revolucionario de Guayaquil.

El Clero y el partido conservador se alinearon abiertamente en la


oposición, porque según el gremio religioso: "El enemigo es el libe-
ralismo y radicalismo en toda su más repugnante desnudez y asque-
rosa deformidad." Aquel criterio que del liberalismo tenía el Clero, a
través de los sermones de los curas párrocos, logró que el indígena y
el campesino inicialmente identificaran al nuevo movimiento político
como engendro del demonio, de la maldad, la herejía y el ateísmo; no
obstante, los montubios simpatizaban con la revolución de Alfaro.

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GRAL. ELOY ALFARO (EL PALACIO DE CARONDELET, Dirección Editorial,
Jorge Salvador Lara)
11
REINICIO DE LA LUCHA ARMADA

El desborde de la violencia en el país era inminente; el advenimiento


de la guerra civil constituía un hecho que no admitía discusión; las
tropas revolucionarias de Alfaro y las del Gobierno no lograban con-
ciliar sus diferencias; el antagonismo de los conservadores y los
liberales abría brechas que impedía una saludable y civilizada
concertación; es decir, el enfrentamiento armado era cada vez más
palpable.

ORGANIZACIÓN DEL EJÉRCITO REVOLUCIONARIO

El general Alfaro, después de analizar el panorama político y militar


ecuatoriano, concluyó que los dos campos ofrecían resistencia a la
revolución.

Como acción prioritaria decidió organizar y armar convenientemente


sus tropas, esto último lo consiguió con el apoyo del presidente nica-
ragüense Santos Zelaya, de algunos empresarios y agricultores de la
costa, quienes lo ayudaron a incrementar y modernizar la artillería con
dotación de cañones Krupp, y la infantería con fusiles de mejor calidad
técnica que aquellos que disponía el Ejército gobiernista.

El general Eloy Alfaro escogió la ciudad de Guayaquil para organizar


sus fuerzas y como punto de partida de la campaña revolucionaria.

La organización de las tropas alfaristas se hizo sobre la base de efecti-


vos que habían combatido a órdenes del caudillo liberal en campañas
anteriores, con jefes y oficiales de la denominada juventud liberal que
aglutinaba ciudadanos de algunas poblaciones interandinas y de la
costa, y con voluntarios (montubios en la mayoría) de Manabí, Guayas,
Esmeraldas y los Ríos, que constituían el grueso de la tropa. Es decir,
el ejército no poseía la preparación militar suficiente, no era lo con-
venientemente disciplinado y carecía de experiencia de combate.
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1.- PRIMER EJÉRCITO

Comandante: general Eloy Alfaro

a) Primera División
- Comandante: Gral. Plutarco Bowen
- Jefe del E.M.: Crnl. Julio Andrade
- Subjefe del E.M.: Crnl. Horacio Espinel

Batallón No. 2 de Línea

- Comandante: Crnl. Belisario Torres;


- 2do. Comandante: Tcrn. Julio Navarro
- Cdtes. de Compañía: capitanes: José Villota, Víctor
Rivadeneira, Alcides Egüez y César Vaca.

b) Segunda División

- Comandante: Gral. Juan Miguel Treviño


- Jefe del E.M.: Gral. Leonidas Plaza Gutiérrez

Batallón "Daule" No. 1

- Comandante: Crnl. Juan G. Triviño


- 2do. Comandante: Tcrn. Baldomero Espinoza

Batallón "Daule" No. 2

- Comandante: Apolinario Campi

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GRAL. PLUTARCO BOWEN (TOMADO DEL LIBRO ELOY ALFARO,
Tomo I, Wilfrido Loor)
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c) Tercera División
- Comandante: Crnl. F. Avellán
- Jefe del E.M.: Alejandro Egas

Batallón "Vengadores"

- Comandante: Crnl. Guillermo Sierra


- Comandante: Tcrn. A. Calderón

d) Cuarta División

- Comandante: Crnl. E. Terán


- Jefe del E.M.; Crnl. Ulpiano Páez

Batallón "Vengadores del Tungurahua"

- Comandante: Crnl. Carlos Fernández



Batallón "Nueve de Abril" (Columna "Chimborazo")

- Comandante: Crnl. Delfín Treviño


- 2do. Comandante: Tcrn. Francisco Portilla

e) Quinta División

- Comandante: Crnl. Medardo Alfaro


- Jefe del E.M.: Crnl. P. Echeverría

Batallón "Libertadores"

- Comandante: Crnl. León Valles Franco

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Escolta de Honor

- Comandante: Octavio Roca

2.- SEGUNDO EJÉRCITO



Comandante: Gral. Cornelio Vernaza
Jefe del E.M.: Crnl. Wilfrido Venegas

a) Primera División

- Comandante: Crnl. José Miguel Marín


- Jefe del E.M.: Carlos Monteverde

Batallón "BABAHOYO"

- Comandante: Crnl. Manuel Castillo


- 2do. Comandante: Crnl. Enrique Rojas

Batallón "GUARANDA"

- Comandante: Crnl. José Manuel Vela

Batallón "VINCES"

- Comandante: Emiliano Figueroa


- 2do. Comandante: Mayor Antonio Sotomayor

Columna de Honor "MEDARDO SUÁREZ"

- Comandante: Crnl. Carlos Holmes

b) Segunda División

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Batallón "VENCEDORES" No. 1

- Comandante: Crnl. Leonidas Delgado

Batallón "PICHINCHA"

Comandante: Rafael Larenas

Artillería de Montaña (2)

EL EJÉRCITO GOBIERNISTA

Si para Alfaro fue dificultoso organizar su ejército, para el Gobierno


central fue mucho más. Efectivamente, las vicisitudes políticas eran
realmente sorprendentes: el Dr. Lucio Salazar, por el deplorable estado
de salud renunció a sus funciones de Presidente. Fue reemplazado por
Carlos Mateus Mateus, quien de inmediato depondría el cargo en
beneficio, nuevamente, del Dr. Vicente Lucio Salazar.

En la lista de los aspirantes para comandar el ejército gobiernista


constaba el general José María Sarasti, político y militar de relativa
trascendencia en el país. Pentaviro de 1883, Ministro de Guerra y
Marina de algunos gobiernos, entre otras funciones importantes. Sin
embargo, su inconsistencia política halló tenaz oposición en los adver-
sarios, particularmente los conservadores que aducían que sus inclina-
ciones ideológicas eran las de un liberal. Pero todas aquellas im-
pugnaciones no fueron óbice para que el general Sarasti fuese
designado Director de la Guerra del Ejército Central.

Mientras se dilucidaba la polémica designación del Director de la


Guerra, las provincias del centro y el norte del país se encontraban
incomunicadas con las de la costa y el austro: las fuerzas revolucio-
narias de Alfaro habían cortado las líneas telegráficas, produciendo
con ello el descontrol y la falta de información de las tropas de Quito,
y la consecuente influencia psicológica en todas ellas.
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Decidió entonces el general Sarasti la rápida organización del Ejército,
sin escatimar las exigencias que plantearía al Gobierno. Efectivamente,
Carlos Pérez Quiñones, Ministro de Hacienda del régimen conser-
vador, tuvo que satisfacer los requerimientos del Director de la Guerra
para que éste organice la segunda División y, posteriormente, una ter-
cera.

Como el erario no tenía recursos suficientes, el encargado de la presi-


dencia decretó impuestos y otros rubros a favor de la organización del
ejército gobiernista.

Desde aquel entonces era normal advertir "que en el Ministerio de


Guerra se notaba un febril movimiento; las tres cuartas partes de
empleados en las diversas oficinas públicas obtenían despachos de
oficiales del ejército; por la ciudad las cornetas llamaban "tropas a
formar", y los soldados con alegre algazara reclutaban a todo vecino
que no se presentaba voluntariamente. Así se organizó la Primera
División del Ejército del Centro.

Tanta irresponsabilidad e improvisación estaban destinadas al fracaso,


como efectivamente sucedió.

En definitiva, el ejército del general Sarasti quedó estructurado con la


conformación de tres divisiones:

I División

Comandante: Tcrn. Modesto Burbano



Batallón "QUITO"

Comandante: Tcrn. Adolfo Zambrano

Regimiento de Caballería
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Comandante: Tcrn. Fidel López

Brigada de Artillería "BOLÍVAR"



Comandante: Tcrn. Manuel Guerrero Barba

II División

Comandante: Gral. Vicente Fierro


Jefe del E.M.: Crnl. Pedro Lizarzaburo

Columna: "GARCÍA MORENO"



Comandante: Crnl. Antonio Grijalba Patiño

Batallón Vengadores del Norte

Comandante: Tcrn. Julio del Hierro

Columna Ligera

Comandante: Tcrn. Agustín Fierro Morales

Batallón "AYACUCHO"

Comandante: Tcrn. Benigno Cordero

Batallón Cazadores de la Guardia

Comandante: Crnl. Antonio Hidalgo

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III División

Comandante: Crnl. Nestorio Viteri

Batallón "PATRIA"

Comandante Tcrn. Juan Baustista


Segundo Comandante: Arsenio Navarrete

El Orgánico de esta División, totalmente incompleto, se previó llenar-


lo progresivamente en el futuro. El general Sarasti, obsesionado en
incrementar su ejército, solicitó reiteradamente la incorporación del
coronel Antonio Vega y sus tropas que operaban en el sur.

COMBATE DE SAN MIGUEL

A partir del 24 de julio de 1895 el general Alfaro, luego de encargar el


Poder Ejecutivo al Consejo de Ministros, decide iniciar la campaña
revolucionaria en el interior de la república. Su objetivo: someter por
las armas al ejército de Quito e implantar en la República el Gobierno
Liberal. Para cumplir este propósito organizó en Guayaquil dos ejér-
citos: uno al mando del Gral. Cornelio Vernaza, el otro comandado por
el mismo Alfaro.

El Gral. Vernaza recibió la misión inicial de conquistar el primer obje-


tivo intermedio: la población de Guaranda. Con un ejército de 2000
combatientes, aproximadamente, el 1 de agosto partió del Puerto
Principal utilizando el eje: GUAYAQUIL-BABAHOYO-
BALSAPAMBA- GUARANDA.

En el mismo día, Eloy Alfaro iniciaba la marcha por el itinerario:


GUAYAQUIL-DURÁN-YAGUACHI-ALAUSÍ-GUAMOTE-
CAJABAMBA. En Alausí se incorporaron las tropas de su hermano
Medardo.
20
GRAL. CORNELIO ESCIPIÓN VERNAZA (REVISTA EJÉRCITO NACIONAL,
Año II, 1923 No. 9)
21
Paralelamente al avance del ejército alfarista, el general Sarasti dispu-
so que el Tcrn. Julio del Hierro, al mando de 500 hombres del Batallón
"Vengadores del Norte", del regimiento de Caballería y del escuadrón
"Sagrado", detenga a los contingentes revolucionarios del general
Vernaza. Entre tanto, éste recibió de Alfaro la disposición de dividir la
fuerza y con una parte de ella ocupar la población de San Miguel de
Chimbo. Para cumplir la misión recibida, el general Vernaza dispuso
que el coronel José Fidel Marín, con una de las divisiones integrada
por los batallones "GUARANDA", "VINCES", "BABAHOYO" y la
columna "MEDARDO SUÁREZ", y conformando la vanguardia del
grueso de sus tropas, ocupe la población de San Miguel. Es decir,
fracciones de los ejércitos alfarista y gobiernista convergían al mismo
punto, por tanto, el encuentro de las dos vanguardias era inevitable.

El 6 de agosto, a partir de las 06:00, se abrieron los fuegos iniciándose


el combate. Las fuerzas del Tcrn. Julio del Hierro, del ejército
gobiernista, orientaron el esfuerzo principal del ataque por el cerro
Tangará (responsabilidad del batallón "VINCES") y el sector de
Tiumbiguán (responsabilidad del batallón "GUARANDA") para
forzar la retirada de las tropas alfaristas, al mando del Crnl. Marín, que
ocupan dispositivos defensivos en San Miguel. Las tropas gobiernistas
lograron penetrar por el sector de responsabilidad del batallón
"VINCES", sector que fue restablecido a medias por la acción opor-
tuna del batallón "GUARANDA".

Después de aproximadamente 4 horas de combate, los efectivos


gobiernistas se proclaman victoriosos; sin embargo, el error de no
aprovechar la confusión del adversario, de no perseguirlo y/o destruir-
lo, revierte posteriormente en su contra la reacción de quienes habien-
do sido derrotados, resultaron vencedores. Efectivamente, mientras
las tropas del Tcrn, Julio del Hierro iniciaban el "disfrutamiento del
éxito" dentro de la población conquistada, llegó a conocimiento del
general Vernaza la debacle sufrida por su vanguardia. Con elementos
de refuerzo acudió a San Miguel en auxilio de los derrotados, tarea que
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encontró fácilmente superable por la errónea disposición que el gene-
ral Sarasti impartió al Tcrn. Julio del Hierro de abandonar San Miguel,
en un repliegue progresivo que debía culminar en Riobamba, donde
confluirían todas las unidades operativas de Quito, para enfrentrar al
ejército revolucionario de Alfaro.

En un fragmento del parte de combate del general Vernaza constaba:


"En son de combate avanzó hasta la ciudad la primera columna de
ataque y yo, con el resto de la división, me posesioné de la loma
denominada Tangará, después de haber hecho envestir con tres colum-
nas más de ataque, metódicamente escalonadas, la plaza ocupada por
el enemigo vencedor de nuestra división de vanguardia..." (3)

El contrataque del que se refiere el parte del general Vernaza, tuvo el


éxito descrito por la falta de medidas de seguridad de las tropas
gobiernistas, y quizás por la desmotivación causada por la orden del
general Sarasti de abandonar dicha población y replegarse hacia
Riobamba, sin consolidar el objetivo conquistado.

Pero si las unidades del Tcrn. Julio del Hierro habrían permanecido en
las mismas condiciones en San Miguel, por más que hubiesen adopta-
do un eficiente dispositivo defensivo, sin refuerzo de tropas frescas y
sin los abastecimientos indispensables, especialmente de clase V
(munición), hubiesen sido destruidas por un adversario superior en
personal y medios.

En definitiva, la conquista de la población de San Miguel constituyó


uno de los objetivos intermedios del ejército revolucionario en su
avance hacia la capital de la República. Esta acción de armas pagó un
alto precio de vidas humanas: doscientas bajas entre muertos y heridos
del ejército gobiernista; veinte muertos y cincuenta y seis heridos de
las tropas de Alfaro.

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EL COMBATE DE GATAZO

Después del combate de San Miguel, los ejércitos revolucionario y


gobiernista iniciaban el respectivo repliegue hacia Cajabamba y
Riobamba, respectivamente.

El repliegue del general Vernaza no tuvo coordinación alguna con el


ejército de Alfaro, éste desconocía el itinerario exacto por el cual se
aproximaban las tropas de Vernaza; aquel error motivó que los com-
batientes revolucionarios creyeran que por el camino de Totorilla se
aproximaban elementos del ejército alfarista, cuando en realidad era
una fracción de las fuerzas del ejército de Quito.

Así mismo, el desconcierto de las tropas del general Sarasti era cada
vez más grave: los comandantes divisionarios desconocían por com-
pleto el Plan de Operaciones que debía ser oportunamente elaborado
por el Estado Mayor del Ejército gobiernista; igualmente, ignoraban la
topografía y demás accidentes geográficos del escenario en donde iban
a actuar.

El general Alfaro fue informado que la columna del general Sarasti


saldría a Riobamba el 13 de agosto (partió el 14); dispuso por tanto
las siguientes acciones de comando: los batallones "Nueve de Abril"
y "Tungurahua" debían adelantarse para acoger y dar seguridad a las
tropas que venían desde Guaranda; el batallón 2º de Línea fue desta-
cado a sectores dominantes de Licán , para alertar de la presencia de
tropas adversarias provenientes de Riobamba y ordenó el estado de
máximo alerta a las unidades que ocupaban la zona de reunión en
Cajabamba.

El 14 de agosto, a las 14:30, los batallones alfaristas "Nueve de Abril"


y "Tungurahua" se enfrentan con las tropas de vanguardia del general
Sarasti (batallones "García Moreno", "Patria" y "Quito"). Conocedor
de esta novedad, Alfaro dispone que el batallón "Daule No 2 refuerce
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a los dos batallones adelantados, empeñados ya en combate, y ordena
que las unidades concentradas en Cajabamba avancen de inmediato.

El oportuno refuerzo del batallón "Daule" permitió el contrataque y
forzó a las unidades gobiernistas a replegarse. El ejército conservador
tenía tropas veteranas y más expeditas en el arte de la guerra; su vul-
nerabilidad, sin embargo, consistía en la impericia de mando del
Director de la Guerra, el general Sarasti. En la contraparte, las fuerzas
alfaristas eran neófitas en acciones de combate, pero aquella debilidad
se desvanecía en el carisma, la personalidad, ejemplo y don de mando
del general Alfaro.

Las sombras de la noche llegaron en auxilio de los exhaustos comba-


tientes, pero en su fúnebre manto, a manera de mortaja, cubría los
cadáveres de decenas de soldados y hacían más dramáticas las quejas
lastimeras de los heridos.

Las tropas conservadoras, por intermedio de los batallones "Quito",


"Patria" y "Sucre" ocupaban posiciones de combate, pero el general
Sarasti ordenó a las tres unidades que abandonasen las posiciones ocu-
padas y se concentren en las inmediaciones de San Juan. Al respecto,
trata el general Sarasti de justificar su decisión aduciendo: "Debíamos
optar por una de tres operaciones: o combatir por la noche sin ningún
resultado, o pernoctar en la ensenada de la carretera, dominada por las
colinas de nuestra izquierda, exponiendo el ejército a ser fusilado en la
mañana del 15, o contramarchar a nuestro campamento. Lo último
parecióme lo más cuerdo, lo más militar y lo más conveniente para
salvar nuestra fuerza. Dimos pues la orden de contramarchar hasta
nuestro campamento…" (4)

Los jefes, oficiales y elementos de tropa se negaron rotundamente a


abandonar el objetivo que con tanto trabajo y sangre habían conquis-
tado, pero tal fue la insistencia de Sarasti que se vieron forzados a
cumplir tal disposición, que la consideraban ilógica y fatal.
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Las causas fundamentales que habrían producido la derrota y el des-
bande de las fuerzas del general Sarasti, serían porque al frente estaba
un ejército "destacado en profundidad, que todo el día se engrosaba,
protegido y ayudado por el pueblo, al que las comunidades indígenas
se habían sumado. A su derecha tenían al segundo ejército liberal
estacionado apenas a diez kilómetros de distancia, en la hacienda
Shovol, atrás tenía montoneras que le cortaban las comunicaciones,
ejércitos como el de Concha Torres, que estaba subiendo la cordillera,
tropas como las de los Arellano que cercaban las poblaciones y,
además, tenían los indios que, resueltamente, se habían puesto del lado
de la causa liberal." (5)

El general Alfaro, pese a las bajas sufridas y sin contar con la presencia
de la división de su subalterno el general Vernaza, se consideraba el
triunfador del aún inconcluso combate. El convencimiento de ello hizo
que redactara, en esa misma noche, el parte que telegrafió al Consejo
de Ministros en el Puerto Principal y en el que hacía conocer la "vic-
toria" obtenida.

Entre tanto, aquella misma noche, tratando de restringir en algo la


desorganización organizada, el general Sarasti dispuso que los coman-
dantes de las divisiones y de los batallones de su ejército se reúnan en
el Puesto de Mando, para analizar la situación y prever las actividades
futuras. Después de acaloradas discusiones se decidió ordenar la reti-
rada de las tropas, con la predisposición de organizar líneas de resis-
tencia sucesivas en Mocha, Ambato y finalmente, en la entrada de
Quito. Pero fue imposible ejecutar las operaciones previstas: cuando
los oficiales pretendieron organizar sus unidades para el repliegue, se
encontraron con la novedad de no tener personal a quien mandar:
durante la noche del 14 y la madrugada del 15 gran cantidad de com-
batientes aún se encontraban dispersos, algunos de ellos habían ya
desertado y se dirigían a Quito; otros, llevando consigo el armamento
y equipo, se encaminaban hacia Cajabamba para engrosar el ejército
de Alfaro.
26
Entonces, en esas condiciones, a partir de las 06:00 del 15 de agosto,
irrumpieron en las posiciones gobiernistas las fuerzas del general
Alfaro. Los pocos soldados conservadores que aún quedaban, a los
primeros disparos de cañón y al verse aislados, se desbandaron
apresuradamente.

El ejército liberal, a partir de las 10 de la mañana, ya sin resistencia


alguna, recogía el botín de guerra (fusiles, cajas de munición, equipo,
cañones, etcétera) en el extenso escenario del combate.

Como corolario de esta acción de armas, el Consejo de Ministros,


mediante Decreto de fecha 20 de agosto, ascendió al caudillo liberal a
General de División, mientras que éste destituía al general Cornelio
Vernaza de la función de Ministro de Guerra, por su concurrencia
tardía al campamento de Cajabamba, en desobediencia a la disposición
que le fue impartida. (6)

EL COMBATE DE LA LIRA

El 15 de agosto llegaba a la ciudad de Ambato, procedente de Quevedo,
una columna alfarista al mando del coronel Fidel García. En ese
mismo día se aproximaba también a la capital Tungurahuense el
batallón Nº 4 comandado por el coronel José Álvarez. El batallón
gobiernista de 400 efectivos marchaba desde Quito con la intención de
reforzar a las tropas de Sarasti en la provincia de Chimborazo.

Los ciudadanos ambateños que simpatizaban con la revolución alfarista,


prestaron su contingente a la columna del coronel Fidel García, que
organizó el dispositivo de combate en el sector denominada La Lira. Las
tropas gobiernistas hubiesen sido masacradas en una emboscada letal, si
no hubieren recibido la información oportuna de la ubicación de su
adversario. Conocedor del dispositivo enemigo, el coronel Álvarez
ordena el despliegue de combate. Después de enconada y sangrienta
lucha, el resultado favoreció a las fuerzas provenientes de Quito.
27
Entre tanto, el Director de la Guerra de la provincia de El Oro, Crnl.
José Luis Alfaro, conjuntamente con los coroneles Manuel Serrano y
Arsenio Ullauri, salía de Machala en agosto de 1895, al frente de una
fuerza de 520 hombres, con la misión de respaldar a las divisiones de
los generales Eloy Alfaro y Cornelio Vernaza.

En Girón y Yungilla se incorporan a las tropas provenientes de El Oro,


el batallón "Vargas" y una columna del coronel Filomeno Pesantes.

Las fuerzas conservadoras gobiernistas acantonadas en la provincia


del Azuay, estaban comandadas por el coronel Antonio Vega Muñoz,
quien regresaba de actuar en la campaña de Loja. Llegó a Cuenca el
17 de agosto y luego de conocer la debacle de Gatazo, organiza el
batallón "Azuay" y "Guardia de Honor".

El coronel Víctor Panza, "Alfarista y antiguo curandero colombiano,


en nombre de Alfaro, el 22 de agosto pide la entrega de la plaza de
Cuenca, y como Vega se negase a acceder a sus deseos el combate se
inicia el día siguiente, a la una de la tarde. Vega con sus tropas cae en
un movimiento envolvente en los campos de Cuchipirca, mientras el
coronel Alberto Muñoz Vernaza, a mucha distancia del sitio de com-
bate, no tiene tiempo de acudir a su auxilio. La victoria de los liberales
es completa, Manuel Serrano y Gabriel Arsenio Ullauri son proclama-
dos generales en el mismo campo de batalla". (7)

El coronel José Luis Alfaro, que no se encontraba en el combate,


llegaba a Girón el 24 de agosto y el día siguiente se dirige a Cuenca a
tomar posesión y el control de la ciudad.

La retirada de las unidades que se encontraban en Quito facilitó el


avance de los revolucionarios, que tenían como objetivo prioritario la
toma de la capital y la proclamación de Alfaro a la presidencia del
Ecuador.

28
El 17 de agosto, las tropas del "Viejo Luchador", incluido el ejército
del general Vernaza, iniciaron la marcha hacia Riobamba, en donde
sus habitantes lo recibieron con alborozo y simpatía.

El día 20 reanudaban las fuerzas revolucionarias la marcha hacia


Quito. Hicieron estacionamientos en Ambato, Salcedo, Latacunga y
Machachi para recibir las manifestaciones de aprecio y adhesión de los
compatriotas de la Sierra.

En definitiva, el resultado de los combates de San Miguel y de Gatazo,


facilitó el avance de las tropas de Alfaro en su marcha hacia Quito, y
abrió el panorama favorable a la revolución liberal.

PRIMERA ADMINISTRACIÓN ALFARISTA

La imposición del liberalismo no fue de consenso: tuvo la tenaz resis-


tencia de sus adversarios, particularmente de los conservadores.

Para tratar de neutralizar a la oposición, Alfaro tuvo que tomar medi-


das persuasivas y draconianas como las de intimidar a la prensa, con-
culcar los derechos ciudadanos y exteriorizar una clerofobia morbosa
y radical.

Con el propósito de acallar por cualquier medio a los opositores del


régimen liberal crea "el gremio de los garroteros", constituido de sol-
dados vestidos de civil y de ciudadanos afectos al gobierno alfarista,
que eran utilizados en manifestaciones callejeras a favor de Alfaro o
de sus políticas y decisiones.

Los "garroteros" actuaron directamente en las acciones represivas con-


tra la oposición, desde el inicio de la transformación política; el Clero
en cambió, ejercía tenaz repulsa contra el régimen imperante.
Paralelamente, uno de los objetivos de Alfaro era destruir el poder del
29
Clero. Con este propósito hostilizó y propició la persecución de los
Hermanos Cristianos, que en aquella época eran los más eficientes
educadores de la niñez y la juventud.

Asimismo, el Ministro del Interior (gobierno) instruía mediante oficio


al Gobernador del Napo, Alejandro Sandoval, que "por orden del
Consejo de Ministros, Encargado del Poder Ejecutivo, se notifique a
todos los jesuitas, residentes en la provincia del Oriente, la orden de
que abandonen el país por la vía Brasil o de Iquitos en el plazo máxi-
mo de cuatro días."vv

La salida de los misioneros del Oriente, fue uno de los justificativos


que años más tarde aducía en su defensa el Dr. Julio Tobar Donoso:
"Por simple prejuicio sectáreo se destruyó aquella estupenda labor
colonizadora que ya auguraba la restauración de la epopeya nacional
de la presidencia de Quito. Y ni siquiera se intentó nada para reempla-
zarla." (8)

Las tropelías que cometían los "garroteros" y ciertos oscuros alfaristas,


en nombre de la revolución liberal, se generalizaron cada vez más en
el país.

Pero no eran solamente los "garroteros" los que consumaban el vanda-


lismo institucionalizado: la soldadesca alfarista tenía también patente
de corso para cometer crímenes y desafueros de distinta índole, y lo
hacía para demostrar su postura antirreligiosa, para exteriorizar al
general Alfaro la lealtad invariable o por la propia necesidad de sub-
sistir, porque en algunos casos al militar de bajo rango ni siquiera se le
pagaba sus emolumentos, mientras la oficialidad gozaba de canonjías
y de influencias que no se compadecían con la preparación, los debe-
res y obligaciones que debían cumplir.

No obstante de los abusos y arbitrariedades cometidos por ciertos


adeptos de Alfaro, éste llevó adelante importantes programas que
30
impulsaron el progreso de pueblo ecuatoriano: la educación pública
fue significativamente estimulada, masivas construcciones de aulas
escolares, creación de colegios, como el Instituto Nacional Mejía y el
Colegio Militar, que años más tarde llevaría su nombre, la Casa de
Artes y Oficios. La gestión del régimen alfarista se orientó igualmente
a impulsar el desarrollo y la justicia social, a regularizar el sistema de
rentas (cobrar más pero sin incrementar los impuestos), llenar de vías
el territorio nacional; justamente este plausible programa incluía su
más grande obsesión: la construcción de la línea férrea que uniría en
abrazo fraternal la costa con la sierra. Su espíritu americanista hizo
que interpusiese sus buenos oficios ante María Cristina, viuda de
Alfonso XII, en aquella época Regente de España, a favor de la inde-
pendencia de Cuba, acción solidaria que hizo ganarse el cariño y res-
peto no solo de la isla caribeña, sino también de naciones centroame-
ricanas. Efectivamente, su visión cosmopolita hizo que en Nueva
York, en 1880, tuviese fuertes vínculos de amistad con el caudillo
cubano Antonio Maceo y años después con José Martí.

Aquella amistad y la afinidad de ideales permitieron a estos tres ejem-


plares luchadores latinoamericanos, comprometer su ayuda en procura
de alcanzar la libertad, la justicia y la unidad de sus respectivos pue-
blos.

Cuando ya presidente, Eloy Alfaro no olvidó la promesa que años atrás hicie-
ra a sus dos amigos cubanos. Como ya las condiciones del poder le facultaba,
interpuso sus buenos oficios a favor de la libertad de Cuba, ante la reina
María Cristina, Regente de España: "Majestad, el pueblo del Ecuador, que
un tiempo formó parte de la Monarquía Española, y a la cual le ligan los
vínculos de la amistad, de la sangre, del idioma y de las tradiciones, se sien-
te conmovido en presencia de la cruenta y aniquiladora lucha que sostienen:
Cuba, por su emancipación política, y la Madre Patria, por su integridad…
Por esta razón interpongo los buenos oficios de la amistad, para que V.M.
guiada por sus humanitarios y nobles sentimientos, no excuse la adopción de
los medios decorosos que devuelvan la paz a España y Cuba."
31
DECRETO EN EL QUE EL GRAL. ELOY ALFARO RESTABLECE EL COLEGIO
MILITAR (DOCUMENTOS PARA LA HISTORIA DE LA ESCUELA MILITAR
1830-1930, Hernán Andrade y Amílcar Tapia T.)

32
La carta fue remitida desde Guayaquil ("residencia accidental del
gobierno") el 19 de diciembre de 1895.

Cuando supo el general cubano Antonio Maceo de la actitud amistosa


y solidaria del presidente ecuatoriano, manifestó emocionado: "Si yo
no conociera de antes a Alfaro, descubriría todo su alma en esa carta a
la Reina, y ella solo bastaría para garantizarle la inmortalidad, como
uno de los americanos más ilustres y dignos de veneración."

La preclara visión de gobernante y militar direccionó su esfuerzo a


estructurar, organizar y modernizar al ejército en términos que el
erario, la época y las circunstancias lo permitiesen. Para cumplir tal
propósito estableció una comisión que analizara y reformara las leyes
militares; impulsó con las debidas regulaciones el alistamiento de ciu-
dadanos en las guardias nacionales; dispuso la reglamentación del
orgánico, la organización, el equipamiento y normas de compor-
tamiento de las brigadas, batallones y regimientos. Además de dar vida
definitiva al Colegio Militar, creó la Academia de Guerra, aunque no
llegó a funcionar por problemas internos de carácter político-militar;
fundó la primera Escuela de Clases. Contrató los servicios de una
Misión Militar Chilena, que tenía influencias de la doctrina alemana,
para que cumpla funciones de asesoramiento en la estructuración,
instrucción y educación en los campos operacionales, administrativos
y de formación militar. Las bases que implantó sirvieron de pauta a la
siguiente administración (del general Leonidas Plaza Gutiérrez), para
que se reglamente la vida misma del ejército; se dictaron leyes impor-
tantes como: la Orgánica Militar, Servicio Militar Obligatorio, Planta
y Sueldos del Ejército, Retiro y Montepío, además de reglamentos de
Instrucción para todas las Armas e institutos militares, inspirados en
los similares que regían en el Ejército Chileno. Para disciplinar y nor-
mar la parte formal del militar, aprobó el Reglamento de Uniformes
Militares el que daba disposiciones, clasificaba y describía los uni-
formes, distintivos y condecoraciones para las diferentes jerarquías,
armas e institutos militares (de parada, campaña, diario y de visita).
33
Claro está que la oposición de aquel entonces, calificaba en los peores
términos y expresiones peyorativas al Ejército Ecuatoriano; especial-
mente al inicio de la revolución liberal, aunque analizada ya la idio-
sincrasia, comportamiento, preparación y presencia real de las fuerzas
que intervinieron y fueron protagonistas en diferentes acciones de
armas de aquella época, se podría hablar de los "ejércitos" del período
de la revolución alfarista, como de dos realidades similares pero en
escenarios diferentes: el ejército gobiernista sin mandos expertos, o
semipreparados. Algunos jefes convertidos en veletas de gobernantes
pusilánimes o de políticos descalificados; la tropa, consecuentemente,
no podía ubicarse en un panorama más fructífero y digno; al contrario,
la indisciplina, la falta de preparación profesional, los desajustes emo-
cionales, la sensación de sentirse manipulada constituían sus la-
mentables peculiaridades. El ejército revolucionario, igualmente,
estaba integrado, en significativo porcentaje, por jefes y oficiales sin
preparación militar: algunos de ellos recibían grados militares
aunque no sabían disparar "ni una pistola", por tanto, eran susceptibles
de incurrir en errores tácticos, ser proclives a la indisciplina, al abuso
de autoridad y las traiciones; la organización de las fuerzas alfaristas
estaba estructurada a base de columnas, cuyos integrantes eran volun-
tarios de la clase baja o personas "enganchadas" a cambio de salarios
insignificantes y del honor de sentirse actores directos de la revolu-
ción.

Sin embargo, los aciertos o equivocaciones que pudo y debió tener el


general Eloy Alfaro y su revolución, no rompieron definitivamente
esquemas estereotipados, no cambiaron estructuras anacrónicas que
privilegiaban intereses y prebendas particulares; tampoco cambiaron
la idiosincrasia de un pueblo obnubilado por el opio de la ignorancia,
pero sí produjeron enemigos que lo vituperaron y distorsionaron su
imagen, para luego, convertidos en gratuitos verdugos, preparar vela-
damente las condiciones para su posterior asesinato.

34
EL COLEGIO MILITAR REABIERTO POR EL GENERAL
ELOY ALFARO

El general Eloy Alfaro, mediante Decreto Ejecutivo de fecha 11 de


diciembre de 1899, reabrió definitivamente el Colegio Militar, que
luego adoptaría su nombre. Los artículos del Decreto mencionado
dictaminan:

Art. 1 Establécese al Colegio Militar sobre las bases que determi-


nan el artículo, tratado y título ya citados.

Art. 2 Asistirán a dicho establecimiento todos los oficiales de los


Cuerpos del Ejército de esta Capital, que estuvieren de ser-
vicio desde el 1° de Enero del año entrante. El Poder
Ejecutivo dictará oportunamente el reglamento relativo a la
concesión de becas para jóvenes que deseen ingresar al
expresado colegio.

Art. 3 Las materias de enseñanza, Reglamento Anterior y nombra-


miento de profesores, se dará a conocer por órdenes que se
dictarán a su debido tiempo.

Los Ministros Secretarios de Estado…"

35
PARTIDA DE MATRIMONIO DEL GRAL. FRANCISCO H. MONCAYO,
DIRECTOR DEL COLEGIO MILITAR
36
El general Francisco Hipólito Moncayo, nombrado Director del fla-
mante Colegio Militar, para reiniciar las actividades académico-mi-
litares tuvo que realizar importantes coordinaciones, colaborar y par-
ticipar en diferentes innovaciones administrativas con el propósito de
conseguir un mejor rendimiento.

Con ese propósito fue elaborado el Reglamento Interino del Colegio


Militar, con el que normaba y establecía procedimientos y políticas
respecto a la organización, la admisión de los alumnos, el nombra-
miento de los cadetes, uniformes que habrían de utilizarse, funciones
del cuerpo directivo, de los comandantes de sección, del personal
docente, del personal administrativo, los deberes y atribuciones de los
cadetes e instrucciones del plan de estudios de los cursos generales
y los cursos especiales.

Mientras el general Moncayo ejercía la Dirección del Colegio Militar,


se procedió a la contratación de la Misión Militar Chilena, cuyos ofi-
ciales debían comprometerse "a prestar sus servicios militares al
Gobierno de la República del Ecuador en los cargos de reorganización
e instrucción del Ejército", incluyendo tácitamente a la institución
militar recientemente reabierta.

PRESIDENCIA DEL GENERAL LEONIDAS PLAZA


GUTIÉRREZ Y NUEVAS AGRESIONES PERUANAS EN EL
ORIENTE ECUATORIANO

En 1901 concluía el período presidencial del general Eloy Alfaro; por


tanto, era imprescindible que el sucesor debiera seguir el mismo
modelo ideológico para consolidar el liberalismo en el Ecuador.

Partidarios de la naciente corriente liberal sugirieron de entre varios


aspirantes el nombre del general Leonidas Plaza Gutiérrez. El presi-
dente Alfaro estuvo inicialmente de acuerdo con tal designación, pero
pronto cambió de opinión aunque tuvo que al final resignarse a aceptar
tal elección, obligado por la presión colectiva de sus coidearios.
37
GRAL. LEONIDAS PLAZA GUTIÉRREZ (PRESIDENTES DEL ECUADOR,
Simón Espinosa)
38
El presidente Plaza gobernó en un ambiente relativamente de paz
interna e inspirado en la filosofía liberal. En su período decreta la Ley
de Matrimonio Civil y de Divorcio, concebida ya en el gobierno de
Eloy Alfaro; la Ley de Cultos; continuó además la construcción del
ferrocarril de Guayaquil a Quito; apoya la gestión de la Misión Militar
Chilena, aunque sufre dos reveses militares de carácter internacional
en los encuentros armados de "Angoteros" y "Torres Causana".

Conforme transcurría el tiempo crecía la animadversión del general


Alfaro en contra del Presidente, pero el aludido general Plaza "pasaba
por alto injurias y protestas: rentaba a la vez periodistas, y sostenía
periódicos oficiales para su defensa... además, organizaba su facción
adicta, rechazando la colaboración de todo elemento alfarista... al pro-
pio general Alfaro lo tenía estrictamente vigilado, por si se le ocurriere
tramar una conspiración." (9)

En definitiva, el presidente Plaza no podía soslayar ni minimizar la


presencia carismática del "Viejo Luchador", tampoco era su intención
de maximizar alguna supuesta provocación que hubiese eventualmente
provenido de su compadre y coideario.

"Fueron los cuatro años de Leonidas Plaza una gobernación hábil,


inteligente, de adelanto, eminentemente liberal y de pacífica conviven-
cia social." (10)

PRIMERA MISIÓN MILITAR CHILENA

Luego de los análisis respectivos que hizo el Gobierno del Ecuador,


determinó que el Ejército Chileno, con influencia de doctrina alemana,
de avanzada tecnología y organización, además de las tradicionales
relaciones amistosas con el Ecuador, podía satisfacer las expectativas
de contratar una misión militar, aunque con el transcurso del tiempo
habría de comprobarse que las enseñanzas impartidas no se cir-
cunscribieron al escenario geográfico de posible empleo militar.
39
MAYOR LUIS CABRERA NEGRETE (LA INFLUENCIA DEL EJÉRCITO
CHILENO EN AMÉRICA LATINA 1900-1950, Gral. Roberto Arancibia Clavel)
40
A fines de 1899 estaban ya en el Ecuador el sargento mayor del
Ejército Chileno Luis Cabrera y el capitán Enrique Chandler; incor-
porándose posteriormente con funciones de instructor militar,
mediante contrato celebrado el 28 de septiembre de 1901, el teniente
Luis A. Bravo; el teniente Ismael Gómez Ríos del Regimiento de
Artillería "Tacna", oficial que de acuerdo con el contrato correspon-
diente se "compromete a prestar sus servicios militares al Gobierno del
Ecuador en los cargos de reorganización del Ejército en los Cuerpos
de la Costa o donde el gobierno los crea conveniente, para cuyo
efecto quedará a disposición del Ministro de la Guerra".

Otros oficiales instructores y clases de la Misión Militar Chilena


fueron: capitán Ernesto Medina, tenientes Ricardo Oleas Rivas y Julio
Franzani (ascendido luego a capitán en octubre de 1904); sargentos
Alfredo Verduga y Luis Hermosilla.

Estos oficiales no solo desempeñaron las funciones de instructores


militares: constituyeron también los nexos para conseguir material
didáctico e inclusive armamento de instrucción en la república chilena;
tal el caso del capitán Enrique Chandler que gestionó el envío de
granadas de artillería, espoletas, estalladores para la Escuela de Clases;
además de carabinas Winchester calibre 44 modelo 92 con su respec-
tiva munición. Así mismo, el capitán Ernesto Medina fue comisionado
por el Ministerio de Guerra del Ecuador para que viajase a Chile a
dirigir e inspeccionar las láminas del reglamento de Artillería y el texto
de Conocimiento de Armas, destinado a los institutos militares
ecuatorianos.

No obstante, La Misión Militar Chilena debía priorizar su atención en


el asesoramiento sobre la organización e instrucción del Ejército
Ecuatoriano. En el "contrato y arrendamiento" con los integrantes de
la Misión constaba entre otras cosas: los sueldos de los oficiales
instructores serían cancelados por trimestres anticipados; tendrían fun-
ciones de mayor responsabilidad y categoría de aquellas que desarro-
41
llaban en su país; dispondrían de pasajes aéreos de ida y de regreso a
Santiago; de habitación y rancho gratuitos, además de un asistente
personal y viáticos cada vez que salieran de Quito a realizar trabajos
inherentes a sus funciones.

TNTE. LUIS BRAVO (LA INFLUENCIA DEL EJÉRCITO CHILENO EN


AMÉRICA LATINA 1900-1950, Gral. Roberto Arancibia Clavel)
42
Organizados ya en el país, los integrantes de la Misión Militar Chilena
se dedicaron a revisar, analizar y evaluar los programas de instrucción
vigentes, y a esbozar un proyecto de la Ley Orgánica Militar, proyecto
que fue aprobado por el Congreso Nacional de 1905.

El proyecto de la Ley Orgánica se basaba en los siguientes pilares


fundamentales: composición del Ejército, jerarquía militar, división
territorial militar del país (por zonas militares), organización de los
cuerpos de tropa en tiempos de paz, servicios anexos y auxiliares,
establecimientos de instrucción militar, administración y mando del
Ejército, cuerpo de inválidos, estado militar de los individuos que
componen el Ejército, paso de pie de paz al pie de guerra, organización
de las unidades mayores y combinadas y disposiciones generales.
Dentro del título "Establecimientos de instrucción militar", la Ley
Orgánica Militar recomendaba que los institutos castrenses destinados
a la formación, preparación y perfeccionamiento de oficiales y clases
del Ejército serán específicamente: Escuela Militar, Academia de
Guerra y Escuela de Clases.

Los artículos relacionados con la existencia legal de estos institutos


dictaminaban:

Art. 54 La Academia de Guerra tiene por objeto formar oficiales de
Estado Mayor y Comandantes Superiores de tropas; y a ella
pertenecerán los oficiales que el Presidente de la República
designare.

Art 55 El personal de la Academia de Guerra será el siguiente:



- Un Director, Coronel;

- Un Subdirector, Teniente Coronel;

- Dos Inspectores, Sargentos Mayores;


43
- Un Cirujano primero, que lo será también de la Escuela
Militar y Escuela de Clases, profesores de Higiene Militar
de los tres establecimientos;

- Un contador primero, que lo será también de la Escuela


Militar;

- Veinticinco alumnos, debiendo ser éstos, durante los dos


primeros cursos de la Academia, de los empleos (grados)
de Sargento Mayor o Teniente Coronel. Después de los dos
primeros cursos, los alumnos de la Academia serán
Sargentos Mayores o Capitanes;

- El número de profesores suficiente para el desempeño de


las asignaturas que determina el reglamento orgánico del
caso;

- Y el personal de servidumbre (administrativo) que deter-


minen las necesidades del Establecimiento y cuya fijación
la hará el Ejecutivo, a propuesta del Estado Mayor General.
(Por problemas internos no llegó a funcionar)

Art. 56 La Escuela Militar está destinada a formar los Subtenientes


y Alféreces del Ejército; y, en tal concepto, los cadetes que
al terminar sus estudios obtengan despachos de oficial,
deben estar en aptitud de incorporarse a una de las cuatro
armas del Ejército, para lo cual, anexos a la Escuela Militar,
funcionarán Cursos Especiales de las distintas armas, con
excepción de la Infantería, en donde recibirán su preparación
los oficiales recién investidos de ese carácter.

Art. 57 El personal de la Escuela Militar será el siguiente:

- Un Director, Coronel o Teniente Coronel;


44
- Un Subdirector, Teniente Coronel o Sargento Mayor;

- Un Cirujano primero;

- Un Capellán, que lo será también en la Escuela de clases;

- El número de oficiales, profesores e instructores que sea


necesario;

- El número de cadetes que se fije anualmente en la Ley de


Presupuestos;

- Un ecónomo, con el sueldo de Subteniente;

- Y el personal de asimilados y servidumbre que determinen


las necesidades del Establecimiento.

Art. 58 La Escuela de Clases está destinada a formar los sargentos y


cabos del Ejército. Para este objeto la Escuela se compondrá
de:

- Una Compañía de Infantería;

- Una Escuadra de caballería;

- Una Batería de Artillería;

- Una Compañía de Ingenieros.

El personal permanente de estas unidades será solo el cuadro


de oficiales y clases de cada una de ellas; y el personal de
soldados será el que resulte de los alumnos que se los incor-
poren....

45
Art. 60 El personal directivo y administrativo de la Escuela será el
siguiente:

- Un Director, Teniente Coronel o Sargento Mayor;

- Un Subdirector, Sargento Mayor o Capitán;

- Un Cirujano primero;

- Un Contador primero;

- Un Capellán particular;

- El número de profesores o instructores que sea necesario;

- El número de alumnos que anualmente determine la Ley


de Presupuesto;

- Un Ecónomo, con sueldo de Subteniente;

- El personal de asimilados y servidumbre que determinen


las necesidades del Establecimiento.

Art. 61 El Presidente de la República podrá organizar otros Institutos


de Instrucción, como son Escuelas de Tiro, de Aplicación,
de Veterinaria, etc. siempre que los fondos necesarios para
estas creaciones fueren consultados en la Ley Anual de
Presupuestos".

46
DECRETO QUE ORGANIZA LA ESCUELA DE CLASES (DOCUMENTOS
PARA LA HISTORIA DE LA ESCUELA MILITAR 1830-1930, Hernán Andrade y
Amílcar Tapia T.)
47
En cuanto a la estructuración del Ejército, la Ley Orgánica proponía:
un Ejército Permanente (militares profesionales en servicio activo),
Primera reserva (ciudadanos comprendidos entre los 21 y 30 años de
edad) y Segunda Reserva (quienes fluctuaban entre los 31 y 45 años
de edad).

La jerarquía militar se clasificaba en la siguiente escala: oficiales


generales: General y Coronel; oficiales superiores: Teniente Coronel,
Sargento Mayor; oficiales inferiores: Capitán, Teniente, Subteniente o
Alférez; aspirantes a oficiales: Cadete. Para el personal de tropa la Ley
Orgánica Militar dividía a la escala de clases en suboficiales (Sgto. 1°,
Sgto.2°), cabos (Cabo 1°, Cabo 2°) y soldado.

El territorio militar del país se compartimentaba en cuatro zonas


militares:

I Zona: Carchi, Imbabura, Pichincha

II Zona : León (Cotopaxi), Tungurahua, Chimborazo y Bolívar

III Zona: Esmeraldas, Manabí, Guayas, El Oro y Los Ríos

IV Zona: Cañar, Azuay y Loja

Como puede apreciarse, las provincias orientales y el Archipiélago de


Galápagos, no integraban ninguna Zona Militar. El Ejército tenía cua-
tro armas orgánicas: Infantería, Artillería, Caballería e Ingenieros (así,
en ese orden.)

La unidad táctica de la Infantería era el Batallón; de la Artillería, la


Batería (la reunión de dos grupos, formaba el Regimiento de Artillería),
de la Caballería, el Escuadrón (dos escuadrones formaban un grupo, y
dos grupos, el Regimiento de Caballería). El Servicio de Ingenieros se
compondrá de Compañías Independientes. Cada compañía se dividirá
en secciones de Pontoneros, Ferrocarriles, Zapadores y Electricistas.
48
En cuanto al mando del Ejército, proponía la Ley Orgánica que el
Mando Supremo (Comandante en Jefe) lo ejerciera el Presidente de la
República; por delegación de éste y en tiempo de paz, el mando y la
administración correspondía al Estado Mayor, dependencia que ten-
dría su centro de acción en el Ministerio de Guerra.

El Cuerpo de Inválidos que tomaba en cuenta los oficiales chilenos,


correspondería en la actualidad a las dependencias de Bienestar Social.
En lo referente al estado militar de los individuos integrantes del
Ejército, se proponían normas y reglamentaciones para las licencias
anuales, el límite de tiempo de servicio, los beneficios de la pensión
militar, la situación de disponibilidad (un año), reincorporaciones, las
causas disciplinarias que pondrían fin a la carrera militar: expulsión,
degradación, condenas, calificación de invalidez en diferentes grados;
el establecimiento del montepío y cómo capitalizarlo.

En definitiva, la mayoría de las disposiciones, normas, pautas, regla-


mentaciones dictaminadas por la Ley Orgánica Militar constituyó la
base de sustentación de diferentes leyes militares que aún se man-
tienen, modificadas o que fueron derogadas definitivamente.

La concepción de esta Ley -como cualquiera otra-, con el transcurrir


del tiempo dio a luz ciertos vacíos doctrinarios que la hicieron inapli-
cable dentro del contexto evolutivo y profesional del Ejército
Ecuatoriano, por eso se hizo necesario concebir nuevas leyes que estu-
viesen de acuerdo con su paulatina tecnificación profesional.

El poeta y escritor Remigio Romero y Cordero manifiesta al respecto:


"No fue muy honda sin embargo en el Ejército del Ecuador, la in-
fluencia de la Misión Militar Chilena; aunque, por ejemplo, hasta el
año de 1926 todavía estaba vigente la Ley Orgánica Militar aprobada
por el Congreso de 1905 y basada en un proyecto concebido por la
Misión Chilena en 1902."

49
En otro acápite prosigue Remigio Romero: "Por lo demás, el resto de
la Legislación Militar no sufrió alteración alguna durante la presencia
de la Misión Militar Chilena en el Ecuador. La Ley de Montepío
Militar perduró de 1897 a 1920-21; la Intendencia del Ejército, cre-
ación de la Ley Orgánica de 1905, no llegó a establecerse sino en el
año de 1913; el Servicio Militar Obligatorio apenas quedaba esbozado
en la Ley de Reclutas y Reemplazos de 1904... Sin embargo, la Misión
Chilena fue oportuna, trajo formas disciplinarias militares necesarias a
un Ejército en el que se había diluido la autoridad del mando entre
oficiales y tropa, dio una primera forma orgánica a los repartos de
tropas y salvó la presentación hasta entonces muy decaída. (11)

En conclusión, el Ejército Ecuatoriano de los últimos años del siglo


XIX y de los primeros de la década de 1900, no tenía una estructura
orgánica consistente que le permitiese orientar sus esfuerzos hacia un
objetivo definido; las luchas intestinas desatadas durante la revolución
alfarista, habían fisurado gravemente sus principios disciplinarios y
herido de muerte los preceptos de la unidad militar.

Ciertamente que sus miembros habían adquirido experiencia de com-


bate, justamente, y por desgracia, en confrontaciones armadas inter-
nas, pero se habían peligrosamente politizado al vaivén de influencias
de los mandos militares: más se preocupaban de hacer alianzas y cál-
culos políticos que de profesionalizar y disciplinar a la tropa.

Respecto a la Misión Militar Chilena, el Tcrn. Julio H. Muñoz comen-


ta: "Los resultados de esas enseñanzas, -que tuvieron también por
único escenario el callejón interandino-, se pusieron en evidencia en la
guerra civil de Esmeraldas, donde el fracaso de la educación militar
que había recibido el Ejército Ecuatoriano, no podía haber sido más
completo ni más aterrador."

"Hay que reconocer, continúa el Tcrn. Muñoz, que la Misión Chilena


actuó en un medio cultural nada propicio. Los jefes y oficiales de
50
Ejército Ecuatoriano, formados en los campos de batalla, bajo el
inspirado comando del prestigioso guerrillero general Eloy Alfaro,
eran hostiles a la Misión y no veían con agrado que los oficiales chi-
lenos se dedicaran a ilustrarlos y a fundar institutos de enseñanza de
donde -según ellos- salían nada más que oficiales de fábrica." (12)

"Sin embargo, el presidente de la República en el mensaje al Congreso


Nacional de 1905 trata de sintetizar la presencia de la Misión Militar
Chilena y su labor en beneficio del Ejército Ecuatoriano: "La oficiali-
dad y el soldado en general, hacen rápidos progresos bajo la dirección
de hábiles instructores; reinan la moral y la disciplina en los cuarteles;
y la juventud que antes diseñaba la milicia o empuñaba el acero solo
en momentos de peligro nacional o conflagración política, hoy se
inscribe gustosa en las listas de los establecimientos militares, dejando
por ellos, en ocasiones, los bancos de aulas universitarias."

En definitiva, la falta de una auténtica doctrina de guerra, de ade-


cuada reglamentación del orgánico estructural del Ejército y la amarga
lección recibida el 26 de junio de 1903, en Angoteros, y el 28 de julio
de 1904, en Torres Causana, alertó de algún modo al Gobierno y los
mandos militares: reconocieron que constituyó un error inadmisible y
trágico enviar soldados indisciplinados y "reclutas", comandados por
oficiales inexpertos en la conducción de tropas, a sectores de nuestro
Oriente; mientras en las principales ciudades quedaban los mejores
elementos, con el propósito de convertirlos en respaldo incondicional
de las fuerzas de choque y guarda espaldas de los gobiernos de turno.

COMBATES DE ANGOTEROS Y TORRES CAUSANA

En 1903, el Prefecto de Loreto, coronel Pedro Portillo, recibía la


misión de agredir al puesto militar ecuatoriano de "Angoteros", ubi-
cado en la orilla izquierda del río Napo. Para cumplir tal disposición
ordenó a los subtenientes Alejandro Valdivia y Carlos Valdiviezo, que
empleando la lancha de guerra "Iquitos", y con una fracción de tropa
51
convenientemente armada, desalojar al personal de "Angoteros". La
misión no fue cumplida por la continua creciente del río Napo, que
impedía la navegación, aguas arriba, de los soldados peruanos (llega-
ron hasta la desembocadura del río Curaray en el Napo).

Aquel inconveniente motivó que el capitán Juan Francisco Chávez


Valdivia, utilizando una embarcación fluvial de mayor calado, el aviso
de guerra "Caphuapanas" y, con otra dotación de tropa, más aquella
del subteniente Valdivia que se incorporaría en la desembocadura del
Curaray, debía tomar por asalto y ocupar Angoteros. Entre tanto, la
lancha "Iquitos" al mando del Alférez de Fragata Oscar Mavila,
regresaba al puerto fluvial de Iquitos.

El 26 de junio de 1903 el capitán Chávez Valdivia y su tropa arribaron


frente a Angoteros. De inmediato exigió de su comandante el mayor
Bermúdez, la desocupación del mencionado puesto militar.

La negativa del jefe ecuatoriano fue radical y terminante, situación que


desencadenó el desigual combate. La desequilibrante superioridad de
las tropas peruanas, después de heroica resistencia, hizo posible la
ocupación de Angoteros, luego de haber caído en combate el mayor
Bermúdez y sus subalternos.

El Perú, sin embargo, no se conformó con la incursión y posesión del


sector ecuatoriano: dispuso que las tropas del mayor Chávez Valdivia
(ascendió a ese grado el 1 de febrero de 1904), continuasen navegando
aguas arriba del río Napo hasta "Torres Causana".

En abril de 1904, Chávez Valdivia se detiene en Santa María en espe-


ra de la embarcación "Iquitos" que transportaba refuerzos, material de
guerra y recursos logísticos indispensables para proseguir la invasión.

Cuando arribó la tropa peruana a "Torres Causana" se apoderó de este


predio y creaba de inmediato la guarnición de "Bolognesi". (Crnl.
Francisco Bolognesi, héroe de la Guerra del Pacífico).
52
Era la hacienda "Torres Causana", de acuerdo con la versión de un ex
combatiente, el teniente (después mayor) Nelson Latorre, "de propie-
dad de un colono ecuatoriano de nombre Ignacio Peñafiel, quien por
muchos años había trabajado en la explotación de caucho, actividad
que le permitió levantar su hacienda y una considerable fortuna." (13)

Conocedor el Gobierno ecuatoriano de aquellas incursiones, "El


general Plaza envió una fuerza mal armada y peor entrenada y dirigida
por jefes inexpertos." (14)

En efecto, el 1 de julio partía de Quito un pequeño contingente con-


formado con integrantes de los batallones "Carchi", “Pichincha" y
"Guardia de Honor", comandado por el Tcrn. Lauro Guerrero, Luego
de sortear un sinnúmero de problemas, llegaba aquel grupo de solda-
dos enfermos y extenuados, el 24 del mismo mes; es decir, cuatro días
antes del combate.

El 28 de julio de 1904, con el ánimo de evitar el enfrentamiento


armado, el comandante ecuatoriano de la guarnición de "Torres
Causana" delegaba al teniente coronel Vicente M. Bravo, para que
entregara al jefe peruano un oficio mediante el cual, entre otras cosas,
exigía: "En tal virtud, pido a usted la desocupación inmediata; para lo
cual el señor teniente coronel don Vicente Bravo, portador de la pre-
sente, queda autorizado para fijar el tiempo y término de la desocu-
pación. Patria y Libertad".

53
TCRN. LAURO GUERRERO, héroe de “Torres Causana” o “Solano” (HISTORIA
DE LOS UNIFORMES MILITARES ECUATORIANOS, Crnl. José Antonio
Andrade)

54
Como era de esperarse, el mayor Chávez Valdivia rechazó el contenido
del oficio y, de igual manera, contestó con otra comunicación que
expresaba: "Ignoro por completo los arreglos que hayan podido hacer
las Cancillerías de ambas Repúblicas; pero tengo la seguridad de que el
señor coronel Prefecto del Departamento de Loreto, en vista del oficio
pasado por usted a esta Comisaría, dispondrá lo conveniente." (15)

La contestación del jefe peruano precipitó los acontecimientos: el


enfrentamiento de las dos fuerzas se hizo realidad. Como era de
suponerse, la pequeña tropa ecuatoriana mal entrenada e inexperta en
combates de selva, luego de sangrienta lucha, tuvo que replegarse
después de sufrir la baja de 19 muertos y algunos heridos, entre estos
últimos figuraba el Jefe Departamental del Aguarico.

El Tcrn. Vicente Bravo, uno de los sobrevivientes de aquella jornada,


hace conocer algunos detalles del combate: "La fuerza ecuatoriana se
componía de diez y siete empleados civiles, el piquete de veinte y
cuatro individuos que hacían la guarnición en Aguarico y los veinte y
nueve reclutas. De estos fueron retirados por inútiles y enfermos un
oficial y doce individuos de tropa… Estaba armada de fusil kroppa-
cher y de un viejo cañón Wilfort conocido entre nosotros de "cham-
buro", que sirvió más para hacer salvas, que para causar daño al ene-
migo. La tropa peruana tenía en dotación el fusil Mauser además de
estar apoyado por una lancha artillada y con la tripulación completa".

Respecto a la organización para el combate, relata el Tcrn. Bravo: "La


tropa ecuatoriana fue dividida en cuatro fracciones de 16 hombres
cada una. La comandaba un civil, el Jefe Departamental Dn. Carlos A.
Rivadeneira, quien por la Ley de Oriente desempeñaba las funciones
y atribuciones de Comandante de Armas. La primera fracción coman-
daba el Tcrn. Lauro Guerrero, acompañado del capitán Luis Jaramillo;
la segunda, por el Tcrn. Vicente Bravo con el Tnte. Víctor Argüello
(este grupo llevaba el cañón Wilfort), la tercera fracción comandada
por el capitán Luis Tapia y el Tnte. Nelson Latorre y la cuarta integra-
55
da por empleados civiles, al mando del Tcrn. (sp) Adolfo Saa, en
aquella fecha con funciones de guarda fiscal." (16)

El mismo Tcrn. Bravo, quien se entrevistó en horas de la mañana con


el comandante peruano, con el propósito de solucionar el problema en
términos amistosos, nos hace conocer que como el encuentro armado
era ya inminente, el Jefe Departamental, señor Carlos Rivadeneira,
dispuso que la patrulla que disponía el cañón (la del Tcrn. Bravo) se
trasladase en canoa a una isla que se encontraba a "600 metros del
puerto "Solano" (Torres Causana), para que apoye con el fuego a las
tres patrullas que se quedaron en tierra firme. Recalca el oficial ecua-
toriano que como las patrullas desconocían el terreno, no ejercieron la
coordinación para el ataque. Manifiesta que a las 14:40 la patrulla de
los empleados civiles (en ésta se encontraba el señor Ribadeneira y el
Tcrn. Adolfo Saa) fue descubierta por los peruanos, iniciándose el
combate. El resto de patrullas tuvo que comprometerse en la acción sin
delinear u obedecer un plan de operaciones conveniente. De inmedia-
to, agrega el Tcrn. Bravo, la lancha peruana ("Iquitos"), apoyaba con
el fuego a los soldados peruanos, por lo que tuvo que intervenir la
patrulla que poseía el cañón y que se encontraba en la isla, patrulla
que fue forzada a surcar el río Napo en las primeras horas de la noche,
para concentrarse en el campamento del Aguarico.

A las 16:40, en versión de otro sobreviviente, el mayor Latorre,


después de haber ocupado el puesto peruano, los ecuatorianos fueron
desalojados, mediante un contrataque sometidos y dados de baja en un
número de 19 muertos, incluyendo la captura del señor Carlos
Rivadeneira. Por lo expuesto, se puede determinar la calidad de "sol-
dados" profesionales que combatieron y sucumbieron en "Torres
Causana".

Complementariamente, el parte de guerra elaborado por el señor


Carlos Rivadeneira hace conocer: "En enero de 1904, con motivo de
las dificultades con el Perú en la Región Oriental, fui nombrado Jefe
56
Departamental; salí de Quito en febrero con un piquete militar y los
empleados civiles que fui dejando en los lugares para los que habían
sido destinados; llegué al Aguarico en abril, cuando los peruanos
habían tomado posesión de "Torres Causana" desconociendo la auto-
ridad del Teniente Político ecuatoriano de ese lugar, señor Ignacio
Peñafiel. Hecho cargo del mando de la guarnición del Aguarico con
las atribuciones de Comandante de Armas que la Ley Especial de
Oriente asignaba a los Jefes Departamentales, procedí a organizar la
defensa del lugar, amagado por las fuerzas peruanas acantonadas en
"Torres Causana". El mismo día que llegué, designé al Teniente Víctor
M. Argüello para que marche a pedir explicaciones al Jefe Militar y
Comisario peruano, por el motivo de su avance a "Torres Causana"; la
contestación elevé por el posta a conocimiento del Gobierno, el que
me contestó en oficio reservado, firmado por el Ministro señor Luis A.
Martínez dándose instrucciones para que procediera con las fuerzas
que despacharían por Baños y Papallacta. De acuerdo con esa orden
mandé en comisión al Alférez de Fragata, en esa época, señor Rafael
Andrade, con dos sargentos al río Curaray, para que encontrándose
con la tropa que por ese río debía llegar, diera las instrucciones que le
ordenaba; sucedió que esa tropa no llegó porque se sublevó en Baños
y se regresó. De los venidos por Papallacta en número de 60 llegaron
al Aguarico 39, con los comandantes Lauro Guerrero y Vicente M.
Bravo y con un cañón Wilford, sin ningún artillero; los mismos eran
conductores de una orden terminante: que se procediera a dar cum-
plimiento a lo indicado en oficio anterior. En vista de esto, con-
voqué una reunión de oficiales para determinar lo que se juzgara
conveniente, dadas las circunstancias en que nos encontrábamos, es
decir: la tropa en muy mal estado de salud; sin pago alguno por más
de ocho meses y con absoluta escasez de víveres ni nadie que los faci-
lite, porque habían ya fiado cuanto pudieron a la tropa, sin tener espe-
ranzas de ser pagados. Del consejo de oficiales se obtuvo la reso-
lución de proceder a cumplir lo que ordenaba el Gobierno, ya que éste
pedía se ocupe "Torres Causana" desalojando la fuerza peruana sin
reparar en el sacrificio de la tropa. En carta particular del señor
57
Presidente al general Plaza, "me daba instrucciones indicando hasta
dónde debía avanzar en el río Napo hacia abajo, para enarbolar el
Pabellón ecuatoriano."

Continúa en la narración el Jefe Departamental: "Desgraciadamente


después del combate de "Torres Causana", que tuvo lugar el 28 de julio
de 1904 de la una a las cuatro p.m. fuimos rechazados en un contra-
ataque de los peruanos, después de haber sido desalojados de su cuar-
tel.

Se procedió al ataque, previa notificación al Jefe peruano de que
desocupe el lugar que tenía ocupado por ser parte integrante del terri-
torio de mi jurisdicción, manifestándole al mismo tiempo que el
Comandante Bravo estaba facultado para estipular las condiciones y
fechas de la desocupación. Como fue rechazada nuestra demanda se
procedió al ataque. A pesar del valor de la tropa fuimos rechazados
quedando en el campo 19 hombres entre Jefes, Oficiales y tropa; el
suscrito con tres balazos fue hecho prisionero al pie de la resistencia
peruana, entre cadáveres de sus subordinados.. El suscrito fue llevado
como prisionero de guerra a Iquitos." (17)

Del análisis del parte se establece lo siguiente:

Después que las tropas peruanas tomaron posesión de "Angoteros" y


prosiguieron hacia "Torres Causana", el Gobierno ecuatoriano ordena
desalojarlas. Con tal propósito envía refuerzos por Baños y Papallacta.
Pero el personal designado era indisciplinado y carecía de instrucción
militar. Las deserciones impidieron que los elementos de refuerzo
llegasen completos al lugar de su destino. El ataque a las tropas perua-
nas estaba condenado desde el principio al fracaso; a la inferioridad
numérica en personal, material y medios de nuestras fuerzas, se añadía
la falta de planificación y de una concepción táctica adecuada que el
desarrollo de estas operaciones ameritan.

58
SUBT. MANUEL MICHELENA, muerto en “Torres Causana” o “Solano”
(HISTORIA DE LOS UNIFORMES MILITARES ECUATORIANOS, Crnl. José
Antonio Andrade)

59
CAPT. LUIS JARAMILLO (HISTORIA DE LOS UNIFORMES MILITARES
ECUATORIANOS, Crnl. José Antonio Andrade)

60
En aquel combate murió el comandante Lauro Guerrero, oriundo de
Catacocha, provincia de Loja, de quien escribió su amigo y coterráneo
Manuel Rengel: "Por fin, después de dos horas de porfiado combate,
penetran en el campamento de los contrarios, donde está ondeando
su ominoso pabellón. Guerrero lo observa, y aunque herido en dos
partes y sintiendo írsele la vida, no quiere morir en esa odiosa vista,
lánzase, lo arría e intenta plantar en su lugar la enseña nacional: en ese
instante nueva descarga le hiere, y para no levantarse más cae envuel-
to en la bandera de la patria."

Las bajas causadas en las tropas ecuatorianas fueron las siguientes:

"GRADO FUNCIÓN NOMBRES NOVEDADES

Sr. Jefe Departamental Carlos Rivadeneira B. herido-prisionero

Tcrn. 1er. Jefe Lauro Guerrero muerto

Cap. Augusto Rivadeneira P. muerto

Cap. Luis Jaramillo muerto

Subt. Manuel Michelena muerto

Tcrn. Guarda Fiscal Adolfo Saa muerto

Guarda Fiscal Jacinto Salgado prisionero

Guarda Fiscal Daniel Pérez muerto

Guarda Fiscal Roberto Astudillo muerto

Sgos. Adolfo Flores muerto

61
Cbop. Miguel Yánez muerto

Cbos. Pedro Chirán muerto

Cbos. César Michelena muerto



Corneta Antonio Zaragozín muerto

Sldo. José A. Liger muerto

Sldo. José Malte muerto

Sldo. Manuel Aguirre muerto

Sldo. Pastor Benavides muerto

Sldo. José Montenegro muerto

Sldo. Manuel Parra muerto



Sldo. José Coronel muerto

Sldo. Eloy Yánez prisionero" (18)

El sacrificio de los valientes jefes, oficiales y tropa que sucumbieron


en tan apartados rincones de la patria, donde solo la bandera ecuato-
riana y el impertérrito corazón del soldado de frontera hacían presen-
cia soberana, fue reconocido por sus compañeros de armas e inclusive
por el Congreso Nacional.

La Orden General de fecha 17 de septiembre de 1904 exterioriza tan


justiciero reconocimiento: "Art. 1.- El Gobierno deplora la pérdida de
los valientes que combatieron en el combate de 28 de julio último en
"Solano" y quiere dejar constancia de ese sentimiento, así como de la
62
convicción que abriga de que su sacrificio no será olvidado en tiempo
alguno por nuestro ejército. Conserve éste la memoria de los bravos
que han muerto. Ellos fueron los siguientes: Tcrn. Dn. Lauro Guerrero,
Capitán Dn. Luis F. Jaramillo, Subteniente Dn. Manuel Michelena,
sargento 2° Adolfo Flor, Cabo 1° Miguel Yánez, Cabo 2° Pedro J.
Chirán y César E. Michelena, Corneta Antonio Zaragosín, Soldados
José A. Liger, José Malte, Manuel Aguirre, Pastor Benavides, José
Montenegro, Eloy Yánez, Manuel Parra y José A. Coronel..... (f) El
Coronel Wenceslao Ugarte.- El Tcrn. Secretario, J. E. Albornoz."

En esta Orden General no consta el Tcrn. Adolfo Saa y el resto del


personal de tropa guarda fiscal, que consta en el informe del señor
Carlos Rivadeneira. Asimismo, en el artículo "Angoteros, Solano y
Torres Causana", escrito por el teniente de Adm. Octavio Estrada y
publicado en la Revista Militar No. 3 del año de 1954, consta el texto
del Decreto Legislativo que se relaciona con el personal fallecido en
el combate mencionado.. "El Congreso de la República del Ecuador,-
DECRETA:- Art. 1° se concede una pensión vitalicia de 50 sucres
mensuales a los deudos de los ecuatorianos fallecidos en los combates
de "Angoteros" y "Solano".- Art. 2° son acreedores a esta gracia las
viudas, hijos y ascendientes legítimos, sin que por el fallecimiento de
éstos acrezca su parte a los demás copartícipes.- Art. 3° Para obtener
la pensión antedicha los interesados concurrirán al Poder Ejecutivo,
por Órgano de la Gobernación de Pichincha, en un Memorial docu-
mentado que compruebe el fallecimiento del deudo en uno de los
combates antedichos y que el peticionario es acreedor a la pensión.-
Art. 4° Cuanto al goce de gracia establecida en este Decreto, se obser-
vará lo dispuesto en los Arts. 12° y 13° de la Ley de Montepío.- Art.
5° Los deudos de los militares que tengan opción a mayor suma de
Montepío según la Ley, pueden elegir entre aquella y la asignación de
este Decreto; y, Art. 6.- En el Palacio de Gobierno se pondrá una lápi-
da de mármol con la siguiente inscripción: "Al Tcrnl. Lauro Guerrero,
Capitán Augusto Rivadeneira y demás heroicos defensores de la inte-
gridad nacional.- La República."
63
"Al pie de esta inscripción se pondrá la nómina de los demás muertos
en "Angoteros" y "Solano" con expresión de las fechas en que se
libraron estos combates. (El Decreto hace alusión a "Solano", sector
conocido más comúnmente como "Torres Causana").

Dado en Quito, Capital de la República, a 12 de octubre de 1904.

El Presidente de la Cámara del Senado, (f) Carlos Freile Z.- El


Presidente de la Cámara de Diputados, (f) Modesto A. Peñaherrera".

En conclusión, el irresponsable abandono de la Amazonía ecuatoriana


posibilitó el avance sistemático de las tropas peruanas en territorio
nacional. Los poquísimos puestos avanzados de nuestro Ejército
carecían de elementales servicios, de atención y asistencia guberna-
mentales y operaban en el más dramático aislamiento, que daban la
impresión de ser verdaderos centros de reclusión y no instrumentos de
seguridad. La tropa que combatió en "Angoteros" y "Torres Causana"
no tenía la adecuada formación militar, desconocía fundamentos de
técnicas y tácticas en combates de selva, carecía de experiencia y de
jefes expertos y con criterio profesional.

CREACIÓN DE LA "ESTRELLA ABDÓN CALDERÓN"

En la administración del presidente Leonidas Plaza Gutiérrez y mien-


tras cumplía las funciones de Ministro de Guerra y Marina el general
Rafael Arellano, se creaba mediante Decreto la "Estrella de Abdón
Calderón":

"EL CONGRESO DE LA REPÚBLICA DEL ECUADOR, en uso de


la atribución 9ª del artículo de la Carta Fundamental; Decreta:

Art. 1° Para honrar la memoria del héroe que en la batalla de Pichincha


se inmoló gloriosamente por la Patria, creáse la condeco-
ración "Estrella de Abdón Calderón".
64
Art. 2° El Presidente de la República o el General en Jefe del
Ejército en campaña, condecorará con la Estrella a los mi-
litares con muy señalados méritos en servicio de la República
o en acciones de guerra internacional.

Art. 3° La condecoración será de tres clases: la de primera acuñada


en oro; la de segunda, en plata; y la de tercera, en cobre y
constará de las partes enumeradas en el artículo siguiente.

Art. 4 Una estrella circular de diez y ocho milímetros de diámetro,


con el busto en relieve del héroe, y alrededor de éste la le-
yenda "Abdón Calderón, 1822". Del borde de la medalla
partirán cinco grupos equidistantes de rayos, de extensión
igual al diámetro de la misma y que terminen formando un
ángulo obtuso y dos agudos. Dos grupos de rayos deberán
asentarse sobre una corona de laurel, enlazada por un
eslabón achatado a dos segmentos del aro: el uno soldado al
grupo superior de rayos y el otro a una lámina rectangular,
igual en longitud al diámetro de la Estrella, y de diez
milímetros de longitud.

En el anverso de esta lámina se hallarán grabadas la leyenda


"República del Ecuador" y los cuatro primeros signos del
zodíaco. En el reverso de la medalla llevará una cinta con los
colores de la bandera nacional adherida convenientemente a
la expresada lámina…Dado en Quito, a doce de octubre de
mil novecientos cuatro…" (19)

SEGUNDA ADMINISTRACIÓN DE ALFARO

El destacado comerciante Lizardo García fue el "designado" por el


general Leonidas Plaza Gutiérrez para que lo reemplazara, aún vías
fraude electoral, en la presidencia de la República. Esta actitud bene-
factora de Plaza fue reciprocada por el señor García,
65
El cambio de actitud intempestivo de Lizardo García molestó sobre-
manera a Eloy Alfaro, que creía además que su antiguo ministro de
Hacienda iba a entrabar la obra del ferrocarril del Sur. Tenía entonces
el "viejo luchador" suficientes argumentos en qué fundamentar la
decisión de conspirar.

"Publicado el llamamiento a la unión de los liberales, Alfaro designó


al general Terán (Emilio) para que actuara en el centro como Jefe de
Operaciones; al general Nicanor Orellana nombró Jefe del Norte; y
luego de hablar con los sumisos Jefes de los batallones que servían la
guarnición de la plaza de Quito y de ajustar los compromisos necesa-
rios para derrocar al Gobierno, se devolvió a Guayaquil..." (20)

El Gral. Emilio Terán, Comandante de la plaza de Riobamba, concibió


la audaz idea de notificar directamente al Presidente de su imposter-
gable destitución. Aprovechando que en el palacio presidencial, con
la participación del presidente, se efectuaba una reunión social con
ocasión de fin de año, el Gral. Terán enviaba al palacio de Carondelet
un telegrama en que manifestaba que "el señor García había dejado de
ser Presidente de la República, porque las tropas de su mando habían
proclamado la "Jefatura Suprema del General Eloy Alfaro".

Conocedor el líder liberal del episodio que habría de protagonizar el


general Terán, se trasladó a Riobamba; conoció también que Guaranda
se pronunció favorablemente a su causa, el 1 de enero de 1906.

El 12 de enero llegó a Latacunga para hacerse cargo del ejército


revolucionario. En dicha ciudad anuncia que asumía el Poder como
encargado del Mando Supremo.

Con el propósito de combatir al general Alfaro, el presidente García


designaba al coronel Tomás Larrea Comandante de las fuerzas go-
biernistas. Cuando estuvo organizada la columna de marcha abandonó
la ciudad de Quito en procura de someter a los huestes alfaristas.
66
Desgraciadamente para el coronel Larrea, parte del personal inte-
grante de sus unidades se pasaba al lado contrario entre "vivas" al
general Alfaro. En condiciones desfavorables tuvo entonces que com-
prometerse en combate en el sector denominado "El Chasqui", en la
provincia de Cotopaxi. El triunfo de los liberales permitió que Alfaro
entrara victorioso a Quito, el 17 de enero.

Defenestrado el señor Lizardo García, el líder liberal con la denomi-


nación de Jefe Supremo, a partir del 16 de enero de 1906, en un ambi-
ente de hostigamiento, resistencia y oposición pretendía desesperada-
mente controlar tan caótica e indecisa situación.

El 19 de mayo el general Alfaro hacía público desde Guayaquil que


había "gestionado un empréstito en Francia con la garantía del
Archipiélago de Galápagos, y había prometido al Brasil los territorios
amazónicos en disputa con el Perú a cambio de dinero y ayuda mili-
tar." (21)

Esta declaración produjo la correspondiente reacción de la ciudadanía


en contra de los involucrados en la "sacrílega y antipatriótica negocia-
ción".

ASESINATO DEL CORONEL ANTONIO VEGA

Antes que la "Constitución atea", denominada así por los conserva-


dores a la expedida en 1906, lo designara Presidente, y mientras cum-
plía la función de Jefe Supremo, ocurrió un hecho de sangre que
estigmatizó al régimen alfarista. El general Ulpiano Páez fue desig-
nado para que aplastase la sedición que fue descubierta en Cuenca.

El coronel Antonio Vega, con reducida tropa y escasamente armada,


había tomado posición de combate en espera de refuerzos que pre-
sumía habrían de llegar en auxilio de los conspiradores. El general
Páez, en cuanto arribó a la ciudad de Cuenca, partió al mando del
batallón "Pichincha" reforzado, con la intención de someter a los
rebeldes.
67
Entre tanto el coronel Vega, el 8 de diciembre de 1906, organizaba un
área de vivac en el sector de Ayancay. En aquel lugar se produjo el
combate entre las dos fuerzas contendientes, con resultado negativo
para el coronel Vega. El oficial vencido y prisionero fue trasladado a
la ciudad de Cuenca, donde en un momento de confusión y de gritos
a favor de Alfaro, se escuchó un disparo observándose de inmediato
que se desplomaba el coronel Vega con un impacto de bala en el
"parietal izquierdo y otro en la región temporal esfenoidal derecha", de
acuerdo con el informe pericial de cinco médicos. Se estableció tam-
bién que en las heridas no hubo evidencias que hubiesen hecho pre-
sumir huellas de un disparo a quemarropa; por tanto, quedó descartada
la presunción difundido con malicia: la autoeliminación del coronel
Vega. Sin embargo, luego del análisis del texto de "algunas piezas
importantes del juicio seguido para descubrir a los autores de la muerte
del militar azuayo, el juez, Dr. González, considerando que la mayor
parte de testigos declaran que vieron que el coronel Vega se suicidó
con un tiro de revólver sobresee la tramitación del juicio, definitiva-
mente." (22)

Se pretendió tendenciosamente propalar el rumor que el coronel Vega


se había suicidado, infundió que no tuvo acogida en los exasperados
antigobiernistas, que culparon directamente del asesinato del Coronel
cuencano" a los esbirros y seguidores de Eloy Alfaro".

EL FALLIDO CONTRATO "CHARNACÉ"

Estaba fresco todavía el asesinato del coronel Vega cuando los prime-
ros días de 1907, otro acontecimiento que los opositores alfaristas le
dieron el aspecto de escándalo, apareció en el panorama político del
país: se trataba de la suscripción del contrato "Charnacé", supuesta-
mente inmoral, que se relacionaba con la construcción del ferrocarril
desde Ambato hasta la cuenca de uno de los ríos navegables del
Oriente ecuatoriano.

68
El mismo Conde de Charnacé, de origen francés, propuso al presidente
Alfaro "la construcción de un ferrocarril al Oriente, hasta el primer río
navegable, para colonizar aquella región de su cuenta, con tal que el
Gobierno le cediera 35.000 hectáreas por kilómetro de la vía férrea
construida." (23)

El condicionamiento que imponía Charnacé fue considerado exagera-


do y lesivo para la soberanía de la nación, inclusive, para evitar se
ponga en vigencia el contrato "Charnacé", el Club Electoral
Universitario, agrupación de estudiantes de la Universidad Central,
presidido por Belisario Quevedo, el 27 de abril de 1907, protagonizó
manifestaciones callejeras violentamente reprimidas por la fuerza
pública, represión que causó algunos muertos y heridos y la consi-
guiente reacción de los ciudadanos desafectos al régimen. Y no solo
eso: concibieron acabar con la vida del caudillo liberal.

En la noche del 19 de julio un grupo de elementos militares atacó la


Gobernación de Guayaquil, donde se había alojado el general Alfaro.
La guardia fue ultimada, pero este hecho valiente y leal permitió que
el Presidente escapara del ataque, y luego sometiera a los complota-
dos. La mayoría de conspiradores fueron capturados y juzgados por
un Consejo de Guerra: veinte y cuatro facciosos fueron condenados a
la pena de muerte, pero Alfaro para congraciarse con el pueblo hizo
que, mediante sorteo, fuesen ejecutados "solamente" ocho al pie del
cerro de Santa Ana, hecho que motivaría que los adversarios políticos
y algunos medios de comunicación se solazaran en zaherir con los más
duros epítetos la política gubernamental.

En definitiva, el año de 1907 constituyó para Alfaro un período harto


difícil y polémico; solamente profundas transformaciones en beneficio
de las clases populares hubiesen podido menguar la animadversión y
la imagen deteriorada del Gobierno. Ventajosamente para Alfaro se dio
esta coyuntura, aunque fugaz y de poca trascendencia y duración.

69
Un hecho fundamental, novedoso y que elevó aunque fuese por poco
tiempo la alicaída popularidad del "Viejo Luchador", constituyó la
llegada a Quito del ferrocarril. El suceso realmente histórico se pro-
ducía el 25 de julio de 1908. La parroquia de Chimbacalle de la ciudad
de Quito fue testigo de tan singular acontecimiento.

Efectivamente, después que algunos presidentes que lo antecedieron


como: García Moreno, Ignacio Veintemilla, Antonio Flores Jijón (éste
inclusive llegó a sentenciar: "El ferrocarril es imposible. Si algún día
llegare algún magistrado a tramontar la cordillera de los Andes con el
ferrocarril, este magistrado será más grande que los Andes") se con-
vencieron de que era imposible la empresa de unir la Costa con la
Sierra a través del ferrocarril, el general Alfaro en sociedad con otro
"loco", Archer Harman, coronó una ambición que aplaudió asombrado
el pueblo ecuatoriano.

EL PALACIO DE LA EXPOSICIÓN, UNA DE LAS


INSTALACIONES DE LA ESCUELA MILITAR (1912-1937)

Como uno de los programas centrales de festejos del primer centena-


rio del movimiento emancipador del 10 de agosto de 1809, desarrollado
en Quito, dispuso el Congreso nacional de 1902 que se celebrase en la
capital de la República una Exposición Nacional.

En 1907, fue el presidente Eloy Alfaro quien reglamentó, mediante


Decreto, la planificación y ejecución de tan importante evento. Para el
efecto se integró un Comité General con el propósito de dirigir las
actividades preliminares, los trabajos, la organización y desarrollo de
la Exposición Nacional.

El Comité entró en funciones en diciembre de 1908, consciente de que


debía impulsar una actividad dinámica considerando el tiempo limi-
tado que disponía para poner en marcha a la esperada Exposición, la
cual además de atraer el turismo y fomentar la unidad de los ecuato-
70
rianos, impulsaría y mostraría a los ojos del mundo del comercio, a la
industria nacional.

La idea del Gobierno del general Eloy Alfaro era construir un edificio
exclusivamente para el evento, al que fueron invitados importantes
industriales de otros países, pero la premura del tiempo constituyó fac-
tor determinante para que se decidiera adquirir una de las dos edifica-
ciones que estaban en avanzado proceso de construcción: el edificio
y el terreno del Seminario Menor. (cercano al actual Banco Central) o
aquel que se encontraba ubicado en la Recoleta y que pertenecía a la
"Asociación Benéfica de las Señoras de la Caridad". Luego de analizar
las condiciones favorables, se optó por arrendar las instalaciones de la
Recoleta.

María Antonieta Vásquez nos ilustra al respecto: "El edificio mencio-


nado que estaba en construcción para ser destinado a Escuela de Artes
y Oficios para mujeres, estaba localizado en las afueras de la ciudad
junto al convento del Buen Pastor, hacia el lado oriental de la Plaza
de la Recoleta. El préstamo suponía el uso de los patios, terreno y
material de construcción, estaría libre de canon de arrendamiento y
duraría hasta la clausura de la exposición; fijándose como plazo má-
ximo para la desocupación del edificio un año, al término del cual un
gobierno lo devolvería a sus legales propietarios, con todas las refor-
mas e inversión verificadas para su conclusión." (24)

Cuando se procedió a los trabajos de adecuación del edificio se encon-


tró con varios inconvenientes: la parte central de la fachada fue
derribada y reconstruida "toda la columnata de la galería interior de los
altos". Se "desnudó" las paredes del edificio para ornamentales conve-
nientemente, se niveló los patios, se arrendó un terreno aledaño y tuvo
además que ensanchar, nivelar, construir muros de contención en la
calle Maldonado, obligada vía de acceso al edificio de la Recoleta.

71
En definitiva, "los trabajos de adecuación, las nuevas construcciones y
las obras de completamiento, que comenzaron el 30 de julio de 1908,
rebasaron el espacio, el tiempo y el presupuesto establecido, por lo
cual las obras no estuvieron a tiempo, y fue necesario realizar expro-
piaciones de terrenos, arrendar solares y utilizar todos los fondos del
ferrocarril al Curaray." (25)

Después de superar varios problemas, el edificio fue adecuado para


dar cabida a diferentes pabellones para las exposiciones industriales,
considerando que fueron invitados empresarios de diferentes países de
América y de Europa. En el área central sobresalía el pabellón para
exposiciones ecuatorianas; en la segunda planta de esta área fueron
ubicados los pabellones para comerciantes peruanos y franceses.
Detrás del pabellón del Ecuador se ubicaban las instalaciones designa-
das para Colombia, Chile y Estados Unidos. En la parte lateral fueron
levantados los pabellones para España, Italia y Japón. El edificio que
fue denominado "Palacio de la Exposición" tenía además un pabellón
de "Bellas Artes", una galería de plantas, kioscos, salones de concierto,
patios interiores, entre otros servicios.

Luego de concluidas las exposiciones, debía el edificio ser entregado


a la “Asociación de las Señoras de la Caridad”, la legítima propietaria.
No obstante, algunos senadores sugirieron que el edificio, consideran-
do la elevada inversión hecha en su adecuación, debía ser destinado a
museo, conservatorio o universidad, concretamente como local de la
Universidad Central.

Como el edificio pasó a poder del gobierno luego de indemnizar a la


“Asociación de las Señoras de la Caridad”, era un hecho que la univer-
sidad quiteña ocuparía sus instalaciones, pero el descontento de los
mismos estudiantes y las condiciones en las que entregaba el gobierno
a sus nuevos ocupantes, hizo se desistiera de tal concesión.

72
LA ESCUELA MILITAR Y EL ACTUAL MINISTERIO DE
DEFENSA EN EL PALACIO DE LA EXPOSICIÓN

Originalmente el instituto militar nació a la luz pública como Colegio


Militar.

Fue el presidente Vicente Rocafuerte quien lo creó mediante Decreto


de fecha 8 de marzo de 1838, cuando ejercía la función de Ministro de
Guerra el general Bernardo Daste.

El artículo 1 dice al respecto: Se establece en esta capital un colejio (se


respeta la ortografía) militar en que se recibirá el número de jóvenes
que se designen en el reglamento que al efecto se dará, i bajo las condi-
ciones en que el mismo se expresen".

Fue nombrado director del flamante colegio el general Antonio


Martínez Pallares.

El local que ocupó en la ciudad de Quito fue el convento de San


Carlos, ubicado detrás de la capilla de Cantuña (sur oriente de la man-
zana del convento e iglesia de San Francisco.)

Por diferentes causas entre las que sobresalían las políticas y económi-
cas, fue clausurado el 10 de abril de 1845 por José Félix Valdivieso,
encargado del Poder Ejecutivo de aquel entonces.

El 2 de abril de 1869, el instituto de educación militar fue fundado con


el denominativo de "Escuela Práctica de Cadetes" por el presidente
Gabriel García Moreno. Fue designado director el general Francisco
Javier Salazar. Su local se localizaba, de acuerdo con la versión del
general Marcos Gándara Enríquez, "en los claustros pertenecientes al
convento de San Agustín, ubicados donde hoy se halla el Teatro Sucre.
Se trasladó luego, en fecha no precisada, a la casa No. 32 de la carrera
(calle) Venezuela. Fue clausurado el 6 de febrero de 1876, por el go-
bierno del Dr. Antonio Borrero Cortázar".
73
CRNL. ANGEL POLIBIO CHÁVEZ (REVISTA EJÉRCITO NACIONAL, Años
1929 - 1930, Año VIII 1922 - 1929 No. 48)

74
El 8 de agosto de 1888, durante el gobierno del Dr. Antonio Flores
Jijón se reabre el Colegio Militar. En cumplimiento del Decreto
Legislativo del 13 de agosto del mismo año, a través de los goberna-
dores de las provincias, se invitaba a los jóvenes del país e ingresar al
Colegio Militar de acuerdo con determinadas condiciones. Fue su
director el coronel Ángel Polivio Chávez. Funcionó en las instala-
ciones del Regimiento de Artillería, en la actual calle Montúfar, entre
las calles Manabí y Esmeraldas (ocupa en la actualidad la Policía Civil
Nacional). En aquel tiempo los exámenes finales del curso de cadetes
1891-1892 se desarrollaron en el salón de reuniones del Congreso, en
presencia del nuevo presidente Luis Cordero.

Conocedor el Dr. Luis Felipe Borja que el gobierno requería para el


Colegio Militar un local propio, el 4 de abril de 1889 ofreció vender
"para Colegio Militar, la casa que posee en la parroquia San Marcos
de esta capital, por el precio de 10.000 sucres, pues asegura que el
predio tiene buenos edificios, huertas, agua," pero por razones que se
desconoce no se concretó tal negociación. Igualmente, con fecha 9 de
abril del mismo año, la señora Matilde Flores de Hurtado, "ofrece
vender para el Colegio Militar, una quinta situada en San Juan con más
de ocho cuadras de terreno, agua, casa con diez y seis piezas altas y
siete bajas, en el valor de diez mil sucres, rebajando de los trece mil
trescientos de la última tasación". Por el ofrecimiento similar que
hacen dos propietarios en el mismo mes, se deduce que el Gobierno,
como así aconteció, estaba interesado en adquirir un local para el
Colegio Militar.

El 8 de agosto de 1892 el Congreso del Ecuador dictaba el Decreto en


cuyo artículo 2° especificaba: "Se autoriza al Poder Ejecutivo para que
contrate en Europa los profesores necesarios para la dirección del
Colegio Militar y la Escuela Naval."

El Ministro de Guerra y Marina era el general José María Sarasti. El


Dr. Cordero adquirió en arriendo para este instituto militar la quinta
75
del Dr. Florentino Uribe. Según versión del general Gándara, la men-
cionada finca estaba "ubicada donde se encuentra hoy en día la sede
principal del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social, avenida 10 de

ESTANDARTE DE LA ESCUELA MILITAR Y GUARDIA DE HONOR, AÑO


1920 (DOCUMENTOS PARA LA HISTORIA DE LA ESCUELA MILITAR 1830-
1930, Hernán Andrade y Amílcar Tapia T.)

76
Agosto entre las calles Bogotá y Caracas. El terreno de la quinta
estaba situado al frente del sitio llamado El Ejido de Quito y se exten-
día hasta la actual avenida América, en ese entonces un camino de
tierra que seguía las faldas del Pichincha".

Dejó de funcionar luego del triunfo de la revolución Liberal del 5 de


junio de 1895. El 11 de diciembre de 1899, mediante Decreto
Ejecutivo, publicado en el Registro oficial No. 1014, del 16 de diciem-
bre, se disponía la reiniciación de actividades del Colegio Militar. Fue
su director el general Francisco Hipólito Moncayo.

Funcionó en su local de la avenida 18 de septiembre (actual 10 de


Agosto), hasta ser trasladado al Palacio de la Exposición.

"Hacia fines de 1912 el gobierno cedió el abandonado Palacio de la


Recoleta a la Escuela Militar, y ya para entonces su estado era de
ruina… El arco principal que sustenta la cúpula tiene una rajadura en
el centro y por tanto, requiere reparación pronta para la estabilidad…
El ornato de la fachada principal, por efecto de malos materiales
empleados y la acción del tiempo, ha desaparecido casi por comple-
to… Los tramos laterales del edificio principal y en general todos los
pabellones, requieren un arreglo parcial de cubierta…" (26)

En septiembre de 1937, se trasladó a las instalaciones construidas en


terrenos de la quinta "La Pradera", en la actual avenida Orellana.

Desocupado el Palacio de la Exposición de la Recoleta fue ocupado


por el Ministerio de Defensa, de acuerdo con el Decreto firmado el 13
de mayo de 1938, por el general Gil Alberto Enríquez, Jefe Supremo
de la República. El artículo 1° especificaba: "Adjudícase el edificio del
Colegio Militar, ubicado en la carrera "Maldonado" de esta ciudad,
para el funcionamiento de las oficinas del Ministerio de Defensa
Nacional, del Estado Mayor General del Ejército y de la Zona
Militar."
77
El artículo 2° determinaba: "El edificio en que actualmente funciona
el Ministerio de Defensa Nacional y las oficinas del Estado Mayor
General del Ejército, adjudícase al Conservatorio Nacional de Música
de esta capital; y el local en el cual funcionaron las dependencias de la
Primera Zona Militar, situada en la carrera Olmedo, destínase para el
funcionamiento de la casa de la Confederación de Militares retirados
de esta capital." (27)

EL FANTASMA DE LA GUERRA: 1910

La desunión entre ecuatorianos, el odio y las intrigas encontraron un


saludable paréntesis en 1910. En aquel año estaba ya en trámite un
laudo arbitral que debía sancionar el Rey Alfonso XIII de España,
respecto al problema limítrofe que involucraba al Ecuador y Perú.

Fue designado ante el Rey de España para el tratamiento del arbitraje


el Dr. Honorato Vásquez, eminente jurisconsulto ecuatoriano. Con el
transcurrir del tiempo, Alfonso XIII determinaba dificultades para lle-
gar a un fallo apegado estrictamente a normas jurídicas, por lo que
creyó pertinente emitir un fallo que reconociera a los dos países su
condición de amazónicos. Pero el Perú decidió desconocer una vez
más el derecho amazónico del Ecuador, lo que motivó que este país
se preparase para lo peor: la guerra.

La Junta Patriótica Nacional integrada por destacados personajes de la


nación, en que sobresalían Luis Felipe Borja y el Arzobispo de Quito,
Federico González Suárez, recomendó que el Rey de España se
inhibiera de dictar tan polémico laudo.

El consulado ecuatoriano en Lima fue hostilizado por ciudadanos


exaltados e inconsecuentes; pero en represalia fueron también resi-
dentes peruanos en nuestro país acosados y denigrados. Como los
acontecimientos desbordaban peligrosas pasiones, el gobierno peruano
pretendió amilanar al régimen alfarista y presentó un ultimátum en
términos denigrantes.
78
El país entero comprendió el peligroso ambiente reinante y, depo-
niendo antagonismos, se aprestó para la defensa de la integridad nacio-
nal.

DR. HONORATO VÁSQUEZ, DESTACADO JURISCONSULTO


ECUATORIANO

79
"Tumbes, Marañón o la guerra" era el grito que espontáneamente bro-
taba del pecho ecuatoriano. "Tumbes, Marañón o la guerra" no era un
simple slogan de inspiración política, era el extracto del sentimiento de
todo un pueblo presto al holocausto en defensa de su honor y dignidad.
"Si ha llegado la hora de que el Ecuador desaparezca, que desaparezca,
pero no enredado entre los hilos diplomáticos sino en los campos del
honor, al aire libre, con el arma al brazo; no lo arrastrará a la guerra la
codicia sino el honor", había sentenciado González Suárez en patrióti-
ca arenga.

El general Alfaro, a pesar de los problemas internos y la oposición que


lo acosaba, consiguió aglutinar a los ecuatorianos en un solo puño, y
lo logró sin mayor dificultad porque estaba de por medio la defensa del
honor nacional. Miles de jóvenes ecuatorianos se presentaban con la
ilusión de ser acuartelados y destinados a la frontera. El mismo ge-
neral Alfaro encargó la presidencia de la República a Dn. Abelardo
Moncayo y se puso al frente de un Ejército predispuesto a repelar la
invasión. Se preocupó entonces de entrenar a reservistas voluntarios;
mantener operables los medios navales disponibles; armar y equipar el
personal de acuerdo con las disponibilidades logísticas; organizar las
unidades militares en concordancia con los orgánicos vigentes; es
decir, preparaba a las fuerzas de mar y tierra para enfrentar cualquier
eventualidad que podría suscitarse.

En referencia a la movilización de las tropas ecuatorianas el general
Alfaro manifiesta: "Por documento irreprochable sabemos que el
Gobierno peruano movilizó más de 30 mil soldados que escalonaron
en los departamentos del Norte hasta el puerto de Túmbez...

“Entonces dispuse, nos narra el "Viejo Luchador", la movilización de


algunos batallones de Guayaquil... En esos momentos llegaron dos
batallones de los bravos esmeraldeños que desesperaban por tener la
honra de pertenecer a la vanguardia. En el Oro dispuse se acuartelaran
solamente tres batallones en Santa Rosa, en Machala y en el Pasaje.
80
De los patriotas azuayos llegaron hasta Girón dos batallones que se
desesperaban por incorporarse al Cuartel General. Vinieron volando
de Quito el Regimiento de Artillería "Bolívar" y de Portoviejo el
"Manabí". Gracias al ferrocarril se me habrían incorporado sin
dilación numerosos batallones que solo esperaban la orden de marchar.
En pocos días más, habría contado en el Cuartel General con un
Ejército capaz de castigar al aleve invasor... El más ínfimo de los sol-
dados que me acompañaban, tenía absoluta confianza en nuestro
triunfo. Paralizó el enemigo la concentración de su ejército en Túmbez
y paralicé también la marcha del nuestro hacia la línea fronteriza... Yo
reconozco la superioridad del actual Ejército peruano al que actuó en
la guerra del Pacífico: ahora es relativamente respetable por su mejor
organización y disciplina y, desde luego, le he prestado la buena aten-
ción que merece. Dispone el Perú de mayores elementos bélicos,
especialmente marítimos." (28)

En el mensaje que dirigió el general Alfaro al Congreso de 1910 hacía


conocer: "Puedo aseguraros que al sobrevenir la guerra, podíamos
presentar una línea, el primer momento, sobre 50.000 soldados regu-
larmente equipados y decididos a vencer o a morir en defensa de la
integridad nacional. Los parques han sido aumentados últimamente
con 20.000 fusiles nuevos y dos millones de cartuchos más, habiendo
sido satisfecho muy de antemano el precio de estos elementos béli-
cos." (29)

La actitud decidida del pueblo ecuatoriano al saberse amenazado por


el Perú, reiteraba el espíritu cívico y patriótico que demostró siempre
en situaciones en que peligraba la soberanía nacional; y qué decir de
la oficialidad y la tropa del Ejército y la Marina de aquel entonces:
depusieron antagonismos y rencores perniciosos para prepararse a
defender las fronteras patrias.

81
CREACIÓN DEL SERVICIO DE SANIDAD MILITAR

El general Juan José Flores, presidente del Ecuador, firma el 4 de


mayo de 1831 el Decreto Ejecutivo por el cual se organiza el "Cuerpo
de médicos y cirujanos militares", tanto para el mejor cuidado de los
hospitales militares, como para el alivio del ejército", lo que podría
configurar el nacimiento de un incipiente Servicio de Sanidad
Militar.

El 18 de agosto de 1835, la convención nacional reunida en Ambato,


aprueba el orgánico del Ejército. Cuando se refiere al Ejército perma-
nente, considera este orgánico un cirujano, que sería parte integrante
del "Cuerpo de médicos y cirujanos militares", organismo creado por
el presidente Flores. Por tanto, a partir de 1835, tenían ya las unidades
del Ejército los servicios de un médico, que años más tarde se con-
vertiría este especialista de la medicina, en médico militar.

Abelardo Moncayo, encargado del Poder Ejecutivo, firmaba en Quito


el Decreto de fecha 10 de mayo de 1910, mediante el cual se otorga la
organización correspondiente al Servicio de Sanidad Militar.

Diecisiete son los artículos que reglamentan el funcionamiento de este


Servicio.

El artículo 1° dictamina: "Se establece en la República el Servicio de


Sanidad Militar".

El artículo 3° especifica: "Cada División del Ejército en unidad de


operaciones tendrá un servicio sanitario dividido en tres secciones: la
primera, destinada a los puestos de socorro y al cuidado de los bata-
llones en marcha, se llamará Servicio Regimentario; la segunda tendrá
a su cargo las tiendas de ambulancia y se llamará Servicio de
Ambulancia; la tercera irá a los hospitales militares provisionales y se
denominará Servicio de Hospitales de Campaña."

82
Asimismo, en los artículos restantes se determina la autoridad y los
integrantes de la División, Brigada, Batallón o Regimiento; se esta-
blece también los especialistas, auxiliares y personal administrativo
integrantes y las funciones respectivas que desempeñarán en el
Servicio Regimentario, Servicio de Ambulancia y Servicio de
Hospitales de Campaña.

Finalmente, el Decreto en su último artículo (el 17) determina que los


gastos que demandará el sostenimiento del Servicio de Sanidad se
aplicará a la partida de la Ley de Presupuestos y Sueldos vigente.

El documento fue firmado además de Abelardo Moncayo, por el


ministro de Guerra y Marina, Dn. F. J. Martínez Aguirre y por el mi-
nistro de lo Interior, encargado del ministerio de Hacienda, Octavio
Díaz, y por el ministro de beneficencia (el mismo Octavio Díaz).

UNIDADES MILITARES Y EL PERSONAL MILITAR EN LA


REVOLUCIÓN LIBERAL

Después de superado el problema internacional con el Perú, el Ejército


Ecuatoriano fue manipulado nuevamente por intereses netamente
políticos. La Revolución Liberal debilitó su estructura y fraccionó sus
principios: unidades militares "constitucionalistas" se convirtieron en
unidades "Revolucionarias" o en unidades "alfaristas", como resultado
lógico del sistema profesional inconsistente, o por el carisma que
emanaba el "Viejo Luchador".

Algunas unidades que plegaban a la revolución se disgregaban en


"columnas" y perdían la organización tradicional de una organización
regular; las unidades gobiernistas tenían que luchar, en muchos casos,
contra sus propios compañeros e inclusive familiares, circunstancia
que creaba luego el resentimiento y el odio evidentes.

Durante la revolución alfarista y la campaña de Esmeraldas, ésta


encabezada por el Crnl. Carlos Concha Torres, hubo unidades cuasi
83
militares que desaparecieron de inmediato, otras de milicianos y no
pocas que después de reorganizar y regular su orgánico, conformaron
definitivamente los cuadros del Ejército ecuatoriano.

Las unidades tácticas estaban organizadas considerando de base los


batallones, regimientos y brigadas; la columna, en cambio, era una
organización de menor magnitud que las anteriormente mencionadas.
En el período descrito destacaban en los ejércitos (el gobiernista y el
revolucionario), las siguientes unidades: Brigada de Artillería "Sucre",
Regimiento de Caballería y los batallones "Quito", "Junín", "Vengadores
del Norte", "Ayacucho", "Córdova", "Vinces", "Patria", "Yaguachi",
"Vargas Torres", "Nueve de Abril", "Juan Montalvo", "Carchi",
"Pichincha", "Imbabura", "Constitución", "Esmeraldas", "Alhajuela" y
"Manabí". El orgánico de estas unidades era de 300 a 400 hombres y
como quedó manifestado, algunas de ellas se crearon con carácter cir-
cunstancial, por tal motivo tuvieron vigencia poco tiempo. Entre las
columnas destacaban: la "García Moreno", "Vencedores del Tungurahua,
"Daule No. 1", Daule No. 2" y "Columna 2da.", entre otras.

Las influencias políticas en ciertos mandos militares politizados o de


oscuros políticos que pretendían conseguir el soporte popular, no en la
fuerza de su ideología sino en la fuerza de las armas, depredaban la
estructura moral y espiritual de nuestro Ejército. Al respecto el gene-
ral Larrea Alba sostiene: "Entre nosotros las intervenciones de la
política en el Ejército y del Ejército en la política resultaron siempre
contraproducentes para el país: lo primero, solo significó un factor de
desmoralización y lo segundo una fuente de errores, pues el Ejército
nunca supo dar a sus actuaciones políticas una dirección certera... El
Ecuador -país pacífico por excelencia- necesita estar seguro, sin
embargo, de que sus soldados son capaces de garantizar su honor y sus
fronteras." (30)

Muchas conjeturas y criterios se emitían en aquella época respecto al


Ejército durante el período alfarista y sus rezagos. Según el Dr. Alfredo
Espinoza Tamayo, en 1915, en su obra "Psicología y Sociología del
84
pueblo ecuatoriano" manifestaba: "La clase militar se recluta muy
escasamente en la clase acomodada; en mayor número en la burguesía
y mucho más en la clase popular. De las familias de ésta no es raro
que se eleven hombres oscuros y sin instrucción hasta los más altos
grados de la milicia. Este es uno de los peores efectos del militarismo
que es uno de los males de la nación; pues esta clase de hombres sin
moral y sin cultura, llenos de ambición y ávidos de honores, riquezas
y placeres, no reparan en los medios que ponen en juego para alcanzar
su objetivo, ya apoyando a caudillos tan incultos, pero más audaces
que ellos, y aspirando por propia cuenta el poder público".

Remigio Romero y Cordero, conocedor de la realidad del soldado


ecuatoriano del período de 1920-1930, emite su criterio: "Al Ejército
permanente de ahora acude el ecuatoriano que voluntariamente quiere
ser soldado. Es una carrera que libremente se elige, conociéndola de
antemano y valorizando su total significado… Es preciso dejar
constancia de que el analfabetismo no existe en el Ejército perma-
nente del Ecuador. Si el recién ingresado en la Institución Armada del
país no ha conseguido aprender a leer y escribir, se encuentra en el
cuartel, con un profesor de primeras letras que lo habilitará pronto para
la vida ciudadana… Generalmente, el soldado ecuatoriano sale de la
verdadera clase popular; de modo que está en él la esencia misma de
nuestra gente, la síntesis de la nacionalidad… Hubo un tiempo en que
el cuartel era una especie de escuela de corrección en donde el amo
descontento de su servidumbre o el padre de familia incapaz de coartar
las malas inclinaciones del hijo, acudían para "hacer dar de alta" al
siervo vicioso o al hijo rebelde…Actualmente, es un voluntario el
soldado del Ecuador. Reeducado en el cuartel, rápidamente adquiere
hábitos de urbanidad… El cariño a la carrera se acentúa cada vez más
en el soldado, conocedor de las ventajas que tiene el veterano, lo
mismo en los tiempos de paz que en los de guerra…" (31)

Sobre el mismo tema, Luis Robalino Dávila en su obra "Testimonio de


los tiempos", nos dice: "Después del Ejército "alfarista" de 1895 a
1912, tuvimos el Ejército "Liberal" hasta 1925. Sostenidos por él
85
llegaron al mando las diversas administraciones de la época. De
improviso, el Ejército no quiso ya ser el servidor de los políticos que
le daban sus normas directivas o que abusaban de su pasividad; tomó
también conciencia de cómo iba la cosa pública en las manos de los
regímenes liberales, resolvió deshacerse de un político y militar a
quien se acusaba de manejar la República; e impulsado por civiles se
reunió en juntas secretas y un buen día derrocó al Presidente Córdova,
desterró al General Plaza y entregó el Poder a un Gobierno plural".

En enero de 1911 conocía el presidente Alfaro las intenciones de


Estados Unidos de arrendar durante noventa y nueve años el
Archipiélago de Galápagos, por un valor de quince millones de
dólares, con el compromiso que el arrendatario garantizará la integri-
dad del territorio ecuatoriano. No obstante, la negociación propuesta
fracasó, como había fracasado anteriormente el contrato "Charnacé."

Pero las voces de oposición respecto al arriendo del archipiélago de


Galápagos no tuvieron eco cuando "treinta años después las Galápagos
se cederían, aunque por pocos años, pero sin compensación alguna a
los Estados Unidos, en guerra con el Japón." (32)

Entonces sí, el gran país del norte no tuvo problemas de ocupar nues-
tras islas convertidas en escenario estratégico de la defensa del conti-
nente, situación propiciada por el mismo Estados Unidos que se invo-
lucró en tal conflicto armado, pero el mismo país años más tarde
soslayó el peligro de invasión que rondaba al Ecuador. A pesar de su
influencia y poder permitió con el membrete de garante, ser testigo
criminal del desmembramiento de territorio ecuatoriano.

UN REEMPLAZO PARA EL GENERAL ALFARO

Como expiraba ya el período presidencial de Eloy Alfaro, comenzaron


entonces a coquetear con el líder del liberalismo potenciales aspirantes
como: Alfredo Baquerizo Moreno, José Peralta, Francisco Martínez,
86
Emilio Estrada y otros más.

En el evento electoral del 8 al 11 de enero de 1911, Emilio Estrada


resultó triunfador con un significativo margen de diferencia. Sin
embargo, pocos días después Eloy Alfaro se habría arrepentido de
haberlo ayudado a llegar a la presidencia.

"Repitiendo el error fatal de 1901, Alfaro nominó a Estrada solo para


solicitarle a continuación su renuncia, aduciendo una grave enferme-
dad del Presidente electo.

Como lo había hecho Plaza 10 años antes, Estrada se negó afirmando


secamente: "mi enfermedad es cosa mía, General." (33)

Con la intención de destituir al "ingrato" Estrada, el general Alfaro


convoca el 26 de julio a un Congreso Extraordinario que debía anular
la elección de Estrada, aunque presentía que en los cuarteles ya no
encontrará el apoyo eufórico y consensual de otros tiempos.

El 10 de agosto se instalaba el Congreso y al día siguiente, los parti-


darios de Emilio Estrada, a los que se sumaban algunas unidades
militares, se declaraban públicamente, por la convalidación del resul-
tado de la elección presidencial; además, vivan al Presidente elegido
y lanzan insultos y gritos agresivos contra Eloy Alfaro y sus más ínti-
mos seguidores. Los acontecimientos tomaban peligrosas dimensiones
que incluían el derramamiento de sangre hermana. Cuando las
pasiones desbordadas se alistaban a conspirar contra la vida del "Viejo
Luchador", el Ministro de Chile, Víctor Eastman Cox, le ofrece asilo
en su legación que constituyó el refugio providencial que impediría
que Alfaro fuese ultimado por sus opositores, e incluso por quienes en
días pasados eran leales subalternos.

Llegar a la cumbre le fue difícil al general Alfaro, pero la caída fue


vertiginosa, violenta y estrepitosa. De la triste situación se aprovecha-
87
ron sus adversarios políticos y algunos medios de comunicación, con
el propósito de ahondar el sepulcro para tirar allí el cadáver insepulto
de un hombre que se resistía a creer que había sido víctima de la
exagerada confianza en lo que creyó era su fuerza y sostén: el
militarismo y el partido liberal.

El 18 de agosto, el Congreso ratificaba el triunfo de Dn. Emilio


Estrada. Entre tanto, Alfaro y parte de su familia se encontraban refu-
giados en la Legación de Chile, hasta cuando el general Leonidas
Plaza los visitara para ofrecerle ayuda y la facilidad de embarcarse
rumbo a Panamá.

Dilucidado el panorama político y sin que en éste rondase el fantasma


de Eloy Alfaro, se hacía cargo del Gobierno, el 1 de septiembre de
1911, Dn. Emilio Estrada Carmona.

Pero la salud del flamante Presidente estaba ya bastante deteriorada,


situación que motivó su fallecimiento en Guayaquil, el 21 de diciem-
bre, además del resurgimiento de ambiciones y cálculos políticos en
procura de adueñarse de un manoseado botín: la presidencia de la
República.

LA UNIDAD NACIONAL FISURADA

COMBATES DE HUIGRA, NARANJITO Y YAGUACHI

Fallecido el presidente Estrada se pensó entonces elegir mediante


sufragio libre al futuro Presidente constitucional. Sin embargo, la
proclamación de Jefe Supremo de Flavio Alfaro en la provincia de
Esmeraldas (22 de diciembre), la del general Pedro Montero en
Guayaquil, (30 de diciembre) y la seguridad del general Leonidas
Plaza de ganar las elecciones presidenciales, constituyó la situación
propicia para que se precipitaran los acontecimientos.

88
Entre tanto, el Dr. Carlos Freile Zaldumbide, Presidente del Senado,
tuvo que encargarse del Poder.

El propósito del general Montero era entregar la Jefatura Suprema al


general Eloy Alfaro, que había llegado a Guayaquil procedente de
Panamá, el 4 de enero de 1912; pero no pudo hacerlo porque Alfaro
había prometido al Cuerpo Diplomático alejarse de las actividades
políticas por un año, y como Flavio Alfaro, sobrino de Eloy, aspiraba
también la Jefatura Suprema, esta situación fisuraba la unidad y la
concordia tan indispensable para la consecución de los objetivos pro-
puestos. Además, como la imagen política de Alfaro amenazaba tomar
nuevamente vigencia, a pesar de que el viejo caudillo había pública-
mente manifestado la intención de ser un simple mediador de las
aspiraciones políticas de los opcionados a la presidencia, el gobierno
de Quito designó al general Leonidas Plaza Gutiérrez para que repri-
miese la rebelión que había tomado cuerpo en la costa, particularmente
en Guayaquil y Esmeraldas. El general Plaza que conocía las cuali-
dades del general Julio Andrade, le entregó la Jefatura del Estado
Mayor y le garantizaba además, la libertad de acción para dirigir las
operaciones.

89
GRAL. PEDRO JOSÉ MONTERO, "EL PROVINCIAL", Lunes 29 de enero de 1912

90
COMBATE DE HUIGRA

Igualmente, el general Pedro Montero convenció a Flavio Alfaro de


aceptar la designación de Comandante en Jefe y Director Supremo de
la Guerra, puesto que ya tenía organizado un contingente en Huigra, al
mando del coronel Belisario Torres. Al parecer, Eloy Alfaro no con-
fiaba plenamente en la capacidad profesional del coronel Torres, por
eso lo instruía en aspectos inherentes a las operaciones militares:
"Debes estudiar bien el terreno para escoger una buena posición; ésta
puede ser la clave del triunfo. No descuides el servicio de espionaje
hacia el lado de Alausí, en él ocupa de preferencia a los nativos de esas
comarcas. Vigila los caminos que conducen al Azuay, no sea que por
allí te ataquen. Haz saber a los indios que pronto estaré con Uds. a fin
de que se interesen a nuestro favor".

El 31 de diciembre de 1911 partía de Quito hacia Riobamba un fuerte


contingente placista. El 6 de enero de 1912, el general Julio Andrade
organizaba el Cuartel General en Alausí, previo el ataque a Huigra.

Como último intento de evitar la guerra, el general Eloy Alfaro


proponía que Pedro Montero, Flavio Alfaro y Freile Zaldumbide desis-
tieran de sus aspiraciones de mando en beneficio de la Jefatura
Suprema del general Julio Andrade, pero éste se negó rotundamente a
aceptar tal propuesta.

Es más, las intenciones pacifistas de Alfaro fueron rechazadas radical-


mente por los órganos de difusión escritos adeptos al general Plaza.
"La Prensa" no oculta su odio al líder: "Esta es la víbora (Alfaro) que
tenemos entre nosotros… y a esta víbora es preciso triturarla."

Faltaba decir con más propiedad: a esta víbora hay que matarla, arras-
trarla e incinerarla, porque la "insinuación" del diario placista
"orientaba" al pueblo para que el odio y la venganza centralicen sus
dardos en la imagen desgastada de Eloy Alfaro.
91
El Comercio, igualmente simpatizante de Plaza, expresaba en senten-
cia premonitoria: "Tal vez la justicia haya unido a Montero con Alfaro
para ejercer sobre ellos sus inexorables vindicaciones".

Desgraciadamente, la prensa incitaba a los ecuatorianos a terminar con


Alfaro y sus más destacados seguidores, y estaba cavando de palada
en palada la sombría tumba del caudillo liberal.

Los seguidores del general Montero tenían la esperanza de convencer


a oficiales y tropa de la guarnición de Quito, que apoyasen el movi-
miento revolucionario de Guayaquil.

Inclusive, Flavio Alfaro notificó al coronel Belisario Torres que algu-


nas unidades de Quito estaban comprometidas ya con los revoluciona-
rios de Montero, particular que dio la suficiente confianza al coronel
Torres, en su afán de culminar con éxito los combates que se apro-
ximaban.

El 11 de enero de 1912 se produce el sangriento combate de Huigra.


El general Julio Andrade al frente del escuadrón Escolta y la Guardia
Republicana inició el ataque, secundado por las unidades del coman-
dante Moises Oliva y del Coronel Sierra. Las tropas del coronel
Belisario Torres, luego de comprobar que el grito de ¡Viva Alfaro!, la
supuesta señal para que los soldados adversarios pasaran a sus filas, no
tuvo resultado positivo se vieron de pronto acorraladas e inermes para
defenderse; sufriendo una catastrófica derrota, revés que los soldados
atribuían al coronel Torres y demás jefes y oficiales, por no haberlos
conducido acertadamente e inclusive engañarlos con culposa pre-
meditación..

En un fragmento del parte de combate relata el general Andrade: "La


victoria del 11 ha sido completa, las fuerzas enemigas se componían
de 2.175 hombres, que fueron completamente dispersados. Pasa de
500 el número de prisioneros, de los que unos 100 se han incorporado
92
espontáneamente a nuestras tropas. Se tomó una batería de 4 cañones,
única de la que disponía el adversario, mil quinientos y más fusiles,
todo el parque, almacén de provisiones, 65 toneladas de carbón, toda
la ambulancia y servicios auxiliares. Muertos y heridos de una y otra
parte se calculan en seiscientos".

El desastre de Huigra hirió de muerte a las fuerzas de Montero y de


Alfaro, no solo por los efectos de la derrota: también por las con-
secuencias que ésta trajo consigo. La tropa del coronel Belisario
Torres fue prácticamente desmantelada: muertos, heridos, prisioneros,
dispersos, desertores y lo más grave, muchos de estos últimos se ali-
nearon en las filas del ejército placista, creando con esta actitud con-
trariedad, confusión y desmoralización en una fuerza que desde el
principio, no tuvo jefes y oficiales que la orientasen e impusieran dis-
ciplina, confianza, fe y lealtad, virtudes militares tan indispensables en
el éxito de una contienda.

COMBATE DE NARANJITO

Conocedor del resultado del combate, el general Plaza partía de


Riobamba con destino a Huigra; mientras Flavio Alfaro, con un con-
tingente de 500 hombres, de Naranjapata regresaba a Yahuachi.

El 13 de enero, Leonidas Plaza al mando de un contingente de 400


hombres de los batallones "Carchi", "Pichincha" y "Marañón", aban-
donaba Huigra utilizando un tren de carga. Al llegar a Naranjito fue
recibido con fuego nutrido de un reparto del coronel Valle Franco (de
los escuadrones "Taura" y "Naranjito," según Plaza), que pudo causar
efectos desastrosos de no haber mediado la visibilidad restringida de
los emboscados, por haber ejecutado la acción sorpresiva a las 5 de la
mañana. Repuestos de la sorpresa, los soldados agredidos en núme-
ro muy superior al del adversario, lograron reaccionar y hacer huir a
los atacantes. Al respecto, Roberto Andrade manifiesta: "Plaza no ha
mandado jamás una batalla, no tiene valor ni pericia militar; solo a él
93
podía ocurrírsele el ir en convoy del ferrocarril, en tinieblas de la
noche por campo enemigo, por enmarañados bosques sin tomar las
precauciones debidas".

Este criterio fue corroborado cuando el general Plaza hacía conocer


del triunfo de Naranjito a su compañero Julio Andrade: "Venga a este
cuartel general en donde le daré un abrazo y discutiremos su plan de
campaña, que tiene que ser bueno, y desde luego lo aceptaré y tomaré
mi parte en desarrollarlo. Véngase mi querido General a mandar a
estas tropas y vencer con ellas, que yo no sirvo para estas cosas. La
sangre de Huigra y Naranjito me tienen anonadado."

Soldado que no huele a pólvora no es soldado, tampoco el que se ano-


nada con la sangre de los combatientes heroicamente caídos; solo
podría horrorizarse de la sangre de los mártires de la patria, aquel que
insensatamente y contra todo principio cívico, patriota y humano hu-
biese propiciado sin justificación alguna, el derramamiento de sangre
hermana.

COMBATE DE YAGUACHI

Las derrotas de Huigra y Naranjito hicieron comprender al general


Alfaro que otro enfrentamiento armado en Yaguachi será suicida, que
la única posibilidad de éxito sería hacerse fuerte en Guayaquil y pro-
poner un acuerdo honroso para sus intereses político-militares.

Sin embargo, fue Flavio Alfaro quien se opuso a la reflexión de su tío:


estaba decidido a presentar combate en Yaguachi, con la ilusa inten-
ción de alcanzar el solio de la Jefatura Suprema de la República.

Entre tanto, el plan de ataque elaborado por el general Andrade y


aprobado por Leonidas Plaza estaba listo para ponerlo en ejecución.
En el Concepto de la Operación constaba atacar por tres frentes: el
general Julio Andrade por la izquierda; Leonidas Plaza, por el centro;
94
y por la derecha, el general Delfín Treviño. Contaban para ello con la
presencia de los batallones "Carchi", "Constitución", "Chimborazo",
"Juan Montalvo", "Milagro", "Guardia de Honor", entre otros. El
combate fue más sangriento y dramático que los dos que lo precedi-
eron: centenares de muertos de los placistas y casi el doble de los
combatientes de Flavio Alfaro fueron los mártires de aquella lucha
estéril.

Después del triunfo de Yaguachi, y como trofeos de guerra, los infe-


lices prisioneros de Plaza llegaban a Quito el 20 de enero, entre los que
figura el coronel Belisario Torres, cobardemente asesinado en la
prisión, como preludio de la barbarie que se cometería después con el
resto de caudillos alfaristas.

El general Flavio Alfaro, que resultó herido en el combate de Yaguachi,


fue reemplazado en el mando por su tío Eloy. La decisión del general
Montero de designar a Eloy Alfaro Director de la guerra provocó el
distanciamiento con el jefe defenestrado, a esto se añadía las continuas
divergencias entre Montero y Eloy Alfaro.

El desarrollo de los acontecimientos hizo reflexionar al general


Montero que era imposible continuar la guerra contra Leonidas Plaza
en condiciones desventajosas, por tal motivo consiguió de los cónsules
de Estados Unidos, Italia, Alemania y Gran Bretaña que actuasen de
mediadores en el convenio que pretendía celebrar con el general Plaza,
quien tenía la autorización del gobierno de Quito de otorgar a los jefes
revolucionarios las garantías suficientes para que abandonasen el país,
pero con la condición de que entreguen pacíficamente la ciudad de
Guayaquil.

El 20 de enero llegaban a Durán los representantes de Montero


(Benjamín Rosales, Ignacio Robles, Eduardo Jaime y Martín Avilés)
para la firma del convenio. De esta situación hacía conocer el general
Plaza al presidente Freile Zaldumbide: "He convenido hoy en ofrecer
95
la paz a los revolucionarios por humanidad, por patriotismo, por salvar
a Guayaquil de las consecuencias de la guerra; pero si Montero y el
viejo Alfaro se resisten a nuestra clemencia tomaré la ciudad sin más
demora que trasladar a la orilla mil hombres en los yates Cavallier,
Colón y Sirena, espero que usted aprobará mi procedimiento, que
tiende a economizar sangre ecuatoriana: lo de Yaguachi fue horrible,
el cálculo más moderado fija en mil quinientos las bajas de los dos
ejércitos." (34)

Casi al mismo tiempo que se firmaba el documento, liberales placistas


atacaban en Guayaquil cuarteles adversarios. Flavio Alfaro dispone
que los batallones "Vargas Torres" y una fracción del "Esmeraldas"
contrarresten la agresión. Después de lucha sangrienta los soldados
alfaristas fueron derrotados y sometidos.

En la tarde del 22 de enero el general Plaza entraba victorioso a la


ciudad de Guayaquil; mientras los jefes derrotados se escondían
temerosos de ser capturados a pesar del convenio que garantizaba su
libertad. La búsqueda minuciosa ejercida por los soldados placistas
dio el resultado apetecido: fueron capturados en primera instancia
Eloy Alfaro, Pedro Montero y Ulpiano Páez. El 24 de enero fue redu-
cido a prisión Luciano Coral, director del diario "El Tiempo", igual
que Medardo Alfaro; el 25 de enero, Manuel Serrano y Flavio Alfaro.

En relación con los sangrientos episodios desarrollados, el coronel


chileno Luis Cabrera, otrora jefe de la Misión Militar de su país, y
luego ejerciendo (en 1912) la jefatura accidental del Estado Mayor
General del Ejército Ecuatoriano, nos hace conocer: "El Ejército
constitucionalista triunfó ruidosamente en Huigra, Naranjito y
Yaguachi. En la movilización y concentración se emplearon doce días.
Y en siete días de acción vigorosamente ofensivo, se libraron un com-
bate y dos batallas. Cinco días después, Guayaquil desconocía el
régimen de la Jefatura Suprema y abría sus puertas al Ejército victo-
rioso…" (35)
96
OCASO DEL GENERAL ALFARO Y DE LOS JEFES
REVOLUCIONARIOS

Informado de la captura de los cabecillas alfaristas, el presidente


Freire Zaldumbide dispone que los presos fuesen trasladados a la ciu-
dad de Quito, para juzgarlos de acuerdo con el grado de culpabilidad,
mientras los cónsules de Estados Unidos y de Gran Bretaña abogaban
por su libertad, aduciendo que "no hay derecho a capturarlos según el
convenio, si éste no se cumplió (los alfaristas no entregaron las armas),
no fue por culpa de ellos sino por la inesperada intervención del
pueblo armado."

Los generales Plaza y Andrade estaban conscientes de que gracias al


convenio de Durán pudieron ingresar sin resistencia a Guayaquil; por
tanto, tenían el deber moral de respetar la vida de los prisioneros, so
pena, inclusive, de enfrentarse a los reclamos diplomáticos de las
naciones que a través de sus cónsules interpusieron sus buenos oficios
para que el convenio se ejecutara. Pero el problema radical constituía
la furia del pueblo que quería linchar a los indefensos caudillos alfaris-
tas y no solo en Guayaquil: también en la capital de la República la
fobia morbosa contra Alfaro y sus inmediatos colaboradores crecía de
forma alarmante y peligrosa. El mismo encargado del Poder Ejecutivo,
Freile Zaldumbide, ofrecía públicamente que los traidores serían cas-
tigados con todo el rigor de la Ley.

No obstante, el general Plaza aseguraba a su compadre Flavio Alfaro


que las garantías del convenio de Durán le incluían también a él y sus
partidarios.

Pero se daba cuenta de que la supuesta defensa de los prisioneros le


restaba la popularidad que buscaba para alcanzar la presidencia de la
República, lo que motivó que sus actuaciones futuras fuesen cautas y
fingidas.

97
El 25 de enero se organizó en Guayaquil el Tribunal que habría de
juzgar al general Pedro Montero. El "juicio" concluyó cuando el fiscal
pidió la pena de muerte para el reo; pero el jurado, considerando que
la Constitución había abolido dicha pena, lo sentenciaba a 16 años de
prisión. El fallo del jurado exacerbó aún más a la turba que paulati-
namente había invadido la gobernación, hasta cuando un exaltado
sargento disparó contra el general Montero impactándolo mortalmente
en la frente; otro lo hiere en el pecho; a continuación varios soldados
se precipitan a rematarlo a culatazos y lanzarlo después por una ven-
tana a la calle, de donde fue arrastrado, degollado e incinerado.

El Ministro de Guerra, temiendo por la vida y seguridad de los demás


presos, dispone telegráficamente que el coronel Alejandro Sierra, Jefe
de Zona y también Comandante del batallón "Marañón", trasladase a
los presos a Quito.

El encargado del Poder, Carlos Freile Zaldumbide, consciente del


peligro mortal que enfrentaban los prisioneros, dispuso al coronel
Sierra, que se encontraba ya en Huigra, regresara a Guayaquil, pero el
personal del batallón "Marañón" se opuso radicalmente, y el viaje
hacia Quito continuó inalterable.

El ambiente agresivo y rencoroso que contra Alfaro se advertía en


Quito, hacía presumir al mismo Presidente encargado que los pri-
sioneros serían ultimados tan pronto llegasen a la ciudad capital.

En Riobamba, el coronel chileno Luis Cabrera, miembro de la Misión


Chilena, sugiere la posibilidad de que el batallón "Marañón" fuese
reemplazado por otra unidad, pero tal reemplazo no se efectiviza.

En las ciudades y poblaciones intermedias (Latacunga, Tambillo y


otras) los detenidos fueron vejados por la turba enardecida. Con la
llegada de los prisioneros a Quito, su suerte estaba ya definida.

98
El 28 de enero de 1912, a partir del medio día, una turba enardecida
asaltaba el Penal García Moreno, la guardia carcelaria fue impotente
de contener a la avalancha humana que se precipitaba sobre los inde-
fensos cautivos.

La celda de Eloy Alfaro fue la primera en ser asaltada. "El Viejo


Luchador" fue también la primera víctima de esa horda enceguecida
por el odio. Los generales Flavio y Medardo Alfaro, Ulpiano Páez y
Manuel Serrano, además de Luciano Coral, pagaron también tributo a
tan salvaje y repulsiva masacre.

Después se iniciaría el ignominioso desfile que partió desde el panóp-


tico y culminó en el Ejido, al norte de la ciudad, en donde la turba
encendió hogueras que habrían de consumir a los cuerpos de las vícti-
mas.

Son varios los autores e inclusive testigos que han descrito detallada-
mente tan inhumana y cavernaria masacre: "Llegado el general Eloy
Alfaro a la celdilla que lo habían preparado pidió algo en que sentarse
aunque no fuese sino un cajón; y, no habiendo sido atendida su
petición, tendiéndose sobre el desnudo y polvoriento suelo, arrimó la
cabeza contra el muro.

"Enseguida dirigiéndose a un oficial le dijo: quiero que me acompañe


Medardo o Páez, para que no se me calumnie después de muerto".

"El ilustre anciano creía que los verdugos se contentarían con una sola
víctima, y quería un testigo que relatase lo acontecido en sus últimos
momentos; que certificase que había caído como los antiguos héroes de
Grecia y Roma, envuelto en su dignidad con un brillante sudario." (36)

Respecto a la incineración de los cuerpos ya sin vida, un connotado


historiador nos narra en un periódico de la época: "De los seis cadá-
veres formaron tres grupos separados de alguna distancia, dos cadá-
99
veres en cada grupo: don Eloy Alfaro y Luciano Coral; don Medardo
Alfaro y don Flavio Alfaro; el general Serrano y el general Páez. El
cadáver de don Eloy Alfaro estaba sobre el de Coral. Como el com-
bustible no fue abundante, ningún cadáver estaba enteramente que-
mado, sino más bien asado o tostado, aunque los habían mojado en
kerosene." (37)

Triste epílogo de un compatriota que ha sido comparado con perso-


nalidades del continente americano como José Martí y Benito Juárez;
honrado y reverenciado por países extranjeros que reconocieron sus
méritos y servicios, su empresa revolucionaria, su revolución liberal,
la lucha contra la opresión y tiranía, contra estructuras anacrónicas y
antipopulares, contra sistemas anquilosados y de un mismo círculo
vicioso; pero en su propia patria, por romper esquemas y estereotipos
ancestrales y forjarse una imagen diferente, lo atacaron, vilipendiaron
y asesinaron vilmente.

En definitiva, la revolución alfarista transformó las endebles estructu-


ras del Estado, dentro de una filosofía innovadora que debería inspirar
a toda revolución; su empresa no constituyó la panacea de tantos males
entronizados desde el nacimiento mismo de la República; tampoco
podría catalogarse como proceso optimizador de las condiciones de
vida de nuestro pueblo, pero sí como un decidido intento de cambiar
lo que aparentemente podía ser incambiable; por desgracia, en la prác-
tica de ese plausible intento tuvo que derramarse sangre hermana;
ahondarse el fatídico y criminal regionalismo; encumbrarse patética-
mente el odio, las rencillas y la venganza; fisurarse la unidad nacio-
nal, involucrando, inclusive en este fenómeno malévolo y disociador,
a unidades militares del Ejército Ecuatoriano.

100
TORRENTES DE SANGRE EN LAS SELVAS ESMERAL-
DEÑAS

LA SITUACIÓN MILITAR PREVIA A LA REVOLUCIÓN DE


ESMERALDAS

Después de la aparente y cruel pacificación del país, con la muerte del


general Eloy Alfaro y demás caudillos del liberalismo alfarista, el go-
bierno de turno decidió disolver paulatinamente a varias unidades que
fueron organizadas con el propósito de participar en diferentes opera-
ciones militares, pues para comprometerse en tales jornadas bélicas
tuvo el gobierno que incorporar unidades de reserva. Para efectuar el
desenrolamiento consideró esta premisa: "Licenciar lo superfluo y
cubrir las guarniciones de la Sierra y del Litoral, no sin tener presente
que era menester crear el ejército de la Costa, una vez que los anti-
guos cuerpos que guarnecían esas regiones se dispersaron totalmente,
al entrar a Guayaquil el Ejército Constitucional".

Conocedor el coronel Luis Cabrera, oficial chileno que además de


tareas de asesoramiento cumplía funciones de mando, que la mayoría
de la oficialidad en los niveles superiores y subalternos, se había for-
mado en las escuelas de las campañas bélicas, pero sin tener base de
instrucción alguna, sugirió la creación de cursos de capacitación para
oficiales creándose así, el 9 de febrero de 1912, el "Curso de Aplicación
para Oficiales Superiores", con 25 alumnos (mayores y tenientes
coroneles), y el 12 del mismo mes el "Curso de aplicación para
Oficiales Inferiores", con 80 alumnos (de subteniente a capitán.)

Con el propósito de propender al bienestar del personal, se consiguió


se dictaminaran la Ley de Sueldos y Gratificaciones, que incrementaba
la remuneración y creaba el rancho fiscal, entre otros beneficios; la
Ley de Planta que buscaba estabilizar la situación del personal y faci-
litar su selección; la Ley de Retiro Militar, que beneficiaba a los mi-
litares que se encontraban fuera de las filas del Ejército. Para resumir
101
los beneficios que estas tres leyes representaban, se llegó a decir que
equivalen a haber dictado (el Congreso de 1912) la Constitución del
Ejército Nacional, porque sin ellas, la Ley Orgánica Militar "era un
edificio sin cimientos."

El 27 de diciembre de 1912, el general Leonidas Plaza Gutiérrez fir-


maba la creación del Batallón de Zapadores Chimborazo "sobre la
base del Regimiento de Caballería de ese nombre, pero con la sola
dotación de 300 individuos".

Antes de culminar el año, el Supremo Gobierno añadía a las cuatro


zonas militares existentes, una más: la Quinta Zona Militar, con juris-
dicción en las provincias de Carchi e Imbabura y con el comando
general en la ciudad de Tulcán. Con esta reorganización se conseguía
la presencia en el Norte "de un Jefe Superior capaz de dominar cual-
quiera situación".

A partir de enero de 1913, el Ejército Permanente quedó conformado


de 8 batallones ("Constitución" en Quito, "Carchi" en Ambato,
"Vencedores" en Guayaquil, "Guayas" en Guayaquil, "Manabí" en
Portoviejo, "Quito" en Cuenca, "Pichincha" en Tulcán y "Marañón"
en Otavalo); 3 regimientos de Artillería ("Bolívar" en Quito, "Sucre"
en Guayaquil, "Calderón" en Quito); 1 grupo de Caballería ("Yaguachi"
en Quito) y 1 batallón de zapadores ("Chimborazo" en Riobamba),
unidades que se encontraban repartidas en las siguientes zonas mili-
tares: Primera Zona (Cdte. Crnl. Alejandro Sierra), Segunda Zona
(Cdte. Crnl. Luis Jaramillo), Tercera Zona (Crnl. Víctor Fiallo), Cuarta
Zona (Crnl. Elías Troncoso), Quinta zona (Crnl. Manuel Andrade).

El Estado Mayor General de 1913, aseguraba al Ministro de Guerra y


Marina que durante ese año "someteré a consideración todos los regla-
mentos tácticos, de disciplina y administración que requiere el
Ejército… llegará de Europa el material de rancho (sic), funcionará la
Intendencia del Ejército… se dotará de recursos, reglamentos y el
102
personal requerido… se preverá la adquisición de material de guerra y
la preparación y construcción de cuarteles."

Pero además de las necesidades que trataba de solucionar, se advertía


también una grave limitación: falta de oficiales superiores capaces de
dirigir la institución militar, a tal extremo que el Jefe del Estado Mayor
General era un oficial chileno: el coronel Luis Cabrera; además, el
Ejército Nacional confiaba en las enseñanzas doctrinarias que habían
sido incalculadas a sus miembros, justamente, por los oficiales de la
Misión Militar Chilena.

ANTECEDENTES Y PRELIMINARES DE LA REVOLUCIÓN

La revolución alfarista, que tuvo trágico episodio con el holocausto de


su líder principal y otros importantes caudillos, generó sentimientos
encontrados: arrancó una sonrisa siniestra de labios amoratados por el
odio y el rencor, pero hizo también verter lágrimas de impotencia y
despecho de las almas agradecidas de la revolución.

La herida abierta en el corazón sensible de una parte del pueblo ecua-


toriano no podía cauterizarse de inmediato; tampoco el tiempo podía
convertirse en aliado de un olvido cómplice y depredador: tenía nece-
sariamente que surgir de los escombros, el ángel vengador del atropello
y la barbarie.

El coronel Carlos Concha Torres, partidario y protagonista de la


Revolución Liberal, decidió vengar la sangre mártir de sus superiores
y compañeros, y proseguir la lucha que había quedado inconclusa en
las abrasadoras llamas de una espeluznante pira.

Pasaron apenas pocos meses del cruel asesinato de Eloy Alfaro,


cuando el coronel Concha exteriorizaba ya su descontento y repulsa
por el gobierno del general Leonidas Plaza Gutiérrez.

103
La predisposición antigobiernista del naciente caudillo le llevó a una
celda del Regimiento de Artillería "Calderón", mientras se le seguía el
temido Consejo de Guerra, dirigido y supervisado por el entonces
coronel Moisés Oliva.

El Coronel cautivo, que recobró luego su libertad, tenía también parti-


darios que simpatizaban con sus preceptos e igualmente abominaban
al régimen placista.

En la madrugada del 24 septiembre de 1913 adeptos del coronel


Concha tomaban por asalto el cuartel de la policía de Esmeraldas. El
éxito alcanzado le permitió apoderarse de armamento y munición.
Una compañía del batallón "Manabí" acantonada en la ciudad norteña
corría también la misma suerte, a pesar de haber presentado tenaz
resistencia. El estrépito del combate puso en alerta al cañonero
"Cotopaxi", anclado en la desembocadura del río y comandado por el
capitán Rafael Andrade Lalama. Su oportuna intervención permitió el
refuerzo de las tropas gobiernistas y el consiguiente desbande de los
revolucionarios.

La intención del coronel Concha fue tomarse y controlar la ciudad de


Esmeraldas, pero al fallar en su intento cambió radicalmente de
estrategia: las operaciones subsiguientes las desarrollaría en las selvas
esmeraldeñas, ambiente conocido para él y sus subalternos, pero un
medio que podría convertirse en la tumba de sus adversarios, porque
éstos desconocían lo intrincado y abrupto del terreno y eran totalmente
neófitos en la aplicación de operaciones en la selva; conocían
medianamente cómo combatir en términos convencionales y en
terreno descubierto, pero no conocían ni habían experimentado los
efectos mortales de ataques sorpresivos y desde posiciones ocultas
(emboscadas), tampoco habían combatido en terrenos cenagosos,
infestados de mosquitos, reptiles y alimañas de diferentes especies;
peormente empleando medios de transporte fluvial o navegando en
ríos correntosos y desconocidos.
104
Sin embargo, aún conociendo sus evidentes debilidades, de manera
especial en lo relacionado a la no familiarización de sus unidades
militares con terrenos selváticos, los jefes gobiernistas decidieron
buscar y someter a los revolucionarios en cualquier medio en que se
encontrasen.

Pero la preparación profesional de soldados reclutados apuradamente


en el transcurso de la revolución, era también preocupante. De esta
falencia nos hace conocer el Tcrn. Octaviano Marchán: "Si recorda-
mos la campaña de Esmeraldas, cuando el Gobierno en el apuro de
tener semioficiales disponibles, reclutó amanuenses de las oficinas,
maestros de la escuela de aldea, civiles desocupados que ambulaban
por las calles y les disfrazó poniéndoles charreteras…. Se dio el caso
de que ciertos civiles rechazaron el grado de Teniente, creyendo que el
de Alférez era grado superior al de Teniente." (38)

En octubre de 1913 un centenar de combatientes del batallón "Guayas",


comandado por el mayor Héctor Icaza se adentraba en la selva esme-
raldeña. Los soldados gobiernistas instalaron su campamento en
"Viche". Desde allí partió una patrulla de exploración en cuatro
canoas al mando del teniente José Oviedo. Los inexpertos miembros
de tropa fueron fácilmente emboscados en el mismo cauce del río,
algunos de ellos dados de baja; otros, ahogados; los restantes, desban-
dados; y el propio teniente Oviedo con algunos subalternos, captura-
dos.

Palpando objetivamente los resultados negativos, decidió el mayor


Icaza abandonar la selva y salir de inmediato a Esmeraldas.

MASACRE EN EL GUAYABO

La revolución del coronel Concha que se presentaba todavía em-


brionaria, tuvo en cambio la suficiente fortaleza psicológica para
influir en los moradores de las provincias de Manabí y los Ríos, situa-
105
ción que los jefes gobiernistas la catalogaban de tremendamente peli-
grosa; por tanto, el presidente Plaza decidió destruir todo brote sedi-
cioso. Fue designado con este propósito el coronel Manuel Velasco
Polanco. Este oficial superior tenía de referente el fracaso de las tropas
gobiernistas en las selvas esmeraldeñas, lo que motivó que actuase con
cautela y ponderación.

Por aquel entonces, nos narra el Tcrn. Octaviano Marchán Ramírez,


"que el General Luis Cabrera, valioso militar chileno en ese entonces
Jefe del Estado Mayor General de nuestro Ejército, daba directivas o
instrucciones técnicas de la manera de operar contra el enemigo escon-
dido en los bosques. Pero ni en Chile, patria del General Cabrera, ni
en Alemania, nación en la que se educó militarmente, existen bosques
que semejen en algo a nuestras selvas tropicales; de ahí que las dis-
posiciones y consejos del General extranjero, tampoco podían ser
acertadas." (39)

Entre tanto, como actividades de acción psicológica hizo el coronel


Concha correr el rumor que sus seguidores se encontraban enfermos,
desmotivados, sin armas, sin municiones y que desertaban continua-
mente.

Estas noticias halagadoras para los jefes gobiernistas les llenó de


exagerado optimismo, hizo que perdieran la mesura y subestimaran
al adversario.

Con la decisión de aplastar a los revolucionarios en el terreno que


fuere, el batallón "Constitución" reforzado con alícuotas de la policía
de Quito y al mando del coronel Alejandro Andrade Lalama, debía
reconocer el sector de la orilla derecha del río Esmeraldas; mientras el
batallón "Quito" y parte del batallón "Guayas" recorrían el margen
izquierdo del mismo río.

106
ACTA DE CAPITULACIÓN DE LAS FUERZAS GUBERNAMENTALES ANTE
EL EJÉRCITO INSURGENTE (DESCORRIENDO LOS VELOS, Fernando
Gutiérrez Concha)
107
108
El espacio geográfico cercano al sector en donde propiamente se
desarrolló el sangriento combate, nos describe someramente el Tcrn.
Marchán: "La cordillera del Guayabo no es de gran elevación, con
declive suave hacia el río, por una falda, a lo largo de la cordillera
existía el único sendero de tránsito vecinal y en campo despejado. La
cima selvática y en la que habían construido los revolucionarios lige-
ros trabajos fortificatorios y una serie de mangas o senderos para
acudir de una parte a otra, según las necesidades de la acción.
Siguiendo el sendero hacia delante, se encontraba el estero de
Cúquive." (40)

Justamente, fue en el estero Cúquive en donde fueron prácticamente


masacrados soldados y policías gobiernistas. En efecto, el 10 de dici-
embre de 1913 entraba el batallón "Constitución" y la fracción de
policía en el paso de la cordillera del Guayabo; destacó por seguridad
en la vanguardia al Tcrn. Ricardo Montenegro al mando de un pelotón
de soldados a caballo. Cuando la pequeña unidad de caballería se
disponía a sobrepasar el estero de Cúquive fue de improviso embosca-
da, sus miembros inmisericordemente aniquilados, inclusive su
comandante Tcrn. Montenegro. Acto seguido fue atacado violenta-
mente el grueso de la columna. La segunda y tercera compa-
ñías fueron prácticamente eliminadas, mientras la primera compañía
con el capitán Aurelio Baquero a la cabeza, logró salir de la " zona de
aniquilamiento" y ocupar una posición enemiga ubicada en sector
dominante. Desgraciadamente el capitán Baquero, temiendo quedar
aislado, dispuso que sus hombres regresaran a la posición inicial.

En el sangriento combate fue también dado de baja el Tcrn. Alejandro


Andrade Lalama. En el día siguiente las condiciones del combate no
cambiaron: los gobiernistas presentando desesperada resistencia y con
considerables pérdidas de vidas humanas (oficiales y tropa); los re-
volucionarios, en cambio, tratando de definir el resultado del combate,
porque advertían que hasta esas instancias les era favorable.

109
Mientras el batallón "Constitución" estaba siendo prácticamente ani-
quilado, los batallones "Quito" y "Guayas" que se encontraban en la
otra orilla del río Esmeraldas, nada hicieron por auxiliar al
"Constitución"; por el contrario, en la confusión reinante comenzaron
a entrecruzar el fuego entre aquellas unidades amigas.

En la madrugada del 12 de diciembre, el Tcrn. Belisario L. Olarte,


comandante de la fracción de la policía, presionado por las cir-
cunstancias tremendamente desfavorables, tuvo que entregar las armas
y rendirse sin dilación alguna.

En conclusión, las tropas gobiernistas fueron contundentemente de-


rrotadas por diferentes factores: el desconocimiento del terreno y la
desestimación de la capacidad combativa del adversario; el descono-
cimiento e inexperiencia en combates de selva o de guerra irregular; el
inadecuado empleo de unidades de combate en un medio desfavorable,
como la utilización de la caballería en áreas densamente selváticas; la
falta de coordinación entre las propias unidades, en un medio donde
fácilmente se pierde el contacto visual y se desarticulan las comunica-
ciones; la impotencia e impericia para eludir las emboscadas y ejecutar
criteriosamente contraemboscadas, en procura de neutralizar las
acciones sorpresivas y violentas de las fuerzas opuestas.

COMBATES DE ATACAMES Y DE CAMARONES

La situación de Esmeraldas ya preocupaba al general Plaza, por lo que


decidió ir en persona a combatir a los revolucionarios, pero antes
decidió crear el Ejército del Norte, y responsabilizarlo del mando al
general Rafael Arellano. El Decreto de creación del mencionado ejér-
cito especificaba: "Art. 1ro- Hoy se expidió el 2do. Decreto Ejecutivo,
Leonidas Plaza G. Presidente de la República, visto lo expuesto por
el Estado Mayor General del Ejército, atendiendo a las conveniencias
del servicio y en vista de las facultades de que estoy revestido,
DECRETO: Art. 1ro.- Con todas las fuerzas que habrán y hubieren en
110
las provincias del Carchi e Imbabura, constitúyase el Ejército del
Norte. Art. 2do.- El Cuartel General de este Ejército se compondrá por
ahora, de: un Comandante o General en Jefe; un Secretario Tnte. Crnl.
o Mayor; dos ayudantes Oficiales inferiores; un cabo 1ro. y tres solda-
dos ordenanzas...- Art. 6to.- Nómbrese General en Jefe del Ejército
del Norte, al General Rafael Arellano, quien cesará en su cargo de
Inspector General del mismo Ejército.

Dado en el Palacio de Gobierno, en Quito, a 3 de enero de 1914.-


Leonidas Plaza G. El Ministro de Hacienda Encargado del Despacho.-
Juan F. Game." (41)

El 28 de febrero llegaba el general Plaza a la población de Limones


(provincia de Esmeraldas) a fin de dirigir personalmente las opera-
ciones militares. Dispuso de inmediato que las tropas gobiernistas se
embarcasen en los buques de transporte, en algunos de ellos adecuados
los flamantes cañones Erhardt, que hasta el año anterior (1913) esta-
ban siendo probados por los técnicos correspondientes.

La comisión de peritos, luego de realizar el trabajo correspondiente,


elaboró el informe que indicaba entre otras cosas: "Las piezas Erhardt
que se ha probado, divisible y unitaria, no son aptas para ir cargadas a
lomo: no conservan una completa estabilidad porque las cargas no
quedan bien centradas, causando daño al animal que en corto tiempo
quedaría imposibilitado para el servicio de transporte a lomo." (42)

Por un malentendido, las tropas embarcadas no llegaron al lugar de su


destino (Esmeraldas), porque una contraorden del general Presidente
hizo que desembarcasen en Atacames. Los pequeños botes y lanchas
asumieron la tarea de transportar a la playa a los soldados del batallón
"Milagro" y la columna "9 de Octubre", mientras el buque "Tarqui",
empleando un cañón de Artillería del Regimiento "Calderón", prote-
gía el desembarco.

111
CARTA QUE EL CRNL. CARLOS CONCHA ENVÍA A LOS JEFES DE LA
REVOLUCIÓN (DESCORRIENDO LOS VELOS, Fernando Gutiérrez Concha)

112
Los revolucionarios de la guarnición de Atacames, después de presen-
tar endeble resistencia abandonaron sus posiciones, trasladando parte
de su tropa a La Tola.

Como la situación se presentaba favorable para las tropas gobiernistas,


sus jefes dispusieron que al día siguiente del desembarco en Atacames,
prosiguieran la marcha hacia Esmeraldas.

Por seguridad, el ejército del general Plaza se dividió en dos grupos:


el batallón "Milagro" y la columna "9 de Octubre", al mando del coro-
nel Enríquez Valdez, utilizarán el camino que conducía al valle del
Tiaone y el resto del grueso, con el general Navarro y el coronel
Alcides Pesantes (Jefe del Estado Mayor) a la cabeza, marcharán con
dirección a la hacienda La Propicia.

Luego de penosas jornadas los dos grupos se reunieron en La Propicia,


donde fueron informados por mensajeros enviados por el general
Plaza, que la ciudad de Esmeraldas estaba ocupada por personal de
zapadores del "Chimborazo" y de la Escuela Militar.

El 11 de marzo de 1914, el ejército gobiernista entraba a la ciudad ya


sin ningún control de los revolucionarios. Pero las tropas del coronel
Concha se habían reagrupado en Tachina, desde donde hostigaban con
el fuego de sus armas al batallón "9 de Octubre", destacado en la isla
Prado.

A fin de extender el control de toda la ciudad esmeraldeña, decidió el


general Plaza designar Jefe de Operaciones del norte de la provincia al
coronel Moisés Oliva y ordenarle que con el personal disponible, se
posesione de la pequeña población de Ríoverde, luego de Las Piedras
y finalmente de Tachina.

El Tcrn. Octaviano Marchán al respecto nos narra: "Hay constancia


oficial de la salida del coronel Oliva de Esmeraldas, el 8 de abril de
113
1914, con su Jefe de Estado Mayor, coronel Enrique Valdez, a bordo
del "Cotopaxi" y con dirección al punto llamado Peñas, llevando las
siguientes unidades: "Vencedores", "Daule" "Babahoyo". Asimismo,
se movilizó hacia el sur el batallón "Machala" desde la Tola, con el
coronel Samuel Franco en misión de cuidar la retaguardia de las uni-
dades que abrían operaciones porque sabemos que se movilizó, pero
no llegó a unirse a las demás fuerzas." (43)

El 10 de abril los batallones "Babahoyo" y "Vencedores", comandados


por el coronel Valdez tomaron posesión del puerto de Ostiones, al día
siguiente se apoderaron de Ríoverde donde desembarcaba la columna
"Andrade" del ejército gobiernista.

La disposición de las fuerzas del general Plaza era proseguir la marcha


hasta Camarones, donde se presumía se encontraban importantes gru-
pos de facciosos.

El 12 de abril cuando la columna gobiernista marchaba sin las


medidas de seguridad que la situación y el terreno imponían, fue sor-
prendida por el fuego intenso y certero de los revolucionarios. La
confusión cundió de inmediato: soldados que pretendían huir, pero sin
lograrlo por ser alcanzados por las balas adversarias, y quienes lo
lograban no querían saber nada del combate; otros, en cambio, se lan-
zaban al mar, pero algunos de ellos se ahogaban o estuvieron a punto
de ahogarse, como el coronel Moisés Oliva que fue salvado milagro-
samente por un subalterno.

Varios jefes y oficiales fueron capturados y algunos victimados, como


el coronel Enrique Valdez, ultimado a machetazos.

Concluyendo, el presidente Leonidas Plaza que había subestimado a


los revolucionarios "conchistas", se convenció finalmente de que la
revolución de Esmeraldas adquiría peligrosas connotaciones para la
estabilidad del gobierno y la unidad nacional; por tanto, decidió com-
114
batirla personalmente. Pero su presencia no constituyó solución algu-
na. La toma de posesión y el control de la ciudad de Esmeraldas no se
tradujo en un real éxito militar, tampoco los esporádicos triunfos en
combates sin trascendencia como los conseguidos en Atacames,
Ríoverde, Las Piedras. Nuevamente el error en la conducción de las
tropas gobiernistas se traduce en la derrota concluyente de Camarones;
inclusive, el coronel Moisés Oliva admite que fueron impartidas dis-
posiciones desacertadas antes y durante el combate decisivo, que dejó
en las tropas gobiernistas la percepción de la derrota y un sabor de
profunda frustración.

COMBATE DE LA “PROPICIA”

Para el ejército del general Plaza la derrota de Camarones quedaba en


la retina del recuerdo como un episodio netamente desgraciado. Pero
la constancia prevaleció a la tragedia: fue reforzada la guarnición de la
hacienda "La Propicia", integrada por los batallones "Machala", "9 de
Octubre", "Babahoyo" (-), "Manabí" (-) y una fracción del "Esmeraldas".
El comandante de estas tropas, coronel Moisés Oliva, dispuso se
realicen diferentes trabajos fortificatorios a fin de hacer menos vul-
nerable al campamento.

Entre tanto, el coronel Carlos Concha se disponía a dirigir personal-


mente el ataque, pero antes tenía que asegurarse de que su oponente
no recibiese refuerzos provenientes de Esmeraldas, por lo que dispuso
el control del cerro de Gatazo; además, desarrollaba en Tachina un
ejercicio de desembarco para desviar la atención de su adversario del
objetivo principal, que constituía la hacienda "La Propicia", que fue
atacada el domingo 9 de mayo a partir de las seis de la mañana.

Durante el transcurso de algunas horas el combate mantenía un


expectante equilibrio. A partir de las diez de la mañana se notaba ya
los estragos de la contienda: jefes, oficiales y tropa de los dos bandos
resultaban muertos y heridos; entre estos últimos se encontraba el mis-
115
mísimo coronel Moisés Oliva y otros jefes y oficiales de menor rango.
Pero también en las filas revolucionarias se evidenciaba la merma del
ímpetu combativo de sus hombres; las bajas que sufrían eran consi-
derables y alimentaban el intento de deserciones masivas.

Las tropas gobiernistas no tenían esperanzas de recibir el refuerzo de


sus compañeros por la obstrucción ejercida en el cerro Gatazo, por
más que el coronel Luis Jaramillo con sus soldados trataba de romper
la resistencia de los revolucionarios, para acudir en apoyo de las uni-
dades amigas que combatían en "La Propicia". Finalmente, y luego de
más de seis horas de combate, las tropas gobiernistas se rendían final-
mente.

Concluyendo, el combate de “La Propicia” fue definitivamente difícil


para los revolucionarios: tuvieron que luchar en terreno despejado, un
medio que no los favorecía para ejecutar ataques sorpresivos, letales y
desde posiciones ocultas.

Sin embargo, fue importante e influyente el criterio táctico del coronel


Concha de taponar la vía en la altura del cerro Gatazo; de no hacerlo,
hubiese servido para transportar refuerzos enemigos desde Esmeraldas
a "La Propicia".

Asimismo, los jefes constitucionalistas terminaron por convencerse, a


pesar de la derrota, que si combatían en terreno descubierto y apli-
cando sistemas tácticos conocidos les era menos difícil, y les repre-
sentaba menor pérdida de vidas humanas y material de guerra, que
combatir en terreno selvático tratando improvisadamente de adaptarse
a operaciones de guerra irregular.

LOS COMBATES NO CULMINAN

Concluido el combate de “La Propicia” con los resultados conocidos,


el panorama de la revolución se despejaba paulatinamente. Los dos
116
contendientes consolidaban sus dominios: el general Plaza y el coronel
Oliva en una fortificada ciudad de Esmeraldas y el coronel Concha en
las selvas, caseríos y poblaciones de la provincia. Además, los com-
bates que parecían inicialmente se concentrarían en las selvas de la
"provincia verde", comenzaban a extenderse a otras regiones del
país.

En el norte se enfrentaba el general Rafael Arellano a todo lo que creía


o representaba la causa revolucionaria. Como consecuencia de esta
actitud perseverante y aguerrida ocurrió el combate de Caranqui, en el
que perdió la vida el coronel Juan José Villacreses, Jefe de las tropas
gobiernistas.

Las provincias de Guayas, Los Ríos y Manabí fueron también conta-


giadas por el virus de la revolución, aunque solo con esporádicos
combates como el de "Chamizas" del que salió airoso el Jefe constitu-
cionalista, coronel Moisés Oliva.

En Esmeraldas recibieron las tropas gobiernistas los refuerzos del


Regimiento Mariscal Sucre, al mando del mayor Carlos Flores Guerra,
y del aguerrido "Yaguachi", comandado por el mayor Nicolás Santos.

Respecto a los previsiones defensivas de Esmeraldas, El Comercio de


fecha 24 de junio de 1914 publicaba: "En el malecón de Esmeraldas se
han apostado 4 cañones Skoda, 2 Erhardt, 2 Wicker Maxim, 1 Krupp
de montaña y dos ametralladoras que constituyen la defensa del puer-
to, simulando más bien artillería de una fortaleza.

Las trincheras se han levantado en los alrededores de la ciudad y


tienen una profundidad más o menos de dos metros y medio.
Rellenadas con maderos de guayacanes y otros maderos que se creen
incorruptibles. Sobre las trincheras se pueden ver interiormente las
hamacas de los oficiales y de la tropa; se creen que éstas son inexpug-
nables para un asalto, porque se hallan magníficamente construidas
117
donde el Ejército gobiernista pueda resistir un empuje cargado y
atrevido, salvo el caso que la táctica del Coronel Concha le haga una
jugarreta de esas acostumbradas siempre"

MAYOR NICOLAS SANTOS, COMANDANTE DEL GRUPO “YAGUACHI”,


QUE COMBATIÓ EN LA REVOLUCIÓN DE ESMERALDAS ( HISTORIA DE
LOS UNIFORMES MILITARES, Crnl. José Antonio Andrade)

118
Igualmente, en la isla El Prado, frente a la ciudad de Esmeraldas, se
había concentrado un grupo sedicioso que hostigaba permanentemente
a las tropas adversarias atrincheradas en la ciudad. Los jefes go-
biernistas decidieron eliminar tan evidente peligro: planificaron atacar
la isla. Fracciones de los batallones "Manabí" y "Rocafuerte",
apoyadas de piezas de artillería y de lanchas de desplazamiento rápido
debían ejecutar la operación de ataque y desembarco. Al sentir los
revolucionarios los efectos de las primeras granadas de artillería ocu-
paron sus posiciones previamente preparadas, y se aprestaron para el
combate. Pero una maniobra que permitió a los gobiernistas atacar por
la retaguardia de las fuerzas oponentes desequilibró las acciones; los
revolucionarios se vieron forzados a abandonar precipitadamente las
posiciones, dejando en poder de la isla a las tropas del gobierno.

COMBATES DE LA BOCA

La Boca o Las palmas estaba resguardada por el batallón "Vengadores


de Valdez" (en honor del coronel Valdez, muerto en acción de armas)
y el "Vencedores (-) de las tropas gobiernistas.

En la apreciación de la situación creyó el coronel Concha que tomando


por asalto y controlando La Boca, podría intensificar el bloqueo de la
ciudad, lo que le permitiría planificar futuras operaciones para definir
la situación que hasta aquel momento se presentaba bastante indeci-
sa.

Los revolucionarios en las primeras horas de la madrugada del día 18


de agosto de 1914, pretendieron sorprender a su oponente y lo hu-
biesen conseguido si el centinela no descubría la presencia de los
revoltosos. Pronto entrarían en apoyo de los gobiernistas el fuego de
los cañones emplazados estratégicamente y los pequeños vapores
"Libertador Bolívar" y "Tarqui", los que inclinaron a favor el resul-
tado de un combate que tuvo aproximadamente tres horas de duración.
Decenas de cadáveres yacían desordenadamente en la playa como
testimonio de la violencia del combate.
119
Pero el coronel Concha consideró importante el control de La Boca,
con el propósito de bloquear los abastecimientos hacia Esmeraldas.

A las tres de la madrugada del 28 de octubre atacaban nuevamente los


revolucionarios con renovados bríos.

El tendido de alambradas alrededor de las posiciones de La Boca


detuvo a medias el avance de los sediciosos, situación que fue
aprovechada por los 150 soldados del batallón "Rocafuerte", coman-
dados por el Tcrn. Juan Donoso Herbozo, para neutralizar a más de
500 revolucionarios que pugnaban por sobrepasar las alambradas.

Nuevamente el vapor "Libertador Bolívar" encendió sus proyectores


para iluminar la playa y ayudar a los soldados gobiernistas a man-
tener sus posiciones.

Los certeros disparos de la artillería contribuyeron de forma definitiva


en la derrota de los simpatizantes de la revolución.

Efectivamente, un fragmento del parte del mayor Carlos Flores Guerra,


Comandante del Regimiento Sucre y transcrito por el Tcrn. Marchán,
nos hace conocer: "A las tres de la mañana de hoy oímos un nutrido
fuego en el campamento de La Boca. Comprendimos que había sido
atacada por los revolucionarios. Nos apresuramos a coadyuvar (apo-
yar) con el fuego de nuestros cañones la acción de los defensores.
Como pocos momentos después abrieron fuego sobre la ciudad desde
Tachina, Bambuco y Las Piedras, disparamos nuestros proyectiles con
los cañones Krupp de campaña, logrando silenciar sus fuegos de
artillería".

Sin embargo de los reveses, la persistencia del Coronel revolucionario


no tenía límite. Además, gozaba de la lealtad invariable de sus sub-
alternos.

120
Al otro lado del río se destacaba el cerro Las Piedras, desde donde los
sediciosos hostigaban a las pequeñas y rudimentarias embarcaciones
que navegaban diariamente. El coronel José Miguel Rivadeneira de
las tropas gobiernistas, decidió entonces destruir las posiciones de Las
Piedras. Fracciones del batallón "Guayas" y de la columna "Esmeraldas"
recibieron la misión de conquistar las posiciones enemigas. El 8 de
diciembre de 1914 lograban su objetivo.

Los soldados constitucionalistas, luego de dominar la situación,


procedieron a fortificar Las Piedras, pero antes que culmine la insta-
lación de alambradas, los revolucionarios, en la madrugada del 15 de
diciembre, incursionaron en las posiciones ocupadas por soldados
confiados y desprevenidos. El éxito inicial acompañó a los seguidores
del coronel Concha hasta cuando se escuchó la alarma y se produjo la
consiguiente reacción de las tropas gobiernistas, que lograron en pri-
mera instancia neutralizar las acciones y después imponerse y exigir
condiciones.

Con todos estos fracasos se avizoraba ya el inminente eclipse de la


revolución, inclusive el mentalizador y protagonista principal fue cap-
turado y reducido a prisión en febrero de 1915. No obstante, otros
jefes revolucionarios decidieron tomar la posta, pero su actitud y
accionar no tuvieron las mismas connotaciones y efectos que las del
coronel Concha.

No obstante, los revolucionarios más empedernidos planificaron ata-


car a la guarnición gobiernista de Ríoverde, guarnecida por fracciones
de los batallones "Imbabura", "Manabí" y "Esmeraldas", al mando del
mayor Pablo Guerrero.

121
122
VELATORIO DEL CRNL. CARLOS CONCHA TORRES, EL 1 DE ABRIL DE 1919 (DESCORRIENDO LOS
VELOS, Fernando Gutiérrez Concha)
El 10 de septiembre de 1915 se debió asestar el golpe, pero la expe-
riencia de combates anteriores hizo que los sediciosos no atacaran
precipitadamente a una posición fortificada: optaron por cortar las
diferentes líneas de abastecimiento, y capturar a los medios de trans-
porte que se encargaban de proveer la logística.

En estas condiciones, luego del tercer día del supuesto sitio, apareció
el vapor "Tarqui", pero alertado oportunamente del peligro, regresó de
inmediato hacia Esmeraldas, donde hizo conocer de la preocupante
situación que se vivía en Ríoverde, por lo que fue enviado como re-
fuerzo, en el mismo transporte "Tarqui" y en el "Cotopaxi", parte del
batallón "Marañón" y el Regimiento "Urbina".

El incremento de personal permitió presentar dos frentes de combate,


los esfuerzos de los soldados revolucionarios por recuperar terreno
perdido fueron realmente vanos y estériles. El 14 de septiembre de
1915, justamente cuando el general Leonidas Plaza había sido reem-
plazado constitucionalmente por el doctor Alfredo Baquerizo Moreno,
comenzó paulatinamente a desaparecer la tensión e intranquilidad.

Este ilustre mandatario pretendió cerrar las heridas y desvanecer ren-


cores con el arma poderosa del perdón, usándola como instrumento
solidario. Mediante telegrama de fecha 2 de septiembre de 1916, en-
viado al Gobernador y Comandante en Jefe de Esmeraldas, hacía
conocer sus intenciones amistosas: "Con el propósito de alcanzar la
concordia de la familia ecuatoriana… ordena a ustedes (autoridades
esmeraldeñas), que concedan amplias y eficaces garantías a todos los
revolucionarios que depongan las armas y hagan ostensibles sus
deseos de no continuar en la labor que tantos infortunios ha causa-
do…" (44)

En definitiva, la denominada revolución de Esmeraldas o revolución


del coronel Concha enfrentó nuevamente a civiles y militares, nacidos
en la misma tierra y cobijados por el mismo pabellón nacional. En el
123
campo militar, enfrentó a tácticas de guerra convencional y técnicas de
guerra irregular, lo que puso en evidencia finalmente, que el Ejército
Ecuatoriano no estaba preparado para combatir en un medio selvático,
y que las doctrinas introducidas por la Misión Militar Chilena no
habían incluido en sus planes o programas de instrucción, el cono-
cimiento y la ejecución de operaciones irregulares en terreno difícil,
abrupto y malsano.

PERÍODO DE TECNIFICACIÓN PROFESIONAL DEL


EJÉRCITO ECUATORIANO

La administración del Dr. Alfredo Baquerizo Moreno podría sin-


tetizarse a grandes rasgos, cuando al referirse al estado político de la
nación expresaba: "La recibí en armas y os la presento en paz".

En efecto, lo expresado por el presidente Baquerizo Moreno eviden-


ciaba una gran verdad: las armas habían callado y dejado de succionar
sangre hermana, como pretendiendo propiciar que en un abrazo
gigantesco, solidario y afectivo, se funda vigoroso el pueblo ecuato-
riano.

En 1920 el Dr. José Luis Tamayo se hacía cargo de la presidencia de


la República.

Durante su período presidencial llegó al país la primera Misión Militar


Italiana, para encargarse de la organización estructural de Ejército, la
creación y dirección de instituciones militares y el asesoramiento téc-
nico de los diferentes mandos.

LA MISIÓN MILITAR ITALIANA

El 22 de mayo de 1922 llegaba al país contratada por el gobierno


nacional. Luego de analizar la organización del Ejército inició exito-
samente la tarea militar que debía cumplir. Creyó pertinente, en pri-
124
mera instancia, crear y dar impulso a institutos y escuelas militares
para la preparación de oficiales superiores, subalternos y personal de
tropa. Amplios sectores de la clase militar aprobaban su presencia:
"Para que la enseñanza sea fructífera en resultados, la Misión trae todo
género de elementos técnico - didácticos, circunstancia digna de ano-
tarse ya que hasta hoy, es preciso confesarlo, hemos desconocido
aplicaciones demostrables sobre múltiples cuestiones de la ciencia de
la guerra…" (45)

Valiosos y destacados oficiales del Ejército italiano y brillantes técni-


cos en diferentes especialidades, conformaban el grupo de militares
que habrían de asesorar e instruir a nuestros mandos militares y per-
sonal de tropa.

La primera Misión Militar Italiana estaba conformada de los


siguientes jefes y oficiales:

- Gral. Alejandro Pirzio Bíroli, jefe de la Misión;


- Tcrn. Cav. Amadeo Bracciaferri;
- Tcrn. Cav. Vittorio Ferlosio;
- Sargento mayor Federico de Georgis;
- Sargento mayor Guiseppe Pipitó;
- Sargento mayor Enrique Pitassi Manella;
- Sargento mayor Alberto Inzani;
- Sargento mayor Vicenzo Carbone;
- Capitán Cav. Mario Carasi;
- Capitán Cav. Ettore Lodi;
- Capitán Cav. Giovanni Giurato;
- Capitán Cav. Humberto Ravazzoni;
- Capitán Cav. Guido de Luca;
- Capitán Cav. Emanuele Campagnoli;
- Teniente Dr. Pietro Salvestroni; y,
- Teniente Cav. Antíoco Piras

125
Su labor fue verdaderamente encomiable: el 16 de junio de 1922 se
organizaba la Escuela de Ingenieros militares, cuyo Director técnico el
mayor Alberto Inzani y el subdirector, capitán Humberto Ravazzoni
(ambos ingenieros militares), fueron sus primeros profesores.
Asimismo, la Misión creó también otras escuelas para las armas de
Infantería, Caballería, Artillería y el instituto más importante por su
rol protagónico e incidencia: la Academia de Guerra.

El 19 de junio del mismo año, mediante Decreto Ejecutivo, se organi-


zaba el curso de Educación Física; su director fue el Tcrn. Cav. Victorio
Ferlosio y subdirector, sargento mayor Pablo M. Guerrero; los alum-
nos: oficiales subalternos en el grado de alférez y subteniente.

El 30 de septiembre de 1922 se fundaba la escuela de Artillería.

Un hecho histórico de importancia Cívica ocurría aquel mismo año: el


14 de septiembre, mediante escritura pública se adquiría 10.740 m2 de
terreno en el sitio denominado "Cima de la Libertad", en el que erigió
el Ejército nacional el obelisco en honor de los vencedores de la bata-
lla del Pichincha.

El 4 de febrero de 1923 se inauguraba el curso de Mariscalía, para


instruir las técnicas de herrar caballos (este curso se retrasó: fue orga-
nizado mediante Decreto Ejecutivo de 16 de junio de 1922). Fue su
director técnico el Dr. Pietro Salvestroni y director del curso el coro-
nel Nicolás Santos.

El 14 de marzo del mismo año se creaba la Escuela Especial de Radio-


Telegrafía.

Por Decreto Ejecutivo de 13 de abril se creaba la Academia de Guerra


del Ejército y nacía oficialmente el 15 del mismo mes.

El 6 de febrero de 1924 fue creada la Escuela Especial de Caballería.


126
GRAL. ALEJANDRO PIRZIO BÍROLI, JEFE DE LA MISIÓN MILITAR
ITALIANA (REVISTA EJÉRCITO NACIONAL, Número extraordinario, Año II
1923, No. 10)
127
En marzo de 1924 se organiza la Inspectoría General del Ejército con
el siguiente personal:

- 1 General, Inspector General;


- 1 Teniente coronel, Secretario;
- 2 Sargentos mayores, primeros ayudantes;
- 1 Capitán y 1 teniente, segundos ayudantes.

El 24 de julio se iniciaba el primer curso de ametralladoras, dirigido


por el capitán Julio Martinot.

Asimismo, en octubre del mismo año, el Congreso Nacional intro-


ducía reformas y definía la función específica del Ministerio de Guerra
y Marina, cuando ejercía la función de Ministro el Dr. Luis Sotomayor
Luna.

El Ministerio de Guerra y Marina, en su informe anual, 1922, detalla-


ba los logros alcanzados por la Misión Militar Italiana y los diferentes
institutos de formación y perfeccionamiento que se encontraban fun-
cionando:

"La Escuela de Oficiales Ingenieros, creada el 16 de junio de 1922,


funciona actualmente con 30 oficiales;

Escuela especial de Artillería, fundada el 30 de septiembre de 1922,


cuyo segundo curso funciona con 20 oficiales alumnos;

Escuela de Educación Física, fundada el 19 de junio de 1922, fun-


ciona con la dotación de 25 oficiales alumnos;

Escuela Especial de Radiotelegrafía, creada el 14 de marzo de 1923,


con 15 alumnos;

128
Escuela Especial de Mariscalía, organizada el 16 de junio de 1922, con
16 suboficiales;

Escuela Especial de Caballería, creada el 6 de febrero de 1924, con 12


oficiales alumnos;

Academia de Guerra, creada por Decreto Ejecutivo del 13 de abril de


1922, para oficiales superiores; actualmente con 30 alumnos.

TNTE. DR. PIETRO SALVESTRONI (REVISTA EJÉRCITO NACIONAL,


Número extraordinario, Año II 1923, No. 10)

129
Escuela de Aviación, en la ciudad de Guayaquil, con 15 alumnos ofi-
ciales aviadores y 16 alumnos mecánicos;

Escuela Militar, el más antiguo de los institutos militares, con 80


cadetes; y ,

Escuela Náutica, creada por Decreto Ejecutivo de 5 de enero último


(1924)

La Revolución Juliana interrumpió temporalmente las actividades de


la Misión europea, pero antes de concluir el año de 1925 reanudaba
sus tareas con renovado entusiasmo y responsabilidad. Reinician tam-
bién sus labores las escuelas de las diferentes armas y las de Sanidad
Militar (con 16 médicos alumnos) y de Administración.

En 1927, luego de desarrollar encomiable labor, partían a su patria va-


rios oficiales italianos que habían llegado en el primer contingente.

"El selecto grupo de profesores especialistas ha actuado, en efecto, con


singular interés y con abnegación sin precedentes, en la Academia de
Guerra, en las Escuelas de Infantería, Artillería, Caballería e Ingenieros,
en las Escuelas de Educación Física y Radiotelegrafía, en nuestra
Escuela Militar, así como también en una serie de cursos intensivos
unos, y de carácter regular otros, de Ametralladoras, de Administración,
de Sanidad, de Hipología, de Mariscalía y otros muchos, formando
como resultado de su acción, núcleos selectos de oficiales ecuatoria-
nos, lo mismo que de Suboficiales y clases especializados ya en
empleos de armas, ya en determinados servicios, elevando en forma
notable la cultura profesional de nuestra Institución Armada, que hoy
atiende a los calificativos que la ciencia y el arte de la guerra requie-
ren, puede llamarse tal por la capacitación y competencia de quienes
forman parte de nuestro Ejército." (46)

130
Otros elementos habrían de llenar las vacantes; por tanto, la Misión
Militar Italiana se mantenía robustecida siempre y desarrollando sus
actividades profesionales en beneficio de las instituciones militares del
país.

La representación militar italiana abandonó definitivamente el Ecuador


en 1940, "cuando se anunciaba la rescisión del contrato firmado en
Quito, el 14 de noviembre del mismo año, entre el Barón Di Fontana

DR. LEONARDO SOTOMAYOR LUNA, MINISTRO DE GUERRA Y MARINA


DEL PRESIDENTE JOSÉ LUIS TAMAYO (REVISTA EJÉRCITO NACIONAL,
Número extraordinario, Año II 1923, No. 10)
131
Ministro de Relaciones Exteriores de Italia y su similar ecuatoriano
Julio Tobar Donoso." (47)

PRINCIPALES INSTITUTOS MILITARES ORGANIZADOS


POR LA MISIÓN MILITAR ITALIANA

LA ACADEMIA DE GUERRA DEL EJÉRCITO

Respecto al primer intento de crear la Academia de Guerra del Ejército,


en la revista Ejército Nacional de 1923 se publicaba: "Desde 1905, la
Academia de Guerra con la Misión Militar Chilena tal vez pudo ser un
hecho. Se dictó el Reglamento correspondiente pero la revolución de
1906 ahogó esa primera tentativa… En 1911, el coronel Olmedo
Alfaro llegó hasta a dar forma a una Academia de Guerra, pero fal-
taba el profesorado y como antes, cayó en otro de aquellos vendavales
políticos que han afligido al país durante muchos años."

Finalmente, mientras se desempeñaba de Ministro de Guerra y Marina


el coronel Octavio Icaza y de Jefe del Estado Mayor General el
general Rafael Almeida Suárez, la creación de la Academia de Guerra
se hizo realidad.

El 15 de abril de 1923 iniciaba oficialmente su vida tan importante


instituto militar. Funcionó inicialmente en la calle Loja, en el edificio
que actualmente se encuentra la escuela "Diez de Agosto".

Fue designado director el coronel Ángel Isaac Chiriboga, quien ejercía


la función de Subsecretario del Ministerio de Guerra. Los alumnos del
primer curso fueron: tenientes coroneles: Alejandro Solís, Julio E.
Jáuregui; mayores: Segundo Abarca, José Gómez Jurado, Samuel
Izquierdo, Carlos Elizalde, Aurelio Balladares, Luis Larrea Alba, Luis
R. Salazar y José M. Vásquez; capitanes: Carlos A. Guerrero,
Guillermo Burbano y Eleodoro Sáenz.

132
DECRETO QUE RECONOCE EL GRADO DE TCRN. AL DE SIMILAR
GRADO DEL EJÉRCITO ITALIANO, Alberto Trenti

133
Mientras era dirigida por la primera Misión Militar Italiana, la
Academia de Guerra cerraba sus puertas a raíz de la Revolución
Juliana del 9 de julio de 1925.

En el año 1937, reinicia las actividades y con la dirección de la


segunda Misión Militar Italiana se desarrollan diferentes cursos para
oficiales. En octubre de 1939 se inaugura el primer año lectivo de la
Academia de Guerra. Cuando cumplía las funciones de Ministro de
Defensa el Sr. Galo Plaza Lasso, los gobiernos de Ecuador e Italia
protagonizan un problema por la compra de armas, situación que
motiva el retiro de la Misión Militar Italiana y el desfase en el funcio-
namiento de la Academia de Guerra, que habría de sufrir la ausencia
de profesores militares italianos. Sin embargo, para evitar el descala-
bro se designan docentes nacionales y el nuevo Director en la persona
del coronel Guillermo Burbano Rueda.

Como consecuencia de la invasión peruana de 1941 la Academia de


Guerra se ve obligada a suspender nuevamente sus actividades.
Reinicia sus labores académicas en 1947 con la denominación de
Escuela de Comando y Estado Mayor, en esta vez dirigida por la
Misión Militar de los Estados Unidos de Norte América. No obstante,
por diferentes problemas cierra sus puertas para reabrirlas en 1956,
con el asesoramiento de la segunda Misión Militar Chilena, en la que
sobresale, por el protagonismo que le cupo en el futuro, el entonces
mayor Augusto Pinochet, profesor de Geografía Militar.

A partir de aquella fecha la Academia de Guerra prácticamente con-


solida su estructura docente-administrativa, y se constituye en pilar
fundamental de la formación de oficiales de Estado Mayor y en insti-
tuto importante que analiza y evalúa la vida soberana del país.

En el Registro Oficial número 759 consta la creación de la Academia
de Guerra del Ejército Ecuatoriano:

134
PODER EJECUTIVO

EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA

"En cumplimiento de lo preceptuado en los artículos 52 y 53 de la Ley


Orgánica Militar;

DECRETA:

Art. 1° Organízase la Academia de Guerra; cuyo funcionamiento se


verificará con sujeción al Reglamento y Plan de Estudios
aprobados por Decreto Ejecutivo de 15 de diciembre últi-
mo.

Art. 2° El personal directivo y docente de dicha Academia será el


que se indica a continuación:

- Director Técnico, General Alessandro Pirzio Bíroli;

- Secretario, Capitán Giovanni Giurato;

- Profesor de Organización, Teniente Coronel Vitorio Ferlosio;

- Profesor de táctica, Teniente Coronel Amedeo Bracciferri;

- Profesor de Servicio de Estado Mayor, Teniente Coronel Alberto


Trenti;

- Profesor de Logística, Sargento Mayor Guiseppe Pipitó;

- Profesor de Historia Militar, Sargento Mayor Federico di Giorgis;

- Profesor de Tipografía y Dibujo, Sargento Mayor Francesco Vece;

135
EDIFICIO DE LA ACADEMIA DE GUERRA, ENTRE LAS CALLES LOJA Y
MAZA (REVISTA EJÉRCITO NACIONAL, Año III, No. 19, 1923)

136
- Profesor de Armas Portátiles y Artillería, Sargento Mayor Erico
Pitassi;

- Profesores de Fortificación, Sargento Mayor Alberto Inzzani y


Capitán Humberto Ravazzoni;

- Profesor de Geografía Militar y Económica, Sargento Mayor


Guiseppe Pipitó;

- Profesor de Ciencas Económico-Sociales y Públicas, Sargento


Mayor Guiseppe Pipitó y capitán Giovanni Giurato;

- Profesores de comunicaciones y medios técnicos, Sargento Mayor


Alberto Inzzani y Capitán Humberto Ravazzoni;

- Profesor de Arte Militar Naval, Teniente de Navío Emanuele


Campagnoli;

- Profesor de Higiene Militar, Sargento Mayor doctor Vicenzo


Carbone;

- Profesor de Hipología, Teniente doctor Pietro Salvestroni;

- Profesor de Derecho Público Ecuatoriano, doctor don Manuel


Benigno Cueva García;

- Profesor de Legislación Militar, Teniente Coronel doctor Telmo R.


Viteri;

- Profesor de Italiano, señor don Juan León Mera;

- Profesor de Francés, señor don Federico Steffan;

- Profesor de Educación Física y Esgrima, Teniente Antioco Piras.


137
Art. 3° Los Srs. Dr. don Manuel Benigno Cueva García y Teniente
Coronel doctor don Telmo R. Viteri, dictarán ad honoren las
Cátedras arriba indicadas por hallarse nombrados Senadores
de la República y Ministro fiscal de la Corte Superior de
Quito, respectivamente.

Asimismo el Profesor de Francés, señor Federico Steffan,


dará gratuitamente las clases de tal idioma en razón de tener
igual empleo en la Escuela Militar.

MAYOR CAV. VICENTE CARBONE (REVISTA EJÉRCITO NACIONAL,


Número extraordinario, Año II, No. 10, 1923)

138
Art. 4° El profesor de Italiano servirá a la vez de Intérprete y
Traductor, con el sueldo de $ 250 por mes.

Art. 5° El personal de servicio del mencionado Instituto lo forma-


rán: un Sargento Primero; un Sargento Segundo; dos Cabos
Primeros; dos Cabos Segundos y cuatro soldados, plazas
que quedan comprendidas en la Planta General de indivi-
duos de tropa del Ejército Permanente, fijada por Decreto
Legislativo de 8 de octubre de 1914, y que se agreguen al
total constante en el vigente Reglamento de Reparticiones y
Dotaciones de Paz del propio Ejército. Las obligaciones del
indicado personal de servicio se determinarán en el
Reglamento Interno de la Academia.

Art. 6° Para gastos de escritorio y de luz asígnase a la Academia la


suma de 100 mensuales.

Art. 7° El pago de los gastos que demandare el sostenimiento de la


Academia, se aplicarán en la parte correspondiente a las
partidas 12ava. y 15ava. Núms. 138 y 139 del vigente
Presupuesto de Guerra.

Los señores Ministros Secretarios de Estado en los Despachos de


Guerra y Marina y de Hacienda quedan encargados de la ejecución del
presente Decreto.

Dado en el Palacio Nacional, en Quito, a trece de Abril de mil


novecientos veintitrés.

(f) José Luis Tamayo


EL MINISTRO DE GUERRA Y MARINA
(f.) Octavio G. Icaza
EL MINISTRO DE HACIENDA
(f.) A. B. Larrea

Es copia.- El Coronel Subsecretario


(f.) A.I. Chiriboga N.

139
Años después, con el propósito de motivar a los alumnos del ya pres-
tigioso instituto militar, en la Orden General del 29 de junio de 1940
se publicaba: "Andrés F. Córdova, Encargado del Poder Ejecutivo,
mediante Decreto N. 347 y a pedido del Ministro de Defensa
Nacional.

DECRETA:

Art. 1° Concédese la condecoración militar "ABDÓN CALDERÓN"


DE SEGUNDA CLASE, al Sr. Oficial superior que obtu-
viere la primera antigüedad en los cursos de la Academia de
Guerra del Ejército.

Art. 2° Igualmente, otórgase la antedicha condecoración "ABDÓN


CALDERÓN" DE TERCERA CLASE, a los señores ofi-
ciales superiores e inferiores que hubieren obtenido y obten-
gan en sus estudios la primera antigüedad en los cursos
militares de instrucción.

ESCUELA DE INGENIEROS

Con Decreto Ejecutivo de fecha 16 de junio de 1922, expedido por el


presidente José Luis Tamayo y con la firma del Ministro de Guerra,
señor Octavio Icaza, se crea el Instituto para "la formación de oficiales
ingenieros."

El Art. 1ro. disponía: "Créase la escuela de oficiales de Ingenieros, la


que comenzará a funcionar desde el 1ro. de julio del año en curso y
durará diez y ocho meses, subdivididos en tres períodos de instruc-
ción de seis meses cada uno."

Fue designado director técnico el mayor Alberto Inzani y subdirector


el Cap. Humberto Ravazzoni, los dos oficiales miembros de la Misión
Militar Italiana.
140
La inauguración del primer Curso Especial de Ingenieros se desarro-
lló en el palacio Quinta Presidencial con la presencia del Dr. José
Julián Andrade, quien lo inauguró a nombre del presidente Tamayo,
ausente en Guayaquil. Estos fueron los directivos y profesores del
curso:

Cdte. del curso: Tcrn. Luis T. Paz y Miño

Primer ayudante: Cap. Julio C. Alvarez

Ayudantes: Maximiliano Dávila



Cap. Sergio Játiva

Cap. Ricardo Astudillo

Cap. Jesús Beltrán

Prof. Matemáticas: Tcrn. Héctor Cedeño

Prof. Topografía: Tcrn. Luis T. Paz y Miño

Prof. Construcciones: Mayor Cav. (Caballero) Alberto Inzani

Prof. Fortificación: Cap. Cav. Humberto Ravazzoni

Prof. Física: Tnte. Alberto Suárez Dávila

Prof. Química: Dr. Gabriel Salvador



Sin embargo, la mayor responsabilidad del desarrollo del curso recaía
en los dos oficiales italianos. Entre otras materias recibían los alum-
nos: vías hidráulicas, arquitectura, telégrafos, óptica, levantamiento de
fábricas, pontoneras y comunicaciones fluviales, aplicaciones científi-
141
cas, fortificación, zapadores y mineros, telegrafía y telefonía, ra-
diografía y proyectos eléctricos. En el informe del año 1924 que hacía
conocer el Ministro de Guerra y Marina, constaba que 30 eran los
alumnos de la Escuela de Oficiales Ingenieros y que ésta, igual que las
otras, "funcionaba con admirable regularidad."

Los alumnos graduados del primer curso fueron: "mayores Maximiliano


Dávila y Ricardo Astudillo; capitanes: Francisco Latorre, Luis Herrera,
Jesús Beltrán y Sergio Játiva; tenientes: Gabriel Astorga, Alfredo
Hidalgo, Samuel Jarrín, Carlos A. Pinto, Horacio Cantos, Carlos
Chiriboga, Federico Struve, José Morán, Alfredo Fierro, Luis Estrella,
José A. Guerrero y Carlos H. Granja; subtenientes: Joaquín Samaniego,
Carlos Abarca M., Manuel Icaza, Alfonso Jaramillo, Luis Sierra y
señor Ernesto Valdivieso." (Revista Ejército Nacional, año 4, 1925, p.
339), El director de la Escuela de Ingenieros, mayor Inzani, en 1924,
recomendaba la organización de un Cuerpo de Ingenieros; pues "en
condiciones normales los ingenieros militares podrían ser destinados
convenientemente a obras públicas… Además, dejando las filas del
ejército podrán intervenir en la vida de la nación con gran utilidad."

El mismo director recomendaba la creación de la Dirección de


Servicios Técnicos, con la función de supervisar la instrucción de las
unidades de ingenieros. La Escuela de Ingenieros, considerando que
en la Ley Reformatoria y su Reglamento, expedida el 28 de enero de
1925, se hacía referencia a un Cuerpo de Ingenieros con tareas de
construcción de caminos y trabajos fortificatorios, inculcaba a sus
alumnos técnicas de fortificación, aplicables en el reforzamiento de la
defensa costera.

El tercer curso de ingenieros se graduaba en los salones del Círculo


Militar antiguo, el 5 de agosto de 1927.

142
En 1932 la Escuela de ingenieros estuvo dirigida por el teniente coro-
nel italiano Giacomo Rocca y luego, por la partida de éste, por el
mayor Carlos A. Pinto, instruido en aulas italianas.

MAYOR ALBERTO INZANI, DIRECTOR DE LA ESCUELA DE INGENIEROS


(REVISTA EJÉRCITO NACIONAL, Año IV, No. 24)

143
CAPT. HUMBERTO RAVAZZONI (REVISTA EJÉRCITO NACIONAL, Año IV,
No. 24)

144
ESCUELA DE CABALLERÍA

Con fecha tres de diciembre de 1923, firmaba el Presidente ecuatoria-


no el Decreto Ejecutivo que creaba la Escuela de Caballería oficiali-
zando su existencia el 6 de febrero de 1924… "El Presidente de la
República atenta a la exposición hecha por el señor general jefe de la
Misión Italiana.

DECRETA:

Art. 1ro. Establécese una Escuela de Caballería, la misma que se com-


pondrá hasta de ocho Oficiales inferiores y tres Cadetes y
funcionará en el edificio de la Escuela Militar. El señor
Coronel Comandante de este Instituto, lo será también de
esta Escuela de Caballería, quien se entenderá en todo lo
corriente a la administración y disciplina.

Art. 2do. Nómbrase Director de dicha Escuela de Caballería al señor


teniente coronel don Victorio Ferlosio y Ayudante de la
misma al Alférez asimilado Guiseppe Chilotti.

Art. 3ro. Para el funcionamiento de la misma Escuela asígnase diez


bagajes, para cada uno de los cuales la Tesorería Fiscal de
Pichincha abonará el forraje correspondiente. Estos bagajes
deberán permanecer bajo la inspección directa del Director
de la Escuela de Caballería.

Art. 4to. Del cuidado y buena conservación de los bagajes de la citada


Escuela de Caballería, se encargará una fracción de diez
individuos de tropa de la misma Caballería No. 10,
"Escolta".

145
Art. 5to. Con motivo de la organización de la Escuela de Caballería
en referencia, cuya duración será de ocho meses, a contar
del 10 de los corrientes, nómbrase director Técnico de la
Escuela Militar al señor Teniente Coronel don Amadeo
Braciaferri, quien reemplazará al de igual clase don Victorio
Ferlosio.

Art. 6to. Destínase la cantidad de cuatrocientos sucres mensuales para


gastos de conservación del picadero, cambios de obstáculos,
herraje del ganado, veterinaria, material de la referida
Escuela de Caballería.

Dado en el Palacio Nacional, en Quito, a tres de diciembre de mil


novecientos veintitrés.- (f) José Luis Tamayo.- El Ministro de Guerra
y Marina.- (f) Octavio G. Icaza.- El Ministro de hacienda.- (f) A.B.
Larrea."

Con la presencia del presidente de la república, autoridades civiles,


militares y oficiales de la Misión Militar Italiana se inauguró de inme-
diato el curso de Caballería con la dirección técnica del teniente coro-
nel Vittorio Ferlosio. (Falleció este oficial en Guayaquil el 28 de abril
de 1925). "Mientras funcionaba en Quito bajo su dirección el curso de
Caballería, sufrió una caída del caballo que le produjo una pleuresía
que lo ha llevado a la tumba… El cadáver ha sido embalsamado y será
conducido a Italia en el primer vapor que pase para el norte." (48),
publicaba la prensa nacional.

146
TCRN. VITTORIO FERLOSIO (REVISTA EJÉRCITO NACIONAL, Año III,
No. 18, 1924)

147
ESCUELA DE AVIACIÓN MILITAR

El 27 de octubre de 1920 se creaba la Escuela de Aviación Militar


Ecuatoriana como así lo determina el Decreto correspondiente:

Art. 1 "Autorizar al Poder Ejecutivo para que, a la brevedad posible,


proceda a crear una Escuela de Aviación en la ciudad de Guayaquil,
tan pronto como sea posible contratar expertos extranjeros para los
servicios que demandan la dirección, enseñanza, talleres y soste-
nimiento técnico de la mencionada Escuela…

Art. 3 Los alumnos de la Escuela podrán ser oficiales del Ejército y


de la Marina, cadetes de la Escuela Militar o particulares, siendo
preferidos, en igualdad de condiciones, los de las primeras categorías
(antigüedad).

Este Decreto sirvió de base para que posteriormente se determinara,


asimismo a través de otros decretos, el orgánico, los directores,
docentes y alumnos de la naciente institución. De acuerdo con el
Decreto de fecha 5 de junio de 1925 se creaba una Escuela de Aviación
en la provincia del Guayas; dentro del personal directivo se especifi-
caba que el director debía ser necesariamente oficial ecuatoriano con
el grado de coronel o teniente coronel; igual el subdirector, pero con
grado de teniente coronel o mayor.

Para la dirección de la Escuela, posiblemente por falta de personal, fue


designado el capitán de corbeta Juan Francisco Anda y Subdirector el
mayor (asimilado) Gilberto Icaza.

Como consultor técnico se lo mantiene al piloto francés Marc


Guitenny; entre los profesores se encontraban pilotos de nacionalidad
italiana: tenientes asimilados Elia Liut y Tulio Preti y los mecánicos
Giovanni Fidelli y André Janon (francés).

148
ALFÉREZ CARLOS GUARDERAS (HISTORIA DE LOS UNIFORMES
MILITARES ECUATORIANOS, Crnl. José Antonio Andrade)

149
Cuando arribó al Ecuador la Misión Militar Italiana, luego de minu-
ciosa selección, fueron nombrados los primeros oficiales alumnos de
la Escuela; además, se incorpora reformas al Decreto de fecha 5 de
junio de 1925, entre las que se destaca: el Director será un jefe italiano
(ya no ecuatoriano), se determina los integrantes de la Comisión
Técnica Consultiva; se confirma que la Escuela dependerá del
Ministerio de Guerra, Marina y Aviación, pero administrativamente de
la tercera Zona Militar; se otorga funciones a los oficiales italianos:
"mayor Vincenzo Lombardi, Director de la Escuela; capitán Tulio
Preti, jefe de la sección terrestre; teniente de navío Emmanuele
Compagnoli, jefe de la sección marítima; sargento Vece, consultor de
la Dirección; capitán Romano Cataneo, profesor y jefe de talleres;
subtenientes Giovanni Malnati y Atilio Castano (mecánico), Giovanni
Fidelli y Bruno Ceccoville (motoristas de aviación)."

Entre los pilotos instructores nacionales sobresalen los tenientes


Alberto Suárez Dávila y Pedro Traversari.

"A mediados de 1925 la Escuela de Aviación funciona en el campo de


"La Carolina" de esta capital; pues, por motivo de la estación lluviosa
no se podía continuar la instrucción en Guayaquil."

El material de vuelo obsoleto e inadecuado impedía el normal entre-


namiento de los jóvenes alumnos ecuatorianos, lo que motivó que siete
oficiales fuesen becados para recibir su entrenamiento en Italia. El
capitán Santiago Duarte, los tenientes Agustín Zambrano, Luis
Mantilla, Jacinto Vélez y los alféreces Carlos Guarderas, José Salazar
y César Borja fueron los beneficiados de las becas. Estos oficiales
debían entrenarse en el período 1926-1927 en la escuela Gabardine de
Italia.

El 12 de enero de 1927 en una de las tantas pruebas de entrenamiento,


el subteniente Carlos Guarderas sufrió un mortal accidente en su nave
caza tipo "Henrriot". El 15 de junio del mismo año, el capitán Santiago
150
Duarte en el mismo campo de Cámeri (Italia), ofrendaba su existencia
en tierra extraña. Años después, fueron otros compatriotas que sacrifi-
caron la vida por hacer que la incipiente aviación militar ecuatoriana,
se convierta luego en prestigiosa e importante institución.

EVALUACIÓN INSTITUCIONAL

Es indudable que el funcionamiento de la Academia de Guerra, de las


diferentes escuelas de Armas y Servicios, la introducción de modifica-
ciones a leyes y reglamentos militares, la reorganización institucional
y el asesoramiento y enseñanzas de la Misión Militar Italiana, cambió
la imagen profesional del Ejército del país.

Pero en este período no se priorizó únicamente el aspecto técnico, se


estudió también y se puso en vigencia reformas legales que definiesen
el comportamiento institucional.

Para dar un panorama más claro y definido a la Legislación Militar fue


creada, el 27 de febrero de 1926, la nueva Ley Orgánica, "creadora del
Consejo Supremo de Defensa Nacional (Art. 33 de la Ley), llamada a
asesorar al Jefe del Ejecutivo en los grandes problemas políticos -
internacionales - militares (Art. 28); se convierte en una Ley especial
de Situación Militar y Ascenso para oficiales -febrero 22 de 1926- un
antiguo título de la Ley Orgánica de 1905, en que el grado, el empleo
(función) y la situación, el reclutamiento de los oficiales de Línea, el
de los oficiales de Reserva, el de los oficiales de Administración,
Sanidad y Asimilados, la calificación de servicios para los oficiales y
las condiciones de Ascenso; están más conformes con el nuevo espíri-
tu orgánico militar." (49)

Cuando una institución está regida por leyes justas que reconocen los
derechos y obligaciones de sus integrantes, genera confianza, autoes-
tima y dinamismo.

151
La Ley Orgánica que se puso en vigencia tuvo la virtud de llenar
vacíos legales y definir conductas y procedimientos.

Asimismo, en 1930 se hablaba ya de un Ejército más técnico, moderno


y profesional. Un somero análisis de su avance tecnológico aparecía
en un artículo publicado en la Revista Ejército Nacional 1922 - 1930:
"Después de un período estático la Misión Militar Italiana vino con un
contingente selectísimo de maestros en cada uno de las ramas de las
ciencias y arte militares. Las actividades se concretaron entonces
hacia la técnica intensa: llenando vacíos, orientando criterios y normas
de procedimientos que lentamente debían dar los frutos que hoy pal-
pamos: demarcación de funciones en los orgánicos directivos, orga-
nización moderna y concorde con las necesidades en las armas y ser-
vicios, estímulo profesional y elevación del plano cultural en los
Oficiales…

La Inspección General en sus delicadas funciones de Comando, ha


encuadrado sus normas de valoración de los Oficiales, garantizando el
mérito y el mayor tiempo de servicio en las promociones, por medio
del Consejo Superior Militar.

El Estado Mayor General, integrado hoy por Oficiales egresados de la


Academia de Guerra, cuenta con verdaderos Oficiales de Estado
Mayor...

Las armas tienen hoy su dotación de material y medios para un efi-


ciente desempeño en el campo táctico. Oficiales de la Misión Militar
Italiana y compatriotas que tornaron del exterior están difundiendo sus
conocimientos en cada rama."

La percepción evaluatoria se extiende también a las diferentes armas:


"La Infantería no es ya una cadena de fusileros, desplegada en tira-
dores, sin más mérito que el coraje: hoy dispone de armas livianas y
armas pesadas, fusiles ametralladores y ametralladoras, aparatos de
transmisiones, personal de enlaces y transmisión, plana mayor para la
152
acción de Comando y sus Oficiales reciben hoy las doctrinas que san-
cionó la última guerra en difíciles terrenos de montaña.

La Artillería no dispara ya a puntería directa, con retrógrados mate-


riales rígidos: cuenta con moderno material de formación elástica, con
instrumentos ópticos para la puntería indirecta; puede batir blancos
insidiosamente ocultos con tiro indirecto. A más de cañones se acu-
den al campo de maniobras con goniómetros, telémetros, planchetas
topográficas y tablas de logaritmos.

Los Ingenieros militares, ante la desconfianza civil, han demostrado


con obras públicas su capacidad técnica y abnegación juvenil.

Y, para el campo táctico, el arma de Ingenieros se multiplica en su


aspecto y actividades: transmisiones por radio, telégrafo, teléfono,
heliógrafos, instrumentos de señales. Son los nervios transmisores de
la voluntad del Comando a las tropas…

La Caballería conoce hoy la mejor técnica para obtener del caballo su


mayor rendimiento. El Oficial de Caballería con los jinetes de su
patrulla, son un puñado de audaces…

Nuestros servicios comienzan a dar pruebas de eficiencia completa.


Ahí está la Sanidad Militar con un hospital central montado con instru-
mental moderno, con Oficiales Cirujanos especializados." (50)

Indudablemente, el adelanto profesional del Ejército ecuatoriano en el


período de 1920 - 1930 fue realmente halagador. Por desgracia, no
tuvo el ritmo sostenido en su avance y productividad cualitativos: otra
década difícil llegaría de inmediato en donde prevalecerá nuevamente
las asonadas, las rebeliones y la inestabilidad política, que desangraron
a la nación, fisuraron la unidad nacional y debitaron tremendamente al
Ejército Ecuatoriano, factores conocidos y analizados por las Fuerzas
Armadas del Perú, cuando diseñaban los planes de agresión a nuestro
país.
153
"LA LIGA MILITAR" Y LA REVOLUCIÓN JULIANA

ANTECEDENTES

El sistema de elecciones fraudulento, la crisis y la recesión económica,


la depreciación de la moneda, los salarios insignificantes, la influen-
cia de grupos oligárquicos y las rebeliones militares constituían, entre
otras causas, factores preponderantes para los cambios de gobierno
en las primeras décadas del siglo XX.

"La crisis económica se acentuó por la desaparición del cacao a causa
de las plagas llamadas "monilla" y la "escoba de la bruja". Como con-
secuencia de ello y de la ley Monetaria (los bancos emisores, fueron
autorizados para emitir papel moneda sin tener el respaldo en oro,
propiciando emisiones inorgánicas que generaron inflación y crisis
económica), el dólar subió de dos a tres cincuenta sucres y, con la
caída del sucre, subió inconteniblemente el precio de las mercaderías
extranjeras y nacionales. La economía individualista del Puerto
Principal sacó la cabeza de la oposición contra el presidente, los diri-
gentes eran pocos pero influyentes y no vacilaron en explotar el ham-
bre del pueblo...Falta de trabajo, baja de la moneda, quiebra en los
precios: el panorama se tornaba oscuro." (51)

Todos estos acontecimientos negativos de incidencia social alteraban


los ánimos de las clases necesitadas del país, particularmente de los
obreros y estudiantes de Guayaquil.

ENFRENTAMIENTO CIVIL-MILITAR DEL 15 DE NOVIEMBRE


DE 1922, EN GUAYAQUIL

El 15 de octubre de 1922 se instalaba en Asamblea la Federación de


Trabajadores Regional Ecuatoriana (FTRE). Las asociaciones asis-
tentes deciden apoyar la huelga que los ferroviarios de Durán habían
proyectado ejecutar.
154
El detonante de este ambiente caótico y de incertidumbre hizo muy
pronto explosión: el 15 de noviembre, el Gobernador de la provincia
se reunía con representantes de los huelguistas, con el propósito de
llegar a un común y satisfactorio acuerdo. Entre tanto, la multitud se
agolpaba frente a la gobernación para exigir la promulgación del
Decreto que supuestamente solucionaría los problemas motivados por
la crisis político-económica imperante. De pronto, la agresividad con-
tenida de esa masa humana se desbordó incontenible: desarmaron a
varios policías que cuidaban el orden y atacaron de inmediato a cuar-
teles policiales iniciándose el enfrentamiento armado que tuvo desgra-
ciadamente la consabida cuota de sangre hermana.

Las unidades militares (batallones "Vencedores", "Marañón”,


"Regimiento Sucre" y "Cazadores de los Ríos"), fueron también el
blanco de la multitud enardecida. Los hampones, camuflados entre los
manifestantes, arremetieron contra la propiedad privada: saqueos,
robos y acciones vandálicas fueron la exteriorización de sus instintos
delincuenciales.

Un fragmento del parte del general Enrique Barriga hace conocer: " El
ataque a la policía, que fue la iniciación de todo lo acontecido, en el
día indicado, (15 de noviembre de 1922) se desarrolló así: los huel-
guistas, al avanzar sobre la policía, desarmaron a una escolta de la
misma, que guardaba el orden en la parroquia Ayacucho y con esas
armas y municiones, carabinas y revólveres, dispararon sobre los gen-
darmes y el Escuadrón. Muchos de los demás huelguistas en todos los
lugares donde fueron rechazados, hacían resistencia así mismo con
revólveres, algunas carabinas y escopetas y de los almacenes que
saqueaban también hacían fuego.

A las 7 de la noche fueron totalmente dispersados todos los huelguis-
tas, que hacían un total poco más o menos de diez mil hombres..."
(52)

155
Sostiene el general Enrique Barriga en su informe que por "conmi-
seración de las tropas" no hubo miles de víctimas, y reconoce que los
muertos y heridos apenas llegarían a doscientos; pero algunos histo-
riadores con el afán gratuito de exagerar los datos, han sostenido que
serían más de mil los muertos en aquella tenebrosa jornada. No
obstante, escritores serios, justos y documentados, han sostenido que
las víctimas en la infausta jornada, no sobrepasaron los doscientos
cincuenta muertos.

Al margen de todo cálculo de víctimas y victimarios, de causas y efec-


tos, la orgía de sangre fue un hecho inhumano y repudiable, indigno de
haber acontecido en un país civilizado y democrático; pero el antago-
nismo ciego, las limitaciones económicas y las ambiciones políticas no
conocen de lógica ni miden las consecuencias; consecuencias brutales
que inciden en el deterioro de las bases estructurales de un pueblo y el
mortal resquebrajamiento de la unidad nacional.

El presidente Tamayo salió bien librado de esta hecatombe, por eso


su reconocimiento a varias unidades del Ejército no se hizo esperar:
"Os saludo con patriótico entusiasmo y os envío el más caluroso para-
bién, por la nueva prueba que acabáis de dar de disciplina, de valor y
de lealtad con ocasión de los últimos y luctuosos acontecimientos de
Guayaquil.

Habéis salvado a esa noble ciudad de los horrores de la anarquía a la


que la empujaban políticos poseídos de ciega ambición, sin medir las
espantosas consecuencias de sus intrigas criminales y sin comprender
siquiera que ellos habrían sido las primeras víctimas de sus nefastos
planes, impotentes para dominar a multitudes enloquecidas por el
influjo de las bajas pasiones, en incontenible desenfreno..."

156
LA REVOLUCIÓN JULIANA O LA REVOLUCIÓN DE LOS
OFICIALES JÓVENES

El 31 de agosto de 1924 asumía la presidencia el Dr. Córdova, con el


agravante de hacerlo en un ambiente de evidente zozobra como con-
secuencia de la discutible transparencia de las elecciones, por un
supuesto pacto entre los liberales y el gobierno vigente.

"Llegado los días de las elecciones, el Gobierno cumplió con su com-


promiso: los partidarios del Coronel Juan Manuel Lasso, de Jacinto
Jijón y Caamaño y de Federico Intriago, si no fueron dispersados a
palos, apenas lograron poner unos pocos miles de votos…

El candidato oficial doctor Gonzalo S. Córdova salió triunfante con


cerca de 180.000 votos sobre unos 9.000 votos que alcanzó el más
popular de todos: Crnl. Juan Manuel Lasso." (53)

Pocos meses antes de producirse la revolución "Juliana", el presidente


Gonzalo S. Córdova firmó el Decreto de fecha 31 de diciembre de
1924, mediante el cual se daba el pase a oficiales y tropa a los dife-
rentes repartos del país, "de acuerdo con las disposiciones de la Ley de
Planta y las Reformas a la Orgánica Militar, dictada el 11 de octubre
último, así como de conformidad con el Reglamento de Reparticiones
y Dotaciones del Ejército, en tiempo de paz".

Las destinaciones de oficiales superiores y subalternos que establece


el Decreto, constan a las siguientes Zonas Militares: Primera, Segunda,
Tercera, Cuarta, Quinta, Sexta y Séptima Zonas Militares.

En cuanto a unidades operativas y tácticas incluyen las siguientes:


Batallón Nº.1 "Vencedores", Batallón Nº.2 "Quito", Batallón Nº.3
"Pichincha", Batallón Nº.4 "Marañón", Batallón Nº.5 "Guayas",
Batallón Nº.6 "Manabí", Batallón Nº.7 "Carchi", Batallón Nº.8
"Constitución", Batallón Nº.9 "Imbabura" y Batallón Nº.10 "General
157
DR. GONZALO CÓRDOVA (PRESIDENTES DEL ECUADOR, Simón Espinosa)

158
Córdova"; Regimiento de Artillería No. 1 "Bolívar", Regimiento de
Artillería No. 2 "Sucre" y Regimiento de Artillería No. 3 "Calderón";
Grupo de Caballería No. 1 "Escolta", Escuadrón No. 2 "Cazadores de
Chone" y Escuadrón No. 3 "Cazadores de los Ríos"; Batallón de
Zapadores No. 1 "Chimborazo" y Batallón de Zapadores No. 2
"Montúfar"; Compañía independiente de Comunicaciones. El artícu-
lo 6to. del mencionado Decreto especifica: "El Batallón No. 1 de la
Primera Reserva "General Arellano”, correspondiente a la provincia
de El Carchi, permanecerá en servicio activo y con su misma orga-
nización actual, hasta nueva orden en contrario".

El artículo 2do. establece: "Con motivo de la reorganización de las


Reparticiones Militares, los Oficiales en actual servicio activo de las
armas que no estuvieren comprendidos en la distribución, quedan des-
tinados al personal a órdenes del Estado Mayor General del Ejército;
excepción hecha de aquellos cuyos puestos han sido suprimidos en el
nuevo Reglamento de reparticiones y dotaciones del Ejército, en
tiempo de paz."

En los pases ordenados por Decreto no consta destinación alguna a las


unidades tipo batallón que guarnecían en el Oriente.

El Decreto, además del Presidente, fue firmado por el Ministro de


Guerra y Marina, L. Sotomayor Luna; el Ministro de Hacienda, Miguel
Ángel Albornoz; y el Subsecretario, Crnl. Flores Guerra.

La salud quebrantada del Presidente constituía factor negativo para la


acción gubernamental.

Agobiado por grave enfermedad encarga el Dr. Córdova el poder


(desde el 7 de febrero hasta el 6 de junio de 1925) al Dr. Alberto
Guerrero Martínez en aquel entonces Presidente del Congreso.

159
La situación se agravó más tarde cuando Colombia, Perú y Brasil, a las
espaldas del Ecuador, suscribieron en Washington el Acta que garan-
tizaba el cumplimiento del Tratado Salomón-Lozano, lesivo a los
intereses soberanos del país.

En este estado de cosas, en octubre de 1924, se había creado la lla-


mada "Liga Militar", constituida de oficiales jóvenes del Ejército.

El criterio que gran parte de la ciudadanía tenía de un elevado porcen-


taje de oficiales superiores, era realmente negativo. Al respecto el
historiador Luis Robalino Dávila transcribe una reproducción de El
Telégrafo de Guayaquil: "Los oficiales inferiores tenían una preocu-
pación: los Jefes, en su mayoría, carecían de rudimentarios cono-
cimientos generales, no pocos militares, aún de conocimientos ele-
mentales. Sucedía con frecuencia el caso de demostrar mayor pre-
paración un Teniente o un Subteniente que un Mayor o Comandante y
hasta Coronel y General....

El jefe era dueño de vida y haciendas: los cuarteles eran pequeños


feudos y el Gobierno, por compromisos políticos, los entregaba por un
tiempo más o menos largo a determinados jefes de los más adeptos. El
jefe podía sacar del cuartel a cualquier hora, el número de individuos
de tropa que él, un amigo o allegado necesitase para tal o cual faena.
Asimismo disponía ad libitum de la banda de músicos....

El Primer Jefe invadía siempre las atribuciones de sus subalternos de
compañía, en lo referente a castigos, permisos o licencias y anticipo de
dinero… (54)

Consciente de tantas anormalidades, la "Liga Militar" decidió revolu-


cionar las caducas estructuras políticas, prescindiendo de conocidos
conspiradores civiles, de jefes de ciertas tendencias políticas y de ofi-
ciales superiores comprometidos con los gobiernos de turno.

160
"Sin embargo, para 1925, o sea para la época del movimiento, los
conspiradores ya habían captado como sus compañeros a dos gene-
rales, el Inspector General del Ejército y el jefe del Estado Mayor
General; a varios Coroneles, algunos francmasones; y habían partici-
pado del proyecto a varios políticos..." (55)

Dentro de este ambiente de extremo pesimismo un grupo de oficiales


jóvenes decidió, por su cuenta y riesgo, desconocer el gobierno del
Presidente Córdova. Previamente los comprometidos en la revuelta
iniciaron las coordinaciones, contactos y reuniones clandestinas, espe-
cialmente en las ciudades de Quito y de Guayaquil.

El mayor Carlos Guerrero, en la ciudad Capital, y el mayor Idelfonso


Mendoza Vera, en Guayaquil, asumieron la responsabilidad de plani-
ficar y ejecutar la rebelión armada.

La prensa guayaquileña de fecha 10 de julio de 1925 publicaba: "A las


seis de la tarde (9 de julio) se difundió la alarma que hay tiroteo, difun-
dida por la gente que corría a guarecerse en casas y portales sin cono-
cerse en los primeros momentos a qué se debía el cierra de puertas que
se provocó. De los cuarteles de la artillería Bolívar y el Batallón de
infantería Marañón salieron apresuradamente fuertes contingentes de
tropas que obedecían órdenes de una Junta Militar que había sido orga-
nizada y que desconocía el gobierno constitucional presidido por el Dr.
Gonzalo S. Córdova. El golpe militar se había iniciado en la plaza a
las 5:30 de la tarde y se lo había fraguado desde hace tiempo, según se
pudo comprobar, pues en Quito, el mismo día también se había orga-
nizado otra Junta Militar que laboraba en coordinación con la de
Guayaquil..." (56)

En la ciudad de Quito, el mayor Carlos Guerrero al mando de un grupo


de soldados armados interrumpió la sesión del Gabinete Ministerial
que lo precedía, justamente, el Dr. Gonzalo S. Córdova, para hacer
conocer que el Presidente de la República dejaba desde ese momento
de ejercer el mandato constitucional.
161
El Comercio de Quito respecto al movimiento militar publicaba: "La
Administración del Dr. Gonzalo S. Córdova ha dejado de existir. La
constitución se ha hundido en el abismo de las cosas que ya no son. El
Gabinete se ha esfumado. Se halla en peligro de muerte la institución
de crédito que ha pesado como una montaña maldecida sobre el
Ecuador. Hombres que han bregado en la oposición censurando lo
malo, castigando con el verbo de combate las iniquidades últimas de
este régimen, se hallan a la cabeza de la Nación… (57)

De inmediato se conformaron en Quito y Guayaquil Juntas Militares


que habrían de designar la Junta Provincial de Gobierno para que
dirigiese los destinos del país.

"La Junta Militar de Guayaquil estaba constituida: sargento mayor


Idelfonso Mendoza Vera; capitán de fragata Diógenes Fernández;
capitán de corbeta Manuel M. Cevallos; capitán Luis A. Rivadeneira;
teniente Leonidas Salas, teniente Luis Rodríguez y teniente Miguel
Efraín Castillo.

En Quito, la Junta la constituían: general Francisco Gómez de la Torre;


mayor Carlos A. Guerrero, teniente Federico Struve, teniente Agustín
Patiño, capitán Carlos A. Franco, teniente Agustín Albán Borja, capi-
tán Humberto Albán y capitán Guillermo Burbano."

Reunidos el 10 de junio en el casino del batallón "Pichincha" los jefes


y oficiales representantes de las unidades de la plaza de Quito y en
presencia de los miembros de la Junta Suprema, se procedió a leer el
acta que desconocía al presidente Gonzalo S. Córdova y encargaba el
Mando Supremo de la República a la Junta Suprema Militar a la que
investíasele de amplias facultades para que organizara el Gobierno.

162
COMANDANTE IDELFONSO MENDOZA, PRESIDENTE DE LA JUNTA DE
GUAYAQUIL (REVISTA EJÉRCITO NACIONAL, Año 6, 1927)

163
LA JUNTA DE GOBIERNO PROVISIONAL

Para cumplir lo acordado en acta de fecha 10 de julio, la Junta Militar


designó las funciones de Estado a los vocales de la Junta de Gobierno
Provisional: José Rafael Bustamante, Ministro de Relaciones
Exteriores; Modesto Larrea Jijón, Ministro de Gobierno; Francisco
Arízaga Luque, Ministro de Instrucción Pública; general Francisco
Gómez de la Torre, Ministro de Guerra; Luis Napoleón Dillon,
Ministro de Hacienda; Pedro Pablo Garaicoa, Ministro de Obras
Públicas y Francisco Boloña, Ministro de Previsión Social y Trabajo.

Se optó que la presidencia de la Junta sería ejercida por cada uno de


los vocales, durante una semana.

El general Moisés Oliva fue uno de los vocales de la Junta de Gobierno


Provisional inicialmente designado; sin embargo, desistió de tal nom-
bramiento motivado por el manifiesto descontento del pueblo, que vio
en el General nexos ideológicos y de colaboración con el Gobierno
defenestrado.

Igualmente, un Decreto del 25 de agosto establecía que los militares


que ejercieren funciones públicas tuviesen la asignación únicamente
del sueldo correspondiente a su jerarquía, debiéndoseles considerar en
comisión para que no se alterase el cómputo del tiempo de servicio
activo y efectivo.

Uno de los propósitos que animó a los oficiales jóvenes del país de
protagonizar el movimiento político del 9 de julio, fue tratar de des-
truir la plutocracia absorbente que directa o indirectamente gobernaba
al Ecuador.

La moralización del país, el mejoramiento del nivel de vida de las


clases sociales más necesitadas y el ordenamiento del sistema
económico constaban dentro del programa de su gobierno.

164
Para evitar que las decisiones de la Junta de Gobierno Provisional se
diluyeran en trámites engorrosos, considerando la reorganización de
las diferentes funciones y servicios del Estado, y para dar celeridad y
vigencia a las resoluciones emitidas, mediante Decreto del 21 de julio
se establecía: "Art. 1ro. Los Decretos de la Junta de Gobierno
Provisional tendrán fuerza obligatoria desde el momento de su pro-
mulgación, por la imprenta o por bando, en la capital de la República,
o en la de sus provincias.

En las demás cabeceras de cantón, las tendrán después de 24 horas de


la misma promulgación.

Una Asamblea General de Oficiales recomendó a la Junta de Gobierno,


y ésta dispuso de inmediato, que todas las comunicaciones oficiales
concluyeran con las palabras "Honor y Patria", en lugar de la expresión
acostumbrada: "De Ud. atento servidor".

La Junta de Gobierno Provisional tuvo inicialmente el respaldo ma-


yoritario de la ciudadanía: sectores políticos no contaminados con el
sistema politiquero ofrecieron su contingente; los gremios de trabaja-
dores, obreros, campesinos y los diferentes estratos sociales del país
aguardaban esperanzados el accionar gubernamental; inclusive, orga-
nizaciones universitarias aprobaron y aplaudieron el mensaje y la
filosofía de la revolución.

Por tal motivo, para no traicionar las expectativas de sus compatriotas,


los vocales de la Junta pretendieron desde el inicio moralizar la admi-
nistración pública. Se propusieron nombrar comisiones para que revi-
saran minuciosamente todos los contratos de la obra pública contraí-
dos en administraciones anteriores, con la finalidad de establecer si
dichos compromisos estaban encuadrados en la legalidad y no lesiona-
ban los intereses nacionales, y rescindirlos si revelaban inmoralida-
des, con las consiguientes sanciones ejemplarizadoras a los responsa-
bles de las acciones irregulares y dolosas.
165
Hubo también casos en que la Junta de Gobierno canceló a funciona-
rios deshonestos e irresponsables, y en otros exigió de ciertas autori-
dades venales la devolución inmediata de bienes, viáticos e inclusive
de gasolina, que habían usufructuado de forma ilegal.

Paralelamente a estas acciones moralizadoras se creaban en las ciu-


dades de Quito y Guayaquil los llamados tribunales de Justicia Pública,
para enmendar "la deficiencia de las Leyes o por cualquier otra causa
de la cual no hubieren fallado todavía los jueces determinados en la
constitución y en las leyes secundarias".

Con el propósito de evitar que se viole la ley, mediante interpreta-


ciones erróneas e interesadas sobre el real sentido de circulación ban-
caria, el Decreto emitido el 15 de agosto, en su artículo único consi-
dera: "Pertenecen a la circulación de un Banco todos los que, habiendo
sido emitidos, estuviesen destinados a las operaciones diarias de dicho
Banco, ya sea que constaren como valores disponibles en los Estados
de Caja, o que estuviesen en manos del público."

Para que se analizaran exhaustivamente ciertos artículos de la


Constitución que ameritase sus reformas, la Junta creó la Comisión
Revisadora de la Constitución y Leyes de la República, organismo que
fue integrado por los siguientes ciudadanos: doctores Alfredo Baquerizo
Moreno, Manuel María Arízaga y señor J. Federico Intriago.

Consciente de la desatención del campo social, por falta de una insti-


tución que establezca y solucione sus acuciantes necesidades, el 13 de
julio de 1925 la Junta de Gobierno expidió el Decreto que creaba el
Ministerio de Previsión Social, Trabajo, Agricultura, Beneficencia,
Sanidad, Higiene, Estadística, Inmigración y Colonización.

"En la organización inicial constaban los siguientes Departamentos: de


Previsión Social, Trabajo y Agricultura; de Estadística General,
Inmigración y Colonización y Departamento de Beneficencia, Sanidad
e Higiene." (58)
166
Tomó asimismo varias medidas conducentes a procurar el bienestar de
los más necesitados: declaró franco el comercio de los artículos de
primera necesidad, exonerándoles de gravámenes fiscales a la mayoría
de estos productos; dispuso la creación de mercados francos de abastos
(ferias libres), controlados por los municipios correspondientes;
introdujo reformas a la enseñanza superior; instauró un programa de
"Rehabilitación Agrícola" para combatir las plagas de la "monilla" y la
"escoba de la bruja"; dispuso el control del sistema de contratos de las
compañías cesionarias que podrían incurrir en actos inmorales. El 9 de
octubre de 1925, con Decreto de 55 artículos creaba el banco Central
del Ecuador.

Sin embargo, la creación oficial se concretó el 9 de julio de 1927, con


la escritura de constitución firmada entre el Gobierno, los bancos aso-
ciados y más accionistas. El 10 de agosto del mismo año queda fun-
dada la institución bancaria, que habría de ser la reguladora de las
finanzas del fisco. Su primer Presidente fue el Sr. Neptalí Bonifaz
Ascázubi que había retornado de Europa donde residió por algún
tiempo.

"La inauguración tuvo lugar en el salón de sesiones de la Municipalidad


de Quito. Se hallaban presentes el Sr. Dr. Isidro Ayora, Presidente de
la República; el Ministro de Gobierno, Dn. Julio E. Moreno; el de
Hacienda, Dr. Dn. Pedro Leopoldo Núñez; el Presidente de la
Institución, Sr. Dn. Neptalí Bonifaz; el Gerente-Secretario, Sr. Dn.
Alberto Bustamante y numerosos invitados..." (59)

Con el propósito de dar mayor agilidad y funcionalidad a varias insti-


tuciones del sector público, fue creado el Departamento de Estadística,
adscrito al Ministerio de Previsión Social y Trabajo.

En la organización en que hasta la fecha tenía el Ministerio de


Relaciones Exteriores, la Junta dispuso la inclusión de las secciones
Diplomática y la Consular.
167
En la reorganización del Ministerio de Obras Públicas constaba la
Subsecretaría del Ministerio, la Dirección de Obras Públicas, con sus
secciones General y Especial; la Dirección de Correo y la de
Telégrafos.

Para mayor agilidad y control de las actividades de transporte fe-


rroviario, fue organizada la oficina de Control, adscrita al Ministerio
de Obras Públicas.

Dispuso el remate, en pública subasta, del edificio del Hospital Militar


de Guayaquil. El producto del remate debía invertirse en la construc-
ción inmediata de un edificio de cemento armado, en donde debía
funcionar el nuevo Hospital Militar.

Reformó la Ley de Extranjería, Extradición y Naturalización, para dar


facilidad a los ciudadanos extranjeros que hayan cumplido todos los
requisitos de Ley y adquirir la nacionalidad ecuatoriana.

Declaró bienes nacionales de uso público los caminos comunales y los


senderos que tradicionalmente servían para la comunicación directa
entre las poblaciones vecinas; dispuso que los propietarios de los pre-
dios que habían cerrado los caminos debieran restablecerlos de inme-
diato al libre tránsito del sector.

Con fecha 23 de diciembre de 1925, en el Registro Oficial No. 137 se


publicaba la Ley de Impuestos Internos. Se decretaba también la Ley
sobre Tasas Portuarias y la Ley sobre Derechos Consulares.

Los integrantes de la Junta Militar de Quito, por su relativa juventud y


vigor espiritual, tenían ideales altamente progresistas y un desmesura-
do optimismo, lo que los impulsó a exigir soluciones inmediatas de las
acuciantes necesidades que soportaba el país. La actitud eufórica e
impulsiva de los oficiales provocó malestar y reacciones en los vocales
de la Junta de Gobierno, que no admitían someterse a presiones de
ninguna naturaleza.
168
El 24 de octubre renunciaba el Gral. Francisco Gómez de la Torre
nombrándose en reemplazo al señor Francisco J. Boloña. Igualmente,
el señor José Rafael Bustamante, otro Vocal de la Junta, adoptaba la
misma decisión.

A mediados de enero de 1926 fueron relevados los miembros de la


Junta de Gobierno Provisional y reemplazados igualmente por desta-
cados ciudadanos del país.

Con Decreto de fecha 26 de febrero de 1926 se organiza el curso de


aspirantes a subtenientes o alférez con un número de hasta 40 alum-
nos. El curso debía funcionar en la Escuela Militar, con una duración
de 10 meses, los alumnos tenían que reunir entre otros requisitos:
edad máxima de 25 años, 5to. Curso de enseñanza secundaria o
comprobante de ser profesor normalista graduado, oficial inferior de
reserva o suboficial de arma en servicio activo, rendir examen de
ingreso escrito (en las zonas militares) y someterse luego a un
examen oral en la capital de la República. Los que resultaren defini-
tivamente aprobados serían designados alumnos. Los gastos requeri-
dos para el funcionamiento del curso, inclusive S/. 100,oo mensuales
para la adquisición de útiles escolares, debían ser aplicados de la
partida del presupuesto de guerra vigente.

LEY ORGÁNICA MILITAR

La Junta de Gobierno Provisional asesorada por los jóvenes dirigentes


militares creyó conveniente revisar la Ley Orgánica Militar, porque la
dictada anteriormente ya se encontraba desactualizada.

El 24 de febrero de 1926 se publica la nueva Ley reformada, entre


cuyos aspectos más importantes constaban:

"Art. 1° El Ejército se compone de los ecuatorianos comprendidos


entre los 18 y los 50 años de edad inclusive, no exceptuados
169
por la Ley y, además, de las personas a quienes leyes espe-
ciales les incluyen en dicho Ejército.

Todo ecuatoriano comprendido entre los 18 y 50 años de


edad, inclusive, deberá estar inscrito en los Registros
Militares.

Art. 2° El Ejército se divide en: Ejército Permanente; Primera


Reserva y Segunda Reserva.

Art. 3° El Ejército Permanente se compone de los individuos que se


hallan en servicio activo.

Art. 4° La Primera Reserva la forman los ecuatorianos comprendi-


dos entre los 20 y los 30 años de edad.

Art. 5° La Segunda Reserva, la forman los ecuatorianos de 18 y 19


años de edad y los comprendidos entre los 31 y 50 años de
edad, inclusive.

Art. 6° Al Ejército Permanente ingresarán los individuos de 20 años


de edad, que fueron llamados a esta situación, de acuerdo
con la Ley de Reclutas y Reemplazos.

Art. 7° El Personal del Ejército se divide en dos categorías:

a) Oficiales.
b) Tropa.

Art. 8° La Jerarquía se constituye por la siguiente escala de gra-


dos:

a) Oficiales

170
Oficiales Generales: General
Coronel

Oficiales Superiores: Tnte. Coronel


Sgto. Mayor (Mayor)

Oficiales Inferiores: Capitán


Teniente
Subteniente o Alférez

b) Tropa:
Aspirantes a oficiales: Kadetes
Suboficiales: Sargento 1°
Sargento 2°

Clases : Cabo 1°
Cabo 2°

Soldados: Soldados.

Art. 17° Para los efectos de la organización y distribución del Ejército


de la República, así como para la jurisdicción y mando, diví-
dase el territorio nacional en siete Zonas Militares, en la
forma siguiente:

I Zona.- Comprende las provincias del Carchi e Imbabura.

II Zona.- Comprende las provincias de Pichincha y León


(Cotopaxi)

III Zona.- Comprende las provincias de Tungurahua,


Chimborazo, Bolívar y Napo Pastaza.

IV Zona.- Cañar y Azuay


171
V Zona.- comprende las provincias de Loja y Santiago-
Zamora.

VI Zona.- comprende las provincias de El Oro, Guayas, Los


Ríos y Archipiélago de Colón.

VII Zona.- Comprende las provincias de Manabí y


Esmeraldas.

El año siguiente, la Ley Orgánica con fecha 7 de noviembre de 1927,
introducía una reforma en que disminuía a cuatro las zonas mili-
tares:

I Zona: provincias de Carchi, Imbabura y Pichincha

II Zona: provincias de León (Cotopaxi), Tungurahua, Chimborazo y


Bolívar.

III Zona: Cañar, Azuay, Loja y El Oro.

IV Zona: Guayas, Manabí, Los Ríos, Esmeraldas y el Archipiélago de


Colón.” (60)

Las provincias de Napo-Pastaza y Santiago-Zamora, de acuerdo con la


reforma, conformaban un distrito militar, cuya organización y admi-
nistración dependería del ministerio de Guerra y Marina. Se designaba
también como cabeceras de zona a las ciudades de Quito, Riobamba,
Cuenca y Guayaquil.

Asimismo, la Ley dictaminaba que el Ejército se componía de


Infantería, Caballería, Artillería, Ingenieros, Aviación y Servicios.

Es decir, la Aviación constaba como un Arma dentro del orgánico


estructural del Ejército. Los servicios constituían: Intendencia, Sanidad,
Higiene, Químico, Justicia y Veterinaria.
172
En la mencionada Ley Orgánica Militar consta también la orga-
nización del Ministerio de Guerra, del Estado Mayor General, de la
Junta Calificadora de Servicios; los deberes y atribuciones de los
Jefes de Zona, de Servicios, Anexos o Auxiliares y establecimientos de
Instrucción militar.

RUPTURA DE RELACIONES DIPLOMÁTICAS CON


COLOMBIA

Las relaciones armónicas que deberían tener fundamentalmente los


países con sus vecinos, constituye uno de los éxitos fundamentales de
la política internacional de un Gobierno.

En el caso del Ecuador, considerando el insoluble problema limítrofe


que mantenía con el Perú, su política exterior debió estar orientada a
fortalecer las relaciones diplomáticas con los demás países del conti-
nente, especialmente con los supuestos potenciales aliados, con
aquellos que mantiene vínculos históricos de hermandad o han de-
mostrado relativa solidaridad en circunstancias difíciles y adversas.
Chile ha sido históricamente uno de los países sudamericanos ligado
por tradicional amistad al Ecuador; inclusive, previa la guerra del
Pacífico entre la "Estrella Solitaria" y la coalición Perú-Bolivia, pudo
surgir una alianza con nuestro país, a cambio de exigir la devolución
(por parte del Perú al Ecuador) de Jaén y Mainas, propuesta que el
Gobierno ecuatoriano rechazó ingenuamente, declarando su neutrali-
dad, y ofreciendo interponer sus buenos oficios con el propósito de
mediar en el conflicto.

Venezuela y Colombia han sido países unidos históricamente con el


Ecuador a través de las luchas independentistas. Desgraciadamente,
intereses políticos y económicos han deteriorado ocasionalmente sus
relaciones de hermandad.

Por una actitud desleal de Colombia, al ceder al Perú territorios que


173
anteriormente fueron ecuatorianos, la Junta de Gobierno Provisional
fue presionada a romper relaciones diplomáticas con el vecino del
norte.

Respecto al tema, el Ministro ecuatoriano en Bogotá, Dr. Leonidas


Pallares Arteta, con fecha 11 de septiembre de 1925, comunicaba al
canciller Rafael Bustamante: "El Tratado nos condena a una situación
de inferioridad en la defensa militar y pone en manos del Perú un
título y un antecedente geográfico de valor incalculable... En cuanto a
la estricta reserva del Tratado de 1922, (Salomón-Lozano), Colombia
expresamente la ha guardado respecto de nosotros... pues no ha queri-
do otra cosa que separarse del Ecuador, que lo ha considerado magno
y complejo... El Brasil, según he sabido, intervino (en el Acuerdo tri-
partito) alegando que el Perú, siendo idénticamente condómino del
Amazonas, no podía ceder a Colombia el derecho de navegación sin el
consentimiento del otro copartícipe, o sea el Brasil... Nosotros (el
Ecuador) no hemos podido encontrar un tan grave y nítido reparo a la
negociación Salomón-Lozano. Consecuentemente, nuestros caminos
para llegar a conocer el Tratado, y lo que es aún más difícil para que
nos acepten en la intervención en los acuerdos recíprocos entre
Colombia, Brasil y Perú, son las de una insinuación, de la solicitud y
en ningún modo los de la reclamación."

El deterioro de las relaciones amistosas entre el Ecuador y Colombia


se originaban específicamente por la firma del Acta tripartita prota-
gonizada por los ministros plenipotenciarios de Colombia, Brasil y
Perú que garantizaba la aprobación del Tratado Salomón-Lozano,
instrumento que constituía una afrenta y nuevo mutilamiento del te-
rritorio nacional.

Pero las relaciones amistosas del Ecuador estaban también resentidas


con su tradicional "amigo": Chile. Así lo hace entender el periodista
chileno Julio Argaín Mata Luna cuando sostiene: "Desde 1923 la si-
tuación entre Ecuador y Chile es muy delicada: el Ministro chileno
174
Rodríguez Mendoza, acreditado en Quito, no encontró ambiente pro-
picio en el Gobierno Ecuatoriano; las relaciones diplomáticas de
Gobierno a Gobierno no son tan estrechas como se cree."

A fines del mes de noviembre de 1925, los gobiernos del Ecuador y


Colombia hacían conocer del retiro de sus delegaciones diplomáticas
acreditadas en los dos países. El "Tiempo" de Bogotá entre otras cosas
publicaba: "Sin el Gobierno ecuatoriano de facto, no se habría roto las
relaciones diplomáticas". En otra edición sostenía: "La aprobación del
Tratado de 1922 por el Congreso colombiano produjo la ruptura de
relaciones que inició el Ecuador. Si este país quisiese reanudarlas nue-
vamente, Colombia aceptaría de inmediato."

Toda esta sucesión de acontecimientos motivó la definitiva ruptura de


relaciones diplomáticas, situación que habría de extenderse hasta el
año 1931 cuando el gobierno del Dr. Isidro Ayora, que tenía de
Ministro de Relaciones Exteriores al Sr. Gonzalo Zaldumbide, inició
los trámites para reanudarlas.

El 8 de octubre de 1931, cuando el Encargado del Poder Ejecutivo era


el coronel Luis Larrea Alba, presentaba las credenciales diplomáticas
el Dr. Ismael Enrique Arciniegas, designado representante colombiano
ante el Ecuador. Previamente había sido designado Enviado
Extraordinario y Ministro Plenitenciario del Ecuador ante el Gobierno
colombiano, el capitán Colón Eloy Alfaro, hijo del recordado "Viejo
Luchador" y líder del liberalismo ecuatoriano.

CONSECUENCIAS DE LOS GOBIERNOS PLURALISTAS

Fueron sanas las intenciones de los jóvenes militares al depositar la


confianza en determinados elementos civiles, aparentemente no com-
prometidos con la politiquería corrupta y venal, para que sirviesen de
instrumentos valiosos en la consecución de los objetivos previstos.

175
Sin embargo, las presiones que ejercían los oficiales aglutinados en la
cúpula de varias juntas militares, particularmente la de Guayaquil,
fueron factores influyentes en la disolución de la primera Junta de
Gobierno.

La perniciosa pugna política que durante años sostuvieron Quito y


Guayaquil, tuvo vigencia de nuevo cuando se patentizó conflictos y
discrepancias entre los dos gobiernos: el de la Capital de la República
y el del Puerto Principal. "El comandante Mendoza, sintiéndose
fuerte, llegó a desoír y aún a desobedecer resoluciones administrati-
vas. El Batallón "Marañón", algunos jóvenes militares y un grupo
híbrido de civiles constituyó su baluarte.... Las clases obreras le hacían
cosquillas al Gobierno y se adhirieron completamente al comandante
Mendoza, habiendo organizado fiestas en su honor y regalándole
diplomas, medallas y espadas; pero bien pronto, considerándose
defraudados en sus pretensiones, le volvieron las espaldas."

La influencia militar que tuvo inicialmente la Revolución "Juliana" fue


paulatinamente diluyéndose por la acción astuta de políticos y politi-
queros de profesión.

La primera Junta de Gobierno tuvo efímera existencia: en enero de


1926 (a los seis meses) tuvo que disolverse, y fue conformada de
inmediato otra Junta en la que incluía como vocal al Dr. Isidro Ayora,
que luego habría de constituirse en Presidente interino y después
Presidente Constitucional del Ecuador. Aprovechando de tan impor-
tantes funciones y de las relativas condiciones favorables existentes,
inició el Dr. Ayora la tarea de explotar convenientemente las bases
erigidas por las juntas de gobierno provisionales, para impulsar los li-
neamientos del plan de gobierno y concretar la realización de todas las
obras previstas, lo que hizo que su gestión administrativa fuese cata-
logada de altamente innovadora y progresista.


176
DR. ISIDRO AYORA CUEVA (EL PALACIO DE CARONDELET, Dirección
Editorial, Jorge Salvador Lara)

177
En definitiva, la revolución de julio protagonizada por oficiales
jóvenes del Ejército fue factor preponderante para enmendar la estruc-
tura político-económica caduca, regresiva, inconsistente y corrupta.
Como siempre, fueron los políticos de diferentes tendencias ideológi-
cas los que usufructuaron la coyuntura que el idealismo de jóvenes
militares creó al configurar un escenario propicio para impulsar el
progreso y desarrollo del país; al principio, Isidro Ayora supo
aprovechar positivamente las condiciones favorables imperantes; no
obstante, con el transcurrir del tiempo, la voracidad ilimitada del tene-
broso club de políticos ineptos y la pasividad e indiferencia censura-
bles del mismo pueblo, permitieron que el país se reencuadre en el
panorama de siempre: inestabilidad política, penuria económica,
desunión y desesperanza.

EL SERVICIO GEOGRÁFICO MILITAR

Como antecedente para la organización de este Servicio podría tomarse


a la Ley Orgánica Militar elaborada por los miembros de la Misión
Militar Chilena, aprobada por el Congreso de 1905. En efecto, en el
subtítulo "Dirección de Servicios Técnicos" de la mencionada ley,
consta la sección, entre otras, de Geodesia, Topografía, Geografía y
Cartografía, afín con el futuro Servicio Geográfico; sección de
Arquitectura y Construcciones, compatible con la Ingeniería militar.

En mayo de 1917 en cumplimiento de un Decreto Ejecutivo, iniciaba


en Quito en la Escuela Militar, el "Curso Especial de Topografía, con
alumnos oficiales desde el grado de subteniente o de alférez a capitán,
distribuidos de la siguiente forma: dos alumnos por cada Regimiento
de Artillería, dos por cada Batallón de Infantería y Zapadores, y uno
por cada Escuadrón de Caballería. El Decreto lo firmaba el 23 de
mayo de 1917 el presidente Alfredo Baquerizo Moreno.

Los cursos y reglamentos que tenían que ver con las actividades car-
tográficas constituyeron preliminares evaluadores de la necesidad
178
imperiosa del levantamiento de la Carta Topográfica Militar del país.

Cuando se encontraba ya en el Ecuador la Misión Militar Italiana, el


Congreso Nacional con fecha 30 de agosto de 1922, dispuso se realice
el levantamiento de la Carta Topográfica Militar, comprometiendo los
recursos "que demandaren la organización y funcionamiento de dichas
secciones, serán atendidos con la cantidad que el Ejecutivo señalara
para el sostenimiento de este servicio, tomándola de los fondos de
defensa nacional."

El tener una carta Topográfica Militar, no involucraba solamente


importancia para fines castrenses, sino también para actividades
impulsadoras del desarrollo de un país. Así lo entendió el Dr. Isidro
Ayora, presidente provisional de la República, quien dispuso mediante
Decreto la conformación de la "Comisión Técnica de Levantamiento
de la Carta Topográfica Nacional. La comisión estaba presidida por el
Subsecretario de Guerra y Marina (coronel Luis T. Paz y Miño) e
integrada por valiosos profesionales civiles, ingenieros militares y un
profesional de la Misión Militar Italiana, el capitán Giacomo Rocca.

Finalmente, considerando la recomendación del Estado Mayor General


y basándose en el informe de la Comisión Técnica de Levantamiento
de la Carta Topográfica Nacional, el presidente Isidro Ayora firmaba
el Decreto Ejecutivo de fecha 11 de abril de 1928, mediante el cual
creaba el Servicio Geográfico Militar, "con el carácter de dependencia
oficial del Estado, y como un Departamento adscrito al Estado Mayor
General del Ejército." En el Art. 2° del Decreto constaba la estructura
orgánica del flamante servicio: una Dirección General, División
Geodésica, División Topográfica y División Cartográfica.

Al día siguiente se aprobaba mediante Decreto firmado por el mismo


Presidente, el "Reglamento para el Servicio Geográfico Militar".

179
TCRN. LUIS T. PAZMIÑO, INTEGRANTE DE LA COMISIÓN TÉCNICA DE
LEVANTAMIENTO DE LA CARTA TOPOGRÁFICA NACIONAL (EL
INSTITUTO GEOGRÁFICO MILITAR, A TRAVÉS DE LA HISTORIA)

180
Mediante Decreto del 22 de junio de 1928 se designaba a los
siguientes directivos: Director General, mayor Sergio R. Játiva;
Consultor Técnico, Tcrn. Giacomo Rocca; Jefe de la División
Geodésica, capitán Alfredo Fierro; Jefe de la Brigada de Nivelación,
capitán Luis Herrera y Jefe de la División Topográfica, mayor Ezequiel
Rivadeneira.

Es importante destacar que a excepción del militar italiano Giacomo


Rocca, el resto de oficiales responsables de las diferentes unidades y
dependencias era nacional, con el grado de mayor o capitán, graduados
de ingenieros, lo que hacía entrever que quienes estaban al frente de
este flamante servicio, eran jóvenes ex alumnos de la Escuela de
Ingenieros, que asumían la responsabilidad de dirigir tan importante
institución militar.

Años después, el presidente José María Velasco Ibarra firmaba el


Decreto de fecha 15 de agosto de 1947, con el cual elevaba al Servicio
Geográfico Militar a la categoría de Instituto Geográfico Militar, con
"personería jurídica y autónoma en lo concerniente a su funciona-
miento técnico-administrativo."

UNA DÉCADA DIFÍCIL: 1931-1941

ANTECEDENTES

Después de la Revolución Juliana, y luego del gobierno del Dr. Isidro


Ayora que fue consecuencia "indirecta" del movimiento militar; el país
ingresaba en un período realmente peligroso y difícil.

Separado Isidro Ayora de sus funciones, fue reemplazado por el coro-
nel Luis Larrea Alba.

El flamante Encargado del Poder se embarcó en la aventura de procla-


marse dictador, apoyado por un significativo porcentaje del Ejército,
181
de elementos izquierdistas, ciudadanos simpatizantes e inclusive
varios congresistas.

Sin embargo, los propios desafueros y la violencia de sus partidarios


(El batallón "Carchi" reprimió a ciudadanos civiles con inusitada vio-
lencia) hizo que el coronel Larrea Alba fuese desconocido de sus fun-
ciones el 15 de octubre de 1931. Desde luego nada novedoso, consi-
derando la sucesión incontrolada de presidentes y encargados del
poder que se registra en el decenio de 1929-1939: Isidro Ayora, Luis
Larrea Alba, Alfredo Baquerizo Moreno, Carlos Freire L., Alberto
Albornoz, Alberto Guerrero Martínez, Juan de Dios Martínez, Abelardo
Moncayo, José María Velasco Ibarra, Antonio Pons, Federico Páez,
Alberto Enríquez Gallo, Manuel María Borrero, Aurelio Mosquera y
Carlos Arroyo del Río.

Un nuevo aureolado de poder efímero llegaba al solio presidencial: el


doctor Alfredo Baquerizo Moreno con la responsabilidad de garantizar
la pulcritud de las elecciones de octubre de 1931, en que por primera
ocasión ejercían su derecho ciudadano las mujeres ecuatorianas a
través del voto popular.

Grupos de trabajadores organizados en la denominada Compactación


Obrera Nacional y la coalición de conservadores y liberales auspicia-
ron la candidatura de Neptalí Bonifaz; Modesto Larrea Jijón represen-
taba al liberalismo y el comandante Idelfonso Mendoza, protagonista
de la revolución Juliana, a grupos de tendencia popular izquierdista.

Producidas las elecciones se establece el resultado final y éste favorecía


al señor Neptalí Bonifaz. "Los izquierdistas y en general los opo-
nentes al candidato triunfante no podían resignarse a la pérdida.
Habilidosamente se valieron del ardid patriótico para volcar la decisión
popular en el sumidero de la inconformidad. ¡Bonifaz ha sido perua-
no!... él mismo lo ha consignado en su "despreocupada juventud".

182
Esto, naturalmente, produjo impresión y se perfilaban intentos re-
volucionarios. (61)

Estaba claro que el detonante empezaba a combustionarse y que explo-
sionaría en cualquier momento.

LA EXPLOSIÓN COMIENZA POR TULCÁN

El Batallón "Manabí" acantonado en la ciudad de Tulcán, constituyó


el objetivo de los complotados encabezados por Jorge Narváez,
Alfonso Romo, Cástulo Córdova, Ezequiel Borja y Plutarco Paz.
Personal de oficiales y tropa fueron atraídos y comprometidos por la
revolución. La intención era asaltar la unidad militar, someter a sus
integrantes, capturar material bélico y proclamar la inconformidad por
la descalificación del candidato triunfador.

Los cabecillas habían previamente tomado contacto con partidarios


del señor Bonifaz.

El plan del asalto fue minuciosamente planificado: un grupo de com-


plotados debía sorprender a los guardias de la prevención; otro grupo
debía aprovechar una entrada secundaria; otra fracción de sediciosos
capturaría y controlaría la oficina de telégrafos para evitar las comuni-
caciones que podrían comprometer la acción y, finalmente, otro grupo
debía asaltar el cuartel de policía.

Los cabecillas consideraron que el asalto podría facilitarse por haber


planificado su ejecución para un día domingo, día en que permanecía
en el cuartel únicamente el personal de guardia, por la franquicia que
gozaba el resto de integrantes de la unidad.

El 31 de enero de 1932 a las 17:15 aproximadamente, los setenta sol-


dados que constituían la guardia pasaban al rancho, excepto aquellos
que permanecían en sus puestos. Suena de inmediato un disparo de
183
TNTE. FÉLIX VEGA DÁVILA (REVISTA EJÉRCITO NACIONAL, Año XI,
No. 62, 1922 - 1932)

184
fusil, un centinela cae fulminado, las puertas sorprendentemente son
abiertas, el ingreso de extraños a la unidad se realiza rápida y violen-
tamente, pero la reacción de la guardia es instantánea y decidida.

La defensa del cuartel por los setenta soldados de la guardia comanda-


dos por el capitán Félix Vega Dávila, fue heroica y ejemplar; igual que
el empuje y sacrificio de los casi cuatrocientos atacantes, convertidos
en circunstanciales combatientes.

Conforme transcurría el tiempo y se intensificaban los enfrentamien-


tos, se producía la clásica "recogida de francos"; es decir, se integraba
progresivamente al batallón "Manabí" el personal que gozaba de fran-
quicia.

Ya en horas de la noche, los soldados del batallón atacado logran


horadar una pared para salir a la calle y operar por la espalda de los
sediciosos, apoyados por el personal de militares francos que se rein-
tegraban a la unidad.

Luego de sostener intensos combates en el interior y alrededores del


cuartel, a las seis de la mañana, aproximadamente, se rendían los com-
plotados, situación que impidió el empleo de las unidades militares
que fueron movilizadas hacia la ciudad de Tulcán. Desde Riobamba
se desplazaban alícuotas del batallón "Constitución" y una batería de
artillería del Grupo "Bolívar"; de Quito fue movilizado otra fracción
del Batallón "Constitución"; de Ibarra, el Batallón "Pichincha"; igual-
mente, constituía parte de las unidades de refuerzo una fracción de
zapadores "Chimborazo".

En el informe redactado por el Tcrn. Alfonso Suárez, Comandante de


la unidad consta:"Se registraron 5 muertos de tropa y 35 de los asal-
tantes; heridos 5 de tropa y 12 asaltantes, encontrándose entre ellos el
comandante Borja y el teniente López, retirados.

185
Entre los muertos se encuentran el secretario de la Gobernación, señor
Quevedo, y el Director de la escuela "Colón", Sr. Vallejo. Los rebeldes
se hallaban armados con 200 fusiles y 200 cartuchos cada uno y dis-
paraban por todos los lugares adyacentes al cuartel."

En conclusión, fueron jefes y oficiales del ejército en servicio pasivo


quienes comandaron el asalto al cuartel "Manabí"; el grupo de
"revolucionarios" estuvo integrado de educadores, servidores públi-
cos, policías y aduaneros retirados y ciudadanos de distinta ocupación
y condición social.

LA GUERRA DEL GOLFO DE GUAYAQUIL



El comandante Idelfonso Mendoza, después de haber sido elemento
importante en el contexto operacional y luego administrativo de la
Revolución Juliana, se aventuró a intervenir en las elección que favo-
reció al Sr. Neptalí Bonifaz.

El 7 de abril de 1932 decide el comandante Mendoza iniciar "su


revolución". De inmediato, con el grupo de seguidores, aborda y toma
el control del cañonero "Cotopaxi" y el aviso "Tarqui" que se encon-
traban atracados frente al malecón. La tarea de apoderarse de los
buques de la Armada fue facilitada porque entre los revoltosos estaban
oficiales y tripulantes de confianza y que eran lo suficientemente
conocidos en el medio como los comandantes Diómedes Fernández y
Benigno Abad. Apoderados de las naves dispone el comandante
Mendoza se tome rumbo hacia Punta de Piedra. Dentro del personal
militar que apoyaba las acciones del comandante Mendoza se encon-
traba parte del batallón "Imbabura" y un reducido número de artilleros
con apenas un cañón.

La reacción de las tropas gobiernistas comandadas por el coronel


Ricardo Astudillo, fue inmediata: debían castigar a los rebeldes y recu-
perar las naves marítimas de la Armada Nacional.
186
La primera disposición impartida fue designar al Tcrn. Segundo López
y capitán de fragata César Mogollón para que inicien la búsqueda de
los pequeños buques "secuestrados" y determinen su ubicación exacta
para luego rescatarlos y capturar a los "revoltosos".

Se dispuso luego el control del Estero Salado con personal del


Escuadrón "Febres Cordero", para evitar el libre tráfico de embarca-
ciones hacia Punta de Piedra.

La fuerza de asalto estaba constituida de dos compañías (90 hombres)


del Batallón "Imbabura", con su respectivo armamento que incluía
ametralladoras pesadas y livianas, al mando del mayor Carlos E.
Suárez ; las fuerzas de desembarco lo integraban el Batallón N° 2
"Quito", al mando del Tcrn. Segundo López, además de cinco oficiales
y noventa y dos miembros del Cuerpo de Policía, y veinte elementos
de tropa del Escuadrón de Caballería "Febres Cordero"al mando del
capitán Jorge Quintana. El contingente descrito para su desplazamien-
to fluvial y marítimo debía emplear las naves "Silver Sprey",
"Hércules" y "Vargas Torres".

Como algunos grupos de ciudadanos guayaquileños demostraban hos-


tilidad al gobierno, el jefe de las tropas gobiernistas ocupó el fortín de
"Santa Ana", y personal del "Febres Cordero" y de la Policía nacional
recorría la ciudad en previsión de neutralizar cualquier desorden que
podría suscitarse. Con el propósito de evitar la fuga de los rebeldes
hacia las costas se dispuso el control militar de Puerto "Bolívar" con
una compañía del "Imbabura"; el de Manta con un contingente del
Batallón N° 4 "Tungurahua;" el de Bahía con el Escuadrón "Nueve de
Julio"; el de Esmeraldas con el Batallón N° 1 "Vencedores"; y el de
Salinas con treinta miembros de la policía.

Finalmente, luego de los aprestos propios de las actividades previas al


combate, el 11 de abril a partir de las 11:35, el "Cotopaxi" abría fuego
de artillería contra la motonave "Colón" tripulada por fuerzas go-
187
biernistas. Luego de aproximadamente dos horas de combate los
revoltosos del "Cotopaxi" se rindieron. En la acción perdió la vida el
mayor "revolucionario" N. Quiñones; además de haber sido captura-
dos los principales cabecillas entre los que sobresalían el Tcrn.
Idelfonso Mendoza y los capitanes de fragata Diógenes Fernández
Ampuero y Benigno S. Abad.

El coronel Astudillo, Jefe de la IV Zona militar de aquel entonces, en


un acápite de su informe remitido al Ministro de Guerra, Marina y
Aviación expone: "Una vez localizado el enemigo regresé a Puná para
ordenar la movilización de la flotilla hacia el enemigo... Para facilitar
la dirección de las acciones me quedé (el coronel Astudillo) en la
deslizadora "Delia" porque su velocidad permitía mantener "en la
mano " la flotilla, cosa que no me fue posible desde la motonave
"Colón" donde me situé al principio...

A las 15:35 a.m. a tres mil metros abrió fuego el "Cotopaxi", con tiros
cortos de artillería. El fuego fue contestado por el "Colón" y luego se
generalizó en todas las naves combatientes.

A la una y quince p.m., más o menos a una distancia de quinientos


metros, ordené ir al "abordaje", poniéndome a la cabeza con la lancha
"Delia", y por cuya velocidad llegué primero al "Cotopaxi..."

Tomadas las naves, continúa el coronel Astudillo, inclusive los insur-


gentes, ordené la conducción y custodia de éstos al señor capitán Jorge
Quintana con personal de su escuadrón "Febres Cordero", dejando al
mando de la flotilla al capitán de fragata Carlos G. Ibáñez y el del
"Cotopaxi" y "Tarqui" al teniente de Fgta. César A. Mogollón, quienes
debían conducir las naves y los revoltosos a Guayaquil...

El Fuerte "Punta de Piedra", por hallarse adscrito a la Marina, dejé


nuevamente en poder de la misma Institución pero reforzándolo con
quince hombres del Batallón "Imbabura"...
188
La situación actual en esta Zona (de Guayaquil) es la misma que antes
de estallar la revolución, pues la actitud hostil y hasta altanera del po-
pulacho, es el mejor exponente de la incesante labor que vienen ha-
ciendo los incansables políticos, en mengua de la paz y bienestar del
país..."

Concluyendo: la revolución constituyó una simple aventurilla del


comandante Idelfonso Mendoza, de inquietos oficiales y tripulantes de
la Marina y de ingenuos civiles. El prurito de aventura, de tener pre-
sencia y figurar en el ámbito político, de soñar con el poder y cris-
talizar sueños netamente utópicos dieron vida intranscendente, en el
ámbito militar, a la denominada "Guerra del Golfo de Guayaquil",
aunque constituía un referente de la intranquilidad, incertidumbre y
falta de definición política que reinaba en el tenso ambiente nacional.

LA GUERRA DE LOS CUATRO DÍAS

ANTECEDENTES

Todo conglomerado social es de naturaleza heterogénea: difiere en


contextos conceptuales, censura conductas ajenas, critica compor-
tamientos extraños, ataca posiciones antagónicas; es decir, es sensible
en sus percepciones y discrepa por todo y en casi todo.

Desde mediados de agosto de 1932, grupos de civiles de la


"Compactación Obrera" y de la "Unión Republicana" empezaron a
merodear los cuarteles, logrando finalmente comprometer en sus
propósitos sediciosos al personal de tropa del Regimiento de Artillería
N° 1 "Bolívar", unidad que prestaba sus servicios en la capital de la
República.

Cuando la descalificación de Neptalí Bonifaz fue dramáticamente sen-


tenciada por el Congreso, la población ecuatoriana, particularmente la
quiteña, tuvo reacciones diferentes.
189
"En el ejército, la oficialidad seguía siendo liberal y estuvo de acuerdo
con la descalificación; mas, los sargentos y cabos de la plaza de Quito
asumieron la dirección de la tropa en defensa del constitucionalismo o,
mejor dicho, del bonifacismo. Los obreros compactados se unieron a esas
fuerzas para exigir del Congreso que se rectifique su decisión." (62)

En el escenario político se libraba igualmente otra guerra: ante la des-


calificación de Bonifaz se propuso que el señor Alberto Guerrero
Martínez, Presidente del Senado, asumiese la presidencia de la
República, solicitud que el aludido se negó aceptar; por tanto, el
Congreso decidió que permanezca como Encargado del Poder el Dr.
Alfredo Baquerizo Moreno, función que desempeñaba desde la caída
del coronel Luis Larrea Alba.

No obstante, la reacción de los bonifacistas influyó para que Baquerizo


Moreno, presionado por las circunstancias, no continúe en la función
que desempeñaba, y que ésta se la entregase al recientemente desig-
nado Ministro de Gobierno, Carlos Freire Larrea, quien por norma
constitucional pasaba automáticamente a convertirse en el Encargado
del Poder.

ACCIONES PREVIAS

El mando militar de Quito, encabezado por el Ministro de Guerra,


Marina y Aviación, al escuchar las explosiones y detonaciones en la
madrugada del 27 de agosto, conoció de inmediato la insubordinación
de la tropa del Regimiento de Artillería N° 1 "Bolívar", decidiendo
evitar que tal rebelión influya y contagie el ánimo de los soldados de
las otras unidades de la plaza. La confirmación que el comandante del
"Bolívar", Tcrn. César A. Maldonado, dirigía la insubordinación de sus
subalternos, obligó al alto mando militar a visitar otras unidades: los
batallones "Constitución" No. 8 y "Manabí" No. 6, aunque solo para
comprobar que éstos estaban también comprometidos en actos que
contrariaban las normas disciplinarias de la profesión militar.

190
Sin embargo, el Regimiento "Yaguachi" y el Batallón "Montúfar", este
último alojado en la Escuela Militar, no habían plegado a la insurrec-
ción, situación que el Comando Militar pretendió explotar de inme-
diato, emitiendo las siguientes disposiciones:

a) "Que el Batallón "Montúfar" se dirija a San Juan y avanzando


desde ahí, ataque rápidamente al "Bolívar", que se hallaba en su
cuartel, antes que dicho reparto fuese apoyado por las demás uni-
dades sublevadas: y,

b) Que el Regimiento "Yaguachi" apoye como segundo escalón, la


acción ofensiva que iba a desarrollar el "Montúfar." (63)

La disposición emanada, no obstante, no pudo ejecutarse porque el


Batallón "Manabí" que estaba considerado también para que apoye el
ataque del Regimiento "Bolívar", habíase ya comprometido con los
sublevados, igual que el personal de la Policía Nacional de guarnición
en la ciudad capital.

El Comando de la plaza de Quito dispuso que el Batallón "Montúfar",


que había ya tomado posiciones de combate en el Sanatorio, conjunta-
mente con el "Yaguachi" se trasladen al sur (Latacunga) para organizar
las acciones orientadas a someter a las unidades sublevadas.

Desde ese entonces el Comando militar quedaba integrado así: gene-


ral Ángel Isaac Chiriboga, Inspector General del Ejército; coronel
Alberto C. Romero, Jefe del Estado Mayor General y coronel Carlos
M. Merizalde, Jefe de la Primera Zona militar.

La ciudad de Latacunga había sido considerada como lugar de concen-


tración de las unidades que provenían de Quito, Riobamba, Ambato y
otras ciudades del sur del país, con las que se organizaría la "División
del Ejército de Operaciones del Sur".
v
191
GRAL. ÁNGEL ISAAC CHIRIBOGA (HISTORIA DE LOS UNIFORMES
MILITARES ECUATORIANOS, Crnl. José Antonio Andrade)

192
A la ciudad de Riobamba, asiento de la Zona Militar, comandada por
el coronel Nicanor Solís C., había llegado el Ministro de Guerra,
Marina y Aviación para asegurarse del éxito de las operaciones.

De la "Sultana de los Andes" partieron hacia Latacunga el Batallón N°


7 "Carchi" y el Regimiento N° 2 "Sucre", con el propósito de integrar
la "División de Operaciones del Sur", mientras se responsabilizaba
del control de la ciudad a la recientemente organizada "Columna
Libertaria del Chimborazo".

Desde la ciudad de Ambato, igualmente, partía hacia Latacunga el


Batallón de Ingenieros N° 2 "Chimborazo".

Asimismo, las unidades del Norte: el Regimiento de Artillería N°3


"Calderón", que tenía su lugar de guarnición en Ibarra, y cuyo coman-
dante era el Tcrn. Luis A. Rivadeneira; el Batallón Nº.3 "Pichincha",
que se encontraba en Tulcán, comandado por el Tcrn. Miguel Ángel
Tapia, además de dos columnas de voluntarios: la "Eloy Alfaro" y la
"5 de Junio", organizadas en la capital de la provincia de Carchi, se
aprestaban a desplazarse hacia Quito, conformando el denominado
"Destacamento del Norte".

Delegaciones de las unidades sublevadas de la capital de la República


pretendieron conferenciar con los jefes y oficiales de los repartos que
provenían de Tulcán e Ibarra, para exponer los motivos por los que
decidieron sublevarse y tratar de incorporarlos a su causa, pero fueron
rechazados sus argumentos y reiterada la decisión de "defender la
Constitución".

Entre tanto, la concentración de las unidades de la "División del Sur",


en la ciudad de Latacunga, se había concretado; además, la respon-
sabilidad de la "dirección de la guerra" fue asignada al general Ángel
Isaac Chiriboga, el coronel Carlos Alberto Romero, como Jefe del
Estado Mayor; los coroneles Carlos M. Elizalde y Nicanor Solís,
193
comandantes de la primera y segunda "Brigadas Combinadas", respec-
tivamente.

El Comando y el Estado Mayor, luego del análisis y las apreciaciones


correspondientes, habían establecido las siguientes hipótesis:

1.- "Que las unidades sublevadas se organicen en dispositivos de


combate en el sector del nudo de Tiopullo, hipótesis que fue
desechada por considerar que el hecho de estar entre dos fuerzas
les impediría abandonar la ciudad, además no tendrían la coordi-
nación necesaria por disponer de mandos improvisados e incapa-
citados (los sargentos) para comandar unidades tipo batallón y
similares.

2.- Que ocupen posiciones defensivas en Santa Rosa, reforzando la


protección de sus flancos en las colinas La Viudita y Guajaló.

3.- Que organicen la defensa en las posiciones de los extremos S.O.


de la ciudad: estribaciones orientales del Pichincha, cerro Unguí-
Colmena-Panecillo-Luluncoto-Alpahuasi.

4.- Que organicen la defensa en lugares y calles estratégicos desde los


que puedan controlar el avance enemigo: calles Portilla sobre la
Escuela Militar, en la Recoleta; macizo de San Sebastián, para
impedir la entrada del sur por la calle Maldonado; el macizo de la
iglesia de San Roque, para controlar la Avenida 24 de Mayo;
tanques de agua potable del Placer y la penitenciaría, para batir las
faldas orientales del Pichincha. Las dos últimas hipótesis fueron
las más probables para sus mentalizadores."

En Latacunga, antes de iniciar la marcha motorizada, se había orga-


nizado la columna de voluntarios "Vicente León", a la que se entregó
armamento y munición de la compañía de aviación.

194
Ultimados los detalles para el desplazamiento de la "División del Sur"
(primera y segunda brigadas), se embarcaron en 5 ferrocarriles
disponibles las siguientes unidades:

- Batallón de Infantería N° 7 "Carchi";


- Batallón de Ingenieros N°2 "Chimborazo";
- Batallón de Ingenieros N°1 "Montúfar" y columna "Vicente León";
- Regimiento de Artillería N°2 "Sucre";
- Material y ganado;
- Luego se incorporaría el Grupo de Caballería "Yaguachi", al mando
del comandante Alberto Enríquez Gallo.

El denominado "Destacamento del Norte" había iniciado la marcha


hacia Quito con estas unidades:

- Batallón N°3 "Pichincha" (Comandante, mayor Alfredo Narváez);


- Regimiento de Artillería No. 3 "Calderón" (Cdte. Tcrn. Luis A.
Rivadeneira);
- Columna de voluntarios "31 de Enero".

El comando del Destacamento lo ejercía el Tcrn. Miguel A. Tapia, pero


en tiempo de paz comandaba al Batallón "Pichincha".

Un aspecto que preocupaba al Director de la Guerra y su Estado


Mayor era la falta de coordinación que mantenía con el "Destacamento
del Norte", de cuya ubicación en el trayecto Tulcán-Quito, magnitud
exacta, hora de llegada y posibles novedades debía conocer oportuna-
mente. Para superar el inconveniente se dispuso que el avión R-3
desplegando el vuelo desde el aeropuerto de Latacunga, a las 5 a.m.
trate de enlazar a la "División del Sur" y el "Destacamento del Norte".
Asimismo, en otra orden de operaciones previa a la toma de contacto
(29 de agosto), el Comando de la División dispone que el Grupo de
Caballería que cumplía tareas de reconocimiento y exploración en el
sector de Turubamba, extienda su acción hacia el oriente de Quito, a
195
fin de tomar contacto con el "Destacamento del Norte", del que se
suponía se encontraba cerca de la ciudad capital.

Igualmente, la "Orden de Ataque" impartida por el Comando divisio-


nario considera en el contexto de la SITUACIÓN ENEMIGA: "A
tropas compuestas de 3 batallones de Infantería, un grupo de Artillería
y algunos miles de civiles armados, que ocupan la línea defensiva:
Puengasí- El Censo-Estación del Ferrocarril-Colegio de la Providencia-
Fábrica de tejidos "La Internacional" - puente Machángara y Alfaro-
Panecillo-Cementerio de San Diego- La Colmena y Cima de la
Libertad." (64)

El comando de la División del Sur decidió avanzar hacia el objetivo


aprovechando la noche del 28 agosto y las primeras horas del día
siguiente, por lo que dispuso:

- Que el batallón "Carchi" constituya la vanguardia y avance hasta


los "Molinos Castfor";

- Que el batallón "Chimborazo" espere órdenes en la carretera


Panamericana en formación de marcha;

- Que la artillería desembarque su material y ganado y se ubique en


un camino transversal que une la carretera con la vía férrea;

- Que el "Montúfar" y la Columna "Vicente León", ocupen el puente


de Guamaní para proteger el desembarque del Regimiento
"Sucre";

- Que la caballería reanude la exploración cercana con el Grupo del


mayor Pablo Borja tomando como eje la carretera, explore hasta los
"Molinos de Castfor" y gravite hasta las alturas de Puengasí; mien-
tras que el grupo del comandante Alberto Enríquez Gallo destaque
el escuadrón del capitán Gómezjurado como seguridad del flanco
196
TCRN. ALBERTO ENRÍQUEZ GALLO, INTERVINO EN LA ACCIÓN DE
ARMAS COMANDANDO AL GRUPO DE CABALLERÍA “YAGUACHI”
(HISTORIA DE LOS UNIFORMES MILITARES ECUATORIANOS, Antonio
Andrade)

197
izquierdo (Guamaní-Chillogallo) y el resto de la caballería, al
mando del comandante Enríquez, proteja conjuntamente con la
columna "Vicente León" a la artillería "Sucre".

EJERCITACIÓN DE ESGRIMA POR LA TROPA DE LA GUARNICIÓN DE QUITO (REVISTA


EJÉRCITO NACIONAL, Año IX, No. 53, 1922 - 1930)

198
LA SANGRE "LLEGA A LOS TOBILLOS"

El 29 de agosto se iniciaban los sangrientos combates que registra la


historia como la "Guerra de los Cuatro Días".

Como el ataque a los sublevados de Quito era inminente, una delegación


de civiles y militares, consciente de que carecía de mandos superiores
preparados en la conducción de las operaciones, solicita del coronel
Carlos Salvador que ejerza el mando de las tropas "constitucionalistas"
que esperaban la ofensiva por dos frentes (norte y sur) de las fuerzas
"que no respetaban la Constitución de la República". El coronel
Salvador acepta tal propuesta y se embarca en el navío tenebroso que
habría de navegar en un mar de sangre de hermanos civiles y mili-
tares.

Las tropas de los batallones "Constitución", "Manabí", Regimiento


"Bolívar", personal de la policía y civiles del grupo "Compactación
Obrera Nacional", que ocupaban la ciudad de Quito, habían orga-
nizado posiciones en lugares dominantes y estratégicos en espera de
sus compañeros, convertidos en circunstanciales "enemigos".

Hubo un intento de parte del Comando de la "División del Sur" de


integrar una comisión para exigir la rendición incondicional de los
rebeldes. Si no fuese aceptada esta proposición, se la reemplazaría por
otra: el abandono de la ciudad y si esta exigencia fuese también nega-
da, entonces se tomaría la ciudad por la fuerza de las armas.

No obstante, mientras se conformaba tal comisión (coronel Manuel E.


Sotomayor y Tcrn. Luis R. Salazar) la artillería del Grupo "Bolívar",
desde sus emplazamientos ubicados en el Panecillo, desencadenaba el
fuego de preparación, señal estruendosa, dramática y expresiva de que
el día "D" había llegado. El reloj marcaba las 08:40, aproximada-
mente.

199
El Regimiento de Artillería "Sucre", dotado de cañones Vikers Maxim
de 75mm. y de 65 de montaña, tuvo la misión de enfrentar a su colega
de Arma, el "Bolívar". Desde sus posiciones organizadas a la altura de
San Bartolo y Puengasí iniciaba el fuego de contrabatería hacia el
histórico y tradicional Panecillo.

Lo mismo ocurría con las unidades de Infantería, Ingeniería y


Caballería.

Los elementos avanzados de los dos contendientes fueron los prime-


ros en tomar contacto: en el "Puente de los Chochos" el Escuadrón de
caballería del capitán Gómez Jurado había enfrentado a soldados
adversarios con relativo éxito. El segundo grupo del "Yaguachi", en
cambio, presionó el abandono de las posiciones adversarias del sector
"Bermeo" (actual ciudadela "La Bermeo”) y la "Colmena".

El Batallón "Chimborazo" (-), comandado por el Tcrn. Benigno


Andrade, había rebasado el flanco izquierdo de los rebeldes; y el
grupo de caballería del mayor Pablo Borja presionaba el sector de la
"Villa Encantada" y el Itchimbía; mientras que el "Montúfar" al
mando del Tcrn. Neira, batía la estación del ferrocarril del norte. Los
batallones "Carchi" y "Chimborazo", columna "León" y el resto del
"Yaguachi" cumplían igualmente las disposiciones que les habían sido
impartidas.

El Batallón "Carchi", luego de emplear el eje Villaflora- Magdalena,


conquistaba en horas de la tarde las posiciones defensivas del Panecillo.
Mientras el combate se intensificaba entre los "constitucionalistas" del
sur y los "rebeldes" de Quito, el "Destacamento del Norte" aún no
entraba en combate. Recién a las 14:30 del día 29 llegaban los elemen-
tos de exploración a Carretas y Santa Clara de San Milán.

En aquel sector, el Comando del Destacamento imparte las disposi-


ciones pertinentes y señala los sectores de ataque y los objetivos que
deberán ser batidos.
200
El Regimiento de Artillería No. 3 "Calderón" debía concentrar el
fuego en las posiciones del Sanatorio (San Juan), ocupadas por una
parte del Regimiento "Bolívar", fracciones de la Policía Nacional y
civiles de la "Compactación Obrera".

El Batallón "Pichincha", a partir de las 16:00, conduciría el ataque


principal, igualmente, al cuartel del Sanatorio.

Al llegar la noche del primer día de combate (29 de agosto), fue noto-
ria la pérdida de posiciones importantes por parte de los rebeldes;
además, se evidenciaba falta de coordinación, control y conducción
del mando.

A las 21:00 aproximadamente, llegaba desde Riobamba un convoy que


transportaba munición para las tropas de la "División del Sur;" el
mismo tren regresaría de inmediato a Guayaquil para transportar al
escenario de los combates a personal de los batallones de infantería
No. 2 "Quito" y No. 9 "Imbabura".

El 30 de agosto se reiniciaban los combates. El batallón "Pichincha"


que en la víspera, por un desafortunado malentendido, fue tildado de
"traidor" estaba decidido a borrar tan ignominiosa imagen.

En las primeras horas de la mañana en su campamento circunstancial


del Batán, recibía la misión de desalojar a las tropas adversarias que
se encontraban en posiciones defensivas en el Itchimbía. "Un jefe, 15
oficiales, 3 kadetes y 140 elementos de tropa se alistaron para lanzarse
al ataque, organizados en dos compañías de fusileros en primer esca-
lón, una compañía en segundo escalón y la cuarta compañía constitu-
yendo la reserva." (65)

A las 5:00 inicia el avance. Teniendo como referencia el camino


nuevo a Guápulo se ordena el ataque. Los defensores ubicados en el
Itchimbía detienen a los soldados del "Pichincha" con intenso fuego de
201
artillería y de armas livianas; no obstante, ejecutan decididamente el
asalto final que les causa 8 muertos y 15 heridos.

Al grito de "VIVA LA CONSTITUCIÓN" someten a los rebeldes del


batallón "Manabí", policías civiles y "compactados". Además de con-
quistar el Itchimbía capturan armas pesadas, un fusil ametralladora
"Z-B", fusiles y cajones de munición.

El Regimiento de Artillería "Calderón" constituyó la unidad de apoyo de


combate que tuvo el batallón "Pichincha" en el ataque y control del
Itchimbía.

El 31 de agosto llegaba de Guayaquil para incorporarse a las unidades del


general Ángel Isaac Chiriboga, el Batallón de Infantería N° 2 "Quito". A las
5 de la mañana se desembarca del ferrocarril en la hacienda San Bartolo. "La
unidad estaba organizada de una compañía Plana Mayor, 3 compañías de
fusileros y 1 compañía de Armas Pesadas; además de 8 oficiales y 82 indi-
viduos de tropa de la Policía de Guayaquil, lo que daba un total de 3 jefes, 5
capitanes, 8 tenientes, 3 subtenientes y 275 de tropa, incluidos los policías..."
(66)

Inicialmente tuvo la misión de reemplazar en las posiciones al personal del


"Yaguachi", en cuyo cuartel debían posteriormente alojarse.

Los combates persistían especialmente dentro de la ciudad, donde los fran-


cotiradores apostados en azoteas, campanarios y en cualquier lugar domi-
nante, cobraban un alto precio de sangre a sus víctimas.

Las unidades de la "División del Norte" y del "Destacamento del Sur" com-
probaban que iban paulatinamente minando la resistencia de sus rivales,
situación que decidió explotar el Comando divisionario con la ejecución de
un ataque decisivo: apoyados de una batería de tiro de 65/17, que ocuparía
posiciones en Alpahuasi, a fin de concentrar el fuego en la Escuela Militar
(Recoleta), torres de Santo Domingo y capilla de El Robo, desde donde
202
franco tiradores y miembros de tropa en general causaban serios estra-
gos a los elementos de ataque; permitir que el batallón "Carchi" y
personal de la Policía de Guayaquil, manteniendo como referencia la
Colmena, el Panecillo y la Avenida 24 de Mayo, maniobren por el ala
izquierda; continuar el hostigamiento de las posiciones rebeldes desde
el norte y el este de la ciudad, y permitir que las unidades de
Infantería, Caballería y sus refuerzos estén en condiciones de actuar
en cualquier momento.

Efectivamente, de acuerdo con el parte respectivo, el batallón


"Pichincha", que en la víspera había desalojado del Itchimbía a los
rebeldes, atacaba en aquel día el Sanatorio, para consolidar el control
y posesión definitivos.

El Agregado de Negocios de Francia, pretendiendo evitar los brutales


enfrentamientos, pretendió durante el día propiciar acercamientos y
acuerdos de suspensión de hostilidades, sin lograr conseguir su obje-
tivo.

Otro hecho que conmocionó a los ecuatorianos, a los quiteños parti-


cularmente, y que generó más confusión e incertidumbre en los dos
grupos de combatientes, constituyó la renuncia que hacía de sus fun-
ciones el encargado del Poder, ingeniero Carlos Freire Larrea quien
"durante los terribles acontecimientos no estuvo en el Palacio de
Gobierno, sino alojado en un hotel."

Durante las últimas horas de la tarde gran parte de la ciudad estaba


controlada por los soldados atacantes, los que aprovecharon la noche
para ingresar sorpresiva y violentamente en residencias donde creían
estaban escondidos civiles y militares rebeldes.

El l de septiembre, sin embargo del aparente sometimiento de las


tropas rebeldes éstas continúan predispuestas al combate.

203
Desde San Juan, fracciones de la artillería "Bolívar" continuaban
eructando fuego sobre emplazamientos adversarios ocupados o que
habían sido ya abandonados.

Aquel día era crucial para los combatientes: los rebeldes pretendían
restablecer las posiciones cedidas y reorganizar la defensa; las
tropas atacantes, en cambio, consolidar el control de la situación,
tomar el palacio de Gobierno y dar la "estocada" final.

Las unidades de la "División del Sur" recibieron la misión de ata-


car al palacio de Gobierno, empleando la "zona de avance" deter-
minada por las calles Venezuela y García Moreno, y manteniendo
como puntos de referencia la Avenida 24 de Mayo y el Arco de la
Reina.

Antes de iniciar el avance recibieron fuego intenso desde la calle


Ambato. Durante el trayecto, en la Avenida 24 de Mayo, soldados
de los batallones "Quito", "Carchi", "Chimborazo" y "Montúfar"
ultiman las coordinaciones para iniciar la aproximación.

Antes de llegar al Arco de la Reina fueron detenidos momentánea-


mente por elementos de los batallones "Constitución" y "Manabí",
los que fueron sometidos posteriormente. Controlado el Arco de la
Reina continúan el avance y luego de superar la resistencia de
elementos del bando contrario ocupaban el palacio de Gobierno a
las 16:15, aproximadamente.

Durante el día se produce un lamentable duelo de artillerías: los


regimientos "Bolívar" y "Calderón" dirimían fratricida superiori-
dad.

Así mismo, el "Pichincha" atacaba luego al "Bolívar", que con-


tinuaba "quemando sus últimos cartuchos" desde las posiciones
del Sanatorio.
204
"A las cinco de la tarde, el comando del "Pichincha" recibía un men-
saje escrito de parte del Ministro de Francia, en el que hacía conocer
que entraba en vigencia el convenio de cesar las hostilidades, por lo
que se repliega a su campamento del "Batán."

A las 20:00 aproximadamente, el ambiente algo apacible pero tenso
anunciaba el fin de los combates, y éste llegaba con la suscripción de
un acuerdo que en términos generales dictaminaba:

- Las tropas combatientes debían declararse ni vencedoras ni venci-


das.

- Los beligerantes se darán un abrazo de concordia y confraterni-


dad.

- Los defensores ocuparán sus cuarteles.

- Las unidades integrantes de la "División del Sur" entrarán a la ciu-


dad el 2 de septiembre a las 10 de la mañana, y se alojarán en las
instalaciones de la Escuela Militar, Academia de Guerra, Escuela de
Artes y Oficios y Escuela 10 de Agosto.

- Se establecerá mediante información sumaria a los autores intelec-


tuales y cabecillas del movimiento suscitado en la madrugada el 27
de agosto, en el cuartel del Regimiento "Bolívar".

- Los responsables de tan detestables acontecimientos serán dados de


baja sin prejuicio a los juzgamientos legales pertinentes.

El 2 de septiembre, "Quito era una ciudad espiritualmente desenterra-


da, el clamor y el anatema en todas las voces. El detalle lastimero, la
referencia fatal del drama propio, los hechos de bravura que habían
contemplado desde las ventanas o azoteas de las casas en los bandos
205
combatientes, eran la comidilla de todo conciliábulo." (67)

Las lágrimas y la sangre se mezclaban en una fúnebre danza de incul-


paciones y resentimientos: los vivos lloraban y ensalzaban a los muer-
tos, y los espíritus de éstos partían de este mundo con la conformidad
ilusa de haber "defendido la constitución", mientras aquellos que
propiciaron e impulsaron hipócritamente la debacle, ensayaban un
rictus de macabra satisfacción y se escondían en los pútridos escom-
bros de su propia conciencia.

El Batallón "Imbabura" que debía salir de Guayaquil conjuntamente


con el Batallón "Quito", llegó a la capital de la República recién en la
madrugada del día 2 de septiembre, se alojó de inmediato en el cuartel
de la policía y se dedicó, según el parte de su comandante Tcrn.
Leonidas Yela, a realizar actividades de seguridad, control de merca-
dos para evitar saqueos, captura de ciudadanos comunes y políticos
comprometidos con la rebelión, y a requisar armas: en el convento de
los frailes dominicanos se encontró gran cantidad de munición de
diferente calibre.

En el ámbito político, el mismo 2 de septiembre se encargaba del


Poder Ejecutivo el Dr. Alberto Guerrero Martínez; su responsabilidad
principal se centraba en convocar a elecciones. Por desgracia, la
presión ejercida le endosó gratuitas antipatías y las elecciones convo-
cadas constituyeron el antítesis de un ejercicio constitucional serio y
equitativo: el fraude campeó en toda su dimensión y refinamiento.

"Torpemente le pusieron los burladores de la democracia la suma de


72.000 votos; con solo ello quedaba comprobado el fraude.
Atropelladamente se hicieron los escrutinios tan fraudulentos como las
elecciones." (68)

No todos, pero sí algunos mentalizadores del horrendo enfrentamien-


to armado fueron apresados, juzgados y encarcelados unos, y confi-
206
nados a Galápagos otros.

Las unidades militares, de acuerdo con el nivel de participación,


tampoco quedaron exentas de la vindicta pública y el castigo militar:
algunas de ellas fueron trasladadas a otros lugares de guarnición; se
aprovechó también la oportunidad para crear otras, como el Batallón
de Infantería N° 8 "España" y el Regimiento de Artillería "Tarqui"; o
para disolverlas como ocurría con los batallones "Manabí",
"Constitución" y el Regimiento "Bolívar".

Pero todos los intentos, sinceros o no, de rectificar procedimientos y


establecer precedentes se estrellaron contra una valla inexpugnable,
representada en la política y sus influencias nefastas y corrosivas: los
enjuiciados y presos por "causas políticas" habrían pronto de recupe-
rar la libertad, para luego hacer realidad sus veladas prácticas e inten-
ciones; es decir, la historia seguía igual: igual que en el pasado, igual
que en el presente, igual que siempre...

CREACIÓN DE UNIDADES MILITARES Y REFORMA DE


REGLAMENTOS

La denominada batalla de los cuatro días además de mermar el poten-


cial del Ejército y resquebrajar seriamente la unidad institucional,
motivó la ejecución de pases masivos de oficiales y personal de tropa;
traslados de unidades del Ejército de una provincia a otra; supresión
de repartos militares y creación de otros; es decir, con este mecanismo
pretendía el Gobierno evitar nuevos enfrentamientos, restablecer la
paz interna y curar las heridas que causaron los malhadados comba-
tes.

Con fecha 2 de septiembre de 1932 -el día siguiente de finalizado el


problema- el Dr. Alberto Guerrero Martínez, encargado del Poder
Ejecutivo, decretaba la inmediata organización, en Quito, de la
Columna de Reserva "Eloy Alfaro", con voluntarios procedentes de la
207
provincia de Carchi. Dicha unidad debía componerse de 3 compañías
de 50 hombres cada una.
Con fecha 5 de septiembre del mismo año, dizque "atendiendo a
necesidades de la conservación del orden público en provincias del
Norte, que a raíz de la movilización de las Unidades del Ejército que-
daron sin fuerza de línea" el mismo Dr. Alberto Guerrero Martínez
decretaba la organización del Batallón de Reserva "5 de Junio", al
mando del Tcrn. Julio Martínez.

Con personal de los batallones "Constitución", "Manabí", "Tungurahua",


"Vencedores" y personal acuartelado, mediante Decreto de 6 de septi-
embre, el Encargado del Poder Ejecutivo creaba el Batallón de
Infantería No. 8 "España". Dicho Decreto en su artículo 2do., deter-
minaba: "El expresado Batallón quedará, en consecuencia, compren-
dido dentro de la planta del Ejército permanente y constará del per-
sonal de jefes, oficiales, tropa y más empleados que para una Unidad
de Infantería consulta (establece) el Reglamento de Reparticiones y
Dotaciones del Ejército en tiempo de paz."

Mediante Decreto No. 440 del 13 de septiembre de 1932, se creaba el


Regimiento de Artillería "Tarqui", "de conformidad con lo prescrito en
los artículos 36 de la "Ley Orgánica Militar" y 7 de la "Ley de Planta
y Sueldos" para el personal de Ejército permanente y 17 del Reglamento
de Reparticiones y Dotaciones del Ejército en tiempo de paz; y a pro-
puesta del Ministerio de Guerra y Marina, previo informe del Estado
Mayor General del Ejército."

Igualmente, por Decreto No. 456 de fecha 20 de septiembre, se creaba


el Batallón de Infantería de Reserva No. 6 "Eloy Alfaro", que debía
hacer guarnición en la capital de la República.

En el año siguiente, el Sr. Juan de Dios Martínez Mera, en cono-


cimiento de la solicitud del Ministro de Guerra y Marina, Juan F.
Orellana, emitía el Decreto No. 66 de fecha 13 de enero de 1933, que
reformaba el Reglamento de Reparticiones y Dotaciones del Ejército,
208
específicamente relacionado con el orgánico de las unidades de
Infantería, Caballería, Artillería e Ingenieros.
En lo referente a la Infantería, el Decreto especificaba: "dicha Arma
tendrá en el país 10 batallones. Cada batallón estará integrado de la
Plana Mayor, Compañías de Armas Pesadas y de Fusileros. El
Comandante del batallón será un Teniente Coronel; a más del Segundo
Comandante habrá también un Tercer Comandante, funciones que lo
ejercerán oficiales superiores en el grado de mayor."

Cada Compañía debía tener 1 capitán (Comandante) 3 tenientes, 1


subteniente, 1 sargento primero, 4 sargentos segundos, 4 cabos pri-
meros, 4 cabos segundos, 27 soldados de infantería y 7 soldados de
servicios. En resumen, el orgánico del batallón constaba de: 1 Tcrn.,
2 mayores, 5 capitanes, 10 tenientes, 5 subtenientes, 5 sargentos prime-
ros, 22 sargentos segundos, 22 cabos primeros, 20 cabos segundos y 157
soldados; constaba también de 1 teniente asimilado para funciones
administrativas, 1 mayor de sanidad, 1 empleado civil, (director de ban-
das) y para requerimientos de carga: 3 caballos y 3 mulas.

Con respecto al Arma de Caballería, el Decreto determinaba: "la


caballería tendrá 1 regimiento constituido por una Plana Mayor y 3
Escuadrones; además, 3 Escuadrones independientes.

El Regimiento estará comandado por 1 teniente coronel y tendrá de


Segundo Comandante a 1 mayor; su orgánico constará de 1 Tcrn., 1
mayor, 4 capitanes, 6 tenientes, 3 alféreces; 1 mayor y 1 teniente de
sanidad; 1 teniente asimilado, 4 sargentos primeros, 15 sargentos
segundos, 16 cabos primeros, 12 cabos segundos y 192 soldados;
respecto al ganado dispondrá de 258 caballos.

Cada Escuadrón independiente tendrá en su orgánico 1 mayor


(Comandante), 1 capitán, 3 tenientes, 1 alférez, 1 capitán de sanidad,
1 teniente asimilado (oficial pagador), 1 sargento primero, 4 sargentos
segundos, 5 cabos primeros, 4 cabos segundos, 50 soldados de línea,
209
8 soldados de servicios y para el transporte 79 caballos."

Sobre la Artillería, el artículo 16 especificaba: "Se compondrá de tres


Regimientos, constituidos por una Plana Mayor y dos Grupos de 2
Baterías cada uno."

El orgánico del Regimiento de Artillería constará del siguiente per-


sonal: 1 Tcrn. (Comandante), 2 mayores, 5 capitanes, 14 tenientes, 4
alféreces, 1 mayor de sanidad, 1 teniente asimilado, 1 empleado civil
director de banda, 5 sargentos primeros, 24 sargentos segundos, 29
cabos primeros, 25 cabos segundos, 156 soldados; para el transporte,
25 caballos y 60 mulas.

Respecto a las unidades de Ingeniería el Art. 22 determinaba: "El


Arma de Ingenieros se compondrá de 2 batallones, constituidos de una
Plana Mayor y 2 Compañías cada uno." (69)

Los batallones organizados eran el "Montúfar" y el "Chimborazo".


Cada batallón tenía dos compañías de zapadores minadores; la
Compañía estaba constituida del pelotón comando, pelotón de comu-
nicaciones y pelotones zapadores minadores.

El Art. 28 determinaba: "Cuando en una Unidad no estuviere comple-


ta la dotación de ganado de propiedad del Estado, los Jefes y Oficiales
de las armas montadas tendrán derecho a conservar caballos de su
propiedad para el desempeño del servicio; tendrán igual autorización
en las infanterías, los jefes; y en las de ingenieros, los jefes, capitanes
y ayudantes."

Sobre el forraje del ganado "limitaba a 80 centavos diarios por cada


caballo y 50 centavos diarios por cada mula."

En la escabrosa vida del Ejército ecuatoriano, se hizo clásica la intro-


ducción de reformas a su estructura orgánica o al Reglamento de
210
Reparticiones y Dotaciones, pretendiendo potenciar sus cuadros y
maximizar su empleo. Desgraciadamente, la intención no pasaba de
ser utópica e inconsistente, porque en la realidad los recursos
económicos asignados al presupuesto de las Fuerzas Armadas no per-
mitían el equipamiento necesario, ni siquiera cuando el país sentía la
amenaza de fuerzas antagónicas o vivía la incertidumbre de un enfren-
tamiento bélico internacional.

CONTINÚA EL DESANGRE: LA BATALLA DE TAPI (20-


MAYO- 1933)

El 18 de mayo se sublevaban el batallón No. 7 "Carchi" y el Regimiento


No. 2 "Sucre", además del batallón "Chimborazo" de guarnición en la
ciudad de Ambato. El jefe de Zona, oficiales contrarios a la insurrec-
ción y autoridades civiles fueron fácil presa de los rebeldes.

Para implantar el orden y mantener la disciplina institucional fue


designado Jefe de Operaciones del "Ejército del Centro" el Crnl.
Alberto C. Romero que tenía a disposición algunas unidades militares,
que apoyaban la estabilidad del gobierno:

- Batallón de Infantería No.6 "Eloy Alfaro" (Cdte. Tcrn. León


Severo Espinosa).

- Batallón de Infantería "Pichincha" (-) (mayor Carlos Landeta).

- Batallón de Ingenieros No.1 "Montúfar" (Tcrn. Agustín Neira).

- Batería del Regimiento de Artillería No. 3 "Calderón" (Cap.


Alejandro Montaño).

- Escuadrón de Cab. No. 1 "Yaguachi" (Cap. Alejandro Alvear).

- Fracción de Policía Nacional de Quito (Tnte. Humberto Vizuete).


211
- Sección Sanidad (mayor Benjamín Bravo).
- Sección Municiones.

Además de estas unidades tenían que integrarse las provenientes del


sur y de la costa.

- Batallón de Infantería No. 1 "Vencedores" (Cuenca).


- Batallón de Infantería No. 2 "Quito" (Guayaquil).
- Fracción de Policía Nacional (Guayaquil).

Estas unidades que conformaban la llamada "División del Sur", esta-


ban comandadas por el Tcrn. Benigno Andrade, Jefe de la Tercera
Zona Militar, y por el Tcrn. Federico Gortaire, Jefe del Estado Mayor
de la Cuarta Zona Militar.

El "Ejército del Centro" (gobiernista) se encontraba en la madrugada


del 20 de mayo de 1933 en el sector "cuatro esquinas", así denomi-
nado porque a él convergían: la vía carrozable a San Andrés, la car-
retera a Riobamba, la línea férrea a Riobamba y la carretera a Guaranda
y Cajabamba.

El Comando presidido por el Crnl. Romero había calculado la inte-


gración de las tropas adversarias en número aproximado de 900 hom-
bres y compuestas por elementos de Infantería, Artillería, Ingenieros y
civiles armados, que replegaban desde Ambato para organizar posi-
ciones defensivas siguiendo la línea: inmediaciones de San Andrés-
Langos- Puente El Carmen- Tapi- inmediaciones de Licán.

212
CRNL. ALBERTO ROMERO (REVISTA EJÉRCITO NACIONAL, Año XI,
No . 62, 1922 - 1932)

213
A las 03:00 del mismo día 20 el coronel Romero dispuso se inicie la
"marcha de aproximación" y a las 06:00 empezaba el combate.

Los objetivos determinados para las diferentes unidades fueron:

- Para la Caballería, proporcionar seguridad a los flancos.

- Para el Batallón "Montúfar", fijar a las tropas opuestas en las posi-


ciones defensivas del puente "El Carmen".

- Batería de Artillería, en apoyo directo de la Infantería durante la


progresión del ataque por la llanura de Tapi (Provincia de
Chimborazo) y batir las posiciones del Regimiento "Sucre" (fuego
de contrabatería).

- Batallones "Eloy Alfaro" y "Pichincha" (-), realizar una maniobra


envolvente para atacar el ala izquierda.

- Fracción de la Policía de Quito, constituir la defensa cercana de la


batería de Artillería y la reserva.

Durante el desarrollo del combate el batallón "Montúfar" fue el pri-


mero "en fijar posiciones enemigas", mientras que los batallones "Eloy
Alfaro" y el "Pichincha" (-) iniciaban el cumplimiento de la misión.

En un acápite del "parte de batalla" del coronel Romero consta:

"El enemigo resistió con el coraje de la desesperación: a pesar de haber


sido totalmente envuelta su ala izquierda y hallarse más que amenaza-
da su línea de comunicaciones y retirada, permaneció fijo en el terreno
que defendía palmo a palmo". El escuadrón de Caballería apoyó las
acciones envolventes de la Infantería.

La batería del "Calderón" concentraba el fuego en objetivos previa-


214
mente establecidos para apoyar la progresión del avance.
La fracción de Policía de Quito pasó de la reserva a reforzar al bata-
llón "Montúfar"; esta unidad y las de infantería en un ataque coordi-
nado e intenso, lograron romper la resistencia de sus adversarios.

A las 13:00 aproximadamente, el combate se decidió a favor de las


fuerzas gobiernistas; no obstante de los intermitentes rezagos de resis-
tencia provenientes de las posiciones defensivas organizadas en el
puente de El Carmen.

Decidido el resultado, el paso siguiente para el "Ejército del Centro"


fue ocupar y controlar la ciudad de Riobamba, donde existía aún resi-
duos de una resistencia endeble e intermitente de parte de militares
dispersos y civiles comprometidos con la rebelión, los que tenían en
calidad de prisioneros al Jefe de Zona y otros oficiales de menor
rango, a quienes habrían amenazado eliminarlos si se adoptaban repre-
salias sangrientas durante la toma de la ciudad.

La intervención del Presidente del Consejo Cantonal y otras autori-


dades y ciudadanos influyentes de Riobamba, hizo que no se consuma-
ran actos de barbarie que hubiese ahondado aún más la crisis institu-
cional en que se debatían varias unidades militares del país.

CONTINÚAN LOS PROBLEMAS POLÍTICO-MILITARES

El gobierno del presidente Juan de Dios Martínez Mera ni bien se


reponía de la rebelión militar de Riobamba, que culminó con el com-
bate de Tapi, enfrentaba en agosto otro amago de insubordinación
militar, oportunamente descubierta y neutralizada mediante el apresa-
miento de militares y civiles comprometidos.

No obstante, otro problema proveniente de allende las fronteras tuvo


que afrontar: el litigio de Leticia, problema que comprometía a Perú,
Colombia y Ecuador. Pero a pesar del ambiente internacional explo-
215
sivo imperante, el país se debatía en confrontaciones internas que
fisuraban peligrosamente la unidad nacional y el poderío devaluado de
su Ejército.

Al respecto, Alfredo Pareja Diezcanseco expresa su criterio: "El con-


flicto entre Colombia y el Perú, debido a la ocupación que de Leticia,
pueblo colombiano, había hecho arbitrariamente el ejército peruano,
desconociendo el tratado Salomón-Lozano, tan ingrato para los ecua-
torianos... Dirigentes políticos inaprensivos proponían que el Ecuador entrase
en la lucha. La verdad es que Colombia rehusó firmar un tratado de
alianza: hubiéramos comprado un pleito sin garantía alguna, no de
triunfo, que de supervivencia. Y de todos modos, al haber estallado la
guerra, se hubiera combatido en nuestro territorio, pues así lo exigía la
geografía, y el resultado final, al establecerse la paz, entrañaba la
trágica posibilidad de nuestra desaparición como país." (70)

La criminal ceguera política que presionaba al gobierno ecuatoriano a


precipitarse en el conflicto, no pudo conseguir ventajosamente su
maquiavélico propósito, porque Colombia y Perú solucionaron su
problema. La prensa nacional informaba noticias provenientes del
exterior: "A bordo del crucero "Mosquera" se dirigen hacia Leticia los
miembros de la Comisión de la Liga y se espera que llegarán hoy (25
de junio de 1933). Ignórase el número de tropas colombianas que
entran a Leticia bajo el comando del general Efraín Rojas. Infórmase
que las tropas peruanas han principiado a desocupar Leticia, la que se
terminará con la llegada de los miembros de la Comisión de Liga.
Luego las tropas colombianas desocuparán Güepi y otras posiciones
que ocupan en territorio peruano. El 25 del presente mes se efectuará
la formal entrega de Leticia a los miembros de la Comisión respec-
tiva." (71)

La negativa prudente y sabia del presidente Martínez Mera de involu-


crar al Ecuador en el conflicto de Leticia, intensificó los ataques de sus
adversarios políticos, particularmente del ya fogoso e impredecible
José María Velasco Ibarra.
216
La consecuencia de haber "caído en desgracia" fue la inmediata desti-
tución del Presidente. El Congreso se mostró ágil y expedito para
adoptar tal decisión extrema.

FRONTERA NORORIENTAL ECUATORIANA DESPROTEGIDA



El conflicto de Leticia que involucraba a Colombia y el Perú, absorbía
también indirectamente a nuestro país, que en vez de confrontaciones
internas, irresponsables y antipatrióticas, debía reforzar conveniente-
mente sus fronteras.

Sin embargo, cuando el Perú situó tres cañoneras en "Cabo Pantoja",


el Comandante ecuatoriano del puesto militar de Rocafuerte solicitó
una sección de Artillería Vickers-Maxim, ametralladoras y munición
suficiente para los fusiles Manglicher de dotación individual de com-
bate. Aunque los mandos militares ecuatorianos sabían de la necesi-
dad de reforzar los puestos avanzados, y reconocían la grave situación
reinante, hubo miembros de la Junta Consultiva del Ministerio de
Relaciones Exteriores que opinaban lo contrario. Así lo hace conocer
el Jefe del Estado Mayor General, Crnl. Nicanor Solís en oficio reser-
vado No. 31 de fecha 11 de mayo de 1934, que remite al Ministro de
Guerra y Marina de aquel entonces: "El Sr. Ministro consigna también
las trascendentales noticias de la llegada de un Regimiento brasilero a
Tabatinga y de que ha salido de Manaos con la misma dirección el
Batallón No. 26 de Infantería de la misma nacionalidad, por lo que el
Sr. Ministro presume que la solución del conflicto amazónico no ten-
drá solución pacífica. Al respecto, si su autoridad se hace eco de las
previsiones de este Estado Mayor General, al conceptuar como inmi-
nente un conflicto armado entre Colombia y el Perú, hoy con mayor
razón que antes, deberían poner en práctica las medidas de seguridad
consignadas en el capítulo III del Plan Defensivo Nacional, presentado
a ese Ministerio el 8 del presente, plan en el que precisamente cons-
ta, en el acápite segundo de la página treinta y tres, lo siguiente:
217
"Reforzar los actuales destacamentos militares (orientales) con dos
secciones de artillería Vickers-Maxim de 75 mm., las que deberían
actuar en la zona de Puerto Putumayo". Al hacer tal sugerencia, este
Estado Mayor General, tuvo en cuenta que: según lo aseverado por
nuestro Adjunto Militar en Lima, en su "continuación al informe Nº.
17", de 23 de abril pp., las guarniciones peruanas de Güepi, Yubinete,
Ramón Castilla y Caballo Cocha disponen de medias baterías (sec-
ciones) de artillería Scheneider de 75 mm.; "Cabo Pantoja" tiene 6
ametralladoras ZB. Mod. 30 y 4 Hod. Madsen, pudiendo estas sec-
ciones ser alimentadas por la reserva de cuatro baterías Scheneider,
Oerlikon, Osaka y Boffors, respectivamente, existentes en la base de
Iquitos. Nuestro material Vickers-Maxim, continúa el coronel Solís en
su informe, es el más apropiado para la puntería y tiro directo para
enfilar los canales de navegación de los ríos (Napo y Aguarico) y tiene
apreciable dotación de cartuchos. El material Vickers-Maxim, de 75
mm., es el más liviano para el transporte por elementos de la pieza
desarmada, a través de la larga y penosa línea de comunicación entre
Quito y Rocafuerte. Enviar cañones de 65 de montaña sería sacrificar
un material de puntería indirecta (innecesaria en el Oriente), ocasio-
nar mayores dificultades de transporte por el peso de sus elementos y
disponer de menos cantidad de municiones. No se puede por el
momento pensar en el envío de cañones automáticos de 20 mm.
porque no tenemos, y aún en caso de tenerlos no bastarían y serían
necesarios más bien para destinarlos a la defensa antiaérea y cercana
contra hidroaviones y lanchas. Por las razones anteriores, este Estado
Mayor General estima que es justo lo pedido por el Jefe del
Destacamento Oriental ya que la Sección Skoda que posee esa guar-
nición es prácticamente inútil, y con esta oportunidad, este instituto
solicita al Sr. Ministro el envío de un destacamento que refuerce la
guarnición militar de Rocafuerte con una sección Vickers-Maxim y
una Compañía de ametralladoras ZB. Mod. 30 con afustes para tiro
antiaéreo y se lleven a la práctica las demás medidas aconsejadas en el
Capítulo III del Plan citado; pues, se cumpla o no se cumpla con lo
pedido por el Estado Mayor General, el Destacamento Militar ecuato-
218
riano de Rocafuerte no debe abandonar su actual posición sino sacrifi-
carse en su lugar de honor. El Coronel Jefe del E.M.G.-(f) Nicanor
Solís."

En la contestación que envía el Ministro de Guerra y Marina, Crnl.


Alberto C. Romero, mediante oficio No. 303.del 12 de mayo de 1934,
al Jefe del Estado Mayor General, Crnl. Nicanor Solís, hace conocer
de asuntos que dejan realmente perpleja a la conciencia cívica ecuato-
riana, y que difícilmente un ciudadano común podría creer. Dice entre
otras cosas el oficio del Ministro: "Al referirme a la necesidad urgente
de reforzar los Destacamentos Orientales, debo consignar que ayer no
más, en la sesión que tuve que presidir de la Comisión de la Junta
Consultiva del Ministerio de Relaciones Exteriores, ha tenido que
contener en su simple anunciación, la inconcebible idea, felizmente no
del todo generalizada, pero, desgraciadamente, persistente en algunos,
desde algún tiempo ha, de desguarnecer totalmente los puntos que
militarmente se hallan ocupados en la Zona Oriental, alegando que no
se está en condiciones de hacer una defensa eficaz, si llegan a romperse
las hostilidades entre los dos países, idea o teoría que la refuté logrando
hacer que la Comisión no acepte, menos la formule como resolución.
Este Ministerio está, pues, por su parte, convencido de la imperiosa
necesidad de reforzar los Destacamentos Orientales, por lo menos, con
la sección de Artillería "Vickers-Maxim" y con un contingente, por lo
menos, de unos sesenta u ochenta hombres de Infantería; pero, a pesar
de los esfuerzos que el Departamento de mi cargo hace y aún de haber
obtenido del señor Encargado del Poder y del Consejo de Ministros, se
le autorice la segunda transferencia de fondos por S/. 50.000,00 para
el aumento del indicado personal, hasta hoy, no sólo que no se ha
podido hacer efectiva esta transferencia, sino que la primera trans-
ferencia de S/. 40.000.00 hecha con igual autorización en el mes
de Enero, porque no hiciera el Congreso anterior figurar en el
Presupuesto el sostenimiento de los Destacamentos Orientales, recién
en estos días, la Contraloría General contesta -a los cinco meses-, que
no hay fondos para atender esta transferencia. Luego, pues, la misma
219
guarnición actual de Rocafuerte y Putumayo, están en la disyuntiva de
morirse de hambre, o asaltar las existencias de víveres que estén a su
alcance para poder vivir... Honor y Patria.- Ministro de Guerra y
Marina (f) Alb. C. Romero."

En definitiva, ciertas autoridades civiles de aquel entonces creyeron


inapropiado el mantenimiento de los puestos militares en la región del
Oriente, por tal motivo permitieron se excluya del presupuesto los
valores para tales menesteres; propiciando con este antipatriótico com-
portamiento que las guarniciones orientales carecieran de todos los
medios indispensables para sobrevivir y operar. Pero lo más inconce-
bible de todo: no se extrajo enseñanzas de las desgraciadas experien-
cias vividas, años atrás y en similares zonas selváticas, de los comba-
tes de Angoteros y Torres Causana.

OTRAS REBELIONES

La sucesión de presidentes y encargados del poder continuaba con la


elección perentoria de otro ciudadano: el entonces Ministro de
Gobierno, Dr. Abelardo Montalvo, con el compromiso de convocar a
elecciones. En efecto, éstas se realizaron con pulcritud y dentro de un
ambiente democrático, triunfando, como se preveía, el doctor José
María Velasco Ibarra, que se impuso a sus oponentes Carlos Zambrano
Orejuela, representante del socialismo, Ricardo Paredes del incipiente
partido comunista y aquellos que retiraron su postulación: los señores
Carlos Arroyo del Río y Colón Eloy Alfaro.

El 1 de septiembre de 1934, iniciaba en el país la presidencia del Dr.


Velasco Ibarra, que habría de convertirse con el transcurrir del tiempo,
en el símbolo de la política ecuatoriana.

Su inestabilidad emocional y el temperamento explosivo le darían


sucesivos problemas en el ejercicio de sus funciones. Los ministros de
Estado designados por él mismo, abandonaban paulatinamente su
220
cargo en circunstancias curiosas e imprevistas. Exigía inesperada-
mente la renuncia de sus principales colaboradores o funcionarios de
rango intermedio; clausuraba institutos de educación sin tolerancia ni
reflexión; se enfrentaba con el Congreso cuando su impulsiva retórica
sentía la necesidad de expulsar contrariedades contenidas; sin embar-
go, cuidó siempre de mantener relaciones cordiales con el Ejército,
aunque "repartía" también aisladamente el castigo fulminante contra
algún oficial "caído en desgracia", o su clásica anatema hacía
estremecer al más imperturbable de los mortales. El coronel Luis
Larrea Alba, por ejemplo, fue desterrado a Chile dizque como medida
preventiva de salvaguardar la disciplina institucional.

En términos generales, el presidente Velasco Ibarra priorizó la aten-


ción en modernizar y tecnificar a la clase militar y solucionar las
necesidades del Ejército, tratando con esta supuesta preferencia captar
la simpatía y el apoyo necesarios que vigoricen y consoliden su
presencia en el Gobierno Nacional. Pero mal asesorado o confiado en
sus cálculos políticos pretendió de repente, desconocer las facultades
del Congreso y atribuirse poderes dictatoriales.

El 20 de agosto de 1935, con el supuesto respaldo del Batallón


"Imbabura" , dispuso el Presidente que en la Plaza de la Independencia
se leyese el bando con el que anunciaba la captación de poderes dicta-
toriales. Pero el explosivo mandatario no contaba con acontecimientos
inesperados: el comandante del Batallón "Imbabura", Tcrn. Carlos
Suárez, se declara públicamente contra el intento de implantar nueva
dictadura. El sorprendido Velasco Ibarra trató de convencer a la tropa
en su propio campamento del Sanatorio, sin obtener resultado positivo
alguno; lo mismo aconteció en el cuartel del "Yaguachi": el comandan-
te Alberto Enríquez Gallo rechazó radicalmente las intenciones dicta-
toriales del Dr. Velasco, quien agobiado por la falta de respaldo militar
y político no tuvo otra alternativa que presentar al día siguiente la
dimisión irrevocable. Detenido inicialmente por oficiales de unidades
militares de la plaza de Quito, salió luego en condición de exiliado,
221
con la frustrante sensación de sentirse traicionado. "Me precipité
sobre las bayonetas" fue la célebre frase que resume el sentimiento de
amarga exteriorización. Pero no solo las bayonetas ensartaron la enju-
ta figura del defenestrado político; le causaron también heridas de
muerte la prensa izquierdista, el odio y la difamación concentrados en
la naturaleza endeble de los liberales, la oligarquía "jacobina y mache-
tera", empleados solapados y ministros de Estado que no formaron un
grupo coherente con una línea de acción definitiva y, como el mismo
Velasco Ibarra manifestaba, la causa de su aparatosa caída fue moti-
vada por oficiales de alto rango y de jerarquías intermedias.

Consecuente con la Constitución de la República, otro Ministro de


Gobierno se hizo cargo interinamente del Poder Ejecutivo. Se trataba
del doctor Antonio Pons que debía convocar a elecciones presiden-
ciales. Los potenciales candidatos doctores Carlos Arroyo del Río por
el liberalismo radical, Alejandro Ponce por el partido conservador,
José Vicente Trujillo representando a grupos de izquierda y el Crnl.
Luis Larrea Alba no pudieron culminar el proceso de las elecciones:
una resolución militar decidió que el ingeniero Federico Páez se haría
cargo perentoriamente del Mando Supremo de la República.

La reacción del ex presidente Velasco Ibarra fue inmediata, corrosiva


y sin apartarse de su peculiar estilo: "La Dictadura de Páez es la inmo-
ralidad más grande de los coroneles y comandantes del Ejército
Ecuatoriano. Como ninguno de estos coroneles es un carácter ni un
relieve, ninguno puede ser Dictador, porque los demás conspirarían
inmediatamente. La rivalidad envidiosa impera en el Alto Mando
ecuatoriano..."

"LAS CUATRO HORAS"

Durante el mes de noviembre de 1936, los órganos oficiales creían que


había descontento en las unidades militares acantonadas en Quito. Los
pases masivos del personal y el traslado de unidades completas a otras
222
provincias constaban dentro del reglamento, pero carecían de sentido
lógico cuando se los hacía con marcada dedicatoria. Fue esta cir-
cunstancia que hizo que miembros del personal del Regimiento
"Calderón" creyeran que ejercían sobre ellos represalias, cuando llegó
a su conocimiento que iban a ser trasladados a otras instalaciones,
concretamente a la ciudadela de El Pintado.

De acuerdo con rumores iniciales y luego por versiones supuestamente


serias, el traslado de la unidad obedecía a la presunción de que el
"Calderón" urdía clandestinamente una rebelión, alentado subrepticia-
mente por partidarios incondicionales del defenestrado Velasco
Ibarra.

El 28 de noviembre de 1936 explosionaba el detonante de la conjura.


La sublevación de la tropa del Regimiento "Calderón" estuvo dirigida
por el sargento Velasco, elemento proclive a cometer actos de indisci-
plina y de vivir en desacuerdo con los reglamentos militares. Los
sublevados dieron muerte al comandante y a su ayudante, además de
reducir a prisión al resto de oficiales.

Los revoltosos abanderaron la conspiración pretextando estar en


contra de la dictadura. Justamente, cuando dieron forma pública a la
rebelión lo hicieron con gritos de ¡abajo la dictadura!, ¡viva la consti-
tución!.

Nuevamente entraron en escena de tropas "leales", en esta ocasión le


correspondió asumir tan importante rol al Batallón "Eloy Alfaro", que
fue la unidad escogida para sofocar la conspiración.

El batallón sublevado facilitó la entrada a su cuartel de elementos


civiles quienes se armaron convenientemente para respaldar la revuel-
ta.

El ministro de Guerra, general Alberto Enríquez Gallo tuvo la respon-


223
sabilidad de dirigir las operaciones tendientes a someter a los revolto-
sos. Además del batallón "Eloy Alfaro", que recibió inicialmente la
misión de enfrentarse a los sediciosos, estaban otras unidades acan-
tonadas en la ciudad de Quito: Batallón de Infantería "Quito",
Regimiento de Caballería "Yaguachi", Batallón de Ingenieros
"Esmeraldas", alumnos del Colegio Militar "Eloy Alfaro" y elementos
de la Policía.

A las primeras horas de la tarde se iniciaba el ataque. Los soldados


levantados en armas y los civiles sediciosos resistieron la intensa
arremetida por espacio de 4 horas, al término de las cuales fueron
sometidos y capturados, quedando como resultado decenas de muertos
y heridos.

Luego de haber sido sofocada la rebelión las retaliaciones del presi-


dente Federico Páez no se hicieron esperar, como nos narra Pareja
Diezcanseco: "La represión fue vengativa y torpe. Todo hombre de
letras, todo ciudadano honesto, sobre el cual cayese alguna sospecha o
la denuncia de soplón, fue perseguido, confinado a las Islas Galápagos,
a la cárcel o al destierro... Federico Páez llegó a sentir un miedo mor-
boso por la inteligencia. Tampoco interesaba que escritores anticomu-
nistas fueran víctimas del odio. Si algo valían, y si eran anticonserva-
dores quedaban envueltos en la treta de la bandera moscovita."

ESCUELA DE ARTILLERÍA E INGENIEROS

Mediante Decreto No. 1.058, el Encargado del Mando Supremo de la


República, considerando las necesidades de la Artillería e Ingeniería,
en cuanto a reclutar y formar oficiales de las mencionadas armas,
decretaba la organización en la capital de la República, la Escuela de
Artillería e Ingenieros, basándose en el Reglamento y Plan de Estudios
respectivos y con el personal directivo y docente que se nombrará
oportunamente, el mismo que no desempeñará otras actividades mien-
tras duren sus funciones.
224
El Decreto establecía que la Escuela funcionará inicialmente con 50
alumnos, pudiendo posteriormente incrementarse el número de acuer-
do con las necesidades.

El artículo 3° especificaba: "El personal de alumnos será seleccionado


entre los oficiales de Guerra (de arma) hasta el número de 20 contan-
do, entre estos, los 13 oficiales alumnos del actual curso de Ingenieros;
y también, por esta sola vez, entre los oficiales de Reserva egresados
del último curso y los alumnos de las facultades de Ciencias de las
universidades de la República que cumplieren las disposiciones del
Reglamento respectivo, hasta completar el número indicado (50 alum-
nos).

Respecto a los oficiales de Reserva y a los alumnos de las facultades


de Ciencias de las universidades, el Decreto consideraba el derecho a
recibir un sueldo mensual de 200 sucres, con aplicación al presupuesto
del Estado.

Fue designado director del Tcrn. Francisco Urrutia y subdirector el


capitán Carlos Abarca. Un años después, el 25 de octubre de 1937, era
designado director técnico el coronel italiano Giacomo Negroni.

El Decreto de creación de la mencionada Escuela fue firmado el 22 de


octubre de 1936 por el Ing. Federico Paéz, Encargado del Mando
Supremo de la República, y como Ministro de Defensa el coronel Gil
Alberto Enríquez Gallo.

El 27 de octubre del mismo año fueron nombrados destacados profe-


sores civiles y militares al servicio de la flamante Escuela. Asimismo,
los primeros alumnos oficiales de artillería fueron: Teniente Octavio
Cevallos; subtenientes: Ambrosio Andrade, Eustorgio Revelo, Ernesto
Andrade, Bolívar Rivera, Luis Marchán y Ricardo Proaño. Para asistir
al Curso Especial de Ingenieros se matricularon los capitanes: Luis
Játiva, Hernán Dávila y Manuel Mejía; tenientes: Ángel Pazmiño, José
225
Granja, Adolfo Rodas, Gonzalo Arroba, Bolívar Zurita, Humberto
Garcés, Carlos Carrillo, Francisco González, Eliécer Sáenz y Ernesto
Orbe; además de los alumnos prenombrados asistieron también nueve
oficiales de reserva y diecinueve estudiantes universitarios en calidad
de cadetes.

En un fragmento del informe de actividades que presenta el Ministerio


de Defensa en 1939 se lee: "Hallándose aún en su principio la nueva
orientación de la Escuela de Artillería e Ingenieros, ha sabido orga-
nizar (la Misión Militar Italiana), numerosos cursos correspondientes
a numerosas necesidades." El general Patricio Lloret, en su libro 100
años de la Ingeniería Militar en el Ecuador, transcribe un fragmento
del discurso pronunciado por el general Andrés Arrata Macías,
Ministro de Defensa del general Guillermo Rodríguez Lara, en los
siguientes términos: "La Escuela de Artillería e Ingenieros comenzó a
funcionar con dos cursos: el primero mixto integrado por cadetes y
oficiales y un segundo, constituido por oficiales que en el año anterior
habían iniciado un curso regimental, que eran las normas de esa
época".

En otro acápite narra el general Arrata Macías, ex alumno de la


Escuela: "El programa era de cuatro años. En los dos primeros, los dos
grupos recibían las mismas clases de matemáticas comunes como
resistencia de materiales, explosivos, álgebra superior, cálculo dife-
rencial e integral, geometría analítica plana y del espacio, trigo-
nometría y otras materias militares y civiles que complementaban la
cultura militar…. Al tiempo que estudiábamos la ciencia de los puen-
tes y la vialidad los cadetes procurábamos mejorar el edifico que
ocupábamos entonces. Para unir las villas en que vivíamos con las
aulas, continúa el general Arrata Macías, que son los actuales edificios
del Colegio Militar (en la Avenida Orellana), como obra práctica de
Ingeniería, trabajamos el relleno en el pantano, parte del cual es ahora
la laguna y tendimos el puente que aún existe…"

226
227
PROFESORES Y ALUMNOS DE LA ESCUELA DE INGENIEROS (REVISTA EJÉRCITO NACIONAL,
Año IV, No. 24, 1925)
228
DECRETO QUE ORGANIZA LA ESCUELA DE ARTILLERÍA E INGENIERÍA
(ARCHIVO DEL MINISTERIO DE DEFENSA NACIONAL)

229
Años después, en 1950, las dos armas de Artillería e Ingeniería que se
formaron, desarrollaron y perfeccionaron en la prestigiosa Escuela de
Artillería e Ingenieros, tuvieron que separarse para recorrer distintos
caminos, pero, en definitiva, confluyeron en un mismo ideal: el servi-
cio sacrificado y fecundo a la patria ecuatoriana.

FALLIDAS REUNIONES DEL ECUADOR Y EL PERÚ EN


WASHINGTON

Como antecedentes inmediatos de las reuniones diplomáticas de los


dos países en conflicto, previstas en la ciudad de Washington, se
puede mencionar la suscripción del Tratado Ponce-Castro Oyanguren
de fecha 21 de junio de 1924.

En 1933, cuando el conflicto colombo-peruano aún no se definía, el


Perú invitaba al Ecuador a reiniciar las negociaciones directas en
Lima.

En la primera sesión (13 de abril de 1933) se acordaron dos puntos


importantes: el Perú se comprometía a presentar la línea que serviría
de base para la discusión; y se convino no considerar los títulos en que
se fundamentan los derechos de cada uno de los países.

Para evitar más problemas que comprometerían las ya tirantes rela-


ciones entre los dos países, el Ecuador propuso trasladar definitiva-
mente las negociaciones a Washington, de acuerdo con lo estipulado
en el Tratado Ponce-Castro Oyanguren, desde luego, con la consi-
guiente negativa del Perú que pretendía que en Lima se dilucidase,
previamente, la calidad del arbitraje (parcial o eventual) que habría de
someterse a conocimiento del Presidente norteamericano.

Finalmente, el 6 de julio de 1936 se firmaba el Acta que respaldaba la


realización de las reuniones de las delegaciones de Ecuador y Perú en
la ciudad de Washington.
230
En efecto, el 30 de septiembre de 1936 se firmaba el Acta de la sesión
inaugural. Estos eran los representantes de los dos países:

"Manuel Freyre Santander, Homero Viteri Lafronte,


Arturo García Salazar, Alejandro Ponce Borja,
Víctor Andrés Belaúnde. José Vicente Trujillo."

Desde el inicio de las negociaciones, los representantes de los dos


países no se pusieron de acuerdo en sus planteamientos.

El Perú se atribuía derechos sobre la antigua Comandancia de Maynas,


aduciendo poseer tres títulos indiscutibles: "El colonial, porque antes
de su independencia pertenecían ya esos territorios al Virreinato pe-
ruano en virtud de la Real Cédula de 1802 (sic); el de la soberanía de
los pueblos emancipados, porque al declararse el Perú independiente
la antigua Comandancia de Maynas manifestó libremente su voluntad
de continuar formando parte del nuevo Estado; y el de la posesión de
más de un siglo, porque durante ciento diez y seis años la acción de los
gobiernos y de los ciudadanos peruanos se ha ejercido, sin interrup-
ción, en esos territorios..." (72)

Respecto al tan decantado argumento del Perú de sostener que la Real


Cédula del 15 de julio de 1802 le agregaba territorios, y desconocerla
como realmente fue: una Cédula Eclesiástica, se hace necesario - sin
profundizar el estudio del tema-, hacer las siguientes consideraciones:
"El Fiscal del Virreinato de Lima, en su informe del 15 de abril de
1803, la denomina Cédula de Erección del nuevo Obispado de Maynas;
todos los documentos relacionados con la expedición de la Cédula de
1802, constan en el Archivo de Indias dentro de la clasificación de
Eclesiásticos y tiene la mayoría el subtítulo de "expedientes sobre el
territorio del Obispado de Maynas". Y por "su inclusión con tal
carácter en las grandes colecciones de cédulas de la época." (73)

Las conferencias continuaron durante el año de 1937 sin que las dos
231
representaciones se pusieran de acuerdo respecto a los planteamientos
que proponían unilateralmente.

Los desacuerdos continuaron inalterables también en 1938. Previendo


que dichas conferencias no tendrían un desenlace feliz, el general
Alberto Enríquez, Jefe Supremo de la República del Ecuador, con
fecha 30 de marzo de 1938 enviaba carta autógrafa que sería entregada
por el Embajador en Lima, Dn. Gonzalo Zaldumbide. En dicha comu-
nicación expresaba el Gral. Enríquez la aspiración de solventar el
problema secular, considerando que "por cualquier motivo, al tratar de
arreglos directos de arbitraje parcial o total, tropiecen con dificultades,
sea de orden jurídico o de cualquier otro orden, que retarden demasia-
do o imposibiliten el amigable entendimiento que los dos países her-
manos deben preferir a recursos menos propicios, aunque igualmente
pacíficos y legales, para cimentar en armónica convivencia su mutuo
bienestar. (74)

Con fecha 20 de mayo del mismo año, el Gral. Benavides, en una parte
de la nota con la que contestaba al Gral. Enríquez, manifiesta: "La
Delegación peruana tiene instrucciones de mi Gobierno para agotar
todo esfuerzo a fin de conciliar en lo posible los puntos de vista de
nuestros dos países, en el concepto de que una solución amistosa y
jurídica de la controversia limítrofe entre el Ecuador y el Perú, no sólo
sellará definitivamente la paz entre nuestros pueblos, sino que per-
mitirá que alcance amplia y fecunda expresión los sentimientos frater-
nales que vinculan de modo indisoluble..."

Todos los desacuerdos difíciles de superar motivaron que las confe-


rencias de Washington concluyeran sin arrojar ningún resultado posi-
tivo. El Perú no quiso seguir buscando un mecanismo idóneo para
superar la crisis originada en su propia inflexibilidad.

Pero el no solucionar definitivamente el problema limítrofe le permitía


al Perú, por todos los medios, seguir lanzando denuncias tendenciosas
232
como lo hacía uno de sus historiadores: “En 1938, 1939 y 1940 han
ocurrido algunos incidentes determinados por los intentos de guarni-
ciones ecuatorianas de tomar nuevas posiciones en violación de la
línea del statu-quo, que han sido protestados por el Perú.

Situó y mantuvo en la frontera inusitados elementos militares, cuya


presencia obligó necesariamente al Gobierno del Perú a tomar medi-
das de precaución a fin de desanimar al Ecuador de provocar un
choque armado local, como parecía ser su propósito, para atraer el
interés internacional de otros estados." (75)

Es realmente inexacto lo que trata de sostener el escritor peruano. Las


fronteras del Ecuador no se incrementaron desmesuradamente con
personal militar, por la sencilla razón de que el Ejército tenía un
déficit sustancial en su orgánico de paz; entonces, mal podía pretender
provocar incidentes fronterizos; además, no constituye violación
alguna ubicar puestos militares en territorio soberano.

*EDMAN

*Édison Macías Núñez

233
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1. Periódico El Provincial, lunes 29 de enero de 1912

2. Leonidas García, Dos Capítulos de la Historia ecuatoriana, Casa


de la Cultura, Quito, Ecuador, 1961

3. Fragmento transcrito por Elías Muñoz Vicuña, en su obra "La


guerra civil ecuatoriana de 1895".

4. Leonidas García, op. cit. p. 158.

5. Elías Muñoz Vicuña, op. cit. p. 363.

6. Julio C. Troncoso, Vida anecdótica del general Eloy Alfaro, 1842-


1912, Editorial "Santo Domingo", Quito, Ecuador, p. 109.

7. Wilfrido Loor, Eloy Alfaro, Tomo II, Editora Moderna, 1947,


p. 403.

8. Julio Tobar Donoso, La Invasión peruana y el Protocolo de Río de


Janeiro.

9. Oscar Efrén Reyes, Breve Historia del Ecuador, Tomos II y III,


Quito, Ecuador.

10. Alfredo Pareja Diezcanseco, Historia del Ecuador, volumen 4,


Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito, 1954.

11. Remigio Romero y Cordero, El Ejército en cien años de vida


republicana, 1830-1930, auspiciado por el Centro de Estudios
Históricos del Ejército, Instituto Geográfico Militar.

234
12. Julio H. Muñoz, Doctrinas militares aplicadas en el Ecuador,
Quito, Ecuador, 1949, p. 175.

13. El Comercio, Quito, Ecuador, lunes 12 de noviembre de 1951.


Consta en el artículo "Hoy se rendirá homenaje a los héroes que
murieron en el combate de Angoteros". La narración de los hechos
de aquella acción de armas hace el mayor en retiro Nelson J.
Latorre, uno de los sobrevivientes.

14. Roberto Andrade, Vida y muerte de Eloy Alfaro, Editorial El


Conejo, 1985.

15. Tcrn. E.P. Rómulo Zamudio Zanabria, Lucha y victorias por la


definición de una frontera, Lima, Perú.

16. El Universo, lunes 28 de julio de 1924, p. 3. Consta en el artículo


"Relación histórica de un testigo presencial de aquella acción de
armas del 28 de julio de 1904", escrito por el Tcrn. Vicente Bravo,
sobreviviente.

17. Expediente del Jefe Departamental Dn. Carlos A. Rivadeneira,


archivo del Departamento de Historia y Geografía de la desapare-
cida Dirección de Apoyo al Desarrollo del Ministerio de Defensa.
La biblioteca y el archivo histórico fueron donados al Centro de
Estudios Históricos del Ejército, por lo que este Centro incrementó
significativamente su acervo documental.

18. Expediente citado.

19. Registro Oficial No. 925 del 29 de octubre de 1904.

20. M.A. González Páez, Memorias Históricas, Génesis del


Liberalismo, su triunfo y sus obras en el Ecuador, Quito, Editorial
Ecuatoriana, 1934.
235
21. Wilfrido Loor, Eloy Alfaro, tomo II, Editorial Moderna, 1947.

22. Julio C. Troncoso, Vida Anecdótica del general Eloy Alfaro,


Editorial Santo Domingo, Quito, Ecuador, p. 204.

23. Roberto Andrade, op. cit. p. 408

24. María AntonietaVásquez, El Palacio de la Exposición, obra auspi-


ciada por la Comisión Nacional Permanente de Conmemoraciones
Cívicas y la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Edit. CCE, Quito,
1989.

25. Ibídem, p. 39.

26. Ibídem, p. 80.

27. Registro Oficial 207 del martes 5 de julio de 1938.

28. Julio C. Troncoso, op. cit. p. 233.

29. Ibídem, p. 234.

30. General L. Larrea Alba, La defensa armada de la nación, Quito,


"Editorial Moderna", 1944.

31. Remigio Romero y Cordero, El Ejército en los cien años de vida


republicana, 1830-1930, Biblioteca del Ejército Ecuatoriano,
Vol. 1, Editor Centro de Estudios Históricos del Ejército, Impresión
Instituto Geográfico Militar, 1991, p. 386. Con la reimpresión de
este libro inició el Centro la labor de publicación y difusión de
obras de temas históricos.

32. Alfredo Pareja Diezcanseco op. cit. p. 382.

236
33. Periódico el Provincial, año II, número 4, Quito, 29 de enero de
1912.

34. Wilfrido Loor, op. cit.

35. Informe del Jefe accidental del Estado Mayor General del Ejército,
coronel chileno Luis Cabrera Negrete, que hacía conocer al
Ministro de Guerra y Marina del Ecuador.

36. Periódico El Provincial, lunes, 29 de enero de 1912.

37. Fragmento del artículo escrito por Federico González Suárez, en


el periódico El Provincial de fecha 29 de enero de 1912.

38. Comandante Octaviano Marchán, El problema de los ascensos


(folleto).

39. Teniente coronel Octaviano Marchán Ramírez, Sangrienta


Revolución de Esmeraldas, Editorial "Espinoza", Riobamba,
1971, p. 12.

40. Ibídem, p. 13.

41. Tomado de Gobiernos del Ecuador, fascículo No. 4, año 1912-


1914, Presidencia del general Leonidas Plaza Gutiérrez.

42. El Comercio, 12 de junio de 1913, "Hace 75 años".

43. Teniente Coronel Octaviano Marchán, op. cit. p. 43.

44. Fernando Gutiérrez Concha, Descorriendo los velos, Producción


Gráfica, Quito, Ecuador, año 2001, p. 2002.

45. Revista Ejército Nacional, Nº 1, año 1922.


237
46. Revista El Ejército Nacional, año 1927.

47. El Comercio, 20 de noviembre de 1940.

48. Diario El Guante de Guayaquil, 29 de abril de 1925.

49. Remigio Romero y Cordero, op. cit. p. 443.

50. Revista Ejército Nacional, 1922-1930, El Ejército en 1930, del


catálogo de la VI Feria Internacional de muestras.

51. Eduardo Muñoz Borrero, En el palacio de Corondelet, Artes


Gráficas "Señal", cuarta edición, p. 35.

52. El Comercio, 27 de noviembre de 1922.

53. Fragmento del artículo de Armando Pareja, La Revolución Liberal


del 9 de julio de 1925, recopilación en la obra El Liberalismo en
el Ecuador, Blasco Peñaherrera Padilla, Editorial Nacional, 1991.

54. Luis Robalino Dávila, El 9 de julio de 1925, Editorial "La Unión",


Quito, 1973.

55. Ibid, p. 24.

56. Diario el Universo de Guayaquil, 10 de julio de 1925.

57. El Comercio, Quito, 11 de julio de 1925.

58. Legajo de decretos de los meses de julio y agosto de 1925, archivo


del Ministerio de Defensa Nacional.

59. Luis Robalino Dávila, op. cit. p. 108.

238
60. Registro Oficial Nº 189, miércoles 24 de febrero de 1926.

61. Eduardo Muñoz Borrero, op. cit. p. 145.

62. Fernando Dobronski Ojeda y Guillermo Segarra Íñiguez, Historia


del Ecuador, El camino del Sol, tomo II, gráficas Mediavilla
Hnos.

63. Fragmento del diario de guerra e informe de la Campaña y la


Batalla de Quito, que presenta el Jefe del Estado Mayor Divisional,
Revista del Ejército Nacional, año XI, Quito, 1922-1932, No. 66.

64. Fragmento del Informe del Jefe del Estado Mayor Divisional,
citado.

65. Fragmento del informe de Operaciones del Tcrn. Miguel Angel


Tapia, comandante del Batallón "Pichincha", y posteriormente del
"Destacamento del Norte".

66. Parte de combate del mayor F. A. Villavicencio, segundo coman-


dante del Batallón "Quito".

67. Transcripción que hace Eduardo Muñoz Borrero, de la obra "Odio


en la Sangre", de Julio C. Troncoso, p. 210.

68. José Joaquín Flor, Historia analítica de la República del Ecuador,


fragmento transcrito por diario El Telégrafo, de fecha 2 de junio
de 1988.

69. Ley Orgánica del Ministerio de Guerra y Marina de 1933.

70. Alfredo Pareja Diezcanseco, Historia del Ecuador, Vol. 4, Editorial


Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito, 1954.

239
71. El Comercio, Diario Independiente, domingo 25 de junio de
1933.

72. Documentos relativos a la Conferencia Peruano-ecuatoriana de


Washington, Ministerio de Relaciones Exteriores, Lima, Perú.

73. Julio Tobar Donoso, Alfredo Luna Tobar, Derecho Territorial


Ecuatoriano, Arte Gráficas Cía. Ltda. Quito, Ecuador.

74. Documentos de la Conferencia Peruano-ecuatoriana, citados.

75. Gustavo Pons Muzzo, Las Fronteras del Perú, Estudio Histórico,
Lima, Perú.

240
DOCUMENTOS HISTÓRICOS

241
ORGANIZACIÓN DEL COMITÉ "MARISCAL SUCRE"

"EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA,

CONSIDERANDO:

Que la plausible iniciativa tomada por el Ministerio de Guerra y


Marina, con el noble fin de colectar fondos para la construcción del
Mausoleo que guarde los venerados despojos del Gran Mariscal de
Ayacucho Antonio José de Sucre, ha principiado a producir el satisfac-
torio resultado que era de esperarse, dado el patriotismo de los ecuato-
rianos y su gratitud para con el vencedor en Pichincha;

Que las erogaciones hechas persiguiendo aquel laudable objeto, deben


depositarse con las debidas seguridades;

DECRETA:

Art. 1º Organízase en la Capital de la República un Comité, que se


denominará "Mariscal Sucre" y que se encargará de cuanto
se relacione con la construcción de aquel Mausoleo, co-
rrespondiéndole la percepción, custodia y empleo de los
fondos erogados con tal propósito.

Art. 2º Se formará dicho Comité con el siguiente personal:

Presidente de la Corte Suprema de Justicia;


Presidente de la Academia Nacional de Historia;
Gerente de la Compañía de Préstamos y Construcciones;
Ministro de Guerra y Marina;
Presidente del Concejo Municipal del Cantón Quito; y
Presidente de la Asociación de Empleados de Quito.

Art. 3º Los demás Comités o Juntas que se han organizado y se


242
organicen en lo sucesivo en las otras provincias de la
República, con iguales miras, procederán en sus actos de
acuerdo con el de esta Capital, arriba determinado. Al efecto,
los señores Gobernadores de Provincias y Jefes de Zonas
Militares, cuidarán de comunicar oportunamente a la
Secretaría de Guerra, la formación de los Comités o Juntas,
en referencia, indicando el personal de que se compone cada
uno.

Art. 4º Para garantizar la conservación y legítimo empleo de los


fondos colectados, estos se depositarán en la Compañía de
Préstamos y Construcciones, establecida en la ciudad de
Quito, al tratarse de las erogaciones hechas en el interior de
la República; y en la Institución de Crédito "La Previsora",
de Guayaquil, al ser colectas del Litoral del país.

(f) JOSÉ LUIS TAMAYO

El Ministro de Guerra y Marina,

(f) Octavio G. Ycaza

ESCUELA DE OFICIALES INGENIEROS

EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA,

Habiéndose incorporado al Ejército del Ecuador la Misión Militar


Italiana y atentas las conveniencias de que cuanto antes se organicen
los Cursos de Ramos Técnicos concernientes al Ejército;

243
DECRETA:

Art. 1º Créase la Escuela de Oficiales Ingenieros, la que comenzará


a funcionar desde el 1º de Julio del año en curso, y durará
diez y ocho meses, subdivididos en tres períodos de instruc-
ción de seis meses cada uno.

Art. 2º Los Cursos se dictarán de acuerdo con los programas de


materias teóricas y prácticas que serán eleborados por los
Miembros de la Misión Militar Italiana y aprobados por el
Ministerio de Guerra.

Art. 3º Se dictarán las clases con los Oficiales que designe el Jefe
de la Misión.

Art. 4º El Estado Mayor General propondrá a la Secretaría de


Guerra treinta Oficiales para Alumnos del Curso referido.

Dado en el Palacio Nacional, en Quito, a 16 de Junio de 1922.

(f) JOSÉ LUIS TAMAYO

El Ministro de Guerra y Marina,

(f) Octavio G. Ycaza

244
CURSOS DE INFORMACIÓN DE ARTILLERÍA E INTENSIVO
DE INFANTERÍA

EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA,

En tanto se organicen los Cursos de la Academia Superior de Guerra,


las Escuelas de Aplicaciones para Armas de Infantería, Caballería,
Artillería y las más que se crea convenientes, a cargo de la Misión
Militar Italiana, con el objeto de que el personal del Ejército reciba una
instrucción suscinta sobre los últimos perfeccionamientos relativos a
la organización y empleo de las distintas armas en la época actual; y

Deseando que se establezca un afianzamiento y conocimiento recípro-


co entre los Oficiales ecuatorianos e italianos, Miembros de la
Misión;

DECRETA:

Art. 1º Créase el Curso de Información de Artillería, el que se desa-


rrollará, por el sistema de Conferencias, lo concerniente a
organización, tiro y empleo de esta arma.

Art. 2º Créase, igualmente, un Curso Intensivo para los Oficiales de


Infantería, destinado a especializar la táctica del arma y
empleo de ametralladoras.

Art. 3º A cada uno de estos Cursos que funcionarán en el local y


durante las horas que determinarán los correspondientes
Reglamentos Internos, concurrirán treinta Oficiales designa-
dos por el Estado Mayor General.

Art. 4º Los programas de instrucción de los indicados Cursos y el


nombramiento de Profesores de los mismos, serán propues-
245
tos al Ministerio del Ramo, por el señor General Jefe de la
Misión y por órgano del Estado Mayor General.

Art. 5º Además de los Oficiales designados por el Estado Mayor


General para Alumnos de los antedichos Cursos, podrán con-
currir a éstos los Jefes y Oficiales que desearen perfeccionar
sus conocimientos, objeto con el cual deberán inscribirse en
la Dirección de Instrucción del Estado Mayor General, con la
oportunidad del caso, quedando obligados desde ese momen-
to asistir a las conferencias que se dicten en cada especiali-
dad.

Art. 6º El Gobierno de la República invita al Cuerpo de Oficiales del


Ejército Nacional a concurrir a estos Cursos Intensivos, pre-
liminares de la gran labor de instrucción que se desarrollará
luego, con el máximum de empeño y energía para su mejor
aprovechamiento.

Dado en el Palacio Nacional, en Quito, a 19 de Junio de 1922.

(f.) JOSÉ LUIS TAMAYO

El Ministro de Guerra y Marina,


(f) Octavio G. Ycaza.

El Ministro de Hacienda
(f.) E. Cucalón.

246
FUNCIONAMIENTO DE LA ESCUELA DE AVIACIÓN

EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA,

Por cuanto ha llegado al país el respectivo personal técnico;

DECRETA:

Art. 1º Desde el 15 de Julio del presente año, se iniciarán los Cursos


teóricos y prácticos de la Escuela de Aviación.

Art. 2º Dichos Cursos se seguirán en la ciudad de Guayaquil con el


número de alumnos y en la forma determinada en los
Decretos Ejecutivos de 5 y 17 de Junio de 1921.

Art. 3º Los candidatos a alumnos de la Escuela de Aviación, inscri-


tos en los Registros del Ministerio de Guerra y designados
por esa Secretaria, se concentrarán en la Capital de la
Provincia del Guayas, para formar parte de los mencionados
Cursos, hasta el 14 de Julio próximo.

Art. 4º El Departamento de Guerra concederá los pasaportes corres-


pondientes para el traslado a la plaza de Guayaquil, desde sus
respectivas guarniciones, a los Oficiales y más candidatos a
alumnos de la Escuela de Aviación.

Dado en el Palacio Nacional, en Quito, a diez y nueve de Junio de mil


novecientos veintidós.

(f.) JOSÉ LUIS TAMAYO.

El Ministro de Guerra y Marina,

247
(f.) Octavio G. Ycaza.

El Ministro de Hacienda,

(f.) E. Cucalón.

ORGANIZACIÓN DE LOS CURSOS DE HIPOLOGÍA,


MARISCALÍA Y EDUCACIÓN FÍSICA (EQUITACIÓN,
ESGRIMA Y GIMNASIA)

EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA,

A fin de aprovechar los vastos conocimientos de la Misión Militar


Italiana, contratada por la Nación; y

En uso de la facultad que le concede el Art. 60 de la Ley Orgánica


Militar;

DECRETA:

Art. 1º Créanse los siguientes Cursos Intensivos:


1.- De Hipología y Mariscalía;
2.- De Educación Física: (Equitación, esgrima y gimnasia).

Art. 2º A cada uno de estos Cursos, que se dictarán en la Escuela


Militar, según los programas y por los Profesores que
señalare el señor General Jefe de la Misión de acuerdo con el
Ministerio del Ramo, concurrirán, en calidad de alumnos
especialistas, hasta el número de diez, por cada Materia,
quienes serán propuestos por el Estado Mayor General.

Dado en el Palacio Nacional, en Quito a diez y nueve de Junio de mil


novecientos veintidós.

248
(f.) JOSÉ LUIS TAMAYO.

El Ministro de Guerra y Marina,

(f .) Octavio G. Ycaza.

El Ministro de Hacienda,

(f.) E. Cucalón.

NÓMINA DEL PERSONAL DE LA COMISIÓN ESPECIAL DE


OFICIALES GENERALES

General Don José María Sarasti (Presidente);


General Don Luis A. Jaramillo;
Teniente Coronel Ministro de la Corte Superior de Justicia;
Doctor Don Telmo R. Viteri;
Coronel Don Nicolás F. López;
Coronel Don Angel I. Chiriboga N;
Coronel Don Carlos Flores Guerra;
Doctor Don Reinaldo Cueva García;
Sargento Mayor Asimilado Señor Don. José Ignacio Gabela
(Secretario).

NÓMINA DEL PERSONAL HONORARIO Y EFECTIVO DE


LA SOCIEDAD DE ESTUDIOS HISTÓRICO-MILITARES

Personal Honorario:

Sr. Dn. Octavio G. Ycaza, Ministro de Guerra y Marina, (Director);


Sr. Coronel Dn. Angel I. Chiriboga N. (Presidente).

249
Socios:

Sr. General Dn. Delfín B. Treviño;


Sr. Dr. Dn. Alberto Muñoz Vernaza;
Sr. Dr. Dn. Telmo R. Viteri;
Sr. Coronel Dn. Carlos Flores Guerra;
Sr. Coronel Dn. Rafael A. Puente;
Sr. Dn. Celiano Monge;
Sr. Dn. Jacinto Jijón y Caamaño;
Sr. Dn. Cristóbal de Gangotena y Jijón.

Personal Efectivo:

Sr. General Dn. Rafael Almeida Suárez, Director;


Sr. Teniente Dn. Luis F. Mora, Presidente;
Sr. Capitán Dn. Eduardo León, Vicepresidente.

Socios:
Capitán Dn. Humberto Machuca;
Teniente Dn. Rafael A. Villacís (Secretario);
Teniente Dn. Federico Struve;
Teniente Dn. Luis Herrera;
Teniente Dn. Ezequiel Ribadeneira;
Teniente Dn. Gregorio Zabala.

250
BIBLIOGRAFÍA

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Conejo, 1985.

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de la Cultura Ecuatoriana, Quito, 1989.

- ZAMUDIO ZANABRIA, Rómulo, Lucha y victorias por la


definición de una frontera, Lima, Perú.

- Periódicos El Guante, El Universo, El Comercio, El Provincial, de


diferentes fechas.

- Expedientes militares.

- Registros oficiales de diferentes años.

- Revistas Ejército Nacional de diferentes años.

- Legajos de Decretos Ejecutivos y Legislativos.

- Diarios e informes militares de combates y campañas.

- Informes de Operaciones.

- Leyes Orgánicas militares.

253
ÍNDICE

PÁG.
- El Ejército en la revolución del general Eloy Alfaro........ 5
- Antecedentes de la revolución alfarista............................ 5
- Jefatura Suprema del general Eloy Alfaro....................... 10
- Reinicio de la lucha armada.............................................. 12
- Organización del ejército revolucionario.......................... 12
- El Ejército gobiernista....................................................... 17
- Combate de San Miguel.................................................... 20
- El combate de Gatazo....................................................... 24
- El combate de la Lira........................................................ 27
- Primera administración alfarista....................................... 29
- El colegio militar reabierto por el general Eloy Alfaro... 35
- Presidencia del general Leonidas Plaza Gutiérrez y -
nuevas agresiones peruanas en el Oriente Ecuatoriano... 37
- Primera Misión Militar Chilena....................................... 39
- Combates de Angoteros y Torres Causana...................... 51
- Creación de la “Estrella Abdón Calderón”..................... 64
- Segunda Administración de Alfaro ................................ 65
- Asesinato del coronel Antonio Vega............................... 67
- El fallido contrato “Charnacé”........................................ 68
- El Palacio de la Exposición, una de las instalaciones de
la Escuela Militar (1912-1937)....................................... 70
- La Escuela Militar y el actual Ministerio de Defensa en
el Palacio de la Exposición.............................................. 73
- El fantasma de la guerra en 1910..................................... 78
- Creación del servicio de Sanidad Militar........................ 82
- Unidades militares y personal militar en la Revolución
Liberal............................................................................. 83
- Un reemplazo para el general Alfaro.............................. 86
- La unidad nacional fisurada.......................................... 88
- Combates de Huigra, Naranjito y Yaguachi................... 88
- Combate de Huigra........................................................... 91
254
- Combate de Naranjito....................................................... 93
- Combate de Yaguachi....................................................... 94
- Ocaso del general Alfaro y de los jefes revolucionarios.. 97
- Torrentes de sangre en las selvas esmeraldeñas............... 101
- La situación militar previa a la Revolución de Esmeral -
das...................................................................................... 101
- Antecedentes y preliminares de la Revolución................. 103
- Masacre en el Guayabo..................................................... 105
- Combates de Atacames y de Camarones.......................... 110
- Combate de la "Propicia" ................................................. 115
- Los combates no culminan................................................ 116
- Combates de la Boca......................................................... 119
- Período de tecnificación profesional del Ejército Ecuato-
riano................................................................................... 124
- La Misión Militar Italiana................................................. 124
- Principales institutos militares organizados por la Mi -
sión Militar Italiana........................................................... 132
- La Academia de Guerra del Ejército................................. 132
- Escuela de Ingenieros....................................................... 140
- Escuela de Caballería........................................................ 145
- Escuela de Aviación Militar.............................................. 148
- Evaluación Institucional................................................... 151
- “La Liga Militar” y la Revolución Juliana....................... 154
- Antecedentes..................................................................... 154
- Enfrentamiento civil-militar del 15 de noviembre de
1922, en Guayaquil........................................................... 154
- La Revolución Juliana o la Revolución de los Oficiales
jóvenes............................................................................... 157
- La Junta de Gobierno Provisional..................................... 164
- Ley Orgánica Militar......................................................... 169
- Ruptura de relaciones diplomáticas con Colombia.......... 173
- Consecuencias de los gobiernos pluralistas...................... 175
- El Servicio Geográfico Militar......................................... 178
- Una década difícil : 1931 - 1941.................................... 181
255
- Antecedentes.................................................................... 181
- La Explosión comienza por Tulcán................................. 183
- La guerra del Golfo de Guayaquil................................... 186
- La guerra de los Cuatro Días........................................... 189
- Antecedentes.................................................................... 189
- Acciones previas.............................................................. 190
- La sangre “Llega a los Tobillos”.................................... 199
- Creación de unidades militares y reforma de regla -
mentos.............................................................................. 207
- Continúa el desangre: la batalla de Tapi (20-MAY-1933) 211
- Continúan los problemas político-militares...................... 215
- Frontera nororiental ecuatoriana desprotegida................. 217
- Otras rebeliones ............................................................... 220
- “Las Cuatro Horas”.......................................................... 222
- Escuela de Artillería e Ingenieros.................................... 224
- Fallidas reuniones del Ecuador y el Perú en Washington 230
- Referencias bibliográficas ............................................... 234
- Documentos históricos..................................................... 241
- Organización del Comité “Mariscal Sucre”..................... 242
- Escuela de oficiales Ingenieros....................................... 243
- Cursos de información de Artillería e intensivo de In -
fantería.............................................................................. 245
- Funcionamiento de la Escuela de Aviación...................... 247
- Organización de los cursos de Hipología, Mariscalía y
Educación Física (Equitación, Esgrima y Gimnasia)....... 248
- Nómina del personal de la Comisión Especial de Oficia-
les Generales..................................................................... 249
- Nómina del personal honorario y efectivo de la Sociedad
de Estudios Histórico-Militares........................................ 249
- Bibliografía ...................................................................... 251

256

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